El joven al que conocían como «el chaval que no tiene smartphone»

En algún lugar de este blog de cuya dirección web no quiero acordarme, digo que la edad a la que se debería permitir a un joven el acceso a un teléfono inteligente es a los 31 años (cuando ya no es joven y ha alcanzado la madurez en el desarrollo cerebral).

Soy el loco clamando en el desierto. Pero me he encontrado a otra loca que clama con un altavoz más alto que el mío. Ella sugiere retrasar el móvil individual hasta los 25 años, aunque permite un uso familiar de un dispositivo común para usos muy limitados. Tiene un hijo de 20 años que no tiene teléfono inteligente; este es identificado por sus conocidos o cuasi-conocidos como el «chaval que no tiene smartphone».

Esta loca que también clama en el desierto, Catherine L’Ecuyer, es la autora de un estupendo libro donde defiende que la mejor preparación para el futuro, incluso en un mundo digital, es el mundo real, en tres dimensiones, con seres humanos de carne y hueso.

El libro es Educar en la realidad. Deberían leerlo TODOS los padres y todos los que quieran educarse o re-educarse a sí mismos.

Es uno de los libros que más he regalado (con acogida variable, ciertamente).

Creo tanto en el mensaje de este libro que voy a regalar dos en formato digital (Kindle) y dos en formato papel. Los libros en papel solo puedo regalarlos a los que vivan en España (lo siento, pero de todas formas puedes pedirlos en versión digital). Solo tienes que escribir a homominimus@gmail.com, decir qué formato quieres, y estar entre los primeros cuatro solicitantes. Si lo pides en papel, me tienes que dar tu dirección de envío. Si no tienes kindle, dímelo. Voy a regalar solo cuatro, así que tienes que ser rápido (que me los quitan de las manos).

Usaré las últimas donaciones a este blog para regalar los libros.

Si luego te apetece, me puedes escribir un email con tus impresiones del libro, y, si eres más audaz, proponerme una conversación en el podcast de Homo Mínimus.

Te dejo con una entrevista con la autora del libro y su pensamiento. Podrás ver que resuena completamente con los contenidos de este blog.

Disfruta de la conversación.

Bestiarum Normativum

Inspirado por el autor de El narrador, José Ramón Martínez Salio, he generado una serie de vocablos relacionados con su vocablo ideolectal «Normalista»; esto es, he creado un Bestiarum Normativum.

(Catálogo incompleto de los seres que habitan el ecosistema de la normalidad)

Normópata ( vocablo existente)
Paciente crónico de la enfermedad de encajar, aunque sea un cabeza cuadrada intentando ajustarse a un círculo. Acostumbrado a pedir permiso para ir a orinar desde la más tierna edad. No mea nunca fuera del tiesto.

Normívoro (neologismo)
Se alimenta de boletines oficiales y manuales de instrucciones. Su postre favorito: la letra pequeña. No mueve un dedo si antes no ha desayunado un checklist y ha sido validado por su jefe (oficina) o su jefa (casa).

Normonauta (neol.)
Navegante del hiperespacio rutinario. Su vida es una colección de reglas inabarcables que amenazan con desbordar su limitada memoria de trabajo. Siempre termina perdiendo la t de la rutina. Sinónimo: Homo Mínimus.

Normofílico (neol.)
Amante empedernido de todo lo estándar. Se excita al oler archivadores A4 con separadores de colores y chuparse los dedos untados con el óxido de las señales de tráfico.

Normívago (neol.)
Animal de costumbres nocturnas, sale de fiesta todos los juernes, viernes y sarbados, y recorre la ruta del polvo con triste y meticulosa ebriedad. El domingo descansa y acude a misa de ocho.

Normativador compulsivo (neol.)
Ente administrativo con pelo y gafas que genera normas más rápido de lo que respira. Si entra en tu casa, te escribe un reglamento para abrir la nevera, verifica la tensión eléctrica y valida la lista de tu compra.

Normaduvalista (neol.)
Fanático de lo normal… pero con lentejuelas y mucho maquillaje. Su mantra es “¡Viva el domingo!” de Norma Duval.

Normimaníaco (neol.)
Obsesionado con la normalidad hasta el frenesí. Antes de dar un paso, busca manuales de procedimientos, protocolos de urbanidad y limpia obsesiva-compulsivamente sus habitaciones de versos sueltos.

Norminazi (neol., satírico)
Policía feroz de la rutina. Abomina de la anormalidad a gritos, insulta a los judíos y el estado de Israel, irrumpe en las noches de los progresismos rotos, viaja en cruceros de lujo por las islas griegas para santificar su narcisismo y señalar virtud. Controla tus proferencias lingüísticas hasta la extenuación para que no le ofendas. Es diverso, igualitario e inclusivo. Amigo de feminazis resilientes y devoradores de brócoli ecosostenible.

Lo malo de la rutina es que acaba perdiendo la t.

–Juan Bonilla. Escritor español.

Semana 6. Programa de 7 semanas para promover el silencio

🌿 Semana 6 – No hacer y confiar

Tema: No-hacer y confiar

Símbolo: ☁️ (una nube blanca)

Introducción


☁️ En la sexta semana nos abrimos al arte de soltar, de confiar, de rendir el control sin abdicar de la responsabilidad. Practicar el «no-hacer», como sugiere el wu-wei taoísta, no es caer en la pasividad, sino habitar la acción sin forzarla, permitir que la realidad fluya sin ser violentada por nuestras ansias de dominio. Desde una perspectiva judía, esta apertura tiene que ver con la emuná, la fe que no es solo creencia, sino confianza profunda. Cuando confiamos únicamente en nuestra voluntad, en nuestras acciones y planes, dejamos fuera la posibilidad de que exista otra voluntad, un orden mayor. Rendir el control es, en este sentido, un acto de humildad y fe activa: hago lo que debo, pero dejo espacio a lo que no controlo. Ahí comienza la verdadera libertad.

📅 Día 1


☁️ Cita:
Emuná significa dar el paso antes de ver el puente.” – Tradición jasídica

☁️ Práctica:
Haz una lista de todas las cosas que hoy quisieras controlar (resultados, reacciones, tiempo, ideas). Luego, elige una y renuncia activamente a manipularla. Haz lo que esté en tu mano y suelta el resultado.

☁️ Reflexión guiada:
¿Confío en que algo mayor que yo también opera en el mundo, incluso cuando no veo resultados inmediatos? ¿Qué gano realmente cuando intento controlarlo todo?

☁️Registro:
¿De qué solté hoy el control sin abandonar mi responsabilidad?

📅 Día 2


☁️ Cita:
El sabio actúa sin forzar y enseña sin decir.” – Tao Te Ching

☁️ Práctica:
Durante una conversación, escucha sin intervenir. Observa tu impulso de dirigir, corregir o concluir. Siente lo que ocurre cuando simplemente estás.

☁️ Reflexión guiada:
¿Qué miedo se esconde detrás de mi necesidad de intervenir? ¿Qué surge cuando dejo espacio?

☁️ Registro:
¿Dónde hoy escuché más que hablé?

📅 Día 3


☁️ Cita:
“Lanza tu pan sobre las aguas, porque después de muchos días lo hallarás.” – Eclesiastés 11:1

☁️ Práctica:
Realiza una acción buena, generosa o creativa hoy sin buscar ningún resultado ni reconocimiento.

☁️ Reflexión guiada:
¿Puedo hacer algo valioso sin saber si dará fruto? ¿Qué parte de mí se resiste a sembrar sin ver la cosecha?

☁️ Registro:
¿Qué hice hoy sin garantías?

📅 Día 4


☁️ Cita:
“La verdadera fe no consiste en creer que todo saldrá como yo quiero, sino en confiar en que lo que suceda será fértil.” – Adaptación libre de Martin Buber

☁️ Práctica:
Hoy, ante un imprevisto o interrupción, en lugar de reaccionar, detente y respira tres veces antes de actuar. Deja espacio a lo inesperado.

☁️ Reflexión guiada:
¿Qué pasaría si el obstáculo es parte del camino? ¿Y si no es un error, sino un desvío necesario?

☁️ Registro:
¿Dónde hoy dejé de luchar contra la realidad?

📅 Día 5


☁️ Cita
«Nada en el mundo es más blando y débil que el agua. Pero nada la supera en vencer lo duro y fuerte.» — Lao-Tsé

☁️ Práctica
Durante diez minutos, siéntate sin propósito. No intentes meditar, observar pensamientos ni respirar conscientemente. Solo siéntate sin hacer nada, sin intentar mejorar nada. Si aparece una inquietud, obsérvala como una nube. Nada que hacer, nada que lograr.

☁️ Reflexión guiada
¿En qué momentos del día intervengo innecesariamente? ¿Qué deseo controlar o acelerar y qué pasaría si no lo hiciera? ¿Qué me revela el no-hacer sobre mi forma de estar en el mundo?

☁️ Registro
¿Qué ha emergido en el espacio del no-hacer hoy?

📅 Día 6


☁️ Cita
«El que mucho corre, pronto para”– Proverbio popular sefardí

o este dicho de mensaje similar: “El que confía no necesita correr» o este otro: «No hay peor perfume que el de la desesperación»

☁️ Práctica
Haz tus rutinas con un 20% más de lentitud. Camina más despacio, habla más despacio, escribe más despacio. Lee el artículo Nunca corras detrás de un autobús ni de una mujer (cuando lo escriba).

☁️ Reflexión guiada
¿De qué huye mi velocidad? ¿Qué encuentro cuando no me apresuro?

☁️ Registro
¿Dónde hoy elegí la lentitud como forma de confianza?

📅 Día 7


☁️ Cita
«La naturaleza nunca se apura, y sin embargo todo se cumple.» — Lao-Tsé

☁️ Práctica
Pasea sin rumbo ni objetivo durante 15 minutos. No busques vistas bonitas, pasos dados ni eficiencia. Simplemente camina, deja que los pies decidan, permite que el entorno te guíe. Lee el artículo Más vale llegar a tiempo que rondar un año.

☁️ Reflexión guiada
¿Qué ocurre cuando camino sin mapa ni meta? ¿Qué nuevas formas de atención emergen en lo gratuito?

La solución es prohibir las pantallas

Hace poco, mi hija de siete años me preguntó: «¿cuándo podré tener móvil?» Y le respondí: «Cuando tengas 31 años, y será como el mío (un nokia del siglo pasado, un dumbphone)». Ella me respondió: «Vale».

Si tiene las reglas claras desde pequeña todo es más fácil. Yo mismo tengo que luchar contra la presión imperante, pero puedo ahorrarle la lucha a mi hija para que dedique el tiempo a afanes más productivos que vencer tentaciones: le proporciono mejores alternativas: música, teatro, muchos libros, matemáticas y muchas conversaciones familiares.

Yo creo que la solución es prohibir pantallas, pero dentro del ámbito de actuación personal y familiar. Así preservamos la libertad personal y de las familias para hacer lo que quieran, y al mismo tiempo creamos un espacio libre de pantallas al menos en casa.
Bastaría con que algunos padres, yendo contra la corriente y arriesgándose a ser tildados de maltratadores, prohibieran las pantallas a sus hijos, así se empezarían a ver las diferencias entre los niños y jóvenes criados con pantallas y los criados con libros, en la naturaleza y con ricas comunicaciones con seres humanos.

Los padres digitales querrán hijos como los que tenemos los no digitales y voluntariamente harán lo mismo o parecido.

 

En materia de educación y «virtudes» (ojo: no hablo de «valores», esos comodines morales del progresismo), la responsabilidad es de los padres, que además son los más interesados por el bienestar y desarrollo de sus hijos. Los políticos, directivos de tecnológicas, administradores de escuelas, funcionarios, pedagogos, profesores, etc. también pueden estar interesados por el bienestar de los niños y jóvenes en general, de forma abstracta, pero principalmente lo están por los votos, su futuro profesional, sus empresas, su comodidad laboral, su sueldo seguro a principio de mes y los trienios.

Opino que a una herramienta educativa no hay que evaluarla solo por sus pros. Las herramientas digitales pueden tener muchos. Pero también hay que considerar los contras. En materia de pantallas en la educación, al menos hasta los 18 años, quizá hasta los 24, los contras superan a los pros; uno de los principales contras es que son tecnologías adictivas por diseño, no por accidente.

Por supuesto que hay ventajas en el uso de herramientas digitales, pero yo puedo vivir sin ellas y además evito los peligros y el efecto expulsión: más tiempo de pantalla menos de comunicación humana, aburrimiento (necesario), libros y espacios naturales. Con el advenimiento de ChatGPT y sistemas afines, hay que añadir como un contra la expulsión producida por la externalización de nuestras funciones cognitivas: memoria, razonamiento, juicio, capacidad creativa.

Y no, las redes sociales y otras tecnologías digitales no son meras herramientas: tienen agencia, intenciones, las de sus programadores y dueños, que no coinciden ni de lejos con mis metas y prioridades.

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En ocasiones veo vivos

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Cómo leer y caminar (a la vez)

Del dicho al lecho, hay mucho trecho.

–Juan Bonilla, escritor español. El arte del yo-yo.

Como sabes, este es un blog sobre trucos minimalistas; esto es, pequeñas acciones, sencillas en su implementación y su concepto, pero que pueden tener un impacto desproporcionado en relación a su tamaño o complejidad aparente: esto es lo que buscamos siempre que aplicamos la ley de los pocos vitales y los muchos triviales.

Situación. Muchos de nosotros encontramos dificultad en establecer buenos hábitos. Las intenciones de cultivarlos y establecerlos en nuevas vidas acaban, desgraciadamente, rebosando por los bordes del día. No bastan buenas intenciones, con las que ya sabemos que se pavimenta el camino hacia el infierno; necesitamos intenciones de ejecución (cuando X, entonces Y).

Esta semana he descubierto, o quizá re-descubierto, una acción que me permite instaurar dos hábitos de un tiro: le lectura diaria y los paseos diarios.

¿Qué necesitas? Dos piernas. Un dispositivo de lectura electrónico tipo Kindle con luz incorporada. Quizá funcionaría con un teléfono inteligente, pero no lo he testado. En todo caso, no será tan cómodo como con un libro electrónico. Un libro físico también serviría si hay luz ambiental y si es de un tamaño que se pueda manejar cómodamente.

¿Cómo se ejecuta? Al final del día, o quizá durante del día, si tienes algún tiempo libre, puedes salir a una calle peatonal rectilínea y con pocos viandantes. Entonces, enciendes tu libro electrónico y te pones a leer. Puedes leer mientras caminas, sin peligro de coches o colisión con otros viandantes (si es de noche es más probable que haya poca gente).

He experimentado unos cuantos días con este nuevo sistema, quizá se convierta en un ritual en el futuro, y los resultados son prometedores.

Después de cenar, salgo a caminar durante una media hora y voy leyendo durante el camino en mi dispositivo de lectura. Me resulta extremadamente agradable y fácil. Con esta media hora diaria, puedo acabar un libro no muy denso de unas doscientas páginas cada diez días mientras forjo mi apolíneo físico.

Podrías probar y seguir desarrollando una saludable mentalidad experimental.

Be flexible, my friend

Uno de mis hermanos cuenta la anécdota de estar pasando unas vacaciones en una isla del Caribe, Granada,  y conocer a un negro  simpático y hablador. Confraternizaron y charlaron durante un rato.

Este hombre decía que todo lo que era se lo debía a su maestro, un rastafari muy sabio, y que seguía todas sus enseñanzas; una de ellas era la importancia de ser flexible. “I’m flexible”, decía repetias veces; entendemos que no solo al realizar estiramientos sino en diversidad de asuntos.  

En cierto momento, el rastafari confesó que su maestro también le inculcó el odio hacia los blancos.

Después de una pausa, agregó con tono tranquilizador que en este punto no seguía los pasos de su maestro y que también era ‘flexible’.

Esta anécdota me recuerda la dificultad de guiarse por principios tales como   “Be Flexible”  cuando tienes otros como “Hate white people”.

Principios, reglas y herramientas

Mi sistema de minimalismo existencial se concibió como un sistema de principios, reglas y herramientas del minimalismo.

Podemos decir que forman una jerarquía. Las herramientas son medios para fines más altos, mientras que las reglas intentan operacionalizar los principios. Los principios, por otro lado, son exhortaciones generales lo suficientemente vagas para aplicarse en diversas situaciones, sirviendo más como guías en la toma de decisiones que como rutas definidas

Es innegable que odiar a la gente blanca parece más una regla de conducta que un principio, pero se asemeja a este último. Si fuera una regla,  habría que definir qué significa exactamente odiar a los blancos y en qué tipo de acciones o inacciones se traduce.

Podría ser que hubiera que odiar la blancura o la raza blanca en general pero no a las personas blancas individuales; sería como la exhortación de Concepción Arenal “Odia el delito y compadece el delincuente”1.  Resulta complicado determinar si el maestro rastafari interpretaba la regla de odiar a los blancos como un principio general de desconfianza hacia ellos o como una norma más activa de llamada a la lucha.

La dificultad de lidiar con varios principios

Si ser flexible era un principio para el maestro rastafari, pero al mismo también otro era odiar a los blancos, el discípulo dudaría sobre cuál aplicar si se encontrara con un blanco europeo.

Esto obligaría a crear una jerarquía de principios para deshacer algunas de las contradicciones del sistema, aunque en un mismo nivel jerárquico siempre podría haber conflictos que tendrían que dirimirse apelando a un principio superior.

Puede que en el caso anterior el principio de ser flexible fuera jerárquicamente superior al de odiar a los blancos.  También podría ser que la exhortación a odiar a los blancos no admitiera excepciones y fuera un principio tan importante  o más que el de ser flexible.

Podría ser que en la mayoría de los asuntos importantes –sean estos cuestiones éticas,  estéticas o de la búsqueda de la verdad– no haya reglas, ni siquiera principios de actuación suficientemente claros.

Por tanto,  en muchas ocasiones habrá que seguir la intuición, el ojo clínico o la corazonada que permita dirimir los dilemas cotidianos caso por caso.

Ante la imposibilidad de  sistematizar, de diseñar una ecuación que resuelva todas nuestras equis,  nos queda la experiencia, la casuística, el gusto, el tocar de oído, sin partitura e improvisando de cuando en cuando.

Cabalgando las contradicciones

Puede que necesitemos llevar un caos dentro de nosotros, un caos de opuestos y contradicciones derivado de considerar muchas posibilidades, y, a la manera de Nietzsche, podamos así alumbrar una estrella danzarina, un cometa, una estrella fugaz…

Quizá la apertura mental nos lleve a tolerar mejor las contradicciones, o, al contrario, el tolerar las contradicciones sin anular ninguno de los opuestos, nos lleve a la apertura mental.

Confía en las contradicciones y míralas todas. Nunca anules una fuerza para dar supremacía a otra. La contradicción misma es la realidad en toda su multiplicidad. El hombre, desde su punto de vista, sólo puede ver la realidad en las contradicciones. Y cuanto más fiel es a su percepción de la contradicción, más abierto está a lo que hay que saber. La «armonía» como un bien absoluto es para los dioses, no para el hombre.

—Alfred Kazin. Citado en The marginalian2 por Maria Popova

Caerse el cerebro de ser tan abiertos

De lo anterior, parece derivarse que  tengamos que estar con Marx (Groucho) y digamos  de cuando en cuando eso de “Señora, estos son mis principios, y si no le gustan… pues tengo otros”.

Pero ser marxistas en esto nos llevaría al problema planteado en la cita: ¿Podríamos estar siendo demasiado flexibles, ser de mentes tan abiertas que se nos abra la tapa de los sesos y se caiga el cerebro?

[Los caballeros prácticos] tienen una serie de comentarios amargamente sarcásticos sobre personas cuyas mentes son tan abiertas que se les cae el cerebro .

—Max Radin, 1937

Podríamos ser tan abiertos a las nuevas ideas que ninguna germinara profundamente, que no hubiera tiempo para considerar y experimentar lo suficiente para conocer su ámbito de aplicación o su forma de aplicarla.

Esta apertura mental, este abrir el grifo de las influencias,  puede derivar fácilmente en inconstancia, irregularidad, capricho, exceso de sensibilidad a los sucesos internos y externos que nos asaetean. Como resultado, careceríamos de fondo, de fundamento, de cimientos mínimos sobre los que sustentar una vida bien vivida.

La bestia, al vivir en un eterno presente, no puede comprometer su acción para el futuro, tanto por incapacidad de conceptualizar la promesa como por carecer de la habilidad para gestionar  inteligentemente sus variados y a veces contradictorios motivos.

Comprometer al yo futuro es algo que solo el yo presente del Hombre puede hacer, no está al alcance de ningún otro ente conocido. La sociedad, la civilización y sus frutos no serían posibles sin la capacidad de empeñar la palabra, que a su vez depende que seamos capaces de empeñarnos en algo, esforzarnos y entregar parte de nuestra alma y de nuestra acción futura. 

Ningún viento es favorable para quien no sabe hacia donde navega

–Lucio Aneo Séneca

El problema con la apertura mental y la excesiva “inclusividad” de las ideas —por usar un término actualmente en boga—  es que nos quedemos a medio camino en todo, que no nos comprometamos lo suficiente con ninguna idea o dirección intelectual o vital: por querer tener el dedo en todas las tartas, podemos no llegar a tenerlo en ninguna; por no privilegiar ninguna doctrina u orientación vital  podemos caer en un pantano inclusivo. Este pantano espiritual no muestra tanto bonhomía como nuestra molicie y carencia de criterio.

En última instancia, la capacidad de comprometerse con valores claros distingue a una persona de carácter y proporciona un fundamento para una vida bien vivida.

El sé flexible –o  inclusivo o diverso o igualitario– con todas las ideas, opiniones o doctrinas  es el signo de los tiempos, pero deberíamos empezar a considerar las bondades de la discriminación y si la flexibilidad o acogimiento universal de personas e ideologías es siempre tan apropiada como indudablemente lo fue en el caso del rastafari de Granada que desafío a su maestro y optó por no odiar a los blancos.

Referencias

  1. Odia al delito y compadece al delincuente. Diario ABC ↩︎
  2. Perception and the Power of the Critical Imagination: Alfred Kazin on Embracing Contradiction and How the Sacredness of Human Attention Shapes Our Reality. Blog The Marginalian. ↩︎

Tener, hacer o ser

El Shabbat es un día de alegría, porque ese día el individuo es plenamente él mismo. Por ello el Talmud llama al Shabbat la anticipación del tiempo mesiánico, y al tiempo mesiánico el Shabbat interminable: el día en que la propiedad, el dinero y la aflicción y la tristeza no tienen cabida; un día en que es abolido el tiempo, y solo domina el ser puro espiritual. Su predecesor histórico, el shapatu babilónico, fue un día de tristeza y de temor. El domingo moderno es un día lleno de consumo y de huir de sí mismo.

Erich Fromm: Tener o ser.

Si tuviera que darme una obligación que debiera y además quisiera cumplir durante el resto de mi vida, sería esta: observa el Shabbat, hazlo sagrado.

Si tuviera que darte una obligación que debes pero no querrás cumplir la mayoría de las semanas, al menos al principio, sería esta: observa el Shabbat, hazlo sagrado.

Escribió Abraham Joshua Eschel que el shabbat es como echar un vistazo a la eternidad, y que el judaísmo es una religión más del tiempo que del espacio, que construye un santuario en el tiempo todas las semanas.

Nadie te impide dedicar veinticinco horas todas las semanas a lo que verdaderamente importa, ser y no hacer, a la verdadera libertad, a las relaciones personales cercanas, familia y amigos íntimos, el espíritu y lo divino.

Imagina que has llegado, que no tienes que ganarte el pan con el sudor de tu frente, tienes la eternidad contigo y para ti. Olvida las metas y los planes, ya has llegado, no hay nada que esperar ni que temer.

Cierto, hay muchas cosas que no puedes hacer en este día: treinta y nueve según el Talmud. Pero a estas alturas ya sabemos que libertad es libertad para elegir nuestras cadenas. La restricción es el pilar de la libertad, y nada mejor que la restricción autoimpuesta y además propuesta por una comunidad.

Shabbat shalom.

Cómo acometer un proyecto

Tres requisitos.

Compromiso.

Asegúrate de que tienes un proyecto, no una línea más en la lista de la compra. Busca en tu  interior, no en google:

¿De verdad lo quieres? ¿Cuánto lo quieres? ¿Más que cualquier otro objetivo alternativo? ¿Seguirás motivado cuando ya no estés motivado o cuando la hierba del vecino resulte más verde o cuando surja la siguiente cosa brillante?

Si no respondes con completa seguridad y afirmativamente a todas las preguntas anteriores, olvida el proyecto. No es más que un deseo.

Por escrito

Ponlo por escrito.

No es necesario que la meta o el propósito del proyecto esté perfectamente definido, puede ser borroso, pero ha de ser lo suficientemente claro para que si haces algo sepas si te acercas o alejas. No está tampoco mal que formules una estrategia (con tres líneas bastan)  y te impongas una fecha límite para declararte triunfante o en bancarrota.  Luego da el primer paso.

Ponlo por escrito.

Ponlo por escrito.

Rendición de cuentas

El tercer requisito es imprescindible. Si no tienes alguien ante el que responder personalmente de caminar todos los días hacia tu proyecto, tus posibilidades se reducen a la mínima expresión. No confíes en ti, la carne es débil, tu mente es incluso más débil que tu cuerpo.  Si no tienes jefe que se enfade cuando no avanzas en el proyecto, cuéntale tu proyecto a alguien de confianza y pídele que lo revise contigo cada dos semanas.  Cuando fracases, cuando no avances, cuando abandones, el dolor de reconocerselo a otro ser humano te volverá más precavido a la hora de iniciar proyectos.

 

Amagar los hábitos

Estimado Doctor Mínimus,

vengo con una duda existencial.Si un día no puedo cumplir con un hábito a la hora prevista. ¿Qué hago? ¿Lo realizo apenas pueda, aunque eso signifique realizarlo 5 horas después?

Melisa.

Estimada radioescucha,

respondo a tu pregunta comenzando con la definición del diccionario  de la palabra amagar en sus acepciones quinta y sexta, porque mi respuesta tiene que ver con tales significados.

Amagar.

Quizá del gót. af-maga ‘desamparar’, y este der. de magan ‘tener fuerza’.

  1. tr. Mostrar intención o disposición de hacer algo próxima o inmediatamente.
  2. intr. Estar próximo a sobrevenir.

¿Se puede «amagar» a posteriori un hábito, una determinación, una promesa?

Es decir, si has incumplido una promesa, has violado el hábito (por una vez o por quinta vez seguida), o has dejado de meditar en el día de hoy a las 8:00 am, tal y como me habías asegurado que harías a partir del 1 de enero del 2018, ¿puedes amagar?

El amagar es —en principio—  un a priori, es hacer como si fueras  a hacer o al menos mostrar la intención de hacerlo próximamente (acepción quinta).

Cierto, esta mañana no te abstuviste de ese pastel o de esa Coca-Cola (¿desayunas con Coca-Cola, alma de cántaro?), y técnicamente has fallado en tu determinación (una vez más), no la has cumplido, has quebrantado tu sincera promesa.

Ok. Vale. Pero «amagar»  también significa estar próximo a sobrevenir. Si te has dado cuenta de que nos podido|querido cepillarte los dientes inmediatamente después de la cena, es un avance; si te flagelas un poco, si te sientes un poco mal, está bien también: la conciencia, como bien sabemos, es el principio de la liberacción.

Pero no te quedes en la mala sensación de boca, haz algo, por pequeño que sea que ratifique y renueve tus votos, tus buenas intenciones:

¿Estabas en la cama a las 5:05 am de la mañana y has recordado que no meditaste a las 11:11 pm (eliges unas horas muy curiosas…)? ¿Alguna persona significativa te ha recordado a las 7:06 en el beso de la mañana que el olor a ajo no es el mejor afrodisiaco?  Muy bien, pues levántate, siéntate, asume la posición del medio-loto y medita durante un minuto. O bien, levántate y cepíllate un diente, por mucho sueño que tengas.

Ya está, ya has amagado el hábito, aunque sea a posteriori.

Te quedas con mejor sabor de boca (literalmente, en el caso del aficionado a la salsa alioli), la luz de la esperanza al final de túnel brilla mortecina y quizá tengas remedio, quizá todavía podamos hacer una mujer|hombre de ti. Quizás no todo esté perdido. Quizá la acepción sexta de «amagar» se cumpla y tu deseada conducta virtuosa finalmente sobrevenga.

El borracho que no apura la segunda botella de vino de la noche, el glotón que en un momento de lucidez deja la última galleta de chocolate de la bolsa y se la da al perro o la tira a la basura, el perezoso que después de una tarde del sábado delante del televisor comiendo palomitas se pone las zapatillas de deporte, baja al portal de su casa, pone el pie en la calle y cuando siente el frío vuelve a su butaca, etc., todos ellos están «amagando el hábito», todos ellos tienen en su mano la posibilidad de redención.

La vida no es binaria: Todo o nada, 1 o 0, blanco o negro, Ortega o Gasset. La naturaleza da saltos pero los saltos pueden ser pequeños.

Lo que  dijo Rafael Sarmentero de los proyectos lo podemos decir respecto de los hábitos, rituales y buenas costumbres: «La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo»:

La diferencia entre nada y todo es un poco.

No es un juego de palabras.

Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y y no tienes nada.

Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado.

Entre nada y todo hay una diferencia muy grande.

Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco.

No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio.

Un poco lo es todo.

Lo diré de manera críptica, pronto y mal, Melisa,  para que lo grabes a fuego en tu conciencia:

La perfección es fascista.

Así que haz lo que puedas, aunque sea cinco horas después, aunque sea insignificante, y reafírmate en tus promesas a ti misma.

Nada está perdido, si haces algo, aunque sea muy poco.

El poco, aunque sea también tarde, sostenido fanáticamente todos los días, es tu esperanza.

Sinceramente,

Doctor Mínimus

 

Conversación con el Tío Gilito: cómo alcanzar la libertad financiera

Este es una conversación con el Tío Gilito sobre la libertad financiera y cómo alcanzarla.

Puedes escucharla en el blog o escucharla y bajarla aquí.

En ella, hablamos sobre el significado de la libertad financiera y una herramienta conceptual que nos ayudará a alcanzarla: el triángulo de la libertad financiera.

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Durante el transcurso de la conversación queda patente el tipo de mentalidad necesaria para disfrutar de una buena salud financiera y se proporcionan ideas de sencilla aplicación que pueden ponerse en práctica inmediatamente.

Al final de la conversación, recomendamos  varios libros que nos ayudarán a profundizar en los temas tratados.

Referencias a libros citados:


Padre rico, padre pobre

Padre rico padre pobre

 Vender es humano: la sorprendente verdad sobre cómo convencer a los demás

Vender es humano

El millonario de la puerta de al lado

El millonario de la puerta de al lado

El pequeño libro para invertir con sentido común.

Pequeño libro para invertir con sentido común

Un paso por delante de Wall Street

Un paso por delante de wall street

I will teach you to be rich

I will teach to be rich

 

 

La pistola de Chéjov

Una pistola de Chéjov es un artificio dramático. Su formulación se atribuye al escritor ruso Antón Pávlovich Chéjov:

«Si el tío Vania esconde una pistola en la mesilla de noche en el primer acto, esta ha de ser disparada en el segundo o en el tercero».

¿Por qué ha de ser disparada?

Porque si no la pistola se convierte en un elemento superfluo, que no añade nada a la trama ni a su resolución, distrae al espectador o lector, ralentiza la narración y conspira contra el disfrute de la obra.

Pistola de Chéjov generalizada:

«Si un objeto no mental aparece en tu vida, ha de ser empleado en algún momento del futuro próximo».

Esta regla es muy útil como antídoto contra la tendencia a acumular objetos físicos. Te mueve a preguntarte por la función de cualquier nueva posesión y su contribución a tus objetivos y metas.

Si el objeto no se va a usar en el futuro próximo para contribuir a alguna meta previsible es mejor catalogarla como innecesaria, como «no disparable».

La regla de la pistola de Chéjov se opone a los «por si acaso», poseer y guardar por si en el futuro pudieras necesitar el objeto.

¿Por qué hablo de «objetos no mentales» y  excluyo implícitamente los objetos mentales de la regla de la pistola de Chéjov?

Porque la imaginación y la creación se promueven acumulando un gran número de ideas  y asociaciones. La imaginación es  manipulación de la memoria, y la creación es combinación de elementos de la memoria para alumbrar nuevas posibilidades en el mundo físico o en el mundo de las ideas.

Cuantas más ideas tengas, más puedes acumular, ya que  podrás asociar de muchas más maneras las nuevas con las viejas: tienes más ganchos mentales para colgar los nuevos conceptos.

El saber, a efectos prácticos, no ocupa lugar, aunque su adquisición requiera mucho tiempo.

Además, nunca puedes prever si en el futuro (próximo o lejano) una idea u objeto mental podrá combinarse de manera creativa al servicio de alguno de tus proyectos, por eso no es conveniente ser tacaño en la adquisición de ideas. La creación no estereotipada no se puede anticipar y es conveniente tener muchos recursos disponibles por si pudieran servirte. Es por eso que en el mundo mental generalmente opera el principio maximalista de «Más es  mejor».

Los lastres del exceso de posesiones en el mundo físico contrastan con las ventajas de la exuberancia en el mundo mental. En el mundo físico, las posesiones generan rigidez, costes crecientes de mantenimiento y de recuperación; en el mental, mayor cantidad de ideas significa más facilidad para asociar y recuperar lo acumulado, más combinaciones posibles y modelos mentales más flexibles.

Por tanto, el minimalismo en el mundo mental es un a posteriori, algo deseable solo  después de haber acumulado muchas ideas y probado un gran número de combinaciones que luego puedas condensar en principios, reglas o síntesis conceptuales.

Si escribo artículos de tres mil o seis mil palabras en este blog e inicio proyectos y experimentos públicos, es para mostrar que mis otros artículos de trescientas o seiscientas, y mis aforismos son la versión destilada de mucho pensamiento y experiencia anterior, no las revelaciones o intuiciones infundadas de un pensador que tiende a pensar lo mínimo y se apresura a prescribir recetas con las que tú vivas al máximo.

Cómo cambiar el mundo (2 de 4)

Cuando eres joven (y además estúpido) todo lo ves a través de un prisma moral maniqueo: las víctimas, los malos, tú en el lado de los buenos o los iluminados, y la solución en que todos seamos buenos.

Si eres progresista o de simpatías socialistas dirás que todo es cuestión de educación (liberación de los  relatos opresores, dirían unos; adoctrinamiento, dirían los del otro lado), cambiar el sistema y erradicar a los malos; si eres conservador o tradicionalista dirás que todo es cuestión de respetar las buenas costumbres y la moral,  escuchar la voz de la conciencia y castigar o eliminar  a los malos (justicia  dirían algunos, venganza dirían los otros); si eres de un centro mediopensionista más o menos ciudadano querrás reprimir a los pillos y educar a partes iguales —porque en el aséptico medio está la virtud—  y así eliminar el mal del mundo.

Pero si se trata de cambiar el mundo, ¿no sería posible que  el campo de batalla más apropiado la mayor parte del tiempo no esté allí fuera y a lo lejos  sino aquí  dentro o en las inmediaciones?

Cuando siento ganas de culpar al sistema o a los mercados sin alma o a la falta de libertad individual, me gusta recordar  la frase de  Patricio Jake O’rourke: «Todos quieren salvar  el mundo, pero nadie quiere ayudar a su madre a fregar los platos”.

Consejos vendo que para mí no tengo

A cierto nivel, la sabiduría no es algo mucho más profundo que la habilidad de seguir los propios consejos.  —Sam Harris

Homo Mínimus  está buscando continuamente ideas fundamentales o sumamente reveladoras que puedan convertirse en atajos cognitivos o heurísticos —cuasi-trucos los podríamos llamar, por aligerar la gravedad intelectual del concepto— que podamos aplicar de inmediato en nuestra vida cotidiana.

