Cien ideas para entrenar tus habilidades de conversación

  • Conversa todo lo que puedas. A la calidad no se llega sin la cantidad.
  • Busca personas interesantes y curiosas que sean buenas conversadoras y propicia ocasiones para conversar con ellas.
  • Mira este anuncio para recordarte que no vas a vivir siempre y que no siempre vas a poder tener conversaciones con la gente que te importa.

 

 

  • Parte de la base de que cualquier persona sabe más que tú en algo o tiene una experiencia que tú no has tenido,  y que si exploras puedes encontrar muchas cosas interesantes en ella. Las personas se vuelven interesantes con una mirada interesada.

«En mis paseos, toda persona con la que me encuentro es superior a mí en algún aspecto, y es en eso de lo que aprendo de ella».

―Ralph Waldo Emerson

  • Procura conversar con todo tipo de  gente y en todo tipo de situaciones. Esto te permitirá ser versátil y aprender a usar los distintos tipos de  registros lingüísticos.
  • No olvides entablar conversaciones con niños.
  • Ten conversaciones en un idioma que no domines. Así aprenderás a obtener la máxima comunicación con un lenguaje básico.
  • Introduce las conversaciones regulares con personas cara a cara en tus procesos de aprendizaje y en tu desarrollo profesional. Dominar el arte de la conversación redundará en más y mejores conversaciones y en beneficios en muchos aspectos de tu vida, que a su vez te animarán a mejorar la calidad de tus conversaciones.
  • Aprovecha las comidas y las cenas para tener conversaciones con tu familia. No hace falta decir (por supuesto que hace falta decirlo) que  la televisión y los teléfonos móviles han de estar apagados y fuera de la vista.
  • En el trabajo, procura no comer siempre solo y hazlo con compañeros diversos.
  • Lee todos los artículos de la serie El perdido Arte de la Conversación en este blog.
  • Conversa con intención y atención.
  • Desarrolla la meta-conciencia en las conversaciones, en tiempo real: asume una posición objetiva e imparcial sobre el desarrollo de la conversación, como si estuvieses viéndola desde fuera. Pregúntate constantemente: ¿qué objetivo tengo con esta conversación? ¿Lo estoy logrando? ¿Qué no está funcionando? ¿Que debo corregir?
  • Observa cómo una conversación es en esencia un intercambio de historias. Procura que tus historias y anécdotas sean relevantes para el tema y objetivos de la conversación. No hay signo más claro de poca habilidad conversacional que no conectar lo que dices con lo que han dicho.
  • Colecciona historias y anécdotas personales. Puedes llevar un archivo con ellas.
  • Convierte en un proyecto personal el desarrollo de tus habilidades conversacionales. Esto es lo que he hecho con mi Proyecto El perdido Arte de la Conversación.
  • Lleva un Bitácora o Diario de aprendizaje cuando estés intentando desarrollar explícitamente el arte de la conversación.
  • Aplica los principios de la práctica deliberada a las conversaciones: mantén una conversación larga, grábala y luego escúchate tomando notas de tus principales errores e impresiones generales. Pide comentarios sobre tu estilo conversacional a gente que te conozca. Pide comentarios sobre tu estilo conversacional y sensaciones después de tener una conversación con alguien. Como es algo no habitual, explica previamente que quieres mejorar tus habilidades conversacionales y que necesitas ayuda. La gente normalmente se siente halagada porque valores su opinión. En la siguiente conversación, concéntrate en corregir uno de los puntos de mejora observados en la revisión anterior. Repite.
  • La conversación es una negociación continua sobre el tema, los objetivos, el tono y su desarrollo. Fija tus objetivos antes de comenzar una conversación profunda. Revisa tus objetivos y condiciones de la conversación a lo largo de la conversación.
  • Haz un pre-mortem antes de tener una conversación seria:  no es un simple “¿qué puede salir mal?”, sino que partiendo de la hipótesis de que algo realmente  va a salir mal intentas dar con las razones de ese fallo: ¿qué generó ese fallo conversacional? ¿qué podría hacerse para evitar que se produzca otra vez?
  • Para las conversaciones críticas o cruciales, con mucho en juego, extiende el pre-mortem y conviértalo en la técnica estoica de la premeditación de las desdichas, el «Praemeditatio malorum»: imagina hasta el extremo todo lo que puede ir mal y familiarízate con las sensaciones, así rebajarás la ansiedad y estarás preparado cuando lo malo ocurra.
  • Observa debates o tertulias en televisión sin sonido y céntrate en los comportamientos no verbales. Escucha programas de radio sin sonido y… no, esto no.
  • Acude a entrevistas de trabajo cuando no estés buscando trabajo. Entrevista al entrevistador. Puedes leer mi artículo Debilidades y fortalezas.
  • Trabaja de dependiente o de vendedor.
  • Trabaja de teleoperador. Al limitarse la comunicación al oído, te centrarás en ese canal sensorial y aprenderás a captar los matices emocionales de la voz con mucha más precisión. También aprenderás a usar el tono de voz adecuado según la situación y el tipo de cliente al que atiendas.
  • En general, exponte a situaciones donde tengas objetivos claros (vender, generar satisfacción en el cliente, informar, etc.), obtengas realimentación rápida sobre los resultados (ventas, muestras de satisfacción, problemas resueltos) y dispongas de  mentores, supervisores, compañeros o profesores que te corrijan.
  • Observa tertulias de tema social y político en la televisión y úsalas como modelo negativo de lo que no debe ser una buena conversación. Apunta todos los elementos y aspectos en que las tertulias políticas no son buenas conversaciones.
  • Lo más importante para mejorar una conversación es lo que debes omitir: los sucedáneos de las redes sociales, las guerras incendiarias virtuales o en persona, las discusiones no racionales.

