Inspirado por el autor de El narrador, José Ramón Martínez Salio, he generado una serie de vocablos relacionados con su vocablo ideolectal «Normalista»; esto es, he creado un Bestiarum Normativum.
(Catálogo incompleto de los seres que habitan el ecosistema de la normalidad)
Normópata( vocablo existente) Paciente crónico de la enfermedad de encajar, aunque sea un cabeza cuadrada intentando ajustarse a un círculo. Acostumbrado a pedir permiso para ir a orinar desde la más tierna edad. No mea nunca fuera del tiesto.
Normívoro(neologismo) Se alimenta de boletines oficiales y manuales de instrucciones. Su postre favorito: la letra pequeña. No mueve un dedo si antes no ha desayunado un checklist y ha sido validado por su jefe (oficina) o su jefa (casa).
Normonauta(neol.) Navegante del hiperespacio rutinario. Su vida es una colección de reglas inabarcables que amenazan con desbordar su limitada memoria de trabajo. Siempre termina perdiendo la t de la rutina. Sinónimo: Homo Mínimus.
Normofílico(neol.) Amante empedernido de todo lo estándar. Se excita al oler archivadores A4 con separadores de colores y chuparse los dedos untados con el óxido de las señales de tráfico.
Normívago(neol.) Animal de costumbres nocturnas, sale de fiesta todos los juernes, viernes y sarbados, y recorre la ruta del polvo con triste y meticulosa ebriedad. El domingo descansa y acude a misa de ocho.
Normativador compulsivo(neol.) Ente administrativo con pelo y gafas que genera normas más rápido de lo que respira. Si entra en tu casa, te escribe un reglamento para abrir la nevera, verifica la tensión eléctrica y valida la lista de tu compra.
Normaduvalista(neol.) Fanático de lo normal… pero con lentejuelas y mucho maquillaje. Su mantra es “¡Viva el domingo!” de Norma Duval.
Normimaníaco(neol.) Obsesionado con la normalidad hasta el frenesí. Antes de dar un paso, busca manuales de procedimientos, protocolos de urbanidad y limpia obsesiva-compulsivamente sus habitaciones de versos sueltos.
Norminazi(neol., satírico) Policía feroz de la rutina. Abomina de la anormalidad a gritos, insulta a los judíos y el estado de Israel, irrumpe en las noches de los progresismos rotos, viaja en cruceros de lujo por las islas griegas para santificar su narcisismo y señalar virtud. Controla tus proferencias lingüísticas hasta la extenuación para que no le ofendas. Es diverso, igualitario e inclusivo. Amigo de feminazis resilientes y devoradores de brócoli ecosostenible.
El minimalismo existencial se refiere menos a reducir la cantidad de calcetines en los cajones que a reducir la cantidad de ilusiones, en especial las que tenemos sobre la bondad o maldad de las personas, la capacidad reveladora de sus máscaras, y la profundidad o amplitud de nuestro conocimiento.
–Sensei Mínimus
Un juego de conocimiento e ilusiones
Imagina que una rubia tonta, un mecánico, un ingeniero industrial y un físico de partículas entran a un taller de reparación de automóviles. No, no es el comienzo de un mal chiste, es el escenario de una elucubración filosófico-burlesca donde la profundidad del conocimiento se compara con un juego de muñecas rusas. Cada capa contiene una versión de la comprensión humana, cada una más refinada que la anterior, hasta que la verdad final y más elusiva se asienta en la cima.
Pero… ¿Y si la idea misma de esta jerarquía fuera una farsa? ¿Y si, como en un esquema piramidal, la promesa de un conocimiento más profundo solo ocultara un vacío siempre a punto de desmoronarse, y, en realidad, todos estuviéramos simplemente tratando de mantener el equilibrio sobre la arena movediza de lo que creemos saber, de lo que creemos que vale la pena?
En la cima de la pirámide, el físico mira hacia abajo. En el medio, el ingeniero mantiene su posición. Debajo de ellos, el mecánico carga con el peso del mundo práctico. Y en la base, la rubia flota, sin esfuerzo, inconsciente de que hay algo más que saber.
Así que, sumerjámonos. Bajo la superficie de estos personajes yace algo mucho más interesante que la mera apariencia. Se trata de la ilusión del conocimiento y la pregunta axiológica: ¿quién vale más y quién vale menos?, junto con las preguntas epistemológicas: ¿qué podemos conocer, en qué sentido conocemos algo y qué jerarquía evaluativa puede establecerse sobre los grados de conocimiento?
La rubia tonta – Perfectamente superficial
Es hermosa. Impresionante, incluso, de la manera que solo un filtro de Instagram puede capturar verdaderamente. Su coche es tan impecable como su manicura, puede que lo haya alquilado o sea prestado, ciertamente no lo ha pagado por completo. ¿El motor hace un ruido extraño? No importa. Está demasiado ocupada mirando su reflejo en el espejo lateral para notarlo. El coche tiene asientos de cuero, así que eso es todo lo que importa. Constantemente revisa su teléfono, se ajusta su perfecto peinado, y envía selfis desde el asiento del conductor como si estuviera posando para un spot publicitario.
Su mundo es una colección de momentos cuidadosamente planeados, cada uno más perfecto que el anterior. ¿Y bajo la superficie brillante? No sabe la diferencia entre un carburador y un cupcake, y francamente, no le importa. Vive en un mundo de líneas perfectamente rectas: sus cejas, su sonrisa y el camino por delante. Y eso es suficiente. O eso cree ella.
El mecánico, dentro de su mono azul, recorriéndola de arriba abajo, sabe más.
El mecánico – Repara cacharros, práctico como una navaja multiusos
El mecánico se apoya contra su caja de herramientas, dando una larga calada a su cigarrillo, sus ojos recorriendo a la rubia mientras ella llega. La típica muñeca, quizá no eslava, pero sí de garitos y restaurantes caros. Sonríe para sí mismo: hay cierto tipo de mujer que piensa que el coche es solo un símbolo de estatus, como un bolso o unos zapatos brillantes. El motor suena como un San Bernardo acatarrado, pero ¿lo nota ella? Por supuesto que no. A ella no le importa el motor. Solo le importa qué imagen proyecta dentro del buga.
Pero he aquí la cosa: a pesar de los ojos en blanco y el juicio silencioso, se encuentra pensando que tal vez, solo tal vez, ella tiene “algo”. Claro, es superficial. Pero no es estúpida. Conoce a las personas adecuadas, viste la ropa correcta, dice lo justo para hacer que la gente piense que sabe de qué está hablando. A su manera, es una especie de habilidad.
Pero, aun así, es un cliché andante. Cara bonita, decisiones tontas. Si tuviera la paciencia, tal vez le enseñaría un par de cosas, pero ¿quién tiene el tiempo? De todos modos, probablemente está fuera de su liga. No es su tipo.
El ingeniero – Busca el óptimo, pero olvida variables clave
Luego está el ingeniero industrial. Observa desde un lado, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Su mente está ocupada realizando una serie de cálculos sobre el sistema de escape del coche, el coeficiente de fricción de los neumáticos y la forma en que el motor debería teóricamente zumbar en perfecta armonía.
Y ahí está el mecánico, sudando, con los codos hundidos en aceite, arreglando algo que ni siquiera entiende.No puede evitar burlarse un poco. «Otro musculitos simplón con una llave inglesa». El ingeniero no puede evitar mirar con desdén al mecánico. El mecánico arregla cosas. El ingeniero las mejora.
¿El día del ingeniero? Bueno, es una sinfonía de precisión: hojas de cálculo impecables, líneas limpias en software CAD, un orden meticuloso en su mundo. Sus descansos para el café implican sorbos cuidadosamente medidos de espresso orgánico sin gluten de una mezcla de origen único, y pasa al menos treinta minutos discutiendo con las personas adecuadas en línea sobre las RPM óptimas para el ralentí de un motor.
Y luego está la rubia. La mira con el desapego clínico de alguien que examina un objeto en lugar de una persona. Interesante. Sus pensamientos vienen con una ligera pausa calculada. Ciertamente es atractiva. Echa un vistazo a su apariencia bien mantenida, las curvas sin esfuerzo, los… «atributos» vivaces. Levanta una ceja, asiente para sí mismo. «Posiblemente material para una cita, quizá para convertirla en mi esposa-trofeo, si yo puedo soportar su superficialidad, y, mi cartera, su tren de vida. Tal vez.»
El físico – Inmerso en su nube cuántica, asoma la cabeza cuando se acaba el papel higiénico
El físico se encuentra a unos metros de distancia, mirando hacia el horizonte, completamente desconectado del momento. Sus pensamientos no están en el coche, ni en la rubia, ni siquiera en las manos sudorosas y cubiertas de grasa del mecánico. No, su mente está en otra parte, flotando entre partículas y campos cuánticos, desentrañando los misterios del universo de una manera que ningún otro en el grupo podría entender.
Vagamente se percata de los demás. El vestido ajustado de la rubia llama su atención por un momento, pero no es un pensamiento que perdure. No le importan las apariencias; está más preocupado por la paradoja de la dualidad onda-partícula y por qué el universo parece tener sentido del humor sobre todo ello.
Una imperceptible y abstracta sonrisa parpadea en su rostro. ¿El ingeniero? Una mente capaz, seguramente, pero atada a áfanes tan mundanos… ¿El mecánico? Una criatura de hábitos, resolviendo problemas a medida que surgen, pero nunca preguntándose sobre la naturaleza más profunda de la realidad. ¿La rubia? No ve muchas como esta en sus clases, una remota promesa de felicidad no abstracta pero bien estructurada.
El físico casi se anima a decir algo, pero al final no lo hace, no cree que ninguna de estas otras personas pueda entenderle. Después de todo, ¿cómo le explicas a alguien que arreglar un coche, o entenderlo, resulta un poco… trivial, cuando todo el universo podría ser solo una broma cósmica?
El gran caleidoscopio
Ahí lo tienes. Cada hombre (y cada mujer) en su pequeño mundo, cada uno viendo a los demás a través del tamiz de su propia experiencia, o falta de ella. La rubia tonta, que es lista a su manera, felizmente inconsciente, existente en su perfección filtrada; los demás, listos o listillos, que miran por encima del hombro y del hombre (y la mujer) a los demás; pero definitivamente, sin excepción, tontos también a su manera.
El mecánico, práctico, pero no ciego a aspectos más sutiles de la naturaleza humana, ve el mundo como es, aunque a veces, en algún momento de debilidad no práctica, se pregunte por el porqué de las cosas. El ingeniero, con su mente bien ordenada, mira al mundo desde arriba e intenta arreglarlo, de cálculo en cálculo; algo tosco emocionalmente, pero sin gente como él no tendríamos máquinas que funcionan cada año de manera más eficiente. ¿El físico de partículas? Perdido en los pasadizos de su torre de marfil, sabiendo que todo es efímero, pero incapaz de evitar soñar. Siente de vez en cuando la pulsión gregaria de su naturaleza social, pero decide quedarse en la dimensión abstracta.
8.000 millones de seres humanos, todos en su particular mundo, con su particular perspectiva, intentando entenderse o ignorarse, generalmente sin éxito.
No, no es que no exista una realidad objetiva válida para todos, sino que esta realidad ha de pasar por el tamiz de cada uno para volverse significativa y activa en el pensamiento y en la acción. El significado, el sentido de la vida o del momento, no depende solo de los hechos en sí, también depende de la perspectiva desde la que miras y de lo que crees que puedes hacer con la materia bruta de los hechos. La comprensión de cada persona está moldeada por sus necesidades, su entorno, su historia y sus limitaciones.
Posdata
Cada uno de ellos desprecia al otro en algún aspecto: la rubia es solo una habitante de la superficie; el mecánico es un artesano sin refinar; el ingeniero, un optimizador de lo que a veces no importa; y el físico, un filósofo cósmico que no sabe cómo cambiar una rueda.
Pero al final, la rubia se queda con miles de me gusta(s), el mecánico arregla el coche, el ingeniero da con una patente y, el físico…,bueno, es probable que el físico todavía esté en el taller de reparación, preguntándose si todo este episodio fue solo una fluctuación cuántica y si la chica de verdad le guiñó el ojo.
Uno de mis hermanos cuenta la anécdota de estar pasando unas vacaciones en una isla del Caribe, Granada, y conocer a un negro simpático y hablador. Confraternizaron y charlaron durante un rato.
Este hombre decía que todo lo que era se lo debía a su maestro, un rastafari muy sabio, y que seguía todas sus enseñanzas; una de ellas era la importancia de ser flexible. “I’m flexible”, decía repetias veces; entendemos que no solo al realizar estiramientos sino en diversidad de asuntos.
En cierto momento, el rastafari confesó que su maestro también le inculcó el odio hacia los blancos.
Después de una pausa, agregó con tono tranquilizador que en este punto no seguía los pasos de su maestro y que también era ‘flexible’.
Esta anécdota me recuerda la dificultad de guiarse por principios tales como “Be Flexible” cuando tienes otros como “Hate white people”.
Principios, reglas y herramientas
Mi sistema de minimalismo existencial se concibió como un sistema de principios, reglas y herramientas del minimalismo.
Podemos decir que forman una jerarquía. Las herramientas son medios para fines más altos, mientras que las reglas intentan operacionalizar los principios. Los principios, por otro lado, son exhortaciones generales lo suficientemente vagas para aplicarse en diversas situaciones, sirviendo más como guías en la toma de decisiones que como rutas definidas
Es innegable que odiar a la gente blanca parece más una regla de conducta que un principio, pero se asemeja a este último. Si fuera una regla, habría que definir qué significa exactamente odiar a los blancos y en qué tipo de acciones o inacciones se traduce.
Podría ser que hubiera que odiar la blancura o la raza blanca en general pero no a las personas blancas individuales; sería como la exhortación de Concepción Arenal “Odia el delito y compadece el delincuente”1. Resulta complicado determinar si el maestro rastafari interpretaba la regla de odiar a los blancos como un principio general de desconfianza hacia ellos o como una norma más activa de llamada a la lucha.
La dificultad de lidiar con varios principios
Si ser flexible era un principio para el maestro rastafari, pero al mismo también otro era odiar a los blancos, el discípulo dudaría sobre cuál aplicar si se encontrara con un blanco europeo.
Esto obligaría a crear una jerarquía de principios para deshacer algunas de las contradicciones del sistema, aunque en un mismo nivel jerárquico siempre podría haber conflictos que tendrían que dirimirse apelando a un principio superior.
Puede que en el caso anterior el principio de ser flexible fuera jerárquicamente superior al de odiar a los blancos. También podría ser que la exhortación a odiar a los blancos no admitiera excepciones y fuera un principio tan importante o más que el de ser flexible.
Podría ser que en la mayoría de los asuntos importantes –sean estos cuestiones éticas, estéticas o de la búsqueda de la verdad– no haya reglas, ni siquiera principios de actuación suficientemente claros.
Por tanto, en muchas ocasiones habrá que seguir la intuición, el ojo clínico o la corazonada que permita dirimir los dilemas cotidianos caso por caso.
Ante la imposibilidad de sistematizar, de diseñar una ecuación que resuelva todas nuestras equis, nos queda la experiencia, la casuística, el gusto, el tocar de oído, sin partitura e improvisando de cuando en cuando.
Cabalgando las contradicciones
Puede que necesitemos llevar un caos dentro de nosotros, un caos de opuestos y contradicciones derivado de considerar muchas posibilidades, y, a la manera de Nietzsche, podamos así alumbrar una estrella danzarina, un cometa, una estrella fugaz…
Quizá la apertura mental nos lleve a tolerar mejor las contradicciones, o, al contrario, el tolerar las contradicciones sin anular ninguno de los opuestos, nos lleve a la apertura mental.
Confía en las contradicciones y míralas todas. Nunca anules una fuerza para dar supremacía a otra. La contradicción misma es la realidad en toda su multiplicidad. El hombre, desde su punto de vista, sólo puede ver la realidad en las contradicciones. Y cuanto más fiel es a su percepción de la contradicción, más abierto está a lo que hay que saber. La «armonía» como un bien absoluto es para los dioses, no para el hombre.
—Alfred Kazin. Citado en The marginalian2 por Maria Popova
Caerse el cerebro de ser tan abiertos
De lo anterior, parece derivarse que tengamos que estar con Marx (Groucho) y digamos de cuando en cuando eso de “Señora, estos son mis principios, y si no le gustan… pues tengo otros”.
Pero ser marxistas en esto nos llevaría al problema planteado en la cita: ¿Podríamos estar siendo demasiado flexibles, ser de mentes tan abiertas que se nos abra la tapa de los sesos y se caiga el cerebro?
[Los caballeros prácticos] tienen una serie de comentarios amargamente sarcásticos sobre personas cuyas mentes son tan abiertas que se les cae el cerebro .
—Max Radin, 1937
Podríamos ser tan abiertos a las nuevas ideas que ninguna germinara profundamente, que no hubiera tiempo para considerar y experimentar lo suficiente para conocer su ámbito de aplicación o su forma de aplicarla.
Esta apertura mental, este abrir el grifo de las influencias, puede derivar fácilmente en inconstancia, irregularidad, capricho, exceso de sensibilidad a los sucesos internos y externos que nos asaetean. Como resultado, careceríamos de fondo, de fundamento, de cimientos mínimos sobre los que sustentar una vida bien vivida.
La bestia, al vivir en un eterno presente, no puede comprometer su acción para el futuro, tanto por incapacidad de conceptualizar la promesa como por carecer de la habilidad para gestionar inteligentemente sus variados y a veces contradictorios motivos.
Comprometer al yo futuro es algo que solo el yo presente del Hombre puede hacer, no está al alcance de ningún otro ente conocido. La sociedad, la civilización y sus frutos no serían posibles sin la capacidad de empeñar la palabra, que a su vez depende que seamos capaces de empeñarnos en algo, esforzarnos y entregar parte de nuestra alma y de nuestra acción futura.
Ningún viento es favorable para quien no sabe hacia donde navega
–Lucio Aneo Séneca
El problema con la apertura mental y la excesiva “inclusividad” de las ideas —por usar un término actualmente en boga— es que nos quedemos a medio camino en todo, que no nos comprometamos lo suficiente con ninguna idea o dirección intelectual o vital: por querer tener el dedo en todas las tartas, podemos no llegar a tenerlo en ninguna; por no privilegiar ninguna doctrina u orientación vital podemos caer en un pantano inclusivo. Este pantano espiritual no muestra tanto bonhomía como nuestra molicie y carencia de criterio.
En última instancia, la capacidad de comprometerse con valores claros distingue a una persona de carácter y proporciona un fundamento para una vida bien vivida.
El sé flexible –o inclusivo o diverso o igualitario– con todas las ideas, opiniones o doctrinas es el signo de los tiempos, pero deberíamos empezar a considerar las bondades de la discriminación y si la flexibilidad o acogimiento universal de personas e ideologías es siempre tan apropiada como indudablemente lo fue en el caso del rastafari de Granada que desafío a su maestro y optó por no odiar a los blancos.
Si sigues a Homo Mínimus desde hace tiempo te puedes haber preguntado a quién estás siguiendo: al artista que se hace llamar Homo Mínimus o a Homo Mínimus, un personaje tan real como el artista, con su estilo, personalidad y agenda propia.
Yo ahora me estoy preguntando, cuando escribo estas palabras, quién es el que está escribiendo el texto. ¿A quién se refiere el yo empleado en este párrafo?
Difícil decirlo. Quizá, ahora que lo pienso, sepa quién es, me digo a mí mismo “soy yo”. Pero claro, eso no significa que te lo vaya a decir ti o que pueda decírtelo y desvelar el misterio.
Para mí no está claro, mucho menos para ti.
Dejemos esta pregunta sin responder por ahora.
Hay otra pregunta que me hago y también requiere respuesta. Esta pregunta es una auto-pregunta, aunque puedo hacerte también partícipe a ti, quien quiera que tú seas:
“¿Es mejor escribir para uno mismo o es mejor escribir para una audiencia (exista esta o no exista)?”
¿Me puedo creer a quien dice que escribe para sí mismo y luego publica en un blog? ¿Me puedo creer a la mujer que dice que se viste y se maquilla para ella misma?
Quizá, si escribiese y luego no publicase nada, estaría “escribiendo para mí mismo” (para el artista conocido como Homo Mínimus o para el mismo Homo Mínimus). Quizá me creyese a la mujer que se viste y maquilla para sí misma, si viviera recluida en su casa y no en la discoteca.
Pero resulta que publico de cuando en cuando en este blog, luego no estoy escribiendo meramente para mí y entrando en el terreno de los diarios (o delirios) personales. Pero incluso si escribiese un diario personal sin pretensiones de publicación o de adquirir difusión, pudiese ser que luego terminara publicándose. Cualquier escritor que se precie escribe para un público; aunque crea que está escribiendo para sí mismo está escribiendo con vistas a la mirada futura de otros. Puede que esté escribiendo con vistas a la mirada de su Yo futuro.
El infierno sois vosotros
Parece que estamos condenados por la mirada ajena. Dependemos de ella incluso en nuestros momentos más herméticos, en nuestros soliloquios. Soy como el actor vestido de negro contemplando la calavera en su soledad brumosa declamando el ser o no ser mientras es muy consciente de que hay mil ojos ahí en la oscuridad de la sala mirando.
Por otra parte, ¿qué sentido tendría entonces la vida si no existieran otros? Dejaríamos de estar condenados por el otro, pero entraríamos en un solipsismo de facto: solo existiríamos nosotros, o como diría el castizo: yo mismo y mi mecanismo: podríamos acabar siendo como la máquina de salchichas de Bertrand Russell, [Pulsa aquí si quieres escuchar la fábula]
Ser independiente o indiferente a la mirada ajena y a los lectores potenciales me daría alas, al menos me liberaría de muchas cadenas, pero entonces, ¿por qué querría escribir? ¿hacia dónde querría volar?
Como dijo David Bolton1, mi profesor americano de inglés, “sería liberador que no existieran (o no necesitáramos) las mujeres, porque entonces podría consagrar mi vida al estudio, el crecimiento personal, aprendería cuatro o cinco idiomas, obtendría varias licenciaturas más, exploraría mis inquietudes y pasiones siempre aplazadas… pero entonces… si no hubiera mujeres mirando…, ¿para qué estaría haciendo todos esos esfuerzos?”
En el Tao de Steve3, el tema de la película es una combinación de las máquinas de salchichas de Russell y la no necesidad del sexo opuesto (porque fueran ellas las que te necesiten): cómo sería la vida de un hombre que tiene satisfechas sus necesidades básicas, esto es: éxito con las mujeres y que puede permitirse una vida muelle.
Este hombre es inteligente, ingenioso, cínico, filosófico, despreocupado, pero está estancado, pasado de peso, sin norte vital. No siente interés por nadie ni por nada que no tenga que ver consigo mismo, con sus mecanismos y sus hermosas cuchillas, no le interesan los cerdos.
Ha muerto de éxito, tiene sus objetivos conseguidos y trabaja de profesor de párvulos seduciendo mujeres a base de carisma y técnica depurada, que despliega con la indiferencia profesional con que un dentista a tres años de jubilarse practica endodoncias.
Ha convertido su vida en fachada al servicio de sus objetivos hedónicos, y hasta sus inclinaciones filosóficas forman parte de una pose con la que busca impresionar a sus presas y sus amigos. Lo que se relaciona con la segunda regla del Tao de Steve: sé excelente en algo.
Un actor busca ser excelente en su papel, hacer lo mejor que puede con los medios de los que dispone en un escenario o situación social. El artista conocido como Homo Mínimus, a su manera, y quién sabe con qué oscuros fines, también quiere ser excelente en algo y por eso se afana (¿me afano?) por epatar, no a la burguesía, pero sí a cualquier incauto que se topa con el blog. Lo conseguirá o no lo conseguirá, pero puedo asegurarte que lo intenta (¿quién está asegurando algo sobre alguien?)
No te lo vas a creer… me acabo de encontrar con una voz del pasado que ha reaparecido de la forma más inesperada posible…
Interludio
…Lo extraordinario es que, mientras escribía la primera parte del artículo, estaba leyendo comentarios a uno de mis haikus del 2013 (a la dispersión narcisista dentro de la escritura le llamo investigación o documentación).
…y según leía el comentario al haiku4 de un tal Flames del 2013 y su aportación en forma de anécdota, aparece la campanilla de comentario en el blog, ¡y es el mismo John Flames!, quien acababa de comentar5 mi último artículo sobre productividad lenta. ¿Debería decir el “artista conocido como John Flames”?
Ahora no usaré la palabra en la que sé que estás pensando, no, no la usaré. Mejor muerto que trillado.
En todo caso, Flames, gracias por pasarte por aquí, se echan de menos tus comentarios., algunos como este que robo y uso para mis fines diez años después :
Por cierto –y por si te sirve de algo– recuerdo una anécdota de Zweig que decía que el quería que sus escritos tuvieran un ritmo, una continuidad en la que nada sobrara. Como lector no soportaba los bajones ni los párrafos vacíos o de relleno. Una vez se levantó de la cama emocionado porque había dado con una solución para un párrafo. Su mujer le preguntó si es que se le había ocurrido algo, y el contestó que no, que había logrado quitar una frase y que mejorara el párrafo.
John Flames en un comentario 6del 17.12.13 a las 7:17
John Flames, amigo del artista conocido como Homo Mínimus, me recuerda otra conexión importante con el tema de hoy: no actuamos solos, incluso Homo Mínimus necesita de otros para su actuación, para salir a escena y para ejecutar su pieza necesita a otros: no como audiencia, sino como compañeros de tablas. En este caso, John Flames, o el artista conocido como John Flames, quién sabe.
A propósito, John Flames es quien creó el primer y único video de YouTube sobre minimalismo existencial de Homo Mínimus.
Teatro clásico o improvisación teatral
Esto de escribir en un blog se parece más a una escena de teatro de improvisación que a una plan quinquenal soviético para una novela. Acaba de entrar Flames y ha dicho algo, ha irrumpido en mi corriente de conciencia. Estaba entrando en disquisiciones cuasi-filosóficas sobre el escribidor y su personaje y ya empezaba a oler a viciado, a habitación de enfermo (la de mi aislada y solipsista conciencia), cuando se cuela de rondón un visitante, sube al tablado (¿va a bailar flamenco?) , se sube al escenario, digo, y me hace girar, cambiar de tercio (¡torero!), y pasar al de banderillas, ¡o al de muerte!
Actores suecos actuando en theatresports, una forma competitiva de la improvisación teatral. Fuente: Wikipedia
El sociólogo Erving Goffman en su obra seminal La presentación del yo en la vida cotidiana7 plantea una teoría dramatúrgica en la que se conciben las interacciones sociales como representaciones teatrales. Divide el mundo social en dos partes: el escenario y entre bambalinas, lo que hay tras el escenario, donde los actores se preparan, ensayan y esperan su aparición. Dice Shakespeare, “Todo el mundo es un escenario, y todos, hombres y mujeres, son meros actores. Todos tienen sus entradas y salidas, y cada hombre en su vida representa muchos papeles”.
Como una extraña nave arrojada por el mar, con su bandera roja de pirata en el palo mayor, [el teatro The Globe] se levanta allí, anclado en el fondo cenagoso. En la platea el pueblo llano se agolpa ruidoso como en el puerto; desde las galerías el mundo elegante sonríe y charla con los actores de abajo.
Impacientes, los espectadores piden que empiecen. Patalean y alborotan, con el pomo de la espada golpean estrepitosamente contra las tablas, hasta que al fin, por primera vez, el escenario se ilumina con cuatro bujías vacilantes que alguien ha traído, y aparecen unos personajes más o menos disfrazados para interpretar una comedia al parecer improvisada.
Y entonces… estalla de repente la tempestad de las palabras, aquel mar infinito de la pasión que, desde los límites de las tablas, lanza a todas las épocas y a todas las zonas del corazón humano sus olas sangrientas, incansables, alegres y trágicas, con todas sus variantes y hechas a la imagen del hombre por excelencia: el teatro de Inglaterra, el drama shakespeariano.
Stephan Zweig, Confusión de sentimientos. Citado en Balló, Jordi; Pérez, Xavier. El mundo, un escenario: Shakespeare, el guionista invisible
En la escritura también opera esa presentación del yo, la conciencia acerada e ingeniería literaria de la imagen del artista, que pretende lograr un determinado efecto en su público o pretendida audiencia.
Lo que estás leyendo ahora parece el ensayo entre bambalinas, un relato de lo que ocurre antes de que alguien presente su ego o su alter ego al mundo y salga a escena, pero esto no deja de ser un artificio literario: lo que estás leyendo es la actuación, la representación, el producto final en forma de artículo de blog que se ha gestado, forjado, ensayado previamente en un borrador. Puede que este texto te esté pareciendo una descripción del proceso de gestación de una representación, pero no lo es, es el final, el fruto de muchas modificaciones, ocurrencias y refinamientos que han culminado en el texto que ahora lees. Lo descriptivo está al servicio de la retórica, del efecto que el escritor quiere producir en quien lo lee.
En Cómo convertirte en el Stanley Kubrick de tu propia mente8, Homo Mínimus planteaba la teoría dramatúrgica en un nivel inferior: hablaba de la psique humana, y de cómo la conciencia individual –al igual que las interacciones sociales– se puede conceptualizar como un escenario donde entran y salen personajes que esperan entre bambalinas; o incluso un espectáculo donde los espectadores, otros entes psíquicos dotados de agenda, procesos y funciones, pueden irrumpir en la conciencia, subiendo al escenario y formando parte del número, la obra, la escena que en cada momento se esté representando. Podríamos hablar de una «sociedad de la mente».
Según el científico cognitivo Douglas Hofstadter9, la conciencia podría considerarse como los pliegues que surgen cuando diversos procesos psíquicos distribuidos de un sistema altamente complejo interaccionan y crean «arrugas» que llamamos elementos de la conciencia. Estos pliegues aparecen y desaparecen generando la corriente o flujo de la conciencia.
A Douglas le debemos la ley de Hofstadter, que podría haber incluido en el artículo sobre Productividad lenta10:
Hacer algo te va a llevar más tiempo de lo que piensas, incluso si tienes en cuenta la ley de Hofstadter.
Ley de Hofstadter
¿Somos extraños bucles? Referencia y autoreferencia
Pero volvamos al teatro de la sociedad y subamos un nivel en estas matrioskas conceptuales, pasemos otra vez a la sociedad como interacción de seres humanos y sucesos comunicativos conceptualizados como interpretaciones teatrales.
En el blog Homo Mínimus, hay elementos de ingeniería literaria propias del teatro clásico con detallados libretos creados en el escritorio y ensayados entre bambalinas; a la vez, hay mucho lugar para la improvisación, como cuando “ahí arriba” , o “antes” (¡el espacio-tiempo del texto!) irrumpió en la escena-texto Flames e hizo su contribución, interpretó su papel.
Los comentarios, conversaciones, suscripciones y des-suscripciones de los lectores forman parte de la actuación y contribuyen a su éxito o fracaso. Los amigos del blog tienen sus propias agendas que combinan con la de Homo Mínimus para producir la representación teatral que es este blog, una muy fragmentada y extendida en el tiempo, pero representación al fin y al cabo.
En la vida todo es actuación y es difícil distinguir el yo verdadero del personaje, el actor de su máscara; es revelador que el origen etimológico de la palabra “persona” sea “máscara”:
La palabra persona viene del latín persona, o sea máscara usada por un personaje teatral. El latín lo tomó del etrusco, phersu y este del griego πρὀσωπον (prósopon = máscara). «Máscara» en griego está formada de προς (pros = delante) y ωπος (opos = cara), o sea «delante de la cara».
Vista la persona como personaje o como máscara, el “yo real” queda desdibujado, ese núcleo capital de uno mismo adquiere toques fantasmales, es como una sábana que arrastra sus cadenas y que cuando vas a tocarla se desvanece entre los dedos.
No me resisto a transcribir el poema de Benedetti Suburbia:
En el centro de mi vida en el núcleo capital de mi vida hay una fuente luminosa un surtidor que alza convicciones de colores y es lindo contemplarlas y seguirlas en el centro de mi vida en el núcleo capital de mi vida hay un dolor que palmo a palmo va ganando su tiempo y es útil aprender su huella firme en el centro de mi vida en el núcleo capital de mi vida la muerte queda lejos la calma tiene olor a lluvia la lluvia tiene olor a tierra esto me lo contaron porque yo nunca estoy en el centro de mi vida.
Suburbia. Mario Benedetti.
Esto se lo contaron, porque Mario Benedetti, el poeta que adivinamos tras los versos, está demasiado ocupado escribiendo poemas y generando efectos sobre el lector como para distinguirse de la imagen que proyecta.
El yo es entonces un proceso más que una entidad, más que un resultado, más que un ser u origen del devenir. Puede que el alma de Homo Mínimus, el artista conocido como Homo Mínimus, no sea tan sólida como el alma del suelo y se confunda con su máscara o se convierta en su máscara.
Algunas personas que me conocen bien, que conocen bien al artista, dicen que mi blog es una pose, que yo (el artista) no soy el que plasmo en el blog, que Homo Mínimus es como un ideal del yo o como una versión idealizada de mí o, peor, un impostor. Quizá tengan razón, quizá la tengan a medias, quizá estén muy descaminados y se equivoquen.
Es difícil distinguir entre la táctica y la estrategia.
Pero qué diablos , tú estabas leyendo este artículo para llevarte algo a la boca existencial. Te dejo aquí lo que sé que estás buscando: el secreto de la felicidad12.
Slow Productivity1 es el título del nuevo libro de Cal Newport, uno de mis autores de referencia en materia de organización del trabajo y productividad personal.
Este artículo de algo más de seis mil palabras, a pesar de su nivel de detalle, no es sustituto para el libro. Es una animación a su lectura, un resumen y una ilustración de algunos de sus temas desde la perspectiva del minimalismo existencial; también es una extensión de estos temas y una reflexión personal.
Productividad lenta: el perdido arte del logro sin quemarse
Cal Newport es un profesor universitario en ciencias de la computación cuya investigación está centrada en la teoría de los algoritmos distribuidos. En paralelo, y desde muy joven, ha perseguido también una carrera de escritor, su segunda —quizá primera— vocación. Hace años, hicimos un podcast 2comentando uno de sus libros más exitosos: Deep Work3.
Sus libros pertenecen al género que él ha bautizado como “smart self-help”, o autoayuda inteligente, una mezcla de los tradicionales libros de consejos y la escritura creativa de no ficción. En el libro actual, ahonda en algunos de los temas tratados en Deep Work y sus otros libros, Minimalismo digital4, Un mundo sin email5.
Para hacernos una idea del personaje puedes echar un vistazo a su conferencia TED6 de hace varios años donde nos exhorta a dejar las redes sociales. A la manera neoludita, Cal carece de un teléfono inteligente, cosa que en mi experiencia es patrimonio de unos pocos “iluminados” minimalistas y otra gente de buen vivir.
La tesis del libro es que vivimos en un mundo profesional donde el concepto de productividad heredado de la era industrial se ha trasladado a la economía del conocimiento, dando lugar a la pseudo-productividad, una apariencia engañosa de productividad que nos aleja de nuestros objetivos individuales y empresariales u organizativos.
En el libro, hace un recorrido histórico por los distintos modos de organización del trabajo, desde los cazadores-recolectores, hace unos 300.000 años, pasando por la revolución neolítica y el paso al sedentarismo y la agricultura, hasta la abrupta transición a la era industrial en el siglo XVIII, que supuso un tremendo cambio en los modos de producción y organización del trabajo.
Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad hemos visto la irrupción de otro tipo de trabajador –el trabajador del conocimiento– propio del cada vez más grande sector servicios, con funciones y características muy distintas al trabajador industrial tradicional.
El trabajador del conocimiento coincide con las características de un tipo de trabajador autónomo y creativo que el sociólogo español Manuel Castells denomino “Trabajadores autoprogramables7”.
En la trayectoria laboral típica de la sociedad tardoindustrial (aunque sin duda nunca se llevó a cabo exactamente de este modo), una persona era preparada para realizar un oficio en el cual trabajaría durante el resto de su vida productiva, de nueve a cinco. En la economía de la información, ya no sucede así; más bien, el nuevo profesional de la información es, para emplear las palabras de Castells, “autoprogramable” y tiene la capacidad de reciclarse y adaptarse a nuevas tareas, nuevos procesos y nuevas fuentes de información a medida que la tecnología, la demanda y la dirección aceleran su ritmo de cambio.”
Los trabajadores del conocimiento actuales trabajan en entornos complejos y deben coordinarse con otros trabajadores del conocimiento para lograr sus fines. Su modo de trabajo difiere sustancialmente de los operarios industriales regidos por las métricas de unidades producidas y tiempo empleado. Cuando se intenta aplicar la forma de organización basada en instrucciones de las fábricas, o de órdenes y control de las grandes organizaciones burocráticas, el resultado es subóptimo.
Métricas de productividad erróneas
Las métricas que se empleaban en la economía agrícola o industrial miden muy indirectamente y de manera muchas veces engañosa los resultados y aportaciones de los trabajadores del conocimiento. Por ejemplo, el número de horas presenciales en el trabajo es un indicador muy pobre de la contribución de un programador o experto en marketing a los resultados organizativos. En el entorno académico, el número de publicaciones es uno de los indicadores que mide el rendimiento de un profesor de universidad pero conduce a efectos contraproducentes incentivando la cantidad sobre la calidad. A efectos prácticos, un académico puede considerar que cinco artículos científicos en cinco años de calidad media le hacen parecer más productivo que un único artículo más de fondo o innovador que abre nuevos caminos y que requiere mayor tiempo y calma para forjarse.
Otras métricas más o menos falaces, más o menos “de vanidad”, tienen que ver con el nivel de comunicación entre miembros del equipo: reuniones de coordinación, accesibilidad y rapidez en la respuesta vía email o WhatsApp, o número de informes generados.
Estas métricas son medios para conocer indirectamente el compromiso del trabajador con la organización y una medida indirecta de su contribución, pero cuando al trabajador se le paga por pensar, innovar y resolver problemas, puede que estos indicadores de productividad vayan muy desencaminados.
Marco mental de la pseudo-productividad
La pseudo-productividad del siglo XXI viene acompañada de valores y marcos mentales que enfatizan la rapidez, el frenesí, la visibilidad del trabajo. A esto en Estados Unidos se la ha dado en llamar la cultura “hustle” o cultura de la agitación. Daniel González, amigo estoico del blog, tiene un video de seis minutos donde explica el sentido de este concepto:
Cal Newport reacciona ante la pseudo-productividad y propone un nuevo marco mental sobre el que fundamentar el trabajo del conocimiento: el de la productividad lenta.
El concepto de trabajador del conocimiento es muy amplio e incluye a cualquier persona con autonomía en la definición de tareas y objetivos o en la organización de su trabajo. Asimismo, este trabajador depende de las ideas innovadoras y su capacidad de generación de ellas para aplicarlas a la solución de los problemas de su campo.
Podemos incluir aquí a programadores, profesores de universidad, ejecutivos, artistas, diseñadores, expertos en marketing, consultores, emprendedores y empresarios, soloemprendedores y en general muchos de los trabajadores autoempleados actuales. En esencia, Cal se dirige a cualquiera que no tenga rígidamente pautada la forma de lograr los resultados, cuyo campo sea ambiguo y complejo, y dependa de su creatividad e imaginación para lograr los resultados. Esto puede incluir a cada vez a más trabajadores en el siglo XXI.
La dirección por objetivos o la más reciente dirección por valores han sido intentos de gestionar las condiciones del nuevo entorno económico, pero según Cal es necesario un cambio de paradigma.
Tres principios
Cal Newport resume su paradigma o marco mental en tres principios:
I. Haz menos cosas II. Trabaja a un ritmo natural III. Obsesiónate con la calidad
La segunda parte del libro fundamenta la inclusión de cada principio y hace sugerencias o propuestas específicas para aplicarlos en la vida real.
Al final del libro, relaciona el tercer principio (obsesión con la calidad) con los dos anteriores (hacer menos cosas y adoptar un ritmo de trabajo natural), mostrando que obtener calidad exige reducir el trabajo y trabajar con ritmos más naturales; a su vez, la reducción de tareas y adoptar un ritmo más pausado de trabajo, más sostenible y “ecológico” es lo que permite en el medio y largo plazo hacer un trabajo tan bueno que “no puedas ser ignorado” (So good that they can’t ignore you9 es otro de los libros de Cal Newport).
El autor, a través anécdotas, historias y biografías de artistas, escritores, científicos y empresarios de éxito, ilustra sus tesis y proporciona imágenes vívidas que quedan en la memoria y sirven de trampolín cognitivo para adaptar o aplicar a vidas profesionales más prosaicas, como las de la mayoría de nosotros. En las páginas del libro aparecerán personajes muy conocidos como los Beatles, Steve Jobs, Madame Curie, Isaac Newton o Neil Gaiman y otros menos conocidos para el público español, como el escritor de no ficción creativa McPhee, la bailarina Maya Angelou, o la cantaautora estadounidense Jewel Kilcher.
Los ejemplos pueden parecer románticos y quizá en ocasiones algo grandiosos, definitivamente inviables o muy alejados para la mayoría de nosotros, que tenemos que equilibrar las necesidades económicas, con las familiares y las laborales y que no podemos dejarlo todo e irnos a vivir a una cabaña en el bosque para escribir o a una finca en Idaho donde nos despertemos con los trinos de los pájaros o podamos pasar horas paseando por las colinas de los alrededores.
Sin embargo, queda bien claro que estos ejemplos de artistas, científicos y escritores contienen valiosas enseñanzas para los trabajadores del conocimiento del siglo XXI. Son estos oficios artísticos los precursores y los que más experiencia y experimentación han desarrollado en la autoprogramación del tiempo de trabajo y la gestión de la energía personal para lograr obtener resultados extraordinarios.
I. Haz menos cosas
NO podemos hacer todo. Podemos hacer muchas cosas, pero es conveniente que hagamos las más importantes, las que generan más valor, las que tienen más repercusión. En todo caso, no podemos hacer todas a la vez. Este principio está muy relacionado con uno de nuestros principios minimalistas básicos, el principio de concentración10.
La primera estrategia es ser siempre muy fuerte; primero en general y después en el momento decisivo. No hay ley estratégica superior ni más simple que mantener las fuerzas concentradas. Resumiendo: el primer principio es actuar con la máxima concentración.
Klausewitz. De la guerra.
En este blog, asociado a este principio, tenemos una larga lista de reglas minimalistas11 que intentan aterrizar la gran directriz y exhortación a concentrar nuestros esfuerzos. Esta lista es tan larga –y poco minimalista– que muchos han tildado nuestro minimalismo de «minimalismo robótico12«.
El principio de Pareto o regla del 80/2013, aunque no explicitado en el libro, sí está implícito en toda la filosofía del minimalismo y el enfoque lento de la productividad. En su forma más simple el principio de Pareto significa lo siguiente: no todas las causas tienen el mismo impacto o efecto sobre los resultados perseguidos, luego haremos bien en elegir juiciosamente qué hacer, y, sobre todo, ser implacables en lo que no hacer.
Embudo de la productividad
Otro principio implícito en la filosofía del trabajo de Newport es la concentración o el foco, la habilidad de centrar los esfuerzos y la atención en una sola dirección. En esta línea, el autor habla en su blog de un concepto útil muy relacionado con lo anterior: el embudo de la productividad14.
Selección de actividades
La cantidad de tareas que podríamos hacer en un momento dado es enorme, podríamos decir que no hay más límite que el de la imaginación. Aquí es donde entra el primer elemento la productividad: la reducción de tareas a un número que permita maximizar los resultados y que sea compatible con los recursos cognitivos y psicológicos disponibles. Si no seleccionamos adecuadamente, corremos el riesgo de caer en el pozo sin fondo de la lista de tareas15.
Organización
Los locos de la productividad y otros sistematizadores suelen ser muy buenos en la organización, en el uso de herramientas y sistemas sofisticados que permiten ordenar los esfuerzos personales; pero si no ponen un filtro inicial en propósitos, proyectos o tareas ninguna organización va a conducirlos a la productividad. Además, no basta con que estas tareas sean pocas, sino que tienen que estar bien seleccionadas. Como dice Stephen Covey, “La eficiencia, que es hacer las cosas correctamente, es irrelevante hasta que estés haciendo las cosas correctas”.
Ejecución
Por otra parte, una buena selección de tareas y proyectos junto a con un sistema de organización adecuado falla si la ejecución es defectuosa, “visión sin ejecución es alucinación”:
Cal Newport ha incidido en cuestiones de ejecución y proporcionado consejos sobre minimalismo digital, eliminación de redes sociales, y reducción de interrupciones de email para maximizar el foco.
En una línea similar, en este blog hemos hablado de la regla de las tres Oes16(Omisión, Organización, Optimización), que también enfatiza la eliminación y reducción de tareas como primera O de la productividad. Decir NO y “nuncanizar”17 son consustanciales al minimalismo existencial y a la productividad personal.
El primer principio de la productividad de hacer menos se orienta en tres direcciones o desde tres perspectivas temporales distintas pero complementarias: el nivel de misión o estratégico, el de proyectos y el de tareas.
Reducción: misión
La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo
No puedes ser escritor (Cómo ser un genio, nº 1) . —Rafael Sarmentero
Cuando tengo que tomar una decisión poco importante, siempre he creído mejor considerar todos los pros y los contras. En decisiones vitales, sin embargo, la decisión debería provenir del inconsciente, de dentro de nosotros.
Sigmund Freud
El nivel de misión tiene que ver con los propósitos. En terminología religiosa o corporativa, hablaríamos de nuestra misión o misiones: por qué estamos aquí, cuáles son nuestras metas generales en la vida profesional y personal. La propuesta de Cal es reducir a unas pocos nuestros propósitos vitales y metas a medio y largo plazo.
Kierkegaard escribió: “Pureza de corazón es querer una sola cosa”. Posiblemente muchos de nosotros querríamos tener ese nivel de intensidad y foco, donde un solo propósito consumiera, ocupara o diera significado a nuestra vida. Es el caso de visionarios empresariales como Steve Jobs, artistas disruptores como Vang Gogh o científicos entregados a sus investigaciones como Richard Feynman; en general, cualquiera que ha encontrado su Ikigai, o su razón para levantarse por la mañana.
En la cultura de las islas de Okinawa, el término ikigai hace referencia a “una razón para levantarte por la mañana”. Todos necesitamos una. De lo contrario, la vida se torna un sinsentido sin ningún aliciente. Cuantas más razones para vivir mejor. Pero es fundamental que tengamos siempre alguna. La que está más presente es la que más te define. Coincide con tu vocación. La mía es escribir.
No puedes ser escritor (Cómo ser un genio, nº 1)18 . Rafael Sarmentero
Recuerdo una escena de Ciudadano Kane donde el periodista que está investigando la vida de Kane, pregunta a Bernstein sobre Mr. Thatcher, el tutor de Kane cuando era niño y consejero financiero, del que dice que es “el mayor tonto que he conocido”; entonces el periodista replica que no debe de ser tan tonto si ha hecho tanto dinero, a lo que Bernstein responde que “ganar mucho dinero no es difícil …si es lo único que quieres”.
Ciertamente, la unicidad de propósito ayuda mucho a ser productivo, pero para la mayoría de nosotros resulta difícil querer una sola cosa y consagrar a ella nuestra vida. Más bien, deberíamos pensar en un par de roles o papeles o áreas existenciales donde encontramos sentido. Para Cal Newport, es su trabajo de teórico computacional y profesor de universidad, su carrera de escritor y posiblemente, aunque no lo dice, su familia y su vida espiritual o religiosa.
Lo importante es definir esos pocos campos elegidos y enfocarse en unos pocos propósitos vitales. ¿Cuáles son los tuyos?
Reducción: proyectos
Cuidado con dispersar tus fuerzas, lucha constantemente por concentrarlas. El Genio se cree que puede hacer cualquier cosa que ve hacer a otros, pero seguro que se arrepiente de cada gasto mal calculado.
Goethe
Los proyectos 19son son esfuerzos con resultado definido y plazo limitado, de unas pocas semanas a un par de semestres, en los que centramos nuestra acción y atención. El trabajador del conocimiento, a diferencia del trabajador industrial o de las burocracias corporativas, que se centra más en operaciones diarias recurrentes, aporta valor a través de proyectos.
Newport también enfatiza la necesidad de mantener bajo control el número de estos. Podemos tener una lista de posibles proyectos, pero debemos priorizarlos y enfocarnos en cada momento en un número no superior a tres, so pena de dispersar nuestros esfuerzos y caer en el peligro que nos recuerda el refrán español “Quien mucho abarca, poco aprieta”. Los no elegidos quedan en la reserva a la espera de tiempo disponible para ello. Una buena regla general es que para que entre en ejecución un nuevo proyecto ha de salir otro.
Reducción: tareas
Las únicas listas que funcionan son las que tienen solo un elemento.
Nassim Nicholas Taleb
Aquí llegamos al nivel de la actividad diaria donde hemos de luchar por controlar el número de tareas que planeamos durante un día. El papel, como sabemos, lo aguanta todo, ya hable en otro lugar sobre el “pozo sin fondo de la lista de tareas20” y como corre el riesgo de convertirse en una carta diaria a los Reyes Magos más que una estimación de lo que razonablemente podemos lograr en un día de trabajo.
Aquí debemos pecar de conservadores y no tratar de embutir en un día más tareas de las que podemos completar dejando tiempo de sobra para su consecución.
Reducir lo pequeño
Las pequeñas tareas, en cantidad suficiente, pueden actuar como termitas de la productividad, desestabilizando los cimientos de lo que estás intentando construir. Merece la pena hacer todo lo posible por mantenerlas bajo control.
Cal Newport. Slow Productivity. The Lost Art of Accomplishment Without Burnout
The main thing is to keep the main thing the main thing. —Kevin Kelly
Kevin Kelly, estudioso de la cultura digital
Siguiendo la poderosa imagen de Steven Covey en el clásico de la productividad Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, debemos evitar que la “arenilla de las tareas”, las pequeñas tareas necesarias, pero de poco impacto, terminen comiéndose nuestro tiempo y concentración.
Aquí hablamos de las reuniones rutinarias, el tráfago de emails, las cuestiones administrativas o de mantenimiento, la navegación por internet, y, en general todo aquello que tiene poca repercusión sobre los resultados finales pero de lo que solemos abusar. Siguiendo también la imagen de Covey, deberíamos introducir primero nuestras piedras y “grandes rocas” semanales 21en nuestra agenda diaria, y, solo después, buscar el lugar para la arenilla.
Cal proporciona muchos consejos y sugerencias para mantener lo importante como importante a pesar de las exigencias y el dinamismo vertiginoso de muchos trabajos actuales.
Traer hacia sí en vez de ser empujado (“Pull instead of push”)
Esta es una propuesta de gran calado especialmente innovadora y novedosa: la de no asumir exigencias, demandas sobre nuestro tiempo o información de entrada que no estamos preparados para procesar.
Aplicada a nivel de organización serviría para evitar cuellos de botella en los procesos de trabajo y permitiría redistribuir los recursos materiales y humanos de la manera más eficiente para el logro de los objetivos finales. El autor proporciona varios ejemplos de este enfoque y su éxito en distintos entornos profesionales.
Pero, ciertamente, no podemos esperar a que la “buena nueva” del enfoque “pull” cale en nuestra empresa en particular. Entonces, ¿qué podemos hacer en el nivel individual para adoptar este enfoque? Cal recomienda ser muy consciente de la carga de trabajo que uno tiene en cada momento, medida esta en número de proyectos y demandas de tiempo y esfuerzo, y no hincar el diente a más de lo que uno puede masticar y deglutir.
Esto significa definir claramente los proyectos en los que estamos trabajando en cada momento y su importancia. Como hemos dicho antes, tener más de tres proyectos a la vez supone dispersión, estrés y estar haciendo un esfuerzo continuo, posiblemente insostenible, por distribuir nuestra atención entre diversos focos. El resultado habitual es el de trabajar superficialmente en cada uno de ellos y hacer pocos avances significativos, o tensar la cuerda de nuestro horario y estrés volviendo estos esfuerzos contraproducentes en el medio y largo plazo.
Ayuda mucho ser capaz de evaluar honestamente y con precisión tu potencial de trabajo (una función del lugar, tu nivel actual de motivación y energía, los deberes y compromisos próximos, la disponibilidad de recursos y el nivel esperado de distracción) en un periodo dado de tiempo en el futuro (por ejemplo, el resto del día): pasarte de confiado o por el contrario pecar de falta de confianza sobre lo que puedes lograr lleva a asumir más o menos de lo que puedes gestionar adecuadamente, y ambas cosas llevan a ineficacias (conozco por experiencia directa las dos caras de este problema).
Terence Tao. Matemático australiano y Medalla Fields
Unida a esta consciencia clara de la carga de trabajo, está la necesidad de ser honrado con uno mismo y ser transparente con los demás: en cada momento, deberíamos ser claros sobre lo que estamos haciendo y sobre lo que podemos hacer y cuándo podemos hacerlo. Esto implicará decir no más a menudo o replantear prioridades si es que la decisión final la tienen los superiores jerárquicos.
II. Trabaja a un ritmo natural
El paradigma mecanicista ha de ser sustituido por uno más “ecológico”, más natural, en el sentido de que esté más alineado con los ritmos y naturaleza del trabajo que estemos realizando y nuestros niveles de energía psíquica y física.
Una vez más, el papel lo aguanta todo, y muchas veces parece que nos gestionamos a nosotros mismos como si estuviéramos gestionando una máquina, de manera rígida e ingenieril.
Cal, con todas las reservas ideológicas que se adivinan en su carácter y creencias, usa el concepto marxista de alienación o extrañamiento del trabajador de su trabajo y los frutos de su trabajo. Este es inherente al paradigma taylorista de la organización industrial del trabajo del siglo XIX y principios del XX: en él se trata al trabajador de la misma manera que se trata a una máquina, como una pieza inanimada y sin agenda del entramado productivo.
El choque entre el modo ingenieril de organización industrial y la naturaleza humana es quizá lo que hizo exclamar a Henry Ford “¿Por qué es que cada vez que pido un par de manos estas vienen con un cerebro al lado?«.
En la era de la información, se necesita transformar la vieja pregunta taylorista acerca del trabajo físico (a saber, “¿pueden las extremidades del trabajador operar de forma aún más efectiva?”) en otra de índole más espiritual: “¿puede la vida interior de la persona moverse de una forma aún más efectiva?”.
La ética del hacker, Petra Himanen
Si el cerebro acompaña cualquier trabajo industrial, por rutinario que sea, más acompaña el tipo de trabajo y experiencia del trabajador del conocimiento actual.
Algunas de las propuestas para trabajar a un ritmo más natural son las siguientes:
Tomate más tiempo para hacer el trabajo. Abraza la estacionalidad Trabaja poéticamente
Tómate más tiempo para hacer el trabajo.
En este apartado se habla de asumir una perspectiva más a largo plazo que permita asumir un ritmo variable en función de las circunstancias y obviar algunas de las métricas habituales conducentes a la pseudo-productividad.
Cuando hablamos de un trabajo creativo y complejo que requiere de ideas, la acción más productiva del día puede estar en dar un largo paseo después de comer sin pensar en nada en particular, como forma de entrar en una modalidad menos enfocada del pensamiento y para permitir que el tiempo de contemplación obre su efecto en forma de pequeñas y grandes revelaciones. De esto hablamos en la rutina itinerante de Homo Mínimus22.
Los paseos en buena compañía, quizá disfrazado de dandi y quizá no, son formas relajadas de dejar volar la conversación y la imaginación que pueden hacer fluir las ideas.
El autor recomienda doblar el tiempo proyectado para acabar los proyectos y nos recuerda el sesgo de planificación23 en los proyectos, que nos suele llevar a infravalorar el tiempo necesario para completarlos.
Otros consejos tratan sobre la simplificación de los días de trabajo y la asunción de algún sistema como el de agenda fija24.
Por último, y esto creo que es tremendamente importante, perdonarse a uno mismo por no completar tareas o proyectos en el tiempo estimado. Después de todo somos humanos que queremos hacerlo lo mejor posible, pero a su vez somos finitos en capacidad y conocimiento.
Abraza la estacionalidad
En este blog hemos hablado mucho de los ritmos y de la necesidad de equilibrarlos. Soojung-Kim Pang, el autor de Descansa. Produce más trabajando menos25 en su manifiesto por el descanso deliberado26 ilustra extraordinariamente la necesidad y belleza de adoptar un ritmo mucho más natural y sostenible, tan distinto a la cultura de la agitación (“hustle culture”) de la que hablamos antes.
El descanso resulta ser como el cantar o el correr. Todo el mundo sabe básicamente cómo hacerlo. Pero con un poco de trabajo y comprensión, puedes aprender a hacerlo mucho mejor. Puedes disfrutar el descanso más profundamente y salir más fresco y revitalizado. Las personas no llegan a ser expertos de talla mundial solo a través de la práctica deliberada. También practican lo que podríamos llamar descanso deliberado. Encuentran descanso que es psicológica y físicamente reparador, y también mentalmente productivo. El descanso deliberado te ayuda a recuperarte del estrés y el cansancio del día, permite que las nuevas lecciones y experiencias se asienten en tu memoria y proporciona a tu mente subconsciente espacio para seguir trabajando. Y es a menudo en estos periodos de descanso deliberado y aparentemente ocio —cuando no estás explícitamente trabajando o esforzándote— que puedes tener algunas de las mejores ideas.—
Manifiesto por el descanso deliberado. Soojung-Kim Pang.
El paradigma del velocista vs el del maratoniano27 del que también hemos hablado en este blog abunda en la misma línea: no se trata de tener un ritmo lineal y cumplir hitos de manera rígida y previsible, sino de tener en cuenta la naturaleza de la energías física, mental, emocional y espirituales humanas para permitirnos la necesaria recuperación antes de los esfuerzos. Como bien sabemos, cualquier deportista de élite dedica cien veces más de tiempo a la preparación y el entrenamiento que a la ejecución y la competición, y para ellos el descanso es parte integral y esencial del entrenamiento.
Maratonianos al final del camino…
Cal hace propuestas como planificar temporadas bajas de esfuerzo reducido, tomarse vacaciones o sabáticos de algunos meses más a menudo.
Para ampliar esta línea de pensamiento y aplicarlo a una escala de vida, puedes leer el artículo Regla deDistribución del tiempo de trabajo en la vida28” y las ventajas de una vida profesional puntuada de amplios descansos, a semejanza de los años sabáticos de los académicos.
Los descansos no son solo los más conocidos sabáticos o vacaciones anuales, sino que también incluyen la “pequeña estacionalidad” con iniciativas como los lunes libres de reuniones, proyectos menos exigentes después de los más tensos o difíciles o tomarse una tarde de trabajo libre para ir al cine o tomarse un café en una cafetería tranquila.
Mejor ser un velocista lleno de potencia y vitalidad
Trabaja poéticamente
Poéticamente habita el hombre el mundo.
Hölderlin
Esta propuesta sobre la forma de lograr un ritmo más natural de vida y trabajo profesional es la que más ha resonado conmigo.
Hay dos aspectos que quiero recalcar: la importancia de los rituales y el aprovechamiento de la experiencia de los profesionales creativos. Aquí incluimos la importancia del lugar de trabajo y su elección estratégica, los rituales de inicio del día, las reglas sobre cuando acabar la jornada de trabajo, y hasta extrañas costumbres para hacer más probable la inspiración:
[Goethe] había pasado por la casa de Schiller y, al descubrir que su amigo no estaba, decidió esperar a que regresara. En lugar de desperdiciar unos momentos libres, el productivo poeta se sentó en el escritorio de Schiller para apuntar algunas notas. Luego, un olor peculiar hizo que Goethe se detuviera. De alguna manera, un olor opresivo se había infiltrado en la habitación.
Goethe siguió el olor hasta su origen, que en realidad estaba justo donde él estaba sentado. Provenía de un cajón en el escritorio de Schiller. Goethe se inclinó, abrió el cajón y encontró un montón de manzanas podridas. El olor era tan abrumador que se mareó. Se acercó a la ventana y respiró algunas bocanadas de aire fresco. Goethe naturalmente estaba curioso acerca del tesoro de basura, aunque la esposa de Schiller, Charlotte, solo pudo ofrecer la extraña verdad: Schiller había dejado deliberadamente que las manzanas se echaran a perder. El aroma, de alguna manera, lo inspiraba, y según su esposa, él «no podía vivir o trabajar sin él.»
Las manzanas podridas, las ovejas negras y casos límite, así como los rituales30, tienen una sección en este blog y hemos investigado con cierta profundidad los hábitos intelectuales de escritores como Raymon Chandler y su técnica de las O alternativas31, Hemingway y el dejar el trabajo en un momento interesante32.
Cal Newport resume aquí sus consejos sobre los rituales de trabajo:
Mi consejo aquí tiene dos partes. Primero, forma tus propios rituales personalizados en torno al trabajo que consideres más importante. En segundo lugar, al hacerlo, asegúrate de que tus rituales sean lo suficientemente llamativos como para cambiar efectivamente tu estado mental en algo que apoye más sus objetivos.
También hemos escrito en el “Tao de la Productividad”33 sobre como un genio matemático como Terence Tao organiza su trabajo intelectual, y su deliberada y sofisticada organización del trabajo. Especialmente interesantes son sus observaciones sobre el manejo de los ritmos y su gestión de la energía psíquica:
Otro asunto es que mi habilidad para hacer trabajo matemático serio fluctúa mucho de un día a otro; a veces, puedo pensar intensamente sobre un problema durante una hora, otras veces me siento preparado para escribir los detalles completos de un esbozo que mis coautores o yo ya hemos escrito, y en otras ocasiones solo me siento capacitado para responder al correo electrónico y hacer recados, o simplemente para dar un paseo o echarme una siesta.
Terence Tao
Sorprendentemente, muchos de sus métodos son perfectamente aplicables en otros ámbitos laborales que requieren de cierta creatividad y conexión de ideas.
Uno de mis amigos, caso límite, oveja negra a ratos y nunca manzana podrida, el poeta Rafael Sarmentero, alias “El Genio” (creo que debería quitar las comillas y el alias), al que también dedicamos un artículo, Lo que podemos aprender de Rafael Sarmentero34, nos proporciona un montón de datos reveladores sobre la trastienda de la creación y corrobora el en apariencia contradictorio nexo entre disciplina y ritualización de la vida y el trabajo, por un lado, e inspiración, flujo, imaginación e improvisación por otro.
Rafael Sarmentero trabajando
Necesitamos inspiración, pero solo la vamos a lograr si va precedida de transpiración. De El Genio me quedo con uno sus poemas moralizantes más incisivos:
La diferencia entre nada y todo es un poco. No es un juego de palabras. Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y tienes y no tienes nada. Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado. Entre nada y todo hay una diferencia muy grande. Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco. No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio. Un poco lo es todo.
No puedes ser un escritor (Cómo ser un genio, nº 1) . —Rafael Sarmentero
Muchos pocos en el tiempo terminan por crear un todo. Así que atento a esos pocos. Después de todo, una acumulación de cotidianos infinitesimales es lo que termina generando el área bajo la curva de nuestras vidas.
III. Obsesiónate con la calidad
Se debe apreciar la intensidad más que la extensión: la perfección reside en la calidad no en la cantidad. La extensión de por sí sola nunca se eleva por encima de la mediocridad, y es la desgracia de los hombres con amplios intereses generales que mientras que les gustaría tener un dedo en todas las tartas no la tienen en ninguna. La intensidad proporciona eminencia y eleva a lo heroico en material sublime.
Baltasar Gracián. El arte de la prudencia.
Según Cal Newport, no necesitamos ser perfectos en cada uno de nuestros proyectos. Lo importante es la mejora continua, que el siguiente proyecto añada alguna habilidad más a nuestro arsenal y seamos profesionalmente un poco mejores que ayer.
Es esta competencia profesional creciente basada en la calidad de nuestro trabajo la que nos permite elegir nuestros trabajos en el futuro, nos abre oportunidades profesionales y a su vez permitirá que podamos vivir según las características y métodos de la productividad lenta de la que hemos hablado arriba.
Si, de acuerdo con el filósofo Spinoza, «La alegría es el paso del hombre de una menor perfección a una mayor» entonces la felicidad podría ser una actividad, no un estado del alma, no un punto final; aplicándolo a nuestra actividad profesional la felicidad profesional no es una posición de llegada, sino un camino donde nos esforzamos, a la manera de un habilidoso artesano, por crear productos únicos y cada vez mejores para nuestros clientes.
Aquí enlazamos con otro de los temas centrales del pensamiento de Cal Newport: la búsqueda del expertismo en un área profesional. En esencia, su fórmula consiste en desarrollar a lo largo de años y décadas destrezas únicas (cada uno las suyas en su área profesional) que sean valoradas por alguien en el mercado (es decir, por suficientes seres humanos como para que su ejercicio sea rentable) y que podamos replicarlas o repetirlas (que no sean flor de un día o fruto del azar).
Me paro aquí un momento y recalco la segunda condición: «valoradas por alguien en el mercado». Olvídate de la pasión y de tu ombligo, concéntrate en hacer algo bien para otros seres humanos. Puede que seas el campeón mundial de petanca, pero «de la petanca no se puede vivir».
Como escribe Raúl Hernández, al hilo de esta noticia:
Así que la reflexión del chaval de la petanca tiene más miga de la que parece. La idea de «ganarse la vida» sigue siendo fundamental. Y uno no tiene la vida ganada porque sí, y tampoco tiene derecho a ganársela como él decida. Hay caminos que te lo permiten, y caminos que no. Y uno tendrá que elegir entre los primeros. Y el resto, sea jugar a la petanca o cualquier otra cosa… para tus ratos libres.
Vivir de la petanca y otras aspiraciones. Raúl Hernández González.35
Haríamos bien entonces en poner en el centro a otros seres humanos y olvidarnos un poco de nuestras pasiones siguiendo el consejo de Cal de «ser tan bueno en algo que no puedan ignorarte». Posiblemente, el compromiso previo con el propio trabajo y el ser útiles para nuestros semejantes esté por encima de cualquier pasióninicial que lo justifique todo.
Nuestra vida profesional no es solo un esfuerzo autista de satisfacción personal y persecución de nuestros sueños. Si queremos poder sostener una vida significativa y ser retribuidos por nuestros esfuerzos debemos buscar la manera de encajar nuestro trabajo con las necesidades de otros seres humanos. Nadie nos debe nada, y si queremos que alguien haga algo por nosotros, también debemos estar dispuestos a encontrar la manera de hacer algo por los demás.
Si un hombre tiene buen maíz o madera o tableros o cerdos que vender, o puede fabricar mejores sillas o cuchillos u órganos de iglesia que cualquier otro, la gente se abrirá paso a través de un camino de cabras, aunque esté en medio del bosque.
Dentro de este marco de desarrollo profesional, es claro que ha de primar la búsqueda de la calidad creciente en el trabajo, por encima de los resultados inmediatos o a corto plazo. Por otra parte, uno ha de encontrar sentido en lo que hace y desarrollar un compromiso inequívoco con el área profesional elegida.
La calidad abre oportunidades, pero también justifica nuestra existencia, crea sentido. Un trabajador que solo obedece órdenes y no ha decidido transformar su trabajo e impregnarlo de sentido, deja pasar el tiempo esperando que transcurran los días, como el preso que espera el permiso carcelario de fin de semana. Para él, quizá es razonable poner su mente y su espíritu en piloto automático esperando al fin de mes y cobrar el sueldo, o esperando el verano y gozar de varias semanas de libertad condicional.
Pero es distinto cuando los resultados que persigues no son automáticos, previsibles o rutinarios, cuando quieres desarrollar el orgullo profesional de un artesano y ejercer el poder de tu inteligencia creadora.
No creo que exista una métrica del significado, la cuantificación tiene un límite; no todo lo que se puede medir cuenta, ni todo lo que cuenta, en este caso el sentido, puede medirse.
Una percepción holística e integral de la vida, las prioridades, la misión, la relación con nuestros semejantes, con la tradición y nuestra comunidad, con D-os o el Cosmos, nos proporcionará la orientación vital que nos diga, tripas adentro, en nuestro fuero interno, si estamos yendo en la dirección correcta.
¿Y cuál es el truco para lograr la calidad?
En una escena de Lawrence de Arabia, T.E Lawrence enciende un cigarrillo y apaga el fósforo frotando sus dedos… un hombre poco después intenta hacer lo mismo…
Hombre: ¡Oh! [quemándose los dedos] ¡Cómo duele!
Lawrence: Claro que duele.
Hombre: Entonces, ¿dónde está el truco?
Lawrence: El truco, William Potter, es que no te importe que te duela.
Obtener la calidad duele, requiere esfuerzo, sudor y algunas lágrimas. Requiere sacrificio en lo inmediato y durante mucho tiempo con la esperanza de obtener algo mejor en el futuro. Requiere los ritmos más pausados y lentos de la creación y el desarrollo profundo de habilidades.
En tres palabras: no hay atajos.
Conclusiones sobre el libro y recomendación
Slow Productivity es digno de leerse por la importancia del contenido y el cuidado artesanal con que a lo largo de los años Cal Newport ha gestado esta obra.
El libro, por el momento, no está disponible en español, aunque lo estará en enero de 202536.
Espero que este artículo de 6.000 palabras te haya servido de aperitivo y acicate para seguir explorando por tu cuenta, quizá tomando como punto de partida algunas de las referencias que he proporcionado y algunos artículos de este blog.
Quién tenga más curiosidad sobre Slow Productivity o algún otro aspecto relacionado con los temas del libro, puede preguntarme en comentarios e intentaré responder lo más precisa y claramente que pueda.
En las decisiones pequeñas, sabemos que cualquier decisión que tomemos será suficientemente buena; si es mala, tendrá poca relevancia y nos recuperaremos rápido de ella, aprenderemos la lección y la siguiente vez elegiremos una mejor opción.
Por ejemplo, si este domingo elijo una película española, se que me abofetearán con su mal gusto, seré adoctrinado ideológicamente, escucharé a actores sin dicción y motivaré a directores diversos, inclusivos e igualitarios a que sigan realizándose profesionalmente produciendo malas películas. No solo eso, perderé el dinero de la entrada y el tiempo dedicado a verla, que podría haber empleado más provechosamente.
Pero si escarmiento de una vez, y si somos suficientes espectadores los que aprendemos de estas experiencias negativas, aprenderemos a ser más cuidadosos en la elección de películas, refinaremos nuestros gustos—originariamente ingenuos— y, poco a poco, descartaremos de la faz de nuestros impulsos cinematográficos las películas españolas con monjas embarazadas, argumentos progres de parvulario y empresarios con bigotito fascistoide, malos, muy malos.
No pasa nada, el error es el nombre que muchos dan a la experiencia personal. Equivocarse está permitido, aunque hay que procurar que esos errores sean cada vez distintos, o al menos mejores y más inteligentes. La próxima vez probaremos con el venerado realizador finés Aki Kaurismäki (es un poner).
Kaurismäki retorciéndose en la alfombra roja a su llegada al Palais des festivals para asistir a la proyección de El hombre sin pasado durante el 55º Festival de Cannes, el 22 de mayo de 2002
En principio, las pequeñas decisiones malas pueden acumularse y ser igual de letales en sus consecuencias que las decisiones erróneas transcendentales. Por ejemplo, tomar el teléfono móvil en un momento de aburrimiento en la cola de la cafetería está entre las decisiones irrelevantes en el corto plazo y las muy relevantes en el largo plazo. Sobre todo si eres un director de culto que gusta de enviar mensajes picantes a amigas o becarias traicioneras.
El director Carlos Vermut, en noviembre de 2022, en una entrevista promocional por ‘Manticora’.Juan Barbosa/ Europa Press via Getty Images
Los malos hábitos son decisiones tomadas cotidianamente que han dejado de parecer decisiones, son rutinas mentales y de comportamiento que ejecutamos por defecto, sin considerar sus implicaciones, sus costes y beneficios. Imagina que automática e irreflexivamente, y por contentar a tu mujer o novia, siempre vieras películas de Almodóvar, Fernando Trueba o Carlos Vermut (no, este no, que ha caído en desgracia [2]): las consecuencias sobre tu bienestar estético y progreso moral serían terribles.
Pero dejemos a un lado las hábitos-decisiones sobre los que ya hemos escrito y seguiremos escribiendo mucho. Hoy nos vamos a centrar en las decisiones de calado, transcendentales, con consecuencias potenciales muy positivas o muy negativas, y sobre las que muchas veces agonizamos.
trascendental Tb. transcendental.
De transcendente.
adj. Que se comunica o extiende a otras cosas.
adj. Que es de mucha importancia o gravedad, por sus probables consecuencias.
Este es un modelo de la acción humana para un subconjunto importante de nuestras decisiones. Imagina el sistema de husos horarios: Estrecho por un extremo, el polo sur, de donde empiezan a divergir las franjas o hilos y aumentar la distancia entre ellos . Cada franja o línea es una decisión tomada y sus consecuencias se extienden a lo largo del tiempo. Esta es la manera en que se nos presentan muchas decisiones en la vida: un multitud de opciones, de hilos conductuales y existenciales posibles, cada uno con sus pros, con sus contras, y que según avance el tiempo irán difiriendo más en sus consecuencias positivas y negativas.
No son simples hilos o cadenas de acciones y resultados que podamos valorar y elegir el mejor, porque hay una complicación añadida: los resultados son solo conocidos en términos de probabilidad, es decir, hay incertidumbre sobre cómo acabará y dónde acabará cada hilo del huso de la decisión. Es como si cada hilo fuera uno de nuestros hijos y no supiéramos su destino. Es como si cada hilo fuera un caballo al que podemos apostar, y no sabemos quién ganará, cuándo ganará o cuánto ganará.
Nuestra capacidad de predecir los resultados de decisiones futuras es limitada; además, según pasa el tiempo, hay más incertidumbre; por lo tanto, ya de partida sufrimos una casi inevitable miopía existencial, existencial y además esencial, porque forma parte de la esencia de la condición humana.
Lo que tenemos claro, es que las consecuencias de seguir tal o cual huso probabilístico serán muy diferentes, y las decisiones no tomadas, los husos no seguidos, quemarán más adelante en nuestra conciencia, sobre todo en el momento en que el curso elegido no responda a nuestras expectativas iniciales, lo que inevitablemente terminará sucediendo; en ese momento, miraremos atrás, al polo sur de la decisión y maldeciremos nuestro nulo discernimiento o nuestra mala suerte o ambas cosas.
Este modelo de huso horario es aplicable a muchos dilemas o encrucijadas existenciales en nuestras vidas: elijo esta carrera o esta otra; me voy a vivir a la gran ciudad o sigo viviendo en un pequeño pueblo o capital de provincia; ingreso en un monasterio o me caso con la mujer de vida,; compro eliPhone 15 Pro o el iPhone 15 Pro Max, y dentro de cada categoría lo compro en titanio negro, titanio blanco, titanio azul o titanio natural.
El problema de mirar la parte ancha del huso
Habitualmente, miramos la parte ancha del sistema de husos, donde la diferencia en consecuencias es más grande. Esto produce vértigo y conduce a la postergación de la decisión y a una especie de tierra de nadie existencial donde temporalmente vives en el limbo, más bien purgatorio, esperando el fin de la condena y el paso al cielo de la mejor decisión tomada.
Alternativamente, también puede ser que la dificultad de soportar la tensión, la incertidumbre y la ambigüedad te lleve a tomar una decisión precipitada, con poca información y más movido por el deseo de dejar de sufrir que por el de mejorar la situación. Cuando queremos dejar de estar en vilo, cuando queremos cerrar cognitiva y emocionalmente el asunto, es probable que perdamos el contacto con nuestros mejores deseos y con las posibilidades más a largo plazo, que no tendrán rédito inmediato.
En ambos casos, bien postergando por miedo a no acertar, bien precipitándonos hacia la decisión más estereotipada y con frutos a corto plazo, nos estaremos equivocando.
La segunda parte del huso probabilístico (convergencia)
Ninguna decisión tomada puede competir con los mejores resultados positivos de otras decisiones distintas.Es improbable que tomes la mejor decisión y en muchas puedes equivocarte con consecuencias desastrosas. Pero puede que esta sensación de equivocación sea relativa a un horizonte temporal corto; dicho de otro modo, es posible que en horizontes temporales más extensos, no importe mucho una decisión errónea en un punto dado. El modelo del huso probabilístico sostiene que hay una parte del espacio de resultados posibles donde la mayoría de las opciones tomadas termina convergiendo en resultados similares, en un norte del sistema de husos probabilísticos.
Una mala decisión en un momento dado se puede compensar con buenas decisiones en otro punto del hilo decisional probabilístico; es probable que a lo largo de cada hilo decisional se pueda remontar un mal resultado, o se pueda echar por tierra uno bueno inicial, de tal modo que los resultados finales no cambien mucho. Muchos de estos hilos decisionales convergen en un mismo punto o en una región de resultados similares. En resumen, puede ser que para muchas situaciones de decisión con consecuencias aparentemente transcendentales, todos los caminos posibles terminen llevando a Roma.
Horizontes de la decisión
En un plazo de tiempo lo suficientemente largo la esperanza de vida de cualquier persona se reduce a cero.
El club de la lucha. Chuck Palahniuk
Tomando la perspectiva de la duración de toda una vida, podríamos decir que todos empezamos en un mismo lugar, el nacimiento (el polo sur de donde surgen todos los husos) y según sucesivas decisiones y la suerte, los resultados divergen, hay muchos futuros posibles.
Pero es evidente que en un plazo suficientemente largo la probabilidad de estar muertos se acerca peligrosamente a uno, con lo que todos acabamos en el mismo lugar.
No es necesario tomar una perspectiva tan amplia —de toda una vida—, en su lugar podemos decir que muchas decisiones sobre las que agonizamos puedan terminar convergiendo en un plazo moderado en un mismo lugar, porque o la suerte se equilibra, o a lo largo de un hilo decisional aprendemos a tomar mejores decisiones que nos llevan a un extremo del huso probabilístico donde convergen muchas de las decisiones malas, regulares y buenas tomadas en un inicio.
Es razonable pensar que esta convergencia tiene que ver con nuestros talentos, capacidades y motivaciones. El talento puede crecer o decrecer, pero tiene un techo; nuestras capacidades son más grandes o más pequeñas, pero limitadas; nuestras preferencias y temperamento y carácter suelen tender a ser estables y por eso determinan en el largo plazo donde llegamos.
Al mismo tiempo, hay una convergencia de tipo hedónico, que es independiente del tipo de resultado que obtengas. Es decir, los niveles de satisfacción percibida tanto positivos como negativos tienden a equlibrarse en el medio y largo plazo, por lo que tenemos una convergencia emocional o de valor percibido con independencia del resultado objetivo obtenido con nuestras decisiones.
La Adaptación Hedónica es muy sencilla de explicar, el chute de dopamina está muy bien, pero dura muy poco, o como diría mi abuelo, a todo te acostumbras, ya sea bueno o malo. En un estudio de 1978 titulado «Lottery Winners and Accident Victims: Is Happiness Relative?» se expone que, tras un evento positivo o negativo, como puede ser ganar la lotería o sufrir una lesión incapacitante, tras el impacto inicial de felicidad o desgracia los niveles generales de satisfacción volvían al nivel medio tras un tiempo.
Dicho de otro modo, puede ser que la cabra de nuestra voluntad tire siempre al monte, sin importar que decida en la mañana decida darse un baño en el lago o un paseo por el pueblo. Al avanzar el día y llegar la tarde, toda cabra, cabrito o cabrón que se precie terminará pastando y retozando en el monte.
Siguiendo a Bruce Lee, podríamos decir “Sé agua, mi amigo” o bien podríamos decir, con Antonio Machado, “Nuestras vidas son los ríos/que van a dar a la mar/ gran cantar”. Puede que todos los afluentes terminen desembocando en un gran río y los grandes ríos en el mismo lago.
También puede ser que nos estemos internando en un laberinto de un frondoso jardín de altos setos que no nos deja ver donde conducen los senderos; algunos de estos parecen enrevesados y enseguida se pierden de vista; otros son más líneas rectas que permiten ver el camino durante un trecho.
También puede ser que el jardín en el que se aloja el laberinto no esté acabado, que esté en constante cambio, que incluso tras los callejones sin salida y los caminos más accidentados haya una legión de jardineros cósmicos construyendo insospechadas posibilidades.
Puede incluso ocurrir que reconstruyamos el jardín en cada una de las decisiones que tomamos en esas encrucijadas, y con ello creemos nuevos senderos en el jardín. Puede que no haya camino, oh, caminante, y se haga el camino, el jardín y el laberinto al andar. Puede incluso que los finales sean distintos, sean muy parecidos o haya una sola salida del laberinto.
Puede ser que haya un multiverso de jardines existenciales cada uno con sus senderos que se bifurcan y sus nudos existenciales. Puede que nos haya tocado uno de tantos posibles y que no podamos elegir; puede que nos hayan dado unas cartas y unos jardines que hemos de jugar, y que lo importante sea seguir dando pasos y salvando encrucijadas sin agonizar sobre los resultados. Incluso, podría ser que en ciertas encrucijadas del laberinto podamos transmutar el laberinto y aterrizar en un jardín distinto.
Pero bueno, basta de elucubraciones, que me estoy metiendo ya en muchos jardines llenos de charcos.
La pregunta que hago es esta:
¿Cuál será tu siguiente paso?
…
No importa tanto cuál sea, basta con que sea eso… un paso.
…
Eso sí, asegúrate de que no estés al borde de un precipicio.
El minimalismo existencial podría ser llamado esencialismo, tanto porque trata del espíritu o realidad última de la experiencia vital, como porque es una fragancia inefable que acompaña al ser que lo acoge, como porque despoja al mundo de lo contingente y lo accidental en busca de un meollo las más de las veces inalcanzable. Es un afán sin fin que busca reducir la insoportable complejidad del mundo interno y externo a su mínima expresión. Pocas veces esta reducción es lograda y cuando uno cree haberla alcanzado, siquiera tocado, te explota en las manos en mil pedazos, como si la realidad maniatada por la síntesis se rebelara ante el intento y te mostrara dolorosamente lo estúpido e inútil de la mortaja.
Este mes de Elul 1, estoy dedicando una hora diaria al retiro contemplativo y reflexión moral para dedicarme a revisar mi comportamiento, mi vida, mis errores, con el fin de subsanarlos y alumbrar nuevas y mejores resoluciones y compromisos de mejora antes del nuevo año
A diferencia de otros años, que dediqué escasos días a revisar mis asuntos y a formular las tradicionales resoluciones del nuevo año, este me he concedido un periodo de cuarenta días para hacer la reflexión más pausada y dar más tiempo a que se desplieguen las implicaciones y quizá revelaciones de mi actividad contemplativa.
Mi tendencia habitual es primero reflexionar, darme cuenta de los errores, y, después de formular compromisos de cambio, esperar al nuevo año para dar el pistoletazo de salida y comenzar de cero.
Solemos creer que, para conseguir grandes cambios y significativas reformas morales, se requieren grandes ocasiones, oportunidades magníficas, espectaculares acciones que refuljan en el telón de fondo de la existencia. Pero el cambio no suele funcionar así, de manera espectacular o sorprendente, voluntariosa o corajuda. Es más probable que el cambio se produzca por evolución a lo largo del tiempo2 –haciendo pequeños ajustes y consolidando las pequeñas mejoras día a día– que a través de iluminaciones extáticas y bruscos golpes de timón..
Hay otra posibilidad más inteligente que diferir la acción al primer día del nuevo año : empezar ya con cualquier acción en la buena dirección.
Justo en el momento en que detectas un área de la vida o rasgo del carácter que necesita corrección y mejora, empiezas a buscar activamente oportunidades –por pequeñas o insignificantes que parezcan– para mejorar, aunque sea mínimamente, el área o rasgo del carácter en cuestión; tras haber encontrado esa acción mínima –no suele llevar mucho tiempo—la ejecutas sin dilación derribando cuanto te cierra el paso (principalmente, la inercia vital, la segunda fuerza más poderosa del Universo Psicológico).
Si yo no me ocupo de mí, ¿quién lo hará? Y si sólo me ocupo de mí, ¿qué soy? Y si no es ahora, ¿cuándo?
Hillel, Pirket Avot 1:14
Si imaginas la determinación de cambio como una esfera rodante, y la conciencia y el deseo de algo mejor como las fuerzas que llevan la bola hasta el borde del plano inclinado, entonces la Acción Consecuente Siguiente (A.C.S) es el empujón que permite que la bola empiece a desplazarse por la pendiente y adquiera momento.
Necesito una nueva palabra para este concepto: reflacción: la actividad de reflexión que conlleva, casi inmediatamente, una A.C.S, acción consecuente siguiente.
Esa primera A.C.S es como la excepción a la regla de mi mal comportamiento; y aunque la excepción no invalida la regla de mi corrupto carácter, sí que contribuye a crear la anti-regla de un mejor comportamiento, el comportamiento espejo que terminará desaprobando la vieja regla y consolidando la nueva.
No creo que un acto aislado de compasión o bonhomía desconfirme la regla de que soy una persona manifiestamente mejorable, pero ese acto aislado es un primer paso en la dirección correcta y permite vislumbrar, aunque sea de muy lejos, un carácter reformado.
A lo largo de estos últimos diez días, he detectado muchas áreas de mejora; además suele ocurrir que la A.C.S es muy evidente, y es fácil encontrarla; así que, en vez de esperar al inicio del año, he decidido empezar inmediatamente a ejecutarla.
Por ejemplo, resulta que no siempre mantengo contactos frecuentes con mis mejores amigos, resulta que pueden pasar meses sin saber de ellos o hacer algún esfuerzo de conexión. Ya sé que en teoría los mejores amigos retoman su amistad como si el tiempo no hubiera pasado, pero también creo que esto tiene parte de excusa cuando no has tenido la voluntad de hacer algún pequeño esfuerzo para mantener la llama comunicativa encendida.
A este amigo llevo sin verlo casi dos años. Aunque de cuando en cuando hablamos por teléfono, es inaceptable no haber tenido un encuentro en persona en tanto tiempo. Por eso, en cuanto tomé conciencia de esta aberración, me fui al calendario y establecí la tarea(-ritual-hábito-directriz) de tener una conversación profunda, larga y distendida, cada dos meses. Calendaricé inmediatamente esta acción para hacer más probable su cumplimiento; no solo eso, sino que además tomé el teléfono y llamé a mi amigo para concertar un encuentro en los próximos días.
La A.C.S es la esperanza en el fondo de la caja de Pandora3 de nuestros pecados: después de habernos aventurado en las profundidades de nuestro peor pasado y dejado salir a la luz del día nuestras fallas morales, lo siguiente es hacer lo mínimo evidente para cambiar de rumbo y dar el primer paso de un nuevo camino con un nuevo destino.
Desde el principio de este blog, fue muy consciente de que había un minimalismo femenino (las mujeres y los niños primero) y otro masculino (los caballeros son los últimos en abandonar el Titanic). Hay hombres que practican algunas formas de minimalismo femenino y mujeres que se interesan por temas del minimalismo masculino, pero hay una distinción clara entre ambos arquetipos (formas ideales) que voy a mostrar en este artículo.
Creo que el minimalismo atrae en mayor proporción a las mujeres que a los hombres. Esto se debe a que la versión femenina del minimalismo es la más conocida para el público. Por eso, no culpo a muchos hombres por mostrarse reacios al evangelio minimalista. Es probable que yo nunca hubiera llegado al mundo minimalista si mi primer contacto hubiera sido a través de ratitas del orden como Marie Kondo en vez de ninjas de la productividad como el primer Leo Babauta.
Si das un repaso a algunos blogs minimalistas, verás que según el sexo del bloguero hay una acusada diferencia en los temas que se tocan y la forma de hacerlo. Las diferencias biológicas y las adaptaciones evolutivas propias de cada sexo se reflejan claramente en el estilo minimalista que cada uno muestra.
El minimalismo femenino es un minimalismo del espacio
El minimalismo femenino se puede caracterizar a grandes rasgos como un minimalismo del espacio, de la ordenación de los objetos y de sus relaciones espaciales. Tiene que ver especialmente con cuestiones cotidianas de comodidad, conveniencia y simplicidad en la gestión de la vida diaria.
La apoteosis del minimalismo femenino —su representación arquetípica más espectacular— la podemos encontrar en Marie Kondo, el fenómeno de ventas japonés que ha convertido el orden en la piedra filosofal de la felicidad personal.
Kondo dice que basta con eliminar de la vida todo lo que no nos hace feliz. Sé que Kondo se refiere a objetos, pero a veces por extensión esta actitud se aplica a toda clase de asuntos vitales y acaba convirtiéndose en una actitud vital facilona y sin brillo que encumbra la comodidad y la eliminación de tensiones como único propósito de la vida.
Estoy a favor de la eliminación o la omisión (mi primera o de la Ley de las tres oes del minimalismo existencial), aunque no tanto sobre lo de «eliminar lo que no te hace feliz», porque esto te hace virar peligrosamente hacia el hedonismo radical tan común en nuestros días. Recordemos a Bertry Russell: «Cuanto se ama profundamente la verdad y la justicia, es posible que nuestro bienestar no coincida con nuestra felicidad».
Mis credenciales: ¡soy un bípedo implume de uñas planas!
Hace años, escribí una parábola zen:Cómo convertir a tu mujer en minimalista . La moraleja era que es mejor renunciar a intentar que una mujer viva con más simplicidad y menos objetos. Sin embargo, las blogueras minimalistas son la prueba viviente de que las mujeres pueden vivir con menos objetos y reducir la fricción que genera el exceso de posesiones. Es justo este esfuerzo el que más caracteriza al minimalismo femenino.
Los proyectos para reducir el número de prendas como el proyecto 333 están liderados por mujeres: en inglés, se inició con Courtney de Be More with less; en español, Inma de Mininmamente se hace eco del proyecto y nos proporciona una guía.
En varios artículos invitados de mujeres en este blog se ven claramente algunos de los temas femeninos:
La imagen, como no, y el influjo del marketing sobre la mujer y su bienestar son temas que preocupan a muchas mujeres minimalistas. Tania Carrasco de RevolucionaT tiene un artículo muy representativo de este minimalismo de la imagen: Reflexiones de una mujer «sin un pelo de tonta».
En El amor, las mujeres y la vida defiendo ideas similares a las de Mamá valiente y Tania Carrasco sobre la liberación de la mujer del marketing de la cosmética y la moda, aunque en clave no política o reivindicativa. Yo, como el budista, creo que la conciencia individual (y no la revolución) es el principio de la liberación.
En resumen, existe un minimalismo femenino centrado en la crianza, la organización del hogar y la liberación de la presión cotidiana del exceso de posesiones. Creo que esta orientación minimalista es la más conocida en la actualidad, está asociada con la decoración de interiores y atrae especialmente a las mujeres.
Minimalismo masculino como minimalismo del tiempo
El minimalismo masculino está orientado al tiempo. Tiene que ver con el uso de nuestros escasos días en la superficie de la tierra, la conciencia nítida y la exploración existencial en sentido amplio, más orientada al exterior que a la rumia sobre el ombligo.
En su versión más simple y pragmática, incluye el tema recurrente de la productividad y los hábitos: cómo lograr las metas y objetivos con los recursos disponibles y cómo crear hábitos de vida que urbanicen el tiempo y nos permitan ser eficientes y aerodinámicos, reduciendo la fricción diaria.
El minimalista masculino arquetípico es el bloguero Leo Babauta al que siguen más de 2.000.000 de lectores. Su blog, Zenhabits, contiene la palabra hábitos; sus primeros libros estuvieron centrados en temas de productividad. Su primer libro se llama Zen To Done, un remedo minimalista del famosos Gettings Things Done de David Allen, el gurú de la productividad personal en el mundo del trabajo corporativo.
Bien pensado, ahora que reflexiono un poco más, me doy cuenta de que la misma orientación de Babauta —primero centrándose en metas, retos, ultramaratones y productividad— fue derivando con el tiempo hacia algo más armónico, budista y equilibrado, más cercano a los kimonos floreados de las geishas y la ceremonia del té que a la superación de limitaciones físicas y competiciones deportivas.
En general, los hombres minimalistas de la esfera anglófona tienden más a la androginia o metrosexualidad. Leo Babauta ha ido virando hacia esta variante con los años. El caso más claro es el de The minimalists, Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus, que muestran una estética propia de decoradores de interiores veganos ahítos de mindfulness.
The minimalists
En inglés, los minimalistas masculinos prototípicos (¡aunque llenos de excesos!) serían Tim Ferriss, James Altucher o el personaje interpretado por George Clooney en Up in the air (película que reseño [alguien muy sabio dijo que esel mejor artículo de este blog] e interpreto muy jugosamente).
Minimalismo masculino y femenino posando juntos
En España, Bosco Soler es lo más cercano a estos personajes reales y de ficción, especialmente próximo a George Cloney. Es un nómada digital desapegado del espacio y optimizador de tiempo y experiencias.
El desapego en sentido amplio —no solo de objetos— es un elemento que considero importante en la variante masculina del minimalismo. No en vano, he nombrado a Diógenes de Sinope como nuestro Santo Patrón del minimalismo.
Su desapego va más allá de la reducción de posesiones y la búsqueda del equilibrio propio del minimalismo femenino.Su indiferencia hacia los bienes materiales se convierte en ascetismo. Por otro lado, lejos de buscar la armonía y equilibrio en las relaciones personales y sociales, busca epatar a los atenienses, confrontarles con sus incoherencias y atavismos; insulta a Alejandro Magno diciéndole que se aparte porque no le deja ver el sol; camina en sentido contrario a la multitud a la salida del teatro; y si es necesario despluma a un pollo y le espeta a Platón: «Ahí va a un hombre», para ridiculizar su definición de Hombre como bípedo implume.
Esta versión iconoclasta del minimalismo del filósofo cínico Diógenes es más cercana al caos, la experimentación y la heterodoxia, y es, por tanto, más propia del arquetipo masculino, siempre rayando en la lucha y la búsqueda de la superioridad, sea moral, intelectual o estética.
Un minimalismo femenino o más orientado a lo femenino, no busca la confrontación ni la lucha y se centra más en la optimización de la intendencia del hogar y en las relaciones personales, en su círculo familiar y personal.
Por eso, podemos decir que Diógenes representa mucho mejor al minimalismo masculino que Babauta. Incluso, el mismo Unabomber, en una versión criminal del minimalismo neoludita y rechazo de la sociedad industrial y el consumismo, también es un excelente representante del minimalismo masculino.
Sin irnos a casos extremos (o yéndonos a casos extremos de gente menos conocida), sí que tenemos buenos representantes de un minimalismo masculino de habla española en Mario Casaretto y Tribuna de Avalón.
Mario Casaretto, un francotirador del ejército israelí ahora en la reserva (cuyo adiestramiento de soldado de élite costó más que un Ferrari), escribía esto hace unos pocos días en su artículo Romeo y Julieta:
[…] El calor me quemaba. Me quemaba hasta los cojones. Los calzoncillos Reebok que había comprado en Estados Unidos hechos con material sintético no me ayudaban demasiado. No estaban diseñados para el horno insufrible que es Wadi Rum en verano.
