Creo que lo dijo Friedrich, pero qué diablos, la verdad es la verdad, la diga Nietzsche o Jorge Ilegal (D.E.P):
No serán los mejores músicos, pero dan ganas de volver a Edimburgo, pasear por sus calles, volver el estadio de fútbol de los hibs en Leith y re-aprender los mejores insultos del mundo:
Como en los viajes a lugares exóticos o lejanas tierras –en los que a veces intentamos escapar de una realidad imperfecta–, siempre nos llevamos a nosotros mismos a lo largo de nuestra vida, de un momento a otro en el tiempo. No podemos hacer borrón y cuenta nueva, ni podemos tachar de un plumazo nuestro carácter y biografía. Somos como somos y con estas cartas tenemos que jugar. No podemos volver al puerto y cambiar de barco o reconstruir el barco o desnavegar todas las millas náuticas recorridas. Solo podemos hacer pequeños ajustes en el aquí y el ahora.
#contrastar con la @imagen_del Barón de Münchhausen sacándose del pantano_ de José Antonio Marina:
Ciertamente, somos capaces de iniciar proyectos e, incluso, acometer reformas del carácter, de la personalidad, del yo, a partir de «irrealidades», ilusiones (en el sentido aspiracional). Podemos alzarnos –impulsados por nuestro propio brazo, tirándonos de los pelos–, elevarnos con caballo y todo, y sacarnos del pantano. José Antonio Marina emplea esta metáfora o imagen como una ilustración poética del funcionamiento de la inteligencia creativa dirigida por irrealidades o futuros imaginados.
Klara Atlasova nació en 1919. Durante la guerra se encontraba en Zvolen, Checoslovaquia. Fue deportada en un transporte desde Žilina, Trenčín, Eslovaquia (Checoslovaquia) a Auschwitz, Polonia, el 17/04/1942.
Klara fue asesinada en la Shoah (según esta fuente).
Este registro procede de la Base Central de Datos de las Víctimas de la Shoah en Yad Vashem.
Recordar a una persona desconocida asesinada en la Shoah, de la que apenas sabemos unas fechas y un lugar, es como restaurar una lápida antigua y erosionada, o, quizá, más precisamente, dar sepultura a quien nunca la tuvo: no recuperamos la voz, ni el rostro, ni la vida completa, pero al limpiar el nombre y las fechas devolvemos algo esencial: la prueba de que esa persona existió y de que su desaparición no fue anónima.
Ciertamente, la memoria es selectiva. Uno recuerda aquello relacionado con lo que cree, con lo que es o con lo que quiere ser. Tú puedes elegir qué memorias desempolvar o desenterrar.
Vivir sin historia es vivir un presente incomprendido e incomprensible. Vivir sin historia es vivir sin futuro.
Este shabbat me paro para recuperar el pasado y recordar mi futuro.
En algún lugar de este blog de cuya dirección web no quiero acordarme, digo que la edad a la que se debería permitir a un joven el acceso a un teléfono inteligente es a los 31 años (cuando ya no es joven y ha alcanzado la madurez en el desarrollo cerebral).
Soy el loco clamando en el desierto. Pero me he encontrado a otra loca que clama con un altavoz más alto que el mío. Ella sugiere retrasar el móvil individual hasta los 25 años, aunque permite un uso familiar de un dispositivo común para usos muy limitados. Tiene un hijo de 20 años que no tiene teléfono inteligente; este es identificado por sus conocidos o cuasi-conocidos como el «chaval que no tiene smartphone».
Esta loca que también clama en el desierto, Catherine L’Ecuyer, es la autora de un estupendo libro donde defiende que la mejor preparación para el futuro, incluso en un mundo digital, es el mundo real, en tres dimensiones, con seres humanos de carne y hueso.
El libro es Educar en la realidad. Deberían leerlo TODOS los padres y todos los que quieran educarse o re-educarse a sí mismos.
Es uno de los libros que más he regalado (con acogida variable, ciertamente).
Creo tanto en el mensaje de este libro que voy a regalar dos en formato digital (Kindle) y dos en formato papel. Los libros en papel solo puedo regalarlos a los que vivan en España (lo siento, pero de todas formas puedes pedirlos en versión digital). Solo tienes que escribir a homominimus@gmail.com, decir qué formato quieres, y estar entre los primeros cuatro solicitantes. Si lo pides en papel, me tienes que dar tu dirección de envío. Si no tienes kindle, dímelo. Voy a regalar solo cuatro, así que tienes que ser rápido (que me los quitan de las manos).
Usaré las últimas donaciones a este blog para regalar los libros.
Si luego te apetece, me puedes escribir un email con tus impresiones del libro, y, si eres más audaz, proponerme una conversación en el podcast de Homo Mínimus.
Te dejo con una entrevista con la autora del libro y su pensamiento. Podrás ver que resuena completamente con los contenidos de este blog.
No puedes plantar una semilla, regar un poco e impacientarte porque no tienes una flor. No puedes decir: «¡crece, capullo, crece ya!».
Bueno, sí puedes, claro que puedes, pero no debes, ya me entiendes.
Por encima de todo, confía en la lenta obra de Dios. Somos, naturalmente, impacientes en todo por alcanzar el final sin demora. Quisiéramos saltarnos las etapas intermedias. Nos impacienta estar en camino hacia algo desconocido, algo nuevo.
Y, sin embargo, es la ley de todo progreso que se hace pasando por algunas etapas de inestabilidad, y que puede tomar mucho tiempo.
Y así creo que es contigo; tus ideas maduran gradualmente, déjalas crecer, déjalas tomar forma, sin prisa indebida. No intentes forzarlas, como si pudieras ser hoy lo que el tiempo (es decir, la gracia y las circunstancias actuando sobre tu propia buena voluntad) hará de ti mañana.
Solo Dios podría decir qué será este nuevo espíritu que se está formando gradualmente dentro de ti. Dale a Nuestro Señor el beneficio de creer que su mano te está guiando, y acepta la ansiedad de sentirte en suspenso e incompleto.
El episodio reúne nuevamente a Homo Mínimus y José Ramón Martínez Salio, autor de El Narrador, para una conversación tan técnica como filosófica sobre los Large Language Models (LLMs) y su influencia en la mente, la educación, la privacidad y la cultura. El tono alterna entre el asombro tecnológico y la preocupación antropológica. José Ramón habla desde su experiencia directa en desarrollo de IA; Homo Mínimus, desde su reflexión humanista, sobre la externalización del pensamiento. El resultado: una disección lúcida del pacto faústico entre el hombre y la máquina.
Homo mínimus: una vez más, gracias por tu tiempo y conversación, José Ramón.
Origen y evolución de los LLMs José Ramón explica cómo la tecnología de los transformers cambió radicalmente el desarrollo de modelos lingüísticos y cómo su avance ha sido vertiginoso desde los primeros experimentos hasta las herramientas actuales, mucho más fiables y omnipresentes.
Usos personales y profesionales Ambos detallan cómo usan estas herramientas: desde apoyo en programación, escritura técnica y traducción, hasta aprendizaje, organización del conocimiento (Obsidian) o incluso decoración de interiores mediante IA. Se subraya la línea entre usar la IA como asistente o como sustituto cognitivo, y la inquietud de delegar funciones esenciales del pensamiento.
Dependencia y demencia digital (“Brain Rot”) Se aborda el concepto reciente de brain rot o demencia digital, entendido como deterioro mental por consumo de contenido trivial o por abuso de IA. Se compara con la pérdida de orientación al depender de los GPS: una metáfora del deterioro de la autonomía mental.
Privacidad y control La conversación deriva hacia la recopilación masiva de datos personales y la cesión voluntaria de privacidad. José Ramón describe cómo intenta vivir “en los intersticios del sistema”, evitando rastreadores, cookies y entrega de datos, aunque reconoce que escapar totalmente del control es casi imposible.
Educación y aprendizaje con IA Ambos coinciden en que los modelos pueden ser extraordinarios tutores si se usan con criterio, pero no sustituyen la interacción humana. Hablan de la importancia del aprendizaje encarnado: mirar, conversar, leer gestos, recibir correcciones. La IA ofrece “sucedáneos de aprendizaje”, no experiencias plenas.
Libertad, elección y voluntad Surge una crítica profunda: hemos confundido la libertad con la ausencia de restricciones, cuando lo esencial es la capacidad de elegir conscientemente. La tecnología ofrece mil opciones, pero desactiva la voluntad. José Ramón recuerda a Cajal y su idea del “elixir de la voluntad”: sin disciplina ni esfuerzo, no hay creación.
Nativos digitales e infancia Ambos denuncian el uso precoz de pantallas. Citan escuelas Waldorf o Montessori, que las prohíben hasta la adolescencia y defienden el aprendizaje manual, lento y relacional. Coinciden en que los niños hiperconectados muestran menos habilidades comunicativas y sociales.
Manipulación y sesgos de la IA José Ramón introduce los ataques adversarios y el envenenamiento de datos, formas de manipular sistemas de IA. Se reflexiona sobre cómo los modelos pueden incorporar ideologías, censuras o sesgos culturales (especialmente de origen estadounidense).
El sentido crítico y la educación mediática Ambos lamentan que las escuelas no enseñen a pensar ni a interpretar los medios. Proponen una educación que fomente el análisis de noticias, el reconocimiento de sesgos y el pensamiento autónomo.
La interacción humana como insustituible Concluyen que la comunicación no verbal, el contacto presencial y la conversación auténtica siguen siendo el corazón del aprendizaje, la forja y mantenimiento de lazos humanos, y la creatividad.
Una muestra de frases brillantes de José Ramón
“El ser humano confunde los medios con los fines: vestir era abrigarse; ahora es identidad.”
“La IA puede ser tu novia, puede ser un Jesucristo digital.”
“Delegamos funciones, pero ¿en qué usamos los recursos liberados?”
“Vivimos obsesionados con nuestra libertad, pero nunca elegimos nada.”
“Somos los mismos que salimos de una cueva y golpeábamos un palo […] golpeamos pantallas con un dedo…”
“No puedes devolver a los sueños lo que se ha traído a la realidad.”
Conclusiones y temas abiertos
El diálogo deja claro que la IA no es solo una herramienta técnica, sino un espejo antropológico: refleja nuestras debilidades cognitivas, nuestra pereza para elegir y nuestra fascinación por lo cómodo. El desafío, dicen, no es tecnológico sino moral y educativo: conservar la autonomía mental y la densidad humana en un mundo de algoritmos. Quedan abiertas cuestiones sobre la regulación, la educación crítica, la ética del diseño de IA y la posibilidad de mantener una humanidad plena dentro del nuevo ecosistema digital.
José Ramón ve un futuro de “business as usual”. La mayoría seguirá consumiendo IA como entretenimiento o ayuda pasiva; una minoría —los técnicos y autodidactas— aprenderá a dominarla y sacarle partido. Como con Internet, la mayoría se quedará en TikTok; unos pocos escribirán los algoritmos y la usarán para enriquecer su mente, su espíritu y su círculo social.
Homo Mínimus, en cambio, vislumbra una fractura más radical: el surgimiento o intensificación de una élite cognitiva, formada por quienes mantengan disciplina, pensamiento crítico y dominio técnico, frente a una plebe cognitiva entregada a la delegación mental. La IA amplificará lo que ya somos: los que piensan, pensarán más; los que no, se hundirán más rápido.
Ambos coinciden en que el riesgo no es la rebelión de las máquinas, sino la rendición silenciosa del intelecto humano.
Analogía final
La conversación se parece a dos fareros frente al mar digital: uno ha añadido su gota de agua al océano, el otro ha vivido encerrado en el faro leyendo Moby Dick; ahora ambos observan la costa. Saben que la marea de la inteligencia artificial no se puede detener, pero sí iluminar para que los navegantes no se estrellen contra las rocas del shock y la desesperación.
Nota de Homo Mínimus
Cada hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro
– Santiago Ramón y Cajal
El resumen de esta charla ha sido elaborado con ChatGPT 5. No es algo que quiera repetir en el futuro, pero dado el tema de la charla me ha parecido pertinente.
Ciertamente, ChatGPT tiene la indicación de imitar algo de mi estilo (el del artista conocido como Homo Mínimus) y su resumen está modificado por mi gusto personal, varias iteraciones y algunos añadidos como el de la analogía final. Esto me permite preservar un mínimo de sentido de autoría intelectual y no autodespreciarme en exceso.
Os expongo mi opinión: usar la IA, incluso para un resumen de una genuina charla entre dos seres humanos, es el comienzo de lo que podría ser una peligrosa pendiente resbaladiza hacia la pérdida del sentimiento de autoría o de agencia sobre la vida cognitiva y la comunicación interpersonal; es, en definitiva, una amenaza a nuestra humanidad.
Hay tres cuestiones que planteo para los comentarios:
¿Es legítimo el uso de ChatGPT o sistemas similares para sustituir o «facilitar» la generación de ideas y la comunicación humana?
¿Qué uso haces y qué auto-regulaciones te impones o no te impones en tu uso de la IA en el trabajo, tu vida personal, tu familia, tu aprendizaje, etc.?
Haz de adivino: ¿qué futuro crees que nos espera en los 2-5 próximos años en referencia al impacto de la IA en la sociedad en general y en tu vida en particular?
Si hoy somos sellados en el libro de los vivos, podemos empezar de cero. Podemos mirar con nuevos ojos al futuro, pero sin engañarnos sobre el pasado, con los pies firmamente asentados en el presente. Reconocemos los errores y nuestra responsabilidad en ellos. Asumimos nuestra culpa, intentamos rehacer los vínculos deshechos con Él y con ellos. Borrón y cuenta nueva. Volvemos al origen.
Añadamos una mejor letra a nuestra pequeña historia y a la gran historia.
Como decía el Profesor Keating, citando al loco de dientes sudorosos Walt Whitman:
¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! de sus preguntas que vuelven, del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios.
…
La pregunta, ¡oh, mi yo!, la pregunta triste que vuelve – ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas? oh, mi yo, oh, vida
Respuesta: Que estás aquí, que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama, y que tú puedes contribuir con un verso.
Inspirado por el autor de El narrador, José Ramón Martínez Salio, he generado una serie de vocablos relacionados con su vocablo ideolectal «Normalista»; esto es, he creado un Bestiarum Normativum.
(Catálogo incompleto de los seres que habitan el ecosistema de la normalidad)
Normópata( vocablo existente) Paciente crónico de la enfermedad de encajar, aunque sea un cabeza cuadrada intentando ajustarse a un círculo. Acostumbrado a pedir permiso para ir a orinar desde la más tierna edad. No mea nunca fuera del tiesto.
Normívoro(neologismo) Se alimenta de boletines oficiales y manuales de instrucciones. Su postre favorito: la letra pequeña. No mueve un dedo si antes no ha desayunado un checklist y ha sido validado por su jefe (oficina) o su jefa (casa).
Normonauta(neol.) Navegante del hiperespacio rutinario. Su vida es una colección de reglas inabarcables que amenazan con desbordar su limitada memoria de trabajo. Siempre termina perdiendo la t de la rutina. Sinónimo: Homo Mínimus.
Normofílico(neol.) Amante empedernido de todo lo estándar. Se excita al oler archivadores A4 con separadores de colores y chuparse los dedos untados con el óxido de las señales de tráfico.
Normívago(neol.) Animal de costumbres nocturnas, sale de fiesta todos los juernes, viernes y sarbados, y recorre la ruta del polvo con triste y meticulosa ebriedad. El domingo descansa y acude a misa de ocho.
Normativador compulsivo(neol.) Ente administrativo con pelo y gafas que genera normas más rápido de lo que respira. Si entra en tu casa, te escribe un reglamento para abrir la nevera, verifica la tensión eléctrica y valida la lista de tu compra.
Normaduvalista(neol.) Fanático de lo normal… pero con lentejuelas y mucho maquillaje. Su mantra es “¡Viva el domingo!” de Norma Duval.
Normimaníaco(neol.) Obsesionado con la normalidad hasta el frenesí. Antes de dar un paso, busca manuales de procedimientos, protocolos de urbanidad y limpia obsesiva-compulsivamente sus habitaciones de versos sueltos.
Norminazi(neol., satírico) Policía feroz de la rutina. Abomina de la anormalidad a gritos, insulta a los judíos y el estado de Israel, irrumpe en las noches de los progresismos rotos, viaja en cruceros de lujo por las islas griegas para santificar su narcisismo y señalar virtud. Controla tus proferencias lingüísticas hasta la extenuación para que no le ofendas. Es diverso, igualitario e inclusivo. Amigo de feminazis resilientes y devoradores de brócoli ecosostenible.
He sentido el impulso (rapidamente contenido, cierto) de crear una imagen artificial sobre el aforismo, pero prefiero que resuene un poco más en las bóvedas de mi cráneo y expanda su onda neuronal; tampoco quiero canalizar tu interpretación, mejor dejémosla correr salvaje y que cree su propio surco.
‘El narrador’ es una novela de temática filosófica-existencial-costumbrista. Hablamos sobre la escritura de un libro, la creación, la transcendencia, la identidad, ChatGPT, los LLM, el impacto de los cambios tecnológicos, la literatura, las analogías, la inmortalidad y otros temas refrescantes y ligeros propios del verano. La conversación es emergente: tan emergente –y a veces dispersa– que el autor tiene que recordarme que él ha venido a hablar de su libro. Disfrutad del autor y su personaje.
Tema : Regresar . שובה | Shuvá Símbolo: La espiral 🌀
Introducción
Tras seis semanas de práctica, atención y silencio, regresamos. No como quienes vuelven al punto de partida intactos, sino como quienes han transitado un camino que los ha transformado. Shuvá significa regresar, pero no simplemente retornar, sino integrar lo recorrido. Volvemos con otra forma de mirar, de escuchar, de sostener el mundo y a nosotros mismos.
La espiral no es un círculo cerrado ni una línea recta: avanza sin dejar de girar. No se repite, pero se parece. Así es la escucha interior cuando va madurando: vuelve a sí misma, pero no por el mismo camino. En esta última semana, proponemos acoger el silencio como espiral: lo que parecía lo mismo —la respiración, la pausa, la palabra retenida— ya no es lo mismo. Algo ha cambiado. No aspiramos a una cima, sino a una profundidad. Aquí no se termina nada, pero algo se transforma.
La escalera de Jacob. William Blake
📅 Día 1
🌀 Cita “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos.” — Marcel Proust
🌀Práctica Durante cinco minutos, mira el entorno como si lo vieras por primera vez. Permite que la sorpresa y el asombro vuelvan a ti. Después, permanece tres minutos en silencio, solo mirando sin juzgar.
🌀 Reflexión guiada ¿Qué ha cambiado en tu forma de ver? ¿Sientes que algo ha despertado en tu mirada? ¿Cómo sería ver el mundo cada día como si regresaras a él por primera vez?
📅 Día 2
🌀 Cita “Teshuvá (retorno) es regresar al punto donde ya estás, pero con conciencia.”
🌀Práctica Escribe una carta breve a tu “yo” de hace siete semanas. Dile qué has aprendido, qué ha cambiado en ti, qué has dejado atrás, qué has recuperado. Luego permanece en silencio tres minutos.
🌀 Reflexión guiada ¿Hay algo que no sabías que necesitabas soltar y ahora reconoces? ¿Qué partes de ti han regresado al hogar interior durante estas semanas?
📅 Día 3
🌀Cita “Lo que buscamos está ya aquí. Pero necesitamos el viaje para poder reconocerlo.” — Proverbio sufí
🌀 Práctica Escoge un objeto cotidiano. Obsérvalo, huélelo, escúchalo si hace ruido, tócala su textura. Después, permanece cinco minutos en silencio junto a ese objeto.
🌀Reflexión guiada ¿Qué se revela cuando miramos lo ordinario con atención silenciosa? ¿Puedes ver en lo común algo sagrado?
📅 Día 4
🌀Cita “El silencio es el lenguaje de Dios, todo lo demás es mala traducción.” — Rumi
🌀 Práctica Hoy, antes de cada comida, haz una pausa de 30 segundos de silencio. Respira y agradece por lo que recibes. Nota si la comida sabe diferente después.
🌀 Reflexión guiada ¿Qué sucede cuando introduces el silencio como umbral entre actos? ¿Qué cambia en tu percepción del tiempo y del valor de lo que haces?
📅 Día 5
🌀Cita “El retorno es el movimiento del Tao.” — Tao Te Ching
🌀 Práctica Camina en silencio durante al menos 10 minutos. Camina como quien regresa, pero sin prisa. Camina como quien no va a ningún sitio, pero está llegando.
🌀 Reflexión guiada ¿Puedes caminar sin meta? ¿Cómo se siente regresar al cuerpo sin tener que llegar a un lugar? ¿Qué significa para ti regresar?
📅 Día 6
🌀Cita “La emuná —la fe— es la certeza que nace de confiar, no en que todo saldrá como queremos, sino en que lo que sucede forma parte de un bien más grande, aunque no lo comprendamos.” — Tradición judaísmo
🌀 Práctica Hoy, cuando enfrentes una decisión, por pequeña que sea, detente un instante y di para ti: “Confío.” Luego actúa. Observa si cambia tu estado interior.
🌀Reflexión guiada ¿Dónde necesitas practicar más la emuná? ¿Qué ocurre cuando reconoces que no tienes el control total, pero decides actuar desde la confianza?
📅 Día 7
🌀Cita “Todo está en ti, y tú estás en todo. Solo hay que callar para oírlo.” –Tradición jasídica
🌀 Práctica Elige una hora del día para permanecer diez minutos en silencio, sin hacer nada. Solo estar. Sin mirar el móvil. Sin leer. Sin escribir. Sin cambiar nada.
🌀 Reflexión guiada ¿Qué hay en ese silencio al final de la semana? ¿Cómo es simplemente estar, sin metas, sin logros, sin intención de avanzar?
🌀 Registro final de la semana
¿Qué has redescubierto de ti?
¿Qué ha regresado a tu vida tras siete semanas de silencio?
¿Qué nuevas prácticas deseas conservar?
¿Cómo te sientes al finalizar este recorrido?
Si volvieras a empezar, ¿qué harías diferente?
🌀Comentario del ciclo de 7 semanas
El ciclo de siete semanas concluye, pero no se cierra. Como la espiral, este camino está hecho para regresar a él una y otra vez, pero transformado, en un plano superior. Puedes comenzar de nuevo, redescubriendo cada etapa con nuevos ojos, nueva escucha, nueva profundidad. Cada vuelta será distinta, porque tú serás distinto. La práctica del silencio es infinita: no porque no tenga fin, sino porque se reinicia continuamente. Y tú, si lo eliges, puedes volver a ella cuando lo necesites.
☁️ En la sexta semana nos abrimos al arte de soltar, de confiar, de rendir el control sin abdicar de la responsabilidad. Practicar el «no-hacer», como sugiere el wu-wei taoísta, no es caer en la pasividad, sino habitar la acción sin forzarla, permitir que la realidad fluya sin ser violentada por nuestras ansias de dominio. Desde una perspectiva judía, esta apertura tiene que ver con la emuná, la fe que no es solo creencia, sino confianza profunda. Cuando confiamos únicamente en nuestra voluntad, en nuestras acciones y planes, dejamos fuera la posibilidad de que exista otra voluntad, un orden mayor. Rendir el control es, en este sentido, un acto de humildad y fe activa: hago lo que debo, pero dejo espacio a lo que no controlo. Ahí comienza la verdadera libertad.
📅 Día 1
☁️ Cita: “Emuná significa dar el paso antes de ver el puente.” – Tradición jasídica
☁️ Práctica: Haz una lista de todas las cosas que hoy quisieras controlar (resultados, reacciones, tiempo, ideas). Luego, elige una y renuncia activamente a manipularla. Haz lo que esté en tu mano y suelta el resultado.
☁️ Reflexión guiada: ¿Confío en que algo mayor que yo también opera en el mundo, incluso cuando no veo resultados inmediatos? ¿Qué gano realmente cuando intento controlarlo todo?
☁️Registro: ¿De qué solté hoy el control sin abandonar mi responsabilidad?
📅 Día 2
☁️ Cita: “El sabio actúa sin forzar y enseña sin decir.” – Tao Te Ching
☁️ Práctica: Durante una conversación, escucha sin intervenir. Observa tu impulso de dirigir, corregir o concluir. Siente lo que ocurre cuando simplemente estás.
☁️ Reflexión guiada: ¿Qué miedo se esconde detrás de mi necesidad de intervenir? ¿Qué surge cuando dejo espacio?
☁️ Registro: ¿Dónde hoy escuché más que hablé?
📅 Día 3
☁️ Cita: “Lanza tu pan sobre las aguas, porque después de muchos días lo hallarás.” – Eclesiastés 11:1
☁️ Práctica: Realiza una acción buena, generosa o creativa hoy sin buscar ningún resultado ni reconocimiento.
☁️ Reflexión guiada: ¿Puedo hacer algo valioso sin saber si dará fruto? ¿Qué parte de mí se resiste a sembrar sin ver la cosecha?
☁️ Registro: ¿Qué hice hoy sin garantías?
📅 Día 4
☁️ Cita: “La verdadera fe no consiste en creer que todo saldrá como yo quiero, sino en confiar en que lo que suceda será fértil.” – Adaptación libre de Martin Buber
☁️ Práctica: Hoy, ante un imprevisto o interrupción, en lugar de reaccionar, detente y respira tres veces antes de actuar. Deja espacio a lo inesperado.
☁️ Reflexión guiada: ¿Qué pasaría si el obstáculo es parte del camino? ¿Y si no es un error, sino un desvío necesario?
☁️ Registro: ¿Dónde hoy dejé de luchar contra la realidad?
📅 Día 5
☁️ Cita «Nada en el mundo es más blando y débil que el agua. Pero nada la supera en vencer lo duro y fuerte.» — Lao-Tsé
☁️ Práctica Durante diez minutos, siéntate sin propósito. No intentes meditar, observar pensamientos ni respirar conscientemente. Solo siéntate sin hacer nada, sin intentar mejorar nada. Si aparece una inquietud, obsérvala como una nube. Nada que hacer, nada que lograr.
☁️ Reflexión guiada ¿En qué momentos del día intervengo innecesariamente? ¿Qué deseo controlar o acelerar y qué pasaría si no lo hiciera? ¿Qué me revela el no-hacer sobre mi forma de estar en el mundo?
☁️ Registro ¿Qué ha emergido en el espacio del no-hacer hoy?
📅 Día 6
☁️ Cita «El que mucho corre, pronto para”– Proverbio popular sefardí
o este dicho de mensaje similar: “El que confía no necesita correr» o este otro: «No hay peor perfume que el de la desesperación»
☁️ Práctica Haz tus rutinas con un 20% más de lentitud. Camina más despacio, habla más despacio, escribe más despacio. Lee el artículo Nunca corras detrás de un autobús ni de una mujer (cuando lo escriba).
☁️ Reflexión guiada ¿De qué huye mi velocidad? ¿Qué encuentro cuando no me apresuro?
☁️ Registro ¿Dónde hoy elegí la lentitud como forma de confianza?
📅 Día 7
☁️ Cita «La naturaleza nunca se apura, y sin embargo todo se cumple.» — Lao-Tsé
☁️ Práctica Pasea sin rumbo ni objetivo durante 15 minutos. No busques vistas bonitas, pasos dados ni eficiencia. Simplemente camina, deja que los pies decidan, permite que el entorno te guíe. Lee el artículo Más vale llegar a tiempo que rondar un año.
☁️ Reflexión guiada ¿Qué ocurre cuando camino sin mapa ni meta? ¿Qué nuevas formas de atención emergen en lo gratuito?
Símbolo: ✂️ (Tijeras del Verbo) Tema: Decir Menos, Decir Mejor
💬 Esta semana entrenarás la palabra justa. En el minimalismo existencial, menos no solo es más, es también mejor. Decir menos no es callar por timidez, sino elegir con cuidado lo que merece ser dicho. Hablar menos y mejor reduce el ruido, da peso a tus palabras y evita la dispersión. Este entrenamiento fortalece tu claridad, tu influencia y tu autogobierno. El silencio entre frases es un aliado: pausa, respira, edita antes de soltar lo innecesario. Hablar bien es una forma de silencio.
📅 Día 1
✂️ Cita:
“La palabra es plata, el silencio es oro.” — Proverbio
✂️ Práctica: Antes de dar tu opinión hoy, cuenta hasta tres. Pregúntate: ¿Es necesario? ¿Es claro? ¿Aporta valor? Si no, guarda silencio.
✂️ Reflexión Guiada: ¿Qué diferencia has notado entre lo que querías decir y lo que realmente hacía falta decir? ¿Qué ocurrió en el silencio?
✂️ Registro: ¿Qué frase has evitado hoy que antes habrías soltado sin pensar?
📅 Día 2
✂️Cita:
“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.” — Proverbio árabe
✂️ Práctica: En una conversación rutinaria, limítate a contestar solo a lo que se pregunta. Evita dar información extra.
✂️ Reflexión Guiada: ¿Qué sentiste al acortar tu discurso? ¿Incómodo, libre, incompleto?
✂️ Registro: Anota una situación en la que tu brevedad haya cambiado la dinámica.
📅 Día 3
✂️ Cita:
“Habla solo si tus palabras son más dulces que el silencio.” — Proverbio persa
✂️ Práctica: Escoge una reunión o llamada y lleva una hoja de papel: apunta lo que quieres decir antes de hablarlo. Evalúa si vale la pena.
✂️ Reflexión Guiada: ¿Tu papel se llenó de cosas que finalmente no dijiste? ¿Qué aprendiste?
✂️ Registro: ¿Qué valor tuvo tu contribución en esa reunión?
📅 Día 4
✂️ Cita:
“Un sabio dice poco, un necio habla sin parar.” — Proverbio
✂️Práctica: Cuando alguien te cuente algo, escucha sin interrumpir ni terminar frases. No busques tener la última palabra.
✂️Reflexión Guiada: ¿Qué descubriste cuando te quedaste mudo donde antes habrías hablado?
✂️Registro: ¿Sentiste ganas de hablar? ¿Qué hiciste con esa energía?
📅 Día 5
✂️ Cita:
“Las palabras son enanos, los ejemplos gigantes.” — Proverbio suizo
✂️Práctica: Hoy reemplaza una explicación larga por una acción concreta. Habla menos, muestra más.
✂️ Reflexión Guiada: ¿Cómo impacta tu silencio cuando tus actos hablan?
✂️ Registro: ¿Qué ejemplo diste sin palabras hoy?
📅 Día 6
✂️ Cita:
“Callar cuando se debe hablar es cobardía. Hablar cuando se debe callar es necedad.” — Proverbio
✂️ Práctica: Identifica una ocasión donde debas decir algo difícil. Prepáralo antes. Dilo sin adornos.
✂️ Reflexión Guiada: ¿Qué cambia cuando la palabra es precisa y sin rodeos?
✂️ Registro: ¿Te sentiste más firme, más claro o más vulnerable?
📅 Día 7
✂️Cita:
“De la abundancia del corazón habla la boca.” — Proverbio bíblico
✂️Práctica: Haz un balance de la semana: ¿qué silencio te ha resultado más valioso? ¿Qué palabra sobraba?
✂️Reflexión Guiada: ¿Qué hábitos de exceso verbal quieres abandonar?
✂️Registro: Escribe una frase corta que resuma tu aprendizaje sobre decir menos y mejor.
Tema: Shemá (שמע) significa “Escucha”. En la tradición judía es mucho más que oír: es atender con todo el ser, dejar que las palabras entren en el interior y se hagan carne.
👂 Esta semana se centra en entrenar la escucha atenta y clara. Escuchar bien no es solo oír palabras, sino percibir lo que hay detrás: matices, intenciones, pausas. Aquí se trata de reducir el ruido interno y externo para poder recibir mejor la información y responder con calma y precisión. El silencio se convierte en una herramienta práctica para aclarar ideas, comprender mejor a los demás y tomar distancia de reacciones automáticas. Escuchar bien es un ejercicio de claridad, orden y respeto.
Día 1
👂 Cita: «No es lo que entra por los oídos lo que importa, sino lo que logra quedarse en el interior.»
👂 Práctica: Siéntate 10 minutos en silencio. Escucha todos los sonidos que puedas percibir a tu alrededor. Primero ponles nombre en voz baja: pájaro, respiración, motor. Luego deja de nombrarlos y escucha como si cada sonido fuera una carta enviada para ti.
👂 Reflexión guiada:
¿Qué sonido se repitió más?
¿Qué descubriste cuando dejaste de poner nombre a los sonidos?
¿Qué ruido interior apareció cuando todo lo exterior se calmó?
¿Cómo podrías escuchar así a otra persona esta semana?
👂 Registro: Anota una frase o imagen que se te haya quedado grabada de este rato de escucha.
📅 Día 2
👂 Cita: “Escuchar es un arte más que un sentido.”
👂 Práctica: En una conversación, concéntrate solo en entender. No interrumpas ni pienses en tu respuesta.
👂 Reflexión guiada: ¿Qué descubriste en el otro cuando bajaste tu propio volumen?
👂 Registro: Hoy bajé mi ruido interior para escuchar a…
📅 Día 3
👂 Cita: “El silencio es la antesala de una escucha verdadera.”
👂 Práctica: Antes de responder, haz una pausa de 5 segundos. Observa qué cambia.
👂 Reflexión guiada: ¿Dónde notas la urgencia de contestar demasiado rápido?
👂 Registro: Hoy esperé antes de hablar cuando… _
📅 Día 4
👂 Cita: “Escucha a tu cuerpo: él también habla.”
👂 Práctica: Haz un escaneo corporal de pies a cabeza en silencio. ¿Qué te dice cada parte?
👂 Reflexión guiada: ¿Qué parte de ti ha estado susurrándote sin que la oigas?
👂 Registro: Hoy atendí a mi cuerpo cuando…
📅 Día 5
👂 Cita: “Escucha sin filtro: no juzgues lo que llega.”
👂 Práctica: Pon música que no te guste y escúchala sin rechazarla. Observa.
👂 Reflexión guiada: ¿Qué barreras saltan cuando no censuras lo que escuchas?
👂 Registro: Hoy me abrí a algo que no quería oír cuando…
📅 Día 6
👂 Cita: “Escucha las palabras no dichas.”
👂 Práctica: Observa un lugar público: ¿qué historias escuchas sin que nadie hable?
👂 Reflexión guiada: ¿Qué murmullos invisibles reconoces en los gestos?
👂 Registro: Hoy escuché el silencio de otros cuando…
📅 Día 7
👂 Cita: “D-os susurra en la brisa suave.” — 1 Reyes 19:12
👂 Práctica: Siéntate en silencio en la naturaleza. Escucha todos los sonidos sutiles.
👂 Reflexión guiada: ¿Qué diferencia hay entre oír y dejar que la realidad te atraviese?
👂 Registro: Hoy escuché la voz pequeña y suave cuando…
🌟 Reflexión de la Semana:
¿Qué voces internas y externas merecen ser escuchadas más profundamente? ¿Qué ruido en mi vida puedo bajar para escuchar de verdad?
Tema: Hineni (הנני) significa “Aquí estoy”. Es la disponibilidad radical de quien se presenta con todo su ser. Esta semana cultivas ese ojo interior que observa sin huir, sin juicio, sin distracción.
El símbolo para esta semana será 👁️, el ojo, representando la atención despierta y la presencia consciente.
📅 Día 1
👁️ Cita: “Y llamó Dios a Abraham: ‘¡Abraham!’. Y él respondió: ‘Hineni’.” — Bereshit 22:1
👁️ Práctica: Cuando alguien diga tu nombre, respóndete internamente: Hineni. Siente la diferencia.
👁️ Reflexión guiada: ¿A qué partes de tu vida les dices Aquí estoy? ¿De qué otras huyes?
👁️ Registro: Hoy he estado presente cuando… 🗒️ _____________________________________________________________
📅 Día 2
👁️ Cita: “Hineni: soy como soy, sin adornos.”
👁️ Práctica: Mira un objeto cotidiano como si lo vieras por primera vez. Sostén la mirada.
👁️ Reflexión guiada: ¿Qué temes ver cuando sostienes tu mirada sin distracciones?
👁️ Registro: Hoy he traído mi atención de vuelta cuando… 🗒️ _____________________________________________________________
📅 Día 3
👁️ Cita: “El mayor regalo que puedes dar es tu presencia total.”
👁️ Práctica: Escucha a alguien sin interrumpirlo, sin pensar en tu respuesta.
👁️ Reflexión guiada: ¿Qué cambia cuando apagas el eco de tu voz interior?
👁️ Registro: Hoy he escuchado con presencia a… 🗒️ _____________________________________________________________
📅 Día 4
👁️ Cita: “Hineni también es decir sí a lo que duele.”
👁️ Práctica: Si surge una emoción incómoda, mantén tu ojo interior abierto: no la esquives.
👁️ Reflexión guiada: ¿Qué descubres al quedarte cuando antes habrías huido?
👁️ Registro: Hoy he sostenido mi presencia ante… 🗒️ _____________________________________________________________
📅 Día 5
👁️ Cita: “Aquí estoy” no se dice una vez: se respira cada instante.
👁️ Práctica: Pon alarmas suaves cada dos horas. Al sonar, respira y di: Hineni.
👁️ Reflexión guiada: ¿Qué revela la repetición de tu Aquí estoy a lo largo del día?
👁️ Registro: Hoy recordé volver a mí cuando… 🗒️ _____________________________________________________________
📅 Día 6
👁️ Cita: “Donde va tu mirada, allí florece tu vida.”
👁️ Práctica: Haz una tarea simple —lavar platos, barrer— como acto de mirada despierta.
👁️ Reflexión guiada: ¿Cómo se siente tu cuerpo cuando todo tú está allí?
👁️ Registro: Hoy viví el presente mientras… 🗒️ _____________________________________________________________
📅 Día 7
👁️ Cita: “El silencio es la cuna de Hineni.”
👁️ Práctica: Siéntate en silencio durante 15 minutos. Solo observa.
👁️ Reflexión guiada: ¿Qué susurra tu silencio cuando dejas de mirarte desde fuera?
👁️ Registro: Hoy me ofrecí entero a este instante cuando… 🗒️ _____________________________________________________________
🌟 Reflexión de la Semana:
¿Qué he descubierto de mi mirada interior? ¿Qué distracciones quiero soltar para decir Hineni con más verdad?
Sé que este programa de siete semanas se inicia de forma algo abrupta.
Disculpadme la precipitación.
Este programa de siete semanas se inserta dentro de mi Proyecto Silentud, que se inició en el 2023 y que continúa pese a mi silencio y mi lentitud para hacerlo avanzar.
En esencia, consiste en realizar cada día de la semana una práctica relacionada con un tema relacionado con el silencio. Los resultados se pueden registrar en un cuaderno que dediques específicamente para este programa de siete semanas.
Durante esta semana daré más detalles.
Si el tema y el proyecto silentud y el programa de siete semanas resuena en ti, te puedes unir a él y escribir tus comentarios durante la semana en este artículo. O, si eres más audaz, puedes añadir un comentario silencioso en blanco.
Semana 1: El arte de callar 🕊️
Tema de la semana: Introducir el silencio como forma de presencia.
Símbolo: 🕊️ Paloma
Día 1 🕊️
«Toda mi vida he crecido junto a los sabios, y no he encontrado nada mejor para el cuerpo que el silencio» (Ética de nuestros padres 1:17).”
🧘♂️ Práctica: Una hora sin palabras ni distracciones.
🪞 Reflexión: ¿Qué voz interna empieza a sonar más alto cuando todo calla?
📓 Registro: ¿Lo lograste? ¿Cómo te sentiste? ¿Qué descubriste?
Día 2 🕊️
“Un tiempo para callar, y un tiempo para hablar.” — Eclesiastés 3:7
🧘♂️ Práctica: Contar hasta 3 antes de responder en cada conversación.
🪞 Reflexión: ¿Cuántas veces hablas para imponer o defender tu ego?
📓 Registro: ¿Qué cambió en tus interacciones hoy?
Día 3 🕊️
“Y fue el mundo creado en silencio.” — Midrash Tehilim
🧘♂️ Práctica: Escucha tu respiración durante 10 minutos.
🪞 Reflexión: ¿Cómo se siente el silencio dentro del cuerpo?
📓 Registro: Describe tu respiración en una palabra simbólica.
Día 4 🕊️
“Sal al campo… y habla con D-s como con un amigo.” — Rebe Najman
🧘♂️ Práctica: Caminar solo sin tecnología.
🪞 Reflexión: ¿Qué diálogo íntimo nace en el andar callado?
📓 Registro: ¿Hablaste o callaste? ¿Qué escuchaste en el camino?
Día 5 🕊️
“Una voz… de un silencio suave.” — 1 Reyes 19:12
🧘♂️ Práctica: Meditación de 15 minutos con una palabra repetida (Hineni, Shalom, paz, Jesús, , om, aquí estoy, etc.).
🪞 Reflexión: ¿Qué dice el silencio cuando le das forma?
📓 Registro: ¿Qué palabra elegiste y qué emociones emergieron?
Día 6 🕊️
“D-s se contrajo para dejar espacio.” — Isaac Luria, Tzimtzum
🧘♂️ Práctica: Cede el protagonismo. Escucha más, habla menos.
🪞 Reflexión: ¿A qué renuncias hoy para que el otro exista?
📓 Registro: ¿Cómo sentiste ese vacío?
Día 7 🕊️
“Cuando el sabio escucha… permanece callado.” — Avot deRabí Natán
🧘♂️ Práctica: Anota a quién juzgaste en silencio. Haz una reflexión interior.
🪞 Reflexión: ¿A quién le debes un perdón silencioso?
📓 Registro: ¿Qué tipo de silencio cultivaste: ético, estético, espiritual?
Prefiero ver a ChatGPT como una tecnología cultural de agregación y difusión de conocimiento disperso, no como un agente –ni mucho menos como un agente con conciencia.
Vi el Aleph desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra…
Para mí, ChatGPT y sistemas afines no son tan diferentes a una biblioteca bien surtida, de la que sabes que contiene tanto conocimiento que apenas se puede rozar la superficie, o en la que solo es posible adentrarse profundamente en un ámbito muy estrecho. Eso sí, es una biblioteca de fricción muy baja, donde puedes encontrar y combinar lo que quieras muy rápidamente.
La IA simplemente nos pone más en contacto con una realidad ya existente desde hace mucho tiempo: que el conocimiento humano es prácticamente infinito y que el de cualquier individuo, no importa lo que sepa, es siempre infinitesimal.
«El Aleph” de Borges cumple una función similar a la interpretada y transmitida por la mística judía. A través de él se revela una verdad desbordante y absoluta que, sin embargo, no deja al mismo tiempo de ocultarse para provocar la renovación constante del esfuerzo humano por acercarse a su presencia.
Por supuesto que lo que se puede conocer es todavía más infinito que lo que la humanidad conoce; es un transfinito de orden superior, por usar una analogía tomada de la teoría de conjuntos.
Me parece haber sido solo un niño jugando en la orilla del mar, divirtiéndose y buscando una piedra más lisa o una concha más bonita de lo normal, mientras el gran océano de la verdad yacía ante mis ojos con todo por descubrir
–Isaac Newton
Esto no puede sino generar vértigo cognitivo, casi existencial, unido a una sensación de melancolía por el no saber y el saber que nunca sabrás la mayor parte de lo que se sabe y se puede saber.
¿Cómo transmitir a otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca?
Con la melancolía de constatar nuestra posición en el mundo –el equivalente a mirar por una estrecha rendija una habitación inmensa–, nos puede acompañar una mayor humildad epistémica, la consecuencia natural de contemplar, si no el infinito mismo, sí la posibilidad del infinito.
A pesar de haber descubierto que hay una puerta artificial hecha de redes neuronales que conduce por un pasillo a un conocimiento universal esencialmente inabarcable, es reconfortante reconocer nuestra aportación: esta quedará subsumida en el océano del saber, pero podrá ser desenterrada por otro ser humano más adelante o, más probablemente, convertirse en una humilde piedra de una catedral futura.
A veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en un mar de necesidad; pero el mar sería menos si le faltara nuestra gota.
–Madre Teresa de Calcuta
Nuestras vidas cognitivas no se escurrirán para siempre por las grietas del tiempo. Sabemos que lo que aportemos estará disponible para las nuevas generaciones, si es que algún día lo necesitan o sienten curiosidad por algo de lo que hicimos. Cada uno de nosotros, con sus pequeños pasos, durante un fugaz fragmento del tiempo, será como el soldado desconocido del gran ejército de la humanidad, que camina en busca de un futuro mejor. A su vez, los que vengan después darán sus propios pasos aprovechando el pasado que ayudamos a construir.
No hace falta ser eterno. No es necesario vivir y morir en el espejo de la gloria póstuma. Basta con poder ser útil alguna vez para alguien, aunque solo sea por un instante.
Hace poco, mi hija de siete años me preguntó: «¿cuándo podré tener móvil?» Y le respondí: «Cuando tengas 31 años, y será como el mío (un nokia del siglo pasado, un dumbphone)». Ella me respondió: «Vale».
Si tiene las reglas claras desde pequeña todo es más fácil. Yo mismo tengo que luchar contra la presión imperante, pero puedo ahorrarle la lucha a mi hija para que dedique el tiempo a afanes más productivos que vencer tentaciones: le proporciono mejores alternativas: música, teatro, muchos libros, matemáticas y muchas conversaciones familiares.
Yo creo que la solución SÍ es prohibir pantallas, pero dentro del ámbito de actuación personal y familiar. Así preservamos la libertad personal y de las familias para hacer lo que quieran, y al mismo tiempo creamos un espacio libre de pantallas al menos en casa. Bastaría con que algunos padres, yendo contra la corriente y arriesgándose a ser tildados de maltratadores, prohibieran las pantallas a sus hijos, así se empezarían a ver las diferencias entre los niños y jóvenes criados con pantallas y los criados con libros, en la naturaleza y con ricas comunicaciones con seres humanos.
Los padres digitales querrán hijos como los que tenemos los no digitales y voluntariamente harán lo mismo o parecido.
En materia de educación y «virtudes» (ojo: no hablo de «valores», esos comodines morales del progresismo), la responsabilidad es de los padres, que además son los más interesados por el bienestar y desarrollo de sus hijos. Los políticos, directivos de tecnológicas, administradores de escuelas, funcionarios, pedagogos, profesores, etc. también pueden estar interesados por el bienestar de los niños y jóvenes en general, de forma abstracta, pero principalmente lo están por los votos, su futuro profesional, sus empresas, su comodidad laboral, su sueldo seguro a principio de mes y los trienios.
Opino que a una herramienta educativa no hay que evaluarla solo por sus pros. Las herramientas digitales pueden tener muchos. Pero también hay que considerar los contras. En materia de pantallas en la educación, al menos hasta los 18 años, quizá hasta los 24, los contras superan a los pros; uno de los principales contras es que son tecnologías adictivas por diseño, no por accidente.
Por supuesto que hay ventajas en el uso de herramientas digitales, pero yo puedo vivir sin ellas y además evito los peligros y el efecto expulsión: más tiempo de pantalla menos de comunicación humana, aburrimiento (necesario), libros y espacios naturales. Con el advenimiento de ChatGPT y sistemas afines, hay que añadir como un contra la expulsión producida por la externalización de nuestras funciones cognitivas: memoria, razonamiento, juicio, capacidad creativa.
Y no, las redes sociales y otras tecnologías digitales no son meras herramientas: tienen agencia, intenciones, las de sus programadores y dueños, que no coinciden ni de lejos con mis metas y prioridades.
Escribía Montaigne, recogiendo el tema clásico del Memento Mori («Recuerda que vas a morir»), que debíamos vivir con una ventana mirando al cementerio.
La muerte, con su promesa segura de finitud, convierte el tiempo vivido en un bien escaso y eso, subjetivamente, convierte a la vida en algo más valioso. La cercanía a la muerte o la amenaza a la vida, un susto existencial, aumentan la perspectiva y también la intensidad derivada de la conciencia de nuestra vulnerabilidad.
El Dr. Johnson escribió: «Cuando un hombre sabe que va a ser ahorcado en quince días, concentra su mente maravillosamente.»
Es un lugar común decir que nuestras sociedades contemporáneas esconden la muerte y cualquier tema relacionado con la muerte, porque el enfrentamiento del hombre con su radical destino no es algo que venda o que pueda explotarse fácilmente desde el punto de vista comercial. Los cementerios alejados del centro de las ciudades, los tanatorios, los blancos y asépticos hospitales, las promesas transhumanistas de vida ilimitada, son todos exponentes de este intento de exorcizar la visión de la muerte.
En situaciones dramáticas a las que acabas sobreviviendo, se abre una ventana de oportunidad en la que puedes considerar tus decisiones vitales y el curso de tu vida para así re-priorizar tus acciones y sus metas. Pero hay un gran peligro, que, pasado el susto, retomes los viejos modos de existir: cuando la espada de Damocles deja de pender sobre el cuello, o al menos pende a una mayor distancia, es muy fácil volver a la condición anterior, al modo habitual de hacer las cosas. Por eso hemos de recordarnos continuamente nuestra finitud, pero no para enviar a todos nuestros jugadores, incluso al portero, a rematar al campo contrario, intentando remontar el partido en tiempo de descuento; es mejor aprovechar la oportunidad para recordar que el propósito en la vida, nuestra misión en la vida, tiene menos que ver con nuestra pequeña felicidad o pequeños deseos que con la manera en que nos relacionamos con el mundo y lo absoluto, con algo que va más allá de nosotros mismos: nuestra pequeña aportación a un fin más grande. En términos de teoría de juegos filosófica, deberíamos pensar más en juegos infinitos: los que continuarán sin nosotros cuando no estemos.
El minimalismo existencial se refiere menos a reducir la cantidad de calcetines en los cajones que a reducir la cantidad de ilusiones, en especial las que tenemos sobre la bondad o maldad de las personas, la capacidad reveladora de sus máscaras, y la profundidad o amplitud de nuestro conocimiento.
–Sensei Mínimus
Un juego de conocimiento e ilusiones
Imagina que una rubia tonta, un mecánico, un ingeniero industrial y un físico de partículas entran a un taller de reparación de automóviles. No, no es el comienzo de un mal chiste, es el escenario de una elucubración filosófico-burlesca donde la profundidad del conocimiento se compara con un juego de muñecas rusas. Cada capa contiene una versión de la comprensión humana, cada una más refinada que la anterior, hasta que la verdad final y más elusiva se asienta en la cima.
Pero… ¿Y si la idea misma de esta jerarquía fuera una farsa? ¿Y si, como en un esquema piramidal, la promesa de un conocimiento más profundo solo ocultara un vacío siempre a punto de desmoronarse, y, en realidad, todos estuviéramos simplemente tratando de mantener el equilibrio sobre la arena movediza de lo que creemos saber, de lo que creemos que vale la pena?
En la cima de la pirámide, el físico mira hacia abajo. En el medio, el ingeniero mantiene su posición. Debajo de ellos, el mecánico carga con el peso del mundo práctico. Y en la base, la rubia flota, sin esfuerzo, inconsciente de que hay algo más que saber.
Así que, sumerjámonos. Bajo la superficie de estos personajes yace algo mucho más interesante que la mera apariencia. Se trata de la ilusión del conocimiento y la pregunta axiológica: ¿quién vale más y quién vale menos?, junto con las preguntas epistemológicas: ¿qué podemos conocer, en qué sentido conocemos algo y qué jerarquía evaluativa puede establecerse sobre los grados de conocimiento?
La rubia tonta – Perfectamente superficial
Es hermosa. Impresionante, incluso, de la manera que solo un filtro de Instagram puede capturar verdaderamente. Su coche es tan impecable como su manicura, puede que lo haya alquilado o sea prestado, ciertamente no lo ha pagado por completo. ¿El motor hace un ruido extraño? No importa. Está demasiado ocupada mirando su reflejo en el espejo lateral para notarlo. El coche tiene asientos de cuero, así que eso es todo lo que importa. Constantemente revisa su teléfono, se ajusta su perfecto peinado, y envía selfis desde el asiento del conductor como si estuviera posando para un spot publicitario.
Su mundo es una colección de momentos cuidadosamente planeados, cada uno más perfecto que el anterior. ¿Y bajo la superficie brillante? No sabe la diferencia entre un carburador y un cupcake, y francamente, no le importa. Vive en un mundo de líneas perfectamente rectas: sus cejas, su sonrisa y el camino por delante. Y eso es suficiente. O eso cree ella.
El mecánico, dentro de su mono azul, recorriéndola de arriba abajo, sabe más.
El mecánico – Repara cacharros, práctico como una navaja multiusos
El mecánico se apoya contra su caja de herramientas, dando una larga calada a su cigarrillo, sus ojos recorriendo a la rubia mientras ella llega. La típica muñeca, quizá no eslava, pero sí de garitos y restaurantes caros. Sonríe para sí mismo: hay cierto tipo de mujer que piensa que el coche es solo un símbolo de estatus, como un bolso o unos zapatos brillantes. El motor suena como un San Bernardo acatarrado, pero ¿lo nota ella? Por supuesto que no. A ella no le importa el motor. Solo le importa qué imagen proyecta dentro del buga.
Pero he aquí la cosa: a pesar de los ojos en blanco y el juicio silencioso, se encuentra pensando que tal vez, solo tal vez, ella tiene “algo”. Claro, es superficial. Pero no es estúpida. Conoce a las personas adecuadas, viste la ropa correcta, dice lo justo para hacer que la gente piense que sabe de qué está hablando. A su manera, es una especie de habilidad.
Pero, aun así, es un cliché andante. Cara bonita, decisiones tontas. Si tuviera la paciencia, tal vez le enseñaría un par de cosas, pero ¿quién tiene el tiempo? De todos modos, probablemente está fuera de su liga. No es su tipo.
El ingeniero – Busca el óptimo, pero olvida variables clave
Luego está el ingeniero industrial. Observa desde un lado, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Su mente está ocupada realizando una serie de cálculos sobre el sistema de escape del coche, el coeficiente de fricción de los neumáticos y la forma en que el motor debería teóricamente zumbar en perfecta armonía.
Y ahí está el mecánico, sudando, con los codos hundidos en aceite, arreglando algo que ni siquiera entiende.No puede evitar burlarse un poco. «Otro musculitos simplón con una llave inglesa». El ingeniero no puede evitar mirar con desdén al mecánico. El mecánico arregla cosas. El ingeniero las mejora.
¿El día del ingeniero? Bueno, es una sinfonía de precisión: hojas de cálculo impecables, líneas limpias en software CAD, un orden meticuloso en su mundo. Sus descansos para el café implican sorbos cuidadosamente medidos de espresso orgánico sin gluten de una mezcla de origen único, y pasa al menos treinta minutos discutiendo con las personas adecuadas en línea sobre las RPM óptimas para el ralentí de un motor.
Y luego está la rubia. La mira con el desapego clínico de alguien que examina un objeto en lugar de una persona. Interesante. Sus pensamientos vienen con una ligera pausa calculada. Ciertamente es atractiva. Echa un vistazo a su apariencia bien mantenida, las curvas sin esfuerzo, los… «atributos» vivaces. Levanta una ceja, asiente para sí mismo. «Posiblemente material para una cita, quizá para convertirla en mi esposa-trofeo, si yo puedo soportar su superficialidad, y, mi cartera, su tren de vida. Tal vez.»
El físico – Inmerso en su nube cuántica, asoma la cabeza cuando se acaba el papel higiénico
El físico se encuentra a unos metros de distancia, mirando hacia el horizonte, completamente desconectado del momento. Sus pensamientos no están en el coche, ni en la rubia, ni siquiera en las manos sudorosas y cubiertas de grasa del mecánico. No, su mente está en otra parte, flotando entre partículas y campos cuánticos, desentrañando los misterios del universo de una manera que ningún otro en el grupo podría entender.
Vagamente se percata de los demás. El vestido ajustado de la rubia llama su atención por un momento, pero no es un pensamiento que perdure. No le importan las apariencias; está más preocupado por la paradoja de la dualidad onda-partícula y por qué el universo parece tener sentido del humor sobre todo ello.
Una imperceptible y abstracta sonrisa parpadea en su rostro. ¿El ingeniero? Una mente capaz, seguramente, pero atada a áfanes tan mundanos… ¿El mecánico? Una criatura de hábitos, resolviendo problemas a medida que surgen, pero nunca preguntándose sobre la naturaleza más profunda de la realidad. ¿La rubia? No ve muchas como esta en sus clases, una remota promesa de felicidad no abstracta pero bien estructurada.
El físico casi se anima a decir algo, pero al final no lo hace, no cree que ninguna de estas otras personas pueda entenderle. Después de todo, ¿cómo le explicas a alguien que arreglar un coche, o entenderlo, resulta un poco… trivial, cuando todo el universo podría ser solo una broma cósmica?
El gran caleidoscopio
Ahí lo tienes. Cada hombre (y cada mujer) en su pequeño mundo, cada uno viendo a los demás a través del tamiz de su propia experiencia, o falta de ella. La rubia tonta, que es lista a su manera, felizmente inconsciente, existente en su perfección filtrada; los demás, listos o listillos, que miran por encima del hombro y del hombre (y la mujer) a los demás; pero definitivamente, sin excepción, tontos también a su manera.
El mecánico, práctico, pero no ciego a aspectos más sutiles de la naturaleza humana, ve el mundo como es, aunque a veces, en algún momento de debilidad no práctica, se pregunte por el porqué de las cosas. El ingeniero, con su mente bien ordenada, mira al mundo desde arriba e intenta arreglarlo, de cálculo en cálculo; algo tosco emocionalmente, pero sin gente como él no tendríamos máquinas que funcionan cada año de manera más eficiente. ¿El físico de partículas? Perdido en los pasadizos de su torre de marfil, sabiendo que todo es efímero, pero incapaz de evitar soñar. Siente de vez en cuando la pulsión gregaria de su naturaleza social, pero decide quedarse en la dimensión abstracta.
8.000 millones de seres humanos, todos en su particular mundo, con su particular perspectiva, intentando entenderse o ignorarse, generalmente sin éxito.
No, no es que no exista una realidad objetiva válida para todos, sino que esta realidad ha de pasar por el tamiz de cada uno para volverse significativa y activa en el pensamiento y en la acción. El significado, el sentido de la vida o del momento, no depende solo de los hechos en sí, también depende de la perspectiva desde la que miras y de lo que crees que puedes hacer con la materia bruta de los hechos. La comprensión de cada persona está moldeada por sus necesidades, su entorno, su historia y sus limitaciones.
Posdata
Cada uno de ellos desprecia al otro en algún aspecto: la rubia es solo una habitante de la superficie; el mecánico es un artesano sin refinar; el ingeniero, un optimizador de lo que a veces no importa; y el físico, un filósofo cósmico que no sabe cómo cambiar una rueda.
Pero al final, la rubia se queda con miles de me gusta(s), el mecánico arregla el coche, el ingeniero da con una patente y, el físico…,bueno, es probable que el físico todavía esté en el taller de reparación, preguntándose si todo este episodio fue solo una fluctuación cuántica y si la chica de verdad le guiñó el ojo.
…si los niños de hogaño juegan tanto con el lenguaje como lo hacíamos los niños de antaño.
Me pregunto si podría iniciar una sección en este blog llamada así: «Me pregunto…».
Hace pocos años, me sorprendí porque los niños en un cumpleaños infantil no jugaban, correteaban ni interaccionaban entre sí, sino que yacían sentados delante de sus pantallas, o, a lo sumo, miraban las pantallas de otros.
–Juan Bonilla, escritor español. El arte del yo-yo.
Como sabes, este es un blog sobre trucos minimalistas; esto es, pequeñas acciones, sencillas en su implementación y su concepto, pero que pueden tener un impacto desproporcionado en relación a su tamaño o complejidad aparente: esto es lo que buscamos siempre que aplicamos la ley de los pocos vitales y los muchos triviales.
Situación. Muchos de nosotros encontramos dificultad en establecer buenos hábitos. Las intenciones de cultivarlos y establecerlos en nuevas vidas acaban, desgraciadamente, rebosando por los bordes del día. No bastan buenas intenciones, con las que ya sabemos que se pavimenta el camino hacia el infierno; necesitamos intenciones de ejecución (cuando X, entonces Y).
Esta semana he descubierto, o quizá re-descubierto, una acción que me permite instaurar dos hábitos de un tiro: le lectura diaria y los paseos diarios.
¿Qué necesitas? Dos piernas. Un dispositivo de lectura electrónico tipo Kindle con luz incorporada. Quizá funcionaría con un teléfono inteligente, pero no lo he testado. En todo caso, no será tan cómodo como con un libro electrónico. Un libro físico también serviría si hay luz ambiental y si es de un tamaño que se pueda manejar cómodamente.
¿Cómo se ejecuta? Al final del día, o quizá durante del día, si tienes algún tiempo libre, puedes salir a una calle peatonal rectilínea y con pocos viandantes. Entonces, enciendes tu libro electrónico y te pones a leer. Puedes leer mientras caminas, sin peligro de coches o colisión con otros viandantes (si es de noche es más probable que haya poca gente).
He experimentado unos cuantos días con este nuevo sistema, quizá se convierta en un ritual en el futuro, y los resultados son prometedores.
Después de cenar, salgo a caminar durante una media hora y voy leyendo durante el camino en mi dispositivo de lectura. Me resulta extremadamente agradable y fácil. Con esta media hora diaria, puedo acabar un libro no muy denso de unas doscientas páginas cada diez días mientras forjo mi apolíneo físico.
En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas. Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien –me dijo– ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas. No añadió más, pero ambos no hemos sido nunca muy comunicativos dentro de nuestra habitual reserva, por lo cual comprendí que, con sus palabras, quería decir mucho más.
Francis Scott Fitzgerald. El gran Gatsby
Yo me siento inclinado a criticar a todo el mundo que no me baila el agua.
Pero merecería la pena seguir criticando a todo bicho que se mueva aunque solo fuera por poder escribir la expresión «bailar el agua».
He intentado escribir esto mil veces y siempre acabo sin saber cómo empezar. Siento que estoy perdida en un mar de dudas y necesito un faro que me guíe.
Siempre he anhelado tener un mentor, alguien que vea la luz que creo tener dentro y me ayude a desarrollarla. Alguien con tu experiencia en la escritura y con todas las historias que has vivido, podría darme esa respuesta clave que necesito.
¿Qué pasos debería seguir una mujer de 23 años? ¿Seguir el camino convencional o atreverme a explorar lo desconocido? Tengo tantos proyectos guardados, pero el miedo me paraliza. ¿Cómo puedo vencer ese miedo y compartir mis ideas con el mundo? Es como si estuviera a punto de saltar a una piscina helada y no supiera si podré salir a flote.
¿Cómo puedo encontrar mi camino y descubrir quién quiero ser realmente?
Querida desconocida,
Antes de nada, gracias por depositar una porción de confianza en mis humildes palabras. Ciertamente, soy un doctor, un doctor de la vida que lleva escribiendo muchos años en este nada humilde blog, así que ha llegado el momento de que vierta mi sabiduría en forma de consejos más personalizados y abra, de una vez por todas, tras tanta vacilación y demora, mi consultorio mínimo.
Permíteme que te diga que la primera imagen que me vino a la cabeza tras leer tu petición fue la de un náufrago lanzando una botella a un océano, con el brío que proporciona, si no la desesperación, sí el no tener nada que perder y mucho que ganar, aunque la ganancia sea extremadamente improbable. Como otras veces, mi primer reflejo fue de una cierta sorpresa por la botella recibida y la recibí con una sonrisa condescendiente no exenta de cierta superioridad: “Estos chicos de hoy en día…” .
Pero tus palabras, con tanta corrección ortográfica, gramatical y claridad conceptual, unida a su sencillez y concisión, me sugirieron que merecías una respuesta más completa de lo habitual, de ahí que pensé en rescatar del polvo del olvido mi idea de consultorio e inaugurarlo contigo:
Hola, Anónima. Para empezar, tienes muy buena ortografía y capacidad de expresión escrita. Propongo una cosa: abro una sección llamada «Consultorio del Dr. Mínimus» y te respondo en un artículo de este blog. Para ello, me has de dar tu autorización para inaugurar el consultorio con tu pregunta. ¿La tengo?
Ya he comenzado a responderte de manera indirecta con este comentario: «Haz algo, por pequeño que sea, en la dirección correcta». Tengo más ideas, pero te respondo en el artículo si así quieres.
Un cordial saludo.
Tras tu entusiasta respuesta2de asentimiento, decidí tomarme un descanso; ya tenía a la primera víctima de mi consultorio, ahora podía relajarme, crear expectación en tu joven alma, e iniciar el proyecto de consultoría cuando tuviera un momento de respiro, tranquilidad y bonhomía en la vorágine de mi vida familiar, profesional y espiritual.
Hablando de espiritualidad, me vi de repente como el gigante Tony Robbins en un escenario aseteando a los incautos con su penetración psicológica, su imponente voz rocosa, ahíto de compasión y comprensión, de visión profunda y rotunda.
“¡Yo no soy tu gurú!” me imaginé respondiéndote en un rápido telegrama (nada de WhatsApp, que ya sabes que soy más de dumbphone); pero sabiendo que sí, que sí soy tu gurú, que el manantial de mi experiencia y mis historias personales y universales podría brotar, que podría destapar el tarro de las esencias, y regalarte unos cuantos consejos recién sacados de la chistera de mi biografía, de los posos (o de las cenizas) de mis vicisitudes, aventuras y desventuras vitales.
Quizá podría derramar mi acumen ante el putativo público del blog y sorprenderte con alguna perla de sabiduría, cruce de perogrullada y tiniebla, que pudiera enmudecer tu boca y humedecer tus ojos, haciendo correr lágrimas de gratitud y arrobo.
Todo esto para decirte que yo no soy Tony Robbins, ni tampoco Osho, el maestro espiritual indio que paseaba en un Rolls Royce sufragado por sus seguidores. El gurú sexual que emigró a Estados Unidos para fundar una comuna en las montañas de Oregón y escandalizó a la sociedad de la época.
Una mezcla de materialista hedonista, místico y capitalista sin tapujos ni complejos: un producto del mundo globalizado, en el límite de lo cómico y lo dramático, sincrético entre lo ridículo y lo sublime.
Ciertamente, este gurú es un extremo, pero si ves el documental de Netflix, Wild, Wild Country, puedes hacerte una idea de cómo la pérdida de absolutos, referencias morales y convicciones religiosas en occidente puede llevar a que nos arrojemos en manos del más extravagante de los iluminados.
Dicho esto, Wild, Wild, country es un gran documental muy revelador de esta secta mística-hedonista-capitalista liderada por Osho:
El zeitgeist3o espíritu de los tiempos nos convierte en neófilos45amantes de lo nuevo, aversos a lo antiguo y lo tradicional, siempre a la busca en lugares lejanos (budismo zen, mística india o bailes extáticos sufís) el sentido de una existencia que parece escaparse de las manos, que no tiene propósito o conexión profunda con nada.
La palabra «neofilia» tiene una relevancia particular en Internet y en la cultura hacker. El Diccionario del Nuevo Hacker brinda la siguiente definición de neofilia:
El rasgo de sentirse entusiasmado y complacido por la novedad. Común entre la mayoría de los hackers, seguidores de la ciencia ficción, y miembros de varios otras subculturas relacionadas, incluyendo ‘Tierra Entera’, el ala pro-tecnología del movimiento ecologista, activistas espaciales, muchos miembros de Mensa, y la subcultura discordiana/neo-pagana (ver geek). Todos estos grupos se solapan fuertemente y (donde exista evidencia) parecen compartir característicos tropismos hacker por la ciencia ficción y la música.
Es cierto lo que decía el filósofo de que cuando uno deja de creer en Dios acaba creyendo en cualquier cosa. La historia está llena de ejemplos menos cómicos y más terribles que el de Osho. De ahí que sea bueno conocer relatos sobre gente desnortada para no repetir las historias que no merecen repetirse; aquí meto en el saco a la locura de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII, el advenimiento del pintor fracasado Adolf Hitler o el Despacito de Luis Fonsi y Daddy Yankee. Si no conocemos la historia estamos condenados a repetirla. Lo mismo con las canciones:
El torrente de historias que acuden a mi mente al hilo de tu provocación (o prompt, por usar un término en reciente uso propio de la inteligencia artificial generativa) es inmenso, no solo películas, documentales, también de anécdotas personales, libros e incluso pinturas.
En una versión irónica de la búsqueda del mesías, ya sea en forma de tierra de utopía o de persona-guía, te recomiendo el libro de Richard Bach, Ilusiones, uno de mis grandes referentes personales cuando tenía más o menos tu edad. Tal vez conozcas un título más conocido de este mismo autor, Juan Salvador Gaviota, también muy metafórica y espiritualista.
El título completo del libro que te recomiendo es: Ilusiones, las aventuras de un reacio mesías. De este libro me quedé con uno de sus lemas: Vida = ilusión + aprendizaje.
Ilusiones es un libro típico de la literatura popular new age (pretendidamente inspiradora) pero varios niveles por encima en calidad artística y significado que el alquimista de Pablo Coelho, El secreto de Rhonda Byrne (y su archifamosa, archiodiosa y archiestúpida ley de atracción) o El poder del ahora de Eckart Tolle.
La historia inicial es muy buena.
Una película que también te ayudaría a comprender tu tesitura vital y los condicionantes psicológicos que nos empujan a arrojarnos en los calurosos brazos de las soluciones fáciles mesiánicas o espiritualistas es un documental, Kumaré7, muy divertido y de planteamiento interesante.
Kumaré ha enfrentado críticas por sus implicaciones éticas en relación con el engaño. Algunos argumentan que la creación de un personaje ficticio (un gurú venido de la India) y hacerlo pasar por uno real es moralmente cuestionable, ya que manipula a individuos vulnerables que buscan orientación. Los críticos destacan el daño potencial de llevar a los seguidores a invertir emocionalmente en una persona fabricada. Sin embargo, otros sostienen que la película cumple un propósito valioso al ilustrar cómo la creencia puede fomentar el crecimiento personal, independientemente de la autenticidad de la fuente. La película plantea preguntas profundas sobre la fe, la autenticidad y la naturaleza del liderazgo espiritual.
Afortunadamente, yo no caí nunca en ninguna secta destructiva, aunque he estado en contacto tangencialmente con algunas sectas inocuas e incluso fortalecedoras como las sectas liberales, libertarias y anarcocapitalistas, los libros de Ayn Rand y, por supuesto, el terrible Friedrich Nietzsche, que está en el origen (seguramente sin quererlo) de muchos de los males relativistas, autoengrandecedores y anticristianos de nuestros tiempos. Nietzsche, un anticristo dotado de honestidad intelectual, quiso alertarnos con lo que ocurriría tras la muerte de Dios:
Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?
Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia, sección 125
Friedrich no se refería a la muerte metafísica u ontológica de Dios, sino a su muerte psicológica en el imaginario popular, al cadáver putrefacto de las creencias tradicionales en nuestras mentes. Tras aniquilar e invertir los valores, viene una gran responsabilidad: la de crear una religión o filosofía vital de nuevo cuño que reemplace a lo antiguo y pueda orientarnos. No podemos vivir desnortados, descabezados, carentes de sentido, so pena de entregarnos a un estéril y triste y desesperado nihilismo .
¿Qué es capaz de reemplazar lo divino?
Ciertamente, lo divino será reemplazado por algo con apariencia de divino, porque el Hombre no puede vivir (o no debe vivir) sin referencias absolutas. De ahí que el cientifismo o el socialismo utópico o el comunismo o la adoración a Gaia o el transhumanismo o el globalismo humanista ocupen en nuestros días el lugar de la tradición religiosa.
El poder aborrece el vacío, el sentido de la vida es un espacio que debe llenarse, y si no se hace con lo bueno, se hará con lo malo. En tiempos actuales está operando la Ley de Gresham de la espiritualidad: los conceptos y prácticas religiosas y espirituales genuinas, “la moneda buena”, con la marca de los siglos, terminan siendo suplantadas por las prácticas y conceptos novedosos, “la moneda mala”, las sectas, la espiritualidad de usar y tirar, el transhumanismo, los Osho y los Tony Robbins de nuestros tiempos: fuegos artificiales que asombran y desaparecen en el firmamento sin dejar más huella que la de una nueva decepción y vacío.
Si vienes de la tradición católica o protestante, podrás preguntar a tus padres o abuelos cómo el culto se ha ido desvirtuando a través de los años. Si vienes de la tradición judía, especialmente en Estados Unidos, posiblemente verás a tu alrededor más gente buscando la iluminación en el budismo zen que en la sinagoga más cercana o en el estudio del Talmud y la Torá.
Pero afortunadamente, tú has caído en buenas manos
Ya sé que cualquier gurú constructivo o destructivo, cualquier mentor bienintencionado o que se quiera aprovechar de ti te dirá lo mismo. Pero… prosigamos:
Has caído en buenas manos, porque no quiero imaginar si la misma pregunta que me has hecho la hubieras hecho en el centro de Hare Krishna más cercano a tu domicilio. En el mejor de los casos, habrías pasado un rato en un entorno extrañamente acogedor departiendo con los acólitos de sonrisa permanente; en el peor, estarías recorriendo las calles bajo un manto azafrán cantando el hare, hare, krishna, hare, bajo el estruendo de unos altavoces rompedores de tímpanos. Si se la hubieras hecho a Tony Robbins hubieras perdido 5.000 euros o más, y saldrías de uno de sus multitudinarios eventos con las pilas recargadas para comerte definitivamente el mundo durante… dos o tres días, el tiempo suficiente para que el frenesí egoico decrezca, las aguas vuelvan a su cauce y descubras que todo era vanidad.
A tu pregunta sobre el camino que has de seguir, respondo lo siguiente: sigue el camino tradicional.
Quizá esperas de mí que te anime a seguir tus sueños, a creer en ti o a que busques dentro la luz que te ilumine, que bailes al ritmo de tus tambores interiores, y que te arriesgues y salgas de la zona cómoda (mientras yo sigo en la mía acomodado en mi sofá, viviendo de las rentas y con el futuro resuelto).
En tu caso, y a los 23 años, quizá después de haber acabado tu primer ciclo de estudios universitarios, te recomendaría que buscaras un esposo (y tú serás su “esposa”, que tiene además el significado de ataduras o cadenas) con el que pasar el resto de tu vida y con el que fundar una familia. Te prescribo como medicina para el alma –después de todo soy el Doctor Mínimus– que vuelvas a tus orígenes, a la fe de tus ancestros y que intentes llevar una vida de entrega a tu familia, tu comunidad de origen, tu tradición o tu país, si es que vives en una comunidad nacional que todavía tenga fuertes lazos con el pasado.
Olvídate de dejar tu “muesca en el universo” (Jobs dixit), o de buscar dentro de ti para saber qué muesca ha de ser esa. El fin de tu vida está fuera de ti y antes de ti, no está dentro de ti; de hecho, te precede. No eres nada especial ni en tus cuitas ni en tus cimas más queridas. O al menos no durante mucho tiempo. Tu esencia precede a tu existencia, a pesar de lo que digan los existencialistas, Nietzsche, Jean Paul Sartre y el cristo que los fundó.
Dicho de otro modo, tu propósito vital es tu destino y este está o puede estar en tus relaciones con otras personas y en la lealtad a una fe religiosa, o al menos una comunidad tradicional que esté anclada en una tradición milenaria. Siendo mujer, tienes la propiedad de alumbrar la vida, y este es el destino más valioso y privativo de la Mujer, no lo desaproveches ni lo aplaces hasta que hayas viajado o “vivido muchas experiencias” o alcanzado el éxito profesional.
No necesariamente tienes que buscar el ingreso en una comunidad amish, a menos que tus ancestros lo fueran. Pero puedes considerar que estás ahora en el final de una moratoria vital, un “Rumspringa” (el patio de recreo del diablo89), una encrucijada que demanda dedicir-te, decidir por dónde te llevas y qué camino elegir.
Tampoco necesitas ingresar en una comunidad judía ortodoxa, a menos que seas de origen askenazí y tengas la suerte de que te permitan la entrada.
Puedes ver una serie y un documental antitéticos sobre la lealtad a la tradición judía en Unorthodox y OrthodoXed:
La primera basada en un libro 10 convertido en película cuenta la historia de una judía de la comunidad jasídica de Brooklyn en Nueva York que renuncia a su destino como mujer judía ortodoxa y madre buscando la libertad y escape de una atmósfera opresiva que la anula (o eso cree) como persona.
La segunda es la historia de un chico canadiense de una familia judía contemporánea, que respetaba al menos cosméticamente las creencias y prácticas judías, pero que en la que en la cena de shabbat servían… costillas de cerdo.
En una familia acomodada tenuemente judía, el protagonista se descarría y acaba convertido en un animador de discotecas y finalmente traficante de droga. Tras su particular rumspringa encuentra la llama y vuelve a la fe de sus ancestros como judío ortodoxo, de los que visten de negro y con sombrero.
El documental completo está aquí11 y aquí 12The making of:
Tampoco tienes que ingresar en una comunidad cristiana que todavía preserve valores ancestrales, pero sí es importante que busques tus orígenes, lo dado, lo que eres, pero que no has creado ni decidido. Probablemente, tengas que buscar tus raíces en lo más tradicional, rancio y caduco que todavía quede a tu alrededor, si es que has tenido la suerte de atisbarlo o tener algún contacto con ello.
Te recomiendo que hables con tus padres, para que te den su perspectiva existencial y te cuenten las encrucijadas a las que ellos se enfrentaron a tu edad. Pero todavía te recomiendo más que hables con tus abuelos, en especial con tus abuelas; o, en su defecto, con gente mayor de 80 años. Pueden ser conversaciones que te abran los ojos y te den que pensar. Dijo Alan Kay que un cambio de perspectiva vale ochenta puntos de cociente intelectual; en tu situación, puede significar la diferencia entre un camino mal elegido y el correcto.
Si sigues este último camino de la tradición cristina, te recomiendo el libro La opción benedictina13, (The Benedict Option: A Strategy for Christians in a Post-Christian Nation), escrita por un escritor conservador americano de religión cristiana ortodoxa (creció en una familia metodista en Luisiana, luego se convirtió al catolicismo, y desencantado tras los escándalos en la iglesia católica se hizo cristiano ortodoxo). Su secuela, Vivir sin mentiras14, es también muy recomendable.
Una de mis últimas recomendaciones sobre la que estoy todavía impresionado y que ha dejado poso intelectual en mí (como te habrás dado cuenta a lo largo de esta respuesta): Ortodoxia15de G.K. Chesterton, libro complementario a Herejes, del mismo autor.
Es un libro de 1908 , que, aunque pueda ser calificado como apología del catolicismo, es sobre todo el relato del viaje personal de Chesterton a la fe católica. Chesterton ha sido llamado “El príncipe de las paradojas” y resuena enormemente en mí.
Si tienes que leer un solo ensayo de Chesterton, te recomiendo específicamente el ensayo XIV “Sobre ciertos escritores modernos y la institución de la familia” de su libro Herejes16. Creo que este es especialmente relevante para combatir la neofilia y para elegir un rumbo vital tradicional sin el miedo de estarse perdiendo algo mejor o más importante, lo que ahora llaman el síndrome FOMO17(fear of missing out) en relación al torrente de entretenimiento, oportunidades e información propio de la era digital, y la ansiedad generada cuando uno está desconectado.
Abraza a los muertos y su legado
¿Sabes por qué abogo por lo tradicional? Porque, al igual que el mundo, la tradición estaba mucho antes que tú, y, sobre todo, porque ha perdurado cientos de años, así que es la más segura de las apuestas existenciales. Quizá también porque somos débiles juncos que a menos que estemos bien asentados nos vaporizamos en el fango de la novedad y las modas.
Necesitamos cadenas para ser libres, necesitamos suelo firme sobre el que echar raíces o buscarlas; solo en la comunidad, en lo fijo, en lo que perdura y perdurara encontramos sentido en nuestras vidas.
Un filósofo escéptico y agnóstico lo dijo bien en uno de sus libros:
El mundo privado de los intereses instintivos es muy reducido, ubicado en medio de un mundo grande y poderoso que deberá, tarde o temprano, reducir a ruinas nuestro mundo privado.
A menos que podamos ampliar de tal manera nuestros intereses que incluyan la totalidad del mundo exterior, permaneceremos como en una guarnición de una fortaleza sitiada, sabiendo que el enemigo nos impide la escapatoria y que la rendición final es inevitable. En tal vida no hay paz, sino la lucha constante entre el deseo insistente y la impotencia de la voluntad. De una forma u otra, si queremos una vida grande y libre, debemos escapar a esta prisión y a esta lucha.
–Bertrand Russell. Los problemas de la filosofía.
Por supuesto que la escapada de la prisión interior que tenía en mente Russell es muy distinta de la que yo propongo. La mía no es la contemplación filosófica, confundirnos con la naturaleza o usar el mundo para nuestros fines de expansión o hinchazón del ego.
Tampoco creo que a efectos prácticos nuestras acciones puedan considerar su influencia sobre la totalidad del mundo exterior, pero sí una parte cercana de ella en la que concentremos nuestro cuidado y esfuerzos: familia, comunidad, entorno cercano. El todo natural y social, puede ser contemplado con asombro y vértigo, pero no puede ser la materia en la que prosperemos, nuestros afanes han de ser más limitados y humildes. Quien crea que puede dirigir sus afectos a la aldea global mediada por la información digital se engaña y condena su vida espiritual a la bancarrota existencial.
El escape de esta prisión no está en volvernos hacia dentro y mirarnos el ombligo.El escape de la prisión interior está en mirar hacia afuera y encontrar cadenas, seguramente en la religión y la tradición –y, en el matrimonio, por qué no decirlo– que eliminen muchos de los caminos posibles, que poden un futuro abierto lleno de posibilidades y nos obliguen a seguir un aparente estrecho camino. Un camino donde nuestra vida es una vida más entre otras muchas, pero con la posibilidad de alcanzar la grandeza en la participación en un destino universal, en un futuro que no veremos pero que contribuiremos a traer con nuestras limitadas fuerzas.
Nadie hablará de ti cuando estés muerta, ni falta que hace. Pero algunos te recordarán durante algún tiempo como una persona que pasó elegantemente por la vida haciendo el bien y mirando a quién.
Ahora que estás enfocada fuera de ti y al servicio de una comunidad y una fe que tú no has creado, solo falta que digas sí, y empieces el camino. Quizá bajo los adoquines de la mediocridad encuentres la playa, quizá en los rostros antes inexpresivos y vulgares, encuentres llamas como la tuya, muy parecidas, pero que arden a su modo. No busques lejanos parajes geográficos o ideológicos donde creas que puedes actualizar tus potencias. Quizá ya la suerte está echada, quizá ya tu futuro está decidido, quizá solo tengas que decir “Sí, quiero” al mundo, tu comunidad, tu profesión, tu futuro esposo, tus futuros hijos.
No hay que buscar nada más, no hay que atreverse o decidirse, basta con decir, sí, quiero, y esperar. No necesitas a mentores, a Tony Robbins, a los mesías o las ideologías del crecimiento personal y la autoexpresión, solo volver a los orígenes, vincularte definitivamente a algo que tenga una estela de siglos y dar el primer paso, el segundo paso, el tercer paso.
A propósito, el cuadro que aparece al principio de mi respuesta y el resto de los cuadros son versiones de Magdalena penitente de George La Tour; así es como realmente te imaginé cuando leí tu comentario en el blog, no tanto por el posible remordimiento sobre tus pasados pecados como por la búsqueda de una luz que te guíe, la necesaria contemplación de la llama de la Verdad y el ansia de sentido.
Permíteme que, a la feria y el gran estruendo, añada a tu cóctel un poco de calavera, déjame recordarte que has de vivir con una ventana mirando al cementerio. Solo así aceptando y acogiendo tu finitud y limitados poderes puedes expandir tus miras, logros y ambiciones.
Ahora te toca a ti poner el alma, la calma y decir sí a la llama.
La brillantez se equipara con la rapidez; la sabiduría y el conocimiento, con la expresión rápida y el verbo fácil; el éxito, con la satisfacción instantánea; la profundidad, con la inmediatez en los resultados y la exuberancia. El héroe contemporáneo tiene un cerebro de liebre, pero su mente es de tortuga. Su espíritu está estancado y desencantado.
Pero si quieres llegar lejos, camina dolorosamente despacio. No puedo insistir demasiado en esto. De hecho, si tuviera que dar un solo consejo a mis yoes pasados, esta regla sería la elegida: abraza la lentitud, practica la lentitud deliberada en todas aquellas actividades que importan y en todos tus empeños vitales.
La lentitud rayana en la pereza y la pachorra han de ser tu marca personal.
Aunque los aficionados vamos más rápido, los maestros llegan más lejos. El árbol de la paciencia tiene raíces amargas, pero sus frutos son dulces. Zamora no se hizo en una hora. Todo llega para el que sabe esperar.
Shabbat Shalom. Paz, calma y lentitud en este día. No hay un mejor lugar donde ir. Ya estás en casa. Saborea un destello de eternidad.
Haz un experimento. Ve por la mañana a la entrada de una escuela de primaria o infantil en cualquier lugar de España. ¿Cuál crees que es la despedida más frecuente cuando los padres dejan a sus niños en el colegio?
«Diviértete» o quizá «Pásalo bien» o incluso «Sé feliz».
Todavía estoy esperando el día en que algún padre diga algo como: «Aprende algo», «Sé bueno», «Haz alguna buena pregunta», «Respeta a tu maestro y tus compañeros». O, Dios no quiera: «trabaja y esfuérzate mucho».
El sé feliz como imperativo categórico. Lo importante es que se lo pasen bien, el yo inmaduro, impresionable, desnortado, del niño como brújula vital. Un manojo de pulsiones centradas en el ombligo.
Los profesores casi te piden disculpas si se atreven a poner algún tipo de tarea o deberes para casa a tus hijos. La voluntad es fascista, los deberes alienantes, la responsabilidad un engaño para someter a los más humildes.
Como dice el filósofo Gregorio Luri: la escuela no es un parque de atracciones.
Como dijo John Stuart Mill de Sócrates, los cerdos, los hombres y los locos:
Es mejor ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho; es mejor ser un Sócrates insatisfecho que un loco satisfecho.
Adelante diez o quince años, y tienes seres frágiles, grandes como castillos, endebles en conocimiento y espíritu, incapaces de tolerar la frustración y que encuentran en ideologías progres la solución a sus problemas. La sociedad es la culpable, no es esto lo que me contaron, yo merezco ser feliz.
Tú no mereces nada, alma de cántaro, personita de pitiminí, el mundo no te debe nada, el mundo estaba antes que tú.
En el colegio de Hansel y Gretel habita una terrible bruja. Con el señuelo de la diversión, las piruletas y la felicidad, convertirá a tus hijos en esclavos de sí mismos, carne de cañón de los políticos, eternos frustrados hasta el final de sus días.
Esta entrada me cae cómo un balde de agua fria y apoya totalmente mi pensamiento actualmente, muchas cosas en la cabeza y mucha inacción … Una de las cosas que haré sin duda es quitar de mi vida YouTube, en los últimos 4 meses he pasado 5 horas de mi vida ahí, viendo reels, videos largos, cortos, de juegos, de música, de arte, de ciencia, miles y miles de cosas que por si solos son interesantes, pero juntos, uno tras otro, son una pavada, una mierda, una bazofia.
Esta es mi acción, esto es lo que haré, adiós YouTube, por voluntad propia!!!.
«Y así resultó que solo una vida similar a la vida de aquellos que nos rodean, fusionándose con ella sin un ruido, es vida genuina, y que una felicidad no compartida no es felicidad…» ↩︎
Uno de mis hermanos cuenta la anécdota de estar pasando unas vacaciones en una isla del Caribe, Granada, y conocer a un negro simpático y hablador. Confraternizaron y charlaron durante un rato.
Este hombre decía que todo lo que era se lo debía a su maestro, un rastafari muy sabio, y que seguía todas sus enseñanzas; una de ellas era la importancia de ser flexible. “I’m flexible”, decía repetias veces; entendemos que no solo al realizar estiramientos sino en diversidad de asuntos.
En cierto momento, el rastafari confesó que su maestro también le inculcó el odio hacia los blancos.
Después de una pausa, agregó con tono tranquilizador que en este punto no seguía los pasos de su maestro y que también era ‘flexible’.
Esta anécdota me recuerda la dificultad de guiarse por principios tales como “Be Flexible” cuando tienes otros como “Hate white people”.
Principios, reglas y herramientas
Mi sistema de minimalismo existencial se concibió como un sistema de principios, reglas y herramientas del minimalismo.
Podemos decir que forman una jerarquía. Las herramientas son medios para fines más altos, mientras que las reglas intentan operacionalizar los principios. Los principios, por otro lado, son exhortaciones generales lo suficientemente vagas para aplicarse en diversas situaciones, sirviendo más como guías en la toma de decisiones que como rutas definidas
Es innegable que odiar a la gente blanca parece más una regla de conducta que un principio, pero se asemeja a este último. Si fuera una regla, habría que definir qué significa exactamente odiar a los blancos y en qué tipo de acciones o inacciones se traduce.
Podría ser que hubiera que odiar la blancura o la raza blanca en general pero no a las personas blancas individuales; sería como la exhortación de Concepción Arenal “Odia el delito y compadece el delincuente”1. Resulta complicado determinar si el maestro rastafari interpretaba la regla de odiar a los blancos como un principio general de desconfianza hacia ellos o como una norma más activa de llamada a la lucha.
La dificultad de lidiar con varios principios
Si ser flexible era un principio para el maestro rastafari, pero al mismo también otro era odiar a los blancos, el discípulo dudaría sobre cuál aplicar si se encontrara con un blanco europeo.
Esto obligaría a crear una jerarquía de principios para deshacer algunas de las contradicciones del sistema, aunque en un mismo nivel jerárquico siempre podría haber conflictos que tendrían que dirimirse apelando a un principio superior.
Puede que en el caso anterior el principio de ser flexible fuera jerárquicamente superior al de odiar a los blancos. También podría ser que la exhortación a odiar a los blancos no admitiera excepciones y fuera un principio tan importante o más que el de ser flexible.
Podría ser que en la mayoría de los asuntos importantes –sean estos cuestiones éticas, estéticas o de la búsqueda de la verdad– no haya reglas, ni siquiera principios de actuación suficientemente claros.
Por tanto, en muchas ocasiones habrá que seguir la intuición, el ojo clínico o la corazonada que permita dirimir los dilemas cotidianos caso por caso.
Ante la imposibilidad de sistematizar, de diseñar una ecuación que resuelva todas nuestras equis, nos queda la experiencia, la casuística, el gusto, el tocar de oído, sin partitura e improvisando de cuando en cuando.
Cabalgando las contradicciones
Puede que necesitemos llevar un caos dentro de nosotros, un caos de opuestos y contradicciones derivado de considerar muchas posibilidades, y, a la manera de Nietzsche, podamos así alumbrar una estrella danzarina, un cometa, una estrella fugaz…
Quizá la apertura mental nos lleve a tolerar mejor las contradicciones, o, al contrario, el tolerar las contradicciones sin anular ninguno de los opuestos, nos lleve a la apertura mental.
Confía en las contradicciones y míralas todas. Nunca anules una fuerza para dar supremacía a otra. La contradicción misma es la realidad en toda su multiplicidad. El hombre, desde su punto de vista, sólo puede ver la realidad en las contradicciones. Y cuanto más fiel es a su percepción de la contradicción, más abierto está a lo que hay que saber. La «armonía» como un bien absoluto es para los dioses, no para el hombre.
—Alfred Kazin. Citado en The marginalian2 por Maria Popova
Caerse el cerebro de ser tan abiertos
De lo anterior, parece derivarse que tengamos que estar con Marx (Groucho) y digamos de cuando en cuando eso de “Señora, estos son mis principios, y si no le gustan… pues tengo otros”.
Pero ser marxistas en esto nos llevaría al problema planteado en la cita: ¿Podríamos estar siendo demasiado flexibles, ser de mentes tan abiertas que se nos abra la tapa de los sesos y se caiga el cerebro?
[Los caballeros prácticos] tienen una serie de comentarios amargamente sarcásticos sobre personas cuyas mentes son tan abiertas que se les cae el cerebro .
—Max Radin, 1937
Podríamos ser tan abiertos a las nuevas ideas que ninguna germinara profundamente, que no hubiera tiempo para considerar y experimentar lo suficiente para conocer su ámbito de aplicación o su forma de aplicarla.
Esta apertura mental, este abrir el grifo de las influencias, puede derivar fácilmente en inconstancia, irregularidad, capricho, exceso de sensibilidad a los sucesos internos y externos que nos asaetean. Como resultado, careceríamos de fondo, de fundamento, de cimientos mínimos sobre los que sustentar una vida bien vivida.
La bestia, al vivir en un eterno presente, no puede comprometer su acción para el futuro, tanto por incapacidad de conceptualizar la promesa como por carecer de la habilidad para gestionar inteligentemente sus variados y a veces contradictorios motivos.
Comprometer al yo futuro es algo que solo el yo presente del Hombre puede hacer, no está al alcance de ningún otro ente conocido. La sociedad, la civilización y sus frutos no serían posibles sin la capacidad de empeñar la palabra, que a su vez depende que seamos capaces de empeñarnos en algo, esforzarnos y entregar parte de nuestra alma y de nuestra acción futura.
Ningún viento es favorable para quien no sabe hacia donde navega
–Lucio Aneo Séneca
El problema con la apertura mental y la excesiva “inclusividad” de las ideas —por usar un término actualmente en boga— es que nos quedemos a medio camino en todo, que no nos comprometamos lo suficiente con ninguna idea o dirección intelectual o vital: por querer tener el dedo en todas las tartas, podemos no llegar a tenerlo en ninguna; por no privilegiar ninguna doctrina u orientación vital podemos caer en un pantano inclusivo. Este pantano espiritual no muestra tanto bonhomía como nuestra molicie y carencia de criterio.
En última instancia, la capacidad de comprometerse con valores claros distingue a una persona de carácter y proporciona un fundamento para una vida bien vivida.
El sé flexible –o inclusivo o diverso o igualitario– con todas las ideas, opiniones o doctrinas es el signo de los tiempos, pero deberíamos empezar a considerar las bondades de la discriminación y si la flexibilidad o acogimiento universal de personas e ideologías es siempre tan apropiada como indudablemente lo fue en el caso del rastafari de Granada que desafío a su maestro y optó por no odiar a los blancos.
Si sigues a Homo Mínimus desde hace tiempo te puedes haber preguntado a quién estás siguiendo: al artista que se hace llamar Homo Mínimus o a Homo Mínimus, un personaje tan real como el artista, con su estilo, personalidad y agenda propia.
Yo ahora me estoy preguntando, cuando escribo estas palabras, quién es el que está escribiendo el texto. ¿A quién se refiere el yo empleado en este párrafo?
Difícil decirlo. Quizá, ahora que lo pienso, sepa quién es, me digo a mí mismo “soy yo”. Pero claro, eso no significa que te lo vaya a decir ti o que pueda decírtelo y desvelar el misterio.
Para mí no está claro, mucho menos para ti.
Dejemos esta pregunta sin responder por ahora.
Hay otra pregunta que me hago y también requiere respuesta. Esta pregunta es una auto-pregunta, aunque puedo hacerte también partícipe a ti, quien quiera que tú seas:
“¿Es mejor escribir para uno mismo o es mejor escribir para una audiencia (exista esta o no exista)?”
¿Me puedo creer a quien dice que escribe para sí mismo y luego publica en un blog? ¿Me puedo creer a la mujer que dice que se viste y se maquilla para ella misma?
Quizá, si escribiese y luego no publicase nada, estaría “escribiendo para mí mismo” (para el artista conocido como Homo Mínimus o para el mismo Homo Mínimus). Quizá me creyese a la mujer que se viste y maquilla para sí misma, si viviera recluida en su casa y no en la discoteca.
Pero resulta que publico de cuando en cuando en este blog, luego no estoy escribiendo meramente para mí y entrando en el terreno de los diarios (o delirios) personales. Pero incluso si escribiese un diario personal sin pretensiones de publicación o de adquirir difusión, pudiese ser que luego terminara publicándose. Cualquier escritor que se precie escribe para un público; aunque crea que está escribiendo para sí mismo está escribiendo con vistas a la mirada futura de otros. Puede que esté escribiendo con vistas a la mirada de su Yo futuro.
El infierno sois vosotros
Parece que estamos condenados por la mirada ajena. Dependemos de ella incluso en nuestros momentos más herméticos, en nuestros soliloquios. Soy como el actor vestido de negro contemplando la calavera en su soledad brumosa declamando el ser o no ser mientras es muy consciente de que hay mil ojos ahí en la oscuridad de la sala mirando.
Por otra parte, ¿qué sentido tendría entonces la vida si no existieran otros? Dejaríamos de estar condenados por el otro, pero entraríamos en un solipsismo de facto: solo existiríamos nosotros, o como diría el castizo: yo mismo y mi mecanismo: podríamos acabar siendo como la máquina de salchichas de Bertrand Russell, [Pulsa aquí si quieres escuchar la fábula]
Ser independiente o indiferente a la mirada ajena y a los lectores potenciales me daría alas, al menos me liberaría de muchas cadenas, pero entonces, ¿por qué querría escribir? ¿hacia dónde querría volar?
Como dijo David Bolton1, mi profesor americano de inglés, “sería liberador que no existieran (o no necesitáramos) las mujeres, porque entonces podría consagrar mi vida al estudio, el crecimiento personal, aprendería cuatro o cinco idiomas, obtendría varias licenciaturas más, exploraría mis inquietudes y pasiones siempre aplazadas… pero entonces… si no hubiera mujeres mirando…, ¿para qué estaría haciendo todos esos esfuerzos?”
En el Tao de Steve3, el tema de la película es una combinación de las máquinas de salchichas de Russell y la no necesidad del sexo opuesto (porque fueran ellas las que te necesiten): cómo sería la vida de un hombre que tiene satisfechas sus necesidades básicas, esto es: éxito con las mujeres y que puede permitirse una vida muelle.
Este hombre es inteligente, ingenioso, cínico, filosófico, despreocupado, pero está estancado, pasado de peso, sin norte vital. No siente interés por nadie ni por nada que no tenga que ver consigo mismo, con sus mecanismos y sus hermosas cuchillas, no le interesan los cerdos.
Ha muerto de éxito, tiene sus objetivos conseguidos y trabaja de profesor de párvulos seduciendo mujeres a base de carisma y técnica depurada, que despliega con la indiferencia profesional con que un dentista a tres años de jubilarse practica endodoncias.
Ha convertido su vida en fachada al servicio de sus objetivos hedónicos, y hasta sus inclinaciones filosóficas forman parte de una pose con la que busca impresionar a sus presas y sus amigos. Lo que se relaciona con la segunda regla del Tao de Steve: sé excelente en algo.
Un actor busca ser excelente en su papel, hacer lo mejor que puede con los medios de los que dispone en un escenario o situación social. El artista conocido como Homo Mínimus, a su manera, y quién sabe con qué oscuros fines, también quiere ser excelente en algo y por eso se afana (¿me afano?) por epatar, no a la burguesía, pero sí a cualquier incauto que se topa con el blog. Lo conseguirá o no lo conseguirá, pero puedo asegurarte que lo intenta (¿quién está asegurando algo sobre alguien?)
No te lo vas a creer… me acabo de encontrar con una voz del pasado que ha reaparecido de la forma más inesperada posible…
Interludio
…Lo extraordinario es que, mientras escribía la primera parte del artículo, estaba leyendo comentarios a uno de mis haikus del 2013 (a la dispersión narcisista dentro de la escritura le llamo investigación o documentación).
…y según leía el comentario al haiku4 de un tal Flames del 2013 y su aportación en forma de anécdota, aparece la campanilla de comentario en el blog, ¡y es el mismo John Flames!, quien acababa de comentar5 mi último artículo sobre productividad lenta. ¿Debería decir el “artista conocido como John Flames”?
Ahora no usaré la palabra en la que sé que estás pensando, no, no la usaré. Mejor muerto que trillado.
En todo caso, Flames, gracias por pasarte por aquí, se echan de menos tus comentarios., algunos como este que robo y uso para mis fines diez años después :
Por cierto –y por si te sirve de algo– recuerdo una anécdota de Zweig que decía que el quería que sus escritos tuvieran un ritmo, una continuidad en la que nada sobrara. Como lector no soportaba los bajones ni los párrafos vacíos o de relleno. Una vez se levantó de la cama emocionado porque había dado con una solución para un párrafo. Su mujer le preguntó si es que se le había ocurrido algo, y el contestó que no, que había logrado quitar una frase y que mejorara el párrafo.
John Flames en un comentario 6del 17.12.13 a las 7:17
John Flames, amigo del artista conocido como Homo Mínimus, me recuerda otra conexión importante con el tema de hoy: no actuamos solos, incluso Homo Mínimus necesita de otros para su actuación, para salir a escena y para ejecutar su pieza necesita a otros: no como audiencia, sino como compañeros de tablas. En este caso, John Flames, o el artista conocido como John Flames, quién sabe.
A propósito, John Flames es quien creó el primer y único video de YouTube sobre minimalismo existencial de Homo Mínimus.
Teatro clásico o improvisación teatral
Esto de escribir en un blog se parece más a una escena de teatro de improvisación que a una plan quinquenal soviético para una novela. Acaba de entrar Flames y ha dicho algo, ha irrumpido en mi corriente de conciencia. Estaba entrando en disquisiciones cuasi-filosóficas sobre el escribidor y su personaje y ya empezaba a oler a viciado, a habitación de enfermo (la de mi aislada y solipsista conciencia), cuando se cuela de rondón un visitante, sube al tablado (¿va a bailar flamenco?) , se sube al escenario, digo, y me hace girar, cambiar de tercio (¡torero!), y pasar al de banderillas, ¡o al de muerte!
Actores suecos actuando en theatresports, una forma competitiva de la improvisación teatral. Fuente: Wikipedia
El sociólogo Erving Goffman en su obra seminal La presentación del yo en la vida cotidiana7 plantea una teoría dramatúrgica en la que se conciben las interacciones sociales como representaciones teatrales. Divide el mundo social en dos partes: el escenario y entre bambalinas, lo que hay tras el escenario, donde los actores se preparan, ensayan y esperan su aparición. Dice Shakespeare, “Todo el mundo es un escenario, y todos, hombres y mujeres, son meros actores. Todos tienen sus entradas y salidas, y cada hombre en su vida representa muchos papeles”.
Como una extraña nave arrojada por el mar, con su bandera roja de pirata en el palo mayor, [el teatro The Globe] se levanta allí, anclado en el fondo cenagoso. En la platea el pueblo llano se agolpa ruidoso como en el puerto; desde las galerías el mundo elegante sonríe y charla con los actores de abajo.
Impacientes, los espectadores piden que empiecen. Patalean y alborotan, con el pomo de la espada golpean estrepitosamente contra las tablas, hasta que al fin, por primera vez, el escenario se ilumina con cuatro bujías vacilantes que alguien ha traído, y aparecen unos personajes más o menos disfrazados para interpretar una comedia al parecer improvisada.
Y entonces… estalla de repente la tempestad de las palabras, aquel mar infinito de la pasión que, desde los límites de las tablas, lanza a todas las épocas y a todas las zonas del corazón humano sus olas sangrientas, incansables, alegres y trágicas, con todas sus variantes y hechas a la imagen del hombre por excelencia: el teatro de Inglaterra, el drama shakespeariano.
Stephan Zweig, Confusión de sentimientos. Citado en Balló, Jordi; Pérez, Xavier. El mundo, un escenario: Shakespeare, el guionista invisible
En la escritura también opera esa presentación del yo, la conciencia acerada e ingeniería literaria de la imagen del artista, que pretende lograr un determinado efecto en su público o pretendida audiencia.
Lo que estás leyendo ahora parece el ensayo entre bambalinas, un relato de lo que ocurre antes de que alguien presente su ego o su alter ego al mundo y salga a escena, pero esto no deja de ser un artificio literario: lo que estás leyendo es la actuación, la representación, el producto final en forma de artículo de blog que se ha gestado, forjado, ensayado previamente en un borrador. Puede que este texto te esté pareciendo una descripción del proceso de gestación de una representación, pero no lo es, es el final, el fruto de muchas modificaciones, ocurrencias y refinamientos que han culminado en el texto que ahora lees. Lo descriptivo está al servicio de la retórica, del efecto que el escritor quiere producir en quien lo lee.
En Cómo convertirte en el Stanley Kubrick de tu propia mente8, Homo Mínimus planteaba la teoría dramatúrgica en un nivel inferior: hablaba de la psique humana, y de cómo la conciencia individual –al igual que las interacciones sociales– se puede conceptualizar como un escenario donde entran y salen personajes que esperan entre bambalinas; o incluso un espectáculo donde los espectadores, otros entes psíquicos dotados de agenda, procesos y funciones, pueden irrumpir en la conciencia, subiendo al escenario y formando parte del número, la obra, la escena que en cada momento se esté representando. Podríamos hablar de una «sociedad de la mente».
Según el científico cognitivo Douglas Hofstadter9, la conciencia podría considerarse como los pliegues que surgen cuando diversos procesos psíquicos distribuidos de un sistema altamente complejo interaccionan y crean «arrugas» que llamamos elementos de la conciencia. Estos pliegues aparecen y desaparecen generando la corriente o flujo de la conciencia.
A Douglas le debemos la ley de Hofstadter, que podría haber incluido en el artículo sobre Productividad lenta10:
Hacer algo te va a llevar más tiempo de lo que piensas, incluso si tienes en cuenta la ley de Hofstadter.
Ley de Hofstadter
¿Somos extraños bucles? Referencia y autoreferencia
Pero volvamos al teatro de la sociedad y subamos un nivel en estas matrioskas conceptuales, pasemos otra vez a la sociedad como interacción de seres humanos y sucesos comunicativos conceptualizados como interpretaciones teatrales.
En el blog Homo Mínimus, hay elementos de ingeniería literaria propias del teatro clásico con detallados libretos creados en el escritorio y ensayados entre bambalinas; a la vez, hay mucho lugar para la improvisación, como cuando “ahí arriba” , o “antes” (¡el espacio-tiempo del texto!) irrumpió en la escena-texto Flames e hizo su contribución, interpretó su papel.
Los comentarios, conversaciones, suscripciones y des-suscripciones de los lectores forman parte de la actuación y contribuyen a su éxito o fracaso. Los amigos del blog tienen sus propias agendas que combinan con la de Homo Mínimus para producir la representación teatral que es este blog, una muy fragmentada y extendida en el tiempo, pero representación al fin y al cabo.
En la vida todo es actuación y es difícil distinguir el yo verdadero del personaje, el actor de su máscara; es revelador que el origen etimológico de la palabra “persona” sea “máscara”:
La palabra persona viene del latín persona, o sea máscara usada por un personaje teatral. El latín lo tomó del etrusco, phersu y este del griego πρὀσωπον (prósopon = máscara). «Máscara» en griego está formada de προς (pros = delante) y ωπος (opos = cara), o sea «delante de la cara».
Vista la persona como personaje o como máscara, el “yo real” queda desdibujado, ese núcleo capital de uno mismo adquiere toques fantasmales, es como una sábana que arrastra sus cadenas y que cuando vas a tocarla se desvanece entre los dedos.
No me resisto a transcribir el poema de Benedetti Suburbia:
En el centro de mi vida en el núcleo capital de mi vida hay una fuente luminosa un surtidor que alza convicciones de colores y es lindo contemplarlas y seguirlas en el centro de mi vida en el núcleo capital de mi vida hay un dolor que palmo a palmo va ganando su tiempo y es útil aprender su huella firme en el centro de mi vida en el núcleo capital de mi vida la muerte queda lejos la calma tiene olor a lluvia la lluvia tiene olor a tierra esto me lo contaron porque yo nunca estoy en el centro de mi vida.
Suburbia. Mario Benedetti.
Esto se lo contaron, porque Mario Benedetti, el poeta que adivinamos tras los versos, está demasiado ocupado escribiendo poemas y generando efectos sobre el lector como para distinguirse de la imagen que proyecta.
El yo es entonces un proceso más que una entidad, más que un resultado, más que un ser u origen del devenir. Puede que el alma de Homo Mínimus, el artista conocido como Homo Mínimus, no sea tan sólida como el alma del suelo y se confunda con su máscara o se convierta en su máscara.
Algunas personas que me conocen bien, que conocen bien al artista, dicen que mi blog es una pose, que yo (el artista) no soy el que plasmo en el blog, que Homo Mínimus es como un ideal del yo o como una versión idealizada de mí o, peor, un impostor. Quizá tengan razón, quizá la tengan a medias, quizá estén muy descaminados y se equivoquen.
Es difícil distinguir entre la táctica y la estrategia.
Pero qué diablos , tú estabas leyendo este artículo para llevarte algo a la boca existencial. Te dejo aquí lo que sé que estás buscando: el secreto de la felicidad12.
Slow Productivity1 es el título del nuevo libro de Cal Newport, uno de mis autores de referencia en materia de organización del trabajo y productividad personal.
Este artículo de algo más de seis mil palabras, a pesar de su nivel de detalle, no es sustituto para el libro. Es una animación a su lectura, un resumen y una ilustración de algunos de sus temas desde la perspectiva del minimalismo existencial; también es una extensión de estos temas y una reflexión personal.
Productividad lenta: el perdido arte del logro sin quemarse
Cal Newport es un profesor universitario en ciencias de la computación cuya investigación está centrada en la teoría de los algoritmos distribuidos. En paralelo, y desde muy joven, ha perseguido también una carrera de escritor, su segunda —quizá primera— vocación. Hace años, hicimos un podcast 2comentando uno de sus libros más exitosos: Deep Work3.
Sus libros pertenecen al género que él ha bautizado como “smart self-help”, o autoayuda inteligente, una mezcla de los tradicionales libros de consejos y la escritura creativa de no ficción. En el libro actual, ahonda en algunos de los temas tratados en Deep Work y sus otros libros, Minimalismo digital4, Un mundo sin email5.
Para hacernos una idea del personaje puedes echar un vistazo a su conferencia TED6 de hace varios años donde nos exhorta a dejar las redes sociales. A la manera neoludita, Cal carece de un teléfono inteligente, cosa que en mi experiencia es patrimonio de unos pocos “iluminados” minimalistas y otra gente de buen vivir.
La tesis del libro es que vivimos en un mundo profesional donde el concepto de productividad heredado de la era industrial se ha trasladado a la economía del conocimiento, dando lugar a la pseudo-productividad, una apariencia engañosa de productividad que nos aleja de nuestros objetivos individuales y empresariales u organizativos.
En el libro, hace un recorrido histórico por los distintos modos de organización del trabajo, desde los cazadores-recolectores, hace unos 300.000 años, pasando por la revolución neolítica y el paso al sedentarismo y la agricultura, hasta la abrupta transición a la era industrial en el siglo XVIII, que supuso un tremendo cambio en los modos de producción y organización del trabajo.
Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad hemos visto la irrupción de otro tipo de trabajador –el trabajador del conocimiento– propio del cada vez más grande sector servicios, con funciones y características muy distintas al trabajador industrial tradicional.
El trabajador del conocimiento coincide con las características de un tipo de trabajador autónomo y creativo que el sociólogo español Manuel Castells denomino “Trabajadores autoprogramables7”.
En la trayectoria laboral típica de la sociedad tardoindustrial (aunque sin duda nunca se llevó a cabo exactamente de este modo), una persona era preparada para realizar un oficio en el cual trabajaría durante el resto de su vida productiva, de nueve a cinco. En la economía de la información, ya no sucede así; más bien, el nuevo profesional de la información es, para emplear las palabras de Castells, “autoprogramable” y tiene la capacidad de reciclarse y adaptarse a nuevas tareas, nuevos procesos y nuevas fuentes de información a medida que la tecnología, la demanda y la dirección aceleran su ritmo de cambio.”
Los trabajadores del conocimiento actuales trabajan en entornos complejos y deben coordinarse con otros trabajadores del conocimiento para lograr sus fines. Su modo de trabajo difiere sustancialmente de los operarios industriales regidos por las métricas de unidades producidas y tiempo empleado. Cuando se intenta aplicar la forma de organización basada en instrucciones de las fábricas, o de órdenes y control de las grandes organizaciones burocráticas, el resultado es subóptimo.
Métricas de productividad erróneas
Las métricas que se empleaban en la economía agrícola o industrial miden muy indirectamente y de manera muchas veces engañosa los resultados y aportaciones de los trabajadores del conocimiento. Por ejemplo, el número de horas presenciales en el trabajo es un indicador muy pobre de la contribución de un programador o experto en marketing a los resultados organizativos. En el entorno académico, el número de publicaciones es uno de los indicadores que mide el rendimiento de un profesor de universidad pero conduce a efectos contraproducentes incentivando la cantidad sobre la calidad. A efectos prácticos, un académico puede considerar que cinco artículos científicos en cinco años de calidad media le hacen parecer más productivo que un único artículo más de fondo o innovador que abre nuevos caminos y que requiere mayor tiempo y calma para forjarse.
Otras métricas más o menos falaces, más o menos “de vanidad”, tienen que ver con el nivel de comunicación entre miembros del equipo: reuniones de coordinación, accesibilidad y rapidez en la respuesta vía email o WhatsApp, o número de informes generados.
Estas métricas son medios para conocer indirectamente el compromiso del trabajador con la organización y una medida indirecta de su contribución, pero cuando al trabajador se le paga por pensar, innovar y resolver problemas, puede que estos indicadores de productividad vayan muy desencaminados.
Marco mental de la pseudo-productividad
La pseudo-productividad del siglo XXI viene acompañada de valores y marcos mentales que enfatizan la rapidez, el frenesí, la visibilidad del trabajo. A esto en Estados Unidos se la ha dado en llamar la cultura “hustle” o cultura de la agitación. Daniel González, amigo estoico del blog, tiene un video de seis minutos donde explica el sentido de este concepto:
Cal Newport reacciona ante la pseudo-productividad y propone un nuevo marco mental sobre el que fundamentar el trabajo del conocimiento: el de la productividad lenta.
El concepto de trabajador del conocimiento es muy amplio e incluye a cualquier persona con autonomía en la definición de tareas y objetivos o en la organización de su trabajo. Asimismo, este trabajador depende de las ideas innovadoras y su capacidad de generación de ellas para aplicarlas a la solución de los problemas de su campo.
Podemos incluir aquí a programadores, profesores de universidad, ejecutivos, artistas, diseñadores, expertos en marketing, consultores, emprendedores y empresarios, soloemprendedores y en general muchos de los trabajadores autoempleados actuales. En esencia, Cal se dirige a cualquiera que no tenga rígidamente pautada la forma de lograr los resultados, cuyo campo sea ambiguo y complejo, y dependa de su creatividad e imaginación para lograr los resultados. Esto puede incluir a cada vez a más trabajadores en el siglo XXI.
La dirección por objetivos o la más reciente dirección por valores han sido intentos de gestionar las condiciones del nuevo entorno económico, pero según Cal es necesario un cambio de paradigma.
Tres principios
Cal Newport resume su paradigma o marco mental en tres principios:
I. Haz menos cosas II. Trabaja a un ritmo natural III. Obsesiónate con la calidad
La segunda parte del libro fundamenta la inclusión de cada principio y hace sugerencias o propuestas específicas para aplicarlos en la vida real.
Al final del libro, relaciona el tercer principio (obsesión con la calidad) con los dos anteriores (hacer menos cosas y adoptar un ritmo de trabajo natural), mostrando que obtener calidad exige reducir el trabajo y trabajar con ritmos más naturales; a su vez, la reducción de tareas y adoptar un ritmo más pausado de trabajo, más sostenible y “ecológico” es lo que permite en el medio y largo plazo hacer un trabajo tan bueno que “no puedas ser ignorado” (So good that they can’t ignore you9 es otro de los libros de Cal Newport).
El autor, a través anécdotas, historias y biografías de artistas, escritores, científicos y empresarios de éxito, ilustra sus tesis y proporciona imágenes vívidas que quedan en la memoria y sirven de trampolín cognitivo para adaptar o aplicar a vidas profesionales más prosaicas, como las de la mayoría de nosotros. En las páginas del libro aparecerán personajes muy conocidos como los Beatles, Steve Jobs, Madame Curie, Isaac Newton o Neil Gaiman y otros menos conocidos para el público español, como el escritor de no ficción creativa McPhee, la bailarina Maya Angelou, o la cantaautora estadounidense Jewel Kilcher.
Los ejemplos pueden parecer románticos y quizá en ocasiones algo grandiosos, definitivamente inviables o muy alejados para la mayoría de nosotros, que tenemos que equilibrar las necesidades económicas, con las familiares y las laborales y que no podemos dejarlo todo e irnos a vivir a una cabaña en el bosque para escribir o a una finca en Idaho donde nos despertemos con los trinos de los pájaros o podamos pasar horas paseando por las colinas de los alrededores.
Sin embargo, queda bien claro que estos ejemplos de artistas, científicos y escritores contienen valiosas enseñanzas para los trabajadores del conocimiento del siglo XXI. Son estos oficios artísticos los precursores y los que más experiencia y experimentación han desarrollado en la autoprogramación del tiempo de trabajo y la gestión de la energía personal para lograr obtener resultados extraordinarios.
I. Haz menos cosas
NO podemos hacer todo. Podemos hacer muchas cosas, pero es conveniente que hagamos las más importantes, las que generan más valor, las que tienen más repercusión. En todo caso, no podemos hacer todas a la vez. Este principio está muy relacionado con uno de nuestros principios minimalistas básicos, el principio de concentración10.
La primera estrategia es ser siempre muy fuerte; primero en general y después en el momento decisivo. No hay ley estratégica superior ni más simple que mantener las fuerzas concentradas. Resumiendo: el primer principio es actuar con la máxima concentración.
Klausewitz. De la guerra.
En este blog, asociado a este principio, tenemos una larga lista de reglas minimalistas11 que intentan aterrizar la gran directriz y exhortación a concentrar nuestros esfuerzos. Esta lista es tan larga –y poco minimalista– que muchos han tildado nuestro minimalismo de «minimalismo robótico12«.
El principio de Pareto o regla del 80/2013, aunque no explicitado en el libro, sí está implícito en toda la filosofía del minimalismo y el enfoque lento de la productividad. En su forma más simple el principio de Pareto significa lo siguiente: no todas las causas tienen el mismo impacto o efecto sobre los resultados perseguidos, luego haremos bien en elegir juiciosamente qué hacer, y, sobre todo, ser implacables en lo que no hacer.
Embudo de la productividad
Otro principio implícito en la filosofía del trabajo de Newport es la concentración o el foco, la habilidad de centrar los esfuerzos y la atención en una sola dirección. En esta línea, el autor habla en su blog de un concepto útil muy relacionado con lo anterior: el embudo de la productividad14.
Selección de actividades
La cantidad de tareas que podríamos hacer en un momento dado es enorme, podríamos decir que no hay más límite que el de la imaginación. Aquí es donde entra el primer elemento la productividad: la reducción de tareas a un número que permita maximizar los resultados y que sea compatible con los recursos cognitivos y psicológicos disponibles. Si no seleccionamos adecuadamente, corremos el riesgo de caer en el pozo sin fondo de la lista de tareas15.
Organización
Los locos de la productividad y otros sistematizadores suelen ser muy buenos en la organización, en el uso de herramientas y sistemas sofisticados que permiten ordenar los esfuerzos personales; pero si no ponen un filtro inicial en propósitos, proyectos o tareas ninguna organización va a conducirlos a la productividad. Además, no basta con que estas tareas sean pocas, sino que tienen que estar bien seleccionadas. Como dice Stephen Covey, “La eficiencia, que es hacer las cosas correctamente, es irrelevante hasta que estés haciendo las cosas correctas”.
Ejecución
Por otra parte, una buena selección de tareas y proyectos junto a con un sistema de organización adecuado falla si la ejecución es defectuosa, “visión sin ejecución es alucinación”:
Cal Newport ha incidido en cuestiones de ejecución y proporcionado consejos sobre minimalismo digital, eliminación de redes sociales, y reducción de interrupciones de email para maximizar el foco.
En una línea similar, en este blog hemos hablado de la regla de las tres Oes16(Omisión, Organización, Optimización), que también enfatiza la eliminación y reducción de tareas como primera O de la productividad. Decir NO y “nuncanizar”17 son consustanciales al minimalismo existencial y a la productividad personal.
El primer principio de la productividad de hacer menos se orienta en tres direcciones o desde tres perspectivas temporales distintas pero complementarias: el nivel de misión o estratégico, el de proyectos y el de tareas.
Reducción: misión
La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo
No puedes ser escritor (Cómo ser un genio, nº 1) . —Rafael Sarmentero
Cuando tengo que tomar una decisión poco importante, siempre he creído mejor considerar todos los pros y los contras. En decisiones vitales, sin embargo, la decisión debería provenir del inconsciente, de dentro de nosotros.
Sigmund Freud
El nivel de misión tiene que ver con los propósitos. En terminología religiosa o corporativa, hablaríamos de nuestra misión o misiones: por qué estamos aquí, cuáles son nuestras metas generales en la vida profesional y personal. La propuesta de Cal es reducir a unas pocos nuestros propósitos vitales y metas a medio y largo plazo.
Kierkegaard escribió: “Pureza de corazón es querer una sola cosa”. Posiblemente muchos de nosotros querríamos tener ese nivel de intensidad y foco, donde un solo propósito consumiera, ocupara o diera significado a nuestra vida. Es el caso de visionarios empresariales como Steve Jobs, artistas disruptores como Vang Gogh o científicos entregados a sus investigaciones como Richard Feynman; en general, cualquiera que ha encontrado su Ikigai, o su razón para levantarse por la mañana.
En la cultura de las islas de Okinawa, el término ikigai hace referencia a “una razón para levantarte por la mañana”. Todos necesitamos una. De lo contrario, la vida se torna un sinsentido sin ningún aliciente. Cuantas más razones para vivir mejor. Pero es fundamental que tengamos siempre alguna. La que está más presente es la que más te define. Coincide con tu vocación. La mía es escribir.
No puedes ser escritor (Cómo ser un genio, nº 1)18 . Rafael Sarmentero
Recuerdo una escena de Ciudadano Kane donde el periodista que está investigando la vida de Kane, pregunta a Bernstein sobre Mr. Thatcher, el tutor de Kane cuando era niño y consejero financiero, del que dice que es “el mayor tonto que he conocido”; entonces el periodista replica que no debe de ser tan tonto si ha hecho tanto dinero, a lo que Bernstein responde que “ganar mucho dinero no es difícil …si es lo único que quieres”.
Ciertamente, la unicidad de propósito ayuda mucho a ser productivo, pero para la mayoría de nosotros resulta difícil querer una sola cosa y consagrar a ella nuestra vida. Más bien, deberíamos pensar en un par de roles o papeles o áreas existenciales donde encontramos sentido. Para Cal Newport, es su trabajo de teórico computacional y profesor de universidad, su carrera de escritor y posiblemente, aunque no lo dice, su familia y su vida espiritual o religiosa.
Lo importante es definir esos pocos campos elegidos y enfocarse en unos pocos propósitos vitales. ¿Cuáles son los tuyos?
Reducción: proyectos
Cuidado con dispersar tus fuerzas, lucha constantemente por concentrarlas. El Genio se cree que puede hacer cualquier cosa que ve hacer a otros, pero seguro que se arrepiente de cada gasto mal calculado.
Goethe
Los proyectos 19son son esfuerzos con resultado definido y plazo limitado, de unas pocas semanas a un par de semestres, en los que centramos nuestra acción y atención. El trabajador del conocimiento, a diferencia del trabajador industrial o de las burocracias corporativas, que se centra más en operaciones diarias recurrentes, aporta valor a través de proyectos.
Newport también enfatiza la necesidad de mantener bajo control el número de estos. Podemos tener una lista de posibles proyectos, pero debemos priorizarlos y enfocarnos en cada momento en un número no superior a tres, so pena de dispersar nuestros esfuerzos y caer en el peligro que nos recuerda el refrán español “Quien mucho abarca, poco aprieta”. Los no elegidos quedan en la reserva a la espera de tiempo disponible para ello. Una buena regla general es que para que entre en ejecución un nuevo proyecto ha de salir otro.
Reducción: tareas
Las únicas listas que funcionan son las que tienen solo un elemento.
Nassim Nicholas Taleb
Aquí llegamos al nivel de la actividad diaria donde hemos de luchar por controlar el número de tareas que planeamos durante un día. El papel, como sabemos, lo aguanta todo, ya hable en otro lugar sobre el “pozo sin fondo de la lista de tareas20” y como corre el riesgo de convertirse en una carta diaria a los Reyes Magos más que una estimación de lo que razonablemente podemos lograr en un día de trabajo.
Aquí debemos pecar de conservadores y no tratar de embutir en un día más tareas de las que podemos completar dejando tiempo de sobra para su consecución.
Reducir lo pequeño
Las pequeñas tareas, en cantidad suficiente, pueden actuar como termitas de la productividad, desestabilizando los cimientos de lo que estás intentando construir. Merece la pena hacer todo lo posible por mantenerlas bajo control.
Cal Newport. Slow Productivity. The Lost Art of Accomplishment Without Burnout
The main thing is to keep the main thing the main thing. —Kevin Kelly
Kevin Kelly, estudioso de la cultura digital
Siguiendo la poderosa imagen de Steven Covey en el clásico de la productividad Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, debemos evitar que la “arenilla de las tareas”, las pequeñas tareas necesarias, pero de poco impacto, terminen comiéndose nuestro tiempo y concentración.
Aquí hablamos de las reuniones rutinarias, el tráfago de emails, las cuestiones administrativas o de mantenimiento, la navegación por internet, y, en general todo aquello que tiene poca repercusión sobre los resultados finales pero de lo que solemos abusar. Siguiendo también la imagen de Covey, deberíamos introducir primero nuestras piedras y “grandes rocas” semanales 21en nuestra agenda diaria, y, solo después, buscar el lugar para la arenilla.
Cal proporciona muchos consejos y sugerencias para mantener lo importante como importante a pesar de las exigencias y el dinamismo vertiginoso de muchos trabajos actuales.
Traer hacia sí en vez de ser empujado (“Pull instead of push”)
Esta es una propuesta de gran calado especialmente innovadora y novedosa: la de no asumir exigencias, demandas sobre nuestro tiempo o información de entrada que no estamos preparados para procesar.
Aplicada a nivel de organización serviría para evitar cuellos de botella en los procesos de trabajo y permitiría redistribuir los recursos materiales y humanos de la manera más eficiente para el logro de los objetivos finales. El autor proporciona varios ejemplos de este enfoque y su éxito en distintos entornos profesionales.
Pero, ciertamente, no podemos esperar a que la “buena nueva” del enfoque “pull” cale en nuestra empresa en particular. Entonces, ¿qué podemos hacer en el nivel individual para adoptar este enfoque? Cal recomienda ser muy consciente de la carga de trabajo que uno tiene en cada momento, medida esta en número de proyectos y demandas de tiempo y esfuerzo, y no hincar el diente a más de lo que uno puede masticar y deglutir.
Esto significa definir claramente los proyectos en los que estamos trabajando en cada momento y su importancia. Como hemos dicho antes, tener más de tres proyectos a la vez supone dispersión, estrés y estar haciendo un esfuerzo continuo, posiblemente insostenible, por distribuir nuestra atención entre diversos focos. El resultado habitual es el de trabajar superficialmente en cada uno de ellos y hacer pocos avances significativos, o tensar la cuerda de nuestro horario y estrés volviendo estos esfuerzos contraproducentes en el medio y largo plazo.
Ayuda mucho ser capaz de evaluar honestamente y con precisión tu potencial de trabajo (una función del lugar, tu nivel actual de motivación y energía, los deberes y compromisos próximos, la disponibilidad de recursos y el nivel esperado de distracción) en un periodo dado de tiempo en el futuro (por ejemplo, el resto del día): pasarte de confiado o por el contrario pecar de falta de confianza sobre lo que puedes lograr lleva a asumir más o menos de lo que puedes gestionar adecuadamente, y ambas cosas llevan a ineficacias (conozco por experiencia directa las dos caras de este problema).
Terence Tao. Matemático australiano y Medalla Fields
Unida a esta consciencia clara de la carga de trabajo, está la necesidad de ser honrado con uno mismo y ser transparente con los demás: en cada momento, deberíamos ser claros sobre lo que estamos haciendo y sobre lo que podemos hacer y cuándo podemos hacerlo. Esto implicará decir no más a menudo o replantear prioridades si es que la decisión final la tienen los superiores jerárquicos.
II. Trabaja a un ritmo natural
El paradigma mecanicista ha de ser sustituido por uno más “ecológico”, más natural, en el sentido de que esté más alineado con los ritmos y naturaleza del trabajo que estemos realizando y nuestros niveles de energía psíquica y física.
Una vez más, el papel lo aguanta todo, y muchas veces parece que nos gestionamos a nosotros mismos como si estuviéramos gestionando una máquina, de manera rígida e ingenieril.
Cal, con todas las reservas ideológicas que se adivinan en su carácter y creencias, usa el concepto marxista de alienación o extrañamiento del trabajador de su trabajo y los frutos de su trabajo. Este es inherente al paradigma taylorista de la organización industrial del trabajo del siglo XIX y principios del XX: en él se trata al trabajador de la misma manera que se trata a una máquina, como una pieza inanimada y sin agenda del entramado productivo.
El choque entre el modo ingenieril de organización industrial y la naturaleza humana es quizá lo que hizo exclamar a Henry Ford “¿Por qué es que cada vez que pido un par de manos estas vienen con un cerebro al lado?«.
En la era de la información, se necesita transformar la vieja pregunta taylorista acerca del trabajo físico (a saber, “¿pueden las extremidades del trabajador operar de forma aún más efectiva?”) en otra de índole más espiritual: “¿puede la vida interior de la persona moverse de una forma aún más efectiva?”.
La ética del hacker, Petra Himanen
Si el cerebro acompaña cualquier trabajo industrial, por rutinario que sea, más acompaña el tipo de trabajo y experiencia del trabajador del conocimiento actual.
Algunas de las propuestas para trabajar a un ritmo más natural son las siguientes:
Tomate más tiempo para hacer el trabajo. Abraza la estacionalidad Trabaja poéticamente
Tómate más tiempo para hacer el trabajo.
En este apartado se habla de asumir una perspectiva más a largo plazo que permita asumir un ritmo variable en función de las circunstancias y obviar algunas de las métricas habituales conducentes a la pseudo-productividad.
Cuando hablamos de un trabajo creativo y complejo que requiere de ideas, la acción más productiva del día puede estar en dar un largo paseo después de comer sin pensar en nada en particular, como forma de entrar en una modalidad menos enfocada del pensamiento y para permitir que el tiempo de contemplación obre su efecto en forma de pequeñas y grandes revelaciones. De esto hablamos en la rutina itinerante de Homo Mínimus22.
Los paseos en buena compañía, quizá disfrazado de dandi y quizá no, son formas relajadas de dejar volar la conversación y la imaginación que pueden hacer fluir las ideas.
El autor recomienda doblar el tiempo proyectado para acabar los proyectos y nos recuerda el sesgo de planificación23 en los proyectos, que nos suele llevar a infravalorar el tiempo necesario para completarlos.
Otros consejos tratan sobre la simplificación de los días de trabajo y la asunción de algún sistema como el de agenda fija24.
Por último, y esto creo que es tremendamente importante, perdonarse a uno mismo por no completar tareas o proyectos en el tiempo estimado. Después de todo somos humanos que queremos hacerlo lo mejor posible, pero a su vez somos finitos en capacidad y conocimiento.
Abraza la estacionalidad
En este blog hemos hablado mucho de los ritmos y de la necesidad de equilibrarlos. Soojung-Kim Pang, el autor de Descansa. Produce más trabajando menos25 en su manifiesto por el descanso deliberado26 ilustra extraordinariamente la necesidad y belleza de adoptar un ritmo mucho más natural y sostenible, tan distinto a la cultura de la agitación (“hustle culture”) de la que hablamos antes.
El descanso resulta ser como el cantar o el correr. Todo el mundo sabe básicamente cómo hacerlo. Pero con un poco de trabajo y comprensión, puedes aprender a hacerlo mucho mejor. Puedes disfrutar el descanso más profundamente y salir más fresco y revitalizado. Las personas no llegan a ser expertos de talla mundial solo a través de la práctica deliberada. También practican lo que podríamos llamar descanso deliberado. Encuentran descanso que es psicológica y físicamente reparador, y también mentalmente productivo. El descanso deliberado te ayuda a recuperarte del estrés y el cansancio del día, permite que las nuevas lecciones y experiencias se asienten en tu memoria y proporciona a tu mente subconsciente espacio para seguir trabajando. Y es a menudo en estos periodos de descanso deliberado y aparentemente ocio —cuando no estás explícitamente trabajando o esforzándote— que puedes tener algunas de las mejores ideas.—
Manifiesto por el descanso deliberado. Soojung-Kim Pang.
El paradigma del velocista vs el del maratoniano27 del que también hemos hablado en este blog abunda en la misma línea: no se trata de tener un ritmo lineal y cumplir hitos de manera rígida y previsible, sino de tener en cuenta la naturaleza de la energías física, mental, emocional y espirituales humanas para permitirnos la necesaria recuperación antes de los esfuerzos. Como bien sabemos, cualquier deportista de élite dedica cien veces más de tiempo a la preparación y el entrenamiento que a la ejecución y la competición, y para ellos el descanso es parte integral y esencial del entrenamiento.
Maratonianos al final del camino…
Cal hace propuestas como planificar temporadas bajas de esfuerzo reducido, tomarse vacaciones o sabáticos de algunos meses más a menudo.
Para ampliar esta línea de pensamiento y aplicarlo a una escala de vida, puedes leer el artículo Regla deDistribución del tiempo de trabajo en la vida28” y las ventajas de una vida profesional puntuada de amplios descansos, a semejanza de los años sabáticos de los académicos.
Los descansos no son solo los más conocidos sabáticos o vacaciones anuales, sino que también incluyen la “pequeña estacionalidad” con iniciativas como los lunes libres de reuniones, proyectos menos exigentes después de los más tensos o difíciles o tomarse una tarde de trabajo libre para ir al cine o tomarse un café en una cafetería tranquila.
Mejor ser un velocista lleno de potencia y vitalidad
Trabaja poéticamente
Poéticamente habita el hombre el mundo.
Hölderlin
Esta propuesta sobre la forma de lograr un ritmo más natural de vida y trabajo profesional es la que más ha resonado conmigo.
Hay dos aspectos que quiero recalcar: la importancia de los rituales y el aprovechamiento de la experiencia de los profesionales creativos. Aquí incluimos la importancia del lugar de trabajo y su elección estratégica, los rituales de inicio del día, las reglas sobre cuando acabar la jornada de trabajo, y hasta extrañas costumbres para hacer más probable la inspiración:
[Goethe] había pasado por la casa de Schiller y, al descubrir que su amigo no estaba, decidió esperar a que regresara. En lugar de desperdiciar unos momentos libres, el productivo poeta se sentó en el escritorio de Schiller para apuntar algunas notas. Luego, un olor peculiar hizo que Goethe se detuviera. De alguna manera, un olor opresivo se había infiltrado en la habitación.
Goethe siguió el olor hasta su origen, que en realidad estaba justo donde él estaba sentado. Provenía de un cajón en el escritorio de Schiller. Goethe se inclinó, abrió el cajón y encontró un montón de manzanas podridas. El olor era tan abrumador que se mareó. Se acercó a la ventana y respiró algunas bocanadas de aire fresco. Goethe naturalmente estaba curioso acerca del tesoro de basura, aunque la esposa de Schiller, Charlotte, solo pudo ofrecer la extraña verdad: Schiller había dejado deliberadamente que las manzanas se echaran a perder. El aroma, de alguna manera, lo inspiraba, y según su esposa, él «no podía vivir o trabajar sin él.»
Las manzanas podridas, las ovejas negras y casos límite, así como los rituales30, tienen una sección en este blog y hemos investigado con cierta profundidad los hábitos intelectuales de escritores como Raymon Chandler y su técnica de las O alternativas31, Hemingway y el dejar el trabajo en un momento interesante32.
Cal Newport resume aquí sus consejos sobre los rituales de trabajo:
Mi consejo aquí tiene dos partes. Primero, forma tus propios rituales personalizados en torno al trabajo que consideres más importante. En segundo lugar, al hacerlo, asegúrate de que tus rituales sean lo suficientemente llamativos como para cambiar efectivamente tu estado mental en algo que apoye más sus objetivos.
También hemos escrito en el “Tao de la Productividad”33 sobre como un genio matemático como Terence Tao organiza su trabajo intelectual, y su deliberada y sofisticada organización del trabajo. Especialmente interesantes son sus observaciones sobre el manejo de los ritmos y su gestión de la energía psíquica:
Otro asunto es que mi habilidad para hacer trabajo matemático serio fluctúa mucho de un día a otro; a veces, puedo pensar intensamente sobre un problema durante una hora, otras veces me siento preparado para escribir los detalles completos de un esbozo que mis coautores o yo ya hemos escrito, y en otras ocasiones solo me siento capacitado para responder al correo electrónico y hacer recados, o simplemente para dar un paseo o echarme una siesta.
Terence Tao
Sorprendentemente, muchos de sus métodos son perfectamente aplicables en otros ámbitos laborales que requieren de cierta creatividad y conexión de ideas.
Uno de mis amigos, caso límite, oveja negra a ratos y nunca manzana podrida, el poeta Rafael Sarmentero, alias “El Genio” (creo que debería quitar las comillas y el alias), al que también dedicamos un artículo, Lo que podemos aprender de Rafael Sarmentero34, nos proporciona un montón de datos reveladores sobre la trastienda de la creación y corrobora el en apariencia contradictorio nexo entre disciplina y ritualización de la vida y el trabajo, por un lado, e inspiración, flujo, imaginación e improvisación por otro.
Rafael Sarmentero trabajando
Necesitamos inspiración, pero solo la vamos a lograr si va precedida de transpiración. De El Genio me quedo con uno sus poemas moralizantes más incisivos:
La diferencia entre nada y todo es un poco. No es un juego de palabras. Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y tienes y no tienes nada. Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado. Entre nada y todo hay una diferencia muy grande. Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco. No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio. Un poco lo es todo.
No puedes ser un escritor (Cómo ser un genio, nº 1) . —Rafael Sarmentero
Muchos pocos en el tiempo terminan por crear un todo. Así que atento a esos pocos. Después de todo, una acumulación de cotidianos infinitesimales es lo que termina generando el área bajo la curva de nuestras vidas.
III. Obsesiónate con la calidad
Se debe apreciar la intensidad más que la extensión: la perfección reside en la calidad no en la cantidad. La extensión de por sí sola nunca se eleva por encima de la mediocridad, y es la desgracia de los hombres con amplios intereses generales que mientras que les gustaría tener un dedo en todas las tartas no la tienen en ninguna. La intensidad proporciona eminencia y eleva a lo heroico en material sublime.
Baltasar Gracián. El arte de la prudencia.
Según Cal Newport, no necesitamos ser perfectos en cada uno de nuestros proyectos. Lo importante es la mejora continua, que el siguiente proyecto añada alguna habilidad más a nuestro arsenal y seamos profesionalmente un poco mejores que ayer.
Es esta competencia profesional creciente basada en la calidad de nuestro trabajo la que nos permite elegir nuestros trabajos en el futuro, nos abre oportunidades profesionales y a su vez permitirá que podamos vivir según las características y métodos de la productividad lenta de la que hemos hablado arriba.
Si, de acuerdo con el filósofo Spinoza, «La alegría es el paso del hombre de una menor perfección a una mayor» entonces la felicidad podría ser una actividad, no un estado del alma, no un punto final; aplicándolo a nuestra actividad profesional la felicidad profesional no es una posición de llegada, sino un camino donde nos esforzamos, a la manera de un habilidoso artesano, por crear productos únicos y cada vez mejores para nuestros clientes.
Aquí enlazamos con otro de los temas centrales del pensamiento de Cal Newport: la búsqueda del expertismo en un área profesional. En esencia, su fórmula consiste en desarrollar a lo largo de años y décadas destrezas únicas (cada uno las suyas en su área profesional) que sean valoradas por alguien en el mercado (es decir, por suficientes seres humanos como para que su ejercicio sea rentable) y que podamos replicarlas o repetirlas (que no sean flor de un día o fruto del azar).
Me paro aquí un momento y recalco la segunda condición: «valoradas por alguien en el mercado». Olvídate de la pasión y de tu ombligo, concéntrate en hacer algo bien para otros seres humanos. Puede que seas el campeón mundial de petanca, pero «de la petanca no se puede vivir».
Como escribe Raúl Hernández, al hilo de esta noticia:
Así que la reflexión del chaval de la petanca tiene más miga de la que parece. La idea de «ganarse la vida» sigue siendo fundamental. Y uno no tiene la vida ganada porque sí, y tampoco tiene derecho a ganársela como él decida. Hay caminos que te lo permiten, y caminos que no. Y uno tendrá que elegir entre los primeros. Y el resto, sea jugar a la petanca o cualquier otra cosa… para tus ratos libres.
Vivir de la petanca y otras aspiraciones. Raúl Hernández González.35
Haríamos bien entonces en poner en el centro a otros seres humanos y olvidarnos un poco de nuestras pasiones siguiendo el consejo de Cal de «ser tan bueno en algo que no puedan ignorarte». Posiblemente, el compromiso previo con el propio trabajo y el ser útiles para nuestros semejantes esté por encima de cualquier pasióninicial que lo justifique todo.
Nuestra vida profesional no es solo un esfuerzo autista de satisfacción personal y persecución de nuestros sueños. Si queremos poder sostener una vida significativa y ser retribuidos por nuestros esfuerzos debemos buscar la manera de encajar nuestro trabajo con las necesidades de otros seres humanos. Nadie nos debe nada, y si queremos que alguien haga algo por nosotros, también debemos estar dispuestos a encontrar la manera de hacer algo por los demás.
Si un hombre tiene buen maíz o madera o tableros o cerdos que vender, o puede fabricar mejores sillas o cuchillos u órganos de iglesia que cualquier otro, la gente se abrirá paso a través de un camino de cabras, aunque esté en medio del bosque.
Dentro de este marco de desarrollo profesional, es claro que ha de primar la búsqueda de la calidad creciente en el trabajo, por encima de los resultados inmediatos o a corto plazo. Por otra parte, uno ha de encontrar sentido en lo que hace y desarrollar un compromiso inequívoco con el área profesional elegida.
La calidad abre oportunidades, pero también justifica nuestra existencia, crea sentido. Un trabajador que solo obedece órdenes y no ha decidido transformar su trabajo e impregnarlo de sentido, deja pasar el tiempo esperando que transcurran los días, como el preso que espera el permiso carcelario de fin de semana. Para él, quizá es razonable poner su mente y su espíritu en piloto automático esperando al fin de mes y cobrar el sueldo, o esperando el verano y gozar de varias semanas de libertad condicional.
Pero es distinto cuando los resultados que persigues no son automáticos, previsibles o rutinarios, cuando quieres desarrollar el orgullo profesional de un artesano y ejercer el poder de tu inteligencia creadora.
No creo que exista una métrica del significado, la cuantificación tiene un límite; no todo lo que se puede medir cuenta, ni todo lo que cuenta, en este caso el sentido, puede medirse.
Una percepción holística e integral de la vida, las prioridades, la misión, la relación con nuestros semejantes, con la tradición y nuestra comunidad, con D-os o el Cosmos, nos proporcionará la orientación vital que nos diga, tripas adentro, en nuestro fuero interno, si estamos yendo en la dirección correcta.
¿Y cuál es el truco para lograr la calidad?
En una escena de Lawrence de Arabia, T.E Lawrence enciende un cigarrillo y apaga el fósforo frotando sus dedos… un hombre poco después intenta hacer lo mismo…
Hombre: ¡Oh! [quemándose los dedos] ¡Cómo duele!
Lawrence: Claro que duele.
Hombre: Entonces, ¿dónde está el truco?
Lawrence: El truco, William Potter, es que no te importe que te duela.
Obtener la calidad duele, requiere esfuerzo, sudor y algunas lágrimas. Requiere sacrificio en lo inmediato y durante mucho tiempo con la esperanza de obtener algo mejor en el futuro. Requiere los ritmos más pausados y lentos de la creación y el desarrollo profundo de habilidades.
En tres palabras: no hay atajos.
Conclusiones sobre el libro y recomendación
Slow Productivity es digno de leerse por la importancia del contenido y el cuidado artesanal con que a lo largo de los años Cal Newport ha gestado esta obra.
El libro, por el momento, no está disponible en español, aunque lo estará en enero de 202536.
Espero que este artículo de 6.000 palabras te haya servido de aperitivo y acicate para seguir explorando por tu cuenta, quizá tomando como punto de partida algunas de las referencias que he proporcionado y algunos artículos de este blog.
Quién tenga más curiosidad sobre Slow Productivity o algún otro aspecto relacionado con los temas del libro, puede preguntarme en comentarios e intentaré responder lo más precisa y claramente que pueda.
En las decisiones pequeñas, sabemos que cualquier decisión que tomemos será suficientemente buena; si es mala, tendrá poca relevancia y nos recuperaremos rápido de ella, aprenderemos la lección y la siguiente vez elegiremos una mejor opción.
Por ejemplo, si este domingo elijo una película española, se que me abofetearán con su mal gusto, seré adoctrinado ideológicamente, escucharé a actores sin dicción y motivaré a directores diversos, inclusivos e igualitarios a que sigan realizándose profesionalmente produciendo malas películas. No solo eso, perderé el dinero de la entrada y el tiempo dedicado a verla, que podría haber empleado más provechosamente.
Pero si escarmiento de una vez, y si somos suficientes espectadores los que aprendemos de estas experiencias negativas, aprenderemos a ser más cuidadosos en la elección de películas, refinaremos nuestros gustos—originariamente ingenuos— y, poco a poco, descartaremos de la faz de nuestros impulsos cinematográficos las películas españolas con monjas embarazadas, argumentos progres de parvulario y empresarios con bigotito fascistoide, malos, muy malos.
No pasa nada, el error es el nombre que muchos dan a la experiencia personal. Equivocarse está permitido, aunque hay que procurar que esos errores sean cada vez distintos, o al menos mejores y más inteligentes. La próxima vez probaremos con el venerado realizador finés Aki Kaurismäki (es un poner).
Kaurismäki retorciéndose en la alfombra roja a su llegada al Palais des festivals para asistir a la proyección de El hombre sin pasado durante el 55º Festival de Cannes, el 22 de mayo de 2002
En principio, las pequeñas decisiones malas pueden acumularse y ser igual de letales en sus consecuencias que las decisiones erróneas transcendentales. Por ejemplo, tomar el teléfono móvil en un momento de aburrimiento en la cola de la cafetería está entre las decisiones irrelevantes en el corto plazo y las muy relevantes en el largo plazo. Sobre todo si eres un director de culto que gusta de enviar mensajes picantes a amigas o becarias traicioneras.
El director Carlos Vermut, en noviembre de 2022, en una entrevista promocional por ‘Manticora’.Juan Barbosa/ Europa Press via Getty Images
Los malos hábitos son decisiones tomadas cotidianamente que han dejado de parecer decisiones, son rutinas mentales y de comportamiento que ejecutamos por defecto, sin considerar sus implicaciones, sus costes y beneficios. Imagina que automática e irreflexivamente, y por contentar a tu mujer o novia, siempre vieras películas de Almodóvar, Fernando Trueba o Carlos Vermut (no, este no, que ha caído en desgracia [2]): las consecuencias sobre tu bienestar estético y progreso moral serían terribles.
Pero dejemos a un lado las hábitos-decisiones sobre los que ya hemos escrito y seguiremos escribiendo mucho. Hoy nos vamos a centrar en las decisiones de calado, transcendentales, con consecuencias potenciales muy positivas o muy negativas, y sobre las que muchas veces agonizamos.
trascendental Tb. transcendental.
De transcendente.
adj. Que se comunica o extiende a otras cosas.
adj. Que es de mucha importancia o gravedad, por sus probables consecuencias.
Este es un modelo de la acción humana para un subconjunto importante de nuestras decisiones. Imagina el sistema de husos horarios: Estrecho por un extremo, el polo sur, de donde empiezan a divergir las franjas o hilos y aumentar la distancia entre ellos . Cada franja o línea es una decisión tomada y sus consecuencias se extienden a lo largo del tiempo. Esta es la manera en que se nos presentan muchas decisiones en la vida: un multitud de opciones, de hilos conductuales y existenciales posibles, cada uno con sus pros, con sus contras, y que según avance el tiempo irán difiriendo más en sus consecuencias positivas y negativas.
No son simples hilos o cadenas de acciones y resultados que podamos valorar y elegir el mejor, porque hay una complicación añadida: los resultados son solo conocidos en términos de probabilidad, es decir, hay incertidumbre sobre cómo acabará y dónde acabará cada hilo del huso de la decisión. Es como si cada hilo fuera uno de nuestros hijos y no supiéramos su destino. Es como si cada hilo fuera un caballo al que podemos apostar, y no sabemos quién ganará, cuándo ganará o cuánto ganará.
Nuestra capacidad de predecir los resultados de decisiones futuras es limitada; además, según pasa el tiempo, hay más incertidumbre; por lo tanto, ya de partida sufrimos una casi inevitable miopía existencial, existencial y además esencial, porque forma parte de la esencia de la condición humana.
Lo que tenemos claro, es que las consecuencias de seguir tal o cual huso probabilístico serán muy diferentes, y las decisiones no tomadas, los husos no seguidos, quemarán más adelante en nuestra conciencia, sobre todo en el momento en que el curso elegido no responda a nuestras expectativas iniciales, lo que inevitablemente terminará sucediendo; en ese momento, miraremos atrás, al polo sur de la decisión y maldeciremos nuestro nulo discernimiento o nuestra mala suerte o ambas cosas.
Este modelo de huso horario es aplicable a muchos dilemas o encrucijadas existenciales en nuestras vidas: elijo esta carrera o esta otra; me voy a vivir a la gran ciudad o sigo viviendo en un pequeño pueblo o capital de provincia; ingreso en un monasterio o me caso con la mujer de vida,; compro eliPhone 15 Pro o el iPhone 15 Pro Max, y dentro de cada categoría lo compro en titanio negro, titanio blanco, titanio azul o titanio natural.
El problema de mirar la parte ancha del huso
Habitualmente, miramos la parte ancha del sistema de husos, donde la diferencia en consecuencias es más grande. Esto produce vértigo y conduce a la postergación de la decisión y a una especie de tierra de nadie existencial donde temporalmente vives en el limbo, más bien purgatorio, esperando el fin de la condena y el paso al cielo de la mejor decisión tomada.
Alternativamente, también puede ser que la dificultad de soportar la tensión, la incertidumbre y la ambigüedad te lleve a tomar una decisión precipitada, con poca información y más movido por el deseo de dejar de sufrir que por el de mejorar la situación. Cuando queremos dejar de estar en vilo, cuando queremos cerrar cognitiva y emocionalmente el asunto, es probable que perdamos el contacto con nuestros mejores deseos y con las posibilidades más a largo plazo, que no tendrán rédito inmediato.
En ambos casos, bien postergando por miedo a no acertar, bien precipitándonos hacia la decisión más estereotipada y con frutos a corto plazo, nos estaremos equivocando.
La segunda parte del huso probabilístico (convergencia)
Ninguna decisión tomada puede competir con los mejores resultados positivos de otras decisiones distintas.Es improbable que tomes la mejor decisión y en muchas puedes equivocarte con consecuencias desastrosas. Pero puede que esta sensación de equivocación sea relativa a un horizonte temporal corto; dicho de otro modo, es posible que en horizontes temporales más extensos, no importe mucho una decisión errónea en un punto dado. El modelo del huso probabilístico sostiene que hay una parte del espacio de resultados posibles donde la mayoría de las opciones tomadas termina convergiendo en resultados similares, en un norte del sistema de husos probabilísticos.
Una mala decisión en un momento dado se puede compensar con buenas decisiones en otro punto del hilo decisional probabilístico; es probable que a lo largo de cada hilo decisional se pueda remontar un mal resultado, o se pueda echar por tierra uno bueno inicial, de tal modo que los resultados finales no cambien mucho. Muchos de estos hilos decisionales convergen en un mismo punto o en una región de resultados similares. En resumen, puede ser que para muchas situaciones de decisión con consecuencias aparentemente transcendentales, todos los caminos posibles terminen llevando a Roma.
Horizontes de la decisión
En un plazo de tiempo lo suficientemente largo la esperanza de vida de cualquier persona se reduce a cero.
El club de la lucha. Chuck Palahniuk
Tomando la perspectiva de la duración de toda una vida, podríamos decir que todos empezamos en un mismo lugar, el nacimiento (el polo sur de donde surgen todos los husos) y según sucesivas decisiones y la suerte, los resultados divergen, hay muchos futuros posibles.
Pero es evidente que en un plazo suficientemente largo la probabilidad de estar muertos se acerca peligrosamente a uno, con lo que todos acabamos en el mismo lugar.
No es necesario tomar una perspectiva tan amplia —de toda una vida—, en su lugar podemos decir que muchas decisiones sobre las que agonizamos puedan terminar convergiendo en un plazo moderado en un mismo lugar, porque o la suerte se equilibra, o a lo largo de un hilo decisional aprendemos a tomar mejores decisiones que nos llevan a un extremo del huso probabilístico donde convergen muchas de las decisiones malas, regulares y buenas tomadas en un inicio.
Es razonable pensar que esta convergencia tiene que ver con nuestros talentos, capacidades y motivaciones. El talento puede crecer o decrecer, pero tiene un techo; nuestras capacidades son más grandes o más pequeñas, pero limitadas; nuestras preferencias y temperamento y carácter suelen tender a ser estables y por eso determinan en el largo plazo donde llegamos.
Al mismo tiempo, hay una convergencia de tipo hedónico, que es independiente del tipo de resultado que obtengas. Es decir, los niveles de satisfacción percibida tanto positivos como negativos tienden a equlibrarse en el medio y largo plazo, por lo que tenemos una convergencia emocional o de valor percibido con independencia del resultado objetivo obtenido con nuestras decisiones.
La Adaptación Hedónica es muy sencilla de explicar, el chute de dopamina está muy bien, pero dura muy poco, o como diría mi abuelo, a todo te acostumbras, ya sea bueno o malo. En un estudio de 1978 titulado «Lottery Winners and Accident Victims: Is Happiness Relative?» se expone que, tras un evento positivo o negativo, como puede ser ganar la lotería o sufrir una lesión incapacitante, tras el impacto inicial de felicidad o desgracia los niveles generales de satisfacción volvían al nivel medio tras un tiempo.
Dicho de otro modo, puede ser que la cabra de nuestra voluntad tire siempre al monte, sin importar que decida en la mañana decida darse un baño en el lago o un paseo por el pueblo. Al avanzar el día y llegar la tarde, toda cabra, cabrito o cabrón que se precie terminará pastando y retozando en el monte.
Siguiendo a Bruce Lee, podríamos decir “Sé agua, mi amigo” o bien podríamos decir, con Antonio Machado, “Nuestras vidas son los ríos/que van a dar a la mar/ gran cantar”. Puede que todos los afluentes terminen desembocando en un gran río y los grandes ríos en el mismo lago.
También puede ser que nos estemos internando en un laberinto de un frondoso jardín de altos setos que no nos deja ver donde conducen los senderos; algunos de estos parecen enrevesados y enseguida se pierden de vista; otros son más líneas rectas que permiten ver el camino durante un trecho.
También puede ser que el jardín en el que se aloja el laberinto no esté acabado, que esté en constante cambio, que incluso tras los callejones sin salida y los caminos más accidentados haya una legión de jardineros cósmicos construyendo insospechadas posibilidades.
Puede incluso ocurrir que reconstruyamos el jardín en cada una de las decisiones que tomamos en esas encrucijadas, y con ello creemos nuevos senderos en el jardín. Puede que no haya camino, oh, caminante, y se haga el camino, el jardín y el laberinto al andar. Puede incluso que los finales sean distintos, sean muy parecidos o haya una sola salida del laberinto.
Puede ser que haya un multiverso de jardines existenciales cada uno con sus senderos que se bifurcan y sus nudos existenciales. Puede que nos haya tocado uno de tantos posibles y que no podamos elegir; puede que nos hayan dado unas cartas y unos jardines que hemos de jugar, y que lo importante sea seguir dando pasos y salvando encrucijadas sin agonizar sobre los resultados. Incluso, podría ser que en ciertas encrucijadas del laberinto podamos transmutar el laberinto y aterrizar en un jardín distinto.
Pero bueno, basta de elucubraciones, que me estoy metiendo ya en muchos jardines llenos de charcos.
La pregunta que hago es esta:
¿Cuál será tu siguiente paso?
…
No importa tanto cuál sea, basta con que sea eso… un paso.
…
Eso sí, asegúrate de que no estés al borde de un precipicio.
Hay una técnica extremadamente sencilla y barata de conocer otras historias que no sean librescas o cinematográficas, que no estén contaminadas por la impostura comercial y que sean genuinas y verdaderas. No tienes más que buscar una cafetería o salón de té no demasiado ruidoso donde haya parejas de personas hablando e invertir uno o dos euros . Entonces, localizas la pareja más prometedora y buscas una mesa cercana donde puedas escuchar a hurtadillas la conversación.
Ahora se abre ante ti un espectáculo de confidencias y conversación real en tiempo real entre dos seres humanos del que puedes aprender y quizá disfrutar mucho. Es sorprendente la sensación de impunidad con la que gente habla en los lugares públicos sin que parezca importarles que los estén escuchando o puedan escucharlos. Actúan como si hubiera un contrato tácito en el que el vecino no presta atención a quienes tienen a dos metros de distancia.
En el espacio público abierto la gente se cree impune y libre del escrutinio ajeno. He sido testigo de rupturas sentimentales, discusiones de pareja, flirteos de dudoso gusto, discusiones familiares, conversaciones más o menos filosóficas sobre el sexo de los ángeles, meditaciones existenciales y un largo etcétera de situaciones cotidianas que habitualmente se producen en la privacidad o la intimidad.
En una cafetería de un hotel, he visto y escuchado negociar a un presidente de Comunidad Autónoma española recién elegido y al jefe del partido aliado de gobierno sobre cómo repartir cargos y acordar iniciativas de gobierno. Estaban a dos metros de mí, pero no parecía importarles que hubiera alguien oyendo, quizá pensaban que era un turista de paso. Ciertamente, se habían sentado en una mesa apartada, pero no repararon o no dieron importancia a que yo estuviera muy cerca, a tiro de oído, tecleando en un portátil aparentemente metido en mis cosas.
Restaurante la Chalana. Reunión de Koldo García y asociados
Creo que el fenómeno de hablar de temas íntimos, delicados o sentimentales sin miedo a ser oídos, es similar al de hablar con un desconocido en un tren o avión y contarle tu vida, quizá revelando actitudes y creencias insospechadas para la mayoría de la gente con que convives diariamente. El anónimo compañero de viaje sirve como una forma barata y potencialmente terapéutica de tener un interlocutor cautivo durante unas horas, desahogarte y sacar a la luz temas que no te atreverías a compartir con alguien más cercano o que incluso no te atreves a contarte a ti mismo. Luego os despedís y su cara se pierde en el mar de tu olvido. Se lava la culpa y se borra la confidencia.
Tradicionalmente, la confesión es el sacramento que ha permitido desnudarse y mostrar lo oscuro o incontable de uno mismo y experimentar el perdón y la catarsis o purificación del alma. Debilitado el sentido religioso católico, el extraño en el tren es ahora el potencial confesor, quizá el potencial cómplice en tu siguiente crimen.
Extraños en un tren. Alfred Hitchcock. 1951
A falta de sentimiento religioso o ritual de purificación o redención y un director espiritual, la conversación privada en un ámbito profesional puede satisfacer esa necesidad. Los psiquiatras, psicólogos o abogados son los profesionales que hoy en día asumen la función del sacerdote en la confesión. Un amigo receptivo o persona de confianza en una cafetería puede servir al mismo propósito.
Escuchar una conversación real, íntima, genuina –en la que no participas– es una de las formas más eficaces de entrenar tu capacidad de escucha, que es a su vez la habilidad esencial de un buen comunicador. Relevado del peso de tener que hablar, preguntar o intervenir, te puedes centrar en percibir los aspectos sutiles, verbales y paraverbales, de la conversación. No eres parte, pero sí juez, puedes evaluar sosegadamente el significado, intenciones de los interlocutores y dinámica conversacional con precisión de entomólogo.
Conversaciones de negocios
Hubo un tiempo en que iba a leer a un Starbuck en una zona de ejecutivos de grandes empresas y consultoras de negocios. Allí me familiaricé con los manierismos y jerga de ejecutivos intermedios. Por ejemplo, me hacía gracia cuando decían que habían hecho un negocio de 100.000 “pavos”(euros), palabra coloquial que solo había oído en películas de detectives americanos de los años 50. Aparentemente, en los últimos tiempos usaban ese término para darle un toque castizo-informal a sus conversaciones. No es un término que hubiera oído en otros estratos sociales o profesionales.
Las conversaciones de negocios pueden aburrir desde muy pronto, pero si prestas atención a los protocolos, expresiones, saludos, despedidas y fases de la conversación, enseguida descubres una plantilla comunicacional muy clara. Obviamente, los temas suelen tener que ver con gestión de equipos, la cuenta de resultados, proyectos y la minucia diaria de los clientes y los plazos de entrega.
m. Conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad.
Pantomima full tiene un video muy ilustrativo de este lenguaje y ethos de los ejecutivos de multinacional y los aspirantes de bajo nivel que los imitan para integrarse en el mundo corporativo. Cualquiera que haya frecuentado esta tribu profesional reconocerá la veracidad de este estilo comunicativo, incluyendo no solo palabras sino tambien gestos y apariencia personal.
Cómo escuchar de incógnito y no perturbar a los escuchados
El principal obstáculo a esta técnica de escucha es que puedas despertar recelo en los escuchados, que vean que “tienes puesta la antena”. En este caso, tu observación etnográfica queda viciada, pues en las comunicaciones humanas opera el principio de indeterminación de Heisenberg: los sujetos observados cambian su comportamiento en el momento en que se sienten observados; dicho de otro modo, los observados conscientes de la observación se comportan de manera distinta que si creyeran que están hablando en privado de manera confidencial. Es inevitable, somos animales teatrales.
Pero a diferencia de la física cuántica, en que no podemos engañar al electrón y evitar su cambio de momento, cuando se trata de especímenes del zoo humano, podemos evitar la perturbación de nuestra observación si hacemos creer que no estamos escuchando.
Recomiendo usar un portátil para tomar notas y colocarte unos auriculares como si estuvieras oyendo música; es conveniente que solo mires de cuando en cuando de reojo, que tengas abierta alguna hoja de cálculo o presentación de powerpoint y que asumas un gesto serio, concentrado y por momentos preocupado, como si lo que estuvieras haciendo fuera de importancia capital para el futuro del planeta.
También, y para relajar la pose, puedes canturrear imperceptiblemente o seguir el ritmo de una música inexistente con movimiento de dedos o ligero movimiento de cabeza. En definitiva, has de hacer pensar a los escuchados que estás metido en tu mundo, que tienes algo importante que hacer y así evitarás despertar sospechas.
Hace años un amigo me contó la anécdota de ir a un restaurante en Buenos Aires y preguntar sobre la calidad del asado. El camarero con ironía y desparpajo porteño le respondió que «fatal», que «no se podía comer». Es decir, que el camarero venía a decir: “qué te voy a decir yo, que trabajo aquí”. Era consciente de que su opinión estaba sesgada por su interés del negocio y su respuesta no tenía en principio demasiado valor.
Lo mismo ocurre con muchas de las opiniones que las élites intelectuales y socioeconómicas mantienen estos días: sus opiniones no son fiables y posiblemente están sesgadas por su propio interés de élite. Las élites han sido los “influencers” en todos los tiempos, son el faro que el resto de la sociedad sigue y sería ingenuo pensar que las opiniones o creencias que difunden no son beneficiosas para ellos o se mueven por un puro interés por la búsqueda de la verdad y el “bien común”.
En el caso de las élites tecnológicas, es claro: todos hemos oído historias de magnates digitales, tipo Steve Jobs, Bill Gates o Zuckerberg, que monitorizan el tiempo de pantallas de sus hijos y establecen rígidas restricciones. Por ejemplo, en Silicon Valley muchos de los tecnólogos llevan a sus hijos a escuelas tipo Waldorf o Montessori donde están prohibidas las pantallas y las herramientas principales son la pizarra y tiza tradicional, las manualidades, las actividades sensoriales en la naturaleza y el teatro.
Plantas, muebles de madera, lápices y un encerado presidiendo la clase, en el colegio Waldorf Peninsula de Silicon Valley. P. L. Fuente: El País.
Los gurús tecnológicos promocionan las bondades de sus tecnologías digitales a la vez que protegen a sus hijos y les imponen importantes restricciones [1]. Hablan de los beneficios pero obvian los inconvenientes y los costes, lo mismo que esperaríamos del propietario de un restaurante. La hipocresía, consciente o no, es evidente: se benefician y forjan su riqueza a través productos digitales mientras que protegen a los suyos de sus inconvenientes y peligros. Su creencia declarada, posiblemente errónea, sobre lo inevitable y beneficioso de la digitalización del mundo, no les afecta negativamente. Dado su comportamiento, es posible que solo crean en ella hasta un cierto punto: hasta el punto en que empieza a perjudicar a ellos y sus hijos, pero eso no les impide seguir pregonando las ventajas e inevitabilidad de la inmersión digital para los hijos de los demás.
La obsesión en Silicon Valley por alejar a los niños de la tecnología trasciende las paredes de las aulas. Cuando los chavales salen del colegio, se intenta que sigan sin tocar ni ver pantallas. En las familias de los altos ejecutivos de las empresas tecnológicas del valle se está generalizando la práctica de exigir a las niñeras que firmen “contratos sin móvil”.
“Yo he trabajado en casas en las que tenía que dejar el móvil en la garita de seguridad cada vez que entraba”, explica Janie Martinez, que lleva 15 años como niñera en la zona. “No podía mirar el teléfono en toda mi jornada de trabajo, y los niños no podían ver pantallas durante el tiempo que estaban conmigo. Es una locura”.
Martinez ha trabajado en familias de “perfil muy alto” del mundo de la tecnología, incluida la de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, asegura. Trabajos que, en los casos más extremos, pueden estar remunerados con hasta 100.000 dólares anuales. “Cuanto más alto ha sido el perfil de las familias, más preocupadas estaban por este tema”, cuenta. “No querían que sus hijos mirasen una pantalla y, por contrato, me impedían usar el teléfono. Eso me parece frustrante. Como cuidadoras, necesitamos el móvil para una emergencia. No solo para que nos localicen los padres de los niños, también para nuestras propias familias”.
En caso de incoherencia entre comportamiento y declaraciones verbales, el comportamiento es siempre más fiable.
Creencias de lujo
Hay un fenómeno relacionado con el anterior que pone de manifiesto esta instrumentalización de ciertas creencias por las élites para mantener y asegurar su posición: las creencias de lujo [2].
Las creencias de lujo, de acuerdo a Rob Andersson, son creencias que sirven a quien las profiere para aumentar su estatus e indicar su pertenencia a una élite intelectual o socioeconómica.
Asimismo, lo absurdo o erróneo o peligroso de muchas de ellas no se traduce en perjuicio para los que las expresan, bien por ser capaz de protegerse de sus efectos negativos o porque las ventajas de mantener esas creencias les compensan más que perjudican. Las creencias de lujo son plumaje verbal ideológico que permite señalar valor personal y pertenencia a un grupo exclusivo. Estas creencias tienen una función similar al plumaje del pavo real cuando lo despliega y exhibe ante las hembras de su especie. El plumaje del pavo es una señal de valor reproductivo que le permite atraer a sus congéneres.
Pavos reales y señalización del valor
Para que esta función de señalización sea eficaz, es necesario que sea difícilmente imitable o de otra manera perdería su capacidad de generar distinción. Los pavos reales de más vistosos plumajes incurren en un coste importante en movilidad y otras dificultades en la búsqueda de alimento; pero al incurrir en esos costes están transmitiendo el mensaje de que son tan sanos, fuertes y tienen tan buen potencial genético que pueden hacer frente a las desventajas del plumaje. Un pavo real de calidad genética más baja solo podrá tolerar un plumaje menos vistoso.
En las sociedades humanas, las exhibiciones de plumaje se realizan a través del estilo de vida, específicamente del consumo conspicuo o consumo de bienes posicionales[3] . Cuando consumimos bienes de lujo no solo tenemos la satisfacción hedónica del consumo, sino que además logramos señalar nuestra propiedad, capacidad económica y pertenencia a una élite moral o económica. Posiblemente la diferencia hedónica entre unas vacaciones en el Caribe (al alcance de la clase media) y un safari en Kenya o unas vacaciones en Las Maldivas, no sea muy grande, pero sí el valor posicional o de estatus que confiere a quien las disfruta, y por eso los consumidores de bienes posicionales están dispuestos a pagar mucho más.
El sobreprecio que se paga sobre los bienes de consumo ordinario cuando compramos bienes de lujo es el plumaje del “Humano Real” que quiere resaltar y distinguirse del resto.
Los bienes de lujo, pues, tienen un coste que solo unos cuantos pueden pagar o están dispuestos a pagar, y ese coste es lo que convierte en eficaz y difícilmente imitable la señal que el consumidor de bienes de lujo pretende transmitir. Después de todo, una señal que todo el mundo pudiera imitar, con independencia de su posición en la sociedad y capacidad económica, dejaría de tener valor señalizador de la persona que lo consume.
Del plumaje del consumo de bienes de lujo al plumaje ideológico
Las élites culturales, económicas y políticas, generalmente de clase media alta o superior, ha dado con un medio más barato y a la vez más eficaz que el consumo de bienes lujo: la proferencia de creencias de lujo, aquellas creencias que señalan virtud, expresan una actitud vital y les señalan como vanguardia ideológica de la sociedad.
Varios ejemplos:
“La familia tradicional de padre, madre y varios hijos está superada o debe superarse por opresiva o “patriarcal”.
“La libertad individual y el deseo está por encima de cualquier otra consideración.”
“No existe tal cosa como hombre o mujer, son constructos sociales, debemos hablar de “género asignado al nacer”. Cada uno es lo que siente o dice ser, sin necesidad de referencias objetivas “esencialistas”.
“La inmigración favorece a los países. Cualquier tipo de inmigración. Ningún ser humano es ilegal, etc.”.
«Cualquier tipo de familia, monoparental, biparental, con progenitores del mismo sexo, de distinto sexo, con hijos biológicos, con hijos adoptados, es válida e igualmente de eficaz a la hora de asegurar el bienestar de los hijos».
“Pertenecer a una minoría “oprimida” te convierte en buena persona.”
“Debemos renunciar a los viajes en automóvil o en avión para proteger al planeta”.
“El estado-nación debe desaparecer o irse diluyendo en favor del cosmopolitismo y la disolución de las lealtades nacionales”, todo esto en favor de una vaporosa globalidad que acoja a todos los seres humanos.
Estas creencias, y muchas otras que sin mucho esfuerzo puedes recordar, tienen cierta historia, pero no han empezado a formar parte del plumaje verbal de las clases educadas occidentales muy recientemente, quizá cinco, diez o quince años.
Muchas de estas creencias de lujo son discutibles, extrañas o directamente absurdas. Pero es precisamente su extrañeza o aparente ridiculez lo que las hace aptas para convertirse en creencias de lujo y señalar distinción: hay creencias tan ridículas que solo una persona muy “educada” (posiblemente con másteres y doctorados en humanidades o ciencias sociales) o muy vanguardista y “concienciada socialmente” puede mantener, lo que hace que en principio ninguna persona de la calle puede aceptarlas o acogerlas intuitivamente e imitarlas sin sentir un fuerte rechazo interior.
Con el tiempo, como ocurre con las modas, creencias y ciertos comportamientos exóticos, el resto de la sociedad termina imitando las creencias y comportamientos de las clases dirigentes con lo que la ventaja como señalizadora de virtud o posición social disminuye; es en este momento cuando las élites buscan otras creencias de lujo, todavía mas extrañas y absurdas que las anteriores, que les permitan seguir distinguiéndose. Se da, por tanto, un efecto cascada o amplificación de la estupidez muy inquietante cuyos efectos llevamos años sufriendo los ciudadanos occidentales.
El extraño caso de de Ana Patricia Botín, la banquera víctima del sistema
Todavía recuerdo un tuit de hace dos años de Ana Patricia Botín, Presidenta de uno de los mayores bancos españoles, en el día de la mujer, cuando decía que ella había sufrido el prejuicio de su entorno cuando la llamaban “la niña”[4].
Like many other women, I have faced bias in my life and career. There was a time when I was condescendingly called "la niña" which in English translates to "the little girl", even though I had been working in banking for almost two decades#InternationalWomensDaypic.twitter.com/oVXyVVTnKK
Hasta una persona nacida y criada entre algodones –con acceso a más oportunidades y recursos de las que cualquier ser humano normal puede siquiera soñar– es capaz de subirse al carro de la reivindicación, convertirse en víctima y abanderar la lucha por los derechos de colectivos “oprimidos”, en este caso, las mujeres.
Y este no es el único carro ideológico al que esta señora y su banco se suben: el cuidado del medio ambiente, la igualdad, la inclusividad y la diversidad están ya en sus declaraciones corporativas y publicidad.
Esto es muy típico de la clase universitaria educada, de los políticos y las élites empresariales: mantienen creencias que señalan o pretenden señalar virtud, que les colocan en la vanguardia del cambio social y que además son buenas para su cuenta de resultados personal, política o corporativa.
¿A quiénes benefician y perjudican las creencias de lujo?
Los bienes de lujo benefician a quienes los consumen, generando satisfacción hedónica y mejorando la posición social o estatus; perjudican indirectamente a los que no pueden acceder a ellos generando envidia y reduciendo su posición social.
Las creencias de lujo perjudican a los demás de una manera también indirecta pero distinta. Muchas de estas creencias de lujo son perjudiciales especialmente para los estratos socioeconómicos más bajos y peor educados de la sociedad, y casi inocuas para las élites, que, o bien están aisladas de sus consecuencias, o bien cuentan con los recursos suficientes para atenuar su influjo negativo, al menos en el corto plazo.
Un caso paradigmático: la defensa de las fronteras abiertas
La defensa de la inmigración y las fronteras abiertas es especialmente popular entre la gente acomodada, que se beneficia de mano de obra más barata (servicio doméstico a precio de saldo), salarios más bajos en ciertos trabajos (cualquier salario que pagues a un inmigrante del tercer mundo le parecerá bien); y entre los «iluminados», generalmente de izquierda y extrema izquierda, que se benefician de su buena conciencia (cosmopolitismo, multiculturalidad, humanismo) y señalan su superioridad moral. .
Ciertamente, hay desventajas en la entrada no controlada de inmigrantes a un país, pero a los que suelen estar a favor de las fronteras abiertas les afectan menos: suelen vivir en barrios o urbanizaciones donde los inmigrantes no se pueden permitir vivir; en los colegios privados a los que envían a sus hijos, no hay inmigrantes; tienen seguros médicos privados y no sufren la saturación de la sanidad pública; los únicos inmigrantes con los que suelen interaccionar en su día a día son el jardinero o el servicio doméstico, y en sus urbanizaciones de lujo hay servicios de seguridad que les mantienen protegidos.
Por otra parte, no tienen que competir en el mercado laboral con extranjeros de bajo nivel educativo llegados en patera y que nunca llegarán a ser profesores universitarios, funcionarios de grupo A, políticos o ejecutivos en multinacionales. Como mucho, llegarán a convivir con una cuota para gente “racializada” o de colectivos minoritarios parte de una campaña de marketing empresarial o político que señale —una vez más— su compromiso y responsabilidad social corporativa o institucional.
Compárese esto con el caso de la población nacional en barrios más humildes: sus hijos tienen que acudir a escuelas públicas donde su educación se resiente por problemas de comportamiento de jóvenes poco integrados, por su bajo nivel cultural o incluso por el desconocimiento del español; cuando acuden a la sanidad pública la encuentran atestada y con recursos insuficientes para la demanda existente; tienen que competir en el mercado laboral por los puestos menos remunerados, y en su acceso a las ayudas públicas (vivienda, educación, etc.) quedan relegados por los extranjeros, generalmente con igual o menor nivel económico que ellos y familias más grandes; también son los nacionales de menor nivel socioeconómico los que resultan perjudicados por la inseguridad en los barrios, el aumento de la criminalidad y el encarecimiento de los alquileres resultado del influjo de masas de población que no se puede asimilar ni culturalmente ni con la construcción de vivienda.
En resumen, las creencias de lujo expresadas y fomentadas por ejecutivos, profesores universitarios, funcionarios, políticos de alto nivel y otra gente de mal vivir, son creencias cuyos frutos disfrutan especialmente ellos —al expresarlas y promoverlas— pero cuya factura es pagada por otros, generalmente sus compatriotas de menor nivel económico y educativo.
Non coerceri a máximo, contineri tamen a minimo divinum est
Este es el lema, divisa o principio inspirador de este blog desde hace años. Nunca nadie me ha preguntado por él, supongo que porque está en la página inicial del blog y poca gente lo lee o porque la gente hoy no sabe latín y no considera que pueda sacarse partido de desempolvar latinajos.
No estar limitado por lo más grande, estar contenido en lo más pequeño, eso es divino.
Es una frase que escribió un jesuita anónimo en 1640 en Amberes como elogio conmemorativo de San Ignacio de Loyola para el primer centenario de la Compañía de Jesús. El poeta romántico alemán Hölderlin la incluye en el prefacio de su obra Hiperión, aunque más como una celebración del potencial del espíritu humano que como caracterización de lo divino. De hecho, esta frase ha tenido muchas interpretaciones. Joseph Ratzinger, después Benedicto XVI, alude a esta máxima jesuítica en su Introducción al Cristianismo, escrita a los 40 años, y dice que “lo mínimo se vuelve máximo” si dejamos ingresar el amor divino en el mundo
El Papa Francisco, también jesuita, desarrolla esta máxima espiritual en la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate del 19 de marzo de 2018:
El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial. […] Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante, porque la magnanimidad se muestra en lo simple y cotidiano. Se trata de no tener límites para lo grande, para lo mejor y más bello, pero al mismo tiempo concentrados en lo pequeño, en la entrega de hoy.
Espacio y tiempo
Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.
Aquél que se liga a una alegría
Hace esfumar el fluir de la vida;
Aquél que besa la joya cuando ésta cruza su camino
Vive en el amanecer de la eternidad.
William Blake
The Ancient of Days William Blake
El actual Papa no es santo de mi devoción, bueno, digamos que no es ‘Papa’ de mi devoción —aunque no llego a identificarlo con el “representante del maligno en la Tierra”, como hace el presidente de Argentina, Javier Milei—. Coincido con el Papa Francisco en la interpretación de la máxima jesuítica. Para mí es un un aviso o recordatorio o llamada de atención para no confundir lo grande geométrico con lo importante, o para no desestimar lo pequeño, efímero o aparentemente insignificante que se esconde en lo cotidiano. Después de todo, una acumulación de cotidianos infinitesimales es lo que termina generando el área bajo la curva de nuestras vidas.
Asimismo, la dimensión temporal es importante: muchos vivimos en el día a día, sintiendo nuestras vidas como un acumulación de momentos inconexos, sin plan (y esto puede estar bien) y sin coherencia o dirección (y esto suele estar mal). Vivir en el presente, la plena presencia, el día a día y el carpe diem, es el aroma de nuestros tiempos; la cuestión es si estamos abusando de esta orientación vital en detrimento de un principio o principios unificadores que otorguen unidad a nuestros fragmentarios pasos y que proporcionen perspectiva y sentido a nuestras vidas. Una vida sin dirección es una vida coja, aunque, siendo los caminos del Señor inescrutables, debamos tolerar un cierto vagabundeo existencial que nos permita encontrar el mejor camino en cada momento; como dijo alguien, no siempre el que pasea sin rumbo fijo está perdido.
Necesitamos la visión final que coordine nuestros movimientos circulares transformándolos en verticales, hacia un fin más alto que los pequeños afanes o espasmódicas rutinas y hábitos. Necesitamos el futuro anhelado posible para orientar el actual presente.
Sin embargo, las visiones son borrosas y mejorables, han de serlo si queremos irlas perfilando poco a poco, actualizándolas a la luz de la experiencia y nuestra concepción de lo bueno posible, para así ir mejorando nuestras acciones en el día a día.
Necesitamos una visión lo “suficientemente” clara como para orientar nuestra vida, pero no tan clara, definida o acabada como para que amortaje nuestra acción en un camino rígido, inamovible y deje de responder a los acontecimientos y sorpresas del camino, o a nuestra creciente comprensión del mundo. Lo divino (lo bueno, lo bello, lo cierto, lo mejor) es por definición inabarcable, no podemos reducirlo a una fórmula, a un principio, ni siquiera a una visión borrosa. Es por eso que no puede estar limitado por la mejor de nuestras visiones humanas.
Necesitamos una visión grande, con potencial de ser mejor y más grande, para llevarnos siempre más lejos, para ir más allá de lo actual y conectarnos con lo potencial y lo divino.
Un mapa del mundo que no incluya Utopía no es digno de consultarse, pues carece del único país en el que la humanidad siempre acaba desembarcando. Y cuando lo hace, otea el horizonte y al descubrir un país mejor, zarpa de nuevo.
Óscar Wilde
Conciliación de contrarios
Nos encontramos con opuestos que deben ser conciliados y entendidos lo suficientemente bien como para coordinarlos. Queremos soñar castillos en el aire, pero queremos dar el siguiente paso sin caernos; queremos grandiosos castillos, pero necesitamos sólidos cimientos; queremos aspirar a grandes cosas, pero sin olvidar que todo lo grande tiene inicios pequeños; queremos admirar a Van Gogh y sus pinceladas, y saber que nada grande se hace por simple impulso del momento sino por una serie de pequeñas cosas que se juntan en un todo coherente. También queremos no dejarnos desanimar por lo grandioso de lo posible, y lo limitado, imperfecto y frágil de nuestros esfuerzos y capacidades. Queremos aspirar a dar todos los días pasos perfectos con el convencimiento de que el resultado final será muy imperfecto, pero mejor de lo que hubiera sido si no hubiéramos sido atraídos por la idea borrosa de ese grande inalcanzable.
Si Zuckerberg no fuera billonario y tú padecieras de un tierno corazón sangrante, quizá sentirías un poco de pena por el mal trago que ha pasado ante el senado americano. Echa un vistazo a esta comparecencia antes de continuar leyendo si es que no la has visto ya.
Los senadores convirtieron la comparecencia de Zuckerberg y otros responsables de las principales redes sociales en un escarnio público, una reprimenda publicitaria de carácter populista, un auto de fe; no fue un interrogatorio donde quisieran averiguar algo sobre el funcionamiento de Meta y su modelo de negocio.
El auto de fe era un acto público organizado por la Inquisición en el que los condenados por el tribunal abjuraban de sus pecados y mostraban su arrepentimiento —lo que hacía posible su reconciliación con la Iglesia católica—, para que sirviera de lección a todos los fieles que se habían congregado en la plaza pública o en la iglesia donde se celebraba (y a quienes se invitaba también a que proclamaran solemnemente su adhesión a la fe católica).
Pedir perdón porque te fuerzan es, además de una humillación, un gesto carente de valor. Hay una gran diferencia entre el arrepentimiento y el miedo a la represalia o el castigo, y entre el sentimiento de culpa (locus interno) y la simple vergüenza (locus externo). El carácter moral de la petición de perdón tiene que ver con el convencimiento interior, no con la coacción que ejerza un senador o las familias de niños y jóvenes acosados a través de las redes sociales, prostituidos o que se han suicidado.
Todos sabemos a lo que se dedican estas empresas digitales dueñas de redes sociales: a captar la atención de la gente para luego venderla a los publicistas o cualquier empresa que puede emplear esa información para ganar dinero. Obtienen información detallada y granular sobre el comportamiento de los individuos y colectivos y luego la venden al mejor postor. Su modelo de negocio está basado en la obtención y comercialización de la atención humana.
Los mecanismos de captación y mantenimiento de la atención facilitados por la tecnología digital conducen a los usuarios a algún punto del espectro adictivo. Que no lo llamemos adicción cuando hablamos de nosotros o nuestros hijos se explica porque estos comportamientos son habituales, y, como dice el dicho inglés, «Misery loves company»: cuanto estamos todos en una mala situación, esta situación se percibe menos mala e incluso no se percibe siquiera como mala.
Zuckerberg, como la mayoría de los millonarios y billonarios de las industrias digitales, no es idiota (aunque esté en algún lugar funcional del espectro autista) y sabe mantener a sus hijos fuera del alcance o abuso de las redes sociales, adicciones digitales y otros peligros. Sobre todo, sabe el efecto que tienen porque es el efecto que buscan: mantener pegados a los usuarios a las pantallas, sean estos niños, jóvenes o adultos.
Chamath Palihapitiya, un exejecutivo de Facebook, reconoció que sentía una «culpa tremenda» al haber ayudado a construir la red social. Además, admitió que a sus hijos “no se les permite usar esa mierda”.
Mark repite que ellos se dedican a construir herramientas, las mejores que pueden, y por tanto da a entender que la responsabilidad sobre el mal uso de las redes sociales no es suya, de la misma manera que los accidentes de tráfico no son generalmente atribuibles a los fabricantes de coches.
En la comparecencia en el senado, Zuckerberg fue un cabeza de turco que los senadores cortaron despiadadamente y mostraron gozosamente a los padres de jóvenes suicidados o captados a través de su plataforma y luego abusados.
La cabeza de Zuckerberg es como la cabeza guillotinada del noble francés en la revolución francesa, que rueda por el suelo y es celebrada con alborozo por el populacho.
Pero como he comentado muchas veces en mi serie de artículos sobre neoludismo, las aplicaciones digitales no son simples «herramientas», al menos no tan herramientas uniuso como un secador o un detornillador, o si lo son, son «herramientas con agenda propia«: buscan que las emplees lo más posible para maximizar el beneficio. Es difícil exonerar completamente de culpa a alguien que tan deliberadamente trabaja para mantenernos pegados a una pantalla.
En el mundo digital, se dice que el principal competidor de facebook no es Instagram o YouTube o cualquier otro producto de entretenimiento offline, sino las horas de sueño del usuario. Por tanto, es más correcto decir que los usuarios se convierten en las herramientas de las aplicaciones digitales y el teléfono inteligente, de la misma manera que los drogadictos son una herramienta para la riqueza de los narcotraficantes.
¿Es esto exagerado?
Sí, probablemente. Los seres humanos buscan influenciar a otros seres humanos para conseguir sus fines. La publicidad tradicional perseguía lo mismo que la actual, influir en los consumidores. La propaganda política igualmente. La simpatía de un vendedor y su sonrisa es el camino más corto hacia tarjeta de crédito del incauto.
Lo que cambia es el poder de influencia y la mayor o menor legitimidad de usar medios que conducen potencialmente a la adicción. Los medios digitales tienen un poder de influencia muy similar al de las drogas.
Sin embargo, no consideramos que sea lo mismo la influencia de un traficante de droga que la de un profesor en la escuela o que la de un ingeniero de la atención de Silicon Valley.
Consideramos que hay medios de persuasión más o menos legítimos en función del fin perseguido y los efectos sobre el persuadido: incitar a las drogas puede destruir la vida de las personas; adoctrinar/educar a los niños en la escuela va contra el interés legítimo de los padres en transmitir sus propios valores, quizá alejados de los del Estado o el burócrata de turno, pero no consideramos a los profesores de la enseñanza estatal al mismo nivel de los narcos (aunque deberíamos, dado el nivel de basura cultural con la que alimentan a nuestros hijos: no solo de venenos físicos muere el hombre…).
Las empresas digitales –a cambio de tu atención fragmentada, cada día más fugaz, y tus gustos extraídos de tu comportamiento digital (los likes y tu historial de navegación)– entregan un flujo de entretenimiento prácticamente ilimitado.
Aquí está el debate: ¿están las empresas digitales tipo Meta, TikTok, Instagram o Google más cerca de los narcotraficantes y los proxenetas, o más cerca de los fabricantes de pantallas digitales para escuelas o las compañías telefónicas o el creador o distribuidor de eventos artísticos?
¿Zuckerberg es nuestro chivo expiatorio?
El Levítico describe entre los diversos rituales y ceremonias del pueblo hebreo la figura del «chivo expiatorio», que en el Día de la Expiación o Yom Kippur, el día más sagrado del año judío, debe ser expulsado ritualmente de los rebaños de las tribus israelitas como parte de un ritual de limpieza.
En el Día de la Expiación, se envolvían los cuernos de una cabra con una tela roja, que representaba los pecados de la comunidad, y se la expulsaba al desierto.
Zuckerberg es un chivo expiatorio, un ritual o mecanismo social para expiar nuestras culpas. En este caso, el chivo asume parte de la culpa y desvía la atención hacia otros posibles culpables. De una manera un tanto mágica o supersticiosa, no es solo que el chivo purgue nuestros pecados como sociedad sino que además nos exonera de cualquier responsabilidad personal que podamos tener en el estado actual de cosas; en particular, lava la posible mala conciencia de los padres de los jóvenes suicidados o que fueron captados y abusados a través de facebook u otras redes sociales.
Es posible que estemos convirtiendo a la víctima propiciatoria en victimario, a Mark en la causa única de nuestros males sobre la que ha de recaer el castigo o la responsabilidad final del pecado. Después de todo, ¿podemos culpar a la compañía de teléfonos de que sus artefactos se usen para realizar amenazas de muerte o para llamar al camello y procurarse droga o para arreglar acuerdos ilícitos entre personas?
En el sector privado, toda empresa, todo ser humano, ofrece algo que alguien necesita y le persuade para lograr el intercambio; el vendedor ambulante, el músico callejero, el payaso del circo y el seductor necesitan captar tu atención, obtener algo de tu tiempo y darte algo que quieras comprar. En este sentido, las empresas digitales no hacen nada que no hagamos los demás, solo lo hacen en mayor escala, coste más bajo y con mejores resultados.
Para las familias, los daños colaterales del uso de las redes sociales son entre otros: la fragmentación de la atención, la reducción de los índices de lectura en cuanto el niño dispone del móvil, el aislamiento, el ciberacoso, las adiciones a los videojuegos, la explotación o intercambios ilícitos mediados a través de las redes sociales, los crecientes índices de depresión y ansiedad entre los niños y jóvenes y, en casos extremos, los suicidios precipitados por un uso abusivo o escapista de las redes sociales e internet.
Si no es Zuckerberg, ¿quién es el culpable?
El culpable eres tú.
El culpable eres tú, que compraste a tu hijo un teléfono inteligente cuando llegó a los 10 años, o, si fuiste conservador, a los 12 y, si fuiste un héroe, a los 14 o los 15.
Por primera vez en España la proporción de niños de 10 a 15 años que disponen de teléfono móvil ha superado los siete de cada 10, con subidas en los últimos 10 años en la mayor parte de las comunidades, especialmente desde la llegada de la pandemia de covid. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), ya con 12 años un 72,1% de niños y niñas cuentan con teléfono móvil. A los 13, tienen teléfono el 88,2% y a los 14 y 15 son ya el 94,1% y 94,8% respectivamente.
El culpable eres tú que pasas más tiempo con tu móvil que hablando con tus hijos.
El culpable eres tú, que cediste a la presión social de otras familias, otros padres y otros niños.
El culpable eres tú, que no tienes criterio más allá del del rebaño y del viento que más fuerte sopla.
El culpable eres tú que no lees o no haces caso a los agoreros que llevan años alertando sobre el peligro de las pantallas sobre el desarrollo cognitivo y emocional de los niños, por ejemplo alguno de estos:
El culpable eres tú que esperas que el Gobierno prohiba los móviles en la escuela cuando tú eres incapaz o te sientes impotente para hacerlo en tu propia casa.
El culpable eres tú, que has decidido delegar la educación de tus hijos en las escuelas.
El culpable eres tú, que dices que los libros son caros, pero en tu casa no faltan las suscripciones anuales a Netflix, Disney o plataformas similares.
El culpable eres tú, que delegas la formación del carácter de tus hijos en la cultura popular, el grupo de amigos y la publicidad e ideología transmitida por los medios de comunicación digitales y de masas.
El culpable eres tú, que presionas a tu colegio para que digitalice la educación e introduzca tabletas y pizarras digitales para que tus hijos no pierdan «el tren de la modernidad».
El culpable eres tú, que no dedicas dos noches de las 365 del año que dedicas a ver Netflix a informarte sobre el daño que hacen a tus hijos los teléfonos inteligentes.
El culpable eres tú, que eres menos inteligente que el teléfono que llevas contigo a todas partes.
El culpable eres tú, que patéticamente te engañas a ti mismo y compras teléfonos inteligentes a tus hijos para que «estén localizados y puedan llamarte en caso de emergencia».
El culpable eres tú, que hace meses que no juegas al parchis, al risk o al go (según tu nivel intelectual) con tu hijo.
El culpable eres tú, que te has tragado toda la infotontería que te venden las empresas tecnológicas.
El culpable eres tú que no sabes lo que es un algoritmo ni quieres saberlo.
El culpable eres tú, que dilapidas tu tiempo y tu vida mirando una pantalla.
El culpable eres tú, que idolatras la opinión de informáticos con gafas y camisetas de superhéroes.
El culpable eres tú, que dices «Esto es lo que hay» o «No se pueden poner puertas al campo» o «No quiero que mi hijo sea un analfabeto digital».
El culpable eres tú, que crees que las aplicaciones educativas o de búsqueda de información son la verdadera razón por la que tu hijo te exige un teléfono inteligente o un ordenador.
El culpable eres tú, que ya has aceptado que tus hijos estén presentes físicamente pero ausentes en espíritu.
El culpable eres tú, que no te das cuenta de que el ciberacoso, la pornografía, los problemas mentales, no son los mayores riesgos a los que se enfrentan tus hijos. Estos son riesgos probables, pero existen riesgos casi ciertos sobre las mentes de tus hijos que no podrás evitar.
El culpable eres tú, que te crees a Pau Donés, y dices que todo depende, que, según como se mire, todo depende.
El culpable eres tú, que crees en el uso responsable y en el acompañamiento de tus hijos en el mundo digital. ¿Crees también en el uso responsable de las drogas y el acompañamiento del camello en el viaje del drogadicto?
El culpable eres tú, que has dejado al diablo entrar en tu casa.
El culpable eres tú, que crees que arder en el infierno es menos doloroso si estás acompañado por otros.
Conclusión
En definitiva, puede que Zuckerberg sea un cabeza de turco que paga por los pecados personales y sociales de todos nosotros.
Un chivo expiatorio también se conoce como cabeza de turco. El origen de esta expresión se halla en las Cruzadas. La animadversión existente de las fuerzas cristianas hacia los turcos hacía que fuese muy valorado el lograr matar a uno de ellos. Si se conseguía matar a uno, se le cortaba la cabeza para ser puesta en cualquier palo, fierro o cosa alargada, a modo de trofeo. Así, se les achacaban todos los males acaecidos a los cristianos, no solo en el campo de batalla, sino también aquellos ajenos a su voluntad.
El minimalismo existencial podría ser llamado esencialismo, tanto porque trata del espíritu o realidad última de la experiencia vital, como porque es una fragancia inefable que acompaña al ser que lo acoge, como porque despoja al mundo de lo contingente y lo accidental en busca de un meollo las más de las veces inalcanzable. Es un afán sin fin que busca reducir la insoportable complejidad del mundo interno y externo a su mínima expresión. Pocas veces esta reducción es lograda y cuando uno cree haberla alcanzado, siquiera tocado, te explota en las manos en mil pedazos, como si la realidad maniatada por la síntesis se rebelara ante el intento y te mostrara dolorosamente lo estúpido e inútil de la mortaja.
Tú que con lanza de fuego has roto el hielo de mi alma y la empujas hacia el mar espumoso de sus más altas esperanzas, cada día más claro y más sano, libre en una sujeción amable, por eso ella celebra tus milagros, ¡oh mes de Enero, el más hermoso!
Génova, Enero de 1892
276.- Año nuevo.- Vivo todavía, pienso todavía: debo de vivir aún, puesto que pienso. Sum, ergo cogito, y cogito ergo sum. Hoy permito a todo el mundo expresar su deseo y su pensamiento más preciado, y yo también voy a decir lo que yo mismo anhelo y cuál es el pensamiento primero que me ha llegado al corazón este año, cuál es el pensamiento que en adelante será para mí la razón, la garantía de la vida. Quiero aprender cada día a considerar como belleza lo que tienen de necesario las cosas; así seré de los que embellecen las cosas. Amor fati: sea este en adelante mi amor. No quiero hacer la guerra a la fealdad. No quiero acusar, ni siquiera a los acusadores. Sea mi única negación apartar la mirada. Y sobre todo, para ver lo grande, quiero en cualesquiera circunstancias no ser por esta vez más que afirmador.
La gaya ciencia, Libro cuarto. Friedrich Nietzsche
Durante este mes del Elul, en la hora diaria dedicada al silencio y la contemplación, han surgido muchas reminiscencias de mi pasado lejano, y, entre ellas, muchas ideas de las que puedo encontrar su fuente originaria en libros.
Por ejemplo, han pasado muchos años desde que leí los fragmentos que reproduzco más abajo de un libro del filósofo y Nobel de literatura Bertrand Russell, Los problemas de la filosofía1. Concretamente, pertenecen al capítulo XV con el título «El valor de la filosofía».
Debía de tener 17 o 18 años cuando leí este librito, al que llegué, como en otras ocasiones, por el deseo de conocer más del autor con el que me había identificado con su estilo o con algún elemento de su visión del mundo. A este filósofo lo conocí librescamente con 15 o 16 años a través de su Por qué no soy cristiano, libro que encontré en la biblioteca del padre de un camarada del instituto al que inmediatamente se lo pedí prestado.
Recuerdo en un verano en la Universidad de Sheffield haber robado de la biblioteca de la residencia uno de sus libros de epistemología, y algo más tarde leer El conocimiento humano. Su alcance y sus límites y dejarlo en la guantera o el asiento del copiloto del coche con la esperanza de que alguien leyera el título y reconociera lo intelectual e interesante que era mi yo juvenil. Parece que no he cambiado mucho, pues aquí estoy décadas más tarde en un blog dejando caer nombres de autores y libros que son más útiles como lucimiento personal vicario que para reforzar o iluminar la reflexión del artículo de hoy…
En el libro mencionado, Los problemas de la filosofía, encontré formulada una orientación vital que desde entonces ha resonado fuertemente en mí –aunque ciertamente, no continuamente, sino a intervalos–: el valor de la contemplación, no solo la religiosa, no solo la filosófica, también la de cualquier variante contemplativa que me aleje del mundo inmediato y egocéntrico de los intereses personales y me ponga en contacto con el proverbial “Algo más grande que uno mismo”.
La vida del hombre instintivo está encerrada en el círculo de sus intereses privados: familia y amistades se pueden incluir, pero el mundo exterior no es tomado en cuenta a menos que ayude o estorbe lo que esté dentro del círculo de los deseos instintivos. En tal vida hay algo febril y confinado en comparación con la vida filosófica, que es calma y libre. El mundo privado de los intereses instintivos es muy reducido, ubicado en medio de un mundo grande y poderoso que deberá, tarde o temprano, reducir a ruinas nuestro mundo privado.
Este y otros párrafos similares formulados con lenguaje claro, conciso y suma elegancia, confrontaron a mi yo juvenil con uno de los conflictos existenciales en toda vida humana: la finitud de nuestro tiempo en la tierra y la estrategia existencial trágica de perseguir nuestros intereses provinciales y provincianos en un universo infinito indiferente a nuestros deseos del que somos menos que infinitesimales granos de arena en una playa inacabable que se pierde en la distancia
A menos que podamos ampliar de tal manera nuestros intereses que incluyan la totalidad del mundo exterior, permaneceremos como en una guarnición de una fortaleza sitiada, sabiendo que el enemigo nos impide la escapatoria y que la rendición final es inevitable. En tal vida no hay paz, sino la lucha constante entre el deseo insistente y la impotencia de la voluntad. De una forma u otra, si queremos una vida grande y libre, debemos escapar a esta prisión y a esta lucha.
Con este texto de reminiscencias budistas, Russell me revelaba una encrucijada vital: afirmar mis deseos e intentar realizarlos en el mundo, o, considerando mis escasas capacidades personales, mayores o menores que las de muchos, pero escasas y finitas al fin y al cabo, buscar el contacto con lo infinito a través de la inmersión del yo en el no-yo. En definitiva, bien seguir en la lucha, o bien escapar de la prisión del yo y buscar una segunda vía más grande, más amplia, menos apegada y autocentrada.
En la contemplación, por el contrario, empezamos del no-yo y a través de su grandeza los límites del yo son ampliados; a través de la infinitud del universo la mente que lo contempla alcanza a compartir algo de esta infinitud
Wittgenstein, el filósofo analítico, estudiante un tiempo de Russell en Cambridge, odiaría y se burlaría de esta palabrería grandilocuente, pseudomística, de carácter New age cuando todavía no se había inventado el New age (“Infinitud”, “Grandeza”, “Límites del yo”), y consideraría el discurso como jerga impropia de un filósofo otrora creativo y riguroso, que a sus 40 años ya había entrado en decadencia y se rendía al embrujo de las palabras grandes que significan poco.
Su reacción no fue porque no compartiera sus inquietudes místicas sino por el intento de capturar esta experiencia en palabras. (Wittgenstein, The duty of genius, Ray Monk, capítulo 4. 1990).
Así la contemplación amplía no sólo los objetos de nuestros pensamientos, sino también los objetos de nuestras acciones y afectos: nos hace ciudadanos del universo, no sólo de una ciudad amurallada en guerra con los demás. En esta ciudadanía del universo consiste la verdadera libertad del hombre, y su liberación de la esclavitud de las estrechas esperanzas y miedos.
Russell vuelve al yo desde el no-yo, y acaba recalcando el efecto de la contemplación sobre la conducción de los asuntos personales y sociales. Después de ver el universo con los ojos puros de no-yo, resulta que la contemplación puede llevar a realizar en este mundo algunos de los ideales humanistas tales como la liberación de la esclavitud y el miedo.
Ciertamente, son palabras poéticas y alusivas, o grandilocuentes y confusas, según decidas, pero sin duda palabras que a un espíritu joven y con hambre de mundo pueden conmover, y quizá afectar e influir corriente abajo (“Nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la mar, que es el morir” …).
El shofar se toca durante la plegaria matutina. El sonido de este cuerno, casi siempre de carnero, llama a los judíos a la meditación y a retomar el camino de la justicia (Teshuvá).
En este mes de Elul2, estoy dedicando una hora diaria a la contemplación y el silencio, y muchos recuerdos –literarios y no literarios– han surgido. Mi esfuerzo está siendo el tirar del hilo de recuerdos inconexos y sensaciones asociadas para intentar tejer historias personales con retales de episodios biográficos. Mi esperanza es que mejores historias personales, más veraces, más coherentes, más conectadas, me permitan explicar el origen de mis acciones e inacciones presentes, y, quizá con ello, situarme en una mejor posición para cambiar de curso en el nuevo año 5784.
Te deseo que seas inscrito y sellado en el Libro de la Vida3, y el nuevo año sea mejor que el anterior y, a ser posible, peor que el siguiente.
Este mes de Elul 1, estoy dedicando una hora diaria al retiro contemplativo y reflexión moral para dedicarme a revisar mi comportamiento, mi vida, mis errores, con el fin de subsanarlos y alumbrar nuevas y mejores resoluciones y compromisos de mejora antes del nuevo año
A diferencia de otros años, que dediqué escasos días a revisar mis asuntos y a formular las tradicionales resoluciones del nuevo año, este me he concedido un periodo de cuarenta días para hacer la reflexión más pausada y dar más tiempo a que se desplieguen las implicaciones y quizá revelaciones de mi actividad contemplativa.
Mi tendencia habitual es primero reflexionar, darme cuenta de los errores, y, después de formular compromisos de cambio, esperar al nuevo año para dar el pistoletazo de salida y comenzar de cero.
Solemos creer que, para conseguir grandes cambios y significativas reformas morales, se requieren grandes ocasiones, oportunidades magníficas, espectaculares acciones que refuljan en el telón de fondo de la existencia. Pero el cambio no suele funcionar así, de manera espectacular o sorprendente, voluntariosa o corajuda. Es más probable que el cambio se produzca por evolución a lo largo del tiempo2 –haciendo pequeños ajustes y consolidando las pequeñas mejoras día a día– que a través de iluminaciones extáticas y bruscos golpes de timón..
Hay otra posibilidad más inteligente que diferir la acción al primer día del nuevo año : empezar ya con cualquier acción en la buena dirección.
Justo en el momento en que detectas un área de la vida o rasgo del carácter que necesita corrección y mejora, empiezas a buscar activamente oportunidades –por pequeñas o insignificantes que parezcan– para mejorar, aunque sea mínimamente, el área o rasgo del carácter en cuestión; tras haber encontrado esa acción mínima –no suele llevar mucho tiempo—la ejecutas sin dilación derribando cuanto te cierra el paso (principalmente, la inercia vital, la segunda fuerza más poderosa del Universo Psicológico).
Si yo no me ocupo de mí, ¿quién lo hará? Y si sólo me ocupo de mí, ¿qué soy? Y si no es ahora, ¿cuándo?
Hillel, Pirket Avot 1:14
Si imaginas la determinación de cambio como una esfera rodante, y la conciencia y el deseo de algo mejor como las fuerzas que llevan la bola hasta el borde del plano inclinado, entonces la Acción Consecuente Siguiente (A.C.S) es el empujón que permite que la bola empiece a desplazarse por la pendiente y adquiera momento.
Necesito una nueva palabra para este concepto: reflacción: la actividad de reflexión que conlleva, casi inmediatamente, una A.C.S, acción consecuente siguiente.
Esa primera A.C.S es como la excepción a la regla de mi mal comportamiento; y aunque la excepción no invalida la regla de mi corrupto carácter, sí que contribuye a crear la anti-regla de un mejor comportamiento, el comportamiento espejo que terminará desaprobando la vieja regla y consolidando la nueva.
No creo que un acto aislado de compasión o bonhomía desconfirme la regla de que soy una persona manifiestamente mejorable, pero ese acto aislado es un primer paso en la dirección correcta y permite vislumbrar, aunque sea de muy lejos, un carácter reformado.
A lo largo de estos últimos diez días, he detectado muchas áreas de mejora; además suele ocurrir que la A.C.S es muy evidente, y es fácil encontrarla; así que, en vez de esperar al inicio del año, he decidido empezar inmediatamente a ejecutarla.
