Aprender finanzas personales te ayuda a ser minimalista

Este es un artículo invitado sobre finanzas personales y minimalismo de mi proto-amiga y colega bloguera Diana, del blog Emprender y Vivir. Todavía tenemos pendiente un paseo del Proyecto 52 paseos, a ver si se alinean los astros este año.

Si alguna vez has pensado que el minimalismo existencial es tan puro y evanescente que no tiene que ver con el dinero y las inversiones, este artículo te ayudará a eliminar el error.

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¡Hola! Soy Diana,

Homo Mínimus me ha concedido el placer de escribir en su blog, lo cual es todo un honor para mí, ya que éste es uno de los primeros blogs que empecé a leer, y ha resultado ser, en numerosas ocasiones, un torrente de inspiración para mí.

Me encanta el minimalismo, y me apasionan las finanzas personales. Además, ambos conceptos se retroalimentan, son completamente sinérgicos. Ser minimalista, te ayuda a mejorar tus finanzas personales y mejorar tus finanzas personales te hace ser más minimalista.

Es posible que no te esté diciendo nada nuevo, y es que doy por hecho que eres un minimalista de corazón, de necesidad existencial y no de moda pasajera. Un minimalista de los que conocen el poder de centrarse en lo que realmente importa y de los que saben que las distracciones banales son el enemigo.

Pero pese a que ya hayas reflexionado con anterioridad sobre el binomio minimalismo-existencial/finanzas-personales, te invito a profundizar más en el tema.

Empecemos a hacernos preguntas…

¿Cuántas actividades, pasatiempos o aficiones te llenan, y además, son gratis? Seguro que muchas. Apuesto a que Homo Mínimus sería capaz de hacer una lista de 100 cosas gratuitas que le hacen feliz. Y también sé que a ti y a mí nos gustaría leerla.

Sin embargo, creo firmemente que le resultaría más sencillo hacer una lista de 100 cosas que le hacen feliz, pero para las que necesita dinero. Por ejemplo, comprarse una manzana para comer, o tener un blog sobre minimalismo existencial.

El dinero no es malo, tan solo es la moneda de cambio estandarizada. Podríamos ir a comprar huevos y cambiarlos por pan, pero… ¿Cuántos huevos por cuánto pan? ¿Y si en vez de pan, es leche lo que tengo para ofrecer? ¿Cuántos huevos, por cuánta leche?

Sería un caos. Cada transacción nos llevaría mucho tiempo, así que podemos decir que la forma más sencilla de hacerlo, o más minimalista, es la de usar el dinero.

Por qué merece la pena controlar tus finanzas

Seguro que te has planteado más de una vez, qué es lo que realmente quieres, y sobre todo qué es lo que sobra en tu vida.

En el caótico ritmo vital en que nos encontramos inmersos en la actualidad, controlar tus finanzas personales, trae orden y tranquilidad a tu vida. Dos aspectos altamente apreciados por los minimalistas. Es por ello, que he elegido este tema para el post.

Pero no pretendo convencerte de ello, lo que voy a hacer va a ser darte, tan solo, dos razones, o mejor dicho, dos opiniones personales, por las que considero que aprender a controlar tus finanzas, te acercará a aquello que deseas.

Un sitio adecuado para cada cosa y cada cosa en su adecuado sitio

O lo que es lo mismo, saber lo que tienes, saber dónde lo tienes y saber lo que implica tener lo que tienes, donde lo tienes.

Vayamos por partes.

Saber lo que tienes

¿Cómo puedes llamarte minimalista si ni siquiera sabes lo que tienes?

Puede parecer que estoy exagerando y que tan solo los millonarios no saben lo que tienen, pero esta no es la realidad.

La realidad es que mucha gente normal, y por normal me refiero a la media, no saben lo que tienen. Y no solo me refiero a que no saben cuántos pares de calcetines tienen, sino  a que no saben qué cifra marca su cuenta corriente. Creo que este sería un argumento más que suficiente para que un minimalista comenzara a interesarse por sus finanzas. Sin embargo, tengo más.

Es necesario saber perfectamente lo que tienes para tomar buenas decisiones y para poder aprovechar oportunidades. Cuando sabes lo que tienes, eres plenamente consciente de lo que puedes permitirte y de lo que no puedes permitirte.

¿Cuánto tiempo te ahorra el poder decir “no” instantáneamente, cuando te proponen algo que no te conviene en ese momento?