 

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  • Elimina las redes sociales para favorecer las conversaciones cara a cara y el tiempo en soledad libre de impactos informacionales.
  • Si es necesario implanta la técnica del «Pacto entre caballeros» al comienzo de la comida o de la reunión.
  • Evita monopolizar la conversación.
  • No vayas a una conversación a «hablar de tu libro» a menos que vayas explícitamente a «hablar de tu libro», lo hayas acordado y los otros estén de acuerdo.

 

 

  • Dedica los cinco primeros minutos de una conversación a preguntar y escuchar.
  • Usa la regla de la opinión.
  • Usa la regla de la entrada en las discusiones.
  • Elige con cuidado a las personas con las que conversar. Dos conversan solo si los dos quieren. El coste de una mala conversación o una no-conversación es una buena conversación.
  • Lee un libro sobre argumentación o el arte del debate.
  • Lee un libro sobre falacias formales e informales en el discurso.
  • Lee un libro de retórica.
  • Acude a un curso de cuentacuentos.
  • Toma un curso de teatro de improvisación, te ayudará a introducir espontaneidad, creatividad y ritmo en tus conversaciones.
  • Visiona comedia en vivo de calidad. Aprenderás a desarrollar el sentido del humor, el ritmo conversacional  y a contar historias y anécdotas.

 

