¿Qué longitud de artículos prefieres para el blog HM?

Como bien sabes, me importa un huevo tu opinión, pero al mismo tiempo me debo a ti.

Escribo para apuntalar mi decrépito ego, sentir que estoy vivo y pensar que a veces aporto algo a alguien.

Es por eso que  hoy te  pido  ayuda y solicito humildemente que respondas a esta encuesta. Existe la posibilidad de que escribas otras opciones distintas a las que te proporciono.

P.D. Si no tienes tiempo para responder la encuesta, es que este blog ya no te aporta suficiente valor y  es mejor que te des ahora mismo de baja; si así fuera yo te daría las gracias por acompañarme parte del camino y enjugaría una furtiva lágrima.

Proyectos zombis: están muertos pero no lo sabes

El proyecto personal es la unidad mínima de acción con significado completo.

La palabra es a la oración gramatical  lo que la tarea es al  proyecto. Tanto las palabras como las tareas solo adquieren  sentido en el contexto de la oración o el proyecto del que forman parte y al que sirven.

Puede haber tareas aisladas que no formen parte de ningún proyecto en particular, como cuando te viene una palabra a la cabeza sin saber por qué  y sin ánimo de expresar nada, pero en general las tareas responden a la existencia de un proyecto al igual que las palabras están incrustadas en oraciones con sentido completo y contienen sujeto, verbo y predicado.

El término proyecto se usa tanto en la filosofía existencialista (el “proyecto vital”  de Sartre, por ejemplo) como en el mundo de la ingeniería y las organizaciones empresariales (un puente o el lanzamiento de un nuevo producto son proyectos).

En este artículo, defino al proyecto como una unidad estructurada de acción compuesta de tareas o sub-acciones que persiguen un resultado concreto o visión;  por tanto, lo uso en el sentido ingenieril o empresarial, no en el sentido filosófico de  “plan de vida o proyecto vital”.

Iniciamos los proyectos con un anhelo o deseo de traer a la existencia algo que no existe.

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El caminante sobre el mar de nubes. Caspar David Friedrich.

El anhelo o deseo va unido a una visión de lo que queremos que sean las cosas. El proyecto   se despliega en una sucesión de  acciones, planes, objetivos, tareas, hitos, medidas de logro y sistemas de control.  La visión inicial del proyecto puede cambiar o actualizarse a lo largo del ciclo vital del proyecto.

Hay proyectos formales, con planes, hitos y compromiso claro, y proyectos informales, a los que no llamamos siquiera “proyectos” pero que siguen siendo proyectos porque parten de una visión que unifica un conjunto de acciones y tareas a lo largo del tiempo.

Una vida organizada requiere pensar y planear en términos de proyectos;  de otra manera, nuestros días serán una sucesión de acciones inconexas y viviremos en modo reactivo,  no seremos mucho más que un manojo  de hábitos, instintos  y reacciones,  será el entorno el que dirigirá el comportamiento, seremos veletas que solo se mueven al albur del viento que corra en cada momento.

Qué es un proyecto zombi

Los proyectos zombis son proyectos que han perdido su razón de ser  o su energía hasta el punto de que están literalmente muertos, pero bien por inercia o costumbre siguen arrastrándose moribundos  en nuestra agenda y memoria de trabajo.

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El sesgo de acción (creemos que es mejor hacer algo que no hacer nada) y el sesgo de inercia (tendemos a seguir haciendo lo que estamos haciendo) se confabulan para que mantengamos proyectos zombis en la agenda comiendo tiempo y en la mente ocupando UPAs, unidades de atención permanente en la memoria.

