Cómo mostrar el desacuerdo: jerarquía de desacuerdos

 

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
—Antonio Machado

 

Una de las dificultades más importantes en la conversación está en cómo manejamos la diferencia de opiniones o creencias. Dependiendo de la importancia de la disensión, el grado de excitación emocional puede turbar, e incluso impedir, la conversación: no es lo mismo disentir sobre si América fue descubierta en 1492 o en 1592 que disentir sobre la existencia de Dios o las maldades relativas del capitalismo y el socialismo o si deberíamos cerrar las fronteras a la inmigración.

He encontrado muy iluminadora una jerarquía establecida por Paul Graham sobre los niveles de desacuerdo en una discusión [1][2]:

ND0: insulto.

«Eres un socialista de mierda»

ND1: argumento ad hominem.

«Tú eres un funcionario, luego todas tus opiniones sobre el tamaño óptimo de la administración no tienen validez. Nadie cuyos medios de subsistencia dependan del Estado cambiará de opinión sobre la conveniencia de la reducción del Estado.».

ND2: argumento contra el tono.

«Te alteras, me ofendes con tu arrogancia (luego tu opinión queda descalificada, no te puedo tener en cuenta)».

ND3: contradicción.

«Tú piensas que hay que defender lo público, pero el mercado y el libre intercambio es siempre superior moralmente y económicamente»

ND4: contraargumento.

«No creo en la superioridad del servicio público ni creo que los servidores públicos sirvan al público más que los servidores privados: los funcionarios, como cualquier hijo de vecino, buscan principalmente su interés propio».

ND5: refutación.

«Dices que ‘la enseñanza pública es más barata’; pero la evidencia empírica, según datos de la propia administración española, indica que el coste de la enseñanza pública es más del doble del coste de la educación en centros privados concertados. En concreto, en el 2014-2015 cada alumno en escuela pública costó de media 6.940 euros mientras que en los colegios concertados el coste medio por alumno estuvo por debajo de los 2.900 euros. Por tanto, el uso de los recursos es mucho más eficiente en centros concertados» [3]

ND6: refutar el punto central:

El punto principal del autor X parece ser Y. Como él dice:
<cita del artículo original>
Pero esto esta equivocado por las siguientes razones:
A, B y C.

Estos siete niveles de desacuerdo forman una jerarquía sobre la forma de los argumentos: los niveles ND0 a ND3, además de ser los más bajos, no tienen ningún poder de convencimiento racional; pueden ser excelentes armas retóricas de gran contenido emocional, pero no ayudan a dirimir el asunto objeto de la discusión y encontrar la creencia más verdadera a la luz de los criterios de coherencia lógica y fundamentación empírica.

Que uno se mueva en los niveles ND4 a ND6 no garantiza que tenga razón, solo indica que se mueve en un nivel del discurso superior (más racional) y que es más probable que los argumentos tengan peso y la conversación sea fructífera.

Hay dos grandes problemas con el nivel ND2 (argumento contra el tono) :

a) el tono adecuado en una conversación es algo subjetivo y alegar problemas con el tono puede ser una maniobra de evasión o distracción. Lo que para el que expone una tesis puede ser vehemencia, para la parte contraria puede ser arrogancia o agresividad.

b) un tono inadecuado no descalifica una opinión, solo la hace, por contagio, menos aceptable  o rechazable subjetivamente, pero no añade ni quita razones objetivas a favor o en contra.

El nivel ND3 (contradicción) puede ser útil para plantear posiciones iniciales, pero tampoco prueba o demuestra nada.

El nivel ND4 (contraargumentación) nos introduce en el marco racional de la conversación: opiniones + argumentos lógicos con base empírica.  Un peligro habitual es el de estar hablando con las mismas palabras de distintos conceptos o, si nos hacemos conscientes de ello, discutir sobre el significado de las palabras (logomaquias), como si las palabras tuvieran una esencia semántica o significado unívoco o definitivo.

