Infobesidad y clase social

Hace menos de un siglo y durante casi toda la historia de la humanidad, un signo o indicio de riqueza era la gordura: más gordo, más riqueza. La grasa y el exceso de calorías solo se lo podían permitir las personas de clase acomodada.

Las tres gracias. Rubbens.

Pero ahora, sal a la calle y mira a la gente a tu alrededor.

¿Dónde encuentras a la gente más gorda? ¿Entre las gente  de clase acomodada o entre la gente trabajadora o de clase más baja?

Cochecitos para obesos en Walmart


Más de la mitad de los americanos tienen sobrepeso o sufren de obesidad con cifras similares en el resto de Europa.

Existe  una correlación negativa entre nivel socioeconómico y nivel educativo y obesidad: menor  nivel socioeconómico, mayores tasas de obesidad, especialmente entre las mujeres. En Estados Unidos también afecta más a ciertos grupos raciales, especialmente negros e hispanos.

De la misma manera que en Inglaterra puedes saber si una persona tiene estudios universitarios  escuchando durante diez segundos su forma de hablar (sí, existe el acento universitario), en Estados Unidos, pero también en otros países occidentales, puedes estimar  el nivel socioeconómico de una persona por su aspecto más o menos esbelto.

La gente de menor nivel económico tiende a hacer menos ejercicio y esta sometida a más estrés que las personas de mayor nivel socioeconómico, también es probable que estar en forma física no sea la primera de sus preocupaciones y que su presupuesto para alimentación sea pequeño.

Sin embargo, el porcentaje de renta que gastamos en comida se reduce con el crecimiento económico y la disminución de precios relativos de la comida es una constante en los últimos 50 años alcanzado el gasto en alimentación en países occidentales menos del 15% de la renta anual.

Es posible comer bastante saludablemente con una renta baja, pero cuando uno visita un supermercado de un barrio popular en España y observa los carritos de comida se puede llevar las manos a la cabeza con su contenido: familias que cargan botellas y botellas de refrescos azucarados, patatas, productos hiperprocesados ricos en grasa y azúcar, helados, repostería industrial; para encontrar algo verde y fresco usualmente hay que aguzar la vista y rebuscarlo bajo la montaña de comida basura; muchas veces no hallarás comida saludable.

Paradójicamente, la comida basura no suele ser barata, pero sí es las que más excita las papilas gustativas y la más fácil de preparar, más bien la más fácil de no-preparar.

Los hábitos y estilo de vida tampoco ayudan: una nevera repleta de productos que sacian rápido con mínima preparación; la televisión como el centro del hogar (es como el altar ante el que rendimos pleitesía); las familias que ya no se reúnen para compartir comidas, es cada vez más habitual que cada miembro familiar coma solo y delante del televisor; la disparidad y extensión de  horarios laborales; y la falta de tiempo para cocinar y para que la familia coma junta, aunque esta pretendida falta de tiempo parece desmentida por el tiempo que pasamos ante las pantallas (entre seis y diez horas diarias).

Como en muchos otros aspectos de la vida, la clase social y el nivel educativo influyen en los hábitos de comida y el cuidado de la salud física, con un resultado negativo para la gente de menor nivel educativo y socioeconómico (ambos factores están correlacionados).

Menor nivel socioeconómico, más infobesidad

Algo similar ha ocurrido con nuestro consumo de información y dispositivos electrónicos: hace poco más  de 20 años tener un teléfono móvil, televisión de pago, un ordenador o conexión a internet era símbolo de estatus socioeconómico  y/o  de nivel educativo.

Recuerdo todavía los tiempos en que alguien que entraba en una sala o en un ascensor hablando con su teléfono móvil era considerado un ridículo esnob.

En España, durante unos pocos años se apodó jocosamente «m’ncuentro» al aparato transportable que te permite hablar en cualquier lugar. No duró mucho la chanza porque en poco tiempo todos nos encontrábamos con el celular en mano relatando voz en cuello nuestros más nimios detalles a gente con la que seguramente no habíamos conversado  cara a cara en semanas o meses y flagelando por el camino a los de nuestro alrededor.

Ahora los dispositivos electrónicos de comunicación y procesamiento de datos han alcanzado a todas las capas de la población. Sin embargo, al igual que en el caso de la obesidad física, el uso más o menos adecuado y saludable tanto en cantidad como en calidad también depende de la clase social y nivel educativo.