Imagina ahora, que te proponen eso mismo, pero no sabes si te conviene o no, de manera que empiezas a dudar. No puedes dar una respuesta certera puesto que no conoces tu propia situación.

Esto puede hacer que tomes decisiones que no te convienen en absoluto, o dejar pasar oportunidades que merecen la pena.

Saber dónde lo tienes

¿Dónde está la riqueza material de un minimalista? Quizás alguno considere que no todas las opciones son dignas para él, sin embargo, la gran incoherencia sería que no supiese dónde la tiene.

¿Tienes depósitos a plazo fijo? ¿Tienes fondos de inversión? ¿Has comprado acciones alguna vez?

No te sugiero que inviertas, ni que dejes de hacerlo, tan solo te invito a reflexionar sobre tus propias finanzas ¿Sabes dónde tienes tus “cosas”? ¿Es coherente que solo tengas 10 pares de calcetines bien ordenados en tu armario y que no sepas cuánto dinero tienes en tu cuenta corriente, cuánto en tu plan de ahorro y cuánto debajo del colchón?

Saber lo que implica tener lo que tienes, donde lo tienes

Me parece correcto que te quejes del comercial del banco si éste lleva a cabo alguna práctica de dudosa moralidad. Pero seamos sinceros, NUNCA NADIE VA A PREOCUPARSE MÁS DE LO QUE TE PREOCUPAS TÚ DE TU DINERO. Nunca. Nadie.

Este tercer punto es clave. No es suficiente saber cuánto dinero tienes. No es suficiente saber dónde lo tienes. También tienes que saber las consecuencias de tener tu dinero donde lo tienes. Si no conoces las implicaciones que conlleva tener el dinero en un determinado “sitio”, en realidad estás reconociendo que no sabes dónde lo tienes.

Y en este aspecto cada persona es un mundo. En función de tus necesidades y de tu tolerancia al riesgo, deberás decantarte por unas opciones u otras.

Conseguir lo que realmente quieres

Con este segundo punto pretendo mostrarte cómo el controlar tus finanzas personales te ayuda a conseguir lo que quieres.

En este post que escribí sobre cómo ahorrar, explico cómo las distracciones nos apartan de lo que realmente queremos. Esto es algo que todo minimalista tiene muy presente, sin embargo, por alguna extraña razón, en ocasiones descuidan este aspecto en sus finanzas, sin darse cuenta de hasta qué punto esto les aleja de sus propósitos.

Soy consciente de que existen distintos tipos de minimalistas, los hay que viven en la más absoluta austeridad, y los hay quienes simplemente quieren simplificar su vida para centrarse en lo importante.

Y en este aspecto, las finanzas personales juegan, desde mi punto de vista, un papel fundamental. Ya que enfocarlas en conseguir lo que deseas es vital para, finalmente, conseguirlo. Mientras que si las descuidas, acabarás por no saber qué haces con el dinero, y te resignarás diciendo que no puedes permitirte aquello que deseas, cuando la realidad es que no deberías permitirte el no tenerlo, independientemente de que lo que deseas sea un ordenador, un viaje o un lingote de oro.

Esa es una cuestión demasiado personal.

Como ves, aprender sobre finanzas personales te ayuda a gestionar mejor tu dinero, saber dónde lo tienes y conseguir aquello que realmente quieres, sin que las distracciones te alejen de lo importante. O lo que es lo mismo, te ayuda a ser más minimalista.

 

Sin extenderme más, me despido, no sin antes proponerte volver a ver el vídeo en el que Homo Mínimus relata cómo es la vida de Máximo antes y después del minimalismo. Y tan solo reflexiona, ¿Estás llevando una vida coherente con tus valores?

Cartas a un joven bloguero (II)

Minimalia, 17 de diciembre de  2016

En el remanso de la soledad, antes de sumergirme de nuevo en el torrente del mundo

Estimado amigo,

Siempre me ha hecho gracia la impostura del escritor —de blogs, libros o lo que sea— que afirma  que escribe para sí mismo y que no le importa  lo que piensen  los demás. ¿Existe un ser humano cuerdo al que no le importe lo que piensen los demás? Todavía estoy por conocerlo, no sería de este mundo.

Si tan íntimo e ignoto es lo que escribo, tan personal e intransferible, y tan poco me importa la  buena o mala opinión del público, ¿por qué no reservo mis palabras para un diario secreto o para  un monólogo interior que aporree —pero no traspase—  las paredes de mi cráneo?