El guía de Casaretto en Wadi Rum esconde a un Romeo
Mi guía, un beduino medio regordete me contó que en el verano casi nadie llega por Wadi Rum. Al saber que yo venía desde Israel, me dijo que le había hecho un paseo a una familia de israelíes algunos meses atrás y que la hija, de unos 15 años, se había quedado prendada de él y que le mandaba fotos eróticas desde Israel a Jordania por medio del chat de Facebook…
En cuanto a Alberto Antonio de Tribuna de Avalón, en una entrada de la misma fecha que la del artículo de Casaretto, relata su extraña relación con un pequeño insecto:
[…] Entro en mi aseo para orinar y cuando termino tiro de la cadena, observo que un pequeño insecto es víctima del ciclón de agua de la descarga de la cisterna, me digo para mi «coleto» una víctima a la que le ha llegado su hora, salgo del aseo y horas después vuelvo a orinar y vuelvo a ver al pequeño insecto como se debate entre mis orines, vuelvo a tirar de la cadena y me lavo las manos al observar que la cisterna ya se ha cargado, miro distraído, y vuelvo a ver al insecto que ha vuelto a sobrevivir a la descarga de agua…
Huntsman on the Toilet Seat (This is Australia) – Michael Coghlan
[…]…esto ya es demasiado, las ganas de vivir de esa pequeña vida (por tamaño) me conmueve y pienso que merece un acto de misericordia, con un dedo lo saco del agua y lo deposito fuera, al momento se sacude las alas, da pequeños brincos y le dejo que se reponga y siga su destino sea cual sea, aunque parece que algo he podido influir en ello, pero no lo sabré.
Alberto Antonio y Mario no tienen nada que ver con los minimalistas anglófonos hombres; son más reales, punzantes y proteicos (diría «auténticos» si no tuviera fobia químico-ideológica por esta palabra). Encarnan mucho mejor los valores de nuestro santo patrón del minimalismo existencial y el minimalismo masculino.
Mi forma de minimalismo
Mis amigos ingenieros definen jocosamente a un arquitecto (lo siento Flames) como alguien que no es lo suficientemente hombre para ser ingeniero de caminos ni lo suficientemente afeminado para ser decorador de interiores.
Quizá mi marca de minimalismo sea una síntesis de los arquetipos masculino y femenino. Incluye además el elemento existencialista que encarnan tan bien Mario y Luis Alberto, y la pretensión megalomaniaca de crear una arquitectura vital de nuevo cuño.
No quiero abusar de las imágenes, pero no puedo dejar de recordar la que nos proporcionó Anjin-san sobre el modo existencial del samurai: capaz de vestirse con un kimono floreado y ejecutar con sensibilidad y perfección la ceremonia del té por la mañana, posiblemente en compañía de Marie Kondo; para más tarde, al caer el sol, calzarse la pesada armadura, tomar su espada y rebanar el cuello a un enemigo mientras emite un alarido que reverbera en la vecina montaña y aterroriza a las bestias del bosque.
El fotógrafo Manuel Bauer recuerda una anécdota de un personaje famoso al que acompañaba en muchos de sus viajes:
«Ocurrió el año pasado en Madrid. Estaba furioso con los encargados de los equipajes. Una hora después, cuando se arrepintió de su comportamiento, le dio un ataque de gastritis» [1].
Este personaje famoso era Tenzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama. El líder budista entra en pánico cuando sube a un avión y ha de cerrar los ojos durante el despegue; nótese que lleva toda la vida predicando el desapego y el dominio del temor a la muerte.
También reconoce en entrevistas que se enfada con cierta frecuencia con sus asistentes, generalmente por cosas pequeñas como la falta de cuidado o pequeñas negligencias.
Si tras casi ochenta años de meditación (actualmente el Dalai Lama tiene 84 años), alguien con su experiencia y sabiduría se muestra tan humano, tan demasiado humano, ¿qué esperanza tenemos el resto de los mortales de controlar nuestras emociones y disfrutar de cierto bienestar espiritual?
Pero no desesperemos, el mismo Dalai Lama, después de reconocer sus debilidades, asegura que tras pocos minutos o segundos, recobra la compostura y transforma las emociones negativas en positividad y compasión.
Los desequilibrios mentales y emocionales van a estar siempre presentes porque somos humanos, pero podemos hacer mucho para suavizarlos, reducir su impacto y recuperarnos rápidamente después de haber tropezado. [2], [3], [4].
Cualquier tipo inteligente puede hacer las cosas más grandes, más complejas, más violentas. Se requiere un toque de genio y un montón de coraje para moverse en la dirección opuesta.
Ernst F. Schumacher
El sesgo de complejidad es la propensión a buscar soluciones complejas en vez de hacer lo que puedas con lo que tengas en este momento y optar por la simplicidad.
Se traduce en la preferencia irracional por la complejidad cuando enfoques más simples serían más rápidos, más baratos y más efectivos.
Un ejemplo andante de este sesgo es este blog: lleva meses paralizado por la búsqueda de la fórmula perfecta de escritura. Me siento como el ciempiés que un día intenta responder a la pregunta de cómo anda y en el proceso de buscar la respuesta se queda paralizado, incapaz de dar un paso:
¿Cuáles son los temas más adecuados ahora mismo? ¿Necesito un calendario de publicaciones?
¿Cuáles son mis metas u objetivos para este blog? ¿Debería tener metas?
¿Cuál es el orden óptimo de presentación de los temas? ¿Me vendría bien un libro de estilo para este blog y así proporcionar una experiencia de lectura más estable y previsible, más fácil de leer?
¿Cuál es el formato adecuado del artículo? ¿500 palabras o 1.500? ¿Escribo en corriente de conciencia o soy sumamente estructurado y sistemático?
¿Uso Word, la herramienta de WordPress o el sofisticado software para escritores Scrivener?
¿Cuál es el ritual perfecto para escribir? ¿Escribo a las cinco de la mañana o antes de cenar? ¿Tomo un té antes de empezar?
Etc.
Lo que digo sobre escribir en este blog se aplica a casi cualquier proyecto o asunto donde hay varias opciones, hay varias herramientas o mucha información disponible. Como siempre es posible optimizar el proceso, uno puede pasarse la vida buscando las condiciones más adecuadas de presión, humedad y temperatura antes de empezar. El sesgo de complejidad está muy relacionado con el fenómeno de parálisis por el análisis.
¿Por qué tenemos esta tendencia a preferir lo complejo sobre lo simple? Hay varias razones plausibles que probablemente te resultarán familiares:
Lo complejo vende más
La simplicidad es una gran virtud, pero lograrla requiere trabajo duro y educación para apreciarla. Y para hacer las cosas peor: la complejidad vende mejor.
Edsger W. Dijkstra
Preferimos lo complejo porque lo que no entendemos resulta más atractivo, pensamos que lo complejo no comprendido es mejor, que en la complicación hay profundidad, que es mejor que nuestro sistema tenga cien piezas en movimiento que solo diez.
Si tomas el sesgo de complejidad y lo unes al sesgo de novedad, tienes el terreno abonado perfecto para que los especialistas en marketing y ventas exploten tus vulnerabilidades y te intenten convencer de que tu sistema es demasiado simple, subóptimo y desfasado. Entonces aparecen ellos con la solución perfecta que resolverá tus problemas (eso sí, hasta que den con otro sistema mejorado que tampoco querrás perderte).
Después de todo, por poner un ejemplo, nadie podría hacer mucho dinero vendiendo salud y bienestar físico si te dijera que te dejes de dietas de última generación, métodos sofisticados de entrenamiento en gimnasios ultratecnológicos y dispositivos de monitorización de calorías y movimiento, y te recomendaran que simplemente salgas a pasear todos los días, evites el azúcar, procures dormir siete u ocho horas diarias, y te rodees de gente sana y con buenos hábitos.
El negocio se habría acabado.
Y resulta que para el 95% de la población esos consejos convenientemente seguidos son todo lo que necesitarían para mejorar su forma y bienestar físicos.
Pero es difícil ganar dinero aconsejando lo simple y lo obvio.
El gran beneficio de la complejidad: la postergación
Otra razón importante para preferir lo complejo está en que mientras estamos buscando el sistema o solución perfectos no estamos haciendo lo que deberíamos estar haciendo. Usamos la búsqueda de información como salida o escape al trabajo de hacer lo que en nuestro interior sabemos que tendríamos que estar haciendo.
Una definición de «coraje» es «Hacer lo que debes hacer sin importar cómo te sientes». El problema es que hacer lo que uno debe hacer suele ser lo menos cómodo y más difícil. Por ejemplo, para mí es mucho más fácil y satisfactorio ponerme a buscar consejos sobre escritura de blogs o talleres de escritura o libros sobre escritura creativa que ponerme a escribir.
Entonces, el diablillo me dice al oído que «Antes de hacer algo, debes saber lo que tienes que hacer, y es mejor que explores y planifiques un poco más antes de remangarte y ponerte manos a la obra».
Incluso, ese diablillo, citará a Homo Mínimus o Peter Drucker si es necesario, y me recordará que es mejor hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente, y que sin ese conocimiento sobre lo mejor es estúpido ponerse a trabajar.
La eficiencia, que es el hacer las cosas bien, es irrelevante hasta que estés trabajando en las cosas correctas.
Peter Drucker.
Y esto nos lleva a otra causa generadora del sesgo de complejidad:
El mito de las pepitas de oro informacionales
A menudo sentimos como que nos falta algo (ya se encarga la publicidad de hacernos sentir así), siempre parecen faltar piezas pendientes de descubrir sin las cuales no podemos ni debemos empezar el rompecabezas.
Por ejemplo, conozco a gente que le gustaría bailar, pero que considera que no puede empezar a hacerlo hasta que haya ido a un curso de baile o hasta que haya aprendido los pasos. Muchos me dicen que les gustaría tener unas huellas en el suelo para memorizar los movimientos antes de ponerse a bailar y así sentirse seguros.
El gran error que cometemos muchos es el de siempre estar consumiendo más información, el estar buscando el método o solución perfecta para todo lo que hacemos, sea escribir, bailar, estudiar o relacionarnos con otros seres humanos.
Quizá estás leyendo este artículo porque buscando alguna solución a alguno de tus variados problemas y navegando por internet como pollo descabezado has acabado recabando en esta orilla del ciberespacio (¿me equivoco?).
La solución: AAA + Consejos vendo que para mí no tengo
Como hemos comprobado, el sesgo de complejidad es ubicuo en esta sociedad, quizá en cualquier sociedad, siempre buscando lo más complejo porque creemos que va unido a lo mejor, lo más rápido, lo más eficiente.
Tenemos las palabras «Finalizado es mejor que perfecto» pintadas en nuestros muros para recordarnos siempre estar haciendo entregas.
Mark Zuckerberg
Yo, al igual que Zucky, Tengo un antídoto en forma de mantra. Ya hablamos de la regla de las tres aes hace tiempo:
«Si tuvieras que dar un consejo a alguien como Homo Mínimus, pero que no fuera Homo Mínimus, ¿qué le aconsejarías hacer ahora mismo? , ¿cuál sería la mejor acción correcta siguiente?»
La respuesta que me ha venido a la cabeza primero, y que resulta ser la correcta, es esta:
Ponte a escribir.
Sí, la actividad crítica para alguien que quiere escribir un blog, sea Homo Mínimus o cualquier otro postergador similar, es escribir.
Escribir sin más. Nada sorprendente. El resto son detalles colaterales que ayudan a la escritura pero que no son la escritura.
Así que esto es lo que estoy haciendo ahora y espero seguir haciendo mañana.
En este nuevo episodio de Satori Time, Entusiasmado y yo hablamos sobre la ludificación existencial. Exploramos la idea del juego aplicado a la organización existencial.
4:32 ¿Qué es el juego? Conceptualización del juego.
8:30 Distinción: Game – play. Play es una exploración libre de posibilidades. Game es cuando se introducen reglas y objetivos.
13:00 Ludotopía. Círculo mágico del juego. El juego no tiene consecuencias.
18:00 Juego como entrenamiento para la vida. ¿Se desdibuja la diferencia entre el mundo del juego y el mundo real (=mundo serio)? El estatus y el juego.
22:00 Gradaciones del juego. Teatro de improvisación. La función de las reglas. Reglas emergentes. ¿Un juego sin límites sería divertido? ¿Sería juego? ¿Cuándo se pasa del «play» al «game»?
29:35 Actitud juguetona. Actuar como si… dentro del mundo creado por el juego. Dos personas distintas en un mismo juego pueden considerarlo como un juego
32:35 ¿Por qué acercar la esfera de los juegos a la vida real? Una vida bien vivida ha de tener un elemento de diversión, de juego. El juego fomenta la creatividad y te ayuda a ser más efectivo en la vida real. Lubricante social. Deseo de autonomía, deseo de conectar.
36:20 Formas en las que el juego se puede acercar a la vida real. La idea de gamificación.
41:50 Mentalidad lúdica. ¿Qué pasaría si enfocaras la vida en general como un juego? Reencarnaciones: cada vida es una pantalla. ¿Cómo afectaría a tu vida vivir como si estuvieras en un juego? Extremo: youtuber al borde del precipicio. Límites morales.
Esta mañana, cuando me dirigía a una entrevista profesional y salía de la boca del metro, una chica de alrededor de uno cincuenta y cinco de altura, unos veinte años de edad, tres meses y ocho días, y con una carpeta azul en la mano se acercó a mí, «¿Tienes un minuto?», «No, no tengo un minuto, voy con prisa» [Esto es «Tengo 1.440 minutos hoy, pero no quiero malgastar ni uno contigo»].
Ahí podría haber acabado la cosa, pero la chica no se resignó a que no conversara con con ella y por tanto no tuviera la mínima probabilidad de convertirme en socio de su ONG y ganar su comisión; cuando me marchaba me espeta un irónico y voz en cuello «Se ve que tienes cara de solidario». Entonces me paré, volví sobre mis pasos y…
Solidario responsabilizándote del hambre en el mundo
¿Qué hice?
Digo: «¿Por qué dices eso?, ¿no te parece que prejuzgar el carácter de los demás cuando te dicen que no es algo infantil?». Se queda callada. Prosigo: «Cuando tú sales por las noches de fiesta, más de uno y de dos moscones se acercarán a ti, te dirán algo, y tú, con cara de más o menos fastidio, con más o menos educación, intentarás quitártelos de encima. Bien, pues eso te acaba de ocurrir: tú eres ahora la moscona, la tía poco agraciada que nadie quiere y que viene a importunar. Acéptalo y vive con ello. Si no lo aceptas, cambia de profesión.»
Otra de sus compañeras de fatigas, con la misma carpeta, pero con pelo muy corto al estilo LGTBIQ y con cinco centímetros menos que la otra hobbit, había oído nuestro intercambio anterior, se une al grupo y se queda a unos pocos pasos, como intentando defender a su colega. La miro de reojo, mientras vuelvo a reconvenir a su compañera : «Yo soy solidario con mis amigos y mi familia, pero, a diferencia de ti (en este momento, la señalo con el dedo índice), no soy solidario a comisión». La chica replica casi de inmediato –pero lánguidamente y con dos o tres tonos por debajo de sus palabras anteriores–: «Los médicos ayudan a la gente y también cobran…». Digo: «Cobran y no son más solidarios que el fontanero o el conductor de autobús, que también hacen su trabajo y cobran por él».
Ella: «No tienes corazón».
Me acerco un poco más, lentamente, buscando las palabras adecuadas, le digo: «Mira, aquí acaba nuestra plática; como tengo un gran corazón y hoy me siento compasivo –que no solidario– no te voy a decir de qué tienes tú cara». La chica arruga el hocico, me mira con gesto de enfado, y hace como que va a decir algo, pero no lo dice. Me doy la vuelta y la dejo ahí plantada.
¿Qué debería haber hecho?
Obviamente, no lo que hice.
Debí:
Recordarme el verso de Rabindranath Tagore y repetirlo de tal manera que resonara en las bóvedas de mi cráneo: «Sé como el sándalo, que perfuma el hacha que le hiere».
Parar, respirar tres veces, y decir para mis adentros, de manera muy tranquila y musical: «El cielo está enladrillado, quién lo desenladrillará, el desenladrillador que lo desenladrille buen desenladrillador será».
Sonreír fugazmente y con gesto compasivo.
Alabar a la chica de la carpeta azul: «Tu comprometido y solidario trabajo es una gota en un océano de dolor y miseria, pero una gota que faltaría a ese océano si tú no estuvieras».
Sin esperar respuesta, mientras la ninfa solidaria se recupera, finalizar con un «Ten un buen día, ángel de luz».
Retomar el camino y seguir andando con la serenidad y calma con la que un anciano chamán rema en su canoa sobre un río de asfalto.
Moraleja
Todos los días están llenos de este tipo de pequeñas e innecesarias fricciones que es conveniente eludir, circunvalar, allanar.
Un minimalista de nivel avanzado hubiera reaccionado con mucha más calma y mesura de lo que yo lo hice esta mañana. Su personalidad aerodinámica hubiera empleado el pequeño rozamiento del comentario fuera de lugar de la vendedora para entrenar sus habilidades de comunicación y su compasión.
Del lat. essentĭa, y este calco del gr. οὐσία ousía.
1. f. Aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas
2. f. Lo más importante y característico de una cosa.
3. f. Extracto líquido concentrado de una sustancia generalmente aromática.
4. f. Perfume líquido con gran concentración de la sustancia o sustancias aromáticas.
5. f. Quím. Líquido muy oloroso, presente en gran número de familias vegetales, constituido principalmente por hidrocarburos y derivados, y que se utiliza en perfumería.
quinta esencia
1. f. Quinto elemento que consideraba la filosofía antigua en la composición del universo,especie de éter sutil y purísimo, cuyo movimiento propio era el circular y del cual estaban formados los cuerpos celestes.
2. f. Entre los alquimistas, principio fundamental de la composición de los cuerpos, por cuyo medio esperaban operar la transmutación de los metales.
Toda mi vida uno de mis grandes deseos ha sido viajar para ver y tocar países desconocidos, nadar en mares desconocidos, dar la vuelta al globo, observar nuevas tierras, mares, gente e ideas con apetito insaciable, ver todo por primera vez y por última vez, imprimiendo una lenta y prolongada mirada, para después cerrar mis ojos y sentir las riquezas depositarse dentro de mí, con calma o tormentosamente de acuerdo a su gusto, hasta que el tiempo las sobrepase por fin a través de su fino tamiz, separando la quintaesencia de todos los gozos y todas las penas.
~ Nikos Kazantzakis
El minimalismo existencial podría ser también llamado esencialismo, tanto porque trata del espíritu o realidad última de la experiencia vital, como porque es una fragancia inefable que acompaña al ser que lo acoge, como porque despoja al mundo de lo contingente y lo accidental en busca de un meollo las más de las veces inalcanzable. Es un afán sin fin que busca reducir la insoportable complejidad del mundo interno y externo a su más mínima expresión. Pocas veces esta reducción es lograda y cuando uno cree haberla alcanzado, siquiera tocado, te explota en las manos en mil pedazos, como si la realidad maniatada por la síntesis se rebelara ante el intento y te mostrara dolorosamente lo estúpido e inútil de la mortaja.
~Sensei Mínimus
Los símbolos son actos o imágenes específicas, mientras que los mitos desarrollan y convierten esos símbolos en una historia que contiene personajes y varios episodios. El mito, por tanto, incluye más. Pero ambos, el símbolo y el mito, tienen la misma función psicológica; son el modo que tiene el hombre de expresar la quintaesencia de su experiencia, su modo de ver su vida, su autoimagen y sus relaciones con el mundo de sus congéneres y de la naturaleza, en una imagen completa que al mismo tiempo lleva el significado vital de su experiencia.
~ Rollo May
La inexpresable profundidad de la música, tan fácil de comprender y sin embargo tan inexplicable, es debida al hecho de que reproduce las emociones de nuestro ser más profundo, pero completamente sin realidad y lejos de su dolor… La música expresa solo la quintaesencia de la vida y sus sucesos, nunca estos en sí mismos.
~ Arturo Schopenhauer
Puedes entrenar mucho tiempo, pero si meramente mueves tus manos y tus pies y saltas arriba y abajo como una marioneta, entonces aprender kárate no es muy diferente de aprender una danza. Nunca habrás alcanzado el meollo del asunto; habrás fracasado en asimilar la quintaesencia de karate-do. ~ Gichin Funakoshi
Las matemáticas, vistas adecuadamente, poseen no solo verdad, también suprema belleza —una belleza fría y austera, como la de la escultura— sin la apelación a ninguna parte de nuestra naturaleza más débil, sin la exuberancia de la pintura o la música, pero sublimemente pura, y capaz de una perfección severa tal como solo el arte más grande puede mostrar. ~Bertrand Russell
El gusto puede compararse con el exquisito sentido de la abeja, que descubre al instante y extrae la quintaesencia de cualquier flor y prescinde del resto de ella. ~ Fulke Greville
La muerte, como la quintaesencia de la otredad, es para los demás. ~ Woodrow Wilson
Más obran quintaesencias que fárragos ~Baltasar Gracián
Pablo Picasso ‘Toro’, 1945 (una serie de once litografías)
Comprender la distinción proyectos-operaciones es crucial en una adecuada organización personal. Es una distinción prestada del mundo de las organizaciones, en especial de las empresariales.
Las operaciones son las actividades que realizas cotidianamente para mantener tu vida en marcha, acciones habituales y recurrentes para mantener tu bienestar; en una empresa, son las actividades de adquisición, producción y entrega de bienes y servicios junto con todas las actividades de apoyo, administrativas, contables y de otra índole que apoyan esas actividades básicas. Son las que transforman las materias primas y otros recursos en un producto que se puede vender a un precio suficiente para obtener beneficio y asegurar la viabilidad de la empresa.
Ejemplos de operaciones en el ámbito empresarial son los procesos productivos habituales, el reclutamiento y contratación de nuevos empleados, la contabilidad de los resultados o la facturación a clientes. Todas actividades necesarias para mantener el día a día de la empresa y la generación de valor.
Los proyectos son actividades únicas con un presupuesto fijo de recursos y una fecha límite de entrega con las que pretendes obtener algo nuevo, introducir una innovación, un cambio positivo. En la empresa, los proyectos son los que cambian el statu quo a través de la transformación de los procesos de producción, la forma de organización o la generación de nuevos productos.
Ejemplos de proyectos son el I+D que investiga un nuevo medicamento, el lanzamiento de un nuevo producto, la reestructuración del diseño organizativo o la la construcción de una nueva planta de producción.
Hay empresas cuyas actividades están organizadas casi enteramente por medio de proyectos, por ejemplo una productora de cine en la que cada película es un producto único con personal y recursos específicos y cuya producción tiene una fecha límite. Lo más habitual es que las empresas tengan un núcleo fuerte y duradero de operaciones, y proyectos esparcidos a través del tiempo que actualizan y desarrollan las capacidades empresariales.
En el ámbito del minimalismo existencial (diseño de vida minimalista), los proyectos son “las unidades mínimas de acción con significado completo” (por analogía con la definición de oración gramatical) y contrastan con las meras tareas, que son piezas de acción pero solo con significado dentro de otra tarea o proceso de orden superior. Un proyecto busca un cambio concreto y engloba multitud de tareas. Las operaciones son también conjuntos de tareas, pero integradas para mantener el statu quo, el funcionamiento habitual de las actividades.
Ejemplos de proyectos personales serían cambiar de trabajo, abrir un blog, aprender a tocar la mandolina o llevar a cabo una dieta para bajar peso.
Ejemplos de operaciones en el ámbito de la organización personal son el aseo diario, las ocho horas diarias en el trabajo haciendo un trabajo ya conocido, el shabbat semanal, comer, dormir o jugar la acostumbrada partida de póker los viernes por la noche con los amigos. Escribir en este blog periódicamente (una o dos veces a la semana, por ejemplo) pertenecería al ámbito de las operaciones si fuera capaz de disciplinarme para escribir todas las semanas (cosa que todavía no he logrado a pesar de los años).
Las diferencias más importantes entre operaciones y proyectos en el ámbito existencial son por tanto las siguientes:
Un proyecto es un esfuerzo único con fecha de caducidad que busca un resultado concreto; las operaciones son indefinidas y sostienen la creación de valor y satisfacción personal de una manera previsible y continua.
Las operaciones buscan contribuir al statu quo y mantener el bienestar alcanzado mientras que los proyectos pretenden lograr una ampliación de las potencias vitales, de la capacidad de hacer.
Los proyectos se distinguen por su alcance (lo que pretenden lograr) , su duración y recursos empleados. Las operaciones se distinguen por su contribución a distintas áreas vitales (funciones en las empresas): física, emocional, profesional, relacional, financieras, intelectuales, etc.
Las operaciones son recurrentes y una vez configuradas se repiten indefinidamente. Los proyectos, por ser una exploración de un espacio de posibilidades y no haber un camino único y conocido, han de ser necesariamente creativos y no reducibles a una fórmula (en cuyo caso, dejarían de ser proyectos).
Las operaciones son fuerzas conservadoras y de mantenimiento; los proyectos son los cambios disruptivos que buscan el crecimiento y progreso.
En resumen:
las operaciones son el reino del orden, lo nutricio y la estabilidad (el eterno femenino).
Los proyectos pertenecen al caos, los saltos al vacío y la ampliación de posibilidades (el eterno masculino).
Es conveniente tener claras estas ideas a la hora de configurar una organización personal. Es importante explicitar los proyectos en curso y sus elementos principales (objetivos, duración y fechas límites, recursos de tiempo y financieros asignados, etc.), y llevar una lista actualizada de proyectos que permita saber qué estamos haciendo y qué recursos tenemos disponibles.
Los proyectos han de insertarse en el escaso espacio que nos permiten las operaciones diarias, las agendas profesionales y nuestras novias o esposas, y han de ser cuidadosamente elegidos para que procuren el mayor crecimiento y sorpresa eficaz en el esquema general de nuestras vidas.
La racionalidad es una condición indispensable para las conversaciones en que las cuestiones de hecho son importantes. Cuando se debaten cuestiones de hecho, es esencial que nuestros métodos de optimización de creencias (racionalidad teórica) sean los mejores posibles y produzcan las creencias más cercanas a la realidad objetiva.
En paralelo a la distinción de Kant entre razón teórica y práctica, Jesús Mosterín habla de racionalidad teórica y práctica (también llamada epistémica e instrumental) [1]
[…] La racionalidad teórica se puede decir más propiamente que regula nuestra aceptación de creencias más que nuestras creencias. La racionalidad práctica es la estrategia para vivir la mejor vida posible, logrando las metas más importantes y satisfaciendo las propias preferencias lo más posible.
Para el filósofo español, razón y racionalidad son conceptos distintos; el primero es la facultad común a todos los seres humanos, las funciones cognitivas que hacen posible razonar y conocer el mundo; el segundo son los métodos de optimización de las creencias y de la acción. Según esta distinción, todos los seres humanos tenemos razón pero no todos racionalidad, es decir, no todos empleamos métodos de optimización de creencias y acción, o los empleamos en distintos grados.
La racionalidad práctica (métodos de optimización de la acción individual y colectiva) se beneficia de un sistema de creencias los más cercano posible a la realidad objetiva del mundo logrado a través de la racionalidad teórica y permite obtener los resultados mejores posibles de acuerdo a las preferencias que tienen los sujetos racionales.
El proyecto de la Ilustración del siglo XVIII, la era de la razón o el siglo de las luces [2], era principalmente un proyecto de racionalidad en el que se perseguía que el sistema de creencias estuviera basado en la coherencia lógica y la evidencia empírica, en vez del poder de la autoridad, fuera esta la del monarca absoluto o la eclesiástica. De esta racionalidad teórica y unos ciertos valores éticos y preferencias se nutrió la racionalidad práctica y se derivaron innovaciones políticas y sociales tales como el estado constitucional, la democracia y la tolerancia con las minorías.
La razón ilustrada es una idea reguladora de la inteligencia, de las facultades cognitivas del ser humano , es un proyecto en construcción que no acaba nunca, que ha de perseguirse todos los días y en todos los asuntos, no es un producto acabado.
En ciencia buscamos la aproximación continua a la verdad, como si fuera un límite asintótico al que nos podemos acercar más y más pero sin nunca tocarlo —o solo tocarlo en el infinito—. En los asuntos personales y sociales, también buscamos el acercamiento al mayor bien individual y colectivo posible con los recursos disponibles.
El proyecto de racionalidad se convierte en racionalidad práctica y por tanto en acción comparativamente óptima cuando va de la mano de las virtudes intelectuales de emoción, pensamiento y acción que lo hacen posible.
Las conversaciones, especialmente las conversaciones en las que se debaten cuestiones de hecho, han de ser guiadas por principios de racionalidad encarnados (o más bien espiritualizados) en virtudes intelectuales.
—
Uno de los filósofos más importantes del siglo XX, Karl Popper, escribió en un 1981 [3] una serie de doce principios para la ética profesional de los intelectuales. Esos principios son extrapolables a cualquier sujeto racional, no son exclusivos, ni mucho menos, del intelectual profesional, el académico o el hombre de ciencia. Es más, sería un gigantesco paso (a la vez que desconocido) si estos principios permearan más allá de la actividad académica profesional hacia los espacios de debate social, políticos, organizativos y personales.
Transcribo estos doce principios para una nueva ética profesionl del intelectual , las negritas son mías.
Nuestro saber conjetural objetivo va siempre más lejos del que una persona puede dominar. Por eso no hay ninguna autoridad. Esto rige también dentro de las especialidades.
Es imposible evitar todo error o incluso tan sólo todo error en sí evitable. Los errores son continuamente cometidos por todos los científicos. La vieja idea de que se pueden evitar los errores, y de que por eso se está obligado a evitarlos, debe ser revisada: ella misma es errónea.
Naturalmente sigue siendo tarea nuestra evitar errores en lo posible. Pero precisamente, para evitarlos, debemos ante todo tener bien claro cuán difícil es evitarlos y que nadie lo consigue completamente. Tampoco lo consiguen los científicos creadores, los cuales se dejan llevar de su intuición: la intuición también nos puede conducir al error.
También es nuestras teorías mejor corroboradas pueden ocultarse errores, y es tarea específica de los’ científicos el buscarlos. La constatación de que una teoría bien corroborada o un proceder práctico muy empleado es falible puede ser un importante descubrimiento.
Debemos, por tanto, modificar nuestra posición ante nuestros errores. Es aquí donde debe comenzar nuestra reforma ético-práctica. Pues la vieja posición ético-profesional lleva a encubrir nuestros errores, a ocultarlos, y así a olvidarlos tan rápidamente como sea posible.
El nuevo principio fundamental es que nosotros, para aprender a evitar en lo posible errores, debemos precisamente aprender de nuestros errores. Encubrir errores es, por tanto, el mayor pecado intelectual.
Debemos, por eso, esperar siempre ansiosamente nuestros errores. Si los encontramos, debemos grabarlos en la memoria: analizarlos por todos lados para llegar a su causa.
La postura autocrítica y la sinceridad se toman, en esta medida, deber.
Porque debemos aprender de nuestros errores, por eso debemos también aprender a aceptar agradecidos el que otros nos hagan conscientes de ellos. Si hacemos conscientes a los otros de sus errores, entonces debemos acordamos siempre de que nosotros mismos hemos cometido, como ellos, errores parecidos. Y debemos acordamos de que los más grandes científicos han cometido errores. Con toda seguridad no afirmo que nuestros errores sean habitualmente perdonables: no debemos disminuir nuestra atención. Pero es humanamente inevitable cometer errores.
Debemos tener bien claro que necesitamos a otras personas para el descubrimiento y corrección de errores (y ellas a nosotros); especialmente personas que han crecido con otras ideas en otra atmósfera. También esto conduce a la tolerancia.
Debemos aprender que la autocrítica es la mejor crítica; pero que la crítica por medio de otros es una necesidad. Es casi tan buena como la autocrítica.
La crítica racional debe ser siempre específica: debe ofrecer fundamentos específicos de por qué parecen ser falsas afirmaciones específicas, hipótesis específicas o argumentos específicos no válidos. Debe ser guiada por la idea de acercarse en lo posible a la verdad objetiva. Debe, en este sentido, ser impersonal.
Como síntesis, son una excelente guía para cualquier tipo de debate racional, nos pueden ayudar a construir mejores estrategias de optimización de creencias y de acción personal y colectiva. Están muy unidos a sus ideas sobre epistemología (teoría filosófica del conocimiento) y se pueden condensar todavía más en estos tres principios, que son a la vez principios éticos y epistemológicos:
1) Principio de falabilidad. El error es inevitable. Yo puedo estar equivocado, tú puedes estar equivocado, las dos partes podemos estar equivocadas.
2) Principio de debate racional. Debemos criticar y poner a prueba nuestras teorías mediante argumentos racionales evitando el ataque personal (argumentos ad hominem y sus variantes).
3) Principio de aproximación a la verdad. Podemos acercarnos a la verdad mediante el debate racional y mejorar nuestro entendimiento.
El desafío para cualquier sujeto racional es grabar en el espíritu muy profundo estos principios y convertirlos en hábitos intelectuales y morales de pensamiento, emoción y acción que apliquemos consistentemente —con las inevitables recaídas y olvidos— en nuestras conversaciones habituales.
Me gustaría saber si esta ética intelectual-profesional se puede entrenar y cómo hacerlo. ¿Alguna idea?
[3]Extracto de la conferencia «Tolerancia y responsabilidad intelectual» pronunciada el 26 de mayo de 1981 en la Universidad de Tubinga, Alemania. Repetida el 16 de marzo del año 1982 en el Ciclo de Conversaciones sobre la Tolerancia en la Universidadde Viena, Austria.
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
—Antonio Machado
Una de las dificultades más importantes en la conversación está en cómo manejamos la diferencia de opiniones o creencias. Dependiendo de la importancia de la disensión, el grado de excitación emocional puede turbar, e incluso impedir, la conversación: no es lo mismo disentir sobre si América fue descubierta en 1492 o en 1592 que disentir sobre la existencia de Dios o las maldades relativas del capitalismo y el socialismo o si deberíamos cerrar las fronteras a la inmigración.
He encontrado muy iluminadora una jerarquía establecida por Paul Graham sobre los niveles de desacuerdo en una discusión [1][2]:
ND0: insulto.
«Eres un socialista de mierda»
ND1: argumento ad hominem.
«Tú eres un funcionario, luego todas tus opiniones sobre el tamaño óptimo de la administración no tienen validez. Nadie cuyos medios de subsistencia dependan del Estado cambiará de opinión sobre la conveniencia de la reducción del Estado.».
ND2: argumento contra el tono.
«Te alteras, me ofendes con tu arrogancia (luego tu opinión queda descalificada, no te puedo tener en cuenta)».
ND3: contradicción.
«Tú piensas que hay que defender lo público, pero el mercado y el libre intercambio es siempre superior moralmente y económicamente»
ND4: contraargumento.
«No creo en la superioridad del servicio público ni creo que los servidores públicos sirvan al público más que los servidores privados: los funcionarios, como cualquier hijo de vecino, buscan principalmente su interés propio».
ND5: refutación.
«Dices que ‘la enseñanza pública es más barata’; pero la evidencia empírica, según datos de la propia administración española, indica que el coste de la enseñanza pública es más del doble del coste de la educación en centros privados concertados. En concreto, en el 2014-2015 cada alumno en escuela pública costó de media 6.940 euros mientras que en los colegios concertados el coste medio por alumno estuvo por debajo de los 2.900 euros. Por tanto, el uso de los recursos es mucho más eficiente en centros concertados» [3]
ND6: refutar el punto central:
El punto principal del autor X parece ser Y. Como él dice:
<cita del artículo original>
Pero esto esta equivocado por las siguientes razones:
A, B y C.
—
Estos siete niveles de desacuerdo forman una jerarquía sobre la forma de los argumentos: los niveles ND0 a ND3, además de ser los más bajos, no tienen ningún poder de convencimiento racional; pueden ser excelentes armas retóricas de gran contenido emocional, pero no ayudan a dirimir el asunto objeto de la discusión y encontrar la creencia más verdadera a la luz de los criterios de coherencia lógica y fundamentación empírica.
Que uno se mueva en los niveles ND4 a ND6 no garantiza que tenga razón, solo indica que se mueve en un nivel del discurso superior (más racional) y que es más probable que los argumentos tengan peso y la conversación sea fructífera.
Hay dos grandes problemas con el nivel ND2 (argumento contra el tono) :
a) el tono adecuado en una conversación es algo subjetivo y alegar problemas con el tono puede ser una maniobra de evasión o distracción. Lo que para el que expone una tesis puede ser vehemencia, para la parte contraria puede ser arrogancia o agresividad.
b) un tono inadecuado no descalifica una opinión, solo la hace, por contagio, menos aceptable o rechazable subjetivamente, pero no añade ni quita razones objetivas a favor o en contra.
El nivel ND3 (contradicción) puede ser útil para plantear posiciones iniciales, pero tampoco prueba o demuestra nada.
El nivel ND4 (contraargumentación) nos introduce en el marco racional de la conversación: opiniones + argumentos lógicos con base empírica. Un peligro habitual es el de estar hablando con las mismas palabras de distintos conceptos o, si nos hacemos conscientes de ello, discutir sobre el significado de las palabras (logomaquias), como si las palabras tuvieran una esencia semántica o significado unívoco o definitivo.
El nivel ND5 (refutación) es el uso de la contraargumentación con la suficiente base empírica y la suficiente coherencia lógica.
Existe el riesgo de centrarse en refutar solo puntos débiles de la posición contraria pero que no son esenciales o claves en el asunto discutido, como cuando se discute un dato marginal o se hace referencia a un error menor.
En el peor de los casos, podrías estar argumentando contra un «hombre de paja», una posición inventada y simplificada fácil de refutar pero que no se corresponde con la posición más sutil y compleja de la parte contraria.
El nivel ND6 (refutar el punto central) es el nivel superior y requiere captar la esencia del asunto entre manos además de alcanzar un cierto consenso sobre cuál es esa esencia. En temas complejos, es posible que para llegar a este nivel se necesiten muchos rodeos y clarificaciones y aproximaciones parciales a través de los niveles ND3 a ND5.
—
Esta jerarquía de niveles de desacuerdo es útil para evaluar la potencia de los argumentos propios y ajenos en términos de racionalidad, pero desgraciadamente los argumentos más altos en la jerarquía pueden no ser los más eficaces en una situación comunicativa dada.
Los argumentos ad hominem, los hombres de paja, los eslóganes, las digresiones, las discusiones sobre significados de las palabras e incluso los menosprecios e insultos son en muchas ocasiones más eficaces para «ganar» las discusiones e influir en las personas, para mostrar la lealtad al grupo con el que uno se identifica o para satisfacer la autoestima, mostrar estatus y satisfacer otras necesidades psicológicas. Después de todo, alcanzar o aproximarse un poco más a la verdad es sola una de las motivaciones por la que una persona desea debatir y mostrar su desacuerdo.
“Centro de gravedad” es un término de la Física que se emplea también en ciencia militar. El primero que lo usó fue el estratega prusiano Karl Von Clausewitz.
En algunas interpretaciones militares, es “la fuente de poder que proporciona fortaleza física o moral, libertad de acción o voluntad de hacer”. Por lo tanto, en este sentido sería una fuente de poder, o una capacidad básica.
En el sentido clásico de Clausewitz, se trataría más bien de un punto de apoyo. Estaría más próximo al concepto actual de la mecánica: sería el elemento dentro de la estructura o sistema que tiene la fuerza centrípeta suficiente para mantener la estructura unida. Clausewitz escribió que un golpe dirigido contra el centro de gravedad del enemigo tendría el efecto más grande.
En el minimalismo existencial adaptamos el término para nuestros propósitos y lo podemos emplear en todos los sentidos definidos; incluido el sentido más poético de Franco Battiato.
Por un lado, es una fuente de fuerza o poder o capacidad básica; por otro lado, es el punto central de una estructura –en este caso nuestra vida o nuestra personalidad– que mantiene unidas las partes, les proporciona integridad y equilibrio. Tomando también el sentido de Battiato sería un punto de referencia o de estabilidad en el caos de los asuntos humanos que nos proporciona consistencia, continuidad y permanencia.
Los centros de gravedad permanente personales pueden basarse en muchas cosas: la familia, una ideología sólida, una vocación, una pasión sostenida, Dios. Es cualquier elemento que unifica la conciencia y proporciona equilibrio mental, emocional y social. Es algo espiritual, en el sentido de unir propósito y vida (o acción práctica) en un nivel coherente e integrado.
Crisis existenciales
Las crisis existenciales se producen cuando se pierde el equilibrio; normalmente porque el centro de gravedad vital ha sido golpeado o agitado por algún acontecimiento externo. En estos momentos el golpe tiene efectos multiplicadores y produce una reacción en cadena. Ha golpeado el centro neurálgico del ser, aquel sobre el que descansaba el propósito y el significado: algún objetivo vital importante que se reconoce fútil; una relación que te sustentaba, daba sentido y que se pierde, como en la muerte de un ser querido; la pérdida del trabajo de toda la vida, alrededor del cual organizabas tu existencia; o simplemente un sueño o esperanza futura que te daba fuerza, otorgaba significado a las dificultades y te hacía continuar.
Dijo el filósofo: “Si tienes el porqué soportarás cualquier cómo”. Muchas veces si no toleras el cómo es porque no has encontrado o has perdido tu porqué. –
Construcción del centro de gravedad permanente
El hombre no se limita a existir; él es quien decide siempre cómo será su existencia, qué ocurrirá en el momento siguiente.
–Victor Frankl
Victor Frankl en El hombre en busca de sentido contaba sus experiencias en un campo de concentración y relata cómo el encontrar sentido en esa experiencia y mantener una meta era fundamental para sobrevivir; en el momento en que el prisionero perdía ese centro de gravedad, ese pilar fundamental, las fuerzas caían, se desmoronaban y era cuestión de días que el impulso de vivir desapareciera y con ello las posibilidades de supervivencia.
Según Frankl, en última instancia no podemos elegir las circunstancias, pero sí nuestra actitud ante ellas. Frankl encontró su razón de ser o existir en su propósito de salir vivo para contar su historia y la del resto de los prisioneros del campo de concentración.
El centro de gravedad, como el sentido de nuestra vida, es una obra en construcción. Sólo nosotros podemos construirlo. No podemos delegar, pero hemos de construirlo gracias a otros y con otros.
«Menos es mejor» es una idea demasiado simple y general como para que tenga contenido real o sirva de orientación vital. Hay mil excepciones que la hacen perder valor.
Hay una sístole y diástole de la creación. Primero la exuberancia y la explosión de acciones y posibilidades, después el filtro y la selección. ¿Por qué empezar con la selección y el destilado, si no has generado y testado las ideas suficientes, si no tienes experiencia directa y personal suficiente? Puede que el minimalismo esté al final del camino, no al principio.
El minimalismo existencial se une a la causa contra el consumismo y la publicidad, que a su vez se asocian al capitalismo y la libre empresa. Podrías contaminar tus ideas políticas con tus preferencias individuales (menos objetos y mayor control de tu atención), podrías querer empezar a prohibir las acciones de las empresas que intentan influenciar a los consumidores y restringir por tanto la libertad de los consumidores; peor todavía, podrías empezar a creerte superior al resto de los zafios humanos no minimalistas que te rodean.
El minimalismo existencial, al igual que el arquitectónico, puede resultar insulso, maquinal, descorazonadoramente funcionalista.
La naturaleza es derrochadora; si tú te puedes permitir el lujo de ser minimalista es porque otros son maximalistas y exploradores. La exploración implica derroche, el de los caminos equivocados, los callejones sin salida y los fracasos. Los minimalistas se benefician de generaciones de seres humanos maximalistas que fracasaron incontables veces antes de producir las ideas, objetos y filosofías vitales entre las que ahora podemos elegir.
Corres el peligro de pensar que la paz mental y el control de la atención son los bienes psíquicos últimos. Corres el peligro de sumergirte en tu propio ombligo y respirar el aire enrarecido de la satisfacción narcisista.
El minimalismo existencial parte de la idea de que tú puedes crear o diseñar tu propio estilo de vida, ser el forjador de tus propios valores. Quizá no tengas la capacidad ni el tiempo ni los medios para hacerlo. Quizá ese esfuerzo de construir tu vida desde los cimientos ahogue tus posibilidades de llegar lejos en ninguna otra dirección. Quizá se nos haya olvidado ser más humildes respecto al alcance de los ideales auto-generados.
Un sistema moral o ético de uso personal de nuevo cuño es la obra de un genio (un Confucio, un Sócrates, un Buda o un Jesucristo); pero incluso ese genio hubo de dedicar toda su vida a crearlo y comunicarlo. Es más, puede que ese genio no exista, sino que Jesucristo, Confucio, Buda, Sócrates encarnen o sean el nombre o la etiqueta que adjudicamos al proceso social y cultural que a través de innumerables siglos y vicisitudes condujo al profeta-maestro-reformador religioso o líder político que identificó, expresó o popularizo el sistema ético, la religión o la ideología política.
Por tanto, ¿no es estúpidamente nietzscheano creer que en el breve lapso de una vida vas a reformular los valores tradicionales y dotarte de un plan de vida que no esté ya disponible en el menú que corresponde a tu entorno cultural, a la religión en la que naciste, a la familia a la que perteneces?
En el afán por controlar la infoxicación, muchos minimalistas se vuelven anti-tecnología y destierran de sus vidas los teléfonos inteligentes, las redes sociales y otras mejoras. ¿De verdad quieres aislarte del resto de la sociedad en nombre de una idea tan poco popular y de apariencia neoludita como es el minimalismo como filosofía de vida? ¿Acaso no llamamos «tecnología» solamente a aquella tecnología que no existía cuando éramos niños?
El minimalismo existencial podría ser demasiado individualista (tú mismo y tus mecanismos (mecamismos)) el minimalismo existencial está falto de un proyecto social o político o moral en el que insertarse. Pone el foco en la felicidad y satisfacción personal. ¿Dónde queda un propósito más grande que el individuo, el significado de la vida o una moral que reconoce e incluye los proyectos de otros seres humanos?
La mayoría de los minimalistas ponen el acento en la reducción de posesiones, parece que el minimalismo existencial es una escuela de decoración de interiores.
La mayoría de los autodenominados minimalistas (existenciales o no) son una panda de frikis. ¿De verdad quieres seguir los pasos de un grupo tan poco atractivo?
Estás perdiendo el tiempo dedicando atención a un concepto y a un blog tan insulso, inane, carente de contenido, como este. Tu escaso tiempo estaría mejor dedicado a hacer algo de provecho, a salir al mundo y construir algo, a hacer algo por alguien. ¿Crees acaso que conocer la técnica pomodoro y la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandlero la ley de las tres oes del minimalismo existencial es un sustituto de la acción y la creación? Venga, no me hagas reír.
Es posible que en el afán por organizarte y optimizarte estés perdiendo el norte, poniendo el énfasis demasiado en los medios y no en los fines, y proporcionándote una excusa más para no hacer lo que sabes que tienes que hacer. ¿Es posible que el minimalismo existencial no sea más que la búsqueda de la bala de plata, el Dorado o la panacea existencial que resuelva a priori, casi sin despeinarte, tus problemas?
En el mejor de los casos, el altisonante movimiento llamado «minimalismo existencial» podría no ser más que una colección de ideas de sentido común, un refrito de ideas sobre organización y productividad personal.
¿Y si el minimalismo existencial fuera tan solo unacarátula rimbombante y pretenciosa para unas pocas ideas de sentido común que cualquier persona sana psíquicamente aprende e interioriza antes de los dieciocho años?
vengo con una duda existencial.Si un día no puedo cumplir con un hábito a la hora prevista. ¿Qué hago? ¿Lo realizo apenas pueda, aunque eso signifique realizarlo 5 horas después?
Melisa.
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Estimada radioescucha,
respondo a tu pregunta comenzando con la definición del diccionario de la palabra amagar en sus acepciones quinta y sexta, porque mi respuesta tiene que ver con tales significados.
Amagar.
Quizá del gót. af-maga ‘desamparar’, y este der. de magan ‘tener fuerza’.
tr. Mostrar intención o disposición de hacer algo próxima o inmediatamente.
intr. Estar próximo a sobrevenir.
¿Se puede «amagar» a posteriori un hábito, una determinación, una promesa?
Es decir, si has incumplido una promesa, has violado el hábito (por una vez o por quinta vez seguida), o has dejado de meditar en el día de hoy a las 8:00 am, tal y como me habías asegurado que harías a partir del 1 de enero del 2018, ¿puedes amagar?
El amagar es —en principio— un a priori, es hacer como si fueras a hacer o al menos mostrar la intención de hacerlo próximamente (acepción quinta).
Cierto, esta mañana no te abstuviste de ese pastel o de esa Coca-Cola (¿desayunas con Coca-Cola, alma de cántaro?), y técnicamente has fallado en tu determinación (una vez más), no la has cumplido, has quebrantado tu sincera promesa.
Ok. Vale. Pero «amagar» también significa estar próximo a sobrevenir. Si te has dado cuenta de que nos podido|querido cepillarte los dientes inmediatamente después de la cena, es un avance; si te flagelas un poco, si te sientes un poco mal, está bien también: la conciencia, como bien sabemos, es el principio de la liberacción.
Pero no te quedes en la mala sensación de boca, haz algo, por pequeño que sea que ratifique y renueve tus votos, tus buenas intenciones:
¿Estabas en la cama a las 5:05 am de la mañana y has recordado que no meditaste a las 11:11 pm (eliges unas horas muy curiosas…)? ¿Alguna persona significativa te ha recordado a las 7:06 en el beso de la mañana que el olor a ajo no es el mejor afrodisiaco? Muy bien, pues levántate, siéntate, asume la posición del medio-loto y medita durante un minuto. O bien, levántate y cepíllate un diente, por mucho sueño que tengas.
Ya está, ya has amagado el hábito, aunque sea a posteriori.
Te quedas con mejor sabor de boca (literalmente, en el caso del aficionado a la salsa alioli), la luz de la esperanza al final de túnel brilla mortecina y quizá tengas remedio, quizá todavía podamos hacer una mujer|hombre de ti. Quizás no todo esté perdido. Quizá la acepción sexta de «amagar» se cumpla y tu deseada conducta virtuosa finalmente sobrevenga.
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El borracho que no apura la segunda botella de vino de la noche, el glotón que en un momento de lucidez deja la última galleta de chocolate de la bolsa y se la da al perro o la tira a la basura, el perezoso que después de una tarde del sábado delante del televisor comiendo palomitas se pone las zapatillas de deporte, baja al portal de su casa, pone el pie en la calle y cuando siente el frío vuelve a su butaca, etc., todos ellos están «amagando el hábito», todos ellos tienen en su mano la posibilidad de redención.
La vida no es binaria: Todo o nada, 1 o 0, blanco o negro, Ortega o Gasset. La naturaleza da saltos pero los saltos pueden ser pequeños.
Lo que dijo Rafael Sarmentero de los proyectos lo podemos decir respecto de los hábitos, rituales y buenas costumbres: «La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo»:
La diferencia entre nada y todo es un poco.
No es un juego de palabras.
Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y y no tienes nada.
Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado.
Entre nada y todo hay una diferencia muy grande.
Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco.
No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio.
Un poco lo es todo.
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Lo diré de manera críptica, pronto y mal, Melisa, para que lo grabes a fuego en tu conciencia:
La perfección es fascista.
Así que haz lo que puedas, aunque sea cinco horas después, aunque sea insignificante, y reafírmate en tus promesas a ti misma.
Nada está perdido, si haces algo, aunque sea muy poco.
El poco, aunque sea también tarde, sostenido fanáticamente todos los días, es tu esperanza.
Con motivo de la revisión del 2017 y el boceto del próximo plan 2018 he pergeñado una lista-recordatorio con los principales consejos e inspiraciones cinematográficas y literarias para re-crear mi vida en el 2018.
Son consejos que me doy a mí mismo, válidos para mí en este momento concreto de mi vida.
Las referencias son muy personales pero muchas son muy conocidas. Mis gustos literarios y cinematográficos no son nada sofisticados, la mayoría pertenecen a la cultura popular.
A) Fórmula del éxito: Ilusión + aprendizaje (Puedes inspirarte en el libro de Richard Bach Ilusiones)
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Nota: el éxito lo defino en mis propios términos, pero sean estos los que sean han de venir acompañados de ilusión (ese resplandor que genera la visión de los resultados que deseas) y de aprendizaje (cambio permanente en el comportamiento). La ilusión no significa éxtasis ni excitación, es más una brisa que un huracán. El aprendizaje no es el conocimiento inerte de los libros sino el cambio permanente en patrones de pensamiento, emociones o conducta. Para inspirarte vuelve a ver la película Gattaca, con Ethan Hawke y Uma (grande y libre) Thurman.
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B) Detecta los tres errores estratégicos más importantes del último año (o de los últimos años)y confabúlate para no volver a repetirlos en el 2018. Los míos en términos generales son:
a) deficiencias en el autocontrol y la capacidad de autorregulación emocional.
b) centrarme en los resultados en detrimento del proceso, esto genera impaciencia, volatilidad emocional y falta de perseverancia
c) pensar que el paso del tiempo es causa de cambio. ¡La esperanza no es una estrategia! ¡¡La esperanza es la fe de los cobardes!! (dijo el Genio). Me falta comprometerme con un sistema y ceñirme al sistema durante el tiempo suficiente para que genere frutos.
C) Diseña tres hábitos|rituales|comportamientos que te permitan subsanar esos errores estratégicos. En mi caso, podrían ser:
a) Recuperar el hábito de meditación. Es una suerte de higiene emocional que debería ser tan habitual y cotidiana como cepillarse los dientes. ¿Por qué diablos dejé de meditar?
b) Aprender a amar la meseta, la zona de resultados no visibles, y trabajar sostenidamente en un máximo dos o tres proyectos centrales todos los días. [Para una visión poética de lo cotidiano y el progreso lento, pequeño e invisible revisa la película Paterson, de Jim Jarmusch.
b’) «Antes del satori, cortar leña y acarrear agua; después del satori, cortar leña y acarrear agua».
c) Aplicar los principios de la práctica deliberada para avanzar y aprender; esto significa en mi caso: trabajar en problemas, proyectos y objetivos muy específicos que estén siempre un poco por encima de mi zona de confort y que generen el máximo de aprendizaje y resultados.
D) Un máximo de tres metas para el 2018. Mejor dos que tres. Mejor una que dos. Procura la unificación de la conciencia a través de una meta. Concentración. Recuerda una y otra vez el principio minimalista de concentración, esfuérzate por mantener concentradas tus fuerzas en unos pocos afanes. Pureza de corazón es querer una sola cosa.
E) Acepta la mediocridad en la mayoría de las áreas de tu vida y aspira a la excelencia en una sola.
F) Asegúrate de que las aréas de responsabilidad física|emocional|mental|relacional| profesional|financiera|intelectual|espiritual están equilibradas y actúán de forma sinérgica.
G) No necesitas trabajar hasta el agotamiento todos los días, necesitas trabajar un poco todos los días en la dirección adecuada. Si no estás haciendo las cosas correctas es indiferente que las estés haciendo correctamente o vayas muy rápido. De hecho, ser muy eficiente, rápido y eficaz en las direcciones erróneas te alejará todavía más de tus metas.
G’) Aplica el criterio de las tres horas semanales de Entusiasmado: «Si no trabajas tres horas en una semana en una meta o proyecto esa meta está muerta o es un zombi». A los zombis es mejor matarlos y a los muertos enterrados. Si pasas tres semanas seguidas sin trabajar en ese proyecto o meta no tienes meta ni tienes proyecto.
H) Busca la simplicidad continuamente. Lucha por hacer todo lo más simple posible. Los sistemas simples son más fáciles de recordar y es más probable que los mantengas. La ley de las tres Oes del minimalismo existencial ha de ser cumplida a rajatabla: 1º Omitir|eliminar 2º Organizar 3º Optimizar.
I) Ten siempre en mente la ley de Pareto: solo unas pocas causas explican la mayor parte de los resultados. Céntrate en esos pocos esenciales y prescinde de los muchos triviales.
J) Puesto que eres la media de las cinco personas con las que más tiempo pasas, selecciona implacablemente a las personas a las que dedicas tu tiempo. Esto puede ser duro, difícil, pero es imprescindible si quieres procurar un cambio positivo en tu vida.
J’) Viaja conociendo a unas pocas personas en profundidad, no viajando a Tailandia (el Benidorm de los hipsters)o dando la vuelta al mundo. Los viajes se miden en conversaciones con personas de carne y hueso (aunque hablen tu lengua), no en kilómetros o parajes exóticos. El paradigma del viaje se da para mí en la película Antes del amanecercon Etham Hawke y Julie Delphie y en sus secuelas en Antes del atardecer y Antes del Anochecer. Una conversación es un viaje.
K) Has de crear un sistema de organización propio, por primitivo, rudimentario o insatisfactorio que sea. Mejor un sistema personal imperfecto que uno perfecto, omnicomprensivo, enlatado, aprendido en un libro. Has de crear un sistema o serás esclavizado por el de algún otro.
En mi caso el sistema consiste en:
Una meta para el año 2018.
Un cuadro de mando vital. Incluye cuatro cuadrantes: I. Sentido existencia y propósito II. Relaciones III. Operaciones IV. Aprendizaje y desarrollo.
Creo varios apartados en cada uno de los cuadrantes con indicadores de estado (deficiente-normal-bien-excelente) para cada uno de ellos. Por ejemplo, algunos de los apartados para distintos cuadrantes son: nivel de gasto mensual|Nivel de foco pequeño (concentración en pomodoros y consecución tres tareas más importantes del mes)| Nivel de foco grande (grado cumplimiento objetivos mes) | Peso | Autonomía financiera (medido por el número de meses que puedo pasar sin ingresos |Satisfacción general con mi vida (medida cualitativamente, según mi sensación general)| Equilibrio trabajo-descanso (calidad de sueño y espacios de descanso), etc.
Un plan mes a mes revisable mes a mes.
Revisiones periódicas con base semanal, mensual y trimestral (reencarnaciones).
Una lista de hábitos|rutinas|rituales|iniciativas de cambio para cada una de las áreas de responsabilidad. Son la estática de mi vida; su revisión y actualización periódica me proporciona la dinámica de mi existencia.
L) El bien más preciado es mi atención. De su cantidad y calidad depende mi vida. Siempre he de preguntarme: «¿Merece esta persona|actividad|proyecto mi atención?». Si la respuesta es NO, he de ser implacable. Surfea las distracciones.
L’) La conexión es imprescindible, la distracción es una opción.
LL) El descanso es tan importante como el trabajo intenso. Sigue el paradigma del velocista en vez del del maratoniano. Los libros de Alex soojung-kim pang deben estar en tu mesilla de noche. Relee elmanifiesto por el descanso deliberado. , que es una parte integrante de la búsqueda de la excelencia a través de la práctica deliberada. Cultiva los espacios vacíos en tu vida, cultiva una habitación minimalista de la conciencia.
M) Respeta el shabbat. Desde el crepúsculo del viernes hasta la aparición de las tres primeras estrellas en el firmamento la noche del sábado.
N) Recuerda que has de procurar que tus proyectos sean colaborativos, que incluyan a otras personas. Aunque se va más rápido si se actúa solo, se va mucho más lejos si se actúa en compañía. Solo asegúrate de que tu entorno social sea el más adecuado para tus metas, valores y proyectos. Puedes consultar la película de Sofía Coppola Lost in translation. Siempre olvidas este consejo. Eres muy individualista y crees que lo que se aplica a los demás no se aplica a ti.
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N’) Por favor, relee Consejos vendo que para mí no tengo y pon en práctica los consejos que darías a algún otro similar a ti que estuviera en similares circunstancias a las tuyas. A eso se reduce la voluntad.
Ñ) Respeta a las personas pero sé lo más indiferente posible a su buena opinión.
O) Pablo Coelho tiene razón en parte: el universo conspira, pero no para que se cumplan tus sueños sino para succionar tu atención y tiempo en direcciones que no te convienen. Las redes sociales y los teléfonos inteligentes son las parte del universo que más nos aisla y estupidza.
P) Mantente a la defensiva respecto a la soberbia. Es tu pecado capital más importante. Sé humilde. Al final del día, recuerda tus pecados de soberbia y fustígate con cariño no exento de firmeza. Tough love. Quizá puedas escribir una serie de artículos sobre la soberbia, el pecado del que emana el resto de los pecados capitales.
P’) Revisa la película Amor sin escalas, de George Cloney. El minimalismo en las relaciones humanas es discutible.
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Q) No importa lo que ocurrió en el pasado ni que la mayoría de tus metas pasadas se encuentren en el cementerio de los sueños rotos. El 1 de enero de 2018 empiezas de nuevo.
Q’) No es que estés viviendo en el pasado es que el pasado vive en ti. Aprender equivale a lograr que el pasado viva un poco menos en ti.
R) La vida es un juego concreto, no de grandes principios. Ten reglas y principios como orientaciones o guías, no como verdades definitivas. Desarrolla una potente conciencia situacional y adáptate a las circunstancias. La meta y tus valores personales actúan como faro. Dicho esto, a veces hay que tener principios inamovibles (como el de no tener principios inamovibles o el no robarás).
S) Pon el contador a 0. Agua pasada no mueve molino. Let bygones be bygones. Para inspirarte vuelve a visionar El día de la marmota(Atrapado en el tiempo).
T) Sobre todo, ¡recuerda!, no tiene sentido que intentes cambiar a la gente, es agotador y un esfuerzo condenado al fracaso. No cambies a la gente, cambia de gente.
U) Despeja las cubiertas. Ejecuta un ritual de purificación de final de año en el que prescindes de metas obsoletas por las que ya no sientes cariño, entierra a tus proyectos Zombi, devuelve los libros que te han prestado, regala los libros que no has leído (ni seguramente leerás), salda deudas, cumple tus compromisos sociales demorados o declárate en bancarrota y no contestes a ningún correo pendiente del 2017, acaba con tu lista de favoritos en el navegador, tira la ropa vieja o que ya no usas; en resumen, arroja lastre y mantén en tu vida solo las pocas personas, proyectos, compromisos, metas, objetos, con más valor (un 20% aproximadamente)
V) Promete que en este año no saldrás del trabajo después de las 20:00 pm y a que esa hora desconectarás el computador y el móvil para conectar con personas cara a cara o para conectar contigo mismo.
W) Usa la técnica de la agenda fija (idea de Cal Newport, en inglés «fixed schedule» . El sistema funciona así: a) elige una franja de horas de trabajo que te proporcione el equilibrio ideal de esfuerzo y descanso. b) Haz lo que sea para evitar violar esa franja.
Por ejemplo: X horas diarias en una franja horaria definida para la meta A, Y horas para la meta B, Z horas para la meta C, épsilon horas para tareas administrativas, rutinarias y compromisos de poco valor, W horas para esparcimiento y vida social. Después de fijar esta agenda, haz todo lo humanamente posible para evitar que ese tiempo sea violado por interrupciones o distracciones.
W’) Para evitar la violación de tu agenda fija: a) empieza el día sacando (no e-mail hasta la hora de comer o el final del día) b)reduce proyectos y compromisos c) elimina redes sociales en franjas horarias que sean de trabajo d) sé muy deliberado sobre lo que pretendes conseguir en cada una de esas franjas horarias e) no estés siempre disponible ni respondas inmediatamente a las peticiones, requerimientos o exigencias sobre tu tiempo.
W’’) Si un día no estás con humor o energía para hacer lo que tienes que hacer con tu agenda fija, usa la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandler , así evitarás procrastinar trabajo. Tendemos a evitar las actividades más difíciles, que suelen ser también las más necesarias, las de mayor valor.
X) Las horas en las que tengas más energía del día, si es posible, para tu meta anual.
Y) No confundas la agitación con la actividad. Haz solo las cosas correctas. Dedica tiempo a pensar cuáles son esas cosas correctas —las actividades de alto valor— y hazlas. No cometas el error de optimizar lo superfluo.
Z) Aunque es imprescindible enfocarse en los pocos esenciales, no suele ser necesario optimizar esos esenciales; muchas veces basta con un criterio de mínimos. Ejemplos: 10.000 pasos al día (no es necesario correr un ultramaratón)| Comer fruta y verdura todos los días (no es necesario ser vegano o vegetariano ni contar las calorías) | Un día de descanso y recogimiento a la semana (Shabbat, (no unas vacaciones en el Caribe o las islas Maldivas) | Meditar todos los días un mínimo de un 1 minuto (no necesitas pagar 1500 euros para pasar dos semanas en un retiro de meditación Vipassana meditando diez horas al día.
AB) Recuerda que aunque un día vas a morir el resto de los días vas a vivir. Carpe diem. Puedes revisar El club de los poetas muertos.
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AC) El Hombre es un bípedo implume de uñas planas, pero el Hombre se define más por ser alguien que es capaz de entrenarse. Puedes revisar el libro de Toni Nadal Todo se puede entrenar.
AD) Adopta una actitud condicional, experimental, empírica, científica. Al mismo tiempo, aprende a ser rígido en la ejecución, fanático. Recuerda que sueles usar la coartada de la flexibilidad para evitar lo difícil y aburrido.
AE) Puedes jugar a juegos finitos con reglas fijas, ganadores y perdedores, participantes fijos y metas claras, y puedes jugar a juegos infinitos con reglas cambiantes, con entrada libre de jugadores y que seguirán jugando el juego cuando te hayas ido. Encuentra la combinación adecuada entre juegos finitos e infinitos.
AF) Has de hacer un esfuerzo diario por reducir la fricción. Una buena aerodinámica existencial requiere pulir asperezas continuamente. Recuerda que la paz mental es el prerequisito más importante para la acción creativa.
AF’) tienes que escribir frases muy generales de vez en cuando para animar pequeños descubrimientos|experimentos, pero también tienes que hablar de|hacer cosas muy concretas esperando que alguna vez germinen en abstracciones o reglas.
AF’’) Sobre todo, no te tomes demasiado en serio. Ni demasiado en broma.
AG) Toda planificación (incluida la del 2018 y la del desembarco de Normandía) es inútil (ningún plan sobrevive al primer día de batalla) pero resulta imprescindible. Un plan es un conjunto de deseos y de hipótesis sobre el futuro. Tanto los deseos como nuestras creencias sobre el futuro cambian a lo largo del tiempo. Usa la idea de iteración en proyectos para planear y revisar y hazte adepto a los prototipos y versiones beta.
AH) Haz listas de ideas más habitualmente. La «lista» tiene ese nombre por algún motivo. Como dice Altucher, has de mantener tonificado tu músculo de ideas. Una lista tiene un título y un número indeterminado (recomiendo diez) de elementos. Por ejemplo, aquí va una. Diez pasos para hacer un plan para el 2018:
Para de hacer lo que estés haciendo.
Sueña en lo que quieres traer a la existencia (una sensación, un objeto, una relación, un negocio).
Asienta tus pies fuertemente en la realidad y desarrolla una potente conciencia situacional
Define en tres frases tu estrategia o líneas generales de actuación y haz una lista de Cosas que hacer|pensar|decidir.
Una vez que hayas calculdado el tiempo necesario para acometer y finalizar un proyecto, multiplica por tres esa duración. Ejemplo: si crees que tardarás seis meses en escribir un libro, modifica la estimación y ampliala a un año y medio.
Ten un plan B. Por si todo sale mal.
Valora los riesgos y ejecuta una premeditación de las desdichas listando todos los elementos que pueden salir mal.
Una vez tengas el plan inicial, déjalo reposar, consulta con la almohada durante un par de días antes de comprometerte con él.
Ten en cuenta que si el año pasado fracasaste en un objetivo no hay motivo para que este año triunfes en él a menos que hagas grandes cambios.
Tu plan no es una lista de deseos o una lista de la compra, tu plan es un deseo fuerte o propósito, una estrategia y una lista de primeras acciones.
AI) Nueva fórmula para el éxito: Un SÍ, un NO y una línea recta. La línea recta cambia de dirección y se torna sinuosa en tramos largos.
AJ) Releee el El manantial, de Ayn Rand. Basta con que leas el primer capítulo, hasta el fin de la entrevista de Howard Roark con el decano de la escuela de arquitectura (unas diez páginas). Ahí reside la esencia del libro y del mensaje que quiero que recuerdes. Aquí tienes el libro en pdf
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AK) Mentí en el título: esta lista para recrear mi vida en el 2018 es provisional, no definitiva, y en constante ebullicion, evolución. Todo sistema de organización personal ha de ser flexible, personal, abierto, dinámico y actualizado según cambian las circunstancias En materia de organización personal, al igual que en muchos otros temas existenciales, no hay lista ni sistema definitivo.
Interpreto este concepto como una combinación de integración y perspectiva temporal.
Tradicionalmente, es el ámbito de la religión.
Es una de mis áreas de responsabilidad. Otras áreas de responsabilidad son:
física,
emocional,
mental,
relacional,
profesional,
financiera,
intelectual.
Él área espiritual de mi organización personal es integradora de las distintas áreas de responsabilidad. Podría haberla llamado «Propósito» e imprimir así un carácter más abstracto al concepto.
Prefiero conservar el nombre de «Espiritual», no tanto para enfatizar el carácter transcendente como el carácter integrador que proporciona el propósito al coordinar mis proyectos y acciones.
Para promover el área espiritual en mi vida mantengo los siguientes rituales/hábitos/rutinas:
Durante estos próximos días estaré concentrado en revisar el año 2017, celebrar éxitos y aprender de la experiencia (el nombre que doy a mis fracasos). Bill Gates se toma una semana al año para estos menesteres. Yo me tomo al menos diez días.
Tengo que tomar varias decisiones, entre ellas la de si seguir o no con este blog. Tengo la sensación de que Homo Mínimus se empieza a parecer a un proyecto-Zombi: está muerto pero no lo sabe. ¿Ha llegado el momento de enterrarlo? Quizá ya no sea capaz de mejorar el silencio y deba cerrar el blog, liquidar mis deudas y emprender nuevas aventuras. Ave Fénix de las ganas y las desganas.
La Ley de las tres Oes del minimalismo existencial dice que lo más importante es Omitir (después Organizar y Optimizar). Hay que predicar con el ejemplo.
En la calle X, en un barrio residencial a las afueras de Y en Z, apareció hace unas pocas semanas un monolito que atemorizó a los viandantes que por allí pasaban.¿?
Empiezo de nuevo:
En la calle X, en un barrio residencial a las afueras de Y en Z, apareció hace unas pocas semanas un objeto que me recordó al monolito del inicio de la película 2001 Una odisea del espacio.
¿¿??
En esa película, los primates precursores del Homo Mínimus se acercaban al negro monolito con una mezcla de fascinación y reverencial temor; así me acerqué yo al misterioso objeto: una pequeña estantería con tejado de madera en el que había un letrero que rezaba «Intercambio de libros/Book exchange».
En dos pequeñas baldas se agolpaban libros de temática variopinta, muchos de ellos ya amarillentos. Pendiendo de una cuerda colgante del techo había un pequeño folleto que resultó ser un librito de poesía china; su contenido era similar al del Tao Te Ching o esos libros de aforismos moralizantes, filosóficos, a los que son aficionados los orientales.
Había novelas de Jane Austen, de Francisco Umbral, algunos libros de autores nacionales y extranjeros desconocidos para mí, una novela corta de Henry Miller, un libro de Introducción a la matemática moderna de Ian Stewart, otro de matemáticas para economistas y hasta un manual sobre las Cajas de Ahorro en Z.
Una joya del tesoro era un librito editado por algún organismo autonómico español donde se hablaba sobre sobre la idiosincrasia del niño de la región en la escuela. Los pocos segundos que lo hojeé fueron suficientes para quedar epatado por el hallazgo antropológico de que el niño de esa región tiene una autoestima más baja que el niño de otras regiones del país.
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¿Quién había dejado esos libros ahí y con qué motivo? Dado lo tosco e improvisado de la caseta —parecía obra de un aficionado al bricolaje—, no podía ser nada oficial o con origen en el ayuntamiento de Y.
Ese día me fui con la incógnita en la cabeza.
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Pocos días después regresé, quizá con la idea de buscar más a fondo y quedarme con algún libro interesante; no en vano, los economistas del comportamiento (behavioral economists) hablan de la irrefrenable atracción de lo gratuito: cualquier artículo de precio cero es un reclamo inevitable para el consumidor.
Cuando volví a la caseta, me encontré con que la mayoría de los libros que había visto hace unos pocos días habían desaparecido y no habían sido sustituidos, la palabra «intercambio» del cartel había caído en oídos rotos.
Me pensé dos veces si tendría sentido que dejara allí mi libro La niebla y la doncella de Lorenzo Silva; está ambientado en la Gomera y cuenta las aventuras de unos guardias civiles que intentan desentrañar un crimen en el que el principal sospechoso es un político local.
Me hacía ilusión hacer mi aportación y dejar el libro, pero al mismo tiempo deseaba que los demás también aportaran algo: no me gustan las iniciativas donde solo unos pocos colaboran y los otros se aprovechan (el famoso problema del gorrón en los bienes públicos).
Auguré escaso futuro a este lugar de intercambio de libros.
Melancólicamente, consideré que no existe suficiente conciencia cívica ni hábito de comportarse honestamente sin la presencia de alguna figura de autoridad que vigile nuestros actos.
Entonces leí un cartelito blanco pegado a la caseta y escrito en tinta azul con bolígrafo que no estaba la última vez:
Este espacio de intercambio de libros ha sido creado con mucho cariño para que todos los viandantes encuentren aquí una oportunidad para acceder de forma gratuita a libros y, que de la misma manera, puedan dejar alguno ya se hayan leído, alguno que quieran compartir o que puedan dejar todos los libros de los que se quieran desprender.
Si solo te llevas, pero no dejas ninguno, le estarás impidiendo a los demás disfrutar de la misma oportunidad.
Gracias por compartir.
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El contenido del cartel disipó mis dudas: aparentemente, el buen hombre que había erigido la caseta, alarmado ante la retirada de libros y su no reposición, se había visto obligado a escribir esa nota.
Aunque no había ningún libro que me atrajera —parece que se habían llevado ya los mejores—, me sentí impelido a dejar el libro que había traído, incluso cuando no encontrara ninguno suficientemente interesante para llevarme a casa.
Pocos días después volví y comprobé alborozado que el mensaje había calado y habían aparecido una remesa de libros nuevos aportados por anónimos contribuyentes.
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He reflexionado sobre este episodio y me he hecho varias preguntas: ¿a quién se le habrá ocurrido esta idea? Habiendo bibliotecas públicas con miles de libros a nuestra disposición, ¿qué sentido tiene que un anónimo espontáneo pergeñe un improvisado lugar de intercambio de libros? ¿Por qué la gente, a pesar de todo, ha terminado aportando libros y no solo llevándoselos?
Y más importante, ¿qué impulso anima a la colaboración de la gente en esta diminuta empresa común?
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Creo que mi extrañeza de mono burocrático-autonómico-estatista ante el monolito de una creación puramente civil al margen de titularidad pública es propia de quien vive en un lugar donde gran parte de las iniciativas no económicas (aunque desgraciadamente también muchas de las lucrativas) proceden o son amparadas por alguna administración.
No puedes dar un paso sin encontrarte un evento patrocinado por las autoridades locales o autonómicas: conciertos, pasacalles, actuaciones, romerías, museos de la ciencia y el cosmos, eventos deportivos, cuentacuentos, carreras de la mujer, etc.
Si a un ciudadano anónimo se le ocurre alguna iniciativa cultural, educativa, artística de interés general o no lucrativa, el reflejo habitualmente es preguntarse «¿Habrá alguna subvención?, ¿qué ente podría promover la idea?».
De la misma manera que hay un efecto expulsión de la inversión privada debida al aumento del gasto público, y un efecto expulsión moral, que hace que la gente ejercite menos su caridad o compasión cuando sabe que el estado benefactor está presente, también hay un efecto de expulsión cívica, que provoca que cualquier iniciativa privada autoorganizada de la sociedad civil quede empequeñecida, reducida o engullida por la omnipresencia del presupuesto público.
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La idea de crear lugares improvisados para compartir libros no es una idea nueva; en las paradas de autobús de muchos pueblos de Noruega se pueden encontrar este tipo de bibliotecas basadas en la honestidad que contribuyen a fortalecer la imagen de cultura y civilización de los países nórdicos, aunque probablemente sean promovidas por los ayuntamientos.
El encanto de esta pequeña iniciativa está en que es una propuesta que una persona anónima lanza a sus convecinos, y que estos pueden seguir o no seguir, colaborar o no; a nadie se la impone y quien quiere participar puede hacerlo con sus libros y su buena fe reponiendo los que se lleve.
El grupo de personas que contribuye es autoseleccionado: se eligen a ellos mismos y contribuyen a título individual, sin intermediarios. El éxito depende a su vez del pacto no escrito de ser honestos y reponer al menos lo que retiras.
Si a alguien la idea te parece una estupidez porque sabe que tiene varias bibliotecas públicas bien surtidas en la misma ciudad y acceso a miles de libros y películas también de forma gratuita, puede sonreír cínicamente y pasar de largo, nadie le obliga a financiar la iniciativa ni a colaborar con ella.
Hay ventajas adicionales: no se necesita que nadie apruebe un presupuesto, no se necesitan edificios, personal para gestionar las instalaciones, agua y electricidad; bastan unos pocos tablones y la buena voluntad de un puñado de vecinos que se unen voluntariamente y en sus propios términos a una mini-causa. A cambio, bien es cierto, nadie se pone galones de ciudadanía o de benefactor del bien común.
No es nada grandioso, nada que cambie el curso de la historia, ni tampoco un acto que nos redima de nuestros pecados.
Pero sí que es un acto moral: participar en el intercambio anónimo de libros es una acción humilde en el que un amante de la página escrita reafirma su interés por los libros y está dispuesto a entregar los que le sobran o tiene a bien compartir con otros ciudadanos anónimos.
Estos aparentemente insignificantes gestos de personas individuales que interaccionan libremente movidas por proyectos comunes son los que dan oxígeno y aliento a la sociedad civil, los que mantienen encendido el fuego —a veces mortecino— de la libertad individual.
Las relaciones espontáneas entre ciudadanos particulares o agrupaciones voluntarias de ellos son las que fortalecen el tejido social y actúan como dique de contención contra el pesado y monótono empuje de lo burocrático, que amenaza con asfixiar el espacio social y psicológico en el que transcurren nuestras vidas.
Una pistola de Chéjov es un artificio dramático. Su formulación se atribuye al escritor ruso Antón Pávlovich Chéjov:
«Si el tío Vania esconde una pistola en la mesilla de noche en el primer acto, esta ha de ser disparada en el segundo o en el tercero».
¿Por qué ha de ser disparada?
Porque si no la pistola se convierte en un elemento superfluo, que no añade nada a la trama ni a su resolución, distrae al espectador o lector, ralentiza la narración y conspira contra el disfrute de la obra.
Pistola de Chéjov generalizada:
«Si un objeto no mental aparece en tu vida, ha de ser empleado en algún momento del futuro próximo».
Esta regla es muy útil como antídoto contra la tendencia a acumular objetos físicos. Te mueve a preguntarte por la función de cualquier nueva posesión y su contribución a tus objetivos y metas.
Si el objeto no se va a usar en el futuro próximo para contribuir a alguna meta previsible es mejor catalogarla como innecesaria, como «no disparable».
La regla de la pistola de Chéjov se opone a los «por si acaso», poseer y guardar por si en el futuro pudieras necesitar el objeto.
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¿Por qué hablo de «objetos no mentales» y excluyo implícitamente los objetos mentales de la regla de la pistola de Chéjov?
Porque la imaginación y la creación se promueven acumulando un gran número de ideas y asociaciones. La imaginación es manipulación de la memoria, y la creación es combinación de elementos de la memoria para alumbrar nuevas posibilidades en el mundo físico o en el mundo de las ideas.
Cuantas más ideas tengas, más puedes acumular, ya que podrás asociar de muchas más maneras las nuevas con las viejas: tienes más ganchos mentales para colgar los nuevos conceptos.
El saber, a efectos prácticos, no ocupa lugar, aunque su adquisición requiera mucho tiempo.
Además, nunca puedes prever si en el futuro (próximo o lejano) una idea u objeto mental podrá combinarse de manera creativa al servicio de alguno de tus proyectos, por eso no es conveniente ser tacaño en la adquisición de ideas. La creación no estereotipada no se puede anticipar y es conveniente tener muchos recursos disponibles por si pudieran servirte. Es por eso que en el mundo mental generalmente opera el principio maximalista de «Más es mejor».
Los lastres del exceso de posesiones en el mundo físico contrastan con las ventajas de la exuberancia en el mundo mental. En el mundo físico, las posesiones generan rigidez, costes crecientes de mantenimiento y de recuperación; en el mental, mayor cantidad de ideas significa más facilidad para asociar y recuperar lo acumulado, más combinaciones posibles y modelos mentales más flexibles.
Por tanto, el minimalismo en el mundo mental es un a posteriori, algo deseable solo después de haber acumulado muchas ideas y probado un gran número de combinaciones que luego puedas condensar en principios, reglas o síntesis conceptuales.
Si escribo artículos de tres mil o seis mil palabras en este blog e inicio proyectos y experimentos públicos, es para mostrar que mis otros artículos de trescientas o seiscientas, y mis aforismos son la versión destilada de mucho pensamiento y experiencia anterior, no las revelaciones o intuiciones infundadas de un pensador que tiende a pensar lo mínimo y se apresura a prescribir recetas con las que tú vivas al máximo.
Estoy en una cafetería. A cambio de una monedas recibo un café y el derecho a pasar unas horas escuchando la música ambiental —a la que no presto atención— y a una conexión wifi con la que puedo entrar en E3. Las figuras con uniforme de E2 en la barra me saludan con una sonrisa no totalmente insincera. Después de pedirme que les dé mi nombre para apuntarlo en un vaso y preparar la bebida caliente, me llaman por mi nombre de pila e intercambian algún comentario ligero; personalizan la interacción y me hacen sentir como si estuviera en un E2 más hogareño. Como creo que es lo correcto en este recinto, les correspondo mencionando el nombre que llevan inscrito en una tarjeta en el pecho.
Hay cuchicheos de otras figuras que soportan vasos y tazas sentados en sofás y sillas cercanas. Mantienen conversaciones en E2. Los que leen el periódico o consultan sus teléfonos inteligentes o teclean en sus ordenadores ya están en E3, han entrado en un entorno casi ilimitado de gran poder adictivo.
Solo alguno se queda mirando por la ventana sumido en sus pensamientos mientras saborea una taza de líquido caliente, buscando algo dentro de las paredes del cráneo o dejando vagar su mente al azar picoteando ideas, como un tarzán que pasa de liana a liana. Los que piensan y dejan vagar su mente o los que teclean sin conexión a internet están en E1. También los que duermen y generan simulaciones mentales en forma de historias llamadas sueños.
Hay tres entornos para la mente: E1. E2. E3.
E1: es el entorno delimitado por las bóvedas del cráneo, la sede de la vida mental en solitario.
E1 solo puede desarrollarse si previamente hay interacciones suficientes en E2, especialmente en la infancia temprana. Las conversaciones en E1, los diálogos interiores, se modelan según las conversaciones en E2.
Un científico cognitivo escribió que la conciencia y el diálogo interior apareció el día que dos personas estaban hablando y una de ellas desapareció mientras el otro, a su lado, hacía una pregunta, entonces miró a su lado y no vio nadie, pero la pregunta que acaba de hacer reverberó e hizo eco en su propia mente, como si fuera la pregunta de otro, entonces se quedó pensando sobre cómo responder su propia pregunta, que parecía de otro, y ahí surgió el diálogo interior y el espacio de la conciencia, lo que ahora llamamos E1.
E2: es el entorno social proximal. En E2 se mueven cuerpos físicos y se producen las conversaciones sincrónicas entre mentes que enriquecen y extienden el campo de la vida mental en E1. El ser humano ha pasado la mayor parte de su historia evolutiva en este entorno.
E2 viene en dos modalidades: E2a: es el E2 que tiene lugar en Ra (recintos tipo a) entre los muros de un edificio. Son hogares, escuelas, centros de trabajo, ascensores, gimnasios, tiendas, bares y restaurantes. Los recintos están delimitados por paredes y techos. E2b: se desarrolla en Rb (recintos tipo b): espacios abiertos. Calles, plazas públicas, parques, espacios naturales.
En ambos, las interacciones son principalmmente visuales y sonoras (a veces táctiles, si la confianza e intimidad lo permiten), y se producen en la proximidad.
Algunos autores hablan de un E2íntimo y de un E2público: relaciones cercanas vs interacciones más protocolarias y sancionadas socialmente, donde se es más actor que sigue el guión y por tanto menos diferenciado y espontáneo; hay conversaciones más guionizadas en E2público que en E2íntimo, aunque otros académicos ponen en duda esta distinción y sostienen que todo E2 es siempre público: no existe tal cosa como un pretendido E2íntimo con reglas en esencia distintas a un E2público.
E3: es el entorno o espacio social distal. Es el que permiten los medios de comunicación analógicos y digitales. En él tiene lugar la comunicación sincrónica y asincrónica en el tiempo y en el espacio. Puede ser unidireccional y bidireccional.
Un libro es una antigua herramienta para generar E3; es unidireccional —de una mente a otra, sin interacción—, permite la comunicación asincrónica —la comunicación de mentes que no están en el mismo lugar y tiempo— que ya no existen, porque han muerto, o que nunca se encontrarán en E2, porque la distancia lo impide.
Leer es escuchar a los muertos. Quien lea esto podría estar escuchando a un muerto. Aunque estoy vivo cuando escribo esto, puede que ya no lo esté cuando él lo lea, y, aunque ambos vivamos en el momento de la lectura, es probable que nunca se encuentre conmigo en E2.
A los libros y otro tipo de textos escritos, se han unido en el último siglo la radio y la televisión. En los últimos treinta años, las redes telemáticas, siendo internet la más conocida.
Las redes telemáticas han permitido retomar la sincronicidad y bidireccionalidad de las conversaciones en E2, que se habían perdido con los antiguos medios de comunicación de masas: prensa, radio, televisión: asincrónicos y generalmente unidireccionales, que relegaban a lectores, radioescuchas y televidentes a una posición pasiva. Ha surgido una verdadera aldea global. Millones de conversaciones a la velocidad de la luz.
E3 está tomando más y más fuerza. En los últimos diez años las redes sociales telemáticas han catapultado las conversaciones en E3. La tecnología digital se vuelve más y más ubicua, más portable, pronto tendremos chips implantados en nuestro cuerpo, llevaremos las herramientas de E3 en nuestra piel, ahora las llevamos en el bolsillo.
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La tecnología no es un implante o cuerpo extraño: crea textura y profundidad en la vida mental y social. Cuando está plenamente incorporada nos olvidamos de ella: llamamos tecnología a cualquier cosa inventada después de nuestro nacimiento. Los nacidos después del 2000 ya no llaman tecnología a internet o a un teléfono móvil. Es como el aire que respiran, como el fuego de la cocina, como las monedas que permiten obtener objetos y servicios de otros seres humanos.
El fuego es una tecnología, un segundo estómago que nos permitió hace decenas de miles de años predigerir alimentos y aumentar el rango de los alimentos que podemos asimilar.
Las leyes son también una tecnología. Los códigos legales corren en papel y moldean el comportamiento humano a través de un sistema de órdenes, prohibiciones, premios y castigos.
El dinero físico es una tecnología que nos permite especializarnos en cada vez más diminutas habilidades y nichos del conocimiento, intercambiarlos y coordinar las acciones de miles de millones de entes humanos para producir un rango cada vez más amplio de bienes y servicios.
Los libros, internet, las redes sociales, los teléfonos y una miríada de aplicaciones móviles son como el fuego las leyes y el dinero metafóricos que encienden, aumentan los intercambios, regulan y extienden nuestra mente y acción aumentando el rango de posibilidades que somos capaces de procesar e imaginar y la cantidad de conversaciones y otros intercambios en las que podemos participar.
El Hombre enhebra la tecnología en su vida cotidiana y teje su ser. Creamos la tecnología, que expande nuestras posibilidades, y el sistema de tecnologías que se apoyan y autorrefuerzan, el «tecnium», adquiere vida propia y nos transforma. Y así en un bucle infinito de expansión de posibilidades.
Tecnología es todo conocimiento en nuestras mentes o incorporado a nuestras herramientas que nos permite conectar medios y fines. La tecnología extiende nuestra capacidad de acción en el mundo.
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Toda mi vida mental transcurre en estos tres entornos: E1, E2, E3. Es una división útil que me permite saber en qué terreno estoy jugando en cada momento. Podría hacer más subdivisiones en E1, E2 y en E3, pero por el momento es suficiente.
E1 es la vida mental en solitario; E2, el entorno físico-psíquico-social en que se producen las conversaciones sincrónicas, usualmente bidireccionales, entre seres humanos, con grandes limitaciones de ancho de banda y número de participantes; E3, el entorno social distal facilitado por herramientas tecnológicas que aumentan el ancho de banda y las personas y máquinas que pueden participar en la conversación.
En el remanso de la soledad, antes de sumergirme de nuevo en el torrente del mundo
Estimado amigo,
Siempre me ha hecho gracia la impostura del escritor —de blogs, libros o lo que sea— que afirma que escribe para sí mismo y que no le importa lo que piensen los demás. ¿Existe un ser humano cuerdo al que no le importe lo que piensen los demás? Todavía estoy por conocerlo, no sería de este mundo.
Si tan íntimo e ignoto es lo que escribo, tan personal e intransferible, y tan poco me importa la buena o mala opinión del público, ¿por qué no reservo mis palabras para un diario secreto o para un monólogo interior que aporree —pero no traspase— las paredes de mi cráneo?
Todo lo que uno hace en la vida es por los demás o para lograr un determinado efecto en otros; escribir en un blog no es distinto. No puedes prescindir de la mirada del otro, no puedes ni debes, si quieres hacerlo bien; así que olvida lo que te dije en la carta anterior sobre que nadie te lee o que deberías escribir como si nadie te fuera a leer.
La mirada del otro es tu brújula cuando escribes.
Tu norte magnético ha de estar en el tipo de mirada que quieres provocar en quien te lee. Tienes que ponerte en la piel del lector e imaginar qué reacciones obtendrás con lo que escribes. No importa tanto lo que quieras decir o transmitir como la reacción que obtienes; cuando escribes, la intención no es el criterio por el que mides tu éxito; el éxito se mide en cuánto cambia la mente y el comportamiento de quien lee tu texto.
La escritura es hermana de la telepatía e hija del hipnotismo, es el medio más eficaz para implantar pensamientos en la mente de otro ser humano e influenciarle. Persuadir a otros seres humanos con palabras es el superpoder más eficaz y barato a nuestro alcance.
Y no me respondas que tú no escribes para convencer a alguien de algo, que lo haces para comunicar, para transmitir ideas o para expresarte y desahogarte; el lenguaje no se inventó para presentar neutralmente tu visión del mundo ni como una suerte de terapia emocional: se inventó para influenciar a las personas o, mejor, como dijo el profesor Keating , «se inventó para seducir a las mujeres, elevar los espíritus y crear dioses», a veces para todas esas cosas a la vez.
Escribir es una telepatía que traspasa las barreras del tiempo y el espacio. Cuando un lector lee uno de tus textos te invoca como quien invoca tu espíritu y establece conexión con tu fantasma de las navidades pasadas. Quien lee habla con los muertos o —si nos leen a ti o a mí— con los pre-muertos; por lo tanto, recuerda siempre que como bloguero y escritor puedes llegar a lugares que nunca pisarás y a personas que nunca palparás, y si lo haces bien seguir resonando en las paredes de sus cráneos mucho después de que hayas pasado a mejor vida.
Sería un desperdicio que pudiendo dejar una muesca en las mentes de otras personas no lo hicieras. Sería un desperdicio que teniendo la remota posibilidad de decir algo valioso e implantarlo en las mentes de tus semejantes dejaras pasar la oportunidad solo porque no te tomaras el tiempo y el esfuerzo de pensar en quién te lee.
Si solo pudiera darte un consejo sería este: escribe como si te fuera a leer un millón de personas.
No oses pulsar el botón de publicar y pensar que nada de lo has escrito tiene transcendencia o que lo que escribes no importa a nadie. Si no crees que entre 7.400 millones de seres humanos hay al menos un millón de ellos —un ridículo 0,01351351 % de la población mundial— que puede beneficiarse y apreciar lo que escribes es que no tienes madera de bloguero, ni madera de escritor de esquelas en el periódico del domingo.
Cuando pulses el botón de publicar has de sentir temor, miedo, pánico de defraudar a los que te vayan a leer. Hay un millón de humanitas a punto de leerte y puede que esbocen una mueca de asco y desprecio cuando lo hagan; si es así quizá sea la última vez que pisen tu blog, quizá arruines para siempre tu carrera de bloguero, quizá tu jefe lea tus artículos y pierdas oportunidades de promoción profesional o te despidan, quizá tu novia te abandone cuando le muestres una faceta oscura y desconocida, quizá los feligreses de tu parroquia te retiren el saludo cuando descubran un vergonzoso incidente biográfico contado en un artículo, quizá te sumas en una grave depresión, te des a la bebida y —Dios no lo quiera— acabes arrojándote a las vías del expreso de medianoche.
Si no sientes ese nerviosismo antes de publicar una entrada de blog, no te molestes en pedirme que te lea, porque tan pronto como acabe el primer párrafo sabré que no tienes nada que aportar ni te atreves a tomar ningún riesgo, que no te has tomado en serio la oportunidad que te concedí paseando mi mirada por tus torpes palabras.
Imagina que eres una máquina de hacer salchichas de cerdo y que tienes dos opciones:
Contemplar tus maravillosas cuchillas y tus brillantes mecanismos interiores y regocijarte en ellos.
Hacer lo que hace una máquina de elaborar salchichas de cerdo: salchichas de cerdo.
Podrías pensar: «¿qué me importan los cerdos? ¿Acaso no son más interesantes mis engranajes , mis complejos mecanismos mentales y mi profunda visión del mundo?».
O podrías decirte: «¡Qué interesantes son los cerdos y las salchichas!, quiero hacer más salchichas de cerdo y llenar el mundo de ellas».
Si te importan algo los cerdos, y los lectores, y los cerdos de tus lectores, has de centrarte en satisfacerlos y en escribir algo que les transforme, les ayude, les deleite. Tú función sería entonces cortar y empaquetar salchichas de cerdo y ofrecérselas al mundo.
