Cartas a un joven bloguero (I)

Minimalia, 1 de diciembre de 2016

A 543 metros sobre el nivel del mar y a 10.000 de las cosas de los hombres

Estimado amigo,

Me comentabas en una larga conversación tus inquietudes sobre el camino que debería seguir tu blog y me pedías consejo. Yo te respondo en  esta carta desde la autoridad que me conceden los errores. Esta es relativa puesto que estos errores son solo útiles para  determinado tipo de propósitos y valores: mis propósitos y valores pueden ser muy distintos a los tuyos, y  mis consejos o advertencias no ser válidos, ser incluso  contraproducentes.

Si estás buscando consejos para crear tu blog, hacerte famoso y viajar por el mundo viviendo al máximo, yo no soy la persona más adecuada; de hecho, soy la más inadecuada.

Como sabes, yo escribo y prescribo sobre cómo vivir al mínimo y con lo mínimo, así que puedes imaginar que mi visión de la comunicación humana y los blogs en particular es particularmente sesgada y fuera de la corriente principal. No puedo darte consejos sobre optimización de buscadores, marketing digital  o creación de contenido que atraigan a miles de lectores.

Ni siquiera puedo darte mis impresiones sobre blogs de éxito: solo sigo unos pocos blogs y de forma intermitente.  En el campo del minimalismo existencial, somos muy pocos en español y los de la órbita anglosajona son de sobra conocidos por todos. Puede que no leer blogs de temática parecida a la tuya sea lo más sabio, es quizá la única manera de que no seas el eco de las ideas del nicho bloguero al que quieras pertenecer.

En nuestra conversación creí apreciar algunas de tus preocupaciones sobre el mundo de los blogs; lo que diga en adelante  intentará disiparlas a la vez que corregir alguna de las creencias erróneas que las originan.

Si tuviera que darte un solo consejo sería este: escribe como  si nadie te leyera.

En tu caso, escribir como si nadie te leyera  es muy similar a la situación real; desengáñate,  casi nadie te lee. Siempre he dicho que el mejor lugar para enterrar un vergonzoso secreto es un blog personal: ninguno de tus amigos y familiares más cercanos va a prestar mucha atención a lo que escribas. Esto es una triste constatación que te puede abrir los ojos sobre el interés que despiertan tus opiniones más generales y abstractas sobre la vida y el mundo.

Pero en esta deprimente verdad subyace una gran libertad: si nadie te lee, eres libre para escribir de cualquier cosa que se te pase por la cabeza, sin miedo de decepcionar, molestar o incomodar. La falta de popularidad  y  relativo anonimato son tu mayor recurso.

No tienes ninguna reputación que mantener, nadie te conoce y a nadie le importa lo que escribas; algún despistado recalará de cuando en cuando en tu blog pero lo abandonará en menos de un minuto, el tiempo que se tarda en decidir si tienes algo que ofrecer; ya sabes que la gente generalmente no lee sino escanea;  puesto que no te aconsejo que molestes a la gente con ventanas emergentes ni otras técnicas de  marketing de guerrilla,  ese escaso minuto de escaneo será el tiempo que tengas para captar o perder a tus potenciales lectores.

Alternativamente, puedes pensar que lo que tienes que decir es tan importante y transcendente que has de ir con pies de plomo y pensártelo dos o tres veces antes de dar al botón de publicar; puedes  elegir creer que eres especial y que el público espera con ansia tu próxima entrada.

No te recomiendo esta creencia porque es falsa y porque además te vuelve menos original, espontáneo y fresco, los rasgos que te harán  distinto y mejor que la gran mayoría de los habitantes de la blogosfera.  Aunque seas joven, no seas un adolescente que piensa que todos los ojos están pendientes de él. No lo están, nunca lo han estado, nunca lo estarán: la gente está más preocupada por su propia imagen que por la tuya, tú no eres más que una mota de polvo en su mirada, así que no tienes nada que temer. Esta prescripción sirve también para tu vida real, la que ocurre en tres dimensiones.