Por ejemplo, resulta que no siempre mantengo contactos frecuentes con mis mejores amigos, resulta que pueden pasar meses sin saber de ellos o hacer algún esfuerzo de conexión. Ya sé que en teoría los mejores amigos retoman su amistad como si el tiempo no hubiera pasado, pero también creo que esto tiene parte de excusa cuando no has tenido la voluntad de hacer algún pequeño esfuerzo para mantener la llama comunicativa encendida.
A este amigo llevo sin verlo casi dos años. Aunque de cuando en cuando hablamos por teléfono, es inaceptable no haber tenido un encuentro en persona en tanto tiempo. Por eso, en cuanto tomé conciencia de esta aberración, me fui al calendario y establecí la tarea(-ritual-hábito-directriz) de tener una conversación profunda, larga y distendida, cada dos meses. Calendaricé inmediatamente esta acción para hacer más probable su cumplimiento; no solo eso, sino que además tomé el teléfono y llamé a mi amigo para concertar un encuentro en los próximos días.
La A.C.S es la esperanza en el fondo de la caja de Pandora3 de nuestros pecados: después de habernos aventurado en las profundidades de nuestro peor pasado y dejado salir a la luz del día nuestras fallas morales, lo siguiente es hacer lo mínimo evidente para cambiar de rumbo y dar el primer paso de un nuevo camino con un nuevo destino.
Fui a los bosques porque deseaba vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida… para no darme cuenta, en el momento de morir, de que no había vivido.
Henry David Thoureau. Walden.
Leí hace años que Bill Gates tenía la costumbre de pasar una semana entera dos veces al año en una cabaña en los bosques aislado del mundo leyendo libros, documentos internos de Microsoft y propuestas de inversión, meditando sobre la evolución del mercado tecnológico, haciendo revisión del año y decidiendo los siguientes movimientos estratégicos. Hay días en que llegaba a pasar hasta dieciocho horas leyendo casi sin interrupción. Él los llama “thinkweeks”, aunque según lo descrito se parezcan más a “readweeks”.
En su momento, me pareció un hábito clave para lograr perspectiva, cesar del modo ejecutor temporalmente, y desarrollar un estado mental más estratégico y largoplacista. No recuerdo que en el artículo se hablara de revisión personal y menos de examen espiritual. Bill Gates es agnóstico, considera que es poco “eficiente” pasar la mañana del domingo en misa o en alguna celebración religiosa; sin embargo, como estructura de reflexión, aunque sea meramente profesional, me parece que algo similar a la thinkweek es imprescindible en toda vida bien vivida, o al menos bien organizada.
Yo practico un ritual similar con mis reencarnaciones minimalistas1 cada tres meses, mi revisión de mitad del año y mi costumbre de “despejar las cubiertas2” a comienzo de año para considerar el estatus de mis proyectos abiertos, eliminar proyectos zombis3 y hacer revisión de mis distintas áreas vitales: espiritual, intelectual, emocional, familiar, amistad, financiera, profesional y física.
He tenido una revisión de mitad del año hace unas pocas semanas y tuve una revisión del 2022 en enero, pero me he dado cuenta de que una semana para este tipo de revisión integral, casi existencial, es insuficiente.
Me doy cuenta de que mis revisiones anuales han pecado de apresuramiento: apenas he dedicado tiempo a reconocer mis pecados (o mis errores, o mis taras, o mis defectos del carácter) y, mucho menos, a meditar sobre ellos y sus causas. Habitualmente, intento poner el contador a cero, pero sin hacer el esfuerzo introspectivo humilde y reflexivo previo; es como si considerara que los últimos días del mes ya están perdidos para la acción, que son como los minutos de la basura del baloncesto4, que “todo el pescado existencial está vendido” y por tanto dé por finalizado el año y me enfoque en los preparativos del siguiente.
Como consecuencia de este apresuramiento, paso muy rápido por la parte de los errores y me enfoco en anticipar, decidir metas y objetivos, y planear qué hacer en el siguiente año.
A la manera de un Sísifo maldecido por los dioses y un desnortado pollo descabezado, año tras año, he repetido el mismo ritual fallido de empezar de cero y planear el glorioso futuro (¡este año será distinto!) sin examinar previamente las causas de mis logros o mis éxitos, requisito previo si uno quiere aumentar la probabilidad de hacer más frecuentes los unos y evitar los otros.
Futuro, s. Época en que nuestros asuntos prosperan, nuestros amigos son leales y nuestra felicidad está asegurada.
Diccionario del Diablo. Ambrose Pierce
Pero puede que la próxima vez sea diferente, aunque sé que es de locos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos… Poco a poco, durante este verano, ha emergido la idea –quizá por contar con un poco más de tiempo y tranquilidad– de que necesito extender mis periodos de retiro y reformulación de metas, y dotarme de una mejor estructura de reflexión existencial; una semana, incluso un par de semanas es poco, mis revisiones mensuales, trimestrales y anuales son demasiado cortas.
En el calendario judío, hay un periodo especial durante el año dedicado a esta meditación introspectiva y con vocación de cambio que estoy buscando.
Mes de Elul, Rosh Hashanah, los Días Temibles y Yom Kippur
En la tradición judía, el mes de Elul es el último mes del año y precede al año nuevo judío, Rosh Hashanah, que, tras diez días, “Los Días Temibles” o “Los Días muy Santos”, culmina en Yom Kippur o el Día de la Expiación.
Según el Talmud (Rosh Hashaná 32b)5, en Rosh Hashanah se abrentres libros donde se inscribe el destino de los justos, los malvados y los que están entremedias de esos dos grupos. Los nombres de los justos se inscriben inmediatamente en el Libro de la Vida y se sellan para que los justos vivan. Los malvados son borrados del Libro de los vivos para siempre e inscritos en el Libro de la Muerte. Al grupo intermedio se les inscribe en un tercer libro y se le conceden diez días (los Días Temibles) hasta Yom Kippur para que reflexionen, se arrepientan y recuperen su relación con D-os.
Hoy estamos en el inicio de Elul, nos encontramos muy cerca del nuevo año judío y el juicio divino, así como de los Días Temibles y el Día de la Expiación. Este año el año nuevo judío 5784 será el 15 de septiembre del 2023. ¿Estamos preparados?
¿Podemos tener certeza que seremos inscritos en el Libro de la Vida inmediatamente o quizá (lo más seguro) tengamos que hacer un esfuerzo adicional por ajustar las cuentas con nuestros semejantes y Hashem?
Si tuvieras una cita como imputado con la justicia, intentarías estar bien preparado; es por eso por lo que el mes de Elul se dedica a la introspección, el análisis de los malos comportamientos y pecados, para estar en el mejor estado espiritual cuando llegue el juicio o –si no eres inscrito en el Libro de la vida en el comienzo del año— partir de una disposición espiritual más reflexiva y asentada en los Días Temibles, cuando intentes reparar la relación con otras personas y con D-os.
Comentaba antes que el tiempo de introspección y análisis y revisión del pasado es usualmente muy corto; la realidad nos lanza sus sucesos, sus urgencias, sus exigencias, y, como al viajero en la proverbial noria, no nos da opción de bajarnos de ella, de recobrar el aliento, de asentar el espíritu e intentar lograr algo de perspectiva y evaluar nuestras vidas.
Pero el arrepentimiento y el retorno espiritual (teshuvah) requieren conciencia, silencio externo e interno, escucha, que solo se pueden alcanzar con tiempo suficiente de análisis introspectivo y determinación de cambio.
Según la tradición, los cuarenta días entre el inicio de Elul y Yom Kippur son los cuarenta días que pasó Moisés en el monte Sinaí tras el episodio del becerro de oro y la subsiguiente rotura de las tablas de la ley. En estos días, Moisés se retiró en soledad pidiendo por el pueblo de Israel y su perdón. En Yom Kippur, se produce el perdón divino y la reconciliación.
Moses Destroys the Tables of the Ten Commandments, c. 1896-1902, by James Jacques Joseph Tissot (French, 1836-1902), gouache on board, 10 3/8 x 6 7/8 in. (26.4 x 17.5 cm), at the Jewish Museum, New York
Los treinta días de Elul, entre esta semana y el 15 de septiembre de Rosh Hashanah, son una oportunidad para juzgarnos a nosotros mismos antes del juicio divino en el inicio del nuevo año. Si logramos una visión más nítida de nuestro comportamiento pasado, nuestro carácter actual, nuestras fallas y lagunas espirituales, quizá haya alguna esperanza. Quizá podamos dar con las causas de nuestros fallos morales y existenciales, quizá podamos sentir profundamente lo inadecuado de nuestro ser, y podamos vislumbrar nuevos horizontes y mejores deseos y sueños.
El mes de Elul es la oportunidad de practicar cheshbon hanefesh, la contabilidad del alma que nos permita hacer balance y volver a nuestro mejor ser.
Si a pesar de nuestros esfuerzos no somos inscritos en el Libro de la Vida en el nuevo año, estaremos mejor preparados para el arrepentimiento y búsqueda del perdón en los Días Temibles antes del sellado final de nuestro destino en Yom Kippur.
Todas estas consideraciones anteriores y el hecho de que estoy inmerso en el Proyecto Silentud me han animado a dedicar el mes de Elul, antes de Rosh Hashanah y Yom Kippur, a un silencio activo, donde quiero que la introspección, la audacia espiritual y la revisión de mi vida tomen protagonismo.
Toda persona debe prepararse con antelación durante treinta días con arrepentimiento y oración y caridad para el día en que aparezca en juicio delante de D-os en Rosh Hashanah. Así que permitid que cada uno analice detenidamente sus acciones con el objeto de repararlas. Dejad que se alejen durante una hora al día y hagan examen de sí mismos.
Mateh Moshe.
Como de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno, es muy importante queritualice Elul y establezca un periodo diario dedicado exclusivamente al silencio y la introspección, con la esperanza de que conduzca a la purificación de mi alma. Como muchas otras cosas valiosas en la vida, la santidad exige preparación.
El Rabino Chaim David Azulai escribía: «Durante Elul, el mes anterior a Rosh Hashanah, uno debe dedicar menos tiempo al estudio y más tiempo a periodos fijos de introspección y autoevaluación». En mi caso, ese menor tiempo de estudio se extenderá a menos tiempo para asuntos prácticos y cortoplacistas, intentando favorecer la desconexión del tráfago cotidiano, la conciencia más profunda, y cohabitar con los propios fantasmas, con los propios demonios.
Intentaré mirarme al espejo interior durante más tiempo, contemplar mis imperfecciones a la luz del día, experimentar sin analgésicos el dolor de una vida imperfecta y esencialmente errada, mirar a los ojos al espectro de mis tendencias y acciones más malvadas, y –Hashem lo quiera– ser el último en pestañear. Quizá así haya alguna esperanza de ser inscrito en el Libro de la vida y estar contigo un año más.
Lo peor de todo es una novela extraña y memorable, tanto que la estoy leyendo de nuevo muchos años después.
Lo peor de todo no son las horas perdidas, ni el tiempo por detrás y por delante, lo peor son esos espantosos crucifijos hecho con pinzas para la ropa.
No suelo volver a los libros leídos, tampoco a la escena de mis pasados crímenes, pero estoy empezando a hacer excepciones. Quiero que la excepción se convierta en regla. ¿Por qué?
Porque estoy obsesinado (otra vez) con establecer estructuras de reflexión que me permitan vivir menos en el presente (adiós mindfulness, plena presencia o atención plena, adiós hábito que cambiará tu vida).
[Obsesinado: mezcla de obsesión y antigua escena del crimen]
Siempre he querido conectar todo con todo, pero habitualmente me he olvidado de conectar mi presente con mi pasado y con mi futuro. La literatura, especialmente la que se escribe con mayúsculas –aunque no solo– me va a permitir adoptar una actitud más contemplativa durante más tiempo.
Lo peor de todo es una novela corta difícil de clasificar [acabo de hacerlo]. Frases cortas, incisivas como dagas venecianas con rubís incrustados, conclusivas como cigarros a medio acabar presionados contra el cenicero.
Es una mezcla del Guardián entre el centeno, las novelas cortas de Houellebecq, El extraño incidente del perro a medianoche y El príncipe del hastío, pero en versión española, adolescente e histriónica.
Me gusta su estilo. Me gusta cómo mezcla las ideas en el mismo párrafo, sus transiciones abruptas, sus cambios de ritmo. ¡Váyase usted a la mierda!
Visión mordaz, descarnada, tan crítica como puede ser la de un joven nihilista sin mucha experiencia del mundo que ha estudiado en colegio de pago, en colegio de ministros, rodeado de la peor chusma de la sociedad: niños cabrones, consentidos y despiadados, piaras de pirañas.
Las novelas son visiones del mundo, dicen que ayudan a desarrollar la empatía, que te sumergen en una visión ajena y que te someten a diversas voces, muchas veces contradictorias, como la vida misma. En esta novela solo hay una visión, aunque una visión con muchos matices: descarnada, cruel, íntima, espasmódica, con algunas gotas de ternura, implacable, a la defensiva, masculina, sombría.
Creo que el autor es Ray Loriga o una parte de Ray Loriga en la que cualquier hombre puede reconocerse: la lucha por intentar mantenerse a flote, el salvajismo juvenil del Señor de las moscas, las observaciones inconexas, reacción más que anticipación, el tráfago de la vida que te pasa por encima, la incapacidad para encontrar el norte, remar contra corriente, despellejarse las rodillas jugando a fútbol de barrio, la soledad y el tedio.
Si no eres capaz de pegar a nadie estás perdido, ser el mierda de la clase es casi tan malo como ser el gordo o ser el marica. Si yo hubiese sido el gordo de la clase, ahora estaría encerrado en un supermercado disparando con una recortada sobre todas las madres y sus hijos y los empleados de mantenimiento sin compasión alguna.
Quizá es peor ser del barcelona si vives en Madrid. En todas las clases siempre había dos raros: el del atlético, un tipo a contracorriente y con capacidad para soportar cualquier derrota; y el del barcelona, habitualmente un tipo medio tonto con el secreto deseo de ser maltratado. El internado, el colegio, los adultos lejanos, la gente inescrutable, la presión del grupo.
Entremezcla frases de libros de historia con extractos de artículos de periódico sobre caníbales japoneses acomplejados que se comen a su novia alemana con mofletes rosas y que luego lo cuentan sin aparente tensión o arrepentimiento. Ases de la aviación, Días de vino y rosas, Vietnam no era una fiesta.
Y el amor, sí, el amor por su novia, T, de la que solo sabemos que era sensible, muy bonita y nórdica. Y que le dejó, sí; como a un triste perro abandonado en una callejuela. Boxeo, fútbol y su novia T.
A mí lo que me gusta de verdad es Francia, pero es que allí fui con T y con ella todo me parece bueno…
También hablo mucho de T porque es tan bonita como tener a Dios de cara y porque no se me ocurre nada mejor de qué hablar.
Un hermano que corría la banda como un toro y marcaba a los contrarios como un jabalí, con su aliento sobre la nuca, otro hermano M que salía y entraba en el psiquiátrico y dos padres que no se sabe bien qué pintaban en todo ello.
En lo que cuenta Elder Bastidas, nombre robado a un misionero de la Iglesia de Jesús de los Santos de los últimos días, hay mucha verdad y mucha mentira, pero como bien dice lo que uno se inventa es más real que lo que a uno le pasa, porque lo que a uno le pasa no deja de ser accidente.
Cuando eres niño quieres quemarte en el infierno y ver cómo todo el jodido colegio te admira por ello.
No recomiendo este libro si no tienes una vena destructiva y no has querido morir matando si no puedes conquistar el mundo, si no sientes o has sentido algo de desprecio por tu prójimo. O puede que si lo recomiende, sobre todo si eres mujer o nunca has sido mala persona o nunca has pensado mal de nadie o no has querido ver arder a tus enemigos y regocijarte con ello.
Al final, Elder Bastidas se pone a trabajar en un trabajo de mierda de esos que podría hacer un mono (yo he hecho unos cuantos), en una hamburguesería, pasa los días vegetando y fantaseando con matar al empleado del mes, casi lo consigue, pero se le adelantan.
Antes de conocer a T me pasaba las noches bebiendo y andando por la calle, mirando a las putas y los travestís y las putas no me parecieron más interesantes que los fontaneros o los profesores de piano.
Dicen que no hay nada más interesante que un hombre con futuro y una mujer con pasado. Recuerdo la primera vez que me di cuenta de que tenía pasado, ya con varias décadas a mis espaldas; curiosamente, lo que más me sorprendió fue darme cuenta de que nunca antes había contemplado mi pasado. Para los occidentales, el futuro está por delante, como lejana panorámica avistada desde una atalaya; para los chinos, detrás de uno, porque nadie lo ha experimentado todavía. Deberíamos actuar más como los chinos, contemplando el pasado según avanzamos de espaldas hacia el futuro, quizá así nos tropezaríamos menos. Lo peor de todo es vivir y no saber que has vivido.
Siguiendo el espíritu de apasionada experimentación que caracteriza a este blog, anuncio el inminente inicio del proyecto Silentud.
Idealmente, y sí, ya sé que no se debe empezar una frase con un gerundio y menos con un adverbio acabado en mente; idealmente, digo, este proyecto tendrá un principio, pero no un fin predeterminado ni siquiera un fin probable; es más, quizá se trate de un área o centro de gravedad permanente que informe a partir de ahora mis decisiones, acciones y criterios de actuación. Por tanto, vocación de permanencia. No es un proyecto que se pueda completar o que deba completarse.
La silentud es una combinación de silencio y lentitud. Son dos conceptos que van de la mano, que están implícitos y son telón de fondo del entramado, temas y argumentos del minimalismo existencial.
Si me preguntaras por dos áreas donde puedo y podemos mejorar casi todos, te respondería casi inmediatamente, sin dudar, que en la capacidad de mantenerme en silencio y de saborear los frutos del tiempo y el espacio mental vacíos; asimismo, y como consecuencia, en el cambio de ritmo hacio un tipo de vida más lento, pausado, menos ansioso, menos reactivo, donde es el espíritu el que se adapta al ritmo de las cosas y no al contrario.
De las personas que no tienen nada inteligente que decir, las que menos me desagradan son las que se mantienen en silencio. Es decir, yo me desagrado un poco menos cuando digo nada o casi nada. Y el que nada no se ahoga.
Las metas de este proyecto, lentitud y silencio, pueden conspirar contra mi disposición a escribir y relatar los avances que haga: ciertamente, silencio significa hablar menos, verbalizar menos, escribir menos, permitir llegar a conclusiones sin deliberar minuciosamente; ciertamente, lentitud implica hacer menos y en más tiempo, no tener prisa por hacer, por escribir, por comentar, no estar sometido a calendarios de publicación ni a hitos u objetivos.
Así que los resultados visibles para los lectores habituales de este blog serán escasos o muy escasos; ¡quizá hubiera hecho bien en no anunciar nada en este blog, olvidarme de dar pistoletazos de salida hacia metas que no existen o a las que nunca se puede llegar, y seguir escribiendo de cuando en cuando, sin miedo al silencio de meses y años! (las exclamaciones no son propias de este blog ni de cualquier minimalista existencial que se precie, pero, como diría el gran Rafael Sarmentero, ¿quién soy yo para criticarme?)
Festina lente (Apresúrate despacio)
Aunque bien mirado, en un proyecto lento y silencioso como este, la escasez de letras y de acciones quizá sea la característica más potente y efectiva. El silencio es persuasivo y la lentitud no solo necesaria sino también productiva, catalizadora del cambio, aceleradora de revelaciones e iluminaciones. Cuanto menos hable y menos haga, o haga más lentamente, más tiempo y espacio disponible habrá para quien persiga los frutos de la silentud y quiera estar en silencio e ir más despacio.
Quiero ser una partera de tus acciones e inacciones, sobre todo de tus espacios vacíos y silencios.
Pero basta ya de palabrería, ¡el silencio es elocuencia!, y cuando no se puede mejorar, es regla de oro callar.
Llegado el ecuador de este año 2023, es importante para un minimalista existencial hacer balance del año en curso y quizá virar y reorientar la nave. He completado dos reencarnaciones [1] y me he bañado en las dos estaciones.
Esta revisión del semestre, en la mitad del 2023, es una más de mis estructuras de reflexión. Sin ellas, estaría perdido, desnortado, inmerso en el gran alboroto, sin tiempo para hacer balance y podar algunos de los muchos triviales, que como malas hierbas amenazan por monopolizar mis días.
Nos faltan, ¡me faltan!, más estructuras de reflexión, que son pausas tácticas y estratégicas en el camino, posadas donde reponer fuerzas y hacer descansar o cambiar de caballo. Nadie nos obliga a parar, quizá algún susto, alguna enfermedad que nos recuerda la mortalidad, un shock vital; aunque sé por «experiencia» (el nombre que doy a mis errores) que la ventana de oportunidad que abren estos accidentes es fugaz.
Nada nos vuelve más reflexivo que la desgracia o la calamidad, pero no hay suficientes calamidades en nuestra vida, ni se producen con la regularidad que sería necesaria para tomar conciencia, hacer recuento de pérdidas y ganancias, cambiar de rumbo, amortizar los proyectos zombies [2] y alentar nuevos afanes.
Algunas estructuras de reflexión sin las que no podría vivir, aunque sin duda seguiría existiendo, son:
La revisión semanal, que es la diástole de la semana y me permite hacer recuento a corto plazo, anticipar lo próximo y recobrar el equilibrio.
La revisión diaria, esa, en mi caso, gran olvidada, donde hago recuento, cuando se amontonan las cenizas de la jornada, y así cierro el día y alumbro el gato fénix del siguiente.
El shabbat [3], dedicado a la familia, los placeres simples y la conexión con algo más grande que uno mismo. Sin el shabbat, sería un hacedor vivo, me habría olvidado de ser y de vislumbrar el infinito.
Los libros, casi cualquier libro, me sirven para conectar conmigo, iniciar una meditación y entrar en un mundo de símbolos, abstracciones y sueños. De vez en cuando, me paro, me pregunto y conecto lo conocido con lo desconocido, lo interno con lo externo, la memoria con la anticipación, las gotas de mi conocimiento con el infinito océano de lo que está por conocer, el misterio.
La revisión mensual y del ecuador del año, que en distintos marcos temporales, me permite contemplar, extender el shabbat unos dias, dejar de hacer y ser un poco más.
Los artículos de este blog, que no dejan de ser recuento de ideas, balance de valoraciones, destellos reflexivos, esfuerzos por solidificar las sombras e intentos de capturar evanescentes fantasmas. Los comentarios y las reacciones son a su vez acicates para refinar y ponderar ideas cristalizadas.
Los paseos [4], porque pienso mientras ando, y porque los grandes pensamientos y destellos suceden con las piernas en movimiento.
Reflejarme en el espejo, sumergirme en el agua de la memoria, valorar lo pasado, corregir lo errado, anhelar lo nuevo y mejor, esto es para mí una estructura de reflexión.
Es curioso lo sensato y razonable que era el Homo Mínimus de hace años.
En los últimos tiempos, cuando busco consejo e inspiración o simplemente refrescar lo que me gustaría pensar sobre un determinado tema, vuelvo a este blog y busco en el índice o en mi memoria un artículo que tenga que ver con la pregunta a la que busco respuesta. Luego le quito el polvo para poder leerlo mejor y me encuentro asintiendo a lo que escribí, redescubriendo alguna perspectiva nueva o deleitándome en la formulación de una idea que, si bien es obvia, conocida y simple, olvido poner en práctica.
Es curioso lo razonable y sensato que era el Homo Mínimus de hace años.
Una de las cosas que he aprendido escribiendo libros es que la economía es más complicada de lo que pensaba. En un sistema de ideas tan intrincado, señalar cada una de las conexiones haría casi imposible seguir el análisis. Tú tendrás que hacer gran parte del trabajo de rastrear cómo y dónde los distintos hilos están conectados. Esto no es algo totalmente malo. Mi experiencia es que solo comprendo algo cuando lo he averiguado por mí mismo. Leer un libro te puede decir la respuesta. Pero hasta que hayas ajustado el patrón lógico por ti mismo, dentro de tu cabeza, lo que lees son solo palabras.
David Fridman. Hidden Order, The Economics of Everyday Life.
Cada vez tengo más claro que la lectura (por sí sola) está sobrevalorada. La palabra es como el proverbial dedo que señala a la luna, pero un dedo no es la luna. La mayoría de nosotros confunde la formulación verbal con la idea, de la misma manera que los niños confunden el numeral con el número o el percepto con el concepto. La formulación verbal es un indicio de que puede haber una idea en la mente del que profiere las palabras, pero no es ni garantía ni certeza de ello.
Siempre digo que el conocimiento ha de seguirse o unirse a algún tipo de acción. Ahora además no solo digo que debes ejecutar alguna acción externa, sino que además–si quieres que la lectura sea provechosa– debes conectarla con otro conocimiento dentro y fuera de tu cabeza.
Para conectar conocimiento interno y externo con lo que lees, debes hacer conexiones. En este blog proporciono enlaces a artículos relacionados para completar, matizar, relacionar, comparar y extender el contenido del artículo. También animo a dejar comentarios que no sean solo laudatorios sino también discordantes, o que contrasten la experiencia y conocimiento personal del lector con lo que he intentado comunicar.
Mi esperanza es que los artículos generen algún pensamiento que necesite ser expresado abajo en comentarios y me permita enzarzarme en un debate o discusión. Pocas veces lo consigo, pero es mi peremne deseo.
Creo que una de las mejores maneras de establecer conexiones es saltar desde el espacio mental personal al interpersonal, so pena de que la habitación cerrada del pensamiento termine enrarecida, oliendo a habitación de enfermo. El proyecto (todavía vigente) El perdido arte de la conversación [1] es mi forma de generar conexiones externas; va camino de convertirse en una sección de este blog más que quedarse en un simple proyecto con objetivos fijos y fecha de caducidad.
Cuando tienes alguien a quien preguntar, preguntas. La lectura es una alternativa cuando no hay nadie a quien preguntar.
Roger Schank en su artículo Leer no es forma de aprender [2]
Podríamos decir que preguntar a otro ser humano es una de las mejores maneras de atizar la conversación y generar conexiones; otro recurso es hacer un comentario incompleto que pueda suscitar comentarios o preguntas, callarse soportando el silencio, y esperar a que algo se revuelva dentro del oyente y lluevan palabras.
El 27 de enero de 1945, Auschwitz-Birkenau, el mayor de los campos de concentración nazis, fue finalmente liberado. Sesenta años después, el 1 de noviembre de 2005, el 27 de enero fue elegido Día Internacional de conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto por la Asamblea General de las Naciones Unidas. El objetivo era preservar la memoria del Holocausto, renovar la determinación de prevenir futuros actos de genocidio e instar a cada persona a honrar la memoria de los seis millones de víctimas judías del Holocausto.
El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio; si puedes simular eso, lo has conseguido.
Groucho Marx
[Alerta: artículo ombliguista, puedes pasarlo sin pérdida importante]
Una de las razones por las que escribo tan poco en este blog es porque siempre me gusta tener ideas completas y detalladas antes de escribir y publicar algo. Tiene algo que ver también con el desear un artículo muy desarrollado (¿perfecto?) .
Por supuesto, la pereza y el coeficiente de rozamiento estático [1], que implica ponerse a escribir o cualquier otra tarea que no tiene satisfacción inmediata, tienen mucho que ver. Siempre hay cosas más placenteras, cercanas y fáciles que ponerse a escribir. Además, no tengo ninguna obligación externa que me fuerce a tomar la pluma. Por lo tanto, es natural que en mi lista de cosas que hacer siempre quede muy por debajo la de ponerme a elaborar un artículo.
Otra barrera es que hay montones de cosas sobre las que reflexionar y cuesta mucho elegir la mejor o la que más te motiva. Buscando lo mejor o lo que más me motiva suelo perder motivación. Cuando el objetivo es aumentar la probabilidad de producir un artículo de blog, sería deseable tener solo un tema o una propuesta. Una vez más, se trata de una situación cercana a la del asno de buridán [2]
Pero todo esto se resolvería si me aplicase mis propios consejos sobre… la mentalidad experimental y el sentido del ridículo[3] , el poder de la mediocridad [4] , las primeras versiones de mierda[5] y la necesidad de desarrollar un buen Ridículum Vitae [6] .
Al final, ocurre lo de siempre, que consejos vendo pero para mí no tengo [7]
Me sabe mal acabar este desahogo sin resolver o disolver parte de la tensión, así que creo que, a partir de mañana y sin que sirva de precedente para los siguientes días, me comprometo a escribir como si nadie me fuera a leer [8] (por lo tanto, el compromiso solo dura un día).
No deja de sorprenderme cómo Pantomima Full es capaz de de captar la esencia de un personaje o un carácter en unas pocas pinceladas. Simplicidad en la expresión sin exceso de simplismo. Exuberancia en la recopilación de lugares comunes y clichés del mundo del minimalismo existencial y la decoración de interiores.
Me siento reflejado en la camiseta gris de manga corta, el gorro negro de lana y el tono pseudoespiritual de recién iluminado que dice banalidades en tono transcendente.
Me han puesto ante el espejo de mi ridiculez y, en vez de sentirme insultado o avergonzado, me han hecho reír de mí mismo. No se puede pedir más por tanto menos.
Hace un par de semanas, me vi en la necesidad de conseguir naranjas cuando las tiendas ya estaban cerradas. Recordé que había una cafetería cercana donde vendían zumos de naranja; por tanto, tendrían naranjas.
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Cuando llegué a la cafetería, pregunté a la dependienta, casi a bocajarro, si me venderían un par de naranjas. Puso cara de extrañeza, preguntó al encargado, que, también extrañado, acabó diciéndome que no. Insistí. No.
Como quería de verdad las naranjas, intenté otro enfoque: Yo: ¿Cuánto cuesta un zumo de naranja? La dependienta: 2,95 euros. Yo: ¿Cuántas naranjas entran en cada zumo? La dependienta: Tres naranjas. Yo: Te doy cinco euros si me vendes las naranjas.
La dependienta mira al encargado, este le dice con resignación que me las venda. La dependienta me las da, le entrego un billete de 5 euros y me devuelve 2,05 euros. Le digo que se puede quedar la vuelta, me dice que no es necesario, le respondo que ya sé que no es necesario y me voy.
¿Por qué funcionó el segundo enfoque y no el primero? Creo que fue un problema de enmarcado de propuesta: Una cafetería no vende las materias primas que usa en su proceso productivo; no es una frutería, por ejemplo. Si voy con una propuesta de intercambio que se sale de sus transacciones habituales, lo más probable es que me diga que no, aunque sea por la extrañeza que le produce que alguien pida algo no habitual y que no están acostumbrados a vender (naranjas sueltas).
Sin pensar, decidí modificar el marco de la propuesta: formulé preguntas que podían responder (precio zumo, cantidad de naranjas por zumo), después hice una oferta muy generosa: cinco euros por las tres naranjas sin exprimir del potencial zumo.
No podían rechazar mi propuesta, después de todo solo quería un zumo pero sin quitar la piel y la pulpa de las naranjas.
El Shabbat es un día de alegría, porque ese día el individuo es plenamente él mismo. Por ello el Talmud llama al Shabbat la anticipación del tiempo mesiánico, y al tiempo mesiánico el Shabbat interminable: el día en que la propiedad, el dinero y la aflicción y la tristeza no tienen cabida; un día en que es abolido el tiempo, y solo domina el ser puro espiritual. Su predecesor histórico, el shapatu babilónico, fue un día de tristeza y de temor. El domingo moderno es un día lleno de consumo y de huir de sí mismo.
Erich Fromm: Tener o ser.
Si tuviera que darme una obligación que debiera y además quisiera cumplir durante el resto de mi vida, sería esta: observa el Shabbat, hazlo sagrado.
Si tuviera que darte una obligación que debes pero no querrás cumplir la mayoría de las semanas, al menos al principio, sería esta: observa el Shabbat, hazlo sagrado.
Escribió Abraham Joshua Eschel que el shabbat es como echar un vistazo a la eternidad, y que el judaísmo es una religión más del tiempo que del espacio, que construye un santuario en el tiempo todas las semanas.
Nadie te impide dedicar veinticinco horas todas las semanas a lo que verdaderamente importa, ser y no hacer, a la verdadera libertad, a las relaciones personales cercanas, familia y amigos íntimos, el espíritu y lo divino.
Imagina que has llegado, que no tienes que ganarte el pan con el sudor de tu frente, tienes la eternidad contigo y para ti. Olvida las metas y los planes, ya has llegado, no hay nada que esperar ni que temer.
Cierto, hay muchas cosas que no puedes hacer en este día: treinta y nueve según el Talmud. Pero a estas alturas ya sabemos que libertad es libertad para elegir nuestras cadenas. La restricción es el pilar de la libertad, y nada mejor que la restricción autoimpuesta y además propuesta por una comunidad.
Siguiendo el espíritu de apasionada experimentación con el que queremos impregnar este blog y dando un paso más en el proyecto El perdido arte de la conversación, he decidido implantar una nueva política de comentarios.
Mi intención es fomentar la participación, lograr que cada vez más este blog se parezca a una conversación. Ciertamente, una conversación en la que yo llevo la voz cantante, pero una conversación al fin y al cabo.
Me gustaría que los temas de los que escribo y que elijan los artistas invitados sean el resultado orgánico de una charla espontánea, natural, que fluye como un torrente zigzagueando por la ladera de una montaña: uno dice una cosa, en el otro resuena tal cosa, entonces dice algo que a su vez influye en el primero que dijo la cosa, lo que lleva a una variante del tema inicial, entonces otro se siente interesado por la variante y hace otro comentario que a su vez desata un pensamiento en otro y así sucesivamente.
Quiero que te sientas lo suficientemente a gusto como para decir lo que se te pase por la cabeza. Ya sabes que no censuro comentarios ni antes de publicarlos ni cuando están ya publicados, tampoco tienes que hacerlo tú. Yo maldigo a los blogueros que aprueban y reprueban comentarios, así que espero no tener que maldecirme.
No leo los comentarios y luego los autorizo. Tú escribes y yo leo lo que escribes, y ahí se queda, me guste o no (si escribes comentarios homófonos o racistas, por poner un caso, me aguanto: uno es dueño de sus palabras y sus silencios, y también el único responsable) .
Sabes que ni siquiera tienes que escribir tu nombre verdadero o correo electrónico, puedes ser completamente anónimo si así lo deseas.
Política de comentarios
Me comprometo a responder a las preguntas explícitas, no a los comentarios.
¿Por qué?
Porque en una conversación entre amigos los comentarios son como bengalas que se lanzan para señalar el interés sobre un tema. Son como ganchos atados a hilos de los que uno puede tirar o no. Un conversador deja caer un comentario y el amigo tiene la libertad de seguirlo o no, no necesita decir algo para llenar el silencio. Mis artículos son mis comentarios y tú puedes seguirlos o no. De la misma manera, yo puedo decidir seguir o no alguno de tus comentarios.
No es la única forma de participar en la conversación de este blog. Tienes varias más:
Me puedes escribir a mi correo electrónico (respondo usualmente en menos de tres semanas)
Puedes querer participar en un pódcast de este blog. Elige un tema que te estimule y me lo propones
Incluso, puedes tener una conversación conmigo fuera del pódcast vía Skype o Zoom (tengo varias personas desatendidas, pido disculpas, intentaré subsanarlo)
Puedes, por supuesto, escribir todos los comentarios que te vengan en gana
Si quieres, puedes hacer comentarios y preguntas en la «Caja de conversación» que tengo en la esquina inferior derecha. Si no estás suscrito al boletín informativo del blog, no olvides dejar tu correo electrónico para que así pueda responderte vía correo.
De cuando en cuando, estaré en directo y podremos charlar en la caja de conversación.
Supongo que la mayoría de los lectores querrán ser simples merodeadores, voyeurs de otras vidas y pensamientos, pero no es imprescindible que sea así. En cualquier momento puedes decidir dejar de mirar tras la cortina, salir a campo abierto y proferir un pensamiento.
Desde el principio de este blog, fue muy consciente de que había un minimalismo femenino (las mujeres y los niños primero) y otro masculino (los caballeros son los últimos en abandonar el Titanic). Hay hombres que practican algunas formas de minimalismo femenino y mujeres que se interesan por temas del minimalismo masculino, pero hay una distinción clara entre ambos arquetipos (formas ideales) que voy a mostrar en este artículo.
Creo que el minimalismo atrae en mayor proporción a las mujeres que a los hombres. Esto se debe a que la versión femenina del minimalismo es la más conocida para el público. Por eso, no culpo a muchos hombres por mostrarse reacios al evangelio minimalista. Es probable que yo nunca hubiera llegado al mundo minimalista si mi primer contacto hubiera sido a través de ratitas del orden como Marie Kondo en vez de ninjas de la productividad como el primer Leo Babauta.
Si das un repaso a algunos blogs minimalistas, verás que según el sexo del bloguero hay una acusada diferencia en los temas que se tocan y la forma de hacerlo. Las diferencias biológicas y las adaptaciones evolutivas propias de cada sexo se reflejan claramente en el estilo minimalista que cada uno muestra.
El minimalismo femenino es un minimalismo del espacio
El minimalismo femenino se puede caracterizar a grandes rasgos como un minimalismo del espacio, de la ordenación de los objetos y de sus relaciones espaciales. Tiene que ver especialmente con cuestiones cotidianas de comodidad, conveniencia y simplicidad en la gestión de la vida diaria.
La apoteosis del minimalismo femenino —su representación arquetípica más espectacular— la podemos encontrar en Marie Kondo, el fenómeno de ventas japonés que ha convertido el orden en la piedra filosofal de la felicidad personal.
Kondo dice que basta con eliminar de la vida todo lo que no nos hace feliz. Sé que Kondo se refiere a objetos, pero a veces por extensión esta actitud se aplica a toda clase de asuntos vitales y acaba convirtiéndose en una actitud vital facilona y sin brillo que encumbra la comodidad y la eliminación de tensiones como único propósito de la vida.
Estoy a favor de la eliminación o la omisión (mi primera o de la Ley de las tres oes del minimalismo existencial), aunque no tanto sobre lo de «eliminar lo que no te hace feliz», porque esto te hace virar peligrosamente hacia el hedonismo radical tan común en nuestros días. Recordemos a Bertry Russell: «Cuanto se ama profundamente la verdad y la justicia, es posible que nuestro bienestar no coincida con nuestra felicidad».
Mis credenciales: ¡soy un bípedo implume de uñas planas!
Hace años, escribí una parábola zen:Cómo convertir a tu mujer en minimalista . La moraleja era que es mejor renunciar a intentar que una mujer viva con más simplicidad y menos objetos. Sin embargo, las blogueras minimalistas son la prueba viviente de que las mujeres pueden vivir con menos objetos y reducir la fricción que genera el exceso de posesiones. Es justo este esfuerzo el que más caracteriza al minimalismo femenino.
Los proyectos para reducir el número de prendas como el proyecto 333 están liderados por mujeres: en inglés, se inició con Courtney de Be More with less; en español, Inma de Mininmamente se hace eco del proyecto y nos proporciona una guía.
En varios artículos invitados de mujeres en este blog se ven claramente algunos de los temas femeninos:
La imagen, como no, y el influjo del marketing sobre la mujer y su bienestar son temas que preocupan a muchas mujeres minimalistas. Tania Carrasco de RevolucionaT tiene un artículo muy representativo de este minimalismo de la imagen: Reflexiones de una mujer «sin un pelo de tonta».
En El amor, las mujeres y la vida defiendo ideas similares a las de Mamá valiente y Tania Carrasco sobre la liberación de la mujer del marketing de la cosmética y la moda, aunque en clave no política o reivindicativa. Yo, como el budista, creo que la conciencia individual (y no la revolución) es el principio de la liberación.
En resumen, existe un minimalismo femenino centrado en la crianza, la organización del hogar y la liberación de la presión cotidiana del exceso de posesiones. Creo que esta orientación minimalista es la más conocida en la actualidad, está asociada con la decoración de interiores y atrae especialmente a las mujeres.
Minimalismo masculino como minimalismo del tiempo
El minimalismo masculino está orientado al tiempo. Tiene que ver con el uso de nuestros escasos días en la superficie de la tierra, la conciencia nítida y la exploración existencial en sentido amplio, más orientada al exterior que a la rumia sobre el ombligo.
En su versión más simple y pragmática, incluye el tema recurrente de la productividad y los hábitos: cómo lograr las metas y objetivos con los recursos disponibles y cómo crear hábitos de vida que urbanicen el tiempo y nos permitan ser eficientes y aerodinámicos, reduciendo la fricción diaria.
El minimalista masculino arquetípico es el bloguero Leo Babauta al que siguen más de 2.000.000 de lectores. Su blog, Zenhabits, contiene la palabra hábitos; sus primeros libros estuvieron centrados en temas de productividad. Su primer libro se llama Zen To Done, un remedo minimalista del famosos Gettings Things Done de David Allen, el gurú de la productividad personal en el mundo del trabajo corporativo.
Bien pensado, ahora que reflexiono un poco más, me doy cuenta de que la misma orientación de Babauta —primero centrándose en metas, retos, ultramaratones y productividad— fue derivando con el tiempo hacia algo más armónico, budista y equilibrado, más cercano a los kimonos floreados de las geishas y la ceremonia del té que a la superación de limitaciones físicas y competiciones deportivas.
En general, los hombres minimalistas de la esfera anglófona tienden más a la androginia o metrosexualidad. Leo Babauta ha ido virando hacia esta variante con los años. El caso más claro es el de The minimalists, Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus, que muestran una estética propia de decoradores de interiores veganos ahítos de mindfulness.
The minimalists
En inglés, los minimalistas masculinos prototípicos (¡aunque llenos de excesos!) serían Tim Ferriss, James Altucher o el personaje interpretado por George Clooney en Up in the air (película que reseño [alguien muy sabio dijo que esel mejor artículo de este blog] e interpreto muy jugosamente).
Minimalismo masculino y femenino posando juntos
En España, Bosco Soler es lo más cercano a estos personajes reales y de ficción, especialmente próximo a George Cloney. Es un nómada digital desapegado del espacio y optimizador de tiempo y experiencias.
El desapego en sentido amplio —no solo de objetos— es un elemento que considero importante en la variante masculina del minimalismo. No en vano, he nombrado a Diógenes de Sinope como nuestro Santo Patrón del minimalismo.
Su desapego va más allá de la reducción de posesiones y la búsqueda del equilibrio propio del minimalismo femenino.Su indiferencia hacia los bienes materiales se convierte en ascetismo. Por otro lado, lejos de buscar la armonía y equilibrio en las relaciones personales y sociales, busca epatar a los atenienses, confrontarles con sus incoherencias y atavismos; insulta a Alejandro Magno diciéndole que se aparte porque no le deja ver el sol; camina en sentido contrario a la multitud a la salida del teatro; y si es necesario despluma a un pollo y le espeta a Platón: «Ahí va a un hombre», para ridiculizar su definición de Hombre como bípedo implume.
Esta versión iconoclasta del minimalismo del filósofo cínico Diógenes es más cercana al caos, la experimentación y la heterodoxia, y es, por tanto, más propia del arquetipo masculino, siempre rayando en la lucha y la búsqueda de la superioridad, sea moral, intelectual o estética.
Un minimalismo femenino o más orientado a lo femenino, no busca la confrontación ni la lucha y se centra más en la optimización de la intendencia del hogar y en las relaciones personales, en su círculo familiar y personal.
Por eso, podemos decir que Diógenes representa mucho mejor al minimalismo masculino que Babauta. Incluso, el mismo Unabomber, en una versión criminal del minimalismo neoludita y rechazo de la sociedad industrial y el consumismo, también es un excelente representante del minimalismo masculino.
Sin irnos a casos extremos (o yéndonos a casos extremos de gente menos conocida), sí que tenemos buenos representantes de un minimalismo masculino de habla española en Mario Casaretto y Tribuna de Avalón.
Mario Casaretto, un francotirador del ejército israelí ahora en la reserva (cuyo adiestramiento de soldado de élite costó más que un Ferrari), escribía esto hace unos pocos días en su artículo Romeo y Julieta:
[…] El calor me quemaba. Me quemaba hasta los cojones. Los calzoncillos Reebok que había comprado en Estados Unidos hechos con material sintético no me ayudaban demasiado. No estaban diseñados para el horno insufrible que es Wadi Rum en verano.
El guía de Casaretto en Wadi Rum esconde a un Romeo
Mi guía, un beduino medio regordete me contó que en el verano casi nadie llega por Wadi Rum. Al saber que yo venía desde Israel, me dijo que le había hecho un paseo a una familia de israelíes algunos meses atrás y que la hija, de unos 15 años, se había quedado prendada de él y que le mandaba fotos eróticas desde Israel a Jordania por medio del chat de Facebook…
En cuanto a Alberto Antonio de Tribuna de Avalón, en una entrada de la misma fecha que la del artículo de Casaretto, relata su extraña relación con un pequeño insecto:
[…] Entro en mi aseo para orinar y cuando termino tiro de la cadena, observo que un pequeño insecto es víctima del ciclón de agua de la descarga de la cisterna, me digo para mi «coleto» una víctima a la que le ha llegado su hora, salgo del aseo y horas después vuelvo a orinar y vuelvo a ver al pequeño insecto como se debate entre mis orines, vuelvo a tirar de la cadena y me lavo las manos al observar que la cisterna ya se ha cargado, miro distraído, y vuelvo a ver al insecto que ha vuelto a sobrevivir a la descarga de agua…
Huntsman on the Toilet Seat (This is Australia) – Michael Coghlan
[…]…esto ya es demasiado, las ganas de vivir de esa pequeña vida (por tamaño) me conmueve y pienso que merece un acto de misericordia, con un dedo lo saco del agua y lo deposito fuera, al momento se sacude las alas, da pequeños brincos y le dejo que se reponga y siga su destino sea cual sea, aunque parece que algo he podido influir en ello, pero no lo sabré.
Alberto Antonio y Mario no tienen nada que ver con los minimalistas anglófonos hombres; son más reales, punzantes y proteicos (diría «auténticos» si no tuviera fobia químico-ideológica por esta palabra). Encarnan mucho mejor los valores de nuestro santo patrón del minimalismo existencial y el minimalismo masculino.
Mi forma de minimalismo
Mis amigos ingenieros definen jocosamente a un arquitecto (lo siento Flames) como alguien que no es lo suficientemente hombre para ser ingeniero de caminos ni lo suficientemente afeminado para ser decorador de interiores.
Quizá mi marca de minimalismo sea una síntesis de los arquetipos masculino y femenino. Incluye además el elemento existencialista que encarnan tan bien Mario y Luis Alberto, y la pretensión megalomaniaca de crear una arquitectura vital de nuevo cuño.
No quiero abusar de las imágenes, pero no puedo dejar de recordar la que nos proporcionó Anjin-san sobre el modo existencial del samurai: capaz de vestirse con un kimono floreado y ejecutar con sensibilidad y perfección la ceremonia del té por la mañana, posiblemente en compañía de Marie Kondo; para más tarde, al caer el sol, calzarse la pesada armadura, tomar su espada y rebanar el cuello a un enemigo mientras emite un alarido que reverbera en la vecina montaña y aterroriza a las bestias del bosque.
El fotógrafo Manuel Bauer recuerda una anécdota de un personaje famoso al que acompañaba en muchos de sus viajes:
«Ocurrió el año pasado en Madrid. Estaba furioso con los encargados de los equipajes. Una hora después, cuando se arrepintió de su comportamiento, le dio un ataque de gastritis» [1].
Este personaje famoso era Tenzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama. El líder budista entra en pánico cuando sube a un avión y ha de cerrar los ojos durante el despegue; nótese que lleva toda la vida predicando el desapego y el dominio del temor a la muerte.
También reconoce en entrevistas que se enfada con cierta frecuencia con sus asistentes, generalmente por cosas pequeñas como la falta de cuidado o pequeñas negligencias.
Si tras casi ochenta años de meditación (actualmente el Dalai Lama tiene 84 años), alguien con su experiencia y sabiduría se muestra tan humano, tan demasiado humano, ¿qué esperanza tenemos el resto de los mortales de controlar nuestras emociones y disfrutar de cierto bienestar espiritual?
Pero no desesperemos, el mismo Dalai Lama, después de reconocer sus debilidades, asegura que tras pocos minutos o segundos, recobra la compostura y transforma las emociones negativas en positividad y compasión.
Los desequilibrios mentales y emocionales van a estar siempre presentes porque somos humanos, pero podemos hacer mucho para suavizarlos, reducir su impacto y recuperarnos rápidamente después de haber tropezado. [2], [3], [4].
Cuando me entran ganas de cambiar el mundo, o simplemente me entran ganas de cambiar mi mundo —cosa que preferirás hacer si has asimilado los dos anteriores artículos (1 y 2)—, me siento y contemplo cómo crece —morosamente, lentamente, arrastrándose imperceptiblemente— la hierba. Dejo que el polvo se hunda en el estanque, se disuelva, descienda gravemente, se asiente y se convierta en cieno.
Cuanto me entran ganas de cambiarme a mí mismo, me digo que nadie cambia a nadie, ni siquiera uno a sí mismo; al menos no intencionalmente, deliberadamente, sin intervención externa —sea divina o de las circunstancias—.
Los poderes humanos son finitos, el poder individual de transformarse a uno mismo es más finito todavía, infrafinito podríamos decir —si se me permite la poética licencia —. Pensamos que todo está en nuestras manos, cuando deberíamos abandonarnos a un poder superior y obedecer sus designios (¡siempre inescrutables!).
Sí, ya sé que esto que digo conspira contra la búsqueda de la felicidad, la autenticidad y el uno mismo que anida dentro esperando a ser rescatado. Pero tras las capas de cebolla de nuestras insufribles y sucesivas máscaras no hay nada: doble negación: ¬¬A equivalente lógicamente a A.
¿Me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? (Yo soy inmenso, contengo multitudes). ~No (no Whitman).
Anjin-san, nuestro invitado de esta semana, es un torrente de entusiasmo y erudición sobre Japón. Durante una hora, nos ilustra sobre algunos de los rasgos de la cultura japonesa. No pretendemos profundizar en todos sus aspectos, pero sí dar unas certeras pinceladas que animen a los escuchas del pódcast a seguir explorando este fascinante país.
00:00 Presentación de Anjin-san. Me equivoco con el título del pódcast, no es «la espada y el samurai» sino «El crisantemo y la espada» (los problemas del directo). Significado del título “San”. La división en castas.
5:00 Ritualización de la vida japonesa. Jardines. Trinos de pájaros. Comunión con la naturaleza.
7:30 Qué eran las Geishas, diferencia de las mujeres públicas. Geishas como escisión de las cortesanas. Personas artísticas.
11:00 Revolución Meiji, apertura (obligada por Estados Unidos) al mundo. 1868.
12:15 Similitud con los judíos: conciencia de ser pueblo elegido. La tierra de los dioses.
14:00 Primeros mercaderes portugueses en Japón: 1543. Llegada en 1549 a Japón de San Francisco Javier y jesuitas.
San Francisco Javier
16:25 Diferencia entre chinos y japoneses.
18:45 impenetrabilidad de los japoneses. Dicho japonés: “Un japonés tiene tres rostros y cinco corazones”.
20:00 ¿Por qué la vida japonesa está tan ritualizada? Posible razón: presiones demográficas, necesidad de protocolizar relaciones sociales. Cubierta protectora máscara social.
26:00 Conversión al cristianismo con llegada jesuitas. De arriba abajo.
30:00 Religión en Japón. Sintoísmo como conjunto de tradiciones espirituales, supersticiones, etc. No propiamente religión, una especie de animismo.
34:39 Budismo Zen.
36:00 Viaje de Anjin-san a Japón. Detonante interés por Japón. Novela Shogun. También serie de televisión.
40:30 El título de este episodio: el crisantemo y la espada. Juego de contrastes. Samuráis con túnica de flores vs ferocidad. Poesía y guerra. Afeminamiento japonés aparente: ikebana, poesía, túnicas de flores, pero por otro lado disfrutan “rebanando cabezas”.
44:00 Japonófilos. ¿Qué puede llevar a gente muy distinta en occidente a interesarse tan profundamente por la cultura japonesa?
Mal se paga al maestro si se permanece siempre discípulo.
Así habló Zaratustra
Hace cinco años, decidí crear una iniciativa de micromecenazgo para escribir un libro sobre minimalismo existencial. La anuncié a bombo y platillo en el artículo Putos no faltan, lo que faltan son financistas.
Daniel González, entonces un estudiante de instituto, se presentó voluntario para ser uno de los primeros lectores y correctores del libro; me preguntó que qué debería hacer si quería ser elegido para tan magna función. Le dije que debería darme el coñazo en el correo electrónico durante más de un mes.
En una de esas preguntas, me preguntó sobre la relación entre minimalismo y estoicismo, a lo que respondí, muy adecuadamente, que estaban muy relacionados, que eran «primos-hermanos». Después leyó en este blog una referencia al libro de Ryan Holiday El obstáculo es el camino. Esa fue la chispa que le hizo virar hacia el estoicismo.
Ha llovido desde entonces. Este muchacho fue una especie de hikikomori,ひきこもり o 引き篭り, existencialista; pasó parte de su adolescencia en su habitación hablando con una calavera.
Daniel y su confidente
Su futuro, por decirlo de una manera eufemística, podía haberse considerado francamente dudoso.
De la calavera a la feria en YouTube
Pero como lo que no mata fortalece, y puesto que hay que llevar un caos dentro de uno para alumbrar una estrella danzarina, Daniel fue evolucionando, comenzó estudios universitarios, y durante ese tiempo creó un canal en YouTube sobre estoicismo con toques minimalistas y con vocación sostenible.
Su canal ha crecido hasta más de 3.000 suscriptores. Aloja vídeos de mucha calidad y sentido común, principalmente sobre estoicismo, pero también sobre cuestiones existenciales, minimalismo y sostenibilidad en el consumo y el movimiento 0 Desperdicios.
Su voz es fresca y el tono con el que aborda los temas es jovial y enérgico, así que te recomiendo que lo visites.
Siguiente paso
Invitaré a Daniel a un podcast en el canal de Homo Mínimus para hablar sobre estoicismo. El estoicismo no es un tema que haya tocado explícitamente en este blog, pero sí que está en el telón de fondo de muchas de mis ideas minimalistas y existenciales.
También será una buena ocasión para conocer su trayectoria personal y sus motivaciones para emprender una línea de pensamiento y acción no muy común en los post-milenarios o generación Z.
Cuando miro a mi alrededor en el autobús o el vagón de metro, veo a ratas de Skinner, con el resplandor de las pantallas reflejándose en sus caras, moviendo el dedo arriba y abajo anhelantes de su próxima dosis de novedad.
Me gustaría equivocarme, respirar aliviado y comprobar mirando por encima de sus hombros que devoran, aunque sea en una pantalla, la Crítica de la Razón Pura o las dos mil cuatrocientas páginas de los tres tomos de Archipiélago Gulag o, en su defecto, aprovechan los treinta minutos de trayecto para avanzar en un curso de álgebra lineal de Khan Academy.
Pero no, no es eso lo que hacen. La mayoría son infozombis (creen que su cerebro piensa, pero en realidad está muerto) que no han tenido un pensamiento genuino en los último cinco años. Reaccionan automáticamente ante sus diarias tóxicas dosis de entretenimiento, noticias y nadería social.
Infozombi: un individuo que retiene y propaga o asiste en propagar información falsa o inútil. Alguien que fracasa en distinguir entre verdad y falsedad, debido a su propia falta de capacidad o recursos. Hoy, más y más individuos están convirtiéndose en infozombis que se repiten entre sí y a otros la misma cantidad de información basura en expansión que se les suministra a través de un limitado número de fuentes.
Todavía hace unos años, podías diferenciar claramente entre gente de más de sesenta años y de menos de esa edad en su relación a los aparatos electrónicos. Los viejos parecían inmunes a los teléfonos inteligentes y tabletas; si viajaban solos miraban por la ventana del autobús, charlaban con sus compañeros de viaje o simplemente pensaban en sus cosas.
Hoy en día, esto ya no es cierto, los teléfonos móviles han penetrado en todos los grupos de edades y todas las clases sociales. Hasta la más venerable abuela escribe mensajes y recibe y comparte fotos de sus nietos; hasta el mendigo de la esquina, tiene un teléfono con más capacidad de procesamiento que la que llevó a los primeros astronautas a la Luna.
En el mundo de ayer, podía decir orgullosamente, con una dosis no carente de esnobismo, que no poseía ni tenía en mis planes poseer un smartphone. Hoy tengo que esconder este dato, especialmente en el mundo profesional, como si fuera el síntoma de alguna peligrosa enfermedad mental o la prueba de mi rigidez cognitiva, senectud prematura e incapacidad para adaptarme al zeitgeist o espíritu de los tiempos.
Cuando tanto se habla sobre la transformación digital de los negocios, la virtualización de la existencia, o se derraman panegíricos sobre el trabajo remoto (¡a la fuerza ahorcan!), es mejor callar prudentemente que afirmar que una conversación tomando un café tiene más valor que todas las reuniones virtuales del mundo o sostener que la constante conectividad te vuelve más disperso, más infozombi y en consecuencia menos productivo.
En el mundo no profesional, tampoco gano mucho reconociendo que no estoy siempre disponible o alardeando de que no respondo al correo electrónico fuera del despacho o a los mensajes instantáneos a cualquier hora del día y en cualquier lugar. La gente podría inferir algún fallo del carácter o quizá alguna soterrada lacra moral. Además, pocos me entenderían cuando desafiara su sacrosanta creenciade que «Un teléfono móvil es una herramienta».
La excentricidad hace difícil predecir la conducta humana y la vida social exige previsibilidad. Por eso, solo en este escondido rincón del «ciberespacio» (término que cayó hace mucho tiempo en desuso y que corresponde a los tiempos de los pioneros de internet), puedo revelar mi peligrosa y nada atractiva disposición neoludita.
No me considero la alegría de la huerta. Es más, creo que mis pensamientos tienden a lo grave y lo oscuro si los dejo cabalgar incontrolados y seguir su propia naturaleza.
El sesgo de negatividad [1] es uno de los fenómenos mejor documentados y con manifestaciones más variadas de la ciencia psicológica.
Un sesgo negativo puede llegar a ser excesivo: si siempre creo que me va a pasar lo peor y creo que solo lo malo me puede pasar, me voy a paralizar, comenzaré a procrastinar y no tomaré acciones razonables.
Además, si interpreto todo lo que me ocurre de la peor manera: «Soy un idiota, torpe, todo el mundo es mejor que yo, etc.», esto va a generar un tono emocional no muy agradable que va a minar mi motivación.
Hace unos años, me propuse llegar a ser alguien más positivo. Lo que sigue es la técnica que empleé para lograrlo.
Técnica del reencuadre
El problema con muchas de las terapias está en que te ayudan a sentirte mejor, pero no mejoras. Tienes que respaldar la terapia con acción, acción, acción.
Albert Ellis
Habiendo resuelto que quería ser más positivo y teniendo en cuenta la idea de Ellis de respaldar el cambio con la acción —no con simples afirmaciones positivas— decidí que debía modular mi sesgo de negatividad.
Para ello, usaría la técnica de reencuadre, pero no aplicada al futuro «Todo va a salir bien» sino al presente: «Vamos a ver cómo puedo sacar partido a este suceso que no me gusta”.
Intentaría enmarcar o interpretar las experiencias negativas cotidianas como oportunidades e intentar encontrar lo beneficioso en ellas.
Eso me haría más resistente a los cambios y mejoraría mi bienestar emocional, me volvería más aerodinámico; en especial, ante los pequeños roces cotidianos.
La técnica de reencuadre consiste en aumentar el rango de posibilidades a la hora de interpretar situaciones de cierto contenido emocional. Se resaltan las interpretaciones más positivas de lo ocurrido y se buscan activamente oportunidades escondidas en la situacion aparentemente negativa.
Por ejemplo, si tengo un golpe con el coche cuando estoy aparcando, me puedo decir: «Eres un torpe, idiota, ¡en qué estabas pensando!».
Pero también podría decirme: «En las últimas doscientas veces que has aparcado no hiciste ni un rasguño al coche, todo el mundo a veces se despista o roza el coche, esta es una de esas veces excepcionales; además, el arreglo te lo va a pagar el seguro; es más, ni siquiera se nota, seguro que puedes seguir llevando una vida normal con esa rozadura en la pintura de la carrocería; no creo mañana haya un titular en los periódicos señalándote como un peligro público».
Esto es un enmarcado más positivo de la experiencia que modula el fastidio y la reacción inicial, y lo complementa con otras consideraciones que relativizan lo negativo del suceso.
Dirás que esto es fácil para nimiedades como hacer una pequeña rozadura en el coche pero que no se aplica a situaciones más serias.
Creo que es aplicable a situaciones más graves; de hecho, si empiezas practicando con situaciones sencillas estarás mejor preparado para afrontar las situaciones realmente difíciles cuando se presenten.
Una situación dramática encuadrada positivamente
Puedo ponerte un ejemplo personal que relaté en este mismo blog cuando hablaba de mi diario de éxitos:
En el 2014 una noche fui atropellado por una moto que se salió de la calzada, entró en la acera y me impactó de lleno. Pero incluso en esa situación tan dramática fui capaz de hacer un reencuadre de la situación. Podía haberme lamentado por mi mala suerte, pero apliqué, casi automáticamente, mi mil veces ensayada (en situaciones menos dramáticas) técnica del reencuadre:
[…] Habría que explicar lo que significa «reencuadre en tiempo real»: cinco minutos después de haber sufrido el accidente me estaba diciendo que era un tipo con suerte y que, pudiendo haber acabado en una silla de ruedas, no había perdido el conocimiento y solo tenía un brazo roto, un esguince muy fuerte y contusiones dolorosas en brazos y piernas, pero ninguna parte vital (cráneo o columna vertebral) aparentemente estaba afectada.
En este episodio tomé nota de lo bueno: estaba vivo, podía haber sido mucho peor: podría haber acabado en una silla de ruedas o muerto.
Había reencuadrado la experiencia para hacerla positiva y más agradable pocos minutos después de haberla sufrido.
En definitiva, estaba muy dolorido, con un brazo roto, con contusiones, pero me sentía feliz.
No soy tan idiota como para pensar que la situación era buena y que en el fondo era una bendición disfrazada, no «Todo es para bien», ni «Todo va a salir bien» en cualquier circunstancia, pero sí mantuve mi control emocional para no hacerla peor.
Y es para esto para lo que sirve encuadrar positivamente las dificultades mientras mantienes el respeto por los hechos y la realidad.
El frasco de la positividad
¿Cómo conseguí volver automática la técnica del reencuadre positivo y vencer mi predisposición a las interpretaciones negativas?
Te he dicho que la había ensayado miles de veces.
Bien, es una exageración, no creo que llegara a mil veces, pero sí unos cuantos cientos de veces.
Usé un frasco vacío de cristal y decidí que todos los días intentaría reencuadrar al menos una experiencia con contenido emocional negativo. Cada vez que lo hiciera, introduciría una moneda para reconocer la proeza y así seguir mi recomendación de siempre estar celebrando (S.E.C)
Introducir la moneda servía como una pequeña celebración que retroalimentaba mi motivación.
Al principio, me costaba recordar mi determinación de usar el reencuadre, pero en poco tiempo se convirtió en un placer y me convertí en un cazador-recolector de experiencias negativas.
En pocos días, había pasado a interpretar positivamente decenas de experiencias que antes me producían malestar y aumentaban el rozamiento cotidiano.
Al cabo de algunas semanas, las experiencias negativas novedosas escaseaban y me esforzaba por percibir casi insignificantes fastidios para así poder añadir una moneda más al frasco.
La única desventaja del frasco de la positividad es que no es portable; si estás fuera de casa cuando ejecutas el reencuadre, tienes que recordar introducir la moneda después.
Lo ideal es introducir la moneda justo después del reencuadre.
Una herramienta alternativa, que sí es portable y que uso para contabilizar éxitos y para generar otros hábitos, es el contador manual, del tipo de los que emplean los porteros en las discotecas o pubs para controlar el aforo.
Contador manual para genios del cambio
Ciertamente, un número en un contador no tiene el impacto visual y sensual que tiene el tintineo de una moneda golpeando otras monedas y haciendo crecer el montón, pero con el tiempo he aprendido a amplificar emocionalmente el clic y disfrutar de su chasquido.
estás conduciendo por una carretera comarcal en el crepúsculo el paraje es montañoso y las sombras de los árboles oscurecen el camino Aciertas a ver un reflejo hay alguien en un lado de la carretera junto a un poste tenuemente iluminado que indica la presencia de un merendero te hace señales te paras es una mujer te dice que si la puedes llevar al siguiente pueblo se le ha hecho tarde y ya no pasarán más autobuses dices que sí, claro; te hará compañía y con suerte tendrás un poco de conversación Como tienes ocupado el asiento delantero con una mochila una petaca y envoltorios de golosinas te dice que no te molestes en retirarlos se sienta en la parte trasera intentará conciliar el suelo y dormir un poco intercambiáis unas pocas palabras Sigues conduciendo la carretera se vuelve más sinuosa y dejáis de hablar
Las nubes cabalgan sobre la luna las sombras lo inundan todo tan solo la carretera delante vuelves al estado de sopor Pasado un rato la acompañante que creías dormida dice lánguidamente «Ten cuidado, esa curva es peligrosa» aguzas la vista ves que la carretera gira bruscamente aprietas el freno giras presto el volante contienes la respiración justo a tiempo de evitar un accidente por exceso de velocidad en un tramo mal señalizado seguro que más de uno se ha llevado alguna vez un susto Respiras con alivio miras por el retrovisor sonríes nervioso y das las gracias a la joven su aviso os ha salvado Pero nada silencio estás solo.
Esta historia contada con voz grave y más comas y puntos aparte por una boca sobre la que se reflejan las llamas de una hoguera en un claro del bosque en un campamento de verano quiere ser espeluznante y provocar escalofríos. En su día, a mí me los produjo.
Pero no, esta noche de otoño, después de un día rutinariamente agitado, tras una copiosa cena y premiarme con suficientes mililitros de licor de hierbas, mientras reposaba en mi sillón-mecedora y dejaba escurrir a mis pensamientos, entre algodones de cansancio y pesadez en el estómago, quizá animado por la bebida espirituosa, me ha acometido una revelación punzante, incisiva como el proverbial puñal de hielo atravesando el corazón de tu indiferencia:
Ya sé que en algunas historias la mujer se convierte en un esqueleto o avisa al conductor demasiado tarde y al día siguiente solo encuentran un cadáver entre los restos del accidente; también sé que algunos piensan que esa joven de vestido vaporoso es un espíritu justiciero que castiga a hombres promiscuos que recogen a místicas doncellas en lugares solitarios; incluso, en algunas versiones, la voz del espectro sentencia: «Yo me maté en esa curva y tú pagarás por ello».
Pero no, esta noche de otoño, cuando ya han sonado las doce campanadas en la vecina y centenaria iglesia, no lo siento así, no: lo que puede parecer una historia desasosegante a corazones no curtidos en mil batallas y decepciones, a mí me sugiere la acción de un espíritu benévolo, de alguien muerto después una vida ordinaria —que pasó sin pena ni gloria— y se encuentra bendecido con una segunda oportunidad —sin carne pero con espíritu— y la obligación de inventar e iniciar una misión de la que no será beneficiario —puro desprendimiento de rutina y ego— durante su segunda y breve estancia en la tierra:
«Ten cuidado, viajero solitario, yo me maté en esta curva.».
En las conversaciones, como en casi cualquier otra área de las relaciones humanas, nos encontramos habitualmente con comportamientos y opiniones incomprensibles e inexplicables.
Dicho de forma simple: muchas veces no tiene sentido lo que otros dicen o hacen.
Mi primera reacción, y seguramente también la tuya, es pensar que el otro o bien es idiota o bien es malvado, posiblemente ambas cosas al mismo tiempo.
Dicho de una manera más compasiva y menos extremista: mi primera reacción es pensar que el otro tiene desafíos cognitivos relacionados con el procesamiento de información o bien no está actuando en buena fe.
Por tanto, hay dos casos (no excluyentes): el interlocutor está pensando incorrectamente o es malvado.
En el primer caso, entramos en modo profesoril e intentamos sacarle del error; en el segundo, confrontamos al sujeto y pasamos a alguna forma de argumentación ad hominem: atacamos a la persona más que a sus argumentos, porque sus intenciones son malvadas y por tanto explican que sus opiniones y acciones sean erróneas.
En resumen, pasamos a educar o aleccionar al ignorante, o a confrontar al malvado.
Sabemos por experiencia que ninguna de esas opciones suele llevarnos muy lejos. Como dice el proverbio ruso: «Si intentas enseñar a tocar el violín a un cerdo, perderás el tiempo e importunarás al cerdo».
El cerdo resulta que también es un burro que no atiende a razones y probablemente reaccione con una coz o un gruñido.
¿Qué podemos hacer? ¿Cuál sería nuestra reacción inteligente ante situaciones de incomprensión (sus opiniones no son correctas) o conflicto (hacen lo que no deben hacer)?
Cuchilla de Hanlon
En una primera aproximación, una buena regla práctica es no apresurarnos a tildar de malvados a los que no piensan o actúan como creemos adecuado; es mejor tratar a todos los animales (bípedos implumes de uñas planas) que entablan conversación con nosotros como burros y no como cerdos:
Según la cuchilla o principio de Hanlon, «Nunca atribuyas a la malicia lo que es adecuadamente explicable por la estupidez»,
O bien, esta otra expresión del filósofo Denis Diderot: «Condenar a un hombre por malos razonamientos es olvidar que es un imbécil para tratarle como a un malvado».
Esta regla comunicativa, a pesar de su aparente crudeza, nos orienta en el buen camino. En vez de partir de la base de que el otro es un ser corrupto moralmente, es mejor pensar que algo falla en su capacidad de procesamiento de información, lo que le lleva a opinar o hacer erróneamente
Este es el enfoque que adoptan muchos liberales políticos: atribuyen las ideas de los progresistas y socialistas más a la estupidez y la ignorancia que a la maldad:
«No son gente malvada, es solo que están equivocados»·.
Los progresistas y socialistas, suelen adoptar la otra perspectiva: atribuyen a la malicia el comportamiento y opiniones contrarias de sus opositores políticos:
«Están actuando siguiendo agendas egoístas e individualistas o intereses de clase,
no es que sean especialmente idiotas».
La corrupción que atribuyen a los no-socialistas se refiere a sus valores, a su falta de corazón, a su aparato moral, no a su aparato cognitivo. Sus razonamientos están viciados de origen, porque solo tratan de engañar al otro y promover su agenda política de explotación o supremacía de clase.
La cuchilla de Halon es un heurístico (una regla útil que no siempre funciona) y por tanto no significa que no haya gente que alguna vez actúe de manera malvada o con desconsideración por los demás.
Esta regla ayuda a evitar asumir automáticamente que el otro es malvado.
Sin embargo, la regla de Hanlon entraña una cierta soberbia intelectual y falta de caridad cristiana: damos por hecho que el otro es idiota, pero pasamos por alto que nosotros probablemente también seamos idiotas en ciertos asuntos en algunos momentos. Después de todo, un idiota no tiene criterio para saber quién es idiota o no en un momento dado.
Es aquí donde la idea de racionalidad limitada es muy útil.
Racionalidad limitada
La hipótesis de que los seres humanos son «burros» —actúan irracionalmente o sin seguir las leyes de la lógica— se puede matizar más.
Sería mejor decir que los seres humanos somos agentes inteligentes con racionalidad limitada; no es que seamos burros, irracionales; resulta que es difícil ser racional en términos absolutos, en todas las ocasiones y dadas nuestras limitaciones cognitivas.
Por tanto, pocas veces podemos llegar a la solución óptima y la opinión correcta.
Somos todo lo racionales que podemos ser dados la escasez de tiempo para pensar y decidir, y lo finito de nuestros recursos cognitivos.
Es más realista suponer que las personas están sometidas a limitaciones derivadas de la escasez de información y lentitud de procesamiento mental de esa información
De hecho, los burros biológicos actúan dentro de ese marco de limitación cognitiva y han sobrevivido a lo largo de miles de años; es por esto que los burros no son «burros» en el sentido anterior de torpes o idiotas, simplemente hacen lo que pueden y sobreviven con su limitada inteligencia.
Sin necesidad de ser malvados o sostener valores inmorales, ni de ser «burros» o especialmente torpes, podemos mantener opiniones erróneas y comportarnos inadecuadamente.
Está hipótesis de la racionalidad limitada está apoyada por muchos de los hallazgos de la psicología cognitiva y la relativamente nueva escuela de economía llamada «Economía del comportamiento o conductual» (Behavioral Economics), que ha socavado muchas de las hipótesis de racionalidad en las que se basan los modelos matemáticos de la Economía estándar.
Mejor solución: la burbuja lógica de De Bono (no el cantante)
En 1979, en su libro Futuro perfecto, el experto en enseñanza del pensamiento y creatividad Edward De Bono, presentó por primera vez su el concepto-herramienta mental de la burbuja lógica.
La idea es sencilla: en una situación dada cada persona actúa en función de sus percepciones del momento (incluyendo a las emociones como una forma de percepción) y sus marcos de referencia y creencias, lo que De Bono llama «burbuja lógica».
Dicho de otro modo, las opiniones y el comportamiento de una persona, no importa lo absurdos que parezcan al observador externo, resultan explicables cuando conoces su burbuja lógica, porque esta es la que permite llegar a esa opinión o comportamiento.
Dentro de cualquier burbuja, para quien está dentro de ella, los comportamientos propios resultan perfectamente lógicos.
El concepto-herramienta mental de burbuja lógica es también una regla de comportamiento falible: es posible, casi inevitable, que la gente no aplique siempre las reglas de la lógica e incorpore la evidencia disponible para llegar a conclusiones.
A pesar de ser una regla que no se cumple siempre, la idea de burbuja lógica es útil para poner el foco en las circunstancias de la persona (que se pueden alterar) en vez de su inmoral carácter o falta de racionalidad (difícilmente modificables).
El terrorista suicida y su burbuja lógica
Pongamos un ejemplo extremo de aparente irracionalidad y sinsentido: los terroristas suicidas.
¿Hay alguna racionalidad o lógica en este comportamiento manifiestamente criminal y absurdo?
Nuestra primera reacción es la de encuadrar al joven terrorista en la categoría del mal en estado puro.
Si vencemos nuestra repugnancia al terrorista, podemos llegar como mucho a intentar quitarle parte de la responsabilidad atribuyendo su comportamiento a la manipulación religiosa o su entorno socioeconómico de pobreza y exclusión social.
Pero cuando uno investiga y conoce el dato de que muchos de los terroristas vienen de familias acomodadas con vidas confortables, la explicación del terrorista como un ser agitado por el ambiente donde le ha tocado vivir, simple víctima de las circunstancias, tiene menos verosimilitud.
Decir que el terrorista suicida es malvado o simplemente víctima de la irracionalidad o la presión de su entorno —económica, social o religiosa— no nos lleva muy lejos.
Pero si vemos el comportamiento terrorista desde el punto de vista del yihadista e intentamos hacer un doloroso esfuerzo de empatía intelectual (no compasiva), podemos resolver que sus actos tienen perfecto sentido:
El mártir yihadista cree en un paraíso eterno donde será recompensado con 72 vírgenes y la felicidad eterna.
Cree que su causa es justa y es reforzado y adoctrinado por una comunidad de creyentes.
Su familia, cuando muera, será ayudada por la comunidad, y sus amigos y familiares se sentirán orgullosos con su heroico acto y perdurara en la memoria de todos.
La muerte en acto de combate proporciona un sentido heroico a su vida.
Si uno conoce su burbuja lógica —las creencias del terrorista, su comunidad de apoyo y un relato de resentimiento e indignación—, su comportamiento resulta más comprensible y se pueden empezar a pensar en acciones que cambien su burbuja lógica y eviten el crimen.
Por ejemplo, se podría debilitar a su comunidad de apoyo, contrarrestar mediáticamente el relato victimista o combatir policial y militarmente a las células de entrenamiento terrorista.
Conclusiones
La regla dela cuchilla de Hanlon es muy eficaz porque nos hace ir más allá de la reacción visceral inicial («Es malvado») y nos conduce más a la idea más probable («Es idiota»), condición que en ciertas ocasiones tiene remedio o es subsanable a través de la educación o la persuasión.
En cambio, la maldad es una condición más difícil de manejar y requiere probablemente la intervención divina.
Es mejor pensar en términos de burros que de cerdos.
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La idea de racionalidad limitada es más potente porque nos permite conceptualizar al ser humano como un ser imperfecto con inteligencia finita y siempre con información limitada.
No se trata de que el ser humano sea necesariamente un asno, más bien es un agente capaz de comportamientos inteligentes pero con capacidad de procesamiento finito y tiempo escaso.
De hecho, todos estamos en esa situación de fragilidad cognitiva, no es patrimonio de ningún grupo de seres humanos en concreto.
Es mejor ver a los demás y a uno mismo como seres humanos con limitaciones que como burros, y así promover la humildad intelectual, la conciencia de ser falibles y la autocrítica, que es la mejor forma de crítica.
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Por último, el concepto de burbuja lógica de De Bono nos lleva todavía más lejos: podemos hacer un esfuerzo por comprender qué marco de referencia y percepciones hacen que sus opiniones y comportamiento tengan sentido.
En vez de etiquetar al contrincante como un idiota irracional o simplemente alguien al que le falta la información y el tiempo para procesarla, indagamos en las bases de su razonamiento y acciones, en sus supuestos de partida.
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En el marco más restringido de unaconversación racional, la exploración de la burbuja lógica de la otra persona nos permite comprender de manera emocional e intelectual las posiciones contrarias y nos proporciona varias palancas desde la que podemos llegar a un acuerdo o una mejor comprensión de la posición contraria.
También podemos llegar a ver y tomar conciencia de nuestra propia burbuja lógica y analizarla críticamente, quizá descubriendo maneras alternativas de ver las cosas.
Cualquier tipo inteligente puede hacer las cosas más grandes, más complejas, más violentas. Se requiere un toque de genio y un montón de coraje para moverse en la dirección opuesta.
Ernst F. Schumacher
El sesgo de complejidad es la propensión a buscar soluciones complejas en vez de hacer lo que puedas con lo que tengas en este momento y optar por la simplicidad.
Se traduce en la preferencia irracional por la complejidad cuando enfoques más simples serían más rápidos, más baratos y más efectivos.
Un ejemplo andante de este sesgo es este blog: lleva meses paralizado por la búsqueda de la fórmula perfecta de escritura. Me siento como el ciempiés que un día intenta responder a la pregunta de cómo anda y en el proceso de buscar la respuesta se queda paralizado, incapaz de dar un paso:
¿Cuáles son los temas más adecuados ahora mismo? ¿Necesito un calendario de publicaciones?
¿Cuáles son mis metas u objetivos para este blog? ¿Debería tener metas?
¿Cuál es el orden óptimo de presentación de los temas? ¿Me vendría bien un libro de estilo para este blog y así proporcionar una experiencia de lectura más estable y previsible, más fácil de leer?
¿Cuál es el formato adecuado del artículo? ¿500 palabras o 1.500? ¿Escribo en corriente de conciencia o soy sumamente estructurado y sistemático?
¿Uso Word, la herramienta de WordPress o el sofisticado software para escritores Scrivener?
¿Cuál es el ritual perfecto para escribir? ¿Escribo a las cinco de la mañana o antes de cenar? ¿Tomo un té antes de empezar?
Etc.
Lo que digo sobre escribir en este blog se aplica a casi cualquier proyecto o asunto donde hay varias opciones, hay varias herramientas o mucha información disponible. Como siempre es posible optimizar el proceso, uno puede pasarse la vida buscando las condiciones más adecuadas de presión, humedad y temperatura antes de empezar. El sesgo de complejidad está muy relacionado con el fenómeno de parálisis por el análisis.
¿Por qué tenemos esta tendencia a preferir lo complejo sobre lo simple? Hay varias razones plausibles que probablemente te resultarán familiares:
Lo complejo vende más
La simplicidad es una gran virtud, pero lograrla requiere trabajo duro y educación para apreciarla. Y para hacer las cosas peor: la complejidad vende mejor.
Edsger W. Dijkstra
Preferimos lo complejo porque lo que no entendemos resulta más atractivo, pensamos que lo complejo no comprendido es mejor, que en la complicación hay profundidad, que es mejor que nuestro sistema tenga cien piezas en movimiento que solo diez.
Si tomas el sesgo de complejidad y lo unes al sesgo de novedad, tienes el terreno abonado perfecto para que los especialistas en marketing y ventas exploten tus vulnerabilidades y te intenten convencer de que tu sistema es demasiado simple, subóptimo y desfasado. Entonces aparecen ellos con la solución perfecta que resolverá tus problemas (eso sí, hasta que den con otro sistema mejorado que tampoco querrás perderte).
Después de todo, por poner un ejemplo, nadie podría hacer mucho dinero vendiendo salud y bienestar físico si te dijera que te dejes de dietas de última generación, métodos sofisticados de entrenamiento en gimnasios ultratecnológicos y dispositivos de monitorización de calorías y movimiento, y te recomendaran que simplemente salgas a pasear todos los días, evites el azúcar, procures dormir siete u ocho horas diarias, y te rodees de gente sana y con buenos hábitos.
El negocio se habría acabado.
Y resulta que para el 95% de la población esos consejos convenientemente seguidos son todo lo que necesitarían para mejorar su forma y bienestar físicos.
Pero es difícil ganar dinero aconsejando lo simple y lo obvio.
El gran beneficio de la complejidad: la postergación
Otra razón importante para preferir lo complejo está en que mientras estamos buscando el sistema o solución perfectos no estamos haciendo lo que deberíamos estar haciendo. Usamos la búsqueda de información como salida o escape al trabajo de hacer lo que en nuestro interior sabemos que tendríamos que estar haciendo.
Una definición de «coraje» es «Hacer lo que debes hacer sin importar cómo te sientes». El problema es que hacer lo que uno debe hacer suele ser lo menos cómodo y más difícil. Por ejemplo, para mí es mucho más fácil y satisfactorio ponerme a buscar consejos sobre escritura de blogs o talleres de escritura o libros sobre escritura creativa que ponerme a escribir.
Entonces, el diablillo me dice al oído que «Antes de hacer algo, debes saber lo que tienes que hacer, y es mejor que explores y planifiques un poco más antes de remangarte y ponerte manos a la obra».
Incluso, ese diablillo, citará a Homo Mínimus o Peter Drucker si es necesario, y me recordará que es mejor hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente, y que sin ese conocimiento sobre lo mejor es estúpido ponerse a trabajar.
La eficiencia, que es el hacer las cosas bien, es irrelevante hasta que estés trabajando en las cosas correctas.
Peter Drucker.
Y esto nos lleva a otra causa generadora del sesgo de complejidad:
El mito de las pepitas de oro informacionales
A menudo sentimos como que nos falta algo (ya se encarga la publicidad de hacernos sentir así), siempre parecen faltar piezas pendientes de descubrir sin las cuales no podemos ni debemos empezar el rompecabezas.
Por ejemplo, conozco a gente que le gustaría bailar, pero que considera que no puede empezar a hacerlo hasta que haya ido a un curso de baile o hasta que haya aprendido los pasos. Muchos me dicen que les gustaría tener unas huellas en el suelo para memorizar los movimientos antes de ponerse a bailar y así sentirse seguros.
El gran error que cometemos muchos es el de siempre estar consumiendo más información, el estar buscando el método o solución perfecta para todo lo que hacemos, sea escribir, bailar, estudiar o relacionarnos con otros seres humanos.
Quizá estás leyendo este artículo porque buscando alguna solución a alguno de tus variados problemas y navegando por internet como pollo descabezado has acabado recabando en esta orilla del ciberespacio (¿me equivoco?).
La solución: AAA + Consejos vendo que para mí no tengo
Como hemos comprobado, el sesgo de complejidad es ubicuo en esta sociedad, quizá en cualquier sociedad, siempre buscando lo más complejo porque creemos que va unido a lo mejor, lo más rápido, lo más eficiente.
Tenemos las palabras «Finalizado es mejor que perfecto» pintadas en nuestros muros para recordarnos siempre estar haciendo entregas.
Mark Zuckerberg
Yo, al igual que Zucky, Tengo un antídoto en forma de mantra. Ya hablamos de la regla de las tres aes hace tiempo:
«Si tuvieras que dar un consejo a alguien como Homo Mínimus, pero que no fuera Homo Mínimus, ¿qué le aconsejarías hacer ahora mismo? , ¿cuál sería la mejor acción correcta siguiente?»
La respuesta que me ha venido a la cabeza primero, y que resulta ser la correcta, es esta:
Ponte a escribir.
Sí, la actividad crítica para alguien que quiere escribir un blog, sea Homo Mínimus o cualquier otro postergador similar, es escribir.
Escribir sin más. Nada sorprendente. El resto son detalles colaterales que ayudan a la escritura pero que no son la escritura.
Así que esto es lo que estoy haciendo ahora y espero seguir haciendo mañana.
Este es un excelente artículo invitado de mi proto-amigo Antoine Kerfant, que es el anfitrión en un blog sobre finanzas personales http://ideasyahorro.com/.
Las finanzas personales no son un tema que hayamos tocado mucho en este blog, así que puede resultarte interesante. Gracias, Antoine.
Antoine Kerfant, experto en finanzas personales y asesor de PYMES y emprendedores
Uno podría preguntarse si el programa educativo debería incluir una asignatura sobre principios básicos de la economía doméstica. No hace falta investigar mucho para darse cuenta que una gran parte de la población carece de una cultura financiera básica. Algunas ideas, que parecen de sentido común, no han calado en la mentalidad colectiva. Para intentar aportar mi granito de arena y cambiar mínimamente esa situación, he pensado en compartir las cinco ideas que me parece que todo el mundo debería saber sobre finanzas personales.
#1 Gasta menos de lo que ingresas y ahorra
Los españoles no ahorran
Es el pilar de la economía doméstica. Parece obvio, pero basta con echar un vistazo a las estadísticas de ahorro de las familias españolas para ver que no lo es tanto. En 2018, los hogares destinaron menos del 5% de sus ingresos al ahorro. Eso es menos de la mitad de la media nacional entre 2000 y 2018.
Tu objetivo: el 10%
Porque cuando hablo de gastar menos de lo que ingresas, me refiero a hacerlo en proporciones significativas. Por ejemplo, ahorrando al menos el 10% de tus ingresos mensuales. Y cuanta mayor seas tu remuneración, más deberías ahorrar en porcentaje, porque te es más fácil hacerlo.
El peligro de no saber ahorrar
Sin embargo, una gran mayoría de personas vive al día. Gasta prácticamente todo lo que ingresa. Algunos no saben cómo ahorrar dinero, otros no lo ven como algo prioritario, y gastan hasta que se acabe el sueldo del mes.
Este tipo de comportamiento pone a la gente en una situación muy precaria al nivel financiero. No pueden enfrentarse a cualquier imprevisto, lo que los lleva a meterse en préstamos que complican aún más su situación.
¿Cómo se ahorra?
Si hubiera más cultura financiera, cada persona sería muy consciente de la necesidad de ahorrar, y apartaría religiosamente cada mes una proporción de su remuneración. Eso implicaría una mayor estabilidad económica, y más margen para superar crisis económicas.
Pero, ¿cómo lograrlo? No hace falta ser super minimalista. Basta con que hagas una lista real de todo lo que gastas habitualmente, y analices cada partida para ver donde puedes recortar. Y puedes, te lo aseguro.
#2 Evita el crédito: un gran principio de cultura financiera
Otro aspecto donde me parece que hay mucho desconocimiento es respecto al crédito.
Un ejemplo de crédito al consumo
Imaginemos el caso de Juan. Tiene un sueldo de 1.200€ y cada mes le cuesta no pasarse de gastos. Un día, ve un televisor ultra moderno en una tienda. Cuesta 600€ y a Juan se le sale del presupuesto. Pero le explican que puede financiarlo a 36 meses, y le saldrá una cuota mensual de 23€. A Juan le parece genial. 23€ al mes se lo puede permitir.
El tema es que a pesar de que se comunique el TAE (en este caso un 24% de intereses anuales), la mayoría de las personas como Juan solo se fijan en la cuota de 23 euros. Parece darles igual pagar finalmente 828€ por un televisor de 600€.
Otro elemento que Juan no sabe es que al principio del préstamo paga muchos más intereses que al final. Si, por algún motivo, dejase de pagar las cuotas después de 18 meses, le quedarían por pagar 350€ de principal, no 300€.
Los riesgos del desconocimiento de los créditos al consumo
Las personas como Juan suelen acabar contratando varios préstamos, y aplazando los pagos gracias a la tarjeta de crédito. Esa situación genera varios problemas:
Su renta real se ve fuertemente reducida por el pago de los intereses, por lo que les es cada vez más difícil ahorrar y cada vez más tentador pedir otro crédito.
Si pierden su fuente de ingresos, se encuentran inmediatamente en una situación crítica, debido a que no disponen de reservas y tienen muchas obligaciones de pago, especialmente los créditos.
Un ejemplo de hipoteca
María quiere comprarse un piso. Tiene un puesto fijo en una empresa y cobra 1.500€ al mes. Le han dicho que, con su nómina, lo mejor que puede conseguir a 20 años es una hipoteca de 110.000€ que implicaría unas cuotas mensuales de 500€, una tercera parte de sus ingresos.
¿Por qué 20 años? Porque más allá de 20 años, la bajada de cuota es menor y el sobrecoste de intereses es importante. A María le da igual. El piso que quiere solo se lo podrá comprar con una hipoteca de 180.000€, así que está dispuesta a firmar una hipoteca a 35 años.
Además, María quiere comprar ya, porque ha visto que los precios están subiendo mucho y quizás en el futuro no pueda comprar nada.
Los riesgos del desconocimiento de las hipotecas
Las personas como María no se dan cuenta, que, al tener una hipoteca a tipo variable sobre un periodo muy largo de tiempo, el importe de la letra puede incrementarse muchísimo con una pequeña variación del Euribor. En el ejemplo anterior, una subida de 1,3 puntos del Euribor encarecería la cuota 100€ al mes.
Además, el hecho de querer comprar a toda costa alimenta los fenómenos de burbuja. Lo razonable, si los precios suben mucho, es esperarse a que bajen. Si María compró su piso a un precio excesivo, se encontrará durante varios años con una deuda superior al valor de mercado del piso, en cuanto los precios se corrijan.
¿Qué dicen el sentido común y la cultura financiera sobre los créditos?
Es mejor no contratar nunca préstamos al consumo ni usar la función de crédito de las tarjetas bancarias. Si se quiere comprar algo, se ahorra para lograrlo.
¿Un crédito para comprar un coche? Si el coche es imprescindible para poder trabajar o generar ingresos, tiene sentido. Pero en este caso, si no se dispone del dinero, es recomendable comprar un vehículo lo más económico posible (de segunda mano).
¿Pedir una hipoteca? En general, las hipotecas pueden ser muy útiles, porque permiten comprar un bien que se va revalorizando con el tiempo y poder tener un uso inmediato. Sin embargo, hay que tener cuidado con el plazo, el tipo de interés y por supuesto, el precio de mercado del bien que se compra.
#3 Invierte tus ahorros
Ahorrar mensualmente está bien, pero…
Si vas ahorrando un porcentaje de tus ingresos cada mes, enhorabuena. Pero no es suficiente. Tienes que tener en cuenta dos factores:
La inflación se está comiendo tus ahorros. Cada año aumenta el coste de la vida, por lo que tu dinero vale menos.
Invertir a largo plazo puede aumentar mucho más tu patrimonio que las cantidades que ahorras con esfuerzo cada mes. Hay un efecto “bola de nieve” que puedes aprovechar.
Tienes muchas formas de sacar rentabilidad a tus ahorros
Da igual lo que escojas.
Puedes buscar la seguridad con inversiones de bajo riesgo tipo bonos del estado o depósitos a plazo.
Si te gusta el mercado inmobiliario, tienes la posibilidad de buscar “chollos” para comprar y ponerlos en alquiler.
Puedes operar en bolsa y en los mercados financieros en general.
Tienes la opción de prestar dinero a particulares, directamente o con plataformas especializadas.
Si te sientes un alma emprendedora, puedes invertir en un negocio.
Son solo unos ejemplos, y tienes que elegir con mucho cuidado donde vas a meter tu dinero, pero tienes que buscar una forma de sacar una rentabilidad.
El poder de los intereses agregados
Imagina que nada más empezar a trabajar has conseguido ahorrar 10.000€ y los has metido en una inversión al 5% de intereses anuales. A los 10 años el saldo sería de 16.300€. A los 20 años sumaría 26.500€. A los 30 años llegaría a los 43.200€. 10 años más tarde, el saldo sería de 70.400€. Y imaginando que conserves la inversión 50 años, llegaría a tener un valor de 114.600€. Eso con un tipo de interés relativamente conservador.
Es cierto que los intereses agregados (es decir la bola de nieve de los intereses) generan una rentabilidad exponencial solamente en periodos muy largos. Pero como puedes ver en el ejemplo, en 20 años, que no es tanto, la inversión se ha multiplicado por 2,6. Sería una pena desaprovecharlo.
Cultura financiera es saber que una combinación de un esfuerzo para ahorrar mes a mes y de la inversión de ese ahorro tiene un claro efecto multiplicador sobre tu patrimonio.
#4 Ni loterías, ni apuestas, ni bingo…
El timo de la lotería de Navidad
Cuando hablas con la gente de la Lotería de Navidad te suelen decir que es la lotería que más reparte, y que hay más probabilidad de que toque que otros sorteos.
Pero, en realidad, si analizas bien las probabilidades, tienes un 85% de posibilidades de perder el dinero invertido. Otro 10% que te toque el reintegro, que seamos realista, la mayor parte de la gente vuelve a gastar en lotería, hasta que se pierda. Luego tienes un 5% de posibilidades de ganar un premio ridículo de 100€ por 20€ jugados. Y finalmente, 19 posibilidades entre 100.000 de ganar algo significativo.
No tiene ningún sentido jugar y si la gente tuviera cultura financiera no lo haría. Pero puede más la tradición, la ilusión y el miedo que le toque al compañero y a ti no.
No tires tu dinero
Los únicos que ganan dinero en loterías, apuestas, casinos y similares son los que los organizan. No tires tu dinero en eso. Si dedicas lo que te gastas en esos juegos al ahorro y la inversión te irá mucho mejor. Premio seguro.
#5 La relación entre riesgo y rentabilidad
El último aspecto importante referente a la cultura financiera es el poco conocimiento que suele tener la gente de la relación entre riesgo y rentabilidad.
Como norma general, la cultura financiera te dice que, si se ofrece una rentabilidad alta, es más probable que el riesgo sea muy alto. ¡Cuidado! Que una rentabilidad baja no implica un bajo riesgo. Sin embargo, un bajo riesgo, normalmente implicará una baja rentabilidad.
Sabiendo eso, es mucho más fácil detectar problemas.
Si alguien te propone una inversión que parece demasiado buena para ser cierta, es probablemente porque no es como te lo han contado. O hay mucho más riesgo que lo que te cuenta, o directamente es un timo.
El sentido común ayuda mucho en esos casos. Por ejemplo, si una inversión es tan buena, ¿por qué alguien dedicaría tanto dinero en publicidad para promocionar esa inversión? ¿No sería más interesante invertir el capital en esa inversión? Pues eso.
Otra idea fundamental es recordar que las rentabilidades pasadas no garantizan las futuras. De hecho, muchas veces, entrar en una inversión que ha generado grandes beneficios anteriores puede significar entrar demasiado tarde.
Las burbujas se creen porque la gente ve la rentabilidad alta y quiere participar. Al comprar propician una nueva subida que atrae a más inversores. Pero al final se llega a un techo y la burbuja revienta. Una burbuja es un caso extremo, pero ilustra bastante bien la idea.
Hay bastantes más principios dentro de la cultura financiera, pero con aprender a ahorrar parte de tus ingresos, saber manejar los créditos, invertir tus ahorros, conocer la relación entre riesgo y rentabilidad y dejar de tirar el dinero en juegos, ya mejoras mucho tu situación.
Me llamo Antoine Kerfant, soy francés, pero llevo muchos años viviendo en España y me encanta. Asesoro a emprendedores y me apasionan las finanzas personales. Por eso, desde 2011 publico consejos para ahorrar, invertir, ganar dinero y buscar un mejor trabajo en ideasyahorro.com.
Hace menos de un siglo y durante casi toda la historia de la humanidad, un signo o indicio de riqueza era la gordura: más gordo, más riqueza. La grasa y el exceso de calorías solo se lo podían permitir las personas de clase acomodada.
Las tres gracias. Rubbens.
Pero ahora, sal a la calle y mira a la gente a tu alrededor.
¿Dónde encuentras a la gente más gorda? ¿Entre las gente de clase acomodada o entre la gente trabajadora o de clase más baja?
Cochecitos para obesos en Walmart
Más de la mitad de los americanos tienen sobrepeso o sufren de obesidad con cifras similares en el resto de Europa.
Existe una correlación negativa entre nivel socioeconómico y nivel educativo y obesidad: menor nivel socioeconómico, mayores tasas de obesidad, especialmente entre las mujeres. En Estados Unidos también afecta más a ciertos grupos raciales, especialmente negros e hispanos.
De la misma manera que en Inglaterra puedes saber si una persona tiene estudios universitarios escuchando durante diez segundos su forma de hablar (sí, existe el acento universitario), en Estados Unidos, pero también en otros países occidentales, puedes estimar el nivel socioeconómico de una persona por su aspecto más o menos esbelto.
La gente de menor nivel económico tiende a hacer menos ejercicio y esta sometida a más estrés que las personas de mayor nivel socioeconómico, también es probable que estar en forma física no sea la primera de sus preocupaciones y que su presupuesto para alimentación sea pequeño.
Sin embargo, el porcentaje de renta que gastamos en comida se reduce con el crecimiento económico y la disminución de precios relativos de la comida es una constante en los últimos 50 años alcanzado el gasto en alimentación en países occidentales menos del 15% de la renta anual.
Es posible comer bastante saludablemente con una renta baja, pero cuando uno visita un supermercado de un barrio popular en España y observa los carritos de comida se puede llevar las manos a la cabeza con su contenido: familias que cargan botellas y botellas de refrescos azucarados, patatas, productos hiperprocesados ricos en grasa y azúcar, helados, repostería industrial; para encontrar algo verde y fresco usualmente hay que aguzar la vista y rebuscarlo bajo la montaña de comida basura; muchas veces no hallarás comida saludable.
Paradójicamente, la comida basura no suele ser barata, pero sí es las que más excita las papilas gustativas y la más fácil de preparar, más bien la más fácil de no-preparar.
Los hábitos y estilo de vida tampoco ayudan: una nevera repleta de productos que sacian rápido con mínima preparación; la televisión como el centro del hogar (es como el altar ante el que rendimos pleitesía); las familias que ya no se reúnen para compartir comidas, es cada vez más habitual que cada miembro familiar coma solo y delante del televisor; la disparidad y extensión de horarios laborales; y la falta de tiempo para cocinar y para que la familia coma junta, aunque esta pretendida falta de tiempo parece desmentida por el tiempo que pasamos ante las pantallas (entre seis y diez horas diarias).
Como en muchos otros aspectos de la vida, la clase social y el nivel educativo influyen en los hábitos de comida y el cuidado de la salud física, con un resultado negativo para la gente de menor nivel educativo y socioeconómico (ambos factores están correlacionados).
Menor nivel socioeconómico, más infobesidad
Algo similar ha ocurrido con nuestro consumo de información y dispositivos electrónicos: hace poco más de 20 años tener un teléfono móvil, televisión de pago, un ordenador o conexión a internet era símbolo de estatus socioeconómico y/o de nivel educativo.
Recuerdo todavía los tiempos en que alguien que entraba en una sala o en un ascensor hablando con su teléfono móvil era considerado un ridículo esnob.
En España, durante unos pocos años se apodó jocosamente «m’ncuentro» al aparato transportable que te permite hablar en cualquier lugar. No duró mucho la chanza porque en poco tiempo todos nos encontrábamos con el celular en mano relatando voz en cuello nuestros más nimios detalles a gente con la que seguramente no habíamos conversado cara a cara en semanas o meses y flagelando por el camino a los de nuestro alrededor.
Ahora los dispositivos electrónicos de comunicación y procesamiento de datos han alcanzado a todas las capas de la población. Sin embargo, al igual que en el caso de la obesidad física, el uso más o menos adecuado y saludable tanto en cantidad como en calidad también depende de la clase social y nivel educativo.
Mi tesis es que los gordos informacionales o infobesos son y serán cada vez más la gente de nivel educativo y socioeconómico bajo. El uso del teléfono móvil, que empezó siendo un símbolo de estatus, será cada vez más un signo de bajo nivel educativo y social, en especial el uso abusivo e indiscriminado.
El control, autorregulación y selección de medios y contenidos, tanto en cantidad como en calidad, va a estar en capas de la población con mayor nivel educativo y social
Algunos argumentos y observaciones anecdóticas
Mi evidencia es por el momento anecdótica, no tengo datos estadísticos al respecto, pero unas cuentas observaciones y razonamientos servirán para argumentar mi tesis:
Entre la gente de clase baja y media baja existe la búsqueda del estatus, al igual que en cualquier otra clase social. La diferencia es que la gente más humilde no puede competir con automóviles de alta gama o residencias lujosas, por ello la ropa y los teléfonos móviles son mejores opciones para el pavoneo del estatus, en especial para los adolescentes. Si tienes duda sobre este último extremo, no tienes más que visitar un instituto de enseñanza secundaria.
La tasa de hogares monoparentales y/o desestructurados es mayor entre la clase baja y media baja. Esto acarrea dificultades de disciplina e imposición de normas respecto al uso de medios digitales. Las familias estructuradas, con disciplina y con figuras de autoridad presentes, pueden preocuparse más por la educación de sus hijos y aplicar normas claras. Con padre o madre ausentes o inexistentes, o con progenitores divorciados, la disciplina suele reducirse y se sustituye por intentos de agasajar y contentar a los hijos. No es infrecuente ver a padres separados o divorciados compitiendo mediante regalos y caprichos por el favor de los hijos. En los primeros puestos de la lista sobornos están siempre los aparatos electrónicos.
Las familias más educadas y de rentas más altas tienen muchas más opciones de entretenimiento y desarrollo personal a su alcance, algunas más saludables que las digitales y audiovisuales. En cada hora de consumo digital hay un coste de oportunidad de otras opciones más variadas y satisfactorias. Los padres cultos saben que los libros compiten desfavorablemente con los medios digitales, y por eso son conscientes de que la única manera de aumentar la lectura de libros y opciones edificantes es limitar o impedir el uso de medios digitales.
He observado que en las clases menos educadas en muchas familias existe la creencia de que son mejores padres si compran regalos caros a sus hijos, quizá como recuerdo de infancias en que no se podían permitir ciertos bienes de consumo. Al subir el nivel económico absoluto y reducirse los precios de las tecnologías digitales, muchos padres eligen videoconsolas, teléfonos móviles de gama alta, televisores de pantalla plana gigantes y tabletas como forma de resarcirse y contentar a sus familias. Los padres acaudalados también hacen regalos, pero para que sean apreciados tienen que ver más con viajes de estudios, equipamientos deportivos o aficiones caras.
Paradójicamente, muchas veces en clases más pudientes encuentras un nivel mayor de austeridad y menos propensión a satisfacer los caprichos de sus vástagos, es quizá por eso que son más ricos: la austeridad, la disciplina y el ahorro favorecen la riqueza.
Los padres de familias más educadas desarrollan trabajos intelectuales más complejos y conocen por experiencia educativa y profesional lo imprescindible que resulta la disciplina, el control de la atención y la perseverancia para desarrollar un proyecto educativo a largo plazo. Estos trabajos están obviamente mejor renumerados. Los padres con trabajos más rutinarios o manuales no están tan sensibilizados sobre la necesidad del control y regulación de la atención: están acostumbrados a obedecer órdenes, tienen menos espíritu crítico, y la disciplina en sus vidas proviene de fuentes externas (jefes, amenazas y premios económicos) más que de fuentes internas y autogestionadas como la motivación intrínseca y el deseso de aprender y la curiosidad intelectual.
Incluso en padres humildes pero preocupados de verdad por la educación de sus hijos, encuentras la creencia (errónea) de que hay que subirse al carro de la modernidad digital y por eso los encuentras en los colegios e institutos exigiendo tabletas, pizarras electrónicas, portátiles, móviles y otras herramientas digitales. Muchos no se dan cuenta de que gran parte de estos aparatos se usan como entretenimiento y ocio más que como herramienta educativa. Wikipedia y la Khan Academy no son los objetivos que tienen en mente los niños y adolescentes cuando exigen un teléfono móvil.
Padres distraídos, con poca disciplina y sin convicciones morales, más frecuentes en las clases bajas, trasladan su carácter a sus hijos y los convierten en carne de cañón para las empresas digitales favoreciendo el consumo digital indiscriminado y nocivo (redes sociales, pornografía, juegos en línea, etc.)
El perfil cognitivo desarrollado por la exposición temprana e indiscriminada a medios digitales no puede dejar de pasar factura en el aprendizaje y el intelecto de niños y jóvenes. Menos habilidades sociales, reducción en los niveles de empatía, dispersión atencional, incapacidad de centrarse durante cinco minutos en una sola tarea y falta de capacidad para elegir y filtrar el torrente de datos e información no pueden ser nunca ventajas competitivas en ningún mercado de trabajo, no importa lo digital que sea.
Los niños criados en la dispersión digital y falta de control atencional pagarán la factura a la hora de aspirar a los mejores trabajos con lo que las desventajas en su capacidad de aprendizaje y nivel educativo retroalimentarán el nivel de ingresos y la posición en la escala social.
El teléfono móvil es el nuevo azúcar y nos convertirá en más gordos y más pobres física e intelectualmente.
En este nuevo episodio de Satori Time, Entusiasmado y yo hablamos sobre la ludificación existencial. Exploramos la idea del juego aplicado a la organización existencial.
4:32 ¿Qué es el juego? Conceptualización del juego.
8:30 Distinción: Game – play. Play es una exploración libre de posibilidades. Game es cuando se introducen reglas y objetivos.
13:00 Ludotopía. Círculo mágico del juego. El juego no tiene consecuencias.
18:00 Juego como entrenamiento para la vida. ¿Se desdibuja la diferencia entre el mundo del juego y el mundo real (=mundo serio)? El estatus y el juego.
22:00 Gradaciones del juego. Teatro de improvisación. La función de las reglas. Reglas emergentes. ¿Un juego sin límites sería divertido? ¿Sería juego? ¿Cuándo se pasa del «play» al «game»?
29:35 Actitud juguetona. Actuar como si… dentro del mundo creado por el juego. Dos personas distintas en un mismo juego pueden considerarlo como un juego
32:35 ¿Por qué acercar la esfera de los juegos a la vida real? Una vida bien vivida ha de tener un elemento de diversión, de juego. El juego fomenta la creatividad y te ayuda a ser más efectivo en la vida real. Lubricante social. Deseo de autonomía, deseo de conectar.
36:20 Formas en las que el juego se puede acercar a la vida real. La idea de gamificación.
41:50 Mentalidad lúdica. ¿Qué pasaría si enfocaras la vida en general como un juego? Reencarnaciones: cada vida es una pantalla. ¿Cómo afectaría a tu vida vivir como si estuvieras en un juego? Extremo: youtuber al borde del precipicio. Límites morales.
Una de las preguntas más interesantes que alguien puede hacerse es: ¿Me caería bien a mí mismo si me viese desde fuera? Y si la respuesta es «no», entonces debería cambiar algo. En mi caso, la respuesta es «no». Pero ¿quién soy yo para juzgarme?
Rafael Sarmentero
Solo muy recientemente se ha difundido e impuesto la idea sobre la bondad de quererse a uno mismo o ser uno mismo. En la historia de la civilización occidental, que es esencialmente la de la cultura judeo-cristiana , nunca se consideró que un ser humano debiera ser él mismo ni mucho menos que debiera quererse a sí mismo. Todos veníamos al mundo con la mancha del pecado original.
Pocas cosas más absurdas se podrían haber dicho a una persona que decirle que estaba incondicionalmente bien o que era incondicionalmente bueno. Hubiera sido como decir a un niño que siga siempre siendo niño, que no tiene nada que aprender, que no tiene nada que desarrollar y cambiar, que su naturaleza cortoplacista, egoísta, miope y predatoria está bien como está.
Uno ha de querer en sí mismo lo que no es todavía y puede ser. El yo actual no es más que uno de los pasos previos a un mejor yo, a un yo transformado. Y no, no estoy hablando de simple mejora personal onanista del tipo «reinvéntate» o «sé la mejor versión de ti mismo». Pero no tengo espacio en los márgenes de este papel para explicártelo, quizá en un próximo artículo homínico.
Considero que el mejor indicador de progreso personal está en que cuando uno mire hacia atrás le cueste reconocerse en el inepto que fue, en sus estúpidos actos y hábitos y en sus miserables decisiones. Solo así sabrá que es alguien que ha aprendido algo en el camino. Huye del que dice que no se arrepiente de nada como de la peste. Huye del Homo Mínimus de hace un año como del cólera. Huye del Homo Mínimus de hace cinco años como de los siete diablos.
Hasta un budista —ese religioso sin Dios que tan bien cae en el mundo occidental— se sentiría insultado si tras no verlo durante un par de años le dijeras «Qué bien se te ve, no has cambiado». El budista querría cambiar minuto a minuto, en pos de su nirvana, su satori o su paraíso en el ombligo, así que se sentiría ofendido y, si no ha alcanzado la iluminación, te espetaría con un: «Tú sí que no has cambiado, sigues siendo el mismo mendrugo de siempre».
Rousseau, los psicólogos humanistas y la sabiduría popular han impuesto la ilusión, la ficción moral y existencial, de que uno está bien como es. Es un meme conveniente para los retóricos políticos y comerciales: tú estás bien como estás, luego no tienes que hacer ningún cambio en tu carácter o en la forma de conducirte; si no tienes lo que deseas es por circunstancias externas: la estructura social que todavía no hemos implantado los salvadores del pueblo o el producto o servicio que todavía no has adquirido.
La sabiduría del consumidor y del votante, no solo su soberanía, están por encima de todo, y basta con un voto político en forma de tarjeta en una urna y un voto monetario en forma de billete para lograr lo que uno desea. El mercachifle siempre te halagará y te dirá que tú estás bien como estás.
Cualquier insinuación de que la infelicidad o la situación en la que uno vive tiene que ver con uno mismo se considera como una crítica despiadada y cruel a un inocente desvalido fruto de sus circunstancias; esa insinuación bienintencionada se percibiría como un arma arrojadiza desalmada propia de privilegiados y fascistas. Y sí, me han llamado ambas cosas en los últimos tiempos.
Pero no es solo que dando a entender que uno está bien como está se exima al aludido de su responsabilidad sobre sus circunstancias, es también que implícitamente se da a entender que ninguna dirección vital o propósito es superior y por lo tanto no hay criterio por la que juzgar nuestros actos más allá del no hacer daño a los demás o cumplir con las costumbres del lugar. En tanto y cuanto no perjudiques directamente a nadie, puedes hacer con tu vida lo que quieras de acuerdo a tu naturaleza, esencia o propensiones. Y como no tienes naturaleza ni estructura previa, puedes ser un héroe sartriano que define su propia esencia
El existencialismo filosófico cuando ha salido de su torre de marfil académica y llegado a las plazuelas se ha convertido en una triste justificación moral para las vidas más insignificantes o más abyectas. De la vida buena y la acción virtuosa se ha pasado a la vida auténtica y a tratar de ser uno mismo en cada uno de nuestros actos.
Puesto que ya no hay reglas ni valores superiores al «vive y deja vivir » y el «sé tú mismo», las vidas resultantes de esta ideología (término que con el que nombro a aquellos sistemas de creencias que no son los míos) pierden la orientación y la energía que un propósito transcendente y una orientación clara hubiera proporcionado al sujeto.
Contrasta mi invectiva con el mensaje que sueles recibir en los blogs de desarrollo personal, psicología popular, bienestar o política. ¿Cuántas veces te han dicho que tú eres el problema, que estás esencialmente corrupto y de que hay criterios de conducta mejores que la búsqueda de la satisfacción, los sueños o el bienestar personal?
Pocas veces, supongo. Quizá hace décadas, si acudías a la iglesia, podías encontrar algún mensaje remotamente parecido, pero no hoy en día .
Te traigo, pues, una mala noticia: no estás bien como eres, no seas tú mismo, sé cualquier otro. Eres profundamente imperfecto y siempre lo serás, solo puedes mejorar un poco; la corrupción, la entropía, el desorden, la degeneración y la desconexión son el destino natural de la carne fresca y de los espíritus. La mejora, el progreso, solo es una posibilidad, esforzada, poco probable y difícil de lograr.
Esta mañana, cuando me dirigía a una entrevista profesional y salía de la boca del metro, una chica de alrededor de uno cincuenta y cinco de altura, unos veinte años de edad, tres meses y ocho días, y con una carpeta azul en la mano se acercó a mí, «¿Tienes un minuto?», «No, no tengo un minuto, voy con prisa» [Esto es «Tengo 1.440 minutos hoy, pero no quiero malgastar ni uno contigo»].
Ahí podría haber acabado la cosa, pero la chica no se resignó a que no conversara con con ella y por tanto no tuviera la mínima probabilidad de convertirme en socio de su ONG y ganar su comisión; cuando me marchaba me espeta un irónico y voz en cuello «Se ve que tienes cara de solidario». Entonces me paré, volví sobre mis pasos y…
Solidario responsabilizándote del hambre en el mundo
¿Qué hice?
Digo: «¿Por qué dices eso?, ¿no te parece que prejuzgar el carácter de los demás cuando te dicen que no es algo infantil?». Se queda callada. Prosigo: «Cuando tú sales por las noches de fiesta, más de uno y de dos moscones se acercarán a ti, te dirán algo, y tú, con cara de más o menos fastidio, con más o menos educación, intentarás quitártelos de encima. Bien, pues eso te acaba de ocurrir: tú eres ahora la moscona, la tía poco agraciada que nadie quiere y que viene a importunar. Acéptalo y vive con ello. Si no lo aceptas, cambia de profesión.»
Otra de sus compañeras de fatigas, con la misma carpeta, pero con pelo muy corto al estilo LGTBIQ y con cinco centímetros menos que la otra hobbit, había oído nuestro intercambio anterior, se une al grupo y se queda a unos pocos pasos, como intentando defender a su colega. La miro de reojo, mientras vuelvo a reconvenir a su compañera : «Yo soy solidario con mis amigos y mi familia, pero, a diferencia de ti (en este momento, la señalo con el dedo índice), no soy solidario a comisión». La chica replica casi de inmediato –pero lánguidamente y con dos o tres tonos por debajo de sus palabras anteriores–: «Los médicos ayudan a la gente y también cobran…». Digo: «Cobran y no son más solidarios que el fontanero o el conductor de autobús, que también hacen su trabajo y cobran por él».
Ella: «No tienes corazón».
Me acerco un poco más, lentamente, buscando las palabras adecuadas, le digo: «Mira, aquí acaba nuestra plática; como tengo un gran corazón y hoy me siento compasivo –que no solidario– no te voy a decir de qué tienes tú cara». La chica arruga el hocico, me mira con gesto de enfado, y hace como que va a decir algo, pero no lo dice. Me doy la vuelta y la dejo ahí plantada.
¿Qué debería haber hecho?
Obviamente, no lo que hice.
Debí:
Recordarme el verso de Rabindranath Tagore y repetirlo de tal manera que resonara en las bóvedas de mi cráneo: «Sé como el sándalo, que perfuma el hacha que le hiere».
Parar, respirar tres veces, y decir para mis adentros, de manera muy tranquila y musical: «El cielo está enladrillado, quién lo desenladrillará, el desenladrillador que lo desenladrille buen desenladrillador será».
Sonreír fugazmente y con gesto compasivo.
Alabar a la chica de la carpeta azul: «Tu comprometido y solidario trabajo es una gota en un océano de dolor y miseria, pero una gota que faltaría a ese océano si tú no estuvieras».
Sin esperar respuesta, mientras la ninfa solidaria se recupera, finalizar con un «Ten un buen día, ángel de luz».
Retomar el camino y seguir andando con la serenidad y calma con la que un anciano chamán rema en su canoa sobre un río de asfalto.
Moraleja
Todos los días están llenos de este tipo de pequeñas e innecesarias fricciones que es conveniente eludir, circunvalar, allanar.
Un minimalista de nivel avanzado hubiera reaccionado con mucha más calma y mesura de lo que yo lo hice esta mañana. Su personalidad aerodinámica hubiera empleado el pequeño rozamiento del comentario fuera de lugar de la vendedora para entrenar sus habilidades de comunicación y su compasión.
Si bien el diablo está en los detalles, que dicen los anglófonos, también la santidad minimalista se encuentra en ellos. Diógenes de Sinope, el Santo Patrón del minimalismo solo tenía cuatro objetos personales: un bastón, una capa, un zurrón y una escudilla para beber, pero hasta de esta última llego a prescindir:
Un día vio como un niño bebía agua con las manos en una fuente: “Este muchacho, dijo, me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas”, y tiró su escudilla.
Santa Teresa de Ávila, la mística española fundadora de las carmelitas descalzas, aseguraba que «Hasta en los pucheros anda el Señor». Las mujeres saben mejor que nosotros que los detalles son importantes, aunque a primera vista parezcan insignificantes. Más de una familia se ha venido abajo por un aniversario olvidado o una prenda fuera de lugar.
En el gran Teatro del Mundo, las breves actuaciones de personajes secundarios, incluso de los figurantes, pueden dar la vuelta a la trama. Seguramente, porque en el fondo y en esencia, no haya figurante o extra que sea insignificante y el efecto mariposa se cierna sobre cada uno de nuestros batidos cotidianos de alas.
Deberíamos andar y conducirnos en todos nuestras acciones cotidianas con pies de plomo, como si el desastre (o la revelación) estuviera siempre a punto de ocurrir.
El tiempo que dedicamos a elegir una prenda de ropa por la mañana forma parte de estas aparentes insignificancias contra las que no solemos estar en guardia:
Esta mañana, cuando fui a buscar una camiseta (visto siempre con camiseta y pantalones vaqueros [tengo dos: uno para el Shabbat y otro para el resto de los días] ), me sorprendí tomando una camiseta que NO estaba en la parte superior de la pila (tengo tres pilas de camisetas: una para ocasiones especiales, otra para estar en casa y otra para salir a la calle en días de diario).
No sé por qué, pensé que una camiseta azul iría mejor que una blanca, la que me correspondía hoy (me pongo una distinta todos los días). Estuve a punto de tomar la tercera de la pila, una azul, pero cuando ya estaba retirándola, una sirena de alerta me avisó de la aberración que estaba a punto de cometer:
Siempre tomo la primera camiseta o prenda de la pila, sin elegir el color, pero esta vez estuve a punto de subvertir mi propia regla minimalista [1] : qué sentido tiene elegir los colores de la camiseta y dedicar unos segundos diarios a una actividad tan irrelevante; ¿por qué elegir el color de la camiseta si mi pantalón siempre es azul?, ¿por qué elegir camiseta si todas mis camisetas están suficientemente limpias y son suficientemente elegantes (al menos según mis poco exigentes criterios)?, ¿por qué permitirme esta leve fricción cotidiana?, ¿por qué dedicar mi escasa memoria de trabajo y mi escaso tiempo sobre la faz de la tierra eligiendo un color?, ¿acaso no había ya llegado a un acuerdo conmigo mismo?
El caso es que me di cuenta de que bastaba con tomar la primera camiseta de la pila y que ponerme a elegir una distinta era innecesario e irrelevante. El caso es que volví sobre mis pasos, devolví la camiseta azul a su lugar y tomé la que correspondía, la primera de la pila. Aliviado y satisfecho por mi repentina toma de conciencia seguí con mis asuntos cotidianos.
Empecé el día con un pequeño éxito cuyas repercusiones en mi organización personal, reducción de fricción y gozo de vivir son incalculables.
Creo que no tiene sentido para casi nadie recibir artículos diarios o semanales de un blog; por muy bueno que sea, no tienes la capacidad de procesamiento ni mucho menos la capacidad de ejecución para aplicar en tu vida lo leído. Además, te conviertes en una rata reactiva que sigue la agenda (y también los caprichos) del que envía los artículos, no la tuya propia. En la mayoría de los casos, estarías mejor leyendo un libro que encaje con tus intereses actuales, conversando con un amigo o simplemente cultivando el perdido arte de la contemplación.
Alguien dirá que le gusta recibir los artículos cómodamente en su bandeja de entrada y elegir libremente qué leer o no leer. Pero creo que es mejor que cuando sientas las ganas o te acuerdes, entres en el blog y busques los últimos artículos, en vez de recibirlos automáticamente. Además, me preocupa que los momentos de aburrimiento o de no saber qué hacer los llenes leyendo material que puede no encajar con tus intereses actuales.
Te he animado muchas veces a darte de baja de este blog. Lo he conseguido con unos cientos de personas pero no contigo. Hoy tomo las riendas de tu vida y dispongo que este sea el último artículo que recibas vía correo electrónico.
Pero no todo está perdido
Sustituyo el envío de artículos por el envío de un boletín informativo de minimalismo existencial. La frecuencia será de un mínimo de una entrega por mes y un máximo de dos por mes.
En contadas y justificadas ocasiones, podré vulnerar la regla y no enviarte nada durante el mes o hacerte más entregas, pero serán excepciones que confirman la regla (aunque más bien la desmientan).
Después de recibir este último artículo, recibirás pocos segundos después en tu bandeja de entrada mi bienvenida al boletín informativo del Homo Mínimus. Seguramente, ese mensaje sea el siguiente en la linea de correos.
Ahí tendrás otra oportunidad de darte de baja del boletín. Creo que la mejor opción es esa: que te des de baja inmediatamente y que solo vuelvas al blog o te suscribas al boletín si lo echas de menos.
A partir de mañana
Seguiré escribiendo artículos en el blog, pero me sentiré más libre de escribir lo que quiera y al ritmo que quiera sin necesidad de inundar tu bandeja de entrada. En el boletín informativo, haré referencia a los mejores artículos que escriba y a otros asuntos. Quizá haga un resumen minimalista (aunque no mínimo) de lo ocurrido en el último mes en el blog y te indique las herramientas minimalistas que más eficaces me parezcan.
No habrá «contenido exclusivo» para suscriptores al boletín informativo, pues no pienso guardarme nada para incitarte a que sigas suscrito al boletín; como mucho, tendrás una versión más condensada y organizada de mi teoría del minimalismo existencial. Siempre he deseado seguir el principio de diseño de complejidad por capasy creo que el boletín te puede ayudar a encontrar mejor tu camino.
Y esto es todo.
Gracias a todos lo que durante estos años recibieron en su bandeja de correo los artículos de este blog. Me motivasteis a escribir y desenredar nudos vitales, y, con vuestros comentarios, a corregir y mejorar mis ideas.
Hay una idea que me ronda en los últimos tiempos (sí, ya te he fastidiado con estas divagaciones varias veces este año): no estoy siendo lo suficientemente arriesgado. No, peor, peor todavía: estoy teniendo miedo.
Tengo la meta de deleitarte como lector, pero cuanto más me aferro a
esta meta, más paralizado me siento. Este miedo es tan grande que he terminado
recurriendo a emplear refritos de artículos ya publicados en otros lugares (mea
culpa), como si todo mi pasado de escritor fuera mejor y no fuera capaz de escribir(te) algo digno de
leerse.
En Cartas a un joven bloguero aconsejaba al joven minimalista que escribiera como si nadie le fuera a leer —lo que en su caso era muy cierto, pues estaba empezando un blog-, así podría experimentar con mayor libertad y menos sensación de precipicio y liberar los jugos creativos.
Cartas a un joven bloguero
Consejos vendo que para mí no tengo: es obvio que no me aplico mis recetas, y que ya hace mucho tiempo perdí la chispa —si es que alguna vez la tuve— y me lo pienso mucho antes de empezar a escribir —mucho más me lo pienso antes de enviarte un nuevo artículo—.
O sí, quizá sí aplico mis recetas, porque en una carta subsiguiente prescribía al joven bloguero lo contrario: que escribiera de tal modo que sintiera una punzada en el estómago antes de publicar un nuevo artículo, que el miedo escénico se apoderara de él antes de osar legar al mundo alguna de sus palabras, para que esas palabras legadas fueran dignas de ser dejadas en herencia.
Ya tengo otro nudo gordo (gordiano, dirían los clásicos): por un lado quiero ser espontáneo, ocurrente y juguetón, y por otro lado siento que el temor a defraudar(te) debería ser lo suficientemente fuerte como para obligarme a mantener altos mis estándares de calidad y no convertir este blog en lo que tanto odio: un blog ombliguista donde el autor fascinado con su personalidad e idiosincrasia solo busca la autoexpresión y el desahogo, y termina elevando a categoría transcendente cualquiera de sus banales experiencias y sus fugaces excrecencias semánticas.
O peor, podría terminar transformando este blog en uno de esos blogs clónicos e insulsos, casi higiénicos, con olor a invernadero, de mear y no echar gota, que tanto abundan y tanto aburren, llenos de listas de consejos tan bienintencionados como prescindibles:
He visto a las mejores mentes de mi generación arruinadas por los gurús de la productividad y las redes sociales al seguir los dictados de google analytics, la corrección política y la madre que los fundó. El día en que elija un titular basándome en los criterios de optimización de buscadores y escoja las palabras clave más convenientes para no despertar suspicacias os autorizo a que me busquéis por los barrios bajos de la ciudad y sin necesidad de optimizar vuestro revólver me descerrajéis cuatro tiros en un oscuro callejón y pongáis fin a mi miseria.
Por el momento (nueve años y sumando), he decidido no ganar
dinero contigo vendiendo libritos de usar y tirar o recomendando libros o
productos o haciendo marketing de afiliados o de cualquier otra manera legítima
pero aburrida, porque siempre he creído que terminaría comprometiendo mi alma
de bloguero minimalista y sometido al democrático veredicto del mercado. El
foco en resultados monetarios terminaría erosionando mi honestidad intelectual
y mi integridad de escritor y mi constante pero frágil deseo de aportar algo
que no hayáis nunca visto.
Quizá esté equivocado y esta renuencia mía a ser un mesías de pago o para suscriptores solo sea una racionalización de otro de mis miedos: que verdaderamente no tenga nada que aportar. Si el precio al que vendo mi producto sigue siendo cero, la demanda no será infinita, tal como dicen los economistas, pero al menos no será cero y mi ego se mantendrá a flote.
Quizá esté equivocado y el vil metal podría proporcionarme alas que me obligaran a pensar en los deseos de quienes me leen y escribir algo de valor. Después de todo, Dostoievski, escribió Crimen y Castigo para pagar deudas de juego. Quién soy yo para criticar los motivos si estos conducen a valiosos resultados. Después de todo, quién soy yo para criticarme a mí mismo*.
Quizá esté equivocado y el vil bitcoin pudiera darme las alas
financieras que, al bloguero minimalista más famoso y más calvo, Leo Babauta,
le proporcionaron la motivación para escribir miles de artículos y varios
libros, y en el camino alimentar a sus seis hijos (¿o ya son siete?).
—
Todo lo anterior es la descripción de mi nudo gordiano actual.
El hacha que corta este nudo y el gélido hielo de vuestra indiferencia está en el título de este artículo. **. Ciertamente, es perdonable tener miedo a perder, pero es intolerable tener miedo a jugar el juego.
—
* Frase acuñada por el genial Genio Rafael Sarmentero. ** Frase adaptada y robada a Franz Kafka. *** Hay otras frases en este articulo similarmente robadas y/o adaptadas, pero, como no son de amigos o creo que nadie se dará cuenta, no las atribuyo. **** Los buenos blogueros copian, Homo Mínimus roba [¿De quién es esta? Responde en los comentarios]
¿En qué consiste mi SubProyecto 52 conversaciones?
En mantener 52 conversaciones vía skype o telefóno con 52 lectores del blog, amigos o conocidos sobre su relación con los hábitos.
–
Contexto
En este blog somos interdidactas [1] (aprendemos autónomamente con otros) y presumimos de una mentalidad experimental [2] (hacemos cosas nuevas que pueden no salir bien), así que voy a aplicarme los consejos que doy a los demás («consejos vendo que para mí no tengo») e iniciar un nuevo SubProyecto dentro del Proyecto El Perdido arte de la conversación [3] que me pondrá en contacto con la gente del blog y me permitirá tratar un tema crítico para el crecimiento personal.
Justificación del tema de conversación
Para que la conversación tenga foco, elijo el tema de los hábitos porque es suficientemente amplio y complejo, y porque es un tema recurrente en el blog. No en vano, dediqué un año al Proyecto Los tres hábitos que cambiarán tu vida [4] y he escrito decenas de artículos relacionados.
Sin embargo, siento que mi conocimiento de los hábitos es deficiente: por un lado demasiado personal (hablo de lo que funciona para mí y de lo que he experimentado) y por otro lado muy general y teórico (hablo de lo que he leído en libros y artículos científicos).
Siento que para seguir aportando valor en este tema en el blog, necesito hablar con personas concretas, con individuos, sobre su relación específica e idiosincrática con sus comportamientos frecuentes.
No conozco mejores interlocutores que los lectores y comentaristas de este blog.
Marco y condiciones de la conversación
Duración. Entre 20 y 40 minutos.
Tema principal: tu relación personal con los hábitos.
Ojo, no tu opinión general sobre los hábitos, que, aunque interesante, me parece secundaria respecto a tu experiencia personal y tus dificultades y éxitos formando buenos hábitos, modificándolos y eliminando malos hábitos.
Canal comunicación: skype o vía telefónica si es que no tienes acceso a skype. Yo puedo llamarte.
Modo audio, porque me desconcentro si te tengo que ver además de hablar. Además, tomaré alguna nota sobre lo que me cuentes.
Foco de la conversación: estará en ti, no en mí. Yo ya tengo el blog para explicar en detalle mis experiencias y creencias. En esta conversación, aunque no es una encuesta ni una entrevista propiamente dicha, el foco serás tú,
Tono: conversacional con toques de entrevista; eso sí, aunque el foco está en ti, no es una encuesta, simplemente quiero conocer tu experiencia concreta, saber lo que piensas y sientes respecto al mundo de los hábitos.
Confidencialidad: es una conversación estrictamente privada, no escribiré sobre ti en el blog ni te nombraré a menos que me des permiso o lo solicites. Esto es importante si es que queremos que la conversación sea fresca, espontánea y personal.
Escríbeme a homominimus@hotmail.com esta semana (o la próxima) diciéndome que quieres conversar conmigo y qué días y horas serían las mejores para ti. En función de tu disponibilidad, te propondré un día y una hora en las cuatro próximas semanas.
Y las cosas de los hombres, el amor y la vida se las dejo a mis criadas.
—Madame de Champollion, filósofa de alcoba y noble francesa del siglo XVII.
Hola, soy el doctor Amor. Estoy aquí para ayudarte.
Seguramente, como casi todaslas mujeres, te has pasado la vida buscando el amor de tu vida.
Desde la adolescencia, y puede que antes, cuando jugabas a las casitas y las cocinitas, estás obsesionada con encontrar a tu príncipe azul otu latin lover moreno o a tu danés de pelo amarillootu gurú de ojos azules, para terminar, como siempre, topándote con el enésimo sapo verde.
Tus amigas han sido las aliadas más implacables en el fuego del amor, el juego de la conquista, de la caza…; perdón, de la pesca, olvidaba que los hombres somos los que cazamos y las mujeres las que echáis la caña y esperáis a que piquen los peces gordos.
Te han dicho que siempre hay un roto para tu descosido. Y has perseverado. Has buscado sin encontrarlo. Sin encontrarlo del todo. Creyéndolo encontrar pero decepcionándote a las dos o tres estaciones de haber subido al tren del romance.
Tus amigas, si es que se puede hablar de amistad entre mujeres, (y entonces también tendríamos que hablar de inteligencia militar, del níveo carbón o del tiburón samaritano), tus amigas digo, han sido tus confidentes y tus guías en esta búsqueda del santo grial.
Desde que tienes diez, once, doce años a lo sumo, has consagrado tu vida a captar la atención, el interés, la decisión y la acción de tu caballero de la brillante armadura.
Ya, ya sé que tú eres una chica de tu tiempo, una mujer de hoy, que eres muy libre, que eres muy mujer, que estás por encima de los mitos románticos, que conoces mucho mundo y has viajado a Tailandia o Turquía o Albacete y vivido al máximo… Ya. Lo sé, eres astuta, tienes inquietudes, eres más lista que los ratones colorados, no te has caído de un guindo, no naciste ayer.
No dudo que el sexo débil es también el sexo listo. O el sexo listillo, más bien, por lo que expondré a continuación.
Ya, ya sé que los hombres no se enteran de nada, que no entienden nada, que son cerdos cuando no son príncipes, que todos van a lo mismo: a lo suyo en vez de a lo tuyo, ¡cuán egoístas!, tú en cambio siempre vas a lo mío, ¿a que sí, princesa?
Serán pánfilos, no se enteran de nada, serán zorros disfrazados de corderos, serán la repanocha o el objeto de tus desvelos. Los hombres son un mal, pero un mal necesario, te guste o te disguste, los adores o los maldigas. Están aquí para quedarse, son un mal imprescindible (¿no es así? Dime, ¿de qué hablas con tus amigas cuando no hay hombres delante?) y seguirán ocupando las pantallas mentales de tu cráneo hasta el primer embarazo o la menopausia. Hasta la menopausia y más allá que dijoLucy Lightyear. ¿O era Buzz? Es verdad, Lucy era la mona. Aunque te vistas de seda, mona te quedas.
Lucy
Estoy aquí para comunicarte una verdad desagradable: todo lo te han enseñado sobre los hombres en tus conversaciones con tus pares, lo que has leído en las revistas femeninas y aprendido en algunas películas románticas, es erróneo.
Verdades incómodas
En el principio…
Empezaré por el principio, amiga, (¿puedo llamarte «amiga», ahora que te sientes más cómoda en mi presencia y te estás ciscando en mis muertos?). Empezaré por el principio:
En el principio, creé los cielos y la tierra…
La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y mi espíritu se movía sobre la faz de las aguas…
Y dije«¡Sea la luz!», y fue la luz.
¿Pretencioso? ¿Me estoy pasando? ¿Acaso no soy un Dios solo por ser un hombre?
¿He captado tu atención?
Pues deja ese puto té verde con pastas y lee con atención lo que tengo que decir.
El té es para las mujeres de verdad, no para las niñas sin cerebro. Y hasta que no entiendas lo que he venido a decirte no tienes derecho a despegar tus ojos de esta página. ¿Capisci?
Así me gusta, que seas obediente. Necesitas una voz con autoridad en tu vida. ¿Acaso no te gustaban los hombres un poco canallas?
Sigamos.
Cómo NO captar la atención de los hombres
Crees que haces lo necesario para captar la atención, el favor y los recursos atencionales, materiales y afectivos del hombre que te gusta. Consultas las revistas, los blogs de chicas listas que te hacen sentir una mujer liberada de hoy en día, y todo lo que dicen resuena como cierto en tu corazón. Y sobre todo, confías en el juicio de las mujeres de tu grupo de referencia: crees que has de vestir así o asá, dejarte el pelo así o asá, hacerte la dura o la blanda así o asá, y crees que tu aspecto es el elemento fundamental para captar a un hombre, o, si eres más «espiritual», que todo depende de tener mucha autoestima y quererse mucho.
Por eso dedicas desde que tienes uso de razón a buscar la prenda que más te favorece a desfallecer por tu peso yel 80% de tu tiempo libre consciente a fantasear y diseñar tácticas y estrategias para seducir a tus víctimas ymantener tu control una vez que lo has conseguido.
Pero no te lo reconoces, no te lo reconoces porque todo lo que haces es por amor; y en el amor y en la guarra todo está permitido, te sale solo, porque sí. Te molesta ser objeto del engaño y la manipulación pero tú te pasas la vida manipulando tu aspecto para conseguir el favor de los hombres.
No estoy aquí para moralizar, soy un simple notario de la realidad. Soy del gobierno, estoy aquí para ayudarte. Lo que importa es lo siguiente: ¿Lo estás haciendo bien para alcanzar tus fines?
Pues sí, en parte lo estás haciendo bien. Tienes razón en una cosa: el atractivo físico es el elemento número uno en la lista de prioridades del hombre. La biología y la psicología evolucionaria te dan la razón. Si quieres dejar de leer pornografía emocional para mujeres (50 sombras de Paco, por ejemplo) y culturizarte, te recomiendo que leas un libro, un solo libro, que cambiará tu visión ingenua, diría que infantil, sobre las relaciones entre hombres y mujeres; ¿es pedir mucho que leas un libro?
Ese libro sustituiría con éxito la comida basura pseudopsicológica que llevas oyendo y leyendo toda tu vida.
Pero este artículo no es un tratado,este artículo es una llamada a las armas. A las armas de mujer. Y no son las que crees. No son SOLO las que crees.
Te señalo un grave error: te vistes o cuidas o adaptas tu personalidad para gustar a tu competencia, a tus «amigas», a tus conocidas.
Por supuesto, crees que te vistes para gustar a los hombres, pero si lo piensas bien sigues el dictado de la moda, de los modelos femeninos que te rodean y desperdicias gran parte de tu hacienda y tu tiempo en ello, en adaptarte al ideal de tus amigas y de las revistas femeninas.
Quizá me digas que no, que te vistes para «gustarte a ti misma», para sentirte bien. Entonces, si dices esto, tienes un gran problema, Houston, tienes un gran problema: no te conoces, no sabes nada depsicología femenina, te falta capacidad introspectiva, te falta la empatía con la persona que más lo necesita: tú misma.
Deberías buscar gustar al hombre que elijas, NO intentar estar a la altura de las mujeres con las que compites, ni aunque lo disfraces de «gustarte a ti misma». Este es tu primer error.
¿No me estoy contradiciendo? Por un lado te digo que el atractivo físico es lo fundamental, y por otro lado te digo que seguir los dictados de la moda y de tus competidoras es un error. ¿Por qué?
Cómo captar la atención de los hombres
Porque a los hombres les trae al pairo que estés a la última, que uses tal o cual marca de pantalón o de maquillaje o que seas un poco más elegante que tu vecina o tu amiga o tengas unos pechos algo más voluminosos. El atractivo físico para un hombre es una simple cuestión de mínimos, es un umbral o límiteque tienes que superar. Los amigotes suelen decir que no hay mujer fea sino falta de copas, todos sabemos que según pasan las horas de la noche bajamos los estándares…
Pero si estás buscando una pareja estable, el amor de tu vida, o simplemente «un» amor (y esto significa también estable), no vas a ir bares de copas yesperar a las cinco de la madrugada hasta que tu objetivo baje los estándares. Quieres que cuando te despiertes por la mañana, el dinosaurio siga estando allí y no haya huido quemando rueda porque tiene una cita urgente en San Petersburgo.
La industria de la moda y el marketing conspiran contra ti y te intentan convencer de que necesitas el cuerpo perfecto, los zapatos maravillosos, el bolso cool, los pantalones superajustados. Tus amigas y otras competidoras refuerzan ese concepto y te convencen de que para gustar tienes que gustarles: a ellas y al diseñador homosexual que no conoce mujer (en sentido bíblico). Si no, te critican, te vilipendian y dañan tu reputación.
Y no me digas que esto que digo es para mujeres vacías distintas a ti, porque ocurre lo mismo en cualquier grupo social: me da lo mismo que seas geek, que seas emo, que seas gótica o una chica progre creativa y liberada.
Nadie está exento de la influencia social. Nadie. Yo no lo estoy, tú no lo estás, ellas no lo están. En algunas mujeresserá la ropa, en otras será la conducta sexual desinhibida, en otras los viajes a lugares exóticos, pero todos nos guiamos por el estilo de vida que fabrican para nosotros las marcas y la cultura de nuestro nicho social.
Basta ya. Se acabó.
Tienes que gustar a un hombre de carne y hueso: un hombre que tiene unos estándares mínimos de atractivo, por supuesto, pero estos son mucho más simples de lo que crees: quiere que estés sana, que seas agradable, que estés razonablemente en forma, que estés viva en cuerpo y espíritu, no que seas una modelo de revista o tengas la técnica sexual de una oiran (temas a los que las revistas femeninas dedican el 90% de su espacio).
Y poco más necesitas desde el punto de vista del atractivo físico. Cada hombretendrá el umbral en un punto más o menos alto, pero pasado el umbral el atractivo deja de ser lo relevante en una relación con vocación de largo plazo.
Hay una gran verdad que quizá olvidas: los hombres son personas. No son simples animalitos simplones que hay que someter a tus encantos.
Los simples estamos de moda
Los hombres son personas con anhelos, con deseos, con creencias, sentimientos, con temores y vulnerabilidades y con curiosidad, no solo sexual, también intelectual. Quieren tener a su lado a una mujer con la que hablar y conversar, sorprenderse de cuando en cuando, y con la que aprender y sentirse a gusto.
Es cierto que la mayoría de los hombres parecen no buscar eso. Puede que no lo busquen porque se sentirían inferiores o porque no tengan mucha seguridad en sí mismo. Pero… este no es el tipo de hombres que deseas para ti. ¿Me equivoco? Por supuesto que no.
Lo más habitual es que los hombres no lo busquen, no porque no lo deseen, sino porque es difícil encontrarlo, porque es terriblemente extraño encontrar una mujer que no sea del montón.
Pregunta del millón: ¿qué haces para acicalar tu mente?
Y aquí está la pregunta del millón: ¿qué haces para acicalar tu mente? ¿Dedicas tanto tiempo a cultivar tu espíritu como el que dedicas a tu pelo o a tu trasero o a la ropa que vistes o las técnicas de manipulación psicológica que lees en el Cosmopolitan o el blog de turno?
Si quieres conquistar a un hombre necesitas más armas. El físico solo no te sirve. Necesitas ser interesante. Y para ser interesante tienes que interesarte por algo más que tu ombligo y tu tempestuosa (pero aburrida) vida emocional oafectiva.
Por ejemplo, ¿qué sabes de transhumanismo y la singularidado de Kierkegaard y el existencialismo o de tratamiento de residuos orgánicos o sobre el concepto de ikigai o sobre ciencias de la complejidad y urbanismo?¿Nada? ¿Algo?.
Transhumanismo
No importa que sepas de tal o cual disciplina en concreto, lo que importa es que seas una mujer inquieta que sienta curiosidad por lo que pase en el mundo y que pueda hablar e interesarse por un montón de temas más allá de los viajes, los lugares de moda, las comidas y quién se acuesta con quién.
Esa curiosidad se reflejará en tus palabras y tu estilo, yhará que el dinosaurio quiera despertarse en la cama de la dinosauria y quedarse un rato.
Conozco pocas mujeres que lean libros antes de salir de marcha, en cambio todas pasan horas arreglándose y cuidándose hasta el último detalle. ¿Por qué no lees más libros o haces más actividades creativas como calentamiento o preparación para el sábado noche?
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No lo haces porque nadie te dice que lo hagas, nadie te mira mal si no sabes quién es Karl Popper o si no sabes tocar el piano o si no dibujas un cuadro o si no escribes un blog o si no tienes ideas propias. La mayor parte de las veces crees que te sirve con ser simpática, sonreír y mostrar tus encantos físicos. Pero me temo que estos solo te servirán durante un tiempo, uno muy corto.
Hay una razón importante por la que nadie te exige que tengas una conversación interesante y seas interesante: no te lo dicen tus amigas y competidorasporque son en general mujeres normales, no te lo dicen tus amantes porque no esperan que seas su mejor amigo, no te lo dicen las revistas femeninas porque se quedarían sin lectoras, no te lo dicen las firmas de moda porque no sabrían quévenderte una vez que fueras una persona inquieta y curiosa que necesita muy poco o nada de dinero y de objetos físicos o viajes a Vietnam para sentirse viva.
Explorar el mundo es muy barato. Los libros están en las bibliotecas disponibles, la cultura es casi gratis, las causas sociales y políticas están ahí fuera, las conversaciones con gente interesantelas tienes a tu disposición, si empiezas a mirar más allá de lo epidérmico. Etc. Ya me sigues.
La respuesta: sé singular
Dicen que las mejores cosas de la vida son baratas. Sí, lo son, pero no son fáciles. Requieren esfuerzo.
Y este es mi reto para ti: conviértete en alguien singular con el que otro ser humano le guste conversar, sé algo más que un manojo de hábitos y una colección de lugares comunes.
Empieza a vivir para alguna causa elegida por ti, ocúpate por algo más que tu bienestar emocional o tu éxito o deséxito con los hombres, y un mundo nuevo aparecerá ante ti.
Interésategenuinamente por la realidad externa y serás interesante.
Puede que te quedes para vestir santos si sigues mi consejo. No lo descarto. Pero al menos serás alguien con quien apetezca tomar un café y mantener una larga conversación.
Y si lo piensas, ¿no es acaso el amor una larga conversación?
Tras tantos años escribiendo en este blog, era previsible que tarde o temprano tropezara, me acometiera la desazón, me atacaran las dudas y quisiera tirar todo por la borda.
A veces la vida te toma por sorpresa y te golpea sin piedad cuando menos lo esperas. Te creías inmune a ciertas debilidades, por encima de ciertas tentaciones, protegido de las tempestades…; pero desgraciadamente todo esto acaba un aciago día y quedas desnudo, inerme y derrotado por tu propia estupidez y tu soberbia, naufragando, una vez más, ante la sonora carcajada de los dioses.
Sin embargo, ahora que me arrastro en el cieno, intentando levantar la cabeza y no ahogarme, me encuentro con que poseo recursos y dones, algunos inesperados, acopiados lentamente a lo largo de años prescribiendo sabios y certeros consejos:
Cuando el camino se hace díficil, cuando la vida aprieta y amenaza ahogarme, cuando paseo mi triste estampa en la noche oscura del alma y no sé qué rumbo tomar, siempre puedo hacerme esta pregunta:
Son las 20:44. En solo cuatro minutos empieza el shabbat. Tengo montones de cosas que hacer; de hecho, me acabo de sentar delante del computador hace dos minutos.
Estoy tentado a trabajar dos o tres horas más. Después de todo, una golondrina no hace verano, por matar a un gato no te pueden llamar matagatos, hasta el mejor escribano echa un borrón.
No, mejor no. Ya me agitaré por todo lo que tengo que hacer el domingo.
De las quince personas que nos registramos en el experimento, por el momento solo tengo constancia de que ocho hayan llegado a esta cuarta semana.
Puede que alguno haya seguido por su cuenta, sin hacer comentarios en el blog, pero no tengo manera de saberlo; así que si alguno de los no mencionados sigue en el experimento, que me lo haga saber y le añado a la lista de resistentes a día de hoy:
Cristina
Melisa.
Verónica.
Marc (¿caído en combate? No nos han llegado noticias del campo de batalla en la última semana)
Artakyus
Elena (¿sigues?)
MaríaBlava
Homo Mínimus
Tres hurras por todos ellos:
Hip, hip… ¡Hurra!
(repitan dos veces más)
Y una oración por los caídos en la lucha. Nadie dijo que el camino del minimalismo fuera un lecho de rosas.
Terminaremos el experimento el próximo domingo 30 de junio de 2019 con los comentarios de los participantes (en la sección de comentarios de este artículo) y con un artículo-resumen final.
Paso a registrar mis resultados y luego los de Verónica, Melisa y Cristina (el burro delante para que no se espante).
Homo Mínimus
Esta semana ha sido parecida a la anterior. He respetado las horas de trabajo (8am – 8pm):
El resultado parece algo peor porque el martes entré en YouTube, pero fue por motivos de aprendizaje, no de ocio, así que las estadísticas son todavía mejor de lo que parecen.
Tengo catalogado YouTube como entretenimiento y en la versión gratuita de Rescue Time no me permite distinguir entre videos de youtube de entretenimiento y videos de aprendizaje o de trabajo.
En cuanto al shabbat digital, he vuelto a cumplirlo, no encendí el ordenador durante 25 horas (desde las 9 pm del viernes a las 10 pm del sábado) :
Melisa
Esta semana medí mi tiempo diario de uso del teléfono y no he superado la hora y media, ni siquiera durante los dos días feriados. Sigo intentando limitar la entrada a sitios web sobre noticias y similares. Esta semana estuve bastante autocontrolada, con excepción de una tarde en que usé mi tiempo de descanso para perderme en la web.
Me siento con fuerzas para afrontar la última semanita del desafío.
Creo que todos firmaríamos una hora y media de teléfono a la semana (bueno, yo no, porque no tengo smartphone y soy un ser de luz, pero me gusta empatizar con los mortales minimalistas que todavía no han alcanzado el satori).
¡Enhorabuena!
Nota: leí mal, entendí que era una hora y media semanal. Supongo que es muy difícil para la mayoría de la gente usar tan poco el teléfono.
Nota2: me pregunto cuánto será el uso diario del ciudadano medio.
Verónica
Esta semana he estado fuera de mi ambiente así que no puedo valorarla de igual manera que las anteriores. Estoy en casa de mis padres y no hay wifi, lo cual ayuda cuando estoy con el ordenador. El móvil no lo he usado demasiado para mi propio entretenimiento, ha sido más bien para consultar lo que mis padres querían que les buscase. Así que en tema desconexión estoy contenta.
El ambiente distinto distorsiona los resultados, no es lo mismo estar en el entorno controlado y predecible de tu domicilio que de viaje, en otra casa o de vacaciones.
Verónica hace un comentario y una pregunta muy interesantes al final de su resumen de la semana:
Eso sí, me he dado cuenta de que al final, la “necesidad” de estar entretenida me puede acabar llevando por otros derroteros.
Entiendo que Internet y los smartphones tienen una potencia increíble para succionar nuestra atención, pero siempre han existido lo que se consideran entretenimientos que no aportan mucho, que tienen capacidad de enganchar y que no nos llevan a dedicarles más tiempo del que quizás planeamos. Estos días he estado leyendo un poco compulsivamente porque me he enganchado a una serie de libros y el hecho de querer saber lo que va a ocurrir en la historia me ha hecho pasar mucho tiempo del día inmersa en su lectura. (Eso y quizás también el estar en otro ambiente en el que la rutina cambia.) ¿Consideráis que pueda ser, al final, una actitud parecida a pasar el tiempo viendo vídeos en Youtube o saltando de Instagram a Facebook en bucle?
Respondo a tu pregunta (y los lectores podéis responder también a Verónica en los comentarios de este artículo):
Sí, creo que es parecido, pero la diferencia es que los libros generan menos adicción (quitando a Don Quijote y otros). Yo he eliminado gran parte de las adicciones digitales, pero me sorprendo de cuando en cuando acumulando libros, leyéndolos compulsivamente, pasando de unos a otros.
Estoy contigo que la “necesidad de estar entretenidos” y la poca tolerancia con el aburrimiento o con el “que no pase nada” o con “el aguijón de los propios pensamientos” nos lleva a buscar una salida escapista.
Dicho esto, todavía hay grados: engancharse a Harry Potter o a ‘En busca del tiempo perdido’ no es lo mismo que engancharse a la bebida, las máquinas tragaperras o los programas del corazón en televisión.
Reconozcamos que somos humanos y propensos a las adicciones. La conciencia, como bien sabemos, es el principio (pero no la garantía) de la liberación.
Cristina
Cristina tiene controlado ya Twitter, supongo que ayuda que anunciara en Twitter que no se conectaba en un mes; pero todavía tiene dificultades con YouTube:
Sigo sin entrar en Twitter ni sentir necesidad de ello. Con YouTube, en cambio, es otra cosa. Es mi evasión favorita. Esta semana no aguanté hasta el viernes.El jueves por la noche, notablemente cansada, entré para distraerme durante 42 minutos.
Los fines de semana alterno el tiempo productivo ante el ordenador para estudiar y el uso plataformas altamente distractoras (durante menos tiempo) para descansos. Ahora la aplicación Rescue Time me ayuda a tener datos objetivos para tener un rastro fidedigno del tiempo que paso online.
Considero que RescueTime para ordenador de sobremesa o portátil y la aplicación para smartphone que nos recomendó Melisa, QualityTime, o Siempo, son herramientas fundamentales para desarrollar la conciencia y enfrentarnos a nuestros hábitos.
Hay una gran diferencia entre pensar que quizá estás demasiado en tu teléfono que saber con certeza que hoy consultaste 128 veces el móvil y que pasaste 15 horas y media en toda la semana pegado a él.
La parte final del resumen de Cristina es también muy reveladora sobre las razones por las que caemos en comportamientos compulsivos o impulsivos:
Pese a notar más cansancio por falta de ocio y descanso, dado que estudio y trabajo a la vez, no he tenido que llegar a aplicar ninguna medida radical como bloquear determinadas páginas webs ni nada similar. Creo que una vez pasados los exámenes descansaré más de la tecnología y podré hacer una desconexión digital más provechosa los fines de semana.
En periodos de estrés, solemos ser más vulnerables a las tentaciones. Unos se dan a la bebida y otros nos damos a YouTube, la procrastinación, Facebook o Twitter.
A Marc, según relataba en un artículo la semana pasada, le ocurrió exactamente lo mismo que a Cristina: la tensión de los exámenes le hizo caer en un pozo de postergación y consumo digital.
Esta semana, como era de esperar, ha sido mucho más fácil.
Mis resultados han sido mejores que la semana anterior. Respecto al tiempo de trabajo durante de la semana he cumplido casi por completo mi objetivo: nada de navegación gratuita ni búsquedas innecesarias durante el horario de trabajo (8:00 am – 20:00 pm):
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Mi mejor resultado ha estado en la observancia del Shabbat digital en el he que prescindido casi por completo del ordenador y otros medios digitales:
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Solo abrí el ordenador para consultar en goople maps la dirección de un evento al que acudía esa misma mañana. Un evento organizado por una conocida youtuber con más de dos millones de seguidores, pero por ser un encuentro en tres dimensiones no cuenta como consumo digital (espero).
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Cristina ha seguido en su línea y ha cumplido su compromiso. Transcribo parte de sus comentarios en relación al Miedo de Perderse Algo:
[…] No he extrañado Twitter y YouTube entre semana tampoco me está llamando. Solo tuve un breve momento de debilidad el martes por la tarde, cuando una amiga me envió por WhatsApp el enlace de un vídeo sobre Wim Hof. Como me asombra este holandés denominado Ice Man, estuve tentada de pulsar el enlace para ver el vídeo, pero finalmente me contuve sin tener que hacer demasiado esfuerzo. Lo aplacé hasta el fin de semana. Esta mañana fui al vídeo y lo quité a los pocos segundos porque ya lo había visto.
Esto me ha hecho darme cuenta de la sensación de urgencia que generan en nosotros las alertas y notificaciones de redes sociales y todo tipo de plataformas digitales en general. ¿De verdad es todo tan importante como parece? Casi nunca lo es. Pero ahora cobro conciencia de que he sido una presa fácil para el FOMO (fear of missing out, miedo a perdérselo). Mi calidad de vida ha mejorado desde que desactivé todas las notificaciones. Más atención, más paz.
Verónica ha mantenido su compromiso también esta semana y sorprendentemente no ha echado demasiado de menos los contenidos de Facebook o Instagram:
[…] ¡Hola a todos! Esta segunda semana se ha presentado más o menos como la anterior. No he echado realmente de menos los contenidos que me ofrecían Facebook o Instagram, y bueno, al no tener las cuentas, pues no he tenido tentaciones. Sí que he tenido algún momento de ansiedad y de bajón esta semana en el que he acabado echando mano del móvil o del ordenador, para calmarme en cierto modo, como si fueran mi chupete. Estaba pendiente además de que me llegara un correo y he estado entrando al correo con bastante frecuencia. Pero bueno, eran circunstancias especiales.
…
Así que me encuentro con el problema que se comentaba la semana pasada, de no tener claras otras opciones para no tirar por inercia hacia la pantalla brillante.
Me resulta interesante y sintomática la función de escape, de tranquilizador, de «chupete» que tienen los medios digitales; su ubicuidad e inmediatez son las que hacen tan tentadores y adictivos estos medios.
Son medios diseñados para succionar nuestra atención que apelan a nuestros temores, ansiedades y deseos de calor humano. A corto plazo, recibimos la ilusión de estar conectados y distraemos nuestras mentes de nuestros problemas más acuciantes, pero su función es meramente lenitiva: calman nuestra soledad sin curarla y terminamos retornando a la realidad cotidiana con los mismos problemas, pero más atontados.
Como contrapunto a los en general buenos resultados de los tres anteriores, pongo esta semana a Marc, que parece haber descarrilado en sus buenas intenciones:
La estoy liando parda con el experimento este de desconexión social. No lo estoy llevando a cabo e incluso me olvido de él. Es como si ya no creyera que puedo hacer algo.
Sentirse sin control sobre una situación no es agradable, y como más tiempo pasas con esta sensación, peor, porque te sientes como el elefante encadenado, y muchos momentos durante el día son un recordatorio de lo inútil que eres porque no puedes llevar a cabo aquello que te habías propuesto.
Esta semana (si todos los resultados de los exámenes son positivos) es mi ultimo examen del año escolar (yuhu!) pero me esta costando la vida estudiar. Es palo y simple procrastinación, pero estando distraído, tener el teléfono por ahí pues no ayuda.
El sentimiento de “tendría que estar estudiando” pero “hoy he mirado 59 vídeos en Youtube” es horrible. ¿Debería ser más responsable?
Voy a usar el teléfono móvil (un flipphone) y usar sólo el smartphone media hora durante el día. Que uno tiene que ponerse serio y empezar a hacer cosas.
Odio (pero no tanto) recalcar que yo ya había recomendado esta opción de eliminar el smarthpone como la mejor, pero está claro que nadie escarmienta en cabeza ajena. En todo caso, me gustará saber la próxima semana si Marc fue capaz de cumplir su decisión de consultar el smartphone solo media hora al día (mejor sería media hora a la semana o eliminar el smartphone completamente) .
Estoy contento en general por la evolución del experimento en estas dos primeras semanas, pero he de decir que me he sorprendido reaccionando con inusitado desprecio y extraña tristeza ante la forma en que la gente usa los medios digitales.
Ver, por ejemplo, mesas con cinco personas, presuntamente reunidas para conversar, donde tres de ellas consultan sus teléfonos y una sola escucha, me genera ahora un visible desprecio que tengo dificultades para ocultar.
La tristeza, y no el desprecio, me la generan otro tipo de escenas cotidianas donde los niños son los protagonistas.
[…] Otra curiosidad, esta mañana, en la radio, han dicho que el primer contacto que tienen los niños con la pornografía es a la edad de 8 años, y que con 14 ya la consumen con regularidad en sus teléfonos móviles. Me pregunto cuántos serán los niños así que ahora ya son adultos y consideran que tienen un problema. Las implicaciones son muchas.
Lo que tengo seguro es que los niños no van a salir indemnes de su contacto temprano con los teléfonos inteligentes y redes sociales. Teniendo en cuenta que en el mundo occidental más del 50% de los niños de 10 años ya tienen un teléfono, las perspectivas no son halagüeñas.
El registro de cualquier nuevo participante se puede hacer en la página de registro y compromiso público en este blog. Ahí tienes la forma de hacer de hacer el compromiso público y puedes inspirarte en los compromisos ya formulados. Como puedes ver, son todos muy diferentes y completamente personalizados (los define cada uno).
Por el momento, somos quince participantes. Los resultados en la primera semana son variables, a unos les ha ido mejor y a otros peor (mi caso, por ejemplo). De todos modos, el mero hecho de haberse atrevido a hacer un cambio importante en la vida ya es un éxito.
Es probable que muchos de los lectores de este blog no tengan problema alguno con las redes sociales y con el teléfono inteligente. La mayoría son gente concienciada y en comparación con el ciudadano medio estarán muy por encima en el uso saludable de dispositivos digitales.
Propuesta de experimento de concienciación digital
Sin embargo, siempre hay espacio para la mejora. Y en este blog estamos continuamente empujando nuestros límites. Por eso, para los que no deseen participar en el experimento, tengo una propuesta de toma de conciencia: ¿tienes idea del tiempo que pasas actualmente en las distintas redes y aplicaciones de tu teléfono inteligente? Haz una estimación en horas y en número de interrupciones diarias para consultar tu teléfono. ¿Mucho? ¿Poco?
Lo mejor es siempre buscar una medida objetiva. Para ello propongo estas dos opciones:
1.Para el teléfono inteligente, Melisa, una de nuestras participantes en el experimento y una de las personas más veteranas del blog, nos recomienda Quality Time:
[…] Por último, recomiendo descargar la app Quality time. Mide el tiempo diario que usamos cada aplicación y la cantidad de veces que desbloqueamos el teléfono. También permite bloquear el acceso de cierta aplicaciones durante el tiempo que decidamos. Funciona!
Esta aplicación mide el número de veces que accedes a cada red social y aplicación y te da estadísticas por hora, día y semana. Creo que podría ayudarte a tomar conciencia de tu uso y quizá desatar alguna alarma.
En el mejor de los casos, confirmarás tu uso moderado y saludable de redes y aplicaciones. En el peor de los casos (también bueno), te preguntarás si tiene sentido interrumpir tus actividades cien o doscientas veces al día para consultar el teléfono.
2. Para controlar lo mismo que en la aplicación anterior pero en el computador, la aplicación gratuita de referencia es RescueTime.
Recomendación artículo de Marc Martí
Tengo que recomendar un excelente artículode Marc con sus reflexiones sobre el experimento de desconexión y su intención de extenderlo a seis meses (!!!). Marc es tremendamente ambicioso además de ser minimalista y quiere reconfigurar completamente su relación con la tecnología digital.
Él, a diferencia de generaciones más viejas, ha vivido toda su vida inmerso en las redes y los teléfonos inteligentes y no sabe lo que era la vida antes de facebook, twitter y la conexión ubicua y constante. Los más viejos conocemos la diferencia, sabemos lo que es el aburrimiento y sus frutos en creatividad y desarrollo de la personalidad.
Él no ha tenido esa experiencia, pero se la puede proporcionar. Aquí uno de sus jugosos comentarios:
[…] Sé que esto puede requerir algunos cambios importantes (no solo logísticos) en mi día a día, pero considero que es importante. Como Cal comenta, yo estoy en el grupo de los iGen, la primera generación que ha crecido con esto, con la distracción constante, con los móviles pegados en las manos y realmente no hemos calculado bien el beneficio-coste. Quizás porque no podíamos. Hasta ahora.
Cada uno de nosotros, debe evaluar su relación con todo.Si alguien ya esta bien y no le quiere dar más vueltas me parece estupendo. Pero yo le he dado vueltas, pero quiero darle algunas más ahora. Quizás otra oportunidad, pero esta vez con más razón.
Marc ha escrito un gran artículo que demuestra que ha adquirido un grado de conciencia y determinación no solo infrecuente (extraño, diría yo) para su edad sino para cualquier edad en la sociedad digital actual.
Otra perla:
Creo que está en lo correcto. Y sé que es lo mismo que (me) está pasando con las redes sociales. No hemos evaluado ni podemos ser conscientes del cambio brusco que esto ha supuesto y ni nadie casi, hasta ahora, nos había dado herramientas para que, desde el autoconocimiento cada persona hiciera sus propias decisiones, creyendo que todo se podía resumir en un “simplemente, esfuérzate para usar tu teléfono un poco menos”.
Y esta es la razón por la que voy a dedicar seis meses a este experimento. No al experimento en sí, pero si al encontrar mi propia respuesta o método general, hasta al punto que otra discusión sobre lo bueno o lo malo de las redes sociales me parezca irrelevante, porque ya sé mi propia respuesta.
Marc es conocido de este blog, pero os voy a enlazar a un podcast que hicimos ya hace algún tiempo sobre la búsqueda de la atención de láser en la era de la distracción.
Palabras finales
Por último, deseo a todos los participantes que perseveren en el empeño esta segunda semana del experimento y que aprovechen los comentarios de este artículo para comunicar sus impresiones y solicitar consejo y ofrecerlo durante la semana.
Paso a resumir brevemente los resultados reportados por cuatro participantes del experimento público: Verónica, Marc Martí, Cristina y yo mismo.
Animo a los otros once participantes Artak, Abvy, Elena, Dweeko, Melisa, Tania, Gavroche, Ruth, Alberto, Marian y Alf a que dejen sus comentarios en el artículo Primera semana experimento público desconexión digital o en este mismo artículo.
Marc Martí
[…] Enga va, vamos a comentar, companieros. Esta semana empecé muy bien… hasta que después de una semana, entré en Twitter, por varias razones. Luego, ayer continué horas mirando vídeos de Youtube hasta irme a dormir. Hoy más de lo mismo (y quizás peor aún).
Puedo explicar las razones por las que pasó (que constituyen parte de la razón), pero esto es el pasado. He aprendido que los compromisos no son decir “voy a hacer algo sin fallar” sino que “voy a hacer algo, y si fallo, lo volveré a intentar”.
Aquí un interesante comentario final de Marc que nos hace concebir esperanzas:
[…] . Escribiendo este último comentario me ha hecho recordar algo muy simple: que somos humanos. Y con esto quiero decir que todos aquellos que estamos haciendo el proceso deberíamos ser conscientes que el cambio a veces no es rápido, que no somos robots y que simplemente debemos ser conscientes de aquello que nos aporta valor y continuar actuando hacia esa dirección. Debemos hacer el máximo esfuerzo pero si a veces fallamos, no es necesario extra-criticarnos, y simplemente, volver a empezar.
La parte final de su comentario me recuerda la analogía con la meditación: si uno se distrae, simplemente toma nota, gentilmente, amablemente, y retoma el objeto de su meditación. En nuestro caso, el objeto de nuestra prolongada meditación de cuatro semanas es estar mucho más conscientes del uso que hacemos de las redes sociales y demás distracciones digitales.
Homo Mínimus
Tenía dos objetivos: cumplir a rajatabla el shabbat digital y evitar entrar en internet para hacer búsquedas y ver libros durante el horario de trabajo (hasta las 8pm).
Mi sensación durante esta semana ha sido mala.
La noche del viernes entré a montón de videos en youtube sobre temas políticos. Gran error. El shabbat arruinado por mi estupidez. Además, durante el sábado estuve una hora en internet:
El resto de los días, aunque mantuve a raya en general en horas de trabajo la navegación web, cometí el error de mirar el blog y los comentarios, incluso un día al principio de la mañana. Craso error que va contra mi regla general de empezar el día sacando, no recibiendo inputs que me vuelvan reaccionante, por usar una metáfora tenística.
La aplicación RescueTime me ha ayudado a no engañarme. Los resultados globales en horas de trabajo han sido estos:
Verónica
Sus resultados han sido muy esperanzadores:
[…] Me había propuesto dejar mis redes sociales, Facebook e Instagram, y limitar el uso del móvil en general, y no utilizar ni móvil ni ordenador directamente a partir de las 19:30. Puedo decir que he conseguido mis objetivos. Si bien no ha sido una desconexión total porque he seguido usando internet en algún momento desde el ordenador, ha sido poco, dirigido por mí, es decir, no tragándome lo que el algoritmo me pusiera en el plato, y sin sentirme fuera de control.
Para ella, la mayor diferencia ha sido generada por eliminar sus cuentas en redes sociales, no simplemente limitando e intentando controlar su uso. Creo que hay que reconocer que somos humanos, que la carne y la mente es débil, y que la mejor opción, las más inteligente e humilde, es la de reconocer que nuestro autocontrol es muy limitado y matar el perro para evitar contagiarse de la rabia:
[…] Creo que la mayor diferencia con respecto a otros intentos ha sido que me haya atrevido a eliminar mis cuentas y no solo a intentar controlar mi uso de ellas, porque sé que en algún momento podría haber dicho: “voy a entrar, cinco minutitos nada más…” y de ahí a la perdición… Realmente no las echo mucho de menos como tales, por su contenido, digamos, sino más como una acción refleja a la que ya no tenía acceso
Cristina
Sus resultados han sido también muy positivos:
[…] Mi valoración de estos primeros días del reto es bastante positiva.
De Twitter ni me he acordado.
Además, improvisadamente, he subido la apuesta de mi compromiso empezando también a prescindir o reducir noticias de medios de comunicación. He suprimido mi suscripción a un podcast de actualidad política que escuchaba a diario y también he dejado de entrar en periódicos digitales.
Al final de su comentario, Cristina hace un comentario interesante sobre la necesidad de decidir previamente cómo llenar el tiempo liberado por la desconexión digital para así evitar caer en la pendiente resbaladiza.
[…] Respecto a Youtube, entre semana también lo he llevado bien. Mis obligaciones del día a día hacían que tuviera cosas que hacer prácticamente en cada momento. Por la noche no he sentido la tentación de ver algún vídeo para entretenerme.
Pero el viernes por la tarde y el sábado, sí. Es cierto que he hecho un uso bastante más moderado, pero reconozco que está siendo el terreno más resbaladizo. Esto me hace reflexionar sobre la importancia que puede tener en el éxito de un reto que consista en eliminar algo decidir si vas a sustituirlo por otra cosa o no. El vacío siempre tiende a llenarse. Supongo que por eso había que pensar en el reto qué íbamos a hacer con tanto tiempo libre. Si no, es más fácil acabar por llenarlo con lo anterior, ya que tienes esa inercia.
Quedan todavía tres semanas de experimento. Animo a quienes hayan podido sentirse inspirados por los testimonios de los experimentadores a que se registren y se comprometan públicamente e inicien esta nueva semana el experimento.
¿Qué puedes perder por una semana de experimento? ¡Solo tus cadenas!
¿Qué puedes ganar? Tu conciencia individida en las partes de la vida más importantes para ti y más de acuerdo a tus valores.
He tenido noticia recientemente de varias iniciativas de desconexión digital del trabajo en España y otros países europeos. Curiosamente, no en países asiáticos o en Estados Unidos, pero esa es otra historia.
La propuesta es que uno no debería estar sujeto a comunicaciones de trabajo fuera del tiempo oficial de trabajo, principalmente en fines de semana y noches, pero la iniciativa se extiende a cualquier momento en el que uno no esté presencialmente en la oficina. Quieren imponer por ley bajo sanciones y penas que un asalariado no pueda ser alcanzado digitalmente fuera del trabajo.
Me resulta curioso y sintomático de una sociedad de llorones, de perros de Paulov con indefensión aprendida y deseosos de amo, que se tenga que recabar el auxilio de la ley y el Estado para hacer una cosa que cualquiera puede hacer por sí mismo: apagar el móvil o el computador.
Si no quieres recibir mensajes, apaga tus trastos digitales. O al menos no los respondas. O comunica a tus compañeros y jefes que ellos pueden escribirte pero que no responderás en horas fuera de trabajo.
Se me dirá que el pobrecito trabajador no tiene opción y tendrá que hacer lo que le diga su jefe. Yo digo que sí tiene opción: irse del trabajo si su jefe o empresa no aceptan que no esté localizable o no responda hasta el día siguiente de trabajo. Al menos, puede negociarlo. Si no lo hace es porque para él no tiene tanto valor el ocio sin interrupciones y no disponible para las demandas laborales. Quiere ahorrarse la negociación y que sean otros los que impongan la ley a sus empleadores.
Lo mismo ocurre con la gente que dice no poder prescindir de su teléfono inteligente y su conexión wifi 24/7. Pueden hacerlo, es fácil desconectarse, terriblemente fácil: basta con no llevarse el teléfono cuando sales de casa o desactivar correo, redes sociales y demás. Los que no lo hacen es porque no valoran lo suficiente su tiempo sin estímulos digitales.
Vivimos en una sociedad de victimitas que no son capaces de tomar las riendas de sus vidas, que siempre esperan y exigen que sea el Estado y su coacción organizada los que le saquen sus castañas mentales del fuego digital.
De todos modos, aunque la iniciativa legal prosperara y consiguieran prohibir que un compañero o jefe se comunique con un trabajador, no creas que ese tiempo libre se va a dedicar a algo productivo vital o existencialmente, lo más probable es que lo dediquen a subir más fotos de comidas y a ver más videos de gatos, mientras sus hijos inatendidos e inatentos yacen delante de una pantalla viendo dibujos de Pepa Pig.
Al principio de la semana, el lunes, daré el pistoletazo de salida con un artículo para una nueva iteración del experimento. En ese artículo, en la sección de comentarios, los participantes podrán redefinir sus objetivos o añadir detalles y hacer comentarios durante toda la semana. También servirá para motivarnos mutuamente y buscar consejo o ayuda.
Al final de la semana, el domingo, en otro artículo, a la luz de mi propia experiencia y la de los otros participantes en el experimento, haré una revisión-resumen de las lecciones aprendidas, impresiones y experiencias de los participantes hasta el momento.
Repetiremos cuatro veces este ciclo.
Podrás empezar este experimento público y registrarte en la página correspondiente en cualquier momento durante estas cuatro semanas. De todos modos, cuanto antes mejor.
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
El compromiso de Cristina
1. Cristina.
2. 4 semanas, del 3 de junio al 30 de junio.
3. Los elementos de mi vida digital que van a estar en tela de juicio estas 4 semanas son 2, Twitter y YouTube.
4. a) Twitter: con esta red quiero hacer un ayuno digital completo. No accederé a mi cuenta de Twitter hasta el 30 de junio.
b) YouTube: idealmente, no accederé a YouTube en los 30 días. Pero esto me parece más complicado que Twitter, ya que muchas veces uso YouTube para oír música (esto tiene fácil solución con muchas otras opciones) o charlas y entrevistas, especialmente por las mañanas a primera hora mientras me preparo para salir de casa. Así que este es el tiempo máximo que me permitiré, si no puedo evitarlo. Suele ser una media hora y el hecho de tener que salir de casa me sirve de límite seguro, un cortafuegos. Estará absolutamente prohibido por la noche que es cuando tengo riesgo de perder la noción del tiempo.
El tiempo que libere de estas plataformas lo dedicaré a estudiar e intentar estar más presente.
5. El motivo de las renuncias son:
a) Twitter: muchísimo ruido mediático.Creo que se aplaude más alto al que da el mejor “zasca”. Está muy lejos de ser una plataforma para intercambiar opiniones de manera respetuosa. Cada vez veo menos utilidad en ella y me planteo dejarla tras el experimento. Además, me doy cuenta de que muchas veces entro ahí sin un motivo definido, sino a vagar más tiempo del que inicialmente planeaba por el timeline para ver qué dice la gente.
b)YouTube: la descontrolada pérdida de tiempo que me supone. Esta plataforma de vídeos es la que tiene un mayor poder adictivo para mí. Suelo usarla para tomarme algún descanso del trabajo/estudios con algún vídeo breve. Pero el problema es que un vídeo acaba llevando a otro vídeo… Admito avergonzada que soy una presa fácil de los algoritmos y vídeos recomendados. Seguramente me dolería saber cuántas horas de mi vida he pasado en YouTube.
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
El compromiso de Gavroche
1-2 Hola, me llamo Gavroche y me propongo asumir el reto durante el mes de junio (aunque en el fondo espero que el cambio de hábitos sea definitivo).
3-4-5. No tengo Facebook, Twitter ni Instagram (phew!), pero soy adicta a los periódicos digitales. Paso mucho más tiempo del que desearía navegando de noticia en noticia, y ni siquiera estoy bien informada, pues las leo por encima, sin profundizar en los contenidos. El tiempo que malgasto “poniéndome al día” con la actualidad se lo robo a la lectura de ensayosque realmente me apetece leer.
Así que ese es mi objetivo: dejar de deambular sin rumbo por los sitios de noticias y terminar al menos tres de los libros que tengo en cola antes de que termine el mes. También me gustaría dejar de llevarme el móvil al cuarto de baño y a la cama, aunque esto último va a ser más complicado porque escuchar audios monótonos y aburridos me ayuda bastante a conciliar el sueño. En fin, poco a poco. ¡Buena suerte a todos mis compañeros!
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
El compromiso de Homo Mínimus
1. Hola, soy Homo Mínimus.
2. Mi experimento durará del lunes 3 de junio al domingo 30 de junio, cuatro semanas.
3. Practicaré el Shabbat digital (política estricta de cero pantallas en el Shabbat).
El resto de los días (todos menos en el shabbat) mi política de navegación web es restringir la entrada en páginas web hasta las 8 pm. Esta es mi línea roja. Esta prohibición incluye: correo electrónico web, blog Homo Mínimus, otros blogs, YouTube, bajada de libros electrónicos, amazon.es, amazon.com, periódicos digitales, podcasts.
4. Como excepción al Shabbat digital, permito usar el libro electrónico en Shabbat, pero estrictamente para leer libros de literatura o de temática religiosa, espiritual o existencial, nada relacionado con el trabajo o los estudios. No me permito tampoco entrar en la Wikipedia ni en la tienda Kindle para consultar más libros.
Me permito ver el viernes por la noche alguna película previamente elegida en compañía. También me permito entrar en la página sefaria.com para leer un fragmento del Talmud o en cursos online sobre temas permitidos en el Shabbat y que no sean profesionales ni de trabajo ni pertenezcan a ningún proyecto intelectual que desarrolle durante la semana.
En cuanto a la política de navegación web, solo me permitiré entrar fuera del horario señalado para seguir con los cursos online que tengo en marcha. Como es seguro que necesitaré entrar para buscar libros, artículos, referencias, etc., pero al mismo tiempo no quiero perder una cantidad absurda de tiempo en búsquedas y disperso (estrategia que uso para evitar el trabajo duro, el más eficaz también), tomo nota en un papel de cada búsqueda necesaria según vaya surgiendo y solo al final del día, a partir de las 8 pm, me permito hacerlas. Tendré el incentivo de la cena y volver a casa para que estas búsquedas y lecturas online se acaben lo antes posible.
Para reforzar esta política, dejo la consulta del correo electrónico vía web también para las 8 pm y así evitar tentaciones de saltar del correo a algún vínculo o referencia interesante o lanzarme a responder un correo electrónico que puede esperar o que aunque no sea respondido interfiera con mi foco generando interrupciones internas.
Como algunos días acabo antes de las 8 pm, dedicaré el tiempo sobrante a la contemplación, los paseos o las conversaciones tranquilas. Una vez más, solo a las 8 pm me estará permitido entrar en la web.
Las pausas tácticas y los descansos estratégicos durante el día no podrán en ningún caso dedicarse a entrar en páginas webs.
Para monitorizar mi grado de cumplimiento usaré el programa RescueTime en su versión gratuita; es más que suficiente para saber cómo empleo mi tiempo en web y aplicaciones en el portátil.
Para bloquear webs usaré el complemento de google Chrome Block Site. Es fácilmente desactivable pero es una barrera más que pongo a las distracciones.
Usaré un folio de papel para anotar las búsquedas y entradas a web pendientes. Los artículos que quiera leer van a una carpeta especial de pendientes de leer. Si quiero leer artículos necesarios para el trabajo, asignaré un bloque de tiempo exclusivo el día anterior.
Semana a semana iré informando de la evolución del experimento y las lecciones aprendidas. También intentaré ayudar a las personas que se han inscrito en este experimento público y compartir experiencias con ellos en la página habilitada Experimento público desconexión digital.
5. Elijo este experimento por varios motivos:
A) Quiero reforzar mi ritual más importante, elShabbat. Existe el peligro de contaminarlo con la navegación web, aunque sea por motivos legítimos.
B) Habiendo ya eliminado redes sociales, teléfono inteligente y navegación al azar en páginas web, mi próximo desafío está en aprovechar mejor mi jornada de trabajo desarrollando una concentración de láser en una pocas actividades de alto valor. La búsqueda en internet y las lecturas de artículos al azar son por término medio actividades de bajo valor, requieren poca energía y amenazan mi concentración, por lo tanto las relego al final del día para desactivar sus efectos negativos y el peligro real de que actividades profesionales e intelectuales de bajo valor desplacen o expulsen a actividades de mayor valor (ley de Gresham de la productividad) .
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
El compromiso de Verónica
1-2. Hola, soy Verónica y me propongo desconectar desde mañana, 3 de junio, hasta final del mes.
3. He decido desactivar mis cuentas de Facebook y de Instagram. También limitar el tiempo de uso del ordenador y del móvil.
4. Cada día usaré el móvil un máximo de 40 minutos. Tengo un programa que hace un seguimiento del tiempo de uso que hago. Intentaré que sea menos tiempo pero no quiero limitarme tantísimo porque el móvil lo puedo usar para otras cosas aparte de navegar… Trabajo en casa, con el ordenador, pero usaré un bloqueador de aquellos sitios webs que son mis agujeros negros para no caer en ellos mientras trabajo. No podré usar el móvil ni en el baño ni en el dormitorio. E intentaré que no sea necesario usar ni ordenador ni móvil a partir de las 19:30.
El tiempo que gane espero ser capaz de aprovecharlo en hobbies que tengo abandonados además de en leer y cocinar. Esos ratos de espera en los que recurro al móvil, intentaré sobrellevarlos sin tener que hacer nada o leyendo.
5. He intentado varias veces reducir mi consumo diario de contenido digital pero acabo cayendo siempre en la misma dinámica, así que tengo que reconocer que si quiero hacerlo y no puedo es porque tengo una adicción. Quiero ese tiempo de vuelta y quiero evitar las emociones y estado de desconcentración que me provoca este exceso de exposición pero a la vez me da miedo no estar al día, no enterarme de nada, etc… Siendo realistas, tampoco es que lo que me vaya a perder sea vital así que voy a probar algo más drástico que de costumbre y espero que tener la posibilidad de rendir cuentas me pueda ayudar…
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
El compromiso de Tania
1. Soy Tania y soy adicta a internet.
2-5. Primero los blog, luego Facebook, luego YouTube, ahora Instagram… Esto me ha llevado a tener muchos problemas en el trabajo, pq en vez de trabajar me pongo a ver cosas por internet, muchas veces cosas que tienen que ver con la productividad en el trabajo, absurdo, he ignorado a mis hijos y a mi pareja para ir a YouTube canales de otras familias y sus hijos; absurdo y así podría continuar pero me da hasta vergüenza. Estoy haciendo terapia pq por supuesto detrás de algo así hay un problema detrás. Me ha parecido un buen momento para hacer este experimento.
Yo voy a intentar nada de YouTube, nada de redes sociales e incluso limitar cualquier búsqueda en Internet a no ser que no haya forma de encontrar respuestas por formas tradicionales o sea algo importante (que lo dudo)
Mantendré WhatsApp ya que los grupos y la gente que tengo interactúa de una forma muy aceptable.
Al día me meteré por aquí y pondré mis impresiones.
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
El compromiso de Melisa
Tu nombre o apodo: Hola, soy Melisa.
Cuándo inicias el experimento: el lunes 3/6.
Qué elementos de tu vida digital o mediática has decidido eliminar: la consulta de periódicos digitales, sitios de comercio online y similares.
Cuáles son las condiciones específicas de tu experimento:
durante mi jornada laboral me comprometo a no chequear el celular cada vez que tenga un momento ocioso. En cambio, voy a intentar estar más presente y consciente.
por la tarde no usaré el celular para chequear sitios web y ocuparé ese tiempo para meditar y para dormir una siesta breve antes de continuar con mis actividades.
por la noche, continuaré dándome el permiso de chequear Facebook siempre que haya cumplido antes con todos los hábitos diarios autopropuestos. Vengo haciendo esto desde hace bastante tiempo con muy buenos resultados.
5. Por qué eliges esta renuncia: porque aunque logré eliminar gran parte de este tipo de distracciones de mi vida sigo notando el gran impacto que tienen sobre mi mente los chequeos periódicos (y de forma inconsciente) a sitios web.
Un poco sobre mi situación actual:
Personalmente, decidí vivir sin televisor desde hace dos años y mi calidad de vida mejoró muchísimo. No lo extraño ni lo necesito.
Momentáneamente estoy sin conexión wifi en casa. Me mudé hace un mes y todavía no siento la necesidad de dar de alta el servicio.
Pienso que gracias a este experimento tal vez pueda continuar así hasta fin de junio. Aunque confieso que se me está haciendo dura la vida sin spotify.
Por último, recomiendo descargar la app Quality time. Mide el tiempo diario que usamos cada aplicación y la cantidad de veces que desbloqueamos el teléfono. También permite bloquear el acceso de cierta aplicaciones durante el tiempo que decidamos. Funciona!
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo este guión:
Tu nombre o apodo.
Cuándo inicias el experimento (idealmente, el lunes 3 de junio) de cuatro semanas (hasta el 30 de junio). Pero podrás incorporarte en cualquier momento durante las cuatro semanas.
Qué elementos de tu vida digital o mediática has decidido eliminar. Por ejemplo: el uso de WhatsApp, la opción nuclear (para los que gusten de emociones fuertes: eliminación del smartphone), el consumo de películas o periódicos digitales o en papel, o todas las redes sociales o alguna en concreto que te genera menos valor e interfiere más con tu vida. Tú decides.
Cuáles son las condiciones específicas de tu experimento: en qué franjas horarias o para qué actividades haces excepciones, si es que las haces; cómo vas a llenar el tiempo libre casi oceánico del que vas a disponer en estas cuatro semanas, por ejemplo: qué harás cuando estés en el autobús aburrido sin nada qué hacer o qué harás por las noches si no ves la televisión o las series, etc.
Voy a iniciar este experimento tal cual está propuesto, desde el 3 de junio hasta el 30.
Voy a eliminar el uso de Twitter e Instagram, Youtube, las series y el anime. En cuanto a las tres primeras, restringiré su apertura a enlaces de interés que me envíe mi entorno (véase que sigo conservando medios de comunicación como Whatsapp y Telegram), aunque borraré las aplicaciones de mi teléfono para no sentir la urgencia. Solo podré ver un capítulo al día, sea de lo que sea.
Mi tiempo libre irá principalmente dirigido a convivir con mis propios pensamientos, meditar, y volver a alcanzar un nivel en el que me encontraba a gusto conmigo mismo sin necesidad de estar entretenido todo el rato. También aprovecharé para darle un impulso a mi lista de libros pendientes, avanzar en mis estudios y dedicarle un rato (si no diario, semanal) a la escritura.
Esta renuncia es algo que llevaba planeando durante algunos días hasta que me topé con el post. Últimamente he estado saturado de contenido multimedia, a todas horas y en cualquier lugar. Por más series o animes que vea, más crece mi lista de pendientes. Twitter y Youtube se transformaron en un círculo vicioso que podía captar mi atención tanto en el autobús como en la cama a las dos de la mañana. He llegado a cerrar Twitter para volver a entrar a Twitter. En caso de recaída, me marcaré una raya y empezaré de nuevo. La meta, como he dicho antes, es abandonar la dependencia hacia contenido ajeno y volver a sentirme entero conmigo mismo.
Saludos!
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo este guión:
Tu nombre o apodo.
Cuándo inicias el experimento (idealmente, el lunes 3 de junio) de cuatro semanas (hasta el 30 de junio). Pero podrás incorporarte en cualquier momento durante las cuatro semanas.
Qué elementos de tu vida digital o mediática has decidido eliminar. Por ejemplo: el uso de WhatsApp, la opción nuclear (para los que gusten de emociones fuertes: eliminación del smartphone), el consumo de películas o periódicos digitales o en papel, o todas las redes sociales o alguna en concreto que te genera menos valor e interfiere más con tu vida. Tú decides.
Cuáles son las condiciones específicas de tu experimento: en qué franjas horarias o para qué actividades haces excepciones, si es que las haces; cómo vas a llenar el tiempo libre casi oceánico del que vas a disponer en estas cuatro semanas, por ejemplo: qué harás cuando estés en el autobús aburrido sin nada qué hacer o qué harás por las noches si no ves la televisión o las series, etc.
Por qué eliges esta renuncia
El compromiso de Elena
Hola soy Elena
He decidido incorporarme al experimento a partir del lunes 3 de Junio hasta el domingo 30 de Junio.
Los elementos que he decidido eliminar son, twitter, periódicos digitales, páginas de compra (amazon, mercado libre, kichink, etc.) y Facebook.
No entrare, sin excepción, a checar periódicos digitales, páginas de compra y twitter. Entrare a Facebook solo cuando haya alguna transmisión en vivo o noticias de mi mamá que anda de paseo.
Deje de usar el Facebook hace casi dos años, porque me quitaba mucho tiempo y al final me dejaba un sentimiento de vacío. Comencé a utilizar el twitter hace un año porque me divertían muchísimo los comentarios que hacían durante los debates para elecciones presidenciales en México del año pasado. Nunca había usado el celular para meterme en las redes sociales en casa, no quería que mis hijos me vieran pegada al celular, pero sin darme cuenta poco a poco lo he ido usando más y mis pequeños ya me han hecho los comentarios pertinentes, antes lo último que veía antes de dormir eran sus caritas y ahora es un último vistazo al twitter. He hecho muchas compras innecesarias, deseado tantas otras y metido en problemas, por mi diario navegar por las páginas de compras. Y por último la peor manera de comenzar mi día laboral ha sido los últimos años, llegar a dar un vistazo rápido a los principales periódicos digitales y después sentirme abrumada durante el día. Lo que pienso hacer con mi tiempo libre, es poner más atención en mis pequeños, estudiar lo que tengo pendiente y volver a leer libros en el transporte público. Llevaba días masticando el asunto, así que la propuesta a experimentar me cae como anillo al dedo. Gracias.
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo este guión:
Tu nombre o apodo.
Cuándo inicias el experimento (idealmente, el lunes 3 de junio) de cuatro semanas (hasta el 30 de junio). Pero podrás incorporarte en cualquier momento durante las cuatro semanas.
Qué elementos de tu vida digital o mediática has decidido eliminar. Por ejemplo: el uso de WhatsApp, la opción nuclear (para los que gusten de emociones fuertes: eliminación del smartphone), el consumo de películas o periódicos digitales o en papel, o todas las redes sociales o alguna en concreto que te genera menos valor e interfiere más con tu vida. Tú decides.
Cuáles son las condiciones específicas de tu experimento: en qué franjas horarias o para qué actividades haces excepciones, si es que las haces; cómo vas a llenar el tiempo libre casi oceánico del que vas a disponer en estas cuatro semanas, por ejemplo: qué harás cuando estés en el autobús aburrido sin nada qué hacer o qué harás por las noches si no ves la televisión o las series, etc.
Por qué eliges esta renuncia
El compromiso de Abvy
1.- Hola, soy Abvy.
2.- Inicio el Lunes 3 de Junio al 30 de Junio 2019.
3.- Quiero iniciar el experimento porque el uso Facebook y Youtube desde hace años noto de interfieren con mis actividades, he intentado reducir el tiempo de uso siempre fallando el mismo día o solo olvidando que lo haría. Cuando me pongo limite de uso no lo respeto llegando a extenderme hasta 4 hrs más de lo acordado; sin ningún beneficio he visto imagenes o videos de personas que ni siquiera veo personalmente en años o que ni conozco, dando y esperando Likes…para que ?…
Estoy iniciando cambios a habitos más saludables y este puede ser uno de ellos, me motiva saber que hay más personas que tambien lo intentarán casi al mismo tiempo.
4.- Mis condiciones son: sólo usar Facebook media hr por la noche y Youtube en cualquier momento del día, pero solo una vez, 1 hr máximo.
5.- Yo quiero esta renuncia para volver a retomar actividades que he relagado a pesar de ser más importantes o que aportan mayor beneficio a mi persona. Quiero tiempo suficiente para descansar, dormir bien, ya no llegar al trabajo desvelada por estar usando redes en madrugada, también así tendre tiempo para mantenerme en movimiento, hacer más ejercicio y tener menos sedentarismo y a su vez, menos riesgo de enfermedades.
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo este guión:
Tu nombre o apodo.
Cuándo inicias el experimento (idealmente, el lunes 3 de junio) de cuatro semanas (hasta el 30 de junio). Pero podrás incorporarte en cualquier momento durante las cuatro semanas.
Qué elementos de tu vida digital o mediática has decidido eliminar. Por ejemplo: el uso de WhatsApp, la opción nuclear (para los que gusten de emociones fuertes: eliminación del smartphone), el consumo de películas o periódicos digitales o en papel, o todas las redes sociales o alguna en concreto que te genera menos valor e interfiere más con tu vida. Tú decides.
Cuáles son las condiciones específicas de tu experimento: en qué franjas horarias o para qué actividades haces excepciones, si es que las haces; cómo vas a llenar el tiempo libre casi oceánico del que vas a disponer en estas cuatro semanas, por ejemplo: qué harás cuando estés en el autobús aburrido sin nada qué hacer o qué harás por las noches si no ves la televisión o las series, etc.
3-4. Las limitaciones en mi experimento van a ser las siguientes:
Me voy a permitir seguir usando las redes sociales y similares en mi ordenador durante 30 minutos. Voy a usar un bloqueador para el resto del tiempo. Esto es algo que he estado haciendo y sé que funciona.
Voy a programar mi teléfono móvil al estado de máximo ahorro de energía, que te fuerza a limitar a 8 las aplicaciones que puedes usar. Entre ellas no estará Internet ni ninguna red social, solo aquello que necesito. Estoy seguro que hacer esto va a reducir considerablemente las horas que paso con mi móvil.
Considero necesario mencionar que en el caso que haga un “recaiga” de algún modo, me levantaré y lo volveré a intentar. No quiero partir de una mentalidad de que tengo cosas a perder si fallo, sino que tengo mucho a ganar si así lo intento.
5. Hago esta renuncia por la simple razón que no me siento en control de las redes sociales que uso, y estoy seguro que beneficiaré de la cantidad de tiempo que tendré para dedicar a otras actividades o simplemente a dormir y descansar más. Y lo más importante, dejaré de ser como aquella nariz pegada a un hombre pegada; en este caso, aquél smartphone pegado a un hombre. Necesito volver a escuchar el silencio.
Cuándo inicias el experimento (idealmente, el lunes 3 de junio) de cuatro semanas (hasta el 30 de junio). Pero podrás incorporarte en cualquier momento durante las cuatro semanas.
Qué elementos de tu vida digital o mediática has decidido eliminar. Por ejemplo: el uso de WhatsApp, la opción nuclear (para los que gusten de emociones fuertes, la explico más abajo), el consumo de películas o periódicos digitales o en papel, o todas las redes sociales o alguna en concreto que te genera menos valor e interfiere más con tu vida. Tú decides.
Cuáles son las condiciones específicas de tu experimento: en qué franjas horarias o para qué actividades haces excepciones, si es que las haces; cómo vas a llenar el tiempo libre casi oceánico del que vas a disponer en estas cuatro semanas, por ejemplo: qué harás cuando estés en el autobús aburrido sin nada qué hacer o qué harás por las noches si no ves la televisión o las series, etc.
Por qué eliges esta renuncia
Después de la inscripción y el compromiso público en los términos apuntados arriba, escribiré un artículo-resumen con los compromisos de todos los inscritos.
Durante la duración del experimento, podrás ir escribiendo tus impresiones, dificultades y descubrimientos en la página del experimento con el fin de motivarte y motivar a los demás a perseverar en el empeño.
Al final del experimento, podrías incluir un pequeño informe. Yo recopilaré las experiencias y lecciones aprendidas y las resumiré en un artículo final.
A partir de ahí, en función de los resultados del experimento, podrás darlo por terminado o decidir incorporar algunas de las renuncias y cambios en tu consumo digital a tu vida.
Condiciones del experimento
Comienzo: lunes 3 de junio de 2019.
Duración: cuatro semanas, hasta el domingo 30 de junio 2019.
Durante cuatro semanas haremos un experimento de renuncia a toda o parte de nuestra vida digital.
Los candidatos para este ayuno digital con vocación de permanencia son varios; la opción que recomiendo, aunque casi nadie tendrá los bemoles para seguirla, es la opción nuclear: eliminación del teléfono inteligente sustituido por un teléfono idiota con solo llamadas. Podrías hacerte con un teléfono tonto o simplemente capar todas las aplicaciones y redes sociales de tu teléfono móvil.
Dirás que esto es ilusorio, inviable, utópico, etc. No, no lo es, y yo soy la prueba viviente: jamás he tenido un teléfono inteligente y funciono desde hace décadas con un teléfono extremadamente torpe que solo es capaz de enviar y recibir llamadas y mensajes de texto. Esta es la opción que recomiendo para el experimento porque es la que contribuirá de manera más dramática a cambiar tu concepción de lo posible y lo imposible.
Hay otras opciones más conservadoras que no necesitan tantos redaños pero que son francamente desafiantes para la mayoría de los bípedos implumes: por ejemplo, bloqueo y renuncia de redes sociales como WhatsApp, twitter, Instagram, Facebook.. Incluso, el mismo correo electrónico consultado compulsivamente por mucha gente a lo largo del día podría ser un candidato para este ayuno y desconexión.
El experimento de renuncia digital también podría aplicarse a servicios de distribución de contenidos de alto poder adictivo como por ejemplo YouTube o Netflix o sitios de noticias o cualquier otra plataforma similar. Mucha gente que llena sus horas de ocio con la comida basura de la televisión tradicional a la manera de gallinas que reciben su pienso (contradicción en los términos) diario de lo que sea que echen haría bien en apuntar a la televisión como objeto del experimento.
Los más modernos, que tienen plataformas digitales de pago, podrían considerar si los centenares de horas que dedican a lo largo del año viendo series en modo adictivo-compulsivo son el legado que quieren dejar para la posteridad. Muchos solo podrán escribir en su tumba: “Dediqué 73 noches de mi vida a lo largo de 7 años a seguir la serie Juego de Tronos; las noches de esos años que no vi Juego de Tronos vi Breaking bad, Perdidos, True Detective… y un largo etcétera”. Triste epitafio.
Si quieres conocer la experiencia de alguien que ya no ve cine ni series por las noches y motivarte a emularle, puedes leer el artículo de Anca Balaj sobre su renuncia a la televisión y las películas. Su experimento convertido en una forma de vida ocurrió de manera casual cuando un buen día se le estropeó la televisión y decidió no repararla ni comprar otra. Transcribo un extracto, el resto del artículo puedes leerlo en su blog.
¿Cómo es posible que, sin utilizar nunca la televisión por las mañanas o por las tardes éstas también sean diferentes? La respuesta es simple: silencio y descanso. La televisión, la radio o incluso las películas o series vistas en Internet producen nerviosismo. Aquí hay algunas explicaciones científicas, pero yo voy a hablar de mis percepciones en esta semana.
En mi casa ya no hay voces estridentes, mujeres llorando, gritos de personas asustadas, bombas o coches que explotan, sirenas de la policía, etc. En mi casa nadie mata a nadie. Nadie sufre. Y no hay conflictos que atender. Las películas (y toda historia que se precie) tienen como motor el conflicto, es decir, el deseo de alguien que entra en conflicto con el deseo de otro alguien y que queremos saber cómo acabará resolviéndose. Esto mantiene nuestra atención pero también nos provoca tensión. Así pues, cuando estamos viendo una película o una serie, estamos viviendo (creando en nosotros) esta tensión. La próxima vez que veas una película, despégate del argumento por un momento y revisa tu cuerpo, observa si estás relajado/a o tenso/a.
Dejando aparte las estridencias sonoras y las emociones dramáticas que se recrean, hay otro factor muy importante, tal como explica el artículo que he enlazado más arriba: el ritmo con el que se suceden las cosas en una película es vertiginoso, en una hora y media ocurren acontecimientos que en la vida real tardarían semanas, meses o años en producirse, con el estrés mental que esto nos supone. También la técnica usada es importante, pues hay gran interés por parte de los autores de atraer nuestra atención y mantenerla hasta el final.
Todo este nerviosismo provoca ansiedad. La rapidez de los estímulos nos crea dependencia de nuevos estímulos y así es cómo acabamos aumentando nuestra dependencia de otros aparatos que puedan proporcionarnos estos estímulos cuando ha acabado la película o incluso de maneara simultanea. Y cuanto más estimulo, más necesitamos y más se sube el ritmo en las películas de reciente creación (compara el ritmo de una película de los años 40 con el ritmo de una actual; ¿ha tenido tiempo nuestro cerebro de evolucionar de la misma manera?).
¿Cómo elegir el tipo de desconexión digital?
Tú sabes o al menos intuyes qué parte de tu vida digital es contraproducente para tu salud mental o para tu eficacia profesional o para la calidad de tus relaciones personales. ¿Hay alguna red, algún artilugio digital, alguna plataforma tecnológica de distribución de contenidos de alto poder adictivo cuya renuncia podría contribuir a mejor tu bienestar vital y liberar tiempo y atención para destapar y desarrollar potencialidades?
Tú conoces tu fuerza de voluntad, tu afán de exploración y las facturas que los medios digitales están pasando a tu vida, por eso este experimento es flexible, no es el mismo para todos, la filosofía y motivación es la misma pero las condiciones de aplicación son elegidas por ti.
Recomiendo la opción nuclear (=teléfono estúpido con solo llamadas y mensajes tradicionales de texto, no vale WhatsApp) , y si no puedes o no quieres aplicar la opción nuclear, decide qué elementos eliminas, por ejemplo: Facebook o WhatsApp o YouTube o una combinación de ellos.
Recomiendo que tu eliminación abarque las cuatro semanas las 24 horas del día; pero una vez más, puedes decidir abrir una ventana al día para consulta de medios digitales, una hora o media hora o simplemente decir que no usarás esos medios más que por las noches o usarlas para un determinado fin en exclusiva, por ejemplo , por motivos de trabajo.
Lo más fácil de gestionar es eliminar todo y durante todo el tiempo, pero tú solo conoces tus circunstancias y limitaciones.
Eres libre de elegir tus cadenas o de cambiarlas por otras
Soy consciente de que tienes la sensación de que el uso o no uso de medios digitales, WhatsApp, Facebook, correo electrónico o las series no es una opción; después de todo “esto es lo que hay, no puedo luchar contra la corriente” o bien “en mi trabajo es imposible decir que no a las redes sociales y usamos WhatsApp para comunicarnos” o bien “sin Facebook no puedo hablar con mis familiares de Perú o Argentina” o bien “sin un móvil no puedo calmar a mi niño de dos años mientras come o cuando salimos de casa” o bien “me siento vacío si no me relajo por la noche con un episodio de sexo y violencia de Juego de Tronos”, etc.
Pero la buena nueva que vengo a traerte y que te incito a seguir es que hay opción , que eres libre para decidir tu uso, abuso y desuso de los medios digitales. Este experimento te ayudará a descubrir qué es posible, y sobre todo a saber qué se siente cuando uno deja de ser una miserable rata de Skinner sometida a los refuerzos intermitentes de los likes y las últimas frases graciosas y gilipolleces de la línea de Twitter o el muro de Facebook.
He dedicado toda una serie de artículos en este blog a los peligros de las tecnologías digitales. La he llamado serie Neoludismo. Los luditas fueron obreros de telares en Inglaterra que en los comienzos de la revolución industrial quemaban telares y aterrorizaban a sus propietarios como amenaza y represalia ante la pérdida de sus trabajos sustituidos por máquinas.
El filósofo cínico Diógenes de Sinope fue nombrado el Santo patrón del minimalismo existencial hace ya varios años por sus simpatías neoluditas. Este personaje se burlaba de los atenienses con sus actuaciones públicas; por ejemplo, caminaba en la dirección contraria de la multitud a la salida del teatro como ilustración de su iconoclastia e inconformismo. Todas sus posesiones eran un manto, una escudilla para beber agua y un bastón, pero un día observó a un niño beber agua de una corriente con el cuenco de sus manos y renunció desde entonces a la escudilla. Cuando Platón definió al hombre como un “bípedo implume”, Diógenes desplumó a un pollo y gritó “ahí va un hombre”. Desde entonces, la definición tuvo que ser cambiada a “bípedo implume de uñas planas”.
Yo soy una suerte de Neoludita filosófico militante, me parezco más a Diógenes que a los quemadores de telares anticapitalistas o a los ecologistas tipo Unabomber, mi reacción es menos violenta pero también potencialmente más efectiva: tolero que los filisteos sigan usando y abusando de sus teléfonos inteligentes y redes sociales; cuando observo al ciberzombi arrastrar su dedo por la línea de Twitter o WhatsApp mi represalia física no va más allá de un furtivo gesto de desprecio y una sensación de superioridad moral ; mi venganza son mis invectivas y peroratas en un oscuro blog en un callejón perdido de internet.
Sin embargo, mi secreto desprecio y mis sonoras exhortaciones escritas hacia una vida liberada de la tiranía autoinfligida de los medios digitales no es suficiente.
Hemos de dar un paso más. Hemos de predicar con el ejemplo en nuestras vidas. Todos podemos ser todavía más minimalistas y andar el camino del que hablamos. Si nuestro ejemplo cunde, habremos transmitido nuestro mensaje y vivido nuestras creencias.
Homo Mínimus responderá a las preguntas, dudas y consultas sobre este experimento en los comentarios de este artículo.
En los próximos días anunciaré un experimento minimalista en el que podrán participar los lectores de este blog.
La motivación de este experimento está en la irrazonable pero generalmente aceptada presunción de que no podemos oponernos a la corriente tecnológica digital y tenemos que asumir irremisiblemente los cambios en nuestros hábitos de comunicación y formas de relacionarnos.
Sirva este video como aperitivo para el experimento y para establecer un marco mental propicio que te permita animarte a participar.
Los lectores del blog que pertenezcan a la generación postmilénica quizá no conozcan otra cosa y este experimento les resulte no un viaje al pasado sino un viaje a otro mundo.
Llevo casi dos horas trabajando en una cafetería. Hay un grupo de cinco personas delante de mí: cuatro adultos y una niña de unos cuatro años. Los adultos hablan, la niña está neutralizada con un teléfono inteligente (creo que más inteligente o al menos menos insensato que los padres y familiares de la niña). La niña se cansó del teléfono hace una hora o así. Intentó captar varias veces la atención de su abuelo, pero infructuosamente: «Abuelo, abuelo…» ; también la de su madre: ni caso; finalmente dio una vuelta por el patio de la cafetería. Pocos minutos después volvió al teléfono y ahora, casi una hora más tarde, habiendo anochecido, sigue enfrascada y el resplandor del aparato se refleja en su rostro.
Llamadme exagerado, alarmista o peligroso neoludita, pero tengo que deciros que creo que estamos en el final de una era y en el principio de otra.
Llamadme insultón y ofensivo, pero el abuelo es un gilipollas integral.
Hay dos temas de conversación que las buenas costumbres y la educación proscriben: la religión y la política. Por lo tanto, hoy voy a hablar sobre ellos.
La religión, según dice un amigo mío, ya no interesa a nadie, ni siquiera es un tema polémico, es simplemente indiscutido por aburrido e irrelevante, al menos en la esfera pública en la Europa occidental cuando se refiere a la religión católica o el cristianismo en general.