En el proceso te vas a manchar de sangre, grasa y carne, y quizá te cortes accidentalmente con tus propias cuchillas. Estás en el punto de mira de miles, decenas de miles de personas, van a disparar sus balas sobre lo que escribas, puede que no les gustes y que tu ego quede irreparablemente dañado. Podría aconsejarte que no te lo tomaras personalmente, porque así mantendrás tu ego a flote y te centrarás en tu trabajo de escribir lo mejor que puedas, pero me temo que no hay nada más personal que un escrito donde desnudas una parte de tu mente y muestras esperanzadamente tu ofrenda al mundo.
Si a la gente no le gusta tu blog no le gustas tú. Ellos te están mirando, acechan el menor de tus errores y te escamotearán el mayor de tus éxitos.
Cuando pulsas el botón de publicar lanzas una flecha al vacío —o quizá una botella con tu mensaje al ciberespacio— y ya no hay marcha atrás, solo te queda esperar. Tu trabajo es encontrar algo valioso, construir un puente de palabras para hacérselo llegar, sudar cada uno de tus párrafos, esperar que la flecha dé en el blanco y aceptar el veredicto de la audiencia.
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Son 1.225 palabras las que llevo escritas y ya sabes que creo firmemente en que lo bueno , si breve, dos veces bueno, y, si malo, no tan malo; así que llega el momento de apagar la luz.
Pero antes de apagarla te reitero mi propuesta de mantener una próxima conversación de voz —no epistolar— sobre el último libro de Cal Newport, Deep Work. A ti, te vendrá bien para optimizar tu método de estudio ahora que empiezas en la universidad, y a mí, para someter a crítica mi sistema de aprendizaje, que siempre he creído lento y desenfocado.
Espero tu respuesta con expectación contenida y una tenue sonrisa en el rostro,
No comparto la extendida idea de que sea necesario, aconsejable o virtuoso “devolver» a la sociedad el dinero o valor que has generado en el mercado invirtiendo, o vendiendo tus productos, servicios o trabajo, por mucho que sea lo que hayas ganado.
Esta idea parte de un error conceptual: parece que si lo devuelves es porque lo has cogido de algún sitio, te quedas con lo justo y devuelves el resto a la corriente general.
Mi visión alternativa: el dinero que ganas con tu trabajo o inversiones es una medida o indicador de que verdaderamente has creado valor para otros seres humanos.
Si ganas mucho dinero vendiendo un libro o un video, pongamos un millón de euros, es porque has creado al menos valor por ese millón de euros en mucha gente (de otra manera, no te habrían dado voluntariamente ese dinero).
Lo normal es que hayas creado mucho más valor que el que has obtenido: para los miles de compradores del video o libro o lo que sea que hayas vendido a través de tu página web, la satisfacción obtenida por la experiencia del visionado o lectura de tu libro seguramente valía más que los 5 euros pagados.
Por lo tanto, no se trata de tomar dinero o valor de una corriente de riqueza comunal que fluye naturalmente en el mundo, quedarte con lo que consideras justo o correcto o suficiente, y devolver el resto.
Se trata de generar mucho valor para otros seres humanos, generar una corriente de bienes y servicios que otras personas valoren, recibir valor a cambio al venderlos –habitualmente menos que lo que has creado– y luego decidir qué hacer con ese valor obtenido en forma de dinero.
Te lo quedas todo, y lo gastas en consumo o lo inviertes para generar más valor en el futuro, o lo repartes entre tu familia, o lo donas, si eso te hace feliz. Pero esto ya es lo de menos: el acto de satisfacer necesidades y deseos de otros seres humanos y obtener dinero a cambio (vendiendo pan, videos, libros o programas informáticos, etc.) ya es un acto generador de valor.
No se trata tanto de devolver como de crear valor. Cuando uno crea valor para otro ser humano no se lo está quitando a nadie. Por otra parte, si no has creado valor, difícilmente vas a devolver (si es que aceptas la idea de que hay que devolver valor o repartir dinero para ser más virtuoso).
En resumen: cuando ganas dinero en el mercado es porque has creado valor para otros seres humanos, lo hagas conscientemente o no, con el fin de repartir o de quedártelo, seas altruista o solo busques tu propio interés. El mercado es estructuralmente altruista, aunque sus agentes no lo sean.
No hay nada pecaminoso ni sospechoso en ganar mucho dinero ni tampoco en quedárselo una vez que lo has ganado, no hay que nada que devolver, a menos que lo hayas robado; por el hecho de haberlo ganado en negocios voluntarios con otros seres humanos, ya has hecho el bien, fuera esa tu intención inicial o no.
Este concepto del dinero y del valor me diferencia bastante de la corriente general minimalista. A mí me parece correcto y virtuoso ganar dinero: cuanto más mejor. Desde un punto de vista individual acumular dinero quizá no es siempre la mejor forma de ser feliz, pero desde el punto de vista social, es una de las mejores maneras de crear valor para otros seres humanos y saber qué realmente lo estás creando: el dinero ganado es un indicador de creación de valor.
Por poner tres ejemplos que todos puedan comprender:
Bill Gates generó más satisfacción y valor para la humanidad cuando ganaba su inmensa fortuna que ahora que se dedica a repartirla o donarla. Posiblemente su esfuerzo y dinero esté mejor invertido creando valor con Microsoft en un mercado que conoce que haciendo cientos de donaciones desconectadas. Además, Bill Gates solo puede dedicarse ahora a lavar su conciencia regalando millones de dólares porque antes pasó décadas ganándolos vendiendo software que la gente valoraba.
Amancio Ortega, el creador de Zara, hace más bien a la humanidad dedicándose a ganar dinero e invertirlo en crear tiendas de moda y sistemas logísticos que produzcan ropa de calidad a bajo precio que creando fundaciones para causas «sociales». Tan social es la ropa de calidad que hace feliz a la gente como el dinero regalado a una ONG para que defienda el medio ambiente o los derechos de los grandes simios (en este último caso me parece más social la ropa).
Steve Jobs, a diferencia de Bill Gates, nunca estuvo interesado en devolver su fortuna a la sociedad, sino en crear productos de electrónica de consumo bellos y funcionales. Sin embargo, a juzgar por el dinero que muchos de vosotros estáis dispuestos a pagar por tener un iPad, un iPod, iMac, un iPhone o un iSuputamadreenconserva, estoy seguro de que ha creado un montón de valor y satisfacción en millones de consumidores y de que su tiempo y esfuerzo estuvo mejor empleado centrándose en ganar dinero en Apple que en dilapidar su talento haciendo obras filantrópicas.
Ni el dinero ni el valor “rebosan” en el sistema, no son frutas silvestres que tomamos libremente, sino que son creados con esfuerzo, creatividad y recursos materiales por individuos u organizaciones.
Creo que sería mejor concentrarse en las maneras de crear valor y riqueza más que en las maneras de distribuirla o devolverla; quizá esto no genere tan buena conciencia en quien no ha reflexionado sobre la magia del intercambio entre seres humanos y está más interesado en en su buena imagen que en los efectos de su trabajo, pero sí que genera más valor y felicidad en el mundo.
Me permito republicarlo aquí porque recoge la quintaesencia de mi visión del minimalismo existencial aplicado a la educación. El problema no está tanto en mejorar el sistema educativo y su organización como en eliminar la educación en la mayoría de sus formas actuales.
No se trata de encontrar y consensuar «el» mejor modelo educativo sino de inventar y experimentar con miles de modelos personales y colectivos entre los que cada uno pueda elegir.
No obstante, para los perezosos y los conservadores, seguirá siempre existiendo una educación pública «gratuita» y de calidad en la que estabular a sus hijos y delegar la responsabilidad personal. Puede que para los más torpes de entre vuestros hijos siga siendo la mejor opción.
No quiero, por tanto, acabar con la educación pública y privada tradicional, lo que quiero es que se permita que las familias y los individuos elijan el tipo de aprendizaje que deseen, en la escuela o al margen de ella.
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Estos 33 daños caracterizan a la mayoría de la educación formal pública y privada en España, en Hispano-América y el mundo.
No todos estos daños tienen que producirse. Algunos pueden ser mitigados por metodologías más abiertas, como la Montessori o las escuelas Waldorf, por profesores excepcionales o por los cuidados paliativos que proporciones a tu hijo cuando esté fuera de la escuela.
Solo quiero advertirte de los riesgos a los que te expones. A los que expones a tus hijos.
En el colegio, a tu hijo le recompensan por seguir órdenes y ajustarse a las normas.La creatividad, originalidad e inconformismo son penalizadas en cualquier burocracia educativa donde las metas de los políticos, administradores o profesores tengan prioridad sobre la de los niños y sus familias.
Tu niño, tras más de doce años de educación obligatoria, tendrá la sensación de que el mundo del conocimiento es como un libro de botánica o de zoología donde todos los asuntos están claramente clasificados en compartimentos estancos.Tendrá dificultades para habérselas con un mundo real donde las distinciones son confusas y uno ha de crear, modificar y criticar sus propias clasificaciones.
La dimensión última por la que se mide al niño y por la que aprenderá a medir a las personas será la calificación en una serie de exámenes. Obtendrá la idea de que las personas son jerarquizables por su puntuación en unas pocas dimensiones.El mismo niño derivará su autoestima intelectual (o falta de ella) de su posición en una escala.
El afán de evitar el castigo y de buscar la alabanza harán perder de vista el gozo de aprendery lo harán casi desaparecer. Gran parte de la motivación intrínseca derivada de expresarse artísticamente, resolver problemas matemáticos o comprender los mecanismos de la naturaleza se perderá al tratar de contentar al profesor y seguir un programa estandarizado.
El estudiante en la escuela obtendrá la impresión de que el aprendizaje es una actividad individual y competitivaque se hace en solitario en una habitación cerrada y cuyo criterio de éxito reside en hacerlo mejor en un estrecho repertorio de pruebas estandarizadas bajo presión de tiempo.
El sentimiento de agencia o de autoría en el aprendizaje resultará seriamente dañado tras el paso por la educación formal. El niño y el joven tendrán dificultades para definir sus propias metas, objetivos, buscar y disponer recursos, organizar su tiempo y valorar los resultados de su trabajo y esfuerzo, porque todas esas funciones ejecutivas y cognitivas estarán asumidas por profesores y administradores que le llevarán de la mano a lo largo de toda su educación formal.
El rango de actividades a las que tendrá acceso el estudiante será limitado y con un sesgo desproporcionado a favor de las habilidades más analíticas y verbales.La música, la pintura, el teatro —el arte en general—, el desarrollo físico, la armonía y gracia de los movimientos, y las mismas habilidades de comprensión emocional introspectivas y empáticas quedarán relegadas a un segundo plano o confinadas a las actividades extracurriculares, con independencia de las preferencias o disposiciones del niño.
El niño creerá que la educación y el aprendizaje son sucesos que ocurren tras los límites de los muros de ciertos edificioso tras las vallas de ciertos recintos. Las variedades más informales, improvisadas y emergentes del aprendizaje quedarán marginadas. El entorno de la familia, los amigos, los grupos deportivos y el entorno cotidiano se asociarán más débilmente a la idea de aprendizaje y desarrollo personal.
El joven se volverá averso al riesgo intelectual derivado de pensar en opciones distintas y exponerlas racionalmente,porque no serán habilidades recompensadas por las calificaciones, ni promovidas directamente por los profesores, ni deseadas por la burocracia del sistema, que busca la homogeneización y la reducción de la incertidumbre.
Las habilidades de trabajar en equipo y de negociar quedarán atrofiadaso tendrán que ser desarrolladas más adelante en el mundo exterior. En el colegio, el éxito se mide y se recompensa según la habilidad de seguir las reglas establecidas por otros. Hay poco o ningún espacio a la negociación o la discusión ni tampoco necesidad de establecer alianzas y crear relaciones ventajosas para lograr los objetivos individuales.
Disociará y hará más profunda la distinción entre práctica y teoría.Verá que las habilidades y conocimientos que son útiles en el mundo académico son sustancialmente diferentes de las necesarias en el mundo del trabajo, las relaciones personales y la vida en general. Esto hará que desprecie en parte el pensamiento racional y científico, por su aparente falta de aplicación; o bien intentará aplicar recetas y grandes ideas intelectuales indiscriminadamente y con poco realismo.
Aprenderá a humillar y ser humillado por no saber.Aprenderá a reírse de los que se comporten de manera diferente o cometan errores en clase.
Aprenderá a hablar en lenguajes esotéricos que no comprende.Por otra parte, si vive en España es casi imposible que llegue a hablar con cierta fluidez en lenguajes naturales como el inglés o el francés. Priorizarán la gramática y el vocabulario sobre el oído, las construcciones básicas y la práctica. Probablemente estudien el idioma fuera del contexto de un proyecto o meta personal.
Pensará que aprender es ser capaz de repetir. El colegio es una herramienta de repetición de saber acumulado. Las evaluaciones dependen de la fidelidad y rapidez con la que el niño sea capaz de reproducir el conocimiento vertido por el profesor. Si lo hace perfecto, sin omitir una coma, tiene un 10; si se le ha escapado algún elemento, un 9; si ha reproducido con éxito la mitad, un 5, y así sucesivamente. No se pide elaboración o poner la información en el contexto más amplio del conocimiento del alumno o el cuerpo general del conocimiento.
Aprenderá a vivir con ideas inertes, no relacionadas con su experiencia vital,de las que no conoce su origen, ni cómo se relacionan con otras ideas en otras disciplinas, ni si tienen alguna aplicación más allá de quedar bien en las pruebas estandarizadas.
Creerá que existen “pepitas de oro informacionales”.Estará siempre a la caza del dato, de la receta, del procedimiento concreto, preciso y seguro que le resuelva la papeleta en el siguiente examen.
Creerá que saber algo es dar una respuesta inmediata.Se necesita cierto tiempo para recuperar la información de la memoria, para generar asociaciones, para buscar y para reflexionar, pero en la escuela no esperarán.
Las habilidades de autorregulación o autogestión se atrofiarán.Estará regulado por sus profesores. En el futuro, por sus jefes. Reaccionará al palo y a la zanahoria más que a sus propios intereses.
Jugará siempre juegos seguros.Aprenderá a evitar los errores y procurará siempre parecer magnífico a ojos de los padres y profesores.
Perderá el contacto con su corazón.Nadie le pedirá que piense qué quiere verdaderamente hacer con su vida ni le animará a que inicie una exploración. Al final de su educación formal estará tan alejado del centro capital de sí mismo que tendrá que iniciar un largo viaje y quizá una travesía del desierto para encontrarse consigo mismo.
Invertirá las proporciones correctas en el aprendizaje:creerá que son “Una tonelada de teoría, un kilo de reflexión, un gramo de experimentación”; las óptimas son “Un gramo de teoría, un kilo de reflexión, una tonelada de experimentación”.
Las modalidades más lentas y contemplativas de la mente quedarán probablemente excluidas del repertorio cognitivo del alumno.La presión de tiempo, el afán de cumplir los programas y el entrenamiento para exámenes y otras pruebas estandarizadas dificultarán que el alumno se tome el tiempo suficiente para asimilar, digerir y comprender las ideas en profundidad.
Aprenderá que la contemplación y la generación de enfoques y opciones son contraproducentesa la hora de maximizar las calificaciones académicas. La profundidad y la originalidad no suelen ser valoradas o recompensadas por los tests o los profesores.
Necesitará muchos años para recuperarse de su educación.Cuanto más lejos haya llegado en el proceso educativo formal, más tiempo de recuperación necesitará. Algunos jamás se recuperarán.
Es probable que evite la actividad intelectual durante el resto de su vida, pues confundirá el ser estabulado con aprender. Y nadie quiere ser estabulado.
Se verá aislado de una gran parte de la población humana:se relacionará casi en exclusiva con gente de su edad, ubicación geográfica (dentro de la misma ciudad) y clase social. Esos serán sus criterios de socialización, no sus intereses personales o la afinidad emocional. Creerá que la famosa y políticamente correcta “diversidad” solo tiene que ver con la raza, el sexo o el grupo étnico.
No habrá aprendido a negociar.Porque en la escuela no hay casi nadie con quien negociar ni casi nada sobre lo que negociar.
El concepto de aprendizaje autodirigido será para el niño tan extraño como el de imperativo categórico, hermenéutica de la conciencia o moscas samaritanas.
Tu hijo estará mal preparado para convertirse en el tipo de trabajador creativo, autogestionado y con iniciativaque se demanda en los puestos que generan alto valor añadido en la economía del conocimiento. Y peor preparado incluso para crear su propio trabajo como trabajador por cuenta propia o empresario.
Tendrá dificultad para tolerar la ambigüedad y los conceptos borrosos. Aprenderá a querer saber qué es lo que se espera exactamente de él, a cómo ir del punto A al Z pasando por el B, C, D, E… sin perderse por el camino.
Tu hijo estará expuesto al acoso escolar. Una parte no despreciable de los escolares declaran haber sometidos a distintos grados de acoso. Durante las horas escolares tú no estarás ahí para ayudarle o protegerle.
La escuela no tratará a tu hijo como un individuo.Será una pieza más en la cadena de montaje. Algunas piezas salen defectuosas. El sistema lo acepta y lo tolera. Reza porque tu hijo no sea una de esas piezas.
No recibirá la atención personalizada e individualizada que necesita. Los profesores tienen limitaciones de tiempo, atención y capacidad. Por muchos recursos cognitivos y materiales que tengan, los tienen que racionar entre decenas de alumnos.
Media hora que dediques un día a las necesidades de aprendizaje de tu hijo es más que lo que un maestro puede dedicar a tu hijo en dos o tres semanas. Y lo que dedique el maestro será un tiempo fragmentado en pequeñas intervenciones: simplemente no puede dedicar media hora seguida a nadie. Tampoco conoce a tu hijo mejor que tú.
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Educación a la carta
Me permito recomendarte, además de mis maravillosos artículos, el documental de la Plataforma de la libertad EducativaEducación a la carta. Te servirá para eliminar algunos de los mitos sobre el homeschooling y el unschooling y poner en duda tus más preciadas creencias sobre el aprendizaje y las bondades del sistema educativo público y privado tradicional.
La entrevista inicial del documental es la de mi amigo Guillermo Pascual, que ya apareció en el artículo Jaque al sistema: hackea tu educación y que fue uno de los 52 adorables frikis de mi proyecto 52 comidas. La directora y guionista es Laura Mascaró, a la que también conocí en ese mismo proyecto e igualmente se convirtió en mi amiga.
Sin importar tus creencias religiosas o ausencia de ellas, te quiero felicitar este shabbat y desearte lo mejor para ti y tu familia y seres más queridos, y que pases tu shabbat o tu domingo o fin de semana de la mejor manera, quizá abriendo una pequeña ventana a la eternidad en tu particular palacio de tiempo.
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Para ello te dejo con tres hermosas canciones de Matisyahu, un cantante de reggae judío.
Jerusalem, canción basada en salmos de la Torah escrita por el mismo. A mí me parece maravillosa.
One day,una canción de esperanza y paz, y No woman no cry, una versión de una canción de Bob Marley.
Este es un artículo invitado de Pablo Matilla, el autor del nuevo blog minimalista Historias minimalistas. Te aconsejo que te pases por su blog. Tiene calidad literaria y es un soplo de aire fresco.
Pablo, gracias por el artículo y bienvenido a la blogosfera minimalista existencial.
Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar.
H. D Thoreau (1817-1862)
O en el original inglés: «A man is rich in proportion to the number of things he can afford to let alone», para mí la traducción de deshechar no acaba de captar todo lo que dice let alone. Más bien, y como dice Mr. Moustache, un hombre es rico según cuántas cosas puede no querer.
Todo esto está muy bien, pero a mí siempre me ha pasado lo mismo: ¿cómo lo aplico a mi vida? Porque el deseo de comprar cosas, de acumular y de querer siempre algo nuevo es muy real.
Cuando era pequeño, recuerdo que me encantaba estrenar tubos nuevos de pasta de dientes. El primer uso era siempre especial, emocionante: unas veces el envase tenía un dibujo de un cocodrilo, otras veces el sabor era de fresa, que aún no había probado nunca, o simplemente tenía la oportunidad de estrenar la pasta de dientes de mi padre que, por cierto, picaba como un demonio. Aquello era pura felicidad e ilusión.
Menuda chorrada, pensarás. Pero el segundo día no era lo mismo. Aquel cocodrilo ya no era tan genial. El sabor a fresa era aburrido. La pasta de dientes de mi padre ya casi no picaba. Era cuestión de días que lavarse los dientes volviera a convertirse en una tarea normal y corriente: quería una pasta nueva.
Siempre me ha sorprendido esa reacción. De hecho, pensaba que era un problema mío. Pablo, siempre quieres más.
Hasta que hace poco me crucé con un par de conceptos que ayudan a entender muchas cosas: el Efecto Diderot y la Adaptación Hedónica, que tienen unos nombres un poco rimbombantes pero que son muy sencillos de entender y pueden ayudarte mucho.
Efecto Diderot
Puedes encontrar una definición muy elaborada del Efecto Diderot en la Wikipedia (en inglés), pero lo que a mí me interesa destacar es algo muy concreto: «la introducción de una nueva posesión en la existencia de un consumidor resultará a menudo en una espiral de consumo.» Dicho de otra manera, comprar te da ganas de seguir comprando.
Vas a comprar unas zapatillas para correr. Y ya que estoy en la tienda, pillo también unos calcetines y otros pantalones cortos, que nunca se sabe.
Hay algo muy satisfactorio en el hecho de comprar. No sé si es un chute de dopamina en el cerebro o de qué se trata, pero hay algo muy real en la sensación de placer que da comprar algo.
Lo que me lleva al siguiente punto.
Adaptación Hedónica
La Adaptación Hedónica es muy sencilla de explicar, el chute de dopamina está muy bien, pero dura muy poco, o como diría mi abuelo, a todo te acostumbras, ya sea bueno o malo.
En un estudio de 1978 titulado «Lottery Winners and Accident Victims: Is Happiness Relative?» (puedes ver el pdf aquí) se expone que, tras un evento positivo o negativo, como puede ser ganar la lotería o sufrir una lesión incapacitante, tras el impacto inicial de felicidad o desgracia los niveles generales de satisfacción volvían al nivel medio tras un tiempo.
No parece una conclusión muy intuitiva, pero si lo consideras un poco más, verás que es cierto. La excitación por el objeto que acabas de comprar se esfuma muy rápidamente, y tu nivel general de satisfacción vuelve a como estaba antes de la compra.
Tus genes quieren que sobrevivas, no que seas feliz
Desde un punto de vista evolutivo, ambos fenómenos tienen sentido. Aquellos que podían acumular más recursos tenían más posibilidades de sobrevivir y, de hecho, lo hicieron. El afán por obtener cosas y acumularlas es común a todos los hombres. No es un mal propio del hombre Occidental, sino que está codificado en lo que somos, y seguramente hemos llegado a donde estamos ahora gracias a ello.
Así que, lo primero, no te sientas mal por ello. Somos así, relájate. Tus genes tienen un solo objetivo: que sobrevivas lo suficiente como para que puedas reproducirte. No hace falta ser feliz para eso.
El primer paso para modificar algo es conocerlo bien, y creo que conocer el Efecto Diderot y la Adaptación Hedónica pueden ayudarte a necesitar menos.
Comprar y acumular cosas te dará un subidón transitorio que no durará mucho. Pequeñas recompensas en forma de dopamina, que te introducirán en una espiral de novedad que no tiene fin y que solo entiende una palabra: más.
No sé tú, pero yo busco otra cosa.
Aprende a necesitar menos
Si somos conscientes de todo lo anterior, podemos tratar de controlarlo. Contarnos otra historia, otra película sobre lo que necesitamos, sobre lo que queremos. Habremos liberado espacio mental y material para determinar de verdad qué queremos en nuestra vida, cuáles son nuestros objetivos y cómo queremos obtenerlos.
No se trata de negar estos hechos, sino de conocerlos para intentar aprovecharlos a nuestro favor. Te hago algunas sugerencias:
En el aprendizaje el proceso nunca acaba, estarás siempre aprendiendo a necesitar menos.
Sé consciente de cuando tengas el deseo de comprar algo que no necesitas: sabes que es genial, pero que durará poco. Así que, esta vez, decide dejarlo pasar. Todo pasa. Esto también.
Cuanto menos necesites, más libre y rico serás. Recuérdalo como motivación, recuerda la frase de Thoreau.
Los hábitos funcionan como los músculos. Da pequeños pasos hacia tu objetivo. Hazte más fuerte poco a poco en el hábito de necesitar menos.
No abandones. Solo importa la decisión que tomas ahora. Ni el pasado ni el futuro deben influir en tu decisión. Ayer compraste una chorrada que no necesitabas, así que hoy vas a seguir comprando cosas, total, el mal ya está hecho. Falso. La decisión en este momento es independiente a todas las demás que hayas tomado antes. Toma la decisión correcta ahora, como si fuera la única que vas a tomar en tu vida.
Es miércoles y estoy presentando las prácticas casi a mitad de semana.
¿Por qué?
A. Quiero promover tu autonomía. Ya deberías seguir las prácticas por tu cuenta, sin necesidad de mis avisos. Todas están en ¿El hábito que cambiará tu vida? Además, tienes el libro disponible con todas las prácticas y la filosofía de los cursos disponibles para descargar aquí.
B. Soy perezoso y voy atrasado esta semana en el blog.
C. Quiero que me eches de menos y quebrar tus expectativas.
—Hola, me llamo Mínimus, Homo Mínimus. Esta es la primera vez que acudo a vuestro «círculo» —dijo levantando los brazos y mostrando dos dedos de cada mano en vertical y luego flexionándolos— y tengo un problema…
—Holaaaaa… Homo Míiiiinimus… Te queremooos.
—Como decía, tengo un grave problema… un problema de comunicación con las personas. No sé por dónde empezar…
—Empieza por el principio, y así paso a paso hasta el final —dijo el amable facilitador de voz suave y piernas increíblemente cruzadas en lo que parecía una posición de yoga.
—Ejem… sí, pues tengo un gran problema: siempre quiero tener la razón, siempre creo que tengo la razón, siempre tengo que mostrar que tengo la razón, y,lo peor de todo, creo que siempre tengo la razón y los demás están equivocados.
—Ajá, esto me recuerda a la historia del paciente que dice que tiene un complejo de inferioridad… y el psiquiatra le replica que no tiene ningún complejo de inferioridad, que simplemente es inferior.
—Pues esa versión es muy caritativa. Yo creo que el señor Homo Mínimus es más bien como el conductor suicida involuntario que cree que todos los conductores excepto él circulan en dirección contraria —espetó el hombre de poblados mostachos con camisa de leñador.
—Hummmm, bueno, decía que siempre quiero tener la razón y eso me crea dificultades de «adaptación social» —dijo volviendo a hacer el simpático gesto con los dedos—. Al menos eso es lo que me dijo la psicóloga. No sabéis lo difícil que es ir por la vida como un don Quijote enfrentándose con gigantes en cada recodo del camino. Veo errores de ortografía cada vez que la gente abre la boca y me siento impelido a corregirla. Por eso cuatro de cada cinco veces me encuentro impartiendo una pequeña lección de economía básica, de epistemología o de racionalidad para dummies. Es realmente agotador. No soy el tipo más popular de la reunión, vamos.
—Cuéntanos más, por favor.
—El hecho es que mi vida es un desastre. La gente no reacciona bien a mis esfuerzos de aclarar los términos de la conversación y aplicar la lógica. Se lo toman todo personalmente. Y yo, por contagio, termino tomándomelo personalmente, sobre todo cuando me dicen que soy un pedante, un tipo repelente o un sabelotodo.
—Es lógico. Lo raro es que te nombraran la reina de las fiestas.
—Esto me genera tanta «fricción existencial» —dijo acompañando las dos palabras con los deditos— que tengo que alejarme de cuando en cuando de la vida en sociedad. El famoso sabbatho ritual de descanso y contemplación que tanto recomiendo en mi blog es en realidad un método para escapar al sinvivir de estar rodeado de lerdos, de gente que no entiende nada.
…¿Habéis sentido alguna vez esa sensación de estar hablando con gente que aparentemente parece humana pero que sientes como si no hubiera vida dentro, que tiene el sentido crítico y la apertura del sarcófago de Tutankamón? Pues eso me pasa a mí.
El yogui de la simpática posición pseudolotusiana se agitó en su cojín zen y cortó a Mínimus:
—Relajémonos un poco. Creo que es el momento de hacer tres respiraciones de mindfulness para recobrar el…
—Y un güevo. Ahora estoy hablando yo y vosotros vais a escucharme.
—Prosigue, por favor, solo quería que respiráramos conscientemente como pausa valorativa a tus palabras. ¿Qué crees que hay detrás de esa tendencia a la confrontación? ¿Echas la culpa a los demás o sería posible que tú tuvieras algo que ver?
Mínimus pareció no entender bien la pregunta y levantó la mirada hacia arriba a la izquierda, suspiro visiblemente y dijo:
—Vamos a ver, podría ser que tuviera algo que ver. Permíteme que considere tu pregunta…
Durante varios segundos se hizo el silencio y una sonrisa de esperanza se esbozó en los rostros de las tres personas que acompañaban a Mínimus en la calurosa tarde.
—…recuerdo una vez que atisbando que yo pudiera ser parte del problema iba andando meditabundo en dirección a mi tertulia de los jueves… un grupo de gente que trata temas sociales variados; desde las implicaciones del darwinismo en la sociedad, pasando por temas actualidad política hasta las relaciones entre los hombres y las mujeres. Iba andando por la calle sumido en mis pensamientos «contándome» —volvió a hacer el insufrible gesto de los dedos— las cuitas que os acabo de relatar. Entonces me percaté de que por la calzada rodaba un balón hinchable de esos que ves en las playas los veranos.
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…rodaba libre propulsado por el viento. Algo me dijo que era una señal, que era un hecho azaroso que conectaba con mis problemas de interacción social.
La chica pelirroja de mirada soñadora y lazo morado en el pelo, que hasta el momento se había mantenido respetuosamente en silencio, intervino:
—Hummm, interesante. ¿Qué te llevó a conectar el balón de playa con tu carácter discutidor?
—¿Por qué me llamas «discutidor»?
Mínimus prosiguió:
— Bueno, un poco sí. De acuerdo…
… Esa misma semana había estado leyendo un libro de Gianni Rodari, La gramática de la fantasía, que me había recomendado mi amiga Anca Balaj, la escridibujante y experta en creatividad. En ese libro hablan de los binomios mágicos. Estos son grupos de dos objetos, pueden seleccionarse, por ejemplo, abriendo un diccionario por cualquier lado y señalando con el dedo una palabra . Con ese binomio o trinomio o polinomio (pues nada impide hacerlo con un número n de palabras) te esfuerzas en crear una historia o establecer asociaciones. Puesto que las palabras no tienen nada que ver, las asociaciones pueden ser sorpresivas, no convencionales y hasta absurdas. Esas conexiones pueden ser el inicio de un cuento o el comienzo de resolución de un problema.
El leñador hizo un gesto de incredulidad y dijo:
—No veo la relación con tu carácter discutidor, la verdad. ¿Qué tiene que ver un globo inflable en la calle con lo que nos estabas contando?
—Esa es la cuestión. En principio, nada. No tiene nada que ver. Pero yo vi la oportunidad de crear un binomio mágico de Rodari: pelota inflable de playa <—> mi problema con las discusiones. Así que corrí detrás de él y lo agarré. Vi que no se le había escapado a nadie, no vi niños por los alrededores ni nadie que lo reclamara y me quedé con él mientras seguía andando por la calle abrazado a la pelota en dirección a la tertulia. Cuando llegué a la sala de reuniones, ya había algunos tertulianos pululando pero sorprendentemente no comentaron el extraño hecho de que llevara una pelota tan grande entre mis brazos. Saludé, me saludaron, pero nadie mencionó la pelota.
—Y entonces llegaste a la sala con la pelota y empezó la tertulia —dijo el del hacha.
—Así es. Y me pasé la tertulia como siempre, discutiendo, interrumpiendo a la gente y con la pelota reposando morosamente en el suelo. Lo gracioso fue que nadie me preguntó por el hecho de que hubiera llegado con una pelota, lo que me confirma que la gente es inane y no siente curiosidad por nada.
El facilitador de voz suave tomó el testigo:
—Quizá necesiten un curso de atención plena. Parece que hemos perdido la capacidad de asombrarnos. Ya es difícil acoger con corazón abierto las pequeñas cosas de la vida, pero es que hasta la cosas inusuales, las anomalías, dejan de sorprendernos.
La chica pelirroja de rostro soñador volvió a intervenir:
—Qué bonita historia, Homo Mínimus, después de todo no eres tan arrogante e hiperracional como parecías. ¿Conectaste finalmente la pelota con la comunicación humana?
—No, no lo hice. Supongo que en algunos binomios mágicos no hay oro.
—Pues yo… creo que sí que… hay algo brillante cubierto de fango… en el fondo del lago —dijo… lentameeeeente… la chiquiiiilla.
Este es un artículo invitado de Miguel de Luis, del blog Sabiavida, uno de los blogs más antiguos en la minimalosfera y sus aledaños. Accedió a tomar la píldora roja y hacer algo nuevo y bueno. El ofrecimiento me ha salido por la culata porque ha destapado lo que muchos ya sospechan: que somos unos farsantes.
Vamos, confiesa, si estás aquí es porque eres un minimalista de pacotilla. No, no corras farsante, no me llores, aquí ya no está Homo Mínimus para defenderte, solo Miguel, de Sabiavida, que se ha puesto gamberro.
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Lixandra
Hace unos días que leí a Homo Mínimus en twitter llamarse a sí mismo, y cito, «minimalista de pacotilla». ¿Y sabes qué? Tiene razón, y digo más, lo acepto como presidente de nuestro club; un club tan distingo que hubiera admitido a Groucho Marx de haber presentado la solicitud.
No puedo hablar por todos lo minimalistas, pero sí por mí, cuando digo que muchas veces me he sentido un minimalista farsante y eso, como diría el fino de Sabiavida, me causaba gran desasosiego. Pero ya lo he superado con el poder de las afirmaciones positivas. ¿Qué afirmación
uso? Aquí viene:
Soy un hipócrita y soy feliz
Repite conmigo, a ver si te funciona a ti también:
Soy un hipócrita y soy feliz.
¿Cómo he conseguido está felicidad ante la hipocresía? Con un poco de meditación y esta cara de cemento armado natural ecológico y biodegradable. Si lo de la cara de cemento armado no te parece suficiente pasemos a la meditación
Tengo pupita
Verás, la sensación de ser un farsante es dolor de crecimiento. Es dolor de no aceptar todavía quién eres, es parte del esfuerzo que conlleva mejorar y en ese sentido es bueno. La parte fea consiste en que nos impide disfrutar de la alegría de ser quién somos y de saber a dónde vamos. Si nos paramos en la sensación de ser un farsante, nos desviamos o desistimos, retrasamos o impedimos convertirnos en quienes queremos ser.
Es como esos tontos que están tan obsesionados con llegar a su destino que no pueden disfrutar del viaje. O el jugador que solo disfruta cuando gane y solo mientras le dura la sensación de la victoria.
Sentirse un farsante no es más que un «todavía no», un «aún no estás preparado», una caída más cuando aprendías a montar en bicicleta, o a andar, un fracasillo, un descubrir que la carrera era más larga de lo que creías o incluso un exigirse más.
Así que bueno, minimalista farsante de mis cariñitos, ahora que te hemos descubierto, ¿qué te toca? ¿ponerte a llorar? ¿dejar de intentarlo? ¿buscar otra cosa más fácil?
Yo, por mi parte, me limito a sonreír, aunque sea con sonrisa de careta, sacudirme el polvo, levantarme y seguir adelante.
Este artículo iba a llamarse “Estructura sabática del año”. Pero terminé cambiando el título debido a un error:
Me acababa de levantar de una sesión de yoga hispánico (=siesta), quizá algo soñoliento pero energizado y de buen humor. La siesta me obsequia con un segundo día dentro del día y me pone en compañía de otros genios como Leonardo Da Vinci, Winston Churchill o Edison.
Con las pilas recargadas, es uno de los mejores momentos del día para escribir y quise dedicarle al menos un pomodoro. El título estaba ya en mi mente, lo había programado esta mañana: “Estructura sabática del año”. Pero cuando lo escribí confundí el “alma” con el “año”.
Mi primera reacción fue corregir el error, pero me di cuenta de que el error tenía cierto sentido: El shabbat es un espacio de tiempo con el que regularmente me obsequio. Este año mi estrategia 2015 contempla disminuir la sobrecarga cognitiva y aumentar los espacios en blanco; también aumentar la lentitud deliberada en mi forma de conducirme en los asuntos cotidianos. En un artículo a principio de año mencioné la intención de dotar de una estructura sabática al año entero, no solo a la semana.
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El año pasado introduje sistemáticamente y con éxito la costumbre judía del shabbat. He adquirido una isla temporal en la semana donde cesa la acción intencional. Esto me permite, como escribió el teólogo y filósofo Joshua Jeschel, “echar un vistazo a la eternidad, construir un palacio en el tiempo”. Para este autor, el judaísmo es una religión del tiempo, no del espacio, y el shabbat simboliza la santificación del tiempo.
El minimalismo no es una religión, pero sí una filosofía existencial, si es que miras más allá de lo epidérmico. Aunque pasemos mucho tiempo ponderando el lugar de los objetos en nuestras vidas y convirtamos en una causa la reducción de las posesiones y trastos, nuestra preocupación principal está en liberar nuestro tiempo de lo accesorio para así sacar el meollo a la vida y dirigir nuestra dirección a lo verdaderamente importante.
No basta con decidir más o menos perezosamente que voy a vivir más despacio y dedicar más tiempo a las relaciones lentas, la contemplación espiritual y el deleite de los sentidos. Es fundamental, en mi marca de minimalismo existencial, crear las estructuras, en este caso las estructuras sabáticas del alma, que me permitan alcanzar mis fines.
Históricamente, el shabbat fue un acuerdo social elevado a ley religiosa de obligado cumplimiento que permitió descansar a toda una comunidad y celebrar sus tradiciones sin el miedo de que unos sobrepasaran a otros u obtuvieran ventajas por seguir trabajando o persiguiendo asuntos prácticos. Hoy en día es un mecanismo de defensa contra el poder omnímodo de los medios digitales, el bombardeo informativo y la tendencia a que el trabajo termine por inundar todos los minutos de nuestras vidas
No hay dos horas iguales. Cada hora es única y la única que se nos da en cada momento, en exclusiva e infinitamente preciosa. El judaísmo nos enseña a vincularnos a la santidad en el tiempo, a aprender cómo consagrar santuarios que emergen de la magnífica corriente del año. —Abraham Joshua Jeschel
La estructura sabática de mi año, de mi alma, es la siguiente:
Shabbat tradicional judío, una vez a la semana. Detallé en este artículo su razón de ser y funcionamiento. Empieza los viernes al anochecer y concluye el sábado cuando aparecen las tres primeras estrellas en el firmamento. Podría hacerse cualquier otro día de la semana, por supuesto.
Un shabbat de siete días,una semana completa cada reencarnación; esto es, cada tres meses. Aunque no pueda dejar de trabajar por completo en esta semana, sí que reduzco el tiempo de trabajo y el esfuerzo al mínimo posible, y lo dedico, si es posible, a actividades creativas y contemplativas; habitualmente, de lunes a jueves trabajo a media jornada. Si quieres conocer qué entiendo por reencarnación y su filosofía subyacente y utilidad como unidad de planificación existencial, pues consultar este artículo. Esta variante del shabbat es de cosecha propia.
Un shabbat de tres días, al final del mes, los meses que no sean final de reencarnación (todos menos marzo, junio, septiembre y diciembre). Es el equivalente a un fin de semana en el que tomo el viernes como día adicional.
Por lo tanto, el número total de días sabáticos en cada reencarnación es de 23 días: 1+(1+1+1+3)+ (1+1+1+3)+(1+1+1+7), no un número muy distinto de los aproximadamente 26 días de fin de semana del calendario laboral por trimestre.
A ti te puede venir bien el calendario laboral y descansar dos días por semana en vez de mis 1,3 y 7 respectivamente. O tu sabbaht puede ser el día del Señor, el domingo, si eres cristiano o simplemente te viene mejor. Lo importante es que, sea cual sea tu estructura sabática, la ritualices.
Otras estructuras sabatizantes
En la tradición bíblica tenemos un año sabático en cada periodo de siete años en el que ciertas labores del campo estaban prohibidas. En la actualidad, cuando hablamos de año sabático lo hacemos más en referencia a un año de licencia que el académico puede dedicar a visitar otras universidades, investigar o escribir un libro. Pero no hay nada que nos impida sistematizar un año sabático cada cinco, seis o algún otro número de años.
En este artículo puedes ver las ventajas de tomarte un año libre o de descanso cada cierto número de años y así distribuir mejor el tiempo libre a lo largo de tu vida laboral en vez de concentrarlo todo al final de tu existencia tras la jubilación.
En un plazo más corto, establezco micro-estructuras sabáticas o sabatizantes:
En el último artículo aprendimos a conjugar el verbo «talentear».
A diferencia de lo que pensabas, talento no es un sustantivo, ni una cosa ni un nombre abstracto; es un verbo, una acción.
Estamos saturados de la palabra talento. Yo estoy saturado con la palabra talento: “Zutano tiene talento”. “Hay que gestionar el talento”. “Hay mucho talento en este equipo”. “Tenemos que desarrollar a los jóvenes talentos”.
Mierda de vaca. El talento no es sustantivo, no es una sustancia o materia prima de la que están hechas las personas. El talento no es más que una etiqueta que se pone a la gente y la clasifica: “Tiene talento”.
Tampoco es un adjetivo: “Es un tipo talentoso”. No es una cualidad que se tiene o no se tiene. No es como el color de la piel o la altura. Es estúpido decir de alguien que es talentoso.
Pero entonces… si alguien no tiene talento, ni es talentoso… ¿qué decimos cuando alguien es bueno en algo, cuando tiene una actuación destacada, cuando es excelente?
Te equivocas de nuevo: nadie es bueno en algo en absoluto, nadie es excelente más que en comparación y eso no tiene nada que ver con el talento; si destacas no lo haces por alguna cualidad fantasmal con la que los dioses te ungieron: si destacas lo haces porque has hecho mejor algo con respecto al grupo de referencia en un momento dado. Nadie es bueno siempre, lo es en un momento dado, en una circunstancia particular, con un marco de referencia específico y para un observador determinado. Solo puede decirse que alguien es bueno en algo o hace algo bueno en un instante, no en un periodo de tiempo.
Si no puedes evitarlo, podrías usar el gerundio del verbo ser o tener , nada más: “Está siendo/teniendo talentoso-talento” (aquí-ahora-enestecontexto-desdemipuntodevista-enestascircunstancias).
¿Entonces?
Entonces te conmino a que dejes de usar las palabras talento y talentoso. Si alguien ayer hizo algo que te sorprendió y tuvo buenos efectos o logro sus metas con especial gracia, di que “talenteó”, no que es talentoso o tiene talento. Porque lo que hiciera ayer no lo está haciendo ahora y no necesariamente lo va a hacer mañana. ¿Capisci?
¿Por qué?
Porque talento es un verbo: yo talenteo, tú talenteas, él talentea… ¿eres duro de oído?
Es una palabra que se emplea para designar acciones, no esencias, no la naturaleza intrínseca de una persona, no la sustancia, ni siquiera una cualidad permanente que dure más allá del momento de la acción.
Ah, y cuidado, tampoco digas de alguien que es un tío grande, un crac, mucho menos un genio (excepto si se trata de Rafael Sarmentero), ni que está tocado por la mano de los dioses, –
Espero haber talenteado un poco con este artículo.
El jueves pasado mantenía una tertulia pública con dos escritores, Eduardo Laporte y Rafael Sarmentero, el Genio. El tema era el proceso creador en la literatura y en la vida. Éramos unas veinte personas en la sala. Yo moderaba la charla y entrevistaba a ambos literatos.
En medio de la conversación, Eduardo habla sobre la necesidad de romper los dogmas y mirar el mundo con ojos nuevos. Me suena a cliché y abstracción. Le conmino a que me dé algún detalle. Duda antes de responderme. En esos segundos, pasa por mi pantalla mental una ocurrencia de Mr. Hyde: me imagino tomando un vaso y estampándolo contra el suelo de baldosas de la sala, el estruendo del cristal y la cara de pasmo de la gente. Mi ejemplo de romper las reglas expresado cristalinamente (nunca mejor dicho) sin palabras. Si alguien me hubiera pedido explicaciones, hubiera dado la siguiente respuesta: «En literatura, es mejor mostrar que decir».
Miro a la mesa y solo veo vasos de tubo con líquido (no arrojables sin manchar demasiado y salpicar a la gente que tenemos al lado) y botellas de Coca-Cola y agua vacías.
Re-imagino la escena y me visualizo arrojando una botella vacía de Coca-Cola cero. En mi nueva simulación mental, la botella no se rompe, ni siquiera hace mucho ruido, pero la gente me mira con cara de «Este tío es idiota« y yo me siento frustrado porque el número sale mal.
Mientras tanto, Eduardo ha encontrado ya una forma de salir del brete en que le he puesto al pedirle más detalles y responde con el caso del escritor Juan José Millás y su atención a detalles en principio irrelevantes; por ejemplo, «Ayer cené macarrones y agua del grifo». Tirando de ese hilo se puede llegar a un montón de asociaciones sobre el sistema de alcantarillado y la civilización occidental.
La ocurrencia de Mr. Hyde o mi Inteligencia Generadora ha sido sensatamente inhibida. O no. No sé. Quizá si hubiera roto el vaso con agua o Coca-Cola delante de todos ahora tendría una historia más espectacular que contar. Quizá habría despertado reacciones de histeria entre los presentes, y alguien habría dicho: «Por favor, ¿hay un psiquiatra en la sala?», y habría resultado que sí lo había, porque estaba un amigo mío del Proyecto 52, Manuel, que habría podido intervenir y transformar la tertulia en una terapia de grupo en el pabellón psiquiátrico de letraheridos.
El caso es que inhibí la ocurrencia de mi Yo más oscuro y roquero, y en vez de estampar la botella (símbolo fálico de la guitarra eléctrica) sobre el suelo, decidí seguir con la conversación.
Tener muchas ideas no significa materializar todas las ideas. Pero tener ideas, muchas, cuantas más mejor, es conveniente para poder elegir de un repertorio amplio. Para tener buenas ideas hay que tener muchas ideas. Necesitamos la inteligencia generadora de Mr. Hyde, la capacidad de simular mentalmente las implicaciones de nuestras ocurrencias, y también un sistema de filtro que nos permita seleccionar las mejores. En última instancia, el Yo Ejecutivo ha de decidir a cuáles dar luz verde y a cuáles dejar en el limbo.
El escenario de un teatro: el telón se abre en la mañana y ahí están los actores interpretando una pieza. Durante todo el día, sigue la función hasta que llegada la noche se baja el telón y los actores se van a descansar o confraternizar entre ellos hasta el día siguiente.
No todo es controlable por el director. Intenta mantener un guión o propósito y coordinar a los intérpretes. No es trabajo fácil. De hecho, su control es limitado. Imagina una obra de teatro donde continuamente están entrando y saliendo personajes que no siempre siguen el guión.
A veces se le cuelan actores detrás de las bambalinas, que no habían sido llamados, o irrumpen espontáneos, personas del público que saltan al escenario sin haber sido citados, ante el pasmo del director; otras veces se escapan profesionales cuando más se les necesita, o actúan de forma errática porque han dormido poco o aparecen a trabajar borrachos, o improvisan sobre la marcha siguiendo su inspiración y desafían las órdenes del director.
Muchas veces, la obra cuidadosamente planificada se convierte en una suerte de performance o teatro de improvisación, donde la acción se despliega en respuesta a las interacciones no previstas de actores y público, y emergen pautas de comportamiento y giros de la historia que no podían haber sido previstos inicialmente.
La conciencia como escenario
La conciencia se puede comparar con un proyector de potencia variable que ilumina en cada momento una zona de la mente. Allá donde está iluminado está nuestra conciencia. En psicología cognitiva, el material que manejamos conscientemente se llama memoria de trabajo (working memory): son los contenidos mentales de los que somos conscientes: los actores en el escenario más las operaciones de combinación y manipulación de esos contenidos.
El director supervisa los contenidos y las operaciones mentales, esto es, la escena interpretándose en cada momento y los actores que intervienen en ella. José Antonio Marina [1], el filósofo español, lo ha llamado Yo Ejecutivo o Yo negociador, porque tiene que poner de acuerdo a muchos recursos mentales para dotar de una cierta coherencia a las piezas interpretadas. A través de guiones, metas o proyectos coordina la ejecución de la pieza que está representando.
La misión del director es observar lo que ocurre en el escenario, la escena actual, compararla con el guión de la obra que está intentando interpretar y hacer los cambios pertinentes en el momento adecuado; por ejemplo: este actor ha de salir ahora, y este otro ha de entrar , y justo después estos dos entran en una conversación mientras los otros se quedan a la escucha esperando su intervención.
A veces, es cierto, el Yo Ejecutivo está ausente, las inhibiciones se reducen, las intenciones se olvidan momentáneamente, y los lunáticos dirigen el hospital psiquiátrico.
En la vida mental, la conciencia es la excepción
Pero en la vida mental, como en el teatro, la conciencia y los actores en el escenario son minoría; la gran mayoría está en los contenidos inconscientes, en el público que está en el patio de butacas y otros actores preparándose para intervenir detrás de las bambalinas. El inconsciente y su dinamismo es influenciable pero no controlable por el director escénico: tiene una cierta idea de lo que puede aportar, conoce lo que ha hecho en el pasado, puede darle instrucciones para ejecutar planes previos, pero tanto la entrada y salida de personajes (emociones, pensamientos, impulsos) como su comportamiento e interacciones es en ocasiones imprevisible.
A esa parte inconsciente, solo conocida en parte, no controlable directamente aunque sí influenciable, la he hemos llamado Mr. Hyde [2], por su carácter oscuro, indómito, salvaje.
José Antonio Marina asigna un nombre más descriptivo y aséptico a nuestro Mr. Hyde: Yo Ocurrente o Inteligencia Generadora, puesto que es la fuente de ideas y de conexiones mentales que son la materia prima con las que opera el Yo Ejecutivo o director escénico de la mente.
La inteligencia creadora, la inteligencia humana, es la inteligencia generadora de ocurrencias dirigida por proyectos. Los proyectos , que se terminan traduciendo en guiones mentales, son la intersección entre la posibilidad imaginada y la materia prima de la realidad.
En el artículo Entrenando a Mr. Hyde iniciamos a una aproximación a la autorregulación de la vida mental a través de la formación de hábitos, las intenciones de ejecución [3] y las pautas para domar al inconsciente con el fin de que nuestros automatismos jueguen a nuestro favor y no en contra de nuestras intenciones y planes conscientes.
La multitarea es realmente cambio rápido de tareas
En el escenario no caben muchos actores, casi todas las personas están en el patio de butacas o esperando su turno entre bambalinas. En el caso de una ópera puede haber decenas, pero en la mente humana son muchos menos, alrededor de cuatro. En psicología cognitiva, reciben el nombre de “chunks” o unidades de contenido manejado conscientemente.
Si permitimos la entrada de más actores en el escenario, se genera sobrecarga cognitiva, unos actores empujan a otros, quitan la palabra a otros, algunos caen del escenario al patio de butacas y la acción se vuelve errática: imagina una situación de tu vida en que navegas en una tempestad emocional en que tienes montones de emociones y pensamientos contradictorios y turbadores invadiendo el espacio de tu conciencia. Por ejemplo, estás a punto de divorciarte o dejarlo con tu novio.
O —no imagines— piensa en un día de trabajo: estás hablando por teléfono con un cliente, mientras echas un vistazo a la bandeja de entrada del correo, en tu campo visual tienes a un colega que está hablando voz en cuello y no te deja oír del todo al cliente, buscas una factura en tu escritorio porque necesitas un número de identificación fiscal, y por el rabillo del ojo ves que tu jefe se acerca a tu puesto con cara de pocos amigos…
El escenario es la memoria a corto plazo, es la información que podemos manipular conscientemente en cada momento, es una pizarra mental donde podemos escribir nuestras operaciones mentales; pero la pizarra es muy pequeña, enseguida se llena de actores compitiendo unos con otros por el escaso espacio disponible, lo que se traduce en estrés, caos mental y frustración.
El escenario de la conciecia es pequeño y enseguida se satura. En flickr: https://flic.kr/p/di7gua
Cuando hacemos multitarea, realmente no estamos ejecutando varias actividades a la vez, más bien cambiamos rápidamente de actores y papeles, que entran y salen rápidamente del escenario con sus escenas sin concluir.
Solo es posible hacer verdadera multitarea cuando alguna de las actividades es automática y no requiere actividad cognitiva ejecutiva, como respirar o conducir mientras hablas con el copiloto; en este último caso, si de repente entras en una calle o carretera no familiar, dejas de hablar para aumentar el foco en la conducción y liberar espacio mental para la percepción del entorno físico.
Los actores que están en una escena (escribiendo un informe, por ejemplo) son rápidamente desalojados por otro grupo de actores con papeles distintos (para consultar la notificación en el smartphone o el último mensaje de whatsapp o una nueva publicación en el muro de facebook); cuando el director escénico se da cuenta de la interrupción, rápidamente manda volver a la escena originaria y cambiar nuevamente de actores, y así continuamente durante toda la jornada de trabajo.
En el mundo de la acción, la rutina es la regla
Para ejecutar una buena actuación, necesitamos muchos personajes y papeles. Hay conciencias donde siempre están los mismos actores repitiendo el mismo papel. Un director de cine compulsivo tipo Stanley Kubrick trae una y otra vez a los mismos actores con el mismo guión y les obliga a interpretar una y otra vez la misma escena hasta alcanzar la perfección.
[…] Decir que Kubrick es un perfeccionista es un eufemismo: su intención fue rodar las escenas tantas veces que agotara a sus actores y se olvidaran que las cámaras estaban ahí. Durante el rodaje de “Eyes Wide Shut”, el director rodó 95 tomas de Tom Cruise pasando a través de una puerta.
…Cruise estaba tan ansioso de dar lo que quería al legendario director que desarrolló una úlcera. Nunca se lo dijo a Kubrick.
…Cruise no es el único actor que rodó docenas de tomas. Vinessa Sha, que hizo el papel de prostituta, recuerda haber rodado unas 90 veces la misma escena.
…Si Kubrick no hubiera muerto antes de que la película se acabase, estaría todavía haciendo ajustes hoy, como hizo con The Shinning después de aparecer en pantallas. “Creo que Stanley hubiera seguido retocando la película veinte años más”, dijo Kidman. “Estaba todavía retocando y dando vueltas a películas que había rodado hace décadas. Nunca estaban acabadas. Nunca eran lo suficientemente perfectas.”
—Fuente: Huffingtonpost.com [4]
Nos puede sorprender conocer estos datos de un director como Stanley Kubrick al borde del trastorno obsesivo-compulsivo; bueno, no “al borde”, sino chapoteando en el trastorno. Pero yo te preguntaría lo siguiente:
“Del día que has vivido hoy, ¿qué parte es diferente, sorpresiva, novedosa, creativa? ¿Realmente has sorprendido a ti mismo o a otra persona con algún comportamiento “out-of-character”(que sale de tu interpretación habitual)? Si tuvieras que apostar por cómo va a ser tu vida en la próxima semana, ¿apostarías a que va a diferir mucho de lo que te ha ocurrido esta semana?”
La diferencia entre el Yo Ejecutivo en tu conciencia, y Stanley Kubrick dirigiendo películas no está tanto en la variedad de las “tomas” de tu conciencia (escasas y repetitivas), las escenas que representas cotidianamente, sino en que Stanley busca la perfección y acercarse a un ideal mientras que tú repites una y otra vez la misma escena y supervisas las escenas con ojos vidriosos o duermes la siesta.
Quizá la culpa no es tanto del director como de los actores, que han entrado en la rutina de acaparar el escenario impidiendo la entrada de otros nuevos, que no tienen muchos registros y se han acomodado en un papel que les resulta cómodo y por eso repiten día tras día. Mitad por costumbre, mitad por incapacidad, los otros actores no se atreven a intervenir y el director, que no quiere alborotos y costosas negociaciones ni tiene tiempo para experimentos, se aferra a las mismas escenas, como si con ellas bastara para interpretar toda la obra.
El Yo Ejecutivo o director escénico de la conciencia actúa habitualmente siguiendo el principio de dirección por excepción: mientras no ocurra nada que se salga de lo habitual, no interviene, deja hacer. La intervención del Yo ejecutivo es un proceso mental costoso, requiere energía, y sigue el principio de economía cognitiva: “cuanto menos intervenga mejor”, “si no está roto no lo arregles”.
En resumen, el fin del pensamiento consciente es crear soluciones o guiones suficientemente buenos como para poder evitar el pensamiento consciente y la necesidad de creación de nuevos guiones.
A la izquierda: búsqueda de soluciones o nuevos guiones ante un nuevo problema. A la derecha: camino mental o guión mental ante situación familiar
Casting del reparto
Pero no siempre hay un guión adecuado: surgen problemas o nuevas situaciones, cambian los gustos del público, o los antiguos guiones dejan de funcionar. Es aquí donde el director ha de remangarse, y, de acuerdo al principio de dirección por excepción, poner todos sus sentidos en juego y tomar el control.
La inteligencia creadora se puede definir como lo que hacemos cuando no sabemos qué hacer. Si sabes qué hacer, no hay necesidad de pensamiento consciente y acción deliberada.
El director puede proporcionar algo de estructura a la improvisación, para que el alboroto de la conciencia no degenere en caos, pero ha de ser flexible porque necesita probar muchas posibilidades con nuevos actores y con nuevos papeles y escenas.
Este es el juego creador combinatorio de la inteligencia. Lo que vamos a encontrar en la mente es una mezcla de comportamiento automático y previsible, de obras enlatadas y mil veces vistas, y de teatro de improvisación, donde hay que reaccionar a las circunstancias en tiempo real.
El director puede querer nuevos actores y no bastarle los que están ya en la escena ni siquiera detrás de las bambalinas, en el preconsciente esperando su turno; ha de buscar nuevas caras, reemplazar a algún actor, probar otras posibilidades, dejar que otros contenidos interaccionen y probar nuevas mezclas, quizá cambiando el guión sobre la marcha, introduciendo frases o descartando diálogos.
¿Dónde encuentra las nuevas caras para una escena o una obra que nunca antes ha interpretado?
¡En la oscuridad del patio de butacas! Allí hay centenares de posibles actores (en el inconsciente o Inteligencia Generadora realmente hay miles, millones) . El director tiene una idea de quién puede necesitar y lo busca en la memoria a largo plazo, en el contenido mental no activado pero que puede ser útil en la escena siguiente.
Echa un vistazo a las primeras filas y allí encuentra un rostro interesante o alguna persona ansiosa de actuar que puede aportar un nuevo registro o que resulta ser el intérprete perfecto para este preciso momento.
El espectador se levanta de su butaca y salta al escenario, el director expulsa a un viejo actor pidiéndole que ceda su puesto y a regañadientes este sale de la escena. El director da unas pocas órdenes , transmite su intención, marca pautas y el nuevo grupo de actores empieza a trabajar.
Creación y descanso deliberado
El proceso de sustituir unos actores por otros no es siempre tan rápido, a veces no se encuentra de inmediato al adecuado para la escena. El director puede tener en la punta de la lengua el actor que tendría que intervenir en un momento preciso, pero sin dar con él. No lo encuentra en las primeras filas (preconsciente). Pero el patio de butacas y los palcos son inmensos (la memoria a largo plazo) y si persevera terminara encontrando la persona o personas que desarrollen la siguiente escena.
A veces, el director se cansa, desespera y renuncia temporalmente; es como hacer un descanso en la obra y dejar que público y actores tomen un refrigerio y se relajen. En estos descansos en los que no hay un foco deliberado de la conciencia, el público en el patio de butacas puede confraternizar, cambiar de lugar, formar nuevos grupos, contarse chistes, conversar entre ellos.
Es probable que cuando se retome la obra, tras adoptar una actitud contemplativa y el descanso deliberado, el director se encuentre con un grupo de actores nuevos en las primeras filas dispuestos a ejecutar la escena que antes se resistía y que después de unos cuantos ensayos resuelva la necesidad o problema dramático planteado.
Platón sugirió una metáfora para las ideas: son como pájaros revoloteando en el aviario de nuestras mentes. Para que las aves se posen en el suelo, necesitamos periodos de calma libre de intenciones y propósitos.
Si quieres experimentar directamente el efecto del pensamiento concentrado y el efecto del descanso o distracción para dar con soluciones creativas, intenta resolver el acertijo que planteé en este blog Juego Sucio en la fontana [5]. Date una semana para resolverlo. Solo después, consulta la respuesta. Pista: cuando des con la solución, sabrás que es LA respuesta, no tendrás dudas.
Nota: La solución está en el artículo Experiencias ajá [6]. Pero no la mires hasta pasada una semana.
Metacognición, atención plena y orden de parada
Hay un concepto en psicología cognitiva que recoge muchos de los procesos que he mostrado con la analogía del escenario de la conciencia y su director escénico: metacognición [7]. Literalmente significa “conocimiento sobre el conocimiento”, o “pensamiento sobre el pensamiento”. Tiene varios componentes, como en nuestra metáfora escénica:
Observar lo que está ocurriendo en la escena, y tomar conciencia de los procesos mentales
Ordenar qué actores deben entrar en escena en cada momento y orquestar sus interacciones.
Para la primera función, es conveniente desarrollar un potente Yo Observador, lo que hicimos en nuestro curso de Atención plena [8] el año pasado cuando entrenábamos la capacidad de detectar emociones, impulsos y pensamientos.
El Yo observador experto es el equivalente a un director muy atento a los detalles de la acción en escena.
La segunda función tiene varios elementos; hay dos especialmente importantes:
A) La “Orden de parada”: cortar la ejecución de un comportamiento o escena en el momento en que deje de ser útil o sea contraproducente o se quiera mejorar.
B) La “Orden de inicio” de un nuevo comportamiento.
Después de parar la ejecución de una escena, el director escénico o cinematográfico puede iniciar una nueva toma con variaciones con los mismos actores interpretando la misma escena, como Kubrick ordenando a Tom Cruise que pase 95 veces por una puerta hasta que se acerque a su ideal de perfección. También puede decidir ejecutar una escena distinta que contribuya mejor a la trama o el efecto dramático buscado.
En el Curso de perseverancia [9], también el año pasado, dedicamos otras doce semanas a fortalecer nuestras órdenes de inicio y de parada para decir no a impulsos y sustituir acciones por otras más eficaces.
Ambos cursos, el de atención plena y el de autorregulación y perseverancia, siguen disponibles en el blog para que entrenes estas habilidades metacognitivas.
Mi amigo bloguero Iván Entusiasmado acaba de iniciar un proyecto dedicado a cambiar sus guiones o protocolos habituales y diseñarlos conscientemente para una máxima eficacia:El Proyecto 0 [10].
Es un proyecto ambicioso, yo diría que megalomaniaco, pero deliciosamente artístico: pretende ejecutar la obra de sus días con gracia y eficacia. Su primer protocolo, el Protocolo de despertar #P0 [11], diseña una coreografía de movimientos desde que abre los ojos en la cama por la mañana hasta el momento del desayuno. Tiene en cuenta si ha sonado la alarma o si simplemente ha abierto los ojos porque le apetecía, si es día de trabajo, si lleva puesta la férula dental, etc.
Si alguna vez pensaste que mi marca de minimalismo era demasiado reglamentista o robótica, esto te va a parecer ciencia-ficción.
Homo Minimus intentando asimilar las implicaciones del Proyecto 0 de Entusiasmado
Resumen sobre el escenario de la conciencia
En cada momento, solo pueden estar unos pocos actores en el escenario porque el espacio disponible es siempre pequeño. El director ha de elegir juiciosamente quién ha de continuar y quién ha de abandonar la escena para que la obra siga funcionando.
El director escénico de la mente, lo que hemos llamado Yo ejecutivo o Yo negociador, no puede controlar los procesos inconscientes que se dan entre el público en la butaca o en los actores tras bambalinas, pero sí puede hacer que algunos grupos de pensamientos o actores estén más cerca del escenario, y procurar las recombinaciones a través de pausas ydescansos estratégicos cuando los ensayos en el escenario de la conciencia parecen no estar llevando a ninguna parte.
El juego de combinación y recombinación del material en el inconsciente mientras no se persigue ningún objetivo deliberadamente está en la base de los procesos de creación que tan misteriosos nos parecen. Los problemas que aparecían insolubles de repente se vuelven cristalinos y una solución, aparentemente venida de la nada, aparece.
Cuando los actores adecuados están en escena y la escena es la adecuada para el propósito o intención, el director se limita a observar lo que ocurre para considerar si algún cambio mejoraría la escena. En cualquier momento, puede dar la orden de parada “¡corteeeen!” y dar instrucciones para quese cambien los actores, se repita o se cambie la escena.
La capacidad de observación y monitorización del escenario de la conciencia y la habilidad para cambiar de actores, papeles o estrategias interpretativas son los componentes esenciales de la metacognición, de una buena dirección escénica del espectáculo de tu mente.
De esta dirección depende en última instancia el aplauso del público.
Cuando la universidad de Wisconsin-Madison me ofreció dar el discurso de graduación del 2015, no pude menos que sonreír. Llevo toda una vida escuchando en la radio o leyendo en los periódicos que tal o cual estudio sobre moscas de la fruta y la depresión estacional, o sobre el número de sujetador en proporción al coeficiente intelectual femenino, o sobre la relación entre el número de fantasías sexuales y el consumo de brócoli, etc., tiene su origen… ¿dónde? Aquí , en Wisconsin, en vuestra Alma Mater.
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Me dije «Al fin podré conocer en persona a esta universidad origen de tantos estudios rocambolescos y a sus —con toda seguridad— excéntricos investigadores». Así que estoy muy agradecido al decano James Parker y a su deliciosa esposa, y a todo el claustro universitario por invitarme y ser los perfectos anfitriones.
A diferencia de Bill Gates, el finado Steve Jobs, Neil Gaiman, Oprah Winfrey, el atormentado (y también finado) David Foster Wallace, o el simpático y dicharachero y excesivo Jim Carrey, creo que no tengo mucho que aportar, no tengo fama, ni escándalos conocidos, ni salgo en las páginas de la revista Time, ni tengo muchos millones o me relacionan con artistas famosas. Soy un hombre mínimo. Mi vida es mínima. Mis consejos, que es lo que se espera de mí en una ocasión como esta, también serán mínimos.
Tampoco tengo chistes, lamento decepcionaros. Parece que siempre hay que contar un chiste. No tengo chistes. Ya podéis frotaros la nariz para excitaros.
Dejadme explicaros qué es lo que quiero decir con lo de mínimo.
Se supone que ahora tendría que contaros una historia de mi infancia, o de mis difíciles comienzos. No tengo comienzos difíciles; y si los tuviera, me temo que no podría explicaros cómo me levanté sobre mí mismo, renací de mis cenizas y me elevé al cielo. Tampoco tengo una historia humana de superación que pueda llevarse a las pantallas y ganar un Óscar.
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Sé que aquí en los Estados Unidos amáis las historias heroicas de superación personal. Y yo admiro a este país por tener estas historias y vivir de acuerdo a ellas. Yo vengo de un viejo continente, Europa, de donde muchos de vuestros ancestros proceden, pero quizá por ser un continente viejo el pensamiento es viejo y sus gentes están de vuelta, muchos sin haber ido a ninguna parte. En las universidades que conozco, allá en el antiguo continente, se reirían de vuestro optimismo, de vuestra alegría y vuestra ilusoria fe en el porvenir. Sin embargo, las historias son las que nos hacen vivir y aquí va la primera.
Érase una vez un alma sencilla que no tenía mucho que decir y que salió de su madriguera. Miró fuera y vio que todos eran mejores que él. No sabía que camino elegir… ¿Okei?
Hummm… Hasta aquí es abstracto y un poco aburrido.
Cambiemos.
Estoy sentado en una mesa, y en la esquina de la mesa hay una mota de polvo. Y en la mota de polvo refulge como un hilo de oro el sol de la mañana. Tiro del hilo y tiro del hilo un poco más, y de ese hilo surgen más hilos, un haz de hilos, beso una de las hebras y me hago un anillo de luz solar que envuelve mi dedo anular…
¿Os convence? ¿Ya estás bostezando, tú? ¿El judío con gafas de la cuarta fila? Mal vamos. La pecosa pelirroja de la primera, ¿por qué me miras con cara de cordera degollada…
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La cuestión es que tampoco tengo ni idea de si esa idea va a llegar a ninguna parte, y la historia o el cuento me empieza a aburrir sin casi haber empezado.
Empiezo otra historia. ¿Por qué no sigo alguna de las dos anteriores? Porque no me place. No veo futuro a estas líneas argumentales, como seguramente a algunos de vosotros os ocurre si miráis vuestras vidas hacia delante.
Cambiemos de tiempo y espacio. Ahora soy un bufón. El bufón de la corte. Hay un rey, hay unos cortesanos, y yo estoy agitando mi gorro de cascabeles. La gente se está aburriendo, el Rey se está aburriendo, y el Chambelán pide mi presencia: «Haz algo». «¿Qué puedo hacer? No sé hacer muecas…» «¿Por qué no das una voltereta o haces alguna gracia, algún chiste?». «No soy acróbata, temo partirme el cuello». «¡Venga, hijoeputa! Sal ahí, alegra la fiesta o te corto los cojones».
No tengo opción. Salgo al patio dando grititos, uhhhh, uhhhhhh, tampoco sé lo que voy a decir pero grito para ver si la garganta se calienta y hay algo que decir, me estoy jugando los testículos…
Bien, ¿qué os parece esta tercera historia?
¿Mejor? ¿Más divertida? ¿Pelín grosera? ¿Al menos hay alguien de carne y güeso? Un bufón, un chambelán, una situación, alguien que tiene miedo, sonoridad (uhhh, uhhh). Es un avance frente a los hilos de oro y el tipo que sale de la madriguera.
Bien, lo anterior, los tres inicios de historia, sirven para extraer una primera lección. La lección sobre los inicios en falso. Que son los más verdaderos. Cuando escribía este discurso, no se me ocurría nada, como os dije antes, soy Mínimo, mi inteligencia es mínima y mi creatividad siempre la he considerado mínima. Tengo el problema de la abstracción, de la excesiva generalidad y de que me aburro con los detalles. Y además, no me gustan las historias, no sé crearlas, me parece que ya todo está contado y ya está todo dicho. Con estos mimbres, te puedes imaginar que no voy a resultar el mejor contador de historias de la historia.
Pero, maravilla de maravillas, todo lo grande tiene inicios pequeños, y de esas tres … semillas, vamos a llamarlas así, puede tirarse del hilo y ver lo que surge. A ver dónde me llevan. El error sería pensar que porque tienes tres historias sin futuro tienes tres mierdas. A mí me lo parecían nada más expulsarlas, pero aquí es donde surge la chispa. Mi primer consejo: “todo primer paso es tentativo, provisional y seminal”. De los primeros pasos puede surgir un resplandor.
Tenemos por tanto un haz de oro, un bufón de la corte y alguien que sale de la madriguera. Voy a mezclarlos. Eran tres inicios en falso, bastante anodinos cada uno de ellos, pero si los combino puede disolver parte del tedio que me estaban causando.
[DD: me estoy animando. Tengo que contaros que cuando llegué a este punto del discurso (1.078 palabras) me dije: vaya, qué bien, estoy al 40% casi, quiero quince minutos de hablar, y eso son unas 2700 palabras, y ya tengo todas estas…]
Barra progreso historia: 40%
Vamos a dar un motivo al bufón, alqo que le haga moverse.
….El bufón está en un armario y acaba de salir de él, porque dentro hay tanto m… dentro que no puede seguir viviendo.
El bufón está en medio del salón de la corte, y tiene que luchar por su vida (o por sus pelotas, sus ”balls”, que diríais aquí en Wisconsin), no se lo ocurre nada, su ingenio es mínimo, como el mío, pero se percata de un haz de luz que se “inmiscuye” (y sé que esta no es la palabra, pero no queremos perfección cuando solo estamos jugando) por uno de los ventanucos o tragaluces en la cara oeste del Salón Real.
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Ve a la gente bebiendo y riendo y tiene que llamar la atención. El Chambelán le vigila de lejos. Tiene que pensar con sus pies. Tiene que hacer/decir/contar/pirutear/ algo para llamar la atención, así que piensa que lo mejor es hacer algo rápido. Se quita el gorro verde de campanillas, lo tira sobre el plato del Rey: si llama la atención del monarca, captará gran parte de las miradas que se posan sobre el macho alfa. El gorro ha caído en el plato de alubias. La cara de pasmo, no le ha gustado…. Bien, le ha cogido por sorpresa, mejor herido que dormido.
Tiene que seguir. Ahora tiene que crear una incógnita. Se quita los pantalones, los tira detrás de él sobre una de las cortesanas mientras baila al ritmo de una música imaginaria; la dama que ha recogido el pantalón tiene un rostro muy hermoso tras su máscara de baile; el bufón le dice «Te voy a dar lo tuyo… después… en los calzoncillos que me voy a quitar (y tú recoger) tengo apuntado el numero de mi celular, para que luego me llames» (es un bufón sudamericano, no español, por eso dice ‘celular’ en vez de ‘movil’ ), la señala con su dedo índice y guiña un ojo…
…Se quita la chaqueta, se quita los calcetines, se quita antes las botas, se me había olvidado… la gente se pone a reír… ¿qué carajo hace este tipo? Parece que se va a quedar desnudo…
Hago una pausa aquí. ¿Qué os parece hasta ahora? Tenemos a un bufón de la corte haciendo un striptease (creo que se dice así) y a punto de ser degollado por el Rey, que le mira con cara de odio por haberle arruinado el plato de frijoles.
Hay también un haz de oro que se cuela por una ventana alta del gran salón del palacio.
Y hay un bufón de la corte que ha salido del armario (la madriguera inicial se transforma en armario. Es mi cuento y puedo hacer lo que quiera).
Y salir del armario es como descubrir una parte negra y oscura de ti… (salir de la universidad es para vosotros abandonar la seguridad de la vida universitaria e ingresar en el mundo real, la vida de verdad, no la vida abuhardillada y acolchada hasta el techo que hasta ahora habéis estado viviendo).
Y la gente empieza a dar palmas, esperando que se quite los calzoncillos, que es lo único que le queda a estas alturas…
La segunda lección es esta: hay que poner la historia, tu historia, en movimiento, después de combinar lo que parecían humildes comienzos.
Para insuflarle algo de vida, proporcionas un motivo, un móvil, algo por lo que el personaje se mueve: una búsqueda, algo de lo que escapa (su segura muerte en este caso, si no alegra el cotarro), algo que quiere ganar (el amor de una enigmática cortesana, la que tiene los pantalones y el posible teléfono escrito en los calzoncillos), aunque no sepas exactamente cómo vas a llegar, necesitas una dirección, la que sea, recuerda que estás perdido en medio de tu vida. Y que sin una meta, un móvil, un norte, un este o un oeste, cualquier cosa que hagas NO tiene sentido.
Cuando tienes un lugar al que ir, todo lo que haces de repente te acerca o aleja, y todos los sucesos de tu vida son interpretables como oportunidades para acercarte a esa visión, no importa lo borrosa que sea.
Sigo.
…El bufón que se ha quedado en calzoncillos en medio del salón real haciendo strip tease (o como se diga) la gente dando palmas, el Rey fastidiado porque tiene el gorro de campanillas en su plato de judías, un haz de oro que se cuela por uno de los tragaluces y el bufón que sabemos que ha salido del armario…
…El bufón ya no tiene más ideas, todo parece perdido; si se quita los calzoncillos en los que tiene escrito su número de teléfono y se los entrega a la cortesana a la que pretende, se queda desnudo, la gente se ríe de él, el Rey da por terminada la función y manda degollarlo o exiliarlo de por vida; tampoco sabe más pasos de baile.
El stripper sigue agitándose, intentando demorar como puede el final de la historia, la multitud enfervorecida grita «¡Que se los quite… que se los quiteeeee… » (los calzoncillos se entiende), el Monarca ya se está cansando, mira al Chambelán Real y se cruzan las miradas con un gesto de inteligencia como diciendo «Acaba con esto, córtale el cuello», se lleva el pulgar a la papada real y lo cruza de un lado a otro con gesto aburrido, «Esto no da para más », el bufón de la corte en calzoncillos advierte el gesto en medio de sus torpes movimientos en esta danza ridícula que amenaza con acabar mal y un escalofrío le recorre la columna vertebral. La enigmática dama anticipa lo peor para su abufonado caballero y teme que ya no podrá ser rescatada.
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Barra progreso historia: 70%-
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El bufón tiene que pensar, una vez más, tiene que pensar con sus pies, y recuerda que en el armario del que salió (¡en mala hora!) había una patinete con ruedas de aluminio, corre hacia el armario, qué se aloja en una esquina del salón real, mientras hace como que sigue bailando; cimbrea las caderas, las lascivas damas al borde del desmayo, alcanza el armario (del que nunca debió salir), saca el patinete de ruedas metálicas, se sube a él como un indio americano a lomos de un corcel, toma con ambas manos los cuernos de la máquina y se desliza veloz hacia el otro lado de la estancia, los esbirros se dirigen a él, la dama cortesana tan atemorizada como enamorada ve como se acerca con ojos de pasmo, el bufón se para derrapando justo delante; le dice: «Bella dama, súbete a mi carroza, sujétate a mi cintura y no te separes por nada…», «¡Ya!, vamos, ¡no hay tiempo!, te haré la mujer más feliz del mundo…»
La dama se sube al caballo de aluminio, abraza al bufón de los calzoncillos, le susurra, «llévame muy lejos de aquí, valiente bufón, y seamos un solo cuerpo … un solo cuerpo enamorado».
Los esbirros corren hacia ellos, mientras que otros soldados bloquean las puertas del salón real, el Monarca pide otro plato, esta vez de lentejas (si quieres las comes, y si no las dejas) , y exclama, «¡Acabad ya con esta farsa!». El resto de los cortesanos se ríe diabólicamente como romanos en el circo esperando ver perecer al cristiano y a la cristiana devorados por los leones. El patinete se desliza rápido, escapando de los sicarios, en dirección al haz de oro que se cuela por el gran tragaluz de la cara oeste y que muestra el polvo de la estancia, como miles de polillas granulares que revolotean en dirección al sol.
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La dama hechicera agarrada de la cintura del bufón en calzoncillos que conduce el patinete, las puertas del salón bloqueadas, el haz dorado discurriendo por el ojo de buey, el Rey empezando el plato de lentejas, los esbirros dispuestos a ejecutar al bufón, el público de cortesanos y curiosos deleitándose con el espectáculo…
El valiente suda la gota gorda, no hay salida… va a ser atrapado. La dama enigmática grita, «¡Dios mío, esto es el fin!», el caballero del patín replica «¡No hay fin si morimos juntos!»… y en ese justo momento, en esos segundos que parecen minutos, el bufón siente que hay escapatoria, se desliza unos pocos metros hasta donde el haz de luz choca contra el suelo y lo percibe como una rampa que le conduce hacia el cielo, la toma con frenesí y se impulsa con un poderoso golpe de pie una última vez con energía salvaje ( «Solo tú conoces el secreto de este desfile salvaje», aparecen estas palabras en su pantalla mental, como el parte meteorológico de un locutor de principios del siglo XX) y el patinete remonta la pista de luz a velocidad vertiginosa, la dama se agarra más fuerte al caballero y, ante la mirada atónita de esbirros, cortesanos y Rey, escapan a través del tragaluz circular del salón del palacio.
…
…
…
Aquí acaba la historia.
Por hoy.
Tomaos unos minutos para recuperaros.
Uffff. Cuando la contaba estaba perdiendo el aliento. Pero no podía parar.
La tercera lección es que siempre hay salida y ninguna historia acaba. Lo que he situado al final es un nuevo principio: es justo ahora cuando empieza la historia de amor del caballero y la hechicera cortesana de enigmática máscara. Cuando no veas la salida, cuando sientas que no hay futuro, siente que siempre hay una salida. Y si no la hay, te la inventas, porque surgirá de debajo de las piedras o de lo alto del cielo.
En el futuro, recientes graduados de la universidad de Wisconsin-Madison, os vais a sentir muchas veces como el bufón del patín y la dama de sonrosadas mejillas, os sentiréis ridículos, estúpidos, sin salida.
Estabais confortables en el armario, con vuestras vidas cómodas y familiares, con vuestros trabajos conocidos y vuestras rutinas. Y de repente, un día, el chambelán, el jefe, un antiguo amigo, una nueva amiga, harán saltar vuestras vidas en pedazos.
Y solo os quedará mantener la historia en movimiento, no podréis volver más al armario, no podréis contar chistes o cimbrear las caderas o hacer juegos malabares para contentar al Rey o la Reina o al monstruo de las galletas. Tendréis que tomar lo que tengáis a mano (un patinete o un carro de caballos, lo que sea), tendréis que encontrar aliados o buscar nuevos amores y salir en estampida después de haber explotado la bomba.
Quiero que sepáis que a pesar de estar yo aquí arriba, y vosotros ahí abajo escuchando mis palabras, yo no sé lo que es la vida: todavía soy un bufón aprendiendo a mantener el equilibrio y no caer al suelo.
Así que podéis olvidar todo lo que he dicho y no hacerme caso.
Pero también quiero que sepáis que algunas veces, debajo de los adoquines, escarbando, buscando y buscando, encontré la playa.
Gracias por invitarme. Mucha suerte en vuestras vidas.
Las 6.222 palabras de este artículo tienen como propósito eliminar para siempre de la faz de tu corteza cerebral la creencia errónea de que tú mereces algo o tienes mérito por algo y por tanto deberías recibir un trato especial o mejor que otros en la vida.
Dicho más directamente: pretendo que dejes de ser una llorona. Pretendo que no vuelvas a derramar una sola lágrima por lo que se te debe o por lo que crees que vales o mereces.
Junto con la mentalidad de crecimiento[1] de Carol Dweck, esta anti-creencia y su reverso —la creencia en la libertad individual y la responsabilidad personal por tus actos y resultados en la vida— puede propulsar tu existencia, dotarte de una carácter más aerodinámico e inaugurar un nuevo capítulo vital.
El precio (no pain, no glory): leer, comprender e interiorizar las 6.222 palabras siguientes.
Este artículo contiene prescripciones muy generales para la organización social con el fin de ilustrar y motivar mis prescripciones para el cambio personal. El principio general se aplica en ambos contextos.
Al final del artículo, proporciono referencias y una lista de definiciones. Te recomiendo que juegues al juego de suspender la incredulidad antes de empezar a jugar el juego de la crítica. Me tienes a tu disposición en los comentarios para aclarar, debatir o ampliar cualquier punto.
En los últimos años, en España y otros países occidentales con dificultades económicas, muchos universitarios han acabado sus carreras, obtenido sus títulos y se han encontrado con que no obtenían un puesto de trabajo acorde a su formación, muchos ni siquiera trabajo.
Algunos están reaccionando como el niño consentido al que por primera vez se le niega un capricho: primero el pasmo (“esto no me puede estar pasando a mí”), la sensación de haber sido engañados (“esto no es lo que me habían prometido”) , el enfado (“¡con todo lo que estudié o pagué por mi título!, cuatro o cinco años tirados a la basura…”), y finalmente la ira moral o indignación con el sistema, con la sociedad, ese ente abstracto que debería procurar su bien y que ahora le traiciona (“la sociedad está podrida, hay que cambiarlo todo”).
Escribe el autor de la foto: «Miles de jovenes se han manifestado en Madrid para denunciar el exilio forzoso que estan sufriendo por las politicas de austeridad. Una generación de jovenes que se esta viendo forzada a elegir entre paro, precariedad o exilio.» En flickr: https://flic.kr/p/e9BXbL
¿Cómo es posible que uno de los estratos más privilegiados de la sociedad y con más recursos, que es joven, tiene energía, salud, que ha podido acceder a una educación universitaria, que durante varios años no ha tenido que preocuparse por obtener sus medios de subsistencia y cuyos títulos han sido subvencionados al menos en el 80% en el caso de España [2] por el resto de los ciudadanos del país (incluyendo jóvenes de su misma edad que a los dieciocho años se pusieron a trabajar como camareros, repartidores o albañiles y que pagan impuestos para que otros jóvenes estudien), reaccione de esta manera?
Los argumentos para su indignación o ira moral se reducen a tres, algunos los formulan explícitamente, otros hablan y actúan como si los creyeran :
Yolovalguismo: yo me he esforzado mucho para obtener un título, me dijeron que si lo hacía tendría un trabajo, y ahora no lo tengo o es precario, no está a la altura de mi formación y conocimientos.
Los políticos se han aprovechado de mí. Se han llevado todo. Yo no tengo nada. Ellosson los responsables.
La sociedad debería darme lo que yo deseo, porque yo lo merezco o me lo he ganado.
Porque yo lo valgo. Al primer argumento subyace la idea de que al esfuerzo personal, las largas de horas de estudio en el caso de los estudiantes, tiene valor por sí mismo. Veremos que lo que a uno le cueste algo NO es una medida del valor de ese algo: tu habilidad para pasar exámenes, adquirir conocimientos y desarrollar alguna destreza profesional, te ha costado mucho trabajo; pensemos que es así, ¿por qué piensas que eso tiene valor para alguien más allá de ti mismo?
Llove, ¡porco goberno! El segundo argumento tiene que ver con el lado oscuro de la libertad individual: la responsabilidad. Parece que nadie tiene ninguna influencia en sus circunstancias desfavorables (por supuesto sí en sus favorables), siempre son los otros, los políticos, el sistema, la sociedad, los banqueros, los que generan los problemas y los que por tanto son los responsables.
Un «indignado» poniendo morritos.
Yo lo merezco, me lo he ganado. Respecto al tercer argumento, hay en inglés hay una palabra que define muy bien la mentalidad que rodea al sentimiento de alguien que cree que merece tal o cual cosa: “entitlement” o “sense of entitlement”, la creencia de que uno tiene un privilegio o derecho en relación a algo; por ejemplo, a un cierto nivel de vida o a ser tratado de una manera especial por ser quien es o por algún mérito adquirido.
Pasemos a desmontar uno por uno los tres argumentos.
1. El valor de un bien o un servicio o una habilidad NO se mide por lo que cuesta obtenerlo
En el mundo de los profesionales independientes o trabajadores por cuenta propia, sobre todo en los novicios, se oye muchas veces hablar mal de los clientes que quieren pagar lo menos posible, que buscan chollos, que te piden descuentos, que te hacen bajar los precios. Molestan los clientes que regatean o que son duros negociadores o que se “aprovechan de la crisis” [3] para ofrecer precios más bajos. A veces se les califica de chantajistas.
Muchos hablan de que dedican mucho tiempo y esfuerzo o que se formaron durante largos años para poder ofrecer el servicio que ahora ofrecen y que solo piden un “precio justo”, y se sienten resentidos cuando los precios de mercado no satisfacen sus expectativas.
Es similar a lo que ocurre con los universitarios indignados sin trabajo. Creen que porque algo les costó mucho o les cuesta mucho, el valor para otro ser humano de sus habilidades o servicios también debe ser alto.
Subyace a este razonamiento una teoría errónea de lo que es el valor económico: creen que es algo objetivo que depende del esfuerzo, recursos y tiempo que se puso en su obtención. Huelga decir que la teoría del valor objetivo, específicamente la del valor-trabajo, está desbancada en economía desde hace mucho tiempo, también la del precio justo, que no es más que una moralización de las transacciones económicas de los tiempos de la escolástica medieval.
Este hombre se esfuerza tremendamente, genera respeto, admiración y dolor verle esforzarse. ¿Deberíamos pagarle por ese esfuerzo? En flickr: https://flic.kr/p/9Kqcfx
La creencia que debería reemplazar a la anterior es la siguiente:
El valor de un bien o un servicio es subjetivo, depende de la persona que lo va a disfrutar, de sus preferencias y de las alternativas de las que dispone. No hay por tanto ningún precio justo relativo a ningún bien o servicio o habilidad. El valor es el que la persona o personas que vayan a comprar y usar el bien o servicio consideren. El precio será el de equilibrio entre las partes contratantes en un momento y lugar determinados.
Llevándolo al terreno de los universitarios indignados: es posible que lo que vosotros sabéis hacer, vuestras habilidades académicas o profesionales, tengan poco o ningún valor para otros seres humanos, aunque espiritualmente o culturalmente tengan mucho valor para el que las ostenta . El valor de tu formación (o de cualquier cosa que ofrezcas) no es el que tú crees que tiene, es el que otros seres humanos determinen. El precio o salario que podrás obtener dependerá en última instancia del valor subjetivo que para otros seres humanos tenga lo que tú ofreces y la escasez relativa de tus servicios, y se reflejará en un precio de mercado, que no siempre coincidirá con lo que quieres o esperes.
Señor biólogo molecular (o filósofo estructuralista o cualquier otro universitario con un título de baja demanda), puede que sea decepcionante que las habilidades que tanto te costó adquirir no sean valoradas como te gustaría. Bienvenido al mundo real, estás a punto de salir de tu burbuja autista y empezar a considerar que hay otros seres humanos que valoran las cosas de forma distinta a ti. Es un gigantesco avance en tu proceso de maduración.
2.Tú eres el principal responsable
Martin Seligman, uno de los iniciadores del movimiento de la psicología positiva, el estudio de las condiciones que hacen más posible el bienestar subjetivo (=felicidad), las fortalezas y las virtudes humanas, comenzó su carrera y se hizo famoso por el estudio de la indefensión aprendida [4], una extensión de su interés sobre la depresión.
En su famoso experimento con perros situaba a los animales en una parte de una caja dividida en dos por una pequeña barrera que era fácilmente salvable cuando una descarga eléctrica les era administrada. Los perros aprendían rápidamente cómo evitar las descargas y saltaban de un lado a otro de la caja.
Con un grupo de perros, actuó de forma distinta: les administró descargas eléctricas completamente inevitables en intervalos aleatorios. Al día siguiente, les ponía en la caja anterior con la pequeña barrera. En las nuevas circunstancias, los perros podrían haber saltado y evitado la descarga simplemente saltando, pero sorpresivamente Seligman se encontró con que los animales se quedaban en su lugar, aullando lastimeramente y sin ni siquiera intentar saltar la valla.
Había sido capaz de inducir un estado de indefensión aprendida en los perros, el equivalente a la depresión humana y la creencia asociada de que todo lo que uno haga no tiene efecto en el mundo y por tanto uno está a merced de las circunstancias y factores externos.
Da la sensación de que muchos de los indignados con el mundo son como perros de Seligman que creen que nada de lo que hagan tiene influencia sobre sus resultados individuales, que al final necesitan de un político, burócrata y un decreto gubernamental que les proporcione lo que desean en la vida, sin que sus esfuerzos marquen gran diferencia.
Pero son unos perros de Seligman muy especiales: los resultados de su conducta que no les gustan o satisfacen son causados por los políticos, los banqueros o los malvados especuladores. Los que les gustan, como el aprobar exámenes o acumular conocimientos y habilidades, son exclusivo mérito suyo, nada tienen que ver el resto de los ciudadanos que vía impuestos les pagaron sus estudios.
La libertad para hacer con tu vida lo que mejor consideres (estudiar lo que quieras, por ejemplo), las libertades individuales para que los demás no interfieran con tus decisiones o lo hagan lo menos posible, requiere de un acompañante necesario: la responsabilidad, la capacidad de asumir la autoría de los propios actos y sus consecuencias: las buenas y las malas.
Este acompañante necesario, la responsabilidad, es el que parece estar ausente de las marchas indignadas de mucha gente.
El universitario que estudió filosofía o sociología o biología molecular y se encuentra que no hay demanda para su trabajo, que la industria nacional no necesita tantos especialistas en Heidegger o estructuralistas o expertos en teoría evolutiva. ¿Le engañaron? Hizo aquello que le gustaba, algo por lo que quizá sentía vocación; por supuesto, no se preocupó demasiado en averiguar la probabilidad de rentabilizar esas habilidades. Una vez, más el autismo como actitud ante la vida: tengo libertad para hacer lo que quiera con mi vida, pero después no acepto sus consecuencias, que nadie me va a pagar por hacer lo que más me gusta o que no voy a conseguir un trabajo acorde a mi formación.
3. Para recibir valor de otro ser humano tienes que hacer algo por otros seres humanos
La clase universitaria son la parte cultural e intelectualmente favorecida de la sociedad. En un alto porcentaje en Hispanoamérica y España, y también en el resto de Europa Occidental pertenecen a la clase media-alta y provienen de familias de más elevado nivel cultural.
Muchos universitarios muestran una actitud elitista. No solo parten de una situación en general ventajosa sino que se arrogan privilegios que están vedados para el resto de los ciudadanos. Por alguna razón, es el resto del mundo el que tiene que solucionarles la papeleta y después de pagarles una carrera (sus padres o el Estado) han de proporcionarle un trabajo acorde a sus expectativas.
Si no lo hacen, se frustran, se sienten rebajados porque su nivel es superior al de los trabajos que les ofrecen e incluso muchos no obtienen trabajo (aunque la tasa de paro universitaria es sensiblemente inferior a la de los jóvenes con menor nivel educativo).
A estos sentimientos y creencias subyace una actitud ensimismada, casi solipsista: la única realidad del mundo es la que yo percibo, los únicos problemas son mis problemas. Se les olvida que en una sociedad de libre mercado (yo diría “sociedad libre”, a secas) para obtener valor (retribución, salario, beneficios) has de entregar valor (productos y servicios útiles para otras personas), que nadie debería tener el privilegio de recibir algo a cambio de nada, y que para obtener los recursos materiales que necesitas para vivir el tipo de vida que deseas tienes que esforzarte todos los días por satisfacer necesidades de otras personas.
Has de crear y entregar valor para obtener valor. Y ese valor es juzgado por los que van a pagar y disfrutar del presunto valor, no por ti.
Tienes que comprender a otros seres humanos, tienes que saber lo que quieren, tienes que producir algún bien o servicio que alguien esté dispuesto a comprar y tienes que ofrecerlo a un precio que sea aceptable por el comprador o usuario.
Muchos universitarios, que se creen especiales o con algún derecho a algo por el hecho de haber cursado estudios universitarios, dicen que ya aportan valor a la sociedad.
El problema es que a diferencia de un tendero, un artesano, un electricista o un empresario, no creen necesitar pasar la prueba de creación de ese valor a través del mercado, a través de otros seres humanos que reconozcan que sus habilidades son valiosas y decidan pagar voluntariamente por ese presunto valor producido por el universitario.
Da la sensación de que por ser quienes son, universitarios jóvenes y sobradamente preparados, ya crean valor o han creado valor para el mundo, que el resto de la sociedad les debe estar agradecidos y automáticamente retribuirles sus maravillosas cualidades intelectuales y conocimientos especializados.
