Por qué el minimalismo existencial podría ser malo para ti

«Menos es mejor» es una idea demasiado simple y general como para que tenga contenido real o sirva de orientación vital. Hay mil excepciones que la hacen perder valor.

Hay una sístole y diástole de la creación. Primero la exuberancia y la explosión de acciones y posibilidades, después el filtro y la selección. ¿Por qué empezar con la selección y el destilado, si no has generado y testado las ideas suficientes, si no tienes experiencia directa y personal suficiente? Puede que el minimalismo esté al final del camino, no al principio.

El minimalismo existencial se une a la causa  contra el consumismo y la publicidad, que a su vez se asocian al capitalismo y la libre empresa. Podrías contaminar tus ideas políticas con tus preferencias individuales (menos objetos y mayor control de tu atención), podrías querer empezar a prohibir las acciones de las empresas que intentan influenciar a los consumidores y restringir por tanto la libertad de los consumidores; peor todavía, podrías empezar a creerte superior al resto de los zafios humanos no minimalistas que te rodean.

El minimalismo existencial, al igual que el arquitectónico, puede resultar insulso, maquinal, descorazonadoramente funcionalista.

La naturaleza es derrochadora; si tú te puedes permitir el lujo de ser minimalista es porque otros son maximalistas y exploradores. La exploración implica derroche, el de los caminos equivocados, los callejones sin salida y los fracasos. Los minimalistas se benefician de generaciones de seres humanos maximalistas que fracasaron incontables veces antes de producir las ideas, objetos y filosofías vitales entre las que ahora podemos elegir.

Corres el peligro de pensar que la paz mental y el control de la atención son los bienes  psíquicos últimos. Corres el peligro de sumergirte en tu propio ombligo y respirar el aire enrarecido de la satisfacción narcisista.

El minimalismo existencial parte de la idea de que tú puedes crear o diseñar tu propio estilo de vida, ser el forjador de tus propios valores. Quizá no tengas la capacidad ni el tiempo ni los medios para hacerlo. Quizá ese esfuerzo de construir tu vida desde los cimientos ahogue tus posibilidades de llegar lejos en ninguna otra dirección. Quizá se nos haya olvidado ser más humildes respecto al alcance de los ideales auto-generados.

Un sistema moral o ético de uso personal de nuevo cuño es la obra de un genio (un Confucio, un Sócrates, un Buda o un Jesucristo); pero incluso ese genio hubo de dedicar toda su vida a crearlo y  comunicarlo. Es más, puede que ese genio no exista, sino que Jesucristo, Confucio, Buda, Sócrates encarnen o sean el nombre o la etiqueta que adjudicamos al  proceso social y cultural que a través de innumerables siglos y vicisitudes condujo al profeta-maestro-reformador religioso o líder político que identificó, expresó o popularizo el sistema ético, la religión o la ideología política.

Por tanto, ¿no es estúpidamente nietzscheano creer que en el breve lapso de una vida vas a reformular los valores tradicionales y dotarte de un plan de vida que no esté ya disponible en el menú  que corresponde a tu entorno cultural, a la religión en la que naciste, a la familia a la que perteneces?

En el afán por controlar la infoxicación, muchos minimalistas se vuelven anti-tecnología y destierran de sus vidas los teléfonos inteligentes, las redes sociales y otras mejoras. ¿De verdad quieres aislarte del resto de la sociedad en nombre de una idea tan poco popular y de apariencia neoludita  como es el minimalismo como filosofía de vida? ¿Acaso no llamamos  «tecnología» solamente a aquella tecnología que no existía cuando éramos niños?

El minimalismo existencial podría ser demasiado individualista (tú mismo y tus mecanismos (mecamismos)) el minimalismo existencial está falto de un proyecto social o político o moral en el que insertarse. Pone el foco en la felicidad y satisfacción personal. ¿Dónde queda un propósito más grande que el individuo, el significado de la vida o una moral que reconoce e incluye los proyectos de otros seres humanos?