Mi tesis es que los gordos informacionales o infobesos son y serán cada vez más la gente de nivel educativo y socioeconómico bajo. El uso del teléfono móvil, que empezó siendo un símbolo de estatus, será cada vez más un signo de bajo nivel educativo y social, en especial el uso abusivo e indiscriminado.

El control, autorregulación y selección de medios y contenidos, tanto en cantidad como en calidad, va a estar en capas de la población con mayor nivel educativo y social

Algunos argumentos y observaciones anecdóticas

Mi evidencia es por el momento anecdótica, no tengo datos estadísticos al respecto, pero unas cuentas observaciones y razonamientos servirán para argumentar mi tesis:

  • Entre la gente de clase baja y media baja existe la búsqueda del estatus, al igual que en cualquier otra clase social. La diferencia es que la gente más humilde no puede competir con automóviles de alta gama o residencias lujosas, por ello la ropa y los teléfonos móviles son mejores opciones para el pavoneo del estatus, en especial para los adolescentes. Si tienes duda sobre este último extremo, no tienes más que visitar un instituto de enseñanza secundaria.
  • La tasa de hogares monoparentales y/o desestructurados es mayor entre la clase baja y media baja. Esto acarrea dificultades de disciplina e imposición de normas respecto al uso de medios digitales. Las familias estructuradas, con disciplina y con figuras de autoridad presentes, pueden preocuparse más por la educación de sus hijos y aplicar normas claras. Con padre o madre ausentes o inexistentes, o con progenitores divorciados, la disciplina suele reducirse  y se sustituye por intentos de agasajar y contentar a los hijos. No es infrecuente ver a padres separados o divorciados compitiendo mediante regalos y caprichos por el favor de los hijos. En los primeros puestos de la lista sobornos están siempre los aparatos electrónicos.
  • Las familias más educadas y de rentas más altas tienen muchas más opciones de entretenimiento y desarrollo personal a su alcance, algunas más saludables que las digitales y audiovisuales. En cada hora de consumo digital hay un coste de oportunidad de otras opciones más variadas y satisfactorias. Los padres cultos saben que los libros compiten desfavorablemente con los medios digitales, y por eso son conscientes de que la única manera de aumentar la lectura de libros y opciones edificantes es limitar o impedir el uso de medios digitales.
  • He observado que en las clases menos educadas en muchas familias  existe la creencia de que son mejores  padres si compran regalos caros a sus hijos, quizá como recuerdo de infancias en que no se podían permitir ciertos bienes de consumo. Al subir el nivel económico absoluto y reducirse los precios de las tecnologías digitales, muchos padres eligen videoconsolas, teléfonos móviles de gama alta, televisores de pantalla plana gigantes y tabletas como forma de resarcirse y contentar a sus familias. Los padres acaudalados también hacen regalos, pero para que sean apreciados tienen que ver más con viajes de estudios, equipamientos deportivos o aficiones caras.
  • Paradójicamente, muchas veces en clases más pudientes encuentras un nivel mayor de austeridad y menos propensión a satisfacer los caprichos de sus vástagos, es quizá por eso que son más ricos: la austeridad, la disciplina y el ahorro favorecen la riqueza.
  • Los padres de familias más educadas desarrollan trabajos intelectuales más complejos y conocen por experiencia educativa y profesional lo imprescindible que resulta la disciplina, el control de la atención y la perseverancia para desarrollar un proyecto educativo a largo plazo. Estos trabajos están obviamente mejor renumerados. Los padres con trabajos más rutinarios o manuales no están tan sensibilizados sobre la necesidad del control y regulación de la atención: están acostumbrados a obedecer órdenes, tienen menos espíritu crítico, y la disciplina en sus vidas proviene de fuentes externas (jefes, amenazas y premios económicos) más que de fuentes internas y autogestionadas como la motivación intrínseca y el deseso de aprender y la curiosidad intelectual.
  • Incluso en padres humildes pero preocupados de verdad por la educación de sus hijos, encuentras la creencia (errónea) de que hay que subirse al carro de la modernidad digital y por eso los encuentras en los colegios e institutos  exigiendo tabletas, pizarras electrónicas, portátiles, móviles y otras herramientas digitales. Muchos no se dan cuenta de que gran parte de estos aparatos se usan como entretenimiento y ocio más que como herramienta educativa. Wikipedia y la Khan Academy no son los objetivos que tienen en mente  los niños y adolescentes cuando exigen un teléfono móvil.
  • Padres distraídos, con poca disciplina y sin convicciones morales, más frecuentes en las clases bajas, trasladan su carácter a sus hijos y los convierten en carne de cañón para las empresas digitales favoreciendo el consumo digital indiscriminado y nocivo (redes sociales, pornografía, juegos en línea, etc.)
  • El perfil cognitivo desarrollado por la exposición temprana e indiscriminada a medios digitales no puede dejar de pasar factura en el aprendizaje y el intelecto de niños y jóvenes. Menos habilidades sociales, reducción en los niveles de empatía, dispersión atencional, incapacidad de centrarse durante cinco minutos en una sola tarea y falta de capacidad para elegir y filtrar el torrente de datos e información no pueden ser nunca ventajas competitivas en ningún mercado de trabajo, no importa lo digital que sea.

