Revisión tercera semana experimento desconexión digital

Hemos completado la tercera semana de nuestro experimento de desconexión digital. 

Paso a registrar mis resultados y luego los de Verónica, Melisa y Cristina (el burro delante para que no se espante).

Homo Mínimus

Esta semana ha sido parecida a la anterior. He respetado las horas de trabajo (8am – 8pm):

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El resultado parece algo peor porque el martes entré en YouTube, pero fue por motivos de aprendizaje, no de ocio, así que las estadísticas son todavía mejor de lo que parecen.

Tengo catalogado YouTube como entretenimiento y en la versión gratuita de Rescue Time no me permite distinguir entre videos de youtube de entretenimiento y videos de aprendizaje o de trabajo.

En cuanto al shabbat digital, he vuelto a cumplirlo, no encendí el ordenador durante 25 horas (desde las 9 pm del viernes a las 10 pm del sábado) :

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Melisa

Esta semana medí mi tiempo diario de uso del teléfono y no he superado la hora y media, ni siquiera durante los dos días feriados. Sigo intentando limitar la entrada a sitios web sobre noticias y similares. Esta semana estuve bastante autocontrolada, con excepción de una tarde en que usé mi tiempo de descanso para perderme en la web.
Me siento con fuerzas para afrontar la última semanita del desafío.

Creo que todos firmaríamos una hora y media de teléfono a la semana (bueno, yo no, porque no tengo smartphone y soy un ser de luz, pero me gusta empatizar con los mortales minimalistas que todavía no han alcanzado el satori).

¡Enhorabuena!

Nota: leí mal, entendí que era una hora y media semanal. Supongo que es muy difícil para la mayoría de la gente usar tan poco el teléfono.

Nota2: me pregunto cuánto será el uso diario del ciudadano medio.

Verónica

Esta semana he estado fuera de mi ambiente así que no puedo valorarla de igual manera que las anteriores. Estoy en casa de mis padres y no hay wifi, lo cual ayuda cuando estoy con el ordenador. El móvil no lo he usado demasiado para mi propio entretenimiento, ha sido más bien para consultar lo que mis padres querían que les buscase. Así que en tema desconexión estoy contenta.

El ambiente distinto distorsiona los resultados, no es lo mismo estar en el entorno controlado y predecible de tu domicilio que de viaje, en otra casa o de vacaciones.

Verónica hace un comentario y una pregunta muy interesantes al final de su resumen de la semana:

Eso sí, me he dado cuenta de que al final, la “necesidad” de estar entretenida me puede acabar llevando por otros derroteros.

Entiendo que Internet y los smartphones tienen una potencia increíble para succionar nuestra atención, pero siempre han existido lo que se consideran entretenimientos que no aportan mucho, que tienen capacidad de enganchar y que no nos llevan a dedicarles más tiempo del que quizás planeamos. Estos días he estado leyendo un poco compulsivamente porque me he enganchado a una serie de libros y el hecho de querer saber lo que va a ocurrir en la historia me ha hecho pasar mucho tiempo del día inmersa en su lectura. (Eso y quizás también el estar en otro ambiente en el que la rutina cambia.) ¿Consideráis que pueda ser, al final, una actitud parecida a pasar el tiempo viendo vídeos en Youtube o saltando de Instagram a Facebook en bucle?

Respondo a tu pregunta (y los lectores podéis responder también a Verónica en los comentarios de este artículo):

Sí, creo que es parecido, pero la diferencia es que los libros generan menos adicción (quitando a Don Quijote y otros). Yo he eliminado gran parte de las adicciones digitales, pero me sorprendo de cuando en cuando acumulando libros, leyéndolos compulsivamente, pasando de unos a otros.

Estoy contigo que la “necesidad de estar entretenidos” y la poca tolerancia con el aburrimiento o con el “que no pase nada” o con “el aguijón de los propios pensamientos” nos lleva a buscar una salida escapista.

Dicho esto, todavía hay grados: engancharse a Harry Potter o a ‘En busca del tiempo perdido’ no es lo mismo que engancharse a la bebida, las máquinas tragaperras o los programas del corazón en televisión.

Reconozcamos que somos humanos y propensos a las adicciones.  La conciencia, como bien sabemos, es el principio (pero no la garantía) de la liberación.