¿Cuál es el consejo que te voy a dar hoy?

No, no es NO dar consejos. Ese NO es mi consejo. Después de todo, me gano mi vida digital dando consejos a diestro y siniestro, como un karateka en una película de chinos repartiendo mandobles a todo obstáculo con forma humana que aparece en el dojo virtual.  Por eso NO te voy a pedir  que no inflijas consejos,  todos tenemos cientos que podemos y debemos sacar de nuestras chisteras.

Mi consejo hoy, sin embargo, es también un metaconsejo: un consejo sobre los consejos.

¿Quién debe dar los consejos y a quién debe dárselos?

Dice el tío Sam que la sabiduría consiste en poco más que seguir los propios consejos. Ojalá fuera tan fácil.

El problema con el consejo de Sam y con todos los consejos que  Homo Mínimus te pueda dar está en  que las personas son distintas y las mismas personas necesitan distintos consejos en distintas situaciones. Por tanto, un consejo des-contextualizado y des-personalizado es inútil,  en el mejor de los casos, y probablemente contraproducente.

Además, hay otra dificultad con el consejo de Harris, casi la contraria del  problema anterior: yo me creo especial  y pienso  que lo que es obvio para los demás (“¿Estás gordo? ¡Come menos!”/ “¿Te gusta esa chica? ¡Acércate a ella e invítala a un helado!”) no es aplicable a mi  particular situación (“Estoy gordo pero eso se debe a la interacción entre el PH del  agua de la región y mi grupo sanguíneo” / “Me gusta esa chica… pero no puedo hacer nada obvio, porque podría salir mal si me precipito y puede que no soportara el rechazo, entonces me daría a la bebida, acabaría viviendo debajo de un puente y nunca conocería a una mujer similar” ),  luego ese consejo que sirve para el gordo Mengano y el romántico Fulano no sirve para mí.

Cuando vemos el problema de una tercera persona, sacamos una conclusión rápida basada en poca información. Justamente, por tener poca información, las ramas nos permiten ver el bosque y es probable que nos  centremos en lo esencial: comer menos/hablar con Dulcinea. El mundo, por injusto que nos parezca a los esnobs hiper-intelectuales y profundos como tú y como yo, es casi siempre de los simples que van al  grano en el granero de Pareto.

En resumen, si somos bienintencionados con los demás frecuentemente acertaremos con el consejo.

Cuando se trata de  un problema personal, tenemos un montón de información sobre las circunstancias que pudieron llevar al problema y la miríada de pensamientos y emociones que pueden ser relevantes para el problema; en consecuencia, el exceso de ramas nos impide ver el bosque,   el análisis se traduce en parálisis o la solución que diseñamos es demasiado complicada: hacer un análisis sanguíneo para ver qué dieta me conviene/escribir una novela superventas que haga que se fije en mí, ahorrar para comprarme un Ferrari.

En resumen, los consejos que nos damos a nosotros mismos suelen ser poco realistas, demasiado específicos y complicados y, si los seguimos, pronto abandonamos debido a su complejidad.

Parece que dar consejos es por tanto un ejercicio fútil, quizá solo sirve para sentirse benevolente o superior, si los damos a un tercero, o para orientar la acción errónea o ineficientemente , si nos los damos a nosotros mismos.

¿Cómo solventamos el conflicto?

De esta manera:

  1. Hay que seguir los consejos que nos damos (si no hay acción, no hay posibilidad de cambio).
  2. No hay que seguir los consejos que nos damos a nosotros mismos como si nos los diéramos a nosotros mismos (creemos que somos especiales).
  3. Hay que seguir los consejos que nos demos, pero solo si son los que daríamos a alguien similar a nosotros en circunstancias similares, pero que NO fuera uno mismo (el desapego simplifica el problema y mejora la solución).

Mi consejo sobre los consejos

Actúa como si estuvieras viendo una película interpretada por otra persona (la película o el videojuego de tu vida) , monitoriza  su acción de la manera más objetiva e imparcial posible (fíjate en causas evidentes y resultados deseados, simplifica),  y cada vez que el tipo que está en la pantalla tenga que tomar una decisión, susúrrale al oído —como si él no fueras tú— lo que debería hacer.

Por supuesto, es esencial que el tipo que está en la pantalla siga el consejo del espectador imparcial; para eso, el espectador ha  de establecer una relación de confianza con el protagonista de la historia y sugerir en vez de imponer: es un espectador bienintencionado, no un dictador; es un espectador falible,  no el oráculo de Delfos; es alguien que aprende de los errores, su última palabra no es la última palabra.

¿Todos los consejos que te des y apliques de esta forma te llevarán hacia la solución o serán la mejor decisión posible?

No. ¿Crees acaso que soy el oráculo de Delfos?

Pero a partir del día en que empieces a hacer  caso al espectador imparcial dejarás de tropezarte una y otra vez contra los mismos muros: cuando te golpees con uno, la próxima vez que estés ante un muro similar, tomarás otra decisión y harás algo distinto, en vez de suponer, como hasta ahora, que tu situación es especial, que si te estrellas muchas veces contra el mismo muro lo atravesarás,  que eres especial o que necesitas una solución distinta de la que sería conveniente para otros seres humanos similares a ti en parecidas condiciones.

Más vale llegar a tiempo que rondar un año

Me dirigía a la puerta de entrada a mi urbanización y me encontré con un señor mayor de porte distinguido que se había parado a sostenerme la puerta. Me apresuré un poco, como se hace cuando alguien que podía haber pasado y cerrado espera a que llegues y te sujeta la puerta.

Le di las gracias y pasé;  él, con la llave todavía en la cerradura de la puerta, me dice: «Más vale llegar a tiempo que rondar un año».

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Se lo tuve que hacer repetir porque no entendí la última parte: «…que rondar un año»; «rondar» es un verbo que casi no se usa hoy en día  y lo que dijo es un refrán español con el que nunca antes me había topado. Le dije que me parecía muy buen refrán y que me había gustado. Además, estaba muy bien traído. Nos dijimos adiós.

Más vale llegar a tiempo que rondar un año.  El refrán resonaba en mi cabeza. Qué buen refrán. Más vale llegar a tiempo que rondar un año.  Sin duda el señor encontró el momento perfecto y la situación adecuada para proferirlo.

El pretendiente que encuentra el momento adecuado para hacer la proposición a su amada se ahorra 365 días de esfuerzos y desvelos.

La sabiduría popular bascula entre dictar que o bien todo es fruto del destino y esperar pacientemente a que lo bueno nos suceda, o  bien producto de la voluntad hercúlea que todo lo puede.  En el primer caso, creemos en la ley de la atracción y la fértil espera; en el segundo, en la alegre positividad y el esfuerzo continuo en la dirección correcta hasta que nuestro trabajo fructifica; en el primer caso, corremos el peligro de des-esperarnos; en el segundo, de herniarnos, desgañitarnos o consumirnos en el esfuerzo.

Hoy me he dado cuenta de que hay una tercera vía: la vía de elegir el momento adecuado en el que aplicar tus esfuerzos. Es la vía más inteligente, eficiente y minimalista.  El momento adecuado es el fulcro de la palanca que logra multiplicar el esfuerzo, es el punto espacio-temporal que nos permite  mover el mundo en la dirección de nuestros deseos.

Podemos extender el refrán más allá de la dimensión temporal  del momento justo, hacia el lugar justo, la persona apropiada u otra dimensión sobre la que tengamos control:

  • Más vale elegir la doncella adecuada  que romperse los cuernos con la ingrata.
  • Más vale buscar el escenario correcto para la petición de mano que insistir cien veces.
  • Más vale encontrar palabras certeras que llenarse la boca de adjetivos.

Cambia la doncella y la proposición romántica por X e Y, y ya tienes un montón de situaciones potenciales en la vida en las que has de ser más deliberado sobre los momentos, lugares o personas  en que aplicas tu esfuerzo o tus palabras.

A propósito,  más vale acabar a tiempo que seguir dando vueltas alrededor de un consejo ya suficientemente comprendido y justificado.

Yo no soy tu gurú

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Hay una máxima en el mundo de la escritura —que aprendí el año pasado en mis incursiones en los talleres de escritura creativa—  que reza: «Escribe de lo que sabes».

El problema que encuentro con esta regla es que si ya sé de lo que voy a escribir no tengo gran motivación para escribir.

Por ejemplo, de este articulo tengo el título: «Escribe sobre lo que no sabes de  lo que sabes». En mi mente tengo la idea ya formada. Y creo que me va a llevar como tres minutos desplegarla y expresarla decentemente. Tengo la sensación de que la idea no da más de sí. Esto hace que me esté costando escribir este artículo. No me siento terriblemente motivado.

Así que siguiendo la dirección del título, me tendría que preguntar: «¿Qué no sé sobre el hecho de que es bueno escribir sobre lo que no sé de  lo que sé?».

¿Te estás perdiendo, amigo lector? Yo también.

Bien… Es una buena señal que yo me esté liando porque eso significa que hay algo que no domino del todo en este asunto de escribir sobre lo que no sé de  aquello que sé.

¿Qué no sé? Intentaré analizar el significado de la frase para ver si hay algo que no tengo claro:

La frase, el título de este artículo, significa que cuando tenga algo claro tengo que partir de la base de que no está del todo claro y que hay cabos sueltos.

Difícilmente tendremos un conocimiento cristalino sobre nada medianamente complejo o ambiguo: la escritura es una habilidad compleja y los criterios de evaluación son borrosos, si los hay.

El proceso de escribir es un proceso cognitivo sumamente complejo, tanto que muchos escritores describen su actividad en términos mágicos, casi místicos, como si fuera un proceso sobre el que no tuvieran ni conocimiento ni control.

Por tanto, está claro que puedo encontrar muchas zonas grises en cualquier prescripción o principio que enuncie sobre el proceso de escritura.

De lo que acabo de decir sobre el proceso de escribir, podría dar un salto lógico y  extrapolar que escribir sobre lo que no sé de  lo que sé es casi siempre posible. El mundo es grande y nuestro conocimiento escaso, luego en cualquier asunto sobre el que escriba puedo encontrar zonas grises, o puedo relacionar lo que sé con algún elemento desconocido y en el camino… ¡motivarme!

Si escribo sobre lo que no sé de  lo que sé  voy a estar motivado: al ponerme a escribir ya tengo un aliciente, algo que descubrir, algo que puede generar curiosidad: descubro lagunas en mi conocimiento.

La dificultad de seguir esta prescripción está en cómo hacerse preguntas que uno no sepa responderse inmediatamente  y hacérselas partiendo de situaciones o temas de los que sepa lo suficiente como para encontrar algo relacionado que no sepa; porque si sabes poco o no sabes nada,  es difícil o imposible encontrar preguntas interesantes.

De esta manera, la escritura se convierte en un proceso mental exploratorio, de descubrimiento de cabos sueltos y de esfuerzos  de atarlos con nuevas relaciones, datos, o inferencias.

Ajá.

Parece que tengo una aproximación a mi tesis:

Si sigo esta regla tengo materia sobre la que escribir, porque hay algo que sé, y tengo motivación porque estoy desentrañando lo que sé para encontrar lo que no sé, y eso genera curiosidad, una cierta tensión que busca resolución.

Las preguntas que me muestran lo que todavía no sé de lo que sé son la clave.

La sombra paralizante del cierre cognitivo prematuro

Hummm. La cuestión es que entonces no siempre podré seguir la regla:

Si no sé nada, imposible seguirla; si sé todo o demasiado, muy difícil seguirla;

Pero.. si sé algo pero no todo… puedo seguirla. ¿Parece fácil?

Lo parece, si no fuera porque las personas, incluidos los escritores, que también somos personas, creemos saber casi todo lo importante sobre todo lo importante. Los psicólogos llaman a esto «cierre cognitivo prematuro».

La propensión sicológica es a ese cierre cognitivo: no queremos las creencias para perfeccionarlas eternamente en un proceso de refinado constante que consuma nuestras vidas; queremos las creencias para orientarnos «suficientemente bien» en el mundo, para así hacer algo en el mundo, para comenzar la acción.

Cuando una creencia cumple su función, aunque esta sea meramente lenitiva o calmante del dolor de no saber, dejamos de buscar, nos ponemos a hacer y nos ocupamos de otro asunto; habitualmente, lo hacemos demasiado pronto.

Los escritores de ficción o no ficción creativa son seres especiales. No escriben tanto para mostrar lo que saben como para descubrir lo que no saben: ¡solo así pueden descubrir algo y ser creativos!

El miedo a la hoja en blanco y el aprendizaje condicional

Así que parece que muchas veces no me pongo a escribir porque ya creo saberlo todo o porque no quiero complicarme la vida con nuevas incógnitas, aunque sospeche que no sé todo sobre lo que quiero saber.

Ellen Langer, la psicóloga americana, considera que el profesor  debe mantener una actitud condicional, una actitud abierta a las posibilidades, sin encastillarse en ninguna, por muy probable o razonable que parezca.

En esencia, el buen maestro en vez de presentar  a sus alumnos tal o cual principio o hecho como algo taxativo, indiscutible, cerrado, ha de enunciarlo de manera condicional.

Ejemplo: el maestro no debería decir «El principio X es correcto» sino más bien «Podría ser que el principio X fuera correcto». Con esto da a entender que el principio o hecho que enuncia es uno entre varios que podríamos considerar, que podría ser otro. De aquí entonces la idea de «aprendizaje condicional».

Presentando la información de esta manera, el maestro consigue que la mente del alumno no se fije en una solución o guion cognitivo y mantenga abierta la mente a nuevas posibilidades y siga explorando en vez de limitarse a memorizar el conocimiento empaquetado y distribuido por el profesor. Y eso aumentará la involucración del alumno en su aprendizaje.

El aprendizaje condicional en la escritura

Extendamos la idea de aprendizaje  condicional de Ellen Langer a la escritura:

Cuando inicie un nuevo texto de ficción o de no ficción creativa debo decirme: «Podría ser que X… y también que Y… y quizá Z…» y «no veo claro si X o W… vamos a explorarlo…» y «¿Qué pasaría si fuera J, K o L? Es solo un suponer…» y… «aunque me decanto por H… todavía hay varios flecos o contradicciones Ñ, O y P que no sé cómo soslayar..». Etc. Y esto involucrará al escritor en su texto.

Es resumen, siempre que empiece a escribir me pondré a buscar lo que no sé en lo que sé para:

  1. Motivarme con la exploración.
  2. Buscar y encontrar algo nuevo que no sabía antes de empezar y que desafía o complementa o sustituye a lo que creía saber al principio. En el camino puedo crear algo nuevo tanto en contenido como en forma.

Yo no soy tu  gurú (¿o qué creías?)

HM habla siempre desde la condicionalidad, desde la razonable posibilidad que no excluye otras posibilidades razonables; aunque a veces parezca que hable desde el púlpito, esa no es su esencia; su esencia es la de trol filosófico existencial.

troll

No en vano, el santo patrón de su minimalismo existencial  es Diógenes de Sinope, un filósofo cínico que tenía solo tres posesiones: una capa, un bastón y una escudilla; el día que observo a un niño beber en un arroyo usando la concavidad creada con sus manos se deshizo de la escudilla cuando constató sorprendido  que era otro elemento superfluo al que hasta ahora había considerado imprescindible.

Diógenes es famoso por sus performances filosóficas. En cierta ocasión recorrió Atenas con un farol encendido a plena luz del día buscando a un hombre honesto; por supuesto, no lo encontró. En otra ocasión, cuando Platón le dio la elogiada definición socrática de Hombre como «Bípedo implume», desplumó una gallina y la hizo correr por la plaza mientras gritaba: «¡Ahí va un hombre!»; desde ese momento, se añadió a la definición «…de uñas planas»

El mejor troleo es siempre el autotroleo: uno debería esforzarse por ser el mejor trol de sí mismo y conspirar constantemente contra las propias convicciones, incluso contra las más fijas e indiscutidas, que no indiscutibles.

Pero el autotroleo es tan difícil como aconsejable, muy difícil de autoinfligir; por eso es conveniente rodearse de troles y mentes despiertas  que se atrevan a contradecirte y decirte: «Soy amigo del señor Platón, soy amigo del señor Homo Mínimus, pero más amigo todavía soy de la señora Verdad».

Mientras uno no encuentre troles que le troleen bien troleado y le jodan bien jodido, hay que mantener una sana y permanente actitud condicional, hablar desde la condicionalidad deliberada y buscar contradecirse bien contradicho, aunque solo sea por el gusto de explorar distintas direcciones vitales.

El espíritu de la contradicción con los demás es bueno y saludable, pero lo es más si uno busca sus contradicciones y socava las certezas personales más queridas. A diferencia del que cabalga sus contradicciones y vive plácidamente en una hipócrita esquizofrenia, hay que usar la conciencia de la contradicción para diluir las certezas y llegar a una nueva verdad condicional mayor y provisional, siempre en desarrollo.

Así que recuerda que HM —incluso en sus momentos aparentemente más dogmáticos—  es un maestro condicional, uno que siempre en su fuero interno dice: «Podría ser que H, podría ser que M… pero exploremos hoy X… o quizá HM.».

Cien maneras de hacerte miserable la vida

No creo que necesites muchas ideas, pero allá van:

1. No dormir las horas que necesitas dormir para estar en forma.

2. Comer comida basura.

3. Ver la televisión.

4. Ser una víctima de la moda.

5. Afiliarte a un partido político.

6. Actuar siempre espontáneamente.

7. Planificar todos y cada uno de tus movimientos.

8. No tener amigos.

9. No tener familia.

10. No tener un ikigai (una razón para levantarse por las mañanas)

11. No reír todos los días.

12. Usar como métrica de éxito los ingresos dinerarios cuando pasas de 60.000 euros/año. 13. Preferir las cosas a las personas y las experiencias.

14. No cuidar tu salud.

15. Confundir aprendizaje formal con aprendizaje.

16. Entrar en guerras incendiarias en twitter.

17. Entrar en guerras incendiarias en facebook.

18. Entrar en guerras incendiarias en el chat.

19. Estar siempre a la última.

20. Compararte con los demás para juzgar tu nivel de satisfacción o felicidad.

21. Adoptar una actitud optimizadora en asuntos insignificantes.

22. No tolerar los errores. En su lugar, desarrollar una chispeante mentalidad experimental y doma tu sentido del ridículo.

23. Ser perfeccionista.

24. Comprometerte a hacer cien listas de cien. Reto-práctica 100×100.

25. No cepillarte los dientes al menos una vez al día.

26. Rodearte de gente igual que tú.

27. Pensar que tienes que ir a lugares lejanos para viajar.

28. Ser un adoptante temprano de tecnologías.

29. Tener más de dos proyectos importantes en paralelo.

30. No dejarte sorprender.

31. Tomarte todo personalmente.

32. No tomarte nada personalmente.

33. Estar siempre haciendo algo.

34. Saber seguir órdenes ajenas pero renunciar a darte órdenes a ti mismo.

35. Creer que existen santos griales, panaceas, bálsamos de fierabrás.

36. Tener miedo a hacer el ridículo.

37. Esperar que la primera versión de cualquier cosa sea buena.

38. Asociar el resultado de tus actos a tu identidad.

39. Estar a la busca de la aplicación de productividad personal perfecta.

40. Tener más de ciento cincuenta “amigos” (número de Dunbar)

41. Mear y no echar gota.

42. Esforzarte por caer bien a todo el mundo.

43. Esforzarte por no caer bien a nadie.

44. Ir de algo.

45. No tener identidad, aunque sea temporal o una entre muchas.

46. No tomarte nada en serio.

47. No tomarte nada a la ligera (los ángeles no vuelan porque tengan alas, los ángeles vuelan porque se toman a la ligera [Chesterton])

48. Ser dogmático.

49. Ser relativista.

50. Estar en guerra con el mundo.

51. Pensar que tienes que demostrar algo.

52. Rodearte de gente a la que desprecias.

53. Consumir bienes posicionales.

54. Pensar que todo el mundo está pendiente de ti.

55. Pensar que no eres digno de que nadie se interese por ti.

56. Leer más de cuatro libros a la vez.

57. Intentar seguir el sistema GTD de David Allen.

58. Aprender y practicar la PNL.

59. Juzgar constantemente a los demás.

60. Juzgarte constantemente a ti mismo.

61. No pararte nunca a pensar.

62. Pasarte el día pensando.

63. Intenta practicar la meditación dejando la mente en blanco.

64. Conducir más de dos horas al día. Si lo haces, practica la conducción minimalista.

65. Interrumpir la tarea entre manos cada veinticinco minutos o menos.

66. Consultar el correo electrónico más de dos veces al día.

67. Llevar siempre el móvil encendido.

68. Dejar que tu smartphone asuma el control.

69. Acoger cualquier nueva tecnología acríticamente.

70. Viajar cuando todo el mundo viaja.

71. Viajar a donde todo el mundo viaja.

72. Despreciar lo que no comprendes.

73. Salir con más de tres mujeres a la vez.

74. Salir con menos de una mujer a la vez.

75. No hacer ejercicio físico.

76. Tomar el automóvil para ir a cualquier sitio.

77. Nunca decir una palabra más alta que otra.

78. Llenar la agenda de actividades.

79. No racionar el esfuerzo.

80. Pensar que eres un inútil si no logras tus metas.

81. Mantener una mentalidad fija en vez de una de crecimiento (Carol Dweck).

82. Ser incapaz de pasar página y mantenerte siempre en los mismos episodios inconclusos.

83. No ser capaz de introspección.

84. No ser capaz de empatizar intelectual, emocional y compasivamente con los demás.

85. Usar tu trabajo para ensanchar o hinchar el ego.

86. Mantener una cuenta mental de favores hechos y recibidos.

87. Pensar siempre lo peor.

88. No conceder el beneficio de la duda.

89. Pasarte el día conectado a internet.

90. Obsesionarte con una persona.

91. Obsesionarte con una afición.

92. No dejar espacios en blanco en tu agenda.

93. Mirarte el ombligo.

94. Mantener una filosofía meramente hedonista.

95. Mantener una filosofía y actitud meramente utilitaria.

96. No hacer locuras de cuando en cuando.

97. No permitirte “perder el tiempo”.

98. Creer que lo que haces tiene relevancia cósmica.

99. Creer que nada de lo que hagas tiene importancia.

100. Hacer networking en vez de tener amigos y conocidos.

Proyectos zombis: están muertos pero no lo sabes

El proyecto personal es la unidad mínima de acción con significado completo

La palabra es a la oración gramatical  lo que la tarea es al  proyecto. Tanto las palabras como las tareas solo adquieren  sentido en el contexto de la oración o el proyecto del que forman parte y al que sirven.

Puede haber tareas aisladas que no formen parte de ningún proyecto en particular, como cuando te viene una palabra a la cabeza sin saber por qué  y sin ánimo de expresar nada, pero en general las tareas responden a la existencia de un proyecto al igual que las palabras están incrustadas en oraciones con sentido completo y contienen sujeto, verbo y predicado.

El término proyecto se usa tanto en la filosofía existencialista (el “proyecto vital”  de Sartre, por ejemplo) como en el mundo de la ingeniería y las organizaciones empresariales (un puente o el lanzamiento de un nuevo producto son proyectos).

En este artículo, defino al proyecto como una unidad estructurada de acción compuesta de tareas o sub-acciones que persiguen un resultado concreto o visión;  por tanto, lo uso en el sentido ingenieril o empresarial, no en el sentido filosófico de  “plan de vida o proyecto vital”.

Iniciamos los proyectos con un anhelo o deseo de traer a la existencia algo que no existe.

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El caminante sobre el mar de nubes. Caspar David Friedrich.

El anhelo o deseo va unido a una visión de lo que queremos que sean las cosas. El proyecto   se despliega en una sucesión de  acciones, planes, objetivos, tareas, hitos, medidas de logro y sistemas de control.  La visión inicial del proyecto puede cambiar o actualizarse a lo largo del ciclo vital del proyecto.

Hay proyectos formales, con planes, hitos y compromiso claro, y proyectos informales, a los que no llamamos siquiera “proyectos” pero que siguen siendo proyectos porque parten de una visión que unifica un conjunto de acciones y tareas a lo largo del tiempo.

Una vida organizada requiere pensar y planear en términos de proyectos;  de otra manera, nuestros días serán una sucesión de acciones inconexas y viviremos en modo reactivo,  no seremos mucho más que un manojo  de hábitos, instintos  y reacciones,  será el entorno el que dirigirá el comportamiento, seremos veletas que solo se mueven al albur del viento que corra en cada momento.

Qué es un proyecto zombi

Los proyectos zombis son proyectos que han perdido su razón de ser  o su energía hasta el punto de que están literalmente muertos, pero bien por inercia o costumbre siguen arrastrándose moribundos  en nuestra agenda y memoria de trabajo.

zombis

El sesgo de acción (creemos que es mejor hacer algo que no hacer nada) y el sesgo de inercia (tendemos a seguir haciendo lo que estamos haciendo) se confabulan para que mantengamos proyectos zombis en la agenda comiendo tiempo y en la mente ocupando UPAs, unidades de atención permanente en la memoria.

Ejemplos de proyectos zombis, formales e informales:

  • Tu proyecto de perder 5 kg. y esa   bicicleta estática que lleva acumulando polvo y ocupando espacio en tu salón durante meses. Otro vestigio de este proyecto zombi podría ser la  suscripción anual al gimnasio, que dejaste de frecuentar en marzo. De cuando en cuando, si hay conjunción de astros te pasas por el gimnasio o la bicicleta.
  • Un grado universitario que empecé con ilusión pero en el que me estoy dando cuenta que no se adapta a mis capacidades e intereses personales; por ejemplo, quería ser médico de familia pero me agota tratar con la gente. No obstante, sigo porque ya he invertido más de dos años de mi vida y mucho dinero.
  • La relación con un amigo con el que hace tiempo perdiste los intereses comunes pero al que sigues viendo y cuyo círculo frecuentas más por costumbre que por la satisfacción que obtienes. Una relación personal es una forma de proyecto interactivo que requiere tiempo, esfuerzo e intereses comunes para que crezca y se desarrolle, pero como todo en la vida puede llegar a un punto muerto.
  • Los CDs de música clásica que compraste porque un buen día decidiste culturizarte y refinar tus gustos. Muchos de ellos siguen envueltos en papel de plástico.
  • El trabajo insatisfactorio y mal renumerado en el que ellos hacen como te pagan y tú haces como que trabajas. O quizá, si eres funcionario o profesor de universidad, ellos te pagan pero tú haces como trabajas y dejas tu imaginación y corazón en la entrada de la oficina o del aula.
  • Etc.

Entre los proyectos vivos y los proyectos zombis hay conflictos y el canibalismo es habitual. Los unos comen el tiempo, atención y recursos a los otros; el resultado es caos mental, ineficacia y frustración.

 

Ningún sistema de productividad personal, por complejo que sea, te va a sacar de esta situación: hay demasiados proyectos en general y demasiados proyectos zombis en particular para que una mejor organización solvente el problema de tener proyectos inadecuados o un exceso de ellos. Recuerda: primero, omitir o eliminar; segundo, organizar.

Proceso de zombificación

1º Todos los inicios son hermosos.

Iniciamos el proyecto con un entusiasmo ingenuo en el que solo visualizamos los beneficios al final del camino: un acento de Oxford, una cintura de avispa,  un trabajo remunerador y rodeado de gente interesante o una cultura deslumbrante que refine los gustos y mejore la imagen personal .  Los costes del  proyecto, el esfuerzo y los obstáculos, no se tienen  en cuenta o se infravaloran.

2º Energía y motivación al principio.

Empezamos trabajando de manera sistemática en el proyecto y adquirimos  los recursos necesarios: las zapatillas de deporte último modelo, la inscripción en la academia de idiomas, el esmero y diligencia en el trabajo diario en la oficina, la ilusión de que el proyecto marque una diferencia.

3º La hierba del vecino es siempre más verde.

Pero surgen los problemas, las dificultades, los obstáculos; de hecho, no dejan de crecer a lo largo de la vida del proyecto. A la vez, cualquier otra opción o proyecto potencial se hace más brillante: quizá me apetece ahora  más aprender a tocar el piano  que  sudar en el gimnasio.

4º Se pierde energía y motivación.

Como la hierba del vecino es más verde y como me doy cuenta de que el proyecto está perdiendo lustre, voy transfiriendo tiempo, atención y recursos a otras posibilidades vitales: la cocina vegana, el curso de submarinismo o el instrumento musical (sí, ahora lo mejor es que aprenda a tocar un instrumento, no limitarse a escuchar CDs, tiene mucho más glamur).

 

5º El proyecto se ha transformado en un muerto viviente.

Pasan las semanas y cada vez le dedico menos tiempo, pero no lo dejo del todo. Si me acuerdo de él en un ataque de remordimiento vuelvo a él, salgo a correr un día, voy una tarde al gimnasio, repaso los verbos irregulares; pero ya no hay esperanza, el proyecto y su visión han perdido brillo. No me atrevo a decir que está muerto porque sería como reconocer otro fracaso y el zombi sigue en mi agenda  y en el segundo plano de mi conciencia durante semanas y meses, a veces años.

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En flickr: https://flic.kr/p/nJqVDD , por Dominique Chanut

6º   El cementerio de los sueños rotos.

En consecuencia, los proyectos zombis y otros episodios  irresueltos siguen vagando por nuestras vidas sin sentido y sin rumbo pero sin acabar de morir, canibalizando los recursos de otros proyectos vivos.

La solución: matar zombis.

Si esto fuera un videojuego, el videojuego de la vida, tu meta número uno sería matar zombis y evitar que se reproduzcan. Los zombis crean caos, distraen de los asuntos importantes, dispersan tu atención en mil direcciones y succionan tiempo y energía.

La solución está en aplicar la primera O de la Ley de las tres Oes del minimalismo existencial la Omisión.

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El mejor momento para matar proyectos zombis es al final de la reencarnación o al final del año cuando practicas el ritual de purificación anual.

Muchas veces,  los proyectos zombis aparecen con el disfraz de los frentes abiertos, operaciones o acciones habituales cuyo beneficio esperado no supera su coste de oportunidad pero que seguimos manteniendo en parte por inconsciencia, en parte porque no se nos ocurre nada mejor que hacer. El hábito hace al monje y al proyecto zombi.

Cómo reducir la población de zombis

Lo mejor es explicitar los anhelos, definir la visión del resultado apetecido  y  registrarlos en un inventario permanente de proyectos, un documento o lista donde reconoces proyectos en curso.

Una vez que sepamos qué proyectos tenemos entre manos, hay que  establecer reglas claras de entrada y salida de proyectos.

Reglas de entrada proyectos:

  1. Un proyecto solo entra en mi agenda vital si tengo tiempo para ello o salen otros proyectos que liberen tiempo y atención.  Si tengo 48 horas a la semana  para proyectos y ya están todas ocupadas,  he de librarme de algún otro proyecto, quizá tenga que matar uno o dos proyectos zombis a los que todavía me esté aferrando.
  2. Un proyecto solo entra en mi agenda si he considerado su entrada durante al menos siete días. Así evito el actuar a base de caprichos e improvisación.  Idealmente, los proyectos nuevos solo deberían entrar al principio del mes o de la reencarnación.
  3. Un proyecto nuevo ha de estar claramente justificado. El proyecto nuevo tiene que encajar en mi red de proyectos actuales y añadir más valor que otros proyectos alternativos. He de tener en cuenta no solo los beneficios sino también los costes: el tiempo, atención, esfuerzo y otros recursos necesarios. Todo proyecto nuevo requiere  un documento de justificación del proyecto.

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En flickr: https://flic.kr/p/nrZKmh por Dominique Chanut

Reglas de salida proyectos:

  1. Regla de las dos semanas: si un proyecto lleva inerte —sin actividad— dos semanas, sin causa justificada o sin haberlo suspendido temporalmente de forma explícita, lo elimino implacablemente.
  2. Si no hay horas suficientes para todos los proyectos en curso, reduzco las horas asignadas a algunos proyectos  o elimino alguno de los proyectos en curso. Esto implica que tenemos que llevar un inventario permanente de proyectos en curso que incluya el tiempo necesario para cada uno de ellos y el  tiempo disponible semanal.
  3. Si el beneficio esperado de un proyecto cambia, también ha de cambiar nuestra valoración de él. Hemos de ser suficientemente fuertes para nuncanizar, renunciar a viejos anhelos y dejar espacio a lo nuevo.
  4. Como hay riesgo de abandonar proyectos solo porque son difíciles, no tomo la decisión de abandonarlos caprichosamente, espero a la revisión de la semana o el mes para decidirlo. Hay riesgo de abandonar demasiado pronto debido al efecto “La hierba del vecino (=otros proyectos nuevos) es siempre más verde” y a que siempre  lo excelso es tan difícil como raro.

Resumen

  • Un proyecto es la visión de un resultado novedoso atractivo y el proceso que nos lleva desde la realidad actual  a la realidad deseada. Por ejemplo: una habilidad personal, un grado universitario, una relación personal, una empresa, un cuerpo saludable,  un proyecto artístico, un viaje de exploración, etc.
  • Un proyecto intenta traer a la existencia algo que no existe pero que a nuestro juicio merecería existir.
  • Los proyectos zombis son proyectos que están muertos pero no lo sabemos o no lo queremos reconocer.
  • Los proyectos zombis proliferan en nuestras vidas y agendas robando tiempo y energía a otros proyectos.
  • La solución es convertirse en un implacable cazador de zombis: aprender a nuncanizar proyectos que han perdido energía o razón de ser pero que siguen vagando por nuestras habitaciones mentales y agendas.
  • Un censo de proyectos permite determinar las horas disponibles a la semana y cercenar los zombis que canibalizan  los proyectos plenamente vivos.
  • Si establecemos unas reglas claras de entrada y salida de proyectos podremos adecuar  los proyectos a los recursos disponibles y seleccionar aquellos de más valor.

Ley de las tres Oes del minimalismo existencial

La Ley de las tres Oes  es una de las leyes fundamentales del minimalismo existencial.  La ley es secuencial:

Primero y antes de nada,  Omitir; segundo,  Organizar;  tercero, y solo si procede, Optimizar

El orden es esencial. Habitualmente, intentamos organizarnos antes de eliminar, y, algunas veces, si tenemos una personalidad perfeccionista, intentaremos optimizar parcelas de nuestra vida que debido a la acumulación y el tiempo han crecido  sin control y están poco o mal organizadas.

Ley de las tres Oes y Ley de Pareto

La Ley de las tres Oes del minimalismo existencial está emparentada con la Ley de Pareto o regla del 80/20, que nos dice que en todo sistema natural o socio-técnico o humano  unos  pocos elementos, menos del 20%, producen más del 80% de los efectos.

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Estas cifras son orientativas, en muchas ocasiones el porcentaje es menor: 17%, 12% o 5%. Si estamos hablando de proyectos, de gastos, de clientes, es probable que más del 80%  de nuestros proyectos, gastos o clientes generen poco valor, satisfacción personal o margen; por tanto, lo mejor que podemos hacer es librarnos de ellos: matar proyectos, eliminar gastos y renunciar a clientes.

Por tanto, el primer paso, la primera O, es segar lo que aporta poco valor.

O de Omitir

Si tomamos el caso pedestre de tu vestuario, es muy probable que uses la mayor parte del tiempo un subconjunto pequeño del total de tu ropa, seguramente porque es más bonita, te produce mayor satisfacción o está más de moda. Entonces… ¿por qué no eliminar el resto y liberar espacio y reducir el tiempo que dedicas a decidir qué ponerte?

Objeción uno: podrás decir que es costoso eliminar o que si tienes espacio en los armarios  y tiempo es conveniente dejar en la reserva esa ropa, esos proyectos o esos clientes. Después de todo, la vida no está llena de clientes que quieran comprar nuestros productos o servicios, y el dinero que gasté en ropa no es cuestión de tirarlo, y en su día pusiste un montón de ilusión y tiempo en ese proyecto y hay que darle una oportunidad más.