La ideología social subyacente: la teoría del merecimiento y la meritocracia
Todas las creencias anteriores que he intentado rebatir se engloban y hacen más tolerables a través de dos posiciones que mucha gente considera justas y que hacen que actitudes elitistas o de búsqueda de privilegios, o simplemente autistas y ensimismadas, parezcan más aceptables: la meritocracia y la teoría del merecimiento.
He ilustrado el concepto con la clase de los estudiantes universitarios indignados. Con toda seguridad he sido injusto con una amplia mayoría de universitarios, que no corresponden al prototipo del universitario indignado, consentido, elitista y autista. Pero son tics que muchos compartimos en mayor o menor medida.
El ejemplo de los universitarios pagados de sí mismos es un síntoma de un fenómeno o ideología social más amplio.
La meritocracia se basa en la creencia de que debemos ser retribuidos con dinero, reconocimiento o cargos en las organizaciones empresariales o públicas según los méritos que hayamos hecho.
En la antigua Grecia, se hubiera hablado de aristocracia o gobierno de los mejores [5]. Platón, por ejemplo, consideraba la república aristocrática como el mejor sistema de gobierno para el hombre.
Platón defendió la aristocracia, el gobierno de los mejores. Presentó el modelo de Rey-filósofo, el gobierno de los sabios.
Más adelante, la aristocracia se ha visto como un gobierno de gente privilegiada, de la clase aristocrática; si bien al principio la aristocracia tenía que ver con méritos guerreros o servicios extraordinarios recompensados por el rey o monarca, al transmitirse los títulos nobiliarios por herencia, el carácter de «gobierno de los mejores» perdió su naturaleza originaria.
Es por eso que hoy en día se prefiere hablar de meritocracia, en vez de aristocracia, y asociarla a las cualidades personales, el talento, la habilidad intelectual, la inteligencia, el esfuerzo o las pruebas superadas; o se habla más en general de merecimiento y se hace depender además de méritos morales definidos ampliamente o la pertenencia a grupos desfavorecidos históricamente o con especiales dificultades (mujeres, homosexuales, gente con minusvalías, etnias presuntamente marginadas, etc.). De esta manera, la teoría del merecimiento se convierte en un cajón de sastre de muchos tipos de merecimiento que se usan para legitimar el tratamiento especial o diferenciado a determinadas personas o grupos sociales.
¿Qué problema encuentro con la meritocracia y el merecimiento?
A pesar de su buena prensa, creo que la meritocracia y la teoría del merecimiento son contraproducentes, tanto en el nivel personal como en el de organización social. ¿Quién decide quién tiene mérito o quién se lo merece? ¿Quién determina cómo hay que retribuir el mérito?
No digo que desde un punto de vista moral no exista mérito o merecimiento. Todos hacemos juicios de esta naturaleza con nosotros y los demás, pero estos juicios tienden a estar sesgados: hacia nuestra particular visión del mundo, los valores que preferimos o la gente por la que sentimos más simpatía.
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Según mi particular teoría del merecimiento, esta chica tiene mucho mérito, un buen par de talentos y se merece un puesto muy bien remunerado junto a mi despacho. ¿Me lo sufragas tú y la contrato? Venga… si ella se lo merece… además, también es licenciada en biología molecular…y aquí tienes a la pobre limpiando inodoros. https://flic.kr/p/yotk4
Por ejemplo, considero que un chico que viene de una familia de clase baja y con mucho esfuerzo y estudiando por las noches mientras trabaja por el día tiene más mérito que uno de clase acomodada que también estudia pero solo tiene que preocuparse por el lugar al que va a ir a esquiar en las vacaciones de Navidad. También creo que se merece más ser un profesional de éxito aquel que ha consagrado su vida al cultivo de su profesión que aquel que ha llegado a una cierta posición por frecuentar un elitista club de golf y conocer al consejero delegado en la empresa que le contrata o por haber compartido pupitre en un elitista colegio privado.
¿Pero podríamos organizar una sociedad en función del mérito o el merecimiento? ¿Sería conveniente? La respuesta a ambas preguntas es NO.
Primero. Cada persona tiene una idea de lo que es mérito y lo que es merecimiento; solo podría organizarse la sociedad si una particular visión del mérito o el merecimiento se impusiera a los demás.
Segundo: tampoco sería conveniente. Cuando tú compras o haces uso de un bien o un servicio producido por una persona u organización o contratas a un empleado no te importa o no puedes saber si el productor o el empleado pasó largas horas produciéndolo o si tuvo una infancia difícil o si estudió mucho cuando era joven; lo que te importa es que obtengas una satisfacción de ese bien y el empleado sea un trabajador productivo y fiable.
En caso de igualdad de valor recibido, elegirás probablemente el que menor coste tenga, el que produzca más eficientemente el bien o servicio que quieres disfrutar; también contratarás el empleado que esté dispuesto a trabajar por lo mínimo proporcionando la misma calidad en su trabajo y el que sea más fiable (y es posible que consideres más fiable aquel que pertenece a tu círculo social y comparte tus valores).
¿Hemos de pagar por la utilidad real de lo que se produce u ofrece o por el mérito y el merecimiento?
Si lo hacemos por lo segundo, no creamos incentivos para que se produzca lo que más satisfaga a las personas . Además, nadie está dispuesto a pagar por cualidades morales o circunstancias personales, solo pagará en función de lo que obtiene. Una vez más, necesitaríamos imponer a las personas precios arbitrarios que jamás pagarían si no fuera por la obligación legal establecida por el poder de turno.
Tercero. Si tú crees que alguien merece algo o tiene algún mérito, y estás dispuesto a pagar a un determinado tipo de personas con exclusión de otras sin importar el coste o la calidad del servicio, estás en tu derecho de dirigir tus recursos monetarios a las personas que desees comprándoles a ellos o contratándoles preferentemente o efectuando donaciones o favores personales que mejoren sus circunstancias.
En el caso anterior de la empresa que contrata directivos amigos del colegio o del club de golf, el consejero delegado en ejercicio de la libertad de empresa está legitimado para contratar como directivos solo a hombres de raza blanca, de ideología conservadora y de su círculo social de clase alta; si esa política es ruinosa para su empresa serán los accionistas los que se encargarán de pedirle cuentas, no el moralismo o el decreto de un gobierno o la presión de una asociación feminista.
De la misma manera, si tú tienes un cargo de responsabilidad en una empresa con propietarios preocupados por la «justicia social», el «comercio justo» y los «pueblos oprimidos», puedes dedicarte a contratar solo minúsvalidos, feministas con licenciaturas en estudios de género y másteres en patriarcado o gente de bajos recursos económicos.
El mercado, los compradores con su voto monetario, harán que esa empresa sea rentable o no lo sea, y sus accionistas decidirán si quieren seguir invirtiendo su dinero —incluso incurriendo en pérdidas— para promover sus ideas de justicia social o protección de los desfavorecidos u otras gentes con especiales merecimientos. El resto de la gente no debería interferir con esas decisiones libres de propietarios y consumidores.
¡Contrata solo feministas si quieres! Seguro que son fabulosas… pero no me obligues a mí… Flickr: https://flic.kr/p/4954V8
Lo que discuto aquí no es tu juicio moral o el mío sobre lo que determinadas personas o grupos merecen —si el tuyo o el mío son los correctos—, sino si estamos legitimados para imponer a otras personas o empresas nuestros juicios, o si a través del Estado hemos de obligar a unos a que favorezcan a otros; por ejemplo: que los ciudadanos vía impuestos tengan que subvencionar trabajos bien renumerados para los universitarios que acaban la carrera en España.
Mi tesis principal en este artículo es que cada persona, como individuo o en asociaciones voluntarias, debería administrar sus particulares teorías de la meritocracia y el merecimiento y no imponerlas coactivamente, de forma legal o de otras maneras, a aquellos que no las comparten.
¿Es útil que yo piense en mi vida, logros y relaciones personales en términos de merecimiento o mérito?
Ahora pasamos a la dimensión meramente personal –de organización individual de la propia existencia– de la teoría del mérito y el merecimiento.
Iván Entusiasmado[6] lo explica muy bien en uno de sus artículos. Todo lo que he argumentado sobre la imposibilidad o ineficiencia de organizar una sociedad en función del mérito o el merecimiento, lo aplica a la esfera de la acción personal.
Es aquí donde se ve que ninguno de nosotros, incluso los supuestamente más indignados y defensores de los pobres, los marginados o los estudiantes sin trabajo, actúamos en las relaciones con otros seres humanos en función del merecimiento o el mérito. Todos los seres humanos casi siempre, casi todo el tiempo, actuamos en función de nuestros intereses. No entro en si me parece bien o mal, solo digo que está es la realidad. Si no te gusta, cambia de planeta. Mejor, de universo.
[…]Tú no quieres quedar a cenar con la chica que más lo merece, quieres quedar con la chica que más te gusta. Tú no quieres irte de viaje con el hombre que más lo merece, sino con el que más te atrae. Tú no trabajas para la empresa que más merecería que trabajaras para ella, sino para la empresa que más te paga. Tú no vas a veranear al lugar que más lo merecería, sino al que más te atrae.
Ciertamente, hay ocasiones en que hasta el más pragmático de nosotros siente que está en su interés por emoción, por pena o por otro mecanismo psicológico hacer las cosas por las personas porque lo merecen o tienen un mérito especial (por ejemplo, porque han sufrido o sufren mucho o han hecho un determinado esfuerzo), pero eso solo te incumbe a ti, no puedes obligar a los demás a que sientan o actúen como tú.
[…] Quizá a veces puedas actuar por pena. Quizá a veces vas a un restaurante que te da lástima porque están pasando dificultades, o a veces acompañas a un amigo que te da pena porque lo pasa mal, pero eso pasa muy pocas veces. La mayor parte de las veces, haces lo que más conveniente te resulta a ti.
Por último, Entusiasmado recalca la teoría subjetiva del valor que apunté arriba: el valor de cualquier cosa que entregas es lo que considera quien lo recibe, no lo que te ha costado ni siquiera lo que tú crees que vale:
[…] Como las personas te darán en función de lo que les interese, tú has de darle a los demás lo que necesiten.
Porque lo importante respecto a los demás, tanto da que sea amor, amistad o relaciones sociales, es lo que ofreces. Puedes ofrecer muchas cosas: diversión, satisfacción de necesidades sentimentales, apoyo, conocimiento. Pero sea lo que sea te has de centrar en ofrecer valor a los demás. El valor que ellos desean recibir.
Lo más razonable, por tanto, es que si quieres que te vaya bien en tus relaciones con otras personas es que no exijas lo que crees merecer o aquello para lo que tienes mérito, sino que te esfuerces por detectar las necesidades de otras personas, amigos, familia, amantes, jefes, y las satisfagas de la mejor manera para así a cambio obtener en reciprocidad también tú valor entregado por ellas en un intercambio libre y voluntario.
No vayas por ahí diciendo que el mundo te debe los medios de subsistencia. El mundo no te debe nada. Estaba aquí antes que tú.
—Mark Twain
¿Cómo te suenan estos argumentos en defensa de la autonomía y la responsabilidad personal? ¿Fuera de lugar? ¿Tienen o no sentido psicológico según tu experiencia? ¿No conoces a nadie cercano que actúe en la vida según sus intereses?
¿Tú quieres a tu novia solo porque se lo merece, hace obras sociales y acumula muchos méritos? En flickr: https://flic.kr/p/ca6u7E
¿Tú quieres a tu novia porque se lo merece o tiene gran mérito o porque tiene las cualidades físicas y psicológicas que más gratas te resultan? Si te gusta una chica, ¿la intentas persuadir para que esté contigo y te conceda sus favores y amistad o bien la obligas a que te dé lo que mereces?
Si en la esfera de la acción personal, es obvio que nadie debe obligar a nadie a aceptar nuestras particulares opiniones sobre quién merece qué y quién tiene tal o cual mérito, y ninguna persona civilizada usaría la fuerza para ello, ¿por qué nos cuesta tanto extrapolar este comportamiento tan razonablemente moral a la sociedad en general?
Con independencia de los argumentos morales, políticos, económicos, es conveniente que en la esfera personal nos conduzcamos COMO SI tuviéramos libertad de acción, no absoluta, pero sí sustancial, y COMO SI los resultados de nuestros actos fueran nuestra responsabilidad
De otro modo, nuestra probabilidad de tener una buena vida se reduce o se hace dependiente de la buena voluntad de otras personas: correríamos el peligro de convertirnos en animales siempre temerosos de recibir la siguiente descarga eléctrica del capitalista, el banquero o el político de turno, aullando, quejándonos y anegándonos en el resentimiento y con la única esperanza de que apareciera un dictador benevolente –democrático o no– que nos arreglara la vida.
Nuestra libertad de acción siempre estará limitada por los recursos personales y económicos de que disponemos, el efecto de nuestros actos dependerá del azar y de otros factores, pero si no creemos en la libertad individual para elegir y en nuestra responsabilidad en las cosas que nos pasan en la vida, estamos perdidos, inermes, como los perros de Seligman, incapaces de saltar la barrera que nos conduzca a una mejor vida.
Los que no tienen éxito económico en la vida no carecen (necesariamente) de mérito o de merecimiento
Volvamos al tema inicial de los universitarios indignados porque la sociedad, el gobierno, los ciudadanos a través de sus impuestos, o las empresas NO les faciliten la vida y les proporcionen el tipo de trabajo e ingresos que ellos desean.
Hay que añadir un elemento que a veces se olvida cuando se argumenta a favor de la libertad individual y la responsabilidad personal:
Los que tienen éxito en la vida, viven bien yganan mucho dinero legalmente no siempre se lo “merecen” (según muchas teorías del merecimiento), no siempre se han esforzado para ello o no más que otra gente honrada con resultados más mediocres .
Al contrario, muchos de los que tienen éxito económico o consiguen trabajos que les satisfacen es porque proceden de buenas familias, han tenido padres que han intentado proporcionarles la mejor educación a su alcance, han gozado de salud y no siempre se han esforzado más o han sido mejores personas que otros a los que no les ha ido tan bien. Muchos han tenido simplemente suerte, gente con igual o más talento no la tuvo y quedó relegada. Y muchos disfrutan de un nivel de vida superior por el patrimonio recibido por herencia y los contactos familiares.
El éxito económico y la felicidad dependen de muchísimos factores, muchos incontrolables. No podemos prever todo el futuro ni el resultado de nuestros actos, y luchando y trabajando mucho podemos fracasar económicamente. La mala suerte, la enfermedad, las circunstancias influirán en el resultado final.
Por eso, es un error pensar que si alguien toma malas decisiones en la vida o le va mal o no encuentra trabajo o no el trabajo que desea y le satisface más es porque no ha sido responsable, no se ha esforzado, no ha sudado sangre para vivir de otra manera. Puede que sea así y puede que no.
El mercado NO SIEMPRE RECOMPENSA el talento , el esfuerzo o el mérito, y mucho menos la bondad u otras cualidades morales deseables. Pero sí que obliga a todos los agentes a satisfacer necesidades de otros seres humanos, aunque sea buscando exclusivamente el provecho propio.
En síntesis, el mercado es estructuralmente altruista [7], aunque las personas que lo componen no lo sean: te obliga a aportar valor a otros seres humanos, lo desees o no, porque esa es la única forma de que tú obtengas a cambio valor en una transacción voluntaria. Si no entregas valor percibido así por otro ser humano, no recibirás tampoco valor.
Los defensores de la libertad individual y la responsabilidad personal como principios de la organización social se equivocan cuando enfatizan que el éxito se obtiene por personas virtuosas, talentosas y esforzadas, porque indirectamente están implicando que el fracaso personal y económico es el resultado de una personalidad blanda o de la falta de mérito, esfuerzo o talento.
Este hombre se está esforzando mucho y es una excelente persona, pero probablemente no ganará el campeonato del mundo de halterofilia (ni el de su barrio) En flickr: https://flic.kr/p/9gCJxH
Si los defensores de la libertad individual suponen lo anterior, como se entiende implícitamente en muchos discursos liberales y conservadores, al enfatizar que el rico se lo merece y tiene todo el mérito, se corre el riesgo de convertir en resentidos a los perdedores en la carrera del estatus y el éxito social económico: pocos soportaríamos sin rebelarnos el fracaso, el bajo nivel socioeconómico, la insatisfacción con nuestras vidas, si además se nos calificara de perezosos, de carentes de talento o de viciosos sin carácter, aunque fuera verdad: sería incompatible con la autoestima y la autoimagen.
Trazando un paralelo en el terreno de las relaciones personales: si a pesar de todos tus esfuerzos por tener una matrimonio feliz con una mujer agradable, las cosas no resultan, no hemos de pensar que eres un tipo que no se ha esforzado o que no sirves para las relaciones humanas o que tienes la desgracia matrimonial que te mereces.
Consideraríamos que es mejor que te sientas responsable de tu vida y tus decisiones personales porque eso te da más posibilidades de intentar con éxito una segundo matrimonio o relación sentimental, nunca deberíamos decirte que has fracasado porque no te mereces nada mejor o no hiciste mérito alguno.
A modo de conclusión
En el caso con el que empezamos al principio del artículo, el universitario que eligió biología molecular como vocación sin tener en cuenta o prediciendo mal las salidas laborales, estudió lo que quiso, fue feliz durante cuatro o más años, haciendo lo que quería.
Ahora se encuentra sin trabajo y tendrá que emigrar fuera de España o trabajar en trabajos que no le satisfagan el resto de su vida.
Él es el responsable, él lo eligió libremente entre las opciones que se le presentaron (no todas las que querría). Pero eso no le vuelve en una mala persona ni en un descerebrado: quizá la carrera tenía muchas salidas laborales cuando empezó y ahora con la crisis económica no tiene perspectiva alguna en España.
La libertad para hacer lo que quieras con tu vida dentro de tus posibilidades (sin interferir coactivamente en las vidas y planes de los demás) y la responsabilidad de asumir las consecuencias de los actos son elementos constituyentes de una filosofía política y moral que no es una panacea: no garantiza la felicidad de todos y cada uno de los seres humanos, ni la igualdad de oportunidades para todos ni mucho menos de resultados, si es que eso fuera importante para ti, pero al menos permite organizar la vida en sociedad de una forma digna, pacífica y respetuosa con la propiedad privada y las decisiones de los individuos.
Esta filosofía político-moral es también una buena opción personal, si quieres tomar las riendas de tu vida y hacer lo que esté en tus manos por mejorarla.
Es una buena opción porque te potencia, te orienta a la acción, mitiga las quejas y la actitud autocomplaciente a la que todos somos propensos, y dirige tus esfuerzos de forma empática para satisfacer las necesidades de otros seres humanos, lo que es una de las pocas formas legítimas de animar a que alguien decida también satisfacer las tuyas.
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Referencias
[1] Mentalidad de crecimiento. Concepto acuñado por la psicóloga Carol Dweck, especialista en teorías del yo. Se opone a la mentalidad fija.
[5] Entrada en wikipedia sobre la Aristocracia. En inglés. «Modern depictions of aristocracy tend to regard it not as a legitimate aristocracy (rule by the best), but rather as a plutocracy (rule by the rich).»
[6] Blog de Entusiasmado. Aplica la teoría del valor subjetivo y los intercambios voluntarios a las relaciones personales.
[7] «El capitalismo es estructuralmente altruista«: frase de Juan Ramón Rallo. Yo he usado una variante: «El mercado es estructuralmente altruista». Extracto Video de 1m33ss de Juan Ramón Rallo en conferencia Egoismo, altruismo, capitalismo y bien común. Video completo de 50m32ss.
Mercado: conjunto de personas, empresas e instituciones que intercambian libremente, bienes, servicios, trabajo y capital. Es decir, la gente comerciando libremente, sin más imposiciones o coacciones que el marco general establecido por leyes generales de obligado cumplimiento.
MercadoS: mercado. La gente tomando decisiones libremente, sin coacción.
Libertad individual: libertad de hacer lo que uno quiera con sus recursos personales y económicos sin interferencia de terceros y sin interferir a su vez en la libertad de los demás para hacer lo mismo.El sistema legal marca los límites de la propiedad, que son en gran parte los límites de la acción personal.
Este tipo de libertad NO es una libertad para hacer cualquier cosa que me gustaría hacer o satisfacer cualquier necesidad o deseo que pueda tener, por básico que me pueda parecer, tampoco es una garantía de que lograré lo que quiero en la vida.
Es una libertad para hacer lo que pueda dentro del límite de mi autonomía personal y propiedad sin ser bloqueado coactivamente por otros seres humanos.
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Cuando Homo Mínimus me propuso escribir aquí, casi me pongo a dar saltitos de alegría: soy fiel seguidora desde hace años. Este blog y su autor tienen el mérito de atraer mi atención por tantos años, de mantenerme atenta a sus movimientos y, hasta que le conocí en persona, de mantenerme haciéndome la pregunta «¿Cómo es una persona que vive de este modo?». Si bien comparto el estilo de vida minimalista, aunque yo estoy a medio camino entre la simplicidad voluntaria y el minimalismo, lo que me ha mantenido atrapada aquí ha sido el modo de funcionar del cerebro de este hombre, tan racional y metódico y tan creativo a la vez.
Confieso públicamente que le estoy estudiando.
Una de las cuestiones que tengo claras desde el principio es que no es casualidad que aquí confluyan minimalismo y creatividad. En mi opinión una cosa lleva a la otra y da igual por donde se empiece: se puede ser creativo y acabar siendo minimalista (es el camino habitual) o se puede ser minimalista y acabar siendo creativo. En este artículo me gustaría hablar de esta última opción, el minimalismo como detonante para descubrir la creatividad.
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La idea esencial es que una vida demasiado llena conlleva una mente más vacía. Todos y cada uno de los bienes que adquirimos, las actividades que realizamos y las personas con las que nos relacionamos implican una inversión de recursos materiales, de tiempo y de energía que no vamos a tener disponible para otras cuestiones que también nos interesan, hasta que un buen día nos encontramos diciendo que no tenemos tiempo para hacer todas aquellas cosas que son las que quisiéramos hacer de verdad. Tener un coche significa buscar aparcamiento, acordarse de ponerle gasolina, llevarlo al taller… y tantas otras cuestiones que se comen el dinero (y como consecuencia dedicaremos más tiempo a conseguirlo) y el tiempo en sí. Lo mismo pasa con las actividades y las relaciones. Además la mente se llena de estas preocupaciones y recordatorios, interfiriendo en el estado mental relajado que lleva a las buenas ideas. En cambio, vaciar la vida y la mente de estos añadidos innecesarios deja el espacio físico y mental para que las ideas esenciales puedan encontrarse y formar nuevas combinaciones. No se trata de eliminarlo todo, sólo lo innecesario (que es muchísimo más cuantioso que lo necesario y lo valioso).
Una mente llena conlleva una vida más vacía de florituras, adornos, preocupaciones, compromisos y convenciones sociales. Tenemos el ejemplo de muchas grandes mentes que simplificaban de la manera más drástica posible sus preocupaciones innecesarias, usando siempre el mismo tipo de ropa, encargando a otros las tareas banales si se lo podían permitir, etc. Yo misma, cuando me encuentro en fase de alta inspiración y trabajando intensamente en un proyecto, simplifico las demás ocupaciones hasta el punto de vivir durante varias semanas comiendo sólo hervidos y cocidos, que es la única fórmula que he encontrado de cocinar sin quemar las cacerolas cuando estoy en esa fase (e incluso así, se me queman alguna vez). Este es el camino habitual, el camino que va desde la creatividad al minimalismo.
Veamos ahora el camino inverso, el de despejar la vida para llenar la mente. Lo cierto es que una cosa lleva a la otra, como decía antes, en ambas direcciones. Si tu mente está tan llena de tareas, bienes, actividades, relaciones, obligaciones y preocupaciones, de lo que se trata es de hacer este camino inverso para llegar al estado de las grandes mentes antes mencionadas. Si decides llevar una vida más creativa, lo primero sería vaciar tu vida hasta dejarla con lo mínimo necesario, para la simple supervivencia sin ningún capricho. Calcula las mínimas horas necesarias de trabajo remunerado (los mínimos gastos ordinarios también), el mínimo espacio necesario para vivir, la vida social mínima necesaria y las actividades de ocio y esparcimiento necesarias (uf, aquí la tele cae seguro de la lista).
Una vez hecha esta limpieza, si tienes el valor de hacerla, deja que corra el aire, sin miedo al vacío y permitir que de ese silencio vital surjan aquellas cosas valiosas. Las cosas valiosas son las que, aunque no son estrictamente necesarias, te alimentan la mente y el alma. Por ejemplo para mí serían unas pocas personas a las que quiero de verdad tal como son, un gato, la escritura y la lectura, Internet como biblioteca, alimentos vegetales sabrosos, dibujar por dibujar, una buena herramienta/máquina para crear, una manta para el sofá y el chocolate negro. Por cierto, te sugiero que hagas un collage con imágenes y palabras de todas esas cosas que son valiosas para ti, sería tu collage del bienestar. En los momentos bajos, cuando tu mente se haya ido por las ramas y pierdas el norte, puedes mirarlo y comprobar que, en realidad, lo valioso lo tienes incluso en los peores días; te sentirás bien recordando las cosas que amas y viéndolas ante ti todas juntas.
Por último, desde este vacío externo, mira toda la abundancia que tienes dentro: recuerdos, conocimientos, percepciones… todo esto que conforma tu punto de vista único. Escribe sobre estas cosas. Cuando te entre miedo al vacío, escribe sobre alguna cosa al azar. Por ejemplo ¿qué es lo primero que viene a tu cabeza si piensas en una pipa, o cuál es tu primer recuerdo sobre este instrumento o cuántos recuerdos dispares tienes relacionados con una pipa? Escribe y recupera todo lo que hay en ti, lo olvidado bajo un montón de información y actividades que has estado recibiendo a diario. Recupéralo sin ningún fin en especial, sólo por recorrer tu paisaje personal y hacerte consciente de éste: es tuyo, único, original, es tu materia prima para crear. Practica esto a diario en tu nueva vida despejada de florituras y pronto verás como tu creatividad viene a ti, sea cual sea el campo en el que te quieras desenvolver.
Este camino no sólo sirve para iniciarse en la creatividad, sino también para salir de los atascos en los que te puedes encontrar (conocidos como bloqueos) que no son más que ausencia de foco, dispersión y una vida demasiado recargada. Recuerda, una vida demasiado llena, vacía la mente de ideas valiosas.
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Este es un artículo invitado de Anca Balaj. Es escribujante y entrenadora en creatividad para niños y adultos. Puedes leer sus estupendos artículos , conocer sus libros, leer sus minicuentos y contratar sus servicios en su blog. También puedes escuchar su minicuento El secreto de la felicidad narrado por Homo Minimus.
Un compromiso público es como si tomaras una larga soga, te hicieras un nudo corredizo al cuello, el nudo del ahorcado, salieras al escenario del teatro y dijeras: “Hola, público”.
Luego lanzas un extremo de la soga al tipo con más cara de fastidio por estar en la función, el que querría estar viendo el partido de fútbol, pero que a regañadientes fue arrastrado por su novia a ver tu actuación. Entonces le gritas desde el estrado:
“Si no cuento algo divertido en los próximos quince minutos, por favor, tira de la soga más y más fuerte hasta que me duela tanto y me ponga tan rojo que si sigues tirando me tenga que callar y tú puedas irte con tus amigotes a ver la segunda parte del encuentro deportivo»
Hanged, en flickr
Este blog es principalmente un mecanismo para hacer públicos mis compromisos y aumentar la probabilidad de ser fiel a ellos. No empezó como una máquina de comprometerme; ya sabes que una cosa es la estrategia existencial deliberada y otra la emergente, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que exponerme a un público (real o simplemente imaginado) aumentaba mi capacidad de autorregularme y lograr pequeños retos personales.
Por ejemplo, en un blog ya extinto, Tecnologías del Yo, me comprometí a ducharme con agua helada durante 28 días seguidos al menos durante 5 minutos. Una vez anunciado el reto, hubiera sido muy vergonzante reconocer que no tuve lo que hay que tener para mantenerme. Teniendo en cuenta que era un blog sobre disciplina y autorregulación personal, sería como haber reconocido que el experto era un fraude o que el rey estaba desnudo o que el chulo de la ducha fría no pudo aguantar la presión.
En este blog, en diciembre de 2013, escribí un libro de sesenta páginas, Los tres hábitos que cambiarán tu vida, solo para comprometerme con todos los lectores a llevar a cabo el programa que proponía en el durante el 2014: formar el hábito de la atención plena, la autorregulación y perseverancia y la salud minimalista.
Para convertir las buenas intenciones en acciones coherentes, describí detalladamente decenas de prácticas, retos y misiones que pretendidamente iba a llevar a cabo durante todas y cada una de las semanas del 2014. En el 2014 escribí más de 150 artículos desarrollando las ideas del libro y animando a los lectores a que me acompañaran en la travesía.
Sin un compromiso público y el aliento de la gente que se unió al proyecto es casi seguro que hubiera abandonado a las pocas semanas.
Mi proyecto Escritura 80/20 es un proyecto para aprender a escribir en el menor tiempo posible que llevaré a cabo durante el 2015. Lo voy a llevar a buen término. ¿Por qué? Porque es un proyecto conjunto con el bloguero Entusiasmado. Me he comprometido personalmente con él (un público de uno) y ahora públicamente con los que estén leyendo este artículo.
Si cuando pasen los meses ves que el proyecto es un proyecto Zombi me dirás: “Oye, Mínimus, ¿qué fue del famoso proyecto Escritura 80/20?” Entonces, rojo por la presión de la soga de la vergüenza, tendré que bajar la mirada y cambiar de tema.
Todos los especialistas en productividad hablan del poder del compromiso público por esas razones: aliento, recursos que te pueden aportar los que saben de tu proyecto, ánimos y alabanzas, más sensación de responsabilidad e ideas que surgen de la mera expresión pública de tus intenciones.
Cuando durante el 2015 tenga momentos bajos y deseos de abandonar o de bajar el ritmo, seguro que Entusiasmado (haciendo honor a su sobrenombre) me espolea a seguir hacia adelante; y cuando necesite descanso, él tomará el relevo, y me permitirá recuperar fuerzas. Un proyecto en equipo es como una carrera de relevos: la energía, las ideas, el mayor peso de la carrera son aportados sucesivamente por cada uno de los corredores; cuando uno flojea, los compañeros toman temporalmente el relevo o le animan a perseverar.
El lado oscuro del compromiso público
Sin embargo, no todos son parabienes cuando se trata de comprometerse. Friedrich Nietzsche decía que las promesas más poderosas se hacen en silencio, que después de hacerlas deberíamos llevarnos la mano a la boca, pues la fuerza de la promesa decrece cuando se expresa. Es como si una promesa verdaderamente fuerte, verdaderamente sentida, verdaderamente sincera, tuviera el halo de lo sagrado y el solo hecho de nombrarla la debilitara, como si fuera sacrilegio.
Aparte del argumento casi metafísico de Nietzsche a favor del silencio en la promesa, hay argumentos más psicológicos: Derek Sivers, el músico, minimalista y empresario digital, nos recomienda no hacer nuestros compromisos públicos. Según él, el tiro nos puede salir por la culata; expresar públicamente el compromiso nos hace creer que ya hemos dado un importante paso en dirección a aquello que queremos conseguir, es como si estuviéramos enviándonos el mensaje de que estamos cerca de la línea de llegada sin ni siquiera haber sonado el pistoletazo de salida. Y esa falsa señal de avance resulta confortante y hace menos probable que nos pongamos a hacer el verdadero trabajo.
Moraleja: guárdate tus metas para ti. Vence la tentación de anunciar tu compromiso. Cierra la boca.
Muchos ejemplos tenemos todos los días de gente que dice que va a hacer tal o cual cosa. En ese “voy a hacer” obtienen un anticipo de las mieles del triunfo o del resultado apetecido. Es la euforia que se experimenta en los inicios de año cuando 365 días quedan por delante y todo parece posible. Un buen propósito de inicio de año es una especie de compra a crédito: obtén la satisfacción ahora y paga en 365 cómodos plazos.
El Yo que profirió la promesa podía sentirse muy energizado y virtuoso y hasta admirado haciéndola, pero el Yo que tiene que soportar la presión social y la carga de mantenerla puede resentirse de la imprudencia de su antepasado.
Puede que ese compromiso verbal termine experimentándose como un lastre, como una fuerza externa que nos obliga a hacer algo que no queremos: basta que algo externo nos obligue para que lo rechacemos.
En definitiva, el compromiso público es irónico, tiene una fuerza ambigua: puede impulsarnos a ser fieles a nuestra identidad o yo ideal y promover una actuación estelar, pero también puede resultar una corbata que apriete demasiado el cuello, que entorpezca nuestros movimientos y nos vuelva demasiado temerosos de defraudar al público real o imaginario para el que siempre estamos actuando.
Siempre me ha fascinado la inarrancable dependencia que el ser humano tiene de la mirada del prójimo. Incluso, en el aislamiento social, en la soledad más profunda, la mirada del otro está presente, y uno acicala su aspecto físico y hasta su carácter para gustar a ese ojo colectivo que todo lo ve.
Trabajo todas mis fibras señor @homominimus preocúpese por las propias antes de decirme qué debo o no debo hacer.
La chica que se palpa la tripa y piensa en el rápido progreso de sus abdominales podría ser cualquiera de nosotros. Si has sonreído al leer el tuit de arriba, piensa que no eres muy diferente al tuitero mínimo que salta como un resorte y reconviene el narcisismo de la tuitera; eres el Torquemada que manda a la hoguera al ser inferior moralmente. Pero el inquisidor es tan dependiente de la mirada ajena como la chica que siente la compulsión de darnos la buena nueva sobre su estómago musculado.
Todos nos sentimos impelidos a mostrar y demostrar nuestras pequeñas vidas, nuestros pequeños gustos, nuestras grandes convicciones. Quizá no enseñemos los abdominales, pero sí nuestros bebés sonrosados, o nuestro último artículo, o nuestras ocurrencias en forma de aforismo, o las frases prestadas que nos hacen sentir inteligentes, buenos o deseables.
Recuerdo a un bloguero que tuvo un momento místico en una ciudad del norte de España cuando caminaba solitario por una oscura callejuela. Hasta aquí todo normal (todos tenemos momentos místicos de cuando en cuando). Lo grotesco es cuando el bloguero sintió la obligación de narrarnos el instante en tiempo real y envíar un tuit con foto incluida para que compartiéramos su mística iluminación. Por supuesto, no dejé escapar la ocasión de señalarle su contradicción, contradicción que ni el mísmisimo señor de las Iglesias podría cabalgar, el oxímoron de vivir una epifanía y lanzarse a pregonarla a los cuatro vientos virtuales. Mi exhibición fue sonrojar al exhibicionista.
Yo miro las estadísticas del blog compulsivamente, el otro se precipita a fotografíar su próxima comida y subirla a instagram, y el viajero a lugares exóticos siempre viviendo al máximo nos muestra una foto de la playa exótica que acaba de alcanzar, cual conquistador español del siglo XVI anclando su navío en una playa de Méjico o Perú.
Nos reímos del adolescente que posa y hace mohínes ante la cámara, que se apresura a ver qué tal ha salido en la foto y la sube en unos pocos segundos, para que el resto del mundo comparta su felicidad. Pero todos hacemos morritos a la cámara; podemos ser más recatados o un poco más sutiles; podemos disfrazar de conciencia social o de moralismo o buen gusto lo que siguen siendo gestos de cara a la galería.
Si escribo bien es porque quiero quedar bien ante el lector y mejorar la imagen que tengo de la imagen que el lector tiene sobre mí. No muestro mis abdominales, porque creo que mis palabras son más vistosas y porque mi yo ideal se acerca a más a una neurona musculada que levanta doscientos kilos mentales que a un conejito de gimnasio.
Pero sigo demandando la mirada ajena, la mejor mirada ajena, aunque siempre o casi siempre la mirada del otro esté pensando en la mirada que le mira a él. Somos el escritor que ha venido a hablar de su último libro. Somos el niño que dice mamámiraloquehago. Somos el exhibicionista con gabardina gris en verano —y sin nada debajo— que epata a las señoras.
Viviré con ello: la vida social es un juego de espejos de la risa —unos enfrente de otros reflejando y siendo reflejados— donde todos intentamos quedar bien.
¿Y si te digo que puedes comer sin subir la foto de la comida a instagram?
En inglés, “flinch” es el movimiento rápido y nervioso de la cara o el cuerpo como reacción instintiva ante un miedo o dolor.
En el mundo del boxeo, es un término de la jerga. Un boxeador antes de recibir un golpe puede echarse hacia atrás, dejar de proteger otras zonas del cuerpo y cerrar los ojos. Esa reacción le pone en un aprieto mayor, ya que le vuelve más vulnerable y permite que el contrincante explote las vías de ataque abiertas.
El flinch coloca al boxeador en una actitud más de evitar el dolor o el golpe inmediato que de mantener la guardia alta y seguir atacando. Los entrenadores son conscientes del flinch del novato y emplean métodos de entrenamiento para controlar el reflejo de cerrar los ojos y retroceder cuando van a recibir el golpe.
En los asuntos diarios, en el ring de la cotidianeidad, ante una situación de temor o incertidumbre nos enfocamos en evitar el previsible impacto y en escapar del peligro percibido. El flinch nos hace perder perspectiva y nos impide actuar inteligentemente.
Hace más de un año, en mi desafío de la ducha fría, tuve la ocasión de experimentar el flinch durante los 28 días en que me sometí al agua helada durante cinco minutos todas las mañanas.
El momento más difícil era el inicial, cuando estaba delante del chorro de agua fría, debatiéndome entre someterme al suplicio o no. Según pasaban los días, me lo pensaba menos, me lanzaba con mayor rapidez, aunque nunca dejé de experimentar la aversión y el deseo de salir de la ducha en los primeros minutos.
Poco a poco me fui acostumbrando y la incomodidad, que nunca dejó de existir, fue durando menos tiempo. Hoy en día ocasionalmente me ducho por las mañanas con agua fría o al menos acabo la ducha con ella.
Afrontar este desafío de la ducha fría como primer reto en la mañana me permite empezar el día con energía y con la satisfacción de vencer un obstáculo. Después de la ducha fría, me siento contento conmigo mismo y más propenso a tomar el toro por los cuernos, no retroceder ante las dificultades, hacer las cosas incómodas y seguir avanzando.
Por qué es capital superar el flinch
El flinch aparece en casi cualquier actividad difícil o incómoda en la que podamos pensar: un proyecto que llevo aplazando durante varios días porque sé que el comienzo será difícil y habrá partes que detesto; los diez primeros minutos de una carrera de una hora; tomar el teléfono para hacer esa llamada incómoda a un cliente que llevo postergando varios días; e incluso acciones mucho más pequeñas pero que demoramos porque en ese momento no nos apetece: por ejemplo, cuando no recojo la mesa después de comer y decido dejarlo para después de la siesta.
Hay muchas cosas valiosas que no hacemos simplemente porque no somos capaces de vencer el flinch. El artículo de Leo Babauta (traducido por mí al español)Por qué la incomodidad puede estar arruinando tu vida describe muy bien las consecuencias de no afrontar las actividades difíciles:
Piensa en los problemas más importantes de tu vida –desde la ansiedad hasta la falta de ejercicio regular, una mala alimentación, la procrastinación y otros–.
Casi cualquiera de estos problemas es causado por el miedo a la incomodidad.
La incomodidad no es dolor intenso, es solo la emoción que tienes cuando sales de tu zona cómoda. Para mucha gente comer verduras es causa de incomodidad. También el sentarse para meditar o sentarse con una tarea difícil delante de uno o decir No a otros o hacer ejercicio. (Por supuesto, distintas personas se sienten incómodas con cosas diferentes, pero ya sabes por donde voy.)
Y a la mayoría de la gente no le gusta la incomodidad. Escapan de ella. No es divertido, ¿así que para qué hacerlo?
En La zona de incomodidad: cómo dominar el universo, Babauta, resalta lo crucial de vencer el miedo a la incomodidad y llega a considerar esta habilidad como la más importante para el cambio personal. Es el superpoder por excelencia.
Babauta nos recomienda no solo que toleremos la inevitable incomodidad inicial, sino que aprendamos a sentirnos bien con ella:
De todas las habilidades que he aprendido en los últimos siete años de cambios en mi vida, hay una que sobresale:
Aprender a sentirme confortable con la incomodidad.
Si aprendes esta habilidad, puedes dominar casi cualquier cosa. Puedes vencer a la procrastinación, empezar a hacer ejercicio, mantener una dieta más saludable, aprender un nuevo idioma, afrontar los desafíos y situaciones físicamente exigentes, explorar nuevas cosas, hablar delante del público, dejar a un lado todo lo que sabes y convertirte en un minimalista.
Entrenamiento para el flinch
En el proyecto Los tres hábitos que cambiarán tu vida durante el 2014 he tocado también el tema de las evitaciones y el flinch:
En el Curso de Atención Plena en la primera reencarnación, dedicamos una semana entera a detectar los sentimientos de disgusto y aversión, incluyendo los flinch.
En el Curso de Perseverancia, dimos un paso más allá con la práctica Micro-evitaciones: el diablo está en los detalles:
Te concentrarás en detectar microaversiones, y el impulso de evitar tareas. Una vez que las detectes, harás aquello que te molesta, incomoda o te genera un cierto temor.
Todo el fenómeno de la procrastinación puede superarse si nos acostumbramos a hacer lo que tenemos que hacer, nos guste o no, en el momento en que hay que hacerlo.
Gracias a estas dos prácticas, ahora soy capaz de reconocer el flinch en muchas otras ocasiones:
cuando me siento delante de la pantalla para escribir el artículo del blog del día y siento la desgana de ponerme a escribir (¡el flinch!);
cuando estoy durmiendo plácidamente y suena el despertador y en vez de levantarme inmediatamente me digo que estaría bien quedarse un poco más (¡el flinch!);
cuando estoy en un bar de copas, veo una chica atractiva y siento deseos de conocerla, hago ademán de acercarme pero enseguida siento una punzada en el estómago y me paralizo (¡el flinch!);
cuando en una conferencia siento curiosidad por un tema que el ponente no ha aclarado, y cuando voy a preguntar siento el miedo escénico al anticipar la atención del público en mi persona y el probable temblor en mi voz (¡el flinch!).
Ya tienes un nombre para esa reacción tan natural como potencialmente peligrosa: el flinch. Todos la tenemos, hasta los boxeadores más veteranos, hasta los gladiadores del cambio y habitólogos más aguerridos. Lo que marca la diferencia no está en que sientas miedo o no, en que tengas el impulso de retroceder o no; lo que te hará diferente es cómo manejas el impulso: ¿mantendrás los ojos abiertos, soportarás la incomodidad, mirarás directamente al monstruo y serás el último en pestañear ?
El minimalismo existencial de Homo Minimus y de otros minimalistas ha sido caracterizado como “minimalismo robótico” por las siguientes razones:
Por los principios en los que se basa: ley de Pareto, estrategia de solución de problemas satisfaciente (en oposición a una optimizadora) , consciencia del coste de oportunidad, principio del Kaizen o de gradualidad, mentalidad de crecimiento, ley de Sturgeon (el 90% de todo es basura), mentalidad experimental. simplicidad y complejidad por capas.
Por sus herramientas: poda minimalista, experimentos, misiones, prácticas, retos, desafíos, listas diarias y semanales, cinco grandes rocas, TMIs, técnica pomodoro.
Androide con depresión
Por su profusión de reglas: regla de los siete días, regla de los dos minutos, regla del Hara Hachi bu, regla de la bandeja de correo virginal y varias decenas más.
Por su carácter intencionado y deliberado: estrategia, arquitectura existencial, planes, sistemas de control, rituales, liturgias, formación de hábitos.
Cómo lo justifico
Los principios son preferibles a las recetas. Son matrices a partir de las cuales diseñamos cursos de acción. Son “heurísticos” (reglas simples y eficaces, pero no infalibles) que nos ayudan a tomar decisiones en las encrucijadas vitales; orientan la acción, no son algoritmos.
Las herramientas son opciones, no prescripciones.
Mindful cyborg
Las reglas han de ser siempre personalizadas. Proporciono ejemplos, no camisas de fuerza. Son también heurísticos, aunque más específicos que los principios; son fruto de mi experiencia, han surgido evolutivamente. Has de adaptar mis ejemplos, o, mejor, crear tus propias reglas.
Los hábitos y su formalización en rituales son el fundamento del cambio personal. El programa de un año Los tres hábitos que cambiarán tu vida tiene como propósito convertirte en un habitólogo. Los hábitos asumidos conscientemente son la forma que tenemos de elegirnos.
Los rituales y sistemas de control también tienes que diseñarlos tú. Yo no doy consejos como si administrara píldoras o algún otro tipo de medicación. Inspiro, no prescribo.
En cuanto a las estrategia, ciertamente, hay estrategia; mucha estrategia. Pero NO SOLO en el sentido en el que se entiende habitualmente: como plan deliberado y con un sistema de objetivos en cascada; mi concepto de estrategia incluye además de los planes deliberados, las estrategias emergentes, el descubrimiento de posiciones competitivas favorables y las visiones (más o menos borrosas) de resultados deseados.
Una síntesis
La vida es una obra de arte
Somos artistas y artesanos
Los artistas imaginan futuros posibles que quieren traer a la existencia
Los artesanos tienen muchas herramientas y las emplean con un propósito
La conciencia es el principio de la liberación
La inspiración es necesaria pero no suficiente
Necesitamos inspiracCión: la acción es la esencia del cambio
La voluntad es la gestión inteligente de los motivos
Los hábitos y rituales son la manera de hacer honor a las intenciones
Nuestra cultura es cada vez más una cultura de la satisfacción instantánea. Lo queremos todo y lo queremos ya. Si no lo tenemos nos frustramos. Por eso buscamos las soluciones rápidas.
Todas las lenguas tienen alguna expresión para esta compulsión: “cura con tiritas” es una expresión inglesa; los finlandeses dicen “arreglar un pinchazo de rueda con chicle”; los franceses, “solución de fortuna”; en español, podríamos decir “llena pero no alimenta”, como la comida de los establecimientos de comida rápida, o «poner parches»; los coreanos tienen la vívida expresión “orinar sobre piernas congeladas”.
Esta última frase recoge muy bien el espíritu de las soluciones rápidas a problemas complejos: el calor del líquido proporciona alivio casi instantáneo a la fría pierna, pero cuando se seca y solidifica sobre la extremidad antes congelada, solo deja hedor y profunda incomodidad.
La mayoría de los blogs de desarrollo personal —incluido este— proporcionan soluciones simples para cualquier problema que tengas. De hecho, creo que el auge de los blogs tiene mucho que ver con la intolerancia para la lectura lenta, la complejidad y el pensamiento reflexivo. Sospecho que cada vez que escribo artículos de más de mil palabras pierdo el ochenta por ciento de los lectores. No quiero pensar qué pasa cuando escribo artículos de cuatro mil o seis mil.
Tenemos hambre de grafiticación inmediata, necesitamos ilusión de cambio y recetas indoloras. Los blogs de gente como yo —que da consejos a diestro y siniestro, perora sobre lo divino y lo humano, y te muestra el camino— son legión.
Todo es fácil, claro, sencillo: “Las diez cualidades de las personas de éxito”, “El minimalismo existencial en cien frases”, “La semana laboral de cuatro horas”, “Los siete pasos para la riqueza”, “Veinte mantras para encender la tenacidad y la perseverancia”, “Las cinco claves de la felicidad”, “El cuerpo de cuatro horas”, “Los tres hábitos que cambiarán tu vida”, «Diez consejos para alcanzar la calma.»
Lectura rápida (mil palabras por minuto), aprender meditación en un retiro de fin de semana (felicidad rápida), envíos rápidos, aprendizaje rápido, programación neuro-lingüística (cambio rápido), soluciones gubernamentales (rápidas), aprender alemán en 7 días, perder tres kilos en tres semanas, citas rápidas (siete personas en veintiún minutos), conviértete en un programador web en ocho semanas, abdominales en quince días (la revista Men’s Health antes del verano), préstamos concedidos en veinticuatro horas, consumo a la velocidad del capricho, comunicaciones instantáneas (electricidad para el afecto), tarjetas de crédito (cocaína para el deseo de tener), charlas TED (anfetaminas para el espíritu).
El sector sanitario está más enfocado en la búsqueda del alivio inmediato que en la salud en sentido amplio: siempre es más fácil tomarse unas pastillas que cambiar el estilo de vida. El marketing y la publicidad sostienen modelos de negocio que se basan en azuzar el deseo, provocar insatisfacción con lo que ya tenemos y generar un nuevo deseo; así en una cadena interminable. El sector de la moda es una cadena de compra, satisfacción momentánea, búsqueda ansiosa de la novedad y más compras repetidas hasta el infinito.
¿Qué es facebook o twitter más que una solución rápida, barata y profundamente insatisfactoria al problema de la soledad y el deseo de conexión con otros seres humanos?
¿Cómo conseguir que nuestros días sean más intensos, relajados, espontáneos, punzantes, alegres? ¿Cómo escapar de la carrera de la rata? ¿Cómo dejar de ser el hámster que gira en la noria de juguete? ¿Cómo recuperar la confianza sin aferrarnos a nada? ¿Cómo renunciar a querer controlarlo todo? ¿Cómo aumentar el ratio de tiempo subjetivo por metro cuadrado de tiempo cronológico?
Disintegration of Persistence en wikipedia
¿Cómo mejorar las decisiones permitiendo que la modalidad difusa del pensamiento pueda intervenir? ¿Cómo dejar de pre-ocuparse y vivir más en el momento? ¿Cómo comparar menos este instante con otros instantes? ¿Cómo ser menos reactivo? ¿Cómo identificarnos menos con las emociones, los pensamientos, las sensaciones? ¿Cómo dejar de estar en otro lugar y en otro país?
¿Cómo considerar la vida emocional como una suerte de mensajería instantánea? ¿Cómo reducir la presión? ¿Cómo ser conscientes de la vida mientras está pasando? ¿Cómo recobrar la calma sin caer en el quietismo? ¿Cómo afinar el instrumento hombre a lo largo del día (no solo en las mañanas en las sesiones de meditación formal)? ¿Cómo estar más en paz con los semejantes y uno mismo? ¿Cómo dejar de apretar los dientes (bruxismo) y fruncir el ceño?
¿Cómo ser más conscientes de las emociones? ¿Cómo ser más conscientes de los sabores? ¿Cómo no perderse los matices e insinuaciones en las conversaciones? ¿Cómo convertirse en un ninja de la comunicación no verbal? ¿Cómo estar menos dentro de la cabeza y más en contacto con el mundo? ¿Cómo implantar el paradigma del velocista? ¿Cómo pensar menos y hacer más? ¿Cómo hacer menos pero mejor? ¿Cómo convertir el pensamiento enfocado en una carga de caballería que solo se lanza en el momento preciso y con caballos frescos?
¿Cómo adoptar una actitud contemplativa? ¿Cómo hacer más conexiones inesperadas y eficaces? ¿Cómo invocar al espíritu de la escalera? ¿Cómo practicar la búsqueda de objetos físicos y mentales minimalista? ¿Cómo adoptar una atractiva actitud de intensidad y desapego?
¿Cómo pasar por la vida sin que ella pase por nosotros? ¿Cómo elegir mejor las batallas? ¿Cómo descartar escaramuzas donde no se resuelve nada? ¿Cómo conectar las acciones cotidianas con la visión y los valores? ¿Cómo reducir la avalancha de entradas sensoriales, informacionales, sociales? ¿Cómo actualizar el sistema operativo personal (POS)? ¿Cómo comportarte como si fueras más sabio? ¿Cómo pararse a oler las rosas?
¿Cómo reducir el volumen del fragor de los días? ¿Cómo ser más racional? ¿Cómo generar más conexiones mentales? ¿Cómo aprovecharse de los procesos inconscientes? ¿Cómo aumentar el espacio y eficacia de memoria de trabajo (la pizarra mental donde ejecutamos las operaciones mentales conscientes)? ¿Cómo aumentar la caridad cristiana y la compasión budista?
Siendo el minimalismo existencial un diseño de vida, tenemos que hablar de estrategia existencial. ¿Ha de haberla? ¿Siempre la hay? ¿Qué significa?
Hay conceptos de estrategia muy diferentes pero complementarios. Conocerlos nos ayudará a definir nuestra estrategia vital.
Estrategia deliberada o estrategia como plan
Estrategia emergente o estrategia como patrón
Estrategia como lugar en el mundo
Estrategia como visión
Estrategia deliberada o como plan
Una vez tomada una resolución voy directamente hacia mi objetivo derribando lo que me cierra el paso.
—Cardenal Richelieu
Estrategia deliberada o como plan
Hay un lugar donde quiero llegar. Determino el camino o sucesión de acciones que voy a seguir para alcanzarlo. Una vez definidos los objetivos organizo la acción de forma deliberada para obtener lo que deseo. Divido los objetivos vitales en planes quinquenales (como si fuera un planificador soviético), anuales, mensuales, y programo las acciones correspondientes a través de listas de tareas semanales y diarias. Es un enfoque de mando y control
Esta es una concepción común sobre la estrategia: metas, una cascada de planes jerárquicos para alcanzar las metas y una secuencia de pasos dentro de un carril predeterminado; si lo sigo sin desviarme me conduce a los objetivos que me había planteado.
Ejemplo: Homo Minimus es un elaborado producto de Marketing. Necesitó de una cuidadosa planificación y programación de acciones. Determiné las potenciales fuentes de ingresos, consideré que la satisfacción de escribir mantendría mi motivación a lo largo de los varios años necesarios para crear un blog de éxito. Hice un análisis de costes y consideré que el proyecto era viable. Decidí una rutina de trabajo diaria y los contenidos de los cien primeros artículos. Diseñé cuidadosamente el blog, y preparé estrategias de SEO y marketing de redes sociales. Han pasado cuatro años, y he seguido el plan original con alguna corrección menor. El crecimiento ha sido un poco más lento de lo esperado, pero todo ha ocurrido tal y como lo había previsto, casi como un mecanismo de relojería.
Palabras clave: acción deliberada, intención, planes, planificación y control, programación, previsión, objetivos, horizonte temporal, corrección desviaciones, pensamiento lineal, jerarquía de fines y medios, racionalismo, gestión de recursos.
Lemas: “Sé lo que quiero y programo cuidadosamente el curso de acción que me llevará a ello”. “Si me desvío, hago las correcciones pertinentes y vuelvo al camino”. “Mis acciones determinan las circunstancias”. “Primero lo primero”.
Estrategia emergente o como patrón
Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
—Discurso de graduación Stanford. Steve Jobs.
Estrategia emergente o estrategia como patrón
Doy un paso, actúo a base de impulsos, reacciono a las oportunidades que se presentan, veo lo que funciona y me satisface, descarto lo que no… y cuando miro atrás me percato de que aparece un patrón coherente, una línea que me condujo a un buen resultado y que retrospectivamente parece sensata, pero que no había planeado inicialmente y que ha surgido a lo largo del tiempo.
Da la sensación de que he actuado como si tuviera una meta y como si hubiera tenido desde el principio una estrategia deliberada o plan. Pero esto es una ilusión cognitiva: el plan solo existe como explicación a posteriori de un comportamiento que fue emergiendo de forma orgánica como interacción entre mis deseos y las oportunidades que se fueron presentando.
Ejemplo: Homo Minimus surgió fruto del azar y la necesidad, no había ni plan ni metas explícitas; el blog surgió casi de la nada: estaba pasando un sabático en Edimburgo, tenía mucho tiempo y posibilidades de experimentación. Bajaba andando por Queen Street, surge en mi mente un nombre simpático: “Homo Minimus”. Me hace gracia, me olvido. Dos semanas después me digo que voy a escribir un blog y recuerdo el simpático nombre. Abro un blog gratuito en wordpress y escribo intermitentemente; según pasa el tiempo conozco a otros blogueros. Me voy animando a escribir, se me da bien. Una idea lleva a otra y cuatro años después tras muchos altibajos y vicisitudes, he escrito más de cuatrocientos artículos . Mirando atrás me doy cuenta de lo poco que planeé y de lo natural que me resultó todo.
Homo Erectus -> Homo Sapiens -> Homo Minimus (gracias, Herman)
Lemas: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, “Para saber lo que quieres tienes que conocerlo”, “Más de lo que me gusta, menos de lo que no me gusta”, “Dios proveerá”, “Una cosa llevó a la otra”.
Estrategia como lugar en el mundo
Futuro: Periodo de tiempo en el que prosperan nuestros negocios, nuestros amigos son verdaderos y nuestra felicidad segura.
—Diccionario del diablo. Ambrose Bierce
Estrategia como lugar en el mundo
Dados mis talentos, intereses, recursos personales, entorno, competidores, decido que un determinado puesto, posición o lugar en el mundo es el que me permitiría obtener el máximo de la vida. El lugar en el mundo puede ser trabajar como desarrollador independiente, dedicar mi vida a viajar por el mundo, crear un negocio o fundar una familia.
A partir de ahí, todo es empujar y empujar hasta que consigo establecerme en el lugar elegido. Me sitúo en un hábitat o entorno que me satisface, para el que estoy preparado, donde puedo aportar lo mejor y donde mi actividad me dota de los mejores frutos.
El peso de la estrategia como lugar en el mundo recae en el análisis del entorno , de mis fortalezas y debilidades y la búsqueda del encaje más beneficioso posible entre yo y la realidad. Analizo mis talentos, mis intereses o pasiones y las posibilidades, y decido que voy a ser X, Y o Z.
Luego puedo elaborar un plan o simplemente tomar decisiones que me sitúen más firmemente en ese lugar y tiempo ideal donde mis sueños son realizados, mi felicidad completa y las promesas cumplidas.
Ejemplo: He decidido que lo mío es la escritura y que estoy especialmente dotado para las distancias cortas: breves artículos. Mis capacidades e intereses están alineados con lo que se requiere para tener éxito en el mundo de los blogs. Analizo el mercado y veo que hay un hueco que llenar y que está relativamente vacío de competencia: el mundo del minimalismo. Estudio la historia y la actualidad del movimiento minimalista en el mundo. Analizo las estrategias y modelos de negocio de gente de éxito como Leo Babauta, The minimalists y otros autores anglosajones. Decido que voy a intentar convertirme en el bloguero minimalista de referencia en la blogosfera en español, aunque no sepa exactamente cómo. Desde el primer día, tengo claro el tipo de blog que quiero crear, mi público objetivo y los beneficios que proporcionaré a mis lectores. Homo Minimus es el lugar del hiperespacio donde me siento más a gusto, donde encuentro al tipo de gente más afín, en el que más puedo aportar y me hace más feliz.
Palabras clave: posición, lugar en el mundo, habilidades y talentos personales, entorno, hábitat, competencia, nicho de mercado, adaptación, posibilismo, mares rojos (por la sangre de los competidores)
Lemas: “Para obtener valor hay que generar valor”. “¿Dónde puedo aportar más al mundo y ser retribuido por mi contribución? “. “Hay un roto para cualquier descosido”. “¡Busca tu elemento!”.
Estrategia como visión
Las estrategias son sueños en busca de realidad
—Lapierre
Estrategia como visión
Estoy lanzado a la vida, todo está por hacer, tengo que elegir mi esencia y crear mi proyecto vital. Me falta algo, quiero que algo que no existe exista, atisbo un cierto modo de vida, pero el futuro está abierto. Algo me ayuda: sé lo que no quiero, conozco algunas de mis restricciones, lo que quiero evitar .
Tomo la realidad como materia prima y mis borrosos sueños como brújula. Imagino una visión del tipo de vida que quiero traer a la existencia, es ilusionante. A la vez, soy realista y veo la brecha que me separa de ella. Construyo castillos en el aire, sí, pero enseguida me pongo a construir los cimientos y me pongo en marcha.
Mi vida es una obra de arte: yo soy el pintor, el lienzo, el pincel, el crítico y el espectador. Poco a poco, de forma deliberada o por accidente y acumulación de acciones, me voy aproximando a la vida que un día fue toscamente imaginada.
Cuando tengo que tomar una decisión poco importante, siempre he creído mejor considerar todos los pros y los contras. En decisiones vitales, sin embargo, la decisión debería provenir del inconsciente, de dentro de nosotros.
—Sigmund Freud
Ejemplo: Homo Minimus es el fruto de una visión. Es una pequeña obra de arte que comenzó como una idea borrosa y que ha terminado llenando un hueco importante, aunque no pudiera determinar a priori su forma definitiva. Muchos Homo Minimus podían haber satisfecho mi visión. El producto definitivo es uno entre otros posibles. La visión se fue haciendo más nítida gradualmente y me fue guiando por el camino, descartando lo que no ayudaba a realizarla y eligiendo lo que la iba perfilando hasta construir el blog actual.
Palabras clave: arte, revelación, creación, visión, ideales, carácter, perspectiva, ilusión, anhelo, valores, existencialismo, océanos azules (espacios abiertos, llenos de posibilidades).
Lemas: “La estrategia vital es un sueño en busca de su realidad”, “ No sé exactamente lo que quiero (visión más o menos borrosa que va haciéndose nítida poco a poco) , pero sé lo que no quiero (restricciones)” .“Algo que no existe pero que quiero que exista”. “Hasta el infinito y más allá”. “Estoy en una ciénaga con mi caballo, me elevo tirándome de los cabellos hacia arriba con caballo y todo”. “La visión sin ejecución es alucinación”. “No sé dónde están mis límites, pero sé dónde no están”.
Hay dos tipos hablando en voz alta a mi lado y masticando sonoramente su hamburguesa.
Tengo agujetas.
No tengo ganas de levantarme a la hora prevista.
Quiero tumbarme en vez de lavar los platos.
Quiero hacer algo más fácil que escribir este artículo
No me apetece hacer fondos de brazo hoy. Mañana sí.
Me descorazono porque todo son obstáculos y no veo los frutos.
Quiero acabar el pomodoro antes de tiempo.
No me apetece hacer la llamada comprometida que preveo será tensa.
Prefiero quedarme en casa en vez de salir con amigos, charlar y escapar de mi pequeño y egocéntrico mundo.
Son las 22:02, solo llevo 5.542 pasos hoy y no tengo ganas de andar hasta los 10.000 programados.
Me vienen cien pensamientos negativos, me inunda el cansancio y el hastío de intentarlo sin ver resultados.
Superpoder: tomo nota mental. Dejo que la sensación esté conmigo. No intento ahuyentarla. No salgo en estampida para eliminarla. La emoción se atenúa. O quizá no. Pasan unos segundos-minutos-horas. Me pongo en marcha. Hago lo correcto sin importar cómo me estoy sintiendo.
Gaman (我慢) es una palabra japonesa con origen en el budismo zen que significa “soportar lo aparentemente insoportable con paciencia y dignidad”. La palabra se traduce generalmente como “perseverancia”, “paciencia”, “tolerancia” o “auto-negación”. Un término relacionado, gamanzuyoi (我慢強い gaman-tsuyoi), compuesto con tsuyoi (fuerte), significa “sufrir lo insoportable” o “tener una gran capacidad para la resistencia estoica”.
El Gaman se describe de diversas formas como una “ley”, una “virtud”, “un principio moral”, un “rasgo”, etc. Significa hacer lo mejor que puedas en tiempos agitados y mantener el auto-control y la disciplina.
En el minimalismo existencial, también necesitamos modelos en los que inspirarnos, personas que ejemplifiquen los principios, valores e ideales que intentamos plasmar en nuestras vidas. No para seguirlos acríticamente, pero sí para abrir los ojos ante la magnitud de lo posible y hacernos conscientes de forma vívida de muchos rasgos dignos de imitación.
En el catolicismo, tenemos los hechos de la vida de los santos, una colección de estampas que ejemplifican formas de vivir virtuosa para los cristianos en sus más excelsas formas. En el minimalismo existencial, tenemos a Henry David Thoreau, Leo Babauta, y… a Diógenes de Sinope.
Diógenes de Sinope es el personaje que he elegido como santo patrón de MI minimalismo, un filósofo griego del siglo V antes de cristo, del que no nos quedan obras escritas pero sí referencias a sus ideas y hechos de su vida a través de otros autores.
Al igual que Sócrates, que no escribió nada y cuyo magisterio nos ha llegado a través de Platón, Diógenes es un personaje que hablaba principalmente a través de sus actos, de su forma de vida y sus gestos. Tenemos una colección de anécdotas, algunas probablemente apócrifas o, cuando menos, no exactas, pero que nos proporcionan un retrato coherente de una personalidad y una actitud existencial. Es en esta actitud ante la vida más que en sus ideas filosóficas en las que quiero centrarme.
Simplicidad elegida y rechazo del materialismo
El síndrome de Diógenes, del que quizá hayáis oído hablar, no tiene nada que ver con el personaje del que estamos hablando. Nada más lejos del minimalismo la patología mental de acumulación de objetos que va unida generalmente a la senilidad, el aislamiento social y la suciedad.
Este “Sócrates delirante”, como le llamaba Platón, caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, dormía en los pórticos de los templos envuelto únicamente en su capa y tenía por vivienda una tinaja.
Diógenes, por el contrario, era un filósofo cínico que vivía como un vagabundo en las calles de Atenas y dormía en una tinaja . Sus únicas pertenencias (ríete tú del proyecto 333) eran un bastón, una capa, un zurrón y una escudilla para beber. Y llegó a prescindir de este último objeto por innecesario:
Un día vio como un niño bebía agua con las manos en una fuente: “Este muchacho, dijo, me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas”, y tiró su escudilla.
Desdén por la autoridad y las costumbres
Diógenes, nació en la colonia griega de Sinope (actual Turquía), su padre acuñaba monedas. Se vio envuelto en un escándalo por adulteración de moneda, fue exiliado y perdió su ciudadanía. Fue a vivir a Atenas y allí convirtió en su meta vital desafiar los valores y costumbres establecidas; cambió la adulteración de la moneda metálica por la depreciación de la moneda política. Creía que la gente no se molestaba en descubrir la verdadera naturaleza del mal y se conformaba con seguir acríticamente los usos y costumbres del momento.
Uno de los rasgos más admirables de este personaje es su falta de respeto por la autoridad y su coraje no exento de arrogancia y provocación para expresar sus opiniones incluso ante los más poderosos. La anécdota con Alejandro Magno es un gran ejemplo de esta actitud independiente y desdeñosa con el poder:
Durante los Juegos Ístmicos, expuso su filosofía ante un público numeroso. Pudo haber sido allí donde conoció a Alejandro Magno. Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes le respondió: “Sí, tan sólo que te apartes porque me tapas el sol.”
Los cortesanos y acompañantes se burlaron del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Alejandro cortó sus risas diciendo: “De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes.”
Es obvio que para Diógenes la pompa y el boato del poder político y económico eran irrelevantes:
En otra ocasión, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Diógenes dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre, pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”.
La muerte nos iguala a todos y en lo esencial, no importa las diferencias entre seres humanos, estamos expuestos a los mismos dilemas existenciales.
Nuestro patrón del minimalismo existencial lleva a la máxima expresión la desconfianza por las costumbres de la época y las somete a crítica con su acción diaria, a veces de forma muy provocadora: se cuenta que Diógenes acudía a la salida del teatro y caminaba en dirección contraria al curso de la multitud abandonando el espectáculo. Cuando le preguntaban que por qué hacía eso, decía que era lo que llevaba toda su vida haciendo: ir contra la corriente.
Lo que puede interpretarse como rebeldía o espíritu de contradicción es mejor interpretarlo como afirmación del valor de la individualidad y desprecio por el consenso o aceptación general como criterio de verdad. Muchas de las anécdotas de Diógenes son el equivalente a las modernas performance artísticas, una mezcla de provocación, espectáculo y enseñanza moral.
Por ejemplo, una de sus performances filosóficas consistió en caminar en pleno día con una lámpara diciendo que estaba buscando un hombre honesto.
En su crítica de lo establecido, Diógenes llegaba al extremo de rechazar incluso las ideas normales sobre la decencia. Se dice que comía en el mercado, orinaba sobre la gente que le insultaba, defecaba en el teatro y se masturbaba en público. Cuando se le preguntó por esta última indecencia decía: “si solo fuera tan fácil calmar el hambre rascándose la barriga…”.
Su comportamiento era su forma de enseñar. Intentaba demostrar que la sabiduría y la felicidad pertenecen al hombre que es independiente de la sociedad y que la civilización es regresiva. Para él la moralidad implicaba el retorno a la simplicidad de la naturaleza: “Los seres humanos han complicado todos y cada uno de los simples regalos de los dioses”.
Mi minimalismo existencial no es anti-nuevas_tecnologías (después de todo, tengo móvil y escribo en un blog), pero sí que comparto la necesidad de acoger críticamente cualquier innovación tecnológica, no sin antes al menos haber evaluado sus pros y sus contras, so pena de convertirnos en meras ratas de Skinner que actuamos bajo el influjo de lo último y lo más brillante y quedamos inermes antes las armas de la publicidad.
Ciudadano del mundo y espíritu libre
Aunque Sócrates se había identificado previamente como perteneciente al mundo más que a una ciudad en particular, a Diógenes se le atribuye el primer uso conocido de la palabra “cosmopolita”. Cuando le preguntaba que de dónde era, él respondía: “Soy un ciudadano del mundo” (cosmopolites). Esta era una afirmación radical en un mundo donde la identidad de un hombre estaba íntimamente ligada a su ciudadanía en una particular ciudad-estado. Siendo un exiliado y desarraigado, un hombre sin identidad social, Diógenes dejó marca en sus contemporáneos.
El minimalismo es un diseño de vida, y esto, nos guste o no, significa tomar una actitud desapegada y objetiva ante las plantillas vitales que nos proporciona nuestra cultura y entorno social. Sin esta distancia, es difícil reconsiderar la dirección que queremos dar a nuestra vida y ser creativo en los medios que empleemos para iniciar nuestro camino.
Empirismo y lógica
Algunos autores afirman que Diógenes escribió más de diez obras, muchas cartas y algunas tragedias, pero nada nos ha llegado. Es lo mismo que ha ocurrido con otros filósofos cínicos. Afortunadamente, lo esencial de la escuela cínica está unido a la práctica. Por eso, la colección de anécdotas a las que estoy haciendo referencia contienen el sustrato de la filosofía vital de nuestro santo patrón del minimalismo existencial.
Los seguidores de este blog ya conocen mi casi obsesión con la mentalidad experimental y con la acción como la vía regia hacia el conocimiento. Huyo de las ideas precocinadas y definitivas sobre las cosas o los trajes de talla única. Creo que cualquier idea, por muy coherente que sea lógicamente, por mucho valor aparente a priori que tenga o por mucho que sea bendecida y sea partícipe de la sabiduría popular, debe pasar la prueba de fuego empírica, el test de la realidad, la corroboración de la práctica.
Asistiendo a una lección de Zenón de Elea, que negaba el movimiento, Diógenes se levantó y se puso a caminar.
Si estamos hablando de diseño de vida minimalista o de aerodinámica existencial no queda más remedio que someter nuestros diseños al túnel de viento de la experimentación personal, como hacemos en las prácticas, misiones y retos propuestos en el blog.
Y hemos de tomar los resultados siempre como aproximados y provisionales, pues es en el contexto más amplio de nuestras vidas y personales circunstancias donde han de probar su eficacia o conveniencia. En algún momento, hemos de salir del simulador y probar nuestros prototipos en el torrente de la existencia, en las tormentas y encrucijadas a las que todos estamos irremisiblemente sometidos.
Diógenes, un hombre cuya vida era la encarnación de su filosofía, ridiculizaba la abstracción platónica y la excesiva confianza en las categorías lógicas y los sistemas:
Cuando Platón le dio la definición de Sócrates del hombre como “bípedo implume”, por lo cual había sido bastante elogiado, Diógenes desplumó un pollo y lo soltó en la Academia de Platón diciendo “¡Te he traído un hombre!”. Después de este incidente, se añadió a la definición de Platón: “con uñas planas”.
Tenemos que crear clasificaciones, porque nuestra mente funciona así y porque nos permite organizar el mundo y simplificarlo, pero no hemos de pensar que nuestros modelos mentales son el mundo; son solo herramientas conceptuales que nos hacen comprensibles los fenómenos y proporcionan guía para la acción.
La figura excéntrica y a veces extrema de Diógenes de Sinope me inspira y me anima a traspasar los límites mentales de lo que creo posible y me recuerda el valor del individualismo y la desconfianza de la autoridad, sea en la forma personal de un cargo político, un jefe de departamento o un experto, o de la más sutil y abstracta presión social de la costumbre o la sabiduría popular.
Esta mañana, justo antes de escribir estas letras que estás leyendo ahora, me he pasado veinte minutos viendo páginas web, mirando el correo electrónico y demorando el comienzo de mi pomodoro de escritura diario en este blog. Esto va contra mi regla de Empezar el día sacando, una de las reglas más antiguas e importantes de mi sistema de productividad minimalista.
Cuando lo he advertido, ya había pasado un buen rato desde que me había sentado a trabajar (presuntamente) y he sentido el fastidio de quebrar la regla. Me he dado cuenta de que durante unos minutos he olvidado la regla de comenzar el día con las cosas importantes, con mis compromisos y obligaciones. El entrenamiento del curso de atención plena me ha hecho más consciente de mis emociones y por eso he sido capaz en tiempo real de observar mi estado emocional sin sobrerreacionar.
He recordado uno de los consejos del Reto de meditación 10×10: no flagelarme por los errores, darme cuenta de la desviación de mi atención con serenidad, sin amplificar mi descontento, y retomar el rumbo con suavidad.
Y aquí estoy en medio del pomodoro intentando gesticular con palabras pensamientos inconexos y dotarlos de unidad para extraer alguna lección o enseñanza.
Ya he hablado de las líneas rojas (puntos no negociables, límites máximos y mínimos) y su utilidad para evitar pendientes resbaladizas: un minuto para ver el correo se convierte en cinco, y en diez y en veinte. Como siempre se puede demorar el comienzo un minuto más, y como un minuto no supone una gran diferencia en el gran sistema del universo, el comienzo de la actividad incómoda se demora.
Solo escribo cuando estoy inspirado. Afortunadamente, siempre estoy inspirado a las nueve en punto todas las mañanas.
—William Faulkner
Puesto que no tengo un punto exacto donde empezar el pomodoro, este tiende a demorarse, los descansos a hacerse más largos y mi actividad pierde foco. Se me ha ocurrido (¡Gracias Yo Ocurrente[o Inteligencia Generadora]!) que si supiera cuándo empezar exactamente el pomodoro habría una línea roja clara que actuaría como detonante del inicio del pomodoro y evitaría la postergación cotidiana.
La solución está en el título de este artículo: empezar mis pomodoros a las 8.30, 9:00, 9:30, etc. O a las 16:00, 16:30, 17:00, etc. Exactamente, sin dudas ni demoras. Con eso se acaba el debate interior sobre si empezar ahora o dentro de cinco minutos y reduzco la fricción de la decisión. Como mis pomodoros son de veinticinco minutos, eso me asegura un máximo de cinco minutos entre pomodoro y pomodoro. Sería una buena forma de automatizar el inicio de los pomodoros y de asegurarme que cumplo los descansos entre pomodoro y pomodoro.
No sé si con esta nueva técnica he hecho una muesca en el universo o si simplemente he añadido una regla más a mi caja del minimalismo robótico.
—Lema de Texas Industries, citado por Peters y Waterman en En busca de la excelencia
Una mente inquieta, es decir, una mente humana, se encuentra siempre con muchos más intereses que con horas en el día para cultivarlos.
Hay diferencias individuales.
Están los que saben que quieren hacer con su vida desde que tienen seis años y tienen un tema central que es el hilo conductor de su existencia. Es lo que llamamos vocación: algo refulgente emocionalmente llama desde la distancia y la persona decide acudir a esa llamada. Por ejemplo, una niña que quiere ser escritora desde que tiene uso de razón y que dirige su vida según esta meta. O un niño al que le gustan mucho los animales y decide ser biólogo o veterinario.
En el otro extremo, estamos los que tenemos que hacer un esfuerzo continuo por mantenernos centrados. Tenemos una mentalidad de mariposa: vamos de flor motivacional a flor motivacional; nos ilusionamos con facilidad con nuevas aficiones, libros, personas, trabajos, etc., pero pasado el periodo de deslumbramiento, empezamos a perder fuelle, miramos a nuestro alrededor y aparece algo que desde la distancia resulta más atractivo (la hierba del vecino es siempre más verde), gradualmente vamos abandonando el interés anterior y un nuevo tema ocupa el primer plano de nuestra conciencia… durante un tiempo.
También es habitual mantener varios intereses simultáneamente, unos compitiendo con otros por nuestros escasos recursos de tiempo y atención, sin que logremos progresar sustancialmente en ninguno de ellos; por ejemplo, con las aficiones a las que dedicamos los fines de semana, los veranos o que abandonamos y retomamos cíclicamente.
La lucha de distintos y enfrentados intereses por aumentar su cuota de atención en la mente se exacerba en un mundo donde hay más posibilidades que nunca y más información sobre ellas. En La paradoja de la elección vimos que tener más opciones dilata el periodo de decisión y aumenta la insatisfacción con la decisión tomada. La opción descartada quema cuando la opción elegida pierde brillo. Es fácil experimentar el síndrome del niño en la pastelería, queriendo probar todos los pasteles sin detenerse a saborear ninguno.
Mantener las opciones abiertas es un consejo razonable en un mundo donde una opción mejor siempre está a la vuelta de la esquina. De ahí el miedo al compromiso en muchos aspectos de nuestras vidas; lo percibimos como castrante o restrictivo.
Cómo podemos centrarnos
Partamos de la base de que solo tenemos una limitada cantidad de energía y que profundizar en un tema es siempre muy costoso. La maestría o la excelencia solo es posible en un campo, quizá dos, pero no más. Necesitamos algún imán de la acción para mantenernos enfocados, para orientar nuestros esfuerzos en unas pocas direcciones.
Scott Young, un bloguero especialista en aprendizaje, recomienda distinguir entre intereses y compromisos.
Un interés es cualquier tema del que nos apetece explorar, probar o saber más. Podemos tener todos los que queramos. Podemos dedicarles tiempo, hacer cursos, ponernos algún objetivo, pero no son obligatorios. Los cultivamos porque nos apetece.
En mi caso, mis intereses actuales (y seguramente pasajeros) son los siguientes: filosofía existencialista, fundamentos morales de la política, el Shabbat judío, el estoicismo, el transhumanismo, psicología de la escritura, rudimentos de cocina, arquitectura del tiempo, los siete pecados capitales y virtudes cardinales en el catolicismo, la inteligencia ejecutiva, la mente extendida, el curso A brief History of Humankind de Coursera, los grupos de debate, David Foster Wallace, sociología de la red, algoritmos genéticos, desarrollar mi oratoria, La Teoría de los sentimientos morales de Adam Smith, la obra del economista Hayek, el curso de Creative Problem Solving también de Coursera, etc. Son unos cuantos.
Los compromisos, en cambio, son pocos (en mi caso, dos). No son opcionales o coyunturales. Son los proyectos a los que consagro las mejores horas del día o la semana (excepto en el Shabbat, que es un palacio de tiempo de descanso y celebración, libre de trabajo y esfuerzo). Aquí no tengo opción. Forman parte de mi identidad actual y no son materia de negociación diaria. Me definen en esta reencarnacióny probablemente en las siguientes. Para que entre un nuevo compromiso ha de salir otro.
De esta manera, me enfoco en unas pocas prioridades estratégicas, que he llamado compromisos para enfatizar su carácter personal y moral.
He decidido reducirlos a dos porque encuentro que si son más derivan fácilmente hacia simples intereses, y porque un número pequeño me mantiene centrado. Dos me parece un buen número porque si me estanco o frustro en uno de mis compromisos siempre tengo el otro para obtener satisfacciones y experimentar algún avance.
Hazlo ahora
¿Qué compromisos (aparte de tus obligaciones laborales y familiares) tienes actualmente? Formúlalos por escrito.
¿Qué intereses tienes más o menos revoloteando en tu inconsciente? Haz una lista rápida.
¿Distingues bien los que son compromisos de lo que son intereses?
¿Más de tres compromisos? ¿Podrías “degradar” a algunos compromisos y calificarlos como meros intereses?
¿Hay algún tema central a varios de tus compromisos? Si es así, ¿podrías reducir el número de tus compromisos creando una categoría más amplia?
¿Eres consecuente con los compromisos y tienes un sistema para hacer honor a tu intención de mantenerlos y cumplirlos? Por ejemplo, dedicando uno o dos pomodoros obligatoriamente al día.
A todos se nos extravían objetos físicos. Y también objetos mentales. En este último caso lo llamamos “olvido”, en el primero, “pérdida”. Es algo que nos ocurre habitualmente. Si eres como yo, esto te genera una cierta tensión en forma de frustración, sensación de fastidio o inquietud. ¿Dónde está esa chaqueta que tanto me gusta? ¿O cuál era esa idea que me pareció tan maravillosa mientras subía al autobús pero que se me olvidó anotar? ¿Qué tenía que hacer sin falta esta tarde porque se acaba el plazo? ¿Qué llamada urgente tengo pendiente?
A veces se nos olvidan palabras, sabemos que están en algún lugar de nuestra memoria, pero no podemos recordarlas. ¿Cómo se llaman los ascetas que empezaron el movimiento monástico cristiano y que se iban a meditar o expiar sus pecados al desierto durante años? … No me acuerdo. Creo que alguien muy famoso estuvo treinta años en lo alto de una columna o poste. ¿Era uno de ellos? ¿Era cristiano? No sé, pero me suena… Sigo buscando en mi memoria. ¿Cuándo fue la última vez que oí o leí esa palabra? Ah, sí, fue en un libro de Anthony Storr sobre la soledad.
San Jerónimo visitado por ángeles. Cavarozzi, principios del siglo XVII
Pero no recuerdo la palabra en español, en inglés era “hermit”, como eremita, o ermitaño, dicho de los primeros cristianos que vivían en soledad en el desierto en tierras de Egipto alrededor del siglo III después de Cristo; pero la palabra que busco es otra, es un sinónimo cercano y no empieza por e. Si me dijeras la primera letra seguro que me ayudaba, y si me la dices entera seguro que la reconozco.
Esta es la experiencia de tener una palabra en la punta de la lengua. Casi al alcance de la mano, pero faltan unos centímetros…Y me exaspero. ¿Por qué diablos se me ha olvidado esa palabra?
Quien dice una palabra, dice una idea, un calcetín, una tarea urgente que hacer que aparece tan pronto como desaparece solo dejando una nube de polvo blanco en la memoria, rastro de que estuvo alguna vez allí.
Y nos quedamos como tontos mirando nuestro fastidio.
Una estrategia preventiva es la famosa máxima de la organización de objetos físicos: “un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio”. Todo tiene un sitio en tu casa u oficina y cada cosa está en su sitio porque después de usarla la devuelves a su lugar correspondiente, a su “hogar. De esta manera previenes el extravío de objetos. Estipulas claramente el lugar, lo memorizas, aplicas la máxima de organización anterior y resuelto el problema.
Con las ideas o los objetos mentales, podemos hacer algo similar; muchos escritores son muy celosos de sus ideas y una vez que aparecen en la pantalla de sus conciencias se apresuran a apresarlas en su cuaderno de notas. Da lo mismo lo que sea, importante o menos, ocurrente o banal, toman nota de todo por si pudieran emplearlo como futuro material literario.
También hacen lo mismo los científicos o los que llevan diarios: anotan sus impresiones y experiencias como una forma de aherrojar ideas y tenerlas disponibles cuando llegue el momento: “Recuerdo que escribí sobre tal o cual tema el año pasado… voy a buscarlo”. El cuaderno de bitácora del capitán del barco permite recoger la información relevante cada día y tenerla disponible a voluntad. Lo mismo la caja negra de un avión que recoge hasta el mínimo detalle.
David Allen, el autor de Getting Things Done, recomienda usar listas o un cuaderno de notas que registre la preocupación o idea para luego, en un momento posterior, procesar esa información, convertirla en acción, archivarla o deshacerse de ella.
De esta manera eliminas UPAs(Unidades Permanentes de Atención), descargas la memoria inmediata y reduces el estrés. De otra manera, esas UPAs siguen revoloteando en la memoria a corto plazo, apareciendo recurrentemente e interfiriendo con la acción presente.
Una buena biblioteca física también es una gran ayuda, te basta con saber dónde puede estar la idea relevante de la que solo conservas una imagen borrosa y consultar el libro. La biblioteca, si te puedes permitir el lujo, es una excelente prótesis para tu memoria biológica. A diferencia de la digital, todos los libros tienen unas características físicas, color, textura, localización física y otros atributos sensibles que actúan como claves de recuperación y hacen todavía más fácil recordarlos.
Con las bibliotecas digitales, aunque en principio guardan la misma información y podemos clasificarlas en carpetas temáticas como si ordenáramos nuestros libros en estantes, las claves físicas son más limitadas.
¿No tienes la sensación de que al leer un libro en formato electrónico el conocimiento resbala como el agua por la superficie de tu cerebro? Esa es mi experiencia, por eso prefiero leer un libro físico, me permite implicarme más, tomar notas a mano y convertir un acto, en principio puramente intelectual, en una experiencia física, sensorial, casi estética.
Sin embargo, las bibliotecas digitales también tienen sus ventajas: con herramientas de búsqueda ya incorporadas en el sistema operativo o con programas especiales, puedes indexar los archivos y localizar rápidamente una frase o una palabra rara dentro del contenido del libro o libros que estés buscando.
Si externalizas parte de tu memoria y clasificas adecuadamente la información para una fácil recuperación expandes tu mente y recuperas el objeto mental perdido cuando lo necesitas., ya sea en tu mente biológica o en sus extensiones.
Técnicas de recuperación de objetos perdidos
Las técnicas preventivas funcionan para evitar perder objetos. Pero, ¿qué hacemos si ya están perdidos, si no los encontramos fácilmente?
Una técnica usada con objetos físicos es la de recordar la última vez que viste el objeto y a partir de ahí reconstruir tus pasos e inspeccionar cada uno de los lugares por los que pasaste. El problema es que si el último encuentro con el objeto fue hace demasiado tiempo puede ser difícil aplicar la técnica.
Con las ideas, podemos hacer lo que he hecho yo antes con la palabra equivalente “hermit” en inglés o “eremita” en español: empezar a buscar asociaciones de esa palabra en otras zonas de la memoria biológica con las que estaba relacionado: ascetas, en el desierto de Egipto, principios del cristianismo, un tipo subido a una columna durante décadas, no empieza por e, empieza por… a, recuerdo que mi madre decía que yo era uno de ellos cuando me pasaba todo el día leyendo en mi habitación, la palabra tiene al menos cuatro sílabas… ana… anaco… ¡anacoreta!
Con la técnica anterior he activado zonas de la memoria próximas a la palabra buscada y tirando de sus elementos y conexiones cercanas he llegado a la palabra que buscaba en un primer momento.
O podemos empezar a buscar en nuestra memoria extendida en libros que estén relacionados con la búsqueda, o usar google.
Usar google tiene la desventaja de que es muy rápido y fácil y al no tener que hacer ningún esfuerzo mental de recuperación esa memoria no se fortalece o consolida de la misma forma que si buscaras en tu memoria biológica o en libros. El acto de recuperación de la memoria es también un acto de fortalecimiento de la memoria biológica, que pierdes si buscas en un almacén externo.
El problema de depender demasiado de las herramientas de búsqueda digitales es que la memoria biológica se convierte en una especie de “metamemoria”, esto es, una memoria que guarda el lugar donde puedes encontrar las ideas, conceptos, conocimientos, no los conocimientos en sí. Si luego quieres emplear esas ideas almacenadas externamente creando asociaciones novedosas, lo tienes mucho más difícil, porque no tienes los contenidos en tu mente, solo las referencias a los contenidos, pero este es otro asunto con implicaciones importantes en materia de creatividad e innovación del que hablaremos en otro artículo…
Receta minimalista para buscar un objeto perdido
Deja de buscar. Ya aparecerá. Así de sencillo.
En el minimalismo existencial, que es una aerodinámica de la acción humana, buscamos maneras rápidas y eficaces de deshacer nudos gordianos (= problemas difíciles). Aunque no siempre las haya, en este caso sí que la tenemos.
Con los objetos físicos, siempre que no sean irremplazables (no tienes otra chaqueta, no tienes un segundo par de llaves) y no sea urgente encontrarlos (necesito el pasaporte para tomar el vuelo de dentro de dos horas, tengo que devolver inmediatamente un libro prestado), lo mejor es esperar a que aparezcan. Puesto que estarán en algún lugar por el que has pasado y puesto que volverás a pasar en una fecha seguramente no muy lejana por el lugar, terminará apareciendo. Si está debajo de una cama o un sofá, cuando barras debajo lo encontrarás.
Esto es más fácil decir que hacer, pero te ahorrarás búsquedas infructuosas y reducirás la fricción diaria de estas pequeñas molestias.
Con los objetos mentales, la política es la misma: si la idea no aparece en unos segundos, simplemente espera a que aparezca y pasa a otra cosa. Terminará apareciendo cuando menos te lo esperes. Y si no aparece, es que no era muy importante. O lo era, pero puedes vivir sin ella.
Mi profesor de mindfulness o atención plena fue el primero que me puso en contacto con esta táctica de búsqueda que realmente es una no-búsqueda. Las ideas importantes terminarán apareciendo de nuevo, no son estrellas fugaces, son nudos de una red y están fuertemente conectadas. Cuando vuelvas a recorrer un camino mental y tocar un concepto conectado con el buscado, reactivarás el pensamiento perdido. Es peor el desequilibrio que genera la búsqueda tensa que el no recuperar la idea nunca.
Ocurre como con el sueño y la felicidad perdida: cuanto más los buscas directamente intentando recuperarlos, más esquivos se vuelven, más nervioso te pones, más infeliz te sientes y más insomnio sufres. Pero si te rindes, si desistes de buscarlos directamente, cuando menos lo esperas, mientras estás interesado en otra cosa que ocupa tu mente, terminan llegando.
O no terminan llegando.
Pero no has sufrido de más. Parafraseando la máxima budista: el dolor de no encontrar lo que buscas es inevitable, pero el sufrimiento derivado de no encontrarlo es una opción. Tú eliges.
Extensión de la receta minimalista a cualquier búsqueda
Podemos aplicar esta búsqueda minimalista no solo a los objetos perdidos, también a los objetos físicos, mentales, emocionales, etc., no encontrados que nunca perdimos, a pesar de luchar-trabajar-esforzarnos por ello.
Estas cosas no encontradas pueden ser desde una relación perfecta, un trabajo ideal, un párrafo que exprese exactamente lo que siento, o una fotografía que recoja el momento o el paisaje en toda su plenitud.
La creación del tipo de cosas y experiencias que queremos en nuestras vidas requiere a veces la acción negativa, el wu wei taoísta, el no hacer, el renunciar al control y al esfuerzo consciente y deliberado, dejando que las fuerzas subterráneas de la vida y la conciencia se desplieguen espontáneamente.
Esta actitud supone la capacidad de desapego, de no aferrarse, de dejar que las cosas sigan su curso, de no obsesionarse con lo perdido o lo no encontrado. Es la serena aceptación de que las cosas no siempre llegan o no llegan cuando queremos.
Cuando tienes un fallo en un hábito saludable que te has propuesto, por ejemplo, la determinación de reducir o eliminar el azúcar de tu dieta (Reto tercera semana del curso de salud minimalista) y comes una chocolatina ; o cuando un día no te apetece hacer ejercicio y te dices que las cuarenta sentadillas o veinte flexiones de brazo diarias que prescribe Luis Andés son excesivas (Retos sexto y octavo del curso de salud minimalista), es muy fácil que ocurra una especie de espiral descendente o pendiente resbaladiza.
El efecto “¡Qué diablos!” o “De perdidos al río”
Un pequeño fallo lleva al siguiente, que a su vez facilita el siguiente. En un momento dado, cuando te has comido medio paquete de chocolatinas (casi inconscientemente), te desesperas, te dices “no tengo remedio, ya he vuelto a fastidiarlo”, acabas devorando todo el paquete y descarrilas definitivamente. En el caso del ejercicio, pasan semanas sin hacer tu tabla de ejercicios y todas tus buenas intenciones se van al traste.
En el momento en que te descubres diciendo “¡Qué diablos!, ya me he comido medio paquete, ya no importa el resto” es la voz de Mr. Hyde (el diablillo de nuestra conciencia) que intenta justificar el exceso. Siempre suena muy persuasiva.
‘Diablo Zages R.I.P’, por Zesak Militancia Gráfika en flickr: Zesak Militancia Gráfika
La segunda mitad del paquete de bombones o chocolates ni siquiera la disfrutas tanto, pero aun así te la comes. ¿Qué hay detrás de este comportamiento absolutista o extremo? ¿Es que no era suficiente comerse medio paquete?
El sentido de culpa resultado de haber traicionado tu compromiso es incómodo y es fácil refugiarse en la inconsciencia. Eso facilita el exceso y la erosión del compromiso. Intentas olvidar cuanto antes que tenías ese compromiso y es fácil que pasen semanas o meses hasta que vuelvas a retomarlo, si es que lo haces.
Todo o nada
Creo que lo que subyace a este comportamiento es la creencia de que los compromisos solo pueden tener dos estados: los cumples o no los cumples, sin términos medios. Si dejas de cumplirlo en una pequeña parte o durante un periodo corto de tiempo, por insignificante que sea, has transgredido tu compromiso y has fallado.
Fíjate que, según esta concepción, el cumplimiento implica la perfección: no fallar ni un solo día, hacer las cuarenta sentadillas y veinte fondos de brazo, salir todos los días a hacer ejercicio, etc. En cambio, para descarrilar es suficiente una pequeña desviación, un desliz: no sales a correr un día, comes dos chocolatinas; porque ese error lleva en cadena en un proceso de pendiente resbaladiza al incumplimiento total
Es obvio que uno está condenado al fracaso en sus promesas y buenas intenciones si mantiene este afán perfeccionista.
Errar es humano
Ya vimos en el artículo Ranas hervidas, líneas rojas y pendientes resbaladizas, la eficacia de las líneas rojas(puntos innegociables y límites) para regular nuestra conducta. Una línea roja, que permite un cierto margen para el error y nos da opciones, no es maximalista ni excesivamente rigurosa, simplemente marca un punto más allá del cual alguna acción es inadmisible; por ejemplo, cuando salgo por la noche mi línea roja son tres copas. Mejor no beber alcohol, pero si lo hago, mi límite está en tres copas. O solo me permito postres azucarados los faturdays, una vez a la semana o una vez al mes, según considere.
Imagina que a pesar de todo, las líneas rojas no han funcionado, hasta estas las has vulnerado. El muro de contención contra la pereza, el exceso, la flojedad, ha fallado también. ¿Estás perdido? ¿No tienes remedio? ¿Es el momento de lacerarse, sentirse culpable, deprimirse, rendirse?
No.