Todo lo que uno hace en la vida es por los demás o  para lograr un determinado efecto en otros; escribir en un blog no es distinto.  No puedes prescindir de la mirada del otro, no puedes ni debes, si quieres hacerlo bien;  así que olvida lo que te dije en la carta anterior sobre que nadie te lee o que deberías escribir como si nadie te fuera a leer.

La mirada del otro es tu brújula cuando escribes.

Tu norte magnético ha de estar en el tipo de mirada que quieres provocar en quien te lee. Tienes que ponerte en la piel del lector e imaginar qué reacciones obtendrás con lo que escribes. No importa tanto lo que quieras decir o transmitir como la reacción que obtienes; cuando escribes, la intención no es el criterio por el que mides tu éxito; el éxito se mide en cuánto cambia  la mente y  el comportamiento de quien lee tu texto.

La escritura es hermana de la telepatía e hija del hipnotismo, es el medio más eficaz para implantar pensamientos en la mente de otro ser humano e influenciarle. Persuadir a otros seres humanos con palabras es el superpoder más eficaz y barato a nuestro alcance.

Y no me respondas que tú no escribes para convencer a alguien de algo, que lo haces para comunicar,  para transmitir ideas o para expresarte y desahogarte; el lenguaje no se inventó para presentar neutralmente tu visión del mundo ni como una suerte de terapia emocional: se inventó para influenciar a las personas o, mejor, como dijo el profesor Keating , «se inventó  para seducir a las mujeres, elevar los espíritus y crear dioses», a veces para todas esas cosas a la vez.

Escribir es una telepatía  que traspasa las barreras del tiempo y el espacio. Cuando un lector lee uno de tus textos te invoca como quien invoca  tu espíritu y establece conexión  con tu fantasma de las navidades pasadas. Quien lee habla con los muertos o —si nos leen a ti o a mí— con los pre-muertos; por lo tanto, recuerda siempre que como bloguero y escritor puedes llegar a lugares que nunca pisarás y a personas que nunca palparás, y  si  lo haces bien seguir resonando en las paredes de sus cráneos mucho después de que hayas pasado a mejor vida.

Sería un desperdicio que pudiendo dejar una muesca en las mentes de otras personas no lo hicieras. Sería un desperdicio que teniendo la remota posibilidad de decir algo  valioso e implantarlo en las mentes de tus semejantes dejaras pasar la oportunidad solo porque no te tomaras el tiempo y el esfuerzo de pensar en quién te lee.

Si solo pudiera darte un consejo sería este: escribe como si te fuera a leer un millón de personas.

No oses pulsar el botón de publicar y pensar que nada de lo has escrito tiene transcendencia o que lo que escribes no importa a nadie. Si no crees que entre 7.400 millones de seres humanos  hay al menos un millón de ellos —un ridículo 0,01351351 % de la población mundial—  que puede beneficiarse y apreciar lo que escribes es que no tienes madera de bloguero, ni madera de escritor de esquelas en el periódico del domingo.

Cuando pulses el botón de publicar has de sentir temor, miedo,  pánico de defraudar a los que te vayan a leer. Hay un millón de humanitas a punto de leerte y puede que esbocen una mueca de asco y desprecio cuando lo hagan; si es así  quizá sea la última vez que pisen tu blog, quizá  arruines  para siempre tu carrera de bloguero, quizá tu jefe lea tus artículos y pierdas oportunidades de promoción profesional o te despidan, quizá tu novia te abandone cuando le muestres una faceta oscura y desconocida,  quizá los feligreses de tu parroquia te retiren el saludo cuando descubran un vergonzoso incidente biográfico contado en un artículo, quizá te sumas en una grave depresión, te  des a la bebida y —Dios no lo quiera— acabes  arrojándote a las vías del expreso de medianoche.

Si no sientes ese nerviosismo antes de publicar una entrada de blog, no te molestes en pedirme que te lea, porque tan pronto como acabe el primer párrafo sabré que no tienes nada que aportar  ni te atreves a tomar ningún riesgo, que no te has tomado en serio la oportunidad que te concedí  paseando mi mirada por tus torpes palabras.

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Hagamos un experimento mental inspirado por una analogía  que Bertrand Russell usó  en La conquista de la felicidad.  

Imagina que eres una máquina de hacer salchichas de cerdo y que tienes dos opciones:

  1. Contemplar tus maravillosas cuchillas y tus brillantes mecanismos interiores y regocijarte en ellos.
  2. Hacer lo que hace una máquina de elaborar salchichas de cerdo: salchichas de cerdo.