Respuesta uno: los costes incurridos son pasados, están “hundidos”, ya tuvieron lugar y no deberían formar parte de nuestra decisión. Lo pasado, pasado; puede que gastaras mucho tiempo y esfuerzo en ese proyecto personal, en captar a esos clientes o en comprar esta ya-no-tan-estupenda-y-de-moda ropa. Estás atado psicológicamente, pero la lógica de la decisión racional  nos dice que hay que limpiar las cubiertas y empezar de nuevo considerando solo el futuro y  no los gastos pasados.

Respuesta dos: los bienes, los proyectos y  las actividades que se han convertido en rutina no solo tienen un coste de mantenimiento: el dinero, tiempo y esfuerzo que les dedicas; tienen, además,un “coste de oportunidad”: el mejor uso alternativo de tu dinero, tiempo y esfuerzo, lo mejor que podrías hacer con esos recursos liberados si no te aferraras al pasado.

Cuando nos quejamos o lamentamos o fingimos  que no tenemos tiempo o recursos para hacer las cosas que nos gustaría o los proyectos que nos ilusionan,  lo que verdaderamente  estamos diciendo es que ese tiempo y recursos los tenemos invertidos en otras actividades que por la razón que sea estamos prefiriendo más.  Todos tenemos 168 horas a la semana, tanto el presidente de los Estados Unidos  como el ocioso jubilado o el estudiante juerguista. La decisión está en  qué actividades, personas  y proyectos van a ocupar  esas 168 horas semanales a partir de ahora.

Si una mujer te dice que no tiene tiempo para salir con gente, lo que te está realmente diciendo es que no tiene tiempo para  salir contigo.  Todos tenemos el mismo tiempo, nuestra decisión es qué hacer y qué NO hacer con él.

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La poda sistemática de tareas, objetivos, objetos, relaciones y compromisos es el primer paso imprescindible para el minimalista existencial en ciernes. Solo cuando hayamos dejado espacio físico y mental y hayamos liberado nuestros recursos financieros de actividades y objetos de bajo valor podemos empezar a diseñar y construir o reconstruir el edificio vital.

Presupuesto de base cero vital: justificándolo todo

El diseño de vida minimalista cuando aplica la Ley de las tres Oes se parece a lo que los contables o administradores llaman  gestionar mediante “presupuesto de base cero”.

El administrador que usa un presupuesto de base cero parte de un presupuesto en el que todos sus elementos han de ser justificados al comienzo del año.  No vale  actualizar el presupuesto anual añadiendo o reduciendo sobre los capítulos presupuestarios del año pasado (y por tanto anclando el presupuesto actual al del año pasado) .

Tanto los ingresos como los gastos se  han de volver a analizar y reconsiderar , no vale el hacer las cosas porque siempre se ha hecho así.

¿Encaja tal o cual gasto, tal o cual proyecto, tal o cual persona, en tu vida? Si no es así, elimínalo sin que te tiemble el pulso.  Di no y no mires atrás. No es la palabra más bella.

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En nuestras vidas podemos empezar de cero o de cuasi-cero, de muy poco, de mucho menos. La técnica de las reencarnaciones es un buen método para aplicar el presupuesto de base cero a tu existencia. También el ritual de purificación al final del año mediante la eliminación de las listas de cosas que hacer, proyectos y  compromisos.

La O de Omisión nos recuerda que en el diseño existencial lo más importante es omitir, decidir lo que no se incluye y lo que no añade valor o lo que añade valor pero genera comparativamente más coste.

Tres propiedades que omitir

Si ahora empezara mi vida de nuevo, omitiría tres propiedades: casa con hipoteca (y sin hipoteca), automóvil  y la ropa que he ido acumulando a lo largo de años. Las posesiones poseen:

La casa en propiedad te convierte en sedentario, apegado al terruño, es una de las formas de mantener riqueza menos flexible y las que más gastos tienen: impuestos a la propiedad inmobiliaria, gastos de mantenimiento, comunidad, tasas de basura, seguro de incendios, etc. Sin casa en propiedad podrías cambiar de lugar de residencia en tres días; con casa en propiedad pasarán meses hasta que la vendas, resuelvas todos los trámites legales y administrativos y hagas la mudanza.   La casa en propiedad te ata y evita que puedas aprovechar oportunidades profesionales o de otro tipo de inmediato. La alternativa es alquilar y variar tu gasto en vivienda en función de tus ingresos y posibilidades.

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El automóvil se vende como símbolo de libertad y estatus, pero es una de las cadenas más onerosas que te puedes imponer. Si compras uno de lujo, tendrás miedo a que lo arañen y dedicarás recursos ingentes a su conservación y cuidado, con un continuo goteo de seguros, impuestos, trámites administrativos, gasto en gasolina y reparaciones. Del coste total de propiedad de un automóvil, menos del 40% es el precio de adquisición; el resto del coste se distribuye a lo largo de su vida útil.  Piensa en el transporte colectivo o el taxi o uber como un sustituto mucho más barato y flexible.

Otra fuente de esclavitud consentida: la ropa, los zapatos, los pantalones, los calcetines, las decenas y a veces centenares de artículos que guardas en tus armarios. La ropa nunca hizo biografía, a pesar de lo que te vendan las marcas de moda. No uses la ropa para mostrar o crear tu identidad, que es lo que quieren las firmas, vive una vida de sentido y valores  para diseñar e inventar tu identidad, crea tu identidad a base de logros y proyectos vitales: tus hechos hablarán mucho más fuerte que la ropa más cara y estilosa del mundo.  NO hace falta que vayas desnudo o como un vagabundo, basta con que tires el 90% de la ropa que atesoras. Tu ropa es un tesoro oxidado.

Poda de relaciones

NO solo hablo de ropa o trastos físicos  o actividades o proyectos, también hablo de relaciones. ¿Cuántas mantienes por inercia? ¿Cuántas de esas relaciones las mantienes porque no te atreves a estar un tiempo solo? ¿Cuántas relaciones personales y profesionales se arrastran como zombis que ya están muertos pero no lo saben?

Las relaciones —al igual que las mujeres— son  a veces un mal necesario, pero nada te impide elegir las mujeres y otras relaciones que más bien te hacen y quitar tiempo a las que te hacen menos bien comparativamente.

Recomiendo podar la lista de amigos y conocidos periódicamente. Los amigos cercanos siempre cabrán en los dedos de una mano, quizá de dos, si eres muy extrovertido. Los conocidos seguirán  siendo conocidos, pero los puedes trasladar a una lista de conocidos-a-tu-pesar.  Los familiares, bueno…, siguen siendo familiares aunque no quieras, pero nadie te obliga a compartir mucho tiempo con ellos si no lo deseas.

Para acabar con una relación no necesitas matar a la persona solo has de ahogar  la relación; eso se hace reduciendo el tiempo de contacto, matando la relación de inanición. No alimentes al trol ni al amigo que ha dejado de serlo o al conocido que desearías que fuera des-conocido.

Poda de información

Algo fundamental que reducir: el flujo de entrada de información. Tres flujos que eliminaría  hoy mismo si no fuera ya un veterano minimalista y no estuvieran ya eliminados : smartphones (yo soy el inteligente de la pareja hombre-teléfono), televisión y redes sociales como twitter, Facebook o Pinterest.

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Yo ya renuncié hace tiempo a todos ellos. Los problemas del mundo, el último viaje a Vietnam de mi primo hipster,  las inundaciones, los videos de gatos y el teatro del absurdo político solo me llegan como un remoto y sordo rumor.

Si necesitas más argumentos, aquí tienes 33 razones para dejar Facebook.

O de  Organizar

Con las pocas personas significativas, proyectos centrales, objetos, fuentes de información  que hay en mi vida, ahora puedo empezar a organizarme. Está claro que organizar sobre menos elementos y menos complicación siempre es más fácil.

Si tengo menos libros, menos gastos, menos compromisos, menos relaciones, más tiempo de libre disposición, es más fácil organizarme.

Inicialmente, te basta con tres principios o técnicas de organización personal:

  • La revisión semanal. En la que estableces los objetivos de próxima semana y revisas la anterior para activar el proceso de mejora constante y acelerar el aprendizaje.  Puedes aplicar aquí la técnica de las  grandes rocas para limitar los objetivos y organizar las tareas de la semana.
  • La institución de la  reencarnación minimalista.  Cada 90 años (90 días) empiezas de nuevo, con la frescura de los comienzos, pero sin su ingenuidad; con la sabiduría acumulada por la experiencia de vidas anteriores, pero sin el lastre emocional que conllevan  los errores  o la complacencia en los logros que dificulta el progreso.  Al comenzar una reencarnación elige los proyectos en los que te vas a centrar y excluye el resto.
  • La aplicación de la regla de los tres: todo problema, situación, proyecto, sistema, conocimiento, argumentación, trabajo, estrategia vital,  , lo puedes reducir a tres elementos claves. Determina los elementos clave y trabaja en ellos.  Fíjate en que la Ley de las tres Oes tiene tres elementos y en que las actividades  o principios de la organización personal son también tres. Como has visto en la O de Omitir, hay tres propiedades de las que te deberías deshacer y tres flujos de información que deberías eliminar o controlar. También debería haber un máximo de tres tareas más importantes en cada día.

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O de Optimizar

Aspirarás a la optimización en aquellas áreas de tu vida en las que la maximización o minimización sea importante para lograr la excelencia.

  • Si quieres ser pianista profesional tendrás que optimizar el movimiento de tus dedos o su agilidad y practicar de manera deliberada cuatro horas al día sudando cada uno de los minutos.
  • Si quieres ser un corredor olímpico tendrás que optimizar tu dieta para el tipo de energía y músculos que necesitas para la distancia que hayas escogido: velocista, media distancia o maratoniano.
  • Si eres modelo profesional o actor no podrás dejar de estar al tanto de los últimos cosméticos o lo último en moda.

Pero si no eres nada de eso, podrás tocar el piano cuando te apetezca disfrutando de ello, comer de manera razonable sin contar calorías y obsesionarte,  y vestir de manera cómoda pero correcta en cada momento, sin aspirar a que las miradas se vuelvan hacia ti cada vez que entras en una sala.

¿Hay muchas áreas de la vida en que optimizar?

No, muy pocas.

En la mayoría de las áreas vitales basta con seguir una conducta satisfaciente: una conducta que produce resultados suficientemente satisfactorios.

Basta con que tengas un nivel de forma física razonable, a menos que seas un corredor olímpico; basta que tengas una renta suficiente, a menos que el objetivo de tu vida sea convertirte en millonario o  seas Warren Buffett; basta con que tengas un fondo de inversión indexado para asegurarte la jubilación, no es necesario que pases horas estudiando y eligiendo los mejores valores que maximicen tu patrimonio; basta con que consumas en ropa y en ocio lo imprescindible para procurarte un nivel de diversión y variedad suficiente, no es necesario que tengas 50 pares de zapatos o viajes todos los años a algún lugar exótico y caro, a menos que seas una estrella de cine y tu imagen sea fundamental para tu éxito en el trabajo.

Incluso, si necesitas organizar y optimizar algún campo de tu vida, es fundamental que empieces localizando los elementos esenciales, necesariamente muy pocos, y los organices adecuadamente antes de intentar siquiera optimizar los resultados.

La excelencia se construye iterativamente sobre los resultados de sistemas más simples. Solo se añaden nuevos elementos cuando  que el valor obtenido compense el esfuerzo de adquisición y el tiempo y atención necesarios.

Optimizar un sistema supone muchos costes de atención y esfuerzo. Ese esfuerzo podría dedicarse a otros usos más provechosos. Si quieres obtener lo máximo en algún área de tu vida, ten en cuenta que siempre estás renunciando a dedicar el tiempo y el esfuerzo en otras áreas  que también podrían generar satisfacción; incluso en el área de tu vida que quieres optimizar, tienes que elegir qué elementos optimizar, priorizar los más importantes y aceptar niveles satisfactorios pero no máximos en casi todo lo demás.

En materia de productividad personal, hasta que no estés trabajando en las cosas correctas,  no tiene sentido hacer las cosas correctamente,  eficientemente u óptimamente.

Resumen

La Omisión es la parte más importante la Ley de las tres Oes. Es la que más nos cuesta aplicar y es posiblemente la última que aplicamos, cuando debería ser la primera.

La inercia (la segunda fuerza más poderosa del universo), el sesgo del statu quo (queremos que las cosas sigan igual y nos cuesta aceptar los cambios) y el “por si acaso” conspiran contra la omisión.

Sé fuerte, sé duro y aplica la poda minimalista implacablemente.  Lo difícil no es priorizar, ni siquiera posterizar, lo difícil es nuncanizar, decir no, decir nada,  decir poco o decir nunca más.

Si quieres respirar con el aire de la libertad individual debes empezar ahora y eliminar el máximo número de elementos  de tu vida. Eres el jardinero de tus días, has de podar las malas hierbas, las flores no tan lozanas, los tallos mortecinos, para dejar espacio a lo nuevo y lo bueno.

Eres el Miguel  Ángel de tu existencia, has de quitar todo lo que sobra del bloque de mármol de tus horas para permitir que  emerja  la bella estatua  que se encuentra en la masa indiferenciada de objetos,  actividades y relaciones que poco o nada aportan.

La organización y la optimización tienen su lugar, pero subsidiariamente, siempre que hayamos omitido y organizado antes.

La organización  debería empezar siempre con una lista de cosas que NO hacer y preceder a la optimización.  Deberías optimizar solo  en las raras ocasiones en que no puedas conformarte con  lo suficientemente bueno porque ese campo sea muy competitivo o porque hayas decidido aspirar a la excelencia en él.

Y no te engañes a ti mismo: solo puedes aspirar a la excelencia y optimizar en unas pocas áreas de tu vida, una o dos a lo sumo;  en lo demás,  debes ser valerosamente mediocre y orgulloso de tu mediocridad.  Más de dos objetivos de excelencia son ningún objetivo de excelencia.

Ahora repite conmigo:

Omitir

Organizar

Optimizar

 

 

Somos gente con suerte

Este artículo es un extracto del libro Disparadores de Marshall Goldsmith, un excelente libro para comprender y  procurar el cambio personal.

Las provisiones de comida en Mali eran extremadamente limitadas, así que la Cruz Roja tuvo que introducir el triage*. Cualquier comida disponible sería entregada solo a niños de  entre dos y dieciséis años, con la justificación de que cualquier niño de menos de dos años moriría con toda seguridad y de que los mayores de dieciséis sobrevivirían por sí solos.

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La mujer de la Cruz Roja estaba midiendo los brazos de los niños para decidir quién comería y quién no. Si sus  brazos eran demasiado anchos, es que “no tenían hambre suficiente” y no se les daba comida. Si sus  brazos eran demasiado delgados,  ya no se les podía salvar y tampoco se les daba comida.  Si sus brazos estaban en un rango intermedio,  se les daba una pequeña porción de la comida disponible.

Habría necesitado de una personalidad sociopática para no conmoverme  con la experiencia. Pero cuando volviera  a casa a mi  vida “normal” había muchas posibilidades  de que el recuerdo, no importa lo intenso, gradualmente fuera perdiendo fuerza. A menos que tuviera esta foto.

La foto me suscita gratitud, como si mi yo de 1984 estuviera aconsejando al yo de hoy. Me envía un simple mensaje:

Agradece lo que tienes. No importa la decepción o tus supuestos tormentos, no lloriquees o te quejes, no te enfades, no molestes a otra persona para mostrar todo lo que mereces. No eres mejor que esos niños africanos. Su destino terrible, inmerecido y trágico, podría haber sido tu destino. Nunca olvides este día.

Y nunca lo hago. La foto viene a mi cabeza casi diariamente porque la vida está llena de supuestos tormentos. Por ejemplo, ¿has observado cómo la gente en los aeropuertos reacciona al anuncio de que su vuelo se ha retrasado?  Es una de las causas de turbación más seguras. La gente se agita. Se alteran, se ponen de mal humor y pierden su compostura, a veces delante de inocentes empleados de aerolíneas. Yo solía ser una de esas personas, no quizá uno de los que arman el espectáculo, pero ciertamente alguien que se sentía una víctima. No me gustaba ese sentimiento, porque después de mi experiencia con los niños que se morían de hambre en Mali sabía que no me había ganado el derecho a ser una víctima. Asocié ese sentimiento inmerecido con la foto.  Ya desde hace años, cuando oigo que mi avión se va a retrasar recuerdo la foto y me repito este mantra:

“Nunca te quejes porque el avión llega tarde. Hay gente en el mundo que tiene problemas que no puedes imaginar. Eres un hombre con suerte”.

*Triage:  asignación de grados de urgencia en función de lo severo de heridas
o enfermedades para decidir el orden de prioridad al tratar a un grupo grande de 
heridos o pacientes.

Minimismos míos

  1. La puntualidad es la más inútil de las virtudes: casi nadie llega a tiempo para apreciarla.
  2. Mal de muchos, buen rayo me parta.
  3. Yo no soy un friki. Soy un verso suelto.
  4. El Hombre es una teoría de la felicidad con patas.
  5. La actitud del minimalista existencial ante las novedades tecnológicas es: «No… todavía». La del hombre corriente es: «Sí a todo».
  6. No hay que confundir el orden con la simetría.
  7. Aplaudir una puesta de sol es aplaudir a Dios, a lo más asombroso que existe fuera y que somos capaces de sentir dentro.
  8. El cuerpo es un anuncio publicitario de los genes.
  9. La mejor manera de convocar a las musas es darles el día libre.
  10. El fanfarrón expide cheques que su talento no puede pagar.
  11. El problema con los postmodernos es que están de vuelta de todo sin haber salido nunca de casa.
  12. Era un tipo educado, buena persona y amigo de sus amigos; se llamaba don Bostezo.
  13. En los bordes se puede apreciar mejor el fondo y el alma del mezquino.
  14. Un sabio en pos de la verdad en los libros es como un romántico buscando el amor en un prostíbulo.
  15. Libertad es libertad para elegir las cadenas.
  16. El precio de la vida es la muerte.
  17. Los aforismos son la comida basura del pensamiento.
  18. La sonrisa es la brisa del alma.
  19. El minimalismo existencial es el postureo definitivo, la bomba de neutrones del pavoneo: elimina las plumas pero mantiene cerca a las pavas.
  20. Preguntar qué tal estás debería estar prohibido por la convención de Ginebra.
  21. La metáfora es un observatorio.
  22. El símil es el hijo tonto de la metáfora.
  23. Ninguna mujer tiene sueños lúbricos con un hombre muy simpático.
  24. Ni todos los placeres nos convienen, ni todos los dolores nos perjudican.
  25. Si solo habláramos cuando tuviéramos algo que decir, pasaríamos más tiempo haciendo cosas dignas de contar.
  26. Nada hay más importante que refutarse un poco todos los días.
  27. A veces solo estamos despiertos cuando estamos dormidos.
  28. El increíble hombre normal: por mis obras me ignoraréis.
  29. La limpieza y el amor no deberían hacerse a regañadientes.
  30. Mal se paga a un maestro permaneciendo siempre discípulo. Si no estás contra mí, estás contra mí.

Minimismos suyos

  1. La gente suele confundir los límites de su entendimiento con los límites del mundo. Arturo Schopenhauer.
  2. Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan un puñetazo en la cara. Miguel Tyson.
  3. Ley de Hofstadter: siempre lleva más tiempo que el esperado, incluso si tienes en cuenta La Ley de Hofstadter. Douglas Ricardo Hofstadter.
  4. El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido. Groucho Marx.
  5. No soy antisocial, soy anti-idiotas. Guzmán López.
  6. Las únicas listas que funcionan son las que tienen solo un elemento. Nassim Nicolás Taleb.
  7. Pasamos tanto tiempo mirando el móvil que a veces olvidamos que a nuestro alrededor hay más gente mirando el móvil. Enzo Vizcaíno.
  8. Solo la gente muy superficial no juzga por las apariencias. Oscar Wilde.
  9. Y las cosas de la felicidad, el amor y la vida se las dejo a mis lacayos. Madame de Champollion.
  10. El corazón tienes más habitaciones que un hotel de putas. Gabriel García Márquez.
  11. La fama es un conjunto de malentendidos que confluyen en una sola persona. Rainer María Rilke.
  12. Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos. Gustavo Flaubert.
  13. La realidad es mucha y mala. Francisco de Quevedo.
  14. Nada interfiere con mi concentración. Usted podría hacer una orgía en mi oficina y yo ni siquiera mirar. Bueno, tal vez una vez. Isaac Asimov
  15. Si te dan papel pautado, escribe por el otro lado. Juan Ramón Jiménez.
  16. Todas las miserias del hombre derivan de no ser capaz de sentarse solo en una habitación tranquila. Blas Pascal
  17.  Lo difícil no es priorizar sino posterizar. Pedro Drucker.
  18. Ya nadie va a ese restaurante, siempre hay demasiada gente haciendo cola.  Yogi Berra.
  19. Llevo desde niño practicando todos los días una media de catorce horas. A eso, en mi tierra, le llaman «duende». Paco de Lucía.
  20. No soy anti-tecnología, soy pro-conversación. Shirley Turkle.
  21. Lo más profundo es la piel. Pablo Valery.
  22. Si las mujeres no existieran, todo el dinero del mundo no significaría nada. Aristóteles Onassis.
  23. Tecnología es cualquier cosa que fue inventada antes de que nacieras. Alan Kay.
  24. Todos quieren salvar el mundo, pero nadie quiere ayudar a su madre a fregar los platos. Patricio Jake O’rourke.
  25. En un cierto sentido, la sabiduría no es más que la habilidad de seguir tu propio consejo. Samuel Harris.
  26. Si la nómina de alguien depende de no comprender algo, puedes tener por seguro que nunca lo comprenderá.  Upton Sinclair.
  27. Solo te dan una pequeña chispa de locura. No debes perderla. Robin Willians.
  28. Los compradores de cosas inútiles son más sabios de lo que comúnmente se piensa: compran pequeños sueños. Fernando Pessoa.
  29. El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría. Guillermo Blake.
  30. Esta es tu vida y se acaba a cada minuto. Tyler Durden.

Shabbat shalom

Sin importar tus creencias religiosas o ausencia de ellas, te quiero felicitar este shabbat y desearte lo mejor para ti y tu familia y seres más queridos, y que pases tu shabbat o tu domingo o fin de semana de la mejor manera, quizá abriendo una pequeña ventana a la eternidad en tu particular palacio de tiempo.

Shabbat

Para ello te dejo con tres hermosas canciones de Matisyahu, un cantante de reggae judío.

Jerusalem, canción basada en salmos de la Torah escrita por el mismo. A mí me parece maravillosa.

One day, una canción de esperanza y paz, No woman no cry, una versión de una canción de Bob Marley.

Si quieres conocer mi filosofia sobre el shabbat, que va más allá del simple shabbat digital, puedes leer  Ritualiza el descanso y el recogimiento con el Shabbat o Estructura sabática del alma.

Y como contrapunto, si te sientes audaz, te recomiendo el artículo Cómo perder el alma en tres cómodos pasos.

Shabbat shalom, amigo.

 

Los diez mandamientos del aprendizaje

  1. Aprende aquello que genere un resplandor en tu espíritu. Dicho de otra manera, haz lo que amas.
  2. La pasión y la inspiración están sobrevaloradas. No siempre estarás al 100% de energía y motivación. Sigue adelante igualmente. Ama lo que haces. Ama el proceso.
  3. Vida y aprendizaje no son compartimentos estancos. La mejor forma de aprender es estando presente en tu propia vida e involucrado con tu entorno social y geográfico. La separación vida–aprendizaje  es un residuo del sistema de línea de montaje de la educación del siglo XX.
  4. Aprende haciendo. Convierte tus metas de aprendizaje en proyectos en los que quieras obtener algo concreto. No dejes que el conocimiento se estanque en tu mente, conviértelo en acción, exprésalo, haz algo útil para alguien con ello. Usa los proyectos, los mini-proyectos, los ensayos, los blogs, la escritura, las simulaciones, los programas pilotos, los prototipos, los experimentos, las contribuciones a los proyectos de otros y las comunidades de práctica como forma de visibilizar tu aprendizaje y desarrollarlo.
  5. Si no sabes algo, enséñalo. Es una de las mejoras formas de aprender. Enseña y escribe para multiplicar el efecto. Si eres realmente ambicioso, conviértete en mentor de alguien. ¿Por qué te crees que escribo en este blog?
  6. Conviértete en un maestro de la autorregulación y la automotivación. La iniciativa y la autonomía dependen de ellos. La libertad necesita de estos humildes ayudantes para desplegarse. No sería una mala idea echar un vistazo al curso de autorregulación y perseverancia de este blog.
  7. Convierte tu aprendizaje en algo social. Participa en comunidades de aprendizaje y grupos de estudio.  No basta con ser autodidacta, ve un paso más allá y sé un interdidacta.
  8. Busca un mentor y profesores excelentes que te ayuden, guíen y orienten a lo largo del camino. Cuando el aprendiz está preparado, aparece el maestro. ¡No pienses que los vas a encontrar necesariamente en escuelas, cursos y sistemas de aprendizaje tradicional!
  9. El mejor momento para hacer o aprender algo es cuando sientes dudas sobre si podrás hacerlo. Tírate a la piscina más a menudo y desarrolla una saludable mentalidad experimental. Empieza a escribir un buen Ridículum Vitae.
  10. Desarrolla una mentalidad de crecimiento con una teoría de la inteligencia dinámica. Nunca “eres inteligente”; en el mejor de los casos “estás siendo inteligente” en un momento y lugar concreto desarrollando una tarea particular. Olvídate del talento, eso pertenece a la mentalidad fija, a una teoría de la inteligencia como un monolito que asegura el éxito.

¿Qué te parecen estos diez mandamientos?

¿Bien?

Me alegro, pero… ¿acaso me has tomado por Dios?

Falta el mandamiento más importante:

11.   Rompe las tablas de la Ley de la sabiduría popular, incluidos los mandamientos anteriores,  y crea tus propias reglas y principios.

The TEN COMMANDMENTS

 El primer mandamiento debería ser: rompe las tablas de la ley y crea tus propios mandamientos.

Para saber más

Tengo la convicción de que nuestro sistema educativo no favorece los mandamientos anteriores, casi siempre los dificulta.

A veces tengo la sensación de ser un predicador que clama en el desierto, que dice «¿Pero es que acaso no veis lo que yo veo tan claro?».

Hoy la boca se ha quedado sin saliva y la tinta del bolígrafo secado y el computador colgado. Puedes seguir por aquí:

Solo los perdedores leen libros

Rafael Casado nos obsequió hace semanas con dos de los artículos más leídos de este blog: Cómo leer un libro con atención plena parte 1ª y parte 2ª.

Su fórmula es muy buena. Es sencilla. Está avalada por mi experiencia y por la de muchos otros: cuanto más pones, más recibes. Te haces preguntas antes de empezar, lees lentamente a lo largo de una o varias semanas,tomas notas, elaboras, usas mapas mentales y resumes. Os recomiendo, por supuesto, que leáis ambos artículos. Son excelentes.

Yo también he escrito varios artículos sobre la gestión de libros: la regla de los siete días de la compra de libros, para evitar las compras impulsivas,la regla del 3+3+3 de los libros y cómo leer libros minima-listamente.

Sin embargo, el enano discutidor que llevo dentro no está convencido. Cree que podemos ir más allá. Vamos a dar una vuelta de tuerca a la lectura de libros.

Mi tesis es la siguiente: leer libros está sobrevalorado.

Ya sé que es lo contrario de lo que has estado oyendo toda la vida: has de leer más, leer es bueno, has de leer aunque sea las etiquetas del champú, blablabla. No tengas miedo, algún día deberías ir más lejos de la sabiduría tradicional que te transmitieron tus maestros, padres y consejeros espirituales.

El problema no está en leer poco sino en leer demasiado. El recurso escaso no es la información; estamos infoxicados. Cuando sobra la información, cuando está en todos lados en forma de programas de televisión, cursos, libros, manuales, formato digital, pantallas de iPad, teléfonos móviles, etc., el recurso escaso es nuestra atención.

Has de hacer todo lo posible por evitar leer libros. Si consigues leer menos, no solo libros, sino también blogs (este blog incluido), tuits, comentarios en facebook, emails, etc., y si lo haces más selectivamente, es probable que aumentes tu disfrute y aprovechamiento de las lecturas.

¿Qué deberías hacer antes de considerar leer un libro?

En esencia: buscar todas las razones posibles para no leerlo.

Para lograrlo es mejor que partas de una actitud de atracción (tú has de atraer la información y los libros) y  evitar la presión que ejerce el entorno para que prestes atención a sus demandas y leas los libros con los que te topas.

Puedes ir más allá. Nunca pienses que encontrarás en un libro la respuesta a tus problemas. Mucho menos en un artículo de blog. Mucho menos en un mensaje en una red social. Por supuesto que jamás en una programa de televisión o una película.

En el principio, fueron los proyectos

La clave: los libros que leas han de estar ligados a proyectos personales. Un libro no es un proyecto, un libro es un medio para alcanzar algo con relevancia o significado personal en el marco de un proyecto explícito:

  • Primero tienes una visión, una panorámica de un estado de cosas futuro, luego tienes metas y objetivos que te permiten acercarte a esa visión soñada. Hasta aquí no necesitas libros para nada.
  • Después tienes que saber qué está ocurriendo a tu alrededor, cuál es la realidad actual en tu vida. Aquí los libros solo tienen un papel marginal. Lo fundamental es la capacidad de percepción de la realidad y las conexiones sociales, las personas.
  • Más adelante, necesitas una estrategia y un plan sencillo; aquí quizá te empiecen a venir bien los libros. Pero siempre muy seleccionados y nunca como primera opción, so pena de que quieras pasar el resto de tu vida sumergido en libros.
  • Por último, necesitas acción y revisar cada cierto tiempo las fases anteriores: visión-realidad actual-estrategia-planes-acciones.

Los libros son una pieza pequeña de ese engranaje, NUNCA la más importante.

La excepción a lo anterior es la lectura por entretenimiento o por placer. Que cada uno lea por los motivos que quiera, pero si lo que buscas es mejorar tu vida, aprender alguna habilidad o dominar alguna disciplina, los libros NO son la respuesta.

Me importa un bledo lo que te dijera tu mamá, lo que te dijera la maestra, lo que hayas oído que dicen los intelectuales. En la mayoría de los casos estarías mejor con menos libros.

¿Qué puedo hacer antes de leer un libro?

Primero. Tener un proyecto en el que encaje. Regla: si no hay proyecto personal, no hay libro. Lo primero es el proyecto, más adelante quizá venga algún libro.

Recuerda: el primer ingrediente del aprendizaje es la motivación. Si no tienes un proyecto, estarás leyendo solo por placer.

Segundo. Las personas siempre antes que los libros. Es mejor buscar personas que te puedan ayudar en tus metas que buscar libros. Incluso, si necesitas libros para alcanzar tus metas, has de empezar buscando personas que te conduzcan a los libros. Es mejor que sean personas de carne y hueso, expertos que sean buenos en aquello que quieres aprender; si no, usa medios digitales, blogs o artículos .

Recuerda: este es el tercer ingrediente del aprendizaje: la colaboración.

Tercero. Eres una cerda. Eres un cerdo. Mánchate con el fango de lo real. Si quieres pintar, pongamos por caso, puedes hacer mil cosas antes de leer un libro: puedes ver a alguien pintar; puedes ir a una tienda, comprar pinturas y ponerte a pintar sin más preparación; puedes pedir a un amigo que te enseñe a pintar; puedes usar lo que tienes a mano y hacer tus pinitos.

NO necesitas hacerlo perfecto ni seguir ninguna receta cuando estás empezando. De hecho, nada de lo que te cuenten en teoría tendrá demasiado sentido si no te has engorrinado, si no te has manchado con el barro de lo real.

Recuerda: este es el segundo ingrediente del aprendizaje: las aplicaciones.

Última barrera contra los libros

Supongamos ahora que después de todo lo anterior has localizado un buen libro. ¿Has de leerlo? ¡No!

No todo está perdido. Puedes hacer muchas cosas que te allanen el camino antes de empezar a leer un libro. Si tienes suerte, puede que no necesites leer el libro o solo una parte.

Yo siempre sigo estos pasos, aunque no todos siempre estén disponibles. Después de cada uno de ellos me pregunto: ¿Sé lo suficiente? ¿De verdad necesito aprender más? ¿En qué querría profundizar? ¿Merece la pena seguir buscando más información?

  1. Miro las críticas en amazon.com (si el libro es en inglés). Hay reseñas tan buenas que muchas veces decido no leer el libro. Leo siempre, al menos, la mejor y la peor.
  2. Pregunto a un amigo que lea mucho para saber si lo ha leído. Le pido un resumen oral de doscientas palabras.
  3. Busco un artículo o reseña en línea que me condense un libro de 300 páginas en 3 o menos.
  4. Leo una entrevista en la que el autor venga a hablar de su libro.
  5. Leo la solapas de los libros.
  6. Leo el prólogo y el capítulo final con las conclusiones. Esto lo puedo hacer de gorra en la librería en unos pocos minutos.
  7. Busco una conferencia en youtube del autor. Después de una presentación del libro de una hora no suelo necesitar leer el libro. O solo leo aquellas partes que me resultaron interesantes en la conferencia.
  8. Echo un vistazo al índice. Señalo qué capítulos puede tener sentido leer y cuáles son los prioritarios. ¿Quién dijo que un libro hay que leerlo en el orden de los capítulos? ¿Quién dijo que hay que leerlo todo?
  9. Me tomo uno o dos días de descanso.
  10. Si pasados esos días, sigo pensando que el libro es interesante, entonces me pongo a leerlo. Pero solo las partes que resulten relevantes para mi proyecto en curso.
  11. Sigo un método muy parecido al que presentó Rafael en Cómo leer un libro con atención plena 1º y 2º.

Mantra: solo los perdedores leéis libros.

Referencias del artículo:

La realidad es mucha, fea y mala: afrontando verdades desagradables

Cada vez tengo más claro que el camino hacia el cambio y el crecimiento personal está en afrontar y buscar verdades desagradables todos los días.

Es importante no engañar a los demás, pero es todavía más importante no engañarse a uno mismo. El engaño es fácil, promueve emociones positivas o evita las negativas, pero te desconecta de la realidad y necesita de un esfuerzo constante para mantenerlo.-

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En el fondo del corazón, sabemos cómo son las cosas: que no somos perfectos, que tenemos sobrepeso, que no somos tan admirables ni virtuosos como creemos, que hacemos poco ejercicio, que nuestro trabajo deja mucho que desear, que a veces somos crueles o injustos, que estamos gastando demasiado…

Si quieres mantener la farsa tienes que justificar tus errores, desviar continuamente la mirada y sepultar los recuerdos. Los seres humanos somos especialistas en racionalizar nuestros errores, cambiar el foco y olvidar las verdades desagradables.

Pondré un ejemplo personal casi insignificante pero revelador: antes, cuando sacaba dinero del cajero, tenía la opción de consultar el saldo. Bastaba con confirmar la orden: «¿Desea usted consultar el saldo de su cuenta?». Mi respuesta era invariablemente «No». No lo consultaba porque no quería enfrentarme a un saldo bajo o al hecho de haber estado malgastando mi dinero en compras impulsivas.

Anticipaba el dolor de ver el saldo cercano a cero y tener que pensármelo dos veces antes de concederme un nuevo capricho. Por eso, nada mejor que sacar el dinero sin preocuparme por el saldo y esperar que mis problemas financieros se resolvieran solos. Hacía lo que el proverbial avestruz enterrando la cabeza en la arena para no ver al leopardo acercándose.

Avestruz enterrando cabeza en arena
Realmente el avestruz no entierra la cabeza bajo la arena. Hace un agujero para ocultar sus huevos y desde la distancia parece que entierra la cabeza. ¡Que la verdad no me estropee una buena imagen!