La política, en cambio, desata pasiones, y por eso mismo las reglas de urbanidad prescriben con más razón todavía evitar los temas políticos. El debate político racional y respetuoso es la esencia de la cultura democrática, pero las convicciones políticas son defendidas hoy en día con más fe arrojadiza que las religiosas y por eso uno debería pensárselo dos veces antes de sacar un tema de conversación que tenga que ver con la política.
La ventaja de no vender nada en este blog (por el momento) es que podría pasar por encima de las buenas costumbres y las reglas de urbanidad. Mi ventaja es que no tengo a nadie a que contentar para conseguir su favor monetario.
El capitalismo suaviza el carácter y evita los temas polémicos que pueden predisponer negativamente al potencial consumidor. Al estar este blog fuera de la esfera de intereses monetarios, me podría permitir ofender impunemente a una buena parte de la audiencia de este blog con mis opiniones religiosas y políticas, que puede que no sean muy convencionales o generalmente aceptadas.
Hablar de religión o política en este blog podría resultar chocante, fuera de contexto, podría tocar el centro de la identidad de mucha gente y lograr por fin mi objetivo declarado —y parcialmente impostado— de que te des de baja definitivamente del blog.
Después de todo, entras a este blog para mejorar tu vida, no para que te adoctrinen o te violenten con opiniones políticas o ideología extraña.
Sin embargo, a pesar de lo que puedas pensar, este blog es también sobre religión y política, sobre los medios que tiene el ser humano de lograr una mejor vida en un entorno social donde debe encontrar los medios de coordinación y cooperación con otros seres humanos.
Los blogs similares al mío, minimalistas o no. propugnan una ética de la autonomía, del individuo intentando mejorar su vida de manera esencialmente independiente y desprovisto de —o al menos no sujeto a— valores transcendentes o políticos. Es la ética liberal del vive y deja vivir, sin mayores complicaciones; es la ética del haz lo que quieras mientras no hagas mal a nadie o interfieras con los planes o valores de otras personas, que probablemente serán distintos en una sociedad pluralista como la nuestra. Esta ética es simplificadora, realista, pragmática y podemos decir que también minimalista, al menos en un sentido superficial. En todo caso, es profundamente actual y la corriente principal hoy en día, no tanto en las creencias y valores declarados por la gente como en las creencias y valores practicados por la gente.
Los asuntos sociales nos exceden, nos superan y están fuera de nuestra esfera de control y de influencia, es por eso que mi prescripción minimalista existencial ha sido casi siempre tomar como dado el entorno social, político y religioso, y adaptarse a él: no maldecir el territorio sino hacerse con un buen mapa de él y usarlo para navegar las vicisitudes vitales de la manera más aerodinámica posible. Es por esto que gran parte de mis escritos tratan de productividad, efectividad y organización personal
Pero junto a la ética individual, liberal y relativamente desvinculada, existen otras variantes éticas valiosas que también deberíamos tener en cuenta: la ética de la comunidad y la ética de la divinidad o quizá la ética «desde» la divinidad. Estas dos éticas o filosofías morales son necesarias y aportan dimensiones morales fundamentales para comprender, entender y dirigir convenientemente la acción individual y colectiva.
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Hay un libro muy recomendable que te podría ayudar a comprender mucho mejor la psicología del debate político actual y los fundamentos evolucionistas y morales de él: La mente de los justos, del psicólogo moral Jonathan Haidt. Desde un punto de vista psicológico y evolucionista explica el meollo del escenario político y el profundo impacto de las emociones para configurarlo.
Este libro es una admirable síntesis de psicología social, análisis político y razonamiento moral. Mejor que cien años de lectura de periódicos o de blogs y opiniones superficiales y apresuradas, este libro te ayudará a comprender por qué el mundo social de la política y la religión es como es y por qué no deberías apresurarte a desechar los sentimientos religiosos, ideológicos, nacionalistas o de pertenencia a una comunidad cultural.
En esencia, Haidt explica que el ideal democrático del discurso racional o racionalista como forma de dirimir conflictos y favorecer el consenso se convierte en racionalización de emociones y predisposiciones previas al discurso: defensa del grupo o identidad, de la comunidad con la que uno se identifica y convicciones religiosas o ideológicas. Los argumentos, la mayor parte de las veces, son soldados, armas arrojadizas para defender y justificar las posiciones propias, no medios de exploración o descubrimiento.
Pero no me entiendas mal, cuando Haidt explica —y yo reconozco— la función de las emociones y el sentimiento de pertenencia a una comunidad, no es para desacreditarlos, para hablar desde una torre de marfil intelectual o moral, desde la posición privilegiada del iluminado, del ser racional inmune a este sarampión de la humanidad que debe ser superado y al que yo soy inmune.
Creo que la comunidad, el sentido religioso y las emociones de pertenencia y amor por el propio grupo y su cultura son parte de nuestra naturaleza, elementos que hay que describir adecuadamente y no apresurarse a desestimar o despreciar como propios de gente burda, primitiva o menos evolucionada moralmente.
En nuestros escritos, discursos y conversaciones, queremos frases memorables que con economía de medios nos proporcionen el máximo sentido.
En los aforismos, podemos encontrar este tipo de frases breves, sentenciosas y llenas de significado.
Hay gran variedad: invocaciones, imprecaciones, reconvenciones, órdenes, máximas de contenido moral o edificante, comentarios humorísticos y muchas otras variaciones.
Me gusta leer libros de aforismos de escritores y personajes públicos: Baltasar Gracián y su Arte de la Prudencia, Nietzsche, Oscar Wilde, Pascal, Ciorán, Montaigne o La Rochefoucauld están entre mis favoritos.
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Defendí hace años en un artículo que Twitter es el gimnasio del escritorporque en 140 caracteres estás obligado a flexionar tus músculos verbales y transmitir lo máximo con lo mínimo. La limitación de espacio te lleva naturalmente a escribir aforismos.
Durante mi incursión en Twitter, la única red social digital a la que he pertenecido, escribí algo más de 10.000 tuits en algo más de dos años. A una media de 10 palabras por tuit (cifra conservadora) escribí 100.000 palabras, el equivalente a una novela de 350 páginas (en extensión, no en valor o contenido).
Podemos decir que la mayoría de esos tuits son exabruptos, pensamientos reactivos y banalidades varias salpicadas con alguna perla retórica digna de conservarse (quizá un 1% del total, dejaré una muestra al final de este artículo).
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En Twitter conocí en primera persona el poder adictivo de las redes sociales y también algunos de sus beneficios.
Por ejemplo, gracias a Twitter conocí a Rafael Sarmentero, El Genio, al que he dedicado varios artículos en este blog y que ha colaborado con varias intervenciones. Raúl Hernández González, otro habitual de mis podcasts, también está entre las mejores aportaciones de Twitter a mi red social.
También afilé mi habilidad para responder de manera rápida, en casi tiempo real, a los ataques verbales, y di rienda suelta a mi egocentrismo narcisista y afán propagandístico en temas políticos y culturales. El sentimiento de pertenencia a un grupo (el mío es por supuesto uno de élite) se exacerba en Twitter y también los impulsos de confrontar a los extraños equivocados con el insulto, el ingenio y el dato.
Pero, como bien sabemos los minimalistas digitales, una tecnología no se justifica solo por sus beneficios —después de todo, cualquier tecnología aporta algo— sino que hay que ponderar los costes al igual que los beneficios.
Es por esos costes que a pesar de las satisfacciones que me producía Twitter, su capacidad para enganchar mi atención de forma relativamente productiva (“Twitter como gimnasio del escritor”) y la posibilidad para interaccionar con personas interesantes, terminé dejando la red de los trinos.
De esta experiencia, quedaron los tuits, que antes de abandonar la red fueron convenientemente archivados.
Muchos de esos tuits rescatables del olvido son aforismos, frases ingeniosas, dardos envenenados, refranes, proverbios, respuestas con retranca, pensavientos, trinos varios. Esa práctica tuvo como beneficio más evidente el que haya aprendido a intercalar más frases potentes en mis textos y conversaciones.
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Te dejo con una muestra de algunos de estos aforismos a pie de impulso para que consideres si dos años perdiendo el tiempo en Twitter, distrayéndome de asuntos más importantes y envuelto en guerras incendiarias, son justificados por estos residuos verbales.
Mi conclusión es que no, que fue una miserable pérdida de capital vital e intelectual, pero espero que al menos te sirva como advertencia.
Mal de muchos, buen rayo me parta.
La puntualidad es la más inútil de las virtudes: casi nadie llega a tiempo para apreciarla.
Yo no soy un friki. Soy un verso suelto.
El Hombre es una teoría de la felicidad con patas.
No hay que confundir el orden con la simetría.
El precio de la vida es la muerte.
La mejor manera de convocar a las musas es darles el día libre.
La metáfora es un observatorio.
El fanfarrón expide cheques que su talento no puede pagar.
El problema con los postmodernos es que están de vuelta de todo sin haber salido nunca de casa.
Era un tipo educado, buena persona y amigo de sus amigos; se llamaba don Bostezo.
En los bordes se puede apreciar mejor el fondo.
Un sabio en pos de la verdad en los libros es como un romántico buscando el amor en un prostíbulo.
Ninguna mujer tiene sueños lúbricos con un hombre muy simpático.
Preguntar qué tal estás debería estar prohibido por la convención de Ginebra.
El símil es el hijo tonto de la metáfora.
Ni todos los placeres nos convienen, ni todos los dolores nos perjudican.
Si solo habláramos cuando tuviéramos algo que decir, pasaríamos más tiempo haciendo cosas dignas de contar.
La mujer: ese leviatán con medias de seda.
Nada hay más importante que refutarse un poco todos los días.
A veces solo estamos despiertos cuando estamos dormidos.
El increíble hombre normal: por mis obras me ignoraréis.
Es un hombre hecho a sí mismo: empezó desde cero y ha acabado en la más absoluta de las miserias.
La sonrisa es la brisa del alma.
Aquí una reflexión interesante en forma de audio y artículo de Jaír Amores sobre aforismos y frases famosas:
Hay un dicho en el mundo de la escritura que reza: «Escribe de lo que sabes».
El problema que encuentro con esta regla es que si ya sé de lo que voy a escribir no tengo gran motivación para escribir.
Por ejemplo, de este articulo tengo el título: «Escribe sobre lo que no sabes de lo que sabes». En mi mente tengo la idea ya formada. Y creo que me va a llevar como tres minutos desplegarla y expresarla decentemente. Tengo la sensación de que la idea no da más de sí. Esto hace que me esté costando escribir este artículo. No me siento terriblemente motivado.
Así que siguiendo la dirección del título, me tendría que preguntar: «¿Qué no sé sobre el hecho de que es bueno escribir sobre lo que no sé de lo que sé?».
¿Te estás liando, amigo lector? Yo también.
Bien… Es una buena señal que yo me esté liando porque eso significa que hay algo que no domino del todo en este asunto de escribir sobre lo que no sé de aquello que sé.
¿Qué no sé? Intentaré desentrañar el significado de la frase para ver si hay algo que no tengo claro:
La frase, el título de este artículo, significa que cuando tenga algo claro tengo que partir de la base de que no está del todo claro y que hay cabos sueltos.
Difícilmente tendremos un conocimiento cristalino sobre nada medianamente complejo o ambiguo: la escritura es una habilidad compleja y los criterios de evaluación son borrosos, si los hay. El proceso de escribir es un proceso cognitivo sumamente complicado,tanto que muchos escritores describen su actividad en términos mágicos, casi-místicos, como si fuera un proceso sobre el que no tuvieran ni conocimiento ni poder.
Por tanto, es claro que puedo encontrar muchas zonas grises en cualquier prescripción o principio que enuncie sobre el proceso de escritura.
De lo que acabo de decir sobre la escritura, podría dar un salto lógico y generalizar que escribir sobre lo que no sé de lo que sé es casi siempre posible. El mundo es grande y nuestro conocimiento escaso, luego en cualquier asunto sobre el que escriba puedo encontrar zonas grises, o puedo relacionar lo que sé con algún elemento desconocido y en el camino… ¡motivarme!
Si escribo sobre lo que no sé de lo que sé voy a estar motivado: al ponerme a escribir ya tengo un aliciente, algo que descubrir, algo que puede generar curiosidad: descubro lagunas en mi conocimiento.
El problema de seguir esta prescripción estriba en hacerse preguntas que uno no sepa responderse inmediatamente y hacérselas partiendo de situaciones o temas de los que sepa lo suficiente como para encontrar algo relacionado que no sepa, porque si sabes poco o no sabes nada, es difícil o imposible encontrar preguntas interesantes.
De esta manera, la escritura se convierte en un proceso mental exploratorio, de descubrimiento de cabos sueltos y de esfuerzos por escrito de atarlos con nuevas relaciones, datos, o inferencias.
Ajá.
Parece que tengo una aproximación a mi tesis:
Si sigo esta regla tengo materia sobre la que escribir, porque hay algo que sé, y tengo motivación porque estoy desentrañando lo que sé para encontrar lo que no sé, y eso genera curiosidad, una cierta tensión que busca resolución. La clave está en las preguntas que me muestran lo que todavía no sé de lo que sé.
La sombra paralizante del cierre cognitivo prematuro
Hummm. La cuestión es que entonces no siempre podré seguir la regla:
Si no sé nada, imposible seguirla; si sé todo o demasiado, muy difícil seguirla;
Pero.. si sé algo pero no todo… puedo seguirla. ¿Parece fácil?
Lo parece, si no fuera porque las personas, incluidos los escritores, que también somos personas, creemos saber casi todo lo importante sobre todo lo importante. Los psicólogos llaman a esto «cierre cognitivo prematuro».
No pongas la última pieza demasiado pronto
La propensión sicológica es a ese cierre cognitivo puesto que no queremos las creencias para perfeccionarlas eternamente en un proceso de refinado constante que consuma nuestras vidas; queremos las creencias para orientarnos «suficientemente bien» en el mundo para hacer algo en el mundo, para comenzar la acción.
Cuando una creencia cumple su función, aunque esta sea meramente lenitiva, dejamos de buscar y nos ponemos a hacer y nos ocupamos de otro asunto… Habitualmente lo hacemos demasiado pronto.
Los escritores de ficción o no ficción creativa son seres especiales. No escriben tanto para mostrar lo que saben como para descubrir lo que no saben: ¡solo así pueden descubrir algo y ser creativos!
El miedo a la hoja en blanco y el aprendizaje condicional
Así que parece que muchas veces no me pongo a escribir porque ya creo saberlo todo o porque no quiero complicarme la vida con nuevas incógnitas, aunque sospeche que no sé todo sobre lo que quiero saber.
Ellen Langer, la psicóloga americana, habla de que el profesor debe mantener una actitud condicional, una actitud abierta a las posibilidades, sin encastillarse en ninguna, por muy probable o razonable que parezca.
Por ejemplo, en vez de presentar a sus alumnos tal o cual principio o hecho como algo taxativo, indiscutible, cerrado, ha de enunciarlo de manera condicional.
Ejemplo: el maestro no debería decir «El principio X es correcto» sino más bien «Podría ser que el principio X fuera correcto». Con esto da a entender que el principio o hecho que enuncia es uno entre varios, que podría ser otro. De aquí entonces la idea de «aprendizaje condicional».
Presentando la información de esta manera, el maestro consigue que la mente del alumno no se fije en una solución o guión cognitivo y mantenga abierta la mente a nuevas posibilidades y siga explorando en vez de limitarse a memorizar el conocimiento empaquetado y distribuido por el profesor. Y eso aumentará la involucración del alumno en su aprendizaje.
El aprendizaje condicional en la escritura
Extrapolemos la idea de aprendizaje condicional de Ellen Langer a la escritura:
Cuando inicie un nuevo texto de ficción o de no ficción creativa debo decirme: «Podría ser que X… y también que Y… y quizá Z…» y «no veo claro si X o W… vamos a explorarlo…» y «¿Qué pasaría si fuera J, K o L? Es solo un suponer…» y… «aunque me decanto por H… todavía hay varios flecos o contradicciones Ñ, O y P que no sé cómo soslayar..». Etc. Y esto involucrará al escritor en su texto.
Es decir, siempre que empiece a escribir me pondré a buscar lo que no sé en lo que sé para:
A) motivarme con la exploración.
B) buscar y encontrar algo nuevo que no sabía antes de empezar y que desafía o complementa o sustituye a lo que creía saber al principio. En el camino puedo crear algo nuevo tanto en contenido como en forma.
C) crear una narración con la estructura de una búsqueda.
D) llevar de la mano al lector en un esfuerzo conjunto de comprensión.
¿Qué paralelismos podríamos definir entre la escritura creativa y la conversación de calidad?
Esto es materia para otro artículo, pero así, a botepronto, se me ocurren los siguientes:
Usa las conversaciones para explorar asuntos o personas, no para repetir o ensayar lo que ya sabes.
Pavo hembra
Adopta una saludable actitud condicional. Esta actitud limará asperezas, señalará una actitud amable y colaborativa que propiciará la mejor posible reacción del interlocutor.
Haz uso y abuso de la pregunta. La ventaja de una conversación es que puedes obtener respuestas inesperadas que pueden alimentar tu propio proceso cognitivo.
En lugar de una actitud confrontacional, aplica una exploratoria. No tiene mucho sentido conversar para reafirmarte en tu opinión inicial; además, no suele gustar.
Anima al interlocutor a incorporarse a la búsqueda que inicias con tus preguntas.
Si no consigues involucrar al interlocutor en algún tipo de búsqueda —interna o referente a algún asunto externo— quizá te tengas que replantear el sentido de la conversación: quizá tengas que aceptar que se trata de una conversación ligera, sin pretensiones, para crear vínculo o simplemente protocolaria. Una vez aceptada esta última opción, puedes intentar escabullirte lo antes posible.
No confundas una conversación con una regurgitación. Si estás accediendo continuamente a la memoria caché (los conocimientos rápidamente disponibles y mil veces repetidos) no has iniciado la exploración.
Adopta la creencia de que toda persona tiene algo interesante que aportar y que en sí misma puede ser un un objeto de exploración y descubrimiento. Esto te ayudará con las personas más cerradas, menos expresivas, locuaces y brillantes exteriormente.
A diferencia de la escritura, en la que uno no se siente motivado a escribir de lo que ya domina o sabe, en la conversación uno suele estar muy motivado para mostrar el plumaje verbal aunque no explore o aprenda nada. Ten en cuenta esto especialmente si eres hombre.
Del lat. essentĭa, y este calco del gr. οὐσία ousía.
1. f. Aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas
2. f. Lo más importante y característico de una cosa.
3. f. Extracto líquido concentrado de una sustancia generalmente aromática.
4. f. Perfume líquido con gran concentración de la sustancia o sustancias aromáticas.
5. f. Quím. Líquido muy oloroso, presente en gran número de familias vegetales, constituido principalmente por hidrocarburos y derivados, y que se utiliza en perfumería.
quinta esencia
1. f. Quinto elemento que consideraba la filosofía antigua en la composición del universo,especie de éter sutil y purísimo, cuyo movimiento propio era el circular y del cual estaban formados los cuerpos celestes.
2. f. Entre los alquimistas, principio fundamental de la composición de los cuerpos, por cuyo medio esperaban operar la transmutación de los metales.
Toda mi vida uno de mis grandes deseos ha sido viajar para ver y tocar países desconocidos, nadar en mares desconocidos, dar la vuelta al globo, observar nuevas tierras, mares, gente e ideas con apetito insaciable, ver todo por primera vez y por última vez, imprimiendo una lenta y prolongada mirada, para después cerrar mis ojos y sentir las riquezas depositarse dentro de mí, con calma o tormentosamente de acuerdo a su gusto, hasta que el tiempo las sobrepase por fin a través de su fino tamiz, separando la quintaesencia de todos los gozos y todas las penas.
~ Nikos Kazantzakis
El minimalismo existencial podría ser también llamado esencialismo, tanto porque trata del espíritu o realidad última de la experiencia vital, como porque es una fragancia inefable que acompaña al ser que lo acoge, como porque despoja al mundo de lo contingente y lo accidental en busca de un meollo las más de las veces inalcanzable. Es un afán sin fin que busca reducir la insoportable complejidad del mundo interno y externo a su más mínima expresión. Pocas veces esta reducción es lograda y cuando uno cree haberla alcanzado, siquiera tocado, te explota en las manos en mil pedazos, como si la realidad maniatada por la síntesis se rebelara ante el intento y te mostrara dolorosamente lo estúpido e inútil de la mortaja.
~Sensei Mínimus
Los símbolos son actos o imágenes específicas, mientras que los mitos desarrollan y convierten esos símbolos en una historia que contiene personajes y varios episodios. El mito, por tanto, incluye más. Pero ambos, el símbolo y el mito, tienen la misma función psicológica; son el modo que tiene el hombre de expresar la quintaesencia de su experiencia, su modo de ver su vida, su autoimagen y sus relaciones con el mundo de sus congéneres y de la naturaleza, en una imagen completa que al mismo tiempo lleva el significado vital de su experiencia.
~ Rollo May
La inexpresable profundidad de la música, tan fácil de comprender y sin embargo tan inexplicable, es debida al hecho de que reproduce las emociones de nuestro ser más profundo, pero completamente sin realidad y lejos de su dolor… La música expresa solo la quintaesencia de la vida y sus sucesos, nunca estos en sí mismos.
~ Arturo Schopenhauer
Puedes entrenar mucho tiempo, pero si meramente mueves tus manos y tus pies y saltas arriba y abajo como una marioneta, entonces aprender kárate no es muy diferente de aprender una danza. Nunca habrás alcanzado el meollo del asunto; habrás fracasado en asimilar la quintaesencia de karate-do. ~ Gichin Funakoshi
Las matemáticas, vistas adecuadamente, poseen no solo verdad, también suprema belleza —una belleza fría y austera, como la de la escultura— sin la apelación a ninguna parte de nuestra naturaleza más débil, sin la exuberancia de la pintura o la música, pero sublimemente pura, y capaz de una perfección severa tal como solo el arte más grande puede mostrar. ~Bertrand Russell
El gusto puede compararse con el exquisito sentido de la abeja, que descubre al instante y extrae la quintaesencia de cualquier flor y prescinde del resto de ella. ~ Fulke Greville
La muerte, como la quintaesencia de la otredad, es para los demás. ~ Woodrow Wilson
Más obran quintaesencias que fárragos ~Baltasar Gracián
Pablo Picasso ‘Toro’, 1945 (una serie de once litografías)
Comprender la distinción proyectos-operaciones es crucial en una adecuada organización personal. Es una distinción prestada del mundo de las organizaciones, en especial de las empresariales.
Las operaciones son las actividades que realizas cotidianamente para mantener tu vida en marcha, acciones habituales y recurrentes para mantener tu bienestar; en una empresa, son las actividades de adquisición, producción y entrega de bienes y servicios junto con todas las actividades de apoyo, administrativas, contables y de otra índole que apoyan esas actividades básicas. Son las que transforman las materias primas y otros recursos en un producto que se puede vender a un precio suficiente para obtener beneficio y asegurar la viabilidad de la empresa.
Ejemplos de operaciones en el ámbito empresarial son los procesos productivos habituales, el reclutamiento y contratación de nuevos empleados, la contabilidad de los resultados o la facturación a clientes. Todas actividades necesarias para mantener el día a día de la empresa y la generación de valor.
Los proyectos son actividades únicas con un presupuesto fijo de recursos y una fecha límite de entrega con las que pretendes obtener algo nuevo, introducir una innovación, un cambio positivo. En la empresa, los proyectos son los que cambian el statu quo a través de la transformación de los procesos de producción, la forma de organización o la generación de nuevos productos.
Ejemplos de proyectos son el I+D que investiga un nuevo medicamento, el lanzamiento de un nuevo producto, la reestructuración del diseño organizativo o la la construcción de una nueva planta de producción.
Hay empresas cuyas actividades están organizadas casi enteramente por medio de proyectos, por ejemplo una productora de cine en la que cada película es un producto único con personal y recursos específicos y cuya producción tiene una fecha límite. Lo más habitual es que las empresas tengan un núcleo fuerte y duradero de operaciones, y proyectos esparcidos a través del tiempo que actualizan y desarrollan las capacidades empresariales.
En el ámbito del minimalismo existencial (diseño de vida minimalista), los proyectos son “las unidades mínimas de acción con significado completo” (por analogía con la definición de oración gramatical) y contrastan con las meras tareas, que son piezas de acción pero solo con significado dentro de otra tarea o proceso de orden superior. Un proyecto busca un cambio concreto y engloba multitud de tareas. Las operaciones son también conjuntos de tareas, pero integradas para mantener el statu quo, el funcionamiento habitual de las actividades.
Ejemplos de proyectos personales serían cambiar de trabajo, abrir un blog, aprender a tocar la mandolina o llevar a cabo una dieta para bajar peso.
Ejemplos de operaciones en el ámbito de la organización personal son el aseo diario, las ocho horas diarias en el trabajo haciendo un trabajo ya conocido, el shabbat semanal, comer, dormir o jugar la acostumbrada partida de póker los viernes por la noche con los amigos. Escribir en este blog periódicamente (una o dos veces a la semana, por ejemplo) pertenecería al ámbito de las operaciones si fuera capaz de disciplinarme para escribir todas las semanas (cosa que todavía no he logrado a pesar de los años).
Las diferencias más importantes entre operaciones y proyectos en el ámbito existencial son por tanto las siguientes:
Un proyecto es un esfuerzo único con fecha de caducidad que busca un resultado concreto; las operaciones son indefinidas y sostienen la creación de valor y satisfacción personal de una manera previsible y continua.
Las operaciones buscan contribuir al statu quo y mantener el bienestar alcanzado mientras que los proyectos pretenden lograr una ampliación de las potencias vitales, de la capacidad de hacer.
Los proyectos se distinguen por su alcance (lo que pretenden lograr) , su duración y recursos empleados. Las operaciones se distinguen por su contribución a distintas áreas vitales (funciones en las empresas): física, emocional, profesional, relacional, financieras, intelectuales, etc.
Las operaciones son recurrentes y una vez configuradas se repiten indefinidamente. Los proyectos, por ser una exploración de un espacio de posibilidades y no haber un camino único y conocido, han de ser necesariamente creativos y no reducibles a una fórmula (en cuyo caso, dejarían de ser proyectos).
Las operaciones son fuerzas conservadoras y de mantenimiento; los proyectos son los cambios disruptivos que buscan el crecimiento y progreso.
En resumen:
las operaciones son el reino del orden, lo nutricio y la estabilidad (el eterno femenino).
Los proyectos pertenecen al caos, los saltos al vacío y la ampliación de posibilidades (el eterno masculino).
Es conveniente tener claras estas ideas a la hora de configurar una organización personal. Es importante explicitar los proyectos en curso y sus elementos principales (objetivos, duración y fechas límites, recursos de tiempo y financieros asignados, etc.), y llevar una lista actualizada de proyectos que permita saber qué estamos haciendo y qué recursos tenemos disponibles.
Los proyectos han de insertarse en el escaso espacio que nos permiten las operaciones diarias, las agendas profesionales y nuestras novias o esposas, y han de ser cuidadosamente elegidos para que procuren el mayor crecimiento y sorpresa eficaz en el esquema general de nuestras vidas.
Una de las dificultades más habituales con las que se encuentra una persona inquieta es la de elegir proyectos, decidirse por unos cuantos y no abarcar más de lo que humanamente puede acometer dado el tiempo disponible y la energía sobrante después de dedicarla a los asuntos cotidianos.
El consejo minimalista tradicional recomienda la contención y ceñirse a uno o dos proyectos simultáneamente; uno profesional y otro personal, por ejemplo. En el extremo te vuelves uniproyecto y te centras en un solo resultado deseado durante un periodo prolongado de tiempo, a lo largo de semanas, meses y quizá años. No empiezas uno nuevo hasta acabar el anterior o hasta que oficialmente lo das por finalizado o lo abandonas.
Mis simpatías teóricas minimalistas están con este último extremo, con el uniproyecto. En la práctica, pocas veces he soportado la inmersión y mantenido un solo proyecto durante periodos prolongados. La lucha ha sido continua y grande el pesar por mi incapacidad de centrarme en una sola dirección o en unas pocas.
Otro enfoque es el de mejorar la organización y gestionar varios proyectos, quizá cuatro, cinco, o más en paralelo, el enfoque multiproyecto. Con eso, la sensación de estar haciendo algo se incrementa, no hay aburrimiento, y puedes gestionar los puntos muertos en un proyecto cambiando a otro para más adelante retomar. El día que sientes que no avanzas en uno, puedes pasar a otro, añadir el brillo de la novedad, azuzar las ganas y hacer algún progreso. Todas tus facetas e intereses, o al menos muchas de ellas, tienen cabida en tu agenda y no sientes que te estás perdiendo nada o que dejas fuera alguna oportunidad prometedora.
Puesto que cambiar de actividad sirve muchas veces para consolidar ideas, para concebir otras e incluso para descansar, puede ser un enfoque razonable para algunas personas. Lo que pierdes en tiempo de inmersión, lo puedes ganar en intensidad si eres capaz de organizarte para pasar de forma hábil de proyecto a proyecto. También permites las sinergias o trasvases de ideas de un área a otra. No tienes que renunciar a ningún proyecto y puedes acoger nuevos proyectos según surjan las oportunidades, se acabó el miedo de estar perdiéndose algo.
En este sistema, es conveniente tener una lista abierta de proyectos para no perder el control, además de hacer un seguimiento periódico.
Sin embargo, hay costes importantes en mantener varios/muchos proyectos abiertos: es fácil sentirse abrumado por las demandas, hay costes de cambio de proyecto, no es tan fácil pasar de uno a otro haciendo borrón y cuenta nueva, existe el peligro de que el sistema multiproyecto termine pareciéndose a la multitarea, con los costes para la capacidad de centrarse en una sola cosa y el aumento del estrés.
Las reglas de entrada y salidas de proyectos deben ser establecidas y cumplirse a rajatabla, so pena de verse empujado en todas direcciones sin orden ni concierto, como un malabarista que a duras penas puede mantener las bolas en el aire.
Mis antipatías minimalistas teóricas están contra este enfoque multiproyecto. En la práctica, es el enfoque que históricamente ha predominado en mi agenda semanal.
Enfoque evolutivo de gestión de proyectos
Hoy voy a proponer un tercer enfoque: el enfoque evolutivo de proyectos.
En el enfoque evolutivo de gestión de proyectos, permites la entrada casi indiscriminada, o al menos con pocas restricciones, de proyectos. Mantienes una lista abierta y dinámica de proyectos y distribuyes tu tiempo en los proyectos de acuerdo al grado de motivación que sientes por ellos. La selección se produce naturalmente a través de tus ganas y desganas.
En principio, y por simplicidad, asignas el mismo tiempo o muy parecido a cada uno de tus proyectos y sigues hacia adelante. Si tienes 16 horas disponibles a la semana y cuatro proyectos, dedicas cuatro a cada uno.
A principio de año, cuando haces un reseteo del sistema, empiezas con uno o pocos proyectos, pero según avanza el año es probable que los cantos de sirena de nuevos proyectos y el tedio de los que ya tienes en marcha te lleven a incorporar más descuidando los que tienes en curso. También los mismos proyectos pueden evolucionar, bifurcarse o transmutarse en versiones distintas.
La ventaja es que no dices no a nada y casi siempre dices sí a todo: cuando aparece un nuevo proyecto, si la motivación pasa un cierto umbral, lo acoges y lo añades a la lista.
Es obvio que en el camino vas a suspender o reducir el tiempo y la intensidad de los viejos proyectos. Está bien, permites y acoges con naturalidad el habitual proceso de zombificación (proyectos moribundos que han perdido fuelle o ya muertos sin saberlo) y sigues avanzando en aquellos proyectos que demuestran mejores resultados y/o mayor capacidad para movilizar tus energías.
En resumen, el enfoque evolutivo de gestión de proyectos es análogo a una carrera de caballos donde los caballos se incorporan en cualquier momento y los dejas correrlibremente; unos irán más rápido, otros más lentos y otros se pararán o volverán a las caballerizas. Ellos no saben siquiera que están en una carrera, pero tú observas los que llegan más lejos y los que se paran o se tumban a dormir. Muchos caballos ni siquiera siguen por el circuito que previamente habías definido y se quedan trotando y pastando a su aire.
A lo largo del tiempo te encuentras con que has probado muchas direcciones, movido sobre todo por tu entusiasmo y por los resultados obtenidos (dos conceptos relacionados), y obtienes experiencia de las decenas de proyectos que se quedan por el camino, conoces mejor tus gustos y preferencias y tienes una visión más realista de lo que supone asumir una determinada dirección vital.
La configuración final es imprevisible, puede que haya un solo proyecto ganador inacabable que monopoliza tus recursos y tu tiempo y que ocupa el resto de tu vida (lo que se llama “vocación” si lo conoces al principio de tu vida o «iluminación» si tienes una revelación), o puede haber muchos que te hacen esparcirte fino en muchas direcciones y luchan por tu atención, al menos durante un tiempo, antes de consolidarse uno o unos pocos ganadores.
Quizá nunca venza un solo proyecto ni una pequeña coalición de ellos y te pases el resto de tu vida saltando de un caballo a otro sin aparente sentido u orden.
Este enfoque evolutivo de gestión de proyectos se corresponde con la estrategia existencial emergente de la que hablé en Estategia existencial: cuatro enfoques y contrasta con estrategias existenciales más deliberadas o visionarias:
[…] Doy un paso, actúo a base de impulsos, reacciono a las oportunidades que se presentan, veo lo que funciona y me satisface, descarto lo que no… y cuando miro atrás me percato de que aparece un patrón coherente, una línea que me condujo a un buen resultado y que retrospectivamente parece sensata, pero que no había planeado inicialmente y que ha surgido a lo largo del tiempo.
Para un observador externo, estás dando palos de ciego, puedes parecer frívolo, inconstante y quizá un bala perdida, pero cada uno de esos proyectos es un experimento en el que descubres algo sobre ti y sobre el mundo.
Muchos de esos proyectos son los antepasados de otros proyectos más consistentes, integrados e integradores; es posible que con el tiempo observes un patrón en los proyectos que asumes, veas que hay un orden en tanta locura, y es posible que adviertas una unidad temática que termine convirtiéndose en un proyecto más grande,, quizá de duración indefinida; la miríada de proyectos puede terminar convirtiéndose en un proyecto vital definitivo.
La belleza del enfoque evolutivo es que te permite asumir humildemente que no conoces el futuro, las oportunidades que te depara, el rendimiento o resultado de tus afanes, tus preferencias ni tu reacción emocional ante lo logrado.
Puede parecer que renuncias a configurar el futuro y que careces de fuerza de voluntad y determinación, pero en verdad estás permitiendo que sea tu brújula interior la que indirectamente, a través del compromiso y tiempo que dedicas a cada proyecto, te muestre qué es lo que verdaderamente valoras y qué es lo que tiene menos importancia para ti.
El mayor o menor tiempo que dedicas a ciertas áreas de tu vida y a ciertos proyectos y a ciertas personas te revela inequívocamente cuáles son tus preferencias y los resultados que consideras dignos de perseguir. Observando tus acciones y tus reacciones subjetivas a los resultados de tus acciones, permites que el aumento o disminución de compromiso sea el que determine el rumbo.
Una de las preguntas más interesantes que alguien puede hacerse es: ¿Me caería bien a mí mismo si me viese desde fuera? Y si la respuesta es «no», entonces debería cambiar algo. En mi caso, la respuesta es «no». Pero ¿quién soy yo para juzgarme?
Solo muy recientemente que se impuso el concepto de quererse a uno mismo o ser uno mismo. En la historia de la civilización occidental, que es esencialmente la de la cultura judeo-cristiana , nunca se consideró que un ser humano debiera ser él mismo ni mucho menos que debiera quererse a sí mismo. Pocas cosas más absurdas se podrían haber dicho a una persona que decirle que estaba incondicionalmente bien o que era incondicionalmente bueno. Hubiera sido como decir a un niño que siga siempre siendo niño, que no tiene nada que aprender, que no tiene nada que desarrollar y cambiar, que su naturaleza cortoplacista, egoísta, miope y predatoria está bien como está.
Uno ha de querer en sí mismo lo que no es todavía y puede ser, el yo actual no es más que uno de los pasos previos a un mejor yo. Hasta un budista, ese religioso sin Dios que tan bien cae en el mundo occidental, se sentiría insultado si tras no verlo durante un par de años le dijeras «Qué bien se te ve, no has cambiado». El budista quiere cambiar minuto a minuto, en pos de su nirvana, su satori o su paraíso en el ombligo.
Los psicólogos y la sabiduría popular (de hace pocas décadas) han impuesto la ilusión, la ficción moral y existencial, de que uno está bien como es. Es un meme conveniente para los retóricos políticos y comerciales: tú estás bien como eres, luego no tienes que hacer ningún cambio en tu carácter o en la forma de conducirte, puede que no te sientas bien, pero eso no tiene nada que ver con tu esencia personal; si no tienes lo que deseas es por circunstancias externas: la estructura social que todavía no se ha instalado, los mensajes que te mandas por condicionamiento del entorno o el producto o servicio comercial que todavía no has adquirido.
La sabiduría del consumidor y del votante, no solo su soberanía, están por encima de todo y basta con un voto político y un voto monetario en forma de compra para lograr lo que uno desea.
Cualquier insinuación de que la felicidad o la situación en la que uno vive tiene que ver con uno mismo se considera como una crítica despiadada y cruel a un inocente desvalido fruto de sus circunstancias; esa insinuación bienintencionada se percibiría como un arma arrojadiza desalmada propia de privilegiados y «fascistas» (curiosa palabra que ha perdido su sentido original y venido a significar «todo aquello que desprecio»).
Pero no es solo que dando a entender que uno está bien como está se exima al aludido de su responsabilidad sobre sus circunstancias, es también que implícitamente se da a entender que ninguna dirección vital o propósito es superior, por lo tanto no hay criterio por la que juzgar nuestros actos más allá del no hacer daño a los demás o cumplir con las costumbres del momento. En tanto y cuanto no perjudiques directamente a nadie puedes hacer con tu vida lo que quieras de acuerdo a tu naturaleza, esencia o propensiones.
El existencialismo filosófico cuando ha salido de su torre de marfil académica y llegado a las plazuelas se ha convertido en una triste justificación moral para las vidas más insignificantes o más abyectas. De la vida buena y la acción virtuosa se ha pasado a la vida auténtica y a tratar de ser uno mismo en cada uno de nuestros actos.
Puesto que ya no hay reglas ni valores superiores al vive y deja vivir y el sé tú mismo, las vidas resultantes de esta ideología (término que significa «aquellos sistemas de creencias que no son los míos») pierden la orientación y la energía que un propósito transcendente y una orientación clara hubiera proporcionado al sujeto.
Contrasta mi invectiva con el mensaje que sueles recibir en los blogs de desarrollo personal, psicología popular, bienestar o política. ¿Cuántas veces te han dicho que tú eres el problema, que estás esencialmente corrupto o que hay criterios de conducta y fines vitales mejores que la búsqueda de la satisfacción y el bienestar personal? Pocas veces, supongo. Quizá hace décadas, si acudías a misa, podías encontrar algún mensaje remotamente parecido, no hoy en día .
Te traigo, pues, una mala noticia: no estás bien como eres, no seas tú mismo, –en tu caso, es casi mejor que seas cualquier otro, al menos así podrás comparar–. Eres profundamente imperfecto y siempre lo serás, solo puedes mejorar un poco; la corrupción, la entropía, el desorden, la degeneración y la desintegración son el destino natural de la carne fresca y de los espíritus. La mejora, el progreso, solo es una posibilidad entre otras muchas, poco probable y difícil de lograr.
Este es otro artículo invitado de Roger Schank. Apareció originalmente en el 2015 en su blog.
Con este artículo no quiero tanto añadir argumentos (una vez más) contra la lectura sino en favor de la conversación directa cara a cara con personas de carne y hueso en tiempo real, sincrónicamente, sin posibilidad de editar lo que uno dice, con la posibilidad de ser retado por el interlocutor y sin posibilidad fácil de escapar o de distraer la atención.
Lo que quiero decir, más específicamente, es que leer artículos de este blog, porque te interesan los temas que toco, es la segunda o la tercera mejor alternativa a hablar directamente conmigo o con una persona similar a mí. Pero una alternativa bastante deficiente en comparación.
Aunque argumentar sobre las deficiencias o inconvenientes de los libros no es algo común, es conveniente hacerlo. Un amigo de este blog, Jaír Amores, de EfectiVida,tiene un artículo reciente sumamente interesante en el que también argumenta contra la lectura de libros y fantasea con no leer más libros.
Las negritas en el artículo de Schank son mías. Aquí está:
Leer no es forma de aprender
Esta es una columna que ataca la lectura. Nadie ataca la lectura. Supongamos que estoy loco y sigamos adelante.
Leer es una idea bastante reciente en la historia de la humanidad. No ha salido bien. Nos ha dado algunas cosas bastante buenas, como la literatura, por ejemplo, o la posibilidad de comunicarme con mi audiencia ahora mismo. Pero estas cosas van a desaparecer bastante pronto y será una buena cosa.
Durante años fue el consejero al presidente de la junta de directores de la Enciclopedia británica. Mi trabajo era cenar con él cada varios meses. En cada cena me preguntaba si habría todavía libros en cinco años. Le decía que los habría pero no su libro. «Las enciclopedias desaparecerán» afirmé.
Estaba pensando sobre esto en una llamada de negocios el otro día. El hombre con el que estaba hablando estaba preocupado por cómo se estaba formando a la gente en su empresa de ingeniería. Estaba preocupado con razón sobre «la muerte por Power Point». Usó el ejemplo de que quería entrenar gente que aprendiera a cambiar una rueda cambiando una rueda y continuó describiendo con bastante precisión cómo aprendemos en tales situaciones (practicando, cosa que no puedes hacer en Power Point). Pero empezó su explicación diciendo que el primer paso para cambiar las ruedas sería sacar el manual de instrucciones sobre cómo cambiar una rueda y leerlo.
Le dije que yo nunca he leído un manual de instrucciones y que estos no habían estado mucho tiempo con nosotros en la historia de la humanidad. Cuando un joven quería aprender a cazar leones no leía un manual de instrucciones ni iba a una clase. A través de la historia hemos aprendido mirando a alguien más viejo que nosotros mismos, intentando emular a esa persona, intentando ser parte de un equipo y entonces intentando cosas por nosotros mismos y pidiendo ayuda cuando fallamos. No es tan complicado. Esto es lo que el aprendizaje ha parecido siempre. Y entonces alguien inventó el manual de instrucciones y todos olvidamos lo que sabíamos sobre el aprendizaje. Sustituimos mentores humanos por lecciones con Power Point y preguntar por leer.
Estupendo. Y ahora nos preguntamos por qué tenemos problemas enseñando a la gente habilidades complejas. No hay nada difícil en ello. Cuando necesitas lograr algo que quieres lograr, necesitas tener a alguien que sepa cómo hacer esas cosas que te supervise y necesitas tener a alguien cuyo trabajo puedas observar y copiar. Necesitas poder intentar cosas y fallar y necesitas poder practicar. La lectura no es necesaria.
Cuando digo cosas como estas, la gente se vuelve loca. El otro día tuve una conversación con una mujer en la que aseguré que ningún aprendizaje tiene lugar sin conversación. Me objetó diciendo que ella podría buscarlo en la Wikipedia en cualquier momento que quisiera y aprender algo así.
No, dije. No puedes. Ella se quedó estupefacta.
Primero, preguntémonos por qué existe Wikipedia. En parte existe porque la Enciclopedia Británica no pudo mantenerse a la altura. Pero también existe porque vivimos en un mundo donde no sabemos a quién preguntar. A mí se me pregunta casi todos los días lo que significan ciertas palabras o sobre qué son ciertas ideas. Me preguntan porque la gente con la que interacciono sabe que lo podría saber y sabe que siempre estoy contento de enseñar. Pero sobre todo me preguntan porque la gente sabe que doy rápidas y cortas respuestas a sus preguntas. Cuando tienes alguien a quien preguntar, preguntas. La lectura es una alternativa cuando no hay nadie a quien preguntar.
Supongamos que siempre tienes alguien a tu disposición un grupo de expertos a quienes les puedes hacer cualquier pregunta que necesites hacer. ¿Leerías alguna vez? (Este grupo de expertos va a llegar pronto). Esta mañana tenía una pregunta médica. No había nadie a quien preguntar. Así que empecé a leer. Pero esta es raramente la primera alternativa.
El segundo problema con el modelo «Siempre puedo leerlo en algún lugar» es simplemente esto: no recordarás lo que leíste. Bien es cierto que tenemos un montón de práctica intentando recordar lo que hemos leído. Esa práctica se llama colegio. Leemos. Estudiamos. Hacemos exámenes. Y de alguna manera todos nos convencemos de que hemos recordado lo que leímos.
Todos los años pregunto el primer día de clase a mis estudiantes en Yale y Northwestern si podrían aprobar los exámenes que pasaron el año anterior en ese momento. Nunca nadie ha pensado que podría. Estudiaron. Escucharon. Memorizaron. Y entonces lo olvidaron. No aprendemos leyendo ni aprendemos escuchando.
Aprendemos de verdad hablando. Suponiendo que estamos hablando con alguien que es más o menos igual y tiene ideas que no son idénticas a las nuestras, aprendemos desafiándolos a ellos y a nosotros a pensar esforzadamente. Reflexionamos sobre las ideas. Probamos ideas. Incluso después de una buena conversación es difícil recordar sobre lo que estábamos hablando. Si las recordamos, significa que hemos sido cambiados por la conversación de alguna manera. Tenemos ahora una perspectiva diferente sobre algo que creíamos. Y hemos permitido la práctica. Practicar hablando es como practicar una habilidad física. No aprenderás a encestar una canasta al menos que practiques lanzamientos durante años. Lo mismo es cierto de las ideas o los hechos. Un estudiante puede memorizar temporalmente hechos pero si no los usa de nuevo los olvidará. Necesitamos practicar lo que sabemos hasta que apenas nos demos cuenta de que lo sabemos, hasta que lo sabemos sea segunda naturaleza. Por ejemplo, no sabemos el mecanismo por el que hablamos, pero podemos hablar, porque aprendimos a hablar y lo practicamos todos los días.
Nuestro mundo se ha obsesionado con leer. Los exámenes de admisión son al menos la mitad sobre lecturas. Las personas se imponen unas sobre las otras citando los libros que han leído. Si no has leído uno que creen que es importante te pueden mirar con desdén(pero es realmente improbable que recuerden mucho del libro). Podrían recordar lo que estaban pensando o hablando después de leer el libro.). Estos son los tiempos modernos. Las cosas han sido así desde la invención de los textos. Dar clases siguió a la invención de los textos (así el texto se te podría leer). Pero todo esto se va a acabar pronto. Sócrates advirtió esto cuando discutía la invención de la lectura y la escritura:
[…] Porque esta invención producirá olvido en las mentes de esos que aprendan a usarla, porque no practicarán su memoria. Su confianza en la escritura, producida por caracteres extraños que no son parte de ellos desanimarán el uso de su propia memoria dentro de ellos. Habéis inventado un elixir, no de memoria, sino para que os recuerden; y ofrecéis a vuestros alumnos la apariencia de sabiduría, no verdadera sabiduría, porque ellos leerán muchas cosas sin estar instruidos y por tanto parecerá que saben muchas cosas, cuando en la mayor parte son ignorantes y difíciles de tratar, porque no son sabios, solo parecen sabios. (Fedro 272c-275c).
La lectura va a acabarse. Los libros van a desaparecer. Ya hay mejores formas de diseminar el conocimiento. Pero las escuelas son difíciles de cambiar. El entrenamiento es difícil de cambiar. La gente que ahora usa internet no puede imaginar una vida sin las herramientas que hay ahora. Pero nuevas herramientas van a venir.
La principal ventaja de leer es que podemos hojear y pasar a lo que nos interesa. Hojeamos más que leemos. Es difícil hojear cuando alguien está hablando. Y un día puede que no lo sea.
Muchos escritores declaran escribir para ser queridos. Sin llegar a este extremo, casi todos actuamos para obtener la atención positiva de otros seres humanos.
Entonces, el escritor inconscientemente puede suponer que para ser querido ha de hacer las cosas que hace habitualmente para ser querido por su familia, amigos o personas cercanas sobre las que quiere influir. Puede inferir que puesto que con sus amigos y familia busca los puntos comunes, las cosas que les unen, ha de hacer algo parecido en el papel escrito.
Eso es un tremendo error para un escritor:
¿Por qué alguien iba va a cederte el precioso regalo de su atención, si solo le vas a dar lo que ya conoce, si no vas a reforzar más que lo que ya siente, sabe o quiere? ¿Por qué leer a alguien que tiene la misma visión del mundo que tú? Para eso la lectora ya tiene a su esposo, a sus hijos, a sus amigos, a su compañero de baile, al que reza y canta en la iglesia junto a ella. Para eso el lector tiene sus amigotes del bar, sus familiares y el cuñado pesado del que sabe lo que va a decir antes de que abra la boca.
Gran parte de la literatura es escapista, al menos la más popular. ¿Por qué alguien querría escapar con los familiares pero banales episodios cotidianos que tan bien conoce? Si te dan la oportunidad de pasar unas horas con una persona nueva de tu elección, ¿por qué ibas a querer conocer a alguien que fuera como tú, de tu barrio, de tu estatus socioeconómico, con tus mismas ideas? No tiene sentido. Si quiero escapar placenteramente, he de hacerlo a mundos que nunca pisaré o con los que solo puedo soñar.
Y luego está la literatura más sublime, la que pretende no solo entretener y proporcionar unas horas al margen de tus miserias cotidianas, de tus mil repetidos días de la marmota; la literatura que, además de sorpresa y trama, transmite significado, alguna verdad sutil y emoción sublime que solo se puede experimentar emocional e intelectualmente en forma de historia. ¿Crees que para ello has de dorar la píldora al lector? ¿Crees que tienes que ganarte su simpatía acariciando el concepto que ya tenga de sí mismo, el punto de vista que ya mantiene, su sistema de creencias? Esto también es absurdo.
El lector que te lea cuando oses escribir quiere alguien distinto a sí mismo, quiere tu punto de vista, sí, pero no el punto de vista común que os une, sino todo lo lo que os separa, lo que te hace diferente, justamente lo que no te conviene mostrar, lo que escamoteas o de lo que te avergüenzas en tu vida cotidiana. Quiere tu mirada desviada, quiere saber que no eres alguien de cartón piedra, quiere acceder a otro mundo gracias a tu magia.
Si yo te voy a leer, te voy a leer por lo que nos separa, no por lo que te haría gustarme; por lo que me choca, no por lo que me agrada; por lo que asquea, no por lo que me hace sentirme cómodo en tu presencia; por lo que me refuta, no por lo que me da una palmadita en la espalda.
Te voy a leer, si tienes la loca suerte de que algún día te lea, por todo aquello que te convierte en un verso suelto, en un pendón desorejado, por todo aquello que haría que estuviera a disgusto en tu presencia.
—No, no pasa nada. A veces me viene bien salir del mundo platónico de las ideas y ponerme en contacto con las sombras.
—¿Por qué dices eso?
—Lo digo porque tengo la sensación de que abuso de mí mismo, de que leo demasiados libros.
—Pero no llegas a los tres diarios de Bastos, ni eres una enciclopedia ambulante tipo Huerta de Soto o Juan Ramón Rallo, tipos poco atractivos por otra parte.
—No, no, ni siquiera en eso soy un fuera de serie… mal que me pese. Pero sí, leo muchos libros, soy un librófago.
—Se dice que leemos poco. ¿Hablas de ti mismo como si estuviera mal leer mucho?
—No, no es que esté mal ni tampoco es que el bien esté en el justo medio ni nada de eso, es que a veces tengo la sensación de que mis funciones creadoras están atrofiadas por leer tantos libros, por la arbitrariedad de mis lecturas, por su superficialidad, por su exceso, por su desconexión con mi vida. Creo, en cierto modo, que los límites del mundo son los límites de los libros (aquí parafraseo y deformo a Arturo Schopenhauer).
—Si no entiendo mal, me parece que estás sometiendo a crítica tu vida.
—Sí y no. Estoy orgulloso de ser un «miralibros», de ser un intelectual, no me importa «haber leído todos los libros» (que no lo he hecho ni lo haré), pero sí ser un tipo de cartón-piedra, separado del mundo, seco de ideas que no sean prestadas. Cuando escucho a sociólogos o postmodernos intelectuales o profesores de universidad siento que hablan con palabras prestadas y que no hay referencia para mucho de lo que hablan, los veo ridículos. Pues bien, puede que yo sea la parte ridícula de la persona más amplia a la que pertenezco.
—¿Siempre fue así?
—No, creo que no. Esta esterilidad es algo que se ha ido fraguando. Quizá en el momento en que decidí que leer era más importante que escribir o que hablar o que crear algo con las manos empecé a cavar mi tumba intelectual. Quizá cuando fui capaz de leer y memorizar sin necesidad de repetir lo leído con mis palabras (y por tanto verbalizar y transformar y hacer más mío lo leído) empecé a cavar mi tumba intelectual (dos veces «cavar», ya). Además, no siempre estuve expuesto a tantos libros ni tenía los recursos para acumular tantos libros; ten en cuenta que nací en el siglo pasado, en los tiempos pre-internet, en la generación X, la anterior a los millenial. Leía lo que caía en mis manos, sin mucho criterio, no fue hasta pasados los veinte años cuando pisé una biblioteca . Al final de los 90, con la irrupción de internet la tendencia a la lectura compulsiva y la búsqueda del conocimiento en los libros o documentos escritos se exacerbó. Me gusta esta frase de Homo Mínimus (ya sé que es de mal gusto citarse a uno mismo): «Un sabio en pos de la verdad en los libros es como un romántico buscando el amor en un prostíbulo». Yo creo que he estado buscando el amor en un lupanar.
—Pero yo creo que el mundo de los libros es uno de los mejores lugares para «encontrar el amor».
–Creo que es un complemento, como un ramo de flores y un anillo de diamantes, pero no la esencia del amor ni el vehículo del amor. El lugar genérico es la conversación en sus distintas calidades y formas, pero la conversación que puedes mantener con un libro, con un autor posiblemente ya muerto o que esté muerto a efectos prácticos (sin capacidad de realimentación e intercambio bidireccional), es muy limitada. La mente necesita de estímulos externos, pero es mejor si esos estímulos pueden ser «rebatidos», contestados, cuestionados, si hay un toma y daca intelectual, también afectivo.
—Quizá tu problema es que no has encontrado nunca interlocutores que emitieran en tu misma longitud de onda y has recurrido a los libros como un sucedáneo.
—Si, exacto. Pero hay una interpretación menos soberbia y menos atractiva para mi persona: quizá es que haya despreciado la conversación fragmentaria, imperfecta, lenta, con personas de carne y hueso. Quizá es que no he tenido paciencia para escuchar las historias de los individuos. Siempre he endiosado al autor ideal del libro pero he despreciado a las personas de carne y hueso. Creo que podría haber aprendido mucho más de personas de carne y hueso. Puede incluso que al tener modelos intelectuales en mentes muy potentes o muy grandes haya minusvalorado a las personas en mi entorno. Sí, creo que una suerte de soberbia intelectual y una admiración muy grande por ciertas personas ideales me ha conducido a despreciar a las personas cercanas; algo parecido a lo que le ocurre al hombre de hoy en día cuando compara las mujeres de carne y hueso de su alrededor con las diosas de la pantalla, con las estrellas de cine.
—Sabes, creo que esa es parte de la historia, pero no toda la historia.
—¿Qué tienes en mente?
—Lo diré sin miramientos: creo que no piensas mucho, que eres perezoso y que haces cualquier cosa por no pensar, incluso anegarte en libros.
—Te responderé sin miramientos: cierto, tienes toda la razón. Nunca he pensado, no he hecho nada digno de ese nombre. Soy un loro de repetición, pero no he practicado nunca nada parecido al pensamiento profundo. Anegado en películas, libros, periódicos, televisión, radio, etc., jamás he tenido el espacio mental para pensar de verdad, por mí mismo.
—Tampoco es cierto del todo… ¡Escribes! Y eso es una forma de pensamiento.
—Sí, es lo más cercano que he hecho a pensar, pero creo que nunca he explorado ningún tema en profundidad, nunca me he metido en el fango y he excavado intentando comprender algo al 100%. Bueno, quizá lo he intentado, pero creo que no lo he conseguido, pues siempre he dependido demasiado de la lectura de libros.
—¿Me puedes poner algún ejemplo de esas ocasiones o periodos de tu vida en que has hecho un trabajo intelectual digno de ese nombre, al menos algo que se aproxime remotamente?
—Así, a botepronto, se me ocurre el periodo en que decidí estudiar lógica matemática y teoría de la demostración; lo hice en unos meses que pasé en Santiago de Compostela. Fue un intento, que después no tuvo continuidad, por el trabajo, el flujo de la vida, etc. Siempre he tendido a acumular libros antes de ponerme a estudiar, y si empezaba a estudiar, me anegaba en ellos, sin casi pensar, sin reflexionar, sin ponerme a implementar lo aprendido o explorar por mi cuenta.
—¿A qué atribuyes ese comportamiento tan contraproducente y tan repetido a lo largo de tu vida pseudo-intelectual?
—Creo que no tengo paciencia; en principio, es un defecto del carácter, un vicio, una laguna en el carácter, un bache, un boquete, una sima más bien. Necesito resultados rápidos, no convivo fácilmente con las «meseta», tengo que estar sintiendo que obtengo algo, aunque sea ilusoriamente. Un nuevo libro, una nueva lectura, algún pensamiento inspirador encontrado en algún recoveco del libro. Cambiar de libro, cambiar de materia incluso, lo que sea para tener otra vez la novedad y alguna brizna formal o de contenido que me mantenga ilusionado o al menos motivado.
—Tengo entendido que esa pauta de empezar, acumular información, ilusionarse con la perspectiva, sufrir las dificultades de avanzar poco, redoblar los esfuerzos bibliográficos esperando el libro perfecto o la pepita de oro informacional general y abstracta, abandono de esfuerzos, cambio por otros, frustración, nuevas búsquedas, nuevas frustraciones, y progresiva erosión de las metas hasta el abandono y la conversión a «proyecto zombi» es recurrente en tu biografía.
—Sí, tristemente he de decir que sí. A pesar de ser consciente del proceso, lo repito una y otra vez, como un jugador compulsivo que pierde y sigue jugando, y que está al borde de la bancarrota, o ya ha caído en ella, pero vuelve a usar la misma técnica, la misma estrategia, el mismo truco(sin esperanza).
—Decía Alberto (Einstein) que «es de locos hacer lo mismo una y otra vez y esperar que los resultados sean distintos y las cosas mejoren».
—Pues soy un loco, un loco de remate, de atar. Hoy, por ejemplo, para muestra un botón, empecé el día con buenas intenciones: cumplir la agenda fija; pero el echar vistazo al libro de Sertillanges, La vida intelectual, me ha hecho descarrilar. Comencé a eso de las diez y no he parado hasta las ocho con búsquedas bibliográficas, búsquedas que irónicamente han confluido en la certeza de que no elijo bien mis lecturas, que no reflexiono sobre lo leído, que no me paro, que leo compulsivamente, que lo que leo no germina en mi alma, posiblemente porque nunca penetra muy hondo.
—Pero esta noche anterior estuviste soñando con ideas de álgebra lineal.
—Sí, cierto, esta semana he comprendido algunos conceptos gracias a unos muy buenos videos, Essentials of linear algebra, en youtube. Muy buenos y clarificadores, pero me he distraído sobremanera buscando más libros de predictive analytics y de cristianismo y virtue ethics. Es desesperanzador, más teniendo en cuenta que el objetivo principal de esta semana era cumplir la agenda fija. Ese era el objetivo y voy camino de cumplir la peor semana del año respecto a horas efectivas de estudio. Te daré otro dato: tengo actualmente 34 proto-proyectos, que son básicamente carpetas con decenas de libros cada una sobre algún tema que me haya interesado. Es realmente terrible ver mi dispersión y lo estéril de mis estrategias intelectuales. Básicamente se reducen a esto: interesarme por algo – ilusionarme rápidamente y dejar todo lo que tuviera entre manos – buscar libros básicos, leer- emocionarme un poco más – entrar en una espiral destructiva de búsqueda y exploración de más libros – evito como la peste la reflexión o el trabajo intenso – busco más libros, como un borracho que busca más bebida – me frustro más, pues llega un momento en que no hay fruta en las ramas bajas – pierdo el interés y, por último, — surge algún nuevo objeto de interés que desplaza al anterior — convierto en proyecto zombi al proyecto y empiezo un nuevo ciclo.
—Tremendo.
—Tremendo, sí. Y no sé cómo salir de este pozo en el que yo mismo me meto, que yo mismo excavo. Creo que me falta carácter.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que mi vida intelectual no puede ser un compartimento estanco separado del resto de mi vida. Lo bueno, la vida buena, es condición de la vida intelectual, de la búsqueda de la verdad. Verdad y bondad son conceptos afines.
—Esto me recuerda a la teoría platónica de las ideas, las esencias o formas perfectas, y la idea superior: el bien, la forma o esencia superior, organizadora de las demás. En su momento me sorprendió el juego de manos intelectual de Platón pasando de los problemas epistemológicos del origen, naturaleza y fundamentación del conocimiento al campo moral: estaba hablando de la relación entre el mundo de las sombras en la caverna Platónica, la experiencia y la opinión con las ideas en sí, con el mundo ideal, el campo abierto a plena luz del día, el mundo del conocimiento, para acabar hablando de moral, de ética.
—Pues a mí me recuerda a la vida emocional de Wittgenstein en Cambridge cuando aparecía a cualquier hora en casa del lógico matemático y filósofo Russell y hablaba durante horas, caminando como un tigre enjaulado en la habitación donde se reunían, atormentado, pensando intensamente, echando humo intelectual; Bertry en un determinado momento le pregunta si está pensando en lógica o en sus pecados, y Ludwig responde «¡en ambos!». Pecados y verdad lógica.
—Desarrolla esa conexión, por favor.
— «¡Cómo puedo ser un lógico si no soy todavía un hombre!» escribía Wittgenstein en su diario secreto durante la primera guerra mundial. Tener una vida intelectual, del pensamiento, significa subordinar el resto de la vida a esa empresa, significa coordinar todos los esfuerzos y organizar todos los asuntos cotidianos para que contribuyan al fin de la búsqueda de la Verdad. La Verdad en sentido epistemológico y en sentido religioso, moral.
De los hábitos, las virtudes, las rutinas diarias depende la consecución de las metas intelectuales. Esta coordinación entre la vida moral y la vida intelectual o del pensamiento se expone muy clara y pragmáticamente por el monje dominico Antonin-Dalmace Sertillanges en su libro de 1920 La vida intelectual. Su espíritu, condiciones y métodos..
—Supongo que, por ser un religioso, Sertillanges considera que la verdad es la «Verdad», una emanación de Dios, una manifestación, su mensaje moral.
—Cierto, y es sorprendente la forma en que fundamenta la vida intelectual en la idea de Dios, abstracta, grande, magnífica, absoluta, y al mismo tiempo expone a nivel microscópico, de acciones cotidianas, cómo debería organizarse la jornada del trabajo, el cuidado del cuerpo, la toma de notas, la elección de libros y todos los aspectos diarios relevantes que permiten a una persona llevar una intensa y dedicada vida intelectual y convertirse en un atleta del intelecto, un atleta del intelecto dedicado a Dios.
—El carácter se forma a través de acciones repetidas coordinadas hacia un determinado ideal de vida buena. Se forma también, más habitualmente, por el azar de las circunstancias personales biográficas y los impactos ambientales, en especial los sociales; pero en un contexto moral, ético, religioso, el carácter es una elección personal, es una personalidad elegida, un proyecto moral.
—Y es sobre todo en la idea de proyecto moral y personalidad elegida donde fallo. No es que no tenga un ideal de yo al que aspire, que lo tengo, sino que este es muy pobre, pequeño, mezquino, narcisista. Sertillanges tiene un ideal grandioso, un ideal de santificar su existencia siguiendo el ideal cristiano, la figura de Jesús, el hombre más perfecto de la historia. En comparación, mi ideal es egoísta, interesado, un ideal ombliguista, autosuficiente, esencialmente hedonista, nietzschiano quizá.
—Supongo que la calidad de experiencia intelectual, las motivaciones y los logros que posibilita un ideal tan restringido son insuficientes.
—Así es, parece que la vida intelectual movida exclusivamente por fines de autoengrandecimiento o gloria personal, sin conexión con otros fines más amplios y otras personas, es como el vicio o el pecado de la ira: un aparente gigante, pero con pies de barro. Faraday (el padre del electromagnetismo) decía que no podía concebir un hombre de ciencia movido por intereses de gloria personal o vanidad, que ese no era el talante que animaba la exploración científica; Bertrand Russell decía que si uno buscaba simplemente la fama abandonaría muy pronto porque no tendría paciencia para sostener el esfuerzo durante tanto tiempo, tiene que haber un amor por la verdad muy profundo, por el objeto de la exploración y posiblemente también por la exploración en sí misma. Russell formulaba en términos seculares lo que Sertillanges presenta en términos cristianos de glorificación de Dios y santificación de la existencia.
—Voy a resumir lo que he entendido sobre el problema de la acumulación de libros y la voracidad lectora. Hay elementos inesperados que no suponía que tuvieran relación y que creo que son las causas del problema y quizá el mismo problema, siendo la voracidad bibliográfica no más que una manifestación y efecto colateral, un epifenómeno quizá.
Dicen que uno de los lamentos más grandes que tiene la gente en el lecho de muerte se refiere a las cosas que no hicieron, las cosas que no se atrevieron a hacer, principalmente por miedo o inconsciencia.
El bíblico “todo será crujir y rechinar de dientes” no es tanto, dicen, por lo que uno hizo, sino por lo que uno no hizo.
Esto resuena fuertemente con nuestra cultura contemporánea, donde te animan a hacer antes de pensar sin mirar demasiado hacia el futuro (»Por qué tu lo vales», «Carpe diem», «Tú lo mereces», «Hazlo mientras puedas», «No pierdas la oportunidad», etc.) y juegan con tu miedo a la pérdida para venderte algo.
Está de más decir —pero lo digo— que estos mensajes favorecen y son favorecidos por la doctrina del consumo como vía regia hacia la felicidad y por las empresas que venden sus productos y servicios, y desean que seas un adoptante temprano, un probador beta de sus productos y busques siempre lo nuevo, para que lo nuevo se convierta pronto en viejo y vuelta a empezar.
Pero yo me digo: ¿por qué aumentar las pre-ocupaciones con el pensamiento de que me estoy perdiendo algo ( «La hierba del vecino siempre es más verde», «En la próxima línea de WhatsApp o de twitter está el gran mensaje que cambiará mi vida», «Viaja a Vietnam (Tailandia ya está pasada)»).
¿Por qué sentirme tan temeroso por las opciones descartadas o ni siquiera tenidas en cuenta? Las opciones disponibles son de magnitud inabarcable (un plano sin límites y las infinitas líneas que lo pueblan) y nuestras vidas son segmentos curvilíneos (una sola curva a disposición de cada alma) que describen una trayectoria única, finita (y no repetible).
Cuando uno mira hacia atrás (y es conveniente hacerlo cada cierto tiempo), observa (y construye) la trayectoria hasta entonces recorrida y considera las opciones no tomadas, estas a veces queman. ¿Qué valor tiene una vida finita ordinaria comparada con las infinitas vidas imaginadas (quizá imposibles) mejores?
El juego de las vidas no ensayadas es un juego perdido. Es jugar contra el destino, que siempre tiene las cartas marcadas.
No, no importa lo no bailado, lo no bailado es lo que argumentan los que te quieren vender algo para persuadirte mejor.
Lo que importa es lo bailado (el pasado vivido es presente) y el baile que gracias a mis anteriores pasos estoy ahora bailando.
Ante el lamento por lo que no fue, la constatación de que es estúpido y contraproducente que duela.
Así que lo dicho, que me pongan lo no bailado (yo no me voy a dejar).
Olvida mi última entrada en el blog. No quería decir lo que dije. Al menos, no quise decirlo como lo dije y dar pie a malentendidos.
A decir verdad, me gusta escribir en este blog e interaccionar simbólicamente en los comentarios y en los podcasts con algunos de los amigos y lectores de este blog, ya sean casuales, que pasaban por aquí, o gente que acude al blog de forma periódica (semanal, mensual). NUNCA eres un lastre, una carga, una cortapisa, un obstáculo, una pejiguera, un fastidio, un peso muerto, un lector cansino, una piedrecilla en el zapato.
Este blog me ha convertido en mejor persona gracias a ti.
Pero por muy buena persona que sea o que parezca (que hablen de uno aunque sea bien), todavía tengo mucho recorrido; es más, me siento al principio del camino y con unas terribles ganas de aportar, agradar, instruir y ser instruido.
Siempre he dicho que este blog es un ejemplo de lo que deberían ser las redes sociales digitales: un mecanismo para generar conversaciones de calidad entre personas de calidad (sí, este público que tanto me quiere es superior a la media, muy superior a la media, al menos dos desviaciones estándar). Estoy muy orgulloso de ti (fíjate en cómo hablo de ti, no de vosotros, no de los lectores, lo hago para que sientas que te hablo a ti, a la persona, no al nicho de mercado, al segmento, al «cluster»).
Soy un manipulador, ya lo sabes, te doy una de cal y otra de arena, me tienes calado (aunque también arenado), no quiero negarlo; de hecho, siempre he hecho gala de ello, mi comportamiento puede parecer cínico, pero a pesar de parecerlo, sí que lo es. Lo que no reluce a veces es oro. La donna (y el divo) è mobile.
Periódicamente, suelo animarte a darte de baja (por ejemplo: aquí, aquí y en otras entradas que no me digno a buscar), ya sabes que mal se paga a un maestro permaneciendo siempre discípulo, por eso aprovecho la oportunidad para animarte –una vez más– a que pulses el enlace de «Cancelar la suscripción» (al final de este correo) y solo entres en el blog cuando te acuerdes de Homo Mínimus o cuando te despiertes de una pesadilla temeroso y tembloroso buscando guía en una fría noche de invierno.
Si no lo haces, atente a las consecuencias: avalancha de correos promocionales, venta de libros de baja calidad escritos por el autor, autobombo, cursos de crecimiento espiritual en retiros de fin de semana en casas rurales donde solo crecerás tres o cuatro kilos, riesgo de ser captado por una peligrosa secta neoludita y el escaso tiempo que te queda de vida buscando el vellocino de oro en el lugar equivocado.
Dicho esto, ya sabes: quien avisa no es Rajoy (aunque sí Mariano). ¡Vota a Vox! (con letra de El Genio).
En ocasiones, he pensado dar de baja a todos los suscriptores y empezar de 0 en el blog, sin lastres ni expectativas, quizá conservando los artículos antiguos y el dominio del blog, pero empezando fresco, sin la necesidad de contentar a nadie. Me seduce lanzar por la borda a los miles de suscriptores acopiados a lo largo de estos años, me atrae que los cientos —digamos— de lectores que realmente se benefician (esos que obtienen de cuando en cuando alguna pepita de oro) no vuelvan a leer nada mío, y siento curiosidad por saber si alguno de las pocas decenas de amigos del blog me pregunta o no qué paso, qué fue del blog, por qué no recibe más artículos en su correo.
Estas últimas navidades, con motivo de la revisión anual y mi costumbre de despejar las cubiertas, me decidí —por fin— a eliminarte implacablemente, sin explicaciones ni disculpas, y empezar, tal como he dicho, de cero. Pero…
Con buen criterio, WordPress no permite eliminar fácilmente a los suscriptores con un solo clic o con unos pocos clics. Para eliminarlos tengo que hacerlo de uno en uno, seleccionar uno a uno a los suscriptores y pulsar la fatídica tecla. Calculé que me llevaría casi tres horas. Tres horas y se acabaría el tener que escribir para alguien que espera algo de uno. Tres horas y podría empezar de cero o simplemente dar la puntilla final a este proyecto Zombi que parece ser Homo Mínimus. Pero…
No conseguí vencer mi desgana de pasar tres horas aburridas como requisito para la liberación y no eliminé a la audiencia. Por eso has recibido este correo, porque no pude superar la barrera de las tres horas de esfuerzo requeridas para multiplicar por cero a los suscriptores del blog.
WordPress y cualquier red social —para el caso, cualquier empresa que quiere retener a sus clientes— pone barreras de salida. WordPress sabe que si elimino a mi audiencia en un momento de debilidad o desgana perderé gran parte de la motivación para seguir escribiendo, y ellos perderán mi pago anual y el tráfico de mis lectores y su tiempo de atención y la publicidad que vende o los posibles nuevos suscriptores a sus servicios. Por eso lo ponen difícil.
Los ingenieros de la atención, esos hombrecillos con gafas y pretensiones de hacer el mundo un lugar mejor, actúan día y noche para que no nos alejemos de las pantallas, ya sea escribiendo y creando contenido, ya sea leyendo y consumiendo lo que otros crean.
Hoy gozamos en el podcast de Homo Mínimus de la presencia de un extraordinario invitado: Rafael Sarmentero, novelista, poeta, bloguero y genio profesional. Su última obra: Violencia Zen.
00:25 ¿Cómo decir no a las solicitudes de conversación cuando uno es tan famoso y pretendido como usted ? (me pregunto por qué ha accedido a esta entrevista).
Algunos personajes públicos repugnantes. “¿Los prejuicios son malos? Solo cuando se equivocan.”
03:47 ¿Cómo es la conversación ideal de un genio?
“Corriendo por la orilla del mar a las ocho de la noche con una persona inteligente a la que aprecia con voyeurs escuchando y preguntas interesantes que hacen dar vueltas a las cosas y deje alguna enseñanza y conduzca a otros caminos”. La acción es elocuencia.
05:06 ¿Escucha deliberadamente conversaciones ajenas para inspirarse en la escritura de novelas o poemas?
No las busca deliberadamente. Pero sí escucha alguna…: “Él no estaba implicado pero se enamoró al sexto año…”. Perro ladrando.
El genio, para divertirse, toma nota de palabras repetidas de pijos (= pitucos, fresas…).
10:50 Tengo entendido que usted crea las novelas en su mente antes de escribirlas, ¿le ayuda contar la historia a alguien antes de escribirla o solo lo hace después de haberla escrito (si es que lo hace)?
Solo alude a grandes temas: su visión del amor, el juego, etc.
12:19 ¿Qué relación hay entre la escritura y la conversación? ¿El oficio de escribir mejora la calidad de sus conversaciones? ¿Cuál es su experiencia?
Existe una relación complicada. Es amigo de los anacolutos. Puede estar mucho tiempo buscando la palabra adecuada.
14:36 ¿Se puede conversar de verdad con un niño (niño definido como bípedo implume de uñas planas de entre 6 y 12 años)?
Sana praxis. No tratarlos como si fueran tontos, como hacen muchos padres.
16:30 ¿Puede inferir la profesión de alguien solo por su forma de hablar? (suponiendo que la forma de vestir o el contexto no proporcionen información decisiva).
No lo sabe. En general, es difícil.
17:25 ¿Cómo tener buenas conversaciones fuera del nicho profesional o de intereses? ¿Es posible? ¿No cree que vivimos en burbujas intelectuales y de valores que dificultan las conversaciones genuinas con miembros de otras tribus?
Se salta la charleta protocolo que precede a la conversación real. Hacer afirmaciones más que preguntas para ver por dónde respira el interlocutor.
20:27 ¿Advierte alguna diferencia en forma y calidad entre las conversaciones con hombres o mujeres? (je, je, je, ya sé que sí).
Una diferencia muy grande. Temas. Ellas se implican en tus problemas y te dan un consejo que no te va a servir. Su idea de lo que les gusta no coincide con lo que realmente les gusta. Los hombres no tienen desarrollada la conversación de los afectos. Adecuado “uso de amistades”.
24:33 ¿Hasta qué punto sus conversaciones están determinadas o influidas por el ruido o la agenda de los medios de comunicación o el ambiente social del momento?
Es difícil evadirse. El Genio prescinde de la actualidad y solo lee blogs atemporales. Ahorra tiempo.
26:47 ¿Recuerda la última conversación que le hizo cambiar de opinión sobre algún asunto social, político o intelectual? (en el supuesto de que alguien alguna vez le haya hecho cambiar de opinión en una conversación).
00:00 Por qué escribo tan buenos artículos. Justificación del tema de hoy.
01:29 Presentación del invitado de hoy: Raúl Hernández , bloguero veterano y reciente youtuber . Por qué mejorar las conversaciones. Hay un nivel básico y hay un nivel avanzado que requiere atención y esfuerzo.
08:40 ¿Está la conversación en declive? Medios digitales desplazan las conversaciones cara a cara. Raúl quiere conversaciones cara a cara o en teléfono planeadas, no informales e invasivas. Sensación de control se pierde en conversaciones en persona, no puedes editar las conversaciones como puedes hacerlo en Facebook o en WhatsApp.
13:15 Conversación como baile. Anécdota de Raúl sobre una reunión de trabajo en que las cosas no fueron como planeadas, no estaban en el guion. La esencia de la conversación es el flujo, lo que orgánicamente se vas construyendo, la creación. El equilibrio entre estructura y espontaneidad o improvisación.
17:40 Referencias literarias y de cine. La trilogía Fundación de Isaac Asimov y la tecnología conversacional. Referencia a la película Hair. Referencia al Secreto de sus ojos. La necesidad de conversación humana. Tom Hanks en Náufrago. Raúl: “No podemos vivir en permanente monólogo”. El juego de Ender y los insectores, que se comunicaban por telepatía.
22:15 Estamos hablando de conversaciones con sustancia, no necesariamente transcendentales, pero sí con cierto grado de profundidad. Los elementos de racionalidad y de emoción (“A calzón quitado”, dice Raúl). Más allá de las conversaciones epidérmicas. “Se trata de rascar”. Analogía con los pozos de petróleo. Analogía con los datos y los metadatos. ¿Dónde están los metadatos? Lo explícito y declarado vs lo implícito y escondido o no declarado verbalmente.
31:00 ¿Cómo poner el cascabel al gato? ¿Cómo desciframos los metadatos? A través de la pregunta, el arte de las preguntas poderosas. Saber escuchar. Trabajo de detective. Referencia al podcast con Miss Sunshine . El coaching nos puede ayudar a ser mejores conversadores.
36:25 Paul Ekman y la expresión facial de las emociones. Emociones sutiles, microexpresiones. Desarrollo de la empatía. ¿Se pueden emplear los gestos o expresiones faciales para manipular al oyente? Sonrisas fingidas vs genuinas. Entrenamiento capacidad detectar expresiones sutiles . Serie Miénteme basado en estudios de Ekman.
46:00 “Todo se puede entrenar” dice Raúl. Análisis coste-beneficio del entrenamiento en conversación. Suponemos que la gente ya viene motivada de casa (en este podcast). Nos centramos en técnicas para mejorar las habilidades conversacionales.
Primer consejo: “Sigue el camino de baldosas amarillas”. Hay métodos y expertos que son suficientes para empezar, no es necesario crear el propio método. Práctica deliberada. Método DiSSS de Tim Ferris. Una buena explicación del método en el blog de Entusiasmado.
Esquema método DISSS, cortesía de Entusiasmado.com
52:10 Cosas que no sé sobre la conversación, paso preliminar al iniciar cualquier proyecto de aprendizaje. Método KWL. Explicación en blog de Raúl. Aprendizaje preventivo. Mención en comentarios del blog de Raúl. Importancia de las preguntas, esencia del aprendizaje. Enfoque calabobos (lluvia fina que termina permeando) vs enfocado. Digresión sobre twitter y preguntas y posibilidad de uso para entrenar conversaciones. Artículo Speakers corner de Raúl.
Twitter como gimnasio del escritor. Raúl piensa que twitter no perjudica la conversación en general. Homo Mínimus cree que hay un coste de oportunidad de twitter: las conversaciones profundas cara a cara que dejas de tener. Raúl cree que sus 50.000 tuits le han convertido en un mejor conversador.
1:05:10 “Tener conversaciones profundas cansa” dice Raúl, para quitar peso al argumento del coste de oportunidad. Homo Mínimus dice que la única opción alternativa a twitter no es una conversación profunda, hay otras opciones de más valor: descansar, leer, pasear, hacer ejercicio. El shabbat como un buen ritual de recuperación. Anécdota de Raúl sobre una conversación que justificó toda la semana. Necesidad de buscar activamente esas conversaciones profundas. Mejora a través de la práctica deliberada, enfocándose en microhabilidades. Revisión conversaciones en podcasts como revisión después de la acción. La conciencia es el principio de la liberación.
1:13:40 Raúl se ha acostumbrado a su voz escuchándose en los podcasts y grabando videos. Se ha vuelto menos reactivo y más tolerante con sus errores. Revisar las conversaciones como un escritor revisa sus escritos. El tiempo, energía y frustración son consustanciales a la mejora en cualquier habilidad. Para llegar al 5% superior en cualquier habilidad necesitas mucho menos esfuerzo que para estar entre el 1% superior. Fijación objetivo de nivel deseado. Referencia a las 20 primeras horas, cómo aprender cualquier cosa de Kaufman. “Yo soy menos mediocre que la mayoría de los mediocres” dice HM. Metaaprendizaje. “El metaaprendizaje es un superpoder” dice Raúl.
1:22:45 Proyecto 52 comidas. Qué me aporto: artículo resumen. Proyecto 52 paseos. Batería de preguntas de Raúl sobre mi experiencia. La gente inspira. Aprender a jugar en campos conversaciones distintos aumentando la variedad de contertulios. Conversaciones “a ciegas”. Hacer algo distinto en cada conversación. Necesidad de dedicar tiempo. Articulación aprendizaje a través de proyectos. Agresividad en el aprendizaje: gimnastas, Rosalía, etc.
1:33:00 Más ideas: tertulias. Meetup, una plataforma para organizar reuniones. Raúl grababa conversaciones de coaching y luego escuchaba y comentaba con una tercera persona, un mentor o entrenador. After Action Review de los marines americanos. Uso de listas de comprobación para estructurar la revisión de las prácticas y fomentar conciencia. “Lo excelso es tan difícil como raro” (Francisco de Quevedo).
1:41:20 Theodore Zeldin. Menús conversacionales . Idea Raúl: crear repertorio de temas para iniciar y llevar conversaciones. Citas rápidas. Referencia a El día de la marmota como modelo del metaaprendizaje. Creación de escenarios similares al día de la marmota, los guiones mentales propios y ajenos no cambian demasiado de día a día, de mes a mes, de año a año. Cena con extraños en Edimburgo de HM. ¿Fue HM a esa cena con extraños? Creación de un blog. Crea un diario de aprendizaje o bitácora. Por dónde voy y por dónde voy a seguir. Preparación de historias y anécdotas. Caja de herramientas: el riesgo de convertirte en un robot social. Anécdota de Iñaki Gabilondo: repite la misma historia una y otra vez. Ejemplo: entrevistas promocionales. Raúl: “Hay que saber leer las situaciones”
1:57:10 Técnica del hilo en la conversación. Hilo con ganchos desde los que puedes tirar los temas que te interesen. Las notas pueden ayudar para mantener memoria de esos ganchos que pueden surgir en cada momento. Otra técnica: acudir a entrevistas de trabajo que no te interesan. Entrevistar al entrevistador. Acudir a terapia. Escuchar entrevistas en profundidad, sobre todo a través de podcasts, que permiten este tipo de entrevistas.
2:04:30 ¿Escucha la gente podcasts de dos horas como este? “No estamos acostumbrados a consumir contenidos largos”. Mejor: “No estamos acostumbrados a concedernos el espacio para escuchar podcasts largos”. Grupos de debate: ¿son útiles para mejorar conversaciones? ¿son conversaciones en el sentido en que estamos hablando aquí? Ejercicio de empatía forzada. Test de Turing ideológico: simulación posición contraria antes de estar legitimado a exponer la opinión propia. Hombre de paja. Hombre de acero. Ganar y perder en los debates: ¿ha habido transformación o cambio?
2:14:10 Postmortem. Premortem. “Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan un puñetazo”.
Técnica de la Premeditación de las desdichas de los estoicos. Conversación negociación.
2:16:40 ¿Cuándo se debe acabar una conversación? Conclusiones, recapitulación sobre mejora conversaciones. Iterar y mejorar. La tecnología intelectual definitiva: la conversación. Ser interesante. Para tener conversaciones interesantes, tienes que interesarte por la gente. Interés genuino. Agradecimientos y despedida.
Conversa todo lo que puedas. A la calidad no se llega sin la cantidad.
Busca personas interesantes y curiosas que sean buenas conversadoras y propicia ocasiones para conversar con ellas.
Mira este anuncio para recordarte que no vas a vivir siempre y que no siempre vas a poder tener conversaciones con la gente que te importa.
Parte de la base de que cualquier persona sabe más que tú en algo o tiene una experiencia que tú no has tenido, y que si exploras puedes encontrar muchas cosas interesantes en ella. Las personas se vuelven interesantes con una mirada interesada.
«En mis paseos, toda persona con la que me encuentro es superior a mí en algún aspecto, y es en eso de lo que aprendo de ella».
―Ralph Waldo Emerson
Procura conversar con todo tipo de gente y en todo tipo de situaciones. Esto te permitirá ser versátil y aprender a usar los distintos tipos de registros lingüísticos.
No olvides entablar conversaciones con niños.
Ten conversaciones en un idioma que no domines. Así aprenderás a obtener la máxima comunicación con un lenguaje básico.
Introduce las conversaciones regulares con personas cara a cara en tus procesos de aprendizaje y en tu desarrollo profesional. Dominar el arte de la conversación redundará en más y mejores conversaciones y en beneficios en muchos aspectos de tu vida, que a su vez te animarán a mejorar la calidad de tus conversaciones.
Aprovecha las comidas y las cenas para tener conversaciones con tu familia. No hace falta decir (por supuesto que hace falta decirlo) que la televisión y los teléfonos móviles han de estar apagados y fuera de la vista.
En el trabajo, procura no comer siempre solo y hazlo con compañeros diversos.
Desarrolla la meta-conciencia en las conversaciones, en tiempo real: asume una posición objetiva e imparcial sobre el desarrollo de la conversación, como si estuvieses viéndola desde fuera. Pregúntate constantemente: ¿qué objetivo tengo con esta conversación? ¿Lo estoy logrando? ¿Qué no está funcionando? ¿Que debo corregir?
Observa cómo una conversación es en esencia un intercambio de historias. Procura que tus historias y anécdotas sean relevantes para el tema y objetivos de la conversación. No hay signo más claro de poca habilidad conversacional que no conectar lo que dices con lo que han dicho.
Colecciona historias y anécdotas personales. Puedes llevar un archivo con ellas.
Lleva un Bitácora o Diario de aprendizaje cuando estés intentando desarrollar explícitamente el arte de la conversación.
Aplica losprincipios de la práctica deliberada a las conversaciones: mantén una conversación larga, grábala y luego escúchate tomando notas de tus principales errores e impresiones generales. Pide comentarios sobre tu estilo conversacional a gente que te conozca. Pide comentarios sobre tu estilo conversacional y sensaciones después de tener una conversación con alguien. Como es algo no habitual, explica previamente que quieres mejorar tus habilidades conversacionales y que necesitas ayuda. La gente normalmente se siente halagada porque valores su opinión. En la siguiente conversación, concéntrate en corregir uno de los puntos de mejora observados en la revisión anterior. Repite.
La conversación es una negociación continua sobre el tema, los objetivos, el tono y su desarrollo. Fija tus objetivos antes de comenzar una conversación profunda. Revisa tus objetivos y condiciones de la conversación a lo largo de la conversación.
Haz un pre-mortem antes de tener una conversación seria: no es un simple «¿qué puede salir mal?», sino que partiendo de la hipótesis de que algo realmente va a salir mal intentas dar con las razones de ese fallo: ¿qué generó ese fallo conversacional? ¿qué podría hacerse para evitar que se produzca otra vez?
Para las conversaciones críticas o cruciales, con mucho en juego, extiende el pre-mortem y conviértalo en la técnica estoica de la premeditación de las desdichas, el «Praemeditatio malorum»: imagina hasta el extremo todo lo que puede ir mal y familiarízate con las sensaciones, así rebajarás la ansiedad y estarás preparado cuando lo malo ocurra.
Observa debates o tertulias en televisión sin sonido y céntrate en los comportamientos no verbales. Escucha programas de radio sin sonido y… no, esto no.
Acude a entrevistas de trabajo cuando no estés buscando trabajo. Entrevista al entrevistador. Puedes leer mi artículo Debilidades y fortalezas.
Trabaja de dependiente o de vendedor.
Trabaja de teleoperador. Al limitarse la comunicación al oído, te centrarás en ese canal sensorial y aprenderás a captar los matices emocionales de la voz con mucha más precisión. También aprenderás a usar el tono de voz adecuado según la situación y el tipo de cliente al que atiendas.
En general, exponte a situaciones donde tengas objetivos claros (vender, generar satisfacción en el cliente, informar, etc.), obtengas realimentación rápida sobre los resultados (ventas, muestras de satisfacción, problemas resueltos) y dispongas de mentores, supervisores, compañeros o profesores que te corrijan.
Observa tertulias de tema social y político en la televisión y úsalas como modelo negativo de lo que no debe ser una buena conversación. Apunta todos los elementos y aspectos en que las tertulias políticas no son buenas conversaciones.
Lo más importante para mejorar una conversación es lo que debes omitir: los sucedáneos de las redes sociales, las guerras incendiarias virtuales o en persona, las discusiones no racionales.
Elimina las redes sociales para favorecer las conversaciones cara a cara y el tiempo en soledad libre de impactos informacionales.
Si es necesario implanta la técnica del «Pacto entre caballeros» al comienzo de la comida o de la reunión.
Evita monopolizar la conversación.
No vayas a una conversación a «hablar de tu libro» a menos que vayas explícitamente a «hablar de tu libro», lo hayas acordado y los otros estén de acuerdo.
Dedica los cinco primeros minutos de una conversación a preguntar y escuchar.
Elige con cuidado a las personas con las que conversar. Dos conversan solo si los dos quieren. El coste de una mala conversación o una no-conversación es una buena conversación.
Lee un libro sobre argumentación o el arte del debate.
Lee un libro sobre falacias formales e informales en el discurso.
Lee un libro de retórica.
Acude a un curso de cuentacuentos.
Toma un curso de teatro de improvisación, te ayudará a introducir espontaneidad, creatividad y ritmo en tus conversaciones.
Visiona comedia en vivo de calidad. Aprenderás a desarrollar el sentido del humor, el ritmo conversacional y a contar historias y anécdotas.
Habla más a menudo de religión y política para así entrenar tu capacidad de autocontrol y el arte de disentir y argumentar racionalmente. Puedes consultar el artículo Principios para una conversación racional.
Invita de cuando en cuando a algún amigo o conocido a comer. Así te procurarás una conversación larga en un entorno agradable. Yo hice eso en mi proyecto 52 comidas.
Varía el tipo de conversaciones que sueles tener. Puedes cambiar tanto el tipo de personas con las que hablas como el tipo de temas. Lo más fácil es cambiar de personas para cambiar de temas.
Invita a alguien a pasear. Pasear y hablar es uno de los placeres más baratos y satisfactorios que te puedes procurar. Yo inicié el Proyecto 52 paseos con este fin.
Crea un entorno adecuado para la conversación. Elimina los teléfonos móviles y dispositivos digitales del campo visual y auditivo. Bloquea tiempo solo para conversar. Evita los entornos ruidosos.
Libera tiempo de redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram, WhatsApp) y dedícalo a conversaciones cara a cara con personas. Los costes de oportunidad de las conversaciones digitales superficiales son las conversaciones profundas cara a cara, la conversación con uno mismo y el descanso.
Nunca veas películas o documentales solo. Conviértelo en un acto social. Después de ver una película, dedica media hora a comentarla con la persona con la que la has visto. Observa la regla: «Nunca ver una película, serie o documental solo».
Si puedes, lee libros a la vez con amigos o conocidos, y luego dedica reuniones a comentarlos. Puedes crear tu propio club de libros.
Twitter puede usarse intencionalmente para mejorar tu capacidad de ser conciso y entrenar la capacidad de generar fases memorables que puedes introducir en las conversaciones orales. Twitter puede ser una especie de gimnasio del conversador y del escritor. Pero ten cuidado porque tiene un gran poder adictivo y es fácil caer en guerras incendiarias. Twitter saca lo peor de uno mismo y favorece el pensamiento de nicho. No es un lugar para tener buenas conversaciones.
Entra en un chat solo de texto e intenta mantener una conversación profunda. Un chat escrito tiene características de la conversación oral (espontaneidad, inmediatez, naturalidad, intimidad) pero con la ventaja de poder medir mejor tus palabras y editarlas antes de emitirlas. Sirve como entrenamiento para la conversación oral en tiempo real.
Usa tus correos electrónicos para entrenar la capacidad de la comunicación concisa y significativa pero correcta. Revisa dos veces tus correos antes de enviarlos. El cuidado con la palabras escrita te ayudará a tener más conciencia y cuidado con la palabra habladas.
Escribe regularmente. La precisión en la escritura es en parte extrapolable a las conversaciones orales en tiempo real.
Lee regularmente. Un buen lector es un mejor conversador.
Conversa regularmente. La agilidad en la conversación depende de haber practicado mucho.
La lectura te hace profundo, la escritura preciso y la conversación ágil.
Aprovecha cualquier interacción personal para pulir tu arte de conversar.
Para hacerte una idea del efecto de las emociones sobre las palabras y el comportamiento, visiona la película Del Revés. La película está basada en las investigaciones de Paul Ekman. Aquí tienes un fragmento:
Visiona uno o varios capítulos de la serie «Miénteme» (Lie to me), que también contó con el asesoramiento de Paul Ekman. Trata sobre un consultor especializado en detectar la honestidad o mentiras en las conversaciones a través de la expresión facial de las emociones:
Desarrolla tu capacidad de percibir las emociones en los demás a través de sus gestos y microexpresiones. Si estás muy motivado puedes hacer un curso de Paul Ekman.
Entra en un grupo de debate. Aprenderás a argumentar, rebatir y observar los principios de una conversación racional.
Acude a un club literario o de libros.
Crea un «mastermind group»: un grupo de ayuda mutua para resolver problemas y dar consejos y reunirse periódicamente.
Entra en meetup.com y busca un grupo de reunión sobre algún tema que te interese. Acude a una cita en tu ciudad. Busca una donde se reúnan para hablar, no para escuchar una ponencia o conferencia.
Acude a una «Cena con extraños» donde no conoces a nadie y nadie se conoce entre sí.
Observa tus motivaciones en las conversaciones. Fíjate especialmente en tu necesidad de brillar, convencer o tener la última palabra para autoafirmarte en tus posiciones o para mostrar estatus.
Ve a una cafetería tranquila con un ordenador portátil o teléfono inteligente y ponte los auriculares pero sin estar escuchando nada, solo como tapadera o coartada. Busca un grupo de personas pequeño, idealmente solo dos o tres personas, y sitúate lo suficientemente cerca para oír lo que dicen y lo suficientemente lejos para que no se sientan escuchados. Escucha su conversación y toma notas sobre la calidad de esas conversaciones, el comportamiento no verbal, los temas, etc.
Evita los clichés o lugares comunes en las conversaciones. En toda buena conversación hay elementos imprevistos y creativos.
Mantén conversaciones con tema predefinido y prepárate previamente, como mínimo haciendo una lista de ideas que quieres exponer o explorar. No tengas miedo a las digresiones, pero mantén en mente el norte de la conversación.
Propón a Homo Mínimus un tema de conversación para charlar con él en uno de sus podcasts. Hasta fin del 2018, a ser posible, algún tema remotamente relacionado con el perdido Arte de la Conversación; a partir de 2019, lo que tú quieras.
Enseña a alguien el arte de la conversación. Enseñar es una de las mejores maneras de aprender.
Enseña el arte de la conversación mediante el ejemplo.
Desarrolla la conciencia de tus conversaciones interiores a través de la meditación. Observa con curiosidad y sin juzgar tu diálogo interior.
Crea un blog y escribe, escribe, escribe. Cuando tengas mil suscriptores tendrás una fuente inagotable de conversaciones.
Si tienes un blog, contesta a todos los comentarios que puedas. Yo tengo que mejorar en esto, estoy perdiendo parte del potencial generador de conversaciones por ser perezoso para responder comentarios.
Acude a tertulias y solo escucha.
Acude a tertulias e interven si crees que tienes algo que aportar.
Si vives en Oxford o cerca de Oxford, acude a una de las cenas de conversaciones del Oxford Muse Project.
Si eres católico, ve a confesarte una vez a la semana, para practicar la conversación íntima desde el corazón. Si eres argentino, concierta una cita con el psicoanalista.
Contrata a un coach profesional y aprende de él el arte de escuchar y de hacer buenas preguntas. Puedes escuchar mi podcast con Miss Sunshine y los usos de las técnicas de coaching en las conversaciones cotidianas.
Si tienes el mínimo problema psicológico acude a un psicólogo clínico, terapeuta o psiquiatra y habla de asuntos existenciales y personales de los que no sueles hablar nunca. Como todos tenemos algún tipo de tara, no tienes excusa no monetaria para no hacerlo.
La conversación es una manera que tienen ambos sexos para evaluar el carácter, inteligencia y valores de la potencial pareja. La conversación o plumaje verbal es el equivalente al plumaje de los pavos reales. Dedica a mejorar tu vocabulario y tu cultura al menos el tiempo que dedicas a la higiene personal, tu peinado y tu vestuario. Esto es lo que recomendaba a las mujeres en este artículo.
Conoce el mundo de los pickup artists o artistas de la seducción y aprende algunas de sus técnicas conversacionales. Si estás buscando pareja tienes una motivación especial para desarrollar tus habilidades conversacionales.
Acude a un evento de Citas rápidas para aprender a romper el hielo y generar sintonía rápidamente. Concéntrate solo en eso, no en lograr un objetivo romántico o de amistad.
[…] Servicio permanente de Orientación por teléfono. Funciona las 24 horas del día, durante los 365 días del año, atendido por voluntarios especializados en la escucha y formados para activar las capacidades de las propias personas para superar sus problemas.
[…] La ayuda más eficaz es la que proviene entorno personal: familiares, amigos, compañeros, etc. Por ello, el Teléfono de la Esperanza ofrece una formación específica a todos aquellos que desean desarrollar sus cualidades para la ayuda. Entre otros, ofrece los siguientes programas de formación: Programa de Formación del voluntariado y desarrollo personal» que está compuesto por dos cursos (Conocerse para Crecer y Crecer para ayudar) y el Taller «Aprender a ayudar» (Formación en Relación de ayuda). Curso de formación de directores de grupos de autoayuda. Cursos de formación permanente para voluntarios.
Aprende a estar solo contigo mismo, sin aparatos electrónicos, sin hacer nada. El talento y la personalidad interesante se forma en el remanso de la soledad, no en el torrente del mundo.
Observa el shabbat para favorecer las conversaciones lentas.
Escucha este fin de semana el podcast de Homo Mínimus con Raúl Hernández sobre cómo entrenar el arte de la conversación. Es una conversación de dos horas y media con técnicas y consejos para mejorar las conversaciones.
Aportación de Guil Delg: «Quería hacer una aportación, como idea 101 propongo, conversar con uno mismo en voz alta, por ejemplo en los viajes en coche al trabajo: uno se da cuenta de muchas cosas al expresar las rumiaciones en voz alta»
Anotación a la aportación de Guil Delg: para aplicar la idea fuera del automóvil y no parecer un lunático, yo me pongo unos auriculares que parecen unidos a un teléfono móvil y así puedo hablar conmigo en alto impunemente dando la sensación de que estoy hablando con otra persona.
Una de las primeras experiencias interesantes que me proporcionó en Princeton este proyecto fue la de conocer a grandes hombres. Antes no había tenido ocasión de conocer a muchos. Pero había una comisión evaluadora, cuya función era la de ayudarnos a salir adelante, y en última instancia, concretar cuál sería el procedimiento a utilizar para la separación del uranio. Formaban parte de esta comisión hombres como Compton, y Tolman, y Smyth, y Urey, y Rabi, y Oppenheimer. Yo asistía a las sesiones, porque comprendía la teoría del funcionamiento de nuestro proceso de separación de isótopos, por lo que me hacían preguntas y tenía que hablar de él. A lo mejor, en una de estas reuniones, uno de los participantes defendía una opinión. Entonces Compton, por ejemplo, iba y exponía un punto de vista diferente. Esto debería ser así, decía, y desde luego tenía toda la razón. Y entonces otro añadía, bueno, quizá, pero tenemos que considerar en contra tal otra posibilidad.
Estaba claro que todos los reunidos en torno a la mesa tenían su opinión, y que no había acuerdo. Lo que más me sorprendía e inquietaba era que Compton no hacía hincapié en su tesis. Finalmente, Tolman, que era el presidente, iba y decía: «Bueno, oídos todos los razonamientos, me parece cierto que el de Compton ha sido el mejor, y ahora tenemos que proseguir».
Me resultaba muy chocante ver que una comisión de personas tan importantespudiera presentar todo un montón de ideas, que a cada una de ellas pudiera ocurrírsele un nuevo aspecto, al tiempo que recordaba y tenía presente lo que habían dicho los demás, y que al final se pudiera llegar a concluir cuál de las ideas presentadas era la mejor —resumiéndolo todo— sin tener que repetir cada punto de vista tres veces por lo menos. Eran verdaderamente muy grandes hombres.
—Richard Feynman en ‘¿Está usted de broma, Sr. Feynman?’
Sigo mi cruzada contra las redes sociales y los teléfonos que son más inteligentes que vosotros. No pararé hasta que trece de los lectores de este blog me digan en los comentarios que han dejado las redes sociales gracias a Homo Mínimus.
Hoy traigo a un conferenciante invitado: Cal Newport, el autor de Deep Work. Esta es la transcripción y mi traducción al español de su conferencia TEDx sobre las redes sociales.
P.D. Por favor, no olvidéis compartir este artículo en Twitter, Facebook, Linkedin o WhatsApp.
Estamos exagerando los beneficios de las redes sociales y minusvalorando las desventajas y sus costes
Probablemente no te estés dando cuenta de esto ahora, estás de hecho viendo algo raro. Porque soy un científico computacional, autor de libros y milenial, de pie en un escenario de TEDx, y, sin embargo, nunca he tenido una cuenta en las redes sociales.
El cómo ocurrió esto es hasta cierto punto producto del azar. Conocí las redes sociales cuando estaba en la universidad, en mi segundo año, en el tiempo en que Facebook llegó por primera vez a nuestro campus. En este tiempo, que fue justamente después de la explosión de la burbuja de internet, yo había tenido un negocio casero que había tenido que cerrar en la crisis, y entonces, de repente, este chico de Harvard llamado Mark saca un producto llamado Facebook y la gente se emociona con él. Así que yo, un poco por celos profesionales algo infantiles, me digo: «No voy a usar esta cosa. No voy a ayudar al negocio de ese chico sea lo que sea». Yo sigo con mi vida, no miro más, y veo como todos mis conocidos están enganchados a esa cosa. Y desde la claridad que tienes cuando tienes algo de objetividad, alguna perspectiva sobre ello, me doy cuenta de que parece un poco peligroso. Así que nunca abrí una cuenta. Desde entonces nunca he tenido una cuenta.
Así que estoy aquí por dos razones; quiero transmitir dos mensajes. El primer mensaje que quiero transmitir es que aunque nunca haya tenido una cuenta en redes sociales, estoy bien, no os tenéis que preocupar. Resulta que todavía tengo amigos, todavía sé que pasa en el mundo; como científico computacional sigo colaborando con gente de todo el mundo, todavía sigo expuesto accidentalmente a ideas interesantes y pocas veces me describiría como alguien al que le faltan opciones de entretenimiento. Así que estoy bien, pero iría más lejos y diría que no solo estoy bien sin redes sociales sino que de hecho estoy mejor sin ellas. Creo que soy más feliz, creo que encuentro más sostenibilidad en mi vida y creo que he sido más exitoso profesionalmente porque no usos las redes sociales.
Así que mi segundo objetivo aquí en el escenario es intentar convenceros de lo mismo. Veamos si puedo convenceros de que también estaríais mejor si dejarais las redes sociales. Así que siendo el tema de este TEDx el «Tiempo futuro», creo que esta sería mi visión del futuro, una en la que menos gente usa las redes sociales. Esta es una gran propuesta, creo que tengo que justificarla.
Así que creo que lo que voy a hacer es tomar las tres objeciones más importantes que oigo cuando sugiero a la gente que deje las redes sociales, y por cada una de estas objeciones intentaré quitar la exageración y ver si puedo poner más dosis de realidad.
Esta es la primera objeción más común que oigo. Esta no proviene de un ermitaño, es realmente un desarrollador de páginas web modernillo de la calle octava; no estoy seguro, ¿modernillo o ermitaño? A veces es difícil de decir. La primera objeción es esta: «Cal, las redes sociales son una de las tecnologías fundamentales del siglo XXI. Rechazar las redes sociales sería un acto ludita extremo. Sería como cabalgar en el caballo hacia el trabajo o usar un teléfono con un disco con agujeros. No puedo tomar esa decisión en mi vida».
Mi reacción a esta objeción es que creo que es una tontería. Las redes sociales no son una tecnología fundamental. Se aprovecha de algunas tecnologías fundamentales, pero es mejor comprenderlas como una fuente de entretenimiento, un producto de entretenimiento. El tecnólogo Jaron Lainer dice que estas compañías te ofrecen caprichos luminosos a cambio de minutos de tu atención y trozos de tus datos personales, que pueden ser empaquetados y vendidos. Así que no usar las redes sociales no debería ser una toma de posición social, solo es rechazar una forma de entretenimiento a favor de otras. No debería ser más controvertido que decir «No me gustan los periódicos, prefiero leer las noticias en las revistas» o « Prefiero ver series en la televisión por cable en lugar de ver series en las cadenas de televisión tradicionales». No es una toma de posición política o social decir que no usas este producto. Mi uso de la imagen de la máquina tragaperras no es accidental porque si miras un poco más de cerca a estas tecnologías, no es para decir que son simplemente una forma de entretenimiento, sino que son hasta en cierta manera una fuente muy poco sabia de entretenimiento.
Sabemos que la mayoría de las empresas de redes sociales contratan a individuos llamados ingenieros de la atención que emplean los principios de, entre otros lugares, los casinos de las Vegas para intentar hacer estos productos tan adictivos como sea posible. Este es el uso deseado de estos productos: que los uses de forma adictiva porque eso maximiza el beneficio que pueden sacar de tus datos y atención. Así que no es una tecnología fundamental, es solo una forma de entretenimiento, una entre otras muchas, y si miras un poco más de cerca es una forma poco sabia.
Aquí está la segunda objeción común que oigo cuando sugiero a la gente que deje las redes sociales. La objeción es esta: «Cal, no puedo dejar las redes sociales porque es vital para mi éxito en la economía del siglo XXI. Si no tengo una buena presencia en redes sociales y una marca la gente no sabrá quién soy, la gente no podrá encontrarme, no vendrán oportunidades y desapareceré de la economía».
Una vez más, mi reacción es pensar que también esta objeción es una tontería. Recientemente he publicado un libro que recoge distintas líneas de evidencia que explican que en una economía competitiva del siglo XXI, lo que el mercado valora es la habilidad de producir cosas que son raras y valiosas. Si produces algo que es raro y valioso, el mercado lo valorará. Lo que el mercado descarta en gran parte son las actividades que son fáciles de replicar y producen poco valor.
Bien, pues las redes sociales son el paradigma de una actividad fácil de replicar que no produce mucho valor; es algo que un niño de seis años con un teléfono inteligente puede hacer. Por definición, el mercado no va a dar mucho valor a esos comportamientos.
En cambio, va a recompensar el trabajo profundo y concentrado que se requiere para desarrollar habilidades reales y aplicar esas habilidades para producir cosas —como un artesano— que son raras y valiosas. Por decirlo de otra forma: si puedes escribir un algoritmo elegante, si puedes escribir un informe legal que cambie un caso, si puedes escribir mil palabras de prosa que sean capaces de llevar al lector hasta el final; si puedes mirar a un mar de datos ambiguos y usar la inferencia estadística y extraer un conocimiento revelador que transforme la estrategia de un negocio, si puedes hacer este tipo de cosas que requieren un trabajo profundo, que produce resultados que son raros y valiosos, la gente te encontrará. Podrás escribir la cifra en el cheque y construir los fundamentos de una vida profesional exitosa y llena de sentido, sin importar el número seguidores que tengas en Instagram.
Esta es la tercera objeción que oigo cuando sugiero que dejen las redes sociales; de alguna manera, creo que podría ser una de las más importantes. Esta objeción dice «Cal, puedo estar de acuerdo, quizá tengas razón; no es una tecnología fundamental. Quizá usar las redes sociales no está en el núcleo de mi éxito profesional. Pero, ¿sabes?, son inofensivas, me lo paso bien , twitter es divertido, ni siquiera paso tanto tiempo en ello, soy un adoptante temprano, es una cosa interesante y podría perderme algo si no lo uso. ¿Qué hay de malo en ello?». De nuevo, miro hacia atrás y me digo: esta objeción es una tontería.
En este caso, lo que falla es lo que creo que es una realidad muy importante sobre la que necesitamos hablar más honestamente: que las redes sociales traen múltiples, bien documentados y significativos daños. Tenemos que afrontar de verdad estos daños a la hora de intentar tomar decisiones sobre si abrazar esta tecnología y dejar que entre en nuestras vidas.
Uno de los daños que sabemos que esta tecnología trae tiene que ver con el éxito profesional.
Acabo de argumentar que la habilidad para enfocarse intensamente para producir cosas que son raras y valiosas, perfeccionar las habilidades que el mercado valora, es lo que importa en nuestra economía. Pero justo antes de eso argumenté que las herramientas de las redes sociales están diseñadas para ser adictivas. El uso deseado para el que fueron diseñadas es para fragmentar tu atención tanto como sea posible en tus horas despierto; así están diseñadas estas herramientas.
Tenemos una cantidad creciente de estudios que nos dicen que si pasas grandes partes del día en un estado de atención fragmentada —grandes partes del día, rompiendo tu atención, para echar un vistazo, para revisar tus mensajes «Déjame que vea que hay en Instagram»—, que esto puede reducir permanentemente tu capacidad para concentrarte. En otras palabras, podrías reducir permanentemente tu capacidad para hacer exactamente el tipo de esfuerzo profundo que es más y más necesario en una economía cada vez más competitiva. Así que las redes sociales no son inofensivas, pueden de hecho tener un impacto negativo significativo en tu habilidad para prosperar en la economía.
Me preocupa especialmente cuando miro a las generaciones más jóvenes, que son las más saturadas con esta tecnología. Si pierdes tu habilidad para mantener la concentración, vas a ser cada vez menos relevante para esta economía. También hay daños psicológicos que están bien documentados que traen las redes sociales y que necesitamos considerar. Sabemos de la literatura científica que cuanto más usas las redes sociales más solo o aislado te vas a sentir. Sabemos que la exposición constante a las presentaciones cuidadosamente embellecidas de tus amigos y sus vidas te puede hacer sentir mal contigo y aumentar la tasa de depresión.
Y una cosa que creo que vamos a escuchar más en el futuro próximo es que hay un desajuste fundamental entre la manera en que nuestros cerebros están construidos y este comportamiento de exponerte a estímulos con recompensas intermitentes a lo largo de todas tus horas despierto. Una cosa es gastar un par de horas en una máquina tragaperras en Las Vegas, y otra llevarte la máquina contigo y pasarte todo el día tirando de la palanca desde que te despiertas hasta que te vas a la cama: no estamos hechos para esto. Esto produce un cortocircuito en el cerebro y estamos empezando a ver que tiene consecuencias cognitivas reales, una de las cuales es ese telón de fondo continuo de ansiedad.
El canario en la mina de carbón respecto a estos asuntos está en los campus universitarios. Si hablas con expertos en salud mental en los campus universitarios, te dicen que en paralelo con el uso ubicuo de los teléfonos inteligentes y las redes sociales entre los estudiantes ha venido una explosión de trastornos relacionados con la ansiedad en esos campus. Ese es el canario en la mina de carbón. Este tipo de comportamiento supone un desajuste para el cableado de nuestro cerebro y te puede hacer sentir miserable.
Así que hay un coste real en el uso de las redes sociales; lo que significa que cuando estás intentando decidir «¿Debo usar esto o no?», decir que es algo inocuo no es suficiente. De hecho, tienes que identificar un beneficio positivo claro y significativo que pueda compensar esos daños potenciales no completamente triviales.
La gente a menudo pregunta «De acuerdo, pero ¿qué es la vida sin las redes sociales?». Puede dar un poco de miedo pensar sobre eso. Según dice la gente que fue a través de este proceso de desconexión, puede haber semanas difíciles. Es realmente como un proceso de desintoxicación. Las dos primeras semanas pueden ser incómodas: te sientes un poco ansioso, te sientes como si hubieras perdido una extremidad. Pero después de eso, las cosas se estabilizan y de hecho la vida después de las redes sociales puede ser bastante positiva.
Hay dos cosas de las que os puedo informar desde el mundo del no uso de redes sociales. La primera: puede ser bastante productivo. Soy un profesor en un instituto de investigación, he escrito cinco libros, raramente trabajo más allá de las cinco de la tarde en días de diario. Parte de las razones por las que puedo lograr esto es porque resulta que si tratas tu atención con respeto (no la fragmentas, la dejas intacta, preservas tu concentración) cuando se trata de cosas de trabajo puedes hacer una cosa detrás de la otra y hacerla con intensidad, y la intensidad se puede cambiar por tiempo. Es sorprendente lo mucho que se puede hacer en un día de ocho horas si eres capaz de dar a cada cosa concentración intensa.
Otra cosa de la que puedo informarlos de la vida sin redes sociales es que fuera del trabajo las cosas pueden ser bastante apacibles. A menudo bromeo sobre que estaría muy cómodo siendo un granjero de los años treinta, porque en mi tiempo de ocio yo leo el periódico al atardecer; escucho béisbol en la radio; me siento en una silla de cuero y leo libros por la noche después que mis niños se hayan ido a la cama. Suena pasado de moda pero algo sabía la gente de tiempos pasados. Es realmente reparador, un modo apacible de pasar la vida fuera del trabajo. No tienes el estímulo constante del zumbido de fondo ni la ansiedad que conlleva ello.
Así que la vida sin redes sociales no está tan mal. Si atas todos estos cabos, ves mi argumento completo, que no todos, pero ciertamente mucha gente ahora mismo, mucha gente no debería estar usando las redes sociales.
Para resumir, podemos primero descartar las preocupaciones de que las redes sociales son una tecnología fundamental que tienes que usar. Tonterías: es una máquina tragaperras en tu teléfono. Podemos descartar la idea de que no puedes tener un trabajo sin ellas. Tonterías: cualquier cosa que un niño de seis años puede hacer no es lo que el mercado va a recompensar. Y luego he enfatizado que hay daños reales con todo ello. Así que no es inocuo. Tienes que tener un beneficio real de peso antes de que puedas decir que este cambio merece la pena. Finalmente, he mostrado la vida sin redes sociales: hay verdaderas ventajas asociadas con ella. Así que espero que cuando muchos de vosotros hagáis el mismo cálculo al menos consideréis la perspectiva desde la que hablo: mucha gente estaría mucho mejor si no usara esta tecnología. Algunos de vosotros no estaréis de acuerdo. Doy la bienvenida a los comentarios en contra. Solo os pido que hagáis vuestros comentarios en twitter.
Si un hombre empieza con certidumbres acabará con dudas; pero si se contenta con empezar con dudas acabará con certidumbres.
–Francis Bacon
A pesar de ser un territorio tan familiar, hay muchas cosas que no sé sobre el arte de mantener buenas conversaciones.
Voy a elegir diez aspectos de las conversaciones y voy convertir las zonas de ignorancia en preguntas; las preguntas son redes que lanzamos para pescar respuestas y aumentar el conocimiento.
Respecto a la diferencia entre cuestiones de hecho y cuestiones de valor. ¿Se puede debatir sobre valores o los valores son un punto de partida inamovible? ¿Se puede aprender a tener mejores valores? ¿Cómo separar la discusión sobre hechos respecto a la de valores? ¿Se pueden separar? ¿Qué relación hay entre hechos y valores?
Respecto a la elección de interlocutores. ¿Cómo debemos elegirlos? ¿Todo el mundo es apto para mantener una conversación? ¿Se puede conversar con alguien que no sabe nada del tema sobre el que hablas? ¿Cómo conocer las áreas de competencia de alguien? ¿A quién deberíamos excluir de las conversaciones? ¿Deberíamos/podemos debatir con nosotros mismos? ¿Cómo tantear y conocer al conversador? ¿Cómo saber de lo que quiere y no quiere hablar? ¿Cómo negociar la conversación?
Sobre el momento de la conversación. ¿Cuál es el momento apropiado para cada tipo de conversación? ¿Cuándo se debería dejar una conversación? ¿Qué puedo aprender de la retórica clásica (especialmente del elemento del kairos) respecto a este problema?
Sobre la calidad y el valor de las conversaciones. ¿Hay una jerarquía de conversaciones? ¿Cuál es esa jerarquía? ¿Cómo tener conversaciones de más valor y reducir las de menos valor? ¿Qué lugar tienen las conversaciones en el aprendizaje, en el desarrollo personal, en el desarrollo moral? ¿Cuáles son los elementos controlables en una conversación? ¿Cómo añadir valor a una conversación? ¿Cómo es un interlocutor de calidad? ¿Qué estándares de racionalidad y funcionalidad debería tener una buena conversación?
Sobre el fin de las conversaciones. ¿Qué motivaciones puede uno tener para mantener una conversación? ¿Qué razones hay para tener una conversación? ¿Qué analogía podríamos establecer entre los juegos y las conversaciones?
Sobre el medio de la conversación. ¿Qué lugar tienen los medios digitales en las conversaciones? ¿Cuándo deberíamos tener conversaciones cara a cara respecto a conversaciones a distancia y/o asincrónicas? ¿Qué otros tipos de conversaciones no cara a cara hay? (por ejemplo, las digitales, las que tienes con los libros, las que hay en tu cabeza) ¿Cómo adecuar el medio al fin? ¿Qué maneras tenemos de generar conversaciones? ¿Qué elementos del entorno mejoran las conversaciones?
Sobre el arte de la conversación. ¿Cómo practicarlo? ¿Como valorar la calidad de una conversación? ¿Cómo entrenar y mejorar la habilidad de mantener buenas conversaciones? ¿Es necesario preparar las conversaciones? ¿Qué proporción de estructura y de espontaneidad o emergencia debería haber? ¿Cómo adecuar el medio al propósito de la conversación? ¿Qué reglas básicas de entrada, salida y desarrollo de conversaciones podríamos establecer? ¿Cuándo emplear analogías? ¿Cuándo intervenir? ¿Cuándo escuchar? ¿Cuándo preguntar? ¿Cómo estar en desacuerdo? ¿Cómo entrenar la escucha? ¿Cómo hacer mejores preguntas? ¿Cómo decidir cuál es el registro adecuado para una conversación concreta?
Sobre los accidentes e incidentes en las conversaciones. ¿Qué genera que haya malas conversaciones? ¿Qué puede aconsejar abandonar una conversación? ¿Qué circunstancias aconsejan variar el tipo de conversación? ¿Cuándo cambiar de tema?
Sobre la estructura de una conversación. ¿Qué protocolos existen? ¿Qué protocolos son recomendables? ¿Cuál es la secuencia óptima de temas? ¿Por dónde empezar? ¿Por dónde acabar? ¿Cómo acabar y empezar? ¿Ha de haber una agenda? ¿Hay series de conversaciones? ¿Cómo enlazar unas conversaciones con otras? ¿Cuáles son los protocolos necesarios para conversaciones con muchos interlocutores? ¿Se necesita una coreografía, una estructura mucho más compleja en este caso?
Sobre la ciencia como una conversación. ¿Cómo prepararse para una conversación en un área especializada concreta? ¿Cómo escuchar el torrente de conversaciones que es una disciplina científica?¿Cuándo uno está preparado para empezar a hablar y dejar de escuchar en un ámbito especializado?
—Algunos padres realmente tienen que luchar contra el «Todos los otros niños tiene esa cosa terrible, así que mi niña lo tiene que tener». Pero venga, hombre, deja que tu hijo sea un mejor ejemplo para los otros jod**** niños. Solo porque los otros estúpidos niños tengan teléfonos no significa que «De acuerdo, bien, mi niña tiene que ser estúpida, porque si no se va a sentir excluida».
—Cierto.
—Creo que estas cosas son tóxicas, especialmente son malas para los niños.
—Cierto.
—Y no miran a la gente cuando les hablan y no desarrollan empatía. Sabes, los niños son crueles, y eso es porque prueban cosas. Miran a otro niño y dicen «Eres gordo» y luego ven la cara del niño entristecida y se dicen «Oh, no me siento bien cuando le digo esto a una persona». Pero tienen que empezar haciendo esas cosas crueles. Pero cuando escriben en el teléfono «Estas gorda» entonces se dicen «mmmm, qué divertido, me gusta».
—Sí, eso les gustaaa.
—Sí, exactamente. Necesitas, la cosa es que, necesitas desarrollar la capacidad de ser tú mismo y no estar siempre haciendo algo. Eso es lo que los teléfonos nos están quitando…
—Sí.
—Es la habilidad de simplemente sentarse así… Eso es ser una persona, ¿no?
—Sí.
—No el que tengan una notificación y tengan que mirar de quién es, porque, sabes, debajo de todo en tu vida está esa cosa, esa cosa siempre vacía. ¿Sabes de lo que te estoy hablando?
—¿Eso? Sí.
—Sí.
—Sí, sé de lo que hablas.
—Es simplemente ese conocimiento de que todo es para nada y que estás solo. Sabes que está ahí dentro. Y a veces cuando las cosas se vuelven claras no las estás observando, estás en tu coche y empiezas con el «Oh, noooo, viene la sensación de que estoy solo», como si empezara a visitarte. Sabes, la tristeza.
—Sí.
—La vida es tremendamente triste solo por estar en ella, así que estás conduciendo y te dices, ah, ah, ahhh, es por eso que conducimos y mandamos mensajes de texto. Miro a mi alrededor y casi el 100% de la gente a tu alrededor está conduciendo y enviando mensajes.
—Sí.
—Y se están matando, todos están asesinándose unos a los otros con sus coches.
—Sí.
— Pero la gente está dispuesta a arriesgarse y llevarse una vida y arruinar la propia porque no quieren estar solos por un segundo, porque es tan difícil. Estaba en mi coche una vez y empieza una canción de Bruce Springstteen y eso me hizo… Dice algo como las palabras jungle….
—Jungleland.
— Jungleland. Es la canción donde… arggghhhhhhhhhh… y suena muy lejos, sabes… es como arggghhhhhhhh.
—Eso es la mitad de todo.
—Sí un montón de todoooooooooo.
—No, el dice ah, ha, hoooooooooooooooooooooooooooo!.
—Sí, exacto, y suena realmente lejos.
—Síii.
—¿Lo puedes hacer con la resonancia? Lo puedes hacer, ehhhh! Ehhhhhhhhhh! No, no lo estás haciendo.
—Lo intento, lo intento, algo como heeeeeeeeeheeeeehoooooooooooo, ¿así?
—Sí, síiiii, solo que era Springsteen, si fueras tú el que lo estuviera haciendo hubiera sido como «¡Qué diablos es eso que suena en mi radio!»
—Lo hice exactamente igual que Bruce.
—Sí. Y escuché eso y me dio como una sensación de depresión como de volver al colegio, puede ser muy triste.
—Sí.
—Y me digo, de acuerdo, me estoy poniendo triste, tengo que coger el teléfono y escribir «Hola» como a 50 personas porque sabes que alguien realmente guay te responderá y entonces alguien no tan guay te responde… beepppp, yo estoy con algo mejor. Pero…
—Eh, tú, ¿Cómo es que no me respondiste el mensaje…
—Sí, bien, el escribió primero, es por eso. Bueno, de todas maneras, empiezo a tener ese triste sentimiento cuando iba a buscar el teléfono, luego me digo, sabes qué, no estés simplemente triste. Deja que la tristeza se presente y te golpee como un camión. Y dejo que venga y que Bruce arrrgghhh, y ya estaba empezando a sentir «Oh, Dios mío», y me desmorono y lloro como una perra. Lloré tantooo… Y fue hermoso. Fue como muy hermoso porque la tristeza es poética. Tienes suerte de vivir momentos tristes. Y entonces me sentí feliz. Porque cuando te permites sentirte triste…
—Sí.
—Tu cuerpo tiene como anticuerpos y por eso viene la felicidad.
—Apresuradamente.
—Apresuradamente para encontrarse con la tristeza. Así que me sentí agradecido de estar triste, y entonces me encontré con la verdadera y profunda felicidad. Fue como un viaje. La cosa es que no queremos ese primer trozo de tristeza.
—Síi.
—La empujamos con un pequeño teléfono. Y logras un poco más o menos. Nunca te sientes completamente triste o completamente feliz.
—Cierto.
—Te sientes más o menos satisfecho con tus productos.
—Sí.
—Y luego te mueres. Así que es por eso que no quiero comprar un teléfono a mis hijos. A eso me refiero.
00:00 Presentación de Miss Sunshine. Presentación del tema de hoy: la relación entre el coaching y las buenas conversaciones.
¿Qué es el coaching? Los coachs no son psicólogos ni psiquiatras ni psicoanalistas (aunque sean argentinos). Mirada al futuro, no «remueven» el pasado, enfoque pragmático, orientado a la acción. Hacia el pasado solo se va para tomar impulso.
08:00 Sócrates y su mayéutica: precursor del coaching. Los coachs son expertos en preguntar, hablan poco. Necesidad de generar confianza, de romper el hielo, para profundizar en los problemas del cliente.
«Disculpe… señorita… perdone que le moleste… una pregunta: ¿cuánto pesa aproximadamente un oso polar? … ¿¿?? No sé… ¿700 kg?… ¡No!, mucho menos, lo suficiente para romper el hielo»
[Esta era la gracieta que HM quería hacer, pero no que no le salió del todo bien]
12:20 Diferencia entre una sesión de coaching y una charla informal con un amigo. «El coach no es un amigo y te va a incomodar». Obligación moral del coach de mostrar las incoherencias o las cosas que no cuadran en el relato del cliente. El cliente marca la agenda y la dirección de la conversación. Dinámica coaching: Dónde estoy – dónde quiero estar – generación de un reto. El coach facilita este proceso.
18:20 Concepto de «quiebre»: ¿en qué quiere trabajar el cliente? ¿Qué ha pasado que le ha llamado la atención que le hace ver qué no está funcionando o no le cuadra y genera el deseo de cambiar?
Aclaración de palabras. Esfuerzo de clarificación.
23:00 Más diferencias del coaching con conversaciones informales. Papel de la escucha. Escuchar para entender. Ver a través de qué gafas está mirando el cliente. Ampliar la perspectiva, considerar otras posibilidades que le ayuden a mejorar su situación. La solución la propone siempre el coachee, él tiene los recursos interiores para resolver la situación, no se trata de dar pastillitas. Platón y la facilitación del descubrimiento de teoremas a través de preguntas. Diferencia del coaching con la mayéutica filosófico apuntada por Miss Sunshine: «No es que yo conozca el teorema y le guíe con preguntas a la solución que yo conozco» «Quien controla la sesión es el cliente, porque el que mejor le conoce es él mismo».
La solución la tiene el cliente. Cada uno es el experto en su propia vida. Coach ayuda a descubrir puntos ciegos.
31:00 Verborragia de clientes. La analogía entre el cliente contando cosas y los indios dando vueltas alrededor de las carretas antes de empezar a disparar. El cliente da varias vueltas antes de llegar al núcleo del problema o preocupación.
Otra analogía: poner al cliente delante del espejo.
Evaluación del desempeño versus coaching. El feedback del coach no está teñido de juicio o sentencia, solo se da o emplea en cuanto pueda aportar alguna luz o alternativa. «El feedback se da desde el hacer, no desde el ser». El coach dice lo que percibe o siente ante el relato del cliente, se lo hacer ver al cliente para que lo tenga en cuenta y lo emplee como quiera o lo descarte, si no le sirve.
39:20 Ejercicio de la identidad pública. Definición de feedback. Diferencia entre el feedback del coach y el del jefe o capataz. Tendencia actual al coaching directivo: fijar las reglas del juego y delimitar el campo de juego, pero enfatizando la responsabilidad personal del empleado.
45:15 Uso de metáforas y analogías en el coaching. Imágenes memorables.
Referencia a Cangrejo Ermitaño y el arte de contar historias. El coach actúa como test de la historia del cliente: la historia tiene que ser más lógica y creíble si se la cuentas a alguien.
48:13 Una herramienta clave en el coaching: Escuchar como coach: poner el espejo y dejar que el coachee «cabalgue sus propias contradicciones». Ejercicios de cambio de tono o género o cuentista o punto de vista de la historia. Romper el cuento o la historia.
53:50 «¿Ha cambiado el coaching tu forma de conducirte en tu vida profesional o personal?».
«Ya no vuelves a escuchar y preguntar como antes». Comunicación no violenta. Evitar espiral. Preguntas para aclarar significados. Burbuja lógica. Ponerse el gorro de coach en situaciones cotidianas. Evitar presuposiciones. «Distinciones». Logomaquias.
1:03:35 La herramienta del «Señora, ponga un y en su vida». Abrir opciones y buscar alternativas. Ley del tercero excluido.
1:06:40 Atención plena y conversación. La conversación como un artefacto creado entre dos o más personas y que es configurable, manipulable, se evita la idea de una conversación como algo que ocurre y a la que solo reaccionamos. La anécdota del ejecutivo que «escuchaba» a sus subordinadosmientras escribía sus informes o correos. Te pierdes mucha información por no escuchar al 100%. Ejercicio de entrenamiento como coach: en los primeros 5/7 minutos NO puedes abrir la boca, solo escucharlo, solo gestos de asentimiento. Tampoco generas confianza en la otra persona porque no se siente escuchada.
Aclaración: nuestra invitada Miss Sunshine usa varias veces la palabra «sarasa», que según la RAE significa:
En el español de argentina, sarasa significa palabrería.
Ejemplo: «el novio le dijo que la amaba pero que también era consciente de todo lo que implicaba asumir el compromiso de un matrimonio, compromiso que él se tomaba muy en serio pero para el cual no se sentía lo bastante maduro». Esto es un ejemplo de sarasa por parte del novio.
Referencia a John Flames y su opinión en un podcast anterior de que las conversaciones profesionales son más centradas, que se pierde menos el tiempo y son más eficaces.
«Si tienes un minuto para hablar con alguien, que sea un minuto de atención individida»
1:14:40 Aplicamos Regla del tres a los consejos y técnicas que nos ha dado Miss Sunshine.
1) Pararte y hacer preguntas para conocer supuestos.
2) Técnica del «Señora, ponga un y en su vida».
3) Ponerse el sombrero de coach en las conversaciones habituales.
Miss Sunshine añade dos técnicas más:
4) Cuando algo te resuena dentro es algo que tienes que trabajar. Si algo te molesta, es por algo, por qué me está molestando, autocoaching, preguntarse. Analizarse a uno mismo más que poner etiquetas.
5) Si no se genera la confianza, la conversación no puede ser fructífera.
El coach evita crear dependencia. Máximo de sesiones por reto. El cliente siempre debe llevarse algo de cada sesión para cuando le surja una situación similar emplee la técnica o herramienta que aprendió con el coach.
1:21:00 La responsabilidad última es del individuo. El coaching promueve esto.
Hola, me llamo Homo Mínimus y nunca he tenido un teléfono inteligente.
Tampoco estoy en Facebook, Twitter o Instagram; sé que el primero es una feria de las vanidades; el segundo, un sitio para reafirmarse y confirmarse en el rebaño ideológico y que a través de eslóganes genera pensamiento de nicho; Instagram, me dicen, es un lugar para compartir fotos y halagos.
Pero tomad mis descripciones con reservas porque hablo de oídas.
Jamás me he hecho una autofoto y si tuviera una cámara en mi teléfono y un palo para hacerla, lo usaría para atizar narcisistas digitales y el fuego de mi desprecio. Cuando en la calle algún turista me pide que le saque una foto, le digo que no puedo, porque nunca he tenido un teléfono con pantalla táctil y cámara, y no sé en qué lugar pulsar; como compensación, me ofrezco a firmarles un autógrafo.
Cualquier niño de tres años me hace parecer una persona con retos cognitivos a la hora de usar una tableta. Tampoco he tenido ni tendré una, puedo decir que de ese agua tóxica nunca beberé, espero ser fuerte y no tener nunca que comerme mis palabras. Solo conozco la existencia de WhatsApp por lo que dicen mis amigos y conocidos, tengo entendido que es una especie de charla que puedes mantener a través del teléfono. Las apps son para mí palabras de cuatro letras. No tengo tampoco PlayStation, Nintendo, o Xbox, creo que son marcas de consolas de videojuegos con gráficos espectaculares, también las considero redes sociales porque puedes interaccionar con otros jugadores y aumentar su poder adictivo.
A pesar de llevar años trabajando para empresas consultoras, algunas multinacionales, y tener una vida profesional relativamente convencional, jamás he tenido ninguna de esas armas de distracción masiva. Sé que voy contra corriente y que la gente me mira raro cuando advierte mi teléfono Nokia de veinte euros de principio de siglo con solo mensajes de texto y llamadas. No paso desapercibido. Me sorprende que gente con el salario mínimo tenga teléfonos de 700 euros o advertir que cualquier mendigo o subsahariano en la calle porta un teléfono móvil más caro que el mío.
Bien, ya sé lo que estás pensando, que he salido de una cueva, que soy un eremita, un monje trapense, un tipo peligroso. Pero no, no es así, a pesar de no tener iPhone tengo electricidad, agua corriente y correo electrónico. Y un blog, un blog desde el que peroro contra las redes sociales. Me llamo Homo Mínimus, soy el último salto evolutivo, el que supera y deja obsoleto al Homo Sapiens en su versión digitalis.
No soyun Homo Digitalis, soy un neoludita ilustrado, un digno sucesor de los luditas ingleses de principios del siglo XIX, que quemaban telares en el inicio de la revolución industrial ante la amenaza de la pérdida de sus trabajos sustituidos por las máquinas. No, yo no temo la pérdida de mi trabajo ni del tuyo, aunque sí lo espero; de hecho, espero que lo pierdas para que te obliguen a trabajar en algo que haga mejor uso de tus talentos naturales específicamente humanos y con ello crees y aportes más valor a otros seres humanos. Por el momento, estás trabajando gratis en las redes sociales creando contenido y diversión para otros seres humanos y ayudando a captar la atención de otros usuarios como tú, que a su vez hacen lo mismo que tú, ayudar a que otros usuarios se enganchen a la red social, que a su vez…
Pero eso es otra historia de la que hablaré otro día, ahora remarco que soy un neoludita, es decir, alguien que mira con recelo la introducción de nuevas herramientas, productos o servicios y se lo piensa dos veces antes de decir que sí, que abomina de las complicaciones y ruido creciente que nuestra cultura conlleva. Mi opción por defecto es «No. No todavía» en vez del habitual «Sí a todo y cuanto más novedoso mejor». Tengo una mente compleja y gustos sencillos, a diferencia de los tecnófilos y los homo digitalis, que tienen mentes simples y gustos complicados.
Me he librado del sesgo de novedad que os hace tan dependientes de todo lo que cambia, sea para mejor o para peor; siempre espero varios años antes de acoger un cambio que transforme mi vida, por ejemplo, ya lo he dicho antes: Facebook, Instagram, tabletas, videojuegos, Twitter, WhatsApp, teléfonos inteligentes, son rechazados o aplazados. Y sí, ya he dicho que tengo un blog, pero no lo tuve hasta más de diez años después de la aparición de los primeros blogs.
No soy un adoptante temprano de ninguna tecnología, sigo el principio de precaución: creo que cinco, diez o quince años son periodos mínimos para diferir la adquisición de nuevos artefactos de comunicación y entretenimiento. Prefiero que sean los que tengan más tiempo y dinero disponible los que sufraguen el coste de desarrollo de los productos y sus mejoras, y que sean ellos y sus hijos los que sufran sus inconvenientes: reuniones familiares en las que nadie presta atencion a nadie, trastorno de déficit de la atención en los más pequeños, adicción a los videojuegos y las redes sociales, fragmentación de la atención, etc.
Los homo digitalis son mis conejillos de india, los paganos, los que pierden el tiempo y el dinero probando nuevos productos. Tras lustros o décadas, cuando el producto ha probado su efectividad, rebajado su precio a nivel de producto de consumo de masas, descubierto sus contras, delimitado claramente sus pros, entonces —y solo entonces— puedo decidir incorporarlo a mi vida con las características estrictamente necesarias y por una fracción de su precio de salida al mercado; en el caso del teléfono móvil, tengo uno que cuesta unas pocas decenas de euros, sin internet y con las únicas capacidades de hacer y recibir llamadas y mensajes de texto.
Para mí, vista su capacidad adictiva y su carácter de sumidero del tiempo, quedan descartados los teléfonos inteligentes y las redes sociales.
Algunos dirán que un teléfono inteligente tiene ventajas, que con las redes sociales puedes estar en contacto con tus amigos y conocidos o que sirve para lograr visibilidad profesional. También me podrías decir que qué más minimalista que un teléfono inteligente que en un solo objeto permite tantas funciones y aplicaciones, que es la navaja suiza multiusos de la tecnología digital de consumo. Pero quién necesita una navaja con más funciones de las que puede concebir. Mi regla es la siguiente: solo busco la herramienta cuando deseo la función; no al revés, adquiriendo la herramienta y después descubriendo sus funciones.
Es posible que para cierta gente tenga esas ventajas, pero este es el error fundamental de decisión cuando uno considera nuevos artefactos: fijarse SOLO en las ventajas y obviar los inconvenientes.
Cuando uno toma una decisión sobre si comprar y usar una nueva herramienta ha de hacer un análisis coste-beneficio, teniendo en cuenta los costes, no solo los beneficios percibidos (de que los recordemos ya se encargan los expertos en marketing), todos los costes, incluyendo los más importantes, tu tiempo y tu atención, que podrías emplear para mejores fines: establecer contacto cara a cara con otros seres humanos para mantener conversaciones significativas, hacer deporte y ejercicio, iniciar y mantener proyectos que necesiten largas horas de intensa concentración, estudiar una carrera universitaria, aprender a tocar el violín o, simplemente, no hacer nada, no tener ningún estímulo bombardeándote, aburrirte y dar la oportunidad de que la mente divague, genere nuevas conexiones y te ofrezca su mensaje.
Me dirás que quién tiene tiempo para hacer un análisis tan exhaustivo de sus compras. Yo te respondo: las empresas que te lo venden harán todo el análisis que sea necesario para incitarte a gastar tu dinero, pulsarán todas las teclas interiores que tengan que pulsar para que ansíes el producto o servicio, reclutarán a adoptantes tempranos para iniciar la ola, generarán el efecto llamada del rebaño y te proporcionarán calor humano incitándote a la imitación. Caerás irremisiblemente, sin ni siquiera haberlo pensado, sin conciencia de haber tomado una decisión (¿recuerdas cuándo y por qué decidiste entrar en Facebook o adquirir el último modelo de teléfono inteligente?). La i de iPhone no es de inteligente, es de irreflexivo, ingenuo e idiota.
Pero replicarás que, después de todo, un teléfono, una red social son herramientas inofensivas,que las usas en la dosis y con el propósito que tú determines. Dirás que soy yo el que no sé usarlas y por eso tengo que prohibírmelas (prohibido prohibir, dicen los herederos de mayo del 68, pero esta vez refiriéndose a la autoprohibición del consumo hedónico, a la censura interior, a las autocadenas que nos podrían hacer libres).
Te equivocas una vez más —estás tan equivocado en todo— cuando crees que un teléfono o una red social es una herramienta, un simple objeto pegado a una función.
No, un teléfono inteligente o una app para redes sociales son agentes, tienen agencia y agenda, la de sus programadores, la de los especialistas en marketing: captar tu atención, aumentar tu tiempo de uso y abuso, y mantenerte el máximo tiempo posible pegado a el teléfono e inmerso en la red para succionar tu atención y vendérsela al mejor postor.
Esta es la agenda de la tecnología digital y las redes sociales: colonizar tu mente, convertirte en un adicto y vender tu atención a los anunciantes que la compran para que adquieras productos que no necesitas e impresiones a gente que no te importa.
Un teléfono móvil no es un destornillador, no es un secador, no es una batidora.
Esos objetos no reclaman tu atención. No los añoras, no te despiertas pensando en ellos. No se crearon para distraerte y lograr que pases horas apretando tornillos, secándote el pelo o preparando batidos.
No te alejas del teléfono porque no puedes, porque eres un monigote sin voluntad en manos de los ingenieros de la atención de Whatsapp, Facebook y Twitter.
Son más listos que tú, maquinan día y noche para traspasar tus defensas y explotar tu inconsciencia.
Ignoras la amenaza y dejas escurrir el tiempo por el sumidero mientras te ofendes con el último comentario en Twitter que daña tu frágil ego.
Eres carne de cañón, eres la víctima exangüe de un negocio que comercia con tu atención porque no tienes el coraje suficiente para restañar la hemorragia.
Eres la rata de skinner que golpea la palanca de la línea de mensajes para recibir su nueva dosis de cocaína.
Este es un curioso podcast que pone de manifiesto un rasgo ideal de las buenas conversaciones: la espontaneidad, el estar abierto a las digresiones y cambios de tema, a pesar de que en principio hubiera un tema de debate fijado o acordado por ambos conversadores.
Podría haberlo titulado de otro modo: Conversación con Entusiasmado: de la poesía al apocalipsis acabando en la esperanza.
Nuestro invitado, el señor Entusiasmado, y yo empezamos hablando sobre lenguaje galante, flirteo y seducción, pero la charla derivó hacia temas más graves y de gran actualidad social: la corrección política y la ideología de género, las políticas identitarias y su substrato: el marxismo cultural.
Lo que en principio iba a ser un tema ligero, frívolo aunque interesante, se convirtió en una animada charla sobre política, control ideológico y el futuro de la civilización occidental. No está mal para una conversación de sobremesa mientras tomas el café.
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Advierto que este no es un podcast apto para todos los públicos y sensibilidades. Quizá te choque y digas que es impropio de un blog sobre minimalismo, buenos hábitos y productividad, que no esperabas esto de mí y que te he decepcionado, que te devuelva tu confianza y tu dinero.
Si estabas buscando una excusa o razón para darte de baja definitivamente de este blog, esta conversación puede ser la gota que colme el vaso de tu tolerancia y paciencia con Homo Mínimus.
En varios artículos anteriores, te he recomendado que te des de baja del blog, espero que con este podcast lo consiga definitivamente.
Este podcast está dividido en dos partes, quizá porque nos resultó imposible ser sublimes sin interrupción.
00:00:00 Poema declamado por el artista conocido como Homo Mínimus.
00:01:20 Presentación del tema de hoy: lenguaje galante, flirteo y seducción
El lenguaje solo en pocas ocasiones es para transmitir información, normalmente sirve a otros objetivos. ¿Ha empleado Entusiasmado el arma cargada de futuro de la poesía para flirtear o seducir? ¿Es útil la poesía?
00:07:28 ¿Prefieren las mujeres a los poetas?Artículo en blog de Entusiasmado. Explicación del estudio por parte de Entusiasmado. Valoración superior de hombres que hacen comentarios metafóricos sobre los que los hacen literales. Lo mismo sobre comentarios sobre cualidades vs posesiones.
10:30 Estrategias evolutivas y preferencias femeninas. Crítica general de las investigaciones.
12:25 Lenguaje novedoso, uso más creativo del lenguaje ante expectativas de citas con mujeres atractivas. ¿Por qué? ¿Por qué el «lenguaje florido» produce el efecto de atracción sobre las mujeres? Entusiasmado dice que cuidado con el lenguaje florido, ampuloso, que no es necesariamente novedoso, la poesía es una arma cargada de futuro… pero también de ridículo. Se trata más de mostrar creatividad e inteligencia a través del lenguaje que de usar un lenguaje artístico, florido, ampuloso.
17:15 [Y aquí empieza la deriva…] Las mujeres buscan los hombres que sean capaces de proporcionar más recursos. Es una estrategia o propensión evolutiva inscrita en las psiques de las mujeres. «Nuestro cerebro fue hecho en un determinado momento… para responder a las necesidades del momento… aunque las condiciones hayan cambiado…»
19:00 Referencia a Satori time. [Referencia] [Cuña publicitaria] No confundir con la famosa escena de Lost in translation de Suntory time, el güisqui .
19:30 Qué es lo que hace que surja la poesía, el arte. Referencia a Geoffrey Miller, un psicólogo evolucionista, el autor de The Mating Mind. Escribió en el 2013 el siguiente tuit:
«Dear obese PhD applicants: if you didn’t have the willpower to stop eating carbs, you won’t have the willpower to do a dissertation #truth»» [Traducción: Querido obeso aspirante a PhD: si no tenías la fuerza de voluntad para parar de comer carbohidratos, no tendrás para la fuerza de voluntad para completar una tesis #verdad]. Consecuencias para Geoffrey Miller.
Dice Entusiasmado: «En un mundo de mentiras, decir la verdad es un acto revolucionario», «Dos tipos autores: los polémicos y los falsos».
24:12 [Cambio de rumbo, viramos en la conversación hacia la cuestión de la corrección política]. Alegato a favor de la libertad de expresión. Ofendiditos. Cualquier juicio o valoración puede dañar las personas. Se necesitan personas con la fuerza suficiente para aceptar opiniones que no les favorezcan.
26:20 ¿Por qué las mujeres no llegan a puestos de responsabilidad y hay menos premios nobel mujeres? ¿Es la discriminación el único factor explicativo? Referencia a James Damore, el empleado de google que explicó la presencia de menos mujeres en tecnología. Masculinismo de Entusiasmado.
Feministas de tercera ola vs sufragistas. Vuelta de tuerca: grupos humanos (asiáticos o judíos ashkenazi) con media de CI superior a la media. «El hombre blanco es el causante de todos los males… y de todos los bienes». Ataque a la diferencia de tratamiento legal de hombres y mujeres. El problema del entorno acolchado para mujeres y minorías.
38:40 Inteligencia no es una magnitud fija. Menos exigencias con determinados grupos desincentiva a esos mismos grupos y realmente los perjudica. Thomas Sowell y el estado protector. Familias monoparentales.
42:20 Homo Mínimus decide emplear este podcast para filtrar a sus lectores y audiencia. Cambio definitivo del tema del podcast: corrección política y censura.
47:40 «Conspiranoia» de Entusiasmado. Hembrismo. Imposición de pronombres de género. Políticas identitarias. Ataque a la racionalidad. «Hay gente que se siente gato». Postmodernismo. «El método científico es machista». Marxismo cultural: la revolución por otros medios. Representación en los medios de la lectura y la inteligencia.
Se pierde la conexión. Se retomará en la parte II.
00:00 Homo Mínimus no cree que haya una conspiración. Entusiasmado cree que hay una multitud de pequeñas guerras pero forman parte de una guerra general para minar la civilización occidental.
06:15 La novedad no está en que haya intereses ocultos sino en la negación de la razón.
12:20 Llamamiento de Entusiasmado a la racionalidad y el pensamiento crítico. Homo Mínimus añade la necesidad del pensamiento exploratorio y creativo.
13:45 La negación de la naturaleza humana. La educación como solución universal a los problemas de la sociedad(HM lo pone en duda). El debate naturaleza vs crianza.
Programaciones mentales vs programación genética.
20:00 Por qué Entusiasmado es de derechas. Cincuenta sombras de Grey. Conflict of visions, de Thomas Sowell. Visión trágica y visión utópica.
Mao Tse Tung o Trujillo (dictador República Dominicana) se parecen más a Genghis Khan que al ideal de hombre nuevo socialista. Mesianismo tradicional vs mesianismo actual. Creerse propias mentiras. Entusiasmado dice que «nadie que tenga dos o más hijos piensa que todas las personas son iguales».
30:30 Somos una sociedad cobarde. Defensa de la libertad de expresión. ¿Por qué parece que es ahora la derecha o el conservadurismo los que defienden la libertad de expresión? Imposición de una visión de la historia. Pánico a expresarse. Una persona puede perder su trabajo por sus opiniones. También puede acabar en la cárcel. Crímenes de odio (excusa para la censura).
34:20 Apocalipsis. Homo Mínimus dice que la guerra está perdida. La opción benedictina. Entusiasmado dice que «Las guerras perdidas son las únicas que merece la pena luchar». Clark Gable acudiendo a luchar con los confederados.
36:40 Cierre del podcast «apoyados contra las puertas del castillo resistiendo los embates del ariete del ejército de orcos que quieren invadir los restos que quedan de la civilización occidental» (imagen vívida del señor Entusiasmado).
38:26 Poema de cierre declamado por el presentador.
Veo adolescentes que no saben conversar cara a cara porque encuentran más seguro teclear en la pantalla. Veo jóvenes que temen la charla telefónica y andan por las calles con la cabeza inclinada. Veo parejas en las noches del sábado que no cruzan palabra y escriben mensajes mientras esperan la cena. Veo adultos jugando a derribar casas de cerdos lanzando pájaros.
Veo lo que hacen con sus hijos, los someten a pantallas con dibujos, colores y ruidos. Veo mujeres con lactantes más atentas a la línea de mensajes que al bebé que tienen en sus brazos. Veo infantes que toman su papilla anestesiados con dibujos animados. Veo a niños narcotizados adictos a las pantallas. Veo una sociedad de idiotas, ahogándose en un mar de irrelevancia, viviendo vidas vacuas.
En esta conversación con Cangrejo Ermitaño exploramos la relación entre la conversación y el arte de contar historias. La señorita Cangrejo desgrana la estructura de «El camino del héroe» de Joseph Campbell, que es la estructura de los mitos e historias en todas las culturas y en todos los tiempos.Lo relacionamos con historias literarias, del cine y hasta del marketing.
00:00 Presentación de la invitada y el tema de hoy.
Cangrejo Ermitaño. Por qué la conversación (incluyendo los diálogos internos) está relacionada con los relatos, con las historias.
3:35 Definición de historia o relato. Inserción en las conversaciones. Estructura clásica de los tres actos de Aristóteles: planteamiento, nudo y desenlace. Anécdota con la sobrina de Homo Mínimus: los seres humanos llevamos «de fábrica» la gramática de las historias.
7:30 Doctrina de la tabla rasa. Implicaciones en la educación.
10:18 El camino del héroe del mitólogo Joseph Campbell. El héroe de las mil caras . La guerra de las galaxias.
12:50 Etapas del viaje del héroe. Tres grandes actos (iniciación, partida y retorno) con subdivisiones. Uso en Hollywood. Suceso detonante, llamada al héroe. Renuencia, «El destino insiste» dice nuestra invitada. Aceptación del reto. Guía, maestro, mentor, en forma de persona o de objeto o carta. «El maestro aparece cuando el aprendiz está preparado». «El héroe se aleja, avanza y soporta la incertidumbre». El bosque oscuro. Ejemplo de El mago de Oz. El punto de no retorno.
A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar
— Franz Kafka
23:00 Entrada en el mundo mágico. El reto puede estar en el interior. El inconsciente de Jung.
Viaje físico y/o transformación interior. Mención de Del Revés. Noche oscura del alma. Iluminación, muerte metafórica, muerte del ego tras la crisis. Muerte y resurrección.
«Los niños entienden el lenguaje simbólico muy fácilmente», dice la señorita Cangrejo.
31:20 Mundo nuevo. Pruebas, aliados y enemigos. Cualquier historia habla de nosotros, de nuestra existencia, de nuestras propias historias. Cosmovisión. Unidad de la especie humana. Recomendación del libro La tabla rasa. Charla TED de Steven Pinker sobre el libro, si no quieres leer (todavía) el libro.
40:00 [CUÑA NEOLUDITA, digresión] Crítica de las redes sociales. Contribuyen al sesgo de confirmación. Pensamiento de nicho. Homo Mínimus es un neoludita (¿alguien lo dudaba?). Las redes sociales y apps no son «herramientas», tienen una agenda, la de los programadores y sus jefes. Una app no es un martillo, es un agente que tiene una meta: succionar tu atención. Señorita Ermitaño apunta que los creadores de estas tecnologías limitan el uso a sus propios hijos. Sección neoludismo en el blog de Homo Mínimus.
45:40 Uso de las historias en el marketing. Por qué son eficaces. Ejemplos anuncio de lotería de Navidad. Distinción entre «Historia» e «historia». Las historias personales mueven más, impactan más, que la mera narración aséptica de datos y hechos. Ejemplo: documental sobre la II Guerra Mundial vs La lista de Schindler. Empatía, identificación con personajes, poder de la narración. Nota macabra de nuestra invitada: «La muerte de una persona es una tragedia, la muerte de un millón es una estadística». Nota macabra de Homo Mínimus: «transformar la anécdota trágica en número». Marketing político. Predominio del pathos sobre el logos.
58:00 Disección de historias. ¿Pierdes el placer de leer, ver o escuchar la historia si la analizas mucho?
1:01:15 Referencia a Nassim Nicholas Taleb.Artículo de Cangrejo Ermitaño con resumen de ideas de Antifrágil. Falacia de la narratividad. Doña Cangrejo dice. «El cerebro humano no soporta no entender algo; si no lo sabe, se lo inventa». Importancia de la Estadística como antídoto contra la falacia de la narratividad y el poder sobregeneralizador de las historias. Cisnes negros.
1:08:00 Historias y realidad. A veces no hay historias, la realidad no siempre es historiable. Nuestra invitada: «No es contar cualquier historia… historias egocéntricas de éxito», porque pierde capacidad de emocionar y persuadir. Reivindicación de las historias personales como herramienta de aprendizaje: intercambio, almacenamiento y modificación de historias. Mención de Roger Schank y sus «scripts» como esencia de la inteligencia humana. Necesidad de la vulnerabilidad del héroe en el viaje del héroe.
Recomendación El guión, de McKee. Disponible en amazon.es en ebook por un precio módico.
Las historias como procesamiento y codificación experiencias. La importancia de la cultura oral.Socrates. La conversación filosófica, la mayéutica o método socrático.
1:20:40 Historias que nos contamos a nosotros mismos e identidad.
«El ser humano enloquece si no cuenta su historia», dice la señorita Ermitaño. Meditación. Espacios libres de ruido. Mensajes interiores. Necesidad del aburrimiento para fomentar la creatividad. Ver el artículo invitado de Roger Schank en este blog: El aburrimiento espolea la creatividad.
«Hay algo que te quiere decir algo y le tienes que dar espacio», dice Doña Cangrejo. También hay llamadas interiores al héroe.
[…] La narración es también una necesidad humana de darnos coherencia a nosotros mismos, de justificarnos o racionalizarnos. Siempre nos estamos contando algo. Todos tenemos algún tipo de discurso interno acerca de nuestra vida que solemos repetirnos. Esto nos da sensación de entendimiento(incluso cuando es falso). La conversación puede ayudar a construir o poner a prueba esta narrativa.
—Cangrejo Ermitaño
1:24:15 Capacidad de contar historias e inteligencia. Signo y esencia de la inteligencia. Conexión esencia situación con historia. Pensamiento analógico. A nuestra invitada le vienen a la cabeza las conversaciones entre Sancho y Don Quijote. Sancho era muy refranero, viniera a cuento o no. ¿Cuándo sabremos si hemos construido un ordenador inteligente? Evolución y antifragilidad de las historias.
El juego del teléfono escacharrado. Reivindicar las historias cara a cara, la tradición oral. Dispositivos digitales ahora son muy «individualistas». Se neutraliza o narcotiza a los niños con tablets y teléfonos inteligentes (más inteligentes que los padres). Nativos digitales y conocimiento de tecnología. «Gran baza: la capacidad de controlar la atención», ventaja competitiva en el futuro.
Trastornos de déficit de la atención. Principio de precaución. Enseñanza de la paciencia. La realidad no funciona como las pantallas y los juegos digitales.
1:41:50 Lo mejor que puedes hacer por tu hijo: contarle cuentos, historias. El elemento retórico-afectivo de la educación se pierde con las pantallas. Docere, delectare et movere.
1:45:30 Revisión de la charla, congratulaciones varias y despedida.
La racionalidad es una condición indispensable para las conversaciones en que las cuestiones de hecho son importantes. Cuando se debaten cuestiones de hecho, es esencial que nuestros métodos de optimización de creencias (racionalidad teórica) sean los mejores posibles y produzcan las creencias más cercanas a la realidad objetiva.
En paralelo a la distinción de Kant entre razón teórica y práctica, Jesús Mosterín habla de racionalidad teórica y práctica (también llamada epistémica e instrumental) [1]
[…] La racionalidad teórica se puede decir más propiamente que regula nuestra aceptación de creencias más que nuestras creencias. La racionalidad práctica es la estrategia para vivir la mejor vida posible, logrando las metas más importantes y satisfaciendo las propias preferencias lo más posible.
Para el filósofo español, razón y racionalidad son conceptos distintos; el primero es la facultad común a todos los seres humanos, las funciones cognitivas que hacen posible razonar y conocer el mundo; el segundo son los métodos de optimización de las creencias y de la acción. Según esta distinción, todos los seres humanos tenemos razón pero no todos racionalidad, es decir, no todos empleamos métodos de optimización de creencias y acción, o los empleamos en distintos grados.
La racionalidad práctica (métodos de optimización de la acción individual y colectiva) se beneficia de un sistema de creencias los más cercano posible a la realidad objetiva del mundo logrado a través de la racionalidad teórica y permite obtener los resultados mejores posibles de acuerdo a las preferencias que tienen los sujetos racionales.
El proyecto de la Ilustración del siglo XVIII, la era de la razón o el siglo de las luces [2], era principalmente un proyecto de racionalidad en el que se perseguía que el sistema de creencias estuviera basado en la coherencia lógica y la evidencia empírica, en vez del poder de la autoridad, fuera esta la del monarca absoluto o la eclesiástica. De esta racionalidad teórica y unos ciertos valores éticos y preferencias se nutrió la racionalidad práctica y se derivaron innovaciones políticas y sociales tales como el estado constitucional, la democracia y la tolerancia con las minorías.
La razón ilustrada es una idea reguladora de la inteligencia, de las facultades cognitivas del ser humano , es un proyecto en construcción que no acaba nunca, que ha de perseguirse todos los días y en todos los asuntos, no es un producto acabado.
En ciencia buscamos la aproximación continua a la verdad, como si fuera un límite asintótico al que nos podemos acercar más y más pero sin nunca tocarlo —o solo tocarlo en el infinito—. En los asuntos personales y sociales, también buscamos el acercamiento al mayor bien individual y colectivo posible con los recursos disponibles.
El proyecto de racionalidad se convierte en racionalidad práctica y por tanto en acción comparativamente óptima cuando va de la mano de las virtudes intelectuales de emoción, pensamiento y acción que lo hacen posible.
Las conversaciones, especialmente las conversaciones en las que se debaten cuestiones de hecho, han de ser guiadas por principios de racionalidad encarnados (o más bien espiritualizados) en virtudes intelectuales.
—
Uno de los filósofos más importantes del siglo XX, Karl Popper, escribió en un 1981 [3] una serie de doce principios para la ética profesional de los intelectuales. Esos principios son extrapolables a cualquier sujeto racional, no son exclusivos, ni mucho menos, del intelectual profesional, el académico o el hombre de ciencia. Es más, sería un gigantesco paso (a la vez que desconocido) si estos principios permearan más allá de la actividad académica profesional hacia los espacios de debate social, políticos, organizativos y personales.
Transcribo estos doce principios para una nueva ética profesionl del intelectual , las negritas son mías.
Nuestro saber conjetural objetivo va siempre más lejos del que una persona puede dominar. Por eso no hay ninguna autoridad. Esto rige también dentro de las especialidades.
Es imposible evitar todo error o incluso tan sólo todo error en sí evitable. Los errores son continuamente cometidos por todos los científicos. La vieja idea de que se pueden evitar los errores, y de que por eso se está obligado a evitarlos, debe ser revisada: ella misma es errónea.
Naturalmente sigue siendo tarea nuestra evitar errores en lo posible. Pero precisamente, para evitarlos, debemos ante todo tener bien claro cuán difícil es evitarlos y que nadie lo consigue completamente. Tampoco lo consiguen los científicos creadores, los cuales se dejan llevar de su intuición: la intuición también nos puede conducir al error.
También es nuestras teorías mejor corroboradas pueden ocultarse errores, y es tarea específica de los’ científicos el buscarlos. La constatación de que una teoría bien corroborada o un proceder práctico muy empleado es falible puede ser un importante descubrimiento.
Debemos, por tanto, modificar nuestra posición ante nuestros errores. Es aquí donde debe comenzar nuestra reforma ético-práctica. Pues la vieja posición ético-profesional lleva a encubrir nuestros errores, a ocultarlos, y así a olvidarlos tan rápidamente como sea posible.
El nuevo principio fundamental es que nosotros, para aprender a evitar en lo posible errores, debemos precisamente aprender de nuestros errores. Encubrir errores es, por tanto, el mayor pecado intelectual.
Debemos, por eso, esperar siempre ansiosamente nuestros errores. Si los encontramos, debemos grabarlos en la memoria: analizarlos por todos lados para llegar a su causa.
La postura autocrítica y la sinceridad se toman, en esta medida, deber.
Porque debemos aprender de nuestros errores, por eso debemos también aprender a aceptar agradecidos el que otros nos hagan conscientes de ellos. Si hacemos conscientes a los otros de sus errores, entonces debemos acordamos siempre de que nosotros mismos hemos cometido, como ellos, errores parecidos. Y debemos acordamos de que los más grandes científicos han cometido errores. Con toda seguridad no afirmo que nuestros errores sean habitualmente perdonables: no debemos disminuir nuestra atención. Pero es humanamente inevitable cometer errores.
Debemos tener bien claro que necesitamos a otras personas para el descubrimiento y corrección de errores (y ellas a nosotros); especialmente personas que han crecido con otras ideas en otra atmósfera. También esto conduce a la tolerancia.
Debemos aprender que la autocrítica es la mejor crítica; pero que la crítica por medio de otros es una necesidad. Es casi tan buena como la autocrítica.
La crítica racional debe ser siempre específica: debe ofrecer fundamentos específicos de por qué parecen ser falsas afirmaciones específicas, hipótesis específicas o argumentos específicos no válidos. Debe ser guiada por la idea de acercarse en lo posible a la verdad objetiva. Debe, en este sentido, ser impersonal.
Como síntesis, son una excelente guía para cualquier tipo de debate racional, nos pueden ayudar a construir mejores estrategias de optimización de creencias y de acción personal y colectiva. Están muy unidos a sus ideas sobre epistemología (teoría filosófica del conocimiento) y se pueden condensar todavía más en estos tres principios, que son a la vez principios éticos y epistemológicos:
1) Principio de falabilidad. El error es inevitable. Yo puedo estar equivocado, tú puedes estar equivocado, las dos partes podemos estar equivocadas.
2) Principio de debate racional. Debemos criticar y poner a prueba nuestras teorías mediante argumentos racionales evitando el ataque personal (argumentos ad hominem y sus variantes).
3) Principio de aproximación a la verdad. Podemos acercarnos a la verdad mediante el debate racional y mejorar nuestro entendimiento.
El desafío para cualquier sujeto racional es grabar en el espíritu muy profundo estos principios y convertirlos en hábitos intelectuales y morales de pensamiento, emoción y acción que apliquemos consistentemente —con las inevitables recaídas y olvidos— en nuestras conversaciones habituales.
Me gustaría saber si esta ética intelectual-profesional se puede entrenar y cómo hacerlo. ¿Alguna idea?
[3]Extracto de la conferencia «Tolerancia y responsabilidad intelectual» pronunciada el 26 de mayo de 1981 en la Universidad de Tubinga, Alemania. Repetida el 16 de marzo del año 1982 en el Ciclo de Conversaciones sobre la Tolerancia en la Universidadde Viena, Austria.
Diálogo en el espíritu de Bohm (conversaciones exploratorias)
Del “Solo sé que no se nada” al “tengo que decantarme por alguna creencia para actuar» (razón teórica vs práctica) (analogía cartas descartadas y mantenidas)
Conversación con el Doctor Martínez: analogía entre el método científico y las conversaciones
Estilo confrontacional vs exploratorio (posición vs pregunta investigación)
Reglas de la racionalidad de Karl Popper
Confirmar vs corroborar
Mejor interpretación posible (regla discusión).
Regla salida discusión
Elige un rival de tu talla. (regla entrada en discusión)
Logomaquias
Algunas reglas para la conversación
El club de la conversación
Conversación como intercambio de historias
Conversaciones femeninas y masculinas
¿Podemos conversar con cualquiera?
Corrección política: ¿hay temas prohibidos?
Conversaciones bayesianas
Conversaciones kafkianas
Conversaciones de besugo
La técnica del detective Colombo
Desconferencia o conferencia de espacio abierto: coreografía de la conversación
Un excelente podcast entre John Flames y Homo Mínimus sobre el malestar en la conversación: estado actual de las conversaciones, causas de las malas conversaciones, naturaleza y sentido de la conversación. Cómo pasar de la autopsia al diagnóstico y la revitalización de las conversaciones.
00:00:00 Presentación del invitado. John Flames es el autor de la historia gráfica del video sobre el minimalismo existencial que aparece aquí.
00:01:30 Presentación del tema: frustración en las conversaciones. Impedimentos. Trabas. Vía teológica negativa. Conversaciones públicas, familiares, profesionales (¿son mejores estas últimas?).
00:06:45 Más errores en la conversación. Referencia al artículo Cómo mostrar al desacuerdo. Niveles más bajos del desacuerdo: insultos, menosprecios, hombres de paja, argumentos ad hominem, argumentos ad hitlerum. Digresiones. Políticas identitarias y argumentos ad hominem.
00:15:45 Muletillas inadecuadas en la conversación. [Curioso ver la malinterpretación de Homo Mínimus sobre la muletilla «No» a la que alude el señor Flames. HM habla de «¿No?…», una muletilla de estilo. cuando Flames hablaba de la muletilla «No» como corte o bloqueo del opositor. El peligro de usar mismas palabras con distintos significados. Conversaciones de besugo.]
00:20:05 ¿Es Homo Mínimus agresivo en su estilo conversacional? El señor Flames, muy caritativamente, dice que no.
00:22:00 El tratamiento de usted (no habitual en España, sí en hispanoamérica). Homo Mínimus decide empezar a ustear a su invitado John Flames. Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre. Tuteo al subdito, usteo al Rey España. Asimetría conversacional. El caso de Emmanuel Macron, presidente de Francia, riñendo a un estudiante que le había tuteado. Tratamiento a los profesores y a los padres.
00:27:35 Vuelta a la cuestión del tono empleado en la conversación. ¿Si pierdes los papeles pierdes la razón? Argumento contra el tono (una de las formas más bajas de estar en desacuerdo).
00:28:35 El lenguaje y las políticas e ideologías identitarias. Campo minado de la conversación pública y política. Micromachismos. Machoexplicación (mansplaining).
00:32:00 Más impedimentos y trabas en la conversación. Distintas palabras o formas de expresión de mismas ideas. Poca racionalidad en las conversaciones. Marco racional de las conversaciones: evidencia empírica y conexión lógica.
00:36:45 Más elementos de dificultad en las conversaciones en redes sociales y a través de medios digitales. El caso de twitter: pensamiento de nicho y guerras incendiarias. El caso de facebook: postureo (pavoneo) y promoción personal. Referencia al Show de Truman y al programa de televisión Españoles por el mundo.
00:45:10 Causas o etiología de las malas conversaciones. No escuchamos. ¿Por qué no escuchamos? Flames: nos encerramos en nuestro ego. Razones últimas que apunta Homo Mínimus: búsqueda del estatus y falta del marco racional en la conversación. Plumaje verbal y búsqueda de la atención.
00:57:25 Educación y buenas conversaciones. Reglas básicas de comportamiento. ¿Dónde se aprenden? Libros, películas, modelos de conversación. Instituciones que favorecen la conversación.
1:11:20 Sentido de la conversación. Cómo es una conversación ideal.
Sr. Flames: «Conversar es pensar entre dos o más personas»
1:14:00 Conversación de ideas vs conversación de experiencias (versión masculina vs femenina)
1:17:00 «No me gusta generalizar». ¿Podemos pensar sin generalizar? «Uno de los errores de las conversaciones es generalizar». Estereotipos, lugares comunes, clichés, prejuicios: parte oscura de la generalización.
1:20:30 Agradecimientos mutuos estilo Groucho Marx.
1:21: 00 Referencia a Sócrates. Origen de la filosofía occidental. Dialéctica. Mayeútica: buscar entre dos las verdad. Aplicación al coaching.
1:25:00 Qué hacer para que el diagnóstico en la conversación no se convierta en autopsia. Cómo revivir al muerto.
Este es un artículo invitado de Homo Máximus. Le agradezco que haya accedido a la invitación. Homo Mínimus no se hace responsable de las opiniones emitidas por Homo Máximus ni necesariamente está de acuerdo con ellas o las suscribe.
Nota adicional: me admiró tanto la sinceridad de Homo Máximus —aunque también me dolió— que le ayudé a mejorar el artículo con fotos relevantes, enlaces , estadísticas del blog y poniendo en negrita algunas frases memorables que corrían el riesgo de pasar desapercibidas entre tanta crítica (probablemente merecida, al menos en parte).
I. No me gusta que publique artículos ombliguistas, narcisistas, como este, porque sabe que soy un tipo que solo hablaré de él.
II. Que nos tome por idiotas: seguro que en este artículo digo algunas cosas malas de él que en el fondo son buenas.
III. Que sus artículos sean como la cuchara-avión con la que se alimenta al bebé. Me lo da todo mascado.
IV. Que use material de otros, por ejemplo, viñetas humorísticas en los que los comentarios de Mínimus no añaden nada a lo ya visto.
V. No me gusta que use palabras raras, es un pedante. ¿Dónde queda el lenguaje claro y sin pretensiones?
VI. Que use un lenguaje florido para disfrazar su falta de contenido.
VII. No me gusta dé vueltas una y otra vez a las mismas ideas. ¿Tiene algo nuevo que no sepa?
VIII. Que no cuide más los podcasts; no tiene entradilla musical y el sonido es manifiestamente mejorable.
IX. Que interrumpa a sus invitados en el podcast.
X. Que monopolice las conversaciones en los podcasts.
XI. Que diga «ehhhh» y «¿no?» al final de sus frases.
XII. Que camufle su falta de ideas traduciendo al español libros de Leo Babauta y los utilice como cebo para que la gente se suscriba al blog. Patético.
XXI. Que confunda un artículo de blog con una lista inconexa de ideas.
XXII. Que use y abuse de las listas.
XXIII. Y de los retruécanos.
XXIV. No me gusta leer el título del artículo y ya saber lo que va a decir.
XXV. Que muestre ramalazos heteropatriarcales propios de otras épocas. Su artículo Cómo convertir a tu mujer en minimalista es cuando menos despreciativo para la condición femenina. Las mujeres no necesitan ser tuteladas. Punto.
XXVII. Que el artículo sobre las Cien maneras de iniciar una conversación con una mujer sea el más leído de la historia del blog (casi 30.000 visitas). Lo peor: desde el 2014 sus lectores no han dejado de crecer.
Por otro lado, me hace gracia los dos artículos más leídos de su blog no tengan nada que ver con el minimalismo y sean listas de cien. En el pecado lleva la penitencia. Es el problema de los blogs todo a cien.
XXVIII. No me gustan sus listas de cien. La única que tiene pase, yo diría que es simpática, es la de Cien ideas para una conferencia TED. Este es el segundo artículo más leído del blog. Pero no se engañen, esta lista no justifica el deficiente nivel del resto del blog ni exime a Homo Mínimus de responsabilidades penales y civiles .
XXIX. Me repatean los proyectos que empieza y no acaba. Por ejemplo, el Reto-práctica 100×100 ideas, más de cuatro años desde que lo empezó y sigue sin terminarlo. Un tipo que no acaba lo que empieza dándonos lecciones de tenacidad en su Curso de autorregulación y perseverancia. Consejos vende que para él no tiene.
XXX. Que anuncie un libro sobre el minimalismo existencial y defraude a sus lectores varios meses después diciendo que no lo escribirá .
XXXVI. Que divague sobre ideas suficientemente comprendidas. Filosofía de parvulario llamo yo a sus principios minimalistas.
XXXVII. Que en las distancias cortas no tenga ni una mala palabra ni una buena acción.
XXXVIII. Que no diga que no ni que sí a las propuestas de los lectores que le escriben. Es como la chica popular que gusta de tener pendientes de un hilo a sus muchos pretendientes; los deja en la reserva, como si fueran tampones emocionales para apuntalar su frágil ego en tiempos de hemorragia sentimental y baja autoestima.
XXXIX. Cuando Homo Mínimus se dirige a las mujeres lectoras del blog, lo hace con un tono condescendiente y sutilmente despreciativo. Es un caso de libro de machoexplicación.
XL. Que use su blog para airear sus filias y fobias personales.
XLI. Que diga que «Sí, por supuesto» o que «más adelante» a los lectores que le escriben pero luego nunca más se sepa.
XLIII. No me gusta de Homo Mínimus su ridículo nombre.
XLIV. Que haga trampas en las listas de cien.
XLV. Que prometa hacer una reseña de este libro y no lo haga: «La mudanza. ¿Con qué me quedo?» De Javier Saura. https://amzn.to/2Oc65vh
XLVI. No me gusta su en ocasiones tono buenista new age.
XLVII. No me gusta el tono retador y sobrado del que después de todo no pasa de ser el típico subcampeón del mundo.
XLVIII. No me gusta que crea que por darle la vuelta a una idea generalmente aceptada tiene una idea válida. Eso es lo más fácil del mundo. Es un síntoma de pereza mental.
XLIX. No me gusta de Homo Mínimus su simplona forma de escribir. Seguro que a muchos lectores les gusta por esa misma razón. Está claro que uno busca y atrae lo que es.
L. No me gusta que no haga referencia a otros blogueros de su nicho, ignora a su competencia.
LI. Que no haga pausas a mitad de sus listas de cien.
LII. Que todo lo que hace sea esperado. Que no me sorprenda. Se le acabaron las ideas.
LIII. Me indigna que Homo Mínimus emplee fotos de trabajadoras de la limpieza en su blog.
LIV. Que no tenga organizados los artículos del blog.
LV. Que sea difícil encontrar el botón de suscripción.
LVI. Que no responda a la gente que amablemente comenta.
LVII. Que responda a los comentarios de unos lectores y no a los de otros, de manera aparentemente arbitraria.
LVIII. Que sea tan difícil encontrar un medio de contacto.
LXIV. Que se quede siempre en el terreno de lo abstracto.
LXV. No me gusta que se meta tanto con la gente que usa teléfonos inteligentes.
LXVI. Me saca de quicio su tecnofobia y su neofobia. Chochea. «En mi época la gente leía libros y prestaba atención…» dice Homo Mínimus carraspeando. A ver si evoluciona de una vez y se da cuenta de que vivimos en el siglo XXI.
Unabomber. Un minimalista existencial
LXVII. No me gusta su soberbia disfrazada de ironía y bonhomía.
LXVIII. No me gusta que no reseñe los libros de los que bebe. Me gustaría ir a las fuentes, no acceder a su agua dialéctica a través de sus tendenciosos sesgos y filtros.
LXIX. Que no me diga quienes son sus fuentes.
LXX. Que me aconseje una cosa y la contraria.
LXXI. Que se canse de un tema o proyecto o experimento y lo deje a medias.
LXXII. Que me haga trabajar para él como articulista invitado.
LXXIII. Que diga que suele responder en menos de tres semanas, «generalmente con amabilidad». ¿Qué hace cuando no es amable?
LXXIV. Que haya agotado el tema del blog, el minimalismo existencial, y siga perorando.
LXXV. Que se crea que le leo, habitualmente paso rápida y perezosamente la mirada por los artículos que me envía y los elimino.
LXXVI. No me gusta su pose de loco hablando desde lo alto de la colina.
LXXVII. No me gusta el aire enrarecido, a habitación de enfermo, que tiene este blog. Todo negatividad y cinismo.
LXXVIII. No me gustan los comentaristas habituales del blog: siempre aplaudiendo y estando de acuerdo con lo que dice Homo Mínimus. Parecen miembros de una secta.
LXXIX. Me parece peligroso que denigre el sistema educativo con tanta ligereza. Me asquea su falta de sensibilidad social.
LXXX. No me gusta que me sermonee porque veo series en Netflix y consulto mi teléfono en los tiempos muertos.
LXXXI. Que me utilice para hacer una lista más de cien para su Reto-Práctica 100×100 ideas.
LXXXII. Que vaya de desapegado, libre y radical, como si no le importara su audiencia o el número de lectores. Se la he visto consultar compulsivamente las estadísticas del blog y salivar con los «likes».
LXXXIII. No me gusta que confunda la exuberancia mental con la verborrea.
LXXXIV. Que robe fotos.
LXXXV. Que no cumpla la normativa de cookies ni advierta que los datos personales pueden ser recogidos.
LXXXVI No me gustan sus artículos «Shabbat shalom» del viernes por la tarde. ¿Se cree que solo le siguen judíos sefardíes? Totalmente fuera de lugar.
LXXXVII. Peor, ¿no se estará mofando sibilinamente de los judíos practicantes?
LXXXIX. No me gusta que me haga mirar en una dirección para luego decirme que mire en la otra.
XC. No me gusta el diseño del blog. Realmente, no creo que tenga ningún diseño.
XCI. Que no vaya de frente, siempre con subterfugios.
XCII. Que vaya de listillo y graciosete.
XCIII.Que bajo el pretexto de la filosofía minimalista no se trabaje el diseño del blog y su navegabilidad. Este blog no es amistoso con la gente.
XCIV. De Homo Mínimus, no me gusta su hipocresía patológica. Cualquiera que lo conozca sabe que su aparente bonhomía y don de gentes no es tal, es un personaje inventado, una máscara ridícula, un producto de marketing.
XCV. Que me haya puesto la condición de escribir una lista de al menos cien elementos si quiero publicar en su blog. Me quedan todavía cinco.
XCVI. Que se haga llamar con el título de Doctor.
XCVII. Que vaya dando consejos terapéuticos a gente muy enferma mentalmente y moralmente sin estar cualificado ni certificado como psicólogo clínico, psicoanalista lacaniano o terapeuta ocupacional. Espero que un día le demanden por intrusismo profesional y/o negligencia médica. No tienes más que mirar a sus artículos en el Consultorio del Doctor Mínimus.
XCVIII. Que intente emular (patéticamente) a Rainer Maria Rilke en su sección «Cartas a un joven bloguero».
XCIX.
C. Que me haya obligado a escribir esta lista con numerales romanos en vez de con arábigos. Fascista romano. Islamófobo cabrón.
Los hombres somos seres diseñados por la evolución para las distancias cortas y los contactos cara a cara con unas pocas personas generalmente conocidas.
La irrupción en las últimas décadas de las comunicaciones telemáticas ha modificado dramáticamente el entorno de nuestras interacciones personales. Ahora podemos mantener comunicaciones sincrónicas bidireccionales a larga distancia con miles de personas, muchas de las cuales desconocemos y no conoceremos nunca en persona.
Los mecanismos habituales de realimentación en una conversación, el lenguaje no verbal (gestos, posturas, expresiones faciales de las emociones) y el lenguaje paraverbal (inflexiones de voz, ritmo, volumen, tono), desaparecen en las conversaciones en redes sociales, en el correo electrónico y los chats.
Por falta de estos mecanismos, perdemos la información que nos permitiría ponernos en el lugar de los otros, considerarlos como seres humanos y quizá suavizar nuestros mensajes.
La percibida falta de consecuencias, como la potencial reacción física violenta del interlocutor y las expresiones emocionales de tristeza, disgusto o humillación ante nuestras palabras, hace que demos rienda suelta a nuestro afán de imponernos, la desconsideración y a veces la violencia verbal.
Es mucho más fácil abandonar a tu pareja por whatsapp que tomando un café y mirándola a los ojos. Es mucho más fácil sentirse benefactor de la humanidad retuiteando una frase indignada que clama por la justicia social que ayudando a fregar los platos a tu madre. Es mucho más fácil denigrar y humillar a las víctimas del holocausto o del terrorismo escribiendo un comentario humorístico que informarse sobre la historia del nazismo y el comunismo.
Reaccionamos a las palabras cuando deberíamos reaccionar a las personas. Ten en cuenta todo esto este fin de semana cuando estés tentado a entrar en guerras incendiarias en la red.
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
—Antonio Machado
Una de las dificultades más importantes en la conversación está en cómo manejamos la diferencia de opiniones o creencias. Dependiendo de la importancia de la disensión, el grado de excitación emocional puede turbar, e incluso impedir, la conversación: no es lo mismo disentir sobre si América fue descubierta en 1492 o en 1592 que disentir sobre la existencia de Dios o las maldades relativas del capitalismo y el socialismo o si deberíamos cerrar las fronteras a la inmigración.
He encontrado muy iluminadora una jerarquía establecida por Paul Graham sobre los niveles de desacuerdo en una discusión [1][2]:
ND0: insulto.
«Eres un socialista de mierda»
ND1: argumento ad hominem.
«Tú eres un funcionario, luego todas tus opiniones sobre el tamaño óptimo de la administración no tienen validez. Nadie cuyos medios de subsistencia dependan del Estado cambiará de opinión sobre la conveniencia de la reducción del Estado.».
ND2: argumento contra el tono.
«Te alteras, me ofendes con tu arrogancia (luego tu opinión queda descalificada, no te puedo tener en cuenta)».
ND3: contradicción.
«Tú piensas que hay que defender lo público, pero el mercado y el libre intercambio es siempre superior moralmente y económicamente»
ND4: contraargumento.
«No creo en la superioridad del servicio público ni creo que los servidores públicos sirvan al público más que los servidores privados: los funcionarios, como cualquier hijo de vecino, buscan principalmente su interés propio».
ND5: refutación.
«Dices que ‘la enseñanza pública es más barata’; pero la evidencia empírica, según datos de la propia administración española, indica que el coste de la enseñanza pública es más del doble del coste de la educación en centros privados concertados. En concreto, en el 2014-2015 cada alumno en escuela pública costó de media 6.940 euros mientras que en los colegios concertados el coste medio por alumno estuvo por debajo de los 2.900 euros. Por tanto, el uso de los recursos es mucho más eficiente en centros concertados» [3]
ND6: refutar el punto central:
El punto principal del autor X parece ser Y. Como él dice:
<cita del artículo original>
Pero esto esta equivocado por las siguientes razones:
A, B y C.
—
Estos siete niveles de desacuerdo forman una jerarquía sobre la forma de los argumentos: los niveles ND0 a ND3, además de ser los más bajos, no tienen ningún poder de convencimiento racional; pueden ser excelentes armas retóricas de gran contenido emocional, pero no ayudan a dirimir el asunto objeto de la discusión y encontrar la creencia más verdadera a la luz de los criterios de coherencia lógica y fundamentación empírica.
Que uno se mueva en los niveles ND4 a ND6 no garantiza que tenga razón, solo indica que se mueve en un nivel del discurso superior (más racional) y que es más probable que los argumentos tengan peso y la conversación sea fructífera.
Hay dos grandes problemas con el nivel ND2 (argumento contra el tono) :
a) el tono adecuado en una conversación es algo subjetivo y alegar problemas con el tono puede ser una maniobra de evasión o distracción. Lo que para el que expone una tesis puede ser vehemencia, para la parte contraria puede ser arrogancia o agresividad.
b) un tono inadecuado no descalifica una opinión, solo la hace, por contagio, menos aceptable o rechazable subjetivamente, pero no añade ni quita razones objetivas a favor o en contra.
El nivel ND3 (contradicción) puede ser útil para plantear posiciones iniciales, pero tampoco prueba o demuestra nada.
El nivel ND4 (contraargumentación) nos introduce en el marco racional de la conversación: opiniones + argumentos lógicos con base empírica. Un peligro habitual es el de estar hablando con las mismas palabras de distintos conceptos o, si nos hacemos conscientes de ello, discutir sobre el significado de las palabras (logomaquias), como si las palabras tuvieran una esencia semántica o significado unívoco o definitivo.
El nivel ND5 (refutación) es el uso de la contraargumentación con la suficiente base empírica y la suficiente coherencia lógica.
Existe el riesgo de centrarse en refutar solo puntos débiles de la posición contraria pero que no son esenciales o claves en el asunto discutido, como cuando se discute un dato marginal o se hace referencia a un error menor.
En el peor de los casos, podrías estar argumentando contra un «hombre de paja», una posición inventada y simplificada fácil de refutar pero que no se corresponde con la posición más sutil y compleja de la parte contraria.
El nivel ND6 (refutar el punto central) es el nivel superior y requiere captar la esencia del asunto entre manos además de alcanzar un cierto consenso sobre cuál es esa esencia. En temas complejos, es posible que para llegar a este nivel se necesiten muchos rodeos y clarificaciones y aproximaciones parciales a través de los niveles ND3 a ND5.
—
Esta jerarquía de niveles de desacuerdo es útil para evaluar la potencia de los argumentos propios y ajenos en términos de racionalidad, pero desgraciadamente los argumentos más altos en la jerarquía pueden no ser los más eficaces en una situación comunicativa dada.
Los argumentos ad hominem, los hombres de paja, los eslóganes, las digresiones, las discusiones sobre significados de las palabras e incluso los menosprecios e insultos son en muchas ocasiones más eficaces para «ganar» las discusiones e influir en las personas, para mostrar la lealtad al grupo con el que uno se identifica o para satisfacer la autoestima, mostrar estatus y satisfacer otras necesidades psicológicas. Después de todo, alcanzar o aproximarse un poco más a la verdad es sola una de las motivaciones por la que una persona desea debatir y mostrar su desacuerdo.
El artículo que transcribo fue escrito en 1994 por Roger Schank, investigador en Inteligencia Artificial y educador.
Obviamente, creo que el sistema educativo está cometiendo grandes errores. Aquí están mis diez favoritos, favoritos no porque me gusten sino porque si los erradicáramos ayudaríamos mucho a los niños a aprender.
Error #1: las escuelas actúan como si el aprendizaje pudiera ser disociado del hacer
Realmente no se puede aprender sin hacer. Hay apariencia de que aprenden sin hacer cuando pedimos a los niños que memoricen cosas. Pero los adultos sabemos que aprendemos mejor en el trabajo, de la experiencia, probando cosas. Los niños aprenden mejor de esa manera también. Si resulta que no hay nada que hacer en el área de la asignatura que queremos enseñar a los niños, entonces puede ser que realmente no haya nada que debamos aprender en ese área.
Error #2: las escuelas creen que el trabajo de evaluar es una parte de sus responsabilidades naturales
La evaluación no es el trabajo de las escuelas. Los productos han de ser evaluados por los compradores de esos productos, no el productor de esos productos. Dejemos que las escuelas hagan el mejor trabajo que puedan y dejemos que el comprador decida por sí mismo la calidad de los resultados. Las escuelas deben concentrarse en aprender y enseñar, no en poner exámenes y comparar.
Error #3: las escuelas piensan que tienen la obligación de crear un currículum estándar
¿Por qué deberían todos saber lo mismo? Vaya mundo tan aburrido sería este si todos supieran lo mismo. Dejemos que los niños elijan dónde quieren ir, y con guía adecuada escojan bien y creen una sociedad viva y diversa.
Error #4: los profesores creen que deben decir a los estudiantes lo que creen que es importante saber
No hay tantas cosas importantes que saber. Sin embargo, hay mucho que es importante saber cómo hacer. Los profesores deberían ayudar a los alumnos a que averiguaran cómo hacer las cosas que los alumnos quieren hacer.
Error #5: Las escuelas creen que la instrucción puede ser independiente de la motivación para usar lo aprendido.
Tenemos que superar la idea de que algunas cosas merecen la pena saberse incluso si nunca haces nada con ellas. Las memorias humanas felizmente borran las cosas que no tienen propósito, así que… ¿por qué intentar atiborrar las cabezas de los niños con tal contenido? Concéntrate en averiguar por qué alguien querría saber algo antes de que se lo enseñes, y enséñale la razón de un modo creíble al mismo tiempo.
Error #6: las escuelas creen que el estudio es una parte importante del aprendizaje
La práctica es una parte importante del aprendizaje, no estudiar. Estudiar es un completo desperdicio de tiempo. Nadie nunca recuerda las cosas que se metió en la cabeza la noche antes del examen, así que ¿por qué hacerlo? La práctica, por otra parte, lleva a la perfección. Pero tienes que practicar una habilidad que realmente quieras saber cómo ejecutar.
Error #7: las escuelas creen que clasificar de acuerdo al grupo de edad es una parte intrínseca de la organización de la escuela
Esto es solo un accidente histórico y una idea terrible. Los niveles escolares de acuerdo a la edad son una de las principales fuentes de miedo a la escuela en los niños, porque siempre están sintiendo que no son tan buenos como algún otro o mejores que algún otro, y cosas así. Tales comparaciones y otros problemas sociales causados por divisiones por edad similares provocan que muchos niños tengan terribles problemas de confianza. Por otro lado, dejar que los alumnos ayuden a los que son más pequeños es beneficioso para ambas partes.
Error #8: las escuelas creen que los niños lograrán cosas solo si hay calificaciones por las que esforzarse.
Las calificaciones sirven como motivación para algunos niños, pero no para todos. Algunos niños se frustran mucho por el uso arbitrario del poder que representan las calificaciones y terminan renunciando.
Error #9: las escuelas creen que la disciplina es una parte inherente del aprendizaje
La gente mayor, sobre todo, piensa esto, probablemente porque las escuelas eran rígidas y exigentes en sus días. La amenaza de una regla golpeando la cabeza vuelve a los niños ansiosos y callados. No les hace aprender, les hace temerosos de cometer errores, que es algo muy distinto.
Error #10: las escuelas creen que los alumnos tienen un interés primario en aprender cualquier cosa que las escuelas decidan enseñarles
¿Qué niño elegiría aprender matemáticas en vez de aprender sobre animales, camiones, deportes u otra cosa? ¿Hay alguno? Bien. Entonces enséñale matemáticas. Deja a los otros niños en paz.
Esta lista no detalla lo que funciona mal en la escuela, ni las arquitecturas de la enseñanza que proponemos para reparar todo lo que no funciona. Sin embargo nos da una idea sobre dónde empezar. Y yo creo que software de alta calidad podría ayudarnos a hacer algunos de estos cambios.
20 años después de escribir el artículo, Roger Schank ha hecho una revisión de estos 10 errores. El panorama es desolador. Las cosas han ido a peor:
«No soy el único que está clamando en el desierto. Hay mucha gente que está de acuerdo conmigo y dice cosas similares.
¿Escucha alguien?
Sin duda. Los padres están dándose cuenta de lo estúpidos que son los tests y qué estúpido es el currículum. Los chicos se están dando cuenta, hoy más que nunca. Los profesores están decepcionados.
¿Alguien los escucha? No. Hay muchísimo dinero en juego para que cambien las cosas.
Bien, este fue el informe de los últimos 20 años en las trincheras. No nos rendiremos, pero la victoria parece estar muy lejos.»
Roger Schank dice de sí mismo en su blog personal: “Renuncié a formar parte del sistema educativo para así poder cambiarlo”. Creo que hemos de hacer lo mismo. Pero no tanto para cambiar el sistema educativo como para crear millones de sistemas educativos distintos que no necesariamente impliquen la institución tradicional de la escuela ni por supuesto la planificación y control de Estado y las autoridades académicas.
¿Hay esperanza? Sí. Convertirnos en interdidactas, aprender por nuestra cuenta y en compañía (voluntaria) de otros. Allá vamos.
¿No tienes la sensación de escuchar una y otra vez las mismas frases hechas, lugares comunes y conversaciones enlatadas?
¿Alguna vez no te has dado dolorosamente cuenta de que has puesto el piloto automático en la conversación y te has sentido aburrido de ti mismo? (imagina el hastío del interlocutor)
La conciencia es el camino de la liberación (cliché budista, psicoanalítico y minimalista existencial).
Somos seres de rutinas. No pasa nada. Solo hay que tener cuidado de que a la rutina no se le acabe cayendo la t (he repetido este chistecito hasta la extenuación en el blog)
En el 2010, una pareja coreana fue detenida después de dejar morir de hambre a su bebé de tres meses.
Se habían obsesionado con un juego de rol llamado Prius Online. Este es un juego similar a Second Life, permite a los jugadores crear otra existencia en un mundo de fantasía e incluye criar una niña virtual llamada Anima, que gana poderes mágicos y crece a medida que los jugadores cuidan de ella y la alimentan.
Tras una sesión de doce horas en un cibercafé, volvieron a casa por la mañana y encontraron a la bebé muerta. Esta era una niña prematura a la que alimentaban con leche de fórmula y dejaban sola por la noche aprovechando su sueño para jugar al juego de fantasía. Los síntomas de malnutrición alertaron a la policía, que detuvo a los padres.
La hija de la pareja, la bebé, se llamaba Sa-rang, que en coreano significa amor.
—
(¿Una anécdota se convierte en categoría?)
Un video-comic:
Un video apocalíptico sobre los peligros de los smartphone:
“Centro de gravedad” es un término de la Física que se emplea también en ciencia militar. El primero que lo usó fue el estratega prusiano Karl Von Clausewitz.
En algunas interpretaciones militares, es “la fuente de poder que proporciona fortaleza física o moral, libertad de acción o voluntad de hacer”. Por lo tanto, en este sentido sería una fuente de poder, o una capacidad básica.
En el sentido clásico de Clausewitz, se trataría más bien de un punto de apoyo. Estaría más próximo al concepto actual de la mecánica: sería el elemento dentro de la estructura o sistema que tiene la fuerza centrípeta suficiente para mantener la estructura unida. Clausewitz escribió que un golpe dirigido contra el centro de gravedad del enemigo tendría el efecto más grande.
En el minimalismo existencial adaptamos el término para nuestros propósitos y lo podemos emplear en todos los sentidos definidos; incluido el sentido más poético de Franco Battiato.
Por un lado, es una fuente de fuerza o poder o capacidad básica; por otro lado, es el punto central de una estructura –en este caso nuestra vida o nuestra personalidad– que mantiene unidas las partes, les proporciona integridad y equilibrio. Tomando también el sentido de Battiato sería un punto de referencia o de estabilidad en el caos de los asuntos humanos que nos proporciona consistencia, continuidad y permanencia.
Los centros de gravedad permanente personales pueden basarse en muchas cosas: la familia, una ideología sólida, una vocación, una pasión sostenida, Dios. Es cualquier elemento que unifica la conciencia y proporciona equilibrio mental, emocional y social. Es algo espiritual, en el sentido de unir propósito y vida (o acción práctica) en un nivel coherente e integrado.
Crisis existenciales
Las crisis existenciales se producen cuando se pierde el equilibrio; normalmente porque el centro de gravedad vital ha sido golpeado o agitado por algún acontecimiento externo. En estos momentos el golpe tiene efectos multiplicadores y produce una reacción en cadena. Ha golpeado el centro neurálgico del ser, aquel sobre el que descansaba el propósito y el significado: algún objetivo vital importante que se reconoce fútil; una relación que te sustentaba, daba sentido y que se pierde, como en la muerte de un ser querido; la pérdida del trabajo de toda la vida, alrededor del cual organizabas tu existencia; o simplemente un sueño o esperanza futura que te daba fuerza, otorgaba significado a las dificultades y te hacía continuar.
Dijo el filósofo: “Si tienes el porqué soportarás cualquier cómo”. Muchas veces si no toleras el cómo es porque no has encontrado o has perdido tu porqué. –
Construcción del centro de gravedad permanente
El hombre no se limita a existir; él es quien decide siempre cómo será su existencia, qué ocurrirá en el momento siguiente.
–Victor Frankl
Victor Frankl en El hombre en busca de sentido contaba sus experiencias en un campo de concentración y relata cómo el encontrar sentido en esa experiencia y mantener una meta era fundamental para sobrevivir; en el momento en que el prisionero perdía ese centro de gravedad, ese pilar fundamental, las fuerzas caían, se desmoronaban y era cuestión de días que el impulso de vivir desapareciera y con ello las posibilidades de supervivencia.
Según Frankl, en última instancia no podemos elegir las circunstancias, pero sí nuestra actitud ante ellas. Frankl encontró su razón de ser o existir en su propósito de salir vivo para contar su historia y la del resto de los prisioneros del campo de concentración.
El centro de gravedad, como el sentido de nuestra vida, es una obra en construcción. Sólo nosotros podemos construirlo. No podemos delegar, pero hemos de construirlo gracias a otros y con otros.
FILÓSOFO. —Nada más. Y todo lo que no está en prosa está en verso; y todo lo que no está en verso, está en prosa.
JOURDAIN. —Y cuando uno habla, ¿en qué habla?
FILÓSOFO. —En prosa.
JOURDAIN. —¡Cómo! Cuando yo le digo a Nicolasa: «Tráeme las zapatillas» o «dame el gorro de dormir», ¿hablo en prosa?
FILÓSOFO. —Sí, señor.
JOURDAIN. —¡Por vida de Dios! ¡Más de cuarenta años que hablo en prosa sin saberlo! No sé cómo pagaros esta lección…
Resulta cuando menos extraño que tenga que crear un proyecto para fomentar-aprender-entrenar algo tan natural y sencillo como la conversación entre seres humanos. Después de todo, casi todos podemos y sabemos hablar, y lo hacemos desde los dos, tres o cuatro años.
Nos pasamos el día hablando y escuchando, entrando y saliendo de decenas o centenares de conversaciones orales, escritas, divagaciones mentales entre las distintas personas en nuestra mente, diálogos propiamente dichos entre personas de carne y hueso, discusiones, tertulias, intercambios verbales corteses, saludos con añadido, chistes, charlas improvisadas, comentarios a pie de evento, conversaciones de ascensor (sobre el tiempo y la salud de la familia principalmente).
Nada más cotidiano que el intercambio verbal y paraverbal entre seres humanos. Sin embargo, pocas veces nos ponemos a reflexionar sobre esa actividad tan ubicua en nuestras vidas. Somos como el burgués gentilhombre de Molière [1], que un día advirtió que, sin saberlo, llevaba toda la vida hablando en prosa
Llevamos toda la vida inmersos en conversaciones, podríamos decir que la mente es una conversación continua, que las relaciones humanas son conversaciones, que la cultura es un determinado tipo de conversación y que la sociedad en conjunto es una amalgama de millones de conversaciones. ¿Por qué entonces no pensamos en la conversación? ¿Por qué no la fomentamos? ¿Por qué no la perfeccionamos? ¿Acaso ya sabemos todo lo que hay que saber sobre la herramienta de la conversación?
Arte
El ser humano transmuta lo meramente computacional, funcional y rutinario en estética; el algoritmo, en guía general llena de excepciones; la pragmática en Ética; la información en conocimiento; el contacto físico en espiritual.
Tengo un alto concepto o ideal de lo que debería ser, de lo que puede ser la conversación, y por ello me refiero a ella como un Arte, un arte perdido o en desuso, pero Arte al fin y al cabo. A este tipo de Conversación con vocación —o ínfulas— de Arte me refiero y consagro este nuevo proyecto. Pero es un arte especial, no el fruto del genio solitario, es un arte que es co-arte, co-creación de varios seres humanos reunidos que dan a luz a algo distinto de aquello con lo que empezaron. Allá donde hay dos o más dos personas existe la posibilidad —solo la posibilidad— de que salte la chispa y se encienda el fuego de la conversación.
La conversación es una habilidad que está cayendo en desuso y en mal uso, es una herramienta oxidada.
Un tema recurrente en este blog es cómo las tecnologías digitales, en especial las redes sociales digitales, están pasando factura a la calidad y cantidad de nuestras conversaciones personales. El ritmo acelerado de nuestras vidas, el impacto de los medios de comunicación de masa y las redes sociales digitales fragmentan nuestras conversaciones, las acortan, las empequeñecen, las banalizan.
Si nos alimentamos de excrementos de pensamiento y de sucedáneos de conversaciones es razonable deducir que nuestra excrecencias verbales y paraverbales no serán mucho mejores.
Quizá estoy exagerando, quizá mi visión es muy sesgada, quizá cada día hay más y mejores conversaciones, pero todo apunta a que no es así.
Cuando hablo de arte de la conversación, voy más allá de la presunta pobreza de nuestro vocabulario (dos o tres mil palabras son las que empleamos habitualmente) o lo tosco o degenerado de nuestra sintaxis o la superficialidad conceptual o la ausencia de argumentos racionales.
Cuando hablo de conversación, me estoy refiriendo a un resultado y a un proceso de comunicación genuino, lento, centrado y concentrado, multidireccional, entre unos pocos seres humanos; a un proceso cuidadoso, al que se le dedica tiempo, atención, esfuerzo y al que se le da importancia. Estoy proponiendo que cada conversación puede ser una pequeña obra de arte que con poco logra mucho, que crea un significado, un sentido, una novedad —por minúscula que parezca— emocional, afectiva, intelectual o espiritual, que no estaba en ninguno de los conversadores antes de entrar en la conversación y que se crea, se desarrolla y emerge durante el acto de la conversación.
Aprender- entrenar- fomentar el Perdido Arte de la Conversación.
Alcance
Conversaciones con mayúscula, dignas de tal palabra. Tendré que delimitar el concepto de conversación.
Si es cierto, a la manera de Diógenes de Sinope [2], que «el movimiento se demuestra andando», también será cierto que la conversación se demuestra conversando; por lo tanto, este proyecto incluye la conversación como medio y como fin del proyecto.
Algunas de estas conversaciones serán metaconversaciones, dirigidas a discernir la naturaleza y rasgos de una conversación ideal. Las metaconversaciones servirán para orientar el proyecto.
Duración
Del 11 de septiembre de 2018 al 31 de diciembre de 20182019 [ampliacion oficial a 6.4.19] 2020 [ampliación oficial a 8.12.19]. [ampliación sine die a 24.7.25]
Estrategia
Visionaria y emergente [3]
Siguiente paso
Tener una conversación sobre la idea de Conversación —es decir, una metaconversación—. La grabaré y la colgaré en el podcast de Homo Mínimus [4]. El invitado será Escépticus Máximus.
El hábito de productividad existencial más importante es la revisión y planificación semanal.
Si no tienes instalado un hábito de revisión y planificación al final de la semana o principio de la siguiente, te sobran todas las técnicas de productividad y organización personal que conoces.
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Amamanta tus días con una buena revisión y planificación semanal.
Un asno hambriento y dos fardos de heno. Mismo color, mismo volumen, mismo olor, mismo potencial sabor, mismo brillo, a la exacta misma distancia.
El asno en cuestión es un asno racional: se guía por el principio de elegir siempre la opción que conduzca a obtener el mayor valor percibido.
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El asno, incapaz de elegir entre dos bienes igualmente valiosos, se debate en la indecisión, y, si las circunstancias no cambian, será incapaz de dirigir sus pasos hacia el fardo de heno preferible, precisamente porque ninguno es preferido, no encuentra uno más atractivo que el otro.
Estamos ante un caso de simetría decisional.
El asno mira a un lado y a otro interminablemente, y no encuentra razón suficiente para dirigirse en una u otra dirección.
Pasa el tiempo y muere de inanición.
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La paradoja del asno de Buridán toma su nombre de Jean Buridán, un escolástico francés del siglo XIV, discípulo de Guillermo de Ockham, el autor del principio de parsimonia o simplicidad en filosofía de la ciencia, y por tanto personaje ilustre en el panteón del minimalismo existencial.
La fábula del asno fue creada por los críticos de Buridán para ridiculizar su defensa simultánea del libre albedrío y el determinismo psicológico, fruto del ejercicio de la razón, que nos lleva siempre a elegir la mejor opción entre las posibles. El libre albedrío excluye el determinismo psicológico, pues si este fuera cierto, siempre elegiríamos la meta con mayor peso psicológico y no tendría sentido entonces hablar de libre albedrío.
Obviando las implicaciones metafísicas, podemos extraer otra lección de la fábula: el uso exclusivo de la razón puede llevar a la inacción y en casos extremos a la inanición. En casos menos dramáticos, por ejemplo si se trata de elegir entre dos citas posibles o dos trabajos igual de atractivos, podemos pasarnos el tiempo deshojando la margarita y perder la oportunidad de ambas citas o ambos trabajos.
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Algunos autores toman la fábula del asno para justificar la fe o la intuición como criterios de decisión.
Un contraargumento a la crítica del uso exclusivo de la razón dice que el asno podría lanzar una moneda al aire y jugársela a cara o cruz con lo que el empate se resolvería: no tomar una decisión o diferir la decisión es en sí una decisión que, en ocasiones, puede ser la peor de todas.
Lo racional, por tanto, no sería esperar interminablemente a que una opción fuera mejor que la otra, la opción del azar sería en este caso extremo de simetría decisional lo racional.
Psicológicamente, el pálpito o el sentimiento intuitivo hacen las veces de la proverbial moneda lanzada al aire y nos permite seguir avanzando sin encenagarnos en la parálisis por el análisis.
Existencia buridaniana
Las decisiones cotidianas tienen mucho de buridanianas. Hay muchas más opciones que tiempo para considerarlas y compararlas. Nos encontramos con fardos de heno al alcance de la pezuña, a unos pocos metros a la redonda, igual de apetitosos.
Muchas veces, ni siquiera elegimos, esperando que ocurra algo que dirima el empate. No nos damos cuenta que mantener el statu quo por miedo a equivocarnos es en sí una decisión. Percibimos cada paso fuera de la situación actual como una pérdida: la pérdida de la opción que descartamos, tenemos miedo a no elegir lo mejor. Este es el origen de la tendencia a permanecer en el mismo lugar, esto convierte a la inercia en la segunda fuerza más poderosa del mundo. Los psicólogos cognitivos han bautizado a esta tendencia como sesgo de statu quo.
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Hay otra posibilidad decisional muy común e incluso más grave: somos como asnos que en medio del camino hacia el fardo elegido (si es que vencimos la indecisión) seguimos mirando a los fardos descartados: cuanto más nos acercamos al elegido más apetitosos y brillantes nos parecen los demás y mayor es la tentación de volver sobre nuestros pasos y cambiar de meta.