Somos seres humanos, y por el hecho de ser seres humanos somos falibles: nos proponemos metas, empezamos con ilusión, hacemos lo mejor que podemos, pero perdemos energía por el camino, nos acometen las desganas, reconsideramos si tanta privación o esfuerzo merece la pena, sucumbimos a las tentaciones y abandonamos nuestras más preciadas intenciones y proyectos . Bienvenido a la especie humana.
Hacer honor a la intención
Cuando has pasado la línea roja ya es fácil seguir hasta el final y comerse toda la bolsa de galletas o el postre que en un momento de debilidad acabas de pedir al camarero.
Si te pones a pensarlo, no es tan grave: una golondrina no hace verano, matar un gato no te convierte en un matagatos y hasta el mejor escribano echa un borrón. No importaría mucho si retomaras el curso al día siguiente, reafirmaras tus buenos hábitos y reforzaras tu compromiso.
Pero muchas veces ocurre lo contrario: nos descorazonamos, perdemos la fe en nosotros mismos y pensamos que no tenemos remedio. Hemos vuelto a fastidiarla. Y opera la pendiente resbaladiza: a un día de transgresión sigue otro día, y otro, y otro… hasta que olvidamos la intención inicial.
El sentido de culpa no ayuda mucho, nos hace perder energía y hace más probable la erosión de las intenciones y las metas.
El antídoto que propongo es el siguiente: haz honor a la intención.
Si estás a punto de acabar la bolsa de chocolatinas, deja una.
Si has pedido un postre fuera de tu faturday, retira una pequeña porción de él y no la comas.
Si hoy te fue imposible hacer las cuarenta sentadillas y veinte fondos de brazos, es tardísimo, estás muy cansado y sientes la tentación de hacer mañana lo que no has hecho hoy, haz una sentadilla y un fondo de brazos.
Si habías decidido dedicar todos los días dos pomodoros a tu proyecto personal más querido, pero hoy te fue imposible por razones familiares o laborales, siéntate delante del computador y trabaja cinco minutos.
Si te habías propuesto publicar un artículo en el blog todas las semanas, es domingo por la noche, y ya va a ser imposible cumplir el compromiso, escribe un párrafo.
Si son las dos de la mañana, estás viendo videos de gatos o consultando twitter o navegando en internet y te olvidaste del toque de queda digital, sepárate de la pantalla por dos minutos y respira hondo.
De esta manera, aceptas tu desviación, el desliz o momento de inconsciencia o las simples circunstancias, y simultáneamente ratificas tu determinación. Has tenido un fallo, pero te dices que tu compromiso sigue vigente y por eso haces un mínimo esfuerzo aquí y ahora. No es lo que habías planeado, pero te disculpas ante ti mismo y prosigues. Mañana será otro día y lo harás mejor.
La aerodinámica describe como se mueven los cuerpos sólidos en un fluido gaseoso. Un cuerpo es aerodinámico si está diseñado de tal manera que reduzca al máximo la fricción o rozamiento con el fluido.
Cuando hablamos de “aerodinámica existencial” estamos creando una analogía entre la aerodinámica de los cuerpos y la “aerodinámica” de la acción humana.
Lo que pretendemos es diseñar nuestros hábitos, rutinas y personalidad, y organizar nuestra vida, de tal manera que la “fricción existencial”—las fuerzas que se oponen a nuestros deseos— sea la menor posible, y nos movamos con agilidad, fluidez y gracia.
El minimalismo existencial es una aerodinámica de la acción porque nos proporciona conceptos y herramientas que nos permiten diseñar y cambiar partes de nuestro ser para que la acción sea más suave, más eficiente y logremos las cosas que queremos en la vida.
Seguro que has experimentado alguna vez esta incómoda situación: estás en una reunión de trabajo o quizá en una reunión con amigos o en una discusión y alguien te da un argumento impactante, sorpresivo que no sabes cómo rebatir inmediatamente. Te quedas callado, con un poco de cara de tonto, aunque sabes que tiene que haber una respuesta. Pero no alcanzas a dar con ella. Acaba la reunión, estás conduciendo o andando por la calle, sigues rumiando el suceso, un poco fastidiado por tu falta de reacción.
Finalmente, dejas de pensar en ello y tu atención pasa al tráfico o a los escaparates de una tienda o cualquier otro asunto. De repente, te acomete la respuesta, las palabras perfectas aparecen en tu mente, la réplica que desmonta el argumento de tu adversario; incluso, te dices la respuesta en alto, como si tuvieras público. Y piensas: “¡Esto es lo que tenía que haber dicho”, sonríes satisfecho… pero demasiado tarde, claro, ya no está la persona a la que contestar ni audiencia ante la que brillar.
Esta experiencia tiene un nombre en francés: L’esprit de l’escalier, literalmente “El espíritu de la escalera”. Hace referencia a la embarazosa o incómoda circunstancia de pensar la réplica perfecta demasiado tarde y suele venir acompañada de un sentimiento de pesar o arrepentimiento.
El nombre de este fenómeno procede de una descripción del enciclopedista y filósofo Denis Diderot de una situación en Paradoxe sur le comédien. Durante una cena en casa del hombre de estado Jacques Necker, se hizo un comentario a Diderot que le dejó sin habla, porque, explica, “un hombre sensible, tal como yo, abrumado por el argumento esgrimido contra él, se siente confundido y solo puede pensar claramente cuando baja hasta el final de las escaleras”.
En este caso, “el final de las escaleras” se refiere a la arquitectura de la clase de mansión a la que Diderot había sido invitado. En ese tipo de casas, las habitaciones para recepciones están en la planta noble, una planta por encima de la planta baja. Llegar al final de las escaleras significa haber abandonado definitivamente la reunión.
En español, podríamos traducirlo por “Ingenio de escalera” u “Ocurrencia de escalera”, como prefiero decir, para reflejar que esta ocurrencia es una del Yo Ocurrente o nuestra Inteligencia Generadora, la parte de nuestra mente que actúa en la sombra, como una suerte de Mr. Hyde de cuyos movimientos nunca podemos estar seguros ni conocer con certeza.
Experiencias ajá y ocurrencias de escalera
Hace algo más de un año, en Juego sucio en la fontana, propuse un experimento mental en forma de acertijo.
[…] Te propongo un experimento mental que será muy revelador: toma nota del acertijo y llévalo contigo durante los próximos días. Dedica a intentar resolverlo al menos cinco minutos todos los días.
Sirvió como ejercicio de perseverancia, porque te pedía que pensaras un poco todos los días durante una semana. Si finalmente lo resolvías, era también un vívido ejemplo de lo que es una Experiencia Ajá, o ¡Eureka!
Cualquiera que lo intentó se dio cuenta de que la respuesta no era ni mucho menos obvia. No era extraordinariamente complicada, pero tampoco obvia. Podías pensar en ella unos minutos, no dar con la respuesta y olvidarte; o bien, obcecarte y seguir un rato más. Probablemente no darías con la respuesta en un primer intento ni un segundo. Al día siguiente, volverías a intentarlo unos minutos y puede que al final desistieras o siguieras así varios días.
Si dabas con la solución lo hacías no cuando estabas pensando intensamente en el acertijo, haciendo un análisis lógico o considerando posibilidades explícitamente, sino cuando estabas sin hacer nada en particular, paseando, duchándote o alguna otra actividad rutinaria que no demandaba muchos recursos mentales. De repente, sin saber por qué ni de dónde, te acometía la respuesta, veías que las piezas encajaban y sabías con certeza que habías resuelto el acertijo.
Modo de pensamiento difuso
Tras estas revelaciones, eurekas o experiencias ajá subyace el mismo proceso inconsciente que tras el espíritu de la escalera: un modo de pensamiento difuso no conscientemente dirigido que opera bajo la superficie de la conciencia cuando estamos ocupados en otros asuntos y que emerge inesperadamente en momentos de calma mental, en un estado de contemplación en el que no estamos pensando en nada en particular.
Bertrand Russell, el filósofo inglés, hace referencia a este proceso en su libro La conquista de la felicidad:
Yo he notado, por ejemplo, que si he de escribir sobre un asunto difícil, no hay mejor plan que pensar en ello intensamente —con la mayor intensidad de que soy capaz— durante algunas horas diarias, y luego dar órdenes, por decirlo así, de que el trabajo continúe subrepticiamente. Después de algunos meses vuelvo a mi asunto y encuentro que el trabajo está hecho. Antes de descubrir esta técnica solía perder los meses intermedios preocupándome porque no hacía progreso alguno. No encontraba por ello con más prontitud la solución y perdía meses que ahora puedo dedicar a otras cosas.
No sorprendentemente, este mismo filósofo escribió una colección de ensayos bajo el título Elogio de la ociosidad.
El tiempo que disfrutas desperdiciando no es tiempo desperdiciado. —Bertrand Russell
Estas observaciones y otras que haremos próximamente sobre distintos modos mentales aconsejan rehabilitar la función del descanso, la calma y el paso del modo intencional al difuso o contemplativo.
En estos tiempos frenéticos, donde adoramos al becerro de oro de la rapidez, la productividad, y la acción dirigida por metas conscientes es importante rescatar manifiestos como el del Descanso deliberado de Alex Soojung-Kim Pang. Porque a veces pensar y hacer menos es pensar y hacer mejor.
Esta es la traducción de «Deliberate rest: a manifesto« de Alex Soojung-Kim Pang, un escritor norteamericano y consultor tecnológico. Escribe sobre personas, tecnología y el mundo que está emergiendo.
Quedé tan fascinado con su manifiesto que no pude menos que ponerme en contacto con él y leer su libro Enamorados de la distracción, que te recomiendo sin duda alguna.
Alex me ha concedido amablemente permiso para que traduzca al español y publique en este blog el manifiesto por el descanso deliberado.
Disfrutad y reflexionad sobre él.
En mi último libro, Enamorados de la distracción, he dedicado dos capítulos al descanso, la recuperación y el movimiento del Sabbath Digital. En el capítulo del descanso, hablo sobre el largo muro en un sendero que Darwin construyó en el borde de sus tierras, Down House, y lo importantes que fueron esos paseos en su vida creativa diaria.
Examinar la vida de Darwin me inspiró a mirar más de cerca las vidas de otros reputados científicos, y luego la vida de escritores, matemáticos, guionistas, generales y mucha otra gente con éxito en sus respectivos campos. He advertido que mucha de estas personas tienen en común algo que normalmente pasa desapercibido, pero que es esencial para su éxito: la habilidad para descansar deliberadamente.
La expresión “descanso deliberado” es una adaptación del famoso concepto de “práctica deliberada” de Anders Ericsson; la práctica atenta, estructurada, regular, que argumenta que convierte a las personas en extraordinarios expertos.
Lo que veo es que mucha gente brillante y experta considera detenidamente cómo va a ser su descanso; son muy cuidadosos sobre él; descansan regularmente, casi rigurosamente; y lejos de ser un mero respiro de sus vidas laborales o creativas, se convierte en una parte esencial de esas vidas.
Aquellos que estamos interesados en cómo trabajar mejor no pensamos mucho sobre cómo descansar mejor. Los libros de productividad ofrecen trucos para mejorar, consejo sobre cómo hacer más cosas o historias sobre lo que hacen famosos CEOs o escritores. Pero no dicen casi nada sobre el papel del descanso en las vidas o carreras de la gente creativa y productiva.
Los biógrafos tratan al descanso de igual forma: casi puedes sentir la impaciencia del autor cuando su biografiado pasa un mes en el campo o hace un largo viaje por Europa o tiene una semana de baja. Para ellos, las vacaciones son una parada de la acción, una interrupción en la narrativa, no realmente parte de la historia.
Los libros sobre el ocio o el descanso, por otra parte, parecen principalmente interesados en escapar del trabajo, no en mejorar tu capacidad de trabajo. Sus autores alaban la ociosidad como un antídoto al exceso de trabajo y una expresión de sabiduría. El hombre inteligente puede que trabaje mejor pero no más duro, dicen, pero el hombre creativo —el verdadero esteta— no trabaja en absoluto.
Como resultado, vemos el trabajo y el descanso como polos opuestos. Consideramos el descanso como la simple ausencia de trabajo, no como algo que valga por sí mismo o tenga sus propias cualidades. El descanso es un espacio negativo en una vida definida por el esfuerzo, la ambición y el logro.
Cuando nos definimos por nuestro trabajo, nuestra dedicación, efectividad y disposición para dar el todo por el todo, es entonces fácil ver el descanso como la negación de todas esas cosas. Cuando tu trabajo es tu yo, cuando dejas de trabajar, dejas de existir.
Cuando pensamos en el descanso como el opuesto del trabajo, nos lo tomamos menos seriamente e incluso lo evitamos. Los norteamericanos trabajan más y tienen menos vacaciones que casi cualquier otro país en el mundo. Contrariamente a las expectativas de los economistas (y desafiando el sentido común), según nos hacemos más productivos, más horas trabajamos, no menos. Dejamos días de vacaciones sin usar. Cuando finalmente nos vamos de vacaciones, revisamos el correo electrónico compulsivamente.
Como resultado, infraestimamos lo mucho que un buen descanso en serio puede hacernos. Y también infravaloramos lo mucho que podemos hacer si nos tomamos el descanso en serio.
Los antiguos griegos, una civilización construida sobre el trabajo de granjeros, mercaderes y guerreros (y esclavos), veía el descanso como un gran regalo, como el culmen de una vida civilizada. Reconocían que el trabajo y el descanso eran necesarios: el uno proporcionaba los medios para vivir, el otro daba significado a la vida.
Los estoicos romanos sostenían que no puedes tener una buena vida sin buen trabajo. Ciertamente, casi toda sociedad, religión o escuela filosófica, reconoce la necesidad del trabajo y el descanso y la necesidad de equilibrarlos.
Hoy en día necesitamos repensar la relación entre trabajo y descanso, reconocer su íntima relación y redescubrir el papel que el descanso juega en ayudarnos a ser creativos y productivos. Afortunadamente, ha habido muchos descubrimientos en psicología, neurociencia, comportamiento de organizaciones, medicina del deporte, sociología y otros campos que nos dan una nueva percepción sobre el olvidado pero crítico papel que el descanso juega en fortalecer el cerebro, mejorar el aprendizaje, permitir la inspiración y hacer sostenible la innovación.
He encontrado tres grandes nuevas ideas circulando a través de este cuerpo de conocimiento diverso.
El primero es que el descanso es un componente esencial del buen trabajo.
Músicos de talla mundial, atletas olímpicos, escritores, diseñadores y otra gente experta y creativa alterna periodos de trabajo intenso y concentración con largas pausas.
Durante mucho tiempo, la inspiración y la creatividad han sido un misterio: nuestro anhelo de creatividad ha sido mayor que nuestra comprensión sobre cómo funciona, por qué aparece algunas veces y no otras, y qué, si es posible, podemos hacer para mejorarla. Estamos ahora unos pasos más cerca de destapar los procesos cognitivos que están activos durante los momentos creativos, de ver qué ocurre en el cerebro cuando las nuevas ideas surgen.
No lo comprendemos todo, de ningún modo; “cerebro” y “creatividad” son dos de las cosas más complejas que se pueden estudiar, y hay montones de preguntas importantes que nuestras herramientas no pueden responder. Pero es claro que el trabajo creativo del cerebro nunca finaliza, que incluso en su estado de descanso la mente está perseverando con los problemas, examinando y descartando posibles respuestas, buscando novedades. Este es un proceso que no podemos controlar.
Pero aprendiendo a descansar mejor, podemos apoyarlo, dejarlo funcionar y advertir cuando ha encontrado algo que merece nuestra atención.
Segundo, podemos aprender a descansar más efectivamente.
El descanso resulta ser como el cantar o el correr. Todo el mundo sabe básicamente cómo hacerlo. Pero con un poco de trabajo y comprensión, puedes aprender a hacerlo mucho mejor. Puedes disfrutar el descanso más profundamente y salir más fresco y revitalizado.
Las personas no llegan a ser expertos de talla mundial solo a través de la práctica deliberada. También practican lo que podríamos llamar descanso deliberado. Encuentran descanso que es psicológica y físicamente reparador, y también mentalmente productivo. El descanso deliberado te ayuda a recuperarte del estrés y el cansancio del día, permite que las nuevas lecciones y experiencias se asienten en tu memoria y proporciona a tu mente subconsciente espacio para seguir trabajando.
Y es a menudo en estos periodos de descanso deliberado y aparentemente ocio —cuando no estás explícitamente trabajando o esforzándote— que puedes tener algunas de las mejores ideas.
Finalmente, el descanso deliberado te ayuda a llevar una vida creativa que dure toda tu vida.
Hoy en día veneramos al niño emprendedor, admiramos al millonario adolescente y vemos las largas jornadas como honorables. Esto no es malo de por sí. Yo rememoro con cariño algunos de mis trabajos más duros a causa de la camaradería que encontré trabajando largas jornadas con buena gente, empujando los límites de la empresa y probando cosas nuevas.
Pero tenemos que reconocer que en la economía de servicios profesionales de hoy echarle muchas horas no tiene que ver con aumentar la productividad. En una fábrica o taller es fácil ver quién es la persona más productiva: al final de la jornada, puedes contar el número de piezas que fabricó.
En algunas profesiones hay medidas claras de productividad: el número de clientes a los que se ayuda, los pacientes atendidos, el dinero que se gana, los automóviles reparados. Pero para aquellos de nosotros que trabajamos en equipo en proyectos abiertos y complicados, las largas jornadas de trabajo son una expresión de nuestra identidad y una prueba de nuestra seriedad.
No nos hacen necesariamente más productivos; nos hacen parecer más productivos. Para los jefes, es un método fácil de ver quién está realmente comprometido y quién no lo está, incluso si esto es un predictor muy malo de quién va a ser bueno en el trabajo.
En Silicon Valley, donde vivo, el supuesto general es que el éxito es una carrera contra el tiempo y la obsolescencia. Si no eres rico a los 30, antes de que tus habilidades se vuelvan obsoletas y tú estés demasiado decrépito para trabajar semanas de 100 horas, nunca lo serás.
Este es un modelo que funciona estupendamente bien para un número muy pequeño de personas. Pero muchos más que trabajan así se queman y al final tienen poco que mostrar. Pero los que aprenden a descansar deliberadamente pueden hacer más cosas al final y durante un tiempo más extenso de sus vidas. Sus carreras no son carreras contra el tiempo, porque no tienen que serlo.
Necesitamos repensar la relación entre el trabajo y el descanso. Así que trabajo y descanso no son opuestos como el blanco y el negro o el bien y el mal; son más como diferentes puntos en la ola de la vida. No puedes tener un pico sin tener un valle. No puedes tener momentos altos sin tener momentos bajos.
Pero también necesitamos reconocer que podemos aprender a descansar mejor. Algunas de las personas más creativas de la historia, gente cuyos logros en arte, ciencia y literatura son legendarias, se tomaron el descanso muy seriamente. Se dieron cuenta de que para llevar a cabo sus ambiciones, hacer la clase de trabajo que querían, las formas apropiadas de descanso reintegrarían su energía, a la vez que permitirían a sus musas (esa parte misteriosa de sus mentes que ayuda a conducir el proceso creativo) a seguir adelante.
El trabajo y el descanso no son polos opuestos. En una buena vida, el descanso no es lo contrario del trabajo. El descanso es el socio del trabajo. Se complementan y completan uno al otro.
Tiene el sugerente subtítulo: «Cómo obtener la información que usted necesita y la comunicación que desea sin enfurecer a su familia, sin molestar a sus colegas y sin destruir su propia alma».
Puedes leer el último libro de Alex Soojung-Kim Pang en kindle: Enamorados de la distracción. ¡Muy recomendable!
En mi versión del minimalismo existencial, es capital trazar líneas divisorias entre actividades. Las restricciones en la acción y la sujeción a reglas de comportamiento son las cadenas autoimpuestas que nos hacen libres: nos permiten elegirnos y elegir cómo queremos ocupar nuestro tiempo.
Todas las noches a las 0:00, después de que den las doce campanadas en el reloj de la catedral y suene el aviso de toque de queda digital en mi computador, cierro el correo electrónico, twitter y otras redes sociales. Dejo de navegar y mirar los comentarios en mi blog. Apago mi móvil vintage, que no es tan peligroso como un smartphone pero sigue siendo fuente de distracción e interrupciones.
Mi vida digital queda cancelada hasta la mañana siguiente. Si es el viernes por la noche, el comienzo de mi Sabbat, no vuelvo a exponerme a un medio digital hasta el domingo por la mañana.
Me permito ver alguna película, escuchar música o algún audio porque son actividades más pasivas que las anteriores y no me desvelan. Elijo por lo general películas sin mucho contenido dramático, que no me alteren emocionalmente y me relajen, a ser posible.
El trabajo propiamente dicho ha finalizado varias horas antes, también a una hora fija e innegociable; así sé que el tiempo que dedico a mi actividad profesional no se va a extender más de lo deseado. Esto también me motiva a concentrarme más intensamente durante la jornada para hacer lo que pueda con el tiempo estipulado. Como sabemos, de acuerdo a ley del Parkinson de la productividad: «una tarea o proyecto se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible»; fijando una frontera temporal para el trabajo, más allá de la que no pueda seguir trabajando, evito que el tiempo que considero disponible sea todo el día y por tanto mi trabajo se extienda a todo el día.
Una política más radical de control de los medios de comunicación
Anca Balaj, escridibujante y entrenadora en creatividad, sigue la política más extrema de evitar todo tipo de series o películas e incluso noticias. Es muy interesante leer su artículo Silencio y descanso donde argumenta su decisión de privarse de radio, televisión, películas y series. Aquí tienes un fragmento:
[…] En mi casa ya no hay voces estridentes, mujeres llorando, gritos de personas asustadas, bombas o coches que explotan, sirenas de la policía, etc. En mi casa nadie mata a nadie. Nadie sufre. Y no hay conflictos que atender. Las películas (y toda historia que se precie) tienen como motor el conflicto, es decir, el deseo de alguien que entra en conflicto con el deseo de otro alguien y que queremos saber cómo acabará resolviéndose. Esto mantiene nuestra atención pero también nos provoca tensión. Así pues, cuando estamos viendo una película o una serie, estamos viviendo (creando en nosotros) esta tensión. La próxima vez que veas una película, despégate del argumento por un momento y revisa tu cuerpo, observa si estás relajado/a o tenso/a.
‘I Am Sure It Means Us No Harm’, por Leontine Greenberg en flickr: http://wp.me/pTJ3F-3mZ
Me gustaría imitarla o al menos experimentar por las noches entresemana con la eliminación de series, películas, radio y programas de entretenimiento. Quizá lo convierta en un reto personal.
La experiencia de sentir tanta inspiración que no resulta en ganancia alguna en creatividad. Ejemplo: “Este fin de semana vi más de una docena de TED talks de una tacada y me sentí sobreinspirado; luego fui a la nevera, me puse un tazón de helado y vi una temporada entera de Breaking Bad”.
~Michael Harris, The End of Absence
Expresiones como “sigue tus sueños”, “enciende la pasión”, “el cielo es el límite”, “vive al máximo”, etc. , atestan los libros de autoayuda y los blogs de crecimiento personal. En twitter abundan las citas inspiradoras de todo tipo, desde Mahatma Gandhi, Luther King, Emerson, Henry David Thoureau a Josef Ajram,”no sé dónde están mis límites, pero se dónde no están”.
Y Pablo Coelho, Alejandro Jodorowsky y demás fauna hipersoñadora y supermotivada. Just do it! Vete al muro de facebook y verás decenas de videos, textos y referencias a artículos de superación personal, sobre todo si el dueño del muro tiene tendencias idealistas y piensa en positivo (esto último lo sé de oídas, me lo han contado, no estoy en facebook).
Las conferencias TED son eventos en que los conferenciantes te transmiten la esencia de una filosofía de vida, una experiencia vital, una llamada a la acción o un concepto científico en menos de 20 minutos. Los conferenciantes pueden prepararse durante semanas para la breve intervención. Usualmente son brillantes, anfetamínicas y uno acaba de verlas a ritmo acelerado, superhiperconvencido de la verdad de la idea, ultraconmovido por la experiencia personal megahumanista solidaria, extrailuminado por la revelación social que acabas de contemplar ante tus ojos segundos antes.
Sir Kenneth Robinson te habla de la revolución en la educación con un discurso exquisito y perfecta dicción inglesa que mezcla en las proporciones justas la ironía, la simpatía, la densidad conceptual, la profundidad y la urgencia de actuar.
Tony Robbins, el hipergurú de la autoayuda, en un discurso de veinte minutos te impele a buscar las razones para encender y hacer explotar la pasión en tu vida y lanzarte en estampida a perseguir tus sueños. Tengo que reconocer que cuando veo a este tipo de 190 cm, hiperventilado, aspecto imponente y voz atronadora perorando con vitalidad norteamericana ultrapositiva no puedo dejar de sentirme enaltecido, esperanzado, extramotivado…
Y los videos virales. El discurso de Steve Jobs en la universidad de Stanford al que dediqué un artículo en este blog, un modelo de concisión, de contador de historias y de seducción de masas. “Don’t settle, stay hungry, stay foolish” (No te conformes, sigue hambriento, mantente estúpido). O el extraordinario discurso de mi escritor grunge preferido (el Kurt Kobain de la literatura, que se suicidó en 2008), David Foster Wallace y su discurso del Kenyon college, ‘Esto es agua, esto es agua…’.
Y en un nivel más pedestre, Tim Ferris, escritor y bloguero, el chico maravilla que deja su trabajo, viaja por el mundo, se convierte en campeón nacional de tango en Argentina en solo seis meses, aprende idiomas exóticos en cinco, y escribe un libro en que nos vende el sueño de trabajar 4 horas… a la semana. Un tipo vivaracho, vitalista , enérgico y del que cada gesto emana posibilidad y cambio.
O vuelvo a mis películas preferidas de todos los tiempos, El club de los poetas muertos, para recordar al gran Robin Williams como el profesor Keating arengando a sus alumnos delante de las fotos de antiguos alumnos del aristocrático colegio Welton:
[…]Porque estos muchachos están ahora criando malvas ¿comprenden señores? Pero si escuchan con atención podrán oír cómo les susurran su legado. Acérquense, escuchen… caaaarpe, caaarpee diem; aprovechad el momento, chicos, haced que vuestra vida sea extraordinaria.
Y la conmovedora imagen de los chicos subidos en sus pupitres, ‘Oh capitán, mi capitán’ al final de la película rindiendo homenaje a su maestro:
¿Quién no se siente inspirado, animado, revolucionado por muchos de estos discursos y personajes ? Solo una ameba o un cínico sin corazón pueden no conmoverse.
El hueco que la obra genial ha producido a nuestro alrededor es un buen lugar para encender nuestra pequeña luz. De allí la inspiración que irradian los genios, la inspiración universal que no sólo nos impulsa a la imitación.
~Kafka
Lo mismo ocurre con las biografías de los grandes hombres, con algunos artículos de blogs, con algunos poemas, con la música, oh, la música “la vida sin música sería un error”, dijo Nietzsche. Y Kafka lo dijo de la literatura: “un libro ha de ser el hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro”.
Esta es la esencia del arte después de todo, su capacidad de conmovernos y de encender la luz que llevamos dentro ¿no es así?
Sobreinspirados
¿Y qué problema encuentro en todo esto? ¿por qué tengo que ser un cenizo que vea peligros hasta en los productos más excelsos del ingenio y la comunicación humana?
La respuesta está en que demasiado de una cosa buena puede ser malo. Sí que puede haber demasiado de algo bueno. El problema está en la proporción.
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana.
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Acaba el día, la semana, el año y todo sigue igual. Estábamos sobreinspirados, pero nos falta una c en la inspiración, nos falta acción a la altura de tanta emoción excelsa.
Quizá tuvimos que dosificar tanta inspiración. Así como nos restringimos el chocolate y el azúcar y no aprovechamos toda oportunidad para consumirlos –porque sabemos que, aunque deliciosos en lo inmediato, son letales en el largo plazo–, lo mismo deberíamos hacer con los discursos y expresiones artísticas y comunicativas excelsas. De lo contrario, corremos el peligro de sufrir una variante ideológica, semi-cutre y digital del síndrome de Stendhal y enfermar por exceso de verdad, bondad o belleza.
Lo que necesitamos es más inspiracCión y menos fuegos artificiales, dejemos estos para los días de fiesta y el carnaval; ¿te ha inspirado el curso de salud minimalista de este blog? ¿te gustó el mensaje visionario de Los tres hábitos que cambiarán tu vida? Pues haz esa sentadilla o ese fondo de brazos o levanta el culo de la silla y sal a pasear. Ahora. Ya. ¿A qué esperas?
Haz lo que tienes que hacer –lo que llevas eones demorando–, ten esa conversación difícil, inicia ya el proyecto personal que llevas años aplazando, apúntate a clases de bailes de Bollywood, cómprate unas botas e inicia el Camino de Santiago, sé el toro enamorado de la luna, corre desnudo en la noche por el bosque y aúlla tus intenciones, haz claqué al filo del abismo…
La razón es que quiero experimentar con el poder de los espacios libres de intencionalidad o metas. Quiero aprender a entrar en un modo contemplativo con más frecuencia. Esta semana será como una parada en el camino. Hemos llegado a un mirador desde donde podemos rememorar el pasado, atisbar el futuro, y, sobre todo, vivir en el presente con lo que somos en el lugar donde estamos y con lo que ya estamos haciendo. De cuando en cuando podemos regocigarnos en simplemente ser.
Te montas en un curso, en un año académico, en un seminario universitario, un taller de dibujo, una inscripción en el gimnasio, una relación de pareja y esperas que el curso, el año, el seminario, el taller, la inscripción, tu pareja, te transporten automáticamente, sin esfuerzo, en volandas, hacia el resultado esperado: un título universitario, un conocimiento especializado, dibujar bien, un cuerpo esbelto y saludable o una vida feliz.
Ya hemos hablado en su momento de la teoría del tren y la teoría de la balsa en el aprendizaje. Parece que basta con comprar el billete para el viaje en tren y después solo se trata de dejar pasar el tiempo. Aunque nadie suscribiría la teoría del tren en el aprendizaje y la idea de que el tiempo es causa de nada, tengo la sensación de que en lo más profundo muchos vivimos según esa creencia.
Si no fuera así, ¿cómo interpretar la actitud de los padres que buscan simplemente un “buen colegio” y se desentienden de la educación de sus hijos? ¿O de los estudiantes o profesionales que, sabiendo de la necesidad de dominar el inglés, se apuntan a la escuela de idiomas y trabajosamente, sin mucha emoción, pero año tras año acuden a un recinto entre cuatro paredes para aprender poco más que a balbucear en el idioma extranjero? ¿O de los que sienten que tienen una relación que no necesita renovación y esfuerzo?
Un trabajador que solo obedece órdenes y no ha decidido transformar su trabajo e impregnarlo de sentido, deja pasar el tiempo esperando que transcurran los días, como el preso que espera el permiso carcelario de fin de semana. Para él, quizá es razonable poner su mente y su espíritu en piloto automático esperando al fin de mes y cobrar el sueldo, o esperando el verano y gozar de varias semanas de libertad condicional. Todos esos son resultados con cierto grado de seguridad.
Pero es distinto cuando los resultados que persigues no son automáticos, previsibles o rutinarios y no quieres que parte sustancial de tu vida sea solo un expediente gravoso, un medio para un fin; es muy distinto cuando quieres ejercer el poder de tu inteligencia creadora, cuando quieres que todos los segundos cuenten, que no haya ni minutos ni semanas ni años de la basura, y quieres encontrar sentido en cada uno de tus esfuerzos y afanes, sin importar su insignificancia.
Entonces ya no puedes considerar que el mero transcurso del tiempo sea causa de algo; quizá de canas o arrugas pero de nada más. Incluso esas arrugas pueden ser vacías, mero testimonio del paso del tiempo –el tiempo pasa por ti pero tú no has pasado por el tiempo–. Las arrugas que queremos son como las cicatrices, que cada uno de sus pliegues cuenten un suceso, una historia, que puedas llevarlas con orgullo y sean un testimonio de los esfuerzos, logros, decepciones y victorias de las que vinieron acompañadas.
La visión perseguida y el esfuerzo diario consistente con la intención que se despliega en un tiempo lleno de sentido sí son causas de algo.
Son las 14:57, quedan 3 minutos para que me encuentre con un amigo. Hemos quedado a comer. Podría quedarme esperando mirando mi lista de cosas que hacer o revisando el correo, pero esas no son actividades de alto valor. Sí sería una actividad de alto valor que meditara tres minutos o que observara mis sensaciones físicas sin más o contemplara el paisaje.
La cuestión es que no hay minutos perdidos o «minutos de la basura«; el tiempo es como el cerdo, de él se puede aprovechar todo. ¡Oink!
Levanto la cabeza. Todavía no ha llegado, luego sigo escribiendo.
No creo que tenga que llenar de tareas todos los segundos de mi jornada. De hecho, cada vez creo más en llenar de espacio en blanco mi tiempo de trabajo. El poder de la contemplación y el modo mental difuso. De este hablaremos en unos días (efecto cliffhanger).
Levanto la cabeza otra vez. No ha llegado.
El artículo se alarga. Todos los instantes son preciosos… (lo que ahora escriba casi con seguridad será menos interesante que al principio)… ¡¡ha llegado!!
(como decía Gregorio Marañón, soy un trapero del tiempo que aprovecha todas las sobras, todos los retales que nadie quiere, y con ellos confecciono artículos de 208 palabras)
Platón describía a la mente humana, el alma, dividida en tres partes: un auriga que conduce un carro alado con procelosos caballos, uno blanco y otro negro, cada uno con una naturaleza distinta. El blanco es la parte «irascible» positiva, cuyo impulso es elevarse hacia los ideales; el negro, el caballo malo, es la parte «concupiscente» del alma humana, que tira del carro en sentido contrario, hacia lo más bajo, el mundo de lo sensitivo y lo material. El auriga, con tales caballos frecuentemente en conflicto, se las ve y se las desea para llevar el carro a un buen destino.
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El budismo es una tradición milenaria que algunos consideran más una higiene mental que una religión. La doctrina budista incluye un conocimiento de la mente muy profundo y rico, con descripciones y distinciones sobre el aspecto fenomenológico de la mente tremendamente finas. Algunos definen al budismo como una ciencia de la realidad interna; es posiblemente la doctrina tradicional más cercana a nuestra actual ciencia cognitiva y psicología.
Uno de los caballos de batalla de la práctica budista es el dominio o la doma de «la mente de mono», que se interpone en el camino hacia el satori o el nirvana. La mente de mono es indómita. Como esta desvinculada de los propósitos más altos o nobles, hay que adiestrarla laboriosamente.
En este blog hemos dedicado toda una «reencarnación» de noventa días-años al Curso de atención plena, que promovía desarrollar mediante prácticas y mini-meditaciones informales una mayor presencia en nuestras propias vidas, más consciencia y menos reactividad.
Hace dos semanas, dentro de nuestro Curso de Salud Minimalista, propuse el Reto de Meditación 10×10, como una pequeña introducción a la meditación formal. No he hecho referencia a toda la carga metafísica que lleva el budismo en sus distintas escuelas porque sus técnicas tienen utilidad para cualquier persona con independencia de sus creencias religiosas (o ausencia de ellas).
Algunas tradiciones religiosas, en especial las animistas y más primitivas, han externalizado lo malo que llevamos dentro y lo han atribuido a demonios, posesiones infernales o malos espíritus. El vudú, por ejemplo, emplea rituales para ganarse el favor de los buenos espíritus y expulsar a los malos.
En las religiones judeo-cristianas el mal es parte de la dual naturaleza del hombre. El alma humana es el campo de batalla de una eterna lucha entre la vida y la muerte, lo divino y lo maligno, entre los malos y los buenos ángeles de nuestra naturaleza. El Yo es el mismo espíritu humano o alma que, dotado de libre albedrío, puede elegir el camino correcto o el equivocado.
Pero el mal en el cristianismo no se representa generalmente como una fuerza externa que se apodere del hombre, como en las posesiones diabólicas, que exigen la práctica del exorcismo (la Iglesia católica siempre se ha mantenido muy reacia o renuente a estas prácticas), sino que es más bien una parte integrante de la naturaleza humana.
La creencia en el pecado original representa esta concepción de lo malo que hay en el hombre en lucha con lo bueno o divino, que se alberga en él solo como posibilidad, no como necesidad. También es un antídoto contra el orgullo de un hombre que quiera ser como Dios o se considere libre de mancha. En la religión católica el orgullo es uno de los peores pecados capitales, pues es el origen e incitador de otros muchos.
Freud llamó “Ello” a la parte del subconsciente que alberga el deseo de gratificación inmediata movido por el principio del placer, que no piensa en el futuro o en las consecuencias y que es mutable, proteico. La otra parte en discordia es el “Superego”, una interiorización de las normas o reglas sociales. El “Ego” es el ente que media entre ambos bandos y se rige o actúa según el principio de realidad. Intenta negociar el encaje de los deseos en el mundo social y el mundo físico para sobrevivir y prosperar.
Las grandes obras de la literatura universal y las comedias de situación y otros productos populares de entretenimiento reflejan una y otra vez la eterna tensión entre el presente y el futuro, entre los deseos buenos y los malos, entre la parte racional e irracional, entre la razón y el corazón, entre las ansias del individuo y las normas de la sociedad.
En comics y tebeos, una representación popular y habitualmente humorística de la dualidad del hombre está en el pequeño demonio y el pequeño ángel que aconsejan de manera conflictiva ante una decisión al protagonista.
El famoso libro de Robert Louis Stevenson, El extraño caso de Dr. Jeckyl y Mr. Hyde (Hyde en inglés suena igual que «hide», que significa escondido u oculto), es la versión de la Inglaterra victoriana sobre la pugna entre el bien y el mal. Una interpretación considera que esta novela nos alerta contra la tentación de atribuir el mal a entes externos a nuestra personalidad: si no queremos o soportamos ver las fuerzas del mal dentro de nosotros podemos usar el mecanismo de represión freudiano y proyectar todo lo malo en algo externo: un grupo social, otros seres humanos, una ideología, etc.
Otra metáfora, empleada por Jonathan Haidt en The Happiness Hipothesis, describe la mente humana como la interacción entre un elefante, la parte automática, caprichosa y variable, y un jinete con una vara, que dirige como puede al elefante. La religión, como defenderé extensamente en un próximo artículo, puede ayudarnos mucho a adiestrar el elefante y entrenar al jinete.
El jinete: el cerebro verbal y pensante. El elefante: el cerebro automático, emocional y visceral.
Daniel Kahneman, premio Nobel de economía, en su muy recomendable libro Pensar rápido, pensar despacio presenta esa misma distinción distinguiendo entre los procesos rápidos e intuitivos y los procesos más lentos y secuenciales del cerebro, alojados en el córtex prefrontal; los llama sistema 1 y sistema 2, de forma aséptica , sin connotaciones morales o valorativas.
Neurociencia
Los neurocientíficos han encontrado correlatos cerebrales de esta estructura de la mente o del “alma” humana: una zona, a veces llamada cerebro reptiliano, sede de los comportamientos reflejos como la respiración y el gobierno de las partes más automáticas del cuerpo humano; una segunda parte, el sistema límbico, que es la parte que tenemos en común con otros animales, en especial los mamíferos y que evolutivamente apareció más tarde y que alberga los centros emocionales del cerebro, como la amígdala, que tiene que ver con las respuestas de miedo, o el hipocampo, relacionado con la formación y consolidación de recuerdos.
Por último, está el córtex, en especial el córtex prefrontal, que alberga las funciones de dirección o ejecutivas del cerebro y que es mucho más reciente en la historia evolutiva; de hecho, es esta parte la que nos hace plenamente humanos y nos distingue de otros animales cercanos.
El córtex nos permite calcular las consecuencia de nuestros actos y negociar los distintos cursos de acción. No es el míster Spock de Star Trek, ente puramente lógico sin conexión con las emociones, ya que su correcto funcionamiento depende de los circuitos que le conectan con el cerebro emocional. Es más, un córtex prefrontal con los circuitos de conexión con el sistema límbico dañados pierde gran parte de su eficacia.
Mr. Spock podría ser una imagen para la inteligencia de un robot o de un sistema informático, pero no de la inteligencia humana, que depende de sistemas valorativos-emocionales que le permitan decidir entre distintos cursos de acción y simplificar sus procesos de decisión.
Antonio Damasio, en el Error de Descartes, relata un famoso caso en la historia de la neurociencia, el de Phineas Gage , un trabajador en la construcción de vías del ferrocarril que fue herido en una explosión cuando una barra de hierro le atravesó el cráneo destruyendo parte de su córtex prefrontal.
Photograph by Jack and Beverly Wilgus of daguerreotype from their collection. – Own work
Milagrosamente sobrevivió y durante un tiempo pareció que podía llevar una vida normal; hasta que se empezaron a advertir cambios importantes en su carácter que le volvían irreconocible ante familiares y amigos. Estudios con pacientes con daños en el córtex prefrontal muestran resultados similares.
Damasio teoriza que la parte planificadora o ejecutiva del cerebro necesita de inputs emocionales (los llama “marcadores somáticos”) para poder funcionar y que la versión dualista cartesiana de la mente humana es errónea desde el punto de la neurociencia: razón y emoción no son estructuras cerebrales separadas o en oposición, sino que más bien han de actuar coordinadamente y conectarse para su correcto funcionamiento. La razón es emocional o sintiente y la emoción está llena de razones o puede ser influenciada por los argumentos o reinterpretaciones de la realidad.
La voluntad como gestión inteligente de los motivos
José Antonio marina, el filósofo español adopta una visión más fenomenológica y alude a la forma que los sucesos mentales se presentan en nuestra subjetividad. Ha llamado a la parte instintiva y más emocional, YO OCURRENTE, o también inteligencia computacional. Su acción es dirigida –o moderada, en casos más difíciles– por el YO EJECUTIVO (o YO NEGOCIADOR), el Director General del cerebro, que es capaz de anticipar, imaginar, calcular cursos de acción y mediar entre los distintos deseos contradictorios y conciliarlos en planes coherentes; de ahí lo de “YO NEGOCIADOR”.
Marina considera que la inteligencia humana es una inteligencia computacional transfigurada por los proyectos, por las visiones que el yo se propone, y que en parte también tienen su origen en el YO OCURRENTE.
Es decir, la inteligencia humana es una inteligencia creadora, que permite transcender la esclavitud del instinto y los automatismos y elevarse sobre sí mismo “a lo Münchaussen”, como el heroe literario alemán que se saca de la ciénaga en la que estaba atrapado con su caballo tirándo de su propia coleta y liberándose (a él y al caballo) de la prisión del barro.
Esta es la paradoja de la inteligencia humana: partiendo de mecanismos deterministas (reflejos, instintos, mecanismos automáticos) es capaz de autodeterminarse, escapar al determinismo de la biología, proponerSE fines ilusionantes y organizar la acción en persecución de ellos.
Un mecanismo inteligente, que nosotros hasta el momento hemos llamado voluntad o capacidad de autorregulación, es lo que nos permite gestionar los motivos o los deseos y decidir en qué momento cuál ha de prevalecer.
La voluntad es un sistema inteligente de gestión de los motivos; es la motivación transfigurada por la inteligencia creadora.
Esto es importante, pues habitualmente se considera que la voluntad es algo rígido, frío, impuesto por condicionamiento social, casi castrante, que niega lo natural, lo espontáneo, las emociones o los deseos. Pero la voluntad lo que realmente hace es gestionar los diversos motivos –a veces contradictorios– para poder dotar al yo de una acción coherente que le permita alcanzar metas que valora emocionalmente y que se logran a través de proyectos.
Después de todo, el bloqueo o inhibición de un deseo solo puede hacerse conscientemente si oponemos otro deseo. La voluntad y la inteligencia creadora humana nos permiten elegir los deseos que han de prevalecer, priorizarlos y darles vida a través de proyectos que organizan nuestra acción a lo largo del tiempo.
Una gestión inteligente de los motivos nos permite iniciar proyectos estimulantes –pero cuyos beneficios solo experimentaremos en el largo plazo–, mantener el propósito a pesar de las dificultades y decidir cuándo hemos alcanzado la visión propuesta.
Algunas anomalías de la voluntad como la procrastinación, o la dificultad para renunciar a los deseos urgentes presentes en favor de un bien más grande futuro (los seres humanos tenemos una “tasa de descuento temporal” muy grande dirían los economistas), o nuestra lucha para comportarnos de manera decente, nos recuerdan que el aprendizaje de la voluntad no es algo solo de niños.
«Ulysses And The Sirens by Léon Belly» de Léon Belly – Léon Belly (1827–1877). Disponible bajo la licencia Public domain vía Wikimedia Commons –
La voluntad como gestión inteligente de los motivos es una habilidad que podemos desarrollar a lo largo de toda nuestra vida. Responde a una condición existencial del hombre: la de estar siempre debatiéndose entre las sirenas de las ganas y el puerto lejano de valores y metas deseables pero que necesitan de tiempo, esfuerzo y suerte para llegar a existir.
Aprender a pensar significa en realidad aprender a desarrollar cierto control sobre cómo y qué se piensa. Porque si en tu vida adulta no puedes o no estás dispuesto a ejercitar esa clase de elección, estás totalmente vendido.
~David Foster Wallace, discurso de graduación del Kenyon College.
Cuando me debatía entre ponerme a escribir este artículo; nótese que hablo de “ponerme a escribir”, no decidir «si escribir”, pues que tenía que escribirlo ya estaba decidido en alguna parte de mí. Cuando me debatía entre ponerme a escribir este artículo, digo, he sentido una vez más la punzada de la pereza moliciosa, el deseo de no hacerlo y de entretenerme con otra cosa: comerme una galleta, irme al cine, mirar por la ventana… cambiar el canal de mi televisión mental.
Y después de una cita y de un párrafo estoy aquí escribiendo qué es la atención plena o conciencia plena o “mindfulness”, la marca en inglés de este concepto hoy tan en boga. Pensentí que mi aversión a la tarea era un 6 o un 7 en una escala de 1 a 10, donde 10 es la atracción que siento por los fuegos del infierno y 1 es la aversión que siento por el primer trozo de chocolate de una apetitosa tarta después de 24 horas de ayuno.
David Foster Wallace (me gusta la sonoridad de este nombre) dice que aprender a pensar es el control sobre lo pensado; yo diría que si ampliamos el sentido de pensar al conjunto de nuestros productos –más bien excrecencias– mentales, el control sobre lo pensado es lo que nos permite dirigir nuestra vida, crear proyectos personales y colectivos y tener una vida bien vivida. Vien bibida.
Estaba debatiéndome (“debatiéndome”, ¿con quién?, ¿quiénes debaten?, ¿cómo debaten?) entre empezar y no empezar, y en un momento me ha venido a la mente, me ha asaltado más bien, una ocurrencia, otra excrecencia: “Técnica de las 0 alternativas de Raymond Chandler”. Eso ha acabado de inclinar la balanza y he decidido ponerme manos a la obra e iniciar mi pomodoro.
“Manos a la obra” en sentido figurado, porque me he sentado en el sofá en esta tarde de verano y me he quedado a solas conmigo y mi intención: escribir un artículo sobre la mindfulness. Fragmentos inconexos me han aseteado: Jon Kabat-Zinn, MBSR, “la meditación de atención plena es universal: es tan budista como la ley de gravitación universal es inglesa”, foco, todo se reduce a foco, ¿es foco una palabra española o un calco del inglés?, tomar conciencia de dónde está nuestra conciencia, tolerar, aceptar—que no resignarse—lo que venga tal como venga sin querer que sea de otra manera, y si quieres que sea de otra manera, te haces consciente de que quieres que sea de otra manera, pero abres o dejas un espacio en ti para que esa emoción-pensamiento-sensación-excrecencia se manifieste, se exprese, se desarrolle, se diluya, desaparezca, emerja.
En vez de intentar reprogramar tus emociones, tus pensamientos, decirte que lo que sientes no lo deberías sentir, que lo que piensas no es exacto o no es preciso o es un error. En vez de desafiar a tus pensamientos y las emociones que conllevan, los dejas estar, no te pones del lado ni de las piezas negras ni de las piezas blancas del tablero de ajedrez de tu mente y te conviertes en el tablero o el recipiente en el que tiene lugar el combate, el gran drama, la gran catástrofe de la vida.
Y según aparecen los párrafos de este artículo aumenta el momentum, aumenta mi energía y las conexiones surgen, unas las podo implacablemente y a otras les sigo la pista, para ver dónde me llevan. Tengo una intención, realmente muchas intenciones, pero ahora mi intención es acabar de escribir este artículo, y hago honor a la intención durante la duración de este pomodoro; presto mi intención y presto mi atención y sigo escribiendo.
Y por supuesto hay muchas clases de libertad, pero no oirás hablar del tipo más valioso de libertad en un mundo que consiste en ganar, lograr y exhibir. La clase de libertad más importante tiene que ver con la atención, la consciencia y con la disciplina y ser capaz de preocuparte por otras personas.
~David Foster Wallace
La meditación de atención plena es observar de manera imparcial, sin juicios, con espíritu abierto y curioso el espectáculo de la conciencia, y cambiar de foco u objeto de atención a voluntad. Somos conscientes de dónde se ilumina en cada momento la habitación de la mente. Decidimos dónde poner el foco según nuestros valores y metas, y permitimos que lo que sea sea en el tiempo en el que tenga que ser.
La presencia en nuestras propias vidas nos permite romper la cáscara de juicios, prejuicios, postjuicios y creencias, nos ayuda a redefinir la identidad o a tirarla por el ojo de buey ciego de nuestro viejo cascarón hacia el gran océano de la posibilidad. Nos permite conectar con el mundo físico y otros seres humanos. La meditación de atención plena ayuda al pez naranja en la pecera a ser consciente de que esto es agua, esto es agua.
También puedes revisar los artículos del curso de atención plena o suscribirte a este blog para recibir nuevos artículos de práctica de la atención plena.
En Satori Time, el podcast que hemos creado mi amigo Ivan Entusiasmado y yo sobre la mente y el comportamiento humano, debatimos sobre los conceptos de perseverancia, «grit» y fuerza de voluntad, y aportamos algunas ideas para desarrollarlas.
Puedes escucharlo directamente en este blog o bien bajártelo como un archivo mp3 para disfrutarlo en tus noches de insomnio.
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–Sinopsis
En este podcast describimos el “grit”, un rasgo de la personalidad no cognitivo que se basa en la pasión individual por una meta a largo plazo.
Distinguimos el grit de la fuerza de voluntad. Entusiasmado considera que la capacidad de actuar en el presente con metas a largo plazo es una habilidad, no un rasgo que se tiene o no se tiene. Experimento de los marshmallows con niños de 5 años.
Comentamos la mala prensa del sacrificio, la disciplina y la perseverancia en la cultura actual. Al final hacemos referencia a algunas técnicas sencillas para aumentar la capacidad de autorregulación y de mantener metas en el largo plazo.
Algunos enlaces sobre los temas y conceptos mencionados en el podcast
Nada ni nadie nos asegura que lograremos los más preciados de nuestros anhelos, ilusiones o metas. Pero podemos empezar a vivir según nuestros valores más queridos en el próximo segundo. El baile del pato.
La práctica empieza a dar sus frutos. Esta semana he hecho cosas que llevaban tiempo en la lista de tareas pendientes. He hecho muchas cosas sobre la marcha. Y he hecho cosas que sencillamente no hubiera hecho. Por ejemplo, algunas llamadas de teléfono.
~Herman
En la misión de esta semana pretendíamos aprender a vencer las microevitaciones, los comportamientos de escape ante situaciones que nos provocan aversión. Como creo en el principio de gradualidad en el aprendizaje, o principio del kaizen, he preferido que la prueba se ocupara de situaciones ligeramente aversivas.
Herman, matando al dragón de la procrastinación esta semana. (Foto: ‘Hawpar Villa’, por Amit Shah en flickr: https://flic.kr/p/fg6iVh)
Algunas lecciones aprendidas (o recordadas)
La vida cotidiana está plagada de microaversiones y sus correspondientes microevitaciones.
Las microevitaciones generan fricción existencial; esto es, la acumulación de esos pequeños roces de la realidad con el carácter consume energía mental, genera frustración, desazón, cansancio.
El minimalismo existencial, que es una aerodinámica de la acción humana, ha de tener en cuenta estas fricciones para reducirlas y permitirnos deslizar por el día con gracia.
La procrastinación se empieza venciendo en las pequeñas cosas, en actos aparentemente insignificantes, como lavar los platos nada más acabar la comida, o recoger un papel del suelo cuanto lo ves, o hacer una llamada incómoda que día a día has demorado, o responder a un correo electrónico justo después de haberlo leído en vez de dejarlo oxidar en la bandeja de entrada.
Me sorprende seguir teniendo aversiones y microaversiones que ya tenía a los diez años. No puedo elegir mis aversiones, parece, pero sí puedo elegir mi reacción ante ellas. La diferencia entre el niño y el hombre es su disposición a hacer lo que hay que hacer en el momento adecuado sin importar lo que siente.
A propósito, sigo postergando la revisión de la misión ayuno de 24 horasde hace 2 semanas. Por supuesto que tengo buenas razones para ello. Pero es que la mente se pone al servicio de la indolencia con suma facilidad.
La razón principal desde el punto de vista de la autorregulación es que debilita tu sentido de agencia o de persona que actúa y crea su destino. Cuando pones una parte de tu futuro dependiendo completamente del azar, estás mandándote el mensaje de que el mundo es un lugar donde la acción personal no tiene que ver con los resultados. O al menos que hay una zona del mundo donde lo que uno haga no tiene nada que ver con los resultados.
–Y es cierto que hay áreas del mundo donde una persona no tiene control ni ningún tipo de influencia; solo puede adaptarse. Pero tener en cuenta la parte no controlable del mundo y adaptarse o adaptarla para los fines propios no es lo mismo que someterse al capricho del azar y poner la ilusión de un mejor futuro en algo externo.
Las máquinas tragaperras son también un juego de azar de la peor especie. No hay casi control o el control es ilusorio y la máquina, cual mujer fatal que te da una de cal y muchas de arena, te somete a un régimen derefuerzo positivo variable que puede llegar a ser muy adictivo. El bingo y la ruleta también entrarían en nuestro catálogo de juegos desaconsejados.
Caso distinto es el de juegos como el póker o el backgammon, en los que la incertidumbre tiene un lugar importante, pero es manejable mediante la acción del jugador; En estos juegos hay estrategia y puedes medir la incertidumbre en términos de probabilidad y así orientar tus jugadas. Estos juegos bien jugados requieren de mucha habilidad, capacidad de aprendizaje y una dosis importante de autorregulación y control emocional.
Aunque solo juegues unos días del año, quizá en Navidades, el efecto es negativo. Repito: estás poniendo parte de tu futuro en manos del puro azar o del destino; te ilusionas con un juego que depende de elementos incontrolables; la esperanza matemática del resultado es negativa, y es por tanto un juego en el que pierdes por el mero hecho de jugar.
La lotería tiene un componente social importante, es una forma de confraternizar o de fortalecer vínculos con familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo. Tendrás que sustraerte al influjo del entorno, tendrás que aprender a decir no y emplear una frase antipática del tipo «yo no juego a juegos de azar».
Decir no a los demás y decirte no a ti mismo requiere un considerable esfuerzo de autodisciplina y de resistencia a la presión social. Esta negación te hará un poco más fuerte, consciente de tus valores y más determinado.
Para una excelente ilustración de la dificultad de sustraerse a la presión del entorno respecto a la lotería y la superstición que la rodea, leed el excelente artículo de mi amigo y compañero de fatigas Alberto Antonio, del blog La tribuna de Avalón, Miedo a la lotería.
He empezado a observar en mí, y ya hace tiempo había observado en los demás (ya sabéis que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio), que una de las principales barreras del aprendizaje y del cambio personal suele estar en las creencias que albergamos sobre lo que es aprender o cambiar.
Quizá por el legado de nuestros tiempos escolares no estamos acostumbrados a reflexionar sobre nuestros pensamientos y motivaciones.
Quizá por el legado de nuestros tiempos de escuela hemos aprendido a responder a la recompensa y el castigo en forma de elogios, buenas y malas notas y reprobaciones, como el burro al palo y la zanahoria, pero no a examinar nuestras metas.
Quizá por el legado de un sistema escolar formalista, muy estructurado y con una metodología definida y de talla única para todos, hemos siempre creído que hay una receta, programa, plan de aprendizaje o camino marcado común y eficaz para cualquier aprendiz.
Quizá por el legado de una educación y aprendizajes de talla única, no hemos tenido mucho tiempo de conocer nuestras inclinaciones, preferencias, formas de aprender, y hemos siempre pensado que aunque las metas las elijamos nosotros, el camino siempre es único y mejor conocido por otros.
Quizá porque en el colegio asociamos aprender con leer libros, pensamos que basta con leer los libros adecuados para aprender lo que necesitamos aprender.
Quizá por la forma de aprender en base a recetas y soluciones ya fijadas por otros tendemos a pensar que el conocimiento es como un libro de botánica donde todo está perfectamente clasificado y ordenado en compartimentos generalmente estancos.
Puede que como consecuencia de todo lo anterior la mayoría de nosotros hemos considerado y en parte seguimos considerando que el aprendizaje es como un vagón de tren.
Teoría del vagón de tren
Te subes al vagón y esperas que el método, el libro, el profesor, el gurú, el blog… te lleve a tu destino. Ves a un montón de pasajeros que suben en la misma estación profesional o cronológica en la que tú estás. En los letreros se anuncia el próximo tren al que tienes que subir. Necesitas un billete en el que habitualmente tienes ya un número con asiento y en el que te has de colocar. A veces compras tú el billete y a veces te lo dan gratis.
Estación de canfrancs, trenes abandonados por thierry llansades en flickr: https://flic.kr/p/8qi1fA
Hasta los 16 años te obligan a subir al vagón de tren, quieras o no, con gente con la que solo tienes en común la edad o quizá el barrio en el que habitas y la clase social. Sabes que si el tren que tomas es el adecuado para la estación deseada llegarás a tu destino. Hay un maquinista que sabe dónde va, los mecánicos han revisado el funcionamiento de la locomotora y los limpiadores, dependientes del vagón-bar y otro personal se aseguran de que tu viaje sea cómodo. También hay revisores que se aseguran de que los que tienen que estar están y que nadie se desmanda, y quizá haya guardias de seguridad que mantienen el orden. Durante el trayecto solo puedes charlar, leer el periódico, matar el tiempo de la mejor manera, socializarte con pasajeros tan aburridos como ansiosos por llegar al destino.
Para quien cree en el aprendizaje y el cambio como un vagón de tren no hay más aventura que la de ver rápidamente paisajes que pasan vertiginosamente ante sus narices y estaciones todas iguales que marcan el avance. De hecho, muchos de nosotros dormimos o sesteamos a lo largo de nuestra educación formal.
Hay otra posibilidad.
La teoría de la balsa
Te subes a la balsa o la canoa porque quieres, te diviertes y seguramente porque has pagado por ella. El destino es hacia abajo del río o hacia arriba, o a la otra orilla del lago, o, si eres un habitante del pacífico, hacia otra isla. Siempre depende. Todo depende, pero tanto como el destino te importa el proceso por el que alcanzas el destino. Disfrutas de cada segundo de la experiencia, estás alerta, atento a las rocas y a las oportunidades. Probablemente vas con un grupo de amigos que disfrutan con lo mismo que tú y quizá con algún balsero más experimentado; hay gente de todas las edades; aprendes de ellos y ellos aprenden de ti.
Tu actitud hacia lo aprendido es condicional: «podría ser que…», «quizá sea así…», «¿qué pasaría sí…?», «¿Y si lo hacemos de esta otra manera?». Una vez eliges un destino, planeas un itinerario y empiezas a remar, pero durante el camino te desvías, y vuelves a retomar el rumbo miles de veces; a veces, encuentras mejores destinos gracias a lo aprendido y viras, y cambias de rumbo. Pero siempre lo aprendido y el camino dependen de ti.
En el aprendizaje como navegación, ya sea en aguas turbulentas o en un lago tranquilo en Suiza, tú eres el responsable de tu aprendizaje, eliges el destino o destinos, el camino, los medios y buscas los recursos. Estás constantemente alerta y te muestras flexible.
En el aprendizaje como navegación aprender y cambiar es una aventura movida por metas de aproximación formuladas por ti. No huyes de algo que no quieres ni persigues las zanahorias que otros te ponen.
Nunca he dejado que la escuela interfiera con mi educación
Imagina que estás ante la tentación de comerte un postre en un día de diario. Forma parte del menú del día y puedes elegir entre manzana y tarta de chocolate. El yo presente quiere la tarta de chocolate, el impulso es fuerte. El presente es un poderoso Dios. Es difícil que el yo presente renuncie a la tarta .
Pero el yo presente forma parte de una cadena de yoes temporales: sus ascendientes, sus descendientes, sus hijos . Quiere tener hijos fuertes, sanos, con cintura de avispa. Al mismo tiempo desea fuertemente el azúcar y el chocolate.
Un deseo o impulso solo puede vencerse con otro impulso o deseo de signo contrario. El yo presente siente compasión y afecto por sus yoes futuros. Se siente altruista, paternal, quiere lo mejor para sus hijos y nietos.
El yo presente recuerda a los yoes futuros y decide hacerles un pequeño regalo en forma de sacrificio actual: “voy a comer manzana para beneficiar a mi yo futuro (o muchos de los yoes futuros)”. “Cuando ellos recojan el fruto de mi sacrificio yo ya no estaré ahí viéndolos crecer sanos y fuertes; pero quiero lo mejor para ellos.”
Podríamos concebir a nuestra persona como una sucesión de yoes temporales. Tras la etiqueta Homo Minimus, o Pedro Guerra o Matilde Fernández no se escondería solo una persona compleja, dinámica, diversa y con distintas propensiones o preferencias; podríamos dar un paso más allá y considerar que tras esa etiqueta se ocultan infinitos yoes en momentos del tiempo separados, una sucesión de yoes relacionados pero diferenciados, un conjunto de yoes temporales.
Mi yo del 4.6.14 a las 14:26 sería el antecesor del yo del 8.7.15 a las 18:43 y, sin duda, tendrían algo que ver, pero no serían el mismo ente. Compartirían una parte de la biografía del yo que llamamos en general Homo Minimus, pero ambos serían individuos con derecho a veto: cada uno de ellos tiene la voz cantante en el preciso momento en el que vive.
La única manera de integrar al conjunto de yoes temporales del artista conocido como Homo Minimus es convertir a ese grupo variopinto y egoísta carente de empatía temporal y compasión intergeneracional en miembros de una misma familia.
Habría que recordarles su historia constantemente: ellos recibieron el relevo de muchos yoes temporales anteriores que se sacrificaron y permitieron que se convirtiera en el bloguero minimalista de éxito , gigante intelectual y galán de ensueño que existe ahora, en este preciso momento.
Ese sentimiento de estar en deuda con las anteriores generaciones de yoes y el amor a la familia venidera pueden ayudar al yo presente a ser más sacrificado, a dejar de postergar o procrastinar acciones tan valiosas como esforzadas o difíciles.
A partir de ahora, cada vez que venzas la incomodidad, la falta de energía, la desgana, incluso el sufrimiento, piensa que lo estás haciendo por tus yoes-hijos-futuros , para que crezcan más sanos, felices y fuertes.
El fruto del amor bien entendido está creciendo ahora mismo. Y se recoge mañana mismo. Qué digo mañana… y pasado mañana, y dentro de diez años, y dentro de diez minutos.
Octava semana. Una semana desconectado. Ni radio cuando me ducho, ni televisión, ni facebook, ni blogs, ni libros, etc. Me ha encantado la experiencia. Ha ido bien. Entrenamiento del autodominio y otros efectos colaterales positivos.
~Herman
Toda una experiencia. En esta semana el reto era hercúleo: una semana de ayuno de redes sociales , medios de comunicación social (tv, radio, periódicos, etc.), internet, incluso de libros. Con esto nos asegurábamos que íbamos a sentir el aburrimiento o tener que usar la imaginación para evitarlo.
Muchos de nosotros, exceptuando algunas vacaciones en algún lugar aislado en la montaña o en una playa desierta, no habíamos tenido jamás una semana así en nuestras vidas.
El experimento ha sido un rotundo éxito. La mayor parte del tiempo he estado fuera de las redes sociales. He ido al cine y he usado el teléfono móvil como vía de escape, pero ha sido solo un par de veces.
He andado 103.321 pasos, casi un 50% más que mi objetivo semanal: 70.000 pasos. Antes, el reflejo habitual era entrar en twitter, leer artículos o echar un vistazo a mi blog. Esta semana la alternativa fue estirar las piernas o quedarme mirando pasar la vida por la ventana.
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He hablado algo más por teléfono. No había prohibido esta posibilidad y por eso la he empleado más, a pesar de que no me gusta hablar mucho por teléfono.
Las noches se han hecho más largas. No podía ver películas, escuchar música o consultar páginas web así que ha habido más tiempo para la contemplación.
He tenido mucho para no hacer “nada”. Pero es difícil no hacer nada, así que como es habitual me he lacerado con acontecimientos pasados y anticipaciones futuras. Eso fue sobre todo al principio; según pasaban los días mi mente se ha estabilizado y he puesto en práctica algunas de las ideas de la atención plena: contemplación sin juicios, de forma abierta y con curiosidad de mis productos mentales, sin intentar eliminarlos, transformarlos o querer que permanezcan, simplemente dejándolos estar.
Han surgido muchas ideas relacionadas con el trabajo y con el no trabajo. El tiempo de no actividad explícita y liberado del fragor de las redes sociales me ha permitido considerar con mayor perspectiva mis actividades diarias. He obtenido una visión de pájaro estratégica sobre muchos asuntos.
Han surgido multitud de tentaciones, en especial en los primeros días. Una vez que me he acostumbrado, la tentación de volver a internet o las redes sociales ha remitido.
Tras el experimento he comprendido el artículo de Anca Balaj, Silencio y descanso, en el que anuncia su decisión de dejar de ver películas por la noche tras sentir cómo el tiempo se transforma si disminuyes el ruido:
[…] Desde que no veo esta película diaria, el tiempo se ha trasformado (sí, el tiempo, toda mi percepción del tiempo, no sólo el tiempo que ocupaba la película) y mi estado general ha cambiado por completo, por supuesto a mejor. He vivido de manera distinta: me he pasado una hora y media observando atentamente cómo duermen mis gatos, he conocido a un frutero políglota-mentalista y he cocinado a fuego lento, siendo que yo odio pasar mis horas en la cocina.
Menos tiempo en las redes sociales, leyendo y sujeto a los impactos informacionales ha significado menos procrastinación. Era una consecuencia esperable, puesto que a menudo usamos la inmersión en la vida social virtual y no virtual como forma de evitar nuestras responsabilidades, obligaciones o bien como forma de diferir su comienzo.
Cuando la niebla informacional y social se disipa y te quedas a solas contigo mismo, el camino es claro y la decisión ineludible: das un paso hacia adelante o lo das hacia atrás. Es más difícil engañarse respecto a lo que quieres o no quieres, o a lo que te atreves o no te atreves.
Siento que he vivido más esta semana. Siento que parte de la neblina vital se ha disipado.
[…] ¿Y qué tiene que ver todo esto con la creatividad? Tiene que ver con el fluir. En tensión no fluimos. En estado de nerviosismo y deseosos de nuevos estímulos no prestamos atención a los detalles, que son los nutrientes de la creatividad. No descansamos y perdemos concentración. Para crear se necesita silencio y descanso.
He decidido aumentar los espacios en blanco en mi vida. Ya tengo el shabbat, así que añadiré a partir de hoy algunas tardes-noches en la semana como espacios de silencio y contemplación.
Y ahora es tu turno, si aceptaste el reto en todo o en parte, ¿qué has observado y sentido durante el tiempo libre de redes sociales y medios de comunicación de masas?
No importa lo lento que vayas con tal de que no te detengas.
~ Confucio
Espero que a 31 de diciembre de 2014, gracias al curso de perseverancia y el entrenamientoque durante todo este año los psiconautas (o exploradores del ser) llevamos a cabo en el blog, estos sean mis comportamientos, pensamientos y emociones:
Comportamientos
Soy capaz de mantener planes a largo plazo de semanas, meses y años. Sostengo el compromiso y la motivación durante mucho tiempo, a pesar de los inevitables bajones anímicos y resultados frustrantes. Personifico lo que Carol Dweck llama «mentalidad de crecimiento«. Cuando las cosas se ponen complicadas redoblo mi esfuerzo y mi compromiso. Me rodeo de personas de las que puedo aprender y con las que puedo crecer. Pido ayuda resueltamente sin importarme la imagen de debilidad que puedo proyectar. Hago un montón de cosas incómodas todos los días con alegría. Aprovecho cualquier oportunidad diaria para tonificar mi capacidad de autorregulación. Me muestro mucho más audaz y explorador. Si para dominar una materia debo soportar mucha incomodidad, la soporto. Puedo estar durante semanas y meses intentando dominar los aspectos básicos de mi disciplina hasta que se convierten en segunda naturaleza. Busco las actividades de alto valor.
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Pensamientos
Cuando me esfuerzo por vencer un obstáculo y pongo toda mi atención, la incomodidad es la señal de que me estoy volviendo más capaz, más inteligente, imagino mi cerebro creando nuevas conexiones entre neuronas y mi inteligencia expandiéndose. La inspiración me encuentra trabajando. Cuanto más trabajo, más talento tengo. Interpreto la incomodidad como una señal de que estoy haciendo algo importante o valioso. Si algo no cuesta, no es difícil, no me genera una cierta incomodidad al principio, pienso que no estoy avanzando. Mi foco está en la actividad, no en lo que la actividad y sus resultados dicen de mí. No necesito estar preparado ni tienen que darse las condiciones perfectas para empezar o para seguir trabajando en algo. Si no hay incomodidad me pregunto si estaré haciendo algo mal o habré dejado de avanzar. Pienso que las actividades de alto valor conllevan, al menos durante un tiempo, un esfuerzo importante. Quien tiene algún éxito es porque ha tenido muchos fracasos y ha cometido muchos errores: no hay otra forma de aprender. Soy un ser que aprende y se entrena.
Emociones
Sensación de autoría, de autoeficacia, el centro de control está en mí, no en las circunstancias, las dificultades me vigorizan. Las dificultades me hacen sentir más vivo, más alegre. Conecto emocionalmente el esfuerzo en el presente con valores y resultados que solo podré ver realizados en un futuro lejano. Experimento la satisfacción de avanzar lentamente y el gozo del aprendizaje y los éxitos pacientemente alcanzados. Disfruto con el proceso.
El problema de ir demasiado deprisa es que no ves bien el paisaje. No es lo mismo un viaje en carruaje que uno en el AVE, aunque la ruta sea la misma. Lo mismo pasa con la vida, si corres demasiado, no te enteras de los lugares por los que has pasado, porque antes de que lo percibas ya estás en otro lugar con otras emociones.
La misión de esta semana fue practicar la lentitud deliberada. La lentitud no es un plato de gusto. Menos de gusto incluso que el no plato de nuestra próxima misión. La lentitud es un gusto adquirido.
Al menos una vez cada día recordé y practiqué la reducción del ritmo. Aunque fuera una tramo de escalera o diez metros en mi paseo diario. La siguiente expresión ha estado en mi cabeza muchos días: “mente apresurada”. Mente apresurada.
[…] “Vísteme despacio, que voy deprisa”, dice un refrán español. Lo cual no quiere decir: “deja de vestirme: mándalo todo al diablo, porque al fin ya no llego a tiempo”. Sino todo lo contrario: “vísteme con atención, haciendo bien lo que haces, y no pienses en si vamos a llegar a tiempo o no”. Parece una paradoja aconsejar reposo, serenidad dentro de la misma prisa, y, sin embargo, es la única forma de darle batalla, la única solución. Y es posible aunque sea difícil.
O este otro:
[…] Se trata esencialmente de liberar nuestro pensamiento de la confusión que la prisa produce. Se puede dejar que la prisa invada nuestras piernas, nuestros brazos: que alcance a todos los miembros eficaces para servirla. En cambio, hay que poner a salvo nuestra mente, en cuyo terreno hace la prisa sus verdaderos y más lamentables perjuicios, ya que puede llegar a sustituir al pensamiento. Cuanta más prisa tenemos, menos nos damos cuenta de por qué la tenemos.
[…] En un entorno urbano habrán ritmos lentos y rápidos, al igual que en un entorno rural y, puede darse, que el ritmo urbano “lento” se corresponda con el “rápido” rural. Para mí, la dicotomía es: estresado /no estresado. O sea, que puedes mantener un ritmo “rápido” con toda la tranquilidad del mundo. ¿Os parece paradójico?
Creo que el apresuramiento es un fenómeno mental más que físico, pero intuyo que en la mayoría de nosotros la rapidez en el movimiento físico va unido al de la mente.
Eduardo Laporte, en su blog El náufrago digital se hace eco en un artículo esta semana de esta-nuestra-de todos-necesidad de ir más despacio y lo relaciona con sus próximos proyectos creativos:
[…Iré más lento en mis próximos proyectos. Y la perspectiva me alegra, porque intuyo que los resultados pueden ser interesantes y porque al dilatar la permanencia en el proyecto se dilata también la sensación, balsámica, solemne, quijotesca, de estar en el mundo por algo, para algo.
Tim Ferriss ha hablado del faturday, literalmente «día del gordo», para referirse al día de la semana, usualmente el sábado, en que se permite saltar todas sus normas sobre alimentación sana y dieta equilibrada. Por ejemplo, en un faturday Ferriss se permite comer decenas de piezas de pizza, helados y otros alimentos muy sabrosos pero no saludables.
También se le puede llamar «día loco» o algún término similar que haga referencia a su excepcionalidad o carácter de liberación de las propias reglas o normas.
La esperanza no es una estrategia, la suerte no es un factor, el miedo no es una opción.
–Tiene mucho sentido que nos permitamos un escape ante una regla estricta de difícil cumplimiento como es la eliminación de alimentos no saludables o un programa de ejercicios exigente. No es solo un día de descanso sino también una especie de liberación de la disciplina que nos hemos impuesto; es una especie de carnaval personal que nos permitimos antes o después de la abstinencia de nuestra cuaresma personal.
¿Decir no para siempre o decir no hasta el próximo faturday?
Es mucho más fácil mantener una determinación difícil si sabes que la privación no será para siempre; si sabes que hay una válvula de escape que te permitirá satisfacer tus deseos instintivos y bucear en el placer inmediato. Si la renuncia es de por vida, la lucha interior es mucho más grande; si sabes que el «tormento» de la renuncia a la gratificación inmediata tiene fecha de caducidad, conseguirás navegar la ola de la tentación con mayor facilidad.
Con el día loco, evitamos los movimientos pendulares que se producen cuando la fuerza de voluntad o la motivación decae; esos momentos de bajón emocional o motivacional siempre aparecen y pueden echar por tierra todo el esfuerzo anterior.
Efecto bola de nieve y erosión de las metas
Es muy común que tras semanas o meses de esfuerzo intenso, la motivación decaiga, sintamos que hemos avanzado y nos sintamos legitimados para hacer una excepción. El problema con estas excepciones no planeadas es que tienden a multiplicarse y hacer más fácil volver a caer en la excepción: si ayer comiste postre azucarado en la comida o no vas al gimnasio porque no tienes ganas, es más fácil que en los sucesivos días te sientas más legitimado para volver a vulnerar tus propias reglas. Creas un precedente que te hace más fácil vulnerar la norma.
El faturday es una excelente manera de conjurar la pendiente resbaladiza que suponen las excepciones no planeadas y de hacer más soportable la privación.
Es importante cumplir escrupulosamente los faturdays y relegarlos a un día especial dentro de la semana o del mes. Este día puede servir además de acicate adicional para perseverar. Sabes que en un día loco no existe la culpa, que tienes licencia para transgredir todas las reglas, incluso las propias, como en el carnaval, y es una válvula de escape que te reconcilia con parte de tu falible naturaleza humana: el presentismo, la espontaneidad del momento, el instinto.
El día loco fortalece nuestras determinaciones, hace más llevaderas las privaciones y nos ofrece un aliciente adicional para hacer esfuerzos de voluntad.
Hace años vivía en una capital de provincia española, cada pocos meses volvía a Madrid, llegaba en autobús y tomaba el metro. Enseguida el frenesí de la vida de la capital me rodeaba: un marabunta de humanos que correteaban en todas direcciones, subían y bajaban escaleras como si no hubiera mañana, miraban sin ver y apretaban el paso.
Si paras, te convertirás en estatua; corre, conejo, corre.
–Un estudio del 2007 señala a Madrid como la tercera ciudad del mundo en la clasificación de ciudades donde se anda más rápido.
Yo acostumbro a andar despacio, pero era entrar en el metro y sentir que el ritmo había cambiado: ya no estaba en una apacible capital de provincia. Enseguida me contagiaba del entorno y aceleraba el paso para armonizar con mis congéneres. Sentía mi mente precipitarse también. Mi respiración iba más rápido. Me contemplaba desde fuera asumiendo el ritmo de los demás. Hacía una pausa mental y me preguntaba: ¿por qué corro? Si no tengo prisa por llegar a ninguna parte… Todo el mundo lo hacía a mi alrededor. Me paraba y me decía… no tienes que correr. No hay ningún fuego. Nadie te espera dentro de diez minutos. Y ralentizaba el paso, y los humanos de alrededor de repente parecían todavía más acelerados. ¿Dónde iban con tanta prisa?
Piensa en alguien “lento”. Quizá sean estas las palabras asociadas que te vengan a la cabeza: torpe, no muy avispado, ocioso, perezoso, quizá vago, de pocas luces.
En nuestra cultura, ser rápido es sinónimo de ser brillante, enérgico, resolutivo, productivo.
El ideal para muchos es completar sus actividades con rapidez y con eficacia. Si alguien se toma su tiempo al responder una pregunta habiéndola entendido, pensamos que nos está tomando el pelo, nos hace perder el tiempo o es que su sistema nervioso no está bien lubricado. En el colegio nos adiestran para responder bajo presión de tiempo. En cuanto al correo electrónico y las llamadas, las expectativas actuales son que has de estar siempre conectado y responder inmediatamente.
Se trata de hacer todo en menos tiempo, con menos coste y ser capaz de dar respuesta inmediata a cualquier problema o demanda que se presente.
Los medios de comunicación de masas nos dan lo que deseamos, no hay ninguna conspiración: productos que no quieren esfuerzo y que generan satisfacción inmediata, fáciles de digerir, de usar y tirar. La gente quiere novedad, y lo nuevo deja de serlo rápidamente. Aprende a programar en 10 días. Pierde peso en 30, aprende alemán en 6 meses, conoce China en 3 días, etc. Los libros muy gordos ya no son leídos. Las entradas en el blog son leídas en Z, el tiempo medio de permanencia en una página es unos pocos segundos. ¿Sigues ahí?
No quieren los gitanos buenos principios para sus hijos. –Refrán español
No conozco el origen del refrán ni si es verdad lo que expresa sobre las creencias de los gitanos; pero como muchos refranes apunta en una dirección que vale la pena explorar.
¿Por qué no querríamos empezar bien? ¿O por qué querríamos levantarnos o comenzar algo con el pie izquierdo?
La historia de César Rodríguez
Robert Greene en su libro ‘Mastery‘ cuenta la historia de un piloto de combate americano, César Rodríguez, que cuando comenzó el programa de instrucción de pilotos no estaba entre los mejores, los golden boys, los que tienen don o como dicen en inglés «los naturales«. Imáginate a Maverick (Tom Cruise) o Iceman (Val Kilmer) enTop Gun; a estos, el aprendizaje les resulta fácil, captan los procedimientos a la primera, sin esfuerzo, y desde el principio están en las primeras posiciones.
Para los chicos de oro todo es fácil… y esa es su maldición.–
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Para el resto, el aprendizaje es arduo, sometido a mesetas en las que no avanzan o parecen haber alcanzado sus límites. En el caso de nuestro piloto fue así; desde el comienzo del entrenamiento se encontró entre los últimos puestos, a punto de ser expulsado del entrenamiento.
Pero él había sido un buen deportista en el instituto y conocía las virtudes del esfuerzo y de la práctica regular; y por eso perseveró.
No hace falta que siga, ya os imagináis el fin de la historia; en el entrenamiento fue escalando posiciones hasta acabar en el puesto tercero, junto a los golden boys, no sin antes mucho sacrificio. En la guerra del golfo, en la operación Tormenta del desierto, y en posteriores acciones bélicas en Kosovo derribó más aparatos enemigos que ningún otro piloto en la aviación americana de las últimas décadas, lo que le valió el apelativo de «El último as americano». Sobrepasó en rendimiento a cualquiera de los golden boys.
Qué ventaja tienen los que empiezan mal o con dificultades
Rodríguez, según avanzaba en su carrera, notó una brecha respecto a los presuntos naturales: el esfuerzo adicional que tuvo que hacer le permitió desarrollar habilidades de concentración que ninguno de los otros pilotos tuvo necesidad de cultivar; simplemente no las necesitaron puesto que todo les venía fácil y los resultados eran excelentes. Cuando más adelante las cosas se pusieron difíciles, carecían de la excepcional capacidad de esforzarse y de centrar la atención que César Rodríguez había desarrollado a lo largo de los años.
Quizá las dificultades, especialmente las iniciales, sean una bendición disfrazada, y podamos reenmarcarlas como una forma especialmente útil de proporcionarnos un entrenamiento emocional y mental de calidad excepcional. Seguramente, también estas dificultades iniciales nos hagan más conscientes de nuestras limitaciones y sean un buen antídoto contra la grandiosidad o la soberbia que amenazan a cualquier persona que alcanza resultados extraordinarios.
Haber sufrido a lo largo del camino y haber sentido que has tenido que ganar cada pequeño éxito pagando un precio, nos permite desarrollar una mentalidad de crecimiento, nos hace estar mucho más en guardia y desarrollar un agudo sentido de la realidad: la de nuestras limitaciones actuales y la del esfuerzo necesario para superarlas.
Mañana es siempre el día más ocupado de la semana.
Rocky, abrumado por las dudas, la responsabilidad y el cansancio, dice a su sparring y entrenador: «mañana, seguiremos mañana.»:
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Este es nuestro reflejo habitual ante una situación de presión o cansancio, nuestro modo por defecto. En una situación muy estresante, o cuando nuestras energías están bajas, muchas veces puede ser lo más aconsejable.
Pero sospecho que en la vida cotidiana usamos ese «seguiremos mañana» no como una retirada táctica, para reponer fuerzas, sino como una evasión del esfuerzo de hoy. Nos lo podemos justificar o «vender» como un aplazamiento necesario, pero en lo más profundo sabemos que no es más que una retirada no muy honrosa del esfuerzo presente.
El hoy, la acumulación de hoys, termina convirtiéndose en nuestro mañana. Y una cosa es cierta, mañana siempre llega.
Un día que no dediquemos a nuestro objetivo o proyecto es un día más que tardaremos en alcanzar la meta. Siempre que dices «mañana» y abandonas, estás alejando el día de llegada, la línea de meta. Entre las personas más eficientes, productivas y exitosas que he conocido siempre he encontrado el sentido de urgencia de actuar en el día y de no postergar la acción. Esta debería ser nuestra actitud: la actitud de trabajar intensamente en el día en curso a pesar de las dificultades, las desganas o las racionalizaciones.
Nuestro entrenamiento de la fuerza de la voluntad o de nuestra capacidad de autorregulación debería estar también caracterizado por esta orientación al presente, a hacer el esfuerzo en el aquí y en el ahora. Porque nos guste o no el mañana siempre llega y depende de muchos hoys trabajados con dirección e intensidad. Puede que no tengamos un entrenador que nos lo esté continuamente recordando; por eso hemos de ser nuestros propios entrenadores y animadores y gritarnos:
«¡Hoy es mañana!, Rocky, ¡hoy es mañana!»
Podríamos convertirlo en nuestro mantra personal para mantener el esfuerzo en el momento en que estemos tentados a aplazar o postergar el trabajo o el esfuerzo que nos hemos propuesto al comienzo del día.
1. Si este blog, Homo Minimus, no conecta con tus metas y proyectos más importantes, estás perdiendo el tiempo. Estás infligiéndote comida basura para el espíritu.
2. Aunque este blog no sea precisamente “comida basura” para el espíritu, una colección de clichés o lugares comunes (y esto habría que demostrarlo), existe un coste de oportunidad en la lectura de mis artículos: toda las opciones de lectura alternativas más ventajosas, interesantes y enriquecedoras de las que dispones y a las que estás implícitamente renunciando.
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Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar…
3. Costes hundidos. Es posible que lleves meses e incluso años leyendo este blog. Tuvo sentido en el pasado, pero tu vida ha cambiado: tus prioridades, tus metas, las lecciones ya aprendidas. Sin embargo, sigues leyendo por inercia, porque te da pereza eliminar la suscripción (en cuyo caso te recomiendo que apliques la regla de los dos minutos), porque has desarrollado un vínculo afectivo con el que escribe (en cuyo caso tienes mis bendiciones para dejar de leer este blog). Puede ser que pienses que como has dedicado mucho tiempo a leer estos artículos, sería un desperdicio no seguir leyendo. Pero te engañarías: hay que mirar al futuro, no al pasado.
4. Todo el conocimiento del mundo no sirve de nada sin la acción. Leyendo y no haciendo no haces más que generar la ilusión de crecimiento, aprendizaje y desarrollo, deja de mirarte el ombligo o mi ombligo.¿No estaría tu escaso tiempo y limitada atención mejor empleada en algún otro lugar, en algún otra persona, en alguna acción digna de ese nombre?
5. Mi marketing es minimalista y depende de escribir artículos que lleven al centro capital de los problemas existenciales (ok, soy megalómano, otra posible razón para dejar este blog). Pero nada de lo que nadie escribe es para todos los públicos. Ser para todos los públicos es reducir tu mensaje a una perogrullada o a una tautología muy obvia. ¿Estás seguro de que eres el tipo de persona que puede beneficiarse de lo que escribo?
El minimalismo existencial requiere de una mentalidad de poda permanente. Piensa un minuto, consulta con tu corazón y tu razón y dale al botón de eliminar suscripción al final de este mensaje. O si no estás suscrito, pero sigues el blog, elimina este blog de tu agregador de blogs. Luego, no mires atrás o te convertirás en una estatua de sal. Nuncanízame.
El siguiente artículo de Leo Babauta habla sobre un superpoder personal que estamos entrenando en nuestro curso de perseverancia: la capacidad de experimentar y abrazar la incomodidad en el presente para obtener beneficios y alcanzar metas en el futuro.
La psicología popular te habla de amar lo que haces, disfrutar del proceso y sentirte muy motivado y a gusto en el camino. Esto solo es una parte de la verdad. La otra parte es que lo excelso es tan difícil como raro y que hay muchas actividades valiosas en la vida que no llevan consigo la satisfacción inmediata. Aprender a tolerar e incluso a abrazar la incomodidad es la clave de la formación de un carácter perseverante.
Si quieres retos y misiones que entrenen tu capacidad de soportar la incomodidad, suscríbete a este blog y recibirás artículos y libros que te ayuden a forjar tu carácter.
La zona de incomodidad: cómo dominar el Universo (por Leo Babauta)
[Esta es la traducción al español de un artículo de Leo Babauta aparecido en su blog Zen Habits. ]
La única cosa que no puedo soportar es la incomodidad –Gloria Steinem
De todas las habilidades que he aprendido en los últimos siete años de cambios en mi vida, hay una que sobresale:
Aprender a sentirme confortable con la incomodidad.
Si aprendes esta habilidad, puedes dominar casi cualquier cosa. Puedes vencer a la procrastinación, empezar a hacer ejercicio, mantener una dieta más saludable, aprender un nuevo idioma, afrontar los desafíos y situaciones físicamente exigentes, explorar nuevas cosas, hablar delante del público, dejar a un lado todo lo que sabes y convertirte en un minimalista.
Y esto es solo el principio.
Desafortunadamente, mucha gente evita la incomodidad. Quiero decir que realmente lo evitan—al primer síntoma de él, corren en la otra dirección tan rápido como pueden. Este es quizá el factor limitante más grande para muchas personas, y es por eso por lo que no pueden cambiar sus hábitos.
Piensa sobre esto: mucha gente no come verduras porque no les gusta su sabor. No estamos hablando de dolor intenso aquí, no es una tortura de Guantánamo, sino un sabor al que simplemente no estás acostumbrado. Y por eso comen lo que ya les gusta, los fritos y los dulces y carnes y quesos y cosas saladas y un montón de harina procesada.
El simple acto de aprender a habituarse a algo que sabe diferente –no tan difícil en el gran esquema de la vida—vuelve a la gente insana, a veces con sobrepeso. Lo sé porque yo estuve ahí muchos años. Me volví gordo y sedentario, fumador y con un montón de deudas, con muchos trastos y procrastinación, porque no me gustaban las cosas que me hacían sentir incómodo. Y por eso creé una vida que era profundamente incómoda como resultado.
Lo bonito es: aprendí que un poco de incomodidad no es una cosa mala. De hecho, puede ser algo que con un poco de entrenamiento la disfrutes. Cuando aprendí esto, pude cambiar todo y soy todavía bastante bueno haciendo cambios a causa de esta habilidad.
Domina tu miedo a la incomodidad y puedes dominar el universo.
Evitación de la incomodidad
Cuando la gente está estresada, a menudo se vuelven hacia los cigarros, la comida, las compras, el alcohol, las drogas… Cualquier cosa para librarse de la incomodidad de lo que les está estresando. Y sin embargo, si echas una mirada atenta al estrés, verás que es un miedo infundado lo que lo causa (a menudo el miedo a que no seamos lo suficientemente buenos), y si lo examinamos a la luz del día empezará a desvanecerse.
Cuando la gente comienza a hacer ejercicio después de haber sido sedentarios, se sienten incómodos. ¡Es duro! Te puede dejar dolorido. No es tan fácil como no hacer ejercicio. No es algo que estén habituados a hacer y tienen miedo de hacerlo mal o parecer tontos. Y por eso lo dejas después de poco tiempo, porque es incómodo, cuando realmente no es tan horrible sentirse incómodo por un rato. No estamos hablando de dolor insoportable, simplemente de incomodidad.
Cuando la gente comienza una dieta más saludable a menudo no les gusta –comer verduras y avellanas y semillas de lino y frutas y tofú o tempeh o judías negras no es tan excitante como comer fritos, grasas, salados o dulces. Es una forma de incomodidad cambiar tus papilas gustativas, pero la verdad es que ocurre con facilidad si soportas un poco de incomodidad.
La incomodidad no está mal. Es solo algo a lo que no estamos acostumbrados. Y por eso la evitamos, pero al coste no de ser capaces de cambiar las cosas, no estar sanos, no estar abiertos a la aventura y el caos de la vida en toda su pureza.
Dominando la incomodidad
La manera de dominar la incomodidad es llevarla con comodidad. Puede sonar contradictorio, pero no lo es. Si tienes miedo de la incomodidad e intentas vencerla con una actividad muy exigente, probablemente te rendirás y fracasarás y volverás a tu comodidad. Así que hazlo en pequeñas dosis.
Escoge algo que no sea difícil. Por ejemplo, la meditación. No es tan difícil: simplemente siéntate y presta atención a tu cuerpo y respiración en el momento presente. No tienes que vaciar la mente (solo advierte tus pensamientos), no tienes que entonar cantos extraños, simplemente te sientas y prestas atención. Si no te gusta la meditación, prueba una comida saludable nueva, como el kale o almendras o quinoa. O un ejercicio fácil si eres sedentario, como andar o correr.
Haz solo un poco. No tienes que empezar haciendo 30 minutos de algo que no estás acostumbrado a hacer. Solo un par de minutos. Solo empieza.
Sal de tu zona de confort, un poco. Mi amiga y abadesa Zen Susan O’connell tiene una instrucción favorita de meditación que puedes usar realmente para cualquier actividad: cuando estás meditando y siente el impulso de levantarte, no lo hagas; cuando sientas el impulso de levantarte una segunda vez, no lo hagas; y cuando sientas el impulso de levantarte una tercera vez, entonces levántate. Así que sigues sentado atravesando el impulso, la incomodidad, dos veces antes de ceder a la tercera. Es un bonito equilibrio, ya que estás saliendo de tu zona de confort un poco. Puedes hacer esto con el ejercicio y con muchas otras actividades –empuja un poco.
Observa la incomodidad. Mírate a ti mismo según te vas sintiendo un poco incómodo: ¿estás empezándote a quejar (internamente)? ¿Estás buscando maneras de evitarlo? ¿Hacia dónde miras? ¿Qué pasaría si sigues con ello y no haces nada?
Sonríe. Este no es un consejo trivial. Si puedes sonreír sin sentirte incómodo, puedes aprender a estar contento con la incomodidad con la práctica. Cuando hice el Goruck Challenge en 2011, fueron 13 hora de incomodidad –tobillos ensangrentados, arena en mis zapatillas mientras andaba y corría con más de 60 libras en mi espalda, acarreando a compañeros de equipo y troncos, haciendo flexiones y paso del cangrejo y otros ejercicios, necesitando ir al baño y estando hambriento y helado. Y sin embargo, puse en práctica algo simple: intenté mantener la sonrisa a través de toda esta incomodidad. Es una práctica importante.
Repite esta práctica diariamente. Será extraño, quizá difícil al principio, pero pronto tu zona de confort se expandirá. Si practicas lo suficiente, con distintas actividades, tu zona de confort se expandirá para incluir la incomodidad. Y entonces puedes dominar el universo.
Lo que puedes dominar ahora
Si domina la incomodidad, ¿qué puedes dominar entonces? Casi cualquier cosa.
Procrastinación. Procrastinamos para evitar algo que no es cómodo, pero si aprendes a estar con la tarea, incluso si no es confortable. La incomodidad no es mala. Aquellos de vosotros que estáis atravesando el Módulo de procastinación en mi Sea Change Program estáis aprendiendo sobre el tratar con la incomodidad de continuar con tu tarea importante.
Ejercicio. Evitamos el ejercicio porque no es cómodo, pero si expandimos la zona cómoda un poco cada vez, podemos conseguir que el ejercicio sea cómodo después de repetir un poco.
Escribir. Si quieres escribir pero siempre parece que estás posponiéndolo, eso es porque escribir es a menudo difícil o menos cómodo que mirar el correo electrónico o las redes sociales (por ejemplo). Mantente con la incomodidad y escribirás más que nunca.
Comer sanamente. Es sorprendente cuánto pueden cambiar tus papilas gustativas a lo largo del tiempo, si gradualmente nos acostumbramos a comidas más sanas. Eso significa pasar por cortos periodos de incomodidad, pero no es tan malo en pequeñas dosis.
Meditación. Evitamos la incomodidad de sentarnos y no hacer nada, de enfocarnos en el presente. Pero no es tan difícil, sólo un poco incómodo.