Te puedes imaginar que no es en los temas bancarios el único aspecto de mi vida donde practico la estrategia del avestruz. Piensa en la escena anterior como una rendija a través de la cual puedes contemplar la fea habitación de mi personalidad.

Mi comportamiento puede parecer cobarde. Lo es. Pero no soy el único cobarde; si no, pregúntate si el uso de la tarjeta tiene algo que ver con que cuando pagas con tarjeta no tienes la misma sensación de estar gastando dinero que cuando lo haces con monedas y billetes. Esta es una de las razones de la popularidad de las tarjetas.

Si pensamos en las tarjetas de crédito, es todavía más evidente cómo evitamos el dolor inmediato: obtenemos el subidón de adrenalina de la compra en el momento y retrasamos el pago uno o varios meses. Satisfacción ahora, dolor más grande pero diferido. La receta para el desastre.

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En flickr: https://flic.kr/p/4YHPqC

Una vez trabajé para una división comercial de un banco en sudamérica. Su responsable máximo definía a las tarjetas de crédito como cocaína en vena. La gente entra en un ciclo de exceso consumista y adicción a la tarjeta que es casi imposible de resistir.

Este es el negocio de las entidades financieras con los créditos de consumo: dar a las personas lo que quieren aquí y ahora, y desconectar la satisfacción del objeto adquirido del trabajo y sacrificios necesarios para comprarlo.

La publicidad y las facilidades de pago constituyen un test de la golosina para adultos: la mayoría de nosotros carecemos de la capacidad de control para sustraernos a la avalancha de tentaciones.

Recientemente, han actualizado la aplicación de los cajeros automáticos, y cuando saco dinero no me queda más remedio que ver el saldo de mi cuenta corriente, ya no tengo que solicitarlo expresamente.

Podrías pensar que ahora me hago obligatoriamente consciente de mi situación financiera y que quizá con ello he corregido alguno de mis malos hábitos de gasto, aunque solo fuera para no tener que soportar la bajada del saldo en tiempo real.

Pues no. El yo que evita la conciencia de las verdades desagradables tiene muchos recursos.
¿Qué hice en las primeras semanas? Aprendí a no mirar a la zona de la pantalla donde aparece el saldo de la cuenta corriente. Ojos que no ven, corazón que no siente.

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En flickr: https://flic.kr/p/ayYL6b

Solo en los últimos días, me he hecho consciente —desagradablemente consciente— de este comportamiento (¡la conciencia es el principio de la liberación!) y he rectificado. Ahora me obligo a mirar el saldo cada vez que retiro dinero y siempre pago con efectivo. Recibo una pequeña puñalada, me siento mal… pero obtengo la información: sé el dinero que tengo disponible y me lo pienso dos veces antes de hacer un nuevo gasto.

Cuando acepto la realidad tal y como es, cuando logro que el circuito de realimentación acción-resultados-conciencia-nueva acción… esté despejado y funcione, obtengo información para tomar mejores decisiones.

El precio es una sucesión de punzadas emocionales negativas durante el día, pero a cambio estoy más en contacto con la realidad y dejo de engañar a la persona en el mundo a la que es más fácil engañar: a mí mismo.

Toque de queda digital: política de 0 pantallas

En la última semana he observado lo siguiente:

  • Los días que me acuesto sin haber estado sometido previamente a distracciones digitales o pantallas,  me despierto tranquilo, descansado y sin necesidad de despertador.
  • Los días que me quedo mirando twitter, viendo vídeos en youtube o escuchando audiolibros inmediatamente antes de dormirme, tengo sueños agitados y me levanto ansioso.

A veces escucho programas de radio antes de acostarme, tertulias principalmente, y me quedo dormido con ellos. Es frecuente que en sueños me introduzca en el debate y discuta como un tertuliano más con el resto de los expertos. Irremediablemente el sueño no es profundo y a la mañana siguiente me siento cansado mentalmente, aunque haya dormido las 7 horas 13 minutos de rigor (mi tiempo óptimo de sueño según mi último estudio de eficiencia personal).

En septiembre de 2014, me impuse un toque de queda digital a partir de las doce de la noche para evitar redes sociales. En el artículo en que anuncié mi intención, fantaseé con una versión más estricta del toque de queda digital: no solo eliminar las redes sociales y teléfonos móviles después de las doce, también evitar todo tipo de pantallas.

Voy a seguir la estela de Anca Balaj de eliminar radio, televisión, películas y series por completo. Yo me las prohibo solo después del toque de queda, Anca las ha eliminado totalmente por las noches y solo se permite unas pocas películas al año.

Ha llegado el momento. Esta es mi intención, la hago pública con la esperanza de que el compromiso quede reforzado:

A partir de las 0:00 quedan prohibidas las pantallas. Solo me permito la lectura en libros en papel.

Esto no se aplica al shabbat, en el que cualquier exceso está permitido y muchas reglas prácticas de conducta quedan suspendidas. Sin embargo, es conveniente que un día de recogimiento lo dedique a algo más estimulante que ver películas después de las doce de la noche.

Referencias del artículo:

Búsqueda minimalista de objetos perdidos

A todos se nos extravían objetos físicos. Y también objetos mentales. En este último caso lo llamamos “olvido”, en el primero, “pérdida”. Es algo que nos ocurre habitualmente. Si eres como yo, esto te genera una cierta tensión en forma de frustración, sensación de fastidio o inquietud. ¿Dónde está esa chaqueta que tanto me gusta? ¿O cuál era esa idea que me pareció tan maravillosa mientras subía al autobús pero que se me olvidó anotar? ¿Qué tenía que hacer sin falta esta tarde porque se acaba el plazo? ¿Qué llamada urgente tengo pendiente?

A veces se nos olvidan palabras, sabemos que están en algún lugar de nuestra memoria, pero no podemos recordarlas. ¿Cómo se llaman los ascetas que empezaron el movimiento monástico cristiano y que se iban a meditar o expiar sus pecados al desierto durante años? … No me acuerdo. Creo que  alguien  muy famoso estuvo treinta años en lo alto de una columna o poste. ¿Era uno de ellos? ¿Era cristiano? No sé, pero me suena… Sigo buscando en mi memoria. ¿Cuándo fue la última vez que oí o leí esa palabra? Ah, sí, fue en un libro de Anthony Storr sobre la soledad.

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San Jerónimo visitado por ángeles. Cavarozzi, principios del siglo XVII

 Pero no recuerdo la palabra en español, en inglés era “hermit”, como eremita, o ermitaño, dicho de los primeros cristianos que vivían en soledad en el desierto en tierras de Egipto alrededor del siglo III después de Cristo; pero la palabra que busco es otra,  es un sinónimo cercano y no empieza por e. Si me dijeras la primera letra seguro que me ayudaba, y si me la dices entera seguro que la reconozco.

Esta es la experiencia de tener una palabra en la punta de la lengua. Casi al alcance de la mano, pero faltan unos centímetros…Y me exaspero. ¿Por qué  diablos se me ha olvidado esa palabra?

Quien dice una palabra, dice una idea, un calcetín, una tarea urgente que hacer que aparece tan pronto como desaparece solo dejando una nube de polvo blanco en la memoria, rastro de que estuvo alguna vez allí.

Y nos quedamos como tontos mirando nuestro fastidio.

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Smoke, por Paul Bence, en flickr: https://flic.kr/p/fvzLK

Técnicas preventivas para evitar perder objetos

Una estrategia preventiva es la famosa máxima de la organización de objetos físicos: “un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio”. Todo tiene un sitio en tu casa u oficina y cada cosa está en su sitio porque después de usarla la devuelves a su lugar correspondiente, a su “hogar.  De esta manera previenes el extravío de objetos. Estipulas claramente el lugar, lo memorizas, aplicas la máxima de organización anterior  y resuelto el problema.

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Con las ideas o los objetos mentales, podemos hacer algo similar; muchos escritores son muy celosos de sus ideas y una vez que aparecen en la pantalla de sus conciencias se apresuran a apresarlas en su cuaderno de notas. Da lo mismo lo que sea, importante o menos, ocurrente o banal, toman nota de todo  por si pudieran emplearlo como futuro material literario.

También hacen lo mismo los científicos o los que llevan diarios: anotan sus impresiones y experiencias como una forma de aherrojar  ideas y tenerlas disponibles  cuando llegue el momento: “Recuerdo que escribí sobre tal o cual tema el año pasado… voy a buscarlo”. El cuaderno de bitácora del capitán del barco permite recoger la información relevante cada día y tenerla disponible a voluntad. Lo mismo la caja negra de un avión que recoge hasta el mínimo detalle.

David Allen, el autor de Getting Things Done, recomienda usar listas o un cuaderno de notas que registre la preocupación o idea para luego, en un momento posterior, procesar esa información, convertirla en acción, archivarla o deshacerse de ella.

De esta manera eliminas UPAs (Unidades Permanentes de Atención), descargas la memoria inmediata y reduces el estrés. De otra manera, esas UPAs siguen revoloteando en la memoria a corto plazo,  apareciendo recurrentemente e interfiriendo con la acción presente.

Una buena biblioteca física también es una gran ayuda, te basta con saber dónde puede estar la idea relevante de la que solo conservas una imagen borrosa y consultar el libro. La biblioteca, si te puedes permitir el lujo, es una excelente prótesis para tu memoria biológica. A diferencia de la digital, todos los libros tienen unas características físicas, color, textura, localización física y otros atributos sensibles que actúan como claves de recuperación y hacen todavía más fácil recordarlos.

Con las bibliotecas digitales, aunque en principio guardan la misma información y podemos clasificarlas en carpetas temáticas como si ordenáramos nuestros libros en estantes, las claves físicas son más limitadas.

¿No tienes la sensación de que al  leer un libro en formato electrónico el conocimiento resbala como el agua por la superficie de tu cerebro? Esa es mi experiencia, por eso prefiero leer un libro físico, me permite implicarme más, tomar notas a mano y convertir un acto, en principio puramente intelectual, en una experiencia física, sensorial, casi estética.

Sin embargo, las bibliotecas digitales también tienen sus ventajas: con herramientas de búsqueda ya incorporadas en el sistema operativo o con programas especiales, puedes indexar los archivos y  localizar rápidamente una frase o una palabra rara dentro del contenido del libro o libros que estés buscando.

Si externalizas parte de tu memoria y clasificas adecuadamente la información para una fácil recuperación expandes tu mente y recuperas  el objeto mental perdido cuando lo necesitas., ya sea en tu mente biológica o en sus extensiones.

Técnicas de recuperación de objetos perdidos

Las técnicas preventivas funcionan para evitar perder objetos. Pero, ¿qué hacemos si ya están perdidos, si no los encontramos fácilmente?

Una técnica usada con objetos físicos es la de recordar la última vez que viste el objeto y a partir de ahí reconstruir tus pasos e inspeccionar cada uno de los lugares por los que pasaste. El problema es que si el último encuentro con el objeto fue hace demasiado tiempo puede ser difícil aplicar la técnica.

Con las  ideas, podemos hacer lo que he hecho yo antes con la palabra equivalente “hermit” en inglés o  “eremita” en español: empezar a buscar asociaciones de esa palabra en otras zonas de la memoria biológica con las que estaba relacionado: ascetas, en el desierto de Egipto, principios del cristianismo, un tipo subido a una columna durante décadas, no empieza por e, empieza por… a, recuerdo que mi madre decía que yo era uno de ellos cuando me pasaba todo el día leyendo en mi habitación, la palabra tiene al menos cuatro sílabas… ana… anaco… ¡anacoreta!

Con la técnica anterior he activado zonas de la memoria próximas a la palabra buscada y tirando de sus elementos y conexiones cercanas he llegado a la palabra que buscaba en un primer momento.

O podemos empezar a buscar en nuestra memoria extendida en libros que estén relacionados con la búsqueda, o usar google.

Usar google tiene la desventaja de que es muy rápido y fácil y al no tener que hacer ningún esfuerzo mental de recuperación esa memoria no se fortalece o consolida de la misma forma que si buscaras en tu memoria biológica o en libros.  El acto de recuperación de la memoria es también un acto de fortalecimiento de la memoria biológica, que pierdes si buscas en un almacén externo.

El problema de depender demasiado de las herramientas de búsqueda digitales es que la memoria biológica se convierte en una especie de “metamemoria”, esto es, una memoria que guarda el lugar donde puedes encontrar las ideas, conceptos, conocimientos, no los conocimientos en sí.  Si luego quieres emplear esas ideas almacenadas externamente creando asociaciones novedosas, lo tienes mucho más difícil, porque no tienes los contenidos en tu mente, solo las referencias a los contenidos, pero este es otro asunto con implicaciones importantes en materia de creatividad e innovación del que hablaremos en otro artículo…

Receta  minimalista para buscar un objeto perdido

 Deja de buscar. Ya aparecerá. Así de sencillo.

En el minimalismo existencial, que es una aerodinámica de la acción humana, buscamos maneras rápidas y eficaces  de deshacer nudos gordianos (= problemas difíciles). Aunque no siempre las haya, en este caso sí que la tenemos.

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Nudo gordiano, por Miguel Ángel, por flickr: https://flic.kr/p/cHCuGs

Con los objetos físicos, siempre que no sean irremplazables (no tienes otra chaqueta, no tienes un segundo par de llaves) y no sea urgente encontrarlos (necesito el pasaporte para tomar el vuelo de dentro de dos horas, tengo que devolver inmediatamente un libro prestado), lo mejor es esperar a que aparezcan. Puesto que estarán en algún lugar por el que has pasado y puesto que volverás a pasar en una fecha seguramente no muy lejana por el lugar, terminará apareciendo. Si está debajo de una cama o un sofá, cuando barras debajo lo encontrarás.

Esto es más fácil decir que hacer, pero te ahorrarás búsquedas infructuosas y reducirás la fricción diaria de estas pequeñas molestias.

Con los objetos mentales, la política es la misma: si la idea no aparece en unos segundos, simplemente espera a que aparezca y pasa a otra cosa. Terminará apareciendo cuando menos te lo esperes. Y si no aparece, es que no era muy importante. O lo era, pero puedes vivir sin ella.

Mi profesor de mindfulness o atención plena fue el primero que me puso en contacto con esta táctica de búsqueda que realmente es  una  no-búsqueda. Las ideas importantes terminarán apareciendo de nuevo, no son estrellas fugaces, son nudos de una red y están fuertemente conectadas. Cuando vuelvas a recorrer un camino mental y tocar un concepto conectado con el buscado, reactivarás el pensamiento perdido. Es peor el desequilibrio que genera la búsqueda tensa que el no recuperar la idea nunca.

Ocurre como con el sueño y la felicidad perdida: cuanto más los buscas directamente intentando recuperarlos, más esquivos se vuelven, más nervioso te pones, más infeliz  te sientes y más insomnio sufres. Pero si te rindes, si desistes de buscarlos directamente, cuando menos lo esperas, mientras estás interesado en otra cosa que ocupa tu mente, terminan llegando.

O no terminan llegando.

Pero no has sufrido de más. Parafraseando la máxima budista: el dolor de no encontrar lo que buscas es inevitable, pero el sufrimiento derivado de no encontrarlo es una opción. Tú eliges.

Extensión de la receta minimalista a cualquier búsqueda

Podemos aplicar esta búsqueda minimalista no solo a los objetos perdidos, también a los objetos físicos, mentales, emocionales, etc., no encontrados que nunca perdimos, a pesar de luchar-trabajar-esforzarnos por ello.

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The alexandrian solution, s3aphotography en flickr: https://flic.kr/p/32NiRw

Estas cosas no encontradas pueden ser desde una relación perfecta, un  trabajo ideal,  un párrafo que exprese exactamente lo que siento, o una fotografía que recoja el momento o el paisaje en toda su plenitud.

 La creación del tipo de cosas y experiencias que queremos en nuestras vidas requiere a veces la acción negativa, el wu wei taoísta, el no hacer, el renunciar al control y al esfuerzo consciente y deliberado, dejando que las fuerzas subterráneas de la vida y la conciencia se desplieguen espontáneamente.

Esta actitud supone la capacidad de desapego, de no aferrarse, de dejar que las cosas sigan su curso, de no obsesionarse con lo perdido o lo no encontrado.  Es la serena aceptación de que las cosas no siempre llegan o no llegan cuando queremos.

Más de veinte mantras para encender la tenacidad y la perseverancia

Queremos frases  cortas, breves, con aire a eslógan,  que sean memorables, que se puedan recordar fácilmente y proferir  para animarse  a hacer lo conveniente en el momento adecuado en el campo de batalla de la vida.

Estos más de veinte mantras son la expresión concisa de algunas reglas y principios del minimalismo existencial, son lemas o divisas que condensan nuestros ideales sobre cómo comportarnos y dirigirnos en nuestros asuntos cotidianos. También nos ayudarán a orientarnos en las grandes decisiones en las encrucijadas existenciales.

Con el tiempo, el mantra será como un resorte, un grito de guerra, una píldora de ánimo, una chispa que encienda y libere energía mental y emocional, y nos ayude a hacer lo correcto sin importar cómo nos sintamos.

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‘Dog days’, por Jessie Hodge, en flickr: https://flic.kr/p/cG8ocbPrimero lo primero.

1. Primero lo primero

Una expresión inglesa que empleó Stephen Covey como título de uno de sus libros. Me recuerda la necesidad de priorizar, posterizar y, sobre todo, nuncanizar. Siempre tengo que determinar las actividades claves y centrarme fanáticamente en ellas, descartando todo lo demás. Mucho más fácil decirlo que hacerlo. Este hábito de centrarse en los pocos esenciales y evitar los muchos triviales es la diferencia entre los que logran metas y los que se arrastran por la vida apagando mil fuegos. La poda minimalista del minimalismo existencial es una aplicación general de este principio a todos los ámbitos de la vida.

2. Antes del Satori, cortar leña y acarrear agua. Después del Satori, cortar leña y acarrear agua.

Dicho Zen. El satori es la iluminación en el budismo zen. Me recuerda mi filosofia existencial de centrarme en mis valores principales, el proceso y el sistema más que en los resultados particulares  o en las metas. Las metas no son fines en sí mismas, son meras herramientas. Las metas pueden alcanzarse o no, dependen de muchos factores  no todos controlables; los valores y el proceso pueden empezar a vivirse en este mismo momento.

3. Mañana es hoy, Rocky; mañana es hoy.

En la película Rocky es lo que el entrenador le dice al boxeador cuando este exhausto quiere aplazar el esfuerzo. El futuro se construyen con muchos hoys vividos esforzadamente. En vez de llamarte a ti mismo Rocky, puedes usar tu nombre verdadero: Pepe, María, Juan, Homo Minimus.

4. Just do it!.

Eslógan de nike. Es tan simple y difícil como eso. El hacer, el probar, el experimentar, el comprometerse con una dirección. La acción es la prueba (el papel de tornasol)  de la verdad de la teoría. En una vertiente más táctica, la humilde  regla de los dos minutos de David Allen expresa el mismo espíritu orientado a la acción inmediata.

5. La confianza tengo que ganármela.

La confianza está al final del camino, nunca al principio. El estado normal en el inicio del aprendizaje jamás es la confianza. Esta se logra a cambio de sangre, sudor y a veces lágrimas. Si quieres más justificaciones, puedes leer el artículo de la serie minimalismo diabólico Al diablo con la confianza.

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6. ¡No pensar!

Es un mantra capital  para determinados temperamentos especulativos, hiperintelectuales y cautos que caen en la parálisis por el análisis. La acción es más importante que el pensamiento. La forma más refinada del pensamiento es la acción. Las teorías son redes. Hay que echar las redes, no podemos pasarnos la vida construyéndolas en el puerto.

7. El dolor es la debilidad saliendo del cuerpo.

Lema de los marines americanos. Redefinición del dolor. No es algo que tengamos que evitar o que sea evitable. Forma parte del proceso de construcción del ser. Hemos de abrazarlo. El dolor nos fortalece , forma parte de la fricción existencial inevitable, nos acompañará siempre que sigamos avanzando y cambiando.  Es una buena señal. Hemos de rompernos para construirnos.

8.Esto no es un piano.

Antídoto contra el perfeccionismo. Es un dicho que usan los carpinteros cuando construyendo algún mueble tienen algún pequeño fallo o imperfección. Se recuerdan que no son ebanistas o constructores de pianos ni necesitan la perfección completa en su trabajo. Abrazan lo suficientemente bueno. Una forma de cultivar la mentalidad de la regla del 80/20 o ley de Pareto. Este “esto no es un piano” es algo que nos podemos decir cuando sintamos fastidio o frustración por los fallos a lo largo del camino.

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9. Por mí que no quede.

La expresión más sintética para una actitud corajuda y perseverante en la vida. Puedes leer el artículo que escribí sobre este mantra.

10. En el pasado fue de “esa” manera. En el presente es de “esta otra”.

Cuando tengo ganas de remolonear y evitar alguna acción que me genere incomodidad, me suelo decir que ciertamente en el pasado retrocedía, pero que ahora mismo, en este preciso momento, actúo de acuerdo a lo que es correcto. “Esa manera” significa la acción escapista o de evitación cuando me apetece hacer una cosa distinta de la conveniente o la correcta. “Esta otra” es la acción correcta.  No solemos equivocarnos demasiado respecto a lo correcto. Otra cosa es que nos engañemos para evitarlo.

11. Las verduras antes que el postre.

Es una táctica o regla general de afrontar lo difícil e importante al principio. Explico su justificación en este artículo.

12.Con un poco de ayuda de mis amigos…

No somos autodidactas, somos interdidactas, aprendemos en comunidad. Por lo tanto, hazlo social. Uno de los mecanismos regulativos externos más potentes es la cooperación y los proyectos conjuntos. La camaradería, los objetivos compartidos y el calor humano nos proporciona motivación y nos ayuda a sobrellevar los momentos difíciles. Por eso es fundamental que generes un entorno social propicio en cada uno de tus esfuerzos. La soledad es una gran fuente de estrés y aunque sea necesaria para la creacion, puede ser muy nociva para la motivación y el esfuerzo. Este blog es un intento de ser consecuente con esta convicción personal.

13. Empieza ayer… (o, si no queda más remedio, hoy).

Mantra muy útil para evitar el exceso planificador y la cautela que ahoga la acción y el experimento.

14. Zamora no se hizo en una hora.

Mantra para recordarme ser paciente y no esperar resultados inmediatos. Las grandes obras llevan tiempo y dedicación. Es sentido común que sorpresivamente olvidamos. Es  un antídoto contra la búsqueda de la gratificación instantánea y la intolerancia el esfuerzo sostenido en el tiempo.

15. Contra la emoción, ¡acción!

Cuando estoy sumergido en emociones tumultuosas que amenazan con alejarme del curso de acción elegido y me llenan de dudas, me recuerdo que la mejor manera de cambiar un estado emocional es perseverar en el camino hasta que con la mejora de los resultados externos  las emociones negativas se atenúen.

16. Estoy aprendiendo.

Toneladas de errores forman parte del proceso de aprendizaje. Este mantra sirve para recordarme ser amable y compasivo conmigo mismo cuando las cosas no salen como quiero. También me ayuda a desarrollar una saludable mentalidad de crecimiento. Su variante “Está/n aprendiendo” es también muy útil para sobrellevar las debilidades humanas y las imperfecciones.

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‘Cat eyes’, por strollerdos, en flickr: https://flic.kr/p/jZj8a

17. Da un  paso de bebé.

La única forma de generar momentum y vencer la fricción existencial es dar un primer paso. Con él pasamos del reino de la especulación, la teoría y las dudas al mundo de la realidad actual.  Para que no sea abrumador, el paso puede ser muy pequeño. El principio del Kaizen es la filosofía de productividad subyacente a los pasos de bebé. Puedes leer al respecto mi artículo Pasos diminutos.

18. ¿Cómo me como un elefante?

Mantra para recordarme que los grandes esfuerzos son reducibles a una gran cantidad (pero finita) de pequeños esfuerzos-bocados. Lo imponente se vuelve manejable cuando lo dividimos en partes pequeñas y las acometemos una por una. Estrategia del divide y vencerás.

19. La felicidad está a la vuelta de la esquina.

Dicho francés que me enseñó mi amiga Segolene Castille. Los franceses tienen mucho que decirnos sobre el arte de vivir. Nunca sabemos cuando se producirá el giro o sorpresa del destino. Hay que perseverar porque nunca sabes cuándo empezarás a ver avances o la proverbial luz al final del túnel

20. Vísteme despacio que tengo prisa.

La necesidad de mantener un ritmo pausado y no querer acelerar el ritmo natural de aprendizaje y cambio. Decelerando y tomándonos el tiempo para trabajar los fundamentos y «los esenciales» podemos, paradójicamente, acelerar el ritmo y obtener antes lo que queremos

21. Cómete un sapo (a ser posible en el desayuno).

Similar al “primero lo primero”, pero más visual. Sirve también para recordarnos que “lo primero”, lo importante, suele asemejarse a un sapo en su aspecto. Por lo tanto, hay que empezar por ahí. La “satisfacción” de comerte uno o varios sapos al principio del día te dará alas el resto del día y sensación de logro. Las TMI o Tareas más importantes del día son la herramienta de productividad para comernos sapos diariamente. Los TMI han de ser sapos.  Las cinco grandes rocas semanales son los sapos de la semana.

22. ¡Convierte la inspiración en transpiración!

Respuesta de Robert Sánchez, del blog Escucha tu cuerpo,  a mi comentario sobre lo mucho que me había inspirado su blog y sus libros sobre ejercicio, alimentación y vida saludable.  Cuando uno se siente ilusionado o contento por haber comprendido algo o con ganas de trabajar es fácil relajarse y aprovechar la emoción para tomarse un descanso. Hay que hacer justamente lo contrario: ponerse a sudar en la dirección en la que nos sentimos inspirados

23. Una tonelada de  experimentación; un kilogramo de reflexión; un gramo de teoría.

Las proporciones óptimas en el aprendizaje y los procesos de cambio. Toda la serie de artículos Fracasa más, fracasa con gracia es un intento de desarrollar una chispeante mentalidad experimental. TonteOrías, las justas.

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‘White tiger in the sun’, por George, en flickr: https://flic.kr/p/icvUrM

24. No se ha escrito nada de los cobardes.

El grito de guerra habitual de un visceral  compañero de mi club de ajedrez momentos antes de ejecutar una arriesgada, agresiva y brillante jugada de ataque… y ser  machacado por el adversario.

25. No importa lo lento que vaya siempre que no me detenga. 

Este mantra es especialmente útil para soportar los tiempos en que parece que no avanzamos. Si los niños son adictos a la gratificación instantánea, los adultos lo somos al progreso o sensación de avance. Hemos de aprender a soportar las mesetas. Porque ahí estaremos gran parte del tiempo. Aunque parezca que no hay progreso, si trabajamos regularmente con intensidad y estrategia, terminará habiéndolo.

26. Piensa a lo pequeño.

Lo pequeño es hermoso. Lo grande se cuida de sí mismo. El diablo y lo divino se encuentra en los detalles. Amor en cada pequeño paso. La excelencia en lo insignificante.

Puedes leer sobre este mantra en este artículo. Creo que es el mejor que he escrito.

27. Siempre estar celebrando. 

Cuando empecé a escribir este artículo temía no pasar de diez mantras o lemas. Según iba adquiriendo momentum las ideas iban apareciendo y terminaron fluyendo como un torrente. Cada acción o proyecto que implica incertidumbre es una pequeño salto al vacío. Contento por haber saltado una vez más.

Siempre estar celebrando: Reconocer los pequeños avances a lo largo del camino. Ninguno es lo suficientemente insignificante como para pasarlo por alto. Sentir a lo grande con cosas pequeñas.

Habitólogos, gladiadores, psiconautas, aventureros del espíritu, ¿tenéis algún mantra que podamos incorporar a nuestra panoplia o repertorio de herramientas?

¡Compartid con vuestros hermanos de armas!

[Este artículo pertenece al curso de perseverancia conectado al libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida, que puedes conseguir gratuitamente ]

Jaque a el sistema: hackea tu educación

No creo mucho en la educación: cada uno debe ser su  propio modelo aunque éste sea desastroso.

~Albert Einstein

¿Qué hacen en 50 personas de edades diversas e historiales variopintos con gesto serio y aire de luchadores de sumo  formando un círculo a las 9 de la mañana de un sábado que además coincide con el puente del día de todos los santos? ¿No tienen nada mejor que hacer?

Algunos se han levantado a las 7 de la mañana para poder acudir puntualmente a la cita en Impact HUB Madrid (gracias a sus responsables por cedernos el local);  otros  han venido de ciudades a varios cientos de kilómetros como  Bilbao o  Valencia; María Benavente, una chica pizpireta de 15 años,  ha viajado en tren desde Galicia para poder estar en Openspace #HackYourEducation y  encontrar los argumentos para convencer a su madre de que le permita dejar el instituto y dedicarse a la programación. Hay expectación y el evento está a punto de empezar.

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Hummmm, después de todo puede ser que no esté solo. Aparte de mi mismo, hay vida inteligente en este planeta.

Es una conferencia openspace   o anti-conferencia, como prefiero llamarla, que trata sobre cómo hackear la educación y aprender al margen del sistema educativo tradicional de instituto, universidad, másters y otros sistemas formales y formalizados de aprendizaje.

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El evento está organizado por Guillermo Pascual, un hacker (aunque él prefiere denominarse builder o artesano  del software) de 19 años que dejó el instituto a los 16 años porque no era feliz en él y sentía que no respondía a sus verdaderas inquietudes. Tampoco sabía qué hacer con su vida, pero prefirió descubrirlo por sí mismo al margen del sistema. Casualmente lo conocí por su propia iniciativa, no la mía, a través de mi proyecto 52 comidas.

A fuerza de entusiasmo por el sofware y uniéndose a a comunidades de desarrolladores, Guillermo fue aprendiendo y labrándose un lugar en la profesión de los programadores. A los 17 años empezó a desarrollar software informático, y un par de años después es un consultor informático freelance que elige sus trabajos, no por el dinero que gana sino por el interés que le suscitan los proyectos y sobre todo por las personas con las que va a trabajar.

Como maestro de ceremonias, actúa Xavier Gost, un programador veterano  con mucho gracejo. Le podéis ver en su salsa en una conferencia tradicional ante tus colegas programadores explicando cuál debería ser el papel del programador en la sociedad.  Forma parte de la comunidad de artesanos del software; además, es amigo y mentor de Guillermo, el organizador. Xavi explica el concepto de openspace conference y las reglas básicas de funcionamiento: pocas y funcionales. Esto me va a gustar.

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Xavi Gost. El maestro de ceremonias de nuestra conferencia openspace #HackYourEducation

El desarrollo de una anti-conferencia ilustra muy bien lo que significa hackear la educación. El carácter espontáneo, diverso,  emergente (concepto  que obsesiona a Xavi Gost), informal, flexible y fluido de este evento es análogo a muchos de los rasgos que son necesarios para ser un buen hacker de la educación. También requiere de una organización y formalidad mínima, que yo considero muy atractiva desde el punto de vista del minimalismo organizativo y de la eficacia en el aprendizaje.

Rápidamente se proponen varios temas y se forman grupos para charlar sobre ellos.  La gente en función de sus intereses se une a unos y a otros, y cuando quiere cambia de grupo para tocar más temas siguiendo la regla de los dos pies. Nadie debería sentirse ninguneado si la gente se larga cuando está hablando o si el grupo que has formado poco a poco se vacía hasta quedarte solo. De hecho, yo propuse un tema al que nadie se unió. Pero previamente había propuesto otros cuatro que sí tuvieron audiencia y participación. Es lo que ocurre cuando hay libertad y se eliminan algunas formalidades: la gente hace lo que le place. Y está bien.

En un próximo artículo explicaré con más detalle  la dinámica de un openspace, unconference o anti-conferencia y su valor como forma alternativa de generar conexiones, debates, proyectos conjuntos y despertar la conciencia sobre un problema o buscar maneras creativas de construir cosas nuevas.

¿Tienes que ser un genio para hackear tu educación?

Este es habitualmente el primer argumento que se presenta contra el hackear la educación. Eso está muy bien para Steve Jobs (el gurú del marketing de electrónica de consumo, que dejó el college a los 6 meses), Bill Gates (un semi-autista que no pasó del primer año en Harvard), o Richard Branson (un excéntrico millonario inglés  con dislexia que dejó el instituto a los 16 años,  creó Virgin Records y Virgin Airlines, y que pasados los 40 años se enteró de la diferencia entre bruto y neto en una cuenta de resultados). También está bien para gente con un talento especial: superdotados, músicos, deportistas.

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Richard Branson a bordo de uno de sus aviones de Virgin Airlines  ejerciendo de azafato.                                           TONY ASHBY/AFP/Getty Images)

O peor, esto está bien para los que tienen muchos recursos y tiempo, proceden de familias adineradas que se pueden permitir este tipo de lujos en el aprendizaje; pero la persona corriente tiene que seguir el camino habitual, ganar un título que le abra las puertas al mercado de trabajo y entrar en una empresa con organización tradicional.

Ciertamente, la gente que fue  a la anti-conferencia era en un cierto sentido “especial”: gente inquieta, de inteligencia activa –algunos seguramente se salen de las gráficas en cociente intelectual–, curiosa y con muchas ganas de forjar su propio destino; pero en otro sentido eran gente normal, de aspecto normal, y con capacidades normales, que concentradas en algo que les apasiona les hace capaces de ser muy buenos profesionales o de aprender nuevas tecnologías. Iván Stepaniuk, de origen argentino, aprendió a programar en BASIC a los 8 años y con 14 años ya producía software comercial. Obviamente, este no es un caso habitual  pero nos sirve para saber de lo que alguien que se interesa por un tema es capaz a base de motivación y perseverancia y un entorno propicio.

Cometeríamos un error si pensáramos que el hackear la educación es para una élite privilegiada genética o socialmente. En absoluto:  es una opción o posibilidad que cada vez está más alcance de todos, gracias a internet y la ingente cantidad de recursos educativos disponibles de manera casi gratuita. Los MOOCS como EdX, Udacity, Udemy o Coursera, los foros de preguntas y respuestas como Quora, o como StackExchange.com o ehow.com y muchos otros que están surgiendo en los últimos años.

Cualquier persona motivada con las ideas claras (o con las ideas confusas y con ganas de explorar, como yo) y que quiera aprender algo nuevo puede hacerlo hoy en día si se lo propone.

Desescolarización

Nunca he dejado que la escuela interfiera con mi educación ~ Mark Twain

En un grupo en el que estaba presente  Laura Mascaró,  especialista española en educación en libertad y  evangelista  del homescholing y el unschooling en España,  se habló sobre una educación alternativa al margen de la escuela. Predica con el ejemplo  y educa a su hijo de 7 años en casa además de asesorar a familias de homeschoolers españoles e impartir conferencias en España y sudamérica sobre el tema.

El último libro de Laura  es Sin escuela. Muy recomendable como texto divulgativo para reflexionar sobre la educación y su actual configuración.

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La educación en España, con una tasa del 30% de fracaso escolar, episodios habituales de acoso en las aulas, desmotivación de los profesores y exceso de burocracia e intromisión política no parece ya la mejor de las opciones; o, al menos, no es la única que deberíamos contemplar. Esto es extrapolable a casi cualquier país del mundo, incluidos los más desarrollados.

Es sorprendente que con estos datos y conciencia general del problema de la educación en España, la gente (¡incluso dentro de nuestro openspace #HackYourEducation!) se muestre tan conservadora y cauta respecto a la desescolarización en sus diversas formas, homeschooling, unschooling, etc.

Con estos resultados, me pregunto: ¿qué tenemos que perder con experimentar con otras opciones? Supongo que la gente siempre prefiere lo malo conocido que lo bueno por conocer y que el estar del lado de la mayoría protege psicológicamente contra los malos resultados. Después de todo, si me equivoco con otros, el error resulta menos doloroso. El cálido manto del colectivo nos hace sentirnos protegidos a pesar de todo. Somos muy malos percibiendo los riesgos, sobre todo cuando se construyen de forma gradual y se van haciendo más y más familiares. El síndrome de la rana hervida ha operado  en el sistema educativo español.