El nivel ND5 (refutación) es el uso de la contraargumentación con la suficiente base empírica y la suficiente coherencia lógica.
Existe el riesgo de centrarse en refutar solo puntos débiles de la posición contraria pero que no son esenciales o claves en el asunto discutido, como cuando se discute un dato marginal o se hace referencia a un error menor.
En el peor de los casos, podrías estar argumentando contra un «hombre de paja», una posición inventada y simplificada fácil de refutar pero que no se corresponde con la posición más sutil y compleja de la parte contraria.

El nivel ND6 (refutar el punto central) es el nivel superior y requiere captar la esencia del asunto entre manos además de alcanzar un cierto consenso sobre cuál es esa esencia. En temas complejos, es posible que para llegar a este nivel se necesiten muchos rodeos y clarificaciones y aproximaciones parciales a través de los niveles ND3 a ND5.

Esta jerarquía de niveles de desacuerdo es útil para evaluar la potencia de los argumentos propios y ajenos en términos de racionalidad, pero desgraciadamente los argumentos más altos en la jerarquía pueden no ser los más eficaces en una situación comunicativa dada.

Los argumentos ad hominem, los hombres de paja, los eslóganes, las digresiones, las discusiones sobre significados de las palabras  e incluso los menosprecios e insultos son en muchas ocasiones más eficaces para “ganar” las discusiones e influir en las personas, para mostrar la lealtad al grupo con el que uno se identifica o para satisfacer la autoestima, mostrar estatus y satisfacer otras necesidades psicológicas. Después de todo, alcanzar o aproximarse un poco más a la verdad es sola una de las motivaciones por la que una persona desea debatir y mostrar su desacuerdo.

 

Referencias:

[1] Artículo original de Paul Graham: http://www.paulgraham.com/disagree.html
[2] Traducción al español del artículo de Graham de El diablo en los detalles: http://eldiabloenlosdetalles.net/2008/08/07/como-estar-en-desacuerdo/
[3] Artículo que referencia las cifras empleadas en el ejemplo del nivel de argumentación ND5:  https://www.abc.es/sociedad/abci-educacion-alumno-concertada-cuesta-administracion-mitad-publica-201606092111_noticia.html

 

Proyecto El perdido Arte de la Conversación:

 

argument2

Centro de gravedad permanente

Busco un centro de gravedad permanente

Que no varíe lo que ahora pienso de las cosas,

de la gente

Io necesito un centro di gravità permanente

Che non mi faccia mai cambiare idea sulle cose,

sulla gente.

Over and over again.

 

Franco Battiato. Centro de gravedad permanente.

 

“Centro de gravedad”  es un término de la Física que se emplea también en ciencia militar. El primero que lo usó fue el estratega prusiano Karl Von Clausewitz.

En algunas  interpretaciones militares, es “la fuente de poder que proporciona fortaleza física o moral, libertad de acción o voluntad de hacer”. Por lo tanto, en este sentido sería una fuente de poder, o una capacidad básica.

En el sentido clásico de Clausewitz, se trataría más bien de un punto de apoyo. Estaría más próximo al concepto actual de la mecánica: sería el elemento dentro de la estructura o sistema que tiene la fuerza centrípeta suficiente para mantener la estructura unida. Clausewitz escribió que un golpe dirigido contra el centro de gravedad del enemigo tendría el efecto más grande.

En el minimalismo existencial adaptamos el término para nuestros propósitos  y lo podemos emplear  en todos los sentidos definidos; incluido el sentido más poético de Franco Battiato.

Por un lado, es una fuente de fuerza o poder o capacidad básica; por otro lado, es el punto central de una estructura  –en este caso nuestra vida o nuestra personalidad–  que mantiene unidas las partes, les proporciona integridad y equilibrio. Tomando también el sentido de Battiato sería un punto de referencia o de estabilidad en el caos de los asuntos humanos que nos proporciona consistencia, continuidad y permanencia.