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Tenemos miedo de perdernos algo. La condición moderna es el miedo a perderse algo, a perder la ocasión, a perder el tren, que siempre nos hacen creer que será el último (ahora o nunca, últimos días de rebajas, compra que me lo quitan de las manos). Nos hemos convertido en maximizadores existenciales.
Los maximizadores extremos, los perfeccionistas sin fin, están siempre explorando sin acabar de comprometerse con nada y con nadie, nunca explotan a fondo ninguna posibilidad, ninguna conversación, ningún proyecto, ninguna relación. Se quedan en el andén viendo pasar trenes porque ninguno es digno de ellos o, peor, se montan en algún tren, pero siempre están mirando a través de la ventana del tren (léase: pantalla del smartphone) esperando uno mejor o anhelando la siguiente parada en la que puedan cambiar de tren y destino.
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Nos hemos convertido en superficiales existenciales:
Los amigos pendientes del móvil en una cita o en una reunión. ¿Buscan una mejor opción que la persona o personas que tienen delante?
Los amigos que no quedan contigo hasta el último momento. ¿Están eternamente abiertos a una posibilidad mejor que reunirse contigo?
Los amigos que deliberan interminablemente sobre si quedar, dónde quedar y cómo quedar. ¿Buscan la mejor oferta?
Los amigos que cancelan la cita quince minutos antes de la hora con algún pretexto más o menos peregrino, más o menos convincente. ¿Una oferta de última hora en la puja de las relaciones personales que no pudieron rechazar?
Los amigos que no están cuando están. Presente en cuerpo pero ausentes en espíritu. Son como jugadores de videojuego que solo se manifiestan a través de un avatar que en cualquier momento puede vaporizarse. ¿Siempre puede surgir una mejor opción si tienes el teléfono abierto?
Los amigos (?)…
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La publicidad, la mercadotecnia, parten de la base de que somos asnos: nos ponen zanahorias motivacionales a un metro o menos, más cerca que los fardos de heno, y nos pide que demos un paso rápido y sencillo. Cuando damos el paso y hemos aligerado el bolsillo se nos ofrece una mejor zanahoria que vuelve insatisfactoria la recién adquirida. Los psicólogos llaman a esto adaptación hedónica; los budistas, duhkha; los que creen estar de vuelta de todo, tedio.
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Es una condición existencial, no generada por la sociedad de consumo, pero sí agravada por un determinado tipo de consumo.
Si caemos en la trampa consumista, que siempre privilegia lo más fácil y lo más rápido, viviremos a merced de los impactos publicitarios, de la influencia directa e intensa que las mentes más brillantes del mundo y nuestro grupo social de referencia ejerce sobre nosotros a través de los medios de comunicación y redes sociales.
Las zanahorias y fardos de heno de la publicidad y la imitación social son invariablemente los más fáciles y los más insatisfactorios. Hay una ley psicológica que siempre se cumple: cuanto más insatisfactorio es un estímulo, más hemos de aumentar su intensidad y variedad.
Los fardos distantes, aquellos que nadie se molesta en publicitar o de los que no se puede obtener resultado monetario inmediato, apenas aparecen en nuestra conciencia. El tráfago del día a día, de la publicidad y de la influencia de nuestro entorno social impiden que los percibamos.
Invariablemente los fardos más distantes son mejores y más satisfactorios que los fardos de las distancias cortas, pero también el camino es más largo y más esforzado; ya lo dijo el poeta: «lo excelso es tan difícil como raro».
Una posible estrategia existencial
Elijamos un fardo, si es necesario al azar, y dirijámonos hacia él, podando las posibilidades u opciones alternativas.
Seamos asnos con visión a largo plazo, con mirada lejana, porque los mejores fardos están lejos. Los mejores son remotos, quizá inalcanzables; se llaman ideales.
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Evitemos las zanahorias que nos ponen al alcance la boca pero que desaparecen sustituidas por otras o se alejan en cuanto damos un paso.
Seamos como un burro con anteojeras durante el camino hacia al siguiente fardo. No miremos a los lados ni atendamos a los cantos de sirena de las opciones descartadas.
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En teoría, la teoría y la práctica deberían ser lo mismo; pero en la práctica, no lo son: en teoría, lo perfecto es lo mejor; en la práctica, lo perfecto es enemigo de lo bueno.
Basta con que el fardo elegido parezca suficientemente bueno, aunque no estemos seguros de que sea el mejor.
Sigamos por tanto una estrategia satisfaciente (satisfactoria y suficiente) y renunciemos a la maximización o la optimización.
Si aspiramos a la perfección, debe ser la perfección del ideal, pero siempre consciente de que esa aspiración es un camino a largo plazo que se compone de pasos necesariamente imperfectos.
Comprometámonos con el fardo y tengamos en cuenta que muchas veces el camino es tan bueno o mejor que el destino (dicho de otro modo: encontraremos otros fardos en el camino hacia el fardo (=motivación intrínseca) que justificarán el camino con independencia de si alcanzamos la meta u objetivos concretos).
Una vez llegado al destino, disfrutemos del resultado, saboreemos el heno y aprendamos de la experiencia.
Completar el camino hacia un fardo de heno lejano, con el resultado deseado o no, nos pone en disposición de aspirar y acceder a nuevos y mejores fardos.
No decidirse ni comprometerse nunca del todo nos convierte en superficiales, dispersos y existencialmente fracasados.
Si eres mujer, la respuesta será seguramente que sí.
Si eres alguien nacido en la era de internet, probablemente dirás que sí.
Si eres alguien pagado de sí mismo, un ser superior, también dirás que sí.
Bien, os lanzo un reto, mujeres, milennials, seres pagados de vosotros mismos.
Necesitas un cronómetro y un minuto sin distracciones.
Lo tienes. Bien.
Este test tiene tres partes. Completa una detrás de otra (no intentes las tres a la vez, el test no es ese).
I.
Toma el cronómetro y mide lo rápido que puedes decir los números del uno al diez y las letras de la A a la J. Primero los números, luego las letras. Intenta decirlo lo más rápido posible y sin equivocarte. Si te equivocas, tienes que repetir la letra o número equivocado.
Apunta el resultado.
II.
Ahora vuelves a tomar el cronómetro y vas a repetir los mismos números y letras pero en este orden: un número-una letra-un número-una letra… hasta llegar a 10-J. Es decir: 1-A-2-B… -10-J
Apunta el resultado.
III.
Compara resultados de la primera y segunda medición. Si tardaste más en la segunda medición, NO ERES MULTITAREA.
¿Por qué?
A pesar de ser el mismo trabajo (recitar diez números y diez letras) en el segundo caso pasamos de una tarea a otra sucesivamente varias veces y eso genera costes de cambio de tarea: tienes que guardar en la memoria el punto donde suspendes la primera tarea y recuperar de la memoria el punto de la segunda tarea donde lo dejaste en el cambio anterior.
Podrías hacer lo mismo en la mitad de tiempo simplemente haciendo primero una cosa y luego otra. Yo, por ejemplo, tardo menos de 4 segundos en recitar números y letras por separado, y más de 8 segundos en recitar los números y las letras intercaladamente.
En nuestra vida cotidiana, más que multitarea lo que practicamos es la atención parcial discontinua: es discontinua porque pasamos muy rápidamente de una tarea a otra y experimentamos la ilusión de estar en modo multitarea. Es parcial porque una parte de nuestros recursos mentales están en la tarea que momentáneamente hemos dejado en suspenso; por ejemplo, está demostrado que el mero hecho de la presencia de un teléfono móvil encima de una mesa (¡aunque nunca suene!) reduce la calidad y profundidad de las conversaciones y la sensación subjetiva de significado e intimidad en las personas presentes.
Lo que habitualmente consideramos multitarea, como hablar y conducir, solo es posible cuando alguna de las actividades es casi automática. Pero piensa qué haces cuando estás al volante y no sabes qué bifurcación tomar. Normalmente, dejas de hablar y te centras en la carretera; tu acompañante es consciente de que necesitas todos tus recursos mentales y suele callarse hasta que has encontrado el camino.
Operacionaliza la atención completa
Cuando mantienes abierto el correo electrónico, dejas tu teléfono inteligente al alcance de la mano o de la oreja, o consultas facebook en medio del trabajo estás infligiéndote costes de cambio de tarea y reducción de la atención en la tarea en curso que reduce dramáticamente tu productividad, además de aumentar tus niveles de estrés.
Sin necesidad de dejar facebook, el correo electrónico o tu teléfono inteligente, es mejor que no los uses en medio de otras tareas. Simplemente, decide a qué hora consultarás esos medios y cuánto tiempo les dedicarás. No salpiques tus jornada con ellos. Si quieres, sigue dedicándoles el mismo tiempo que ahora.
Así operacionalizo yo este consejo:
Correo electrónico solo al final de la jornada (8pm). Yo me lo puedo permitir, pero si tú no puedes dejar de consultarlo a lo largo del día, establece dos o tres o cuatro puntos de consulta y cíñete a ellos.
No tengo teléfono inteligente (con esto evito muchas interrupciones y tentaciones tipo whatsapp), siempre me ha gustado ser más inteligente que mi teléfono y que los programadores de aplicaciones de esos teléfonos; aunque sí tengo un teléfono móvil vintage, para emitir y recibir llamadas y mensajes de texto, lo mantengo en modo silencio y fuera del alcance de la vista.
No tengo facebook ni twitter ni instagram ni tumblr. Muertos los perros se acabaron la rabia y otras enfermedades de transmisión digital. Aquí tienes3(33) razones para dejar facebook. Si no puedes renunciar a facebook, twitter u otras redes sociales, decide en qué momentos del día y cuánto tiempo les dedicarás. Cíñete a los limites que te impongas.
Asegúrate de que tienes un proyecto, no una línea más en la lista de la compra. Busca en tu interior, no en google:
¿De verdad lo quieres? ¿Cuánto lo quieres? ¿Más que cualquier otro objetivo alternativo? ¿Seguirás motivado cuando ya no estés motivado o cuando la hierba del vecino resulte más verde o cuando surja la siguiente cosa brillante?
Si no respondes con completa seguridad y afirmativamente a todas las preguntas anteriores, olvida el proyecto. No es más que un deseo.
Por escrito
Ponlo por escrito.
No es necesario que la meta o el propósito del proyecto esté perfectamente definido, puede ser borroso, pero ha de ser lo suficientemente claro para que si haces algo sepas si te acercas o alejas. No está tampoco mal que formules una estrategia (con tres líneas bastan) y te impongas una fecha límite para declararte triunfante o en bancarrota. Luego da el primer paso.
Ponlo por escrito.
Ponlo por escrito.
Rendición de cuentas
El tercer requisito es imprescindible. Si no tienes alguien ante el que responder personalmente de caminar todos los días hacia tu proyecto, tus posibilidades se reducen a la mínima expresión. No confíes en ti, la carne es débil, tu mente es incluso más débil que tu cuerpo. Si no tienes jefe que se enfade cuando no avanzas en el proyecto, cuéntale tu proyecto a alguien de confianza y pídele que lo revise contigo cada dos semanas. Cuando fracases, cuando no avances, cuando abandones, el dolor de reconocerselo a otro ser humano te volverá más precavido a la hora de iniciar proyectos.
«Menos es mejor» es una idea demasiado simple y general como para que tenga contenido real o sirva de orientación vital. Hay mil excepciones que la hacen perder valor.
Hay una sístole y diástole de la creación. Primero la exuberancia y la explosión de acciones y posibilidades, después el filtro y la selección. ¿Por qué empezar con la selección y el destilado, si no has generado y testado las ideas suficientes, si no tienes experiencia directa y personal suficiente? Puede que el minimalismo esté al final del camino, no al principio.
El minimalismo existencial se une a la causa contra el consumismo y la publicidad, que a su vez se asocian al capitalismo y la libre empresa. Podrías contaminar tus ideas políticas con tus preferencias individuales (menos objetos y mayor control de tu atención), podrías querer empezar a prohibir las acciones de las empresas que intentan influenciar a los consumidores y restringir por tanto la libertad de los consumidores; peor todavía, podrías empezar a creerte superior al resto de los zafios humanos no minimalistas que te rodean.
El minimalismo existencial, al igual que el arquitectónico, puede resultar insulso, maquinal, descorazonadoramente funcionalista.
La naturaleza es derrochadora; si tú te puedes permitir el lujo de ser minimalista es porque otros son maximalistas y exploradores. La exploración implica derroche, el de los caminos equivocados, los callejones sin salida y los fracasos. Los minimalistas se benefician de generaciones de seres humanos maximalistas que fracasaron incontables veces antes de producir las ideas, objetos y filosofías vitales entre las que ahora podemos elegir.
Corres el peligro de pensar que la paz mental y el control de la atención son los bienes psíquicos últimos. Corres el peligro de sumergirte en tu propio ombligo y respirar el aire enrarecido de la satisfacción narcisista.
El minimalismo existencial parte de la idea de que tú puedes crear o diseñar tu propio estilo de vida, ser el forjador de tus propios valores. Quizá no tengas la capacidad ni el tiempo ni los medios para hacerlo. Quizá ese esfuerzo de construir tu vida desde los cimientos ahogue tus posibilidades de llegar lejos en ninguna otra dirección. Quizá se nos haya olvidado ser más humildes respecto al alcance de los ideales auto-generados.
Un sistema moral o ético de uso personal de nuevo cuño es la obra de un genio (un Confucio, un Sócrates, un Buda o un Jesucristo); pero incluso ese genio hubo de dedicar toda su vida a crearlo y comunicarlo. Es más, puede que ese genio no exista, sino que Jesucristo, Confucio, Buda, Sócrates encarnen o sean el nombre o la etiqueta que adjudicamos al proceso social y cultural que a través de innumerables siglos y vicisitudes condujo al profeta-maestro-reformador religioso o líder político que identificó, expresó o popularizo el sistema ético, la religión o la ideología política.
Por tanto, ¿no es estúpidamente nietzscheano creer que en el breve lapso de una vida vas a reformular los valores tradicionales y dotarte de un plan de vida que no esté ya disponible en el menú que corresponde a tu entorno cultural, a la religión en la que naciste, a la familia a la que perteneces?
En el afán por controlar la infoxicación, muchos minimalistas se vuelven anti-tecnología y destierran de sus vidas los teléfonos inteligentes, las redes sociales y otras mejoras. ¿De verdad quieres aislarte del resto de la sociedad en nombre de una idea tan poco popular y de apariencia neoludita como es el minimalismo como filosofía de vida? ¿Acaso no llamamos «tecnología» solamente a aquella tecnología que no existía cuando éramos niños?
El minimalismo existencial podría ser demasiado individualista (tú mismo y tus mecanismos (mecamismos)) el minimalismo existencial está falto de un proyecto social o político o moral en el que insertarse. Pone el foco en la felicidad y satisfacción personal. ¿Dónde queda un propósito más grande que el individuo, el significado de la vida o una moral que reconoce e incluye los proyectos de otros seres humanos?
La mayoría de los minimalistas ponen el acento en la reducción de posesiones, parece que el minimalismo existencial es una escuela de decoración de interiores.
La mayoría de los autodenominados minimalistas (existenciales o no) son una panda de frikis. ¿De verdad quieres seguir los pasos de un grupo tan poco atractivo?
Estás perdiendo el tiempo dedicando atención a un concepto y a un blog tan insulso, inane, carente de contenido, como este. Tu escaso tiempo estaría mejor dedicado a hacer algo de provecho, a salir al mundo y construir algo, a hacer algo por alguien. ¿Crees acaso que conocer la técnica pomodoro y la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandlero la ley de las tres oes del minimalismo existencial es un sustituto de la acción y la creación? Venga, no me hagas reír.
Es posible que en el afán por organizarte y optimizarte estés perdiendo el norte, poniendo el énfasis demasiado en los medios y no en los fines, y proporcionándote una excusa más para no hacer lo que sabes que tienes que hacer. ¿Es posible que el minimalismo existencial no sea más que la búsqueda de la bala de plata, el Dorado o la panacea existencial que resuelva a priori, casi sin despeinarte, tus problemas?
En el mejor de los casos, el altisonante movimiento llamado «minimalismo existencial» podría no ser más que una colección de ideas de sentido común, un refrito de ideas sobre organización y productividad personal.
¿Y si el minimalismo existencial fuera tan solo unacarátula rimbombante y pretenciosa para unas pocas ideas de sentido común que cualquier persona sana psíquicamente aprende e interioriza antes de los dieciocho años?
vengo con una duda existencial.Si un día no puedo cumplir con un hábito a la hora prevista. ¿Qué hago? ¿Lo realizo apenas pueda, aunque eso signifique realizarlo 5 horas después?
Melisa.
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Estimada radioescucha,
respondo a tu pregunta comenzando con la definición del diccionario de la palabra amagar en sus acepciones quinta y sexta, porque mi respuesta tiene que ver con tales significados.
Amagar.
Quizá del gót. af-maga ‘desamparar’, y este der. de magan ‘tener fuerza’.
tr. Mostrar intención o disposición de hacer algo próxima o inmediatamente.
intr. Estar próximo a sobrevenir.
¿Se puede «amagar» a posteriori un hábito, una determinación, una promesa?
Es decir, si has incumplido una promesa, has violado el hábito (por una vez o por quinta vez seguida), o has dejado de meditar en el día de hoy a las 8:00 am, tal y como me habías asegurado que harías a partir del 1 de enero del 2018, ¿puedes amagar?
El amagar es —en principio— un a priori, es hacer como si fueras a hacer o al menos mostrar la intención de hacerlo próximamente (acepción quinta).
Cierto, esta mañana no te abstuviste de ese pastel o de esa Coca-Cola (¿desayunas con Coca-Cola, alma de cántaro?), y técnicamente has fallado en tu determinación (una vez más), no la has cumplido, has quebrantado tu sincera promesa.
Ok. Vale. Pero «amagar» también significa estar próximo a sobrevenir. Si te has dado cuenta de que nos podido|querido cepillarte los dientes inmediatamente después de la cena, es un avance; si te flagelas un poco, si te sientes un poco mal, está bien también: la conciencia, como bien sabemos, es el principio de la liberacción.
Pero no te quedes en la mala sensación de boca, haz algo, por pequeño que sea que ratifique y renueve tus votos, tus buenas intenciones:
¿Estabas en la cama a las 5:05 am de la mañana y has recordado que no meditaste a las 11:11 pm (eliges unas horas muy curiosas…)? ¿Alguna persona significativa te ha recordado a las 7:06 en el beso de la mañana que el olor a ajo no es el mejor afrodisiaco? Muy bien, pues levántate, siéntate, asume la posición del medio-loto y medita durante un minuto. O bien, levántate y cepíllate un diente, por mucho sueño que tengas.
Ya está, ya has amagado el hábito, aunque sea a posteriori.
Te quedas con mejor sabor de boca (literalmente, en el caso del aficionado a la salsa alioli), la luz de la esperanza al final de túnel brilla mortecina y quizá tengas remedio, quizá todavía podamos hacer una mujer|hombre de ti. Quizás no todo esté perdido. Quizá la acepción sexta de «amagar» se cumpla y tu deseada conducta virtuosa finalmente sobrevenga.
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El borracho que no apura la segunda botella de vino de la noche, el glotón que en un momento de lucidez deja la última galleta de chocolate de la bolsa y se la da al perro o la tira a la basura, el perezoso que después de una tarde del sábado delante del televisor comiendo palomitas se pone las zapatillas de deporte, baja al portal de su casa, pone el pie en la calle y cuando siente el frío vuelve a su butaca, etc., todos ellos están «amagando el hábito», todos ellos tienen en su mano la posibilidad de redención.
La vida no es binaria: Todo o nada, 1 o 0, blanco o negro, Ortega o Gasset. La naturaleza da saltos pero los saltos pueden ser pequeños.
Lo que dijo Rafael Sarmentero de los proyectos lo podemos decir respecto de los hábitos, rituales y buenas costumbres: «La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo»:
La diferencia entre nada y todo es un poco.
No es un juego de palabras.
Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y y no tienes nada.
Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado.
Entre nada y todo hay una diferencia muy grande.
Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco.
No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio.
Un poco lo es todo.
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Lo diré de manera críptica, pronto y mal, Melisa, para que lo grabes a fuego en tu conciencia:
La perfección es fascista.
Así que haz lo que puedas, aunque sea cinco horas después, aunque sea insignificante, y reafírmate en tus promesas a ti misma.
Nada está perdido, si haces algo, aunque sea muy poco.
El poco, aunque sea también tarde, sostenido fanáticamente todos los días, es tu esperanza.
No beberé Coca-Cola → 50€ recompensa a quien me vea bebiendo una.
No leeré periódicos → Conllevan un sesgo de novedad, superficialidad, excepcionalidad y negatividad que distorsiona mi sentido de la realidad.
No leeré el correo en horas de trabajo → Empiezo el día sacandoy solo consulto el correo al final de la jornada (8 pm). No permito que los impactos informacionales controlen mi flujo de trabajo.
No introduciré más metas en mi plan del 2018 → Una meta única en el 2018.
No discutiré sin tener una buena razón -> Se acabó el ser discutidor. Aplico el principio del coste-beneficio. Siempre pregunto el porqué de la posición contraria o pido más detalles antes de rebatirla o exponer la mía.
No trabajaré en lugares ruidosos -> Más calma es más concentración.
No adquiriré indiscriminadamente libros físicos o en formato digital -> Estoy infoxicado. Cualquier propuesta de lectura va a la cola de libros y espera al menos siete días.
No veré videos en YouTube de forma compulsiva -> Son una forma muy pasiva de adquirir información.
No jugaré partidas rápidas de ajedrez (< 15 minutos) -> No mejoro mi ajedrez, fortalezco los malos hábitos.
No encenderé la radio o la televisión para ver qué hay -> Primero decido que quiero ver, escuchar, luego busco el podcast o el programa grabado.
No entraré en mi blog o cualquier otro blog fuera de las horas semanales marcadas (viernes y domingo a las 18:00 pm)
No haré promesas que no pueda cumplir -> intentaré hacer más y decir menos.
Las cadenas me harán libre.
Muchas veces, uno gana más y más rápidamente omitiendo, eliminando lo erróneo de la vida, que buscando o construyendo lo correcto.
De acuerdo a mi PYC 2018 (planificación y control) una de las iniciativas y proyectos estrella en el 2018 va a ser el retomar y refinar la práctica cotidiana de la meditación. Le he dado el nombre en clave Pro. Em-18.1 Re-meditación (todos mis proyectos tienen un código).
Durante estos días, para definir el alcance, objetivos y estrategia del proyecto, he estado rememorando mis experiencias en el mundo de la atención plena y la meditación y revisando libros, artículos y otro material al respecto.
Me he encontrado (en este mismo blog) un artículo del 2014 casi olvidado,Afinar el instrumento hombre, que capta muy bien los beneficios de la meditación para la toma de conciencia sobre la energía personal y la elección de la siguiente acción.
Puesto que sigo un paradigma de organización personal más basado en la gestión de la energía que en la tradicional gestión de horarios y tareas, este artículo me ha servido como un buen recordatorio de los beneficios que espero obtener de este proyecto.
Te recomiendo que lo leas si también estás interesado en motivar y justificar una práctica de meditación cotidiana o experimentar con ella durante algún tiempo.
Con motivo de la revisión del 2017 y el boceto del próximo plan 2018 he pergeñado una lista-recordatorio con los principales consejos e inspiraciones cinematográficas y literarias para re-crear mi vida en el 2018.
Son consejos que me doy a mí mismo, válidos para mí en este momento concreto de mi vida.
Las referencias son muy personales pero muchas son muy conocidas. Mis gustos literarios y cinematográficos no son nada sofisticados, la mayoría pertenecen a la cultura popular.
A) Fórmula del éxito: Ilusión + aprendizaje (Puedes inspirarte en el libro de Richard Bach Ilusiones)
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Nota: el éxito lo defino en mis propios términos, pero sean estos los que sean han de venir acompañados de ilusión (ese resplandor que genera la visión de los resultados que deseas) y de aprendizaje (cambio permanente en el comportamiento). La ilusión no significa éxtasis ni excitación, es más una brisa que un huracán. El aprendizaje no es el conocimiento inerte de los libros sino el cambio permanente en patrones de pensamiento, emociones o conducta. Para inspirarte vuelve a ver la película Gattaca, con Ethan Hawke y Uma (grande y libre) Thurman.
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B) Detecta los tres errores estratégicos más importantes del último año (o de los últimos años)y confabúlate para no volver a repetirlos en el 2018. Los míos en términos generales son:
a) deficiencias en el autocontrol y la capacidad de autorregulación emocional.
b) centrarme en los resultados en detrimento del proceso, esto genera impaciencia, volatilidad emocional y falta de perseverancia
c) pensar que el paso del tiempo es causa de cambio. ¡La esperanza no es una estrategia! ¡¡La esperanza es la fe de los cobardes!! (dijo el Genio). Me falta comprometerme con un sistema y ceñirme al sistema durante el tiempo suficiente para que genere frutos.
C) Diseña tres hábitos|rituales|comportamientos que te permitan subsanar esos errores estratégicos. En mi caso, podrían ser:
a) Recuperar el hábito de meditación. Es una suerte de higiene emocional que debería ser tan habitual y cotidiana como cepillarse los dientes. ¿Por qué diablos dejé de meditar?
b) Aprender a amar la meseta, la zona de resultados no visibles, y trabajar sostenidamente en un máximo dos o tres proyectos centrales todos los días. [Para una visión poética de lo cotidiano y el progreso lento, pequeño e invisible revisa la película Paterson, de Jim Jarmusch.
b’) «Antes del satori, cortar leña y acarrear agua; después del satori, cortar leña y acarrear agua».
c) Aplicar los principios de la práctica deliberada para avanzar y aprender; esto significa en mi caso: trabajar en problemas, proyectos y objetivos muy específicos que estén siempre un poco por encima de mi zona de confort y que generen el máximo de aprendizaje y resultados.
D) Un máximo de tres metas para el 2018. Mejor dos que tres. Mejor una que dos. Procura la unificación de la conciencia a través de una meta. Concentración. Recuerda una y otra vez el principio minimalista de concentración, esfuérzate por mantener concentradas tus fuerzas en unos pocos afanes. Pureza de corazón es querer una sola cosa.
E) Acepta la mediocridad en la mayoría de las áreas de tu vida y aspira a la excelencia en una sola.
F) Asegúrate de que las aréas de responsabilidad física|emocional|mental|relacional| profesional|financiera|intelectual|espiritual están equilibradas y actúán de forma sinérgica.
G) No necesitas trabajar hasta el agotamiento todos los días, necesitas trabajar un poco todos los días en la dirección adecuada. Si no estás haciendo las cosas correctas es indiferente que las estés haciendo correctamente o vayas muy rápido. De hecho, ser muy eficiente, rápido y eficaz en las direcciones erróneas te alejará todavía más de tus metas.
G’) Aplica el criterio de las tres horas semanales de Entusiasmado: «Si no trabajas tres horas en una semana en una meta o proyecto esa meta está muerta o es un zombi». A los zombis es mejor matarlos y a los muertos enterrados. Si pasas tres semanas seguidas sin trabajar en ese proyecto o meta no tienes meta ni tienes proyecto.
H) Busca la simplicidad continuamente. Lucha por hacer todo lo más simple posible. Los sistemas simples son más fáciles de recordar y es más probable que los mantengas. La ley de las tres Oes del minimalismo existencial ha de ser cumplida a rajatabla: 1º Omitir|eliminar 2º Organizar 3º Optimizar.
I) Ten siempre en mente la ley de Pareto: solo unas pocas causas explican la mayor parte de los resultados. Céntrate en esos pocos esenciales y prescinde de los muchos triviales.
J) Puesto que eres la media de las cinco personas con las que más tiempo pasas, selecciona implacablemente a las personas a las que dedicas tu tiempo. Esto puede ser duro, difícil, pero es imprescindible si quieres procurar un cambio positivo en tu vida.
J’) Viaja conociendo a unas pocas personas en profundidad, no viajando a Tailandia (el Benidorm de los hipsters)o dando la vuelta al mundo. Los viajes se miden en conversaciones con personas de carne y hueso (aunque hablen tu lengua), no en kilómetros o parajes exóticos. El paradigma del viaje se da para mí en la película Antes del amanecercon Etham Hawke y Julie Delphie y en sus secuelas en Antes del atardecer y Antes del Anochecer. Una conversación es un viaje.
K) Has de crear un sistema de organización propio, por primitivo, rudimentario o insatisfactorio que sea. Mejor un sistema personal imperfecto que uno perfecto, omnicomprensivo, enlatado, aprendido en un libro. Has de crear un sistema o serás esclavizado por el de algún otro.
En mi caso el sistema consiste en:
Una meta para el año 2018.
Un cuadro de mando vital. Incluye cuatro cuadrantes: I. Sentido existencia y propósito II. Relaciones III. Operaciones IV. Aprendizaje y desarrollo.
Creo varios apartados en cada uno de los cuadrantes con indicadores de estado (deficiente-normal-bien-excelente) para cada uno de ellos. Por ejemplo, algunos de los apartados para distintos cuadrantes son: nivel de gasto mensual|Nivel de foco pequeño (concentración en pomodoros y consecución tres tareas más importantes del mes)| Nivel de foco grande (grado cumplimiento objetivos mes) | Peso | Autonomía financiera (medido por el número de meses que puedo pasar sin ingresos |Satisfacción general con mi vida (medida cualitativamente, según mi sensación general)| Equilibrio trabajo-descanso (calidad de sueño y espacios de descanso), etc.
Un plan mes a mes revisable mes a mes.
Revisiones periódicas con base semanal, mensual y trimestral (reencarnaciones).
Una lista de hábitos|rutinas|rituales|iniciativas de cambio para cada una de las áreas de responsabilidad. Son la estática de mi vida; su revisión y actualización periódica me proporciona la dinámica de mi existencia.
L) El bien más preciado es mi atención. De su cantidad y calidad depende mi vida. Siempre he de preguntarme: «¿Merece esta persona|actividad|proyecto mi atención?». Si la respuesta es NO, he de ser implacable. Surfea las distracciones.
L’) La conexión es imprescindible, la distracción es una opción.
LL) El descanso es tan importante como el trabajo intenso. Sigue el paradigma del velocista en vez del del maratoniano. Los libros de Alex soojung-kim pang deben estar en tu mesilla de noche. Relee elmanifiesto por el descanso deliberado. , que es una parte integrante de la búsqueda de la excelencia a través de la práctica deliberada. Cultiva los espacios vacíos en tu vida, cultiva una habitación minimalista de la conciencia.
M) Respeta el shabbat. Desde el crepúsculo del viernes hasta la aparición de las tres primeras estrellas en el firmamento la noche del sábado.
N) Recuerda que has de procurar que tus proyectos sean colaborativos, que incluyan a otras personas. Aunque se va más rápido si se actúa solo, se va mucho más lejos si se actúa en compañía. Solo asegúrate de que tu entorno social sea el más adecuado para tus metas, valores y proyectos. Puedes consultar la película de Sofía Coppola Lost in translation. Siempre olvidas este consejo. Eres muy individualista y crees que lo que se aplica a los demás no se aplica a ti.
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N’) Por favor, relee Consejos vendo que para mí no tengo y pon en práctica los consejos que darías a algún otro similar a ti que estuviera en similares circunstancias a las tuyas. A eso se reduce la voluntad.
Ñ) Respeta a las personas pero sé lo más indiferente posible a su buena opinión.
O) Pablo Coelho tiene razón en parte: el universo conspira, pero no para que se cumplan tus sueños sino para succionar tu atención y tiempo en direcciones que no te convienen. Las redes sociales y los teléfonos inteligentes son las parte del universo que más nos aisla y estupidza.
P) Mantente a la defensiva respecto a la soberbia. Es tu pecado capital más importante. Sé humilde. Al final del día, recuerda tus pecados de soberbia y fustígate con cariño no exento de firmeza. Tough love. Quizá puedas escribir una serie de artículos sobre la soberbia, el pecado del que emana el resto de los pecados capitales.
P’) Revisa la película Amor sin escalas, de George Cloney. El minimalismo en las relaciones humanas es discutible.
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Q) No importa lo que ocurrió en el pasado ni que la mayoría de tus metas pasadas se encuentren en el cementerio de los sueños rotos. El 1 de enero de 2018 empiezas de nuevo.
Q’) No es que estés viviendo en el pasado es que el pasado vive en ti. Aprender equivale a lograr que el pasado viva un poco menos en ti.
R) La vida es un juego concreto, no de grandes principios. Ten reglas y principios como orientaciones o guías, no como verdades definitivas. Desarrolla una potente conciencia situacional y adáptate a las circunstancias. La meta y tus valores personales actúan como faro. Dicho esto, a veces hay que tener principios inamovibles (como el de no tener principios inamovibles o el no robarás).
S) Pon el contador a 0. Agua pasada no mueve molino. Let bygones be bygones. Para inspirarte vuelve a visionar El día de la marmota(Atrapado en el tiempo).
T) Sobre todo, ¡recuerda!, no tiene sentido que intentes cambiar a la gente, es agotador y un esfuerzo condenado al fracaso. No cambies a la gente, cambia de gente.
U) Despeja las cubiertas. Ejecuta un ritual de purificación de final de año en el que prescindes de metas obsoletas por las que ya no sientes cariño, entierra a tus proyectos Zombi, devuelve los libros que te han prestado, regala los libros que no has leído (ni seguramente leerás), salda deudas, cumple tus compromisos sociales demorados o declárate en bancarrota y no contestes a ningún correo pendiente del 2017, acaba con tu lista de favoritos en el navegador, tira la ropa vieja o que ya no usas; en resumen, arroja lastre y mantén en tu vida solo las pocas personas, proyectos, compromisos, metas, objetos, con más valor (un 20% aproximadamente)
V) Promete que en este año no saldrás del trabajo después de las 20:00 pm y a que esa hora desconectarás el computador y el móvil para conectar con personas cara a cara o para conectar contigo mismo.
W) Usa la técnica de la agenda fija (idea de Cal Newport, en inglés «fixed schedule» . El sistema funciona así: a) elige una franja de horas de trabajo que te proporcione el equilibrio ideal de esfuerzo y descanso. b) Haz lo que sea para evitar violar esa franja.
Por ejemplo: X horas diarias en una franja horaria definida para la meta A, Y horas para la meta B, Z horas para la meta C, épsilon horas para tareas administrativas, rutinarias y compromisos de poco valor, W horas para esparcimiento y vida social. Después de fijar esta agenda, haz todo lo humanamente posible para evitar que ese tiempo sea violado por interrupciones o distracciones.
W’) Para evitar la violación de tu agenda fija: a) empieza el día sacando (no e-mail hasta la hora de comer o el final del día) b)reduce proyectos y compromisos c) elimina redes sociales en franjas horarias que sean de trabajo d) sé muy deliberado sobre lo que pretendes conseguir en cada una de esas franjas horarias e) no estés siempre disponible ni respondas inmediatamente a las peticiones, requerimientos o exigencias sobre tu tiempo.
W’’) Si un día no estás con humor o energía para hacer lo que tienes que hacer con tu agenda fija, usa la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandler , así evitarás procrastinar trabajo. Tendemos a evitar las actividades más difíciles, que suelen ser también las más necesarias, las de mayor valor.
X) Las horas en las que tengas más energía del día, si es posible, para tu meta anual.
Y) No confundas la agitación con la actividad. Haz solo las cosas correctas. Dedica tiempo a pensar cuáles son esas cosas correctas —las actividades de alto valor— y hazlas. No cometas el error de optimizar lo superfluo.
Z) Aunque es imprescindible enfocarse en los pocos esenciales, no suele ser necesario optimizar esos esenciales; muchas veces basta con un criterio de mínimos. Ejemplos: 10.000 pasos al día (no es necesario correr un ultramaratón)| Comer fruta y verdura todos los días (no es necesario ser vegano o vegetariano ni contar las calorías) | Un día de descanso y recogimiento a la semana (Shabbat, (no unas vacaciones en el Caribe o las islas Maldivas) | Meditar todos los días un mínimo de un 1 minuto (no necesitas pagar 1500 euros para pasar dos semanas en un retiro de meditación Vipassana meditando diez horas al día.
AB) Recuerda que aunque un día vas a morir el resto de los días vas a vivir. Carpe diem. Puedes revisar El club de los poetas muertos.
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AC) El Hombre es un bípedo implume de uñas planas, pero el Hombre se define más por ser alguien que es capaz de entrenarse. Puedes revisar el libro de Toni Nadal Todo se puede entrenar.
AD) Adopta una actitud condicional, experimental, empírica, científica. Al mismo tiempo, aprende a ser rígido en la ejecución, fanático. Recuerda que sueles usar la coartada de la flexibilidad para evitar lo difícil y aburrido.
AE) Puedes jugar a juegos finitos con reglas fijas, ganadores y perdedores, participantes fijos y metas claras, y puedes jugar a juegos infinitos con reglas cambiantes, con entrada libre de jugadores y que seguirán jugando el juego cuando te hayas ido. Encuentra la combinación adecuada entre juegos finitos e infinitos.
AF) Has de hacer un esfuerzo diario por reducir la fricción. Una buena aerodinámica existencial requiere pulir asperezas continuamente. Recuerda que la paz mental es el prerequisito más importante para la acción creativa.
AF’) tienes que escribir frases muy generales de vez en cuando para animar pequeños descubrimientos|experimentos, pero también tienes que hablar de|hacer cosas muy concretas esperando que alguna vez germinen en abstracciones o reglas.
AF’’) Sobre todo, no te tomes demasiado en serio. Ni demasiado en broma.
AG) Toda planificación (incluida la del 2018 y la del desembarco de Normandía) es inútil (ningún plan sobrevive al primer día de batalla) pero resulta imprescindible. Un plan es un conjunto de deseos y de hipótesis sobre el futuro. Tanto los deseos como nuestras creencias sobre el futuro cambian a lo largo del tiempo. Usa la idea de iteración en proyectos para planear y revisar y hazte adepto a los prototipos y versiones beta.
AH) Haz listas de ideas más habitualmente. La «lista» tiene ese nombre por algún motivo. Como dice Altucher, has de mantener tonificado tu músculo de ideas. Una lista tiene un título y un número indeterminado (recomiendo diez) de elementos. Por ejemplo, aquí va una. Diez pasos para hacer un plan para el 2018:
Para de hacer lo que estés haciendo.
Sueña en lo que quieres traer a la existencia (una sensación, un objeto, una relación, un negocio).
Asienta tus pies fuertemente en la realidad y desarrolla una potente conciencia situacional
Define en tres frases tu estrategia o líneas generales de actuación y haz una lista de Cosas que hacer|pensar|decidir.
Una vez que hayas calculdado el tiempo necesario para acometer y finalizar un proyecto, multiplica por tres esa duración. Ejemplo: si crees que tardarás seis meses en escribir un libro, modifica la estimación y ampliala a un año y medio.
Ten un plan B. Por si todo sale mal.
Valora los riesgos y ejecuta una premeditación de las desdichas listando todos los elementos que pueden salir mal.
Una vez tengas el plan inicial, déjalo reposar, consulta con la almohada durante un par de días antes de comprometerte con él.
Ten en cuenta que si el año pasado fracasaste en un objetivo no hay motivo para que este año triunfes en él a menos que hagas grandes cambios.
Tu plan no es una lista de deseos o una lista de la compra, tu plan es un deseo fuerte o propósito, una estrategia y una lista de primeras acciones.
AI) Nueva fórmula para el éxito: Un SÍ, un NO y una línea recta. La línea recta cambia de dirección y se torna sinuosa en tramos largos.
AJ) Releee el El manantial, de Ayn Rand. Basta con que leas el primer capítulo, hasta el fin de la entrevista de Howard Roark con el decano de la escuela de arquitectura (unas diez páginas). Ahí reside la esencia del libro y del mensaje que quiero que recuerdes. Aquí tienes el libro en pdf
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AK) Mentí en el título: esta lista para recrear mi vida en el 2018 es provisional, no definitiva, y en constante ebullicion, evolución. Todo sistema de organización personal ha de ser flexible, personal, abierto, dinámico y actualizado según cambian las circunstancias En materia de organización personal, al igual que en muchos otros temas existenciales, no hay lista ni sistema definitivo.
Interpreto este concepto como una combinación de integración y perspectiva temporal.
Tradicionalmente, es el ámbito de la religión.
Es una de mis áreas de responsabilidad. Otras áreas de responsabilidad son:
física,
emocional,
mental,
relacional,
profesional,
financiera,
intelectual.
Él área espiritual de mi organización personal es integradora de las distintas áreas de responsabilidad. Podría haberla llamado «Propósito» e imprimir así un carácter más abstracto al concepto.
Prefiero conservar el nombre de «Espiritual», no tanto para enfatizar el carácter transcendente como el carácter integrador que proporciona el propósito al coordinar mis proyectos y acciones.
Para promover el área espiritual en mi vida mantengo los siguientes rituales/hábitos/rutinas:
Durante estos próximos días estaré concentrado en revisar el año 2017, celebrar éxitos y aprender de la experiencia (el nombre que doy a mis fracasos). Bill Gates se toma una semana al año para estos menesteres. Yo me tomo al menos diez días.
Tengo que tomar varias decisiones, entre ellas la de si seguir o no con este blog. Tengo la sensación de que Homo Mínimus se empieza a parecer a un proyecto-Zombi: está muerto pero no lo sabe. ¿Ha llegado el momento de enterrarlo? Quizá ya no sea capaz de mejorar el silencio y deba cerrar el blog, liquidar mis deudas y emprender nuevas aventuras. Ave Fénix de las ganas y las desganas.
La Ley de las tres Oes del minimalismo existencial dice que lo más importante es Omitir (después Organizar y Optimizar). Hay que predicar con el ejemplo.
Este es una conversación con el Tío Gilito sobre la libertad financiera y cómo alcanzarla.
Puedes escucharla en el blog o escucharla y bajarla aquí.
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En ella, hablamos sobre el significado de la libertad financiera y una herramienta conceptual que nos ayudará a alcanzarla: el triángulo de la libertad financiera.
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Durante el transcurso de la conversación queda patente el tipo de mentalidad necesaria para disfrutar de una buena salud financiera y se proporcionan ideas de sencilla aplicación que pueden ponerse en práctica inmediatamente.
Al final de la conversación, recomendamos varios libros que nos ayudarán a profundizar en los temas tratados.
En la calle X, en un barrio residencial a las afueras de Y en Z, apareció hace unas pocas semanas un monolito que atemorizó a los viandantes que por allí pasaban.¿?
Empiezo de nuevo:
En la calle X, en un barrio residencial a las afueras de Y en Z, apareció hace unas pocas semanas un objeto que me recordó al monolito del inicio de la película 2001 Una odisea del espacio.
¿¿??
En esa película, los primates precursores del Homo Mínimus se acercaban al negro monolito con una mezcla de fascinación y reverencial temor; así me acerqué yo al misterioso objeto: una pequeña estantería con tejado de madera en el que había un letrero que rezaba «Intercambio de libros/Book exchange».
En dos pequeñas baldas se agolpaban libros de temática variopinta, muchos de ellos ya amarillentos. Pendiendo de una cuerda colgante del techo había un pequeño folleto que resultó ser un librito de poesía china; su contenido era similar al del Tao Te Ching o esos libros de aforismos moralizantes, filosóficos, a los que son aficionados los orientales.
Había novelas de Jane Austen, de Francisco Umbral, algunos libros de autores nacionales y extranjeros desconocidos para mí, una novela corta de Henry Miller, un libro de Introducción a la matemática moderna de Ian Stewart, otro de matemáticas para economistas y hasta un manual sobre las Cajas de Ahorro en Z.
Una joya del tesoro era un librito editado por algún organismo autonómico español donde se hablaba sobre sobre la idiosincrasia del niño de la región en la escuela. Los pocos segundos que lo hojeé fueron suficientes para quedar epatado por el hallazgo antropológico de que el niño de esa región tiene una autoestima más baja que el niño de otras regiones del país.
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¿Quién había dejado esos libros ahí y con qué motivo? Dado lo tosco e improvisado de la caseta —parecía obra de un aficionado al bricolaje—, no podía ser nada oficial o con origen en el ayuntamiento de Y.
Ese día me fui con la incógnita en la cabeza.
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Pocos días después regresé, quizá con la idea de buscar más a fondo y quedarme con algún libro interesante; no en vano, los economistas del comportamiento (behavioral economists) hablan de la irrefrenable atracción de lo gratuito: cualquier artículo de precio cero es un reclamo inevitable para el consumidor.
Cuando volví a la caseta, me encontré con que la mayoría de los libros que había visto hace unos pocos días habían desaparecido y no habían sido sustituidos, la palabra «intercambio» del cartel había caído en oídos rotos.
Me pensé dos veces si tendría sentido que dejara allí mi libro La niebla y la doncella de Lorenzo Silva; está ambientado en la Gomera y cuenta las aventuras de unos guardias civiles que intentan desentrañar un crimen en el que el principal sospechoso es un político local.
Me hacía ilusión hacer mi aportación y dejar el libro, pero al mismo tiempo deseaba que los demás también aportaran algo: no me gustan las iniciativas donde solo unos pocos colaboran y los otros se aprovechan (el famoso problema del gorrón en los bienes públicos).
Auguré escaso futuro a este lugar de intercambio de libros.
Melancólicamente, consideré que no existe suficiente conciencia cívica ni hábito de comportarse honestamente sin la presencia de alguna figura de autoridad que vigile nuestros actos.
Entonces leí un cartelito blanco pegado a la caseta y escrito en tinta azul con bolígrafo que no estaba la última vez:
Este espacio de intercambio de libros ha sido creado con mucho cariño para que todos los viandantes encuentren aquí una oportunidad para acceder de forma gratuita a libros y, que de la misma manera, puedan dejar alguno ya se hayan leído, alguno que quieran compartir o que puedan dejar todos los libros de los que se quieran desprender.
Si solo te llevas, pero no dejas ninguno, le estarás impidiendo a los demás disfrutar de la misma oportunidad.
Gracias por compartir.
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El contenido del cartel disipó mis dudas: aparentemente, el buen hombre que había erigido la caseta, alarmado ante la retirada de libros y su no reposición, se había visto obligado a escribir esa nota.
Aunque no había ningún libro que me atrajera —parece que se habían llevado ya los mejores—, me sentí impelido a dejar el libro que había traído, incluso cuando no encontrara ninguno suficientemente interesante para llevarme a casa.
Pocos días después volví y comprobé alborozado que el mensaje había calado y habían aparecido una remesa de libros nuevos aportados por anónimos contribuyentes.
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He reflexionado sobre este episodio y me he hecho varias preguntas: ¿a quién se le habrá ocurrido esta idea? Habiendo bibliotecas públicas con miles de libros a nuestra disposición, ¿qué sentido tiene que un anónimo espontáneo pergeñe un improvisado lugar de intercambio de libros? ¿Por qué la gente, a pesar de todo, ha terminado aportando libros y no solo llevándoselos?
Y más importante, ¿qué impulso anima a la colaboración de la gente en esta diminuta empresa común?
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Creo que mi extrañeza de mono burocrático-autonómico-estatista ante el monolito de una creación puramente civil al margen de titularidad pública es propia de quien vive en un lugar donde gran parte de las iniciativas no económicas (aunque desgraciadamente también muchas de las lucrativas) proceden o son amparadas por alguna administración.
No puedes dar un paso sin encontrarte un evento patrocinado por las autoridades locales o autonómicas: conciertos, pasacalles, actuaciones, romerías, museos de la ciencia y el cosmos, eventos deportivos, cuentacuentos, carreras de la mujer, etc.
Si a un ciudadano anónimo se le ocurre alguna iniciativa cultural, educativa, artística de interés general o no lucrativa, el reflejo habitualmente es preguntarse «¿Habrá alguna subvención?, ¿qué ente podría promover la idea?».
De la misma manera que hay un efecto expulsión de la inversión privada debida al aumento del gasto público, y un efecto expulsión moral, que hace que la gente ejercite menos su caridad o compasión cuando sabe que el estado benefactor está presente, también hay un efecto de expulsión cívica, que provoca que cualquier iniciativa privada autoorganizada de la sociedad civil quede empequeñecida, reducida o engullida por la omnipresencia del presupuesto público.
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La idea de crear lugares improvisados para compartir libros no es una idea nueva; en las paradas de autobús de muchos pueblos de Noruega se pueden encontrar este tipo de bibliotecas basadas en la honestidad que contribuyen a fortalecer la imagen de cultura y civilización de los países nórdicos, aunque probablemente sean promovidas por los ayuntamientos.
El encanto de esta pequeña iniciativa está en que es una propuesta que una persona anónima lanza a sus convecinos, y que estos pueden seguir o no seguir, colaborar o no; a nadie se la impone y quien quiere participar puede hacerlo con sus libros y su buena fe reponiendo los que se lleve.
El grupo de personas que contribuye es autoseleccionado: se eligen a ellos mismos y contribuyen a título individual, sin intermediarios. El éxito depende a su vez del pacto no escrito de ser honestos y reponer al menos lo que retiras.
Si a alguien la idea te parece una estupidez porque sabe que tiene varias bibliotecas públicas bien surtidas en la misma ciudad y acceso a miles de libros y películas también de forma gratuita, puede sonreír cínicamente y pasar de largo, nadie le obliga a financiar la iniciativa ni a colaborar con ella.
Hay ventajas adicionales: no se necesita que nadie apruebe un presupuesto, no se necesitan edificios, personal para gestionar las instalaciones, agua y electricidad; bastan unos pocos tablones y la buena voluntad de un puñado de vecinos que se unen voluntariamente y en sus propios términos a una mini-causa. A cambio, bien es cierto, nadie se pone galones de ciudadanía o de benefactor del bien común.
No es nada grandioso, nada que cambie el curso de la historia, ni tampoco un acto que nos redima de nuestros pecados.
Pero sí que es un acto moral: participar en el intercambio anónimo de libros es una acción humilde en el que un amante de la página escrita reafirma su interés por los libros y está dispuesto a entregar los que le sobran o tiene a bien compartir con otros ciudadanos anónimos.
Estos aparentemente insignificantes gestos de personas individuales que interaccionan libremente movidas por proyectos comunes son los que dan oxígeno y aliento a la sociedad civil, los que mantienen encendido el fuego —a veces mortecino— de la libertad individual.
Las relaciones espontáneas entre ciudadanos particulares o agrupaciones voluntarias de ellos son las que fortalecen el tejido social y actúan como dique de contención contra el pesado y monótono empuje de lo burocrático, que amenaza con asfixiar el espacio social y psicológico en el que transcurren nuestras vidas.
Una pistola de Chéjov es un artificio dramático. Su formulación se atribuye al escritor ruso Antón Pávlovich Chéjov:
«Si el tío Vania esconde una pistola en la mesilla de noche en el primer acto, esta ha de ser disparada en el segundo o en el tercero».
¿Por qué ha de ser disparada?
Porque si no la pistola se convierte en un elemento superfluo, que no añade nada a la trama ni a su resolución, distrae al espectador o lector, ralentiza la narración y conspira contra el disfrute de la obra.
Pistola de Chéjov generalizada:
«Si un objeto no mental aparece en tu vida, ha de ser empleado en algún momento del futuro próximo».
Esta regla es muy útil como antídoto contra la tendencia a acumular objetos físicos. Te mueve a preguntarte por la función de cualquier nueva posesión y su contribución a tus objetivos y metas.
Si el objeto no se va a usar en el futuro próximo para contribuir a alguna meta previsible es mejor catalogarla como innecesaria, como «no disparable».
La regla de la pistola de Chéjov se opone a los «por si acaso», poseer y guardar por si en el futuro pudieras necesitar el objeto.
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¿Por qué hablo de «objetos no mentales» y excluyo implícitamente los objetos mentales de la regla de la pistola de Chéjov?
Porque la imaginación y la creación se promueven acumulando un gran número de ideas y asociaciones. La imaginación es manipulación de la memoria, y la creación es combinación de elementos de la memoria para alumbrar nuevas posibilidades en el mundo físico o en el mundo de las ideas.
Cuantas más ideas tengas, más puedes acumular, ya que podrás asociar de muchas más maneras las nuevas con las viejas: tienes más ganchos mentales para colgar los nuevos conceptos.
El saber, a efectos prácticos, no ocupa lugar, aunque su adquisición requiera mucho tiempo.
Además, nunca puedes prever si en el futuro (próximo o lejano) una idea u objeto mental podrá combinarse de manera creativa al servicio de alguno de tus proyectos, por eso no es conveniente ser tacaño en la adquisición de ideas. La creación no estereotipada no se puede anticipar y es conveniente tener muchos recursos disponibles por si pudieran servirte. Es por eso que en el mundo mental generalmente opera el principio maximalista de «Más es mejor».
Los lastres del exceso de posesiones en el mundo físico contrastan con las ventajas de la exuberancia en el mundo mental. En el mundo físico, las posesiones generan rigidez, costes crecientes de mantenimiento y de recuperación; en el mental, mayor cantidad de ideas significa más facilidad para asociar y recuperar lo acumulado, más combinaciones posibles y modelos mentales más flexibles.
Por tanto, el minimalismo en el mundo mental es un a posteriori, algo deseable solo después de haber acumulado muchas ideas y probado un gran número de combinaciones que luego puedas condensar en principios, reglas o síntesis conceptuales.
Si escribo artículos de tres mil o seis mil palabras en este blog e inicio proyectos y experimentos públicos, es para mostrar que mis otros artículos de trescientas o seiscientas, y mis aforismos son la versión destilada de mucho pensamiento y experiencia anterior, no las revelaciones o intuiciones infundadas de un pensador que tiende a pensar lo mínimo y se apresura a prescribir recetas con las que tú vivas al máximo.
–1. La felicidad no es el único ni el más importante de los fines
La felicidad entendida como bienestar subjetivo o satisfacción personal es solo uno de los posibles valores a los que puedes consagrar tu vida.
Sin embargo, si preguntas a cualquiera sobre qué quiere lograr en la vida, es muy probable que te responda que «quiere ser feliz», a lo que tú puedes responder «¿Quién no quiere ser feliz?» dando a entender que la felicidad es el fin de los fines, el fin último, al que tiende el Hombre (aunque no llegue) en todos sus actos.
En otras palabras, no se puede no intentar buscar la felicidad.
Pero no es así: solo una sociedad consumista, vacua y banal como la actual puede persuadirnos de que la felicidad es el fin indiscutido y casi único que debemos procurar ver realizado en nuestra vida. La llamada psicología positiva en parte, el existencialismo implícitamente, la new age en su totalidad y los estúpidos blogs de desarrollo personal parten del axioma de que debemos aspirar a la felicidad. Históricamente, nunca ha sido así, excepto en los tiempos de decadencia de las civilizaciones. Siempre ha habido fines transcendentes. Cuando Roma abandonó el afán de conquista y sus valores tradicionales y los sustituyó por el pan y el circo firmó su sentencia de muerte.
Si los valores felicitarios son solo una categoría de valores entre otros, ¿cuáles son las otras categorías de fines y valores perseguibles? Los valores morales y los valores de significado.
Vivir la buena vida es sola una posibilidad a la que podemos aspirar: también podemos proyectar vivir una vida buena y una vida con propósito o sentido.
Nunca vuelvas a decir que solo quieres ser feliz, so pena de dejar fuera otros valores y fines vitales comparables o más importantes.
Repite conmigo: el cerdo tiene valores de cerdo y quiere la felicidad del cerdo.
2. Vive con una ventana mirando al cementerio
Piensa todos los días en la muerte, tenla presente. Puesto que tus días están contados, no puedes vivir todas las vidas posibles y cualquier error que cometas puede ser fatal. Tu foco se reducirá a lo esencial, aplicarás la ley de Pareto naturalmente y de la noche a la mañana serás un minimalista existencial.
La muerte aguzará tus sentidos, te proporcionará alas, te hará sonreír ante los pequeños temores. El foco o intensidad que otorga la conciencia de la muerte hará que tus días sean plenos y llenos de sentido. Cuando un hombre sabe que será ahorcado en diez días (diez meses, diez años, diez décadas) concentra su mente maravillosamente.
Si asumes tu finitud y tu irrevocable insignificancia estarás en el camino de tu liberación. Por fin, podrás mirar a la muerte a los ojos y ser el último en pestañear.
La punzante y continua conciencia de la dama negra te permitirá vivir con valor, porque sabrás que un día todo acabará y que lo que hayas hecho en la vida resonará en la eternidad.
3. Sé un animal de rutinas y costumbres
No hagas caso a las agencias de viaje y a las cadenas de televisión: a la rutina no se le termina cayendo la t. Somos rutina que no acaba en ruina y actuamos en piloto automático la mayor parte de nuestra vida consciente. No hacerlo así sería agotador. No podrías tener una vida plena si tuvieras que decidir con qué pie pisar primero al levantarte de la cama o tuvieras que decidir qué ruta seguir todos los días al trabajo.
Los originales y los que siempre están cambiando son la gente más estereotipada del mundo. Recuerda la frase de Fernando Savater: cuanto más insatisfactoria es una actividad más deseamos cambiar su intensidad y variedad; la gente de mentes simples tiene gustos complicados, la de mentes complejas tiene gustos sencillos.
Sé como Inmanuel Kant, al que los vecinos de Königsberg usaban para poner a punto sus relojes, porque siempre pasaba por la misma plaza a la misma hora del día.
Las cadenas de las rutinas son la herramienta de la liberación. Reduce las sorpresas de tu entorno para que puedas llevar una vida externamente aburrida y rutinaria. Has de vivir como un burgués para ser creador y salvaje en el campo en el que decidas centrarte.
La única condición es que cada vez seas más consciente de tus rutinas, hábitos y costumbres y las alinees con tus metas y valores.
4. Aplica la regla de las tres oes en todos los asuntos prácticos de tu vida
Omisión. Organización. Optimización.
Lo primero y más importante es omitir, eliminar, decir no, podar posibilidades, opciones y recursos. La palabra más importante es siempre el no.
Di no a ti y a los demás continuamente. Es la palabra y la acción más poderosa. El secreto del éxito es un no y una línea recta.
Corta el flujo de la información, personas en tu vida, proyectos e ideas que reclaman tu atención. La acción más productiva que casi nunca ejecutamos consiste en dejar de hacer lo innecesario. Nuncaniza con alegría y enfoca tu mente de mono en unas pocas cosas, personas y proyectos.
Solo después de decir no, negar, nuncanizar, has de empezar a pensar en organizar tus acciones y tu entorno. Solo después de haber eliminado la basura de tu vida y de tu conciencia (recuerda la ley de Sturgeon: «El 90% de todo es basura») puedes empezar a organizar.
Pero recuerda: nunca organices sin haber antes eliminado personas, proyectos, actividades, medios de comunicación, objetos, compromisos. Vive en una habitación minimalista de la conciencia.
Por último, y solo en unas pocas áreas vitales, quizá en tu profesión o tu pasión vital, allá donde quieras alcanzar el expertismo y la excelencia, se te está permitido optimizar, buscar los mejores métodos para obtener los mejores resultados posibles.
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5.Cambia de entorno, no pierdas el tiempo cambiando el mundo
La gente ordenada, disciplinada, industriosa, que trabaja todos los días por alcanzar metas a largo plazo no posee más voluntad que los vagos, los desnortados o los fracasados. La diferencia que marca la diferencia en la gente que logra sus metas es el entorno en el que transcurren sus vidas: su familia, sus amigos directos, el vecindario, el lugar de trabajo, los conocidos con los que se relacionan. Eres la media, para lo bueno y para lo malo, de las cinco personas con las que más te relacionas. Tus amigos gordos te hacen engordar. Tus amigos guapos aumentan tu belleza (interior).
Toda la fuerza de voluntad del mundo es inútil ante el poder del entorno. Pero esto no significa que estés condenado por el lugar donde has nacido, los amigos que hiciste en el colegio, la familia que te ha tocado o el vecindario que tus ingresos te permiten. Siempre puedes hacer algo; de hecho, puedes hacer mucho:
El movimiento estratégico clave para cambiar de vida es considerar cuál sería el ambiente más propicio para desarrollar la red social, habilidades y rasgos del carácter necesarios para conseguir tus fines; después, debes usar tu limitada fuerza de voluntad (siempre el recurso más escaso) para cambiar de entorno.
Los entornos más importantes son entorno social (familia, amigos y conocidos) con quien pasas la mayor parte del tiempo física y virtualmente, la infosfera (con la qué alimentas a tu cerebro: smartphones, twitter, libros, películas o charla inteligente o estúpida), el entorno profesional (la gente con la que trabajas) y en último lugar el entorno geográfico.
Dicho esto, un aviso importante: no intentes cambiar a la gente que te lastra o que no comparte tus valores y metas. No cambies a la gente, es mejor que cambies de gente.
No se trata, por tanto, de cambiar el mundo, sino de cambiar de mundo y, en el camino, cambiarte a ti mismo.
6. No pienses por ti mismo ni seas crítico
No puedes reinventar la rueda, descubrir otra vez el Mediterráneo o diseñar el lenguaje en el que hablas. Es imposible y contraproducente intentar ser original. Siempre partes de algo. La cultura donde vives, sus tradiciones, los usos, las costumbres, los perjuicios de tu entorno (casi siempre justificados y saludables), la moral, son creaciones evolutivas centenarias obra de tus antepasados que por ensayo y error y la validación del tiempo han llegado hasta hoy. Son un capital inmenso que facilita tu inserción en el mundo. Sin él retornarías a la edad de piedra, o peor, al subsuelo de la condición humana.
Hasta los artistas más innovadores y rebeldes reaccionan ante lo que conocen y con lo que ya conocen; los creadores literarios no inventaron el lenguaje en el que escriben sus obras; los emprendedores trabajan con la tecnología y estructuras organizativas que tienen a su disposición.
Sé crítico y piensa por ti mismo en una o dos áreas de tu vida, aquellas en las que has decidido sobresalir y explorar y expandir los límites. En el resto, sé saludablemente estereotipado, fiable y fiel a los lugares comunes.
Hay que suspender la incredulidad y el espíritu crítico, aprender por ósmosis y obedecer a la costumbre. Donde fueres haz lo que vieres (excepto si vas al país de los caníbales).
Esto requiere una gran dosis de humildad, lo que va contra la tendencia actual a exacerbar la autoestima, la arrogancia adolescente y la originalidad.
7. Premedita tus desdichas
No solo has de vivir siendo continua y dolorosamente consciente de que un día morirás, además has de vivir considerando todos los males y peligros y (pre-)meditando regularmente sobre ellos.
Has de abrazar el poder del pensamiento negativo, pues lo bueno se cuidará de sí mismo.
Has de considerar los riesgos más grandes e irreversibles, aquellos que no te permiten una segunda oportunidad o de los que es difícil recuperarse (como el despeñarte haciendo escalada sobre rocas resbaladizas o la ruina financiera) y crear planes de contingencia: no quieres pasar hambre (ahorra y ten un colchón de seguridad), no quieres salir herido (cuidado con los pasos de cebra y las motos), no quieres morir por daños autoinfligidos (cuida tu forma física y no te des a la bebida).
Ten siempre presente la ley de Murphy, aunque no siempre se cumpla: si algo puede salir mal, saldrá mal.
El pensamiento positivo sienta bien pero no alimenta el espíritu, es como la comida basura del alma, es el atajo que permite experimentar la recompensa antes de acometer el esfuerzo. El pensamiento negativo permite anticipar y vencer obstáculos; cultivar el pensamiento negativo es constatar la esencial incertidumbre del mundo y nuestra incapacidad para domesticarla.
Respecto a las desdichas inevitables o solo retrasables (enfermedad, vejez, decepciones, frustraciones, muerte), que todos tarde o temprano hemos de sufrir, familiarízate con ellas, los monstruos vistos a la luz del día resultan menos atemorizantes y cuando te cosan a dentelladas sufrirás menos.
8. Si quieres llegar lejos, camina dolorosamente despacio
No puedo insistir demasiado en esta regla. De hecho, si tuviera que dar un solo consejo para alcanzar el éxito a todos mis yoes pasados, esta regla sería la elegida: adora la lentitud, practica la lentitud deliberada en todas aquellas actividades que importan y en todos tus esfuerzos de aprendizaje.
La lentitud rayana en la pereza y la pachorra ha de ser tu marca personal.
La actitud paciente es difícil de lograr en las sociedades occidentales actuales donde la aceleración del tiempo y la contracción del espacio son una constante. La brillantez se equipara con rapidez; la sabiduría y el conocimiento con la expresión rápida y el verbo fácil; él éxito con la satisfacción instantánea; la profundidad con la inmediatez en los resultados y la exuberancia. El héroe contemporáneo siempre tiene un cerebro de conejo pero su mente es de tortuga.
Pero aunque los aficionados van más rápido, los maestros llegan más lejos. El árbol de la paciencia tiene raíces amargas, pero sus frutos son dulces. Zamora no se hizo en una hora. Todo llega para el que sabe esperar.
9. Piensa a lo pequeño
Soñar a lo grande es fácil. Hacer a lo pequeño en el aquí y en el ahora, sin obtener la satisfacción extática de la ensoñación narcisista, es tremendamente difícil.
Por eso te recomiendo que pongas limites a tus metas y a tus expectativas. No hay peor autoengaño que el de confundir los deseos con las expectativas. Puedes aspirar a algo mejor, incluso a algo mucho mejor, pero eso no debería disuadirte de fijarte metas diminutas que te acerquen infinitesimalmente a tus sueños. Los sueños están bien, pero si construyes castillos en el aire, has de dejarlos ahí, donde deben estar, en el aire, y enseguida ponerte a construir sus cimientos, a mojarte con el anodino fango de lo real.
Pensar a lo grande y hablar a lo grande y planear a lo grande es fácil, lo complicado es ejecutar pequeñas acciones consecuentes todos los días, meses y años acercándote al destino imperceptiblemente.
Es fácil querer cambiar el mundo —solo de pensarlo tu yo moral se hincha y el entusiasmo te desborda—, sobre todo si estás en compañía de otros guerreros sociales; pero ayudar a tu madre a fregar los platos después de la comida es gris, aburrido y no despierta la admiración de nadie.
Entre lo macro y lo micro has de elegir siempre la micro, lo pequeño, lo que tiene que ver con tu aquí y tu ahora, con lo local y lo personal.
El día es siempre el día de hoy, con la gente que te rodea y las tareas abnegadas con sentido pero que no te entusiasman ni te proporcionan satisfacción ni reconocimiento inmediato.
El lugar es siempre aquí y en las inmediaciones. Es fácil querer salvar al mundo, mucho más fácil decir que quieres salvar al mundo, mucho más difícil es contener tu ambición y tener un pequeño acto de amabilidad cuando has tenido un mal día y solo deseas sentarte a ver la televisión y comer patatas fritas.
Si vas a cambiar en algo el mundo será de manera inintencionada y colateral, a través del ejemplo que sientes para la gente que te rodea y tus honestos esfuerzos por perseguir tus fines.
10. Sé flexible en el pensamiento y fanático en la acción
Se nos dice que hemos tener convicciones firmes y ser flexibles en la acción. La regla es justo la contraria: sé fluido en tus creencias y rígido en la acción.
Cabalga tus contradicciones, di una cosa hoy y mañana la opuesta. En cualquier reunión en la que participes siempre debe haber al menos una opinión más que personas. No tengas miedo a llevarte la contraria, no pasa nada si te contradices, tú contienes multitudes. Considera catorce ideas y nunca llegues a ninguna conclusión. Cuando creas que estás seguro de algo busca refutarte, desconfía, sobre todo de ti mismo, no debes engañarte pensando que has dado con la solución, porque tú eres la persona más fácil de engañar.
Aplica la máxima de Marx (Groucho): estos son mis principios, señora, y si no le gustan, tengo otros.
Al mismo tiempo, y aunque parezca (y sea) contradictorio, conviértete en un fanático, actúa con la fe del converso a la hora de ejecutar tus planes. Una vez tomada una resolución, no permitas que nada se interponga en tu camino y derriba todo lo que te cierre el paso. No cambies de plan solo porque surjan nuevos obstáculos o estés desmotivado, concluye lo que has empezado: si las razones eran buenas al iniciar el proyecto, siguen siéndolas cuando estás a mitad de él.
Aplica las máximas de Marx (Carlos) y Lenin (Vladimir):
Los filósofos hasta ahora han interpretado el mundo, pero ha llegado el momento de transformarlo.
El criterio de verdad está en la práctica, en la acción fanática que corrobora o refuta las creencias.
El invitado de esta semana es Raúl Hernández, del blog del mismo nombre. autor del libro Skillopment, que es una buena introducción a su modelo de aprendizaje.
Es una charla con el autor minimalista Marc Martí del blog Repensando el ahora, sobre el libro ‘Deep work‘, de Cal Newport, y sobre productividad personal en la era de la distracción.
Llevo más de una semana sentado cuatro horas al día sin hacer nada delante de una pantalla en blanco. Ayer terminé escribiendo quince veces «Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido»: es la frase que teclea una y otra vez Jack Nicholson en su máquina de escribir en la película El resplandor antes de perder definitivamente la cordura y derribar a hachazos la puerta del baño del hotel en las montañas en el que están aislados por la nieve él y su familia.
En un retiro de meditación en las montañas podría encontrar la iluminación. En un establecimiento de una gran cadena de cafeterías para bohemios con dinero, solo voy a encontrar café a doble de precio y el tedio de ver las mismas caras día tras día.
Un filósofo y matemático francés dijo —lo leí en algún lugar— que todas las miserias del hombre derivan de no ser capaz de sentarse solo en una habitación tranquila. Nada te pone frente al espejo como no hacer nada. Pero qué pocas ocasiones tenemos de no hacer nada. Las mismas vacaciones son espacios que llenamos de acción para no sentirnos vacíos, no hay nada vacante en las vacaciones, nos sentimos impelidos a divertirnos y embutir la máxima cantidad de felicidad en los días que nos conceden.
Llego a casa tras un día de trabajo y pongo la televisión o enciendo la radio o escucho música. Estoy en la parada de autobús y consulto el correo o juego a algún juego que liquide el tiempo de espera. Ya no hay tiempos muertos para la atención. Antes podía aburrirme en las rendijas del día, todavía había ranuras por los que se escurría el tedio. Ahora, la publicidad y el entretenimiento, mediados por entornos digitales ubicuos, se encargan de evitar que nos quede una pulgada de tiempo libre de interrupciones y flujos de entrada de información.
Recuerdo que hace unos pocos años lo vi venir: estaba en un restaurante y mataba el tiempo observando a mi alrededor. Captó mi atención una familia de cuatro miembros: padre, madre, niño y niña. En la más de una hora que estuvieron allí no les vi cruzar palabra. El padre aporreaba el portátil, la madre y la hija no levantaban la mirada de sus respectivos teléfonos inteligentes, el hijo jugaba a un videojuego en su consola. Solo intercambiaron algunas palabras al recibir los platos del camarero y cuando la madre preguntó a su hijo cómo usar una determinada función de su teléfono; entonces, el niño, visiblemente fastidiado, le mostró cómo hacerlo y volvió rápidamente a su pantalla.
Levanto la cabeza de la pantalla de mi portátil. Veo a una joven madre sentada en un sofá de un extremo de la sala amamantando a su bebé, podría ser una tierna escena si no fuera porque lo hace sin mirarle: está consultando la línea de mensajes de su teléfono inteligente mientras el bebé succiona; es un uso más eficiente de su tiempo o una forma de hacer más llevadera la maternidad. Antes, comíamos con los ojos los platos que nos presentaban; ahora, nos apresuramos a subir la imagen de la comida exótica a un lugar virtual en el que la gente comparte fotografías. ¿Llegará el día en que los bebés suban a una red social para infantes el pecho del que están a punto de beber?
En el pasado, la gente solía rescatar argumentos o datos de su memoria para dirimir dudas, ahora todos nos apresuramos a sacar el móvil para buscar el dato. El encorbatado de gesto dinámico de mi derecha mata su escaso tiempo de la comida jugando a Angry Birds mientras traga un sándwich. Bill Murray, el protagonista de El día de la marmota, escribió una vez: «Mi teléfono tiene dos millones de veces la memoria de la nave espacial Apolo 11 en 1969. Ellos fueron a la luna. Yo lanzo pájaros con tirachinas a casas de cerdos».
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Mi mente es el campo de batalla de cualquier persona u organización que puede beneficiarse de mi atención. Hay una lucha constante por cuota de mercado que se traduce en cuota de mente en cada una de las cabezas de los potenciales consumidores. Obtienen mi atención y aumenta la probabilidad de que obtengan mi dinero, mi voto o más tiempo de atención. Siempre ha sido así, los primates pugnan por la atención de los primates, es la moneda de la comunicación humana y la sustancia de nuestro éxito y autoestima. La novedad es que ahora la competencia se ha intensificado y cada vez hay menos espacios físicos y mentales que no estén colonizados por reclamos atencionales. Cada vez son mejores absorbiendo nuestra energía psíquica, primero nos dan lo que nos atrae —novedad, atención de otros primates,la promesa de quebrar el tedio— y después venden esa atención para que otros nos vendan algo.
Los ingenuos partidarios del libre mercado dicen que la gente es muy libre de no consumir o usar lo que no le produce satisfacción, que a pesar de las tentaciones somos seres libres con voluntad capaces de decir sí o decir no, y que cada individuo es el mejor juez de sus necesidades y deseos. Pero este argumento falla escandalosamente si imagino y constato que por cada instante de conciencia y por cada intento de dosificar mi exposición a las redes, hay decenas de miles de personas —algunas de las más inteligentes, ambiciosas y motivadas del planeta— en Silicon Valley y otros lugares trabajando catorce horas al día para subvertir mis fugaces intentos de autorregularme y perseguir mis mejores intereses.
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Hay gente que viaja a Vietnam o las faldas del Himalaya para encontrarse. Yo estoy internándome en junglas de recuerdos y observaciones cotidianas parándome cuatro horas al día y permitiéndome no hacer nada. Es quizá por eso que él me sugirió que pasara unos cuantos días, todos los que necesitara, sin hacer nada. Quizá haya que parar para avanzar, quizá no es cierto que haya que seguir corriendo para no quedarse atrás.
Si repaso mi biografía me doy cuenta de que nunca he estado sin hacer nada. Siempre me he lanzado en estampida detrás de aquello que brillara y llenara mis días . Siempre he creído que si quieres algo hay que ir a buscarlo. Nunca se me había ocurrido que las cosas llegaran sin ir a buscarlas. Somos criaturas obsesivas-compulsivas que transitan espasmódicamente por el tiempo. «Quien espera, desespera», era mi hiperproductivo grito de guerra, pero quizá solo puede crear algo el que se detiene, calla y adormece, quizá solo en esa mente sin estímulos se produzcan ideas como relámpagos capaces de encender algún nuevo fuego.
Es lo mismo que me ocurría en el colegio y la universidad, si no entendía algo hacía lo posible por entenderlo enseguida: fruncía el ceño y me volcaba en comprenderlo con el afán de pasar rápidamente al siguiente desafío. Si no lo conseguía casi inmediatamente, decidía que no era importante y no perdía el tiempo. Siempre he sabido que hay que ser paciente, aunque no fuera la mayor de mis virtudes, pero nunca se me había ocurrido que para conseguir algo me bastaría sentarme y esperar.
La felicidad, el éxito, la revelación, son como una manta demasiado pequeña que siempre deja alguna parte sin cubrir. Pasa como con el sueño en una noche de insomnio: cuanto más lo perseguimos, más nos elude.
Tecleo en la pantalla unas cuantas preguntas: ¿qué quiero? ¿A dónde voy? Si solo pudiera hacer una cosa en lo que me queda de vida, ¿qué sería? ¿qué no puede esperar?
Miro las respuestas y ninguna de ellas me parece digna de mí. Ni suficientemente grande, o bella, por no hablar de justa. Nada me parece verdadero. Quiero muchas cosas que quiere la gente a mi alrededor: un coche más grande, unas vacaciones en Praga, una mujer a mi lado y diez pidiendo turno, descansar y dejar de trabajar en un trabajo que odio, parar y bajarme de la noria, retozar en la hierba fresca una mañana de mayo, ser el tipo más ocurrente de la fiesta, el profesor Keating subido a una mesa arengando a mis alumnos del club de los poetas muertos, ser admirado por la gente, tener un millón o diez en la cuenta corriente, ser invisible y fisgar en los probadores de señora, un ladrón de guante blanco, tener el control absoluto de mis horas.
Espero que haya algo que haga clic. Por el momento, mis querencias son un enjambre de abejas.
Escribo de cuando en cuando alguna observación al azar en la pantalla.
Tengo ganas de levantarme y largarme.
De repente, todo me parece fútil.
Me canso.
Me vengo abajo.
Me calmo.
Ya me ha pasado varias veces los últimos días: siento ganas de dejar la exploración y volver a mis tareas de siempre. Esto es la anti-productividad. ¿Qué estoy sacando en claro de pasar las horas muertas en un recinto público sin hacer nada? Debí haber pedido más detalles. Tenía que haber cuestionado la imposición de no hacer nada durante tanto tiempo. No supuse que fuera tan difícil. El segundo día tuve que instalar un programa de bloqueo de internet y redes sociales; ahora, si quiero consultar el correo tengo que reiniciar el computador. Lo hice un par de veces: consultaba el correo o miraba mensajes personales, pero volvía a desconectar el sistema a los pocos minutos. Entonces, volvían a arremeter las ganas de entretenerme, pero el fastidio de tener que reiniciar me empezó a disuadir. Tras unos pocos días soy capaz de sumergirme en mis pensamientos durante horas sin ceder al ansia de estimulación. Esto es lo que he conseguido en los últimos días; esto y emborronar algunos folios en papel con palabras tomadas al azar y con flechas que las conectan. He hecho alguna caricatura para matar el tiempo. He estrellado mis pensamientos contra la nada.
Con todo, he dado un paso, estoy logrando vencer el deseo de salir en estampida hacia algo más inmersivo: una conversación con un ser de carne y hueso, un espectáculo, un libro, una pantalla. En la proverbial habitación propia, me estoy acostumbrando al desfile de ideas y emociones que surgen cuando estoy solo. Los fantasmas aparecen, sí, pero cuando los miro de frente no soy el primero en pestañear.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Estoy sentado en una cafetería en el centro de una ciudad europea delante de mi portátil. Si ahora estuviera escribiendo una postal a un amigo, el mensaje sería el siguiente: «No pienso en ti». El tic tac del cursor marca los segundos, pero no siento urgencia.
Las reglas son simples: durante los n próximos días me voy a sentar durante cuatro horas en silencio, libre de interrupciones externas, libre del flujo de entrada de información, a solas conmigo. Voy a hacerlo según la técnica de las 0 alternativas.
Tengo una pantalla con una hoja en blanco delante, pero no tengo que escribir si no quiero: no hay metas. No hay fecha límite. No hay nada que hacer. Esto acabará cuando tenga que acabar.
Él me dijo que saber lo que uno quiere es sencillo. Basta con aislarse durante cuatro horas, desconectar internet, y escucharse. Y eso día tras día. Dijo que en el metafórico bosque no hay wifi, pero que siempre encontraré una mejor conexión. Y es lo que estoy haciendo ahora. Escucharme a mí mismo. No hay nada que hacer, simplemente me siento y siento.
He entrado en E1 y espero no salir de aquí en cuatro horas. No hay conexión inalámbrica, he cerrado todos los programas excepto mi bloc de notas.
Le pregunté si se podría acelerar el proceso y aislarme durante ocho o doce horas al día. Me dijo que sí, que podría acelerarlo, pero que entonces me llevaría el doble o el triple de tiempo y un múltiplo de sufrimiento.
He de pensar como un economista, no como un ciudadano normal. Los rendimientos decrecientes empiezan a operar muy rápido. Parece que hemos de caminar cada vez más rápido para cubrir la misma distancia, todos queremos ahorrar tiempo e ingresarlo en el banco para acumularlo y luego exprimirlo en mil y una actividades.
El portátil cumple dos funciones: me proporciona una coartada para pasar varias horas sin hacer nada en un recinto público —simulo que estoy trabajando— y me permite articular los pensamientos y fijarlos en mi memoria extendida; más que eso, me permite pensar más lentamente. El sistema de producción del Yo Ocurrente siempre está bullendo y necesita pausar el paso.
Dicho esto, no me siento obligado a escribir una sola palabra; voy a pensar como un economista, no como un contable o un capataz en una cadena de producción; voy a pensar en términos de valor generado y de costes de oportunidad, no de unidades producidas, de páginas escritas o de fases del proyecto completadas.
No hay hitos. No hay objetivos. No hay entregables. Solo hay una regla: cuatro horas diarias sentado sin hacer nada durante n días.
Él se sonrió cuando le planteé acudir a un retiro de meditación . Me dijo que por muy lejos que me fuera, siempre me llevaría conmigo, que no podía escapar a mí sombra por mucho que corriera o por muy lejos que fuera o por exótico que fuera el paraje. El verdadero viaje de descubrimiento no requiere que cambie de lugar; lo puede facilitar, pero no es imprescindible. Me dijo que la embriaguez que produce la novedad de nuevos paisajes, gentes y culturas la puedes alcanzar «cambiando de ojos». Supongo que quiso decir cambiando de mirada: como buen gurú, salpica su discurso de parábolas y juegos de palabras.
Me revuelvo en la silla y me late el corazón más rápido. Qué diablos hago sentado en una silla sin hacer nada. No soy capaz de permanecer sentado mientras el barro se endurece, sigo buscando la satisfacción inmediata, o al menos reducir la desazón. Quiero consultar el correo electrónico, quiero mirar alguna de las redes sociales donde estoy inscrito y llenar el espacio vacío.
Me resulta difícil hacer caso a las reglas que me marco a mí mismo. Las reglas están para romperse, me suelo decir; después de todo, soy un espíritu libre. Más difícil todavía es hacer caso a las reglas que provienen de otros, por mucho expertismo que acumulen, por muy gurús que sean, por muchas que sean las recomendaciones con las que vienen bendecidas.
Nadie me ha puesto una pistola en la sien y podría faltar a mi palabra ahora mismo, pero algo me dice que tengo que seguir. Cuatro horas al día sentado sin hacer nada esperando la revelación que rompa el nudo gordiano de mi indecisión y aplicando la técnica de las 0 alternativas de Raymond Chandler.
Tuve que buscarla en internet, jamás antes había oído hablar de ella. Raymond Chandler fue un famoso escritor de historias de detectives y creador del famoso personaje Philip Marlowe, entre otros. Como todo novelista, tuvo que desarrollar métodos de autocontrol para obligarse a escribir aunque no le apeteciera. Vivió la gran depresión y sobrevivió a base de escribir relatos de pulp fiction , relatos cortos en revistas de baja calidad. Puesto que a la fuerza ahorcan, dio con un método que le permitió disciplinarse todos los días a pesar de su tendencia a la postergación. La técnica consiste en reservar cuatro horas al día para escribir y seguir dos reglas:
No puedes hacer otra cosa que no sea escribir
No tienes que escribir.
Adivino que con esta técnica se evita la natural tendencia de dejar para mañana las tareas incómodas, pero al mismo tiempo, se proporciona una salida al bloqueo del escritor: si no se te ocurre nada, si no te apetece, si la mente no está clara para escribir, puedes no escribir y evitar el sentimiento de culpabilidad de no estar produciendo. Chandler decía que ocurría como a los niños en el colegio, que al estar obligados a permanecer en el aula, aprendían algo, aunque fuera para evitar el aburrimiento.
Para un escritor, especialmente para un novelista, un maratoniano de las letras, que a diferencia de un periodista o articulista no tiene jefe, fechas límite, ni artículos que entregar, es capital que sepa encadenarse a la silla. Víctor Hugo entregaba toda su ropa a su criado y escribía desnudo para no poder salir de la estancia y no hacer otra cosa que no fuera escribir. Chandler no llegaba a tanto, simplemente reservaba esas cuatro horas diarias y escribía o no hacía nada, de ahí el nombre de la técnica.
Me apetece hacer cualquier cosa menos hacer introspección. ¿Qué es lo que quiero? ¿Cuál es mi propósito? Dónde voy. Quiero un millón de cosas, a menudo contradictorias. Quiero mantener mis opciones abiertas.
Siento palpitaciones en las sienes, la mandíbula está tensa y aprieto los dientes, creo que tengo principios de bruxismo, veo a la gente entrar y salir al establecimiento
Voy a escucharme. No hay ningún cálculo que hacer ni tarea que completar. Algo va a emerger. Eso me dijo:
Algo emergerá, quieres lo que quieres, pero quieres muchas cosas, pero no todas pesan lo mismo, y seguramente escuchas a las que más gritan, a las voces que tiran de las mangas de tu chaqueta como niños caprichosos. Las voces que más gritan y que parecen más urgentes no son las más genuinas. Lo sutil no hace ruido, lo sutil es una corriente subterránea que corre silenciosa.
Cuando lo dijo, me sonó a fragmento del Tao Te Ching, a frase ya vista, dicha, sabida; sin embargo, seguí escuchándole. Qué puede hacer un náufrago más que agarrarse a un tronco ardiendo. «Algo emergerá». Pero qué, no puedo convocarlo, ni siquiera definirlo.
Si no hubiera bloqueado la conexión de internet y apagado el teléfono ahora estaría viendo un videoclip de dos minutos, respondiendo al correo o vagando por E3. He mandado a mis marineros que me aten con sogas al mástil para protegerme de mí mismo. Las sirenas de las ganas y las desganas aúllan ahí fuera. Suplico a los marineros que me liberen, la liberación a un clic de distancia, el mundo en las yemas de mis dedos. Las sirenas son de los bomberos, hay fuego en algún sitio, alguna vida se está quemando.
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Los torturadores de todo lugar y tiempo siempre han sabido que el aislamiento es la mejor forma de quebrar al prisionero. Cuando se quiere castigar al recluso se le aísla en habitaciones insonorizadas, sin luz natural y sin acceso a lectura u otro entretenimiento. En prisiones de alta seguridad para criminales peligrosos, un interno que esté amenazado por otros reclusos y cuya vida peligra prefiere arriesgarse a perderla que vivir aislado del resto de los reclusos en alguna celda protegida.
Yo me estoy aislando socialmente durante cuatro horas al día. Soy mi torturador. No puedo charlar con nadie ni obtener ilusión de compañía a través de redes sociales o correo electrónico o conferencias en línea. Estoy en un recinto perteneciente a E2, pero he decidido deliberadamente recluirme en E1, es decir, en mi mente y sus productos. Todo contacto con el mundo exterior, ya sea en E2 o en E3, está vedado.
Cuando no soporto la procesión de imágenes mentales y frases azarosas que me bombardean, miro fuera y me siento como el niño mirando la pecera contemplando el trasiego: la gente entra y sale, piden un café o un pastel, intercambian palabras guionizadas y siguen con sus vidas.
No es que este aislamiento me resulte difícil. Cuando estaba en la universidad siempre me sentaba en la primera fila, no hablaba con nadie y mi interacción social se limitaba a no intentar colisionar con objetos en movimiento en los pasillos. A veces, les miraba a los ojos para adivinar sus intenciones, pero la mayor parte del tiempo seguía con mis asuntos y mis círculos sociales de siempre. Por supuesto, con el tiempo, y debido a las demandas reproductivas tuve que aprender a relacionarme con el otro sexo y trabajar en equipo, pero mi tendencia primaria se ha mantenido.
Para mí, lo verdaderamente difícil es el aislamiento informacional, no tanto el social. De repente, es como si las luces se apagaran y mi mente se rebelara ante la oscuridad. No hay nada ahí de lo que ocuparse, tampoco tengo que resolver ningún problema matemático o técnico. Tampoco tengo que ingeniármelas para conseguir la colaboración de otro ser humano o hacer esfuerzos por comprender algún documento complejo. No hay recados, no hay tareas en mi lista de cosas de hacer que tachar, no hay mensajes que espera, noticias que leer o escuchar. Es como si estuviera en una celda de 2×3 metros cuadrados con paredes de cemento y sin ventanas en el corredor de la muerte esperando el indulto del gobernador del estado.
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En los años 50, el doctor John Lily inventó la cámara de aislamiento sensorial para estudiar los efectos de la eliminación de los inputs sensoriales y comprobar la hipótesis sobre el origen de la energía mental: se suponía que sin estímulos externos el cerebro no tenía razón de ser y se sumiría en el sueño. La otra hipótesis era que el cerebro era su propia fuente de energía y que estaba generando continuamente simulaciones mentales, entre ellas el sentido del yo y la identidad; así fue: en vez de un estado mental amodorrado propiciado por la ausencia de estímulos, los sujetos se mantenían conscientes y comenzaban a generar su propia realidad, era el cerebro el que empezaba a crear los estímulos y el sujeto experimentaba alucinaciones. A esto quizá ayudaba que el doctor Lily estudiara simultáneamente los efectos de agentes psicodélicos, principalmente el LSD.
Me imagino sumergido dentro de una bañera cerrada insonorizada con agua salada a la temperatura del cuerpo. Gracias a una solución de sales de epsom, que aumenta la densidad del líquido, mi cuerpo flota sin hundirse. En esta cámara no entra ruido, llevo tapones para que no entré agua en los oídos. La sensación es placentera, como si estuviera en el útero materno flotando en líquido amniótico, no hay fricción y el fragor del mundo me llega como un sordo eco que se desvanece.
Estoy en una cafetería. A cambio de una monedas recibo un café y el derecho a pasar unas horas escuchando la música ambiental —a la que no presto atención— y a una conexión wifi con la que puedo entrar en E3. Las figuras con uniforme de E2 en la barra me saludan con una sonrisa no totalmente insincera. Después de pedirme que les dé mi nombre para apuntarlo en un vaso y preparar la bebida caliente, me llaman por mi nombre de pila e intercambian algún comentario ligero; personalizan la interacción y me hacen sentir como si estuviera en un E2 más hogareño. Como creo que es lo correcto en este recinto, les correspondo mencionando el nombre que llevan inscrito en una tarjeta en el pecho.
Hay cuchicheos de otras figuras que soportan vasos y tazas sentados en sofás y sillas cercanas. Mantienen conversaciones en E2. Los que leen el periódico o consultan sus teléfonos inteligentes o teclean en sus ordenadores ya están en E3, han entrado en un entorno casi ilimitado de gran poder adictivo.
Solo alguno se queda mirando por la ventana sumido en sus pensamientos mientras saborea una taza de líquido caliente, buscando algo dentro de las paredes del cráneo o dejando vagar su mente al azar picoteando ideas, como un tarzán que pasa de liana a liana. Los que piensan y dejan vagar su mente o los que teclean sin conexión a internet están en E1. También los que duermen y generan simulaciones mentales en forma de historias llamadas sueños.
Hay tres entornos para la mente: E1. E2. E3.
E1: es el entorno delimitado por las bóvedas del cráneo, la sede de la vida mental en solitario.
E1 solo puede desarrollarse si previamente hay interacciones suficientes en E2, especialmente en la infancia temprana. Las conversaciones en E1, los diálogos interiores, se modelan según las conversaciones en E2.
Un científico cognitivo escribió que la conciencia y el diálogo interior apareció el día que dos personas estaban hablando y una de ellas desapareció mientras el otro, a su lado, hacía una pregunta, entonces miró a su lado y no vio nadie, pero la pregunta que acaba de hacer reverberó e hizo eco en su propia mente, como si fuera la pregunta de otro, entonces se quedó pensando sobre cómo responder su propia pregunta, que parecía de otro, y ahí surgió el diálogo interior y el espacio de la conciencia, lo que ahora llamamos E1.
E2: es el entorno social proximal. En E2 se mueven cuerpos físicos y se producen las conversaciones sincrónicas entre mentes que enriquecen y extienden el campo de la vida mental en E1. El ser humano ha pasado la mayor parte de su historia evolutiva en este entorno.
E2 viene en dos modalidades: E2a: es el E2 que tiene lugar en Ra (recintos tipo a) entre los muros de un edificio. Son hogares, escuelas, centros de trabajo, ascensores, gimnasios, tiendas, bares y restaurantes. Los recintos están delimitados por paredes y techos. E2b: se desarrolla en Rb (recintos tipo b): espacios abiertos. Calles, plazas públicas, parques, espacios naturales.
En ambos, las interacciones son principalmmente visuales y sonoras (a veces táctiles, si la confianza e intimidad lo permiten), y se producen en la proximidad.
Algunos autores hablan de un E2íntimo y de un E2público: relaciones cercanas vs interacciones más protocolarias y sancionadas socialmente, donde se es más actor que sigue el guión y por tanto menos diferenciado y espontáneo; hay conversaciones más guionizadas en E2público que en E2íntimo, aunque otros académicos ponen en duda esta distinción y sostienen que todo E2 es siempre público: no existe tal cosa como un pretendido E2íntimo con reglas en esencia distintas a un E2público.
E3: es el entorno o espacio social distal. Es el que permiten los medios de comunicación analógicos y digitales. En él tiene lugar la comunicación sincrónica y asincrónica en el tiempo y en el espacio. Puede ser unidireccional y bidireccional.
Un libro es una antigua herramienta para generar E3; es unidireccional —de una mente a otra, sin interacción—, permite la comunicación asincrónica —la comunicación de mentes que no están en el mismo lugar y tiempo— que ya no existen, porque han muerto, o que nunca se encontrarán en E2, porque la distancia lo impide.
Leer es escuchar a los muertos. Quien lea esto podría estar escuchando a un muerto. Aunque estoy vivo cuando escribo esto, puede que ya no lo esté cuando él lo lea, y, aunque ambos vivamos en el momento de la lectura, es probable que nunca se encuentre conmigo en E2.
A los libros y otro tipo de textos escritos, se han unido en el último siglo la radio y la televisión. En los últimos treinta años, las redes telemáticas, siendo internet la más conocida.
Las redes telemáticas han permitido retomar la sincronicidad y bidireccionalidad de las conversaciones en E2, que se habían perdido con los antiguos medios de comunicación de masas: prensa, radio, televisión: asincrónicos y generalmente unidireccionales, que relegaban a lectores, radioescuchas y televidentes a una posición pasiva. Ha surgido una verdadera aldea global. Millones de conversaciones a la velocidad de la luz.
E3 está tomando más y más fuerza. En los últimos diez años las redes sociales telemáticas han catapultado las conversaciones en E3. La tecnología digital se vuelve más y más ubicua, más portable, pronto tendremos chips implantados en nuestro cuerpo, llevaremos las herramientas de E3 en nuestra piel, ahora las llevamos en el bolsillo.
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La tecnología no es un implante o cuerpo extraño: crea textura y profundidad en la vida mental y social. Cuando está plenamente incorporada nos olvidamos de ella: llamamos tecnología a cualquier cosa inventada después de nuestro nacimiento. Los nacidos después del 2000 ya no llaman tecnología a internet o a un teléfono móvil. Es como el aire que respiran, como el fuego de la cocina, como las monedas que permiten obtener objetos y servicios de otros seres humanos.
El fuego es una tecnología, un segundo estómago que nos permitió hace decenas de miles de años predigerir alimentos y aumentar el rango de los alimentos que podemos asimilar.
Las leyes son también una tecnología. Los códigos legales corren en papel y moldean el comportamiento humano a través de un sistema de órdenes, prohibiciones, premios y castigos.
El dinero físico es una tecnología que nos permite especializarnos en cada vez más diminutas habilidades y nichos del conocimiento, intercambiarlos y coordinar las acciones de miles de millones de entes humanos para producir un rango cada vez más amplio de bienes y servicios.
Los libros, internet, las redes sociales, los teléfonos y una miríada de aplicaciones móviles son como el fuego las leyes y el dinero metafóricos que encienden, aumentan los intercambios, regulan y extienden nuestra mente y acción aumentando el rango de posibilidades que somos capaces de procesar e imaginar y la cantidad de conversaciones y otros intercambios en las que podemos participar.
El Hombre enhebra la tecnología en su vida cotidiana y teje su ser. Creamos la tecnología, que expande nuestras posibilidades, y el sistema de tecnologías que se apoyan y autorrefuerzan, el «tecnium», adquiere vida propia y nos transforma. Y así en un bucle infinito de expansión de posibilidades.
Tecnología es todo conocimiento en nuestras mentes o incorporado a nuestras herramientas que nos permite conectar medios y fines. La tecnología extiende nuestra capacidad de acción en el mundo.
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Toda mi vida mental transcurre en estos tres entornos: E1, E2, E3. Es una división útil que me permite saber en qué terreno estoy jugando en cada momento. Podría hacer más subdivisiones en E1, E2 y en E3, pero por el momento es suficiente.
E1 es la vida mental en solitario; E2, el entorno físico-psíquico-social en que se producen las conversaciones sincrónicas, usualmente bidireccionales, entre seres humanos, con grandes limitaciones de ancho de banda y número de participantes; E3, el entorno social distal facilitado por herramientas tecnológicas que aumentan el ancho de banda y las personas y máquinas que pueden participar en la conversación.
Cuando eres joven (y además estúpido) todo lo ves a través de un prisma moral maniqueo: las víctimas, los malos, tú en el lado de los buenos o los iluminados, y la solución en que todos seamos buenos.
Si eres progresista o de simpatías socialistas dirás que todo es cuestión de educación (liberación de los relatos opresores, dirían unos; adoctrinamiento, dirían los del otro lado), cambiar el sistema y erradicar a los malos; si eres conservador o tradicionalista dirás que todo es cuestión de respetar las buenas costumbres y la moral, escuchar la voz de la conciencia y castigar o eliminar a los malos (justicia dirían algunos, venganza dirían los otros); si eres de un centro mediopensionista más o menos ciudadano querrás reprimir a los pillos y educar a partes iguales —porque en el aséptico medio está la virtud— y así eliminar el mal del mundo.
Pero si se trata de cambiar el mundo, ¿no sería posible que el campo de batalla más apropiado la mayor parte del tiempo no esté allí fuera y a lo lejos sino aquí dentro o en las inmediaciones?
Cuando siento ganas de culpar al sistema o a los mercados sin alma o a la falta de libertad individual, me gusta recordar la frase de Patricio Jake O’rourke: «Todos quieren salvar el mundo, pero nadie quiere ayudar a su madre a fregar los platos”.
Cuando eres joven quieres cambiar el mundo. Cuando no eres tan joven te das cuenta de que la gente no quiere ser cambiada (y menos por ti), entonces recuerdas el proverbio ruso: “Si intentas enseñar a tocar el violín a un cerdo perderás el tiempo y molestarás al cerdo” y sonríes con una mezcla de superioridad (2/5) y melancolía (3/5).
Yo he molestado a mucha gente (y a algunos cerdos) intentando enseñarles a tocar el violín cuando realmente querían tocar la armónica o el contrabajo o rebozarse gozosamente en el barro.
¿Quién soy yo para imponer mi instrumento al mundo?
El título de este artículo no es un ejercicio de pensamiento inverso, ni un reclamo publicitario, ni una forma barata de llamar la atención, ni quiero inducirte a que pienses que SÍ necesitas este blog (de la misma manera que si te digo que “No pienses en una elefanta rosa con un paraguas andando sobre la cuerda floja” no podrías evitar formarte la imagen de la elefanta rosa).
Es un título honesto que transmite una idea sencilla: no necesitas este blog.
Por supuesto, puede haber excepciones (un 1% de los lectores durante el 1% de su trayectoria vital), pero hablo para la mayoría de los que leen este blog con cierta frecuencia (una vez al mes): vosotros (la mayoría) no necesitáis malgastar vuestro valioso (y escaso) tiempo leyendo (de cuando en cuando) este blog.
Ni ningún otro.
¿Por qué?
Porque puedes morir de inspiración. Hay gente que de tanto inspirarse termina expirando. La inspiración es barata, cualquiera puede inspirar a otro ser humano con palabras, imágenes o sonidos; y si el aspirante a inspirador no tiene la habilidad artística, literaria o retórica, seguro que sabe enlazar un video de un tipo que recorre el mundo ejecutando bailes ridículos, referenciar una película de contenido existencial (por ejemplo, El día de la marmota, Up in the air o Lost in translation) , o comentar lo mucho que le cambió la vida el discurso de graduación de Homo Mínimus en la universidad de Wisconsin.
No, no necesitas inspiración, necesitas acción consecuente. La inspiración es como la comida basura del espíritu (excita pero no satisface). Si estás vivo ya estás inspirando e inspirado, ya tienes el fuel emocional para iniciar la acción; no busques más inspiración, busca convertir tus mejores deseos en proyectos y acción consecuente aquí, ahora, ya.
Porque puedes morir de infoxicación. Hay gente (yo) que se pasa la vida recopilando ideas, técnicas, métodos, sistemas infalibles que les (me) haga(n) sentir seguro(s) antes de dar el primer paso. Este blog es un monumento a ese afán recopilatorio.
Los llamados blogs de productividad, un género en sí mismo, responden a esta necesidad de dar con la fórmula, la bala de plata, las pepitas de oro informacionales, el bálsamo de Fierabrás, el Dorado, la panacea, la solución universal al problema de la eficacia y la eficiencia en la organización personal.
Pero el contenido valioso de un blog se resume en menos de tres páginas, el resto es relleno y repetición: a la gente le gusta volver una y otra vez sobre las mismas ideas para solazarse, reconfortarse, sentir que tienen la clave, el collar que nunca acaban de poner al gato.
Porque puedes morir de sturgeonitis. Porque todo lo que lees aquí es tiempo que quitas a las actividades de verdadero valor, al 20% de la ley del 80/20. Es mucho más fácil leer este blog (o cualquier otro blog) que hacer una pequeña acción consecuente en la dirección correcta o replantearte si has pensado alguna vez sobre la dirección correcta.
¿Qué es mejor que este artículo? Que pases cinco minutos contigo mismo reflexionando sobre el día. Que pases un fin de semana mirando hacia atrás y buscando significado en tu pasado. Que pases un mes inmerso en un proyecto personal desconectado del celular o de tu conexión wifi. Que des un paseo. Que medites durante un minuto. Que llames a un amigo y tomes una cerveza.
A cierto nivel, la sabiduría no es algo mucho más profundo que la habilidad de seguir los propios consejos. —Sam Harris
Homo Mínimus está buscando continuamente ideas fundamentales o sumamente reveladoras que puedan convertirse en atajos cognitivos o heurísticos —cuasi-trucos los podríamos llamar, por aligerar la gravedad intelectual del concepto— que podamos aplicar de inmediato en nuestra vida cotidiana.
¿Cuál es el consejo que te voy a dar hoy?
No, no es NO dar consejos. Ese NO es mi consejo. Después de todo, me gano mi vida digital dando consejos a diestro y siniestro, como un karateka en una película de chinos repartiendo mandobles a todo obstáculo con forma humana que aparece en el dojo virtual. Por eso NO te voy a pedir que no inflijas consejos, todos tenemos cientos que podemos y debemos sacar de nuestras chisteras.
Mi consejo hoy, sin embargo, es también un metaconsejo: un consejo sobre los consejos.
¿Quién debe dar los consejos y a quién debe dárselos?
Dice el tío Sam que la sabiduría consiste en poco más que seguir los propios consejos. Ojalá fuera tan fácil.
El problema con el consejo de Sam y con todos los consejos que Homo Mínimus te pueda dar está en que las personas son distintas y las mismas personas necesitan distintos consejos en distintas situaciones. Por tanto, un consejo des-contextualizado y des-personalizado es inútil, en el mejor de los casos, y probablemente contraproducente.
Además, hay otra dificultad con el consejo de Harris, casi la contraria del problema anterior: yo me creo especial y pienso que lo que es obvio para los demás (“¿Estás gordo? ¡Come menos!”/ “¿Te gusta esa chica? ¡Acércate a ella e invítala a un helado!”) no es aplicable a mi particular situación (“Estoy gordo pero eso se debe a la interacción entre el PH del agua de la región y mi grupo sanguíneo” / “Me gusta esa chica… pero no puedo hacer nada obvio, porque podría salir mal si me precipito y puede que no soportara el rechazo, entonces me daría a la bebida, acabaría viviendo debajo de un puente y nunca conocería a una mujer similar” ), luego ese consejo que sirve para el gordo Mengano y el romántico Fulano no sirve para mí.
Cuando vemos el problema de una tercera persona, sacamos una conclusión rápida basada en poca información. Justamente, por tener poca información, las ramas nos permiten ver el bosque y es probable que nos centremos en lo esencial: comer menos/hablar con Dulcinea. El mundo, por injusto que nos parezca a los esnobs hiper-intelectuales y profundos como tú y como yo, es casi siempre de los simples que vanal grano en el granero de Pareto.
En resumen, si somos bienintencionados con los demás frecuentemente acertaremos con el consejo.
Cuando se trata de un problema personal, tenemos un montón de información sobre las circunstancias que pudieron llevar al problema y la miríada de pensamientos y emociones que pueden ser relevantes para el problema; en consecuencia, el exceso de ramas nos impide ver el bosque, el análisis se traduce en parálisis o la solución que diseñamos es demasiado complicada: hacer un análisis sanguíneo para ver qué dieta me conviene/escribir una novela superventas que haga que se fije en mí, ahorrar para comprarme un Ferrari.
En resumen, los consejos que nos damos a nosotros mismos suelen ser poco realistas, demasiado específicos y complicados y, si los seguimos, pronto abandonamos debido a su complejidad.
Parece que dar consejos es por tanto un ejercicio fútil, quizá solo sirve para sentirse benevolente o superior, si los damos a un tercero, o para orientar la acción errónea o ineficientemente , si nos los damos a nosotros mismos.
¿Cómo solventamos el conflicto?
De esta manera:
Hay que seguir los consejos que nos damos (si no hay acción, no hay posibilidad de cambio).
No hay que seguir los consejos que nos damos a nosotros mismos como si nos los diéramos a nosotros mismos (creemos que somos especiales).
Hay que seguir los consejos que nos demos, pero solo si son los que daríamos a alguien similar a nosotros en circunstancias similares, pero que NO fuera uno mismo (el desapego simplifica el problema y mejora la solución).
Mi consejo sobre los consejos
Actúa como si estuvieras viendo una película interpretada por otra persona (la película o el videojuego de tu vida) , monitoriza su acción de la manera más objetiva e imparcial posible (fíjate en causas evidentes y resultados deseados, simplifica), y cada vez que el tipo que está en la pantalla tenga que tomar una decisión, susúrrale al oído —como si él no fueras tú— lo que debería hacer.
Por supuesto, es esencial que el tipo que está en la pantalla siga el consejo del espectador imparcial; para eso, el espectador ha de establecer una relación de confianza con el protagonista de la historia y sugerir en vez de imponer: es un espectador bienintencionado, no un dictador; es un espectador falible, no el oráculo de Delfos; es alguien que aprende de los errores, su última palabra no es la última palabra.
¿Todos los consejos que te des y apliques de esta forma te llevarán hacia la solución o serán la mejor decisión posible?
No. ¿Crees acaso que soy el oráculo de Delfos?
Pero a partir del día en que empieces a hacer caso al espectador imparcial dejarás de tropezarte una y otra vez contra los mismos muros: cuando te golpees con uno, la próxima vez que estés ante un muro similar, tomarás otra decisión y harás algo distinto, en vez de suponer, como hasta ahora, que tu situación es especial, que si te estrellas muchas veces contra el mismo muro lo atravesarás, que eres especial o que necesitas una solución distinta de la que sería conveniente para otros seres humanos similares a ti en parecidas condiciones.
Siempre pensé que a una persona se la entiende más sabiendo hacia dónde va que sabiendo de dónde viene. Por lo tanto, nunca me he ocupado mucho del pasado. Ahora me doy cuenta de que el lugar del que uno viene suele ser muy parecido al que uno se está dirigiendo.
Si ese lugar del que venimos fuera inmutable, estaríamos condenados a repetirnos una y otra vez, y el cambio solo sería producto del azar y las modificaciones del entorno; por ejemplo: me toca la lotería o estoy obligado a emigrar a un país o región muy distintos. Pero si ese lugar del pasado, del que provengo, fuera reconfigurable, interpretable retrospectivamente, entonces habría posibilidad de avance y progreso.
Nuestro pasado, más que un lugar o un tiempo o una colección de sucesos, es la historia que nos contamos: la trama de hechos seleccionados, ordenados e interpretados subjetivamente a lo largo del tiempo y del espacio . Somos más creadores que notarios del pasado.
Las historias que nos contamos sobre nuestra vida pasada se proyectan como una sombra sobre los actos y decisiones de nuestro futuro. La retrospección reflexiva es la manera de cambiar la sombra, modificar las historias personales e impulsar el cambio.
Por tanto: miremos hacia atrás para encontrar una mejor historia.
1. Compras una caña de pescar y sales a la calle a ver qué pescas.
2. Sé radicalmente honesto. Por ejemplo, “Lector, eres un gilipollas” (seguro que aciertas con un 3% de tus lectores; no des nombres: no es elegante y, de todos modos, ellos ya saben quiénes son).
3. Sé honestamente radical. Por ejemplo, “Solo quiero tu atención para sacarte el dinero y vivir sin trabajar mientras viajo por el mundo, panolis, que eres un panolis”.
4. Promételes el oro y el moro. Yo prometí, a bombo y platillo, escribir un libro en un año. No lo hice.
5. Págales para que se suscriban al blog, después escribir artículos geniales y terminar haciendo que paguen por seguirte.
6. Traduce y regala un libro de un autor famoso: por ejemplo,focus, de Leo Babauta
12. Proporciona herramientas para convertir las ilusiones en acciones y quizá en resultados.
13. Proporciona recompensas variables. No seas sublime sin interrupción. Así reforzarás el circuito neurologico de recompensa y bañarás en dopamina a tus lectores: siempre vendrán a por más, esperando el gran artículo y solo obteniéndolo de tarde en tarde.
14. Haz uso y abuso del humor. Y de los retruécanos.
19. Intenta “refutarte” como escritor todos los días.
20. Busca la variedad a través de la gente con la que te relacionas y después escribe sobre esa variedad personal que te vas encontrando. Esa es la esencia de mi Proyecto 52 paseos con al menos 52 frikis, todavía vigente. Llevo 28 paseos con 28 frikis.
22. Crea una tribu y produce encantamientos que te conviertan en el chamán de la tribu.
23. Estudia a los encantadores de serpientes y princesas desencantadas.
24. Estudia psicología de la personalidad aplicada.
25. Busca a tres blogueros que te atraigan, a ser posible que te deslumbren, y roba implacablemente.
26. Estudia el estilo de James Altucher. Pídele permiso para traducir uno de sus artículos y publícalo en tu blog: James Altucher y su ridículum vitae.
27. Estudia el estilo de Tim Ferriss.
28. Estudia el estilo de Leo Babauta.
29. Busca a blogueros que escriban en tu lengua en un área parecida y prueba a imitar uno o varios elementos de su estilo.
30. Practica la práctica deliberada aplicada a la escritura.
31. Escribe pensando en un lector ideal.
32. Escribe sin pensar en nadie, usa la escritura como un medio de autoexpresión.
33. Cultiva campos de la ciencia, el arte o el mundo de las aficiones muy distintos a aquel sobre el que escribes y extrapola, transfiere o adapta ideas.
36. Aprende el método de aprendizaje de Tim Ferriss, DiSSS, y aplícalo a la escritura de blogs o bestsellers. Lee el artículo de Iván Entusiasmado.
37. Escribe como Dios te dé a entender y reza por que te encuentren lectores que se enganchen a lo que escribes. Entre 7.000 millones de seres humanos quizá encuentres unos miles. Aplica un marketing minimalista para tu blog.
38. Toma unos cuantos dardos. Lánzalos sobre varias paredes distintas. Toma un cubo de pintura y dibuja varias dianas cuyos centros estén en la punta de los dardos anteriores.
39. Escribe todos los días. Lee este fragmento de Ray Bradbury de Zen en el arte de escribir.
40. Intenta enganchar a una persona particular a tu blog. Haz lo humano y lo sobrehumano. Díselo con flores.
41. Haz algo que te pueda hacer perder el interés o la paciencia de tus lectores. Verifica si perdiste el interés.
42. Crea una métrica para medir el interés de los lectores en cada uno de tus artículos. La mía es el número de comentarios, no las visitas, los enlaces o mierdas similares.
43. Parte de la base de que ser tú mismo a veces es un buen camino para enganchar a mucha gente.
44. Parte de la base de que lo último que te conviene para enganchar lectores es ser tú mismo.
45. Sé tú mismo, pero alguna versión mejorada de ti mismo.
48. Si no te enganchas a ti mismo (motivas), difícilmente podrás enganchar a los demás.
49. Pregúntate: ¿por qué quiero enganchar a la gente a mi blog o libros?
50. Piensa en distintas formas de enganchar peces: anzuelos, redes, cartuchos de dinamita arrojados al río, bolsas de plástico, etc. Luego busca su equivalente para el blog o los libros.
51. Ponte en el lugar de un pez: ¿qué tipo de alimentos te gustan?
52. Ponte en el lugar de la caña: ¿qué tipo de anzuelos te van mejor?
53. Ponte en el lugar del pescador: ¿por qué y para qué pesco?
54. Cuando te sientas desesperado, descansa y vuelve al día siguiente.
55. Cuando te sientas eufórico, descansa y vuelve al día siguiente.
58. Funde tu identidad con la chusma: pasa mucho tiempo sumergido en el colectivo, la tribu, el grupo, el rebaño, la piara, el banco de peces, la manada, la bandada, el grupo de meditación budista o algún partido de izquierdas.
59. Habla de religión y política en la primera cita. Si tienen que saber la verdad que sea cuanto antes.
60. Considera que cada artículo que escribes es una muesca en el universo.
62. Libérate de la mentalidad fija propia de la educación formal.
63. Ten un affaire con una escritora y bloguera de éxito. Yo lo tuve con esta.
64. Aburre a la gente. Y luego les inspiras. Una de cal y otra de arena. Intercala lo excelso con lo infame.
65. Escribe como si nadie te fuera a leer, como si fuera un diario personal. La mezcla de frescura y desinhibición puede enganchar a muchos.
66. Escribe cuatro artículos por cada uno que publiques.
67. Escribe todos los días y comprométete a sorprenderte todos los días. Como resultado, seguro que sorprendes a alguien más.
68. Si escribes en un blog, adornas tus artículos con fotografías absurdas, que no tengan nada que ver con el tema de la entrada. Así parecerá que hay un significado profundo en lo que escribes.
69. No olvides introducir de cuando en cuando una foto de una trabajadora de la limpieza.
82. Ten una vida interesante. Y si no la tienes, haz como si la tuvieras.
83. No salgas de tu casa, conviértete en un monje de las letras. Tu aburrimiento será una extraordinaria fuente de creatividad.
84. Haz una encuesta informal sobre el tipo de lectores que te leen actualmente. Usa esa información para hacerles un traje a la medida u obtener ideas.
89. Abre un documento de texto por cada semilla de idea que te parezca más o menos prometedora.
90. Abre un diccionario por una página al azar. Selecciona una palabra. Abre por otro lado. Selecciona otra palabra. Junta ambas palabras y crea un artículo.[Gracias por las ideas, Anca Balaj]
91. Lo mismo que antes pero con tres palabras.
92. Lo mismo que antes pero con cuatro palabras.
93. Muéstrate vulnerable.
94. Haz una confesión al menos una vez al mes.
95. Insulta la inteligencia de tus lectores.
96. Insulta a tus lectores con inteligencia.
97. Actúa como una estrella de rock.
98. Escribe artículos invitados en blogs para mujeres modernillas y frívolas que van de liberadas sobre temas que no te interesen pero que generen carnaza para el vulgo. Por ejemplo, ¿Qué quieren los hombres 2.0?, en el blog de Caro Chan.
99. Intenta llevar al extremo las situaciones cotidianas.
Necesitas un cronómetro. Puedes usar uno en línea o el del teléfono.
Necesitas un lápiz y una hoja en blanco. No sirve el computador.
Has de dedicar cinco minutos previos a no hacer nada y diez minutos de pensamientos y emociones intensas y algo de escritura. Esa es tu inversión, si quieres empezar de cero en tu vida en solo quince minutos.
SIGUE ESTOS PASOS SIN PASAR AL SIGUIENTE HASTA HABER COMPLETADO LOS PREVIOS
1º Buscas el material: cronómetro, papel en blanco, lápiz.
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¿YA? Sigue leyendo.
2º Enciendes el cronómetro y no haces nada:
Ves el tiempo pasar y te preguntas cómo demonios puedes empezar de cero en tu vida en solo quince minutos.
¿PASARON LOS CINCO MINUTOS? Sigue leyendo.
3º Empiezas a leer las diez tareas de un minuto y cronometras un minuto para cada una de ellas:
Has de dedicar exactamente un minuto a cada tarea.
Si acabas antes, te quedas rumiando sobre lo escrito. Si no acabas en el minuto, dejas de escribir igualmente.
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Minuto 1.
Piensa en las tres personas vivas más importantes de tu vida ahora mismo.
Si solo hay una, solo hay una. Si solo dos, solo dos. Pero no más de tres ni menos de una.
Toma nota de quiénes son.
EMPIEZA EL MINUTO.
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Sigue leyendo.
Minuto 2
[Si estás en el minuto 2 sin haber empleado el primer minuto para pensar en esas tres personas, este artículo no te servirá de nada. Vuelve y piensa intensamente durante un minuto. ]
Piensa las tres cosas que querrías lograr en tu vida, si no tuvieras pasado y empezaras ahora mismo de cero.
No te limites por lo que crees que es posible. Escribe lo que realmente QUIERES, lo que quieres traer a la existencia en tu vida.
Si solo hay una, solo hay una. Si solo dos, solo dos. Pero no más de tres ni menos de una.
Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 3
Piensa en una persona con la que puedas hablar cara a cara esta semana sobre cualquiera de tus tres metas. Simplemente le comentarás cuál es esa meta y cuáles son tus planes.
Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 4
[Si estás en el minuto 4 sin haber completado alguna de las fases anteriores, estás perdiendo el tiempo]
Piensa 20 segundos en cada una de las metas que te propusiste en el minuto dos.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 5
Aférrate durante todo el año a las tres personas en las que pensaste en el minuto 1. Piensa qué vas a hacer esta semana por una de ellas. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 6
Piensa en una acción ridículamente fácil y sencilla que podrías hacer hoy y te acerque a la meta 1. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 7
Piensa en una acción ridículamente fácil y sencilla que podrías hacer hoy y te acerque a la meta 2. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 8
Piensa en una acción ridículamente fácil y sencilla que podrías hacer hoy y te acerque a la meta 3. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
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Minuto 9
Escribe cuándo vas a hacer HOY las tres acciones anteriores. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
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Minuto 10
Da gracias a las tres personas del minuto 1 por estar en tu vida.
Pon ahora mismo por escrito esas gracias.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
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4º Resto de tu vida:
Revisita tus tres metas todas las semanas. Algunas se conseguirán, otras se modificarán, otras desaparecerán.
Escribe todos los días una acción que puedas completar en el día para acercarte a cada una de tus tres metas.
Mantente cercano a las tres personas del minuto 1.
Este es un artículo invitado sobre finanzas personales y minimalismo de mi proto-amiga y colega bloguera Diana, del blog Potencial Disruptivo. Todavía tenemos pendiente un paseo del Proyecto 52 paseos, a ver si se alinean los astros este año.
Si alguna vez has pensado que el minimalismo existencial es tan puro y evanescente que no tiene que ver con el dinero y las inversiones, este artículo te ayudará a eliminar el error.
Presentación Diana:
«Mi nombre es Diana Rebollar y el alto rendimiento integral para el día a día me ayuda a dedicar más tiempo productivo a aquello que quiero, sentirme mejor a todos los niveles y, como consecuencia inevitable, desatar mi potencial.»
Homo Mínimus me ha concedido el placer de escribir en su blog, lo cual es todo un honor para mí, ya que éste es uno de los primeros blogs que empecé a leer, y ha resultado ser, en numerosas ocasiones, un torrente de inspiración para mí.
Me encanta el minimalismo, y me apasionan las finanzas personales. Además, ambos conceptos se retroalimentan, son completamente sinérgicos. Ser minimalista, te ayuda a mejorar tus finanzas personales y mejorar tus finanzas personales te hace ser más minimalista.
Es posible que no te esté diciendo nada nuevo, y es que doy por hecho que eres un minimalista de corazón, de necesidad existencial y no de moda pasajera. Un minimalista de los que conocen el poder de centrarse en lo que realmente importa y de los que saben que las distracciones banales son el enemigo.
Pero pese a que ya hayas reflexionado con anterioridad sobre el binomio minimalismo-existencial/finanzas-personales, te invito a profundizar más en el tema.
Empecemos a hacernos preguntas…
¿Cuántas actividades, pasatiempos o aficiones te llenan, y además, son gratis? Seguro que muchas. Apuesto a que Homo Mínimus sería capaz de hacer una lista de 100 cosas gratuitas que le hacen feliz. Y también sé que a ti y a mí nos gustaría leerla.
Sin embargo, creo firmemente que le resultaría más sencillo hacer una lista de 100 cosas que le hacen feliz, pero para las que necesita dinero. Por ejemplo, comprarse una manzana para comer, o tener un blog sobre minimalismo existencial.
El dinero no es malo, tan solo es la moneda de cambio estandarizada. Podríamos ir a comprar huevos y cambiarlos por pan, pero… ¿Cuántos huevos por cuánto pan? ¿Y si en vez de pan, es leche lo que tengo para ofrecer? ¿Cuántos huevos, por cuánta leche?
Sería un caos. Cada transacción nos llevaría mucho tiempo, así que podemos decir que la forma más sencilla de hacerlo, o más minimalista, es la de usar el dinero.
Por qué merece la pena controlar tus finanzas
Seguro que te has planteado más de una vez, qué es lo que realmente quieres, y sobre todo qué es lo que sobra en tu vida.
En el caótico ritmo vital en que nos encontramos inmersos en la actualidad, controlar tus finanzas personales, trae orden y tranquilidad a tu vida. Dos aspectos altamente apreciados por los minimalistas. Es por ello, que he elegido este tema para el post.
Pero no pretendo convencerte de ello, lo que voy a hacer va a ser darte, tan solo, dos razones, o mejor dicho, dos opiniones personales, por las que considero que aprender a controlar tus finanzas, te acercará a aquello que deseas.
Un sitio adecuado para cada cosa y cada cosa en su adecuado sitio
O lo que es lo mismo, saber lo que tienes, saber dónde lo tienes y saber lo que implica tener lo que tienes, donde lo tienes.
Vayamos por partes.
Saber lo que tienes
¿Cómo puedes llamarte minimalista si ni siquiera sabes lo que tienes?
Puede parecer que estoy exagerando y que tan solo los millonarios no saben lo que tienen, pero esta no es la realidad.
La realidad es que mucha gente normal, y por normal me refiero a la media, no saben lo que tienen. Y no solo me refiero a que no saben cuántos pares de calcetines tienen, sino a que no saben qué cifra marca su cuenta corriente. Creo que este sería un argumento más que suficiente para que un minimalista comenzara a interesarse por sus finanzas. Sin embargo, tengo más.
Es necesario saber perfectamente lo que tienes para tomar buenas decisiones y para poder aprovechar oportunidades. Cuando sabes lo que tienes, eres plenamente consciente de lo que puedes permitirte y de lo que no puedes permitirte.
¿Cuánto tiempo te ahorra el poder decir “no” instantáneamente, cuando te proponen algo que no te conviene en ese momento?
Imagina ahora, que te proponen eso mismo, pero no sabes si te conviene o no, de manera que empiezas a dudar. No puedes dar una respuesta certera puesto que no conoces tu propia situación.
Esto puede hacer que tomes decisiones que no te convienen en absoluto, o dejar pasar oportunidades que merecen la pena.
Saber dónde lo tienes
¿Dónde está la riqueza material de un minimalista? Quizás alguno considere que no todas las opciones son dignas para él, sin embargo, la gran incoherencia sería que no supiese dónde la tiene.
¿Tienes depósitos a plazo fijo? ¿Tienes fondos de inversión? ¿Has comprado acciones alguna vez?
No te sugiero que inviertas, ni que dejes de hacerlo, tan solo te invito a reflexionar sobre tus propias finanzas ¿Sabes dónde tienes tus “cosas”? ¿Es coherente que solo tengas 10 pares de calcetines bien ordenados en tu armario y que no sepas cuánto dinero tienes en tu cuenta corriente, cuánto en tu plan de ahorro y cuánto debajo del colchón?
Saber lo que implica tener lo que tienes, donde lo tienes
Me parece correcto que te quejes del comercial del banco si éste lleva a cabo alguna práctica de dudosa moralidad. Pero seamos sinceros, NUNCA NADIE VA A PREOCUPARSE MÁS DE LO QUE TE PREOCUPAS TÚ DE TU DINERO. Nunca. Nadie.
Este tercer punto es clave. No es suficiente saber cuánto dinero tienes. No es suficiente saber dónde lo tienes. También tienes que saber las consecuencias de tener tu dinero donde lo tienes. Si no conoces las implicaciones que conlleva tener el dinero en un determinado “sitio”, en realidad estás reconociendo que no sabes dónde lo tienes.
Y en este aspecto cada persona es un mundo. En función de tus necesidades y de tu tolerancia al riesgo, deberás decantarte por unas opciones u otras.
Conseguir lo que realmente quieres
Con este segundo punto pretendo mostrarte cómo el controlar tus finanzas personales te ayuda a conseguir lo que quieres.
En este post que escribí sobre cómo ahorrar, explico cómo las distracciones nos apartan de lo que realmente queremos. Esto es algo que todo minimalista tiene muy presente, sin embargo, por alguna extraña razón, en ocasiones descuidan este aspecto en sus finanzas, sin darse cuenta de hasta qué punto esto les aleja de sus propósitos.
Soy consciente de que existen distintos tipos de minimalistas, los hay que viven en la más absoluta austeridad, y los hay quienes simplemente quieren simplificar su vida para centrarse en lo importante.
Y en este aspecto, las finanzas personales juegan, desde mi punto de vista, un papel fundamental. Ya que enfocarlas en conseguir lo que deseas es vital para, finalmente, conseguirlo. Mientras que si las descuidas, acabarás por no saber qué haces con el dinero, y te resignarás diciendo que no puedes permitirte aquello que deseas, cuando la realidad es que no deberías permitirte el no tenerlo, independientemente de que lo que deseas sea un ordenador, un viaje o un lingote de oro.
Esa es una cuestión demasiado personal.
Como ves, aprender sobre finanzas personales te ayuda a gestionar mejor tu dinero, saber dónde lo tienes y conseguir aquello que realmente quieres, sin que las distracciones te alejen de lo importante. O lo que es lo mismo, te ayuda a ser más minimalista.
Sin extenderme más, me despido, no sin antes proponerte volver a ver el vídeo en el que Homo Mínimus relata cómo es la vida de Máximo antes y después del minimalismo. Y tan solo reflexiona, ¿Estás llevando una vida coherente con tus valores?
En el remanso de la soledad, antes de sumergirme de nuevo en el torrente del mundo
Estimado amigo,
Siempre me ha hecho gracia la impostura del escritor —de blogs, libros o lo que sea— que afirma que escribe para sí mismo y que no le importa lo que piensen los demás. ¿Existe un ser humano cuerdo al que no le importe lo que piensen los demás? Todavía estoy por conocerlo, no sería de este mundo.
Si tan íntimo e ignoto es lo que escribo, tan personal e intransferible, y tan poco me importa la buena o mala opinión del público, ¿por qué no reservo mis palabras para un diario secreto o para un monólogo interior que aporree —pero no traspase— las paredes de mi cráneo?
Todo lo que uno hace en la vida es por los demás o para lograr un determinado efecto en otros; escribir en un blog no es distinto. No puedes prescindir de la mirada del otro, no puedes ni debes, si quieres hacerlo bien; así que olvida lo que te dije en la carta anterior sobre que nadie te lee o que deberías escribir como si nadie te fuera a leer.
La mirada del otro es tu brújula cuando escribes.
Tu norte magnético ha de estar en el tipo de mirada que quieres provocar en quien te lee. Tienes que ponerte en la piel del lector e imaginar qué reacciones obtendrás con lo que escribes. No importa tanto lo que quieras decir o transmitir como la reacción que obtienes; cuando escribes, la intención no es el criterio por el que mides tu éxito; el éxito se mide en cuánto cambia la mente y el comportamiento de quien lee tu texto.
La escritura es hermana de la telepatía e hija del hipnotismo, es el medio más eficaz para implantar pensamientos en la mente de otro ser humano e influenciarle. Persuadir a otros seres humanos con palabras es el superpoder más eficaz y barato a nuestro alcance.
Y no me respondas que tú no escribes para convencer a alguien de algo, que lo haces para comunicar, para transmitir ideas o para expresarte y desahogarte; el lenguaje no se inventó para presentar neutralmente tu visión del mundo ni como una suerte de terapia emocional: se inventó para influenciar a las personas o, mejor, como dijo el profesor Keating , «se inventó para seducir a las mujeres, elevar los espíritus y crear dioses», a veces para todas esas cosas a la vez.
Escribir es una telepatía que traspasa las barreras del tiempo y el espacio. Cuando un lector lee uno de tus textos te invoca como quien invoca tu espíritu y establece conexión con tu fantasma de las navidades pasadas. Quien lee habla con los muertos o —si nos leen a ti o a mí— con los pre-muertos; por lo tanto, recuerda siempre que como bloguero y escritor puedes llegar a lugares que nunca pisarás y a personas que nunca palparás, y si lo haces bien seguir resonando en las paredes de sus cráneos mucho después de que hayas pasado a mejor vida.
Sería un desperdicio que pudiendo dejar una muesca en las mentes de otras personas no lo hicieras. Sería un desperdicio que teniendo la remota posibilidad de decir algo valioso e implantarlo en las mentes de tus semejantes dejaras pasar la oportunidad solo porque no te tomaras el tiempo y el esfuerzo de pensar en quién te lee.
Si solo pudiera darte un consejo sería este: escribe como si te fuera a leer un millón de personas.
No oses pulsar el botón de publicar y pensar que nada de lo has escrito tiene transcendencia o que lo que escribes no importa a nadie. Si no crees que entre 7.400 millones de seres humanos hay al menos un millón de ellos —un ridículo 0,01351351 % de la población mundial— que puede beneficiarse y apreciar lo que escribes es que no tienes madera de bloguero, ni madera de escritor de esquelas en el periódico del domingo.
Cuando pulses el botón de publicar has de sentir temor, miedo, pánico de defraudar a los que te vayan a leer. Hay un millón de humanitas a punto de leerte y puede que esbocen una mueca de asco y desprecio cuando lo hagan; si es así quizá sea la última vez que pisen tu blog, quizá arruines para siempre tu carrera de bloguero, quizá tu jefe lea tus artículos y pierdas oportunidades de promoción profesional o te despidan, quizá tu novia te abandone cuando le muestres una faceta oscura y desconocida, quizá los feligreses de tu parroquia te retiren el saludo cuando descubran un vergonzoso incidente biográfico contado en un artículo, quizá te sumas en una grave depresión, te des a la bebida y —Dios no lo quiera— acabes arrojándote a las vías del expreso de medianoche.
Si no sientes ese nerviosismo antes de publicar una entrada de blog, no te molestes en pedirme que te lea, porque tan pronto como acabe el primer párrafo sabré que no tienes nada que aportar ni te atreves a tomar ningún riesgo, que no te has tomado en serio la oportunidad que te concedí paseando mi mirada por tus torpes palabras.
Imagina que eres una máquina de hacer salchichas de cerdo y que tienes dos opciones:
Contemplar tus maravillosas cuchillas y tus brillantes mecanismos interiores y regocijarte en ellos.
Hacer lo que hace una máquina de elaborar salchichas de cerdo: salchichas de cerdo.
Podrías pensar: «¿qué me importan los cerdos? ¿Acaso no son más interesantes mis engranajes , mis complejos mecanismos mentales y mi profunda visión del mundo?».
O podrías decirte: «¡Qué interesantes son los cerdos y las salchichas!, quiero hacer más salchichas de cerdo y llenar el mundo de ellas».
Si te importan algo los cerdos, y los lectores, y los cerdos de tus lectores, has de centrarte en satisfacerlos y en escribir algo que les transforme, les ayude, les deleite. Tú función sería entonces cortar y empaquetar salchichas de cerdo y ofrecérselas al mundo.
En el proceso te vas a manchar de sangre, grasa y carne, y quizá te cortes accidentalmente con tus propias cuchillas. Estás en el punto de mira de miles, decenas de miles de personas, van a disparar sus balas sobre lo que escribas, puede que no les gustes y que tu ego quede irreparablemente dañado. Podría aconsejarte que no te lo tomaras personalmente, porque así mantendrás tu ego a flote y te centrarás en tu trabajo de escribir lo mejor que puedas, pero me temo que no hay nada más personal que un escrito donde desnudas una parte de tu mente y muestras esperanzadamente tu ofrenda al mundo.
Si a la gente no le gusta tu blog no le gustas tú. Ellos te están mirando, acechan el menor de tus errores y te escamotearán el mayor de tus éxitos.
Cuando pulsas el botón de publicar lanzas una flecha al vacío —o quizá una botella con tu mensaje al ciberespacio— y ya no hay marcha atrás, solo te queda esperar. Tu trabajo es encontrar algo valioso, construir un puente de palabras para hacérselo llegar, sudar cada uno de tus párrafos, esperar que la flecha dé en el blanco y aceptar el veredicto de la audiencia.
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Son 1.225 palabras las que llevo escritas y ya sabes que creo firmemente en que lo bueno , si breve, dos veces bueno, y, si malo, no tan malo; así que llega el momento de apagar la luz.
Pero antes de apagarla te reitero mi propuesta de mantener una próxima conversación de voz —no epistolar— sobre el último libro de Cal Newport, Deep Work. A ti, te vendrá bien para optimizar tu método de estudio ahora que empiezas en la universidad, y a mí, para someter a crítica mi sistema de aprendizaje, que siempre he creído lento y desenfocado.
Espero tu respuesta con expectación contenida y una tenue sonrisa en el rostro,
A 543 metros sobre el nivel del mar y a 10.000 de las cosas de los hombres
Estimado amigo,
Me comentabas en una larga conversación tus inquietudes sobre el camino que debería seguir tu blog y me pedías consejo. Yo te respondo en esta carta desde la autoridad que me conceden los errores. Esta es relativa puesto que estos errores son solo útiles para determinado tipo de propósitos y valores: mis propósitos y valores pueden ser muy distintos a los tuyos, y mis consejos o advertencias no ser válidos, ser incluso contraproducentes.
Si estás buscando consejos para crear tu blog, hacerte famoso y viajar por el mundo viviendo al máximo, yo no soy la persona más adecuada; de hecho, soy la más inadecuada.
Como sabes, yo escribo y prescribo sobre cómo vivir al mínimo y con lo mínimo, así que puedes imaginar que mi visión de la comunicación humana y los blogs en particular es particularmente sesgada y fuera de la corriente principal. No puedo darte consejos sobre optimización de buscadores, marketing digital o creación de contenido que atraigan a miles de lectores.
Ni siquiera puedo darte mis impresiones sobre blogs de éxito: solo sigo unos pocos blogs y de forma intermitente. En el campo del minimalismo existencial, somos muy pocos en español y los de la órbita anglosajona son de sobra conocidos por todos. Puede que no leer blogs de temática parecida a la tuya sea lo más sabio, es quizá la única manera de que no seas el eco de las ideas del nicho bloguero al que quieras pertenecer.
En nuestra conversación creí apreciar algunas de tus preocupaciones sobre el mundo de los blogs; lo que diga en adelante intentará disiparlas a la vez que corregir alguna de las creencias erróneas que las originan.
Si tuviera que darte un solo consejo sería este: escribe como si nadie te leyera.
En tu caso, escribir como si nadie te leyera es muy similar a la situación real; desengáñate, casi nadie te lee. Siempre he dicho que el mejor lugar para enterrar un vergonzoso secreto es un blog personal: ninguno de tus amigos y familiares más cercanos va a prestar mucha atención a lo que escribas. Esto es una triste constatación que te puede abrir los ojos sobre el interés que despiertan tus opiniones más generales y abstractas sobre la vida y el mundo.
Pero en esta deprimente verdad subyace una gran libertad: si nadie te lee, eres libre para escribir de cualquier cosa que se te pase por la cabeza, sin miedo de decepcionar, molestar o incomodar. La falta de popularidad y relativo anonimato son tu mayor recurso.
No tienes ninguna reputación que mantener, nadie te conoce y a nadie le importa lo que escribas; algún despistado recalará de cuando en cuando en tu blog pero lo abandonará en menos de un minuto, el tiempo que se tarda en decidir si tienes algo que ofrecer; ya sabes que la gente generalmente no lee todas las palabras sino que lee a saltos; puesto que no te aconsejo que molestes a la gente con ventanas emergentes ni otras técnicas de marketing de guerrilla, ese escaso minuto de escaneo será el tiempo que tengas para captar o perder a tus potenciales lectores.
Alternativamente, puedes pensar que lo que tienes que decir es tan importante y transcendente que has de ir con pies de plomo y pensártelo dos o tres veces antes de dar al botón de publicar; puedes elegir creer que eres especial y que el público espera con ansia tu próxima entrada.
No te recomiendo esta creencia porque es falsa y porque además te vuelve menos original, espontáneo y fresco, los rasgos que te harán distinto y mejor que la gran mayoría de los habitantes de la blogosfera. Aunque seas joven, no seas un adolescente que piensa que todos los ojos están pendientes de él. No lo están, nunca lo han estado, nunca lo estarán: la gente está más preocupada por su propia imagen que por la tuya, tú no eres más que una mota de polvo en su mirada, así que no tienes nada que temer. Esta prescripción sirve también para tu vida real, la que ocurre en tres dimensiones.
Un blog no es —afortunadamente— una red social digital donde el esfuerzo ha de estar concentrado en proyectar una imagen de éxito y optimismo. Convertir tu blog en un escaparate es una opción entre muchas: si quieres convertirlo en una herramienta más para acicalar y apuntalar tu frágil ego o vender tus productos, hazlo, pero sería un desperdicio, para eso ya tienes facebook, twitter y otras armas de distracción masiva.
Si la ausencia de lectores se traduce en tanta libertad, ¿por qué no consideras dar un paso más allá, mantener el anonimato y usar un pseudónimo ? De esta manera, mantendrás durante más tiempo la impunidad de tus acciones y evitarás la sensación de que te la juegas cada vez que escribes algo controvertido. También podrás experimentar con otras facetas de tu personalidad y usar el blog como laboratorio existencial.
Si replicas que el anonimato no te parece honesto o sincero, te diré que cuando la gente se esconde en el ciberespacio no lo hace tanto para engañar o simular lo que no es como para mostrar sus creencias y sueños más profundos, para muchos es la única oportunidad en su vida de ser realmente ellos mismos. Quizá el anonimato sea la oportunidad de desenterrar posibilidades vitales que desconocías, quizá sea tu sombra lo que más admire o valore la gente, quizás te sorprendas de lo que eres capaz y de las reacciones de la gente a tus opiniones y comportamientos más impopulares.
Una última objeción te puede estar reconcomiendo: si no piensas en los lectores —si no los tienes en consideración— ellos no pensarán en ti y te retirarán el obsequio de su atención, el bien más preciado para muchos después del dinero. Si temes esto, estás completamente equivocado; ten en cuenta lo siguiente: serás agradable a la gente mientras seas familiar y les confirmes en la forma en que llevan su vida; pero solo serás leído —y quizá existencialmente respetado— si quiebras sus expectativas y les muestras otras posibilidades que desconozcan o teman: si te leen, será porque les marcas caminos que no se atreven a seguir o ponen en duda su forma de comportarse.
En el momento en que empieces a escribir para agradar a un público o simplemente para justificarte en tus opiniones más excéntricas estarás iniciando el camino sin retorno del bostezo.
Son las 20:00 y suena en mi portátil la alarma del toque de queda digital, se me caen las teclas de los dedos.
Espero que mis palabras te sirvan de algo. Afectuosamente,
Me dirigía a la puerta de entrada a mi urbanización y me encontré con un señor mayor de porte distinguido que se había parado a sostenerme la puerta. Me apresuré un poco, como se hace cuando alguien que podía haber pasado y cerrado espera a que llegues y te sujeta la puerta.
Le di las gracias y pasé; él, con la llave todavía en la cerradura de la puerta, me dice: «Más vale llegar a tiempo que rondar un año».
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Se lo tuve que hacer repetir porque no entendí la última parte: «…que rondar un año»; «rondar» es un verbo que casi no se usa hoy en día y lo que dijo es un refrán español con el que nunca antes me había topado. Le dije que me parecía muy buen refrán y que me había gustado. Además, estaba muy bien traído. Nos dijimos adiós.
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Más vale llegar a tiempo que rondar un año. El refrán resonaba en mi cabeza. Qué buen refrán. Más vale llegar a tiempo que rondar un año. Sin duda el señor encontró el momento perfecto y la situación adecuada para proferirlo.
El pretendiente que encuentra el momento adecuado para hacer la proposición a su amada se ahorra 365 días de esfuerzos y desvelos.
La sabiduría popular bascula entre dictar que o bien todo es fruto del destino y esperar pacientemente a que lo bueno nos suceda, o bien producto de la voluntad hercúlea que todo lo puede. En el primer caso, creemos en la ley de la atracción y la fértil espera; en el segundo, en la alegre positividad y el esfuerzo continuo en la dirección correcta hasta que nuestro trabajo fructifica; en el primer caso, corremos el peligro de des-esperarnos; en el segundo, de herniarnos, desgañitarnos o consumirnos en el esfuerzo.
Hoy me he dado cuenta de que hay una tercera vía: la vía de elegir el momento adecuado en el que aplicar tus esfuerzos. Es la vía más inteligente, eficiente y minimalista. El momento adecuado es el fulcro de la palanca que logra multiplicar el esfuerzo, es el punto espacio-temporal que nos permite mover el mundo en la dirección de nuestros deseos.
Podemos extender el refrán más allá de la dimensión temporal del momento justo, hacia el lugar justo, la persona apropiada u otra dimensión sobre la que tengamos control:
Más vale elegir la doncella adecuada que romperse los cuernos con la ingrata.
Más vale buscar el escenario correcto para la petición de mano que insistir cien veces.
Más vale encontrar palabras certeras que llenarse la boca de adjetivos.
Cambia la doncella y la proposición romántica por X e Y, y ya tienes un montón de situaciones potenciales en la vida en las que has de ser más deliberado sobre los momentos, lugares o personas en que aplicas tu esfuerzo o tus palabras.
A propósito, más vale acabar a tiempo que seguir dando vueltas alrededor de un consejo ya suficientemente comprendido y justificado.
Hay una máxima en el mundo de la escritura —que aprendí el año pasado en mis incursiones en los talleres de escritura creativa— que reza: «Escribe de lo que sabes».
El problema que encuentro con esta regla es que si ya sé de lo que voy a escribir no tengo gran motivación para escribir.
Por ejemplo, de este articulo tengo el título: «Escribe sobre lo que no sabes de lo que sabes». En mi mente tengo la idea ya formada. Y creo que me va a llevar como tres minutos desplegarla y expresarla decentemente. Tengo la sensación de que la idea no da más de sí. Esto hace que me esté costando escribir este artículo. No me siento terriblemente motivado.
Así que siguiendo la dirección del título, me tendría que preguntar: «¿Qué no sé sobre el hecho de que es bueno escribir sobre lo que no sé de lo que sé?».
¿Te estás perdiendo, amigo lector? Yo también.
Bien… Es una buena señal que yo me esté liando porque eso significa que hay algo que no domino del todo en este asunto de escribir sobre lo que no sé de aquello que sé.
¿Qué no sé? Intentaré analizar el significado de la frase para ver si hay algo que no tengo claro:
La frase, el título de este artículo, significa que cuando tenga algo claro tengo que partir de la base de que no está del todo claro y que hay cabos sueltos.
Difícilmente tendremos un conocimiento cristalino sobre nada medianamente complejo o ambiguo: la escritura es una habilidad compleja y los criterios de evaluación son borrosos, si los hay.
El proceso de escribir es un proceso cognitivo sumamente complejo, tanto que muchos escritores describen su actividad en términos mágicos, casi místicos, como si fuera un proceso sobre el que no tuvieran ni conocimiento ni control.
Por tanto, está claro que puedo encontrar muchas zonas grises en cualquier prescripción o principio que enuncie sobre el proceso de escritura.
De lo que acabo de decir sobre el proceso de escribir, podría dar un salto lógico y extrapolar que escribir sobre lo que no sé de lo que sé es casi siempre posible. El mundo es grande y nuestro conocimiento escaso, luego en cualquier asunto sobre el que escriba puedo encontrar zonas grises, o puedo relacionar lo que sé con algún elemento desconocido y en el camino… ¡motivarme!
Si escribo sobre lo que no sé de lo que sé voy a estar motivado: al ponerme a escribir ya tengo un aliciente, algo que descubrir, algo que puede generar curiosidad: descubro lagunas en mi conocimiento.
La dificultad de seguir esta prescripción está en cómo hacerse preguntas que uno no sepa responderse inmediatamente y hacérselas partiendo de situaciones o temas de los que sepa lo suficiente como para encontrar algo relacionado que no sepa; porque si sabes poco o no sabes nada, es difícil o imposible encontrar preguntas interesantes.
De esta manera, la escritura se convierte en un proceso mental exploratorio, de descubrimiento de cabos sueltos y de esfuerzos de atarlos con nuevas relaciones, datos, o inferencias.
Ajá.
Parece que tengo una aproximación a mi tesis:
Si sigo esta regla tengo materia sobre la que escribir, porque hay algo que sé, y tengo motivación porque estoy desentrañando lo que sé para encontrar lo que no sé, y eso genera curiosidad, una cierta tensión que busca resolución.
Las preguntas que me muestran lo que todavía no sé de lo que sé son la clave.
La sombra paralizante del cierre cognitivo prematuro
Hummm. La cuestión es que entonces no siempre podré seguir la regla:
Si no sé nada, imposible seguirla; si sé todo o demasiado, muy difícil seguirla;
Pero.. si sé algo pero no todo… puedo seguirla. ¿Parece fácil?
Lo parece, si no fuera porque las personas, incluidos los escritores, que también somos personas, creemos saber casi todo lo importante sobre todo lo importante. Los psicólogos llaman a esto «cierre cognitivo prematuro».
La propensión sicológica es a ese cierre cognitivo: no queremos las creencias para perfeccionarlas eternamente en un proceso de refinado constante que consuma nuestras vidas; queremos las creencias para orientarnos «suficientemente bien» en el mundo, para así hacer algo en el mundo, para comenzar la acción.
Cuando una creencia cumple su función, aunque esta sea meramente lenitiva o calmante del dolor de no saber, dejamos de buscar, nos ponemos a hacer y nos ocupamos de otro asunto; habitualmente, lo hacemos demasiado pronto.
Los escritores de ficción o no ficción creativa son seres especiales. No escriben tanto para mostrar lo que saben como para descubrir lo que no saben: ¡solo así pueden descubrir algo y ser creativos!
El miedo a la hoja en blanco y el aprendizaje condicional
Así que parece que muchas veces no me pongo a escribir porque ya creo saberlo todo o porque no quiero complicarme la vida con nuevas incógnitas, aunque sospeche que no sé todo sobre lo que quiero saber.
Ellen Langer, la psicóloga americana, considera que el profesor debe mantener una actitud condicional, una actitud abierta a las posibilidades, sin encastillarse en ninguna, por muy probable o razonable que parezca.
En esencia, el buen maestro en vez de presentar a sus alumnos tal o cual principio o hecho como algo taxativo, indiscutible, cerrado, ha de enunciarlo de manera condicional.
Ejemplo: el maestro no debería decir «El principio X es correcto» sino más bien «Podría ser que el principio X fuera correcto». Con esto da a entender que el principio o hecho que enuncia es uno entre varios que podríamos considerar, que podría ser otro. De aquí entonces la idea de «aprendizaje condicional».
Presentando la información de esta manera, el maestro consigue que la mente del alumno no se fije en una solución o guion cognitivo y mantenga abierta la mente a nuevas posibilidades y siga explorando en vez de limitarse a memorizar el conocimiento empaquetado y distribuido por el profesor. Y eso aumentará la involucración del alumno en su aprendizaje.
El aprendizaje condicional en la escritura
Extendamos la idea de aprendizaje condicional de Ellen Langer a la escritura:
Cuando inicie un nuevo texto de ficción o de no ficción creativa debo decirme: «Podría ser que X… y también que Y… y quizá Z…» y «no veo claro si X o W… vamos a explorarlo…» y «¿Qué pasaría si fuera J, K o L? Es solo un suponer…» y… «aunque me decanto por H… todavía hay varios flecos o contradicciones Ñ, O y P que no sé cómo soslayar..». Etc. Y esto involucrará al escritor en su texto.
Es resumen, siempre que empiece a escribir me pondré a buscar lo que no sé en lo que sé para:
Motivarme con la exploración.
Buscar y encontrar algo nuevo que no sabía antes de empezar y que desafía o complementa o sustituye a lo que creía saber al principio. En el camino puedo crear algo nuevo tanto en contenido como en forma.
Yo no soy tu gurú (¿o qué creías?)
HM habla siempre desde la condicionalidad, desde la razonable posibilidad que no excluye otras posibilidades razonables; aunque a veces parezca que hable desde el púlpito, esa no es su esencia; su esencia es la de trol filosófico existencial.
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No en vano, el santo patrón de su minimalismo existencial es Diógenes de Sinope, un filósofo cínico que tenía solo tres posesiones: una capa, un bastón y una escudilla; el día que observo a un niño beber en un arroyo usando la concavidad creada con sus manos se deshizo de la escudilla cuando constató sorprendido que era otro elemento superfluo al que hasta ahora había considerado imprescindible.
Diógenes es famoso por sus performances filosóficas. En cierta ocasión recorrió Atenas con un farol encendido a plena luz del día buscando a un hombre honesto; por supuesto, no lo encontró. En otra ocasión, cuando Platón le dio la elogiada definición socrática de Hombre como «Bípedo implume», desplumó una gallina y la hizo correr por la plaza mientras gritaba: «¡Ahí va un hombre!»; desde ese momento, se añadió a la definición «…de uñas planas»
El mejor troleo es siempre el autotroleo: uno debería esforzarse por ser el mejor trol de sí mismo y conspirar constantemente contra las propias convicciones, incluso contra las más fijas e indiscutidas, que no indiscutibles.
Pero el autotroleo es tan difícil como aconsejable, muy difícil de autoinfligir; por eso es conveniente rodearse de troles y mentes despiertas que se atrevan a contradecirte y decirte: «Soy amigo del señor Platón, soy amigo del señor Homo Mínimus, pero más amigo todavía soy de la señora Verdad».
Mientras uno no encuentre troles que le troleen bien troleado y le jodan bien jodido, hay que mantener una sana y permanente actitud condicional, hablar desde la condicionalidad deliberada y buscar contradecirse bien contradicho, aunque solo sea por el gusto de explorar distintas direcciones vitales.
El espíritu de la contradicción con los demás es bueno y saludable, pero lo es más si uno busca sus contradicciones y socava las certezas personales más queridas. A diferencia del que cabalga sus contradicciones y vive plácidamente en una hipócrita esquizofrenia, hay que usar la conciencia de la contradicción para diluir las certezas y llegar a una nueva verdad condicional mayor y provisional, siempre en desarrollo.
Así que recuerda que HM —incluso en sus momentos aparentemente más dogmáticos— es un maestro condicional, uno que siempre en su fuero interno dice: «Podría ser que H, podría ser que M… pero exploremos hoy X… o quizá HM.».
Imagina que hoy es tu último día sobre la faz de la tierra.
¿No es cierto que vivirías con tal intensidad y plena conciencia que todas las cosas y todos los momentos, no importa lo cotidianos, proyectarían un brillo extraño?
Máximo es un hombre como tú y como yo pero con más problemas.
Se levanta por la mañana estresado, con falta de sueño; desayuna aceleradamente y sale de su casa todavía arreglándose la corbata. En el trabajo, pasa el tiempo reaccionando a las exigencias del jefe, las peticiones de los colegas y una avalancha de información que llega en forma de correos, WhatsApp y tareas urgentes.
Ha perdido el control de su vida, siente como si su jornada fuera un continuo día de la marmota en el que siempre se levanta en el mismo escenario y tiene que ejecutar una y otra vez la misma pieza existencial.
Llega al final del día derrotado, sin casi ganas de charlar con su mujer y sin energía para jugar con sus hijos.
Se dice: ¿es esto la vida? ¿Soy algo más que un operario en la cadena de montaje de la empresa o el organismo público para el que trabajo? ¿Estoy haciendo con mi vida acaso un mínimo de lo que podría? ¿Qué es lo que no marcha bien?
Un día, mientras navega con ojos vidriosos durante la jornada laboral y apura su cuarto café de la mañana se topa con el blog de Homo Mínimus y descubre el maravilloso mundo del minimalismo existencial.
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Homo Mínimus le cuenta la historia de un americano calvo llamado Leo Babauta que, con sobrepeso, ahogado por el trabajo y las deudas y con cinco hijos, un buen día decidió cambiar para siempre.
Luego conoce a otros blogueros minimalistas, lee libros y tiene noticia de mucha gente que un día dijo «hasta aquí»: ya basta de trastos, de girar en el tiovivo existencial, sin tiempo para la familia y para cultivar el yo interior, conectado con el mundo las 24 horas del día pero desconectado por completo de uno mismo.
El minimalismo existencial es el arte de sacar el meollo de la vida volviendo a lo esencial y descartando lo trivial. Lo trivial son las tareas y la productividad sin sentido, el trabajo sin alma, el consumo como escape de una existencia profundamente insatisfactoria, la dispersión de la atención en mil direcciones y el avance de un milímetro en todas ellas.
Lo esencial es la vida saludable, la atención serena y relajada que se pone en las cosas que cada uno encuentra fundamentales en la vida: la familia, los amigos, los viajes, un trabajo con sentido; una vida no exenta de sorpresas pero donde hemos recuperado el control. Lo vital es diferente para cada uno y lo es en distintas proporciones. No puedes delegar este esfuerzo de exploración. Has de convertirte en el Sherlock Holmes de tu alma y tu corazón.
El minimalismo existencial es una plantilla para definir tu propia vida en tus propios términos, y se basa en la simplicidad, la sencillez y la conexión con tus necesidades más profundas.
El minimalismo existencial es una obra en curso donde nunca hay victorias decisivas. El lema no es meramente «Menos es más» sino «Menos es suficiente». Hay un continuo e inacabable esfuerzo de poda y de simplificación.
Máximo se siente inspirado por este estilo de vida y decide iniciar el camino. Busca inmediatamente una lista de tareas que hacer, una hoja de ruta, pero Homo Mínimus le dice que si quiere una receta, mejor que vaya al médico, que tiene que inventar su propio camino y aprender sobre la marcha.
Máximo se siente aterrado: observa todo lo que anhela y lo lejos que se encuentra. Está condenado a elegir y ya no es capaz de decir no a su responsabilidad, ha abierto demasiado los ojos.
Hay otro gran monstruo que amenaza a Máximo: el mundo está hecho para ofrecer más y mejor de todo. Si no construyes límites —barreras contra el exceso de opciones— puedes quedar consumido por la exuberancia de posibilidades: las posesiones acaban poseyéndote, la información tiraniza, y las infinitas opciones de nuestros teléfonos superinteligentes y redes sociales terminan marcando la agenda.
Sin espacio en nuestras casas ni tiempo para conectar con nosotros mismos, nuestra capacidad de dirigir la vida sufre y nos convertimos en patéticas ratas de Skinner reaccionando y esperando la siguiente dosis de diversión e información.
En el blog de Homo Mínimus, Máximo aprende a concentrarse en una sola acción cada vez y evitar la multitarea. Homo Mínimus le habla de la importancia de aprender a fracasar y desarrollar una saludable mentalidad experimental, la capacidad de intentar cosas nuevas y aprender de las experiencias; por ejemplo, lleva a cabo un experimento de ayuno de 24 horas, consigue eliminar el azúcar casi por completo de su dieta y logra la meta de andar 10.000 pasos diarios.
Con Homo Mínimus, Máximo aprende que colaborar y compartir con otros minimalistas existenciales hace el camino del minimalismo más gozoso. Inspirado por el Proyecto 52 paseos con 52 frikis de Homo Mínimus, decide salir a pasear todas las semanas con frikis minimalistas y otros amigos, inicia un diario personal para registrar sus avances y se compromete públicamente con su mujer e hijos a iniciar algunos cambios en su estilo de vida. Se anima a seguir cursos de atención plena, perseverancia y salud minimalista a través del blog, y a lo largo de muchos meses —lento pero seguro— crea nuevos hábitos y reglas de conducta diaria que le convierten en una versión mucho más saludable y vibrante de sí mismo.
Al principio, los hábitos, estructuras o reglas de vida que recomienda Homo Mínimus le parecen robóticas, rígidas, ¿por qué decidir a cada paso cómo vas a comportarte? ¿No le hará perder la alegría y la espontaneidad?
¿Por qué la regla de no dejar entrar un nuevo objeto sin salir otro?, ¿por qué reducir la exposición a las redes sociales (facebook, twitter, instagram)? , ¿por qué instaurar un toque de queda a partir de las doce de la noche en el que no se permite ver televisión o trabajar en el computador? , ¿por qué practicar un shabbat digital un día los fines de semana y prohibir el correo electrónico o la televisión para centrarse en su familia y amigos y dar tiempo al descanso contemplativo?
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¿Acaso no se pueden hacer excepciones? ¿No es ir demasiado lejos?
La respuesta que recibe de Homo Mínimus es que si no creamos nuestro propio sistema de consumo, si no imponemos nuestras propias reglas, seremos esclavizados por la publicidad o el comportamiento gregario, resultado de imitar lo que vemos en la sociedad o los clubes y grupos sociales a los que pertenecemos.
En síntesis, Máximo comprende una verdad sorprendente: «Las cadenas que elegimos deliberadamente nos hacen libres».
Gracias a los hábitos de organización personal, financieros, las limitaciones que nos imponemos y las decisiones sobre lo que consumimos y cómo pasamos el tiempo, nos volvemos libres interiormente y dejamos para siempre la frenética carrera de la rata.
Una vez que Máximo entiende que está «condenado a elegir» (como nos aseguran los filósofos existencialistas) y ha asumido la responsabilidad de dirigir su propia vida, ya no tiene marcha atrás, decide que quiere iniciar el camino, tirar las certidumbres vitales que le sirvieron hasta entonces y comenzar de nuevo.
Empieza a vivir una vida por diseño en la que toma las riendas y comienza a eliminar los muchos triviales para centrarse en los pocos vitales.
Máximo construye una visión ilusionante de su vida futura, logra conciencia de sus prioridades y deseos, y da pasos pequeños y graduales hacia una nueva vida guiada por una intensa conciencia situacional y la simplificación de la existencia.
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P.D. puedes empezar tu travesía minimalista existencial leyendo el libro del americano calvo con sobrepeso: focus.
Como bien sabes, me importa un huevo tu opinión, pero al mismo tiempo me debo a ti.
Escribo para apuntalar mi decrépito ego, sentir que estoy vivo y pensar que a veces aporto algo a alguien.
Es por eso que hoy te pido ayuda y solicito humildemente que respondas a esta encuesta. Existe la posibilidad de que escribas otras opciones distintas a las que te proporciono.
P.D. Si no tienes tiempo para responder la encuesta, es que este blog ya no te aporta suficiente valor y es mejor que te des ahora mismo de baja; si así fuera yo te daría las gracias por acompañarme parte del camino y enjugaría una furtiva lágrima.
El proyecto personal es la unidad mínima de acción con significado completo
La palabra es a la oración gramatical lo que la tarea es al proyecto. Tanto las palabras como las tareas solo adquieren sentido en el contexto de la oración o el proyecto del que forman parte y al que sirven.
Puede haber tareas aisladas que no formen parte de ningún proyecto en particular, como cuando te viene una palabra a la cabeza sin saber por qué y sin ánimo de expresar nada, pero en general las tareas responden a la existencia de un proyecto al igual que las palabras están incrustadas en oraciones con sentido completo y contienen sujeto, verbo y predicado.
El término proyecto se usa tanto en la filosofía existencialista (el “proyecto vital” de Sartre, por ejemplo) como en el mundo de la ingeniería y las organizaciones empresariales (un puente o el lanzamiento de un nuevo producto son proyectos).
En este artículo, defino al proyecto como una unidad estructurada de acción compuesta de tareas o sub-acciones que persiguen un resultado concreto o visión; por tanto, lo uso en el sentido ingenieril o empresarial, no en el sentido filosófico de “plan de vida o proyecto vital”.
Iniciamos los proyectos con un anhelo o deseo de traer a la existenciaalgo que no existe.
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El caminante sobre el mar de nubes. Caspar David Friedrich.
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El anhelo o deseo va unido a una visión de lo que queremos que sean las cosas. El proyecto se despliega en una sucesión de acciones, planes, objetivos, tareas, hitos, medidas de logro y sistemas de control. La visión inicial del proyecto puede cambiar o actualizarse a lo largo del ciclo vital del proyecto.
Hay proyectos formales, con planes, hitos y compromiso claro, y proyectos informales, a los que no llamamos siquiera “proyectos” pero que siguen siendo proyectos porque parten de una visión que unifica un conjunto de acciones y tareas a lo largo del tiempo.
Una vida organizada requiere pensar y planear en términos de proyectos; de otra manera, nuestros días serán una sucesión de acciones inconexas y viviremos en modo reactivo, no seremos mucho más que un manojo de hábitos, instintos y reacciones, será el entorno el que dirigirá el comportamiento, seremos veletas que solo se mueven al albur del viento que corra en cada momento.
Qué es un proyecto zombi
Los proyectos zombis son proyectos que han perdido su razón de ser o su energía hasta el punto de que están literalmente muertos, pero bien por inercia o costumbre siguen arrastrándose moribundos en nuestra agenda y memoria de trabajo.
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El sesgo de acción (creemos que es mejor hacer algo que no hacer nada) y el sesgo de inercia (tendemos a seguir haciendo lo que estamos haciendo) se confabulan para que mantengamos proyectos zombis en la agenda comiendo tiempo y en la mente ocupando UPAs, unidades de atención permanente en la memoria.
Ejemplos de proyectos zombis, formales e informales:
Tu proyecto de perder 5 kg. y esa bicicleta estática que lleva acumulando polvo y ocupando espacio en tu salón durante meses. Otro vestigio de este proyecto zombi podría ser la suscripción anual al gimnasio, que dejaste de frecuentar en marzo. De cuando en cuando, si hay conjunción de astros te pasas por el gimnasio o la bicicleta.
Un grado universitario que empecé con ilusión pero en el que me estoy dando cuenta que no se adapta a mis capacidades e intereses personales; por ejemplo, quería ser médico de familia pero me agota tratar con la gente. No obstante, sigo porque ya he invertido más de dos años de mi vida y mucho dinero.
La relación con un amigo con el que hace tiempo perdiste los intereses comunes pero al que sigues viendo y cuyo círculo frecuentas más por costumbre que por la satisfacción que obtienes. Una relación personal es una forma de proyecto interactivo que requiere tiempo, esfuerzo e intereses comunes para que crezca y se desarrolle, pero como todo en la vida puede llegar a un punto muerto.
Los CDs de música clásica que compraste porque un buen día decidiste culturizarte y refinar tus gustos. Muchos de ellos siguen envueltos en papel de plástico.
El trabajo insatisfactorio y mal renumerado en el que ellos hacen como te pagan y tú haces como que trabajas. O quizá, si eres funcionario o profesor de universidad, ellos te pagan pero tú haces como trabajas y dejas tu imaginación y corazón en la entrada de la oficina o del aula.
Etc.
Entre los proyectos vivos y los proyectos zombis hay conflictos y el canibalismo es habitual. Los unos comen el tiempo, atención y recursos a los otros; el resultado es caos mental, ineficacia y frustración.
Ningún sistema de productividad personal, por complejo que sea, te va a sacar de esta situación: hay demasiados proyectos en general y demasiados proyectos zombis en particular para que una mejor organización solvente el problema de tener proyectos inadecuados o un exceso de ellos. Recuerda: primero, omitir o eliminar; segundo, organizar.
Proceso de zombificación
1º Todos los inicios son hermosos.
Iniciamos el proyecto con un entusiasmo ingenuo en el que solo visualizamos los beneficios al final del camino: un acento de Oxford, una cintura de avispa, un trabajo remunerador y rodeado de gente interesante o una cultura deslumbrante que refine los gustos y mejore la imagen personal . Los costes del proyecto, el esfuerzo y los obstáculos, no se tienen en cuenta o se infravaloran.
2º Energía y motivación al principio.
Empezamos trabajando de manera sistemática en el proyecto y adquirimos los recursos necesarios: las zapatillas de deporte último modelo, la inscripción en la academia de idiomas, el esmero y diligencia en el trabajo diario en la oficina, la ilusión de que el proyecto marque una diferencia.
3º La hierba del vecino es siempre más verde.
Pero surgen los problemas, las dificultades, los obstáculos; de hecho, no dejan de crecer a lo largo de la vida del proyecto. A la vez, cualquier otra opción o proyecto potencial se hace más brillante: quizá me apetece ahora más aprender a tocar el piano que sudar en el gimnasio.
4º Se pierde energía y motivación.
Como la hierba del vecino es más verde y como me doy cuenta de que el proyecto está perdiendo lustre, voy transfiriendo tiempo, atención y recursos a otras posibilidades vitales: la cocina vegana, el curso de submarinismo o el instrumento musical (sí, ahora lo mejor es que aprenda a tocar un instrumento, no limitarse a escuchar CDs, tiene mucho más glamur).
5º El proyecto se ha transformado en un muerto viviente.
Pasan las semanas y cada vez le dedico menos tiempo, pero no lo dejo del todo. Si me acuerdo de él en un ataque de remordimiento vuelvo a él, salgo a correr un día, voy una tarde al gimnasio, repaso los verbos irregulares; pero ya no hay esperanza, el proyecto y su visión han perdido brillo. No me atrevo a decir que está muerto porque sería como reconocer otro fracaso y el zombi sigue en mi agenda y en el segundo plano de mi conciencia durante semanas y meses, a veces años.
En consecuencia, los proyectos zombis y otros episodios irresueltos siguen vagando por nuestras vidas sin sentido y sin rumbo pero sin acabar de morir, canibalizando los recursos de otros proyectos vivos.
La solución: matar zombis.
Si esto fuera un videojuego, el videojuego de la vida, tu meta número uno sería matar zombis y evitar que se reproduzcan. Los zombis crean caos, distraen de los asuntos importantes, dispersan tu atención en mil direcciones y succionan tiempo y energía.
El mejor momento para matar proyectos zombis es al final de la reencarnación o al final del año cuando practicas el ritual de purificación anual.
Muchas veces, los proyectos zombis aparecen con el disfraz de los frentes abiertos, operaciones o acciones habituales cuyo beneficio esperado no supera su coste de oportunidad pero que seguimos manteniendo en parte por inconsciencia, en parte porque no se nos ocurre nada mejor que hacer. El hábito hace al monje y al proyecto zombi.
Cómo reducir la población de zombis
Lo mejor es explicitar los anhelos, definir la visión del resultado apetecido y registrarlos en un inventario permanente de proyectos, un documento o lista donde reconoces proyectos en curso.
Una vez que sepamos qué proyectos tenemos entre manos, hay que establecer reglas claras de entrada y salida de proyectos.
Reglas de entrada proyectos:
Un proyecto solo entra en mi agenda vital si tengo tiempo para ello o salen otros proyectos que liberen tiempo y atención. Si tengo 48 horas a la semana para proyectos y ya están todas ocupadas, he de librarme de algún otro proyecto, quizá tenga que matar uno o dos proyectos zombis a los que todavía me esté aferrando.
Un proyecto solo entra en miagenda si he considerado su entrada durante al menos siete días. Así evito el actuar a base de caprichos e improvisación. Idealmente, los proyectos nuevos solo deberían entrar al principio del mes o de la reencarnación.
Un proyecto nuevo ha de estar claramente justificado. El proyecto nuevo tiene que encajar en mi red de proyectos actuales y añadir más valor que otros proyectos alternativos. He de tener en cuenta no solo los beneficios sino también los costes: el tiempo, atención, esfuerzo y otros recursos necesarios. Todo proyecto nuevo requiere un documento de justificación del proyecto.
Regla de las dos semanas: si un proyecto lleva inerte —sin actividad— dos semanas, sin causa justificada o sin haberlo suspendido temporalmente de forma explícita, lo elimino implacablemente.
Si no hay horas suficientes para todos los proyectos en curso, reduzco las horasasignadas a algunos proyectos o elimino alguno de los proyectos en curso. Esto implica que tenemos que llevar un inventario permanente de proyectos en curso que incluya el tiempo necesario para cada uno de ellos y el tiempo disponible semanal.
Si el beneficio esperado de un proyecto cambia, también ha de cambiar nuestra valoración de él. Hemos de ser suficientemente fuertes para nuncanizar, renunciar a viejos anhelos y dejar espacio a lo nuevo.
Como hay riesgo de abandonar proyectos solo porque son difíciles, no tomo la decisión de abandonarlos caprichosamente, espero a la revisión de la semana o el mes para decidirlo. Hay riesgo de abandonar demasiado pronto debido al efecto “La hierba del vecino (=otros proyectos nuevos) es siempre más verde” y a que siempre lo excelso es tan difícil como raro.
Resumen
Un proyecto es la visión de un resultado novedoso atractivo y el proceso que nos lleva desde la realidad actual a la realidad deseada. Por ejemplo: una habilidad personal, un grado universitario, una relación personal, una empresa, un cuerpo saludable, un proyecto artístico, un viaje de exploración, etc.
Un proyecto intenta traer a la existencia algo que no existe pero que a nuestro juicio merecería existir.
Los proyectos zombis son proyectos que están muertos pero no lo sabemos o no lo queremos reconocer.
Los proyectos zombis proliferan en nuestras vidas y agendas robando tiempo y energía a otros proyectos.
La solución es convertirse en un implacable cazador de zombis: aprender a nuncanizar proyectos que han perdido energía o razón de ser pero que siguen vagando por nuestras habitaciones mentales y agendas.
Un censo de proyectos permite determinar las horas disponibles a la semana y cercenar los zombis que canibalizan los proyectos plenamente vivos.
Si establecemos unas reglas claras de entrada y salida de proyectos podremos adecuar los proyectos a los recursos disponibles y seleccionar aquellos de más valor.
La Ley de las tres Oes es una de las leyes fundamentales del minimalismo existencial. La ley es secuencial:
Primero y antes de nada, Omitir; segundo, Organizar; tercero, y solo si procede, Optimizar
El orden es esencial. Habitualmente, intentamos organizarnos antes de eliminar, y, algunas veces, si tenemos una personalidad perfeccionista, intentaremos optimizar parcelas de nuestra vida que debido a la acumulación y el tiempo han crecido sin control y están poco o mal organizadas.
Ley de las tres Oes y Ley de Pareto
La Ley de las tres Oes del minimalismo existencial está emparentada con la Ley de Pareto o regla del 80/20, que nos dice que en todo sistema natural o socio-técnico o humano unos pocos elementos, menos del 20%, producen más del 80% de los efectos.
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Estas cifras son orientativas, en muchas ocasiones el porcentaje es menor: 17%, 12% o 5%. Si estamos hablando de proyectos, de gastos, de clientes, es probable que más del 80% de nuestros proyectos, gastos o clientes generen poco valor, satisfacción personal o margen; por tanto, lo mejor que podemos hacer es librarnos de ellos: matar proyectos, eliminar gastos y renunciar a clientes.
Por tanto, el primer paso, la primera O, es segar lo que aporta poco valor.
O de Omitir
Si tomamos el caso pedestre de tu vestuario, es muy probable que uses la mayor parte del tiempo un subconjunto pequeño del total de tu ropa, seguramente porque es más bonita, te produce mayor satisfacción o está más de moda. Entonces… ¿por qué no eliminar el resto y liberar espacio y reducir el tiempo que dedicas a decidir qué ponerte?
Objeción uno: podrás decir que es costoso eliminar o que si tienes espacio en los armarios y tiempo es conveniente dejar en la reserva esa ropa, esos proyectos o esos clientes. Después de todo, la vida no está llena de clientes que quieran comprar nuestros productos o servicios, y el dinero que gasté en ropa no es cuestión de tirarlo, y en su día pusiste un montón de ilusión y tiempo en ese proyecto y hay que darle una oportunidad más.
Respuesta uno: los costes incurridos son pasados, están “hundidos”, ya tuvieron lugar y no deberían formar parte de nuestra decisión. Lo pasado, pasado; puede que gastaras mucho tiempo y esfuerzo en ese proyecto personal, en captar a esos clientes o en comprar esta ya-no-tan-estupenda-y-de-moda ropa. Estás atado psicológicamente, pero la lógica de la decisión racional nos dice que hay que limpiar las cubiertas y empezar de nuevo considerando solo el futuro y no los gastos pasados.
Respuesta dos: los bienes, los proyectos y las actividades que se han convertido en rutina no solo tienen un coste de mantenimiento: el dinero, tiempo y esfuerzo que les dedicas; tienen, además,un “coste de oportunidad”: el mejor uso alternativo de tu dinero, tiempo y esfuerzo, lo mejor que podrías hacer con esos recursos liberados si no te aferraras al pasado.
Cuando nos quejamos o lamentamos o fingimos que no tenemos tiempo o recursos para hacer las cosas que nos gustaría o los proyectos que nos ilusionan, lo que verdaderamente estamos diciendo es que ese tiempo y recursos los tenemos invertidos en otras actividades que por la razón que sea estamos prefiriendo más. Todos tenemos 168 horas a la semana, tanto el presidente de los Estados Unidos como el ocioso jubilado o el estudiante juerguista. La decisión está en qué actividades, personas y proyectos van a ocupar esas 168 horas semanales a partir de ahora.
Si una mujer te dice que no tiene tiempo para salir con gente, lo que te está realmente diciendo es que no tiene tiempo para salir contigo. Todos tenemos el mismo tiempo, nuestra decisión es qué hacer y qué NO hacer con él.
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La poda sistemática de tareas, objetivos, objetos, relaciones y compromisos es el primer paso imprescindible para el minimalista existencial en ciernes. Solo cuando hayamos dejado espacio físico y mental y hayamos liberado nuestros recursos financieros de actividades y objetos de bajo valor podemos empezar a diseñar y construir o reconstruir el edificio vital.
Presupuesto de base cero vital: justificándolo todo
El diseño de vida minimalista cuando aplica la Ley de las tres Oes se parece a lo que los contables o administradores llaman gestionar mediante “presupuesto de base cero”.
El administrador que usa un presupuesto de base cero parte de un presupuesto en el que todos sus elementos han de ser justificados al comienzo del año. No vale actualizar el presupuesto anual añadiendo o reduciendo sobre los capítulos presupuestarios del año pasado (y por tanto anclando el presupuesto actual al del año pasado) .
Tanto los ingresos como los gastos se han de volver a analizar y reconsiderar , no vale el hacer las cosas porque siempre se ha hecho así.
¿Encaja tal o cual gasto, tal o cual proyecto, tal o cual persona, en tu vida? Si no es así, elimínalo sin que te tiemble el pulso. Di no y no mires atrás. No es la palabra más bella.
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En nuestras vidas podemos empezar de cero o de cuasi-cero, de muy poco, de mucho menos. La técnica de las reencarnaciones es un buen método para aplicar el presupuesto de base cero a tu existencia. También elritual de purificación al final del año mediante la eliminación de las listas de cosas que hacer, proyectos y compromisos.
La O de Omisión nos recuerda que en el diseño existencial lo más importante es omitir, decidir lo que no se incluye y lo que no añade valor o lo que añade valor pero genera comparativamente más coste.
Tres propiedades que omitir
Si ahora empezara mi vida de nuevo, omitiría tres propiedades: casa con hipoteca (y sin hipoteca), automóvil y la ropa que he ido acumulando a lo largo de años. Las posesiones poseen:
La casa en propiedad te convierte en sedentario, apegado al terruño, es una de las formas de mantener riqueza menos flexible y las que más gastos tienen: impuestos a la propiedad inmobiliaria, gastos de mantenimiento, comunidad, tasas de basura, seguro de incendios, etc. Sin casa en propiedad podrías cambiar de lugar de residencia en tres días; con casa en propiedad pasarán meses hasta que la vendas, resuelvas todos los trámites legales y administrativos y hagas la mudanza. La casa en propiedad te ata y evita que puedas aprovechar oportunidades profesionales o de otro tipo de inmediato. La alternativa es alquilar y variar tu gasto en vivienda en función de tus ingresos y posibilidades.
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El automóvil se vende como símbolo de libertad y estatus, pero es una de las cadenas más onerosas que te puedes imponer. Si compras uno de lujo, tendrás miedo a que lo arañen y dedicarás recursos ingentes a su conservación y cuidado, con un continuo goteo de seguros, impuestos, trámites administrativos, gasto en gasolina y reparaciones. Del coste total de propiedad de un automóvil, menos del 40% es el precio de adquisición; el resto del coste se distribuye a lo largo de su vida útil. Piensa en el transporte colectivo o el taxi o uber como un sustituto mucho más barato y flexible.
Otra fuente de esclavitud consentida: la ropa, los zapatos, los pantalones, los calcetines, las decenas y a veces centenares de artículos que guardas en tus armarios. La ropa nunca hizo biografía, a pesar de lo que te vendan las marcas de moda. No uses la ropa para mostrar o crear tu identidad, que es lo que quieren las firmas, vive una vida de sentido y valores para diseñar e inventar tu identidad, crea tu identidad a base de logros y proyectos vitales: tus hechos hablarán mucho más fuerte que la ropa más cara y estilosa del mundo. NO hace falta que vayas desnudo o como un vagabundo, basta con que tires el 90% de la ropa que atesoras. Tu ropa es un tesoro oxidado.
Poda de relaciones
NO solo hablo de ropa o trastos físicos o actividades o proyectos, también hablo de relaciones. ¿Cuántas mantienes por inercia? ¿Cuántas de esas relaciones las mantienes porque no te atreves a estar un tiempo solo? ¿Cuántas relaciones personales y profesionales se arrastran como zombis que ya están muertos pero no lo saben?
Las relaciones —al igual que las mujeres— son a veces un mal necesario, pero nada te impide elegir las mujeres y otras relaciones que más bien te hacen y quitar tiempo a las que te hacen menos bien comparativamente.
Recomiendo podar la lista de amigos y conocidos periódicamente. Los amigos cercanos siempre cabrán en los dedos de una mano, quizá de dos, si eres muy extrovertido. Los conocidos seguirán siendo conocidos, pero los puedes trasladar a una lista de conocidos-a-tu-pesar. Los familiares, bueno…, siguen siendo familiares aunque no quieras, pero nadie te obliga a compartir mucho tiempo con ellos si no lo deseas.
Para acabar con una relación no necesitas matar a la persona solo has de ahogar la relación; eso se hace reduciendo el tiempo de contacto, matando la relación de inanición. No alimentes al trol ni al amigo que ha dejado de serlo o al conocido que desearías que fuera des-conocido.
Poda de información
Algo fundamental que reducir: el flujo de entrada de información. Tres flujos que eliminaría hoy mismo si no fuera ya un veterano minimalista y no estuvieran ya eliminados : smartphones (yo soy el inteligente de la pareja hombre-teléfono), televisión y redes sociales como twitter, Facebook o Pinterest.
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Yo ya renuncié hace tiempo a todos ellos. Los problemas del mundo, el último viaje a Vietnam de mi primo hipster, las inundaciones, los videos de gatos y el teatro del absurdo político solo me llegan como un remoto y sordo rumor.
Con las pocas personas significativas, proyectos centrales, objetos, fuentes de información que hay en mi vida, ahora puedo empezar a organizarme. Está claro que organizar sobre menos elementos y menos complicación siempre es más fácil.
Si tengo menos libros, menos gastos, menos compromisos, menos relaciones, más tiempo de libre disposición, es más fácil organizarme.
Inicialmente, te basta con tres principios o técnicas de organización personal:
La revisión semanal. En la que estableces los objetivos de próxima semana y revisas la anterior para activar el proceso de mejora constante y acelerar el aprendizaje. Puedes aplicar aquí la técnica de las grandes rocas para limitar los objetivos y organizar las tareas de la semana.
La institución de la reencarnación minimalista. Cada 90 años (90 días) empiezas de nuevo, con la frescura de los comienzos, pero sin su ingenuidad; con la sabiduría acumulada por la experiencia de vidas anteriores, pero sin el lastre emocional que conllevan los errores o la complacencia en los logros que dificulta el progreso. Al comenzar una reencarnación elige los proyectos en los que te vas a centrar y excluye el resto.
La aplicación de la regla de los tres: todo problema, situación, proyecto, sistema, conocimiento, argumentación, trabajo, estrategia vital, , lo puedes reducir a tres elementos claves. Determina los elementos clave y trabaja en ellos. Fíjate en que la Ley de las tres Oes tiene tres elementos y en que las actividades o principios de la organización personal son también tres. Como has visto en la O de Omitir, hay tres propiedades de las que te deberías deshacer y tres flujos de información que deberías eliminar o controlar. También debería haber un máximo de tres tareas más importantes en cada día.
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O de Optimizar
Aspirarás a la optimización en aquellas áreas de tu vida en las que la maximización o minimización sea importante para lograr la excelencia.
Si quieres ser pianista profesional tendrás que optimizar el movimiento de tus dedos o su agilidad y practicar de manera deliberada cuatro horas al día sudando cada uno de los minutos.
Si quieres ser un corredor olímpico tendrás que optimizar tu dieta para el tipo de energía y músculos que necesitas para la distancia que hayas escogido: velocista, media distancia o maratoniano.
Si eres modelo profesional o actor no podrás dejar de estar al tanto de los últimos cosméticos o lo último en moda.
Pero si no eres nada de eso, podrás tocar el piano cuando te apetezca disfrutando de ello, comer de manera razonable sin contar calorías y obsesionarte, y vestir de manera cómoda pero correcta en cada momento, sin aspirar a que las miradas se vuelvan hacia ti cada vez que entras en una sala.
¿Hay muchas áreas de la vida en que optimizar?
No, muy pocas.
En la mayoría de las áreas vitales basta con seguir una conducta satisfaciente: una conducta que produce resultados suficientemente satisfactorios.
Basta con que tengas un nivel de forma física razonable, a menos que seas un corredor olímpico; basta que tengas una renta suficiente, a menos que el objetivo de tu vida sea convertirte en millonario o seas Warren Buffett; basta con que tengas un fondo de inversión indexado para asegurarte la jubilación, no es necesario que pases horas estudiando y eligiendo los mejores valores que maximicen tu patrimonio; basta con que consumas en ropa y en ocio lo imprescindible para procurarte un nivel de diversión y variedad suficiente, no es necesario que tengas 50 pares de zapatos o viajes todos los años a algún lugar exótico y caro, a menos que seas una estrella de cine y tu imagen sea fundamental para tu éxito en el trabajo.
Incluso, si necesitas organizar y optimizar algún campo de tu vida, es fundamental que empieces localizando los elementos esenciales, necesariamente muy pocos, y los organices adecuadamente antes de intentar siquiera optimizar los resultados.
La excelencia se construye iterativamente sobre los resultados de sistemas más simples. Solo se añaden nuevos elementos cuando que el valor obtenido compense el esfuerzo de adquisición y el tiempo y atención necesarios.
Optimizar un sistema supone muchos costes de atención y esfuerzo. Ese esfuerzo podría dedicarse a otros usos más provechosos. Si quieres obtener lo máximo en algún área de tu vida, ten en cuenta que siempre estás renunciando a dedicar el tiempo y el esfuerzo en otras áreas que también podrían generar satisfacción; incluso en el área de tu vida que quieres optimizar, tienes que elegir qué elementos optimizar, priorizar los más importantes y aceptar niveles satisfactorios pero no máximos en casi todo lo demás.
En materia de productividad personal, hasta que no estés trabajando en las cosas correctas, no tiene sentido hacer las cosas correctamente, eficientemente u óptimamente.
Resumen
La Omisión es la parte más importante la Ley de las tres Oes. Es la que más nos cuesta aplicar y es posiblemente la última que aplicamos, cuando debería ser la primera.
La inercia (la segunda fuerza más poderosa del universo), el sesgo del statu quo (queremos que las cosas sigan igual y nos cuesta aceptar los cambios) y el “por si acaso” conspiran contra la omisión.
Sé fuerte, sé duro y aplica la poda minimalista implacablemente. Lo difícil no es priorizar, ni siquiera posterizar, lo difícil es nuncanizar, decir no, decir nada, decir poco o decir nunca más.
Si quieres respirar con el aire de la libertad individual debes empezar ahora y eliminar el máximo número de elementos de tu vida. Eres el jardinero de tus días, has de podar las malas hierbas, las flores no tan lozanas, los tallos mortecinos, para dejar espacio a lo nuevo y lo bueno.
Eres el Miguel Ángel de tu existencia, has de quitar todo lo que sobra del bloque de mármol de tus horas para permitir que emerja la bella estatua que se encuentra en la masa indiferenciada de objetos, actividades y relaciones que poco o nada aportan.
La organización y la optimización tienen su lugar, pero subsidiariamente, siempre que hayamos omitido y organizado antes.
La organización debería empezar siempre con una lista de cosas que NO hacer y preceder a la optimización. Deberías optimizar solo en las raras ocasiones en que no puedas conformarte con lo suficientemente bueno porque ese campo sea muy competitivo o porque hayas decidido aspirar a la excelencia en él.
Y no te engañes a ti mismo: solo puedes aspirar a la excelencia y optimizar en unas pocas áreas de tu vida, una o dos a lo sumo; en lo demás, debes ser valerosamente mediocre y orgulloso de tu mediocridad. Más de dos objetivos de excelencia son ningún objetivo de excelencia.
Este artículo es un extracto del libro Disparadoresde Marshall Goldsmith, un excelente libro para comprender y procurar el cambio personal.
Las provisiones de comida en Mali eran extremadamente limitadas, así que la Cruz Roja tuvo que introducir el triage*. Cualquier comida disponible sería entregada solo a niños de entre dos y dieciséis años, con la justificación de que cualquier niño de menos de dos años moriría con toda seguridad y de que los mayores de dieciséis sobrevivirían por sí solos.
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La mujer de la Cruz Roja estaba midiendo los brazos de los niños para decidir quién comería y quién no. Si sus brazos eran demasiado anchos, es que “no tenían hambre suficiente” y no se les daba comida. Si sus brazos eran demasiado delgados, ya no se les podía salvar y tampoco se les daba comida. Si sus brazos estaban en un rango intermedio, se les daba una pequeña porción de la comida disponible.
Habría necesitado de una personalidad sociopática para no conmoverme con la experiencia. Pero cuando volviera a casa a mi vida “normal” había muchas posibilidades de que el recuerdo, no importa lo intenso, gradualmente fuera perdiendo fuerza. A menos que tuviera esta foto.
La foto me suscita gratitud, como si mi yo de 1984 estuviera aconsejando al yo de hoy. Me envía un simple mensaje:
Agradece lo que tienes. No importa la decepción o tus supuestos tormentos, no lloriquees o te quejes, no te enfades, no molestes a otra persona para mostrar todo lo que mereces. No eres mejor que esos niños africanos. Su destino terrible, inmerecido y trágico, podría haber sido tu destino. Nunca olvides este día.
Y nunca lo hago. La foto viene a mi cabeza casi diariamente porque la vida está llena de supuestos tormentos. Por ejemplo, ¿has observado cómo la gente en los aeropuertos reacciona al anuncio de que su vuelo se ha retrasado? Es una de las causas de turbación más seguras. La gente se agita. Se alteran, se ponen de mal humor y pierden su compostura, a veces delante de inocentes empleados de aerolíneas. Yo solía ser una de esas personas, no quizá uno de los que arman el espectáculo, pero ciertamente alguien que se sentía una víctima. No me gustaba ese sentimiento, porque después de mi experiencia con los niños que se morían de hambre en Mali sabía que no me había ganado el derecho a ser una víctima. Asocié ese sentimiento inmerecido con la foto. Ya desde hace años, cuando oigo que mi avión se va a retrasar recuerdo la foto y me repito este mantra:
“Nunca te quejes porque el avión llega tarde. Hay gente en el mundo que tiene problemas que no puedes imaginar. Eres un hombre con suerte”.
*Triage: asignación de grados de urgencia en función de lo severo de heridas
o enfermedades para decidir el orden de prioridad al tratar a un grupo grande de
heridos o pacientes.
La gente suele confundir los límites de su entendimiento con los límites del mundo. Arturo Schopenhauer.
Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan un puñetazo en la cara. Miguel Tyson.
Ley de Hofstadter: siempre lleva más tiempo que el esperado, incluso si tienes en cuenta La Ley de Hofstadter. Douglas Ricardo Hofstadter.
El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido. Groucho Marx.
No soy antisocial, soy anti-idiotas. Guzmán López.
Las únicas listas que funcionan son las que tienen solo un elemento. Nassim Nicolás Taleb.
Pasamos tanto tiempo mirando el móvil que a veces olvidamos que a nuestro alrededor hay más gente mirando el móvil. Enzo Vizcaíno.
Solo la gente muy superficial no juzga por las apariencias. Oscar Wilde.
Y las cosas de la felicidad, el amor y la vida se las dejo a mis lacayos. Madame de Champollion.
El corazón tienes más habitaciones que un hotel de putas. Gabriel García Márquez.
La fama es un conjunto de malentendidos que confluyen en una sola persona. Rainer María Rilke.
Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos. Gustavo Flaubert.
La realidad es mucha y mala. Francisco de Quevedo.
Nada interfiere con mi concentración. Usted podría hacer una orgía en mi oficina y yo ni siquiera mirar. Bueno, tal vez una vez. Isaac Asimov
Si te dan papel pautado, escribe por el otro lado. Juan Ramón Jiménez.
Todas las miserias del hombre derivan de no ser capaz de sentarse solo en una habitación tranquila. Blas Pascal
Lo difícil no es priorizar sino posterizar. Pedro Drucker.
Ya nadie va a ese restaurante, siempre hay demasiada gente haciendo cola. Yogi Berra.
Llevo desde niño practicando todos los días una media de catorce horas. A eso, en mi tierra, le llaman «duende». Paco de Lucía.
No soy anti-tecnología, soy pro-conversación. Shirley Turkle.
Lo más profundo es la piel. Pablo Valery.
Si las mujeres no existieran, todo el dinero del mundo no significaría nada. Aristóteles Onassis.
Tecnología es cualquier cosa que fue inventada antes de que nacieras. Alan Kay.
Todos quieren salvar el mundo, pero nadie quiere ayudar a su madre a fregar los platos. Patricio Jake O’rourke.
En un cierto sentido, la sabiduría no es más que la habilidad de seguir tu propio consejo. Samuel Harris.
Si la nómina de alguien depende de no comprender algo, puedes tener por seguro que nunca lo comprenderá. Upton Sinclair.
Solo te dan una pequeña chispa de locura. No debes perderla. Robin Willians.
Los compradores de cosas inútiles son más sabios de lo que comúnmente se piensa: compran pequeños sueños. Fernando Pessoa.
El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría. Guillermo Blake.
Esta es tu vida y se acaba a cada minuto. Tyler Durden.
Esta es una traducción y publicación autorizada del artículo original en inglés de Roger Schank, uno de los teóricos más influyentes de la Inteligencia Artificial, psicólogo cognitivo, científico del aprendizaje y emprendedor. Es uno de mis más queridos ídolos intelectuales.
Gracias, Roger.
Roger Schank, uno de los pioneros más influyentes en Inteligencia Artificial
El aburrimiento es importante. Lo necesitamos. Pero hay dos conjuntos de entes supuestamente pensantes que nunca se aburren: ordenadores (aprendizaje profundo) «inteligentes» y la gente que está pegada a sus teléfonos (lo que viene a ser casi todo el mundo).
El hijo adolescente de un amigo (que vino a verme buscando consejo) llamó a mi puerta el otro día. En menos del tiempo que me llevó abrir la puerta, ya estaba mirando a su teléfono. Cuando estoy subiendo en el ascensor de mi apartamento en Nueva York me doy cuenta de que literalmente todo el mundo ha consultado su teléfono durante el trayecto. Sherry Turkle ha dicho que esta conducta está matando la conversación, y tiene razón. Pero está matando algo quizá más importante: la creatividad.
La creatividad depende de muchas cosas, pero una clave es el aburrimiento. Cuando estás aburrido la mente divaga. Haces esa cosa tan rara llamada «pensar».
He empezado a pensar más sobre la Inteligencia Artificial en los últimos meses debido a la continuas estupideces que se están escribiendo sobre lo que los ordenadores pueden o no pueden hacer. Así que déjame que haga una simple pregunta. ¿Se aburre alguna vez Watson? [Watson es un sistema informático de Inteligencia Artificial que es capaz de responder a preguntas formuladas en lenguaje natural y ha sido desarrollado por IBM]. ¿Estas máquinas de «aprendizaje profundo» se aburren? Es obvio que no. ¿Por qué no? Porque para que uno se aburra tiene que tener algo que le guste hacer, una meta que perseguir, un problema interesante o sobre el que se hace preguntas, y que sea difícil de resolver.
Wittgenstein dijo que todo el pensamiento creativo tiene lugar en las «tres Bes»: bed, bath y bus [la cama, el baño y el autobús]. Lo que quería decir es que esos eran los únicos momentos en que no había nadie hablando o distrayéndole, y que, con nada que hacer, su mente divagaba y se le ocurrían ideas interesantes.
¿Cuándo puede esto ocurrir en la vida de jóvenes que son incapaces de dejar de mirar sus teléfonos? ¿Qué cosas hay para aburrirse o sobre las que aburrirse? Si te aburres con un post de facebook simplemente vas al siguiente. Si te aburres con lo que hay en televisión simplemente cambias de canal. Si no tienes nada que hacer navegas por internet. Ya nadie se sienta tranquilamente y piensa.
Encuentro que esto da mucho miedo, por dos razones. Nuestro sistema educacional está en taln malas condiciones en parte porque no dejamos espacio para el aburrimiento, lo que significa que no promovemos la creatividad. Hay respuestas que memorizar, libros que leer y exámenes que hacer. En el instituto, nunca se espera que tengamos pensamientos originales (a menos que el chaval tenga por casualidad un profesor verdaderamente bueno y más libertad de la que típicamente se le concede).
Ahora los ordenadores. La idea de que la inteligencia artificial está progresando es evidentemente absurda. ¿Qué significaría tener un ordenador inteligente que no tuviera de cuando en cuando una idea original sobre algo? ¿Cómo podría un ordenador ser inteligente si no se preocupa por las cosas de cuando en cuando? Los estadounidenses están ocupados preocupándose sobre las elecciones Trump-Clinton. Hablamos sobre ello. Nos preguntamos sobre ello. Ese preocuparse se parece a estar pensando. ¿Qué ordenador se preocuparía sobre eso? ¿Cómo podría un ordenador preocuparse sobre eso? ¿Se preocupa Watson?
Ahora bien, por supuesto que esa es la verdadera pregunta en Inteligencia Artificial y en la que yo trabajé cuando la Inteligencia Artificial se financiaba por gente que pensaba que la Inteligencia Artificial era algo más que «aprendizaje profundo». Yo preguntaba a mis estudiantes y a mí mismo cómo podríamos lograr que un ordenador tuviera pensamientos creativos. Una respuesta es que un ordenador tendría que estar intentando averiguar las cosas de alguna manera, considerando hipótesis sobre lo que fuera que estuviera intentando explicar, y entonces imaginando explicaciones alternativas e intentando inventarlas por sí mismo. Esto es a lo que se parece la creatividad.
¿Podría un ordenador hacer eso? Por supuesto que en principio podría, pero no van a hacerlo las así llamadas máquinas de Inteligencia Artificial que tenemos ahora, que son muy buenas contando, emparejando y buscando. La clase de Inteligencia Artificial de la que yo hablo depende de estar molesto por un estado de cosas y pensar que se debe hacer algo para dar con una mejor respuesta, y luego ponerte en el equivalente de una bañera o cama o cualquier otro lugar tranquilo y en el que no haya distracciones, para que así puedas dejar la mente divagar.
Los ordenadores no llegarán a ser creativos (o sentirse aburridos) en ningún futuro previsible a menos que esos que financian la Inteligencia Artificial cambien de perspectiva.
Lo que realmente me fastidia es que las personas no serán creativas tampoco. El primer pensamiento de los jóvenes hoy día es publicar una fotografía de ellos mismos o de lo que están mirando, en lugar de pensar sobre el mundo a su alrededor.
Este es un artículo invitado de Iván entusiasmado, el autor del exuberante blog entusiasmado.com y mi compañero de fatigas en el podcastSatori Time.
No soy minimalista.
( se escucha un murmullo de desaprobación, un movimiento incómodo de piernas en el suelo, alguien carraspea en el público).
Tampoco soy antiminimalista. Apenas sería capaz de pronunciarlo.
En realidad estoy más bien en empate, en neutralidad, en ni minimalista ni no. X en la quiniela. Hay una cosa en la que estoy de acuerdo con los minimalistas. Y una cosa en la que no (que te diré después).
¿En qué estoy de acuerdo con los minimalistas?
Hay demasiadas alternativas, demasiadas obligaciones, demasiadas cosas.
A mí me agobia. A ti también te agobia. Si no, no sé qué harías leyendo un blog sobre minimalismo. Salvo que estés enamorada platónicamente de homo minimus, claro. Y estés maldiciéndome a mí por estar escribiendo en su lugar.
Abres el email y ves decenas de correos. Si eres Justin Bieber igual son cartas de amor de admiradoras. Si no lo eres, probablemente sean correos prometiendo el alargamiento de tu (¿miserable?) pene o el secreto para tener 10.000 visitas en tu blog.
Estás apuntado a chino mandarín, a un curso de cocina tailandesa y además quieres no perderte tu clase de spinning.
¿Cuál es la solución?
El minimalismo del rompe y rasga
Algunos dicen que debes reducirlo todo. Cortar. Zas. Siga la línea de puntos, croc, croc, croc, fuera chino mandarín, a la mierda con la cocina tailandesa, no hagas ni caso al email.
Quédate con tres pantalones y tres camisetas del mismo color discreto, cocina arroz para toda la semana y olvídate de entrar en las redes sociales. Puedes hasta raparte el pelo.
No me convence.
Si haces todo eso un día podrás mirar a un rincón, y verás una bolsa pequeña. “Ahí —dirás ufano— están todas mis pertenencias”. Y te sentirás mejor que los demás. Porque los demás están atrapados por el monstruo del consumismo y de la complejidad y tú, eres un/a humanoide superior. Alguien que sobrevuela el mundo sin rozarlo. Un ser moralmente excelso.
Pero estarás equivocado (esto lo pongo solo en masculino, como cualquier hombre con pareja sabe las mujeres nunca se equivocan) Es solo el ego reapareciendo. Huir del mundo es ser tan esclavo como vivir en el mundo. Es una reacción. Si huyes de las cosas eres tan esclavo de ellas como si te poseen.
Podrás en ese momento ser una de dos cosas. Un ser lleno de ego que simula haber superado todo. O en el mejor de los casos, serás un santón o una monja, un ser beatífico pero absolutamente coñazo, sin pretensiones, sin ambiciones y sobre todo sin ningún interés para ti ni para nadie.
A la mierda con ese tipo de minimalismo. Subrayo el “con ese tipo”, no me quiten aún el micrófono, no me echen.
Hay una manera “cool” de ser minimalista. Y ya la conocía Henry Ford.
Simplicidad superficial
Henry Ford podría haber hecho un coche con solo cuatro ruedas y un volante. Eso queda muy bien al hacer un dibujo sencillo. Pero un coche así, no sería capaz de llevarte ni a la esquina.
Un coche tiene que tener un motor complicado para poder caminar.
Pero sí el conductor tuviera que conocer los mecanismos interiores del coche, poca gente sería capaz de conducir.
Por suerte para muchos de nosotros, la mecánica no importa. Por eso está bajo el capó. Porque no lo tienes que mirar. Porque funciona independientemente de ti.
Pero quizá lo de Henry Ford te parezca un ejemplo muy antiguo. Así que te voy a poner un ejemplo más moderno. Alguien que siempre queda bien citar, sobre todo desde que murió: Steve Jobs.
El Iphone.
Steve Jobs hizo el teléfono más sencillo del mundo.
Espera…
¿De verdad te has creído eso?
Porque es una mentira absoluta. Steve Jobs no hizo el teléfono más sencillo del mundo. Steve Jobs hizo el teléfono más complicado del mundo. Ningún teléfono del momento era ni remotamente tan complicado como un Iphone.
Lo que sí era el Iphone era el teléfono de apariencia más sencilla del mundo.
Realidad, apariencia.
Apariencia, realidad.
Parece que no hay diferencia, pero en realidad sí la hay.
Minimalismo de superficie.
Que sea complicado en el funcionamiento pero sencillo para ti. Ese es mi minimalismo. El minimalismo de funcionamiento. El minimalismo de apariencia. El minimalismo del día a día.
No reducir las cosas que quiero hacer, sino hacer tantas como pueda pero de la manera más simple posible.
¿Cómo conseguir eso?
Te estás acostumbrando demasiado a preguntarme cosas. ¿No creerás que lo sé todo? (vaya, no eres el único que pregunta, yo también lo hago)
La manera de conseguir cosas complicadas con la mayor simplicidad posible es mediante el uso de sistemas.
¿Qué es un sistema?
Un sistema es un procedimiento para conseguir un resultado de una manera repetida. La clave es esa, que se repite. Que lo puedes hacer una vez, dos, tres y siempre tienes un resultado parecido.
Imagina que tienes que regar un jardín.
Quizá lo más puramente minimalista sería coger una regadera y regar las flores. Es un buen sistema si solo tienes que regar el jardín un día. Pero no es así. Lo tienes que regar todos los días.
Y sí, claro puedes salir todos los días a regar el jardín. Pero eso no deja de ser un coñazo. Sé que los monjes decían lo de cortar leña y acarrear agua. Pero yo prefiero encender la caldera y abrir el grifo. Además no me sientan bien las túnicas. Y paso de ducharme con un cubo de agua cogido del río.
La mejor solución para regar un jardín es montar un sistema de riego automático. El primer día trabajarás mucho más que regando, pero el resto de los días estarás tumbado a la bartola leyendo un libro mientras tu vecino el monje zen sale a darse una vuelta con su regadera.
Crea un sistema y échate a dormir.
Sé minimalista en la superficie, pero maximalista en lo que trabaja por debajo sin que tú tengas que atenderlo.
Sé un minimalista aparente. Crea un sistema y escóndelo bajo el capó. Que trabaje solo, que para eso tú eres minimalista.
Este es un nuevo episodio del podcast de Homo Mínimus.
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Mr. L abandonó la carrera de la rata corporativa y dejó todo para viajar por el mundo durante más de un año. Hizo lo que la mayoría de nosotros solo nos atrevamos a soñar.
Durante el podcast charlamos sobre su viaje, sus experiencias y lo que aprendió de lugares y viajeros.
Pasen y oigan. Los niños no pagan; los sordos, media entrada.
Nota: el podcast tiene una brecha de silencio desde el 31:24 hasta el 38:38. Ese espacio vacío de sonidos representa la discontinuidad existencial. Puedes degustarlo o bien pasar el audio hasta el minuto 38:39, donde se retoma la conversación.
Este es el segundo episodio del podcast de Homo Mínimus.
Entrevisto a Anca Balaj, escribujante y experta en creatividad. Nuestra invitada es una persona singular que conocí en el Proyecto 52 comidas. Entre sus hazañas, figura la de retirarse dos años a una cabaña en los bosques de Rumanía, a la manera de Henry David Thoreau en Walden.
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En nuestra charla desarrollamos sus ideas sobre la esencia de la creatividad y la personalidad creativa, su relación con el minimalismo y otros asuntos existenciales. Anca proporciona guías generales para iniciar, mantener y llevar a buen puerto proyectos creativos.
También hablamos sobre infoxicación, la avalancha de información y entretenimiento, y la necesidad de liberar espacio mental para escucharse a uno mismo y mantener el equilibrio mental.
He creado expectación.
Pedí a los seguidores del blog que participaran en un crowdfunding proporcionando las preguntas que querían ver respondidas en el libro.
He recibido un montón de ánimos, ayuda y buenos deseos a lo largo del camino.
Tengo casi 2000 preguntas sobre el minimalismo formuladas por decenas de lectores de todo el globo en un documento de 80 páginas.
He puesto mucha ilusión en este proyecto.
He trabajado durante meses, leído 63 libros y escrito varios borradores con decenas de miles de palabras.–
Asistí a un curso de escritores para intentar mejorar mi estilo.
He escrito casi todos los días un mínimo de tres horas.
He descuidado el blog, todo por tener el libro a punto para hoy.
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Ha llegado el gran momento.
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He fracasado
No he logrado concluir el libro. Podría dar montones de razones, pero todas sonarían a excusa.
Pido disculpas a todos los que creyeron en mí. Soy un gurú de pacotilla. No he sido capaz de aplicar mis reglas de productividad a mí mismo.
Por lo tanto, solo pido perdón y me declaro en bancarrota, ni siquiera en suspensión de pagos.
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No tengo el libro y no prometo tenerlo.
Intentaré compensar a los seguidores del blog y participantes del crowdfunding de otra manera, pero no recibirán ni una fracción de lo que esperaban.
Me declaro en bancarrota
Quiero empezar la primera reencarnación del 2016 sin hipotecas, lastres o deudas. Por lo tanto, me declaro en bancarrota en todos las actividades del blog y en consecuencia:
No hay libro sobre el minimalismo existencial.
No responderé a los mensajes del correo de antes de 1.1.16. Ni siquiera me he podido poner al día en esto. Si quieres algo de mí, tendrás que volver a escribir.
No hay metas para este blog en el 2016. Es posible que este blog desaparezca, si no soy capaz de mejorar el silencio.
Adiós
Soy un fraude y mi vida es un caos.
Después de todo, era previsible: ¿cuándo he cumplido yo mi palabra?
Me gustó compartir contigo parte del camino. Ahora debes seguir el tuyo. Mal se paga a un maestro permaneciendo siempre discípulo.
Mis tres presentes para un incierto futuro
Para despedirme, te dejo con tres audios que intentan destilar el espíritu del minimalismo existencial tal y como yo lo he entendido.
No hay una conspiración
Steve Jobs sobre la televisión y las grandes cadenas:
No comparto la extendida idea de que sea necesario, aconsejable o virtuoso “devolver» a la sociedad el dinero o valor que has generado en el mercado invirtiendo, o vendiendo tus productos, servicios o trabajo, por mucho que sea lo que hayas ganado.
Esta idea parte de un error conceptual: parece que si lo devuelves es porque lo has cogido de algún sitio, te quedas con lo justo y devuelves el resto a la corriente general.