Los niños criados en la dispersión digital y falta de control atencional pagarán la factura a la hora de aspirar a los mejores trabajos con lo que las desventajas en su capacidad de aprendizaje y nivel educativo retroalimentarán el nivel de ingresos y la posición en la escala social.

El teléfono móvil es el nuevo azúcar y nos convertirá en más gordos y más pobres física e intelectualmente.

Procesando…
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Todos los artículos de la Serie Neoludismo

amish

Podcast: Ludificación existencial

En este nuevo episodio de Satori Time, Entusiasmado y yo hablamos  sobre la ludificación existencial. Exploramos la idea del juego aplicado a la organización existencial.

Puedes escucharlo aquí o bajártelo:

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4:32 ¿Qué es el juego? Conceptualización del juego.

8:30 Distinción: Game – play. Play es una exploración libre de posibilidades. Game es cuando se introducen reglas y objetivos.

13:00 Ludotopía. Círculo mágico del juego. El juego no tiene consecuencias.

18:00 Juego como entrenamiento para la vida. ¿Se desdibuja la diferencia entre el mundo del juego y el mundo real (=mundo serio)? El estatus y el juego.

22:00 Gradaciones del juego. Teatro de improvisación. La función de las reglas. Reglas emergentes. ¿Un juego sin límites sería divertido? ¿Sería juego? ¿Cuándo se pasa del «play» al «game»?

29:35 Actitud juguetona. Actuar como si… dentro del mundo creado por el juego. Dos personas distintas en un mismo juego pueden considerarlo como un juego

32:35 ¿Por qué acercar la esfera de los juegos a la vida real? Una vida bien vivida ha de tener un elemento de diversión, de juego. El juego fomenta la creatividad y te ayuda a ser más efectivo en la vida real. Lubricante social. Deseo de autonomía, deseo de conectar.

36:20 Formas en las que el juego se puede acercar a la vida real. La idea de gamificación.

41:50 Mentalidad lúdica. ¿Qué pasaría si enfocaras la vida en general como un juego? Reencarnaciones: cada vida es una pantalla. ¿Cómo afectaría a tu vida vivir como si estuvieras en un juego? Extremo: youtuber al borde del precipicio. Límites morales.

51:25 Referencia al artículo Las mujeres, el amor y la vida en Homo Mínimus y la falta de espíritu ludico.

53:45 La ludificación existencial te permite verte con mayor objetividad. Distancia mental.

56:00 Entusiasmado relaciona el juego y el humor con la libertad. Implicaciones sociales y políticas.

No seas tú mismo

Una de las preguntas más interesantes que alguien puede hacerse es: ¿Me caería bien a mí mismo si me viese desde fuera? Y si la respuesta es «no», entonces debería cambiar algo. En mi caso, la respuesta es «no». Pero ¿quién soy yo para juzgarme?

Rafael Sarmentero

Solo muy recientemente se ha difundido e impuesto la idea sobre la bondad de quererse a uno mismo o ser uno mismo. En la historia de la civilización occidental, que es esencialmente la de la cultura judeo-cristiana , nunca se consideró que un ser humano debiera ser él mismo ni mucho menos que debiera quererse a sí mismo. Todos veníamos al mundo con la mancha del pecado original.

Pocas cosas más absurdas se podrían haber dicho a una persona que decirle  que estaba incondicionalmente bien o que era incondicionalmente bueno.  Hubiera sido como decir a un niño que siga siempre siendo niño, que no tiene nada que aprender, que no tiene nada que desarrollar y cambiar, que su naturaleza cortoplacista, egoísta, miope y predatoria está bien como está.

Uno ha de querer en sí mismo lo que no es todavía y puede ser. El yo actual no es más que uno de los pasos previos a un mejor yo, a un yo transformado.  Y no, no estoy hablando de simple mejora personal onanista del tipo «reinvéntate» o «sé la mejor versión de ti mismo». Pero no tengo espacio en los márgenes de este papel para explicártelo, quizá en un próximo artículo homínico.