El concepto de desescolarización y educación en casa al margen de la escuela puede parecer un anatema para muchos, pero en estados unidos hay más de 1,5  millones  de homeschoolers y unschoolers que se educan fuera de las instituciones públicas y privadas. Los resultados suelen ser mejores que los de la educación reglada. Muchas universidades están reservando un cupo especial para chicos educados en casa; su autonomía, creatividad y madurez suele ser superior al de las víctimas, quiero decir, al de los  beneficiarios, de la educación pública.

Para adolescentes que están pensando en dejar el instituto, tomar las riendas de sus vidas y convencer a sus padres de ello recomiendo  The Teenage Liberation Handbook. Me temo que está en inglés solamente, pero merece realmente la pena, en especial los primeros capítulos; es una excelente guía para adolescentes que quieren hacer homeschooling o unschooling y perseguir sus propios intereses y emprender proyectos personales.

ESTE ES UN LIBRO MUY PELIGROSO. Contradice toda la sabiduría convencional sobre los que dejan el colegio y la importancia de la educación formal. Es divertido e inspirador. … El autor no se hace responsable por la felicidad y sentimiento de responsabilidad que pueda resultar.

Uncollege, un paso más allá en la desescolarización

La universidad no es el lugar al que ir a buscar ideas. ~Helen Keller

El movimiento uncollege en Estados unidos lleva este bricolaje intelectual  un escalón educativo más allá al propugnar que no necesitas gastar 100.000 dólares y 4 años de tu vida en la universidad para conseguir unos conocimientos y habilidades que puedes obtener más rápidamente y con menor coste mediante el aprendizaje autodirigido. Dale Stephens, autor de Uncollege es el pionero y mejor representante de este movimiento. Podéis ver su página web y  su uncollege manifiesto.

Si estás a punto de ir a la universidad y no tienes el coraje de leer este libro antes, te mereces exactamente lo que vas a obtener. ~Seth Godin, autor de Stop Stealing Dreams.

Aunque en España el coste para el estudiante no es tan grande, sí que lo es para el estado y los contribuyentes , que gastan una media de 7000 euros anuales por estudiante con resultados más que dudosos en cuanto a formación adquirida.  No tenemos ni una sola universidad española entre las 150 primeras del mundo y los informes PISA relegan a los alumnos españoles a las últimas posiciones del mundo desarrollado  junto con nuestra vecina Portugal y Grecia.

Paradójicamente, nuestros MBAs de negocios  están entre los mejores del mundo, con algunos como el del IESE de Barcelona o el IE de Madrid o el ESADE apareciendo regularmente en el top ten mundial. En el 2012, en el ranking del financial times,   el IE fue el segundo a nivel mundial,  el IESE el sexto,  y el ESADE el quinto.  Ningún otro país de Europa tiene tres MBAs en la lista de los diez mejores.

La paradoja se resuelve fácilmente: todos estos MBAs son de iniciativa privada, están sometidos a las leyes del mercado, dependen de satisfacer sus clientes y no reciben subvención alguna.

¿Hackear el sistema o hackear tu educación?

He de crear mi propio sistema o seré esclavizado por el  de algún otro ~William Blake

Javier Cuevas habla de establecer métodos de marketing de guerrilla, dar charlas en institutos y universidades e incluso poner pancartas en centros universitarios del tipo: “Os están robando el tiempo”, “Vuestra educación es un fraude”, etc. Esta opción serviría para hacer ver la luz a los que siguen en el sistema educativo tradicional. Su argumento es que no podemos dejar a los demás en la estacada e ir a lo nuestro sin preocuparnos por la suerte de la gran mayoría.

Marta Fonda, una ingeniera informática y licenciada en ADE, piensa que podemos hackear el sistema, aprovechar los recursos que nos proporciona y hacer la guerra desde dentro. No creo que sea la mejor estrategia, dado el nivel de burocracia e inercia administrativa, pero es otra vía posible para los que no se atreven a dar el salto completo de hackear su educación y prefieren poner parches al sistema. Los cambios graduales por pequeños que sean en la dirección correcta también pueden ayudar a crear conciencia.

Según vemos, algunos pretenden hackear el sistema en vez de hackear su educación; se les puede perdonar, porque muchos son programadores o hackers profesionales. Pero en mi nada modesta opinión, es una pérdida de tiempo el intentar reformar un  sistema caduco y atrasado, y es mejor buscar formas más imaginativas en las que haya menos (¡o ninguno!) control administrativo o político. En este caso especial prefiero la revolución voluntaria y personal (con la ayuda de espíritus afines) a la reforma colectiva y consensuada o acordada de talla única para todos. Dicho en el lenguaje del software:  es mejor crear Linux que intentar convencer a Microsoft de que debe mejorar su sistema operativo; o expresado de otra forma:  puedes dar un jaque al sistema hackeando tu propia educación en tus propios términos.

Si se trata de hacer llegar el mensaje al resto de la sociedad sobre otras opciones de aprendizaje y educación, es mejor liderar mediante el ejemplo, construyendo nuestro propio sistema, teniendo “éxito” (irónicamente, es una palabra que repugna a mucha gente que lo tiene, pero este es otro tema…), mostrando a los demás que podemos aprender, construir, iniciar y ser ciudadanos productivos y responsables que logran cosas por sus propios medios a base de tesón y energía.

La gente no es estúpida, la gente ni siquiera tiene que ser “enseñada a pensar críticamente”, como dicen algunos (¡este tufo condescendiente y paternalista me repele!), ya tienen un cerebro pensante –aunque piensen otras cosas–, la gente es inteligente y hasta brillante;  si ve que un determinado grupo de personas aprende de manera más eficaz, más rápida, más divertida y motivada y además consigue buenos resultados profesionales, se unirá o al menos considerará la posibilidad de hackear su propia educación, dentro o fuera del sistema educativo tradicional.

En definitiva, proporciona a la gente libertad de elección y acceso al conocimiento y verás cómo te sorprende. ¿Acaso no es este uno de los principios del opensource y de la ética del hacker?

Talleres  informales de programación (o de cualquier otra cosa)

Muchos de los hackers de la educación conscientes de la importancia de la tecnología en la sociedad actual se rasgan las vestiduras ante lo mal que el sistema educativo actual enseña alfabetización digital. Xavi Gost alude al libro Program or be programmed: ten commandements for a digital age (Programa o sé programado: diez mandamientos para la era digital) de Douglas Rushkoff y nos insta a ayudar a los niños y jóvenes a  subirse al carro de la modernidad digital.

Programadores, ingenieros  o tecnófilos proponen crear escuelas o talleres o cursos más o menos formales para jóvenes sobre matemáticas, pensamiento crítico, programación o diseño. Son gente idealista por la que siento simpatía. Tienen verdaderas ganas de contribuir y ayudar.

Solo una cosa me rechina: la mayoría de ellos aprendieron programación o diseño gráfico por su cuenta, al margen de un programa oficial, con sus recursos personales o familiares, movidos por el deseo de aprender, la curiosidad y la motivación intrínseca. Pero sus propuestas no siempre armonizan con sus biografías…

Paradójicamente, algunos de estos hackers de su educación  consideran que los cursos o talleres han de ser de asistencia obligatoria, porque  “si no los obligas” los niños no van a querer esforzarse y acudir regularmente a esos cursos tan importantes de matemáticas o scratch (un lenguaje de programación para niños).

SORPRENDENTE: los mismos que creen en el poder de la curiosidad y la libertad para perseguir su pasión  consideran que hay que tutelar el interés de los niños y jóvenes y obligarlos a aprender estas tecnologías tan importantes, matemáticas o disciplinas similares.

Algunos incluso creen que algunas familias son poco fiables y que el estado (la «sociedad», eufemísticamente dicen) debe intervenir y retirar la libertad de elección a esas familias que no están preparadas o no merecen la responsabilidad de educar a sus propios hijos.

Aparentemente, la Ley de los dos pies, que permite elegir con los pies (huyendo o acudiendo libremente)  el tipo de enseñanzas que quieres recibir, solo se aplica al openspace o a sus propias vidas, no a los talleres que ellos organicen. Parece que no creen que puedan motivar o inspirar a los chicos que voluntariamente decidan participar en sus talleres.

Seamos críticos con nosotros mismos, el lastre de nuestra educación académica formal es muy fuerte, e incluso en los más concienciados de entre nosotros sigue resonando el afán de obligar, reglamentar y estandarizar la enseñanza y el aprendizaje.

Comunidades de aprendizaje

Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto. ~John Donne

El sistema educativo actual  es una carrera individual donde los resultados dependen casi exclusivamente del esfuerzo en solitario. Puedes pasar todo tu proceso educativo encerrado en tu habitación sin casi necesidad de colaborar o participar en proyectos conjuntos con otros alumnos. No se comparten los trofeos y la mentalidad competitiva  de yo gano–tú pierdes está muy extendida. Después de todo, solo uno puede ser el número uno o sacar las notas más altas.

Guillermo Pascual  recalca que él no podría haber aprendido a programar al nivel que lo ha  hecho sin el apoyo, aliento y colaboración de una comunidad de programadores que buscan la excelencia y el aprendizaje. Él no es un autodidacta, sino un interdidacta, que aprende con otros, en el marco de un grupo humano comprometido con un arte-ciencia-oficio.

Muchos otros asistentes al openspace #HackYourEducation describen procesos similares de aprendizaje informal en grupos de gente afín y colaborativa, que presta su tiempo y atención para el bien común.

El aprendizaje es un fenómeno eminentemente social. Lo solemos olvidar. Un buen ejemplo de esta mentalidad de comunidad de aprendizaje es la del movimiento de artesanía del software o software craftmanship. Toman como punto de partida la analogía de la comunidad de programadores con  los gremios artesanales medievales y el largo y nunca acabado camino hacia la excelencia desde aprendiz y ayudante hasta maestro. El aprendizaje se produce haciendo, practicando, por imitación y de la mano de compañeros con más experiencia . En su manifiesto, los artesanos del software  explicitan  los  principios de asociación y comunidad:

Como aspirantes a Artesanos de Software estamos elevando el listón de desarrollo de software profesional mediante la práctica y ayudando a otros a aprender el oficio. A través de este trabajo hemos llegado a valorar:

No sólo que el software este funcionando, pero también que el software este bien diseñado

No sólo responder al cambio, pero también constantemente agregar valor

No sólo los individuos y las interacciones, pero también una comunidad de profesionales

No sólo la colaboración de clientes, pero también asociaciones productivas

Está claro que este espíritu de comunidad, colaboración, orgullo por el trabajo bien hecho  y contribución de los artesanos programadores es extrapolable a los hackers de la educación.

Ángel Sanz, un chico en segundo de carrera que hace un grado en matemáticas e informática en Madrid y que ama la música está planteándose hackear su educación y aprender por su cuenta; encuentra difícil encontrar compañeros de espíritu afín,  realmente motivados y con propósito más allá de aprobar exámenes. Se está planteando crear él mismo un grupo  de estudio o reunión  que le permita  conocer a gente similar apasionada como él por las matemáticas y la informática.

Los meetups o reuniones de gente que se reúne presencialmente para hablar de un tema son cada vez más normales. Meetup.com es la plataforma puntera en todo el mundo  que facilita crear esos grupos y reunir físicamente a la gente. En las principales ciudades del mundo hay cientos de estos pequeños grupos de interés. Los grupos de software son  de los más activos, pero tienes otros como los de los emprendedores, los escritores, los de intercambio de idiomas o los viajeros, que tienen también comunidades muy frecuentadas.

Una de las mejores formas de autoeducación  es el aprendizaje en grupos de estudio, donde varias personas muy motivadas en aprender o explorar un área de conocimiento se reúnen periódicamente y establecen un diálogo sobre asuntos o disciplinas no triviales. Xavi nos recomienda un estupendo manual Knowledge Hidrant: a Pattern Language for Study Groups  para organizar grupos de estudio eficaces.

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La buena noticia: no importa lo raro que seas o lo extravagante de tus intereses intelectuales y vitales, que vas a encontrar cientos de personas interesadas en lo mismo y de los que vas a poder aprender tanto presencialmente como vía internet.

Jose Julián Marín, otro hacker de su educación, ha comenzado a aprender html y programación y diseño web por su cuenta, gracias a amigos y mentores informales y con medios disponibles en la red. También está empezando a escribir un blog para aprender y ayudar a otros que están empezando.

En la línea de la web 2.0, que nos convierte en productores y no solo en receptores pasivos de información, el blog y los wikis son otras dos estupendas herramientas de participación y colaboración. Miles de blogs aparecen todos los días sobre los temas más variopintos. Los medios de comunicación de masas tradicionales, las grandes editoriales, los centros de enseñanza,  han empezado ya a sufrir la competencia de los blogs y medios digitales similares. La opinión ya no es creada centralizadamente y una miriada de nuevos agentes individuales y pequeñas comunidades reta el poder tradicional de las grandes empresas y el estado.

Como herramienta de aprendizaje,  el blog es una herramienta maravillosa para lograr interacción con gente afín y enseñar lo poco o mucho que sabes, ayudar a otros y aprender en el proceso.

Mentores

Este tema suscitó mucho interés en nuestra anti-conferencia #HackYourEducation. Es algo habitual en el seno de las grandes empresas. Tradicionalmente, el mentorazgo se lleva a cabo por un miembro veterano de rango superior con experiencia y conocimiento de la estructura organizativa y los intríngulis políticos y organizacionales. La experiencia de esta persona sirve como ayuda para el desarrollo de la carrera del empleado más joven. A cambio, el mentor tiene información de primera mano sobre niveles más bajos de la organización, se expone a ideas nuevas y obtiene un cierto sentido de contribución o legado a las nuevas generaciones.

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Cuando el aprendiz está listo, aparece el maestro.

En un ambiente más informal y casual el mentorazgo es una forma excelente de crear comunidad y dar una atención personalizada a un aprendiz joven. Requiere una química importante entre mentor y aprendiz. El mentor debería ser capaz de ofrecer guía, conocimiento tácito o implícito difícil de verbalizar, y experiencia muy específica del campo u orientación hacia las líneas de trabajo o recursos que el aprendiz pueda ir necesitando a lo largo de su camino.

Autocontrol y autorregulación para el aprendizaje independiente

El juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida ~ G. K. Chesterton

Echa un vistazo a este experimento. Es el experimento de los marshmallows o de los malvaviscos. Un niño de unos 5 años está sentado en una silla delante de una mesa en una habitación en la que no hay distracciones. Un profesor le ofrece al niño una golosina, un bombón, una nube, algo similar y le dice que puede comerlo inmediatamente si quiere, o si espera unos minutos a que él vuelva, podrá comer dos golosinas en vez de una.

En este video podéis ver los esfuerzos denodados del niño por aplazar la gratificación inmediata, sacrificando el placer del momento por la promesa de un placer mayor en el futuro (15 minutos, que para un niño puede ser una eternidad).

Lo interesante es que la capacidad del niño para demorar la gratificación, el tiempo que tarda en comerse la golosina, es un mejor predictor del éxito académico y el nivel de madurez social y emocional que tendrá a los 16 años que el coeficiente intelectual o el historial familiar o la clase social. ¿No es sorprendente? Una habilidad tan básica puede ser el factor clave del éxito en la vida.

Un aprendiz independiente, un homeschooler, un unschooler, alguien que crea su propia universidad personal o un aprendiz de por vida necesita especialmente de esta capacidad de persistir en el esfuerzo, enfocarse y decir no al placer inmediato o lo más cómodo en favor de sus intereses de aprendizaje a largo plazo.

Cuando no tienes un profesor o figura de autoridad detrás de ti para ponerte objetivos de aprendizaje, someterte a exámenes y premiarte o castigarte la habilidad de autodirigirse y aplicar la fuerza de voluntad y autorregularse es fundamental.

Es muy habitual que gente que se levanta todos los días para ir a trabajar o al instituto a las 7 de la mañana sea incapaz de hacer un esfuerzo de voluntad fuera del entorno laboral o escolar. La razón es que en el sistema académico formal nos adiestra muy bien para seguir órdenes y trabajar por objetivos marcados por otros, pero la capacidad de autodirección muchas veces queda atrofiada.

No quiero denigrar la motivación, el entusiasmo y la pasión en favor del autocontrol y el sacrificio, pero sí recalcar que muchas veces las personas no persiguen sus mejores intereses, especialmente a largo plazo, por incapacidad para sostener el esfuerzo y mantener el foco cuando la pasión decae o los inevitables bajones o frustraciones a lo largo del proceso de aprendizaje de algo nuevo aparecen.

La fuerza de voluntad o capacidad de autorregulación es esencial  para el aprendiz independiente y, como muchas habilidades humanas, ha de aprenderse por la práctica. También es posible entrenarla, creando pequeños retos, entrenamientos concretos, generando hábitos saludables y recurriendo a montones de técnicas de autorregulación. En el blog tecnologiasdelyo.com  podéis ver un pequeño experimento personal en mi desafío de la ducha fría o en mis intentos por dejar de tomar azúcar en el café o comer un chupa-chups sin morderlo (como veis, no se me puede reprochar mi falta de ambición).

Son experimentos de aire friki pero que más allá de lo divertidos o curiosos que puedan parecer son formas prácticas y explícitas de fortalecer el músculo de la voluntad y tonificarlo para los retos profesionales y educativos del día a día.

Aprendizaje “olímpico” o cómo controlar la avalancha de información

Lo que la información consume es bastante obvio: consume la atención de sus destinatarios. Por tanto una riqueza de información crea pobreza de atención, y la necesidad de asignar de manera eficiente esa atención entre la sobreabundancia de fuentes de información que podría consumir.

 ~Herbert Alexander Simon, científico social estadounidense.

A veces nuestro afán de saber y acumular conocimiento se vuelve en contra de nosotros. Xavi Gost ha llamado a esto “aprendizaje olímpico” quizá por su aire de competición y de lucha continua por acumular puntos y trofeos cognitivos.

Queremos leer más libros que nadie, conocer todo lo que se ha escrito sobre un tema, estar a la última, y poder hablar de cualquier tema novedoso. Para las personas ávidas de conocimiento y que gustan de absorber información esto puede convertirse en una trampa. La información y el conocimiento en la actualidad están disponibles a coste casi cero y el reflejo natural de un aprendiz es intentar leer todos los artículos y libros y visitar todos los blogs y sitios web relevantes para lo que está aprendiendo. Esto puede ser abrumador, puede producir infoxicación o infobesidad.

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Obtener información de internet es como beber del chorro de una boca de incendios

En un entorno escaso de información, puede ser útil estar completamente abierto a todo lo que sucede en el entorno, alerta y ávido por asimilar todo lo que aparece en nuestro camino; pero en un entorno rico en información, inundado de ella, el recurso escaso es nuestra atención, la que somos capaces de prestar a cada unidad informativa; la información se convierte en ruido y nuestra capacidad de asimilación se reduce. Habitualmente privilegiamos la cantidad en detrimento de la calidad y la superficialidad se termina convirtiendo en la norma.

Aquí son muy importantes las técnicas de productividad y de gestión de la información. Desde una perspectiva minimalista no puedo dejar de aconsejar focus, de Leo Babauta, que nos recomienda técnicas sencillas para trabajar productivamente en una era donde la distracción y la superficialidad es la norma. Necesitas obviamente conciencia de tus procesos mentales, de tu forma de trabajar y la voluntad suficiente para cambiar rutinas o hábitos de trabajo poco saludables.

El libro  The Information Diet: A Case for Conscious Consumption,  es también muy útil para ayudarnos a mejorar nuestra dieta informativa y evitar convertirnos en infobesos. El control de los medios de comunicación de masas, las redes sociales, los móviles y otros dispositivos electrónicos portables,  el tipo de blogs que leemos, nuestros hábitos de gestión del e-mail, etc., son elementos básicos que el trabajador del conocimiento y el hacker de su educación han de tener muy presentes. La alfabetización digital pasa también por aprender a relacionarnos de manera consciente e inteligente con las nuevas herramientas tecnológicas.

Práctica deliberada

Cualquier hombre que siga trabajando no es un fracasado. Puede que no sea un gran escritor, pero si aplica las virtudes ya pasadas de moda del trabajo duro y constante, terminará haciendo una carrera de algún tipo como escritor.

~ Ray Bradbury

Malcom Gladwell  y otros autores han popularizado en los últimos años los estudios sobre la práctica deliberada de K. Anders Ericsson, un psicólogo de la Universidad de Miami.  Ericsson ha estudiado los procesos de entrenamiento y aprendizaje de los expertos  sean estos músicos, ajedrecistas, deportistas o mecanógrafos.

Si la especialización es condición necesaria para crear valor diferenciado en la economía del conocimiento, es muy importante tener presentes algunos de los principios que nos permiten desarrollar la excelencia en el campo que elijamos y cómo alcanzarla de la forma más efectiva y eficiente en el menos tiempo posible.

Los principios básicos son:

  • La excelencia y el expertismo son costosos en esfuerzo y tiempo de dedicación
  • El expertismo se explica mejor en términos de esfuerzo y un tipo especial de práctica, la práctica deliberada, que de talento o genes.
  • Aunque sea necesario algún tipo de condición genética o natural ni los mejores expertos del campo pueden llegar a serlo sin pasar por un número mínimo imprescindible de horas de práctica deliberada.
  • La práctica deliberada –la práctica intensa y enfocada– es la clave del entrenamiento eficaz.
  • Se necesita una poderosa motivación para sostenerla.
  • El feedback de calidad sobre el desempeño es fundamental.
  • Los mentores y profesores capaces son imprescindibles para la adquisición del expertismo.
  • En la práctica deliberada estamos haciendo un esfuerzo constante por salir de nuestra zona de confort intentando buscar el punto entre la zona de comodidad, donde nos aburrimos y todo es demasiado fácil y la zona de pánico, donde el tamaño del reto excede en demasía nuestras capacidades.
  • Cada disciplina tiene sus propios sistemas de entrenamiento óptimos y estos cambian según el estado de desarrollo del aprendiz. No es el mismo para un estudiante de 2º año de conservatorio que para un virtuoso del piano de talla internacional.

Podéis ver una descripción de las ideas de la práctica deliberada en una serie de artículos sobre la práctica deliberada en este blog.

La obra de referencia en la materia es  Handbook of Expertise and Expert Performance. En este artículo tenéis una panorámica muy amena de la práctica deliberada . Algunos libros divulgativos  son Fuera de serie,  de Malcom Gladwell, o  Las claves del talento: ¿Quién dijo que el talento es innato? , de Daniel Coyle.

Los diez mandamientos del hacker de la educación

Hay multitud de ideas, técnicas y herramientas.  Me limitaré a escribir un decálogo de las más importantes y referenciar un impar de libros:

The TEN COMMANDMENTS
Los diez mandamientos de la ley del hackeo de la educación. El primer mandamiento debería ser: rompe las tablas de la ley y crea tus propios mandamientos.

  1. Aprende aquello que genere un resplandor en tu espíritu. Dicho de otra manera, haz lo que amas.

  2. La pasión y la inspiración están sobrevaloradas. No siempre estarás al 100% de energía y motivación. Sigue adelante igualmente. Dicho de otra manera, ama lo que haces. Ama el proceso.

  3. Vida y aprendizaje no son compartimentos estancos. La mejor forma de aprender es estando presente en tu propia vida e involucrado con tu entorno social y geográfico. La separación vida–aprendizaje  es un residuo del sistema de línea de montaje de la educación del siglo XX.

  4. Aprende haciendo. Convierte tus metas de aprendizaje en proyectos en los que quieras obtener algo concreto. No dejes que el conocimiento se estanque en tu mente, conviértelo en acción, exprésalo, haz algo útil para alguien con ello. Usa los proyectos, los mini-proyectos, los ensayos, los blogs, la escritura, las simulaciones, los programas pilotos, los prototipos, los experimentos, las contribuciones a los proyectos de otros y las comunidades de práctica como forma de visibilizar tu aprendizaje y desarrollarlo.

  5. Si no sabes algo, enséñalo. Es una de las mejoras formas de aprender. Enseña y escribe para multiplicar el efecto. Si eres realmente ambicioso, conviértete en mentor de alguien.

  6. Conviértete en un maestro de la autorregulación y la automotivación. La iniciativa y la autonomía dependen de ellos. La libertad necesita de estos humildes ayudantes para desplegarse.

  7. Convierte tu aprendizaje en algo social. Participa en comunidades de aprendizaje y grupos de estudio.

  8. Busca un mentor y profesores excelentes que te ayuden, guíen y orienten a lo largo del camino. Cuando el aprendiz está preparado, aparece el maestro.

  9. El mejor momento para hacer o aprender algo es cuando sientes dudas sobre si podrás hacerlo. Tírate a la piscina más a menudo y desarrolla una saludable mentalidad experimental. Empieza a escribir un buen Ridículum Vitae.

  10. Desarrolla una mentalidad de crecimiento con una teoría de la inteligencia dinámica. Nunca “eres inteligente”; en el mejor de los casos “estás siendo inteligente” en un momento y lugar concreto desarrollando una tarea particular. Olvídate del talento, eso pertenece a la mentalidad fija, a una teoría de la inteligencia como un monolito que asegura el éxito. Te recomiendo encarecidamente el libro de Carol Dweck,Mindset: How You Can Fulfil Your Potential.  Es el libro que más hará por tu educación y por la calidad de tu aprendizaje.

Mandamiento número 11 (muy a mi pesar): aprende inglés. Lo siento. Es así. El mejor material en casi cualquier área está en inglés. Quizá cambie esto con el tiempo. Pero ahora si quieres acceder a lo mejor y lo último tienes que tener un dominio suficiente del inglés.

Un impar de libros recomendados, en especial el primero:

Don’t Go Back to School: A Handbook for Learning Anything un manual para aprender cualquier cosa. Es un canto al aprendizaje independiente y autodirigido.

Cuando des un paso fuera de la empaquetada estructura de la educación tradicional, descubrirás que hay muchos más modos de aprender fuera de la escuela que dentro. ~ María Popova, autora de BrainPickings

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A veces me siento como la chica de la curva advirtiendo a los todavía-vivos-intelectualmente de la trampa de la escuela y la universidad.

 Manage Your Day-to-Day: Build Your Routine, Find Your Focus, and Sharpen Your Creative Mind, un libro con consejos de los principales expertos en creatividad y productividad.

El arte de aprender, de Josh Waitzkin. Maravilloso. Lecciones de un maestro de ajedrez adolescente y posterior campeón de artes marciales. Una aproximación a lo que es el aprendizaje profundo.

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Una cosa que he aprendido como competidor es que hay una clara distinción entre lo que se necesita para ser decente, para ser bueno, para ser grande y para estar entre los mejores.                                                                   ~Josh Waitzkin. El arte de aprender.

Palabras finales

En nuestra visión, hackear la educación no tiene que ver necesariamente con dejar el instituto o la universidad (aunque ese puede ser el camino para algunas personas), sino con ser conscientes de las decisiones que estás tomando y tener un claro sentido de propósito. Es cierto que la mayoría de los estudiantes deambulan sin dirección a través del sistema educativo tradicional sin tomarse el tiempo para pensar: «¿Por qué estoy aquí y qué es lo que quiero sacar de esta experiencia?». El truco está en no aceptar las alternativas prefabricadas ciegamente. Fija tus metas y diseña el camino que mejor te convenga.

 ~Ariel Quiñones, de IronHack.com

He necesitado 6193 palabras para describir el concepto de hackear la educación. Para un minimalista existencial   y un aprendiz de por vida, el aprendizaje y la educación son pilares que forman parte esencial de los planos del diseño vital; como tales, no pueden delegarse.

El openspace #HackYourEducation de Madrid del 2 de noviembre de 2013  ha sido un maravilloso hito. Quizá algún día lo recordaremos como un pistoletazo de salida para un cambio en el paradigma educativo en España.  50 personas llenas de ilusión y con ganas de cambiar el mundo cambiándose a ellos y ayudando  a los demás a hackear su propia educación.

El futuro está abierto. 

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Cómo asumir riesgos con inteligencia

El futuro es incierto. Y las decisiones se basan en nuestra anticipación del futuro. Un elemento de toda decisión es la gestión del riesgo. El sistema de anticipación que traemos de fábrica, el diseñado evolutivamente, quizá no sirva actualmente en un mundo complejo, impredecible y dinámico. Es posible que lo que sintamos subjetivamente como riesgo alto no lo sea, y que lo que nos deja fríos emocionalmente implique grandes riesgos.

Preparing for flight

Si privilegiamos el status quo –el seguir en la situación actual sin hacer cambios– también estamos tomando una decisión. Seguir haciendo lo mismo no se siente como una decisión, pero a veces es la decisión más arriesgada. Son solo las novedades, las acciones y proyectos nuevos los que alertan nuestro sistema emocional.

Hay un sesgo hacia el no hacer en contra del hacer. De ahí el refrán que tanto odio: «mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer».
Estamos constantemente tomando decisiones, tanto si somos conscientes como si no, tanto si queremos como si no. Y el riesgo es el telón de fondo de toda decisión.

Hay riesgo porque hay incertidumbre, porque no conocemos los efectos de nuestras acciones, ni los positivos ni los negativos. Y si conociéramos con certeza los resultados de nuestras acciones es posible que también nos equivocáramos sobre los efectos emocionales, sobre cómo vamos a sentirnos.

Los psicólogos dicen que somos muy malos prediciendo cómo nos vamos a sentir. Daniel Gilbert, en ‘Stumbling on Happiness’ (‘Tropezando con la felicidad’) dice que somos torpes anticipando nuestro futuro emocional.

El ejemplo paradigmático es el estudio de los ganadores de lotería y los parapléjicos: tanto unos como otros retoman en un año su nivel de felicidad previo al premio de lotería o el accidente de tráfico. Sorprendente. En esta conferencia TED , Gilbert explica lo falibles que somos anticipando los efectos emocionales de los resultados que obtenemos en la vida o de las cosas que nos pasan.

 Por tanto, doble vía de incertidumbre

  1.  Riesgo tipo I, de los resultados de nuestras acciones. En un mundo dinámico y complejo no podemos estar seguros de que nuestros esfuerzos obtengan los resultados apetecidos. Es difícil predecir, sobre todo el futuro.
  2. Riesgo tipo II, de los efectos emocionales de los resultados o acontecimientos. Hasta nos equivocamos en cómo nos vamos a sentir después de lograr algo. Podemos llegar a la cima, solo para sentirnos vacíos. O lo que parecía que iba a ser tan malo termina no siéndololo tanto. En ambos casos opera la adaptación hedónica.

Si hay tanta incertidumbre, si somos tan malos prediciendo los resultados de nuestras acciones y los efectos emocionales de estas, ¿qué podemos hacer? ¿hay algún principio o conjunto simple de reglas que nos puedan orientar en las decisiones?

 Los minimalistas intentamos simplificar y aplicar reglas sencillas, nunca perfectas aunque sí pragmáticas, que nos orienten en la jungla de opciones y sentimientos.

Asumir riesgos inteligentemente no es hacer ultramaratones o dejar el trabajo y dar una vuelta al mundo

En este blog llevo por lo menos ocho meses proclamando la necesidad de asumir riesgos, de acostumbrarme a hacer el ridículo de cuando en cuando, de atreverme a cometer errores, de salir de la zona cómoda y de confeccionar un detallado Ridículum Vitae:

El proyecto 26 (en colaboración a los lectores) , el proyecto 52 (conocer gente nueva  con un cierto toque de excentricidad en citas cuasi-a-ciegas) , el proyecto Pepito Grillo, el proyecto Aumentar los fracasos, mis ideas para fracasar con gracia, el artículo Bloguero a la carta –en que os sugería 100 artículos que escribir y luego votabais los tres que debía escribir–, o mi gélido desafío de la ducha fría.

Todas esas iniciativas han intentando, con mayor o menor éxito o fortuna,  poner en práctica una mentalidad experimental y crecimiento que acepte los fallos y abrace la incertidumbre. Pero en ningún caso he estado sometido remotamente a un riesgo físico o financiero. Quizá mi ego peligraba en muchas de esas ocasiones, pero el ego es la carne de cañón de mi espíritu y siempre estoy contento de sacrificarlo.

Habréis observado que mis experimentos son bastante «comedidos». A diferencia de otros blogueros con vidas más espectaculares, que viajan alrededor del mundo, que hacen puenting, escalada o parapente; que tienen animadas vidas sexuales y coquetean con el abismo; que  dejan sus carreras, sus amigos, familias y viajan a Vietnam; que se convierten en monjes lama o hacen ultramaratones.. A diferencia de todos ellos, mis experimentos  parecen casi infantiles o ingenuos. 

Pero no es que necesariamente  sea un acojonado, es más bien consecuencia de mi actitud minimalista y de mi sistema de gestión del riesgo:

Mis reglas para la  gestión del riesgo tipo I (de resultados acciones)

1.  No voy a morir o salir físicamente dañado. Tampoco me expongo a perder todo mi patrimonio. Ninguna decisión mía implica ponerme en riesgo físico o de quiebra.

Por poner algunos ejemplos, no viajo en motocicleta, no haría jamás parapente y cuando cruzo un paso de cebra lo hago con todos mis sentidos y en estado de alerta. Tampoco pongo mi futuro financiero en manos del director de banco «amigo de toda vida» ni compro participaciones preferentes o acciones de una sola compañía.

En cualquier decisión que tome, el peor escenario es asumible: no saldré dañado físicamente ni perderé todo mi patrimonio.

Puedo exponerme a pequeñas pérdidas, pero soy extremadamente conservador  cuando se trata de evitar los sucesos fatales, aunque tengan baja probabilidad o sean a largo plazo. Temo mucho más al azúcar y  el sedentarismo que al ridículo o el fracaso de mis proyectos.

Aunque tomes  todas las precauciones, pueden ocurrir sucesos muy negativos. Por ejemplo, a pesar de tener un cuidado tremendo respecto a los posibles accidentes de circulación, hace 5 meses fui atropellado por una moto que se salió de la calzada cuando caminaba tranquilamente por la acera. La gestión del riesgo solo disminuye la exposición a  los riesgos fatales, no los elimina.

2. El coste de la acción es bajo. Privilegio experimentos y proyectos  en los que no voy a morir, y en los que los costes de la acción son bajos. Puedo vivir durante mucho tiempo sometido a pequeñas pérdidas si eso me expone –aunque no me asegure– a posibilidades beneficiosas.

3Las consecuencias de la acción no son irreversibles. Este no es un criterio imprescindible si los dos criterios anteriores se han cumplido, pero es un criterio conveniente en el caso de costes mayores o proyectos a largo plazo. Intento avanzar a pequeños pasos, asumiendo costes moderados y mantengo la opción de abandonar el proyecto o acción si las circunstancias cambian.

4.  No intento predecir el futuro. No hago complicados planes estratégicos o programo detalladamente mis acciones. Ni se me ocurre planear mi vida. En su lugar, gestiono una red de posibilidades, me expongo a un montón de consecuencias positivas, muchas imprevisibles e improbables.  Elijo el entorno social más favorable, las actividades en las que más puedo aprender y más disfruto, y el tipo de proyectos que me sacan de la zona cómoda. Elijo direcciones en las que pueden ocurrir cosas buenas y que favorecen el aprendizaje.

5. En especial,  me expongo a los sucesos desmesuradamente positivos,  improbables y poco comprensibles tanto a priori como retrospectivamente; lo que el trader y filósofo del riesgo  Nassim Nicholas Taleb ha llamado Cisnes negros positivos. En materia de sucesos positivos soy resueltamente agresivo. 

Resumiendo

Como el futuro es difícil de predecir, mi gestión del riesgo tipo I se basa en la idea de no cometer errores fatales (soy extremadamente conservador)  y exponerme lo más posible a los sucesos inciertos positivos (soy resueltamente agresivo), especialmente a los desmesuradamente positivos aunque improbables.