Cristina

Cristina tiene controlado ya Twitter, supongo que ayuda que anunciara en Twitter que no se conectaba en un mes; pero todavía tiene dificultades con YouTube:

Sigo sin entrar en Twitter ni sentir necesidad de ello. Con YouTube, en cambio, es otra cosa. Es mi evasión favorita. Esta semana no aguanté hasta el viernes. El jueves por la noche, notablemente cansada, entré para distraerme durante 42 minutos.

Los fines de semana alterno el tiempo productivo ante el ordenador para estudiar y el uso plataformas altamente distractoras (durante menos tiempo) para descansos. Ahora la aplicación Rescue Time me ayuda a tener datos objetivos para tener un rastro fidedigno del tiempo que paso online.

Considero  que RescueTime para ordenador de sobremesa o portátil  y la aplicación para smartphone que nos recomendó Melisa, QualityTime, o Siempo, son herramientas fundamentales para desarrollar la conciencia y enfrentarnos a nuestros hábitos.

Hay una gran diferencia entre pensar que quizá estás demasiado en tu teléfono que saber con certeza que hoy consultaste 128 veces el móvil y que pasaste 15 horas y media en toda la semana pegado a él.

La parte final del resumen de Cristina es también muy reveladora sobre las razones por las que caemos en comportamientos compulsivos o impulsivos:

Pese a notar más cansancio por falta de ocio y descanso, dado que estudio y trabajo a la vez, no he tenido que llegar a aplicar ninguna medida radical como bloquear determinadas páginas webs ni nada similar. Creo que una vez pasados los exámenes descansaré más de la tecnología y podré hacer una desconexión digital más provechosa los fines de semana.

En periodos de estrés, solemos ser más vulnerables a las tentaciones. Unos se dan a la bebida y otros nos damos a YouTube, la procrastinación, Facebook o Twitter.

A Marc, según relataba en un artículo la semana pasada, le ocurrió exactamente lo mismo que a Cristina: la tensión de los exámenes le hizo caer en un pozo de postergación y consumo digital.

Serie Experimento desconexión digital:

Tercera semana experimento desconexión digital

Muchos son los llamados y pocos los elegidos.

 

 

Serie Experimento desconexión digital:

Revisión segunda semana experimento desconexión digital

Hemos llegado al ecuador de nuestro experimento de desconexión digital. 

Esta semana, como era de esperar, ha sido mucho más fácil.

Mis resultados han sido mejores que la semana anterior. Respecto al tiempo de trabajo durante de la semana he cumplido casi por completo mi objetivo: nada de navegación gratuita ni búsquedas innecesarias durante el horario de trabajo (8:00 am – 20:00 pm):

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Mi mejor resultado ha estado en la observancia del Shabbat digital en el he que prescindido casi por completo del ordenador  y otros medios digitales:

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Solo abrí el ordenador  para consultar en goople maps la dirección de un evento al que acudía esa misma mañana. Un evento organizado por una conocida youtuber con más de dos millones de seguidores, pero por ser un encuentro en tres dimensiones no cuenta como consumo digital (espero).

Cristina ha seguido en su línea y ha cumplido su compromiso. Transcribo parte de sus comentarios en relación al Miedo de Perderse Algo:

[…]  No he extrañado Twitter y YouTube entre semana tampoco me está llamando. Solo tuve un breve momento de debilidad el martes por la tarde, cuando una amiga me envió por WhatsApp el enlace de un vídeo sobre Wim Hof. Como me asombra este holandés denominado Ice Man, estuve tentada de pulsar el enlace para ver el vídeo, pero finalmente me contuve sin tener que hacer demasiado esfuerzo. Lo aplacé hasta el fin de semana. Esta mañana fui al vídeo y lo quité a los pocos segundos porque ya lo había visto.

Esto me ha hecho darme cuenta de la sensación de urgencia que generan en nosotros las alertas y notificaciones de redes sociales y todo tipo de plataformas digitales en general. ¿De verdad es todo tan importante como parece? Casi nunca lo es. Pero ahora cobro conciencia de que he sido una presa fácil para el FOMO (fear of missing out, miedo a perdérselo). Mi calidad de vida ha mejorado desde que desactivé todas las notificaciones. Más atención, más paz.

