No puedes plantar una semilla, regar un poco e impacientarte porque no tienes una flor. No puedes decir: «¡crece, capullo, crece ya!».
Bueno, sí puedes, claro que puedes, pero no debes, ya me entiendes.
Por encima de todo, confía en la lenta obra de Dios. Somos, naturalmente, impacientes en todo por alcanzar el final sin demora. Quisiéramos saltarnos las etapas intermedias. Nos impacienta estar en camino hacia algo desconocido, algo nuevo.
Y, sin embargo, es la ley de todo progreso que se hace pasando por algunas etapas de inestabilidad, y que puede tomar mucho tiempo.
Y así creo que es contigo; tus ideas maduran gradualmente, déjalas crecer, déjalas tomar forma, sin prisa indebida. No intentes forzarlas, como si pudieras ser hoy lo que el tiempo (es decir, la gracia y las circunstancias actuando sobre tu propia buena voluntad) hará de ti mañana.
Solo Dios podría decir qué será este nuevo espíritu que se está formando gradualmente dentro de ti. Dale a Nuestro Señor el beneficio de creer que su mano te está guiando, y acepta la ansiedad de sentirte en suspenso e incompleto.
Si hoy somos sellados en el libro de los vivos, podemos empezar de cero. Podemos mirar con nuevos ojos al futuro, pero sin engañarnos sobre el pasado, con los pies firmamente asentados en el presente. Reconocemos los errores y nuestra responsabilidad en ellos. Asumimos nuestra culpa, intentamos rehacer los vínculos deshechos con Él y con ellos. Borrón y cuenta nueva. Volvemos al origen.
Añadamos una mejor letra a nuestra pequeña historia y a la gran historia.
Como decía el Profesor Keating, citando al loco de dientes sudorosos Walt Whitman:
¡Oh, mi yo! ¡oh, vida! de sus preguntas que vuelven, del desfile interminable de los desleales, de las ciudades llenas de necios.
…
La pregunta, ¡oh, mi yo!, la pregunta triste que vuelve – ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas? oh, mi yo, oh, vida
Respuesta: Que estás aquí, que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama, y que tú puedes contribuir con un verso.
☁️ En la sexta semana nos abrimos al arte de soltar, de confiar, de rendir el control sin abdicar de la responsabilidad. Practicar el «no-hacer», como sugiere el wu-wei taoísta, no es caer en la pasividad, sino habitar la acción sin forzarla, permitir que la realidad fluya sin ser violentada por nuestras ansias de dominio. Desde una perspectiva judía, esta apertura tiene que ver con la emuná, la fe que no es solo creencia, sino confianza profunda. Cuando confiamos únicamente en nuestra voluntad, en nuestras acciones y planes, dejamos fuera la posibilidad de que exista otra voluntad, un orden mayor. Rendir el control es, en este sentido, un acto de humildad y fe activa: hago lo que debo, pero dejo espacio a lo que no controlo. Ahí comienza la verdadera libertad.
📅 Día 1
☁️ Cita: “Emuná significa dar el paso antes de ver el puente.” – Tradición jasídica
☁️ Práctica: Haz una lista de todas las cosas que hoy quisieras controlar (resultados, reacciones, tiempo, ideas). Luego, elige una y renuncia activamente a manipularla. Haz lo que esté en tu mano y suelta el resultado.
☁️ Reflexión guiada: ¿Confío en que algo mayor que yo también opera en el mundo, incluso cuando no veo resultados inmediatos? ¿Qué gano realmente cuando intento controlarlo todo?
☁️Registro: ¿De qué solté hoy el control sin abandonar mi responsabilidad?
📅 Día 2
☁️ Cita: “El sabio actúa sin forzar y enseña sin decir.” – Tao Te Ching
☁️ Práctica: Durante una conversación, escucha sin intervenir. Observa tu impulso de dirigir, corregir o concluir. Siente lo que ocurre cuando simplemente estás.
☁️ Reflexión guiada: ¿Qué miedo se esconde detrás de mi necesidad de intervenir? ¿Qué surge cuando dejo espacio?
☁️ Registro: ¿Dónde hoy escuché más que hablé?
📅 Día 3
☁️ Cita: “Lanza tu pan sobre las aguas, porque después de muchos días lo hallarás.” – Eclesiastés 11:1
☁️ Práctica: Realiza una acción buena, generosa o creativa hoy sin buscar ningún resultado ni reconocimiento.
☁️ Reflexión guiada: ¿Puedo hacer algo valioso sin saber si dará fruto? ¿Qué parte de mí se resiste a sembrar sin ver la cosecha?
☁️ Registro: ¿Qué hice hoy sin garantías?
📅 Día 4
☁️ Cita: “La verdadera fe no consiste en creer que todo saldrá como yo quiero, sino en confiar en que lo que suceda será fértil.” – Adaptación libre de Martin Buber
☁️ Práctica: Hoy, ante un imprevisto o interrupción, en lugar de reaccionar, detente y respira tres veces antes de actuar. Deja espacio a lo inesperado.
☁️ Reflexión guiada: ¿Qué pasaría si el obstáculo es parte del camino? ¿Y si no es un error, sino un desvío necesario?
☁️ Registro: ¿Dónde hoy dejé de luchar contra la realidad?
📅 Día 5
☁️ Cita «Nada en el mundo es más blando y débil que el agua. Pero nada la supera en vencer lo duro y fuerte.» — Lao-Tsé
☁️ Práctica Durante diez minutos, siéntate sin propósito. No intentes meditar, observar pensamientos ni respirar conscientemente. Solo siéntate sin hacer nada, sin intentar mejorar nada. Si aparece una inquietud, obsérvala como una nube. Nada que hacer, nada que lograr.
☁️ Reflexión guiada ¿En qué momentos del día intervengo innecesariamente? ¿Qué deseo controlar o acelerar y qué pasaría si no lo hiciera? ¿Qué me revela el no-hacer sobre mi forma de estar en el mundo?
☁️ Registro ¿Qué ha emergido en el espacio del no-hacer hoy?
📅 Día 6
☁️ Cita «El que mucho corre, pronto para”– Proverbio popular sefardí
o este dicho de mensaje similar: “El que confía no necesita correr» o este otro: «No hay peor perfume que el de la desesperación»
☁️ Práctica Haz tus rutinas con un 20% más de lentitud. Camina más despacio, habla más despacio, escribe más despacio. Lee el artículo Nunca corras detrás de un autobús ni de una mujer (cuando lo escriba).
☁️ Reflexión guiada ¿De qué huye mi velocidad? ¿Qué encuentro cuando no me apresuro?
☁️ Registro ¿Dónde hoy elegí la lentitud como forma de confianza?
📅 Día 7
☁️ Cita «La naturaleza nunca se apura, y sin embargo todo se cumple.» — Lao-Tsé
☁️ Práctica Pasea sin rumbo ni objetivo durante 15 minutos. No busques vistas bonitas, pasos dados ni eficiencia. Simplemente camina, deja que los pies decidan, permite que el entorno te guíe. Lee el artículo Más vale llegar a tiempo que rondar un año.
☁️ Reflexión guiada ¿Qué ocurre cuando camino sin mapa ni meta? ¿Qué nuevas formas de atención emergen en lo gratuito?
–Juan Bonilla, escritor español. El arte del yo-yo.
Como sabes, este es un blog sobre trucos minimalistas; esto es, pequeñas acciones, sencillas en su implementación y su concepto, pero que pueden tener un impacto desproporcionado en relación a su tamaño o complejidad aparente: esto es lo que buscamos siempre que aplicamos la ley de los pocos vitales y los muchos triviales.
Situación. Muchos de nosotros encontramos dificultad en establecer buenos hábitos. Las intenciones de cultivarlos y establecerlos en nuevas vidas acaban, desgraciadamente, rebosando por los bordes del día. No bastan buenas intenciones, con las que ya sabemos que se pavimenta el camino hacia el infierno; necesitamos intenciones de ejecución (cuando X, entonces Y).
Esta semana he descubierto, o quizá re-descubierto, una acción que me permite instaurar dos hábitos de un tiro: le lectura diaria y los paseos diarios.
¿Qué necesitas? Dos piernas. Un dispositivo de lectura electrónico tipo Kindle con luz incorporada. Quizá funcionaría con un teléfono inteligente, pero no lo he testado. En todo caso, no será tan cómodo como con un libro electrónico. Un libro físico también serviría si hay luz ambiental y si es de un tamaño que se pueda manejar cómodamente.
¿Cómo se ejecuta? Al final del día, o quizá durante del día, si tienes algún tiempo libre, puedes salir a una calle peatonal rectilínea y con pocos viandantes. Entonces, enciendes tu libro electrónico y te pones a leer. Puedes leer mientras caminas, sin peligro de coches o colisión con otros viandantes (si es de noche es más probable que haya poca gente).
He experimentado unos cuantos días con este nuevo sistema, quizá se convierta en un ritual en el futuro, y los resultados son prometedores.
Después de cenar, salgo a caminar durante una media hora y voy leyendo durante el camino en mi dispositivo de lectura. Me resulta extremadamente agradable y fácil. Con esta media hora diaria, puedo acabar un libro no muy denso de unas doscientas páginas cada diez días mientras forjo mi apolíneo físico.
La brillantez se equipara con la rapidez; la sabiduría y el conocimiento, con la expresión rápida y el verbo fácil; el éxito, con la satisfacción instantánea; la profundidad, con la inmediatez en los resultados y la exuberancia. El héroe contemporáneo tiene un cerebro de liebre, pero su mente es de tortuga. Su espíritu está estancado y desencantado.
Pero si quieres llegar lejos, camina dolorosamente despacio. No puedo insistir demasiado en esto. De hecho, si tuviera que dar un solo consejo a mis yoes pasados, esta regla sería la elegida: abraza la lentitud, practica la lentitud deliberada en todas aquellas actividades que importan y en todos tus empeños vitales.
La lentitud rayana en la pereza y la pachorra han de ser tu marca personal.
Aunque los aficionados vamos más rápido, los maestros llegan más lejos. El árbol de la paciencia tiene raíces amargas, pero sus frutos son dulces. Zamora no se hizo en una hora. Todo llega para el que sabe esperar.
Shabbat Shalom. Paz, calma y lentitud en este día. No hay un mejor lugar donde ir. Ya estás en casa. Saborea un destello de eternidad.
Uno de mis hermanos cuenta la anécdota de estar pasando unas vacaciones en una isla del Caribe, Granada, y conocer a un negro simpático y hablador. Confraternizaron y charlaron durante un rato.
Este hombre decía que todo lo que era se lo debía a su maestro, un rastafari muy sabio, y que seguía todas sus enseñanzas; una de ellas era la importancia de ser flexible. “I’m flexible”, decía repetias veces; entendemos que no solo al realizar estiramientos sino en diversidad de asuntos.
En cierto momento, el rastafari confesó que su maestro también le inculcó el odio hacia los blancos.
Después de una pausa, agregó con tono tranquilizador que en este punto no seguía los pasos de su maestro y que también era ‘flexible’.
Esta anécdota me recuerda la dificultad de guiarse por principios tales como “Be Flexible” cuando tienes otros como “Hate white people”.
Principios, reglas y herramientas
Mi sistema de minimalismo existencial se concibió como un sistema de principios, reglas y herramientas del minimalismo.
Podemos decir que forman una jerarquía. Las herramientas son medios para fines más altos, mientras que las reglas intentan operacionalizar los principios. Los principios, por otro lado, son exhortaciones generales lo suficientemente vagas para aplicarse en diversas situaciones, sirviendo más como guías en la toma de decisiones que como rutas definidas
Es innegable que odiar a la gente blanca parece más una regla de conducta que un principio, pero se asemeja a este último. Si fuera una regla, habría que definir qué significa exactamente odiar a los blancos y en qué tipo de acciones o inacciones se traduce.
Podría ser que hubiera que odiar la blancura o la raza blanca en general pero no a las personas blancas individuales; sería como la exhortación de Concepción Arenal “Odia el delito y compadece el delincuente”1. Resulta complicado determinar si el maestro rastafari interpretaba la regla de odiar a los blancos como un principio general de desconfianza hacia ellos o como una norma más activa de llamada a la lucha.
La dificultad de lidiar con varios principios
Si ser flexible era un principio para el maestro rastafari, pero al mismo también otro era odiar a los blancos, el discípulo dudaría sobre cuál aplicar si se encontrara con un blanco europeo.
Esto obligaría a crear una jerarquía de principios para deshacer algunas de las contradicciones del sistema, aunque en un mismo nivel jerárquico siempre podría haber conflictos que tendrían que dirimirse apelando a un principio superior.
Puede que en el caso anterior el principio de ser flexible fuera jerárquicamente superior al de odiar a los blancos. También podría ser que la exhortación a odiar a los blancos no admitiera excepciones y fuera un principio tan importante o más que el de ser flexible.
Podría ser que en la mayoría de los asuntos importantes –sean estos cuestiones éticas, estéticas o de la búsqueda de la verdad– no haya reglas, ni siquiera principios de actuación suficientemente claros.
Por tanto, en muchas ocasiones habrá que seguir la intuición, el ojo clínico o la corazonada que permita dirimir los dilemas cotidianos caso por caso.
Ante la imposibilidad de sistematizar, de diseñar una ecuación que resuelva todas nuestras equis, nos queda la experiencia, la casuística, el gusto, el tocar de oído, sin partitura e improvisando de cuando en cuando.
Cabalgando las contradicciones
Puede que necesitemos llevar un caos dentro de nosotros, un caos de opuestos y contradicciones derivado de considerar muchas posibilidades, y, a la manera de Nietzsche, podamos así alumbrar una estrella danzarina, un cometa, una estrella fugaz…
Quizá la apertura mental nos lleve a tolerar mejor las contradicciones, o, al contrario, el tolerar las contradicciones sin anular ninguno de los opuestos, nos lleve a la apertura mental.
Confía en las contradicciones y míralas todas. Nunca anules una fuerza para dar supremacía a otra. La contradicción misma es la realidad en toda su multiplicidad. El hombre, desde su punto de vista, sólo puede ver la realidad en las contradicciones. Y cuanto más fiel es a su percepción de la contradicción, más abierto está a lo que hay que saber. La «armonía» como un bien absoluto es para los dioses, no para el hombre.
—Alfred Kazin. Citado en The marginalian2 por Maria Popova
Caerse el cerebro de ser tan abiertos
De lo anterior, parece derivarse que tengamos que estar con Marx (Groucho) y digamos de cuando en cuando eso de “Señora, estos son mis principios, y si no le gustan… pues tengo otros”.
Pero ser marxistas en esto nos llevaría al problema planteado en la cita: ¿Podríamos estar siendo demasiado flexibles, ser de mentes tan abiertas que se nos abra la tapa de los sesos y se caiga el cerebro?
[Los caballeros prácticos] tienen una serie de comentarios amargamente sarcásticos sobre personas cuyas mentes son tan abiertas que se les cae el cerebro .
—Max Radin, 1937
Podríamos ser tan abiertos a las nuevas ideas que ninguna germinara profundamente, que no hubiera tiempo para considerar y experimentar lo suficiente para conocer su ámbito de aplicación o su forma de aplicarla.
Esta apertura mental, este abrir el grifo de las influencias, puede derivar fácilmente en inconstancia, irregularidad, capricho, exceso de sensibilidad a los sucesos internos y externos que nos asaetean. Como resultado, careceríamos de fondo, de fundamento, de cimientos mínimos sobre los que sustentar una vida bien vivida.
La bestia, al vivir en un eterno presente, no puede comprometer su acción para el futuro, tanto por incapacidad de conceptualizar la promesa como por carecer de la habilidad para gestionar inteligentemente sus variados y a veces contradictorios motivos.
Comprometer al yo futuro es algo que solo el yo presente del Hombre puede hacer, no está al alcance de ningún otro ente conocido. La sociedad, la civilización y sus frutos no serían posibles sin la capacidad de empeñar la palabra, que a su vez depende que seamos capaces de empeñarnos en algo, esforzarnos y entregar parte de nuestra alma y de nuestra acción futura.
Ningún viento es favorable para quien no sabe hacia donde navega
–Lucio Aneo Séneca
El problema con la apertura mental y la excesiva “inclusividad” de las ideas —por usar un término actualmente en boga— es que nos quedemos a medio camino en todo, que no nos comprometamos lo suficiente con ninguna idea o dirección intelectual o vital: por querer tener el dedo en todas las tartas, podemos no llegar a tenerlo en ninguna; por no privilegiar ninguna doctrina u orientación vital podemos caer en un pantano inclusivo. Este pantano espiritual no muestra tanto bonhomía como nuestra molicie y carencia de criterio.
En última instancia, la capacidad de comprometerse con valores claros distingue a una persona de carácter y proporciona un fundamento para una vida bien vivida.
El sé flexible –o inclusivo o diverso o igualitario– con todas las ideas, opiniones o doctrinas es el signo de los tiempos, pero deberíamos empezar a considerar las bondades de la discriminación y si la flexibilidad o acogimiento universal de personas e ideologías es siempre tan apropiada como indudablemente lo fue en el caso del rastafari de Granada que desafío a su maestro y optó por no odiar a los blancos.
Slow Productivity1 es el título del nuevo libro de Cal Newport, uno de mis autores de referencia en materia de organización del trabajo y productividad personal.
Este artículo de algo más de seis mil palabras, a pesar de su nivel de detalle, no es sustituto para el libro. Es una animación a su lectura, un resumen y una ilustración de algunos de sus temas desde la perspectiva del minimalismo existencial; también es una extensión de estos temas y una reflexión personal.
Productividad lenta: el perdido arte del logro sin quemarse
Cal Newport es un profesor universitario en ciencias de la computación cuya investigación está centrada en la teoría de los algoritmos distribuidos. En paralelo, y desde muy joven, ha perseguido también una carrera de escritor, su segunda —quizá primera— vocación. Hace años, hicimos un podcast 2comentando uno de sus libros más exitosos: Deep Work3.
Sus libros pertenecen al género que él ha bautizado como “smart self-help”, o autoayuda inteligente, una mezcla de los tradicionales libros de consejos y la escritura creativa de no ficción. En el libro actual, ahonda en algunos de los temas tratados en Deep Work y sus otros libros, Minimalismo digital4, Un mundo sin email5.
Para hacernos una idea del personaje puedes echar un vistazo a su conferencia TED6 de hace varios años donde nos exhorta a dejar las redes sociales. A la manera neoludita, Cal carece de un teléfono inteligente, cosa que en mi experiencia es patrimonio de unos pocos “iluminados” minimalistas y otra gente de buen vivir.
La tesis del libro es que vivimos en un mundo profesional donde el concepto de productividad heredado de la era industrial se ha trasladado a la economía del conocimiento, dando lugar a la pseudo-productividad, una apariencia engañosa de productividad que nos aleja de nuestros objetivos individuales y empresariales u organizativos.
En el libro, hace un recorrido histórico por los distintos modos de organización del trabajo, desde los cazadores-recolectores, hace unos 300.000 años, pasando por la revolución neolítica y el paso al sedentarismo y la agricultura, hasta la abrupta transición a la era industrial en el siglo XVIII, que supuso un tremendo cambio en los modos de producción y organización del trabajo.
Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad hemos visto la irrupción de otro tipo de trabajador –el trabajador del conocimiento– propio del cada vez más grande sector servicios, con funciones y características muy distintas al trabajador industrial tradicional.
El trabajador del conocimiento coincide con las características de un tipo de trabajador autónomo y creativo que el sociólogo español Manuel Castells denomino “Trabajadores autoprogramables7”.
En la trayectoria laboral típica de la sociedad tardoindustrial (aunque sin duda nunca se llevó a cabo exactamente de este modo), una persona era preparada para realizar un oficio en el cual trabajaría durante el resto de su vida productiva, de nueve a cinco. En la economía de la información, ya no sucede así; más bien, el nuevo profesional de la información es, para emplear las palabras de Castells, “autoprogramable” y tiene la capacidad de reciclarse y adaptarse a nuevas tareas, nuevos procesos y nuevas fuentes de información a medida que la tecnología, la demanda y la dirección aceleran su ritmo de cambio.”
Los trabajadores del conocimiento actuales trabajan en entornos complejos y deben coordinarse con otros trabajadores del conocimiento para lograr sus fines. Su modo de trabajo difiere sustancialmente de los operarios industriales regidos por las métricas de unidades producidas y tiempo empleado. Cuando se intenta aplicar la forma de organización basada en instrucciones de las fábricas, o de órdenes y control de las grandes organizaciones burocráticas, el resultado es subóptimo.
Métricas de productividad erróneas
Las métricas que se empleaban en la economía agrícola o industrial miden muy indirectamente y de manera muchas veces engañosa los resultados y aportaciones de los trabajadores del conocimiento. Por ejemplo, el número de horas presenciales en el trabajo es un indicador muy pobre de la contribución de un programador o experto en marketing a los resultados organizativos. En el entorno académico, el número de publicaciones es uno de los indicadores que mide el rendimiento de un profesor de universidad pero conduce a efectos contraproducentes incentivando la cantidad sobre la calidad. A efectos prácticos, un académico puede considerar que cinco artículos científicos en cinco años de calidad media le hacen parecer más productivo que un único artículo más de fondo o innovador que abre nuevos caminos y que requiere mayor tiempo y calma para forjarse.
Otras métricas más o menos falaces, más o menos “de vanidad”, tienen que ver con el nivel de comunicación entre miembros del equipo: reuniones de coordinación, accesibilidad y rapidez en la respuesta vía email o WhatsApp, o número de informes generados.
Estas métricas son medios para conocer indirectamente el compromiso del trabajador con la organización y una medida indirecta de su contribución, pero cuando al trabajador se le paga por pensar, innovar y resolver problemas, puede que estos indicadores de productividad vayan muy desencaminados.
Marco mental de la pseudo-productividad
La pseudo-productividad del siglo XXI viene acompañada de valores y marcos mentales que enfatizan la rapidez, el frenesí, la visibilidad del trabajo. A esto en Estados Unidos se la ha dado en llamar la cultura “hustle” o cultura de la agitación. Daniel González, amigo estoico del blog, tiene un video de seis minutos donde explica el sentido de este concepto:
Cal Newport reacciona ante la pseudo-productividad y propone un nuevo marco mental sobre el que fundamentar el trabajo del conocimiento: el de la productividad lenta.
El concepto de trabajador del conocimiento es muy amplio e incluye a cualquier persona con autonomía en la definición de tareas y objetivos o en la organización de su trabajo. Asimismo, este trabajador depende de las ideas innovadoras y su capacidad de generación de ellas para aplicarlas a la solución de los problemas de su campo.
Podemos incluir aquí a programadores, profesores de universidad, ejecutivos, artistas, diseñadores, expertos en marketing, consultores, emprendedores y empresarios, soloemprendedores y en general muchos de los trabajadores autoempleados actuales. En esencia, Cal se dirige a cualquiera que no tenga rígidamente pautada la forma de lograr los resultados, cuyo campo sea ambiguo y complejo, y dependa de su creatividad e imaginación para lograr los resultados. Esto puede incluir a cada vez a más trabajadores en el siglo XXI.
La dirección por objetivos o la más reciente dirección por valores han sido intentos de gestionar las condiciones del nuevo entorno económico, pero según Cal es necesario un cambio de paradigma.
Tres principios
Cal Newport resume su paradigma o marco mental en tres principios:
I. Haz menos cosas II. Trabaja a un ritmo natural III. Obsesiónate con la calidad
La segunda parte del libro fundamenta la inclusión de cada principio y hace sugerencias o propuestas específicas para aplicarlos en la vida real.
Al final del libro, relaciona el tercer principio (obsesión con la calidad) con los dos anteriores (hacer menos cosas y adoptar un ritmo de trabajo natural), mostrando que obtener calidad exige reducir el trabajo y trabajar con ritmos más naturales; a su vez, la reducción de tareas y adoptar un ritmo más pausado de trabajo, más sostenible y “ecológico” es lo que permite en el medio y largo plazo hacer un trabajo tan bueno que “no puedas ser ignorado” (So good that they can’t ignore you9 es otro de los libros de Cal Newport).
El autor, a través anécdotas, historias y biografías de artistas, escritores, científicos y empresarios de éxito, ilustra sus tesis y proporciona imágenes vívidas que quedan en la memoria y sirven de trampolín cognitivo para adaptar o aplicar a vidas profesionales más prosaicas, como las de la mayoría de nosotros. En las páginas del libro aparecerán personajes muy conocidos como los Beatles, Steve Jobs, Madame Curie, Isaac Newton o Neil Gaiman y otros menos conocidos para el público español, como el escritor de no ficción creativa McPhee, la bailarina Maya Angelou, o la cantaautora estadounidense Jewel Kilcher.
Los ejemplos pueden parecer románticos y quizá en ocasiones algo grandiosos, definitivamente inviables o muy alejados para la mayoría de nosotros, que tenemos que equilibrar las necesidades económicas, con las familiares y las laborales y que no podemos dejarlo todo e irnos a vivir a una cabaña en el bosque para escribir o a una finca en Idaho donde nos despertemos con los trinos de los pájaros o podamos pasar horas paseando por las colinas de los alrededores.
Sin embargo, queda bien claro que estos ejemplos de artistas, científicos y escritores contienen valiosas enseñanzas para los trabajadores del conocimiento del siglo XXI. Son estos oficios artísticos los precursores y los que más experiencia y experimentación han desarrollado en la autoprogramación del tiempo de trabajo y la gestión de la energía personal para lograr obtener resultados extraordinarios.
I. Haz menos cosas
NO podemos hacer todo. Podemos hacer muchas cosas, pero es conveniente que hagamos las más importantes, las que generan más valor, las que tienen más repercusión. En todo caso, no podemos hacer todas a la vez. Este principio está muy relacionado con uno de nuestros principios minimalistas básicos, el principio de concentración10.
La primera estrategia es ser siempre muy fuerte; primero en general y después en el momento decisivo. No hay ley estratégica superior ni más simple que mantener las fuerzas concentradas. Resumiendo: el primer principio es actuar con la máxima concentración.
Klausewitz. De la guerra.
En este blog, asociado a este principio, tenemos una larga lista de reglas minimalistas11 que intentan aterrizar la gran directriz y exhortación a concentrar nuestros esfuerzos. Esta lista es tan larga –y poco minimalista– que muchos han tildado nuestro minimalismo de «minimalismo robótico12«.
El principio de Pareto o regla del 80/2013, aunque no explicitado en el libro, sí está implícito en toda la filosofía del minimalismo y el enfoque lento de la productividad. En su forma más simple el principio de Pareto significa lo siguiente: no todas las causas tienen el mismo impacto o efecto sobre los resultados perseguidos, luego haremos bien en elegir juiciosamente qué hacer, y, sobre todo, ser implacables en lo que no hacer.
Embudo de la productividad
Otro principio implícito en la filosofía del trabajo de Newport es la concentración o el foco, la habilidad de centrar los esfuerzos y la atención en una sola dirección. En esta línea, el autor habla en su blog de un concepto útil muy relacionado con lo anterior: el embudo de la productividad14.
Selección de actividades
La cantidad de tareas que podríamos hacer en un momento dado es enorme, podríamos decir que no hay más límite que el de la imaginación. Aquí es donde entra el primer elemento la productividad: la reducción de tareas a un número que permita maximizar los resultados y que sea compatible con los recursos cognitivos y psicológicos disponibles. Si no seleccionamos adecuadamente, corremos el riesgo de caer en el pozo sin fondo de la lista de tareas15.
Organización
Los locos de la productividad y otros sistematizadores suelen ser muy buenos en la organización, en el uso de herramientas y sistemas sofisticados que permiten ordenar los esfuerzos personales; pero si no ponen un filtro inicial en propósitos, proyectos o tareas ninguna organización va a conducirlos a la productividad. Además, no basta con que estas tareas sean pocas, sino que tienen que estar bien seleccionadas. Como dice Stephen Covey, “La eficiencia, que es hacer las cosas correctamente, es irrelevante hasta que estés haciendo las cosas correctas”.
Ejecución
Por otra parte, una buena selección de tareas y proyectos junto a con un sistema de organización adecuado falla si la ejecución es defectuosa, “visión sin ejecución es alucinación”:
Cal Newport ha incidido en cuestiones de ejecución y proporcionado consejos sobre minimalismo digital, eliminación de redes sociales, y reducción de interrupciones de email para maximizar el foco.
En una línea similar, en este blog hemos hablado de la regla de las tres Oes16(Omisión, Organización, Optimización), que también enfatiza la eliminación y reducción de tareas como primera O de la productividad. Decir NO y “nuncanizar”17 son consustanciales al minimalismo existencial y a la productividad personal.
El primer principio de la productividad de hacer menos se orienta en tres direcciones o desde tres perspectivas temporales distintas pero complementarias: el nivel de misión o estratégico, el de proyectos y el de tareas.
Reducción: misión
La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo
No puedes ser escritor (Cómo ser un genio, nº 1) . —Rafael Sarmentero
Cuando tengo que tomar una decisión poco importante, siempre he creído mejor considerar todos los pros y los contras. En decisiones vitales, sin embargo, la decisión debería provenir del inconsciente, de dentro de nosotros.
Sigmund Freud
El nivel de misión tiene que ver con los propósitos. En terminología religiosa o corporativa, hablaríamos de nuestra misión o misiones: por qué estamos aquí, cuáles son nuestras metas generales en la vida profesional y personal. La propuesta de Cal es reducir a unas pocos nuestros propósitos vitales y metas a medio y largo plazo.
Kierkegaard escribió: “Pureza de corazón es querer una sola cosa”. Posiblemente muchos de nosotros querríamos tener ese nivel de intensidad y foco, donde un solo propósito consumiera, ocupara o diera significado a nuestra vida. Es el caso de visionarios empresariales como Steve Jobs, artistas disruptores como Vang Gogh o científicos entregados a sus investigaciones como Richard Feynman; en general, cualquiera que ha encontrado su Ikigai, o su razón para levantarse por la mañana.
En la cultura de las islas de Okinawa, el término ikigai hace referencia a “una razón para levantarte por la mañana”. Todos necesitamos una. De lo contrario, la vida se torna un sinsentido sin ningún aliciente. Cuantas más razones para vivir mejor. Pero es fundamental que tengamos siempre alguna. La que está más presente es la que más te define. Coincide con tu vocación. La mía es escribir.
No puedes ser escritor (Cómo ser un genio, nº 1)18 . Rafael Sarmentero
Recuerdo una escena de Ciudadano Kane donde el periodista que está investigando la vida de Kane, pregunta a Bernstein sobre Mr. Thatcher, el tutor de Kane cuando era niño y consejero financiero, del que dice que es “el mayor tonto que he conocido”; entonces el periodista replica que no debe de ser tan tonto si ha hecho tanto dinero, a lo que Bernstein responde que “ganar mucho dinero no es difícil …si es lo único que quieres”.
Ciertamente, la unicidad de propósito ayuda mucho a ser productivo, pero para la mayoría de nosotros resulta difícil querer una sola cosa y consagrar a ella nuestra vida. Más bien, deberíamos pensar en un par de roles o papeles o áreas existenciales donde encontramos sentido. Para Cal Newport, es su trabajo de teórico computacional y profesor de universidad, su carrera de escritor y posiblemente, aunque no lo dice, su familia y su vida espiritual o religiosa.
Lo importante es definir esos pocos campos elegidos y enfocarse en unos pocos propósitos vitales. ¿Cuáles son los tuyos?
Reducción: proyectos
Cuidado con dispersar tus fuerzas, lucha constantemente por concentrarlas. El Genio se cree que puede hacer cualquier cosa que ve hacer a otros, pero seguro que se arrepiente de cada gasto mal calculado.
Goethe
Los proyectos 19son son esfuerzos con resultado definido y plazo limitado, de unas pocas semanas a un par de semestres, en los que centramos nuestra acción y atención. El trabajador del conocimiento, a diferencia del trabajador industrial o de las burocracias corporativas, que se centra más en operaciones diarias recurrentes, aporta valor a través de proyectos.
Newport también enfatiza la necesidad de mantener bajo control el número de estos. Podemos tener una lista de posibles proyectos, pero debemos priorizarlos y enfocarnos en cada momento en un número no superior a tres, so pena de dispersar nuestros esfuerzos y caer en el peligro que nos recuerda el refrán español “Quien mucho abarca, poco aprieta”. Los no elegidos quedan en la reserva a la espera de tiempo disponible para ello. Una buena regla general es que para que entre en ejecución un nuevo proyecto ha de salir otro.
Reducción: tareas
Las únicas listas que funcionan son las que tienen solo un elemento.
Nassim Nicholas Taleb
Aquí llegamos al nivel de la actividad diaria donde hemos de luchar por controlar el número de tareas que planeamos durante un día. El papel, como sabemos, lo aguanta todo, ya hable en otro lugar sobre el “pozo sin fondo de la lista de tareas20” y como corre el riesgo de convertirse en una carta diaria a los Reyes Magos más que una estimación de lo que razonablemente podemos lograr en un día de trabajo.
Aquí debemos pecar de conservadores y no tratar de embutir en un día más tareas de las que podemos completar dejando tiempo de sobra para su consecución.
Reducir lo pequeño
Las pequeñas tareas, en cantidad suficiente, pueden actuar como termitas de la productividad, desestabilizando los cimientos de lo que estás intentando construir. Merece la pena hacer todo lo posible por mantenerlas bajo control.
Cal Newport. Slow Productivity. The Lost Art of Accomplishment Without Burnout
The main thing is to keep the main thing the main thing. —Kevin Kelly
Kevin Kelly, estudioso de la cultura digital
Siguiendo la poderosa imagen de Steven Covey en el clásico de la productividad Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, debemos evitar que la “arenilla de las tareas”, las pequeñas tareas necesarias, pero de poco impacto, terminen comiéndose nuestro tiempo y concentración.
Aquí hablamos de las reuniones rutinarias, el tráfago de emails, las cuestiones administrativas o de mantenimiento, la navegación por internet, y, en general todo aquello que tiene poca repercusión sobre los resultados finales pero de lo que solemos abusar. Siguiendo también la imagen de Covey, deberíamos introducir primero nuestras piedras y “grandes rocas” semanales 21en nuestra agenda diaria, y, solo después, buscar el lugar para la arenilla.
Cal proporciona muchos consejos y sugerencias para mantener lo importante como importante a pesar de las exigencias y el dinamismo vertiginoso de muchos trabajos actuales.
Traer hacia sí en vez de ser empujado (“Pull instead of push”)
Esta es una propuesta de gran calado especialmente innovadora y novedosa: la de no asumir exigencias, demandas sobre nuestro tiempo o información de entrada que no estamos preparados para procesar.
Aplicada a nivel de organización serviría para evitar cuellos de botella en los procesos de trabajo y permitiría redistribuir los recursos materiales y humanos de la manera más eficiente para el logro de los objetivos finales. El autor proporciona varios ejemplos de este enfoque y su éxito en distintos entornos profesionales.
Pero, ciertamente, no podemos esperar a que la “buena nueva” del enfoque “pull” cale en nuestra empresa en particular. Entonces, ¿qué podemos hacer en el nivel individual para adoptar este enfoque? Cal recomienda ser muy consciente de la carga de trabajo que uno tiene en cada momento, medida esta en número de proyectos y demandas de tiempo y esfuerzo, y no hincar el diente a más de lo que uno puede masticar y deglutir.
Esto significa definir claramente los proyectos en los que estamos trabajando en cada momento y su importancia. Como hemos dicho antes, tener más de tres proyectos a la vez supone dispersión, estrés y estar haciendo un esfuerzo continuo, posiblemente insostenible, por distribuir nuestra atención entre diversos focos. El resultado habitual es el de trabajar superficialmente en cada uno de ellos y hacer pocos avances significativos, o tensar la cuerda de nuestro horario y estrés volviendo estos esfuerzos contraproducentes en el medio y largo plazo.
Ayuda mucho ser capaz de evaluar honestamente y con precisión tu potencial de trabajo (una función del lugar, tu nivel actual de motivación y energía, los deberes y compromisos próximos, la disponibilidad de recursos y el nivel esperado de distracción) en un periodo dado de tiempo en el futuro (por ejemplo, el resto del día): pasarte de confiado o por el contrario pecar de falta de confianza sobre lo que puedes lograr lleva a asumir más o menos de lo que puedes gestionar adecuadamente, y ambas cosas llevan a ineficacias (conozco por experiencia directa las dos caras de este problema).
Terence Tao. Matemático australiano y Medalla Fields
Unida a esta consciencia clara de la carga de trabajo, está la necesidad de ser honrado con uno mismo y ser transparente con los demás: en cada momento, deberíamos ser claros sobre lo que estamos haciendo y sobre lo que podemos hacer y cuándo podemos hacerlo. Esto implicará decir no más a menudo o replantear prioridades si es que la decisión final la tienen los superiores jerárquicos.
II. Trabaja a un ritmo natural
El paradigma mecanicista ha de ser sustituido por uno más “ecológico”, más natural, en el sentido de que esté más alineado con los ritmos y naturaleza del trabajo que estemos realizando y nuestros niveles de energía psíquica y física.
Una vez más, el papel lo aguanta todo, y muchas veces parece que nos gestionamos a nosotros mismos como si estuviéramos gestionando una máquina, de manera rígida e ingenieril.
Cal, con todas las reservas ideológicas que se adivinan en su carácter y creencias, usa el concepto marxista de alienación o extrañamiento del trabajador de su trabajo y los frutos de su trabajo. Este es inherente al paradigma taylorista de la organización industrial del trabajo del siglo XIX y principios del XX: en él se trata al trabajador de la misma manera que se trata a una máquina, como una pieza inanimada y sin agenda del entramado productivo.
El choque entre el modo ingenieril de organización industrial y la naturaleza humana es quizá lo que hizo exclamar a Henry Ford “¿Por qué es que cada vez que pido un par de manos estas vienen con un cerebro al lado?«.
En la era de la información, se necesita transformar la vieja pregunta taylorista acerca del trabajo físico (a saber, “¿pueden las extremidades del trabajador operar de forma aún más efectiva?”) en otra de índole más espiritual: “¿puede la vida interior de la persona moverse de una forma aún más efectiva?”.
La ética del hacker, Petra Himanen
Si el cerebro acompaña cualquier trabajo industrial, por rutinario que sea, más acompaña el tipo de trabajo y experiencia del trabajador del conocimiento actual.
Algunas de las propuestas para trabajar a un ritmo más natural son las siguientes:
Tomate más tiempo para hacer el trabajo. Abraza la estacionalidad Trabaja poéticamente
Tómate más tiempo para hacer el trabajo.
En este apartado se habla de asumir una perspectiva más a largo plazo que permita asumir un ritmo variable en función de las circunstancias y obviar algunas de las métricas habituales conducentes a la pseudo-productividad.
Cuando hablamos de un trabajo creativo y complejo que requiere de ideas, la acción más productiva del día puede estar en dar un largo paseo después de comer sin pensar en nada en particular, como forma de entrar en una modalidad menos enfocada del pensamiento y para permitir que el tiempo de contemplación obre su efecto en forma de pequeñas y grandes revelaciones. De esto hablamos en la rutina itinerante de Homo Mínimus22.
Los paseos en buena compañía, quizá disfrazado de dandi y quizá no, son formas relajadas de dejar volar la conversación y la imaginación que pueden hacer fluir las ideas.
El autor recomienda doblar el tiempo proyectado para acabar los proyectos y nos recuerda el sesgo de planificación23 en los proyectos, que nos suele llevar a infravalorar el tiempo necesario para completarlos.
Otros consejos tratan sobre la simplificación de los días de trabajo y la asunción de algún sistema como el de agenda fija24.
Por último, y esto creo que es tremendamente importante, perdonarse a uno mismo por no completar tareas o proyectos en el tiempo estimado. Después de todo somos humanos que queremos hacerlo lo mejor posible, pero a su vez somos finitos en capacidad y conocimiento.
Abraza la estacionalidad
En este blog hemos hablado mucho de los ritmos y de la necesidad de equilibrarlos. Soojung-Kim Pang, el autor de Descansa. Produce más trabajando menos25 en su manifiesto por el descanso deliberado26 ilustra extraordinariamente la necesidad y belleza de adoptar un ritmo mucho más natural y sostenible, tan distinto a la cultura de la agitación (“hustle culture”) de la que hablamos antes.
El descanso resulta ser como el cantar o el correr. Todo el mundo sabe básicamente cómo hacerlo. Pero con un poco de trabajo y comprensión, puedes aprender a hacerlo mucho mejor. Puedes disfrutar el descanso más profundamente y salir más fresco y revitalizado. Las personas no llegan a ser expertos de talla mundial solo a través de la práctica deliberada. También practican lo que podríamos llamar descanso deliberado. Encuentran descanso que es psicológica y físicamente reparador, y también mentalmente productivo. El descanso deliberado te ayuda a recuperarte del estrés y el cansancio del día, permite que las nuevas lecciones y experiencias se asienten en tu memoria y proporciona a tu mente subconsciente espacio para seguir trabajando. Y es a menudo en estos periodos de descanso deliberado y aparentemente ocio —cuando no estás explícitamente trabajando o esforzándote— que puedes tener algunas de las mejores ideas.—
Manifiesto por el descanso deliberado. Soojung-Kim Pang.
El paradigma del velocista vs el del maratoniano27 del que también hemos hablado en este blog abunda en la misma línea: no se trata de tener un ritmo lineal y cumplir hitos de manera rígida y previsible, sino de tener en cuenta la naturaleza de la energías física, mental, emocional y espirituales humanas para permitirnos la necesaria recuperación antes de los esfuerzos. Como bien sabemos, cualquier deportista de élite dedica cien veces más de tiempo a la preparación y el entrenamiento que a la ejecución y la competición, y para ellos el descanso es parte integral y esencial del entrenamiento.
Maratonianos al final del camino…
Cal hace propuestas como planificar temporadas bajas de esfuerzo reducido, tomarse vacaciones o sabáticos de algunos meses más a menudo.
Para ampliar esta línea de pensamiento y aplicarlo a una escala de vida, puedes leer el artículo Regla deDistribución del tiempo de trabajo en la vida28” y las ventajas de una vida profesional puntuada de amplios descansos, a semejanza de los años sabáticos de los académicos.
Los descansos no son solo los más conocidos sabáticos o vacaciones anuales, sino que también incluyen la “pequeña estacionalidad” con iniciativas como los lunes libres de reuniones, proyectos menos exigentes después de los más tensos o difíciles o tomarse una tarde de trabajo libre para ir al cine o tomarse un café en una cafetería tranquila.
Mejor ser un velocista lleno de potencia y vitalidad
Trabaja poéticamente
Poéticamente habita el hombre el mundo.
Hölderlin
Esta propuesta sobre la forma de lograr un ritmo más natural de vida y trabajo profesional es la que más ha resonado conmigo.
Hay dos aspectos que quiero recalcar: la importancia de los rituales y el aprovechamiento de la experiencia de los profesionales creativos. Aquí incluimos la importancia del lugar de trabajo y su elección estratégica, los rituales de inicio del día, las reglas sobre cuando acabar la jornada de trabajo, y hasta extrañas costumbres para hacer más probable la inspiración:
[Goethe] había pasado por la casa de Schiller y, al descubrir que su amigo no estaba, decidió esperar a que regresara. En lugar de desperdiciar unos momentos libres, el productivo poeta se sentó en el escritorio de Schiller para apuntar algunas notas. Luego, un olor peculiar hizo que Goethe se detuviera. De alguna manera, un olor opresivo se había infiltrado en la habitación.
Goethe siguió el olor hasta su origen, que en realidad estaba justo donde él estaba sentado. Provenía de un cajón en el escritorio de Schiller. Goethe se inclinó, abrió el cajón y encontró un montón de manzanas podridas. El olor era tan abrumador que se mareó. Se acercó a la ventana y respiró algunas bocanadas de aire fresco. Goethe naturalmente estaba curioso acerca del tesoro de basura, aunque la esposa de Schiller, Charlotte, solo pudo ofrecer la extraña verdad: Schiller había dejado deliberadamente que las manzanas se echaran a perder. El aroma, de alguna manera, lo inspiraba, y según su esposa, él «no podía vivir o trabajar sin él.»
Las manzanas podridas, las ovejas negras y casos límite, así como los rituales30, tienen una sección en este blog y hemos investigado con cierta profundidad los hábitos intelectuales de escritores como Raymon Chandler y su técnica de las O alternativas31, Hemingway y el dejar el trabajo en un momento interesante32.
Cal Newport resume aquí sus consejos sobre los rituales de trabajo:
Mi consejo aquí tiene dos partes. Primero, forma tus propios rituales personalizados en torno al trabajo que consideres más importante. En segundo lugar, al hacerlo, asegúrate de que tus rituales sean lo suficientemente llamativos como para cambiar efectivamente tu estado mental en algo que apoye más sus objetivos.
También hemos escrito en el “Tao de la Productividad”33 sobre como un genio matemático como Terence Tao organiza su trabajo intelectual, y su deliberada y sofisticada organización del trabajo. Especialmente interesantes son sus observaciones sobre el manejo de los ritmos y su gestión de la energía psíquica:
Otro asunto es que mi habilidad para hacer trabajo matemático serio fluctúa mucho de un día a otro; a veces, puedo pensar intensamente sobre un problema durante una hora, otras veces me siento preparado para escribir los detalles completos de un esbozo que mis coautores o yo ya hemos escrito, y en otras ocasiones solo me siento capacitado para responder al correo electrónico y hacer recados, o simplemente para dar un paseo o echarme una siesta.
Terence Tao
Sorprendentemente, muchos de sus métodos son perfectamente aplicables en otros ámbitos laborales que requieren de cierta creatividad y conexión de ideas.
Uno de mis amigos, caso límite, oveja negra a ratos y nunca manzana podrida, el poeta Rafael Sarmentero, alias “El Genio” (creo que debería quitar las comillas y el alias), al que también dedicamos un artículo, Lo que podemos aprender de Rafael Sarmentero34, nos proporciona un montón de datos reveladores sobre la trastienda de la creación y corrobora el en apariencia contradictorio nexo entre disciplina y ritualización de la vida y el trabajo, por un lado, e inspiración, flujo, imaginación e improvisación por otro.
Rafael Sarmentero trabajando
Necesitamos inspiración, pero solo la vamos a lograr si va precedida de transpiración. De El Genio me quedo con uno sus poemas moralizantes más incisivos:
La diferencia entre nada y todo es un poco. No es un juego de palabras. Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y tienes y no tienes nada. Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado. Entre nada y todo hay una diferencia muy grande. Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco. No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio. Un poco lo es todo.
No puedes ser un escritor (Cómo ser un genio, nº 1) . —Rafael Sarmentero
Muchos pocos en el tiempo terminan por crear un todo. Así que atento a esos pocos. Después de todo, una acumulación de cotidianos infinitesimales es lo que termina generando el área bajo la curva de nuestras vidas.
III. Obsesiónate con la calidad
Se debe apreciar la intensidad más que la extensión: la perfección reside en la calidad no en la cantidad. La extensión de por sí sola nunca se eleva por encima de la mediocridad, y es la desgracia de los hombres con amplios intereses generales que mientras que les gustaría tener un dedo en todas las tartas no la tienen en ninguna. La intensidad proporciona eminencia y eleva a lo heroico en material sublime.
Baltasar Gracián. El arte de la prudencia.
Según Cal Newport, no necesitamos ser perfectos en cada uno de nuestros proyectos. Lo importante es la mejora continua, que el siguiente proyecto añada alguna habilidad más a nuestro arsenal y seamos profesionalmente un poco mejores que ayer.
Es esta competencia profesional creciente basada en la calidad de nuestro trabajo la que nos permite elegir nuestros trabajos en el futuro, nos abre oportunidades profesionales y a su vez permitirá que podamos vivir según las características y métodos de la productividad lenta de la que hemos hablado arriba.
Si, de acuerdo con el filósofo Spinoza, «La alegría es el paso del hombre de una menor perfección a una mayor» entonces la felicidad podría ser una actividad, no un estado del alma, no un punto final; aplicándolo a nuestra actividad profesional la felicidad profesional no es una posición de llegada, sino un camino donde nos esforzamos, a la manera de un habilidoso artesano, por crear productos únicos y cada vez mejores para nuestros clientes.
Aquí enlazamos con otro de los temas centrales del pensamiento de Cal Newport: la búsqueda del expertismo en un área profesional. En esencia, su fórmula consiste en desarrollar a lo largo de años y décadas destrezas únicas (cada uno las suyas en su área profesional) que sean valoradas por alguien en el mercado (es decir, por suficientes seres humanos como para que su ejercicio sea rentable) y que podamos replicarlas o repetirlas (que no sean flor de un día o fruto del azar).
Me paro aquí un momento y recalco la segunda condición: «valoradas por alguien en el mercado». Olvídate de la pasión y de tu ombligo, concéntrate en hacer algo bien para otros seres humanos. Puede que seas el campeón mundial de petanca, pero «de la petanca no se puede vivir».
Como escribe Raúl Hernández, al hilo de esta noticia:
Así que la reflexión del chaval de la petanca tiene más miga de la que parece. La idea de «ganarse la vida» sigue siendo fundamental. Y uno no tiene la vida ganada porque sí, y tampoco tiene derecho a ganársela como él decida. Hay caminos que te lo permiten, y caminos que no. Y uno tendrá que elegir entre los primeros. Y el resto, sea jugar a la petanca o cualquier otra cosa… para tus ratos libres.
Vivir de la petanca y otras aspiraciones. Raúl Hernández González.35
Haríamos bien entonces en poner en el centro a otros seres humanos y olvidarnos un poco de nuestras pasiones siguiendo el consejo de Cal de «ser tan bueno en algo que no puedan ignorarte». Posiblemente, el compromiso previo con el propio trabajo y el ser útiles para nuestros semejantes esté por encima de cualquier pasióninicial que lo justifique todo.
Nuestra vida profesional no es solo un esfuerzo autista de satisfacción personal y persecución de nuestros sueños. Si queremos poder sostener una vida significativa y ser retribuidos por nuestros esfuerzos debemos buscar la manera de encajar nuestro trabajo con las necesidades de otros seres humanos. Nadie nos debe nada, y si queremos que alguien haga algo por nosotros, también debemos estar dispuestos a encontrar la manera de hacer algo por los demás.
Si un hombre tiene buen maíz o madera o tableros o cerdos que vender, o puede fabricar mejores sillas o cuchillos u órganos de iglesia que cualquier otro, la gente se abrirá paso a través de un camino de cabras, aunque esté en medio del bosque.