¿Y qué hacer si a pesar de las precauciones y el conservadurismo  ocurre algo fuertemente negativo, si «metéis la pata» bien metida o alguna fatalidad como la de mi atropello sucede? Seguid el ejemplo de mi colega y amigo entusiasmado.com después de sufrir un accidente en la piscina (lugar peligroso al que no tememos). Es el mejor ejemplo práctico de afrontamiento que nunca he visto relatado. Quizá Victor Frankl en ‘El hombre en busca de sentido’ hace algo parecido a @entusiasmado, pero necesitó una guerra mundial, un campo de concentración y un libro de 200 páginas en vez de un accidente en la piscina  y 917 palabras.

Después reconsiderad los riesgos reales de vuestras actividades. Por ejemplo, ¿sabéis cuál es el momento más peligroso de un viaje en avión de España a Thailandia? ¿En el despegue? ¿En el aterrizaje? ¿En caso de tormenta en medio del Pacífico o el Índico?Respuesta: en el viaje en taxi desde vuestra residencia al aeropuerto. Pero casi todos tememos más a un suceso que ocurre una vez entre un millón de vuelos que uno que ocurre una vez entre menos de diez mil desplazamientos.

En cuanto a la gestión de los riesgos tipo II, o riesgos sobre los efectos emocionales de las acciones, la dejamos para el próximo artículo (el agudo lector habrá observado el uso astuto que hago del Efecto Cliffhanger).

Artículos de la serie Fracasa más, fracasa con gracia: 

FAILFracasa más, fracasa con gracia
Informe de fracasos al 14.1.13
Ridículum vitae
Mentalidad experimental y sentido del rídiculo
James Altucher y su ridículum vitae
Algunas ideas para fracasar con gracia
Cómo asumir riesgos con inteligencia
El fin justifica los miedos
TonteOrías las justas
El poder de la mediocridad
Revisión final del proyecto aumentar los fracasos
Hiperaprendizaje con primeras versiones de mierda

Regla del pago de consumiciones

Regla del pago de consumiciones

En lugares como bares y otros establecimientos donde haya opción de pagar antes o después, pago inmediatamente después de que me sirvan la consumición.

Ventajas

  • Cierro la operación.
  • La operación es más rápida, pues el camarero o dependiente tiene fresca en la memoria la información de la consumición y no tiene que buscarla o necesitar que se la recordemos.
  • No tendré que reclamar la atención del camarero o dependiente cuando quiera irme.
  • Me entreno en el hábito de la resolutividad: cerrar operaciones simples y de poca relevancia lo antes posible. Tengo la esperanza de transferir esta actitud de cierre o resolutividad a otros asuntos menores como la respuesta de correos electrónicos (en vez de aplazar la respuesta y pasar al siguiente correo). Algo similar pretendía con la regla de los 30 segundos de elección del menú.
  • Libero mi memoria de trabajo del asunto pendiente o unidad permanente de atención asociada a la cuenta pendiente. Todo uso de recursos escasos, como la atención o el tiempo, tiene un coste de oportunidad: la mejor acción alternativa que se podría llevar a cabo con los recursos empleados.
  • Me lo pienso dos veces antes de hacer una segunda consumición, porque supondrá tener que pedir otra vez la cuenta.
  • Soy más consciente de mi consumo, pues a la recompensa (compra del bien) le sigue sin dilación la «multa», la «dolorosa». Eso permite ser más consciente de los gastos y mejorar la autorregulación.
  • Quien paga, descansa.
  • Si hay un imprevisto y tengo que salir inmediatamente, puedo hacerlo sin demora.

Desventajas

  • Que haya consumiciones sucesivas.  Sería algo cansado pedir varias cuentas.
  • Que no sea la costumbre del lugar.
  • Si vas con alguien, puede sentir que tienes prisa aunque no la tengas.

Otros inconvenientes apuntados por @entusiasmado:

  • Que al marcharte alguien (quizá ha cambiado el turno de los camareros) no haya visto que pagabas y que tengas que demostrar que lo has hecho.
  • Que al saber el camarero la propina que le dejas (o más probablemente la que no le dejas) te dé un peor servicio.
  • Si vas a comer algo y vas a tomar café, el café te lo tendrían que traer después de pagar, lo que se haría un poco raro.

Conducción minimalista

Para muchos, es una parte de la rutina diaria. Supongamos 2 horas al día 5 días a la semana. 10 horas a la semana 52 semanas al año. 520 horas al año. En una vida laboral de 40 años (para algunos más, para algunos menos), sin contar desplazamientos de fin de semana y asuntos propios, serían 40×520 = 20.800 horas en una vida. Pongamos que eres afortunado y que solo dedicas 1 hora al día a desplazamientos en automóvil, emplearías a lo largo de tu vida laboral 10.400 horas.

Para que pongamos en proporción esta cifra algo abstracta de entre 10.400 y 20.800 horas, lo vamos a comparar con la duración media de una vida en España: 80 años:

En 80 años tenemos 24 x 365 x 80 = 700.800 horas. La proporción de conducción en tu vida está entonces entre un  1,54%  (10.400/700.800) y un 3,08% (20.800/700.800). No está mal.

Zen

Cuantitativamente no es un tema baladí. Cualitativamente, tal y como veremos, tampoco: conduces todos los días y al ser una actividad tan común, tan extendida en el tiempo y de carácter casi diario, necesariamente va a afectar a tu bienestar emocional y mental.

Mostrado entonces que la conducción es un tema importante en la vida de una persona. Incluimos este asunto en el capítulo de los pocos esenciales y, algo sorprendentemente, lo alejamos de los muchos triviales. La ley de Pareto ahora nos obliga a centrar nuestra atención en la conducción.

Conducción estoica y estrés

Conducir, al menos en una gran ciudad, es una acción  estresante.

Por mi necesidad de tomar muchos taxis, había observado que los taxistas, contrariamente a la percepción común de ser gente hosca y propensa a la iracundia, son por lo general gente tranquila al volante. No se suelen alterar en exceso.

Hice esta observación a un taxista maduro y me respondió que tenía que ser así o de otro modo no durarías mucho en el oficio;  con jornadas maratonianas de entre 10 y 16 horas alguien propenso al estrés o a perder los nervios con facilidad no duraría mucho en el trabajo. La actitud desapegada y estoica de muchos taxistas maduros es una simple cuestión de supervivencia. Si has estado varios años al volante, terminas desarrollando esa actitud. O sales del negocio antes de alcanzar la madurez.

¿Qué tipo de conducción deberíamos llevar para mantener la calma, controlar el estrés y convertir una actividad instrumental en una con valor en sí mismo?

Si vives, no conduzcas

La primera recomendación es que evites la conducción siempre que puedas; en especial, la que haces para ir al  trabajo diario. Empezar el día con un estrés de baja intensidad no es el mejor modo de hacerlo. Si es posible, elige el transporte colectivo y delega la actividad de conducir al trabajo al maquinista del tren, el conductor de metro o el de autobús. Muerto el perro se acabó la rabia.

También, anda todo lo que puedas y si la distancia es moderada ve al trabajo andando y vuelve andando, al menos una parte del trayecto. Para lograr esto, basta con bajarse una o dos o tres paradas antes de llegar a tu destino. Además, contribuirás a cultivar uno de los tres hábitos que cambiarán tu vida: el ejercicio.

Supongamos que no puedes dejar de conducir. Bien. ¿Cómo hacerlo de la mejor forma?

Ritual de  conducción minimalista

Convierte la conducción en un ritual. Conducir es un ritual, un instrumento más para la práctica espiritual. Un monje zen alcanza el satori cortando leña y acarreando agua; un trabajador moderno, conduciendo un automóvil y programando hojas de cálculo.

Vacía tu mente de todo lo que no sea conducción. Cuando conversas, conversas. Cuando comes, comes. Cuando conduces, conduces. Está por tanto desaconsejada la radio y la música; y por supuesto el hablar por el móvil. Un alto porcentaje de accidentes son consecuencia de distracciones producidas por ellos. Tampoco comas, toques a tu acompañanta o discutas.

La conducción es una especie de gimnasio cotidiano para otro de los tres hábitos que cambiárán tu vida: la atención plena.

No intentes optimizar el tiempo de conducción con audiolibros, cursos de idiomas o cualquier otro medio de exprimir el tiempo de conducción. Cuando conduces, conduces.

Sonríe, respira y ve despacio. El ritual comienza sentándote calmadamente, abrochándote el cinturón, comprobando los retrovisores y encendiendo el motor. Absolutamente centrado en lo que haces. Metes primera y comienza tu meditación diaria al volante. El foco de atención es la conducción, la carretera y las condiciones del tráfico.

Sé gracil. Las manos en la posición de las dos menos diez. Siente la textura y temperatura del volante.  Introduce las marchas como si interpretaras una pieza musical exquisita. Suavidad y alerta en calma. Atención al tráfico mental interno y el tráfico motorizado externo.

Sé amable. Como regla general, siempre conduces por el carril  derecho, no efectúas adelantamientos, mantienes una respetuosa distancia de seguridad, anticipas los movimientos de tus compañeros conductores, respetas escrupulosamente los pasos de cebra, los semáforos y los límites de velocidad. Estás preparado para cualquier cosa. Plena presencia.

Sé compasivo. Si algún conductor menos evolucionado te pita, se cruza, se exaspera, se queja de tu parsimonia al retomar la marcha tras un semáforo, sonríes y rezas un microsegundo por su alma. El conductor exasperado es también un ser vivo. Aprovecha para ejercitar tu compasión. Sé como el sándalo, que perfuma el hacha que le corta.

Lo importante es el camino, no la posada. Conducir es un proceso, no un destino, no un fin en sí mismo. Confúndete con la conducción, destino, camino, conductor, coche, todo forma parte de un mismo proceso. Sumérgete.

Cuando llegues al lugar de destino busca con tranquilidad y desapego un lugar para aparcar, relájate, no mires el reloj, controla la ansiedad, acepta la demora en aparcar. Deslízate con tu coche como un anciano chamán remando con una canoa en un río de asfalto.

Aparca. Apaga el motor. Desabróchate el cinturón. Haz tres respiraciones profundas. Estás calmado, relajado, totalmente presente, eres como el agua, flexible, adaptable. Estás preparado para empezar una nueva jornada, presto para cualquier cosa. Esbozas una tenue sonrisa.

Al final del día, mismo ritual. Una ligera variación: la conducción de vuelta a casa es un ritual de descomprensión. Dejas todos los problemas, asuntos, tensiones, detrás de ti. No te preocupes por ellos, mañana seguirán allí, esperando como un perro fiel con la roja lengua fuera. Te centras una vez más en el tráfico y la conducción. Eres flujo en movimiento. Alerta en calma. Estás vivo.

Cómo perder el alma en tres cómodos pasos

Siempre has querido saber cómo hacer desaparecer la poca parte espiritual que te queda. Tu pragmatismo todavía no es completo y tu vida todavía no es sencilla. Desde el punto de vista del minimalismo diabólico, el alma no la carga el Diablo, sino el Divino; es una parte que has de vaporizar para adaptarte mejor al mundo que te ha tocado en la tómbola existencial.

No hay una receta única para perder el alma, puesto que los caminos a la pérdida de uno mismo son tan inescrutables como variados, pero sí que hay maneras más probables de desalmarte y que están al alcance de cualquiera. Puesto que no buscamos lo excelso, no tendremos que molestarnos con lo arduo.

Aingeru elbarritua

1. Niega el carácter aleatorio del mundo y su complejidad inherente

Para obviar lo complejo e incierto, busca lo complicado y seguro. A partir de ahora, las recetas de todo tipo –culinarias y de crecimiento personal– han de sustituir a tu pensamiento.

Haz una búsqueda rápida en google o acude a la farmacia del gurú de la autoayuda más cercano y empieza a pedir recetas para cualquier actividad o mejora que quieras generar: Empieza con «Las 10 claves del éxito en la vida»; sigue con «El secreto de la felicidad eterna en un retiro Zen de fin de semana; no te olvides de «El camino hacia el yo transcendental quedándote transpuesto mirándote el ombligo»; «Cómo tener un cuerpo 10 en diez minutos»; «Eres lo que comes; no comas, cerdo» (las comas son importantes); «La ley de la atracción atraerá tu dinero al próximo vendedor de crecepelos».

Has de cuidar tus creencias y emociones, no sea que te dé por inquirir si las recetas tienen sentido, así que acude al curso de un Coach certificado en PNL que te haga caminar sobre las brasas con música de Rocky mientras te abrazas a la prójima más cercana como si no hubiera mañana.

Siempre que tengas un problema, busca un maestro en la guía de teléfonos y pide una solución rápida. Realmente, no tiene que darte solución, solo tiene que hacerte sentir bien.

Si todo esto falla, aprende a bailar la danza de la lluvia y sacrifica a una virgen embarazada y un cordero lechal en el templo de la nada.

2. Sustituye la trasnochada y fascista fuerza de voluntad por el sé tú mismo.

Desconfía de cualquiera que te diga que se necesita esfuerzo para lograr algo o que tú eres el responsable de tu vida.  El esfuerzo requiere fuerza de voluntad, que es cansada y triste; la espontaneidad, aunque sea la de la hoz y la coz, es siempre más genuina, más natural, más tú. Te convertirás en un manojo de impulsos bellos y genuinos. Serás polvo, mas polvo enamorado. Serás un gilipollas, pero un gilipollas enamorado.

También deja de culparte por tus aflicciones o desventuras. La sociedad, el jefe (y la jefa que tienes en casa), tus padres, el capitalismo salvaje que no te pone un piso y te paga la cena, los vecinos ruidosos, tu mala estrella. Todos esos son los culpables. Ni culpa ni vergüenza, que otros te saquen las castañas de tu fuego. Repite conmigo: «alguien debería hacer algo».

3. Apela a lo natural para olvidarte de reflexionar sobre lo moral

A partir de ahora actuarás iluminado por la revelación naturalista: lo que es natural es bueno. Y no te olvidarás de la revelación moralista: lo que es bueno es natural.

Si algo es espontáneo, te sale de las vísceras (no del alma, porque a estas alturas ya no tienes), entonces es bueno. No pienses más, no mires más allá. Lo que te sale, lo que te apetece, lo que sientes aquí y ahora es lo bueno; aunque mañana y en otro lugar sientas otra cosa. Todo es relativo. Relativo a tu ombligo.

Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:

Ángel Caído en El Retiro

Anuncio de la serie minimalismo diabólico

¡Al diablo con la autoestima!

¡Al diablo con aumentar la confianza!

Maldigo a los blogueros que aprueban y reprueban comentarios

El patio de recreo del diablo

El 90% de todo es mierda

No seas un beta tester gratuito

Si eres un consumidor innovador o «adoptante temprano», en la jerga del marketing, te conviertes en un beta tester gratuito para la empresa que lanza el producto. Con los errores y fallos iniciales del producto que tú detectes proporcionas valiosa información para redefinir o ajustar sus características.

Esto lo aprovechan especialmente las empresas  informáticas: todas las compañías procuran siempre tener a su lado una comunidad de ansiosos beta testers dispuestos a probar el último programa, wii o computador y señalar defectos. Eso está bien para la empresa y para los locos de la informática, pero consume tiempo y tienes que esperar a tener un producto refinado y sin fallos.

Consejo: no uses la última versión de ningún producto y no te apresures a probar ninguno nuevo.

No seas un adoptante temprano

Early Iphone Adopters

El marketing clasifica a los compradores de acuerdo a su actitud ante la novedad; en el extremo superior de la clasificación coloca a los innovadores y los adoptantes tempranos. Estos son los consumidores o usuarios que más predisposición tienen al cambio y a probar cosas nuevas. Son la vanguardia de los consumidores, y por eso  es una categoría importante para los especialistas en marketing: son como la chispa que permite llegar a (incendiar) el mercado. Son a menudo también líderes de opinión y los que dan origen a las modas. Es importante tener de tu parte a este grupo cuando lanzas un nuevo producto.

¿Por qué nuestra recomendación de no estar nunca entre los primeros que prueben un producto?

No te vas a perder nada realmente valioso

Si eres especialmente vigilante ante las novedades tecnológicas, puedes sentir la necesidad de estar constantemente al día por miedo a perderte algo, por no estar aprovechando lo último. Esto te puede convertir en un ser ávido de información, siempre escaneando el entorno y tu red de relaciones para asegurarte de que estás a la última.

No te preocupes, si hay algo realmente importante, que genere un cambio duradero y sustancial en tu ocio, forma de trabajar o satisfacción personal, tarde o temprano, más pronto que tarde, te acabarás enterando según el uso del producto se vaya extendiendo. Es imposible que no adviertas los cambios que se producen a tu alrededor; lo harás por simple ósmosis o influencia social.

Consejo: confía en el comportamiento de la gente que te rodea o en tu comunidad profesional y sus testimonios para conocer los productos o servicios que añaden mucho valor. Ganarás en tranquilidad y te podrás enfocar en las actividades que verdaderamente te importan.

Aprovéchate de las estrategias de fijación de precios de las empresas

Las empresas muchas veces emplean la técnica del «price skimming» o «desnatado de precios» para explotar al máximo los mercados en los que operan; El proceso es el siguiente:

  1. Comienzan con precios altos para los usuarios (adoptantes tempranos) más adictos a las modas o la innovación y los captan.
  2. El precio alto genera un cierto halo de exclusividad o consumo conspicuo (por razones de búsqueda de estatus) que hace más apetecible todavía el producto.
  3. Con el tiempo, van bajando los precios en tramos para alcanzar a segmentos del mercado de menor poder adquisitivo o más renuentes al cambio.
  4. Muchos consumidores van accediendo al mercado atraídos por los precios más bajos y por el ejemplo de los adoptantes tempranos.
  5. Finalmente, las empresas reducen los precios al mínimo posible para exprimir la parte más baja del mercado.

Esto suele ser lo habitual en la industria editorial y la edición de libros en formato primero de tapa dura, después de tapa blanda y por último en ediciones de bolsillo. Pero también con muchos otros productos.

Consejo: ahorra dinero esperando a que bajen los precios y nunca compres por efecto de una campaña inicial de publicidad. Tu ansiedad contribuirá a pagar la campaña de lanzamiento.

Bandeja de entrada de correo virginal

Bandeja de entrada de correo virginal

Inbox Zero

No hay nada más bello y calmante en el mundo del trabajo, que genere mayor sensación de paz, que una bandeja de correo vacía. Para lograrlo,  hay que seguir tres reglas fanáticamente:

  1. No selecciones el correo buscando el título más atrayente; léelo de manera secuencial
  2. Después de leer un correo, procésalo inmediatamente. Jamás dejés un correo ya leído en la banda de entrada. 
  3. Procesa el correo de una de estas manerasA)Elimínalo  B) Archívalo. Si puedes necesitarlo como referencia futura.C) Si se deriva una acción del correo:

– Si la puedes hacer en menos de dos minutos, hazla. Aplicas la regla de los dos minutos de David Allen
– Si va a llevar más de dos minutos y no tienes tiempo, apunta la acción que se deriva en tu lista de cosas que hacer o calendario (si tiene fecha fija). 

En todos los casos, elimina inmediatamente el correo de la bandeja de entrada o archívalo.

En el caso de correos largos –por ejemplo, de artículos a blogs a los que estés suscrito– decide rápidamente si te interesa el tema y archiva en tu lista de lecturas o bien elimina implacablemente.

Esto es todo; si eres capaz de seguir estas tres reglas, disfrutarás de una bandeja de correo impoluta y habrás dado un paso más en la aerodinamización de tu existencia.

F.F.F.F – Regla de las 4 efes

Son las siglas en inglés de una regla de la innovación de Tom Peters, descrito por algunos como el «gurú que repintó la dirección de empresas en technicolor»:

Encuentra a un Amigo Friki Lejos  de ti (Find a Fellow Freak Far away).

friki(Del ingl.freaky). 1. adj. coloq. Extravagante, raro o excéntrico.

LOL

El factor friki

Digámoslo claramente: la calidad de tu vida intelectual y de tu capacidad innovadora, y que mantengas una mente abierta y despierta, depende de  tu habilidad para desarrollar amistades y relaciones con tipos que sean raros, excéntricos, extravagantes o simplemente distintos y que no estén en tu círculo actual.

Si el raro o el friki es muy conocido o  lo conoces desde que estabas en el parvulario, está muy bien;  pero estaría mejor que lo acabaras de conocer o que no formara parte de tu círculo social. Un amigo friki lejano es alguien que solo por el hecho de acercarse y respirar a menos de 4 metros de ti va a aportar un aire fresco a tu pensamiento y te va a proporcionar un nuevo aroma en tu vida sexual intelectual.

No es porque sus rarezas sean mejores que las tuyas o las de tus amigos convencionales, sino porque sus rarezas son distintas y te parecen raras cuando estás en su círculo de influencia.

Algunas de mis mejores ideas y cambios de rumbo han sido generados o catalizados por estar en presencia de gente nueva. En un comentario o en un argumento o en un gesto me han abierto puertas para mí desconocidas, o de un plumazo han hecho desmoronarse alguno de mis más firmes supuestos o axiomas. Y los amigos o conocidos frikis lo han hecho sin quererlo, sin esforzarse, simplemente siendo.

La importancia de la lejanía

Que te relaciones con gente que viene de lejos («Far away») o que estés tú lejos de tu entorno habitual ya suele ser suficiente para que pongas el contador mental a cero y abras tu mente. Por eso nos suele gustar tanto viajar y nos permitimos experimentar y probar cosas fuera de casa que no se nos ocurriría probar en nuestro familiar ambiente: hablar con extraños (con el anciano de aire espiritual que en tu ciudad hubiera sido un mendigo más), comer comidas exóticas (gusanos tostados en Tailandia, por ejemplo, cuando jamás he comido caracoles o callos en mi país), y bailes tribales (el baile del ceilidh en Escocia, cuando el baile de Paquito el chocolatero en España siempre me ha parecido tan ridículo).

Pero esta lejanía no tiene por qué ser meramente geográfica, no tienes que moverte de tu pueblo o ciudad:  puede ser una lejanía social (gente con distinto estatus socioeconómico), profesional, en distinto nivel jerárquico de tu propia organización, distinta ideología, distintos intereses, distinta personalidad (si eres extrovertido, mira qué puedes aprender de un introvertido, o viceversa). La diferencia intelectual y de educación es también muy importante, y la diferencia generacional es todavía mejor: ¿cuántos amigos de 5 años tienes? ¿Y de 80? (no valen tu sobrino ni tu abuelo).

En resumen, pon un friki en tu vida, aunque ahora esté lejos de ti, y verás como un universo de posibilidades aparece ante tus ojos.

Artículos de la serie  Proyecto 52

Guess who is coming to dinner?Proyecto 52 comidas


F.F.F.F-Regla de las 4 efes


Informe de avance del proyecto 52 comidas al 19.3.13


Proyecto 52: ¿con quién comeremos la próxima semana?

Autodidactas e interdidactas

Regla del día después de las compras

Regla del día después de las compras

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En materia de decisiones de compra, nunca mires atrás o te convertirás en una estatua de remordimientos.

–Homo Minimus

Regla:  una vez hecha una compra, no vuelvas a comparar o buscar.

Justificación: La compra está hecha, el coste incurrido, y tienes que vivir con la decisión tomada. Si sigues mirando opciones es muy probable que rápidamente encuentres un artículo más barato o mejor o ambas cosas. De hecho, lo habitual es que es en menos de un mes ocurra eso para determinados artículos, como los electrónicos o informáticos.

Actitud optimizadora vs satisfaciente

Después de comprado mi último portátil y de haberme mudado digitalmente, he decidido cortar el flujo de información referente a portátiles y software. Estoy seguro de que en muy poco tiempo podría encontrar una mejor opción y que como consecuencia mi satisfacción con la decisión tomada se reduciría.

No solo es importante considerar pocas opciones (para reducir el coste de búsqueda) ; es también importante que consideres si es suficientemente buena, que tomes la decisión en función de unos requisitos mínimos y luego no mires atrás.

Habitualmente será suficientemente buena. Frente a un comportamiento optimizador, tan común en mucha gente, es mejor adoptar un comportamiento satisfaciente:  si la opción satisface los requisitos de prestaciones mínimas y de coste máximo que uno se haya fijado al comienzo del proceso de decisión, esa decisión es correcta (suficientemente correcta).

Hoy en día, además, es muy difícil tomar decisiones rematadamente malas por las siguientes razones:

  • Si el coste de la compra es bajo y te has equivocado, se subsana rápidamente. Habitualmente el tiempo de búsqueda de la compra óptima no compensa la mejora en la decisión en términos de coste o de prestaciones.
  • Si la decisión de compra tiene un coste relativamente alto, como en el caso de un portátil, un iPad o algún artículo similar, basta con elegir uno de una marca relativamente conocida (no la más conocida necesariamente): cualquier producto que se mantenga en el mercado ha de cumplir unos requisitos mínimos y tener una calidad suficiente.
  • Si la decisión tiene un coste muy alto, como en el caso de compra de un automóvil o una vivienda, entonces el tiempo de búsqueda suele ser más grande al ser la decisión más compleja y es difícil cometer grandes errores. Una vez más, no es probable que tomes la mejor decisión posible pero seguro que la decisión es suficientemente buena.
  • Si quieres flexibilidad y reducir el coste de la compra (y con ello el coste del error), puedes adoptar decisiones de alquiler en vez de compra o simplemente sustituir el bien por uno alternativo que requiera un menor desembolso. Ejemplo: sustituir el coche por el transporte público o la compra de vivienda por el alquiler.

En resumen,

  1. Antes de la compra piensa en tus necesidades y determina los requisitos mínimos que te satisfacen o que serían suficientes.
  2. Después de la compra, no mires atrás, vive con la decisión tomada y no sigas comparando opciones.
  3. No inicies una nueva búsqueda hasta que el artículo comprado deje de satisfacer los requisitos mínimos que te fijaste o estos hayan cambiado.

Estos consejos se sintetizan en uno: cambia la actitud optimizadora por una actitud satisfaciente.

Informe de fracasos al 14.1.13

ace más de tres  semanas comencé un experimento de implantación de una regla destinada a aumentar el número de fracasos. Con ella pretendía desarrollar una mentalidad mucho más experimental, salir de la zona cómoda y favorecer la innovación.

Estos son los resultados provisionales hasta el momento:

Informe de fracasos al 14.1.13

En 26 días he obtenido 18 fracasos. Me quedan 10 fracasos más que lograr de aquí al fin del experimento el 22.1.13.

Teniendo en cuenta que me permití un periodo de aclimatación de una semana, los resultados cuantitativos se han mantenido dentro de lo planeado.

Algunas observaciones:

  •  Me ha resultado complicado el encontrar acciones nuevas con un cierto potencial de que salgan mal. No es tan fácil pensar en acciones que me saquen de la zona cómoda, que tengan un cierto grado de incertidumbre y que además estén destinadas a contribuir a mis metas y objetivos.
  • El ritmo de 1 fracaso/día me ha resultado relativamente fácil. No ha supuesto alterar mi ritmo cotidiano de trabajo, ni me ha sometido a demasiado estrés. Supongo que es porque no estoy saliendo  demasiado de la zona cómoda. 
  • Este proyecto me ha vuelto más resolutivo; me lo he pensado menos antes de hacer algunas compras o apuntarme a algunos cursos. Puesto que habitualmente me pienso mucho las cosas antes de actuar, la regla de cometer un fracaso al día me ha ayudado a ser un poco más osado y con ello acelerar el ritmo de aprendizaje. 

Fracaso más –> fracaso más rápido –> obtengo más rápidamente retroalimentación del entorno sobre la calidad de las decisiones tomadas –> fracaso mejor –> el ciclo de aprendizaje se acelera.

  • A lo largo de las semanas me he dado cuenta de que algunos de mis fracasos se parecen bastante; es decir, algunos de esos fracasos eran del mismo tipo. Eran acciones parecidas. Por ejemplo, intentar concertar entrevistas con clientes difíciles a los que anteriormente no «osaba» aproximarme o proponer entrevistas. No creo que esté mal, pues hay algunos tipos de acciones con baja probabilidad de éxito  y que hay que intentar muchas veces antes de que fructifiquen. Es el caso de las ventas o el lanzamiento de nuevos productos.
  • Aunque no esté mal fracasar mucho, es importante fracasar de manera  distinta; a ser posible que los errores sean distintos cada vez. Para ello, he de reflexionar sobre la causa de los fracasos e intentar aprender algo de ellos.
  • He aprendido a no ver las decisiones como acontecimientos aislados, sino como parte de una serie de decisiones parecidas en las que puedo refinar el proceso decisional. Es por ello que siento que puedo arriesgar en decisiones individuales para aumentar la calidad de la decisión en general. Lo que pierdo en una o dos decisiones osadas lo recupero en la calidad de otras acciones y decisiones similares.
  • Como beneficio adicional de esta regla, estoy desarrollando más resiliencia, más tolerancia a la frustración y una actitud más saludable ante los contratiempos que surgen a lo largo de cualquier proyecto personal y profesional.

Tengo por delante 10 días más de fracasos. Hasta el momento el experimento con esta regla de los fracasos está resultando iluminador. Seguiremos informando.

Artículos de la serie Fracasa más, fracasa con gracia: 

FAILFracasa más, fracasa con gracia
Informe de fracasos al 14.1.13
Ridículum vitae
Mentalidad experimental y sentido del rídiculo
James Altucher y su ridículum vitae
Algunas ideas para fracasar con gracia
Cómo asumir riesgos con inteligencia
El fin justifica los miedos
TonteOrías las justas
El poder de la mediocridad
Revisión final del proyecto aumentar los fracasos
Hiperaprendizaje con primeras versiones de mierda

Fracasa más, fracasa con gracia

¿Quieres que te dé una fórmula para el éxito? En realidad es muy sencillo. Dobla tu tasa de fracaso. Estás pensando en el fracaso como el enemigo del éxito. Pero no lo es en absoluto. Puedes sentirte desanimado por el fracaso o puedes aprender de él, así que adelante, comete errores. Comete todos los que puedas. Porque recuerda que es allí donde se encuentra el éxito.

–Thomas J. Watson. Fundador de IBM

 

la-historia-completa-de-mis-fracasos-sexuales

Todos sabemos (intelectualmente) de la virtud de  los fracasos, de los errores, de intentar cosas nuevas e improbables. A veces es el sentido del ridículo el que nos disuade de intentar cosas nuevas (= buenas) y de ir forjando un buen Ridículum Vitae. Otras veces es el simple miedo a no conseguir lo que uno quiere. Pero… ¿cuántos de nosotros actúamos realmente de acuerdo a este conocimiento? Yo no, desde luego.

Hubo un tiempo en que no escribía aquí para no hacer el ridículo. Hubo un tiempo en que no decía cosas para no parecer ridículo. Y todo eso me volvía todavía más ridículo (en el mal sentido de la palabra, que también existe). Pero esto ha de cambiar. Pero este ha de cambiar.

Del dicho al lecho, hay mucho trecho, como decía Juan Bonilla en uno de sus cuentos. Así que he creado una nueva regla, una más, que haga operativa mi decisión de aumentar mis fracasos. Pretendo cometer consciente y deliberadamente un buen número de fracasos todos los días.

¿Cómo? Usaré una intención de implementación.

Intención de implementación para mi intención sobre la meta de aumentar los errores

Empezaré con una cuota limitada de fracasos-errores-pifias-resultadosinesperados; pongamos 1/día (aplico el principio del Kaizen). A partir de ahí podré ir aumentando gradualmente la dosis, para que no me mate (me canse, aburra, me eche atrás).

La primera semana, para habituarme a este cambio, la cuota será cero. En la segunda semana, ya estaré obligado a cometer el error pactado diario y los 7 semanales.

No tengo que cometer un solo error por día, pueden ser más;  si un día no cometo un error, tendré que compensar otro día de la semana  de tal manera que el número de fracasos semanal sea como mínimo de 7.

Para aumentar el compromiso, iré informando de mis resultados semana a semana.

Este experimento  durará 5 semanas. Después de ello, y de manera darwiniana, mantendré el objetivo, o bien lo eliminaré despiadadamente y se convertirá en un cadáver más de mi poblado cementerio de experimentos fallidos.

Artículos de la serie Fracasa más, fracasa con gracia: 

FAILFracasa más, fracasa con gracia
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Cómo asumir riesgos con inteligencia
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TonteOrías las justas
El poder de la mediocridad
Revisión final del proyecto aumentar los fracasos
Hiperaprendizaje con primeras versiones de mierda

Terapia de choque

En la escuela de guerra de la vida, lo que no me mata, me hace más fuerte.

–Friedrich Nietzsche

A pesar de la regla de entrada en discusión, la regla de la opinión o  la regla de oro de la  conversación, y reglas similares que intentan controlar mi característico impulso de refutar, contradecir, discutir  y sacar del error a los demás, no tengo mucho éxito.  Mea culpa.

He decidido hacer terapia de choque. A partir de hoy, mi dieta de medios de comunicación se concretará exclusivamente en medios antipáticos para mí.

Así que ha llegado el momento. Mis elecciones son:

Radio: Cadena Ser

Televisión: la Sexta.

Periódico: El País.

Para hacer una terapia de choque similar, cada uno puede elegir su medio anti-favorito preferido. Obviamente.

Justificación

Escuchar opiniones que a uno le repelen y tener que callar obligatoriamente porque no puedes interrumpir al periodista que las profiere,  puede ser una excelente manera de insensibilizarse ante la opinión contraria o errónea, mantenerse en silencio y aumentar el espacio entre estímulo y respuesta.

Las actividades diarias cotidianas pueden ser un excelente gimnasio para el carácter.

Nota: este artículo se escribió entre grandes sufrimientos mientras  escuchaba el programa Hora 25 de la Cadena Ser.

Regla de la opinión en la conversación

Uno de mis rituales  en el área espiritual es la plena presencia o la atención plena en la vida cotidiana. Una intención para una acción o comportamiento tan general tiene pocas posibilidades de llevarse a cabo de manera regular a menos que tengamos alguna intención de implementación que permita recordar y hacer operativa la intención.

Para aumentar la probabilidad de convertirlo en un verdadero hábito (automático, sin esfuerzo), este ritual necesita ser mucho más concreto. Por eso, he dividido mi ritual de plena presencia en 4 rituales:

  1. Plena presencia en el comer,
  2. en la acción y el movimiento,
  3. en el pensamiento y la emoción,
  4. y en la conversación.

Es un paso importante, pero siguen siendo intenciones demasiado generales. Por ello, he creado reglas simples que permiten recordar y poner en práctica cada uno de estos subrituales.
Por ejemplo, en el ritual de plena presencia en la conversación (también llamado «Escucha profunda») he diseñado la siguiente regla, que es más bien una sucesión de reglas.

Regla de  la opinión en la conversación

Cuando durante una conversación surge la posibilidad de dar una opinión, nunca soy el primero en darla. Siempre espero a que otra persona dé la opinión primero.

Tanto si  estoy de acuerdo como si no estoy de acuerdo,  hago una pregunta previa para indagar sobre el significado profundo o sobre las razones que hacen que la persona en cuestión mantenga esa opinión. Lo mismo hago con cualquier otra opinión que surja en la conversación. Sólo después me permito dar mi propia opinión.

Justificación

Es una forma de procurar la escucha activa y obtener información. Tomarse un tiempo en descifrar los pensamientos y emociones de los demás e inhibir los impulsos de expresar lo primero que nos viene a la cabeza puede mejorar la comunicación.

También es una manera elegante de comportarse. Confrontar una opinión ajena con una propia o intentar rebatir una creencia distinta es mejor si conoces previamente el alcance de la opinión y las bases que la fundamentan. Una opinión que se contrapone a otra opinión suele acabar en una lucha de egos que no beneficia a nadie. Al final, cada uno suele quedarse con su propia opinión, se ha reafirmado en su idea inicial y no ha aprendido mucho.