Ejemplos de proyectos zombis, formales e informales:

  • Tu proyecto de perder 5 kg. y esa   bicicleta estática que lleva acumulando polvo y ocupando espacio en tu salón durante meses. Otro vestigio de este proyecto zombi podría ser la  suscripción anual al gimnasio, que dejaste de frecuentar en marzo. De cuando en cuando, si hay conjunción de astros te pasas por el gimnasio o la bicicleta.
  • Un grado universitario que empecé con ilusión pero en el que me estoy dando cuenta que no se adapta a mis capacidades e intereses personales; por ejemplo, quería ser médico de familia pero me agota tratar con la gente. No obstante, sigo porque ya he invertido más de dos años de mi vida y mucho dinero.
  • La relación con un amigo con el que hace tiempo perdiste los intereses comunes pero al que sigues viendo y cuyo círculo frecuentas más por costumbre que por la satisfacción que obtienes. Una relación personal es una forma de proyecto interactivo que requiere tiempo, esfuerzo e intereses comunes para que crezca y se desarrolle, pero como todo en la vida puede llegar a un punto muerto.
  • Los CDs de música clásica que compraste porque un buen día decidiste culturizarte y refinar tus gustos. Muchos de ellos siguen envueltos en papel de plástico.
  • El trabajo insatisfactorio y mal renumerado en el que ellos hacen como te pagan y tú haces como que trabajas. O quizá, si eres funcionario o profesor de universidad, ellos te pagan pero tú haces como trabajas y dejas tu imaginación y corazón en la entrada de la oficina o del aula.
  • Etc.

Entre los proyectos vivos y los proyectos zombis hay conflictos y el canibalismo es habitual. Los unos comen el tiempo, atención y recursos a los otros; el resultado es caos mental, ineficacia y frustración.

 

Ningún sistema de productividad personal, por complejo que sea, te va a sacar de esta situación: hay demasiados proyectos en general y demasiados proyectos zombis en particular para que una mejor organización solvente el problema de tener proyectos inadecuados o un exceso de ellos. Recuerda: primero, omitir o eliminar; segundo, organizar.

Proceso de zombificación

1º Todos los inicios son hermosos.

Iniciamos el proyecto con un entusiasmo ingenuo en el que solo visualizamos los beneficios al final del camino: un acento de Oxford, una cintura de avispa,  un trabajo remunerador y rodeado de gente interesante o una cultura deslumbrante que refine los gustos y mejore la imagen personal .  Los costes del  proyecto, el esfuerzo y los obstáculos, no se tienen  en cuenta o se infravaloran.

2º Energía y motivación al principio.

Empezamos trabajando de manera sistemática en el proyecto y adquirimos  los recursos necesarios: las zapatillas de deporte último modelo, la inscripción en la academia de idiomas, el esmero y diligencia en el trabajo diario en la oficina, la ilusión de que el proyecto marque una diferencia.

3º La hierba del vecino es siempre más verde.

Pero surgen los problemas, las dificultades, los obstáculos; de hecho, no dejan de crecer a lo largo de la vida del proyecto. A la vez, cualquier otra opción o proyecto potencial se hace más brillante: quizá me apetece ahora  más aprender a tocar el piano  que  sudar en el gimnasio.

4º Se pierde energía y motivación.

Como la hierba del vecino es más verde y como me doy cuenta de que el proyecto está perdiendo lustre, voy transfiriendo tiempo, atención y recursos a otras posibilidades vitales: la cocina vegana, el curso de submarinismo o el instrumento musical (sí, ahora lo mejor es que aprenda a tocar un instrumento, no limitarse a escuchar CDs, tiene mucho más glamur).

 

5º El proyecto se ha transformado en un muerto viviente.

Pasan las semanas y cada vez le dedico menos tiempo, pero no lo dejo del todo. Si me acuerdo de él en un ataque de remordimiento vuelvo a él, salgo a correr un día, voy una tarde al gimnasio, repaso los verbos irregulares; pero ya no hay esperanza, el proyecto y su visión han perdido brillo. No me atrevo a decir que está muerto porque sería como reconocer otro fracaso y el zombi sigue en mi agenda  y en el segundo plano de mi conciencia durante semanas y meses, a veces años.

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En flickr: https://flic.kr/p/nJqVDD , por Dominique Chanut

6º   El cementerio de los sueños rotos.

En consecuencia, los proyectos zombis y otros episodios  irresueltos siguen vagando por nuestras vidas sin sentido y sin rumbo pero sin acabar de morir, canibalizando los recursos de otros proyectos vivos.

La solución: matar zombis.

Si esto fuera un videojuego, el videojuego de la vida, tu meta número sería matar zombis y evitar que se reproduzcan. Los zombis crean caos, distraen de los asuntos importantes, dispersan tu atención en mil direcciones y succionan tiempo y energía.