Dentro de este marco de desarrollo profesional, es claro que ha de primar la búsqueda de la calidad creciente en el trabajo, por encima de los resultados inmediatos o a corto plazo. Por otra parte, uno ha de encontrar sentido en lo que hace y desarrollar un compromiso inequívoco con el área profesional elegida.
La calidad abre oportunidades, pero también justifica nuestra existencia, crea sentido. Un trabajador que solo obedece órdenes y no ha decidido transformar su trabajo e impregnarlo de sentido, deja pasar el tiempo esperando que transcurran los días, como el preso que espera el permiso carcelario de fin de semana. Para él, quizá es razonable poner su mente y su espíritu en piloto automático esperando al fin de mes y cobrar el sueldo, o esperando el verano y gozar de varias semanas de libertad condicional.
Pero es distinto cuando los resultados que persigues no son automáticos, previsibles o rutinarios, cuando quieres desarrollar el orgullo profesional de un artesano y ejercer el poder de tu inteligencia creadora.
No creo que exista una métrica del significado, la cuantificación tiene un límite; no todo lo que se puede medir cuenta, ni todo lo que cuenta, en este caso el sentido, puede medirse.
Una percepción holística e integral de la vida, las prioridades, la misión, la relación con nuestros semejantes, con la tradición y nuestra comunidad, con D-os o el Cosmos, nos proporcionará la orientación vital que nos diga, tripas adentro, en nuestro fuero interno, si estamos yendo en la dirección correcta.
¿Y cuál es el truco para lograr la calidad?
En una escena de Lawrence de Arabia, T.E Lawrence enciende un cigarrillo y apaga el fósforo frotando sus dedos… un hombre poco después intenta hacer lo mismo…
Hombre: ¡Oh! [quemándose los dedos] ¡Cómo duele!
Lawrence: Claro que duele.
Hombre: Entonces, ¿dónde está el truco?
Lawrence: El truco, William Potter, es que no te importe que te duela.
Obtener la calidad duele, requiere esfuerzo, sudor y algunas lágrimas. Requiere sacrificio en lo inmediato y durante mucho tiempo con la esperanza de obtener algo mejor en el futuro. Requiere los ritmos más pausados y lentos de la creación y el desarrollo profundo de habilidades.
En tres palabras: no hay atajos.
Conclusiones sobre el libro y recomendación
Slow Productivity es digno de leerse por la importancia del contenido y el cuidado artesanal con que a lo largo de los años Cal Newport ha gestado esta obra.
El libro, por el momento, no está disponible en español, aunque lo estará en enero de 202536.
Espero que este artículo de 6.000 palabras te haya servido de aperitivo y acicate para seguir explorando por tu cuenta, quizá tomando como punto de partida algunas de las referencias que he proporcionado y algunos artículos de este blog.
Quién tenga más curiosidad sobre Slow Productivity o algún otro aspecto relacionado con los temas del libro, puede preguntarme en comentarios e intentaré responder lo más precisa y claramente que pueda.
En las decisiones pequeñas, sabemos que cualquier decisión que tomemos será suficientemente buena; si es mala, tendrá poca relevancia y nos recuperaremos rápido de ella, aprenderemos la lección y la siguiente vez elegiremos una mejor opción.
Por ejemplo, si este domingo elijo una película española, se que me abofetearán con su mal gusto, seré adoctrinado ideológicamente, escucharé a actores sin dicción y motivaré a directores diversos, inclusivos e igualitarios a que sigan realizándose profesionalmente produciendo malas películas. No solo eso, perderé el dinero de la entrada y el tiempo dedicado a verla, que podría haber empleado más provechosamente.
Pero si escarmiento de una vez, y si somos suficientes espectadores los que aprendemos de estas experiencias negativas, aprenderemos a ser más cuidadosos en la elección de películas, refinaremos nuestros gustos—originariamente ingenuos— y, poco a poco, descartaremos de la faz de nuestros impulsos cinematográficos las películas españolas con monjas embarazadas, argumentos progres de parvulario y empresarios con bigotito fascistoide, malos, muy malos.
No pasa nada, el error es el nombre que muchos dan a la experiencia personal. Equivocarse está permitido, aunque hay que procurar que esos errores sean cada vez distintos, o al menos mejores y más inteligentes. La próxima vez probaremos con el venerado realizador finés Aki Kaurismäki (es un poner).
Kaurismäki retorciéndose en la alfombra roja a su llegada al Palais des festivals para asistir a la proyección de El hombre sin pasado durante el 55º Festival de Cannes, el 22 de mayo de 2002
En principio, las pequeñas decisiones malas pueden acumularse y ser igual de letales en sus consecuencias que las decisiones erróneas transcendentales. Por ejemplo, tomar el teléfono móvil en un momento de aburrimiento en la cola de la cafetería está entre las decisiones irrelevantes en el corto plazo y las muy relevantes en el largo plazo. Sobre todo si eres un director de culto que gusta de enviar mensajes picantes a amigas o becarias traicioneras.
El director Carlos Vermut, en noviembre de 2022, en una entrevista promocional por ‘Manticora’.Juan Barbosa/ Europa Press via Getty Images
Los malos hábitos son decisiones tomadas cotidianamente que han dejado de parecer decisiones, son rutinas mentales y de comportamiento que ejecutamos por defecto, sin considerar sus implicaciones, sus costes y beneficios. Imagina que automática e irreflexivamente, y por contentar a tu mujer o novia, siempre vieras películas de Almodóvar, Fernando Trueba o Carlos Vermut (no, este no, que ha caído en desgracia [2]): las consecuencias sobre tu bienestar estético y progreso moral serían terribles.
Pero dejemos a un lado las hábitos-decisiones sobre los que ya hemos escrito y seguiremos escribiendo mucho. Hoy nos vamos a centrar en las decisiones de calado, transcendentales, con consecuencias potenciales muy positivas o muy negativas, y sobre las que muchas veces agonizamos.
trascendental Tb. transcendental.
De transcendente.
adj. Que se comunica o extiende a otras cosas.
adj. Que es de mucha importancia o gravedad, por sus probables consecuencias.
Este es un modelo de la acción humana para un subconjunto importante de nuestras decisiones. Imagina el sistema de husos horarios: Estrecho por un extremo, el polo sur, de donde empiezan a divergir las franjas o hilos y aumentar la distancia entre ellos . Cada franja o línea es una decisión tomada y sus consecuencias se extienden a lo largo del tiempo. Esta es la manera en que se nos presentan muchas decisiones en la vida: un multitud de opciones, de hilos conductuales y existenciales posibles, cada uno con sus pros, con sus contras, y que según avance el tiempo irán difiriendo más en sus consecuencias positivas y negativas.
No son simples hilos o cadenas de acciones y resultados que podamos valorar y elegir el mejor, porque hay una complicación añadida: los resultados son solo conocidos en términos de probabilidad, es decir, hay incertidumbre sobre cómo acabará y dónde acabará cada hilo del huso de la decisión. Es como si cada hilo fuera uno de nuestros hijos y no supiéramos su destino. Es como si cada hilo fuera un caballo al que podemos apostar, y no sabemos quién ganará, cuándo ganará o cuánto ganará.
Nuestra capacidad de predecir los resultados de decisiones futuras es limitada; además, según pasa el tiempo, hay más incertidumbre; por lo tanto, ya de partida sufrimos una casi inevitable miopía existencial, existencial y además esencial, porque forma parte de la esencia de la condición humana.
Lo que tenemos claro, es que las consecuencias de seguir tal o cual huso probabilístico serán muy diferentes, y las decisiones no tomadas, los husos no seguidos, quemarán más adelante en nuestra conciencia, sobre todo en el momento en que el curso elegido no responda a nuestras expectativas iniciales, lo que inevitablemente terminará sucediendo; en ese momento, miraremos atrás, al polo sur de la decisión y maldeciremos nuestro nulo discernimiento o nuestra mala suerte o ambas cosas.
Este modelo de huso horario es aplicable a muchos dilemas o encrucijadas existenciales en nuestras vidas: elijo esta carrera o esta otra; me voy a vivir a la gran ciudad o sigo viviendo en un pequeño pueblo o capital de provincia; ingreso en un monasterio o me caso con la mujer de vida,; compro eliPhone 15 Pro o el iPhone 15 Pro Max, y dentro de cada categoría lo compro en titanio negro, titanio blanco, titanio azul o titanio natural.
El problema de mirar la parte ancha del huso
Habitualmente, miramos la parte ancha del sistema de husos, donde la diferencia en consecuencias es más grande. Esto produce vértigo y conduce a la postergación de la decisión y a una especie de tierra de nadie existencial donde temporalmente vives en el limbo, más bien purgatorio, esperando el fin de la condena y el paso al cielo de la mejor decisión tomada.
Alternativamente, también puede ser que la dificultad de soportar la tensión, la incertidumbre y la ambigüedad te lleve a tomar una decisión precipitada, con poca información y más movido por el deseo de dejar de sufrir que por el de mejorar la situación. Cuando queremos dejar de estar en vilo, cuando queremos cerrar cognitiva y emocionalmente el asunto, es probable que perdamos el contacto con nuestros mejores deseos y con las posibilidades más a largo plazo, que no tendrán rédito inmediato.
En ambos casos, bien postergando por miedo a no acertar, bien precipitándonos hacia la decisión más estereotipada y con frutos a corto plazo, nos estaremos equivocando.
La segunda parte del huso probabilístico (convergencia)
Ninguna decisión tomada puede competir con los mejores resultados positivos de otras decisiones distintas.Es improbable que tomes la mejor decisión y en muchas puedes equivocarte con consecuencias desastrosas. Pero puede que esta sensación de equivocación sea relativa a un horizonte temporal corto; dicho de otro modo, es posible que en horizontes temporales más extensos, no importe mucho una decisión errónea en un punto dado. El modelo del huso probabilístico sostiene que hay una parte del espacio de resultados posibles donde la mayoría de las opciones tomadas termina convergiendo en resultados similares, en un norte del sistema de husos probabilísticos.
Una mala decisión en un momento dado se puede compensar con buenas decisiones en otro punto del hilo decisional probabilístico; es probable que a lo largo de cada hilo decisional se pueda remontar un mal resultado, o se pueda echar por tierra uno bueno inicial, de tal modo que los resultados finales no cambien mucho. Muchos de estos hilos decisionales convergen en un mismo punto o en una región de resultados similares. En resumen, puede ser que para muchas situaciones de decisión con consecuencias aparentemente transcendentales, todos los caminos posibles terminen llevando a Roma.
Horizontes de la decisión
En un plazo de tiempo lo suficientemente largo la esperanza de vida de cualquier persona se reduce a cero.
El club de la lucha. Chuck Palahniuk
Tomando la perspectiva de la duración de toda una vida, podríamos decir que todos empezamos en un mismo lugar, el nacimiento (el polo sur de donde surgen todos los husos) y según sucesivas decisiones y la suerte, los resultados divergen, hay muchos futuros posibles.
Pero es evidente que en un plazo suficientemente largo la probabilidad de estar muertos se acerca peligrosamente a uno, con lo que todos acabamos en el mismo lugar.
No es necesario tomar una perspectiva tan amplia —de toda una vida—, en su lugar podemos decir que muchas decisiones sobre las que agonizamos puedan terminar convergiendo en un plazo moderado en un mismo lugar, porque o la suerte se equilibra, o a lo largo de un hilo decisional aprendemos a tomar mejores decisiones que nos llevan a un extremo del huso probabilístico donde convergen muchas de las decisiones malas, regulares y buenas tomadas en un inicio.
Es razonable pensar que esta convergencia tiene que ver con nuestros talentos, capacidades y motivaciones. El talento puede crecer o decrecer, pero tiene un techo; nuestras capacidades son más grandes o más pequeñas, pero limitadas; nuestras preferencias y temperamento y carácter suelen tender a ser estables y por eso determinan en el largo plazo donde llegamos.
Al mismo tiempo, hay una convergencia de tipo hedónico, que es independiente del tipo de resultado que obtengas. Es decir, los niveles de satisfacción percibida tanto positivos como negativos tienden a equlibrarse en el medio y largo plazo, por lo que tenemos una convergencia emocional o de valor percibido con independencia del resultado objetivo obtenido con nuestras decisiones.
La Adaptación Hedónica es muy sencilla de explicar, el chute de dopamina está muy bien, pero dura muy poco, o como diría mi abuelo, a todo te acostumbras, ya sea bueno o malo. En un estudio de 1978 titulado «Lottery Winners and Accident Victims: Is Happiness Relative?» se expone que, tras un evento positivo o negativo, como puede ser ganar la lotería o sufrir una lesión incapacitante, tras el impacto inicial de felicidad o desgracia los niveles generales de satisfacción volvían al nivel medio tras un tiempo.
Dicho de otro modo, puede ser que la cabra de nuestra voluntad tire siempre al monte, sin importar que decida en la mañana decida darse un baño en el lago o un paseo por el pueblo. Al avanzar el día y llegar la tarde, toda cabra, cabrito o cabrón que se precie terminará pastando y retozando en el monte.
Siguiendo a Bruce Lee, podríamos decir “Sé agua, mi amigo” o bien podríamos decir, con Antonio Machado, “Nuestras vidas son los ríos/que van a dar a la mar/ gran cantar”. Puede que todos los afluentes terminen desembocando en un gran río y los grandes ríos en el mismo lago.
También puede ser que nos estemos internando en un laberinto de un frondoso jardín de altos setos que no nos deja ver donde conducen los senderos; algunos de estos parecen enrevesados y enseguida se pierden de vista; otros son más líneas rectas que permiten ver el camino durante un trecho.
También puede ser que el jardín en el que se aloja el laberinto no esté acabado, que esté en constante cambio, que incluso tras los callejones sin salida y los caminos más accidentados haya una legión de jardineros cósmicos construyendo insospechadas posibilidades.
Puede incluso ocurrir que reconstruyamos el jardín en cada una de las decisiones que tomamos en esas encrucijadas, y con ello creemos nuevos senderos en el jardín. Puede que no haya camino, oh, caminante, y se haga el camino, el jardín y el laberinto al andar. Puede incluso que los finales sean distintos, sean muy parecidos o haya una sola salida del laberinto.
Puede ser que haya un multiverso de jardines existenciales cada uno con sus senderos que se bifurcan y sus nudos existenciales. Puede que nos haya tocado uno de tantos posibles y que no podamos elegir; puede que nos hayan dado unas cartas y unos jardines que hemos de jugar, y que lo importante sea seguir dando pasos y salvando encrucijadas sin agonizar sobre los resultados. Incluso, podría ser que en ciertas encrucijadas del laberinto podamos transmutar el laberinto y aterrizar en un jardín distinto.
Pero bueno, basta de elucubraciones, que me estoy metiendo ya en muchos jardines llenos de charcos.
La pregunta que hago es esta:
¿Cuál será tu siguiente paso?
…
No importa tanto cuál sea, basta con que sea eso… un paso.
…
Eso sí, asegúrate de que no estés al borde de un precipicio.
Non coerceri a máximo, contineri tamen a minimo divinum est
Este es el lema, divisa o principio inspirador de este blog desde hace años. Nunca nadie me ha preguntado por él, supongo que porque está en la página inicial del blog y poca gente lo lee o porque la gente hoy no sabe latín y no considera que pueda sacarse partido de desempolvar latinajos.
No estar limitado por lo más grande, estar contenido en lo más pequeño, eso es divino.
Es una frase que escribió un jesuita anónimo en 1640 en Amberes como elogio conmemorativo de San Ignacio de Loyola para el primer centenario de la Compañía de Jesús. El poeta romántico alemán Hölderlin la incluye en el prefacio de su obra Hiperión, aunque más como una celebración del potencial del espíritu humano que como caracterización de lo divino. De hecho, esta frase ha tenido muchas interpretaciones. Joseph Ratzinger, después Benedicto XVI, alude a esta máxima jesuítica en su Introducción al Cristianismo, escrita a los 40 años, y dice que “lo mínimo se vuelve máximo” si dejamos ingresar el amor divino en el mundo
El Papa Francisco, también jesuita, desarrolla esta máxima espiritual en la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate del 19 de marzo de 2018:
El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial. […] Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante, porque la magnanimidad se muestra en lo simple y cotidiano. Se trata de no tener límites para lo grande, para lo mejor y más bello, pero al mismo tiempo concentrados en lo pequeño, en la entrega de hoy.
Espacio y tiempo
Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.
Aquél que se liga a una alegría
Hace esfumar el fluir de la vida;
Aquél que besa la joya cuando ésta cruza su camino
Vive en el amanecer de la eternidad.
William Blake
The Ancient of Days William Blake
El actual Papa no es santo de mi devoción, bueno, digamos que no es ‘Papa’ de mi devoción —aunque no llego a identificarlo con el “representante del maligno en la Tierra”, como hace el presidente de Argentina, Javier Milei—. Coincido con el Papa Francisco en la interpretación de la máxima jesuítica. Para mí es un un aviso o recordatorio o llamada de atención para no confundir lo grande geométrico con lo importante, o para no desestimar lo pequeño, efímero o aparentemente insignificante que se esconde en lo cotidiano. Después de todo, una acumulación de cotidianos infinitesimales es lo que termina generando el área bajo la curva de nuestras vidas.
Asimismo, la dimensión temporal es importante: muchos vivimos en el día a día, sintiendo nuestras vidas como un acumulación de momentos inconexos, sin plan (y esto puede estar bien) y sin coherencia o dirección (y esto suele estar mal). Vivir en el presente, la plena presencia, el día a día y el carpe diem, es el aroma de nuestros tiempos; la cuestión es si estamos abusando de esta orientación vital en detrimento de un principio o principios unificadores que otorguen unidad a nuestros fragmentarios pasos y que proporcionen perspectiva y sentido a nuestras vidas. Una vida sin dirección es una vida coja, aunque, siendo los caminos del Señor inescrutables, debamos tolerar un cierto vagabundeo existencial que nos permita encontrar el mejor camino en cada momento; como dijo alguien, no siempre el que pasea sin rumbo fijo está perdido.
Necesitamos la visión final que coordine nuestros movimientos circulares transformándolos en verticales, hacia un fin más alto que los pequeños afanes o espasmódicas rutinas y hábitos. Necesitamos el futuro anhelado posible para orientar el actual presente.
Sin embargo, las visiones son borrosas y mejorables, han de serlo si queremos irlas perfilando poco a poco, actualizándolas a la luz de la experiencia y nuestra concepción de lo bueno posible, para así ir mejorando nuestras acciones en el día a día.
Necesitamos una visión lo “suficientemente” clara como para orientar nuestra vida, pero no tan clara, definida o acabada como para que amortaje nuestra acción en un camino rígido, inamovible y deje de responder a los acontecimientos y sorpresas del camino, o a nuestra creciente comprensión del mundo. Lo divino (lo bueno, lo bello, lo cierto, lo mejor) es por definición inabarcable, no podemos reducirlo a una fórmula, a un principio, ni siquiera a una visión borrosa. Es por eso que no puede estar limitado por la mejor de nuestras visiones humanas.
Necesitamos una visión grande, con potencial de ser mejor y más grande, para llevarnos siempre más lejos, para ir más allá de lo actual y conectarnos con lo potencial y lo divino.
Un mapa del mundo que no incluya Utopía no es digno de consultarse, pues carece del único país en el que la humanidad siempre acaba desembarcando. Y cuando lo hace, otea el horizonte y al descubrir un país mejor, zarpa de nuevo.
Óscar Wilde
Conciliación de contrarios
Nos encontramos con opuestos que deben ser conciliados y entendidos lo suficientemente bien como para coordinarlos. Queremos soñar castillos en el aire, pero queremos dar el siguiente paso sin caernos; queremos grandiosos castillos, pero necesitamos sólidos cimientos; queremos aspirar a grandes cosas, pero sin olvidar que todo lo grande tiene inicios pequeños; queremos admirar a Van Gogh y sus pinceladas, y saber que nada grande se hace por simple impulso del momento sino por una serie de pequeñas cosas que se juntan en un todo coherente. También queremos no dejarnos desanimar por lo grandioso de lo posible, y lo limitado, imperfecto y frágil de nuestros esfuerzos y capacidades. Queremos aspirar a dar todos los días pasos perfectos con el convencimiento de que el resultado final será muy imperfecto, pero mejor de lo que hubiera sido si no hubiéramos sido atraídos por la idea borrosa de ese grande inalcanzable.
Tú que con lanza de fuego has roto el hielo de mi alma y la empujas hacia el mar espumoso de sus más altas esperanzas, cada día más claro y más sano, libre en una sujeción amable, por eso ella celebra tus milagros, ¡oh mes de Enero, el más hermoso!
Génova, Enero de 1892
276.- Año nuevo.- Vivo todavía, pienso todavía: debo de vivir aún, puesto que pienso. Sum, ergo cogito, y cogito ergo sum. Hoy permito a todo el mundo expresar su deseo y su pensamiento más preciado, y yo también voy a decir lo que yo mismo anhelo y cuál es el pensamiento primero que me ha llegado al corazón este año, cuál es el pensamiento que en adelante será para mí la razón, la garantía de la vida. Quiero aprender cada día a considerar como belleza lo que tienen de necesario las cosas; así seré de los que embellecen las cosas. Amor fati: sea este en adelante mi amor. No quiero hacer la guerra a la fealdad. No quiero acusar, ni siquiera a los acusadores. Sea mi única negación apartar la mirada. Y sobre todo, para ver lo grande, quiero en cualesquiera circunstancias no ser por esta vez más que afirmador.
La gaya ciencia, Libro cuarto. Friedrich Nietzsche
Cuando me entran ganas de cambiar el mundo, o simplemente me entran ganas de cambiar mi mundo —cosa que preferirás hacer si has asimilado los dos anteriores artículos (1 y 2)—, me siento y contemplo cómo crece —morosamente, lentamente, arrastrándose imperceptiblemente— la hierba. Dejo que el polvo se hunda en el estanque, se disuelva, descienda gravemente, se asiente y se convierta en cieno.
Cuanto me entran ganas de cambiarme a mí mismo, me digo que nadie cambia a nadie, ni siquiera uno a sí mismo; al menos no intencionalmente, deliberadamente, sin intervención externa —sea divina o de las circunstancias—.
Los poderes humanos son finitos, el poder individual de transformarse a uno mismo es más finito todavía, infrafinito podríamos decir —si se me permite la poética licencia —. Pensamos que todo está en nuestras manos, cuando deberíamos abandonarnos a un poder superior y obedecer sus designios (¡siempre inescrutables!).
Sí, ya sé que esto que digo conspira contra la búsqueda de la felicidad, la autenticidad y el uno mismo que anida dentro esperando a ser rescatado. Pero tras las capas de cebolla de nuestras insufribles y sucesivas máscaras no hay nada: doble negación: ¬¬A equivalente lógicamente a A.
¿Me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? (Yo soy inmenso, contengo multitudes). ~No (no Whitman).
Este es un excelente artículo invitado de mi proto-amigo Antoine Kerfant, que es el anfitrión en un blog sobre finanzas personales http://ideasyahorro.com/.
Las finanzas personales no son un tema que hayamos tocado mucho en este blog, así que puede resultarte interesante. Gracias, Antoine.
Antoine Kerfant, experto en finanzas personales y asesor de PYMES y emprendedores
Uno podría preguntarse si el programa educativo debería incluir una asignatura sobre principios básicos de la economía doméstica. No hace falta investigar mucho para darse cuenta que una gran parte de la población carece de una cultura financiera básica. Algunas ideas, que parecen de sentido común, no han calado en la mentalidad colectiva. Para intentar aportar mi granito de arena y cambiar mínimamente esa situación, he pensado en compartir las cinco ideas que me parece que todo el mundo debería saber sobre finanzas personales.
#1 Gasta menos de lo que ingresas y ahorra
Los españoles no ahorran
Es el pilar de la economía doméstica. Parece obvio, pero basta con echar un vistazo a las estadísticas de ahorro de las familias españolas para ver que no lo es tanto. En 2018, los hogares destinaron menos del 5% de sus ingresos al ahorro. Eso es menos de la mitad de la media nacional entre 2000 y 2018.
Tu objetivo: el 10%
Porque cuando hablo de gastar menos de lo que ingresas, me refiero a hacerlo en proporciones significativas. Por ejemplo, ahorrando al menos el 10% de tus ingresos mensuales. Y cuanta mayor seas tu remuneración, más deberías ahorrar en porcentaje, porque te es más fácil hacerlo.
El peligro de no saber ahorrar
Sin embargo, una gran mayoría de personas vive al día. Gasta prácticamente todo lo que ingresa. Algunos no saben cómo ahorrar dinero, otros no lo ven como algo prioritario, y gastan hasta que se acabe el sueldo del mes.
Este tipo de comportamiento pone a la gente en una situación muy precaria al nivel financiero. No pueden enfrentarse a cualquier imprevisto, lo que los lleva a meterse en préstamos que complican aún más su situación.
¿Cómo se ahorra?
Si hubiera más cultura financiera, cada persona sería muy consciente de la necesidad de ahorrar, y apartaría religiosamente cada mes una proporción de su remuneración. Eso implicaría una mayor estabilidad económica, y más margen para superar crisis económicas.
Pero, ¿cómo lograrlo? No hace falta ser super minimalista. Basta con que hagas una lista real de todo lo que gastas habitualmente, y analices cada partida para ver donde puedes recortar. Y puedes, te lo aseguro.
#2 Evita el crédito: un gran principio de cultura financiera
Otro aspecto donde me parece que hay mucho desconocimiento es respecto al crédito.
Un ejemplo de crédito al consumo
Imaginemos el caso de Juan. Tiene un sueldo de 1.200€ y cada mes le cuesta no pasarse de gastos. Un día, ve un televisor ultra moderno en una tienda. Cuesta 600€ y a Juan se le sale del presupuesto. Pero le explican que puede financiarlo a 36 meses, y le saldrá una cuota mensual de 23€. A Juan le parece genial. 23€ al mes se lo puede permitir.
El tema es que a pesar de que se comunique el TAE (en este caso un 24% de intereses anuales), la mayoría de las personas como Juan solo se fijan en la cuota de 23 euros. Parece darles igual pagar finalmente 828€ por un televisor de 600€.
Otro elemento que Juan no sabe es que al principio del préstamo paga muchos más intereses que al final. Si, por algún motivo, dejase de pagar las cuotas después de 18 meses, le quedarían por pagar 350€ de principal, no 300€.
Los riesgos del desconocimiento de los créditos al consumo
Las personas como Juan suelen acabar contratando varios préstamos, y aplazando los pagos gracias a la tarjeta de crédito. Esa situación genera varios problemas:
Su renta real se ve fuertemente reducida por el pago de los intereses, por lo que les es cada vez más difícil ahorrar y cada vez más tentador pedir otro crédito.
Si pierden su fuente de ingresos, se encuentran inmediatamente en una situación crítica, debido a que no disponen de reservas y tienen muchas obligaciones de pago, especialmente los créditos.
Un ejemplo de hipoteca
María quiere comprarse un piso. Tiene un puesto fijo en una empresa y cobra 1.500€ al mes. Le han dicho que, con su nómina, lo mejor que puede conseguir a 20 años es una hipoteca de 110.000€ que implicaría unas cuotas mensuales de 500€, una tercera parte de sus ingresos.
¿Por qué 20 años? Porque más allá de 20 años, la bajada de cuota es menor y el sobrecoste de intereses es importante. A María le da igual. El piso que quiere solo se lo podrá comprar con una hipoteca de 180.000€, así que está dispuesta a firmar una hipoteca a 35 años.
Además, María quiere comprar ya, porque ha visto que los precios están subiendo mucho y quizás en el futuro no pueda comprar nada.
Los riesgos del desconocimiento de las hipotecas
Las personas como María no se dan cuenta, que, al tener una hipoteca a tipo variable sobre un periodo muy largo de tiempo, el importe de la letra puede incrementarse muchísimo con una pequeña variación del Euribor. En el ejemplo anterior, una subida de 1,3 puntos del Euribor encarecería la cuota 100€ al mes.
Además, el hecho de querer comprar a toda costa alimenta los fenómenos de burbuja. Lo razonable, si los precios suben mucho, es esperarse a que bajen. Si María compró su piso a un precio excesivo, se encontrará durante varios años con una deuda superior al valor de mercado del piso, en cuanto los precios se corrijan.
¿Qué dicen el sentido común y la cultura financiera sobre los créditos?
Es mejor no contratar nunca préstamos al consumo ni usar la función de crédito de las tarjetas bancarias. Si se quiere comprar algo, se ahorra para lograrlo.
¿Un crédito para comprar un coche? Si el coche es imprescindible para poder trabajar o generar ingresos, tiene sentido. Pero en este caso, si no se dispone del dinero, es recomendable comprar un vehículo lo más económico posible (de segunda mano).
¿Pedir una hipoteca? En general, las hipotecas pueden ser muy útiles, porque permiten comprar un bien que se va revalorizando con el tiempo y poder tener un uso inmediato. Sin embargo, hay que tener cuidado con el plazo, el tipo de interés y por supuesto, el precio de mercado del bien que se compra.
#3 Invierte tus ahorros
Ahorrar mensualmente está bien, pero…
Si vas ahorrando un porcentaje de tus ingresos cada mes, enhorabuena. Pero no es suficiente. Tienes que tener en cuenta dos factores:
La inflación se está comiendo tus ahorros. Cada año aumenta el coste de la vida, por lo que tu dinero vale menos.
Invertir a largo plazo puede aumentar mucho más tu patrimonio que las cantidades que ahorras con esfuerzo cada mes. Hay un efecto “bola de nieve” que puedes aprovechar.
Tienes muchas formas de sacar rentabilidad a tus ahorros
Da igual lo que escojas.
Puedes buscar la seguridad con inversiones de bajo riesgo tipo bonos del estado o depósitos a plazo.
Si te gusta el mercado inmobiliario, tienes la posibilidad de buscar “chollos” para comprar y ponerlos en alquiler.
Puedes operar en bolsa y en los mercados financieros en general.
Tienes la opción de prestar dinero a particulares, directamente o con plataformas especializadas.
Si te sientes un alma emprendedora, puedes invertir en un negocio.
Son solo unos ejemplos, y tienes que elegir con mucho cuidado donde vas a meter tu dinero, pero tienes que buscar una forma de sacar una rentabilidad.
El poder de los intereses agregados
Imagina que nada más empezar a trabajar has conseguido ahorrar 10.000€ y los has metido en una inversión al 5% de intereses anuales. A los 10 años el saldo sería de 16.300€. A los 20 años sumaría 26.500€. A los 30 años llegaría a los 43.200€. 10 años más tarde, el saldo sería de 70.400€. Y imaginando que conserves la inversión 50 años, llegaría a tener un valor de 114.600€. Eso con un tipo de interés relativamente conservador.
Es cierto que los intereses agregados (es decir la bola de nieve de los intereses) generan una rentabilidad exponencial solamente en periodos muy largos. Pero como puedes ver en el ejemplo, en 20 años, que no es tanto, la inversión se ha multiplicado por 2,6. Sería una pena desaprovecharlo.
Cultura financiera es saber que una combinación de un esfuerzo para ahorrar mes a mes y de la inversión de ese ahorro tiene un claro efecto multiplicador sobre tu patrimonio.
#4 Ni loterías, ni apuestas, ni bingo…
El timo de la lotería de Navidad
Cuando hablas con la gente de la Lotería de Navidad te suelen decir que es la lotería que más reparte, y que hay más probabilidad de que toque que otros sorteos.
Pero, en realidad, si analizas bien las probabilidades, tienes un 85% de posibilidades de perder el dinero invertido. Otro 10% que te toque el reintegro, que seamos realista, la mayor parte de la gente vuelve a gastar en lotería, hasta que se pierda. Luego tienes un 5% de posibilidades de ganar un premio ridículo de 100€ por 20€ jugados. Y finalmente, 19 posibilidades entre 100.000 de ganar algo significativo.
No tiene ningún sentido jugar y si la gente tuviera cultura financiera no lo haría. Pero puede más la tradición, la ilusión y el miedo que le toque al compañero y a ti no.
No tires tu dinero
Los únicos que ganan dinero en loterías, apuestas, casinos y similares son los que los organizan. No tires tu dinero en eso. Si dedicas lo que te gastas en esos juegos al ahorro y la inversión te irá mucho mejor. Premio seguro.
#5 La relación entre riesgo y rentabilidad
El último aspecto importante referente a la cultura financiera es el poco conocimiento que suele tener la gente de la relación entre riesgo y rentabilidad.
Como norma general, la cultura financiera te dice que, si se ofrece una rentabilidad alta, es más probable que el riesgo sea muy alto. ¡Cuidado! Que una rentabilidad baja no implica un bajo riesgo. Sin embargo, un bajo riesgo, normalmente implicará una baja rentabilidad.
Sabiendo eso, es mucho más fácil detectar problemas.
Si alguien te propone una inversión que parece demasiado buena para ser cierta, es probablemente porque no es como te lo han contado. O hay mucho más riesgo que lo que te cuenta, o directamente es un timo.
El sentido común ayuda mucho en esos casos. Por ejemplo, si una inversión es tan buena, ¿por qué alguien dedicaría tanto dinero en publicidad para promocionar esa inversión? ¿No sería más interesante invertir el capital en esa inversión? Pues eso.
Otra idea fundamental es recordar que las rentabilidades pasadas no garantizan las futuras. De hecho, muchas veces, entrar en una inversión que ha generado grandes beneficios anteriores puede significar entrar demasiado tarde.
Las burbujas se creen porque la gente ve la rentabilidad alta y quiere participar. Al comprar propician una nueva subida que atrae a más inversores. Pero al final se llega a un techo y la burbuja revienta. Una burbuja es un caso extremo, pero ilustra bastante bien la idea.
Hay bastantes más principios dentro de la cultura financiera, pero con aprender a ahorrar parte de tus ingresos, saber manejar los créditos, invertir tus ahorros, conocer la relación entre riesgo y rentabilidad y dejar de tirar el dinero en juegos, ya mejoras mucho tu situación.
Me llamo Antoine Kerfant, soy francés, pero llevo muchos años viviendo en España y me encanta. Asesoro a emprendedores y me apasionan las finanzas personales. Por eso, desde 2011 publico consejos para ahorrar, invertir, ganar dinero y buscar un mejor trabajo en ideasyahorro.com.
Esta mañana, cuando me dirigía a una entrevista profesional y salía de la boca del metro, una chica de alrededor de uno cincuenta y cinco de altura, unos veinte años de edad, tres meses y ocho días, y con una carpeta azul en la mano se acercó a mí, «¿Tienes un minuto?», «No, no tengo un minuto, voy con prisa» [Esto es «Tengo 1.440 minutos hoy, pero no quiero malgastar ni uno contigo»].
Ahí podría haber acabado la cosa, pero la chica no se resignó a que no conversara con con ella y por tanto no tuviera la mínima probabilidad de convertirme en socio de su ONG y ganar su comisión; cuando me marchaba me espeta un irónico y voz en cuello «Se ve que tienes cara de solidario». Entonces me paré, volví sobre mis pasos y…
Solidario responsabilizándote del hambre en el mundo
¿Qué hice?
Digo: «¿Por qué dices eso?, ¿no te parece que prejuzgar el carácter de los demás cuando te dicen que no es algo infantil?». Se queda callada. Prosigo: «Cuando tú sales por las noches de fiesta, más de uno y de dos moscones se acercarán a ti, te dirán algo, y tú, con cara de más o menos fastidio, con más o menos educación, intentarás quitártelos de encima. Bien, pues eso te acaba de ocurrir: tú eres ahora la moscona, la tía poco agraciada que nadie quiere y que viene a importunar. Acéptalo y vive con ello. Si no lo aceptas, cambia de profesión.»
Otra de sus compañeras de fatigas, con la misma carpeta, pero con pelo muy corto al estilo LGTBIQ y con cinco centímetros menos que la otra hobbit, había oído nuestro intercambio anterior, se une al grupo y se queda a unos pocos pasos, como intentando defender a su colega. La miro de reojo, mientras vuelvo a reconvenir a su compañera : «Yo soy solidario con mis amigos y mi familia, pero, a diferencia de ti (en este momento, la señalo con el dedo índice), no soy solidario a comisión». La chica replica casi de inmediato –pero lánguidamente y con dos o tres tonos por debajo de sus palabras anteriores–: «Los médicos ayudan a la gente y también cobran…». Digo: «Cobran y no son más solidarios que el fontanero o el conductor de autobús, que también hacen su trabajo y cobran por él».
Ella: «No tienes corazón».
Me acerco un poco más, lentamente, buscando las palabras adecuadas, le digo: «Mira, aquí acaba nuestra plática; como tengo un gran corazón y hoy me siento compasivo –que no solidario– no te voy a decir de qué tienes tú cara». La chica arruga el hocico, me mira con gesto de enfado, y hace como que va a decir algo, pero no lo dice. Me doy la vuelta y la dejo ahí plantada.
¿Qué debería haber hecho?
Obviamente, no lo que hice.
Debí:
Recordarme el verso de Rabindranath Tagore y repetirlo de tal manera que resonara en las bóvedas de mi cráneo: «Sé como el sándalo, que perfuma el hacha que le hiere».
Parar, respirar tres veces, y decir para mis adentros, de manera muy tranquila y musical: «El cielo está enladrillado, quién lo desenladrillará, el desenladrillador que lo desenladrille buen desenladrillador será».
Sonreír fugazmente y con gesto compasivo.
Alabar a la chica de la carpeta azul: «Tu comprometido y solidario trabajo es una gota en un océano de dolor y miseria, pero una gota que faltaría a ese océano si tú no estuvieras».
Sin esperar respuesta, mientras la ninfa solidaria se recupera, finalizar con un «Ten un buen día, ángel de luz».
Retomar el camino y seguir andando con la serenidad y calma con la que un anciano chamán rema en su canoa sobre un río de asfalto.
Moraleja
Todos los días están llenos de este tipo de pequeñas e innecesarias fricciones que es conveniente eludir, circunvalar, allanar.
Un minimalista de nivel avanzado hubiera reaccionado con mucha más calma y mesura de lo que yo lo hice esta mañana. Su personalidad aerodinámica hubiera empleado el pequeño rozamiento del comentario fuera de lugar de la vendedora para entrenar sus habilidades de comunicación y su compasión.
Una de las preguntas más interesantes que alguien puede hacerse es: ¿Me caería bien a mí mismo si me viese desde fuera? Y si la respuesta es «no», entonces debería cambiar algo. En mi caso, la respuesta es «no». Pero ¿quién soy yo para juzgarme?
Solo muy recientemente que se impuso el concepto de quererse a uno mismo o ser uno mismo. En la historia de la civilización occidental, que es esencialmente la de la cultura judeo-cristiana , nunca se consideró que un ser humano debiera ser él mismo ni mucho menos que debiera quererse a sí mismo. Pocas cosas más absurdas se podrían haber dicho a una persona que decirle que estaba incondicionalmente bien o que era incondicionalmente bueno. Hubiera sido como decir a un niño que siga siempre siendo niño, que no tiene nada que aprender, que no tiene nada que desarrollar y cambiar, que su naturaleza cortoplacista, egoísta, miope y predatoria está bien como está.
Uno ha de querer en sí mismo lo que no es todavía y puede ser, el yo actual no es más que uno de los pasos previos a un mejor yo. Hasta un budista, ese religioso sin Dios que tan bien cae en el mundo occidental, se sentiría insultado si tras no verlo durante un par de años le dijeras «Qué bien se te ve, no has cambiado». El budista quiere cambiar minuto a minuto, en pos de su nirvana, su satori o su paraíso en el ombligo.
Los psicólogos y la sabiduría popular (de hace pocas décadas) han impuesto la ilusión, la ficción moral y existencial, de que uno está bien como es. Es un meme conveniente para los retóricos políticos y comerciales: tú estás bien como eres, luego no tienes que hacer ningún cambio en tu carácter o en la forma de conducirte, puede que no te sientas bien, pero eso no tiene nada que ver con tu esencia personal; si no tienes lo que deseas es por circunstancias externas: la estructura social que todavía no se ha instalado, los mensajes que te mandas por condicionamiento del entorno o el producto o servicio comercial que todavía no has adquirido.
La sabiduría del consumidor y del votante, no solo su soberanía, están por encima de todo y basta con un voto político y un voto monetario en forma de compra para lograr lo que uno desea.
Cualquier insinuación de que la felicidad o la situación en la que uno vive tiene que ver con uno mismo se considera como una crítica despiadada y cruel a un inocente desvalido fruto de sus circunstancias; esa insinuación bienintencionada se percibiría como un arma arrojadiza desalmada propia de privilegiados y «fascistas» (curiosa palabra que ha perdido su sentido original y venido a significar «todo aquello que desprecio»).
Pero no es solo que dando a entender que uno está bien como está se exima al aludido de su responsabilidad sobre sus circunstancias, es también que implícitamente se da a entender que ninguna dirección vital o propósito es superior, por lo tanto no hay criterio por la que juzgar nuestros actos más allá del no hacer daño a los demás o cumplir con las costumbres del momento. En tanto y cuanto no perjudiques directamente a nadie puedes hacer con tu vida lo que quieras de acuerdo a tu naturaleza, esencia o propensiones.
El existencialismo filosófico cuando ha salido de su torre de marfil académica y llegado a las plazuelas se ha convertido en una triste justificación moral para las vidas más insignificantes o más abyectas. De la vida buena y la acción virtuosa se ha pasado a la vida auténtica y a tratar de ser uno mismo en cada uno de nuestros actos.
Puesto que ya no hay reglas ni valores superiores al vive y deja vivir y el sé tú mismo, las vidas resultantes de esta ideología (término que significa «aquellos sistemas de creencias que no son los míos») pierden la orientación y la energía que un propósito transcendente y una orientación clara hubiera proporcionado al sujeto.
Contrasta mi invectiva con el mensaje que sueles recibir en los blogs de desarrollo personal, psicología popular, bienestar o política. ¿Cuántas veces te han dicho que tú eres el problema, que estás esencialmente corrupto o que hay criterios de conducta y fines vitales mejores que la búsqueda de la satisfacción y el bienestar personal? Pocas veces, supongo. Quizá hace décadas, si acudías a misa, podías encontrar algún mensaje remotamente parecido, no hoy en día .
Te traigo, pues, una mala noticia: no estás bien como eres, no seas tú mismo, –en tu caso, es casi mejor que seas cualquier otro, al menos así podrás comparar–. Eres profundamente imperfecto y siempre lo serás, solo puedes mejorar un poco; la corrupción, la entropía, el desorden, la degeneración y la desintegración son el destino natural de la carne fresca y de los espíritus. La mejora, el progreso, solo es una posibilidad entre otras muchas, poco probable y difícil de lograr.
Dicen que uno de los lamentos más grandes que tiene la gente en el lecho de muerte se refiere a las cosas que no hicieron, las cosas que no se atrevieron a hacer, principalmente por miedo o inconsciencia.
El bíblico “todo será crujir y rechinar de dientes” no es tanto, dicen, por lo que uno hizo, sino por lo que uno no hizo.
Esto resuena fuertemente con nuestra cultura contemporánea, donde te animan a hacer antes de pensar sin mirar demasiado hacia el futuro (»Por qué tu lo vales», «Carpe diem», «Tú lo mereces», «Hazlo mientras puedas», «No pierdas la oportunidad», etc.) y juegan con tu miedo a la pérdida para venderte algo.
Está de más decir —pero lo digo— que estos mensajes favorecen y son favorecidos por la doctrina del consumo como vía regia hacia la felicidad y por las empresas que venden sus productos y servicios, y desean que seas un adoptante temprano, un probador beta de sus productos y busques siempre lo nuevo, para que lo nuevo se convierta pronto en viejo y vuelta a empezar.
Pero yo me digo: ¿por qué aumentar las pre-ocupaciones con el pensamiento de que me estoy perdiendo algo ( «La hierba del vecino siempre es más verde», «En la próxima línea de WhatsApp o de twitter está el gran mensaje que cambiará mi vida», «Viaja a Vietnam (Tailandia ya está pasada)»).
¿Por qué sentirme tan temeroso por las opciones descartadas o ni siquiera tenidas en cuenta? Las opciones disponibles son de magnitud inabarcable (un plano sin límites y las infinitas líneas que lo pueblan) y nuestras vidas son segmentos curvilíneos (una sola curva a disposición de cada alma) que describen una trayectoria única, finita (y no repetible).
Cuando uno mira hacia atrás (y es conveniente hacerlo cada cierto tiempo), observa (y construye) la trayectoria hasta entonces recorrida y considera las opciones no tomadas, estas a veces queman. ¿Qué valor tiene una vida finita ordinaria comparada con las infinitas vidas imaginadas (quizá imposibles) mejores?
El juego de las vidas no ensayadas es un juego perdido. Es jugar contra el destino, que siempre tiene las cartas marcadas.
No, no importa lo no bailado, lo no bailado es lo que argumentan los que te quieren vender algo para persuadirte mejor.
Lo que importa es lo bailado (el pasado vivido es presente) y el baile que gracias a mis anteriores pasos estoy ahora bailando.
Ante el lamento por lo que no fue, la constatación de que es estúpido y contraproducente que duela.
Así que lo dicho, que me pongan lo no bailado (yo no me voy a dejar).
«Menos es mejor» es una idea demasiado simple y general como para que tenga contenido real o sirva de orientación vital. Hay mil excepciones que la hacen perder valor.
Hay una sístole y diástole de la creación. Primero la exuberancia y la explosión de acciones y posibilidades, después el filtro y la selección. ¿Por qué empezar con la selección y el destilado, si no has generado y testado las ideas suficientes, si no tienes experiencia directa y personal suficiente? Puede que el minimalismo esté al final del camino, no al principio.
El minimalismo existencial se une a la causa contra el consumismo y la publicidad, que a su vez se asocian al capitalismo y la libre empresa. Podrías contaminar tus ideas políticas con tus preferencias individuales (menos objetos y mayor control de tu atención), podrías querer empezar a prohibir las acciones de las empresas que intentan influenciar a los consumidores y restringir por tanto la libertad de los consumidores; peor todavía, podrías empezar a creerte superior al resto de los zafios humanos no minimalistas que te rodean.
El minimalismo existencial, al igual que el arquitectónico, puede resultar insulso, maquinal, descorazonadoramente funcionalista.
La naturaleza es derrochadora; si tú te puedes permitir el lujo de ser minimalista es porque otros son maximalistas y exploradores. La exploración implica derroche, el de los caminos equivocados, los callejones sin salida y los fracasos. Los minimalistas se benefician de generaciones de seres humanos maximalistas que fracasaron incontables veces antes de producir las ideas, objetos y filosofías vitales entre las que ahora podemos elegir.
Corres el peligro de pensar que la paz mental y el control de la atención son los bienes psíquicos últimos. Corres el peligro de sumergirte en tu propio ombligo y respirar el aire enrarecido de la satisfacción narcisista.
El minimalismo existencial parte de la idea de que tú puedes crear o diseñar tu propio estilo de vida, ser el forjador de tus propios valores. Quizá no tengas la capacidad ni el tiempo ni los medios para hacerlo. Quizá ese esfuerzo de construir tu vida desde los cimientos ahogue tus posibilidades de llegar lejos en ninguna otra dirección. Quizá se nos haya olvidado ser más humildes respecto al alcance de los ideales auto-generados.
Un sistema moral o ético de uso personal de nuevo cuño es la obra de un genio (un Confucio, un Sócrates, un Buda o un Jesucristo); pero incluso ese genio hubo de dedicar toda su vida a crearlo y comunicarlo. Es más, puede que ese genio no exista, sino que Jesucristo, Confucio, Buda, Sócrates encarnen o sean el nombre o la etiqueta que adjudicamos al proceso social y cultural que a través de innumerables siglos y vicisitudes condujo al profeta-maestro-reformador religioso o líder político que identificó, expresó o popularizo el sistema ético, la religión o la ideología política.
Por tanto, ¿no es estúpidamente nietzscheano creer que en el breve lapso de una vida vas a reformular los valores tradicionales y dotarte de un plan de vida que no esté ya disponible en el menú que corresponde a tu entorno cultural, a la religión en la que naciste, a la familia a la que perteneces?
En el afán por controlar la infoxicación, muchos minimalistas se vuelven anti-tecnología y destierran de sus vidas los teléfonos inteligentes, las redes sociales y otras mejoras. ¿De verdad quieres aislarte del resto de la sociedad en nombre de una idea tan poco popular y de apariencia neoludita como es el minimalismo como filosofía de vida? ¿Acaso no llamamos «tecnología» solamente a aquella tecnología que no existía cuando éramos niños?
El minimalismo existencial podría ser demasiado individualista (tú mismo y tus mecanismos (mecamismos)) el minimalismo existencial está falto de un proyecto social o político o moral en el que insertarse. Pone el foco en la felicidad y satisfacción personal. ¿Dónde queda un propósito más grande que el individuo, el significado de la vida o una moral que reconoce e incluye los proyectos de otros seres humanos?
La mayoría de los minimalistas ponen el acento en la reducción de posesiones, parece que el minimalismo existencial es una escuela de decoración de interiores.
La mayoría de los autodenominados minimalistas (existenciales o no) son una panda de frikis. ¿De verdad quieres seguir los pasos de un grupo tan poco atractivo?
Estás perdiendo el tiempo dedicando atención a un concepto y a un blog tan insulso, inane, carente de contenido, como este. Tu escaso tiempo estaría mejor dedicado a hacer algo de provecho, a salir al mundo y construir algo, a hacer algo por alguien. ¿Crees acaso que conocer la técnica pomodoro y la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandlero la ley de las tres oes del minimalismo existencial es un sustituto de la acción y la creación? Venga, no me hagas reír.
Es posible que en el afán por organizarte y optimizarte estés perdiendo el norte, poniendo el énfasis demasiado en los medios y no en los fines, y proporcionándote una excusa más para no hacer lo que sabes que tienes que hacer. ¿Es posible que el minimalismo existencial no sea más que la búsqueda de la bala de plata, el Dorado o la panacea existencial que resuelva a priori, casi sin despeinarte, tus problemas?
En el mejor de los casos, el altisonante movimiento llamado «minimalismo existencial» podría no ser más que una colección de ideas de sentido común, un refrito de ideas sobre organización y productividad personal.
¿Y si el minimalismo existencial fuera tan solo unacarátula rimbombante y pretenciosa para unas pocas ideas de sentido común que cualquier persona sana psíquicamente aprende e interioriza antes de los dieciocho años?
vengo con una duda existencial.Si un día no puedo cumplir con un hábito a la hora prevista. ¿Qué hago? ¿Lo realizo apenas pueda, aunque eso signifique realizarlo 5 horas después?