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  • Habla más a menudo de religión y política para así entrenar tu capacidad de autocontrol y el arte de disentir y argumentar racionalmente. Puedes consultar el artículo Principios para una conversación racional.
  • Invita de cuando en cuando a algún amigo o conocido a comer. Así te procurarás una conversación larga en un entorno agradable. Yo hice eso en mi proyecto 52 comidas.
  • Varía el tipo de conversaciones que sueles tener. Puedes cambiar tanto el tipo de personas con las que hablas como el tipo de temas. Lo más fácil es cambiar de personas para cambiar de temas. 
  • Invita a alguien a pasear. Pasear y hablar es uno de los placeres más baratos y satisfactorios que te puedes procurar. Yo inicié el Proyecto 52 paseos con este fin.
  • Crea un entorno adecuado para la conversación. Elimina los teléfonos móviles y dispositivos digitales del campo visual y auditivo. Bloquea tiempo solo para conversar. Evita los entornos ruidosos.
  • Libera tiempo de redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram, WhatsApp) y dedícalo a conversaciones cara a cara con personas. Los costes de oportunidad de las conversaciones digitales superficiales son las conversaciones profundas cara a cara, la conversación con uno mismo y el descanso.
  • Nunca veas películas o documentales solo. Conviértelo en un acto social. Después de ver una película, dedica media hora a comentarla con la persona con la que la has visto. Observa la regla: «Nunca ver una película, serie o documental solo».
  • Si puedes, lee libros a la vez con amigos o conocidos, y luego dedica reuniones a comentarlos. Puedes crear tu propio club de libros.
  • Twitter puede usarse intencionalmente para mejorar tu capacidad de ser conciso y entrenar la capacidad de generar fases memorables que puedes introducir en las conversaciones orales. Twitter puede ser una especie de gimnasio del conversador y del escritor. Pero ten cuidado porque tiene un gran poder adictivo y es fácil caer en guerras incendiarias. Twitter saca lo peor de uno mismo y favorece el pensamiento de nicho. No es un lugar para tener buenas conversaciones.
  • Entra en un chat solo de texto e intenta mantener una conversación profunda. Un chat escrito tiene características de la conversación oral (espontaneidad, inmediatez, naturalidad, intimidad) pero con la ventaja de poder medir mejor tus palabras y editarlas antes de emitirlas. Sirve como entrenamiento para la conversación oral en tiempo real.
  • Usa tus correos electrónicos para entrenar la capacidad de la comunicación concisa y significativa pero correcta. Revisa dos veces tus correos antes de enviarlos. El cuidado con la palabras escrita te ayudará a tener más conciencia y cuidado con la palabra habladas.
  • Escribe regularmente. La precisión en la escritura es en parte extrapolable a las conversaciones orales en tiempo real.
  • Lee regularmente. Un buen lector es un mejor conversador.
  • Conversa regularmente. La agilidad en la conversación depende de haber practicado mucho.
  • La lectura te hace profundo, la escritura preciso y la conversación ágil.
  • Aprovecha cualquier interacción personal para pulir tu arte de conversar.
  • Para hacerte una idea del efecto de las emociones sobre las palabras y el comportamiento, visiona la película Del Revés. La película está basada en las investigaciones de Paul Ekman.  Aquí tienes un fragmento:

 

 

  • Visiona uno o varios capítulos de la serie «Miénteme» (Lie to me), que también contó con el asesoramiento de Paul Ekman. Trata sobre un consultor especializado en detectar la honestidad o mentiras en las conversaciones a través de la expresión facial de las emociones:

 

 

  • Desarrolla tu capacidad de percibir las emociones en los demás a través de sus gestos y microexpresiones. Si estás muy motivado puedes hacer un curso de Paul Ekman.
  • Entra en un grupo de debate. Aprenderás a argumentar, rebatir y observar los principios de una conversación racional.
  • Acude a un club literario o de libros.
  • Crea un «mastermind group»: un grupo de ayuda mutua para resolver problemas y dar consejos y reunirse periódicamente.
  • Entra en meetup.com y busca un grupo de reunión sobre algún tema que te interese. Acude a una cita en tu ciudad. Busca una donde se reúnan para hablar, no para escuchar una ponencia o conferencia.
  • Acude a una «Cena con extraños» donde no conoces a nadie y nadie se conoce entre sí.
  • Observa tus motivaciones en las conversaciones. Fíjate especialmente en tu necesidad de brillar, convencer o tener la última palabra para autoafirmarte en tus posiciones o para mostrar estatus.
  • Ve a una cafetería tranquila con un ordenador portátil o teléfono inteligente y ponte los auriculares pero sin estar escuchando nada, solo como tapadera o coartada. Busca un grupo de personas pequeño, idealmente solo dos o tres personas, y sitúate lo suficientemente cerca para oír lo que dicen y lo suficientemente lejos para que no se sientan escuchados. Escucha su conversación y toma notas sobre la calidad de esas conversaciones, el comportamiento no verbal, los temas, etc.

