El aburrimiento espolea la creatividad; ¿se aburren alguna vez los ordenadores o los propietarios de los teléfonos móviles?

Esta es una traducción y publicación autorizada del artículo original en inglés de Roger Schank, uno de los   teóricos más influyentes de la Inteligencia Artificial, psicólogo cognitivo, científico del aprendizaje y emprendedor. Es uno de mis más queridos ídolos intelectuales.

Gracias, Roger.

Roger_Schank

Roger Schank, uno de los pioneros más influyentes en Inteligencia Artificial

El aburrimiento es importante. Lo necesitamos. Pero hay dos conjuntos de entes supuestamente pensantes que nunca se aburren: ordenadores (aprendizaje profundo) «inteligentes» y la gente que está pegada a sus teléfonos (lo que viene a ser casi todo el mundo).

El hijo adolescente de un amigo (que vino a verme buscando consejo) llamó a mi puerta el otro día. En menos del tiempo que me llevó abrir la puerta, ya estaba mirando a su teléfono. Cuando estoy subiendo en el ascensor de mi apartamento en Nueva York me doy cuenta de que literalmente todo el mundo ha consultado su teléfono durante el trayecto. Sherry Turkle ha dicho que esta conducta está matando la conversación, y tiene razón. Pero está matando algo quizá más importante: la creatividad.

La creatividad depende de muchas cosas, pero una clave es el aburrimiento. Cuando estás aburrido la mente divaga. Haces esa cosa tan rara llamada «pensar».

He empezado a pensar más sobre la Inteligencia Artificial en los últimos meses debido a la continuas estupideces que se están escribiendo sobre lo que los ordenadores pueden o no pueden hacer. Así que déjame que haga una simple pregunta. ¿Se aburre alguna vez Watson? [Watson es un sistema informático de Inteligencia Artificial que es capaz de responder a preguntas formuladas en lenguaje natural y ha sido desarrollado por IBM]. ¿Estas máquinas de «aprendizaje profundo» se aburren? Es obvio que no. ¿Por qué no? Porque para que uno se aburra tiene que tener algo que le guste hacer, una meta que perseguir, un problema interesante o sobre el que se hace preguntas, y que sea difícil de resolver.

Wittgenstein dijo que todo el pensamiento creativo tiene lugar en las «tres Bes»: bed, bath y bus [la cama, el baño y el autobús]. Lo que quería decir es que esos eran los únicos momentos en que no había nadie hablando o distrayéndole, y que, con nada que hacer, su mente divagaba y se le ocurrían ideas interesantes.

¿Cuándo puede esto ocurrir en la vida de jóvenes que son incapaces de dejar de mirar sus teléfonos? ¿Qué cosas hay para aburrirse o sobre las que aburrirse? Si te aburres con un post de facebook simplemente vas al siguiente. Si te aburres con lo que hay en televisión simplemente cambias de canal. Si no tienes nada que hacer navegas por internet. Ya nadie se sienta tranquilamente y piensa.

Encuentro que esto da mucho miedo, por dos razones. Nuestro sistema educacional está en taln malas condiciones en parte porque no dejamos espacio para el aburrimiento, lo que significa que no promovemos la creatividad. Hay respuestas que memorizar, libros que leer y exámenes que hacer. En el instituto, nunca se espera que tengamos pensamientos originales (a menos que el chaval tenga por casualidad un profesor verdaderamente bueno y más libertad de la que típicamente se le concede).

Ahora los ordenadores. La idea de que la inteligencia artificial está progresando es evidentemente absurda. ¿Qué significaría tener un ordenador inteligente que no tuviera de cuando en cuando una idea original sobre algo? ¿Cómo podría un ordenador ser inteligente si no se preocupa por las cosas de cuando en cuando? Los estadounidenses están ocupados preocupándose sobre las elecciones Trump-Clinton. Hablamos sobre ello. Nos preguntamos sobre ello. Ese preocuparse se parece a estar pensando. ¿Qué ordenador se preocuparía sobre eso? ¿Cómo podría un ordenador preocuparse sobre eso? ¿Se preocupa Watson?

Ahora bien, por supuesto que esa es la verdadera pregunta en Inteligencia Artificial y en la que yo trabajé cuando la Inteligencia Artificial se financiaba por gente que pensaba que la Inteligencia Artificial era algo más que «aprendizaje profundo». Yo preguntaba a mis estudiantes y a mí mismo cómo podríamos lograr que un ordenador tuviera pensamientos creativos. Una respuesta es que un ordenador tendría que estar intentando averiguar las cosas de alguna manera, considerando hipótesis sobre lo que fuera que estuviera intentando explicar, y entonces imaginando explicaciones alternativas e intentando inventarlas por sí mismo. Esto es a lo que se parece la creatividad.

¿Podría un ordenador hacer eso? Por supuesto que en principio podría, pero no van a hacerlo las así llamadas máquinas de Inteligencia Artificial que tenemos ahora, que son muy buenas contando, emparejando y buscando. La clase de Inteligencia Artificial de la que yo hablo depende de estar molesto por un estado de cosas y pensar que se debe hacer algo para dar con una mejor respuesta, y luego ponerte en el equivalente de una bañera o cama o cualquier otro lugar tranquilo y en el que no haya distracciones, para que así puedas dejar la mente divagar.

Los ordenadores no llegarán a ser creativos (o sentirse aburridos) en ningún futuro previsible a menos que esos que financian la Inteligencia Artificial cambien de perspectiva.

Lo que realmente me fastidia es que las personas no serán creativas tampoco. El primer pensamiento de los jóvenes hoy día es publicar una fotografía de ellos mismos o de lo que están mirando, en lugar de  pensar sobre el mundo a su alrededor.

Minimalismo aparente

Este es un artículo invitado de Iván entusiasmado, el autor del exuberante blog entusiasmado.com  y mi compañero de fatigas en el podcast Satori Time.

No soy minimalista.

( se escucha un murmullo de desaprobación, un movimiento incómodo de piernas en el suelo, alguien carraspea en el público).

Tampoco soy antiminimalista. Apenas sería capaz de pronunciarlo.

En realidad estoy más bien en empate, en neutralidad, en ni minimalista ni no. X en la quiniela. Hay una cosa en la que estoy de acuerdo con los minimalistas. Y  una cosa en la que no (que te diré después).

¿En qué estoy de acuerdo con los minimalistas?

Hay demasiadas alternativas, demasiadas obligaciones, demasiadas cosas. 

A mí me agobia. A ti también te agobia. Si no, no sé qué harías leyendo un blog sobre minimalismo. Salvo que estés enamorada platónicamente de homo minimus, claro. Y estés maldiciéndome a mí por estar escribiendo en su lugar.

Abres el email y ves decenas de correos. Si eres Justin Bieber igual son cartas de amor de admiradoras. Si no lo eres, probablemente sean correos prometiendo el alargamiento de tu (¿miserable?) pene o el secreto para tener 10.000 visitas en tu blog.

Estás apuntado a chino mandarín, a un curso de cocina tailandesa y además quieres no perderte tu clase de spinning.

¿Cuál es la solución?

El minimalismo del rompe y rasga

Algunos dicen que debes reducirlo todo. Cortar. Zas. Siga la línea de puntos, croc, croc, croc, fuera chino mandarín, a la mierda con la cocina tailandesa, no hagas ni caso al email.

Quédate con tres pantalones y tres camisetas del mismo color discreto, cocina arroz para toda la semana y olvídate de entrar en las redes sociales. Puedes hasta raparte el pelo.

No me convence.

Si haces todo eso un día podrás mirar a un rincón, y verás una bolsa pequeña. “Ahí —dirás ufano— están todas mis pertenencias”. Y te sentirás mejor que los demás. Porque los demás están atrapados por el monstruo del consumismo y de la complejidad y tú, eres un/a humanoide superior. Alguien que sobrevuela el mundo sin rozarlo. Un ser moralmente excelso.

Pero estarás equivocado (esto lo pongo solo en masculino, como cualquier hombre con pareja sabe las mujeres nunca se equivocan) Es solo el ego reapareciendo. Huir del mundo es ser tan esclavo como vivir en el mundo. Es una reacción. Si huyes de las cosas eres tan esclavo de ellas como si te poseen.

Podrás en ese momento ser una de dos cosas. Un ser lleno de ego que simula haber superado todo. O en el mejor de los casos, serás un santón o una monja, un ser beatífico pero absolutamente coñazo, sin pretensiones, sin ambiciones y sobre todo sin ningún interés para ti ni para nadie.

A la mierda con ese tipo de minimalismo. Subrayo el “con ese tipo”, no me quiten aún el micrófono, no me echen.

Hay una manera “cool” de ser minimalista. Y ya la conocía Henry Ford.

Simplicidad superficial

Henry Ford podría haber hecho un coche con solo cuatro ruedas y un volante. Eso queda muy bien al hacer un dibujo sencillo. Pero un coche así, no sería capaz de llevarte ni a la esquina.

Un coche tiene que tener un motor complicado para poder caminar.

Pero sí el conductor tuviera que conocer los mecanismos interiores del coche, poca gente sería capaz de conducir.

Por suerte para muchos de nosotros, la mecánica no importa. Por eso está bajo el capó. Porque no lo tienes que mirar. Porque funciona independientemente de ti.

Pero quizá lo de Henry Ford te parezca un ejemplo muy antiguo. Así que te voy a poner un ejemplo más moderno. Alguien que siempre queda bien citar, sobre todo desde que murió: Steve Jobs.

El Iphone.

Steve Jobs hizo el teléfono más sencillo del mundo.

Espera…

¿De verdad te has creído eso?

Porque es una mentira absoluta. Steve Jobs no hizo el teléfono más sencillo del mundo. Steve Jobs hizo el teléfono más complicado del mundo. Ningún teléfono del momento era ni remotamente tan complicado como un Iphone.

Lo que sí era el Iphone era el teléfono de apariencia más sencilla del mundo.

Realidad, apariencia.

Apariencia, realidad.

Parece que no hay diferencia, pero en realidad sí la hay.

Minimalismo de superficie.

Que sea complicado en el funcionamiento pero sencillo para ti. Ese es mi minimalismo. El minimalismo de funcionamiento. El minimalismo de apariencia. El minimalismo del día a día.

No reducir las cosas que quiero hacer, sino hacer tantas como pueda pero de la manera más simple posible.

¿Cómo conseguir eso?

Te estás acostumbrando demasiado a preguntarme cosas. ¿No creerás que lo sé todo? (vaya, no eres el único que pregunta, yo también lo hago)

La manera de conseguir cosas complicadas con la mayor simplicidad posible es mediante el uso de sistemas.

¿Qué es un sistema?

Un sistema es un procedimiento para conseguir un resultado de una manera repetida. La clave es esa, que se repite. Que lo puedes hacer una vez, dos, tres y siempre tienes un resultado parecido.

Imagina que tienes que regar un jardín.

Quizá lo más puramente minimalista sería coger una regadera y regar las flores. Es un buen sistema si solo tienes que regar el jardín un día. Pero no es así. Lo tienes que regar todos los días.

Y sí, claro puedes salir todos los días a regar el jardín. Pero eso no deja de ser un coñazo. Sé que los monjes decían lo de cortar leña y acarrear agua. Pero yo prefiero encender la caldera y abrir el grifo. Además no me sientan bien las túnicas. Y paso de ducharme con un cubo de agua cogido del río.

La mejor solución para regar un jardín es montar un sistema de riego automático. El primer día trabajarás mucho más que regando, pero el resto de los días estarás tumbado a la bartola leyendo un libro mientras tu vecino el monje zen sale a darse una vuelta con su regadera.

Crea un sistema y échate a dormir.

Sé minimalista en la superficie, pero maximalista en lo que trabaja por debajo sin que tú tengas que atenderlo.

Sé un minimalista aparente. Crea un sistema y escóndelo bajo el capó. Que trabaje solo, que para eso tú eres minimalista.