Melisa.
—
Estimada radioescucha,
respondo a tu pregunta comenzando con la definición del diccionario de la palabra amagar en sus acepciones quinta y sexta, porque mi respuesta tiene que ver con tales significados.
Amagar.
Quizá del gót. af-maga ‘desamparar’, y este der. de magan ‘tener fuerza’.
tr. Mostrar intención o disposición de hacer algo próxima o inmediatamente.
intr. Estar próximo a sobrevenir.
¿Se puede «amagar» a posteriori un hábito, una determinación, una promesa?
Es decir, si has incumplido una promesa, has violado el hábito (por una vez o por quinta vez seguida), o has dejado de meditar en el día de hoy a las 8:00 am, tal y como me habías asegurado que harías a partir del 1 de enero del 2018, ¿puedes amagar?
El amagar es —en principio— un a priori, es hacer como si fueras a hacer o al menos mostrar la intención de hacerlo próximamente (acepción quinta).
Cierto, esta mañana no te abstuviste de ese pastel o de esa Coca-Cola (¿desayunas con Coca-Cola, alma de cántaro?), y técnicamente has fallado en tu determinación (una vez más), no la has cumplido, has quebrantado tu sincera promesa.
Ok. Vale. Pero «amagar» también significa estar próximo a sobrevenir. Si te has dado cuenta de que nos podido|querido cepillarte los dientes inmediatamente después de la cena, es un avance; si te flagelas un poco, si te sientes un poco mal, está bien también: la conciencia, como bien sabemos, es el principio de la liberacción.
Pero no te quedes en la mala sensación de boca, haz algo, por pequeño que sea que ratifique y renueve tus votos, tus buenas intenciones:
¿Estabas en la cama a las 5:05 am de la mañana y has recordado que no meditaste a las 11:11 pm (eliges unas horas muy curiosas…)? ¿Alguna persona significativa te ha recordado a las 7:06 en el beso de la mañana que el olor a ajo no es el mejor afrodisiaco? Muy bien, pues levántate, siéntate, asume la posición del medio-loto y medita durante un minuto. O bien, levántate y cepíllate un diente, por mucho sueño que tengas.
Ya está, ya has amagado el hábito, aunque sea a posteriori.
Te quedas con mejor sabor de boca (literalmente, en el caso del aficionado a la salsa alioli), la luz de la esperanza al final de túnel brilla mortecina y quizá tengas remedio, quizá todavía podamos hacer una mujer|hombre de ti. Quizás no todo esté perdido. Quizá la acepción sexta de «amagar» se cumpla y tu deseada conducta virtuosa finalmente sobrevenga.
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El borracho que no apura la segunda botella de vino de la noche, el glotón que en un momento de lucidez deja la última galleta de chocolate de la bolsa y se la da al perro o la tira a la basura, el perezoso que después de una tarde del sábado delante del televisor comiendo palomitas se pone las zapatillas de deporte, baja al portal de su casa, pone el pie en la calle y cuando siente el frío vuelve a su butaca, etc., todos ellos están «amagando el hábito», todos ellos tienen en su mano la posibilidad de redención.
La vida no es binaria: Todo o nada, 1 o 0, blanco o negro, Ortega o Gasset. La naturaleza da saltos pero los saltos pueden ser pequeños.
Lo que dijo Rafael Sarmentero de los proyectos lo podemos decir respecto de los hábitos, rituales y buenas costumbres: «La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo»:
La diferencia entre nada y todo es un poco.
No es un juego de palabras.
Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y y no tienes nada.
Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado.
Entre nada y todo hay una diferencia muy grande.
Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco.
No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio.
Un poco lo es todo.
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Lo diré de manera críptica, pronto y mal, Melisa, para que lo grabes a fuego en tu conciencia:
La perfección es fascista.
Así que haz lo que puedas, aunque sea cinco horas después, aunque sea insignificante, y reafírmate en tus promesas a ti misma.
Nada está perdido, si haces algo, aunque sea muy poco.
El poco, aunque sea también tarde, sostenido fanáticamente todos los días, es tu esperanza.
Con motivo de la revisión del 2017 y el boceto del próximo plan 2018 he pergeñado una lista-recordatorio con los principales consejos e inspiraciones cinematográficas y literarias para re-crear mi vida en el 2018.
Son consejos que me doy a mí mismo, válidos para mí en este momento concreto de mi vida.
Las referencias son muy personales pero muchas son muy conocidas. Mis gustos literarios y cinematográficos no son nada sofisticados, la mayoría pertenecen a la cultura popular.
A) Fórmula del éxito: Ilusión + aprendizaje (Puedes inspirarte en el libro de Richard Bach Ilusiones)
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Nota: el éxito lo defino en mis propios términos, pero sean estos los que sean han de venir acompañados de ilusión (ese resplandor que genera la visión de los resultados que deseas) y de aprendizaje (cambio permanente en el comportamiento). La ilusión no significa éxtasis ni excitación, es más una brisa que un huracán. El aprendizaje no es el conocimiento inerte de los libros sino el cambio permanente en patrones de pensamiento, emociones o conducta. Para inspirarte vuelve a ver la película Gattaca, con Ethan Hawke y Uma (grande y libre) Thurman.
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B) Detecta los tres errores estratégicos más importantes del último año (o de los últimos años)y confabúlate para no volver a repetirlos en el 2018. Los míos en términos generales son:
a) deficiencias en el autocontrol y la capacidad de autorregulación emocional.
b) centrarme en los resultados en detrimento del proceso, esto genera impaciencia, volatilidad emocional y falta de perseverancia
c) pensar que el paso del tiempo es causa de cambio. ¡La esperanza no es una estrategia! ¡¡La esperanza es la fe de los cobardes!! (dijo el Genio). Me falta comprometerme con un sistema y ceñirme al sistema durante el tiempo suficiente para que genere frutos.
C) Diseña tres hábitos|rituales|comportamientos que te permitan subsanar esos errores estratégicos. En mi caso, podrían ser:
a) Recuperar el hábito de meditación. Es una suerte de higiene emocional que debería ser tan habitual y cotidiana como cepillarse los dientes. ¿Por qué diablos dejé de meditar?
b) Aprender a amar la meseta, la zona de resultados no visibles, y trabajar sostenidamente en un máximo dos o tres proyectos centrales todos los días. [Para una visión poética de lo cotidiano y el progreso lento, pequeño e invisible revisa la película Paterson, de Jim Jarmusch.
b’) «Antes del satori, cortar leña y acarrear agua; después del satori, cortar leña y acarrear agua».
c) Aplicar los principios de la práctica deliberada para avanzar y aprender; esto significa en mi caso: trabajar en problemas, proyectos y objetivos muy específicos que estén siempre un poco por encima de mi zona de confort y que generen el máximo de aprendizaje y resultados.
D) Un máximo de tres metas para el 2018. Mejor dos que tres. Mejor una que dos. Procura la unificación de la conciencia a través de una meta. Concentración. Recuerda una y otra vez el principio minimalista de concentración, esfuérzate por mantener concentradas tus fuerzas en unos pocos afanes. Pureza de corazón es querer una sola cosa.
E) Acepta la mediocridad en la mayoría de las áreas de tu vida y aspira a la excelencia en una sola.
F) Asegúrate de que las aréas de responsabilidad física|emocional|mental|relacional| profesional|financiera|intelectual|espiritual están equilibradas y actúán de forma sinérgica.
G) No necesitas trabajar hasta el agotamiento todos los días, necesitas trabajar un poco todos los días en la dirección adecuada. Si no estás haciendo las cosas correctas es indiferente que las estés haciendo correctamente o vayas muy rápido. De hecho, ser muy eficiente, rápido y eficaz en las direcciones erróneas te alejará todavía más de tus metas.
G’) Aplica el criterio de las tres horas semanales de Entusiasmado: «Si no trabajas tres horas en una semana en una meta o proyecto esa meta está muerta o es un zombi». A los zombis es mejor matarlos y a los muertos enterrados. Si pasas tres semanas seguidas sin trabajar en ese proyecto o meta no tienes meta ni tienes proyecto.
H) Busca la simplicidad continuamente. Lucha por hacer todo lo más simple posible. Los sistemas simples son más fáciles de recordar y es más probable que los mantengas. La ley de las tres Oes del minimalismo existencial ha de ser cumplida a rajatabla: 1º Omitir|eliminar 2º Organizar 3º Optimizar.
I) Ten siempre en mente la ley de Pareto: solo unas pocas causas explican la mayor parte de los resultados. Céntrate en esos pocos esenciales y prescinde de los muchos triviales.
J) Puesto que eres la media de las cinco personas con las que más tiempo pasas, selecciona implacablemente a las personas a las que dedicas tu tiempo. Esto puede ser duro, difícil, pero es imprescindible si quieres procurar un cambio positivo en tu vida.
J’) Viaja conociendo a unas pocas personas en profundidad, no viajando a Tailandia (el Benidorm de los hipsters)o dando la vuelta al mundo. Los viajes se miden en conversaciones con personas de carne y hueso (aunque hablen tu lengua), no en kilómetros o parajes exóticos. El paradigma del viaje se da para mí en la película Antes del amanecercon Etham Hawke y Julie Delphie y en sus secuelas en Antes del atardecer y Antes del Anochecer. Una conversación es un viaje.
K) Has de crear un sistema de organización propio, por primitivo, rudimentario o insatisfactorio que sea. Mejor un sistema personal imperfecto que uno perfecto, omnicomprensivo, enlatado, aprendido en un libro. Has de crear un sistema o serás esclavizado por el de algún otro.
En mi caso el sistema consiste en:
Una meta para el año 2018.
Un cuadro de mando vital. Incluye cuatro cuadrantes: I. Sentido existencia y propósito II. Relaciones III. Operaciones IV. Aprendizaje y desarrollo.
Creo varios apartados en cada uno de los cuadrantes con indicadores de estado (deficiente-normal-bien-excelente) para cada uno de ellos. Por ejemplo, algunos de los apartados para distintos cuadrantes son: nivel de gasto mensual|Nivel de foco pequeño (concentración en pomodoros y consecución tres tareas más importantes del mes)| Nivel de foco grande (grado cumplimiento objetivos mes) | Peso | Autonomía financiera (medido por el número de meses que puedo pasar sin ingresos |Satisfacción general con mi vida (medida cualitativamente, según mi sensación general)| Equilibrio trabajo-descanso (calidad de sueño y espacios de descanso), etc.
Un plan mes a mes revisable mes a mes.
Revisiones periódicas con base semanal, mensual y trimestral (reencarnaciones).
Una lista de hábitos|rutinas|rituales|iniciativas de cambio para cada una de las áreas de responsabilidad. Son la estática de mi vida; su revisión y actualización periódica me proporciona la dinámica de mi existencia.
L) El bien más preciado es mi atención. De su cantidad y calidad depende mi vida. Siempre he de preguntarme: «¿Merece esta persona|actividad|proyecto mi atención?». Si la respuesta es NO, he de ser implacable. Surfea las distracciones.
L’) La conexión es imprescindible, la distracción es una opción.
LL) El descanso es tan importante como el trabajo intenso. Sigue el paradigma del velocista en vez del del maratoniano. Los libros de Alex soojung-kim pang deben estar en tu mesilla de noche. Relee elmanifiesto por el descanso deliberado. , que es una parte integrante de la búsqueda de la excelencia a través de la práctica deliberada. Cultiva los espacios vacíos en tu vida, cultiva una habitación minimalista de la conciencia.
M) Respeta el shabbat. Desde el crepúsculo del viernes hasta la aparición de las tres primeras estrellas en el firmamento la noche del sábado.
N) Recuerda que has de procurar que tus proyectos sean colaborativos, que incluyan a otras personas. Aunque se va más rápido si se actúa solo, se va mucho más lejos si se actúa en compañía. Solo asegúrate de que tu entorno social sea el más adecuado para tus metas, valores y proyectos. Puedes consultar la película de Sofía Coppola Lost in translation. Siempre olvidas este consejo. Eres muy individualista y crees que lo que se aplica a los demás no se aplica a ti.
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N’) Por favor, relee Consejos vendo que para mí no tengo y pon en práctica los consejos que darías a algún otro similar a ti que estuviera en similares circunstancias a las tuyas. A eso se reduce la voluntad.
Ñ) Respeta a las personas pero sé lo más indiferente posible a su buena opinión.
O) Pablo Coelho tiene razón en parte: el universo conspira, pero no para que se cumplan tus sueños sino para succionar tu atención y tiempo en direcciones que no te convienen. Las redes sociales y los teléfonos inteligentes son las parte del universo que más nos aisla y estupidza.
P) Mantente a la defensiva respecto a la soberbia. Es tu pecado capital más importante. Sé humilde. Al final del día, recuerda tus pecados de soberbia y fustígate con cariño no exento de firmeza. Tough love. Quizá puedas escribir una serie de artículos sobre la soberbia, el pecado del que emana el resto de los pecados capitales.
P’) Revisa la película Amor sin escalas, de George Cloney. El minimalismo en las relaciones humanas es discutible.
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Q) No importa lo que ocurrió en el pasado ni que la mayoría de tus metas pasadas se encuentren en el cementerio de los sueños rotos. El 1 de enero de 2018 empiezas de nuevo.
Q’) No es que estés viviendo en el pasado es que el pasado vive en ti. Aprender equivale a lograr que el pasado viva un poco menos en ti.
R) La vida es un juego concreto, no de grandes principios. Ten reglas y principios como orientaciones o guías, no como verdades definitivas. Desarrolla una potente conciencia situacional y adáptate a las circunstancias. La meta y tus valores personales actúan como faro. Dicho esto, a veces hay que tener principios inamovibles (como el de no tener principios inamovibles o el no robarás).
S) Pon el contador a 0. Agua pasada no mueve molino. Let bygones be bygones. Para inspirarte vuelve a visionar El día de la marmota(Atrapado en el tiempo).
T) Sobre todo, ¡recuerda!, no tiene sentido que intentes cambiar a la gente, es agotador y un esfuerzo condenado al fracaso. No cambies a la gente, cambia de gente.
U) Despeja las cubiertas. Ejecuta un ritual de purificación de final de año en el que prescindes de metas obsoletas por las que ya no sientes cariño, entierra a tus proyectos Zombi, devuelve los libros que te han prestado, regala los libros que no has leído (ni seguramente leerás), salda deudas, cumple tus compromisos sociales demorados o declárate en bancarrota y no contestes a ningún correo pendiente del 2017, acaba con tu lista de favoritos en el navegador, tira la ropa vieja o que ya no usas; en resumen, arroja lastre y mantén en tu vida solo las pocas personas, proyectos, compromisos, metas, objetos, con más valor (un 20% aproximadamente)
V) Promete que en este año no saldrás del trabajo después de las 20:00 pm y a que esa hora desconectarás el computador y el móvil para conectar con personas cara a cara o para conectar contigo mismo.
W) Usa la técnica de la agenda fija (idea de Cal Newport, en inglés «fixed schedule» . El sistema funciona así: a) elige una franja de horas de trabajo que te proporcione el equilibrio ideal de esfuerzo y descanso. b) Haz lo que sea para evitar violar esa franja.
Por ejemplo: X horas diarias en una franja horaria definida para la meta A, Y horas para la meta B, Z horas para la meta C, épsilon horas para tareas administrativas, rutinarias y compromisos de poco valor, W horas para esparcimiento y vida social. Después de fijar esta agenda, haz todo lo humanamente posible para evitar que ese tiempo sea violado por interrupciones o distracciones.
W’) Para evitar la violación de tu agenda fija: a) empieza el día sacando (no e-mail hasta la hora de comer o el final del día) b)reduce proyectos y compromisos c) elimina redes sociales en franjas horarias que sean de trabajo d) sé muy deliberado sobre lo que pretendes conseguir en cada una de esas franjas horarias e) no estés siempre disponible ni respondas inmediatamente a las peticiones, requerimientos o exigencias sobre tu tiempo.
W’’) Si un día no estás con humor o energía para hacer lo que tienes que hacer con tu agenda fija, usa la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandler , así evitarás procrastinar trabajo. Tendemos a evitar las actividades más difíciles, que suelen ser también las más necesarias, las de mayor valor.
X) Las horas en las que tengas más energía del día, si es posible, para tu meta anual.
Y) No confundas la agitación con la actividad. Haz solo las cosas correctas. Dedica tiempo a pensar cuáles son esas cosas correctas —las actividades de alto valor— y hazlas. No cometas el error de optimizar lo superfluo.
Z) Aunque es imprescindible enfocarse en los pocos esenciales, no suele ser necesario optimizar esos esenciales; muchas veces basta con un criterio de mínimos. Ejemplos: 10.000 pasos al día (no es necesario correr un ultramaratón)| Comer fruta y verdura todos los días (no es necesario ser vegano o vegetariano ni contar las calorías) | Un día de descanso y recogimiento a la semana (Shabbat, (no unas vacaciones en el Caribe o las islas Maldivas) | Meditar todos los días un mínimo de un 1 minuto (no necesitas pagar 1500 euros para pasar dos semanas en un retiro de meditación Vipassana meditando diez horas al día.
AB) Recuerda que aunque un día vas a morir el resto de los días vas a vivir. Carpe diem. Puedes revisar El club de los poetas muertos.
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AC) El Hombre es un bípedo implume de uñas planas, pero el Hombre se define más por ser alguien que es capaz de entrenarse. Puedes revisar el libro de Toni Nadal Todo se puede entrenar.
AD) Adopta una actitud condicional, experimental, empírica, científica. Al mismo tiempo, aprende a ser rígido en la ejecución, fanático. Recuerda que sueles usar la coartada de la flexibilidad para evitar lo difícil y aburrido.
AE) Puedes jugar a juegos finitos con reglas fijas, ganadores y perdedores, participantes fijos y metas claras, y puedes jugar a juegos infinitos con reglas cambiantes, con entrada libre de jugadores y que seguirán jugando el juego cuando te hayas ido. Encuentra la combinación adecuada entre juegos finitos e infinitos.
AF) Has de hacer un esfuerzo diario por reducir la fricción. Una buena aerodinámica existencial requiere pulir asperezas continuamente. Recuerda que la paz mental es el prerequisito más importante para la acción creativa.
AF’) tienes que escribir frases muy generales de vez en cuando para animar pequeños descubrimientos|experimentos, pero también tienes que hablar de|hacer cosas muy concretas esperando que alguna vez germinen en abstracciones o reglas.
AF’’) Sobre todo, no te tomes demasiado en serio. Ni demasiado en broma.
AG) Toda planificación (incluida la del 2018 y la del desembarco de Normandía) es inútil (ningún plan sobrevive al primer día de batalla) pero resulta imprescindible. Un plan es un conjunto de deseos y de hipótesis sobre el futuro. Tanto los deseos como nuestras creencias sobre el futuro cambian a lo largo del tiempo. Usa la idea de iteración en proyectos para planear y revisar y hazte adepto a los prototipos y versiones beta.
AH) Haz listas de ideas más habitualmente. La «lista» tiene ese nombre por algún motivo. Como dice Altucher, has de mantener tonificado tu músculo de ideas. Una lista tiene un título y un número indeterminado (recomiendo diez) de elementos. Por ejemplo, aquí va una. Diez pasos para hacer un plan para el 2018:
Para de hacer lo que estés haciendo.
Sueña en lo que quieres traer a la existencia (una sensación, un objeto, una relación, un negocio).
Asienta tus pies fuertemente en la realidad y desarrolla una potente conciencia situacional
Define en tres frases tu estrategia o líneas generales de actuación y haz una lista de Cosas que hacer|pensar|decidir.
Una vez que hayas calculdado el tiempo necesario para acometer y finalizar un proyecto, multiplica por tres esa duración. Ejemplo: si crees que tardarás seis meses en escribir un libro, modifica la estimación y ampliala a un año y medio.
Ten un plan B. Por si todo sale mal.
Valora los riesgos y ejecuta una premeditación de las desdichas listando todos los elementos que pueden salir mal.
Una vez tengas el plan inicial, déjalo reposar, consulta con la almohada durante un par de días antes de comprometerte con él.
Ten en cuenta que si el año pasado fracasaste en un objetivo no hay motivo para que este año triunfes en él a menos que hagas grandes cambios.
Tu plan no es una lista de deseos o una lista de la compra, tu plan es un deseo fuerte o propósito, una estrategia y una lista de primeras acciones.
AI) Nueva fórmula para el éxito: Un SÍ, un NO y una línea recta. La línea recta cambia de dirección y se torna sinuosa en tramos largos.
AJ) Releee el El manantial, de Ayn Rand. Basta con que leas el primer capítulo, hasta el fin de la entrevista de Howard Roark con el decano de la escuela de arquitectura (unas diez páginas). Ahí reside la esencia del libro y del mensaje que quiero que recuerdes. Aquí tienes el libro en pdf
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AK) Mentí en el título: esta lista para recrear mi vida en el 2018 es provisional, no definitiva, y en constante ebullicion, evolución. Todo sistema de organización personal ha de ser flexible, personal, abierto, dinámico y actualizado según cambian las circunstancias En materia de organización personal, al igual que en muchos otros temas existenciales, no hay lista ni sistema definitivo.
Interpreto este concepto como una combinación de integración y perspectiva temporal.
Tradicionalmente, es el ámbito de la religión.
Es una de mis áreas de responsabilidad. Otras áreas de responsabilidad son:
física,
emocional,
mental,
relacional,
profesional,
financiera,
intelectual.
Él área espiritual de mi organización personal es integradora de las distintas áreas de responsabilidad. Podría haberla llamado «Propósito» e imprimir así un carácter más abstracto al concepto.
Prefiero conservar el nombre de «Espiritual», no tanto para enfatizar el carácter transcendente como el carácter integrador que proporciona el propósito al coordinar mis proyectos y acciones.
Para promover el área espiritual en mi vida mantengo los siguientes rituales/hábitos/rutinas:
Durante estos próximos días estaré concentrado en revisar el año 2017, celebrar éxitos y aprender de la experiencia (el nombre que doy a mis fracasos). Bill Gates se toma una semana al año para estos menesteres. Yo me tomo al menos diez días.
Tengo que tomar varias decisiones, entre ellas la de si seguir o no con este blog. Tengo la sensación de que Homo Mínimus se empieza a parecer a un proyecto-Zombi: está muerto pero no lo sabe. ¿Ha llegado el momento de enterrarlo? Quizá ya no sea capaz de mejorar el silencio y deba cerrar el blog, liquidar mis deudas y emprender nuevas aventuras. Ave Fénix de las ganas y las desganas.
La Ley de las tres Oes del minimalismo existencial dice que lo más importante es Omitir (después Organizar y Optimizar). Hay que predicar con el ejemplo.
Una pistola de Chéjov es un artificio dramático. Su formulación se atribuye al escritor ruso Antón Pávlovich Chéjov:
«Si el tío Vania esconde una pistola en la mesilla de noche en el primer acto, esta ha de ser disparada en el segundo o en el tercero».
¿Por qué ha de ser disparada?
Porque si no la pistola se convierte en un elemento superfluo, que no añade nada a la trama ni a su resolución, distrae al espectador o lector, ralentiza la narración y conspira contra el disfrute de la obra.
Pistola de Chéjov generalizada:
«Si un objeto no mental aparece en tu vida, ha de ser empleado en algún momento del futuro próximo».
Esta regla es muy útil como antídoto contra la tendencia a acumular objetos físicos. Te mueve a preguntarte por la función de cualquier nueva posesión y su contribución a tus objetivos y metas.
Si el objeto no se va a usar en el futuro próximo para contribuir a alguna meta previsible es mejor catalogarla como innecesaria, como «no disparable».
La regla de la pistola de Chéjov se opone a los «por si acaso», poseer y guardar por si en el futuro pudieras necesitar el objeto.
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¿Por qué hablo de «objetos no mentales» y excluyo implícitamente los objetos mentales de la regla de la pistola de Chéjov?
Porque la imaginación y la creación se promueven acumulando un gran número de ideas y asociaciones. La imaginación es manipulación de la memoria, y la creación es combinación de elementos de la memoria para alumbrar nuevas posibilidades en el mundo físico o en el mundo de las ideas.
Cuantas más ideas tengas, más puedes acumular, ya que podrás asociar de muchas más maneras las nuevas con las viejas: tienes más ganchos mentales para colgar los nuevos conceptos.
El saber, a efectos prácticos, no ocupa lugar, aunque su adquisición requiera mucho tiempo.
Además, nunca puedes prever si en el futuro (próximo o lejano) una idea u objeto mental podrá combinarse de manera creativa al servicio de alguno de tus proyectos, por eso no es conveniente ser tacaño en la adquisición de ideas. La creación no estereotipada no se puede anticipar y es conveniente tener muchos recursos disponibles por si pudieran servirte. Es por eso que en el mundo mental generalmente opera el principio maximalista de «Más es mejor».
Los lastres del exceso de posesiones en el mundo físico contrastan con las ventajas de la exuberancia en el mundo mental. En el mundo físico, las posesiones generan rigidez, costes crecientes de mantenimiento y de recuperación; en el mental, mayor cantidad de ideas significa más facilidad para asociar y recuperar lo acumulado, más combinaciones posibles y modelos mentales más flexibles.
Por tanto, el minimalismo en el mundo mental es un a posteriori, algo deseable solo después de haber acumulado muchas ideas y probado un gran número de combinaciones que luego puedas condensar en principios, reglas o síntesis conceptuales.
Si escribo artículos de tres mil o seis mil palabras en este blog e inicio proyectos y experimentos públicos, es para mostrar que mis otros artículos de trescientas o seiscientas, y mis aforismos son la versión destilada de mucho pensamiento y experiencia anterior, no las revelaciones o intuiciones infundadas de un pensador que tiende a pensar lo mínimo y se apresura a prescribir recetas con las que tú vivas al máximo.
Cuando eres joven (y además estúpido) todo lo ves a través de un prisma moral maniqueo: las víctimas, los malos, tú en el lado de los buenos o los iluminados, y la solución en que todos seamos buenos.
Si eres progresista o de simpatías socialistas dirás que todo es cuestión de educación (liberación de los relatos opresores, dirían unos; adoctrinamiento, dirían los del otro lado), cambiar el sistema y erradicar a los malos; si eres conservador o tradicionalista dirás que todo es cuestión de respetar las buenas costumbres y la moral, escuchar la voz de la conciencia y castigar o eliminar a los malos (justicia dirían algunos, venganza dirían los otros); si eres de un centro mediopensionista más o menos ciudadano querrás reprimir a los pillos y educar a partes iguales —porque en el aséptico medio está la virtud— y así eliminar el mal del mundo.
Pero si se trata de cambiar el mundo, ¿no sería posible que el campo de batalla más apropiado la mayor parte del tiempo no esté allí fuera y a lo lejos sino aquí dentro o en las inmediaciones?
Cuando siento ganas de culpar al sistema o a los mercados sin alma o a la falta de libertad individual, me gusta recordar la frase de Patricio Jake O’rourke: «Todos quieren salvar el mundo, pero nadie quiere ayudar a su madre a fregar los platos”.
Cuando eres joven quieres cambiar el mundo. Cuando no eres tan joven te das cuenta de que la gente no quiere ser cambiada (y menos por ti), entonces recuerdas el proverbio ruso: “Si intentas enseñar a tocar el violín a un cerdo perderás el tiempo y molestarás al cerdo” y sonríes con una mezcla de superioridad (2/5) y melancolía (3/5).
Yo he molestado a mucha gente (y a algunos cerdos) intentando enseñarles a tocar el violín cuando realmente querían tocar la armónica o el contrabajo o rebozarse gozosamente en el barro.
¿Quién soy yo para imponer mi instrumento al mundo?
A cierto nivel, la sabiduría no es algo mucho más profundo que la habilidad de seguir los propios consejos. —Sam Harris
Homo Mínimus está buscando continuamente ideas fundamentales o sumamente reveladoras que puedan convertirse en atajos cognitivos o heurísticos —cuasi-trucos los podríamos llamar, por aligerar la gravedad intelectual del concepto— que podamos aplicar de inmediato en nuestra vida cotidiana.
¿Cuál es el consejo que te voy a dar hoy?
No, no es NO dar consejos. Ese NO es mi consejo. Después de todo, me gano mi vida digital dando consejos a diestro y siniestro, como un karateka en una película de chinos repartiendo mandobles a todo obstáculo con forma humana que aparece en el dojo virtual. Por eso NO te voy a pedir que no inflijas consejos, todos tenemos cientos que podemos y debemos sacar de nuestras chisteras.
Mi consejo hoy, sin embargo, es también un metaconsejo: un consejo sobre los consejos.
¿Quién debe dar los consejos y a quién debe dárselos?
Dice el tío Sam que la sabiduría consiste en poco más que seguir los propios consejos. Ojalá fuera tan fácil.
El problema con el consejo de Sam y con todos los consejos que Homo Mínimus te pueda dar está en que las personas son distintas y las mismas personas necesitan distintos consejos en distintas situaciones. Por tanto, un consejo des-contextualizado y des-personalizado es inútil, en el mejor de los casos, y probablemente contraproducente.
Además, hay otra dificultad con el consejo de Harris, casi la contraria del problema anterior: yo me creo especial y pienso que lo que es obvio para los demás (“¿Estás gordo? ¡Come menos!”/ “¿Te gusta esa chica? ¡Acércate a ella e invítala a un helado!”) no es aplicable a mi particular situación (“Estoy gordo pero eso se debe a la interacción entre el PH del agua de la región y mi grupo sanguíneo” / “Me gusta esa chica… pero no puedo hacer nada obvio, porque podría salir mal si me precipito y puede que no soportara el rechazo, entonces me daría a la bebida, acabaría viviendo debajo de un puente y nunca conocería a una mujer similar” ), luego ese consejo que sirve para el gordo Mengano y el romántico Fulano no sirve para mí.
Cuando vemos el problema de una tercera persona, sacamos una conclusión rápida basada en poca información. Justamente, por tener poca información, las ramas nos permiten ver el bosque y es probable que nos centremos en lo esencial: comer menos/hablar con Dulcinea. El mundo, por injusto que nos parezca a los esnobs hiper-intelectuales y profundos como tú y como yo, es casi siempre de los simples que vanal grano en el granero de Pareto.
En resumen, si somos bienintencionados con los demás frecuentemente acertaremos con el consejo.
Cuando se trata de un problema personal, tenemos un montón de información sobre las circunstancias que pudieron llevar al problema y la miríada de pensamientos y emociones que pueden ser relevantes para el problema; en consecuencia, el exceso de ramas nos impide ver el bosque, el análisis se traduce en parálisis o la solución que diseñamos es demasiado complicada: hacer un análisis sanguíneo para ver qué dieta me conviene/escribir una novela superventas que haga que se fije en mí, ahorrar para comprarme un Ferrari.
En resumen, los consejos que nos damos a nosotros mismos suelen ser poco realistas, demasiado específicos y complicados y, si los seguimos, pronto abandonamos debido a su complejidad.
Parece que dar consejos es por tanto un ejercicio fútil, quizá solo sirve para sentirse benevolente o superior, si los damos a un tercero, o para orientar la acción errónea o ineficientemente , si nos los damos a nosotros mismos.
¿Cómo solventamos el conflicto?
De esta manera:
Hay que seguir los consejos que nos damos (si no hay acción, no hay posibilidad de cambio).
No hay que seguir los consejos que nos damos a nosotros mismos como si nos los diéramos a nosotros mismos (creemos que somos especiales).
Hay que seguir los consejos que nos demos, pero solo si son los que daríamos a alguien similar a nosotros en circunstancias similares, pero que NO fuera uno mismo (el desapego simplifica el problema y mejora la solución).
Mi consejo sobre los consejos
Actúa como si estuvieras viendo una película interpretada por otra persona (la película o el videojuego de tu vida) , monitoriza su acción de la manera más objetiva e imparcial posible (fíjate en causas evidentes y resultados deseados, simplifica), y cada vez que el tipo que está en la pantalla tenga que tomar una decisión, susúrrale al oído —como si él no fueras tú— lo que debería hacer.
Por supuesto, es esencial que el tipo que está en la pantalla siga el consejo del espectador imparcial; para eso, el espectador ha de establecer una relación de confianza con el protagonista de la historia y sugerir en vez de imponer: es un espectador bienintencionado, no un dictador; es un espectador falible, no el oráculo de Delfos; es alguien que aprende de los errores, su última palabra no es la última palabra.
¿Todos los consejos que te des y apliques de esta forma te llevarán hacia la solución o serán la mejor decisión posible?
No. ¿Crees acaso que soy el oráculo de Delfos?
Pero a partir del día en que empieces a hacer caso al espectador imparcial dejarás de tropezarte una y otra vez contra los mismos muros: cuando te golpees con uno, la próxima vez que estés ante un muro similar, tomarás otra decisión y harás algo distinto, en vez de suponer, como hasta ahora, que tu situación es especial, que si te estrellas muchas veces contra el mismo muro lo atravesarás, que eres especial o que necesitas una solución distinta de la que sería conveniente para otros seres humanos similares a ti en parecidas condiciones.
Siempre pensé que a una persona se la entiende más sabiendo hacia dónde va que sabiendo de dónde viene. Por lo tanto, nunca me he ocupado mucho del pasado. Ahora me doy cuenta de que el lugar del que uno viene suele ser muy parecido al que uno se está dirigiendo.
Si ese lugar del que venimos fuera inmutable, estaríamos condenados a repetirnos una y otra vez, y el cambio solo sería producto del azar y las modificaciones del entorno; por ejemplo: me toca la lotería o estoy obligado a emigrar a un país o región muy distintos. Pero si ese lugar del pasado, del que provengo, fuera reconfigurable, interpretable retrospectivamente, entonces habría posibilidad de avance y progreso.
Nuestro pasado, más que un lugar o un tiempo o una colección de sucesos, es la historia que nos contamos: la trama de hechos seleccionados, ordenados e interpretados subjetivamente a lo largo del tiempo y del espacio . Somos más creadores que notarios del pasado.
Las historias que nos contamos sobre nuestra vida pasada se proyectan como una sombra sobre los actos y decisiones de nuestro futuro. La retrospección reflexiva es la manera de cambiar la sombra, modificar las historias personales e impulsar el cambio.
Por tanto: miremos hacia atrás para encontrar una mejor historia.
A 543 metros sobre el nivel del mar y a 10.000 de las cosas de los hombres
Estimado amigo,
Me comentabas en una larga conversación tus inquietudes sobre el camino que debería seguir tu blog y me pedías consejo. Yo te respondo en esta carta desde la autoridad que me conceden los errores. Esta es relativa puesto que estos errores son solo útiles para determinado tipo de propósitos y valores: mis propósitos y valores pueden ser muy distintos a los tuyos, y mis consejos o advertencias no ser válidos, ser incluso contraproducentes.
Si estás buscando consejos para crear tu blog, hacerte famoso y viajar por el mundo viviendo al máximo, yo no soy la persona más adecuada; de hecho, soy la más inadecuada.
Como sabes, yo escribo y prescribo sobre cómo vivir al mínimo y con lo mínimo, así que puedes imaginar que mi visión de la comunicación humana y los blogs en particular es particularmente sesgada y fuera de la corriente principal. No puedo darte consejos sobre optimización de buscadores, marketing digital o creación de contenido que atraigan a miles de lectores.
Ni siquiera puedo darte mis impresiones sobre blogs de éxito: solo sigo unos pocos blogs y de forma intermitente. En el campo del minimalismo existencial, somos muy pocos en español y los de la órbita anglosajona son de sobra conocidos por todos. Puede que no leer blogs de temática parecida a la tuya sea lo más sabio, es quizá la única manera de que no seas el eco de las ideas del nicho bloguero al que quieras pertenecer.
En nuestra conversación creí apreciar algunas de tus preocupaciones sobre el mundo de los blogs; lo que diga en adelante intentará disiparlas a la vez que corregir alguna de las creencias erróneas que las originan.
Si tuviera que darte un solo consejo sería este: escribe como si nadie te leyera.
En tu caso, escribir como si nadie te leyera es muy similar a la situación real; desengáñate, casi nadie te lee. Siempre he dicho que el mejor lugar para enterrar un vergonzoso secreto es un blog personal: ninguno de tus amigos y familiares más cercanos va a prestar mucha atención a lo que escribas. Esto es una triste constatación que te puede abrir los ojos sobre el interés que despiertan tus opiniones más generales y abstractas sobre la vida y el mundo.
Pero en esta deprimente verdad subyace una gran libertad: si nadie te lee, eres libre para escribir de cualquier cosa que se te pase por la cabeza, sin miedo de decepcionar, molestar o incomodar. La falta de popularidad y relativo anonimato son tu mayor recurso.
No tienes ninguna reputación que mantener, nadie te conoce y a nadie le importa lo que escribas; algún despistado recalará de cuando en cuando en tu blog pero lo abandonará en menos de un minuto, el tiempo que se tarda en decidir si tienes algo que ofrecer; ya sabes que la gente generalmente no lee todas las palabras sino que lee a saltos; puesto que no te aconsejo que molestes a la gente con ventanas emergentes ni otras técnicas de marketing de guerrilla, ese escaso minuto de escaneo será el tiempo que tengas para captar o perder a tus potenciales lectores.
Alternativamente, puedes pensar que lo que tienes que decir es tan importante y transcendente que has de ir con pies de plomo y pensártelo dos o tres veces antes de dar al botón de publicar; puedes elegir creer que eres especial y que el público espera con ansia tu próxima entrada.
No te recomiendo esta creencia porque es falsa y porque además te vuelve menos original, espontáneo y fresco, los rasgos que te harán distinto y mejor que la gran mayoría de los habitantes de la blogosfera. Aunque seas joven, no seas un adolescente que piensa que todos los ojos están pendientes de él. No lo están, nunca lo han estado, nunca lo estarán: la gente está más preocupada por su propia imagen que por la tuya, tú no eres más que una mota de polvo en su mirada, así que no tienes nada que temer. Esta prescripción sirve también para tu vida real, la que ocurre en tres dimensiones.
Un blog no es —afortunadamente— una red social digital donde el esfuerzo ha de estar concentrado en proyectar una imagen de éxito y optimismo. Convertir tu blog en un escaparate es una opción entre muchas: si quieres convertirlo en una herramienta más para acicalar y apuntalar tu frágil ego o vender tus productos, hazlo, pero sería un desperdicio, para eso ya tienes facebook, twitter y otras armas de distracción masiva.
Si la ausencia de lectores se traduce en tanta libertad, ¿por qué no consideras dar un paso más allá, mantener el anonimato y usar un pseudónimo ? De esta manera, mantendrás durante más tiempo la impunidad de tus acciones y evitarás la sensación de que te la juegas cada vez que escribes algo controvertido. También podrás experimentar con otras facetas de tu personalidad y usar el blog como laboratorio existencial.
Si replicas que el anonimato no te parece honesto o sincero, te diré que cuando la gente se esconde en el ciberespacio no lo hace tanto para engañar o simular lo que no es como para mostrar sus creencias y sueños más profundos, para muchos es la única oportunidad en su vida de ser realmente ellos mismos. Quizá el anonimato sea la oportunidad de desenterrar posibilidades vitales que desconocías, quizá sea tu sombra lo que más admire o valore la gente, quizás te sorprendas de lo que eres capaz y de las reacciones de la gente a tus opiniones y comportamientos más impopulares.
Una última objeción te puede estar reconcomiendo: si no piensas en los lectores —si no los tienes en consideración— ellos no pensarán en ti y te retirarán el obsequio de su atención, el bien más preciado para muchos después del dinero. Si temes esto, estás completamente equivocado; ten en cuenta lo siguiente: serás agradable a la gente mientras seas familiar y les confirmes en la forma en que llevan su vida; pero solo serás leído —y quizá existencialmente respetado— si quiebras sus expectativas y les muestras otras posibilidades que desconozcan o teman: si te leen, será porque les marcas caminos que no se atreven a seguir o ponen en duda su forma de comportarse.
En el momento en que empieces a escribir para agradar a un público o simplemente para justificarte en tus opiniones más excéntricas estarás iniciando el camino sin retorno del bostezo.
Son las 20:00 y suena en mi portátil la alarma del toque de queda digital, se me caen las teclas de los dedos.
Espero que mis palabras te sirvan de algo. Afectuosamente,
Me dirigía a la puerta de entrada a mi urbanización y me encontré con un señor mayor de porte distinguido que se había parado a sostenerme la puerta. Me apresuré un poco, como se hace cuando alguien que podía haber pasado y cerrado espera a que llegues y te sujeta la puerta.
Le di las gracias y pasé; él, con la llave todavía en la cerradura de la puerta, me dice: «Más vale llegar a tiempo que rondar un año».
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Se lo tuve que hacer repetir porque no entendí la última parte: «…que rondar un año»; «rondar» es un verbo que casi no se usa hoy en día y lo que dijo es un refrán español con el que nunca antes me había topado. Le dije que me parecía muy buen refrán y que me había gustado. Además, estaba muy bien traído. Nos dijimos adiós.
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Más vale llegar a tiempo que rondar un año. El refrán resonaba en mi cabeza. Qué buen refrán. Más vale llegar a tiempo que rondar un año. Sin duda el señor encontró el momento perfecto y la situación adecuada para proferirlo.
El pretendiente que encuentra el momento adecuado para hacer la proposición a su amada se ahorra 365 días de esfuerzos y desvelos.
La sabiduría popular bascula entre dictar que o bien todo es fruto del destino y esperar pacientemente a que lo bueno nos suceda, o bien producto de la voluntad hercúlea que todo lo puede. En el primer caso, creemos en la ley de la atracción y la fértil espera; en el segundo, en la alegre positividad y el esfuerzo continuo en la dirección correcta hasta que nuestro trabajo fructifica; en el primer caso, corremos el peligro de des-esperarnos; en el segundo, de herniarnos, desgañitarnos o consumirnos en el esfuerzo.
Hoy me he dado cuenta de que hay una tercera vía: la vía de elegir el momento adecuado en el que aplicar tus esfuerzos. Es la vía más inteligente, eficiente y minimalista. El momento adecuado es el fulcro de la palanca que logra multiplicar el esfuerzo, es el punto espacio-temporal que nos permite mover el mundo en la dirección de nuestros deseos.
Podemos extender el refrán más allá de la dimensión temporal del momento justo, hacia el lugar justo, la persona apropiada u otra dimensión sobre la que tengamos control:
Más vale elegir la doncella adecuada que romperse los cuernos con la ingrata.
Más vale buscar el escenario correcto para la petición de mano que insistir cien veces.
Más vale encontrar palabras certeras que llenarse la boca de adjetivos.
Cambia la doncella y la proposición romántica por X e Y, y ya tienes un montón de situaciones potenciales en la vida en las que has de ser más deliberado sobre los momentos, lugares o personas en que aplicas tu esfuerzo o tus palabras.
A propósito, más vale acabar a tiempo que seguir dando vueltas alrededor de un consejo ya suficientemente comprendido y justificado.
Hay una máxima en el mundo de la escritura —que aprendí el año pasado en mis incursiones en los talleres de escritura creativa— que reza: «Escribe de lo que sabes».
El problema que encuentro con esta regla es que si ya sé de lo que voy a escribir no tengo gran motivación para escribir.
Por ejemplo, de este articulo tengo el título: «Escribe sobre lo que no sabes de lo que sabes». En mi mente tengo la idea ya formada. Y creo que me va a llevar como tres minutos desplegarla y expresarla decentemente. Tengo la sensación de que la idea no da más de sí. Esto hace que me esté costando escribir este artículo. No me siento terriblemente motivado.
Así que siguiendo la dirección del título, me tendría que preguntar: «¿Qué no sé sobre el hecho de que es bueno escribir sobre lo que no sé de lo que sé?».
¿Te estás perdiendo, amigo lector? Yo también.
Bien… Es una buena señal que yo me esté liando porque eso significa que hay algo que no domino del todo en este asunto de escribir sobre lo que no sé de aquello que sé.
¿Qué no sé? Intentaré analizar el significado de la frase para ver si hay algo que no tengo claro:
La frase, el título de este artículo, significa que cuando tenga algo claro tengo que partir de la base de que no está del todo claro y que hay cabos sueltos.
Difícilmente tendremos un conocimiento cristalino sobre nada medianamente complejo o ambiguo: la escritura es una habilidad compleja y los criterios de evaluación son borrosos, si los hay.
El proceso de escribir es un proceso cognitivo sumamente complejo, tanto que muchos escritores describen su actividad en términos mágicos, casi místicos, como si fuera un proceso sobre el que no tuvieran ni conocimiento ni control.
Por tanto, está claro que puedo encontrar muchas zonas grises en cualquier prescripción o principio que enuncie sobre el proceso de escritura.
De lo que acabo de decir sobre el proceso de escribir, podría dar un salto lógico y extrapolar que escribir sobre lo que no sé de lo que sé es casi siempre posible. El mundo es grande y nuestro conocimiento escaso, luego en cualquier asunto sobre el que escriba puedo encontrar zonas grises, o puedo relacionar lo que sé con algún elemento desconocido y en el camino… ¡motivarme!
Si escribo sobre lo que no sé de lo que sé voy a estar motivado: al ponerme a escribir ya tengo un aliciente, algo que descubrir, algo que puede generar curiosidad: descubro lagunas en mi conocimiento.
La dificultad de seguir esta prescripción está en cómo hacerse preguntas que uno no sepa responderse inmediatamente y hacérselas partiendo de situaciones o temas de los que sepa lo suficiente como para encontrar algo relacionado que no sepa; porque si sabes poco o no sabes nada, es difícil o imposible encontrar preguntas interesantes.
De esta manera, la escritura se convierte en un proceso mental exploratorio, de descubrimiento de cabos sueltos y de esfuerzos de atarlos con nuevas relaciones, datos, o inferencias.
Ajá.
Parece que tengo una aproximación a mi tesis:
Si sigo esta regla tengo materia sobre la que escribir, porque hay algo que sé, y tengo motivación porque estoy desentrañando lo que sé para encontrar lo que no sé, y eso genera curiosidad, una cierta tensión que busca resolución.
Las preguntas que me muestran lo que todavía no sé de lo que sé son la clave.
La sombra paralizante del cierre cognitivo prematuro
Hummm. La cuestión es que entonces no siempre podré seguir la regla:
Si no sé nada, imposible seguirla; si sé todo o demasiado, muy difícil seguirla;
Pero.. si sé algo pero no todo… puedo seguirla. ¿Parece fácil?
Lo parece, si no fuera porque las personas, incluidos los escritores, que también somos personas, creemos saber casi todo lo importante sobre todo lo importante. Los psicólogos llaman a esto «cierre cognitivo prematuro».
La propensión sicológica es a ese cierre cognitivo: no queremos las creencias para perfeccionarlas eternamente en un proceso de refinado constante que consuma nuestras vidas; queremos las creencias para orientarnos «suficientemente bien» en el mundo, para así hacer algo en el mundo, para comenzar la acción.
Cuando una creencia cumple su función, aunque esta sea meramente lenitiva o calmante del dolor de no saber, dejamos de buscar, nos ponemos a hacer y nos ocupamos de otro asunto; habitualmente, lo hacemos demasiado pronto.
Los escritores de ficción o no ficción creativa son seres especiales. No escriben tanto para mostrar lo que saben como para descubrir lo que no saben: ¡solo así pueden descubrir algo y ser creativos!
El miedo a la hoja en blanco y el aprendizaje condicional
Así que parece que muchas veces no me pongo a escribir porque ya creo saberlo todo o porque no quiero complicarme la vida con nuevas incógnitas, aunque sospeche que no sé todo sobre lo que quiero saber.
Ellen Langer, la psicóloga americana, considera que el profesor debe mantener una actitud condicional, una actitud abierta a las posibilidades, sin encastillarse en ninguna, por muy probable o razonable que parezca.
En esencia, el buen maestro en vez de presentar a sus alumnos tal o cual principio o hecho como algo taxativo, indiscutible, cerrado, ha de enunciarlo de manera condicional.
Ejemplo: el maestro no debería decir «El principio X es correcto» sino más bien «Podría ser que el principio X fuera correcto». Con esto da a entender que el principio o hecho que enuncia es uno entre varios que podríamos considerar, que podría ser otro. De aquí entonces la idea de «aprendizaje condicional».
Presentando la información de esta manera, el maestro consigue que la mente del alumno no se fije en una solución o guion cognitivo y mantenga abierta la mente a nuevas posibilidades y siga explorando en vez de limitarse a memorizar el conocimiento empaquetado y distribuido por el profesor. Y eso aumentará la involucración del alumno en su aprendizaje.
El aprendizaje condicional en la escritura
Extendamos la idea de aprendizaje condicional de Ellen Langer a la escritura:
Cuando inicie un nuevo texto de ficción o de no ficción creativa debo decirme: «Podría ser que X… y también que Y… y quizá Z…» y «no veo claro si X o W… vamos a explorarlo…» y «¿Qué pasaría si fuera J, K o L? Es solo un suponer…» y… «aunque me decanto por H… todavía hay varios flecos o contradicciones Ñ, O y P que no sé cómo soslayar..». Etc. Y esto involucrará al escritor en su texto.
Es resumen, siempre que empiece a escribir me pondré a buscar lo que no sé en lo que sé para:
Motivarme con la exploración.
Buscar y encontrar algo nuevo que no sabía antes de empezar y que desafía o complementa o sustituye a lo que creía saber al principio. En el camino puedo crear algo nuevo tanto en contenido como en forma.
Yo no soy tu gurú (¿o qué creías?)
HM habla siempre desde la condicionalidad, desde la razonable posibilidad que no excluye otras posibilidades razonables; aunque a veces parezca que hable desde el púlpito, esa no es su esencia; su esencia es la de trol filosófico existencial.
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No en vano, el santo patrón de su minimalismo existencial es Diógenes de Sinope, un filósofo cínico que tenía solo tres posesiones: una capa, un bastón y una escudilla; el día que observo a un niño beber en un arroyo usando la concavidad creada con sus manos se deshizo de la escudilla cuando constató sorprendido que era otro elemento superfluo al que hasta ahora había considerado imprescindible.
Diógenes es famoso por sus performances filosóficas. En cierta ocasión recorrió Atenas con un farol encendido a plena luz del día buscando a un hombre honesto; por supuesto, no lo encontró. En otra ocasión, cuando Platón le dio la elogiada definición socrática de Hombre como «Bípedo implume», desplumó una gallina y la hizo correr por la plaza mientras gritaba: «¡Ahí va un hombre!»; desde ese momento, se añadió a la definición «…de uñas planas»
El mejor troleo es siempre el autotroleo: uno debería esforzarse por ser el mejor trol de sí mismo y conspirar constantemente contra las propias convicciones, incluso contra las más fijas e indiscutidas, que no indiscutibles.