 

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  • Evita los clichés o lugares comunes en las conversaciones.  En toda buena conversación hay elementos imprevistos y creativos.
  • Mantén conversaciones con tema predefinido y prepárate previamente, como mínimo haciendo una lista de ideas que quieres exponer o explorar. No tengas miedo a las digresiones, pero mantén en mente el norte de la conversación.
  • Propón a Homo Mínimus un tema de conversación para charlar con él en uno de sus podcasts. Hasta fin del 2018, a ser posible, algún tema remotamente relacionado con el perdido Arte de la Conversación; a partir de 2019, lo que tú quieras.
  • Enseña a alguien el arte de la conversación. Enseñar es una de las mejores maneras de aprender.
  • Enseña el arte de la conversación mediante el ejemplo.
  • Desarrolla la conciencia de tus conversaciones interiores a través de la meditación. Observa con curiosidad y sin juzgar tu diálogo interior.
  • Crea un blog y escribe, escribe, escribe. Cuando tengas mil suscriptores tendrás una fuente inagotable de conversaciones.
  • Si tienes un blog, contesta a todos los comentarios que puedas. Yo tengo que mejorar en esto, estoy perdiendo parte del potencial generador de conversaciones por ser perezoso para responder comentarios.
  • Acude a tertulias y solo escucha.
  • Acude a tertulias e interven si crees que tienes algo que aportar.
  • Si vives en Oxford o cerca de Oxford, acude a una de las cenas de conversaciones del Oxford Muse Project.

 

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  • Si eres católico, ve a confesarte una vez a la semana, para practicar la conversación íntima desde el corazón. Si eres argentino, concierta una cita con el psicoanalista.
  • Contrata a un coach profesional y aprende de él el arte de escuchar y de hacer buenas preguntas. Puedes escuchar mi podcast con Miss Sunshine y los usos de las técnicas de coaching en las conversaciones cotidianas.
  • Si tienes el mínimo problema psicológico acude a un psicólogo clínico, terapeuta o psiquiatra y habla de asuntos existenciales y personales de los que no sueles hablar nunca. Como todos tenemos algún tipo de tara, no tienes excusa no monetaria para no hacerlo.
  • La conversación es una manera que tienen ambos sexos para evaluar el carácter, inteligencia y valores de la potencial pareja. La conversación o plumaje verbal es el equivalente al plumaje de los pavos reales. Dedica a mejorar tu vocabulario y tu cultura al menos el tiempo que dedicas a la higiene personal, tu peinado y tu vestuario. Esto es lo que recomendaba a las mujeres en este artículo.
  • Conoce el mundo de los pickup artists o artistas de la seducción  y aprende algunas de sus técnicas conversacionales. Si estás buscando pareja tienes una motivación especial para desarrollar tus habilidades conversacionales.

 

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[…] Servicio permanente de Orientación por teléfono. Funciona las 24 horas del día, durante los 365 días del año, atendido por voluntarios especializados en la escucha y formados para activar las capacidades de las propias personas para superar sus problemas.

 

Cuidando la vida

 

[…] La ayuda más eficaz es la que proviene entorno personal: familiares, amigos, compañeros, etc. Por ello, el Teléfono de la Esperanza ofrece una formación específica a todos aquellos que desean desarrollar sus cualidades para la ayuda. Entre otros, ofrece los siguientes programas de formación: Programa de Formación del voluntariado y desarrollo personal» que está compuesto por dos cursos (Conocerse para Crecer y Crecer para ayudar) y el Taller «Aprender a ayudar» (Formación en Relación de ayuda). Curso de formación de directores de grupos de autoayuda. Cursos de formación permanente para voluntarios.

  • Aprende a estar solo contigo mismo, sin aparatos electrónicos, sin hacer nada. El talento y la personalidad interesante se forma en el remanso de la soledad, no en el torrente del mundo.
  • Observa el shabbat para favorecer las conversaciones lentas.
  • Escucha este fin de semana el podcast de Homo Mínimus con Raúl Hernández sobre cómo entrenar el arte de la conversación. Es una conversación de dos horas y media con técnicas y consejos para mejorar las conversaciones.