Podrías pensar: «¿qué me importan los cerdos? ¿Acaso no son más interesantes mis engranajes , mis complejos  mecanismos mentales y mi profunda visión del mundo?».

O podrías decirte: «¡Qué interesantes son los cerdos y las salchichas!, quiero hacer más salchichas de cerdo y llenar el mundo de ellas».

Si te importan algo los cerdos, y los lectores, y los cerdos de tus lectores, has de centrarte en satisfacerlos y en escribir algo que les transforme, les ayude, les deleite. Tú función sería entonces cortar y empaquetar salchichas de cerdo y ofrecérselas al mundo.

En el proceso te vas a manchar de sangre, grasa y carne, y quizá te cortes accidentalmente con tus propias cuchillas.  Estás en el punto de mira de miles, decenas de miles de personas, van a disparar sus balas sobre lo que escribas, puede que no les gustes y que tu ego quede irreparablemente dañado.  Podría aconsejarte  que no  te lo tomaras personalmente,  porque así mantendrás tu ego a flote y te centrarás en tu trabajo de escribir lo mejor que puedas, pero me temo que no hay nada más personal que un escrito donde desnudas una parte de tu mente y muestras esperanzadamente tu ofrenda al mundo.

Si a la gente no le gusta tu blog no le gustas tú. Ellos te están mirando, acechan el menor de tus errores y te escamotearán el mayor de tus éxitos.

Cuando pulsas el botón de publicar lanzas una flecha al vacío —o quizá una botella con tu mensaje al ciberespacio— y ya no hay marcha atrás, solo te queda esperar. Tu trabajo es encontrar algo valioso,  construir un puente de palabras para hacérselo llegar, sudar cada uno de tus párrafos,  esperar que la flecha dé en el blanco y aceptar  el veredicto de la audiencia.

Son 1.225 palabras las que llevo escritas y ya sabes que  creo firmemente en que lo bueno , si breve,  dos veces bueno, y, si malo, no tan malo; así que llega el momento de apagar la luz.

Pero antes de apagarla  te reitero mi propuesta de mantener una próxima conversación de voz —no epistolar— sobre el último libro de Cal Newport, Deep Work. A ti, te vendrá bien para optimizar tu método de estudio  ahora que empiezas en la universidad,  y a mí,  para someter a crítica mi sistema de aprendizaje, que siempre he creído lento y desenfocado.

Espero tu respuesta con expectación contenida y una tenue sonrisa en el rostro,

Homo Mínimus

Serie Cartas a un joven bloguero:

rilke-cartas
Cartas a un joven bloguero (I)

Cartas a un joven bloguero (II)

Cartas a un joven bloguero (I)

Minimalia, 1 de diciembre de 2016

A 543 metros sobre el nivel del mar y a 10.000 de las cosas de los hombres

Estimado amigo,

Me comentabas en una larga conversación tus inquietudes sobre el camino que debería seguir tu blog y me pedías consejo. Yo te respondo en  esta carta desde la autoridad que me conceden los errores. Esta es relativa puesto que estos errores son solo útiles para  determinado tipo de propósitos y valores: mis propósitos y valores pueden ser muy distintos a los tuyos, y  mis consejos o advertencias no ser válidos, ser incluso  contraproducentes.

Si estás buscando consejos para crear tu blog, hacerte famoso y viajar por el mundo viviendo al máximo, yo no soy la persona más adecuada; de hecho, soy la más inadecuada.

Como sabes, yo escribo y prescribo sobre cómo vivir al mínimo y con lo mínimo, así que puedes imaginar que mi visión de la comunicación humana y los blogs en particular es particularmente sesgada y fuera de la corriente principal. No puedo darte consejos sobre optimización de buscadores, marketing digital  o creación de contenido que atraigan a miles de lectores.

Ni siquiera puedo darte mis impresiones sobre blogs de éxito: solo sigo unos pocos blogs y de forma intermitente.  En el campo del minimalismo existencial, somos muy pocos en español y los de la órbita anglosajona son de sobra conocidos por todos. Puede que no leer blogs de temática parecida a la tuya sea lo más sabio, es quizá la única manera de que no seas el eco de las ideas del nicho bloguero al que quieras pertenecer.

En nuestra conversación creí apreciar algunas de tus preocupaciones sobre el mundo de los blogs; lo que diga en adelante  intentará disiparlas a la vez que corregir alguna de las creencias erróneas que las originan.

Si tuviera que darte un solo consejo sería este: escribe como  si nadie te leyera.