La solución está en aplicar la primera O de la Ley de las tres Oes del minimalismo existencial la Omisión.

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El mejor momento para matar proyectos zombis es al final de la reencarnación o al final del año cuando practicas el ritual de purificación anual.

Muchas veces,  los proyectos zombis aparecen con el disfraz de los frentes abiertos, operaciones o acciones habituales cuyo beneficio esperado no supera su coste de oportunidad pero que seguimos manteniendo en parte por inconsciencia, en parte porque no se nos ocurre nada mejor que hacer. El hábito hace al monje y al proyecto zombi.

Cómo reducir la población de zombis

Lo mejor es explicitar los anhelos, definir la visión del resultado apetecido  y  registrarlos en un inventario permanente de proyectos, un documento o lista donde reconoces proyectos en curso.

Una vez que sepamos qué proyectos tenemos entre manos, hay que  establecer reglas claras de entrada y salida de proyectos.

Reglas de entrada proyectos:

  1. Un proyecto solo entra en mi agenda vital si tengo tiempo para ello o salen otros proyectos que liberen tiempo y atención.  Si tengo 48 horas a la semana  para proyectos y ya están todas ocupadas,  he de librarme de algún otro proyecto, quizá tenga que matar uno o dos proyectos zombis a los que todavía me esté aferrando.
  2. Un proyecto solo entra en mi agenda si he considerado su entrada durante al menos siete días. Así evito el actuar a base de caprichos e improvisación.  Idealmente, los proyectos nuevos solo deberían entrar al principio del mes o de la reencarnación.
  3. Un proyecto nuevo ha de estar claramente justificado. El proyecto nuevo tiene que encajar en mi red de proyectos actuales y añadir más valor que otros proyectos alternativos. He de tener en cuenta no solo los beneficios sino también los costes: el tiempo, atención, esfuerzo y otros recursos necesarios. Todo proyecto nuevo requiere  un documento de justificación del proyecto.
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En flickr: https://flic.kr/p/nrZKmh por Dominique Chanut

Reglas de salida proyectos:

  1. Regla de las dos semanas: si un proyecto lleva inerte —sin actividad— dos semanas, sin causa justificada o sin haberlo suspendido temporalmente de forma explícita, lo elimino implacablemente.
  2. Si no hay horas suficientes para todos los proyectos en curso, reduzco las horas asignadas a algunos proyectos  o elimino alguno de los proyectos en curso. Esto implica que tenemos que llevar un inventario permanente de proyectos en curso que incluya el tiempo necesario para cada uno de ellos y el  tiempo disponible semanal.
  3. Si el beneficio esperado de un proyecto cambia, también ha de cambiar nuestra valoración de él. Hemos de ser suficientemente fuertes para nuncanizar, renunciar a viejos anhelos y dejar espacio a lo nuevo.
  4. Como hay riesgo de abandonar proyectos solo porque son difíciles, no tomo la decisión de abandonarlos caprichosamente, espero a la revisión de la semana o el mes para decidirlo. Hay riesgo de abandonar demasiado pronto debido al efecto “La hierba del vecino (=otros proyectos nuevos) es siempre más verde” y a que siempre  lo excelso es tan difícil como raro.

Resumen

  • Un proyecto es la visión de un resultado novedoso atractivo y el proceso que nos lleva desde la realidad actual  a la realidad deseada. Por ejemplo: una habilidad personal, un grado universitario, una relación personal, una empresa, un cuerpo saludable,  un proyecto artístico, un viaje de exploración, etc.
  • Un proyecto intenta traer a la existencia algo que no existe pero que a nuestro juicio merecería existir.
  • Los proyectos zombis son proyectos que están muertos pero no lo sabemos o no lo queremos reconocer.
  • Los proyectos zombis proliferan en nuestras vidas y agendas robando tiempo y energía a otros proyectos.
  • La solución es convertirse en un implacable cazador de zombis: aprender a nuncanizar proyectos que han perdido energía o razón de ser pero que siguen vagando por nuestras habitaciones mentales y agendas.
  • Un censo de proyectos permite determinar las horas disponibles a la semana y cercenar los zombis que canibalizan  los proyectos plenamente vivos.
  • Si establecemos unas reglas claras de entrada y salida de proyectos podremos adecuar  los proyectos a los recursos disponibles y seleccionar aquellos de más valor.