Mi visión alternativa: el dinero que ganas con tu trabajo o inversiones es una medida o indicador de que verdaderamente has creado valor para otros seres humanos.
Si ganas mucho dinero vendiendo un libro o un video, pongamos un millón de euros, es porque has creado al menos valor por ese millón de euros en mucha gente (de otra manera, no te habrían dado voluntariamente ese dinero).
Lo normal es que hayas creado mucho más valor que el que has obtenido: para los miles de compradores del video o libro o lo que sea que hayas vendido a través de tu página web, la satisfacción obtenida por la experiencia del visionado o lectura de tu libro seguramente valía más que los 5 euros pagados.
Por lo tanto, no se trata de tomar dinero o valor de una corriente de riqueza comunal que fluye naturalmente en el mundo, quedarte con lo que consideras justo o correcto o suficiente, y devolver el resto.
Se trata de generar mucho valor para otros seres humanos, generar una corriente de bienes y servicios que otras personas valoren, recibir valor a cambio al venderlos –habitualmente menos que lo que has creado– y luego decidir qué hacer con ese valor obtenido en forma de dinero.
Te lo quedas todo, y lo gastas en consumo o lo inviertes para generar más valor en el futuro, o lo repartes entre tu familia, o lo donas, si eso te hace feliz. Pero esto ya es lo de menos: el acto de satisfacer necesidades y deseos de otros seres humanos y obtener dinero a cambio (vendiendo pan, videos, libros o programas informáticos, etc.) ya es un acto generador de valor.
No se trata tanto de devolver como de crear valor. Cuando uno crea valor para otro ser humano no se lo está quitando a nadie. Por otra parte, si no has creado valor, difícilmente vas a devolver (si es que aceptas la idea de que hay que devolver valor o repartir dinero para ser más virtuoso).
En resumen: cuando ganas dinero en el mercado es porque has creado valor para otros seres humanos, lo hagas conscientemente o no, con el fin de repartir o de quedártelo, seas altruista o solo busques tu propio interés. El mercado es estructuralmente altruista, aunque sus agentes no lo sean.
No hay nada pecaminoso ni sospechoso en ganar mucho dinero ni tampoco en quedárselo una vez que lo has ganado, no hay que nada que devolver, a menos que lo hayas robado; por el hecho de haberlo ganado en negocios voluntarios con otros seres humanos, ya has hecho el bien, fuera esa tu intención inicial o no.
Este concepto del dinero y del valor me diferencia bastante de la corriente general minimalista. A mí me parece correcto y virtuoso ganar dinero: cuanto más mejor. Desde un punto de vista individual acumular dinero quizá no es siempre la mejor forma de ser feliz, pero desde el punto de vista social, es una de las mejores maneras de crear valor para otros seres humanos y saber qué realmente lo estás creando: el dinero ganado es un indicador de creación de valor.
Por poner tres ejemplos que todos puedan comprender:
Bill Gates generó más satisfacción y valor para la humanidad cuando ganaba su inmensa fortuna que ahora que se dedica a repartirla o donarla. Posiblemente su esfuerzo y dinero esté mejor invertido creando valor con Microsoft en un mercado que conoce que haciendo cientos de donaciones desconectadas. Además, Bill Gates solo puede dedicarse ahora a lavar su conciencia regalando millones de dólares porque antes pasó décadas ganándolos vendiendo software que la gente valoraba.
Amancio Ortega, el creador de Zara, hace más bien a la humanidad dedicándose a ganar dinero e invertirlo en crear tiendas de moda y sistemas logísticos que produzcan ropa de calidad a bajo precio que creando fundaciones para causas «sociales». Tan social es la ropa de calidad que hace feliz a la gente como el dinero regalado a una ONG para que defienda el medio ambiente o los derechos de los grandes simios (en este último caso me parece más social la ropa).
Steve Jobs, a diferencia de Bill Gates, nunca estuvo interesado en devolver su fortuna a la sociedad, sino en crear productos de electrónica de consumo bellos y funcionales. Sin embargo, a juzgar por el dinero que muchos de vosotros estáis dispuestos a pagar por tener un iPad, un iPod, iMac, un iPhone o un iSuputamadreenconserva, estoy seguro de que ha creado un montón de valor y satisfacción en millones de consumidores y de que su tiempo y esfuerzo estuvo mejor empleado centrándose en ganar dinero en Apple que en dilapidar su talento haciendo obras filantrópicas.
Ni el dinero ni el valor “rebosan” en el sistema, no son frutas silvestres que tomamos libremente, sino que son creados con esfuerzo, creatividad y recursos materiales por individuos u organizaciones.
Creo que sería mejor concentrarse en las maneras de crear valor y riqueza más que en las maneras de distribuirla o devolverla; quizá esto no genere tan buena conciencia en quien no ha reflexionado sobre la magia del intercambio entre seres humanos y está más interesado en en su buena imagen que en los efectos de su trabajo, pero sí que genera más valor y felicidad en el mundo.
Me permito republicarlo aquí porque recoge la quintaesencia de mi visión del minimalismo existencial aplicado a la educación. El problema no está tanto en mejorar el sistema educativo y su organización como en eliminar la educación en la mayoría de sus formas actuales.
No se trata de encontrar y consensuar «el» mejor modelo educativo sino de inventar y experimentar con miles de modelos personales y colectivos entre los que cada uno pueda elegir.
No obstante, para los perezosos y los conservadores, seguirá siempre existiendo una educación pública «gratuita» y de calidad en la que estabular a sus hijos y delegar la responsabilidad personal. Puede que para los más torpes de entre vuestros hijos siga siendo la mejor opción.
No quiero, por tanto, acabar con la educación pública y privada tradicional, lo que quiero es que se permita que las familias y los individuos elijan el tipo de aprendizaje que deseen, en la escuela o al margen de ella.
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Estos 33 daños caracterizan a la mayoría de la educación formal pública y privada en España, en Hispano-América y el mundo.
No todos estos daños tienen que producirse. Algunos pueden ser mitigados por metodologías más abiertas, como la Montessori o las escuelas Waldorf, por profesores excepcionales o por los cuidados paliativos que proporciones a tu hijo cuando esté fuera de la escuela.
Solo quiero advertirte de los riesgos a los que te expones. A los que expones a tus hijos.
En el colegio, a tu hijo le recompensan por seguir órdenes y ajustarse a las normas.La creatividad, originalidad e inconformismo son penalizadas en cualquier burocracia educativa donde las metas de los políticos, administradores o profesores tengan prioridad sobre la de los niños y sus familias.
Tu niño, tras más de doce años de educación obligatoria, tendrá la sensación de que el mundo del conocimiento es como un libro de botánica o de zoología donde todos los asuntos están claramente clasificados en compartimentos estancos.Tendrá dificultades para habérselas con un mundo real donde las distinciones son confusas y uno ha de crear, modificar y criticar sus propias clasificaciones.
La dimensión última por la que se mide al niño y por la que aprenderá a medir a las personas será la calificación en una serie de exámenes. Obtendrá la idea de que las personas son jerarquizables por su puntuación en unas pocas dimensiones.El mismo niño derivará su autoestima intelectual (o falta de ella) de su posición en una escala.
El afán de evitar el castigo y de buscar la alabanza harán perder de vista el gozo de aprendery lo harán casi desaparecer. Gran parte de la motivación intrínseca derivada de expresarse artísticamente, resolver problemas matemáticos o comprender los mecanismos de la naturaleza se perderá al tratar de contentar al profesor y seguir un programa estandarizado.
El estudiante en la escuela obtendrá la impresión de que el aprendizaje es una actividad individual y competitivaque se hace en solitario en una habitación cerrada y cuyo criterio de éxito reside en hacerlo mejor en un estrecho repertorio de pruebas estandarizadas bajo presión de tiempo.
El sentimiento de agencia o de autoría en el aprendizaje resultará seriamente dañado tras el paso por la educación formal. El niño y el joven tendrán dificultades para definir sus propias metas, objetivos, buscar y disponer recursos, organizar su tiempo y valorar los resultados de su trabajo y esfuerzo, porque todas esas funciones ejecutivas y cognitivas estarán asumidas por profesores y administradores que le llevarán de la mano a lo largo de toda su educación formal.
El rango de actividades a las que tendrá acceso el estudiante será limitado y con un sesgo desproporcionado a favor de las habilidades más analíticas y verbales.La música, la pintura, el teatro —el arte en general—, el desarrollo físico, la armonía y gracia de los movimientos, y las mismas habilidades de comprensión emocional introspectivas y empáticas quedarán relegadas a un segundo plano o confinadas a las actividades extracurriculares, con independencia de las preferencias o disposiciones del niño.
El niño creerá que la educación y el aprendizaje son sucesos que ocurren tras los límites de los muros de ciertos edificioso tras las vallas de ciertos recintos. Las variedades más informales, improvisadas y emergentes del aprendizaje quedarán marginadas. El entorno de la familia, los amigos, los grupos deportivos y el entorno cotidiano se asociarán más débilmente a la idea de aprendizaje y desarrollo personal.
El joven se volverá averso al riesgo intelectual derivado de pensar en opciones distintas y exponerlas racionalmente,porque no serán habilidades recompensadas por las calificaciones, ni promovidas directamente por los profesores, ni deseadas por la burocracia del sistema, que busca la homogeneización y la reducción de la incertidumbre.
Las habilidades de trabajar en equipo y de negociar quedarán atrofiadaso tendrán que ser desarrolladas más adelante en el mundo exterior. En el colegio, el éxito se mide y se recompensa según la habilidad de seguir las reglas establecidas por otros. Hay poco o ningún espacio a la negociación o la discusión ni tampoco necesidad de establecer alianzas y crear relaciones ventajosas para lograr los objetivos individuales.
Disociará y hará más profunda la distinción entre práctica y teoría.Verá que las habilidades y conocimientos que son útiles en el mundo académico son sustancialmente diferentes de las necesarias en el mundo del trabajo, las relaciones personales y la vida en general. Esto hará que desprecie en parte el pensamiento racional y científico, por su aparente falta de aplicación; o bien intentará aplicar recetas y grandes ideas intelectuales indiscriminadamente y con poco realismo.
Aprenderá a humillar y ser humillado por no saber.Aprenderá a reírse de los que se comporten de manera diferente o cometan errores en clase.
Aprenderá a hablar en lenguajes esotéricos que no comprende.Por otra parte, si vive en España es casi imposible que llegue a hablar con cierta fluidez en lenguajes naturales como el inglés o el francés. Priorizarán la gramática y el vocabulario sobre el oído, las construcciones básicas y la práctica. Probablemente estudien el idioma fuera del contexto de un proyecto o meta personal.
Pensará que aprender es ser capaz de repetir. El colegio es una herramienta de repetición de saber acumulado. Las evaluaciones dependen de la fidelidad y rapidez con la que el niño sea capaz de reproducir el conocimiento vertido por el profesor. Si lo hace perfecto, sin omitir una coma, tiene un 10; si se le ha escapado algún elemento, un 9; si ha reproducido con éxito la mitad, un 5, y así sucesivamente. No se pide elaboración o poner la información en el contexto más amplio del conocimiento del alumno o el cuerpo general del conocimiento.
Aprenderá a vivir con ideas inertes, no relacionadas con su experiencia vital,de las que no conoce su origen, ni cómo se relacionan con otras ideas en otras disciplinas, ni si tienen alguna aplicación más allá de quedar bien en las pruebas estandarizadas.
Creerá que existen “pepitas de oro informacionales”.Estará siempre a la caza del dato, de la receta, del procedimiento concreto, preciso y seguro que le resuelva la papeleta en el siguiente examen.
Creerá que saber algo es dar una respuesta inmediata.Se necesita cierto tiempo para recuperar la información de la memoria, para generar asociaciones, para buscar y para reflexionar, pero en la escuela no esperarán.
Las habilidades de autorregulación o autogestión se atrofiarán.Estará regulado por sus profesores. En el futuro, por sus jefes. Reaccionará al palo y a la zanahoria más que a sus propios intereses.
Jugará siempre juegos seguros.Aprenderá a evitar los errores y procurará siempre parecer magnífico a ojos de los padres y profesores.
Perderá el contacto con su corazón.Nadie le pedirá que piense qué quiere verdaderamente hacer con su vida ni le animará a que inicie una exploración. Al final de su educación formal estará tan alejado del centro capital de sí mismo que tendrá que iniciar un largo viaje y quizá una travesía del desierto para encontrarse consigo mismo.
Invertirá las proporciones correctas en el aprendizaje:creerá que son “Una tonelada de teoría, un kilo de reflexión, un gramo de experimentación”; las óptimas son “Un gramo de teoría, un kilo de reflexión, una tonelada de experimentación”.
Las modalidades más lentas y contemplativas de la mente quedarán probablemente excluidas del repertorio cognitivo del alumno.La presión de tiempo, el afán de cumplir los programas y el entrenamiento para exámenes y otras pruebas estandarizadas dificultarán que el alumno se tome el tiempo suficiente para asimilar, digerir y comprender las ideas en profundidad.
Aprenderá que la contemplación y la generación de enfoques y opciones son contraproducentesa la hora de maximizar las calificaciones académicas. La profundidad y la originalidad no suelen ser valoradas o recompensadas por los tests o los profesores.
Necesitará muchos años para recuperarse de su educación.Cuanto más lejos haya llegado en el proceso educativo formal, más tiempo de recuperación necesitará. Algunos jamás se recuperarán.
Es probable que evite la actividad intelectual durante el resto de su vida, pues confundirá el ser estabulado con aprender. Y nadie quiere ser estabulado.
Se verá aislado de una gran parte de la población humana:se relacionará casi en exclusiva con gente de su edad, ubicación geográfica (dentro de la misma ciudad) y clase social. Esos serán sus criterios de socialización, no sus intereses personales o la afinidad emocional. Creerá que la famosa y políticamente correcta “diversidad” solo tiene que ver con la raza, el sexo o el grupo étnico.
No habrá aprendido a negociar.Porque en la escuela no hay casi nadie con quien negociar ni casi nada sobre lo que negociar.
El concepto de aprendizaje autodirigido será para el niño tan extraño como el de imperativo categórico, hermenéutica de la conciencia o moscas samaritanas.
Tu hijo estará mal preparado para convertirse en el tipo de trabajador creativo, autogestionado y con iniciativaque se demanda en los puestos que generan alto valor añadido en la economía del conocimiento. Y peor preparado incluso para crear su propio trabajo como trabajador por cuenta propia o empresario.
Tendrá dificultad para tolerar la ambigüedad y los conceptos borrosos. Aprenderá a querer saber qué es lo que se espera exactamente de él, a cómo ir del punto A al Z pasando por el B, C, D, E… sin perderse por el camino.
Tu hijo estará expuesto al acoso escolar. Una parte no despreciable de los escolares declaran haber sometidos a distintos grados de acoso. Durante las horas escolares tú no estarás ahí para ayudarle o protegerle.
La escuela no tratará a tu hijo como un individuo.Será una pieza más en la cadena de montaje. Algunas piezas salen defectuosas. El sistema lo acepta y lo tolera. Reza porque tu hijo no sea una de esas piezas.
No recibirá la atención personalizada e individualizada que necesita. Los profesores tienen limitaciones de tiempo, atención y capacidad. Por muchos recursos cognitivos y materiales que tengan, los tienen que racionar entre decenas de alumnos.
Media hora que dediques un día a las necesidades de aprendizaje de tu hijo es más que lo que un maestro puede dedicar a tu hijo en dos o tres semanas. Y lo que dedique el maestro será un tiempo fragmentado en pequeñas intervenciones: simplemente no puede dedicar media hora seguida a nadie. Tampoco conoce a tu hijo mejor que tú.
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Educación a la carta
Me permito recomendarte, además de mis maravillosos artículos, el documental de la Plataforma de la libertad EducativaEducación a la carta. Te servirá para eliminar algunos de los mitos sobre el homeschooling y el unschooling y poner en duda tus más preciadas creencias sobre el aprendizaje y las bondades del sistema educativo público y privado tradicional.
La entrevista inicial del documental es la de mi amigo Guillermo Pascual, que ya apareció en el artículo Jaque al sistema: hackea tu educación y que fue uno de los 52 adorables frikis de mi proyecto 52 comidas. La directora y guionista es Laura Mascaró, a la que también conocí en ese mismo proyecto e igualmente se convirtió en mi amiga.
Sin importar tus creencias religiosas o ausencia de ellas, te quiero felicitar este shabbat y desearte lo mejor para ti y tu familia y seres más queridos, y que pases tu shabbat o tu domingo o fin de semana de la mejor manera, quizá abriendo una pequeña ventana a la eternidad en tu particular palacio de tiempo.
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Para ello te dejo con tres hermosas canciones de Matisyahu, un cantante de reggae judío.
Jerusalem, canción basada en salmos de la Torah escrita por el mismo. A mí me parece maravillosa.
One day,una canción de esperanza y paz, y No woman no cry, una versión de una canción de Bob Marley.
Este es un artículo invitado de Pablo Matilla, el autor del nuevo blog minimalista Historias minimalistas. Te aconsejo que te pases por su blog. Tiene calidad literaria y es un soplo de aire fresco.
Pablo, gracias por el artículo y bienvenido a la blogosfera minimalista existencial.
Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar.
H. D Thoreau (1817-1862)
O en el original inglés: «A man is rich in proportion to the number of things he can afford to let alone», para mí la traducción de deshechar no acaba de captar todo lo que dice let alone. Más bien, y como dice Mr. Moustache, un hombre es rico según cuántas cosas puede no querer.
Todo esto está muy bien, pero a mí siempre me ha pasado lo mismo: ¿cómo lo aplico a mi vida? Porque el deseo de comprar cosas, de acumular y de querer siempre algo nuevo es muy real.
Cuando era pequeño, recuerdo que me encantaba estrenar tubos nuevos de pasta de dientes. El primer uso era siempre especial, emocionante: unas veces el envase tenía un dibujo de un cocodrilo, otras veces el sabor era de fresa, que aún no había probado nunca, o simplemente tenía la oportunidad de estrenar la pasta de dientes de mi padre que, por cierto, picaba como un demonio. Aquello era pura felicidad e ilusión.
Menuda chorrada, pensarás. Pero el segundo día no era lo mismo. Aquel cocodrilo ya no era tan genial. El sabor a fresa era aburrido. La pasta de dientes de mi padre ya casi no picaba. Era cuestión de días que lavarse los dientes volviera a convertirse en una tarea normal y corriente: quería una pasta nueva.
Siempre me ha sorprendido esa reacción. De hecho, pensaba que era un problema mío. Pablo, siempre quieres más.
Hasta que hace poco me crucé con un par de conceptos que ayudan a entender muchas cosas: el Efecto Diderot y la Adaptación Hedónica, que tienen unos nombres un poco rimbombantes pero que son muy sencillos de entender y pueden ayudarte mucho.
Efecto Diderot
Puedes encontrar una definición muy elaborada del Efecto Diderot en la Wikipedia (en inglés), pero lo que a mí me interesa destacar es algo muy concreto: «la introducción de una nueva posesión en la existencia de un consumidor resultará a menudo en una espiral de consumo.» Dicho de otra manera, comprar te da ganas de seguir comprando.
Vas a comprar unas zapatillas para correr. Y ya que estoy en la tienda, pillo también unos calcetines y otros pantalones cortos, que nunca se sabe.
Hay algo muy satisfactorio en el hecho de comprar. No sé si es un chute de dopamina en el cerebro o de qué se trata, pero hay algo muy real en la sensación de placer que da comprar algo.
Lo que me lleva al siguiente punto.
Adaptación Hedónica
La Adaptación Hedónica es muy sencilla de explicar, el chute de dopamina está muy bien, pero dura muy poco, o como diría mi abuelo, a todo te acostumbras, ya sea bueno o malo.
En un estudio de 1978 titulado «Lottery Winners and Accident Victims: Is Happiness Relative?» (puedes ver el pdf aquí) se expone que, tras un evento positivo o negativo, como puede ser ganar la lotería o sufrir una lesión incapacitante, tras el impacto inicial de felicidad o desgracia los niveles generales de satisfacción volvían al nivel medio tras un tiempo.
No parece una conclusión muy intuitiva, pero si lo consideras un poco más, verás que es cierto. La excitación por el objeto que acabas de comprar se esfuma muy rápidamente, y tu nivel general de satisfacción vuelve a como estaba antes de la compra.
Tus genes quieren que sobrevivas, no que seas feliz
Desde un punto de vista evolutivo, ambos fenómenos tienen sentido. Aquellos que podían acumular más recursos tenían más posibilidades de sobrevivir y, de hecho, lo hicieron. El afán por obtener cosas y acumularlas es común a todos los hombres. No es un mal propio del hombre Occidental, sino que está codificado en lo que somos, y seguramente hemos llegado a donde estamos ahora gracias a ello.
Así que, lo primero, no te sientas mal por ello. Somos así, relájate. Tus genes tienen un solo objetivo: que sobrevivas lo suficiente como para que puedas reproducirte. No hace falta ser feliz para eso.
El primer paso para modificar algo es conocerlo bien, y creo que conocer el Efecto Diderot y la Adaptación Hedónica pueden ayudarte a necesitar menos.
Comprar y acumular cosas te dará un subidón transitorio que no durará mucho. Pequeñas recompensas en forma de dopamina, que te introducirán en una espiral de novedad que no tiene fin y que solo entiende una palabra: más.
No sé tú, pero yo busco otra cosa.
Aprende a necesitar menos
Si somos conscientes de todo lo anterior, podemos tratar de controlarlo. Contarnos otra historia, otra película sobre lo que necesitamos, sobre lo que queremos. Habremos liberado espacio mental y material para determinar de verdad qué queremos en nuestra vida, cuáles son nuestros objetivos y cómo queremos obtenerlos.
No se trata de negar estos hechos, sino de conocerlos para intentar aprovecharlos a nuestro favor. Te hago algunas sugerencias:
En el aprendizaje el proceso nunca acaba, estarás siempre aprendiendo a necesitar menos.
Sé consciente de cuando tengas el deseo de comprar algo que no necesitas: sabes que es genial, pero que durará poco. Así que, esta vez, decide dejarlo pasar. Todo pasa. Esto también.
Cuanto menos necesites, más libre y rico serás. Recuérdalo como motivación, recuerda la frase de Thoreau.
Los hábitos funcionan como los músculos. Da pequeños pasos hacia tu objetivo. Hazte más fuerte poco a poco en el hábito de necesitar menos.
No abandones. Solo importa la decisión que tomas ahora. Ni el pasado ni el futuro deben influir en tu decisión. Ayer compraste una chorrada que no necesitabas, así que hoy vas a seguir comprando cosas, total, el mal ya está hecho. Falso. La decisión en este momento es independiente a todas las demás que hayas tomado antes. Toma la decisión correcta ahora, como si fuera la única que vas a tomar en tu vida.
¿Qué es lo negro y que es lo blanco para un minimalista? Amo el blanco-negrismo. La realidad es gris, pero la verdad se encuentra en los extremos.
¿Es de minimalistas utilizar colores? Yo frecuento el negro, aunque no soy del Ku Klux Klan. Mi segundo pecado capital es la ira. El primero NO es la lujuria.
¿Cómo se masturba un minimalista? Frecuentando el hastío.
¿Cómo es una polla minimalista? Puesto que los minimalistas siempre presumimos de tenerla más pequeña, la respuesta es que se parece a una vagina. Dicho de otro modo, el mejor minimalista del mundo es una mujer, una especie de Leona Babauta.
¿En vez de pensar en preguntas novedosas, no sería más simple seleccionar ciertas preguntas de esa lista y escribirlas en este correo con una redacción diferente? No.
¿Será que Homo Mínimus es tan inteligente como yo? Mi cociente intelectual tiende a 0 cuando me aproximo desde el infinito.
¿Cuánto tiempo te tomaría responder cada una de las preguntas de la lista? Un mes y siete días para madurar las respuestas de las que tú me has hecho (22). Algo menos de un pomodoro escribiendo en modo Write or Die.
¿Qué tengo que hacer para ser seleccionado como uno de los 3 colaboradores de tu libro? Darme el coñazo durante más de un mes.———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 9 de noviembre de 2015, 19:05
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 28 de octubre de 2015, 21:25
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 27 de octubre de 2015, 23:46
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 27 de octubre de 2015, 16:04
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 25 de octubre de 2015, 21:29
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 14 de octubre de 2015, 17:51
Asunto: Re: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
¿Homo Mínimus es un hombre o una mujer? La duda ofende: soy un transhumano.
¿La ley de Parkinson está en contra de los principios del mindfulness? De tanta obedecerla ya siento temblores.
¿Acostumbrarme a trabajar con la ley de Parkinson o desarrollar mi paciencia como lo haría Homo Mínimus? Nunca te acostumbres: lo malo de la rutina es que acaba perdiendo la t.
¿Será posible prescindir de los pomodoros? En el acto tercero y final del libro prometido prescindo de los pomodoros. Por el momento, mi vida está pomodorizada.
¿En que se relaciona un estoicista y un minimalista? Son primos-hermanos
¿Cómo será el diario de Homo Mínimus? Podría enseñártelo, pero después tendría que hacer que pareciera un accidente.
¿De qué sirve tener un diario? Para ajustar las cuentas con los demonios.
¿Si un minimalista no tiene objetivos, cual es el objetivo de pedirle a los seguidores de tu blog que te hagan preguntas? Todavía estoy preguntándomelo.
¿Qué filosofías, principios, o frases, has encontrado más útiles a lo largo de tu vida? » De lo que no se puede hablar es mejor callar» Tractatus logico-philosophicus.
¿Qué libro has recomendado más frecuentemente a lo largo de tu vida, y por qué? El juego de Ender. Porque no soy ni Peter ni Valentine.
Si te dieran la oportunidad de entrevistar a la persona de tus suelos, ¿quién es esa persona y por qué? Tú eres la persona de mis suelos. Ve pensando en una fecha.
¿Cuál es la habilidad más importante, que consideras que debe tener todo emprendedor? La de convertir toda acción en una pregunta que haces al mundo. Y también viceversa. Las respuestas que te proporciona la realidad son solo dos: «No» y «Quizá». Dicho de otro modo: las teorías son redes, hay que lanzarlas para ver qué pescamos. Con el tiempo, espero que las redes sean más finas y los peces más sabrosos.
¿Cuál es el video TED, charla, entrevista, etc. que más has visto y por qué? Esto es agua, esto es agua. Postmodernismo, poética, atención plena.
La V mayúscula de Verdad se refiere a la vida ANTES de la muerte.
Es acerca de los valores que implica la real educación, que no tiene nada que ver con el acumular conocimiento y sí con la simple atención, atención a lo que es real y esencial, tan oculto en plena vista a nuestro alrededor, todo el tiempo, que tenemos que estar constantemente recordándonos a nosotros mismos, una y otra vez: esto es agua. Esto es agua. Esto es agua. Es inimaginablemente arduo de llevar a cabo, estar conscientes y vivos en el mundo adulto, día a día. Lo que trae a colación otro gran cliché archisabido: la educación es un trabajo para toda la vida. Y comienza ahora.
—La mía es que el diseño actualmente no tiene tanto que ver con la producción de objetos materiales, sino con la producción de humanidad. Por ejemplo, usted me dice: «Tengo frío, diséñeme un radiador». Si yo fuera un diseñador obsoleto, le diseñaría un radiador, puede que muy bonito.
Pero quizá lo que yo haría en este caso es tomarle en mis brazos y preguntarle: «¿Tiene ahora más calor?», porque es posible que no sea cuestión de frío, sino de amor.
Es miércoles y estoy presentando las prácticas casi a mitad de semana.
¿Por qué?
A. Quiero promover tu autonomía. Ya deberías seguir las prácticas por tu cuenta, sin necesidad de mis avisos. Todas están en ¿El hábito que cambiará tu vida? Además, tienes el libro disponible con todas las prácticas y la filosofía de los cursos disponibles para descargar aquí.
B. Soy perezoso y voy atrasado esta semana en el blog.
C. Quiero que me eches de menos y quebrar tus expectativas.
Tengo el placer de comunicarte que hemos alcanzado la cifra de 1.164 preguntas para el crowdfunding del libro Minimalismo existencial. 67 generosos contribuyentes han participado. Todos ellos aparecerán en los créditos del libro.
Acabaré de escribir el libro antes de las 23:59 del 31.12.15.
Una última petición
Siempre he admirado y envidiado la larga lista de agradecimientos y créditos que los autores anglosajones muestran en sus libros. En contraste, los autores en lengua española a veces reconocen tímidamente alguna aportación y se lo dedican a su mujer o sus padres.
Una de las reglas para la creación de este libro es la regla de cooperación 33: al menos 33 personas han de colaborar conmigo en este libro. Pero nada impide que sean 333. Querría agradecer en el libro la cooperación no de decenas, sino de cientos de colaboradores, así este libro será lo mejor que puede ser.
Yo solo no lo puedo conseguir. Necesito tu ayuda.
Basta una simple pregunta para que pongas tu grano de arena. Puede parecerte una contribución minúscula, casi insignificante, pero es un grano que faltaría en el castillo de arena del libro.
Tienes hasta el 31.8.15, tres días, para hacer tu contribución.
Puesto que las preguntas más esenciales ya están hechas hace tiempo, te animo a que hagas preguntas absurdas o endiabladamente lógicas y conceptuales, abstractas o ridículamente específicas, cómicas o graves, obvias o inesperadas, sobre el minimalismo existencial. Pero también me sirven preguntas normales.
Cualquiera de las prácticas es un excelente experimento vital, no importa que no hayas iniciado los cursos y empieces esta misma semana. Daría mi brazo izquierdo (soy zurdo) y el cuerpo calloso (aunque no soy epiléptico) por ser consciente de mis impulsos en tiempo real, por dormir saludablemente o por controlar deliberadamente mi exposición a las redes sociales.
Recuerda: no tienes que hacer las cosas en un orden determinado.
Recuerda: casi nunca, es todo o nada.
Recuerda: las cosas grandes tienen inicios pequeños.
Recuerda: experimenta y prueba cosas solo por el placer de saborear la variación y ver qué resulta.
Re-recuerda: puedo estar equivocado: quizá haya un orden óptimo para hacer las cosas, quizá haya que pensar en términos de absolutos, quizá las cosas grandes requieren acciones espectaculares (y a partir de ahí ir mejorando) y quizá es mejor comprar un modelo ya acabado que haya funcionado con otros y evitarnos el tiempo y el esfuerzo de la experimentación.
Este es el primer podcast del blog. Para inaugurarlo tenemos a una invitada especial, la señorita M, que nos viene a visitar desde el jardín de las Hespérides.
El objetivo es 1000 preguntas. Llevamos más de 600. Si el 31.8.15 alcanzamos entre todos las 1000 preguntas me pondré manos a la obra para acabar y publicar el libro antes de fin de año.
No quiero darte instrucciones ni animarte en cada paso del camino. Con el tiempo, tú te darás tus propias instrucciones, o las buscarás, y te animarás solo.
Tu generosidad en forma de ideas-preguntas hará que escriba el libro Minimalismo Existencial. Hemos de llegar a 1000. Llevamos algo menos de 600. Tienes solo hasta el 31.8.15.
Semana a semana, lentos y seguros, seguimos con la travesía del desierto de ¿El hábito que cambiará tu vida? (ahí puedes acceder a todas las prácticas).
No desfallezcas. Ya estamos en el ecuador. Esta semana es especialmente interesante.
Esta semana estas son las prácticas, misiones y retos:
Salud minimalista. Sube y baja escaleras. (es el quinto reto del curso porque el cuarto reto de meditación 10×10 duró dos semanas)
He de decir que tras el curso del año pasado todas las prácticas de esta semana han dejado poso: uso la conciencia de las plantas de mis pies como minimeditación cotidiana, practico la lentitud deliberada como forma de controlar el estrés y obtener concentración, y llevo un año sin tomar un ascensor. ¿Qué más se puede pedir?
El mejor momento para iniciar algo es cuando no te sientes preparado.
Qué ofrezco
Me presento voluntario para ayudarte a expandir tu vida en 92 días.
Seré tu entrenador existencial durante este tiempo.
No cobraré en dinero, sino en experiencias, en sensación de contribución y en invitaciones a café o té verde.
Qué requiero
Personas que quieran hacer cambios significativos en los 92 años de una de sus reencarnaciones.
Que vivan en la zona de Madrid, España. Que me indiquen su grado de disponibilidad para desplazarse a reuniones en persona con HM en algún lugar del centro de Madrid empezando el próximo lunes 10.8.15. Si tienes problemas para reunirte una vez a la semana no te molestes en escribir.
Que me envíen cien razones a mi correo (homominimus@hotmail.com) para querer participar en este proyecto colaborativo antes de las doce de la noche hora española peninsular del domingo 9 agosto.
Qué espero obtener yo
Refinaré mi sistema de minimalismo existencial
Generaré y testaré ideas prácticas para el próximo libro Minimalismo existencial.
Aplicaré el 3º principio del aprendizaje: colaboración-enseñanza (aprender enseñando). Esta iniciativa se suma a la de crowdfunding de ideas ya en marcha ( a propósito, llevamos 299 preguntas sobre las 1000 necesarias para financiar la escritura del libro).
¿A quién elegiré?
Entre los miles de voluntarios, elegiré un mínimo de una persona y a un máximo de tres para el entrenamiento existencial.
¿Qué criterios emplearás para hacer la selección?
Los míos, personales, subjetivos, irrefutables. Mis criterios, al igual que mi mala leche, son innegociables. Si no aparecen personas adecuadas en los próximos tres días, el proyecto se cancela.
¿Qué pasa si te interesa mucho participar en el proyecto pero quieres disfrutar también de unas merecidas vacaciones?
Esta pregunta te descalifica para el proyecto. Decidir es descartar.
Si conoces a alguien que pudiera beneficiarse de esta iniciativa, aunque no sea lector del blog, no dudes en comunicárselo. También es una buena idea que tuitees o facebookees este artículo.
Salud minimalista: seguimos con el reto de meditación 10×10. Recuerda que eran 10 días, así que esta semana continuamos.
Como ya habrás advertido hace mucho tiempo, no hay soluciones universales. Hay pasos en la dirección correcta. Si has llegado a la quinta semana de alguno de los cursos, mi más sincera enhorabuena. S.E.C. Cada día que completas la práctica, el reto o la misión semanal te estás acercando más a tu personalidad elegida.
Me permito recomendarte que te tomes estos cursos como una aventura de descubrimiento.
Sigamos hacia delante. Poco a poco. Paso a paso. Lentos y seguros.
Si el gran Leo Babauta de Zen Habits hace crowdfunding para su último libro y obtiene 224.255 dólares con 8211 contribuidores, ¿por qué no lo iba a hacer yo?
No encuentro motivo alguno para no haceros pasar por caja y financiar mi próximo proyecto. Después de todo, ¿no esperaríais que fuera a dedicar miles de horas a escribir un libro sin tener la garantía, la seguridad de que alguien fuera a pagar?
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Ok, ya sé que siempre hablo de lanzarme a la piscina, de la mentalidad experimental, de «si no está roto, rómpelo», de que el mejor momento para hacer algo es cuando no estás preparado, etc. Ya te conoces la cantinela. Para mí es un soniquete, un zumbido en los oídos que ahora va a obstaculizar la petición que os voy a hacer.
Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, pero confío en que tengas poca memoria o que no seas sensible a las anomalías e inconsistencias de mi discurso.
De hecho, estás tan sumergido en el bombardeo de información: twitter, Facebook, Instagram, correo electrónico, WhatsApp, el teléfono, etc., que espero que no tengas mucho tiempo de reflexión y que leas este artículo en diagonal y que no conectes A con B y con C en tu mente, y reacciones como una rata de Skinner a mi petición sin pensar que soy un cobarde por no ponerme a escribir el libro sin garantías de nada, sin red de seguridad.
Ya, preguntarás, ¿pero de qué libro está este hablando?
¡Pues de mi libro! De mi último libro, yo he venido aquí a hablar de mi libro, pero… no para que me lo compres… ya que no está escrito todavía, sino para que me lo financies, para que me lo empieces a pagar por adelantado.
Eso. Para que me asegures que puedo escribirlo. Y si no me lo financias, pues te van a joder. Te van a joder bien jodido.
Ok, disculpa, me estoy encendiendo.
Lo que quiero decir es que necesito que alguien financie mi nuevo libro sobre minimalismo existencial. Os necesito. Mejor dicho: TE NECESITO A TI. Sí, a ti, el que está leyendo esto.
El tío Mínimus te necesita. ¡Alístate!
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–¿Has visto la película Nueve reinas, mi película argentina favorita? En una escena en unos baños públicos, Marcos (Ricardo Darín), un timador profesional descaradamente amoral, demuestra a Juan (Gastón Pauls) una verdad terrible: «Putos no faltan, lo que faltan son financistas». Pues yo digo lo mismo: tampoco faltan escritores, lo que faltan son lectores que compren libros y contribuyentes a campañas de crowdfunding.
–
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Das una patada a una piedra y tienes mil escritores dispuestos a escribir, escribiendo, habiendo acabado de escribir y anhelando escribir. Así que no, no faltan escritores ni libros. Lo que faltan son financistas.
Y ahora vas a empezar a pagar.
Tú eres mi financista. Sí, tú, no mires a otro lado.
Si el gran Leo Babauta es financiado por las multitudes en su último libro , ¿por qué voy a ser yo menos?
Yo también quiero escribir un libro.
¿Me lo financias? ¿Quieres ser mi financista? Yo seré tu escritor.
Financiación especial
Voy a pedirte una financiación especial. No digo que levantar 224.250 dólares, euros, bolívares pesos, shekels, lempiras, soles, colones, guaranís, reales, francos suizos, libras, quetzales, balboas, coronas suecas , o loquequieraquesea, como Leo en pocas semanas, no esté bien.
Pero no me sirve el ejemplo de Leo. 224.250 dólares americanos son calderilla para un minimalista como yo.
Voy a pedirte algo más valioso todavía, mucho más valioso, extremadamente valioso.
¿Sabes cuál es el miedo profesional más grande de un profesor universitario?
NO, cambio la pregunta: ¿cuál crees que es el miedo más grande de un investigador existencial como yo?
Supongo que dirás: «No saber responder a un discípulo», «ser ridiculizado por un estudiante o colega que sepa más o que te ponga en un brete haciéndote una pregunta que no sepas responder…» .
Pues no.
Un verdadero investigador, alguien que está inmerso en la búsqueda del conocimiento, en este caso del conocimiento existencial, tiene un gran miedo. No es no saber responder preguntas en su campo. No es ser ridiculizado. No.
–
–
El miedo más grande es que se le agoten las buenas preguntas. Las preguntas son el bien intelectual más preciado. No el presupuesto, no las respuestas convincentes, no la reputación. NO.
El miedo más grande está en quedarse sin buenas preguntas. Y las mías son escasas. Tengo miedo a quedarme sin preguntas interesantes, sin preguntas que me obliguen a empujar mis límites.
Estoy necesitado de preguntas. El mundo está falto de buenas preguntas.
El minimalismo existencial no es una excepción en el océano del conocimiento humano: cada día me cuesta más escribir artículos novedosos, empujar las fronteras de lo posible, descubrir recovecos en mis certezas, encontrar la proverbial aguja en el abultado pajar, localizar la pepita de oro que se esconde en mis arenas interiores cuando uso el cedazo del minimalismo existencial.
Esto es duro. Esto es muy duro.
Así que puestos a pedir, te voy a pedir algo realmente difícil, algo que es muy difícil tener y todavía más difícil dar.
Crowdfunding de ideas
Llevamos al final del artículo y al corazón de la petición que hago.
Necesito que financies mi libro sobre Minimalismo Existencial.
Y necesito que lo financies con lo más balioso que tienes: con buena ortografía.
No, bromeo. Necesito que lo financies con lo más valioso que tienes: con tus ideas.
Pero no cualquier tipo de ideas,.No me sirve, por ejemplo: entrevista a X, haz dibujos bonitos, utiliza técnicas de marketing online, danos la receta de la felicidad en 10 cómodos pasos, imita el estilo de James Altucher, cuenta cuentos como Pablo Coelho, muéstranos tu sistema de productividad ,etc.
No me valen ese tipo de ideas.
Te voy a exprimir como a una lima antes de prepararme un mojito cubano y voy a extraer hasta la última gota.
Quiero que te conviertas en coautor de este libro.
Tus ideas han de ser las preguntas que tengo que responder. Quiero que seas la chispa que encienda mi motor. Start me up, baby!
–
¿Qué tipo de preguntas?
Cosas que no sabes y quieres saber. Cosas que son anómalas o contradictorias y quieres desentrañar.
Preguntas para reducir el rozamiento existencial.
Preguntas para aerodinamizar tu vida.
Preguntas que debería responder mi libro Minimalismo Existencial.
Preguntas muy generales tipo «¿Cuál es el sistema de productividad de un minimalista existencial? hasta preguntas muy concretas como «¿Cuál es tu ritual de desayuno?», «¿Dónde debería veranear un minimalista», «¿Cómo convenzo a mi pareja para que se haga minimalista?».
Desde preguntas teóricas como «¿Qué relación hay entre la aerodinámica y el minimalismo existencial», «¿Qué son las UPAs o Unidades Permanentes de Atención en la memoria?, hasta preguntas muy prácticas del tipo «¿Recomiendas una libreta o un computador para gestionar minimalistamente tu vida?» o «¿Cómo saco tiempo para cultivar mis intereses y pasiones?»
Pasando por todo tipo de preguntas, lógicas, filosóficas, psicológicas, absurdas, de detalle, de ampliación, sobre productividad, política, felicidad, estilo de vida… LO QUE SEA, cualquier pregunta que esté remotamente relacionada con el diseño de vida que propugna el Minimalismo existencial, que te resulte interesante o que sea útil para ti.
Tengo muy poca imaginación, soy un indigente, un sintecho de las preguntas, no se me ocurre nada mejor. Te NeCeSiTo.
El libro estará listo el 31.12.15. En ese libro responderé todo lo que sea capaz. En cuanto tenga las preguntas, me pondré a buscar las respuestas y escribir el libro. Lo juro.
Mi petición final
Quiero que me financies con lo más valioso que potencialmente tienes.
Con tus ideas en forma de preguntas.
Me vale cualquier tipo de preguntas.
No hay pregunta mala.
Pero hay preguntas mejores, así que esfuérzate, ¡huevón!
El minimalismo existencial es un diseño de vida animado por principios minimalistas que busca cultivar los pocos vitales y reducir los muchos triviales. Es un diseño de inspiración existencialista porque te pone de frente ante tu vida y tus fantasmas y te otorga TODA la responsabilidad. TODA. Sin excusas, sin lamentos.
Cuantas más preguntas, mejor.
–
Si solo tienes una pregunta en tu cabecita,
la acogeré como un precioso don
Si tienes cinco me harás el más feliz de los hombres
Si me regalas treinta preguntas… el cielo se abre ante mí
Si me envías una lista de cien preguntas…
Ohhhhh, ¡qué diera yo por un beso de cien preguntas!
Seguimos con los tres cursos en paralelo que os propuse en ¿El hábito que cambiará tu vida?. Ahí puedes encontrar todas las prácticas.
Estas son las prácticas, misiones y retos de esta cuarta semana:
Curso de atención plena:Sé gentil con las puertas. Un ejercicio aparentemente insignificante de atención centrado en un pequeño gesto. Dios y el Diablo están en los detalles, así que hazte consciente de ellos.
Curso de perseverancia y autorregulación: Sé paciente en las conversaciones. He de decir que para mí esto es casi imposible, por eso lo necesito más que nadie, por eso esta será mi misión de esta semana.
Curso de salud minimalista. ¡El reto de meditación 10×10!. Este reto es muy completo e incluye habilidades de los cursos anteriores de atención plena y perseverancia: tienes que practicar la plena consciencia o atención plena durante 10 minutos diarios y tienes que esforzarte durante 10 días por seguir la práctica.
En otro artículo te sugiero un posible método para recordar el hábito de meditación, lo he llamado El santo grial de la formación de hábitos:Anuncio cuarto reto de meditación 10×10. Es aplicable a cualquier otro hábito que quieras formar.
Durante 10 días practicaremos 10 minutos de meditación guíada. Te proporciono los audios con la descripción de las prácticas y algunos consejos e ideas. Si nunca has practicado la meditación, podría ser una buena ocasión para darle una oportunidad. Luego ya decidirás si la meditación es para ti y quieres continuar. Como dura diez días, ocuparemos esta y la siguiente semana.
No importa que no sepas nada de meditación, en los audios te digo cómo hacerlo de manera sencilla mientras te guío con mi aterciopelada voz.
—Hola, me llamo Mínimus, Homo Mínimus. Esta es la primera vez que acudo a vuestro «círculo» —dijo levantando los brazos y mostrando dos dedos de cada mano en vertical y luego flexionándolos— y tengo un problema…
—Holaaaaa… Homo Míiiiinimus… Te queremooos.
—Como decía, tengo un grave problema… un problema de comunicación con las personas. No sé por dónde empezar…
—Empieza por el principio, y así paso a paso hasta el final —dijo el amable facilitador de voz suave y piernas increíblemente cruzadas en lo que parecía una posición de yoga.
—Ejem… sí, pues tengo un gran problema: siempre quiero tener la razón, siempre creo que tengo la razón, siempre tengo que mostrar que tengo la razón, y,lo peor de todo, creo que siempre tengo la razón y los demás están equivocados.
—Ajá, esto me recuerda a la historia del paciente que dice que tiene un complejo de inferioridad… y el psiquiatra le replica que no tiene ningún complejo de inferioridad, que simplemente es inferior.
—Pues esa versión es muy caritativa. Yo creo que el señor Homo Mínimus es más bien como el conductor suicida involuntario que cree que todos los conductores excepto él circulan en dirección contraria —espetó el hombre de poblados mostachos con camisa de leñador.
—Hummmm, bueno, decía que siempre quiero tener la razón y eso me crea dificultades de «adaptación social» —dijo volviendo a hacer el simpático gesto con los dedos—. Al menos eso es lo que me dijo la psicóloga. No sabéis lo difícil que es ir por la vida como un don Quijote enfrentándose con gigantes en cada recodo del camino. Veo errores de ortografía cada vez que la gente abre la boca y me siento impelido a corregirla. Por eso cuatro de cada cinco veces me encuentro impartiendo una pequeña lección de economía básica, de epistemología o de racionalidad para dummies. Es realmente agotador. No soy el tipo más popular de la reunión, vamos.
—Cuéntanos más, por favor.
—El hecho es que mi vida es un desastre. La gente no reacciona bien a mis esfuerzos de aclarar los términos de la conversación y aplicar la lógica. Se lo toman todo personalmente. Y yo, por contagio, termino tomándomelo personalmente, sobre todo cuando me dicen que soy un pedante, un tipo repelente o un sabelotodo.
—Es lógico. Lo raro es que te nombraran la reina de las fiestas.
—Esto me genera tanta «fricción existencial» —dijo acompañando las dos palabras con los deditos— que tengo que alejarme de cuando en cuando de la vida en sociedad. El famoso sabbatho ritual de descanso y contemplación que tanto recomiendo en mi blog es en realidad un método para escapar al sinvivir de estar rodeado de lerdos, de gente que no entiende nada.
…¿Habéis sentido alguna vez esa sensación de estar hablando con gente que aparentemente parece humana pero que sientes como si no hubiera vida dentro, que tiene el sentido crítico y la apertura del sarcófago de Tutankamón? Pues eso me pasa a mí.
El yogui de la simpática posición pseudolotusiana se agitó en su cojín zen y cortó a Mínimus:
—Relajémonos un poco. Creo que es el momento de hacer tres respiraciones de mindfulness para recobrar el…
—Y un güevo. Ahora estoy hablando yo y vosotros vais a escucharme.
—Prosigue, por favor, solo quería que respiráramos conscientemente como pausa valorativa a tus palabras. ¿Qué crees que hay detrás de esa tendencia a la confrontación? ¿Echas la culpa a los demás o sería posible que tú tuvieras algo que ver?
Mínimus pareció no entender bien la pregunta y levantó la mirada hacia arriba a la izquierda, suspiro visiblemente y dijo:
—Vamos a ver, podría ser que tuviera algo que ver. Permíteme que considere tu pregunta…
Durante varios segundos se hizo el silencio y una sonrisa de esperanza se esbozó en los rostros de las tres personas que acompañaban a Mínimus en la calurosa tarde.
—…recuerdo una vez que atisbando que yo pudiera ser parte del problema iba andando meditabundo en dirección a mi tertulia de los jueves… un grupo de gente que trata temas sociales variados; desde las implicaciones del darwinismo en la sociedad, pasando por temas actualidad política hasta las relaciones entre los hombres y las mujeres. Iba andando por la calle sumido en mis pensamientos «contándome» —volvió a hacer el insufrible gesto de los dedos— las cuitas que os acabo de relatar. Entonces me percaté de que por la calzada rodaba un balón hinchable de esos que ves en las playas los veranos.
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…rodaba libre propulsado por el viento. Algo me dijo que era una señal, que era un hecho azaroso que conectaba con mis problemas de interacción social.
La chica pelirroja de mirada soñadora y lazo morado en el pelo, que hasta el momento se había mantenido respetuosamente en silencio, intervino:
—Hummm, interesante. ¿Qué te llevó a conectar el balón de playa con tu carácter discutidor?
—¿Por qué me llamas «discutidor»?
Mínimus prosiguió:
— Bueno, un poco sí. De acuerdo…
… Esa misma semana había estado leyendo un libro de Gianni Rodari, La gramática de la fantasía, que me había recomendado mi amiga Anca Balaj, la escridibujante y experta en creatividad. En ese libro hablan de los binomios mágicos. Estos son grupos de dos objetos, pueden seleccionarse, por ejemplo, abriendo un diccionario por cualquier lado y señalando con el dedo una palabra . Con ese binomio o trinomio o polinomio (pues nada impide hacerlo con un número n de palabras) te esfuerzas en crear una historia o establecer asociaciones. Puesto que las palabras no tienen nada que ver, las asociaciones pueden ser sorpresivas, no convencionales y hasta absurdas. Esas conexiones pueden ser el inicio de un cuento o el comienzo de resolución de un problema.
El leñador hizo un gesto de incredulidad y dijo:
—No veo la relación con tu carácter discutidor, la verdad. ¿Qué tiene que ver un globo inflable en la calle con lo que nos estabas contando?
—Esa es la cuestión. En principio, nada. No tiene nada que ver. Pero yo vi la oportunidad de crear un binomio mágico de Rodari: pelota inflable de playa <—> mi problema con las discusiones. Así que corrí detrás de él y lo agarré. Vi que no se le había escapado a nadie, no vi niños por los alrededores ni nadie que lo reclamara y me quedé con él mientras seguía andando por la calle abrazado a la pelota en dirección a la tertulia. Cuando llegué a la sala de reuniones, ya había algunos tertulianos pululando pero sorprendentemente no comentaron el extraño hecho de que llevara una pelota tan grande entre mis brazos. Saludé, me saludaron, pero nadie mencionó la pelota.
—Y entonces llegaste a la sala con la pelota y empezó la tertulia —dijo el del hacha.
—Así es. Y me pasé la tertulia como siempre, discutiendo, interrumpiendo a la gente y con la pelota reposando morosamente en el suelo. Lo gracioso fue que nadie me preguntó por el hecho de que hubiera llegado con una pelota, lo que me confirma que la gente es inane y no siente curiosidad por nada.
El facilitador de voz suave tomó el testigo:
—Quizá necesiten un curso de atención plena. Parece que hemos perdido la capacidad de asombrarnos. Ya es difícil acoger con corazón abierto las pequeñas cosas de la vida, pero es que hasta la cosas inusuales, las anomalías, dejan de sorprendernos.
La chica pelirroja de rostro soñador volvió a intervenir:
—Qué bonita historia, Homo Mínimus, después de todo no eres tan arrogante e hiperracional como parecías. ¿Conectaste finalmente la pelota con la comunicación humana?
—No, no lo hice. Supongo que en algunos binomios mágicos no hay oro.
—Pues yo… creo que sí que… hay algo brillante cubierto de fango… en el fondo del lago —dijo… lentameeeeente… la chiquiiiilla.
¿Qué tal fueron los dos primeros retos, prácticas y misiones de los cursos? ¿Fácil? ¿Difícil?
Bien.
Lo importante es seguir en la brecha, en la pómada, en el compromiso. Practicar, hacer pausas, reflexionar sobre lo vivido, ajustar y dar el siguiente paso.
Lo importante es recordar los principios de ¿El hábito que cambiará tu vida? , el nuevo reto de tres meses que empezamos el 6 de julio del 2015.
Puede que te parezca insignificante, minúsculo. Puede que pienses que no hay avance. O al contrario, puede que hayas descubierto alguna verdad profunda.
En ambos casos, en todos los casos, tomamos nota (atención plena), renovamos el compromiso (perseverancia) y damos el siguiente paso físico y mental (salud minimalista).
El mensaje de esta semana es el siguiente:
Empieza a medir la duración de los días y las semanas por lo que has aprendido, por las experiencias, las revelaciones y los instantes en que todo parecía encajar.
Si tienes uno de estos momentos o el atisbo de uno ellos, ya es un avance gigantesco.
Si no lo has tenido todavía, sigue experimentando, intentando, perseverando, moviéndote.
Nadie dice que siempre haya que empezar por el principio, por la primera semana. Cualquier momento es bueno. Bien podrías empezar en esta tercera semana tu curso a la carta y elegir prácticas, misiones o retos de cualquiera de los cursos. Los tres cursos están relacionados, se apoyan unos sobre otros.
Como siempre, puedes compartir tus pensamientos sobre la práctica de la semana en los comentarios de este artículo, en el blog.
B. No des nada por sentado. Pero aférrate a unas pocas verdades inalienables.
C. Escribe de algún tema sobre el que escribirías aunque nadie te leyera.
D. Experimenta con tus personalidades. No olvides incluir al enano jorobado que llevas dentro, ni al loco de dientes sudorosos, «Oh, capitán, mi capitán», ni al crítico interior, ni al yo que se levanta por las mañanas con gesto de ojalá se caiga el cielo.
E. No pulses el botón de publicar si no sientes miedo, si no crees que podrías disgustar a alguien. Consejo robado a James Altucher, lee su Ridículum Vitae. Roba sin complejos.
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James Altucher agasajado por una admiradora, no sé si es Claudia.
F. Haz amigos. Pero pocos y vien abenidos. Esto no es facebook.
G. Haz enemigos. Un día en el que no has molestado a alguien es un día perdido. Tu mala leche ha de ser innegociable.
H. Privilegia las métricas internas sobre las externas. Traducido: motivación intrínseca frente a extrínseca. Del palo y la zanahoria al «porque me place».
I. Inspírate en lo que te ocurre en el día a día. Las ideas vienen solas. Basta con mantener los ojos abiertos. Espiración. Inspírate en lo que te ocurre en el día a día. Las ideas vienen solas. Expiración.
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Alex Soojung-Kim Pang. El apóstol del descanso deliberado.
K. Muestra algo feo de ti (otra vez James Altucher). Si ya eres feo, tienes terreno ganado, pero cuidado, es fácil recurrir a la belleza interior para apaciguar la mirada ajena. Si tu belleza interior tiene fisuras, ya estás llamando a un fontanero de almas.
L. Porque sí. Practica el «Porque sí». ¿Por qué? Porque sí.
LL. Escribe listas larguísimas cuando no tengas ganas o actitud para escribir párrafos argumentados. La lista es la hermana tonta de la literatura. Quiérela.
M. Aprende el abecedario. Lo vas a necesitar para las listas largas.
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Scott Young. El rey de los retos.
N. Busca frikis amigos lejos de ti. Regla de las 4 efes: FFFF.
Ñ. No vivas al máximo solo para contarlo en un blog; en especial si escribes un blog minimalista.
O. DRY. SECO. ¿Dije Realmente Yeso?
P. Aplica una pauta de escritura irregular. Si eres sublime sin interrupción, te desfondarás nada más empezar.
Q. Aspira a la imperfección. Haz ondear su bandera. Cuelga tus bragas recién lavadas a plena luz del día.
R. El 95% de los blogueros no pasan del primer año. Algo similar con las nuevas empresas. En cinco años el 50% de los matrimonios están muertos. Los buenos propósitos de inicio de año expiran en febrero. A largo plazo, la probabilidad de supervivencia tiende a cero. Solución: si lo dejas, que no sea porque eres un blando, un flexifofo, un bloguero cuyo ego expide cheques que su voluntad no puede pagar.
S. Sardinas.
Mario Casaretto. Un verso suelto.
T. Bucea en la contradicción. Pero no para contrariar por contrariar; no para ser rebelde; no para crear una imagen. Bucea en la coherencia. Pero para ser un héroe, para ser un apóstol, para convertirte en un espejo.
U. Da un montón de consejos. Pero mucho cuidado con aplicártelos. Podrías empezar a creértelos.
V. Trata a la gente como si fueran mucho más buenos, sabios y bellos que tú. Casi todos lo son. Por eso escribes un blog: para ser tan bello, sabio y bueno como ellos.
W. Nunca pienses en tu público objetivo. Mejor: dispara la flecha a la buena de Dios y luego dibuja una diana donde se clavó el dardo. Pero… ¿no era una «flecha»? Te remito al consejo T.
X.
Y. Emprende proyectos que te estiren. Estás para ser superado. El mejor yo es el yo sobrepasado.
Z. Zzzzzzzzz. ¿Todavía sigues por ahí? No preguntes tanto. Escribe con autoridad, con la autoridad que te da la ignorancia de tus límites.
AA. Si estás en el nicho A no te juntes con gente del nicho A. Ni del P, ni del X, ni del Z. Busca a gente en el nicho épsilon, en el nicho aleph, en el nicho del cementerio, sector J, hilera 6. Luego agítalos en la coctelera y organiza una parada de monstruos.
BB. Escribe como si solo tú conocieras el secreto de este desfile salvaje.
CC. Educa la percepción para que prospere en la anomalía. Eres Sherlock Holmes, cualquier detalle es revelador. El asesino siempre es la mirada letárgica.
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DD. Sé generoso. O no lo seas. Pero siempre aspira a entregar mucho más de lo que recibes.
EE. Repinta la capilla sixtina en las bóvedas de tu cráneo. Gracias, Ray.
Este es un curso lleno de sugerencias. Tú eres libre para adaptarlas, simplificarlas o modificarlas según tus circunstancias. No recomiendo intensificarlas… pero eres muy libre.
Por ejemplo, en la primera práctica del curso de Salud Minimalista, si no tienes podómetro, teléfono inteligente que mida pasos o aparato similar, podrías seguir el método alternativo de Robert Sánchez anotando el tiempo en que haces alguna actividad a través de un cronómetro que enciendes cada vez que te pones en pie y detienes cada vez que te sientas o te tumbas.
También podrías simplemente hacer una estimación aproximada cada hora del tiempo que permaneces de pie preguntándote cuánto tiempo has estado en pie.
En este caso, no importa tanto el método como la toma de conciencia. Be flexible, my friend.
Diez razones para seguir durante tres meses uno de los cursos
Te servirá como un primer paso para avanzar en atención plena, perseverancia o salud.
Pondrás los fundamentos de un macrohábito o habilidad compleja.
Te ayudará a formar el hábito de formar hábitos.
Mantendrás durante tres meses tu foco en un área importante de tu vida.
Experimentarás con varios elementos del hábito y conocerás sus beneficios y desventajas o dificultades.
Puedes elegir tu nivel de implicación: todas las semanas, algunas semanas, una semana, hacer todos los ejercicios, hacer los que más te gusten, hacer los que menos te gusten, leer los artículos simplemente, leer y hacer, etc.
Te permite comprometerte en público. Lo puedes hacer en la sección de comentarios en las pestañas del curso de atención plena, Curso de perseverancia y Curso de Salud minimalista.
Te darás cuenta de que la sencillez y los pequeños pasos te pueden llevar muy lejos.
Podrás contar todas las semanas con tus compañeros de curso y conmigo mismo para recibir apoyo, compartir experiencias y resolver dudas.
¿Qué tienes que perder por intentarlo una semana? ¿Qué podrías ganar si te ayudará a dar el salto?
Puedes comprometerte públicamente, si lo deseas, en las pestañas del blog de los cursos correspondientes. No olvides indicar al menos una razón para iniciar el curso.
Al final de esta semana, elaboraré la lista con todos los participantes. Por supuesto, puedes incorporarte en cualquier momento durante el curso. Basta con que te comprometas públicamente o hagas algún comentario en la práctica de la semana.
Te comprometas públicamente o no, te recomiendo que hagas comentarios de cuando en cuando con tus impresiones y dudas en los artículos de las prácticas, misiones y retos.
Ten en cuenta que la primera práctica, misión o reto es en la semana del 6 al 12 de julio de 2015, y a partir de ahí se suceden semanalmente hasta finales de septiembre.
Este es un artículo invitado de mi amiga Yuri, de Honduras. Su tema es el amor. Me pregunta mucho sobre el minimalismo y el amor, pero yo sé poco de ambos conceptos, así que le invité a que escribiera su visión del amor minimalista. La puedes seguir en twitter.
Siguiendo la estela de Miguel de Luis, que me llamó Minimalista farsante, y de Laura Mascaró, que aseguró que el minimalismo es anti-educativo, Yuri declara que «No se puede ser minimalista en el amor», aunque quizá sí en las bodas…
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Hace unos meses me di cuenta de que casi todo lo que hacemos es motivado por la vanidad, especialmente las bodas. Es una competencia inútil entre unos y otros para ver quien “lo hace mejor o más grande”. Así que imaginé la boda más insólita:
Sólo bastaría la presencia de 3 personas: el novio, la novia y el ministro/celebrante de la ceremonia. ¿Lugar? Una isla virgen (si es que queda alguna) en la cual se realizaría la “Luna de Miel” una vez que el ministro/celebrante se haya retirado del lugar. ¿Por qué no invitar a familiares o amigos? Porque el matrimonio es de dos y nadie más.
Pero la cosa no terminaría ahí, habría una única foto de ese día que jamás será subida o compartida en las redes sociales; esperar a que sea el destino el que revele su nueva situación sentimental; y disfrutar de la ausencia de “regalos de bodas” que amenazaban con deteriorar el equilibrio minimalista del hogar.
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Pero retrocedamos un poco, y hablemos del noviazgo. El noviazgo es la incubadora de todo casamiento, y no se debe tener prisa por salir de ella.
Es en el noviazgo donde se ejercita y desarrolla el amor. Y he aquí mi concepto de este término:
El amor es un sentimiento, decisión, virtud cuya complejidad radica en que es simple, sencillo, inocente. El amor no es un contrato o bono de conveniencia, es la suma de experiencias (buenas y malas) que día con día van surgiendo dentro de una relación, y que lejos de separar a los implicados, los une.
No hay que escatimar gastos o esfuerzos en demostrar nuestro afecto a las personas que amamos. “En el amor no se debe ser minimalista.”
Desde una carta/tarjeta hecha a mano hasta “un millón de rosas”, lo importante es demostrarle a nuestro ser humano favorito lo mucho que pensamos en él(ella).
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Ahora retrocedamos un poco más y hablemos de la amistad/atracción física con la cual una persona conocida o desconocida nos hipnotiza.
Muchas veces sentimos temor de no ser correspondidos por la persona que despierta en nosotros decibles —y no decibles— emociones. Pero si dicho temor se hiciera realidad, agradece ser la persona rechazada y no el(la) desgraciado(a)/malparido(a) que rechazó a alguien que lo(la) amaba.
Es mejor levantarse que quedarse en el suelo. Es mejor soñar con ganar que temer a perder. Es mejor ser recordado a quedarse en el olvido.
Siempre sé tú mismo(a) y busca y encuentra al “recipiente” de tu amor. Olvida las ESTÚPIDAS reglas del coqueteo y enseña a otros a hacer lo mismo. De ti depende, en gran medida, que tu vida sea un cuento de hadas o una historia de terror.
Y no seas tan exigente, hay personas que aman “a su modo”.
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No es casualidad que el amor sea y haya sido la inspiración de pintores, escultores, poetas, músicos, escritores y personas “comunes y corrientes” para hacer/crear las imágenes, sonidos, relatos que nos erizan la piel y/o nos aguan los ojos.
Una buena parte de la felicidad se consigue contribuyendo a la felicidad de otros. Y espero que este artículo contribuya a la vuestra.
Ojalá que lo que he escrito esté a la altura de este blog, porque una de las frases minimalistas con mayor significado es: “Te amo”.
Semana a semana, presentaba una práctica, la entrenábamos y durante la semana comentábamos nuestras impresiones y las dificultades que nos íbamos encontrando, y al final de la semana escribía un artículo resumen con las lecciones aprendidas y vuestras contribuciones.
También escribía artículos complementarios para enriquecer la práctica o arrojar cierta luz sobre el propósito de la práctica. Cada curso duraba doce semanas.
Los tres macrohábitos seleccionados y sus correspondientes cursos para cambiar nuestras vidas fueron:
La atención plena, el hábito de estar presentes en nuestras propias vidas y aumentar la conciencia interna y externa.
La perseverancia y la capacidad de autorregulación, para encontrar el combustible emocional que transforme nuestras determinaciones en acciones consecuentes.
La salud minimalista, los pequeños pero eficaces hábitos que nos proporcionan la energía física y emocional para hacer lo que queremos hacer.
Mi propuesta
Hemos llegado casi a la tercera reencarnación, julio del 2015. Tenemos un trimestre usualmente más tranquilo. Esto puede aumentar la energía y favorecer la disciplina. ¿Por qué no dedicar los próximos tres meses a practicar e instaurar un nuevo macrohábito?
Podrías elegir aquel que creas que es más importante para ti, para el que estés más motivado o que simplemente te apetezca entrenar.
Las prácticas, misiones y retos son sencillos; algunos requieren pocos minutos al día, algunos son más demandantes. En todo caso, empezamos con prácticas muy fáciles y gradualmente aumentamos la dificultad o complejidad.
Durante las doce semanas estaré atento a los comentarios de cada una de las prácticas de cualquiera de los tres cursos y al menos una vez a la semanaanimaré, resolveré dudas y ayudaré en los comentarios a:
Los psiconautas (curso de atención plena)
Los guerreros (curso de perseverancia)
Y los habitantes de su cuerpo (curso de salud minimalista)
Sea cual sea el curso que elijas, que tengas y mantengas un propósito y durante doce semanas te convertirá en un mejor habitólogo.
El pistoletazo de salida para el inicio del curso es el lunes 6 de julio de 2015. Durará doce semanas.
Como el compromiso público es útil para muchos de nosotros, he abierto tres pestañas en el blog (Curso de atención plena – Curso de perseverancia– Curso de salud minimalista) para que declares tu compromiso y aportes al menos una buena razón para iniciar las prácticas, misiones o retos. Elaboraré una lista con todos los participantes en los cursos.
Los tres cursos
Echa un vistazo a la presentación de cada curso para conocer más detalles o lee este artículo, recopilación de lecciones aprendidas, en Los tres hábitos que cambiaron mi vida.
Puedes acceder a los artículos en la pestaña «Todos los artículos» de este blog.
Para tu comodidad, recojo aquí los títulos y vínculos a los artículos de cada curso, de los más recientes a los más antiguos:
Todas las prácticas y artículos del curso de atención plena(empieza por el final)
Tú decides: la píldora azul o la roja. Empezamos el lunes 6 de julio de 2015. Puedes anunciar tu compromiso público en la pestaña correspondiente del blog.
Este es un artículo invitado de Miguel de Luis, del blog Sabiavida, uno de los blogs más antiguos en la minimalosfera y sus aledaños. Accedió a tomar la píldora roja y hacer algo nuevo y bueno. El ofrecimiento me ha salido por la culata porque ha destapado lo que muchos ya sospechan: que somos unos farsantes.
Vamos, confiesa, si estás aquí es porque eres un minimalista de pacotilla. No, no corras farsante, no me llores, aquí ya no está Homo Mínimus para defenderte, solo Miguel, de Sabiavida, que se ha puesto gamberro.
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Lixandra
Hace unos días que leí a Homo Mínimus en twitter llamarse a sí mismo, y cito, «minimalista de pacotilla». ¿Y sabes qué? Tiene razón, y digo más, lo acepto como presidente de nuestro club; un club tan distingo que hubiera admitido a Groucho Marx de haber presentado la solicitud.
No puedo hablar por todos lo minimalistas, pero sí por mí, cuando digo que muchas veces me he sentido un minimalista farsante y eso, como diría el fino de Sabiavida, me causaba gran desasosiego. Pero ya lo he superado con el poder de las afirmaciones positivas. ¿Qué afirmación
uso? Aquí viene:
Soy un hipócrita y soy feliz
Repite conmigo, a ver si te funciona a ti también:
Soy un hipócrita y soy feliz.
¿Cómo he conseguido está felicidad ante la hipocresía? Con un poco de meditación y esta cara de cemento armado natural ecológico y biodegradable. Si lo de la cara de cemento armado no te parece suficiente pasemos a la meditación
Tengo pupita
Verás, la sensación de ser un farsante es dolor de crecimiento. Es dolor de no aceptar todavía quién eres, es parte del esfuerzo que conlleva mejorar y en ese sentido es bueno. La parte fea consiste en que nos impide disfrutar de la alegría de ser quién somos y de saber a dónde vamos. Si nos paramos en la sensación de ser un farsante, nos desviamos o desistimos, retrasamos o impedimos convertirnos en quienes queremos ser.
Es como esos tontos que están tan obsesionados con llegar a su destino que no pueden disfrutar del viaje. O el jugador que solo disfruta cuando gane y solo mientras le dura la sensación de la victoria.
Sentirse un farsante no es más que un «todavía no», un «aún no estás preparado», una caída más cuando aprendías a montar en bicicleta, o a andar, un fracasillo, un descubrir que la carrera era más larga de lo que creías o incluso un exigirse más.
Así que bueno, minimalista farsante de mis cariñitos, ahora que te hemos descubierto, ¿qué te toca? ¿ponerte a llorar? ¿dejar de intentarlo? ¿buscar otra cosa más fácil?
Yo, por mi parte, me limito a sonreír, aunque sea con sonrisa de careta, sacudirme el polvo, levantarme y seguir adelante.
1. Cuando una persona intenta traducir una palabra o expresión de una lengua a otra y la lengua de destino no tiene una palabra adecuada para la misma idea que en el lenguaje original y el significado original se pierde en la traducción.
2. Alguien que trata de explicar algo, pero no consigue que la persona comprenda claramente lo que dice hasta el punto de que deja de intentarlo.
Este artículo es una animación a que veas Lost In Translation. Puedes visionarla antes o después de leerlo. Es una de mis películas favoritas de todos los tiempos.
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No te voy a destripar la película, solo procurarte algunas pinceladas con las que decidas si algún día quieres verla, pues lo más importante es el tono existencialista. Además, al ser una película de atmósfera depende de los elementos visuales, el ambiente en que se desenvuelven los protagonistas y las situaciones pintorescas. Depende muy poco de la trama, así que no tienes mucho que temer de mi reseña.
O quizá sí. Tú decides.
Planteamiento
Bob Harris es una estrella de cine de mediana edad que llega a Tokyo para rodar un par de spots publicitarios para la marca de whisky japonés Suntory. Se aloja en el Park Hyatt, un hotel de lujo de una gran cadena con hoteles en grandes ciudades como Estambul, Buenos Aires y Tokyo.
Dépaysement. Francés
El sentimiento de no estar en el país de uno
El actor está en Tokyo porque le pagan muy bien; lo que le gusta es actuar, no promocionarse o rodar spots publicitarios. Por las mañanas saluda a sus asistentes japoneses y se dirige al lugar de rodaje.
El hotel, con sus habitaciones enmoquetadas, sus tonos claros y las luces cenitales que se encienden al paso por pasillos silenciosos y vacíos, es una isla en el tiempo y en el espacio para la persona que viaja sola.
Es el refugio al que Bob vuelve día tras el trabajo. Solo sabe que está en Japón por el aspecto del recepcionista, los camareros y los japoneses de rostro soñoliento que se encuentra por la mañana en el ascensor.
De cuando en cuando, charla con su mujer a través del teléfono sobre asuntos domésticos, los niños o el color de la moqueta de su nuevo despacho. Es el tono natural y pragmático pero algo acartonado de dos personas que comparten sus vidas desde hace mucho tiempo y para el que los hijos se han convertido en lo más importante. Su esposa antes viajaba con él en sus rodajes, desde que tuvieron niños eso ha cambiado.
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Toska. Ruso
Nabokov lo describe mejor que nadie: «Ninguna palabra del inglés traduce todas las facetas de toska. En su sentido más profundo y doloroso, es una sensación de gran angustia espiritual, a menudo sin una causa específica. En el aspecto menos mórbido es un dolor sordo del alma, un anhelo sin nada que nada haya que anhelar, una añoranza enferma, una vaga inquietud, agonía mental, ansias. En algunos casos podría ser el deseo por algo o por alguien en particular, la nostalgia, una pena de amor. En su nivel más bajo, se reduce al hastío, al aburrimiento».
Todos son japoneses
Las situaciones absurdas y divertidas con los nativos abundan en Lost in translation. El ojo crítico puede ver la caracterización de los japoneses como etnocéntrica, como el punto de vista de un turista occidental, una caricatura de la cultura japonesa en la que se abusa de personajes absurdos y estereotipos.
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Para el occidental, los japoneses pueden resultar así, sobre todo cuando no te has sumergido en su historia y cultura. Es una sociedad ritualista, donde convive lo tradicional con lo hipermoderno, y es difícil encontrar a las personas tras las máscaras sociales.
La atmósfera del hotel, a pesar de su diseño minimalista, es tenuemente opresiva, no tanto por los espacios diáfanos y la decoración de hotel de lujo como por la gente que rodea a Harris: personas que hablan en un idioma incomprensible, sonrientes como vendedores y encuestadores pero con rostros inescrutables, amables pero impenetrables. Gente indiferenciada e indiferenciable.
En el hotel también hay un par de occidentales, unos hombres de negocios jóvenes que intentan entablar conversación con el conocido actor. Le reconocen en el bar del hotel, le preguntan si es quién creen que es. Se los quita de en medio sin cruzar ni dos palabras.
Torschlusspanik. Alemán
En contexto, esta palabra se refiere al «miedo a que disminuyan las oportunidades a medida que uno envejece».
También hay una cantante pelirroja con la que Bob comparte una noche. La cantante bien podría ser una muñeca de plástico con la que pasa una noche para sentirse menos solo. La mujer de Bob, a la que solo conocemos por su voz al teléfono y sus mensajes de fax, es lejana, también ensimismada en su vida cotidiana, también sorda ante las necesidades de Bob.
Tokyo, el Hyatt Park y los japoneses son solo una metáfora e ilustración de algo que transciende a las naturales dificultades de comunicación con los nativos de un país exótico, así que no creas que te basta con cambiar de gente… (¿recuerdas mi máxima: «No cambies a la gente, cambia de gente»?), no es tan fácil, ojalá fuera tan fácil.
Todos queremos que nos encuentren
Pero Bob conoce a Charlotte, otro alma en pena, una chica de 24 años que acaba de graduarse en Yale y está recién casada con Jon, un fotógrafo superficial y medio bobo al que acompaña a su trabajo en Japón.
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Pasa la mayor parte del día sola, mientras su marido trabaja. Ella también está confusa, sola, no sabe qué hacer con su vida; se pasa el día mirando por la ventana, decorando su habitación con origami y escuchando cintas de gurús de la autoayuda, seguramente para aprender a vivir al máximo y no diluirse en la toska. Intenta compartir sus sentimientos con su madre, pero no encuentra más que una colección de palabras positivas y vacías al otro lado de la línea telefónica.
Mamihlapinatapei. Yagan (lengua indígena de Tierra del Fuego, Argentina)
Es la mirada cargada de significado que comparten dos personas que desean iniciar algo, pero que son reacias a dar el primer paso para comenzar.
Bob y Charlotte se conocen en el bar con espectaculares vistas de la planta alta del hotel. Charlan, congenian y terminan saliendo juntos en la noche de Tokyo,
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No esperes nada espectacular, solo algunos horas que sacan a ambos de su ensimismamiento y su rumia existencial. Salen con Charlie Brown, un amigo japonés del marido de Charlotte, conocen discotecas de Tokyo y se relacionan con los nativos.
Intentan confraternizar en algunos de los lugares más solitarios de este mundo: en discotecas y locales de fiesta. Charlie no deja de ser un tipo meramente simpático, y los japoneses que conocen son gente como la que te encuentras todos los días en tu vida cotidiana: actores de una aburrida comedia que repite los mismos guiones: ridículos surferos japoneses, chicas fiesteras y tipos borrachos que te cuentan sus vidas, que se intentan comunicar contigo gesticulando con palabras.-
Me gusta esta canción y esta escena de Bob cantando More than thise intercambiando miradas llenas de significado en el piso de Charlie Brown. Es mi escena favorita.
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Bob cantando More than this en el karaoke en el piso de Charlie Brown
Wabi-Sabi. Japonés
Mucho se ha dicho de este concepto japonés, pero al usarla en una oración uno podría entender esta palabra como «una manera de vivir cuyo foco es encontrar la belleza dentro de las imperfecciones de la vida, y en aceptar tranquilamente el ciclo natural de crecimiento y decadencia».
Bob y Charlotte hablan sobre la vida, sobre sus inseguridades, sus anhelos.
Irónicamente (en el sentido inglés del término: como algo que es contradictorio o que es distinto de lo esperado), estas dos personas que se encuentran son muy diferentes: una está empezando su vida y buscando su camino; Bob, en cambio, ya ha decidido cuál será su vida, parece tener su identidad definida aunque sus emociones sean ambivalentes.
Bob puede ser un mentor de Charlotte. Charlotte podría ser su hija. Tampoco aquí hay simetría. Comparten conversaciones y ven películas en japonés mientras se quedan dormidos en la misma cama sin tocarse un pelo, solo la mano de Bob rozando de costado el pie de Charlotte.
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¿Conclusión?
Es sorprendente que dos personas que no tienen nada que ver se encuentren desde el fondo de sus soledades, pero lo hacen más como dos náufragos aferrándose a un tronco que como dos personas libres que coinciden en el camino.
Tokyo y los japoneses son una metáfora de una situación existencial en la que nos encontramos permanentemente: el extrañamiento del mundo y de las personas que nos rodean, japoneses o no.
El hotel es el lugar artificial e impersonal en el que buscamos refugio, en el que todo es previsible y donde estamos protegidos de otros seres humanos y sus inclemencias, aunque sea al precio del aislamiento.
Las calles y las noches de Tokyo son la representación del mundo externo, que tanto temor y sorpresas nos causa, en el que habitan personajes casi siempre incomprensibles con los que nos relacionamos epidérmicamente sin rozarnos nunca la piel, y de los que nada sabemos ni probablemente queramos saber. Tokyo también representa la posibilidad de escapar a la soledad y la confusión diluyéndonos en el ruido y la vida social.
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Bob y Charlotte son la posibilidad de encontrar a otro ser humano con el que convertir el decorado de cartón-piedra de nuestra existencia en una historia real. Su intimidad en la soledad y su distancia en la cercanía es la que existe entre dos personas que están perdidas y desean encontrarse pero sin atreverse a dar el paso.
Cafuné
Portugués (Brasil). El acto de peinar a alguien suavemente con los dedos.
Finalmente, los protagonistas tienen que despedirse, seguir con sus vidas.
O no, puede que no sigan con sus vidas. No te cuento el final. Tampoco te lo cuento porque no podría contártelo: no sé cómo acaba. Acaba en mi mente. En la tuya, si terminas viendo la película. En la de la directora Sofía Coppola. En las de los actores Bill Murray y Scarlett Johansson. En las de Bob y Charlotte.
Mejor es dejarlos solos y que acaben o vuelvan a empezar como sepan y puedan.
Este es un artículo invitado de Esther, una bloguera muy animosa recién convertida a la fe minimalista que ejemplifica perfectamente lo que es la mentalidad experimental:
Empieza un blog en abril de este año,Viaje al minimalismo, para compartir sus experiencias, escribe en poco más de dos meses 71 artículos con el relato diario de sus esfuerzos, se libra de un millón de trastos , empieza a meditar y devora los libros de Leo Babauta.
Además, está en contacto con otros minimalistas y comenta en este blog. Le digo que dentro de un año, si mantiene su blog, la incluiré en la lista de blogueros minimalistas (el 95% de los blogs desaparecen en menos de un año). Mientras tanto, le sugiero que escriba un artículo invitado y en pocas horas me entrega el artículo que vais a leer hoy.
Gracias, Esther.
Me llamo Esther y tengo 41 años. Soy madre de una niña y de cinco gatos. Llevo viviendo un montón de años con mi querido compañero de andaduras, que a la par es el padre de la tribu. También soy Vegana, Animalista, Minimalista, Escritora-Blogger y Runner. No soy de etiquetas, pero soy consciente de que pueden ayudar a hacerse una ligera idea de la persona.
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He tenido la suerte, el honor y el placer de poder escribir un post para uno de los blogs más relevantes sobre el Minimalismo, un estilo de vida sencillo que a la par ha trastocado toda mi vida, mejorándola hasta niveles inimaginables. Y de eso voy a hablar, de mi experiencia hasta el día de hoy.
Hace unos meses empezó mi “Viaje al Minimalismo”, título que le di a mi blog, que trata sobre toda mi andadura en este estilo de vida, y que escribo por varias razones. En primer lugar, para grabar a fuego todo el trabajo que me ha costado vaciar mi casa de trastos, y por otro, poder hablar de lo que me gusta tranquilamente, sin que nadie se vea obligado a leerme, y si a la par puedo inspirar a alguien, o hacerlo disfrutar de la lectura, para mí es más que suficiente.
Intentaré resumir lo máximo posible, aunque mucho me temo que no tengo medida a la hora de escribir, me disculpo de antemano.
En abril estallé. Me sentía ahogada entre tantas «posesiones» que me consumían mucho tiempo y energía para tener todas mis cosas en orden, y nunca conseguí ese anhelado orden.
Horas, días, semanas, meses y años… invertidas en limpiar, ordenar, buscar, y muchas veces no encontrar. Demasiado tiempo perdido para cosas básicas, y por más rutinas y sistemas de orden que intentaba, siempre era lo mismo: No encontrar nada, o tardar demasiado en hacerlo.
Finalmente di con el Minimalismo como forma de vida, leí y leí, y me enamoré. Lo puse en práctica inmediatamente. Aprendí cómo seleccionar lo que era un trasto y lo que no. Me quedé sólo con lo realmente necesario y lo que realmente me hacía feliz, y empecé a sacar sacos y sacos, cajas y cajas.. montones de trastos, no os podéis hacer una idea, o quizás sí. Durante un mes entero, que me fijé como objetivo, diariamente salían montones de trastos… regalos, donaciones y basura. Y sorprendentemente no echo nada en falta….
Creo que esto del Minimalismo, de alguna forma se lleva en la sangre, porque aunque por los trastos nadie lo diría, en otros temas de mi vida sí que llevo aplicando el minimalismo desde hace años (sobre todo en tema finanzas, que es mi “empleo formal”, en salud y alimentación, y principios básicos de bienestar, entre otros).
Cuando terminé con el “destrasteo” general, terminé harta de trastos, muy satisfecha con el resultado, y con algo menos de peso en todos los sentidos. No podría definir ésta aventura en una sola palabra. Fueron tantas emociones, tantísimo trabajo, tantos recuerdos, tantos trastos….una montaña rusa de sensaciones, pero sobre todo, tras el palizón que me di, algo me quedó muy claro. Y es que en ésta casa ya no entra cualquier cosa.
Y así fue como empecé mi vida minimalista. Y lo que me está aportando no es poca cosa:
Romper con fuertes vínculos sentimentales
Libertad y tiempo libre.
Mente despejada.
Capacidad de detección de trastos.
Ahorro de tiempo y dinero
Sensación de seguridad y libertad (adiós miedos).
Salud y bienestar..
Madrugar por gusto.
No procrastinar.
Desvincularme de banalidades.
… y un largo etc.
Actualmente me encuentro disfrutando de mi vida con los míos de un modo muy sencillo y pleno. Hago lo que me gusta y me satisface, lo que me hace crecer como persona y a la par ser mejor. Me propongo objetivos que cumplo gustosamente y empiezo a plantearme retos para conocerme a mí misma y algunos de mis límites.
He de reconocer que tras terminar el destrasteo, tuve una extraña sensación dentro de mí. Tener la casa casi vacía, casi sin muebles, tanto tiempo libre que al principio no sabía ocupar del todo…. Creía firmemente que tras miles de trastos que salieron, alguno echaría en falta. Fue una incertidumbre que creo que todo Minimalista pasa, porque el cambio….es increíble. Pero duró muy poco, pues sólo tenía lo que realmente necesitaba y muchísimo tiempo libre para mí. Y a día de hoy, no he echado de menos ni un miserable objeto de todo lo que salió.
Actualmente, aprecio mucho más las experiencias, porque al fin y al cabo, en cueros vine y las experiencias son lo que me voy a llevar. Sola vine y sola me iré y éste camino lo recorreré con quienes aprecio, disfruto y me enriquecen.
Las oportunidades ya no pasan delante de mis narices. Ahora las aprovecho y las disfruto al máximo, aprendo de ellas para bien o para mal.
Y la consciencia es algo maravilloso con lo que reconciliarse, ser consciente de todo no tiene precio, lo más insignificante puede inspirarte para crear.
Como os comentaba al principio, no soy precisamente parca en palabras, no obstante he disfrutado mucho escribiendo este post y espero que os guste, os inspire o lo que sea.
Hoy tengo dificultad para escribir un artículo. Ninguna idea me parece buena. La frase «hoy tengo dificultad para escribir un artículo» me parece mala, francamente mejorable, fea. Pero he decidido aplicar una regla (-> no me gusta esta frase tampoco. Es una basura). He decidido aplicar una regla, la regla, el antídoto contra la postergación y contra la parálisis.
¿Cuál es la regla?
Simple: pon tu criterio de mínimos a la altura del betún.
NO pasa nada si el primer paso te hace llorar de vergüenza.
De hecho, este artículo me está humedeciendo los ojos. Vale que después lo puliré un poco, pero… esto es impresentable.–
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Este artículo «no está a la altura». Y si el artículo —o el primer paso que des en un proyecto o en una tarea— no es bueno, no te satisface… no deberías darlo. Deberías esperar a darlo, deberías esperar a que las condiciones de temperatura, presión atmosférica y humedad sean más favorables.
Pero no importa que no esté a la altura, no importa que este artículo —o el primer paso que des en un proyecto o en una tarea— hieda.
Todos tenemos estándares. Y nos dicen desde pequeños que tienen que ser altos, que «si algo merece hacerse, merece hacerse bien».
Pues no.
Te han engañado: «si algo merece la pena, merece la pena hacerse fatal».
Querer hacer las cosas bien desde el primer momento, sea escribir este artículo, iniciar un blog, hablar bien en público, escribir una novela, resolver ecuaciones diferenciales, pintar, esculpir, navegar, bailar (elige tu tema favorito –pero que no sea controlador aéreo, piloto de aviación civil o cirujano cardiosvascular–), etc., cualquier habilidad compleja NO puede, ¡ni debe!, hacerse bien ni siquiera razonablemente bien desde el principio.
Así que hoy, debido a mis limitaciones de tiempo (no podré pulir mucho esta primera versión de mierda, que además va a ser la última), tendréis que conformaros con este articulillo, este proto-artículo, este detrito en conserva que he parido a falta de algo mejor. Ya sé que hubiera sido mejor contratar un bloguero invitado, una madre de alquiler.
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Al menos me he puesto a escribir y he pasado por encima de la falta de buenas ideas, de la falta de estilo atractivo, de mi crítico interior, que está chillando y saltando en mi hombro diciendo que no puede ser, que tengo que hacer algo mejor, que he de empezar de nuevo…
¡Y un huevo!
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NO voy a empezar de nuevo: esta es mi primera y última versión, esto es lo mejor de lo que soy capaz ahora mismo. ¿Algún problema, don Perfecto?
Ahora re-recuerdo que tenía una idea más o menos nebulosa que no creía que diera para un artículo de blog:
Baja los estándares. Ponlos a la altura del betún. Que salga lo que salga. Es más: haz que tus estándares sean muy bajos, ¡subterráneos!, y da el primer paso, no importa lo ridículo o insatisfactorio que parezca, y expón el resultado para que todos lo vean, se rían, te ridiculicen y pasen un buen rato sintiéndose mejores que tú.
Eso es:
BAJA LOS ESTÁNDARES, da UN PASO y EXPÓN LOS RESULTADOS.
Este es el bálsamo del fierabrás contra la postergación, contra el perfeccionismo. Esta es la punta de lanza de la mentalidad experimental.
Aprende aquello que genere un resplandor en tu espíritu. Dicho de otra manera, haz lo que amas.
La pasión y la inspiración están sobrevaloradas. No siempre estarás al 100% de energía y motivación. Sigue adelante igualmente. Ama lo que haces. Ama el proceso.
Vida y aprendizaje no son compartimentos estancos. La mejor forma de aprender es estando presente en tu propia vida e involucrado con tu entorno social y geográfico. La separación vida–aprendizaje es un residuo del sistema de línea de montaje de la educación del siglo XX.
Aprende haciendo. Convierte tus metas de aprendizaje en proyectos en los que quieras obtener algo concreto. No dejes que el conocimiento se estanque en tu mente, conviértelo en acción, exprésalo, haz algo útil para alguien con ello. Usa los proyectos, los mini-proyectos, los ensayos, los blogs, la escritura, las simulaciones, los programas pilotos, los prototipos, los experimentos, las contribuciones a los proyectos de otros y las comunidades de práctica como forma de visibilizar tu aprendizaje y desarrollarlo.
Si no sabes algo, enséñalo. Es una de las mejoras formas de aprender. Enseña y escribe para multiplicar el efecto. Si eres realmente ambicioso, conviértete en mentor de alguien. ¿Por qué te crees que escribo en este blog?
Conviértete en un maestro de la autorregulación y la automotivación. La iniciativa y la autonomía dependen de ellos. La libertad necesita de estos humildes ayudantes para desplegarse. No sería una mala idea echar un vistazo al curso de autorregulación y perseverancia de este blog.
Convierte tu aprendizaje en algo social. Participa en comunidades de aprendizaje y grupos de estudio. No basta con ser autodidacta, ve un paso más allá y sé un interdidacta.
Busca un mentor y profesores excelentes que te ayuden, guíen y orienten a lo largo del camino. Cuando el aprendiz está preparado, aparece el maestro. ¡No pienses que los vas a encontrar necesariamente en escuelas, cursos y sistemas de aprendizaje tradicional!
El mejor momento para hacer o aprender algo es cuando sientes dudas sobre si podrás hacerlo. Tírate a la piscina más a menudo y desarrolla una saludable mentalidad experimental. Empieza a escribir un buen Ridículum Vitae.
Desarrolla una mentalidad de crecimiento con una teoría de la inteligencia dinámica. Nunca “eres inteligente”; en el mejor de los casos “estás siendo inteligente” en un momento y lugar concreto desarrollando una tarea particular. Olvídate del talento, eso pertenece a la mentalidad fija, a una teoría de la inteligencia como un monolito que asegura el éxito.
¿Qué te parecen estos diez mandamientos?
¿Bien?
Me alegro, pero… ¿acaso me has tomado por Dios?
Falta el mandamiento más importante:
11. Rompe las tablas de la Ley de la sabiduría popular, incluidos los mandamientos anteriores, y crea tus propias reglas y principios.
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El primer mandamiento debería ser: rompe las tablas de la ley y crea tus propios mandamientos.
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Para saber más
Tengo la convicción de que nuestro sistema educativo no favorece los mandamientos anteriores, casi siempre los dificulta.
A veces tengo la sensación de ser un predicador que clama en el desierto, que dice «¿Pero es que acaso no veis lo que yo veo tan claro?».
Hoy la boca se ha quedado sin saliva y la tinta del bolígrafo secado y el computador colgado. Puedes seguir por aquí:
…si no te ha movido a una buena acción en los últimos tres meses.
¿Cuál es tu tasa de conversión de conocimiento en acción? Por cada diez buenas ideas que encuentras en los blogs, en los libros, en tus conversaciones, ¿cuántas pones en práctica?
A veces oigo que la gente dice que si de un libro te llevas una buena idea, ya está justificada la lectura. O que si un blog tiene algunas interesantes, merece la pena seguirlo. O que de un curso de tres días siempre te llevas algo.
Pero esto es tremendamente pobre. No puedo creerme que leas 300 páginas y que solo te lleves un par de ideas. O que sigas durante meses a un bloguero y lo hagas porque una vez hace cuatro años tuvo un buen artículo. O que vayas a un curso, pagado o no, y simplemente te traigas algo.
Otra cosa sería si ese libro, curso, bloguero, te hubiera impulsado en una dirección inesperada. Si te hubiera inspirado a hacer algún un experimento, si ese libro-bloguero-curso hubiera tocado alguna tecla interior.
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¿No estás cansado de ti mismo?¿No estás cansado de este blog? Yo también me repito más que el ajo. ¿No me has oído cien veces repetir la misma manida idea? ¿No crees que todos tus días se parecen? ¿Estás viviendo el día de la marmota y Homo Minimus es parte de tu paisaje?
No quiero ser parte de tu paisaje si algo no cambia, si en algo no cambio, si en algo no nos sorprendemos un poco todos los días.
Bien, te voy a ofrecer la píldora roja, la píldora azul y el botón de dejar de seguirme (lo tienes en la parte de abajo de este mensaje que, si eres suscriptor, has recibido por correo).
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Píldora azul: catatonia vital. Allá tú.
Píldora azul: sigue como hasta ahora. Lee, inspírate, sigue con las ideas inertes y espera el momento, no tan lejano, de tu expiración o la mía.
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La amarilla: cancela la suscripción a este blog
Píldora amarilla: si no tienes redaños para hacer algo nuevo, quizá sí los tengas para cambiar de bloguero, de blog y de inspiradores. ¿Vas a seguir aguantando a un tío —que no deja de ser el típico subcampeón del mundo— con delirios de grandeza y que no para de regañarte? Un poco de dignidad por lo menos: DATE DE BAJA DE ESTE BLOG. Ya. Ahora.
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Píldora roja: acaba de leer este artículo y escribe en los comentarios esa acción ridículamente fácil y sencilla que te moverá un milímetrohacia la vida que tanto ansías, el carácter que tanto necesitas o que pondrá tu pequeña muesca en nuestro gran universo. Luego HAZLO. Pero no mañana. Hoy. Ahora. YA.
Tras varios años de balbuceos, el movimiento minimalista existencial o minimalismo como forma de vida ha alcanzado su mayoría de edad. Ha llegado el momento de resumir las aportaciones de los distintos minimalistas.
Este artículo es una recopilación de todos los blogueros que escriben en español. El orden en que aparecen los blogueros en este artículo coincide con el inicio de sus respectivos blogs.
Esta recopilación estará en constante actualización. En la actualidad somos 21blogueros en la lista.
Si te consideras minimalista y quieres que haga una reseña de tu blog y te incluya en este artículo, solo tienes que escribirme a homominimus@hotmail.com. Las únicas condiciones son que la temática del blog sea en todo o en parte sobre el minimalismo o que estés fuertemente inspirado por él, que tu blog tenga una antigüedad mínima de un año y que hayas escrito al menos un artículo en el último mes.
Mínimum Opus
Mínimum Opus. El gran esquema de las pocas cosas verdaderamente importantes.
«Mínimum Opus es sobre el arte y la ciencia de dedicar nuestro tiempo y energía y enfocar nuestra atención en lo que es importante, significativo, bello.
Me llamo Alan Furth. Mi viaje por el camino del minimalismo existencial comenzó a finales de 2008, cuando decidí tomarme un año sabático durante el que me dediqué activamente a no hacer nada.
Para mi sorpresa, no-hacer activamente durante tanto tiempo terminó siendo una de las experiencias más productivas de mi vida. Salí de ella sintiéndome fresco y renovado a un nivel muy fundamental.»
Para quién:
Para aquellos que gusten de una visión del mundo según el punto de vista cosmopolita de una persona con gran conocimiento de ambientes y culturas. Para minimalistas existenciales y aventureros del espíritu. Para los que quieran leer artículos muy bien escritos y documentados y aprovecharse de la experiencia de Alan en muchos campos de la vida.
En mis palabras:
El minimalista en español más antiguo de la minimalosfera. Ha vivido o trabajado en al menos doce países, estudió un grado de economía en Venezuela y vive desde hace años en Argentina. Llegó al minimalismo en un año sabático en 2008 después de pasar muchos años trabajando en publireportajes en sectores y países emergentes: viajó por Oriente medio, sudamérica y Europa. Pasó también una temporada en Barcelona, España, dirigiendo un café.
Alan Furth, Luis José Mínimo, Bosco Soler y yo mismo somos los cuatro blogueros que explícitamente nos declaramos como cultivadores del «minimalismo existencial». Los cuatro empleamos habitualmente la expresión para describir nuestros valores y filosofías vitales. Para tener una muestra de su estilo existencialista puedes leer su artículo La muerte está en el aire y todo está bien.
A partir de finales del 2008, escribe en su blog y relata su evolución personal. Dada su formación de economista y sus intereses, proporciona un marco más amplio a su minimalismo, contextualizándolo en el sistema económico y las formas de organización social. Solo Alberto Antonio de La tribuna de Avalón se le acerca en esta visión más amplia que desborda el minimalismo personal o intimista que la mayoría de los blogueros minimalistas practicamos. En Alan Furth encontrarás profundidad y variedad de temas.
Chocobuda
Chocobuda. Budismo Zen y minimalismo para la vida urbana
En palabras de Kyōnin:
«¡Hola! Soy Kyōnin, monje zen en entrenamiento. Escribo sobre budismo, zen, meditación y minimalismo. También escribo sobre nada. Recuerda: lo que lees aquí es sólo mi opinión personal y puedo estar 100% equivocado.
Hace muchos años me di cuenta de esto y, aunado a mi inclinación por lo asiático, descubrí el budismo. Poco a poco, luego de mucho estudio y práctica, me doy cuenta de que el camino de en medio es el que me funciona. Repara mi mente y me da calma, que se cimienta en lo sencillo de la vida.
Así que decidí escribir mi experiencia personal en este blog. Escribo sobre budismo zen como filosofía, no como religión. Promuevo el minimalismo y me enfoco en hacer la vida mucho más ligera.Así se generan tantas endorfinas y felicidad, que es como comer un kilo de chocolate.»
Para quién:
Para los que conciben el minimalismo desde una perspectiva más espiritual, no necesariamente religiosa. Kyōnin se centra en los aspectos filosóficos y prácticos del budismo. Para los que quieren combinar el minimalismo con las tradiciones filosóficas y religiosas orientales. Para los que necesitan consejos y recordatorios sobre higiene mental.
En mis palabras:
Kyōnin, junto con Alan Furth, es uno de los minimalistas más antiguos de la minimalosfera. Su día perfecto es «Hoy. Aquí y ahora»; no podría ser de otra manera, al tratarse de un monje budista. Imparte regularmente cursos sobre meditación a través de su blog. Su último curso es sobre el manejo de emociones negativas. Me gusta que mande al infierno la productividad y nos anime a hacer menos. Abajo la tiranía de las listas y de los listos y listillos de la productividad.
«Soy Omar Carreño. Les presento Análisis Realista, un blog de productividad, minimalismo y superación personal que te ayudará a simplificar y mejorar tu vida.
Tras el inicio de mi feliz matrimonio en diciembre de 2009, busqué alternativas para un desarrollo personal que me diera la oportunidad de crecer y ser mejor persona en pro de mis nuevas responsabilidades como jefe de familia.
Así en enero del 2010 llego al mundo del blog, leyendo aspectos de finanzas personales, superación personal, productividad y teoría minimalista que me han permitido incorporar cambios importantes en mi persona y que ahora por correspondencia traigo para todos ustedes a través de mi Análisis Realista.
Hoy en día te puedo decir que he cambiado mi vida para mejorar, estoy en un constante proceso evolutivo como nunca antes y tengo la intención de compartir con ustedes estos cambios y cómo los puedes ir implementando en tu vida diaria.»
Para quién:
Para los que quieran combinar la productividad con el minimalismo como estilo de vida. Para los minimalistas con familia. Para los que quieran ser testigos de un personaje en constante evolución. Para los que gusten de artículos breves que recuerden los conceptos básicos. Para los que quieran encontrar el equilibrio entre la vida personal y la profesional.
En mis palabras:
Es uno de los minimalistas más activos y prolíficos. Es un tipo humilde, amable y simpático que se mantiene socialmente activo y en buenas relaciones con toda la comunidad de minimalistas . A lo largo de los años, ha entrevistado a muchos de los minimalistas en su blog. Ha escrito dos libros: Camino al minimalismo y #Soy productivo .
Entró en el mundo del minimalismo a través de su interés por el mundo de la productividad personal. Recientemente ha sido padre y eso le ha complicado agradablemente la existencia…. por lo tanto en adelante es probable que aprendamos con él cómo conciliar el minimalismo con la falta de sueño y la ausencia de tiempo libre. ¡Suerte, Omar!
«Soy Valentina, minimalista, eco-alemana, consumidora responsable, coach de felicidad, cocinera creativa, friki productiva, aficionada al té verde de Grinti y escritora con muchos sueños.
Soy experta en minimalismo y creación de hábitos.
Mi misión es ayudarte en crear los hábitos y las rutinas que necesitas para recuperar el control de tu día a día, dejar de malgastar energía en decisiones (o cosas) innecesarias. Ganarás la libertad de saber que podrás afrontar cualquier desafío que la vida te presente.»
Para quién:
Es un blog enfocado al público femenino, con simpatías ecologistas y preocupado por el consumo responsable. Es fuerte en logística del hogar, organización y hábitos de productividad.
En mis palabras:
Este es uno de los blogs más antiguos en la comunidad minimalista.
Es una persona polifacética, siempre en movimiento, es activa y de mente inquieta. Sus intereses son amplios y su estilo es sumamente práctico y sin complicaciones. Tres capítulos importantes en su blog: minimalismo, felicidad y hábitos. Siempre tiene en marcha varios proyectos.
«Como verás en la portada del blog, me defino como minimalista sobrevenido, y ya al 100% convencido de esa filosofía de vida.
Me vi impelido a sobrevivir con muy limitados medios como desempleado que soy, tuve que reflexionar sobre el tema, ver o estudiar la forma mejor y más practica de hacerlo, lo que me llevó a conocer diferentes formas y maneras de enfrentarme a la novedosa situación.
Tuve conocimiento de personas que hablaban de temas asociados a los problemas que me acuciaban, salía la palabra minimalismo o menciones a minimalistas, esto me llevó a “volar” hasta sus blogs y de este modo, leyéndolos, empecé a darme cuenta que decían cosas que me eran de utilidad, o que se ajustaban a mis pensamientos y reflexiones propias como un guante de piel…»
Para quién:
Para personas con temperamento filosófico-existencial y que busquen de una mirada excéntrica e intensa: vehemencia y honestidad a flor de piel. Su marca de “minimalismo sobrevenido” (= a la fuerza ahorcan) atraerá a muchas personas que están de vuelta del consumismo y sus excesos, y que obligados o no por las circunstancias quieran reorientar su vida. Para los que gusten de las historias cotidianas con aliento poético y crítica social.
En mis palabras:
Es uno de los personajes más peculiares del minimalismo. Tiene un pasado accidentado: si es verdad la frase de William Blake de que el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría, nuestro bloguero es un hombre verdaderamente sabio.
Hay quien considerará que llegar al minimalismo por problemas económicos y tras nadar en el exceso no tiene mérito o que no es verdadero minimalismo. A los que piensen así me bastará recordarles que el famoso Leo Babauta llegó por una vía semejante: acosado por las deudas, con problemas físicos, exceso de peso y estresado por el trabajo, la falta de perspectivas vitales y problemas familiares.
A diferencia de lo que es habitual en el mundo del minimalismo, Alberto Antonio entra frecuentemente en temas sociales y políticos. Como sabes, los minimalistas tienden a ser individualistas y concernidos más por temas de eficiencia y productividad personal que por grandes ideas. Solo los minimalistas de simpatía ecologista hablan de cuando en cuando sobre el consumo responsable, la huella ecológica y la organización social. Alberto lleva la crítica social y cultural muchos niveles más allá entrando en la reflexión político-moral.
Encontrarás muchas historias, anécdotas y observaciones incisivas y moralizantes sobre la vida y la sociedad.
«Me llamo Robert Sánchez y Escucha Tu Cuerpo es mi blog personal.
Aprovecho internet para conectar con otras personas y transmitir mi visión, por si le sirve a alguien como inspiración, no como imposición.
Ojalá pueda ayudar a mucha gente, aunque sé que tampoco será útil para todo el mundo, ni mucho menos.
Comparto esa visión y mi propia evolución personal en torno a temas tan diversos como el bienestar, la salud, el ejercicio físico, la alimentación, las relaciones sociales y emocionales, la gestión del tiempo y el espacio, y la felicidad.»
Para quién:
Para los que deseen conocer una visión evolucionista de la salud y el bienestar emocional. Para los que quieran estar en contacto con su cuerpo. Para los que comportan una filosofía minimalista de vida y quieran reflejarla en su movimiento, en su forma de comer y en su estilo de vida. Para los que gusten de lo natural aunque vivan en la ciudad.
En mis palabras:
Es una de las personalidades más fuertes de la minimalosfera. A pesar de eso —o quizá por eso— es una de las personas menos dogmáticas… en un mundo donde todos estamos tan seguros de casi todo y siempre ansiosos de decirte lo que te conviene.
Como todo evoluciona, Robert Sánchez es siempre un proyecto en construcción, una sucesión de versiones.
No puedo —ni quiero— disimularlo: siento especial simpatía por este hombre que combina tan atractivamente la conciencia del cuerpo y las emociones, la aceptación de la realidad y la actitud racional y abierta.
Desde el 2010, su blog personal es Escucha tu cuerpo. Es muy prolífico y tiene disponibles ya cinco libros donde describe elementos de un estilo de vida que denomina pro-evolución natural. En ellos puedes aprender cómo dejar de comer compulsivamente, conocer el método natural de ejercicio y la locomoción natural, (des)motivarte para el ejercicio, y echar un vistazo a su filosofía vital en el blog hecho libro Una vida sencilla, de vuelta a lo esencial.
«Mínimo trata sobre minimalismo existencial, algo de informática (bits) y cualquier otro asunto que me parezca interesante compartir con vosotros (caos).
El minimalismo existencial se fundamenta en cómo eliminar lo innecesario, tanto desde el punto de vista material como mental, y sobre cómo centrarnos en lo realmente esencial para alcanzar así nuestras metas y disfrutar al máximo de la vida.
La cultura occidental actual nos tiene sumidos en una vorágine de consumo, tanto de objetos materiales como de información. Podemos ser mucho más felices teniendo menos posesiones y mucho más productivos trabajando menos horas.La clave está en centrarse en lo importante.»
Para quién:
Para amantes de blogs lentos (menos de diez artículos mes garantizado). Para quien quiera conocer una persona singular, humilde y que predica con el ejemplo, sin el molesto tono de consejero espiritual que muchos blogueros minimalistas practicamos. No te dirá lo que debes hacer, como hago yo, te mostrará lo que él hace y esperará que saques tus propias conclusiones. Escribe para compartir ideas y aprender de los demás.
En mis palabras:
Es uno de los iniciadores del minimalismo en español, empezó unos pocos meses después de mí, en septiembre de 2010. Es también de los pocos que hizo suya la expresión «minimalismo existencial» con la que me siento tan identificado.
Su blog es variado y poco sistemático. Va a favor de sus corrientes personales, y eso está bien. De cuando en cuando, inicia experimentos personales, como el camino de Santiago sin mochila o su determinación de aprender alemán en un mes. Puedes encontrar consejos para manejar tus finanzas de forma minimalista, el mejor lugar para almacenar archivos digitales o dar con la camiseta perfecta. También te contará muchos de sus hábitos diarios, como el vestir siempre igual, con muy pocas variaciones, y su afeitado zen por las noches.
Estaba pensando en comprar un inhibidor de frecuencias DealExtreme, para evitar que la gente use los teléfonos móviles en las reuniones sociales. Este es el toque más sádico que encontraréis en Luis José, aunque quizá este solo sea la punta del iceberg y si rebuscas encuentres toques más excéntricos y asociales.
Es un tipo sencillo, perseverante, con sentido común y un tenue pero sano toque friki que tiene mucho encanto. Espero no pasar del 2015 sin conocerle en persona, a ver si le convenzo para que participe en mi proyecto 52 paseos.
Anca Balaj
Anca Balaj. Una colección de blogs sobre creatividad y creatividad infantil, libros y minicuentos.
En palabras de Anca:
Escribujante y entrenadora en creatividad.
Para quién:
Para los que quieran unir la creación y la creatividad con la sencillez. Para los que quieren conocer las creencias, hábitos y rituales que van de la mano de una persona con orientación creadora. Para los que busquen desconectar de las actividades pasivas y quieran activar su mente y su vida. Para los que quieran aprender a controlar la avalancha de información y canalizar sus energías hacia el dibujo o la escritura.
En mis palabras:
Es una persona sorprendente sin ser sorpresiva. Sencilla sin ser simplona. Llena de ideas sin ser apabullante. Tranquila sin ser letárgica. Es una persona con mente compleja y gustos sencillos, y no lo que suele ser habitual: gente con gustos complejos y mentes simples.
Es el único blog de este recopilación de minimalistas en español que no se declara explícitamente como minimalista; sin embargo, creo que es un buen modelo de lo que sería el minimalismo aplicado a la organización vital: equilibrio personal, concentración en lo esencial, conciencia, flexibilidad, cambio, humildad. En su artículo Del minimalismo a la creatividad puedes leer sobre la relación entre ambos conceptos.
El elemento de diseño de vida es esencial en el minimalismo existencial. Un minimalista existencial es alguien que se re-crea, que se crea a sí mismo. La creatividad no es algo solo aplicable a las artes, aunque entrenarse en las artes sea un buen entrenamiento para entrenarse en la vida. El conocimiento del proceso creativo en general te ayudará a diseñar la habitación de tu conciencia, aquello a lo que prestas y no prestas atención, y con ello a tu vida.
Si quieres conocer el secreto de la felicidad, puedes escuchar este minicuento de Anca. Si quieres conocer su producción literaria y de libros sobre creatividad echa un vistazo aquí.
«Mi blog empezó, para comunicar el mensaje de que la organización personal y la productividad no estaban reñidos con la espiritualidad, la creatividad y los valores superiores».
Para quién:
Para los que estén interesados en la productividad sin olvidarse de la espiritualidad. Para estudiantes y opositores. Para los que gusten de los gustos sencillos. Para los que disfruten del estilo de escritura minimalista. Para los que quieran cambio tranquilo.
En mis palabras:
Su blog el más estéticamente minimalista de la minimalosfera. Para él forma y contenido van unidos. Me parece una persona buena, sencilla y relajada. Es inquieto, curioso, amante de los juegos de rol y siempre con algún proyecto literario en curso.
En ocasiones, noto un tono demasiado grave. Creo que una pizca de humor y de ligereza le vendría bien al blog.
Tiene un excelente artículo sobre el kanban vertical que puede ser muy del gusto de los frikis de la productividad.
Bosco Soler
Bosco Soler. Filosofía nómada. Inspiración en dosis pequeñas.
En palabras de Bosco:
«Me llamo Bosco. Soy arquitecto, diseñador gráfico y nómada digital. Aquí escribo sobre mi filosofía de vida, reflexiones y algunas de las experiencias vividas a lo largo de mi viaje de 9 meses alrededor de Asia y Oceanía.
Creo en una filosofía nómada de aprendizaje permanente y en movimiento. En el desapego material y en el minimalismo existencial. En una búsqueda interior que nos permita evolucionar como seres humanos.
Creo en la libertad individual. En el pensamiento crítico. En la autenticidad. Creo en romper con los caminos preestablecidos, los prejuicios y los tabúes sociales. Creo en los errores.
Creo en el relativismo en todos sus ámbitos. En mantener una actitud mental abierta a otras ideas y opiniones. Creo en el intercambio de conocimiento. Creo en las personas y en el mundo.»
Para quién:
Para aquellos que quieren aprender cómo vivir y viajar ligero. Para los que quieren seguir la estela de Rolf Potts (el autor de Vagabonding), Tim Ferriss (La semana laboral de 4 horas) y Leo Babauta (focus ) pasada por el tamiz de Bosco. Para inspirarse con un tipo que sigue un camino poco convencional y que seguramente nos depara grandes historias.
En mis palabras:
Es una de las más recientes incorporaciones al movimiento minimalista en español.
Es un tipo inquieto con mucha iniciativa y que transpira energía y alegría de vivir. Pertenece al grupo de los cuatro mosqueteros autodenominados «minimalistas existenciales» junto con Alan Furth, Luis José y tu humilde servidor. En la actualidad está inmerso en un proyecto llamado #Equili3brium con el quiere lograr un crecimiento sostenido que no desatienda ningún área vital.
«Noquierootropijama.com comenzó en 2013 cuando descubrí el estilo de vida minimalista y decidí dar un giro completo a mi vida. Su nombre nace a raíz de que todas las navidades alguien me regalaba un pijama nuevo—con lo que llegue a acumular 8 pijamas en el armario—pero no me deshacía de ninguno. Era la imagen perfecta del derroche, la acumulación y el embotellamiento en el que me estaba ahogando cada día.
Noquierootropijama.com es un blog que defiende la felicidad a través de un estilo de vida más sencillo, disminuyendo la obsesión por lo material, los compromisos y lo que pueden estar haciendo otras personas e invirtiendo más en el crecimiento personal y en disfrutar del presente. Escribo sobre minimalismo, productividad, desarrollo personal y mi ideal de una vida sencilla.
Para quién:
Para aquellos que quieran aprender a aerodinamizar su vida con artículos sobre productividad y estilo de vida muy bien escritos. El tono es natural, chispeante y muy práctico.
En mis palabras:
La conocí porque me adelanté en unos pocos días a la publicación de la traducción al español de uno de los libros de Leo Babauta, El pequeño libro de la satisfacción, que ella también había traducido (aquí puedes descargarte la versión de Elisa).
En el 2014, con ocasión de la salida del nuevo libro de Babauta, ella no quiso que me volviera a adelantar y me propuso muy juiciosamente que lo tradujéramos al alimón. El fruto de nuestra colaboración fue la traducción al español de La gran destreza. Cómo el arte del desapego transformará tu vida. Este fue el principio de lo que espero que algún día se convierta en una bella amistad.
Vanessa, alias Elisa Erbali, es una persona llena de intereses, una mente voladora que llegó al minimalismo tras atravesar el desierto de la multitarea y un trabajo de 14 horas al día, y empezar a dedicarse a lo que más le llenaba: el diseño gráfico y la ilustración.
Es una de las mujeres más frikis de las que tengo noticia; lo digo cariñosamente: es como esa vecina simpática pero rarita que colecciona muñequitos de star wars y es amante de la cultura japonesa.
Aquí tienes un buen resumen de sus principios minimalistas.
«Hola soy Mario. Seguir lo pre-establecido es fácil. No te tienes que preguntar demasiadas cosas. Solo te levantas, haces lo que te programaron a hacer desde que naciste. No te haces demasiadas preguntas, te vas a dormir, te levantas al día siguiente, luego al año siguiente y luego te das cuenta que tu vida se fue y te preguntas a ti mismo: «¿¿¿Esto es todo???»
Soy una persona simple (como ya lo he dicho) y puedo sentirme bastante realizado viendo estrellas en el cielo. O en su lugar tomando un sorbo de agua después de haber caminado unos kilómetros bajo el sol. He aprendido a ver lo maravilloso que hay en la simpleza del día a día. No siempre he sido así. Pero hoy lo soy y créeme si te digo que soy mucho más feliz que antes.
Hasta hoy no me arrepiento. He hecho prácticamente lo que he querido. He conocido mucho, he tenido mucho miedo, he amado más, he combatido en alguna que otra guerra, he navegado uno que otro mar, he conocido la camaradería de los hombres jóvenes y aprendido mucho de los viejos.
Espero continuar por este camino, que es el mío. Obviamente acompañado por los que me quieren y espero que también por ustedes queridos lectores.»
Para quién:
Para los que gusten de historias sobre la vida, la guerra y la búsqueda de significado. Para los que quieran una visión existencialista del minimalismo. Para los que crean que en la sencillez y la honestidad hay profundidad. Para los que quieran conocer la visión exenta de glamourde una persona singularen busca del sentido.
En mis palabras:
Un día, creo que fue por el 2013, empecé a tener visitas en el blog desde Israel, un país con una superficie equivalente a la de una provincia española como Cáceres, 22.500 km2, un lugar minúsculo, y del que era improbable que tuviera lectores.
Supongo, aunque nunca se lo he preguntado, que era Mario Casaretto, que hacía un hueco entre incursión e incursión en la franja de Gaza y descansaba en su casa o quizá en alguna playa en Israel mientras distraía la mirada en las chicas en bikini para buscar la inspiración o eludir la desesperación.
En todo caso, siempre me ha gustado pensar que alguien tan cercano espiritualmente podría estar leyéndome desde un lugar tan remoto como el desierto de Israel o alguna callejuela de Kabul o algún otro lugar del mundo, ya que Mario es un gran viajero.
Siento especial predilección por Mario. Tiene una voz muy personal. Su forma de escribir, su punto de vista, sus historias, son diferentes a nada de lo que haya leído en la minimalosfera. Su estilo es sencillo y honesto. Ha acuñado la expresión «Minimalismo evolutivo» y practica las «microaventuras».
Si te gustan las morak (así se llaman en Israel a las historias de la guerra) puedes leer un artículo de su batalla contra una rata pugnando por una manzana en el desierto. Es un francotirador del ejército israelí y como puedes imaginar tiene otras historias no aptas para todos los públicos; si eres de una marca de pacifismo ingenuo o te desagradan los hechos de la vida contados sin tapujos, es mejor que no lo leas.
«Hola, Soy Kate. Escribo este blog desde febrero del 2012. Aunque ha variado bastante de temática, lo normal es que publique sobre productividad, minimalismo, cosas de estudiantes, artículos de opinión criticones y libros.
Estudio empresariales con trato displicente. Soy productivo-adicta. Me va el running y el minimalismo. Fotografío y escribo en un blog. Increíblemente me leen».
Para quién:
Para frikis de la productividad, que es la especialidad de Kate, desde la perspectiva de una estudiante modelo que tiene muchos intereses, como los maratones, la lectura, el yoga o la fotografía, y que escribe sobre la importancia de tener la cabeza hueca. Es una mujer muy sistemática que te puede enseñar mucho sobre minimalismo, disciplina (no inglesa)y organización personal.
En mis palabras:
Alguna vez la llamé la niña terrible del minimalismo existencial. Su estilo de escritura es muy correcto, analítico y práctico. Toca gran diversidad de temas además de la productividad. Con ella puedes aprender cómo abrir una puerta con dos horquillas, coger bien el bolígrafo, cómo lidiar con los criticones y averiguar por qué los chinos y los surcoreanos nos van a comer la merienda.
Nos conocimos a través del Proyecto Pepito Grillo en este blog . Nuestra colaboración no funcionó al 100% y desde entonces nuestra relación es tirante; a eso contribuyó que escribiera un artículo sobre el narcisismo digital en el que ella aparecía como estrella invitada.
Es una chica sensible, amable y vehemente. Espero que en el futuro podamos restablecer relaciones diplomáticas y limemos asperezas; desde este foro tiendo mi mano en señal de buena voluntad y prometo ser menos sarcástico. A pesar de lo que ella cree, me cae bien y me identifico con muchas de sus idiosincrasias, que son también las mías.
«Hola soy Inma Torres. Hace algún tiempo que quise cambiar mi vida; quise tener una vida más plena, más sencilla, más minimalista. Quise disfrutar de mi entorno, de mi familia, amigos y amigas, de mi trabajo… Y empecé a leer y a formarme. Y poquito a poco que ido introduciendo cambios en mi día a día. Estoy en el proceso, me queda largo camino que recorrer. Pero quiero compartirlo con vosotras y vosotros. Espero que os guste. Y me encantaría que os ayudase a cambiar vuestras vidas también, como está cambiando la mía.»
Para quién:
Para los minimalistas con niños. Para los que creen que el camino de la liber-acción está en los buenos hábitos. Para la gente positiva. Para los que gusten de artículos muy completos y bien escritos.
En mis palabras:
Irrumpió en el 2014 con gran fuerza y sin duda se ha convertido en uno de los mejores blogs sobre minimalismo. Es una de las blogueras/os minimalistas más activas y regulares que conozco.
Inma es la leona Babauta del minimalismo en español. En una minimalosfera de lobos solitarios y blogueros sin hijos (solo Omar Carreño y Ana se han unido al club de las familias minimalistas), Inma nos demuestra que el minimalismo en familia es plenamente practicable, solo tienes que domesticar al cónyuge e hijos. Por ejemplo, te puede enseñar cómo viajar con niños y cómo celebrar unas navidades minimalistas en familia.
Es una matemática que ya desde niña tenía el sueño de escribir. Su meta secreta para el 2015 (bueno, no tan «secreta») es acabar de escribir un libro del que por el momento nada sabemos. Si quieres tener una panorámica de su blog puedes leer su artículo Lo mejor del 2014. Especialmente inspirador es su reto permanente de trabajar un hábito por mes, lo lleva haciendo desde el 2014.
Siempre me la imagino sonriente de y buen humor. Lleva una pulsera rosa inscrita con la palabra «confianza». Tengo confianza en que un día escriba un artículo invitado para este blog, aunque según ella… seamos tan diferentes.
Como su propio nombre indica me llamo Jon. Tengo 34 años, nací en Bilbao, soy informático de profesión, músico de vocación, coach certificado, y aventurero infatigable. En este blog comparto un viaje que comenzó hace ya casi una década. Es un viaje de inspiración y superación personal, fruto de querer aprender cosas nuevas, conseguir objetivos, y solucionar frustraciones. Mi puerta de entrada a esta superación es la vida minimalista, los viajes que he realizado, así como técnicas de coaching, psicología, filosofía y los clásicos del desarrollo personal.
El objetivo de este blog es compartir técnicas y pensamientos que te ayuden en tu vida diaria. También quiero entretenerte e inspirarte, así que de vez en cuando comparto historias de mi y de los cambios que voy haciendo.»
Para quién:
Su especialidad está en la vida sencilla, los hábitos saludables (alimentación, ejercicio, dejar de fumar) y los viajes. En sus escritos encontrarás comentarios existenciales y costumbristas, su blog es un instrumento para la reflexión y compartir experiencias vitales.
En mis palabras:
Si no ha sucumbido en el momento en que escribo esto, Jon Valdivia es el único hombre por mí conocido distinto de mí y de mi sobrino de 6 años que no tiene smartphone todavía. Su dumbphone tarda 4 días en descargarse…¡el mío en 9! Pero bueno, yo soy más minimalista que él porque empecé un poco antes. Pero como él es de Bilbao no tardará en superarme en minimalismo telefonil.
Recientemente y rizando el ritmo del minimalismo ha decidido desprenderse de varios -ismos, entre ellos el del minimal-ismo. El colmo del desprendimiento y la minimalización de la existencia. Hasta el minimalismo puede ser una camisa de fuerza para el loco de dientes sudorosos que todos llevamos dentro (él también quiere vivir a conciencia, no en vano fue transfigurado por El club de los poetas muertos… ¡Oh, capitán, mi capitán!).
«¡Hola! Soy Kevin, me gusta a vivir una vida más sencilla y simplificada. Me siento agradecido por el nuevo estilo de vida que tengo. Adoptar un estilo de vida minimalista me permitió:
Tener Paz y Felicidad. Tener una vida más sana.Dejar de adquirir deudas. Dedicarme a lo que realmente amo.
De que trata MinimalSpot:
De vivir más y consumir menos. De apreciar lo simple. De tener más libertad y tiempo. De eliminar distracciones.»
Para quién:
Para los que quieran seguir la trayectoria de una persona joven que ha iniciado recientemente el camino del minimalismo. Para los que les interese lo artístico, el diseño y la tecnología desde el punto de vista minimalista.
En mis palabras:
Kevin es una de las incorporaciones más recientes a la minimalosfera. Su orientación es claramente «esteticista», por el interés especial del autor sobre la gestión de los objetos materiales y el énfasis que pone en el diseño y adecuación de los espacios. En este artículo Kevin te muestra ocho cosas que puedes descartar de tu vida.
Kevin es una persona activa en la comunidad minimalista. Su estilo es claro, directo y sencillo. Puesto que es un blog relativamente reciente, todavía está buscando su foco y su personalidad. Sin conocerle a fondo, tiene mis simpatías.
«Mantenlo Simple: El sueño que da vida a este blog es ayudar a ver y vivir las cosas más simples.
Mi nombre es Paulo C. Mesa, nací un 15 de noviembre en Colombia. Mantenlo Simple es la manifestación natural de un profundo proceso personal y de una búsqueda que ya empieza a ofrecer respuestas.
Disfruto profundamente lo que hago en este Mantenlo Simple, poniéndolo al servicio de más gente. Espero ayudarte a ver el mundo distinto y abrir tus ojos. Mantenlo Simple busca aprender, reflexionar y recuperar la sencillez de la vida. Publico por lo menos una entrada a la semana, o las veces que el impulso y la diversión me lleven hacerlo; busco honrar el propósito de ser genuino y original en lo que produzco.»
Para quién:
Para aquellos que quieren una versión del minimalismo y la simplicidad con enfoque psicológico. Para aquellos que quieren más variedad de temas. Para los que gustan de un estilo espontáneo y poco premeditado que fluye según los intereses e inquietudes cambiantes del bloguero.
En mis palabras:
Con Paulo aprenderás a distinguir entre simplismo y simplicidad, a reconocer y romper clichés, a aplicar el principio KISS y a recuperar el asombro; también averiguarás por qué Paulo admira tanto a Bart Simpson.
«Mi nombre es Oscar Torres soy el escritor detrás de Tu vida sencilla, mi anterior estilo de vida era bastante consumista, desenfocado en sentido espiritual, mental y físico, con malos hábitos alimenticios, con bastante desorden y muy poco ejercicio, hice cambios en mí, para vivir una vida sencilla, equilibrada, con enfoque, con alimentación sana, una vida ordenada y con mas ejercicio.
Quiero que conozcas los beneficios y sobre todo los cambios que hice y sigo haciendo para vivir unavida sencilla, feliz, saludable y con paz interior.»
Para quién:
Para aquellos que quieran seguir los pasos naturales hacia una vida más sencilla.
En mis palabras:
Es un blog que ha cumplido ya su año de vida. El autor disfruta con la escritura y es un buen modelo de progreso personal para los que están empezando. Te darás cuenta de que con pequeños pasos y reglas sencillas puedes hacer cambios significativos en tu vida.
«Hola, mi nombre es Ana, tengo 24 años y actualmente formo parte de una feliz familia de 3. Ex-modelo, orgullosa superviviente de dos operaciones de pecho, licenciada en publicidad y con la especialidad del máster en SEO.
Soy una persona minimalista, seguidora del movimiento slow (o una vida más tranquila), eco-freak, consumidora responsable, freak de la productividad y de la felicidad, pero por encima de todo esto, soy una persona feliz, me he reintentado todas las veces que he necesitado para llegar a este punto. ¿Tu no eres feliz? Te aseguro que absolutamente todos podemos ser felices. Yo opto por un modo de vida que combina el consumo responsable y una vida más simple. En este blog escribo sobre mis descubrimientos, información que me parece interesante, consejos, tips, recetas… En fin… ¡Un poco de todo!»
Para quién:
Para las minimalistas que se preocupan por la belleza y el cuidado personal. Para los que creían que el minimalismo femenino era una contradicción en los términos. Para los minimalistas con familia mínima (esposo e hijo). Para los frikis de la felicidad y el bienestar personal. Para los preocupados por la huella medio-ambiental y el consumo responsable.
En mis palabras:
Con este blog se llena un hueco no contemplado por la mayoría de los minimalistas. En pocos blogs de inspiración minimalista encontrarás consejos para el cuidado del pelo, cómo hacer tus cosméticos naturales o las 15 formas de reutilizar los posos de café (!!!).
En mi opinión, sus artículos que no son de belleza o consumo responsable son un poco naif, pero recuerda: todos estamos aprendiendo, Ana esta aprendiendo, yo estoy aprendiendo y tú estás aprendiendo. Además, ya sabes que la línea divisoria entre lo simple y lo simplón es tenue y difícil de localizar.
En todo caso… hay que tener valor para salir a la palestra y exponerse. Bien por Ana.
«Hola mundo. Soy Marc y soy estudiante. Hace un tiempo empecé a visitar diferentes blogs sobre llevar una vida un tanto diferente, hablando temas como la simplicidad y los pequeños cambios.
Me gusta hablar y experimentar sobre muchas cosas que me resultan interesantes. Y lo plasmo aquí.
Más que nada intento hacer alguna que otra reflexión, y haceros pasar un buen rato.»
Para quién:
Para los minimalistas más jóvenes, porque nunca es demasiado pronto para aprender a vivir minima-listamente y protegerse contra el poder de los medios para ahormar nuestros gustos. Para todos los minimalistas en general: para inspirarse en un chico de 16 años y sus reflexiones. Para los que quieran un enfoque fresco del minimalismo.
En mis palabras:
Marc es el benjamín del minimalismo en español. Es sorprendente que un chico, a una edad en que todos somos tan gregarios y dependemos tanto de nuestros pares para formar nuestra identidad, haya escogido un camino tan excéntrico; por lo tanto, no puedo dejar de sentir admiración y extrema simpatía por él.
Su blog está construido alrededor del minimalismo, la reflexión y los experimentos. Ha traducido varios artículos de Leo Babauta Se fija objetivos personales, no solo los que le imponen sus padres y profesores. Es sorprendentemente consciente de que vivimos en una época de búsqueda de lo inmediato y la gratificación instantánea; en «La generación nescafé» nos lo explica muy bien.
A pesar de que su blog no tiene todavía un año (lo inició en agosto del 2014) y no ha escrito nada en el último mes (aunque sí cuatro artículos en abril), he decidido romper mis propias reglas e incluirle en esta recopilación de autores minimalistas. Espero que esto le anime a continuar.
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¡Compartir es vivir!
Espero haber transmitido con este artículo un atisbo de la gran variedad del minimalismo existencial. Me alegra estar en tan buena compañía y espero que en el futuro podamos colaborar en proyectos conjuntos.
Ahora te recomiendo que visites y conozcas los blogs de todos ellos… poco a poco, claro. Cada uno es un mundo.
Esta es también una excelente oportunidad para dar a conocer a tus amigos qué es el minimalismo existencial. ¿Podrías compartir este artículo vía twitter, email o facebook?
Este artículo iba a llamarse “Estructura sabática del año”. Pero terminé cambiando el título debido a un error:
Me acababa de levantar de una sesión de yoga hispánico (=siesta), quizá algo soñoliento pero energizado y de buen humor. La siesta me obsequia con un segundo día dentro del día y me pone en compañía de otros genios como Leonardo Da Vinci, Winston Churchill o Edison.
Con las pilas recargadas, es uno de los mejores momentos del día para escribir y quise dedicarle al menos un pomodoro. El título estaba ya en mi mente, lo había programado esta mañana: “Estructura sabática del año”. Pero cuando lo escribí confundí el “alma” con el “año”.
Mi primera reacción fue corregir el error, pero me di cuenta de que el error tenía cierto sentido: El shabbat es un espacio de tiempo con el que regularmente me obsequio. Este año mi estrategia 2015 contempla disminuir la sobrecarga cognitiva y aumentar los espacios en blanco; también aumentar la lentitud deliberada en mi forma de conducirme en los asuntos cotidianos. En un artículo a principio de año mencioné la intención de dotar de una estructura sabática al año entero, no solo a la semana.
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El año pasado introduje sistemáticamente y con éxito la costumbre judía del shabbat. He adquirido una isla temporal en la semana donde cesa la acción intencional. Esto me permite, como escribió el teólogo y filósofo Joshua Jeschel, “echar un vistazo a la eternidad, construir un palacio en el tiempo”. Para este autor, el judaísmo es una religión del tiempo, no del espacio, y el shabbat simboliza la santificación del tiempo.
El minimalismo no es una religión, pero sí una filosofía existencial, si es que miras más allá de lo epidérmico. Aunque pasemos mucho tiempo ponderando el lugar de los objetos en nuestras vidas y convirtamos en una causa la reducción de las posesiones y trastos, nuestra preocupación principal está en liberar nuestro tiempo de lo accesorio para así sacar el meollo a la vida y dirigir nuestra dirección a lo verdaderamente importante.
No basta con decidir más o menos perezosamente que voy a vivir más despacio y dedicar más tiempo a las relaciones lentas, la contemplación espiritual y el deleite de los sentidos. Es fundamental, en mi marca de minimalismo existencial, crear las estructuras, en este caso las estructuras sabáticas del alma, que me permitan alcanzar mis fines.
Históricamente, el shabbat fue un acuerdo social elevado a ley religiosa de obligado cumplimiento que permitió descansar a toda una comunidad y celebrar sus tradiciones sin el miedo de que unos sobrepasaran a otros u obtuvieran ventajas por seguir trabajando o persiguiendo asuntos prácticos. Hoy en día es un mecanismo de defensa contra el poder omnímodo de los medios digitales, el bombardeo informativo y la tendencia a que el trabajo termine por inundar todos los minutos de nuestras vidas
No hay dos horas iguales. Cada hora es única y la única que se nos da en cada momento, en exclusiva e infinitamente preciosa. El judaísmo nos enseña a vincularnos a la santidad en el tiempo, a aprender cómo consagrar santuarios que emergen de la magnífica corriente del año. —Abraham Joshua Jeschel
La estructura sabática de mi año, de mi alma, es la siguiente:
Shabbat tradicional judío, una vez a la semana. Detallé en este artículo su razón de ser y funcionamiento. Empieza los viernes al anochecer y concluye el sábado cuando aparecen las tres primeras estrellas en el firmamento. Podría hacerse cualquier otro día de la semana, por supuesto.
Un shabbat de siete días,una semana completa cada reencarnación; esto es, cada tres meses. Aunque no pueda dejar de trabajar por completo en esta semana, sí que reduzco el tiempo de trabajo y el esfuerzo al mínimo posible, y lo dedico, si es posible, a actividades creativas y contemplativas; habitualmente, de lunes a jueves trabajo a media jornada. Si quieres conocer qué entiendo por reencarnación y su filosofía subyacente y utilidad como unidad de planificación existencial, pues consultar este artículo. Esta variante del shabbat es de cosecha propia.
Un shabbat de tres días, al final del mes, los meses que no sean final de reencarnación (todos menos marzo, junio, septiembre y diciembre). Es el equivalente a un fin de semana en el que tomo el viernes como día adicional.
Por lo tanto, el número total de días sabáticos en cada reencarnación es de 23 días: 1+(1+1+1+3)+ (1+1+1+3)+(1+1+1+7), no un número muy distinto de los aproximadamente 26 días de fin de semana del calendario laboral por trimestre.
A ti te puede venir bien el calendario laboral y descansar dos días por semana en vez de mis 1,3 y 7 respectivamente. O tu sabbaht puede ser el día del Señor, el domingo, si eres cristiano o simplemente te viene mejor. Lo importante es que, sea cual sea tu estructura sabática, la ritualices.
Otras estructuras sabatizantes
En la tradición bíblica tenemos un año sabático en cada periodo de siete años en el que ciertas labores del campo estaban prohibidas. En la actualidad, cuando hablamos de año sabático lo hacemos más en referencia a un año de licencia que el académico puede dedicar a visitar otras universidades, investigar o escribir un libro. Pero no hay nada que nos impida sistematizar un año sabático cada cinco, seis o algún otro número de años.
En este artículo puedes ver las ventajas de tomarte un año libre o de descanso cada cierto número de años y así distribuir mejor el tiempo libre a lo largo de tu vida laboral en vez de concentrarlo todo al final de tu existencia tras la jubilación.
En un plazo más corto, establezco micro-estructuras sabáticas o sabatizantes:
Rafael Casado nos obsequió hace semanas con dos de los artículos más leídos de este blog: Cómo leer un libro con atención plenaparte 1ª y parte 2ª.
Su fórmula es muy buena. Es sencilla. Está avalada por mi experiencia y por la de muchos otros: cuanto más pones, más recibes. Te haces preguntas antes de empezar, lees lentamente a lo largo de una o varias semanas,tomas notas, elaboras, usas mapas mentales y resumes. Os recomiendo, por supuesto, que leáis ambos artículos. Son excelentes.
Yo también he escrito varios artículos sobre la gestión de libros: la regla de los siete días de la compra de libros, para evitar las compras impulsivas,la regla del 3+3+3 de los libros y cómo leer libros minima-listamente.
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Sin embargo, el enano discutidor que llevo dentro no está convencido. Cree que podemos ir más allá. Vamos a dar una vuelta de tuerca a la lectura de libros.
Mi tesis es la siguiente: leer libros está sobrevalorado.
Ya sé que es lo contrario de lo que has estado oyendo toda la vida: has de leer más, leer es bueno, has de leer aunque sea las etiquetas del champú, blablabla. No tengas miedo, algún día deberías ir más lejos de la sabiduría tradicional que te transmitieron tus maestros, padres y consejeros espirituales.
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El problema no está en leer poco sino en leer demasiado. El recurso escaso no es la información; estamos infoxicados. Cuando sobra la información, cuando está en todos lados en forma de programas de televisión, cursos, libros, manuales, formato digital, pantallas de iPad, teléfonos móviles, etc., el recurso escaso es nuestra atención.
Has de hacer todo lo posible por evitar leer libros. Si consigues leer menos, no solo libros, sino también blogs (este blog incluido), tuits, comentarios en facebook, emails, etc., y si lo haces más selectivamente, es probable que aumentes tu disfrute y aprovechamiento de las lecturas.
¿Qué deberías hacer antes de considerar leer un libro?
En esencia: buscar todas las razones posibles para no leerlo.
Para lograrlo es mejor que partas de una actitud de atracción (tú has de atraer la información y los libros) y evitar la presión que ejerce el entorno para que prestes atención a sus demandas y leas los libros con los que te topas.
Puedes ir más allá. Nunca pienses que encontrarás en un libro la respuesta a tus problemas. Mucho menos en un artículo de blog. Mucho menos en un mensaje en una red social. Por supuesto que jamás en una programa de televisión o una película.
En el principio, fueron los proyectos
La clave: los libros que leas han de estar ligados a proyectos personales. Un libro no es un proyecto, un libro es un medio para alcanzar algo con relevancia o significado personal en el marco de un proyecto explícito:
Primero tienes una visión, una panorámica de un estado de cosas futuro, luego tienes metas y objetivos que te permiten acercarte a esa visión soñada. Hasta aquí no necesitas libros para nada.
Después tienes que saber qué está ocurriendo a tu alrededor, cuál es la realidad actual en tu vida. Aquí los libros solo tienen un papel marginal. Lo fundamental es la capacidad de percepción de la realidad y las conexiones sociales, las personas.
Más adelante, necesitas una estrategia y un plan sencillo; aquí quizá te empiecen a venir bien los libros. Pero siempre muy seleccionados y nunca como primera opción, so pena de que quieras pasar el resto de tu vida sumergido en libros.
Por último, necesitas acción y revisar cada cierto tiempo las fases anteriores: visión-realidad actual-estrategia-planes-acciones.
Los libros son una pieza pequeña de ese engranaje, NUNCA la más importante.
La excepción a lo anterior es la lectura por entretenimiento o por placer. Que cada uno lea por los motivos que quiera, pero si lo que buscas es mejorar tu vida, aprender alguna habilidad o dominar alguna disciplina, los libros NO son la respuesta.
Me importa un bledo lo que te dijera tu mamá, lo que te dijera la maestra, lo que hayas oído que dicen los intelectuales. En la mayoría de los casos estarías mejor con menos libros.
¿Qué puedo hacer antes de leer un libro?
Primero. Tener un proyecto en el que encaje. Regla: si no hay proyecto personal, no hay libro. Lo primero es el proyecto, más adelante quizá venga algún libro.
Recuerda: el primer ingrediente del aprendizaje es la motivación. Si no tienes un proyecto, estarás leyendo solo por placer.
Segundo. Las personas siempre antes que los libros. Es mejor buscar personas que te puedan ayudar en tus metas que buscar libros. Incluso, si necesitas libros para alcanzar tus metas, has de empezar buscando personas que te conduzcan a los libros. Es mejor que sean personas de carne y hueso, expertos que sean buenos en aquello que quieres aprender; si no, usa medios digitales, blogs o artículos .
Recuerda: este es el tercer ingrediente del aprendizaje: la colaboración.
Tercero. Eres una cerda. Eres un cerdo. Mánchate con el fango de lo real. Si quieres pintar, pongamos por caso, puedes hacer mil cosas antes de leer un libro: puedes ver a alguien pintar; puedes ir a una tienda, comprar pinturas y ponerte a pintar sin más preparación; puedes pedir a un amigo que te enseñe a pintar; puedes usar lo que tienes a mano y hacer tus pinitos.
NO necesitas hacerlo perfecto ni seguir ninguna receta cuando estás empezando. De hecho, nada de lo que te cuenten en teoría tendrá demasiado sentido si no te has engorrinado, si no te has manchado con el barro de lo real.
Recuerda: este es el segundo ingrediente del aprendizaje: las aplicaciones.
Última barrera contra los libros
Supongamos ahora que después de todo lo anterior has localizado un buen libro. ¿Has de leerlo? ¡No!
No todo está perdido. Puedes hacer muchas cosas que te allanen el camino antes de empezar a leer un libro. Si tienes suerte, puede que no necesites leer el libro o solo una parte.
Yo siempre sigo estos pasos, aunque no todos siempre estén disponibles. Después de cada uno de ellos me pregunto: ¿Sé lo suficiente? ¿De verdad necesito aprender más? ¿En qué querría profundizar? ¿Merece la pena seguir buscando más información?
Miro las críticas en amazon.com (si el libro es en inglés). Hay reseñas tan buenas que muchas veces decido no leer el libro. Leo siempre, al menos, la mejor y la peor.
Pregunto a un amigo que lea mucho para saber si lo ha leído. Le pido un resumen oral de doscientas palabras.
Busco un artículo o reseña en línea que me condense un libro de 300 páginas en 3 o menos.
Leo una entrevista en la que el autor venga a hablar de su libro.
Leo la solapas de los libros.
Leo el prólogo y el capítulo final con las conclusiones. Esto lo puedo hacer de gorra en la librería en unos pocos minutos.
Busco una conferencia en youtube del autor. Después de una presentación del libro de una hora no suelo necesitar leer el libro. O solo leo aquellas partes que me resultaron interesantes en la conferencia.
Echo un vistazo al índice. Señalo qué capítulos puede tener sentido leer y cuáles son los prioritarios. ¿Quién dijo que un libro hay que leerlo en el orden de los capítulos? ¿Quién dijo que hay que leerlo todo?
Me tomo uno o dos días de descanso.
Si pasados esos días, sigo pensando que el libro es interesante, entonces me pongo a leerlo. Pero solo las partes que resulten relevantes para mi proyecto en curso.
Sigo un método muy parecido al que presentó Rafael en Cómo leer un libro con atención plena 1º y 2º.
Mantra: solo los perdedores leéis libros.
Referencias del artículo:
Cómo leer un libro con atención plena parte 1ª y parte 2ª. Artículos invitados de Rafael Casado.
Rafael Nadal es uno de los mejores tenistas del mundo y el mejor deportista español de todos los tiempos.
Hay algo repelente en este chico con cara de bueno, con una humildad que siempre me ha parecido excesiva para ser cierta, siempre educado y caballeroso con sus rivales tanto en la victoria como en la derrota.
¿Es una pose? ¿Qué hay tras su leyenda? ¿Quizá se trata de un pánfilo con un gran talento para el tenis? ¿Su imagen es un producto del marketing?
Rafa Nadal, un gran deportista con cara de niño bueno Photo Ray Giubilo
El libro está escrito por Toni Nadal, tío y entrenador de Rafael Nadal desde los 6 años.
Es un libro de 207 páginas en un estilo directo y sencillo. Me llamó la atención hace varias semanas y quise comprarlo inmediatamente.
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Los libros de los triunfadores, da lo mismo en qué campo de la vida, son siempre atractivos. Sin embargo, me contuve y tras cierta reflexión decidí ponerlo en la lista de los siete días y congelar la decisión de la compra. Si tenía sentido comprarlo en ese momento, también tenía sentido comprarlo una semana más tarde, con mayor perspectiva emocional.
He de decir que los libros de deportistas o sobre deportistas no terminan de convencerme. Muchos se reducen a una colección de anécdotas engrandecedoras, y bueno, qué decir, si no eres aficionado al deporte, los detalles técnicos no te interesan en absoluto.
Este libro parecía diferente por dos razones: no es un libro que se explaye en los detalles técnicos del juego y está escrito desde el punto de vista del entrenador, no del deportista estrella. Está centrado en el método de entrenamiento de Toni Nadal, que ha sido el único entrenador de Rafa, y se centra en la formación del deportista en un sentido amplio. Los métodos de entrenamiento de Toni Nadal son un reflejo de su filosofía de vida y principios sobre la formación y el aprendizaje.
Hay un elemento adicional que acabó de convencerme: muchas de sus ideas resuenan con las de nuestro minimalismo existencial. En este libro encontraremos corroboración de muchos de los caballos de batalla e inquietudes del blog: simplicidad, objetividad, formación del carácter, perseverancia, afrontar las adversidades, ilusión, gradualidad, práctica deliberada. El énfasis de Toni Nadal en el individuo, la libertad y la responsabilidad personal resuena profundamente con mis propias convicciones.
En principio, uno podría pensar que el deporte de alta competición donde se mueve tanto dinero no puede ser un buen modelo para una vida normal; sin embargo, como iremos viendo en la reseña del libro, hay muchos elementos en los que nos podemos inspirar.
Simplicidad
La vida en general, a pesar de todas su complejidad, y el tenis en particular son mucho más simples de lo que queremos creer.
…como punto de partida, mi forma de entender el mundo y mi forma de acercarme al tenis ha sido siempre la simplicidad. No me gustan las explicaciones estrafalarias y rebuscadas sobre algo tan sencillo conceptualmente como pasar una bola por encima de una red y colocarla donde no está el adversario. Mi intención es hacer siempre análisis sencillos y, por lo tanto, buscar el camino con menos recovecos, que es también el más fácil.
Toni Nadal es un entrenador atípico, casi podríamos decir que chapado a la antigua. En unos tiempos donde la sofisticación inunda el deporte de alta competición, con métodos de entrenamiento muy planificados, sistemas complejos, psicólogos, fisioterapeutas, agentes, médicos, entrenadores físicos, relaciones públicas, Toni ha sido siempre renuente a las complicaciones. Para él, todo es mucho más simple y sencillo, después de todo, dice, “si yo soy capaz de hacerlo, no puede ser tan difícil”.
La simplicidad es especialmente importante en los primeros años, donde los detalles y complicaciones pueden desviar al deportista en formación de lo verdaderamente importante.
A los 18 años después que de Rafa renovara por segunda vez con Nike y seguidamente perdiera el torneo de Lyon, un directivo de la firma llamó quejándose de la poca profesionalidad de Rafa, que en los días anteriores al partido había jugado al golf e incluso había mantenido malos hábitos de alimentación, como comer dos pizzas seguidas un sábado por la noche, obviamente no la mejor comida para un deportista.
Dos semanas después sufrió otra derrota en el Máster 100 de Madrid y las alarmas se dispararon. Se reunieron distintas personas del equipo, mostraron su malestar por las energías que Rafa perdía fuera de la pista, en concreto se hizo referencia a que había estado jugando al ping-pong y al billar en el club antes del partido.
Toni mantuvo que ninguno de estos sucesos tenía verdadera importancia en los resultados de su sobrino, que no creía que fueran fundamentales. Varias semanas después el equipo español de tenis ganó la Copa Davis contra Estados Unidos con Rafa ganando uno de los puntos decisivos contra Andy Roddick.
A partir de ahí no se volvió a discutir o hubo quejas sobre los hábitos de Rafael, quizá las dos pizzas no eran tan perjudiciales y las necesitaba dado su nivel de esfuerzo, el golf era una válvula de escape de la presión de los torneos, y el ping-pong y el billar antes de un partido le restaban tensión y le permitían enfrentarse al partido con la cabeza más liberada.
Llevo muchos años en el mundo del tenis y desde siempre ha habido entrenadores ocupados en otorgar valor a muchos aspectos que yo quería desatender de forma consciente y premeditada.
Conceder importancia a elementos insignificantes es uno de los errores que cometemos habitualmente. A mí me hace gracia, por ejemplo, ver a blogueros y expertos en productividad, obsesionados con probar la última aplicación de listas en smartphone o con encontrar el sistema perfecto de productividad. Se les ve cambiar de uno a otro, como en busca de la piedra filosofal, siempre insatisfechos y siempre preocupados por los aspectos más ridículos y triviales. Si dedicaran la décima parte de la energía que dedican a hacer las cosas correctas en vez de optimizar sus técnicas, su rendimiento se catapultaría de la noche a la mañana.
Toni Nadal es consciente de la importancia de centrarse en lo fundamental, y obviar elementos menos importantes. Deliberadamente, aunque no la llame así, sigue la ley de Pareto o principio de los pocos esenciales y los muchos triviales. Esto es especialmente importante en los años de formación del carácter, donde introducir demasiados elementos de atención puede desviarnos de lo sustancial:
Cuando Rafa era joven, él nunca supo con qué tipo de cordaje jugaba, ni el peso que llevaba en la raqueta. Yo no quería que tuviera en la cabeza cosas que fueran ajenas a su preparación tenística y mental porque entendía que todo eso le haría más delicado y frágil.
¿En qué porcentaje es determinante el estado de la raqueta, del cordaje, de la alimentación para un niño que está en pleno aprendizaje? ¿Un 1 por ciento, un 3 por ciento? ¿Un 10 por ciento? No lo sé. El porcentaje me daba igual. Mi obsesión era no darle importancia porque yo quería que Rafael estuviera pendiente de lo que a mí me parecía realmente determinante.
No es tampoco partidario de eslóganes, consignas, rituales o gritos de guerra, tanto porque sus reglas y sistemas están en continua evolución y tendría que desdecirse casi a continuación, como porque no le gusta estar pendiente de la última moda, estrategia o tendencia formativa que alguien ajeno haya pensado para él.
Si yo hago de cada pequeño detalle un acto solemne, si le hago sobrevalorar la forma como coloca el grip en la raqueta o la marca de agua que toma en los entrenamientos, aparte de sentirme bastante estúpido, voy a perder energía con pequeñeces. Siempre he intentado al máximo no perder el tiempo.
Toni Nadal ha tenido muy claro su papel en el entrenamiento: propiciar un despliegue de características y actitudes. La forja del carácter, lo que el llama el tronco de la personalidad, es lo esencial en la formación del atleta. Es necesario que sea fuerte, seguro y bien anclado. Solo a partir de esa base puede entrenarse entonces las ramificaciones y aprender la parte técnica del tenis y todos los detalles que rodean la vida de un tenista profesional: las victorias y las derrotas, el trabajo duro, la popularidad.
Nuestro plan de actuación ha sido pues muy simple. Hay unos objetivos a perseguir, la necesidad de aceptar un trabajo consecuente que yo he dirigido, eso sí, pero también hay que rehuir la bambolla en las estrategias y, sobre todo, no buscar culpables en elementos anecdóticos…
Yo, como entrenador, no logro llegar a teorías muy elaboradas porque se me antojan demasiado complicadas. Lo analizo todo de forma muy simple porque solo así me siento capaz de encontrar las medidas necesarias para resolver el entuerto.
Flexibilidad
Toni Nadal se considera a sí mismo anárquico, poco ortodoxo y cuando menos lateral. No ha seguido los manuales clásicos y no ha encajado en ninguna corriente o escuela.
Desconfía de las complicaciones y de las modas en el entrenamiento, especialmente el exceso de detalles y técnicas importados de los Estados Unidos. Su método se reduce a objetivos claros, ilusión y una exigencia feroz que se impone a si mismo e impuso a su Rafa en sus años de formación.
Dicho esto, llama la atención la ausencia de rigidez de Toni. A lo largo de todo el libro, matiza que el sistema que ha seguido ha servido para él y para Rafa, pero que no quiere ser dogmático en sus apreciaciones. Su propio método está sujeto a cambio continuo y lo que hoy hace hoy puede ser muy distinto a lo que haga mañana.
Flexibilidad no significa ausencia de sistema o de análisis, es justo lo contrario, Toni tiene un carácter sumamente analítico, no en vano es un buen jugador de ajedrez, medita mucho y jamás improvisa en lo primordial. Su punto inicial es la objetividad, cómo son las cosas, y partir de ahí deduce, evalúa y hace comparaciones. Pero tiene su propia forma de hacer las cosas:
Aunque parezca relativo, arbitrario y poco dado a seguir reglas actuales, esto no significa que mi forma de trabajar sea caprichosa y azarosa…
…asimismo mis propias reglas han sido algo cambiantes por estar en constante evolución. Cada valoración, decisión o determinación puede ser momentánea y, desde luego, casi siempre es circunstancial. Por eso mi respuesta más repetida en términos formativos es “Depende”.
Su carácter es discutidor, es buen conversador y le gusta siempre asumir la posición contraria. Si le dices que Messi es el mejor jugador del mundo, te dirá que el mejor es Cristiano; si le dices que Cristiano, te argumentará que es Messi sin lugar a dudas; y si en una conversación hay dos personas que defienden a Cristiano y Messi, te dirá que el mejor del mundo es un tercero.
Es una persona obsesionada con su trabajo y reconoce que le ocupa todo el día. Pero más adelante, explica más en detalle en qué consiste este trabajo:
Mentiría si dijera lo contrario. Lo que es estar en la pista me ocupa unas cuantas horas al día, tres, cuatro a lo sumo. No más que esto. Pero mantengo la cabeza ocupada durante mucho tiempo analizando, examinando y programando. Hay una gran parte de mi trabajo que exigen recogimiento, tranquilidad y sosiego. Exige una soledad que busco, normalmente caminando, ensimismado durante horas por las ciudades en las que estoy o por el campo, si estoy en Mallorca.
Lo que comenta Toni corrobora muchos de los estudios sobre práctica deliberada: el trabajo intenso se hace en unas pocas horas al día 3-4, después hay periodos muy largos de descanso.
La razón, tanto para un deportista como para un trabajador intelectual (un entrenador lo es), es que el trabajo agotador e intenso deliberado no se puede sostener mucho tiempo y requiere del tiempo necesario de recuperación y consolidación de lo aprendido.
Otra razón importante es que la meditación y la reflexión requieren tiempo no estructurado y reducción del nivel de estímulos para acceder a un estado mental más disperso en el que se puedan generar asociaciones creativas. Si te pasas el día haciendo tareas, manteniéndote externamente ocupado, quizá te sientas activo y productivo, pero estás inhibiendo un modo mental esencial para la creatividad. De ahí los largos paseos de Toni.
Se resuelve andando.
Muchas figuras históricas relatan similares hábitos de trabajo: Darwin caminaba durante horas todos los días, Einstein era aficionado a la vela, muchos escritores recomiendan largas duchas para despejarse y favorecer la creatividad.
Los clásicos hablaban del “solvitur ambulatum”, “se resuelve moviéndose”: hacían referencia al uso de la experiencia para resolver problemas. Pero se puede usar el mismo lema pensando que dando paseos, por entornos naturales a ser posible, puede potenciar un estado mental más propicio para la consolidación de la memoria y los descubrimientos.
Hacer ejercicio para desconectar al final del día o un largo paseo es una excelente manera de conseguir el efecto, siempre y cuando no te lleves el iPod contigo y no sigas conectado a las redes sociales y otras fuentes de distracciones.
Ilusión y objetividad no están reñidas
La primera condición que se debe dar para adoptar la idea permanente de que hay que mejorar es saberse NO suficientemente bueno.
… El que se cree muy bueno haciendo algo, aun siéndolo, abandona la lucha por progresar. Desde muy pronto, cuando Rafael perdía algún partido y me preguntaba por qué había perdido, yo casi siempre le contestaba: “Yo creo que es porque el otro ha sido mejor que tú”.
En la actualidad, la ilusión y la objetividad parecen antagonistas. Se dice de los emprendedores, por ejemplo, que han de practicar el autoengaño para mantener la fe en sus posibilidades, que han de creer en sí mismos más allá de la improbabilidad de tener éxito, que es la única manera de que se arriesguen, porque si hicieran una evaluación absolutamente objetiva se descorazonarían y probablemente jamás iniciarían sus empresas.
Otra variante del argumento dice que uno ha de confiar en sí mismo al máximo y evitar la información negativa que te dice que no puedes, porque si perseveramos todo terminará yendo bien. La confianza lo es todo. Llevado al extremo, este es el argumento del movimiento del pensamiento positivo: si crees que puedes, puedes, visualiza lo que deseas y gracias a la ley de la atracción se hará realidad, el universo se confabula para cumplir tus sueños, y otras paparruchas semejantes.
No es esto lo que dice Toni Nadal:
La ilusión sin esa objetividad que la debe acotar es demasiado pueril… los niños suelen tener sueños elevados y, muchas veces alocados, porque no contemplan sus propias carencias y porque catapultan sus propias facultades antes de adquirirlas.
Por supuesto, cree que uno ha de tener mucha confianza en sí mismo, pero es una confianza en el trabajo y el método resultado de una evaluación despiadadamente objetiva de la situación real, no el resultado del engrandecimiento del ego o la la creencia en unas cualidades especiales o talentos naturales que te aseguren el éxito.
Toni Nadal y Rafa Nadal son exponentes casi puros de la mentalidad de crecimiento de la que tanto hemos hablado en este blog. Creen que cualquier habilidad puede cultivarse y desarrollarse a base de esfuerzo y trabajo, mantienen una concepción dinámica de la personalidad y la inteligencia y no se creen poseedores de capacidades excepcionales o talentos exclusivos.
El problema estriba muchas veces en que preferimos percibirnos como unos auténticos campeones, en que nos gusta catapultar nuestras más corrientes capacidades, en no aceptar nuestras carencias, o simplemente, en no ver objetivamente nuestras características…
…Yo creo que normalmente nos empeñamos en prestar atención solo a lo bueno. O en valorarlo muy por encima de lo que se tiene que mejorar, cuando debería ser al revés.
Rafa recalca a lo largo del libro que su sobrino es una persona normal, si reconoce alguna cualidad especial es su capacidad de trabajo, su deseo de mejorar y su carácter tranquilo y obediente. Es muy revelador que, cuando después de una victoria preguntan a Rafa cuál es su próxima meta, frecuentemente responda que seguir mejorando.
La ilusión es el combustible que nos proporciona la energía, nos empuja a exigirnos más y más todos los días y nunca estar satisfechos; esto es lo que nos hace ir más allá de lo normal, de lo habitual. Sin ilusión, no habríamos empezado el esfuerzo.
En español, hay dos significados de la palabra ilusión: el primero es engaño o apariencia; el segundo, energía, esperanza, entusiasmo, por algún resultado atractivo. Es claro que hemos de promover el segundo y evitar a toda costa la ilusión-espejismo, aunque sea una buena salida ante las verdades incómodas y desagradables y pueda motivarnos en el corto plazo.
Toni Nadal dice que una confianza que dependiera del engaño o una ilusión sobre sobre las fortalezas e ignorancia de las debilidades sería una construcción con pies de barro:
Siempre he considerado que muy pobre es la autoestima del que necesita que continuamente le valoren, e incluso le sobrevaloren, su despliegue de aptitudes.
Si nos preocupamos solo de recalcar lo positivo a los jóvenes que se están formando por temor a que se ofendan, si tememos minar la autoestima del que necesita ser corregido, conseguiremos no corregirlo, por supuesto, pero es que igualmente su autoestima se minará a la larga cuando se soprenda de no conseguir sus propósitos.
Cuando Rafa ganó el campeonato de España de alevines a los 11 años, Toni pidió a la federación española que le enviaran por fax los campeones de las últimas 25 ediciones. Después repasó con su sobrino la lista buscando los que habían llegado a algo en el mundo del tenis. Solo 4 o 5 se habían convertido en tenistas de primera línea, el resto eran desconocidos o estaban ya olvidados.
Esta anécdota muestra el carácter crudamente realista de Toni y su renuencia a engrandecer los éxitos. Le gusta poner cualquier éxito y derrota en perspectiva y mantener la cabeza fría.
Quería que no se lanzaran las campanas al vuelo y que pensáramos que ya habíamos tomado el camino sin vuelta atrás hacia el éxito.
A todo esto añadí más comentarios: Le demostré mi satisfacción por el resultado, pero no mi complacencia. Y concluí: “De ti depende en qué parte de la lista estés dentro de unos años; en la lista de los que fueron campeones, a secas, o en la lista de los que siguieron mejorando y lograron entrar en el circuito profesional”.
Desde pequeño le transmitió que dónde llegara dependería de su esfuerzo y lo que fuera capaz de aprender, no de ningún talento natural.
Toni concilia perfectamente el realismo con la ilusión, que es imprescindible para los grandes logros:
La ilusión es lo que da sentido a todo, según mi concepto de la vida. Si no tengo ilusión, muy difícilmente voy a perseverar, y por lo tanto, muy difícilmente voy a conseguir nada. Evidentemente, no estoy hablando de la ilusión momentánea y circunstancial de que puede producir levantar la copa en Montecarlo… ¿cómo no te vas a ilusionar el día de la final?… yo no hablo de esto, yo hablo de la ilusión atávica, la que debería formar de nuestra fibra más íntima, la que nos impulsa a hacer las cosas día a día.
Forja del carácter
Para casi todos nosotros la forma más efectiva de conseguir metas es a base de perseverar, de esforzarse, de hacer unos sacrificios, de llevar un orden, una disciplina.
…para la mayoría de la gente, para la gente normal como mi sobrino, es el camino más fácil para alcanzar el éxito.
Toni Nadal choca con estado general de opinión sobre lo que es la formación del carácter y el lugar de la disciplina y el esfuerzo en la infancia y la juventud. Considera que hoy en día se abusa del aprender divirtiéndose y abomina de las familias que ponen todas sus prioridades en el bienestar emocional a ultranza y en toda ocasión de los niños. Muchos padres se han convertido en animadores sociales del tiempo de ocio de sus hijos y parece que algo marcha mal si el chico se aburre o no está constantemente entretenido.
Ahora, en no pocas ocasiones, parece que los padres están supeditados a los deseos de los hijos… Es bastante complicado convencer a nuestros hijos de que ellos no son los reyes de la casa cuando todos nuestros planes están destinados a cumplir con sus expectativas. Mi peculiaridad como entrenador, si es que la ha habido, ha sido intentar desobedecer las normas actuales y seguir el modelo más anticuado de nuestros progenitores.
También cree que tenemos a los niños entre algodones, que les ahorramos el contacto con las dificultades de la vida y el esfuerzo. Este fenómeno lo ve incluso más acusado en las jóvenes estrellas. Puede que trabajen muy duramente en las pistas, pero cuando salen de ellas, les conceden unas atenciones y privilegios casi desmesurados.
Hay chavales que entrenan preparadores duros en la pista pero que después disfrutan de privilegios fuera de ella, que es precisamente lo que les malcría.
Toni ha inculcado en su sobrino la creencia de que fuera de las pistas es uno más y desde joven no ha parado de repetírselo. Jamás piden una mesa especial o atención distintiva en los restaurantes.
En una ocasión en Shangai, un miembro del equipo dijo a Rafa, que iba con polo y bermudas, que en el restaurante de lujo no se podía ir vestido así, pero no importaba porque por ser quien era harían la vista gorda. Toni obligó a Rafa a que fuera a cambiarse. Esta actitud la lleva hasta los detalles más extremos que pueden parecer menudencias insignificantes:
Íbamos andando por la acera Carlos Costa, mi sobrino y yo. Mi sobrino caminaba entre los dos. Al cabo de unos metros, yo desaceleré un poco mi paso para que me cogieran un poco de ventaja y después me coloqué al lado de Carlos, dejando así a mi sobrino en la parte exterior, la que estaba cerca de los coches que pasaban.
—¿Qué haces?, me pregunto Carlos.
—Nada, que no quiero que Rafael se sienta escoltado por nosotros dos.
…Hoy en día, los chicos anónimos, frecuentemente, están acostumbrados a ser el centro del mundo; los que triunfan un poco, lo son casi siempre.
Toni ha sido muy exigente con Rafa durante toda su carrera, aunque la ha ido reduciendo a lo largo de su formación. Para él solo tiene sentido la exigencia hacia otra persona en su etapa formativa. Más allá de una determinada edad la exigencia ha de convertirse en autoexigencia. De otra forma, considera que la formación habría sido un fracaso. Esto conecta con el siguiente punto fundamental en su filosofía vital.
Libertad y responsabilidad
La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo.
—George Bernard Shaw
Desde siempre, su prioridad ha sido la formación del carácter y si hay algo que ha querido inculcarle a Rafa es que los resultados son su responsabilidad, nunca ha querido que elementos externos al juego se usen como excusas. Las adversidades, dolores, calidad de la pista, público, etc., han de ser incorporados como elementos a la acción. Toni odia las quejas y las excusas.
Con la responsabilidad gestionamos lo que depende de nosotros, la persecución de los objetivos que nos hemos marcado. Con la capacidad de aguante, gestionamos lo que no depende de nosotros, es decir, la adversidad.
Toni Nadal cree firmemente en la capacidad del individuo para moldear su destino, cree, como el poeta Yeats, que los sueños comienzan con la responsabilidad, y cuanto más improbables y difíciles de alcanzar son los sueños, mayor ha de ser la responsabilidad.
Hoy en día estamos acostumbrados a delegar nuestra responsabilidad en el gobierno o en otras instituciones. Si hay una catástrofe natural, llega un tornado, hay nieve, la gente se indigna porque el gobierno no haya puesto los medios para evitarlo o no les haya avisado con anterioridad; nos desentendemos de las consecuencias de nuestras acciones, de nuestros viajes o excursiones por el campo y esperamos siempre que sean otros los que se responsabilicen y nos socorran si algo va mal, no importa nuestra imprevisión o temeridad.
Para Toni los únicos que en una sociedad verdaderamente adulta deberían estar exentos de ejercer su responsabilidad son los niños, y aun ellos, de forma relativa. Solo en relación a su desarrollo y grado de formación.
En una ocasión en el Torneo de París-Bercy, muy al comienzo de su carrera profesional, llegó Rafa con cuatro cruasanes rellenos de chocolate, poco antes de comenzar el partido, tuvo la gentileza de ofrecer a Carlos Costa y a su tío. Cuando Carlos vio que se iba a zamparse los otros dos le dijo a Toni: “¡No le dejes que se coma esto antes de salir a la pista! Le sentará fatal”. A lo que respondió: No, no. Que se los coma. Como si se come los cuatro el solito. Él ya sabe que no lo tiene que hacer. Solo faltaría que yo tuviera que ser responsable por él. Que se los coma y ojalá le duela el estómago y pierda el partido. Así aprenderá”.
Se los comió, dos de ellos, y salió a jugar. No le dolió el estómago, pero perdió el partido. La lección que quería transmitir era que cuando uno no se acostumbra a no ser responsable de sus actos se pagan las consecuencias.
Toni, como buen maestro, ha ido reduciendo el nivel de control en Rafa Nadal según pasaban los años, pero siempre, incluso desde la más tierna infancia le ha hecho responsable de sus actos. Actualmente, se limita a comentar, a animar en los momentos difíciles y a proporcionarle una opinión muy objetiva que no ahorra las verdades incómodas o desagradables.
En todo caso, el entrenador siempre ha inculcado a Rafael Nadal el principio de exclusiva incumbencia; esto es, todo lo que le ocurre depende de él, y él es el que tiene que solucionar los problemas y sobrellevar las adversidades.
Cuenta como en una ocasión en que no pudo estar presente en la pista en el momento del juego porque tenía que supervisar a otro tenista, un amigo ex-jugador se le acerca y le informa de que Rafa, aparentemente está jugando con una raqueta rota y perdiendo por 6-1. Toni se desplazó a su pista y le avisó. Rafa cambió de raqueta, mejoró su juego, pero ya era demasiado tarde y terminó perdiendo. Al final de partido se reunió con su sobrino y tuvieron una pequeña charla:
—Rafael, ¿me dirás que después de tantos años jugando al tenis no eres capaz de reconocer cuando una raqueta está rota?
La raqueta estaba rota en el marco, no por la parte del cordaje. Cualquiera que haya jugado un poco al tenis aunque sea como aficionado, sabrá que con el marco de la raqueta roto es imposible controlar las bolas. Las bolas se van por cualquier lado.
Su respuesta a mi recriminatoria pregunta fue bastante elocuente:
—Toni, estoy tan acostumbrado a tener yo la culpa de todo que en ningún momento se me ha ocurrido que la responsable de mi mal juego fuera la raqueta. Pensaba que era yo el que lo estaba haciendo mal.
Cuenta Toni este episodio como una situación cómica en la que se su principio de exclusiva incumbencia falló, pero aun así cree que en esta filosofía de vida reside gran parte del éxito de Rafa.
Hay que añadir que el hecho que contar esta anécdota muestra la honradez intelectual de Toni Nadal y su costumbre de poner en duda todo, incluso sus propios principios, buscando todos los casos o excepciones en que no se cumplen. Este hábito tan arraigado en Toni es muy infrecuente, ya que los seres humanos somos habitualmente presos del sesgo de confirmación: buscamos los casos que nos confirmen e ignoramos los que contradicen nuestras reglas o creencias.
El principio de exclusiva incumbencia es fundamental para tomar las riendas de la vida. Es una creencia práctica que debe guiarnos en todas nuestras actuaciones: siempre asumir la responsabilidad de los actos y no echar la culpa a las circunstancias externas.
No es que no haya adversidades u obstáculos que se interpongan en nuestras metas. Pero no les debemos prestar más atención de la debida y hemos de concentramos en modificar los elementos que estén dentro de nuestro ámbito de control e influencia.
A diferencia, de muchos otros entrenadores, que creen que su función es facilitarle la vida a sus tenistas, que se sientan cómodos en todo momento, Toni Nadal, siempre inquisitivo y heterodoxo, cree que su función es justamente la contraria:
Si nos acostumbramos a que nos resuelvan el mínimo problema, acabaremos siendo incapaces de solventar nada por nosotros mismos. La proliferación excesiva de psicólogos, gurús, coaches, salvadores varios nos ha ido inutilizando en nuestra tarea de ser capaces de superar dificultades por nuestros propios medios.
La excesiva comodidad nos afecta a todos. Las comodidad se torna pegajosa, si es excesiva, e inhibe el crecimiento. La única forma de sacar lo mejor de uno es estar estimulado por la adversidad y estar obligado a descubrir o crear los recursos interiores que nos permitan superar los obstáculos.
(Photo credit should read FREDERIC J. BROWN/AFP/Getty Images)
Todo deseo tiene que hacer frente a un coeficiente de adversidad que nos opone lo real. Si lo evitamos o lo intentamos reducir perdemos la oportunidad de crecer.
Toni Nadal, siempre claro y directo, extiende sus conclusiones a la sociedad en su conjunto:
El estado de bienestar y comodidad al que hemos accedido nos has beneficiado en muchos aspectos, pero también nos ha debilitado en otros porque nos ha conducido a un terreno donde impera la confusión. Hemos conseguido creer que tenemos derecho a todo, incluso a no sufrir adversidades.
Su forma de hablar, como ves, se aleja mucho del discurso autocomplaciente, paternalista y blando al que estamos acostumbrados en muchos países occidentales.
Humildad
Quien se siente especial por saber hacer una cosa bien, o incluso muy bien, tiene una condición que es incuestionable: es especialmente tonto. —Toni Nadal
Volvemos a la pregunta inicial con la que empecé esta reseña del libro Todo se puede entrenar: ¿es Rafa Nadal tan humilde y caballeroso como parece?
Tras vencer Nadal en Australia y conquistar su sexto gran Slam en 2009, Federer rompió a llorar por su derrota. Nadal acudió al rescate, le abrazó y le susurró palabras de consuelo al oído: «Eres un gran campeón y mejorarás el récord de 14 grandes de Sampras».
Con lo que ya hemos visto, ya debería estar clara la respuesta.
Su tío Toni unió sus principios morales y filosofía de la vida al entrenamiento y al deporte. Siempre quiso que su vida normal y deportiva estuvieran en consonancia. Después de todo, qué importancia tiene el hacer pasar una bola por encima de la red mejor que los demás o ser muy bueno en una habilidad cuando hay 2000 o 3000 habilidades en las que puede ser uno bueno.
Toni Nadal no considera que su sobrino sea especial y ha tenido mucho cuidado en hacérselo ver a lo largo de toda su carrera. Por supuesto, su sobrino, como reconoce, es especial “para él”, al igual que sus hijos, pero eso no le convierte en especial en general y por supuesto no le hace objeto de privilegios o atenciones excepcionales.
“Es que tú Toni, has sabido hacer las cosas muy bien”. Yo le contesté: “He sabido lo mismo que sabemos todos. Sé lo mismo que sabes tú. Simplemente, yo lo he llevado a cabo”.
Esa fue mi contestación porque pienso que, en realidad hay que ser muy infantil para no saber cómo formar a un niño, a un hijo a un pupilo. Todos sabemos lo que hay que hay que hacer. Lo que no debe ser tan fácil es llevarlo a cabo, sin excepciones.
Toni Nadal encuentra el significado de su trabajo en la capacidad de superación y los valores que impregnan al deporte bien entendido y no cree que su labor tenga nada de especial. No hace falta creerse el centro del mundo ni mejor que los demás para hacer un trabajo serio y obtener resultados extraordinarios.
A lo largo de casi 20 años ha transmitido estos principios a su sobrino, a veces de una forma cruda. La humildad de Rafa Nadal tiene su indudable origen en Toni. Este puede ser muy duro, a la hora de mantener el ego de su discípulo bajo control:
En muchas ocasiones, hablando de distintos temas, le he dicho a Rafael: “Tú, de aquí (imitando su movimiento de derecha con la mano izquierda) sabes más que yo, pero de aquí (llevándome el índice a la sien y golpeándome dos o tres veces), de aquí, te gano yo. No te quepa la menor duda”… Un chaval que se cría pensando que tiene siempre la razón, que es especial, que lo hace todo bien, carece de armas para elaborar soluciones propias.
Es imprescindible que te obliguen a ser humilde y objetivo contigo mismo. Ambas cualidades no vienen de fábrica. Es imposible que un niño o joven las adquiera por sí solo. Es muy fácil para una persona con éxito tener una idea muy elevada de sí y engañarse sobre el alcance de sus fortalezas y debilidades. Es lo más fácil del mundo. Es por ello que no hay ningún deportista profesional en el mundo que no tenga al menos un entrenador que le proporcione información objetiva sobre sus cualidades y rendimiento.
Quizá no tantos son tan conscientes como Toni Nadal de la necesidad de mantener bajo control el ego de la estrella.
E
n todo caso, Toni no cree que Rafa sea un modelo de humildad, cree que simplemente es una persona madura y correcta que se comporta como debería comportarse una persona normal. Hasta en este aspecto evita el engrandecimiento y se enfrenta a la sabiduría popular:
Mi sobrino es admirado porque gana. Esta es la pura verdad, el resto son adornos. Y, además, yo no creo que sean tan humilde. Veo que tiene un buen coche, veo que no vive nada mal…
La sociedad sobrevalora el éxito, especialmente de los que son famosos, de los que ganan mucho dinero o de los que destacan en el deporte. Toni lo reconoce y cree que es peligroso tener una consideración distintiva con los que triunfan. Para él, las personas realmente especiales son muy pocas y muchas de ellas no son famosas ni lo serán nunca.
Cualquier gesto de amabilidad o de mera educación en un personaje con éxito lo sacamos de proporción:
Lo que hace Rafael es lo que hace cualquier persona con una educación correcta y con una formación mínimamente deseable. Lo que debería sorprendernos es la actitud contraria porque esto sí que debería considerarse una anormalidad.
Lo que hace distinto a Toni Nadal es la concepción integral del deportista y su visión humanista. Su trabajo ha estado siempre dirigido por objetivos en el corto plazo de dificultad creciente y ha trabajado día a día para ellos, pero a la vez ha mantenido una visión a largo plazo donde tenía absolutamente claro que la formación del carácter, la fortaleza mental, y, si se quiere, espiritual, tenían preferencia sobre cualquier otra consideración.
En opinión de Toni, solo trabajando los fundamentos del carácter, desarrollando la autoexigencia constante y la corrección en su relación con las personas, ha podido llegar Rafa Nadal a lo más alto.
Me satisface que mi sobrino haya alcanzado algunas de las metas de ese sueño que un día decidimos perseguir. Pero esto, por sí solo, no me agradaría si no se hubiera conseguido con las premisas y principios en los que hemos creído desde el principio: el esfuerzo, la constancia, la ilusión, la superación, la responsabilidad y, sobre todo, la corrección.
En el último artículo aprendimos a conjugar el verbo «talentear».
A diferencia de lo que pensabas, talento no es un sustantivo, ni una cosa ni un nombre abstracto; es un verbo, una acción.
Estamos saturados de la palabra talento. Yo estoy saturado con la palabra talento: “Zutano tiene talento”. “Hay que gestionar el talento”. “Hay mucho talento en este equipo”. “Tenemos que desarrollar a los jóvenes talentos”.
Mierda de vaca. El talento no es sustantivo, no es una sustancia o materia prima de la que están hechas las personas. El talento no es más que una etiqueta que se pone a la gente y la clasifica: “Tiene talento”.
Tampoco es un adjetivo: “Es un tipo talentoso”. No es una cualidad que se tiene o no se tiene. No es como el color de la piel o la altura. Es estúpido decir de alguien que es talentoso.
Pero entonces… si alguien no tiene talento, ni es talentoso… ¿qué decimos cuando alguien es bueno en algo, cuando tiene una actuación destacada, cuando es excelente?
Te equivocas de nuevo: nadie es bueno en algo en absoluto, nadie es excelente más que en comparación y eso no tiene nada que ver con el talento; si destacas no lo haces por alguna cualidad fantasmal con la que los dioses te ungieron: si destacas lo haces porque has hecho mejor algo con respecto al grupo de referencia en un momento dado. Nadie es bueno siempre, lo es en un momento dado, en una circunstancia particular, con un marco de referencia específico y para un observador determinado. Solo puede decirse que alguien es bueno en algo o hace algo bueno en un instante, no en un periodo de tiempo.
Si no puedes evitarlo, podrías usar el gerundio del verbo ser o tener , nada más: “Está siendo/teniendo talentoso-talento” (aquí-ahora-enestecontexto-desdemipuntodevista-enestascircunstancias).
¿Entonces?
Entonces te conmino a que dejes de usar las palabras talento y talentoso. Si alguien ayer hizo algo que te sorprendió y tuvo buenos efectos o logro sus metas con especial gracia, di que “talenteó”, no que es talentoso o tiene talento. Porque lo que hiciera ayer no lo está haciendo ahora y no necesariamente lo va a hacer mañana. ¿Capisci?
¿Por qué?
Porque talento es un verbo: yo talenteo, tú talenteas, él talentea… ¿eres duro de oído?
Es una palabra que se emplea para designar acciones, no esencias, no la naturaleza intrínseca de una persona, no la sustancia, ni siquiera una cualidad permanente que dure más allá del momento de la acción.
Ah, y cuidado, tampoco digas de alguien que es un tío grande, un crac, mucho menos un genio (excepto si se trata de Rafael Sarmentero), ni que está tocado por la mano de los dioses, –
Espero haber talenteado un poco con este artículo.
Este es un artículo recopilatorio de un experimento personal que desarrollé en el 2013 en el extinto blog Tecnologías del Yo. Lo transcribo con la intención de mostrar el uso del cuaderno de bitácora en los experimentos personales.
Idealmente, siempre que inicies un proyecto personal o un simple experimento, como en este caso, deberías abrir una documento de texto digital o en papel para escribir día a día, o en breves intervalos, tus sensaciones, pensamientos, descubrimientos y lecciones aprendidas.
Día 1
Me dije a mí mismo, “Si no estás dispuesto o eres capaz de ser el tipo de persona que está dispuesta a sentirse incómoda durante cinco minutos en la ducha, donde el único resultado es que estarás helado durante cinco minutos y serás la única persona afectada por la decisión, entonces, ¿cómó vas a tener alguna vez la fortaleza necesaria o el coraje para sentirte incómodo en una situación donde los resultados son mucho mayores y la gente afectada por tu decisión sobrepasa con creces a la de un solo individuo?”
—Resumen que hace Joel Runyon en una conferencia TED sobre el desafío de la ducha fría.
Me he levantado, he hecho mi cama, he encendido el ordenador. Pero hoy era un día especial. Es un lunes, y los lunes suelen ser buenos días para acometer nuevos retos. Ayer, en mi revisión semanal inspirado por el blog de Joel Runyon, Impossible, decidí que me vendría bien un revulsivo.
He salido del dormitorio llevando conmigo mi reloj-alarma y lo he programado para que vibrara en 5 minutos. He abierto el grifo del agua fría al máximo, he esperado unos segundos y me he sumergido. Mucho más fría de lo que esperaba. No la he probado antes ni me lo he pensado, porque sabía que sería peor y que una terapia de choque en vez de un enfoque gradualista sería mucho más eficaz; también reduciría la probabilidad de que me acobardara y dejara el reto… para mañana.
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Sumergí la cabeza debajo del chorro de agua helado y lo he mantenido ahí todo lo que he podido. Según pasaban los segundos, quizá alrededor de unos veinte, he sentido un frío terrible, se me ha puesto la carne de gallina, y durante unos instantes me ha resultado insoportable. La cabeza se ha estremecido y me he puesto a dar pequeños saltos en la ducha para intentar vencer el dolor. Durante unos cuantos segundos he estado al borde de abandonar, pero la sensación era tan intensa que ni siquiera creo haber sido capaz de armar alguna racionalización que me legitimara para dejarlo.
Pasados unos pocos segundos más, quizá otros treinta más, el momento crítico ha parecido remitir y he sentido el agua menos hiriente. Me sentía terriblemente frío y he ido dejando que el agua cayera sobre todo mi cuerpo. En vez de sobre la cabeza, he dejado que golpeara sobre el pecho y resbalara sobre el resto del cuerpo. Entonces he pensado que podría soportarlo pero el agua seguía tan fría que consideré que sería mejor hacer algo en vez de centrarme en las sensaciones.
He tomado el bote del champú y he vertido un buen chorro en la mano; luego me he frotado vigorosamente la cabeza. Como no estoy acostumbrado al agua fría, ni siquiera al agua tibia (siempre me ha gustado ducharme con agua muy caliente) me he preguntado si el champú en agua fría sería efectivo; he pensado que no, que quizá tendría que lavarme la cabeza después con agua caliente. Pero no importaba, porque por lo menos me mantenía entretenido en el suplicio.
He seguido enjabonándome y pasados unos minutos, no sé cuántos, he empezado a pensar que quizá el tiempo ya había concluido o que había programado mal la alarma o que bajo el agua no la había oído o que se había estropeado… Subjetivamente, sentía que llevaba quizá 7 u 8 minutos. Me he dado cuenta de que esto sí que era una racionalización para intentar salir de la ducha unos segundos y comprobar el tiempo transcurrido. He inhibido el impulso y me he mantenido debajo de la lluvia helada.
Finalmente, he oído el sonido de la alarma y con un gesto de tremendo alivio me he precipitado fuera de la ducha. Eso sí, pasó por mi cabeza fugazmente el seguir un poco más, pero como la línea de meta estaba marcada en los 5 minutos me ha parecido que el objetivo del día estaba cumplido.
Tomé una toalla y empecé a secarme. Enseguida me he sentido muy cálido y reconfortado, mi cuerpo ha generado calor y en pocos segundos me he sentido casi eufórico, con una mezcla de orgullo y alivio físico.
Beneficios físicos
Hay literatura abundante sobre los beneficios físicos de las duchas o baños en agua fría o helada; entre ellos, las mejoras del sistema inmunitario, la mejora de la calidad del sueño o la subida en los niveles de testosterona.
En Suecia, es costumbre el sacar a los bebés fuera de casa para que echen la siesta al aire libre. No solo logran más resistencia a los catarros o resfríados sino que también mejoran la calidad de su sueño.
En Siberia, van un paso más allá y en un ritual llamado Rodnichok vierten un cubo de agua helada sobre la cabeza de los niños entre los 2 y los 6 años de edad. Algún estudio muestra que sobre el 95% de esos niños se mantienen sanos durante la estación de la gripe en contraste con solo el 75% para los niños que no participan en el ritual.
Beneficios psicológicos
Pero no son los beneficios físicos los que estoy buscando; lo que pretendo es fortalecer mi capacidad de autorregulación haciendo algo relativamente difícil pero simple. Me expondré durante 28 días a un cierto estrés en un entorno controlado, que espero que sirva para entrenar mi capacidad de inhibir la respuesta automática –la evitación o huída– y mantener mi determinación.
Requisitos de mi desafío de la ducha fría
Durante 28 días empezaré el día con una ducha fría. Los requisitos son las siguientes:
He de ducharme con agua fría durante 28 días seguidos.
Solo considero que es una ducha fría si me mantengo debajo del chorro de agua al menos durante 5 minutos. Usaré una alarma para controlar el tiempo.
Si un día fallo, la cuenta de los 28 días vuelve a empezar. Esto proporcionará una motivación adicional para persistir. Cuanto más cerca de completar los 28 días esté, mayor será el castigo por el incumplimiento.
Considero agua fría el resultado de girar el grifo lo más posible hacia la posición de agua fría. Sea la temperatura que sea, aunque sea helada más que fría, esa es la meta que me marco.
Algún día de los 28, de manera aleatoria y solo para “divertirme”, estaré 10 minutos o más bajo la ducha.
Día 3
Un hombre sano y alegre necesita de vez en cuando algo de peligro, de lo contrario la vida se lle vuelve insoportable.
–Friedrich Nietzsche
Ya estoy en el tercer día. Y estoy en el tercer día quizá de milagro. Ayer en el primer minuto estuve a punto de dejarlo. Sentí el deseo de recular y huir del desafío en cuanto el agua se puso helada. Pude sentir claramente la sensación. Hice incluso el ademán de salir de la ducha. Pero me contuve, afortunadamente me contuve.
Racionalizaciones
Hoy no he hecho ademán de salir de la ducha fría una vez entrado. Ha sido peor. Hoy ha operado una racionalización que casi evita que entrara en la ducha. Ha sido la siguiente: me he levantado un poco antes, he desayunado algo porque tenía hambre y no me he duchado porque me parecía demasiado pronto. Me he vuelto un rato a la cama. Después de sonar el despertador he comenzado a recular mentalmente:
“He comido. No he hecho la digestión. El agua está terriblemente helada. Me puede dar un corte de digestión. Mejor aplazar la ducha para la tarde.”
He estado a punto de ceder, me he convencido a mí mismo, y me he ido al baño dispuesto a darme una ducha caliente. He pensado incluso que me lo merecía tras los traumas térmicos de los dos días anteriores. Pero no sé ni por qué ni cómo, un sexto sentido, una parte mía que no se cree las mentiras que me digo, ha salido en mi socorro. Ni siquiera he tenido que refutar la racionalización argumentando que no existen los cortes de digestión o que si existieran no iban a tener lugar habiendo comido tan poco.
El hecho es que mi parte más noble, corajuda e imparcial ha decidido que iba a tomar una ducha fría después de todo. Sin excusas, sin dramas, adiós racionalizaciones.
Micro-zanahoria motivacional de unos pocos segundos antes del agua helada
He puesto la alarma de los 5 minutos, he girado el grifo al máximo y me he metido en el agua . Una vez girado el grifo, me dije que mejor entrar lo antes posible y disfrutar de unos segundos de agua no helada, los suficientes para que empiece a salir realmente fría.
Este argumento también lo empleé ayer. Me parece muy efectivo. Me pongo una pequeña zanahoria motivacional delante (unos pocos segundos de agua tibia) antes de soportar el agua helada. Como la mente es tan cortoplacista, me ha servido para precipitarme dentro de la ducha por miedo a perder esos segundos preciosos de agua todavía no hiriente. Es una reacción algo estúpida, porque esos segundos preciosos los iba a tener igual fuera de la ducha. Pero funciona. Se acaban las dudas.
Observaciones y reflexiones hasta el momento
No es tan duro como imaginaba. En el tercer día he sentido el agua igual de fría que los días anteriores pero me he acostumbrado antes a ella.
En estos tres días no he necesitado café. Creo que no hay café en el mundo que tenga el efecto de una ducha fría para activarte.
Me he sentido mucho más despierto y activo durante toda la mañana. No he dormido más.
Al comerme este sapo justo al principio de la mañana, estoy empleando una variante de la técnica de las verduras antes del postre. Obtengo sensación de logro, me someto a un estrés que me pone en marcha para todo el día y me siento más propenso a otros pequeños esfuerzos de voluntad durante la jornada. En comparación con el trauma térmico de la mañana, el resto de las dificultades del día palidecen.
He descubierto el concepto de micro-zanahoria de la motivación. Un pequeño incentivo inmediatamente anterior al esfuerzo temido, de una magnitud mucho mayor que la micro-zanahoria, tiene el efecto de acercarme a la ducha fría.
Es curioso comprobar que esa micro-zanahoria forma parte de la ducha fría, pero al situarse en una fase inicial menos dolorosa que el resto de la ducha —y agradable en comparación— se puede enmarcar como una recompensa.
Me pregunto en qué otras actividades podré usar el concepto de micro-zanahoria motivacional para animarme a dar el paso hacia la actividad difícil o que me produce temor.
Día 10
Hoy, por primera vez, he sentido deseos de seguir más allá de los cinco minutos obligatorios. He estado unos segundos más solamente porque tenía algo de prisa. El otro día leí en una estación de tren “El tiempo no existe. No tengas prisa.” Pero hoy tenía un poco de prisa y por eso no seguí hasta los diez minutos.
Aquí está la gráfica donde monitoreo el avance del desafío de la ducha fría. Solo me quedan 18 días para alcanzar la meta de 28 duchas frías en 28 días. –
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Esta mañana, por error, puse el agua caliente, la rocé con la piel y enseguida salí de la ducha para cambiar el agua a fría y volver a entrar. Sentí el agua caliente como extraña. Solo diez días y ya siento el agua caliente como extraña.
El agua sigue estando igual de fría que hace diez días, pero siento que me acostumbro mucho antes a ella. Ya casi no tengo que dar pequeños saltos para mantenerme dentro de la ducha. Hoy, creo que por primera vez, he sido capaz de olvidarme del frío y he pensado en tareas que tengo que resolver en el día. No sé si esto es bueno del todo.
En los nueve días anteriores vivía el desafío en tiempo intensa y gélidamente presente. Hoy, en cambio, mi mente ha vagado por el futuro. Esto significa que me estoy acostumbrando. Nada malo en acostumbrarse a las cosas, pero hay que tomar nota. Supongo que es un mecanismo mental general de habituación. Lo sorprendente es que uno sea capaz de habituarse tan rápidamente a algo que siempre había pensado que era terriblemente difícil o incómodo. Ya experimenté algo parecido cuando me acostumbré en solo dos días a tomar café solo, sin azúcar o sacarina.
Día 15. ¡Diez minutos!
Hoy, por primera vez en el tiempo que llevo de desafío, he sido capaz de estar 10 minutos bajo la ducha.
Sabía que terminaría llegando este momento. Lo más sorprendente es que no me ha costado gran cosa. No solo me adapto al frío en menos tiempo (menos de un minuto) sino que además ahora soy capaz de estar más tiempo debajo de la lluvia helada sin gran sufrimiento.
He notado otro efecto emocional importante: en los días en que me levanto más bajo de ánimo, la ducha está teniendo un efecto emocional muy positivo. Parece que después de someterme a un estrés físico la ansiedad, las preocupaciones, los pensamientos negativos, quedan neutralizados.
La razón puede estar en que el estrés físico (no el emocional o psicológico) se vive en tiempo presente: uno no se siente propenso a las divagaciones existenciales cuando está desnudo tiritando y dando saltos debajo del agua. Me centro en el agua fría y en nada más. Esto desplaza el foco mental del pasado o el futuro al momento presente. Además, cuando se acaba el “suplicio” siento sensación de logro.
No esperaba que el acostumbrarme al agua helada fuera tan rápido. Han bastado 15 días. Ahora solo quedan por delante 13 días más y el desafío se habrá superado. Siento que es muy poco probable que no logre completar con éxito total el desafío. Bien.
Día 28. Completado el desafío de la ducha fría.
El 3.6.13 inicié el desafío de la ducha fría. Desde entonces, he completado 28 duchas frías todas las mañanas. Solo el día 27.6.13 no me duché (ni con agua caliente ni fría ) y por eso he acabado el desafío hoy 1.7.13 y no el 30.6.13.
De los 28 días, en tres de ellos estuve diez minutos en vez de los cinco habituales. Fueron el 17.6.13, el 30.6.13 y hoy 1.7.13. Lo hice para divertirme y demostrar dominio en el desafío.
El gráfico de seguimiento es este: –
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Considero que el desafío ha sido un rotundo éxito.
Algunas notas sobre el proyecto
A punto de abandonar o echarme atrás en los tres primeros días. Vencido el impulso de retroceso. He tomado conciencia de este reflejo natural psicológico de evitar aquello que prevés como incómodo o doloroso.
He puesto a prueba mis expectativas. Pensaba que iba a ser mucho más duro de lo que realmente ha sido. Solo los cinco primeras días fue realmente duro. Me he habituado con bastante rapidez.
Alrededor del día 10 ya me había acostumbrado al agua fría y me sentía con fuerzas para estar más de 5 minutos.
Quizá por la confianza que iba obteniendo según iban pasando los días, me animé a probar con un ayuno de 24 horas. Volví a experimentar el fenómeno de la habituación y la refutación de las expectativas sobre la dureza del ayuno: pasado un punto álgido de hambre, que no iba más allá de unos minutos, podía continuar con mis actividades normales sin grandes interferencias.
He necesitado tomar menos café por las mañanas para sentirme despierto. Muchos días no he tomado nada. Ningún café supera en eficacia a una ducha fría o helada al comienzo de la mañana.
El tiempo de adaptación al frío del agua ha bajado gradualmente hasta los poco más de treinta segundos en los últimos días.
Este desafío me ha servido para ganar muchos puntos de confianza y comprobar una vez más que las expectativas sobre la dureza de ciertas situaciones no suelen responder a la realidad.
Ciertamente, puede ser muy incómoda una ducha fría al principio de la mañana, pero esa dureza solo dura uno o dos minutos, no es continua.
El “flinch”
En inglés existe el término “flinch”, que es el movimiento de retroceso o evitación que se hace ante un miedo o la perspectiva de dolor.
En el mundo del boxeo, es un término de la jerga. Un boxeador antes de recibir un golpe puede echarse para atrás, girarse, puede perder perspectiva o visión y cerrar los ojos. Esa reacción instintiva puede ponerle en un aprieto mayor ya que le vuelve más vulnerable y permite que el contrincante explote las vías de ataque abiertas.
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Los entrenadores son conscientes del flinch del novato y emplean métodos de entrenamiento para controlar el reflejo. El flinch coloca al boxeador en una actitud defensiva, más de evitar el dolor o el golpe que de buscar atacar al contrario. Esto es lo que nos ocurre en la vida cuando ante una situación de miedo, temor o incertidumbre nos enfocamos en evitar el dolor y en correr fuera del peligro percibido. Normalmente el temor nos hace perder perspectiva, focaliza la atención en el dolor y no nos permite actuar inteligentemente.
En mi desafío de la ducha fría he tenido ocasión de experimentar el flinch varios días. Más en los primeros días, menos al final.
Para vencer el flinch o reflejo de retroceso he usado dos técnicas:
Evitar pensar en el frío y reconsiderar la decisión.
Usar como pequeña motivación la idea de que en los primeros segundos el agua todavía no está fría del todo y puedo disfrutar de ese agua tibia antes de que llegue el agua helada. Si me quedo delante del chorro de agua pensando o decidiendo me pierdo los pocos segundos del agua no fría. A este truco lo he bautizado como micro-zanahoria motivacional.
Aplicaciones y conclusiones
El flinch aparece en casi cualquier actividad difícil o incómoda en la que podamos pensar: un proyecto que llevo aplazando durante varios días porque sé que el comienzo será difícil y habrá partes que detesto; los diez primeros minutos de una carrera de una hora; tomar el teléfono para hacer esa llamada incómoda a un cliente que llevo postergando varios días; e incluso acciones mucho más pequeñas pero que demoramos porque en ese momento no nos apetece: por ejemplo, cuando no recojo la mesa después de comer y decido dejarlo para después de la siesta.
Hay muchas cosas valiosas que no hacemos simplemente porque no somos capaces de vencer el flinch o el reflejo natural de retroceso ante la perspectiva de la incomodidad o el dolor.
Después de haber practicado el desafío de la ducha fría durante 28 días estoy familiarizado con la sensación.
Soy capaz de reconocerla en muchas otras actividades: cuando me siento delante de la pantalla para escribir el artículo del blog del día y siento la desgana de ponerme a escribir (¡el flinch!); cuando estoy durmiendo plácidamente y suena el despertador y en vez de levantarme inmediatamente me digo que estaría bien quedarse un poco más (¡el flinch!); cuando estoy en un bar de copas, veo una chica atractiva y siento deseos de conocerla, hago ademán de acercarme pero enseguida siento una punzada en el estómago y me paralizo (¡el flinch!); cuando en una conferencia siento curiosidad por un tema que el ponente no ha aclarado, y cuando voy a preguntar siento el miedo escénico al anticipar la atención del público en mi persona y el probable temblor en mi voz (¡el flinch!).
Afrontar este desafío de la ducha fría como primer reto en la mañana me permite empezar el día con energía y con la satisfacción de vencer un obstáculo. Después de la ducha fría, me siento contento conmigo mismo y más propenso a tomar el toro por los cuernos, no retroceder ante las dificultades, hacer las cosas incómodas, vencer la resistencia natural de empezar cualquier acción nueva o que me saque de la zona cómoda, superar los pequeños y grandes desafíos diarios, y seguir avanzando.
El desafío de la ducha fría en 140 caracteres
Si no puedes hacer algo incómodo y difícil durante 5 minutos en la ducha, ¿cómo diablos vas a hacer algo incómodo y difícil en la vida real?
Este artículo es un artículo invitado de mi amigo David López.
Lo conocí por casualidad en twitter. Hemos tenido encendidos debates. A diferencia de lo que a menudo sucede, hemos terminado congeniando. Supongo que porque ambos estamos poseídos por el espíritu de la contradicción y el gusto por debate racional. Los dos estamos dispuestos a modificar nuestras posiciones si encontramos argumentos de peso y, por qué no decirlo, ambos disfrutamos con la lucha dialéctica.
Hace una semana tuvimos otra discrepancia: la cuestión era si es legítimo o no el boicot: recomendar a otras personas que dejen de comprar Coca-Cola si consideran que la empresa con su publicidad (siempre destinada a ganar dinero, por supuesto) está transmitiendo una imagen de la familia diferente a la de mis principios, creencias morales o simples preferencias.
El mensaje de boicot a través de la página de Hazte Oír es este:
Pide al presidente de Coca-Cola, Jorge Garduño, que retire su campaña de televisión anti familia y plantéate elegir otras marcas de refrescos.
Yo considero que el boicot no violento es un acto que entra dentro del ámbito de acción legítima de las personas y es irrelevante que cause daño económico o moral al boicoteado o a otras personas, bien sea a los accionistas de la empresa, a grupos sociales o directamente a personas físicas.
De hecho, el boicot tiene sentido porque genera presión, algún tipo de daño en reputación o beneficios y pretende influir en una cierta dirección; si no, no se haría.
—
Como bien explica David, nuestro debate es sobre la legitimidad, no sobre la legalidad, pues en la mayoría de los países democráticos los ciudadanos somos libres de recomendar comprar o no determinados productos y expresar nuestro rechazo con medios no violentos. Con la palabra “legitimidad” nos referimos a si el boicot es coherente o no con algunos criterios de justicia o valores que consideremos superiores.
David plantea cuestiones para dilucidar el problema y se posiciona al respecto, aunque no está del todo de acuerdo consigo mismo.
¿Es legítimo boicotear a Coca-Cola?
Hay dos maneras de leer este artículo.
La primera es partiendo de la legalidad: Cierre directamente la página (o lea más artículos), porque el boicot mientras no se utilice la violencia, es algo legal y reconocido, por tanto no hay mucho más que decir.
La segunda es olvidándonos de la legalidad por un rato y pensando desde la subjetividad y la objetividad. En esta opción me voy a meter, cual gorrino en fango.
Empiezo por unas definiciones de la RAE:
Boicotear
• Excluir a una persona o a una entidad de alguna relación social o comercial para perjudicarla y obligarla a ceder en lo que de ella se exige.
• Impedir o entorpecer la realización de un acto o de un proceso como medio de presión para
conseguir algo Perjudicar
• Ocasionar daño o menoscabo material o moral. Impedir
• Estorbar, imposibilitar la ejecución de algo. Ceder
• Rendirse, someterse. Someter
• Subordinar el juicio, decisión o afecto propios a los de otra persona.
–Una vez expuestos esos términos, creo que casi ninguno positivo, vamos a fijarnos en qué es la Libertad de Expresión:
Wikipedia: Según la Convención Americana sobre Derechos Humanos” o “Pacto de San José de
Costa Rica” de 1969, en el Artículo 13:
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho
comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin
consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto
2. El ejercicio del derecho previsto en el inciso precedente no puede estar sujeto a previa censura, sino a responsabilidades ulteriores, las que deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para asegurar:
a) El respeto a los derechos o la reputación de los demás.
Entonces deduzco que el boicot entraría en la categoría de Libertad de Expresión, ya que estoy
legitimado a decir que la Coca-Cola, con su anuncio con una pareja gay, atenta contra mi moral.
Puedo gritarlo a los cuatro vientos o al que me quiera escuchar.
Ahora bien, planteo otras cuestiones.
Respecto al caso específico que nos atañe, “Boicot a Coca-Cola”:
• ¿Estoy legitimado a decir que una pareja gay no es “la familia natural”? ¿Atenta eso contra el derecho de esa pareja gay a definirse como familia? ¿No atento contra su condición dado que
hago discriminación por orientación sexual?
• ¿Acaso no atento contra Coca-Cola, contra su reputación, dado que digo que intentan fomentar “familias no naturales”?
• ¿Que alguien diga de mi familia que no es natural o atenta contra la moralidad no me ocasiona ningún perjuicio?
• Lo planteo de otro modo. Si junto 1 millón de personas en Gran Vía y todos ejercen su libertad de expresión diciendo que los negros les causan daños morales… ¿No están ellos mismos
causándole un daño moral a otro?
Con respecto a los boicots en general:
• Desde un punto de vista de Libertad: ¿Tengo derecho a causarle una (posible) pérdida
comercial a una empresa porque “me ampara la libertad de expresión”? Si es así, esto sería el
Oeste. Yo me pido un 44 Magnum.
• ¿Es correcto juntar varios miles de personas para ejercer fuerza y amedrentar a un tercero e
imponerle nuestra visión?
• Recuerdo el boicot a La Noria: El que lo hizo dijo “Lo hice por contribuir a una sociedad mejor”. ¿Es lícito que SU visión de la sociedad sea impuesta por el uso de la fuerza y la presión a terceros aunque sea de palabra? ¿Por qué es su visión “la buena”?
• Aunque la Justicia diga que ha pasado los límites de la Libertad de Expresión, ¿Quién resarce el daño? Curiosamente en este último caso, el juez admitió a trámite la querella de Mediaset (luego retirada).
—
Al punto al que quiero llegar con toda esta exposición es que aunque sea legal el boicot (con
matices) no creo que siempre tenga que estar amparado por la Libertad de expresión, sobre todo cuando se intenta coaccionar (no siempre de manera explícita) la libertad de otros.
Por otra parte, también creo que el boicot sí debe estar amparado por la Libertad de expresión, dado que no se puede limitar previamente.
Si tuviera que elegir posicionarme, elegiría la segunda (amparado) pero sin estar completamente de acuerdo conmigo mismo.
Cada vez tengo más claro que el camino hacia el cambio y el crecimiento personal está en afrontar y buscar verdades desagradables todos los días.
Es importante no engañar a los demás, pero es todavía más importante no engañarse a uno mismo. El engaño es fácil, promueve emociones positivas o evita las negativas, pero te desconecta de la realidad y necesita de un esfuerzo constante para mantenerlo.-
En el fondo del corazón, sabemos cómo son las cosas: que no somos perfectos, que tenemos sobrepeso, que no somos tan admirables ni virtuosos como creemos, que hacemos poco ejercicio, que nuestro trabajo deja mucho que desear, que a veces somos crueles o injustos, que estamos gastando demasiado…
Si quieres mantener la farsa tienes que justificar tus errores, desviar continuamente la mirada y sepultar los recuerdos. Los seres humanos somos especialistas en racionalizar nuestros errores, cambiar el foco y olvidar las verdades desagradables.
—
Pondré un ejemplo personal casi insignificante pero revelador: antes, cuando sacaba dinero del cajero, tenía la opción de consultar el saldo. Bastaba con confirmar la orden: «¿Desea usted consultar el saldo de su cuenta?». Mi respuesta era invariablemente «No». No lo consultaba porque no quería enfrentarme a un saldo bajo o al hecho de haber estado malgastando mi dinero en compras impulsivas.
Anticipaba el dolor de ver el saldo cercano a cero y tener que pensármelo dos veces antes de concederme un nuevo capricho. Por eso, nada mejor que sacar el dinero sin preocuparme por el saldo y esperar que mis problemas financieros se resolvieran solos. Hacía lo que el proverbial avestruz enterrando la cabeza en la arena para no ver al leopardo acercándose. –
Realmente el avestruz no entierra la cabeza bajo la arena. Hace un agujero para ocultar sus huevos y desde la distancia parece que entierra la cabeza. ¡Que la verdad no me estropee una buena imagen!
Te puedes imaginar que no es en los temas bancarios el único aspecto de mi vida donde practico la estrategia del avestruz. Piensa en la escena anterior como una rendija a través de la cual puedes contemplar la fea habitación de mi personalidad.