 


Proyecto El perdido arte de la conversación

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Un ideal de conversación profesional

Una de las primeras experiencias interesantes que me proporcionó en Princeton este proyecto fue la de conocer a grandes hombres. Antes no había tenido ocasión de conocer a muchos. Pero había una comisión evaluadora, cuya función era la de ayudarnos a salir adelante, y en última instancia, concretar cuál sería el procedimiento a utilizar para la separación del uranio. Formaban parte de esta comisión hombres como Compton, y Tolman, y Smyth, y Urey, y Rabi, y Oppenheimer. Yo asistía a las sesiones, porque comprendía la teoría del funcionamiento de nuestro proceso de separación de isótopos, por lo que me hacían preguntas y tenía que hablar de él. A lo mejor, en una de estas reuniones, uno de los participantes defendía una opinión. Entonces Compton, por ejemplo, iba y exponía un punto de vista diferente. Esto debería ser así, decía, y desde luego tenía toda la razón. Y entonces otro añadía, bueno, quizá, pero tenemos que considerar en contra tal otra posibilidad.

Estaba claro que todos los reunidos en torno a la mesa tenían su opinión, y que no había acuerdo. Lo que más me sorprendía e inquietaba era que Compton no hacía hincapié en su tesis. Finalmente, Tolman, que era el presidente, iba y decía: «Bueno, oídos todos los razonamientos, me parece cierto que el de Compton ha sido el mejor, y ahora tenemos que proseguir».

Me resultaba muy chocante ver que una comisión de personas tan importantes pudiera presentar todo un montón de ideas, que a cada una de ellas pudiera ocurrírsele un nuevo aspecto, al tiempo que recordaba y tenía presente lo que habían dicho los demás, y que al final se pudiera llegar a concluir cuál de las ideas presentadas era la mejor —resumiéndolo todo— sin tener que repetir cada punto de vista tres veces por lo menos. Eran verdaderamente muy grandes hombres.

—Richard Feynman en ‘¿Está usted de broma, Sr. Feynman?’

 

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Por qué deberías dejar las redes sociales

Sigo mi cruzada contra las redes sociales y los teléfonos que son más inteligentes que vosotros. No pararé hasta que trece de los lectores de este blog me digan en los comentarios que han dejado las redes sociales gracias a Homo Mínimus.

Hoy traigo a un conferenciante invitado: Cal Newport, el autor de Deep Work. Esta es la  transcripción y mi traducción al español   de su conferencia TEDx  sobre las redes sociales.

P.D. Por favor, no olvidéis compartir este artículo en Twitter, Facebook, Linkedin o WhatsApp.

 

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Estamos exagerando los beneficios de las redes sociales y minusvalorando  las desventajas y sus costes

Probablemente no te estés dando cuenta de esto ahora, estás de hecho viendo algo raro. Porque soy un científico computacional, autor de libros y milenial, de pie en un escenario de TEDx, y, sin embargo, nunca he tenido una cuenta en las redes sociales.

El cómo ocurrió esto es hasta cierto punto producto del azar. Conocí las redes sociales cuando estaba en la universidad, en mi segundo año, en el tiempo en que Facebook llegó por primera vez a nuestro campus. En este tiempo, que fue justamente después de la explosión de la burbuja de internet, yo había tenido un negocio casero que había tenido que cerrar en la crisis, y entonces, de repente, este chico de Harvard llamado Mark saca un producto llamado Facebook y la gente se emociona con él. Así que yo, un poco por celos profesionales algo infantiles, me digo: «No voy a usar esta cosa. No voy a ayudar al negocio de ese chico sea lo que sea». Yo sigo con mi vida, no miro más, y veo como todos mis conocidos están enganchados a esa cosa. Y desde la claridad que tienes cuando tienes algo de objetividad, alguna perspectiva sobre ello, me doy cuenta de que parece un poco peligroso. Así que nunca abrí una cuenta. Desde entonces nunca he tenido una cuenta.

Así que estoy aquí por dos razones; quiero transmitir dos mensajes. El primer mensaje que quiero transmitir es que aunque nunca haya tenido una cuenta en redes sociales, estoy bien, no os tenéis que preocupar. Resulta que todavía tengo amigos, todavía sé que pasa en el mundo; como científico computacional sigo colaborando con gente de todo el mundo, todavía sigo expuesto accidentalmente a ideas interesantes y pocas veces me describiría como alguien al que le faltan opciones de entretenimiento. Así que estoy bien, pero iría más lejos y diría que no solo estoy bien sin redes sociales sino que de hecho estoy mejor sin ellas. Creo que soy más feliz, creo que encuentro más sostenibilidad en mi vida y creo que he sido más exitoso profesionalmente porque no usos las redes sociales.