Los centros de gravedad permanente personales pueden basarse en muchas cosas: la familia, una ideología sólida, una vocación, una pasión sostenida, Dios. Es cualquier elemento  que unifica la conciencia y proporciona equilibrio mental, emocional y social.  Es  algo espiritual, en el sentido de unir propósito  y vida (o acción práctica) en un nivel coherente e integrado.

Crisis existenciales

Las crisis existenciales se producen cuando se pierde el equilibrio; normalmente porque el centro de gravedad vital ha sido golpeado o agitado por algún acontecimiento externo. En estos momentos el golpe tiene efectos multiplicadores y produce una reacción en cadena. Ha golpeado el centro neurálgico del ser, aquel sobre el que descansaba el propósito y el significado:  algún objetivo vital importante que se reconoce fútil; una relación que te sustentaba, daba sentido y que se pierde, como en la muerte de un ser querido; la pérdida del trabajo de toda la vida, alrededor del cual organizabas tu existencia;  o simplemente un sueño o esperanza futura que te daba fuerza, otorgaba significado a las dificultades y te hacía continuar.

Dijo el filósofo:  “Si tienes el porqué soportarás cualquier  cómo”.  Muchas veces si no toleras el cómo es porque no has encontrado o has perdido tu porqué. –

Construcción del centro de gravedad permanente

El hombre no se limita a existir; él es quien decide  siempre cómo será su existencia, qué ocurrirá en el momento siguiente.

–Victor Frankl

Victor Frankl en El hombre en busca de sentido contaba sus experiencias en un campo de concentración y relata cómo el encontrar  sentido en esa  experiencia y  mantener una meta era fundamental para  sobrevivir;  en el momento en que el prisionero perdía  ese centro de gravedad, ese pilar fundamental,  las fuerzas caían, se desmoronaban y era  cuestión de días  que el impulso de vivir desapareciera y con ello las posibilidades de supervivencia.

Según Frankl,  en última instancia no podemos elegir las circunstancias, pero sí nuestra actitud ante ellas.  Frankl encontró su razón de ser o existir en su propósito de salir vivo para  contar su historia y la del resto de los prisioneros del campo de concentración.

El centro de gravedad, como el sentido de nuestra  vida,  es una obra en construcción.  Sólo nosotros podemos construirlo. No podemos delegar.

Por qué el minimalismo existencial podría ser malo para ti

«Menos es mejor» es una idea demasiado simple y general como para que tenga contenido real o sirva de orientación vital. Hay mil excepciones que la hacen perder valor.

Hay una sístole y diástole de la creación. Primero la exuberancia y la explosión de acciones y posibilidades, después el filtro y la selección. ¿Por qué empezar con la selección y el destilado, si no has generado y testado las ideas suficientes, si no tienes experiencia directa y personal suficiente? Puede que el minimalismo esté al final del camino, no al principio.

El minimalismo existencial se une a la causa  contra el consumismo y la publicidad, que a su vez se asocian al capitalismo y la libre empresa. Podrías contaminar tus ideas políticas con tus preferencias individuales (menos objetos y mayor control de tu atención), podrías querer empezar a prohibir las acciones de las empresas que intentan influenciar a los consumidores y restringir por tanto la libertad de los consumidores; peor todavía, podrías empezar a creerte superior al resto de los zafios humanos no minimalistas que te rodean.

El minimalismo existencial, al igual que el arquitectónico, puede resultar insulso, maquinal, descorazonadoramente funcionalista.

La naturaleza es derrochadora; si tú te puedes permitir el lujo de ser minimalista es porque otros son maximalistas y exploradores. La exploración implica derroche, el de los caminos equivocados, los callejones sin salida y los fracasos. Los minimalistas se benefician de generaciones de seres humanos maximalistas que fracasaron incontables veces antes de producir las ideas, objetos y filosofías vitales entre las que ahora podemos elegir.