La mayoría de los minimalistas ponen el acento en la reducción de posesiones, parece que el minimalismo existencial es una escuela de decoración de interiores.

La mayoría de los autodenominados minimalistas (existenciales o no) son una panda de frikis. ¿De verdad quieres seguir los pasos de un grupo tan poco atractivo?

Estás perdiendo el tiempo dedicando atención a un concepto y a un blog tan insulso, inane, carente de contenido, como este.  Tu escaso tiempo estaría mejor dedicado a hacer algo de provecho, a salir al mundo y construir algo, a hacer algo por alguien. ¿Crees acaso que conocer la técnica pomodoro y la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandler o la ley de las tres oes del minimalismo existencial es un sustituto de la acción y la creación? Venga, no me hagas reír.

Es posible que en el afán por organizarte y optimizarte estés perdiendo el norte, poniendo el énfasis demasiado en los medios y no en los fines, y proporcionándote una excusa más para no hacer lo que sabes que tienes que hacer. ¿Es posible que el minimalismo existencial no sea más que la búsqueda de la bala de plata, el Dorado o  la panacea existencial que resuelva a priori, casi sin despeinarte, tus problemas?

En el mejor de los casos, el altisonante movimiento llamado «minimalismo existencial» podría  no ser más que una colección de ideas de sentido común, un refrito  de ideas sobre organización y productividad personal.

¿Y si el minimalismo existencial fuera tan solo una carátula rimbombante y pretenciosa para unas pocas ideas de sentido común que cualquier  persona sana psíquicamente aprende e interioriza antes de los catorce años?

 

Amagar los hábitos

 

Estimado Doctor Mínimus,

vengo con una duda existencial.Si un día no puedo cumplir con un hábito a la hora prevista. ¿Qué hago? ¿Lo realizo apenas pueda, aunque eso signifique realizarlo 5 horas después?

Melisa.

Estimada radioescucha,

respondo a tu pregunta comenzando con la definición del diccionario  de la palabra amagar en sus acepciones quinta y sexta, porque mi respuesta tiene que ver con tales significados.

Amagar.

Quizá del gót. af-maga ‘desamparar’, y este der. de magan ‘tener fuerza’.

  1. tr. Mostrar intención o disposición de hacer algo próxima o inmediatamente.
  2. intr. Estar próximo a sobrevenir.

¿Se puede «amagar» a posteriori un hábito, una determinación, una promesa?

Es decir, si has incumplido una promesa, has violado el hábito (por una vez o por quinta vez seguida), o has dejado de meditar en el día de hoy a las 8:00 am, tal y como me habías asegurado que harías a partir del 1 de enero del 2018, ¿puedes amagar?

El amagar es —en principio—  un a priori, es hacer como si fueras  a hacer o al menos mostrar la intención de hacerlo próximamente (acepción quinta).

Cierto, esta mañana no te abstuviste de ese pastel o de esa Coca-Cola (¿desayunas con Coca-Cola, alma de cántaro?), y técnicamente has fallado en tu determinación (una vez más), no la has cumplido, has quebrantado tu sincera promesa.

Ok. Vale. Pero «amagar»  también significa estar próximo a sobrevenir. Si te has dado cuenta de que nos podido|querido cepillarte los dientes inmediatamente después de la cena, es un avance; si te flagelas un poco, si te sientes un poco mal, está bien también: la conciencia, como bien sabemos, es el principio de la liberacción.

Pero no te quedes en la mala sensación de boca, haz algo, por pequeño que sea que ratifique y renueve tus votos, tus buenas intenciones:

¿Estabas en la cama a las 5:05 am de la mañana y has recordado que no meditaste a las 11:11 pm (eliges unas horas muy curiosas…)? ¿Alguna persona significativa te ha recordado a las 7:06 en el beso de la mañana que el olor a ajo no es el mejor afrodisiaco?  Muy bien, pues levántate, siéntate, asume la posición del medio-loto y medita durante un minuto. O bien, levántate y cepíllate un diente, por mucho sueño que tengas.