Ley de las tres Oes del minimalismo existencial

La Ley de las tres Oes  es una de las leyes fundamentales del minimalismo existencial.  La ley es secuencial:

Primero y antes de nada,  Omitir; segundo,  Organizar;  tercero, y solo si procede, Optimizar

El orden es esencial. Habitualmente, intentamos organizarnos antes de eliminar, y, algunas veces, si tenemos una personalidad perfeccionista, intentaremos optimizar parcelas de nuestra vida que debido a la acumulación y el tiempo han crecido  sin control y están poco o mal organizadas.

Ley de las tres Oes y Ley de Pareto

La Ley de las tres Oes del minimalismo existencial está emparentada con la Ley de Pareto o regla del 80/20, que nos dice que en todo sistema natural o socio-técnico o humano  unos  pocos elementos, menos del 20%, producen más del 80% de los efectos.

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Estas cifras son orientativas, en muchas ocasiones el porcentaje es menor: 17%, 12% o 5%. Si estamos hablando de proyectos, de gastos, de clientes, es probable que más del 80%  de nuestros proyectos, gastos o clientes generen poco valor, satisfacción personal o margen; por tanto, lo mejor que podemos hacer es librarnos de ellos: matar proyectos, eliminar gastos y renunciar a clientes.

Por tanto, el primer paso, la primera O, es segar lo que aporta poco valor.

O de Omitir

Si tomamos el caso pedestre de tu vestuario, es muy probable que uses la mayor parte del tiempo un subconjunto pequeño del total de tu ropa, seguramente porque es más bonita, te produce mayor satisfacción o está más de moda. Entonces… ¿por qué no eliminar el resto y liberar espacio y reducir el tiempo que dedicas a decidir qué ponerte?

Objeción uno: podrás decir que es costoso eliminar o que si tienes espacio en los armarios  y tiempo es conveniente dejar en la reserva esa ropa, esos proyectos o esos clientes. Después de todo, la vida no está llena de clientes que quieran comprar nuestros productos o servicios, y el dinero que gasté en ropa no es cuestión de tirarlo, y en su día pusiste un montón de ilusión y tiempo en ese proyecto y hay que darle una oportunidad más.

Respuesta uno: los costes incurridos son pasados, están “hundidos”, ya tuvieron lugar y no deberían formar parte de nuestra decisión. Lo pasado, pasado; puede que gastaras mucho tiempo y esfuerzo en ese proyecto personal, en captar a esos clientes o en comprar esta ya-no-tan-estupenda-y-de-moda ropa. Estás atado psicológicamente, pero la lógica de la decisión racional  nos dice que hay que limpiar las cubiertas y empezar de nuevo considerando solo el futuro y  no los gastos pasados.

Respuesta dos: los bienes, los proyectos y  las actividades que se han convertido en rutina no solo tienen un coste de mantenimiento: el dinero, tiempo y esfuerzo que les dedicas; tienen, además,un “coste de oportunidad”: el mejor uso alternativo de tu dinero, tiempo y esfuerzo, lo mejor que podrías hacer con esos recursos liberados si no te aferraras al pasado.

Cuando nos quejamos o lamentamos o fingimos  que no tenemos tiempo o recursos para hacer las cosas que nos gustaría o los proyectos que nos ilusionan,  lo que verdaderamente  estamos diciendo es que ese tiempo y recursos los tenemos invertidos en otras actividades que por la razón que sea estamos prefiriendo más.  Todos tenemos 168 horas a la semana, tanto el presidente de los Estados Unidos  como el ocioso jubilado o el estudiante juerguista. La decisión está en  qué actividades, personas  y proyectos van a ocupar  esas 168 horas semanales a partir de ahora.

Si una mujer te dice que no tiene tiempo para salir con gente, lo que te está realmente diciendo es que no tiene tiempo para  salir contigo.  Todos tenemos el mismo tiempo, nuestra decisión es qué hacer y qué NO hacer con él.