Corres el peligro de pensar que la paz mental y el control de la atención son los bienes  psíquicos últimos. Corres el peligro de sumergirte en tu propio ombligo y respirar el aire enrarecido de la satisfacción narcisista.

El minimalismo existencial parte de la idea de que tú puedes crear o diseñar tu propio estilo de vida, ser el forjador de tus propios valores. Quizá no tengas la capacidad ni el tiempo ni los medios para hacerlo. Quizá ese esfuerzo de construir tu vida desde los cimientos ahogue tus posibilidades de llegar lejos en ninguna otra dirección. Quizá se nos haya olvidado ser más humildes respecto al alcance de los ideales auto-generados.

Un sistema moral o ético de uso personal de nuevo cuño es la obra de un genio (un Confucio, un Sócrates, un Buda o un Jesucristo); pero incluso ese genio hubo de dedicar toda su vida a crearlo y  comunicarlo. Es más, puede que ese genio no exista, sino que Jesucristo, Confucio, Buda, Sócrates encarnen o sean el nombre o la etiqueta que adjudicamos al  proceso social y cultural que a través de innumerables siglos y vicisitudes condujo al profeta-maestro-reformador religioso o líder político que identificó, expresó o popularizo el sistema ético, la religión o la ideología política.

Por tanto, ¿no es estúpidamente nietzscheano creer que en el breve lapso de una vida vas a reformular los valores tradicionales y dotarte de un plan de vida que no esté ya disponible en el menú  que corresponde a tu entorno cultural, a la religión en la que naciste, a la familia a la que perteneces?

En el afán por controlar la infoxicación, muchos minimalistas se vuelven anti-tecnología y destierran de sus vidas los teléfonos inteligentes, las redes sociales y otras mejoras. ¿De verdad quieres aislarte del resto de la sociedad en nombre de una idea tan poco popular y de apariencia neoludita  como es el minimalismo como filosofía de vida? ¿Acaso no llamamos  «tecnología» solamente a aquella tecnología que no existía cuando éramos niños?

El minimalismo existencial podría ser demasiado individualista (tú mismo y tus mecanismos (mecamismos)) el minimalismo existencial está falto de un proyecto social o político o moral en el que insertarse. Pone el foco en la felicidad y satisfacción personal. ¿Dónde queda un propósito más grande que el individuo, el significado de la vida o una moral que reconoce e incluye los proyectos de otros seres humanos?

La mayoría de los minimalistas ponen el acento en la reducción de posesiones, parece que el minimalismo existencial es una escuela de decoración de interiores.

La mayoría de los autodenominados minimalistas (existenciales o no) son una panda de frikis. ¿De verdad quieres seguir los pasos de un grupo tan poco atractivo?

Estás perdiendo el tiempo dedicando atención a un concepto y a un blog tan insulso, inane, carente de contenido, como este.  Tu escaso tiempo estaría mejor dedicado a hacer algo de provecho, a salir al mundo y construir algo, a hacer algo por alguien. ¿Crees acaso que conocer la técnica pomodoro y la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandler o la ley de las tres oes del minimalismo existencial es un sustituto de la acción y la creación? Venga, no me hagas reír.

Es posible que en el afán por organizarte y optimizarte estés perdiendo el norte, poniendo el énfasis demasiado en los medios y no en los fines, y proporcionándote una excusa más para no hacer lo que sabes que tienes que hacer. ¿Es posible que el minimalismo existencial no sea más que la búsqueda de la bala de plata, el Dorado o  la panacea existencial que resuelva a priori, casi sin despeinarte, tus problemas?

En el mejor de los casos, el altisonante movimiento llamado «minimalismo existencial» podría  no ser más que una colección de ideas de sentido común, un refrito  de ideas sobre organización y productividad personal.

¿Y si el minimalismo existencial fuera tan solo una carátula rimbombante y pretenciosa para unas pocas ideas de sentido común que cualquier  persona sana psíquicamente aprende e interioriza antes de los dieciocho años?