Pero el autotroleo es tan difícil como aconsejable, muy difícil de autoinfligir; por eso es conveniente rodearse de troles y mentes despiertas que se atrevan a contradecirte y decirte: «Soy amigo del señor Platón, soy amigo del señor Homo Mínimus, pero más amigo todavía soy de la señora Verdad».
Mientras uno no encuentre troles que le troleen bien troleado y le jodan bien jodido, hay que mantener una sana y permanente actitud condicional, hablar desde la condicionalidad deliberada y buscar contradecirse bien contradicho, aunque solo sea por el gusto de explorar distintas direcciones vitales.
El espíritu de la contradicción con los demás es bueno y saludable, pero lo es más si uno busca sus contradicciones y socava las certezas personales más queridas. A diferencia del que cabalga sus contradicciones y vive plácidamente en una hipócrita esquizofrenia, hay que usar la conciencia de la contradicción para diluir las certezas y llegar a una nueva verdad condicional mayor y provisional, siempre en desarrollo.
Así que recuerda que HM —incluso en sus momentos aparentemente más dogmáticos— es un maestro condicional, uno que siempre en su fuero interno dice: «Podría ser que H, podría ser que M… pero exploremos hoy X… o quizá HM.».
Máximo es un hombre como tú y como yo pero con más problemas.
Se levanta por la mañana estresado, con falta de sueño; desayuna aceleradamente y sale de su casa todavía arreglándose la corbata. En el trabajo, pasa el tiempo reaccionando a las exigencias del jefe, las peticiones de los colegas y una avalancha de información que llega en forma de correos, WhatsApp y tareas urgentes.
Ha perdido el control de su vida, siente como si su jornada fuera un continuo día de la marmota en el que siempre se levanta en el mismo escenario y tiene que ejecutar una y otra vez la misma pieza existencial.
Llega al final del día derrotado, sin casi ganas de charlar con su mujer y sin energía para jugar con sus hijos.
Se dice: ¿es esto la vida? ¿Soy algo más que un operario en la cadena de montaje de la empresa o el organismo público para el que trabajo? ¿Estoy haciendo con mi vida acaso un mínimo de lo que podría? ¿Qué es lo que no marcha bien?
Un día, mientras navega con ojos vidriosos durante la jornada laboral y apura su cuarto café de la mañana se topa con el blog de Homo Mínimus y descubre el maravilloso mundo del minimalismo existencial.
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Homo Mínimus le cuenta la historia de un americano calvo llamado Leo Babauta que, con sobrepeso, ahogado por el trabajo y las deudas y con cinco hijos, un buen día decidió cambiar para siempre.
Luego conoce a otros blogueros minimalistas, lee libros y tiene noticia de mucha gente que un día dijo «hasta aquí»: ya basta de trastos, de girar en el tiovivo existencial, sin tiempo para la familia y para cultivar el yo interior, conectado con el mundo las 24 horas del día pero desconectado por completo de uno mismo.
El minimalismo existencial es el arte de sacar el meollo de la vida volviendo a lo esencial y descartando lo trivial. Lo trivial son las tareas y la productividad sin sentido, el trabajo sin alma, el consumo como escape de una existencia profundamente insatisfactoria, la dispersión de la atención en mil direcciones y el avance de un milímetro en todas ellas.
Lo esencial es la vida saludable, la atención serena y relajada que se pone en las cosas que cada uno encuentra fundamentales en la vida: la familia, los amigos, los viajes, un trabajo con sentido; una vida no exenta de sorpresas pero donde hemos recuperado el control. Lo vital es diferente para cada uno y lo es en distintas proporciones. No puedes delegar este esfuerzo de exploración. Has de convertirte en el Sherlock Holmes de tu alma y tu corazón.
El minimalismo existencial es una plantilla para definir tu propia vida en tus propios términos, y se basa en la simplicidad, la sencillez y la conexión con tus necesidades más profundas.
El minimalismo existencial es una obra en curso donde nunca hay victorias decisivas. El lema no es meramente «Menos es más» sino «Menos es suficiente». Hay un continuo e inacabable esfuerzo de poda y de simplificación.
Máximo se siente inspirado por este estilo de vida y decide iniciar el camino. Busca inmediatamente una lista de tareas que hacer, una hoja de ruta, pero Homo Mínimus le dice que si quiere una receta, mejor que vaya al médico, que tiene que inventar su propio camino y aprender sobre la marcha.
Máximo se siente aterrado: observa todo lo que anhela y lo lejos que se encuentra. Está condenado a elegir y ya no es capaz de decir no a su responsabilidad, ha abierto demasiado los ojos.
Hay otro gran monstruo que amenaza a Máximo: el mundo está hecho para ofrecer más y mejor de todo. Si no construyes límites —barreras contra el exceso de opciones— puedes quedar consumido por la exuberancia de posibilidades: las posesiones acaban poseyéndote, la información tiraniza, y las infinitas opciones de nuestros teléfonos superinteligentes y redes sociales terminan marcando la agenda.
Sin espacio en nuestras casas ni tiempo para conectar con nosotros mismos, nuestra capacidad de dirigir la vida sufre y nos convertimos en patéticas ratas de Skinner reaccionando y esperando la siguiente dosis de diversión e información.
En el blog de Homo Mínimus, Máximo aprende a concentrarse en una sola acción cada vez y evitar la multitarea. Homo Mínimus le habla de la importancia de aprender a fracasar y desarrollar una saludable mentalidad experimental, la capacidad de intentar cosas nuevas y aprender de las experiencias; por ejemplo, lleva a cabo un experimento de ayuno de 24 horas, consigue eliminar el azúcar casi por completo de su dieta y logra la meta de andar 10.000 pasos diarios.
Con Homo Mínimus, Máximo aprende que colaborar y compartir con otros minimalistas existenciales hace el camino del minimalismo más gozoso. Inspirado por el Proyecto 52 paseos con 52 frikis de Homo Mínimus, decide salir a pasear todas las semanas con frikis minimalistas y otros amigos, inicia un diario personal para registrar sus avances y se compromete públicamente con su mujer e hijos a iniciar algunos cambios en su estilo de vida. Se anima a seguir cursos de atención plena, perseverancia y salud minimalista a través del blog, y a lo largo de muchos meses —lento pero seguro— crea nuevos hábitos y reglas de conducta diaria que le convierten en una versión mucho más saludable y vibrante de sí mismo.
Al principio, los hábitos, estructuras o reglas de vida que recomienda Homo Mínimus le parecen robóticas, rígidas, ¿por qué decidir a cada paso cómo vas a comportarte? ¿No le hará perder la alegría y la espontaneidad?
¿Por qué la regla de no dejar entrar un nuevo objeto sin salir otro?, ¿por qué reducir la exposición a las redes sociales (facebook, twitter, instagram)? , ¿por qué instaurar un toque de queda a partir de las doce de la noche en el que no se permite ver televisión o trabajar en el computador? , ¿por qué practicar un shabbat digital un día los fines de semana y prohibir el correo electrónico o la televisión para centrarse en su familia y amigos y dar tiempo al descanso contemplativo?
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¿Acaso no se pueden hacer excepciones? ¿No es ir demasiado lejos?
La respuesta que recibe de Homo Mínimus es que si no creamos nuestro propio sistema de consumo, si no imponemos nuestras propias reglas, seremos esclavizados por la publicidad o el comportamiento gregario, resultado de imitar lo que vemos en la sociedad o los clubes y grupos sociales a los que pertenecemos.
En síntesis, Máximo comprende una verdad sorprendente: «Las cadenas que elegimos deliberadamente nos hacen libres».
Gracias a los hábitos de organización personal, financieros, las limitaciones que nos imponemos y las decisiones sobre lo que consumimos y cómo pasamos el tiempo, nos volvemos libres interiormente y dejamos para siempre la frenética carrera de la rata.
Una vez que Máximo entiende que está «condenado a elegir» (como nos aseguran los filósofos existencialistas) y ha asumido la responsabilidad de dirigir su propia vida, ya no tiene marcha atrás, decide que quiere iniciar el camino, tirar las certidumbres vitales que le sirvieron hasta entonces y comenzar de nuevo.
Empieza a vivir una vida por diseño en la que toma las riendas y comienza a eliminar los muchos triviales para centrarse en los pocos vitales.
Máximo construye una visión ilusionante de su vida futura, logra conciencia de sus prioridades y deseos, y da pasos pequeños y graduales hacia una nueva vida guiada por una intensa conciencia situacional y la simplificación de la existencia.
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P.D. puedes empezar tu travesía minimalista existencial leyendo el libro del americano calvo con sobrepeso: focus.
El proyecto personal es la unidad mínima de acción con significado completo
La palabra es a la oración gramatical lo que la tarea es al proyecto. Tanto las palabras como las tareas solo adquieren sentido en el contexto de la oración o el proyecto del que forman parte y al que sirven.
Puede haber tareas aisladas que no formen parte de ningún proyecto en particular, como cuando te viene una palabra a la cabeza sin saber por qué y sin ánimo de expresar nada, pero en general las tareas responden a la existencia de un proyecto al igual que las palabras están incrustadas en oraciones con sentido completo y contienen sujeto, verbo y predicado.
El término proyecto se usa tanto en la filosofía existencialista (el “proyecto vital” de Sartre, por ejemplo) como en el mundo de la ingeniería y las organizaciones empresariales (un puente o el lanzamiento de un nuevo producto son proyectos).
En este artículo, defino al proyecto como una unidad estructurada de acción compuesta de tareas o sub-acciones que persiguen un resultado concreto o visión; por tanto, lo uso en el sentido ingenieril o empresarial, no en el sentido filosófico de “plan de vida o proyecto vital”.
Iniciamos los proyectos con un anhelo o deseo de traer a la existenciaalgo que no existe.
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El caminante sobre el mar de nubes. Caspar David Friedrich.
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El anhelo o deseo va unido a una visión de lo que queremos que sean las cosas. El proyecto se despliega en una sucesión de acciones, planes, objetivos, tareas, hitos, medidas de logro y sistemas de control. La visión inicial del proyecto puede cambiar o actualizarse a lo largo del ciclo vital del proyecto.
Hay proyectos formales, con planes, hitos y compromiso claro, y proyectos informales, a los que no llamamos siquiera “proyectos” pero que siguen siendo proyectos porque parten de una visión que unifica un conjunto de acciones y tareas a lo largo del tiempo.
Una vida organizada requiere pensar y planear en términos de proyectos; de otra manera, nuestros días serán una sucesión de acciones inconexas y viviremos en modo reactivo, no seremos mucho más que un manojo de hábitos, instintos y reacciones, será el entorno el que dirigirá el comportamiento, seremos veletas que solo se mueven al albur del viento que corra en cada momento.
Qué es un proyecto zombi
Los proyectos zombis son proyectos que han perdido su razón de ser o su energía hasta el punto de que están literalmente muertos, pero bien por inercia o costumbre siguen arrastrándose moribundos en nuestra agenda y memoria de trabajo.
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El sesgo de acción (creemos que es mejor hacer algo que no hacer nada) y el sesgo de inercia (tendemos a seguir haciendo lo que estamos haciendo) se confabulan para que mantengamos proyectos zombis en la agenda comiendo tiempo y en la mente ocupando UPAs, unidades de atención permanente en la memoria.
Ejemplos de proyectos zombis, formales e informales:
Tu proyecto de perder 5 kg. y esa bicicleta estática que lleva acumulando polvo y ocupando espacio en tu salón durante meses. Otro vestigio de este proyecto zombi podría ser la suscripción anual al gimnasio, que dejaste de frecuentar en marzo. De cuando en cuando, si hay conjunción de astros te pasas por el gimnasio o la bicicleta.
Un grado universitario que empecé con ilusión pero en el que me estoy dando cuenta que no se adapta a mis capacidades e intereses personales; por ejemplo, quería ser médico de familia pero me agota tratar con la gente. No obstante, sigo porque ya he invertido más de dos años de mi vida y mucho dinero.
La relación con un amigo con el que hace tiempo perdiste los intereses comunes pero al que sigues viendo y cuyo círculo frecuentas más por costumbre que por la satisfacción que obtienes. Una relación personal es una forma de proyecto interactivo que requiere tiempo, esfuerzo e intereses comunes para que crezca y se desarrolle, pero como todo en la vida puede llegar a un punto muerto.
Los CDs de música clásica que compraste porque un buen día decidiste culturizarte y refinar tus gustos. Muchos de ellos siguen envueltos en papel de plástico.
El trabajo insatisfactorio y mal renumerado en el que ellos hacen como te pagan y tú haces como que trabajas. O quizá, si eres funcionario o profesor de universidad, ellos te pagan pero tú haces como trabajas y dejas tu imaginación y corazón en la entrada de la oficina o del aula.
Etc.
Entre los proyectos vivos y los proyectos zombis hay conflictos y el canibalismo es habitual. Los unos comen el tiempo, atención y recursos a los otros; el resultado es caos mental, ineficacia y frustración.
Ningún sistema de productividad personal, por complejo que sea, te va a sacar de esta situación: hay demasiados proyectos en general y demasiados proyectos zombis en particular para que una mejor organización solvente el problema de tener proyectos inadecuados o un exceso de ellos. Recuerda: primero, omitir o eliminar; segundo, organizar.
Proceso de zombificación
1º Todos los inicios son hermosos.
Iniciamos el proyecto con un entusiasmo ingenuo en el que solo visualizamos los beneficios al final del camino: un acento de Oxford, una cintura de avispa, un trabajo remunerador y rodeado de gente interesante o una cultura deslumbrante que refine los gustos y mejore la imagen personal . Los costes del proyecto, el esfuerzo y los obstáculos, no se tienen en cuenta o se infravaloran.
2º Energía y motivación al principio.
Empezamos trabajando de manera sistemática en el proyecto y adquirimos los recursos necesarios: las zapatillas de deporte último modelo, la inscripción en la academia de idiomas, el esmero y diligencia en el trabajo diario en la oficina, la ilusión de que el proyecto marque una diferencia.
3º La hierba del vecino es siempre más verde.
Pero surgen los problemas, las dificultades, los obstáculos; de hecho, no dejan de crecer a lo largo de la vida del proyecto. A la vez, cualquier otra opción o proyecto potencial se hace más brillante: quizá me apetece ahora más aprender a tocar el piano que sudar en el gimnasio.
4º Se pierde energía y motivación.
Como la hierba del vecino es más verde y como me doy cuenta de que el proyecto está perdiendo lustre, voy transfiriendo tiempo, atención y recursos a otras posibilidades vitales: la cocina vegana, el curso de submarinismo o el instrumento musical (sí, ahora lo mejor es que aprenda a tocar un instrumento, no limitarse a escuchar CDs, tiene mucho más glamur).
5º El proyecto se ha transformado en un muerto viviente.
Pasan las semanas y cada vez le dedico menos tiempo, pero no lo dejo del todo. Si me acuerdo de él en un ataque de remordimiento vuelvo a él, salgo a correr un día, voy una tarde al gimnasio, repaso los verbos irregulares; pero ya no hay esperanza, el proyecto y su visión han perdido brillo. No me atrevo a decir que está muerto porque sería como reconocer otro fracaso y el zombi sigue en mi agenda y en el segundo plano de mi conciencia durante semanas y meses, a veces años.
En consecuencia, los proyectos zombis y otros episodios irresueltos siguen vagando por nuestras vidas sin sentido y sin rumbo pero sin acabar de morir, canibalizando los recursos de otros proyectos vivos.
La solución: matar zombis.
Si esto fuera un videojuego, el videojuego de la vida, tu meta número uno sería matar zombis y evitar que se reproduzcan. Los zombis crean caos, distraen de los asuntos importantes, dispersan tu atención en mil direcciones y succionan tiempo y energía.
El mejor momento para matar proyectos zombis es al final de la reencarnación o al final del año cuando practicas el ritual de purificación anual.
Muchas veces, los proyectos zombis aparecen con el disfraz de los frentes abiertos, operaciones o acciones habituales cuyo beneficio esperado no supera su coste de oportunidad pero que seguimos manteniendo en parte por inconsciencia, en parte porque no se nos ocurre nada mejor que hacer. El hábito hace al monje y al proyecto zombi.
Cómo reducir la población de zombis
Lo mejor es explicitar los anhelos, definir la visión del resultado apetecido y registrarlos en un inventario permanente de proyectos, un documento o lista donde reconoces proyectos en curso.
Una vez que sepamos qué proyectos tenemos entre manos, hay que establecer reglas claras de entrada y salida de proyectos.
Reglas de entrada proyectos:
Un proyecto solo entra en mi agenda vital si tengo tiempo para ello o salen otros proyectos que liberen tiempo y atención. Si tengo 48 horas a la semana para proyectos y ya están todas ocupadas, he de librarme de algún otro proyecto, quizá tenga que matar uno o dos proyectos zombis a los que todavía me esté aferrando.
Un proyecto solo entra en miagenda si he considerado su entrada durante al menos siete días. Así evito el actuar a base de caprichos e improvisación. Idealmente, los proyectos nuevos solo deberían entrar al principio del mes o de la reencarnación.
Un proyecto nuevo ha de estar claramente justificado. El proyecto nuevo tiene que encajar en mi red de proyectos actuales y añadir más valor que otros proyectos alternativos. He de tener en cuenta no solo los beneficios sino también los costes: el tiempo, atención, esfuerzo y otros recursos necesarios. Todo proyecto nuevo requiere un documento de justificación del proyecto.
Regla de las dos semanas: si un proyecto lleva inerte —sin actividad— dos semanas, sin causa justificada o sin haberlo suspendido temporalmente de forma explícita, lo elimino implacablemente.
Si no hay horas suficientes para todos los proyectos en curso, reduzco las horasasignadas a algunos proyectos o elimino alguno de los proyectos en curso. Esto implica que tenemos que llevar un inventario permanente de proyectos en curso que incluya el tiempo necesario para cada uno de ellos y el tiempo disponible semanal.
Si el beneficio esperado de un proyecto cambia, también ha de cambiar nuestra valoración de él. Hemos de ser suficientemente fuertes para nuncanizar, renunciar a viejos anhelos y dejar espacio a lo nuevo.
Como hay riesgo de abandonar proyectos solo porque son difíciles, no tomo la decisión de abandonarlos caprichosamente, espero a la revisión de la semana o el mes para decidirlo. Hay riesgo de abandonar demasiado pronto debido al efecto “La hierba del vecino (=otros proyectos nuevos) es siempre más verde” y a que siempre lo excelso es tan difícil como raro.
Resumen
Un proyecto es la visión de un resultado novedoso atractivo y el proceso que nos lleva desde la realidad actual a la realidad deseada. Por ejemplo: una habilidad personal, un grado universitario, una relación personal, una empresa, un cuerpo saludable, un proyecto artístico, un viaje de exploración, etc.
Un proyecto intenta traer a la existencia algo que no existe pero que a nuestro juicio merecería existir.
Los proyectos zombis son proyectos que están muertos pero no lo sabemos o no lo queremos reconocer.
Los proyectos zombis proliferan en nuestras vidas y agendas robando tiempo y energía a otros proyectos.
La solución es convertirse en un implacable cazador de zombis: aprender a nuncanizar proyectos que han perdido energía o razón de ser pero que siguen vagando por nuestras habitaciones mentales y agendas.
Un censo de proyectos permite determinar las horas disponibles a la semana y cercenar los zombis que canibalizan los proyectos plenamente vivos.
Si establecemos unas reglas claras de entrada y salida de proyectos podremos adecuar los proyectos a los recursos disponibles y seleccionar aquellos de más valor.
La Ley de las tres Oes es una de las leyes fundamentales del minimalismo existencial. La ley es secuencial:
Primero y antes de nada, Omitir; segundo, Organizar; tercero, y solo si procede, Optimizar
El orden es esencial. Habitualmente, intentamos organizarnos antes de eliminar, y, algunas veces, si tenemos una personalidad perfeccionista, intentaremos optimizar parcelas de nuestra vida que debido a la acumulación y el tiempo han crecido sin control y están poco o mal organizadas.
Ley de las tres Oes y Ley de Pareto
La Ley de las tres Oes del minimalismo existencial está emparentada con la Ley de Pareto o regla del 80/20, que nos dice que en todo sistema natural o socio-técnico o humano unos pocos elementos, menos del 20%, producen más del 80% de los efectos.
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Estas cifras son orientativas, en muchas ocasiones el porcentaje es menor: 17%, 12% o 5%. Si estamos hablando de proyectos, de gastos, de clientes, es probable que más del 80% de nuestros proyectos, gastos o clientes generen poco valor, satisfacción personal o margen; por tanto, lo mejor que podemos hacer es librarnos de ellos: matar proyectos, eliminar gastos y renunciar a clientes.
Por tanto, el primer paso, la primera O, es segar lo que aporta poco valor.
O de Omitir
Si tomamos el caso pedestre de tu vestuario, es muy probable que uses la mayor parte del tiempo un subconjunto pequeño del total de tu ropa, seguramente porque es más bonita, te produce mayor satisfacción o está más de moda. Entonces… ¿por qué no eliminar el resto y liberar espacio y reducir el tiempo que dedicas a decidir qué ponerte?
Objeción uno: podrás decir que es costoso eliminar o que si tienes espacio en los armarios y tiempo es conveniente dejar en la reserva esa ropa, esos proyectos o esos clientes. Después de todo, la vida no está llena de clientes que quieran comprar nuestros productos o servicios, y el dinero que gasté en ropa no es cuestión de tirarlo, y en su día pusiste un montón de ilusión y tiempo en ese proyecto y hay que darle una oportunidad más.
Respuesta uno: los costes incurridos son pasados, están “hundidos”, ya tuvieron lugar y no deberían formar parte de nuestra decisión. Lo pasado, pasado; puede que gastaras mucho tiempo y esfuerzo en ese proyecto personal, en captar a esos clientes o en comprar esta ya-no-tan-estupenda-y-de-moda ropa. Estás atado psicológicamente, pero la lógica de la decisión racional nos dice que hay que limpiar las cubiertas y empezar de nuevo considerando solo el futuro y no los gastos pasados.
Respuesta dos: los bienes, los proyectos y las actividades que se han convertido en rutina no solo tienen un coste de mantenimiento: el dinero, tiempo y esfuerzo que les dedicas; tienen, además,un “coste de oportunidad”: el mejor uso alternativo de tu dinero, tiempo y esfuerzo, lo mejor que podrías hacer con esos recursos liberados si no te aferraras al pasado.
Cuando nos quejamos o lamentamos o fingimos que no tenemos tiempo o recursos para hacer las cosas que nos gustaría o los proyectos que nos ilusionan, lo que verdaderamente estamos diciendo es que ese tiempo y recursos los tenemos invertidos en otras actividades que por la razón que sea estamos prefiriendo más. Todos tenemos 168 horas a la semana, tanto el presidente de los Estados Unidos como el ocioso jubilado o el estudiante juerguista. La decisión está en qué actividades, personas y proyectos van a ocupar esas 168 horas semanales a partir de ahora.
Si una mujer te dice que no tiene tiempo para salir con gente, lo que te está realmente diciendo es que no tiene tiempo para salir contigo. Todos tenemos el mismo tiempo, nuestra decisión es qué hacer y qué NO hacer con él.
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La poda sistemática de tareas, objetivos, objetos, relaciones y compromisos es el primer paso imprescindible para el minimalista existencial en ciernes. Solo cuando hayamos dejado espacio físico y mental y hayamos liberado nuestros recursos financieros de actividades y objetos de bajo valor podemos empezar a diseñar y construir o reconstruir el edificio vital.
Presupuesto de base cero vital: justificándolo todo
El diseño de vida minimalista cuando aplica la Ley de las tres Oes se parece a lo que los contables o administradores llaman gestionar mediante “presupuesto de base cero”.
El administrador que usa un presupuesto de base cero parte de un presupuesto en el que todos sus elementos han de ser justificados al comienzo del año. No vale actualizar el presupuesto anual añadiendo o reduciendo sobre los capítulos presupuestarios del año pasado (y por tanto anclando el presupuesto actual al del año pasado) .
Tanto los ingresos como los gastos se han de volver a analizar y reconsiderar , no vale el hacer las cosas porque siempre se ha hecho así.
¿Encaja tal o cual gasto, tal o cual proyecto, tal o cual persona, en tu vida? Si no es así, elimínalo sin que te tiemble el pulso. Di no y no mires atrás. No es la palabra más bella.
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En nuestras vidas podemos empezar de cero o de cuasi-cero, de muy poco, de mucho menos. La técnica de las reencarnaciones es un buen método para aplicar el presupuesto de base cero a tu existencia. También elritual de purificación al final del año mediante la eliminación de las listas de cosas que hacer, proyectos y compromisos.
La O de Omisión nos recuerda que en el diseño existencial lo más importante es omitir, decidir lo que no se incluye y lo que no añade valor o lo que añade valor pero genera comparativamente más coste.
Tres propiedades que omitir
Si ahora empezara mi vida de nuevo, omitiría tres propiedades: casa con hipoteca (y sin hipoteca), automóvil y la ropa que he ido acumulando a lo largo de años. Las posesiones poseen:
La casa en propiedad te convierte en sedentario, apegado al terruño, es una de las formas de mantener riqueza menos flexible y las que más gastos tienen: impuestos a la propiedad inmobiliaria, gastos de mantenimiento, comunidad, tasas de basura, seguro de incendios, etc. Sin casa en propiedad podrías cambiar de lugar de residencia en tres días; con casa en propiedad pasarán meses hasta que la vendas, resuelvas todos los trámites legales y administrativos y hagas la mudanza. La casa en propiedad te ata y evita que puedas aprovechar oportunidades profesionales o de otro tipo de inmediato. La alternativa es alquilar y variar tu gasto en vivienda en función de tus ingresos y posibilidades.
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El automóvil se vende como símbolo de libertad y estatus, pero es una de las cadenas más onerosas que te puedes imponer. Si compras uno de lujo, tendrás miedo a que lo arañen y dedicarás recursos ingentes a su conservación y cuidado, con un continuo goteo de seguros, impuestos, trámites administrativos, gasto en gasolina y reparaciones. Del coste total de propiedad de un automóvil, menos del 40% es el precio de adquisición; el resto del coste se distribuye a lo largo de su vida útil. Piensa en el transporte colectivo o el taxi o uber como un sustituto mucho más barato y flexible.
Otra fuente de esclavitud consentida: la ropa, los zapatos, los pantalones, los calcetines, las decenas y a veces centenares de artículos que guardas en tus armarios. La ropa nunca hizo biografía, a pesar de lo que te vendan las marcas de moda. No uses la ropa para mostrar o crear tu identidad, que es lo que quieren las firmas, vive una vida de sentido y valores para diseñar e inventar tu identidad, crea tu identidad a base de logros y proyectos vitales: tus hechos hablarán mucho más fuerte que la ropa más cara y estilosa del mundo. NO hace falta que vayas desnudo o como un vagabundo, basta con que tires el 90% de la ropa que atesoras. Tu ropa es un tesoro oxidado.
Poda de relaciones
NO solo hablo de ropa o trastos físicos o actividades o proyectos, también hablo de relaciones. ¿Cuántas mantienes por inercia? ¿Cuántas de esas relaciones las mantienes porque no te atreves a estar un tiempo solo? ¿Cuántas relaciones personales y profesionales se arrastran como zombis que ya están muertos pero no lo saben?
Las relaciones —al igual que las mujeres— son a veces un mal necesario, pero nada te impide elegir las mujeres y otras relaciones que más bien te hacen y quitar tiempo a las que te hacen menos bien comparativamente.
Recomiendo podar la lista de amigos y conocidos periódicamente. Los amigos cercanos siempre cabrán en los dedos de una mano, quizá de dos, si eres muy extrovertido. Los conocidos seguirán siendo conocidos, pero los puedes trasladar a una lista de conocidos-a-tu-pesar. Los familiares, bueno…, siguen siendo familiares aunque no quieras, pero nadie te obliga a compartir mucho tiempo con ellos si no lo deseas.
Para acabar con una relación no necesitas matar a la persona solo has de ahogar la relación; eso se hace reduciendo el tiempo de contacto, matando la relación de inanición. No alimentes al trol ni al amigo que ha dejado de serlo o al conocido que desearías que fuera des-conocido.
Poda de información
Algo fundamental que reducir: el flujo de entrada de información. Tres flujos que eliminaría hoy mismo si no fuera ya un veterano minimalista y no estuvieran ya eliminados : smartphones (yo soy el inteligente de la pareja hombre-teléfono), televisión y redes sociales como twitter, Facebook o Pinterest.
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Yo ya renuncié hace tiempo a todos ellos. Los problemas del mundo, el último viaje a Vietnam de mi primo hipster, las inundaciones, los videos de gatos y el teatro del absurdo político solo me llegan como un remoto y sordo rumor.
Con las pocas personas significativas, proyectos centrales, objetos, fuentes de información que hay en mi vida, ahora puedo empezar a organizarme. Está claro que organizar sobre menos elementos y menos complicación siempre es más fácil.
Si tengo menos libros, menos gastos, menos compromisos, menos relaciones, más tiempo de libre disposición, es más fácil organizarme.
Inicialmente, te basta con tres principios o técnicas de organización personal:
La revisión semanal. En la que estableces los objetivos de próxima semana y revisas la anterior para activar el proceso de mejora constante y acelerar el aprendizaje. Puedes aplicar aquí la técnica de las grandes rocas para limitar los objetivos y organizar las tareas de la semana.
La institución de la reencarnación minimalista. Cada 90 años (90 días) empiezas de nuevo, con la frescura de los comienzos, pero sin su ingenuidad; con la sabiduría acumulada por la experiencia de vidas anteriores, pero sin el lastre emocional que conllevan los errores o la complacencia en los logros que dificulta el progreso. Al comenzar una reencarnación elige los proyectos en los que te vas a centrar y excluye el resto.
La aplicación de la regla de los tres: todo problema, situación, proyecto, sistema, conocimiento, argumentación, trabajo, estrategia vital, , lo puedes reducir a tres elementos claves. Determina los elementos clave y trabaja en ellos. Fíjate en que la Ley de las tres Oes tiene tres elementos y en que las actividades o principios de la organización personal son también tres. Como has visto en la O de Omitir, hay tres propiedades de las que te deberías deshacer y tres flujos de información que deberías eliminar o controlar. También debería haber un máximo de tres tareas más importantes en cada día.
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O de Optimizar
Aspirarás a la optimización en aquellas áreas de tu vida en las que la maximización o minimización sea importante para lograr la excelencia.
Si quieres ser pianista profesional tendrás que optimizar el movimiento de tus dedos o su agilidad y practicar de manera deliberada cuatro horas al día sudando cada uno de los minutos.
Si quieres ser un corredor olímpico tendrás que optimizar tu dieta para el tipo de energía y músculos que necesitas para la distancia que hayas escogido: velocista, media distancia o maratoniano.
Si eres modelo profesional o actor no podrás dejar de estar al tanto de los últimos cosméticos o lo último en moda.
Pero si no eres nada de eso, podrás tocar el piano cuando te apetezca disfrutando de ello, comer de manera razonable sin contar calorías y obsesionarte, y vestir de manera cómoda pero correcta en cada momento, sin aspirar a que las miradas se vuelvan hacia ti cada vez que entras en una sala.
¿Hay muchas áreas de la vida en que optimizar?
No, muy pocas.
En la mayoría de las áreas vitales basta con seguir una conducta satisfaciente: una conducta que produce resultados suficientemente satisfactorios.
Basta con que tengas un nivel de forma física razonable, a menos que seas un corredor olímpico; basta que tengas una renta suficiente, a menos que el objetivo de tu vida sea convertirte en millonario o seas Warren Buffett; basta con que tengas un fondo de inversión indexado para asegurarte la jubilación, no es necesario que pases horas estudiando y eligiendo los mejores valores que maximicen tu patrimonio; basta con que consumas en ropa y en ocio lo imprescindible para procurarte un nivel de diversión y variedad suficiente, no es necesario que tengas 50 pares de zapatos o viajes todos los años a algún lugar exótico y caro, a menos que seas una estrella de cine y tu imagen sea fundamental para tu éxito en el trabajo.
Incluso, si necesitas organizar y optimizar algún campo de tu vida, es fundamental que empieces localizando los elementos esenciales, necesariamente muy pocos, y los organices adecuadamente antes de intentar siquiera optimizar los resultados.
La excelencia se construye iterativamente sobre los resultados de sistemas más simples. Solo se añaden nuevos elementos cuando que el valor obtenido compense el esfuerzo de adquisición y el tiempo y atención necesarios.
Optimizar un sistema supone muchos costes de atención y esfuerzo. Ese esfuerzo podría dedicarse a otros usos más provechosos. Si quieres obtener lo máximo en algún área de tu vida, ten en cuenta que siempre estás renunciando a dedicar el tiempo y el esfuerzo en otras áreas que también podrían generar satisfacción; incluso en el área de tu vida que quieres optimizar, tienes que elegir qué elementos optimizar, priorizar los más importantes y aceptar niveles satisfactorios pero no máximos en casi todo lo demás.
En materia de productividad personal, hasta que no estés trabajando en las cosas correctas, no tiene sentido hacer las cosas correctamente, eficientemente u óptimamente.
Resumen
La Omisión es la parte más importante la Ley de las tres Oes. Es la que más nos cuesta aplicar y es posiblemente la última que aplicamos, cuando debería ser la primera.
La inercia (la segunda fuerza más poderosa del universo), el sesgo del statu quo (queremos que las cosas sigan igual y nos cuesta aceptar los cambios) y el “por si acaso” conspiran contra la omisión.
Sé fuerte, sé duro y aplica la poda minimalista implacablemente. Lo difícil no es priorizar, ni siquiera posterizar, lo difícil es nuncanizar, decir no, decir nada, decir poco o decir nunca más.
Si quieres respirar con el aire de la libertad individual debes empezar ahora y eliminar el máximo número de elementos de tu vida. Eres el jardinero de tus días, has de podar las malas hierbas, las flores no tan lozanas, los tallos mortecinos, para dejar espacio a lo nuevo y lo bueno.
Eres el Miguel Ángel de tu existencia, has de quitar todo lo que sobra del bloque de mármol de tus horas para permitir que emerja la bella estatua que se encuentra en la masa indiferenciada de objetos, actividades y relaciones que poco o nada aportan.
La organización y la optimización tienen su lugar, pero subsidiariamente, siempre que hayamos omitido y organizado antes.
La organización debería empezar siempre con una lista de cosas que NO hacer y preceder a la optimización. Deberías optimizar solo en las raras ocasiones en que no puedas conformarte con lo suficientemente bueno porque ese campo sea muy competitivo o porque hayas decidido aspirar a la excelencia en él.
Y no te engañes a ti mismo: solo puedes aspirar a la excelencia y optimizar en unas pocas áreas de tu vida, una o dos a lo sumo; en lo demás, debes ser valerosamente mediocre y orgulloso de tu mediocridad. Más de dos objetivos de excelencia son ningún objetivo de excelencia.
La gente suele confundir los límites de su entendimiento con los límites del mundo. Arturo Schopenhauer.
Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan un puñetazo en la cara. Miguel Tyson.
Ley de Hofstadter: siempre lleva más tiempo que el esperado, incluso si tienes en cuenta La Ley de Hofstadter. Douglas Ricardo Hofstadter.
El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido. Groucho Marx.
No soy antisocial, soy anti-idiotas. Guzmán López.
Las únicas listas que funcionan son las que tienen solo un elemento. Nassim Nicolás Taleb.
Pasamos tanto tiempo mirando el móvil que a veces olvidamos que a nuestro alrededor hay más gente mirando el móvil. Enzo Vizcaíno.
Solo la gente muy superficial no juzga por las apariencias. Oscar Wilde.
Y las cosas de la felicidad, el amor y la vida se las dejo a mis lacayos. Madame de Champollion.
El corazón tienes más habitaciones que un hotel de putas. Gabriel García Márquez.
La fama es un conjunto de malentendidos que confluyen en una sola persona. Rainer María Rilke.
Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos. Gustavo Flaubert.
La realidad es mucha y mala. Francisco de Quevedo.
Nada interfiere con mi concentración. Usted podría hacer una orgía en mi oficina y yo ni siquiera mirar. Bueno, tal vez una vez. Isaac Asimov
Si te dan papel pautado, escribe por el otro lado. Juan Ramón Jiménez.
Todas las miserias del hombre derivan de no ser capaz de sentarse solo en una habitación tranquila. Blas Pascal
Lo difícil no es priorizar sino posterizar. Pedro Drucker.
Ya nadie va a ese restaurante, siempre hay demasiada gente haciendo cola. Yogi Berra.
Llevo desde niño practicando todos los días una media de catorce horas. A eso, en mi tierra, le llaman «duende». Paco de Lucía.
No soy anti-tecnología, soy pro-conversación. Shirley Turkle.
Lo más profundo es la piel. Pablo Valery.
Si las mujeres no existieran, todo el dinero del mundo no significaría nada. Aristóteles Onassis.
Tecnología es cualquier cosa que fue inventada antes de que nacieras. Alan Kay.
Todos quieren salvar el mundo, pero nadie quiere ayudar a su madre a fregar los platos. Patricio Jake O’rourke.
En un cierto sentido, la sabiduría no es más que la habilidad de seguir tu propio consejo. Samuel Harris.
Si la nómina de alguien depende de no comprender algo, puedes tener por seguro que nunca lo comprenderá. Upton Sinclair.
Solo te dan una pequeña chispa de locura. No debes perderla. Robin Willians.
Los compradores de cosas inútiles son más sabios de lo que comúnmente se piensa: compran pequeños sueños. Fernando Pessoa.
El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría. Guillermo Blake.
Esta es tu vida y se acaba a cada minuto. Tyler Durden.
He creado expectación.
Pedí a los seguidores del blog que participaran en un crowdfunding proporcionando las preguntas que querían ver respondidas en el libro.
He recibido un montón de ánimos, ayuda y buenos deseos a lo largo del camino.
Tengo casi 2000 preguntas sobre el minimalismo formuladas por decenas de lectores de todo el globo en un documento de 80 páginas.
He puesto mucha ilusión en este proyecto.
He trabajado durante meses, leído 63 libros y escrito varios borradores con decenas de miles de palabras.–
Asistí a un curso de escritores para intentar mejorar mi estilo.
He escrito casi todos los días un mínimo de tres horas.
He descuidado el blog, todo por tener el libro a punto para hoy.
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Ha llegado el gran momento.
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He fracasado
No he logrado concluir el libro. Podría dar montones de razones, pero todas sonarían a excusa.
Pido disculpas a todos los que creyeron en mí. Soy un gurú de pacotilla. No he sido capaz de aplicar mis reglas de productividad a mí mismo.
Por lo tanto, solo pido perdón y me declaro en bancarrota, ni siquiera en suspensión de pagos.
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No tengo el libro y no prometo tenerlo.
Intentaré compensar a los seguidores del blog y participantes del crowdfunding de otra manera, pero no recibirán ni una fracción de lo que esperaban.
Me declaro en bancarrota
Quiero empezar la primera reencarnación del 2016 sin hipotecas, lastres o deudas. Por lo tanto, me declaro en bancarrota en todos las actividades del blog y en consecuencia:
No hay libro sobre el minimalismo existencial.
No responderé a los mensajes del correo de antes de 1.1.16. Ni siquiera me he podido poner al día en esto. Si quieres algo de mí, tendrás que volver a escribir.
No hay metas para este blog en el 2016. Es posible que este blog desaparezca, si no soy capaz de mejorar el silencio.
Adiós
Soy un fraude y mi vida es un caos.
Después de todo, era previsible: ¿cuándo he cumplido yo mi palabra?
Me gustó compartir contigo parte del camino. Ahora debes seguir el tuyo. Mal se paga a un maestro permaneciendo siempre discípulo.
Mis tres presentes para un incierto futuro
Para despedirme, te dejo con tres audios que intentan destilar el espíritu del minimalismo existencial tal y como yo lo he entendido.
No hay una conspiración
Steve Jobs sobre la televisión y las grandes cadenas:
No comparto la extendida idea de que sea necesario, aconsejable o virtuoso “devolver» a la sociedad el dinero o valor que has generado en el mercado invirtiendo, o vendiendo tus productos, servicios o trabajo, por mucho que sea lo que hayas ganado.
Esta idea parte de un error conceptual: parece que si lo devuelves es porque lo has cogido de algún sitio, te quedas con lo justo y devuelves el resto a la corriente general.
Mi visión alternativa: el dinero que ganas con tu trabajo o inversiones es una medida o indicador de que verdaderamente has creado valor para otros seres humanos.
Si ganas mucho dinero vendiendo un libro o un video, pongamos un millón de euros, es porque has creado al menos valor por ese millón de euros en mucha gente (de otra manera, no te habrían dado voluntariamente ese dinero).
Lo normal es que hayas creado mucho más valor que el que has obtenido: para los miles de compradores del video o libro o lo que sea que hayas vendido a través de tu página web, la satisfacción obtenida por la experiencia del visionado o lectura de tu libro seguramente valía más que los 5 euros pagados.
Por lo tanto, no se trata de tomar dinero o valor de una corriente de riqueza comunal que fluye naturalmente en el mundo, quedarte con lo que consideras justo o correcto o suficiente, y devolver el resto.
Se trata de generar mucho valor para otros seres humanos, generar una corriente de bienes y servicios que otras personas valoren, recibir valor a cambio al venderlos –habitualmente menos que lo que has creado– y luego decidir qué hacer con ese valor obtenido en forma de dinero.
Te lo quedas todo, y lo gastas en consumo o lo inviertes para generar más valor en el futuro, o lo repartes entre tu familia, o lo donas, si eso te hace feliz. Pero esto ya es lo de menos: el acto de satisfacer necesidades y deseos de otros seres humanos y obtener dinero a cambio (vendiendo pan, videos, libros o programas informáticos, etc.) ya es un acto generador de valor.
No se trata tanto de devolver como de crear valor. Cuando uno crea valor para otro ser humano no se lo está quitando a nadie. Por otra parte, si no has creado valor, difícilmente vas a devolver (si es que aceptas la idea de que hay que devolver valor o repartir dinero para ser más virtuoso).
En resumen: cuando ganas dinero en el mercado es porque has creado valor para otros seres humanos, lo hagas conscientemente o no, con el fin de repartir o de quedártelo, seas altruista o solo busques tu propio interés. El mercado es estructuralmente altruista, aunque sus agentes no lo sean.
No hay nada pecaminoso ni sospechoso en ganar mucho dinero ni tampoco en quedárselo una vez que lo has ganado, no hay que nada que devolver, a menos que lo hayas robado; por el hecho de haberlo ganado en negocios voluntarios con otros seres humanos, ya has hecho el bien, fuera esa tu intención inicial o no.
Este concepto del dinero y del valor me diferencia bastante de la corriente general minimalista. A mí me parece correcto y virtuoso ganar dinero: cuanto más mejor. Desde un punto de vista individual acumular dinero quizá no es siempre la mejor forma de ser feliz, pero desde el punto de vista social, es una de las mejores maneras de crear valor para otros seres humanos y saber qué realmente lo estás creando: el dinero ganado es un indicador de creación de valor.
Por poner tres ejemplos que todos puedan comprender:
Bill Gates generó más satisfacción y valor para la humanidad cuando ganaba su inmensa fortuna que ahora que se dedica a repartirla o donarla. Posiblemente su esfuerzo y dinero esté mejor invertido creando valor con Microsoft en un mercado que conoce que haciendo cientos de donaciones desconectadas. Además, Bill Gates solo puede dedicarse ahora a lavar su conciencia regalando millones de dólares porque antes pasó décadas ganándolos vendiendo software que la gente valoraba.
Amancio Ortega, el creador de Zara, hace más bien a la humanidad dedicándose a ganar dinero e invertirlo en crear tiendas de moda y sistemas logísticos que produzcan ropa de calidad a bajo precio que creando fundaciones para causas «sociales». Tan social es la ropa de calidad que hace feliz a la gente como el dinero regalado a una ONG para que defienda el medio ambiente o los derechos de los grandes simios (en este último caso me parece más social la ropa).
Steve Jobs, a diferencia de Bill Gates, nunca estuvo interesado en devolver su fortuna a la sociedad, sino en crear productos de electrónica de consumo bellos y funcionales. Sin embargo, a juzgar por el dinero que muchos de vosotros estáis dispuestos a pagar por tener un iPad, un iPod, iMac, un iPhone o un iSuputamadreenconserva, estoy seguro de que ha creado un montón de valor y satisfacción en millones de consumidores y de que su tiempo y esfuerzo estuvo mejor empleado centrándose en ganar dinero en Apple que en dilapidar su talento haciendo obras filantrópicas.
Ni el dinero ni el valor “rebosan” en el sistema, no son frutas silvestres que tomamos libremente, sino que son creados con esfuerzo, creatividad y recursos materiales por individuos u organizaciones.
Creo que sería mejor concentrarse en las maneras de crear valor y riqueza más que en las maneras de distribuirla o devolverla; quizá esto no genere tan buena conciencia en quien no ha reflexionado sobre la magia del intercambio entre seres humanos y está más interesado en en su buena imagen que en los efectos de su trabajo, pero sí que genera más valor y felicidad en el mundo.
Me permito republicarlo aquí porque recoge la quintaesencia de mi visión del minimalismo existencial aplicado a la educación. El problema no está tanto en mejorar el sistema educativo y su organización como en eliminar la educación en la mayoría de sus formas actuales.
No se trata de encontrar y consensuar «el» mejor modelo educativo sino de inventar y experimentar con miles de modelos personales y colectivos entre los que cada uno pueda elegir.
No obstante, para los perezosos y los conservadores, seguirá siempre existiendo una educación pública «gratuita» y de calidad en la que estabular a sus hijos y delegar la responsabilidad personal. Puede que para los más torpes de entre vuestros hijos siga siendo la mejor opción.
No quiero, por tanto, acabar con la educación pública y privada tradicional, lo que quiero es que se permita que las familias y los individuos elijan el tipo de aprendizaje que deseen, en la escuela o al margen de ella.
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Estos 33 daños caracterizan a la mayoría de la educación formal pública y privada en España, en Hispano-América y el mundo.
No todos estos daños tienen que producirse. Algunos pueden ser mitigados por metodologías más abiertas, como la Montessori o las escuelas Waldorf, por profesores excepcionales o por los cuidados paliativos que proporciones a tu hijo cuando esté fuera de la escuela.
Solo quiero advertirte de los riesgos a los que te expones. A los que expones a tus hijos.
En el colegio, a tu hijo le recompensan por seguir órdenes y ajustarse a las normas.La creatividad, originalidad e inconformismo son penalizadas en cualquier burocracia educativa donde las metas de los políticos, administradores o profesores tengan prioridad sobre la de los niños y sus familias.
Tu niño, tras más de doce años de educación obligatoria, tendrá la sensación de que el mundo del conocimiento es como un libro de botánica o de zoología donde todos los asuntos están claramente clasificados en compartimentos estancos.Tendrá dificultades para habérselas con un mundo real donde las distinciones son confusas y uno ha de crear, modificar y criticar sus propias clasificaciones.
La dimensión última por la que se mide al niño y por la que aprenderá a medir a las personas será la calificación en una serie de exámenes. Obtendrá la idea de que las personas son jerarquizables por su puntuación en unas pocas dimensiones.El mismo niño derivará su autoestima intelectual (o falta de ella) de su posición en una escala.
El afán de evitar el castigo y de buscar la alabanza harán perder de vista el gozo de aprendery lo harán casi desaparecer. Gran parte de la motivación intrínseca derivada de expresarse artísticamente, resolver problemas matemáticos o comprender los mecanismos de la naturaleza se perderá al tratar de contentar al profesor y seguir un programa estandarizado.
El estudiante en la escuela obtendrá la impresión de que el aprendizaje es una actividad individual y competitivaque se hace en solitario en una habitación cerrada y cuyo criterio de éxito reside en hacerlo mejor en un estrecho repertorio de pruebas estandarizadas bajo presión de tiempo.
El sentimiento de agencia o de autoría en el aprendizaje resultará seriamente dañado tras el paso por la educación formal. El niño y el joven tendrán dificultades para definir sus propias metas, objetivos, buscar y disponer recursos, organizar su tiempo y valorar los resultados de su trabajo y esfuerzo, porque todas esas funciones ejecutivas y cognitivas estarán asumidas por profesores y administradores que le llevarán de la mano a lo largo de toda su educación formal.
El rango de actividades a las que tendrá acceso el estudiante será limitado y con un sesgo desproporcionado a favor de las habilidades más analíticas y verbales.La música, la pintura, el teatro —el arte en general—, el desarrollo físico, la armonía y gracia de los movimientos, y las mismas habilidades de comprensión emocional introspectivas y empáticas quedarán relegadas a un segundo plano o confinadas a las actividades extracurriculares, con independencia de las preferencias o disposiciones del niño.
El niño creerá que la educación y el aprendizaje son sucesos que ocurren tras los límites de los muros de ciertos edificioso tras las vallas de ciertos recintos. Las variedades más informales, improvisadas y emergentes del aprendizaje quedarán marginadas. El entorno de la familia, los amigos, los grupos deportivos y el entorno cotidiano se asociarán más débilmente a la idea de aprendizaje y desarrollo personal.
El joven se volverá averso al riesgo intelectual derivado de pensar en opciones distintas y exponerlas racionalmente,porque no serán habilidades recompensadas por las calificaciones, ni promovidas directamente por los profesores, ni deseadas por la burocracia del sistema, que busca la homogeneización y la reducción de la incertidumbre.
Las habilidades de trabajar en equipo y de negociar quedarán atrofiadaso tendrán que ser desarrolladas más adelante en el mundo exterior. En el colegio, el éxito se mide y se recompensa según la habilidad de seguir las reglas establecidas por otros. Hay poco o ningún espacio a la negociación o la discusión ni tampoco necesidad de establecer alianzas y crear relaciones ventajosas para lograr los objetivos individuales.
Disociará y hará más profunda la distinción entre práctica y teoría.Verá que las habilidades y conocimientos que son útiles en el mundo académico son sustancialmente diferentes de las necesarias en el mundo del trabajo, las relaciones personales y la vida en general. Esto hará que desprecie en parte el pensamiento racional y científico, por su aparente falta de aplicación; o bien intentará aplicar recetas y grandes ideas intelectuales indiscriminadamente y con poco realismo.
Aprenderá a humillar y ser humillado por no saber.Aprenderá a reírse de los que se comporten de manera diferente o cometan errores en clase.