Levantarse temprano. Levantarse temprano significa estar un poco cansado por un rato, pero no es una cosa horrible. Lee más sobre levantarse temprano.
Aprender una lengua/instrumento. ¿Quieres aprender algo nuevo? Eso significa, por definición, hacer algo a lo que no estás acostumbrado, y por eso a menudo lo dejamos antes de dominar esta nueva habilidad, simplemente porque (lo has adivinado) nos hace sentir incómodos. Mantente con la incomodidad, y en no mucho disfrutarás aprendiendo esta nueva habilidad.
Trastos. Los trastos son otra forma de procrastinación. No quitas las cosas de en medio o dejas que se acumule una pila de cosas que no necesitas, porque no es cómodo ocuparse ahora mismo (comparado con, digamos, navegar en Internet o ver TV). Pero ocuparte con algo justo ahora no es difícil una vez que pasa la incomodidad.
Leer novelas. Tendemos a evitar el sentarnos con un libro porque nos atrae algo más cómodo (de nuevo, navegar por Internet). Si nos podemos sentar con el libro y un poco de incomodidad, podemos leer más.
Bandeja de entrada vacía. Otra forma de procrastinación: llegan algunos correos, quizá los miras, pero pospones ocuparte de ellos justo ahora porque es más fácil no hacerlo.
Deuda. Hay una serie de cosas de las que nos tenemos que ocupar que son incómodas: hacer un listado de deudas y facturas, hacer un presupuesto sencillo, hacer cosas que son gratis en vez de comprar, etc. Pero me libré de las deudas finalmente afrontando todas estas cosas y fue maravilloso.
Nuevas aventuras. Mucha gente se queda en lugares en los que se siente cómodo, lo que significa perderse experiencias nuevas que podrían ser un poco incómodas. Incluso cuando viajan, mucha gente se ciñe a las vistas turísticas y la comida a la que están acostumbrados, en vez de encontrar algo extraño pero más auténtico en una tierra nueva. Evitamos conocer a gente nueva, hablar delante de todos, renunciar a los que sabemos, estar abierto a cosas nuevas… para evitar la incomodidad.
Y esto es solo el principio. Dentro de cada una de esas áreas hay muchas cosas en las que puedes trabajar en los próximos años ahora que ya no tienes miedo de la incomodidad y que hay muchas otras áreas de exploración abiertas para ti. La incomodidad puede ser la llave gozosa que te abra todas las puertas.
La incomodidad es gran parte de mi plan maestro. –Jonathan Lethem
/ Aceptando el reto de la puntualidad a \
\ las 19:36 h /
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~Inclusa
La segunda misión del curso de perseverancia ha sido relativamente fácil para mí. Soy generalmente puntual, aunque tengo tendencia a salir en el último momento posible para llegar a la hora acordada. Si hay algún imprevisto por el camino, atasco en la carretera, retraso de autobús, etc., puedo retrasarme algunos minutos y eso me genera una cierta tensión.
Lo más fácil es salir con un cierto margen de seguridad para estar en la cita un poco antes. El tiempo antes de la cita o entrevista se puede dedicar a relajarse o a movilizar en la memoria toda la información relevante.
La puntualidad genera ante los demás –y también ante uno mismo– una imagen de persona que cumple sus compromisos y que es concienzuda y previsible. Si estás en el ámbito profesional esta imagen es un poderoso activo. Pero el efecto más importante es el efecto que genera en tu autoimagen: alguien que cumple lo que dice, que es capaz de empeñar su palabra, que está bien organizado y que controla su acción y su tiempo. Solo por esto ya merecería la pena ser puntual.
Hacer un esfuerzo consciente por puntual –si no lo eres todavía o no lo has convertido en un hábito– es una excelente entrenamiento para la autorregulación y el autocontrol. Has de observar tu comportamiento, los obstáculos que se interponen en tu camino hacia la puntualidad, definir planes de antemano para evitar la impuntualidad y reforzar periódicamente la intención.
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¿Qué he aprendido o re-aprendido esta semana sobre autorregulación?
1. La gente, al menos en hispanoamérica y en España, no suele ser muy puntual. En Perú hace 7 años el gobierno promovió una campaña por la puntualidad llamada «La hora sin demora». En una de las presentaciones oficiales de esta campaña el representante del gobierno… llegó tarde.
Suelo ser bastante puntual y tiendo a llegar casi siempre antes de la hora, no me preguntéis por qué, creo que es una manía. He observado la puntualidad de los demás a lo largo de la semana y cuál ha sido mi sorpresa de que sólo una persona de 6 ha sido puntual…más que yo incluso..:-) ~Sandamaya
2. Es importante saber por qué haces las cosas, cuáles son tus motivos para hacerlas. Es el famoso «Si sabes el porqué, encontrás el cómo». A diferencia de las prácticas de atención plena que propuse en el primer trimestre, las misiones o desafíos de esta reencarnación no tienen que convertirse necesariamente en hábitos (la puntualidad sí que sería un buen hábito, pero el quedarse mirando al plato antes de empezar a comer dos minutos no).
El propósito de las misiones es fortalecer el músculo de la voluntad poco a poco con misiones de dificultad ascendente. Ten en cuenta, durante el resto de esta reencarnación que los esfuerzos semanales van a tonificar tu capacidad de autorregulación y en ocasiones van a profundizar atención plena o se van a valer de las habilidades de atención plena que ya dispones.
3. Es importante establecer recordatorios o señales que nos recuerdan las intenciones. Estas pueden adoptar muchas formas: el diario de bitácora o comentar en el blog es una manera. Esta semana yo he llevado conmigo una goma elástica en mi muñeca izquierda y cuando durante el día he sido puntual una vez la he pasado a la muñeca derecha.
4. Hay que tener planes de contingencias para poner en práctica las intenciones o para lograr las metas que te has propuesto; quiero decir: no basta con marcarse una meta u objetivo o decir «voy a hacer X», es importante también definir a priori cómo vas a hacerlo, estas son las intenciones de implementación, una técnica fundamental de la capacidad de autorregulación.
No te limites a decir «voy a ser puntual», además crea un plan de contingencia o alguna regla sencilla que te diga cómo ser puntual, por ejemplo: «30 minutos antes de la reunión (señal temporal que puedes establecer con una alarma), recogeré mis cosas y saldré por la puerta (acción que facilitará que cumplas tu meta última de ser puntual)».
5. En el test de perseverancia que proporcioné en la carta a suscriptores mi puntuación fue de 1,83 sobre 5. Tengo un largo, muy largo camino por delante.
Yo al igual que Toni también hace mucho tiempo que soy consciente de cuándo y cuánto me voy del famoso ‘presente’. Y hace meses que me ronda por la cabeza el porqué de esa insistencia de maestros, gurús, meditadores, terapeutas, bloguistas, gente, etc., de estar en el presente.
¿Para qué estar en el presente cuando éste no te gusta, de qué sirve respirar y centrarte en que tu presente es una mierda? ¿Por qué no soñar con un pasado y futuro mejor? Sí, sí, siempre dicen que en el presente nunca pasa nada, respiras, te centras y todo está bien pero que carai… el presente es todo lo crudo que te toque vivir en ese momento, ¿para qué estar en él? no sé si me explico…
Super HOMO… ¿alguna opinión? Gracias.
–Mercè
Has puesto el dedo sobre la llaga. Al fin una voz discordante. A mí también me fastidia toda la retórica gilipollesca buenista pseudomística relativa al «presente».
No creo que el presente sea necesariamente mejor que el futuro que nos espera ni el pasado que tuvimos, pero sí que me gusta la actitud de paso a paso y de centrarme en lo que tengo entre manos en cada momento. En el futuro hay que estar de cuando en cuando para visionar un futuro deseable y hacer planes; también hay que volver sobre nuestros pasos para aprender de la experiencia (el nombre que damos a nuestros errores), regocijarnos, reconocer lo obtenido, y sentir que tenemos una identidad que pervive en el tiempo.
Pero como creo que nuestro modo por defecto está en el futuro y para algunos en el pasado, para compensar es bueno hablar del presente, el estado de flujo, el volcarse en una sola cosa. De hecho, una vez que uno tiene una visión del futuro deseable es mejor pasar más tiempo haciendo cosas consistentes con la visión que anticipar continuamente lo bueno y lo malo que nos puede ocurrir.
En cuanto a que el presente es una mierda… puede ser, pero comparativamente, seguro que el tuyo y el mío es mejor que el de muchos («mal de muchos consuelo de…») . Yo creo que hay muchas partes que son una mierda, pero hay otras que no lo son tanto, incluso en las situaciones más desgraciadas. El ser humano tiene un sesgo de negatividad que colorea de gris o negro casi todo, pero podemos entrenarnos para que no sea así y tener una percepción algo más ajustada.
Mi antídoto: la relativización
Mercè, sé que los videos que te voy a poner pueden parecer demagógicos o tramposos, pero tienen la virtud de que los que aparecen en ellos son personas reales que tienen muchos motivos –más que tú y yo– para pensar que sus vidas son una puta mierda. Y seguro que lo son en muchos aspectos, pero no en todos los aspectos. Y es esa brizna de luz la que podemos encontrar siempre en cualquier pozo en el que estemos viviendo.
Este tipo tenía 17 años en el 2013 y en una conferencia TED decía que su vida NO era una mierda. Sufría una rara enfermedad que le hacía envejecer muy rápidamente. Murió en enero del 2014:
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Y este cabronazo, que está vivo y se ha casado y tiene un hijo, lo tiene más complicado en cuestión de movilidad que tú y yo:
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Me gusta relativizar todo. Sé que es un truco, pero qué diablos, funciona. Me proporciona perspectiva y me ayuda a ser algo más feliz.
Lo mismo hago cuando el jefe recién ascendido de un oscuro departamento de una empresa insignificante de un país de tercera en un continente de segunda en un planeta enano de un sistema solar periférico de una galaxia del montón en un cúmulo de galaxias de mala muerte en un rincón de un universo que es quizá uno más entre infinitos universos paralelos, me dice que si no sé con quién estoy hablando, por poner un prosaico ejemplo.
Ver de cuando en cuando En la orilla del océano cósmico de la serie Cosmos de Carl Sagan es también otro buen antídoto para colocarnos en nuestro lugar en la escala espacio-temporal del universo:
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ATENCIÓN: EN ESTE ARTÍCULO TODOS LOS COMENTARIOS DE LOS LECTORES SON mucho mejores QUE EL ARTÍCULO DE HOMO MINIMUS.
En nuestro curso de atención plena, parte del programa de un año de cambio personal que desarrollo en este blog (y que baso en mi libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida) aparecen una y otra vez los mismos comentarios de cursillistas y lectores:
«He vuelto a fallar»
«Hoy no he podido hacerlo»
«En cuanto tengo una semana ajetreada en el trabajo descarrilo y dejo de prácticar»
«El estrés me altera y se me olvida seguir el hábito»
«Soy un desastre»
«Tengo demasiadas cosas en la cabeza»
«A veces estoy tan cansado que no tengo energía»
«Me acuerdo de hacer tal o cual cosa cuando ha pasado la ocasión»
Etc.
A lo largo de las primeras semanas de este año he intentado transmitir mensajes que nos ayuden a hacer más transitable el camino del cambio personal. En el artículo de hoy tomo prestada la ayuda de Leo Babauta.–
Leo Babauta, minimalista existencial y tipo razonablemente feliz
–Ya sabes que he traducido al español varios libros de Leo: focus y El pequeño libro de la satisfacción, y que creo que Leo es un ejemplo de simplicidad y sentido común.
Un tipo que estaba en bancarrota, con mala salud física, con seis hijos (!!!) y, que a pesar de todo, se pone a escribir un blog, deja su trabajo, corre maratones y es capaz de hacer decenas de cambios en unos pocos años, y en menos de seis se convierte en uno de los blogueros más famosos del mundo, merece nuestra atención.
En su artículo original en inglés 36 lessons I’ve Learned About Habits resume muy bien todo lo que necesitas saber sobre la formación de habitos:
Sé gradual. Es más fácil si acometes un hábito cada vez.
Empieza con hábitos minúsculos.
La atención es tu recurso más importante (por esta razón nuestro curso de atención plena se centra exclusivamente en aprender a gestionarla)
Céntrate en disfrutar del hábito. Busca recompensas intrínsecas.
Considera una aventura de exploración la adquisición de hábitos.
Y, sobre todo, sé amable contigo mismo.
Leo desarrolla todas estas ideas y añade alguna complementaria. Disfruta del artículo:
36 lecciones que he aprendido sobre los hábitos, de Leo Babauta
He aprendido estas lecciones a base de cometer errores. Luché con dejar mi hábito de fumar en los principios de los 2000, y fracasé siete veces antes de finalmente tener éxito al final del 2005. Luché con el hábito del ejercicio, con cambiar mis terribles hábitos de alimentación, con levantarme más temprano y ser más productivo y con librarme de las deudas y simplificar mi vida.
Fracasé mucho y todavía fracaso. Fue a través de estos errores que estas lecciones tan duramente aprendidas emergieron y por eso no me resiento de los errores. Recomiendo esta actitud.
He enseñado hábitos a miles de personas, además de cambiar docenas de mis propios hábitos. Enseñar lo que he aprendido a otros me enseño más incluso.
Y todavía estoy aprendiendo. Esta es la parte divertida.
Cambiar hábitos es una de las habilidades más fundamentales que puedes aprender, porque te permite dar forma a tu vida. Dar forma a quien eres. En verdad es transformativo.
Comparto contigo estas lecciones no como Mandamientos de lo Más Alto, sino como cosas que podrías probar en tu camino de cambio y aprendizaje. Prueba una o dos cada vez para no sentirte abrumado. Vuelve a esta lista después de hacer eso.
Espero que ayude.
Cuando haces un pequeño cambio, tu “normal” se ajusta. Imagina que estás acostumbrado a un conjunto de condiciones –si te desvías de esas condiciones mucho, estarás incómodo–. Irte a vivir a un país extranjero donde no hablas el idioma, no conoces a nadie, no estás acostumbrado a la comida, no comprendes las costumbres, no tienes el mismo tipo de casa al que estabas acostumbrado… puede ser muy difícil. Pero si haces un cambio minúsculo, no es muy incómodo y se convierte en parte de las condiciones a las que estás habituado. Tu nuevo normal. Cambiar tu vida en pequeños pasos así, un pequeño paso cada vez, es mucho más fácil y tienes muchas más probabilidades de tener éxito que haciendo muchos y grandes cambios a la vez. Gradualmente cambias tu normal.
Los pequeños cambios son más fáciles de acometer. Un gran cambio no solo requiere un compromiso mental, también más tiempo y esfuerzo. Si ya tienes tu tiempo atado a otras cosas, encontrarás difícil encontrar el tiempo de para comenzar un nuevo hábito. Podrías hacerlo una o dos veces (ir al gimnasio una hora) pero ese hábito está muerto antes de empezar al menos que pongas un extraordinario esfuerzo. Un pequeño cambio –solo unas pocas flexiones por la mañana, por ejemplo— es mucho más fácil de comenzar. Podrías empezar ahora mismo, en mitad de la lectura de este artículo. Hacer fácil el comenzar un hábito significa que es mucho más probable que lo sigas.
Los pequeños cambios son más fáciles de mantener. Si empiezas un gran cambio (¡ir al gimnasio treinta minutos todos los días!), realmente sí que podrías empezar por todo el entusiasmo que tienes al principio. Pero ese entusiasmo se diluye dependiendo de los niveles de energía y sueño, de lo que está pasando en tu vida, cambios de rutina, etc. Y al final probablemente fracases. Pero si haces que el hábito sea muy pequeño cuando empiezas, es mucho más probable que lo mantengas más tiempo. Es más fácil mantener una cosa pequeña en marcha que una grande. Y mantenerla en marcha es lo que cuenta.
Los hábitos están unidos a los disparadores. Cuando el disparador tiene lugar, el hábito le sigue, si está asentado fuertemente como hábito. Por ejemplo, algunas personas, cuando llegan al lugar de trabajo inmediatamente encienden el ordenador. Y entonces quizá inmediatamente tienen otro hábito después de eso. El vínculo disparador-hábito se fortalece con montones de repeticiones.
Los hábitos con disparaderos variables o múltiples son más difíciles. Si quieres meditar todas las mañanas después de andar y beber tu acostumbrado vaso de agua (por ejemplo), es mucho más fácil crear un hábito como este con un disparadero diario… a diferencia de un hábito que requiere 1) disparaderos variables, como no reaccionar con enfado cuando alguien te critica (no sabes cuándo ese disparadero ocurrirá), o 2) distintos tipos de disparaderos, como fumar, que puede ser activado por el estrés o por otras personas o por beber alcohol o café, etc.
Aprende a formar los hábitos más fáciles al principio. Si intentas formar hábitos difíciles (como los que tienen disparaderos múltiples o variables o los que te disgustan o encuentras muy difícil), y no eres hábil creando hábitos, es mucho menos probable que tengas éxito. Yo recomiendo enfáticamente hacer los hábitos fáciles al principio, los que requieran un par de minutos al día, estén unidos a un único disparadero diario y disfrutes y te resulten fáciles. ¿Cuál es el objeto de formar un hábito fácil? Bueno, podrías encontrarlo más difícil de lo que crees, pero también estás construyendo tu habilidad para formar hábitos, y, lo que es más importante, estás construyendo la confianza en ti mismo.
Construir la confianza en ti mismo. Lo que me faltaba antes de ser mejor en cambiar hábitos era la confianza de que me ceñiría a un hábito. ¿Por qué? Porque había fracasado tanto antes, permitiéndome romper las promesas a mí mismo, porque era más fácil que cumplirlas. Es como si una persona te miente constantemente –ya no confías en esa persona–. Lo mismo es cierto de tus promesas a ti mismo. Y la solución es la misma –construir la confianza lentamente, con pequeñas promesas y pequeñas victorias–. Esto lleva tiempo. Pero se puede decir que es la cosa más importante que puedes hacer.
Cambios incrementales se van sumando hasta crear cambios inmensos. Esto parece tener sentido en apariencia, pero no creo que la mayoría de la gente sienta esta verdad en su corazón. Todos queremos los cambios que queremos, justo ahora. No podemos hacernos renunciar por un tiempo algunos de esos cambios, para enfocarnos en uno, porque entonces no tendríamos lo que queremos justo ahora. He visto esto tantas veces –la gente quiere hacer diez cambios a la vez y no puede centrarse solo en uno. Pero hacer un montón de cosas a la vez o grandes cambios significa que tienes menos posibilidades de tener éxito. Pero si te ciñes a los pequeños cambios, verás algunos cambios importantes a largo plazo. Intenta hacer pequeños cambios en tu dieta y niveles de actividad –después de un año, estarás mucho más en forma que antes–. Intenta aprender algo nuevo un poco cada vez –si puedes convertirlo en un hábito y ceñirte a él, serás mucho mejor en seis meses. Esto es lo que he visto en mi vida y ha tenido un alcance tremendo.
No importa en qué cambio te centres primero. No estamos en esto para obtener beneficios pasajeros, estamos en esto para el largo plazo. Puede ser difícil decidir qué cambio hacer justo ahora, porque eso significa un montón de otros cambios importantes. He visto a gente agonizar sobre qué cambio hacer primero porque piensan que el orden importa. Sin duda, quizá sería óptimo aprender a meditar primero antes de cambiar los hábitos alimenticios, pero, ¿sabes lo que no es óptimo? No hacer cambios. A largo plazo, si escoges un pequeño cambio cada vez, tendrás todos los hábitos importantes formados. Así que, honestamente, simplemente coge el que te apetezca hacer más –el que disfrutes más–.
Los niveles de energía y el sueño importan mucho. Escribí sobre esto recientemente, pero si tienes falta de sueño, estarás cansado y tendrás poca energía para centrarte en los cambios de hábitos. Eso está bien cuando tu entusiasmo por el nuevo hábito es alto, pero en cuanto las cosas se pongan un poco difíciles, te saltarás el hábito porque no tienes la fuerza de voluntad suficiente para tolerar un poco de incomodidad. El sueño importa.
Gestionar la alteración de rutinas es una habilidad que se aprende. Una de las causas más comunes en fallar con los hábitos es un cambio de rutina –hacer un viaje, tener un gran proyecto en el trabajo que te exige trabajar hasta tarde, tener visitas, tener un resfriado–. Esta clase de cosas cambian tus rutinas normales, que afectan en un par de aspectos que estás formando: 1) el disparadero puede no producirse (si estás enfermo podrías no levantarte y ducharte, por ejemplo, si es que las duchas eran tu disparador), y 2) podrías estar tan ocupado/cansado que no tuvieras tiempo/energía para practicar el hábito. ¿Así que cómo lidias con este obstáculo? Anticípalo. Has de saber que ocurrirá (sí, las rutinas de todos cambian). Haz un plan para tomarte un descanso mientras viajas (por ejemplo), o bien crear un nuevo disparador cuando el anterior está alterado. Esta clase de anticipación y planificación es una habilidad que puedes aprender, y esta habilidad te hace mejor creando nuevos hábitos.
Mira hacia adelante para evitar obstáculos previsibles. Además de alteraciones de tu rutina, hay otras cosas que puedes anticipar. Por ejemplo, si estás cambiando tus hábitos alimenticios (digamos, nada de azúcar) y vas a un restaurante con amigos o a una fiesta de cumpleaños, ¿qué vas a comer? ¿cuál será tu estrategia si hay azúcar(que la va a haber)? Si te olvidas de esto y esperas a que ocurra, no estarás preparado y será menos probable que te ciñas al hábito. ¿Cómo y dónde harás ejercicio cuando estés de viaje? Anticípate y prepárate.
Observa tu diálogo interior. Todos nos hablamos a nosotros mismos. No es siempre obvio, porque el diálogo interior ocurre en la trastienda de nuestras cabezas y pasa inadvertido la mayor parte del tiempo. Es normal, pero cuando el diálogo interior es negativo, puede arruinar por completo el cambio de hábitos. Si tu diálogo interior es una serie de cosas como, “Esto es demasiado difícil, no puedo hacerlo, por qué me estoy haciendo sufrir, está bien engañarse, está bien dejarlo, esto es demasiado difícil, odio esto”… necesitas detectarlo o probablemente vas a fracasar. Tienes que hacerte consciente de lo que estás haciéndote y reconocer que no es verdadero. Entonces dite cosas positivas. Esta es una habilidad clave.
Hazte bueno observando los impulsos pero no actuando en base a ellos. Cuando sientas la urgencia de fumar o comer una bolsa entera de Doritos o de no meditar o procrastinar o no salir a correr de mañana… puedes hacer una pausa y observarla pero no actuar en base al impulso. El impulso normalmente pasa desapercibido y simplemente actúas en base a él. Pero puedes observarlo y no actuar. Te puedes dar una opción. En el momento en que estás observando, profundiza y recuerda tus fuertes motivaciones.
Ten fuertes motivaciones. Es fácil decir, “¡Por supuesto que me gustaría aprender a programar!”. Suena bien. Pero algo que suena bien no va a persistir cuando las cosas se pongan un poco más duras. Necesitas tener una motivación muy fuerte –querer tener buena salud para no sufrir mucho, querer crear una buena vida para tus hijos, querer ayudar a personas en estado de necesidad–. Parecer bueno no es un buen motivador, pero sentirte fuerte y con opciones sí lo es. Escribe tu motivación. Recuérdatela cuando las cosas se pongan difíciles.
Hazte responsable para generar bucles de realimentación positiva y negativa. Los bucles de realimentación te ayudan a dirigirte hacia la práctica del hábito lo suficiente como para que se consolide como hábito… o te ayudan a conducirte lejos del hábito. El azúcar y las drogas tienen ciclos de realimentación que son buenos para formar hábitos (obtienes placer de practicar el hábito y sufres si no lo haces), mientras que el ejercicio a menudo tiene los ciclos de realimentación equivocados (es difícil practicar el hábito, disfrutas viendo TV y saltándote el hábito). Sin embargo, podemos conformar el hábito y los ciclos de realimentación haciéndonos responsables, que es uno de los mejores métodos. Si vas a quedar con un amigo a las 6am para salir a correr, te sentirías realmente mal si te pierdes la carrera y bien saliendo a correr con tu amigo y disfrutando de la conversación. Boom. Nuevo ciclo de realimentación. Lo mismo cuando escribes en tu blog sobre tu hábito a una audiencia o te unes a un grupo para hacerte responsable ante él.
Los desafíos funcionan realmente bien. Pequeños desafíos de 2-6 semanas pueden ser realmente motivantes. Quizá es un desafío entre dos personas (tú y un amigo) o un desafío de grupo. Es una forma de hacerte responsable que es divertida y, de nuevo, altera el ciclo de realimentación de forma positiva. Ejemplos de desafíos: sin azúcar durante un mes, hacer ejercicio durante 21 días, ceñirse a una dieta durante 6 semanas, etc.
Las excepciones llevan a más excepciones. Es realmente fácil justificarse y no cumplir el nuevo hábito (o seguir con el viejo hábito que estás intentando dejar) diciendo: “Solo una vez no puede hacer daño”. Solo que lo hará, porque ahora piensas que está bien hacer excepciones. Y ahora ya no confías en ti mismo para cumplir la promesa que te hiciste. Es mucho más efectivo no hacer excepciones –date cuenta si estás pensando en ello e intentando justificarlo y recuerda tus motivaciones–. Cuando dejo de fumar me digo “Ni Una Vez Más”.
El hábito es la recompensa –no es una faena rutinaria–. Añadir recompensas externas puede ser un modo útil de obtener realimentación positiva por practicar el hábito, pero la mejor posible recompensa es interna. La recompensa es practicar el hábito. Así obtienes la recompensa inmediatamente, no después. Por ejemplo, si crees que hacer ejercicio es un fastidio, vas a obtener realimentación negativa al practicar el hábito –no durarás mucho–. Pero si puedes encontrar formas de disfrutar el ejercicio (haciéndolo con un amigo, viendo los aspectos más divertidos del ejercicio, haciendo un deporte que te guste mucho, yendo a algún lugar con vistas muy bonitas, etc.) entonces obtienes realimentación positiva mientras practicas el hábito. Cambia tu pensamiento –el hábito es maravilloso, una recompensa en sí mismo, una forma de cuidar de ti mismo–. No pienses en él como un fastidio del que te tienes que librar o empezarás a evitarlo.
Muchos hábitos a la vez hacen que probablemente fracases. Ve e intenta un experimento: practica 5 hábitos a la vez. Mira a ver con cuántos tienes éxito. Después intenta solo un hábito y comprueba cuánto tiempo lo mantienes. En mis experimentos, un hábito tiene mucho más éxito que dos a la vez y tiene muchísimo más éxito que 5-10 hábitos a la vez.
Reconoce cuando te estás distrayendo. Al principio, podemos centrarnos mucho en el nuevo hábito y poner mucha energía. Pero otras cosas pueden surgir y podríamos encontrar un nuevo juguete con el que emocionarnos… y pronto el viejo cambio de hábito se desmorona. Esto me ha pasado muchas veces. Ahora bien, no estoy diciendo que un hábito necesite ocupar todo tu espacio mental y tiempo libre. Esto no es sano tampoco. Pero deberías poder centrarte en él durante un corto periodo de tiempo todos los días, disfrutarlo y tener ganas de practicarlo. Si eso no ocurre, reexamina tu motivación y prioridades, y deja el hábito o bien reenfócate.
Un blog es una estupenda herramienta. Como he dicho, asumir la responsabilidad ante otros supone una gran diferencia en los ciclos de realimentación. Escribir en un blog es una muy buena manera de responsabilizarte. Y mientras compartes lo que estás haciendo y aprendiendo, te fuerzas a reflexionar sobre el hábito, y eso convierte lo que aprendes sobre el hábito y ti mismo en una experiencia más profunda.
El fracaso es una herramienta de aprendizaje. Fracasarás en tus intentos de cambiar hábitos –eso dalo por sentado–. Pero en vez de verlo como un fracaso tuyo como persona (no lo es), míralo como un modo de aprender sobre ti mismo y el cambio de hábitos. Cada persona es distinta –lo que funciona para mí no funcionará necesariamente para ti–. Y no lo sabrás hasta que lo intentes y falles. Cuando fallas, aprendes algo nuevo y eso te ayuda a mejorar.
Cómo te relaciones con el fracaso es clave. Muchas personas cuando fracasan se sienten mal consigo mismos y abandonan. Esto es por lo que lo pasan tan mal cambiando hábitos. Si en vez de eso se levantaran y lo intentaran de nuevo, quizá ajustando su método (alguna forma nueva de responsabilizarse, por ejemplo), tendrían obviamente más probabilidades de éxito. Los que tienen éxito formando hábitos no son gente que nunca falle –son gente que sigue adelante después de fallar–.
Haz ajustes o muere. En relación con lo anterior, el cambio de hábitos tiene que ver con aprender a hacer ajustes. ¿Un nuevo trabajo? Eso cambiará las cosas, así que necesitarás ajustar el hábito. ¿Lo dejaste varios días? Averigua lo que fue mal y haz un ajuste. ¿El hábito no resulta agradable? Encuentra una forma nueva de hacerlo agradable. ¿El diálogo interno está saboteando el cambio de hábito? Enfócate en ser consciente de tu diálogo interior para así poder solucionar el problema. Haz ajustes, haz ajustes, haz ajustes.
Obtén apoyo. ¿A quién recurrir cuando las cosas se pongan difíciles? ¿Cuándo necesitas ánimo? ¿Cuándo fracasas? Ten un amigo que te dé apoyo –yo tenía uno cuando estaba dejando de fumar y lo he tenido en otras ocasiones también–. Si empiezas sin apoyo y fracasas, está BIEN –ajusta buscando a alguien que te ayude–. Podría ser tu esposa o tu mejor amigo o tu padre o tu hermano o un compañero de trabajo. O quizá encuentres apoyo en un grupo en internet. Esto cambia mucho las cosas.
Te limitas. Muchas veces sugiero a la gente que renuncie a algo como el queso o el azúcar o la cerveza, al menos por un periodo corto. Responden: “Nunca podría renunciar al queso (o la carne o los dulces, etc.). Bien, es verdad si crees que es verdad. Sin embargo, he aprendido que a menudo creemos que no podemos hacer algo cuando realmente sí que podemos. Hace poco hablé con alguien que estaba convencido de que no podría dejar las comidas horneadas. Ella se limita con esa creencia. Todos lo hacemos hasta cierto punto, pero si examinas tus creencias y estás dispuesto a testarlas, a menudo te das cuenta de que no son ciertas.
Dispón tu entorno para el éxito. Si vas a dejar los dulces, líbrate de todos los dulces que haya en tu casa. Pide a tu esposa que te apoye no haciendo o comprando dulces por algún tiempo. Di a los amigos que no comes dulces y pide que te apoyen. Sí, esto puede exigir que otros hagan ajustes, pero si pides ayuda amablemente, a menudo estarán contentos de apoyarte. Pero la clave es que encuentres formas de crear un entorno donde sea probable que tengas éxito. Asume la responsabilidad ante otros, crea recordatorios, busca apoyo, elimina las tentaciones y distracciones, etc.
Simplemente átate los cordones de tus zapatos y sal por la puerta. Reduce la barrera para iniciar el hábito. Si necesito salir a correr, muchas veces pensaré lo difícil que es, el tiempo que me llevará, el frío que hace, etc., y me sugestionaré para no salir a correr. Pero si mi regla es “Simplemente átate los cordones y sal por la puerta”, es tan fácil que es difícil decir no. Esa es la valla que tengo que saltar. Tan fácil como sea posible. Una vez que estoy fuera de casa, siempre estoy contento de haber empezado y todo va bien. Para meditar, basta con que pongas tu trasero en el colchón. Para escribir, basta con abrir tu editor de textos y escribir una frase.
Define tus rupturas de hábito. Si vas a viajar y sabes que no puedes cumplir el hábito, por ejemplo, fija con antelación las fechas de la ruptura del hábito, en vez de dejar que se vaya debilitando y luego pensar que has fracasado. Y anota la fecha en la que volverás a retomarlo y crea un recordatorio para que no te olvides. Esto evitará que un acontecimiento ya planeado te aparte del cambio de hábito.
Los hábitos son situacionales. Un hábito está unido a un disparadero, pero realmente el disparadero es el entorno. Por eso, si tu disparadero es la ducha por la mañana, es estupendo, pero no es la ducha en sí misma. El disparadero es ducharte en tu casa, salir, ver algo en tu cuarto de baño que de alguna manera haga saltar el impulso de ponerte a meditar (o el hábito que sea). Así que si te duchas en un baño distinto en tu casa o en un hotel, el disparadero no tiene lugar. Lo mismo ocurre si recibes una llamada telefónica mientras sales de la ducha o viene tu esposa y te da un abrazo, ambos interrumpen el disparadero. De todos modos, no hay mucho que puedas hacer con esta información, puesto que no puedes controlar todo en tu entorno, pero si te haces consciente de los sutiles cambios en tu entorno que afectan tu hábito te ayudará a comprender lo que está pasando.
Aprende a seguir hacia delante de otras formas. A menudo los malos hábitos son formas de afrontar una necesidad real –como necesitar afrontar el estrés o malos sentimientos sobre ti mismo o una pelea con un ser querido–. La necesidad de afrontar estas cosas no se va a ir y por eso el mal hábito es como una muleta. Puedes encontrar otras formas de afrontar situaciones que sean más saludables, para que no necesites la muleta más. Lee más.
Sé amable contigo mismo. Fracasarás y puedes ser duro contigo mismo y sentirte culpable y pensar que eres basura. Eso no ayuda nada. Ser amable con uno mismo es una buena habilidad para formar hábitos, si lo acompañas de un ajuste que te permita mejorar tu método de creación de hábitos. Sé amable contigo mismo: recuérdate lo difícil que es ser feliz y que estás luchando por encontrar la felicidad a pesar de las cosas que te causan estrés y frustración e ira e irritación y decepción. Es difícil. Ten empatía contigo. Sé comprensivo y compasivo. Te ayudará mientras hagas ajustes y lo intentes de nuevo.
La perfección es el enemigo. A menudo la gente se esfuerza por alcanzar la perfección, pero esto se pone en medio de tu camino al progreso. El progreso es mucho más importante que la perfección. Si no empiezas un hábito porque quieres las circunstancias perfectas o no meditas porque quieres el tiempo o espacio perfecto o no escribes porque quieres la herramienta perfecta o no estás feliz porque no has sido perfecto con tu hábito, echa a un lado tus expectativas y simplemente practica el hábito.
Un compañero para hacer ejercicio obra maravillas. Para el ejercicio, el método más efectivo para mí es tener un compañero. Eso es así tanto si vas al gimnasio, haces crossfit o yoga, o vas a correr o haces senderismo. Cuando no tengo un compañero la frecuencia muchas veces se reduce. Este concepto puede aplicarse a cualquier hábito con el que estés lidiando.
Los cambios de hábitos son herramientas para el auto-aprendizaje. Los cambios de hábitos no son solo formas de añadir algo nuevo a tu vida. Son herramientas para aprender sobre ti mismo. Mediante el cambio de hábitos aprendes sobre lo que te motiva, sobre diálogo interior y racionalización, sobre impulsos, sobre recompensas internas vs. Externas, sobre debilidades y amabilidad, sobre el progreso y tener más opciones. Puedes aprender más sobre ti mismo en unos pocos meses de cambio de hábitos que en toda una década, si prestas atención. Y de ese modo, el cambio de hábitos es un proceso extremadamente motivador, sin importar el resultado.
Leo, con uno de sus seis hijos
Puedes conseguir focus y El pequeño libro de la satisfacción, de Leo Babauta, y Los tres hábitos que cambiarán tu vida, de Homo Minimus, con solo suscribirte a este blog (esquina superior derecha) .
Adicionalmente, puedes comprometerte públicamente con el curso de atención plena en la página correspondiente.
Si tuiteas o facebukeas este artículo me harás un hombre feliz y quizá ayudes a mucha otra gente. 🙂
David Foster Wallace, en el siguiente video creado a partir de un extracto de su discurso de graduación del Kenyon college de 2005, expresa en forma poética la idea de toma de conciencia y reconsideración de nuestras reacciones en forma de pensamientos y emociones.
Puedes ver el video también en inglés con subtítulos en español aquí:
La V mayúscula de Verdad se refiere a la vida ANTES de la muerte.
Es acerca de los valores que implica la real educación, que no tiene nada que ver con el acumular conocimiento y sí con la simple atención, atención a lo que es real y esencial, tan oculto en plena vista a nuestro alrededor, todo el tiempo, que tenemos que estar constantemente recordándonos a nosotros mismos, una y otra vez: esto es agua. Esto es agua. Esto es agua. Es inimaginablemente arduo de llevar a cabo, estar conscientes y vivos en el mundo adulto, día a día. Lo que trae a colación otro gran cliché archisabido: la educación es un trabajo para toda la vida. Y comienza ahora.
~David Foster Wallace
Son los peces los que menos nos pueden decir sobre el agua. Lo más difícil de ver es lo que tenemos delante de las narices. Tu propia vida desplegándose ante tus ojos quizá sea en el fondo bastante desconocida.
Uno de los temas centrales de la atención plena es la toma de conciencia sobre nuestra falta habitual de conciencia. Vivimos gran parte de nuestras vidas en piloto automático, prisioneros de un manojo de reacciones habituales. Con el paso del tiempo, nuestra conducta, tanto la externa como la interna (la de los pensamientos y emociones) se vuelve más y más previsible, más y más estereotipada. Nuestras acciones se acaban pareciendo a resortes, a muelles que saltan ante estímulos externos e internos. Acabamos siendo prisioneros de unas cadenas invisibles.
El modo automático es el modo por defecto de nuestra vida mental, es el que nos permite hacer multitud de tareas con precisión y eficiencia. Al principio nosotros hacemos y tiramos de nuestros hábitos y… al final los hábitos tiran de nosotros. Pero gran parte de los hábitos entran sin nuestro consentimiento, como consecuencia de interaccionar con el entorno físico y social.
La atención plena crea un espacio o tierra de nadie, una pausa en el camino, para observar lo que ocurre y observar nuestras propias interpretaciones sobre lo que ocurre. Por muy prisioneros que estemos de las circunstancias, de la vida, de nuestras limitaciones, siempre podemos reconquistar la libertad interior que nos permita parar, pausar nuestras mentes y generar nuevas interpretaciones de la realidad.
Auditoría de hábitos y conciencia ampliada
De cuando en cuando, nos vendría bien hacer una «auditoría de hábitos»: contabilizar las rutinas más importantes, según el principio de importancia relativa (nos fijamos en los que más peso tienen) y reconsiderar si son funcionales y hay que mantenerlas. En mi caso, la institución y ritual del Sabbat y las revisiones periódicas son la manera que tengo de hacer balance.
Cometemos el error de creer que los mensajeros de las emociones y de nuestras interpretaciones del mundo siempre dicen la verdad, que son la palabra última sobre el significado de las cosas.
Las prácticas de nuestro curso de atención plena en las últimas seis semanas nos han puesto en contacto con nuestra experiencia. Date cuenta de que no hemos necesitado cambiar la realidad ni nuestras interpretaciones de la realidad. La atención plena nos permite aumentar los puntos de contacto con la realidad, obtener más información, bien externa, como en «Sé gentil con las puertas», o bien interna, sobre nuestros procesos mentales, como en la práctica «observa el sufrimiento». Estamos aprendiendo o reaprendiendo a vivir en modo experiencial y dar el relevo más a menudo al modo discursivo, a nuestra caja parlante.
A diferencia de David Foster Wallace, nosotros no hemos intentando cambiar conscientemente el significado de lo que experimentamos a través de nuevas interpretaciones; nos limitamos a vivirlo lo más plenamente posible, a amplificar mentalmente las experiencias y observarlas con curiosidad y espíritu abierto. Sin embargo, creo que es probable que el mayor espacio mental permita también mayor flexibilidad mental y nuevas interpretaciones.
En las próximas semanas aprenderemos a observar nuestros pensamientos y emociones con más detalle y considerarlos como una forma de experiencia sensorial, como un paisaje interno semejante al paisaje externo de árboles y automóviles en la carretera.
Si te ha gustado el extracto del discurso de David Foster Wallace, puedes dar un paso más allá y escuchar todo el discurso de graduación también subtitulado en español, merece la pena:
Artículos de la serie «Lo que podemos aprender de…»:
Trabajamos siempre o casi siempre con una meta en mente: adquirir recursos para construir experiencias en las que nos visualizamos satisfechos y quizá felices. Después de todo, también queremos los objetos para que nos proporcionen experiencias. Puede que pasemos gran parte de nuestra vida trabajando para comprar los materiales de nuestro particular palacio de posesiones y/o experiencias
La publicidad nos ayuda a crear esas visiones de bienestar. Somos bombardeados día tras día por tierra, mar y aire. Para que echemos de menos objetos que han de formar parte de nuestro palacio personal.
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En ese constante medrar y esforzarse por conseguir recursos monetarios con los que comprar los ladrillos del palacio, perdemos de vista el día a día, que se convierte en un medio para un fin. Trabajamos y vivimos para algo mejor que es comprable y siempre está por llegar.
Cuando conviertes una actividad en un medio para un fin, la actividad pierde parte o todo su atractivo. Nuestra motivación intrínseca sufre si enfocamos nuestra meta en lo que podemos conseguir con la actividad más que en las experiencias que nos proporciona la actividad. No digo que no tenga que haber actividades instrumentales. Solo digo que no parece razonable convertir todo lo que hacemos en un instrumento para conseguir algo mejor.
Cuando trabajas para construir tu palacio de experiencias o posesiones materiales puedes perder de vista que ese trabajo no es gratuito. Tiene un coste de oportunidad. El tiempo que dedicas es valioso y lo sacrificas para obtener materiales para el palacio. Todo lo que hacemos, aunque no paguemos por ello, aunque nos proporcione beneficios monetarios, tiene un coste implícito, el coste de la renuncia a la mejor alternativa disponible.
De la misma manera que si compras un 4×4 para ponerte a la par con tus vecinos estás renunciando a comprar libros, viajes, o ampliar tu casa, cuando trabajas estás renunciando a lo que podrías hacer con ese tiempo: contemplación, pasar más tiempo con tu familia, bricolaje o lectura. Pero somos poco sensibles a lo invisible de las alternativas descartadas, así que seguimos trabajando por construir nuestros palacios en el futuro, que son muy visibles emocionalmente por obra de la publicidad.
Mi palacio es de tiempo
Esta es mi alternativa. Aunque una buena parte de mi día tiene que ver con actividades instrumentales, intento dedicar todo el tiempo que pueda a vivir en un palacio que ya existe: mi palacio del tiempo. No solo intento vivir más a menudo en ese tiempo presente que es un fin en sí mismo, también procuro que mi palacio temporal sea cada día más amplio, más habitable, más vivible.
Aunque parece que pierdo el tiempo, que no hago nada, que no consigo nada; estoy construyendo y viviendo todos los días en un hermoso palacio de tiempo. Solo yo puedo verlo y solo yo puedo habitarlo; aunque como ser generoso y buen anfitrión intento tener muchos invitados. Algunos incluso se quedan a dormir en mi palacio, otros están de pasada, y algunos llevan años viviendo; pero todos son bienvenidos y bien hallados.
Hay cosas que merece la pena tener aunque no puedan comprarse.
P.D. Me debato entre ser un aprendiz de gurú new age y una esforzada señorita que escribe redacciones sentimentales para la clase de lengua española.
Una persona de carácter se recupera de los fracasos; una personalidad frágil jamás se recupera de los éxitos.
La psicóloga Carol Dweck en su libro Mindset: How You Can Fulfil Your Potential y en sus artículos científicos habla sobre dos mentalidades o paradigmas que la gente usa para interpretar el aprendizaje personal y el cambio:
La mentalidad fija
La mentalidad de crecimiento
Mentalidad fija
La mentalidad fija defiende que el talento lo es todo y si no logras algo es porque no eres bueno en ello. O eres bueno, o no eres bueno; si no lo eres, no puedes hacer nada. Es una especie de predestinación calvinista en el ámbito del aprendizaje: Dios señala a las personas con talentos; el éxito es una prueba de que al creyente le ha sido concedida la gracia de Dios y es conducido por la mano divina hacia los resultados positivos.
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La mentalidad fija corresponde a una teoría de la inteligencia fija, donde uno poco puede hacer por mejorar su inteligencia. “Yo soy inteligente” o “Yo soy bueno en tal o cual área” y eso determina todo.
El fallo y el fracaso, los intentos infructuosos, la torpeza, son interpretados rápidamente como indicios de que la persona en cuestión no tiene talento. Muchos profesores y entrenadores piensan que pueden detectar el talento en niños pequeños y determinar con mucha seguridad los que valen y los que no valen solo con verlos empuñar una raqueta de tenis, escribir una redacción o un poema o tocar un instrumento un par de veces.
El resultado positivo rápido y sin esfuerzo es interpretado como prueba del talento. Obviamente las personas que viven en esta mentalidad fija van a esforzarse por resultar brillantes en todo momento, no cometer errores y evitar campos que no dominen desde un principio o que se les den mal.
Es posible que uno se sienta muy capaz porque en las primeras etapas de una disciplina, deporte o de la carrera académica le ha ido bien, pero casi inevitablemente llegarán los cursos o las divisiones superiores en que la facilidad inicial desaparezca. Es en estos momentos cuando las personas que viven en la mentalidad fija se encuentran en dificultades: no están preparadas para enfrentarse al fracaso y todo lo que les sale mal lo interpretan como un signo de que no son buenos, de que después de todo no eran tan talentosos como pensaban sus padres, sus entrenadores y ellos mismos, y que son por tanto un fraude.
Una persona que vive en la mentalidad fija abandonará con más facilidad el esfuerzo y el trabajo cuando lleguen los primeros signos de dificultad, porque cualquier fallo o fracaso no es solo un testimonio de que no son buenos en este momento haciendo algo, sino de que no son buenos en general, de que no tienen lo que hay que tener y que son casos perdidos.
El reflejo habitual es por tanto evitar todo aquello en lo que uno no resulte bueno inmediatamente o en poco tiempo, abandonar o evitar todo área de actividad en la que muestre dificultades. La persona que vive en el paradigma fijo sufre de cierta fragilidad del ego y estará constantemente comparándose con otros intentando atisbar síntomas de inferioridad o superioridad.
Mentalidad de crecimiento
Según estudies este libro y continúes con la programación, recuerda que cualquier cosa que merezca la pena hacerse es difícil al principio. Quizá tú eres del tipo de personas que tiene miedo del fracaso, así que abandonas al primer signo de dificultad. Quizá nunca aprendiste auto-disciplina y no puedes hacer nada que sea “aburrido”. Quizá te dijeron que tienes “talento” así que nunca intentas nada que te pueda hacer parecer tonto o que no eres un prodigio. Quizá eres competitivo y te comparas injustamente con alguien como yo que ha estado programando más de 20 años.
– —Zed A. Shaw en Learn Python The Hard Way.
La mentalidad de crecimiento es el paradigma contrario.
Una persona con mentalidad de crecimiento sostiene una teoría de la inteligencia dinámica, en vez del “Yo soy inteligente” se dice “Yo estoy siendo inteligente en esta tarea y en este momento dado”. La inteligencia es una habilidad que se puede desarrollar más o menos y la habilidad es el producto del esfuerzo y la concentración. Esta mañana puede estar siendo muy inteligente (porque me he esforzado en algo mucho y he obtenido un buen resultado), después de comer estar siendo un torpe aprendiz, y por la noche del montón.
El fallo y el fracaso se interpretan como sucesos normales en cualquier proceso de aprendizaje. Si en un momento dado detectan que están haciendo algo con facilidad y brillantez lo atribuyen no a su prodigioso talento, sino a todas las horas anteriores de práctica. La facilidad no es tanto un trofeo o un símbolo de distinción como una señal de que están en una zona familiar que dominan y en la que han dejado de aprender. Después de todo, si estuvieran aprendiendo algo, les resultaría desafiante, complicado y el camino no sería tan sencillo.
Una persona que vive en una mentalidad de crecimiento será siempre más esforzada, no estará pendiente en todo momento de lo que los resultados dicen de él, o de lo arriba o debajo que está en un ranking de comparación con otros. Al contrario, se centrará en el trabajo entre manos, pondrá su foco en la habilidad y en los resultados que quiere producir; cuando vengan las inevitables dificultades, se mostrará más resiliente y tendrá más propensión a continuar, será más perseverante.
Estilo parental para promover la mentalidad de crecimiento
Según Dweck, hay un estilo parental que promueve la mentalidad de crecimiento en los niños. La forma en la que damos nuestros mensajes de ánimo e interpretamos el éxito y el fracaso marcan toda la diferencia.
Si quieres desarrollar una mentalidad de crecimiento y la perseverancia en un niño es mejor que tus comentarios sean sobre resultados concretos, no que califiques toda la personalidad en su conjunto. Cuando el niño haga algo bien debes hacer referencia a la manera o el método empleado y el esfuerzo que puso en ello. Justo lo contrario de lo que haría un estilo parental de mentalidad fija: alabaría a la persona por el resultado positivo, lo atribuiría a sus dotes especiales (”eres un niño muy listo”) y no haría demasiada referencia al método o el esfuerzo. Un niño que viva en una mentalidad fija tendrá miedo a resultar un fraude y mostrará más ansiedad ante los malos resultados y más intolerancia al error o el fracaso.
Un niño educado con mensajes que trasladen el concepto de una inteligencia dinámica, que no ponga el énfasis en la personalidad talentosa, será más proclive a probar cosas nuevas, a tolerar las dificultades del aprendizaje y no estará preocupado constantemente por cuidar su imagen y aparentar infalibilidad o perfección.
Una vez había dos máquinas de hacer salchichas, perfectamente construidas para transformar el cerdo en los más deliciosos embutidos. Una de ellas conservó su interés por el cerdo y produjo innumerables salchichas; la otra se dijo: “¿Qué me importa a mí el cerdo? Mi propio esfuerzo es más interesante que cerdo alguno.” Despreció al cerdo y se dedicó a analizar su estructura. Privada de su alimento natural, su interior cesó en sus funciones, y cuanto más se estudió, se encontró más estúpida y vacía. Toda la estructura perfecta con la cual se efectuaba anteriormente la deliciosa transformación, continuaba, y, sin embargo, llegó a olvidarse de lo que era capaz de hacer. Esta segunda máquina es como el hombre que ha perdido el entusiasmo, mientras que la primera semejaba al que lo ha conservado
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El cerebro es una extraña máquina que puede combinar los materiales que se le ofrecen de las más asombrosas maneras, pero sin materiales del mundo externo es impotente, y al revés de la máquina de salchichas, debe adaptar los materiales a sí misma, pues los acontecimientos se convierten en experiencias sólo cuando nos interesamos en ellos; si no nos interesan, no nos sirven de nada. Así, pues, el hombre cuya atención se vuelve hacia dentro no encuentra nada que le atraiga, mientras aquel cuya atención se proyecta hacia fuera puede encontrar dentro, en los raros momentos en que examine su alma, una cantidad de elementos variados e interesantes que se mezclan y resuelven en bellos e instructivos ejemplares.
La atención es la moneda de la comunicación humana. Damos atención y obtenemos atención. A veces es tan simple como eso. La reciprocidad funciona bien en las distancias cortas.
No todos tenemos la atención que deseamos. Quizá sí de nuestro esposa, quizá no de nuestros hijos; quizá sí de nuestra novia, quizá no de la reina de las fiestas; quizá sí de nuestro jefe, pero quizá no del jefe de nuestro jefe, que decide quién asciende o no; quizá sí de unas cuantas decenas de lectores, pero seguro que no de los miles que tienen otros blogueros (con menos merecimientos). La lista de nuestras frustraciones atencionales puede seguir y seguir. Pero ya captas el mensaje: somos invisibles para la gran mayoría de la humanidad, e incluso, muy a nuestro pesar, en nuestros círculos más cercanos.–
Solo yo me veo
–Pero no todas las atenciones tienen el mismo valor. No es lo mismo la atención que te preste Obama o tu jefe en una fiesta de la oficina que la del bedel del ministerio o el vendedor de automóviles. Si te la presta un personaje famoso o importante, dices: “qué tipo tan cercano, tan natural”; si lo hace alguien que consideras de “rango inferior”, lo das por sentado y no te sorprende, quizá llegues a decir: “qué pesado”. No percibes tanto que estás recibiendo valor como que alguien lo reclama de ti.
Para que te miren, para que te elijan, para tener tus quince minutos de gloria, para que te asciendan, para que te consideren potencial pareja, para que te contraten, para que te quieran… tienes que resaltar de la multitud y de los millones de inputs. Cada día es más difícil, hasta tienes que luchar con las armas de distracción masiva: móviles, guasap, el iPad o el portátil. Cada día es más difícil conectar, cada día estamos más desconectados, cada día es más complicado tener la atención individida de nadie. La mente humana es una mente itinerante y oportunista, siempre escaneando el entorno en busca de mejores opciones.
La pregunta de fondo que hace cualquiera antes de prestar su atención es: ¿por qué tendría que fijarme en ti? ¿Por qué tendría que darte mi atención y mi precioso tiempo? ¿Por qué has de dejar de ser invisible?
La respuesta obvia: el mar rojo de la competencia
La respuesta inmediata y fácil es: porque hablo más alto, porque soy más espectacular, porque me esfuerzo más, porque quiero tu atención más y lo demuestro (con la esperanza de ser correspondido), porque tengo más músculos o gasto más dinero o porque soy más guapo.
Lo anterior no está al alcance de todos, y si lo está, no lo está siempre ni absolutamente; siempre puede aparecer otro más espectacular, más guapo, con más músculos, que hable más alto, que esté dispuesto a subir la puja.
La respuesta natural, obvia, inmediata supone por lo tanto entrar en un mar rojo competitivo, rojo por la sangre de los competidores. Solo puede quedar uno. O unos pocos.
Es una carrera de armas atencionales por captar cuota de atención en las mentes a las que nos dirigimos. Quien aporte más en la puja obtiene la atención, pero de manera pasajera e indiferenciada; es como una empresa que siempre ofrece los mejores precios en un mercado de empresas con el mismo producto. La lucha es constante, cansada y… aburrida.
No se trata meramente de tener una cualidad intrínseca o heredada que te garantice el éxito atencional, como la belleza, el dinero o la “creatividad”. Se trata de poner en marcha nuestra inteligencia creadora y crear cosas nuevas.
No usaré la palabra creatividad porque alude a un rasgo del carácter que se tiene o no se tiene. No todos somos “creativos”, pero todos tenemos una mente creadora.
Una inteligencia creadora es una inteligencia que crea sorpresas eficaces. Creamos algo que antes no existía y, por tanto, hay sorpresa y generamos atención; pero no es una mera ocurrencia o fogonazo que pone en alerta a los que nos rodean. Es una sorpresa eficaz. Es decir, es una sorpresa que logra algo para alguien, que crea valor o hace mejor la vida de otro ser humano.
Con la sorpresa conseguimos resaltar sobre el mar de fondo de los estímulos; con la eficacia en la creación de valor. logramos que la mirada de los otros se mantenga sobre nosotros.
Cuando el hombre invisible se pone el sombrero de la creación, deja de ser invisible.
Si no puedes escuchar el audio de arriba, pulsa aquí.–
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El minimalismo es una herramienta para eliminar los excesos de la vida y enfocarse en lo esencial
Si crees que ha llegado el momento de dar un giro de 360 grados y seguir haciendo lo que siempre has hecho para conseguir lo que siempre has conseguido, ni se te ocurrasuscribirte a este blog introduciendo tu e-mail y pulsando el botón superior derecho para así recibir cómodamente los artículos de Homo Minimus.
Cuando eres joven, ves la televisión y piensas: hay una conspiración. Las cadenas conspiran para atontarnos. Pero cuando te haces un poco mayor te das cuenta de que no es verdad. Las cadenas de televisión están en el negocio de dar a la gente exactamente lo que quiere. Este es un pensamiento mucho más deprimente. ¡La conspiración es optimista! ¡Puedes disparar a esos cabrones! ¡Puedes hacer la revolución! Pero en verdad las cadenas están en el negocio de dar a la gente lo que quiere. Esta es la verdad.
Para quien haya leído El pequeño libro de la satisfacción de Leo Babauta –un bloguero calvo de mirada afable– hay un interrogante que muchas veces se plantea. Es la misma pregunta que muchas veces se hacen los que oyen hablar de la meditación, el budismo o ciertas tradiciones religiosas y filosóficas que propugnan la contención y el dominio de las pasiones.
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Leo Babauta, el autor de Zen Habits, un tipo de aspecto bonachón y equilibrado
Los que practicamos la atención plena, plena presencia o mindfulness, aun en versiones tan mínimas y seculares como las mini-meditaciones, también tenemos la misma inquietud:
Si te vuelves tan equilibrado, dueño de ti mismo, impasible ante las cosas buenas y malas de la vida, ¿no perderás parte de la pulsión animal, alegría de vivir y disfrute del carrusel emocional que acompaña a una vida plena o bien vivida? Si evitamos las bajadas y los valles, ¿no estaremos también perdiéndonos los puntos álgidos de la vida, las cimas?
Respuesta corta: no.
Respuesta larga: el equilibrio emocional y el ser dueño de tu vida no te convierte en un robot emocional necesariamente. Serás consciente de tus emociones y los impulsos serán igual de intensos que antes. La diferencia, para el practicante de la atención plena en los asuntos cotidianos, es que creas o amplías el hiato entre estímulo y acción; en ese hiato es donde reside la libertad. Pasarás de vivir como un resorte o muelle biológico que responde a los estímulos de forma automática y rígida a ser un resorte o muelle biológico que elige respuestas ante el desencadenante interno o externo:
Puedes responder en la forma habitual, pero esta vez siendo plenamente consciente de tu decisión, dejando de estar a merced de la rutina o el hábito: Estímulo –> Hiato –> Respuesta habitual
Puedes elegir inhibir el impulso y decidir que ese impulso ya no generará el comportamiento que siempre generaba. Pasarás del esquema Estímulo–> Respuesta al esquema Estímulo–> Hiato –> Inhibición de la respuesta.
Por último, podrás aprovechar el espacio entre estímulo externo y reacción para diseñar mejores respuestas. A esto se le llama también aprendizaje consciente o inteligencia humana: Estímulo –> Hiato –> Nueva acción o respuesta
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
–‘El dinosaurio’, considerado como el cuento más breve de la historia. Augusto Monterroso.
Twitter es una red social. De acuerdo. Concedido. Como minimalista, no puedo alegar nada a mi favor. No después de haber enterrado a facebook y haber dado 3(33)(333) razones para dejar facebook. No después de renegar de guasap o de pinterest o de los teléfonos móviles o cualquier otro arma de distracción masiva.
Pero sí que tengo atenuantes.
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Si estás intentando mejorar su estilo expresivo escrito, twitter puede ayudarte. Hablo de estilo expresivo escrito, no necesariamente literario, aunque barrunto que también puede mejorarlo.
En un tuit has de concentrar tu pensamiento y potencia expresiva en menos de 140 caracteres. Has de ser preciso, conciso, incisivo y dar en el centro de la diana del mensaje. No hay segundas oportunidades. Un tuit es como un puñetazo en el estómago. Si te equivocas y das el puñetazo en la espinilla o en la rodilla, el tuit será un fracaso. Has de ir al centro capital de la nación del pensamiento, decir lo justo en un texto ajustado. No hay tiempo ni espacio para más.
Es un entrenamiento en tiempo real: alguien dice algo, te choca, no estás de acuerdo/estás muy de acuerdo, sientes una punzada en el pecho, y necesitas replicar; pero ahora, ya, no mañana, o cuando se te ocurra. Ahora.
A la manera de un haiku, una forma poética japonesa de solo tres versos de cinco-siete-cinco sílabas, tienes que concentrar tu pensamiento y las palabras en muy poco espacio. Es como si bailaras la danza del vientre mientras estuvieras encerrado en un tubo de resonancia magnética y el operario te indicara que no te muevas para que la imagen salga nítida y pueda ser interpretada con mayor fiabilidad.
Mi experiencia con Twitter es que la gente escribe tuits de una manera rutinaria, irreflexiva, sin chispa, quizá para seguir a algún famoso o para distribuir contenido o para estar al día en algún tema o en conexión con amigos.
Pero hay muchas posibilidades. En un palmo de agua te puedes ahogar si te lo propones, en 140 carácteres puedes escribir chispeantes mensajes y hacer fuego en la mente de tus lectores. ¿Lo dudas?
El poder del la limitación y la restricción
Libertad es libertad para elegir las cadenas. Las cadenas nos hacen libres.
–Homo Minimus
En la literatura y en las artes en general, la constricción, la restricción en la forma –que puede percibirse como una mortaja del arte– obra justo de la manera contraria: es en la limitación, en los recursos escasos, donde el espíritu se libera.
¿Por qué? En un soneto hay que seguir una forma absolutamente rígida: catorce versos endecasílabos dispuestos en dos cuartetos y dos tercetos; en un haiku, como hemos dicho, en solo tres versos; en una película habitualmente no más de dos horas, y en un corto menos de media hora.
¿Cómo es posible concentrar una historia en tan poco tiempo. en tan poco espacio, en tan pocas escenas, en una sola frase, como en el caso del tuit o el mini-cuento de Monterroso?
La forma obliga al espíritu a destilar su potencia en unas pocas gotas extraídas del tarro de las esencias. La escasez de medios es un acicate para el espíritu, que de tener todos los recursos a su disposición se vería abrumado por las posibilidades. Paradójicamente –pero no para los minimalistas existenciales y los artistas—menos es más.
El tuit es un entrenamiento para muchas habilidades expresivas :
Todas las palabras que escribas –sin excepción– han de contar. Si escribes una de más es una de menos que tienes para transmitir tu mensaje.
No hay excusa para no escribir una frase perfecta gramatical y ortográficamente. Has de convertirte en un grammar nazi o nazi de la gramática. Yo soy un nazi de la gramática y todo lo que escribo, e-mails, mensajes de texto, notas en la puerta del refrigerador, son mensajes pulcros, sin tacha. O intento que sea así. No falta ni un punto, ni una coma, y si cometo errores ortográficos me flagelo.
¿Si no eres capaz de darte una ducha fría todas las mañanas cómo serás capaz de crear un imperio o dejar tu huella en esta vida? Si no eres capaz de escribir bien en un tuit, ¿cómo vas a ser capaz de escribir un artículo, un cuento o una novela correctamente?
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Cuando escribo un tuit me siento como un nazi de la gramática invadiendo Polonia
–Empieza con lo pequeño, piensa a lo pequeño, escribe a lo pequeño, sé perfecto en las distancias cortas, porque si lo eres la perfección en las distancias largas vendrá por añadidura; sé un velocista de la escritura, haz los cien metros en tu tuit. Los ultramaratones vendrán después.
Hay muchas oportunidades de aplicar este concepto de perfección expresiva en tu vida cotidiana digital: ¿son tus mensajes de texto en el teléfono móvil perfectos? ¿tus comentarios en el blog limpios como una patena? ¿revisas hasta la extenuación tus e-mails de tres líneas? ¿tienen todos los puntos y las comas? ¿ningún nazi de la gramática te puede denigrar? Si no puedes en lo pequeño, olvídate de poder en lo grande.
Este artículo está escrito en un solo pomodoro, todavía me quedan tres minutos, estoy usando Write or Die y si me paro los bebés berrearán, la pantalla se pondrá roja de ira y el texto ya escrito se borrará. En los tres minutos restantes, he de decir todo lo importante.
La limitación de tiempo, veinticinco minutos, facilita que vomite una idea detrás de otra sin pararme y mirar hacia atrás. No tomo prisioneros. Un pomodoro –al igual que un tuit– es otra distancia corta en la que puedes dar el do de pecho, hacer resonar la grandeza en la bóveda de la capilla sixtina de tu cráneo.
Cuando entrenas una habilidad compleja has de dividirla en micro-habilidades y entrenarlas aisladamente, hasta que se vuelvan automáticas. Solo entonces, puedes dedicar tus recursos cognitivos a la integración de las microhabilidades o a habilidades de más alto nivel o al pensamiento estratégico.
Tuits finales
Los tuits son micro-entrenamientos.
El diablo está en los detalles. Los detalles hay que entrenarlos de uno en uno y con fanatismo.
En la mesa y el tuiteo se conoce al caballero.
Teoría de la cerradura: mirando a través de un pequeño detalle puedes hacerte una idea del todo; practicando lo poco también puedes construir lo mucho.
La concisión, el destilado de información y expresión son capitales en un mundo competitivo en que millones de agentes pugnan por la atención.
Discurso de tuitero en 140. ¿Lo tienes preparado?
¿Eres capaz de comunicar tu plan de negocio en un minuto, en treinta segundos?
¿Me puedes decir en menos de veinticinco segundos quién eres, de dónde vienes y adónde vas?
Un escritor de raza convierte cualquier cosa en literatura. Da lo mismo si eres un escritor sin pedigrí. También puedes hacerlo. Guau.
¿No? Practica en el tuit. Regístrate. Sígueme. Suéltate el pelo.
The feeling you get when someone whips out their blackberry aka crackberry or cell phone and begins having a conversation with someone. It’s a cross between pissed off and puzzled.
«I was pizzled the other night when my husband started talking on his crackberry at the dinner table»
# Urban dictionary
1. confadado
El sentimiento que tienes cuando alguien saca su blackberry, también conocido como crackberry o teléfono celular, y empieza una conversación con alguien. Es una mezcla de estar conf-undido y en-fadado.
«La otra noche me quedé confadada cuando mi marido se puso a hablar por el móvil en la cena».
#Traducción libre al español de pizzled.
Menosfadado
Aunque el término anterior es un buen ejemplo de la versatilidad y riqueza de la lengua inglesa, creo que no capta lo esencial del sentimiento.
Yo creo que la perplejidad o confusión que puede generar el que alguien de repente y sin previo aviso desenfunde su móvil es más una emoción del pasado (de hace unos pocos años). Hoy en día a nadie le sorprende que alguien se ponga a hablar en medio de una cena o conversación.
Tiene más importancia el sentimiento de sentirse menospreciado o minusvalorado que el de confusión o perplejidad. Es como si las personas que están presentes de repente dejaran de tener valor o importancia para el que toma su móvil y se pone a consultar un mensaje de texto, responder a un guasap (o como coño que se escriba) o iniciar una conversación telefónica.
Nunca hemos estado más conectados por la tecnología. También nunca hemos estado tan desconectados de nuestro entorno físico y humano por el uso que hacemos de nuestras herramientas. Es difícil, al menos para alguien de sangre caliente como yo, no sentir un odio más o menos remoto y mal disimulado por el que infringe el pacto entre caballeros tácito en cualquier contacto humano presencial.
La gente hoy en día te hace sentir menosfadado sin sonrojo o sentido de culpa alguno. Se ha convertido en una costumbre, si no aceptable, sí aceptada o tolerada. Esto ocurre con más frecuencia según aumenta el tamaño del grupo. A partir de tres personas es fácil hacerlo; a partir de cuatro ni siquiera parece una infracción social.
Pero incluso cuando estás con una sola persona es muy común. A veces me dan ganas de decir: «¿qué pasa, manteniendo las opciones abiertas?, ¿acaso tienes algo mejor esperándote?» o bien «¿te resulto demasiado aburrido para que seas capaz de mantener la atención diez minutos sin mirar tu puñetero móvil?».
Aunque no soy un caballero si no estoy entre damas (o caballeros), pocas veces muestro así mi enfado. Pero siempre me siento algo menospreciado.
En su artículo El blog y el aprendizaje autodidacta Dean Romero defiende la idea de que escribir un blog es uno de los mejores métodos para el aprendizaje autodidacta. Lo considera como un complemento a la enseñanza reglada tradicional, que es una especie de cadena de montaje del conocimiento, vestigio de la era industrial del siglo XX.
No puedo estar más de acuerdo con Romero. Hablo por experiencia. Escribir un blog me ha ayudado a explorar nuevos campos, a poner en claro mis ideas y contactar –lo más importante– con una comunidad de minimalistas y mínimamente minimalistas de la que extraigo aliento, ideas e interacción constante.
Las conexiones sorpresivas son la base de toda creación, no importa si se trata de descubrimientos científicos o de creaciones profesionales y personales más humildes y cotidianas. Son los medios que nos proporciona internet para compartir conocimiento y experiencias, entre ellos ellos el blog, los que multiplican casi ad infinitum la generación de esas conexiones.
El proyecto 52 comidas como generador de conexiones
Este blog ha sido un generador y catalizador de relaciones personales, tanto virtuales como presenciales. No solo he usado el blog para registrar semana a semana y mes a mes mis reflexiones y exploraciones; también lo he empleado para contactar en persona con lectores y blogueros.
Cuando me di cuenta del potencial del blog para conocer gente, decidí comenzar el Proyecto 52 comidas, y publicitarlo a través del blog Homo Minimus, para así explotar todavía más la capacidad que tienen los blogs de inventar relaciones entre personas.
El proyecto 52 –que me ha proporcionado más de 25 comidas con «frikis» en lo que llevo de año– es una fuente de diversión e inspiración constante. La regla de las 4 efes, F.F.F.F, me ha permitido exponerme a un rango de personalidades e ideas a las que de otra manera hubiera sido casi imposible acceder.
El autodidacta que lo aprendió todo de otros y con otros
En una de esas comidas, conocí a una persona autodidacta, la persona más autodidacta de la que nunca he tenido noticia: alguien que lo ha aprendido casi todo al margen de la cadena de montaje del sistema educativo tradicional; solo con curiosidad, imaginación e iniciativa personal. Un verdadero innovador del mundo del aprendizaje.
Sin embargo, mi comensal y contertulio, el autodidacta por antonomasia, no se sentía muy a gusto con el calificativo de «autodidacta» aplicado a su forma de aprender. Me sorprendió un poco. Pero lo explicó inmediatamente: él prefería llamarse «interdidacta», no tanto porque ha accedido a muchas de sus fuentes de libros y recursos a través de inter-net, sino porque su aprendizaje ha sido inter-activo, con personas apasionadas por los mismos temas que él, y que han constituido su UP o Universidad Personal, una comunidad de seres humanos que busca la excelencia y el crecimiento continuo. Sin su apoyo jamás hubiera llegado tan lejos.
Somos animales sociales y gran parte de nuestro aprendizaje no se hace en solitario, sino en un entorno social del que obtenemos interacción, conocimiento y estímulo. Un aprendedor inteligente buscará la comunidad de aprendizaje que mejor le ayude a alcanzar sus metas. Por eso, la palabra autodidacta no está bien escogida para referirse a las personas que aprenden a su ritmo, movidas por sus pasiones o intereses y que lo hacen al margen de los caminos trillados de escuelas, universidades y academias.
Nos falta un manifiesto del interdidacta, una declaración de principios e intenciones de lo que constituye el aprendizaje en libertad: diverso, múltiple, sorpresivo, creador, que hace uso pleno del principal recurso humano: la capacidad de aprender de/con otras personas, inventar y conectar medios y fines, y hacer uso de la habilidad empresarial de descubrir oportunidades beneficiosas de intercambios y mejoras individuales y colectivas. Esto sería el APRENDIZAJE con mayúsculas.
El minimalismo tiene mucho que ver con el funcionamiento de la mente humana y con los atajos cognitivos; entre ellos, los de la memoria. Por eso me gusta recurrir a imágenes, anécdotas, anuncios publicitarios o escenas de película para ilustrar el concepto que quiero recordar y aplicar en mi vida.
En artículos anteriores hablamos de aprender a elegir bien las batallas o el no matar moscas a cañonazos, o la famosa regla del 80/20. En este haremos referencia a otro concepto cercano:
¿Qué me recuerda esta escena? El principio de economía de medios.
Una vez que has decidido hacer algo o tienes un problema delante de ti, es importante elegir la mejor herramienta para el trabajo: la que se adapte mejor a la tarea entre manos y sea más rápida, funcional y expeditiva. En el caso de Indiana Jones, la pistola; aunque se sienta más a gusto con el látigo.
El famoso aforismo «si solo tienes un martillo, tratarás a todo como si fuera un clavo» es la otra cara de la moneda de la economía de medios. Todos tenemos herramientas materiales, intelectuales y cognitivas con las que nos sentimos más a gusto. Por diversas razones:
Es la única que conocemos.
Es la que más éxito tuvo en el pasado.
Es la herramienta estéticamente más atractiva para nosotros o para los demás
Etc.
Pero cuando se trata de lograr cosas, hacer el trabajo, ofrecer resultados, lo mejor es aplicar la herramienta más eficaz para la tarea, el momento y el lugar.
Si delante de nosotros aparece un beduino blandiendo una cimitarra en un alarde de virtuosismo, el reflejo natural es sacar nuestra espada o algún otro arma blanca similar para enfrentar el desafío.
Si el colega de trabajo nos ataca con sarcasmo en una reunión, podemos sentirnos tentados a responderle en su misma moneda, con algún otro comentario mordaz e hiriente. Pero quizá sea mejor ignorar el comentario o deshacer el ataque de manera expeditiva. Por ejemplo:
Lanzándole un beso.
Diciendo: sigue, sigue, sigue, saca lo que llevas dentro.
Pasando al siguiente punto del orden del día.
A veces –no digo que no– hay que sacar la espada toledana e iniciar un duelo. Con suerte, le cortaremos la cabeza y la serviremos en bandeja de plata. Pero el gasto de esfuerzo puede convertir en una victoria pírrica el resultado.
Con este artículo, intento exorcizar mi tendencia casi irrefrenable a entrar en batallas donde nada gano usando herramientas que consumen demasiado de mi tiempo y energía. En adelante, espero elegir el arma más adecuada para el problema que tengo entre manos.
Con 444 palabras e Indiana Jones hoy ya es es suficiente.
Hablar del ser y de economía puede parecer cuando menos una salida de tono. No lo es. ¿Te has parado a pensar cuánto simplificarías tu vida si un día decidieras ser honesto contigo mismo y los demás? Sería duro, seguro; pero imagina la energía y tiempo que ahorrarías.
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–La verdad duele
Honesto con los demás
Se acabaron las mentiras, las medias verdades, los encubrimientos y la gestión interesada de la información. Política de transparencia, glasnot del ser, apertura de ventanas hacia el interior. No necesitarías dedicar esfuerzo a la gestión de la imagen personal, no más allá de un mínimo.
Sé un hombre de una pieza
Tu comportamiento, tus palabras y tu pensamiento serían congruentes. Gran parte de los juegos con la verdad acabarían. Tendrías que seguir persuadiendo a la gente, porque eres un animal social que necesita intercambiar y obtener cosas de otros seres humanos, pero lo harías desde una posición de transparencia sobre tus intenciones y tus acciones. Tus promesas tendrían mucho más valor del que ahora tienen, la gente sabría que esperar de ti, te convertirías en un hombre o mujer de carácter.
La gente te percibiría como una persona íntegra. La integridad es una cualidad esencial e imprescindible para el liderazgo de calidad y los negocios, y para las relaciones humanas en general. No estarías impostando integridad, serías lo más cercano a la integridad que le es factible a un ser humano.
Quizá, en una primera fase de choque, romperías muchos esquemas, es posible que la primera víctima de tu recién estrenada honestidad 2.0 fueran las relaciones con muchas personas cercanas, quizá pondrías fin a amistades de años. Decir lo que piensas, destapar tus sentimientos verdaderos, ser consecuente con ellos, perturbaría a mucha gente. Se te vería como alguien extraño, sin duda distinto, quizá peligroso.
Pero después de esta primera terapia de choque, con los amigos y relaciones que quedaran empezarías a vivir unas relaciones más genuinas, más profundas y más reales. Una vez que el velo de la duda, las medias verdades, las medias mentiras, hubiera sido corrido, liberarías recursos mentales, unidades permanentes de atención en la memoria. Ya no tendrías que mantener en mente lo que has dicho y a quién se lo has dicho. Siempre dirías lo que crees que es verdad y no necesitarías diversas versiones de la misma verdad o de la misma mentira. Las relaciones serían más sencillas, y quizá con tu nuevo comportamiento estrenado animarías a que los demás fueran también más honestos contigo, más transparentes, más cercanos y menos cautos.
Honestos con nosotros mismos
Siendo difícil lo anterior, es todavía más difícil el ser transparente con uno mismo. Estamos llenos de puntos ciegos. Puesto que tenemos más información sobre nuestras emociones, acciones pasadas, intenciones, etc., somos capaces de crear teorías más ricas y rocambolescas sobre nuestras vidas.
Micro-señales de desprecio
La insinceridad transpira
Los demás siempre pueden inferir de tu conducta tus verdaderas intenciones, tus deseos, tus valores, lo que pueden esperar o no esperar de ti. Ellos tienen mecanismos de defensa contra la falta de honestidad y te perciben más desapasionadamente. Quienes no tienen acceso a tu interior tienen una visión menos distorsionada de tu conducta y tu personalidad que la que tú tienes de ti. Ya vimos en la ciencia de la fisgonología que con muy pocos datos se puede obtener mucha información sobre una persona. Y que muchas veces menos es más.
Pero tú estás en general inerme contra tus contradicciones. Tú racionalizas tus acciones inventando extrañas teorías que te justifican ante el tribunal de ti mismo. La gente explica lo que haces según motivaciones simples. Y muchas veces acierta.
Tú distorsionas la verdad de tus intenciones, emociones y acciones hasta crear una historia verosímil y confortante.
El fenómeno de la disonancia cognitiva hace que estemos continuamente intentando reducir la distancia entre acciones, emociones y creencias. Siempre creemos que somos más coherentes y congruentes de lo que realmente somos. Es seguro que tenemos una imagen distorsionada de nosotros. Es muy difícil acceder a los procesos mentales, no siempre es fácil comprobar si nuestras acciones son coherentes con nuestros valores. Nuestros valores en uso o valores en acción no coinciden plenamente con nuestros valores pensados.
La honestidad en acción
Dejemos de actuar para el público. Hay tantos públicos… pero solo hay un yo, aunque haya distintos roles que adoptemos para actuar en distintas situaciones. Podemos diversificar la identidad, y eso está bien, pero hemos de integrar nuestros roles, so pena de convertirnos en un manojo de adaptaciones al entorno.
No podemos cambiar el público, pero sí podemos cambiar de público.
Esa integración de los roles puede llamarse identidad; o, dicho de un modo menos abstracto, la forma de ser, de sentir y pensar con la que nos sentimos más a gusto. Dejemos de actuar, juntémonos con los que son como nosotros y con los que no son como nosotros, pero siempre con los que nos sintamos a gusto y no nos obliguen a pasar el día fingiendo.
En vez de cambiar nuestro ropaje psicológico en función del público, busquemos un público que se encuentre a gusto con nuestra desnudez o con nuestros vestidos psicológicos de confección casera. No podemos cambiar el público, pero sí podemos cambiar de público.
Al final de todo, la gente que nos rodea nos lo agradecerá y nosotros nos lo agradeceremos.
El sesgo de confirmación es un fenómeno cognitivo ampliamente documentado. Consiste en que las personas seleccionamos la información que confirma nuestras creencias y descartamos o no tenemos en cuenta la que es conflictiva con ellas. Cuanto mayor es la fuerza emocional asociada a la creencia, más probable es que seamos víctimas del sesgo de confirmación.
Este sesgo es un obstáculo para el aprendizaje. Cuando creemos saber algo, es mucho más fácil que encontremos ejemplos confirmatorios de lo que creemos saber a que busquemos activamente experiencias que pongan en entredicho o refuten la creencia. Si alguna vez encontramos ejemplos amenazantes, es muy probable que los ignoremos o los desacreditemos como irrelevantes o como carentes de fuerza probatoria.
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Yo me encuentro constantemente en mi comportamiento diario con el sesgo de confirmación. Y cuando pienso o escribo sobre minimalismo estoy siempre buscando la información o historias que me ratifican en mis creencias minimalistas.
El minimalismo existencial va de la mano de una serie de ideas de la que es fácil encontrar ejemplos atractivos o historias de éxito. El mismo Steve Jobs, su forma de vestir, su filosofía de diseño de productos y hasta su casa en 1982, como vemos en la foto de arriba, son un buen ejemplo de minimalismo.
Como yo asocio el minimalismo con el éxito, con la productividad y todo lo que me resulta estéticamente atractivo, no puedo dejar de pasar imágenes como la de arriba.
Steve Jobs es exitoso –> La casa de Steve Jobs es minimalista –> Confirmo que el minimalismo es una filosofía de la vida exitosa al estar avalada por gente como Jobs.
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Un día leía una revista y encontré una entrevista al diseñador Philippe Starck. Decía que el siglo xxi era la era de lo no material, de lo espiritual, del retorno al ser humano. Aseguraba que si la entrevistadora le pidiera que le diseñara un radiador, él se limitaría a abrazarla y preguntarle: «¿Tiene ahora más calor?», porque sería posible que no fuera cuestión de frío sino de amor. Me pareció una muestra de humor minimalista existencial de la mejor especie.
Siempre estoy buscando (y encontrando) muestras de lo bueno que es el minimalismo. Como si fuera una embarazada que de repente empieza a ver bebés y mujeres embarazadas en todos lados; o el comprador de un coche que de la noche a la mañana encuentra su ciudad poblada del mismo modelo que acaba de adquirir.
Si me intereso por la poesía, tiene que ser la poesía minimalista de los haikus; si me intereso por la programación, me centro en la legibilidad y la máxima simplicidad; si me intereso por la arquitectura, tiene que ser siempre de espacios abiertos, superficies diáfanas y colores blancos; y si se trata de literatura, no me olvido nunca de Ernesto Hemingway, su economía de expresión y sus frases cortas.
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Y un día me encuentro con esta foto. El escritorio de Einstein el día de su muerte. Todo menos minimalista. Nada de superficies diáfanas, espacios en blanco o simetrías. Y se me caen los pelos del sombrajo.
Lo mejor sería ignorarlo. Pero, ¿acaso no refuta esto mi obsesión por el escritorio libre de papeles, las habitaciones libres de trastos, el minimalismo zen? Einstein, que tiene tantas frases buenas y del que he contado anécdotas de sabor minimalista, no tenía un espacio de trabajo minimalista. Su mente estaba ordenada aunque su espacio no lo estuviera. ¿Qué hago con esto? ¿Cómo lo racionalizo?
–Bueno, más o menos –dijo Pooh–. No es cerebro… sino que a veces me viene ella sola.
–¡Ah! –dijo Conejo, que nunca esperaba que las cosas llegaran por sí solas sino que siempre iba a buscarlas.
A. A. Milne, La casa del rincón de Pooh.
Una última oportunidad: leed de nuevo el acertijo que planteé el jueves de la semana pasada: Juego sucio en la fontana. Dadle tres minutos más de contemplación o pensamiento. Luego podéis volver a este artículo y leer la solución. O, si sois más impacientes, id directamente a por la solución.
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En los últimos seis días he recibido muchas respuestas de lectores del blog planteando respuestas. Han sido imaginativas y algunas incluso alambicadas. Gracias a todos por participar.
Muchas de las respuestas eran plausibles, porque eran buenas historias que podían dar cuenta del extraño suceso de la chica en la fontana y el personaje de aspecto sospechoso que la seguía blandiendo un cuchillo.
El viernes pasado recibí la primera respuesta plenamente correcta del acertijo:
Hola, Homo Minimus.
Está claro: la chica tenía hipo. Y no lo digo yo, me lo sopló, casi sin pensarlo, mi hija Matilda de 10 años cuando en la cena les pedí que pensaran cada día un poco en el acertijo que les iba a contar. Su respuesta fue inmediata. Mi mérito es que enseguida supe que era cierta.
Alberto
La segunda respuesta correcta vino de Mario Tomelin tres días después:
Hola,
Anoche di con la respuesta, o al menos una respuesta razonable.
La muchacha tenía hipo, se lo había comentado al cocinero del hotel, supongamos, ya que tomar agua no había funcionado para ella. El cocinero la asustó para curarla.
Realmente fue muy revelador. Había aceptado el desafío sin mucha fe en poder resolverlo, porque generalmente soy de encontrar respuestas rápidamente. Anoche fui desarmando el problema desde el punto de vista de cada protagonista, de cada objeto y cada causa-consecuencia, hasta que la respuesta emergió [las negritas son mías].
Enhorabuena a Matilda (y a su padre Alberto por plantear al problema a su familia y por reconocer la respuesta inmediatamente) y a Mario. Con Alberto y Matilda tengo pendiente una comida del Proyecto 52 en Barcelona este año en la primera ocasión que se presente.
Ajá, inspiración
El acertijo lo encontré hace un par de años en un libro de pensamiento matemático de Martin Gardner llamado ‘Aha, insight’, que en español podríamos traducir por ‘Ajá, inspiración’. Insight no significa exactamente inspiración. En este contexto, es una mezcla de intuición y de comprensión súbita.
Como dije al plantearlo, no es probable que des con la respuesta enseguida, no es en absoluto obvia. Matilda dio con ella casi inmediatamente, pero esto es poco común. Podríamos debatir por qué una niña de 10 años es más capaz de dar con una respuesta rápida y sencilla que varias decenas de adultos, pero eso lo dejaremos para otro artículo en este blog.
Si que es posible dar con “una” respuesta casi al principio: varios de los lectores me escribieron con una respuesta, para algunos esa respuesta fue casi inmediata, no tuvieron que pensar mucho.
Hubo respuestas muy imaginativas, varios de los lectores de este blog son escritores, poetas, pintores o simplemente gente despierta e inquieta. Por ejemplo, me enteré a través de Rafael Sarmentero, el autor de Qwerty Vintage, de que en películas de bajo presupuesto se hacen tomas en que interviene gente que no es consciente de que está en la película:
[…] Están rodando un corto de bajo presupuesto. Juan está distraído leyendo el periódico y no se ha dado cuenta. En la primera toma, el tío del cuchillo no sale en el encuadre, por lo que no hace falta que actúe en esa toma. En la segunda, sí sale en el encuadre, por lo que es necesario que aparezca con el cuchillo. Juan cree que la cosa va en serio y grita. El actor del cuchillo baja el arma y la chica se ríe ante la metedura de pata de Juan.
Cristóbal Luque también me informó del uso que algunos directores hacen de las tomas con cámara oculta para lograr más realismo:
[…] Mi teoría es que la chica y el tipo de aspecto poco tranquilizador eran actores rodando una película de terror con cámara oculta. Algunos directores (como Clint Eastwood en el desembarco de «Banderas de nuestros padres») prefieren ocultar las cámaras para que los actores novatos no sepan dónde están y así la toma sea más realista.
Otra posibilidad apuntada por Sara Bernard fue la de una broma:
[…] Magnífico hotel en Marbella» evoca imágenes reales de vestíbulos y recibidores con fuentes de agua potable.La joven es trabajadora en el hotel, puede ser la recepcionista o la azafata de un congreso. Aprovecha para darse un mini-paseo, beber en la fuente y mirarse en el espejo.
El hombre del enorme cuchillo también es trabajador del hotel (¿cocinero?) y aprovecha el efecto del espejo para gastarle una broma a su compañera.
La broma tiene un elemento de simulación y sorpresa que está cercana al susto que realmente pretendía el personaje del cuchillo. Quizá si Sara hubiera perseverado un poco más en esa línea hubiera terminado llegando a la solución.
Lo bonito de este acertijo es que si das con la respuesta plenamente correcta (no vamos a descartar otras alternativas) entonces parece obvia y sabes que no hay duda de que lo has resuelto: de repente todas las piezas encajan. Alberto y Mario no tuvieron duda. Yo tampoco tuve duda de que la respuesta era que la chica tenía hipo y el personaje sospechoso quería darle un susto para quitarle el hipo.
Sin embargo, a diferencia de Matilda, Mario y yo tuvimos que dedicarle varios días antes de dar con la respuesta. Y esto es lo más interesante del desafío que os propuse: antes de solucionar el problema teníais que haber pasado vuestra particular travesía del desierto intelectual.
No es que yo sea listo, es sólo que yo insisto más tiempo en los problemas.
–Albert Einstein
Hay que mantener el problema en la mente durante un par de días, y si lo haces, la respuesta termina “emergiendo”, habitualmente en un momento de inspiración, y probablemente cuando no estés pensando en el problema. En mi caso, fue una mañana justo después de levantarme cuando salía de mi dormitorio, lo recuerdo vívidamente: sin saber por qué, la respuesta apareció en mi mente y experimenté la iluminación.
Fue un momento de intuición pura, cuando de repente todo el esfuerzo y pensamiento deliberado y consciente que había dedicado los días anteriores precipitó en una respuesta. Es como si mi mente hubiera estado trabajando en un segundo plano en el problema. Es habitual que estas experiencias ajá tengan lugar cuando estás haciendo otra cosa, en la ducha, corriendo, paseando o no dedicando la mente a nada en particular.
Cerebros de liebre
Desde el punto de vista del minimalismo, las experiencias ajá tienen mucho interés. En una cultura de búsqueda de satisfacción inmediata, de resultados rápidos y de culto a la productividad, lo habitual es que alabemos a los que piensan rápido y bien, los tipos brillantes, de alto coeficiente intelectual, que son capaces de aprender y captar todo muy rápidamente y dar con soluciones rápidas a los problemas: los que destacan en la modalidad analítica y rápida del pensamiento, los que tienen cerebros de liebre, por decirlo así.
Yo hasta hace no mucho tiempo, y quizá también todavía, mantenía la creencia de Conejo en la Casa del rincón de Pooh: si quieres algo, lo tienes que buscar, y tienes que ir a por ello inmediatamente.
Esta actitud proactiva está bien en principio. La cuestión es: ¿qué ocurre cuando las soluciones no son obvias, la respuesta no es inmediata, o requiere asociaciones remotas que no se prestan a un mero pensamiento deliberativo, sistemático y conceptual? En este caso una persona brillante en el pensamiento directo y analítico se encuentra con una gran dificultad. Es probable que no soporte la tensión y que se conforme con las primeras ocurrencias y no siga buscando.
Lo habitual es que sintamos frustración, empecemos a dudar de nuestra capacidad y abandonemos la búsqueda. Para mantener nuestra autoestima, nos decimos que es un problema tonto, que no tiene ninguna importancia y lo terminamos olvidando. Einstein –que siempre nos sirve tanto para un roto como para un descosido– decía que la mayoría de los problemas sufrían por falta de atención. Atribuía más su habilidad a su curiosidad y su capacidad de mantener los problemas en mente que a su genio.
También necesitamos los modos lentos del pensamiento
Interrogué a Mario Tomelin sobre su proceso de pensamiento y la forma en la que resolvió el problema. Accedió amablemente a que transcribiera parte de su respuesta:
[…] Creo que fue el sábado en la mañana que leí tu entrada. Pensé unos minutos arduamente y no encontré la solución, lo más acertado que pensé fue en una obra de teatro. No pude resolverlo. Entonces, lo copié en un pedazo de papel con la idea de llevarlo el resto de la semana en la billetera, o pensar el problema en el autobús camino al trabajo.
El domingo por la tarde, ví el papel sobre el teclado y pensé en él unos minutos mientras encendía la PC, tratando de imaginarme la situación desde el punto de vista del espectador, y desde la muchacha. Tampoco encontré la solución.
Finalmente el Domingo por la noche, junto con esos pensamientos antes que llegue el sueño, recordé el problema. Entonces, apliqué un enfoque como el anterior, pero más profundo. Pensé en el espectador, si leía el diario, si tenía una mirada parcial de lo que estaba pasando. Pensé en sus suposiciones, suponer que la muchacha era preciosa, suponer que tenía sed, que la persona era de poco fiar, que fuera a lastimarla. Separé los actos, de las interpretaciones, de los objetos.
Creo que ahí comenzó a gestarse la respuesta. Iba pasando de objeto en objeto y tratando de analizarlos independientemente de la situación, o relacionarlos con otros objetos por medio de preguntas.
[…] Mientras hacía estas preguntas, no buscaba directamente la solución, sino llegar a las ramificaciones de las ideas y eliminar todas las suposiciones que estaba haciendo.
Es interesante observar que la solución le llegó a Mario al final del día, con la guarda mental un poco baja, y posiblemente un poco cansado; es en estas condiciones cuando modalidades más asociativas del pensamiento pueden ocurrir. También es revelador el comprobar que llevó el problema con él durante un par de días a pesar de no poder resolverlo: había decidido que era importante o interesante y siguió perseverando.
Al final, Mario concluye con un comentario que capta la creencia básica del cerebro de libre y de una cultura que celebra o enfatiza las modalidades más rápidas del pensamiento:
[…] Por eso te repito que ha sido muy revelador para mí, no pensé que la solución a ciertos problemas necesitara ‘tiempo de maduración’ [las negritas son mías]. Del mismo modo, si bien mi proceso mental de preguntas tenía como objetivo resolver el problema, el camino hacia la resolución no estaba definido, sinó que fue abarcando muchas alternativas. Ahora estoy repensado el papel de estas alternativas inútiles (pensar que el cuchillo fuera falso, por ejemplo) en la búsqueda de la solución. No es un problema de cálculo o álgebra, donde rápidamente hacemos diagnóstico-herramienta-resolución
La moraleja de este pequeño experimento es que a veces necesitamos conducirnos como tortugas y privilegiar un pensamiento más lento, pausado o contemplativo. La liebre mental que llevamos dentro quiere soluciones rápidas y éxitos inmediatos, y para ello probablemente hará uso de procedimientos e ideas que funcionaron bien en el pasado y del pensamiento analítico y conceptual.
Si bien es muy necesario el uso del pensamiento analítico y siempre tenemos que echar mano mental de la memoria directa de nuestros éxitos pasados, es igualmente cierto que la asimilación y generación de nuevas ideas requiere tiempo. Así que haremos bien de cuando en cuando en aumentar los espacios en blanco y la contemplación en nuestras vidas.
Cuando te enseñan los rudimentos de las finanzas personales, te hablan de la necesidad de diversificar tus inversiones; o, dicho más llanamente, de no poner todos los huevos en la misma cesta. Así, si alguna inversión sale mal, siempre podrás compensarlo con otras inversiones rentables.
Que tengas parte de tu patrimonio –y de tu orgullo– en otros activos financieros hace que puedas contemplar la posibilidad de una inversión arriesgada , y que ningún resultado desfavorable dé al traste con todas tus esperanzas.
¿Podríamos hacer algo similar con la identidad?
La psicología y la sabiduría popular nos dicen que es importante saber quién eres, tener una identidad fuerte, y que tus valores y tu comportamiento sean una manifestación o despliegue armonioso de esa identidad. Se entiende generalmente que la identidad es única.
¿Y si tuviéramos alguna identidad de repuesto para que cuando las cosas vengan mal dadas, los fracasos hagan su aparición y nuestra autoestima sufra, tener una tabla de salvación? Así, por mal que hayan salido nuestros planes y por dañado que sintamos nuestro ego, los daños serán solo parciales y no afectarán a la totalidad de nuestro ser.