Así que mi segundo objetivo aquí en el escenario es intentar convenceros de lo mismo. Veamos si puedo convenceros de que también estaríais mejor si dejarais las redes sociales. Así que siendo el tema de este TEDx el «Tiempo futuro», creo que esta sería mi visión del futuro, una en la que menos gente usa las redes sociales. Esta es una gran propuesta, creo que tengo que justificarla.

Así que creo que lo que voy a hacer es tomar las tres objeciones más importantes que oigo cuando sugiero a la gente que deje las redes sociales, y por cada una de estas objeciones intentaré quitar la exageración y ver si puedo poner más dosis de realidad.

Esta es la primera objeción más común que oigo. Esta no proviene de  un ermitaño, es realmente un desarrollador de páginas web modernillo de la calle octava; no estoy seguro, ¿modernillo o ermitaño? A veces es difícil de decir. La primera objeción es esta: «Cal, las redes sociales son una de las tecnologías fundamentales del siglo XXI. Rechazar las redes sociales sería un acto ludita extremo. Sería como cabalgar en el caballo hacia el trabajo o usar un teléfono con un disco con agujeros. No puedo tomar esa decisión en mi vida».

Mi reacción a esta objeción es que creo que es una tontería. Las redes sociales no  son una tecnología fundamental. Se aprovecha de algunas tecnologías fundamentales, pero es mejor comprenderlas como una fuente de entretenimiento, un producto de entretenimiento. El tecnólogo Jaron Lainer dice que estas compañías te ofrecen caprichos luminosos a cambio de minutos de tu atención y trozos de tus datos personales, que pueden ser empaquetados y vendidos. Así que no usar las redes sociales no debería ser una toma de posición social, solo es rechazar una forma de entretenimiento a favor de otras. No debería ser más controvertido que decir «No me gustan los periódicos, prefiero leer las noticias en las revistas» o « Prefiero ver series en la televisión por cable en lugar de ver series en las cadenas de televisión tradicionales». No es una toma de posición política o social decir que no usas este producto. Mi uso de la imagen de la  máquina tragaperras no es accidental porque si miras un poco más de cerca a estas tecnologías, no es para decir que son simplemente una forma de entretenimiento, sino que son hasta en cierta manera una fuente muy poco sabia de entretenimiento.

Sabemos que la mayoría de las empresas de redes sociales contratan a individuos llamados ingenieros de la atención que emplean los principios de, entre otros lugares,  los casinos de las Vegas para intentar hacer estos productos tan adictivos como sea posible. Este es el uso deseado de estos productos: que los uses de forma adictiva porque eso maximiza el beneficio que pueden sacar de tus datos y atención. Así que no es una tecnología fundamental, es solo una forma de entretenimiento, una entre otras muchas, y si miras un poco más de cerca es una forma poco sabia.

Aquí está la segunda objeción común que oigo cuando sugiero a la gente que deje las redes sociales. La objeción es esta: «Cal, no puedo dejar las redes sociales porque es vital para mi éxito en la economía del siglo XXI. Si no tengo una buena presencia en redes sociales y una marca la gente no sabrá quién soy, la gente no podrá encontrarme, no vendrán oportunidades y desapareceré de la economía».

Una vez más, mi reacción es pensar que también esta objeción es una tontería. Recientemente he publicado un libro que recoge distintas líneas de evidencia que explican que en una economía competitiva del siglo XXI, lo que el mercado valora es la habilidad de producir cosas que son raras y valiosas. Si produces algo que es raro y valioso, el mercado lo valorará. Lo que el mercado descarta en gran parte son las actividades que son fáciles de replicar y producen poco valor.

Bien, pues las redes sociales son el paradigma de una actividad fácil de replicar que no produce mucho valor; es algo que un niño de seis años con un teléfono inteligente puede hacer. Por definición, el mercado no va a dar mucho valor a esos comportamientos.