—
Mi comportamiento puede parecer cobarde. Lo es. Pero no soy el único cobarde; si no, pregúntate si el uso de la tarjeta tiene algo que ver con que cuando pagas con tarjeta no tienes la misma sensación de estar gastando dinero que cuando lo haces con monedas y billetes. Esta es una de las razones de la popularidad de las tarjetas.
Si pensamos en las tarjetas de crédito, es todavía más evidente cómo evitamos el dolor inmediato: obtenemos el subidón de adrenalina de la compra en el momento y retrasamos el pago uno o varios meses. Satisfacción ahora, dolor más grande pero diferido. La receta para el desastre.
Una vez trabajé para una división comercial de un banco en sudamérica. Su responsable máximo definía a las tarjetas de crédito como cocaína en vena. La gente entra en un ciclo de exceso consumista y adicción a la tarjeta que es casi imposible de resistir.
Este es el negocio de las entidades financieras con los créditos de consumo: dar a las personas lo que quieren aquí y ahora, y desconectar la satisfacción del objeto adquirido del trabajo y sacrificios necesarios para comprarlo.
La publicidad y las facilidades de pago constituyen un test de la golosina para adultos: la mayoría de nosotros carecemos de la capacidad de control para sustraernos a la avalancha de tentaciones.
—
Recientemente, han actualizado la aplicación de los cajeros automáticos, y cuando saco dinero no me queda más remedio que ver el saldo de mi cuenta corriente, ya no tengo que solicitarlo expresamente.
Podrías pensar que ahora me hago obligatoriamente consciente de mi situación financiera y que quizá con ello he corregido alguno de mis malos hábitos de gasto, aunque solo fuera para no tener que soportar la bajada del saldo en tiempo real.
Pues no. El yo que evita la conciencia de las verdades desagradables tiene muchos recursos.
¿Qué hice en las primeras semanas? Aprendí a no mirar a la zona de la pantalla donde aparece el saldo de la cuenta corriente. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Solo en los últimos días, me he hecho consciente —desagradablemente consciente— de este comportamiento (¡la conciencia es el principio de la liberación!) y he rectificado. Ahora me obligo a mirar el saldo cada vez que retiro dinero y siempre pago con efectivo. Recibo una pequeña puñalada, me siento mal… pero obtengo la información: sé el dinero que tengo disponible y me lo pienso dos veces antes de hacer un nuevo gasto.
Cuando acepto la realidad tal y como es, cuando logro que el circuito de realimentación acción-resultados-conciencia-nueva acción… esté despejado y funcione, obtengo información para tomar mejores decisiones.
El precio es una sucesión de punzadas emocionales negativas durante el día, pero a cambio estoy más en contacto con la realidad y dejo de engañar a la persona en el mundo a la que es más fácil engañar: a mí mismo.
En este artículo te voy a recordar los ingredientes del aprendizaje.
Siempre que quieras aprender algo necesitas preguntarte si tu estrategia de aprendizaje está incluyendo estos tres ingredientes. Si falta alguno de ellos, puedes aprender algo, pero obtendrás los resultados más lentamente y tenderán a ser superficiales, una capa de pintura sobre una estructura oxidada.
El conocimiento es acción en potencia. Un conocimiento meramente proposicional, capaz de expresarse verbalmente, pero desconectado de la acción y descontextualizado —no asociado con otro conocimiento—, es como un animal disecado.
Los ingredientes del aprendizaje han de estar dirigidos a evitar que el conocimiento se esclerotice. El conocimiento no es un stock o un almacén de información, más bien es un fluido que ha de mantenerse circulando.
1º Ingrediente: motivación
La mente no es una vasija que llenar, sino un fuego por encender. —Plutarco.
La mayoría de nosotros ansiamos una fórmula o programa estructurado que nos conduzca sin sobresaltos al conocimiento; si queremos aprender inglés, buscamos un buen curso; si queremos aprender sociología, buscamos los mejores libros o nos inscribimos en un curso universitario; etc. A esta mentalidad la he llamado el paradigma del tren: te subes a un vagón en una estación y esperas que te lleve cómodamente a tu destino.
Frente al paradigma del tren, opongo el paradigma de la balsa en aguas turbulentas. Es el que corresponde al aprendizaje autogestionado. En este paradigma, el aprendiz asume la responsabilidad total y absoluta de su aprendizaje.
En primer lugar, está decidir qué voy a aprender y por qué voy a aprenderlo. Si falla esto, nuestros esfuerzos están viciados de origen. Aprenderemos algo, quizá de forma más apacible, pero nuestra mente será como un motor a medio gas, nunca profundamente implicado.
Idealmente, las decisiones de empezar, mantener el aprendizaje de una disciplina concreta, elegir qué aprender y cómo aprenderlo, y cesar la exploración de la materia deberían estar en el aprendiz. De otro modo, la persona experimentará alienación o extrañamiento de su esfuerzo y nunca se implicará completamente.
Con los niños, podemos discutir en qué medida y en qué momento han de ir asumiendo la responsabilidad. Es discutible y hay muchas escuelas de pensamiento al respecto. Pero si hablamos de adultos para mí no hay discusión posible: la responsabilidad está en el que aprende. Siempre. Toda.
Has de encender y mantener el fuego de su propia mente. No debes delegar. Nunca.
2º Ingrediente: aplicaciones
Whitehead, el matemático y filósofo inglés distinguía entre el conocimiento inerte y el conocimiento que había cobrado vida en la mente del alumno:
Las ideas teóricas deberían siempre encontrar siempre aplicaciones en el currículum del estudiante. No es una doctrina fácil de aplicar, es muy difícil. Supone el problema de mantener el conocimiento vivo, de evitar que se convierta en inerte, lo que es el problema central de toda educación. —Whitehead 1929.
Las aplicaciones permiten comprender las implicaciones de los enunciados generales y determinar en qué contextos se pueden usar las ideas. Gran parte del aprendizaje tiene que ver con descubrir el contexto en que aplicar las ideas y extenderlas a nuevos territorios.
Cuanto más apliques el conocimiento más conexiones internas generas. En flickr: https://flic.kr/p/eboaAz
El conocimiento no es un libro de botánica donde toda idea o dato tiene un lugar fijo y preciso. El mundo es un lugar caótico donde las claras divisiones académicas pierden vigencia y donde todo está conectado con todo.
Las aplicaciones conectan el conocimiento disperso en la mente del alumno. Un proyecto donde has de aplicar ideas de distintas disciplinas es el entorno ideal para conectar materias.
Los maestros no deberían enseñar nada sin conectarlo con las ideas previas y modelos del mundo del aprendiz. Es en el terreno de los proyectos, las metas personales y colectivas y los deseos de transformación donde mejor se pueden establecer conexiones. Homo Minimus es un proyecto en curso.
Este es el pegamento que une las aplicaciones con la motivación. Aunque el pensamiento creativo requiere periodos de soledad y contemplación, gran parte del aprendizaje se hace en compañía. Aprendemos a hablar y escribir en compañía. A relacionarnos. A muchas otras cosas. Solo en la escuela nos hacen creer que el aprendizaje es algo que se hace sentado con los codos apoyados en la mesa y en la soledad silenciosa de una habitación o una biblioteca.
La colaboración con otros seres humanos hace más gozoso el aprendizaje y permite que unos se beneficien de otros en conocimientos y habilidades. El sistema de maestros y aprendices que imitan y trabajan bajo la atenta mirada del experto ha sido históricamente la forma de aprendizaje más común.
No hay que confundir co-presencia con co-laboración. Estar rodeado de personas no implica colaboración. En las escuelas y universidades predomina la co-presencia y la jerarquía, no tanto la co-laboración y las relaciones dinámicas horizontales.
Cuando quieras aprender algo, el primer paso no es leer libros sino buscar gente afín. No supongas que necesariamente la encontrarás en un centro académico.
Al principio no importa el nivel de la gente que te rodea o la estrategia de aprendizaje, es más importante sumergirte en un entorno social propicio, imitar y aprender por ósmosis. Cuando uno está empezando, la cantidad es más importante que la calidad y las relaciones más que los sistemas de aprendizaje o los programas.
Este blog incorpora los tres ingredientes
Homo Minimus es el fruto de una profunda inquietud existencial y del perpetuo deseo de mejora.
Homo Minimus busca conectar los principios generales con reglas prácticas, proyectos y experimentos vitales.
Homo Minimus pretende convertirse en una comunidad de personas con intereses semejantes y donde todos aprendamos de todos.
En resumen
La motivación personal, especialmente la intrínseca, debería determinar el inicio, mantenimiento y fin del aprendizaje.
Las aplicaciones transforman el conocimiento inerte en conocimiento vivo.
Hazlo social si quieres avanzar más rápido y con mayor satisfacción. Conviértete en un interdidacta.
Si falta uno de estos ingredientes, tu aprendizaje está viciado de origen y te arrastrarás cuando podrías volar.
Los días que me acuesto sin haber estado sometido previamente a distracciones digitales o pantallas, me despierto tranquilo, descansado y sin necesidad de despertador.
Los días que me quedo mirando twitter, viendo vídeos en youtube o escuchando audiolibros inmediatamente antes de dormirme, tengo sueños agitados y me levanto ansioso.
A veces escucho programas de radio antes de acostarme, tertulias principalmente, y me quedo dormido con ellos. Es frecuente que en sueños me introduzca en el debate y discuta como un tertuliano más con el resto de los expertos. Irremediablemente el sueño no es profundo y a la mañana siguiente me siento cansado mentalmente, aunque haya dormido las 7 horas 13 minutos de rigor (mi tiempo óptimo de sueño según mi último estudio de eficiencia personal).
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En septiembre de 2014, me impuse un toque de queda digital a partir de las doce de la noche para evitar redes sociales. En el artículo en que anuncié mi intención, fantaseé con una versión más estricta del toque de queda digital: no solo eliminar las redes sociales y teléfonos móviles después de las doce, también evitar todo tipo de pantallas.
Voy a seguir la estela de Anca Balaj de eliminar radio, televisión, películas y series por completo. Yo me las prohibo solo después del toque de queda, Anca las ha eliminado totalmente por las noches y solo se permite unas pocas películas al año.
Ha llegado el momento. Esta es mi intención, la hago pública con la esperanza de que el compromiso quede reforzado:
A partir de las 0:00 quedan prohibidas las pantallas. Solo me permito la lectura en libros en papel.
Esto no se aplica al shabbat, en el que cualquier exceso está permitido y muchas reglas prácticas de conducta quedan suspendidas. Sin embargo, es conveniente que un día de recogimiento lo dedique a algo más estimulante que ver películas después de las doce de la noche.
Este es el artículo que mejor resume el contenido de este blog.
De todos los principios del minimalismo existencial, este es el más importante:
Olvídate de cambiar el mundo. Cambia de mundo.
En detalle
Olvídate de cambiar el sistema. Crea tu sistema. Si no lo inventas serás esclavizado por el de algún otro.
Olvídate de cambiar a la gente. Cambia de gente.
Olvídate de cambiar los estragos del paso del tiempo con cosmética, deportivos o cirugía. Cambia tu actitud ante el paso del tiempo y celebra la vida y los años. No olvides tener siempre una ventana abierta con vistas al cementerio.
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Olvídate de cambiar el sistema educativo para que tu hijo tenga mejores oportunidades. Crea un sistema educativo para tu propio hijo o, mejor, que él lo cree contigo.
Olvídate de seducir a tu público. Cambia de público. Encuentra un público que venga seducido de casa.
Olvídate de buscar el libro perfecto. Escríbelo tú mismo.
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Olvídate de las carreteras principales y autopistas. Prueba con los caminos polvorientos y las pistas rurales. Tampoco olvides el machete para abrir nuevas sendas en la jungla de tus certezas.
Olvídate de cambiar a tu pareja. Acepta a tu pareja tal y como es. Intentar cambiar a otro ser humano es el más inútil de los esfuerzos.
Olvídate de cambiar o aplacar a tu jefe. Conviértete en tu propio jefe.
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Olvídate de intentar modificar las creencias de otros. Predica con el ejemplo. No, mejor no prediques: sé tan capaz, feliz y pleno que la gente quiera saber qué principios te animan.
Olvídate de caer bien a todo el mundo. Respeta a la gente pero sé completamente indiferente a su buena opinión.
Olvídate de cambiar tu vecindario, si hay suciedad, delincuencia o demasiado tráfico. Cambia de vecindario o vete al campo.
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Olvídate de liderar. En su lugar, elige un camino que genere resplandor en tu espíritu. Síguelo día y noche, bajo el sol y bajo la lluvia, en la pobreza y la riqueza, en la salud y la enfermedad. Tras muchos años en soledad, un día te encontrarás con que mucha gente quiere caminar a tu lado.
Olvídate de la perfección. Aprende a navegar en un mundo irremediablemente imperfecto.
Olvídate de quejarte porque el mundo y las personas no son como quieres. Cambia de mundo y elige a la gente.
Muchos días no tengo ganas de hacer algo. Por ejemplo, hoy no tengo ganas de escribir este artículo. Es más, llevo semanas con pocas ganas de escribir artículos. No solo eso, digamos que llevo muchos días sin decidirme a empezar artículos.
Los dos o tres primeros días me costaba retroceder ante la fuerza del deber, pero mi pereza era más grande. Mr. Hyde, mi lado oscuro, terminaba dando con buenas razones para hacer excepciones a la regla. Nunca soy más inventivo que cuando busco excepciones a la regla.
Las primeras veces me cuesta no hacer lo que debo hacer, lo que he determinado hacer y acabo con sensación de culpa. Según pasan los días sin escribir un artículo (sin ir al gimnasio, sin salir a correr, sin mantener el equilibrio en mis comidas, sin trabajar en mi proyecto personal más importante; pon aquí tú particular caballo de batalla: lo que evitas una y otra vez); según pasan los días sin escribir un artículo en este blog, el agudo sentido de culpa se diluye en un regusto amargo, después en una sensación indefinida de fastidio y más tarde en una simple incomodidad que termina por desaparecer.
¿Fin de la historia? No. Nunca me rindo. Por mí que no quede. Me levanto del suelo cual Fénix renaciendo de sus cenizas motivacionales.
He dado con un arma para que el Dr. Jekyll meta en cintura a Mr. Hyde. Lo he llamado “Amagar el hábito”.
Amagar. (Quizá delgót.af-maga ‘desamparar’, y este der. demagan ‘tener fuerza’).
tr.Mostrar intención o disposición de hacer algo próxima o inmediatamente.
Consiste en lo siguiente: cuando no tengo ganas de cumplir mis compromisos personales, cuando ni siquiera el compromiso público tiene fuerza para obligarme a hacer lo que sé que tengo que hacer, me digo lo siguiente (recuerda la importancia del diálogo interior):
“Sé que no tienes ganas. Bien. Lo acepto. Pero aunque no tengas ganas, seguro que ‘puedes amagar el hábito’”.
Entonces doy un pequeño paso que me recuerda que había resuelto hacer algo que hoy no me siento con fuerzas para hacer. Por ejemplo, en el caso del artículo que no quiero escribir hoy: abro un nuevo documento de texto y escribo un título, una fecha y escribo una línea. Eso es todo, he amagado el hábito de escribir artículos de blog todos los días.
Sé que debería escribir 1000 palabras diarias al menos. Pero hoy no me siento con ganas. Es superior a mis fuerzas. Bien. No importa, la fuerza volitiva es precaria. Me basta con amagar el hábito, hacer como que voy a hacer, un pequeño movimiento en la dirección correcta que anuncia que sigo comprometido con mi decisión primera.
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La técnica de amagar el hábito también funciona retrospectivamente. Hacer como que he hecho.
Supón que has decidido meditar todas las mañanas, pero esta mañana camino del trabajo, cuando estás en el metro o en el autobús, te das cuenta de que no lo has hecho, no tenías ganas o no tuviste tiempo. Bien, no pasa nada.
Puedes amagar el hábito retrospectivamente: cierras los ojos y observas tu respiración durante 60 segundos. Ya está.
Con eso has hecho honor a tu intención de meditar todas las mañanas. El sentido de culpa se mitiga y has ratificado tu compromiso con la meditación, has renovado tus hábitos matrimoniales tras la infidelidad.
No son los 30 minutos planeados en tu dojo doméstico, no había olor a incienso ni una acogedora penumbra, sino más bien el ajetreo de gente entrando y saliendo, el traqueteo y la conducción espasmódica del autobusero, pero has hecho honor a la intención y te has reconciliado con la flojedad de tu voluntad.
Has evitado el fenómeno “De perdidos al río” y la pendiente resbaladiza que te hubiera conducido al deterioro del ritual de meditación. Estás reconduciendo la desviación y retomando el rumbo. Esto es lo que cuenta.
Iván Entusiasmado en su Proyecto 0.Controla tu vida propone crear protocolos para todas su actividades cotidianas con el fin de hacerlas eficientes y lograr la automatización que le permita orientar sus preciosos recursos volitivos y atencionales hacia las direcciones más provechosas.
Un minimalista robótico como yo no puede menos que sentir simpatía por su megalomaniaco proyecto. Este artículo es mi humilde aportación.
El propósito de este artículo NO es crear un protocolo válido para toda la duración de una cita. La casuística sería interminable, tanto por la diversidad de objetivos de una cita como por las situaciones que se pueden presentar. La complejidad del protocolo sería inabarcable.
Mi intención es mucho más modesta: pretendo determinar cuál es la mejor hora para una cita. Este protocolo es especialmente relevante para una primera cita, pues no ha habido oportunidad de mostrar a la otra parte tus estándares y fijar las expectativas.
Costes de la negociación de citas
Una de las fuentes más importantes de fricción existencial son las citas. Toda cita requiere coordinación. El trabajo de negociación de una cita puede ser grande. La probabilidad de que la gente sea impuntual o que simplemente no acuda a la cita es cada día más alta.
Las pérdidas de tiempo, reorganización de la agenda, tensión de la espera y costes de renegociación son exasperantes. Una cita frustrada puede ser una pequeña gota, pero la acumulación de estas pejigueras diarias pasa factura sobre la calma y la paz de espíritu, además de perjudicar nuestros vínculos personales y profesionales.
Si no sabemos gestionar estas fricciones cotidianas, perdemos energía y bienestar emocional. Es capital que creemos un protocolo para citas. En especial, un protocolo para concertar la hora de una cita.
¿A qué hora concertar una cita o entrevista?.
Para un vendedor, el manejo de la agenda y la fiabilidad en las citas con los clientes es un elemento clave de su productividad, no en vano el grueso de su trabajo consiste en entrevistas diarias con clientes.
Los vendedores veteranos tienen un truco que les permite optimizar el tiempo: Jamás conciertan una entrevista a las en punto o a las y media.
Es una hora estándar que se suele reinterpretar como “hacia las en punto o hacia las y media”, nunca a las 12:00 o las 16:30. Por eso, siempre conciertan las entrevistas a horas inusuales; por ejemplo, a las 12:07 o a las 16:25, con precisión de minutos.
De esta manera, te aseguras de que las otras personas reciban el mensaje de que el tiempo es valioso y que esperas puntualidad.
Si una hora tan exacta te parece demasiado excéntrica, puedes probar a quedar a las y diez o las y cuarto. Puede servir como solución de compromiso para las personas más medrosas y conservadoras.
La hora de la cita es un observatorio
Te puede parecer una estupidez o un intento ridículo de hacerse notar o, peor, de dar la nota. En absoluto. Los vendedores veteranos explican por qué lo hacen: si quedas a una hora tan precisa trasladas al cliente varios mensajes importantes:
Esta persona controla su agenda al minuto.
Me ha proporcionado un hueco en su atiborrada agenda y no es conveniente hacerle esperar, so pena de que pierda la oportunidad de entrevistarme con él.
Es una persona ocupada. Puede que yo sea importante para él, pero seguro que tiene otros clientes a los que atender, quizá más importantes que yo.
Un vendedor que controla la agenda con esa precisión es una persona pragmática y eficaz que saca el máximo partido de sus interacciones con clientes. No me va a tener en una charla sin sentido. Cuando logremos los objetivos, que por supuesto tendrá claros, podré irme.
La hora a la que fijes la cita es un observatorio
Es un profesional. Es una persona eficaz y digna de confianza.
Esta persona es original. Me llama la atención (podría participar en el Proyecto 52 paseos). Quiero saber más. Qué más sorpresas me tendrá reservadas. Concertando una cita con una hora tan llamativa, estás pulsando la tecla de la curiosidad y enmarcas lo que era una cita rutinaria o anodina en una ocasión social con chispa.
Cumple sus compromisos. Está claro que si me ha citado a las 11.23 am es porque me espera exactamente a esa hora y él en justa correspondencia estará también a la misma hora y no me hará esperar.
Un último mensaje importante: si en la cita o reunión hay asimetría en las partes, que el vendedor tome la iniciativa y sugiera una hora tan específica equilibra subjetivamente el poder negociador.
Quizá estas disquisiciones te parezcan rizar el rizo, pero ya sabes que en el minimalismo no hay asuntos insignificantes. Hay todo un área de la psicología social y de la microsociología dedicada al manejo o gestión de las impresiones en las interacciones sociales cotidianas.
Considera que la hora a la que fijes el encuentro es como el pequeño hueco de la cerradura a través del cual la otra persona puede ver la habitación de tu personalidad y tu forma de comportarte. La hora a la que fijes la cita es una metáfora de tu identidad.
Cuándo llegar al punto de encuentro
Vamos a suponer que logras aumentar la probabilidad de que la otra persona llegue a la cita puntual. ¿A qué hora deberías estar tú en el lugar de la reunión?
Llegar más tarde no es una opción. Has apostado por una hora estrambótica y si aparecieras tarde se perderían muchos de los beneficios sobre tu imagen personal apuntados arriba.
Parecería que lo lógico es llegar en punto. El problema es que te arriesgas que al programar tu llegada a la hora en punto surjan imprevistos en el camino que demoren tu llegada: más tráfico del habitual, vías de acceso bloqueadas, retrasos en aviones, asuntos urgentes, etc.
Lo más conveniente es llegar con un margen de seguridad que dependerá de la distancia al lugar de la cita y de la importancia de la cita y que te permita ser puntual la mayor parte del tiempo.
Pero tengo una objección a la puntualidad: ¿no es acaso cierto que si nunca pierdes un avión es que estás pasando demasiado tiempo en los aeropuertos?
En principio, es cierto que si no te arriesgas a llegar tarde nunca es porque por término medio estás llegando con mucho más tiempo del razonable. En este sentido, la puntualidad máxima (100% de las veces) es una mala política de asignación del tiempo. Pero si tienes en cuenta que puedes hacer un buen uso de las esperas y con ello mejorar la calidad de las entrevistas, llegar con antelación puede ser una buena idea.
Como sería una molestia computacional tener que calcular en cada caso el tiempo de antelación, sugiero protocolizar la antelación con la que alcanzar el lugar de la reunión:
Para una cita habitual en distancia de desplazamiento e importancia, 15 minutos.
De media hora para una cita con riesgo o importancia mayores.
Para citas en que la distancia sea grande (por ejemplo, varias decenas de kilómetros) o/y que sea de gran importancia (por ejemplo, un examen, una entrevista de trabajo con los socios de la empresa o un contrato cuantioso), fijamos la antelación en una hora.
Para reuniones en el mismo edificio y de poca importancia, el tiempo se puede reducir a 5 minutos.
¿Cómo sacar partido del tiempo de espera?
Los 5, 15,30 o 60 minutos de espera pueden emplearse en disponer el espíritu para el tipo de interacción social que tienes por delante.
Somos animales territoriales. Nuestras emociones dependen mucho de la familiaridad con el entorno físico. Si estás en territorio desconocido o enemigo, es crucial que explores el terreno: las salidas de emergencia y las vías de acceso, la sala donde se celebrará la reunión, la localización del cuarto de baño , la fotocopiadora, la máquina de café y cualquier otro punto relevante para la interacción prevista.
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Somos animales territoriales. Nuestra confianza va asociada al terreno. En flickr: https://flic.kr/p/6wDVt1
El tiempo de inspección mitigará la ansiedad propia de las interacciones con otros seres humanos; en especial, cuando la jerarquía no está definida o tu estatus es inferior al de la otra parte.
Si estás en una cita romántica, donde la tensión es normal, tu conocimiento del terreno se transformará en seguridad personal y transmitirá una atractiva sensación de control.
Preparativos estratégicos. En una entrevista en la que se tenga que hacer uso de información y requiera actitud estratégica, sería conveniente recordar los objetivos y metas de la entrevista, los puntos a tratar y aquella información clave que habrá que recopilar durante la actuación social. Unos pocos minutos de relax y planificación pueden determinar el resultado.
Las fuerzas de élite antes de entrar en acción llevan a cabo rutinariamente un BAR (Before Action Review) o Revisión Antes de la Acción para incorporar a su memoria a corto plazo los objetivos de la misión y la información necesaria para la ejecución.
En esta revisión formal, fijas tus intenciones para la interacción en curso y determinas cuándo darás por acabada la conversación. Si se trata de un asunto complejo, puedes crear un pequeño plan de contingencias expresado en forma de regla SI—ENTONCES. Por ejemplo, “SI sube la voz, ENTONCES bajo la voz” o “SI solicita un precio mayor que X, ENTONCES pido un aplazamiento de la reunión”.
En el pasado, no empezaba a escribir artículos de blog hasta que me venían las ganas. En el presente, me pongo a escribir el artículo al principio de la mañana, me apetezca o no.
Mantras y perros de Pavlov
Los perros salivan a la vista de la comida. La comida es el estímulo primario que produce el acto reflejo de la salivación.
Pavlov, el fisiólogo ruso, hacía sonar la campanilla cuando iba a alimentar a sus perros. Los perros asociaron el sonido de la campanilla con la visión de la comida.
Más adelante, Pavlov hacía sonar la campanilla pero sin mostrar la comida. Los perros salivaban igualmente.
Pavlov había creado un reflejo condicionado: un estímulo diferente del primario, el sonido de la campanilla, generaba la misma respuesta que la visión de la comida: el salivado.
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Cada vez que hago algo nuevo y bueno, me digo, por ejemplo: “En el pasado, no me cepillaba los dientes después de cenar; en el presente, me los cepillo me apetezca o no.”
Así de simple: “En el pasado… En el presente…”.
Este mantra es mi particular campanilla de Pavlov. Estoy asociando el mantra con el momento de acostarme y la acción de cepillarme los dientes.
Llega una noche en que llego tarde a casa, estoy muerto de sueño, voy a dejar el cepillado para mañana, por un día no pasa nada… Entonces, me doy cuenta y saco la campanilla mental en forma de mantra: “En el pasado hacía así… En el presente hago asá”. E inmediatamente me lanzo a hacer el asá.
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Campanilla mental de propósito general
Imagina que has resuelto lavar los platos al final de la cena, en vez de dejarlos en la pila hasta la mañana siguiente. Pero precisamente hoy estás muy cansado. Después de todo, son solo dos o tres platos. No se va a caer el mundo si lo dejas para mañana. Mañana empiezas. Qué más da empezar un día antes que un día después.
Es el momento de usar el mantra:
“En el pasado dejaba los platos sin fregar hasta la mañana siguiente; en el presente los friego justo después de cenar”.
Te levantas como un resorte y automáticamente te pones a fregar los platos.
El mantra «En el pasado… (lo que sea); en el presente… (lo que sea)» se ha convertido en una campanilla de propósito general que te impulsa a hacer lo que no te apetece. Antes te esforzabas y vencías la pereza, solo cuando te sentías motivado o con energía, ahora lo haces también cuando repites el mantra.
Hace exactamente cinco años, un 23 de abril del 2010, escribí el primer artículo en Homo Minimus sobre Minimalismo Existencial.
Desde entonces, he escrito casi 500 artículos… bla, bla, bla.
Voy al grano.
Tevoy a proporcionar los enlaces a tres libros pequeños, sencillos y con el potencial de transformar tu vida. Los tres son de Leo Babauta y están traducidos por mí al español.
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Como lo que satisface más profundamente es lo que entregas, te pido que reenvíes por correo este artículo a tres amigos como regalo por el cumpleaños de Homo Minimus y la celebración del día del libro.
O bien, tuitea o publica el regalo en twitter y facebook. De todos modos, un correo para un amigo es siempre más cálido.
Por favor, envía el regalo a tres amigos o familiares (¡si quieres a más!, por supuesto) que puedan apreciar el regalo y a los que a su vez tú aprecies de verdad.
focus. Un manifiesto por la simplicidad en la era de la distracción.
Rafael Tejado, del blog Hacking the obstacle, nos visita de nuevo con la segunda parte de un experimento intelectual especialmente interesante para los informívoros y demás trabajadores del conocimiento: la lectura con atención plena.
En este segundo artículo, después de poner en práctica el método y leer el libro The Obstacle is the Way, nos informa de los resultados del experimento y sus conclusiones.
Hace aproximadamente un mes escribí un artículo proponiendo un experimento. En él pondría a prueba un método de lectura con el fin de sacarle el máximo partido a un libro en concreto: «The Obstacle is the Way». Con el libro terminado y todo el trabajo hecho, vuelvo aquí a contarte las conclusiones que he sacado.
Dentro del experimento propuse 3 preguntas sobre el proceso que debía contestar al finalizarlo. Así que voy a usarlos de esqueleto para este artículo.
Para no entremezclar lo que he extraído del libro con lo que es el experimento en si, he decidido escribir otro artículo en mi propio blog en el que resumo los puntos más importantes.
Antes de entrar en materia, te hago un pequeño resumen de las conclusiones que he extraído del experimento:
La regla de las 3 preguntas es fundamental por su rendimiento (poco tiempo – grandes resultados).
Las tareas que producen una mayor fricción, pasar contenido a tarjetas y escribir una artículo resumen, dan grandes beneficios por lo que demandan de ti.
Lo que obtienes de un libro no depende tanto de la calidad de éste como de la forma en que lo lees. A mayor implicación y entrega, mayores beneficios.
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Cada libro es un camino que recorrer. Puedes hacerlo de muchas maneras. Rápido, de puntillas, sin fijarte en nada. O recreándote y absorbiendo todo lo que puedas mientras caminas. En flickr: https://www.flickr.com/photos/thyagohills/5009884654
1ª pregunta: ¿Dónde se encuentra el 80% de los resultados obtenidos?
Responder a esta pregunta me ha costado bastante. Muchos de los lectores conoceréis de sobra la ley de Pareto o regla del 80/20. Por mi parte soy un firme creyente de ella.
Pero en este caso me he encontrado con que cada una de las piezas del proceso puesto en marcha cumple una función concreta e irremplazable.
Debo decir que me ha sorprendido mucho el potencial que poseen unas actividades que a priori son tan simples como hacerte 3 preguntas antes de leer y sacar 3 conclusiones nada más terminar. Comparadas con las otras actividades, la relación inversión de tiempo frente a resultados obtenidos es abrumadora. Por lo que si me obligaras a quedarme con una sola práctica, seguramente sería con esa.
¿Por qué es tan grande esa relación inversión/resultados? Porque esas preguntas mínimas te dan una orientación cuando te enfrentas al libro. Hacen que no pierdas de vista el propósito por el que estás leyendo. Es como si estuvieras de cacería, tratando de cobrarte la pieza que supone la respuesta a esas preguntas.
Sin embargo, las posibilidades de que todo el esfuerzo realizado leyendo el libro se pierdan en los recónditos rincones de la memoria son muy altos si no se aplican las otras dos fases posteriores, de las que hablo a continuación.
Precisamente, esas dos últimas partes del proceso que planteé han sido las que mayor fricción me han causado.
No voy a engañarte, es muy pesado el ir repasando todo lo que has leído en busca de anotaciones y cosas subrayadas que has ido dejando por el camino y pasándolo a mano a tarjetitas del demonio que al final ocupan casi lo mismo que el libro.
Y de ponerte a escribir mejor ni te hablo, ¿no? Que todos sabemos la pereza y el bloqueo mental que nos produce la simple idea de pensar en ello.
Venga, otro problema extra del método. Dialogar y sobar un libro es un tipo de lectura MUY lenta. Llega a desesperar. Me ha costado leer un libro de menos de 200 páginas 2 semanas. (Sin seguir este proceso lo hubiera devorado en 2-3 tardes como mucho).
¿Pero para qué sirve todo este trabajo lento y aburrido? Precisamente para poder establecer conexiones con lo que has leído, que las ideas se asienten en tu cerebro y se expandan a otros rincones de tu vida. ¿Quieres un ejemplo?
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Prohibido devorar libros. Nada de bocados. Lectura deliberadamente lenta, por favor. En flickr: https://flic.kr/p/69fj8q
Gracias a este libro me doy cuenta de que pasar por el tedioso proceso de las tarjetas, el leer lento y escribir artículos es un obstáculo en si mismo, y como tal, supone una oportunidad de crecer y mejorar.
Las cosas que duelen enseñan. —Benjamin Franklin
Los días leyendo a un ritmo deprimente dolían. Pero disfruté de cada página, extraje conclusiones sobre mi mismo y el mundo que me rodea, tuve un auténtico diálogo con el libro que me conectó con una filosofía que encaja perfectamente en mi forma de entender las cosas.
Las horas pasando citas a tarjetas dolían. Pero me sirvieron para recordar ideas, reflexionar sobre su contenido, conectarlas con otras ideas y parir las mías propias.
Los primeros instantes antes de ponerme a escribir, hace apenas una media hora, me han dolido. Pero ahora me tienes aquí compartiendo contigo aquello que he aprendido, invitándote a que pruebes una forma distinta de leer.
Nunca lo olvides, en cada obstáculo se encuentra la oportunidad de mejorar nuestra condición.
Son una herramienta muy útil para asentar los conocimientos a través del manipulado de los datos. Se podría decir que cumple una función parecida a la de las tarjetas, aunque con una perspectiva más estructural y visual.
Sin embargo la ventaja que aportan las tarjetas es su flexibilidad para poder utilizarlas a la hora de escribir artículos o plantear discursos. Al ser unidades independientes de conocimiento se pueden ubicar donde queramos desarrollando relaciones muy sorprendentes.
A fin de cuentas no creo que sean incompatibles. Y desde luego los mapas mentales me parecen una adición muy interesante al método. Así que probablemente los pruebe en futuras versiones del experimento.
En cuanto a eliminar… En principio diría que nada. O por lo menos me quedaría con esos 3 pilares fundamentales que serían:
Eso sí, hay un problema fundamental en la implementación de todas estas prácticas de golpe. Las probabilidades de abandono queriendo hacerlo todo de buenas a primeras seguramente son muy altas. Sobre todo si no estás acostumbrado a leer con asiduidad.
Por eso creo que empezaría priorizando la regla de las 3 preguntas y el diálogo con el libro para ir haciéndote el cuerpo al trabajo que realmente supone sacarle el mayor rendimiento posible a un libro.
Aunque no me cansaré de repetir una y otra vez que ese esfuerzo que a ratos parece mortal e insoportable a la larga supone la diferencia entre otro libro más en tu vida y una experiencia que puede revolucionarla y poner patas arriba tus creencias y planteamientos.
Es lo que me ha ocurrido con «The obstacle is the way». Debo confesarte que el libro en si mismo no me ha parecido el mejor del mundo. Es un buen libro, y ya está. Lo que realmente ha hecho de su lectura algo renovador en mi mundo ha sido la pelea constante y la reflexión con los conceptos que en él iba encontrando.
Después de todo esto, no puedo evitar el invitarte a que pruebes a leer de esta manera. Te aseguro que verás como el tiempo invertido en este proceso parezca una tontería comparado con todo aquello que obtendrás de cada libro que leas. Hazlo y cuéntame si de verdad es así o es solo cosa mía. Que lo mismo me estoy emocionando con una tontería… Aunque permíteme dudarlo.
Nada más. Muchas gracias por leerme y espero que en estos dos posts invitados hayas aprendido y la propuesta te haya parecido interesante.
Con motivo de la llegada de la primavera en el hemisferio norte, he decidido iniciar el Proyecto 52 paseos. Espero sea un digno sucesor del Proyecto 52 comidas.
La persona o personas han de ser friki-interesantes. Preferentemente desconocidas.
No puedo pasear con más de 22 personas simultáneamente. No quiero convertirme en Forrest Gump.
Más de 22 son multitud
Agenda de la charla-paseo: no hay agenda, como si quieres caminar en silencio.
Cualquier lugar de España. Tú dime en los comentarios o en mi correo homominimus@hotmail.com que quieres participar y te pongo en la lista. Cuando vaya a tu ciudad, te avisaré. Lo prometo.
Más adelante, si puedo moverme por Europa y, por motivos de trabajo, por Sudamérica o Centroamérica, anunciaré en el blog que he cambiado de ubicación y daré la oportunidad a otros frikis internacionales.
A diferencia del proyecto 52 comidas, no me pongo un límite temporal, pero procuraré que haya al menos un paseo por semana.
Preguntas más frecuentes
¿Cómo sé si soy lo suficientemente interesante o friki como para participar en tu proyecto?
Si estás dispuesto a quedar a pasear con un tipo al que has conocido a través de un blog y del que no sabes casi nada, ERES, sin duda alguna, un friki-interesante. Por lo tanto, si te lo estás planteando, es que tienes alguna tara. Vive con ello y escríbeme.
Las personas que no pudieron participar en el Proyecto 52 comidas a pesar de haberse ofrecido están automáticamente en la lista del Proyecto 52 paseos. Cuando pase por sus ciudades serán invitadas a un paseo.
Me gusta el jogging. ¿Podemos quedar para correr?
Sí; también para remar, hacer esquí de fondo o patinar.-
¿Qué tipo de calzado necesito llevar para el paseo?
Zuecos, patines, raquetas para la nieve, tacones, botas de montar, zancos, deportivas y las plantas de los pies, si vamos a pasear por la playa.
¿Qué pasa si no se me ocurre nada de lo que hablar?
Haremos una lista de cien temas posibles de conversación usando técnicas de brainstorming de última generación y, al azar, iremos eligiendo.
Soy una antigua amante, ¿puedo pasear contigo?
No.
Participé en tu proyecto 52 comidas. ¿Puedo ahora caminar contigo?
No. Bueno, sí. Pero solo por ser tú.
¿Puedes resultar peligroso?
Sí. Por eso es conveniente que quedes conmigo en un lugar público a plena luz del día.
Homo Minimus me invitó a escribir en este blog y me sugirió un tema: el principio de intervención mínima en la crianza. Es, sin duda, un tema apasionante que me interesa muchísimo y que practico, así que creo que tengo algo que decir al respecto. Pero será en otra ocasión.
Hoy quiero hablar de otra relación entre la crianza y el minimalismo que estoy segura traerá debate y, quién sabe, tal vez también un poco de polémica. Y eso, ya lo saben, le encanta a mi anfitrión.
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Antes de entrar en vereda tengo que contarles una cosa: mi hijo no va a la escuela. Se educa en casa y en el mundo entero (literalmente, que para eso viajamos cuanto podemos) así que cualquier lugar y cualquier situación son “educativas” desde nuestra perspectiva. El tipo de educación que practicamos se denomina “unschooling” en referencia más bien a lo que no es y a lo que no hacemos: no hacemos escuela. No imitamos la escuela dentro de casa (algunas familias sí lo hacen). Lo que hacemos es aprovechar la curiosidad natural del niño y sus intereses. Para eso, necesita estar en un entorno rico en experiencias y posibilidades. Cuando más rico, mejor.
En la pedagogía Montessori se habla siempre de “ambiente preparado” en referencia a los espacios físicos donde la educación se desarrolla. Un ambiente preparado, según la perspectiva de Montessori es un lugar cálido y acogedor, con materiales adecuados para los niños y que les permitan acceder a diferentes tipos de conocimiento, teniéndolo todo a su alcance y a su disposición.
En el unschooling un ambiente preparado sería algo parecido pero con menos premeditación. Es decir, en unschooling el niño debe tener cosas a su alcance pero no necesariamente puestas ahí para que él las utilice. Por tanto, una casa minimalista es justo lo contrario a lo que nosotros necesitamos para que el unschooling sea posible.
Recuerdo, como paraíso del unschooling anti-minimalista, el desván de la casa de mi abuela. Allí subíamos mis primos y yo siempre que nos dejaban y, por más que pasaban los años, siempre seguíamos encontrando cosas nuevas. Nuevas para nosotras, claro, porque algunas tenían un siglo. Había allí todo tipo de tesoros:
Libros cubiertos de polvo, escritos en castellano antiguo (¿cómo diablos hemos pasado de ése idioma al de hoy en día?
Las libretas donde la bisabuela escribía sus recetas (podríamos hacerlas, a lo mejor están deliciosas).
Fotos en blanco y negro (¡fotos! pero ¿cuándo se inventaron las cámaras de fotos?).
Ropa de épocas varias (¡cómo cambian la moda y el diseño!)
Cartas (esto es personal. ¿Estará mal que las leamos?)
Enciclopedias (Si mi hijo las viera, él que ha nacido en el año IV después de Wikipedia…)
Y cuando la tele se estropeó, nos la dieron para que pudiéramos abrirla e investigar en sus entrañas. Creíamos, inocentes como éramos, que podríamos arreglarla o, al menos, entender por qué ya no funcionaba y volver a montarla. No sucedió nada de eso, claro.
Pero no todos los niños tienen la surte de tener un desván como ése, lleno de tesoros y secretos de la historia, así que los padres unschoolers recurrimos a una técnica denominada «strewing» (literalmente, “esparcimiento”). Consiste en ir dejando cosas por la casa, a la vista y alcance de los niños, por si les llama la atención y quieren verlo, usarlo, investigarlo, preguntar… O por si quieren ignorarlo por completo y eso nos va dando pistas de qué cosas les interesan y cuáles no. O aún no.
¿Qué tipo de cosas esparcimos por la casa?
Libros
Piezas de construcción
Cosas que encontramos por el campo (hojas, piñas, piedras, palos, plumas, etc)
Juegos de ingenio
Fotografías
Alimentos de otros lugares poco o nada habituales en nuestra zona
Documentos antiguos (esos enormes permisos de conducir de color rosa o esos dnis que ya no caben en ninguna cartera)
Objetos antiguos (un teléfono de rueda, un disco de vinilo, una gameboy…)
Flyers de eventos variados
Revistas
Objetos con texturas y olores diversos
Mapas
Imanes
Instrumentos musicales
Una brújula
Y un larguísimo etcétera
No hace falta gastar dinero en estas cosas, pueden ser objetos que ya tengamos, o que nos presten o regalen, o que encontremos en la calle. Podemos dejarlos sobre los muebles, en el baño, en las paredes o incluso dejar abierta una página de internet en el ordenador.
Una casa no minimalista da muchas más oportunidades para que el aprendizaje suceda, especialmente si creemos que el aprendizaje debe partir de la curiosidad natural que todos tenemos (o que teníamos cuando éramos niños y que el “strewing” puede ayudados a recuperar).
¿Por qué?
Porque permite tener acceso a objetos que no son cotidianos, investigar cómo y para qué funcionan o cómo están hechos.
Porque permite al niño conocer la historia familiar.
Porque permite al niño saber cómo era la vida en otra época e investigar los cambios que se han dado.
Porque permite al niño explorar libremente, más allá de lo que sería un “ambiente educativo” expresamente diseñado para el aprendizaje.
Porque pone al niño en contacto con disciplinas muy variadas, mucho más allá de cualquier currículum oficial o de cualquier libro de texto restringido a una sola materia.
Porque nos ayuda a conocer los gustos e intereses de cada niño y así conocerle mejor.
Por todo esto considero que el minimalismo es anti educativo. Por todo eso, en mi casa no se tira nada.
Este es un artículo invitado de mi amiga Laura Mascaró. Es jurista, escritora y unschooler.
Puedes conocer más sobre Laura aquí:
Página personal de Laura Mascaró, con muchos artículos y preguntas y respuestas sobre unschooling. Puedes suscribirte a un boletín gratuito que envía semanalmente
Canal de Youtube de Laura Mascaró. Un montón de videos producidos por Laura o de interés para familias de niños sin escuela muy ilustrativos y esclarecedores sobre la verdad del unschooling.
Hoy cumplo dos años. A mi tierna edad tengo mucho que aprender. Sin duda. Pero ten en cuenta que ya he vivido muchas reencarnaciones y parte de la sabiduría acumulada en vidas anteriores se transfiere a las siguientes. Me aprovecharé de todo lo anterior.
En mi anterior reencarnación viví mucho y bien. En esta segunda reencarnación del 2015 espero vivir mucho e incluso mejor.
Antes de explicaros qué voy a hacer en esta nueva vida, un recuerdo y un agradecimiento a los tres escritores que nos obsequiaron con sus artículos la pasada reencarnación:
Empiezo con mirada fresca y sin el lastre del pasado. Tengo por delante 90 años en los que espero revolucionar este blog y convertirlo en algo hermoso. Y bello. Y bonito. No sé si lo lograré. Pero ya conoces el mantra: «por mí que no quede».
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Son las 9:02 cuando escribo estas letras. Me siento un poco pastoso, pero sigo escribiendo. Lo importante es la constancia y el propósito.
Mi estrategia del 2015
Una meta única. Porque pureza de corazón es querer una sola cosa.
Lentitud deliberada. Lento pero seguro. Lentitud rayana en lo letárgico.
Aumentar los espacios en blanco, reducir la sobrecarga cognitiva. Combinar la atención plena con la mente dispersa y el pensamiento libre de intenciones.
Adoptar una mentalidad antifrágil. Esto implica aunar y coordinar algunas de las ideas claves de mi filosofía minimalista existencial: mentalidad experimental, mentalidad de crecimiento, gestión inteligente de los riesgos y de los motivos, asumir una actitud empresarial; aprender el arte de alejarse, avanzar y tolerar la incertidumbre.
Fundaré una sociedad secreta para doce personas cuidadosamente elegidas con una meta que no te puedo desvelar. Bueno, si puedo desvelártela, pero entonces tendría que hacer que pareciera un accidente.
Pediré la colaboración de los lectores actuales para que me ayuden a expandir el blog.
Iniciaré un club de lectura con los libros qué más pueden hacer por tu transformación personal. Seleccionaré una docena entre los miles de libros que he leído en los últimos trece años.
Comenzaré un podcast en Homo Minimus con entrevistas, monólogos y arengas para una vida más plena.
Escribiré un artículo recopilatorio con todos los escritores minimalistas en español. Será un artículo polémico; esto es, asquerosamente sincero.
Son muchas cosas, pero son 90 años.
¿Se te ocurre alguna idea más? ¿Me propones algún proyecto? ¿Quieres escribir un artículo invitado en el blog? ¿Has bailado claqué alguna vez al borde del abismo?
–—Uf, odio a la gente que siempre está sacando fotos en vez de disfrutar de las vistas.
—¿Por qué?
—Documentar tu vida te distrae de vivirla. No estás ahí realmente.
—Venga ya. Sacar una foto de una cosa hace que le prestes más atención. Algunas de mis mejores aventuras sucedieron intentando fotografiar algo. Si te molesta que otros “tengan experiencias incorrectas”, piensa lo insoportable que sería tener un extraño condescendiente diciéndote que odia la forma en que experimentas la vida justo en el momento en que has encontrado algo que quieres recordar. ¿Qué diablos te importa el modo en que alguien esté disfrutando de una puesta de sol?
El jueves pasado mantenía una tertulia pública con dos escritores, Eduardo Laporte y Rafael Sarmentero, el Genio. El tema era el proceso creador en la literatura y en la vida. Éramos unas veinte personas en la sala. Yo moderaba la charla y entrevistaba a ambos literatos.
En medio de la conversación, Eduardo habla sobre la necesidad de romper los dogmas y mirar el mundo con ojos nuevos. Me suena a cliché y abstracción. Le conmino a que me dé algún detalle. Duda antes de responderme. En esos segundos, pasa por mi pantalla mental una ocurrencia de Mr. Hyde: me imagino tomando un vaso y estampándolo contra el suelo de baldosas de la sala, el estruendo del cristal y la cara de pasmo de la gente. Mi ejemplo de romper las reglas expresado cristalinamente (nunca mejor dicho) sin palabras. Si alguien me hubiera pedido explicaciones, hubiera dado la siguiente respuesta: «En literatura, es mejor mostrar que decir».
Miro a la mesa y solo veo vasos de tubo con líquido (no arrojables sin manchar demasiado y salpicar a la gente que tenemos al lado) y botellas de Coca-Cola y agua vacías.
Re-imagino la escena y me visualizo arrojando una botella vacía de Coca-Cola cero. En mi nueva simulación mental, la botella no se rompe, ni siquiera hace mucho ruido, pero la gente me mira con cara de «Este tío es idiota« y yo me siento frustrado porque el número sale mal.
Mientras tanto, Eduardo ha encontrado ya una forma de salir del brete en que le he puesto al pedirle más detalles y responde con el caso del escritor Juan José Millás y su atención a detalles en principio irrelevantes; por ejemplo, «Ayer cené macarrones y agua del grifo». Tirando de ese hilo se puede llegar a un montón de asociaciones sobre el sistema de alcantarillado y la civilización occidental.
La ocurrencia de Mr. Hyde o mi Inteligencia Generadora ha sido sensatamente inhibida. O no. No sé. Quizá si hubiera roto el vaso con agua o Coca-Cola delante de todos ahora tendría una historia más espectacular que contar. Quizá habría despertado reacciones de histeria entre los presentes, y alguien habría dicho: «Por favor, ¿hay un psiquiatra en la sala?», y habría resultado que sí lo había, porque estaba un amigo mío del Proyecto 52, Manuel, que habría podido intervenir y transformar la tertulia en una terapia de grupo en el pabellón psiquiátrico de letraheridos.
El caso es que inhibí la ocurrencia de mi Yo más oscuro y roquero, y en vez de estampar la botella (símbolo fálico de la guitarra eléctrica) sobre el suelo, decidí seguir con la conversación.
Tener muchas ideas no significa materializar todas las ideas. Pero tener ideas, muchas, cuantas más mejor, es conveniente para poder elegir de un repertorio amplio. Para tener buenas ideas hay que tener muchas ideas. Necesitamos la inteligencia generadora de Mr. Hyde, la capacidad de simular mentalmente las implicaciones de nuestras ocurrencias, y también un sistema de filtro que nos permita seleccionar las mejores. En última instancia, el Yo Ejecutivo ha de decidir a cuáles dar luz verde y a cuáles dejar en el limbo.
El escenario de un teatro: el telón se abre en la mañana y ahí están los actores interpretando una pieza. Durante todo el día, sigue la función hasta que llegada la noche se baja el telón y los actores se van a descansar o confraternizar entre ellos hasta el día siguiente.
No todo es controlable por el director. Intenta mantener un guión o propósito y coordinar a los intérpretes. No es trabajo fácil. De hecho, su control es limitado. Imagina una obra de teatro donde continuamente están entrando y saliendo personajes que no siempre siguen el guión.
A veces se le cuelan actores detrás de las bambalinas, que no habían sido llamados, o irrumpen espontáneos, personas del público que saltan al escenario sin haber sido citados, ante el pasmo del director; otras veces se escapan profesionales cuando más se les necesita, o actúan de forma errática porque han dormido poco o aparecen a trabajar borrachos, o improvisan sobre la marcha siguiendo su inspiración y desafían las órdenes del director.
Muchas veces, la obra cuidadosamente planificada se convierte en una suerte de performance o teatro de improvisación, donde la acción se despliega en respuesta a las interacciones no previstas de actores y público, y emergen pautas de comportamiento y giros de la historia que no podían haber sido previstos inicialmente.
La conciencia como escenario
La conciencia se puede comparar con un proyector de potencia variable que ilumina en cada momento una zona de la mente. Allá donde está iluminado está nuestra conciencia. En psicología cognitiva, el material que manejamos conscientemente se llama memoria de trabajo (working memory): son los contenidos mentales de los que somos conscientes: los actores en el escenario más las operaciones de combinación y manipulación de esos contenidos.
El director supervisa los contenidos y las operaciones mentales, esto es, la escena interpretándose en cada momento y los actores que intervienen en ella. José Antonio Marina [1], el filósofo español, lo ha llamado Yo Ejecutivo o Yo negociador, porque tiene que poner de acuerdo a muchos recursos mentales para dotar de una cierta coherencia a las piezas interpretadas. A través de guiones, metas o proyectos coordina la ejecución de la pieza que está representando.
La misión del director es observar lo que ocurre en el escenario, la escena actual, compararla con el guión de la obra que está intentando interpretar y hacer los cambios pertinentes en el momento adecuado; por ejemplo: este actor ha de salir ahora, y este otro ha de entrar , y justo después estos dos entran en una conversación mientras los otros se quedan a la escucha esperando su intervención.
A veces, es cierto, el Yo Ejecutivo está ausente, las inhibiciones se reducen, las intenciones se olvidan momentáneamente, y los lunáticos dirigen el hospital psiquiátrico.
En la vida mental, la conciencia es la excepción
Pero en la vida mental, como en el teatro, la conciencia y los actores en el escenario son minoría; la gran mayoría está en los contenidos inconscientes, en el público que está en el patio de butacas y otros actores preparándose para intervenir detrás de las bambalinas. El inconsciente y su dinamismo es influenciable pero no controlable por el director escénico: tiene una cierta idea de lo que puede aportar, conoce lo que ha hecho en el pasado, puede darle instrucciones para ejecutar planes previos, pero tanto la entrada y salida de personajes (emociones, pensamientos, impulsos) como su comportamiento e interacciones es en ocasiones imprevisible.
A esa parte inconsciente, solo conocida en parte, no controlable directamente aunque sí influenciable, la he hemos llamado Mr. Hyde [2], por su carácter oscuro, indómito, salvaje.
José Antonio Marina asigna un nombre más descriptivo y aséptico a nuestro Mr. Hyde: Yo Ocurrente o Inteligencia Generadora, puesto que es la fuente de ideas y de conexiones mentales que son la materia prima con las que opera el Yo Ejecutivo o director escénico de la mente.
La inteligencia creadora, la inteligencia humana, es la inteligencia generadora de ocurrencias dirigida por proyectos. Los proyectos , que se terminan traduciendo en guiones mentales, son la intersección entre la posibilidad imaginada y la materia prima de la realidad.
En el artículo Entrenando a Mr. Hyde iniciamos a una aproximación a la autorregulación de la vida mental a través de la formación de hábitos, las intenciones de ejecución [3] y las pautas para domar al inconsciente con el fin de que nuestros automatismos jueguen a nuestro favor y no en contra de nuestras intenciones y planes conscientes.
La multitarea es realmente cambio rápido de tareas
En el escenario no caben muchos actores, casi todas las personas están en el patio de butacas o esperando su turno entre bambalinas. En el caso de una ópera puede haber decenas, pero en la mente humana son muchos menos, alrededor de cuatro. En psicología cognitiva, reciben el nombre de “chunks” o unidades de contenido manejado conscientemente.
Si permitimos la entrada de más actores en el escenario, se genera sobrecarga cognitiva, unos actores empujan a otros, quitan la palabra a otros, algunos caen del escenario al patio de butacas y la acción se vuelve errática: imagina una situación de tu vida en que navegas en una tempestad emocional en que tienes montones de emociones y pensamientos contradictorios y turbadores invadiendo el espacio de tu conciencia. Por ejemplo, estás a punto de divorciarte o dejarlo con tu novio.
O —no imagines— piensa en un día de trabajo: estás hablando por teléfono con un cliente, mientras echas un vistazo a la bandeja de entrada del correo, en tu campo visual tienes a un colega que está hablando voz en cuello y no te deja oír del todo al cliente, buscas una factura en tu escritorio porque necesitas un número de identificación fiscal, y por el rabillo del ojo ves que tu jefe se acerca a tu puesto con cara de pocos amigos…
El escenario es la memoria a corto plazo, es la información que podemos manipular conscientemente en cada momento, es una pizarra mental donde podemos escribir nuestras operaciones mentales; pero la pizarra es muy pequeña, enseguida se llena de actores compitiendo unos con otros por el escaso espacio disponible, lo que se traduce en estrés, caos mental y frustración.
El escenario de la conciecia es pequeño y enseguida se satura. En flickr: https://flic.kr/p/di7gua
Cuando hacemos multitarea, realmente no estamos ejecutando varias actividades a la vez, más bien cambiamos rápidamente de actores y papeles, que entran y salen rápidamente del escenario con sus escenas sin concluir.
Solo es posible hacer verdadera multitarea cuando alguna de las actividades es automática y no requiere actividad cognitiva ejecutiva, como respirar o conducir mientras hablas con el copiloto; en este último caso, si de repente entras en una calle o carretera no familiar, dejas de hablar para aumentar el foco en la conducción y liberar espacio mental para la percepción del entorno físico.
Los actores que están en una escena (escribiendo un informe, por ejemplo) son rápidamente desalojados por otro grupo de actores con papeles distintos (para consultar la notificación en el smartphone o el último mensaje de whatsapp o una nueva publicación en el muro de facebook); cuando el director escénico se da cuenta de la interrupción, rápidamente manda volver a la escena originaria y cambiar nuevamente de actores, y así continuamente durante toda la jornada de trabajo.
En el mundo de la acción, la rutina es la regla
Para ejecutar una buena actuación, necesitamos muchos personajes y papeles. Hay conciencias donde siempre están los mismos actores repitiendo el mismo papel. Un director de cine compulsivo tipo Stanley Kubrick trae una y otra vez a los mismos actores con el mismo guión y les obliga a interpretar una y otra vez la misma escena hasta alcanzar la perfección.
[…] Decir que Kubrick es un perfeccionista es un eufemismo: su intención fue rodar las escenas tantas veces que agotara a sus actores y se olvidaran que las cámaras estaban ahí. Durante el rodaje de “Eyes Wide Shut”, el director rodó 95 tomas de Tom Cruise pasando a través de una puerta.
…Cruise estaba tan ansioso de dar lo que quería al legendario director que desarrolló una úlcera. Nunca se lo dijo a Kubrick.
…Cruise no es el único actor que rodó docenas de tomas. Vinessa Sha, que hizo el papel de prostituta, recuerda haber rodado unas 90 veces la misma escena.
…Si Kubrick no hubiera muerto antes de que la película se acabase, estaría todavía haciendo ajustes hoy, como hizo con The Shinning después de aparecer en pantallas. “Creo que Stanley hubiera seguido retocando la película veinte años más”, dijo Kidman. “Estaba todavía retocando y dando vueltas a películas que había rodado hace décadas. Nunca estaban acabadas. Nunca eran lo suficientemente perfectas.”
—Fuente: Huffingtonpost.com [4]
Nos puede sorprender conocer estos datos de un director como Stanley Kubrick al borde del trastorno obsesivo-compulsivo; bueno, no “al borde”, sino chapoteando en el trastorno. Pero yo te preguntaría lo siguiente:
“Del día que has vivido hoy, ¿qué parte es diferente, sorpresiva, novedosa, creativa? ¿Realmente has sorprendido a ti mismo o a otra persona con algún comportamiento “out-of-character”(que sale de tu interpretación habitual)? Si tuvieras que apostar por cómo va a ser tu vida en la próxima semana, ¿apostarías a que va a diferir mucho de lo que te ha ocurrido esta semana?”
La diferencia entre el Yo Ejecutivo en tu conciencia, y Stanley Kubrick dirigiendo películas no está tanto en la variedad de las “tomas” de tu conciencia (escasas y repetitivas), las escenas que representas cotidianamente, sino en que Stanley busca la perfección y acercarse a un ideal mientras que tú repites una y otra vez la misma escena y supervisas las escenas con ojos vidriosos o duermes la siesta.
Quizá la culpa no es tanto del director como de los actores, que han entrado en la rutina de acaparar el escenario impidiendo la entrada de otros nuevos, que no tienen muchos registros y se han acomodado en un papel que les resulta cómodo y por eso repiten día tras día. Mitad por costumbre, mitad por incapacidad, los otros actores no se atreven a intervenir y el director, que no quiere alborotos y costosas negociaciones ni tiene tiempo para experimentos, se aferra a las mismas escenas, como si con ellas bastara para interpretar toda la obra.
El Yo Ejecutivo o director escénico de la conciencia actúa habitualmente siguiendo el principio de dirección por excepción: mientras no ocurra nada que se salga de lo habitual, no interviene, deja hacer. La intervención del Yo ejecutivo es un proceso mental costoso, requiere energía, y sigue el principio de economía cognitiva: “cuanto menos intervenga mejor”, “si no está roto no lo arregles”.
En resumen, el fin del pensamiento consciente es crear soluciones o guiones suficientemente buenos como para poder evitar el pensamiento consciente y la necesidad de creación de nuevos guiones.
A la izquierda: búsqueda de soluciones o nuevos guiones ante un nuevo problema. A la derecha: camino mental o guión mental ante situación familiar
Casting del reparto
Pero no siempre hay un guión adecuado: surgen problemas o nuevas situaciones, cambian los gustos del público, o los antiguos guiones dejan de funcionar. Es aquí donde el director ha de remangarse, y, de acuerdo al principio de dirección por excepción, poner todos sus sentidos en juego y tomar el control.
La inteligencia creadora se puede definir como lo que hacemos cuando no sabemos qué hacer. Si sabes qué hacer, no hay necesidad de pensamiento consciente y acción deliberada.
El director puede proporcionar algo de estructura a la improvisación, para que el alboroto de la conciencia no degenere en caos, pero ha de ser flexible porque necesita probar muchas posibilidades con nuevos actores y con nuevos papeles y escenas.
Este es el juego creador combinatorio de la inteligencia. Lo que vamos a encontrar en la mente es una mezcla de comportamiento automático y previsible, de obras enlatadas y mil veces vistas, y de teatro de improvisación, donde hay que reaccionar a las circunstancias en tiempo real.
El director puede querer nuevos actores y no bastarle los que están ya en la escena ni siquiera detrás de las bambalinas, en el preconsciente esperando su turno; ha de buscar nuevas caras, reemplazar a algún actor, probar otras posibilidades, dejar que otros contenidos interaccionen y probar nuevas mezclas, quizá cambiando el guión sobre la marcha, introduciendo frases o descartando diálogos.
¿Dónde encuentra las nuevas caras para una escena o una obra que nunca antes ha interpretado?
¡En la oscuridad del patio de butacas! Allí hay centenares de posibles actores (en el inconsciente o Inteligencia Generadora realmente hay miles, millones) . El director tiene una idea de quién puede necesitar y lo busca en la memoria a largo plazo, en el contenido mental no activado pero que puede ser útil en la escena siguiente.
Echa un vistazo a las primeras filas y allí encuentra un rostro interesante o alguna persona ansiosa de actuar que puede aportar un nuevo registro o que resulta ser el intérprete perfecto para este preciso momento.
El espectador se levanta de su butaca y salta al escenario, el director expulsa a un viejo actor pidiéndole que ceda su puesto y a regañadientes este sale de la escena. El director da unas pocas órdenes , transmite su intención, marca pautas y el nuevo grupo de actores empieza a trabajar.
Creación y descanso deliberado
El proceso de sustituir unos actores por otros no es siempre tan rápido, a veces no se encuentra de inmediato al adecuado para la escena. El director puede tener en la punta de la lengua el actor que tendría que intervenir en un momento preciso, pero sin dar con él. No lo encuentra en las primeras filas (preconsciente). Pero el patio de butacas y los palcos son inmensos (la memoria a largo plazo) y si persevera terminara encontrando la persona o personas que desarrollen la siguiente escena.
A veces, el director se cansa, desespera y renuncia temporalmente; es como hacer un descanso en la obra y dejar que público y actores tomen un refrigerio y se relajen. En estos descansos en los que no hay un foco deliberado de la conciencia, el público en el patio de butacas puede confraternizar, cambiar de lugar, formar nuevos grupos, contarse chistes, conversar entre ellos.
Es probable que cuando se retome la obra, tras adoptar una actitud contemplativa y el descanso deliberado, el director se encuentre con un grupo de actores nuevos en las primeras filas dispuestos a ejecutar la escena que antes se resistía y que después de unos cuantos ensayos resuelva la necesidad o problema dramático planteado.
Platón sugirió una metáfora para las ideas: son como pájaros revoloteando en el aviario de nuestras mentes. Para que las aves se posen en el suelo, necesitamos periodos de calma libre de intenciones y propósitos.
Si quieres experimentar directamente el efecto del pensamiento concentrado y el efecto del descanso o distracción para dar con soluciones creativas, intenta resolver el acertijo que planteé en este blog Juego Sucio en la fontana [5]. Date una semana para resolverlo. Solo después, consulta la respuesta. Pista: cuando des con la solución, sabrás que es LA respuesta, no tendrás dudas.
Nota: La solución está en el artículo Experiencias ajá [6]. Pero no la mires hasta pasada una semana.
Metacognición, atención plena y orden de parada
Hay un concepto en psicología cognitiva que recoge muchos de los procesos que he mostrado con la analogía del escenario de la conciencia y su director escénico: metacognición [7]. Literalmente significa “conocimiento sobre el conocimiento”, o “pensamiento sobre el pensamiento”. Tiene varios componentes, como en nuestra metáfora escénica:
Observar lo que está ocurriendo en la escena, y tomar conciencia de los procesos mentales
Ordenar qué actores deben entrar en escena en cada momento y orquestar sus interacciones.
Para la primera función, es conveniente desarrollar un potente Yo Observador, lo que hicimos en nuestro curso de Atención plena [8] el año pasado cuando entrenábamos la capacidad de detectar emociones, impulsos y pensamientos.
El Yo observador experto es el equivalente a un director muy atento a los detalles de la acción en escena.
La segunda función tiene varios elementos; hay dos especialmente importantes:
A) La “Orden de parada”: cortar la ejecución de un comportamiento o escena en el momento en que deje de ser útil o sea contraproducente o se quiera mejorar.
B) La “Orden de inicio” de un nuevo comportamiento.
Después de parar la ejecución de una escena, el director escénico o cinematográfico puede iniciar una nueva toma con variaciones con los mismos actores interpretando la misma escena, como Kubrick ordenando a Tom Cruise que pase 95 veces por una puerta hasta que se acerque a su ideal de perfección. También puede decidir ejecutar una escena distinta que contribuya mejor a la trama o el efecto dramático buscado.
En el Curso de perseverancia [9], también el año pasado, dedicamos otras doce semanas a fortalecer nuestras órdenes de inicio y de parada para decir no a impulsos y sustituir acciones por otras más eficaces.
Ambos cursos, el de atención plena y el de autorregulación y perseverancia, siguen disponibles en el blog para que entrenes estas habilidades metacognitivas.
Mi amigo bloguero Iván Entusiasmado acaba de iniciar un proyecto dedicado a cambiar sus guiones o protocolos habituales y diseñarlos conscientemente para una máxima eficacia:El Proyecto 0 [10].
Es un proyecto ambicioso, yo diría que megalomaniaco, pero deliciosamente artístico: pretende ejecutar la obra de sus días con gracia y eficacia. Su primer protocolo, el Protocolo de despertar #P0 [11], diseña una coreografía de movimientos desde que abre los ojos en la cama por la mañana hasta el momento del desayuno. Tiene en cuenta si ha sonado la alarma o si simplemente ha abierto los ojos porque le apetecía, si es día de trabajo, si lleva puesta la férula dental, etc.
Si alguna vez pensaste que mi marca de minimalismo era demasiado reglamentista o robótica, esto te va a parecer ciencia-ficción.
Homo Minimus intentando asimilar las implicaciones del Proyecto 0 de Entusiasmado
Resumen sobre el escenario de la conciencia
En cada momento, solo pueden estar unos pocos actores en el escenario porque el espacio disponible es siempre pequeño. El director ha de elegir juiciosamente quién ha de continuar y quién ha de abandonar la escena para que la obra siga funcionando.
El director escénico de la mente, lo que hemos llamado Yo ejecutivo o Yo negociador, no puede controlar los procesos inconscientes que se dan entre el público en la butaca o en los actores tras bambalinas, pero sí puede hacer que algunos grupos de pensamientos o actores estén más cerca del escenario, y procurar las recombinaciones a través de pausas ydescansos estratégicos cuando los ensayos en el escenario de la conciencia parecen no estar llevando a ninguna parte.
El juego de combinación y recombinación del material en el inconsciente mientras no se persigue ningún objetivo deliberadamente está en la base de los procesos de creación que tan misteriosos nos parecen. Los problemas que aparecían insolubles de repente se vuelven cristalinos y una solución, aparentemente venida de la nada, aparece.
Cuando los actores adecuados están en escena y la escena es la adecuada para el propósito o intención, el director se limita a observar lo que ocurre para considerar si algún cambio mejoraría la escena. En cualquier momento, puede dar la orden de parada “¡corteeeen!” y dar instrucciones para quese cambien los actores, se repita o se cambie la escena.
La capacidad de observación y monitorización del escenario de la conciencia y la habilidad para cambiar de actores, papeles o estrategias interpretativas son los componentes esenciales de la metacognición, de una buena dirección escénica del espectáculo de tu mente.
De esta dirección depende en última instancia el aplauso del público.
Cuando la universidad de Wisconsin-Madison me ofreció dar el discurso de graduación del 2015, no pude menos que sonreír. Llevo toda una vida escuchando en la radio o leyendo en los periódicos que tal o cual estudio sobre moscas de la fruta y la depresión estacional, o sobre el número de sujetador en proporción al coeficiente intelectual femenino, o sobre la relación entre el número de fantasías sexuales y el consumo de brócoli, etc., tiene su origen… ¿dónde? Aquí , en Wisconsin, en vuestra Alma Mater.
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Me dije «Al fin podré conocer en persona a esta universidad origen de tantos estudios rocambolescos y a sus —con toda seguridad— excéntricos investigadores». Así que estoy muy agradecido al decano James Parker y a su deliciosa esposa, y a todo el claustro universitario por invitarme y ser los perfectos anfitriones.
A diferencia de Bill Gates, el finado Steve Jobs, Neil Gaiman, Oprah Winfrey, el atormentado (y también finado) David Foster Wallace, o el simpático y dicharachero y excesivo Jim Carrey, creo que no tengo mucho que aportar, no tengo fama, ni escándalos conocidos, ni salgo en las páginas de la revista Time, ni tengo muchos millones o me relacionan con artistas famosas. Soy un hombre mínimo. Mi vida es mínima. Mis consejos, que es lo que se espera de mí en una ocasión como esta, también serán mínimos.
Tampoco tengo chistes, lamento decepcionaros. Parece que siempre hay que contar un chiste. No tengo chistes. Ya podéis frotaros la nariz para excitaros.
Dejadme explicaros qué es lo que quiero decir con lo de mínimo.
Se supone que ahora tendría que contaros una historia de mi infancia, o de mis difíciles comienzos. No tengo comienzos difíciles; y si los tuviera, me temo que no podría explicaros cómo me levanté sobre mí mismo, renací de mis cenizas y me elevé al cielo. Tampoco tengo una historia humana de superación que pueda llevarse a las pantallas y ganar un Óscar.
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Sé que aquí en los Estados Unidos amáis las historias heroicas de superación personal. Y yo admiro a este país por tener estas historias y vivir de acuerdo a ellas. Yo vengo de un viejo continente, Europa, de donde muchos de vuestros ancestros proceden, pero quizá por ser un continente viejo el pensamiento es viejo y sus gentes están de vuelta, muchos sin haber ido a ninguna parte. En las universidades que conozco, allá en el antiguo continente, se reirían de vuestro optimismo, de vuestra alegría y vuestra ilusoria fe en el porvenir. Sin embargo, las historias son las que nos hacen vivir y aquí va la primera.
Érase una vez un alma sencilla que no tenía mucho que decir y que salió de su madriguera. Miró fuera y vio que todos eran mejores que él. No sabía que camino elegir… ¿Okei?
Hummm… Hasta aquí es abstracto y un poco aburrido.
Cambiemos.
Estoy sentado en una mesa, y en la esquina de la mesa hay una mota de polvo. Y en la mota de polvo refulge como un hilo de oro el sol de la mañana. Tiro del hilo y tiro del hilo un poco más, y de ese hilo surgen más hilos, un haz de hilos, beso una de las hebras y me hago un anillo de luz solar que envuelve mi dedo anular…
¿Os convence? ¿Ya estás bostezando, tú? ¿El judío con gafas de la cuarta fila? Mal vamos. La pecosa pelirroja de la primera, ¿por qué me miras con cara de cordera degollada…
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La cuestión es que tampoco tengo ni idea de si esa idea va a llegar a ninguna parte, y la historia o el cuento me empieza a aburrir sin casi haber empezado.
Empiezo otra historia. ¿Por qué no sigo alguna de las dos anteriores? Porque no me place. No veo futuro a estas líneas argumentales, como seguramente a algunos de vosotros os ocurre si miráis vuestras vidas hacia delante.
Cambiemos de tiempo y espacio. Ahora soy un bufón. El bufón de la corte. Hay un rey, hay unos cortesanos, y yo estoy agitando mi gorro de cascabeles. La gente se está aburriendo, el Rey se está aburriendo, y el Chambelán pide mi presencia: «Haz algo». «¿Qué puedo hacer? No sé hacer muecas…» «¿Por qué no das una voltereta o haces alguna gracia, algún chiste?». «No soy acróbata, temo partirme el cuello». «¡Venga, hijoeputa! Sal ahí, alegra la fiesta o te corto los cojones».
No tengo opción. Salgo al patio dando grititos, uhhhh, uhhhhhh, tampoco sé lo que voy a decir pero grito para ver si la garganta se calienta y hay algo que decir, me estoy jugando los testículos…
Bien, ¿qué os parece esta tercera historia?
¿Mejor? ¿Más divertida? ¿Pelín grosera? ¿Al menos hay alguien de carne y güeso? Un bufón, un chambelán, una situación, alguien que tiene miedo, sonoridad (uhhh, uhhh). Es un avance frente a los hilos de oro y el tipo que sale de la madriguera.
Bien, lo anterior, los tres inicios de historia, sirven para extraer una primera lección. La lección sobre los inicios en falso. Que son los más verdaderos. Cuando escribía este discurso, no se me ocurría nada, como os dije antes, soy Mínimo, mi inteligencia es mínima y mi creatividad siempre la he considerado mínima. Tengo el problema de la abstracción, de la excesiva generalidad y de que me aburro con los detalles. Y además, no me gustan las historias, no sé crearlas, me parece que ya todo está contado y ya está todo dicho. Con estos mimbres, te puedes imaginar que no voy a resultar el mejor contador de historias de la historia.
Pero, maravilla de maravillas, todo lo grande tiene inicios pequeños, y de esas tres … semillas, vamos a llamarlas así, puede tirarse del hilo y ver lo que surge. A ver dónde me llevan. El error sería pensar que porque tienes tres historias sin futuro tienes tres mierdas. A mí me lo parecían nada más expulsarlas, pero aquí es donde surge la chispa. Mi primer consejo: “todo primer paso es tentativo, provisional y seminal”. De los primeros pasos puede surgir un resplandor.
Tenemos por tanto un haz de oro, un bufón de la corte y alguien que sale de la madriguera. Voy a mezclarlos. Eran tres inicios en falso, bastante anodinos cada uno de ellos, pero si los combino puede disolver parte del tedio que me estaban causando.
[DD: me estoy animando. Tengo que contaros que cuando llegué a este punto del discurso (1.078 palabras) me dije: vaya, qué bien, estoy al 40% casi, quiero quince minutos de hablar, y eso son unas 2700 palabras, y ya tengo todas estas…]
Barra progreso historia: 40%
Vamos a dar un motivo al bufón, alqo que le haga moverse.
….El bufón está en un armario y acaba de salir de él, porque dentro hay tanto m… dentro que no puede seguir viviendo.
El bufón está en medio del salón de la corte, y tiene que luchar por su vida (o por sus pelotas, sus ”balls”, que diríais aquí en Wisconsin), no se lo ocurre nada, su ingenio es mínimo, como el mío, pero se percata de un haz de luz que se “inmiscuye” (y sé que esta no es la palabra, pero no queremos perfección cuando solo estamos jugando) por uno de los ventanucos o tragaluces en la cara oeste del Salón Real.
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Ve a la gente bebiendo y riendo y tiene que llamar la atención. El Chambelán le vigila de lejos. Tiene que pensar con sus pies. Tiene que hacer/decir/contar/pirutear/ algo para llamar la atención, así que piensa que lo mejor es hacer algo rápido. Se quita el gorro verde de campanillas, lo tira sobre el plato del Rey: si llama la atención del monarca, captará gran parte de las miradas que se posan sobre el macho alfa. El gorro ha caído en el plato de alubias. La cara de pasmo, no le ha gustado…. Bien, le ha cogido por sorpresa, mejor herido que dormido.
Tiene que seguir. Ahora tiene que crear una incógnita. Se quita los pantalones, los tira detrás de él sobre una de las cortesanas mientras baila al ritmo de una música imaginaria; la dama que ha recogido el pantalón tiene un rostro muy hermoso tras su máscara de baile; el bufón le dice «Te voy a dar lo tuyo… después… en los calzoncillos que me voy a quitar (y tú recoger) tengo apuntado el numero de mi celular, para que luego me llames» (es un bufón sudamericano, no español, por eso dice ‘celular’ en vez de ‘movil’ ), la señala con su dedo índice y guiña un ojo…
…Se quita la chaqueta, se quita los calcetines, se quita antes las botas, se me había olvidado… la gente se pone a reír… ¿qué carajo hace este tipo? Parece que se va a quedar desnudo…
Hago una pausa aquí. ¿Qué os parece hasta ahora? Tenemos a un bufón de la corte haciendo un striptease (creo que se dice así) y a punto de ser degollado por el Rey, que le mira con cara de odio por haberle arruinado el plato de frijoles.
Hay también un haz de oro que se cuela por una ventana alta del gran salón del palacio.
Y hay un bufón de la corte que ha salido del armario (la madriguera inicial se transforma en armario. Es mi cuento y puedo hacer lo que quiera).
Y salir del armario es como descubrir una parte negra y oscura de ti… (salir de la universidad es para vosotros abandonar la seguridad de la vida universitaria e ingresar en el mundo real, la vida de verdad, no la vida abuhardillada y acolchada hasta el techo que hasta ahora habéis estado viviendo).
Y la gente empieza a dar palmas, esperando que se quite los calzoncillos, que es lo único que le queda a estas alturas…
La segunda lección es esta: hay que poner la historia, tu historia, en movimiento, después de combinar lo que parecían humildes comienzos.
Para insuflarle algo de vida, proporcionas un motivo, un móvil, algo por lo que el personaje se mueve: una búsqueda, algo de lo que escapa (su segura muerte en este caso, si no alegra el cotarro), algo que quiere ganar (el amor de una enigmática cortesana, la que tiene los pantalones y el posible teléfono escrito en los calzoncillos), aunque no sepas exactamente cómo vas a llegar, necesitas una dirección, la que sea, recuerda que estás perdido en medio de tu vida. Y que sin una meta, un móvil, un norte, un este o un oeste, cualquier cosa que hagas NO tiene sentido.
Cuando tienes un lugar al que ir, todo lo que haces de repente te acerca o aleja, y todos los sucesos de tu vida son interpretables como oportunidades para acercarte a esa visión, no importa lo borrosa que sea.
Sigo.
…El bufón que se ha quedado en calzoncillos en medio del salón real haciendo strip tease (o como se diga) la gente dando palmas, el Rey fastidiado porque tiene el gorro de campanillas en su plato de judías, un haz de oro que se cuela por uno de los tragaluces y el bufón que sabemos que ha salido del armario…
…El bufón ya no tiene más ideas, todo parece perdido; si se quita los calzoncillos en los que tiene escrito su número de teléfono y se los entrega a la cortesana a la que pretende, se queda desnudo, la gente se ríe de él, el Rey da por terminada la función y manda degollarlo o exiliarlo de por vida; tampoco sabe más pasos de baile.
El stripper sigue agitándose, intentando demorar como puede el final de la historia, la multitud enfervorecida grita «¡Que se los quite… que se los quiteeeee… » (los calzoncillos se entiende), el Monarca ya se está cansando, mira al Chambelán Real y se cruzan las miradas con un gesto de inteligencia como diciendo «Acaba con esto, córtale el cuello», se lleva el pulgar a la papada real y lo cruza de un lado a otro con gesto aburrido, «Esto no da para más », el bufón de la corte en calzoncillos advierte el gesto en medio de sus torpes movimientos en esta danza ridícula que amenaza con acabar mal y un escalofrío le recorre la columna vertebral. La enigmática dama anticipa lo peor para su abufonado caballero y teme que ya no podrá ser rescatada.
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El bufón tiene que pensar, una vez más, tiene que pensar con sus pies, y recuerda que en el armario del que salió (¡en mala hora!) había una patinete con ruedas de aluminio, corre hacia el armario, qué se aloja en una esquina del salón real, mientras hace como que sigue bailando; cimbrea las caderas, las lascivas damas al borde del desmayo, alcanza el armario (del que nunca debió salir), saca el patinete de ruedas metálicas, se sube a él como un indio americano a lomos de un corcel, toma con ambas manos los cuernos de la máquina y se desliza veloz hacia el otro lado de la estancia, los esbirros se dirigen a él, la dama cortesana tan atemorizada como enamorada ve como se acerca con ojos de pasmo, el bufón se para derrapando justo delante; le dice: «Bella dama, súbete a mi carroza, sujétate a mi cintura y no te separes por nada…», «¡Ya!, vamos, ¡no hay tiempo!, te haré la mujer más feliz del mundo…»
La dama se sube al caballo de aluminio, abraza al bufón de los calzoncillos, le susurra, «llévame muy lejos de aquí, valiente bufón, y seamos un solo cuerpo … un solo cuerpo enamorado».
Los esbirros corren hacia ellos, mientras que otros soldados bloquean las puertas del salón real, el Monarca pide otro plato, esta vez de lentejas (si quieres las comes, y si no las dejas) , y exclama, «¡Acabad ya con esta farsa!». El resto de los cortesanos se ríe diabólicamente como romanos en el circo esperando ver perecer al cristiano y a la cristiana devorados por los leones. El patinete se desliza rápido, escapando de los sicarios, en dirección al haz de oro que se cuela por el gran tragaluz de la cara oeste y que muestra el polvo de la estancia, como miles de polillas granulares que revolotean en dirección al sol.
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La dama hechicera agarrada de la cintura del bufón en calzoncillos que conduce el patinete, las puertas del salón bloqueadas, el haz dorado discurriendo por el ojo de buey, el Rey empezando el plato de lentejas, los esbirros dispuestos a ejecutar al bufón, el público de cortesanos y curiosos deleitándose con el espectáculo…
El valiente suda la gota gorda, no hay salida… va a ser atrapado. La dama enigmática grita, «¡Dios mío, esto es el fin!», el caballero del patín replica «¡No hay fin si morimos juntos!»… y en ese justo momento, en esos segundos que parecen minutos, el bufón siente que hay escapatoria, se desliza unos pocos metros hasta donde el haz de luz choca contra el suelo y lo percibe como una rampa que le conduce hacia el cielo, la toma con frenesí y se impulsa con un poderoso golpe de pie una última vez con energía salvaje ( «Solo tú conoces el secreto de este desfile salvaje», aparecen estas palabras en su pantalla mental, como el parte meteorológico de un locutor de principios del siglo XX) y el patinete remonta la pista de luz a velocidad vertiginosa, la dama se agarra más fuerte al caballero y, ante la mirada atónita de esbirros, cortesanos y Rey, escapan a través del tragaluz circular del salón del palacio.
…
…
…
Aquí acaba la historia.
Por hoy.
Tomaos unos minutos para recuperaros.
Uffff. Cuando la contaba estaba perdiendo el aliento. Pero no podía parar.
La tercera lección es que siempre hay salida y ninguna historia acaba. Lo que he situado al final es un nuevo principio: es justo ahora cuando empieza la historia de amor del caballero y la hechicera cortesana de enigmática máscara. Cuando no veas la salida, cuando sientas que no hay futuro, siente que siempre hay una salida. Y si no la hay, te la inventas, porque surgirá de debajo de las piedras o de lo alto del cielo.
En el futuro, recientes graduados de la universidad de Wisconsin-Madison, os vais a sentir muchas veces como el bufón del patín y la dama de sonrosadas mejillas, os sentiréis ridículos, estúpidos, sin salida.
Estabais confortables en el armario, con vuestras vidas cómodas y familiares, con vuestros trabajos conocidos y vuestras rutinas. Y de repente, un día, el chambelán, el jefe, un antiguo amigo, una nueva amiga, harán saltar vuestras vidas en pedazos.
Y solo os quedará mantener la historia en movimiento, no podréis volver más al armario, no podréis contar chistes o cimbrear las caderas o hacer juegos malabares para contentar al Rey o la Reina o al monstruo de las galletas. Tendréis que tomar lo que tengáis a mano (un patinete o un carro de caballos, lo que sea), tendréis que encontrar aliados o buscar nuevos amores y salir en estampida después de haber explotado la bomba.
Quiero que sepáis que a pesar de estar yo aquí arriba, y vosotros ahí abajo escuchando mis palabras, yo no sé lo que es la vida: todavía soy un bufón aprendiendo a mantener el equilibrio y no caer al suelo.
Así que podéis olvidar todo lo que he dicho y no hacerme caso.
Pero también quiero que sepáis que algunas veces, debajo de los adoquines, escarbando, buscando y buscando, encontré la playa.
Gracias por invitarme. Mucha suerte en vuestras vidas.
Ayer, en el Shabbat, me vino a la cabeza un texto de Ray Bradbury, el autor del maravillosoFahrenheit 451.
Es un fragmento que apareció en una colección de ensayos llamado Zen en el arte de escribir y que ha retumbado en mi cabeza durante años.
Esto es lo mejor que hoy puedo ofrecerte.
Disfruta.
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Prefacio Zen en el arte de escribir
Cómo trepar al árbol de la vida,
tirar piedras contra uno mismo
y bajar sin romperse
los huesos ni el espíritu.
Prefacio con un título
no mucho más largo
que el libro.
A veces me anonada la capacidad que tuve a los nueve años para comprender que estaba en una trampa y escaparme.
¿Cómo fue que el niño que era yo en octubre de 1929 pudo, por las críticas de unos compañeros del cuarto curso, romper sus historietas de Buck Rogers y un mes más tarde pensar que esos compañeros eran todos un montón de idiotas y volver a coleccionar?
¿De dónde me venían la fuerza y el discernimiento? ¿Qué clase de proceso me ayudó a decir: Más me valdría estar muerto? ¿Qué me está matando? ¿De qué estoy enfermo? ¿Cuál es la medicina?
Obviamente, yo era capaz de responder. Designé la enfermedad: haber roto las historietas. Encontré la medicina: volver a coleccionar, no importaba qué.
Lo hice. Y bien hecho que estuvo.
Pero de todos modos: ¿a esa edad? ¿Acostumbrado como está uno a responder a la presión de sus iguales?
¿De dónde saqué el valor para rebelarme, cambiar de vida, vivir solo?
No quiero sobrevalorar el asunto, pero maldita sea, me encanta ese niño de nueve años, quien demonios fuese. Sin su ayuda yo no habría sobrevivido para presentar estos ensayos.
Parte de la respuesta, desde luego, radica en que, perdidamente enamorado como estaba de Buck Rogers, no podía ver destruido mi amor, mi héroe, mi vida. Casi así de simple. Era como si a uno le ahogaran o le mataran a balazos al amigo del alma, al compinche que es el centro de la vida. A un amigo muerto así no se le puede ahorrar el funeral. Quizá Buck Rogers, comprendí, conociera una segunda vida si yo se la daba. Así que le respiré en la boca y, ¡vaya!, hete aquí que se sentó y empezó a hablar y dijo… ¿qué cosa?
Grita. Salta. Juega. Deja atrás a esos hijos de puta. Ellos nunca vivirán como tú. Anda, hazlo.
Salvo que yo nunca usé las palabras HDP. No estaban permitidas. Mis protestas no superaban el tamaño y la fuerza de un caray. ¡Sigue viviendo!
De modo que coleccioné comics, me enamoré de las ferias ambulantes y las ferias universales y empecé a escribir. ¿Y qué se aprende escribiendo?, preguntarán ustedes.
Primero y principal, uno recuerda que está vivo y que eso es un privilegio, no un derecho. Una vez que nos han dado la vida, tenemos que ganárnosla. La vida nos favorece animándonos y pide recompensas.
Así que si el arte no nos salva, como desearíamos, de las guerras, las privaciones, la envidia, la codicia, la vejez ni la muerte, puede en cambio revitalizarnos en medio de todo.
Segundo, escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es, por supuesto.
No escribir, para muchos de nosotros, es morir.
Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, y que debemos librar aunque más no sea un flojo combate. Al final de cada jornada el menor esfuerzo significa una especie de victoria. Acuérdense del pianista que dijo que si no practicaba un día, lo advertiría él; si no practicaba durante dos, lo advertirían los críticos, y que al cabo de tres días se percataría la audiencia.
Hay de esto una variante válida para los escritores. No es que en esos pocos días se vaya a fundir el estilo, sea lo que fuere.
Pero el mundo le daría alcance a uno, e intentaría asquearlo. Si no escribiese todos los días, uno acumularía veneno y empezaría a morir, o desquiciarse, o las dos cosas.
Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya. Porque escribir facilita las recetas adecuadas de verdad, vida y realidad, que permiten comer, beber y digerir sin hiperventilarse y caer en la cama como un pez muerto.
En mis viajes he aprendido que si dejo de escribir un solo día me pongo inquieto. Dos días y empiezo a temblar. Tres y hay sospechas de locura. Cuatro y bien podría ser un cerdo varado en un lodazal. Una hora de escritura es un tónico. De nuevo en pie, corro en círculos clamando por un par de polainas limpias.
Pues bien: de un modo u otro, de eso trata este libro.
De tomar una pizca de arsénico cada mañana para sobrevivir hasta el atardecer. Y otra pizca al atardecer para sobrevivir y algo más hasta el alba.
La microdosis de arsénico así ingerida lo prepara a uno para no ser envenenado y destruido por entero.
Trabajar en medio de la vida es administrarse esa dosis. Manipular la vida, lanzar brillantes orbes coloridos a que se fundan con los oscuros, mezclar una diversidad de verdades. Recurrimos a la grandeza y hermosura de la existencia para soportar los horrores que nos dañan directamente en nuestros familiares y amigos, o a través de los periódicos y la tele
No hay que negar los horrores. ¿Quién de nosotros no ha visto morir de cáncer a un amigo? ¿Qué familia no tiene un pariente muerto o lisiado por un automóvil? Yo no la conozco. En mi propio círculo el coche ha destruido a una tía, un tío, un primo y seis amigos. La lista es interminable y aplastante si uno no la enfrenta creativamente.
Lo que significa escribir como cura. No completa, claro. Nadie supera del todo el hecho de tener a los padres en el hospital o a la persona amada en la tumba.
No quiero usar la palabra «terapia»; es demasiado limpia, demasiado estéril. Sólo digo que cuando la muerte reduce la marcha de otros, uno tiene que preparar de prisa un trampolín y saltar de cabeza a la máquina de escribir.
Los poetas y artistas de tiempos lejanos sabían muy bien lo que acabo de decir o puse en los ensayos que siguen. Aristóteles lo dijo para los siglos. ¿Lo han escuchado últimamente?
Estos ensayos fueron escritos en distintos momentos, a lo largo de treinta años, para expresar descubrimientos especiales, para servir a especiales necesidades. Pero en todos resuenan las mismas verdades de autorrevelación explosiva y asombro continuo ante lo que el hondo pozo contiene cuando uno se arma de valor y da un grito.
Acabo de escribir esto cuando me llega una carta de un escritor joven, desconocido, diciendo que va a adoptar un lema que encontró en mi Convector Toynbee.
«Mentir dulcemente y probar que la mentira es verdad … Todo, al Fin y al cabo, es una promesa. Lo que parece una mentira es una ruinosa necesidad que desea nacer …»
Y ahora: últimamente he dado con un nuevo símil para describirme. Puede ser de ustedes.
Todas las mañanas salto de la cama y piso una mina. La mina soy yo.
Después de la explosión, me paso el resto del día juntando los pedazos.
Las 6.222 palabras de este artículo tienen como propósito eliminar para siempre de la faz de tu corteza cerebral la creencia errónea de que tú mereces algo o tienes mérito por algo y por tanto deberías recibir un trato especial o mejor que otros en la vida.
Dicho más directamente: pretendo que dejes de ser una llorona. Pretendo que no vuelvas a derramar una sola lágrima por lo que se te debe o por lo que crees que vales o mereces.
Junto con la mentalidad de crecimiento[1] de Carol Dweck, esta anti-creencia y su reverso —la creencia en la libertad individual y la responsabilidad personal por tus actos y resultados en la vida— puede propulsar tu existencia, dotarte de una carácter más aerodinámico e inaugurar un nuevo capítulo vital.
El precio (no pain, no glory): leer, comprender e interiorizar las 6.222 palabras siguientes.
Este artículo contiene prescripciones muy generales para la organización social con el fin de ilustrar y motivar mis prescripciones para el cambio personal. El principio general se aplica en ambos contextos.
Al final del artículo, proporciono referencias y una lista de definiciones. Te recomiendo que juegues al juego de suspender la incredulidad antes de empezar a jugar el juego de la crítica. Me tienes a tu disposición en los comentarios para aclarar, debatir o ampliar cualquier punto.
En los últimos años, en España y otros países occidentales con dificultades económicas, muchos universitarios han acabado sus carreras, obtenido sus títulos y se han encontrado con que no obtenían un puesto de trabajo acorde a su formación, muchos ni siquiera trabajo.
Algunos están reaccionando como el niño consentido al que por primera vez se le niega un capricho: primero el pasmo (“esto no me puede estar pasando a mí”), la sensación de haber sido engañados (“esto no es lo que me habían prometido”) , el enfado (“¡con todo lo que estudié o pagué por mi título!, cuatro o cinco años tirados a la basura…”), y finalmente la ira moral o indignación con el sistema, con la sociedad, ese ente abstracto que debería procurar su bien y que ahora le traiciona (“la sociedad está podrida, hay que cambiarlo todo”).
Escribe el autor de la foto: «Miles de jovenes se han manifestado en Madrid para denunciar el exilio forzoso que estan sufriendo por las politicas de austeridad. Una generación de jovenes que se esta viendo forzada a elegir entre paro, precariedad o exilio.» En flickr: https://flic.kr/p/e9BXbL
¿Cómo es posible que uno de los estratos más privilegiados de la sociedad y con más recursos, que es joven, tiene energía, salud, que ha podido acceder a una educación universitaria, que durante varios años no ha tenido que preocuparse por obtener sus medios de subsistencia y cuyos títulos han sido subvencionados al menos en el 80% en el caso de España [2] por el resto de los ciudadanos del país (incluyendo jóvenes de su misma edad que a los dieciocho años se pusieron a trabajar como camareros, repartidores o albañiles y que pagan impuestos para que otros jóvenes estudien), reaccione de esta manera?
Los argumentos para su indignación o ira moral se reducen a tres, algunos los formulan explícitamente, otros hablan y actúan como si los creyeran :
Yolovalguismo: yo me he esforzado mucho para obtener un título, me dijeron que si lo hacía tendría un trabajo, y ahora no lo tengo o es precario, no está a la altura de mi formación y conocimientos.
Los políticos se han aprovechado de mí. Se han llevado todo. Yo no tengo nada. Ellosson los responsables.
La sociedad debería darme lo que yo deseo, porque yo lo merezco o me lo he ganado.
Porque yo lo valgo. Al primer argumento subyace la idea de que al esfuerzo personal, las largas de horas de estudio en el caso de los estudiantes, tiene valor por sí mismo. Veremos que lo que a uno le cueste algo NO es una medida del valor de ese algo: tu habilidad para pasar exámenes, adquirir conocimientos y desarrollar alguna destreza profesional, te ha costado mucho trabajo; pensemos que es así, ¿por qué piensas que eso tiene valor para alguien más allá de ti mismo?
Llove, ¡porco goberno! El segundo argumento tiene que ver con el lado oscuro de la libertad individual: la responsabilidad. Parece que nadie tiene ninguna influencia en sus circunstancias desfavorables (por supuesto sí en sus favorables), siempre son los otros, los políticos, el sistema, la sociedad, los banqueros, los que generan los problemas y los que por tanto son los responsables.
Un «indignado» poniendo morritos.
Yo lo merezco, me lo he ganado. Respecto al tercer argumento, hay en inglés hay una palabra que define muy bien la mentalidad que rodea al sentimiento de alguien que cree que merece tal o cual cosa: “entitlement” o “sense of entitlement”, la creencia de que uno tiene un privilegio o derecho en relación a algo; por ejemplo, a un cierto nivel de vida o a ser tratado de una manera especial por ser quien es o por algún mérito adquirido.
Pasemos a desmontar uno por uno los tres argumentos.
1. El valor de un bien o un servicio o una habilidad NO se mide por lo que cuesta obtenerlo
En el mundo de los profesionales independientes o trabajadores por cuenta propia, sobre todo en los novicios, se oye muchas veces hablar mal de los clientes que quieren pagar lo menos posible, que buscan chollos, que te piden descuentos, que te hacen bajar los precios. Molestan los clientes que regatean o que son duros negociadores o que se “aprovechan de la crisis” [3] para ofrecer precios más bajos. A veces se les califica de chantajistas.
Muchos hablan de que dedican mucho tiempo y esfuerzo o que se formaron durante largos años para poder ofrecer el servicio que ahora ofrecen y que solo piden un “precio justo”, y se sienten resentidos cuando los precios de mercado no satisfacen sus expectativas.
Es similar a lo que ocurre con los universitarios indignados sin trabajo. Creen que porque algo les costó mucho o les cuesta mucho, el valor para otro ser humano de sus habilidades o servicios también debe ser alto.
Subyace a este razonamiento una teoría errónea de lo que es el valor económico: creen que es algo objetivo que depende del esfuerzo, recursos y tiempo que se puso en su obtención. Huelga decir que la teoría del valor objetivo, específicamente la del valor-trabajo, está desbancada en economía desde hace mucho tiempo, también la del precio justo, que no es más que una moralización de las transacciones económicas de los tiempos de la escolástica medieval.
Este hombre se esfuerza tremendamente, genera respeto, admiración y dolor verle esforzarse. ¿Deberíamos pagarle por ese esfuerzo? En flickr: https://flic.kr/p/9Kqcfx
La creencia que debería reemplazar a la anterior es la siguiente:
El valor de un bien o un servicio es subjetivo, depende de la persona que lo va a disfrutar, de sus preferencias y de las alternativas de las que dispone. No hay por tanto ningún precio justo relativo a ningún bien o servicio o habilidad. El valor es el que la persona o personas que vayan a comprar y usar el bien o servicio consideren. El precio será el de equilibrio entre las partes contratantes en un momento y lugar determinados.
Llevándolo al terreno de los universitarios indignados: es posible que lo que vosotros sabéis hacer, vuestras habilidades académicas o profesionales, tengan poco o ningún valor para otros seres humanos, aunque espiritualmente o culturalmente tengan mucho valor para el que las ostenta . El valor de tu formación (o de cualquier cosa que ofrezcas) no es el que tú crees que tiene, es el que otros seres humanos determinen. El precio o salario que podrás obtener dependerá en última instancia del valor subjetivo que para otros seres humanos tenga lo que tú ofreces y la escasez relativa de tus servicios, y se reflejará en un precio de mercado, que no siempre coincidirá con lo que quieres o esperes.
Señor biólogo molecular (o filósofo estructuralista o cualquier otro universitario con un título de baja demanda), puede que sea decepcionante que las habilidades que tanto te costó adquirir no sean valoradas como te gustaría. Bienvenido al mundo real, estás a punto de salir de tu burbuja autista y empezar a considerar que hay otros seres humanos que valoran las cosas de forma distinta a ti. Es un gigantesco avance en tu proceso de maduración.
2.Tú eres el principal responsable
Martin Seligman, uno de los iniciadores del movimiento de la psicología positiva, el estudio de las condiciones que hacen más posible el bienestar subjetivo (=felicidad), las fortalezas y las virtudes humanas, comenzó su carrera y se hizo famoso por el estudio de la indefensión aprendida [4], una extensión de su interés sobre la depresión.
En su famoso experimento con perros situaba a los animales en una parte de una caja dividida en dos por una pequeña barrera que era fácilmente salvable cuando una descarga eléctrica les era administrada. Los perros aprendían rápidamente cómo evitar las descargas y saltaban de un lado a otro de la caja.
Con un grupo de perros, actuó de forma distinta: les administró descargas eléctricas completamente inevitables en intervalos aleatorios. Al día siguiente, les ponía en la caja anterior con la pequeña barrera. En las nuevas circunstancias, los perros podrían haber saltado y evitado la descarga simplemente saltando, pero sorpresivamente Seligman se encontró con que los animales se quedaban en su lugar, aullando lastimeramente y sin ni siquiera intentar saltar la valla.
Había sido capaz de inducir un estado de indefensión aprendida en los perros, el equivalente a la depresión humana y la creencia asociada de que todo lo que uno haga no tiene efecto en el mundo y por tanto uno está a merced de las circunstancias y factores externos.
Da la sensación de que muchos de los indignados con el mundo son como perros de Seligman que creen que nada de lo que hagan tiene influencia sobre sus resultados individuales, que al final necesitan de un político, burócrata y un decreto gubernamental que les proporcione lo que desean en la vida, sin que sus esfuerzos marquen gran diferencia.
Pero son unos perros de Seligman muy especiales: los resultados de su conducta que no les gustan o satisfacen son causados por los políticos, los banqueros o los malvados especuladores. Los que les gustan, como el aprobar exámenes o acumular conocimientos y habilidades, son exclusivo mérito suyo, nada tienen que ver el resto de los ciudadanos que vía impuestos les pagaron sus estudios.
La libertad para hacer con tu vida lo que mejor consideres (estudiar lo que quieras, por ejemplo), las libertades individuales para que los demás no interfieran con tus decisiones o lo hagan lo menos posible, requiere de un acompañante necesario: la responsabilidad, la capacidad de asumir la autoría de los propios actos y sus consecuencias: las buenas y las malas.
Este acompañante necesario, la responsabilidad, es el que parece estar ausente de las marchas indignadas de mucha gente.
El universitario que estudió filosofía o sociología o biología molecular y se encuentra que no hay demanda para su trabajo, que la industria nacional no necesita tantos especialistas en Heidegger o estructuralistas o expertos en teoría evolutiva. ¿Le engañaron? Hizo aquello que le gustaba, algo por lo que quizá sentía vocación; por supuesto, no se preocupó demasiado en averiguar la probabilidad de rentabilizar esas habilidades. Una vez, más el autismo como actitud ante la vida: tengo libertad para hacer lo que quiera con mi vida, pero después no acepto sus consecuencias, que nadie me va a pagar por hacer lo que más me gusta o que no voy a conseguir un trabajo acorde a mi formación.
3. Para recibir valor de otro ser humano tienes que hacer algo por otros seres humanos
La clase universitaria son la parte cultural e intelectualmente favorecida de la sociedad. En un alto porcentaje en Hispanoamérica y España, y también en el resto de Europa Occidental pertenecen a la clase media-alta y provienen de familias de más elevado nivel cultural.
Muchos universitarios muestran una actitud elitista. No solo parten de una situación en general ventajosa sino que se arrogan privilegios que están vedados para el resto de los ciudadanos. Por alguna razón, es el resto del mundo el que tiene que solucionarles la papeleta y después de pagarles una carrera (sus padres o el Estado) han de proporcionarle un trabajo acorde a sus expectativas.
Si no lo hacen, se frustran, se sienten rebajados porque su nivel es superior al de los trabajos que les ofrecen e incluso muchos no obtienen trabajo (aunque la tasa de paro universitaria es sensiblemente inferior a la de los jóvenes con menor nivel educativo).
A estos sentimientos y creencias subyace una actitud ensimismada, casi solipsista: la única realidad del mundo es la que yo percibo, los únicos problemas son mis problemas. Se les olvida que en una sociedad de libre mercado (yo diría “sociedad libre”, a secas) para obtener valor (retribución, salario, beneficios) has de entregar valor (productos y servicios útiles para otras personas), que nadie debería tener el privilegio de recibir algo a cambio de nada, y que para obtener los recursos materiales que necesitas para vivir el tipo de vida que deseas tienes que esforzarte todos los días por satisfacer necesidades de otras personas.
Has de crear y entregar valor para obtener valor. Y ese valor es juzgado por los que van a pagar y disfrutar del presunto valor, no por ti.
Tienes que comprender a otros seres humanos, tienes que saber lo que quieren, tienes que producir algún bien o servicio que alguien esté dispuesto a comprar y tienes que ofrecerlo a un precio que sea aceptable por el comprador o usuario.
Muchos universitarios, que se creen especiales o con algún derecho a algo por el hecho de haber cursado estudios universitarios, dicen que ya aportan valor a la sociedad.
El problema es que a diferencia de un tendero, un artesano, un electricista o un empresario, no creen necesitar pasar la prueba de creación de ese valor a través del mercado, a través de otros seres humanos que reconozcan que sus habilidades son valiosas y decidan pagar voluntariamente por ese presunto valor producido por el universitario.
Da la sensación de que por ser quienes son, universitarios jóvenes y sobradamente preparados, ya crean valor o han creado valor para el mundo, que el resto de la sociedad les debe estar agradecidos y automáticamente retribuirles sus maravillosas cualidades intelectuales y conocimientos especializados.
La ideología social subyacente: la teoría del merecimiento y la meritocracia
Todas las creencias anteriores que he intentado rebatir se engloban y hacen más tolerables a través de dos posiciones que mucha gente considera justas y que hacen que actitudes elitistas o de búsqueda de privilegios, o simplemente autistas y ensimismadas, parezcan más aceptables: la meritocracia y la teoría del merecimiento.
He ilustrado el concepto con la clase de los estudiantes universitarios indignados. Con toda seguridad he sido injusto con una amplia mayoría de universitarios, que no corresponden al prototipo del universitario indignado, consentido, elitista y autista. Pero son tics que muchos compartimos en mayor o menor medida.
El ejemplo de los universitarios pagados de sí mismos es un síntoma de un fenómeno o ideología social más amplio.
La meritocracia se basa en la creencia de que debemos ser retribuidos con dinero, reconocimiento o cargos en las organizaciones empresariales o públicas según los méritos que hayamos hecho.
En la antigua Grecia, se hubiera hablado de aristocracia o gobierno de los mejores [5]. Platón, por ejemplo, consideraba la república aristocrática como el mejor sistema de gobierno para el hombre.
Platón defendió la aristocracia, el gobierno de los mejores. Presentó el modelo de Rey-filósofo, el gobierno de los sabios.
Más adelante, la aristocracia se ha visto como un gobierno de gente privilegiada, de la clase aristocrática; si bien al principio la aristocracia tenía que ver con méritos guerreros o servicios extraordinarios recompensados por el rey o monarca, al transmitirse los títulos nobiliarios por herencia, el carácter de «gobierno de los mejores» perdió su naturaleza originaria.
Es por eso que hoy en día se prefiere hablar de meritocracia, en vez de aristocracia, y asociarla a las cualidades personales, el talento, la habilidad intelectual, la inteligencia, el esfuerzo o las pruebas superadas; o se habla más en general de merecimiento y se hace depender además de méritos morales definidos ampliamente o la pertenencia a grupos desfavorecidos históricamente o con especiales dificultades (mujeres, homosexuales, gente con minusvalías, etnias presuntamente marginadas, etc.). De esta manera, la teoría del merecimiento se convierte en un cajón de sastre de muchos tipos de merecimiento que se usan para legitimar el tratamiento especial o diferenciado a determinadas personas o grupos sociales.
¿Qué problema encuentro con la meritocracia y el merecimiento?
A pesar de su buena prensa, creo que la meritocracia y la teoría del merecimiento son contraproducentes, tanto en el nivel personal como en el de organización social. ¿Quién decide quién tiene mérito o quién se lo merece? ¿Quién determina cómo hay que retribuir el mérito?
No digo que desde un punto de vista moral no exista mérito o merecimiento. Todos hacemos juicios de esta naturaleza con nosotros y los demás, pero estos juicios tienden a estar sesgados: hacia nuestra particular visión del mundo, los valores que preferimos o la gente por la que sentimos más simpatía.
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Según mi particular teoría del merecimiento, esta chica tiene mucho mérito, un buen par de talentos y se merece un puesto muy bien remunerado junto a mi despacho. ¿Me lo sufragas tú y la contrato? Venga… si ella se lo merece… además, también es licenciada en biología molecular…y aquí tienes a la pobre limpiando inodoros. https://flic.kr/p/yotk4
Por ejemplo, considero que un chico que viene de una familia de clase baja y con mucho esfuerzo y estudiando por las noches mientras trabaja por el día tiene más mérito que uno de clase acomodada que también estudia pero solo tiene que preocuparse por el lugar al que va a ir a esquiar en las vacaciones de Navidad. También creo que se merece más ser un profesional de éxito aquel que ha consagrado su vida al cultivo de su profesión que aquel que ha llegado a una cierta posición por frecuentar un elitista club de golf y conocer al consejero delegado en la empresa que le contrata o por haber compartido pupitre en un elitista colegio privado.
¿Pero podríamos organizar una sociedad en función del mérito o el merecimiento? ¿Sería conveniente? La respuesta a ambas preguntas es NO.
Primero. Cada persona tiene una idea de lo que es mérito y lo que es merecimiento; solo podría organizarse la sociedad si una particular visión del mérito o el merecimiento se impusiera a los demás.
Segundo: tampoco sería conveniente. Cuando tú compras o haces uso de un bien o un servicio producido por una persona u organización o contratas a un empleado no te importa o no puedes saber si el productor o el empleado pasó largas horas produciéndolo o si tuvo una infancia difícil o si estudió mucho cuando era joven; lo que te importa es que obtengas una satisfacción de ese bien y el empleado sea un trabajador productivo y fiable.
En caso de igualdad de valor recibido, elegirás probablemente el que menor coste tenga, el que produzca más eficientemente el bien o servicio que quieres disfrutar; también contratarás el empleado que esté dispuesto a trabajar por lo mínimo proporcionando la misma calidad en su trabajo y el que sea más fiable (y es posible que consideres más fiable aquel que pertenece a tu círculo social y comparte tus valores).
¿Hemos de pagar por la utilidad real de lo que se produce u ofrece o por el mérito y el merecimiento?
Si lo hacemos por lo segundo, no creamos incentivos para que se produzca lo que más satisfaga a las personas . Además, nadie está dispuesto a pagar por cualidades morales o circunstancias personales, solo pagará en función de lo que obtiene. Una vez más, necesitaríamos imponer a las personas precios arbitrarios que jamás pagarían si no fuera por la obligación legal establecida por el poder de turno.
Tercero. Si tú crees que alguien merece algo o tiene algún mérito, y estás dispuesto a pagar a un determinado tipo de personas con exclusión de otras sin importar el coste o la calidad del servicio, estás en tu derecho de dirigir tus recursos monetarios a las personas que desees comprándoles a ellos o contratándoles preferentemente o efectuando donaciones o favores personales que mejoren sus circunstancias.
En el caso anterior de la empresa que contrata directivos amigos del colegio o del club de golf, el consejero delegado en ejercicio de la libertad de empresa está legitimado para contratar como directivos solo a hombres de raza blanca, de ideología conservadora y de su círculo social de clase alta; si esa política es ruinosa para su empresa serán los accionistas los que se encargarán de pedirle cuentas, no el moralismo o el decreto de un gobierno o la presión de una asociación feminista.
De la misma manera, si tú tienes un cargo de responsabilidad en una empresa con propietarios preocupados por la «justicia social», el «comercio justo» y los «pueblos oprimidos», puedes dedicarte a contratar solo minúsvalidos, feministas con licenciaturas en estudios de género y másteres en patriarcado o gente de bajos recursos económicos.
El mercado, los compradores con su voto monetario, harán que esa empresa sea rentable o no lo sea, y sus accionistas decidirán si quieren seguir invirtiendo su dinero —incluso incurriendo en pérdidas— para promover sus ideas de justicia social o protección de los desfavorecidos u otras gentes con especiales merecimientos. El resto de la gente no debería interferir con esas decisiones libres de propietarios y consumidores.
¡Contrata solo feministas si quieres! Seguro que son fabulosas… pero no me obligues a mí… Flickr: https://flic.kr/p/4954V8
Lo que discuto aquí no es tu juicio moral o el mío sobre lo que determinadas personas o grupos merecen —si el tuyo o el mío son los correctos—, sino si estamos legitimados para imponer a otras personas o empresas nuestros juicios, o si a través del Estado hemos de obligar a unos a que favorezcan a otros; por ejemplo: que los ciudadanos vía impuestos tengan que subvencionar trabajos bien renumerados para los universitarios que acaban la carrera en España.
Mi tesis principal en este artículo es que cada persona, como individuo o en asociaciones voluntarias, debería administrar sus particulares teorías de la meritocracia y el merecimiento y no imponerlas coactivamente, de forma legal o de otras maneras, a aquellos que no las comparten.
¿Es útil que yo piense en mi vida, logros y relaciones personales en términos de merecimiento o mérito?
Ahora pasamos a la dimensión meramente personal –de organización individual de la propia existencia– de la teoría del mérito y el merecimiento.
Iván Entusiasmado[6] lo explica muy bien en uno de sus artículos. Todo lo que he argumentado sobre la imposibilidad o ineficiencia de organizar una sociedad en función del mérito o el merecimiento, lo aplica a la esfera de la acción personal.
Es aquí donde se ve que ninguno de nosotros, incluso los supuestamente más indignados y defensores de los pobres, los marginados o los estudiantes sin trabajo, actúamos en las relaciones con otros seres humanos en función del merecimiento o el mérito. Todos los seres humanos casi siempre, casi todo el tiempo, actuamos en función de nuestros intereses. No entro en si me parece bien o mal, solo digo que está es la realidad. Si no te gusta, cambia de planeta. Mejor, de universo.
[…]Tú no quieres quedar a cenar con la chica que más lo merece, quieres quedar con la chica que más te gusta. Tú no quieres irte de viaje con el hombre que más lo merece, sino con el que más te atrae. Tú no trabajas para la empresa que más merecería que trabajaras para ella, sino para la empresa que más te paga. Tú no vas a veranear al lugar que más lo merecería, sino al que más te atrae.
Ciertamente, hay ocasiones en que hasta el más pragmático de nosotros siente que está en su interés por emoción, por pena o por otro mecanismo psicológico hacer las cosas por las personas porque lo merecen o tienen un mérito especial (por ejemplo, porque han sufrido o sufren mucho o han hecho un determinado esfuerzo), pero eso solo te incumbe a ti, no puedes obligar a los demás a que sientan o actúen como tú.
[…] Quizá a veces puedas actuar por pena. Quizá a veces vas a un restaurante que te da lástima porque están pasando dificultades, o a veces acompañas a un amigo que te da pena porque lo pasa mal, pero eso pasa muy pocas veces. La mayor parte de las veces, haces lo que más conveniente te resulta a ti.
Por último, Entusiasmado recalca la teoría subjetiva del valor que apunté arriba: el valor de cualquier cosa que entregas es lo que considera quien lo recibe, no lo que te ha costado ni siquiera lo que tú crees que vale:
[…] Como las personas te darán en función de lo que les interese, tú has de darle a los demás lo que necesiten.
Porque lo importante respecto a los demás, tanto da que sea amor, amistad o relaciones sociales, es lo que ofreces. Puedes ofrecer muchas cosas: diversión, satisfacción de necesidades sentimentales, apoyo, conocimiento. Pero sea lo que sea te has de centrar en ofrecer valor a los demás. El valor que ellos desean recibir.
Lo más razonable, por tanto, es que si quieres que te vaya bien en tus relaciones con otras personas es que no exijas lo que crees merecer o aquello para lo que tienes mérito, sino que te esfuerces por detectar las necesidades de otras personas, amigos, familia, amantes, jefes, y las satisfagas de la mejor manera para así a cambio obtener en reciprocidad también tú valor entregado por ellas en un intercambio libre y voluntario.
No vayas por ahí diciendo que el mundo te debe los medios de subsistencia. El mundo no te debe nada. Estaba aquí antes que tú.
—Mark Twain
¿Cómo te suenan estos argumentos en defensa de la autonomía y la responsabilidad personal? ¿Fuera de lugar? ¿Tienen o no sentido psicológico según tu experiencia? ¿No conoces a nadie cercano que actúe en la vida según sus intereses?
¿Tú quieres a tu novia solo porque se lo merece, hace obras sociales y acumula muchos méritos? En flickr: https://flic.kr/p/ca6u7E
¿Tú quieres a tu novia porque se lo merece o tiene gran mérito o porque tiene las cualidades físicas y psicológicas que más gratas te resultan? Si te gusta una chica, ¿la intentas persuadir para que esté contigo y te conceda sus favores y amistad o bien la obligas a que te dé lo que mereces?
Si en la esfera de la acción personal, es obvio que nadie debe obligar a nadie a aceptar nuestras particulares opiniones sobre quién merece qué y quién tiene tal o cual mérito, y ninguna persona civilizada usaría la fuerza para ello, ¿por qué nos cuesta tanto extrapolar este comportamiento tan razonablemente moral a la sociedad en general?
Con independencia de los argumentos morales, políticos, económicos, es conveniente que en la esfera personal nos conduzcamos COMO SI tuviéramos libertad de acción, no absoluta, pero sí sustancial, y COMO SI los resultados de nuestros actos fueran nuestra responsabilidad
De otro modo, nuestra probabilidad de tener una buena vida se reduce o se hace dependiente de la buena voluntad de otras personas: correríamos el peligro de convertirnos en animales siempre temerosos de recibir la siguiente descarga eléctrica del capitalista, el banquero o el político de turno, aullando, quejándonos y anegándonos en el resentimiento y con la única esperanza de que apareciera un dictador benevolente –democrático o no– que nos arreglara la vida.
Nuestra libertad de acción siempre estará limitada por los recursos personales y económicos de que disponemos, el efecto de nuestros actos dependerá del azar y de otros factores, pero si no creemos en la libertad individual para elegir y en nuestra responsabilidad en las cosas que nos pasan en la vida, estamos perdidos, inermes, como los perros de Seligman, incapaces de saltar la barrera que nos conduzca a una mejor vida.
Los que no tienen éxito económico en la vida no carecen (necesariamente) de mérito o de merecimiento
Volvamos al tema inicial de los universitarios indignados porque la sociedad, el gobierno, los ciudadanos a través de sus impuestos, o las empresas NO les faciliten la vida y les proporcionen el tipo de trabajo e ingresos que ellos desean.
Hay que añadir un elemento que a veces se olvida cuando se argumenta a favor de la libertad individual y la responsabilidad personal:
Los que tienen éxito en la vida, viven bien yganan mucho dinero legalmente no siempre se lo “merecen” (según muchas teorías del merecimiento), no siempre se han esforzado para ello o no más que otra gente honrada con resultados más mediocres .
Al contrario, muchos de los que tienen éxito económico o consiguen trabajos que les satisfacen es porque proceden de buenas familias, han tenido padres que han intentado proporcionarles la mejor educación a su alcance, han gozado de salud y no siempre se han esforzado más o han sido mejores personas que otros a los que no les ha ido tan bien. Muchos han tenido simplemente suerte, gente con igual o más talento no la tuvo y quedó relegada. Y muchos disfrutan de un nivel de vida superior por el patrimonio recibido por herencia y los contactos familiares.
El éxito económico y la felicidad dependen de muchísimos factores, muchos incontrolables. No podemos prever todo el futuro ni el resultado de nuestros actos, y luchando y trabajando mucho podemos fracasar económicamente. La mala suerte, la enfermedad, las circunstancias influirán en el resultado final.
Por eso, es un error pensar que si alguien toma malas decisiones en la vida o le va mal o no encuentra trabajo o no el trabajo que desea y le satisface más es porque no ha sido responsable, no se ha esforzado, no ha sudado sangre para vivir de otra manera. Puede que sea así y puede que no.
El mercado NO SIEMPRE RECOMPENSA el talento , el esfuerzo o el mérito, y mucho menos la bondad u otras cualidades morales deseables. Pero sí que obliga a todos los agentes a satisfacer necesidades de otros seres humanos, aunque sea buscando exclusivamente el provecho propio.
En síntesis, el mercado es estructuralmente altruista [7], aunque las personas que lo componen no lo sean: te obliga a aportar valor a otros seres humanos, lo desees o no, porque esa es la única forma de que tú obtengas a cambio valor en una transacción voluntaria. Si no entregas valor percibido así por otro ser humano, no recibirás tampoco valor.
Los defensores de la libertad individual y la responsabilidad personal como principios de la organización social se equivocan cuando enfatizan que el éxito se obtiene por personas virtuosas, talentosas y esforzadas, porque indirectamente están implicando que el fracaso personal y económico es el resultado de una personalidad blanda o de la falta de mérito, esfuerzo o talento.
Este hombre se está esforzando mucho y es una excelente persona, pero probablemente no ganará el campeonato del mundo de halterofilia (ni el de su barrio) En flickr: https://flic.kr/p/9gCJxH
Si los defensores de la libertad individual suponen lo anterior, como se entiende implícitamente en muchos discursos liberales y conservadores, al enfatizar que el rico se lo merece y tiene todo el mérito, se corre el riesgo de convertir en resentidos a los perdedores en la carrera del estatus y el éxito social económico: pocos soportaríamos sin rebelarnos el fracaso, el bajo nivel socioeconómico, la insatisfacción con nuestras vidas, si además se nos calificara de perezosos, de carentes de talento o de viciosos sin carácter, aunque fuera verdad: sería incompatible con la autoestima y la autoimagen.
Trazando un paralelo en el terreno de las relaciones personales: si a pesar de todos tus esfuerzos por tener una matrimonio feliz con una mujer agradable, las cosas no resultan, no hemos de pensar que eres un tipo que no se ha esforzado o que no sirves para las relaciones humanas o que tienes la desgracia matrimonial que te mereces.
Consideraríamos que es mejor que te sientas responsable de tu vida y tus decisiones personales porque eso te da más posibilidades de intentar con éxito una segundo matrimonio o relación sentimental, nunca deberíamos decirte que has fracasado porque no te mereces nada mejor o no hiciste mérito alguno.
A modo de conclusión
En el caso con el que empezamos al principio del artículo, el universitario que eligió biología molecular como vocación sin tener en cuenta o prediciendo mal las salidas laborales, estudió lo que quiso, fue feliz durante cuatro o más años, haciendo lo que quería.
Ahora se encuentra sin trabajo y tendrá que emigrar fuera de España o trabajar en trabajos que no le satisfagan el resto de su vida.
Él es el responsable, él lo eligió libremente entre las opciones que se le presentaron (no todas las que querría). Pero eso no le vuelve en una mala persona ni en un descerebrado: quizá la carrera tenía muchas salidas laborales cuando empezó y ahora con la crisis económica no tiene perspectiva alguna en España.
La libertad para hacer lo que quieras con tu vida dentro de tus posibilidades (sin interferir coactivamente en las vidas y planes de los demás) y la responsabilidad de asumir las consecuencias de los actos son elementos constituyentes de una filosofía política y moral que no es una panacea: no garantiza la felicidad de todos y cada uno de los seres humanos, ni la igualdad de oportunidades para todos ni mucho menos de resultados, si es que eso fuera importante para ti, pero al menos permite organizar la vida en sociedad de una forma digna, pacífica y respetuosa con la propiedad privada y las decisiones de los individuos.
Esta filosofía político-moral es también una buena opción personal, si quieres tomar las riendas de tu vida y hacer lo que esté en tus manos por mejorarla.
Es una buena opción porque te potencia, te orienta a la acción, mitiga las quejas y la actitud autocomplaciente a la que todos somos propensos, y dirige tus esfuerzos de forma empática para satisfacer las necesidades de otros seres humanos, lo que es una de las pocas formas legítimas de animar a que alguien decida también satisfacer las tuyas.
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Referencias
[1] Mentalidad de crecimiento. Concepto acuñado por la psicóloga Carol Dweck, especialista en teorías del yo. Se opone a la mentalidad fija.
[5] Entrada en wikipedia sobre la Aristocracia. En inglés. «Modern depictions of aristocracy tend to regard it not as a legitimate aristocracy (rule by the best), but rather as a plutocracy (rule by the rich).»
[6] Blog de Entusiasmado. Aplica la teoría del valor subjetivo y los intercambios voluntarios a las relaciones personales.
[7] «El capitalismo es estructuralmente altruista«: frase de Juan Ramón Rallo. Yo he usado una variante: «El mercado es estructuralmente altruista». Extracto Video de 1m33ss de Juan Ramón Rallo en conferencia Egoismo, altruismo, capitalismo y bien común. Video completo de 50m32ss.
Mercado: conjunto de personas, empresas e instituciones que intercambian libremente, bienes, servicios, trabajo y capital. Es decir, la gente comerciando libremente, sin más imposiciones o coacciones que el marco general establecido por leyes generales de obligado cumplimiento.
MercadoS: mercado. La gente tomando decisiones libremente, sin coacción.
Libertad individual: libertad de hacer lo que uno quiera con sus recursos personales y económicos sin interferencia de terceros y sin interferir a su vez en la libertad de los demás para hacer lo mismo.El sistema legal marca los límites de la propiedad, que son en gran parte los límites de la acción personal.
Este tipo de libertad NO es una libertad para hacer cualquier cosa que me gustaría hacer o satisfacer cualquier necesidad o deseo que pueda tener, por básico que me pueda parecer, tampoco es una garantía de que lograré lo que quiero en la vida.
Es una libertad para hacer lo que pueda dentro del límite de mi autonomía personal y propiedad sin ser bloqueado coactivamente por otros seres humanos.
Si introduces tu email en la esquina superior derecha de esta página recibirás cómodamente en tu correo artículos sobre minimalismo existencial y productividad personal que cambiarán tu vida.
Cuando Homo Mínimus me propuso escribir aquí, casi me pongo a dar saltitos de alegría: soy fiel seguidora desde hace años. Este blog y su autor tienen el mérito de atraer mi atención por tantos años, de mantenerme atenta a sus movimientos y, hasta que le conocí en persona, de mantenerme haciéndome la pregunta «¿Cómo es una persona que vive de este modo?». Si bien comparto el estilo de vida minimalista, aunque yo estoy a medio camino entre la simplicidad voluntaria y el minimalismo, lo que me ha mantenido atrapada aquí ha sido el modo de funcionar del cerebro de este hombre, tan racional y metódico y tan creativo a la vez.
Confieso públicamente que le estoy estudiando.
Una de las cuestiones que tengo claras desde el principio es que no es casualidad que aquí confluyan minimalismo y creatividad. En mi opinión una cosa lleva a la otra y da igual por donde se empiece: se puede ser creativo y acabar siendo minimalista (es el camino habitual) o se puede ser minimalista y acabar siendo creativo. En este artículo me gustaría hablar de esta última opción, el minimalismo como detonante para descubrir la creatividad.
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La idea esencial es que una vida demasiado llena conlleva una mente más vacía. Todos y cada uno de los bienes que adquirimos, las actividades que realizamos y las personas con las que nos relacionamos implican una inversión de recursos materiales, de tiempo y de energía que no vamos a tener disponible para otras cuestiones que también nos interesan, hasta que un buen día nos encontramos diciendo que no tenemos tiempo para hacer todas aquellas cosas que son las que quisiéramos hacer de verdad. Tener un coche significa buscar aparcamiento, acordarse de ponerle gasolina, llevarlo al taller… y tantas otras cuestiones que se comen el dinero (y como consecuencia dedicaremos más tiempo a conseguirlo) y el tiempo en sí. Lo mismo pasa con las actividades y las relaciones. Además la mente se llena de estas preocupaciones y recordatorios, interfiriendo en el estado mental relajado que lleva a las buenas ideas. En cambio, vaciar la vida y la mente de estos añadidos innecesarios deja el espacio físico y mental para que las ideas esenciales puedan encontrarse y formar nuevas combinaciones. No se trata de eliminarlo todo, sólo lo innecesario (que es muchísimo más cuantioso que lo necesario y lo valioso).
Una mente llena conlleva una vida más vacía de florituras, adornos, preocupaciones, compromisos y convenciones sociales. Tenemos el ejemplo de muchas grandes mentes que simplificaban de la manera más drástica posible sus preocupaciones innecesarias, usando siempre el mismo tipo de ropa, encargando a otros las tareas banales si se lo podían permitir, etc. Yo misma, cuando me encuentro en fase de alta inspiración y trabajando intensamente en un proyecto, simplifico las demás ocupaciones hasta el punto de vivir durante varias semanas comiendo sólo hervidos y cocidos, que es la única fórmula que he encontrado de cocinar sin quemar las cacerolas cuando estoy en esa fase (e incluso así, se me queman alguna vez). Este es el camino habitual, el camino que va desde la creatividad al minimalismo.
Veamos ahora el camino inverso, el de despejar la vida para llenar la mente. Lo cierto es que una cosa lleva a la otra, como decía antes, en ambas direcciones. Si tu mente está tan llena de tareas, bienes, actividades, relaciones, obligaciones y preocupaciones, de lo que se trata es de hacer este camino inverso para llegar al estado de las grandes mentes antes mencionadas. Si decides llevar una vida más creativa, lo primero sería vaciar tu vida hasta dejarla con lo mínimo necesario, para la simple supervivencia sin ningún capricho. Calcula las mínimas horas necesarias de trabajo remunerado (los mínimos gastos ordinarios también), el mínimo espacio necesario para vivir, la vida social mínima necesaria y las actividades de ocio y esparcimiento necesarias (uf, aquí la tele cae seguro de la lista).
Una vez hecha esta limpieza, si tienes el valor de hacerla, deja que corra el aire, sin miedo al vacío y permitir que de ese silencio vital surjan aquellas cosas valiosas. Las cosas valiosas son las que, aunque no son estrictamente necesarias, te alimentan la mente y el alma. Por ejemplo para mí serían unas pocas personas a las que quiero de verdad tal como son, un gato, la escritura y la lectura, Internet como biblioteca, alimentos vegetales sabrosos, dibujar por dibujar, una buena herramienta/máquina para crear, una manta para el sofá y el chocolate negro. Por cierto, te sugiero que hagas un collage con imágenes y palabras de todas esas cosas que son valiosas para ti, sería tu collage del bienestar. En los momentos bajos, cuando tu mente se haya ido por las ramas y pierdas el norte, puedes mirarlo y comprobar que, en realidad, lo valioso lo tienes incluso en los peores días; te sentirás bien recordando las cosas que amas y viéndolas ante ti todas juntas.
Por último, desde este vacío externo, mira toda la abundancia que tienes dentro: recuerdos, conocimientos, percepciones… todo esto que conforma tu punto de vista único. Escribe sobre estas cosas. Cuando te entre miedo al vacío, escribe sobre alguna cosa al azar. Por ejemplo ¿qué es lo primero que viene a tu cabeza si piensas en una pipa, o cuál es tu primer recuerdo sobre este instrumento o cuántos recuerdos dispares tienes relacionados con una pipa? Escribe y recupera todo lo que hay en ti, lo olvidado bajo un montón de información y actividades que has estado recibiendo a diario. Recupéralo sin ningún fin en especial, sólo por recorrer tu paisaje personal y hacerte consciente de éste: es tuyo, único, original, es tu materia prima para crear. Practica esto a diario en tu nueva vida despejada de florituras y pronto verás como tu creatividad viene a ti, sea cual sea el campo en el que te quieras desenvolver.
Este camino no sólo sirve para iniciarse en la creatividad, sino también para salir de los atascos en los que te puedes encontrar (conocidos como bloqueos) que no son más que ausencia de foco, dispersión y una vida demasiado recargada. Recuerda, una vida demasiado llena, vacía la mente de ideas valiosas.
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Este es un artículo invitado de Anca Balaj. Es escribujante y entrenadora en creatividad para niños y adultos. Puedes leer sus estupendos artículos , conocer sus libros, leer sus minicuentos y contratar sus servicios en su blog. También puedes escuchar su minicuento El secreto de la felicidad narrado por Homo Minimus.
Tras el excelente primer artículo sobre Cómo leer un libro con atención plena de Rafael Tejado, he seguido indagando sobre el arte de leer, y poco a poco he ido descubriendo más ideas que refuerzan y amplían mi técnica de lectura.
Conozco gente que «lee» muchísimo, libro tras libro, letra tras letra, pero a lo que yo no calificaría de «bien leída». Aunque es indiscutible que poseen una masa de «conocimiento» , su cerebro es incapaz de organizar y registrar el material que han introducido en él. Carecen del arte de diferenciar lo que es valioso para ellos en un libro de lo que no tiene valor…
—Abraham Lincoln.
La esencia de la lectura está en la creación de mapas mentales o modelos del mundo con la ayuda de otra persona que se expresa por escrito. La comunicación a través de signos en una superficie plana es lo más parecido a la telepatía o transmisión del pensamiento entre seres humanos.
Es posible coleccionar una masa ingente de detalles desconectados unos de otros o débilmente integrados. El problema de base, tal como apunta Lincoln al final de la cita, está en que no han decidido inicialmente por qué leen y para qué leen.
Si no decides cuál es tu norte antes de tomar un libro, qué es lo que buscas, no puedes localizar lo que es valioso o no. Y nadie puede decidirlo por ti porque lo que es relevante es relativo a tus fines, proyectos y el conocimiento del que ya dispones.
Pues leer no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin…
—Nicolás Maquiavelo
Esto es algo que solemos olvidar. Leer no es bueno por sí mismo. De hecho, a mucha gente le vendría bien leer menos o mucho menos, como es mi caso. Para muchos, leer puede ser una actividad meramente lúdica, y eso está bien, porque el fin es pasarlo bien, pero también puede ser una especie de ritual intelectual con el que creemos invocar al espíritu del conocimiento para que nos riegue con sus dones.
El consejo sobre lo bueno que es leer debería ser modificado. No vale leer cualquier cosa (“hay que leer lo que sea, aunque sean etiquetas de champú”, dicen algunos), tampoco vale leer de cualquier manera.
Hay muchos otros medios de obtener información que pueden ser más útiles y satisfactorios: charlar con un amigo, iniciar un proyecto creativo personal o simplemente agudizar los sentidos para ser un mejor observador del mundo.
Y es así que mucho nos embarcamos en lecturas pasivas interminables que no añaden más que palabrería en nuestra mente y no contribuye a ningún fin más que una mejor imagen de nosotros mismos.
Cuando el conocimiento que ha alcanzado de este modo está correctamente coordinado dentro del cuadro ya existente de uno u otro tema creado por la imaginación, obra como un correctivo o un complemento, perfeccionando así la exactitud o la claridad del cuadro…
sólo este tipo de lectura tiene un sentido y un propósito .
—Julián Marías, filósofo español
Cuando se lee activamente, con las técnicas para promover la atención plena que nos recomendó Rafael, estamos comparando y actualizando constantemente nuestros mapas mentales con la nueva información que nos proporciona el autor del libro.
Estamos en el mundo del autor y estamos en nuestro mundo, establecemos una conversación con el texto, como si fuera un buen amigo y en el camino enriquecemos nuestro conocimiento.
El que domina el arte de la lectura correcta se da cuenta al leer un libro cualquiera, una revista o un folleto, instintiva e inmediatamente, de todo lo que en su opinión merece la pena recordar de forma permanente, bien porque es adecuado para sus propósitos o bien porque merece la pena saberlo de un modo general
He procurado leer de la forma correcta desde mi primera juventud, y me he visto felizmente apoyado en esta conducta por mi memoria y mi inteligencia. Mi periodo de Viena fue, en este sentido, especialmente fecundo y valioso.
—Adolf Hitler en Mein Kampf
La actitud de Adolfo de leer de forma correcta, no inconsciente, seleccionando lo que interesa para los proyectos personales, ignorando el resto, es digna de elogio. Es un buen ejemplo de lectura con intención unida a la seguridad en recoger los frutos de ella.
Sesgo de confirmación
Cuando uno tiene una teoría y empieza a creer en ella, casi mágicamente aparecen datos, observaciones y argumentos que lo confirman. Son como moscas que se pegan al papel pegajoso de la creencia y que no hacen más que aumentar su peso. Cuanto más creemos, más nos confirmamos, y más creemos, y más nos confirmamos, hasta que la creencia se convierte en una creencia automática y tan intuitiva que dejamos de pensar en ella como discutible y sujeta a modificación.
Por eso, quizá en los últimos días he encontrado tantas citas que refuerzan mis ideas sobre una buena forma de leer, incluyendo la de Hitler.
Un curioso personaje: Richard Feynman, autor de libros autobiográficos como: ‘Seguro que está de broma, Mr. Feynman’ o ‘¿Qué te importa lo que piensen los demás?’
Richard Feynman, el premio Nobel de Física, decía que una teoría científica es como una mujer de la que te enamoras: al principio solo ves sus virtudes y belleza, aumentas el compromiso y decides casarte.
Tras la luna de miel, empiezas a encontrar sus inconsistencias (ya no es siempre tan comprensiva), sus defectos (su charla siempre tan sensata o intelectual ahora te parece monotemática o aburrida), pero ya es tarde porque estás casado con ella y hay demasiado en juego, es difícil dar marcha atrás.
Si lo hicieras, sería como reconocer que estabas equivocado desde el primer momento, así que reprimes la conciencia de estos defectos y los niegas (lo peor) o los aceptas y les otorgas un peso relativo no muy grande (lo mejor), considerándolos como propios de una persona de carne y hueso, igual que tú, con sus imperfecciones y contradicciones.
Es por esto que se suele decir que la ciencia no avanza por evolución sino por defunción, de funeral en funeral, cuando los científicos comprometidos con un determinado paradigma o sistema teórico fallecen y dejan paso libre a los más jóvenes, que todavía no se han comprometido por completo con ninguna idea y tienen espacio mental suficiente para inventar nuevas.
Lo racional, una vez que tuviéramos una teoría sólida, sería buscar los datos o hechos que refutan nuestras creencias, para ajustarlas convenientemente. Esta es la lógica de la investigación científica según Karl Popper: conjeturas + intentos de refutar las conjeturas iniciales para llegar a una verdad más aproximada o más grande, que mejor se ajuste a los hechos.
Sería estupendo que este proceso se pudiera producir en cada una de las mentes, pero es más habitual que la conjetura y la refutación se produzcan en mentes distintas, que necesitemos habitualmente una segunda mirada, más crítica y menos comprometida, para señalarnos los errores.
Disonancia cognitiva
En el caso de la mujer con la que estás comprometido y muestra un atisbo de imperfección, el desajuste es rápidamente olvidado o desestimado, a menos que la evidencia se acumule o se haga intolerable. Lo normal es que hagamos la vista gorda y sigamos comprometidos y sigamos con nuestras vidas en común.
Los psicólogos llaman disonancia cognitiva a este fenómeno de desajuste entre nuestras creencias: “mi mujer tiene tal o cual defecto” y nuestra conducta y sentimientos: “vivo con ella, la quiero y deseo seguir viviendo siempre con ella”. La disonancia genera una tensión mental que lleva a su resolución: o bien eliminas o escondes o debilitas la creencia perturbadora , o bien dejas de sentir tanto amor y dejas a tu pareja; lo normal es lo primero, que adaptes tus creencias a tu conducta y sentimientos.
En el caso de la cita de Hitler, a diferencia de las otras citas, la disonancia o desajuste entre lo que creemos sobre la lectura y la frase de alguien que no nos cae simpático (por decirlo de manera extremadamente suave) es mucho mayor. Si este dictador cree en algo como “la forma de leer correcta” es que su forma de leer correcta no tiene nada que ver con la mía o si coincide en algo, tendría que poner en duda si mi forma es verdaderamente la correcta.
Esto es lo que sentí hace dos días cuando releía y hojeaba Mein Kampf de Adolf Hitler: me encontré con la frase que he citado y pensé lo que acabo de comentar: que su sistema no tendría nada que ver conmigo o que si tenía que ver, seguro que había algo equivocado.
Pasadas unas horas, me di cuenta de que no estaba siendo racional, que estaba usando un argumento ad hominem, descartando una idea solo por su origen, por la persona que la presentaba, no por las pruebas o evidencia empírica y argumentos lógicos que la sustentaban.
En este caso, es un argumento ad hitlerum, pues el sujeto con el que asocio la creencia que empiezo a poner en duda (la conveniencia de la lectura de acuerdo a los propósitos personales “egoístas”) es Hitler, y “está claro que todo lo que defienda Hitler tiene que estar equivocado o ser sospechoso”.
Variantes de argumentos ad hominem y ad Hitlerum se usan todo los días: a mí me dicen que estoy loco o que soy un inmaduro, y con eso intentan desactivar mis aplastantes argumentos en los debates.
El cantante Daddy Yankee, cuando recibió una crítica del director de la orquesta sinfónica de la República Dominicana sobre el contenido violento de las letras del Reggaetón, respondió con este comentario:
“Si la música urbana es un veneno para la sociedad, la música clásica entonces es peor, partiendo de que la música que prefería Adolfo Hitler era la clásica.»
Al calor de estas observaciones escribí un tuit semi-polémico :
«Estoy releyendo Mein Kampf y me doy cuenta de que Hitler tenía ideas muy válidas»
Mis seguidores en twitter son gente de mente abierta, generalmente civilizada, y no protestaron (o bien no lo leyeron), pero uno de ellos, @greennybryant, no pudo menos que decir, quizá temiendo por mí:
‘Decir eso en Twitter es como pegarte un cartel en la frente que ponga “matadme” ’
Soy consciente de que defender ideas razonables que vienen de mentes irrazonables o malvadas no es popular, pero una buena idea no debería ser contaminada por quien la profiere.
Finalmente, porque no podía soportar tanta tensión, vencí la disonancia cognitiva entre mis sentimientos sobre el personaje histórico alemán y mis ideas sobre la forma de leer correctamente y con aprovechamiento a través de la reafirmación de otra creencia: “Ser malo no es ser estúpido”. Y también: «ser estúpido no convierte automáticamente en estúpido todo lo que dices o haces».
Esto me permitió disolver la disonancia y seguir con mi vida y mis esfuerzos por encontrar una forma de leer más provechosa, aunque en algunos elementos siga compartiendo las ideas de Adolfo Hitler.
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PD: todas las citas sobre el arte de leer eran de Hitler, las puedes encontrar desperdigadas en Mein Kampf. Las atribuí falsamente a Abraham Lincoln, Maquiavelo y el filósofo Julián Marías. Tómalo como una licencia poética.
Hay una anécdota sobre Picasso, probablemente apócrifa, en la que se cuenta que estaba en un compartimento de tren en un viaje por el sur de Francia; un hombre lo reconoció y entabló conversación con él. El viajero le dijo que su pintura no le acababa de convencer porque “no era realista”. A lo que Picasso respondió “¿Qué quiere decir con que ‘no es realista’? “. El hombre, confrontado respondió: “Pues que no es realista, que no es real, está claro, que le falta vida, usa unas pocas líneas y figuras geométricas”.
Picasso siguió inquiriendo: “Pues no sé a qué se refiere con eso de que mi pintura no es realista, ¿puede ponerme un ejemplo de algo que sea realista? No lo acabo de entender. ”. El hombre ya un poco molesto sacó una fotografía de su mujer de la cartera y dijo triunfante: “¿Ve a mi mujer? , ¡Esto es realista!». A lo que el pintor espetó “pues qué pequeñita y plana es su mujer…”
Cualquier representación humana es una simplificación, incluso la aparentemente más completa y compleja. Si no lo fuera, nuestros cerebros serían incapaces manejar computacionalmente esas representaciones. Un mapa del mundo que fuera tan grande como el mundo que representa no sería de ninguna ayuda.
Una buena simplificación, un buen modelo mental, capta lo que hay de esencial o lo más importante para un propósito determinado y permite mantener y manipular la información correspondiente. La misma percepción sensorial, en toda su riqueza, es un pálido reflejo de la realidad subyacente, un modelo también simple de lo que hay ahí fuera. No nos queda más remedio que simplificar si queremos obtener guía para la acción.
El cerebro cuando predice o anticipa el resultado de una acción es como un ordenador que simula la realidad a través de un modelo matemático desplegándose en el tiempo: parte de unas condiciones iniciales y unas leyes o reglas de transformación y obtiene una predicción que usamos en nuestro proceso de decisión.
Por eso, cuando el hombre práctico o el hombre de mundo se burla de los hombres de ciencia y de sus teorías, y declara que le dejen de teorías, que él es un hombre de acción, no sabe de lo que está hablando. Un hombre práctico que busca seleccionar un curso de acción depende tanto de las teorías como un profesor universitario de ciencias (de los profesores de humanidades, hablamos otro día), solo que sus teorías son más simples, poco o nada argumentadas y menos sometidas a la crítica racional.
Habitualmente, como dijo Keynes, detrás del hombre de acción, del hombre de Estado, hay varios economistas muertos hace décadas cuyas teorías quedaron obsoletas mucho tiempo atrás, pero que el hombre autodenominado práctico sigue empleando porque no conoce otras mejores.
El economista John Maynard Keynes, el intelectual más influyente del siglo XX. Posiblemente no haya nada más práctico que una buena teoría (aunque en el caso de Keynes, algunas de las más influyentes sean malas…)
En el minimalismo existencial pretendemos hacer algo parecido a lo que hace un científico: creamos teorías del mundo y de nosotros mismos que son útiles para nuestros propósitos y que cuentan con diversos grados de abstracción. También consideramos que cuanto más verdaderas sean, mejores serán nuestras predicciones y decisiones.
Cuando se nos crítica por teóricos o porque no tenemos en cuenta la rica textura de la vida y sus complicaciones, podemos aducir lo mismo que Picasso: que todos simplificamos y que nuestras simplificaciones intentan resolver problemas; en nuestro caso, problemas existenciales.
Tan simple como podamos
Mira este dibujo de una madre amamantando a su bebé:
Ahora echa un vistazo a este otro más realista de una escena similar de una madre con su bebé:
Quitando tu gusto por la representación más naturalista o la más abstracta, ¿cuál crees que capta mejor la esencia de la maternidad y la relación entre la madre y su hijo?
Mi respuesta es que la economía de líneas del primer dibujo , que resulta ser de Picasso, capta mucho mejor en unas pocas líneas y en toda su simplicidad la maternidad. En esos trazos, pocos pero bien puestos, se recoge un aspecto de la realidad difícil de poner en palabras. Esta es la función cognitiva del arte: usar sonidos, trazos o materia para transmitir un sentido profundo, difícil de condensar y captar de otra manera.
Esta sería una analogía pictórica para lo que pretendo lograr con mi filosofía del minimalismo existencial: captar lo esencial de la realidad , reducirlo a su síntesis más profunda, practicar la economía de medios y sacar el meollo a la vida.
Pero no más simple de lo que es posible
La discusión anterior nos podría llevar a pensar, erróneamente, que menos es siempre más o mejor. Los minimalistas, según esta concepción, serían un tipo de ascetas del siglo XXI, casi quietistas, que siempre hacen lo menos o lo hacen siempre con los medios más reducidos.
No digo que no me gustaría que así fuera, pero mi creencia es que no es posible, que no es posible hacer lo mínimo si aspiras a lo más.
En realidad, creo que en muchas cuestiones existenciales, entre ellas la invención y el descubrimiento propias de la actitud existencial creadora, es justamente lo contrario: hay que privilegiar la cantidad a la calidad: miles de pasos tentativos inciertos, torpes, provisionales, para quizá alcanzar una idea que valga la pena.
Los procesos evolutivos suelen ser derrochadores, precisamente porque sin derroche no se pueden testar nuevas direcciones y combinar miles de elementos con la esperanza de dar con uno un poco mejor.
Puede que el producto minimalista sea en ocasiones terso, sencillo, elegante como una ecuación matemática o como un dibujo de Picasso, pero no creo que el proceso minimalista deba o pueda ser así. Sería irracional pensar que podemos alcanzar lo más con lo menos, por muy bien que administremos los recursos. Cuantos más recursos de tiempo y atención tengamos, más margen para obtener mejores resultados tenemos.
En el artículo El minimalismo existencial en cien frases una lectora me decía que estaba bien, pero que esa lista no era minimalista, que eran demasiadas frases. Le repliqué fastidiado: “¿Demasiadas frases en la lista comparado con qué?”, a lo que replicó: “comparada con un lista más corta”.
Finalmente contraataqué con una declaración de principios:
Las cosas han de hacerse todo lo simples y cortas que se pueda, pero no más, so pena de no decir nada o de eliminar algún esencial.
Podía haber escrito “Menos es mejor” o “Menos es más” y olvidarme del resto de las frases, pero tengo la sensación de que no sería lo mismo.
No hay que confundir el minimalismo con hacer siempre lo mínimo.
Si quiero transmitir la esencia del minimalismo necesito al menos cien frases; las síntesis del tipo «Menos es mejor», al igual que las definiciones, solo suelen ser útiles al final del proceso, como recordatorio, cuando ya has hecho todos los experimentos y trabajado para comprender en profundidad.
Hago tantos dibujitos…
El otro día me llamó la atención en twitter esta viñeta tan sencilla y llena de significado, es como un aforismo de esos que dan que pensar y explotan en un montón de significados:
El autor es Amarillo Indio, puedes seguirle en twitter:@amarilloindio
Pero me gustó más todavía la respuesta de Amarillo Indio a la alabanza de uno de sus seguidores:
@amarilloindio Amigo, está es maravillosa.
@Kartoffelmensch Gracias, hago tantos dibujitos que algo ha de funcionar 🙂
Hago tantos dibujos que algo ha de funcionar.
¡Esta sí que es una frase de artista!
Exuberancia metódica
Esta última anécdota me permite conciliar mi obsesión con la concisión y la simplicidad con algunas otras ideas que repito una y otra vez en este blog:
Cuando hablo de la mentalidad experimental, hablo de considerar las acciones cotidianas como experimentos en el laboratorio de lo real de los que aprendo siempre algo; en el peor de los casos, lo que no funciona.
Cuando uso las listas de cien, lo hago para recordarme que para tener buenas ideas he de tener muchas ideas, la mayoría descartables, ridículas e inútiles.
Aunque inicialmente diseñé el blog para artículos de no más de 400 palabras, con el tiempo he escrito artículos de 2.864, 3.201, 4.536 y 6.344 palabras. En el futuro amenazo con llegar a las 10.000 palabras o más, para que lo leáis salvajemente en diagonal o le dediquéis un par de horas en una noche de insomnio.
Cuando organizo comidas con 52 personas desconocidas, lo hago porque si interacciono con mucha gente diversa es posible (no seguro, y quizá tampoco probable) que algo bueno (no sé que) resulte de ello.
Cuando me propongo el Reto práctica 100×100 ideas es porque quiero engrasar el motor algo oxidado y perezoso de mi mente
Rafael Tejado, del blog Máster en independencia, nos visita para obsequiarnos con un experimento intelectual especialmente interesante para los informívoros y demás trabajadores del conocimiento.
En el primero de los dos artículos, nos presenta un método de lectura minimalista con atención plena tremendamente potente. Pretende aplicar el método a The Obstacle is the Way, un libro sobre estoicismo y el arte de transformar la adversidad en oportunidad.
En el segundo artículo, después de poner en práctica su método y leer el libro, nos lo reseñará e informará de los resultados del experimento.
Este es uno de los artículos más útiles que os encontraréis en el blog. Disfrutad.
Esta es una entrada para todos aquellos que pasan horas y horas leyendo. A los que los libros les abrasen las yemas de los dedos circulen, por favor. Aquí no hay nada que ver.
Sobre todo, esta es una entrada para los que leemos por algo más que mero entretenimiento. Ya sea por necesidades estudiantiles o laborales, o por el simple gusto de aprender cosas nuevas. La cuestión es que pasas mucho tiempo delante de libros y probablemente tengas la sensación de que podría ser menos, que no sacas el provecho debido por el tiempo que inviertes o que tienes una tonelada de libros pendientes de lectura y te entran las prisas. O por lo menos a mi me pasaba eso.
Muchas veces la solución que se plantea es la lectura rápida. Muchos libros hay escritos sobre la materia y más son los cursos que pueblan internet asegurándote que podrás leer 1000 palabras por minuto (guau).
Sea verdad o no, después de intentarlo un par de veces llegué a la conclusión de que para mi no es la solución idónea al problema. Seguramente sea puro autoconvencimiento, pero creo que coger un libro no es simplemente una cuestión de extraer información. Es algo más.
“Leer es el momento tranquilo en el que reflexionas y aprendes, no es una carrera. Es el momento que pasas con algunas de las personas más inteligentes que han vivido. No es algo por lo que hay que pasar como una tromba. Hay que saborearlo, disfrutarlo y hacerlo deliberadamente.”
Esta cita es del autor del libro que me ha llevado a escribir como invitado en este blog. Su nombre es Ryan Holiday, y el libro se titula The obstacle is the way. Es un libro que busca la aplicación práctica de la filosofía estoica, ya de por si una disciplina con una orientación bastante práctica. Interesado por el tema, Homo Minimus me pidió que escribiera una doble entrada sobre el libro. Una previa a su lectura y otra posterior.
La mentalidad experimental es la marca de fábrica de este blog. En flickr: https://flic.kr/p/dtZF7K
Así que decidí tomarme esta oportunidad para hacer un pequeño experimento sobre cómo sacar el mayor rendimiento a la lectura de un libro desde la perspectiva de la atención plena y el compromiso total con lo que estás haciendo.
Para ello utilizaré esta primera entrada para marcar las actividades claves de ese experimento junto con su justificación más o menos teórica. Y ya la segunda parte tratará más sobre el estoicismo y todas las lecciones importantes que haya extraído del libro, junto con los resultados del experimento.
El experimento
Objetivo
Dar con un método de lectura basado en la atención plena.
Puntos clave
Entre las condiciones que debe cumplir el método se incluyen:
Fácil de poner en práctica. Si es un proceso demasiado laborioso o denso las probabilidades de éxito son bajas.
Reducir el número de libros leídos y maximizar los beneficios de cada libro.
Favorecer la fijación de ideas y la puesta en práctica de las mismas.
Convertir la lectura en un momento de reflexión y no en una carrera.
Actividades que voy a realizar
Previo a la lectura
Hacer una investigación previa de las ideas que puedo encontrar por internet, incluyendo reseñas y opiniones.
Revisar el índice, la contraportada, y ojear el libro por encima para hacerme una idea mayor del contenido.
Plantear 3 preguntas que quiero responder cuando acabe de leer.
Durante la lectura
Dialogar con el libro mientras leo, haciendo anotaciones y marcando los pasajes que llamen mi atenció. Marcar las páginas que hayan sido tocadas para poder volver a ellas.
Después de la lectura
Nada más terminar redactar 3 conclusiones y 3 aplicaciones que le podría dar a lo leído.
Una semana después revisar el libro y pasarlo a tarjetas 10×15.
Escribir reseña del libro para Homo Minimus.
Escribir conclusiones del experimento de lectura de atención plena. (Ampliar el experimento a otros 5 libros más si el experimento resulta exitoso).
Preguntas que responder tras el experimento
Al acabar el experimento, responderé a las siguientes preguntas para analizar los resultados y ver puntos donde podré mejorar el sistema.
De todas las actividades realizadas… ¿Cuáles han dado el 80% de los resultados?
Si tuviéramos que resumir los problemas a los que nos enfrentamos, serían los siguientes:
Exceso de material -> Dificultad para elegir el material adecuado.
Gran inversión de tiempo necesaria. Riesgo coste de oportunidad.
Mentalidad de coste perdido
Dificultad de retención
Extraer verdaderos beneficios de la lectura. Crecer.
Poniéndonos un poco filosóficos, quizás la pregunta clave aquí sería: ¿Por qué leemos?
Yo diría que más allá del entretenimiento ya descartado al principio de la entrada, lo hacemos por la necesidad de aprender y crecer. Los libros son una de las principales y más baratas fuentes de conocimiento que tenemos a nuestra disposición.
Sin embargo, sabemos que solo con leer no basta. Si no, piensa en los últimos libros que has leído e intenta recordar de qué iban, aunque sea solo por encima. Difícil, ¿verdad? Y encima le dedicaste unas cuantas horas para acabarlo, para luego no acordarte de nada.
Las orientaciones que he seguido tanto de Homo Minimus como de Ryan Holiday van precisamente encaminadas a mejorar ese retorno de la inversión de tiempo que hacemos cada vez que cogemos un libro. Homo Minimus desde una perspectiva más simple, con su regla del 3+3+3, pero en general primando la calidad sobre la cantidad.
Antes de la lectura
La primera fase del proceso resulta fundamental para vencer la primera problemática a la que nos enfrentamos: entre todo el material que tenemos disponible para leer… ¿Qué debo elegir? O dicho de otro modo “Tú, libro que estás ahora mismo entre mis manos, ¿por qué debería leerte?. Dime, ¿qué voy a encontrar en tu interior?”.
Traducido a las actividades del experimento, sería revisar el libro por encima, ojear el índice y ese tipo de cosas que te permiten hacerte una idea de qué va.
Pero si quieres ya bordarlo, nuestro amigo Ryan tiene una recomendación especial para ti: Reviéntate el final. ¿A quién le importa cómo acaba el libro? Esto no es una novela de misterio. Lo importante es entender el por qué de las cosas que se tratan en el libro, no el qué. Si con anterioridad sabes las afirmaciones básicas, los contenidos fundamentales, te liberará la mente para poder profundizar en los significados de lo propuesto. Entender los porqués y plantearte si estás de acuerdo o no.
Un libro de no ficción no es una novela de misterio: averigua quién mata a quién justo al comienzo. En flickr: https://flic.kr/p/7BRtLv
Debes gastar tu energía en descubrir si el autor está en lo cierto y cómo puedes beneficiarte tú de ello.
Por eso, antes de leer haz una pequeña investigación. Busca reseñas sobre el libro, resúmenes de las ideas clave y opiniones de lectores previos. Las opiniones de tres estrellas de Amazon son una buena fuente de información, ya que no son ni fans acérrimos ni haters descarados. Valoran los puntos fuertes pero también exponen las debilidades y carencias del libro, abriéndote a todas las posibilidades. Goodreads también es una buena fuente de información.
Con todo el bagaje adquirido, es el momento de seguir a Homo Minimus y plantearte las 3 preguntas que te gustaría poder responder tras la lectura. Como bien dice:
“Con las preguntas, estás motivando la lectura y determinando blancos de información. Relacionas tus intereses, objetivos, proyectos con lo que estás a punto de leer. Con ello procuras una lectura más activa.”
Bastante claro. ¿No crees?
Durante la lectura
Ya con las manos en la masa… Bueno, cambiemos la masa por un lápiz. Y haz el libro tuyo. Es la hora de dialogar con él. Y lo digo en serio. Leer página tras página sin pararte ni un segundo es casi como si no leyeras. Implícate un poco en la lectura.
Escribe en los márgenes las cosas que se te ocurran. Hazle preguntas al libro. Insúltale cuando no estés de acuerdo si lo sientes necesario. Lo peor que puedes tener mientras estás leyendo es indiferencia. ¡Implícate!
Hay a quien le llama a este tipo de prácticas marginalia, y son muchas las grandes figuras de la historia que la han empleado.
Una recomendación: marca todas las páginas donde hagas anotaciones o subrayes. Será importante para la fase posterior a la lectura. Puedes hacerlo con banderillas de esas de post-its o doblando las esquinas de los libros.
Un libro es como un/a amante: no es un jarrón chino, no se va a romper, ¡has de meterle mano!
Si tienes objeciones con la idea de “mancillar” un libro de esta manera, te propongo una metáfora un poco pasa de rosca. Lo que tienes con un libro debería ser como una relación de pareja. ¿Para qué tienes maromo o maroma? ¿Para tenerlo en un pedestal impoluto? No. Pues con los libros igual. ¡Hay que meterles mano y disfrutar del rato con ellos!
¡Ah! Y mientras leas no te olvides de leerlo TODO. Introducción, prólogo, notas, prefacio, epílogo… Que al final son pistas que te llevarán a una mayor comprensión.
Aunque aquí me permito la licencia de aconsejarte que si ves que no te aporta nada alguna de esas partes… Simplemente pasa. Igual que si después de cincuenta páginas leídas no has obtenido nada útil no seas cabezota. Salta un poco hacia adelante en busca de cosas más fructíferas y si aún así no hay nada no pierdas más el tiempo.
Recuerda: porque hayas dedicado unas horas a algo no estás obligado a terminarlo si es una basura o no encuentras nada valioso en ello. Hay miles de libros ahí fuera esperando que te calientes un poco la cabeza con ellos.
Eso si, no confundas el aburrimiento producido por la densidad y la dificultad de lo que estás leyendo con la falta de algo interesante y/o útil que aprender. Lo primero te hará crecer, lo segundo te hará perder el tiempo.
Después de la lectura
Nada más terminar la lectura, antes de que se te vaya la cabeza a otra cosa, completa las otras dos partes de la regla del 3+3+3: conclusiones y aplicaciones que le podrías dar:
“Con las conclusiones, estás haciendo un esfuerzo de síntesis sobre el contenido del libro.
Con las aplicaciones, estás relacionando lo que has leído con tus metas y te aseguras de que tenga un valor que puedas poner en práctica.”
Por mi parte intento siempre buscar algún tipo acción respecto a lo que leo. Como mínimo escribir sobre el tema para jugar con los conceptos. Aunque no lo publiques en ningún lado, escribir es una forma fantástica de reflexionar sobre lo leído e integrarlo en ti mismo. Incluso dedicarte a contarle a todo el que pilles las conclusiones que has sacado del libro es una buena forma de convertir en algo útil el esfuerzo y tiempo dedicados.
Deja el libro reposar durante una o dos semanas. Pasado ese tiempo llegará el momento de revisar todo lo que anotaste desenfrenadamente y reactivarlo pasando las cosas que veas realmente relevantes al repositorio de ideas que tengas (y si no tienes ya estás tardando en hacerte uno). Es lo que en inglés llaman commonplace book y que en español no tiene una traducción clara.
Lo que escribes con la mano se queda en el cerebro.
En mi caso, yo sigo la versión del mentor de Ryan, Robert Greene, que usa tarjetas 15×10 donde va desgranando todo lo que lee para poder utilizarlo de forma independiente en futuros escritos, discursos, etc.
Si prefieres los formatos digitales, aplicaciones como Evernote son muy apañadas para estos menesteres. De todas formas, es muy recomendable hacer este proceso a mano porque te implica mucho más en cada idea que trasvasas.
Conclusión
Todo este proceso de primeras parece bastante largo y tedioso. Pero yo creo que será mucho más enriquecedor y profundo que el lanzarte a los libros al estilo kamikaze. ¿Qué espero conseguir con todo esto? Leer menos y multiplicar exponencialmente los beneficios que sacaré de cada momento delante de un libro.
Es lectura minimalista en estado puro. Inversión menor de tiempo, concentración al máximo y el placer de expandirte a ti mismo, tu conocimiento y tu realidad.
¿Funcionará? Cuando termine The Obstacle is the Way,encontrarás la respuesta en la segunda parte de este artículo, junto con las lecciones y conocimientos sobre la filosofía estoica que haya extraído de su lectura.
Mientras tanto, te invito a que compartas tus hábitos de lectura en los comentarios. Seguro que encontramos más formas con las que mejorar el experimento en futuras versiones.
HM. Mi tesis, amigo mío, es que todo lo que es valioso requiere esfuerzo y determinación. La determinación se mide según la calidad del esfuerzo que pones. Y los resultados terminan llegando después de mucho esfuerzo, de mucho ir contra los movimientos mentales naturales. No pain, no gain.
G. No es mi experiencia esa. Yo hago siempre lo que quiero, lo que me motiva, no tengo que obligarme a nada.
HM. Esto es algo que no deja de sorprenderme. ¿Cómo consigues querer lo que es correcto? La mayoría de los mortales sabemos lo que es lo correcto, pero no siempre sentimos lo que nos empujaría a hacer lo correcto. ¿De verdad nunca tienes que empujarte a hacer algo que no te apetece?
G. No, no me tengo que obligar a nada.
HM. Quizá es que paras cuando la actividad deja de ser fácil.
G. No es así, hago cosas difíciles, pero obtengo jugo de ellas, no dejo que me drenen, que agoten mis energías.
HM. Me recuerdas a la zarza bíblica, que ardía pero no se consumía. Yo cuando ardo siento consumirme.
G. Quizá esté ahí tu problema, que te consumes en algo que no disfrutas verdaderamente. Quizá estás haciendo cosas en tu vida que crees que son buenas porque te dan ciertos beneficios posteriores, dinero, estatus, autoestima, etc., pero que no alimentan espiritualmente…
HM. Serías un buen psicoanalista… Quizá sea eso: que no estoy en contacto con el centro capital de mí mismo, o que las opciones que encuentro a mi alrededor nunca me han satisfecho plenamente.
G. Quizá es que piensas demasiado y no has permitido descubrir qué es lo que te hace disfrutar plenamente.
HM. O quizá es que tengo unos estándares irreales sobre lo que sería una actividad que me realice. Igual es que espero demasiado. Igual espero fuegos artificiales, el nirvana, la solución a todos mis males, la resolución de todas mis contradicciónes, la suspensión de la lucha. ¿Tú eres realmente feliz?
G. … Tengo momentos más felices que otros. Pero sí, soy feliz. Estoy donde quiero estar.
HM. Yo siempre estoy yendo de ganas a desganas, de frustraciones a victorias, que pronto me parecen pírricas y habitualmente vacías. Me siento desconectado de la gente, y me siento desconectado de mí mismo.
G. ¿No estarás deprimido?
HM. Si estoy ahora deprimido es que he estado toda mi vida en algo cercano a la depresión. Recuerdo esta sensación de melancolía a lo largo de toda mi vida. Siento que he vivido mi vida en una mezcla de temor y de inconsciencia. Entre el terror y el tedio vital.
G. Yo te veo como una persona animosa, que se ilusiona.
HM. No sé, no sé. A veces me veo desde fuera emocionándome con las cosas y me siento extraño, como si fuera un poco una alegría o entusiasmo postizo, como una prótesis emocional-social que me pongo para hacerme más tolerable a mis ojos y a los de los demás.
Pero volvamos a ti… ¿cómo haces para no tener que obligarte a nada, para no tener esa lucha interior entre lo que te apetece y lo que es correcto hacer?
G. Te digo una vez más que no distingo entre lo que es correcto y lo que me apetece. Siempre hago lo que me apetece y suele ser correcto. Hoy es la programación,ser un builder, mañana puede ser otra cosa.
HM. Lo que sí veo en ti es una gran flexibilidad mental y emocional. No te aferras a nada ni creo que a nadie. Diría que me pareces algo frío. Muy racional. Y no es una opinión que tenga solo yo. Hay más gente que la tiene.
G. ¿Sí? Tú tampoco pareces la alegría de la huerta, la gente te considera frío, sin emociones, sin humanidad.
HM. Me falta el human touch, supongo. Esto ya me lo han dicho un par de veces, y seguro que lo han pensado muchas veces más…
G. ¿Por qué estás tan obsesionado con el control, con la “autorregulación”?
HM. Es el tema de mi vida… Creo que tiene que ver con el miedo, con la intolerancia a la incertidumbre, con la búsqueda de recetas vitales que me allanen el camino. Me falta lo que Yeats llamaba “capacidad negativa”, la habilidad de vivir en la incertidumbre, en lo desconocido.
Es fácil ser valiente hablando o escribiendo o en el anonimato de un blog. Más complicado me parece emprender cosas de las que no tienes ninguna seguridad: relaciones, abordajes a mujeres extrañas o negocios inciertos.
G. Bueno, amigo, ahora he de irme, tengo masaje tailandés y luego un baño en una playa paradisiaca. Otro día seguimos hablando.
La lista de errores es una lista de los errores cometidos día a día. Es una herramienta de productividad existencial minimalista. Es una anti-lista de cosas que hacer, esto es, una lista de cosas que no hacer.
Nuestros programadores existenciales han estado trabajando intensamente en la última versión. Varios sujetos de indias han testado la nueva herramienta y han declarado una gran satisfacción.
Cómo funciona. Al final del día, con motivo de la revisión diaria, o en el momento que se produzcan—si eres consciente—, tomas nota de los errores y evitas cometerlos al siguiente día.
Justificación. En los sistemas de productividad personal tradicionales se suele olvidar crear sistemas para eliminar actividades y tareas de bajo o negativo valor. La poda minimalista sugiere que la eficacia se obtiene reduciendo elementos en vez de introduciendo nuevos. Es más importante hacer las cosas correctas (y evitar las incorrectas) que hacer las cosas correctamente.
Mejoras en la versión 2.0
Solo apuntas un error diario. Tres son muchos (el máximo en la versión 1.0). Eliges uno solo (principio de concentración) para que lo tengas en mente al día siguiente y procures no cometerlo. Si el mismo error se produce muchos días, sigues apuntando una y otra vez ese error hasta que desaparezca (principio de continuidad).
Elige un error recurrente en orden de dificultad creciente. Elige un error fácil de solventar, para crear motivación y generar momentum . Luego pasas a otro igual de fácil o ligeramente más difícil. No elijas, al menos durante los seis primeros meses, errores o hábitos muy arraigados y difíciles de eliminar, como morderte las uñas, fumar o abusar de la bebida.
En la versión 1.0 no indicaba más criterio de elección de errores que su recurrencia. Si no es recurrente, es muy probable que no surja al día siguiente y por tanto tenerlo en mente no servirá de mucho.
Por ejemplo, para un vendedor, un error en su forma de saludar a un potencial cliente es un error recurrente en su trabajo diario que requiere solución inmediata y que conviene solucionar lo antes posible; pero para un eremita como yo, que lleva una vida solitaria dedicada al estudio de las escrituras y la contemplación espiritual, es un error que tardará semanas o meses en volverse a producir.
En esta actualización de la herramienta añado el requisito de la dificultad creciente. Es más importante generar el hábito de la conciencia y la atención al detalle que el solventar errores de alto impacto, si es que van a requerir un gran esfuerzo.
El ideal es elegir un error recurrente, relativamente fácil de solventar y que tenga el mayor impacto posible en el largo plazo, por este orden de prioridad. Cuando se te vayan acabando los errores recurrentes tendrás que pasar a los que simplemente sean fáciles de solventar y se produzcan de cuando en cuando; cuando se acaben estos, pasarás a los no habituales y difíciles de solventar, pero que tengan el mayor impacto posible.
Nueva funcionalidad en la versión 2.0 (opcional). Haz una lista maestra de 26 errores que te gustaría eliminar y ordénalos según los criterios fijados en el punto anterior.
Imagina que resuelves un error cada dos semanas (una lapso temporal conservador). En un año tendrías solventados 26 errores de organización, productividad o toma de decisiones. Si tienes esa lista general a la vista y vas tachando uno tras otro los errores, obtendrás una motivación adicional.
Es conveniente que en la lista maestra, junto al error correspondiente, determines la acción alternativa que lo sustituirá. Así será más fácil evitar el error.
Ejemplo de sustitución. Error: sueles revisar el email o pasar un rato en redes sociales al principio del día; en su lugar, antes de consultar el correo o entrar en facebook, determinas planear el día y trabajar dos horas ininterrumpidas en tareas prioritarias o de alto impacto.
Si realmente estás comprometido con el cambio personal y tienes mentalidad experimental, puedes escribir tu lista maestra de 26 errores y yo comentaré si los errores que quieres solventar están bien elegidos y si el orden de resolución que sugieres es apropiado.
El pasado año 2014 durante la tercera reencarnación propuse iniciar un curso de salud minimalista; constituyó el tercer hábito que cambiaría nuestras vidas.
De los tres cursos del año fue el que menos interés suscitó, o al que menos personas se comprometieron (que no es exactamente lo mismo). La atención plena es muy importante, la perseverancia también lo es, pero la salud, aunque sea en una versión minimalista, no lo es menos. No podemos olvidarla.
Como asesores del pasado curso tuvimos a Luis Andés, a Esto no es comida y a Robert Sánchez, en ellos me inspiré en mi curso de salud minimalista:
Luis Andés, para entrenamiento físico y filosofía del deporte y la salud en general. De él os recomendé su curso 12 meses 12 ejercicios, que sigue en marcha y ha llegado ya al séptimo mes. Yo lo estoy siguiendo y construyendo poco a poco una tabla de ejercicios diaria que no depende de aparatos o inscripciones a gimnasios, que siempre me han aburrido y me han parecido artificiales. Gracias a él, mis abdominales han mejorado en los últimos meses, mi piel es más tersa y brillante, la ropa me lava más blanca y he perdido siete kilos.
Esto no es comida, para cuestiones de alimentación y vida saludable con sentido del humor y buena energía. Os recomiendo, una vez más, su excelente blog.
De Robert Sánchez , hoy os traigo hoy un nuevo curso que va a desarrollar todo el 2015: Proyecto Re-movimiento.
Del ejercicio al movimiento
Con Robert y su proyecto aprenderemos mucho sobre conciencia corporal y salud en sentido amplio. Comulgo con casi todas sus ideas por su enfoque minimalista, lleno de sentido común y ausente de dogmas, con hipótesis de trabajo sujetas a cambio y a adaptaciones a la realidad de cada persona.
La conciencia del cuerpo es un ejercicio más de atención plena.
Para los que estamos más en nuestra mente que en nuestro cuerpo o hemos desconectado ambas partes de la persona, este curso puede ser el punto final a una vida sedentaria, el fin de nuestras desdichas, la piedra filosofal, el santo grial, la recuperación del niño interior, la panacea, el bálsamo de fierabrás, la sonrisa que todo lo inunda, el patio de recreo del ser, el nirvana…
Ok. Estoy bromeando, ni el mismo Robert cree en las soluciones mágicas y universales, sabe demasiado sobre la naturaleza humana para creer en recetas. Pero el curso promete. Yo confío en él.
Fíjate que no es un curso de ejercicios, sino un curso de movimiento, de conexión con nuestro cuerpo y de aprender a movernos más.
Supongamos que te convence el enfoque moverse frente al enfoque hacer ejercicio, supongamos que adoptas una visión integral, minimalista y evolutiva de la salud; entonces, puedes conocer los detalles en la presentación oficial del proyecto.
El proyecto Re-movimiento en tres párrafos
Robert Sánchez dice:
“El fin primordial del proyecto es integrar el movimiento en nuestra vida cotidiana, desde el micromovimiento hasta el macromovimiento –ya explicaré qué quiere decir esto. Hacer ejercicio no es suficiente, y tal como están las cosas parece bastante complicado poder dedicar la mayor parte de nuestra jornada a movernos, con todas las responsabilidades y obligaciones que implica nuestro día a día.
¿Cómo lo solucionamos? Impregnando de movimiento todo lo que hagamos, si hace falta incluso de forma sistemática, al menos al principio, con tal de crear el hábito.
El Proyecto Re-movimiento es un experimento individual y social. Es decir, es una idea de experimentación pura y dura, de práctica masiva, para la que yo tomo la iniciativa, al mismo tiempo que quiero compartirla y hacer partícipe al máximo de personas posible.”
Un compromiso público es como si tomaras una larga soga, te hicieras un nudo corredizo al cuello, el nudo del ahorcado, salieras al escenario del teatro y dijeras: “Hola, público”.
Luego lanzas un extremo de la soga al tipo con más cara de fastidio por estar en la función, el que querría estar viendo el partido de fútbol, pero que a regañadientes fue arrastrado por su novia a ver tu actuación. Entonces le gritas desde el estrado:
“Si no cuento algo divertido en los próximos quince minutos, por favor, tira de la soga más y más fuerte hasta que me duela tanto y me ponga tan rojo que si sigues tirando me tenga que callar y tú puedas irte con tus amigotes a ver la segunda parte del encuentro deportivo»
Hanged, en flickr
Este blog es principalmente un mecanismo para hacer públicos mis compromisos y aumentar la probabilidad de ser fiel a ellos. No empezó como una máquina de comprometerme; ya sabes que una cosa es la estrategia existencial deliberada y otra la emergente, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que exponerme a un público (real o simplemente imaginado) aumentaba mi capacidad de autorregularme y lograr pequeños retos personales.
Por ejemplo, en un blog ya extinto, Tecnologías del Yo, me comprometí a ducharme con agua helada durante 28 días seguidos al menos durante 5 minutos. Una vez anunciado el reto, hubiera sido muy vergonzante reconocer que no tuve lo que hay que tener para mantenerme. Teniendo en cuenta que era un blog sobre disciplina y autorregulación personal, sería como haber reconocido que el experto era un fraude o que el rey estaba desnudo o que el chulo de la ducha fría no pudo aguantar la presión.
En este blog, en diciembre de 2013, escribí un libro de sesenta páginas, Los tres hábitos que cambiarán tu vida, solo para comprometerme con todos los lectores a llevar a cabo el programa que proponía en el durante el 2014: formar el hábito de la atención plena, la autorregulación y perseverancia y la salud minimalista.
Para convertir las buenas intenciones en acciones coherentes, describí detalladamente decenas de prácticas, retos y misiones que pretendidamente iba a llevar a cabo durante todas y cada una de las semanas del 2014. En el 2014 escribí más de 150 artículos desarrollando las ideas del libro y animando a los lectores a que me acompañaran en la travesía.
Sin un compromiso público y el aliento de la gente que se unió al proyecto es casi seguro que hubiera abandonado a las pocas semanas.
Mi proyecto Escritura 80/20 es un proyecto para aprender a escribir en el menor tiempo posible que llevaré a cabo durante el 2015. Lo voy a llevar a buen término. ¿Por qué? Porque es un proyecto conjunto con el bloguero Entusiasmado. Me he comprometido personalmente con él (un público de uno) y ahora públicamente con los que estén leyendo este artículo.
Si cuando pasen los meses ves que el proyecto es un proyecto Zombi me dirás: “Oye, Mínimus, ¿qué fue del famoso proyecto Escritura 80/20?” Entonces, rojo por la presión de la soga de la vergüenza, tendré que bajar la mirada y cambiar de tema.
Todos los especialistas en productividad hablan del poder del compromiso público por esas razones: aliento, recursos que te pueden aportar los que saben de tu proyecto, ánimos y alabanzas, más sensación de responsabilidad e ideas que surgen de la mera expresión pública de tus intenciones.
Cuando durante el 2015 tenga momentos bajos y deseos de abandonar o de bajar el ritmo, seguro que Entusiasmado (haciendo honor a su sobrenombre) me espolea a seguir hacia adelante; y cuando necesite descanso, él tomará el relevo, y me permitirá recuperar fuerzas. Un proyecto en equipo es como una carrera de relevos: la energía, las ideas, el mayor peso de la carrera son aportados sucesivamente por cada uno de los corredores; cuando uno flojea, los compañeros toman temporalmente el relevo o le animan a perseverar.
El lado oscuro del compromiso público
Sin embargo, no todos son parabienes cuando se trata de comprometerse. Friedrich Nietzsche decía que las promesas más poderosas se hacen en silencio, que después de hacerlas deberíamos llevarnos la mano a la boca, pues la fuerza de la promesa decrece cuando se expresa. Es como si una promesa verdaderamente fuerte, verdaderamente sentida, verdaderamente sincera, tuviera el halo de lo sagrado y el solo hecho de nombrarla la debilitara, como si fuera sacrilegio.
Aparte del argumento casi metafísico de Nietzsche a favor del silencio en la promesa, hay argumentos más psicológicos: Derek Sivers, el músico, minimalista y empresario digital, nos recomienda no hacer nuestros compromisos públicos. Según él, el tiro nos puede salir por la culata; expresar públicamente el compromiso nos hace creer que ya hemos dado un importante paso en dirección a aquello que queremos conseguir, es como si estuviéramos enviándonos el mensaje de que estamos cerca de la línea de llegada sin ni siquiera haber sonado el pistoletazo de salida. Y esa falsa señal de avance resulta confortante y hace menos probable que nos pongamos a hacer el verdadero trabajo.
Moraleja: guárdate tus metas para ti. Vence la tentación de anunciar tu compromiso. Cierra la boca.
Muchos ejemplos tenemos todos los días de gente que dice que va a hacer tal o cual cosa. En ese “voy a hacer” obtienen un anticipo de las mieles del triunfo o del resultado apetecido. Es la euforia que se experimenta en los inicios de año cuando 365 días quedan por delante y todo parece posible. Un buen propósito de inicio de año es una especie de compra a crédito: obtén la satisfacción ahora y paga en 365 cómodos plazos.
El Yo que profirió la promesa podía sentirse muy energizado y virtuoso y hasta admirado haciéndola, pero el Yo que tiene que soportar la presión social y la carga de mantenerla puede resentirse de la imprudencia de su antepasado.
Puede que ese compromiso verbal termine experimentándose como un lastre, como una fuerza externa que nos obliga a hacer algo que no queremos: basta que algo externo nos obligue para que lo rechacemos.
En definitiva, el compromiso público es irónico, tiene una fuerza ambigua: puede impulsarnos a ser fieles a nuestra identidad o yo ideal y promover una actuación estelar, pero también puede resultar una corbata que apriete demasiado el cuello, que entorpezca nuestros movimientos y nos vuelva demasiado temerosos de defraudar al público real o imaginario para el que siempre estamos actuando.
Debemos estar dispuestos a librarnos de la vida que hemos planeado para así tener la vida que nos está esperando.
—Joseph Campbell
Mi estrategia en breve
Se define por lo que dejo fuera, por las restricciones:
Fijo una sola meta para todo el año.
Adopto una personalidad antifrágil
Practico la lentitud deliberada.
Introduzco espacios en blanco libres de tareas e interrupciones.
Mi estrategia en extensión
Estamos a primeros de febrero. Si tenías un plan para este año, ¿cuáles son tus resultados de enero?: ¿has cumplido lo que te habías prometido?, ¿has avanzado en tus metas y has trabajado en ellas regularmente?, ¿has ido tres veces por semana al gimnasio?, ¿has dejado de trabajar a las siete de la tarde?, ¿comes más fruta y verduras?
Hazte la pregunta con tus buenos propósitos de inicio del año u objetivos favoritos y responde sinceramente. Para mí, el final del mes de enero suele ser la confrontación de mi lista de deseos de inicio de año con la realidad, que es mucha y a veces mala.
Los planes no sobreviven al primer contacto con el enemigo. Las fuentes de fricción son tantas y tan poderosas que un plan detallado suele estar condenado al fracaso. En el fondo, un plan no es más que un conjunto de hipótesis sobre el futuro. Estas son simples conjeturas, no sólidas certezas sobre las que deductivamente puedas construir un edificio organizativo que no se desmorone a las primeras de cambio.
Las hipótesis de planificación incluyen una lista deseos y una lista de recursos; ambas suelen cambiar en el horizonte temporal del plan.
En una semana o un mes puede que no se modifiquen, pero en un año es muy probable que las motivaciones y los recursos con los que contamos se alteren, y es casi seguro que los efectos que esperábamos obtener de las acciones no serán los esperados.
Es una ley de la naturaleza que lo que había determinado hacer no se hará ni como lo programé ni en el momento en que lo programé.
Mi yo del 1 de enero supone que el yo de mitad de enero o el de junio o el de septiembre será el mismo, querrá lo mismo y estará igual de motivado. Si coincide la lista de deseos y jerarquía de preferencias de uno y de otro será mera casualidad. Si los recursos no han cambiado es que tu entorno profesional y personal es particularmente estable o tu mente no es demasiado inquieta.
Las fuentes de fricción externa (las que afectan a los recursos financieros o relaciones y las oportunidades y amenazas) son las que más nos preocupan; pero las verdaderamente determinantes son las fuentes de fricción internas: la desmotivación, el cambio en la jerarquía de deseos, la lucha y conflicto por los recursos mentales entre varias metas y demandas, la frustración, las reacciones a lo inesperado que drenan energía.
La fricción externa enfanga el camino y lo hace más fatigoso, la fricción interna mueve nuestros pies en direcciones opuestas o nos hace abandonar el camino
Este año decidí que tenía que poner en práctica lo que predico y hacer uso de mi mentalidad experimental. En vez de definir una estrategia como plan (esto es, marcando metas claramente, proyectos, hitos, objetivos intermedios y considerando mis recursos y los riesgos), he decido hacer un importante cambio.
Mi estrategia como plan se ha convertido en una estrategia definida por un conjunto de restricciones: hago un esfuerzo deliberado por introducir límites, reducir el número de decisiones y a su vez mantener mis opciones abiertas a los inevitables cambios. Mi estrategia se define por lo que queda fuera. En lo que queda dentro, busco y exploro.
Esta estrategia basada en restricciones es análoga a la poda minimalista del minimalismo existencial: menos es mejor: reduciendo posesiones y posibilidades , enfocamos nuestros recursos de energía y atención las direcciones más provechosas; lo que no es más que la aplicación de la ley de Pareto o de los pocos esenciales y los muchos triviales.
Mi estrategia de restricciones en detalle
1. Fijo una sola meta para todo el año.
Una meta de mejora a la que consagro todo el tiempo que tenga disponible después de las actividades obligatorias de mantenimiento (sueño, comida, algo de ejercicio) , profesionales y de relación con familia y amigos.
Esta meta es un verbo, no un sustantivo; es una acción, no un resultado. Por ejemplo: no fijo la meta diciendo “Voy a ser un buen jugador de ajedrez y ganaré el torneo de mi club”; en su lugar, formulo la meta así: “Voy a jugar al ajedrez durante todo este año cada vez mejor”. El énfasis está en el proceso, no en el resultado.
La meta se inserta ecológicamente en el esquema general de mi vida y no interfiere con ningún aspecto esencial físico, emocional, mental o espiritual.
2. Adopto una personalidad antifrágil.
Algo frágil es dañado por la variación y la incertidumbre.
Algo resiliente es flexible, se adapta y resiste los embates y lo aleatorio manteniendo sus propiedades a pesar de las dificultades.
Algo antifrágil es algo que mejora ante los cambios y lo imprevisible: no solo resiste, sino que se hace más fuerte, prospera en la incertidumbre.
La esponja se deforma y retorna a su forma inicial tras la presión: es resiliente. En la naturaleza, los seres vivos se adaptan y mejoran ante los cambios. En flickr: https://flic.kr/p/nS58Vd
En finanzas, una personalidad antifrágil equivaldría a adoptar una estrategia de haltera:
A. Un núcleo de inversiones muy seguras sin apenas volatilidad y que me asegura un colchón financiero por muy mal que vaya todo. Por ejemplo, invierto el 80% de mis recursos en letras del tesoro del estado alemán o americano.
B. Un presupuesto para inversiones de altísimo riesgo que puede generar pérdidas y solo excepcionalmente beneficios desmesurados. Por ejemplo, un 20% de mis inversiones estaría colocado en productos financieros de alto riesgo, en mercados emergentes o materias primas con alta volatilidad en precios.
Para adoptar una personalidad o actitud existencial antifrágil, favorezco una saludable mentalidad experimental: me someto voluntaria y deliberadamente a un montón de pequeños experimentos de bajo coste que proporcionan la mayorías de las veces rendimientos negativos, con la esperanza de que algunos de esos experimentos tengan unos beneficios desproporcionados.
Por ejemplo, dedico el 10% de mi tiempo diario a un proyecto empresarial sumamente arriesgado que me motiva, apasiona, pero cuya probabilidad de supervivencia y éxito financiero es despreciable. En esta aventura empresarial soy arriesgado y sigo el principio de probar muchas cosas y fracasar rápido obteniendo algo de aprendizaje en cada ensayo.
En el resto de mi vida, mantengo la estabilidad y no asumo riesgos; por ejemplo, una profesión estable en la que hay una relación muy estrecha entre esfuerzo y rendimiento; o una relación sentimental satisfactoria con un fuerte compromiso a largo plazo o una familia feliz con hijos.
3. Practico la lentitud deliberada
Esta es una restricción en la velocidad. Este año voy a hacer mucho menos de lo que puedo y a imprimir a mis actividades un ritmo parsimonioso.
Mi mantra es” lento, pero seguro; eficaz, pero sin estrés”.
Voy a aplicar disciplinadamente el poder de la contención. Voy a evitar caer pasto de las euforias cuando me sienta rebosar de energía o pasión, y en su lugar voy a presionar el freno y obligarme a bajar el nivel de revoluciones.
Voy a jugar el juego a largo plazo, no el juego cortoplacista de los fuegos artificiales, la gratificación instantánea y los beneficios a corto plazo.Como aspiro a la excelencia, practico la lentitud deliberada para lograr el aprendizaje profundo.
Ve más despacio y recuerda esto: la mayoría de las cosas no son importantes. Mantenerse siempre ocupado es una forma de pereza: pensamiento perezoso y acción indiscriminada.
—Tim Ferriss
4. Introduzco más espacios en blanco libres de trabajo e interrupciones.
Esta es una restricción de las entradas de información y del número de tareas diarias. Reduzco la sobrecarga cognitiva, las redes sociales, los libros leídos, las reuniones no deseadas, los medios de comunicación de masas y todos los impactos externos autoinfligidos o sobre los que tengo elección.
El Sabbath y la estructura sabática del año me permitirán asumir una actitud despreocupada y ligera en mi tiempo de desconexión y descanso. Pasaré más tiempo conmigo mismo en actitud contemplativa y en la naturaleza, con personas elegidas y en actividades significativas que no tengan que ver con el trabajo.
No solo promoveré el pensamiento difuso o sin intenciones, también favoreceré la empatía y la compasión, que son modalidades emocionales lentas.
Las operaciones mentales son como las cargas de caballería en una batalla: deben estar estrictamente limitadas en su número, precisan de caballos descansados y sólo deben realizarse en momentos decisivos.
Siempre me ha fascinado la inarrancable dependencia que el ser humano tiene de la mirada del prójimo. Incluso, en el aislamiento social, en la soledad más profunda, la mirada del otro está presente, y uno acicala su aspecto físico y hasta su carácter para gustar a ese ojo colectivo que todo lo ve.
Trabajo todas mis fibras señor @homominimus preocúpese por las propias antes de decirme qué debo o no debo hacer.
La chica que se palpa la tripa y piensa en el rápido progreso de sus abdominales podría ser cualquiera de nosotros. Si has sonreído al leer el tuit de arriba, piensa que no eres muy diferente al tuitero mínimo que salta como un resorte y reconviene el narcisismo de la tuitera; eres el Torquemada que manda a la hoguera al ser inferior moralmente. Pero el inquisidor es tan dependiente de la mirada ajena como la chica que siente la compulsión de darnos la buena nueva sobre su estómago musculado.
Todos nos sentimos impelidos a mostrar y demostrar nuestras pequeñas vidas, nuestros pequeños gustos, nuestras grandes convicciones. Quizá no enseñemos los abdominales, pero sí nuestros bebés sonrosados, o nuestro último artículo, o nuestras ocurrencias en forma de aforismo, o las frases prestadas que nos hacen sentir inteligentes, buenos o deseables.
Recuerdo a un bloguero que tuvo un momento místico en una ciudad del norte de España cuando caminaba solitario por una oscura callejuela. Hasta aquí todo normal (todos tenemos momentos místicos de cuando en cuando). Lo grotesco es cuando el bloguero sintió la obligación de narrarnos el instante en tiempo real y envíar un tuit con foto incluida para que compartiéramos su mística iluminación. Por supuesto, no dejé escapar la ocasión de señalarle su contradicción, contradicción que ni el mísmisimo señor de las Iglesias podría cabalgar, el oxímoron de vivir una epifanía y lanzarse a pregonarla a los cuatro vientos virtuales. Mi exhibición fue sonrojar al exhibicionista.
Yo miro las estadísticas del blog compulsivamente, el otro se precipita a fotografíar su próxima comida y subirla a instagram, y el viajero a lugares exóticos siempre viviendo al máximo nos muestra una foto de la playa exótica que acaba de alcanzar, cual conquistador español del siglo XVI anclando su navío en una playa de Méjico o Perú.
Nos reímos del adolescente que posa y hace mohínes ante la cámara, que se apresura a ver qué tal ha salido en la foto y la sube en unos pocos segundos, para que el resto del mundo comparta su felicidad. Pero todos hacemos morritos a la cámara; podemos ser más recatados o un poco más sutiles; podemos disfrazar de conciencia social o de moralismo o buen gusto lo que siguen siendo gestos de cara a la galería.
Si escribo bien es porque quiero quedar bien ante el lector y mejorar la imagen que tengo de la imagen que el lector tiene sobre mí. No muestro mis abdominales, porque creo que mis palabras son más vistosas y porque mi yo ideal se acerca a más a una neurona musculada que levanta doscientos kilos mentales que a un conejito de gimnasio.
Pero sigo demandando la mirada ajena, la mejor mirada ajena, aunque siempre o casi siempre la mirada del otro esté pensando en la mirada que le mira a él. Somos el escritor que ha venido a hablar de su último libro. Somos el niño que dice mamámiraloquehago. Somos el exhibicionista con gabardina gris en verano —y sin nada debajo— que epata a las señoras.
Viviré con ello: la vida social es un juego de espejos de la risa —unos enfrente de otros reflejando y siendo reflejados— donde todos intentamos quedar bien.
¿Y si te digo que puedes comer sin subir la foto de la comida a instagram?
Todas las sociedades, tribales o no, tienen alguna forma de rito de paso o transición vital. Un rito que marque el tránsito de una etapa de la vida a otra o señale algún evento de importancia: el fin de la infancia y el inicio de la responsabilidad, el título de caballero o guerrero, el matrimonio, las ceremonias de graduación académicas, las bodas de plata, hasta el paso al otro mundo en los funerales.
En el judaísmo, tenemos el Bar Mitzvá a los trece años (para los hombres) y el Bat Mitzvá a los doce años (para las mujeres), que marcan el paso a la madurez y la consideración de miembros responsables de sus actos ante la comunidad.
Bar Mitzvá
En el catolicismo, entre los doce y los dieciocho años el sacramento de la confirmación, en que el creyente confirma ante la comunidad la fe recibida de sus padres y se convierte en un miembro activo de la iglesia que defiende su fe y la transmite.
Los amish tienen todo un periodo ritual llamado Rumspringa, una moratoria psicosocial que permite a los adolescentes experimentar con relativa libertad en el mundo exterior a la comunidad amish (que los amish llaman a veces «parque de recreo del diablo») y reflexionar sobre el curso que van a seguir sus vidas antes de convertirse en amishs adultos y contraer matrimonio.
En círculos sociales de la clase alta, y para las mujeres, tradicionalmente tenemos las puestas de largo, que cumplen una función de señalamiento social y de apertura de la veda para el ritual del cortejo. Para un joven, un acto como el primer afeitado u obtener el permiso de conducir puede hacer las veces de rito hacia la juventud y mundo de los adultos y marcar indeleblemente el cambio.
Hoy en día, con el desprecio por el símbolo religioso y el ritual, muchas de estas señalizaciones sociales han perdido su vigencia. Pero la necesidad de marcar transiciones permanece. Seguimos necesitando adoptar un estado de ánimo o una actitud especial para los cambios que inevitablemente se suceden en nuestras vidas.
Todo ritual va unido a una liturgia, a unos procedimientos llenos de símbolos y alegorías que cumplen una función práctica además de espiritual. La cultura, la religión, las asociaciones, nos proporcionan algunas de estas valiosas herramientas existenciales que se pierden cuando dudas de las creencias recibidas, de la fe de tus padres o las costumbres de tu entorno social.
En el minimalismo existencial, propongo aprovechar las antiguas tradiciones, eligiéndolas conscientemente, responsablemente, y creando los rituales, que marquen nuestras transiciones individuales. He hablado, por ejemplo, del Shabbaty de la necesidad de una liturgia de desconexión exterior, digital e intencional, para conectar interiormente y con las personas que deliberadamente elijo.
En un tiempo en que se abandonan estas tradiciones, incluso en sus propias comunidades de origen, es más importante que nunca recuperar el poder del ritual y la liturgia. Llámalo Shabbat o llámalo «tiempo para ti mismo en la naturaleza y con la familia», pero crea una etiqueta que te recuerde que hay un tiempo sagrado. O «sagrado», si te desagradan las connotaciones religiosas.
Hoy hablo del ritual de purificación de inicio de año, el que me permite despejar las cubiertas mentales.
Zafarrancho de combate: despejando las cubiertas mentales
El ritual de purificación de inicio de año es la señal que me envío para comenzar otra vez, adoptar una actitud de apertura y nuevo comienzo, a pesar de que todo a mi alrededor siga siendo externamente lo mismo: mismo trabajo, mismo entorno, mismos amigos, misma casa, mismas urgencias, mismas obligaciones.
Los comienzos de año o los comienzos de cualquier etapa y fin de la anterior pasan desapercibidos si no los marcamos mentalmente. Los eventos significativos han de ser señalados para la comunidad y para uno mismo.
zafarrancho.
(De zafar, desembarazar, y rancho).
1. m. Mar. Acción y efecto de desembarazar una parte de la embarcación, para dejarla dispuesta a determinada faena. Zafarrancho de combate, de limpieza.
En inglés, el término equivalente es más visual: “clear the decks”, literalmente «despejando las cubiertas del barco«. Significa lo que en español, pero se suele usar en sentido figurado: prepararse para una acción o trabajo eliminando previamente todo lo que obstaculice esa acción prevista.
Me imagino a un buque de guerra preparándose para el abordaje, retirando las sogas y cubos, arriando las velas, desempolvando los cañones y un torbellino de marineros y soldados dirigiéndose a sus puestos de combate mientras la bandera del barco pirata se distingue ya en la distancia.
Hay que eliminar todo lo que dificulte el libre movimiento de marineros y armas en la cubierta del barco.
Algo similar he hecho este año cuando planeaba el 2015. En vez de comenzar con un plan estratégico con sus correspondientes metas y objetivos intermedios, con una programación de actividades con hitos y entregables en cada uno de los meses y reencarnaciones, he preferido empezar soltando lastre.
Soltando lastre
El lastre que se interpone entre mi visión y mi situación actual, el que me entorpece el camino y ofusca mentalmente, es sobre todo informacional y adopta la forma de:
Proyectos en curso que han perdido energía y que se van asemejando cada semana que pasa a proyectos-zombies, todos saben que están muertos pero ellos siguen arrastrándose por el suelo de los días.
Tareas procrastinadas. Esas que aparecen día tras día en la lista de tareas diarias y semanales y que de todos modos me las arreglo para evitar.
Deudas pendientes de pago. Y que siguen pesando sobre mi conciencia. Tanto monetarias como no monetarias.
Compromisos asumidos verbalmente pero que no acabo de completar y que por tanto siguen pesando sobre mi conciencia, como UPAs (Unidades Permanentes de Atención en la memoria), a menudo en forma de sentimiento de culpabilidad o débiles racionalizaciones.
Un escritorio lleno de carpetas, archivos, y residuos digitales que me digo que algún día eliminaré, archivaré o incorporaré a algún proyecto.
Mi lista de favoritos en el navegador, que crece sin fin, y que sé que jamás podré explorar debidamente.
Una bandeja de entrada de correo que dista de ser mi bandeja de entrada viriginal ideal. En ella se acumulan decenas correos sin respuesta o ni siquiera inspeccionados y que aúllan lastimeramente cada vez que abro el gestor de correo.
Hojas sueltas con listas de tareas.
Facturas no pagadas o incluso ya vencidas.
Carpetas especiales con montones de artículos de blogs y listas de correo a los que estoy suscrito y en los que a duras penas puedo mantenerme al día.
Comentarios en el blog que todavía no he respondido, algunas con varias semanas de antigüedad.
Libros físicos que se agolpan en las estanterías y encimeras esperando el improbable turno de ser leídos.
Y un gran etc.
Cada uno de vosotros podría confeccionar su particular lista de material físico, digital y mental en las cubiertas de la memoria a corto plazo y en el espacio visual que entorpece los movimientos y la ejecución.
Mi lista de la compra inversa o lista de la descompra es esta:
Antes de pensar cómo orientar la siguiente reencarnación y el próximo año es conveniente ejecutar este ritual de purificación que elimine la multitud de asuntos pendientes.
Navegador limpio de favoritos y distracciones
–
Paz-
Arbol de la vida 2015
Escritorio
Los espacios en blanco libres de actividades, objetos, y compromisos son hermosos y liberadores. Una vez que tienes las cubiertas limpias y organizadas y has creado un espacio minimalista en el loft de tu mente, es mucho más fácil poner el contador a cero.
En el 2014 decidí instalar tres hábitos en mi vida:
El hábito de la atención plena
El hábito de la autorregulación y la perseverancia
El hábito de la salud
En el libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida, que puedes descargarte aquí(o recibir al suscribirte al blog), motivé, justifiqué y definí las líneas generales del plan que íbamos a seguir en el blog:
Un trimestre dedicado exclusivamente a la atención plena.
Uno para el entrenamiento de la autorregulación y la perseverancia.
Otro para la cultivar la salud desde un punto de vista minimalista.
Un trimestre final para consolidar y asimilar plenamente lo logrado en los meses anteriores.
Las herramientas del cambio han sido sencillas: prácticas o minimeditaciones para la atención plena, misiones para fortalecer la perseverancia y la autorregulación, y retos para promover la salud en sentido amplio en nuestras vidas: la física, la emocional y la mental.
Hay un sistema en toda nuestra locura
Los domingos proponía una práctica, misión o reto; hacíamos el trabajo durante la semana, e íbamos comentando en el blog nuestras dudas, impresiones y progresos; al final de la semana, revisábamos la práctica, destilando las lecciones aprendidas y sugiriendo mejoras. Así durante decenas de semanas todo el año.
Los comentarios que los habitólogos, gladiadores del cambio, jíbaros de sí mismos y demás cursillistas nos animaban a proseguir semana a semana y proporcionaban nuevos puntos de vista y técnicas para la mejora.
Desde un principio, quise convertir este proyecto personal en un proyecto abierto y colaborativo. Este ha sido el éxito mayor del blog en este año: enrolar en un proyecto ilusionante a cientos de personas que semana a semana, continua o espaciadamente, practicaban, comentaban y leían los avances de los compañeros de travesía.
Muchos decidieron comprometerse públicamente en todos o alguno de los cursos:
139 personas en el curso de atención plena
69 en el curso de perseverancia
17 en el de salud minimalista
En la parte final del año, en el mes de noviembre, convoqué un nuevo reto, el reto de los treinta días. 68 personas se apuntaron al reto y volvieron a comprometerse ante el resto de los habitolocos.
Este fue nuestro proyecto final de graduación del curso: cada uno de nosotros elegimos un hábito o experimento personal al que deberíamos dedicarnos durante treinta días: hacer flexiones para conseguir unas abdominales de lujo, lanzar un piropo diario, hablar con personas extrañas, eliminar o reducir el azúcar, comer con plena conciencia, evitar entrar a facebook, dedicar una hora diaria a aprender inglés, controlar la ira, y decenas de retos más que puedes leer en los enlaces al final del artículo.
La diversidad de desafíos, vivencias y comentarios fue también sorprendente; aunque solo unos pocos consideraron haber triunfado plenamente, todos los que participaron y mantuvieron encendida la llama de la intención los treinta días recogieron frutos en forma de nuevos hábitos y autoconocimiento.
Mis éxitos personales (Siempre Estar Celebrando)
He completado un proyecto que ha durado un año: Los tres hábitos que cambiarán tu vida. Nunca antes dediqué tanto tiempo, atención y energía a un proyecto personal voluntario que no dependiera de recompensas o castigos externos. Mis mejores ideas, como es habitual, son de otros: el crédito por la idea del libro corresponde a mi compañero de fatigas minimalistas Luis José, del blog Mínimo.
He redescubierto el poder del tres.
Mi puntuación inicial en el test de perseverancia al comienzo del año fue de 1,4. A 31 de diciembre, es de 2,4 sobre 5. Mi puntuación inicial en el test de atención plena fue de 37 puntos. Hoy es de 53 sobre 80. [Puedes volver a pasar ambos tests si quieres comprobar tu evolución: los tienes al final del artículo.]
He trabajado en este blog regular y sostenidamente; no, como era habitual en mí, a fuerza de impulsos, ganas y desganas. Coraje es hacer lo correcto sin importar cómo te sientas.
He escrito 150 artículos en este blog. A una media de 1200 palabras/artículo son unas 180.000 palabras, el equivalente a tres libros de 200 páginas.
Artículos publicados este año 2014
Estoy empezando a comer con conciencia, gracias a las prácticas del curso de atención plena y al reto de los treinta días. El libro de Robert Sánchez, Cómo dejar de comer compulsivamente ha sido una ayuda inestimable.
Siempre subo por escaleras. Es habitual que en el metro sea el único que usa las escaleras normales mientras que decenas de personas se apelotonen al inicio de las escaleras mecánicas. El artista conocido como Esto no es comida y su extraordinario artículo, Guía definitiva para subir una escalera, fue el detonante de este nuevo y sano hábito que espero mantener de por vida.
Traduje con mi protoamiga Elisa Erbali, de No quiero otro pijama, el último libro de Leo Babauta: La gran destreza (The One Skill). Puedes conseguirlo gratuitamente aquí.
He instalado una rutina de ejercicios siguiendo el curso de Luis Andés. Seguiré incorporando nuevos ejercicios en los próximos meses. Te agradezco todos tus buenos consejos y lo que nos has ayudado este año en el Curso de Salud Minimalista.
Ando una media de ocho kilómetros diarios.
He bajado siete kilos de peso, aumentado la flexibilidad y ganado masa muscular. Me he convertido en un mejor habitante de mi cuerpo (divertida ocurrencia, Nuria).
Un experimento de ayuno de 48 horas. Aprendí que muchos de nuestros límites son mentales.
Di mi primera charla sobre minimalismo existencial. Gracias especialmente a Álvaro, Manuel, Ángel, María Jesús y Juan Luis. En esa primera charla nombré a Diógenes de Sinope como el Santo Patrón del Minimalismo existencial.
He mejorado ostensiblemente mi capacidad de monitorizar mis procesos mentales. La atención plena o mindfulness es una tecnología mental en la que se basan muchas fortalezas del carácter. Es fundacional.
He introducido las minimeditaciones como parte integrante de mi rutina diaria.
Completé el Proyecto 52 comidas tras año y medio. He aumentado mi coeficiente de variación social. He mejorado mis habilidades de relación: mi magnetismo animal atrae o repele intensamente según la carga positiva o negativa de quien tengo delante.
Me siento más flexible mentalmente, con más capacidad para la invención. El Reto-práctica 100×100 (escribir cien listas de cien ideas), que está en sus inicios, me está ayudando a ser una máquina de generar ideas. Somos máquinas biológicas que se transcienden a través de la invención de futuros posibles. [Gracias Diana por escribir una lista con las cien listas que debería escribir.]
Tengo mucha más capacidad de detección de las microevitaciones y microaversiones gracias al Curso de Perseverancia en la segunda reencarnación.
Leí un libro de 500 páginas en un periodo de 25 días a razón de 20 páginas diarias. Su título: Los fundamentos de la libertad: este año los tres hábitos que hemos formado han sentado los fundamentos del tipo más importante de libertad: la libertad interior.
También he aprendido a tolerar la incomodidad y considerarla como normal y necesaria, no solo en los procesos de cambio, sino en la vida cotidiana. Creo haber desarrollado una actitud más serena y estoica ante la frustración y las dificultades.