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La poda sistemática de tareas, objetivos, objetos, relaciones y compromisos es el primer paso imprescindible para el minimalista existencial en ciernes. Solo cuando hayamos dejado espacio físico y mental y hayamos liberado nuestros recursos financieros de actividades y objetos de bajo valor podemos empezar a diseñar y construir o reconstruir el edificio vital.

Presupuesto de base cero vital: justificándolo todo

El diseño de vida minimalista cuando aplica la Ley de las tres Oes se parece a lo que los contables o administradores llaman  gestionar mediante “presupuesto de base cero”.

El administrador que usa un presupuesto de base cero parte de un presupuesto en el que todos sus elementos han de ser justificados al comienzo del año.  No vale  actualizar el presupuesto anual añadiendo o reduciendo sobre los capítulos presupuestarios del año pasado (y por tanto anclando el presupuesto actual al del año pasado) .

Tanto los ingresos como los gastos se  han de volver a analizar y reconsiderar , no vale el hacer las cosas porque siempre se ha hecho así.

¿Encaja tal o cual gasto, tal o cual proyecto, tal o cual persona, en tu vida? Si no es así, elimínalo sin que te tiemble el pulso.  Di no y no mires atrás. No es la palabra más bella.

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En nuestras vidas podemos empezar de cero o de cuasi-cero, de muy poco, de mucho menos. La técnica de las reencarnaciones es un buen método para aplicar el presupuesto de base cero a tu existencia. También el ritual de purificación al final del año mediante la eliminación de las listas de cosas que hacer, proyectos y  compromisos.

La O de Omisión nos recuerda que en el diseño existencial lo más importante es omitir, decidir lo que no se incluye y lo que no añade valor o lo que añade valor pero genera comparativamente más coste.

Tres propiedades que omitir

Si ahora empezara mi vida de nuevo, omitiría tres propiedades: casa con hipoteca (y sin hipoteca), automóvil  y la ropa que he ido acumulando a lo largo de años. Las posesiones poseen:

La casa en propiedad te convierte en sedentario, apegado al terruño, es una de las formas de mantener riqueza menos flexible y las que más gastos tienen: impuestos a la propiedad inmobiliaria, gastos de mantenimiento, comunidad, tasas de basura, seguro de incendios, etc. Sin casa en propiedad podrías cambiar de lugar de residencia en tres días; con casa en propiedad pasarán meses hasta que la vendas, resuelvas todos los trámites legales y administrativos y hagas la mudanza.   La casa en propiedad te ata y evita que puedas aprovechar oportunidades profesionales o de otro tipo de inmediato. La alternativa es alquilar y variar tu gasto en vivienda en función de tus ingresos y posibilidades.

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El automóvil se vende como símbolo de libertad y estatus, pero es una de las cadenas más onerosas que te puedes imponer. Si compras uno de lujo, tendrás miedo a que lo arañen y dedicarás recursos ingentes a su conservación y cuidado, con un continuo goteo de seguros, impuestos, trámites administrativos, gasto en gasolina y reparaciones. Del coste total de propiedad de un automóvil, menos del 40% es el precio de adquisición; el resto del coste se distribuye a lo largo de su vida útil.  Piensa en el transporte colectivo o el taxi o uber como un sustituto mucho más barato y flexible.

Otra fuente de esclavitud consentida: la ropa, los zapatos, los pantalones, los calcetines, las decenas y a veces centenares de artículos que guardas en tus armarios. La ropa nunca hizo biografía, a pesar de lo que te vendan las marcas de moda. No uses la ropa para mostrar o crear tu identidad, que es lo que quieren las firmas, vive una vida de sentido y valores  para diseñar e inventar tu identidad, crea tu identidad a base de logros y proyectos vitales: tus hechos hablarán mucho más fuerte que la ropa más cara y estilosa del mundo.  NO hace falta que vayas desnudo o como un vagabundo, basta con que tires el 90% de la ropa que atesoras. Tu ropa es un tesoro oxidado.

Poda de relaciones

NO solo hablo de ropa o trastos físicos  o actividades o proyectos, también hablo de relaciones. ¿Cuántas mantienes por inercia? ¿Cuántas de esas relaciones las mantienes porque no te atreves a estar un tiempo solo? ¿Cuántas relaciones personales y profesionales se arrastran como zombis que ya están muertos pero no lo saben?