Verónica ha mantenido su compromiso también esta semana y sorprendentemente no ha echado demasiado de menos los contenidos de Facebook o Instagram:

[…] ¡Hola a todos! Esta segunda semana se ha presentado más o menos como la anterior. No he echado realmente de menos los contenidos que me ofrecían Facebook o Instagram, y bueno, al no tener las cuentas, pues no he tenido tentaciones. Sí que he tenido algún momento de ansiedad y de bajón esta semana en el que he acabado echando mano del móvil o del ordenador, para calmarme en cierto modo, como si fueran mi chupete. Estaba pendiente además de que me llegara un correo y he estado entrando al correo con bastante frecuencia. Pero bueno, eran circunstancias especiales.

Así que me encuentro con el problema que se comentaba la semana pasada, de no tener claras otras opciones para no tirar por inercia hacia la pantalla brillante.

Me resulta interesante y sintomática la función de escape, de tranquilizador, de “chupete” que tienen los medios digitales; su ubicuidad e inmediatez son las que hacen tan tentadores y adictivos estos medios.

Son medios diseñados para succionar nuestra atención que apelan a nuestros temores, ansiedades y deseos de calor humano. A corto plazo, recibimos la ilusión de estar conectados  y distraemos nuestras mentes de nuestros problemas más acuciantes, pero su función es meramente lenitiva: calman nuestra soledad sin curarla y terminamos retornando a la realidad cotidiana con los mismos problemas, pero más atontados.

Como contrapunto a los en general buenos resultados de los tres anteriores, pongo esta semana a Marc, que parece haber descarrilado en sus buenas intenciones:

La estoy liando parda con el experimento este de desconexión social. No lo estoy llevando a cabo e incluso me olvido de él. Es como si ya no creyera que puedo hacer algo.

Sentirse sin control sobre una situación no es agradable, y como más tiempo pasas con esta sensación, peor, porque te sientes como el elefante encadenado, y muchos momentos durante el día son un recordatorio de lo inútil que eres porque no puedes llevar a cabo aquello que te habías propuesto.

Esta semana (si todos los resultados de los exámenes son positivos) es mi ultimo examen del año escolar (yuhu!) pero me esta costando la vida estudiar. Es palo y simple procrastinación, pero estando distraído, tener el teléfono por ahí pues no ayuda.

El sentimiento de “tendría que estar estudiando” pero “hoy he mirado 59 vídeos en Youtube” es horrible. ¿Debería ser más responsable?

Marc ha tomado una decisión cuasi-heroica para la  próxima semana:

Voy a usar el teléfono móvil (un flipphone) y usar sólo el smartphone media hora durante el día. Que uno tiene que ponerse serio y empezar a hacer cosas.

Odio (pero no tanto) recalcar que yo ya había recomendado esta opción de eliminar el smarthpone como la mejor, pero está claro que nadie escarmienta en cabeza ajena.  En todo caso, me gustará saber la próxima semana si Marc fue capaz de cumplir su decisión de consultar el smartphone solo media hora al día (mejor sería media hora a la semana o eliminar el smartphone completamente) .


Estoy contento en general por la evolución del experimento en estas dos primeras semanas,  pero he de decir que me he sorprendido reaccionando con inusitado desprecio y extraña tristeza ante la forma en que la gente usa los medios digitales.

Ver, por ejemplo, mesas con cinco personas, presuntamente reunidas para conversar,  donde tres de ellas consultan sus teléfonos y una sola escucha, me genera ahora un visible desprecio que tengo dificultades para ocultar.

La tristeza, y no el desprecio, me la generan otro tipo de escenas cotidianas donde los niños son los protagonistas.

Pablo Matilla comentaba esta semana:

[…] Otra curiosidad, esta mañana, en la radio, han dicho que el primer contacto que tienen los niños con la pornografía es a la edad de 8 años, y que con 14 ya la consumen con regularidad en sus teléfonos móviles. Me pregunto cuántos serán los niños así que ahora ya son adultos y consideran que tienen un problema. Las implicaciones son muchas.

Lo que tengo seguro es que los niños no van a salir indemnes de su contacto temprano con los teléfonos inteligentes y redes sociales.  Teniendo en cuenta que en el mundo occidental más del 50% de los niños de 10 años ya tienen un teléfono,  las perspectivas no son halagüeñas.

 

Serie Experimento desconexión digital: