La pistola de Chéjov

Una pistola de Chéjov es un artificio dramático. Su formulación se atribuye al escritor ruso Antón Pávlovich Chéjov:

«Si el tío Vania esconde una pistola en la mesilla de noche en el primer acto, esta ha de ser disparada en el segundo o en el tercero».

¿Por qué ha de ser disparada?

Porque si no la pistola se convierte en un elemento superfluo, que no añade nada a la trama ni a su resolución, distrae al espectador o lector, ralentiza la narración y conspira contra el disfrute de la obra.

Pistola de Chéjov generalizada:

«Si un objeto no mental aparece en tu vida, ha de ser empleado en algún momento del futuro próximo».

Esta regla es muy útil como antídoto contra la tendencia a acumular objetos físicos. Te mueve a preguntarte por la función de cualquier nueva posesión y su contribución a tus objetivos y metas.

Si el objeto no se va a usar en el futuro próximo para contribuir a alguna meta previsible es mejor catalogarla como innecesaria, como «no disparable».

La regla de la pistola de Chéjov se opone a los «por si acaso», poseer y guardar por si en el futuro pudieras necesitar el objeto.

¿Por qué hablo de «objetos no mentales» y  excluyo implícitamente los objetos mentales de la regla de la pistola de Chéjov?

Porque la imaginación y la creación se promueven acumulando un gran número de ideas  y asociaciones. La imaginación es  manipulación de la memoria, y la creación es combinación de elementos de la memoria para alumbrar nuevas posibilidades en el mundo físico o en el mundo de las ideas.

Cuantas más ideas tengas, más puedes acumular, ya que  podrás asociar de muchas más maneras las nuevas con las viejas: tienes más ganchos mentales para colgar los nuevos conceptos.

El saber, a efectos prácticos, no ocupa lugar, aunque su adquisición requiera mucho tiempo.

Además, nunca puedes prever si en el futuro (próximo o lejano) una idea u objeto mental podrá combinarse de manera creativa al servicio de alguno de tus proyectos, por eso no es conveniente ser tacaño en la adquisición de ideas. La creación no estereotipada no se puede anticipar y es conveniente tener muchos recursos disponibles por si pudieran servirte. Es por eso que en el mundo mental generalmente opera el principio maximalista de «Más es  mejor».

Los lastres del exceso de posesiones en el mundo físico contrastan con las ventajas de la exuberancia en el mundo mental. En el mundo físico, las posesiones generan rigidez, costes crecientes de mantenimiento y de recuperación; en el mental, mayor cantidad de ideas significa más facilidad para asociar y recuperar lo acumulado, más combinaciones posibles y modelos mentales más flexibles.

Por tanto, el minimalismo en el mundo mental es un a posteriori, algo deseable solo  después de haber acumulado muchas ideas y probado un gran número de combinaciones que luego puedas condensar en principios, reglas o síntesis conceptuales.

Si escribo artículos de tres mil o seis mil palabras en este blog e inicio proyectos y experimentos públicos, es para mostrar que mis otros artículos de trescientas o seiscientas, y mis aforismos son la versión destilada de mucho pensamiento y experiencia anterior, no las revelaciones o intuiciones infundadas de un pensador que tiende a pensar lo mínimo y se apresura a prescribir recetas con las que tú vivas al máximo.

Diez reglas y principios no convencionales para alcanzar el éxito en la vida

1. La felicidad no es el único ni el más importante de los fines

La felicidad entendida como bienestar subjetivo o satisfacción personal es solo uno de los posibles valores a los que puedes consagrar tu vida.

Sin embargo, si preguntas a cualquiera sobre qué quiere lograr en la vida, es muy probable que te responda que «quiere ser feliz», a lo que tú puedes responder «¿Quién no quiere ser feliz?» dando a entender que la felicidad es el fin de los fines, el fin último, al que tiende el Hombre (aunque no llegue) en todos sus actos.

En otras palabras, no se puede no intentar buscar la felicidad.

Pero no es así: solo una sociedad consumista, vacua y banal como la actual puede persuadirnos de que la felicidad es el fin indiscutido y casi único que debemos procurar ver realizado en nuestra vida. La llamada psicología positiva en parte, el existencialismo implícitamente, la new age en su totalidad y los estúpidos blogs de desarrollo personal parten del axioma de que debemos aspirar a la felicidad. Históricamente, nunca ha sido así, excepto en los tiempos de decadencia de las civilizaciones. Siempre ha habido fines transcendentes. Cuando Roma abandonó el afán de conquista y sus valores tradicionales y los sustituyó por el pan y el circo firmó su sentencia de muerte.

Si los valores felicitarios son solo una categoría de valores entre otros, ¿cuáles son las otras categorías de fines y valores perseguibles? Los valores morales y los valores de significado.

Vivir la buena vida es sola una posibilidad a la que podemos aspirar: también podemos proyectar vivir una vida buena y una vida con propósito o sentido.

Nunca vuelvas a decir que solo quieres ser feliz, so pena de dejar fuera otros valores y fines vitales comparables o más importantes.

Repite conmigo: el cerdo tiene valores de cerdo y quiere la felicidad del cerdo.

2. Vive con una ventana mirando al cementerio

Piensa todos los días en la muerte, tenla presente. Puesto que tus días están contados, no puedes vivir todas las vidas posibles y cualquier error que cometas puede ser fatal. Tu foco se reducirá a lo esencial, aplicarás la ley de Pareto naturalmente y de la noche a la mañana serás un minimalista existencial.

La muerte aguzará tus sentidos, te proporcionará alas, te hará sonreír ante los pequeños temores.  El foco o intensidad que otorga la conciencia de la muerte hará que tus días sean plenos y llenos de sentido. Cuando un hombre sabe que será ahorcado en diez días (diez meses, diez años, diez décadas) concentra su mente maravillosamente.

Si asumes tu finitud y tu irrevocable insignificancia estarás en el camino de tu liberación. Por fin, podrás mirar a la muerte a los ojos y ser el último en pestañear.

La punzante y continua conciencia de la dama negra te permitirá vivir con valor, porque sabrás que un día todo acabará y que lo que hayas hecho en la vida resonará en la eternidad.

3. Sé un animal de rutinas y costumbres

No hagas caso a las agencias de viaje y a las cadenas de televisión: a la rutina no se le termina cayendo la t. Somos rutina que no acaba en ruina y actuamos en  piloto automático la mayor parte de nuestra vida consciente. No hacerlo así sería agotador. No podrías tener una vida plena si tuvieras que decidir con qué pie pisar primero al levantarte de la cama o tuvieras que decidir qué ruta seguir todos los días al trabajo.

Los originales y los que siempre están cambiando son la gente más estereotipada del mundo. Recuerda la frase de Fernando Savater: cuanto más insatisfactoria es una actividad más deseamos cambiar su intensidad y variedad; la gente de mentes simples tiene gustos complicados, la de mentes complejas tiene gustos sencillos.

Sé como Inmanuel Kant, al que los vecinos de Königsberg usaban para poner a punto sus relojes, porque siempre pasaba por la misma plaza a la misma hora del día.

Las cadenas de las rutinas son la herramienta de la liberación. Reduce las sorpresas de tu entorno para que puedas llevar una vida externamente aburrida y rutinaria. Has de vivir como un burgués para ser creador y salvaje en el campo en el que decidas centrarte.

La única condición es que cada vez seas más consciente de tus rutinas, hábitos y costumbres y las alinees con tus metas y valores.

4. Aplica la regla de las tres oes en todos los asuntos prácticos de tu vida

Omisión. Organización. Optimización.

Lo primero y más importante es omitir, eliminar, decir no, podar posibilidades, opciones y recursos. La palabra más importante es siempre el no.

Di no a ti y a los demás continuamente. Es la palabra y la acción más poderosa. El secreto del éxito es un no y una línea recta.

Corta el flujo de la información, personas en tu vida, proyectos e ideas que reclaman tu atención. La acción más productiva que casi nunca ejecutamos consiste en dejar de hacer lo innecesario. Nuncaniza con alegría y enfoca tu mente de mono en unas pocas cosas, personas y proyectos.

Solo después de decir no, negar, nuncanizar, has de empezar a pensar en organizar tus acciones y tu entorno. Solo después de haber eliminado la basura de tu vida y de tu conciencia (recuerda la ley de Sturgeon: «El 90% de todo es basura») puedes empezar a organizar.

Pero recuerda: nunca organices sin haber antes eliminado personas, proyectos, actividades, medios de comunicación, objetos, compromisos. Vive en una habitación minimalista de la conciencia.

Por último, y solo en unas pocas áreas vitales, quizá en tu profesión o tu pasión vital, allá donde quieras alcanzar el expertismo y la excelencia, se te está permitido optimizar, buscar los mejores métodos para obtener los mejores resultados posibles.

5.Cambia de entorno, no pierdas el tiempo cambiando el mundo

La gente ordenada, disciplinada, industriosa, que trabaja todos los días por alcanzar metas a largo plazo no posee más voluntad que los vagos, los desnortados o los fracasados. La diferencia que marca la  diferencia en la gente que logra sus metas es el entorno en el que transcurren sus vidas: su familia, sus amigos directos, el vecindario, el lugar de trabajo, los conocidos con los que se relacionan. Eres la media, para lo bueno y para lo malo, de las cinco personas con las que más te relacionas. Tus amigos gordos te hacen engordar. Tus amigos guapos aumentan tu belleza (interior).

Toda la fuerza de voluntad del mundo es inútil ante el poder del entorno. Pero esto no significa que  estés condenado por el lugar donde has nacido, los amigos que hiciste en el colegio, la familia que te ha tocado o el vecindario que tus ingresos te permiten. Siempre puedes hacer algo; de hecho, puedes hacer mucho:

El movimiento estratégico clave  para cambiar de vida es considerar cuál sería el ambiente más propicio para desarrollar la red social, habilidades y rasgos del carácter  necesarios para conseguir tus fines; después, debes usar tu limitada fuerza de voluntad (siempre el recurso más escaso) para cambiar de entorno.

Los entornos más importantes son entorno social (familia, amigos y conocidos) con quien pasas la mayor parte del tiempo física y virtualmente, la infosfera (con la qué alimentas a tu cerebro: smartphones, twitter, libros, películas o charla inteligente o estúpida), el entorno profesional (la gente con la que trabajas) y en último lugar el entorno geográfico.

Dicho esto, un aviso importante: no intentes cambiar a la gente que te lastra o que no comparte tus valores y metas. No cambies a la gente, es mejor que cambies de gente.

No se trata, por tanto, de cambiar el mundo, sino de cambiar de mundo y, en el camino, cambiarte a ti mismo.

6. No pienses por ti mismo ni seas crítico

No puedes reinventar la rueda, descubrir otra vez el Mediterráneo o diseñar el lenguaje en el que hablas. Es imposible y contraproducente intentar ser original. Siempre partes de algo. La cultura donde vives, sus tradiciones, los usos, las costumbres, los perjuicios de tu entorno (casi siempre justificados y saludables), la moral, son creaciones evolutivas centenarias obra de tus antepasados que por ensayo y error y la validación del tiempo han llegado hasta hoy. Son un capital inmenso que facilita tu inserción en el mundo. Sin él retornarías a la edad de piedra, o peor, al subsuelo de la condición humana.

Hasta los artistas más innovadores y rebeldes reaccionan ante lo que conocen y con lo que ya conocen; los creadores literarios no inventaron el lenguaje en el que escriben sus obras; los emprendedores trabajan con la tecnología y estructuras organizativas que tienen a su disposición.

Sé crítico y piensa por ti mismo en una o dos áreas de tu vida, aquellas en las que has decidido sobresalir y explorar y expandir los límites. En el resto, sé saludablemente estereotipado, fiable y fiel a los lugares comunes.

Hay que suspender la incredulidad y el espíritu crítico, aprender por ósmosis y obedecer a la costumbre. Donde fueres haz lo que vieres (excepto si vas al país de los caníbales).

Esto requiere una gran dosis de humildad, lo que va contra la tendencia actual a exacerbar la autoestima, la arrogancia adolescente y la originalidad.

7. Premedita tus desdichas

No solo has de vivir siendo continua y dolorosamente consciente de  que un día morirás, además has de vivir considerando todos los males y peligros y (pre-)meditando regularmente sobre ellos.

Has de abrazar el poder del pensamiento negativo, pues lo bueno se cuidará de sí mismo.

Has de considerar los riesgos más grandes e irreversibles, aquellos que no te permiten una segunda oportunidad o de los que es difícil recuperarse (como el despeñarte haciendo escalada sobre rocas resbaladizas o la ruina financiera) y crear planes de contingencia: no quieres pasar hambre (ahorra y ten un colchón de seguridad), no quieres salir herido (cuidado con los pasos de cebra y las motos), no quieres morir por daños autoinfligidos (cuida tu forma física y no te des a la bebida).

Ten siempre presente la ley de Murphy, aunque no siempre se cumpla: si algo puede salir mal, saldrá mal.

El pensamiento positivo sienta bien pero no alimenta el espíritu, es como la comida basura del alma, es el atajo que permite experimentar la recompensa antes de acometer el esfuerzo. El pensamiento negativo permite anticipar y vencer obstáculos; cultivar el pensamiento negativo es constatar la esencial incertidumbre del mundo y nuestra incapacidad para domesticarla.

Respecto a las desdichas inevitables o solo retrasables (enfermedad, vejez, decepciones,  frustraciones, muerte), que todos  tarde o temprano hemos de sufrir, familiarízate con ellas, los monstruos vistos a la luz del día resultan menos atemorizantes y cuando te cosan a dentelladas sufrirás menos.

8. Si quieres llegar lejos, camina dolorosamente despacio

No puedo insistir demasiado en esta regla. De hecho, si tuviera que dar un solo consejo para alcanzar el éxito a todos mis yoes pasados, esta regla sería la elegida: adora la lentitud, practica la lentitud deliberada en todas aquellas actividades que importan  y  en todos tus esfuerzos de aprendizaje.

La lentitud rayana en la pereza y la pachorra ha de ser tu marca personal.

La actitud paciente es difícil de lograr en las sociedades occidentales actuales donde la aceleración del tiempo y la contracción del espacio son una constante. La brillantez se equipara con rapidez; la sabiduría y el conocimiento con la expresión rápida y el verbo fácil; él éxito con la satisfacción instantánea; la profundidad con la inmediatez en los resultados y la exuberancia. El héroe contemporáneo siempre tiene un cerebro de conejo pero su mente es de tortuga.

Pero aunque los aficionados van más rápido, los maestros llegan más lejos. El árbol de la paciencia tiene raíces amargas, pero sus frutos son dulces. Zamora no se hizo en una hora. Todo llega para el que sabe esperar.

9. Piensa a lo pequeño

Soñar a lo grande es fácil. Hacer a lo pequeño en el aquí y en el ahora, sin obtener la satisfacción extática de la ensoñación narcisista, es tremendamente difícil.

Por eso te recomiendo que pongas limites a tus metas y a tus expectativas. No hay peor autoengaño que el de confundir los deseos con las expectativas. Puedes aspirar a algo mejor, incluso a algo mucho mejor, pero eso no debería disuadirte de fijarte metas diminutas  que te acerquen infinitesimalmente a tus sueños. Los sueños están bien, pero si construyes castillos en el aire, has de dejarlos ahí, donde deben estar, en el aire, y enseguida ponerte a construir sus cimientos, a mojarte con el anodino fango de lo real.

Pensar a lo grande y hablar a lo grande y planear a lo grande es fácil, lo complicado es ejecutar pequeñas acciones consecuentes todos los días, meses y años acercándote al destino imperceptiblemente.

Es fácil querer cambiar el mundo —solo de pensarlo tu yo moral se hincha y el entusiasmo te desborda—, sobre todo si estás en compañía de otros guerreros sociales; pero ayudar a tu madre a fregar los platos después de la comida es gris, aburrido y no despierta la admiración de nadie.

Entre lo macro y lo micro has de elegir siempre la micro, lo pequeño, lo que tiene que ver con tu aquí y tu ahora, con lo local y lo personal.

El día es siempre el día de hoy, con la gente que te rodea y  las tareas abnegadas con sentido pero que no te entusiasman ni te proporcionan  satisfacción ni reconocimiento inmediato.

El lugar es siempre aquí y en las inmediaciones. Es fácil querer salvar al mundo, mucho más fácil decir que quieres salvar al mundo, mucho más difícil es contener tu ambición y tener un pequeño acto de amabilidad cuando has tenido un mal día y solo deseas sentarte a ver la televisión y comer patatas fritas.

Si vas a cambiar en algo el mundo será de manera inintencionada y colateral, a través del ejemplo que sientes para la gente que te rodea y tus honestos esfuerzos por perseguir tus fines.

10. Sé flexible en el pensamiento y fanático en la acción 

Se nos dice que hemos tener convicciones firmes y ser flexibles en la acción. La regla es justo la contraria: sé fluido en tus creencias y rígido en la acción.

Cabalga tus contradicciones, di una cosa hoy y mañana la opuesta. En cualquier reunión en la que participes siempre debe haber al menos una opinión más que personas. No tengas miedo a llevarte la contraria, no pasa nada si te contradices, tú contienes multitudes. Considera catorce ideas y nunca llegues a ninguna conclusión. Cuando creas que estás seguro de algo busca refutarte, desconfía, sobre todo de ti mismo, no debes engañarte pensando que has dado con la solución, porque tú eres la persona más fácil de engañar.

Aplica la máxima de Marx (Groucho): estos son mis principios, señora, y si no le gustan, tengo otros.

Al mismo tiempo, y aunque parezca (y sea) contradictorio, conviértete en un fanático, actúa con la fe del converso a la hora de ejecutar tus planes. Una vez tomada una resolución, no permitas que nada se interponga en tu camino y derriba todo lo que te cierre el paso. No cambies de plan solo porque surjan nuevos obstáculos o estés desmotivado, concluye lo que has empezado: si las razones eran buenas al iniciar el proyecto, siguen siéndolas cuando estás a mitad de él.

Aplica las máximas de Marx (Carlos) y Lenin (Vladimir):

Los filósofos hasta ahora han interpretado el mundo, pero ha llegado el momento de transformarlo.

El criterio de verdad está en la práctica, en la acción fanática que corrobora o refuta las creencias.

Conversación con Raúl Hernández: aprendizaje y educación en el siglo XXI

Puedes escuchar esta conversación en el podcast de Homo Mínimus  o pulsando abajo:

El invitado de esta semana es Raúl Hernández, del blog del mismo nombre. autor del libro Skillopment, que es una buena introducción a su modelo de aprendizaje.

Es una conversación de 1:59:37 horas.

La conversación continuará en los comentarios.

Algunos enlaces relacionados con la conversación:

 

El plan 2017-18 de Raúl

Mentalidad fija y de crecimiento (en blog Homo Mínimus)

Proyecto 52 comidas de Homo Mínimus (para encontrar espíritus afines)

El océano infinito del conocimiento (en blog Raúl)

Tres ingredientes del aprendizaje