Considero que el mejor indicador de progreso personal está en que cuando uno mire hacia atrás le cueste reconocerse en el inepto que fue, en sus estúpidos actos y hábitos y en sus miserables decisiones. Solo así sabrá que es alguien que ha aprendido algo en el camino.  Huye del que dice que no se arrepiente de nada como de la peste. Huye del Homo Mínimus de hace un año como del cólera. Huye del Homo Mínimus de hace cinco años como de los siete diablos.

Hasta un budista —ese religioso sin Dios que tan bien cae en el mundo occidental—  se sentiría insultado si tras no verlo durante un par de años le dijeras «Qué bien se te ve, no has cambiado». El budista querría  cambiar minuto a minuto, en pos de su nirvana, su satori o su paraíso en el ombligo, así que se sentiría ofendido y, si no ha alcanzado la iluminación, te espetaría con un: «Tú sí que no has cambiado, sigues siendo el mismo mendrugo de siempre».

Rousseau, los psicólogos humanistas y la sabiduría popular han impuesto la ilusión, la ficción moral y existencial, de que uno está bien como es. Es un meme conveniente para los retóricos políticos y comerciales: tú estás bien como estás, luego no tienes que hacer ningún cambio en tu carácter o en la forma de conducirte; si no tienes lo que deseas es por circunstancias externas: la estructura social que todavía no hemos implantado los salvadores del pueblo o el producto o servicio que todavía no has adquirido.

La sabiduría del consumidor y del votante, no solo su soberanía,  están por encima de todo,  y basta con un voto político en forma de tarjeta en una urna   y un voto monetario en forma de billete para lograr lo que uno  desea. El mercachifle  siempre te halagará y te dirá que tú estás bien como estás.

Cualquier insinuación de que la infelicidad o la situación en la que uno vive tiene que ver con uno mismo se considera como una crítica despiadada y cruel a un inocente desvalido fruto de sus circunstancias; esa insinuación bienintencionada se percibiría como un arma arrojadiza desalmada propia de privilegiados y fascistas. Y sí, me han llamado ambas cosas en los últimos tiempos.

Pero no es solo que dando a entender que uno está bien como está se exima al aludido de su responsabilidad sobre sus circunstancias, es también que implícitamente se da a entender que  ninguna dirección vital o propósito es superior  y por lo tanto no hay criterio por la que juzgar nuestros actos más allá del no hacer daño a los demás o cumplir con las costumbres del lugar.  En tanto y cuanto no perjudiques directamente a nadie, puedes hacer con tu vida lo que quieras de acuerdo a tu naturaleza, esencia o propensiones. Y como no tienes naturaleza ni estructura previa, puedes ser un héroe sartriano que define su propia esencia

El existencialismo filosófico cuando ha salido de su torre de marfil académica y llegado  a las plazuelas se ha convertido en una triste justificación moral para las vidas más insignificantes o más abyectas. De la vida buena y la acción virtuosa se ha pasado a la vida auténtica y a tratar de  ser uno mismo en cada uno de nuestros actos.

 Puesto que ya no hay reglas ni valores superiores al «vive y deja vivir » y el «sé tú mismo», las vidas resultantes de esta ideología (término que con el que nombro a  aquellos sistemas de creencias que no son los míos) pierden la orientación y la energía que un propósito transcendente y una orientación clara hubiera proporcionado al sujeto.

Contrasta mi  invectiva  con el mensaje que sueles recibir en los blogs de desarrollo personal, psicología popular, bienestar o política. ¿Cuántas veces te han dicho que tú eres el problema, que estás esencialmente corrupto y de que hay criterios de conducta mejores que la búsqueda de la satisfacción, los sueños o  el bienestar personal?

Pocas veces, supongo. Quizá hace décadas, si acudías a la Iglesia, podías encontrar algún mensaje remotamente parecido, pero no hoy en día .

Te traigo, pues, una mala noticia: no estás bien como eres, no seas tú mismo, sé cualquier otro. Eres profundamente imperfecto y siempre lo serás, solo puedes mejorar un poco; la corrupción, la entropía, el desorden, la degeneración y la desconexión son el destino natural de la carne fresca y de los espíritus. La mejora, el progreso, solo es una posibilidad, esforzada, poco probable y difícil de lograr.

Serie artículos Mínimalismo diabólico

Ángel Caído en El Retiro

Procesando…
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