Las relaciones —al igual que las mujeres— son  a veces un mal necesario, pero nada te impide elegir las mujeres y otras relaciones que más bien te hacen y quitar tiempo a las que te hacen menos bien comparativamente.

Recomiendo podar la lista de amigos y conocidos periódicamente. Los amigos cercanos siempre cabrán en los dedos de una mano, quizá de dos, si eres muy extrovertido. Los conocidos seguirán  siendo conocidos, pero los puedes trasladar a una lista de conocidos-a-tu-pesar.  Los familiares, bueno…, siguen siendo familiares aunque no quieras, pero nadie te obliga a compartir mucho tiempo con ellos si no lo deseas.

Para acabar con una relación no necesitas matar a la persona solo has de ahogar  la relación; eso se hace reduciendo el tiempo de contacto, matando la relación de inanición. No alimentes al trol ni al amigo que ha dejado de serlo o al conocido que desearías que fuera des-conocido.

Poda de información

Algo fundamental que reducir: el flujo de entrada de información. Tres flujos que eliminaría  hoy mismo si no fuera ya un veterano minimalista y no estuvieran ya eliminados : smartphones (yo soy el inteligente de la pareja hombre-teléfono), televisión y redes sociales como twitter, Facebook o Pinterest.

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Yo ya renuncié hace tiempo a todos ellos. Los problemas del mundo, el último viaje a Vietnam de mi primo hipster,  las inundaciones, los videos de gatos y el teatro del absurdo político solo me llegan como un remoto y sordo rumor.

Si necesitas más argumentos, aquí tienes 33 razones para dejar Facebook.

O de  Organizar

Con las pocas personas significativas, proyectos centrales, objetos, fuentes de información  que hay en mi vida, ahora puedo empezar a organizarme. Está claro que organizar sobre menos elementos y menos complicación siempre es más fácil.

Si tengo menos libros, menos gastos, menos compromisos, menos relaciones, más tiempo de libre disposición, es más fácil organizarme.

Inicialmente, te basta con tres principios o técnicas de organización personal:

  • La revisión semanal. En la que estableces los objetivos de próxima semana y revisas la anterior para activar el proceso de mejora constante y acelerar el aprendizaje.  Puedes aplicar aquí la técnica de las  grandes rocas para limitar los objetivos y organizar las tareas de la semana.
  • La institución de la  reencarnación minimalista.  Cada 90 años (90 días) empiezas de nuevo, con la frescura de los comienzos, pero sin su ingenuidad; con la sabiduría acumulada por la experiencia de vidas anteriores, pero sin el lastre emocional que conllevan  los errores  o la complacencia en los logros que dificulta el progreso.  Al comenzar una reencarnación elige los proyectos en los que te vas a centrar y excluye el resto.
  • La aplicación de la regla de los tres: todo problema, situación, proyecto, sistema, conocimiento, argumentación, trabajo, estrategia vital,  , lo puedes reducir a tres elementos claves. Determina los elementos clave y trabaja en ellos.  Fíjate en que la Ley de las tres Oes tiene tres elementos y en que las actividades  o principios de la organización personal son también tres. Como has visto en la O de Omitir, hay tres propiedades de las que te deberías deshacer y tres flujos de información que deberías eliminar o controlar. También debería haber un máximo de tres tareas más importantes en cada día.

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O de Optimizar

Aspirarás a la optimización en aquellas áreas de tu vida en las que la maximización o minimización sea importante para lograr la excelencia.

  • Si quieres ser pianista profesional tendrás que optimizar el movimiento de tus dedos o su agilidad y practicar de manera deliberada cuatro horas al día sudando cada uno de los minutos.
  • Si quieres ser un corredor olímpico tendrás que optimizar tu dieta para el tipo de energía y músculos que necesitas para la distancia que hayas escogido: velocista, media distancia o maratoniano.
  • Si eres modelo profesional o actor no podrás dejar de estar al tanto de los últimos cosméticos o lo último en moda.