Aprenderá a hablar en lenguajes esotéricos que no comprende.Por otra parte, si vive en España es casi imposible que llegue a hablar con cierta fluidez en lenguajes naturales como el inglés o el francés. Priorizarán la gramática y el vocabulario sobre el oído, las construcciones básicas y la práctica. Probablemente estudien el idioma fuera del contexto de un proyecto o meta personal.
Pensará que aprender es ser capaz de repetir. El colegio es una herramienta de repetición de saber acumulado. Las evaluaciones dependen de la fidelidad y rapidez con la que el niño sea capaz de reproducir el conocimiento vertido por el profesor. Si lo hace perfecto, sin omitir una coma, tiene un 10; si se le ha escapado algún elemento, un 9; si ha reproducido con éxito la mitad, un 5, y así sucesivamente. No se pide elaboración o poner la información en el contexto más amplio del conocimiento del alumno o el cuerpo general del conocimiento.
Aprenderá a vivir con ideas inertes, no relacionadas con su experiencia vital,de las que no conoce su origen, ni cómo se relacionan con otras ideas en otras disciplinas, ni si tienen alguna aplicación más allá de quedar bien en las pruebas estandarizadas.
Creerá que existen “pepitas de oro informacionales”.Estará siempre a la caza del dato, de la receta, del procedimiento concreto, preciso y seguro que le resuelva la papeleta en el siguiente examen.
Creerá que saber algo es dar una respuesta inmediata.Se necesita cierto tiempo para recuperar la información de la memoria, para generar asociaciones, para buscar y para reflexionar, pero en la escuela no esperarán.
Las habilidades de autorregulación o autogestión se atrofiarán.Estará regulado por sus profesores. En el futuro, por sus jefes. Reaccionará al palo y a la zanahoria más que a sus propios intereses.
Jugará siempre juegos seguros.Aprenderá a evitar los errores y procurará siempre parecer magnífico a ojos de los padres y profesores.
Perderá el contacto con su corazón.Nadie le pedirá que piense qué quiere verdaderamente hacer con su vida ni le animará a que inicie una exploración. Al final de su educación formal estará tan alejado del centro capital de sí mismo que tendrá que iniciar un largo viaje y quizá una travesía del desierto para encontrarse consigo mismo.
Invertirá las proporciones correctas en el aprendizaje:creerá que son “Una tonelada de teoría, un kilo de reflexión, un gramo de experimentación”; las óptimas son “Un gramo de teoría, un kilo de reflexión, una tonelada de experimentación”.
Las modalidades más lentas y contemplativas de la mente quedarán probablemente excluidas del repertorio cognitivo del alumno.La presión de tiempo, el afán de cumplir los programas y el entrenamiento para exámenes y otras pruebas estandarizadas dificultarán que el alumno se tome el tiempo suficiente para asimilar, digerir y comprender las ideas en profundidad.
Aprenderá que la contemplación y la generación de enfoques y opciones son contraproducentesa la hora de maximizar las calificaciones académicas. La profundidad y la originalidad no suelen ser valoradas o recompensadas por los tests o los profesores.
Necesitará muchos años para recuperarse de su educación.Cuanto más lejos haya llegado en el proceso educativo formal, más tiempo de recuperación necesitará. Algunos jamás se recuperarán.
Es probable que evite la actividad intelectual durante el resto de su vida, pues confundirá el ser estabulado con aprender. Y nadie quiere ser estabulado.
Se verá aislado de una gran parte de la población humana:se relacionará casi en exclusiva con gente de su edad, ubicación geográfica (dentro de la misma ciudad) y clase social. Esos serán sus criterios de socialización, no sus intereses personales o la afinidad emocional. Creerá que la famosa y políticamente correcta “diversidad” solo tiene que ver con la raza, el sexo o el grupo étnico.
No habrá aprendido a negociar.Porque en la escuela no hay casi nadie con quien negociar ni casi nada sobre lo que negociar.
El concepto de aprendizaje autodirigido será para el niño tan extraño como el de imperativo categórico, hermenéutica de la conciencia o moscas samaritanas.
Tu hijo estará mal preparado para convertirse en el tipo de trabajador creativo, autogestionado y con iniciativaque se demanda en los puestos que generan alto valor añadido en la economía del conocimiento. Y peor preparado incluso para crear su propio trabajo como trabajador por cuenta propia o empresario.
Tendrá dificultad para tolerar la ambigüedad y los conceptos borrosos. Aprenderá a querer saber qué es lo que se espera exactamente de él, a cómo ir del punto A al Z pasando por el B, C, D, E… sin perderse por el camino.
Tu hijo estará expuesto al acoso escolar. Una parte no despreciable de los escolares declaran haber sometidos a distintos grados de acoso. Durante las horas escolares tú no estarás ahí para ayudarle o protegerle.
La escuela no tratará a tu hijo como un individuo.Será una pieza más en la cadena de montaje. Algunas piezas salen defectuosas. El sistema lo acepta y lo tolera. Reza porque tu hijo no sea una de esas piezas.
No recibirá la atención personalizada e individualizada que necesita. Los profesores tienen limitaciones de tiempo, atención y capacidad. Por muchos recursos cognitivos y materiales que tengan, los tienen que racionar entre decenas de alumnos.
Media hora que dediques un día a las necesidades de aprendizaje de tu hijo es más que lo que un maestro puede dedicar a tu hijo en dos o tres semanas. Y lo que dedique el maestro será un tiempo fragmentado en pequeñas intervenciones: simplemente no puede dedicar media hora seguida a nadie. Tampoco conoce a tu hijo mejor que tú.
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Educación a la carta
Me permito recomendarte, además de mis maravillosos artículos, el documental de la Plataforma de la libertad EducativaEducación a la carta. Te servirá para eliminar algunos de los mitos sobre el homeschooling y el unschooling y poner en duda tus más preciadas creencias sobre el aprendizaje y las bondades del sistema educativo público y privado tradicional.
La entrevista inicial del documental es la de mi amigo Guillermo Pascual, que ya apareció en el artículo Jaque al sistema: hackea tu educación y que fue uno de los 52 adorables frikis de mi proyecto 52 comidas. La directora y guionista es Laura Mascaró, a la que también conocí en ese mismo proyecto e igualmente se convirtió en mi amiga.
Sin importar tus creencias religiosas o ausencia de ellas, te quiero felicitar este shabbat y desearte lo mejor para ti y tu familia y seres más queridos, y que pases tu shabbat o tu domingo o fin de semana de la mejor manera, quizá abriendo una pequeña ventana a la eternidad en tu particular palacio de tiempo.
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Para ello te dejo con tres hermosas canciones de Matisyahu, un cantante de reggae judío.
Jerusalem, canción basada en salmos de la Torah escrita por el mismo. A mí me parece maravillosa.
One day,una canción de esperanza y paz, y No woman no cry, una versión de una canción de Bob Marley.
Este es un artículo invitado de Pablo Matilla, el autor del nuevo blog minimalista Historias minimalistas. Te aconsejo que te pases por su blog. Tiene calidad literaria y es un soplo de aire fresco.
Pablo, gracias por el artículo y bienvenido a la blogosfera minimalista existencial.
Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar.
H. D Thoreau (1817-1862)
O en el original inglés: «A man is rich in proportion to the number of things he can afford to let alone», para mí la traducción de deshechar no acaba de captar todo lo que dice let alone. Más bien, y como dice Mr. Moustache, un hombre es rico según cuántas cosas puede no querer.
Todo esto está muy bien, pero a mí siempre me ha pasado lo mismo: ¿cómo lo aplico a mi vida? Porque el deseo de comprar cosas, de acumular y de querer siempre algo nuevo es muy real.
Cuando era pequeño, recuerdo que me encantaba estrenar tubos nuevos de pasta de dientes. El primer uso era siempre especial, emocionante: unas veces el envase tenía un dibujo de un cocodrilo, otras veces el sabor era de fresa, que aún no había probado nunca, o simplemente tenía la oportunidad de estrenar la pasta de dientes de mi padre que, por cierto, picaba como un demonio. Aquello era pura felicidad e ilusión.
Menuda chorrada, pensarás. Pero el segundo día no era lo mismo. Aquel cocodrilo ya no era tan genial. El sabor a fresa era aburrido. La pasta de dientes de mi padre ya casi no picaba. Era cuestión de días que lavarse los dientes volviera a convertirse en una tarea normal y corriente: quería una pasta nueva.
Siempre me ha sorprendido esa reacción. De hecho, pensaba que era un problema mío. Pablo, siempre quieres más.
Hasta que hace poco me crucé con un par de conceptos que ayudan a entender muchas cosas: el Efecto Diderot y la Adaptación Hedónica, que tienen unos nombres un poco rimbombantes pero que son muy sencillos de entender y pueden ayudarte mucho.
Efecto Diderot
Puedes encontrar una definición muy elaborada del Efecto Diderot en la Wikipedia (en inglés), pero lo que a mí me interesa destacar es algo muy concreto: «la introducción de una nueva posesión en la existencia de un consumidor resultará a menudo en una espiral de consumo.» Dicho de otra manera, comprar te da ganas de seguir comprando.
Vas a comprar unas zapatillas para correr. Y ya que estoy en la tienda, pillo también unos calcetines y otros pantalones cortos, que nunca se sabe.
Hay algo muy satisfactorio en el hecho de comprar. No sé si es un chute de dopamina en el cerebro o de qué se trata, pero hay algo muy real en la sensación de placer que da comprar algo.
Lo que me lleva al siguiente punto.
Adaptación Hedónica
La Adaptación Hedónica es muy sencilla de explicar, el chute de dopamina está muy bien, pero dura muy poco, o como diría mi abuelo, a todo te acostumbras, ya sea bueno o malo.
En un estudio de 1978 titulado «Lottery Winners and Accident Victims: Is Happiness Relative?» (puedes ver el pdf aquí) se expone que, tras un evento positivo o negativo, como puede ser ganar la lotería o sufrir una lesión incapacitante, tras el impacto inicial de felicidad o desgracia los niveles generales de satisfacción volvían al nivel medio tras un tiempo.
No parece una conclusión muy intuitiva, pero si lo consideras un poco más, verás que es cierto. La excitación por el objeto que acabas de comprar se esfuma muy rápidamente, y tu nivel general de satisfacción vuelve a como estaba antes de la compra.
Tus genes quieren que sobrevivas, no que seas feliz
Desde un punto de vista evolutivo, ambos fenómenos tienen sentido. Aquellos que podían acumular más recursos tenían más posibilidades de sobrevivir y, de hecho, lo hicieron. El afán por obtener cosas y acumularlas es común a todos los hombres. No es un mal propio del hombre Occidental, sino que está codificado en lo que somos, y seguramente hemos llegado a donde estamos ahora gracias a ello.
Así que, lo primero, no te sientas mal por ello. Somos así, relájate. Tus genes tienen un solo objetivo: que sobrevivas lo suficiente como para que puedas reproducirte. No hace falta ser feliz para eso.
El primer paso para modificar algo es conocerlo bien, y creo que conocer el Efecto Diderot y la Adaptación Hedónica pueden ayudarte a necesitar menos.
Comprar y acumular cosas te dará un subidón transitorio que no durará mucho. Pequeñas recompensas en forma de dopamina, que te introducirán en una espiral de novedad que no tiene fin y que solo entiende una palabra: más.
No sé tú, pero yo busco otra cosa.
Aprende a necesitar menos
Si somos conscientes de todo lo anterior, podemos tratar de controlarlo. Contarnos otra historia, otra película sobre lo que necesitamos, sobre lo que queremos. Habremos liberado espacio mental y material para determinar de verdad qué queremos en nuestra vida, cuáles son nuestros objetivos y cómo queremos obtenerlos.
No se trata de negar estos hechos, sino de conocerlos para intentar aprovecharlos a nuestro favor. Te hago algunas sugerencias:
En el aprendizaje el proceso nunca acaba, estarás siempre aprendiendo a necesitar menos.
Sé consciente de cuando tengas el deseo de comprar algo que no necesitas: sabes que es genial, pero que durará poco. Así que, esta vez, decide dejarlo pasar. Todo pasa. Esto también.
Cuanto menos necesites, más libre y rico serás. Recuérdalo como motivación, recuerda la frase de Thoreau.
Los hábitos funcionan como los músculos. Da pequeños pasos hacia tu objetivo. Hazte más fuerte poco a poco en el hábito de necesitar menos.
No abandones. Solo importa la decisión que tomas ahora. Ni el pasado ni el futuro deben influir en tu decisión. Ayer compraste una chorrada que no necesitabas, así que hoy vas a seguir comprando cosas, total, el mal ya está hecho. Falso. La decisión en este momento es independiente a todas las demás que hayas tomado antes. Toma la decisión correcta ahora, como si fuera la única que vas a tomar en tu vida.
¿Qué es lo negro y que es lo blanco para un minimalista? Amo el blanco-negrismo. La realidad es gris, pero la verdad se encuentra en los extremos.
¿Es de minimalistas utilizar colores? Yo frecuento el negro, aunque no soy del Ku Klux Klan. Mi segundo pecado capital es la ira. El primero NO es la lujuria.
¿Cómo se masturba un minimalista? Frecuentando el hastío.
¿Cómo es una polla minimalista? Puesto que los minimalistas siempre presumimos de tenerla más pequeña, la respuesta es que se parece a una vagina. Dicho de otro modo, el mejor minimalista del mundo es una mujer, una especie de Leona Babauta.
¿En vez de pensar en preguntas novedosas, no sería más simple seleccionar ciertas preguntas de esa lista y escribirlas en este correo con una redacción diferente? No.
¿Será que Homo Mínimus es tan inteligente como yo? Mi cociente intelectual tiende a 0 cuando me aproximo desde el infinito.
¿Cuánto tiempo te tomaría responder cada una de las preguntas de la lista? Un mes y siete días para madurar las respuestas de las que tú me has hecho (22). Algo menos de un pomodoro escribiendo en modo Write or Die.
¿Qué tengo que hacer para ser seleccionado como uno de los 3 colaboradores de tu libro? Darme el coñazo durante más de un mes.———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 9 de noviembre de 2015, 19:05
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 28 de octubre de 2015, 21:25
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 27 de octubre de 2015, 23:46
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 27 de octubre de 2015, 16:04
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 25 de octubre de 2015, 21:29
Asunto: Fwd: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
———- Mensaje reenviado ———-
De: Daniel Gonzalez<dangonz1000@gmail.com>
Fecha: 14 de octubre de 2015, 17:51
Asunto: Re: 10 consejos que considero que Homo Minimus debería aplicar
Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>
¿Homo Mínimus es un hombre o una mujer? La duda ofende: soy un transhumano.
¿La ley de Parkinson está en contra de los principios del mindfulness? De tanta obedecerla ya siento temblores.
¿Acostumbrarme a trabajar con la ley de Parkinson o desarrollar mi paciencia como lo haría Homo Mínimus? Nunca te acostumbres: lo malo de la rutina es que acaba perdiendo la t.
¿Será posible prescindir de los pomodoros? En el acto tercero y final del libro prometido prescindo de los pomodoros. Por el momento, mi vida está pomodorizada.
¿En que se relaciona un estoicista y un minimalista? Son primos-hermanos
¿Cómo será el diario de Homo Mínimus? Podría enseñártelo, pero después tendría que hacer que pareciera un accidente.
¿De qué sirve tener un diario? Para ajustar las cuentas con los demonios.
¿Si un minimalista no tiene objetivos, cual es el objetivo de pedirle a los seguidores de tu blog que te hagan preguntas? Todavía estoy preguntándomelo.
¿Qué filosofías, principios, o frases, has encontrado más útiles a lo largo de tu vida? » De lo que no se puede hablar es mejor callar» Tractatus logico-philosophicus.
¿Qué libro has recomendado más frecuentemente a lo largo de tu vida, y por qué? El juego de Ender. Porque no soy ni Peter ni Valentine.
Si te dieran la oportunidad de entrevistar a la persona de tus suelos, ¿quién es esa persona y por qué? Tú eres la persona de mis suelos. Ve pensando en una fecha.
¿Cuál es la habilidad más importante, que consideras que debe tener todo emprendedor? La de convertir toda acción en una pregunta que haces al mundo. Y también viceversa. Las respuestas que te proporciona la realidad son solo dos: «No» y «Quizá». Dicho de otro modo: las teorías son redes, hay que lanzarlas para ver qué pescamos. Con el tiempo, espero que las redes sean más finas y los peces más sabrosos.
¿Cuál es el video TED, charla, entrevista, etc. que más has visto y por qué? Esto es agua, esto es agua. Postmodernismo, poética, atención plena.
La V mayúscula de Verdad se refiere a la vida ANTES de la muerte.
Es acerca de los valores que implica la real educación, que no tiene nada que ver con el acumular conocimiento y sí con la simple atención, atención a lo que es real y esencial, tan oculto en plena vista a nuestro alrededor, todo el tiempo, que tenemos que estar constantemente recordándonos a nosotros mismos, una y otra vez: esto es agua. Esto es agua. Esto es agua. Es inimaginablemente arduo de llevar a cabo, estar conscientes y vivos en el mundo adulto, día a día. Lo que trae a colación otro gran cliché archisabido: la educación es un trabajo para toda la vida. Y comienza ahora.
—Hola, me llamo Mínimus, Homo Mínimus. Esta es la primera vez que acudo a vuestro «círculo» —dijo levantando los brazos y mostrando dos dedos de cada mano en vertical y luego flexionándolos— y tengo un problema…
—Holaaaaa… Homo Míiiiinimus… Te queremooos.
—Como decía, tengo un grave problema… un problema de comunicación con las personas. No sé por dónde empezar…
—Empieza por el principio, y así paso a paso hasta el final —dijo el amable facilitador de voz suave y piernas increíblemente cruzadas en lo que parecía una posición de yoga.
—Ejem… sí, pues tengo un gran problema: siempre quiero tener la razón, siempre creo que tengo la razón, siempre tengo que mostrar que tengo la razón, y,lo peor de todo, creo que siempre tengo la razón y los demás están equivocados.
—Ajá, esto me recuerda a la historia del paciente que dice que tiene un complejo de inferioridad… y el psiquiatra le replica que no tiene ningún complejo de inferioridad, que simplemente es inferior.
—Pues esa versión es muy caritativa. Yo creo que el señor Homo Mínimus es más bien como el conductor suicida involuntario que cree que todos los conductores excepto él circulan en dirección contraria —espetó el hombre de poblados mostachos con camisa de leñador.
—Hummmm, bueno, decía que siempre quiero tener la razón y eso me crea dificultades de «adaptación social» —dijo volviendo a hacer el simpático gesto con los dedos—. Al menos eso es lo que me dijo la psicóloga. No sabéis lo difícil que es ir por la vida como un don Quijote enfrentándose con gigantes en cada recodo del camino. Veo errores de ortografía cada vez que la gente abre la boca y me siento impelido a corregirla. Por eso cuatro de cada cinco veces me encuentro impartiendo una pequeña lección de economía básica, de epistemología o de racionalidad para dummies. Es realmente agotador. No soy el tipo más popular de la reunión, vamos.
—Cuéntanos más, por favor.
—El hecho es que mi vida es un desastre. La gente no reacciona bien a mis esfuerzos de aclarar los términos de la conversación y aplicar la lógica. Se lo toman todo personalmente. Y yo, por contagio, termino tomándomelo personalmente, sobre todo cuando me dicen que soy un pedante, un tipo repelente o un sabelotodo.
—Es lógico. Lo raro es que te nombraran la reina de las fiestas.
—Esto me genera tanta «fricción existencial» —dijo acompañando las dos palabras con los deditos— que tengo que alejarme de cuando en cuando de la vida en sociedad. El famoso sabbatho ritual de descanso y contemplación que tanto recomiendo en mi blog es en realidad un método para escapar al sinvivir de estar rodeado de lerdos, de gente que no entiende nada.
…¿Habéis sentido alguna vez esa sensación de estar hablando con gente que aparentemente parece humana pero que sientes como si no hubiera vida dentro, que tiene el sentido crítico y la apertura del sarcófago de Tutankamón? Pues eso me pasa a mí.
El yogui de la simpática posición pseudolotusiana se agitó en su cojín zen y cortó a Mínimus:
—Relajémonos un poco. Creo que es el momento de hacer tres respiraciones de mindfulness para recobrar el…
—Y un güevo. Ahora estoy hablando yo y vosotros vais a escucharme.
—Prosigue, por favor, solo quería que respiráramos conscientemente como pausa valorativa a tus palabras. ¿Qué crees que hay detrás de esa tendencia a la confrontación? ¿Echas la culpa a los demás o sería posible que tú tuvieras algo que ver?
Mínimus pareció no entender bien la pregunta y levantó la mirada hacia arriba a la izquierda, suspiro visiblemente y dijo:
—Vamos a ver, podría ser que tuviera algo que ver. Permíteme que considere tu pregunta…
Durante varios segundos se hizo el silencio y una sonrisa de esperanza se esbozó en los rostros de las tres personas que acompañaban a Mínimus en la calurosa tarde.
—…recuerdo una vez que atisbando que yo pudiera ser parte del problema iba andando meditabundo en dirección a mi tertulia de los jueves… un grupo de gente que trata temas sociales variados; desde las implicaciones del darwinismo en la sociedad, pasando por temas actualidad política hasta las relaciones entre los hombres y las mujeres. Iba andando por la calle sumido en mis pensamientos «contándome» —volvió a hacer el insufrible gesto de los dedos— las cuitas que os acabo de relatar. Entonces me percaté de que por la calzada rodaba un balón hinchable de esos que ves en las playas los veranos.
–
–
…rodaba libre propulsado por el viento. Algo me dijo que era una señal, que era un hecho azaroso que conectaba con mis problemas de interacción social.
La chica pelirroja de mirada soñadora y lazo morado en el pelo, que hasta el momento se había mantenido respetuosamente en silencio, intervino:
—Hummm, interesante. ¿Qué te llevó a conectar el balón de playa con tu carácter discutidor?
—¿Por qué me llamas «discutidor»?
Mínimus prosiguió:
— Bueno, un poco sí. De acuerdo…
… Esa misma semana había estado leyendo un libro de Gianni Rodari, La gramática de la fantasía, que me había recomendado mi amiga Anca Balaj, la escridibujante y experta en creatividad. En ese libro hablan de los binomios mágicos. Estos son grupos de dos objetos, pueden seleccionarse, por ejemplo, abriendo un diccionario por cualquier lado y señalando con el dedo una palabra . Con ese binomio o trinomio o polinomio (pues nada impide hacerlo con un número n de palabras) te esfuerzas en crear una historia o establecer asociaciones. Puesto que las palabras no tienen nada que ver, las asociaciones pueden ser sorpresivas, no convencionales y hasta absurdas. Esas conexiones pueden ser el inicio de un cuento o el comienzo de resolución de un problema.
El leñador hizo un gesto de incredulidad y dijo:
—No veo la relación con tu carácter discutidor, la verdad. ¿Qué tiene que ver un globo inflable en la calle con lo que nos estabas contando?
—Esa es la cuestión. En principio, nada. No tiene nada que ver. Pero yo vi la oportunidad de crear un binomio mágico de Rodari: pelota inflable de playa <—> mi problema con las discusiones. Así que corrí detrás de él y lo agarré. Vi que no se le había escapado a nadie, no vi niños por los alrededores ni nadie que lo reclamara y me quedé con él mientras seguía andando por la calle abrazado a la pelota en dirección a la tertulia. Cuando llegué a la sala de reuniones, ya había algunos tertulianos pululando pero sorprendentemente no comentaron el extraño hecho de que llevara una pelota tan grande entre mis brazos. Saludé, me saludaron, pero nadie mencionó la pelota.
—Y entonces llegaste a la sala con la pelota y empezó la tertulia —dijo el del hacha.
—Así es. Y me pasé la tertulia como siempre, discutiendo, interrumpiendo a la gente y con la pelota reposando morosamente en el suelo. Lo gracioso fue que nadie me preguntó por el hecho de que hubiera llegado con una pelota, lo que me confirma que la gente es inane y no siente curiosidad por nada.
El facilitador de voz suave tomó el testigo:
—Quizá necesiten un curso de atención plena. Parece que hemos perdido la capacidad de asombrarnos. Ya es difícil acoger con corazón abierto las pequeñas cosas de la vida, pero es que hasta la cosas inusuales, las anomalías, dejan de sorprendernos.
La chica pelirroja de rostro soñador volvió a intervenir:
—Qué bonita historia, Homo Mínimus, después de todo no eres tan arrogante e hiperracional como parecías. ¿Conectaste finalmente la pelota con la comunicación humana?
—No, no lo hice. Supongo que en algunos binomios mágicos no hay oro.
—Pues yo… creo que sí que… hay algo brillante cubierto de fango… en el fondo del lago —dijo… lentameeeeente… la chiquiiiilla.
Hoy tengo dificultad para escribir un artículo. Ninguna idea me parece buena. La frase «hoy tengo dificultad para escribir un artículo» me parece mala, francamente mejorable, fea. Pero he decidido aplicar una regla (-> no me gusta esta frase tampoco. Es una basura). He decidido aplicar una regla, la regla, el antídoto contra la postergación y contra la parálisis.
¿Cuál es la regla?
Simple: pon tu criterio de mínimos a la altura del betún.
NO pasa nada si el primer paso te hace llorar de vergüenza.
De hecho, este artículo me está humedeciendo los ojos. Vale que después lo puliré un poco, pero… esto es impresentable.–
–
Este artículo «no está a la altura». Y si el artículo —o el primer paso que des en un proyecto o en una tarea— no es bueno, no te satisface… no deberías darlo. Deberías esperar a darlo, deberías esperar a que las condiciones de temperatura, presión atmosférica y humedad sean más favorables.
Pero no importa que no esté a la altura, no importa que este artículo —o el primer paso que des en un proyecto o en una tarea— hieda.
Todos tenemos estándares. Y nos dicen desde pequeños que tienen que ser altos, que «si algo merece hacerse, merece hacerse bien».
Pues no.
Te han engañado: «si algo merece la pena, merece la pena hacerse fatal».
Querer hacer las cosas bien desde el primer momento, sea escribir este artículo, iniciar un blog, hablar bien en público, escribir una novela, resolver ecuaciones diferenciales, pintar, esculpir, navegar, bailar (elige tu tema favorito –pero que no sea controlador aéreo, piloto de aviación civil o cirujano cardiosvascular–), etc., cualquier habilidad compleja NO puede, ¡ni debe!, hacerse bien ni siquiera razonablemente bien desde el principio.
Así que hoy, debido a mis limitaciones de tiempo (no podré pulir mucho esta primera versión de mierda, que además va a ser la última), tendréis que conformaros con este articulillo, este proto-artículo, este detrito en conserva que he parido a falta de algo mejor. Ya sé que hubiera sido mejor contratar un bloguero invitado, una madre de alquiler.
—
Al menos me he puesto a escribir y he pasado por encima de la falta de buenas ideas, de la falta de estilo atractivo, de mi crítico interior, que está chillando y saltando en mi hombro diciendo que no puede ser, que tengo que hacer algo mejor, que he de empezar de nuevo…
¡Y un huevo!
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–
NO voy a empezar de nuevo: esta es mi primera y última versión, esto es lo mejor de lo que soy capaz ahora mismo. ¿Algún problema, don Perfecto?
Ahora re-recuerdo que tenía una idea más o menos nebulosa que no creía que diera para un artículo de blog:
Baja los estándares. Ponlos a la altura del betún. Que salga lo que salga. Es más: haz que tus estándares sean muy bajos, ¡subterráneos!, y da el primer paso, no importa lo ridículo o insatisfactorio que parezca, y expón el resultado para que todos lo vean, se rían, te ridiculicen y pasen un buen rato sintiéndose mejores que tú.
Eso es:
BAJA LOS ESTÁNDARES, da UN PASO y EXPÓN LOS RESULTADOS.
Este es el bálsamo del fierabrás contra la postergación, contra el perfeccionismo. Esta es la punta de lanza de la mentalidad experimental.
Aprende aquello que genere un resplandor en tu espíritu. Dicho de otra manera, haz lo que amas.
La pasión y la inspiración están sobrevaloradas. No siempre estarás al 100% de energía y motivación. Sigue adelante igualmente. Ama lo que haces. Ama el proceso.
Vida y aprendizaje no son compartimentos estancos. La mejor forma de aprender es estando presente en tu propia vida e involucrado con tu entorno social y geográfico. La separación vida–aprendizaje es un residuo del sistema de línea de montaje de la educación del siglo XX.
Aprende haciendo. Convierte tus metas de aprendizaje en proyectos en los que quieras obtener algo concreto. No dejes que el conocimiento se estanque en tu mente, conviértelo en acción, exprésalo, haz algo útil para alguien con ello. Usa los proyectos, los mini-proyectos, los ensayos, los blogs, la escritura, las simulaciones, los programas pilotos, los prototipos, los experimentos, las contribuciones a los proyectos de otros y las comunidades de práctica como forma de visibilizar tu aprendizaje y desarrollarlo.
Si no sabes algo, enséñalo. Es una de las mejoras formas de aprender. Enseña y escribe para multiplicar el efecto. Si eres realmente ambicioso, conviértete en mentor de alguien. ¿Por qué te crees que escribo en este blog?
Conviértete en un maestro de la autorregulación y la automotivación. La iniciativa y la autonomía dependen de ellos. La libertad necesita de estos humildes ayudantes para desplegarse. No sería una mala idea echar un vistazo al curso de autorregulación y perseverancia de este blog.
Convierte tu aprendizaje en algo social. Participa en comunidades de aprendizaje y grupos de estudio. No basta con ser autodidacta, ve un paso más allá y sé un interdidacta.
Busca un mentor y profesores excelentes que te ayuden, guíen y orienten a lo largo del camino. Cuando el aprendiz está preparado, aparece el maestro. ¡No pienses que los vas a encontrar necesariamente en escuelas, cursos y sistemas de aprendizaje tradicional!
El mejor momento para hacer o aprender algo es cuando sientes dudas sobre si podrás hacerlo. Tírate a la piscina más a menudo y desarrolla una saludable mentalidad experimental. Empieza a escribir un buen Ridículum Vitae.
Desarrolla una mentalidad de crecimiento con una teoría de la inteligencia dinámica. Nunca “eres inteligente”; en el mejor de los casos “estás siendo inteligente” en un momento y lugar concreto desarrollando una tarea particular. Olvídate del talento, eso pertenece a la mentalidad fija, a una teoría de la inteligencia como un monolito que asegura el éxito.
¿Qué te parecen estos diez mandamientos?
¿Bien?
Me alegro, pero… ¿acaso me has tomado por Dios?
Falta el mandamiento más importante:
11. Rompe las tablas de la Ley de la sabiduría popular, incluidos los mandamientos anteriores, y crea tus propias reglas y principios.
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El primer mandamiento debería ser: rompe las tablas de la ley y crea tus propios mandamientos.
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Para saber más
Tengo la convicción de que nuestro sistema educativo no favorece los mandamientos anteriores, casi siempre los dificulta.
A veces tengo la sensación de ser un predicador que clama en el desierto, que dice «¿Pero es que acaso no veis lo que yo veo tan claro?».
Hoy la boca se ha quedado sin saliva y la tinta del bolígrafo secado y el computador colgado. Puedes seguir por aquí:
Rafael Nadal es uno de los mejores tenistas del mundo y el mejor deportista español de todos los tiempos.
Hay algo repelente en este chico con cara de bueno, con una humildad que siempre me ha parecido excesiva para ser cierta, siempre educado y caballeroso con sus rivales tanto en la victoria como en la derrota.
¿Es una pose? ¿Qué hay tras su leyenda? ¿Quizá se trata de un pánfilo con un gran talento para el tenis? ¿Su imagen es un producto del marketing?
Rafa Nadal, un gran deportista con cara de niño bueno Photo Ray Giubilo
El libro está escrito por Toni Nadal, tío y entrenador de Rafael Nadal desde los 6 años.
Es un libro de 207 páginas en un estilo directo y sencillo. Me llamó la atención hace varias semanas y quise comprarlo inmediatamente.
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Los libros de los triunfadores, da lo mismo en qué campo de la vida, son siempre atractivos. Sin embargo, me contuve y tras cierta reflexión decidí ponerlo en la lista de los siete días y congelar la decisión de la compra. Si tenía sentido comprarlo en ese momento, también tenía sentido comprarlo una semana más tarde, con mayor perspectiva emocional.
He de decir que los libros de deportistas o sobre deportistas no terminan de convencerme. Muchos se reducen a una colección de anécdotas engrandecedoras, y bueno, qué decir, si no eres aficionado al deporte, los detalles técnicos no te interesan en absoluto.
Este libro parecía diferente por dos razones: no es un libro que se explaye en los detalles técnicos del juego y está escrito desde el punto de vista del entrenador, no del deportista estrella. Está centrado en el método de entrenamiento de Toni Nadal, que ha sido el único entrenador de Rafa, y se centra en la formación del deportista en un sentido amplio. Los métodos de entrenamiento de Toni Nadal son un reflejo de su filosofía de vida y principios sobre la formación y el aprendizaje.
Hay un elemento adicional que acabó de convencerme: muchas de sus ideas resuenan con las de nuestro minimalismo existencial. En este libro encontraremos corroboración de muchos de los caballos de batalla e inquietudes del blog: simplicidad, objetividad, formación del carácter, perseverancia, afrontar las adversidades, ilusión, gradualidad, práctica deliberada. El énfasis de Toni Nadal en el individuo, la libertad y la responsabilidad personal resuena profundamente con mis propias convicciones.
En principio, uno podría pensar que el deporte de alta competición donde se mueve tanto dinero no puede ser un buen modelo para una vida normal; sin embargo, como iremos viendo en la reseña del libro, hay muchos elementos en los que nos podemos inspirar.
Simplicidad
La vida en general, a pesar de todas su complejidad, y el tenis en particular son mucho más simples de lo que queremos creer.
…como punto de partida, mi forma de entender el mundo y mi forma de acercarme al tenis ha sido siempre la simplicidad. No me gustan las explicaciones estrafalarias y rebuscadas sobre algo tan sencillo conceptualmente como pasar una bola por encima de una red y colocarla donde no está el adversario. Mi intención es hacer siempre análisis sencillos y, por lo tanto, buscar el camino con menos recovecos, que es también el más fácil.
Toni Nadal es un entrenador atípico, casi podríamos decir que chapado a la antigua. En unos tiempos donde la sofisticación inunda el deporte de alta competición, con métodos de entrenamiento muy planificados, sistemas complejos, psicólogos, fisioterapeutas, agentes, médicos, entrenadores físicos, relaciones públicas, Toni ha sido siempre renuente a las complicaciones. Para él, todo es mucho más simple y sencillo, después de todo, dice, “si yo soy capaz de hacerlo, no puede ser tan difícil”.
La simplicidad es especialmente importante en los primeros años, donde los detalles y complicaciones pueden desviar al deportista en formación de lo verdaderamente importante.
A los 18 años después que de Rafa renovara por segunda vez con Nike y seguidamente perdiera el torneo de Lyon, un directivo de la firma llamó quejándose de la poca profesionalidad de Rafa, que en los días anteriores al partido había jugado al golf e incluso había mantenido malos hábitos de alimentación, como comer dos pizzas seguidas un sábado por la noche, obviamente no la mejor comida para un deportista.
Dos semanas después sufrió otra derrota en el Máster 100 de Madrid y las alarmas se dispararon. Se reunieron distintas personas del equipo, mostraron su malestar por las energías que Rafa perdía fuera de la pista, en concreto se hizo referencia a que había estado jugando al ping-pong y al billar en el club antes del partido.
Toni mantuvo que ninguno de estos sucesos tenía verdadera importancia en los resultados de su sobrino, que no creía que fueran fundamentales. Varias semanas después el equipo español de tenis ganó la Copa Davis contra Estados Unidos con Rafa ganando uno de los puntos decisivos contra Andy Roddick.
A partir de ahí no se volvió a discutir o hubo quejas sobre los hábitos de Rafael, quizá las dos pizzas no eran tan perjudiciales y las necesitaba dado su nivel de esfuerzo, el golf era una válvula de escape de la presión de los torneos, y el ping-pong y el billar antes de un partido le restaban tensión y le permitían enfrentarse al partido con la cabeza más liberada.
Llevo muchos años en el mundo del tenis y desde siempre ha habido entrenadores ocupados en otorgar valor a muchos aspectos que yo quería desatender de forma consciente y premeditada.
Conceder importancia a elementos insignificantes es uno de los errores que cometemos habitualmente. A mí me hace gracia, por ejemplo, ver a blogueros y expertos en productividad, obsesionados con probar la última aplicación de listas en smartphone o con encontrar el sistema perfecto de productividad. Se les ve cambiar de uno a otro, como en busca de la piedra filosofal, siempre insatisfechos y siempre preocupados por los aspectos más ridículos y triviales. Si dedicaran la décima parte de la energía que dedican a hacer las cosas correctas en vez de optimizar sus técnicas, su rendimiento se catapultaría de la noche a la mañana.
Toni Nadal es consciente de la importancia de centrarse en lo fundamental, y obviar elementos menos importantes. Deliberadamente, aunque no la llame así, sigue la ley de Pareto o principio de los pocos esenciales y los muchos triviales. Esto es especialmente importante en los años de formación del carácter, donde introducir demasiados elementos de atención puede desviarnos de lo sustancial:
Cuando Rafa era joven, él nunca supo con qué tipo de cordaje jugaba, ni el peso que llevaba en la raqueta. Yo no quería que tuviera en la cabeza cosas que fueran ajenas a su preparación tenística y mental porque entendía que todo eso le haría más delicado y frágil.
¿En qué porcentaje es determinante el estado de la raqueta, del cordaje, de la alimentación para un niño que está en pleno aprendizaje? ¿Un 1 por ciento, un 3 por ciento? ¿Un 10 por ciento? No lo sé. El porcentaje me daba igual. Mi obsesión era no darle importancia porque yo quería que Rafael estuviera pendiente de lo que a mí me parecía realmente determinante.
No es tampoco partidario de eslóganes, consignas, rituales o gritos de guerra, tanto porque sus reglas y sistemas están en continua evolución y tendría que desdecirse casi a continuación, como porque no le gusta estar pendiente de la última moda, estrategia o tendencia formativa que alguien ajeno haya pensado para él.
Si yo hago de cada pequeño detalle un acto solemne, si le hago sobrevalorar la forma como coloca el grip en la raqueta o la marca de agua que toma en los entrenamientos, aparte de sentirme bastante estúpido, voy a perder energía con pequeñeces. Siempre he intentado al máximo no perder el tiempo.
Toni Nadal ha tenido muy claro su papel en el entrenamiento: propiciar un despliegue de características y actitudes. La forja del carácter, lo que el llama el tronco de la personalidad, es lo esencial en la formación del atleta. Es necesario que sea fuerte, seguro y bien anclado. Solo a partir de esa base puede entrenarse entonces las ramificaciones y aprender la parte técnica del tenis y todos los detalles que rodean la vida de un tenista profesional: las victorias y las derrotas, el trabajo duro, la popularidad.
Nuestro plan de actuación ha sido pues muy simple. Hay unos objetivos a perseguir, la necesidad de aceptar un trabajo consecuente que yo he dirigido, eso sí, pero también hay que rehuir la bambolla en las estrategias y, sobre todo, no buscar culpables en elementos anecdóticos…
Yo, como entrenador, no logro llegar a teorías muy elaboradas porque se me antojan demasiado complicadas. Lo analizo todo de forma muy simple porque solo así me siento capaz de encontrar las medidas necesarias para resolver el entuerto.
Flexibilidad
Toni Nadal se considera a sí mismo anárquico, poco ortodoxo y cuando menos lateral. No ha seguido los manuales clásicos y no ha encajado en ninguna corriente o escuela.
Desconfía de las complicaciones y de las modas en el entrenamiento, especialmente el exceso de detalles y técnicas importados de los Estados Unidos. Su método se reduce a objetivos claros, ilusión y una exigencia feroz que se impone a si mismo e impuso a su Rafa en sus años de formación.
Dicho esto, llama la atención la ausencia de rigidez de Toni. A lo largo de todo el libro, matiza que el sistema que ha seguido ha servido para él y para Rafa, pero que no quiere ser dogmático en sus apreciaciones. Su propio método está sujeto a cambio continuo y lo que hoy hace hoy puede ser muy distinto a lo que haga mañana.
Flexibilidad no significa ausencia de sistema o de análisis, es justo lo contrario, Toni tiene un carácter sumamente analítico, no en vano es un buen jugador de ajedrez, medita mucho y jamás improvisa en lo primordial. Su punto inicial es la objetividad, cómo son las cosas, y partir de ahí deduce, evalúa y hace comparaciones. Pero tiene su propia forma de hacer las cosas:
Aunque parezca relativo, arbitrario y poco dado a seguir reglas actuales, esto no significa que mi forma de trabajar sea caprichosa y azarosa…
…asimismo mis propias reglas han sido algo cambiantes por estar en constante evolución. Cada valoración, decisión o determinación puede ser momentánea y, desde luego, casi siempre es circunstancial. Por eso mi respuesta más repetida en términos formativos es “Depende”.
Su carácter es discutidor, es buen conversador y le gusta siempre asumir la posición contraria. Si le dices que Messi es el mejor jugador del mundo, te dirá que el mejor es Cristiano; si le dices que Cristiano, te argumentará que es Messi sin lugar a dudas; y si en una conversación hay dos personas que defienden a Cristiano y Messi, te dirá que el mejor del mundo es un tercero.
Es una persona obsesionada con su trabajo y reconoce que le ocupa todo el día. Pero más adelante, explica más en detalle en qué consiste este trabajo:
Mentiría si dijera lo contrario. Lo que es estar en la pista me ocupa unas cuantas horas al día, tres, cuatro a lo sumo. No más que esto. Pero mantengo la cabeza ocupada durante mucho tiempo analizando, examinando y programando. Hay una gran parte de mi trabajo que exigen recogimiento, tranquilidad y sosiego. Exige una soledad que busco, normalmente caminando, ensimismado durante horas por las ciudades en las que estoy o por el campo, si estoy en Mallorca.
Lo que comenta Toni corrobora muchos de los estudios sobre práctica deliberada: el trabajo intenso se hace en unas pocas horas al día 3-4, después hay periodos muy largos de descanso.
La razón, tanto para un deportista como para un trabajador intelectual (un entrenador lo es), es que el trabajo agotador e intenso deliberado no se puede sostener mucho tiempo y requiere del tiempo necesario de recuperación y consolidación de lo aprendido.
Otra razón importante es que la meditación y la reflexión requieren tiempo no estructurado y reducción del nivel de estímulos para acceder a un estado mental más disperso en el que se puedan generar asociaciones creativas. Si te pasas el día haciendo tareas, manteniéndote externamente ocupado, quizá te sientas activo y productivo, pero estás inhibiendo un modo mental esencial para la creatividad. De ahí los largos paseos de Toni.
Se resuelve andando.
Muchas figuras históricas relatan similares hábitos de trabajo: Darwin caminaba durante horas todos los días, Einstein era aficionado a la vela, muchos escritores recomiendan largas duchas para despejarse y favorecer la creatividad.
Los clásicos hablaban del “solvitur ambulatum”, “se resuelve moviéndose”: hacían referencia al uso de la experiencia para resolver problemas. Pero se puede usar el mismo lema pensando que dando paseos, por entornos naturales a ser posible, puede potenciar un estado mental más propicio para la consolidación de la memoria y los descubrimientos.
Hacer ejercicio para desconectar al final del día o un largo paseo es una excelente manera de conseguir el efecto, siempre y cuando no te lleves el iPod contigo y no sigas conectado a las redes sociales y otras fuentes de distracciones.
Ilusión y objetividad no están reñidas
La primera condición que se debe dar para adoptar la idea permanente de que hay que mejorar es saberse NO suficientemente bueno.
… El que se cree muy bueno haciendo algo, aun siéndolo, abandona la lucha por progresar. Desde muy pronto, cuando Rafael perdía algún partido y me preguntaba por qué había perdido, yo casi siempre le contestaba: “Yo creo que es porque el otro ha sido mejor que tú”.
En la actualidad, la ilusión y la objetividad parecen antagonistas. Se dice de los emprendedores, por ejemplo, que han de practicar el autoengaño para mantener la fe en sus posibilidades, que han de creer en sí mismos más allá de la improbabilidad de tener éxito, que es la única manera de que se arriesguen, porque si hicieran una evaluación absolutamente objetiva se descorazonarían y probablemente jamás iniciarían sus empresas.
Otra variante del argumento dice que uno ha de confiar en sí mismo al máximo y evitar la información negativa que te dice que no puedes, porque si perseveramos todo terminará yendo bien. La confianza lo es todo. Llevado al extremo, este es el argumento del movimiento del pensamiento positivo: si crees que puedes, puedes, visualiza lo que deseas y gracias a la ley de la atracción se hará realidad, el universo se confabula para cumplir tus sueños, y otras paparruchas semejantes.
No es esto lo que dice Toni Nadal:
La ilusión sin esa objetividad que la debe acotar es demasiado pueril… los niños suelen tener sueños elevados y, muchas veces alocados, porque no contemplan sus propias carencias y porque catapultan sus propias facultades antes de adquirirlas.
Por supuesto, cree que uno ha de tener mucha confianza en sí mismo, pero es una confianza en el trabajo y el método resultado de una evaluación despiadadamente objetiva de la situación real, no el resultado del engrandecimiento del ego o la la creencia en unas cualidades especiales o talentos naturales que te aseguren el éxito.
Toni Nadal y Rafa Nadal son exponentes casi puros de la mentalidad de crecimiento de la que tanto hemos hablado en este blog. Creen que cualquier habilidad puede cultivarse y desarrollarse a base de esfuerzo y trabajo, mantienen una concepción dinámica de la personalidad y la inteligencia y no se creen poseedores de capacidades excepcionales o talentos exclusivos.
El problema estriba muchas veces en que preferimos percibirnos como unos auténticos campeones, en que nos gusta catapultar nuestras más corrientes capacidades, en no aceptar nuestras carencias, o simplemente, en no ver objetivamente nuestras características…
…Yo creo que normalmente nos empeñamos en prestar atención solo a lo bueno. O en valorarlo muy por encima de lo que se tiene que mejorar, cuando debería ser al revés.
Rafa recalca a lo largo del libro que su sobrino es una persona normal, si reconoce alguna cualidad especial es su capacidad de trabajo, su deseo de mejorar y su carácter tranquilo y obediente. Es muy revelador que, cuando después de una victoria preguntan a Rafa cuál es su próxima meta, frecuentemente responda que seguir mejorando.
La ilusión es el combustible que nos proporciona la energía, nos empuja a exigirnos más y más todos los días y nunca estar satisfechos; esto es lo que nos hace ir más allá de lo normal, de lo habitual. Sin ilusión, no habríamos empezado el esfuerzo.
En español, hay dos significados de la palabra ilusión: el primero es engaño o apariencia; el segundo, energía, esperanza, entusiasmo, por algún resultado atractivo. Es claro que hemos de promover el segundo y evitar a toda costa la ilusión-espejismo, aunque sea una buena salida ante las verdades incómodas y desagradables y pueda motivarnos en el corto plazo.
Toni Nadal dice que una confianza que dependiera del engaño o una ilusión sobre sobre las fortalezas e ignorancia de las debilidades sería una construcción con pies de barro:
Siempre he considerado que muy pobre es la autoestima del que necesita que continuamente le valoren, e incluso le sobrevaloren, su despliegue de aptitudes.
Si nos preocupamos solo de recalcar lo positivo a los jóvenes que se están formando por temor a que se ofendan, si tememos minar la autoestima del que necesita ser corregido, conseguiremos no corregirlo, por supuesto, pero es que igualmente su autoestima se minará a la larga cuando se soprenda de no conseguir sus propósitos.
Cuando Rafa ganó el campeonato de España de alevines a los 11 años, Toni pidió a la federación española que le enviaran por fax los campeones de las últimas 25 ediciones. Después repasó con su sobrino la lista buscando los que habían llegado a algo en el mundo del tenis. Solo 4 o 5 se habían convertido en tenistas de primera línea, el resto eran desconocidos o estaban ya olvidados.
Esta anécdota muestra el carácter crudamente realista de Toni y su renuencia a engrandecer los éxitos. Le gusta poner cualquier éxito y derrota en perspectiva y mantener la cabeza fría.
Quería que no se lanzaran las campanas al vuelo y que pensáramos que ya habíamos tomado el camino sin vuelta atrás hacia el éxito.
A todo esto añadí más comentarios: Le demostré mi satisfacción por el resultado, pero no mi complacencia. Y concluí: “De ti depende en qué parte de la lista estés dentro de unos años; en la lista de los que fueron campeones, a secas, o en la lista de los que siguieron mejorando y lograron entrar en el circuito profesional”.
Desde pequeño le transmitió que dónde llegara dependería de su esfuerzo y lo que fuera capaz de aprender, no de ningún talento natural.
Toni concilia perfectamente el realismo con la ilusión, que es imprescindible para los grandes logros:
La ilusión es lo que da sentido a todo, según mi concepto de la vida. Si no tengo ilusión, muy difícilmente voy a perseverar, y por lo tanto, muy difícilmente voy a conseguir nada. Evidentemente, no estoy hablando de la ilusión momentánea y circunstancial de que puede producir levantar la copa en Montecarlo… ¿cómo no te vas a ilusionar el día de la final?… yo no hablo de esto, yo hablo de la ilusión atávica, la que debería formar de nuestra fibra más íntima, la que nos impulsa a hacer las cosas día a día.
Forja del carácter
Para casi todos nosotros la forma más efectiva de conseguir metas es a base de perseverar, de esforzarse, de hacer unos sacrificios, de llevar un orden, una disciplina.
…para la mayoría de la gente, para la gente normal como mi sobrino, es el camino más fácil para alcanzar el éxito.
Toni Nadal choca con estado general de opinión sobre lo que es la formación del carácter y el lugar de la disciplina y el esfuerzo en la infancia y la juventud. Considera que hoy en día se abusa del aprender divirtiéndose y abomina de las familias que ponen todas sus prioridades en el bienestar emocional a ultranza y en toda ocasión de los niños. Muchos padres se han convertido en animadores sociales del tiempo de ocio de sus hijos y parece que algo marcha mal si el chico se aburre o no está constantemente entretenido.
Ahora, en no pocas ocasiones, parece que los padres están supeditados a los deseos de los hijos… Es bastante complicado convencer a nuestros hijos de que ellos no son los reyes de la casa cuando todos nuestros planes están destinados a cumplir con sus expectativas. Mi peculiaridad como entrenador, si es que la ha habido, ha sido intentar desobedecer las normas actuales y seguir el modelo más anticuado de nuestros progenitores.