 – 

Aplicación

Es necesario mantener la atención activa en la conversación y en uno mismo  y detectar los impulsos cuando aparecen. No es fácil. Esta regla de manera indirecta logra aumentar la plena presencia.

La regla de oro de la conversación, aunque de distinta naturaleza, puede reforzar y facilitar esta regla.

Ha de ser una pregunta curiosa, interesada, no una pregunta capciosa o que busca la refutación.

La regla de la entrada en discusión es una parte de esta regla.

Otro de mis rituales es el ritual de remanso social (contacto humano presencial). Este ritual se puede beneficiar sobremanera de la plena presencia en la conversación y de la regla de la opinión en la conversación

¿Por qué no escribo más en este blog?

porque quiero hacerlo bien, creo que lo hago más o menos bien (realmente, muy bien), no quiero defraudar, no quiero «bajar el nivel», quiero hacer un buen artículo, me cuesta mucho hacer buenos artículos y tengo miedo de que si escribo más se darán cuenta de que no lo hago bien , de mí veo todos los errores que hay antes de entregar  un artículo acabado, de los demás que escriben sólo veo el producto final (y esto me descorazona), tengo 200 pre-artículos medio-empezados pero no acabados porque no son lo suficientemente buenos, me pongo el listón alto pero esto no significa más que tardo mucho en empezar y mucho en acabar, experimento poco (si experimentara más tendría material para escribir dos artículos al día), quiero escribir sin muchas faltas de ortografía o de sintaxis, creo que lo digo es principalmente banal, siento que estoy robando ideas a los demás y que pocas son genuinas, por eso quiero que el robo no se sienta demasiado y tengo que buscar maneras de disimular el robo, pienso que si escribo algo no puedo borrarlo, pienso que si hago alguna estupidez dejarán de leerme, creo que quien hace estupideces es estúpido, hablo de la mentalidad experimental y el sentido del ridículo pero no pongo mi dinero donde está mi boca, no me gusta que se noten los calcos del inglés y de otros que piensan y escriben, me lo pienso mil veces antes de decidirme por un tema, creo que este blog es una estructura que hay que planear cuidadosamente, aunque digo que el blog crece orgánicamente realmente crece según un diseño ideado hace mucho tiempo, porque no me separo de los planos, porque la improvisación se me da mal, porque creo que la improvisación es chapuza, porque es difícil decir cosas con pocas palabras, porque se supone que soy minimalista en la expresión, porque, según dice Rubén Arribas de Aviones desplumados que dijo Baltasar Gracián, más obran quintaesencias que fárragos, porque cada día me salen más palabras a pesar de que querer ser sintético, porque una vez que empiezo no sé dónde acabar

Regla de la entrada en discusión

Un debate es un intercambio de conocimiento; una discusión es un intercambio de ignorancia.

–Robert Quillen  

Cuando siento ganas de refutar o discutir algo que alguien diga, me refreno; dejo que la persona acabe su argumento u opinión, y sustituyo el impulso inicial de sacarle del error por una pregunta indagatoria. Después de eso –y sólo después de eso– me permito expresar una opinión opuesta o distinta, y argumentar a su favor o refutar la opinión errónea.

Este es un ejemplo de intención de implementación. La meta es no discutir. La regla es una manera práctica de conseguir la meta definiendo un comportamiento concreto en una circunstancia concreta.

Intenciones de ejecución. Aplicación al Ritual de plena presencia.

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno

— San  Bernardo of Clairvaux

Convertir las intenciones en acciones consecuentes es una de las cosas más difíciles. Tomemos un ejemplo personal: uno de mis rituales  es la plena presencia. Tengo una idea más o menos clara de lo que significa y lo tengo desglosado en 4 sub-rituales en los que me concentro cada semana del mes sucesivamente: plena presencia en el movimiento, en la comida, en el pensamiento-emociones y en la conversación.

El ritual está bien justificado y las veces que  lo practico cosecho  bienestar y calma. Sin embargo, no siempre consigo recordarlo.  Uso el Motiveaider como un disparador táctil-vibratorio  para los sub-rituales de movimiento, pensamiento-emociones y conversación  con bastantes buenos resultados; pero  el ritual de plena presencia en la comida, que es más limitado (sólo en las 5 comidas del día), no consigo practicarlo consistentemente a pesar de revisarlo todas los días de la semana en que me centro en él.

 

¿Qué puedo hacer? La estrategia tradicional se basaría en fortalecer la visión de la meta, en recordarme todos los beneficios para la salud y mente que tiene su práctica. Sin embargo, la mera intención  y el reconocimiento de los beneficios de un hábito  a veces no son suficientes:

Las investigaciones han mostrado que intenciones sobre objetivos generales (por ejemplo, “Me propongo firmemente  alcanzar la meta X”) sólo explican entre el 20% y el 30% de la varianza en el cambio de comportamiento. Después de todo, el comportamiento pasado tiende a ser un mejor predictor del comportamiento futuro de las personas que las metas que se proponen.

Wikipedia

Intención de  ejecución vs intención de  meta

He decidido cambiar el enfoque: en vez de fortalecer la visión  de la meta, voy a procurar fortalecer la visión del proceso para alcanzar la meta. Es decir, voy a centrarme en el proceso y voy a crear una “intención de ejecución” en vez de reforzar la “intención de la meta”.– 

Una intención de implementación es una estrategia auto-regulatoria en la forma de un SI—ENTONCES–PLAN (“Si la situación X se da, entonces ejecutaré la respuesta Y”) que puede llevar a un mejor logro de la meta. Está subordinada a las intenciones de meta, ya que especifica el cuándo, el dónde y el cómo de un comportamiento dirigido por metas.

Wikipedia

Hasta ahora el detonante o disparador  del ritual de plena presencia en el comer era el comienzo de la comida, pero no tenía más que la vaga intención de comer con conciencia. ¿Cómo se come con conciencia? ¿Qué significa exactamente? ¿Cómo  podría asegurarme de que estoy practicando la plena presencia?  Tengo el cuándo (horas de las comidas) y el dónde (mesa) pero me falta  el cómo.

 Voy a crear una regla altamente específica   que convertiré en automática para que me ayude a regular el ritmo en la comida. Tiene que ser una regla que me mueva a comer más lentamente, porque supongo que si consigo comer más pausadamente, podré también ser más consciente de mis movimientos, de los sabores, olores y texturas, y ejercer la plena presencia.

Regla del ritmo en el comer (en el ritual de plena presencia en el comer):

Sólo empiezo a comer después de que el resto de los comensales  hayan empezado. Nunca acabo un plato  antes de  que acabe el último de los comensales. Termino de comer después que  el resto de los comensales. Procuro no dejar migas u otros restos en la mesa y mantengo la servilleta bien doblada. Saboreo morosamente el primer bocado de cada plato y el primer sorbo de cada vaso.

Generar automatismos para liberar fuerza de voluntad

Esta regla supone el desplazar la intención y esfuerzos conscientes a un mecanismo automático facilitado  por una regla muy concreta qué especifica el cuándo, dónde y cómo.  Así puedo liberar fuerza de voluntad  y hacer más sencillo el cumplimiento del ritual, la meta, el qué.

Mis reglas del minimalismo existencial son  todas ejemplo de estas intenciones de implementación en distintos contextos y pretenden lo mismo que la regla anterior del ritmo en el comer. Son mecanismos automáticos condicionales en forma de reglas SI <X>, ENTONCES <Y> con los que pretendo liberar fuerza de voluntad, uno de los dos cuellos de botella de la auto-regulación.

Un estudio alemán muestra que la persona normal emplea una media de 4 horas resistiéndose a deseos o tentaciones:

[…] A menudo, pensamos en la fuerza de voluntad como en una fuerza extraordinaria que tenemos que invocar para manejar las emergencias, pero no es esto lo que Baumeister y sus colegas encontraron cuando recientemente monitorizaron a un grupo de más de doscientos hombres y mujeres en Alemania central. Estos alemanes llevaron avisadores electrónicos que sonaban a intervalos aleatorios siete veces al día, pidiendo a las personas que informaran si estaban experimentando algún tipo de deseo o si habían sentido recientemente tal deseo. El cuidadoso estudio, dirigido por Wilhelm Hofmann, recogió más de 10.000 informes puntuales desde la mañana a la media noche.

[…] Los investigadores concluyeron  que las personas emplean alrededor de un cuarto de sus horas despiertas  resistiéndose a deseos —al menos cuatro horas al día—. Dicho de otro modo, si abordaras a cuatro personas de manera aleatoria en cualquier momento del día, una de ellas estaría usando la fuerza de voluntad para resistir un deseo. Y esto no incluye todas las veces en que la fuerza de voluntad se ejercita, porque la gente la usa para otras cosas, como para tomar decisiones. –

 Paradójicamente, según Baumeister —en su último libro Willpower—,  las personas más voluntariosas y disciplinadas no son las que más esfuerzos de voluntad realizan a lo largo del día. Lo que hacen mejor las personas disciplinadas es el dedicar su fuerza de voluntad a  establecer mecanismos automáticos— como el visto arriba en forma de intenciones de implementación—, y  a urbanizar su entorno para poder concentrarse de la mejor manera y estar más libres de las interrupciones y tentaciones.  Es decir, las personas disciplinadas son más estratégicas en el uso de la fuerza de voluntad, eligen mejor sus batallas.

Serie artículos sobre rituales:

Rituales Mayas
El eslabón perdido entre la intención y la acción
Naturaleza de los rituales 
Intenciones de implementación
Detalle de mis rituales a 28.9.11
Diseño de rituales
Diseño de rituales, un caso práctico
Ritualiza el descanso y recogimiento con el Sabbat

El efecto escalera. Equilibrio foco-tareas y foco-metas

Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no tiene que perderse; ahí en el aire es donde han de estar. Ahora pon los cimientos debajo de ellos.

—Ralph Waldo Emerson.

Imagen: escaleras mecánicas

Imagina que estás subiendo por una escalera mecánica; una de esas que te encuentras en unos grandes almacenes o en el metro . Das el primer paso y ya estás en ella. Normalmente, ¿qué haces? Sueles dejarte llevar, allá arriba está el final, pero queda todavía mucho. Además, quizá tendrías que pasar al lado de otras personas. La mayor parte de ellas están en el lado derecho, sin moverse; algún impaciente sube andando y alguno hasta corriendo, pero lo habitual es permanecer parado subiendo tranquilamente y pensando en nuestras cosas u observando a otros.

Según vas subiendo, la proximidad del final de la escalera te pone un poco en tensión, ya estás casi allí; quedan quizá 12 o 13 escalones, pero ya sientes la proximidad; fíjate en lo que haces o en lo que hacen los demás: ¿esperan a  llegar al final plácidamente como hicieron durante todo el trayecto o suben los últimos pasos?

 Verás que muchas veces  según te aproximas al final, si no tienes nadie delante, das los últimos pasos; parece que la cercanía del final nos proporciona energía y nos sentimos con fuerzas para subir los 4 o 5 peldaños que nos quedan.

Esos últimos pasos los podrías haber dado al principio, pero lo que quedaba era tan grande que parecía poco respecto a todo el tramo de escaleras mecánicas. Al final del tramo ese esfuerzo tiene  una recompensa casi  inmediata. –

Interpretación de la imagen

Bien, ahora descifremos la imagen: el paso de entrada a las escaleras es el inicio del proyecto; la altura de la escalera es la duración de un proyecto; nuestra energía, el que nos sintamos con ganas o desganas para subir por nosotros mismos las escaleras, es la motivación a lo largo del proyecto; el final de la escalera es el logro final de la meta planteada o resultado buscado en el proyecto.

Al principio, como hemos visto en el caso de las escaleras, si mantenemos nuestra mente en la meta final (alcanzar el final de la escalera) los pasos pequeños que podamos realizar en el momento resultan insignificantes y es probable que nuestra motivación se resienta: me quedo parado, dejo que pase el tiempo esperando a estar más motivado  (por presiones externas o de tiempo, etc.) o simplemente abandono el proyecto.

En cambio, si me enfoco en un objetivo a corto plazo, esa sensación negativa de ver todo lo que falta no se produce, ya no contemplo el proyecto en su conjunto y puedo estar más atento a la acción inmediata. Además, los pequeños avances parecen más satisfactorios al enfocarnos en el corto plazo y no ver el marco general del proyecto . –

Efecto emocional de los retrasos, dificultades y fracasos

Evaluar la tarea y las metas a corto plazo es especialmente adecuado si, como suele suceder en muchos proyectos, el principio es tentativo, experimental, con inicios en falso y con errores propios del aprendizaje. En este caso usual es mejor tomar nota de que el objetivo parcial  no se ha logrado en vez de intentar “re-motivarnos”  o re-afirmarnos con la meta a largo plazo, pues esta se habrá hecho más improbable después del traspiés inicial. Si me enfoco en el día o la semana, no en lo que me queda hasta la meta final, el impacto emocional de cualquier contratiempo será más reducido y nuestra respuesta más realista y adaptativa.

La meta final está más unida al sentido de uno mismo, nos identificamos más con ella y su no logro puede ser más doloroso para el yo. Las metas a corto plazo o intermedias son instrumentales y unimos menos el valor del yo a ellas.

Perspectiva vs control

La decisión de enfocarnos en metas de alto nivel u objetivos de bajo nivel es paralela  a las  dos dimensiones clave que hemos de considerar en cualquier  sistema de organización personal: perspectiva vs control.

La perspectiva nos permite jerarquizar metas y orientar la acción a lo largo del tiempo de manera eficaz hacia la meta final; en otras palabras, asegurarnos de que los objetivos que nos marcamos en el corto plazo sean los correctos, hacer las cosas correctas (aquí es donde hemos de aplicar el principio de Pareto ). El control nos permite centrarnos en hacer el trabajo cotidiano con la máxima eficiencia, en hacer las cosas correctamente.

Ambos enfoques son necesarios.– 

Prescripción sobre el enfoque tarea vs enfoque meta final

Al principio del proyecto,  hay que comenzar con la meta final en mente para  preparar un plan de acción y justificar el esfuerzo. Aquí es cuando hay que imaginar  el castillo en el aire y diseñar sus cimientos.  Miramos  hacia el final de la escalera para saber dónde vamos, generamos una estrategia y damos un primer paso que ayude a generar momentum.

Después de haber empezado,  y todavía en los inicios o en el medio,  es mejor “olvidarse” en cierta manera de la meta y centrarse en el paso inmediato, en el objetivo a corto plazo del día o la semana. Si las cosas van mal o no hay avance,  el efecto desmotivador no será tan grande, la fricción emocional será menor. La meta final seguirá en un segundo plano guiando y orientando nuestro esfuerzo, pero nos centramos en el día a día.  A esto nos referimos cuando hablamos de “centrarnos en el proceso” más que en el resultado.

Otra ventaja de enfocarse en la tarea o en el objetivo a corto plazo es que podemos reaccionar más adaptativamente; podemos registrar el error o el fallo con más facilidad  y corregir nuestras acciones más rápidamente. El foco está en nuestro comportamiento y los resultados que genera  más que en nuestra valía personal o el sentido del yo.

 Cuando estamos al final, la proximidad de la meta, la luz al final del túnel y la constatación de todo lo que hemos hecho en relación con lo poco que queda por hacer, es ya muy motivante. Aquí sí que podemos evaluar nuestros resultados en función de la meta final y cambiar a un foco evaluativo más general.

A la hora de evaluar nuestro progreso y orientar nuestra atención, la clave es cambiar adaptativamente entre foco en la tarea  y foco en la meta final.

Regla de la distribución del tiempo de trabajo en la vida

Cuando tienes tiempo no tienes dinero; cuando tienes dinero no tienes tiempo; cuando tienes tiempo y dinero ya no estás para nada.

—Homo Minimus

-Según los economistas, el tiempo libre y el ocio son recursos, tanto como cualquier otro recurso. Dividimos nuestro día y el año entre tiempo de trabajo, para  obtener dinero para comprar bienes y servicios; y tiempo libre o de ocio, para relajarnos, estar con familia y amigos, descansar o para lo que queramos.

Según este minimalista existencial, el tiempo libre es uno de los recursos más preciados ( “En el tiempo de ocio encuentra su sabiduría el escriba…”). Sin tiempo libre ningún bien material se puede disfrutar plenamente y pocos bienes espirituales son accesibles.

¿Qué debemos hacer con el dinero que ganamos?-

Teoría de la renta permanente

Según la teoría de la renta permanente  de Milton Friedman, un consumidor no decide qué consumir en función de lo que gana en el año, sino que su consumo en el año está determinado por lo que espera ganar a lo largo de toda su vida.  Distribuirá su renta esperada total  de manera equilibrada a lo largo de todo su ciclo vital.

 Esta teoría supone un comportamiento muy razonable. Desde el punto de vista de la satisfacción que obtiene del consumo, la utilidad marginal  del consumo  se reduce cuando aumenta el consumo.

Esto significa que los años que ganas mucho dinero —pongamos 50.000 euros—, si lo gastas todo, el último gasto en consumo —digamos  los últimos 1.000 euros— te reporta mucha menos satisfacción que los años en que ganas poco; por ejemplo, los últimos 1.000 euros en tus años de universidad o en tu primer trabajo —cuando quizá podías ganar 4.000 euros anuales en trabajos a tiempo parcial o en el verano— tienen una utilidad marginal o satisfacción lograda de ese consumo mucho mayor, les sacabas mucho más partido.

Dicho de otro modo, los últimos euros gastados cuando has gastado mucho son menos satisfactorios que los últimos que gastas cuando todavía has gastado poco. La razón es que un consumidor racional empieza gastando su dinero en los bienes o servicios que más satisfacción le producen y los sucesivos gastos suelen hacerse en los que menos.

Por esto es razonable que distribuyas tu consumo en función de lo que esperes ganar a lo largo de tu vida, de tu renta permanente. De hecho,  la teoría de la renta permanente se cumple empíricamente: se observa que la gente se comporta más o menos de acuerdo a ella: lo que el consumidor considera renta “normal” lo dedica al consumo en un determinado porcentaje; pero si una persona tiene un ingreso que percibe como “extraordinario” — pongamos un premio de lotería o un año en el que va especialmente bien el negocio— suele ahorrar una parte mucho más grande y retrasa el gasto de ese dinero a los siguientes años de su vida.

Cuando la gente gana poco pero espera ganar más en el futuro se suele endeudar; pero cuando gana mucho e interpreta que esa renta es temporal, no representativa de su renta normal, suele ahorrar ese dinero para irlo gastando escalonadamente en sucesivos años. Por eso la gente ahorra para la jubilación, porque quiere mantener su estilo de vida cuando  gane menos que en sus años más productivos laboralmente.

¿Qué deberíamos hacer con el tiempo libre del que disponemos? 

Teoría del año sabático

La analogía con el caso del consumo de nuestra renta total esperada en la vida es obvia. Pero no sé si nuestro comportamiento habitual es igual de racional.

Veamos que suele hacer el ciudadano en occidente : pasamos 25 años estudiando. 40 años trabajando. 15 años retirados. Nuestro consumo de tiempo libre se dispara en los últimos 15 años. La cuestión es: ¿es este el mejor uso posible del tiempo? ¿Por qué concentrar la mayor parte del consumo de tiempo libre al final de la vida?

Como hemos visto, la utilidad marginal de ese tiempo será necesariamente muy baja: muchísimo tiempo libre hace que  cada vez lo usemos menos satisfactoriamente; al igual que muchísimo dinero gastado en poco tiempo hace que lo que gastas al final sea principalmente en fruslerías.

Por otra parte, es probable que los últimos años no sean los mejores para obtener la mayor utilidad posible del tiempo, aunque solo sea porque no estás en plenitud física y mental, y ciertas actividades te están vedadas o son más dificultosas. Un año de tiempo libre a los 30  o los 50 puede ser aprovechado mejor que a los 90.

Stefan Sagmeister, un diseñador de talento, tiene la siguiente regla que ha puesto exitosamente en práctica: tómate un sabático cada 7 años.

“Pensé que podría ser útil quitar 5 de esos años de retiro [de los 15 habituales] y distribuirlos en los años de trabajo” dice Sagmeister. Y añade “es claramente un disfrute para mí, pero probablemente incluso más importante  es que el trabajo que sale de esos años [sabáticos] revierte en mi empresa y la sociedad en su conjunto en vez de beneficiar  sólo a uno o dos nietos.”

Por tanto, la regla es la siguiente:

Saca 5 años de retiro —quizá entre los 65 y los 70— y distribúyelos — un sabático cada 7 años—   entre los 40 que ibas a trabajar. Así trabajarás 35 de esos inicialmente 40 años de trabajo.

Fíjate que sigues trabajando igualmente 40 años, pero los has redistribuido a lo largo de tu vida.

Stefan aumenta su disfrute y satisfacción personal y además, según  asegura, obtiene ideas frescas, nuevas experiencias e inspiración, que después del sabático puede emplear de maneras creativas mejorando su trabajo y su productividad. En una conferencia en TED, The Power of time off (podéis verlo con subtítulos en español) explica  cómo usa los sabáticos para refrescar y reenergizar su trabajo, y cómo pasamos por alto el valor que tiene el tiempo libre. Nos muestra también algunos de sus proyectos innovadores inspirados por el tiempo que pasó en Bali.

Con la regla de los 7 años de Stefan estarías dedicando el 12,5 % del tiempo total a sabáticos no directamente productivos.

Esto no quiere decir que sea tiempo sin hacer nada; al contrario, Stefan piensa que es bueno urbanizar o estructurar este tiempo. Pero es un tiempo alejado de las urgencias y presiones habituales y un tiempo para explorar libremente otras posibilidades.

Empresas innovadoras

A propósito, algunas de las empresas más exitosas del mundo hacen uso del tiempo libre dentro del trabajo como forma de fomentar la creatividad, no se obsesionan por estar produciendo constantemente o por rentabilizar en el corto plazo todo lo que hacen.

3M, una de las empresas más innovadoras de todos los tiempos, deja a sus empleados un 15% del tiempo para perseguir los proyectos personales que quieran, sin restricción alguna.

Google da a sus empleados un 20% del tiempo para usos personales.  Estimula a sus trabajadores a utilizar el 20% de su tiempo laboral en pensar y desarrollar nuevos proyectos. La compañía asegura que la mitad de los productos que ha lanzado provienen de ese 20% de tiempo libre para los empleados.

Ferrán Adrià abre su restaurante 5 meses al año y dedica los otros 7 meses a experimentar y crear nuevos platos.

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Primero, ‘págate’ a ti mismo

Esta regla está inspirada en una de las reglas de Robert Kiyosaki  de las finanzas personales:  “Primero, págate a ti mismo”. Consiste en hacer algo contraintuitivo: primero te pagas a ti mismo y guardas ese dinero como inversión o activo  que genera una corriente de liquidez futura; y, después, pagas a tus empleados, a los proveedores, a hacienda y financias tu consumo personal.

Lo habitual es hacer lo contrario: primero pagas tus facturas, al fisco, etc.; y si te queda algo, lo ahorras. Normalmente suele quedar poco porque el consumo y los gastos se suelen expandir hasta el límite del presupuesto, incluso  hasta exceder nuestros ingresos y generar  deuda.

Kiyosaki la emplea para obtener la libertad financiera. En el contexto del minimalismo existencial este “Primero, págate a ti mismo”  se aplica  a las actividades que realizamos todos los días y consiste  en empezar haciendo lo que más te importa y lo que más contribuye a lo que más te importa. Así de sencillo.

Primero, dedica el tiempo a tus proyectos personales fundamentales, a la gente que más quieres y valoras, al tipo de actividades que más disfrutas y mayor sentido vital te proporcionan y las que más favorecen el tipo de resultados que quieres ver en tu vida.

Segundo, el resto del tiempo es para lo demás.

Esta regla sirve como un recordatorio o concreción del principio general de la Ley de Pareto o Regla del 80/20, que nos aconseja el centrarnos en los pocos esenciales y dejar a un lado o aparcar los muchos triviales. Nos ayuda a ser imaginativos y reducir nuestro gasto en actividades de poco valor.  El flujo de minucias es inagotable; la única manera de reducir las minucias es dejarlas para el final, si es que hay tiempo, o renunciar a ellas.

A su vez, “Primero, ‘págate’ a ti mismo”, se puede complementar o apoyar en otras herramientas importantes de la organización personal:

  1. Los rituales , que diseñamos personalmente y practicamos asiduamente, son hábitos que nos obligan a dedicar un cierto tiempo del día a aquellas actividades con  más sentido para nosotros. Los rituales encarnan nuestros valores.
  2. Las cinco grandes rocas de la semana, de Stephen  Covey, que señalan las metas para la próxima semana y nos ayudan a mantenernos centrados en el torbellino de la semana.
  3.  La TMI, tarea más importante del día, de Leo Babauta, que nos ayuda a empezar siempre con lo esencial y dedicar nuestras mejores horas del día y esfuerzos a ello.

Postergación. Síndrome de lo nuevo y lo urgente. 

La postergación de lo importante en favor de lo urgente es un comportamiento cotidiano que  tenemos inscrito en nuestros genes. Llevamos incorporados una preferencia casi invencible por la novedad . El problema es que la mayor parte de lo nuevo no es tan nuevo ni es normalmente importante.

Esto explica por qué preferimos escuchar las noticias a leer a los clásicos. Los clásicos siempre estarán ahí, y siempre han estado ahí. Puede que su mensaje sea importante e imperecedero y contribuya a forjar o favorecer una personalidad culta, sabia e integrada; pero pueden esperar. Siempre pueden esperar un poco. Lo nuevo siempre tiene un halo tentador, tanto por lo negativo como por lo positivo.

Al final, nuestra capacidad de enfocarnos en lo importante depende de que hayamos hecho un trabajo previo calmado y contemplativo  de búsqueda interior y nos hayamos comprometido con lo que hemos encontrado dentro; es decir, con nosotros mismos.

Regla de la elección de ropa

La ropa no hace biografía

–Homo Minimus

El proyecto 333 o alguna iniciativa personal similar  debería ya haber reducido el número de objetos en tu vida. En concreto, el número de piezas de ropa que posees y usas.

La cuestión es que siempre tendrás que elegir qué ponerte, aunque tengas que decidir entre sólo tres o cuatro camisas distintas.

En simplificaciones,  vimos la costumbre de Einstein de tener tres trajes idénticos para evitar tener que decidir por las mañanas qué ponerse. Es una opción. Supone usar un uniforme sin necesidad de estar en un colegio privado, ser conserje o trabajar en el ejército.

 La otra opción sería tener un asesor de imagen que te liberara de la toma de decisiones respecto al atuendo.

Mi minimalismo no me ha llevado todavía al extremo de usar un uniforme personal,  ni mi riqueza o vanidad a tener un asesor de imagen. He optado por una regla minimalista similar a la regla de los 30 segundos de elección del menú pero más sencilla todavía.

Regla

Elijo la primera camiseta del montón, o  el pantalón o la camisa o pieza de atuendo de la percha más cercana, sin pensar si me gusta más o menos, si conjunta más o menos. Siempre la pieza que esté más arriba o esté más cercana.

Justificación

Si todo lo que tienes te lo acabas poniendo, no importa lo que elijas un día concreto:  la “mala elección” (peor ropa) se compensará con “buenas elecciones” (mejor ropa)  los días siguientes. Al contrario, una buena elección de un día se compensa con una mala elección otro día. Por lo tanto, no ganas nada con elegir “mejor” un día cualquiera. No pierdas el tiempo decidiendo.

Escoger el mejor atuendo disponible es un comportamiento miope de búsqueda de un beneficio en el corto plazo (para ese día). Es miope porque el decisor no se da cuenta  de que el beneficio en el largo plazo (en un periodo largo) es reducido por el hecho de que ha dedicado tiempo computacional a las elecciones; y puesto que la calidad media de la ropa que uno viste  termina siendo la misma (la buena ropa de un día se compensa con la mala ropa de otro) acaba peor que si no eligiera.

Puedes argumentar que  alguna prenda es tan deleznable que no la usas nunca o casi nunca, y por eso sí que merece la pena elegir. Pero entonces…  ¿por qué la mantienes en tu armario? Líbrate de ella y ten menos vestuario, pero más  homogéneo y de calidad suficiente como para poder vestirlo sin que te señalen en la calle o se burlen de ti (lo que sería un inconveniente para  la mayoría de los seres sociales; incluso para  los levemente sociales como yo).

De hecho, si tienes menos prendas, te puedes permitir que las que tengas sean de calidad superior (si es que eso te importa). Además, según Barry Schwartz, en La paradoja de la elección, tener menos opciones paradójicamente aumenta la satisfacción con la elección tomada. Con esta regla reduces tus opciones a una: la pieza de vestuario más al alcance de la mano.

Hay otro pero que puedes poner: tu indumentaria ha  de conjuntar. Bien, esto también tiene una solución minimalista: elige unas pocas prendas –pantalones, camisas, zapatos, camisetas– que combinen bien entre ellas.

 Si tienes poca ropa bien elegida, seguro que puedes lograr combinaciones que conjunten casi siempre bien sin tener que pensar antes qué va con qué. Quizá no todo armonice igual de bien todas las veces… pero bueno, somos minimalistas y adoptamos un enfoque satisfaciente: lo suficientemente bueno también es bueno.

La última reticencia contra esta regla tiene que ver con las ocasiones especiales… ¿No hay acaso que cuidar el aspecto en una boda, un entierro, una entrevista de trabajo, una cita romántica…? Bien, aquí la regla aparentemente  falla. No vale tomar lo primero que te encuentres. Pero se trata de ocasiones especiales, ¿no? Pues simplemente ten UN SOLO atuendo (traje de gala, vestido para fiestas, indumentaria para citas románticas, etc.) para estas ocasiones.  Uno y no más.

El mágico número 3

Uso del 3 en diversos campos

Muchas de las reglas del minimalismo existencial tienen al 3  como protagonista.

El número 3 es muy conveniente por motivos cognitivos:  nuestra memoria de trabajo es muy limitada:  7 +/-  2 elementos.   Tres elementos son fáciles de recordar en la memoria a corto  plazo y  por eso puede transformarse con mayor facilidad en memoria a largo plazo, con lo que la difusión es mucho más rápida.

En la retórica, la oratoria y la literatura se usa abundantemente. Muchos grupos de personajes son 3:  los  3 cerditos, los 3 mosqueteros, los 3 reyes magos, el bueno, el feo y el malo; en el teatro:  introducción-desarrollo-desenlace;  en la oratoria tenemos la siguiente regla: “di lo que vas a decir, dilo, di lo que has dicho”; en religión:  Padre, Hijo y Espíritu Santo; en retórica muchas construcciones o frases: “vino, vio y venció”, “sangre, sudor y lágrimas”; también los eslóganes o divisas: “la Real Academia limpia, fija y da esplendor”, «Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo.».

 En la comedia, muchos chistes se forman con esta estructura de 3: “Hay 3 cosas importantes en la vida: la primera es el   sexo, la segunda es  el sexo… y la tercera… no me acuerdo” . Los dos primeros elementos sirven para crear la pauta y generar tensión o acumulación ; el tercero, para quebrar la pauta y romper la tensión.

Uso en el minimalismo existencial

En las reglas del minimalismo existencial  también tiene presencia el 3. En su presentación hay 3 elementos: la descripción de la regla, su justificación y su aplicación.

 Además, muchas en su descripción incluyen el tres:

En resumen,  el 3 permite determinar claramente los límites en nuestras acciones y favorecer la poda minimalista,  para de esta manera obligarnos a priorizar, seleccionar y descartar. Es por lo tanto una ayuda para centrarnos en lo esencial  y poner  en práctica  la regla del 80/20 o ley de Pareto.

Juro  que todo lo que he dicho en este artículo es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Regla de las 3 acciones ¡AHORA!

El movimiento se demuestra andando

 –Cuando estés atascado, haz tres acciones. Ahora mismo. ¡Ya!

Puesta en práctica

  • Han de ser pequeñas, visibles, concretas.
  • No lo pienses mucho.
  • Cada vez que acabes una, celébralo. Da-te un sonoro aplauso, por ejemplo.

Justificación

  • A veces, por condiciones externas o internas, nos sentimos desganados, bloqueados, paralizados. Esta regla te permite activar o reactivar la determinación que hubieras tomado.
  • Evitas el perfeccionismo: no hay que pensar las tres acciones mucho. Simplemente tienen que ser tres acciones en la dirección correcta. Valen las 3 primeras que te vengan a la  cabeza.
  • Es un antídoto contra la postergación.
  • Las acciones son pequeñas, quizá mínimas. Permiten aplicar el principio del Kaizen.
  • 3 acciones son fáciles de recordar.
  • 3 acciones permiten generar momentum. Con cada una de ellas irás creando momentum que podrás emplear en la siguiente acción.
  • Por insignificante que sea, una acción completada nos recuerda que tenemos margen de maniobra. Es sorprendente el poder motivador que tiene una pequeña acción de la que nos sentimos autores.
  • Con el tiempo, será más fácil emplear esta regla y reactivar rápidamente la motivación.
  • Nos  permitimos experimentar un éxito detrás de otro rápidamente.
  • Revalidamos nuestra determinación.

Regla de las tres ventanas abiertas

 Regla de las tres ventanas abiertas

Antes de explicar la regla…

Una breve encuesta

Mira la pantalla de tu ordenador. ¿Cuántas ventanas tienes abiertas? Me refiero a carpetas, pestañas en el navegador, programas, documentos,etc.

Ahora, clica en comentarios en este artículo y escribe el número de ventanas que tenías abiertas. Gracias.

Regla

En un momento dado, en el ordenador, tengo un máximo de tres ventanas abiertas. Cuando sobrepaso el límite, cierro una de ellas.

Con esta regla fomento la concentración y el foco claro en cada momento.

Justificación

Mi primera acción minimalista también tuvo que ver con la simplificación de mi escritorio de ordenador. También usaba el mágico y minimalista número tres para limitar el número de iconos en la barra inicio rápido.

Es muy fácil que las ventanas proliferen. El fenómeno «una cosa llevó a otra» no sólo se da en las relaciones humanas; es también muy frecuente en el trabajo y en los comportamientos de búsqueda de información. Surgen ocurrencias, distracciones y posibilidades a cada paso; por eso, es esencial mantenerse vigilante y aplicar la poda minimalista.

En esencia, el minimalismo existencial es una suerte de jardinería de posibilidades que requiere un jardinero atento y dispuesto.

Para un ser humano, eliminar las posibilidades es una de las acciones más difíciles. En la Paradoja de la elección, argumentamos que a veces tener más posibilidades es incluso contraproducente. También vimos, por ejemplo, en La Regla del tres de la acción de los marines norteamericanos, que cuando hay demasiadas posibilidades la memoria de trabajo queda inundada y es fácil caer en la parálisis por el ánalisis.

El antídoto contra la exuberancia es el poner-nos limitaciones.

Regla de las citas

La puntualidad es una virtud inútil. Nunca hay nadie  para apreciarla.

–Anónimo

Dobla el tiempo que crees que es necesario para llegar al lugar de reunión. Si crees que son 10 minutos, sal 20 minutos antes.

El viaje o el camino será mucho más relajado. La llegada estará libre de urgencia.

Esta regla mejora tu puntualidad. La puntualidad es apreciada  al menos por los que son puntuales y están “allí” para comprobar que eres puntual. Transmites un mensaje de persona que valora el tiempo propio y ajeno. Te entrenas a ti mismo a cumplir los compromisos contigo mismo y con los demás.

Vence tu hábito de exprimir el tiempo. Los espacios  vacíos no serán  espacios muertos, serán tiempo generador de calma y de recuperación.

Justificación

Una de las fuentes más comunes de estrés es el tener  fechas límites y  presiónes de tiempo. Algunas son inevitables; otras nos las infligimos a nosotros mismos. No es necesario que sea así.

En Arquitectura y decoración de interiores del minimalista existencial hablábamos de la creación de espacios vacíos físicos como forma de generar libertad y calma. Lo mismo podemos hacer con el tiempo.