La idea de múltiples identidades no parece una idea minimalista
He de reconocer que esta idea de las múltiples identidades rechina un poco respecto a mi diseño de vida minimalista: el uno siempre es más puro que el varios. La identidad única es unívoca: una correspondencia de a uno a uno entre el ser y el comportamiento. Es más fácil de gestionar, y ofrece menos opciones. Las decisiones y la evaluación de lo que hago se hace a través de un solo criterio: el criterio de mi única identidad.
Eso es simplicidad, reduce la deliberación y compromete al ser más profundamente con cualquier curso de acción deseado.
Jugar con la identidad es algo adecuado durante la adolescencia. Este juego es un periodo de moratoria emocional que la sociedad nos concede cuando estamos madurando. En El patio de recreo del diablo vimos la institucionalización de la transición de la adolescencia a la vida adulta y la licencia para experimentar con posibilidades vitales antes de decidir el curso de vida y asentarse. El joven ha de decidir a qué carta o cartas vitales quedarse. Después ha de descartarse y jugar con las cartas elegidas el resto de la partida.
Una identidad es en cierto modo una estrategia; una estrategia vital que usamos para salir lo mejor parados posible. Es una herramienta. No un fin en sí mismo. Si te identificas con tu identidad única estás usando una sola herramienta en toda tu vida. La identidad única, monolítica, tiene el peligro de la rigidez y de cerrar las opciones demasiado rápido, demasiado pronto.
Varias identidades
La alternativa a la identidad monolítica es el tener varias identidades, que podríamos llamar roles. Adoptamos un comportamiento situacional, más determinado por el lugar y el momento en el que nos encontramos que por la identidad o un conjunto de principios o valores personales.
Cada situación necesita distintas estrategias, y adaptamos nuestro comportamiento. Asumimos un rol distinto según las circunstancias. El rol de ciudadano, el rol de hijo, de profesional, de amigo, de padre, marido, etc. Esto puede suponer una cierta fragmentación y una sensación de alienación: el entorno parece mandar más que el ser.
En el extremo de este sistema de identidades múltiples tendríamos una personalidad en compartimentos estancos o con muy poca conexión, que en su versión patológica se asemejaría al trastorno de personalidad múltiple, donde varias personalidades, desconectadas entre sí habitan en un mismo cuerpo y se alternan en el control de la acción.
Integración
Reconozcamos el valor instrumental de la identidad y su necesidad de adaptarla a las circunstancias, así como la opción de experimentar con la identidad como si fuera un traje que nos probamos para ver qué tal nos sienta. También la posibilidad de evolución y el carácter lúdico del teatrillo de la vida. También la diversidad interior y la necesidad de reconocer facetas ocultas o menos desarrolladas dentro de nosotros.
Reconozcamos la importancia de los valores claros, la capacidad de inspirar confianza a los demás y la capacidad de hacerse promesas a uno mismo y cumplirlas. También la necesidad de comprometerse con un curso de acción y con un proyecto de vida. Al final, el creador, el artista, necesita parar de barajar opciones y decidirse por la opción de diseño que mejor pueda hacer real su visión.
Propongo la conciliación de la multiplicidad y la unidad en la diversidad. Reconocer las regiones más ocultas de la personalidad, experimentar con diversos yoes, pero manteniendo las conexiones. Propongo ir más allá de los roles prefabricados, obtener oro personal del plomo de las posibilidades reales.
Propongo que la identidad sea una trampolín para el ser.
He recopilado los 10 mejores videos de temática, forma o contenido minimalista existencial. Son mis elecciones.
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10. Ricky Rubio, un jugador de baloncesto español, da ánimos a uno de los novatos de su equipo en un partido de la NBA cuando no le estaban saliendo bien las cosas. Una buena aplicación del Principio del ojo de la cerradura.
Ricky dice: «Alexis, change this face. Be Happy.» («Alexis Cambia esa cara. Ponte contento. ¡Disfruta!»)
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9. Un anuncio magistral, casi sin palabras, de un equipo de fútbol español y el valor de la perseverancia.
Una de las aversiones más grandes del ser humano es la de renunciar a las opciones o posibilidades. Quizá después del miedo a las serpientes o a las alturas o el hablar en público es la fobia más importante. Esta aversión se esconde detrás de la procrastinación, la dificultad para priorizar y el estrés en el trabajo.
Lo que tenemos que hacer es nuncanizar. Decir no, descartar, eliminar de la agenda. Y esto es doloroso, porque cualquier acción implica un beneficio potencial al que hemos de renunciar inmediatamente. Ya no nos queda el consuelo de que en el futuro podremos retomar la acción relegada. No, tenemos que decir que no, para siempre.
Las opciones descartadas queman. Siempre preferimos ser como malabaristas mentales que mantienen muchas opciones en el aire, siempre con la posibilidad de tomar una de ellas. Pensamos equivocadamente que mantener nuestras opciones abiertas es lo más inteligente. Puesto que existe la incertidumbre, es bueno ser flexible y mantener muchos caminos abiertos, distintos proyectos, distintas líneas de actuación, etc.
En su lugar, hemos de ser tajantes, decisivos, decir no y no tomar prisioneros: hemos de matar implacablemente algunas opciones, acciones, proyectos, direcciones vitales. Hemos de nuncanizar con vigor y rapidez. Hemos de convertirnos en asesinos de posibilidades, acostumbrarnos a cerrar puertas detrás de nosotros y no quedarnos mirando a las cerradas.
Nuncanizar. Hacer una poda minimalista. Decir que no para toda la eternidad, esto es lo verdaderamente difícil, eso es lo que realmente va contra nuestra naturaleza mental. Decir no es lo que nos permite centrarnos en cuerpo y alma en unas pocas acciones y direcciones elegidas y descartar el resto. La postergación y la parálisis por el análisis dependen la mayor parte de las veces del miedo de no atrevernos a cerrar caminos, a quemar las naves, a decir no.
NUNCANIZA, di que no, múdate al mundo de nuncajamás y céntrate en unas pocas cosas, personas, proyectos, acciones y vidas posibles.
No entiendes nunca nada hasta que no lo aprendes de más de una manera.
–Marvin Minsky
Mi sistema minimalista está organizado alrededor de conceptos, principios, proyectos, acciones y reglas minimalistas.
Son las reglas del minimalismo las que más controversia suscitan. A lo largo del tiempo he generado varias decenas de reglas altamente específicas que prescriben mi comportamiento en distintas situaciones y escenarios.
Solo por mencionar algunas de mis reglas minimalistas:
Además, herramientas como los rituales, la técnica pomodoro y mi sistema de organización de la acción, contienen multitud de procedimientos o pequeños algoritmos, como las 5 grandes rocas o la MIT, que permiten organizar mi actividad diaria.
Tomadas en conjunto, a botepronto, parecen un montón de reglas dignas de un obsesivo-compulsivo o de un perfeccionista o un cabeza cuadrada amante del control y la organización. Consultad algunas de las reglas más chocantes para corroborar esta impresión.
Si eres una persona que cree en la espontaneidad, en dejarse llevar por el flujo o con ciertas pretensiones creativas, tanta regla puede parecer una constricción antinatural e innecesaria del comportamiento y del mismo gozo de vivir.
Si llevas tu disgusto al extremo, puedes pensar que soy una especie de robot social; uno que es capaz de escribir varios artículos a la semana, con corrección gramatical y con ciertos destellos de inteligencia natural, pero en el fondo poco fresco, sin atisbo de espontaneidad o sentido del humor.
Si revisas mis artículos, sobre todo los escritos por versiones más antiguas de Homo Minimus, notarás un estilo aséptico, lógico, con el repertorio emocional propio de un asperger. Mis artículos son coherentes, bien estructurados y tiene un cierto aire de teorema: estas son las premisas, estos son los razonamientos deductivos, y estas son, por tanto, las conclusiones.
Ciertamente, en versiones más recientes de Homo Minimus he mostrado rasgos más humanos, he aludido a algunos episodios biográficos y he iniciado proyectos de carácter experimental como el Proyecto 52 dirigidos a aumentar mi coeficiente de socialización. En ocasiones incluso ha habido intentos de romper algunas convenciones y aumentar la interacción con personas físicas cuidadosamente seleccionadas a través de la regla de las cuatro efes.
Pero si eres perceptivo, sensible y escéptico, bien podrías pensar que estos rasgos entrañables de Homo Minimus son simples mejoras en sus algoritmos de escritura que buscan dotarle de un tono más personal, más cercano y ganarse emocionalmente a la audiencia. Mi entrenadora en creatividad, Anca Balaj, ha desempeñado un importante papel en el diseño y programación de estas últimas mejoras del sistema.
Reconozco mi naturaleza robótica
No voy a negar que esas reglas forman parte de mi vida y que dirijo mi comportamiento según ellas. Empleo muchas herramientas altamente formalizadas como los rituales, la técnica pomodoro y una versión idiosincrática del GTD de David Allen. No siempre las ejecuto al 100%, pero no es por falta de determinación o porque mi espontaneidad a veces venza a mi compulsión reglamentadora; es simplemente porque mis habilidades ejecutivas de dirección de la acción (mi fuerza de voluntad, en términos humanos) no están todavía perfeccionadas y mis algoritmos de control son todavía manifiestamente mejorables.
Mi norte es implementar mis reglas y principios con la fiabilidad con la que un avatar responde a los comandos de un jugador de rol en línea o un personaje de los sims obedece las órdenes del jugador que lo controla. Las intenciones de implementación y los principios de diseño de rituales son algunas de las técnicas que estoy empleando para mejorar mi capacidad de implementación de decisiones.
Así que sí: soy un robot. Vuestros temores y velado disgusto están bien justificados. Lo que veis de cuadriculado en mí es cierto. Para una versión primitiva de las especificaciones de Homo Minimus podéis consultar Homo Minimus 1.0.
Y no solo es cierto, es una pequeña parte de mi cuadriculez. Guardo muchas reglas no publicadas y están en marcha varios prototipos de mejora de mis funcionalidades.
Ya estáis avisados. En el futuro no podréis alegar ignorancia o duda.
¿Quién querría seguir a un robot?
Tras esta revelación consideraré legítimo y hasta consecuente que os deis de baja en vuestra suscripción a Homo Minimus. No os guardaré rencor; no por algún principio moral basado en alguna tradición religiosa o moral milenaria; sino porque tengo una rutina programada que evalúa el rencor como una emoción no funcional que reduce mi velocidad de procesamiento y crea UPAs en mi memoria de trabajo ralentizando el desempeño general del sistema.
Pero esta no es toda la verdad. Es solo una parte de la verdad. Y creo que alguien ha de hacer el trabajo sucio de deciroslo: vosotros sois como la Rachel de Blade Runner: replicantes que no sabéis todavía que sois replicantes, y pensáis que sentís como seres humanos espontáneos, impredecibles y capaces de emociones al margen de la lógica y la necesidad.
Vosotros también sois robots. Igual que yo. Algunos pertenecéis a versiones más antiguas y otros a versiones tan evolucionadas que ya habéis olvidado vuestra naturaleza robótica y os consideráis en un plano superior.
Quizá no habéis desarrollado una conciencia tan acendrada de la magnitud de vuestro comportamiento automático o quizá habéis decidido olvidarlo en un cierto punto porque es una creencia no funcional que mina la capacidad de autodeterminación y vuestra sensación de libre albedrío.
En cualquier caso, sois agentes inteligentes igual que yo, capaces de comportamiento autodeterminado, de generar fines y generar estrategias para emplear los recursos que tenéis disponibles, tanto internos como externos. Sois capaces de reprogramaros y eso os hace diferentes de otros robots biológicos, más ceñidos al instinto y el comportamiento reflejo.
Reformulando la pregunta inicial: ¿quién querría leer a un agente inteligente autoprogramable?
Respuesta: Otros agentes inteligentes autoprogramables con un importante defecto de fabricación: el deseo de mejora constante y de ampliación de las posibilidades de acción.
Esta voluntad de mejora nos lleva al intento de diseñar nuestra vida en conjunto. Esto incluye no solo la reducción de objetos y la poda minimalista habitual, propia de los minimalistas más superficiales, sino también el diseño y optimización de nuestras rutinas mentales y modelos del mundo. El minimalismo existencial es un conjunto de principios de diseño de vida que estamos intentando implementar en nuestras mentes y reflejar en nuestras acciones.
Nunca se ha diseñado un computador que sea consciente de lo que está haciendo; pero la mayor parte del tiempo, tampoco lo somos nosotros.
–Marvin Minsky. Teórico de la Inteligencia Artificial.
Los amish son una comunidad étnica-religiosa de origen alemán y de religión cristiana anabaptista que vive en territorios rurales de Estados Unidos. Se caracterizan por un estilo de vida simple, humilde y pacifista; sus ropas son las del siglo xvii y xviii, se desplazan en caballos y carretas; son extremadamente minimalistas en su forma de vivir. Viven de manera muy sencilla, alejados de la corriente y dan mucha importancia a los lazos familiares y comunitarios. Los que vistéis a Harrison Ford en Único Testigo recordaréis a los vecinos de un pueblo amish colaborando en la construcción de la casa de una joven pareja que acababa de casarse.
Los amish llaman «El patio de recreo del diablo» al mundo fuera de la comunidad, al mundo de los «ingleses»; es decir, de los norteamericanos que no son amish.
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Rumspringa: mito y realidad
Hay un periodo de la vida de los amishs que recibe el nombre de «rumspringa», que significa «deambular o corretear». Coincide aproximadamente con el periodo entre los 16 y 18 años, lo que podríamos llamar aquí adolescencia tardía. En esta etapa de la vida el joven ha de decidir sobre su vida, buscar una esposa o marido y decidir si asumirá la vida amish con todas sus consecuencias aceptando las reglas de su religión plenamente y bautizándose. El bautizo en esta comunidad es una decisión adulta, libre y responsable, no una imposición de nacimiento, como el baustimo en el catolicismo o la pertenencia a la comunidad de creyentes musulmana.
Algunos documentales, como el Devil’s Playground de National Geographic, han mitificado el rumspringa; lo han considerado como un rito de paso en que los padres amish animan a los jóvenes a que exploren el mundo, se separen de sus familias, y transgredan las normas. Al final, se espera que el joven tome la decisión de bautizarse y seguir en la comunidad, o bien la abandone.
En el documental mencionado se presenta al rumspringa como una etapa de la vida en que tienen permitido comportamientos inaceptables para los adultos: la experimentación con las drogas, el sexo fuera del matrimonio y las tentaciones de la sociedad de consumo americana, el patio de recreo del diablo. Se da a entender que el rumspringa es una especie de catarsis por la vía del pecado o una vacuna moral que puede servir para inmunizar al joven amish contra las tentaciones de los «ingleses» y ayudarle a sentar cabeza.
Parece que hay mucho de mito en esta visión del rumspringa y que no es cierto que haya un rito de paso institucionalizado en que los padres amish animen a sus hijos adolescentes a salir de casa y violar las reglas morales. Los padres de esta religión no son distintos a otros padres; quieren que sus hijos adolescentes se responsabilicen, se hagan autónomos e inicien una vida adulta; no que sean desafiantes o rebeldes con las normas de su religión.
El rumspringa tiene más que ver con el periodo de búsqueda de pareja y el tránsito a la vida adulta, que se consuma en el bautizo y la incorporación formal al mundo adulto de la comunidad amish.
Sea cierto del todo o no el rumspringa y su licencia para pecar y corretear en el patio de recreo del diablo, me parece una idea seductora, como todo lo que tiene que ver con el Maligno.
Moratoria psicosocial
Los ritos de paso son muy comunes en muchas sociedades tradicionales y primitivas, y están claramente delimitados con rituales para marcar la transición a la edad adulta.
El psicólogo Milton Ericsson acuñó el término «moratoria psicosocial» para designar a la costumbres más o menos institucionalizadas que en la sociedad permiten experimentar distintas opciones de vida, transgredir las convenciones, y probar con distintas identidades.
[…] [El concepto de moratoria psicosocial] equivale a la idea de “tiempo muerto” en la búsqueda de la identidad, al constituir un momento de intensa interacción con el entorno, ya sean personas, objetos, sentimientos, etc. aplazando las posibles consecuencias, convirtiéndose así en una especie de “campo de pruebas”. Por ello, se trata de una especie de experimentación, que es comprendida y permitida externamente por quienes rodean al individuo. La moratoria facilitaría el desarrollo del yo y la percepción personal de lo que da sentido a la vida; en suma, se facilita el desarrollo de la identidad.
–Wikipedia
En sociedades más simples, los ritos de paso marcan la transición del joven a la vida adulta. En las sociedades modernas, estos ritos están más desdibujados pero subsisten en diversas formas:
El tiempo de la universidad, que se considera un tiempo para la salida del ámbito paterno, las relaciones sociales intensas fuera del círculo familiar, y la experimentación antes de la graduación, el trabajo y la formación de una familia.
Las fiestas y carnavales, en que se institucionaliza la transgresión y se permiten comportamientos variopintos.
La misma adolescencia, en que el joven todavía tiene permitido comportamientos más volátiles y experimentales y en que las transgresiones de la norma son más toleradas.
Para el minimalismo existencial y para el diseño de vida en general, es muy importante este concepto de moratoria psicosocial. Aunque en sociedades tan complejas y de evolución tan rápida como la actual, los ritos de paso hayan perdido aparentemente su razón de ser, hoy más que nunca necesitamos moratorias psicosociales en los que experimentar con la identidad y los valores.
¿Y si jugamos de nuevo en el patio de recreo del diablo?
La moratoria psicosocial y los espacios de experimentación son indispensables para el desarrollo de nuestra identidad o personalidad. La diferencia con épocas pasadas es que ahora somos nosotros mismos los que debemos proporcionarnoslos, no debemos ni podemos esperar a que las instituciones lo hagan por nosotros.
En un artículo anterior vimos como el diseñador alemán Stefan Sagmeister se regalaba sistemáticamente un año sabático cada siete años y usaba ese tiempo como una forma de explorar nuevas direcciones artísticas y reinventarse.
El rumspringa no tiene por qué estar limitado a la adolescencia, podemos volver a la adolescencia varias veces a lo largo de nuestra vida, con 20, 30, 40 o 70 años. ¿Por qué no? ¿Por qué no tomarnos tiempos muertos de cuando en cuando y llenarlos de vida? ¿Por qué no promover el cambio por el cambio? ¿Por qué no volver a jugar en el patio de recreo del diablo?
Tarde o temprano al escritor de blogs –a este escritor de blogs al menos– le asedian las dudas sobre su actividad. En una noche en que los demonios interiores te cogen con la guardia baja, uno se pregunta sobre el sentido de lo que hace y escribe, y a veces siente su futilidad e insignificancia.
Durante meses uno escribe sus artículos para explorar un tema o para comunicar una visión de un tema. En textos de entre 500 y 1500 palabras intentas día a día expresar tu visión del mundo o de una parte del mundo. Y cuando echas la mirada atrás y contemplas lo escrito puedes ver un montón de letras inconexas que balbucean lo que no eres capaz de expresar o captar.
El escritor es siempre un ser que balbucea, esto es algo inevitable. El escritor de blogs es alguien que balbucea y, además, tartamudea: repite una y varias veces las mismas sílabas, se repite hasta que alguien diga basta o el lector retire la mirada; se entrecorta, pierde el ritmo, vuelve a tomarlo, se agota y agota a quien le lee.
Para un autor minimalista, la escritura debería ser la quintaesencia del pensamiento, de una tupida red de asociaciones que precipita en un sedimento simple, claro y profundo. Ese era mi ideal cuando comencé a escribir. Pero ahora vuelvo la vista atrás y solo veo torpes y fragmentarios pasos, intentos de decir algo que nunca fructifican; es decir, la vida misma retorciéndose.
Pero hay una esperanza
Pasado el vértigo existencial y posmoderno tras haber dormido nueve horas, en la mañana, ya lejos los ansiolíticos vahídos de la noche, me despierto descansado y más tranquilo. Entonces pienso que esos artículos desperdigados a través de mil días y mil noches esconden un secreto, que las asociaciones existen; que, a pesar de la variedad de temas y perspectivas, hay una figura o sensación que emerge y quizá haya unidad. La fragmentación puede tomar forma, y lo que no era más que un síntoma de una personalidad desintegrada, azarosa, que pensaba y hacía a salto de mata, emerge como un submarino de las profundidades.
Después de todo, había algo coherente, algo consistente, tras el torrente de palabras: había una forma, había algo que decir.
Minimalismo puntillista
Los puntillistas de finales del siglo XIX, vanguardia del movimiento impresionista, buscaron expresar la realidad a través de puntos de color puro. El término puntillismo, igual que el de impresionismo, fue usado por los críticos en un principio tanto para describir el nuevo movimiento como para mofarse de él. La ridiculez de «puntear» la pintura, en vez de expresar las formas según las técnicas clásicas, era demasiado evidente.
En la pintura clásica el efecto de color se lograba mediante la combinación de color en la paleta; en el puntillismo puntos de color puro se arraciman unos junto a otros, y el ojo y la mente del espectador se encargan de integrar esos puntos simples en una combinación con una variedad de tonos.
El puntillismo aprovecha los efectos de la Gestalt de la percepción para a partir de puntos simples crear un efecto conjunto expresivo y estético. Los artículos de este blog ahora pretenden lo mismo: ser puntos de comprensión más o menos pura que, contemplados desde la distancia y en su conjunto, se asocien en la mente del lector como una imagen integrada en una variedad de combinaciones y matices distinta de los puntos simples que la conforman.
Para ello, habrá que tomar distancia y habrá que leer muchos artículos hasta que emerja el efecto.
La mente humana es puntillista
Pero lo que digo de la pintura puntillista y de la lectura de un blog que aparentemente es una colección inconexa de ocurrencias, lo podríamos decir también de un pensador aforístico como Nietzsche o Ciorán y de otros pensadores asistemáticos. Y quizá de todo nuestro esfuerzo mental por hacer transitable la realidad.
Y bien pensado, lo podríamos decir también de nuestra existencia en su conjunto: podríamos usar la analogía de Steve Jobs en su famoso discurso en Stanford en que comparaba la vida a un diagrama de puntos en que el dibujo final solo se ve después de unir los puntos:
[…] De nuevo, no puedes conectar los puntos mirando hacia adelante, solo los puedes conectar mirando hacia atrás; por eso tienes que confiar en que los puntos de alguna manera se conectarán en el futuro, tienes que confiar en algo, tu dios, destino, vida, karma, lo que sea; porque creer que los puntos se conectarán a lo largo del camino, te dará la confianza para seguir a tu corazón, incluso cuando te lleve fuera de los caminos trillados. Y eso marcará toda la diferencia.
Vivimos anticipando, pero comprendemos la vida –y cualquier cosa– retrospectivamente. Incluso, nos comprendemos a nosotros mismos y lo que escribimos al cabo del tiempo y viendo la figura que emerge de los puntos que fuimos marcando con cada una de nuestras acciones.
Confiad, amigos, se hará la luz al final del camino.
[La analogía entre puntillismo y minimalismo se la debo a mi amigo mínimamente minimalista Iván, de http://entusiasmado.com/]
En relación a la propaganda, los primeros defensores de la alfabetización universal y la prensa libre visionaron dos posibilidades: la propaganda podría ser verdadera o podría ser falsa. No previeron lo que de hecho ha ocurrido, sobre todo en las democracias capitalistas occidentales: el desarrollo de un gran sector de medios de comunicación de masas, no preocupados en su mayor parte con la verdad o la falsedad, sino por lo irreal, por lo más o menos irrelevante. En definitiva, no tuvieron en cuenta el casi infinito apetito del hombre por las distracciones.
–Aldoux Huxley. 1958
Según vimos en Infoxicación e ignorancia selectiva, el sesgo de novedad y el carácter oportunista y exploratorio de la especie humana nos ponen en dificultades en un medio denso en información. Buscamos lo nuevo por lo nuevo porque lo que resalta sobre el fondo de lo familiar y cotidiano es fuente de amenaza u oportunidad, y nos impulsa a alguna acción que percibimos beneficiosa. Está en nuestros genes. Nuestra historia evolutiva nos ha conformado en esta dirección.
Los medios de comunicación, como empresas que son, fabrican o crean aquello que apela a alguna de nuestras necesidades humanas. No fabrican necesidades o deseos, como se suele decir; no instalan necesidades en nuestras psiques, sino que nos venden aquello que ya tiene valor subjetivo para nosotros. Las ofertas comerciales, en concreto las informativas y de entretenimiento, no hacen más que llover sobre el terreno mojado de necesidades y tendencias preexistentes en el ser humano.
A los medios de comunicación de masa tradicionales ahora podemos añadir las redes sociales, facebook, twitter y demás; y los nuevos entretenimientos en línea: Youtube, Starcraft, Secondlife, juegos de rol, chats, etc. Nuestro instinto gregario se encuentra terriblemente estimulado en estos entornos de virtualidad social.
Adaptación hedónica
Podríamos declarar la siguiente ley sobre la psicología humana:
Cuanto más insatisfactorio es un estímulo más necesitamos aumentar su intensidad o variarlo.
El fenómeno de adaptación hedónica hace que cualquier estímulo varias veces repetido termine hastiando y nos impulsa a la búsqueda de otros diferentes o más intensos. Suele ocurrir que los estímulos recibidos pasivamente y que se basan en la novedad por la novedad son los primeros que nos cansan y nos decepcionan. Sobre ellos hemos de mantenernos especialmente vigilantes.
Privilegio de lo fácil y lo inmediato
Lo inmediato, lo nuevo y lo fácil tendrá un lugar siempre privilegiado en nuestras mentes. Lo arduo, lo que lleva tiempo, lo que necesita de una alta energía mental de activación, seguirá existiendo, pero probablemente sea siempre consumo de minorías. Esto es algo con lo que tenemos que contar.
No hemos de rasgarnos las vestiduras. Como siempre, el problema no es que haya una oferta de noticias o productos culturales estereotipados, rutinarios o de baja calidad, el problema está en el lugar que estos ocupen en nuestras vidas.
La comida rápida cultural, social, informativa o de entretenimiento puede formar parte de nuestra dieta esporádicamente y nuestra vida no se verá muy afectada. Lo preocupante es cuando esa comida basura cultural se convierte en la norma y deja de ser la excepción.
¿Qué podemos hacer?
Desarrollar un criterio personal que se base en nuestras metas. Definir nuestros blancos informacionales y luego buscar los medios para alcanzarlos.
Mantener la consciencia de nuestras acciones en materia de información y entretenimiento. La inercia y la imitación social son fuerzas muy poderosas; solo se pueden vencer mediante la conciencia de nuestras opciones y acciones.
Moderar nuestra exposición a los medios de comunicación de masas.
Urbanizar nuestro entorno para que nos expongamos a medios elegidos. ¿Es necesario tener una televisión en la casa? ¿Es necesario escuchar música cuando conducimos?
Favorecer la participación activa en materia cultural: escuchar música está muy bien, pero, ¿por qué no aprender a tocar un instrumento? Leer está bien, pero por qué no escribir un blog donde comentas sobre lo que lees o haces tus pinitos literarios.
Convertirnos en «prosumidores», consumir información y también producirla . La web 2.0, los wiki, los blogs, los foros, y en general todos los medios que favorecen la participación y la colaboración
Crear espacios en blanco o oasis informacionales libres de interferencias. Actualmente es muy díficil encontrar lugares y momentos para la contemplación si no los creas deliberadamente.
Asumir la responsabilidad del consumo de información y entretenimiento. Hay multitud de opciones saludables y enriquecedoras proporcionadas por las empresas y organizaciones sociales: es tu responsabilidad buscarlas y elegirlas.
La riqueza informativa genera una pobreza en la atención. Es obligación nuestra el gestionar el recurso escaso de nuestro tiempo y atención.
Vivimos en una cultura tan preocupada por la gratificación inmediata y sentirse bien en todo momento que no es extraño que la confianza, que tan bien sienta, sea uno de los becerros de oro a los que adoramos.
La frase de Henry Ford, «Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estás en lo cierto «, ha sido repetida hasta la extenuación como un mantra y un axioma indubitable. Es el tipo de verdad evidente que parece profunda y que deja un buen sabor de boca después de ser proferida. Qué fácil sería todo si simplemente fuera una cuestión de confianza. Bastaría con que nuestra sentimiento sobre las posibilidades de éxito de algo fuera la garantía de conseguir ese algo.
El argumento es el siguiente: tu motivación depende de la confianza que tengas; si no confías en que puedes lograr algo, entonces no lo emprenderás o lo harás con poca energía, con lo que tus posibilidades de tener éxito son bajas. En cambio, si confías en ti, si eres optimista con respecto a lo que puedes lograr, entonces pondrás tu cuerpo y alma en la empresa, y es casi seguro que vencerás.
Por lo tanto, el estado mental es el que determina el futuro. Así que cambia tu estado mental, tu confianza, y cambiarás el futuro. La lógica parece irrefutable y la evidencia subjetiva parece fuerte. Después de todo, hay una correlación: cuando nos sentimos confiados las cosas van bien y nos sentimos animados.
Ya, esto está muy bien, pero… ¿qué hacer si no tengo confianza?
La respuesta es tautológica: si no tienes confianza es porque no te sientes confiado y tienes que hacer algo para estarlo. ¿Cómo recomiendan los psicólogos populares que recuperes la confianza?
Usa afirmaciones del tipo «Yo puedo conseguirlo» .
Visualízate con el trofeo en la mano, siendo felicitado por tu trabajo o en brazos de la mujer de tus sueños.
Rodéate de gente positiva que te proporcione confianza y te anime.
Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué tipo de persona va por la vida repitiéndose «yo puedo», «Nada me puede parar», «Seguro que lo consigo»? Tengo la sensación de que no es la persona que logra cosas, sino la persona perezosa o medrosa que prefiere dedicar el tiempo a cambiar su estado mental y no a hacer el trabajo sucio de intentar y equivocarse.
Algunas dudas sobre la importancia de la confianza
Cuando un jugador está en racha, pongamos en el baloncesto, decimos que tiene la mano floja, que se siente confiado, y explicamos las rachas por esa confianza interior. La cuestión es: ¿es la confianza la que crea los resultados o son los resultados los que hacen varíar la confianza? En el imaginario colectivo parece que se pone el énfasis en lo primero: para emprender acciones y lograr resultados necesitas antes tener confianza.
Pero quizá no sea así. En el caso del baloncestose ha comprobado que las presuntas rachas, que parecen ir unidas a una gran confianza, no son tales: no son más que series probables dentro de un fenómeno aleatorio; es como si tiraras 5 veces la moneda y sacaras 5 veces seguidas cara: te parecería algo sorprendente, y tenderías a relacionarlo con algo: el destino, el giro especial de tu muñeca, tu confianza en sacar las caras o tu poder mental. El hecho es que una racha de 5 veces caras es algo que ocurre por término medio una entre treinta y dos veces. Lo mismo lo podemos aplicar al baloncesto y a muchas otras actividades en la vida.
¿Y qué decir sobre que si no tenemos confianza no estaremos motivados?
No son los acontecimientos con una recompensa más probable los que más nos motivan; al contrario, una probabilidad muy alta de lograr algo nos hace perder la motivación. Según estudios del circuito neurológico de búsqueda parece que el tipo de meta más motivante es la que tiene un 50% de probabilidad de éxito. Esta cifra parece muy alejada de la necesidad de tener confianza plena en el éxito para estar muy motivados.
Por qué el énfasis en la confianza es contraproducente
Si no tienes esa confianza, no comenzarás o te costará más comenzar.
Pondrás el énfasis en cambiar tu estado mental en vez de cambiar el las circunstancias del mundo externo para que estas te faciliten el logro de tus metas.
El estado subjetivo de confianza es muy variable, depende mucho del momento, y a veces de circunstancias que no tienen nada que ver con el proyecto en curso.
Harías mejor en dedicar tu atención y esfuerzo a percibir la situación real actual y en crear estrategias que en perder el tiempo intentando dilucidar si tu confianza es óptima esta mañana y si necesitas ponerte una canción de la película Rocky para mejorar tu ánimo.
Raramente la confianza nos da una imagen fiable de nuestra cercanía a la meta.
Es natural que cuando estás empezando algo nuevo y aprendiendo no te sientas confiado.
Sentirse confiado siempre, independientemente del nivel de dificultad de la tarea, es estúpido.
Si hay algo verdaderamente valioso para ti te arriesgarás, podrás pasar por encima de la falta de confianza y avanzarás.
Es más probable que los resultados generen confianza que al contrario.
Una vez que consideras que quieres obtener algo valioso para ti la preocupación por la confianza es una distracción o evitación de la acción.
La humildad es mejor que la confianza
La humildad es el antivalor que puede sustituir, o al menos sobreponerse, a la confianza. Es una virtud en el sentido tradicional cristiano, pero es un antivalor respecto al espíritu de los tiempos:
«Aumentar la humildad» ——> resultados google —> About 1,010 results (0.18 seconds)
«Aumentar la confianza» ——> resultados google —> About 1,670,000 results (0.24 seconds)
Según Alan Furth, de Minimum Opus, las relaciones más horizontales–y menos jerárquicas– propiciadas por Internet harán que la humildad entendida como apertura mental y antídoto contra el endiosamiento y el egocentrismo emerja como valor central en el siglo XXI:
La horizontalidad extrema de las redes distribuidas rescatan el valor de la genuina humildad como un atributo del carácter, tal como se ve en la ética que emerge en las comunidades de desarrolladores de software libre (como parte de un conjunto complejo de valores que se refuerzan mutuamente). Y en términos más generales, las culturas de las organizaciones basadas en redes distribuidas pueden caracterizarse como relatos en los que predomina la humildad de la lírica sobre la arrogancia de la épica.
Alan Furth defiende convincentemente el valor de la humildad en el siglo XXI. La interpreta como un reconocimiento de nuestra pequeñez ante la inmensidad del universo y del conocimiento; sobre todo, de nuestra falibilidad; no como fruto de la sumisión al poder.
La humildad es crucial para mantenernos conscientes de nuestra falibilidad.
Independientemente de cuanta experiencia, conocimiento o destreza podamos tener en un campo determinado, siempre tenemos que mantener un mínimo de apertura mental hacia cursos de acción potencialmente mejores que aquel con el que actualmente estamos comprometidos.
Dejar que los propios argumentos sean «aplanados» de cuando en cuando.
En resumen
Una vez que hayas decidido emprender un proyecto y aceptado el riesgo, olvídate de la confianza o desconfianza en tus posibilidades . Céntrate en lo que ocurre a tu alrededor y en llenar con acciones la brecha entre lo que existe ahora y lo que quieres que exista. La confianza es un dato emocional más, pero no una variable que tengas que modificar. Va y viene sola. No te preocupes por ella. Soporta la incertidumbre, vive con ella.
No necesitas confianza, lo que necesitas es competencia.
Practica y desarrolla la virtud de la humildad, reconoce tu falibilidad como ser humano, sigue aprendiendo. Muéstrate abierto y dispuesto a cambiar. No mantengas una imagen exagerada de ti mismo.
Hay cosas que puedes lograr y cosas que no. Es difícil que sepas con certeza de lo que eres capaz hasta que lo has hecho. No eres omnipotente ni omnisciente. Sin embargo, como el héroe, puedes emprender proyectos sin tener certezas ni confianza completa en que lleguen a buen puerto.
Gran parte de las empresas humanas más valiosas empezaron como saltos en el vacío
Una buena actitud no sustituye a la competencia. La competencia no se logra repitiendo afirmaciones positivas y acudiendo a cursos de motivación. Punto.
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Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:
Considero que hay un aspecto de la poda minimalista que a menudo queda olvidado o que ni siquiera es reconocido: los lastres mentales y el exceso de teorías sobre el cambio personal. No necesitamos más teorías, necesitamos muchas menos. Aquí también hemos de pasar la guadaña y segar lo que sobra.
En Fracasa más, fracasa con gracia comencé criticando y replanteando la idea de fracaso y propugné la necesidad de cometer muchos errores de manera consciente. Incluso, emprendí un proyecto personal de 5 semanas para aumentar el número de errores. Algunos lectores comentaron que no veían necesidad de buscar los fracasos y que la idea era inútil, casi ridícula.
El mismo rechazo o extrañeza provocó ¡Al diablo con la autoestima!. Esto me ha llevado a pensar que hay un montón de ideas generalmente aceptadas sobre el desarrollo humano que actúan a manera de lastres o de corsés para la expansión vital.
Inversión de valores
Con la serie de Minimalismo diabólico comienzo una serie de artículos que podría considerarse un sacrilegio para muchos ciudadanos bienpensantes-biensintientes. Voy a proponer una inversión de valores, voy a enaltecer antivalores. De ahí la etiqueta de Minimalismo diabólico.
Lo que os encontraréis en las próximas semanas será una purga de valores y creencias sobre la naturaleza humana y el cambio. Algunos de estos artículos os producirán extrañeza, incomodidad y en ocasiones rechazo. Si es así, habré logrado mi meta y os habré mostrado que la luz puede ser oscura y que en lo oscuro podemos encontrar la luz. Nuestro conocimiento de las tinieblas puede irradiar un cierto resplandor.
Se abre el telón
Bienvenidos a un viaje por el lado oscuro del minimalismo existencial. De los espacios en blanco del minimalismo oficial vamos a pasar a la materia oscura y los antivalores del minimalismo diabólico.
Guardad vuestros rebaños, encerraos en vuestras casas, esconded a vuestras mujeres; las próximas víctimas podrían ser vuestras almas.
Tú sabes que yo soy partidario de los grandes fracasos. Que prefiero siempre un fracaso estrepitoso a cien éxitos mediocres; creo que deberíamos medir lo fructífero de un día por el número de fracasos cometidos.
En Fracasa más, fracasa con gracia inicié un proyecto para aumentar mis fracasos durante 35 días. Me hubiera gustado que mis fracasos hubieran sido espectaculares, pero fueron fracasos del montón y además se parecían mucho. El resultado del proyecto fue decepcionante, fue un fracaso en toda regla. Por lo que al fin y a la postre me sentí contento.
Esto podría llevaros a pensar que defiendo una posición megalomaniaca indigna de un minimalista existencial. Pero no es así. Creo que aunque los fracasos tengan que ser estrepitosos los éxitos pueden ser moderados.
Reunión para contar éxitos
Hace unos días, en un curso, se nos puso la tarea de contarnos un éxito reciente en un grupo de cinco personas. Fue desasosegante comprobar que por mucho que buscara en mi memoria no encontraba un triste éxito que llevarme a la boca. Nada de lo que sentirme especialmente orgulloso. Mis otros compañeros tenían éxitos considerables en sentido social o en sus propios términos, pero yo no encontraba nada digno de reseñar. Escuché los éxitos de cada uno, algunos grandes, otros significativos personalmente. Cuando me llegó el turno una chispa se encendió: sí, tenía un éxito.
Mi ridículo éxito
Habitualmente uso zapatillas deportivas, a menos que la etiqueta requiera zapatos. Llevo mucho tiempo usando zapatillas y día tras día me encuentro con que cuando voy por la calle la lazada se descompone y tengo que parar, quizá pedir a mis acompañantes que paren también, y agacharme para volverme a atar las zapatillas. Esto puede ocurrirme varias veces durante un día. ¿Por qué tolero esta pequeña pero pertinaz fricción?
Sería muy sencillo hacerme una doble lazada cada vez que me ato las zapatillas, pero mi impulsividad hace que me conforme con una. Sé que con una lazada simple podré tirar durante algún tiempo. Así que un poco más tarde, poco más de una hora, se deshace el nudo y tengo que volver a hacerlo.
Me he comportado así durante años. Hasta hace unos pocos días en que observé mi perezoso comportamiento y decidí hacer el esfuerzo de hacer una doble lazada. Como resultado, no he vuelto a tener que parar y agacharme en la calle para atarme las zapatillas.
¿Un éxito Insignificante? Quizá. Pero fue significativo.
Actualización del éxito
Javier (ver los comentarios) me hace ver por qué se me desataban tanto las zapatillas: nunca he sabido atármelas. Después de todo no necesito una doble lazada.
«Te voy a pasar un video de TED de tres minutos que me cambió la vida en este aspecto, hay que ver cómo las soluciones más sencillas las tenemos al alcance de la mano…»
Son las siglas en inglés de una regla de la innovación de Tom Peters, descrito por algunos como el «gurú que repintó la dirección de empresas en technicolor»:
Encuentra a un Amigo Friki Lejos de ti (Find a Fellow Freak Far away).
friki. (Del ingl.freaky). 1. adj. coloq. Extravagante, raro o excéntrico.
El factor friki
Digámoslo claramente: la calidad de tu vida intelectual y de tu capacidad innovadora, y que mantengas una mente abierta y despierta, depende de tu habilidad para desarrollar amistades y relaciones con tipos que sean raros, excéntricos, extravagantes o simplemente distintos y que no estén en tu círculo actual.
Si el raro o el friki es muy conocido o lo conoces desde que estabas en el parvulario, está muy bien; pero estaría mejor que lo acabaras de conocer o que no formara parte de tu círculo social. Un amigo friki lejano es alguien que solo por el hecho de acercarse y respirar a menos de 4 metros de ti va a aportar un aire fresco a tu pensamiento y te va a proporcionar un nuevo aroma en tu vida sexual intelectual.
No es porque sus rarezas sean mejores que las tuyas o las de tus amigos convencionales, sino porque sus rarezas son distintas y te parecen raras cuando estás en su círculo de influencia.
Algunas de mis mejores ideas y cambios de rumbo han sido generados o catalizados por estar en presencia de gente nueva. En un comentario o en un argumento o en un gesto me han abierto puertas para mí desconocidas, o de un plumazo han hecho desmoronarse alguno de mis más firmes supuestos o axiomas. Y los amigos o conocidos frikis lo han hecho sin quererlo, sin esforzarse, simplemente siendo.
La importancia de la lejanía
Que te relaciones con gente que viene de lejos («Far away») o que estés tú lejos de tu entorno habitual ya suele ser suficiente para que pongas el contador mental a cero y abras tu mente. Por eso nos suele gustar tanto viajar y nos permitimos experimentar y probar cosas fuera de casa que no se nos ocurriría probar en nuestro familiar ambiente: hablar con extraños (con el anciano de aire espiritual que en tu ciudad hubiera sido un mendigo más), comer comidas exóticas (gusanos tostados en Tailandia, por ejemplo, cuando jamás he comido caracoles o callos en mi país), y bailes tribales (el baile del ceilidhen Escocia, cuando el baile dePaquito el chocolatero en España siempre me ha parecido tan ridículo).
Pero esta lejanía no tiene por qué ser meramente geográfica, no tienes que moverte de tu pueblo o ciudad: puede ser una lejanía social (gente con distinto estatus socioeconómico), profesional, en distinto nivel jerárquico de tu propia organización, distinta ideología, distintos intereses, distinta personalidad (si eres extrovertido, mira qué puedes aprender de un introvertido, o viceversa). La diferencia intelectual y de educación es también muy importante, y la diferencia generacional es todavía mejor: ¿cuántos amigos de 5 años tienes? ¿Y de 80? (no valen tu sobrino ni tu abuelo).
En resumen, pon un friki en tu vida, aunque ahora esté lejos de ti, y verás como un universo de posibilidades aparece ante tus ojos.
En materia de decisiones de compra, nunca mires atrás o te convertirás en una estatua de remordimientos.
–Homo Minimus
Regla: una vez hecha una compra, no vuelvas a comparar o buscar.
Justificación: La compra está hecha, el coste incurrido, y tienes que vivir con la decisión tomada. Si sigues mirando opciones es muy probable que rápidamente encuentres un artículo más barato o mejor o ambas cosas. De hecho, lo habitual es que es en menos de un mes ocurra eso para determinados artículos, como los electrónicos o informáticos.
Actitud optimizadora vs satisfaciente
Después de comprado mi último portátil y de haberme mudado digitalmente, he decidido cortar el flujo de información referente a portátiles y software. Estoy seguro de que en muy poco tiempo podría encontrar una mejor opción y que como consecuencia mi satisfacción con la decisión tomada se reduciría.
No solo es importante considerar pocas opciones (para reducir el coste de búsqueda) ; es también importante que consideres si es suficientemente buena, que tomes la decisión en función de unos requisitos mínimos y luego no mires atrás.
Habitualmente será suficientemente buena. Frente a un comportamiento optimizador, tan común en mucha gente, es mejor adoptar un comportamiento satisfaciente: si la opción satisface los requisitos de prestaciones mínimas y de coste máximo que uno se haya fijado al comienzo del proceso de decisión, esa decisión es correcta (suficientemente correcta).
Hoy en día, además, es muy difícil tomar decisiones rematadamente malas por las siguientes razones:
Si el coste de la compra es bajo y te has equivocado, se subsana rápidamente. Habitualmente el tiempo de búsqueda de la compra óptima no compensa la mejora en la decisión en términos de coste o de prestaciones.
Si la decisión de compra tiene un coste relativamente alto, como en el caso de un portátil, un iPad o algún artículo similar, basta con elegir uno de una marca relativamente conocida (no la más conocida necesariamente): cualquier producto que se mantenga en el mercado ha de cumplir unos requisitos mínimos y tener una calidad suficiente.
Si la decisión tiene un coste muy alto, como en el caso de compra de un automóvil o una vivienda, entonces el tiempo de búsqueda suele ser más grande al ser la decisión más compleja y es difícil cometer grandes errores. Una vez más, no es probable que tomes la mejor decisión posible pero seguro que la decisión es suficientemente buena.
Si quieres flexibilidad y reducir el coste de la compra (y con ello el coste del error), puedes adoptar decisiones de alquiler en vez de compra o simplemente sustituir el bien por uno alternativo que requiera un menor desembolso. Ejemplo: sustituir el coche por el transporte público o la compra de vivienda por el alquiler.
En resumen,
Antes de la compra piensa en tus necesidades y determina los requisitos mínimos que te satisfacen o que serían suficientes.
Después de la compra, no mires atrás, vive con la decisión tomada y no sigas comparando opciones.
No inicies una nueva búsqueda hasta que el artículo comprado deje de satisfacer los requisitos mínimos que te fijaste o estos hayan cambiado.
Estos consejos se sintetizan en uno: cambia la actitud optimizadora por una actitud satisfaciente.
Nuestra historia evolutiva y el carácter oportunista del comportamiento humano hace que estemos siempre escaneando, escrutando el ambiente en busca de novedades; antes era la pieza de caza o el fruto maduro, y ahora es el iPad o el último libro de nuestro autor favorito de best-sellers.
Hemos de ser conscientes de estos reflejos instintivos hacia la novedad y controlar nuestra respuesta. Así moderaremos la avalancha de información y reduciremos nuestros costes de compra. Lograremos un bien escaso llamado paz de espíritu, que solo nosotros, a través de la conciencia y el auto-control, podemos adquirir.
porque quiero hacerlo bien, creo que lo hago más o menos bien (realmente, muy bien), no quiero defraudar, no quiero «bajar el nivel», quiero hacer un buen artículo, me cuesta mucho hacer buenos artículos y tengo miedo de que si escribo más se darán cuenta de que no lo hago bien , de mí veo todos los errores que hay antes de entregar un artículo acabado, de los demás que escriben sólo veo el producto final (y esto me descorazona), tengo 200 pre-artículos medio-empezados pero no acabados porque no son lo suficientemente buenos, me pongo el listón alto pero esto no significa más que tardo mucho en empezar y mucho en acabar, experimento poco (si experimentara más tendría material para escribir dos artículos al día), quiero escribir sin muchas faltas de ortografía o de sintaxis, creo que lo digo es principalmente banal, siento que estoy robando ideas a los demás y que pocas son genuinas, por eso quiero que el robo no se sienta demasiado y tengo que buscar maneras de disimular el robo, pienso que si escribo algo no puedo borrarlo, pienso que si hago alguna estupidez dejarán de leerme, creo que quien hace estupideces es estúpido, hablo de la mentalidad experimental y el sentido del ridículo pero no pongo mi dinero donde está mi boca, no me gusta que se noten los calcos del inglés y de otros que piensan y escriben, me lo pienso mil veces antes de decidirme por un tema, creo que este blog es una estructura que hay que planear cuidadosamente, aunque digo que el blog crece orgánicamente realmente crece según un diseño ideado hace mucho tiempo, porque no me separo de los planos, porque la improvisación se me da mal, porque creo que la improvisación es chapuza, porque es difícil decir cosas con pocas palabras, porque se supone que soy minimalista en la expresión, porque, según dice Rubén Arribas de Aviones desplumados que dijo Baltasar Gracián, más obran quintaesencias que fárragos, porque cada día me salen más palabras a pesar de que querer ser sintético, porque una vez que empiezo no sé dónde acabar
La experiencia es el nombre que damos a nuestros errores
—Oscar Wilde
Los currículum vítae se crean para hacernos parecer capaces, formados, experimentados, fiables y dignos del trabajo al que aspiramos. Tendremos que crear un currículum adecuado al puesto, y que muestre y demuestre lo mejor de uno mismo. Hay todo un arte de la creación de CVs; modelos que emplear, tipo de papel, estructura, qué incluir, qué no incluir, cómo adaptarlo al empleador, cómo destacar de la masa. Etcétera.
Propongo lo siguiente: la próxima vez que aspires a un puesto construye un tipo distinto de currículum. Redacta tu Ridículum Vítae, el detalle pormenorizado de tus fracasos profesionales y existenciales. Lo puedes anexar a tu CV oficial si quieres o —si eres más audaz— entregarlo como única carta de presentación.
¿Rompedor? ¿Excéntrico? ¿Raro? ¿Extraño? ¿Provocará prevención en el potencial empleador? ¿Ni-se-molestarán en leerlo? ¿Tirarán mi RV a la basura?¿Es posible que me incluyan en alguna lista negra de la empresa? ¡¿Del sector?! ¿Seré catalogado como bicho raro o como candidato a alguna enfermedad mental grave? ¿Algún amigo o compañero que tenga noticia murmurará a mis espaldas? ¿Mi jefe llegará a conocer mi RV? ¿Me amonestarán en mi trabajo actual? ¿Me despedirán? ¿Seré condenado al ostracismo social o al exilio laboral ? ¿Mi novia me dejará por algún otro con un CV como Dios manda? ¿Me daré a la bebida y añadiré una nueva línea a mi RV? ¿Terminaré mis días solo, pobre, sin amigos, repudiado por mi familia y el complejo militar-industrial? Respuesta: probablemente sí. Probablemente te ocurran todas o algunas de esas cosas. No podemos descartarlo.–
Consejos para redactar un buen RV
Aceptado ese extremo, ¿qué supondría el redactar y publicar un buen Ridículum Vítae? ¿cómo podríamos estructurarlo y dotarlo de contenido?
—Estructura tu RV por importancia de los fracasos. Un buen RV incluiría un detalle sincero de los principales errores o fracasos profesionales. Busca tu fracaso más sonoro, ponlo en lo alto de la lista. Después en orden decreciente.
Has de provocar el máximo impacto en el reclutador. Tu objetivo es que en dos o tres líneas hayas provocado el pasmo y estés despedido sin ni siquiera haber sido entrevistado. Así, a botepronto, recuerdo un trabajo en el que duré poco tiempo: a la hora renuncié sin despedirme y salí por la puerta buscando praderas profesionales más verdes. Supongo que elegí mal el trabajo o no fui persistente. También podría traer a colación varios proyectos que fueron sonoros fracasos en los que quizá pequé de ambición o bisoñez.
Adicionalmente, podría relatar la vez en que dos guardias de seguridad tuvieron que acompañarme a la salida de mi ex – empresa cuando acababa de ser despedido por no cumplir ciertas reglas. No necesitan ser fracasos muy grandes o que produjeran mucho daño; es más importante que sean ilustrativos de tu actitud y orientación vital.
—Alternativamente, puedes diseñar un RV cronológico en el que detalles tus fallos y fracasos desde la primera vez que entraste en una organización formal hasta la actualidad; podrías empezar con la escuela de pre-escolar, por ejemplo. Uno de mis errores: una vez robé un paquete de chocolatinas a otro niño; lo guardé debajo de la camisa pero la profesora no nos dejó salir del aula hasta que se descubriera al autor del robo o en su defecto se encontraran las chocolatinas. Llegada la hora de salir las madres esperaban fuera y los niños eramos registrados uno por uno. Al final fui descubierto y se devolvió el paquete de chocolatinas a su legítimo dueño. Este hecho en apariencia insignificante, o alguno parecido, puede mostrar algo de tu carácter y de cómo se fue forjando desde la más tierna infancia.
—Personaliza tu Ridículum. Los fracasos, errores, fallos, etc. dicen más de ti que tus éxitos, que tenderán a ser convencionales, previsibles y del montón: seguramente que haya muchos como tú con mejores credenciales académicas, con más proyectos exitosos o resultados en su haber, con más idiomas que tú, con mejores cualidades personales, con más orientación a resultados. Pero seguramente pocos puedan igualar la particularidad de tus fracasos. Explota tus fracasos, sé conciso, ve al grano, no los expliques en demasía como buscando causas ajenas, asume la autoría de ellos con gallardía.
—No dudes en incluir los fracasos existenciales o errores personales más rotundos. El trabajo y el ocio están relacionados, son vasos comunicantes, el aspecto profesional contamina el aspecto personal y viceversa. Saca partido a tus derrotas.
—Prueba siempre que puedas tus episodios más bochornosos. Aporta documentos de las cartas de despido procedente, si las hubiera. Proporciona el vínculo a tu página de facebook y asegúrate de incluir las fotografías del último fin de semana en ese bar de copas; evita la tentación de retirar las fotos más comprometidas. Aporta referencias de gente que conozca el detalle de tus fracasos o que pueda hablar de ti. Ya sabes, que hablen de uno, aunque sea bien.
Si tienes un blog ombliguista, donde te desahogas emocionalmente, proporciona también el enlace. Tu futuro empleador (¿?) tiene derecho a conocer el tipo de fracturas emocionales que escondes y que a primera vista no se detectarían en una entrevista de trabajo.
—En el RV es muy importante detallar las lecciones aprendidas de todos esos ridículos vitales anteriores. Los fracasos son cicatrices que hay que llevar con un cierto orgullo. Toda cicatriz tiene una historia que contar y que forma parte de tu biografía. En el RV esbozas la cicatriz pero sin extenderte demasiado: en la entrevista (que dudo que llege a celebrarse) tendrás posibilidad de ampliarla y explicarla.
—Preguntas que te puedes hacer para extraer lecciones de los ridículos: ¿qué me enseño ese golpe?, ¿qué dice esa cicatriz de mí,?, ¿cómo conseguiré cicatrices distintas en el futuro?, ¿cuál es el hilo conductor de mis cicatrices?, ¿cómo he ido aprendiendo a fracasar mejor?, ¿cómo me levanto con más gracia? Analiza bien tus experiencias (perdón, fracasos) y obtén toda la información que puedas. Esto te servirá para tu aprendizaje tanto como para publicitar el tipo de persona que eres.
—Mantén actualizado tu Ridículum Vítae. Si vas en el buen camino, no dejarás de escribir nuevas líneas periódicamente. Un empleador necesita saber qué clase de derrotas has sufrido últimamente. El mayor peligro es que dejes de cometer errores y te duermas en los laureles. Si hay lapsos o lagunas temporales en tu RV en las que no has sufrido contrariedades, frustraciones o fracasos, tu futuro empleador querrá saber por qué. No se lo pongas fácil, intenta excavar en tu memoria y explorar fracasos en esos tiempos sin aparentes equivocaciones: seguramente existen, pero los has olvidado. El error de los errores es cometer una equivocación y volverte conservador por ello: vuelve a fracasar. Rápido. Ya. ¿Qué haces que no estás fracasando ahora?
—Todo éxito incluye muchos errores. Aprovecha tus pretendidos éxitos para encontrar nuevos ridículos. Seguro que los encuentras. ¿Por qué pudo haber sido mejor y no lo fue? ¿Por qué ese trabajo del que me sentía tan orgulloso no fue espectacular? ¿Por qué mi último proyecto no dejó una muesca en el universo?
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Como puedes haber deducido, se necesita estar hecho de una pasta especial para ser capaz de enviar tu RV a un empleador y ser sincero y objetivo sobre tus experiencias profesionales o vitales. Pero un primer paso es que crees ese RV para consumo personal, que escribas un nuevo relato objetivo distinto a la historia oficial, y que te des cuenta de que esos fracasos son los que te vuelven interesante y dan color a tu vida. Con el tiempo aprenderás a fracasar con eficacia y levantarte con gracia.
Si a pesar de las bondades del RV, estás todavía reacio a enviarlo y tienes miedo a no ser contratado, no te preocupes demasiado: siempre es posible que hagas el ridículo por ti mismo; en solitario o en compañía de otros tan ridículos como tú. –
Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
Un progre es alguien con mala conciencia que se siente en deuda con la sociedad, pero que quiere que los demás paguemos sus facturas.
–Homo Minimus
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Cuando vi este anuncio de Coca-Cola en una parada de autobús, algo que no supe definir rechinó dentro de mí. Una chica de gesto soñador con rastas muestra en un trozo de cartón una declaración de carácter vagamente reivindicativo.
Los anuncios, al igual que los aforismos –a los que soy tan aficionado– son modelos inigualables de comprensión del mensaje y minimalismo en la comunicación. Si esta imagen había llamado mi atención con tanta fuerza, debía de ser digna de ser desencriptada tanto en contenido como en forma.
¿De dónde provenía esta sensación mezcla de desasosiego, extrañeza, sorpresa y remoto fastidio?
Coca-cola, sin duda, captó mi atención, y eso es lo primero que hay que pedir a cualquier anuncio desde el punto de vista de la empresa anunciante. Intentaré desgranar esa mezcla de sensaciones y pensamientos difusos que generó la imagen:
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— La multinacional americana por antonomasia usa la estética 15-M (movimiento de los indignados) para anunciar sus productos. Bien por ellos. Un exponente más del carácter integrador del libre mercado respecto a todos los movimientos y tendencias sociales, incluso los que conspiran contra él.
— Una chica de tez blanca, manos delicadas y gesto lánguido con la media sonrisa de la Gioconda cubre la mitad del rostro con un cartón reivindicativo de noséqué. La ambigüedad de la sonrisa casa muy bien con lo vago del mensaje.
– «TENEMOS derecho». No es un individuo el que hace la declaración, sino un colectivo referenciado por ese «tenemos». Algunos de esos compañeros están en el fondo de espaldas; uno de ellos al menos con mochila. Seguramente son tan tiernos e idealistas como la camarada de la pancarta. Seguramente se sienten más arropados soñando y haciendo dentro de un grupo, aunque sea a costa de la individualidad.
— «Tenemos DERECHO». La famosa palabra: «derecho». ¿Quién no quiere derechos? Todos queremos derechos. Pero estoy esperando (sentado) a encontrar pancartas reclamando obligaciones, o al menos uniendo los derechos al reverso de las obligaciones. A ver si va a ser lo que decía Evita Perón: «Donde existe una necesidad nace un derecho».
–«TENEMOS DERECHO». Parece que hablan de tener un derecho como de quien tiene un páncreas. Algo inmediato, instantáneo y sin responsabilidad, contraprestación, transacción o acuerdo de voluntades.
— Vamos a ver a qué tienen derecho…: ¡A SOÑAR! Vaya, ahora parece que hay que reclamar el derecho a usar la propia mente. Pensaba que eso podíamos hacerlo todos y cada uno de nosotros, incluso en regímenes totalitarios. Pero no… ahora tenemos que reclamar el usar nuestra propia mente… Supongo que es porque no vivimos en una «democracia real» y porque «los partidos no nos representan» y las multinacionales nos dominan (Coca-cola, Apple, Google…).
— «…. Y que se haga realidad». Ajá. «Que SE HAGA realidad». Cómo el «Hágase la luz», pero con un toque más del tipo «que alguien (¿el estado?, ¿la sociedad?, ¿mi vecino?) lo haga realidad». Nótese el impersonal «se haga». No es el «lo haremos realidad» o el «trabajaremos diariamente por hacerlo mejor», sino el desiderativo «se haga».
— Alguien tiene que dejarnos soñar y alguien etérico tiene que hacer nuestros sueños realidad. Es decir, ni soñamos libremente, ni tenemos que hacer algo para lograr nuestros sueños. En su lugar, tenemos que pedir, reclamar nuestros derechos y confiar en que nuestros sueños se hagan realidad, en que nos los hagan realidad.
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Ya dijimos en algún lugar de este blog que el minimalismo es muy loable siempre que no vaya unido a un pensamiento mínimo, porque el minimalismo bien entendido es la sofisticación definitiva. Toda ideología es ya un atajo del pensamiento; un anuncio con mensaje ideológico es un doble atajo del pensamiento; es más, excluye el pensamiento sumiéndonos en emociones.
Ciertamente en este caso, el sustrato ideológico no es más que un medio para un fin legítimo: persuadir a la gente a comprar bebidas refrescantes. Coca-Cola, simplemente, se adapta al espíritu de los tiempos. Pero puestos a persuadir y crear imagen de marca, prefiero un anuncio igual de naif pero más positivo y menos ideológico. Tomemos otro del 2010 también de Coca-cola:
De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno
— San Bernardo of Clairvaux
Convertir las intenciones en acciones consecuentes es una de las cosas más difíciles. Tomemos un ejemplo personal: uno de mis rituales es la plena presencia. Tengo una idea más o menos clara de lo que significa y lo tengo desglosado en 4 sub-rituales en los que me concentro cada semana del mes sucesivamente: plena presencia en el movimiento, en la comida, en el pensamiento-emociones y en la conversación.
El ritual está bien justificado y las veces que lo practico cosecho bienestar y calma. Sin embargo, no siempre consigo recordarlo. Uso el Motiveaider como un disparador táctil-vibratorio para los sub-rituales de movimiento, pensamiento-emociones y conversación con bastantes buenos resultados; pero el ritual de plena presencia en la comida, que es más limitado (sólo en las 5 comidas del día), no consigo practicarlo consistentemente a pesar de revisarlo todas los días de la semana en que me centro en él.
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¿Qué puedo hacer? La estrategia tradicional se basaría en fortalecer la visión de la meta, en recordarme todos los beneficios para la salud y mente que tiene su práctica. Sin embargo, la mera intención y el reconocimiento de los beneficios de un hábito a veces no son suficientes:–
Las investigaciones han mostrado que intenciones sobre objetivos generales (por ejemplo, “Me propongo firmemente alcanzar la meta X”) sólo explican entre el 20% y el 30% de la varianza en el cambio de comportamiento. Después de todo, el comportamiento pasado tiende a ser un mejor predictor del comportamiento futuro de las personas que las metas que se proponen.
He decidido cambiar el enfoque: en vez de fortalecer la visión de la meta, voy a procurar fortalecer la visión del proceso para alcanzar la meta. Es decir, voy a centrarme en el proceso y voy a crear una “intención de ejecución” en vez de reforzar la “intención de la meta”.–
Una intención de implementación es una estrategia auto-regulatoria en la forma de un SI—ENTONCES–PLAN (“Si la situación X se da, entonces ejecutaré la respuesta Y”) que puede llevar a un mejor logro de la meta. Está subordinada a las intenciones de meta, ya que especifica el cuándo, el dónde y el cómo de un comportamiento dirigido por metas.
–Hasta ahora el detonante o disparador del ritual de plena presencia en el comer era el comienzo de la comida, pero no tenía más que la vaga intención de comer con conciencia. ¿Cómo se come con conciencia? ¿Qué significa exactamente? ¿Cómo podría asegurarme de que estoy practicando la plena presencia? Tengo el cuándo (horas de las comidas) y el dónde (mesa) pero me falta el cómo.
Voy a crear una regla altamente específica que convertiré en automática para que me ayude a regular el ritmo en la comida. Tiene que ser una regla que me mueva a comer más lentamente, porque supongo que si consigo comer más pausadamente, podré también ser más consciente de mis movimientos, de los sabores, olores y texturas, y ejercer la plena presencia.
Regla del ritmo en el comer (en el ritual de plena presencia en el comer):
Sólo empiezo a comer después de que el resto de los comensales hayan empezado. Nunca acabo un plato antes de que acabe el último de los comensales. Termino de comer después que el resto de los comensales. Procuro no dejar migas u otros restos en la mesa y mantengo la servilleta bien doblada. Saboreo morosamente el primer bocado de cada plato y el primer sorbo de cada vaso.
Generar automatismos para liberar fuerza de voluntad
Esta regla supone el desplazar la intención y esfuerzos conscientes a un mecanismo automático facilitado por una regla muy concreta qué especifica el cuándo, dónde y cómo. Así puedo liberar fuerza de voluntad y hacer más sencillo el cumplimiento del ritual, la meta, el qué.
Mis reglas del minimalismo existencial son todas ejemplo de estas intenciones de implementación en distintos contextos y pretenden lo mismo que la regla anterior del ritmo en el comer. Son mecanismos automáticos condicionales en forma de reglas SI <X>, ENTONCES <Y> con los que pretendo liberar fuerza de voluntad, uno de los dos cuellos de botella de la auto-regulación.
Un estudio alemán muestra que la persona normal emplea una media de 4 horas resistiéndose a deseos o tentaciones:
[…] A menudo, pensamos en la fuerza de voluntad como en una fuerza extraordinaria que tenemos que invocar para manejar las emergencias, pero no es esto lo que Baumeister y sus colegas encontraron cuando recientemente monitorizaron a un grupo de más de doscientos hombres y mujeres en Alemania central. Estos alemanes llevaron avisadores electrónicos que sonaban a intervalos aleatorios siete veces al día, pidiendo a las personas que informaran si estaban experimentando algún tipo de deseo o si habían sentido recientemente tal deseo. El cuidadoso estudio, dirigido por Wilhelm Hofmann, recogió más de 10.000 informes puntuales desde la mañana a la media noche.
[…] Los investigadores concluyeron que las personas emplean alrededor de un cuarto de sus horas despiertas resistiéndose a deseos —al menos cuatro horas al día—. Dicho de otro modo, si abordaras a cuatro personas de manera aleatoria en cualquier momento del día, una de ellas estaría usando la fuerza de voluntad para resistir un deseo. Y esto no incluye todas las veces en que la fuerza de voluntad se ejercita, porque la gente la usa para otras cosas, como para tomar decisiones. –
Paradójicamente, según Baumeister —en su último libro Willpower—, las personas más voluntariosas y disciplinadas no son las que más esfuerzos de voluntad realizan a lo largo del día. Lo que hacen mejor las personas disciplinadas es el dedicar su fuerza de voluntad a establecer mecanismos automáticos— como el visto arriba en forma de intenciones de implementación—, y a urbanizar su entorno para poder concentrarse de la mejor manera y estar más libres de las interrupciones y tentaciones. Es decir, las personas disciplinadas son más estratégicas en el uso de la fuerza de voluntad, eligen mejor sus batallas.
Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no tiene que perderse; ahí en el aire es donde han de estar. Ahora pon los cimientos debajo de ellos.
—Ralph Waldo Emerson.
Imagen: escaleras mecánicas
Imagina que estás subiendo por una escalera mecánica; una de esas que te encuentras en unos grandes almacenes o en el metro . Das el primer paso y ya estás en ella. Normalmente, ¿qué haces? Sueles dejarte llevar, allá arriba está el final, pero queda todavía mucho. Además, quizá tendrías que pasar al lado de otras personas. La mayor parte de ellas están en el lado derecho, sin moverse; algún impaciente sube andando y alguno hasta corriendo, pero lo habitual es permanecer parado subiendo tranquilamente y pensando en nuestras cosas u observando a otros.
Según vas subiendo, la proximidad del final de la escalera te pone un poco en tensión, ya estás casi allí; quedan quizá 12 o 13 escalones, pero ya sientes la proximidad; fíjate en lo que haces o en lo que hacen los demás: ¿esperan a llegar al final plácidamente como hicieron durante todo el trayecto o suben los últimos pasos?
Verás que muchas veces según te aproximas al final, si no tienes nadie delante, das los últimos pasos; parece que la cercanía del final nos proporciona energía y nos sentimos con fuerzas para subir los 4 o 5 peldaños que nos quedan.
Esos últimos pasos los podrías haber dado al principio, pero lo que quedaba era tan grande que parecía poco respecto a todo el tramo de escaleras mecánicas. Al final del tramo ese esfuerzo tiene una recompensa casi inmediata. –
Interpretación de la imagen
Bien, ahora descifremos la imagen: el paso de entrada a las escaleras es el inicio del proyecto; la altura de la escalera es la duración de un proyecto; nuestra energía, el que nos sintamos con ganas o desganas para subir por nosotros mismos las escaleras, es la motivación a lo largo del proyecto; el final de la escalera es el logro final de la meta planteada o resultado buscado en el proyecto.
Al principio, como hemos visto en el caso de las escaleras, si mantenemos nuestra mente en la meta final (alcanzar el final de la escalera) los pasos pequeños que podamos realizar en el momento resultan insignificantes y es probable que nuestra motivación se resienta: me quedo parado, dejo que pase el tiempo esperando a estar más motivado (por presiones externas o de tiempo, etc.) o simplemente abandono el proyecto.
En cambio, si me enfoco en un objetivo a corto plazo, esa sensación negativa de ver todo lo que falta no se produce, ya no contemplo el proyecto en su conjunto y puedo estar más atento a la acción inmediata. Además, los pequeños avances parecen más satisfactorios al enfocarnos en el corto plazo y no ver el marco general del proyecto . –
Efecto emocional de los retrasos, dificultades y fracasos
Evaluar la tarea y las metas a corto plazo es especialmente adecuado si, como suele suceder en muchos proyectos, el principio es tentativo, experimental, con inicios en falso y con errores propios del aprendizaje. En este caso usual es mejor tomar nota de que el objetivo parcial no se ha logrado en vez de intentar “re-motivarnos” o re-afirmarnos con la meta a largo plazo, pues esta se habrá hecho más improbable después del traspiés inicial. Si me enfoco en el día o la semana, no en lo que me queda hasta la meta final, el impacto emocional de cualquier contratiempo será más reducido y nuestra respuesta más realista y adaptativa.
La meta final está más unida al sentido de uno mismo, nos identificamos más con ella y su no logro puede ser más doloroso para el yo. Las metas a corto plazo o intermedias son instrumentales y unimos menos el valor del yo a ellas.
Perspectiva vs control
La decisión de enfocarnos en metas de alto nivel u objetivos de bajo nivel es paralela a las dos dimensiones clave que hemos de considerar en cualquier sistema de organización personal: perspectiva vs control.
La perspectiva nos permite jerarquizar metas y orientar la acción a lo largo del tiempo de manera eficaz hacia la meta final; en otras palabras, asegurarnos de que los objetivos que nos marcamos en el corto plazo sean los correctos, hacer las cosas correctas (aquí es donde hemos de aplicar el principio de Pareto ). El control nos permite centrarnos en hacer el trabajo cotidiano con la máxima eficiencia, en hacer las cosas correctamente.
Ambos enfoques son necesarios.–
Prescripción sobre el enfoque tarea vs enfoque meta final
–Al principio del proyecto, hay que comenzar con la meta final en mente para preparar un plan de acción y justificar el esfuerzo. Aquí es cuando hay que imaginar el castillo en el aire y diseñar sus cimientos. Miramos hacia el final de la escalera para saber dónde vamos, generamos una estrategia y damos un primer paso que ayude a generar momentum.
Después de haber empezado, y todavía en los inicios o en el medio, es mejor “olvidarse” en cierta manera de la meta y centrarse en el paso inmediato, en el objetivo a corto plazo del día o la semana. Si las cosas van mal o no hay avance, el efecto desmotivador no será tan grande, la fricción emocional será menor. La meta final seguirá en un segundo plano guiando y orientando nuestro esfuerzo, pero nos centramos en el día a día. A esto nos referimos cuando hablamos de “centrarnos en el proceso” más que en el resultado.
Otra ventaja de enfocarse en la tarea o en el objetivo a corto plazo es que podemos reaccionar más adaptativamente; podemos registrar el error o el fallo con más facilidad y corregir nuestras acciones más rápidamente. El foco está en nuestro comportamiento y los resultados que genera más que en nuestra valía personal o el sentido del yo.
Cuando estamos al final, la proximidad de la meta, la luz al final del túnel y la constatación de todo lo que hemos hecho en relación con lo poco que queda por hacer, es ya muy motivante. Aquí sí que podemos evaluar nuestros resultados en función de la meta final y cambiar a un foco evaluativo más general.–
A la hora de evaluar nuestro progreso y orientar nuestra atención, la clave es cambiar adaptativamente entre foco en la tarea y foco en la meta final.
«It’s not a bug, it’s a feature». (No es un fallo, es una característica del programa).
–Réplica del programador a las quejas de un usuario sobre los fallos de un programa
-En cierta entrevista de trabajo me hicieron la nada original pregunta:
–¿Cuáles son tus fortalezas y debilidades?
–… (Silencio suspensivo). A decir verdad… no tengo debilidades.
La cara de pasmo del entrevistador era digna de contemplar. Es probable que dentro del acostumbrado guión de este teatrillo de las entrevistas de trabajo no se encontrara habitualmente con este tipo de respuestas.
–¿Cómo que no tienes debilidades? ¿A qué te refieres?
–Me refiero a que no tengo debilidades.
Silencio de nuevo, quizá algo teatral, pero era divertido y apuré el momento. Sonrió sin convicción con una mezcla de pasmo e incomodidad.
–…Pero ciertamente tampoco tengo fortalezas.
Un cierto alivio se dibujó en la cara de mi interlocutor y asumió un gesto interrogante. Proseguí:
–Realmente no creo en las debilidades y fortalezas absolutas, per se. Yo tengo características, rasgos de personalidad, habilidades, formas comunes de hacer las cosas más o menos fijas, pero no considero que ninguna de ellas sea una tara o laguna personal ni tampoco un don que me sitúe por encima de los demás.
–Pero todos hacemos mejor unas cosas que otras, tenemos unas disposiciones que nos hacen ser mejores o peores…–acertó a completar el psicólogo.
–Así es, pero eso que hacemos mejor o peor depende del entorno en el que nos movemos. Por ejemplo, soy introvertido, lo que en ciertos puestos puede ser una ventaja: si es que se busca alguien introspectivo y prudente o que necesite reflexionar o con independencia de carácter. Pero soy consciente de que este rasgo personal, que no tara o debilidad, es más útil en un tipo de trabajos que otros. Si voy a tener que pasar todo el día con clientes o trabajando en equipo, me sentiré algo incómodo; no quiero decir que no pueda hacerlo si es necesario, pero no será igual que si soy alguien extrovertido que obtiene su energía de estar rodeado de gente.
Ya nada me podía parar y concluí:
–Y ni siquiera esto es seguro; a mí me genera mucha tensión hablar delante de la gente, y esto no sería bueno en teoría, sería una… ¿cómo dijo?… ah, sí; sería una… “debilidad”. Bien, pues esta acusada incomodidad la transformo en una forma de intensidad que me hace irradiar un cierto magnetismo y me vuelve agudo y convincente. Transmito honestidad. Seguro que ya lo ha notado a estas alturas de la entrevista…
–
Por supuesto, el final de la historia ya lo podéis imaginar: me agradeció mi tiempo y me dijo que ya me llamaría cuando acabaran la ronda de entrevistas. Nunca recibí una llamada, lo que era absolutamente previsible. Tampoco importaba, porque esa entrevista no era más que un simulacro, un entrenamiento, un experimento de bajo coste o prototipo. Estaba más interesado en la experiencia de la entrevista que en el trabajo al que presuntamente aspiraba. En aquella época solía ir a entrevistas que no me interesaban incluso aunque tuviera ya un trabajo. –
Queremos estar en otro lugar, ser lo que no somos
Nos pasamos la vida deseando ser de tal o cual manera, tener tal o cual rasgo de la personalidad: sentirnos más seguros de nosotros mismos, más confiados, más brillantes, más inteligentes, más ocurrentes, más simpáticos, más valientes, más… (pon aquí alguno de tus más fervientes deseos). O quizá no aceptamos algún rasgo físico, la nariz, el mal aliento, el ser altos, el ser bajos, lo que sea (seguro que encuentras tu particular bestia negra).
Nos decimos, “si sólo fuera así o asá…”, “si por lo menos tuviera el atractivo de Mengano…”, “si la gente me mirara como le miran a Zutano”, “si tuviera buena memoria…”, “si no fuera disléxico”, “si fuera bueno en los deportes”, “si las mujeres se desmayaran a mi paso”, etc.–
Pero estamos donde estamos, somos lo que somos
En vez de poner el foco de tu atención en lo que querrías ser, o en lo que no querrías ser, en los lastres imaginarios o reales que crees que te obstaculizan el acceso a la eficacia o el éxito o la felicidad o al nirvana, haz estas dos cosas:
1. Piensa en lo que te gustaría ver hecho realidad (tu visión o las cosas, vivencias y situaciones que querrías traer a la existencia).
Por favor, no desees cosas sólo para evitar tus “deficiencias” o “fallos” o “lagunas”; es decir, no intentes usar tus sueños para apuntalar el yo, para hacerlo más soportable o para evitarlo. Serían sueños reactivos, y la dinámica de la creación estaría viciada de inicio. Tampoco pienses si es posible o no. No es el momento de pensar en los medios
2. Observa lo más objetivamente lo que está sucediendo, dentro y fuera–no importa que te guste o no–. Registra la realidad actual interna y externa. Toma nota de lo que está ocurriendo a tu alrededor, de los recursos a tu alcance, de cómo están las cosas actualmente,
En este registro objetivo de la realidad actual puedes incluir lo que sientes, lo que crees, lo que piensas que eres, pero sin confundir las creencias sobre la realidad con la realidad misma. Lo mejor es sacar el yo de la ecuación, para que no se interponga en el camino hacia tu obra. Tampoco hay que negarlo, puedes saber que está ahí y permitir que siga ahí, como una parte más de las circunstancias que puedes moldear y aprovechar para lo lograr lo que más te importe.–
Manos a la obra
Tómate tu tiempo para lo primero y para lo segundo, pero enseguida ponte manos a la obra. Empieza con algo pequeño, sé minimalista en tus sueños. Cualquier sueño es grande.
Elige algo que realmente quieras que exista en tu vida y comienza ahora. La vida es una sucesión de creaciones.
Ya conoces las cartas que te han tocado, tu físico, tu psique, tu temperamento, tus circunstancias personales actuales, incluso tu pasado. Míralas bien, tómalas como un punto de partida y juégalas lo mejor posible. Recuerda, no hay debilidades, lagunas, taras; lo que tienes son características, rasgos, recursos de todo tipo.
Lo que nos distingue de verdad es cómo jugamos las cartas, no las cartas; estas no son más que potencialidades, pero ahora comienza el juego y el trabajo de verdad; ya está generada la tensión, ya puedes empezar el proceso de creación, el proceso de creación de tu propia vida.
Y, sobre todo, mantente flexible y abierto, puedes convertir el plomo personal y de las circunstancias en insospechado oro.
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Empecé a escribir El nombre de la rosa impulsado por una idea seminal: tenía ganas de matar a un monje.
–Umberto Eco
Mentalidad experimental
Cualquier herramienta o técnica ha de probarse en la práctica para comprobar su efectividad y sobre todo para adaptarla al contexto en el que uno actúa. En este blog hemos escrito mucho sobre la práctica deliberada y la mejora continua. Tenemos los conceptos claros y algunas ideas sobre cómo poner en práctica la técnica. Pero la comprensión no será adecuada hasta que no hayamos experimentado por nosotros mismos —y en nosotros mismos— la herramienta.
No es necesario dedicar 10.000 horas (el tiempo mínimo aproximado para alcanzar el expertismo en cualquier campo). Podemos emplear la práctica deliberada (PD) para alcanzar el nivel 10 en una escala del 1 al 10, pero también para alcanzar el nivel 4 en esa misma escala, si es que partimos de un nivel más bajo.
La PD puede emplearse para mejorar rápidamente en cualquier campo o tarea que uno se proponga. La clave es el compromiso, la motivación por conseguirlo, la práctica continuada y la intensidad y concentración de las prácticas.
Resuelvo crear un mini-proyecto que me sirva como prototipo de ejecución de la PD.––
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Mini-proyecto
He decidido mejorar mi velocidad y precisión mecanográfica. Como muchas otras habilidades de la vida cotidiana, esta habilidad que aprendí hace ya años la realizo en moto automático, sin pensar en ella. Si quiero teclear más rápido y cometer menos errores, tengo que romper los automatismos y entrenar deliberadamente. No basta sólo con desear hacerlo mejor o simplemente concentrarse más cuando se escribe.
No me propongo llegar a ser un mecanógrafo de talla mundial. Un mecanógrafo medio profesional puede alcanzar las 50 a 70 palabras por minuto, mientras que algunos puestos requieren llegar a las 80 o 95; algunos mecanógrafos avanzados trabajan a velocidades por encima de las 120 palabras por minuto. El récord mundial está alrededor de las 180 palabras por minuto. Yo puedo estar alrededor de las 40 palabras por minuto.
Mi intención es aumentar significativamente mi velocidad y a la vez aumentar la precisión. Tengo la sensación de que cometo muchos errores y eso es molesto porque tengo que retroceder muchas veces en el texto para corregirlos. Si Umberto Eco empezó su novela por un motivo tan caprichoso como el de matar un monje, creo que yo puedo comenzar este proyecto para matar estos errores que tanto fastidio me causan.
Para fortalecer la motivación y el compromiso con este mini-proyecto, me recuerdo que es una excelente manera de practicar y comprender mejor la PD. Las habilidades que aprenda me servirán para cualquier otro proyecto personal o profesional.
He decidido emplear un programa gratuito, bastante sencillo, que me permite empezar desde cero: Mecanet. No he buscado demasiado (45’’ de tiempo de búsqueda); es el primero que encontré en una lista de programas gratuitos y seguro que es “suficientemente bueno”. Inspecciono rápidamente el programa y resulta adecuado para mis fines.
Sé que si busco más programas, seguro que encuentro algunos mucho más completos, pero decido cortar de cuajo la búsqueda. Se trata de generar momentum rápidamente. Iré refinando iterativamente los instrumentos y las prácticas. Lo primero es ponerse en marcha.
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Medida inicial. 272 pulsaciones por minuto. 93% de efectividad.
Objetivo final. 400 pulsaciones por minuto. 99% de efectividad.
Recursos: 10 días. Prácticas todos los días, incluido fines de semana. 4-8 pomodoros al día.
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Un pomodoro es un segmento de 25 minutos. La técnica pomodoro encaja muy bien con la filosofía y práctica de la PD. Ver detalles de Técnica Pomodoro para más información
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Diseño prácticas
Este es el elemento esencial.
Aunque soy un mecanógrafo experimentado y mi velocidad es aceptable, voy a empezar con las pulsaciones básicas, asdf y jklñ, y a partir de ahí iré construyendo. Empezaré con la lección 1ª y seguiré hasta la 20ª.
El programa lleva incorporado un sistema de evaluación de la lección de 1 a 100 en función de la velocidad y la precisión. Decido no pasar de nivel hasta haber conseguido 100 puntos en cada una. No es especialmente complicado –al menos en las primeras lecciones– .
Además, llevaré a cabo en paralelo prácticas con los símbolos especiales, los que te encuentras en la fila superior del teclado: |@# ·$%&/()=’?¡¿ …
Decido entrenar a distintas velocidades: super-lenta, lenta, rápida y super-rápida. En la super-lenta y lenta el número de errores admisibles es 0. La super-lenta es como un taichí de pulsaciones. En la rápida buscaré el equilibrio entre la velocidad y la precisión (98% mínimo). En la super-rápida me desentenderé de la precisión y buscaré la máxima velocidad.
Al final de cada sesión registraré sistemáticamente los resultados, reflexionaré sobre lo aprendido e iré ajustando las prácticas para lograr los objetivos fijados.
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Construye para aprender
Prototipización
Puesto que se trata de un prototipo, lo pongo en funcionamiento lo antes posible y voy refinando la práctica según los resultados que vaya obteniendo y las ideas que vayan surgiendo durante el camino.
Me pongo un límite de 10 días para conseguir la meta de 400 pulsaciones por minuto y 99% de precisión. Este objetivo es totalmente instrumental, para dirigir el prototipo y motivarme. Es bastante desafiante también. Serían unas 80 palabras por minuto. Creo que es muy difícil de conseguir en tan poco tiempo, pero puesto que me permito un 1% de errores quizá sea alcanzable.
Espero familiarizarme con el concepto de práctica deliberada a través de este mini-proyecto de 10 días. Para aprender, lo mejor es construir rápidamente una versión de lo que quieres aprender. Es una de las mejores formas de aprendizaje.
El video Sé feliz produce alegría y seguramente asentimos a cada uno de sus consejos para ser felices. La canción, además, transmite un tono de ligereza existencial y optimismo muy apropiado al mensaje.
¿Quién no puede estar de acuerdo con casi todos estas sabias y razonables máximas para mejorar la vida y ser feliz? Por otra parte, ¿quién no sabe que hacer ejercicio, dormir bien, leer, ser amable con la gente, agradecido y esas 54 cosas restantes son cosas buenas?
Y sin embargo… no todos somos todo lo felices que podríamos ser… ¿Es posible generar un alma nueva?–
Dificultades con estas reglas y principios o máximas de vida
En los sectores o situaciones en que las huelgas normales no son posibles, algunas veces se recurre a la “huelga de celo” o ,como se dice en inglés, “malicious obedience” (obediencia maliciosa o malintencionada). Los trabajadores siguen presentándose al puesto de trabajo pero cumplen al pie de la letra, con rigidez absoluta, el reglamento. Esta situación produce toda suerte de dificultades y retrasos en la producción y las operaciones habituales. El efecto es incluso peor que el que produciría una huelga tradicional.
Lo mismo ocurre con todos estos consejos: sin saber “obedecerlos” en el momento y lugar adecuado y sin saber hacer excepciones, los resultados no serán buenos.
El problema es que cualquiera de esas buenas prácticas ha de insertarse en el contexto general de tu vida: tu situación personal, familiar, laboral, tus capacidades, tu temperamento, tus gustos, tus filias, tus fobias, etc.
Estoy seguro de que si me aprendo de memoria los 60 consejos del video Sé feliz y los repito 15 veces al día, el cambio no sería sustancial. La dificultad no está en conocerlos sino en interpretar su significado y saber cómo y cuándo aplicarlos. Y luego, cuando llega el momento, realmente aplicarlos.–
A quien madruga dios le ayuda.
No por mucho madrugar amanece más temprano.
–A veces hay contradicciones. La sabiduría popular es capaz de recomendarnos una cosa y la contraria con la misma convicción. En el video se dice «aprecia lo que tienes» pero también «Céntrate en crear lo que deseas»; la creación o la lucha por algo implica una cierta insatisfacción con el estado actual de las cosas, nos guste o no. También se dice: «Céntrate en crear lo que deseas» pero a continuación «Haz aquello que sabes hacer bien»; ¿y si mis talentos no coinciden con mis sueños?
Quizá falten reglas importantes. En el video, a pesar de ser muy completo, no aparece ninguna regla sobre la alimentación. Es uno de los pilares de la salud física.
Atención limitada. ¿Por dónde empiezo?, ¿qué es lo más importante? No tengo recursos atencionales suficientes para intentar poner en práctica 60 reglas de vida a la vez.
Significado. Vaguedad. Demasiada generalidad. Además, qué significan; a veces no estamos seguros de lo que significa: ¿qué quiere decir “sé honesto contigo mismo”?, ¿y “amar a la madre tierra”? ¿Cómo se ama a la madre tierra? (a propósito, me gustan los viajes exóticos y conocer gente de distintas culturas… he de viajar en aviones que consumen mucho queroseno)
Efectos cruzados. ¿Cómo se relacionan entre sí (por ejemplo, qué conexión hay entre el amor y la salud y las emociones)? ¿Qué compromisos hay (si bailo más habrá menos tiempo para leer y para los amigos)? Además, algunos son prerrequisitos para otros ( por ejemplo, tengo que evitar el aislamiento antes de encontrar mi grupo). A veces el efecto de una regla sólo se produce si se cumple otra simultáneamente y se produce un efecto conjunto (dormir bien, comer bien, hacer ejercicio, socializarse).
Falta de contexto. Los consejos y reglas de vida son generalidades que luego tienen que particularizarse en acciones concretas en momentos concretos en lugares concretos con personas concretas. Tenemos que contextualizarlas con el cómo, el cuándo, el dónde, con quién y hasta el porqué. Tenemos que saber cuándo aplicarlas y cuándo no.
Experto vs novato. El novicio o el aprendiz, por su parte, no entiende el alcance del principio o la regla, no sabe en qué contexto utilizarla, en qué situaciones dejar de utilizarla, qué relaciones guarda con otras y cuándo ser flexible y hacer excepciones que confirmen la regla. El novicio usa las reglas o principios como recetas.
Un experto no depende de reglas –las usa sólo como recordatorios– y sabe en qué situaciones hacer excepciones. Es capaz de ver lo general y mantener la presencia mental suficiente como para ver lo específico. Sus modelos del mundo son lo suficientemente ricos para descubrir distinciones y hacer excepciones. Sus reglas se enriquecen con el tiempo, se actualizan y se aplican conjuntamente con otras.
Muchas reglas o comportamientos no son formalizables, expresables. Otra dificultad añadida es que el experto no tiene acceso a su propio conocimiento y ni siquiera sabe concretamente por qué hace lo que hace. Actúa en gran parte a nivel intuitivo y lo que hace no es la mayoría de las veces definible, formalizable. En otras palabras, no todo es expresable y por tanto no hay sustituto para la experiencia. En el mejor de los casos, puedes lograr una guía, pero a ningún novicio se le puede ahorrar años de experiencia, de ensayos y errores.
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Los principios y reglas del minimalismo no son recetas
Con los principios y reglas del minimalismo de este blog, no quiero cometer el error de considerarlos como recetas del minimalismo. Por ello, siempre que enuncio una regla explico los beneficios esperados, el contexto, su justificación y algunas ideas para aplicarla. Las reglas son desarrollos de los principios del minimalismo, que son pautas generales y abstractas de actuación. Su función es fomentar la reflexión y la conexión entre las ideas del minimalismo y el diseño de vida en general.
Tan importante como esto es además el relacionar unos principios o reglas con otros; de tal manera que la acción particular en un momento y lugar determinado quede informada por constelaciones temporales de principios o reglas que aplicamos dependiendo de la situación.
La clave está en seleccionar la constelación de principios y reglas más adecuada en cada momento. Y para esto tenemos que contar necesariamente con el juicio; con el buen juicio personal, intransferible e indelegable. Éste se desarrolla con tiempo, atención y esfuerzo. Es un arte que merece la pena aprender; como en todas las artes, el proceso de aprendizaje y mejora no acaba nunca.
PD: respondiendo a la pregunta que me hice al principio: sí, creo que es posible crear un alma nueva. No es fácil, pero es posible. Es una idea tan bella que tiene que ser real.
A propósito, la canción de Sé feliz es de Yael Naim y se llama New Soul.
El trabajo de la mente es resolver problemas, y si la pones delante de una situación —cualquier situación—, la verá como un problema que necesita solución; y hará lo que mejor que sabe hacer: pensar, anticipar, reflexionar, pre-ocuparse, buscar soluciones.
El talón de Aquiles de la mente es que trata todo como problemas, lo sean o no lo sean. No sabe hacer otra cosa.
Por ejemplo, trata las emociones negativas como si fueran problemas que hay que resolver. En este caso, el intento de resolución del aparente problema se convierte en un problema.
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Pero hay otra opción: contemplar, observar sin querer resolver, dejar ir, dejar pasar, no querer que las cosas sean de otro modo, y dejar que las cosas se desplieguen según sus propios ritmos sin forzar a que sean de otra manera.
En vez de resolver la situación, la disuelves como un azucarillo en el vasto océano de la conciencia.
–Eslógan de los 60 en referencia al tablero del mundo.
Un tablero de ajedrez inmenso. Hay figuras blancas y figuras negras desperdigadas. Se agrupan en dos ejércitos. Las blancas y las negras en un tablero infinito que se pierde en el horizonte. Luchan unas contra otras. Se libra una batalla sin fin en la que un bando ha de ganar. Esto ha venido ocurriendo durante años.
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Ese campo de batalla es tu mente. Las piezas son tus emociones, pensamientos, tus pensa-ciones. Las negras son emociones negativas: ansiedades, dolores de todo tipo, aversiones, decepciones, frustraciones, desengaños, miedos, inquietudes, inseguridades lo que no quieres, lo que odias, tus aversiones. Las blancas son las positivas: lo que deseas, lo que quieres, los distintos placeres, tus afanes, las ilusiones.
Llevan años luchando.
Según la lógica de este juego, para que un bando gane, el otro ha de perder, ha de ser derrotado. Tu seguridad sólo puede existir si mueren tus dudas; tus ilusiones y afanes sólo pueden subsistir si antes se ha desterrado el miedo. Tu satisfacción, si ha muerto la insatisfacción. Tu alegría, si no hay tristeza. Tus dudas, si has renunciado al control y la seguridad. Y así sucesivamente.
Esta batalla se desarrolla incansablemente, es una guerra sin cuartel, sin fin, sin pausa. Algunas veces parece que ganan las piezas negras y otras son las blancas; pero ninguna victoria dura mucho tiempo.
Ningún bando tolera al otro. Tú te posicionas con alguno de los bandos, o con distintos en distintos momentos. Y mientras tanto un inmenso desgaste se produce; parece que no puedes empezar a vivir hasta que la guerra acabe. La guerra ha de ganarse y después podremos volver a nuestras casas y nuestros campos, y reanudar —¡o quizá comenzar! — nuestras vidas…–
Hay otra opción
Imagina que tú no eres ni las piezas blancas ni las piezas negras. No tienes que seguir luchando. Eres libre para abandonar la guerra, dejar tus armas a un lado, enjugarte el sudor y abandonar el campo de batalla.
Imagina que tú eres el tablero sobre el que se desarrolla esta batalla. La guerra puede continuar, posiblemente de manera muy parecida a como ha venido desarrollándose hasta el momento. Seguirás oyendo y sintiendo el fragor del campo de batalla, pero el resultado ya no será importante. Puedes dedicarte a lo que más valoras; no tiene necesariamente que triunfar ningún ejército, no hay que esperar a que nada acabe o a que nadie venza o sea derrotado. Las figuras negras pueden seguir ahí, no hay que eliminarlas, forman parte del paisaje. Las blancas, también: no tienen que ganar, no tienes que deshacerte de ellas tampoco.
Tú eres el terreno en que se libra esa batalla, no tienes que ponerte del lado de ningún bando. Eres el recipiente, no el contenido, y eso te permite un cierto desapego sano y más libertad de acción.
Muchas de las reglas del minimalismo existencial tienen al 3 como protagonista.
El número 3 es muy conveniente por motivos cognitivos: nuestra memoria de trabajo es muy limitada: 7 +/- 2 elementos. Tres elementos son fáciles de recordar en la memoria a corto plazo y por eso puede transformarse con mayor facilidad en memoria a largo plazo, con lo que la difusión es mucho más rápida.