He tenido ocasión de conocer a mucha gente y hacer amigos en persona y a través de Skype o email.
Mi amigo Entusiasmadoy yo hemos creado un podcast llamado Satori Time. del que llevamos doce episodios. Gracias Iván por tu trabajo y perseverancia.
He creado un audio de iniciación a la meditación: Curso de meditación 10×10 (diez minutos en diez días).
He adoptado una rutina de organización semanal extremadamente simple basada en listas diarias y revisiones semanales. He pasado de gestionar el tiempo a gestionar mi energía.
He iniciado un Diario de gratitud que actualizo periódicamente.
Como mecanismo de ritualización del descanso, la contemplación y el recogimiento he introducido definitivamente el Shabbat: se produce un apagón digital y de redes sociales entre el atardecer del viernes y la noche del sábado. Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado este año para seguir erigiendo mi palacio de tiempo. Una vez más, el poder del ritual.
Alejandro, de Argentina, me envió una foto de él y su familia felicitándome la navidad y agradeciéndome el curso. Me contó sus avances durante este año: que perdió seis kilos, que empezó a salir a pasear en bicicleta con su hija de nueve años (que pasaba demasiado tiempo delante de la computadora) y muchos otros pequeños-grandes éxitos que le han puesto en el camino hacia una mejor vida. Bravo.
Lecciones aprendidas (que a veces olvido)
Con un poco de ayuda de mis amigos. Los procesos de cambio personal son más rápidos y tienen más probabilidad de éxito si se hacen en comunidad, en compañía.
Personas cercanas. La mejor compañía para el cambio es la de personas cercanas a las que conozcas en la vida en tres dimensiones. Si puedes encontrar amigos que quieren cambiar y aprender contigo tendrás el 50% de la motivación y los recursos para el cambio.
Regla de las 4 efes: Encuentra a un amigo friki lejos de ti (Find a Fellow Freak Far away)
Amigos frikis lejos de ti. Si no tienes ese tipo de personas cercanas plenamente comprometidas o disponibles, o si quieres reforzar el compromiso, la mejor compañía es la de personas afines que resuenen en tu misma onda y que deseen caminar en la misma dirección. Este blog pretende convertirse en un nexo de unión. F.F.F.F.
En la variedad estoy más agusto. Mis amigos frikis este año han estado principalmente en Argentina, Chile, Uruguay, España, México, Colombia, Venezuela, Estados Unidos, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Bolivia, Francia, Bélgica, Reino Unido, Perú, Ecuador, Paraguay, Israel, Brasil, El Salvador, Cuba, República Dominicana, Panamá, Alemania, Italia, Suecia… Con este proyecto y este blog he encontrado decenas de personas con las que sintonizo de todas las edades y orígenes sociales. He tenido suerte de haber llegado a conoceros.
No hay atajos. La atención plena, la perseverancia y la salud son macrohábitos, conductas complejas formadas por un montón de pequeños hábitos que se generan a través de miles de acciones. Solo podemos construir un macrohábito con una visión clara de lo que pretendemos y con atención sostenida a lo largo de semanas y meses.
Obtienes lo que pones. El grado de éxito en un año de cursos es proporcional al tiempo, esfuerzo y atención que dedicas. No tanto en cantidad de horas diarias como en atención sostenida a lo largo de muchas semanas: unos pocos minutos todos los días durante meses son suficientes para generar cambios significativos.
Lo esencial está conectado: el hábito de estar plenamente presente apoyó el de autorregular las emociones y dirigir el comportamiento, y los dos anteriores permitieron asumir muchos de los retos del curso de salud minimalista. Todo lo anterior nos permitirá emprender proyectos futuros con mucha más fuerza y posibilidades de éxito.
Ninguna acción pequeña es espectacular en el corto plazo. En el largo plazo, la acumulación de pequeñas acciones en la dirección correcta modifica significativamente tu vida.
Lo importante es habitualmente conocido por todos. Es tan sencillo de enunciar (y a continuación olvidar) como difícil de poner en práctica. Mi amigo Antonio nos proporcionó una lista de quince consejos para llevar una buena vida en la revisión del Curso de salud minimalista.
En el amor y la guerra a y contra los buenos y malos hábitos todo está permitido: cuando no quiero comer la guarnición de patatas fritas, pero temo por mi capacidad de control, quemo las naves cubriéndolas de azúcar o pimienta negra.
El cambio verdadero es dolorosamente lento. Si quieres percibirlo plenamente has de pasar la película del año a cámara rápida en tu mente y entonces sorprenderte por lo que has avanzado.
Herman me recordó que cuando el aprendiz está preparado aparece el maestro. Usó este curso como un trampolín para un deseo de cambio profundo y un proceso que ya había empezado por su cuenta. Semana a semana, sin pausa y sin prisa se aplicaba a la misión, reto o práctica, y comentaba sistemáticamente en este blog y animaba a los demás con sus palabras y ejemplo: “Esta semana toca…”.
Mi amigo Tremendosky redefinió el sentido del libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida y me hizo ver que mediante los tres cursos lo que realmente estábamos formando era el hábito de construir hábitos.
Mientras entrenábamos el hábito de la atención plena, o el de perseverancia y autorregulación en el segundo trimestre , o el de ejercicio físico en el tercero, nos entrenamos en la capacidad de crear hábitos en general, no solo los tres elegidos en este año. Este es el hábito con mayúsculas que cambiará nuestras vidas.
Sobrestimamos lo que podemos hacer en una semana o un mes. Subestimamos lo que podemos hacer en un año.
Fin de partida
Este año ha sido para mí verdaderamente el año que ha cambiado mi vida. Todos los años te cambian, pero este mucho más que cualquier otro, y en una dirección netamente positiva. En Los tres hábitos que cambiarán tu vida conjeturé que estos tres hábitos (atención plena, perseverancia y salud) tenían el potencial para dar un giro a mi existencia. Lo que era una suposición al comienzo del año se ha convertido en una evidencia.
Muchos compañeros de travesía y participantes en los cursos han comentado en el blog y también en mi correo personal los avances que han experimentado durante estos meses y se han mostrado muy satisfechos y sorprendidos por el poder de los aparentemente pequeños cambios.
Los comentarios en el blog convirtieron el curso y el entrenamiento en algo vivo y sorpresivo. Aunque no voy a mencionar a las varias decenas de comentaristas, sí que lo haré con los más activos: Flames, Amparo, Luis Andés, Alejandro Paciotti, Jorge Korzan, Jordi, Herman, Gorka, Saramber, Anca Balaj, Tomelín, Frieden, Alberto Antonio de Tribuna Avalon, Entusiasmado, Mínimo Da Vinci, Tremendosky, Luis Vicente, Omar Carreño, Inma de Vidaenpositivo, Luis José Sánchez (alias Mínimo), Diana, Robert Sánchez, Mercè, nurnpm, Nuria, Carlos Miguel, Susana, Val, Inclusa, Cyn Aware, MariJota, Ana Liz, Santacenero, Eduardo Laporte, Marta, Rafael Sarmentero, Lucecita, Ángela, Carmenchumaría, Yolanda Merchante, Ara Magdaleno, Cereza, César, Roberto Trivinyo, Rafael Tejado, Vanessa, Ramón, makokikoki, Kate, José Antonio, Isabel, Gallego, Veronik LoGu, María, María de Suecia, Arte, Ester, Luca, Mabel, Melisa, Astrid B., Recuerdarespirar, Patricia, Lucía, María del Carmen González de Uruguay y …Anónimo (siempre muy activo leyendo y comentando).
Os agradezco a todos vuestra participación (activamente o en silencio), ánimos, comentarios y generosidad al compartir vuestras experiencias e ideas para la mejora personal.
Gracias por haber unido tu camino al mío este año. Nos encontraremos en la casilla de salida del 2015. Lo mejor está por llegar.
En inglés, “flinch” es el movimiento rápido y nervioso de la cara o el cuerpo como reacción instintiva ante un miedo o dolor.
En el mundo del boxeo, es un término de la jerga. Un boxeador antes de recibir un golpe puede echarse hacia atrás, dejar de proteger otras zonas del cuerpo y cerrar los ojos. Esa reacción le pone en un aprieto mayor, ya que le vuelve más vulnerable y permite que el contrincante explote las vías de ataque abiertas.
El flinch coloca al boxeador en una actitud más de evitar el dolor o el golpe inmediato que de mantener la guardia alta y seguir atacando. Los entrenadores son conscientes del flinch del novato y emplean métodos de entrenamiento para controlar el reflejo de cerrar los ojos y retroceder cuando van a recibir el golpe.
En los asuntos diarios, en el ring de la cotidianeidad, ante una situación de temor o incertidumbre nos enfocamos en evitar el previsible impacto y en escapar del peligro percibido. El flinch nos hace perder perspectiva y nos impide actuar inteligentemente.
Hace más de un año, en mi desafío de la ducha fría, tuve la ocasión de experimentar el flinch durante los 28 días en que me sometí al agua helada durante cinco minutos todas las mañanas.
El momento más difícil era el inicial, cuando estaba delante del chorro de agua fría, debatiéndome entre someterme al suplicio o no. Según pasaban los días, me lo pensaba menos, me lanzaba con mayor rapidez, aunque nunca dejé de experimentar la aversión y el deseo de salir de la ducha en los primeros minutos.
Poco a poco me fui acostumbrando y la incomodidad, que nunca dejó de existir, fue durando menos tiempo. Hoy en día ocasionalmente me ducho por las mañanas con agua fría o al menos acabo la ducha con ella.
Afrontar este desafío de la ducha fría como primer reto en la mañana me permite empezar el día con energía y con la satisfacción de vencer un obstáculo. Después de la ducha fría, me siento contento conmigo mismo y más propenso a tomar el toro por los cuernos, no retroceder ante las dificultades, hacer las cosas incómodas y seguir avanzando.
Por qué es capital superar el flinch
El flinch aparece en casi cualquier actividad difícil o incómoda en la que podamos pensar: un proyecto que llevo aplazando durante varios días porque sé que el comienzo será difícil y habrá partes que detesto; los diez primeros minutos de una carrera de una hora; tomar el teléfono para hacer esa llamada incómoda a un cliente que llevo postergando varios días; e incluso acciones mucho más pequeñas pero que demoramos porque en ese momento no nos apetece: por ejemplo, cuando no recojo la mesa después de comer y decido dejarlo para después de la siesta.
Hay muchas cosas valiosas que no hacemos simplemente porque no somos capaces de vencer el flinch. El artículo de Leo Babauta (traducido por mí al español)Por qué la incomodidad puede estar arruinando tu vida describe muy bien las consecuencias de no afrontar las actividades difíciles:
Piensa en los problemas más importantes de tu vida –desde la ansiedad hasta la falta de ejercicio regular, una mala alimentación, la procrastinación y otros–.
Casi cualquiera de estos problemas es causado por el miedo a la incomodidad.
La incomodidad no es dolor intenso, es solo la emoción que tienes cuando sales de tu zona cómoda. Para mucha gente comer verduras es causa de incomodidad. También el sentarse para meditar o sentarse con una tarea difícil delante de uno o decir No a otros o hacer ejercicio. (Por supuesto, distintas personas se sienten incómodas con cosas diferentes, pero ya sabes por donde voy.)
Y a la mayoría de la gente no le gusta la incomodidad. Escapan de ella. No es divertido, ¿así que para qué hacerlo?
En La zona de incomodidad: cómo dominar el universo, Babauta, resalta lo crucial de vencer el miedo a la incomodidad y llega a considerar esta habilidad como la más importante para el cambio personal. Es el superpoder por excelencia.
Babauta nos recomienda no solo que toleremos la inevitable incomodidad inicial, sino que aprendamos a sentirnos bien con ella:
De todas las habilidades que he aprendido en los últimos siete años de cambios en mi vida, hay una que sobresale:
Aprender a sentirme confortable con la incomodidad.
Si aprendes esta habilidad, puedes dominar casi cualquier cosa. Puedes vencer a la procrastinación, empezar a hacer ejercicio, mantener una dieta más saludable, aprender un nuevo idioma, afrontar los desafíos y situaciones físicamente exigentes, explorar nuevas cosas, hablar delante del público, dejar a un lado todo lo que sabes y convertirte en un minimalista.
Entrenamiento para el flinch
En el proyecto Los tres hábitos que cambiarán tu vida durante el 2014 he tocado también el tema de las evitaciones y el flinch:
En el Curso de Atención Plena en la primera reencarnación, dedicamos una semana entera a detectar los sentimientos de disgusto y aversión, incluyendo los flinch.
En el Curso de Perseverancia, dimos un paso más allá con la práctica Micro-evitaciones: el diablo está en los detalles:
Te concentrarás en detectar microaversiones, y el impulso de evitar tareas. Una vez que las detectes, harás aquello que te molesta, incomoda o te genera un cierto temor.
Todo el fenómeno de la procrastinación puede superarse si nos acostumbramos a hacer lo que tenemos que hacer, nos guste o no, en el momento en que hay que hacerlo.
Gracias a estas dos prácticas, ahora soy capaz de reconocer el flinch en muchas otras ocasiones:
cuando me siento delante de la pantalla para escribir el artículo del blog del día y siento la desgana de ponerme a escribir (¡el flinch!);
cuando estoy durmiendo plácidamente y suena el despertador y en vez de levantarme inmediatamente me digo que estaría bien quedarse un poco más (¡el flinch!);
cuando estoy en un bar de copas, veo una chica atractiva y siento deseos de conocerla, hago ademán de acercarme pero enseguida siento una punzada en el estómago y me paralizo (¡el flinch!);
cuando en una conferencia siento curiosidad por un tema que el ponente no ha aclarado, y cuando voy a preguntar siento el miedo escénico al anticipar la atención del público en mi persona y el probable temblor en mi voz (¡el flinch!).
Ya tienes un nombre para esa reacción tan natural como potencialmente peligrosa: el flinch. Todos la tenemos, hasta los boxeadores más veteranos, hasta los gladiadores del cambio y habitólogos más aguerridos. Lo que marca la diferencia no está en que sientas miedo o no, en que tengas el impulso de retroceder o no; lo que te hará diferente es cómo manejas el impulso: ¿mantendrás los ojos abiertos, soportarás la incomodidad, mirarás directamente al monstruo y serás el último en pestañear ?
Sin tener en cuenta mi grado de cumplimiento, esto ya es un éxito: he mantenido en mente durante treinta días una decisión de cambio en una pequeña parcela de la vida (comer con atención plena sin televisión, radio u ordenador), y, día a día, he avanzado, más o menos torpemente, hacia mi determinación.
El grado de cumplimiento ha sido de un 83%. La cifra solo es una aproximación útil para valorar los resultados del experimento, daría lo mismo que fuera 89% que 82%, no busco la precisión, sino la orientación:
Menos de un 60% o 70%, por ejemplo, me obligaría a replantearme las condiciones del hábito o su viabilidad y ajustar en consecuencia.
Menos de un 40% hubiera indicado un flojo compromiso inicial o una sobreestimación de las capacidades actuales.
Un 98% o un 100% indicaría que puse la barra a un nivel muy bajo o que el reto se refería a una actividad que domino o un hábito plenamente instalado en mi rutina diaria.
Los primeros días me costó mucho, incluso empezaba a comer con la pantalla de ordenador delante y ponía algún podcast mientras dejaba abierta la ventana del twitter. Me daba cuenta ya pasados varios minutos de haber empezado a comer. En alguna cena o comida fui más lejos y decidí hacer alguna excepción. Es tan fácil convencerse de que las excepciones son excepciones y que no son parte de una pendiente resbaladiza que te conduce al abandono de la determinación inicial.
He constatado que me cuesta mucho reducir el flujo de información: siempre tengo que estar leyendo un libro, escuchando un podcast, consultando la línea de twitter, respondiendo comentarios en el blog; en pocas palabras, optimizando el tiempo, evitando los espacios vacíos o los “minutos de la basura” (tiempos muertos).
Según pasaban los días fue haciéndose más fácil y empecé a disfrutar de la experiencia. Como consecuencia, he apreciado durante este mes una mayor calma y menos reactividad o irritabilidad. Puede ser temporal y fruto del efecto placebo, pero la he sentido.
Descubrí durante estos treinta días que en comidas con amigos y familiares mi nivel de tensión interna aumenta y tiendo a comer más de la cuenta.
He decidido mantener el hábito de comer conscientemente sin interferencias digitales. En las comidas en compañía haré un esfuerzo deliberado por saborear la comida.
Cómo evaluar el reto de los treinta días
De los retos, como de los experimentos existenciales, aprendemos más cuando no transcurren según lo esperado. Si consideras que has “fracasado” en el reto de los treinta días, te pido que pongas en suspenso esa evaluación blanco-negro y antes respondas a las siguientes preguntas.
1º ¿Has mantenido la determinación durante treinta días o has abandonado antes, a los cinco, diez o quince días?
¡Ojo! No te pregunto si has cumplido el reto al 100% todos los días o solo el 80% o el 40%. Lo que te pregunto es si has mantenido el compromiso con el reto durante treinta días, incluso aunque fueras incapaz de cumplirlo varios días seguidos .
Si has mantenido la determinación treinta días, para mí es ya un gran éxito. Has hecho honor a tu intención original.
Si no, pregúntate por qué decidiste abandonarlo antes de acabar. ¿No merecía la pena, simplemente perdiste fuelle o quizá circunstancias imprevisibles familiares o laborales se interpusieron?
2º ¿En términos generales, cuál ha sido tu grado de cumplimiento en una escala de 1 a 5 (5 el máximo)?
Basta con que hagas un repaso mental o quizá consultes tus estadísticas o notas, si es que llevabas un sistema de registro (muy recomendable).
3º Lecciones aprendidas:
¿Qué has aprendido sobre el reto y sobre ti mismo? ¿Qué has aprendido sobre el funcionamiento del mundo externo gracias a tu experimento? ¿Subestimaste la dificultad del reto? ¿Sobrevaloraste tu capacidad?¿Qué ha sido lo más valioso del reto? ¿Qué harías distinto si volvieras a empezar?
Solo por extraer lecciones de tu experiencia con el reto, con independencia de los resultados, ya conviertes el reto de los treinta días en un éxito.
4º Más allá de este reto:
Si el reto se refería a un hábito, ¿vas a mantenerlo en los meses siguientes? ¿Es sostenible y conveniente? ¿Vas a hacer alguna modificación?
Si el reto no se refería a un hábito, ¿qué consecuencias tiene el experimento? ¿Vas a hacer alguno parecido en el futuro? ¿Cómo modificarás tus comportamiento a la luz de lo aprendido? ¿Qué nuevos proyectos o cambios sugieren los resultados del reto?
Algunas ideas generales sobre retos, experimentos personales y hábitos
¡Aaah, pero qué facil, me apunto! —dijo saramber, justo antes de palmarla—.
Sobrevaloramos nuestra capacidad de autorregulación cuando se trata de tareas nuevas. En los comentarios tendréis que revisar vuestros particulares retos e informarnos sobre si lo habéis completado o no y vuestro grado de cumplimiento. Empezamos más de 66 gladiadores del cambio, ¿cuántos habremos acabado?
Sufrimos un sesgo de optimismo y la falacia de la planificación al subestimar los riesgos, dificultades y costes futuros y sobrevalorar los beneficios. Eso conspira contra la constancia y favorece el rápido abandono.
Sobre el papel, todo es más fácil. No nos faltan capacidades de planificación, pero sí de ejecución.
Creemos que todo es “cuestión de voluntad” y que la técnica o las habilidades autorregulatorias son redundantes si uno “quiere realmente algo”.
El concepto de voluntad como facultad monolítica que se tiene o no se tiene en un determinado momento para una determinada tarea no es operativo: es como la X que resuelve todas las ecuaciones del comportamiento y explica por qué hago o no hago las cosas.
Es más razonable concebir la voluntad como un conjunto de habilidades de autorregulación que se pueden aprender y entrenar. La voluntad es la gestión inteligente de los motivos: la habilidad para promover o inhibir los motivos estratégicamente y orientar nuestra conducta en función de lo que creamos más importante en cada momento.
Este reto de los treinta días ha sido un entrenamiento en habitología y autorregulación.
Los mejores planes de ratones y hombres
a menudo se frustran
y no nos dejan más que sufrimiento y dolor
por el gozo prometido.
—Robert Burns. Poeta escocés.
Siempre hay condiciones externas que conspiran contra las mejores intenciones de ratones y hombres. Es imposible prever si vas a tener una urgencia familiar, una demanda laboral extraordinaria e incluso si tu salud va estar más delicada durante el reto.
Además, los estados de ánimo son muy cambiantes. Por eso, es conveniente pecar de conservador, empezar con objetivos moderados, mejorar incrementalmente siguiendo el principio del Kaizen y construir sólidos cimientos.
Tu turno
En los comentarios, te animo a que hagas una revisión final de tu reto y me digas qué has aprendido.
Para los que perseveraron durante treinta días, aunque el grado de cumplimiento sea bajo ( ¡hay que premiar el esfuerzo!) hay una sesión de revisión voluntaria con Homo Minimus en grupos de dos-tres personas a través de Skype o talky (plataforma anónima alternativa a Skype). Si te apetece una revisión conmigo y algunos compañeros de reto, no tienes más que escribirme a homominimus@hotmail.com o decirlo en los comentarios. Si eres del otro lado del charco, estoy dispuesto a madrugar para adaptarme a tus horarios.
– 1. Hola, me llamo Minimus, Homo Minimus. 2. Hola, soy X. Hoy es tu noche de suerte. 3. Buenas noches, señorita, estaba sentado en esa silla y cuando le he visto entrar me he fijado inmediatamente en usted. 4. ¿Te conozco de algo? 5. Tomas los cubitos de hielo de tu bebida, te acercas a la chica, tiras los cubitos al suelo y los aplastas con tu zapato. La chica se queda sorprendida. Dices: “solo quería romper el hielo”.
6. Pasas a su lado en dirección a la salida del bar, giras la cabeza, y dices: “No puedo quedarme, porque me esperan mis amigos, pero me gustaría hacerte una pregunta rápida.” 7. Hola, tu cara me suena. 8. Hola. 9. Tu cara me suena, ¿eres la hermana de Y? 10. —Hola, una pregunta rápida: ¿tú sabes cuánto pesa un oso polar?…—¿600 kg.? —¡No!, menos, pesa lo suficiente para romper el hielo. 11. Buenas noches, estamos haciendo una encuesta sobre gente que acude a bares a emborracharse y he considerado que tú eres uno de ellos. 12. ¿Mucha gente por aquí, eh? 13. Hola, qué tal. ¿Vienes mucho por aquí? 14. Bonitas uñas, ¿son tuyas?
15. —¿Has visto a Pepe? …—¿Quién es Pepe? –Pepe es un amigo mío muy divertido…tengo una historia muy simpática sobre él… (etc.) 16. Hola, estoy haciendo una encuesta: ¿quiénes mienten más, los hombres o las mujeres? 17. Hola, vaya, qué ojos tan bonitos tienes… ¿puedo tocarlos? 18. He estado haciendo un dibujo de ti y me gustaría enseñártelo. 19. ¿Estás esperando a alguien? 20. ¿Me estabas esperando? 21. Creo que te conocí en la otra vida, pero lo nuestro no funcionó. 22. ¿Bailamos? 23. ¿Bailas? 24. ¡¡Bailemos!! 25. Hola, ¿crees en el amor a primera vista? … ¿Y a segunda? … Ok, no te preocupes, yo soy como la tónica, necesitas probarme muchas veces. 26. Soy nuevo en la ciudad, ¿qué sitios están bien para tomar una cerveza? 27. Se sienta alguien a tu lado en el tren o el autobús y dices “Hola”. 28. Estás en la parada de autobús: ¿llevas mucho tiempo esperando?
29. Estás en el ascensor: ¡vaya día de calor! 30. Me gusta tu camiseta, es muy original. 31. La miras con ojos intensos. La señalas con el dedo, como diciendo (pero sin decir), “Tú…Tú…”; te mira con cara rara. Improvisas. 32. Lleva una camiseta de un equipo de fútbol y dices: “Este año ganamos la liga”. 33. “A veces me ocurre….” 34. Te acercas y le hablas como si la conocieras de toda la vida. 35. Te acercas y haces un comentario sobre algún elemento de la decoración. 36. Te acercas y sonríes. 37. Observas a tu alrededor y buscas una chica que no esté hablando. Te acercas y… 38. Vas a un grupo de chicas y anuncias con un tono serio y ridículamente formal: “Buenas noches, señoritas. Pausa. Una de vosotras ha ganado un premio para participar en una rifa cuyo resultado es una opción para hacer un viaje al Caribe.” Improvisas. 39. Ves a un grupo de chicas por la calle, te echas a correr, pasas a su altura, las sobrepasas dos o tres metros, reduces el ritmo y sigues haciendo el gesto de correr pero manteniendo la distancia, miras hacia atrás, y dices: “El ejercicio es el espejo del alma…” Sonríes y aceleras perdiéndote en el horizonte. [Variación de anécdota de Juan Nuñez, del blogAprendizaje y vida]
40. Romper el hielo con una camarera con la que quieres flirtear al final de la comida: “Todos los postres parecen muy sabrosos. Siempre lo paso mal decidiendo… Estoy dudando entre el mousse de mango y la tarta de tres chocolates. ¿Cuál te pedirías tú?”. La camarera duda… y dice: “A mí me encanta el mousse de mango”. Tú respondes con una sonrisa: “Excelente…gracias por la recomendación… pues ponme la tarta de tres chocolates”. [Aquí suelen ocurrir dos cosas: 5% de las veces la camarera se lo toma a mal, siente que te estás riendo de ella. 95% de las veces se echa a reír. ] 41. Te acercas a una chica con aire modernillo y gafas de pasta en una fiesta. Te pones a su lado de costado y dices en tono hipster-intelectual: “La gente siempre intenta ser quien no es, hay tanto rapto emocional… pero tú eres distinta, creo que tras tu hermosa fachada hay un fondo de autenticidad que me gustaría llegar a conocer…” 42. Hola, ¿tú eres de la opinión de que hay que besar a muchos sapos antes de encontrar a tu príncipe azul?
43. En un centro comercial. Hola, estoy intentando comprar un regalo para mi hermana y necesito una opinión femenina. ¿Crees que este pañuelo (o bolso, blusa, etc.) es apropiado para ella? Ella tiene X años, tiene gustos Y y se viste de forma Z. 44. Hola, soy un grafólogo en prácticas. Me pregunto si querrías conocer algunos rasgos de tu personalidad a través de la escritura. 45. “Hola, estoy haciendo un trabajo de campo para mi tesis sobre agudeza en percepción de situaciones sociales. ¿Querrías participar?” No esperas respuesta e inmediatamente añades: “¿Ves a esa pareja? Qué tipo de relación crees que hay entre ellos… los observamos treinta segundos, primero te digo yo mi opinión y luego me das la tuya para ver si coinciden”
46. “Hola, me pareces una mujer atractiva y quiero tener la oportunidad de llegarte a conocer mejor”. 47. “Sabes, esto no va a funcionar…”. Improvisas. 48. Estás en el metro. ¿Cuál es la próxima parada? 49. Estás en el metro. “Necesito ir a Z. ¿Qué líneas debería tomar?” 50. En la cola de un cine. “¿Qué película vas a ver?” 51. “Mucho calor para esta época del año…” 52. Tren. “Creo que el tren va con retraso”. 53. “¿Me das fuego?” 54. “¿Me das un cigarro?” 55. “¿Has visto alguna vez a un bombero rescatar a un gato?” 56. “¿Se te ha caído este papel?” 57. Ves que está despistada, como buscando una calle. “Hola, ¿puedo ayudarte?” 58. Camino de Santiago. “¡Buen camino!” 59. Camino de Santiago. Cualquier cosa que digas está bien. 60. Escuchas un acento distinto al del lugar. “¿De dónde eres? Déjame adivinarlo… ¿De H?” 61. ¿Siempre vistes de rojo? 62. ¿Siempre vistes de negro? 63. ¿Siempre vistes de fucsia? 64. Me encantan tus zapatos. 65. Me encantan tus uñas. 66. En un Starbucks. ¿Cuál es la clave para el baño? 67. En un Starbucks. ¿Cómo te conectas al wifi? 68. En un Starbucks. ¿Qué bebes?
69. En un pub. No sé mucho de cervezas ¿Qué tipo de cerveza me recomendarías? 70. A una dependienta. “Debes estar deseando salir del trabajo… muchas horas supongo”. 71. Disculpa, ¿tienes hora? 72. ¿Me puedes decir la hora? 73. ¿Algún buen restaurante para comer por aquí? 74. En un centro comercial. Hola, ¿Sabes si hay cines de versión original en esta ciudad? 75. Unos tacones superelegantes… ¿No sientes vértigo?… Yo ya lo estoy sintiendo al verte.
76. Una mujer en la otra mesa sola. Te acercas. “Hola, te he visto ahí y me he dado cuenta de que eres mejor que en las fotos que mi imaginación sacaba de ti.” 77. En un karaoke. Buscas una canción romántica y mientras cantas la miras especialmente a ella. Te acercas mientras sigues cantando. Le acercas el micrófono para que cante contigo.
78. En un bar con música. Tarareas la canción que está sonando mientras sostienes un micrófono invisible. Te vas acercando a la chica y le ofreces que cante contigo acercando el micrófono. Luego te arrimas y cantáis los dos. 79. En la barra de un bar. “Te he visto ya dos veces acercarte a la barra. Creo que deberías decirme tu secreto…” 80. Hola, deberías contarme tu secreto. 81. Hola, te voy a contar un secreto. 82. Hola, ¿qué crees que es lo mejor que puedes hacer para entablar conversación con una persona «bastante» [para que no se lo crea demasiado] atractiva a la que quieres conocer? 83. Hola, tengo un amigo que no sabe cómo acercarse a misteriosas desconocidas. ¿Qué consejo le darías para entablar una conversación?
84. “Hay dos cosas que me gustan de ti…”. Improvisas. 85. “Hay una cosa al menos que me gusta de ti…”. Improvisas. [Técnica de tirarte a la piscina para ver qué pasa] 86. “Hay tres cosas que me gustan de ti…” [Para desarrollar el pensamiento rápido] 87. “Hola, qué pena que tengas novio… porque me encantaría hablar contigo un rato…” “Pero si no tengo novio…” “Estupendo” 88. “Hola, si me invitas a una cerveza te invito a un viaje al Caribe” 89. Me encanta la música de este local. 90. Me gustan las chicas ocurrentes como tú. 91. Me gustan las chicas reservadas como tú. 92. “Dime, ¿qué es lo que más que te gusta de mí?”, “No sé, no te conozco de nada”. Ignoras el comentario y prosigues: “Lo que más me gusta de ti es H… por la razón I y porque me haces sentir como J…” 93. En un tren o en el metro, donde la presa no puede escapar: ¿Qué lees? 94. Cualquier comentario del entorno: “Qué muebles tan antiguos…” 95. En una boda: “Señorita, me convertiría en el hombre más afortunado del mundo si me concediera el próximo baile”. Lo dices de forma ridículamente formal con una ampliasonrisa. 96. En una boda: “¿Quieres que te recoja el ramo cuando lo lance la novia?”
97. En la playa: “¿Quieres que te administre el bronceador? “ 98. A una controladora aérea: “María de las Virtudes, ¡contrólame!” 99. A una azafata de feria: “Me pasaría el día entrando y saliendo de tu stand si supiera que te ibas a tomar un café conmigo cuando todo esto acabe”. 100. Hola, por curiosidad, ¿cómo ha acabado el índice Euro Stoxx 50 esta mañana?
Si sientes curiosidad por la eficacia con el bello sexo de las cien maniobras de aproximación, Dianadescribe en los comentarios cuáles serían las reacciones probables de una fémina ante cada una de ellas.
El minimalismo existencial de Homo Minimus y de otros minimalistas ha sido caracterizado como “minimalismo robótico” por las siguientes razones:
Por los principios en los que se basa: ley de Pareto, estrategia de solución de problemas satisfaciente (en oposición a una optimizadora) , consciencia del coste de oportunidad, principio del Kaizen o de gradualidad, mentalidad de crecimiento, ley de Sturgeon (el 90% de todo es basura), mentalidad experimental. simplicidad y complejidad por capas.
Por sus herramientas: poda minimalista, experimentos, misiones, prácticas, retos, desafíos, listas diarias y semanales, cinco grandes rocas, TMIs, técnica pomodoro.
Androide con depresión
Por su profusión de reglas: regla de los siete días, regla de los dos minutos, regla del Hara Hachi bu, regla de la bandeja de correo virginal y varias decenas más.
Por su carácter intencionado y deliberado: estrategia, arquitectura existencial, planes, sistemas de control, rituales, liturgias, formación de hábitos.
Cómo lo justifico
Los principios son preferibles a las recetas. Son matrices a partir de las cuales diseñamos cursos de acción. Son “heurísticos” (reglas simples y eficaces, pero no infalibles) que nos ayudan a tomar decisiones en las encrucijadas vitales; orientan la acción, no son algoritmos.
Las herramientas son opciones, no prescripciones.
Mindful cyborg
Las reglas han de ser siempre personalizadas. Proporciono ejemplos, no camisas de fuerza. Son también heurísticos, aunque más específicos que los principios; son fruto de mi experiencia, han surgido evolutivamente. Has de adaptar mis ejemplos, o, mejor, crear tus propias reglas.
Los hábitos y su formalización en rituales son el fundamento del cambio personal. El programa de un año Los tres hábitos que cambiarán tu vida tiene como propósito convertirte en un habitólogo. Los hábitos asumidos conscientemente son la forma que tenemos de elegirnos.
Los rituales y sistemas de control también tienes que diseñarlos tú. Yo no doy consejos como si administrara píldoras o algún otro tipo de medicación. Inspiro, no prescribo.
En cuanto a las estrategia, ciertamente, hay estrategia; mucha estrategia. Pero NO SOLO en el sentido en el que se entiende habitualmente: como plan deliberado y con un sistema de objetivos en cascada; mi concepto de estrategia incluye además de los planes deliberados, las estrategias emergentes, el descubrimiento de posiciones competitivas favorables y las visiones (más o menos borrosas) de resultados deseados.
Una síntesis
La vida es una obra de arte
Somos artistas y artesanos
Los artistas imaginan futuros posibles que quieren traer a la existencia
Los artesanos tienen muchas herramientas y las emplean con un propósito
La conciencia es el principio de la liberación
La inspiración es necesaria pero no suficiente
Necesitamos inspiracCión: la acción es la esencia del cambio
La voluntad es la gestión inteligente de los motivos
Los hábitos y rituales son la manera de hacer honor a las intenciones
Esta mañana propuse al Genio, Rafael Sarmentero, reunirnos con un amigo mío, que quería conocerle, para charlar y tomar una infusión. Se excusó diciendo que había sido “demasiado condescendiente con el Shabbat el fin de semana y tenía una cierta acumulación”, lo que traducido a nuestra lengua significa que no estaba para eventos sociales después de un fin de semana socialmente agitado.
Esto me ha hecho pensar que los genios lo son no solo por su talento y su capacidad de decir NO (requisito imprescindible para priorizar, posteriorizar y nuncanizar), también por la habilidad de sintonizar con sus recursos en cada momento, su nivel de energía, su capacidad para determinadas actividades.
En elTao de la productividad, el matemático Terence Tao nos mostraba cómo la capacidad de gestión de la energía es la clave del trabajo creativo. La forma que tenemos de detectar nuestro nivel y calidad de energía es a través de las emociones: ¿cómo me estoy sintiendo en este momento? ¿Tengo baja o alta energía? ¿Es una energía en calma o energía en tensión? Estas son las variables básicas: nivel de energía y calidad de esa energía.
Hay preguntas más de detalle: ¿mi energía es expansiva (y por lo tanto puedo tolerar/necesitar interacción con seres humanos) o es más introspectiva (y prefiero explorar mis ideas en soledad)? ¿Tengo un ánimo explorador y quiero/necesito novedades, o, por el contrario, prefiero explotar lo que ya sé y ya tengo, y construir a partir de ello?
Un experto no necesita hacerse explícitamente estas preguntas, se limita a percibir la longitud de onda en la que está emitiendo su cuerpo y espíritu, y usa esa información para decidir su próxima acción.
¿Estoy haciendo lo correcto?
Normalmente, empiezo a escribir un artículo siguiendo la técnica de la escritura libre usando el programa Write Or Die: doy el pistoletazo de salida y me lanzo a escribir sin interrupción quinientas, mil o dos mil palabras. Me da lo mismo el estado de ánimo de partida. No me permito parar y sigo y sigo hasta tener un texto con una longitud mínima estipulada previamente, un prototipo o versión 1.0 del artículo.
Hay mucho de frenesí en la escritura libre. Cuando después de media hora o una hora paro, estoy extenuado, a semejanza de un corredor de mil quinientos metros después del sprint final. Detrás queda un chorro de palabras de calidad variable.
Me pregunto si estoy haciendo lo correcto. ¿Cuál debería ser el nivel de activación y la calidad de mi energía cuando empiezo a escribir? ¿No estará la cuerda demasiado tensa? ¿O acaso demasiado floja? ¿Está afinado el violín para la ejecución de la pieza?
Cada tarea tiene un nivel óptimo de energía: si quieres conciliar el sueño, necesitas energía baja y en calma; si vas interpretar un papel en una obra de teatro o jugar un partido de fútbol, necesitarás alta energía y una cierta tensión; y si tienes que escribir código, generar ideas originales o elaborar un informe, la mejor energía será intensa pero en calma; por el contrario, si te apetece sentirte deprimido, lo mejor será que adoptes una combinación de baja energía y excitación ansiosa.
Adaptar el ritmo del espíritu al ritmo de las cosas
Hoy he querido empezar el artículo en un marco mental distinto, sin metas de palabras y sin aceleramientos. He decidido escribir tranquilamente, dejando que las ideas llegaran a mí sin forzar ni elevar la presión interior. He intentado generar un estado mental más relajado, menos efervescente de lo habitual. He asumido una actitud deliberadamente lenta, casi caribeña, ralentizando los movimientos de los dedos sobre el teclado y tolerando las pausas. Ha sido como afinar el instrumento Hombre antes de la ejecución de una pieza existencial.
Después de este precalentamiento espiritual, me he sentido más fluido y activo, pero a la vez sereno, y he entrado en algo parecido al estado de flujo: inmerso en la actividad, sin distinción entre el yo y el objeto de mi esfuerzo.
Pasados tres pomodoros, he dejado de escribir, no me he sentido extenuado, sino satisfecho, al igual que un solista que termina su actuación, apoya el violín sobre sus piernas, relaja el cuerpo, mira al público, recibe el aplauso, asiente con la cabeza y esboza una sonrisa.
De la misma forma que un ritual de escritor, un ritual de meditación practicado todas las mañanas o un desayuno en soledad pueden generar un clima mental y emocional propicio: sería como dar el tono para interpretar la pieza musical del día en las mejores condiciones posibles. El modo en que pases la primera hora determina la calidad de la energía durante el resto de la jornada.
Nuestra cultura es cada vez más una cultura de la satisfacción instantánea. Lo queremos todo y lo queremos ya. Si no lo tenemos nos frustramos. Por eso buscamos las soluciones rápidas.
Todas las lenguas tienen alguna expresión para esta compulsión: “cura con tiritas” es una expresión inglesa; los finlandeses dicen “arreglar un pinchazo de rueda con chicle”; los franceses, “solución de fortuna”; en español, podríamos decir “llena pero no alimenta”, como la comida de los establecimientos de comida rápida, o «poner parches»; los coreanos tienen la vívida expresión “orinar sobre piernas congeladas”.
Esta última frase recoge muy bien el espíritu de las soluciones rápidas a problemas complejos: el calor del líquido proporciona alivio casi instantáneo a la fría pierna, pero cuando se seca y solidifica sobre la extremidad antes congelada, solo deja hedor y profunda incomodidad.
La mayoría de los blogs de desarrollo personal —incluido este— proporcionan soluciones simples para cualquier problema que tengas. De hecho, creo que el auge de los blogs tiene mucho que ver con la intolerancia para la lectura lenta, la complejidad y el pensamiento reflexivo. Sospecho que cada vez que escribo artículos de más de mil palabras pierdo el ochenta por ciento de los lectores. No quiero pensar qué pasa cuando escribo artículos de cuatro mil o seis mil.
Tenemos hambre de grafiticación inmediata, necesitamos ilusión de cambio y recetas indoloras. Los blogs de gente como yo —que da consejos a diestro y siniestro, perora sobre lo divino y lo humano, y te muestra el camino— son legión.
Todo es fácil, claro, sencillo: “Las diez cualidades de las personas de éxito”, “El minimalismo existencial en cien frases”, “La semana laboral de cuatro horas”, “Los siete pasos para la riqueza”, “Veinte mantras para encender la tenacidad y la perseverancia”, “Las cinco claves de la felicidad”, “El cuerpo de cuatro horas”, “Los tres hábitos que cambiarán tu vida”, «Diez consejos para alcanzar la calma.»
Lectura rápida (mil palabras por minuto), aprender meditación en un retiro de fin de semana (felicidad rápida), envíos rápidos, aprendizaje rápido, programación neuro-lingüística (cambio rápido), soluciones gubernamentales (rápidas), aprender alemán en 7 días, perder tres kilos en tres semanas, citas rápidas (siete personas en veintiún minutos), conviértete en un programador web en ocho semanas, abdominales en quince días (la revista Men’s Health antes del verano), préstamos concedidos en veinticuatro horas, consumo a la velocidad del capricho, comunicaciones instantáneas (electricidad para el afecto), tarjetas de crédito (cocaína para el deseo de tener), charlas TED (anfetaminas para el espíritu).
El sector sanitario está más enfocado en la búsqueda del alivio inmediato que en la salud en sentido amplio: siempre es más fácil tomarse unas pastillas que cambiar el estilo de vida. El marketing y la publicidad sostienen modelos de negocio que se basan en azuzar el deseo, provocar insatisfacción con lo que ya tenemos y generar un nuevo deseo; así en una cadena interminable. El sector de la moda es una cadena de compra, satisfacción momentánea, búsqueda ansiosa de la novedad y más compras repetidas hasta el infinito.
¿Qué es facebook o twitter más que una solución rápida, barata y profundamente insatisfactoria al problema de la soledad y el deseo de conexión con otros seres humanos?
¿Cómo conseguir que nuestros días sean más intensos, relajados, espontáneos, punzantes, alegres? ¿Cómo escapar de la carrera de la rata? ¿Cómo dejar de ser el hámster que gira en la noria de juguete? ¿Cómo recuperar la confianza sin aferrarnos a nada? ¿Cómo renunciar a querer controlarlo todo? ¿Cómo aumentar el ratio de tiempo subjetivo por metro cuadrado de tiempo cronológico?
Disintegration of Persistence en wikipedia
¿Cómo mejorar las decisiones permitiendo que la modalidad difusa del pensamiento pueda intervenir? ¿Cómo dejar de pre-ocuparse y vivir más en el momento? ¿Cómo comparar menos este instante con otros instantes? ¿Cómo ser menos reactivo? ¿Cómo identificarnos menos con las emociones, los pensamientos, las sensaciones? ¿Cómo dejar de estar en otro lugar y en otro país?
¿Cómo considerar la vida emocional como una suerte de mensajería instantánea? ¿Cómo reducir la presión? ¿Cómo ser conscientes de la vida mientras está pasando? ¿Cómo recobrar la calma sin caer en el quietismo? ¿Cómo afinar el instrumento hombre a lo largo del día (no solo en las mañanas en las sesiones de meditación formal)? ¿Cómo estar más en paz con los semejantes y uno mismo? ¿Cómo dejar de apretar los dientes (bruxismo) y fruncir el ceño?
¿Cómo ser más conscientes de las emociones? ¿Cómo ser más conscientes de los sabores? ¿Cómo no perderse los matices e insinuaciones en las conversaciones? ¿Cómo convertirse en un ninja de la comunicación no verbal? ¿Cómo estar menos dentro de la cabeza y más en contacto con el mundo? ¿Cómo implantar el paradigma del velocista? ¿Cómo pensar menos y hacer más? ¿Cómo hacer menos pero mejor? ¿Cómo convertir el pensamiento enfocado en una carga de caballería que solo se lanza en el momento preciso y con caballos frescos?
¿Cómo adoptar una actitud contemplativa? ¿Cómo hacer más conexiones inesperadas y eficaces? ¿Cómo invocar al espíritu de la escalera? ¿Cómo practicar la búsqueda de objetos físicos y mentales minimalista? ¿Cómo adoptar una atractiva actitud de intensidad y desapego?
¿Cómo pasar por la vida sin que ella pase por nosotros? ¿Cómo elegir mejor las batallas? ¿Cómo descartar escaramuzas donde no se resuelve nada? ¿Cómo conectar las acciones cotidianas con la visión y los valores? ¿Cómo reducir la avalancha de entradas sensoriales, informacionales, sociales? ¿Cómo actualizar el sistema operativo personal (POS)? ¿Cómo comportarte como si fueras más sabio? ¿Cómo pararse a oler las rosas?
¿Cómo reducir el volumen del fragor de los días? ¿Cómo ser más racional? ¿Cómo generar más conexiones mentales? ¿Cómo aprovecharse de los procesos inconscientes? ¿Cómo aumentar el espacio y eficacia de memoria de trabajo (la pizarra mental donde ejecutamos las operaciones mentales conscientes)? ¿Cómo aumentar la caridad cristiana y la compasión budista?
Este artículo pertenece a la serie Lo que podemos aprender de X. Agradezco a Antonio, comentarista de este blog, por compartir sus ideas y descubrirme a Terence Tao y sus consejos sobre productividad.
Terence Tao es uno de los hombres más inteligentes del planeta, tiene un cociente intelectual de 230 puntos. Fue un niño prodigio de las matemáticas. Con dos años, enseñaba aritmética a niños de 5 años usandos bloques (la había aprendido viendo Barrio Sésamo) ; con solo nueve, acudía a cursos de matemáticas de nivel universitario. Ha sido el ganador más joven de las olimpiadas matemáticas en todas las medallas: bronce, plata y oro. Con 31 años ganó la medalla Fields, el premio Nobel de las matemáticas. Hoy tiene 39 años.
El gran matemático Paul Erdös con Terence Tao
Si algún día tienes la tentación de creerte muy listo en comparación con alguien un poco más torpe que tú, recuerda a Terence Tao para poner tu talento en perspectiva.
Hoy le traigo a colación para averiguar qué puede aportarnos en relación a la productividad y la organización de la acción.
Antonio me llamó la atención sobre el personaje:
No sé si conoces el caso de Terence Tao, un matemático muy ilustre, del que se dice que publica, en promedio, un artículo de investigación cada semana.
Este hombre lleva muchos proyectos complejos en paralelo. Cuando deja un proyecto no lo deja “en el aire”, correría el riesgo de tener que rehacerlo de nuevo al retomarlo, lo deja en un punto más o menos cerrado, un punto donde sea posible retomarlo sin perder información y sin que, mientras está a la espera, ocupe espacio en su cabeza. En su caso, la procrastinación no es un peligro.
Mi primera reacción fue cuestionar la referencia de Antonio: ¿qué diablos voy a aprender de un tipo que se sale de las gráficas en cociente intelectual? Es un genio, uno entre diez millones, lo que haga o deje de hacer no es aplicable al común de los mortales.
Antonio aludía a la capacidad de Terence Tao de mantener varios proyectos en paralelo dejándolos temporalmente en puntos “cerrados” que le permitían retomar el proyecto sin perder información y sin que los proyectos inconclusos siguieran revoloteando en su cabeza e interfirieran unos con otros. Dice Terence en su blog:
Lo que hay que evitar es dejar una tarea cuando está parcialmente acabada sin ningún buen “punto de cierre”; porque entonces se pierde o se queda en la mente y me impide pensar plenamente sobre alguna otra cosa, o bien hay que rehacer la tarea desde un punto previo cuando uno vuelve a ella. Pero uno no tiene que acabar cada tarea completamente, siempre que pueda retomarse más tarde.
Esto corrobora la técnica de Hemingway de dejar la escritura en un punto interesante, pero “en el que supiera lo que iba a ocurrir después”, para descansar en el tiempo entre medias y retomar al día siguiente el texto sin mucho esfuerzo.
Tao Mantiene varios proyectos en paralelo, a diferencia de Hemingway que escribía un libro cada vez, y por eso para él es muy importante evitar el efecto cliffhanger (ideas revoloteando en la memoria a corto plazo) y su interferencia con otros trabajos en curso.
A la vez, necesita tiempo para madurar las ideas en proyectos a largo plazo que pueden llevar años. Dejar los trabajos en un punto cerrado pero abierto al trabajo inconsciente (esto suena a koan Zen) puede ser una de las claves del trabajo creativo de altura.
Bertrand Russel, el filósofo y lógico matemático, describía sucintamente esta estrategia mental en su libro La conquista de la felicidad:
Yo he notado, por ejemplo, que si he de escribir sobre un asunto difícil, no hay mejor plan que pensar en ello intensamente –con la mayor intensidad de que soy capaz—durante algunas horas diarias, y luego dar órdenes, por decirlo así, de que el trabajo continúe subrepticiamente. Después de algunos meses vuelvo a mi asunto y encuentro que el trabajo está hecho. Antes de descubrir esta técnica solía perder los meses intermedios preocupándome porque no hacía progreso alguno. No encontraba por ello con más prontitud la solución y perdía meses que ahora puedo dedicar a otras cosas.
Bertry Russel, filósofo y lógico-matemático
En el artículo Experiencias ajá de este blog os propuse un experimento mental para que apreciaráis la potencia de la técnica de Russel a pequeña escala (durante una semana y con un acertijo, en vez de con un problema matemático).
Lo que podemos aprender de Terence Tao: gestión de la energía
Visto que un genio de la lógica (Bertry) y un genio literario (Erny) pueden estar de acuerdo con un genio matemático (Terry) y dar consejos razonables para el ciudadano medio, decidí examinar con mayor atención el blog de Tao y tus técnicas de productividad.
Su estilo de escritura es terso, sencillo, conciso, como se esperaría de un matemático. Todo lo que escribe añade significado y apenas hay retórica o digresiones no funcionales. Es un modelo de expresión. Tomo nota.
De todo lo que he leído, lo que más me ha llamado la atención es el énfasis que Terry pone en la conciencia del nivel de energía y motivación como criterio principal en su organización del trabajo. Aunque titula la entrada de blog Sobre la gestión del tiempo (On time management) debería haberla llamado más propiamente Sobre la gestión de la energía:
Otro asunto es que mi habilidad para hacer trabajo matemático serio fluctúa mucho de un día a otro; a veces, puedo pensar intensamente sobre un problema durante una hora, otras veces me siento preparado para escribir los detalles completos de un esbozo que mis coautores o yo ya hemos escrito, y en otras ocasiones solo me siento capacitado para responder al correo electrónico y hacer recados, o simplemente para dar un paseo o echarme una siesta.
Terence está en contacto con sus emociones y actúa de acuerdo a esta información. Está claro que no sigue una organización “industrial” del trabajo mecanicista o rutinaria y no se obliga a trabajar siempre al mismo ritmo o con una agenda fija. Es un trabajador autoprogramado. La libertad inherente al trabajo académico y la ausencia de supervisión obviamente facilita este enfoque:
Encuentro muy útil organizar mi tiempo para adaptarme a estas fluctuaciones: por ejemplo, si tengo una tarde libre y me siento inspirado para ello, puedo cerrar la puerta de mi despacho, desconectarme de internet y empezar a escribir un trabajo de investigación que estaba medio muerto; o si no, me pongo a procesar una semana de correo electrónico atrasado, comentar un trabajo de investigación, escribir un artículo en el blog o lo que sea que parezca apropiado a mi nivel actual de energía y entusiasmo.
Este énfasis en la energía como determinante de la elección de la siguiente tarea es compartido también por David Allen, el gurú de la productividad, pero creo que el mensaje de este último se pierde o queda desdibujado entre tanta lista de tareas, repositorios y diagramas de flujo de trabajo.
Sobre la estructura y la flexibilidad
No es que Terence desprecie la estructura (no concibo a un matemático despreciando la estructura…), al contrario:
Mi sugerencia final es escoger algún sistema de organización y esforzarse de verdad por ceñirse a él; un sistema a medias es probablemente peor que ningún sistema en absoluto. [Un corolario a esto es no intentar crear un sistema demasiado ambicioso desde cero que uno difícilmente va a seguir; probablemente , es mejor dejar que el sistema evolucione a lo largo del tiempo.]
Estoy totalmente de acuerdo con esta última sugerencia. Uno de los cuellos de botella de la productividad es la capacidad de autorregulación, la voluntad. Siempre andamos escasos de ella y es importante racionarla juiciosamente. Si empiezas con un sistema muy complejo, como el GTD de David Allen, quizá lo seguirás las primeras semanas, cuando tu ilusión y motivación estén por las nubes, pero con casi toda seguridad lo irás abandonando poco a poco. Esto se aplica a cualquier receta de productividad.
Hay otra razón a favor de dejar que “el sistema evolucione”: ningún sistema funciona al 100% para el 100% de la gente. Es preferible cultivar una saludable mentalidad experimental, comenzar con un sistema sencillo que recoja los elementos más importantes, probarlo durante algún tiempo, quedarse con lo que funciona y eliminar lo que no. Has de adaptar cualquier sistema a tus circunstancias y carácter. .
Mr. Tao tiene un artículo donde habla de la aplicación de la técnica de prototipos rápidos del mundo del software a la escritura de artículos matemáticos. Aprovecha ideas de un campo muy distinto al suyo y lo adapta. Esto es un síntoma de una mente flexible y creativa.
La elección del sistema es seguramente un asunto muy personal y no podría dar consejo sobre lo que funcionaría mejor para nadie aparte de mí mismo.
Elegir la siguiente tarea
El consejo más potente de Terence es el referente a la elección del tipo de trabajo en función de las circunstancias (internas y externas). Creo que esta habilidad —elegir la siguiente tarea— es la clave de la productividad y del trabajo creativo:
Ayuda mucho ser capaz de evaluar honestamente y con precisión tu potencial de trabajo (una función del lugar, tu nivel actual de motivación y energía, los deberes y compromisos próximos, la disponibilidad de recursos y el nivel esperado de distracción) en un periodo dado de tiempo en el futuro (por ejemplo, el resto del día): pasarte de confiado o por el contrario pecar de falta de confianza sobre lo que puedes lograr lleva a asumir más o menos de lo que puedes gestionar adecuadamente, y ambas cosas llevan a ineficacias (conozco por experiencia directa las dos caras de este problema).
Siempre he considerado que el superpoder por antonomasia es la conciencia del foco de atención y la capacidad de dirigirlo en las dirección más apropiada en cada momento. No en vano hemos dedicado un año en este blog a entrenar la atención plena y la autorregulación (dos de los tres hábitos que cambiarán tu vida…).
Tao es plenamente consciente de su nivel y calidad de atención y sabe obtener lo mejor de sus recursos mentales:
Encuentro que estos sistemas [de organización personal] liberan un montón de memoria; si no tengo que preocuparme sobre lo que se supone que tengo que estar haciendo a las 3pm el martes o sobre qué trabajo tengo que hacer en X, Y y Z por los motivos A, B y C, puedo dedicar más atención a intentar comprender un argumento matemático o probar un lema peliagudo o lo que sea que necesite hacer.
Otra técnica muy útil es la de usar proyectos más pequeños o tareas rutinarias como forma de descansar de los proyectos más difíciles. Esta habilidad de equilibrar el tiempo de trabajo intenso con el descanso o el trabajo más ligero es una cualidad de la gente altamente creativa y permite sostener un trabajo excepcional sin quemarse en pocos años tal y como vimos en el artículo de Alex Soojung-Kim Pang sobre el Descanso deliberado. Terry lo expresa así:
Habrá, por supuesto, ocasiones en los que uno está demasiado frustrado, cansado o no motivado para trabajar en el proyecto entre mano. Esto es perfectamente normal, intentar forzarse a seguir en el proyecto puede ser contraproductivo después de algún tiempo. Creo que ayuda tener un pequeño número de proyectos más pequeños (o quizá algunos recados no matemáticos) a mano cuando no estoy dispuesto por la razón que sea a trabajar en mis proyectos más importantes; al contrario, si me aburro con estas pequeñas tareas, a menudo me puedo convencer de afrontar las más grandes.
Lo que ya aprendimos sobre el paradigma del velocista y la práctica deliberada es confirmado por este comentario:
En términos generales, es mejor intentar disponer unas pocas horas de trabajo de alta calidad, que intentar encajar en la agenda un gran número de horas de trabajo de baja calidad.
En resumen
¿Qué conclusiones obtengo a la vista de la lectura de los artículos de organización personal de Terry Tao?
Es una persona excepcional, pero sus procesos mentales son similares a los de cualquiera (¿tenías dudas?).
Se encuentra con las mismas limitaciones que el resto de los mortales: energía, motivación, capacidad de mantener la atención prolongadamente, interferencias entre tareas y proyectos, puntos muertos, etc.
Sus estrategias mentales son extrapolables a cualquiera que quiera organizarse mejor.
Es un genio, pero su forma de hablar sobre su trabajo y métodos es sorpresivamente razonable y exenta de glamour.
Cree en las ventajas de tener un sistema, aunque sea imperfecto, y ceñirse a él. Ha aprendido a base de ensayos, observaciones, errores y correcciones.
Es flexible, sabe cuándo hacer excepciones a las reglas y aprovecharse de lo inesperado:
Ah, y una matización final: a veces uno debería abandonar sus propias reglas y permitir la serendipia. Ha habido muchas veces, por ejemplo, cuando había planeado trabajar en algo durante la hora de la comida (yendo a por algo rápido para comer), y he sido interrumpido por un colega o visitante haciéndome una proposición para ir a comer. Ha ocurrido a menudo que he sacado mucho más de esa comida (matemáticamente hablando o de otra manera) de lo que había pensado a priori, aunque no en la forma en que había anticipado. Y fue más divertido también.
Siendo el minimalismo existencial un diseño de vida, tenemos que hablar de estrategia existencial. ¿Ha de haberla? ¿Siempre la hay? ¿Qué significa?
Hay conceptos de estrategia muy diferentes pero complementarios. Conocerlos nos ayudará a definir nuestra estrategia vital.
Estrategia deliberada o estrategia como plan
Estrategia emergente o estrategia como patrón
Estrategia como lugar en el mundo
Estrategia como visión
Estrategia deliberada o como plan
Una vez tomada una resolución voy directamente hacia mi objetivo derribando lo que me cierra el paso.
—Cardenal Richelieu
Estrategia deliberada o como plan
Hay un lugar donde quiero llegar. Determino el camino o sucesión de acciones que voy a seguir para alcanzarlo. Una vez definidos los objetivos organizo la acción de forma deliberada para obtener lo que deseo. Divido los objetivos vitales en planes quinquenales (como si fuera un planificador soviético), anuales, mensuales, y programo las acciones correspondientes a través de listas de tareas semanales y diarias. Es un enfoque de mando y control
Esta es una concepción común sobre la estrategia: metas, una cascada de planes jerárquicos para alcanzar las metas y una secuencia de pasos dentro de un carril predeterminado; si lo sigo sin desviarme me conduce a los objetivos que me había planteado.
Ejemplo: Homo Minimus es un elaborado producto de Marketing. Necesitó de una cuidadosa planificación y programación de acciones. Determiné las potenciales fuentes de ingresos, consideré que la satisfacción de escribir mantendría mi motivación a lo largo de los varios años necesarios para crear un blog de éxito. Hice un análisis de costes y consideré que el proyecto era viable. Decidí una rutina de trabajo diaria y los contenidos de los cien primeros artículos. Diseñé cuidadosamente el blog, y preparé estrategias de SEO y marketing de redes sociales. Han pasado cuatro años, y he seguido el plan original con alguna corrección menor. El crecimiento ha sido un poco más lento de lo esperado, pero todo ha ocurrido tal y como lo había previsto, casi como un mecanismo de relojería.
Palabras clave: acción deliberada, intención, planes, planificación y control, programación, previsión, objetivos, horizonte temporal, corrección desviaciones, pensamiento lineal, jerarquía de fines y medios, racionalismo, gestión de recursos.
Lemas: “Sé lo que quiero y programo cuidadosamente el curso de acción que me llevará a ello”. “Si me desvío, hago las correcciones pertinentes y vuelvo al camino”. “Mis acciones determinan las circunstancias”. “Primero lo primero”.
Estrategia emergente o como patrón
Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
—Discurso de graduación Stanford. Steve Jobs.
Estrategia emergente o estrategia como patrón
Doy un paso, actúo a base de impulsos, reacciono a las oportunidades que se presentan, veo lo que funciona y me satisface, descarto lo que no… y cuando miro atrás me percato de que aparece un patrón coherente, una línea que me condujo a un buen resultado y que retrospectivamente parece sensata, pero que no había planeado inicialmente y que ha surgido a lo largo del tiempo.
Da la sensación de que he actuado como si tuviera una meta y como si hubiera tenido desde el principio una estrategia deliberada o plan. Pero esto es una ilusión cognitiva: el plan solo existe como explicación a posteriori de un comportamiento que fue emergiendo de forma orgánica como interacción entre mis deseos y las oportunidades que se fueron presentando.
Ejemplo: Homo Minimus surgió fruto del azar y la necesidad, no había ni plan ni metas explícitas; el blog surgió casi de la nada: estaba pasando un sabático en Edimburgo, tenía mucho tiempo y posibilidades de experimentación. Bajaba andando por Queen Street, surge en mi mente un nombre simpático: “Homo Minimus”. Me hace gracia, me olvido. Dos semanas después me digo que voy a escribir un blog y recuerdo el simpático nombre. Abro un blog gratuito en wordpress y escribo intermitentemente; según pasa el tiempo conozco a otros blogueros. Me voy animando a escribir, se me da bien. Una idea lleva a otra y cuatro años después tras muchos altibajos y vicisitudes, he escrito más de cuatrocientos artículos . Mirando atrás me doy cuenta de lo poco que planeé y de lo natural que me resultó todo.
Homo Erectus -> Homo Sapiens -> Homo Minimus (gracias, Herman)
Lemas: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, “Para saber lo que quieres tienes que conocerlo”, “Más de lo que me gusta, menos de lo que no me gusta”, “Dios proveerá”, “Una cosa llevó a la otra”.
Estrategia como lugar en el mundo
Futuro: Periodo de tiempo en el que prosperan nuestros negocios, nuestros amigos son verdaderos y nuestra felicidad segura.
—Diccionario del diablo. Ambrose Bierce
Estrategia como lugar en el mundo
Dados mis talentos, intereses, recursos personales, entorno, competidores, decido que un determinado puesto, posición o lugar en el mundo es el que me permitiría obtener el máximo de la vida. El lugar en el mundo puede ser trabajar como desarrollador independiente, dedicar mi vida a viajar por el mundo, crear un negocio o fundar una familia.
A partir de ahí, todo es empujar y empujar hasta que consigo establecerme en el lugar elegido. Me sitúo en un hábitat o entorno que me satisface, para el que estoy preparado, donde puedo aportar lo mejor y donde mi actividad me dota de los mejores frutos.
El peso de la estrategia como lugar en el mundo recae en el análisis del entorno , de mis fortalezas y debilidades y la búsqueda del encaje más beneficioso posible entre yo y la realidad. Analizo mis talentos, mis intereses o pasiones y las posibilidades, y decido que voy a ser X, Y o Z.
Luego puedo elaborar un plan o simplemente tomar decisiones que me sitúen más firmemente en ese lugar y tiempo ideal donde mis sueños son realizados, mi felicidad completa y las promesas cumplidas.
Ejemplo: He decidido que lo mío es la escritura y que estoy especialmente dotado para las distancias cortas: breves artículos. Mis capacidades e intereses están alineados con lo que se requiere para tener éxito en el mundo de los blogs. Analizo el mercado y veo que hay un hueco que llenar y que está relativamente vacío de competencia: el mundo del minimalismo. Estudio la historia y la actualidad del movimiento minimalista en el mundo. Analizo las estrategias y modelos de negocio de gente de éxito como Leo Babauta, The minimalists y otros autores anglosajones. Decido que voy a intentar convertirme en el bloguero minimalista de referencia en la blogosfera en español, aunque no sepa exactamente cómo. Desde el primer día, tengo claro el tipo de blog que quiero crear, mi público objetivo y los beneficios que proporcionaré a mis lectores. Homo Minimus es el lugar del hiperespacio donde me siento más a gusto, donde encuentro al tipo de gente más afín, en el que más puedo aportar y me hace más feliz.
Palabras clave: posición, lugar en el mundo, habilidades y talentos personales, entorno, hábitat, competencia, nicho de mercado, adaptación, posibilismo, mares rojos (por la sangre de los competidores)
Lemas: “Para obtener valor hay que generar valor”. “¿Dónde puedo aportar más al mundo y ser retribuido por mi contribución? “. “Hay un roto para cualquier descosido”. “¡Busca tu elemento!”.
Estrategia como visión
Las estrategias son sueños en busca de realidad
—Lapierre
Estrategia como visión
Estoy lanzado a la vida, todo está por hacer, tengo que elegir mi esencia y crear mi proyecto vital. Me falta algo, quiero que algo que no existe exista, atisbo un cierto modo de vida, pero el futuro está abierto. Algo me ayuda: sé lo que no quiero, conozco algunas de mis restricciones, lo que quiero evitar .
Tomo la realidad como materia prima y mis borrosos sueños como brújula. Imagino una visión del tipo de vida que quiero traer a la existencia, es ilusionante. A la vez, soy realista y veo la brecha que me separa de ella. Construyo castillos en el aire, sí, pero enseguida me pongo a construir los cimientos y me pongo en marcha.
Mi vida es una obra de arte: yo soy el pintor, el lienzo, el pincel, el crítico y el espectador. Poco a poco, de forma deliberada o por accidente y acumulación de acciones, me voy aproximando a la vida que un día fue toscamente imaginada.
Cuando tengo que tomar una decisión poco importante, siempre he creído mejor considerar todos los pros y los contras. En decisiones vitales, sin embargo, la decisión debería provenir del inconsciente, de dentro de nosotros.
—Sigmund Freud
Ejemplo: Homo Minimus es el fruto de una visión. Es una pequeña obra de arte que comenzó como una idea borrosa y que ha terminado llenando un hueco importante, aunque no pudiera determinar a priori su forma definitiva. Muchos Homo Minimus podían haber satisfecho mi visión. El producto definitivo es uno entre otros posibles. La visión se fue haciendo más nítida gradualmente y me fue guiando por el camino, descartando lo que no ayudaba a realizarla y eligiendo lo que la iba perfilando hasta construir el blog actual.
Palabras clave: arte, revelación, creación, visión, ideales, carácter, perspectiva, ilusión, anhelo, valores, existencialismo, océanos azules (espacios abiertos, llenos de posibilidades).
Lemas: “La estrategia vital es un sueño en busca de su realidad”, “ No sé exactamente lo que quiero (visión más o menos borrosa que va haciéndose nítida poco a poco) , pero sé lo que no quiero (restricciones)” .“Algo que no existe pero que quiero que exista”. “Hasta el infinito y más allá”. “Estoy en una ciénaga con mi caballo, me elevo tirándome de los cabellos hacia arriba con caballo y todo”. “La visión sin ejecución es alucinación”. “No sé dónde están mis límites, pero sé dónde no están”.
Este es otro de los superpoderes que debería estar en la panoplia de todo habitólogo y gladiador del cambio.
Cuando pensamos en las promesas, casi siempre pensamos en las promesas que los demás nos hacen (y que con cierta frecuencia incumplen) o en las promesas que hacemos a otros (que solo incumplimos por buenas razones y cuando no queda más remedio).
La promesa está en la base de la coordinación social. Si no hubiera promesas o —si habiéndolas— las personas no pudiéramos ajustar nuestro comportamiento a ellas, no podría haber intercambios comerciales y las relaciones humanas en general, no solo las comerciales, serían mucho más accidentadas o simplemente imposibles.
La necesidad de preservar una buena reputación y que nos vean como personas fiables, así como el deseo de evitar el rechazo y posibles represalias derivadas de no cumplir las promesas, nos mantiene habitualmente en el camino prometido.
La promesa permite aumentar la certidumbre de las acciones propias y ajenas y hace más practicable la navegación en sociedad. Engrasa el engranaje social. Facilita el intercambio no simultáneo en el que una parte paga algo o entrega un bien o servicio ahora y la otra se com-promete en el futuro a retribuir lo recibido mediante precio u otro bien o servicio. Permite reducir el caos y coordinarnos alrededor de proyectos conjuntos.
Empeñamos la palabra y luego nos empeñamos en convertirla en acción coherente. Un hombre que es capaz de prometer y hacer honor a sus promesas es un “hombre de palabra”. Es un componente esencial del carácter.
Prometer a otros no es suficiente
En el artículo Trabajadores autoprogramablesvimos que gran parte de la regulación de nuestra conducta proviene de las organizaciones o grupos humanos a los que pertenecemos, sobre todo empresas, que son una excelente tecnología de motivación y coordinación social.
En la economía del conocimiento, cada vez necesitamos más dirigir nuestro propio trabajo y tomar decisiones y hacer trabajo creativo; en la dirección de nuestra vida en sentido amplio no podemos contar con los mecanismos de las organizaciones tradicionales: una empresa no te va a ayudar a buscar el equilibrio trabajo-vida personal, no te va a poner a dieta , no va dedicar muchos recursos a mejorar tus hábitos de organización personal, ni por supuesto ayudarte a descubrir intereses o aficiones que expandan tus horizontes.
Si quiero autorregularme necesito expandir el superpoder de la promesa y aplicarlo también a las promesas que me hago a mí mismo: si en la planificación de la semana digo que voy a hacer A, B y C, tengo que otorgar a esta promesa el rango de contrato con la persona a la que menos quiero decepcionar en este mundo: yo mismo. Si no estoy seguro de poder hacer honor a mi palabra, no planifico que voy a hacer A o B, no me prometo nada.
Si no soy capaz de prever mi propio comportamiento estoy añadiendo más incertidumbre al mundo: no solo dependo de sucesos incontrolables o de las acciones de otras personas, sino que también estoy a merced del viento emocional que sople en mi mente en cada momento. En tal situación la planificación es una simple danza de la lluvia, un rito supersticioso; el modo creativo de estar en el mundo no es factible y nos sumimos en un comportamiento reactivo, como de rata de Skinner, a merced de los estímulos internos y externos.
Un hombre se define por su capacidad de prometer-se.
Superpoder: hacer promesas a uno mismo y cumplirlas.
Han pasado ya diez días desde el comienzo del reto el 1 de noviembre. Más de 66 personas participan en el reto. Digo “más de”, porque hubo un par de incorporaciones posteriores.
Ha llegado el momento de hacer una primera revisión del reto.
Mi informe de resultados hasta el momento
“Mi reto va a ser no ver TV, escuchar radio o estar con el ordenador cuando como. Espero conseguir lo mismo que Luca: masticar más, comer más despacio y hacerme consciente de mi nivel real de hambre para así alcanzar antes la sensación de saciedad. Así quizá consiga consolidar la práctica del Hara Hachi Bu del curso de salud minimalista.”
Puedo decir que en todas las comidas, excepto en una, que no recordé en absoluto el reto, he eliminado el ordenador, la TV y demás. Los primeros días me sorprendía habiendo empezado a comer con la pantalla del computador delante o escuchando algún audio, pero en los primeros minutos me daba cuenta y rectifiqué. En algunas ocasiones he mirado fugazmente la pantalla del ordenador, pero sin caer bajo su influjo.
El grado de cumplimiento del reto, en cantidad y calidad, ha sido durante los diez primeros días de un 85%.
Cuando he comido solo, el resultado ha sido más tranquilidad mental y menos compulsión. He intentado ser más consciente de lo que como y masticar un poco más. Sin embargo, me ha resultado difícil dejar de pensar en mis asuntos del día o el trabajo y centrarme en la comida. He tenido que volver una y otra vez a la textura, sabor y olor de la comida. Ha sido como en las sesiones de meditación formal en las que te sientes especialmente disperso y tienes que volver una y otra vez al foco de atención.
También, como esperaba, me ha sido más fácil aplicar la técnica del Hara Hachi Bu y dejar de comer antes de llegar al punto de saciedad. Si en algún momento, sentía ganas de comer más, aunque ya estuviera cercano a la saciedad, he aplicado la técnica del contrato de cinco minutos, pero con veinte minutos: “Si cuando pasen veinte minutos, sientes la necesidad de seguir comiendo, lo puedes hacer”. La mayoría de las veces no he vuelto a comer nada.
He tenido algunas comidas familiares y con amigos. Me he dado cuenta de que en ellas tiendo a comer más de la cuenta. Aunque no haya televisión u otro medio de comunicación, sí que hay montones de distracciones en forma de animadas conversaciones. Siendo la interacción social sana, sin duda alguna, también promueve una cierta desconexión con las sensaciones y un menor saboreo de la comida.
Los primeros diez días, por tanto, han sido muy satisfactorios.
Ajustes del reto
Mi tendencia a comer de más se da sobre todo por las noches. Es aquí donde debería ser deliberadamente más lento y consciente al comer.
En las comidas con amigos y familiares, intentaré no dejarme llevar por el frenesí de las conversaciones, ralentizar el ritmo mental y ser consciente de cuando en cuando de mi estado de saciedad y de que estoy comiendo. Puedo decirme: “Ahora estoy masticando”, “Ahora estoy saboreando un trozo de carne”. “Ahora siento el sabor del café en mi boca”, etc.
Si me ofrecen una porción más de carne, un plato más de pasta o una ración más de pollo, haré una breve pausa para considerar mi grado de saciedad, lo cuantificaré entre cero y cien, y si es mayor de ochenta declinaré amablemente la oferta: “No, muchas gracias, me he quedado bien”.
Adoptar un ritmo deliberadamente más lento en las comidas con otras personas me puede ayudar a escuchar más y monopolizar menos las conversaciones.
Creo que ha sido todo un acierto elegir este reto y POR SUPUESTO que sigo comprometido con él, al menos durante diez días más, con la esperanza de cumplir los treinta días.
Al Yo Ejecutivo, encargado de dirigir las operaciones mentales, José Antonio Marina, el filósofo español, lo ha llamado también Yo Negociador. Y es una expresión muy bien traída. En la lucha entre los deseos y necesidades del Yo Presente y los del Yo futuro hay que recurrir a la transacción, a la negociación.
Es difícil, estando sometidos a la inmediatez, urgencia e incluso tiranía del momento presente, adoptar la visión a largo plazo integradora de necesidades y metas en todos los horizontes temporales. Es aquí donde el Yo Negociador puede operar y resultar muy útil.
La técnica del contrato de cinco minutos es una técnica negociadora básica, engañosamente simple e ingenua, que puede reportar pingües beneficios en nuestros esfuerzos por ejercer el autocontrol.
ESTA ES LA SITUACIÓN
Supongamos que tienes delante un helado, un programa de televisión o cualquiera de tus tentaciones favoritas o caballos de batalla de tus intentos de autorregulación.
La tentación está ahí, punzante, urgente, temblorosa, ejerciendo su poder; todas las determinaciones, planes, resoluciones palidecen ante ella; la fuerza de la voluntad, las promesas y auto-promesas llegan como un callado eco a la conciencia, casi inaudibles ante el alboroto que ejerce el objeto del deseo inmediato.
Ahora no hay nada más que el precipicio existencial: un paso más y nos despeñaremos, rodaremos por la pendiente y una nueva derrota interior manchará nuestra hoja de servicios con nosotros mismos.
Disculpad si pongo el asunto en términos demasiado dramáticos o melodramáticos; pero estamos ante un momento clave en la afirmación del ser. Lo cotidiano de la situación no lo vuelve menos transcendente.
Bien, todavía no está todo perdido, todavía hay un clavo ardiendo al que nos podemos agarrar; ¿un arma secreta quizá?
El Yo Negociador tiene un triunfo en su manga: la técnica del contrato de cinco minutos. Consiste en lo siguiente: se trata de una propuesta que —mientras quede un atisbo de autodeterminación— puede servirnos para diferir brevemente el impulso. Estos son los términos del contrato que podemos expresar en nuestro diálogo interior:
TÉRMINOS DEL CONTRATO DE CINCO MINUTOS
“Sé que el impulso y la urgencia de lo inmediato es fuerte, casi insoportable. Lo entiendo, por eso no voy a pedirte a ti Yo Ocurrente (yo impulsivo, cortoplacista o computacional) que renuncies a satisfacer el deseo aquí y ahora.
Sin embargo, puesto que cedo y no te voy a martirizar con el sentimiento de culpa, el remordimiento o la vergüenza después de ‘la caída’, te pido una sola concesión: ¿serías capaz de diferir mínimamente, solo cinco minutos, no más, el impulso?
Si ese deseo merece la pena ahora mismo, con casi toda seguridad la seguirá mereciendo dentro de cinco minutos. Pasados los cinco minutos, puedes hacer lo que quieras, comer el helado, comerlo en parte o incluso no comerlo, si eso es lo que te place.
¿Aceptas el trato?”
¿De qué sirve diferir solo cinco minutos lo inevitable? No hemos hecho más que alargar la agonía, no parece que hayamos ganado mucho.
Sorprendentemente, te encontrarás con que pasados los cinco minutos (te recomiendo que uses un cronómetro o reloj de precisión) la pugnacidad del deseo ha remitido y en muchas ocasiones, no siempre, te encontrarás con que has restablecido la fuerza del Yo Ejecutivo y puedes vencer la tentación.
Por qué funciona
El Yo Ocurrente o impulsivo busca evitar el dolor o incomodidad inmediato o cercano. Ante la amenaza de sentirse mal como consecuencia de una acción impulsiva, encuentra la salida perfecta en la propuesta del Yo Negociador: solo son cinco minutos y después se podrá entregar sin sentimiento de culpa alguna y sin consecuencias.
La técnica tiene flexibilidad. Si esos cinco minutos son demasiado o una eternidad que no se puede soportar, el Yo Negociador puede regatear los términos del contrato: “Quizá no cinco minutos, pero… ¿podrías tres, dos, quizá un minuto?». .
El tono del Yo Negociador es empático, se pone en el lugar del otro, no le hace sentir mal y abona el terreno para la negociación. Con este clima es más fácil llegar a un acuerdo.
Los incentivos a largo plazo no suelen tener fuerza. La tasa de descuento temporal en el muy corto plazo es hiperbólica, no exponencial; el Yo presente es casi insensible a cualquier castigo o recompensa con la que el Yo negociador pueda amenazar o prometer a un plazo más largo.
Con los cinco minutos ganas el tiempo suficiente para que el deseo disminuya la intensidad. El gancho que pone el Yo Negociador es eliminar el sentimiento de culpa.
Si al final logras inhibir el impulso y triunfas sobre el impulso del Yo Ocurrente, este no lo interpreta como una derrota, una renuncia o privación. Después de todo, tuvo la decisión en sus manos y pudo decidir si entregarse al deseo; pero no lo hizo.
Desde el punto de vista del equilibrio emocional, es un acuerdo ganar-ganar entre el Yo Ocurrente y el Yo Negociador: ambos salen beneficiados y su relación se mantiene saludable y amistosa.
Hay dos tipos hablando en voz alta a mi lado y masticando sonoramente su hamburguesa.
Tengo agujetas.
No tengo ganas de levantarme a la hora prevista.
Quiero tumbarme en vez de lavar los platos.
Quiero hacer algo más fácil que escribir este artículo
No me apetece hacer fondos de brazo hoy. Mañana sí.
Me descorazono porque todo son obstáculos y no veo los frutos.
Quiero acabar el pomodoro antes de tiempo.
No me apetece hacer la llamada comprometida que preveo será tensa.
Prefiero quedarme en casa en vez de salir con amigos, charlar y escapar de mi pequeño y egocéntrico mundo.
Son las 22:02, solo llevo 5.542 pasos hoy y no tengo ganas de andar hasta los 10.000 programados.
Me vienen cien pensamientos negativos, me inunda el cansancio y el hastío de intentarlo sin ver resultados.
Superpoder: tomo nota mental. Dejo que la sensación esté conmigo. No intento ahuyentarla. No salgo en estampida para eliminarla. La emoción se atenúa. O quizá no. Pasan unos segundos-minutos-horas. Me pongo en marcha. Hago lo correcto sin importar cómo me estoy sintiendo.
Gaman (我慢) es una palabra japonesa con origen en el budismo zen que significa “soportar lo aparentemente insoportable con paciencia y dignidad”. La palabra se traduce generalmente como “perseverancia”, “paciencia”, “tolerancia” o “auto-negación”. Un término relacionado, gamanzuyoi (我慢強い gaman-tsuyoi), compuesto con tsuyoi (fuerte), significa “sufrir lo insoportable” o “tener una gran capacidad para la resistencia estoica”.
El Gaman se describe de diversas formas como una “ley”, una “virtud”, “un principio moral”, un “rasgo”, etc. Significa hacer lo mejor que puedas en tiempos agitados y mantener el auto-control y la disciplina.
A continuación aparecen los sesenta y seis participantes en el Reto de los treinta díasde noviembre con sus respectivos retos.
Es un artículo extenso de 5.939 palabras. Es muy interesante comprobar la diversidad de retos, motivaciones y técnicas de autorregulación que describen los aspirantes a habitólogos. Merece la pena leerlo solo por ello.
Cuando he creído que podía aportar algo, he añadido sugerencias y comentarios a los retos formulados por los habitólogos.
El héroe se aleja, avanza y tolera la incertidumbre.
—Ibsen
Frieden: “En el reto de los 30 días voy a lograr no comer harinas refinadas”.
Su plan para evitar la tentación cuando esté en un entorno social es decir que está en una dieta libre de gluten.
Alejandro Paciotti, inclaudicable: “30 días sin comer harinas refinadas. Y 30 días escribiendo al menos 30 líneas de código en un proyecto en el cual esto”.
Si no escribe 30 líneas de código no entra en redes sociales, ante cada tentación de comer pan, se bebe un vaso de agua o cereal en barrita. Estuvo madurando varios días el reto. Lo maduró tanto que dobló las apuestas y creó dos retos por el precio de uno. Solo los gladiadores muy entrenados a lo largo del año en Los tres hábitos que cambiarán tu vida se pueden permitir semejante audacia…
Annamm: “Me levantaré en cuanto suene la alarma”.
¡Suerte!
Lau, del blog Desde villa Kunterbunt : “Voy a hacer en NaNoWrimo (para el que no lo conozca: http://nanowrimo.org/whatisnano) … Se trata de escribir 1666 palabras al día para completar un libro de 50000 palabras en un mes”.
Tendrá que hacer encaje de bolillos para poder completar el reto en medio de varios viajes y otras obligaciones durante el mes. En este artículo, Desprendimiento educativo, hace público su compromiso con el reto de los treinta días y la escritura del libro. El compromiso público, como sabemos, es una excelente manera de generar incentivos para la compleción de nuestras resoluciones.
Amparo: para mí el reto será 30 días seguidos de bicicleta elíptica (tengo una en casa). A cualquier hora del día y un mínimo de 10 minutos.
Rectificación de Amparo: “El compromiso requiere de una certeza de la que carezco en este momento. Lo pensaré. De momento, no me comprometo al reto.”
No requiere “certeza”, requiere que sea importante para ti, que te aporte algo nuevo en tu vida y que sea un poco difícil. Es bueno que no tengas certeza de completar el reto, un 50-70% de probabilidad de tener éxito está bien.
Si no lo consigues, habrás aprendido algo y podrás asumir nuevos retos en el futuro.
Lo de los diez minutos me parece factible, a menos que tengas muchos dolores o algún impedimento físico. De todos modos, puedes esperar a un mejor momento. Tú decides, Amparo.
La diferencia entre nada y todo es un poco.
No es un juego de palabras.
Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y tienes y no tienes nada.
Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado.
Entre nada y todo hay una diferencia muy grande.
Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco.
No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio.
Herman, gladiador incombustible: “Mi propósito para el mes de noviembre será tirar cinco cosas cada día. También daré por válidas, la realización de tareas eternamente postergadas.
Este propósito es preciso y medible. Genera mucha sensación de control. Los resultados inmediatos e interesantes harán que no se requiera “persuasión” para el cumplimiento. Aun así contaré con la motivación del compromiso público que en este momento realizo.
El trabajo en equipo es fundamental. Gracias Homo Minimus por hacerlo posible. Os deseo a todos mucho éxito con vuestros propósitos.”
Gracias a ti, Herman, por tus ánimos y por tu, para mí, legendaria perseverancia. 🙂
Lucecita, habitoloca: “En definitiva me apunto a este reto, siempre he luchado con el reloj, mi reto será madrugar de verdad y ser puntual, nunca lo he sido, siempre hago esperar a las personas… y obviamente no me gusta esperar…”
Lucecita, ¿qué significa “madrugar”?, ¿qué significa “ser puntual”? Si concretas, aumentas la probabilidad de éxito.
Marijota: “Me apunto a este reto, que ,por cierto , ya solo el mero hecho de comprometerme ante los demás y expresarlo por escrito, ya es un GRAN reto para mí!!!!.
Ahí va mi reto!!!: Dedicar diariamente, 15 minutos mínimo, a hacer ejercicios de estiramientos, sentadillas, etc. Animo a todos!!!!!”
Cierto, un compromiso público ya es un reto en sí mismo. Ánimo.
Tomelin5: “Me levantaré a la salida del sol, sin posibilidades de posponer ni ‘5 minutos más’. Lo sábados serán 2 horas posteriores a la salida del sol y los domingos libres.”. Por la noche preparará la alarma a la hora exacta, la ropa y las actividades de la mañana.
Richard: “Mi reto: Levantarme entre semana a las 5:45 a.m. para ir al gym sin pretexto alguno!!!!”
Ángela: “ COCINAR ALGO CADA DÍA EN LA NOCHE Y DEJAR LAVADOS LOS PLATOS.”
Un reto mayúsculo…
Saramber, nuestra escritora maldita, del blog Libres para nada: “Mi reto es como el de Lau: escribir entre 3 páginas al día de la novela que llevo casi 3 años procrastinando.”. Se ha apuntado a “lo loco”.
Espero que el reto le sirva para estructurar creativamente tanta locura.
Lleva tres años procrastinando la escritura de esta novela. Sería un gran éxito que en solo un mes le diera un gran empujón. Suerte.
Galvordentensa: “Aunar placer con deber y recuperar un viejo hábito que las tecnologías me están arrebatando ( o yo que me dejo llevar por la comodidad): leer una hora cada día”. Libera tiempo renunciando a tiempo de redes sociales o similares y lo sustituye por el viejo arte de la lectura.
Rosinuzza: “ Terminar de escribir un libro. He pensado en un número comprendido entre quinientas y mil palabras diarias. No creo que pueda hacer más de mil y no quiero hacer menos de quinientos.”. Su línea roja son las quinientas palabras diarias.
Olgacc: “Mi reto es tomar beber un vaso de agua con cada impulso que tenga que sé que lleva a actuar de manera desordenada”. [Habría que concretar que quiere decir Olga con impulso de actuar de manera desordenada…]
César: “Mi autorreto: Iniciar o provocar una conversación con un desconocido (o conocido solo de vista) cada día.
Para mí esto es algo ambicioso, no creáis. Me obliga a salir de la zona de confort, vencer timideces, echarle cara, hacer cosas que no suelen ir con la inercia de mi forma de ser. Como objetivo a largo plazo pretendo potenciar la parte “social” de mi salud minimalista.
Técnicamente, el disparador es el encontrarse con alguien en camino entre casa y el trabajo y viceversa, y paseos de fin de semana, en bares, semáforos, reuniones, salas de espera. Debo iniciar una conversación con temas intrascendentes como el tiempo, la hora, la calle tal. A continuación, hacer un comentario gracioso, hablar sobre alguna noticia, presentarme o alabar algo en el atuendo de mi interlocutor. Si se me olvida o no lo consigo deberé pagarlo con dos conversaciones el día siguiente. Para reforzar el asunto, me comprometo públicamente y mantendré una lista de impresiones.”
César, gran reto. Yo hace años me planteé un reto semejante.
Sugerencia: pon un criterio de éxito algo más bajo para la primera semana o dos primeras semanas: si inicias la conversación y la persona te responde ya has tenido éxito. Lo del comentario gracioso y la continuación de la conversación ya es para nota, pero no lo metas como criterio de éxito. Se trata de que des el primer paso y dejes que lo demás venga por añadidura.¡¡¡Gradualidad!!!
María del Carmen González de Uruguay: “Hola a todos: me apunto en el Reto de los treinta días. Mi reto es meditar lo siete días de la semana, diez minutos, inmediatamente luego de levantarme”.
Excelente.
Lilian: “Estaré tomando agua cada vez que me vea perdida en pensamientos negativos”.
Me gustaría discutir este reto con Lilian y ayudarle a rediseñarlo, porque no quiero que muera ahogada…
Sofía: “Mi reto va a ser el de trabajar las dos primeras horas de la mañana al llegar al despacho antes de mirar cualquier cosa en internet que no tenga relación con el trabajo.” Uno de los retos de productividad que nos podemos proponer. Ver mi artículo Empezar el día sacando.
Eduardo Laporte de El náufrago digital: “ Cien abdominales al día durante 30 días. Me interesa también ver si realmente eso tiene algún efecto, porque me interesa la idea de que cierta constancia deje sus frutos” + “Mira, voy a incorporar 20 fondos a mis 100 abdominales…”.
Mercè: “ He sido despedida y ahora eso que sé hacer tan bien lo voy a hacer por mi cuenta, por tanto, mi proyecto es escribirlo, buscar los proveedores y tener el escandallo listo para el 1 de diciembre.” . “Y diciembre presentación en las empresas. UAOOOOO, da vértigo y todo pero me encanta ver si soy capaz luchar con mis excusas y miedo.”
Recomiendo que Mercè se ponga un horario de trabajo diario. Ahora más que nunca hay que hacer uso de la disciplina.
El reto de treinta días es también útil para proporcionarte un empujón que te motive. Cuando trabajas para otros, ellos te dan los empujones y te ponen las fechas límites; cuando estás por tu cuenta, tienes que asumir la labor de dirección, proponerte metas, fechas límite y proporcionarte la motivación. Has iniciado el camino del héroe.
Oscarvisus: “Mi reto de los 30 días es escribir cada día un post de por lo menos 100 palabras en un nuevo blog que hace poco que he empezado. Lo publico anónimamente, de manera que prefiero no mostrar la URL. :-P”
Como gustes, Oscarvisus, pero motiva mucho que los demás puedan ver que vas completando el reto. Al menos, semana a semana, comenta si lo estás cumpliendo. Me parece perfecto lo de las cien palabras: la gente tiende a ponerse objetivos demasiado grandes al principio (500,1000,1500 palabras)
Salud y allá vamos.
Raquel: “No sólo haré cada mañana, al levantarme los estiramientos, si no que me comprometo a escribir aquí como me va y si noto cambios con el paso de los días y que tipo de cambios (físicos, emocionales, lo que sea que note diferente) y así, si a alguien le resulta interesante y quiere probar, pues le digo los estiramientos que he hecho….¡Risas, abrazos, amor y humor!”
Brújula: “Durante los 30 días de noviembre haré una serie de ejercicios con mis ojos”. Recomiendo que brújula determine claramente el tiempo mínimo de ejercicio diario. Si reduces la ambigüedad de las intenciones, es más probable cumplirlas y evitar las pendientes resbaladizas que nos llevan a abandonar nuestras en principio sólidas determinaciones.
Se permite el pan en el desayuno. Aprovecho para recomendaros que echéis un vistazo en su blog. a su reto físico de noviembre, para que completéis vuestras rutinas de ejercicios. También tiene un artículo reciente que me ha impresionado, Me estoy muriendo, que os puede motivar a los que necesitéis un empujón de energía e ilusión.
Nuria: “Mi reto de los 30 días , es que tengo que hacer ejercicio todos los días, yoga, andar, nadar… A ver si consigo bajar los kilos de más que puse desde que deje de fumar…uf…”
Nuria, has de concretar, quizá en tiempo. Y si partes de un nivel de ejercicio bajo, Luis Andés seguramente te recomendaría que empezaras a andar más, quizá los 45 minutos diarios que dice Eduardo Laporte. Luis Andés te hace más recomendaciones en la página del reto.
En el curso de salud minimalista tienes varios retos al respecto con recomendaciones. Échalos un vistazo por si te ayudan a concretar tu reto.
Cristina Font: “Allí va mi súper reto…. hacerme la cama cada día antes de salir de casa para ir a trabajar. Los días que no tenga que salir, tiene que estar hecha una hora después de haberme levantado.”
No hay reto pequeño. Excelente ejemplo del principio minimalista Piensa a lo pequeño:
Si piensas demasiado tiempo a lo grande, todo lo demás te sabrá a poco, cualquier acción diaria te parecerá prosaica, deslucida, indigna de tus sueños. Por eso, olvídate de la grandeza, de ser el número uno, de construir un castillo en el aire. Deja a tus sueños ahí, en el firmamento, donde deben estar, y seguidamente céntrate en algo reducido, quizá insignificante; y hazlo tan ridículamente bien que los ángeles del cielo lloren de emoción.
Pero no hay ángeles, nadie te mira, solo tú te miras, estás solo, con tu pequeño esfuerzo, con tu pequeña vida, con tus pequeños afanes, con tus sueños remotos, con la muesca que puedes hacer hoy en el universo.
Cualquier nuevo comportamiento que quieras mantener durante treinta días ya es de por sí desafiante. Te parece poca cosa, pero en mi opinión es un reto perfecto para tonificar la fuerza de voluntad o capacidad de autorregulación. Aprenderás a sostener determinaciones durante periodos extensos de tiempo y en el futuro aplicarás la técnica del reto de los treinta días a otras metas valiosas.
Nicolás: “Mi reto, meditar al menos una vez al día.” .” Me cuesta pasar de los 10 minutos, así que me parece que lo dejo en 10 como tope mínimo.”
Para quien quiera dar los primeros pasos en el mundo de la meditación, recuerdo que en el curso de saludo minimalista tenemos un reto de meditación 10×10 de diez días con audios de diez minutos para iniciarte.
Arte: “Mi reto: aprendo vocabulario alemán con el programa de tarjetas Anki. Durante 30 días, todos y cada uno de ellos, haré la revisión y el aprendizaje del día (unas 30 tarjetas más o menos, lo decide el programa según las vaya memorizando).”
30×31 son 930 palabras en un mes. Estas son muchas palabras. Con un pequeño esfuerzo diario se puede extender mucho el vocabulario. Ten en cuenta que el vocabulario básico en cualquier idioma suele estar en las 2000 palabras, y el hablante medio no usa más allá de 5000, aunque el total de palabras conocidas o reconocidas esté sobre las 15.000.
Omar Carreño, nuestro gurú de la productividad minimalista del blog Análisis Realista : “Pues hace algún tiempo que no he “publicado” ningún reto, lo que hago, lo hago de manera personal y eso me ha servido para lograr mis cosas, pero hoy quiero comprometerme a dejar de comer carbohidratos después de las 16:00 horas de lunes a sábado, solo con una ligera salvedad los domingos que es el día que a veces me doy un “gustito” de Yakimeshi con mi esposa a eso de las 19:00.”
Omar, está bien hacer alguna excepción , como lo del domingo (tu faturday), sobre todo si esas excepciones están definidas previamente. No es lo mismo renunciar a algo hasta la próxima semana que renunciar para siempre…
Rafael Tejado del blog Máster en independencia : “Pues… Después de mucho pensarlo, he decidido que mi reto va a ser dar un cumplido al día (tanto a conocidos como a desconocidos, aunque intentando que sean mayoría los segundos). Con él lograré dos cosas: estar más atento al mundo que me rodea y alegrar un poco la vida a los que me rodean :)”
Es un reto en el que haces algo por los demás, les haces sentir bien, y a su vez mejoras tu atención. Te ayuda a mejorar las relaciones sociales y te obliga a salir todavía más de la zona cómoda. Muy original y “ecológico”.
Vanessa del blog Viviendo el cambio: “Mi reto son 30 días de juego creativo. Es decir, en mi caso, dibujar, bocetear, pintar, esculpir y/o crear algo que no sea directamente “trabajo”, simplemente por el placer de disfrutar del proceso y dejar ir el resultado. No vale escribir, cocinar o hacer punto.
Todos los días, incluido fin de semana, un mínimo de 15 minutos.”
Un reto tremendamente interesante: el reto de desconectar, de otorgarte el placer del juego y de la creación libre, de la creación porque sí. ¡Leed su artículo en su blog anunciando y detallando el reto! Merece la pena:
“Para mí es abrirle la puerta a la diversión y soltar el perfeccionismo y el control y el tiene que servir para algo, cuestiones que todavía se hallan enganchadas en rinconcitos de mi conciencia. Creo que son las defensas de una niña que escondió parte de su brillo y se refugió en su cabeza.”
Mercedes: “Dejar de morderme las uñas a ver cuánto me crecen en 30 días.”
Una sugerencia: una técnica que te puede ayudar a sobrellevar el reto. Lleva contigo una hoja de papel o pequeña libreta y cada vez que tengas el impulso de morderte las uñas, haz una marca. Puedes dividir la hoja en días y semanas y así ver la evolución del número de impulsos a lo largo del tiempo.
Tu reto es un excelente ejercicio de conciencia. Y la conciencia es el inicio de la liberación…
Roberto Trivinyo: “Yo estudiare todas las mañanas (de lunes a domingo de 05:40 a 06:40) una hora de derecho laboral (tres artículos legislativos y una sentencia) después de meditar 12 minutos (esto ya lo hago).”
Roberto une un hábito ya formado, la meditación, con otro que quiere formar, el estudio. Usa como desencadenante un hábito para crear otro hábito. Esta es una técnica muy interesante llamada “apilado de hábitos”. Hablaremos de ella en algún artículo.
Mabel: “Reto de cero quejas por 30 días, con la finalidad de tomar consciencia plena de lo que digo, por cada día que no logre el objetivo colocaré un billete (cuya denominación aún no determino) en un pote y al final del mes donare ese dinero. Saludos!”
¿Puedo sugerir una variación?
Piensa en la organización social, política, etc. que más desprecias. Cada semana donas lo que haya en el bote a esa organización.
Esto es algo retorcido. Pero seguro que te motiva todavía más, por pequeña que sea la cantidad donada. 🙂
Petro: “Me gustaría que mi objetivo fuera algo así como “disminuir mi sensibilidad a los ruidos cotidianos”. Llevo una temporada que cada vez uso más los tapones para los oídos (para dormir, para estudiar…)…”
Mi consejo es que desarrolles una desensibilización progresiva. El ideal es que pudieras estudiar con ruidos porque estuvieras tan centrado en el estudio que nada te perturbara (siempre que los ruidos no sean objetivamente perjudiciales o demasiado altos, que no lo son, como dices).
¿Qué tal si intentas prescindir de los tapones 15 minutos al principio y después vas aumentando este tiempo?
Cada vez que te perturbe un ruido haces una señal en el papel y continúas. (si son muchos, te fijas en los que pasen un umbral alto).
Santacenero del blog @santacenero : “ Aún no lo tengo decidido al 100% pero creo entraré en el reto de los 30 días. Quiero retomar mi faceta de blogger, me apetece escribir, y creo que este reto es una buena oportunidad para volver a recuperar el hábito. “
Santacenero ha publicado su reto en su blog y lo ha titulado así: 30 días, 30 artículos.
“Por tanto, mi reto será escribir un artículo cada día durante este mes de Noviembre. Con esta práctica espero dar un buen empujón inicial al blog y continuar con el posteriormente pero ya a un ritmo más relajado de 2 o 3 artículos a la semana”
Este reto me parece una excelente manera de generar momentum para tu nuevo proyecto. Suerte.
Yolanda Merchante: “Me apunto, mi reto va a ser levantarme cuando suene la alarma. De lunes a Viernes a las 7.30 horas y los fines de semana a las 9 horas.”
Tener un buen ritmo de sueño es uno de los hábitos más saludables que podemos tener, como ya comenté en el curso de salud minimalista. Si tu nivel de ejercicio físico es aceptable, tu alimentación razonable, el sueño en cantidad y calidad es el elemento más importante para obtener un alto rendimiento y productividad, pero también para el bienestar físico y emocional.
Leo: “haré una mezcla de dos cosas, meditación y ejercicio. Lo haré al iniciar el día, me levantaré treinta y cinco minutos antes de lo normal y creare el hábito. “
Me parece un excelente ritual para iniciar el día. Creo que es tremendamente potente y que notarás sus beneficios en poco tiempo.
Narci: “El mío será organizar mi estudio-despacho. Auténtico ecosistema del desorden y de montón de cosas que he ido acumulando a lo largo del tiempo: apuntes de carrera, documentos de la casa que ya no sirven, revistas, cds que no ya no escucho (prefiero Spotify), colecciones, enciclopedias, etc., etc., Una habitación que pesa muchísimo y mentalmente más!! Necesito un lugar limpio y eficiente. Sé que tengo que tirar/limpiar un montón de cosas y superar mi permanente parálisis por análisis.. Es la hora de remangarse y ponerse las pilas!! “
Limpiar el despacho de trastos es una excelente metáfora para una actitud mental, emocional y existencial.
Solo te recomendaría que te pusieras una cuota diaria. ¿10 trastos u objetos eliminados u ordenados? Serían 300 en un mes. Si tienes ganas de más, más, pero ponte una cuota mínima. Eso ayudará a dar consistencia a tu compromiso.
María: “Yo también quisiera participar en el reto de Noviembre. En mi caso va a ser no comer a partir de las 8 de la tarde. A ver qué cambios produce!…me da que esto es como una ficha de domino que al mismo tiempo va tirando otros hábitos mal empleados…”
Este puede ser un hábito-llave para ti. Adelante.
Bettydran: “Mi reto es bajar de peso, al menos 5 kg, para ello voy a dejar de comer hidratos de carbono y bajar las escaleras todos los días (vivo en el piso 14). Excepto los fines de semana que voy al campo. Sábado y domingo me propongo bailar 30 min.”
Creo que sería más interesante que te centraras en el proceso en vez de fijarte en bajar 5 kg. Si quieres, al final del mes o cada dos semanas te pesas, pero creo que es más importante que te centres en aquello que vas a hacer.
De todo lo que te propones, creo que lo más potente para tu meta de bajar de peso es limitar los hidratos de carbono, aunque está muy bien complementado por el ejercicio. Mi recomendación: elige comprometerte con una sola cosa. En mi opinión, reducir la ingesta de carbohidratos. Aunque hagas también ejercicio, céntrate en la reducción de carbohidratos.
Astrid B.: “Después de revisar bien mis cinco posibles retos me quedo con el de meditación. Sus efectos son fantásticos . Todos los días durante un mes meditare antes de comenzar con mis proyectos y tareas diarias. Están incluidos los fines de semana. Gracias por los fantásticos audios del reto de los diez días.”
En los próximos mes haré recomendaciones de lecturas sencillas para cultivar el hábito de la atención plena.
Tremendosky, del blog literario Aviones desplumados : “Este será mi reto para noviembre… Tiene que ver con 2 hábitos que tengo en construcción:
Meditaré todos los días al menos 5 minutos….
Dedicaré al menos 20 pomodoros por semana a un proyecto importante para mí…
Cada fallo —día o pomodoro— penalizará en forma de serie de 20 abdominales (otro hábito que…).»
Sugerencia: medita cinco minutos antes del comienzo de tus sesiones de trabajo para el proyecto importante (a menos que ya tengas un hábito establecido en otro momento del día), así será más fácil recordar ambos compromisos y se reforzarán mutuamente. Así aplicarás la técnica de apilado de hábitos.
Patricia: “Mi reto es nada más levantarme hacer 20 sentadillas, 20 fondos en nivel 1 y 25 seg de plancha.”
Excelente ejercicio para desperezarte e iniciar el día.
Luca: “Mi reto va ser dejar pasar 2 minutos antes de empezar a comer, y masticar la comida saboreándola e ingerirla hasta que esté muy bien masticada. Es un mal hábito que tengo de tragar y como la primera digestión pasa por la boca…”
Yo voy a hacer algo parecido.
Homo Minimus: “MI reto va a ser el no ver tv, escuchar radio o estar con el ordenador cuando como. Espero conseguir lo mismo que Luca: masticar más, comer más despacio y hacerme consciente de mi nivel real de hambre para así alcanzar antes la sensación de saciedad. Así quizá consiga consolidar la práctica del Hara Hachi Bu del curso de salud minimalista.”
Ana Liz García: “Mi reto para va a ser comenzar el día con mis TMI. Ya me hice el hábito de escribir cada noche las del día siguiente, pero cuando llega la mañana me diluyo en cualquier tontería. Quiero superar eso.
Germán Nicolás Zabala: “Voy a escribir 1500 palabras por día, 45000 en total, para hacer de la escritura un estilo de vida para mí bienestar y desarrollo intelectual.”
Creo que escribir todos los días es una excelente herramienta de introspección y aprendizaje. Gran reto el tuyo si consigues convertirlo en un “estilo de vida”. Dependiendo de tu nivel inicial de escritura, yo sería un poco más gradual, pero tú decides.
Ángel: “ Mi reto va a consistir en leer uno de tus artículos al día durante 30 días y no más ni menos.
Llevo un cierto tiempo brujuleando inconsistentemente por tu blog y me fascina, pues me resuenan casi todos los temas que tratas y tu manera de acercarte a ellos que me suele sorprender. Enhorabuena.”
Ángel, te propongo una vuelta de tuerca al reto para que le saques más partido: escribe un comentario de al menos 4 líneas por cada artículo que leas. Así interiorizarás mejor los mensajes y podrás recibir algo de mi realimentación si haces alguna pregunta o comento sobre tus comentario.
“1.- Hacer deporte todos los días. No tiene por qué ser ir a correr o pegarme una paliza de gimnasio. Cuenta la escalada, rutinas de sentadillas/abdominales, salir en bici, senderismo. La cosa es romper con el estar sentado y hacer algo de ejercicio.
2.- Deshacerme de todo lo innecesario. Lo que los ingleses llaman declutter. Hice un intento y llené cajas con cosas, pero no llegué a deshacerme de todo. Este es el mes. Cada día he de repasar la utilidad de los objetos que me rodean y si no me son útiles, puerta.
¡Hermano!, lo que hacemos en la vida resuena en la eternidad.
Eshac: “yo he estado pensando y mi reto va a ser publicar un post cada día, con ello espero avanzar un proyecto de ensayo que tengo entre manos. No hay mínimo de palabras, quizá un máximo de 1000… Pero el post tiene que tener al menos un enlace a el trabajo ya hecho para que me sirva para ir enlazando y repasando ideas.”
Carmenchumaria: “Quiero hacer algo sencillo, pero cotidiano, que me brinda bienestar inmediato y que no me representa más tiempo que esfuerzo. Entonces, empezando mañana y cada día de la semana, escribir un texto a modo de poema cada día. “
Un reto muy creativo. Enhorabuena por la iniciativa.
Bernardo Munuera, alias Blumm, de La manía de leer: “Me reto a escribir 50.005 palabras en NaNoWriMo en noviembre y lo hago público aquí. Escrito queda.”
Bere: “Mi reto es prepararme de desayunar jugos variados con frutas y verduras. Ya lo había logrado por 15 días a principio de año pero luego lo dejé, así que es buen momento para retomarlo. “
Un reto muy saludable.
Cristina: “ Mi objetivo es reducir mi ansiedad en el trabajo pero no se me ocurre que sería más efectivo. Empecé por probar con la sugerencia de las primeras 2h trabajar sin mirar Internet, ni el correo, ni nada que me distraerse. Me funcionó un día con gran satisfacción pero al día siguiente me fue imposible por gestiones y reuniones. Así que ahora no se si seguir con ello aunque haya días que no pueda o probar algo distinto. Que me aconsejas?”
Cristina, podrías replantear el reto como dedicar tus dos horas primeras de trabajo “disponibles” a trabajo concentrado sin conexión a internet o redes sociales. Si un día solo puedes una hora, pues una hora. Si tienes una reunión a primera hora de la mañana, pues las dos horas después de la reunión, etc.
Recuerda: no necesitas la perfección todos los días, solo ir logrando que tus dos primeras horas estén lo más centradas posible.
Marta: “Mi reto es ir andando al trabajo todos los días. Son 50 minutos de trayecto, lo que implica levantarme antes para llegar a tiempo, y lo que implica también acostarme antes la noche anterior para dormir lo suficiente.”
Nurnpm: “Hola habitólogos! En el reto de los 30 días quiero consolidar el hábito de dedicar 2 horas todos los días al aprendizaje. Voy a empezar/seguir con el inglés (y después vendrá programar), los días de diario. Y los findes a dibujar. ¿Un consejo para ser consciente mientras y no distraerme?
Para mí los retos de salud minimalista fueron un éxito, el que más me cuesta es el de la regla hara hachi bu, pero creo que el conjunto fue el “hábito llave” “
Hola, habitante de tu cuerpo, a mí me gusta la técnica pomodoro. Si sabes que vas a tener 2 horas, unos 8 pomodoros de 25 minutos, podrías probarla para ver si aumentas el foco y la concentración.
“Me parece mejor plantearme como Reto establecer una organización horaria durante 30 días. Tengo la ventaja de trabajar por cuenta propia y combinar (dentro de lo posible) los horarios con mis clientes. Aprovechando eso quiero ver si respetando esa organización puedo focalizarme en lo que tengo establecido y así resolverlo…”.
“Armando este cronograma me di cuenta de que en Twitter pierdo una cantidad de tiempo impresionante. Confieso que regular mi tiempo tuiteando iba a ser mi Reto original, pero luego pensé que “recortar” mi tiempo de tuiteo no garantiza que me ordene automáticamente en todo lo demás, así que creo mejor ir directamente a un esquema de fondo.”
Jorge, en los comentarios, establece un cronograma para la semana con un montón de acciones y nuevos hábitos.
Una observación: Jorge, ¡creo que estás gravemente infoxicado! (¡más de 14 horas semanales en twitter!)
Una sugerencia: aunque quieras cambiar tantas cosas a la vez, te recomendaría que el reto de los treinta días se limitara a una sola cosa. Sé que cuando uno quiere dar una vuelta a su vida, cualquier espera se hace larga, pero también sé por experiencia que si vas más lento al principio, es más fácil y los avances se consolidan. Vas ganando confianza y en unos cuantos meses has dado un giro a tu vida. Pero hay que ir más lento.
¿Con cuáles de tus múltiples acciones te comprometes para el reto?
[Recomendación: reducir tu exposición a twitter y redes sociales. Así liberarás tiempo y energía que podrás dedicar a otras actividades más fructíferas. También lograrás más calma mental. Puedes intentar otros cambios simultáneamente, pero céntrate en uno para este reto]
Melina: “Me apunto al reto. Voy a dibujar media hora todos los días. Siempre he querido aprender. Y también voy a practicar yoga de lunes a viernes, ya lo hago pero hay días en que pongo pretextos”.
Me gustan los retos creativos. Adelante.
Mónica: “El 31 de Octubre ha sido mi cumpleaños y mi reto para esa fecha era comenzar mi primer blog. Estoy ya trabajando en ello, hace 2 días 😉
¿Cómo lo voy a hacer? Cómo detonante he elegido beber agua con zumo de limón en ayunas (lo tenía pendiente) y como recordatorio sobre mi mesa he colocado un frutero negro repleto de limones. ¿No son alegres?
Mi rutina pasa por dejar a mis hijas en el cole y al regresar a casa para trabajar en el blog/ configurar /escribir… Sólo 1 hora seguida.
Cómo no sé nada de blogs se me hace un lío todo, pero pasito a pasito, aprenderé.
Graciasssss. Publicarlo aquí me anima.”
Un reto impecable desde un punto de vista técnico: concreto, con detonantes y con acciones claras. Está muy bien que no sepas nada de blogs, aprenderás por el camino y todo será más emocionante. Si puedes y quieres, no dudes en decirnos cuál es tu blog.
Rafael Sarmentero: “Mi reto va a ser no hacer ningún comentario político en los próximos 30 días.”
Rafael Sarmentero con su disfraz de no-polemista.
Será lo más saludable que hagas en este año. Tendrás que poner en juego una gigantesca fuerza de voluntad y estar atento a los infinitos impulsos de quejarte, perorar y debatir. Tres retos en uno: atención plena, autorregulación e higiene mental. No esperaba menos de un genio.
María: “Mi reto muy meditado es no comer una sola gominola o chuche en noviembre. Soy adicta al dulce y mis hijas no me lo ponen fácil. Pero seré fuerte.”
Recomendación: elimina los dulces de tu casa, para no tener tentaciones. Permítete un “faturday” a la semana o al mes para comer chuches con tus hijas. Pero solo uno.
Uno de los primeros retos del curso de salud minimalista era eliminar el azúcar. Echa vistazo al artículo para motivarte un poco más. Después de completado el reto te lo vas a agradecer.
Desde que se fue, ella es un fantasma, y yo soy el lugar de sus apariciones.
—Juan Bonilla
Melisa: “Mi reto es el siguiente: NO voy a revisar ninguna de las redes sociales de un amigo mío (con quien tengo una especie de amor/obsesión unilateral e insensata). No sé cuántas veces al día reviso sus redes sociales, tal vez no sean tantas… pero sé que lo hago más veces de las que soy consciente. Creo que dejar de obsesionarme con eso me va a ayudar a enfocar mi mente en actividades productivas y en proyectos propios. La verdad es que pienso que el hecho de estar obsesionada con esa persona es una excusa que usa mi mente para no ocuparse de temas importantes.”
Melisa, lo de dejar de vigilar a tu amigo… y más en general reducir las redes sociales te va a hacer mucho más feliz. Liberará un montón de tiempo para relaciones con personas de carne y hueso.
Para ayudarte con ese amigo que no te puedes quitar de la cabeza, te recomiendo un libro de mi amigo Entusiasmado: Cómo olvidar a alguien en diez pasos.
Minimo Da Vinci: «Propongo hacer dos retos de 30 días:
No utilizar el facebook personal durante 30 días.
Comer una fruta todos los días.
Retos que a la vista parecen fáciles. Pero como siempre, el papel lo aguanta todo.»
El primero es muy desafiante. Suerte con él. Me gustaría que al final del reto (que vas a cumplir) nos cuentes tus impresiones y sensaciones. ¿Qué tal un pequeño diario de bitácora con tus sensaciones?
Hasta aquí los retos de sesenta y seis habitolocos. Venga, un abrazo.
En el minimalismo existencial, también necesitamos modelos en los que inspirarnos, personas que ejemplifiquen los principios, valores e ideales que intentamos plasmar en nuestras vidas. No para seguirlos acríticamente, pero sí para abrir los ojos ante la magnitud de lo posible y hacernos conscientes de forma vívida de muchos rasgos dignos de imitación.
En el catolicismo, tenemos los hechos de la vida de los santos, una colección de estampas que ejemplifican formas de vivir virtuosa para los cristianos en sus más excelsas formas. En el minimalismo existencial, tenemos a Henry David Thoreau, Leo Babauta, y… a Diógenes de Sinope.
Diógenes de Sinope es el personaje que he elegido como santo patrón de MI minimalismo, un filósofo griego del siglo V antes de cristo, del que no nos quedan obras escritas pero sí referencias a sus ideas y hechos de su vida a través de otros autores.
Al igual que Sócrates, que no escribió nada y cuyo magisterio nos ha llegado a través de Platón, Diógenes es un personaje que hablaba principalmente a través de sus actos, de su forma de vida y sus gestos. Tenemos una colección de anécdotas, algunas probablemente apócrifas o, cuando menos, no exactas, pero que nos proporcionan un retrato coherente de una personalidad y una actitud existencial. Es en esta actitud ante la vida más que en sus ideas filosóficas en las que quiero centrarme.
Simplicidad elegida y rechazo del materialismo
El síndrome de Diógenes, del que quizá hayáis oído hablar, no tiene nada que ver con el personaje del que estamos hablando. Nada más lejos del minimalismo la patología mental de acumulación de objetos que va unida generalmente a la senilidad, el aislamiento social y la suciedad.
Este “Sócrates delirante”, como le llamaba Platón, caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, dormía en los pórticos de los templos envuelto únicamente en su capa y tenía por vivienda una tinaja.
Diógenes, por el contrario, era un filósofo cínico que vivía como un vagabundo en las calles de Atenas y dormía en una tinaja . Sus únicas pertenencias (ríete tú del proyecto 333) eran un bastón, una capa, un zurrón y una escudilla para beber. Y llegó a prescindir de este último objeto por innecesario:
Un día vio como un niño bebía agua con las manos en una fuente: “Este muchacho, dijo, me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas”, y tiró su escudilla.
Desdén por la autoridad y las costumbres
Diógenes, nació en la colonia griega de Sinope (actual Turquía), su padre acuñaba monedas. Se vio envuelto en un escándalo por adulteración de moneda, fue exiliado y perdió su ciudadanía. Fue a vivir a Atenas y allí convirtió en su meta vital desafiar los valores y costumbres establecidas; cambió la adulteración de la moneda metálica por la depreciación de la moneda política. Creía que la gente no se molestaba en descubrir la verdadera naturaleza del mal y se conformaba con seguir acríticamente los usos y costumbres del momento.
Uno de los rasgos más admirables de este personaje es su falta de respeto por la autoridad y su coraje no exento de arrogancia y provocación para expresar sus opiniones incluso ante los más poderosos. La anécdota con Alejandro Magno es un gran ejemplo de esta actitud independiente y desdeñosa con el poder:
Durante los Juegos Ístmicos, expuso su filosofía ante un público numeroso. Pudo haber sido allí donde conoció a Alejandro Magno. Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes le respondió: “Sí, tan sólo que te apartes porque me tapas el sol.”
Los cortesanos y acompañantes se burlaron del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Alejandro cortó sus risas diciendo: “De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes.”
Es obvio que para Diógenes la pompa y el boato del poder político y económico eran irrelevantes:
En otra ocasión, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Diógenes dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre, pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”.
La muerte nos iguala a todos y en lo esencial, no importa las diferencias entre seres humanos, estamos expuestos a los mismos dilemas existenciales.
Nuestro patrón del minimalismo existencial lleva a la máxima expresión la desconfianza por las costumbres de la época y las somete a crítica con su acción diaria, a veces de forma muy provocadora: se cuenta que Diógenes acudía a la salida del teatro y caminaba en dirección contraria al curso de la multitud abandonando el espectáculo. Cuando le preguntaban que por qué hacía eso, decía que era lo que llevaba toda su vida haciendo: ir contra la corriente.
Lo que puede interpretarse como rebeldía o espíritu de contradicción es mejor interpretarlo como afirmación del valor de la individualidad y desprecio por el consenso o aceptación general como criterio de verdad. Muchas de las anécdotas de Diógenes son el equivalente a las modernas performance artísticas, una mezcla de provocación, espectáculo y enseñanza moral.
Por ejemplo, una de sus performances filosóficas consistió en caminar en pleno día con una lámpara diciendo que estaba buscando un hombre honesto.
En su crítica de lo establecido, Diógenes llegaba al extremo de rechazar incluso las ideas normales sobre la decencia. Se dice que comía en el mercado, orinaba sobre la gente que le insultaba, defecaba en el teatro y se masturbaba en público. Cuando se le preguntó por esta última indecencia decía: “si solo fuera tan fácil calmar el hambre rascándose la barriga…”.
Su comportamiento era su forma de enseñar. Intentaba demostrar que la sabiduría y la felicidad pertenecen al hombre que es independiente de la sociedad y que la civilización es regresiva. Para él la moralidad implicaba el retorno a la simplicidad de la naturaleza: “Los seres humanos han complicado todos y cada uno de los simples regalos de los dioses”.
Mi minimalismo existencial no es anti-nuevas_tecnologías (después de todo, tengo móvil y escribo en un blog), pero sí que comparto la necesidad de acoger críticamente cualquier innovación tecnológica, no sin antes al menos haber evaluado sus pros y sus contras, so pena de convertirnos en meras ratas de Skinner que actuamos bajo el influjo de lo último y lo más brillante y quedamos inermes antes las armas de la publicidad.
Ciudadano del mundo y espíritu libre
Aunque Sócrates se había identificado previamente como perteneciente al mundo más que a una ciudad en particular, a Diógenes se le atribuye el primer uso conocido de la palabra “cosmopolita”. Cuando le preguntaba que de dónde era, él respondía: “Soy un ciudadano del mundo” (cosmopolites). Esta era una afirmación radical en un mundo donde la identidad de un hombre estaba íntimamente ligada a su ciudadanía en una particular ciudad-estado. Siendo un exiliado y desarraigado, un hombre sin identidad social, Diógenes dejó marca en sus contemporáneos.
El minimalismo es un diseño de vida, y esto, nos guste o no, significa tomar una actitud desapegada y objetiva ante las plantillas vitales que nos proporciona nuestra cultura y entorno social. Sin esta distancia, es difícil reconsiderar la dirección que queremos dar a nuestra vida y ser creativo en los medios que empleemos para iniciar nuestro camino.
Empirismo y lógica
Algunos autores afirman que Diógenes escribió más de diez obras, muchas cartas y algunas tragedias, pero nada nos ha llegado. Es lo mismo que ha ocurrido con otros filósofos cínicos. Afortunadamente, lo esencial de la escuela cínica está unido a la práctica. Por eso, la colección de anécdotas a las que estoy haciendo referencia contienen el sustrato de la filosofía vital de nuestro santo patrón del minimalismo existencial.
Los seguidores de este blog ya conocen mi casi obsesión con la mentalidad experimental y con la acción como la vía regia hacia el conocimiento. Huyo de las ideas precocinadas y definitivas sobre las cosas o los trajes de talla única. Creo que cualquier idea, por muy coherente que sea lógicamente, por mucho valor aparente a priori que tenga o por mucho que sea bendecida y sea partícipe de la sabiduría popular, debe pasar la prueba de fuego empírica, el test de la realidad, la corroboración de la práctica.
Asistiendo a una lección de Zenón de Elea, que negaba el movimiento, Diógenes se levantó y se puso a caminar.
Si estamos hablando de diseño de vida minimalista o de aerodinámica existencial no queda más remedio que someter nuestros diseños al túnel de viento de la experimentación personal, como hacemos en las prácticas, misiones y retos propuestos en el blog.
Y hemos de tomar los resultados siempre como aproximados y provisionales, pues es en el contexto más amplio de nuestras vidas y personales circunstancias donde han de probar su eficacia o conveniencia. En algún momento, hemos de salir del simulador y probar nuestros prototipos en el torrente de la existencia, en las tormentas y encrucijadas a las que todos estamos irremisiblemente sometidos.
Diógenes, un hombre cuya vida era la encarnación de su filosofía, ridiculizaba la abstracción platónica y la excesiva confianza en las categorías lógicas y los sistemas:
Cuando Platón le dio la definición de Sócrates del hombre como “bípedo implume”, por lo cual había sido bastante elogiado, Diógenes desplumó un pollo y lo soltó en la Academia de Platón diciendo “¡Te he traído un hombre!”. Después de este incidente, se añadió a la definición de Platón: “con uñas planas”.
Tenemos que crear clasificaciones, porque nuestra mente funciona así y porque nos permite organizar el mundo y simplificarlo, pero no hemos de pensar que nuestros modelos mentales son el mundo; son solo herramientas conceptuales que nos hacen comprensibles los fenómenos y proporcionan guía para la acción.
La figura excéntrica y a veces extrema de Diógenes de Sinope me inspira y me anima a traspasar los límites mentales de lo que creo posible y me recuerda el valor del individualismo y la desconfianza de la autoridad, sea en la forma personal de un cargo político, un jefe de departamento o un experto, o de la más sutil y abstracta presión social de la costumbre o la sabiduría popular.
Zamora no se hizo en una hora (ni en treinta días)
La creencia de que necesitamos 21 días para crear un hábito es uno de los más extendidos mitos de la psicología del cambio personal. De acuerdo a un estudio del 2009 [1], un nuevo comportamiento tarda en hacerse habitual una media de 66 días, más de dos meses, y este número depende mucho de la persona, del tipo de hábito y las circunstancias. En el estudio, los hábitos tardaron en formarse entre 18 y 254 días (¡más de ocho meses!).
Mi experiencia personal también corrobora que los hábitos son difíciles de establecer intencionalmente y pueden necesitar mucho tiempo y atención. Soy un especialista en iniciar hábitos que no llegan a buen puerto.
Por lo tanto, no es probable que formemos un hábito en solo treinta días. El reto de los treinta días no hará que formes un hábito, aunque te puede poner en el buen camino.
¿Para qué sirve este reto entonces?
Para dar un empujón en una dirección vital importante para ti y con la que quieras comprometerte.
Recuerda: sentir interés por algo, pensar que es bueno, ponerlo en la carta a los Reyes Magos o la lista de deseos no es suficiente. El reto de los treinta días te permite subir de rango a un interés y convertirlo en un compromiso. Es algo que vas a hacer con independencia de como te sientas. Es una manera de formalizar el coraje:
Coraje es hacer lo correcto sin importar como te sientas.
—Doctor Paul
¿Sobre qué puede tratar un reto de los treinta días?
Es una buena manera de poner los cimientos de un hábito que sea importante para ti.
Puede ser un hábito muy simple, como levantarse al amanecer todos los días, o más complejo, como un ritual matutino para iniciar el día, un Shabbat, un ritual de meditación o un hábito de ejercicio físico semanal.
Si el hábito es simple, suele bastar con definir claramente una intención de implementación con la estructura: Si <DETONANTE> Entonces <ACCIÓN>.
Si el hábito es más complejo, tiene muchos detonantes posibles, es rico, como en el caso de un hábito de Atención plena o mindfulness en la vida cotidiana, entonces vas a necesitar mucho más esfuerzo y atención.
Los cursos de Atención plena, Perseverancia y Salud minimalista de las tres primeras reencarnaciones de 2014 en este blog han sido intentos de crear y cultivar tres macrohábitos o grandes habilidades que he considerado fundacionales o pilares básicos del carácter.
El programa diseñado en Los tres hábitos que cambiarán tu vida en este año es tremendamente ambicioso. Hemos dedicado un trimestre en exclusiva a cada uno de ellos y hemos seguido entrenándolos durante el resto del año a través de prácticas, misiones y retos. Este trabajo largo e intenso es imprescindible para macrohábitos o hábilidades complejas.
En el caso de los hábitos complejos, como el hábito de sueño saludable, has de crear un ritual cuidadosamente pensado y ponerlo por escrito. Ya tratamos de ello en varios artículos sobre diseño de rituales .
Pero por muy bueno que seas diseñando rituales, este es solo el primer paso, un ritual ha de ponerse en práctica, ver sus ventajas e inconvenientes, refinarlo y hacerlo evolucionar. Es una pequeña obra de arte existencial.
Posibles contenidos de un reto de treinta días
El reto de treinta días puede servirte para crear un prototipo de hábito, ver qué tal te sientes con él, ajustar sus detalles, integrarlo armoniosamente en el resto de tu vida y evaluar su conveniencia.
El reto no solo sirve para hábitos también está indicado para experimentar o desarrollar de forma sistemática algún interés que podría llegar algún día a convertirse en compromiso. Por ejemplo, siempre has querido aprender a dibujar, has hecho algún torpe intento, pero lo has dejado o has desistido por los resultados descorazonadores. O has querido aprender alemán, pero nunca has pasado de los primeros fascículos del curso para principiantes. ¿Qué tal si decidieras consagrar un mes entero a dibujar todos los días y dedicar una o dos horas al alemán?
El reto también es muy útil para formalizar pruebas o cambios vitales, sin necesidad de dar el salto definitivo. Por ejemplo, imagina que llevas pensando mucho tiempo en probar otro tipo de trabajo, por ejemplo, dedicarte a la enseñanza o hacerte entrenador personal o empezar a trabajar por cuenta propia. Pero te da miedo, porque no sabes si estás preparado, si realmente serás capaz de aceptar el riesgo y si ese nuevo trabajo te permitirá mantenerte económicamente.
En el caso anterior, no necesitas dejarlo todo, podrías probar durante un mes en tu tiempo libre con un proyecto profesional diferente para comprobar tu grado de motivación, tu satisfacción personal y explorar el mercado para esa nueva ocupación que sobre el papel parece tan prometedora.
Mantienes tu trabajo y vida de siempre, pero experimentas con otra identidad profesional fuera de tus obligaciones laborales cotidianas. Completado el reto, decides si realmente te satisface tanto como pensabas, si hay posibilidades de seguir en esa dirección y si quieres seguir inviritiendo tiempo y esfuerzo en desarrollar tu nueva vocación.
El reto de treinta días puede ser también algo más lúdico o aventurero. Podrías intentar hacer el Camino de Santiago sin mochila [2] o aprender alemán en un mes [3]. Estas dos iniciativas las intentó mi amigo Luis José, alias Mínimo, hace unos años. No concluyó el camino por lesión y se dio cuenta de que era muy difícil aprender alemán en tan poco tiempo, pero seguro que mereció la pena y aprendió mucho como consecuencia del intento.
Mi desafío de la ducha fría, no apto para todos los públicos, fue creado más por espíritu lúdico (curioso concepto de la diversión que tengo) o aventurero que por los beneficios que esperaba cosechar. En todo caso, fue más barato que irme a Vietnam o escalar el Mont Blanc.
Laura Mascaró ySaramber, ambas blogueras y escritoras, han decidido emplear el reto de los treinta días propuesto en este blog para escribir en noviembre un libro de unas 50.000 palabras y seguir las reglas del proyecto NaNoWriMo.
Iraide Talavera del blog Palabritisaguda.com tiene un excelente artículo sobre el proyecto NaNoWriMo donde te proporciona más detalles:
[…] National Novel Writing Month es un evento internacional que tiene lugar en noviembre e invita a escritores aficionados de todo el mundo a unirse al reto de escribir una novela de 50.000 palabras, en el idioma que quieras, durante los 30 días que dura este mes (es decir, una media de 1667 palabras diarias).
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Este es un buen ejemplo de reto de treinta días: es concreto, específico, con fecha de finalización y el trabajo diario está claramente delimitado.
También puedes emplear el reto de los treinta días para introducir una nueva técnica de aprendizaje (por ejemplo, hacer preguntas en los márgenes de los libros que leas), experimentar con un programa informático para escritores (por ejemplo, con el Write or Die o el Scrivener), o un hábito de productividad, como Sofía, que ha decidido dedicar las dos horas primeras de trabajo del día exclusivamente a trabajar en los asuntos más importantes sin entrar en redes sociales o el correo electrónico.
Los retos pueden establecerse en términos negativos, como hace nuestro entrenador y amigo Luis Andés, que ha decidido eliminar el pan durante un mes. o Frieden, que ha decidido eliminar la harina refinada.
Para inspirarte, puedes consultar cualquiera de las prácticas, misiones o retos de los cursos de Atención plena, Perseverancia o Salud Minimalista. Aunque eran retos semanales, tú puedes extenderlos a treinta días y adaptarlos a tus necesidades y metas.
Reglas del juego del Reto de los treinta días
Dura treinta días. Obviamente. Es una cifra redonda que te proporciona concreción, una línea roja, una meta clara y te ayuda a mantenerte centrado.
Has de ser concreto y específico con la tarea que quieres completar todos los días. Cuanto más concreto, más probable que te ciñas al reto. Así evitas la ambigüedad que te puede llevar a la laxitud. El proyecto NaNoWriMo te obliga a 1666,66 palabras al día. Aunque tengas un objetivo mensual (escribir una novela de 50.000 palabras), la clave está en cada uno de los pasos diarios.
Me sumo al reto, pero me voy a tomar hasta el Viernes 31 de Octubre para publicarlo acá. Porque si algo he aprendido en este año es que no hay que dejarse llevar por los impulsos, así que si tengo tiempo para pensarlo, pues, lo voy a pensar bien! (¿aprobé maestro?)
—Alejandro Paciotti
Madura tu decisión sobre el reto. Vas a invertir un mes. No te dejes llevar por el primer impulso. Define y refina el reto durante un par de días. Puedes hacer una lista de los diez retos que te vengan a la cabeza primero y luego seleccionas o varías en alguno de sus elementos. Usa la página de este blog Reto de los treinta días para obtener realimentación de Homo Minimus y otros compañeros de travesía.
Es mejor que elijas algo que se pueda hacer todos los días. Quizá puedes descansar algún día, en el Shabbat o el fin de semana, pero es conveniente que sea algo diario. Los hábitos diarios son más fáciles de crear y sostener que los semanales.
Tienes que comprometerte a hacerlo todos los días. De otra manera, no podrás experimentar los efectos y costes del hábito y extraer lecciones. Aunque sientas un bajón emocional momentáneo, no cedas, sigue. Después de todo, sabes que pasados los treinta días podrás abandonarlo completamente o modificarlo.
Si fallas uno o dos días, no pasa nada, sigue igualmente. La creación de hábitos no es un proceso “todo o nada”, se necesita constancia y continuidad, pero no busques el perfeccionismo. Haz honor a la intención.
Si fallas, cuatro o más días, entonces, no has completado el reto. Considera abandonarlo y empezar un nuevo reto de treinta días el siguiente mes que aproveche el conocimiento obtenido y te permita empezar un nuevo reto con más garantía de éxito.
No subestimes la dificultad del reto de los treinta días. El papel soporta todos los planes, pero «los mejores planes de ratones y hombres a menudo se frustran y no nos dejan más que sufrimiento y dolor por el gozo prometido«… ya nos avisó el poeta.
¿No has elegido tu reto todavía? Entra en la página del reto de treinta días y comprométete públicamente. Somos muchos y entre todos nos proporcionáremos apoyo durante el mes.
Hermanos, ¡lo que hacemos en la vida resuena en la eternidad!
—Gladiator
Gladiadores del circo cotidiano (Ara Magdaleno), habitantes de vuestros cuerpos (nurnpm), exploradores del espíritu, incombustibles (¡Herman!), frikis a la carrera (Amparo), losanos (Joaquín), inclaudicables (Alejandro Paciotti), perseverantes (Astrid B.), ex-gordos :), jíbaros de vosotros mismos (Tremendosky), conseguidores (Blanca), navegantes de mil mares, chamanes del cambio, habitólogos (Daniel), y demás fauna del minimalismo existencial,
¡ha llegado el momento de mostrar y demostrar lo que hemos avanzado durante este año gracias al proyecto Los tres hábitos que cambiarán tu vida y los correspondientes cursos de Atención plena, de Perseverancia y Salud minimalista!
Estamos ya en la cuarta reencarnacióndel 2014. Tenemos veinticinco años. Ha sido un largo camino con venturas y desventuras, avances y retrocesos, alegrías y seguro que también nuestra buena dosis de frustración. Casi cuarenta propuestas de prácticas, misiones y retos que cada uno de vosotros siguió desde el interés y desde la acción. Sea cual sea vuestro grado de participación y satisfacción con los resultados, enhorabuena por haber llegado hasta aquí.
Cualquiera que durante este año haya probado, intentado, experimentado o convertido en acción —aunque sea unas pocas veces, aunque sea en una sola ocasión— alguna de las ideas que he presentado en el blog , o que se haya sentido inspirado por los comentarios, sugerencias y experiencias de nuestros compañeros de travesía, puede darse por satisfecho. Ya habéis hecho más que lo que la mayoría de la gente hace en un año. Posiblemente habéis vivido con más conciencia de lo que la gente vive usualmente sus vidas.
Walden Pond al atardecer. Henry David Thoreau vivió durante dos años, dos meses y dos días en Walden Pond desde julio de 1845 a septiembre de 1847. Su experiencia en Walden le facilitó el material para el libro Walden, La vida en los bosques, al que se le reconoce como inspiración de la consciencia y el respeto por el medio ambiente. Tim Hettler en flickr: https://flic.kr/p/aAJR9g
Decía Henry David Thoreau que la mayoría de la gente vive su vida en una silenciosa desesperación. Pero nosotros, parafraseando sus palabras en Walden, podemos decir que al comienzo de este año “nos fuimos a los bosques porque queríamos vivir sin prisas (¡pero sin pausa!), queríamos vivir a conciencia (¡y con ciencia!), y sacar todo el meollo a la vida (allá donde se esconda), para no descubrir, a la hora de la muerte, que no habíamos vivido”.
Este mes de octubre no he propuesto hasta el momento ningún reto. Quería que tuvierais un par de semanas para… descansar… para que los echarais de menos… y para… tomar impulso para lo que os propongo ahora.
¿En qué consiste el reto?
Durante el mes de noviembre acometeremos un reto personal. Puedes llamarlo también experimento, hábito, misión o práctica, etc., da lo mismo. Lo importante es lo siguiente:
Durante treinta días cada uno de nosotros se centrará en completar un reto libremente escogido.
¿Cuándo empieza el reto?
El 1 de noviembre.
¿Cuál es el propósito de este reto?
El reto de los treinta días es una poderosa herramienta de cambio personal y a la vez es la ocasión para que dejemos las ruedecillas de la bicicleta que han sido los cursos de este blog y probemos a diseñar nuestros propios retos. Cada uno tendrá que elegir su reto personal.
Durante este año, según avanzábamos en el plan diseñado en el libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida, nos fuimos dando cuenta de que todo nuestro entrenamiento en atención plena, perseverancia, autorregulación y salud minimalista tenía un tema común subyacente: la capacidad de diseñar comportamientos que nos hagan avanzar en nuestras vidas y convertirlos en hábitos. Estamos en el camino de convertirnos en habitólogos.
A la vez, sentirse inspirados por el cambio, atreverse a dar el salto y dar el salto requiere que seamos audaces, ambiciosos, que mantengamos una saludable mentalidad experimental y seamos… un poco locos. Es por eso que una de nuestras compañeras, Lucecita, propuso que nos autodenomináramos “habitolocos”.
¿Sobre qué tiene que ser el reto?
Sobre cualquier elemento de tu comportamiento que te haga avanzar.
Puede ser la creación de un hábito importante para ti, un experimento de aprendizaje de treinta días, un reto personal, una práctica, un proyecto, un trabajo temporal, alguno de los retos de los cursos de este blog, lo que sea.
En un próximo artículo proporcionaré algunas ideas o sugerencias, pero ahora simplemente quiero que pienses algo que te motive, que sea importante para ti.
¿Tiene que ser algo difícil o ambicioso?
No.
De hecho, no recomiendo que escojas algo muy complicado o duro como el Desafío de la ducha fría, porque el reto de mantener un comportamiento sin excepciones durante treinta días ya es suficientemente ambicioso. Poca gente es capaz de ser constante durante tanto tiempo y ceñirse a una determinación, por fácil que parezca.
Pero si quieres elegir el Desafío de la ducha fría o algún otro reto o experimento extravagante, adelante. No seré yo el que te corte las alas.
¿Con qué recursos o ayuda contaré?
Una página en este blog: Reto de los treinta días. En ella declararás cuál es tu reto de los treinta días y te comprometerás públicamente. Yo haré una lista con todos los participantes y sus retos. Tienes hasta el viernes 31 de octubre.
Los artículos sobre el reto de los treinta días que vayan apareciendo cada semana de noviembre y donde podrás ir comentando tus impresiones y experiencias.
Si te comprometes personalmente, y detallas en qué consistirá tu reto, yo te ayudaré a diseñarlo o te sugeriré alguna mejora, si es necesario. Me puedes escribir a homominimus@hotmail.com o simplemente usar la página del reto de los treinta días para pedirme opinión o pedírsela a tus compañeros.
¿Cómo me motivaré?
Eligiendo un reto que tenga profundo significado personal para ti y que, sacándote un poco de la zona cómoda, sea factible.
Repito: mantener un comportamiento treinta días ya es suficientemente difícil. Por eso, elige algo que te sea útil o interesante, aunque no sea espectacular.
Recuerda: esto es un maratón, una carrera de fondo. Este reto pondrás las bases de posteriores cambios personales más ambiciosos.
¿Cómo me motivará Homo Minimus?
Para todos los que completen el reto de los treinta días y así lo deseen, crearé reuniones virtuales vía skype o algún medio similar para comentar nuestros aprendizajes y experiencias y conocernos a través de la palabra hablada.
Como espero que seamos algunas decenas los que lo completemos, crearé grupos de tres personas y me iré reuniendo con todos a lo largo de varias semanas tras completar el reto.
Mi amiga Elisa Erbali —del estupendo blog minimalista No quiero otro pijama— y yo, hemos traducido al español el último libro de Leo Babauta, The One Skill. En español, La gran destreza.
Puedes suscribirte a este blog y recibirlo gratuitamente junto con focus y El pequeño libro de la satisfacción, también de Leo Babauta, y así iniciar tu camino en el minimalismo existencial.
La gran destreza. Cómo el arte del desapego transformará tu vida
La raíz de todos nuestros problemas es nuestra incapacidad para el desapego.
—Leo Babauta
En este pequeño libro de menos de ochenta páginas podemos aprender la habilidad del desapego y obtener los siguientes beneficios:
Reducir el estrés
Procrastinar menos
Mejorar nuestras relaciones
Aumentar la habilidad para gestionar el cambio
Aprender a cambiar hábitos
Estar más presente en nuestras propias vidas
En la primera parte del libro, Leo describe la tendencia a aferrarnos a las cosas e ideales sobre cómo debe ser el mundo y deberían comportarse las personas
La práctica del desapego
Dominar el arte del desapego es una forma de reducir muchos problemas cotidianos.
En la segunda parte del libro, nos enseña a practicar la habilidad del desapego. Para ello divide la práctica en partes que entrenaremos individualmente:
Advertir las señales
Ver los ideales a los que nos aferramos
Desapegarse de los ideales
Ver la realidad tal como es y aceptarla para responder adecuadamente a los desafíos que nos vaya planteando la vida.
Este libro desarrolla la vertiente más práctica del hábito de la atención plena o mindfulness, que estamos entrenando en el Curso de Atención Plena de este blog. El desapego es la consecuencia de la aceptación de la realidad y nuestras emociones.
Esta mañana, justo antes de escribir estas letras que estás leyendo ahora, me he pasado veinte minutos viendo páginas web, mirando el correo electrónico y demorando el comienzo de mi pomodoro de escritura diario en este blog. Esto va contra mi regla de Empezar el día sacando, una de las reglas más antiguas e importantes de mi sistema de productividad minimalista.
Cuando lo he advertido, ya había pasado un buen rato desde que me había sentado a trabajar (presuntamente) y he sentido el fastidio de quebrar la regla. Me he dado cuenta de que durante unos minutos he olvidado la regla de comenzar el día con las cosas importantes, con mis compromisos y obligaciones. El entrenamiento del curso de atención plena me ha hecho más consciente de mis emociones y por eso he sido capaz en tiempo real de observar mi estado emocional sin sobrerreacionar.
He recordado uno de los consejos del Reto de meditación 10×10: no flagelarme por los errores, darme cuenta de la desviación de mi atención con serenidad, sin amplificar mi descontento, y retomar el rumbo con suavidad.
Y aquí estoy en medio del pomodoro intentando gesticular con palabras pensamientos inconexos y dotarlos de unidad para extraer alguna lección o enseñanza.
Ya he hablado de las líneas rojas (puntos no negociables, límites máximos y mínimos) y su utilidad para evitar pendientes resbaladizas: un minuto para ver el correo se convierte en cinco, y en diez y en veinte. Como siempre se puede demorar el comienzo un minuto más, y como un minuto no supone una gran diferencia en el gran sistema del universo, el comienzo de la actividad incómoda se demora.
Solo escribo cuando estoy inspirado. Afortunadamente, siempre estoy inspirado a las nueve en punto todas las mañanas.
—William Faulkner
Puesto que no tengo un punto exacto donde empezar el pomodoro, este tiende a demorarse, los descansos a hacerse más largos y mi actividad pierde foco. Se me ha ocurrido (¡Gracias Yo Ocurrente[o Inteligencia Generadora]!) que si supiera cuándo empezar exactamente el pomodoro habría una línea roja clara que actuaría como detonante del inicio del pomodoro y evitaría la postergación cotidiana.
La solución está en el título de este artículo: empezar mis pomodoros a las 8.30, 9:00, 9:30, etc. O a las 16:00, 16:30, 17:00, etc. Exactamente, sin dudas ni demoras. Con eso se acaba el debate interior sobre si empezar ahora o dentro de cinco minutos y reduzco la fricción de la decisión. Como mis pomodoros son de veinticinco minutos, eso me asegura un máximo de cinco minutos entre pomodoro y pomodoro. Sería una buena forma de automatizar el inicio de los pomodoros y de asegurarme que cumplo los descansos entre pomodoro y pomodoro.
No sé si con esta nueva técnica he hecho una muesca en el universo o si simplemente he añadido una regla más a mi caja del minimalismo robótico.
Siempre me ha sorprendido que una persona que en el trabajo profesional es disciplinada, aplicada, cumplidora, digna de confianza, trabajadora, laboriosa… cuando sale del entorno laboral pierde su capacidad de autodeterminación y se entrega al ocio vacío, es un desastre en su vida personal, tiene problemas de peso y es incapaz de hacer ejercicio regularmente o tener una alimentación adecuada.
Un esforzado y motivado trabajador en su tiempo libre. ‘Lazyness’, por Mr. Greenjeans en flickr: https://flic.kr/p/3imbr
Ese tipo de personas no es capaz de generar por sí sola hábitos saludables como la meditación o le resulta imposible tomar la decisión de dar un giro a su vida y cultivar sus aficiones más queridas.
¿Cómo es posible que seas una pieza fiable y bien engrasada de una organización empresarial, sirviendo a metas corporativas o colectivas —que no siempre coinciden con las tuyas o que no armonizan con tus valores— mientras que cuando se trata de dirigir tu vida y moverte hacia metas personales, procrastines, evites el trabajo duro, te muestres irresoluto, no cumplas ninguno de los plazos que te impones (o peor, que no te pongas ningún plazo), no colabores con otras personas que están en tu misma situación y comparten las mismas metas?
¿Por qué la creatividad, disciplina e ingenio que a veces desplegamos en la vida profesional no se transfiere cuando se trata de perseguir nuestros fines (no los de la organización a la que temporalmente pertenecemos)?
¿Por qué nos cuesta tanto perseguir nuestros propios fines?
Creo que la respuesta está en que algunos de nosotros no hemos desarrollado realmente la capacidad de autorregulación o no lo hemos hecho suficientemente.
Somos adultos, nos esforzamos, logramos metas, avanzamos en nuestra carrera, pero NO es por nuestra perseverancia, voluntad o capacidad de autorregulación; es por nuestra capacidad de responder a los incentivos externos, a las recompensas y castigos (el palo y la zanahoria de los incentivos) que nos proporcionan las organizaciones empresariales y otros estímulos sociales.
Cualquier grupo humano, desde la asociación de vecinos, hasta el club de ajedrez, pasando por el gremio de artesanos, es un mecanismo de integración de esfuerzos e intereses individuales hacia metas colectivas. Hablo específicamente de las organizaciones empresariales porque son las que nos proporcionan nuestro medio de vida y las que más demandan de nuestro tiempo, energía y compromiso.
Algunos estudiosos de la dirección de empresas, como Peter Drucker, sugieren que el máximo logro de la civilización occidental en el siglo XX no es la electrónica, los avances en el transporte o las tecnologías de la información, sino la gran organización empresarial, que ha sido capaz de canalizar hacia metas colectivas los intereses y esfuerzos de cientos y miles de individuos. La gran empresa es una tecnología de motivación de personas, que ha permitido aunar y coordinar el esfuerzo y el conocimiento disperso en las mentes de los trabajadores.
Y lo hacen excepcionalmente bien, tan bien que —al menos hasta época reciente y en la mayoría de los sectores— podían funcionar con trabajadores que solo fueran buenos obedeciendo órdenes, aunque no fueran muy buenos dirigiéndose a sí mismos.
Los tiempos han cambiado
El trabajo flexible, la inestabilidad inherente a un mundo globalizado, la apertura de mercados, lo borroso de las distinciones profesionales y la aceleración del cambio hace que las antiguas certidumbres corporativas vayan desapareciendo.
La automatización de procesos hace que muchos puestos queden obsoletos, desaparezcan o conviertan el trabajo de muchas personas en trabajos rutinarios de poco valor añadido y por tanto mal remunerados . Si quieres prosperar debes aportar un valor diferenciado y eso supone que tu principal activo es el cerebro, tu capacidad de innovar y de crear.
El trabajo intelectual en una economía de servicios depende cada vez más de obtener un tipo de resultados que es difícil de medir (satisfacción del cliente, innovación en métodos y productos, creación de valor empresarial, etc.). Y ese trabajo intelectual es más difícil de dirigir. El liderazgo autoritario de ordeno y mando no funciona tan bien con trabajadores intelectuales, muy bien formados y que tienen cubiertas sus necesidades primarias. La piedra filosofal del liderazgo empresarial está en saber cómo extraer lo máximo de trabajadores altamente educados y que tienen la capacidad de dirigirse a sí mismos.
En la era de la información, se necesita transformar la vieja pregunta taylorista acerca del trabajo físico (a saber, “¿pueden las extremidades del trabajador operar de forma aún más efectiva?”) en otra de índole más espiritual: “¿puede la vida interior de la persona moverse de una forma aún más efectiva?”.
—La ética del hacker, Petra Himanen
En un nivel personal, la única forma de crear un valor diferenciado (único, si fuera posible) para el mundo está en la construcción de nuestras habilidades de forma que estén tan alineadas como podamos con nuestros talentos particulares y nuestros intereses, con las cosas que disfrutamos especialmente haciendo. Y, por supuesto, que respondan a una necesidad de otras personas u organizaciones humanas.
Nuestra vida profesional no es solo un esfuerzo autista de satisfacción personal y persecución de nuestros sueños. Si queremos poder sostener una vida significativa y ser retribuidos por nuestros esfuerzos debemos buscar la manera de encajar nuestro trabajo con las necesidades de otros seres humanos. Nadie nos debe nada, y si queremos que alguien haga algo por nosotros, también debemos estar dispuestos a encontrar la manera de hacer algo por los demás.
El sistema educativo tradicional no genera trabajadores autogestionados
Esto requiere de un esfuerzo de introspección, de autoconocimiento, de saber cómo automotivarnos, de averiguar cómo aprendemos y trabajamos mejor, y también un interés por las necesidades de otros seres humanos, que esperamos satisfacer con nuestro trabajo.
Pero el sistema educativo tradicional no favorece la experimentación y el autodescubrimiento de intereses y capacidades, así lo expresé en el artículo Treinta y tres daños colaterales resultado de escolarizar a tu hijo: por cada joven que tiene una vocación clara, que sabe aprender por sí solo y conoce sus fortalezas y debilidades, hay decenas que no saben en qué son buenos, con qué tipo de actividades disfrutan especialmente; por tanto, no saben qué hacer con su vida. Tampoco suelen conectar sus esfuerzos educativos con la función que van a desarrollar en la vida real. Creen que basta con aprender en abstracto y que simplemente se les pagará por ello.
Lo habitual es que el niño y el joven se dejen arrastrar (si todo va bien) por la inercia del sistema educativo superando las pruebas que los profesores les ponen para pasar a la siguiente fase. Como el sistema suele ser de talla única, no hay demasiadas posibilidades para experimentar con distintos campos del saber y la actividad humana y poco a poco ir descubriendo nuestro lugar en el mundo.
Aprendizaje autodirigido y trabajadores autoprogramables
Daño colateral número veintinueve: Tu hijo estará mal preparado para convertirse en el tipo de trabajador creativo, autogestionado y con iniciativa que se demanda en los puestos que generan alto valor añadido en la economía del conocimiento. Y peor preparado incluso para crear su propio trabajo como trabajador por cuenta propia o empresario.
El aprendizaje autodirigido es casi una excepción en los sistemas de aprendizaje tradicional. Y es justamente este tipo de aprendizaje el que necesita una persona que cree un valor diferenciado tanto si trabaja en el seno de una organización empresarial como si es un emprendedor o un trabajador por cuenta propia o que vende sus servicios al mejor postor y trabaja por proyectos. El aprendizaje autodirigido es el propio de un “trabajador autoprogramable”, por emplear las palabras del sociólogo Manuel Castells.
En la trayectoria laboral típica de la sociedad tardoindustrial (aunque sin duda nunca se llevó a cabo exactamente de este modo), una persona era preparada para realizar un oficio en el cual trabajaría durante el resto de su vida productiva, de nueve a cinco. En la economía de la información, ya no sucede así; más bien, el nuevo profesional de la información es, para emplear las palabras de Castells, “autoprogramable” y tiene la capacidad de reciclarse y adaptarse a nuevas tareas, nuevos procesos y nuevas fuentes de información a medida que la tecnología, la demanda y la dirección aceleran su ritmo de cambio.”
— La ética del hacker, Petra Himanen
El problema es que el aprendizaje autoridigido necesita de la capacidad de sostener el esfuerzo durante largos periodos de tiempo sin recibir recompensas externas. Sin perseverancia es difícil conseguir nada de valor. La autonomía y el seguir las propias inclinaciones necesita de un potente músculo de autogestión personal que poca gente desarrolla espontáneamente. Habitualmente somos buenos paras seguir órdenes ajenas (hemos entrenado esta “habilidad” durante más de diez, quince o veinte años de educación formal), pero somos patéticamente ineficaces generando órdenes para nosotros mismos y cumpliéndolas.
Sin la presión constante del jefe o del maestro o de los padres, sin la zanahoria del premio externo o el miedo al palo, sin la fecha límite impuesta por las circunstancias o los clientes, lo tenemos difícil para ponernos en marcha y procrastinamos y cedemos a las sirenas de las ganas y la satisfacción inmediata o la gratificación instantánea. Es quizá esta una de las razones por la que muchos trabajadores que podrían trabajar en casa y ahorrarse muchas horas de desplazamiento prefieren seguir yendo a la oficina. Algunas empresas tecnológicas como Yahoo han dado marcha atrás en la promoción del teletrabajo:
La CEO de Yahoo, Marissa Mayer, decidió prohibir a los empleados del buscador trabajar desde sus casas. El mensaje lo hizo llegar a través de la directora de Recursos Humanos, Reses Jackie, en una nota que asegura que «la comunicación y la colaboración son fundamentales así que debemos trabajar codo con codo, y por este motivo es crítico que estemos físicamente en la oficina».
Mayer ya mostró en otras ocasiones su preocupación por la colaboración entre equipos, y opina que es difícil reforzar esas conexiones si los colaboradores trabajan de forma remota.
El Curso de perseverancia de este año en este blog pretende fortalecer el músculo de la voluntad y ayudarnos a ser más disciplinados, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para lograr las cosas que nos importan en la vida pero que no son fáciles ni automáticas.
Lo mejor de los dos mundos: autodidactas que son interdidactas
En este blog defiendo la autonomía, la autogestión y el ser autodidactas fijando nuestras propias metas, buscando nuestros propios recursos, desarrollando nuestras habilidades y valorando el resultado de nuestra trabajo en nuestros propios términos de acuerdo a nuestros valores personales.
Como ilustración casi pura de la disciplina y la fuerza de voluntad he estudiado a deportistas y escritores, especialmente los novelistas, pues son el paradigma del aprendizaje autodirigido y la capacidad de autogestión y su trabajo es principalmente solitario: capaces de iniciar sus propios proyectos, motivarse a lo largo del camino, vencer la frustración, continuar a pesar de las dificultades, lidiar con la falta de confianza y las dudas, y avanzar poco a poco durante meses y años hasta concluir sus obras.
Los artículos de este blog sobre Ernest Hemingway (su cuota de palabras diarias), Raymond Chandler (técnica de las 0 alternativas) o Rafael Sarmentero (su disciplina, técnicas y estilo de vida) son buenas ilustraciones de los rituales, técnicas y métodos de autorregulación que emplean los escritores de manera habitual.
Pero a veces tengo la sensación de que el énfasis que pongo en la autonomía, aunque conveniente, es excesivo. Somos seres sociales que aprendemos mucho con otras personas. De hecho, es probable que nuestros cerebros estén preparados para ser motivados y aprender más rápido cuando estamos rodeados de personas.
En Autodidactas e interdidactas me inspiré en el mundo de los programadores, concretamente en el movimiento de la artesanía de la programación, una comunidad de programadores preocupados por la calidad de su trabajo y que sostiene una ética profesional muy fuerte. Escribía lo siguiente:
Somos animales sociales, gran parte de nuestro aprendizaje no se hace en solitario, sino en un entorno social del que obtenemos interacción, conocimiento y estímulo. Un aprendiz inteligente buscará la comunidad de aprendizaje que mejor le ayude a alcanzar sus metas. Por eso, la palabra autodidacta no está bien escogida para referirse a las personas que aprenden a su ritmo, movidas por sus pasiones o intereses y que lo hacen al margen de los caminos trillados de escuelas, universidades y academias.
Nos falta un manifiesto del interdidacta, una declaración de principios e intenciones de lo que constituye el aprendizaje en libertad: diverso, múltiple, sorpresivo, creador, que hace uso pleno del principal recurso humano: la capacidad de aprender de/con otras personas, inventar y conectar medios y fines, y hacer uso de la habilidad empresarial de descubrir oportunidades beneficiosas de intercambios y mejoras individuales y colectivas. Esto sería el APRENDIZAJE con mayúsculas.
A pesar del mito del hacker o el programador encerrado en su cubículo sobreviviendo a base de coca-cola y pizzas sin contacto con otros seres humanos, los artesanos del sofware , gente altamente capaz y muy brillantes profesionalmente, son aparentemente más gregarios que el trabajador ordinario, mantienen reuniones para mejorar y profundizar en conceptos y técnicas de programación, practican el “pair programming” o la programación en grupos de dos, usan técnicas innovadoras de gestión de proyectos como los métodos Agile o Scrum y en general se mantienen socialmente muy activos. Hice referencia a esta comunidad en mi artículo Jaque a el sistema, hackea tu educación.
Los movimientos del software gratuito, wikipedia, linux y miles de proyectos colaborativos han surgido de este tipo de personas que aprende y prospera en comunidades de programadores altamente motivados, que aman su trabajo y buscan el aprendizaje continuo.
Un interdidacta fija sus metas, busca sus recursos y valora sus resultados, pero en vez de hacerlo siempre en solitario en su habitación aislado del mundo, busca el apoyo emocional e intelectual de otras personas que comparten fines o metas parecidas.
Trabajamos en equipos y los mejores trabajadores son los que saben desarrollarse, liderar y armonizar en el seno de equipos y proyectos conjuntos. Goleman en su libro Inteligencia emocional en la práctica muestra a través de estudios que los trabajadores estrella no se caracterizan por unas habilidades técnicas excepcionales, sino que más bien, siendo esas habilidades altas, lo que les distingue y les hace más eficaces es su capacidad de “navegar” en equipos de trabajo (no solo en internet) y su capacidad para formar redes de apoyo mutuo;
Los trabajadores estrella no son gente aislada según Daniel Goleman. ‘Lone hacker on warehouse’, por Brian Klug en flickr: https://flic.kr/p/bFZpyg
es decir, lo que en términos muy amplios se ha llamado inteligencia emocional y que más coloquialmente se llama don de gentes, ser sociable o saber tratar a las personas. Esto es cierto incluso para los trabajadores eminentemente técnicos, que no dirigen equipos.
Goleman encuentra que el éxito en los negocios procede principalmente de una fuerza de trabajo que despliega iniciativa y empatía, adaptabilidad y capacidad persuasiva; es decir, aspectos claves de lo que él define como inteligencia emocional. Presenta estudios que muestran que el CI representa solo entre el 4% y el 25% del éxito de un individuo en el trabajo, mientras que las competencias emocionales (autoconciencia, autorregulación y motivación) son dos veces más importantes en el lugar de trabajo que las habilidades puramente cognitivas.
—Reseña Publishers Weekly a La práctica de la inteligencia emocional de Daniel Goleman.
Interregulación: crear un hábitat social que nos propulse
Así que a la búsqueda del santo grial de la voluntad o de la autorregulación, le faltaba la interactividad. Hemos de aprender a crear deliberadamente un entorno social y profesional nutricio que nos ayude a prosperar en nuestros esfuerzos creativos y profesionales.
El aprendizaje y trabajo en grupos de personas no solo proporciona más diversidad y rapidez en la adquisición de conocimiento, también es una poderosa herramienta de motivación que descarga parte del esfuerzo emocional de motivarse y dirigirse a uno mismo en los grupos a los que pertenecemos. Además, nos proporciona un medio más de conocernos y mantener la plena conciencia y la visión ajustada de la realidad si conseguimos un entorno laboral o de aprendizaje donde primen la transparencia, las opiniones honestas y la realimentación entre aprendices o trabajadores y con jefes y profesores.
Podríamos comparar la motivación en el entorno de un equipo de trabajo o grupo de aprendizaje a una carrera de relevos: en cada momento, son distintas personas las que llevan el peso. Cuando pierden energía, se frustran o bajan la guardia, allí están otros compañeros para tomar el testigo, para alertar sobre las desviaciones y animar a proseguir el camino. El esfuerzo de dirección también puede ser asumido en distintos momentos por distintas personas y con eso mantener la energía colectiva a pesar de las inevitables irregularidades de las energías individuales.
El modelo de las comunidades científicas o de los programadores artesanos o el de los antiguos gremios nos puede servir de plantilla o inspiración para crear nuestro propio hábitat. No es algo que venga naturalmente, sobre todo si has sido educado de manera tradicional, con el énfasis en aprendizaje individual y competitivo movido por el incentivo de las calificaciones.
La web 2.0 (blogs, wikis, crowdsourcing y otras plataformas colaborativas), que permite mucha más interacción, es una excelente herramienta disponible para canalizar esfuerzos individuales hacia proyectos conjuntos. Los MOOCs (plataformas educativas online, muchas gratuitas) son otra manera de acceder a educación y grupos de estudio. Los meetups, grupos de interés para temas muy concretos, que se reúnen presencialmente facilitados por plataformas como meetup.com, son también la manera de encontrar tu “tribu”, el grupo de gente de tu ciudad que puede compartir las mismas inquietudes o pasiones.
Hoy en día tenemos un menú de posibilidades de contacto y colaboración más amplio que nunca. Si permitimos que la dinámica del ocio y el entretenimiento más o menos frívolo tome el control, podemos usarlo para pasar sin mucha consciencia las horas en facebook viendo fotos de amigos, para ver videos de youtube de gatos, para picotear en twitter los últimos fragmentos de actualidad y participar en guerras incendiarias o para quedar hipnotizados por el flujo de whatsapp,
O podemos aprovechar toda la fuerza de la red para crear proyectos significativos, unir personas, crear productos y servicios, y seguir aprendiendo e “intereducándonos”con otros seres humanos con los que tengamos afinidad emocional y metas compartidas.
—Lema de Texas Industries, citado por Peters y Waterman en En busca de la excelencia
Una mente inquieta, es decir, una mente humana, se encuentra siempre con muchos más intereses que con horas en el día para cultivarlos.
Hay diferencias individuales.
Están los que saben que quieren hacer con su vida desde que tienen seis años y tienen un tema central que es el hilo conductor de su existencia. Es lo que llamamos vocación: algo refulgente emocionalmente llama desde la distancia y la persona decide acudir a esa llamada. Por ejemplo, una niña que quiere ser escritora desde que tiene uso de razón y que dirige su vida según esta meta. O un niño al que le gustan mucho los animales y decide ser biólogo o veterinario.
En el otro extremo, estamos los que tenemos que hacer un esfuerzo continuo por mantenernos centrados. Tenemos una mentalidad de mariposa: vamos de flor motivacional a flor motivacional; nos ilusionamos con facilidad con nuevas aficiones, libros, personas, trabajos, etc., pero pasado el periodo de deslumbramiento, empezamos a perder fuelle, miramos a nuestro alrededor y aparece algo que desde la distancia resulta más atractivo (la hierba del vecino es siempre más verde), gradualmente vamos abandonando el interés anterior y un nuevo tema ocupa el primer plano de nuestra conciencia… durante un tiempo.
También es habitual mantener varios intereses simultáneamente, unos compitiendo con otros por nuestros escasos recursos de tiempo y atención, sin que logremos progresar sustancialmente en ninguno de ellos; por ejemplo, con las aficiones a las que dedicamos los fines de semana, los veranos o que abandonamos y retomamos cíclicamente.
La lucha de distintos y enfrentados intereses por aumentar su cuota de atención en la mente se exacerba en un mundo donde hay más posibilidades que nunca y más información sobre ellas. En La paradoja de la elección vimos que tener más opciones dilata el periodo de decisión y aumenta la insatisfacción con la decisión tomada. La opción descartada quema cuando la opción elegida pierde brillo. Es fácil experimentar el síndrome del niño en la pastelería, queriendo probar todos los pasteles sin detenerse a saborear ninguno.
Mantener las opciones abiertas es un consejo razonable en un mundo donde una opción mejor siempre está a la vuelta de la esquina. De ahí el miedo al compromiso en muchos aspectos de nuestras vidas; lo percibimos como castrante o restrictivo.
Cómo podemos centrarnos
Partamos de la base de que solo tenemos una limitada cantidad de energía y que profundizar en un tema es siempre muy costoso. La maestría o la excelencia solo es posible en un campo, quizá dos, pero no más. Necesitamos algún imán de la acción para mantenernos enfocados, para orientar nuestros esfuerzos en unas pocas direcciones.
Scott Young, un bloguero especialista en aprendizaje, recomienda distinguir entre intereses y compromisos.
Un interés es cualquier tema del que nos apetece explorar, probar o saber más. Podemos tener todos los que queramos. Podemos dedicarles tiempo, hacer cursos, ponernos algún objetivo, pero no son obligatorios. Los cultivamos porque nos apetece.
En mi caso, mis intereses actuales (y seguramente pasajeros) son los siguientes: filosofía existencialista, fundamentos morales de la política, el Shabbat judío, el estoicismo, el transhumanismo, psicología de la escritura, rudimentos de cocina, arquitectura del tiempo, los siete pecados capitales y virtudes cardinales en el catolicismo, la inteligencia ejecutiva, la mente extendida, el curso A brief History of Humankind de Coursera, los grupos de debate, David Foster Wallace, sociología de la red, algoritmos genéticos, desarrollar mi oratoria, La Teoría de los sentimientos morales de Adam Smith, la obra del economista Hayek, el curso de Creative Problem Solving también de Coursera, etc. Son unos cuantos.
Los compromisos, en cambio, son pocos (en mi caso, dos). No son opcionales o coyunturales. Son los proyectos a los que consagro las mejores horas del día o la semana (excepto en el Shabbat, que es un palacio de tiempo de descanso y celebración, libre de trabajo y esfuerzo). Aquí no tengo opción. Forman parte de mi identidad actual y no son materia de negociación diaria. Me definen en esta reencarnacióny probablemente en las siguientes. Para que entre un nuevo compromiso ha de salir otro.
De esta manera, me enfoco en unas pocas prioridades estratégicas, que he llamado compromisos para enfatizar su carácter personal y moral.
He decidido reducirlos a dos porque encuentro que si son más derivan fácilmente hacia simples intereses, y porque un número pequeño me mantiene centrado. Dos me parece un buen número porque si me estanco o frustro en uno de mis compromisos siempre tengo el otro para obtener satisfacciones y experimentar algún avance.
Hazlo ahora
¿Qué compromisos (aparte de tus obligaciones laborales y familiares) tienes actualmente? Formúlalos por escrito.
¿Qué intereses tienes más o menos revoloteando en tu inconsciente? Haz una lista rápida.
¿Distingues bien los que son compromisos de lo que son intereses?
¿Más de tres compromisos? ¿Podrías “degradar” a algunos compromisos y calificarlos como meros intereses?
¿Hay algún tema central a varios de tus compromisos? Si es así, ¿podrías reducir el número de tus compromisos creando una categoría más amplia?
¿Eres consecuente con los compromisos y tienes un sistema para hacer honor a tu intención de mantenerlos y cumplirlos? Por ejemplo, dedicando uno o dos pomodoros obligatoriamente al día.
A todos se nos extravían objetos físicos. Y también objetos mentales. En este último caso lo llamamos “olvido”, en el primero, “pérdida”. Es algo que nos ocurre habitualmente. Si eres como yo, esto te genera una cierta tensión en forma de frustración, sensación de fastidio o inquietud. ¿Dónde está esa chaqueta que tanto me gusta? ¿O cuál era esa idea que me pareció tan maravillosa mientras subía al autobús pero que se me olvidó anotar? ¿Qué tenía que hacer sin falta esta tarde porque se acaba el plazo? ¿Qué llamada urgente tengo pendiente?
A veces se nos olvidan palabras, sabemos que están en algún lugar de nuestra memoria, pero no podemos recordarlas. ¿Cómo se llaman los ascetas que empezaron el movimiento monástico cristiano y que se iban a meditar o expiar sus pecados al desierto durante años? … No me acuerdo. Creo que alguien muy famoso estuvo treinta años en lo alto de una columna o poste. ¿Era uno de ellos? ¿Era cristiano? No sé, pero me suena… Sigo buscando en mi memoria. ¿Cuándo fue la última vez que oí o leí esa palabra? Ah, sí, fue en un libro de Anthony Storr sobre la soledad.
San Jerónimo visitado por ángeles. Cavarozzi, principios del siglo XVII
Pero no recuerdo la palabra en español, en inglés era “hermit”, como eremita, o ermitaño, dicho de los primeros cristianos que vivían en soledad en el desierto en tierras de Egipto alrededor del siglo III después de Cristo; pero la palabra que busco es otra, es un sinónimo cercano y no empieza por e. Si me dijeras la primera letra seguro que me ayudaba, y si me la dices entera seguro que la reconozco.
Esta es la experiencia de tener una palabra en la punta de la lengua. Casi al alcance de la mano, pero faltan unos centímetros…Y me exaspero. ¿Por qué diablos se me ha olvidado esa palabra?
Quien dice una palabra, dice una idea, un calcetín, una tarea urgente que hacer que aparece tan pronto como desaparece solo dejando una nube de polvo blanco en la memoria, rastro de que estuvo alguna vez allí.
Y nos quedamos como tontos mirando nuestro fastidio.
Una estrategia preventiva es la famosa máxima de la organización de objetos físicos: “un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio”. Todo tiene un sitio en tu casa u oficina y cada cosa está en su sitio porque después de usarla la devuelves a su lugar correspondiente, a su “hogar. De esta manera previenes el extravío de objetos. Estipulas claramente el lugar, lo memorizas, aplicas la máxima de organización anterior y resuelto el problema.
Con las ideas o los objetos mentales, podemos hacer algo similar; muchos escritores son muy celosos de sus ideas y una vez que aparecen en la pantalla de sus conciencias se apresuran a apresarlas en su cuaderno de notas. Da lo mismo lo que sea, importante o menos, ocurrente o banal, toman nota de todo por si pudieran emplearlo como futuro material literario.
También hacen lo mismo los científicos o los que llevan diarios: anotan sus impresiones y experiencias como una forma de aherrojar ideas y tenerlas disponibles cuando llegue el momento: “Recuerdo que escribí sobre tal o cual tema el año pasado… voy a buscarlo”. El cuaderno de bitácora del capitán del barco permite recoger la información relevante cada día y tenerla disponible a voluntad. Lo mismo la caja negra de un avión que recoge hasta el mínimo detalle.
David Allen, el autor de Getting Things Done, recomienda usar listas o un cuaderno de notas que registre la preocupación o idea para luego, en un momento posterior, procesar esa información, convertirla en acción, archivarla o deshacerse de ella.
De esta manera eliminas UPAs(Unidades Permanentes de Atención), descargas la memoria inmediata y reduces el estrés. De otra manera, esas UPAs siguen revoloteando en la memoria a corto plazo, apareciendo recurrentemente e interfiriendo con la acción presente.
Una buena biblioteca física también es una gran ayuda, te basta con saber dónde puede estar la idea relevante de la que solo conservas una imagen borrosa y consultar el libro. La biblioteca, si te puedes permitir el lujo, es una excelente prótesis para tu memoria biológica. A diferencia de la digital, todos los libros tienen unas características físicas, color, textura, localización física y otros atributos sensibles que actúan como claves de recuperación y hacen todavía más fácil recordarlos.
Con las bibliotecas digitales, aunque en principio guardan la misma información y podemos clasificarlas en carpetas temáticas como si ordenáramos nuestros libros en estantes, las claves físicas son más limitadas.
¿No tienes la sensación de que al leer un libro en formato electrónico el conocimiento resbala como el agua por la superficie de tu cerebro? Esa es mi experiencia, por eso prefiero leer un libro físico, me permite implicarme más, tomar notas a mano y convertir un acto, en principio puramente intelectual, en una experiencia física, sensorial, casi estética.
Sin embargo, las bibliotecas digitales también tienen sus ventajas: con herramientas de búsqueda ya incorporadas en el sistema operativo o con programas especiales, puedes indexar los archivos y localizar rápidamente una frase o una palabra rara dentro del contenido del libro o libros que estés buscando.
Si externalizas parte de tu memoria y clasificas adecuadamente la información para una fácil recuperación expandes tu mente y recuperas el objeto mental perdido cuando lo necesitas., ya sea en tu mente biológica o en sus extensiones.
Técnicas de recuperación de objetos perdidos
Las técnicas preventivas funcionan para evitar perder objetos. Pero, ¿qué hacemos si ya están perdidos, si no los encontramos fácilmente?
Una técnica usada con objetos físicos es la de recordar la última vez que viste el objeto y a partir de ahí reconstruir tus pasos e inspeccionar cada uno de los lugares por los que pasaste. El problema es que si el último encuentro con el objeto fue hace demasiado tiempo puede ser difícil aplicar la técnica.
Con las ideas, podemos hacer lo que he hecho yo antes con la palabra equivalente “hermit” en inglés o “eremita” en español: empezar a buscar asociaciones de esa palabra en otras zonas de la memoria biológica con las que estaba relacionado: ascetas, en el desierto de Egipto, principios del cristianismo, un tipo subido a una columna durante décadas, no empieza por e, empieza por… a, recuerdo que mi madre decía que yo era uno de ellos cuando me pasaba todo el día leyendo en mi habitación, la palabra tiene al menos cuatro sílabas… ana… anaco… ¡anacoreta!
Con la técnica anterior he activado zonas de la memoria próximas a la palabra buscada y tirando de sus elementos y conexiones cercanas he llegado a la palabra que buscaba en un primer momento.
O podemos empezar a buscar en nuestra memoria extendida en libros que estén relacionados con la búsqueda, o usar google.
Usar google tiene la desventaja de que es muy rápido y fácil y al no tener que hacer ningún esfuerzo mental de recuperación esa memoria no se fortalece o consolida de la misma forma que si buscaras en tu memoria biológica o en libros. El acto de recuperación de la memoria es también un acto de fortalecimiento de la memoria biológica, que pierdes si buscas en un almacén externo.
El problema de depender demasiado de las herramientas de búsqueda digitales es que la memoria biológica se convierte en una especie de “metamemoria”, esto es, una memoria que guarda el lugar donde puedes encontrar las ideas, conceptos, conocimientos, no los conocimientos en sí. Si luego quieres emplear esas ideas almacenadas externamente creando asociaciones novedosas, lo tienes mucho más difícil, porque no tienes los contenidos en tu mente, solo las referencias a los contenidos, pero este es otro asunto con implicaciones importantes en materia de creatividad e innovación del que hablaremos en otro artículo…
Receta minimalista para buscar un objeto perdido
Deja de buscar. Ya aparecerá. Así de sencillo.
En el minimalismo existencial, que es una aerodinámica de la acción humana, buscamos maneras rápidas y eficaces de deshacer nudos gordianos (= problemas difíciles). Aunque no siempre las haya, en este caso sí que la tenemos.
Con los objetos físicos, siempre que no sean irremplazables (no tienes otra chaqueta, no tienes un segundo par de llaves) y no sea urgente encontrarlos (necesito el pasaporte para tomar el vuelo de dentro de dos horas, tengo que devolver inmediatamente un libro prestado), lo mejor es esperar a que aparezcan. Puesto que estarán en algún lugar por el que has pasado y puesto que volverás a pasar en una fecha seguramente no muy lejana por el lugar, terminará apareciendo. Si está debajo de una cama o un sofá, cuando barras debajo lo encontrarás.
Esto es más fácil decir que hacer, pero te ahorrarás búsquedas infructuosas y reducirás la fricción diaria de estas pequeñas molestias.
Con los objetos mentales, la política es la misma: si la idea no aparece en unos segundos, simplemente espera a que aparezca y pasa a otra cosa. Terminará apareciendo cuando menos te lo esperes. Y si no aparece, es que no era muy importante. O lo era, pero puedes vivir sin ella.
Mi profesor de mindfulness o atención plena fue el primero que me puso en contacto con esta táctica de búsqueda que realmente es una no-búsqueda. Las ideas importantes terminarán apareciendo de nuevo, no son estrellas fugaces, son nudos de una red y están fuertemente conectadas. Cuando vuelvas a recorrer un camino mental y tocar un concepto conectado con el buscado, reactivarás el pensamiento perdido. Es peor el desequilibrio que genera la búsqueda tensa que el no recuperar la idea nunca.
Ocurre como con el sueño y la felicidad perdida: cuanto más los buscas directamente intentando recuperarlos, más esquivos se vuelven, más nervioso te pones, más infeliz te sientes y más insomnio sufres. Pero si te rindes, si desistes de buscarlos directamente, cuando menos lo esperas, mientras estás interesado en otra cosa que ocupa tu mente, terminan llegando.
O no terminan llegando.
Pero no has sufrido de más. Parafraseando la máxima budista: el dolor de no encontrar lo que buscas es inevitable, pero el sufrimiento derivado de no encontrarlo es una opción. Tú eliges.
Extensión de la receta minimalista a cualquier búsqueda
Podemos aplicar esta búsqueda minimalista no solo a los objetos perdidos, también a los objetos físicos, mentales, emocionales, etc., no encontrados que nunca perdimos, a pesar de luchar-trabajar-esforzarnos por ello.
Estas cosas no encontradas pueden ser desde una relación perfecta, un trabajo ideal, un párrafo que exprese exactamente lo que siento, o una fotografía que recoja el momento o el paisaje en toda su plenitud.
La creación del tipo de cosas y experiencias que queremos en nuestras vidas requiere a veces la acción negativa, el wu wei taoísta, el no hacer, el renunciar al control y al esfuerzo consciente y deliberado, dejando que las fuerzas subterráneas de la vida y la conciencia se desplieguen espontáneamente.
Esta actitud supone la capacidad de desapego, de no aferrarse, de dejar que las cosas sigan su curso, de no obsesionarse con lo perdido o lo no encontrado. Es la serena aceptación de que las cosas no siempre llegan o no llegan cuando queremos.
Cuando tienes un fallo en un hábito saludable que te has propuesto, por ejemplo, la determinación de reducir o eliminar el azúcar de tu dieta (Reto tercera semana del curso de salud minimalista) y comes una chocolatina ; o cuando un día no te apetece hacer ejercicio y te dices que las cuarenta sentadillas o veinte flexiones de brazo diarias que prescribe Luis Andés son excesivas (Retos sexto y octavo del curso de salud minimalista), es muy fácil que ocurra una especie de espiral descendente o pendiente resbaladiza.
El efecto “¡Qué diablos!” o “De perdidos al río”
Un pequeño fallo lleva al siguiente, que a su vez facilita el siguiente. En un momento dado, cuando te has comido medio paquete de chocolatinas (casi inconscientemente), te desesperas, te dices “no tengo remedio, ya he vuelto a fastidiarlo”, acabas devorando todo el paquete y descarrilas definitivamente. En el caso del ejercicio, pasan semanas sin hacer tu tabla de ejercicios y todas tus buenas intenciones se van al traste.
En el momento en que te descubres diciendo “¡Qué diablos!, ya me he comido medio paquete, ya no importa el resto” es la voz de Mr. Hyde (el diablillo de nuestra conciencia) que intenta justificar el exceso. Siempre suena muy persuasiva.
‘Diablo Zages R.I.P’, por Zesak Militancia Gráfika en flickr: Zesak Militancia Gráfika
La segunda mitad del paquete de bombones o chocolates ni siquiera la disfrutas tanto, pero aun así te la comes. ¿Qué hay detrás de este comportamiento absolutista o extremo? ¿Es que no era suficiente comerse medio paquete?
El sentido de culpa resultado de haber traicionado tu compromiso es incómodo y es fácil refugiarse en la inconsciencia. Eso facilita el exceso y la erosión del compromiso. Intentas olvidar cuanto antes que tenías ese compromiso y es fácil que pasen semanas o meses hasta que vuelvas a retomarlo, si es que lo haces.
Todo o nada
Creo que lo que subyace a este comportamiento es la creencia de que los compromisos solo pueden tener dos estados: los cumples o no los cumples, sin términos medios. Si dejas de cumplirlo en una pequeña parte o durante un periodo corto de tiempo, por insignificante que sea, has transgredido tu compromiso y has fallado.
Fíjate que, según esta concepción, el cumplimiento implica la perfección: no fallar ni un solo día, hacer las cuarenta sentadillas y veinte fondos de brazo, salir todos los días a hacer ejercicio, etc. En cambio, para descarrilar es suficiente una pequeña desviación, un desliz: no sales a correr un día, comes dos chocolatinas; porque ese error lleva en cadena en un proceso de pendiente resbaladiza al incumplimiento total
Es obvio que uno está condenado al fracaso en sus promesas y buenas intenciones si mantiene este afán perfeccionista.
Errar es humano
Ya vimos en el artículo Ranas hervidas, líneas rojas y pendientes resbaladizas, la eficacia de las líneas rojas(puntos innegociables y límites) para regular nuestra conducta. Una línea roja, que permite un cierto margen para el error y nos da opciones, no es maximalista ni excesivamente rigurosa, simplemente marca un punto más allá del cual alguna acción es inadmisible; por ejemplo, cuando salgo por la noche mi línea roja son tres copas. Mejor no beber alcohol, pero si lo hago, mi límite está en tres copas. O solo me permito postres azucarados los faturdays, una vez a la semana o una vez al mes, según considere.
Imagina que a pesar de todo, las líneas rojas no han funcionado, hasta estas las has vulnerado. El muro de contención contra la pereza, el exceso, la flojedad, ha fallado también. ¿Estás perdido? ¿No tienes remedio? ¿Es el momento de lacerarse, sentirse culpable, deprimirse, rendirse?
No.
Somos seres humanos, y por el hecho de ser seres humanos somos falibles: nos proponemos metas, empezamos con ilusión, hacemos lo mejor que podemos, pero perdemos energía por el camino, nos acometen las desganas, reconsideramos si tanta privación o esfuerzo merece la pena, sucumbimos a las tentaciones y abandonamos nuestras más preciadas intenciones y proyectos . Bienvenido a la especie humana.
Hacer honor a la intención
Cuando has pasado la línea roja ya es fácil seguir hasta el final y comerse toda la bolsa de galletas o el postre que en un momento de debilidad acabas de pedir al camarero.
Si te pones a pensarlo, no es tan grave: una golondrina no hace verano, matar un gato no te convierte en un matagatos y hasta el mejor escribano echa un borrón. No importaría mucho si retomaras el curso al día siguiente, reafirmaras tus buenos hábitos y reforzaras tu compromiso.
Pero muchas veces ocurre lo contrario: nos descorazonamos, perdemos la fe en nosotros mismos y pensamos que no tenemos remedio. Hemos vuelto a fastidiarla. Y opera la pendiente resbaladiza: a un día de transgresión sigue otro día, y otro, y otro… hasta que olvidamos la intención inicial.
El sentido de culpa no ayuda mucho, nos hace perder energía y hace más probable la erosión de las intenciones y las metas.
El antídoto que propongo es el siguiente: haz honor a la intención.
Si estás a punto de acabar la bolsa de chocolatinas, deja una.
Si has pedido un postre fuera de tu faturday, retira una pequeña porción de él y no la comas.
Si hoy te fue imposible hacer las cuarenta sentadillas y veinte fondos de brazos, es tardísimo, estás muy cansado y sientes la tentación de hacer mañana lo que no has hecho hoy, haz una sentadilla y un fondo de brazos.
Si habías decidido dedicar todos los días dos pomodoros a tu proyecto personal más querido, pero hoy te fue imposible por razones familiares o laborales, siéntate delante del computador y trabaja cinco minutos.
Si te habías propuesto publicar un artículo en el blog todas las semanas, es domingo por la noche, y ya va a ser imposible cumplir el compromiso, escribe un párrafo.
Si son las dos de la mañana, estás viendo videos de gatos o consultando twitter o navegando en internet y te olvidaste del toque de queda digital, sepárate de la pantalla por dos minutos y respira hondo.
De esta manera, aceptas tu desviación, el desliz o momento de inconsciencia o las simples circunstancias, y simultáneamente ratificas tu determinación. Has tenido un fallo, pero te dices que tu compromiso sigue vigente y por eso haces un mínimo esfuerzo aquí y ahora. No es lo que habías planeado, pero te disculpas ante ti mismo y prosigues. Mañana será otro día y lo harás mejor.
La aerodinámica describe como se mueven los cuerpos sólidos en un fluido gaseoso. Un cuerpo es aerodinámico si está diseñado de tal manera que reduzca al máximo la fricción o rozamiento con el fluido.
Cuando hablamos de “aerodinámica existencial” estamos creando una analogía entre la aerodinámica de los cuerpos y la “aerodinámica” de la acción humana.
Lo que pretendemos es diseñar nuestros hábitos, rutinas y personalidad, y organizar nuestra vida, de tal manera que la “fricción existencial”—las fuerzas que se oponen a nuestros deseos— sea la menor posible, y nos movamos con agilidad, fluidez y gracia.
El minimalismo existencial es una aerodinámica de la acción porque nos proporciona conceptos y herramientas que nos permiten diseñar y cambiar partes de nuestro ser para que la acción sea más suave, más eficiente y logremos las cosas que queremos en la vida.
Seguro que has experimentado alguna vez esta incómoda situación: estás en una reunión de trabajo o quizá en una reunión con amigos o en una discusión y alguien te da un argumento impactante, sorpresivo que no sabes cómo rebatir inmediatamente. Te quedas callado, con un poco de cara de tonto, aunque sabes que tiene que haber una respuesta. Pero no alcanzas a dar con ella. Acaba la reunión, estás conduciendo o andando por la calle, sigues rumiando el suceso, un poco fastidiado por tu falta de reacción.
Finalmente, dejas de pensar en ello y tu atención pasa al tráfico o a los escaparates de una tienda o cualquier otro asunto. De repente, te acomete la respuesta, las palabras perfectas aparecen en tu mente, la réplica que desmonta el argumento de tu adversario; incluso, te dices la respuesta en alto, como si tuvieras público. Y piensas: “¡Esto es lo que tenía que haber dicho”, sonríes satisfecho… pero demasiado tarde, claro, ya no está la persona a la que contestar ni audiencia ante la que brillar.
Esta experiencia tiene un nombre en francés: L’esprit de l’escalier, literalmente “El espíritu de la escalera”. Hace referencia a la embarazosa o incómoda circunstancia de pensar la réplica perfecta demasiado tarde y suele venir acompañada de un sentimiento de pesar o arrepentimiento.
El nombre de este fenómeno procede de una descripción del enciclopedista y filósofo Denis Diderot de una situación en Paradoxe sur le comédien. Durante una cena en casa del hombre de estado Jacques Necker, se hizo un comentario a Diderot que le dejó sin habla, porque, explica, “un hombre sensible, tal como yo, abrumado por el argumento esgrimido contra él, se siente confundido y solo puede pensar claramente cuando baja hasta el final de las escaleras”.
En este caso, “el final de las escaleras” se refiere a la arquitectura de la clase de mansión a la que Diderot había sido invitado. En ese tipo de casas, las habitaciones para recepciones están en la planta noble, una planta por encima de la planta baja. Llegar al final de las escaleras significa haber abandonado definitivamente la reunión.
En español, podríamos traducirlo por “Ingenio de escalera” u “Ocurrencia de escalera”, como prefiero decir, para reflejar que esta ocurrencia es una del Yo Ocurrente o nuestra Inteligencia Generadora, la parte de nuestra mente que actúa en la sombra, como una suerte de Mr. Hyde de cuyos movimientos nunca podemos estar seguros ni conocer con certeza.
Experiencias ajá y ocurrencias de escalera
Hace algo más de un año, en Juego sucio en la fontana, propuse un experimento mental en forma de acertijo.
[…] Te propongo un experimento mental que será muy revelador: toma nota del acertijo y llévalo contigo durante los próximos días. Dedica a intentar resolverlo al menos cinco minutos todos los días.
Sirvió como ejercicio de perseverancia, porque te pedía que pensaras un poco todos los días durante una semana. Si finalmente lo resolvías, era también un vívido ejemplo de lo que es una Experiencia Ajá, o ¡Eureka!
Cualquiera que lo intentó se dio cuenta de que la respuesta no era ni mucho menos obvia. No era extraordinariamente complicada, pero tampoco obvia. Podías pensar en ella unos minutos, no dar con la respuesta y olvidarte; o bien, obcecarte y seguir un rato más. Probablemente no darías con la respuesta en un primer intento ni un segundo. Al día siguiente, volverías a intentarlo unos minutos y puede que al final desistieras o siguieras así varios días.
Si dabas con la solución lo hacías no cuando estabas pensando intensamente en el acertijo, haciendo un análisis lógico o considerando posibilidades explícitamente, sino cuando estabas sin hacer nada en particular, paseando, duchándote o alguna otra actividad rutinaria que no demandaba muchos recursos mentales. De repente, sin saber por qué ni de dónde, te acometía la respuesta, veías que las piezas encajaban y sabías con certeza que habías resuelto el acertijo.
Modo de pensamiento difuso
Tras estas revelaciones, eurekas o experiencias ajá subyace el mismo proceso inconsciente que tras el espíritu de la escalera: un modo de pensamiento difuso no conscientemente dirigido que opera bajo la superficie de la conciencia cuando estamos ocupados en otros asuntos y que emerge inesperadamente en momentos de calma mental, en un estado de contemplación en el que no estamos pensando en nada en particular.
Bertrand Russell, el filósofo inglés, hace referencia a este proceso en su libro La conquista de la felicidad:
Yo he notado, por ejemplo, que si he de escribir sobre un asunto difícil, no hay mejor plan que pensar en ello intensamente —con la mayor intensidad de que soy capaz— durante algunas horas diarias, y luego dar órdenes, por decirlo así, de que el trabajo continúe subrepticiamente. Después de algunos meses vuelvo a mi asunto y encuentro que el trabajo está hecho. Antes de descubrir esta técnica solía perder los meses intermedios preocupándome porque no hacía progreso alguno. No encontraba por ello con más prontitud la solución y perdía meses que ahora puedo dedicar a otras cosas.
No sorprendentemente, este mismo filósofo escribió una colección de ensayos bajo el título Elogio de la ociosidad.
El tiempo que disfrutas desperdiciando no es tiempo desperdiciado. —Bertrand Russell
Estas observaciones y otras que haremos próximamente sobre distintos modos mentales aconsejan rehabilitar la función del descanso, la calma y el paso del modo intencional al difuso o contemplativo.
En estos tiempos frenéticos, donde adoramos al becerro de oro de la rapidez, la productividad, y la acción dirigida por metas conscientes es importante rescatar manifiestos como el del Descanso deliberado de Alex Soojung-Kim Pang. Porque a veces pensar y hacer menos es pensar y hacer mejor.
La tesis fundamental en la que se basa el sistema de productividad Getting Things Done (GTD para los iniciados) es que cualquier idea, preocupación, tarea pendiente, cita en el futuro, etc., que no sea anotada en una lista, se queda en la memoria a corto plazo —lo que David Allen llama RAM biológica— e interfiere con la acción presente además de generar estrés.
Estoy de acuerdo que cuando uno tiene muchos proyectos, objetivos, responsabilidades y papeles en su vida (trabajador, jefe, padre, amigo, director del proyecto A, Patrocinador del proyecto H, tesorero de la asociación de padres, entrenador del equipo del colegio, novio o esposo, etc.) es difícil llevar un registro mental de todo lo que hay que hacer.
Nuestro cerebro está extraordinariamente dotado para generar asociaciones entre ideas y para generar intuiciones, pero es muy malo para llevar listas mentales de cosas que hacer y avisarnos en el momento en que acaba un plazo o tiene que hacerse una tarea concreta.
Como consecuencia, las tareas pendientes se quedan revoloteando en la RAM biológica, apareciendo y desapareciendo periódicamente, en un bucle permanente que interfiere con las tareas que estemos ejecutando en cada momento. Y da lo mismo que esa tarea sea una reunión transcendental para nuestro futuro que tener que recoger el automóvil en el taller o pagar una factura: el poder de interrupción y el estrés que genera la aparición recurrente de la preocupación o aviso mental es similar.
La solución de David Allen es descargar la memoria de estas tareas y registrarlas en un sistema fiable de listas y archivos que tengamos disponibles en el momento adecuado para la acción correspondiente. La lista de tareas es la estrella de su método y de muchos otros sistemas de productividad.
Los problemas con las listas de tareas
Las únicas listas que funcionan son las que tienen solo un elemento.
—Nassim Nicholas Taleb
Cualquiera que haya llevado una lista de tareas habrá sufrido muchos de estos inconvenientes:
La lista de tareas tiende a crecer ad infinitum. Es muy fácil añadir nuevas tareas. El papel lo soporta todo. Da lo mismo que no haya horas en el día o en la semana para hacer ni una fracción de todo lo que vierto en la lista.
Genera una sensación de control que, en parte, es ilusoria. Sientes un cierto logro o alivio cuando pones en negro sobre blanco la tarea que antes solo tenías en tu mente. Y más cuando tachas una acción completada. Pero esa sensación de control es hasta cierto punto irreal. Puedes estar completando frenéticamente tareas marcadas cuando el trabajo esencial queda sin hacer o los proyectos no avanzan.
La lista tiende a convertirse en una lista de deseos o carta a los reyes magos. Más que las cosas esenciales que hay que hacer, las que elegirías según el principio de Pareto o Regla del 80/20, escribes las cosas que te gustaría hacer o las que antes te vienen a la cabeza.
Cuantas más tareas introduces en la lista, más difícil es elegir la siguiente tarea. La organización por contextos (casa, oficina, computador, automóvil) o los códigos de prioridades (ABC) intentan atenuar la dificultad de elección, pero si hay treinta tareas en un contexto o quince tareas prioritarias tipo A el problema subsiste.
La sensación de ver una lista de tareas atestada puede ser abrumadora y desmoralizante. “¿Todavía me queda todo esto?”, “¡No tengo horas en el día para esta montaña!”. Lo que has ganado en concreción, por registrar todo lo que quieres hacer, lo has perdido en calma mental.
Es muy probable que hagas lo que más te gusta hacer, eres humano. Demasiado humano. La lista de tareas es una diabólica forma de fomentar la procrastinación. Puedes ir relegando las tareas incómodas sin sentido de culpa. Basta con que elijas las tareas más apetecibles y pospongas las otras. Tienes una excusa perfecta: estás en movimiento, haciendo cosas, llenando tu día de trabajo, tachando tareas completadas, nadie diría que estás holgazaneando.
Agotas parte de tu fuerza de voluntad. Cada vez que tienes que elegir una tarea de la lista maestra dedicas recursos mentales para la decisión. Si cada vez que completas una tarea, consideras la nueva tarea entre una masa grande de posibles tareas, generas fricción.
Una lista de cosas que hacer abultada genera una variante de la Paradoja de la elección: cuantas más opciones tenemos es más probable que difiramos la decisión, que peores decisiones tomemos y que más insatisfechos estemos con las decisiones tomadas.
Siempre puedes añadir nuevas tareas. Da lo mismo lo rápido y eficiente que seas completando tareas, siempre se te ocurrirán más o se le ocurrirán a tus jefes, colegas y familiares. La sensación de angustia existencial derivada puede ser similar a la de Sísifo castigado por los dioses obligado a cargar y subir una y otra vez la gran piedra a la cumbre de una colina para luego dejarla caer rodando por la ladera y tener que volver a empezar. ¿Te imaginas una vida así? Quizá ya vives una vida así sin haberte percatado.
Ahogas la intuición. La pregunta relevante es: “¿Cuál es el próximo paso?”, dicen los gurús de la productividad. La solución según muchos: ve a tu lista de tareas y elige una. Pero, ¿cómo la eliges? Esto es lo difícil. No basta con elegir la más prioritaria, la que esté marcada como A, tienes que tener en cuenta los recursos disponibles, materiales y humanos, y, sobre todo, algo que se suele olvidar, el nivel de energía.
Sin energía, da lo mismo que tengas los recursos y que la actividad sea prioritaria. Mi tesis es que un sistema muy estructurado debilita la intuición que te permite elegir el siguiente paso. Te vuelve dependiente de la lista, te desconecta de tu estado interno —especialmente de tu energía y sensaciones— y pierdes flexibilidad y perspectiva.
Lo que ganas en control lo pierdes en perspectiva. Es fácil entrar en visión de túnel y convertirte en una máquina de completar tareas pero que no es capaz de integrar su trabajo y relacionar unas tareas con otras, unos proyectos con otros, o generar ideas creativas.
Lo intangible queda relegado en la lista de tareas. ¿Cuándo fue la última vez que escribiste en tu lista de tareas algo como “Dar un paseo por el parque y dejar volar la imaginación”?. Parecería una pérdida de tiempo, al final del paseo podrías volver con las manos vacías y sentirías que estás holgazaneando. Si quieres exorcizar este sentido de culpa, te recomiendo que leas Descanso deliberado: un manifiesto.
Listas zombis. Es muy probable que la lista de tareas se arrastre durante semanas y meses como un muerto viviente. La visitas esporádicamente, dejando que lo urgente coma tu tiempo y que la lista acabe muerta sin que tú lo adviertas o te atrevas a expedir su certificado de defunción.
Durante la mayor parte de la historia evolutiva del hombre, hemos vivido en pequeños grupos de cazadores-recolectores y, desde hace unos doce mil años, en pequeñas comunidades agrarias alejadas unas de otras. Los núcleos urbanos solo se han convertido en el entorno cotidiano para la mayoría de la población mundial en el último siglo.
En un paseo de una hora por una gran ciudad veremos más caras desconocidas de las que una persona en la Edad Media o una persona en un pequeño pueblo de hace cien años vería en toda su vida. No solo estamos hiperconectados a través de los medios digitales, sino que también estamos hiper-rodeados de personas durante nuestro trabajo, nuestro ocio y descanso (playas atestadas, bares repletos de gente, restaurantes con largas colas) y nuestros paseos por la ciudad.
Las personas que vienen de pueblos e incluso de pequeñas capitales de provincia no pueden dejar de sentirse abrumadas cada vez que ponen sus pies en una gran ciudad. Ya he relatado en este blog mi sensación de entrar en un frenético hormiguero cuando hace años llegaba de una ciudad relativamente pequeña a una gran capital. Me sentía acelerado casi automáticamente y me contagiaba en segundos del ritmo de las personas a mi alrededor.
El control de los estímulos informacionales es un asunto recurrente en el minimalismo existencial. Somos seres informívoros, nos alimentamos de información en las más variadas formas.
En una economía de lo intangible (o de los servicios) dominada cada vez más por el conocimiento y la capacidad de aprender, la habilidad de controlar la dieta de información es tan importante o más que controlar nuestra dieta alimenticia. De la misma forma que un entorno rico en comida fácilmente disponible amenaza nuestra salud física, un entorno rico en impactos informacionales, además de crear escasez en la atención, crea dificultades para nuestra salud psíquica y bienestar emocional.
Si tienes un espíritu inquieto y una personalidad vigilante, alerta a los cambios en el entorno, especialmente los sociales (si eres un hombre o un primate con la habilidad de leer blogs), estarás muy afectado por las personas que aparezcan y desaparezcan de tu campo visual. Consideramos cualquier novedad como una fuente de amenaza o de oportunidad.
Antes, siempre me sentía casi obligado a estar pendiente de cualquier forma humana, especialmente femenina, que apareciera en mi campo visual. Ahora me doy cuenta de que la mayoría de las personas no son amenazas y que, aunque sean oportunidades, pueden anegar mi memoria a corto plazo, mi capacidad contemplativa y calma.
Las diferencias individuales respecto al nivel de estimulación social-visual son acusadas: algunos parecen necesitar ese estímulo social constante y otros se cansan rápidamente del ajetreo, pero todos necesitamos espacios de descanso para recargar nuestras baterías y tener algún tiempo para la reflexión o la simple contemplación.
Los paseos por parques o por entornos naturales son especialmente restauradores de la calma y de nuestra capacidad de atención y por eso los he insertado dentro de mi rutina itinerante de trabajo-descanso.
Anteojeras sociales
Hoy traigo a colación una técnica que he desarrollado de manera intuitiva a lo largo de los años para lidiar con la sobreexposición a los estímulos humanos: las anteojeras sociales. Aunque solo en las últimas semanas he empezado a usarla sistemáticamente.
Anteojeras. ¿Qué quiero decir con anteojeras? ¿Las de un burro? ¿Quizá algo parecido al velo islámico? ¿Quizá un pequeño casco que me aisle del mundo? ¿Unas gafas google que solo me permitan mirar hacia delante y oscurezcan los estímulos visuales periféricos?
No. Tecnología simple. En vez de mirar a todos lados cuando voy por la calle, observando la diversidad de gentes y personas, cada una fuente de estímulos interesantes, pero también potencialmente agotadores, intento no cruzar la mirada con la gente y mirar hacia delante.
Así preservo el recurso escaso de mi atención y mi calma. Intento dirigir mi mirada hacia los objetos más que hacia los sujetos, y evito, sobre todo, cruzar la mirada, que para los homínidos tiene una fuerza de atracción casi hipnótica. Los ojos son el espejo del alma y de las intenciones y por eso es la primera variable de observación que tenemos en cuenta cuando interaccionamos con otros seres humanos.
Si estoy en un parque, dirijo mi mirada hacia plantas y árboles, la hierba o los patos en el estanque (sí, está permitido cruzar la mirada con un pato); cuando estoy en un entorno más de cemento, busco los árboles (en mi ciudad afortunadamente hay muchos árboles), y si no los encuentro, miro al cielo, sus tonalidades azules y las caprichosas formas de las nubes.
Las nubes. ¿Te puedes creer que hasta hace pocas semanas no había tenido consciencia de la diversidad de las nubes ni de las distintas tonalidades del cielo a lo largo del día? Por supuesto, intelectualmente sí que era consciente de ello, pero creo que nunca me había parado a contemplar cinco minutos seguidos el cielo ni me había quedado casi extasiado con él. Quizá sí en algún parque natural, en la montaña, pero nunca en la ciudad. En la ciudad sigue habiendo cielo, por rara que parezca esta afirmación. Creo que he podido pasarme días y semanas sin mirar al cielo, y durante todo ese tiempo el cielo seguía ahí arriba. ¿No es extraño?
Al principio, puede parecer antinatural, complicado y es posible que experimentes aversión. ¿Por qué dejar de mirar a la gente por la calle? ¿En qué voy a emplear el tiempo? ¿Y si me tropiezo con la gente por no mirarla? ¿Voy a convertirme en un autista? ¿Pareceré un sabio distraído? ¿Un loco? ¿Un loco peligroso de dientes sudorosos?
Míralo así: la visión con anteojeras es una herramienta mental más, como la meditación, la lista de cosas que hacer o el pomodoro. Nos permite tomar el control de nuestra fuerza atencional y su dirección. Todo nuestro Curso de atención plena está dirigido a tomar las riendas de la atención; esto es, de nuestros productos mentales; esto es, del material del que está hecha nuestra vida.
En la meditación de atención plena y las mini-meditaciones o pequeñas meditaciones informales a lo largo del día, te haces consciente en tiempo real de los productos de tu conciencia. Puedes estar atento a todo simultáneamente o decidir enfocarte en un solo canal: pensamientos o emociones o el ritmo de la respiración o sonidos u olores o sensaciones propioceptivas.
Puedes considerar la visión con anteojeras mentales como una modalidad de la atención plena en la que te centras en objetos de tu campo visual y filtras las personas. Es como una bomba de neutrones que elimina a las personas pero deja en pie edificios y otros objetos inertes.
En vez de estar sentado en tu cojín de meditación Zen, estás andando, navegando como un viejo chamán en el río de asfalto y te conduces con su misma calma y concentración; el chamán se enfoca en sus manos asiendo firmemente los remos y la corriente del río; nosotros nos hacemos conscientes de las plantas de nuestros pies, el espacio vacío enfrente de nosotros y el mobiliario urbano; cuando nos detenemos en un semáforo, elevamos la mirada y contemplamos el cielo.
Un reto para mejorar el bienestar emocional y la atención plena: práctica de meditación 10×10, que duró casi dos semanas, y que amplió nuestro repertorio de técnicas del curso de atención plena de la primera reencarnación. A su vez, debido a lo novedoso para muchos de nosotros, fue una misión del curso de perseverancia.
Uno relacionado con el sueño: paga tu deuda de sueño. Un elemento de la salud muchas veces olvidado; si los demás están en niveles razonables, este es el elemento con más repercusión sobre nuestro rendimiento y salud a largo plazo.
Obviamente, en un curso de once semanas no podemos dar la vuelta completa a nuestro estilo de vida, ni tampoco tocar algunos temas importantes. Sin embargo, creo que sí nos hemos hecho un poco más conscientes de cuáles son los pilares de la salud (movimiento, sueño suficiente y saludable, alimentación y conexión social) y hemos dado importantes pasos para mejorar en todas esas áreas.
‘kill, kill, kill for inner peace and mentald health’, por postbear eater of worlds en flickr: https://flic.kr/p/ei4oYJ
He procurado elegir los retos que convertidos en hábitos pueden tener más repercusión en la salud; para ello busqué el asesoramiento de Luis Andés, Esto no es comida y Robert Sánchez, de Escucha Tu Cuerpo. Estos han sido nuestros consejeros y las personas en las que me he inspirado para el curso.
En la cuarta reencarnación, seguiré haciendo referencia a sus blogs, artículos y libros, porque en ellos podréis seguir desarrollando y completando lo practicado en estos tres primeros meses.
La opinión de un médico-neurólogo
Para corroborar y completar mis intuiciones sobre los pilares de la salud y las mejores prácticas y hábitos que podemos incorporar a nuestras vidas, pedí una lista a mi gran amigo Antonio, médico-neurólogo y una de las mejores personas que nunca he conocido. Él me dio una lista de quince. Estos son:
[…] Van quince, no son originales pero tienen base neurológica. No siguen ningún orden:
Hacer ejercicio físico, andar, previene el deterioro cognitivo más que la actividad cognitiva.
Comer bien, importa qué comes, cuándo lo comes y cómo lo comes.
Dormir. Dormir no es un lujo ni una enfermedad ni una pérdida de tiempo, es vida.
Cotillear, ser social, relacionarse con otros, evitar la soledad.
Ser altruista, hacer el bien.