Ya está, ya has amagado el hábito, aunque sea a posteriori.

Te quedas con mejor sabor de boca (literalmente, en el caso del aficionado a la salsa alioli), la luz de la esperanza al final de túnel brilla mortecina y quizá tengas remedio, quizá todavía podamos hacer una mujer|hombre de ti. Quizás no todo esté perdido. Quizá la acepción sexta de «amagar» se cumpla y tu deseada conducta virtuosa finalmente sobrevenga.

El borracho que no apura la segunda botella de vino de la noche, el glotón que en un momento de lucidez deja la última galleta de chocolate de la bolsa y se la da al perro o la tira a la basura, el perezoso que después de una tarde del sábado delante del televisor comiendo palomitas se pone las zapatillas de deporte, baja al portal de su casa, pone el pie en la calle y cuando siente el frío vuelve a su butaca, etc., todos ellos están «amagando el hábito», todos ellos tienen en su mano la posibilidad de redención.

La vida no es binaria: Todo o nada, 1 o 0, blanco o negro, Ortega o Gasset. La naturaleza da saltos pero los saltos pueden ser pequeños.

Lo que  dijo Rafael Sarmentero de los proyectos lo podemos decir respecto de los hábitos, rituales y buenas costumbres: «La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo»:

La diferencia entre nada y todo es un poco.

No es un juego de palabras.

Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y y no tienes nada.

Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado.

Entre nada y todo hay una diferencia muy grande.

Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco.

No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio.

Un poco lo es todo.

Lo diré de manera críptica, pronto y mal, Melisa,  para que lo grabes a fuego en tu conciencia:

La perfección es fascista.

Así que haz lo que puedas, aunque sea cinco horas después, aunque sea insignificante, y reafírmate en tus promesas a ti misma.

Nada está perdido, si haces algo, aunque sea muy poco.

El poco, aunque sea también tarde, sostenido fanáticamente todos los días, es tu esperanza.

Sinceramente,

Doctor Mínimus

 

Solo por este año

  • No beberé Coca-Cola →  50€ recompensa a quien me vea bebiendo una.
  • No leeré periódicos → Conllevan un sesgo de novedad, superficialidad, excepcionalidad y negatividad que distorsiona mi sentido de la realidad.
  • No leeré el correo en horas de trabajo → Empiezo el día sacando y solo consulto el correo al final de la jornada (8 pm). No permito que los impactos informacionales controlen mi flujo de trabajo.
  • No introduciré más metas en mi plan del 2018 → Una meta única en el 2018.
  • No discutiré sin tener una buena razón -> Se acabó el ser discutidor. Aplico el principio del coste-beneficio. Siempre pregunto el porqué de la posición contraria o pido más detalles antes de rebatirla o exponer la mía.
  • No trabajaré en lugares ruidosos -> Más calma es más concentración.
  • No adquiriré indiscriminadamente libros físicos o en formato digital -> Estoy infoxicado. Cualquier propuesta de lectura va a la cola de libros y espera al menos siete días.
  • No veré videos en YouTube de forma compulsiva -> Son una forma muy pasiva de adquirir información.
  • No jugaré partidas rápidas de ajedrez (< 15 minutos) -> No mejoro mi ajedrez, fortalezco los malos hábitos.
  • No encenderé la radio o la televisión para ver qué hay -> Primero decido que quiero ver, escuchar, luego busco el podcast o el programa grabado.
  • No entraré en mi blog o cualquier otro blog fuera de las horas semanales marcadas (viernes y domingo a las 18:00 pm)
  • No haré promesas que no pueda cumplir ->  intentaré hacer más y decir menos.

 

Las cadenas me harán libre.

Muchas veces, uno gana más y más rápidamente  omitiendo, eliminando lo erróneo de la vida, que buscando o construyendo lo correcto.

Son necesarios límites claros para evitar el síndrome de la rana hervida y la erosión de las metas.

«Para siempre» es demasiado tiempo, así que limito mis promesas-prohibiciones al 2018.