En la retórica, la oratoria y la literatura se usa abundantemente. Muchos grupos de personajes son 3: los 3 cerditos, los 3 mosqueteros, los 3 reyes magos, el bueno, el feo y el malo; en el teatro: introducción-desarrollo-desenlace; en la oratoria tenemos la siguiente regla: “di lo que vas a decir, dilo, di lo que has dicho”; en religión: Padre, Hijo y Espíritu Santo; en retórica muchas construcciones o frases: “vino, vio y venció”, “sangre, sudor y lágrimas”; también los eslóganes o divisas: “la Real Academia limpia, fija y da esplendor”, «Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo.».
En la comedia, muchos chistes se forman con esta estructura de 3: “Hay 3 cosas importantes en la vida: la primera es el sexo, la segunda es el sexo… y la tercera… no me acuerdo” . Los dos primeros elementos sirven para crear la pauta y generar tensión o acumulación ; el tercero, para quebrar la pauta y romper la tensión.–
Uso en el minimalismo existencial
En las reglas del minimalismo existencial también tiene presencia el 3. En su presentación hay 3 elementos: la descripción de la regla, su justificación y su aplicación.
Además, muchas en su descripción incluyen el tres:
Regla del 3 de la acción de los marines. El número 3 permite un equilibrio entre el generar una variedad de opciones y el tiempo necesario para generarlas. Evita la parálisis por el análisis a la vez que fomenta una mínima reflexión.
Regla de las 3 ventanas abiertas. Obliga a limitar el número de ventanas abiertas en el ordenador. Con esto controlamos la infoxicación.
Regla del e-mail de 3 líneas. Nos ayuda a mantener la concisión en nuestras comunicaciones y a centrarnos en lo importante.
Regla de las 3 acciones ¡AHORA! Sirve para fomentar la acción y crear progresivamente momentum o tensión en nuestros proyectos o iniciativas.
En resumen, el 3 permite determinar claramente los límites en nuestras acciones y favorecer la poda minimalista, para de esta manera obligarnos a priorizar, seleccionar y descartar. Es por lo tanto una ayuda para centrarnos en lo esencial y poner en práctica la regla del 80/20 o ley de Pareto.
Juro que todo lo que he dicho en este artículo es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
Los objetivos son peligrosos. Si elegimos objetivos erróneos y los conseguimos, dejamos de hacer lo que realmente sería más importante. Los objetivos son imanes de la acción , herramientas, instrumentos de dirección y organización, pero mal elegidos nos pueden poner en aprietos.
Cuando hablábamos del Principio de Pareto o Regla 80/20 —uno de los pilares del minimalismo existencial— advertíamos que era más importante hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente, y que “Si algo merece la pena, merece la pena hacerlo imperfectamente”.
Es mucho mejor hacer las cosas correctas mal que las cosas incorrectas bien; porque en el primer caso, si uno aprende terminará haciéndolas bien y estará mejor; pero en el segundo caso, si uno hace cada vez mejor lo incorrecto y aprende a hacerlo mejor, estará peor que al principio.
La inteligencia es lo que nos permite hacer las tareas más eficientemente y lograr nuestros objetivos ; la sabiduría es la que nos permite elegir mejor las actividades y las metas que perseguir.
Nuestra elección de objetivos está muy influenciada socialmente. Los objetivos suelen ser cuantitativos. Todo manual de organización personal te habla de la necesidad de concretarlos y cuantificarlos. Los objetivos SMART (eSpecíficos, Medibles, Ambiciosos, Realistas, Temporizados) pueden ser muy TONTOS. El dinero, la posición social, el tamaño del coche, o las ganancias personales son muy medibles, muy realistas, muy ambiciosos, etc. La gente se suele centrar en ellos porque son más visibles.
Además, la sociedad nos suele proponer objetivos que tienen valor de mercado, que son susceptibles de producir beneficios a quien los vende, y desarrolla toda una inmensa maquinaria publicitaria y cultural para promover que los elijamos y persigamos. Hemos de evitar confundir el precio con el valor de las cosas.
Mentalidad ganar-perder. Si los consigues eres un ganador y has triunfado; si no los consigues, eres un perdedor. Estás haciendo depender tu felicidad y satisfacción personal de algo externo. Sustentar el sentido de uno mismo en los objetivos desplaza el centro de gravedad hacia fuera de nosotros y nos vuelve vulnerables.–
Otra opción: los valores como organizadores e imanes de la acción
Normalmente, elegimos objetivos con la remota esperanza de que nos satisfagan —no solemos reflexionar mucho sobre ellos— , parecen evidentes; pero el hecho de que cuando llegas a la cima del objetivo, la satisfacción dure poco o te sepa a poco o no te sepa, indica que esa esperanza no se cumple demasiadas veces.
Hay otra manera de seguir haciendo cosas, de seguir ilusionados y al mismo tiempo de no depender de los objetivos: los valores.
Elegimos los objetivos porque esperamos que nos aporten algún valor o nos encaminen hacia otros objetivos que nos proporcionen los valores esperados. Por tanto, sería más sabio el comenzar intentando reflexionar sobre el tipo de valores que buscamos en nuestras vidas , y la relación que tienen entre ellos.
El camino es mejor que la posada
–Miguel de Cervantes
Es más, los valores no sólo nos ayudan a elegir los objetivos, sino que esos valores pueden también ayudarnos a elegir los medios que seleccionamos para lograr los objetivos; es decir, el camino.
Después de todo, la mayor parte del tiempo nos vamos a encontrar en el camino, no en la posada; así que parece razonable el que disfrutes del camino y del proceso, y no sólo de la cima o la victoria. Convertir cada paso del camino en una realización de valores personales sería una manera más inteligente de enfocar nuestra actividad. Se trata de encontrar más motivación intrínseca y depender menos de la motivación extrínseca.
De esta manera, la elección de objetivos es menos dramática: cualquier objetivo que genere un cierto resplandor en nuestro espíritu —por sentir que es una realización de nuestros valores personales más profundos— es una meta legítima que perseguir. Y si no los logramos, no pasa nada: podemos encontrar mil metas alternativas que nos permitan cultivar los valores que más nos importan.
El apego o la obsesión por los objetivos —que nosotros hemos creado y a los que hemos unido nuestro sentido de identidad— desaparece: las metas no son nosotros; de la misma manera que una llave no es nosotros, aunque nos abra la puerta de una casa acogedora. Nuestra identidad deja de estar unida a la consecución o no de los objetivos; esto permite mayor ligereza existencial y menos sentido del precipicio o miedo a la derrota. También mucha más audacia y experimentación.
Los ángeles no vuelan porque tengan alas; vuelan porque se toman a la ligera.
Si supiera lo que estoy haciendo, no lo llamaría investigación, ¿verdad?
–Albert Einstein–
Tras más de 90 artículos en este blog, no he definido todavía lo que entiendo por Minimalismo existencial. Las definiciones tienden a ser inútiles cuando estás empezando, porque te falta el conocimiento de fondo y la experiencia con el concepto que intentas definir; y suelen ser superfluas después, cuando ya conoces el concepto.
De todas maneras, la definición puede servir para orientarnos al principio y para sintetizar al final.
El minimalismo existencial, o simplemente minimalismo, es una filosofía de vida que propugna centrarse en lo importante y eliminar o descartar lo innecesario para ser feliz y alcanzar la realización personal.
Intentemos desarrollar estas ideas.–
Minimalismo
El minimalismo existencial, o panminimalismo —como también lo llamé al comenzar a escribir el blog— es “ la aplicación del minimalismo a todas las esferas de la vida”. El minimalismo tiene su origen en la arquitectura, pero el concepto ha permeado en otros ámbitos, como la programación, la música, la literatura, la gastronomía, la decoración , y el arte y la tecnología en general.
Parece por tanto que tiene que ver con una cierta forma de vida inspirada por principios minimalistas en sentido amplio: simplificación vital, centrarse en lo importante, búsqueda de la felicidad, psicología positiva, desarrollo sostenible, economía budista, consumo responsable, un ritmo más sosegado de la existencia (“slow food”, “slow movement”, “slow cities”, etc.), una cierta estética.
Hay, parece, una cierta reacción contra el materialismo, los excesos de la sociedad de consumo, la publicidad y la complicación artificial de la existencia.
Y todo desde un punto de vista práctico; es decir, es una ética práctica, una ética de la que se derivan métodos y reglas concretas y directamente aplicables. Distintos minimalistas existenciales pondrán el énfasis en distintos aspectos éticos, estéticos y teóricos. –
Existencial (¿y existencialista?)
El apellido existencial es importante. Hace referencia a la vida o la existencia. Y permite emparentarlo con el movimiento más amplio en el que se podría insertar: lo que Tim Ferriss, el autor de la semana laboral de 4 horas, llamó “Lifestyle design” , “diseño del estilo de vida” o simplemente “diseño de vida” en español. Es algo más que una estética, es también una ética personal y práctica: nos permite decidir sobre el curso que queremos que tome nuestra vida.
El concepto “existencial” merece atención. En cierta manera, todos diseñamos nuestras vidas al decidir seguir un camino u otro o al tomar decisiones cruciales; pero el diseño de vida en el que se inscribe el minimalismo existencial hace referencia a una especial toma de conciencia sobre nuestras decisiones vitales y a la determinación de considerar la propia existencia como objeto de creación. Y por lo tanto susceptible de ser inventado, diseñado y decidido.
Hay una conexión, por tanto, con el existencialismo: estamos condenados a decidir, no podemos no decidir. La esencia del hombre es que no tiene esencia. En palabras de Sartre: “la existencia precede a la esencia”. La esencia es materia de decisión personal y subjetiva y nadie elige por nosotros. Somos arrojados al mundo –de repente nos encontramos existiendo— y tenemos que decidir cómo queremos vivir.
Es decir, tenemos que elegir nuestra esencia. Y esto es algo subjetivo. Según Victor Frankl: “el hombre tiene la voluntad de encontrar significado y sentido”. La decisión es individual y es una responsabilidad personal: «Entre el estímulo y la respuesta existe un espacio. En el espacio se halla el poder de elegir la respuesta. En la respuesta yacen el crecimiento y la libertad del ser humano”.
Y según el existencialismo de Frankl siempre podemos elegir; en última instancia siempre podemos elegir nuestra actitud ante las circunstancias.–
Dos caminos divergían en un bosque /yo elegí el menos transitado /y eso cambió todo.
–Robert Frost
Hay dos opciones básicas:
Usamos una plantilla que nos proporciona el entorno y la cultura en los que nos ha tocado vivir. Seguimos el guión que se espera para nuestro origen familiar, social, nacional , religioso y racial . Vivimos el resto de nuestra vida más o menos dentro de los límites de esa plantilla.
Creamos nuestra propia plantilla —quizá inspirados por otras plantillas— y tomamos decisiones esenciales sobre nuestra vida de una manera más consciente. Somos el lienzo, el pintor que genera la visión del cuadro, el pincel, los colores, el público que experimenta la obra de arte de la vida y hasta el crítico de arte que la valora. Somos todo eso a la vez. Adoptamos por tanto una visión creativa y existencialista de la vida. La vida como una obra de arte.
–Una idea para la que ha llegado su tiempo
En cierta manera, el diseño de vida siempre ha existido, y siempre ha habido diseños minimalistas o con elementos minimalistas.
La novedad es que estamos en unos tiempos distintos, con diferentes exigencias y circunstancias. Es el tiempo de los trabajadores del conocimiento o de la producción de ideas más que de objetos físicos. Es el tiempo de los trabajadores por cuenta propia y de las comunicaciones ubicuas. Es el tiempo de la competencia a nivel mundial. Es el tiempo de las redes sociales y de las comunidades virtuales también.
Nunca ha habido tantos cambios en tan poco tiempo , tanta información, tanto conocimiento, tantas conexiones entre los seres humanos y tanto potencial creativo individual y colectivo.
También nunca ha habido tanta complejidad: muchas más conexiones, muchas más elecciones, muchas más convulsiones sociales y económicas, mucha más dificultad para comprender el mundo; en especial, el mundo social.
Cada vez hay un porcentaje más alto de personas que puede elegir el lugar donde vivir, el entorno en el que actuar, las personas con las que relacionarse, los sueños que perseguir. Y todo eso con independencia de dónde hayan nacido y sus circunstancias sociales y geográficas. Tenemos más libertad externa que nunca para configurar los elementos básicos de nuestra existencia, para urbanizar nuestro tiempo y nuestra forma de vida.
Investigación
De todo esto se deriva que el minimalismo existencial tiene mucho de experimento. Cualquier vida es experiencia y experimentación, y por ello exploración, tentativas, incertidumbre y sorpresa. El minimalismo existencial —tal y como lo entiendo— es una investigación sobre las condiciones de la existencia; supone la creación de entornos y vidas dignas de vivirse; inspirada esta investigación en ideas minimalistas y simplificadoras en sentido muy amplio.
Es algo muy personal, pero también —adivino— algo muy colectivo o comunitario. Como cualquier investigación o viaje, se comienza con ilusión y curiosidad, por el camino se conoce gente nueva, se colabora con personas que sienten interés y pasión por lo mismo, se descubren nuevos lugares y aparecen oportunidades insospechadas.
Como dice la cita inicial: si supiéramos lo que estamos haciendo, no lo llamaríamos investigación; ¿verdad?
La vida es aquello que nos ocurre mientras estamos haciendo planes.
–Atribuido a John Lennon
–Es una expresión que viene del baloncesto americano. Son los últimos cuatro o cinco minutos del partido, cuando ya está todo decidido, no hay nada en juego y los entrenadores aprovechan para sacar a los novatos o a los veteranos mal conservados. Se juegan porque tienen que jugarse, porque lo dice el reglamento.
Minuto viene del latín, Minutus, que significa pequeño. Con esos minutos de la basura estamos realmente hablando sobre los pequeños de la basura…
En la vida tenemos un montón de esos minutos de la basura: limpiando la mesa, preparándonos un bocadillo rápido, esperando a que alguien llegue, esperando el autobús, esperando las vacaciones, esperando el volver al trabajo, esperando que algo empiece, esperando que algo acabe…
De hecho, muchas veces vivimos como si gran parte de lo que hacemos fuera una espera de que ocurra algo mejor o más importante o de que empiece la verdadera acción. Perdemos la paciencia con esos minutos. Pero forman parte de la acción.-
¿Y si hubiera algo más?
La vida es realmente ese “entre-medias”, las cosas que pasan cuando parece que no está pasando nada o cuando estamos preparando para que algo pase. Lo que ocurre entre los grandes sucesos, o lo que llamamos “grandes sucesos”, es siempre lo más abundante. En una novela, por genial que sea, hay pocos momentos álgidos; en una vida también.
En la búsqueda de la excelencia hay momentos, ¡los más!, en los que parece que no está pasando nada. Vivimos en una meseta la mayor parte del tiempo. Parece entonces mal negocio el despreciar lo que pasa la mayor parte del tiempo.
El principio del ojo de cerradura, del que tendremos que hablar más adelante, también nos aconseja tomar nota de cualquier suceso, por insignificante que sea. De ellos podemos aprender mucho. Si esos minutos de la basura son realmente “minucias” –es decir, insignificancias– quizá debamos ser más minuciosos.
Ya lo estoy oyendo: “Pero, Homo Minimus… esto parece contradecir el principio de Pareto y tu prescripción minimalista de centrarnos en lo importante”.-
Bueno, el problema con “lo importante” es que a veces está donde menos te esperas. Por eso una actitud receptiva y atenta, incluso con las minucias, pueda hacernos detectar lo importante; o mejor, convertir en importante lo que no lo parece, al conferir a lo pequeño la importancia a través de una mirada interesada.
¿Y qué tal si rehabilitamos a esos momentos de la basura y les damos su importancia aunque parezca que no la tengan? Quizá no la tienen. Pero… ¿y si la tuvieran?
Quizá debamos dejar de matar el tiempo, aunque sea en forma de minutos, y prestar atención a esos periodos que parece que no van a ninguna parte ni tienen razón de ser.-
Experimento: la próxima vez que estés en un ascensor (o donde sea) deseando que pase rápido el tiempo y llegue a la planta quinta (o la que sea) párate a pensar en esos minutos (o segundos) de la basura, sé consciente de ellos, y haz un esfuerzo por saber qué hay en ellos. También has de aprender a jugar esos minutos de la basura.
Intenta no convertirte en un hombre de éxito. Más bien intenta llegar a ser un hombre de valor.
–Albert Einstein
–La inteligencia es la capacidad de hacer las cosas correctamente. La sabiduría es la habilidad para elegir las metas que valen la pena; es decir, para hacer las cosas correctas.
La inteligencia está relacionada con la eficiencia. Nuestra cultura busca la eficiencia en todas las actividades: más y mejor, obtener lo máximo con el mínimo coste y esfuerzo. Si eres capaz de hacer las cosas cada vez más eficientemente –con rapidez y bajo coste, sacando el máximo partido de tus recursos– eres inteligente; al menos en esa actividad particular.
La sabiduría tiene que ver con la elección de las metas. Es una habilidad más sutil, completa e integrada: supone capacidad introspectiva para saber lo que se desea y conciliarlo a su vez con lo deseable. También supone un conocimiento externo amplio, más allá de la tarea y de la actividad concreta; un conocimiento sistémico sobre las relaciones entre las cosas y el lugar de las cosas y de las personas en el esquema general del mundo. Necesita de un conocimiento del funcionamiento del mundo dirigido por valores personales y colectivos.
La inteligencia tiene que ver con el conocimiento, con el cómo. La sabiduría tiene que ver más con los valores, con el porqué.
El inteligente está orientado a resultados. El sabio está dirigido por valores.
El inteligente es el que obtiene los resultados, el que logra las cosas, cualesquiera que éstas sean. Si el inteligente es práctico, puede conseguir muchas cosas, puede alcanzar muchas cimas.
El sabio no es necesariamente el más rápido, ni el más listo, ni el más brillante. Quizá ni siquiera llega a las cimas; y si lo hace, no es el primero ni el mejor en hacerlo. El sabio simplemente es mejor eligiendo las cimas que merecen la pena escalarse.
La inteligencia está en ser muy eficiente. La sabiduría está en ser eficaz en lo que importa.–
Paradoja de la sabiduría y la inteligencia
Hay una paradoja referente a la inteligencia y la sabiduría: es mejor ser un sabio imperfecto y torpe que ser simplemente inteligente y muy eficiente.
La razón es que si tienes éxito haciendo las cosas incorrectas porque eres muy eficiente, y cada vez eres mejor en lo que haces y sigues aprendiendo, con el tiempo no harás más que empeorar la situación: cuanto más inteligente seas, más rápido lograrás las metas equivocadas. Al final, en la cima no encontrarás más que una posición mejor desde la que precipitarte al vacío.
Por el contrario, si fracasas o no logras las cosas correctas a la primera, tu aprendizaje –aunque sea lento– te irá poniendo cada vez en una mejor situación y con el tiempo conseguirás acercarte más a las metas correctas. Quizá nunca alcances la cima, pero cada paso del camino habrá estado lleno de sentido. Y eso ya es en sí una cima.
En este tercer y último artículo sobre la práctica deliberada, nuestro autor invitado, Atilox (lukott@hotmail.com), expone el concepto de ignición y conjetura sobre los mecanismos neurológicos que pueden estar tras el expertismo.
Ignición e indicios fundamentales
La práctica deliberada (PD) es dura, y mantenerla años hasta que de sus frutos máximos es difícil. ¿Qué motivación hay detrás para explicarla y sostenerla? Como dice Coyle, hay diversos mecanismos que activan ese hambre de triunfo. A esa pasión que lo arrastra todo le llama el autor: ignición.
Y a los datos que inducen dicha ignición les llama: indicios fundamentales. Un ejemplo sería el de las pérdidas parentales (página 115 de su libro Las claves del talento): de 573 sujetos eminentes en sus campos, se observó un alto porcentaje de huérfanos en la niñez y juventud. La señal percibida quizá fue: “no estás a salvo”. Evidentemente este hecho de por si no garantiza el triunfo, pues esta misma señal en otras personas puede ser debilitante. A continuación se citan otros estudios en deportistas. Los corredores más rápidos de atletismo ocupaban el puesto 3.2 en familias de 4.4 hijos. Nunca era el primogénito. La señal es similar: “estás en desventaja, persevera”.
Las señales fundamentales y la ignición también pueden provenir desde lo positivo. Es bien conocido como en un deporte la existencia de un gran jugador provoca que muchos otros sigan su estela, como ha pasado en España con el tenis a raíz de los Santana, Gimeno, Orantes. El mensaje podría ser: “Tu también podrías hacerlo. Ese es como tú”.
Es pertinente ahora un comentario muy importante. Para gente como Ericsson o Colvin lo que llamamos ignición –en términos simples, la pasión– ayuda en el sentido de que mantiene activa la PD durante mucho tiempo, y es la PD la que hace el trabajo de mejora de la habilidad.
No piensa así Coyle, que opina que es la unión de PD + Ignición la clave de la mejora, y cita un estudio sobre jóvenes estudiantes de violín (página 105 y siguientes de Las claves del talento): se clasificó a los niños en tres grupos en función de un test que medía su compromiso a corto, medio o largo plazo con el instrumento. Aquellos niños que se veían a sí mismos comprometidos a largo plazo, mejoraban más incluso con menos horas de práctica que los de los otros dos grupos. Cuando se juntaba la práctica intensa con el mayor nivel de compromiso a largo plazo, su rendimiento era ya explosivo.
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Mielinización
Merece la pena exponer la idea de Coyle sustentada en varios estudios científicos, de cuál es el mecanismo neurológico subyacente al aprendizaje. Hasta ahora se pensaba que la plasticidad cerebral era la causante de las diversas mejoras de rendimiento, simplemente por el establecimiento de nuevas conexiones neuronales.
Coyle propone otra explicación, basada en estudios científicos: cada vez que se estimula un circuito cerebral con la intensidad suficiente y repetidas veces, se recubren los axones que transmiten la señal de una capa de mielina. Esta sustancia, un fosfolípido, actúa como aislante del circuito, de modo similar a la funda de un cable de televisión. Al repetirse una y otra vez la activación del circuito, este queda más y más protegido y aislado eléctricamente. Ese mecanismo permite que la señal eléctrica pueda viajar a mucha mayor velocidad en nuestro cerebro, hasta por un factor 100. Es como una banda ancha para nuestra comunicación interneuronal.
Si las habilidades fueran heredables, se correría el riesgo de instalar circuitos cerebrales que podrían quedar desfasados en pocas generaciones. Por ejemplo, hoy en día ser un buen herrero no es tan importante como hace 500 años. Por lo tanto la naturaleza ha escogido un diseño más flexible como es el de la mielina, que es válido para cualquier tipo de destreza que se quiera mejorar. El autor pone como ejemplos que cerebros como el de Einstein tenían mucha materia blanca (mielina) o que los caballos nacen con los músculos ya mielinizados y por eso pueden andar desde el primer día. Pero también reconoce que esta hipótesis está en mantillas.
En mi opinión, una prueba más concluyente y que acabará llegando en pocos años, será no solo ver si un cerebro sobresaliente tiene más mielina, sino si dicha mielina se ha instalado en los circuitos específicos de la habilidad en que destaca, y a la vez encontrar que no hay tal abundancia en aquellas zonas correspondientes a otras habilidades donde dicho sujeto tiene un rendimiento normal. Probablemente se puedan analizar dichos fenómenos en tiempo real con las nuevas técnicas de neuroimagen.
No será tarea fácil puesto que el cerebro no funciona por módulos totalmente segmentados sino de modo mucho más global. Sin embargo hay habilidades muy correlacionadas con ciertas partes del cerebro. Por ejemplo, según un estudio del año 2000 los taxistas en Londres, que necesitan una gran memoria espacial para su acreditación (Londres está muy extendida y con pocos rascacielos) se les ha encontrado un tamaño de su hipocampo significativamente mayor que el promedio.
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Referencias
The making of an expert, Anders Ericsson, Michael J. Prietula, and Edward T. Cokely. Artículo aparecido en la Harvard Business Review (pdf) . «New research shows that outstanding performance is the product of years of deliberate practice and coaching,not of any innate talent o skill»
What it takes to be great. Geoff Colvin. Artículo web. “[…] Research now shows that the lack of natural talent is irrelevant to great success. The secret? Painful and demanding practice and hard work. “
Conviérteme en un genio . Documental de National Geographic con Susan Polgar. Serie de 5 videos en Youtube.
En este artículo Atilox continúa desarrollando el concepto de práctica deliberada. Para ello relata dos historias referentes al ajedrez que ilustran algunos de los elementos esenciales de la PD.
Reconocimiento de posiciones en ajedrez y agrupamiento (elemento 1 de la PD)
En un tablero de ajedrez en una partida típica habrá 32 piezas o menos distribuidas en 64 casillas. Si a un maestro como Susan Polgar se le muestra durante 2 segundos una posición de ajedrez la puede memorizar perfectamente. Añado que un aficionado medio como es mi caso, estando en buena forma, también puede hacerlo.
¿Cómo ocurre esto? Al estudiar y jugar ajedrez memorizamos bloques típicos como por ejemplo, el bloque de 6 casillas del enroque normal: 3 peones alineados en la segunda fila y debajo la torre el rey y un hueco. Dicho bloque está incorporado a la MLP y cuando es transportado a la WM aparece como un elemento simple. Otros bloques bastante típicos son ciertas formaciones de peones, que por la forma de moverse esta pieza (solo puede avanzar y comer lateralmente), distan mucho de ser infinitas. Digamos que hay unas cien formaciones típicas de cadenas de peones. Por lo tanto, una cadena puede ser incorporada como otro elemento. Así resulta que el jugador no ve 32 piezas sino del orden de 5 a 10 formaciones, que “caben” perfectamente en su WM.
¿Qué ocurre sin embargo si se le muestra a Susan una distribución de piezas hecha al azar sobre el tablero? Pues que no las puede memorizar. Podéis ver este experimento en el documental de la National Geographic, Make me a Genius (minuto 3:58 al minuto 5:24)
¿Talento o entrenamiento?
La segunda historia que quería comentar es la de las hermanas Polgar.
Laszlo Polgar un profesor húngaro quiso demostrar que con el suficiente aprendizaje intenso aplicado desde la niñez podría crear talento a alto nivel, descartándose así la explicación al uso en sus tiempos, años 60, de que el talento es un don divino que recae sobre algunos elegidos.
Para ello puso un anuncio buscando una mujer para que participara en el experimento. Este consistiría en tener varios hijos y dedicarse ambos a convertirlos en genios en alguna disciplina. Apareció una candidata dispuesta a la idea, y tuvieron tres hijas: Susan, Sofía y Judith. Ambos padres dejaron sus trabajos cuando Susan cumplió 4 años, para dedicarse obsesivamente a formarlas.
Pensaron en hacerlas jugadoras de ajedrez de élite. Era un gran desafío porque en aquellos tiempos ninguna mujer había llegado al nivel de juego de un hombre entre los 100 primeros del mundo. Y se pensaba que la mujer tenía poca capacidad espacial, elemento necesario para el juego.
Elresultado fue absolutamente espectacular. Las hermanas Polgar aplastaron al conjunto femenino de la Unión Soviética en las Olimpiadas cosa que no había pasado nunca. Pero mucho más asombroso fue que Susan y especialmente Judith llegaron a estar entre los primeros 10 jugadores del mundo. Judith fue el humano que más pronto llegó a la categoría de Gran Maestro con 15 años batiendo por unos meses al mítico Bobby Fischer. La tercera hermana, aun no siendo tan buena como las otras dos, estaba también entre las 10 mejores jugadoras del mundo. Judit, la mejor de las tres, ha ganado a la mayor parte de sus rivales masculinos, incluyendo a Kasparov.
El experimento corrobora las teorías de la práctica deliberada puesto que resulta imposible pensar que hubiese otra fuente de tanto talento que el entrenamiento intenso: el padre Laszlo era un jugador mediocre y la madre ni siquiera sabía jugar.
Finalmente, antes de acabar, quisiera mencionar la ley de los diez años de Ericsson (ó 10.000 horas). Según este autor, este es el plazo mínimo que se necesita para llegar a ser realmente bueno en algo a nivel mundial. Cuando se le menciona el caso de Mozart u otros genios precoces como Bobby Fischer replica que si se analiza su biografía se comprueba que se cumplen los plazos pues empezaron su entrenamiento en una muy temprana niñez, por cierto en ambos casos tras 9 años de práctica deliberada obsesiva. Ver al respecto Talent is overrated, de Geoff Colvin
Éste es un artículo de nuestro autor invitadoAtilox, lukott@hotmail.com. Es un experto en Práctica Deliberada, una estrategia para alcanzar la excelencia en cualquier disciplina. A lo largo de tres artículos desarrollará los principios de este sistema y sus bases motivacionales y neurofisiológicas . Además, expondrá ejemplos en campos tan dispares como el ajedrez, el tenis, las artes marciales, la música o la natación.
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Mi motivación
Por motivos profesionales y personales, tenía la necesidad de mejorar mi destreza en un campo determinado que no viene al caso. Pensando en ello me venían a la mente diversas preguntas: ¿qué parte del talento es innato y qué parte es debido al entrenamiento? ¿Qué tipo de entrenamiento sería el mejor para poder mejorar mi rendimiento en algún campo que me interese?
Tenía algunas pistas producto de mi experiencia, ya que aún no habiendo sido experto en nada, sí había sido aficionado a ciertos hobbies durante años; hobbies cuyo nivel de destreza se podía cuantificar: ajedrez, artes marciales, idiomas y música. En ajedrez sí puedo decir que llegué a ser un aficionado fuerte, pues logré ganar un campeonato de club de cierto barrio de Madrid con una población como Gijón o La Coruña.
Diversas fuentes me fueron orientando hasta que encontré en la red a un psicólogo que se había hecho las mismas preguntas, Anders Ericsson, que elaboró el concepto de “Práctica Deliberada” PD. Según sus estudios, dicha práctica realizada a lo largo de un periodo largo (años) es la clave del talento.
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Elementos de la práctica deliberada
Describo ahora resumidamente los elementos que conforma la Práctica Deliberada que son fundamentalmente los puntos 1-6. Añado dos puntos más mencionados por otros autores. Al final daré algunos ejemplos y notas:
Agrupamiento. La tarea principal se descompone en sub tareas cuanto más concretas y simples mejor.
Cada fragmento de 1, se debe poder repetir muchas veces.
Se introducen cambios de velocidad. Repeticiones a cámara lenta (a veces).
Se abandona la zona confortable. Se busca el límite de lo que es posible hacer y se permanece en esa zona. A veces para perfeccionar aquello que apenas podemos hacer y otras para intentar lo que aún resulta imposible hacer
Resulta agotador porque la concentración es máxima. La PD tiene normalmente como cuello de botella este punto, puesto que mantener dicho estado mental es posible solo unas pocas horas al día.
Feedback (retroalimentación) = aprender de los errores. Este punto une los puntos 1+2+3+4+5. Descomponemos una tarea en partes simples, que son difíciles, y nos hemos de concentrar. Si además dicho fragmento bordea nuestro límite de lo posible, entonces probablemente la tarea nos salga “mal” un alto número de veces. Ese fallo nos informa de cómo hemos de mejorar. Repetimos entonces (punto 2) incorporando la nueva información para mejorar y volvemos a probar. Una vez logramos que dicha tarea sea fácil la forzaremos hasta un nuevo límite o pasaremos a otra.
Importancia de un mentor/entrenador. Una persona aislada es difícil que logre el feedback necesario. Fundamentalmente porque psicológicamente no estamos diseñados para ello, sino más bien para lo contrario. Démonos cuenta que la PD tiene muchos elementos “antinaturales” a primera vista: búsqueda de una zona de disconfort, y postergación del placer para una fecha futura, lejana e improbable; por lo tanto, es fácil que el cerebro se autoengañe para sentirse satisfecho y no obtengamos el feedback necesario. Aparte de este problema, está la falta de perspectiva si lo hacemos todo solos. Añadiría por mi cuenta, que la motivación también es más difícil. Sobre la motivación hablaré al final. Sí diré que una auto regulación es más y más factible si ya se han sentado las bases iniciales.
Absorción de una imagen general que constituye nuestro modelo. La visualizaremos miles de veces. En algunos tenistas aficionados he visto absorber el estilo del golpe de un maestro fuera de la pista, fundamentalmente de tanto ver sus partidos y reproducirlos en su mente.
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Concepto de agrupamiento (elemento 1 de la PD)
Existe una memoria de corto plazo o memoria de trabajo (Working memory) WM que es similar a la memoria RAM de un ordenador. Típicamente almacena del orden de 7 elementos. Es el número de elementos individuales que podemos manejar simultáneamente y de modo consciente. Típicamente, esta cota se reduce a 2-4 si son elementos complejos. Afortunadamente, gran parte de las tareas se pueden automatizar, incorporándose dichas tareas a una memoria inconsciente, que se conoce como Memoria a Largo Plazo o MLP. Al pasar la información a MLP queda de nuevo espacio disponible en la WM.
Comentar que la MLP es algo más que un almacén de datos, puesto que los estructura, toma decisiones etc. Es una memoria inteligente.
Finalmente anotar que este mecanismo funciona igual para una tarea totalmente mental, como aprender a resolver una ecuación de primer grado o elaborar unas frases en un idioma extranjero; y también para tareas puramente físicas, como jugar al tenis o aprender a nadar.
La forma estándar de aprender una tarea totalmente nueva es descomponer dicha tarea en bloques simples de conocimiento/ejecución que pasamos de la WM a la MLP.
Un ejemplo que todos conocemos es la conducción de un automóvil. En las primeras clases la gente no usa todos los pedales y se mantiene en la primera marcha, no saturando así la WM. Una vez automatizados los primeros elementos, como es la forma de acelerar-frenar, y manejar el volante, se puede aprender a introducir marchas superponiendo las nuevas habilidades sobre las anteriores. Más adelante integraremos más y más tareas simultáneas como adelantar etc. Esto es posible porque van pasando bloques de conocimiento a la MLP.
Finalmente cuando han pasado todos, es posible conducir con la WM despejada pudiendo incluso mantener una conversación con el acompañante. Si la pareja no es nueva, podemos pasar esto también a la MLP (es broma).
Según Dan Coyle, autor deLas claves del talento, la mente inconsciente puede manejar once millones de fragmentos de información por segundo, frente a 40 fragmentos por segundo por parte de la mente consciente.
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Ejemplos de Agrupamiento(elemento 1 de la PD)
Curso básico de natación a Crawl: se trabaja el batido de pies con tabla, sin mover los brazos. En otro ejercicio se trabaja el batido de brazo, pero solo analizando el movimiento fuera del agua. Incluso en algún caso se trabaja solo el ataque de dicho brazo en la entrada al agua. De este modo se disecciona cada tarea hasta el extremo. Casi cada campo que conozco, siempre sigue la misma mecánica de aprendizaje.
Artes marciales: se practican patadas por sí solas decenas de veces, luego guardias, luego desplazamientos, y luego bloqueos. Pasados los meses se hacen katas que integran todo lo anterior; por ejemplo, bloqueo con retroceso, y posterior avance con contraataque (patada o puño).
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Ejemplos de cambios de velocidad. Cámara lenta.(elemento 3 de la PD)
Artes marciales y baile: algunos ejercicios se hacen muy lentamente, lo que perfecciona el equilibro y da un nuevo feedback más fácil de aprovechar.
Piano: a nivel aficionado es totalmente normal repasar un pasaje en cámara lenta. Creo que a alto nivel, también se hace a veces.
Tenis: se puede ver un ejemplo de ensayo en cámara lenta (como ballet) en Las claves del talento, pág. 86. En el Spartak Tennis Club de Moscú usan una técnica que llaman “imitatsiya” en la que intercambian golpes imaginarios en cámara lenta y sin pelota. Este club ha producido una cantidad enorme de buenos jugadores: Safin, Kournikova, Myskina, Dementieva, Safina, Youzhny, Tursunov. El club es pobre y dispone de solo una pista cubierta (en Moscú).
La infoxicación es una cosa que nos hacemos a nosotros mismos
–Homo Minimus
Sesgo de novedad
Como seres oportunistas y abiertos al entorno, adoptamos una posición siempre vigilante. Existe un sesgo de novedad que nos obliga a prestar nuestra atención a cualquier estímulo que aparece; éste puede estar tanto en el entorno como en nosotros mismos…
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El mandamiento genético de nuestra atención es : “Mejor lo nuevo por conocer que lo familiar ya conocido”. Da la sensación de que siempre querríamos estar en otra parte, como en la viñeta de arriba. Lo familiar ya está controlado y pierde su brillo; lo nuevo puede ser una amenaza o puede ser una oportunidad, pero en todo caso es algo emocionante.
¿De dónde procede si no el afán de consultar nuestro e-mail cada cinco minutos? Cada vez que encontramos un mensaje nuevo en nuestra bandeja de entrada experimentamos una pequeña sacudida emocional que nos hace ansiar volver a por más. Estamos condicionados para buscar nuestra siguiente dosis de novedad, ya sea en el e-mail, en el móvil o en el programa de televisión de la noche.
Este reflejo condicionado de estar siempre pendiente de los cambios del entorno pudo ser adaptativo en su momento, pero en la actualidad puede ponernos en aprietos. En la sociedad actual el torrente de datos e información es virtualmente infinito. Sin embargo, no es algo enteramente nuevo: Lutero en el siglo XVI se quejaba de que había tantos libros que ni siquiera tenía tiempo de leer sus títulos. En la actualidad, el fenómeno se ha acrecentado.
Ansiedad informacional
Es imposible mantenernos al día en ningún campo y esto genera ansiedad. Se ha venido hablando de informational overload o infoxicación , y se ha acuñado la expresión ansiedad informacional, que hace referencia a nuestros sentimientos y actitudes hacia el ingente volumen de información que encontramos en nuestras vidas y nuestras limitaciones cognitivas para habérnoslas con él.
En el ámbito del trabajo, esta infoxicación se traduce en las constantes interrupciones, en el fenómeno de la multitarea y en la dificultad para mantener la concentración en prolongados espacios de tiempo: según un estudio americano, se calcula que el trabajador americano medio tiene una interrupción cada 3 minutos y tiene abiertas una media de 8 ventanas en su navegador. Se ha hablado, muy gráficamente, del cada vez más extendido Trabajus interruptus.
Ignorancia selectiva
Dos vascos salen al monte a buscar setas. Uno se encuentra con un reloj Rolex de oro. Corre y lleno de alborozo comunica a gritos el hallazgo a su compañero; éste le contesta malhumorado: «Pero Patxi, a ver, la hostia, ¿a qué estamos, a Rolex o a setas?».
Así como el arte de la memoria es el arte del olvido, el arte de la atención depende de saber qué ignorar y a qué prestar atención. Por ello ya no podemos ser recipientes pasivos de los impactos externos ni esclavos de nuestras ocurrencias e impulsos internos. Debemos, por tanto, practicar más conscientemente la ignorancia selectiva, que supone el podar constantemente el rango y cantidad de cosas a las que prestamos nuestra atención.
Ignorancia selectiva: la práctica de ignorar selectivamente información innecesaria e irrelevante que produce distracción como e-mails, sms’s, informes, periódicos, noticias, etc.
.La atención es como el foco que determina en cada momento nuestro mundo. Hemos de tomar el control del foco.–
Ideas para ejercer la ignorancia selectiva
Practicar vigorosamente la ignorancia selectiva, siendo mucho más conscientes de donde está nuestro foco de atención en cada momento. Las prácticas de meditación pueden ser un excelente entrenamiento de esta conciencia de nuestros pensamientos, emociones e impulsos. En concreto, una práctica del budismo, llamada Mindfulnesso plena presencia, puede ser especialmente beneficiosa. La autorregulación comienza con la conciencia clara de nuestros estados físicos, emocionales y mentales.–
Para poder ignorar selectivamente hemos de tener buenos criterios de filtrado:
En general: tener claras las metas vitales y valores personales. Hay que ser consciente de que la mayoría de la información disponible no es valiosa. Cuando se trata de publicidad, directa o encubierta, hemos de partir de la base de que tendrá un componente retórico o manipulador que nos puede resultar muy caro.
En la acción diaria, más particular: comenzar cualquier actividad con una meta concreta y subordinar todas nuestras acciones a esa meta concreta. Mantra: “Empieza siempre con un meta en mente”.–
Cada vez que nos sorprendamos distraídos por algún estímulo externo o interno, tomamos nota de ello y nos decimos: “Pero a ver… ¡¿a qué estamos, a Rolex o a setas?!” . Esto puede servir como autoseñal para retomar el hilo de pensamiento originario y la tarea que teníamos entre manos.
Aprender a distinguir con la ayuda de la Mindfulness el estado mental en el que estamos: concentración, descanso, relajación, contemplación… y hacer que esos estados mentales correspondan con las metas que tengamos en cada momento. De hecho, la meditación ha sido definida así: «conciencia de nuestra conciencia y atención a la intención».
La casa y el entorno físico de un minimalista existencial son un modelo tridimensional de su mente y filosofía de vida. Una arquitectura y decoración minimalistas promueven y reflejan los principios de su actitud.–
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Muebles funcionales y escogidos
La agenda de un minimalista no está atiborrada de acciones. Al comienzo del día establece el número de actividades que razonablemente puede realizar.
Durante el día, a un paso lento pero seguro, realiza tareas una tras otra en ordenada sucesión. A su vez es flexible y se adapta a las circunstancias siempre cambiantes. No se obsesiona con llenar de muebles-tareas todo el espacio, elige bien los muebles: pocos, armónicos y de calidad. Emplea el Principio de Pareto o Regla del 80/20 en la elección de sus actividades.—
Espacios libres y vacíos
El espacio entre las notas musicales, el silencio, forma parte de la música. De la misma forma, lo que no se hace, lo que no se dice, revela lo que somos. Hay tiempo para la no acción, tiempo de descansos entre actividades. Hay tiempo vacío de tareas para la reflexión y la contemplación. Los espacios de no acción permiten cultivar el paradigma del velocista (trabajo intenso + recuperaciones). El minimalista es un hacedor humano, pero también un ser humano. Logra generar una habitación minimalista de la conciencia.
Construye en su vida espacios libres de información, de compromisos, de llamadas, de e-mail, de gadgets, de noticias, de twitter, de black berry, de medios de comunicación de masas.—
Pocos objetos a la vista.
Lo que no se va a usar está guardado y sólo se saca cuando se va a emplear.
La mente del minimalista es diáfana. Aborda cada actividad de una en una, y lo que no necesita no aparece en su mente. Así, su memoria de trabajo puede afrontar el flujo de información y tareas sin que se produzca sobrecarga informativa.–
No hay objetos rotos o por reparar
Lo que deja de ser funcional lo elimina, no se aferra a recuerdos u objetos. Los reconoce y acepta como parte de su vida pasada, pero los deja ir; es un ser en crecimiento.
No somos nuestros objetos físicos o mentales. No somos nuestros recuerdos.–
Los armarios y cajones no están nunca llenos
Hay espacio en los cajones. Hay perchas libres, hay espacio libre entre las perchas y al lado de ellas. Esto permite localizar y extraer con facilidad las prendas.
Un minimalista existencial no llena sus agendas y listas de proyectos al 100%. No intenta embutir en el día todo lo que cabe en él. No se siente culpable si no está haciendo algo productivo en todo momento; evita confundir la agitación con la acción y el movimiento con la actividad.
Permite que siempre haya espacio físico y mental para más; porque es selectivo respecto a lo que entra en su vida y sabe dejar ir las cosas del pasado para dar paso a lo nuevo. Puede priorizar con facilidad porque, al tener sus metas y valores claros, la elección es siempre más sencilla.–
Trasteros y sótanos limpios, ventilados y ordenados
En ellos suele acumularse fácilmente la basura y trastos viejos. Son la metáfora de nuestro subconsciente, de los apegos que dejaron de ser funcionales, los conflictos irresueltos, las asignaturas pendientes.
Periódicamente revisa su contenido y deja ir; resuelve los problemas y los disuelve. Cuando el minimalista mira a sus demonios interiores lo hace mirándoles a los ojos, y siempre es el último en parpadear. También se da cuenta de que vistos a la luz del día parecen menos imponentes y peligrosos.
Evita la acumulación de episodios irresueltos y otros UPA’s. Para ello desarrolla una conciencia nítida de sus emociones y pensamientos y los integra en la corriente de su vida. El minimalista existencial tiene los necesarios periodos introspectivos que le permiten estar en contacto consigo mismo.–
Mesas, encimeras cocina, mesita del café, suelos… liberados de objetos.
Las superficies planas son lugares de acumulación de trastos de todo tipo. Son lugares de estancamiento de la energía.
El minimalista no permite que su bandeja de entrada del correo crezca inmoderadamente ni que se acumulen las acciones pendientes de respuesta o compromisos todavía no atendidos.
El rumor del arroyo o el chapoteo de los peces en el estanque como únicos sonidos de fondo.
Un minimalista existencial ha aprendido a evitar el “gran alboroto”. Controla los impactos externos. Sabe que en la sociedad de la comunicación actual corre el peligro de que su mente se convierta en una «superficie lunar de la conciencia» donde los meteoritos de la información externa ponen en peligro su equilibrio. No permite que lo ruidoso y estridente pase por encima de sus valores y metas personales.
Para él, la infoxicación es una cosa que nos hacemos a nosotros mismos y considera que está en su mano controlar y dirigir el flujo de impactos informacionales. Él abre y cierra el grifo según sus necesidades para evitar la sobrecarga cognitiva.–
El salón como lugar de reunión y centro de la vida familiar y social
La televisión no es el centro del salón. Si hay una, está en un lugar apartado y no invasivo.
Los medios de comunicación no son los que dirigen su vida, prefiere el contacto presencial con seres humanos al virtual. Es consciente en todo momento de la ecuación fundamental de la experiencia vital.
Está en guardia contra el poder de la publicidad. Sabe que ésta crea artificialmente conciencia de lagunas y necesidades para generar una insatisfacción con la propia existencia. Después de crear la tensión y el desagrado con nuestra vida, nos ofrece la solución en forma de consumo. Pero todo el consumo pasivo defrauda, y el ciclo de publicidad-insatisfacción-compra comienza de nuevo.
Es muy consciente del instinto de comparación que todos llevamos dentro y de la búsqueda de status. La publicidad intentará exacerbar este instinto y aprovecharse de él. Él acepta sus instintos, pero no se somete a su dictadura.
Un minimalista existencial pone las actividades siempre por encima de las pasividades y el consumo; y las personas, por encima de las cosas.
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Las limitaciones de la capacidad de autorregulación están tanto en vencer la tentación de lo inmediato –los cantos de sirena de las ganas– como en recordar nuestras determinaciones e intenciones a largo plazo en el momento de actuar, cuando sean relevantes. No siempre tenemos disponibles nuestras determinaciones; y si las tenemos, es muy fácil que se escurran de nuestra memoria de trabajo o bien que perezcan ante el poder de lo inmediato–
Dificultades para posterizar y decir no: «agotamiento del yo»
La fuerza de voluntad es un recurso escaso que se agota y sólo podemos emplearla hasta un límite. Los psicólogos han hablado de la “Ego depletion” o agotamiento del yo.
En un experimento se pidió a los sujetos que evitaran reírse mientras veían una comedia. Posteriormente se les pidió que realizaran una tarea en la que tenían que ejercitar el autocontrol. Los resultados fueron significativamente peores en comparación con un grupo que vio la misma comedia, pero al que no se le pidió que controlara la risa.
Tengamos en cuenta, por tanto, que durante el día tendremos disponible sólo una limitada fuerza de voluntad que se irá agotando según la vayamos empleando en actos voluntariosos. Por eso, es importante administrarla con inteligencia. El principio del Kaizen, que reparte gradual e incrementalmente los esfuerzos, considera de manera implícita este fenómeno.–
Memoria de trabajo limitada
Podemos distinguir dos tipos de memoria: memoria a largo plazo (MLP) y memoria de trabajo (MT).
La MT es la memoria a corto plazo junto con la capacidad de control de la atención. Es la que nos permite mantener un plan y sus pasos en mente a pesar de las distracciones internas y externas.
La MT es la más relevante a la hora de autorregularse porque es el verdadero cuello de botella. Si empleamos una analogía, la MLP tendría el volumen de un estadio de fútbol; y la MT, el de un dedal. Es en ese precario y escaso dedal en el que hacemos pender nuestras determinaciones y proyectos.
La fuerza de voluntad junto con la memoria son dos recursos o aptitudes de los que la gente impúdicamente reconoce carecer. No ocurre así con la inteligencia, el buen gusto o la moralidad. Bien pensado, no es casualidad que ambas sean tan minusvaloradas: son elementos esenciales de la capacidad de autorregulación; hoy en día, ésta es percibida como rígida, autoritaria, represiva y falta de brillo.
Creo que uno de los factores de éxito de Google –al menos en sus inicios– fue la tremenda simplicidad de su página inicial. Una caja donde escribir las palabras claves para la búsqueda y un par de vínculos. Un estilo diáfano.
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Podemos contrastar esto con otros buscadores exitosos al principio, pero que fueron perdiendo fuelle, como el de Yahoo:
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O el de MSN:–
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No soy el único que en su día experimentó una sensación de calma y de disminución del agobio al ver la página de Google. En contraste, las páginas atestadas de anuncios, predicciones meteorológicas, bandas de cotización de valores bursátiles, rótulos luminosos, colores variados y todos los píxeles atiborrados de contenido eran una bofetada informacional para la mente.
Dropbox es también modélico y su estilo se parece mucho al inicial de Google:
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La simplicidad cuasi-zen en su diseño y la sensación de control y serenidad que genera fue la razón por la que decidí usar este programa para Almacenar todos mis archivos en línea.
Informacionitis e infoxicación
Es natural el querer incluir la máxima información posible, y es posible que muchos usuarios demanden cada vez más y más contenidos; incluso, puede que sea un factor competitivo para las empresa el incluir toda esa información y características como factor diferenciador.
Pero las posibilidades técnicas se encuentran con el cuello de botella de nuestra “Memoria de trabajo” (Working Memory en inglés); esto es, la cantidad de información que podemos manejar conscientemente es muy limitada y el hecho de poder ofrecerla toda a la vez se enfrenta con el muro de nuestras limitaciones cognitivas. Simplemente no podemos procesarla y corremos peligro de infoxicarnos.
Por realizar una analogía, una página inicial llena de contenido y enlaces sería como una persona que te acaban de presentar y que te cuenta su vida sin que se lo hayas pedido o te ofrece consejos sin que se los hayas solicitado.
Complejidad por capas
–¿Cómo se concilia entonces el principio de simplicidad con el deseo de ofrecer más detalles, funcionalidades o información?
Me alegra que me hagas esa pregunta.
Veamos un ejemplo:
Google, por supuesto, tiene muchísimas posibilidades y características a las que no puedes acceder desde la página inicial, pero para un gran parte de los usuarios no son necesarias, así que la presentación de una simple caja de búsqueda es suficiente. Si quieres más, entonces tienes que buscarlo excavando en la página web.
Por lo tanto, más que de simplicidad podríamos hablar de “complejidad por capas”. La presentación inicial es muy sencilla, suficiente para las necesidades de un alto porcentaje de usuarios; pero si tienes necesidades más sofisticadas, entonces puedes acceder a un segundo o tercer nivel, hacer varios clics y emplear la ayuda o las guías de navegación.
Este principio de complejidad por capas se puede aplicar en muchos contextos y es siempre el mismo:
Proporciona la información que más probablemente necesiten los usuarios. Esto permite una interfaz de usuario muy sencilla.
Si alguien necesita más, permite al acceso a sucesivos niveles con profundidad creciente donde puedan buscar lo que necesiten.
Por supuesto que no hay que esperar a que aparezca un Google o un Dropbox en tu vida para aplicar el principio. Aunque no te lo pongan fácil, tú mismo puedes aplicarlo a tus asuntos en materia de búsqueda de información. Y hablar de “búsqueda de información” significa hablar de casi cualquier cosa que haces en la vida.
Aplicaciones e ilustraciones del diseño de complejidad por capas
Si lees un libro, comienza mirando el índice, las cubiertas, los elogios de la contraportada y el prefacio o la introducción. Luego decide si quieres seguir leyendo y qué quieres leer. Sigue tomando estas decisiones durante toda la lectura del libro respecto a capítulos, secciones y epígrafes.
Cuando estudies un tema nuevo o inicies un proyecto, hazte con un “sencillo mapa del territorio”. Una conversación de 5 minutos con un experto o un conocedor te puede señalar los puntos más importantes o la esencia del tema. Además, te puede indicar tres libros de referencia que te sirvan como portal más amplio a la materia.
Cuando conocemos a alguien vamos poniendo sucesivos filtros aumentando o reduciendo la interacción en función de nuestras necesidades e interés. Hay gente que no pasa el corte de la primera impresión y hay otros de los que quieres seguir conociendo más detalles y haces clics metafóricos para ir descubriendo más y más capas de complejidad en su personalidad. Algunos terminan convirtiéndose en tus mejores amigos.
Si dudas sobre si iniciar un proyecto, no tienes que comprometerte con él hasta el final: realiza un prototipo de tres días y advierte como te sientes con el proyecto. Después decide si quieres profundizar y continuar, o dar la orden de parada.
Si eres profesor, proporciona la información poco a poco, en niveles crecientes de detalle y complejidad– como si estuvieras dando sucesivas capas de pintura a un muro– y justifica y motiva siempre el siguiente nivel.
Hacernos conscientes de las limitaciones de nuestra memoria de trabajo, el fenómeno de la infoxicación, lo deseable de la simplicidad y el diseño de la complejidad nos puede ayudar a ser consumidores y proveedores mucho más conscientes de información y controlar el input informacional con más eficacia.
De esta manera, podremos lograr que la superficie lunar de nuestra mente, golpeada día tras día por los meteoritos de la información, se parezca un poco más a una habitación minimalista de la conciencia.
(Este es el primero de una serie de artículos que tratan sobre el paradigma del velocista. He encontrado muy difícil sintetizarlo en uno solo y he preferido comunicar la idea en varios, yendo contra mi costumbre de comprimir cada concepto en una sola entrega)
Paradigma del velocista vs paradigma del maratoniano
Miremos la imagen de un maratoniano:
Delgado, casi esquelético, se le adivinan las costillas, parece exhausto, se arrastra casi al final de la carrera (llegue el primero o el último). Es la viva imagen del sufrimiento. Ciertamente muchos concluyen pero han pasado tres horas derramándose por la carretera. Su entrenamiento se basa en desarrollar resistencia a través del esfuerzo de miles de kilómetros recorridos a lo largo de años de trabajo agotador.
Veamos ahora el aspecto de un velocista:
Musculoso, intenso, lleno de energía. Sólo 100 metros, ¡pero qué intensidad! Preparación y entrenamiento para darlo todo durante diez segundos. Cuando alcanza la meta, llega radiante, vibrante, y se recupera con rapidez. Normalmente se entrenan en series intensas seguidas de recuperaciones planeadas con precisión.
La literatura de la gestión del tiempo personal abraza implícitamente la primera versión: una organización del tiempo para llenar de actividades toda la jarra del tiempo del día con el mayor número de piedras-actividades, como si fuéramos un hombre gordo intentando embutir sus formas en unas ajustadas mallas de bailarina. Así lo vimos, por ejemplo, en la técnica de las Cinco grandes rocas de Stephen Covey. El resultado final es que acabamos soportando jornadas larguísimas de esfuerzo sostenido llenas de tareas.
Jim Loehr y Tony Schwartz en El poder del pleno compromiso nos muestran otro sistema; lo llaman «El paradigma del velocista«: lo importante es la administración de la energía, no del tiempo. Lo que nos permite dar lo máximo de nosotros mismos es el nivel de energía del que disponemos. ¿De qué sirve programar cuidadosamente actividades y priorizar nuestros asuntos si cuando vamos a llevarlos a cabo no tenemos el empuje necesario para ello?
Energía y recuperación
Los métodos tradicionales de gestión del tiempo enfatizan las tareas y las prioridades; el método de Loehr y Schwartz, la energía y el equilibrio entre distintas dimensiones vitales; la dirección de los asuntos personales ha de tener en cuenta la energía de la que disponemos en todos los niveles: físico, emocional, mental y espiritual.
La esencia de su método está en encontrar la adecuada combinación de trabajo intenso y recuperación. Es más, la recuperación es la condición necesaria para el trabajo intenso: de otra manera es tiempo de trabajo presencial, no realmente eficaz y centrado, y podemos acabar quemados con cierta facilidad.
El trabajo intenso es un trabajo enfocado, con plenitud de recursos, resolutivo, con metas claras en la que ponemos el máximo de nosotros. No es incompatible con seguir teniendo en cuenta las prioridades; de hecho, puede ser combinado muy eficazmente con el Principio de Pareto o Regla del 80/20 para alcanzar así su máximo poder.
El escenario ideal sería, por tanto, éste: nos centramos en las tareas relevantes o tareas de valor que nos acercan más a nuestra visión o resultados apetecidos, al tiempo que disponemos del máximo nivel de energía cuando las desarrollamos.
Recuperar en distintos horizontes temporales
Este paradigma puede y debe aplicarse en distintos horizontes temporales; de hecho, de una manera u otra todos lo aplicamos inconscientemente o disponemos de estructuras que lo facilitan: vacaciones para recargar las pilas, fines de semana para desconectar, una noche de sueño reparador, las comidas para descansar, la pausa del café a media mañana o simplemente el levantarse de la silla para estirar las piernas y fantasear un poco antes de volver a las obligaciones.
Pero como todos sabemos, hoy en día la tendencia es a que la profesión invada todas las áreas de nuestra vida; aumenta la dificultad –propiciada por las comunicaciones ubicuas– de diferenciar trabajo y ocio, familia y empresa, descanso y actividad laboral; soportamos larguísimas jornadas, flujo de trabajo continuo, plazos, ritmo vertiginoso de cambio; sufrimos interrupciones (según un estudio americano sobre lugares de trabajo el empleado medio sufre una interrupción en sus tareas cada tres minutos); y para complicar todo mantenemos metas y objetivos contradictorios a nivel personal y laboral que nos hacen sentir como un burro en una noria dando vueltas en círculo sin avanzar nunca.
El paradigma del velocista pretende sistematizar los métodos de recuperación de la energía en distintos horizontes temporales e integrar sus distintas fuentes para procurar un uso más concentrado de nuestros recursos escasos: atención, tiempo y energía psíquica y física.
En un próximo artículo veremos la herramienta fundamental para lograrlo: los rituales de recuperación.
El minimalismo existencial no es renuncia. Solemos hablar de «poda minimalista» , «dejar ir», «dejar pasar», «no maximizar», «estar contento con lo que ya tienes», «suboptimizar», «apreciar los pequeños dones», «no desear más allá de lo razonable», etc. Puede parecer que el minimalismo existencial implica renunciar a las cosas buenas y a las cosas mejores de la vida. Parece que descarta el progreso y los sueños, que es una especie de despojamiento triste y ascético.
Pero el minimalismo no es ascetismo, no busca la renuncia por la renuncia, sino que emplea la renuncia como medio para un fin: obtener lo mejor de la vida y hacer lo mejor posible en la vida.
Somos seres finitos, con un tiempo finito, atención finita, energía finita y los recursos a nuestra disposición son siempre escasos en relación a lo que deseamos; es necesario aprender a determinar qué es lo verdaderamente importante. Elegir significa por lo tanto renunciar: si quiero esto, entonces no quiero lo otro.
Una vez escuché en una conversación ajena algo que decía un vagabundo a otro vagabundo; era una de esas charlas semi-filosóficas y trascendentales que se tienen cuando se está en comunión con el interlocutor y no se está totalmente borracho. Decía: «lo difícil en la vida no es decidir lo que quieres, sino lo que no quieres».
En el momento me pareció absurda la frase, porque para la mayoría es más fácil saber lo que no queremos que lo que queremos. Pero con el paso del tiempo he reconocido su profundidad: lo difícil es renunciar y por lo tanto no querer, porque somos seres diseñados para querer todo y para correr en distintas direcciones. Perseguimos todo a la vez: cosas compatibles o no opuestas, pero que drenan recursos unas de otras, y hasta cosas incompatibles, que no pueden conseguirse jamás a la vez.
Además, no es tanto que queramos mantener opciones abiertas como una forma de flexibilidad estratégica; la verdadera razón está en que subjetivamente sentimos aversión a desprendernos de la posibilidad: haremos lo posible por mantenerla abierta. Peter Drucker, el gurú del management, decía que la verdadera dificultad está no en priorizar, sino en «posterizar», en decir no a opciones, tareas o posibilidades.
En una sociedad en que la renuncia parece un anatema y la maquinaria publicitaria nos ha adiestrado para que busquemos satisfacer hasta el menor de nuestros deseos o caprichos, es complicado comprender que no podemos tener todo. De hecho, sólo podemos tener unas pocas cosas en la vida. Querer todo es equivalente en el fondo a no querer nada.
Alguien debería decirnos desde el principio de nuestras vidas que nos estamos muriendo. Entonces, tal vez, viviríamos al límite cada minuto de cada día. Hágalo digo yo. Cualquier cosa que quieran hacer, háganla ahora. Hay sólo algunas mañanas.
~Michael Landon
Memento mori es una expresión latina que significa “recuerda tu mortalidad”, o “recuerda que eres mortal”. Estas palabras han dado nombre a un tipo de arte destinado a recordar a la gente su condición finita. El cuadro de arriba, Joven con calavera, de Frans Hals, es un exponente de este género artístico.
En la antigua Roma, en los desfiles celebrando la victoria, había un esclavo junto al general victorioso que le susurraba al oído continuamente esas palabras. Aunque es posible que se usaran estas otras: “Respice post te! Hominem te memento!” “Mira tras de ti, recuerda que eres un hombre”. Esta frase servía de antídoto contra la soberbia y la euforia que distorsiona el juicio en los momentos de éxtasis.
En otro sentido, aunque no tan diferente, Montaigne hablaba de que debíamos vivir con una ventana abierta a un cementerio, y Proust nos advertía que no necesitábamos un cataclismo o una desgracia para empezar a valorar la vida cotidiana, que nos embota la sensibilidad, sino que nos bastaba con recordar que somos humanos y que esta misma noche puede llegarnos la muerte.
Robin Williams, el profesor Keating, en una de las escenas más famosas de El club de los poetas muertos, nos sugiere algo parecido y usa la expresión también latina Carpe diem, “Aprovecha el día”, el reverso o consecuencia práctica de Memento mori.
No está de más volver a ver esta escena(si tienes prisa, pasa al minuto 1:09 directamente):
Si tienes todavía más prisa, puedes leer el fragmento:
Quisiera que se acercaran aquí y examinaran estas caras del pasado. Las han visto al pasar, pero no se han parado a mirarlas. No son muy distintos de ustedes ¿verdad? El mismo corte de pelo… repletos de hormonas, igual que ustedes. Invencibles, como ustedes se sienten… todo les va viento en popa, se creen destinados a grandes cosas… como muchos de ustedes… ¿creen que quizá esperaron hasta que ya fue tarde para hacer de su vida un mínimo de lo que eran capaces?
Porque estos muchachos están ahora criando malvas ¿comprenden señores? Pero si escuchan con atención podrán oír cómo les susurran su legado. Acérquense, escuchen… caaaarpe, caaarpee diem; aprovechad el momento, chicos, haced que vuestra vida sea extraordinaria.
El Carpe diem no tiene un enfoque simplemente hedonista sino que supone la constatación de la fugacidad de las cosas y la exhortación a hacer algo significativo con el tiempo del que disponemos.
Economía y poesía del instante
Desde un punto de vista económico, lo finito de nuestras vidas convierte a cada uno de nuestros días en un bien escaso, y todo lo escaso se vuelve siempre más valioso. Aunque sólo fuera por esta fría constatación, deberíamos tener más cuidado con la manera en que empleamos nuestra energía. Esta certeza debería animarnos aún más a emplear la regla del 80/20, enfocar nuestros esfuerzos mejor y dedicar nuestra existencia a actividades más significativas. Tengo la sensación de que lo olvidamos y vivimos como si fuéramos a vivir siempre, y por tanto no nos preocupa el derroche del tiempo.
Los poetas son también distintos: pueden apreciar algo, por minúsculo o insignificante que parezca, y consiguen capturar el instante y librarlo de la grisura y la indiferencia. El haiku, ese genéro poético japonés de tema generalmente naturalista, intenta recoger esos momentos mínimos de la vida y elevarlos en la conciencia:
Un lago tranquilo
se zambulle una rana
el canto del agua.
~Matsuo Basho
Sin embargo, los que no somos economistas ni poetas necesitamos perder las cosas para valorarlas, o sentir la inminencia de la pérdida. Todavía no he conocido a nadie que tras la constatación intelectual de su finitud viva el día “como si ese fuera el último día de su vida”, tal y como nos recomiendan los autores de auto-ayuda. A nadie le impresiona mucho esa frase tan rimbombante, y eso teniendo en cuenta -como decía Steve Jobs en Stay hungry, Stay foolish– que si la repetimos todos los días y vivimos de acuerdo a ella un día finalmente tendremos razón. La escuchamos, la comprendemos y seguimos con nuestros asuntos habituales actuando de la manera habitual.
Sentimientos agridulces
Los psicólogos de las emociones hablan del sentimiento agridulce, bittersweetness, del estar disfrutando algo y ser consciente al mismo tiempo -con un cierto toque de tristeza o melancolía- de que acabará. Esto se aplica a los acontecimientos que ocurren una sola vez en la vida ( matrimonio, primer beso), podrían no volver a ocurrir (ascenso laboral, premio deportivo) o tardarán mucho en volver a ocurrir (eclipse, vacaciones).
En ellos, el fenómeno de habituación o adaptación hedónica no se produce, o es más moderado, y dado lo singular de la experiencia somos más conscientes de su próximo término y podemos saborearla más. Claro está que hay que procurar que lo agri- de la conciencia del fin no supere a lo -dulce de la experiencia.
Podemos usar estratégicamente esta sensación de temporalidad y fugacidad de las cosas como una manera de intensificar el instante que estamos viviendo. Y podríamos hacerlo todos los días abriendo metafóricamente una ventana al cementerio. La antigua costumbre de bendecir los alimentos que vamos a comer puede ser una reminiscencia de los tiempos en que la comida en la mesa no estaba asegurada todos los días y la bendición era una manera de realzar el momento. Quizá sería bueno crear algún ritual personal que nos permitiera lo mismo.
En definitiva, se trata de no dar las cosas por sentadas, incluso aquellas a las que estamos acostumbrados, y valorar los instantes en su individualidad. También es una actitud minimalista y esperanzadora el darse cuenta de que casi cualquier cosa que nos pase o hagamos es única en sí misma y puede ser apreciada.
Solo te dan una pequeña chispa de locura. No debes perderla.
Pensar es fácil, hacer es difícil, y convertir los pensamientos en acción es la cosa más difícil del mundo.–
-Johann Wolfgang von Goethe
Una de los problemas más importantes de la organización personal- y yo diría que de la existencia humana- es el abismo que media entre la intención y la acción: sabemos lo que queremos, sabemos lo que hay que hacer para lograr lo que queremos, sabemos que tenemos que hacerlo nosotros personalmente, pero… no lo hacemos.
¿Realmente sabemos lo que queremos?
Cuando no nos esforzamos por algo y abandonamos solemos concluir que… no lo queríamos lo suficiente, que si realmente lo hubiéramos querido habríamos hecho tal o cual. Esto tiene un nombre en psicología: disonancia cognitiva (traducido: o actuamos como pensamos, o terminaremos pensando como actuamos). Si ni siquiera lo intentamos se llama entonces indefensión aprendida (traducido: simplemente no creo que nada de lo que haga tenga impacto sobre mi situación en el mundo).
Los gurús de la autoayuda aprovechan nuestra esencial capacidad humana para autodefraudarnos para vender su producto: el elixir de la eterna motivación y el “tú puedes”. Los Tony Robbins (Despierta el gigante interior, Poder sin límites), Stephen Covey (Los siete hábitos de la gente altamente efectiva), Deepak Chopra (Las 7 leyes espirituales del éxito), etc. están para guiarnos en este camino y ponernos en contacto con nuestro “verdadero yo”, para vivir “el poder del ahora” y para conferirnos confianza en nuestras posibilidades. Si realmente descubres lo que quieres y si crees que puedes y tienes una actitud correcta entonces nada te puede parar y el nirvana está a la vuelta de la esquina.
Hay yonquis del pensamiento positivo, la PNL y la nueva era que van de taller de crecimiento en taller de crecimiento y de libro en libro en busca del santo grial de la motivación sin alcanzar nunca nada. La gente se puede pasar una vida buscando su verdadero propósito, su yo más profundo, la X motivacional que resuelve todas sus ecuaciones: la pareja de su vida, el trabajo de su vida, la pasión de su vida, su misión; en definitiva, aquello que llene de sentido su existencia y justifique de verdad sus esfuerzos. Algunos, tras muchas decepciones, terminan tirando la toalla.
Queremos lo que queremos
Creo que todo es mucho más simple. Creo que la gente sabe lo que quiere, cualquiera de nosotros es capaz de detallar cinco sueños, grandes y pequeños, sin tener que pensarlo mucho. Es sencillo: queremos lo que queremos, no se necesita un tremendo esfuerzo de búsqueda para saber qué valoramos más; pero o bien desistimos o bien ni siquiera lo intentamos.
Por otra parte, no necesitamos confianza, lo que necesitamos es competencia, y esta no se gana caminando sobre las brasas o repitiendo afirmaciones positivas como mantras, sino aprendiendo por el camino mientras realizamos acciones consecuentes con nuestras intenciones. Por lo tanto, necesitamos aptitud, no sólo buena actitud. Con la aptitud vendrá la buena disposición.
Nuestro problema tampoco está en priorizar- sabemos lo que deberíamos hacer- sino en posterizar, en decir no.¡¡Lo difícil es nuncanizar!!, dejar de hacer cosas que nos resultan apetecibles en el momento pero que sabemos que no nos acercan a nuestras metas. Esto supone sacrificar parte de la satisfacción presente en pos de algo futuro valioso, pero incierto. Supone el guiarnos por valores pensados que posiblemente no estemos sintiendo en el momento de acometer el esfuerzo.
Y esto sí que no es fácil. Ahí están de testigo nuestras resoluciones de principio de de año, programas de mantenimiento físico abandonados, colecciones de libros durmiendo el sueño de los justos y cursos de idiomas de los que no leímos más que los primeros fascículos. Cualquiera de nosotros puede relatar su retahíla de autodecepciones e incumplimientos sin tener que excavar mucho en la memoria. El ánimo de los inicios es efímero y el entusiasmo se apaga cuando comienzan las dificultades. Todos somos muy valentones y decididos con lo que tenemos que hacer mañana, no tanto con lo que hay que hacer hoy.
Si preguntas a alguien con sobrepeso si quisiera estar delgado, te dirá que sí; y si le preguntas si sabe qué tiene que hacer para estar delgado, te dirá que sabe qué hacer o sabe qué hacer para buscar la información necesaria. Cualquiera te dice que para mantener una buena salud hay que dormir bien, comer adecuadamente, hacer ejercicio físico y tener relaciones sociales ricas y significativas. Todos conocemos cuáles “deberían ser” las prioridades.
La verdadera dificultad estriba en esa alquimia interior, misteriosa y casi azarosa, que permite transmutar nuestras mejores intenciones en acciones consecuentes y consistentes entre ellas, y actuar según lo planeado.
El eslabón perdido
¿Cuál es entonces el eslabón perdido entre la intención y la acción? Lo diré sin más; de hecho tú también dirías lo mismo: la capacidad de sacrificar algo en el presente por lograr algo en el futuro; en términos más generales: capacidad de autorregulación, sí… la vieja y clásica voluntad, esa que nadie tiene y todos anhelan.
Pero la voluntad es otra X que resuelve todas las ecuaciones pero no explica nada, un concepto elusivo que cosificamos sin poder desentrañar: si la tienes, bien por ti. Si no la tienes, eres como todos, humano, y no mantienes el esfuerzo ni tus intenciones mucho tiempo. Tiene que haber algo más, tiene que haber algún medio o eslabón entre la intención y la acción.
Por ello debemos hacer operacional el concepto de voluntad, y lo redefiniremos como Gestión inteligente de los motivos. Esa gestión inteligente se despliega en forma de hábitos o virtudes, que son hábitos operativos buenos. Ahí reside, al menos en parte, la capacidad de autorregulación, la elusiva voluntad.
Pero yo añado algo más: como puente de oro entre la intención y la acción, usaremos especialmente un cierto tipo de hábitos, hábitos que llamaremos rituales. Qué son exactamente y cómo se diseñan y construyen estos puentes entre la intención y la acción será el tema del próximo articulo:diseño de rituales.
No obstante, y habiéndose informado previamente al interesado de la posibilidad de solicitar de antemano la cuenta de la pensión que le fuere reconocida en su momento, de acuerdo con lo que dispone el artículo 47 de la Ley 31/1990, de 27 de diciembre, el citado funcionario desea acogerse a este derecho, habiendo cumplimentado y firmado el modelo CPA/2 que se adjunta…
En lenguaje llano:
El funcionario se acoge al derecho de solicitar un anticipo a cuenta de la pensión que se le reconozca en su momento, de acuerdo con el artículo 47 de la Ley 31/1990, de 27 de diciembre. Para ejercerlo, ha cumplimentado y firmado el modelo CPA/2 que se adjunta.
El movimiento por el lenguaje llano, plain language, comenzó en la administración pública en Estados Unidos y el Reino Unido en los años setenta y se ha extendido a otras áreas, como la legal, la técnico-científica y la comunicación empresarial. También sería aplicable al lenguaje político y al lenguaje oral en general.
Este estilo llano está diseñado especialmente para transmitir información con claridad y concisión. Busca comunicar ideas de la manera más directa y sencilla posible. Por ello, empezamos pensando en la audiencia a la que nos dirigimos y organizamos el mensaje en función de ella y del contexto en el que se desarrolla la comunicación.
Nos adaptamos a las peculiaridades del canal empleado; por ejemplo, el estilo llano en la web supone frases más cortas, más encabezamientos, más listas e incluso más espacio en blanco para facilitar la búsqueda rápida de los datos relevantes.
La meta es que el lector lea una sola vez el mensaje, y lo comprenda, recuerde y –en su caso– actúe de acuerdo a él. Cuando empezamos a leer un texto escrito con sencillez y concisión nos sentimos animados a seguir leyendo y la comunicación es eficaz.
Este es el tipo de lenguaje que mejor se adapta a mi proyecto de Minimalismo existencial porque sigue el principio de Menos es más y emplea el mínimo número de palabras. He decidido practicarlo en todas mis comunicaciones escritas. En concreto, enfatizo estos elementos en mis textos:
Tono
Uso un tono directo y natural. Evito la formalidad, pero también la excesiva informalidad.
Escribo con el tono con el que hablaría a una persona que estuviera cara a cara, uso un tono personal.
Organización ideas
Separo nítidamente los temas e ideas en párrafos y frases respectivamente.
Los párrafos son cortos, contienen entre dos y cuatro frases, y entre unas 50 y 90 palabras.
Busco la cohesión dentro del párrafo y entre los párrafos, que haya transiciones suaves y que la estructura sea fácilmente comprensible.
La idea más importante la coloco al inicio del párrafo. Los detalles, en el medio y al final.
Los elementos visuales (cursivas, negritas, espacios en blanco, mayúsculas, guiones, listas, cuadros, etc.) están al servicio del mensaje, como un sistema de señales que facilita la navegación del lector en el texto.
Empleo los marcadores textuales (palabras como además, sin embargo, por otro lado) para facilitar transiciones y vínculos entre frases y párrafos.
Promuevo la claridad con una adecuada puntuación. Uso los signos estrictamente necesarios para que la lectura sea fluida.
Frases
Uso frases cortas, como regla general no más de 20 palabras.
Empleo la voz activa y preferentemente la estructura SVO (Sujeto-Verbo-Objeto).
Reduzco las oraciones subordinadas. No más de una o dos por frase.
Prefiero las formas personales del verbo, en las que el sujeto queda localizado.
Vocabulario
Utilizo las palabras más cortas, sencillas y conocidas, a la vez que mantengo la precisión.
Evito palabras innecesarias.
Uso palabras concretas, evito la abstracción y hago uso de comparaciones o metáforas, si permiten comunicar la idea con más expresividad y claridad.
Si hay algún término técnico desconocido por la audiencia, lo explico.
La escritura llana es pensamiento claro puesto sobre el papel. Escribir con precisión y sencillez implica un esfuerzo previo de clarificación y organización de las ideas. No es algo que venga naturalmente. Por eso, hay que dedicarle atención y esfuerzo. Yo me comprometo a aplicar los principios del lenguaje llano.
La perfección se alcanza, no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar.
-Antoine de Saint Exupéry
El minimalismo existencial, basado como está en el principio de Pareto o regla del 80/20, supone una poda constante de lo innecesario, accesorio o secundario para dejar espacio a lo importante, para que crezca con más fuerza.
Dejada a su propia dinámica, la vida como la naturaleza tiende a la exuberancia, a la profusión de formas y de variedades. El sesgo hacia la novedad, que privilegia todo lo nuevo y que la publicidad promueve, hace crecer más y más el rango de nuestras posesiones y apegos. La dificultad de desprenderse de los antiguos hábitos y de las antiguas posesiones multiplica el problema.
A la manera de Miguel Ángel, que buscaba en el bloque de mármol la figura que llevaba dentro a base de cincelar la roca, elminimalista existencial usa el cincel sobre el bloque de sus posesiones, actividades, hábitos, rutinas, relaciones, etc., para encontrar la figura elegante y aerodinámica de su propia existencia.
Esto supone una actitud de desapego hacia lo material, pero también de desapego hacia cosas inmateriales. Sin pretensión de agotar la lista de elementos prescindibles enumeramos algunos de ellos:
Menos posesiones. Próximamente comenzaré un proyecto de reducción de mis posesiones a sólo 100 objetos físicos.
Menos compromisos. Menos compromisos y más vinculantes y más sentidos.
Menos organización. Mi sistema de organización personal ha de ser sencillo, compacto y libre de complicaciones.
Menos cosas que hacer, reducir la lista de cosas que hacer. Yo abogo por una lista diaria de cosas que hacer de sólo tres elementos o incluso de uno: entre uno y tres TMI (Tareas Más importantes).
Menos proyectos. Una lista de tres proyectos en curso. No se añade ningún proyecto más hasta que uno de los tres haya salido de la lista.
Menos objetivos. Un solo gran objetivo por mes. “Más de dos objetivos son ningún objetivo”.
Menos prioridades.
Menos tiempo empleado decidiendo sobre temas menores.
Menos temas menores.
Menos reuniones. Sólo las que añadan valor.
Menos relaciones personales. Sólo relaciones significativas.
Menos tiempo en redes sociales.
Menos ambiciones.
Menos deseos. Dejando espacio para fortalecer los que queden.
Menos pensamientos. Menos pensamientos circulares e ideas inertes. Menos dispersión. Para dejar más espacio libre para la contemplación y la observación inteligente.
Menos anticipación.
Menos dudas.
Menos circulos viciosos.
Menos remordimiento.
Menos pre-ocupaciones y post-ocupaciones.
Menos UPA’s (Unidades Permantes de Atención en la memoria)
Un signo de distinción de un intelecto de primera clase es el ser capaz de mantener en mente dos ideas contradictorias y seguir funcionando.
–John Maynard Keynes. Economista inglés.
Arriba-abajo
El primero se basa en la aclaración de los valores, la misión y los objetivos fundamentales para desde ahí ir descendiendo en una jerarquía hasta las acciones individuales y cotidianas del día a día. Es el enfoque más lógico, jerárquico o “ingenieril”, si se quiere.
Has de pensar en tus metas a largo plazo y en tus valores y organizar tu vida en función de esas prioridades globales, valores fundamentales y metas a largo plazo; incluso, se te anima a realizar una declaración de misión personal que integre y dé sentido a tu existencia en su conjunto.
Stephen Covey y su The Seven Habits of Highly Effective People, Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, es el principal representante de este enfoque.
El lema es: “Organiza tu tiempo”. Las actividades se priorizan en una matriz de prioridades 2 x 2 en función de su importancia y su urgencia, y se recomienda dejar tiempo para las actividades importantes y evitar el síndrome de lo urgente y lo ruidoso, que amenaza con inundar tus días de minucias y hacerte perder la perspectiva y descuidar las metas a largo plazo. Tus semanas las organizas en función de el tiempo de reuniones, los grandes objetivos que quieres realizar, y procuras dejar espacios libres para tareas importantes como pensar, reflexionar o formarte.
A este enfoque también podríamos darle el nombre de enfoque Macro.
Abajo-arriba
Por otro lado, tenemos un enfoque más reciente: el enfoque de David Allen y su Getting things done, Organízate con eficacia en español. Allen reconoce la necesidad de aclarar la perspectiva y determinar las metas en sus distintos horizontes temporales, pero al mismo tiempo señala que la realidad no atiende a las nítidas distinciones del sistema de prioridades ABC, o a la división trabajo-casa, y que nuestros días están llenos de “minucias” que hemos de realizar nos guste o no, contribuyan o no a la gran meta, como recoger a los niños del colegio, pagar las facturas, hacer la declaración de la renta o responder al e-mail de un compañero de trabajo. Además, esas minucias, las resolvamos o no, las atendamos o no, están afectando nuestra calma mental y nuestra productividad. La vida es mucho más confusa, incierta y orgánica de lo que nuestros sistemas de planificación y control pueden manejar.
Aquí se pasa de un sistema de organización del tiempo a un sistema de organización de la acción. El flujo de inputs de información y de tareas para un trabajador del conocimiento que organiza su propio trabajo es muy distinto del trabajador de la línea de montaje de nueve a cinco, que conoce exactamente el alcance y límites de sus tareas. Allen, por tanto, considera que la prioridad para un trabajador del conocimiento es organizar la acción cotidiana y el flujo de información y tareas, creando un sistema que le permita lidiar con el trabajo a diversos niveles y en los distintos ámbitos de su vida: familia, relaciones personales, profesión, comunidad. Podríamos llamarlo también enfoque Micro de la organización personal.
Los dos enfoques son necesarios y complementarios. Allen pone el énfasis en el control del flujo de actividades y el logro de la eficiencia (cómo hacerlo bien) ; Covey, en la perspectiva (en el qué hacer), lo que nos permite centrarnos en las cosas importantes. Ambos nos proporcionan herramientas para mejorar el control y la perspectiva respectivamente. Todo sistema de organización personal ha de considerar esas dos dimensiones e integrarlas armoniosamente.
En Reduzco el inputya tomaba medidas minimalistas que suponían una reducción drástica de los impactos informacionales del entorno. Pero el problema es que si cortas el impacto informacional te quedas a solas con tu mente de mono, que a su vez es otro origen de malestar e infoxicación.
¿Qué se puede hacer? Mantengamos la habitación de la conciencia lo más diáfana y libre de pre-ocupaciones y post-ocupaciones posible, centremos nuestra atención deliberadamente en el objeto u objetos de atención elegida y sumerjámonos en el presente. Esto no implica abandonar la preparación del futuro, ni el dejar de analizar para aprender del pasado, sino evitar conjugar desproporcionadamente estos tiempos en la mente.
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En Superficie lunar de nuestra conciencianos preguntábamos sobre la posibilidad de solucionar el dilema entre el caos de la Mente de mono y el influjo desproporcionado de los medios de comunicación, los cuales empleamos para controlar ese caos mental y proporcionarnos descanso o distracción.
En Reduzco el inputya tomaba medidas minimalistas que suponían una reducción drástica de los impactos informacionales del entorno. Pero el problema es que si cortas el impacto informacional te quedas a solas con tu mente de mono, que a su vez es otro origen de malestar e infoxicación.
¿Qué se puede hacer? Mantengamos la habitación de la conciencia lo más diáfana y libre de pre-ocupaciones y post-ocupaciones posible, centremos nuestra atención deliberadamente en el objeto u objetos de atención elegida y sumerjámonos en el presente. Esto no implica abandonar la preparación del futuro, ni el dejar de analizar para aprender del pasado, sino evitar conjugar desproporcionadamente estos tiempos en la mente.
De la misma manera que abogo por una reducción del número de tareas y compromisos y el centrarse en lo esencial en cada momento, también abogo por la reducción de los objetos mentales en la conciencia (emociones, pensamientos, deseos, etc.) y el evitar que proliferen descontroladamente y decidan el curso de la acción.
Mantener una decoración minimalista en el primer plano de la conciencia parece algo difícil y hasta antinatural, pero es alcanzable, y hay muchas y variadas maneras de hacerlo. La primera de ellas es el cultivar un potente Yo observador, una parte del yo que es consciente en cada momento de los contenidos de la conciencia y que a su vez mantiene la atención en las intenciones o metas que nos hemos propuesto. Hay una milenaria tradición de regulación de la atención en forma de prácticas meditativas que nos puede ayudar a iniciar el camino.
A diferencia de la creencia popular, la meditación no consiste en “dejar la mente en blanco” o en “no pensar en nada”, cosa por otra parte imposible, sino en elegir el objeto de la atención y aprender a regular la atención, que dirige la entrada de contenidos en la conciencia. Si regulas tu atención ya has dado el primer paso en el control de tus estados mentales y por tanto de tu vida.
V3D = Vida en 3D = vida física, táctil, vida social presencial, cara a cara.
k = constante.
La constante viene dada por el tiempo de vida disponible y la calidad de la atención. La suma implica que hay un compromiso entre ambas formas de vida: más de la una, menos de la otra.
Demasiada gente gasta dinero que no tiene para comprar cosas que no quiere para impresionar a gente que no les gusta.
-Will Rogers
Nuestro consumo de cualquier bien o servicio está determinado no sólo por el valor intrínseco o material del bien que consumimos y la satisfacción «directa» que nos produce, sino también por su efecto sobre otras personas y su deseabilidad frente a otros bienes.
Los bienes posicionales son bienes cuyo valor es principalmente o casi exclusivamente una función de su deseabilidad en un ranking. Su grado de “posicionalidad” depende de su deseabilidad en ese ranking frente a bienes sustitutivos. Esta posicionalidad proporciona un valor añadido al valor intrínseco o material del propio bien, y es por tanto relativa a otros bienes.
Ejemplos de bienes principalmente posicionales son las propiedades inmobiliarias en una zona exclusiva, reservas en un restaurante de moda, ropa de marca «a la última», automóviles 4×4, artículos de lujo no reproducibles o de oferta muy rígida… etc. En principio, cualquier bien tiene un cierto valor posicional en tanto en cuanto pueda servir como signo de distinción o status.
Siendo los seres humanos seres sociales, en los que la jerarquía es importante y en los que parte de nuestra satisfacción proviene de nuestra posición en una escala jerárquica, es probable que los bienes posicionales sean importantes en nuestro consumo. Este hecho lleva a una competencia por ese recurso siempre escaso que son los bienes posicionales. Esta competencia es desgraciadamente un juego de suma cero en que los esfuerzos de cada competidor se anulan unos a otros y en el que lo que gana uno lo pierde necesariamente otro: si yo logro una posición más alta, alguien debe asumir entonces una posición más baja, y este alguien a su vez se esforzará por recuperar esa posición perdida, con lo que entraremos en una “carrera armamentística” de consumo que al final nos dejará a todos en la posición inicial. Es incluso peor que un juego de suma cero, es un juego de suma negativa, porque en esa carrera armamentística habremos incurrido en un gran gasto de recursos y todos al final estaremos peor.
La obligación de usar uniforme en muchos colegios privados se puede ver también como una manera de reducir ese consumo posicional y esa guerra armamentística por ser el más cool del patio de recreo.
Incluso en sociedades comunistas, como la China de Mao, en que todos estaban obligados a vestir de la misma manera, tuvieron que imponerse normas para evitar la proliferación de medallas, cintas o adornos en los uniformes comunistas.
Cada vez que realizamos un consumo de bienes posicionales estamos creando un coste o disminución de valor para otros, por lo que las externalidades o costes sociales de este tipo de consumo son altas. Además, nuestro recién adquirido valor posicional es precario y fácilmente amenazable por el consumo de otros.
Al final, sólo unos pocos pueden ser los más cool, distinguidos y selectos del barrio, y para ello han tenido que incurrir en grandes costes.
En el aeropuerto de Ámsterdam estaban molestos por la suciedad de los urinarios y la gran cantidad de tiempo y personal que necesitaban para realizar la limpieza.
Cansados de los derramamientos de orina que se producían, dieron con una solución muy sencilla: colocaron una pequeña pegatina con la imagen de una mosca junto al sumidero del urinario. Como consecuencia de ello, los derramamientos bajaron en más del 80%.
Sencillo, barato y eficaz.
Parece que la mosca apeló al mecanismo de seguir objetivos que los hombres llevamos incorporado y proporcionó una meta clara durante ese corto intervalo de tiempo en el que pasamos vaciando la vejiga. De otra manera, la acción es más caótica y el líquido se derrama en todas las direcciones. Una meta como la de la pequeña mosca al borde del sumidero, más específica que simplemente eliminar la tensión física al orinar, proporcionó la motivación para dirigir la acción y logró el efecto colateral de la mayor limpieza en la operación.
Para Richard Tahler, profesor americano de Behavioral Finance , éste es su ejemplo favorito de “nudge”, que se puede traducir por “acicate” y que significa literalmente el codazo con el que más o menos sutilmente buscas influir sobre alguien para que actúe de una determinada manera. Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happines es de hecho el título de su último libro sobre el concepto deChoice Architecture o arquitectura de la elección.
Es un ejemplo del poder de los Imanes de la acción, en este caso en forma de pegatina de mosca en un urinario. La pegatina sirvió como imán para las limaduras de la acción, algo descontrolada, que se suele producir en los servicios públicos.
Podemos verlo también como un ejemplo de acción mínima, pequeña, económica, inteligente y simple, pero con grandes efectos. Si a esta acción mínima, con su economía de medios, le añadimos lo ingenioso y elegante de la solución encontrada tenemos un verdadero modelo de acción minimalista.
Sin imanes de la acción no hay norte ni sur y es fácil que las limaduras de la vida queden reducidas a una larga sucesión de acciones reactivas no relacionadas, al albur de las circunstancias externas o los humores y estados de ánimo. Las acciones quedarán orientadas en todas las direcciones sin patrón ni dirección definida, al azar. Es posible que pasen los años y en vez de vivir sintamos que hemos sido vividos.
Los objetivos, metas, proyectos, visiones, los valores, la vocación, etc. , son cohesionadores de la acción, son a las acciones lo que un imán a las limaduras de hierro: permiten orientar las limaduras de las acciones en una dirección coherente dotando a la acción global de dirección y sentido. Otorgan a cada acción un significado en el contexto de una meta y un plan para alcanzar esa meta. Además de ello dirigen nuestra atención: orientan nuestros pensamientos hacia la meta, y nuestra percepción hacia el tipo de información que es relevante en cada caso.
Las Unidades Permanentes de Atención o UPA’s son el conjunto de problemas, inquietudes, episodios inconclusos, acciones no hechas, aplazadas, no resueltas y que quedan en la memoria en forma de recordatorio permanente. Son como círculos abiertos en nuestra vida, pendientes de cerrar.
Si tengo varias veces el mismo pensamiento, quiero que tenga utilidad o que al menos me produzca placer.
–Homo Minimus
Las UPA’s pueden ser positivas y negativas, según su funcionalidad y el tipo de emociones que traen consigo.
En su vertiente positiva: proyectos en curso, temas de meditación, temas centrales, ideas en proceso de maduración, etc.
En su vertiente negativa: asuntos irresueltos, rumias, pensamientos intrusivos, preocupaciones recurrentes, asignaturas pendientes, acciones postergadas, cadáveres de la memoria, etc. Están ahí como un enjambre de abejas zumbando, a veces casi imperceptiblemente, y a veces muy agudamente, y generan interrupciones de origen interno en nuestra vida mental. Son también un input informacional, y son otra categoría de infoxicación, aunque proveniente de nosotros mismos. Son una fuente de fricción importante.
La tipología de las UPA’s negativas es muy amplia, y puede tratarse del síndrome post-traumático de un ex-combatiente del Vietnam que revive escenas de guerra, o algún episodio repetitivo más inofensivo, como el hecho de recordar una y otra vez la llamada incómoda que tengo que hacer a un cliente o la conversación con el jefe que llevo demorando varias semanas.
Suponen una punzada para nuestra calma, una parada de la línea de pensamiento y una sensación en general desagradable. Su característica fundamental es que son repetitivas, aparecen una y otra vez sin que les demos respuesta o sin saber cómo hacerlo o sin que ni siquiera percibamos que necesitan una respuesta.
Criterio de existencia de la realidad del Dr. Johnson: «La realidad existe porque nos devuelve el golpe». –
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El minimalismo existencial o panminimalismo es una aerodinámica de la acción. Implica navegar con gracia y elegancia entre los sucesos del día, aplicar economía de medios para lograr las metas, adaptarse a los imprevistos y las circunstancias atmosféricas internas y externas, y encontrar soluciones rápidas virando y cambiando de rumbo cuando sea necesario. Todo esto sin perder el paso mientras mantenemos el centro de gravedad dentro de nosotros y nos recuperamos rápidamente de los desequilibrios. Para ello es fundamental gestionar y reducir la fricción.
Carl Von Clausewitz, el estratega prusiano, la definió así en su De la guerra:
[…] La fricción resulta el único concepto que de una forma bastante general corresponde a lo que diferencia la guerra real de la guerra sobre el papel. La maquinaria militar, el ejército, todo lo que le corresponde es sencillo, y por eso parece simple de manejar. Pero debemos tener en cuenta que no hay ninguna parte de esa maquinaria que se componga de una sola pieza, sino que lo componen varias piezas, cada una de las cuales tiene su propia fricción en todas direcciones.
Clausewitz considera el peligro, el agotamiento físico, el azar y la incertidumbre, como pilares de la fricción. La incertidumbre por falta de información, es lo que en términos militares se llama “niebla de guerra”.
Sustituyamos “guerra” por “vida”, “niebla de guerra” por “niebla de vida” y añadamos algunos términos menos militares. Nuestra adaptación quedaría así:
La fricción resulta el único concepto que de una forma bastante general corresponde a lo que diferencia la vida real de la vida sobre el papel. El peligro, el cansancio físico, mental y emocional, y la incertidumbre generada por las personas y los acontecimientos, son los elementos fundamentales del estrés y la presión del día a día.
En la vida como en la guerra hay apuestas fuertes, y lo que podemos planear en la sala de mapas, en el puente de mando de nuestra mente cuando todavía no hemos entrado en acción, va a verse inexorablemente afectado por la sensación de peligro, la niebla de vida, la tensión de reaccionar y decidir en tiempo real, el estrés y los niveles variables de energía y diversos estados de ánimo que experimentamos durante el día.
La fricción, por lo tanto, es la fuerza que se opone a nuestras intenciones de acuerdo al coeficiente de rozamiento o resistencia que tiene todo lo real.