En tu caso, escribir como si nadie te leyera  es muy similar a la situación real; desengáñate,  casi nadie te lee. Siempre he dicho que el mejor lugar para enterrar un vergonzoso secreto es un blog personal: ninguno de tus amigos y familiares más cercanos va a prestar mucha atención a lo que escribas. Esto es una triste constatación que te puede abrir los ojos sobre el interés que despiertan tus opiniones más generales y abstractas sobre la vida y el mundo.

Pero en esta deprimente verdad subyace una gran libertad: si nadie te lee, eres libre para escribir de cualquier cosa que se te pase por la cabeza, sin miedo de decepcionar, molestar o incomodar. La falta de popularidad  y  relativo anonimato son tu mayor recurso.

No tienes ninguna reputación que mantener, nadie te conoce y a nadie le importa lo que escribas; algún despistado recalará de cuando en cuando en tu blog pero lo abandonará en menos de un minuto, el tiempo que se tarda en decidir si tienes algo que ofrecer; ya sabes que la gente generalmente no lee sino escanea;  puesto que no te aconsejo que molestes a la gente con ventanas emergentes ni otras técnicas de  marketing de guerrilla,  ese escaso minuto de escaneo será el tiempo que tengas para captar o perder a tus potenciales lectores.

Alternativamente, puedes pensar que lo que tienes que decir es tan importante y transcendente que has de ir con pies de plomo y pensártelo dos o tres veces antes de dar al botón de publicar; puedes  elegir creer que eres especial y que el público espera con ansia tu próxima entrada.

No te recomiendo esta creencia porque es falsa y porque además te vuelve menos original, espontáneo y fresco, los rasgos que te harán  distinto y mejor que la gran mayoría de los habitantes de la blogosfera.  Aunque seas joven, no seas un adolescente que piensa que todos los ojos están pendientes de él. No lo están, nunca lo han estado, nunca lo estarán: la gente está más preocupada por su propia imagen que por la tuya, tú no eres más que una mota de polvo en su mirada, así que no tienes nada que temer. Esta prescripción sirve también para tu vida real, la que ocurre en tres dimensiones.

Un blog no es —afortunadamente— una red social digital donde el esfuerzo ha de estar concentrado en proyectar una imagen de éxito y optimismo.  Convertir tu blog en un escaparate es una opción entre muchas: si quieres convertirlo en una herramienta más para acicalar y apuntalar tu frágil ego o vender tus productos, hazlo, pero sería un desperdicio, para eso ya tienes facebook, twitter y otras armas de distracción masiva.

Si la ausencia de lectores se traduce en tanta libertad, ¿por qué no  consideras dar un paso más allá,  mantener el anonimato y usar un pseudónimo ?  De esta manera, mantendrás  durante más tiempo la impunidad de tus acciones y evitarás la sensación de que te la juegas cada vez que escribes algo controvertido.  También podrás experimentar con otras facetas de tu personalidad y usar el blog como laboratorio existencial.

Si replicas que el anonimato no te parece honesto o sincero, te diré que cuando la gente se esconde en el ciberespacio no lo hace tanto para engañar o simular lo que no es como para mostrar sus creencias y sueños más profundos, para muchos es la única oportunidad en su vida de ser realmente ellos mismos.  Quizá el anonimato sea la oportunidad de desenterrar posibilidades vitales que desconocías, quizá sea tu sombra lo que más admire o valore la gente, quizás te sorprendas de lo que eres capaz y de las reacciones de la gente a tus opiniones y comportamientos más impopulares.

Una última objeción te puede estar reconcomiendo: si no piensas en los lectores —si no los tienes en consideración—  ellos no pensarán en ti y te retirarán el obsequio de su atención, el bien más preciado para muchos  después del dinero. Si temes esto, estás completamente equivocado;  ten en cuenta lo siguiente: serás agradable a la gente mientras seas familiar y les confirmes en la forma en que llevan su vida; pero solo serás leído —y quizá existencialmente respetado— si quiebras sus expectativas y les muestras otras posibilidades que desconozcan o teman: si te leen, será porque les marcas caminos que no se atreven a seguir o ponen en duda su forma de comportarse.

En el momento en que empieces a escribir para agradar a un público o simplemente para justificarte en tus opiniones más excéntricas estarás iniciando el camino sin retorno del bostezo.

Son las 20:00 y suena en mi portátil la alarma del toque de queda digital,  se me caen las teclas de los dedos.

Espero que mis palabras te sirvan de algo.  Afectuosamente,

Homo Mínimus