En cambio, va a recompensar el trabajo profundo y concentrado que se requiere para desarrollar habilidades reales y aplicar esas habilidades para producir cosas —como un artesano—  que son raras y valiosas. Por decirlo de otra forma: si puedes escribir un algoritmo elegante, si puedes escribir un informe legal que cambie un caso, si puedes escribir mil palabras de prosa que sean capaces de llevar al lector hasta el final; si puedes mirar a un mar de datos ambiguos y usar la inferencia estadística y extraer un conocimiento revelador que transforme la estrategia de un negocio, si puedes hacer este tipo de cosas que requieren un trabajo profundo, que produce resultados que son raros y valiosos, la gente te encontrará. Podrás escribir la cifra en el cheque y construir los fundamentos de una vida profesional exitosa y llena de sentido, sin importar el número seguidores que tengas en Instagram.

Esta es la tercera objeción que oigo cuando sugiero que dejen las redes sociales; de alguna manera, creo que podría ser una de las más importantes. Esta objeción dice «Cal, puedo estar de acuerdo, quizá tengas razón; no es una tecnología fundamental. Quizá usar las redes sociales no está en el núcleo de mi éxito profesional. Pero, ¿sabes?, son inofensivas, me lo paso bien , twitter es divertido, ni siquiera paso tanto tiempo en ello, soy un adoptante temprano, es una cosa interesante y podría perderme algo si no lo uso. ¿Qué hay de malo en ello?». De nuevo, miro hacia atrás y me digo: esta objeción es una tontería.

En este caso, lo que falla es lo que creo que es una realidad muy importante sobre la que necesitamos hablar más honestamente: que las redes sociales traen múltiples, bien documentados y significativos daños. Tenemos que afrontar de verdad estos daños a la hora de intentar tomar decisiones sobre si abrazar esta tecnología y dejar que entre en nuestras vidas.

Uno de los daños que sabemos que esta tecnología trae tiene que ver con el éxito profesional.

Acabo de argumentar que la habilidad para enfocarse intensamente para producir cosas que son raras y valiosas, perfeccionar las habilidades que el mercado valora, es lo que importa en nuestra economía. Pero justo antes de eso argumenté que las herramientas de las redes sociales están diseñadas para ser adictivas. El uso deseado para el que fueron diseñadas es para fragmentar tu atención tanto como sea posible en tus horas despierto; así están diseñadas estas herramientas.

Tenemos una cantidad creciente de estudios que nos dicen que si pasas grandes partes del día en un estado de atención fragmentada —grandes partes del día, rompiendo tu atención, para echar un vistazo, para revisar tus mensajes «Déjame que vea que hay en Instagram»—, que esto puede reducir permanentemente tu capacidad para concentrarte. En otras palabras, podrías reducir permanentemente tu capacidad para hacer exactamente el tipo de esfuerzo profundo que es más y más necesario en una economía cada vez más competitiva. Así que las redes sociales no son inofensivas, pueden de hecho tener un impacto negativo significativo en tu habilidad para prosperar en la economía.

Me preocupa especialmente cuando miro a las generaciones más jóvenes, que son las más saturadas con esta tecnología. Si pierdes tu habilidad para mantener la concentración, vas a ser cada vez menos relevante para esta economía. También hay daños psicológicos que están bien documentados que traen las redes sociales y que necesitamos considerar. Sabemos de la literatura científica que cuanto más usas las redes sociales más solo o aislado te vas a sentir. Sabemos que la exposición constante a las presentaciones  cuidadosamente embellecidas de tus amigos y sus vidas te puede hacer sentir mal contigo y aumentar la tasa de depresión.

Y una cosa que creo que vamos a escuchar más en el futuro próximo es que hay un desajuste fundamental entre la manera en que nuestros cerebros están construidos y este comportamiento de exponerte a estímulos con recompensas intermitentes a lo largo de todas tus horas despierto. Una cosa es gastar un par de horas en una máquina tragaperras en Las Vegas, y otra llevarte  la máquina contigo y pasarte todo el día tirando de la palanca  desde que te despiertas hasta que te vas a la cama: no estamos hechos para esto. Esto produce un cortocircuito en el cerebro y estamos empezando a ver que tiene consecuencias cognitivas reales, una de las cuales es ese telón de fondo continuo de ansiedad.