No es necesario llenar de actividades y aprovechar cada segundo “como si fuera el último segundo” o “como si no hubiera mañana”. Eso sólo genera agitación y ansiedad.

Infravaloramos sistemáticamente el tiempo necesario para realizar tareas, acabar proyectos  o cubrir distancias físicas. El tiempo de sobra para llegar física o metafóricamente al lugar servirá de colchón de seguridad contra los imprevistos o contingencias.

Somos seres territoriales. Cuando la cita es fuera de nuestro terreno hay una tensión añadida. Necesitamos un cierto periodo de acostumbramiento. El tiempo después de llegar al lugar de reunión y antes de la cita sirve para ganar familiaridad y confianza.

El que espera no desespera

–Homo Minimus

 

Aplicación

Esto es aplicable a  las reuniones de trabajo, las citas con amigos, las “citas” para tomar un tren o un avión y hasta las “citas” con el fin de un proyecto.

Probablemente llegar te llevará más tiempo de lo que creías. Incluso así sobrará tiempo. El tiempo que te sobre será de espera . Aprovéchalo para acostumbrarte al entorno o  visualizar la reunión o  refrescar la información necesaria y tus metas para esa cita.

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Siesta minimalista

Siempre que puedo me echo una siesta después de comer. Para no entrar en sueño profundo, hago que la siesta no dure más de 45 minutos; así evito un exceso de somnolencia al despertarme. Lo ideal es que dure  entre 15 y 30 minutos.

Me despierto lleno de energía, descansado, y es como si disfrutara de un segundo día dentro del día.

Justificación

Entre las 2 y las 4 de la tarde el cuerpo experimenta un bajón natural de los ritmos biológicos; esto es independiente de la ingesta de alimentos: ocurre igual aunque te saltes la comida. Los ritmos circadianos (dentro del día) son naturales, todos estamos sometidos a ellos.

Según un estudio de la NASA, una siesta en medio del día puede ayudar a incrementar la productividad más del 30% y el nivel de alerta en un 100%, así como mejorar la memoria y la concentración.

 Una siesta mínima puede ser muy útil. Un estudio alemán mostró que el comienzo del sueño sirve para desatar procesos de activación de la memoria y que estos siguen siendo efectivos incluso si el sueño se limita a unos pocos minutos. Otro estudio británico ha llegado a sugerir que simplemente el saber que la siesta es inminente es suficiente para bajar la presión arterial.

Aplicación

Puedes usar un despertador.

Otra posibilidad es tomarte un café justo antes de la siesta. Puesto que la cafeína tarda en surtir efecto entre 20 y 30 minutos, probablemente te despertarás después de ese tiempo o al menos te será más fácil levantarte; lo harás mucho más alerta y descansado al combinar el efecto de la cafeína y el poder reparador del sueño.

Regla del 3+3+3 del aprovechamiento de la lectura

Muchas lecturas las acabamos  con una sensación de confusión y pérdida de tiempo. A veces, leemos porque ese libro en particular ha caído casualmente en nuestras manos; otras veces,  por alguna idea vaga de que lo que vamos a leer puede interesarnos, pero sin saber realmente qué buscamos. Asimismo, cuando acabamos de leer sentimos la necesidad de pasar rápidamente a otra lectura, no reflexionamos sobre lo leído y nos parece  que no ha quedado poso. Si un mes después nos preguntan sobre el libro, recordamos poco.

Hay muchas técnicas y libros que tocan el tema de la lectura provechosa y activa.Yo me limitaré a proporcionar una regla sencilla que nos puede ayudar a sacar más partido de  lo que leemos, sobre todo cuando no leemos por simple entretenimiento.

3 preguntas:  hojea rápidamente el libro, el índice, la introducción y los elogios de las portadas y contraportadas. Escribe tres preguntas que quieres que ese libro te responda. Si no tienes preguntas y no es un libro que lees por simple diversión, déjalo sin más. ¿Para qué seguir leyendo?

3 conclusiones: durante la lectura escribe tres ideas que te llamen la  atención especialmente. Éstas pueden ser o no ser la respuesta a tus preguntas previamente formuladas.

3 aplicaciones: al final, determina tres aplicaciones prácticas de lo que has leído, es decir, tres cosas que puedes hacer con el conocimiento adquirido.

Aplicación regla

Toma nota  por escrito de las preguntas, conclusiones y aplicaciones. Puedes usar las hojas en blanco del libro o una servilleta de papel. Es igual.

 

Justificación

  • Con las preguntas estás motivando la lectura y determinando blancos de información. Relacionas tus intereses, objetivos, proyectos con lo que estás a punto de leer. Con ello procuras una lectura más activa.
  • Con las conclusiones estás haciendo un esfuerzo de síntesis sobre el contenido del libro.
  • Con las aplicaciones estás relacionando lo que has leído con tus metas y te aseguras de que tenga un valor que puedas poner en práctica.

El hecho de que sean 3 y no más es para facilitar el recuerdo de la regla y para fomentar  su aplicación. Hacer un resumen de cada libro o documento que lees es algo que se hace muy cuesta arriba; sabemos que puede ser útil, pero no tenemos fuerza de voluntad ni el tiempo para hacerlo.

En cambio, si sabes que sólo tienes que escribir tres preguntas, conclusiones y aplicaciones, ves la tarea más asumible.

Normalmente te encontrarás con ganas de escribir más  aplicaciones y conclusiones: una vez que empiezas y generas momentum la tarea se hace más entretenida.  De todas maneras, es muy probable que con sólo tres conclusiones y aplicaciones hayas registrado lo más importante del libro.

Lo que podemos aprender de Ernest Hemingway

La sabiduría popular y cualquier libro de autoayuda te dirá que una vez que estás con energía y entusiasmado con algo,  has de sacar partido a la ola de positividad que te inunda, subirte y cabalgar sobre  ella para aprovecharla al máximo.

Ernest

Mi propuesta es justo la contraria: cuando te sientas bien, en la cima, pensando que estás en vena y estás verdaderamente motivado, es el momento adecuado para suspender el trabajo  y dejar la tarea entre manos para después.

Método de trabajo de Ernest Hemingway

Esta idea la aprendí de Hemingway. Él trabajaba regularmente todos los días, pero elegía siempre el mejor momento, cuando mejor estaba escribiendo y más fluido se sentía, para abandonar el trabajo:

La mejor manera [de escribir] es siempre parar cuando estás haciéndolo bien y cuando sabes que es lo que ocurrirá después. Si hace esto todos los días… nunca te quedarás bloqueado

–Ernest Hemingway

Una persona orientada a resultados, un  overachiever,   te diría que es un desperdicio de energía el desaprovechar la oportunidad de dar el máximo cuando te sientes al máximo. Parece obvio que es justo en ese momento cuando debes redoblar los esfuerzos, ir a por todas, correr la milla extra, dar el todo por el todo, echar el resto,  dar el 110%, etc.

Pero lo contraintuitivo puede ser lo más inteligente. El principio de más es mejor, al que estamos tan acostumbrados, puede ser en este caso –como en otros muchos– un pensamiento cortoplacista o miope.

La técnica de Ernest se basa en la misma treta psicológica que emplean las series de televisión o los culebrones (el efecto cliffhanger): cortan en el momento más interesante de la trama para que vuelvas después de la publicidad o el próximo día a la misma hora.

Nosotros solemos hacer justo lo contrario en nuestros esfuerzos:  cortamos cuando la motivación decae o nos empezamos a cansar. Cuando la motivación aumenta, redoblamos los esfuerzos. Es lo natural, pero más adecuado  sería dejarlo en un momento álgido, para asegurarnos de que volveremos con ganas y lo antes posible y recobrar esa sensación. Es una cuestión de ritmo, de generación y mantenimiento  de momentum en nuestros proyectos.

Para un novelista como Hemingway –un maratoniano de las letras–  era  más importante el asegurarse  que mañana y pasado mañana  estaría trabajando que el escribir 200 palabras más al final del día.

La autorregulación es una capacidad clave en los escritores debido a  su esfuerzo solitario durante largos periodos de tiempo, sin ver resultados inmediatos,  sin jefes que los controlen  y muchas veces sin plazos de entrega. Además, un verdadero creador no puede esperar un flujo creativo continuo ni por supuesto planificarlo. Lo máximo que puede hacer es asegurarse de que estará ahí  sentado delante de la hoja de papel.  Como dijo Woody Allen: “El 90% del  éxito en la vida es hacer acto de presencia”; y como Picasso confirmaba: “La inspiración existe, pero te encuentra trabajando.”.

Hemingway llevaba  un recuento de las palabras que escribía durante el día en un cartón según decía “para no engañarme”. Los números apuntados podían ser 450, 575, 462, 1.250, 512…  Parece que su estrategia era producir un número mínimo de palabras todos los días y para ello mantenía un ritual muy estricto de trabajo: siempre empezaba a la misma hora del día a trabajar. Los días en que las cifras eran mayores era porque al día siguiente se iba de pesca o caza y no podría escribir lo previsto. Con esto se aseguraba un flujo constante de trabajo.

Dejarlo en el mejor momento y paradigma del velocista

Esta estrategia además concilia muy bien el paradigma del velocista (intensidad alta seguida de recuperaciones) con el tipo de trabajo propio de un escritor y de cualquiera que viva con proyectos a largo plazo.

En principio puede parecer  que la forma de trabajar de un novelista es extenuante y más parecida a la  de un maratoniano que a la de un velocista. Ciertamente, en las largas distancias la continuidad es más importante que la intensidad aislada en un par de días. La inspiración y el depender de las musas quizá sea más propio de los poetas –los velocistas de la literatura–  que de los novelistas, que necesitan de años y hasta décadas para concluir sus obras.

Pero con su estrategia de dejar la escritura en el mejor momento, Ernest aumentaba la probabilidad de volver al  trabajo al día siguiente. Además, lo haría con más energía, pues hasta entonces generaría expectación y ganas, y emprendería la nueva jornada con  intensidad y foco, justo en la manera en que un velocista inicia una nueva serie de entrenamientos.

Fijémonos que no sólo lo dejaba en un buen momento, cuando las cosas estaban saliendo bien; también sabía por  dónde seguir, conocía el siguiente paso a tomar,  lo dejaba «cuando sabes que es lo que ocurrirá después».  Así era más fácil retomar la escritura de la novela o el cuento.

En el eslabón perdido entre la intención y la acción vimos que el principal problema de la autorregulación estriba  en  que los valores que uno se propone para el futuro pueden no ser sentidos durante todo el camino.

Cuando iniciamos el proceso de creación buscamos que algo que no existe llegue a la existencia, y para ello estamos dispuestos a iniciar el camino… pero iniciar es fácil, como escribió Rilke: “Todos los inicios son hermosos”. La dificultad no reside en iniciar, en tener las intenciones,  sino en mantener la acción durante largos periodos de tiempo sin recoger los frutos ni sentir los valores que uno espera obtener de esa creación.

Artículos de la serie «pon un tomate en tu vida»(técnica pomodoro):

fire-love-300x205Técnica pomodoro 
Técnica pomodoro y minimalismo existencial
Apología de la técnica pomodoro
Técnica de las cero alternativas
La pausa es bella
La pausa es bella y el cliffhanger
Lo que podemos aprender de Hemingway
Técnica pomodoro y atención plena

Hara Hachi Bu

Las  islas Ryūkyū, al sur de Japón, es uno de los lugares  de la tierra con gente más longeva: alcanzan edades medias superiores a los 90 años y en relativas buenas condiciones físicas y mentales. La incidencia de las enfermedades típicas de occidente es  mucho más baja: 80% inferior en enfermedades del corazón, 50%-80%  en muchos tipos de cáncer, etc.

Esta longevidad es atribuida a razones de tipo ambiental y hábitos alimenticios: la dieta tradicional de los habitantes de estas islas tiene un 20% menos de calorías que la de los japoneses en general.  Se ha definido e incluso comercializado  una dieta basada en los elementos de la alimentación de la gente de estas islas, la dieta de Okinawa.

Aunque el componente genético siempre es importante, un estudio realizado sobre 100.000 habitantes de Okinawa emigrantes a Brasil  que adoptaron hábitos de alimentación locales  mostró que la esperanza de vida de estas personas era 17 años inferior a la de sus parientes en Japón. De hecho, en los últimos años la incidencia de enfermedades del corazón entre la  población más joven de Okinawa ha aumentando con respecto a sus mayores. Esto se atribuye a la adopción de un estilo de vida más occidental.

La restricción calórica se ha mostrado como uno de los pocos sistemas basados en la dieta  que aumentan  la longevidad en diversas especie de animales. Los habitantes de Okinawa   emplean una regla llamada Hari Hachi Bu  que permite alcanzar este fin. Consiste en comer hasta alcanzar el 80% de la capacidad: en ese momento hay que parar.

La justificación está en que el cerebro tarda al menos 20 minutos en producir la sensación de saciedad a partir de las señales del estómago, por lo que  cuando sentimos la saciedad  es probable que ya hayamos comido demasiado. Nuestro acelerado ritmo de vida propicia el exceso; hay menos tiempo para sentarse a la mesa y comemos rápidamente sin dar tiempo a recibir la realimentación de nuestro cuerpo. Además, comemos mientras hacemos otras cosas: hablamos, vemos la televisión, leemos y nos mantenemos ocupados de diversas maneras; somos menos sensibles a nuestros estados internos.

La dificultad estriba en saber cuál es ese punto óptimo en que hemos alcanzado el 80% de nuestra capacidad. Si quieres aplicar esta regla a tus comidas podrías empezar los primeros días intentando determinar ese punto, dejar pasar media hora y después de ese tiempo permitirte comer algo más si sientes hambre. También podrías reducir tu ingesta,  si reduces la cantidad  en un 20% de lo que normalmente comes  y observas que, a pesar de ello, no te sientes hambriento media hora o una hora más tarde después de comer.

Esta es una regla sencilla  pero muy eficaz y está avalada por los resultados y la tradición cultural. Pone de relieve, una vez más, el poder de las reglas simples para producir buenos resultados.

Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio

Regla

Cada vez que acabo de usar algo lo devuelvo a su sitio. Todo objeto tiene un hogar al que pertenece.

Esta es una regla mínima, tradicional, de la organización personal. Está relacionada con el refrán: “Ojos que no ven, corazón que no siente” o el más físico “Out of sight, out of mind” del inglés (fuera de vista, fuera de la mente). Todo lo que queda fuera del campo visual deja de ser una fuente de distracciones.

 

Justificación

Cualquier elemento físico de tu entorno no sólo ocupa espacio. También ocupa tiempo, aunque sea en el breve lapso  en que le prestas atención. De la misma manera que hablábamos de Habitación minimalista de la conciencia, también podemos hablar de habitaciones minimalistas de nuestra casa.

Podríamos visualizar cada elemento material como un sumidero de energía o como un lugar de estancamiento de energía mental. Si reducimos las cosas a la vista, devolviéndolas al lugar al que pertenecen, su hogar,  permitimos que la energía psíquica quede libre y vuelva a circular.

Si cada componente de tu habitación tiene un hogar te es más fácil localizarlo cuando lo estés buscando.

Aplicación

  1. Mira a tu alrededor: ¿qué tres cosas no están en su lugar? Colócalas en su sitio, y si no  lo tienen, búscales “un hogar” y déjalas en él (esto es lo que acabo de hacer con un vaso que estaba encima de la mesa, un reloj y un paquete de pañuelos).  Recomendación: sólo tres cosas a la vez. No más. No menos. Hay una justificación para ello. Lo aprendí de Ernest Hemingway. Escribiré sobre ello más adelante.
  2. Empieza pequeño, usando el principio del Kaizen. Sería inasumible que intentaras en una tarde (o en una semana) dar un hogar a todos los objetos de tu casa. Empieza por una mesa o por una repisa en la cocina. Luego, sucesivamente, día tras día, sigue haciéndolo con el resto de las superficies de tus habitaciones -es el lugar donde suelen acumularse más trastos y estancarse la energía-. Quizá te lleve semanas. Está bien.
  3. Observa y toma nota de la reducción de la agitación mental. Disfruta de  la creciente calma que genera un entorno físico libre de elementos físicos y distracciones que te permite enfocarte en una cosa cada vez. Este sentimiento te motivará a continuar. Llegará un momento en que te preguntes cómo pudo ser posible que alguna vez vivieras en un entorno  lleno de cosas.
  4. Esta regla se complementa muy bien con una política general de reducción de objetos. Cuantos menos, menos necesidad de almacenarlos, organizarlos y gestionarlos.  Próximamente comenzaré un proyecto de reducción a sólo 100 pertenencias personales.

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Reglas de los siete días

 Diez mil flores en primavera, la luna en otoño, una fresca brisa en verano, la nieve en invierno. Si tu mente no está nublada por cosas innecesarias, entonces es la mejor estación de tu vida.

–Wu-men

Regla de los siete días de las compras

Antes de realizar una compra de más de 20 euros espero siete días. Anoto la compra prevista en la lista de compra de los siete días, junto con la fecha de entrada en la lista. Si pasados los siete días siento que sigo necesitando el objeto, entonces lo compro.

Esta regla es especialmente aplicable a los bienes o servicios en los que uno se muestre más compulsivo. En mi caso son los libros; para otros serán otras compras: discos, ropa de moda, películas DVD, cenas en restaurantes de lujo, etc.

En  caso de compras más costosas, se recomienda que la regla se transforme y se convierta en la “Regla de los treinta días de las compras”. Esto es aplicable a desembolsos más importantes: compra de un coche, televisores de plasma, viajes exóticos, ordenadores de gama alta, objetos de decoración de lujo, etc.

Siete días después, el deseo de la compra ha remitido  e incluso desaparecido.

Justificación

  • Nuestra sociedad promueve el consumo impulsivo de bienes y servicios y la satisfacción instantánea de los deseos.
  • Esta regla es una defensa contra el poder de la publicidad para influenciarnos en nuestros comportamientos de compra y un antídoto contra la tendencia a buscar la gratificación instantánea de nuestros impulsos y deseos.
  • Si algo es tan sumamente necesario, seguro que dentro de siete días sigue siendo necesario. Y seguro que seguirá disponible, o si no, en alguna variedad comparable o de mejor calidad o precio.
  • Hay que tener en cuenta que en la cognición humana opera el “Sesgo de novedad”, que nos hace privilegiar cualquier información sobre nuestro entorno que sea nueva   y resalte contra el telón de fondo de la familiaridad.
  • El coste monetario de la compra no es el único coste de un bien o un servicio. El coste de post-compra también tendría que tenerse en cuenta:  los costes de almacenamiento, los costes de mantenimiento, el coste de infoxicación, etc.

Variantes de la regla de los siete días de las compras

  1. Regla de los siete días del inicio de proyectos y Regla de los siete días de  asunción de compromisos: antes de tomar la decisión definitiva  de empezar un proyecto, o asumir un compromiso con consecuencias a largo plazo me doy un periodo de siete días antes de dar la orden de inicio del proyecto o asumir el compromiso. Lo anoto en la lista de espera de los siete días.
  2. Regla de los siete días de adquisición de información: antes de decidir leer un nuevo libro o escuchar un nuevo audio o ver un nuevo programa de TV me doy siete días antes de leerlo, escucharlo, verlo. Lo anoto en la lista de espera de los siete días.

Justificación de las variantes de la regla de  los siete días

  • También somos impulsivos diciendo sí a  compromisos que no podemos cumplir o de los que nos arrepentimos,   comenzando  proyectos que terminamos abandonando o que no aportan valor  y decidiendo leer  libros, páginas web, documentos, etc., o viendo  películas gratuitamente.
  • En sentido económico, el coste es el coste de oportunidad, que incluye no sólo el coste de oportunidad del dinero empleado y que podría haberse empleado en otra opción , ademas incluye el coste de la oportunidad del tiempo y esfuerzo dedicado al consumo de ese bien o al ejercicio de esa opción. Por lo tanto, «There’s no such thing as a free lunch», ni «free TV», ni «free books», ni «free radio, ni «free music», etc.
  • En los comportamientos de búsqueda de información (cada vez más barata) es muy saludable el poner en cuarentena (en este  caso en  «sietena») las decisiones de lectura de ciertos libros y documentos hasta estar seguro de que aportan el valor deseado pues es muy fácil caer en la ilusión de la gratuidad. Lo mismo se aplica a los compromisos sociales y proyectos.

Regla de los treinta segundos de elección del menú

Sé estable y bien ordenado en tu vida para que así puedas ser salvaje  y original en tu trabajo.

–Gustave Flaubert

Cuando elijo el menú en un restaurante echo un vistazo al menú y elijo  en menos de treinta segundos. En simplificaciones mencionaba esta regla y otras que me permiten simplificar la vida cotidiana.

 

Menu

 

Todos tenemos amigos o conocidos que parecen necesitar una eternidad para decidir qué menú elegir. Estudian atentamente la carta, preguntan al camarero sobre la calidad y cantidad de los platos, y en ocasiones hacen que el camarero tenga que volver una o varias veces hasta que han tomado la decisión.  Cuando indago sobre el mecanismo de decisión de estas personas casi siempre me encuentro con que tienen miedo a no elegir la mejor opción disponible. Parecen mantener una actitud perfeccionista o maximizadora en vez de satisfaciente.

Su mecanismo de decisión es más lento porque examinan todas las opciones disponibles o un gran número de ellas, quieren saber todo lo que hay antes de decidir y comparan esas opciones entre sí. Y lo hacen porque “no  quieren equivocarse”, de ahí esa tensión que les lleva a analizar más.

Mi idea es que con esta regla no sólo ahorrarás tiempo, que puedes dedicar a empresas más creativas, sino que además estarás tan o más satisfecho que analizando todas las opciones.

Toda regla inteligente, y subrayo lo de “inteligente”,  ha de tener una justificación, porque ello permite comprometerse con ella y a la vez saber por qué  funciona y  también cuáles son sus limitaciones. Además, se necesita un medio para  ponerla en práctica,  y quizá un periodo de experimentación, prueba y adaptación en la que configuras los parámetros de la regla y aprendes cómo aplicarla y cuándo aplicarla.

Justificación

  • Reduces el tiempo de decisión.
  • Puedes dedicar el tiempo ahorrado a charlar o a la observación inteligente o al simple descanso mental.
  • Reduces el estrés de las pequeñas decisiones y dedicas tu tiempo computacional a empresas de más calado. Hay que organizar muy bien las pequeñas cosas para dejar espacio para las grandes; de otra manera, corremos el peligro de pasar nuestros días tratando minucias.
  • Ahorras tiempo de espera a tus compañeros de mesa y al camarero.
  • Proyectas una imagen de persona resolutiva y que toma decisiones rápidas. Pero más importante que la proyección de una cualidad deseable: te entrenas  a ti mismo en la adopción ágil de decisiones en un entorno seguro en que los costes del error son muy pequeños (en el peor de los casos no elegirás el mejor de los menús posibles en términos de atractivo gastronómico  y de precio)
  • Según lo anterior, puedes extrapolar las enseñanzas extraídas de este entrenamiento a otras esferas de la vida. Si tienes una actitud generalmente analítica y perfeccionista en tu vida, puedes aprender a usar esa actitud sólo en los lugares donde tiene sentido y es funcional, y abandonar ese enfoque donde deja de ser útil.
  • Desarrollas la intuición. Te das cuenta de que la calidad de tus decisiones en tan buena e incluso más buena que cuando te tomabas más tiempo.
  • Como vimos en La paradoja de la elección,  a veces tener más opciones puede ser peor, y la calidad de la decisión y la satisfacción con la decisión tomada puede ser incluso inferior que en el  caso de tener menos opciones. Los treinta segundos impiden que examines todas las opciones disponibles.
  • Entrenas un enfoque más relajado  y satisfaciente de la vida, menos perfeccionista. 

 Aplicación

  • Propuesta de implementación: en el próximo mes aplica la regla mirando rápidamente el menú y eligiendo en treinta segundos o menos. Después de elegir, analiza tranquilamente el menú y mira si la opción ha sido adecuada o no. Algunas veces lo será y otras no.  Toma nota de qué puedes hacer para mejorar la decisión la próxima vez y sigue aplicando la regla durante el mes. Con el tiempo verás que diriges tu mirada rápidamente hacia el lugar de la carta adecuado y que decides  en menos de treinta segundos, generalmente con mucho éxito.
  • Tener una cierta idea o visión  del tipo de alimentación que quieres tener te puede hacer más proactivo en tus elecciones y menos dependiente de las opciones particulares que se te presenten en un momento dado. En vez de analizar y valorar morosamente las opciones disponibles, empieza pensando (brevemente) qué tipo de comida quieres comer hoy y luego busca una opción suficientemente buena.

Taxis y días de lluvia

Robert Frank, economista de la vida cotidiana o «nanoeconomista«, se pregunta  en el Economista naturalista por la razón de este comportamiento contraintuitivo:

¿Por qué los taxistas terminan la jornada  más temprano en días de lluvia?

El razonamiento  económico nos diría que en días de lluvia  hay más demanda de taxis ya que mucha gente que haría trayectos cortos andando decide tomar un taxi, y por eso es más fácil que los taxistas que estén trabajando encuentren clientes y reduzcan su tiempo de espera. Es por ello que maximizarían su beneficio pasando más tiempo en la calle en días de lluvia y menos los días de no lluvia, ya que la productividad media de su trabajo en  esos días es superior. Puestos a pasar largas jornadas de taxi, mejor hacerlo en los días más productivos en los que tienen que deambular menos por las calles buscando clientes.

 Pero los resultados de estudios realizados dicen  justo lo contrario: en días de lluvia los taxistas abandonan antes el trabajo,  justo cuando podrían sacar un mayor rendimiento a sus horas. Esto apoya  todavía más la percepción general de que es más difícil encontrar taxis en  días de lluvia. No es  sólo que hay  más demanda,  sino que además  la oferta de taxis disminuye.

¿Cómo se explica esto?

 La respuesta puede estar en que los taxistas no son seres maximizadores según el modelo económico neoclásico del homo economicus, y en vez de tomar decisiones globalmente, teniendo en cuenta un intervalo temporal extenso, lo hacen día a día, según una regla parecida a ésta: “Trabaja hasta que saques los X euros diarios (que necesitas para ganar los Y euros al mes que cubren tus  gastos  y te permiten obtener un beneficio de unos Z euros al mes)”.  En esta regla no se tiene en cuenta que hay días más productivos que otros, y que sería más racional trabajar más en los días más productivos y menos en los menos productivos disminuyendo el tiempo total de trabajo.

Los seres humanos somos seres con recursos computacionales limitados que disponemos de  información limitada  y usamos atajos o reglas sencillas que nos orientan en la acción del día a día. Esas reglas suelen ser  suficientemente buenas para la vida diaria y nos permiten decidir en un tiempo razonable con recursos mentales escasos y con información no perfecta, pero pueden no ser reglas óptimas, como en el caso de la regla que siguen los taxistas en días de lluvia.

Regla de los treinta días

 

No se va lejos cuando se cambia de camino cada día.

–Proverbio japonés.

 –

Como podéis observar en mi última  renovación del compromiso, parece que tengo una cierta fijación por los números. Muchas de mis reglas tienen un número en su nombre: Regla de los dos minutos de David Allen, Regla del tres de la accióne-mail de tres líneas  y ahora la Regla de los treinta días.

La regla de los treinta días de los proyectos dice: cuando inicies un proyecto, una rutina, un hábito o tomes una decisión, comprométete con ella por treinta días, finalizados los cuales tienes libertad para continuar o para abandonar.  

 Justificación:

  • ¿Por qué treinta días? Las promesas concretas se recuerdan mejor. Concretar una promesa aumenta la probabilidad de su cumplimiento.
  • Decidir hacer algo que requiere una cierta voluntad y continuidad es fácil, pero mantenerlo es más difícil. Como decía Maquiavelo de los franceses en El príncipe: “en el principio del combate  empiezan como más que hombres,  y acaban como menos que mujeres cuando el combate se prolonga”. En los inicios es fácil estar entusiasmado, visualizas los beneficios y te sientes inspirado por ellos,  y es fácil subestimar el esfuerzo cuando tienes que hacerlo mañana o en semanas sucesivas. En resumen, somos muy voluntariosos para el esfuerzo futuro, menos para el presente.
  •  Cuando llegan las dificultades y la pérdida de la motivación a lo largo del camino (lo que invariablemente sucede), la perspectiva de un compromiso indefinido  convierte todo compromiso en una losa.
  • Saber que tu compromiso tiene un fin, y que si quieres tienes la libertad de abandonar el proyecto cuando concluyan los treinta días, te hace más fácil perseverar.
  • Es probable que cuando llegue el fin de los treinta días  hayas tenido tiempo de cosechar algunos de los beneficios del proyecto y  hayas recuperado la motivación.
  • Menos de treinta días, pongamos una semana o un par de días, no sería adecuado, pues no habría tiempo de observar resultados.
  • Se elimina fricción. Eliminamos la indecisión y la tensión generada por las dudas y  reevaluaciones a mitad del camino.
  •  Esta regla supone un término medio entre el  decidir en cada momento si continuar y  estar sujeto a las intermitencias de la motivación y el deseo, por un lado,  y la estrategia de Quemar las naves, por otro lado, que poda posibilidades y elimina flexibilidad estratégica para aumentar el compromiso.  Quemar las naves quizá sea más apropiado para compromisos grandes, cuasi-existenciales.

Cerrar los círculos

 

¿Cómo cerrar esos círculos o enterrar definitivamente esos cadáveres de la memoria, y así eliminar UPA’s (Unidades Permanentes de Atención)?

  1. Si se trata de una acción y va a llevar menos de dos minutos, entonces hacerla. El tiempo que tardes en realizarla posiblemente sea menos que el coste de que aparezca una y otra vez en la mente sin darle respuesta. Ésta es la Regla de los dos minutos de David Allen.
  2. Si no hay acción aparente, convertir la situación, la inquietud  o la preocupación  en una acción que realizar, y si es posible hacerla inmediatamente.
  3. Si no es posible accionarla ahora mismo, tomar nota de ella. El escribir la inquietud, la idea, la acción que se desea realizar en un sistema o archivo que sabes que consultarás en el futuro tiene un poder balsámico, y si tu mente sabe que en el futuro le darás respuesta y que tu sistema de revisión es fiable, te permitirá pasar a otra cosa y dejará de aparecer como UPA en la memoria. La clave aquí es tener un sistema de revisión que te permita con toda certeza el abandonar temporalmente la preocupación y convertirla en el futuro en ocupación.

Regla de los dos minutos de David Allen

Si la acción siguiente  puede hacerse en dos minutos o menos, hágala la primera vez que aparezca en su mente. Incluso si es esta acción no es «Alta prioridad», hágala ahora si va a tener que acabar haciéndola igualmente.

-Getting Things Done,  David Allen.

Cuando surge una acción en la mente, hay que hacerla inmediatamente,  si va a llevar menos de dos minutos.

Ésta es una versión más inmediata, concreta y operativa  del tradicional dicho: «No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy». Según David Allen puede suponer un tremendo aumento de la productividad personal. Yo añadiría que supone una tremenda liberación de UPA’s y de necesidad de seguimiento de acciones, y una mejora de la aerodinámica de la acción.

Justificación:

  • Se evita que vaya a aparecer más veces y se disminuyen las interrupciones.
  • Se eliminan UPA’s de la memoria.
  • Tomar nota de ella, aplazarla, hacer un seguimiento,  recuperar la información de la tarea y realizarla más adelante llevará con toda seguridad más tiempo que simplemente hacerla ahora mismo.
  • Se obtiene sensación de logro. Es sorprendente el poder motivador que tiene el realizar una acción y cerrar un círculo abierto.
  • Genera momentum.

Nota:

Los dos minutos son orientativos. Cualquier regla ha de ser concreta, pero también ha de ser configurable en sus parámetros para adecuarla a las distintas circunstancias. Puede haber contextos en que una interrupción de dos minutos repetida muchas veces sea un Trabajus Interruptus intolerable o puede ocurrir que en vez de esos dos minutos nos podamos permitir realizar esas acciones si no pasan de cinco o de diez.

Una regla siempre tiene una estructura SI <CONDICIONES> ENTONCES <ACCIONES>. Es importante que las condiciones queden claramente explicitadas para mover a la acción. La concreción aumenta el compromiso con la regla y la probabilidad de recordarla.

E-mail de tres líneas

Una de las razones por la que no respondemos a un correo inmediatamente y postergamos la respuesta es que se nos hace  difícil  ponernos a escribir. Imaginamos la respuesta como una larga y detallada carta que nos llevaría bastante tiempo.

¿Que pasaría si en vez de ello imagináramos una respuesta de tres líneas?

Sería entonces mas probable que respondiéramos ahora mismo, sobre la marcha, en menos de dos minutos [ Ver Regla de los dos minutos de David Allen: si puedes hacer algo en menos de dos minutos, hazlo inmediatamente].

El e-mail de tres líneas  tiene ventajas añadidas:

  •  Nos obliga a organizar nuestro pensamiento y sintetizar.
  •  Favorece la lectura.
  •  Favorece la  acción de quien lo recibe. El mensaje no se perderá entre la hojarasca de las palabras.
  •  Dinamiza las comunicaciones

¿Y  si necesito mas de tres líneas? En ese caso quizá necesite otro canal de comunicación: un informe, un documento detallado,  una conversación telefónica, una entrevista cara a cara.

Regla del 3 de la acción

Ante una situación nueva (no rutinaria, no repetitiva)  en la que no sé qué hacer o cómo reaccionar, defino el problema lo más claramente y pienso en tres opciones. Ni una más ni una menos. Miro sus pros y sus contras, y después de ello decido y ejecuto.

Esta regla está basada en la regla del  tres de los marines estadounidenses: cuando un soldado se encuentra en una situación difícil en que tiene que tomar una decisión rápida debe definir el problema lo más claramente posible,  para a continuación proponer  tres posibles caminos para alcanzar el objetivo, y después de considerar los tres elige uno de ellos  y  ejecuta la acción resueltamente.

 Permite al soldado disponer de un método claro y sencillo de toma de decisiones que evita la confusión y el pensamiento poco claro, y le ayuda a hacer frente al caos de la guerra y las circunstancias constantemente cambiantes.

 

¿Por qué tres?

  •  Más de tres opciones puede hacer que el soldado quede paralizado por la indecisión (parálisis por el análisis).  Es difícil mantener más de tres ideas en la cabeza,  sobre todo en condiciones de estrés.
  • Una sola opción sería posiblemente la opción más familiar y estereotipada, la primera que nos viniera a la cabeza .
  •  Con dos opciones posiblemente la segunda  sería la opuesta a la primera opción, con lo que no habría ningún esfuerzo creativo.
  • Con tres opciones ya estamos obligados a buscar una tercera, quizá la síntesis entre la tesis y la antítesis de las dos primeras opciones, y posiblemente esto requiera un esfuerzo creativo de búsqueda de equilibrio y de conciliación de contrarios.

Con este procedimiento se equilibra el tiempo de búsqueda de soluciones con el tiempo disponible, lo que permite una cierta creatividad que puede mejorar la calidad de la decisión.

Empezar el día sacando

 

En tenis  no es lo mismo tener el servicio y sacar,  que recibir. Las probabilidades de llevarse el punto disminuyen si no tienes el servicio.

Hay una gran diferencia entre empezar el día a merced de los sucesos, y empezar el día tomando la iniciativa. Las probabilidades de hacer lo esencial y llevarte el punto se reducen incluso más que en el caso del tenis.

Si empiezas el día mirando la correspondencia,  viendo las noticias, respondiendo a un e-mail, etc, estás cediendo la iniciativa a las circunstancias y es muy probable que termines haciendo tareas no esenciales.

El antídoto consiste en comenzar el día eligiendo aquella tarea más importante del día, la que te acerca más a tus metas a largo plazo, y ejecutarla. Después de ello, con la satisfacción del trabajo importante  hecho, puedes tomarte un descanso, iniciar la siguiente tarea importante del día o ocuparte de tareas de mantenimiento, rutinarias y más secundarias.