Pero si no eres nada de eso, podrás tocar el piano cuando te apetezca disfrutando de ello, comer de manera razonable sin contar calorías y obsesionarte,  y vestir de manera cómoda pero correcta en cada momento, sin aspirar a que las miradas se vuelvan hacia ti cada vez que entras en una sala.

¿Hay muchas áreas de la vida en que optimizar?

No, muy pocas.

En la mayoría de las áreas vitales basta con seguir una conducta satisfaciente: una conducta que produce resultados suficientemente satisfactorios.

Basta con que tengas un nivel de forma física razonable, a menos que seas un corredor olímpico; basta que tengas una renta suficiente, a menos que el objetivo de tu vida sea convertirte en millonario o  seas Warren Buffett; basta con que tengas un fondo de inversión indexado para asegurarte la jubilación, no es necesario que pases horas estudiando y eligiendo los mejores valores que maximicen tu patrimonio; basta con que consumas en ropa y en ocio lo imprescindible para procurarte un nivel de diversión y variedad suficiente, no es necesario que tengas 50 pares de zapatos o viajes todos los años a algún lugar exótico y caro, a menos que seas una estrella de cine y tu imagen sea fundamental para tu éxito en el trabajo.

Incluso, si necesitas organizar y optimizar algún campo de tu vida, es fundamental que empieces localizando los elementos esenciales, necesariamente muy pocos, y los organices adecuadamente antes de intentar siquiera optimizar los resultados.

La excelencia se construye iterativamente sobre los resultados de sistemas más simples. Solo se añaden nuevos elementos cuando  que el valor obtenido compense el esfuerzo de adquisición y el tiempo y atención necesarios.

Optimizar un sistema supone muchos costes de atención y esfuerzo. Ese esfuerzo podría dedicarse a otros usos más provechosos. Si quieres obtener lo máximo en algún área de tu vida, ten en cuenta que siempre estás renunciando a dedicar el tiempo y el esfuerzo en otras áreas  que también podrían generar satisfacción; incluso en el área de tu vida que quieres optimizar, tienes que elegir qué elementos optimizar, priorizar los más importantes y aceptar niveles satisfactorios pero no máximos en casi todo lo demás.

En materia de productividad personal, hasta que no estés trabajando en las cosas correctas,  no tiene sentido hacer las cosas correctamente,  eficientemente u óptimamente.

Resumen

La Omisión es la parte más importante la Ley de las tres Oes. Es la que más nos cuesta aplicar y es posiblemente la última que aplicamos, cuando debería ser la primera.

La inercia (la segunda fuerza más poderosa del universo), el sesgo del statu quo (queremos que las cosas sigan igual y nos cuesta aceptar los cambios) y el “por si acaso” conspiran contra la omisión.

Sé fuerte, sé duro y aplica la poda minimalista implacablemente.  Lo difícil no es priorizar, ni siquiera posterizar, lo difícil es nuncanizar, decir no, decir nada,  decir poco o decir nunca más.

Si quieres respirar con el aire de la libertad individual debes empezar ahora y eliminar el máximo número de elementos  de tu vida. Eres el jardinero de tus días, has de podar las malas hierbas, las flores no tan lozanas, los tallos mortecinos, para dejar espacio a lo nuevo y lo bueno.

Eres el Miguel  Ángel de tu existencia, has de quitar todo lo que sobra del bloque de mármol de tus horas para permitir que  emerja  la bella estatua  que se encuentra en la masa indiferenciada de objetos,  actividades y relaciones que poco o nada aportan.

La organización y la optimización tienen su lugar, pero subsidiariamente, siempre que hayamos omitido y organizado antes.

La organización  debería empezar siempre con una lista de cosas que NO hacer y preceder a la optimización.  Deberías optimizar solo  en las raras ocasiones en que no puedas conformarte con  lo suficientemente bueno porque ese campo sea muy competitivo o porque hayas decidido aspirar a la excelencia en él.

Y no te engañes a ti mismo: solo puedes aspirar a la excelencia y optimizar en unas pocas áreas de tu vida, una o dos a lo sumo;  en lo demás,  debes ser valerosamente mediocre y orgulloso de tu mediocridad.  Más de dos objetivos de excelencia son ningún objetivo de excelencia.

Ahora repite conmigo:

Omitir

Organizar

Optimizar