El canario en la mina de carbón respecto a estos asuntos está en los campus universitarios. Si hablas con expertos en salud mental en los campus universitarios, te dicen que en paralelo con el uso ubicuo de los teléfonos inteligentes y las redes sociales entre los estudiantes ha venido una explosión de trastornos relacionados con la ansiedad en esos campus. Ese es el canario en la mina de carbón. Este tipo de comportamiento supone un desajuste para el cableado de nuestro cerebro y te puede hacer sentir miserable.

Así que hay un coste real en el uso de las redes sociales; lo que significa que cuando estás intentando decidir «¿Debo usar esto o no?», decir que es algo inocuo  no es suficiente. De hecho, tienes que identificar un beneficio positivo claro y significativo que pueda compensar esos daños potenciales no completamente triviales.

La gente a menudo pregunta «De acuerdo, pero ¿qué es la vida sin las redes sociales?». Puede dar un poco de miedo pensar sobre eso. Según dice la gente que fue a través de este proceso de desconexión, puede haber semanas difíciles. Es realmente como un proceso de desintoxicación. Las dos primeras semanas pueden ser incómodas: te sientes un poco ansioso, te sientes como si hubieras perdido una extremidad. Pero después de eso, las cosas se estabilizan y de hecho la vida después de las redes sociales puede ser bastante positiva.

Hay dos cosas de las que os puedo informar desde el mundo del no uso de redes sociales. La primera: puede ser bastante productivo. Soy un profesor en un instituto de investigación, he escrito cinco libros, raramente trabajo más allá de las cinco de la tarde en días de diario. Parte de las razones por las que puedo lograr esto es porque resulta que si tratas tu atención con respeto (no la fragmentas, la dejas intacta, preservas tu concentración) cuando se trata de cosas de trabajo puedes hacer una cosa detrás de la otra y hacerla con intensidad, y la intensidad se puede cambiar por tiempo. Es sorprendente lo mucho que se puede hacer en un día de ocho horas si eres capaz de dar a cada cosa concentración intensa.

Otra cosa de la que puedo informarlos de la vida sin redes sociales es que fuera del trabajo las cosas pueden ser bastante apacibles. A menudo bromeo sobre que estaría muy cómodo siendo un granjero de los años treinta, porque en mi tiempo de ocio yo leo el periódico al atardecer; escucho béisbol en la radio; me siento en una silla de cuero y leo libros por la noche después que mis niños se hayan ido a la cama. Suena pasado de moda pero algo sabía la gente de tiempos pasados. Es realmente reparador, un modo apacible de pasar la vida fuera del trabajo. No tienes el estímulo constante  del zumbido de fondo ni la ansiedad que conlleva ello.

Así que la vida sin redes sociales no está tan mal. Si atas todos estos cabos, ves mi argumento completo, que no todos, pero ciertamente mucha gente ahora mismo, mucha gente no debería estar usando las redes sociales.

Para resumir, podemos primero descartar las preocupaciones de que las redes sociales son una tecnología fundamental que tienes que usar. Tonterías: es una máquina tragaperras en tu teléfono. Podemos descartar la idea de que no puedes tener un trabajo sin ellas. Tonterías: cualquier cosa que un niño de seis años puede hacer no es lo que el mercado va a recompensar. Y luego he enfatizado que hay daños reales con todo ello. Así que no es inocuo. Tienes que tener un beneficio real de peso antes de que puedas decir que este cambio merece la pena. Finalmente, he mostrado la vida sin redes sociales: hay verdaderas ventajas asociadas con ella. Así que espero que cuando muchos de vosotros hagáis el mismo cálculo al menos consideréis la perspectiva desde la que hablo: mucha gente estaría mucho mejor si no usara  esta tecnología. Algunos de vosotros no estaréis de acuerdo. Doy la bienvenida a los comentarios en contra. Solo os pido que hagáis vuestros comentarios en twitter.

 


amish

 

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