También cree que tenemos a los niños entre algodones, que les ahorramos el contacto con las dificultades de la vida y el esfuerzo. Este fenómeno lo ve incluso más acusado en las jóvenes estrellas. Puede que trabajen muy duramente en las pistas, pero cuando salen de ellas, les conceden unas atenciones y privilegios casi desmesurados.
Hay chavales que entrenan preparadores duros en la pista pero que después disfrutan de privilegios fuera de ella, que es precisamente lo que les malcría.
Toni ha inculcado en su sobrino la creencia de que fuera de las pistas es uno más y desde joven no ha parado de repetírselo. Jamás piden una mesa especial o atención distintiva en los restaurantes.
En una ocasión en Shangai, un miembro del equipo dijo a Rafa, que iba con polo y bermudas, que en el restaurante de lujo no se podía ir vestido así, pero no importaba porque por ser quien era harían la vista gorda. Toni obligó a Rafa a que fuera a cambiarse. Esta actitud la lleva hasta los detalles más extremos que pueden parecer menudencias insignificantes:
Íbamos andando por la acera Carlos Costa, mi sobrino y yo. Mi sobrino caminaba entre los dos. Al cabo de unos metros, yo desaceleré un poco mi paso para que me cogieran un poco de ventaja y después me coloqué al lado de Carlos, dejando así a mi sobrino en la parte exterior, la que estaba cerca de los coches que pasaban.
—¿Qué haces?, me pregunto Carlos.
—Nada, que no quiero que Rafael se sienta escoltado por nosotros dos.
…Hoy en día, los chicos anónimos, frecuentemente, están acostumbrados a ser el centro del mundo; los que triunfan un poco, lo son casi siempre.
Toni ha sido muy exigente con Rafa durante toda su carrera, aunque la ha ido reduciendo a lo largo de su formación. Para él solo tiene sentido la exigencia hacia otra persona en su etapa formativa. Más allá de una determinada edad la exigencia ha de convertirse en autoexigencia. De otra forma, considera que la formación habría sido un fracaso. Esto conecta con el siguiente punto fundamental en su filosofía vital.
Libertad y responsabilidad
La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo.
—George Bernard Shaw
Desde siempre, su prioridad ha sido la formación del carácter y si hay algo que ha querido inculcarle a Rafa es que los resultados son su responsabilidad, nunca ha querido que elementos externos al juego se usen como excusas. Las adversidades, dolores, calidad de la pista, público, etc., han de ser incorporados como elementos a la acción. Toni odia las quejas y las excusas.
Con la responsabilidad gestionamos lo que depende de nosotros, la persecución de los objetivos que nos hemos marcado. Con la capacidad de aguante, gestionamos lo que no depende de nosotros, es decir, la adversidad.
Toni Nadal cree firmemente en la capacidad del individuo para moldear su destino, cree, como el poeta Yeats, que los sueños comienzan con la responsabilidad, y cuanto más improbables y difíciles de alcanzar son los sueños, mayor ha de ser la responsabilidad.
Hoy en día estamos acostumbrados a delegar nuestra responsabilidad en el gobierno o en otras instituciones. Si hay una catástrofe natural, llega un tornado, hay nieve, la gente se indigna porque el gobierno no haya puesto los medios para evitarlo o no les haya avisado con anterioridad; nos desentendemos de las consecuencias de nuestras acciones, de nuestros viajes o excursiones por el campo y esperamos siempre que sean otros los que se responsabilicen y nos socorran si algo va mal, no importa nuestra imprevisión o temeridad.
Para Toni los únicos que en una sociedad verdaderamente adulta deberían estar exentos de ejercer su responsabilidad son los niños, y aun ellos, de forma relativa. Solo en relación a su desarrollo y grado de formación.
En una ocasión en el Torneo de París-Bercy, muy al comienzo de su carrera profesional, llegó Rafa con cuatro cruasanes rellenos de chocolate, poco antes de comenzar el partido, tuvo la gentileza de ofrecer a Carlos Costa y a su tío. Cuando Carlos vio que se iba a zamparse los otros dos le dijo a Toni: “¡No le dejes que se coma esto antes de salir a la pista! Le sentará fatal”. A lo que respondió: No, no. Que se los coma. Como si se come los cuatro el solito. Él ya sabe que no lo tiene que hacer. Solo faltaría que yo tuviera que ser responsable por él. Que se los coma y ojalá le duela el estómago y pierda el partido. Así aprenderá”.
Se los comió, dos de ellos, y salió a jugar. No le dolió el estómago, pero perdió el partido. La lección que quería transmitir era que cuando uno no se acostumbra a no ser responsable de sus actos se pagan las consecuencias.
Toni, como buen maestro, ha ido reduciendo el nivel de control en Rafa Nadal según pasaban los años, pero siempre, incluso desde la más tierna infancia le ha hecho responsable de sus actos. Actualmente, se limita a comentar, a animar en los momentos difíciles y a proporcionarle una opinión muy objetiva que no ahorra las verdades incómodas o desagradables.
En todo caso, el entrenador siempre ha inculcado a Rafael Nadal el principio de exclusiva incumbencia; esto es, todo lo que le ocurre depende de él, y él es el que tiene que solucionar los problemas y sobrellevar las adversidades.
Cuenta como en una ocasión en que no pudo estar presente en la pista en el momento del juego porque tenía que supervisar a otro tenista, un amigo ex-jugador se le acerca y le informa de que Rafa, aparentemente está jugando con una raqueta rota y perdiendo por 6-1. Toni se desplazó a su pista y le avisó. Rafa cambió de raqueta, mejoró su juego, pero ya era demasiado tarde y terminó perdiendo. Al final de partido se reunió con su sobrino y tuvieron una pequeña charla:
—Rafael, ¿me dirás que después de tantos años jugando al tenis no eres capaz de reconocer cuando una raqueta está rota?
La raqueta estaba rota en el marco, no por la parte del cordaje. Cualquiera que haya jugado un poco al tenis aunque sea como aficionado, sabrá que con el marco de la raqueta roto es imposible controlar las bolas. Las bolas se van por cualquier lado.
Su respuesta a mi recriminatoria pregunta fue bastante elocuente:
—Toni, estoy tan acostumbrado a tener yo la culpa de todo que en ningún momento se me ha ocurrido que la responsable de mi mal juego fuera la raqueta. Pensaba que era yo el que lo estaba haciendo mal.
Cuenta Toni este episodio como una situación cómica en la que se su principio de exclusiva incumbencia falló, pero aun así cree que en esta filosofía de vida reside gran parte del éxito de Rafa.
Hay que añadir que el hecho que contar esta anécdota muestra la honradez intelectual de Toni Nadal y su costumbre de poner en duda todo, incluso sus propios principios, buscando todos los casos o excepciones en que no se cumplen. Este hábito tan arraigado en Toni es muy infrecuente, ya que los seres humanos somos habitualmente presos del sesgo de confirmación: buscamos los casos que nos confirmen e ignoramos los que contradicen nuestras reglas o creencias.
El principio de exclusiva incumbencia es fundamental para tomar las riendas de la vida. Es una creencia práctica que debe guiarnos en todas nuestras actuaciones: siempre asumir la responsabilidad de los actos y no echar la culpa a las circunstancias externas.
No es que no haya adversidades u obstáculos que se interpongan en nuestras metas. Pero no les debemos prestar más atención de la debida y hemos de concentramos en modificar los elementos que estén dentro de nuestro ámbito de control e influencia.
A diferencia, de muchos otros entrenadores, que creen que su función es facilitarle la vida a sus tenistas, que se sientan cómodos en todo momento, Toni Nadal, siempre inquisitivo y heterodoxo, cree que su función es justamente la contraria:
Si nos acostumbramos a que nos resuelvan el mínimo problema, acabaremos siendo incapaces de solventar nada por nosotros mismos. La proliferación excesiva de psicólogos, gurús, coaches, salvadores varios nos ha ido inutilizando en nuestra tarea de ser capaces de superar dificultades por nuestros propios medios.
La excesiva comodidad nos afecta a todos. Las comodidad se torna pegajosa, si es excesiva, e inhibe el crecimiento. La única forma de sacar lo mejor de uno es estar estimulado por la adversidad y estar obligado a descubrir o crear los recursos interiores que nos permitan superar los obstáculos.
(Photo credit should read FREDERIC J. BROWN/AFP/Getty Images)
Todo deseo tiene que hacer frente a un coeficiente de adversidad que nos opone lo real. Si lo evitamos o lo intentamos reducir perdemos la oportunidad de crecer.
Toni Nadal, siempre claro y directo, extiende sus conclusiones a la sociedad en su conjunto:
El estado de bienestar y comodidad al que hemos accedido nos has beneficiado en muchos aspectos, pero también nos ha debilitado en otros porque nos ha conducido a un terreno donde impera la confusión. Hemos conseguido creer que tenemos derecho a todo, incluso a no sufrir adversidades.
Su forma de hablar, como ves, se aleja mucho del discurso autocomplaciente, paternalista y blando al que estamos acostumbrados en muchos países occidentales.
Humildad
Quien se siente especial por saber hacer una cosa bien, o incluso muy bien, tiene una condición que es incuestionable: es especialmente tonto. —Toni Nadal
Volvemos a la pregunta inicial con la que empecé esta reseña del libro Todo se puede entrenar: ¿es Rafa Nadal tan humilde y caballeroso como parece?
Tras vencer Nadal en Australia y conquistar su sexto gran Slam en 2009, Federer rompió a llorar por su derrota. Nadal acudió al rescate, le abrazó y le susurró palabras de consuelo al oído: «Eres un gran campeón y mejorarás el récord de 14 grandes de Sampras».
Con lo que ya hemos visto, ya debería estar clara la respuesta.
Su tío Toni unió sus principios morales y filosofía de la vida al entrenamiento y al deporte. Siempre quiso que su vida normal y deportiva estuvieran en consonancia. Después de todo, qué importancia tiene el hacer pasar una bola por encima de la red mejor que los demás o ser muy bueno en una habilidad cuando hay 2000 o 3000 habilidades en las que puede ser uno bueno.
Toni Nadal no considera que su sobrino sea especial y ha tenido mucho cuidado en hacérselo ver a lo largo de toda su carrera. Por supuesto, su sobrino, como reconoce, es especial “para él”, al igual que sus hijos, pero eso no le convierte en especial en general y por supuesto no le hace objeto de privilegios o atenciones excepcionales.
“Es que tú Toni, has sabido hacer las cosas muy bien”. Yo le contesté: “He sabido lo mismo que sabemos todos. Sé lo mismo que sabes tú. Simplemente, yo lo he llevado a cabo”.
Esa fue mi contestación porque pienso que, en realidad hay que ser muy infantil para no saber cómo formar a un niño, a un hijo a un pupilo. Todos sabemos lo que hay que hay que hacer. Lo que no debe ser tan fácil es llevarlo a cabo, sin excepciones.
Toni Nadal encuentra el significado de su trabajo en la capacidad de superación y los valores que impregnan al deporte bien entendido y no cree que su labor tenga nada de especial. No hace falta creerse el centro del mundo ni mejor que los demás para hacer un trabajo serio y obtener resultados extraordinarios.
A lo largo de casi 20 años ha transmitido estos principios a su sobrino, a veces de una forma cruda. La humildad de Rafa Nadal tiene su indudable origen en Toni. Este puede ser muy duro, a la hora de mantener el ego de su discípulo bajo control:
En muchas ocasiones, hablando de distintos temas, le he dicho a Rafael: “Tú, de aquí (imitando su movimiento de derecha con la mano izquierda) sabes más que yo, pero de aquí (llevándome el índice a la sien y golpeándome dos o tres veces), de aquí, te gano yo. No te quepa la menor duda”… Un chaval que se cría pensando que tiene siempre la razón, que es especial, que lo hace todo bien, carece de armas para elaborar soluciones propias.
Es imprescindible que te obliguen a ser humilde y objetivo contigo mismo. Ambas cualidades no vienen de fábrica. Es imposible que un niño o joven las adquiera por sí solo. Es muy fácil para una persona con éxito tener una idea muy elevada de sí y engañarse sobre el alcance de sus fortalezas y debilidades. Es lo más fácil del mundo. Es por ello que no hay ningún deportista profesional en el mundo que no tenga al menos un entrenador que le proporcione información objetiva sobre sus cualidades y rendimiento.
Quizá no tantos son tan conscientes como Toni Nadal de la necesidad de mantener bajo control el ego de la estrella.
E
n todo caso, Toni no cree que Rafa sea un modelo de humildad, cree que simplemente es una persona madura y correcta que se comporta como debería comportarse una persona normal. Hasta en este aspecto evita el engrandecimiento y se enfrenta a la sabiduría popular:
Mi sobrino es admirado porque gana. Esta es la pura verdad, el resto son adornos. Y, además, yo no creo que sean tan humilde. Veo que tiene un buen coche, veo que no vive nada mal…
La sociedad sobrevalora el éxito, especialmente de los que son famosos, de los que ganan mucho dinero o de los que destacan en el deporte. Toni lo reconoce y cree que es peligroso tener una consideración distintiva con los que triunfan. Para él, las personas realmente especiales son muy pocas y muchas de ellas no son famosas ni lo serán nunca.
Cualquier gesto de amabilidad o de mera educación en un personaje con éxito lo sacamos de proporción:
Lo que hace Rafael es lo que hace cualquier persona con una educación correcta y con una formación mínimamente deseable. Lo que debería sorprendernos es la actitud contraria porque esto sí que debería considerarse una anormalidad.
Lo que hace distinto a Toni Nadal es la concepción integral del deportista y su visión humanista. Su trabajo ha estado siempre dirigido por objetivos en el corto plazo de dificultad creciente y ha trabajado día a día para ellos, pero a la vez ha mantenido una visión a largo plazo donde tenía absolutamente claro que la formación del carácter, la fortaleza mental, y, si se quiere, espiritual, tenían preferencia sobre cualquier otra consideración.
En opinión de Toni, solo trabajando los fundamentos del carácter, desarrollando la autoexigencia constante y la corrección en su relación con las personas, ha podido llegar Rafa Nadal a lo más alto.
Me satisface que mi sobrino haya alcanzado algunas de las metas de ese sueño que un día decidimos perseguir. Pero esto, por sí solo, no me agradaría si no se hubiera conseguido con las premisas y principios en los que hemos creído desde el principio: el esfuerzo, la constancia, la ilusión, la superación, la responsabilidad y, sobre todo, la corrección.
Cada vez tengo más claro que el camino hacia el cambio y el crecimiento personal está en afrontar y buscar verdades desagradables todos los días.
Es importante no engañar a los demás, pero es todavía más importante no engañarse a uno mismo. El engaño es fácil, promueve emociones positivas o evita las negativas, pero te desconecta de la realidad y necesita de un esfuerzo constante para mantenerlo.-
En el fondo del corazón, sabemos cómo son las cosas: que no somos perfectos, que tenemos sobrepeso, que no somos tan admirables ni virtuosos como creemos, que hacemos poco ejercicio, que nuestro trabajo deja mucho que desear, que a veces somos crueles o injustos, que estamos gastando demasiado…
Si quieres mantener la farsa tienes que justificar tus errores, desviar continuamente la mirada y sepultar los recuerdos. Los seres humanos somos especialistas en racionalizar nuestros errores, cambiar el foco y olvidar las verdades desagradables.
—
Pondré un ejemplo personal casi insignificante pero revelador: antes, cuando sacaba dinero del cajero, tenía la opción de consultar el saldo. Bastaba con confirmar la orden: «¿Desea usted consultar el saldo de su cuenta?». Mi respuesta era invariablemente «No». No lo consultaba porque no quería enfrentarme a un saldo bajo o al hecho de haber estado malgastando mi dinero en compras impulsivas.
Anticipaba el dolor de ver el saldo cercano a cero y tener que pensármelo dos veces antes de concederme un nuevo capricho. Por eso, nada mejor que sacar el dinero sin preocuparme por el saldo y esperar que mis problemas financieros se resolvieran solos. Hacía lo que el proverbial avestruz enterrando la cabeza en la arena para no ver al leopardo acercándose. –
Realmente el avestruz no entierra la cabeza bajo la arena. Hace un agujero para ocultar sus huevos y desde la distancia parece que entierra la cabeza. ¡Que la verdad no me estropee una buena imagen!
Te puedes imaginar que no es en los temas bancarios el único aspecto de mi vida donde practico la estrategia del avestruz. Piensa en la escena anterior como una rendija a través de la cual puedes contemplar la fea habitación de mi personalidad.
—
Mi comportamiento puede parecer cobarde. Lo es. Pero no soy el único cobarde; si no, pregúntate si el uso de la tarjeta tiene algo que ver con que cuando pagas con tarjeta no tienes la misma sensación de estar gastando dinero que cuando lo haces con monedas y billetes. Esta es una de las razones de la popularidad de las tarjetas.
Si pensamos en las tarjetas de crédito, es todavía más evidente cómo evitamos el dolor inmediato: obtenemos el subidón de adrenalina de la compra en el momento y retrasamos el pago uno o varios meses. Satisfacción ahora, dolor más grande pero diferido. La receta para el desastre.
Una vez trabajé para una división comercial de un banco en sudamérica. Su responsable máximo definía a las tarjetas de crédito como cocaína en vena. La gente entra en un ciclo de exceso consumista y adicción a la tarjeta que es casi imposible de resistir.
Este es el negocio de las entidades financieras con los créditos de consumo: dar a las personas lo que quieren aquí y ahora, y desconectar la satisfacción del objeto adquirido del trabajo y sacrificios necesarios para comprarlo.
La publicidad y las facilidades de pago constituyen un test de la golosina para adultos: la mayoría de nosotros carecemos de la capacidad de control para sustraernos a la avalancha de tentaciones.
—
Recientemente, han actualizado la aplicación de los cajeros automáticos, y cuando saco dinero no me queda más remedio que ver el saldo de mi cuenta corriente, ya no tengo que solicitarlo expresamente.
Podrías pensar que ahora me hago obligatoriamente consciente de mi situación financiera y que quizá con ello he corregido alguno de mis malos hábitos de gasto, aunque solo fuera para no tener que soportar la bajada del saldo en tiempo real.
Pues no. El yo que evita la conciencia de las verdades desagradables tiene muchos recursos.
¿Qué hice en las primeras semanas? Aprendí a no mirar a la zona de la pantalla donde aparece el saldo de la cuenta corriente. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Solo en los últimos días, me he hecho consciente —desagradablemente consciente— de este comportamiento (¡la conciencia es el principio de la liberación!) y he rectificado. Ahora me obligo a mirar el saldo cada vez que retiro dinero y siempre pago con efectivo. Recibo una pequeña puñalada, me siento mal… pero obtengo la información: sé el dinero que tengo disponible y me lo pienso dos veces antes de hacer un nuevo gasto.
Cuando acepto la realidad tal y como es, cuando logro que el circuito de realimentación acción-resultados-conciencia-nueva acción… esté despejado y funcione, obtengo información para tomar mejores decisiones.
El precio es una sucesión de punzadas emocionales negativas durante el día, pero a cambio estoy más en contacto con la realidad y dejo de engañar a la persona en el mundo a la que es más fácil engañar: a mí mismo.
En este artículo te voy a recordar los ingredientes del aprendizaje.
Siempre que quieras aprender algo necesitas preguntarte si tu estrategia de aprendizaje está incluyendo estos tres ingredientes. Si falta alguno de ellos, puedes aprender algo, pero obtendrás los resultados más lentamente y tenderán a ser superficiales, una capa de pintura sobre una estructura oxidada.
El conocimiento es acción en potencia. Un conocimiento meramente proposicional, capaz de expresarse verbalmente, pero desconectado de la acción y descontextualizado —no asociado con otro conocimiento—, es como un animal disecado.
Los ingredientes del aprendizaje han de estar dirigidos a evitar que el conocimiento se esclerotice. El conocimiento no es un stock o un almacén de información, más bien es un fluido que ha de mantenerse circulando.
1º Ingrediente: motivación
La mente no es una vasija que llenar, sino un fuego por encender. —Plutarco.
La mayoría de nosotros ansiamos una fórmula o programa estructurado que nos conduzca sin sobresaltos al conocimiento; si queremos aprender inglés, buscamos un buen curso; si queremos aprender sociología, buscamos los mejores libros o nos inscribimos en un curso universitario; etc. A esta mentalidad la he llamado el paradigma del tren: te subes a un vagón en una estación y esperas que te lleve cómodamente a tu destino.
Frente al paradigma del tren, opongo el paradigma de la balsa en aguas turbulentas. Es el que corresponde al aprendizaje autogestionado. En este paradigma, el aprendiz asume la responsabilidad total y absoluta de su aprendizaje.
En primer lugar, está decidir qué voy a aprender y por qué voy a aprenderlo. Si falla esto, nuestros esfuerzos están viciados de origen. Aprenderemos algo, quizá de forma más apacible, pero nuestra mente será como un motor a medio gas, nunca profundamente implicado.
Idealmente, las decisiones de empezar, mantener el aprendizaje de una disciplina concreta, elegir qué aprender y cómo aprenderlo, y cesar la exploración de la materia deberían estar en el aprendiz. De otro modo, la persona experimentará alienación o extrañamiento de su esfuerzo y nunca se implicará completamente.
Con los niños, podemos discutir en qué medida y en qué momento han de ir asumiendo la responsabilidad. Es discutible y hay muchas escuelas de pensamiento al respecto. Pero si hablamos de adultos para mí no hay discusión posible: la responsabilidad está en el que aprende. Siempre. Toda.
Has de encender y mantener el fuego de su propia mente. No debes delegar. Nunca.
2º Ingrediente: aplicaciones
Whitehead, el matemático y filósofo inglés distinguía entre el conocimiento inerte y el conocimiento que había cobrado vida en la mente del alumno:
Las ideas teóricas deberían siempre encontrar siempre aplicaciones en el currículum del estudiante. No es una doctrina fácil de aplicar, es muy difícil. Supone el problema de mantener el conocimiento vivo, de evitar que se convierta en inerte, lo que es el problema central de toda educación. —Whitehead 1929.
Las aplicaciones permiten comprender las implicaciones de los enunciados generales y determinar en qué contextos se pueden usar las ideas. Gran parte del aprendizaje tiene que ver con descubrir el contexto en que aplicar las ideas y extenderlas a nuevos territorios.
Cuanto más apliques el conocimiento más conexiones internas generas. En flickr: https://flic.kr/p/eboaAz
El conocimiento no es un libro de botánica donde toda idea o dato tiene un lugar fijo y preciso. El mundo es un lugar caótico donde las claras divisiones académicas pierden vigencia y donde todo está conectado con todo.
Las aplicaciones conectan el conocimiento disperso en la mente del alumno. Un proyecto donde has de aplicar ideas de distintas disciplinas es el entorno ideal para conectar materias.
Los maestros no deberían enseñar nada sin conectarlo con las ideas previas y modelos del mundo del aprendiz. Es en el terreno de los proyectos, las metas personales y colectivas y los deseos de transformación donde mejor se pueden establecer conexiones. Homo Minimus es un proyecto en curso.
Este es el pegamento que une las aplicaciones con la motivación. Aunque el pensamiento creativo requiere periodos de soledad y contemplación, gran parte del aprendizaje se hace en compañía. Aprendemos a hablar y escribir en compañía. A relacionarnos. A muchas otras cosas. Solo en la escuela nos hacen creer que el aprendizaje es algo que se hace sentado con los codos apoyados en la mesa y en la soledad silenciosa de una habitación o una biblioteca.
La colaboración con otros seres humanos hace más gozoso el aprendizaje y permite que unos se beneficien de otros en conocimientos y habilidades. El sistema de maestros y aprendices que imitan y trabajan bajo la atenta mirada del experto ha sido históricamente la forma de aprendizaje más común.
No hay que confundir co-presencia con co-laboración. Estar rodeado de personas no implica colaboración. En las escuelas y universidades predomina la co-presencia y la jerarquía, no tanto la co-laboración y las relaciones dinámicas horizontales.
Cuando quieras aprender algo, el primer paso no es leer libros sino buscar gente afín. No supongas que necesariamente la encontrarás en un centro académico.
Al principio no importa el nivel de la gente que te rodea o la estrategia de aprendizaje, es más importante sumergirte en un entorno social propicio, imitar y aprender por ósmosis. Cuando uno está empezando, la cantidad es más importante que la calidad y las relaciones más que los sistemas de aprendizaje o los programas.
Este blog incorpora los tres ingredientes
Homo Minimus es el fruto de una profunda inquietud existencial y del perpetuo deseo de mejora.
Homo Minimus busca conectar los principios generales con reglas prácticas, proyectos y experimentos vitales.
Homo Minimus pretende convertirse en una comunidad de personas con intereses semejantes y donde todos aprendamos de todos.
En resumen
La motivación personal, especialmente la intrínseca, debería determinar el inicio, mantenimiento y fin del aprendizaje.
Las aplicaciones transforman el conocimiento inerte en conocimiento vivo.
Hazlo social si quieres avanzar más rápido y con mayor satisfacción. Conviértete en un interdidacta.
Si falta uno de estos ingredientes, tu aprendizaje está viciado de origen y te arrastrarás cuando podrías volar.
Este es el artículo que mejor resume el contenido de este blog.
De todos los principios del minimalismo existencial, este es el más importante:
Olvídate de cambiar el mundo. Cambia de mundo.
En detalle
Olvídate de cambiar el sistema. Crea tu sistema. Si no lo inventas serás esclavizado por el de algún otro.
Olvídate de cambiar a la gente. Cambia de gente.
Olvídate de cambiar los estragos del paso del tiempo con cosmética, deportivos o cirugía. Cambia tu actitud ante el paso del tiempo y celebra la vida y los años. No olvides tener siempre una ventana abierta con vistas al cementerio.
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Olvídate de cambiar el sistema educativo para que tu hijo tenga mejores oportunidades. Crea un sistema educativo para tu propio hijo o, mejor, que él lo cree contigo.
Olvídate de seducir a tu público. Cambia de público. Encuentra un público que venga seducido de casa.
Olvídate de buscar el libro perfecto. Escríbelo tú mismo.
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Olvídate de las carreteras principales y autopistas. Prueba con los caminos polvorientos y las pistas rurales. Tampoco olvides el machete para abrir nuevas sendas en la jungla de tus certezas.
Olvídate de cambiar a tu pareja. Acepta a tu pareja tal y como es. Intentar cambiar a otro ser humano es el más inútil de los esfuerzos.
Olvídate de cambiar o aplacar a tu jefe. Conviértete en tu propio jefe.
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Olvídate de intentar modificar las creencias de otros. Predica con el ejemplo. No, mejor no prediques: sé tan capaz, feliz y pleno que la gente quiera saber qué principios te animan.
Olvídate de caer bien a todo el mundo. Respeta a la gente pero sé completamente indiferente a su buena opinión.
Olvídate de cambiar tu vecindario, si hay suciedad, delincuencia o demasiado tráfico. Cambia de vecindario o vete al campo.
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Olvídate de liderar. En su lugar, elige un camino que genere resplandor en tu espíritu. Síguelo día y noche, bajo el sol y bajo la lluvia, en la pobreza y la riqueza, en la salud y la enfermedad. Tras muchos años en soledad, un día te encontrarás con que mucha gente quiere caminar a tu lado.
Olvídate de la perfección. Aprende a navegar en un mundo irremediablemente imperfecto.
Olvídate de quejarte porque el mundo y las personas no son como quieres. Cambia de mundo y elige a la gente.
Hoy cumplo dos años. A mi tierna edad tengo mucho que aprender. Sin duda. Pero ten en cuenta que ya he vivido muchas reencarnaciones y parte de la sabiduría acumulada en vidas anteriores se transfiere a las siguientes. Me aprovecharé de todo lo anterior.
En mi anterior reencarnación viví mucho y bien. En esta segunda reencarnación del 2015 espero vivir mucho e incluso mejor.
Antes de explicaros qué voy a hacer en esta nueva vida, un recuerdo y un agradecimiento a los tres escritores que nos obsequiaron con sus artículos la pasada reencarnación:
Empiezo con mirada fresca y sin el lastre del pasado. Tengo por delante 90 años en los que espero revolucionar este blog y convertirlo en algo hermoso. Y bello. Y bonito. No sé si lo lograré. Pero ya conoces el mantra: «por mí que no quede».
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Son las 9:02 cuando escribo estas letras. Me siento un poco pastoso, pero sigo escribiendo. Lo importante es la constancia y el propósito.
Mi estrategia del 2015
Una meta única. Porque pureza de corazón es querer una sola cosa.
Lentitud deliberada. Lento pero seguro. Lentitud rayana en lo letárgico.
Aumentar los espacios en blanco, reducir la sobrecarga cognitiva. Combinar la atención plena con la mente dispersa y el pensamiento libre de intenciones.
Adoptar una mentalidad antifrágil. Esto implica aunar y coordinar algunas de las ideas claves de mi filosofía minimalista existencial: mentalidad experimental, mentalidad de crecimiento, gestión inteligente de los riesgos y de los motivos, asumir una actitud empresarial; aprender el arte de alejarse, avanzar y tolerar la incertidumbre.
Fundaré una sociedad secreta para doce personas cuidadosamente elegidas con una meta que no te puedo desvelar. Bueno, si puedo desvelártela, pero entonces tendría que hacer que pareciera un accidente.
Pediré la colaboración de los lectores actuales para que me ayuden a expandir el blog.
Iniciaré un club de lectura con los libros qué más pueden hacer por tu transformación personal. Seleccionaré una docena entre los miles de libros que he leído en los últimos trece años.
Comenzaré un podcast en Homo Minimus con entrevistas, monólogos y arengas para una vida más plena.
Escribiré un artículo recopilatorio con todos los escritores minimalistas en español. Será un artículo polémico; esto es, asquerosamente sincero.
Son muchas cosas, pero son 90 años.
¿Se te ocurre alguna idea más? ¿Me propones algún proyecto? ¿Quieres escribir un artículo invitado en el blog? ¿Has bailado claqué alguna vez al borde del abismo?
–—Uf, odio a la gente que siempre está sacando fotos en vez de disfrutar de las vistas.
—¿Por qué?
—Documentar tu vida te distrae de vivirla. No estás ahí realmente.
—Venga ya. Sacar una foto de una cosa hace que le prestes más atención. Algunas de mis mejores aventuras sucedieron intentando fotografiar algo. Si te molesta que otros “tengan experiencias incorrectas”, piensa lo insoportable que sería tener un extraño condescendiente diciéndote que odia la forma en que experimentas la vida justo en el momento en que has encontrado algo que quieres recordar. ¿Qué diablos te importa el modo en que alguien esté disfrutando de una puesta de sol?
Cuando la universidad de Wisconsin-Madison me ofreció dar el discurso de graduación del 2015, no pude menos que sonreír. Llevo toda una vida escuchando en la radio o leyendo en los periódicos que tal o cual estudio sobre moscas de la fruta y la depresión estacional, o sobre el número de sujetador en proporción al coeficiente intelectual femenino, o sobre la relación entre el número de fantasías sexuales y el consumo de brócoli, etc., tiene su origen… ¿dónde? Aquí , en Wisconsin, en vuestra Alma Mater.
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Me dije «Al fin podré conocer en persona a esta universidad origen de tantos estudios rocambolescos y a sus —con toda seguridad— excéntricos investigadores». Así que estoy muy agradecido al decano James Parker y a su deliciosa esposa, y a todo el claustro universitario por invitarme y ser los perfectos anfitriones.
A diferencia de Bill Gates, el finado Steve Jobs, Neil Gaiman, Oprah Winfrey, el atormentado (y también finado) David Foster Wallace, o el simpático y dicharachero y excesivo Jim Carrey, creo que no tengo mucho que aportar, no tengo fama, ni escándalos conocidos, ni salgo en las páginas de la revista Time, ni tengo muchos millones o me relacionan con artistas famosas. Soy un hombre mínimo. Mi vida es mínima. Mis consejos, que es lo que se espera de mí en una ocasión como esta, también serán mínimos.
Tampoco tengo chistes, lamento decepcionaros. Parece que siempre hay que contar un chiste. No tengo chistes. Ya podéis frotaros la nariz para excitaros.
Dejadme explicaros qué es lo que quiero decir con lo de mínimo.
Se supone que ahora tendría que contaros una historia de mi infancia, o de mis difíciles comienzos. No tengo comienzos difíciles; y si los tuviera, me temo que no podría explicaros cómo me levanté sobre mí mismo, renací de mis cenizas y me elevé al cielo. Tampoco tengo una historia humana de superación que pueda llevarse a las pantallas y ganar un Óscar.
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Sé que aquí en los Estados Unidos amáis las historias heroicas de superación personal. Y yo admiro a este país por tener estas historias y vivir de acuerdo a ellas. Yo vengo de un viejo continente, Europa, de donde muchos de vuestros ancestros proceden, pero quizá por ser un continente viejo el pensamiento es viejo y sus gentes están de vuelta, muchos sin haber ido a ninguna parte. En las universidades que conozco, allá en el antiguo continente, se reirían de vuestro optimismo, de vuestra alegría y vuestra ilusoria fe en el porvenir. Sin embargo, las historias son las que nos hacen vivir y aquí va la primera.
Érase una vez un alma sencilla que no tenía mucho que decir y que salió de su madriguera. Miró fuera y vio que todos eran mejores que él. No sabía que camino elegir… ¿Okei?
Hummm… Hasta aquí es abstracto y un poco aburrido.
Cambiemos.
Estoy sentado en una mesa, y en la esquina de la mesa hay una mota de polvo. Y en la mota de polvo refulge como un hilo de oro el sol de la mañana. Tiro del hilo y tiro del hilo un poco más, y de ese hilo surgen más hilos, un haz de hilos, beso una de las hebras y me hago un anillo de luz solar que envuelve mi dedo anular…
¿Os convence? ¿Ya estás bostezando, tú? ¿El judío con gafas de la cuarta fila? Mal vamos. La pecosa pelirroja de la primera, ¿por qué me miras con cara de cordera degollada…
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La cuestión es que tampoco tengo ni idea de si esa idea va a llegar a ninguna parte, y la historia o el cuento me empieza a aburrir sin casi haber empezado.
Empiezo otra historia. ¿Por qué no sigo alguna de las dos anteriores? Porque no me place. No veo futuro a estas líneas argumentales, como seguramente a algunos de vosotros os ocurre si miráis vuestras vidas hacia delante.
Cambiemos de tiempo y espacio. Ahora soy un bufón. El bufón de la corte. Hay un rey, hay unos cortesanos, y yo estoy agitando mi gorro de cascabeles. La gente se está aburriendo, el Rey se está aburriendo, y el Chambelán pide mi presencia: «Haz algo». «¿Qué puedo hacer? No sé hacer muecas…» «¿Por qué no das una voltereta o haces alguna gracia, algún chiste?». «No soy acróbata, temo partirme el cuello». «¡Venga, hijoeputa! Sal ahí, alegra la fiesta o te corto los cojones».
No tengo opción. Salgo al patio dando grititos, uhhhh, uhhhhhh, tampoco sé lo que voy a decir pero grito para ver si la garganta se calienta y hay algo que decir, me estoy jugando los testículos…
Bien, ¿qué os parece esta tercera historia?
¿Mejor? ¿Más divertida? ¿Pelín grosera? ¿Al menos hay alguien de carne y güeso? Un bufón, un chambelán, una situación, alguien que tiene miedo, sonoridad (uhhh, uhhh). Es un avance frente a los hilos de oro y el tipo que sale de la madriguera.
Bien, lo anterior, los tres inicios de historia, sirven para extraer una primera lección. La lección sobre los inicios en falso. Que son los más verdaderos. Cuando escribía este discurso, no se me ocurría nada, como os dije antes, soy Mínimo, mi inteligencia es mínima y mi creatividad siempre la he considerado mínima. Tengo el problema de la abstracción, de la excesiva generalidad y de que me aburro con los detalles. Y además, no me gustan las historias, no sé crearlas, me parece que ya todo está contado y ya está todo dicho. Con estos mimbres, te puedes imaginar que no voy a resultar el mejor contador de historias de la historia.
Pero, maravilla de maravillas, todo lo grande tiene inicios pequeños, y de esas tres … semillas, vamos a llamarlas así, puede tirarse del hilo y ver lo que surge. A ver dónde me llevan. El error sería pensar que porque tienes tres historias sin futuro tienes tres mierdas. A mí me lo parecían nada más expulsarlas, pero aquí es donde surge la chispa. Mi primer consejo: “todo primer paso es tentativo, provisional y seminal”. De los primeros pasos puede surgir un resplandor.
Tenemos por tanto un haz de oro, un bufón de la corte y alguien que sale de la madriguera. Voy a mezclarlos. Eran tres inicios en falso, bastante anodinos cada uno de ellos, pero si los combino puede disolver parte del tedio que me estaban causando.
[DD: me estoy animando. Tengo que contaros que cuando llegué a este punto del discurso (1.078 palabras) me dije: vaya, qué bien, estoy al 40% casi, quiero quince minutos de hablar, y eso son unas 2700 palabras, y ya tengo todas estas…]
Barra progreso historia: 40%
Vamos a dar un motivo al bufón, alqo que le haga moverse.
….El bufón está en un armario y acaba de salir de él, porque dentro hay tanto m… dentro que no puede seguir viviendo.
El bufón está en medio del salón de la corte, y tiene que luchar por su vida (o por sus pelotas, sus ”balls”, que diríais aquí en Wisconsin), no se lo ocurre nada, su ingenio es mínimo, como el mío, pero se percata de un haz de luz que se “inmiscuye” (y sé que esta no es la palabra, pero no queremos perfección cuando solo estamos jugando) por uno de los ventanucos o tragaluces en la cara oeste del Salón Real.
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Ve a la gente bebiendo y riendo y tiene que llamar la atención. El Chambelán le vigila de lejos. Tiene que pensar con sus pies. Tiene que hacer/decir/contar/pirutear/ algo para llamar la atención, así que piensa que lo mejor es hacer algo rápido. Se quita el gorro verde de campanillas, lo tira sobre el plato del Rey: si llama la atención del monarca, captará gran parte de las miradas que se posan sobre el macho alfa. El gorro ha caído en el plato de alubias. La cara de pasmo, no le ha gustado…. Bien, le ha cogido por sorpresa, mejor herido que dormido.
Tiene que seguir. Ahora tiene que crear una incógnita. Se quita los pantalones, los tira detrás de él sobre una de las cortesanas mientras baila al ritmo de una música imaginaria; la dama que ha recogido el pantalón tiene un rostro muy hermoso tras su máscara de baile; el bufón le dice «Te voy a dar lo tuyo… después… en los calzoncillos que me voy a quitar (y tú recoger) tengo apuntado el numero de mi celular, para que luego me llames» (es un bufón sudamericano, no español, por eso dice ‘celular’ en vez de ‘movil’ ), la señala con su dedo índice y guiña un ojo…
…Se quita la chaqueta, se quita los calcetines, se quita antes las botas, se me había olvidado… la gente se pone a reír… ¿qué carajo hace este tipo? Parece que se va a quedar desnudo…
Hago una pausa aquí. ¿Qué os parece hasta ahora? Tenemos a un bufón de la corte haciendo un striptease (creo que se dice así) y a punto de ser degollado por el Rey, que le mira con cara de odio por haberle arruinado el plato de frijoles.
Hay también un haz de oro que se cuela por una ventana alta del gran salón del palacio.
Y hay un bufón de la corte que ha salido del armario (la madriguera inicial se transforma en armario. Es mi cuento y puedo hacer lo que quiera).
Y salir del armario es como descubrir una parte negra y oscura de ti… (salir de la universidad es para vosotros abandonar la seguridad de la vida universitaria e ingresar en el mundo real, la vida de verdad, no la vida abuhardillada y acolchada hasta el techo que hasta ahora habéis estado viviendo).
Y la gente empieza a dar palmas, esperando que se quite los calzoncillos, que es lo único que le queda a estas alturas…
La segunda lección es esta: hay que poner la historia, tu historia, en movimiento, después de combinar lo que parecían humildes comienzos.
Para insuflarle algo de vida, proporcionas un motivo, un móvil, algo por lo que el personaje se mueve: una búsqueda, algo de lo que escapa (su segura muerte en este caso, si no alegra el cotarro), algo que quiere ganar (el amor de una enigmática cortesana, la que tiene los pantalones y el posible teléfono escrito en los calzoncillos), aunque no sepas exactamente cómo vas a llegar, necesitas una dirección, la que sea, recuerda que estás perdido en medio de tu vida. Y que sin una meta, un móvil, un norte, un este o un oeste, cualquier cosa que hagas NO tiene sentido.
Cuando tienes un lugar al que ir, todo lo que haces de repente te acerca o aleja, y todos los sucesos de tu vida son interpretables como oportunidades para acercarte a esa visión, no importa lo borrosa que sea.
Sigo.
…El bufón que se ha quedado en calzoncillos en medio del salón real haciendo strip tease (o como se diga) la gente dando palmas, el Rey fastidiado porque tiene el gorro de campanillas en su plato de judías, un haz de oro que se cuela por uno de los tragaluces y el bufón que sabemos que ha salido del armario…
…El bufón ya no tiene más ideas, todo parece perdido; si se quita los calzoncillos en los que tiene escrito su número de teléfono y se los entrega a la cortesana a la que pretende, se queda desnudo, la gente se ríe de él, el Rey da por terminada la función y manda degollarlo o exiliarlo de por vida; tampoco sabe más pasos de baile.
El stripper sigue agitándose, intentando demorar como puede el final de la historia, la multitud enfervorecida grita «¡Que se los quite… que se los quiteeeee… » (los calzoncillos se entiende), el Monarca ya se está cansando, mira al Chambelán Real y se cruzan las miradas con un gesto de inteligencia como diciendo «Acaba con esto, córtale el cuello», se lleva el pulgar a la papada real y lo cruza de un lado a otro con gesto aburrido, «Esto no da para más », el bufón de la corte en calzoncillos advierte el gesto en medio de sus torpes movimientos en esta danza ridícula que amenaza con acabar mal y un escalofrío le recorre la columna vertebral. La enigmática dama anticipa lo peor para su abufonado caballero y teme que ya no podrá ser rescatada.
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Barra progreso historia: 70%-
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El bufón tiene que pensar, una vez más, tiene que pensar con sus pies, y recuerda que en el armario del que salió (¡en mala hora!) había una patinete con ruedas de aluminio, corre hacia el armario, qué se aloja en una esquina del salón real, mientras hace como que sigue bailando; cimbrea las caderas, las lascivas damas al borde del desmayo, alcanza el armario (del que nunca debió salir), saca el patinete de ruedas metálicas, se sube a él como un indio americano a lomos de un corcel, toma con ambas manos los cuernos de la máquina y se desliza veloz hacia el otro lado de la estancia, los esbirros se dirigen a él, la dama cortesana tan atemorizada como enamorada ve como se acerca con ojos de pasmo, el bufón se para derrapando justo delante; le dice: «Bella dama, súbete a mi carroza, sujétate a mi cintura y no te separes por nada…», «¡Ya!, vamos, ¡no hay tiempo!, te haré la mujer más feliz del mundo…»
La dama se sube al caballo de aluminio, abraza al bufón de los calzoncillos, le susurra, «llévame muy lejos de aquí, valiente bufón, y seamos un solo cuerpo … un solo cuerpo enamorado».
Los esbirros corren hacia ellos, mientras que otros soldados bloquean las puertas del salón real, el Monarca pide otro plato, esta vez de lentejas (si quieres las comes, y si no las dejas) , y exclama, «¡Acabad ya con esta farsa!». El resto de los cortesanos se ríe diabólicamente como romanos en el circo esperando ver perecer al cristiano y a la cristiana devorados por los leones. El patinete se desliza rápido, escapando de los sicarios, en dirección al haz de oro que se cuela por el gran tragaluz de la cara oeste y que muestra el polvo de la estancia, como miles de polillas granulares que revolotean en dirección al sol.
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La dama hechicera agarrada de la cintura del bufón en calzoncillos que conduce el patinete, las puertas del salón bloqueadas, el haz dorado discurriendo por el ojo de buey, el Rey empezando el plato de lentejas, los esbirros dispuestos a ejecutar al bufón, el público de cortesanos y curiosos deleitándose con el espectáculo…
El valiente suda la gota gorda, no hay salida… va a ser atrapado. La dama enigmática grita, «¡Dios mío, esto es el fin!», el caballero del patín replica «¡No hay fin si morimos juntos!»… y en ese justo momento, en esos segundos que parecen minutos, el bufón siente que hay escapatoria, se desliza unos pocos metros hasta donde el haz de luz choca contra el suelo y lo percibe como una rampa que le conduce hacia el cielo, la toma con frenesí y se impulsa con un poderoso golpe de pie una última vez con energía salvaje ( «Solo tú conoces el secreto de este desfile salvaje», aparecen estas palabras en su pantalla mental, como el parte meteorológico de un locutor de principios del siglo XX) y el patinete remonta la pista de luz a velocidad vertiginosa, la dama se agarra más fuerte al caballero y, ante la mirada atónita de esbirros, cortesanos y Rey, escapan a través del tragaluz circular del salón del palacio.
…
…
…
Aquí acaba la historia.
Por hoy.
Tomaos unos minutos para recuperaros.
Uffff. Cuando la contaba estaba perdiendo el aliento. Pero no podía parar.
La tercera lección es que siempre hay salida y ninguna historia acaba. Lo que he situado al final es un nuevo principio: es justo ahora cuando empieza la historia de amor del caballero y la hechicera cortesana de enigmática máscara. Cuando no veas la salida, cuando sientas que no hay futuro, siente que siempre hay una salida. Y si no la hay, te la inventas, porque surgirá de debajo de las piedras o de lo alto del cielo.
En el futuro, recientes graduados de la universidad de Wisconsin-Madison, os vais a sentir muchas veces como el bufón del patín y la dama de sonrosadas mejillas, os sentiréis ridículos, estúpidos, sin salida.
Estabais confortables en el armario, con vuestras vidas cómodas y familiares, con vuestros trabajos conocidos y vuestras rutinas. Y de repente, un día, el chambelán, el jefe, un antiguo amigo, una nueva amiga, harán saltar vuestras vidas en pedazos.
Y solo os quedará mantener la historia en movimiento, no podréis volver más al armario, no podréis contar chistes o cimbrear las caderas o hacer juegos malabares para contentar al Rey o la Reina o al monstruo de las galletas. Tendréis que tomar lo que tengáis a mano (un patinete o un carro de caballos, lo que sea), tendréis que encontrar aliados o buscar nuevos amores y salir en estampida después de haber explotado la bomba.
Quiero que sepáis que a pesar de estar yo aquí arriba, y vosotros ahí abajo escuchando mis palabras, yo no sé lo que es la vida: todavía soy un bufón aprendiendo a mantener el equilibrio y no caer al suelo.
Así que podéis olvidar todo lo que he dicho y no hacerme caso.
Pero también quiero que sepáis que algunas veces, debajo de los adoquines, escarbando, buscando y buscando, encontré la playa.
Gracias por invitarme. Mucha suerte en vuestras vidas.
Ayer, en el Shabbat, me vino a la cabeza un texto de Ray Bradbury, el autor del maravillosoFahrenheit 451.
Es un fragmento que apareció en una colección de ensayos llamado Zen en el arte de escribir y que ha retumbado en mi cabeza durante años.
Esto es lo mejor que hoy puedo ofrecerte.
Disfruta.
–
Prefacio Zen en el arte de escribir
Cómo trepar al árbol de la vida,
tirar piedras contra uno mismo
y bajar sin romperse
los huesos ni el espíritu.
Prefacio con un título
no mucho más largo
que el libro.
A veces me anonada la capacidad que tuve a los nueve años para comprender que estaba en una trampa y escaparme.
¿Cómo fue que el niño que era yo en octubre de 1929 pudo, por las críticas de unos compañeros del cuarto curso, romper sus historietas de Buck Rogers y un mes más tarde pensar que esos compañeros eran todos un montón de idiotas y volver a coleccionar?
¿De dónde me venían la fuerza y el discernimiento? ¿Qué clase de proceso me ayudó a decir: Más me valdría estar muerto? ¿Qué me está matando? ¿De qué estoy enfermo? ¿Cuál es la medicina?
Obviamente, yo era capaz de responder. Designé la enfermedad: haber roto las historietas. Encontré la medicina: volver a coleccionar, no importaba qué.
Lo hice. Y bien hecho que estuvo.
Pero de todos modos: ¿a esa edad? ¿Acostumbrado como está uno a responder a la presión de sus iguales?
¿De dónde saqué el valor para rebelarme, cambiar de vida, vivir solo?
No quiero sobrevalorar el asunto, pero maldita sea, me encanta ese niño de nueve años, quien demonios fuese. Sin su ayuda yo no habría sobrevivido para presentar estos ensayos.
Parte de la respuesta, desde luego, radica en que, perdidamente enamorado como estaba de Buck Rogers, no podía ver destruido mi amor, mi héroe, mi vida. Casi así de simple. Era como si a uno le ahogaran o le mataran a balazos al amigo del alma, al compinche que es el centro de la vida. A un amigo muerto así no se le puede ahorrar el funeral. Quizá Buck Rogers, comprendí, conociera una segunda vida si yo se la daba. Así que le respiré en la boca y, ¡vaya!, hete aquí que se sentó y empezó a hablar y dijo… ¿qué cosa?
Grita. Salta. Juega. Deja atrás a esos hijos de puta. Ellos nunca vivirán como tú. Anda, hazlo.
Salvo que yo nunca usé las palabras HDP. No estaban permitidas. Mis protestas no superaban el tamaño y la fuerza de un caray. ¡Sigue viviendo!
De modo que coleccioné comics, me enamoré de las ferias ambulantes y las ferias universales y empecé a escribir. ¿Y qué se aprende escribiendo?, preguntarán ustedes.
Primero y principal, uno recuerda que está vivo y que eso es un privilegio, no un derecho. Una vez que nos han dado la vida, tenemos que ganárnosla. La vida nos favorece animándonos y pide recompensas.
Así que si el arte no nos salva, como desearíamos, de las guerras, las privaciones, la envidia, la codicia, la vejez ni la muerte, puede en cambio revitalizarnos en medio de todo.
Segundo, escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es, por supuesto.
No escribir, para muchos de nosotros, es morir.
Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, y que debemos librar aunque más no sea un flojo combate. Al final de cada jornada el menor esfuerzo significa una especie de victoria. Acuérdense del pianista que dijo que si no practicaba un día, lo advertiría él; si no practicaba durante dos, lo advertirían los críticos, y que al cabo de tres días se percataría la audiencia.