Un blog no es —afortunadamente— una red social digital donde el esfuerzo ha de estar concentrado en proyectar una imagen de éxito y optimismo.  Convertir tu blog en un escaparate es una opción entre muchas: si quieres convertirlo en una herramienta más para acicalar y apuntalar tu frágil ego o vender tus productos, hazlo, pero sería un desperdicio, para eso ya tienes facebook, twitter y otras armas de distracción masiva.

Si la ausencia de lectores se traduce en tanta libertad, ¿por qué no  consideras dar un paso más allá,  mantener el anonimato y usar un pseudónimo ?  De esta manera, mantendrás  durante más tiempo la impunidad de tus acciones y evitarás la sensación de que te la juegas cada vez que escribes algo controvertido.  También podrás experimentar con otras facetas de tu personalidad y usar el blog como laboratorio existencial.

Si replicas que el anonimato no te parece honesto o sincero, te diré que cuando la gente se esconde en el ciberespacio no lo hace tanto para engañar o simular lo que no es como para mostrar sus creencias y sueños más profundos, para muchos es la única oportunidad en su vida de ser realmente ellos mismos.  Quizá el anonimato sea la oportunidad de desenterrar posibilidades vitales que desconocías, quizá sea tu sombra lo que más admire o valore la gente, quizás te sorprendas de lo que eres capaz y de las reacciones de la gente a tus opiniones y comportamientos más impopulares.

Una última objeción te puede estar reconcomiendo: si no piensas en los lectores —si no los tienes en consideración—  ellos no pensarán en ti y te retirarán el obsequio de su atención, el bien más preciado para muchos  después del dinero. Si temes esto, estás completamente equivocado;  ten en cuenta lo siguiente: serás agradable a la gente mientras seas familiar y les confirmes en la forma en que llevan su vida; pero solo serás leído —y quizá existencialmente respetado— si quiebras sus expectativas y les muestras otras posibilidades que desconozcan o teman: si te leen, será porque les marcas caminos que no se atreven a seguir o ponen en duda su forma de comportarse.

En el momento en que empieces a escribir para agradar a un público o simplemente para justificarte en tus opiniones más excéntricas estarás iniciando el camino sin retorno del bostezo.

Son las 20:00 y suena en mi portátil la alarma del toque de queda digital,  se me caen las teclas de los dedos.

Espero que mis palabras te sirvan de algo.  Afectuosamente,

Homo Mínimus

 

 

 

El minimalismo es el nuevo cool

El minimalismo es

el nuevo

cool.

¿Qué es el minimalismo?

¡El nuevo cool!

Cool…

Cool. Cool. Cool.

Hace frío. ¿Qué hace frío?

¿Dónde? En el estilo de vida más potente y deseado.

¿Cómo es ese frío?  Cool. Obviamente.

El minimalismo es el nuevo cool.

Hace frío. ¿Cuánto frío? 23

No, ¡32!

¿Cuál es la respuesta al problema de la existencia? 42

Diga conmigo: “33”. Treintaytrés. Otra vez. Tre-in-ta-y-trés.

Excelente. Estás hecho todo un Hombre.

¿Qué es el minimalismo? El nuevo cool. Lávate entonces, que no está gélida.

¿Me estás llamando cerdo? Sin duda.

¡InsoLenTe!

Testoyamandoserdo. ¿Serdo?

Zí. Serdo.

A la izquierda.

JoePuTa.

Ajá.

El nuevo cool.

Minimalismo.

Mini-malismo.

El nuevo cool.

Canta conmigo: El minimalismo es el nuevo cool y HM es su profeta.

¡¡¡Majareta!!! Er nuevo cool.

Er nuevo cool.

Yalodije: “Er nuevo cool”. <Entre comillas>.

Seguiremos disfrutando.