Ser optimista, sonreír, evitar la depresión.
Viajar, o planificar viajes, da igual dónde ni con quién.
Meditar, sin implicaciones religiosas.
Aprender, sobre todo lenguajes nuevos (música, matemáticas, deportes, juegos).
Manejar el estrés, no evitarlo, mucho o poco son perjudiciales.
Tener proyectos a largo plazo, planes viables, aunque nunca se realicen.
Quererse a uno mismo.
Tener curiosidad, preguntar siempre el porqué de todo.
Ser inconformista, crítico, pensar todo, que tus opiniones sean tuyas, que puedan cambiar.
Tener fe, creer en algo, en algún proyecto común.
Creo que casi todos podríamos estar de acuerdo con estos consejos. No son “originales”, como dice Antonio, pero es que en materia de salud no necesitamos originalidad, lo que necesitamos es sensatez, sencillez en la puesta en práctica y capacidad de hacer lo correcto a pesar de las presiones ambientales y el ruido informativo que envuelve todo lo relacionado con la salud.
Lo que quizá sí que me ha sorprendido un poco de la lista de Antonio son la cantidad de elementos que no se relacionan habitualmente con la salud: “Tener fe, creer en algo, en algún proyecto común”, «Quererese a uno mismo, “Tener proyectos a largo plazo”, “Tener curiosidad, preguntar siempre el porqué de todo”, “Ser inconformista, crítico, pensar todo, que tus opiniones sean tuyas, que puedan cambiar”, “Ser altruista, hacer el bien” y “Ser optimista, sonreír”.
Siete de sus consejos tienen que ver con la actitud ante la vida y el carácter moral. Es llamativo. No estoy seguro de que todos ellos nos hagan vivir más años o en mejores condiciones físicas, pero lo que tengo claro es que todos ellos hacen que la vida merezca ser vivida.
Gracias por tu aportación, Antonio.
Conclusiones
La elección de los retos de este curso siguió un principio recurrente del minimalismo existencial: la regla del 80/20; es decir, elegimos unos pocos elementos que combinados pueden tener la máxima repercusión.
Los pilares de la salud son: sueño reparador, movimiento en nuestras vidas, alimentación adecuada y conexión social en sentido amplio.
El cuello de botella de la mejora en la salud no es el conocimiento. El conocimiento no suele ser el problema. Muchas de las cosas que tenemos que hacer son de sentido común. El cuello de botella está en aplicar lo que sabemos en nuestras vidas diarias con los recursos disponibles.
La solución no está en leer muchos más libros, conocer más sobre fisiología humana o encontrar la dieta o el sistema de entrenamiento perfecto. Lo mejor es enemigo de lo bueno.
Para convertir el conocimiento y las buenas intenciones en acción necesitamos capacidad de autorregulación, perseverancia y, algunas veces, coraje.
El bucle de aprendizaje empieza siempre por la conciencia. Si somos conscientes de nuestro cuerpo (si escuchamos nuestro cuerpo, como diría Robert Sánchez), de nuestro comportamiento y de nuestras intenciones podemos tomar mejores decisiones y adaptar nuestra conducta ante las circunstancias cambiantes. Nuestro entrenamiento en atención plena nos será muy útil.
Gran parte de los consejos para una buena salud son por la vía negativa: no duermas poco, no comas mucho, evita el azúcar, no te quedes parado, no te aísles del mundo. Es decir, nuestra meta no está tanto en hacer cosas complicadas, difíciles y sofisticadas como en evitar los grandes errores de comportamiento.
La simplicidad es una de las claves de la salud. Porque lo sencillo tiene más posibilidades de recordarse y de ejecutarse. Y porque evita que nos aneguemos en un mar de ruido informativo.
Durante la última reencarnación del 2014 (cuarto trimestre) seguiremos incorporando nuevos retos de salud, recordatorios de buenas prácticas y artículos que favorezcan hábitos y actitudes vitales saludables.
Esta es la traducción de «Deliberate rest: a manifesto« de Alex Soojung-Kim Pang, un escritor norteamericano y consultor tecnológico. Escribe sobre personas, tecnología y el mundo que está emergiendo.
Quedé tan fascinado con su manifiesto que no pude menos que ponerme en contacto con él y leer su libro Enamorados de la distracción, que te recomiendo sin duda alguna.
Alex me ha concedido amablemente permiso para que traduzca al español y publique en este blog el manifiesto por el descanso deliberado.
Disfrutad y reflexionad sobre él.
En mi último libro, Enamorados de la distracción, he dedicado dos capítulos al descanso, la recuperación y el movimiento del Sabbath Digital. En el capítulo del descanso, hablo sobre el largo muro en un sendero que Darwin construyó en el borde de sus tierras, Down House, y lo importantes que fueron esos paseos en su vida creativa diaria.
Examinar la vida de Darwin me inspiró a mirar más de cerca las vidas de otros reputados científicos, y luego la vida de escritores, matemáticos, guionistas, generales y mucha otra gente con éxito en sus respectivos campos. He advertido que mucha de estas personas tienen en común algo que normalmente pasa desapercibido, pero que es esencial para su éxito: la habilidad para descansar deliberadamente.
La expresión “descanso deliberado” es una adaptación del famoso concepto de “práctica deliberada” de Anders Ericsson; la práctica atenta, estructurada, regular, que argumenta que convierte a las personas en extraordinarios expertos.
Lo que veo es que mucha gente brillante y experta considera detenidamente cómo va a ser su descanso; son muy cuidadosos sobre él; descansan regularmente, casi rigurosamente; y lejos de ser un mero respiro de sus vidas laborales o creativas, se convierte en una parte esencial de esas vidas.
Aquellos que estamos interesados en cómo trabajar mejor no pensamos mucho sobre cómo descansar mejor. Los libros de productividad ofrecen trucos para mejorar, consejo sobre cómo hacer más cosas o historias sobre lo que hacen famosos CEOs o escritores. Pero no dicen casi nada sobre el papel del descanso en las vidas o carreras de la gente creativa y productiva.
Los biógrafos tratan al descanso de igual forma: casi puedes sentir la impaciencia del autor cuando su biografiado pasa un mes en el campo o hace un largo viaje por Europa o tiene una semana de baja. Para ellos, las vacaciones son una parada de la acción, una interrupción en la narrativa, no realmente parte de la historia.
Los libros sobre el ocio o el descanso, por otra parte, parecen principalmente interesados en escapar del trabajo, no en mejorar tu capacidad de trabajo. Sus autores alaban la ociosidad como un antídoto al exceso de trabajo y una expresión de sabiduría. El hombre inteligente puede que trabaje mejor pero no más duro, dicen, pero el hombre creativo —el verdadero esteta— no trabaja en absoluto.
Como resultado, vemos el trabajo y el descanso como polos opuestos. Consideramos el descanso como la simple ausencia de trabajo, no como algo que valga por sí mismo o tenga sus propias cualidades. El descanso es un espacio negativo en una vida definida por el esfuerzo, la ambición y el logro.
Cuando nos definimos por nuestro trabajo, nuestra dedicación, efectividad y disposición para dar el todo por el todo, es entonces fácil ver el descanso como la negación de todas esas cosas. Cuando tu trabajo es tu yo, cuando dejas de trabajar, dejas de existir.
Cuando pensamos en el descanso como el opuesto del trabajo, nos lo tomamos menos seriamente e incluso lo evitamos. Los norteamericanos trabajan más y tienen menos vacaciones que casi cualquier otro país en el mundo. Contrariamente a las expectativas de los economistas (y desafiando el sentido común), según nos hacemos más productivos, más horas trabajamos, no menos. Dejamos días de vacaciones sin usar. Cuando finalmente nos vamos de vacaciones, revisamos el correo electrónico compulsivamente.
Como resultado, infraestimamos lo mucho que un buen descanso en serio puede hacernos. Y también infravaloramos lo mucho que podemos hacer si nos tomamos el descanso en serio.
Los antiguos griegos, una civilización construida sobre el trabajo de granjeros, mercaderes y guerreros (y esclavos), veía el descanso como un gran regalo, como el culmen de una vida civilizada. Reconocían que el trabajo y el descanso eran necesarios: el uno proporcionaba los medios para vivir, el otro daba significado a la vida.
Los estoicos romanos sostenían que no puedes tener una buena vida sin buen trabajo. Ciertamente, casi toda sociedad, religión o escuela filosófica, reconoce la necesidad del trabajo y el descanso y la necesidad de equilibrarlos.
Hoy en día necesitamos repensar la relación entre trabajo y descanso, reconocer su íntima relación y redescubrir el papel que el descanso juega en ayudarnos a ser creativos y productivos. Afortunadamente, ha habido muchos descubrimientos en psicología, neurociencia, comportamiento de organizaciones, medicina del deporte, sociología y otros campos que nos dan una nueva percepción sobre el olvidado pero crítico papel que el descanso juega en fortalecer el cerebro, mejorar el aprendizaje, permitir la inspiración y hacer sostenible la innovación.
He encontrado tres grandes nuevas ideas circulando a través de este cuerpo de conocimiento diverso.
El primero es que el descanso es un componente esencial del buen trabajo.
Músicos de talla mundial, atletas olímpicos, escritores, diseñadores y otra gente experta y creativa alterna periodos de trabajo intenso y concentración con largas pausas.
Durante mucho tiempo, la inspiración y la creatividad han sido un misterio: nuestro anhelo de creatividad ha sido mayor que nuestra comprensión sobre cómo funciona, por qué aparece algunas veces y no otras, y qué, si es posible, podemos hacer para mejorarla. Estamos ahora unos pasos más cerca de destapar los procesos cognitivos que están activos durante los momentos creativos, de ver qué ocurre en el cerebro cuando las nuevas ideas surgen.
No lo comprendemos todo, de ningún modo; “cerebro” y “creatividad” son dos de las cosas más complejas que se pueden estudiar, y hay montones de preguntas importantes que nuestras herramientas no pueden responder. Pero es claro que el trabajo creativo del cerebro nunca finaliza, que incluso en su estado de descanso la mente está perseverando con los problemas, examinando y descartando posibles respuestas, buscando novedades. Este es un proceso que no podemos controlar.
Pero aprendiendo a descansar mejor, podemos apoyarlo, dejarlo funcionar y advertir cuando ha encontrado algo que merece nuestra atención.
Segundo, podemos aprender a descansar más efectivamente.
El descanso resulta ser como el cantar o el correr. Todo el mundo sabe básicamente cómo hacerlo. Pero con un poco de trabajo y comprensión, puedes aprender a hacerlo mucho mejor. Puedes disfrutar el descanso más profundamente y salir más fresco y revitalizado.
Las personas no llegan a ser expertos de talla mundial solo a través de la práctica deliberada. También practican lo que podríamos llamar descanso deliberado. Encuentran descanso que es psicológica y físicamente reparador, y también mentalmente productivo. El descanso deliberado te ayuda a recuperarte del estrés y el cansancio del día, permite que las nuevas lecciones y experiencias se asienten en tu memoria y proporciona a tu mente subconsciente espacio para seguir trabajando.
Y es a menudo en estos periodos de descanso deliberado y aparentemente ocio —cuando no estás explícitamente trabajando o esforzándote— que puedes tener algunas de las mejores ideas.
Finalmente, el descanso deliberado te ayuda a llevar una vida creativa que dure toda tu vida.
Hoy en día veneramos al niño emprendedor, admiramos al millonario adolescente y vemos las largas jornadas como honorables. Esto no es malo de por sí. Yo rememoro con cariño algunos de mis trabajos más duros a causa de la camaradería que encontré trabajando largas jornadas con buena gente, empujando los límites de la empresa y probando cosas nuevas.
Pero tenemos que reconocer que en la economía de servicios profesionales de hoy echarle muchas horas no tiene que ver con aumentar la productividad. En una fábrica o taller es fácil ver quién es la persona más productiva: al final de la jornada, puedes contar el número de piezas que fabricó.
En algunas profesiones hay medidas claras de productividad: el número de clientes a los que se ayuda, los pacientes atendidos, el dinero que se gana, los automóviles reparados. Pero para aquellos de nosotros que trabajamos en equipo en proyectos abiertos y complicados, las largas jornadas de trabajo son una expresión de nuestra identidad y una prueba de nuestra seriedad.
No nos hacen necesariamente más productivos; nos hacen parecer más productivos. Para los jefes, es un método fácil de ver quién está realmente comprometido y quién no lo está, incluso si esto es un predictor muy malo de quién va a ser bueno en el trabajo.
En Silicon Valley, donde vivo, el supuesto general es que el éxito es una carrera contra el tiempo y la obsolescencia. Si no eres rico a los 30, antes de que tus habilidades se vuelvan obsoletas y tú estés demasiado decrépito para trabajar semanas de 100 horas, nunca lo serás.
Este es un modelo que funciona estupendamente bien para un número muy pequeño de personas. Pero muchos más que trabajan así se queman y al final tienen poco que mostrar. Pero los que aprenden a descansar deliberadamente pueden hacer más cosas al final y durante un tiempo más extenso de sus vidas. Sus carreras no son carreras contra el tiempo, porque no tienen que serlo.
Necesitamos repensar la relación entre el trabajo y el descanso. Así que trabajo y descanso no son opuestos como el blanco y el negro o el bien y el mal; son más como diferentes puntos en la ola de la vida. No puedes tener un pico sin tener un valle. No puedes tener momentos altos sin tener momentos bajos.
Pero también necesitamos reconocer que podemos aprender a descansar mejor. Algunas de las personas más creativas de la historia, gente cuyos logros en arte, ciencia y literatura son legendarias, se tomaron el descanso muy seriamente. Se dieron cuenta de que para llevar a cabo sus ambiciones, hacer la clase de trabajo que querían, las formas apropiadas de descanso reintegrarían su energía, a la vez que permitirían a sus musas (esa parte misteriosa de sus mentes que ayuda a conducir el proceso creativo) a seguir adelante.
El trabajo y el descanso no son polos opuestos. En una buena vida, el descanso no es lo contrario del trabajo. El descanso es el socio del trabajo. Se complementan y completan uno al otro.
Tiene el sugerente subtítulo: «Cómo obtener la información que usted necesita y la comunicación que desea sin enfurecer a su familia, sin molestar a sus colegas y sin destruir su propia alma».
Puedes leer el último libro de Alex Soojung-Kim Pang en kindle: Enamorados de la distracción. ¡Muy recomendable!
Supongamos que tienes 94.714 pelos en tu cabello (la media es alrededor de 100.000). Si te quito uno, ¿eres calvo? No. Tienes 94.713 pelos. Si te quito otro, ¿eres calvo? No. Tienes 94.712. Entonces, ¿si te quito un solo pelo no te conviertes en calvo? No ¿Por qué no? Porque un solo pelo menos no puede suponer la diferencia entre estar calvo y no estarlo, podrías aducir. De la misma forma que una golondrina no hace verano, un pelo no es nunca la diferencia entre estar calvo y no estarlo.
Si aplicamos este razonamiento, podría seguir quitándote pelos hasta que tuvieras unos pocos y seguirías sin estar calvo. Podrías tener cero pelos y seguir sin estar calvo, porque un pelo nunca marca la diferencia. Es más, si pudiera quitarte más pelos del cabello de los que tienes, podrías tener un número de pelos negativo en tu “cabellera” y seguir sin estar calvo.
En resumen, de una diferencia cuantitativa insignificante (un pelo arriba, un pelo abajo) no puede derivar una diferencia cualitativa (estar calvo o no estar calvo), y por tanto no hay personas calvas.
Este tipo de falacia se llama “falacia del continuo”. Obviamente, todos sabemos que aunque no podamos definir exactamente el punto en que uno empieza a o deja de ser calvo, realmente hay personas calvas en el mundo. Ser calvo y no serlo son dos posibilidades en una persona.
No tenemos un número de pelos a partir del cual se considere que alguien es calvo, ni un grado de pigmentación en que la piel clara se convierte en oscura; tampoco sabemos dónde está el límite entre seguir una dieta y no seguirla: ¿comer una chocolatina muy pequeña un día aislado en más de dos meses de dieta rompe la dieta? ¿Y dos chocolatinas en un solo mes? ¿Cuándo la excepción rompe el estado de estar siguiendo una dieta?
Parece que es difícil encontrar los límites en conceptos imprecisos o borrosos. Pero pocos de nosotros diríamos que no hay pieles oscuras, que es imposible no seguir una dieta o que no hay calvos en el mundo. Por absurdo que parezca, la falacia del continuo la usamos en juegos mentales con nosotros mismos más de lo que creemos.
Gradiente de color de verde a rojo, los colores adyacentes son indistinguibles para el ojo humano (compuesto de 256 rectángulos de colores realmente únicos y distintos unos de otros) . Por Jorchen Burghardt bajo licencia de dominio público en Wikipedia Commons.
La falacia del continuo es un argumento que usa nuestro Yo Ocurrente o Mr. Hyde para hacer excepciones y transgredir las reglas que nos fijan o nos fijamos a nosotros mismos. Por ejemplo, ¿te conviertes en una mala persona solo porque a veces digas alguna mentira piadosa o una mentirijilla para conseguir una ventaja personal? Creo que pocos de nosotros —exceptuando los muy rigurosos moralmente y excepcionalmente íntegros— nos juzgaríamos tan mal solo por tener algún desliz o no comportarnos virtuosamente en toda ocasión. Mr. Hyde tiende a repetir este argumento cada vez y las excepciones terminan acumulándose.
Pendientes resbaladizas y ranas hervidas
Los estudiosos de las relaciones humanas, la política y las estrategias de negociación hablan del concepto de pendiente resbaladiza.
Veamos un ejemplo de política internacional: una pequeña vulneración del territorio de un país, pongamos una lancha deportiva que entra en aguas jurisdiccionales, no justifica una represalia, se puede hacer la vista gorda. Pero si no se hace nada, otras lanchas aprenden que no hay gran peligro y repiten el mismo movimiento. ¿Y si fuera una patrullera de otro país con policías o militares que por error entran durante unos minutos? Si no hay un aviso claro, podemos estar animando acciones más inaceptables; el problema es que nos estamos acostumbrado poco a poco a la situación ¿Y si las patrulleras del otro país permanecen durante horas? Parece que tampoco se haría nada violento, sería desproporcionado, se permitió durante minutos y se ha creado un precedente, es más cómodo dejar pasar la situación esperando que sea solo temporal. ¿Y si fuera un buque más grande sin armas pero con propósitos científicos? Quizá tampoco se haría nada o se elevaría una leve protesta, pero poco más; no hay motivos agresivos, ya hubo lanchas en el pasado y eso no fue una amenaza. ¿Y si son tres patrulleras con hombres armados que han entrado dos metros en las aguas del otro país? Los precedentes anteriores, la tibieza en la respuesta y que el público se ha acostumbrado a las intromisiones en aguas jurisdiccionales hacen probable que se mire a otro lado. Podría seguir aumentándose gradualmente el nivel de amenaza, sin respuestas disuasorias de las autoridades, hasta tener una flota de guerra que estuviera amenazando alguna base militar y que fuera demasiado tarde para defenderse con éxito.
Obstacle Race – Dornoch Highhland Gathering 2007, por John Haslam en flickr: https://flic.kr/p/2wL9qa
Cada vulneración adicional de las aguas juridisccionales por la potencia extranjera es lo suficientemente pequeña como para no justificar la declaración de guerra y simultáneamente cada paso hace más probable el siguiente paso, hasta que la acumulación de pequeños pasos potencialmente agresivos se convierten en una gran amenaza para la seguridad nacional.
El argumento de la pendiente resbaladiza pone el énfasis en que una pequeña acción sin importancia puede desencadenar una reacción en cadena que lleve del punto A al Z de manera muy probable o casi inevitable, pasando casi automáticamente por los puntos B, C, D, E, F, etc.. Por eso hay que procurar evitar esas acciones o cortarlas de raíz cuando se produzcan, por insignificantes que puedan ser.
Ahora veamos un caso relacionado con la voluntad y la autorregulación de las personas: el exfumador que una noche en la que está de muy buen humor —quizá en una fiesta o en una celebración familiar como en una boda— se dice “un día es un día”. Su razonamiento es que un solo pitillo, un solo día, en una ocasión señalada, no le va a hacer mal. Y quien dice un pitillo en una noche, dice dos pitillos, y así sucesivamente. A la semana ha vuelto a retomar su hábito de fumar un paquete diario.
El argumento de la pendiente resbaladiza reviste cierto parecido con el fenómeno la rana hervida: metes a una rana en un recipiente con agua hervida: la rana salta inmediatamente y evita ser escaldada. Pero imagina que la metes en una olla con agua tibia: la rana nada tranquilamente o se queda flotando plácidamente. Ahora pones a fuego muy lento la olla y elevas la temperatura medio grado: la rana sigue flotando sin casi advertir la diferencia; o si la advierte, no se dispara su sistema biológico de alarma.
Sigues aumentando poco a poco la temperatura; como es tan gradual, la rana no se siente impelida a saltar de la olla. Pero la temperatura sigue subiendo y cada vez que sube la rana está más y más adormecida, con menos fuerzas para salir de la olla. Hasta que llega el momento en que la temperatura es tan alta y la rana está tan debilitada que cuando advierte la necesidad de escapar no puede hacerlo y fallece en la olla de agua hervida.
Casos ilustrativos dramáticos
No pienses que esta imagen de la rana es una mera imagen muy llamativa pero sin relevancia práctica. Después de todo, puedes decir, las personas individuales son inteligentes, no ranas: anticipan la acumulación de pequeños cambios y evitan la escalada de los acontecimientos.
Hay multitud de ejemplos por todos conocidos que siguen la dinámica de la rana hervida y la pendiente resbaladiza: una persona sometida al acoso de su jefe directo o compañeros en el trabajo sufre una acumulación de pequeñas agresiones y estrés que termina afectando su equilibrio psíquico y puede degenerar en ansiedad clínica, depresión y graves problemas de salud.
El jefe o los compañeros de trabajo no empiezan a acosarle desde el primer día, antes tientan el terreno con pequeñas desconsideraciones o comentarios jocosos; si no hay reacción siguen elevando el nivel del acoso hasta hacerlo poco a poco casi insoportable. Si ese mismo trabajador hubiera sido humillado abierta y directamente por su jefe en su primer día de trabajo, se hubiera largado del trabajo, habría tomado medidas o acudido a instancias superiores.
El otro caso paradigmático es el de las personas maltratadas por sus parejas. Aquí se mezcla el problema de las distinciones borrosas (amor–no amor, discusiones de pareja normales–agresiones, etc.) con el fenómeno de la pendiente resbaladiza y la rana hervida. ¿En qué punto una desconsideración o una palabra más alta que otra se convierte en agresión? ¿Cómo sabes cuando alguien te ama y cuando te ha dejado de amarte o te ama de una manera que pone en riesgo tu integridad personal o incluso tu vida? ¿Cuándo es el momento exacto en que debes dejar a tu pareja o pedir ayuda?
Puede ocurrir que el debilitamiento gradual que produce en las personas la acumulación de pequeñas agresiones, la dificultad de categorizar el comportamiento humano y el no saber determinar el momento exacto en que se han de tomar medidas conspiren para mantener y escalar estas circunstancias de maltrato o acoso descritas anteriormente.
Mi tesis es que muchos de los fallos en nuestro sistema de autorregulación personal —por ejemplo, la dificultad de seguir una dieta, de mantener un peso saludable, de ceñirse a rutinas de trabajo o seguir los planes— son debidos a que nuestras estándares de comportamiento o reglas están sometidos a una erosión continuaresultado de pequeñas desviaciones que se acumulan y que vuelven gradualmente más tolerables conductas que en un principio hubiéramos considerado inaceptables.
Se puede alegar que una excepción a la regla no da al traste con la regla, es incluso sana; después de todo somos humanos, y tenemos que dar rienda suelta de cuando en cuando, dentro de unos límites, a nuestra espontaneidad. Una vida solo dirigida por reglas y con solo consideraciones de futuro y casi desprecio por el placer presente, amenazaría con hacernos perder mucho del gozo de vivir. ¿No es así?
De hecho, si nos sacrificamos en el presente es porque disfrutaremos de sus frutos en un presente futuro. No tendría sentido un sacrificio eterno, a menos que todo lo hiciéramos por nuestros descendientes y no valoráramos nada nuestro placer o satisfacción personal.
Usamos este argumento de las “excepciones que no tienen importancia” en nuestro diálogo interior todos los días. Pero si abusamos de él podemos estar resbalando hacia el abismo mientras que consideramos que cada uno de nuestros pasos es razonable y no tiene gran repercusión.
La solución que propongo a esta escalada de pequeñas desviaciones es establecer claramente una “línea roja”. Esta expresión es un calco del inglés (“red line”) que puede traducirse también por “punto innegociable” o “límite máximo” o “límite mínimo”, según los casos.
En cualquiera de los planes que nos marquemos o las reglas por las que organicemos nuestras vidas o los hábitos que consideremos necesario establecer o los resultados que queremos obtener, nos fijamos unos límites que no hemos de traspasar, pase lo que pase. Si lo traspasamos, se desatan las alarmas y debemos saltar de la olla antes de que empiece a hervir el agua y sea demasiado tarde.
La línea roja tiene algo de arbitraria: podría haberla marcada un poco antes o un poco después, pero es importante que esté claramente definida y que se fije en un punto donde todavía no estemos debilitados o hayamos perdido claramente el rumbo.
Algunos ejemplos de líneas rojas
Toque de queda digital. A partir de las 0:00 me desconecto de las redes sociales, cierro el correo electrónico y apago el smartphone. Así evito estar conectado (y perturbado) todo el día. Ya sé que no pasaría nada por estar hasta las 0:03, pero soy implacable y a las 0:00 se acaba temporalmente mi vida digital.
Entre pomodoro y pomodoro me tomo un “pequeño” descanso. El límite son diez minutos. Si me paso de ese tiempo, puedo perder la concentración y los beneficios de la pausa y tengo que hacer más esfuerzo de voluntad para retomar el trabajo.
Faturday. Línea roja para las excepciones a la dieta. Fuera del día que determine para el faturday, no hay más excepciones en mi dieta. De otra manera, una pequeña excepción amenazará con repetirse y hacerme perder el norte saludable al que aspiro.
70.000 pasos semanales. Intento hacer alrededor de 10.000 pasos diarios, me permito hacer más algunos días y otros días menos, pero al final de la semana el mínimo admisible es de 70.000. O si quiero más flexibilidad, 280.000 al mes. Pero en todo caso el mínimo está claro.
Sabbat. Línea roja para el trabajo. Pone un límite máximo al número de días semanales que puedo dedicar a trabajar (máximo seis). El Sabbat es un mecanismo para promover el necesario descanso y recogimiento y protegerlo de las distracciones digitales o la tendencia de lo profesional a invadirlo todo. Tiene un carácter al menos tan sagrado como mi carrera profesional: si no he dejado de ir a trabajar un solo día en diez años porque no me apeteciera, lo mismo ocurre con el Sabbat: forma parte de mi identidad y mi moral respetar el Sabbat.
El tiempo asignado a tareas importantes pero no urgentes. Por ejemplo, las dos primeras horas del día están dedicadas exclusivamente a mis TMI (tareas más importantes). El mínimo innegociable son esas dos horas al principio de la mañana.
Relaciones con mis mejores amigos. Me pongo un recordatorio en el calendario cada cuatro meses. Si cuando salta el aviso de contactar con el amigo, me doy cuenta de que no he tenido ninguna conversación o contacto con él en los cuatro últimos meses, le llamó e intento quedar con él. La línea roja en este caso es no pasar sin ver a mis amigos más cercanos al menos una vez cada cuatro meses.
Fechas límite para fin de proyectos. Evita la extensión de plazos y evita caer en la procrastinación propiciada por la ley del Parkinson: un proyecto tiende a ocupar todo el tiempo que le asignemos, por amplio que sea.
Economía doméstica. El mínimo dinero ahorrado ha de ser el suficiente como para pasar un año sin ingresos. Esto me proporciona un colchón de seguridad y evita las escaladas de pequeños gastos que terminan acumulándose y me ponen en dificultades financieras. Si mis ahorros bajan de la cantidad estipulada, enseguida reduzco mis gastos, cancelo viajes o dejo de salir a cenar fuera los fines de semana.
Salgo por la noche con los amigos. En el pasado tuve problemas con el alcohol. Mi línea roja son tres copas.
Peso máximo innegociable. El mío es 80,0 kg. a partir de hoy. Por encima de él saltan todas mis alarmas y tomo medidas correctivas inmediatas: control alimentación y ejercicio físico.
En mi versión del minimalismo existencial, es capital trazar líneas divisorias entre actividades. Las restricciones en la acción y la sujeción a reglas de comportamiento son las cadenas autoimpuestas que nos hacen libres: nos permiten elegirnos y elegir cómo queremos ocupar nuestro tiempo.
Todas las noches a las 0:00, después de que den las doce campanadas en el reloj de la catedral y suene el aviso de toque de queda digital en mi computador, cierro el correo electrónico, twitter y otras redes sociales. Dejo de navegar y mirar los comentarios en mi blog. Apago mi móvil vintage, que no es tan peligroso como un smartphone pero sigue siendo fuente de distracción e interrupciones.
Mi vida digital queda cancelada hasta la mañana siguiente. Si es el viernes por la noche, el comienzo de mi Sabbat, no vuelvo a exponerme a un medio digital hasta el domingo por la mañana.
Me permito ver alguna película, escuchar música o algún audio porque son actividades más pasivas que las anteriores y no me desvelan. Elijo por lo general películas sin mucho contenido dramático, que no me alteren emocionalmente y me relajen, a ser posible.
El trabajo propiamente dicho ha finalizado varias horas antes, también a una hora fija e innegociable; así sé que el tiempo que dedico a mi actividad profesional no se va a extender más de lo deseado. Esto también me motiva a concentrarme más intensamente durante la jornada para hacer lo que pueda con el tiempo estipulado. Como sabemos, de acuerdo a ley del Parkinson de la productividad: «una tarea o proyecto se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible»; fijando una frontera temporal para el trabajo, más allá de la que no pueda seguir trabajando, evito que el tiempo que considero disponible sea todo el día y por tanto mi trabajo se extienda a todo el día.
Una política más radical de control de los medios de comunicación
Anca Balaj, escridibujante y entrenadora en creatividad, sigue la política más extrema de evitar todo tipo de series o películas e incluso noticias. Es muy interesante leer su artículo Silencio y descanso donde argumenta su decisión de privarse de radio, televisión, películas y series. Aquí tienes un fragmento:
[…] En mi casa ya no hay voces estridentes, mujeres llorando, gritos de personas asustadas, bombas o coches que explotan, sirenas de la policía, etc. En mi casa nadie mata a nadie. Nadie sufre. Y no hay conflictos que atender. Las películas (y toda historia que se precie) tienen como motor el conflicto, es decir, el deseo de alguien que entra en conflicto con el deseo de otro alguien y que queremos saber cómo acabará resolviéndose. Esto mantiene nuestra atención pero también nos provoca tensión. Así pues, cuando estamos viendo una película o una serie, estamos viviendo (creando en nosotros) esta tensión. La próxima vez que veas una película, despégate del argumento por un momento y revisa tu cuerpo, observa si estás relajado/a o tenso/a.
‘I Am Sure It Means Us No Harm’, por Leontine Greenberg en flickr: http://wp.me/pTJ3F-3mZ
Me gustaría imitarla o al menos experimentar por las noches entresemana con la eliminación de series, películas, radio y programas de entretenimiento. Quizá lo convierta en un reto personal.
Como iréis comprobando en las próximas semanas y hasta el final de la cuarta reencarnación del 2014, la atención plena, la autorregulación e incluso la salud son habilidades relacionadas que se solapan y se refuerzan mutuamente.
Sí. La salud es una habilidad. Puede sonar raro, pero es así. Por eso estamos haciendo este curso. Por eso seguiremos “entrenando la salud” en la cuarta reencarnación en combinación con la atención plena y la perseverancia o autorregulación.
Hara Hachi Bu
En los principios del siglo XXI, los habitantes de Okinawa en Japón, son la única población humana que tiene una regla autoimpuesta de restricción calórica. Consumen alrededor de 1800 a 1900 calorías al día. Su índice promedio de masa corporal (BMI) es del 18 a 22, comparado con el típico de 26 o 27 en adultos mayores de 60 en los Estados unidos. Okinawa tiene la proporción de centenarios más alta del mundo.
El Hara Hachi Bu es la regla de la comida de los habitantes de Okinawa, en Japón, uno de los lugares con población más longeva de la tierra. La regla es sencilla de formular: “Come hasta que alcances el 80% de tu capacidad”.
Con esta regla procuramos la moderación en la ingesta de calorías, una de las pocas medidas que sabemos con casi certeza que aumenta la longevidad en animales y humanos.
Los habitantes de Okinawa, una de las poblaciones más longevas de la tierra.
Reto de la semana
Aquí entra la atención plena y las prácticas de meditación informal o mini-meditaciones de la primera reencarnación y la meditación formal de la tercera. Lo que hemos aprendido y entrenado hasta el momento nos va a resultar útil ahora. Si recuerdas, en la primera reencarnación te pedí en una de las prácticas que comieras con atención plena al menos el primer bocado de cada comida, centrando todos tus sentidos y atención en la comida.
En el reto de esta semana tendrás que ir un poco más allá. Tendrás que monitorizar tu sensación de saciedad o falta de ella a lo largo de la comida para pararte en el momento en el que alcances el 80% de tu capacidad.
Decidir parar un comportamiento en el instante en que alcances un determinado punto previamente fijado es también una buena práctica de autorregulación. Si eres capaz de aplicar la regla Hara Hachi Bu durante una semana estarás fortaleciendo tu perseverancia. Si sigues haciéndolo varias semanas más, habrás completado otro hito en tu habilidad de instalar hábitos en tu vida y estarás en el camino de graduarte como habitólogo.
¿Cómo determinar el 80%?
100% sería cuando sientes que ya no puedes comer más, estás saciado, y comienza a ser desagradable o empieza a ser un esfuerzo seguir comiendo más. 0% es cuando sientes el estómago vacío y llevas algún tiempo sin comer.
No es sencillo saber cuándo estás en el 80% de tu capacidad: sin hambre, pero sin haber llegado a tu máximo. En mi caso, la sensación subjetiva es la de estar satisfecho, pero con ánimo de seguir comiendo más, de tal modo que si lo dejo en ese momento siento que me quedo con un poco de hambre.
Para facilitarte el reto, es conveniente comer deliberadamente un poco más despacio de lo habitual, a ser posible con más atención en las los sentidos del gusto, el tacto y la vista y en las sensaciones internas de saciedad. Esto es necesario porque entre la ingestión de la comida y la realimentación procedente del estómago pasan unos veinte minutos. Si comemos demasiado deprisa no damos tiempo al estómago para que empiece a enviar las sensaciones de saciedad y es probable que comamos de más.
Si tienes dudas sobre comer o no comer una segunda porción o ración es bueno esperar unos minutos y ver si realmente la necesitas.
Hambre física y mental: la regla del brócoli
La mejor dieta que puedes seguir: tener algo más divertido que seguir comiendo
~Alain De Botton
En uno de sus últimos artículos Entusiasmado habla sobre la distinción entre hambre física y hambre mental. En él presenta la regla del brócoli de Adam Gilbert para saber si verdaderamente tienes hambre física:
[…] ¿Si lo que pudiera comer fuera Brócoli, me seguiría apeteciendo comer?
O si quieres sustituye el Brócoli, por una zanahoria, espinacas o cualquier otra cosa que no te plantearas comer por vicio.
Seguramente te darás cuenta de que en muchas ocasiones, no es que nos apetezca comer, sino que tenemos el capricho de comer algo específico. Esas ocasiones son precisamente nuestra mejor oportunidad para dejar de comer, restando calorías innecesarias.
Si tienes verdaderamente hambre física, comes hasta brocoli.
Muchas veces confundimos ambos tipos de hambre. La razón es que empleamos la comida como una forma (bastante contraproducente) de regular nuestras emociones. En situaciones de nerviosismo, estrés o inquietud mucha gente recurre a productos altamente calóricos para reducir su ansiedad. Creen que tienen hambre física cuando lo que tienen es un estado de ánimo alterado que mitigan a través de la comida; esto es, emplean la comida como un calmante o narcótico que hace más tolerable su estado emocional.
La alternativa a la comida es el ejercicio, la conexión emocional con otros seres humanos o simplemente sumergirte en alguna tarea que requiera tus recursos mentales y emocionales y que encuentres satisfactoria: un deporte, un trabajo estimulante, una conversación animada, un proyecto personal, una afición, etc.; como dice Alain de Botton, “tener algo más divertido que seguir comiendo”. Si no gozas de muchas satisfacciones en tu vida, tenderás a buscarlas donde sea. Y la comida es una de las formas más rápidas y baratas de hacerlo.
Antes de empezar a comer, podrías preguntarte: “¿cuál es mi nivel de hambre FÍSICA en una escala de 1 a 10?”
Si observas tus sensaciones internas y tu estado emocional, quizá adviertas que tu hambre es más psicológica que física. Esos segundos de auto-observación te pueden ayudar a buscar una mejor alternativa a la comida o a comer más moderadamente si decides comer de todos modos. Como regla general, si no pasas de 6 o 7 en hambre física, sería mejor no comer o comer más moderadamente, si es que por motivos sociales o de horarios no te queda más remedio que hacerlo.
Ocho partes de un estómago lleno sostienen al hombre; las otras dos sostienen al médico.
En varios artículos de este blog he usado la técnica de los cien: generar cien ideas sobre cualquier tema que quiera explorar o sobre el que desee aumentar las posibilidades u opciones.
La creatividad y la innovación consisten en algo más que meramente decir lo primero que se te pasa por la cabeza. Es solo el primer paso. Pero este primer paso de extracción de ideas y asociaciones de ideas en la memoria a largo plazo es fundamental.
Hay tests de creatividad, como el test de usos alternativos de Guildorf, que miden la habilidad de generar opciones; te piden que de un objeto, pongamos un ladrillo o un clip, obtengas en menos de noventa segundos todos los usos que se te ocurran. Con ello se pretende medir el pensamiento divergente, la capacidad de generar muchas ideas en poco tiempo.
Más adelante, mediante combinaciones de esas ideas, extracción de patrones y nuevas asociaciones se van refinando las soluciones iniciales hasta dar con una idea nueva y eficaz. Esta segunda fase echa mano del pensamiento convergente, que también es importante en la creatividad.
Pero, ¿no decíamos que menos es más?
Si el minimalismo busca la esencia, la concisión y el mínimo número de elementos, parece un poco contradictorio seguir el principio de “Cuanto más mejor”. Sin embargo, ese es el comienzo, no el final del camino o el producto acabado.
En el campo de la ingeniería y el marketing, y en la innovación en general, para llegar a una buena idea que funcione se necesitan una gran cantidad de ideas previas y muchos prototipos o pruebas de mercado para testarlas y refinarlas.
El diseño de vida del minimalismo existencial no es una excepción a este proceso de ensayo y error: necesitamos de nuestra capacidad de generar opciones y combinarlas de modo eficaz para crear el tipo de resultados que queremos ver en nuestra vida.
Ser creadores forma parte de nuestra naturaleza, y generar ideas —a veces sorpresivas y eficaces— sobre cualquier cosa es algo que hacemos prácticamente todos los días. Nuestro Yo Ocurrente es muy bueno en eso; basta que dejes de esforzarte en una tarea y que tu mente vuele unos segundos sin rumbo fijo para que enseguida surjan montones de ocurrencias sobre los más diversos temas y las asociaciones se multipliquen de tal manera que puedes empezar pensando sobre el sombrero de Mr. White en Breaking Bad y terminar preguntándote sobre el sentido de la existencia.
Soy un tipo ingenioso que no tiene nada que perder. Por eso soy peligroso, muy peligroso.
Propósito de la técnica de los cien
Con la técnica de los cien, lo que pretendo es entrenar la habilidad de generar muchas ideas. Lo habitual es que cuando te pones a buscar soluciones a un problema o a crear cursos de acción alternativos generes dos o tres o cuatro posibilidades y cese rápidamente el proceso de exploración. Entre las dos o las tres que parecen más prometedoras (las primeras que se te han ocurrido más bien) empiezas a valorar y te quedas con una.
Eso está bien cuando tienes restricciones de tiempo, como solemos tenerlas habitualmente, o cuando las decisiones no son muy importantes. En la regla de los tres de los marines americanos vimos como en condiciones de urgencia y situaciones de vida o muerte generar unas pocas opciones (tres) y decidir entre ellas o una combinación de ellas es una manera de tomar decisiones rápidas que contengan algo de creatividad y que no nos lleven a la parálisis por el análisis.
Pero la mayoría de nuestras decisiones o de las soluciones a nuestros problemas, grandes y pequeños, pecan de automatismo y de previsibilidad, tienden a ser estereotipadas. A veces, ni siquiera pensamos dos opciones, nos quedamos con la primera que viene a la mente y actuamos; muchas veces ni siquiera generamos opciones, adoptamos una solución trillada que tomamos de nuestro comportamiento pasado o bien recurrimos a la imitación.
Beneficios de la técnica de los cien
Aumenta mi capacidad de generar ideas.
Aprendo a seguir generando ideas aunque esté satisfecho con las que tenga.
Mejoro mi capacidad de extraer información de la memoria a largo plazo y de generar asociaciones.
Pongo la primera piedra de la construcción de una mente creadora.
Voy más allá de mi zona cómoda. Pasadas unas cuantas decenas de ideas la mente empieza a humear y cada vez cuesta más. Es habitual pensar que uno no tiene tantas ideas en la cabeza. Pero si uno persevera surgen varias decenas más.
Idealmente, habría que ser capaz de generar muchas ideas, que fueran originales, que se refirieran a campos o zonas de la realidad distintas y que fueran detalladas.
Empezamos con Mr. White y acabamos con los Monty Python’s. Siempre mira el lado brillante de la vida…uh,uh; uh, uh…
Condiciones del Reto-Práctica 100×100 ideas
Durante cien días generaré cien ideas sobre cien temas distintos que se me vayan ocurriendo.
Las ideas serán meras ocurrencias. Escribiré entre diez y veinte palabras por idea, de forma telegráfica. Serán ideas no extensas por tanto, pero puedo desarrollarlas algo más si me place.
Me centraré en la fluidez (muchas ideas),
Otras características del pensamiento divergente creativo —la originalidad (que se salgan de lo común), la flexibilidad (que se refieran a campos de la realidad distintos) y la elaboración (grado de detalle)— quedarán en un segundo plano, no son prioritarias en este reto.
Aunque me centraré en la fluidez en la generación de ideas, espero que los otros componentes se beneficien del reto.
A diez-veinte palabras por idea, escribiré unas 100.000-200.000 palabras, la extensión de un libro de 200-400 páginas.
Siento que este reto no solo me sacará de mi zona de comodidad sino que está bastante por encima de mis capacidades actuales. Por eso mismo me siento más motivado a acometerlo.
Mi mente va a sudar.
Usaré Beeminderpara registrar la evolución del proyecto y motivarme.
Como generar cien ocurrencias no me parece sencillo, sobre todo según vayan pasando los días, lo haré cinco veces por semana y descansaré dos, así evitaré quemarme mentalmente.
En veinte semanas, por tanto, tendré que haber finalizado el reto.
Como anticipo que será difícil escribir cien ideas de una tacada, me permitiré dejar y volver a la lista varias veces durante el día hasta alcanzar la cuota diaria.
Puesto que no quiero aburrir a los lectores de este blog, abriré una página en el blog especial para el reto y allí, semana a semana, iré registrando los títulos de las listas y los enlaces a las listas por si alguien quiere echarlas un vistazo.
Cada cuatro o cinco semanas, informaré de la evolución del reto y mis impresiones.
Si alguna lista no resulta tediosa y tiene algún interés o es especialmente divertida, la publicaré como un artículo más del blog.
Empiezo la próxima semana.
Estoy pensando que la primera lista podría ser una lista de cien temas para hacer listas de cien ideas.
Puedes sugerirme temas para las listas de cien en los comentarios.
Si eres más audaz, puedes aplicar la técnica de los cien al próximo problema o decisión que tengas entre manos.
Este es un reto personal (para mi), no pido que escribas 100 ideas todos los días, solo digo que podrías probarla alguna vez para ver qué tal funciona.
Pocas veces se tiene la oportunidad de conocer a un genio. Yo lo conocí en el contexto del Proyecto 52, la más fructífera iniciativa que tuve el año pasado y la que más me ha hecho crecer en los últimos tiempos. Nuestro Genio nos regaló un artículo en este blog: Si lees este artículo no puedes ser escritor.
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Pero no traigo hoy a Rafael Sarmentero para hablar de mi libro o mis proyectos o practicar el onanismo autobiográfico o el de la mejora personal: como decía Tyler Durden en El club de la lucha, “la automejora es masturbación”. Lo traigo a colación por la misma razón que traje al bueno de Ernest en Lo que podemos aprender de Hemingway o a Raymond Chandler en la técnica de las cero alternativas o a Isabel Coixet en Mi vida sin mío a David Foster Wallace en Esto es agua, esto es agua.
Ernest y Raymond nos proporcionaron algunos consejos para gestionar la motivación en los proyectos largos, Coixet nos enseñó a centrarnos en lo prioritario cuando el tiempo se agota y Foster Wallace nos recordó que debemos elegir qué mirar y hacia dónde mirar, momento a momento, y que esa es nuestra máxima responsabilidad.
No puedes ser escritor
En su último libro, No puedes ser escritor (el tomo I de la serie Cómo ser un genio), un libro inclasificable que enseguida paso a clasificar, Rafael Sarmentero saca de su sombrero de prestidigitador frases ingeniosas haikuescas, epigramas, microensayos moralizantes y de carácter costumbrista, idiosincrasias de escritor y observaciones sobre técnica literaria y creación. Podrás aprender cómo dar limosna con elegancia, sus propensiones anarcocapitalistas, pergeñar el desayuno perfecto y una colección de filias y fobias de la más variada especie en algo más de 140 páginas.
Pero lo que quiero explorar hoy no es el estilo del Genio o lo intrincado de su mente, que puedes apreciar por ti mismo en su página personal y sus libros de poesía y narrativa. Lo que me interesa hoy es extraer sus técnicas de autorregulación, la forma en que se disciplina para escribir un libro por año a pesar de tener un trabajo exigente a jornada completa y una novia artista (las novias artistas son estupendas, pero requieren mucha energía y una ilimitada capacidad para la sorpresa).
Los escritores, en especial los novelistas, los maratonianos de las letras, son junto con los corredores de fondo, la encarnación más llamativa del poder de la fuerza de la voluntad y la capacidad de autorregulación. A ellos, a diferencia de los poetas u otros trabajadores del instante y lo espontáneo, la inspiración les encuentra casi siempre trabajando. Y esto es lo que quiero aprender hoy del Genio. Al menos vislumbrarlo.
Todas las citas de ahora en adelante, serán citas de Sarmentero extraídas de No puedes ser escritor.
En el principio fue la vocación
¿Cuál es el sentido de la vida? El que cada uno quiera darle. El mío es escribir. Las demás tareas que hago, salva raras excepciones, están orientadas a conseguir dicho objetivo.
Lo que más me llama la atención de Sarmentero es su compromiso con un solo propósito: Ser Escritor. Es una formulación algo vaga que para cada uno puede significar cosas distintas, pero para él es sin duda lo suficientemente nítida como para orientar el esfuerzo en cada uno de los minutos del día. El cuida de los minutos, y su Obra se cuida de sí misma.
Todo lo subordina a esa meta y todo lo que le ocurre alimenta su propósito. Comer, trabajar diez horas como informático, salir a correr (que pocas veces disfruta), todo… está subordinado a su proyecto personal de ser escritor. Los seres que no somos genios tenemos multitud de deseos, querencias y racimos de propósitos, muchos de ellos no relacionados o contradictorios. La reducción de todos los propósitos a uno solo es como el paso de la mitología o el politeísmo a la afirmación de un solo Dios —abstracto pero poderoso—, sentido último y creador de todos los actos de la vida del escritor.
La vocación es la fuerza que te impele a entregarte, a pelear sin descanso, a vivir por y para una causa.
Si, como sentenció Sören Kierkegaard, “La pureza de corazón es querer una sola cosa”, Rafael Sarmentero es indudablemente un ser puro.
Un veleta vital como yo no puede dejar de conmoverse y envidiar esa unicidad de propósito y pureza de intención. En este mundo acelerado, fragmentado, posmoderno, de culto a la inmediatez del deseo, lo accidental del momento y el culto al carpe diem castizo “que me quiten lo bailao”, conocer a personajes como nuestro Genio es inspirador.
En la cultura de las islas de Okinawa, el término ikigai hace referencia a “una razón para levantarte por la mañana”.
Todos necesitamos una. De lo contrario, la vida se torna un sinsentido sin ningún aliciente.
Cuantas más razones para vivir mejor. Pero es fundamental que tengamos siempre alguna. La que está más presente es la que más te define. Coincide con tu vocación. La mía es escribir.
Obligatoriedad y opcionalidad
Cuando una tarea es opcional, existe una alta probabilidad de que no se realice. En cambio, cuando se toma como obligación, la alternativa del escaqueo desaparece. Hacer ejercicio tiene que convertirse en una rutina ineludible. Como lavarnos los dientes. Para conseguirlo debemos esforzarnos con especial ahínco los primeros días. Una vez se haya tornado hábito, será nuestro propio cuerpo el que nos demande la actividad. “Tira del hábito hasta que el hábito tire de ti”, aseguran los gurús de la productividad.
Una de las críticas más habituales al minimalismo existencial cuasi-robótico que yo propugno y creo representar es la crítica a la ubicuidad de las reglas de comportamiento. Las reglas, las normas, los principios que encarnan todas esas normas, están en todos mis actos; y se perciben por muchos como limitaciones o constricciones innecesarias al libre flujo de las ideas y los acontecimientos.
Abominar de la restricción o los límites solo puede hacerse por quien desconoce la naturaleza del Arte o de la Ética. Son precisamente los límites los que propulsan la obra, como es el rozamiento de las alas de la paloma el que permite el vuelo; en este caso, el vuelo de la inteligencia.
Una regla personal es un compromiso con uno mismo a priori, no negociable e independiente de las condiciones particulares que se den en el momento y lugar en que haya que aplicarse. Si esa regla se convierte en hábito, el trabajo se hace más aerodinámico, reducimos el rozamiento existencial que surge de tener que decidir momento a momento qué vamos a hacer y la consiguiente lucha contra la pereza y las racionalizaciones de Mr. Hyde (el yo ocurrente o diablillo de nuestra conciencia).
El genio es consciente de su vocación, propósito, y proyectos —del gran orden intencional— pero también sabe que la visión solo se materializa momento a momento, frase a frase, con rutinas automáticas sobre las que no tiene que pensar y que abren el camino a las grandes consecuciones.
El genio y el talento
Talento = vocación más método
De un genio, podríamos esperar que sostuviera haber sido ungido por la mano de los Dioses, y que se situara en un pedestal al que el resto de los pobres mortales solo pudieran elevar su mirada y adorar. No faltan los genios que dicen nacer genializados y que se muestran remisos a mostrarnos la maquinaria de su arte, lo que se cuece en las bambalinas de su entrenamiento y trabajo diario. Este tipo de genios solo pueden ser admirados desde la distancia, en sus consecuciones… y poco más.
Pero Sarmentero es un genio consciente del origen de su genialidad. Para él, el talento es vocación (es decir, perseverancia unida una causa) y método (técnica, mañas de escritor). Dicho de otro modo, la esencia de la genialidad está en lo que llamamos “tenacidad” en español y llaman en inglés “Grit” (perseverancia durante años en una dirección elegida). A esto añade la filosofía Jeet Kune Do, el arte marcial invención de Bruce Lee, y su conocida máxima “Sé agua amigo mío». Por lo tanto Genio = Técnica + Propósito + Flexibilidad.
No cree mucho en la inspiración y declara:
La inspiración roza su techo pocas veces en la vida de un artista. Con frecuencia, ninguna. Cuando ocurre, éste tiene que darse cuenta de que ha conseguido dar con el preciado mineral y seguir perforando en la misma dirección.
Woody Allen tiene una frase que dice: “El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”. Yo proclamo: “El trabajo y la técnica no dan el talento, peo procuran un resultado tan parecido, que ni un especialista avanzado podría encontrar la diferencia.”
Unitarea y multitontería
Roger Wolf adapta la ínclita frase del no menos conocido Allen Ginsberg a la vesánica hiperquinesia de los tiempos modernos: “He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la multitarea”
En nuestro primer encuentro en una comida del Proyecto 52, no recuerdo que el Genio ni por un momento mirara su móvil o atendiera a algún mensaje. Su atención estaba plenamente centrada en la conversación. Es un placer cada día más extraño poder charlar con alguien que te presta su atención individida y que te hace sentir como si en ese momento no hubiera nada más importante.
Los que estudian el carisma en el liderazgo y las relaciones sociales en general suelen señalar esa calidad de la atención del líder; del presidente norteamericano Bill Clinton, un genio de las relaciones públicas, se dice que si te saludaba o te dedicaba unas palabras en una recepción o cóctel te hacía sentir como la persona más importante del mundo en esos cinco o diez segundos escasos de atención, luego pasaba fluidamente a otra conversación u otra persona, con la misma sonrisa y capacidad de inmersión.
La capacidad de enfocar la atención a voluntad haciendo caso omiso de distracciones no es solo necesaria para hacer sentir importantes o queridas a las personas, también lo es —sobre todo lo es— para sostener un trabajo intenso y continuo en la dirección elegida. Para el Genio, que tiene responsabilidades diarias en un trabajo demandante de diez horas, es capital ser capaz de sacar el máximo rendimiento a la hora o dos horas diarias que a lo sumo puede dedicar a su Arte.
El genio repudiará esta actitud, apagará su teléfono móvil, cerrará el gestor de correo electrónico así como el navegador de Internet y concentrará todos sus esfuerzos en una única tarea que solo abandonará para pasar a la siguiente cuando haya completado los objetivos que previamente se marcó.
El Genio y el perfeccionismo
Nadie encuentra la perfección porque la perfección no existe. Solo existen grados de aproximación a ella. El genio —obligado por su condición— vive en perpetua búsqueda de lo perfecto. Pero tal virtud se torna yugo cuando no sabe detenerse a tiempo.
La ambición forma parte del DNA del genio; como decía Flaubert, “un alma se mide por sus deseos, lo mismo que las catedrales se juzgan por la altura de sus campanarios”; como dice Sarmentero: “No valoro a las personas por lo que consiguen, sino por lo que pretenden”.
Pero el Genio es consciente, dolorosamente consciente, de la distancia entre su visión y lo limitado de sus recursos y de sus más o menos torpes aproximaciones. Todo lo que tiene de ambicioso lo tiene de realista.
“El perfeccionista se suicida en lo cotidiano”, declara el Genio.
Como la perfección no es alcanzable y “la realidad acota. Impone límite insalvables”, hay que saber cuándo parar, cuándo dejar de intentar mejorar la obra. Se cuenta que Picasso puso como condición a su marchante que sería el quien diría cuándo un cuadro estaría acabado. Era consciente de que las obras nunca se culminan, y que es el artista quien ha de dar la orden de parada para no quedar varado en una revisión sin fin.
La otra opción es cobrar un anticipo y comprometerse a acabar la obra en una fecha fija, así la restricción temporal externa será la que decida —más o menos arbitrariamente— cuando hay que parar.
Sarmentero sintetiza así su relación con el perfeccionismo:
Para no caer en el bucle de la insatisfacción, el genio ha de ser capaz de tolerar la imperfección y orientar sus aspiraciones hacia la máxima expresión de sus capacidades adecuadas a los medios de los que dispone. Y es que ya lo dejó claro Freud (genio): “Lo mejor es enemigo de lo bueno”.
Motivación y automotivación
Una de las habilidades de los expertos que han alcanzado la maestría en cualquier campo es su capacidad para retarse a sí mismos y motivarse en el día a día para avanzar en su trabajo. Hay tantos métodos como artistas y cada uno recurre a su propia colección de trucos autorregulativos.
En su último libro, Sarmentero escribió el borrador a lo largo de cincuenta y cinco semanas (de viaje tres de ellas) a un ritmo variable. Todos los días registraba el número de palabras que escribía y al final de la semana las sumaba, se sacaba una foto en la webcam y subía el informe a su blog.
Esta fue la foto de la semana #3, en la que más palabras escribió:
Semana #3: 2135 palabras. El genio avanza a velocidad de crucero. El delantal y la humeante cocina de la mente del Genio.
La media de escritura semanal a lo largo de las cincuenta y cinco semanas fue de 808,272 palabras, con un máximo de 2.135 palabras en la tercera semana y un mínimo de 67 palabras en la cuarenta y una.
Las variaciones en la producción son habituales, incluso para escritores que planean sistemáticamente su escritura, como es el caso del autor de No puedes ser escritor.
Esta es la foto de la semana #41, en la que solo escribió 67 palabras:
Semana #41: 67 palabras. Las palabras escasean. El genio no se descorazona. Se mantiene al pie del cañón.
Esa fue su manera de proporcionarse continuidad a lo largo de todo el año. Como veis, es una mezcla de autorregulación e interregulación; esto es, usaba el informe público de la evolución de su borrador como caramelo motivacional que le permitía alcanzar los siguientes hitos del camino y celebrar o flagelarse según los resultados:
El experimento no solo sirvió para informar a mis lectores del nivel de progreso de mi obra. Sirvió también para ser consciente en todo momento de cuánto camino llevaba recorrido y cuánto me quedaba por recorrer. Además, me dio argumentos irrefutables para flagelarme o palmearme el hombro en función del desempeño demostrado.
En las semanas 14, 21 y 22 y 23 escribió 0 palabras , pero a pesar de ello, como muestra de su integridad y compromiso personal y con sus seguidores, siguió sacándose la foto y subiendo el informe. Aquí podéis ver la foto de la semana 22, por ejemplo. Se entiende que esa semana no escribiera nada…
Semana #22: 0 palabras.
Un poco lo es todo
La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo
Si algo se trasluce especialmente de la lectura de No puedes ser escritorrespecto a la autorregulación y la disciplina, es la virtud de la paciencia y la capacidad de sostener el esfuerzo lento y trabajoso a lo largo del tiempo.
Pero no se trata del simple esfuerzo rutinario del que acude todos los días al mismo lugar por cubrir el expediente. Hay dos elementos que proporcionan la chispa y marcan la diferencia:
1. El Genio se esfuerza día a día por empujar sus límites; a pesar de su énfasis en las rutinas y los buenos hábitos, sabe que el Arte requiere del coraje cotidiano de tolerar la incomodidad:
“Empero, uno de los principios por los que me rijo es el de obligarme a hacer lo contrario de lo que me resulta cómodo…”
2. Gradualidad. El principio del Kaizen de las aproximaciones sucesivas, pensar a lo grande pero hacer a lo pequeño, no desdeñar ninguno de los pequeños pasos, centrarse en hacer lo mejor en cada momento momento sin descorazonarse por el largo camino por recorrer. Esta es una de las marcas del genio. Veámoslo en sus propias palabras:
La diferencia entre nada y todo es un poco.
No es un juego de palabras.
Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y tienes y no tienes nada.
Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado.
Entre nada y todo hay una diferencia muy grande.
Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco.
No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio.
Entre sesión y sesión de trabajo, cada vez que cambies de tarea, al principio o al final de un pomodoro, cuando sientas que la tensión se acumula, toma estos dos minutos de pausa, siente tu respiración, escucha las olas, aparca el modo hacer y entra en el modo ser.
Val lo vio claramente. Adivinó que tras mi artículo Graciashabía algún motivo subyacente más allá de lo espontáneo del momento y la necesidad de dar gracias a todos los que me obsequiáis con vuestra presencia en el blog.
¿Cómo podemos promover la conexión con otros seres humanos con una pequeña, simple y reducida intervención que a la vez sea tremendamente eficaz? ¿Cómo sentirnos mejor con nuestra vida con una pequeña acción que ejecutemos de forma regular? ¿Qué hábito podemos mantener que sirva de disparadero o actúe en cascada sobre el resto de nuestra vida y favorezca nuestras relaciones y nuestra satisfacción con ellas?
Sin duda, creo que es el hábito que más puede hacer por conectarte con otros seres humanos y proporcionarte satisfacción con la vida. Además, por su capacidad de mejorar tus relaciones personales y tu conexión con el mundo puede tener importantes beneficios físicos y emocionales.
Yo hasta hace poco mantenía un Diario de éxitos; ya hablé de él en otro artículo. Vimos que tenía algunos inconvenientes, siendo el principal de ellos la tendencia a recrearnos en nuestra propia personalidad, nuestros logros, nuestros avances. Dije que podría promover un cierto narcisismo ombliguista si permitíamos que el sano orgullo por los éxitos personales creciera desmesuradamente. El diario de éxitos nos orienta hacia el logro personal, pero no nos conecta emocionalmente con otros seres humanos que sin duda han contribuido a él.
Creo que el diario de Gratitud permite subsanar alguno de los inconvenientes del Diario de éxitos y mantener muchos de sus beneficios.
Ventajas del diario de gratitud
Nos hace más conscientes de las cosas buenas que ocurren en nuestros días.
Permite contrarrestar el sesgo de negatividad con el que venimos de fábrica: lo malo tiene más peso o impacto emocional que lo bueno.
Conecta las cosas buenas que nos ocurren con una causa personal: otro ser humano que ha causado, influido o contribuido en el acontecimiento positivo. Es un buen antídoto contra la hostilidad o el resentimiento.
Nos obliga a elaborar con más profundidad las contribuciones que otros seres humanos hacen a nuestra felicidad personal.
Escribir en el diario de gratitud nos predispone a colaborar y ayudar a otras personas.
Dar las gracias disminuye el estrés y la ansiedad de raíz social.
Con el tiempo desarrollaremos una sensibilidad más grande hacia las buenas acciones, conscientes o inconscientes, de los demás.
Si lo convertimos en un hábito, estaremos proporcionándonos una dosis diaria o semanal de optimismo y confianza en otras personas.
La mayor confianza en otras personas hará que esas otras personas también confíen más en nosotros. En vez de adoptar una actitud recelosa y precavida ante los demás, asumiremos que las otras personas pueden comportarse moral y empáticamente con nosotros, y promoveremos una actitud similar en los demás.
Cómo llevar un diario de gratitud
Ha de ser por escrito. No basta con el diálogo interior. Al escribirlo, podemos elaborar más el agradecimiento y lo sentimos como más real.
Sirve un documento de texto digital. Pero recomendaría un cuaderno de notas en papel porque las sensaciones físicas al escribir vuelven más tangible lo que escribimos. Además, la lentitud en la escritura favorece la reflexión más atenta: hemos de mantener las palabras más tiempo en la memoria a corto plazo y podemos elaborar más. Esta es la razón por la que algunos escritores escriben su primer borrador a mano y no en su procesador de textos.
En cada entrada en nuestro diario de gratitud indicamos la persona o personas a las que estamos agradecidos, el hecho que ha generado nuestro acto de gratitud y, muy importante, elaboramos intelectualmente nuestro agradecimiento dando las razones por las que nos sentimos agradecidos.
Aunque los agradecimientos pueden ser cortos, simples titulares de periódico, también es recomendable que a veces sean más elaborados y describamos la experiencia y las razones de nuestro agradecimiento y algunas de las consecuencias positivas del acto que agradecemos.
Puedes experimentar con la frecuencia que mejor te convenga. Creo que es bueno que sea un ritual flexible que no se experimente como una carga sino como un pequeño respiro o un momento de contemplación de lo bueno que a veces pasamos por alto en el frenesí de nuestras vidas.
No es necesario escribir todos los días, pero sí es conveniente hacerlo todas las semanas, para mantener el hábito.
En esta semana te sugiero que escribas al menos una entrada en el diario todos los días para generar el hábito y tener la posibilidad de experimentar sus beneficios.
Es importante que seas creativo y que varíes el contenido y las personas o cosas por las que te sientes agradecido. Sería algo aburrido que todo los días agradecieras a la misma persona por las mismas cosas.
Un buen momento para escribir en tu diario de gratitud es al final del día, cuando revises tu jornada y planees el siguiente día. O al final de la semana.
Ejemplos de agradecimientos
El agradecimiento puede ser un simple titular de periódico de veinte palabras:
Un camarero en la cafetería me limpia el libro que acababa de manchar de tomate. Lo hace espontáneamente, sin que yo se lo pida. Más allá del deber.
Puede tener que ver con cualquier bien del que te beneficias todos los días aunque no puedas atribuir a nadie en concreto. Hay muchas personas anónimas que nos han hecho bien, aun sin saberlo:
Doy mis infinitas gracias a los cientos de miles de personas que se han tomado su tiempo para generosamente verter su conocimiento en Wikipedia y ponerlo a disposición del resto de la humanidad.
Incluso, puedes agradecer actos que te hayan hecho sentir bien y que no estaban dirigidos a ti o no tenían que ver contigo, como cuando hace unas semanas presencié el rescate de un gato:
Unos bomberos (cuatro) rescatan a un gato de marca del techo de un portal. Divertida y entrañable estampa. Gracias a los aguerridos bomberos, el gato con pedigrí y la chica que llamó al séptimo de gatería.
También puedes agradecer a animales, a objetos o atribuir bienes a partes de tu mente y de cuerpo:
Mi mente se ha despertado esta mañana sin ansiedad, diciendo que aunque no obtenga algunas metas personales voy a seguir estando bien.
He dormido más de 7 horas seguidas hoy (7 horas 20 minutos). Agradezco a mi cuerpo su capacidad de recuperación.
Tu agradecimiento puede ser muy general y abstracto, como cuando agradeces a las generaciones anteriores, a la humanidad en su conjunto, al destino, o a Dios por todas las cosas buenas en tu vida.
También es conveniente que lo hagas con las personas que influyen directamente en tu vida y que elabores las razones o repercusiones de los actos que agradeces:
Rubén me ha enviado tres números de la revista de triatlón en la que escribió. También su reseña de ‘Correr o morir’. Lo ha hecho en un par de días desde que me dijo que lo haría. Le estoy muy agradecido porque me va a permitir seguir investigando la forma que los atletas de élite tienen de motivarse, de soportar el dolor y mantener el esfuerzo. En los resultados o comportamientos extremos se pueden encontrar elementos de la motivación en estado puro que es más difícil advertir en situaciones cotidianas. Rubén es también un corredor de fondo y se ha mostrado abierto a seguir hablando conmigo sobre el tema y proporcionarme más información si la necesito. Gracias.
Dale una oportunidad a este reto
El reto es que agradezcas por escrito una cosa todos los días durante toda la semana.
Por supuesto, siéntete libre para agradecer todas las cosas que quieras. Luego, como siempre, tú decidirás si quieres convertir el agradecimiento en tu Diario de Gratitud en un hábito.
Durante y al final de la semana, y también en semanas sucesivas, puedes ir comentando en el blog tus impresiones o sensaciones según cosechas algunos de sus beneficios emocionales o de otro tipo.
No te dejes engañar por la aparente simplicidad, facilidad y quizá intranscendencia del reto. No lo menosprecies. Prueba durante una semana.
Yo trabajo sentado pero:
—Me levanto muchas veces (consecuencia directa de beber mucho agua :p)
—No paro en la silla. Al contrario de las recomendaciones sobre posturas sentado, yo la cambio constantemente, y creo que esa es la clave de no tener achaques (aparte de hacer deporte fuera del trabajo). No mantengo la misma postura durante más de – creo – 20′.
El reto de esta semana era pasar menos tiempo sentados sin movernos. Durante esta semana he investigado el tema de las mesas elevadas de trabajo y he encontrado que los informes científicos muestran ventajas e inconvenientes. Tampoco he tenido tiempo de experimentar, así que no puedo atestiguar si es sostenible el trabajar en una mesa elevada y cómo afecta eso a la comodidad, la productividad y la capacidad de enfocarse.
Me gustaría experimentar con las mesas elevadas para determinadas tareas y ver si mejora la concentración, pero en principio descarto convertir la mesa elevada como mi forma cotidiana de trabajar, a pesar de que algunos personajes ilustres la usaron: Winston Churchill, Ernest Hemingway, Charles Dickens, Benjamín Franklin y el mismo Leonardo Da Vinci.
Aunque quisiera, no podría trabajar siempre de pie porque casi siempre trabajo en oficinas ajenas sin puesto fijo y porque me gusta practicar la rutina itinerante cuando tengo más libertad sobre el lugar de trabajo. Pero creo que sería un buen experimento el probar algunos días con distintas tareas, introducir un poco de variedad en mi postura de trabajo y ver si es divertido y eficaz.
Aquí tenéis algunas ideas para crear una mesa alta casera. Son bastante feas, pero puede servir para probar:
Quizá tenga sentido para temperamentos que necesitan movimiento físico y actividad continua, como en el caso de Hemingway o el temperamental Churchill.
Lo mejor de los dos mundos
Me voy a quedar con el término medio apuntado por Luis Andés, avalado también por un especialista en ergonomía de la universidad de Cornell, Allan Hedge, en la revista Time:
[…] Hedge sí que reconoce que sentarse durante horas, sin interrupción, no es bueno. Así que defiende un término medio: usar una mesa habitual con una correcta postura ergonómica, pero asegurándonos que cada 20 minutos nos levantamos y nos movemos un poco:
Las investigaciones muestran que no necesitas ejercicio vigoroso (por ejemplo, levantar grandes pesos) para obtener sus beneficios; simplemente andar un poco es suficiente. Así que crea la costumbre de aumentar la variedad de movimiento en el lugar de trabajo (por ejemplo, caminar a la impresora, la máquina de agua, tener reuniones de pie, tomar las escaleras, dar paseos por la oficina, aparcar un poco más lejos de tu lugar de trabajo cada día.)
Otras formas de estar menos tiempo parado
A mí me ha ayudado mucho una aplicación llamada Workrave diseñada para prevenir las dolencias causadas por estar muchas horas sentados frente al ordenador.
~Ana Liz García
La presentación de Workrave es la siguiente:
Workrave es un programa que ayuda en la recuperación y prevención de daños por tensión repetida en músculos, esqueleto y nervios. El programa te alerta frecuentemente para que hagas micro-pausas, te tomes descansos y te restrinjas a tu límite diario. La frecuencia y la duración de las micro-pausas y descansos es configurable por el usuario.
El programa te sugiere ejercicios para llenar las interrupciones.
Además, si quieres, puedes configurarlo para que te bloquee el ordenador y no puedas hacer nada durante esas micro-pausas y descansos, lo que puede ser una buena muleta para nuestra siempre escasa capacidad de autorregulación.
Si trabajas usando la técnica pomodoro, ya tienes la mitad del hábito: cada 25 minutos (o el tiempo que hayas decidido) haces una pausa de 2-5 minutos. En vez de quedarte mirando Facebook, Twitter o viendo videos de gatos puedes levantarte, estirarte, ir a por un vaso de agua, subir escaleras, etc.
Por inspiración de Luis Andés, una vez más, que me recomendaba hacer una o varias sentadillas antes de desayunar y de comer o a lo largo del día, he incorporado las sentadillas y las flexiones de brazo a mi rutina de pausas y descansos. Hago unas cuantas en esos momentos. Así es más fácil completar mi ideal de 40 sentadillas y 20 flexiones de brazo diarias.
Un video de 4 minutos del profesor de yoga Rodney Yee también puede ser muy útil para desentumecer cuello y brazos. Su ventaja es que ni siquiera tienes que levantarte de la silla. Lo puedes hacer en tu mismo puesto de trabajo.
Paseos y descanso en entornos naturales
Hay estudios muy interesantes (de los que hablaremos en otro artículo) sobre el efecto terapéutico y beneficios sobre la salud de contemplar espacios naturales y pasear por ellos. Si sientes curiosidad echa un vistazo a este completísimo artículo de Antonio Crego: «Solvitur ambulando» o cómo resetear la mente dando un paseo, donde se habla de los beneficios de los paseos y las ventajas adicionales de hacerlo en la naturaleza.
Ciertamente, hay estudios para todo a favor y en contra (soy consciente), pero tiene sentido evolutivo que si el 99,9% de la historia de la especie humana hemos vivido en parajes naturales, cosechemos algún beneficio físico y también psicológico de estar en esos entornos; y algunos daños de estar alejados de ellos, como nos ocurre a casi todos los que habitamos en grandes ciudades.
Por eso, si tienes un jardín, parque o paraje natural cercano, puede ser muy útil el descansar en esos lugares, aunque sea unos pocos minutos. Con solo diez minutos, ya puedes recoger algunos de sus efectos saludables para la reducción del estrés y la restauración de la potencia atencional.
La experiencia de sentir tanta inspiración que no resulta en ganancia alguna en creatividad. Ejemplo: “Este fin de semana vi más de una docena de TED talks de una tacada y me sentí sobreinspirado; luego fui a la nevera, me puse un tazón de helado y vi una temporada entera de Breaking Bad”.
~Michael Harris, The End of Absence
Expresiones como “sigue tus sueños”, “enciende la pasión”, “el cielo es el límite”, “vive al máximo”, etc. , atestan los libros de autoayuda y los blogs de crecimiento personal. En twitter abundan las citas inspiradoras de todo tipo, desde Mahatma Gandhi, Luther King, Emerson, Henry David Thoureau a Josef Ajram,”no sé dónde están mis límites, pero se dónde no están”.
Y Pablo Coelho, Alejandro Jodorowsky y demás fauna hipersoñadora y supermotivada. Just do it! Vete al muro de facebook y verás decenas de videos, textos y referencias a artículos de superación personal, sobre todo si el dueño del muro tiene tendencias idealistas y piensa en positivo (esto último lo sé de oídas, me lo han contado, no estoy en facebook).
Las conferencias TED son eventos en que los conferenciantes te transmiten la esencia de una filosofía de vida, una experiencia vital, una llamada a la acción o un concepto científico en menos de 20 minutos. Los conferenciantes pueden prepararse durante semanas para la breve intervención. Usualmente son brillantes, anfetamínicas y uno acaba de verlas a ritmo acelerado, superhiperconvencido de la verdad de la idea, ultraconmovido por la experiencia personal megahumanista solidaria, extrailuminado por la revelación social que acabas de contemplar ante tus ojos segundos antes.
Sir Kenneth Robinson te habla de la revolución en la educación con un discurso exquisito y perfecta dicción inglesa que mezcla en las proporciones justas la ironía, la simpatía, la densidad conceptual, la profundidad y la urgencia de actuar.
Tony Robbins, el hipergurú de la autoayuda, en un discurso de veinte minutos te impele a buscar las razones para encender y hacer explotar la pasión en tu vida y lanzarte en estampida a perseguir tus sueños. Tengo que reconocer que cuando veo a este tipo de 190 cm, hiperventilado, aspecto imponente y voz atronadora perorando con vitalidad norteamericana ultrapositiva no puedo dejar de sentirme enaltecido, esperanzado, extramotivado…
Y los videos virales. El discurso de Steve Jobs en la universidad de Stanford al que dediqué un artículo en este blog, un modelo de concisión, de contador de historias y de seducción de masas. “Don’t settle, stay hungry, stay foolish” (No te conformes, sigue hambriento, mantente estúpido). O el extraordinario discurso de mi escritor grunge preferido (el Kurt Kobain de la literatura, que se suicidó en 2008), David Foster Wallace y su discurso del Kenyon college, ‘Esto es agua, esto es agua…’.
Y en un nivel más pedestre, Tim Ferris, escritor y bloguero, el chico maravilla que deja su trabajo, viaja por el mundo, se convierte en campeón nacional de tango en Argentina en solo seis meses, aprende idiomas exóticos en cinco, y escribe un libro en que nos vende el sueño de trabajar 4 horas… a la semana. Un tipo vivaracho, vitalista , enérgico y del que cada gesto emana posibilidad y cambio.
O vuelvo a mis películas preferidas de todos los tiempos, El club de los poetas muertos, para recordar al gran Robin Williams como el profesor Keating arengando a sus alumnos delante de las fotos de antiguos alumnos del aristocrático colegio Welton:
[…]Porque estos muchachos están ahora criando malvas ¿comprenden señores? Pero si escuchan con atención podrán oír cómo les susurran su legado. Acérquense, escuchen… caaaarpe, caaarpee diem; aprovechad el momento, chicos, haced que vuestra vida sea extraordinaria.
Y la conmovedora imagen de los chicos subidos en sus pupitres, ‘Oh capitán, mi capitán’ al final de la película rindiendo homenaje a su maestro:
¿Quién no se siente inspirado, animado, revolucionado por muchos de estos discursos y personajes ? Solo una ameba o un cínico sin corazón pueden no conmoverse.
El hueco que la obra genial ha producido a nuestro alrededor es un buen lugar para encender nuestra pequeña luz. De allí la inspiración que irradian los genios, la inspiración universal que no sólo nos impulsa a la imitación.
~Kafka
Lo mismo ocurre con las biografías de los grandes hombres, con algunos artículos de blogs, con algunos poemas, con la música, oh, la música “la vida sin música sería un error”, dijo Nietzsche. Y Kafka lo dijo de la literatura: “un libro ha de ser el hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro”.
Esta es la esencia del arte después de todo, su capacidad de conmovernos y de encender la luz que llevamos dentro ¿no es así?
Sobreinspirados
¿Y qué problema encuentro en todo esto? ¿por qué tengo que ser un cenizo que vea peligros hasta en los productos más excelsos del ingenio y la comunicación humana?
La respuesta está en que demasiado de una cosa buena puede ser malo. Sí que puede haber demasiado de algo bueno. El problema está en la proporción.
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana.
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Leemos una cita, escuchamos un discurso, una canción, una frase ingeniosa, una historia exquisitamente trabada, surge en nosotros un resplandor y sentimos la punzada de la motivación hacia una vida más grande, más noble, más humana…
Acaba el día, la semana, el año y todo sigue igual. Estábamos sobreinspirados, pero nos falta una c en la inspiración, nos falta acción a la altura de tanta emoción excelsa.
Quizá tuvimos que dosificar tanta inspiración. Así como nos restringimos el chocolate y el azúcar y no aprovechamos toda oportunidad para consumirlos –porque sabemos que, aunque deliciosos en lo inmediato, son letales en el largo plazo–, lo mismo deberíamos hacer con los discursos y expresiones artísticas y comunicativas excelsas. De lo contrario, corremos el peligro de sufrir una variante ideológica, semi-cutre y digital del síndrome de Stendhal y enfermar por exceso de verdad, bondad o belleza.
Lo que necesitamos es más inspiracCión y menos fuegos artificiales, dejemos estos para los días de fiesta y el carnaval; ¿te ha inspirado el curso de salud minimalista de este blog? ¿te gustó el mensaje visionario de Los tres hábitos que cambiarán tu vida? Pues haz esa sentadilla o ese fondo de brazos o levanta el culo de la silla y sal a pasear. Ahora. Ya. ¿A qué esperas?
Haz lo que tienes que hacer –lo que llevas eones demorando–, ten esa conversación difícil, inicia ya el proyecto personal que llevas años aplazando, apúntate a clases de bailes de Bollywood, cómprate unas botas e inicia el Camino de Santiago, sé el toro enamorado de la luna, corre desnudo en la noche por el bosque y aúlla tus intenciones, haz claqué al filo del abismo…
El reto-experimento 20×25 iniciado el 8.8.14 y acabado el 29.8.14 consistía en leer un libro de 500 páginas en 25 días a razón de 20 páginas/día: Los fundamentos de la libertad (The Constitution of Liberty), de Friedrich A. Hayek.
Unos días tenía ganas de seguir leyendo, pero al no poder ir mucho más allá de las 20 páginas, tenía que cortar, con lo que estaba siguiendo algo parecido a la técnica de Hemingway de dejarlo en un momento interesante para así volver con más ganas al siguiente día.
Pero también ha ocurrido lo contrario: que no tuviera ganas de continuar y me obligara a leer unas cuantas páginas más hasta acercarme a las 20 de cuota diaria.
No todos los días cumplí la cuota exacta y solo un día estuve sin leer. Los días que leía un poco de más, se han compensado con los días que leía de menos, con lo que puedo decir que he cumplido el espíritu del experimento de espaciar la lectura en un periodo de tiempo prolongado.
Evolución del reto-desafío 20×25
Al demorarse la lectura sobre casi cuatro semanas, ha habido más oportunidades para relacionar lo que iba leyendo con acontecimientos del día a día, otras lecturas y otros temas sobre los que espontáneamente surgían asociaciones.
Por ejemplo, los temas de derecho constitucional en los que abunda el libro se conectaron sorpresivamente en mi mente con el Curso de Perseverancia y algunos de los temas sobre la autorregulación y la voluntad que vienen ocupándome en los últimos meses.
Analogía que surgió en mi mente entre temas aparentemente no relacionados:
Por un lado, en una democracia liberal, la separación de poderes y el sometimiento del ejecutivo y el legislativo a la Ley constitucional, como forma de restricción de su poder y garantía de los derechos inviduales.
Por otro lado, en el ámbito de un individuo, la clarificación de unos valores y metas vitales claras —una especie de constitución personal— que enmarca e informa proyectos, acciones y formas de tomar decisiones.
En términos generales, me he sentido más relajado a pesar de tener que restringirme un poco. El ritmo de lectura más pausado ha sido también más satisfactorio.
Es probable que si hubiera leído de una forma más concentrada, en unos pocos días, no hubiera emergido la analogía entre la Constitución en una democracia liberal y una constitución o código moral personal.
Leer este libro me ha proporcionado una comprensión del derecho y parte de la historia jurídica de Europa Occidental y Norte América que no hubiera obtenido en años de ver programas de televisión, debates o tertulias políticas.
Empecé leyendo todas las notas de página, pero hacia la mitad del libro fui más laxo y solo las leía detenidamente si intuía que podían ser aclaratorias y no simples referencias o aclaraciones eruditas.
Después de completar el experimento, creo que he interiorizado un poco más la necesidad de los pequeños avances graduales y el sentido de uno de mis mantras preferidos para la tenacidad y la perseverancia: “No importa lo lento que vaya siempre que no me detenga”.
Un peligro de este método es que durante el extenso periodo de lectura (varias semanas) aparezcan otros intereses que resulten más brillantes que el libro entre manos y como consecuencia aumente la tasa de libros abandonados/libros empezados.
Lecciones aprendidas
Este método, si se dispone de la disciplina y motivación necesarias, es una buena forma de acometer libros muy extensos que se sienten como una montaña imposible de escalar.
La sensación de avance es más lenta, tienes más piezas desconectadas durante más tiempo. El espaciamiento genera una cierta frustración cuando quieres ir más rápido y cuando quieres ir más lento.
Sin embargo, ese espaciamiento permite que entre sesión de lectura y sesión de lectura las ideas se asienten más profundamente y aparezcan conexiones con otros temas o intereses, con lo que el aprovechamiento global de la lectura es mayor.
Me resulta un poco rígido el ponerme una cuota de páginas, pues esas mismas páginas, en función de la densidad conceptual o el grado de análisis que desee aplicar pueden leerse en una cantidad de tiempo muy diferente. Había días que leer 20 páginas me llevaba media hora; otros días necesitaba casi dos horas.
La solución al inconveniente anterior me la sugirió Cyn Aware y la expongo en el siguiente apartado.
Perseverancia y autorregulación, lo entrené en la segunda reencarnación. En mi caso particular me pasó al revés… el hecho de fijarme (durante muchos años) las páginas por día era justamente lo que me tenía atascada de establecer el hábito de leer los libros que deseaba.
Después de los ejercicios de la segunda reencarnación decidí fijarme tiempos en vez de páginas, y ajustar la velocidad según mi interés y voilá… ¡el hábito es un hecho! He leído al menos unos 5 libros desde entonces, cosa que no hubiera hecho si siguiera insistiendo en las páginas 🙂
~Cyn Aware
La experiencia de Cyn Aware me resulta muy reveladora. Y estoy totalmente de acuerdo con su técnica. Creo que lo mejor es ponerse una cuota de lectura en tiempo, no en páginas, así puedes graduar la velocidad en función del texto y el interés particular que tenga la lectura en cada momento. El único inconveniente es que no puedes fijar una fecha final de lectura, pero esto no tiene mucha importancia. Creo que en general abusamos de los objetivos S.M.A.R.T, en especial de la T(eSpecíficos-Medibles-Alcanzables-Relevantes-Temporizados).
En vez de leer todos los días, podría leer solo los fines de semana o cada varios días. El espaciamiento sería más grande y el esfuerzo de recuperación de lo leído algo mayor, pero precisamente por tener que recuperar material no tan reciente, podría fortalecer todavía más la memorización de los puntos principales y proporcionar más tiempo a mi mente para que extraiga analogías con sucesos cotidianos y otras lecturas.
Una medida complementaria para el enriquecimiento de la lectura es pararse después de cada capítulo o sección e intentar rememorar los principales puntos. También es conveniente hacerlo al final del libro. Si dedico 25 horas a un libro, es muy razonable dedicarle 2 o 3 horas reflexionar sobre él y extraer conclusiones.
Siento que necesitaría una metodología de lectura más sistemática y precisa. Ya que leo tanto, es importante sacar el máximo partido a mis lecturas. Quizá esta inquietud sea la desencadenante de un próximo proyecto sobre lectura de libros eficiente.
Habitualmente escribo y publico mis artículos del blog en el mismo día. ¿Qué pasaría si extendiera la escritura a lo largo de varios días o de una semana? ¿Surgirían nuevas conexiones, analogías, asociaciones sorpresivas que mejorarían la calidad e interés de los artículos?
Como ya sabes, mi sana obsesión en este blog gira en torno a la conversión del conocimiento en acción. Los retos, proyectos, prácticas, experimentos, misiones de este blog, son instrumentos para testar los presuntos conocimientos sobre el funcionamiento del mundo interno y externo, y para interiorizar o convertir en comportamiento habitual lo que creemos que es correcto, bueno o saludable.
Si tuviera que quedarme con tres de los retos de este curso de salud minimalista, no lo dudaría un momento:
Sueño saludable. Dormir lo que tienes que dormir.
Reducción azúcar no naturalmente presente en alimentos.
Más movimiento en tu vida. Menos tiempo sentado.
Hay otros elementos importantes: la conexión social a través de un entorno familiar, de amigos y profesional nutricio (te plantearé un reto muy potente la próxima semana), la reducción de elementos procesados y de carbohidratos, la fortaleza muscular, la flexibilidad, la reducción de la infoxicación, el control del peso, la gestión del estrés, pasar más tiempo en espacios naturales, etc.
Pero si me tuviera que quedar con tres, serían los tres de arriba. Esas son las prioridades.
Reto de esta semana
Hay un artículo aparecido en un periódico ingles, Cómo estar de pie podría ser la mejor técnica anti-edad, que me llamó mucho la atención la semana pasada; sugería que pasar menos tiempo sentado podría ser tan eficaz como aumentar el ejercicio físico, si no más.
Computadoras, sedentarismo físico y obesidad. Son tres amigos que se llevan muy bien.
Estamos hechos para la actividad, pero esta actividad no ha de ser necesariamente intensa y prolongada; desde un punto de vista evolutivo, estamos preparados para una actividad de baja intensidad a lo largo del día. Si necesitas más motivación, en este artículo del huffington post en español tienes 20 razones para levantarte del sofá ahora mismo.
Por eso el reto de esta semana está dirigido a aumentar todavía más el movimiento, en concreto, a pasar menos tiempo sentado. Has de buscar formas de hacer más pausas de la posición tumbada o sentada y pasar más tiempo de pie o andando o haciendo cualquier tipo de movimiento.
Yo daré algunas ideas a lo largo de la semana, pero el trabajo es principalmente tuyo. No subestimes el poder de los pequeños gestos cotidianos para mejorar tu salud. Se acumulan y al final marcan la diferencia. Esto es aplicable a la salud pero también a cualquier meta que te plantees. “Lento pero seguro” sería un buen lema o eslogan que añadir a nuestros mantras para encender la perseverancia.
Todos los hábitos para ser eficaces han de ser “ecológicos”, insertarse con naturalidad en tu jornada laboral y en tu día. El reto es que busques dentro de tu día más oportunidades.
Las ideas que se te ocurran a lo largo de la semana las puedes compartir con nosotros en los comentarios de este artículo. Seguro que son útiles para muchos.
Reto específico de Luis Andés para los que queráis seguir desarrollando fuerza muscular
Para los que seguisteis el reto de Luis Andés de las sentadillas en agosto, esta semana os animo a que os unáis a su reto de septiembre: flexiones o fondos de brazos. Si con las sentadillas desarrollamos la parte inferior del cuerpo, con este reto podéis desarrollar la superior.
Dependiendo de tu nivel de partida, puede ser más o menos difícil. ¿Qué hacer si se te hace muy cuesta arriba? Luis Andés propone tres niveles distintos de dificultad. Elige el más adecuado para ti y empieza con solo un poco. Para que te hagas una idea, mi compromiso está en una sola flexión por las mañanas. Si hago una flexión, ya he cumplido en el día. Si quiero hacer más, estupendo, pero mi compromiso personal es de una sola flexión. Así es imposible fallar y empiezo a crear buenos precedentes.
La razón es que quiero experimentar con el poder de los espacios libres de intencionalidad o metas. Quiero aprender a entrar en un modo contemplativo con más frecuencia. Esta semana será como una parada en el camino. Hemos llegado a un mirador desde donde podemos rememorar el pasado, atisbar el futuro, y, sobre todo, vivir en el presente con lo que somos en el lugar donde estamos y con lo que ya estamos haciendo. De cuando en cuando podemos regocigarnos en simplemente ser.
El sueño es uno de los pilares de la salud. Si no cometes grandes errores en alimentación (por ejemplo, mucho azúcar, exceso de carbohidratos o productos procesados) o eres demasiado sedentario (no te mueves apenas durante el día), es posible que la cantidad y calidad de tu sueño sea el elemento que más impacto tenga sobre tu salud física y bienestar emocional.
El sueño reparador en cantidad y calidad es tanto un indicio de buena salud como causa de ella.
Hay muchos mitos al respecto. Para motivarnos adecuadamente esta semana y el resto de las semanas, hemos de desterrar tres de ellos:
El sueño NO es una actividad opcional o flexible ni signo de pereza. Tienes que dormir lo que tienes que dormir. Es como el respirar: puedes dejar de respirar algún tiempo, pero no indefinidamente, lo mismo con el sueño. Hay muchas diferencias individuales de origen genético, pero dormir no es una opción. La mayoría de la gente necesita entre 8 y 9 horas. También puede depender de la época del año. En el último siglo la gente en el mundo occidental ha reducido el tiempo de sueño en una hora. El pensamiento “Dormiré cuando muera” solo va a acelerar el momento de tu despedida y no va a mejorar la calidad de tu vida. El sueño es parte de la vida.
¿Cómo sabes si estás durmiendo lo necesario? Si no te levantas por las mañanas descansado, con energía y casi sin necesidad de despertador, no estás durmiendo lo suficiente.
El sueño NO es inútil. Es parte fundamental de tu salud. Aunque como proceso biológico todavía no es bien conocido, sabemos que tiene un importante impacto sobre nuestro sistema inmunológico, el sistema hormonal, la reparación celular, la consolidación de recuerdos y eficacia cognitiva. Media hora de sueño menos una noche tiene efectos observables sobre el rendimiento. Hay una relación directa entre la escasez de sueño y la diabetes, el cáncer, el estrés y las enfermedades mentales.
NO da lo mismo cuándo duermas. El sol regula el funcionamiento de los ritmos biológicos a lo largo del día (ritmos circadianos). Hay una sincronización entre nuestro ambiente físico y natural y nuestro cuerpo y mente. Lo ideal es levantarnos al amanecer (según la época del año) y acostarnos no mucho después del anochecer; al menos, ir ralentizando el ritmo después del anochecer para irnos preparando para el sueño nocturno.
La invención de la bombilla eléctrica, las largas jornadas de trabajo, y, más recientemente, la televisión, computadores y redes sociales han favorecido que retrasemos todavía más la hora de acostarnos. Es importante reducir el impacto lumínico nocturno para que nuestro sistema biológico esté sincronizado.
La deuda de sueño
La deuda de sueño es el tiempo que has robado al sueño; es decir, tu déficit de sueño, la diferencia entre lo que deberías haber dormido a lo largo de la semana (o últimas semanas) según tus particulares necesidades biológicas y lo que realmente has dormido. Esa deuda de sueño se suele pagar en el fin de semana o irse acumulando.
Por ejemplo, si necesitas 7 horas y media, y durante la semana solo duermes 6 horas y media, en la semana has acumulado 5 horas de deuda de sueño, que seguramente pagarás el fin de semana levantándote más tarde y con largas siestas.
Si no eres capaz de ponerte al día en sueño, la deuda se irá acumulando como números rojos biológicosque afectarán a tu sistema inmunológico, rendimiento físico, eficacia cognitiva y equilibrio hormonal.
En estudios en laboratorios del sueño se observa que la gente sin poder hacer nada más que dormir empieza durmiendo más de lo habitual los primeros días hasta que va pagando su deuda de sueño. Según pasan los días, el tiempo de sueño decrece y se estabiliza hasta llegar a la cantidad que la persona necesita. En términos generales, podemos decir que NO hay peligro de dormir demasiado. NO podemos dormir demasiado.
Reto
La meta es que te levantes durante tres días seguidos a alguna hora cercana al amanecer, incluso si estás en vacaciones, espontáneamente, sin necesidad de despertador, descansado y relajado.
Una vez que lo logres durante unos cuantos días y experimentes sus beneficios físicos y emocionales, tengo el pálpito de que vas a querer mantener la costumbre. Eso ya es cosa tuya.
Sugiero que sea en una hora cercana al amanecer por empezar a sincronizar los ritmos biológicos con el entorno físico.
Es previsible que tengas alguna deuda de sueño acumulada y necesites irte a dormir antes de lo habitual para ser capaz de levantarte a la hora que determines. Si el primer día te levantas con mucho sueño, ya sabes que tienes que acostarte antes. Ve ajustando la hora de acostarte hasta que te despiertes descansado y lleno de energía.
Dependiendo de tu deuda de sueño acumulada, te puede llevar varios días, incluso semanas; ha de pagarse en varios días durmiendo más.
Pero…
Es probable que alguien diga: “¡No me lo puedo permitir!” o “¡Pero esto va a interferir con mi vida social!”.
Solo puedo replicar lo siguiente:
A la larga, es más eficaz la intensidad y la calidad del trabajo que el tiempo que le dediques.
El cáncer, la diabetes y la muerte prematura también van a interferir con tu vida social.
Los medios o técnicas para completar el reto los dejo en tus manos. A lo largo de la semana puedes comentar en el blog todo lo que quieras, hacer preguntas o compartir información, enlaces o impresiones.
Hay montones de consejos sobre higiene del sueño, la mayoría de los cuales –apuesto — ya los conoces de sobra, o, si no los conoces, los puedes buscar. Pero ten cuidado porque con la cacofonía de información disponible es fácil perderse. Estoy a tu disposición para las dudas que tengas.
Coraje es hacer lo correcto sin importar cómo te sientes.
~Doctor Paul
Podríamos reducir el elemento esencial de los procesos de cambio personal a un simple problema: cómo hacemos lo que (creemos que) sabemos que hay que hacer en el momento oportuno nos sintamos con ganas o sin ellas.
Este es también el hilo conductor de nuestro Curso de Perseverancia y las misiones que nos hemos propuesto hasta el momento.
No es tan prioritario encontrar la estrategia o técnica perfecta para la tarea o proyecto entre manos como el impulsarnos a hacer algo que intelectualmente sabemos o creemos saber que es lo correcto.
Podemos equivocarnos en qué es lo correcto, pero mi experiencia y la de muchos es que es mucho más difícil ejecutar que planear o buscar la información necesaria, en especial cuando lo correcto y lo importante o lo que más efecto tiene es difícil o requiere esfuerzo. Esta suele ser la norma. El que nuestra estrategia o técnica esté equivocada, no es gran problema, pues a través de un proceso de ensayo y error podemos ajustarla hasta obtener un resultado suficientemente bueno.
Un ejemplo: todos sabemos que tenemos que hacer para mantener la salud física, al menos los elementos clave. El problema de alguien con sobrepeso no se resuelve comprando más libros, ensayando con nuevas dietas, buscando al entrenador personal perfecto o acudiendo a un curso de crecimiento personal donde el resultado suele ser crecer…sí… pero cinco centímetros… a lo ancho.
Lo esencial es actuar de acuerdo al conocimiento que disponemos. Este es el verdadero cuello de botella del cambio, la capacidad de autorregulación (o voluntad), no el conocimiento, que generalmente está disponible de forma rápida y barata. De hecho, si quieres profundizar y encontrar la solución perfecta la cacofonía de técnicas y opiniones contradictorias puede sumirte en una suerte de parálisis por el análisis.
Un caso personal
La semana pasada me sorprendí haciendo algo bueno, aunque inintencionado y ciertamente inesperado:
Sé que para conciliar mejor el sueño es importante evitar la televisión o los podcasts o las pantallas brillantes, sin embargo suelo llevarme el portátil al dormitorio y eso hace que me duerma más tarde. Esa noche, no sé por qué, no me llevé el portátil. El resultado fue que me dormí en menos de cinco minutos y me desperté a la hora habitual pero mucho más descansado y relajado.
A la mañana siguiente, me di cuenta del hecho y establecí la relación:
No aparatos electrónicos en la habitación —> Me duermo antes.
Me pregunté por qué no podría hacer esto todos los días. Puede ser que estuviera más cansado de lo habitual y que el no haberme llevado el portátil no tuviera nada que ver, pero en todo caso, seguro que las distracciones en forma de pantalla en el dormitorio no son buenas.
Esta es la secuencia:
Sé que algún comportamiento es bueno.
Sé que debería hacerlo.
Sé que no lo hago.
Lo hago, quizá accidentalmente, una vez.
Pero no vuelvo a repetir el comportamiento bueno o lo hago de higos a brevas.
¿Cómo conseguiría hacerlo habitualmente, no por mero accidente?
Me di cuenta de que si respondiera a esa pregunta habría dado un gran paso en el desarrollo de mi capacidad de autorregulación.
Como voy siendo día a día más consciente de la necesidad de tomarme el tiempo necesario para los problemas complejos, me limité a escribír en una hoja en blanco la pregunta y la dejé en barbecho esperando la respuesta:
“¿Cómo consigo que un comportamiento deseable que hago por accidente o a veces deliberadamente se quede conmigo?”
El comienzo de la respuesta: la chica y el muñeco
Ese mismo día, surfeando en un descanso de mi sesión de pomodoros me encontré con un artículo de Entusiasmado que me llamó mucho la atención y se quedó en mi cabeza: Cada acción que realizas es un paso al futuro.
En este artículo cuenta el caso de una chica, Veronica Chaos, que en internet se ha hecho famosa teniendo sexo con un muñeco.
La artista: Veronica Chaos
La chica explica cómo llegó a hacer una cosa tan extraña:
“Bueno, es una carrera que ocurre paso a paso, es como si el personaje de Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street, que gradualmente se convierte en un artista del engaño, en vez de acabar cometiendo fraudes ilegales acabara con un muñeco eyaculando sobre él con su pene mecánico.”
La conclusión de Entusiasmado es la siguiente:
«Cada acción que realizas es un paso hacia tu futuro … Esa chica no comenzó practicando el sexo con un muñeco después de conversar con él. A algo tan extraño solo se llega poco a poco. A cualquier cosa que esté lo suficientemente distante de lo normal solo se llega poco a poco.»
«Nadie empieza robando un banco. Nadie empieza siendo un gran maestro del ajedrez. Nadie empieza quedándose con el dinero de miles de personas. Nadie empieza siendo premio Nobel de literatura. Cada acción que realizas es un paso hacia tu futuro.«
Veronica Chaos llegó a la situación poco a poco, paulatinamente, fruto de las circunstancias y de ocurrencias por el camino que le animaban a seguir en esa senda; es decir, llegó profundizando en una dirección que no pudo prever y en la que cada paso le fue conduciendo poco a poco a un resultado sorprendente y muy alejado de lo común.
Hay una famosa anécdota de un torero Juan Belmonte que ilustra este mismo concepto en forma jocosa:
«Una tarde en que Juan Belmonte no toreaba, subió al palco de la presidencia, acompañado de su amigo, para presenciar la corrida desde allí. Al entrar en el palco el presidente, a la postre Gobernador Civil, le saludó con cariño y les dio los mejores asientos. Cada vez que el presidente se dirigía a él lo hacía con el tratamiento de “don Juan”. El amigo de Belmonte no comprendía bien todo aquel comportamiento del presidente. Cuando acabó la corrida le preguntó a Juan la razón, y Belmonte respondió:
— Es que fue un antiguo picador mío.
— ¿y cómo ha llegado de simple picador a presidente y gobernador?
Belmonte, con su típica ironía, contestó:
— Pues ya ves, degenerando».
El artículo sobre la chica que tenía relaciones con un muñeco en internet y la anécdota del picador que llegó a gobernador civil quedaron rondando en mi mente durante varios días y me pusieron en la pista del enigma que me había propuesto resolver. Si a muchas cosas raras (la chica del muñeco) e inmorales (gobernador civil, político) se llega poco a poco, degenerando, quizá también se pueda llegar a cosas más saludables y morales de igual manera, y quizá deliberadamente.
De palos, zanahorias, liderazgo y el fuego de Plutarco
Pasaron varios días y seguía con la incógnita. Una tarde de un día de trabajo, en la que había pasado el día siguiendo mi rutina itinerante, me vino a la mente una idea mientras paseaba,:
En el artículo de la semana anterior había escrito sobre la estructura del Yo, sobre los distintos personajes que “nos habitan” y que tenemos que coordinar para dotar de una cierta coherencia a nuestros actos y llevar a término nuestros proyectos.
En especial, hablé sobre los distintos nombres, que en las tradiciones religiosas, la filosofía, la psicología y la literatura se han dado a la parte intuitiva, inconsciente, espontánea de nuestra psique, lo que Daniel Kahneman ha llamado Sistema 1 o Jose Antonio Marina llama “Yo ocurrente”.
La historia del desarrollo individual y casi podríamos decir que de la civilización es un intento de domar a esa parte no racional de la naturaleza humana: el caballo negro desbocado de Platón que tiende hacia lo material y lo sensual, el Ello de Freud gobernado por el principio del placer, el elefante ingobernable que toma el camino que más le apetece en cada momento, el diablillo que siempre aconseja hacer lo más fácil y placentero y que se caracteriza por su miopía temporal, o el Mr. Hyde de Robert Louis Stephenson, el oscuro y violento alter ego del Dr. Jeckyl.
Todas estas son imágenes para la parte irracional de la mente humana, la parte indómita de nuestra naturaleza, el animal que llevamos dentro, «el burro que podemos acercar a la fuente pero al que no podemos obligar a beber si no tiene sed»… y esa expresión me recordó a una frase de Plutarco: «La mente no es una vasija que haya que llenar (de órdenes, de contenido, de ideas) sino un fuego que hay que encender.»
¿Cómo podría generar ese fuego y luego dirigirlo en la dirección que conviniera al Dr. Jeckyl? ¿Cómo conseguir que el burro tenga ganas de beber.
–Esta imagen del burro que tiene sus propias apetencias me condujo a otra pregunta sobre la doma de animales. ¿Cómo es posible que se pueda enseñar a una foca a hacer malabarismos o a un león a pasar por un aro o a un caballo a ejecutar movimientos casi de ballet?
¿Cómo es posible si el domador o entrenador humano ni siquiera tiene la herramienta de la comunicación verbal, si el animal no atiende a razones –ni siquiera puede comprenderlas– y tiene generalmente su propia agenda, muchas veces desconocida ?
Con el burro está claro el método: palo y zanahoria. Castigo y recompensa. Estos son las formas de comunicarnos con un burro.
Los sociólogos o psicólogos industriales o especialistas en liderazgo dirían algo parecido en lenguaje técnico respecto a la gestión de personas en las organizaciones: “hay que generar una estructura de incentivos que motive a los trabajadores a alcanzar las metas de la organización”.
Si extrapolamos estas ideas al caso de la autorregulación el equivalente sería crear un sistema de castigo y recompensa para uno mismo, para que el Yo ejecutivo o planificador se comunicara con el Yo Ocurrente o Mr. Hyde y le llevara por el camino correcto. En el artículo multas y peajes de la autorregulación: sé el guardia de tráfico de tu mente ya hice algún intento de implantar el palo para regular mi conducta.
Nunca castigues a un aprendiz
Aunque el castigo o su amenaza sea la receta tácita no confesada para el liderazgo en la escuela y organizaciones empresariales, sabemos por experiencia que el castigo es muchas veces contraproducente, que genera resentimiento en los subordinados y en el aprendiz.
Si la queremos aplicar el enfoque del palo y la zanahoria a nuestro Mr. Hyde, puede ser incluso peor, va a encontrar resistencia. Es muy fácil que nuestro anarquista interior se sienta amenazado y se muestre reacio a seguir las órdenes del Yo Ejecutivo o Yo Planificador.
Aunque parezca ceder a las órdenes, a las reglas autoimpuestas o mandatos, es seguro que será temporalmente y que cuando ceda la presión o el Yo Ejecutivo esté distraído minará los esfuerzos, tergiversará las órdenes o empezará a hacer «merecidas» excepciones.
En mi Santo Grial de la formación de hábitos (técnica fundamental de la creación de hábitos) hablé de introducir la conducta deseada entre la aparición de una necesidad (el detonante) y su satisfacción (la recompensa), de tal manera que si no cumplo la acción que quiero convertir en hábito me retiro la recompensa.
Detonante (necesidad) —> Acción (que quiero convertir en hábito) —> Recompensa (satisfacción de la necesidad)
Por ejemplo, para instalar el hábito de meditación matutina, introduzco la meditación de diez minutos entre la necesidad de sentirme limpio y fresco por la mañana y la ducha, de tal manera que siempre medito diez minutos antes de ducharme. Y si no medito un día, no me ducho. Otro ejemplo: si no he andado diez mil pasos al final del día me quedo sin cenar.
Pero esta retirada de la recompensa se puede interpretar como un castigo; una lectora del blog, Amparo, exponía el siguiente reparo a motivarse a través de castigos:
“Mis experiencias de meditación nunca han durado más de tres días. Y tengo una duda: ¿es imprescindible el castigo por inacción? No creo en los castigos, no creo que sirvan para nada, como medio de aprendizaje. Pero lo cierto es que, a pesar de mi convicción de las bondades de la meditación, no he conseguido el hábito de meditar. ¿O acaso es un prejuicio personal?”
La reticencia es acertada y creo que impone una importante limitación a la aplicación del palo en el ámbito de la autorregulación.
En el contexto social de las organizaciones modernas se considera –al menos de cara a la galería– que el castigo o el miedo son malos motivadores de las personas, que no sacan lo mejor de ellas y que no crea una cultura de colaboración, además de minar la motivación intrínseca en el trabajo.
Así que a pesar de haber avanzado en la solución de mi problema: —“¿Cómo consigo que un comportamiento deseable que hago por accidente o a veces deliberadamente se quede conmigo?”— me encontraba en un punto muerto.
El Yo Ocurrente ataca de nuevo
El Yo Ocurrente tiene su propia dinámica y si algo le interesa te va a proporcionar ideas o impulsos que puedes aprovechar. Tiene mala prensa pero es parte fundamental de la psique y es un generador de asociaciones, a veces sorprendentes, que se pueden usar como palancas en la solución de problemas .
El caso es que no mucho más tarde el elefante, mi Yo ocurrente, me proporcionó la clave que me puso en la pista definitiva:
Burros, caballos, focas, niños, mascotas, maridos, etc., terminan aprendiendo a comportarse como el domador o domadora desean. Me resultaba un poco chocante comparar a Mr. Hyde con una mascota o con un burro o una novia con carácter, así que pensé que sería mejor compararlo con un animal con mejor prensa… con un delfín.
El delfín me es más afín
Quien haya presenciado un espectáculo de delfines en un acuario no puede dejar de maravillarse sobre las monerías (ok, delfinadas) que es capaz de ejecutar el animal. Una espectáculo en el delfinario es un festival de pasadas por el aro, piruetas, giros sobre sí mismo, y hasta bromas entre entrenador y delfín.
¿Cómo han conseguido compenetrarse tan bien? Vale que el delfín es uno de los animales más inteligentes de la creación, con un cociente de encefalización (relación peso cerebro – peso cuerpo ) solo por debajo del del hombre y con sofisticados sistemas de comunicación dentro de la especie. Pero, ¿cómo logra comunicarse y coordinarse tan bien con su compañero humano en sus actuaciones?
El método de entrenamiento es revelador
Supongamos que el domador quiere que el delfín salte varios metros por encima del agua o haga algún tipo especial de pirueta. El animal normalmente está en la piscina nadando al azar de un lado a otro. No va a encontrar ningún delfín que espontáneamente a la vista de un aro en el momento que el domador lo diga, salte el aro o ejecute la pirueta. En los océanos no hay aros y Mr. Hyde, quiero decir, el Señor Delfín, no va a tener motivación especial inscrita en sus genes para saltar a través de aros; sus genes no encuentran la relación entre saltar a través de aros y la supervivencia o reproduccion.
Para ejecutar un comportamiento complejo, el domador empieza con una aproximación muy simple al número que quiere ver ejecutando al delfín. Mete un aro bajo el agua de un color brillante que llame la atención del delfín. Después se sienta a esperar.
Cuando el delfín se acerca a menos de un metro, el domador le regala casi inmediatamente una sardina o alguna otra chuchería para delfines. Esto hace que el delfín tenga ahora una razón para volver a por más. El domador saca el aro y lo lleva a otro lugar de la piscina.
Espera.
El delfín es probable que esta vez tarde menos en acercarse al aro. Cuando el delfín se acerca, el entrenador le obsequia de nuevo. Y lleva el aro a otra zona.
La siguiente vez, el delfín se acerca buscando la sardina pero esta vez el domador no le refuerza.
Espera.
El delfín sigue por las inmediaciones del aro dando vueltas, a ver si suena la flauta, hasta que por casualidad en alguna ocasión pasa a través de él.
El astuto amaestrador se precipita a recompensar al delfín. ¡Bien!
Una vez que el delfín aprende a acercarse a los aros y pasar a través de ellos, el entrenador eleva el aro fuera de la superficie. Si el delfín pasa por él, otra sardina. Más adelante, sigue subiendo el aro y añade nuevos elementos si es necesario, de acuerdo a la pirueta o comportamiento que ha visionado para el espectáculo.
Al comienzo de cada número hay una clave visual que le indica al delfín lo que se espera de él (el aro, por ejemplo, pero podría ser un movimiento especial de brazos o alguna otra señal diferenciada), cada paso es recompensado, pero una vez que un paso intermedio se ha dominado se deja de recompensar.
Si el delfín no ejecuta bien lo que se espera de él, o si comete algún error, ¿qué ocurre? ¿Una descarga eléctrica? ¿Un golpe con una vara? No.
Simplemente silencio.
Recuerda, nunca castigues a un aprendiz. Los errores no se penalizan y una vez dominado un paso intermedio solo se recompensa un paso más avanzado del proceso.
Pero hay un elemento que se nos olvida y que es fundamental antes de empezar. En este video en inglés se explica. Yo te traduzco lo más importante abajo:
Reportera: Lo creas o no, puedes usar las mismas técnicas que usas con tu perro en casa para entrenar a un delfín de 250 kilos en Seaworld. Todo consiste en recompensar los buenos comportamientos y forjar una muy buena relación.
Reportera: Cuando se entrena a un animal el paso más importante es construir una relación especial entre el entrenador y el animal.
Entrenador: para interaccionar con estos animales tenemos que construir una relación de confianza fuerte.
Con refuerzos positivos puedes animar, motivar y crear animales llenos de energía que quieran estar contigo.
Reportera: La clave de esta técnica de entrenamiento es simple: recompensa al animal con cosas que le guste, como frotarle en la espalda o una ducha de gotas. Cada animal disfruta de cosas diferentes.
Entrenador: para seleccionar los mejores refuerzos y motivarlos pasamos un montón de tiempo observándolos y también mucho tiempo interactuando codo con codo viendo lo que les gusta y lo que no.
Reportera: El castigo no es parte del programa, tampoco la palabra “no”.
Entrenador: “No,no,no” no motiva más que “Sí, sí, sí”. Si soy capaz de decir más “sí, sí, sí” voy a tener más suerte construyendo una relación fuerte con el animal.
Reportera: El entrenamiento con refuerzo positivo es simple y funciona. Al final el entrenamiento es tan satisfactorio para el delfín como para el entrenador.
Entrenador: no hay nada tan motivador como ver al animal mirándote a la cara cuando le vas a pedir que haga un comportamiento específico y lo hace exactamente tal y como tú lo habías visionado. Todo funciona a la perfección.
Reportera: sea un delfín o un perro un buen entrenamiento requiere tiempo y paciencia para advertir y recompensar el buen comportamiento. Cuanto más trabajes en ello, más satisfactorios serán los resultados.
La razón por la que el delfín aprende del entrenador
El elemento previo al comienzo del entrenamiento es la construcción de una relación fuerte de confianza entre el entrenador y el delfín. Por eso ambos tienen que pasar mucho tiempo interaccionando para que el entrenador vaya conociendo las preferencias del delfín, que, como en los seres humanos, varían mucho.
Es interesante también el comentario del entrenador en el video cuando habla de lo satisfactorio o motivante que es para él conseguir que el delfín ejecute un comportamiento a la perfección. Lo mismo podríamos decir para educar a nuestro Mr Hyde o Yo Espontáneo: nos sentiremos más motivados para entrenar a Mr. Hyde cuando desarrollemos una relación de confianza con él y poco a poco empiece a responder a nuestro entrenamiento.
A veces se observa que durante el día el entrenador le da una sardina al delfín sin que haya hecho nada en especial, sin que forme parte del entrenamiento. Si le preguntas que por qué lo ha hecho, te podría responder: «porque somos colegas, quiero que sepa que tenemos una buena relación».
Hay que notar que en la práctica de la meditación formal e informal en nuestro Curso de Atención Plena siempre enfatizamos la necesidad de ser amables con nosotros mismos, no desesperarnos cuando nos distraemos o nuestra mente vaga lejos del punto de atención elegida. Esta actitud paciente y benevolente es la misma que queremos aplicar con nuestra mente de mono o Mr. Hyde, en especial cuando está aprendiendo una nueva pirueta (= hábito).
Las señales y la importancia de variar las condiciones de ejecución
Poner la señal justo al comienzo del entrenamiento tiene unos cuantos beneficios. Permite al animal asociar la señal a todos los pasos que conoce de un comportamiento. Permite al animal mostrar al entrenador lo que ya sabe y así el entrenador puede añadir el nuevo paso.
La señal permite al delfín trabajar en distintos comportamientos con diferentes entrenadores en lugar de aprender un solo comportamiento cada vez. Cuando el entrenador llega al último paso del entrenamiento, el animal podrá hacer todo el número con esa sola señal.
Números completos pueden llevar unas pocas sesiones o varios meses. Una vez que el comportamiento esté aprendido, el entrenador original volverá a ejecutar la señal correcta con sus criterios correspondientes con otros entrenadores, o entrenadores secundarios.
Esto se hace para asegurarse la comprensión del comportamiento por parte del animal, pero también para eliminar otros criterios irrelevantes o muy específicos que el animal haya aprendido, pero que no pertenezcan a la señal o las condiciones de ejecución.
Por ejemplo, el delfín puede haber asociado el número con un aro de un determinado color o diámetro, o con su entrenador originario; hay que asegurarse de que lo hace con aros de cualquier color y diámetro y con todos los entrenadores del delfinario.
Se trata de entrenar el comportamiento en una variedad de condiciones. Es muy habitual que perdamos los buenos hábitos simplemente cambiando de entorno fisico, cuando cambiamos de casa o de trabajo; esto es porque asociamos inconscientemente el comportamiento a una serie de señales, claves o detonantes de la acción que dependen de un entorno muy concreto y específico, y por tanto cuando se pierden, hacen desaparecer el comportamiento o hábito que deseábamos mantener.
Por ejemplo, en un viaje en vacaciones es muy fácil perder algunos de los buenos hábitos, como cepillarnos los dientes después de la comida; no solo porque a veces no llevemos un cepillo con nosotros, sino también porque comemos a distintas horas, en distintos lugares y con distinta gente. Las claves ambientales habituales han desaparecido.
Es por esta razón que recomiendo que una vez que hayas establecido un hábito como el de la meditación formal, que propuse hace unas semanas, lo sigas entrenando en una diversidad de condiciones. No queremos ser capaces de meditar solo si estamos en nuestra casa a las ocho de la mañana, tranquilos y descansados, con nuestro cojín de meditación o silla favorita y oliendo incienso.
Podrías meditar de pie o tumbado, cambiar de habitación, por la mañana o por la noche, con mucha luz o a oscuras, con los ojos abiertos o entreabiertos, meditar en el tren o en el metro, solo unos segundos cuando esperas que el disco del semáforo cambie a verde o que algunos días extiendas el periodo habitual. De esta manera, reducirás las condiciones de meditación o señales a la mínima expresión: por ejemplo, te bastará sentir el impulso de aclarar la mente y haces tres respiraciones profundas para entrar en estado de meditación.
En el Curso de atención plena comencé con las mini-meditaciones o meditaciones informalesen vez de con la meditación formal. Aquellas permitían insertar momentos de conciencia plena armoniosamente dentro de nuestra actividad diaria, no como un elemento ajeno o alienígena desconectado de las condiciones normales de nuestra existencia.
En resumen, ¿cómo lograr que los avances se queden con nosotros y convertirlos en hábito?
Hay que tener una visión del comportamiento final o hábito que queremos construir y después, con aproximaciones sucesivas, siguiendo el principio del Kaizen, ir acercándonos mediante pasos de bebé y mejoras incrementales.
Los avances pueden ser deliberados, pero también pueden ser accidentales o imprevistos. Cuando hagamos un pequeño avance en la dirección del hábito o comportamiento que queramos crear, hemos de darnos cuenta y celebrarlos, con una «sardina» motivacional.
No dar por sentado un comportamiento bueno. Hay que premiarlo. NO sirve el «es su obligación», puede ser su obligación (o la mía), pero eso no significa que el comportamiento se vuelva permanente. Puede haber ocurrido por accidente o por presión externa fuerte (la amenaza de un palo). Lo que queremos es que se mantenga en ocasiones no excepcionales o accidentales, como cuando el delfín pasa por el aro por casualidad.
La inspiración es para amateurs
Necesitamos agudeza y atención continua para reconocer los avances. Hemos de fijarnos sobre todo en lo positivo, lo que nos acerca, más que en lo negativo; y sobre todo, recompensar los avances, S.E.C(Siempre Estar Celebrando), porque el progreso personal, al igual que la felicidad, se parece más una lluvia fina que a golpes de iluminación e inspiraciones que todo lo resuelven.
Ejemplos de sardinas motivacionales: un descanso después de un intenso pomodoro, un desayuno opíparo porque hoy has madrugado por primera vez en mucho tiempo, un autoaplauso después de dar con la solución de un problema, un paseo para despejarte después de una mañana en la que te has atrevido a llamar a clientes con los que antes procrastinabas el contacto, etc.
Nunca castigues a un aprendiz. Y somos siempre aprendices. Hemos de establecer una relación de confianza con nuestro Mr. Hyde y ser amables con sus «debilidades».
Mantener contento a Mr. Hyde, aunque no haga nada especial hay que estar a bien con él y darle alegría, es nuestro colega. Aunque mantengas una alimentación saludable, los faturdays o días locos están permitidos; las fiestas, el carnaval, las excepciones de cuando en cuando también; el modo de pensamiento no intencional o no guíado por objetivos debería tener un espacio privilegiado en tu vida, disfruta de su espontaneidad.
It’s not a bug, it’s a feature. (No es un error del sistema, es una característica)
Lo que llamamos debilidad en Mr. Hyde –miopía temporal, impulsividad, inconstancia, volatilidad, falta de cálculo– es más una característica que un error o algo que tengamos que subsanar. Necesitamos desarrollar una relación de amistad con nuestra parte más subsconsciente o automática y aprovechar su poder: intuición, fuente de ocurrencias, creatividad, asociaciones sorpresivas, energía, vitalidad.
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Enlaces documentación artículo:
El artículo de Entusiasmado Cada acción que realizas es un paso al futuro que me sirvió de inspiración. Advertencia: por su contenido de sexo explícito solo es apto para mayores de 18 años.
Mi Diario de Éxitos es una herramienta más del minimalismo existencial. Te hablo de él para explicar su conveniencia y los beneficios que obtengo, junto con sus inconvenientes, que también los hay.
En ese diario a lo largo de más de diez años he ido recogiendo todos los éxitos significativos de mi vida. Puede haber grandes cosas y muy pequeñas. En la actualidad ya he superado el millar de anotaciones, cada una referida a un éxito.
Lo importante es que reconozca los avances a lo largo del camino. No son narraciones largas o literarias de los sucesos exitosos, más bien son titulares de periódico casi telegráficos. El grado de detalle es el mínimo necesario para evocar claramente la experiencia. En ocasiones incluyo alguna foto si el suceso se presta a ello, pero esto lo hago excepcionalmente porque muchos son avances no visualizables o de los que no queda registro más que en mi memoria.
Beneficios
No te conceden un problema sin otorgarte simultáneamente un don. Necesitamos los problemas porque queremos sus dones.
~Richard Bach, Ilusiones
Me permite saborear y re-vivir acontecimientos memorables. Son como fotografías mentales de mi biografía. Mucho mejor que sacar fotos con el móvil en un concierto al aire libre.
Con este diario hago operativo mi mantra-lema-principio S.E.C, Siempre Estar Celebrando, porque la felicidad se parece más a una lluvia fina que cala a los bobos felices que a un chaparrón de fuegos artificiales que instala en el éxtasis a los bobos grandilocuentes.
Es fácil pasar por alto lo logrado, sobre todo cuando las cosas no van bien. En los momentos difíciles me gusta repasar este diario para relativizar los reveses del momento y el coyuntural ánimo crepuscular. Este diario de éxitos es como un botiquín de emergencia para mis heridas emocionales o la falta de confianza “ontológica”. La falta de confianza para asuntos concretos y en los que estoy aprendiendo no me importa lo más mínimo.
Me ayuda a desarrollar una percepción positiva de los acontecimientos y compensar el natural sesgo de negatividad con el que ya venimos de fábrica. Me he vuelto más experto en reencuadrar las experiencias; hasta de las aparentemente más negativas, obtengo éxitos que sumar a mi ya abultada lista.
Por ejemplo, cuando el año pasado me atropelló una moto y como resultado estuve varios meses de baja, escribí dos días después, tecleando con una sola mano, todavía dolorido y en tono algo lacónico:
912. Afronto el accidente en el que me atropella la moto con mucha entereza. Reencuadre en tiempo real.
No escribí más detalles, pero es suficiente para recordar la experiencia.
Reconocí mi “entereza” porque en una situación difícil no perdí la calma: mientras volaba por los aires después del impacto escuché las siguientes palabras “Esto es el fin”, como el que escucha el parte del tiempo en el noticiero.
Cuando yacía en el suelo, mantuve la calma e hice un recuento de daños físicos como si fuera el mecánico informando al cliente de alguna avería en el motor de su coche. Es bueno saber que en situaciones verdaderamente difíciles soy capaz de mantener la mente fría y la objetividad.
Habría que explicar lo que significa “reencuadre en tiempo real”: cinco minutos después de haber sufrido el accidente me estaba diciendo a mí mismo que era un tipo con suerte y que, pudiendo haber acabado en una silla de ruedas, no había perdido el conocimiento y solo tenía un brazo roto, un esguince muy fuerte y contusiones dolorosas en brazos y piernas, pero ninguna parte vital (cráneo o columna vertebral) aparentemente estaba afectada.
En este episodio tome nota de lo bueno: estaba vivo, podía haber sido mucho peor. Había reencuadrado la experiencia para hacerla positiva y más agradable pocos minutos después de haberla sufrido.
Efectos secundarios
Este diario de éxitos es muy ombliguista: mis éxitos, mis interpretaciones, mis avances, mis cositas.
Puede que promueva una cierta vanidad o soberbia. Es un diario autocentrado, como si yo fuera la capital del universo. Escasa referencia a otras personas, excepto si contribuyen a la magnitud del éxito con sus palmas o aplausos.
Hoy, como casi todos los días, he venido a hablar de mi ombligo. [Machfest 2012: Pappy’s friend’s belly button, por Isabelle, en flickr: https://flic.kr/p/bUcdRo%5D
Hay semanas que no se me ocurre nada que reseñar. Entonces tengo que escarbar para encontrar algún éxito que llevarme al ego.
Si pasan varios días o semanas sin escribir nada es como si mi vida fuera un erial en el que no crece nada de valor. A veces puede dar esa impresión, aunque no es común.
Es una obligación más que añadir a mi catálogo de reglas, principios de conducta y herramientas de productividad existencial. Al principio, me ponía una cuota de escritura todos los días, luego todas las semanas; al final la regla de escritura evolucionó hasta decidir que escribiré cuando me plazca, sin cuotas de éxitos o momentos programados para hacer anotaciones.
Existe el peligro de quedarse anclado en el pasado acariciándose la autoestima y volver una y otra vez sobre los mismos éxitos, como una abuelita que ya solo vive de recuerdos.
O peor, que los éxitos sean siempre los mismos, se repitan. Si me doy cuenta de esto, entonces la sensación de estancamiento y angustia existencial puede ser todavía mayor: el mito de Sísifo y el eterno retorno de lo idéntico.
Luis Andés, uno de nuestros principales asesores del curso, compartió en twitter hace unos días este gráfico:
¿Qué factor de riesgo mata más gente?
Todos sabemos que los estudios epidemiológicos como este tienen mil matices y que hay muchas diferencias individuales. Algunos pueden comer lo que quieran sin engordar, y otros engordan solo con oler la comida. Recientemente, han aparecido estudios y nuevas opiniones médicas que ponen en duda lo letal del alto colesterol en relación a las enfermedades cardiacas. Montones de matices, de información contradictoria y una cacofonía de teorías científicas que te vas a encontrar si quieres profundizar en cualquier estudio y los consejos para llevar una vida saludable.
Aun teniendo en cuenta esto, creo que los principales factores de riesgo están representados en este gráfico. No necesitamos precisión absoluta para saber cuáles son los factores más importantes. Nos basta con reducir el 20% de los factores de riesgo que están bajo nuestro control que producen el 80% o más de los riesgos para la salud. Recuerda la famosa ley de Pareto, que es uno de los fundamentos del minimalismo existencial.
Según el gráfico, el factor más peligroso para la salud es el bajo nivel de forma; excede a la suma de la obesidad, la diabetes y el tabaco. Es también interesante observar que tanto la obesidad, como la hipertensión, el colesterol alto y la diabetes son propiciados por una vida sedentaria. Por tanto, enfocándonos en aumentar el movimiento estaríamos matando varios pájaros de un tiro.
Hasta el momento no hemos prestado mucha atención a la alimentación, pero sí que he propuesto eliminar en el tercer reto del curso de salud minimalista un gran error de la alimentación en los países desarrollados: el exceso de azúcar. Junto con el exceso de hidratos de carbono y el sedentarismo es la principal causa de diabetes, una verdadera epidemia en nuestros días.
Se dice que como consecuencia de los cambios en la alimentación en las últimas décadas, en Estados Unidos la nueva generación va a ser la primera en la historia del país cuya esperanza de vida sea menor que la de sus padres. Si en los países muy pobres la gente se muere por falta de comida, en los desarrollados nos morimos por exceso.
Más movimiento en nuestras vidas
Hasta el momento en el curso de salud minimalista nos hemos hecho más consciente de nuestra actividad física; hemos aumentado nuestra actividad física aumentando el número de pasos diarios (yo me he puesto una meta de 10.000 pasos diarios que he logrado mantener en los últimos meses sin demasiada dificultad); nos hemos propuesto aprovechar todas las oportunidades que nos proporcione nuestra vida cotidiana para movernos y por eso he sugerido empezar a subir y bajar escaleras siempre que podamos; la consigna de la semana pasada fue “Soy un salmón”, para hacer memorable la idea de que en nuestra naturaleza está el remontar las pendientes.
Creo que todos tenemos claro que el movimiento es uno de los pilares esenciales de la salud y por eso voy a seguir repitiendo la idea periódicamente y proponiendo nuevos retos.
Reto de la semana: sentadillas
Aparte de andar y subir escaleras, sería bueno que aumentáramos el rango de nuestros ejercicios y que intentáramos prestar atención a la fuerza muscular.
Tranquilo, no voy a pedirte que empieces a hacer pesas y vayas a un gimnasio. Este curso de salud minimalista está inspirado en el blog de Robert Sánchez Escucha tu cuerpo y sus libros, en especial el Método natural de ejercicio. Más adelante haremos más referencia a su filosofía del movimiento y sus consejos para una vida saludable.
Esta semana tomo prestado el reto de agosto del blog de Luis Andés: hacer sentadillas. Robert Sánchez también me propuso lo mismo a través de twitter, así que creo que hacer sentadillas es un buen comienzo para fortalecer musculatura de piernas, glúteos y espalda.
Si te animas, puedes seguir sus retos mensuales, cada vez añadiendo un nuevo ejercicio. Yo voy a hacerlo, para aumentar el rango de mis movimientos en sucesivas semanas y meses.
Aquí te proporciono una imagen de cómo hacer las sentadillas, pero es conveniente que vayas al artículo de Luis Andés, leas el artículo entero y los detalles.
Si al principio no puedes bajar tanto (puede que te falte flexibilidad), intenta bajar todo cuanto puedas (al menos hasta la posición de la foto de abajo) ya bajarás más.
Nos ponemos un objetivo mínimo: al menos 10 sentadillas al día en cualquier momento del día, todas a la vez o acumuladas a lo largo del día. Luis Andés te proporciona más detalles para el reto y cómo puedes ponerte objetivos.
Me aplico el cuento. Vivo en un 3º; a veces subo o bajo por las escaleras y a veces no. Confieso que después de llegar hecho polvo del gimnasio, suelo coger el ascensor. A partir de ahora voy a usar el ascensor solo cuando vaya tirando del carrito de la compra, nada más.
¡Soy un salmón!
~Luis José, del blog de minimalismo existencial Mínimo.
No obstante, ten en cuenta que el sedentarismo es lo que resta cuando quitamos el movimiento. No es en realidad un enemigo, sino más bien la ausencia de un buen amigo.
[El ojo agudo habrá percibido el hábil uso que hago del reencuadre para ludificar y quitar hierro a nuestros esfuerzos. A lo tonto, el reencuadre se está convirtiendo en una de las herramientas del minimalismo existencial más fructíferas. Le dedicaré un artículo próximamente]
Algunas observaciones
El hallazgo de la semana: “Soy un salmón”. Aunque no pensé en esta imagen como una consigna, gracias a Luis José, el minimalista existencial por excelencia, y su comentario, me quedé con el soniquete toda la semana: “Soy un salmón, soy un salmón…” me repetía cada vez que veía unas escaleras. Podía haber completado la consigna con la famosa «Esto es agua, esto es agua«, de David Foster Wallace, pero hubiera sido rizar el rizo.
También, me ha resultado muy útil para recordar el reto la goma elástica que he llevado en mi muñeca derecha.
Está en tu naturaleza remontar la corriente y subir. Eres un salmón.
Aunque ya había empezado a subir y bajar escaleras con regularidad antes del reto, esta semana no me he perdido casi ninguna oportunidad de subir escaleras. Si me encontraba con la elección entre escaleras normales y mecánicas, subía por las correctas sin casi pensarlo (“¡Soy un salmón!”).
Si solo había escaleras mecánicas, entonces no me quedaba quieto esperando que me llevaran cómodamente al final: subía o bajaba. En ese subir y bajar se me ocurrió otra imagen: las escaleras mecánicas son brasas; subir por ellas es como caminar por las brasas, no te puedes quedar parado porque te quemarías los pies: hay que subir las escaleras a paso acelerado y con una cierta dignidad ritual.
La guía para subir escaleras de Esto no es comida me ha inspirado esta semana a convertir en un juego remontar escaleras: he subido a gatas, arrastrándome (cuando nadie me veía), (“¡soy un gusano!”); he subido de dos en dos, de tres en tres; he cantado, he bailado bachata; he seguido la técnica de “dos pasitos pa’lante María, un pasito pa’trás” y por cada dos tramos que subía, bajaba uno, así hasta llegar al final.
La Utopía es el pais en el que la humanidad está continuamente desembarcando; tan pronto alcanza sus playas, mira a lo lejos, ve otra Utopía y zarpa en su búsqueda.
~Oscar Wilde
He desarrollado una técnica que sé que muchos corredores siguen en sus entrenamientos: cuando creen apreciar un bonito trasero femenino en la distancia se lo ponen como hito y aceleran el ritmo hasta que lo alcanzan; he hecho lo mismo en el metro, y cuando alcanzaba uno de ellos, enseguida (después de breves segundos de celebración y contemplación) alzaba la vista, intentaba atisbar el siguiente y volvía a acelerar el ritmo. («¡Soy un salido!»).
[…] Escribo este comentario porque me llama la atención lo distinto que fue del ayuno de 24 horas. Quizás influya la actitud diferente que tuve ayer cuando pensaba que iba a ayunar dos días, como si mi mente pensara: esto no es nada, es sólo una parte. Y no pasé hambre. Tal vez también porque no estaba pendiente ya que eso ya lo había vivido. Sin embargo, cuando ayuné 24 horas, estaba demasiado centrada en ello desde la primera hora.
~Amparo, psiconauta, aventurera, gladiadora del Yo y habitóloga (entre otras cosas).
El experimentoconsistía en pasar 48 horas sin comer nada. Lo he completado con éxito.
Las 48 horas del experimento se convirtieron en 53 horas y 33 minutos; terminé des-ayunando (nunca mejor dicho) a las 11:33 de la mañana del sábado, en vez de a las 6:00, en que se completaban las 48 horas.
Antes del experimento pesaba 82,1 kg. Cuando lo concluí, el sábado, a la misma hora del día en que me pesé la vez anterior, había bajado un kilo y medio: pesaba 80,6 kg. Al día siguiente, hoy domingo, pesaba –también a la misma hora de las mediciones anteriores– 81,5 kg. He bajado 600 gramos. Bajar de peso no era la meta, solo es un dato.
No fue tan difícil como había anticipado. Me sucedió exactamente lo que cuenta Amparo: las 24 primeras horas las di por hechas, como una parte del trayecto, y puesto que esa parte ya era conocida con las misiones de medio día de ayuno y 24 horas de ayuno del Curso de Perseverancia, no había incertidumbre y psicológicamente fue bastante fácil.
Las dudas surgieron en las siguientes 24 horas. Pero fueron moderadas: el hambre en la segunda noche fue más duradera, pero en ningún momento sentí tentaciones de abandonar el reto. Además, habiéndome comprometido públicamente, iba a ser difícil hacerlo. Rendirme y luego mentir no es aceptable, la integridad es una forma de economía del ser.
Importante: No he sentido necesidad de comer muchísimo para recuperar los dos días perdidos anteriores. El viernes estaba fantaseando con un opíparo des-ayuno en una cafetería que abre temprano los sábados. Me dije que iría allí y comería todo lo que quisiera. Al final, no fui, desayuné un par de yogures y almendras y un poco de jamón, pero no mucho más que otros días. La comida fue algo más abundante que otros días, pero no excepcional. La cena estuvo bien, pero tampoco fue extraordinaria.
Fui capaz de mantener el trabajo habitual sin dificultad especial. Lo que ya había experimentado en el ayuno de 24 horas, lo volví a experimentar en el de 48. Probablemente una restricción calórica en unos pocos días agudice la capacidad de centrar la atención. Yo antes de los experimentos había esperado justo lo contrario: estar tan perturbado por la sensación de hambre que no pudiera pensar o hacer nada más.
La primera vez en mi vida que paso tanto tiempo sin comer. Tenía unas expectativas erradas sobre la experiencia. Si en el futuro tengo que pasar unas horas de más sin comer, sé que es perfectamente factible sin merma en el rendimiento mental y sin apreciables consecuencias físicas negativas.
Había pensado en salir a correr (moderadamente) en ayunas, como hace Luis Andés, que es capaz de correr una hora y media en ayunas. Pero decidí dejarlo para una próxima ocasión o reto. Eso sí, durante los dos días de ayuno anduve mis 7,5 km. diarios habituales.
Lecciones aprendidas o reaprendidas
El mejor tipo de dieta: tener en perspectiva algo más divertido que seguir comiendo.
–Alain de Botton
El contexto lo es todo: si enmarco la incomodidad dentro del ámbito de un reto, una práctica, una misión, un experimento, un test, un juego o un proyecto personal o comunitario, como Los tres hábitos que cambiarán tu vida, doto a “mis sufrimientos” de un áurea deportiva o lúdica o de mejora personal que elimina parte de la sensación de privación.
La gradualidad facilita los retos: medio día de ayuno -> 24 horas de ayuno -> 48 horas de ayuno-> ¿Nuevo reto? (eh, no os asustéis, no voy a hacer una huelga de hambre).
El dolor o la incomodidad depende muchas veces de las expectativas. Hay un reciente estudio con gente con fobia a las matemáticas a los que se les somete a unas pruebas y se estudia las reacciones en el cerebro a través de neuroimagen. El estudio muestra que el dolor se produce antes de empezar los cálculos matemáticos, pero cuando esas mismas personas con fobia están inmersas en la solución de problemas matemáticos no experimentan ese dolor. Algo parecido me ha ocurrido con el ayuno.
Siento que la restricción calórica, a través de ayunos ocasionales como este, o a través de reglas sencillas como el Hara Hachi Bu de los habitantes de Okinawa, no es tan difícil de llevar a cabo. La restricción calórica es una de las pocas intervenciones sobre las que tenemos sólidas pruebas científicas de que aumente la longevidad.
En el curso de perseverancia en la segunda reencarnación planteamos dos misiones referentes al ayuno: medio día de ayuno y 24 horas de ayuno. Era una forma de experimentar la incomodidad, seguir familiarizándonos con ella y, sobre todo, de enfrentarse a las barreras mentales o las expectativas sobre lo que son las experiencias.
Las expectativas son importantes porque muchas veces determinan nuestras acciones más que la verdadera experiencia. De hecho, si no tenemos experiencias previas de una determinada situación o las experiencias de las que disponemos para basar nuestras expectativas son limitadas o pobres, entonces es probable que estemos basando nuestros planes en supuestos incorrectos.
El experimento que me auto-propongo hoy ha surgido bastante espontáneamente, es una excrecencia de mi Yo Ocurrente y supone una extensión de los experimentos de ayuno anteriores. Lo he decidido comenzar hoy a las 17:26, en el momento en el que escribo estas letras.
Como mi último bocado fue a las 6:00 am de hoy , puedo decir que ya llevo casi ¼ de experimento completado, casi doce horas sobre las cuarenta y ocho horas previstas.
Los que hayáis completado alguna de las misiones anteriores (medio día y 24 horas de ayuno) ya sabréis que la dificultad del ayuno no es la que parece ser y que el hambre es también una sensación “impermanente”, por usar la terminología de nuestro curso de atención plena. No hay una sensación continua de hambre, sino que viene por oleadas, se hace más punzante en ciertos momentos, pero no tarda mucho en remitir. Es como la marea, pero mucho más espaciada.
Tampoco el hambre es una sensación incapacitante. Muchas personas no religiosas practicantes a las que le hablo de mis ayunos me miran con cierto pasmo y dicen que ellos serían incapaces, que se sentirían muy mal, que no pueden saltarse una comida porque les falta la energía y por eso tienen siempre a mano galletas o alguna fruta para matar el gusanillo. Hay quien cree que se va a desvanecer si pasa más de diez horas sin comer nada.
Gestión de riesgos
¿Y por qué este experimento personal? ¿Soy masoquista? ¿Pertenezco a alguna secta cristiana o judía ultraortodoxa? ¿Quiero adelgazar por la vía rápida? ¿Pero qué espero ganar con esto?
Ciertamente, parece que hay algo de arbitrario en este experimento. ¿Por qué sufrir por sufrir?
La respuesta es que no es un intento de mortificarme; es un sacrificio por el que renuncio a algo para obtener algo mejor. En este sentido soy utilitarista, busco un resultado, pero es un resultado de mejora personal, de exploración y está unido a mi proyecto de construir un carácter perseverante, tal y como anuncié en el libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida. Este libro es la columna vertebral de todo lo que estoy haciendo en este blog este año.
No hay ningún resultado irreversible, los daños, si los hubiera, no van a ser permanentes.
El coste es muy bajo, solo voy a sufrir una cierta incomodidad. Y me voy a ahorrar unos cuantos euros por no comer durante dos días.
Hay beneficios de aprendizaje. Ciertamente no voy a ganar una medalla ni ningún premio. Pero espero obtener una experiencia y obtener algunas lecciones. También es una forma de estirar mi frontera de posibilidades.
Por lo tanto, este experimento cumple los requisitos necesarios.
Una tonelada de experimentación, un kilo de reflexión y un gramo de teoría.
Lista de elementos que observar
¿Cómo evoluciona la sensación de hambre en periodos más largos que unas pocas horas ?
¿Noto bajones de energía significativos?
¿Cómo afecta esto a mi trabajo intelectual?
¿Me sentiré más irritable o quizá el hambre sea una señal para que el cerebro se vuelva más enfocado, atento y eficaz? [Esto tendría sentido desde una perspectiva evolutiva, pues justamente cuando hay escasez de comida es cuando más necesitas de la perspicacia y rapidez de reflejos para aprovechar las oportunidades que se presenten. ]
Programación
Inicio ayuno: jueves 14.8.14 a las 6:00
Fin ayuno : sábado 16.8.14 a las 6:00
Informaré de los resultados e impresiones generales el próximo sábado 16.8.14
Me voy a conceder un pequeño premio con el dinero ahorrado en el ayuno: el sábado me voy al cine y me permito una chocolatina y coca-cola. Esto servirá de pequeño aliciente. No lo necesito, pero siempre es bueno marcar los éxitos con pequeñas celebraciones. Recuerda: S.E.C.
Te montas en un curso, en un año académico, en un seminario universitario, un taller de dibujo, una inscripción en el gimnasio, una relación de pareja y esperas que el curso, el año, el seminario, el taller, la inscripción, tu pareja, te transporten automáticamente, sin esfuerzo, en volandas, hacia el resultado esperado: un título universitario, un conocimiento especializado, dibujar bien, un cuerpo esbelto y saludable o una vida feliz.
Ya hemos hablado en su momento de la teoría del tren y la teoría de la balsa en el aprendizaje. Parece que basta con comprar el billete para el viaje en tren y después solo se trata de dejar pasar el tiempo. Aunque nadie suscribiría la teoría del tren en el aprendizaje y la idea de que el tiempo es causa de nada, tengo la sensación de que en lo más profundo muchos vivimos según esa creencia.
Si no fuera así, ¿cómo interpretar la actitud de los padres que buscan simplemente un “buen colegio” y se desentienden de la educación de sus hijos? ¿O de los estudiantes o profesionales que, sabiendo de la necesidad de dominar el inglés, se apuntan a la escuela de idiomas y trabajosamente, sin mucha emoción, pero año tras año acuden a un recinto entre cuatro paredes para aprender poco más que a balbucear en el idioma extranjero? ¿O de los que sienten que tienen una relación que no necesita renovación y esfuerzo?
Un trabajador que solo obedece órdenes y no ha decidido transformar su trabajo e impregnarlo de sentido, deja pasar el tiempo esperando que transcurran los días, como el preso que espera el permiso carcelario de fin de semana. Para él, quizá es razonable poner su mente y su espíritu en piloto automático esperando al fin de mes y cobrar el sueldo, o esperando el verano y gozar de varias semanas de libertad condicional. Todos esos son resultados con cierto grado de seguridad.
Pero es distinto cuando los resultados que persigues no son automáticos, previsibles o rutinarios y no quieres que parte sustancial de tu vida sea solo un expediente gravoso, un medio para un fin; es muy distinto cuando quieres ejercer el poder de tu inteligencia creadora, cuando quieres que todos los segundos cuenten, que no haya ni minutos ni semanas ni años de la basura, y quieres encontrar sentido en cada uno de tus esfuerzos y afanes, sin importar su insignificancia.
Entonces ya no puedes considerar que el mero transcurso del tiempo sea causa de algo; quizá de canas o arrugas pero de nada más. Incluso esas arrugas pueden ser vacías, mero testimonio del paso del tiempo –el tiempo pasa por ti pero tú no has pasado por el tiempo–. Las arrugas que queremos son como las cicatrices, que cada uno de sus pliegues cuenten un suceso, una historia, que puedas llevarlas con orgullo y sean un testimonio de los esfuerzos, logros, decepciones y victorias de las que vinieron acompañadas.
La visión perseguida y el esfuerzo diario consistente con la intención que se despliega en un tiempo lleno de sentido sí son causas de algo.
En el primer reto del curso, pedí que te hicieras consciente de tu nivel de actividad física; en concreto, del número de pasos, si podías acceder a un podómetro.
En el segundo reto del curso, sugerí que aumentaras el número de pasos, sin ponerte ninguna cuota, pero buscando oportunidades en tu vida cotidiana para andar más o moverte más.
En este quinto reto, hago una propuesta más específica para aumentar el movimiento en tu vida de una forma ecológica; esto es, insertando orgánicamente el movimiento en tu jornada, no como un pegote artificial que intentas un par de días y luego olvidas para siempre.
Sube por las escaleras, ¡huevón!
¿Qué porcentaje de personas ves subiendo por las escaleras del metro y evitando las escaleras automáticas? ¿O que suban por las escaleras del edificio donde trabajan? ¿O que no tomen el ascensor para subir a su casa o bajar, si viven en un bloque de pisos o apartamentos?
Creo que es un porcentaje muy bajo; solo tengo una cifra aproximada en el caso de las escaleras del metro: no más de uno entre cincuenta. Lo sé porque me suelo encontrar a solas subiendo las escaleras del metro mientras las mecánicas están atestadas.
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Esta es una de las costumbres más fáciles de incorporar en tu rutina diaria. En un día habitual, es casi imposible no tener la posibilidad de subir escaleras.
Si vives en un décimo piso o tienes el trabajo en la novena planta no es necesario que subas las todas las escaleras, pero podrías subir hasta el segundo o el tercer piso andando y tomar el ascensor para el resto del trayecto. O solo la primera planta, si todavía eres muy sedentario o tienes algún problema de salud. O empieza bajándolas, para familiarizarte con la experiencia. O sube solo el primer escalón del primer piso, y vuelves y te das la vuelta y tomas el ascensor. Recuerda dos de nuestros mantras: piensa a lo pequeño y da pasos de bebé. Lo pequeño no es solo hermoso, sino que además es eficaz.
También podrías subir y bajar escaleras entre pomodoro y pomodoro, y así te sirve de rápida desconexión.
Serio no es lo contrario de divertido
¿Aburrido? ¿Cansado? Quizá cansado al principio, pero en absoluto aburrido. El artista conocido como Esto no es comida nos presenta en un desternillante artículo su Guía para subir escaleras: once formas diferentes de subir o bajar escaleras. Puedes ser creativo comiendo, buscando oportunidades de andar más y subiendo escaleras.
Es fundamental que seas original, experimentador y un poco loco en la introducción del movimiento en tu vida. Después de todo, solo los tipos sin imaginación, previsibles y… un poco muermos hacen ejercicio solo en el gimnasio. Así que usa la guía de arriba como inspiración y crea la tuya propia.
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Los artículos de Esto no es comidason impagables, así que quien necesite más motivación y quiera conocerlo que lea su blog:
¿Tiene sentido que la gente pague cuotas mensuales de gimnasio para subirse a cintas para ejercitar ratas o a máquinas que simulan la subida de escaleras? ¿Por qué solo sienten la compulsión de subirse a las cintas de andar o a las que simulan los movimientos de brazos del esquí o a las máquinas que te ayudan a imitar los movimientos de subida de escaleras?
Creo que se trata de un problema de no saber generar detonantes de la acción saludable. No tenemos los suficientes detonantes o disparaderos en nuestro entorno cotidiano para el ejercicio físico. Quizá por costumbre, imitación o quién sabe qué, no relacionamos las escaleras con el ejercicio y por eso tomamos los ascensores y escaleras mecánicas.
Pero nosotros somos cada vez seres más y más conscientes (no en vano hemos iniciado un Curso de atención plena) que asociamos nuestras circunstancias particulares físicas, biológicas, profesionales y… arquitectónicas con nuestras metas en la vida, en este caso nuestras metas de salud.
Por eso, el objetivo instrumental de esta semana más importante es el de asociar la visión de una escalera o un ascensor con el esfuerzo de subir escaleras. Mantra: “cuando subo o bajo, uso las escaleras”. La necesidad de subir o bajar tiene que conducirte automáticamente a la búsqueda de escaleras no mecánicas y el esfuerzo de subirlas.
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Imagina que eres un salmón que sube por una corriente de peldaños y remonta el río de las alturas hasta llegar a su destino: trabajo, hogar, donde sea. Está en tu naturaleza remontar la corriente y subir. Eres un salmón.
Otra forma de recordarlo: ponte una pulsera de color salmón durante toda la semana.
Otra: repite conmigo, “subir escaleras no es ninguna quimera”
Son las 14:57, quedan 3 minutos para que me encuentre con un amigo. Hemos quedado a comer. Podría quedarme esperando mirando mi lista de cosas que hacer o revisando el correo, pero esas no son actividades de alto valor. Sí sería una actividad de alto valor que meditara tres minutos o que observara mis sensaciones físicas sin más o contemplara el paisaje.
La cuestión es que no hay minutos perdidos o «minutos de la basura«; el tiempo es como el cerdo, de él se puede aprovechar todo. ¡Oink!
Levanto la cabeza. Todavía no ha llegado, luego sigo escribiendo.
No creo que tenga que llenar de tareas todos los segundos de mi jornada. De hecho, cada vez creo más en llenar de espacio en blanco mi tiempo de trabajo. El poder de la contemplación y el modo mental difuso. De este hablaremos en unos días (efecto cliffhanger).
Levanto la cabeza otra vez. No ha llegado.
El artículo se alarga. Todos los instantes son preciosos… (lo que ahora escriba casi con seguridad será menos interesante que al principio)… ¡¡ha llegado!!
(como decía Gregorio Marañón, soy un trapero del tiempo que aprovecha todas las sobras, todos los retales que nadie quiere, y con ellos confecciono artículos de 208 palabras)
Platón describía a la mente humana, el alma, dividida en tres partes: un auriga que conduce un carro alado con procelosos caballos, uno blanco y otro negro, cada uno con una naturaleza distinta. El blanco es la parte «irascible» positiva, cuyo impulso es elevarse hacia los ideales; el negro, el caballo malo, es la parte «concupiscente» del alma humana, que tira del carro en sentido contrario, hacia lo más bajo, el mundo de lo sensitivo y lo material. El auriga, con tales caballos frecuentemente en conflicto, se las ve y se las desea para llevar el carro a un buen destino.
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El budismo es una tradición milenaria que algunos consideran más una higiene mental que una religión. La doctrina budista incluye un conocimiento de la mente muy profundo y rico, con descripciones y distinciones sobre el aspecto fenomenológico de la mente tremendamente finas. Algunos definen al budismo como una ciencia de la realidad interna; es posiblemente la doctrina tradicional más cercana a nuestra actual ciencia cognitiva y psicología.
Uno de los caballos de batalla de la práctica budista es el dominio o la doma de «la mente de mono», que se interpone en el camino hacia el satori o el nirvana. La mente de mono es indómita. Como esta desvinculada de los propósitos más altos o nobles, hay que adiestrarla laboriosamente.
En este blog hemos dedicado toda una «reencarnación» de noventa días-años al Curso de atención plena, que promovía desarrollar mediante prácticas y mini-meditaciones informales una mayor presencia en nuestras propias vidas, más consciencia y menos reactividad.
Hace dos semanas, dentro de nuestro Curso de Salud Minimalista, propuse el Reto de Meditación 10×10, como una pequeña introducción a la meditación formal. No he hecho referencia a toda la carga metafísica que lleva el budismo en sus distintas escuelas porque sus técnicas tienen utilidad para cualquier persona con independencia de sus creencias religiosas (o ausencia de ellas).
Algunas tradiciones religiosas, en especial las animistas y más primitivas, han externalizado lo malo que llevamos dentro y lo han atribuido a demonios, posesiones infernales o malos espíritus. El vudú, por ejemplo, emplea rituales para ganarse el favor de los buenos espíritus y expulsar a los malos.
En las religiones judeo-cristianas el mal es parte de la dual naturaleza del hombre. El alma humana es el campo de batalla de una eterna lucha entre la vida y la muerte, lo divino y lo maligno, entre los malos y los buenos ángeles de nuestra naturaleza. El Yo es el mismo espíritu humano o alma que, dotado de libre albedrío, puede elegir el camino correcto o el equivocado.
Pero el mal en el cristianismo no se representa generalmente como una fuerza externa que se apodere del hombre, como en las posesiones diabólicas, que exigen la práctica del exorcismo (la Iglesia católica siempre se ha mantenido muy reacia o renuente a estas prácticas), sino que es más bien una parte integrante de la naturaleza humana.
La creencia en el pecado original representa esta concepción de lo malo que hay en el hombre en lucha con lo bueno o divino, que se alberga en él solo como posibilidad, no como necesidad. También es un antídoto contra el orgullo de un hombre que quiera ser como Dios o se considere libre de mancha. En la religión católica el orgullo es uno de los peores pecados capitales, pues es el origen e incitador de otros muchos.
Freud llamó “Ello” a la parte del subconsciente que alberga el deseo de gratificación inmediata movido por el principio del placer, que no piensa en el futuro o en las consecuencias y que es mutable, proteico. La otra parte en discordia es el “Superego”, una interiorización de las normas o reglas sociales. El “Ego” es el ente que media entre ambos bandos y se rige o actúa según el principio de realidad. Intenta negociar el encaje de los deseos en el mundo social y el mundo físico para sobrevivir y prosperar.
Las grandes obras de la literatura universal y las comedias de situación y otros productos populares de entretenimiento reflejan una y otra vez la eterna tensión entre el presente y el futuro, entre los deseos buenos y los malos, entre la parte racional e irracional, entre la razón y el corazón, entre las ansias del individuo y las normas de la sociedad.
En comics y tebeos, una representación popular y habitualmente humorística de la dualidad del hombre está en el pequeño demonio y el pequeño ángel que aconsejan de manera conflictiva ante una decisión al protagonista.
El famoso libro de Robert Louis Stevenson, El extraño caso de Dr. Jeckyl y Mr. Hyde (Hyde en inglés suena igual que «hide», que significa escondido u oculto), es la versión de la Inglaterra victoriana sobre la pugna entre el bien y el mal. Una interpretación considera que esta novela nos alerta contra la tentación de atribuir el mal a entes externos a nuestra personalidad: si no queremos o soportamos ver las fuerzas del mal dentro de nosotros podemos usar el mecanismo de represión freudiano y proyectar todo lo malo en algo externo: un grupo social, otros seres humanos, una ideología, etc.
Otra metáfora, empleada por Jonathan Haidt en The Happiness Hipothesis, describe la mente humana como la interacción entre un elefante, la parte automática, caprichosa y variable, y un jinete con una vara, que dirige como puede al elefante. La religión, como defenderé extensamente en un próximo artículo, puede ayudarnos mucho a adiestrar el elefante y entrenar al jinete.
El jinete: el cerebro verbal y pensante. El elefante: el cerebro automático, emocional y visceral.
Daniel Kahneman, premio Nobel de economía, en su muy recomendable libro Pensar rápido, pensar despacio presenta esa misma distinción distinguiendo entre los procesos rápidos e intuitivos y los procesos más lentos y secuenciales del cerebro, alojados en el córtex prefrontal; los llama sistema 1 y sistema 2, de forma aséptica , sin connotaciones morales o valorativas.
Neurociencia
Los neurocientíficos han encontrado correlatos cerebrales de esta estructura de la mente o del “alma” humana: una zona, a veces llamada cerebro reptiliano, sede de los comportamientos reflejos como la respiración y el gobierno de las partes más automáticas del cuerpo humano; una segunda parte, el sistema límbico, que es la parte que tenemos en común con otros animales, en especial los mamíferos y que evolutivamente apareció más tarde y que alberga los centros emocionales del cerebro, como la amígdala, que tiene que ver con las respuestas de miedo, o el hipocampo, relacionado con la formación y consolidación de recuerdos.
Por último, está el córtex, en especial el córtex prefrontal, que alberga las funciones de dirección o ejecutivas del cerebro y que es mucho más reciente en la historia evolutiva; de hecho, es esta parte la que nos hace plenamente humanos y nos distingue de otros animales cercanos.
El córtex nos permite calcular las consecuencia de nuestros actos y negociar los distintos cursos de acción. No es el míster Spock de Star Trek, ente puramente lógico sin conexión con las emociones, ya que su correcto funcionamiento depende de los circuitos que le conectan con el cerebro emocional. Es más, un córtex prefrontal con los circuitos de conexión con el sistema límbico dañados pierde gran parte de su eficacia.
Mr. Spock podría ser una imagen para la inteligencia de un robot o de un sistema informático, pero no de la inteligencia humana, que depende de sistemas valorativos-emocionales que le permitan decidir entre distintos cursos de acción y simplificar sus procesos de decisión.
Antonio Damasio, en el Error de Descartes, relata un famoso caso en la historia de la neurociencia, el de Phineas Gage , un trabajador en la construcción de vías del ferrocarril que fue herido en una explosión cuando una barra de hierro le atravesó el cráneo destruyendo parte de su córtex prefrontal.
Photograph by Jack and Beverly Wilgus of daguerreotype from their collection. – Own work
Milagrosamente sobrevivió y durante un tiempo pareció que podía llevar una vida normal; hasta que se empezaron a advertir cambios importantes en su carácter que le volvían irreconocible ante familiares y amigos. Estudios con pacientes con daños en el córtex prefrontal muestran resultados similares.
Damasio teoriza que la parte planificadora o ejecutiva del cerebro necesita de inputs emocionales (los llama “marcadores somáticos”) para poder funcionar y que la versión dualista cartesiana de la mente humana es errónea desde el punto de la neurociencia: razón y emoción no son estructuras cerebrales separadas o en oposición, sino que más bien han de actuar coordinadamente y conectarse para su correcto funcionamiento. La razón es emocional o sintiente y la emoción está llena de razones o puede ser influenciada por los argumentos o reinterpretaciones de la realidad.
La voluntad como gestión inteligente de los motivos
José Antonio marina, el filósofo español adopta una visión más fenomenológica y alude a la forma que los sucesos mentales se presentan en nuestra subjetividad. Ha llamado a la parte instintiva y más emocional, YO OCURRENTE, o también inteligencia computacional. Su acción es dirigida –o moderada, en casos más difíciles– por el YO EJECUTIVO (o YO NEGOCIADOR), el Director General del cerebro, que es capaz de anticipar, imaginar, calcular cursos de acción y mediar entre los distintos deseos contradictorios y conciliarlos en planes coherentes; de ahí lo de “YO NEGOCIADOR”.
Marina considera que la inteligencia humana es una inteligencia computacional transfigurada por los proyectos, por las visiones que el yo se propone, y que en parte también tienen su origen en el YO OCURRENTE.
Es decir, la inteligencia humana es una inteligencia creadora, que permite transcender la esclavitud del instinto y los automatismos y elevarse sobre sí mismo “a lo Münchaussen”, como el heroe literario alemán que se saca de la ciénaga en la que estaba atrapado con su caballo tirándo de su propia coleta y liberándose (a él y al caballo) de la prisión del barro.
Esta es la paradoja de la inteligencia humana: partiendo de mecanismos deterministas (reflejos, instintos, mecanismos automáticos) es capaz de autodeterminarse, escapar al determinismo de la biología, proponerSE fines ilusionantes y organizar la acción en persecución de ellos.
Un mecanismo inteligente, que nosotros hasta el momento hemos llamado voluntad o capacidad de autorregulación, es lo que nos permite gestionar los motivos o los deseos y decidir en qué momento cuál ha de prevalecer.
La voluntad es un sistema inteligente de gestión de los motivos; es la motivación transfigurada por la inteligencia creadora.
Esto es importante, pues habitualmente se considera que la voluntad es algo rígido, frío, impuesto por condicionamiento social, casi castrante, que niega lo natural, lo espontáneo, las emociones o los deseos. Pero la voluntad lo que realmente hace es gestionar los diversos motivos –a veces contradictorios– para poder dotar al yo de una acción coherente que le permita alcanzar metas que valora emocionalmente y que se logran a través de proyectos.
Después de todo, el bloqueo o inhibición de un deseo solo puede hacerse conscientemente si oponemos otro deseo. La voluntad y la inteligencia creadora humana nos permiten elegir los deseos que han de prevalecer, priorizarlos y darles vida a través de proyectos que organizan nuestra acción a lo largo del tiempo.
Una gestión inteligente de los motivos nos permite iniciar proyectos estimulantes –pero cuyos beneficios solo experimentaremos en el largo plazo–, mantener el propósito a pesar de las dificultades y decidir cuándo hemos alcanzado la visión propuesta.
Algunas anomalías de la voluntad como la procrastinación, o la dificultad para renunciar a los deseos urgentes presentes en favor de un bien más grande futuro (los seres humanos tenemos una “tasa de descuento temporal” muy grande dirían los economistas), o nuestra lucha para comportarnos de manera decente, nos recuerdan que el aprendizaje de la voluntad no es algo solo de niños.
«Ulysses And The Sirens by Léon Belly» de Léon Belly – Léon Belly (1827–1877). Disponible bajo la licencia Public domain vía Wikimedia Commons –
La voluntad como gestión inteligente de los motivos es una habilidad que podemos desarrollar a lo largo de toda nuestra vida. Responde a una condición existencial del hombre: la de estar siempre debatiéndose entre las sirenas de las ganas y el puerto lejano de valores y metas deseables pero que necesitan de tiempo, esfuerzo y suerte para llegar a existir.
En esta época de búsqueda de la eficiencia, de la productividad personal y colectiva –que yo también profeso y a la que dedico parte no despreciable de este blog–, se corre el riesgo de confundir rapidez y acortamiento de tiempos con eficiencia.
Quizá es una rémora de nuestros tiempos de colegio pensar que cuanto más rápido leas, más rápido acabes las tareas, más veloz seas adquiriendo, deglutiendo y reproduciendo conocimientos, más aprendes y más rendimiento obtienes.
En el caso de la lectura, creo que he vivido gran parte de mi vida bajo este paradigma de la rapidez: más rapidez significa mayor eficiencia, aprendizaje y… brillantez, porque los tipos rápidos son tipos brillantes. Si vacilas en dar una respuesta o eres lento leyendo y absorbiendo información, es que eres torpe.
Habitualmente, empiezo un libro y, si me interesa, dedico todas las horas que puedo a su lectura hasta que lo agoto. A veces leo de forma obsesiva y compulsiva. No puedo dejar de leer, subrayo furiosamente y estoy deseando llegar al final del capítulo. Devoro el libro hasta que solo quedan los huesos, luego lo arrojo al pozo de nuncajamás y paso a la siguiente obsesión en forma de libro.
En ocasiones, pierdo el interés a mitad de camino, quizá por saturación de leer tanto en tan poco tiempo, y considero que ya sé lo suficiente (a veces esto es una racionalización) y abandono el libro, no sin un regusto de culpabilidad.
¿En qué consiste el reto?
Propósito del reto: espaciar mi tiempo de lectura y ralentizar mi ritmo de lectura.
Cómo: para hacer operacional esta intención, establezco que voy a leer un libro a razón de unas 20 páginas/día. Espero que el espaciamiento promueva también una lectura más atenta.
Qué: el libro elegido es un mamotreto que he querido leer hace mucho tiempo, The Constitution of Liberty,Los fundamentos de la libertad, de Friedrich Von Hayek, un economista y filósofo político. Siento interés por el tema y sé que será muy estimulante intelectualmente.
En principio había pensado en otros dos grandes libros: uno es La acción humana, de Ludwig Von Mises, que tiene 1029 páginas y que siempre me ha costado decidirme a empezar.
El otro es Infinite Jest, La broma infinita, la obra maestra de David Foster Wallace, el escritor postmoderno americano que los lectores de este blog conocen a través su discurso de graduación del Kenyon College y el video esto es agua, esto es agua, del que hablamos en el curso de atención plena en la primera reencarnación del 2014. Tiene 1248 páginas.
Parece una broma cuasi-infinita obligarse a leer 1248 páginas
Lo tengo comprado desde comienzo de año pero sigo intimidado por la magnitud de la lectura y el esfuerzo que tendría que dedicar: si Hayek me llevaría 25 días y Von Mises, 52, Foster Wallace me llevaría 63 días.
Como estoy empezando, creo que es mejor si tomo un paso gradual y aplazo la lectura de libros de 1000 páginas para más adelante, en un reto más ambicioso.
Recuerda algunos de los mantras de nuestro curso de perseverancia: “No importa lo lento que vayas siempre que no te detengas” y “Da un paso de bebé”. Este reto no es un paso de bebé, es más bien un paso de fornido adolescente, pero me siento preparado después de más de siete meses con los cursos de Los tres hábitos que cambiarán tu vida.
Duración: La duración del reto es, por tanto, 25 días, unas tres semanas y media. El libro tiene 500 páginas, sin contar las notas y bibliografía. Es un número redondo que me permite distribuir mi tiempo de lectura en 25 días a razón de unas 20 páginas por día.
Sistema de rendición de cuentas: voy a emplear una vez más el sistema de Beeminder, que me proporciona un colorido gráfico de progreso y me penaliza con dinero si fallo alguna semana con el reto.
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Declarar mi reto en este blog es una manera de fortalecer el compromiso personal y aumentar las posibilidades de completar el reto.
Obstáculos probables: sé que me va a costar limitarme a los 40 minutos-1 hora de lectura diarios, si me siento interesado. Al contrario, si pierdo motivación, puede que algunos días me resulte difícil llegar a las 20 páginas de lectura cuidadosa por cuestiones de tiempo o falta de energía, pero voy a intentarlo.
¿Qué deseo testar?
Hay estudios que muestran las ventajas del aprendizaje espaciado (spaced learning). Quiero explorar varios elementos:
Mi nivel de satisfacción a lo largo de la lectura cuando deliberadamente me restrinjo a unas pocas páginas al día.
Mi nivel de comprensión final en relación a lo que sería concentrar el esfuerzo en unos pocos días. Podría ser que cuando estuviera en la segunda o tercera semana hubiera olvidado lo leído en la primera y me costara dar sentido a las partes que dependan de los capítulos anteriores menos frescos en mi memoria.
Las ventajas, si las hay, para motivarme a lo largo de la lectura de un libro relativamente extenso y denso. Quizá vaya perdiendo la motivación por tener que cortar en partes interesantes la lectura, y tener que dejar y retomar el libro tantas veces.
¿Que relación hay entre el espaciamiento en la lectura de un libro y el grado de atención e intensidad con el que lo leo? Espero que la lectura sea más atenta, pero podría ser que la obligación de leer todos los días hiciera que la lectura fuera más superficial.
¿Aumentar el tiempo de deglución puede producir una mejor digestión e incorporación a largo plazo del conocimiento adquirido? Dedicaré el mismo tiempo total que dedicaría en unos pocos días de lectura, pero distribuiré ese tiempo en sesiones más cortas a lo largo de varias semanas.
Aprender a pensar significa en realidad aprender a desarrollar cierto control sobre cómo y qué se piensa. Porque si en tu vida adulta no puedes o no estás dispuesto a ejercitar esa clase de elección, estás totalmente vendido.
~David Foster Wallace, discurso de graduación del Kenyon College.
Cuando me debatía entre ponerme a escribir este artículo; nótese que hablo de “ponerme a escribir”, no decidir «si escribir”, pues que tenía que escribirlo ya estaba decidido en alguna parte de mí. Cuando me debatía entre ponerme a escribir este artículo, digo, he sentido una vez más la punzada de la pereza moliciosa, el deseo de no hacerlo y de entretenerme con otra cosa: comerme una galleta, irme al cine, mirar por la ventana… cambiar el canal de mi televisión mental.
Y después de una cita y de un párrafo estoy aquí escribiendo qué es la atención plena o conciencia plena o “mindfulness”, la marca en inglés de este concepto hoy tan en boga. Pensentí que mi aversión a la tarea era un 6 o un 7 en una escala de 1 a 10, donde 10 es la atracción que siento por los fuegos del infierno y 1 es la aversión que siento por el primer trozo de chocolate de una apetitosa tarta después de 24 horas de ayuno.
David Foster Wallace (me gusta la sonoridad de este nombre) dice que aprender a pensar es el control sobre lo pensado; yo diría que si ampliamos el sentido de pensar al conjunto de nuestros productos –más bien excrecencias– mentales, el control sobre lo pensado es lo que nos permite dirigir nuestra vida, crear proyectos personales y colectivos y tener una vida bien vivida. Vien bibida.
Estaba debatiéndome (“debatiéndome”, ¿con quién?, ¿quiénes debaten?, ¿cómo debaten?) entre empezar y no empezar, y en un momento me ha venido a la mente, me ha asaltado más bien, una ocurrencia, otra excrecencia: “Técnica de las 0 alternativas de Raymond Chandler”. Eso ha acabado de inclinar la balanza y he decidido ponerme manos a la obra e iniciar mi pomodoro.
“Manos a la obra” en sentido figurado, porque me he sentado en el sofá en esta tarde de verano y me he quedado a solas conmigo y mi intención: escribir un artículo sobre la mindfulness. Fragmentos inconexos me han aseteado: Jon Kabat-Zinn, MBSR, “la meditación de atención plena es universal: es tan budista como la ley de gravitación universal es inglesa”, foco, todo se reduce a foco, ¿es foco una palabra española o un calco del inglés?, tomar conciencia de dónde está nuestra conciencia, tolerar, aceptar—que no resignarse—lo que venga tal como venga sin querer que sea de otra manera, y si quieres que sea de otra manera, te haces consciente de que quieres que sea de otra manera, pero abres o dejas un espacio en ti para que esa emoción-pensamiento-sensación-excrecencia se manifieste, se exprese, se desarrolle, se diluya, desaparezca, emerja.
En vez de intentar reprogramar tus emociones, tus pensamientos, decirte que lo que sientes no lo deberías sentir, que lo que piensas no es exacto o no es preciso o es un error. En vez de desafiar a tus pensamientos y las emociones que conllevan, los dejas estar, no te pones del lado ni de las piezas negras ni de las piezas blancas del tablero de ajedrez de tu mente y te conviertes en el tablero o el recipiente en el que tiene lugar el combate, el gran drama, la gran catástrofe de la vida.
Y según aparecen los párrafos de este artículo aumenta el momentum, aumenta mi energía y las conexiones surgen, unas las podo implacablemente y a otras les sigo la pista, para ver dónde me llevan. Tengo una intención, realmente muchas intenciones, pero ahora mi intención es acabar de escribir este artículo, y hago honor a la intención durante la duración de este pomodoro; presto mi intención y presto mi atención y sigo escribiendo.
Y por supuesto hay muchas clases de libertad, pero no oirás hablar del tipo más valioso de libertad en un mundo que consiste en ganar, lograr y exhibir. La clase de libertad más importante tiene que ver con la atención, la consciencia y con la disciplina y ser capaz de preocuparte por otras personas.
~David Foster Wallace
La meditación de atención plena es observar de manera imparcial, sin juicios, con espíritu abierto y curioso el espectáculo de la conciencia, y cambiar de foco u objeto de atención a voluntad. Somos conscientes de dónde se ilumina en cada momento la habitación de la mente. Decidimos dónde poner el foco según nuestros valores y metas, y permitimos que lo que sea sea en el tiempo en el que tenga que ser.
La presencia en nuestras propias vidas nos permite romper la cáscara de juicios, prejuicios, postjuicios y creencias, nos ayuda a redefinir la identidad o a tirarla por el ojo de buey ciego de nuestro viejo cascarón hacia el gran océano de la posibilidad. Nos permite conectar con el mundo físico y otros seres humanos. La meditación de atención plena ayuda al pez naranja en la pecera a ser consciente de que esto es agua, esto es agua.
También puedes revisar los artículos del curso de atención plena o suscribirte a este blog para recibir nuevos artículos de práctica de la atención plena.
Ya conoces mi predilección por la técnica pomodoro como herramienta de productividad. La he elogiado profusamente.
¿Qué tiene que ver la técnica pomodoro y la atención plena? Mucho. Aunque esta relación suele pasar desapercibida o al menos no se pone de manifiesto explícitamente por los expertos en productividad.
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Si lees la descripción de la técnica verás que hay varios apartados que hacen referencia a elegir la tarea y mantener la concentración que se pueden asociar fácilmente con las prácticas de meditación “formal” (para distinguirlas de las meditaciones informales o mini-meditacionesque entrenamos en la primera reencarnación en el curso de atención plena).
Gestión de interrupciones con la técnica pomodoro
Si surge alguna interrupción externa (una llamada, la señal luminosa de llegada de un e-mail, un saludo de un compañero, etc.) tomamos nota realizando una marca horizontal, “─“,en nuestra lista de cosas que hacer y seguimos trabajando.
Si surge una interrupción interna (un recado que recuerdo que tengo que hacer, una bajada de la intensidad del trabajo, un temor no resuelto, etc.) tomo igualmente nota de ello marcando una barra vertical, “|“, y sigo trabajando.
Si esa interrupción genera o aconseja alguna otra acción que realizar, entonces tomo nota de ella en la lista de tareas diarias o bien la añado al inventario general de acciones. Y sigo trabajando.
La práctica de la meditación formal genera igualmente una mejora en la gestión de las interrupciones, las internas y las externas: sostienes el foco en una parte de tu vida mental: respiración, pensamientos, emociones, sensaciones corporales, sonido, tacto, etc., y, si algún suceso interno o externo lo perturba, tomas nota mental de él y retomas el foco.
En la técnica pomodoro yo recomiendo, al menos al principio, tomar una nota por escrito, no meramente mental, para hacernos más y más conscientes de la perturbación de nuestra atención y retomar la tarea en la que nos estamos enfocando lo más rápidamente posible.
Modos mentales en la técnica pomodoro
La esencia de la técnica pomodoro es distinguir entre tres modos mentales y separarlos claramente en el proceso de trabajo:
Modo planificador, antes de iniciar el pomodoro: reconsidero la planificación diaria, me adapto flexiblemente a los cambios y sucesos del día. Anticipo dificultades . Marco un objetivo para el siguiente pomodoro
Modo ejecución o concentración intensa: me sumerjo con una bombona de oxígeno mental de 25 minutos (o más grande, si elijo otro periodo de tiempo) en la tarea decidida en la planificación.
Modo descanso o contemplativo: relajo la atención sin centrarme en nada particular, me levanto de la silla, hago flexiones, estiramientos, bebo un vaso de agua o converso con un colega y alejo mi mente del modo de concentración intensa anterior.
Atención e intención en la meditación formal
La meditación de la atención plena o mindfulness se ha definido en ocasiones como una mezcla de intención y atención: atención al objeto que intencionalmente hemos decido consagrar nuestras fuerzas mentales. Y atención a la intención o determinación de meditar o centrarnos en ese objeto.
Es decir, la meditación de atención plena incorpora dos elementos:
Involucra tu mente cuando prestas tu atención a un objeto o pones el foco en un área de tu experiencia.
También involucra capas más profundas de tu persona: la voluntad, la emoción, el deseo de seguir una dirección; además de prestar tu atención, prestas tu intención.
Actitud intencional en la meditación y en los pomodoros
Ya has visto el paralelismo:
La fase de planificación en la técnica pomodoro te permite determinar la intención o tarea que empeñará tu vida durante los 25 siguientes minutos. Es el equivalente a la determinación de meditar unos minutos por la mañana.
La segunda parte es hacer honor a la intención de sumergirnos en una tarea o actividad. Los 25 minutos del pomodoro o de la práctica de meditación centran nuestra atención en la dirección elegida, nos mantenemos conscientes momento a momento del paisaje mental y advertimos rápidamente las desviaciones o interrupciones internas y externas, reconduciendo el foco de la atención flexiblemente y con suavidad al objeto de nuestra intención inicial.
Artículos de la serie «pon un tomate en tu vida»(técnica pomodoro):
Todos los pensamientos verdaderamente grandes se conciben mientras caminamos.
~Nietzsche
Esta es con diferencia mi forma preferida de pasar un día de trabajo.
Salgo por la mañana después de haber meditado diez minutos y haberme dado una ducha. Llevo conmigo la mochila, algunos libros, cuadernos y habitualmente el portátil. Desconecto el móvil.
Entonces ando como media hora para despejarme con el frescor o el frío de la mañana, según la época del año.
Y hago mi primera parada en una cafetería. Trabajo entre dos y cuatro pomodoros. Cuando acabo salgo por la puerta y ando otro rato hasta encontrar la siguiente parada.
Las paradas
Cualquier lugar me vale. Principalmente son los siguientes:
Una cafetería.
La biblioteca. Vivo en una ciudad con muchas bibliotecas y puedo pasar el día visitándolas. No suelo estar más de dos horas en ninguna de ellas.
Un banco en el parque. Con buen tiempo es uno de los mejores lugares.
En verano me echo una siesta de una media hora en el césped.
La casa de un amigo o familiar que me cede durante unas horas algún lugar en su casa.
Lugares al aire libre, con wifi o sin wifi.
El tren de cercanías o el metro. Si el trayecto es largo se puede pensar y escribir con fluidez. Entre gente desconocida me concentro muy bien.
Un rato en la oficina del cliente si tengo clientes con oficinas y me pueden dar una sala.
Los paseos
Entre parada y parada tengo que dar un paseo. Es como una forma de bajar el telón después de un par de horas de trabajo intenso. Puedo andar entre media hora y una hora.
Algunos pensarán que me sobra el tiempo, si es que puedo desperdiciar tanto andando. Al contrario, es una forma de tonificar la mente, cambiar de un modo mental intencional y extremadamente concentrado a uno más contemplativo y de descanso. Esos paseos ayudan a consolidar la información en la memoria y suelen ser origen de muchas ideas.
Aunque habitualmente mi paseo es urbano, procuro frecuentar parques y jardines. La mente descansa más en un entorno natural. Hay estudios que muestran los beneficios cognitivos de un simple paseo por el campo o el parque. Son mayores que si andas por la calle.
Echa un vistazo a este artículo de Antonio Crego si quieres conocer los estudios que avalan mi afirmación anterior.
[…] Caminar, especialmente en entornos naturales, parece tener un efecto beneficioso como estrategia de recuperación cognitiva y emocional. Algunas investigaciones recientes han encontrado que la práctica de esta actividad se asocia a mejoras en el estado de ánimo, reduciendo el estrés e incrementando la afectividad positiva. Además, parece favorecer el pensamiento creativo y algunas funciones cognitivas, como determinados aspectos atencionales y de la memoria.
En el bosque no hay wifi, pero te aseguro que allí encontrarás una mejor conexión.
Los frecuentes cambios de escenario son como un reseteo mental que me ayuda a generar ideas nuevas cuando estoy encallado. Basta con cambiar el entorno que te rodea para que se generen nuevas asociaciones. Cambiar de lugar cambia las claves ambientales y distintas zonas de la memoria se activan. Esto es suficiente para favorecer el pensamiento creativo.
Aumenta el número de pasos diarios. Como el máximo de pomodoros que puedo hacer en un día productivo son dieciséis, eso son unas siete horas de trabajo real, y puedo estar diez o doce horas fuera eso hace que pase andando fácilmente tres horas o más. Con esto cumplo más que de sobra el segundo reto del curso de salud minimalista: andar más, moverme más.
Los descansos entre sesiones de pomodoros sirven para que mientras descanso la mente siga bullendo y buscando soluciones a los problemas que se generan durante el pomodoro. Es habitual que me vengan espontáneamente gérmenes de ideas o distintas formas de aproximación. Muchos de los que pasaron el año pasado una semana intentando resolver el acertijo que les propuse en Juego sucio en la fontana lo solucionaron de manera espontánea cuando no estaban pensando en él y vivieron una «experiencia ajá». Para pensar mejor a veces hay que pensar menos.
Hago pausas y descansos estratégicos más frecuentes que las que haría si estuviera todo el día en la oficina y reduzco las interrupciones, que serían mucho mayores si estuviera en un entorno laboral habitual.
Efectos del ruido externo sobre la productividad y la creatividad
Paradójicamente, el alboroto (moderado) a mi alrededor facilita la concentración. Hay cierta evidencia de que trabajar en un entorno con ruido moderado como el de una cafetería o un lugar concurrido puede mejorar la concentración.
Los días que me quedo en casa trato de emular los lugares públicos usando una página web, Coffivity, que simula los sonidos de una cafetería.
Hay un documento de investigación sobre la relación entre el ruido ambiental y la creatividad. El estudio sugiere que hay un punto dulce de nivel de ruido, ni demasiado silencioso ni demasiado fuerte, en el que los procesos cognitivos son más eficientes. En mi caso, una biblioteca con poca gente o mi casa en silencio puede ser demasiada poca estimulación externa, mientras que un lugar muy concurrido o en hora punta me dificulta sobremanera la concentración.
Los autores del estudio teorizan que la distracción generada por un nivel moderado de ruido incrementa la dificultad de procesamiento o disfluidez. La disfluidez en el procesamiento se define como la falta de «la experiencia subjetiva de facilidad o velocidad en el procesamiento de información». En el estudio encuentran que la disfluidez en el procesamiento induce un nivel de contrucción más alto, con lo que los sujetos se involucran en un tipo de pensamiento más abstracto.
En resumen, un nivel moderado de ruido puede mejorar el pensamiento y la creatividad. De forma más o menos consciente, yo antes había observado ese fenómeno y solía cambiar de entorno y buscar algo de animación a mi alrededor para sumergirme en mis tareas.
En general, el ambiente de oficina no resulta para mí tan apropiado debido al alto nivel de interrupciones y el hecho de estar mucho más vigilante. La rutina itinerante en los días en que me la puedo permitir es una excelente forma de implantar el paradigma del velocista de intensidad-descanso y alternar los modos de ejecución y de contemplación o dispersión mental. Y es una forma inmejorable de aumentar el movimiento y reducir el sedentarismo al que nos suele condenar la vida moderna.
Este es un reto cuyos beneficios son incalculables.
Si siempre habías querido comenzar un hábito de meditación o explorar sus posibles beneficios esta es tu oportunidad.
Durante diez días, empezando mañana lunes 28.7.14 meditaremos diez minutos diarios. Usaremos audios de meditación guiada creados por mí para facilitar el proceso, en especial para las personas que no tengan ninguna experiencia con la meditación formal de atención plena o mindfulness.
Puedes leer los detalles del reto en el artículo Anuncio reto meditación 10×10 e incorporar dos ideas para motivarte.
Si eres extremadamente minimalista, puedes prescindir de los audios y quizá te baste con centrarte durante diez minutos en tu respiración. Pero quizá sea más completo y divertido si sigues los audios. Es tu decisión.
Te recomiendo que escuches durante la semana en el momento en que quieras el audio introductorio del reto. Pero día a día, escucha los audios de meditación de unos diez minutos de duración. Puedes escucharlos en esta página del blog o bien descargártelos en formato mp3 para escucharlos en tu computador u otro dispositivo electrónico.
Los audios del Reto de meditación 10×10
Nota: si estás recibiendo este artículo en tu e-mail, tendrás que entrar al blog para poder escuchar o descargarte los audios.
En esta página irán apareciendo los diez audios del curso.
Este entrenamiento complementará las prácticas de atención plena informales o mini-meditaciones de la primera reencarcación (primer trimestre 2014) de nuestro curso de atención plena.
La meditación proporciona una determinada intención que intentas sostener o hacer honor durante tu periodo de meditación. Ese “mantener la intención” en el tiempo se parece mucho a lo que llamamos perseverancia o capacidad de mantener durante largo tiempo una meta o intención en mente y recordar la intención constantemente para guiar el esfuerzo y sostenerlo a pesar de las dificultades. Es lo que entrenamos en las misiones del curso de perseverancia.
Entusiasmado en un artículo de su blog nos informa que basta con tres días de práctica para cosechar algunos de los beneficios de la meditación, así que creo que merece que le des una oportunidad durante al menos diez días.
Los beneficios físicos y emocionales de la meditación de atención plena o mindfulness están bien documentados. Son un buen complemento a otros hábitos de vida saludables.
La meditación reduce el estrés, nos vuelve menos reactivos y genera con el tiempo una actitud más flexible ante los sucesos inesperados y el cambio. Este es un reto de nuestro curso de salud minimalista.
Lo que entrenes en la misión-reto-práctica de meditación 10×10 de la próxima semana te va a ayudar a centrar mucho mejor la atención en tus actividades cotidianas. Sentirás como con el paso de los días (o semanas y meses de meditación si decides perseverar) tu mente se dispersa menos, eres capaz de sumergirte irreductiblemente en las tareas y aumenta tu calma mental, incluso en el medio del caos.
No voy a explicar mucho más lo que es la meditación de atención plena. No quiero anegarte con conceptos o teoría. Ahora lo más importante es experimentar la meditación, si no la conoces o si la tienes abandonada.
Guía para el desafío 10×10
¿Cuáles es la inversión?
Diez minutos diarios durante diez días. Ni un minuto más. Prohibido meditar más, si estás empezando.
Yo, tras varios años, no he pasado de diez minutos. Este es mi mínimo sostenible. ¿Sería mejor veinte minutos o una hora? Puede que sí, pero para mí diez minutos ha sido el único espacio de tiempo sostenible.
¿Cuándo he de meditar?
Recomiendo practicarla por la mañana a primera hora. Es una excelente forma de dar el tono al día. Pero puedes hacerlo en otro momento que te resulte más conveniente.
¿Cómo logro motivarme a meditar esos diez minutos?
Para aumentar la probabilidad de su cumplimiento, te recomiendo que uses el «santo grial de la formación de hábitos«, que explico más abajo.
Una segunda forma de animarte es enrolar a un amigo o familiar en el reto y comprometeros mutuamente a meditar durante diez minutos durante diez días. «Con un poco de ayuda de tus amigos…» todo es siempre más fácil.
Además, es mucho más divertido, porque podrás ir comentando tus avances y experiencias.
Pero… es que yo no sé meditar, no sabría por donde empezar. ¿Cómo lo hago?
Usaremos meditaciones guiadas, audios de diez minutos que podrás descargarte y escuchar en tu computador o dispositivo electrónico. Si quieres puedes hacerlo más sencillo sin audio intentando fijar la atención en tu respiración, sin más parafernalia. Pero en ese caso te perderías el acompañamiento de mi acariciante voz.
El santo grial de la formación de hábitos aplicado a la meditación
Introduce una acción entre las dos tapas del “bocadillo” Necesidad — Acción que satisface necesidad. Este es el proceso:
Elige un disparadero, a ser posible físico, que se produzca todos los días invariablemente, que exista mientas estés vivo . Este disparadero es una sensación física unida a una emoción fuerte, generalmente desagradable que necesita ser satisfecha. Ejemplo: sueño, hambre, sentirme sucio
Elige una acción que quieres convertir en hábito y la introduces entre el disparadero y la satisfacción de la necesidad (que genera la recompensa).
Determina que solo satisfacerás la necesidad unida a la sensación desagradable del disparadero si cumples la acción.
Lo mostraré aplicado a la formación del hábito de meditación:
Disparadero: por la mañana me siento somnoliento, poco limpio, entumecido. Esta es la señal que iniciará la acción.
La acción que quiero convertir en automática es meditar al menos diez minutos todos los días. Medito diez minutos.
Recompensa: Después de ducharme me siento limpio, fresco, despierto y con energía. Esta sensación se asociará poco a poco con la meditación y constituirá su recompensa. La ducha quedará inextricablemente unida a la meditación. me ducharé solo si antes he meditado diez minutos. Si no medito diez minutos esa mañana, no me ducho. Y soy implacable en seguir esta regla.
Es importante asociar inequívocamente meditar diez minutos con ducharse y sentirse limpio y fresco. Si no medito, no me ducho. Es importante que la inacción tenga un pequeño “castigo”.
El disparadero (soñoliento y sensación de suciedad) y la recompensa (ducha, limpieza, frescura) forman parte ya de mi rutina habitual diaria. No tengo que preocuparme de diseñar y recordar disparaderos y recompensas y memorizar asociaciones disparadero-acción.
Si no puedes dejar de ducharte un solo día, elige otra recompensa que te puedas retirar en el caso de no meditar. Por ejemplo, podrías no desayunar.
Animación al reto de meditación 10×10
Sean o no convenientes para ti las meditaciones formales, es evidente que mejorar tu habilidad de ser consciente de la dirección de tu vida mental, y la habilidad de poner el foco en la tarea o zona del espectro mental elegida obrará maravillas en tus asuntos cotidianos. Tu bienestar emocional y físico aumentarán si practicas regularmente también. Esta es mi esperanza con la misión de la próxima semana.
Este domingo por la noche te enviaré a ti y a todos los suscriptores de Homo Minimus los audios con las meditaciones guiadas, una para cada día.
Puedes suscribirte al blog en la esquina superior derecha introduciendo tu e-mail y recibir cómodamente las entregas.
Si tienes alguna pregunta o duda sobre este reto de meditación, puedes preguntarme lo que quieras en la sección de comentarios.
Quiero agradecer a todos los que siguen activamente o en silencio, habitualmente o de pascuas a ramos, el blog de Homo Minimus o cualquiera de los cursos de atención plena, perseverancia o salud minimalista. Me siento honrado de haber podido interesarte con algo de lo que escribo.
Quiero agradecer a todos los que comentan y aportan sus opiniones e ideas. Este blog no sería ni la mitad de lo que es sin tu aportación.
Quiero agradecer la motivación que me proporcionáis para seguir escribiendo. No escribiría si no supiera que me estás leyendo.
Queremos frases cortas, breves, con aire a eslógan, que sean memorables, que se puedan recordar fácilmente y proferir para animarse a hacer lo conveniente en el momento adecuado en el campo de batalla de la vida.
Estos más de veinte mantras son la expresión concisa de algunas reglas y principios del minimalismo existencial, son lemas o divisas que condensan nuestros ideales sobre cómo comportarnos y dirigirnos en nuestros asuntos cotidianos. También nos ayudarán a orientarnos en las grandes decisiones en las encrucijadas existenciales.
Con el tiempo, el mantra será como un resorte, un grito de guerra, una píldora de ánimo, una chispa que encienda y libere energía mental y emocional, y nos ayude a hacer lo correcto sin importar cómo nos sintamos.
Una expresión inglesa que empleó Stephen Covey como título de uno de sus libros. Me recuerda la necesidad de priorizar, posterizar y, sobre todo, nuncanizar. Siempre tengo que determinar las actividades claves y centrarme fanáticamente en ellas, descartando todo lo demás. Mucho más fácil decirlo que hacerlo. Este hábito de centrarse en los pocos esenciales y evitar los muchos triviales es la diferencia entre los que logran metas y los que se arrastran por la vida apagando mil fuegos. La poda minimalista del minimalismo existencial es una aplicación general de este principio a todos los ámbitos de la vida.
2. Antes del Satori, cortar leña y acarrear agua. Después del Satori, cortar leña y acarrear agua.
Dicho Zen. El satori es la iluminación en el budismo zen. Me recuerda mi filosofia existencial de centrarme en mis valores principales, el proceso y el sistema más que en los resultados particulares o en las metas. Las metas no son fines en sí mismas, son meras herramientas. Las metas pueden alcanzarse o no, dependen de muchos factores no todos controlables; los valores y el proceso pueden empezar a vivirse en este mismo momento.
3. Mañana es hoy, Rocky; mañana es hoy.
En la película Rocky es lo que el entrenador le dice al boxeador cuando este exhausto quiere aplazar el esfuerzo. El futuro se construyen con muchos hoys vividos esforzadamente. En vez de llamarte a ti mismo Rocky, puedes usar tu nombre verdadero: Pepe, María, Juan, Homo Minimus.
4. Just do it!.
Eslógan de nike. Es tan simple y difícil como eso. El hacer, el probar, el experimentar, el comprometerse con una dirección. La acción es la prueba (el papel de tornasol) de la verdad de la teoría. En una vertiente más táctica, la humilde regla de los dos minutos de David Allen expresa el mismo espíritu orientado a la acción inmediata.
5. La confianza tengo que ganármela.
La confianza está al final del camino, nunca al principio. El estado normal en el inicio del aprendizaje jamás es la confianza. Esta se logra a cambio de sangre, sudor y a veces lágrimas. Si quieres más justificaciones, puedes leer el artículo de la serie minimalismo diabólico Al diablo con la confianza.
6. ¡No pensar!
Es un mantra capital para determinados temperamentos especulativos, hiperintelectuales y cautos que caen en la parálisis por el análisis. La acción es más importante que el pensamiento. La forma más refinada del pensamiento es la acción. Las teorías son redes. Hay que echar las redes, no podemos pasarnos la vida construyéndolas en el puerto.
7. El dolor es la debilidad saliendo del cuerpo.
Lema de los marines americanos. Redefinición del dolor. No es algo que tengamos que evitar o que sea evitable. Forma parte del proceso de construcción del ser. Hemos de abrazarlo. El dolor nos fortalece , forma parte de la fricción existencial inevitable, nos acompañará siempre que sigamos avanzando y cambiando. Es una buena señal. Hemos de rompernos para construirnos.
8.Esto no es un piano.
Antídoto contra el perfeccionismo. Es un dicho que usan los carpinteros cuando construyendo algún mueble tienen algún pequeño fallo o imperfección. Se recuerdan que no son ebanistas o constructores de pianos ni necesitan la perfección completa en su trabajo. Abrazan lo suficientemente bueno. Una forma de cultivar la mentalidad de la regla del 80/20 o ley de Pareto. Este “esto no es un piano” es algo que nos podemos decir cuando sintamos fastidio o frustración por los fallos a lo largo del camino.
9. Por mí que no quede.
La expresión más sintética para una actitud corajuda y perseverante en la vida. Puedes leer el artículo que escribí sobre este mantra.
10. En el pasado fue de “esa” manera. En el presente es de “esta otra”.
Cuando tengo ganas de remolonear y evitar alguna acción que me genere incomodidad, me suelo decir que ciertamente en el pasado retrocedía, pero que ahora mismo, en este preciso momento, actúo de acuerdo a lo que es correcto. “Esa manera” significa la acción escapista o de evitación cuando me apetece hacer una cosa distinta de la conveniente o la correcta. “Esta otra” es la acción correcta. No solemos equivocarnos demasiado respecto a lo correcto. Otra cosa es que nos engañemos para evitarlo.
11. Las verduras antes que el postre.
Es una táctica o regla general de afrontar lo difícil e importante al principio. Explico su justificación en este artículo.
12.Con un poco de ayuda de mis amigos…
No somos autodidactas, somos interdidactas, aprendemos en comunidad. Por lo tanto, hazlo social. Uno de los mecanismos regulativos externos más potentes es la cooperación y los proyectos conjuntos. La camaradería, los objetivos compartidos y el calor humano nos proporciona motivación y nos ayuda a sobrellevar los momentos difíciles. Por eso es fundamental que generes un entorno social propicio en cada uno de tus esfuerzos. La soledad es una gran fuente de estrés y aunque sea necesaria para la creacion, puede ser muy nociva para la motivación y el esfuerzo. Este blog es un intento de ser consecuente con esta convicción personal.
13. Empieza ayer… (o, si no queda más remedio, hoy).
Mantra muy útil para evitar el exceso planificador y la cautela que ahoga la acción y el experimento.
14. Zamora no se hizo en una hora.
Mantra para recordarme ser paciente y no esperar resultados inmediatos. Las grandes obras llevan tiempo y dedicación. Es sentido común que sorpresivamente olvidamos. Es un antídoto contra la búsqueda de la gratificación instantánea y la intolerancia el esfuerzo sostenido en el tiempo.
15. Contra la emoción, ¡acción!
Cuando estoy sumergido en emociones tumultuosas que amenazan con alejarme del curso de acción elegido y me llenan de dudas, me recuerdo que la mejor manera de cambiar un estado emocional es perseverar en el camino hasta que con la mejora de los resultados externos las emociones negativas se atenúen.
16. Estoy aprendiendo.
Toneladas de errores forman parte del proceso de aprendizaje. Este mantra sirve para recordarme ser amable y compasivo conmigo mismo cuando las cosas no salen como quiero. También me ayuda a desarrollar una saludable mentalidad de crecimiento. Su variante “Está/n aprendiendo” es también muy útil para sobrellevar las debilidades humanas y las imperfecciones.
La única forma de generar momentum y vencer la fricción existencial es dar un primer paso. Con él pasamos del reino de la especulación, la teoría y las dudas al mundo de la realidad actual. Para que no sea abrumador, el paso puede ser muy pequeño. El principio del Kaizen es la filosofía de productividad subyacente a los pasos de bebé. Puedes leer al respecto mi artículo Pasos diminutos.
18. ¿Cómo me como un elefante?
Mantra para recordarme que los grandes esfuerzos son reducibles a una gran cantidad (pero finita) de pequeños esfuerzos-bocados. Lo imponente se vuelve manejable cuando lo dividimos en partes pequeñas y las acometemos una por una. Estrategia del divide y vencerás.
19. La felicidad está a la vuelta de la esquina.
Dicho francés que me enseñó mi amiga Segolene Castille. Los franceses tienen mucho que decirnos sobre el arte de vivir. Nunca sabemos cuando se producirá el giro o sorpresa del destino. Hay que perseverar porque nunca sabes cuándo empezarás a ver avances o la proverbial luz al final del túnel
20. Vísteme despacio que tengo prisa.
La necesidad de mantener un ritmo pausado y no querer acelerar el ritmo natural de aprendizaje y cambio. Decelerando y tomándonos el tiempo para trabajar los fundamentos y «los esenciales» podemos, paradójicamente, acelerar el ritmo y obtener antes lo que queremos
21. Cómete un sapo (a ser posible en el desayuno).
Similar al “primero lo primero”, pero más visual. Sirve también para recordarnos que “lo primero”, lo importante, suele asemejarse a un sapo en su aspecto. Por lo tanto, hay que empezar por ahí. La “satisfacción” de comerte uno o varios sapos al principio del día te dará alas el resto del día y sensación de logro. Las TMI o Tareas más importantes del día son la herramienta de productividad para comernos sapos diariamente. Los TMI han de ser sapos. Las cinco grandes rocas semanales son los sapos de la semana.
22. ¡Convierte la inspiración en transpiración!
Respuesta de Robert Sánchez, del blog Escucha tu cuerpo, a mi comentario sobre lo mucho que me había inspirado su blog y sus libros sobre ejercicio, alimentación y vida saludable. Cuando uno se siente ilusionado o contento por haber comprendido algo o con ganas de trabajar es fácil relajarse y aprovechar la emoción para tomarse un descanso. Hay que hacer justamente lo contrario: ponerse a sudar en la dirección en la que nos sentimos inspirados
23. Una tonelada de experimentación; un kilogramo de reflexión; un gramo de teoría.
El grito de guerra habitual de un visceral compañero de mi club de ajedrez momentos antes de ejecutar una arriesgada, agresiva y brillante jugada de ataque… y ser machacado por el adversario.
25. No importa lo lento que vaya siempre que no me detenga.
Este mantra es especialmente útil para soportar los tiempos en que parece que no avanzamos. Si los niños son adictos a la gratificación instantánea, los adultos lo somos al progreso o sensación de avance. Hemos de aprender a soportar las mesetas. Porque ahí estaremos gran parte del tiempo. Aunque parezca que no hay progreso, si trabajamos regularmente con intensidad y estrategia, terminará habiéndolo.
26. Piensa a lo pequeño.
Lo pequeño es hermoso. Lo grande se cuida de sí mismo. El diablo y lo divino se encuentra en los detalles. Amor en cada pequeño paso. La excelencia en lo insignificante.
Puedes leer sobre este mantra en este artículo. Creo que es el mejor que he escrito.
27. Siempre estar celebrando.
Cuando empecé a escribir este artículo temía no pasar de diez mantras o lemas. Según iba adquiriendo momentum las ideas iban apareciendo y terminaron fluyendo como un torrente. Cada acción o proyecto que implica incertidumbre es una pequeño salto al vacío. Contento por haber saltado una vez más.
Siempre estar celebrando: Reconocer los pequeños avances a lo largo del camino. Ninguno es lo suficientemente insignificante como para pasarlo por alto. Sentir a lo grande con cosas pequeñas.
Habitólogos, gladiadores, psiconautas, aventureros del espíritu, ¿tenéis algún mantra que podamos incorporar a nuestra panoplia o repertorio de herramientas?
Cada mañana doy un paseo de 4.200 pasos. Con la actividad normal del resto del día suelo llegar a los diez mil. De momento no intento aumentar. Solo me interesa que los diez mil pasos se conviertan en un hábito. La motivación tarde o temprano puede faltar, por eso intento que caminar sea algo agradable y buscado, algo que no necesite “persuasión”.
~Herman
Me equivoqué en mi forma de plantear el segundo reto del curso de salud minimalista. Dije que había que aumentar el movimiento y el número de pasos. Me doy cuenta de que eso no era lo esencial. Lo principal era en cambio el localizar nuevas formas de aumentar el movimiento en la vida diaria, no necesariamente aumentar el número de pasos. El podómetro solo tiene como objeto ayudar a tener una medida objetiva que nos motive, no es un instrumento para batir marcar personales.
Mea culpa. Pero bueno, estoy aprendiendo.
Herman hace referencia a un elemento clave: la sostenibilidad. No se trata de que durante unas cuentas semanas hagamos un montón de pasos más que habitualmente y luego volvamos a nuestras antiguas rutinas. La motivación que tenemos ahora en el verano (hemisferio norte) y también por causa del curso no va a estar siempre presente. Es mucho más importante que nos familiaricemos con todas las posibilidades que tenemos de andar a lo largo del día y que poco a poco las vayamos disfrutando. El disfrute terminará tiempo en percibirse, al igual que los indudables beneficios físicos y emocionales que vamos a cosechar. Este curso promueve que con el tiempo no tengamos que convencernos o persuadirnos para hacer lo que tenemos que hacer porque es bueno hacerlo.
Llevar el podómetro me ha hecho más consciente de que tengo que levantarme con más frecuencia de la silla y caminar por la casa. Todo pequeño paso suma un paso más al podómetro.
~Tremendosky
Como tenemos una vena competitiva, incluso con nosotros mismos, buscamos pequeños avances. Además, todo lo que andes “de más” en casa y en la oficina levantándote en los descansos suma.
No acabo de encontrar la forma cómoda de medir los pasos. No he tenido suerte con el podómetro con sujeción tipo pinza y Accupedo consume tanta batería de mi móvil que me complica la vida. Supongo que lo suyo sería probar con un reloj que incorpore podómetro pero lo que he mirado, aparte de caro, no me gusta para llevarlo cada día.
Me ha encantado tener esta excusa para salir a pasear por la noche, con la brisa tan agradable que tenemos a esas horas en Barcelona!
~Cristina
El podómetro, Cristina, es un instrumento de conciencia, no una pejiguera que nos haga la vida más difícil. Si te has animado a salir a pasear por la noche y te das cuenta de todas las oportunidades que tienes para caminar, ya está bien.
No te gastes dinero en esos relojes con podómetro o instrumentos tan caros. ¡Somos minimalistas! El podómetro es como las ruedecillas en las bicicletas de los niños pequeños, lo usamos al principio para mantener el equilibrio, pero no queremos depender siempre de él. El problema con los “health trackers” es que atrofian nuestro instrumento más potente: la conciencia. Si estamos plenamente presentes en nuestras vidas, con el tiempo no necesitaremos siquiera el podómetro.
En cuanto a lo de correr y disfrutar, yo también soy de los que hacen foco en salir a disfrutar. De hecho, salgo sin reloj ni previsión de tiempos ni nada… Pensar en que me estoy haciendo un hueco para disfrutar de estar en movimiento, para que me dé un poco el aire, para ponerme en forma de cara a mis excursiones montañeras, etc., suele ayudarme a romper con esas telarañas iniciales de los 5 o 10 primeros minutos. ¡A mí lo que me cuesta es salir de casa!
~Tremendosky (otra vez)
Los cinco o diez primeros minutos son los díficiles. Enseguida generamos momentum y empezamos a sumergirnos en el camino. El foco está en disfrutar.
~Luis Andés, nuestro entrenador personal y maratoniano de cámara.
Luis Andés nos reafirma en la idea y nos proporciona un enlace a su opinión sobre la tensión entre sacrificio y disfrute. A largo plazo solo vamos a hacer algo si lo disfrutamos y sentimos sus beneficios intensamente.
El primer día, casi 3.000 pasos. Resto de la semana: de la oficina a la parada del autobús y viceversa. Desolación total. Lo peor es que no he aprendido nada. Pienso que hoy es martes e inmediatamente fantaseo con empezar mañana -hoy estoy demasiado cansada- y me parece patético.
~Amparo
“Mañana” es siempre el día más ocupado de la semana… como sabe cualquier procrastinador.
Comentario para Amparo y para los que se desesperan: no hay que lacerarse, Amparo. Hay decenas de semanas por delante y solo estamos empezando. Tomas conciencia de tu media de pasos y eso ya está bien.
Ya encontrarás más oportunidades de andar. Y cuando andes más, mejor te sentirás, más energía tendrás y empezarás a ver mejoras.
Empezar ya es un triunfo. Poco a poco.
Es fundamental ser amables con nosotros mismos y ponerse metas muy de mínimos, muy humildes. Jamás hay que compararse con los que van por delante. Solo nos tienen que servir de inspiración, no de motivo para sentirnos abatidos.
Ahora que estamos empezando es fundamental reconocer los pequeños éxitos. Recuerda, Amparo: S.E.C, Siempre Estar Celebrando.
Diez cosas que podemos celebrar
La felicidad como una lluvia fina. Sintiendo a lo grande con cosas pequeñas.–
Muchos estamos haciendo comentarios semana a semana que sirven de inspiración para nuestros compañeros habitólogos, psiconautas, gladiadores y aventureros.
Todos estamos aprendiendo.
Los que asumen alguno de los retos están aprendiendo todavía mucho más.
Estamos dándonos cuenta de que los cambios que estamos logrando van mucho más lejos que tener una talla menos de pantalón o perder un par de kilos. Estamos aprendiendo sobre nosotros mismos, sobre los proyectos personales, sobre el trabajar en equipo y sobre la perseverancia día a día y semana a semana.
Estamos desarrollando un gran espíritu de camaradería.
Estamos incorporando herramientas mentales y conceptos que podremos aplicar en todos los ámbitos de nuestras vidas.