Hay de esto una variante válida para los escritores. No es que en esos pocos días se vaya a fundir el estilo, sea lo que fuere.
Pero el mundo le daría alcance a uno, e intentaría asquearlo. Si no escribiese todos los días, uno acumularía veneno y empezaría a morir, o desquiciarse, o las dos cosas.
Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya. Porque escribir facilita las recetas adecuadas de verdad, vida y realidad, que permiten comer, beber y digerir sin hiperventilarse y caer en la cama como un pez muerto.
En mis viajes he aprendido que si dejo de escribir un solo día me pongo inquieto. Dos días y empiezo a temblar. Tres y hay sospechas de locura. Cuatro y bien podría ser un cerdo varado en un lodazal. Una hora de escritura es un tónico. De nuevo en pie, corro en círculos clamando por un par de polainas limpias.
Pues bien: de un modo u otro, de eso trata este libro.
De tomar una pizca de arsénico cada mañana para sobrevivir hasta el atardecer. Y otra pizca al atardecer para sobrevivir y algo más hasta el alba.
La microdosis de arsénico así ingerida lo prepara a uno para no ser envenenado y destruido por entero.
Trabajar en medio de la vida es administrarse esa dosis. Manipular la vida, lanzar brillantes orbes coloridos a que se fundan con los oscuros, mezclar una diversidad de verdades. Recurrimos a la grandeza y hermosura de la existencia para soportar los horrores que nos dañan directamente en nuestros familiares y amigos, o a través de los periódicos y la tele
No hay que negar los horrores. ¿Quién de nosotros no ha visto morir de cáncer a un amigo? ¿Qué familia no tiene un pariente muerto o lisiado por un automóvil? Yo no la conozco. En mi propio círculo el coche ha destruido a una tía, un tío, un primo y seis amigos. La lista es interminable y aplastante si uno no la enfrenta creativamente.
Lo que significa escribir como cura. No completa, claro. Nadie supera del todo el hecho de tener a los padres en el hospital o a la persona amada en la tumba.
No quiero usar la palabra «terapia»; es demasiado limpia, demasiado estéril. Sólo digo que cuando la muerte reduce la marcha de otros, uno tiene que preparar de prisa un trampolín y saltar de cabeza a la máquina de escribir.
Los poetas y artistas de tiempos lejanos sabían muy bien lo que acabo de decir o puse en los ensayos que siguen. Aristóteles lo dijo para los siglos. ¿Lo han escuchado últimamente?
Estos ensayos fueron escritos en distintos momentos, a lo largo de treinta años, para expresar descubrimientos especiales, para servir a especiales necesidades. Pero en todos resuenan las mismas verdades de autorrevelación explosiva y asombro continuo ante lo que el hondo pozo contiene cuando uno se arma de valor y da un grito.
Acabo de escribir esto cuando me llega una carta de un escritor joven, desconocido, diciendo que va a adoptar un lema que encontró en mi Convector Toynbee.
«Mentir dulcemente y probar que la mentira es verdad … Todo, al Fin y al cabo, es una promesa. Lo que parece una mentira es una ruinosa necesidad que desea nacer …»
Y ahora: últimamente he dado con un nuevo símil para describirme. Puede ser de ustedes.
Todas las mañanas salto de la cama y piso una mina. La mina soy yo.
Después de la explosión, me paso el resto del día juntando los pedazos.
Las 6.222 palabras de este artículo tienen como propósito eliminar para siempre de la faz de tu corteza cerebral la creencia errónea de que tú mereces algo o tienes mérito por algo y por tanto deberías recibir un trato especial o mejor que otros en la vida.
Dicho más directamente: pretendo que dejes de ser una llorona. Pretendo que no vuelvas a derramar una sola lágrima por lo que se te debe o por lo que crees que vales o mereces.
Junto con la mentalidad de crecimiento[1] de Carol Dweck, esta anti-creencia y su reverso —la creencia en la libertad individual y la responsabilidad personal por tus actos y resultados en la vida— puede propulsar tu existencia, dotarte de una carácter más aerodinámico e inaugurar un nuevo capítulo vital.
El precio (no pain, no glory): leer, comprender e interiorizar las 6.222 palabras siguientes.
Este artículo contiene prescripciones muy generales para la organización social con el fin de ilustrar y motivar mis prescripciones para el cambio personal. El principio general se aplica en ambos contextos.
Al final del artículo, proporciono referencias y una lista de definiciones. Te recomiendo que juegues al juego de suspender la incredulidad antes de empezar a jugar el juego de la crítica. Me tienes a tu disposición en los comentarios para aclarar, debatir o ampliar cualquier punto.
En los últimos años, en España y otros países occidentales con dificultades económicas, muchos universitarios han acabado sus carreras, obtenido sus títulos y se han encontrado con que no obtenían un puesto de trabajo acorde a su formación, muchos ni siquiera trabajo.
Algunos están reaccionando como el niño consentido al que por primera vez se le niega un capricho: primero el pasmo (“esto no me puede estar pasando a mí”), la sensación de haber sido engañados (“esto no es lo que me habían prometido”) , el enfado (“¡con todo lo que estudié o pagué por mi título!, cuatro o cinco años tirados a la basura…”), y finalmente la ira moral o indignación con el sistema, con la sociedad, ese ente abstracto que debería procurar su bien y que ahora le traiciona (“la sociedad está podrida, hay que cambiarlo todo”).
Escribe el autor de la foto: «Miles de jovenes se han manifestado en Madrid para denunciar el exilio forzoso que estan sufriendo por las politicas de austeridad. Una generación de jovenes que se esta viendo forzada a elegir entre paro, precariedad o exilio.» En flickr: https://flic.kr/p/e9BXbL
¿Cómo es posible que uno de los estratos más privilegiados de la sociedad y con más recursos, que es joven, tiene energía, salud, que ha podido acceder a una educación universitaria, que durante varios años no ha tenido que preocuparse por obtener sus medios de subsistencia y cuyos títulos han sido subvencionados al menos en el 80% en el caso de España [2] por el resto de los ciudadanos del país (incluyendo jóvenes de su misma edad que a los dieciocho años se pusieron a trabajar como camareros, repartidores o albañiles y que pagan impuestos para que otros jóvenes estudien), reaccione de esta manera?
Los argumentos para su indignación o ira moral se reducen a tres, algunos los formulan explícitamente, otros hablan y actúan como si los creyeran :
Yolovalguismo: yo me he esforzado mucho para obtener un título, me dijeron que si lo hacía tendría un trabajo, y ahora no lo tengo o es precario, no está a la altura de mi formación y conocimientos.
Los políticos se han aprovechado de mí. Se han llevado todo. Yo no tengo nada. Ellosson los responsables.
La sociedad debería darme lo que yo deseo, porque yo lo merezco o me lo he ganado.
Porque yo lo valgo. Al primer argumento subyace la idea de que al esfuerzo personal, las largas de horas de estudio en el caso de los estudiantes, tiene valor por sí mismo. Veremos que lo que a uno le cueste algo NO es una medida del valor de ese algo: tu habilidad para pasar exámenes, adquirir conocimientos y desarrollar alguna destreza profesional, te ha costado mucho trabajo; pensemos que es así, ¿por qué piensas que eso tiene valor para alguien más allá de ti mismo?
Llove, ¡porco goberno! El segundo argumento tiene que ver con el lado oscuro de la libertad individual: la responsabilidad. Parece que nadie tiene ninguna influencia en sus circunstancias desfavorables (por supuesto sí en sus favorables), siempre son los otros, los políticos, el sistema, la sociedad, los banqueros, los que generan los problemas y los que por tanto son los responsables.
Un «indignado» poniendo morritos.
Yo lo merezco, me lo he ganado. Respecto al tercer argumento, hay en inglés hay una palabra que define muy bien la mentalidad que rodea al sentimiento de alguien que cree que merece tal o cual cosa: “entitlement” o “sense of entitlement”, la creencia de que uno tiene un privilegio o derecho en relación a algo; por ejemplo, a un cierto nivel de vida o a ser tratado de una manera especial por ser quien es o por algún mérito adquirido.
Pasemos a desmontar uno por uno los tres argumentos.
1. El valor de un bien o un servicio o una habilidad NO se mide por lo que cuesta obtenerlo
En el mundo de los profesionales independientes o trabajadores por cuenta propia, sobre todo en los novicios, se oye muchas veces hablar mal de los clientes que quieren pagar lo menos posible, que buscan chollos, que te piden descuentos, que te hacen bajar los precios. Molestan los clientes que regatean o que son duros negociadores o que se “aprovechan de la crisis” [3] para ofrecer precios más bajos. A veces se les califica de chantajistas.
Muchos hablan de que dedican mucho tiempo y esfuerzo o que se formaron durante largos años para poder ofrecer el servicio que ahora ofrecen y que solo piden un “precio justo”, y se sienten resentidos cuando los precios de mercado no satisfacen sus expectativas.
Es similar a lo que ocurre con los universitarios indignados sin trabajo. Creen que porque algo les costó mucho o les cuesta mucho, el valor para otro ser humano de sus habilidades o servicios también debe ser alto.
Subyace a este razonamiento una teoría errónea de lo que es el valor económico: creen que es algo objetivo que depende del esfuerzo, recursos y tiempo que se puso en su obtención. Huelga decir que la teoría del valor objetivo, específicamente la del valor-trabajo, está desbancada en economía desde hace mucho tiempo, también la del precio justo, que no es más que una moralización de las transacciones económicas de los tiempos de la escolástica medieval.
Este hombre se esfuerza tremendamente, genera respeto, admiración y dolor verle esforzarse. ¿Deberíamos pagarle por ese esfuerzo? En flickr: https://flic.kr/p/9Kqcfx
La creencia que debería reemplazar a la anterior es la siguiente:
El valor de un bien o un servicio es subjetivo, depende de la persona que lo va a disfrutar, de sus preferencias y de las alternativas de las que dispone. No hay por tanto ningún precio justo relativo a ningún bien o servicio o habilidad. El valor es el que la persona o personas que vayan a comprar y usar el bien o servicio consideren. El precio será el de equilibrio entre las partes contratantes en un momento y lugar determinados.
Llevándolo al terreno de los universitarios indignados: es posible que lo que vosotros sabéis hacer, vuestras habilidades académicas o profesionales, tengan poco o ningún valor para otros seres humanos, aunque espiritualmente o culturalmente tengan mucho valor para el que las ostenta . El valor de tu formación (o de cualquier cosa que ofrezcas) no es el que tú crees que tiene, es el que otros seres humanos determinen. El precio o salario que podrás obtener dependerá en última instancia del valor subjetivo que para otros seres humanos tenga lo que tú ofreces y la escasez relativa de tus servicios, y se reflejará en un precio de mercado, que no siempre coincidirá con lo que quieres o esperes.
Señor biólogo molecular (o filósofo estructuralista o cualquier otro universitario con un título de baja demanda), puede que sea decepcionante que las habilidades que tanto te costó adquirir no sean valoradas como te gustaría. Bienvenido al mundo real, estás a punto de salir de tu burbuja autista y empezar a considerar que hay otros seres humanos que valoran las cosas de forma distinta a ti. Es un gigantesco avance en tu proceso de maduración.
2.Tú eres el principal responsable
Martin Seligman, uno de los iniciadores del movimiento de la psicología positiva, el estudio de las condiciones que hacen más posible el bienestar subjetivo (=felicidad), las fortalezas y las virtudes humanas, comenzó su carrera y se hizo famoso por el estudio de la indefensión aprendida [4], una extensión de su interés sobre la depresión.
En su famoso experimento con perros situaba a los animales en una parte de una caja dividida en dos por una pequeña barrera que era fácilmente salvable cuando una descarga eléctrica les era administrada. Los perros aprendían rápidamente cómo evitar las descargas y saltaban de un lado a otro de la caja.
Con un grupo de perros, actuó de forma distinta: les administró descargas eléctricas completamente inevitables en intervalos aleatorios. Al día siguiente, les ponía en la caja anterior con la pequeña barrera. En las nuevas circunstancias, los perros podrían haber saltado y evitado la descarga simplemente saltando, pero sorpresivamente Seligman se encontró con que los animales se quedaban en su lugar, aullando lastimeramente y sin ni siquiera intentar saltar la valla.
Había sido capaz de inducir un estado de indefensión aprendida en los perros, el equivalente a la depresión humana y la creencia asociada de que todo lo que uno haga no tiene efecto en el mundo y por tanto uno está a merced de las circunstancias y factores externos.
Da la sensación de que muchos de los indignados con el mundo son como perros de Seligman que creen que nada de lo que hagan tiene influencia sobre sus resultados individuales, que al final necesitan de un político, burócrata y un decreto gubernamental que les proporcione lo que desean en la vida, sin que sus esfuerzos marquen gran diferencia.
Pero son unos perros de Seligman muy especiales: los resultados de su conducta que no les gustan o satisfacen son causados por los políticos, los banqueros o los malvados especuladores. Los que les gustan, como el aprobar exámenes o acumular conocimientos y habilidades, son exclusivo mérito suyo, nada tienen que ver el resto de los ciudadanos que vía impuestos les pagaron sus estudios.
La libertad para hacer con tu vida lo que mejor consideres (estudiar lo que quieras, por ejemplo), las libertades individuales para que los demás no interfieran con tus decisiones o lo hagan lo menos posible, requiere de un acompañante necesario: la responsabilidad, la capacidad de asumir la autoría de los propios actos y sus consecuencias: las buenas y las malas.
Este acompañante necesario, la responsabilidad, es el que parece estar ausente de las marchas indignadas de mucha gente.
El universitario que estudió filosofía o sociología o biología molecular y se encuentra que no hay demanda para su trabajo, que la industria nacional no necesita tantos especialistas en Heidegger o estructuralistas o expertos en teoría evolutiva. ¿Le engañaron? Hizo aquello que le gustaba, algo por lo que quizá sentía vocación; por supuesto, no se preocupó demasiado en averiguar la probabilidad de rentabilizar esas habilidades. Una vez, más el autismo como actitud ante la vida: tengo libertad para hacer lo que quiera con mi vida, pero después no acepto sus consecuencias, que nadie me va a pagar por hacer lo que más me gusta o que no voy a conseguir un trabajo acorde a mi formación.
3. Para recibir valor de otro ser humano tienes que hacer algo por otros seres humanos
La clase universitaria son la parte cultural e intelectualmente favorecida de la sociedad. En un alto porcentaje en Hispanoamérica y España, y también en el resto de Europa Occidental pertenecen a la clase media-alta y provienen de familias de más elevado nivel cultural.
Muchos universitarios muestran una actitud elitista. No solo parten de una situación en general ventajosa sino que se arrogan privilegios que están vedados para el resto de los ciudadanos. Por alguna razón, es el resto del mundo el que tiene que solucionarles la papeleta y después de pagarles una carrera (sus padres o el Estado) han de proporcionarle un trabajo acorde a sus expectativas.
Si no lo hacen, se frustran, se sienten rebajados porque su nivel es superior al de los trabajos que les ofrecen e incluso muchos no obtienen trabajo (aunque la tasa de paro universitaria es sensiblemente inferior a la de los jóvenes con menor nivel educativo).
A estos sentimientos y creencias subyace una actitud ensimismada, casi solipsista: la única realidad del mundo es la que yo percibo, los únicos problemas son mis problemas. Se les olvida que en una sociedad de libre mercado (yo diría “sociedad libre”, a secas) para obtener valor (retribución, salario, beneficios) has de entregar valor (productos y servicios útiles para otras personas), que nadie debería tener el privilegio de recibir algo a cambio de nada, y que para obtener los recursos materiales que necesitas para vivir el tipo de vida que deseas tienes que esforzarte todos los días por satisfacer necesidades de otras personas.
Has de crear y entregar valor para obtener valor. Y ese valor es juzgado por los que van a pagar y disfrutar del presunto valor, no por ti.
Tienes que comprender a otros seres humanos, tienes que saber lo que quieren, tienes que producir algún bien o servicio que alguien esté dispuesto a comprar y tienes que ofrecerlo a un precio que sea aceptable por el comprador o usuario.
Muchos universitarios, que se creen especiales o con algún derecho a algo por el hecho de haber cursado estudios universitarios, dicen que ya aportan valor a la sociedad.
El problema es que a diferencia de un tendero, un artesano, un electricista o un empresario, no creen necesitar pasar la prueba de creación de ese valor a través del mercado, a través de otros seres humanos que reconozcan que sus habilidades son valiosas y decidan pagar voluntariamente por ese presunto valor producido por el universitario.
Da la sensación de que por ser quienes son, universitarios jóvenes y sobradamente preparados, ya crean valor o han creado valor para el mundo, que el resto de la sociedad les debe estar agradecidos y automáticamente retribuirles sus maravillosas cualidades intelectuales y conocimientos especializados.
La ideología social subyacente: la teoría del merecimiento y la meritocracia
Todas las creencias anteriores que he intentado rebatir se engloban y hacen más tolerables a través de dos posiciones que mucha gente considera justas y que hacen que actitudes elitistas o de búsqueda de privilegios, o simplemente autistas y ensimismadas, parezcan más aceptables: la meritocracia y la teoría del merecimiento.
He ilustrado el concepto con la clase de los estudiantes universitarios indignados. Con toda seguridad he sido injusto con una amplia mayoría de universitarios, que no corresponden al prototipo del universitario indignado, consentido, elitista y autista. Pero son tics que muchos compartimos en mayor o menor medida.
El ejemplo de los universitarios pagados de sí mismos es un síntoma de un fenómeno o ideología social más amplio.
La meritocracia se basa en la creencia de que debemos ser retribuidos con dinero, reconocimiento o cargos en las organizaciones empresariales o públicas según los méritos que hayamos hecho.
En la antigua Grecia, se hubiera hablado de aristocracia o gobierno de los mejores [5]. Platón, por ejemplo, consideraba la república aristocrática como el mejor sistema de gobierno para el hombre.
Platón defendió la aristocracia, el gobierno de los mejores. Presentó el modelo de Rey-filósofo, el gobierno de los sabios.
Más adelante, la aristocracia se ha visto como un gobierno de gente privilegiada, de la clase aristocrática; si bien al principio la aristocracia tenía que ver con méritos guerreros o servicios extraordinarios recompensados por el rey o monarca, al transmitirse los títulos nobiliarios por herencia, el carácter de «gobierno de los mejores» perdió su naturaleza originaria.
Es por eso que hoy en día se prefiere hablar de meritocracia, en vez de aristocracia, y asociarla a las cualidades personales, el talento, la habilidad intelectual, la inteligencia, el esfuerzo o las pruebas superadas; o se habla más en general de merecimiento y se hace depender además de méritos morales definidos ampliamente o la pertenencia a grupos desfavorecidos históricamente o con especiales dificultades (mujeres, homosexuales, gente con minusvalías, etnias presuntamente marginadas, etc.). De esta manera, la teoría del merecimiento se convierte en un cajón de sastre de muchos tipos de merecimiento que se usan para legitimar el tratamiento especial o diferenciado a determinadas personas o grupos sociales.
¿Qué problema encuentro con la meritocracia y el merecimiento?
A pesar de su buena prensa, creo que la meritocracia y la teoría del merecimiento son contraproducentes, tanto en el nivel personal como en el de organización social. ¿Quién decide quién tiene mérito o quién se lo merece? ¿Quién determina cómo hay que retribuir el mérito?
No digo que desde un punto de vista moral no exista mérito o merecimiento. Todos hacemos juicios de esta naturaleza con nosotros y los demás, pero estos juicios tienden a estar sesgados: hacia nuestra particular visión del mundo, los valores que preferimos o la gente por la que sentimos más simpatía.
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Según mi particular teoría del merecimiento, esta chica tiene mucho mérito, un buen par de talentos y se merece un puesto muy bien remunerado junto a mi despacho. ¿Me lo sufragas tú y la contrato? Venga… si ella se lo merece… además, también es licenciada en biología molecular…y aquí tienes a la pobre limpiando inodoros. https://flic.kr/p/yotk4
Por ejemplo, considero que un chico que viene de una familia de clase baja y con mucho esfuerzo y estudiando por las noches mientras trabaja por el día tiene más mérito que uno de clase acomodada que también estudia pero solo tiene que preocuparse por el lugar al que va a ir a esquiar en las vacaciones de Navidad. También creo que se merece más ser un profesional de éxito aquel que ha consagrado su vida al cultivo de su profesión que aquel que ha llegado a una cierta posición por frecuentar un elitista club de golf y conocer al consejero delegado en la empresa que le contrata o por haber compartido pupitre en un elitista colegio privado.
¿Pero podríamos organizar una sociedad en función del mérito o el merecimiento? ¿Sería conveniente? La respuesta a ambas preguntas es NO.
Primero. Cada persona tiene una idea de lo que es mérito y lo que es merecimiento; solo podría organizarse la sociedad si una particular visión del mérito o el merecimiento se impusiera a los demás.
Segundo: tampoco sería conveniente. Cuando tú compras o haces uso de un bien o un servicio producido por una persona u organización o contratas a un empleado no te importa o no puedes saber si el productor o el empleado pasó largas horas produciéndolo o si tuvo una infancia difícil o si estudió mucho cuando era joven; lo que te importa es que obtengas una satisfacción de ese bien y el empleado sea un trabajador productivo y fiable.
En caso de igualdad de valor recibido, elegirás probablemente el que menor coste tenga, el que produzca más eficientemente el bien o servicio que quieres disfrutar; también contratarás el empleado que esté dispuesto a trabajar por lo mínimo proporcionando la misma calidad en su trabajo y el que sea más fiable (y es posible que consideres más fiable aquel que pertenece a tu círculo social y comparte tus valores).
¿Hemos de pagar por la utilidad real de lo que se produce u ofrece o por el mérito y el merecimiento?
Si lo hacemos por lo segundo, no creamos incentivos para que se produzca lo que más satisfaga a las personas . Además, nadie está dispuesto a pagar por cualidades morales o circunstancias personales, solo pagará en función de lo que obtiene. Una vez más, necesitaríamos imponer a las personas precios arbitrarios que jamás pagarían si no fuera por la obligación legal establecida por el poder de turno.
Tercero. Si tú crees que alguien merece algo o tiene algún mérito, y estás dispuesto a pagar a un determinado tipo de personas con exclusión de otras sin importar el coste o la calidad del servicio, estás en tu derecho de dirigir tus recursos monetarios a las personas que desees comprándoles a ellos o contratándoles preferentemente o efectuando donaciones o favores personales que mejoren sus circunstancias.
En el caso anterior de la empresa que contrata directivos amigos del colegio o del club de golf, el consejero delegado en ejercicio de la libertad de empresa está legitimado para contratar como directivos solo a hombres de raza blanca, de ideología conservadora y de su círculo social de clase alta; si esa política es ruinosa para su empresa serán los accionistas los que se encargarán de pedirle cuentas, no el moralismo o el decreto de un gobierno o la presión de una asociación feminista.
De la misma manera, si tú tienes un cargo de responsabilidad en una empresa con propietarios preocupados por la «justicia social», el «comercio justo» y los «pueblos oprimidos», puedes dedicarte a contratar solo minúsvalidos, feministas con licenciaturas en estudios de género y másteres en patriarcado o gente de bajos recursos económicos.
El mercado, los compradores con su voto monetario, harán que esa empresa sea rentable o no lo sea, y sus accionistas decidirán si quieren seguir invirtiendo su dinero —incluso incurriendo en pérdidas— para promover sus ideas de justicia social o protección de los desfavorecidos u otras gentes con especiales merecimientos. El resto de la gente no debería interferir con esas decisiones libres de propietarios y consumidores.
¡Contrata solo feministas si quieres! Seguro que son fabulosas… pero no me obligues a mí… Flickr: https://flic.kr/p/4954V8
Lo que discuto aquí no es tu juicio moral o el mío sobre lo que determinadas personas o grupos merecen —si el tuyo o el mío son los correctos—, sino si estamos legitimados para imponer a otras personas o empresas nuestros juicios, o si a través del Estado hemos de obligar a unos a que favorezcan a otros; por ejemplo: que los ciudadanos vía impuestos tengan que subvencionar trabajos bien renumerados para los universitarios que acaban la carrera en España.
Mi tesis principal en este artículo es que cada persona, como individuo o en asociaciones voluntarias, debería administrar sus particulares teorías de la meritocracia y el merecimiento y no imponerlas coactivamente, de forma legal o de otras maneras, a aquellos que no las comparten.
¿Es útil que yo piense en mi vida, logros y relaciones personales en términos de merecimiento o mérito?
Ahora pasamos a la dimensión meramente personal –de organización individual de la propia existencia– de la teoría del mérito y el merecimiento.
Iván Entusiasmado[6] lo explica muy bien en uno de sus artículos. Todo lo que he argumentado sobre la imposibilidad o ineficiencia de organizar una sociedad en función del mérito o el merecimiento, lo aplica a la esfera de la acción personal.
Es aquí donde se ve que ninguno de nosotros, incluso los supuestamente más indignados y defensores de los pobres, los marginados o los estudiantes sin trabajo, actúamos en las relaciones con otros seres humanos en función del merecimiento o el mérito. Todos los seres humanos casi siempre, casi todo el tiempo, actuamos en función de nuestros intereses. No entro en si me parece bien o mal, solo digo que está es la realidad. Si no te gusta, cambia de planeta. Mejor, de universo.
[…]Tú no quieres quedar a cenar con la chica que más lo merece, quieres quedar con la chica que más te gusta. Tú no quieres irte de viaje con el hombre que más lo merece, sino con el que más te atrae. Tú no trabajas para la empresa que más merecería que trabajaras para ella, sino para la empresa que más te paga. Tú no vas a veranear al lugar que más lo merecería, sino al que más te atrae.
Ciertamente, hay ocasiones en que hasta el más pragmático de nosotros siente que está en su interés por emoción, por pena o por otro mecanismo psicológico hacer las cosas por las personas porque lo merecen o tienen un mérito especial (por ejemplo, porque han sufrido o sufren mucho o han hecho un determinado esfuerzo), pero eso solo te incumbe a ti, no puedes obligar a los demás a que sientan o actúen como tú.
[…] Quizá a veces puedas actuar por pena. Quizá a veces vas a un restaurante que te da lástima porque están pasando dificultades, o a veces acompañas a un amigo que te da pena porque lo pasa mal, pero eso pasa muy pocas veces. La mayor parte de las veces, haces lo que más conveniente te resulta a ti.
Por último, Entusiasmado recalca la teoría subjetiva del valor que apunté arriba: el valor de cualquier cosa que entregas es lo que considera quien lo recibe, no lo que te ha costado ni siquiera lo que tú crees que vale:
[…] Como las personas te darán en función de lo que les interese, tú has de darle a los demás lo que necesiten.
Porque lo importante respecto a los demás, tanto da que sea amor, amistad o relaciones sociales, es lo que ofreces. Puedes ofrecer muchas cosas: diversión, satisfacción de necesidades sentimentales, apoyo, conocimiento. Pero sea lo que sea te has de centrar en ofrecer valor a los demás. El valor que ellos desean recibir.
Lo más razonable, por tanto, es que si quieres que te vaya bien en tus relaciones con otras personas es que no exijas lo que crees merecer o aquello para lo que tienes mérito, sino que te esfuerces por detectar las necesidades de otras personas, amigos, familia, amantes, jefes, y las satisfagas de la mejor manera para así a cambio obtener en reciprocidad también tú valor entregado por ellas en un intercambio libre y voluntario.
No vayas por ahí diciendo que el mundo te debe los medios de subsistencia. El mundo no te debe nada. Estaba aquí antes que tú.
—Mark Twain
¿Cómo te suenan estos argumentos en defensa de la autonomía y la responsabilidad personal? ¿Fuera de lugar? ¿Tienen o no sentido psicológico según tu experiencia? ¿No conoces a nadie cercano que actúe en la vida según sus intereses?
¿Tú quieres a tu novia solo porque se lo merece, hace obras sociales y acumula muchos méritos? En flickr: https://flic.kr/p/ca6u7E
¿Tú quieres a tu novia porque se lo merece o tiene gran mérito o porque tiene las cualidades físicas y psicológicas que más gratas te resultan? Si te gusta una chica, ¿la intentas persuadir para que esté contigo y te conceda sus favores y amistad o bien la obligas a que te dé lo que mereces?
Si en la esfera de la acción personal, es obvio que nadie debe obligar a nadie a aceptar nuestras particulares opiniones sobre quién merece qué y quién tiene tal o cual mérito, y ninguna persona civilizada usaría la fuerza para ello, ¿por qué nos cuesta tanto extrapolar este comportamiento tan razonablemente moral a la sociedad en general?
Con independencia de los argumentos morales, políticos, económicos, es conveniente que en la esfera personal nos conduzcamos COMO SI tuviéramos libertad de acción, no absoluta, pero sí sustancial, y COMO SI los resultados de nuestros actos fueran nuestra responsabilidad
De otro modo, nuestra probabilidad de tener una buena vida se reduce o se hace dependiente de la buena voluntad de otras personas: correríamos el peligro de convertirnos en animales siempre temerosos de recibir la siguiente descarga eléctrica del capitalista, el banquero o el político de turno, aullando, quejándonos y anegándonos en el resentimiento y con la única esperanza de que apareciera un dictador benevolente –democrático o no– que nos arreglara la vida.
Nuestra libertad de acción siempre estará limitada por los recursos personales y económicos de que disponemos, el efecto de nuestros actos dependerá del azar y de otros factores, pero si no creemos en la libertad individual para elegir y en nuestra responsabilidad en las cosas que nos pasan en la vida, estamos perdidos, inermes, como los perros de Seligman, incapaces de saltar la barrera que nos conduzca a una mejor vida.
Los que no tienen éxito económico en la vida no carecen (necesariamente) de mérito o de merecimiento
Volvamos al tema inicial de los universitarios indignados porque la sociedad, el gobierno, los ciudadanos a través de sus impuestos, o las empresas NO les faciliten la vida y les proporcionen el tipo de trabajo e ingresos que ellos desean.
Hay que añadir un elemento que a veces se olvida cuando se argumenta a favor de la libertad individual y la responsabilidad personal:
Los que tienen éxito en la vida, viven bien yganan mucho dinero legalmente no siempre se lo “merecen” (según muchas teorías del merecimiento), no siempre se han esforzado para ello o no más que otra gente honrada con resultados más mediocres .
Al contrario, muchos de los que tienen éxito económico o consiguen trabajos que les satisfacen es porque proceden de buenas familias, han tenido padres que han intentado proporcionarles la mejor educación a su alcance, han gozado de salud y no siempre se han esforzado más o han sido mejores personas que otros a los que no les ha ido tan bien. Muchos han tenido simplemente suerte, gente con igual o más talento no la tuvo y quedó relegada. Y muchos disfrutan de un nivel de vida superior por el patrimonio recibido por herencia y los contactos familiares.
El éxito económico y la felicidad dependen de muchísimos factores, muchos incontrolables. No podemos prever todo el futuro ni el resultado de nuestros actos, y luchando y trabajando mucho podemos fracasar económicamente. La mala suerte, la enfermedad, las circunstancias influirán en el resultado final.
Por eso, es un error pensar que si alguien toma malas decisiones en la vida o le va mal o no encuentra trabajo o no el trabajo que desea y le satisface más es porque no ha sido responsable, no se ha esforzado, no ha sudado sangre para vivir de otra manera. Puede que sea así y puede que no.
El mercado NO SIEMPRE RECOMPENSA el talento , el esfuerzo o el mérito, y mucho menos la bondad u otras cualidades morales deseables. Pero sí que obliga a todos los agentes a satisfacer necesidades de otros seres humanos, aunque sea buscando exclusivamente el provecho propio.
En síntesis, el mercado es estructuralmente altruista [7], aunque las personas que lo componen no lo sean: te obliga a aportar valor a otros seres humanos, lo desees o no, porque esa es la única forma de que tú obtengas a cambio valor en una transacción voluntaria. Si no entregas valor percibido así por otro ser humano, no recibirás tampoco valor.
Los defensores de la libertad individual y la responsabilidad personal como principios de la organización social se equivocan cuando enfatizan que el éxito se obtiene por personas virtuosas, talentosas y esforzadas, porque indirectamente están implicando que el fracaso personal y económico es el resultado de una personalidad blanda o de la falta de mérito, esfuerzo o talento.
Este hombre se está esforzando mucho y es una excelente persona, pero probablemente no ganará el campeonato del mundo de halterofilia (ni el de su barrio) En flickr: https://flic.kr/p/9gCJxH
Si los defensores de la libertad individual suponen lo anterior, como se entiende implícitamente en muchos discursos liberales y conservadores, al enfatizar que el rico se lo merece y tiene todo el mérito, se corre el riesgo de convertir en resentidos a los perdedores en la carrera del estatus y el éxito social económico: pocos soportaríamos sin rebelarnos el fracaso, el bajo nivel socioeconómico, la insatisfacción con nuestras vidas, si además se nos calificara de perezosos, de carentes de talento o de viciosos sin carácter, aunque fuera verdad: sería incompatible con la autoestima y la autoimagen.
Trazando un paralelo en el terreno de las relaciones personales: si a pesar de todos tus esfuerzos por tener una matrimonio feliz con una mujer agradable, las cosas no resultan, no hemos de pensar que eres un tipo que no se ha esforzado o que no sirves para las relaciones humanas o que tienes la desgracia matrimonial que te mereces.
Consideraríamos que es mejor que te sientas responsable de tu vida y tus decisiones personales porque eso te da más posibilidades de intentar con éxito una segundo matrimonio o relación sentimental, nunca deberíamos decirte que has fracasado porque no te mereces nada mejor o no hiciste mérito alguno.
A modo de conclusión
En el caso con el que empezamos al principio del artículo, el universitario que eligió biología molecular como vocación sin tener en cuenta o prediciendo mal las salidas laborales, estudió lo que quiso, fue feliz durante cuatro o más años, haciendo lo que quería.
Ahora se encuentra sin trabajo y tendrá que emigrar fuera de España o trabajar en trabajos que no le satisfagan el resto de su vida.
Él es el responsable, él lo eligió libremente entre las opciones que se le presentaron (no todas las que querría). Pero eso no le vuelve en una mala persona ni en un descerebrado: quizá la carrera tenía muchas salidas laborales cuando empezó y ahora con la crisis económica no tiene perspectiva alguna en España.
La libertad para hacer lo que quieras con tu vida dentro de tus posibilidades (sin interferir coactivamente en las vidas y planes de los demás) y la responsabilidad de asumir las consecuencias de los actos son elementos constituyentes de una filosofía política y moral que no es una panacea: no garantiza la felicidad de todos y cada uno de los seres humanos, ni la igualdad de oportunidades para todos ni mucho menos de resultados, si es que eso fuera importante para ti, pero al menos permite organizar la vida en sociedad de una forma digna, pacífica y respetuosa con la propiedad privada y las decisiones de los individuos.
Esta filosofía político-moral es también una buena opción personal, si quieres tomar las riendas de tu vida y hacer lo que esté en tus manos por mejorarla.
Es una buena opción porque te potencia, te orienta a la acción, mitiga las quejas y la actitud autocomplaciente a la que todos somos propensos, y dirige tus esfuerzos de forma empática para satisfacer las necesidades de otros seres humanos, lo que es una de las pocas formas legítimas de animar a que alguien decida también satisfacer las tuyas.
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Referencias
[1] Mentalidad de crecimiento. Concepto acuñado por la psicóloga Carol Dweck, especialista en teorías del yo. Se opone a la mentalidad fija.
[5] Entrada en wikipedia sobre la Aristocracia. En inglés. «Modern depictions of aristocracy tend to regard it not as a legitimate aristocracy (rule by the best), but rather as a plutocracy (rule by the rich).»
[6] Blog de Entusiasmado. Aplica la teoría del valor subjetivo y los intercambios voluntarios a las relaciones personales.
[7] «El capitalismo es estructuralmente altruista«: frase de Juan Ramón Rallo. Yo he usado una variante: «El mercado es estructuralmente altruista». Extracto Video de 1m33ss de Juan Ramón Rallo en conferencia Egoismo, altruismo, capitalismo y bien común. Video completo de 50m32ss.
Mercado: conjunto de personas, empresas e instituciones que intercambian libremente, bienes, servicios, trabajo y capital. Es decir, la gente comerciando libremente, sin más imposiciones o coacciones que el marco general establecido por leyes generales de obligado cumplimiento.
MercadoS: mercado. La gente tomando decisiones libremente, sin coacción.
Libertad individual: libertad de hacer lo que uno quiera con sus recursos personales y económicos sin interferencia de terceros y sin interferir a su vez en la libertad de los demás para hacer lo mismo.El sistema legal marca los límites de la propiedad, que son en gran parte los límites de la acción personal.
Este tipo de libertad NO es una libertad para hacer cualquier cosa que me gustaría hacer o satisfacer cualquier necesidad o deseo que pueda tener, por básico que me pueda parecer, tampoco es una garantía de que lograré lo que quiero en la vida.
Es una libertad para hacer lo que pueda dentro del límite de mi autonomía personal y propiedad sin ser bloqueado coactivamente por otros seres humanos.
Si introduces tu email en la esquina superior derecha de esta página recibirás cómodamente en tu correo artículos sobre minimalismo existencial y productividad personal que cambiarán tu vida.
Cuando Homo Mínimus me propuso escribir aquí, casi me pongo a dar saltitos de alegría: soy fiel seguidora desde hace años. Este blog y su autor tienen el mérito de atraer mi atención por tantos años, de mantenerme atenta a sus movimientos y, hasta que le conocí en persona, de mantenerme haciéndome la pregunta «¿Cómo es una persona que vive de este modo?». Si bien comparto el estilo de vida minimalista, aunque yo estoy a medio camino entre la simplicidad voluntaria y el minimalismo, lo que me ha mantenido atrapada aquí ha sido el modo de funcionar del cerebro de este hombre, tan racional y metódico y tan creativo a la vez.
Confieso públicamente que le estoy estudiando.
Una de las cuestiones que tengo claras desde el principio es que no es casualidad que aquí confluyan minimalismo y creatividad. En mi opinión una cosa lleva a la otra y da igual por donde se empiece: se puede ser creativo y acabar siendo minimalista (es el camino habitual) o se puede ser minimalista y acabar siendo creativo. En este artículo me gustaría hablar de esta última opción, el minimalismo como detonante para descubrir la creatividad.
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La idea esencial es que una vida demasiado llena conlleva una mente más vacía. Todos y cada uno de los bienes que adquirimos, las actividades que realizamos y las personas con las que nos relacionamos implican una inversión de recursos materiales, de tiempo y de energía que no vamos a tener disponible para otras cuestiones que también nos interesan, hasta que un buen día nos encontramos diciendo que no tenemos tiempo para hacer todas aquellas cosas que son las que quisiéramos hacer de verdad. Tener un coche significa buscar aparcamiento, acordarse de ponerle gasolina, llevarlo al taller… y tantas otras cuestiones que se comen el dinero (y como consecuencia dedicaremos más tiempo a conseguirlo) y el tiempo en sí. Lo mismo pasa con las actividades y las relaciones. Además la mente se llena de estas preocupaciones y recordatorios, interfiriendo en el estado mental relajado que lleva a las buenas ideas. En cambio, vaciar la vida y la mente de estos añadidos innecesarios deja el espacio físico y mental para que las ideas esenciales puedan encontrarse y formar nuevas combinaciones. No se trata de eliminarlo todo, sólo lo innecesario (que es muchísimo más cuantioso que lo necesario y lo valioso).
Una mente llena conlleva una vida más vacía de florituras, adornos, preocupaciones, compromisos y convenciones sociales. Tenemos el ejemplo de muchas grandes mentes que simplificaban de la manera más drástica posible sus preocupaciones innecesarias, usando siempre el mismo tipo de ropa, encargando a otros las tareas banales si se lo podían permitir, etc. Yo misma, cuando me encuentro en fase de alta inspiración y trabajando intensamente en un proyecto, simplifico las demás ocupaciones hasta el punto de vivir durante varias semanas comiendo sólo hervidos y cocidos, que es la única fórmula que he encontrado de cocinar sin quemar las cacerolas cuando estoy en esa fase (e incluso así, se me queman alguna vez). Este es el camino habitual, el camino que va desde la creatividad al minimalismo.
Veamos ahora el camino inverso, el de despejar la vida para llenar la mente. Lo cierto es que una cosa lleva a la otra, como decía antes, en ambas direcciones. Si tu mente está tan llena de tareas, bienes, actividades, relaciones, obligaciones y preocupaciones, de lo que se trata es de hacer este camino inverso para llegar al estado de las grandes mentes antes mencionadas. Si decides llevar una vida más creativa, lo primero sería vaciar tu vida hasta dejarla con lo mínimo necesario, para la simple supervivencia sin ningún capricho. Calcula las mínimas horas necesarias de trabajo remunerado (los mínimos gastos ordinarios también), el mínimo espacio necesario para vivir, la vida social mínima necesaria y las actividades de ocio y esparcimiento necesarias (uf, aquí la tele cae seguro de la lista).
Una vez hecha esta limpieza, si tienes el valor de hacerla, deja que corra el aire, sin miedo al vacío y permitir que de ese silencio vital surjan aquellas cosas valiosas. Las cosas valiosas son las que, aunque no son estrictamente necesarias, te alimentan la mente y el alma. Por ejemplo para mí serían unas pocas personas a las que quiero de verdad tal como son, un gato, la escritura y la lectura, Internet como biblioteca, alimentos vegetales sabrosos, dibujar por dibujar, una buena herramienta/máquina para crear, una manta para el sofá y el chocolate negro. Por cierto, te sugiero que hagas un collage con imágenes y palabras de todas esas cosas que son valiosas para ti, sería tu collage del bienestar. En los momentos bajos, cuando tu mente se haya ido por las ramas y pierdas el norte, puedes mirarlo y comprobar que, en realidad, lo valioso lo tienes incluso en los peores días; te sentirás bien recordando las cosas que amas y viéndolas ante ti todas juntas.
Por último, desde este vacío externo, mira toda la abundancia que tienes dentro: recuerdos, conocimientos, percepciones… todo esto que conforma tu punto de vista único. Escribe sobre estas cosas. Cuando te entre miedo al vacío, escribe sobre alguna cosa al azar. Por ejemplo ¿qué es lo primero que viene a tu cabeza si piensas en una pipa, o cuál es tu primer recuerdo sobre este instrumento o cuántos recuerdos dispares tienes relacionados con una pipa? Escribe y recupera todo lo que hay en ti, lo olvidado bajo un montón de información y actividades que has estado recibiendo a diario. Recupéralo sin ningún fin en especial, sólo por recorrer tu paisaje personal y hacerte consciente de éste: es tuyo, único, original, es tu materia prima para crear. Practica esto a diario en tu nueva vida despejada de florituras y pronto verás como tu creatividad viene a ti, sea cual sea el campo en el que te quieras desenvolver.
Este camino no sólo sirve para iniciarse en la creatividad, sino también para salir de los atascos en los que te puedes encontrar (conocidos como bloqueos) que no son más que ausencia de foco, dispersión y una vida demasiado recargada. Recuerda, una vida demasiado llena, vacía la mente de ideas valiosas.
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Este es un artículo invitado de Anca Balaj. Es escribujante y entrenadora en creatividad para niños y adultos. Puedes leer sus estupendos artículos , conocer sus libros, leer sus minicuentos y contratar sus servicios en su blog. También puedes escuchar su minicuento El secreto de la felicidad narrado por Homo Minimus.
Tras el excelente primer artículo sobre Cómo leer un libro con atención plena de Rafael Tejado, he seguido indagando sobre el arte de leer, y poco a poco he ido descubriendo más ideas que refuerzan y amplían mi técnica de lectura.
Conozco gente que «lee» muchísimo, libro tras libro, letra tras letra, pero a lo que yo no calificaría de «bien leída». Aunque es indiscutible que poseen una masa de «conocimiento» , su cerebro es incapaz de organizar y registrar el material que han introducido en él. Carecen del arte de diferenciar lo que es valioso para ellos en un libro de lo que no tiene valor…
—Abraham Lincoln.
La esencia de la lectura está en la creación de mapas mentales o modelos del mundo con la ayuda de otra persona que se expresa por escrito. La comunicación a través de signos en una superficie plana es lo más parecido a la telepatía o transmisión del pensamiento entre seres humanos.
Es posible coleccionar una masa ingente de detalles desconectados unos de otros o débilmente integrados. El problema de base, tal como apunta Lincoln al final de la cita, está en que no han decidido inicialmente por qué leen y para qué leen.
Si no decides cuál es tu norte antes de tomar un libro, qué es lo que buscas, no puedes localizar lo que es valioso o no. Y nadie puede decidirlo por ti porque lo que es relevante es relativo a tus fines, proyectos y el conocimiento del que ya dispones.
Pues leer no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin…
—Nicolás Maquiavelo
Esto es algo que solemos olvidar. Leer no es bueno por sí mismo. De hecho, a mucha gente le vendría bien leer menos o mucho menos, como es mi caso. Para muchos, leer puede ser una actividad meramente lúdica, y eso está bien, porque el fin es pasarlo bien, pero también puede ser una especie de ritual intelectual con el que creemos invocar al espíritu del conocimiento para que nos riegue con sus dones.
El consejo sobre lo bueno que es leer debería ser modificado. No vale leer cualquier cosa (“hay que leer lo que sea, aunque sean etiquetas de champú”, dicen algunos), tampoco vale leer de cualquier manera.
Hay muchos otros medios de obtener información que pueden ser más útiles y satisfactorios: charlar con un amigo, iniciar un proyecto creativo personal o simplemente agudizar los sentidos para ser un mejor observador del mundo.
Y es así que mucho nos embarcamos en lecturas pasivas interminables que no añaden más que palabrería en nuestra mente y no contribuye a ningún fin más que una mejor imagen de nosotros mismos.
Cuando el conocimiento que ha alcanzado de este modo está correctamente coordinado dentro del cuadro ya existente de uno u otro tema creado por la imaginación, obra como un correctivo o un complemento, perfeccionando así la exactitud o la claridad del cuadro…
sólo este tipo de lectura tiene un sentido y un propósito .
—Julián Marías, filósofo español
Cuando se lee activamente, con las técnicas para promover la atención plena que nos recomendó Rafael, estamos comparando y actualizando constantemente nuestros mapas mentales con la nueva información que nos proporciona el autor del libro.
Estamos en el mundo del autor y estamos en nuestro mundo, establecemos una conversación con el texto, como si fuera un buen amigo y en el camino enriquecemos nuestro conocimiento.
El que domina el arte de la lectura correcta se da cuenta al leer un libro cualquiera, una revista o un folleto, instintiva e inmediatamente, de todo lo que en su opinión merece la pena recordar de forma permanente, bien porque es adecuado para sus propósitos o bien porque merece la pena saberlo de un modo general
He procurado leer de la forma correcta desde mi primera juventud, y me he visto felizmente apoyado en esta conducta por mi memoria y mi inteligencia. Mi periodo de Viena fue, en este sentido, especialmente fecundo y valioso.
—Adolf Hitler en Mein Kampf
La actitud de Adolfo de leer de forma correcta, no inconsciente, seleccionando lo que interesa para los proyectos personales, ignorando el resto, es digna de elogio. Es un buen ejemplo de lectura con intención unida a la seguridad en recoger los frutos de ella.
Sesgo de confirmación
Cuando uno tiene una teoría y empieza a creer en ella, casi mágicamente aparecen datos, observaciones y argumentos que lo confirman. Son como moscas que se pegan al papel pegajoso de la creencia y que no hacen más que aumentar su peso. Cuanto más creemos, más nos confirmamos, y más creemos, y más nos confirmamos, hasta que la creencia se convierte en una creencia automática y tan intuitiva que dejamos de pensar en ella como discutible y sujeta a modificación.
Por eso, quizá en los últimos días he encontrado tantas citas que refuerzan mis ideas sobre una buena forma de leer, incluyendo la de Hitler.
Un curioso personaje: Richard Feynman, autor de libros autobiográficos como: ‘Seguro que está de broma, Mr. Feynman’ o ‘¿Qué te importa lo que piensen los demás?’
Richard Feynman, el premio Nobel de Física, decía que una teoría científica es como una mujer de la que te enamoras: al principio solo ves sus virtudes y belleza, aumentas el compromiso y decides casarte.
Tras la luna de miel, empiezas a encontrar sus inconsistencias (ya no es siempre tan comprensiva), sus defectos (su charla siempre tan sensata o intelectual ahora te parece monotemática o aburrida), pero ya es tarde porque estás casado con ella y hay demasiado en juego, es difícil dar marcha atrás.
Si lo hicieras, sería como reconocer que estabas equivocado desde el primer momento, así que reprimes la conciencia de estos defectos y los niegas (lo peor) o los aceptas y les otorgas un peso relativo no muy grande (lo mejor), considerándolos como propios de una persona de carne y hueso, igual que tú, con sus imperfecciones y contradicciones.
Es por esto que se suele decir que la ciencia no avanza por evolución sino por defunción, de funeral en funeral, cuando los científicos comprometidos con un determinado paradigma o sistema teórico fallecen y dejan paso libre a los más jóvenes, que todavía no se han comprometido por completo con ninguna idea y tienen espacio mental suficiente para inventar nuevas.
Lo racional, una vez que tuviéramos una teoría sólida, sería buscar los datos o hechos que refutan nuestras creencias, para ajustarlas convenientemente. Esta es la lógica de la investigación científica según Karl Popper: conjeturas + intentos de refutar las conjeturas iniciales para llegar a una verdad más aproximada o más grande, que mejor se ajuste a los hechos.
Sería estupendo que este proceso se pudiera producir en cada una de las mentes, pero es más habitual que la conjetura y la refutación se produzcan en mentes distintas, que necesitemos habitualmente una segunda mirada, más crítica y menos comprometida, para señalarnos los errores.
Disonancia cognitiva
En el caso de la mujer con la que estás comprometido y muestra un atisbo de imperfección, el desajuste es rápidamente olvidado o desestimado, a menos que la evidencia se acumule o se haga intolerable. Lo normal es que hagamos la vista gorda y sigamos comprometidos y sigamos con nuestras vidas en común.
Los psicólogos llaman disonancia cognitiva a este fenómeno de desajuste entre nuestras creencias: “mi mujer tiene tal o cual defecto” y nuestra conducta y sentimientos: “vivo con ella, la quiero y deseo seguir viviendo siempre con ella”. La disonancia genera una tensión mental que lleva a su resolución: o bien eliminas o escondes o debilitas la creencia perturbadora , o bien dejas de sentir tanto amor y dejas a tu pareja; lo normal es lo primero, que adaptes tus creencias a tu conducta y sentimientos.
En el caso de la cita de Hitler, a diferencia de las otras citas, la disonancia o desajuste entre lo que creemos sobre la lectura y la frase de alguien que no nos cae simpático (por decirlo de manera extremadamente suave) es mucho mayor. Si este dictador cree en algo como “la forma de leer correcta” es que su forma de leer correcta no tiene nada que ver con la mía o si coincide en algo, tendría que poner en duda si mi forma es verdaderamente la correcta.
Esto es lo que sentí hace dos días cuando releía y hojeaba Mein Kampf de Adolf Hitler: me encontré con la frase que he citado y pensé lo que acabo de comentar: que su sistema no tendría nada que ver conmigo o que si tenía que ver, seguro que había algo equivocado.
Pasadas unas horas, me di cuenta de que no estaba siendo racional, que estaba usando un argumento ad hominem, descartando una idea solo por su origen, por la persona que la presentaba, no por las pruebas o evidencia empírica y argumentos lógicos que la sustentaban.
En este caso, es un argumento ad hitlerum, pues el sujeto con el que asocio la creencia que empiezo a poner en duda (la conveniencia de la lectura de acuerdo a los propósitos personales “egoístas”) es Hitler, y “está claro que todo lo que defienda Hitler tiene que estar equivocado o ser sospechoso”.
Variantes de argumentos ad hominem y ad Hitlerum se usan todo los días: a mí me dicen que estoy loco o que soy un inmaduro, y con eso intentan desactivar mis aplastantes argumentos en los debates.
El cantante Daddy Yankee, cuando recibió una crítica del director de la orquesta sinfónica de la República Dominicana sobre el contenido violento de las letras del Reggaetón, respondió con este comentario:
“Si la música urbana es un veneno para la sociedad, la música clásica entonces es peor, partiendo de que la música que prefería Adolfo Hitler era la clásica.»
Al calor de estas observaciones escribí un tuit semi-polémico :
«Estoy releyendo Mein Kampf y me doy cuenta de que Hitler tenía ideas muy válidas»
Mis seguidores en twitter son gente de mente abierta, generalmente civilizada, y no protestaron (o bien no lo leyeron), pero uno de ellos, @greennybryant, no pudo menos que decir, quizá temiendo por mí:
‘Decir eso en Twitter es como pegarte un cartel en la frente que ponga “matadme” ’
Soy consciente de que defender ideas razonables que vienen de mentes irrazonables o malvadas no es popular, pero una buena idea no debería ser contaminada por quien la profiere.
Finalmente, porque no podía soportar tanta tensión, vencí la disonancia cognitiva entre mis sentimientos sobre el personaje histórico alemán y mis ideas sobre la forma de leer correctamente y con aprovechamiento a través de la reafirmación de otra creencia: “Ser malo no es ser estúpido”. Y también: «ser estúpido no convierte automáticamente en estúpido todo lo que dices o haces».
Esto me permitió disolver la disonancia y seguir con mi vida y mis esfuerzos por encontrar una forma de leer más provechosa, aunque en algunos elementos siga compartiendo las ideas de Adolfo Hitler.
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PD: todas las citas sobre el arte de leer eran de Hitler, las puedes encontrar desperdigadas en Mein Kampf. Las atribuí falsamente a Abraham Lincoln, Maquiavelo y el filósofo Julián Marías. Tómalo como una licencia poética.
Hay una anécdota sobre Picasso, probablemente apócrifa, en la que se cuenta que estaba en un compartimento de tren en un viaje por el sur de Francia; un hombre lo reconoció y entabló conversación con él. El viajero le dijo que su pintura no le acababa de convencer porque “no era realista”. A lo que Picasso respondió “¿Qué quiere decir con que ‘no es realista’? “. El hombre, confrontado respondió: “Pues que no es realista, que no es real, está claro, que le falta vida, usa unas pocas líneas y figuras geométricas”.
Picasso siguió inquiriendo: “Pues no sé a qué se refiere con eso de que mi pintura no es realista, ¿puede ponerme un ejemplo de algo que sea realista? No lo acabo de entender. ”. El hombre ya un poco molesto sacó una fotografía de su mujer de la cartera y dijo triunfante: “¿Ve a mi mujer? , ¡Esto es realista!». A lo que el pintor espetó “pues qué pequeñita y plana es su mujer…”
Cualquier representación humana es una simplificación, incluso la aparentemente más completa y compleja. Si no lo fuera, nuestros cerebros serían incapaces manejar computacionalmente esas representaciones. Un mapa del mundo que fuera tan grande como el mundo que representa no sería de ninguna ayuda.
Una buena simplificación, un buen modelo mental, capta lo que hay de esencial o lo más importante para un propósito determinado y permite mantener y manipular la información correspondiente. La misma percepción sensorial, en toda su riqueza, es un pálido reflejo de la realidad subyacente, un modelo también simple de lo que hay ahí fuera. No nos queda más remedio que simplificar si queremos obtener guía para la acción.
El cerebro cuando predice o anticipa el resultado de una acción es como un ordenador que simula la realidad a través de un modelo matemático desplegándose en el tiempo: parte de unas condiciones iniciales y unas leyes o reglas de transformación y obtiene una predicción que usamos en nuestro proceso de decisión.
Por eso, cuando el hombre práctico o el hombre de mundo se burla de los hombres de ciencia y de sus teorías, y declara que le dejen de teorías, que él es un hombre de acción, no sabe de lo que está hablando. Un hombre práctico que busca seleccionar un curso de acción depende tanto de las teorías como un profesor universitario de ciencias (de los profesores de humanidades, hablamos otro día), solo que sus teorías son más simples, poco o nada argumentadas y menos sometidas a la crítica racional.
Habitualmente, como dijo Keynes, detrás del hombre de acción, del hombre de Estado, hay varios economistas muertos hace décadas cuyas teorías quedaron obsoletas mucho tiempo atrás, pero que el hombre autodenominado práctico sigue empleando porque no conoce otras mejores.
El economista John Maynard Keynes, el intelectual más influyente del siglo XX. Posiblemente no haya nada más práctico que una buena teoría (aunque en el caso de Keynes, algunas de las más influyentes sean malas…)
En el minimalismo existencial pretendemos hacer algo parecido a lo que hace un científico: creamos teorías del mundo y de nosotros mismos que son útiles para nuestros propósitos y que cuentan con diversos grados de abstracción. También consideramos que cuanto más verdaderas sean, mejores serán nuestras predicciones y decisiones.
Cuando se nos crítica por teóricos o porque no tenemos en cuenta la rica textura de la vida y sus complicaciones, podemos aducir lo mismo que Picasso: que todos simplificamos y que nuestras simplificaciones intentan resolver problemas; en nuestro caso, problemas existenciales.
Tan simple como podamos
Mira este dibujo de una madre amamantando a su bebé:
Ahora echa un vistazo a este otro más realista de una escena similar de una madre con su bebé:
Quitando tu gusto por la representación más naturalista o la más abstracta, ¿cuál crees que capta mejor la esencia de la maternidad y la relación entre la madre y su hijo?
Mi respuesta es que la economía de líneas del primer dibujo , que resulta ser de Picasso, capta mucho mejor en unas pocas líneas y en toda su simplicidad la maternidad. En esos trazos, pocos pero bien puestos, se recoge un aspecto de la realidad difícil de poner en palabras. Esta es la función cognitiva del arte: usar sonidos, trazos o materia para transmitir un sentido profundo, difícil de condensar y captar de otra manera.
Esta sería una analogía pictórica para lo que pretendo lograr con mi filosofía del minimalismo existencial: captar lo esencial de la realidad , reducirlo a su síntesis más profunda, practicar la economía de medios y sacar el meollo a la vida.
Pero no más simple de lo que es posible
La discusión anterior nos podría llevar a pensar, erróneamente, que menos es siempre más o mejor. Los minimalistas, según esta concepción, serían un tipo de ascetas del siglo XXI, casi quietistas, que siempre hacen lo menos o lo hacen siempre con los medios más reducidos.
No digo que no me gustaría que así fuera, pero mi creencia es que no es posible, que no es posible hacer lo mínimo si aspiras a lo más.
En realidad, creo que en muchas cuestiones existenciales, entre ellas la invención y el descubrimiento propias de la actitud existencial creadora, es justamente lo contrario: hay que privilegiar la cantidad a la calidad: miles de pasos tentativos inciertos, torpes, provisionales, para quizá alcanzar una idea que valga la pena.
Los procesos evolutivos suelen ser derrochadores, precisamente porque sin derroche no se pueden testar nuevas direcciones y combinar miles de elementos con la esperanza de dar con uno un poco mejor.
Puede que el producto minimalista sea en ocasiones terso, sencillo, elegante como una ecuación matemática o como un dibujo de Picasso, pero no creo que el proceso minimalista deba o pueda ser así. Sería irracional pensar que podemos alcanzar lo más con lo menos, por muy bien que administremos los recursos. Cuantos más recursos de tiempo y atención tengamos, más margen para obtener mejores resultados tenemos.
En el artículo El minimalismo existencial en cien frases una lectora me decía que estaba bien, pero que esa lista no era minimalista, que eran demasiadas frases. Le repliqué fastidiado: “¿Demasiadas frases en la lista comparado con qué?”, a lo que replicó: “comparada con un lista más corta”.
Finalmente contraataqué con una declaración de principios:
Las cosas han de hacerse todo lo simples y cortas que se pueda, pero no más, so pena de no decir nada o de eliminar algún esencial.
Podía haber escrito “Menos es mejor” o “Menos es más” y olvidarme del resto de las frases, pero tengo la sensación de que no sería lo mismo.
No hay que confundir el minimalismo con hacer siempre lo mínimo.
Si quiero transmitir la esencia del minimalismo necesito al menos cien frases; las síntesis del tipo «Menos es mejor», al igual que las definiciones, solo suelen ser útiles al final del proceso, como recordatorio, cuando ya has hecho todos los experimentos y trabajado para comprender en profundidad.
Hago tantos dibujitos…
El otro día me llamó la atención en twitter esta viñeta tan sencilla y llena de significado, es como un aforismo de esos que dan que pensar y explotan en un montón de significados:
El autor es Amarillo Indio, puedes seguirle en twitter:@amarilloindio
Pero me gustó más todavía la respuesta de Amarillo Indio a la alabanza de uno de sus seguidores:
@amarilloindio Amigo, está es maravillosa.
@Kartoffelmensch Gracias, hago tantos dibujitos que algo ha de funcionar 🙂
Hago tantos dibujos que algo ha de funcionar.
¡Esta sí que es una frase de artista!
Exuberancia metódica
Esta última anécdota me permite conciliar mi obsesión con la concisión y la simplicidad con algunas otras ideas que repito una y otra vez en este blog:
Cuando hablo de la mentalidad experimental, hablo de considerar las acciones cotidianas como experimentos en el laboratorio de lo real de los que aprendo siempre algo; en el peor de los casos, lo que no funciona.
Cuando uso las listas de cien, lo hago para recordarme que para tener buenas ideas he de tener muchas ideas, la mayoría descartables, ridículas e inútiles.
Aunque inicialmente diseñé el blog para artículos de no más de 400 palabras, con el tiempo he escrito artículos de 2.864, 3.201, 4.536 y 6.344 palabras. En el futuro amenazo con llegar a las 10.000 palabras o más, para que lo leáis salvajemente en diagonal o le dediquéis un par de horas en una noche de insomnio.
Cuando organizo comidas con 52 personas desconocidas, lo hago porque si interacciono con mucha gente diversa es posible (no seguro, y quizá tampoco probable) que algo bueno (no sé que) resulte de ello.
Cuando me propongo el Reto práctica 100×100 ideas es porque quiero engrasar el motor algo oxidado y perezoso de mi mente
El minimalismo existencial de Homo Minimus y de otros minimalistas ha sido caracterizado como “minimalismo robótico” por las siguientes razones:
Por los principios en los que se basa: ley de Pareto, estrategia de solución de problemas satisfaciente (en oposición a una optimizadora) , consciencia del coste de oportunidad, principio del Kaizen o de gradualidad, mentalidad de crecimiento, ley de Sturgeon (el 90% de todo es basura), mentalidad experimental. simplicidad y complejidad por capas.
Por sus herramientas: poda minimalista, experimentos, misiones, prácticas, retos, desafíos, listas diarias y semanales, cinco grandes rocas, TMIs, técnica pomodoro.
Androide con depresión
Por su profusión de reglas: regla de los siete días, regla de los dos minutos, regla del Hara Hachi bu, regla de la bandeja de correo virginal y varias decenas más.
Por su carácter intencionado y deliberado: estrategia, arquitectura existencial, planes, sistemas de control, rituales, liturgias, formación de hábitos.
Cómo lo justifico
Los principios son preferibles a las recetas. Son matrices a partir de las cuales diseñamos cursos de acción. Son “heurísticos” (reglas simples y eficaces, pero no infalibles) que nos ayudan a tomar decisiones en las encrucijadas vitales; orientan la acción, no son algoritmos.
Las herramientas son opciones, no prescripciones.
Mindful cyborg
Las reglas han de ser siempre personalizadas. Proporciono ejemplos, no camisas de fuerza. Son también heurísticos, aunque más específicos que los principios; son fruto de mi experiencia, han surgido evolutivamente. Has de adaptar mis ejemplos, o, mejor, crear tus propias reglas.
Los hábitos y su formalización en rituales son el fundamento del cambio personal. El programa de un año Los tres hábitos que cambiarán tu vida tiene como propósito convertirte en un habitólogo. Los hábitos asumidos conscientemente son la forma que tenemos de elegirnos.
Los rituales y sistemas de control también tienes que diseñarlos tú. Yo no doy consejos como si administrara píldoras o algún otro tipo de medicación. Inspiro, no prescribo.
En cuanto a las estrategia, ciertamente, hay estrategia; mucha estrategia. Pero NO SOLO en el sentido en el que se entiende habitualmente: como plan deliberado y con un sistema de objetivos en cascada; mi concepto de estrategia incluye además de los planes deliberados, las estrategias emergentes, el descubrimiento de posiciones competitivas favorables y las visiones (más o menos borrosas) de resultados deseados.
Una síntesis
La vida es una obra de arte
Somos artistas y artesanos
Los artistas imaginan futuros posibles que quieren traer a la existencia
Los artesanos tienen muchas herramientas y las emplean con un propósito
La conciencia es el principio de la liberación
La inspiración es necesaria pero no suficiente
Necesitamos inspiracCión: la acción es la esencia del cambio
La voluntad es la gestión inteligente de los motivos
Los hábitos y rituales son la manera de hacer honor a las intenciones
¿Cómo conseguir que nuestros días sean más intensos, relajados, espontáneos, punzantes, alegres? ¿Cómo escapar de la carrera de la rata? ¿Cómo dejar de ser el hámster que gira en la noria de juguete? ¿Cómo recuperar la confianza sin aferrarnos a nada? ¿Cómo renunciar a querer controlarlo todo? ¿Cómo aumentar el ratio de tiempo subjetivo por metro cuadrado de tiempo cronológico?
Disintegration of Persistence en wikipedia
¿Cómo mejorar las decisiones permitiendo que la modalidad difusa del pensamiento pueda intervenir? ¿Cómo dejar de pre-ocuparse y vivir más en el momento? ¿Cómo comparar menos este instante con otros instantes? ¿Cómo ser menos reactivo? ¿Cómo identificarnos menos con las emociones, los pensamientos, las sensaciones? ¿Cómo dejar de estar en otro lugar y en otro país?
¿Cómo considerar la vida emocional como una suerte de mensajería instantánea? ¿Cómo reducir la presión? ¿Cómo ser conscientes de la vida mientras está pasando? ¿Cómo recobrar la calma sin caer en el quietismo? ¿Cómo afinar el instrumento hombre a lo largo del día (no solo en las mañanas en las sesiones de meditación formal)? ¿Cómo estar más en paz con los semejantes y uno mismo? ¿Cómo dejar de apretar los dientes (bruxismo) y fruncir el ceño?
¿Cómo ser más conscientes de las emociones? ¿Cómo ser más conscientes de los sabores? ¿Cómo no perderse los matices e insinuaciones en las conversaciones? ¿Cómo convertirse en un ninja de la comunicación no verbal? ¿Cómo estar menos dentro de la cabeza y más en contacto con el mundo? ¿Cómo implantar el paradigma del velocista? ¿Cómo pensar menos y hacer más? ¿Cómo hacer menos pero mejor? ¿Cómo convertir el pensamiento enfocado en una carga de caballería que solo se lanza en el momento preciso y con caballos frescos?
¿Cómo adoptar una actitud contemplativa? ¿Cómo hacer más conexiones inesperadas y eficaces? ¿Cómo invocar al espíritu de la escalera? ¿Cómo practicar la búsqueda de objetos físicos y mentales minimalista? ¿Cómo adoptar una atractiva actitud de intensidad y desapego?
¿Cómo pasar por la vida sin que ella pase por nosotros? ¿Cómo elegir mejor las batallas? ¿Cómo descartar escaramuzas donde no se resuelve nada? ¿Cómo conectar las acciones cotidianas con la visión y los valores? ¿Cómo reducir la avalancha de entradas sensoriales, informacionales, sociales? ¿Cómo actualizar el sistema operativo personal (POS)? ¿Cómo comportarte como si fueras más sabio? ¿Cómo pararse a oler las rosas?
¿Cómo reducir el volumen del fragor de los días? ¿Cómo ser más racional? ¿Cómo generar más conexiones mentales? ¿Cómo aprovecharse de los procesos inconscientes? ¿Cómo aumentar el espacio y eficacia de memoria de trabajo (la pizarra mental donde ejecutamos las operaciones mentales conscientes)? ¿Cómo aumentar la caridad cristiana y la compasión budista?
Siendo el minimalismo existencial un diseño de vida, tenemos que hablar de estrategia existencial. ¿Ha de haberla? ¿Siempre la hay? ¿Qué significa?
Hay conceptos de estrategia muy diferentes pero complementarios. Conocerlos nos ayudará a definir nuestra estrategia vital.
Estrategia deliberada o estrategia como plan
Estrategia emergente o estrategia como patrón
Estrategia como lugar en el mundo
Estrategia como visión
Estrategia deliberada o como plan
Una vez tomada una resolución voy directamente hacia mi objetivo derribando lo que me cierra el paso.
—Cardenal Richelieu
Estrategia deliberada o como plan
Hay un lugar donde quiero llegar. Determino el camino o sucesión de acciones que voy a seguir para alcanzarlo. Una vez definidos los objetivos organizo la acción de forma deliberada para obtener lo que deseo. Divido los objetivos vitales en planes quinquenales (como si fuera un planificador soviético), anuales, mensuales, y programo las acciones correspondientes a través de listas de tareas semanales y diarias. Es un enfoque de mando y control
Esta es una concepción común sobre la estrategia: metas, una cascada de planes jerárquicos para alcanzar las metas y una secuencia de pasos dentro de un carril predeterminado; si lo sigo sin desviarme me conduce a los objetivos que me había planteado.
Ejemplo: Homo Minimus es un elaborado producto de Marketing. Necesitó de una cuidadosa planificación y programación de acciones. Determiné las potenciales fuentes de ingresos, consideré que la satisfacción de escribir mantendría mi motivación a lo largo de los varios años necesarios para crear un blog de éxito. Hice un análisis de costes y consideré que el proyecto era viable. Decidí una rutina de trabajo diaria y los contenidos de los cien primeros artículos. Diseñé cuidadosamente el blog, y preparé estrategias de SEO y marketing de redes sociales. Han pasado cuatro años, y he seguido el plan original con alguna corrección menor. El crecimiento ha sido un poco más lento de lo esperado, pero todo ha ocurrido tal y como lo había previsto, casi como un mecanismo de relojería.
Palabras clave: acción deliberada, intención, planes, planificación y control, programación, previsión, objetivos, horizonte temporal, corrección desviaciones, pensamiento lineal, jerarquía de fines y medios, racionalismo, gestión de recursos.
Lemas: “Sé lo que quiero y programo cuidadosamente el curso de acción que me llevará a ello”. “Si me desvío, hago las correcciones pertinentes y vuelvo al camino”. “Mis acciones determinan las circunstancias”. “Primero lo primero”.
Estrategia emergente o como patrón
Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
—Discurso de graduación Stanford. Steve Jobs.
Estrategia emergente o estrategia como patrón
Doy un paso, actúo a base de impulsos, reacciono a las oportunidades que se presentan, veo lo que funciona y me satisface, descarto lo que no… y cuando miro atrás me percato de que aparece un patrón coherente, una línea que me condujo a un buen resultado y que retrospectivamente parece sensata, pero que no había planeado inicialmente y que ha surgido a lo largo del tiempo.
Da la sensación de que he actuado como si tuviera una meta y como si hubiera tenido desde el principio una estrategia deliberada o plan. Pero esto es una ilusión cognitiva: el plan solo existe como explicación a posteriori de un comportamiento que fue emergiendo de forma orgánica como interacción entre mis deseos y las oportunidades que se fueron presentando.
Ejemplo: Homo Minimus surgió fruto del azar y la necesidad, no había ni plan ni metas explícitas; el blog surgió casi de la nada: estaba pasando un sabático en Edimburgo, tenía mucho tiempo y posibilidades de experimentación. Bajaba andando por Queen Street, surge en mi mente un nombre simpático: “Homo Minimus”. Me hace gracia, me olvido. Dos semanas después me digo que voy a escribir un blog y recuerdo el simpático nombre. Abro un blog gratuito en wordpress y escribo intermitentemente; según pasa el tiempo conozco a otros blogueros. Me voy animando a escribir, se me da bien. Una idea lleva a otra y cuatro años después tras muchos altibajos y vicisitudes, he escrito más de cuatrocientos artículos . Mirando atrás me doy cuenta de lo poco que planeé y de lo natural que me resultó todo.
Homo Erectus -> Homo Sapiens -> Homo Minimus (gracias, Herman)
Lemas: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, “Para saber lo que quieres tienes que conocerlo”, “Más de lo que me gusta, menos de lo que no me gusta”, “Dios proveerá”, “Una cosa llevó a la otra”.
Estrategia como lugar en el mundo
Futuro: Periodo de tiempo en el que prosperan nuestros negocios, nuestros amigos son verdaderos y nuestra felicidad segura.
—Diccionario del diablo. Ambrose Bierce
Estrategia como lugar en el mundo
Dados mis talentos, intereses, recursos personales, entorno, competidores, decido que un determinado puesto, posición o lugar en el mundo es el que me permitiría obtener el máximo de la vida. El lugar en el mundo puede ser trabajar como desarrollador independiente, dedicar mi vida a viajar por el mundo, crear un negocio o fundar una familia.
A partir de ahí, todo es empujar y empujar hasta que consigo establecerme en el lugar elegido. Me sitúo en un hábitat o entorno que me satisface, para el que estoy preparado, donde puedo aportar lo mejor y donde mi actividad me dota de los mejores frutos.
El peso de la estrategia como lugar en el mundo recae en el análisis del entorno , de mis fortalezas y debilidades y la búsqueda del encaje más beneficioso posible entre yo y la realidad. Analizo mis talentos, mis intereses o pasiones y las posibilidades, y decido que voy a ser X, Y o Z.
Luego puedo elaborar un plan o simplemente tomar decisiones que me sitúen más firmemente en ese lugar y tiempo ideal donde mis sueños son realizados, mi felicidad completa y las promesas cumplidas.
Ejemplo: He decidido que lo mío es la escritura y que estoy especialmente dotado para las distancias cortas: breves artículos. Mis capacidades e intereses están alineados con lo que se requiere para tener éxito en el mundo de los blogs. Analizo el mercado y veo que hay un hueco que llenar y que está relativamente vacío de competencia: el mundo del minimalismo. Estudio la historia y la actualidad del movimiento minimalista en el mundo. Analizo las estrategias y modelos de negocio de gente de éxito como Leo Babauta, The minimalists y otros autores anglosajones. Decido que voy a intentar convertirme en el bloguero minimalista de referencia en la blogosfera en español, aunque no sepa exactamente cómo. Desde el primer día, tengo claro el tipo de blog que quiero crear, mi público objetivo y los beneficios que proporcionaré a mis lectores. Homo Minimus es el lugar del hiperespacio donde me siento más a gusto, donde encuentro al tipo de gente más afín, en el que más puedo aportar y me hace más feliz.
Palabras clave: posición, lugar en el mundo, habilidades y talentos personales, entorno, hábitat, competencia, nicho de mercado, adaptación, posibilismo, mares rojos (por la sangre de los competidores)
Lemas: “Para obtener valor hay que generar valor”. “¿Dónde puedo aportar más al mundo y ser retribuido por mi contribución? “. “Hay un roto para cualquier descosido”. “¡Busca tu elemento!”.
Estrategia como visión
Las estrategias son sueños en busca de realidad
—Lapierre
Estrategia como visión
Estoy lanzado a la vida, todo está por hacer, tengo que elegir mi esencia y crear mi proyecto vital. Me falta algo, quiero que algo que no existe exista, atisbo un cierto modo de vida, pero el futuro está abierto. Algo me ayuda: sé lo que no quiero, conozco algunas de mis restricciones, lo que quiero evitar .
Tomo la realidad como materia prima y mis borrosos sueños como brújula. Imagino una visión del tipo de vida que quiero traer a la existencia, es ilusionante. A la vez, soy realista y veo la brecha que me separa de ella. Construyo castillos en el aire, sí, pero enseguida me pongo a construir los cimientos y me pongo en marcha.
Mi vida es una obra de arte: yo soy el pintor, el lienzo, el pincel, el crítico y el espectador. Poco a poco, de forma deliberada o por accidente y acumulación de acciones, me voy aproximando a la vida que un día fue toscamente imaginada.
Cuando tengo que tomar una decisión poco importante, siempre he creído mejor considerar todos los pros y los contras. En decisiones vitales, sin embargo, la decisión debería provenir del inconsciente, de dentro de nosotros.
—Sigmund Freud
Ejemplo: Homo Minimus es el fruto de una visión. Es una pequeña obra de arte que comenzó como una idea borrosa y que ha terminado llenando un hueco importante, aunque no pudiera determinar a priori su forma definitiva. Muchos Homo Minimus podían haber satisfecho mi visión. El producto definitivo es uno entre otros posibles. La visión se fue haciendo más nítida gradualmente y me fue guiando por el camino, descartando lo que no ayudaba a realizarla y eligiendo lo que la iba perfilando hasta construir el blog actual.
Palabras clave: arte, revelación, creación, visión, ideales, carácter, perspectiva, ilusión, anhelo, valores, existencialismo, océanos azules (espacios abiertos, llenos de posibilidades).
Lemas: “La estrategia vital es un sueño en busca de su realidad”, “ No sé exactamente lo que quiero (visión más o menos borrosa que va haciéndose nítida poco a poco) , pero sé lo que no quiero (restricciones)” .“Algo que no existe pero que quiero que exista”. “Hasta el infinito y más allá”. “Estoy en una ciénaga con mi caballo, me elevo tirándome de los cabellos hacia arriba con caballo y todo”. “La visión sin ejecución es alucinación”. “No sé dónde están mis límites, pero sé dónde no están”.
Platón describía a la mente humana, el alma, dividida en tres partes: un auriga que conduce un carro alado con procelosos caballos, uno blanco y otro negro, cada uno con una naturaleza distinta. El blanco es la parte «irascible» positiva, cuyo impulso es elevarse hacia los ideales; el negro, el caballo malo, es la parte «concupiscente» del alma humana, que tira del carro en sentido contrario, hacia lo más bajo, el mundo de lo sensitivo y lo material. El auriga, con tales caballos frecuentemente en conflicto, se las ve y se las desea para llevar el carro a un buen destino.
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El budismo es una tradición milenaria que algunos consideran más una higiene mental que una religión. La doctrina budista incluye un conocimiento de la mente muy profundo y rico, con descripciones y distinciones sobre el aspecto fenomenológico de la mente tremendamente finas. Algunos definen al budismo como una ciencia de la realidad interna; es posiblemente la doctrina tradicional más cercana a nuestra actual ciencia cognitiva y psicología.
Uno de los caballos de batalla de la práctica budista es el dominio o la doma de «la mente de mono», que se interpone en el camino hacia el satori o el nirvana. La mente de mono es indómita. Como esta desvinculada de los propósitos más altos o nobles, hay que adiestrarla laboriosamente.
En este blog hemos dedicado toda una «reencarnación» de noventa días-años al Curso de atención plena, que promovía desarrollar mediante prácticas y mini-meditaciones informales una mayor presencia en nuestras propias vidas, más consciencia y menos reactividad.
Hace dos semanas, dentro de nuestro Curso de Salud Minimalista, propuse el Reto de Meditación 10×10, como una pequeña introducción a la meditación formal. No he hecho referencia a toda la carga metafísica que lleva el budismo en sus distintas escuelas porque sus técnicas tienen utilidad para cualquier persona con independencia de sus creencias religiosas (o ausencia de ellas).
Algunas tradiciones religiosas, en especial las animistas y más primitivas, han externalizado lo malo que llevamos dentro y lo han atribuido a demonios, posesiones infernales o malos espíritus. El vudú, por ejemplo, emplea rituales para ganarse el favor de los buenos espíritus y expulsar a los malos.
En las religiones judeo-cristianas el mal es parte de la dual naturaleza del hombre. El alma humana es el campo de batalla de una eterna lucha entre la vida y la muerte, lo divino y lo maligno, entre los malos y los buenos ángeles de nuestra naturaleza. El Yo es el mismo espíritu humano o alma que, dotado de libre albedrío, puede elegir el camino correcto o el equivocado.
Pero el mal en el cristianismo no se representa generalmente como una fuerza externa que se apodere del hombre, como en las posesiones diabólicas, que exigen la práctica del exorcismo (la Iglesia católica siempre se ha mantenido muy reacia o renuente a estas prácticas), sino que es más bien una parte integrante de la naturaleza humana.
La creencia en el pecado original representa esta concepción de lo malo que hay en el hombre en lucha con lo bueno o divino, que se alberga en él solo como posibilidad, no como necesidad. También es un antídoto contra el orgullo de un hombre que quiera ser como Dios o se considere libre de mancha. En la religión católica el orgullo es uno de los peores pecados capitales, pues es el origen e incitador de otros muchos.
Freud llamó “Ello” a la parte del subconsciente que alberga el deseo de gratificación inmediata movido por el principio del placer, que no piensa en el futuro o en las consecuencias y que es mutable, proteico. La otra parte en discordia es el “Superego”, una interiorización de las normas o reglas sociales. El “Ego” es el ente que media entre ambos bandos y se rige o actúa según el principio de realidad. Intenta negociar el encaje de los deseos en el mundo social y el mundo físico para sobrevivir y prosperar.
Las grandes obras de la literatura universal y las comedias de situación y otros productos populares de entretenimiento reflejan una y otra vez la eterna tensión entre el presente y el futuro, entre los deseos buenos y los malos, entre la parte racional e irracional, entre la razón y el corazón, entre las ansias del individuo y las normas de la sociedad.
En comics y tebeos, una representación popular y habitualmente humorística de la dualidad del hombre está en el pequeño demonio y el pequeño ángel que aconsejan de manera conflictiva ante una decisión al protagonista.
El famoso libro de Robert Louis Stevenson, El extraño caso de Dr. Jeckyl y Mr. Hyde (Hyde en inglés suena igual que «hide», que significa escondido u oculto), es la versión de la Inglaterra victoriana sobre la pugna entre el bien y el mal. Una interpretación considera que esta novela nos alerta contra la tentación de atribuir el mal a entes externos a nuestra personalidad: si no queremos o soportamos ver las fuerzas del mal dentro de nosotros podemos usar el mecanismo de represión freudiano y proyectar todo lo malo en algo externo: un grupo social, otros seres humanos, una ideología, etc.
Otra metáfora, empleada por Jonathan Haidt en The Happiness Hipothesis, describe la mente humana como la interacción entre un elefante, la parte automática, caprichosa y variable, y un jinete con una vara, que dirige como puede al elefante. La religión, como defenderé extensamente en un próximo artículo, puede ayudarnos mucho a adiestrar el elefante y entrenar al jinete.
El jinete: el cerebro verbal y pensante. El elefante: el cerebro automático, emocional y visceral.
Daniel Kahneman, premio Nobel de economía, en su muy recomendable libro Pensar rápido, pensar despacio presenta esa misma distinción distinguiendo entre los procesos rápidos e intuitivos y los procesos más lentos y secuenciales del cerebro, alojados en el córtex prefrontal; los llama sistema 1 y sistema 2, de forma aséptica , sin connotaciones morales o valorativas.
Neurociencia
Los neurocientíficos han encontrado correlatos cerebrales de esta estructura de la mente o del “alma” humana: una zona, a veces llamada cerebro reptiliano, sede de los comportamientos reflejos como la respiración y el gobierno de las partes más automáticas del cuerpo humano; una segunda parte, el sistema límbico, que es la parte que tenemos en común con otros animales, en especial los mamíferos y que evolutivamente apareció más tarde y que alberga los centros emocionales del cerebro, como la amígdala, que tiene que ver con las respuestas de miedo, o el hipocampo, relacionado con la formación y consolidación de recuerdos.
Por último, está el córtex, en especial el córtex prefrontal, que alberga las funciones de dirección o ejecutivas del cerebro y que es mucho más reciente en la historia evolutiva; de hecho, es esta parte la que nos hace plenamente humanos y nos distingue de otros animales cercanos.
El córtex nos permite calcular las consecuencia de nuestros actos y negociar los distintos cursos de acción. No es el míster Spock de Star Trek, ente puramente lógico sin conexión con las emociones, ya que su correcto funcionamiento depende de los circuitos que le conectan con el cerebro emocional. Es más, un córtex prefrontal con los circuitos de conexión con el sistema límbico dañados pierde gran parte de su eficacia.
Mr. Spock podría ser una imagen para la inteligencia de un robot o de un sistema informático, pero no de la inteligencia humana, que depende de sistemas valorativos-emocionales que le permitan decidir entre distintos cursos de acción y simplificar sus procesos de decisión.
Antonio Damasio, en el Error de Descartes, relata un famoso caso en la historia de la neurociencia, el de Phineas Gage , un trabajador en la construcción de vías del ferrocarril que fue herido en una explosión cuando una barra de hierro le atravesó el cráneo destruyendo parte de su córtex prefrontal.
Photograph by Jack and Beverly Wilgus of daguerreotype from their collection. – Own work
Milagrosamente sobrevivió y durante un tiempo pareció que podía llevar una vida normal; hasta que se empezaron a advertir cambios importantes en su carácter que le volvían irreconocible ante familiares y amigos. Estudios con pacientes con daños en el córtex prefrontal muestran resultados similares.
Damasio teoriza que la parte planificadora o ejecutiva del cerebro necesita de inputs emocionales (los llama “marcadores somáticos”) para poder funcionar y que la versión dualista cartesiana de la mente humana es errónea desde el punto de la neurociencia: razón y emoción no son estructuras cerebrales separadas o en oposición, sino que más bien han de actuar coordinadamente y conectarse para su correcto funcionamiento. La razón es emocional o sintiente y la emoción está llena de razones o puede ser influenciada por los argumentos o reinterpretaciones de la realidad.
La voluntad como gestión inteligente de los motivos
José Antonio marina, el filósofo español adopta una visión más fenomenológica y alude a la forma que los sucesos mentales se presentan en nuestra subjetividad. Ha llamado a la parte instintiva y más emocional, YO OCURRENTE, o también inteligencia computacional. Su acción es dirigida –o moderada, en casos más difíciles– por el YO EJECUTIVO (o YO NEGOCIADOR), el Director General del cerebro, que es capaz de anticipar, imaginar, calcular cursos de acción y mediar entre los distintos deseos contradictorios y conciliarlos en planes coherentes; de ahí lo de “YO NEGOCIADOR”.
Marina considera que la inteligencia humana es una inteligencia computacional transfigurada por los proyectos, por las visiones que el yo se propone, y que en parte también tienen su origen en el YO OCURRENTE.
Es decir, la inteligencia humana es una inteligencia creadora, que permite transcender la esclavitud del instinto y los automatismos y elevarse sobre sí mismo “a lo Münchaussen”, como el heroe literario alemán que se saca de la ciénaga en la que estaba atrapado con su caballo tirándo de su propia coleta y liberándose (a él y al caballo) de la prisión del barro.
Esta es la paradoja de la inteligencia humana: partiendo de mecanismos deterministas (reflejos, instintos, mecanismos automáticos) es capaz de autodeterminarse, escapar al determinismo de la biología, proponerSE fines ilusionantes y organizar la acción en persecución de ellos.
Un mecanismo inteligente, que nosotros hasta el momento hemos llamado voluntad o capacidad de autorregulación, es lo que nos permite gestionar los motivos o los deseos y decidir en qué momento cuál ha de prevalecer.
La voluntad es un sistema inteligente de gestión de los motivos; es la motivación transfigurada por la inteligencia creadora.
Esto es importante, pues habitualmente se considera que la voluntad es algo rígido, frío, impuesto por condicionamiento social, casi castrante, que niega lo natural, lo espontáneo, las emociones o los deseos. Pero la voluntad lo que realmente hace es gestionar los diversos motivos –a veces contradictorios– para poder dotar al yo de una acción coherente que le permita alcanzar metas que valora emocionalmente y que se logran a través de proyectos.
Después de todo, el bloqueo o inhibición de un deseo solo puede hacerse conscientemente si oponemos otro deseo. La voluntad y la inteligencia creadora humana nos permiten elegir los deseos que han de prevalecer, priorizarlos y darles vida a través de proyectos que organizan nuestra acción a lo largo del tiempo.
Una gestión inteligente de los motivos nos permite iniciar proyectos estimulantes –pero cuyos beneficios solo experimentaremos en el largo plazo–, mantener el propósito a pesar de las dificultades y decidir cuándo hemos alcanzado la visión propuesta.
Algunas anomalías de la voluntad como la procrastinación, o la dificultad para renunciar a los deseos urgentes presentes en favor de un bien más grande futuro (los seres humanos tenemos una “tasa de descuento temporal” muy grande dirían los economistas), o nuestra lucha para comportarnos de manera decente, nos recuerdan que el aprendizaje de la voluntad no es algo solo de niños.
«Ulysses And The Sirens by Léon Belly» de Léon Belly – Léon Belly (1827–1877). Disponible bajo la licencia Public domain vía Wikimedia Commons –
La voluntad como gestión inteligente de los motivos es una habilidad que podemos desarrollar a lo largo de toda nuestra vida. Responde a una condición existencial del hombre: la de estar siempre debatiéndose entre las sirenas de las ganas y el puerto lejano de valores y metas deseables pero que necesitan de tiempo, esfuerzo y suerte para llegar a existir.
Queremos frases cortas, breves, con aire a eslógan, que sean memorables, que se puedan recordar fácilmente y proferir para animarse a hacer lo conveniente en el momento adecuado en el campo de batalla de la vida.
Estos más de veinte mantras son la expresión concisa de algunas reglas y principios del minimalismo existencial, son lemas o divisas que condensan nuestros ideales sobre cómo comportarnos y dirigirnos en nuestros asuntos cotidianos. También nos ayudarán a orientarnos en las grandes decisiones en las encrucijadas existenciales.
Con el tiempo, el mantra será como un resorte, un grito de guerra, una píldora de ánimo, una chispa que encienda y libere energía mental y emocional, y nos ayude a hacer lo correcto sin importar cómo nos sintamos.
Una expresión inglesa que empleó Stephen Covey como título de uno de sus libros. Me recuerda la necesidad de priorizar, posterizar y, sobre todo, nuncanizar. Siempre tengo que determinar las actividades claves y centrarme fanáticamente en ellas, descartando todo lo demás. Mucho más fácil decirlo que hacerlo. Este hábito de centrarse en los pocos esenciales y evitar los muchos triviales es la diferencia entre los que logran metas y los que se arrastran por la vida apagando mil fuegos. La poda minimalista del minimalismo existencial es una aplicación general de este principio a todos los ámbitos de la vida.
2. Antes del Satori, cortar leña y acarrear agua. Después del Satori, cortar leña y acarrear agua.
Dicho Zen. El satori es la iluminación en el budismo zen. Me recuerda mi filosofia existencial de centrarme en mis valores principales, el proceso y el sistema más que en los resultados particulares o en las metas. Las metas no son fines en sí mismas, son meras herramientas. Las metas pueden alcanzarse o no, dependen de muchos factores no todos controlables; los valores y el proceso pueden empezar a vivirse en este mismo momento.
3. Mañana es hoy, Rocky; mañana es hoy.
En la película Rocky es lo que el entrenador le dice al boxeador cuando este exhausto quiere aplazar el esfuerzo. El futuro se construyen con muchos hoys vividos esforzadamente. En vez de llamarte a ti mismo Rocky, puedes usar tu nombre verdadero: Pepe, María, Juan, Homo Minimus.
4. Just do it!.
Eslógan de nike. Es tan simple y difícil como eso. El hacer, el probar, el experimentar, el comprometerse con una dirección. La acción es la prueba (el papel de tornasol) de la verdad de la teoría. En una vertiente más táctica, la humilde regla de los dos minutos de David Allen expresa el mismo espíritu orientado a la acción inmediata.
5. La confianza tengo que ganármela.
La confianza está al final del camino, nunca al principio. El estado normal en el inicio del aprendizaje jamás es la confianza. Esta se logra a cambio de sangre, sudor y a veces lágrimas. Si quieres más justificaciones, puedes leer el artículo de la serie minimalismo diabólico Al diablo con la confianza.
6. ¡No pensar!
Es un mantra capital para determinados temperamentos especulativos, hiperintelectuales y cautos que caen en la parálisis por el análisis. La acción es más importante que el pensamiento. La forma más refinada del pensamiento es la acción. Las teorías son redes. Hay que echar las redes, no podemos pasarnos la vida construyéndolas en el puerto.
7. El dolor es la debilidad saliendo del cuerpo.
Lema de los marines americanos. Redefinición del dolor. No es algo que tengamos que evitar o que sea evitable. Forma parte del proceso de construcción del ser. Hemos de abrazarlo. El dolor nos fortalece , forma parte de la fricción existencial inevitable, nos acompañará siempre que sigamos avanzando y cambiando. Es una buena señal. Hemos de rompernos para construirnos.
8.Esto no es un piano.
Antídoto contra el perfeccionismo. Es un dicho que usan los carpinteros cuando construyendo algún mueble tienen algún pequeño fallo o imperfección. Se recuerdan que no son ebanistas o constructores de pianos ni necesitan la perfección completa en su trabajo. Abrazan lo suficientemente bueno. Una forma de cultivar la mentalidad de la regla del 80/20 o ley de Pareto. Este “esto no es un piano” es algo que nos podemos decir cuando sintamos fastidio o frustración por los fallos a lo largo del camino.
9. Por mí que no quede.
La expresión más sintética para una actitud corajuda y perseverante en la vida. Puedes leer el artículo que escribí sobre este mantra.
10. En el pasado fue de “esa” manera. En el presente es de “esta otra”.
Cuando tengo ganas de remolonear y evitar alguna acción que me genere incomodidad, me suelo decir que ciertamente en el pasado retrocedía, pero que ahora mismo, en este preciso momento, actúo de acuerdo a lo que es correcto. “Esa manera” significa la acción escapista o de evitación cuando me apetece hacer una cosa distinta de la conveniente o la correcta. “Esta otra” es la acción correcta. No solemos equivocarnos demasiado respecto a lo correcto. Otra cosa es que nos engañemos para evitarlo.
11. Las verduras antes que el postre.
Es una táctica o regla general de afrontar lo difícil e importante al principio. Explico su justificación en este artículo.
12.Con un poco de ayuda de mis amigos…
No somos autodidactas, somos interdidactas, aprendemos en comunidad. Por lo tanto, hazlo social. Uno de los mecanismos regulativos externos más potentes es la cooperación y los proyectos conjuntos. La camaradería, los objetivos compartidos y el calor humano nos proporciona motivación y nos ayuda a sobrellevar los momentos difíciles. Por eso es fundamental que generes un entorno social propicio en cada uno de tus esfuerzos. La soledad es una gran fuente de estrés y aunque sea necesaria para la creacion, puede ser muy nociva para la motivación y el esfuerzo. Este blog es un intento de ser consecuente con esta convicción personal.
13. Empieza ayer… (o, si no queda más remedio, hoy).
Mantra muy útil para evitar el exceso planificador y la cautela que ahoga la acción y el experimento.
14. Zamora no se hizo en una hora.
Mantra para recordarme ser paciente y no esperar resultados inmediatos. Las grandes obras llevan tiempo y dedicación. Es sentido común que sorpresivamente olvidamos. Es un antídoto contra la búsqueda de la gratificación instantánea y la intolerancia el esfuerzo sostenido en el tiempo.
15. Contra la emoción, ¡acción!
Cuando estoy sumergido en emociones tumultuosas que amenazan con alejarme del curso de acción elegido y me llenan de dudas, me recuerdo que la mejor manera de cambiar un estado emocional es perseverar en el camino hasta que con la mejora de los resultados externos las emociones negativas se atenúen.
16. Estoy aprendiendo.
Toneladas de errores forman parte del proceso de aprendizaje. Este mantra sirve para recordarme ser amable y compasivo conmigo mismo cuando las cosas no salen como quiero. También me ayuda a desarrollar una saludable mentalidad de crecimiento. Su variante “Está/n aprendiendo” es también muy útil para sobrellevar las debilidades humanas y las imperfecciones.
La única forma de generar momentum y vencer la fricción existencial es dar un primer paso. Con él pasamos del reino de la especulación, la teoría y las dudas al mundo de la realidad actual. Para que no sea abrumador, el paso puede ser muy pequeño. El principio del Kaizen es la filosofía de productividad subyacente a los pasos de bebé. Puedes leer al respecto mi artículo Pasos diminutos.
18. ¿Cómo me como un elefante?
Mantra para recordarme que los grandes esfuerzos son reducibles a una gran cantidad (pero finita) de pequeños esfuerzos-bocados. Lo imponente se vuelve manejable cuando lo dividimos en partes pequeñas y las acometemos una por una. Estrategia del divide y vencerás.
19. La felicidad está a la vuelta de la esquina.
Dicho francés que me enseñó mi amiga Segolene Castille. Los franceses tienen mucho que decirnos sobre el arte de vivir. Nunca sabemos cuando se producirá el giro o sorpresa del destino. Hay que perseverar porque nunca sabes cuándo empezarás a ver avances o la proverbial luz al final del túnel
20. Vísteme despacio que tengo prisa.
La necesidad de mantener un ritmo pausado y no querer acelerar el ritmo natural de aprendizaje y cambio. Decelerando y tomándonos el tiempo para trabajar los fundamentos y «los esenciales» podemos, paradójicamente, acelerar el ritmo y obtener antes lo que queremos
21. Cómete un sapo (a ser posible en el desayuno).
Similar al “primero lo primero”, pero más visual. Sirve también para recordarnos que “lo primero”, lo importante, suele asemejarse a un sapo en su aspecto. Por lo tanto, hay que empezar por ahí. La “satisfacción” de comerte uno o varios sapos al principio del día te dará alas el resto del día y sensación de logro. Las TMI o Tareas más importantes del día son la herramienta de productividad para comernos sapos diariamente. Los TMI han de ser sapos. Las cinco grandes rocas semanales son los sapos de la semana.
22. ¡Convierte la inspiración en transpiración!
Respuesta de Robert Sánchez, del blog Escucha tu cuerpo, a mi comentario sobre lo mucho que me había inspirado su blog y sus libros sobre ejercicio, alimentación y vida saludable. Cuando uno se siente ilusionado o contento por haber comprendido algo o con ganas de trabajar es fácil relajarse y aprovechar la emoción para tomarse un descanso. Hay que hacer justamente lo contrario: ponerse a sudar en la dirección en la que nos sentimos inspirados
23. Una tonelada de experimentación; un kilogramo de reflexión; un gramo de teoría.
El grito de guerra habitual de un visceral compañero de mi club de ajedrez momentos antes de ejecutar una arriesgada, agresiva y brillante jugada de ataque… y ser machacado por el adversario.
25. No importa lo lento que vaya siempre que no me detenga.
Este mantra es especialmente útil para soportar los tiempos en que parece que no avanzamos. Si los niños son adictos a la gratificación instantánea, los adultos lo somos al progreso o sensación de avance. Hemos de aprender a soportar las mesetas. Porque ahí estaremos gran parte del tiempo. Aunque parezca que no hay progreso, si trabajamos regularmente con intensidad y estrategia, terminará habiéndolo.
26. Piensa a lo pequeño.
Lo pequeño es hermoso. Lo grande se cuida de sí mismo. El diablo y lo divino se encuentra en los detalles. Amor en cada pequeño paso. La excelencia en lo insignificante.
Puedes leer sobre este mantra en este artículo. Creo que es el mejor que he escrito.
27. Siempre estar celebrando.
Cuando empecé a escribir este artículo temía no pasar de diez mantras o lemas. Según iba adquiriendo momentum las ideas iban apareciendo y terminaron fluyendo como un torrente. Cada acción o proyecto que implica incertidumbre es una pequeño salto al vacío. Contento por haber saltado una vez más.
Siempre estar celebrando: Reconocer los pequeños avances a lo largo del camino. Ninguno es lo suficientemente insignificante como para pasarlo por alto. Sentir a lo grande con cosas pequeñas.
Habitólogos, gladiadores, psiconautas, aventureros del espíritu, ¿tenéis algún mantra que podamos incorporar a nuestra panoplia o repertorio de herramientas?
Después de año y medio del comienzo, acabé el proyecto 52 comidas hace un par de semanas. Este proyecto consistía en comer con 52 personas distintas frikis, en su mayor parte desconocidas, a razón de una por semana.
Empecé alrededor de febrero del 2013, tras un accidente en el que resulté herido al atropellarme una moto de alta cilindrada. Estuve en el dique seco durante varios meses. A algunas de las comidas acudí con el brazo en cabestrillo y cojeando. En las primeras comidas el otro comensal me tuvo que cortar el filete o ayudarme a disponer los alimentos.
Aquí puedes ver la evolución del proyecto.
Evolución Proyecto 52
Me tomé descansos en agosto y en noviembre del 2013. Tuve que pagar varias multas de algunas decenas de euros a beeminder.compor las semanas que me salté el proyecto. Fue el método de autorregulación que empleé para mantener el ritmo y no abandonar el proyecto.
No es tan fácil encontrar frikis. Además, para mí ha sido salir de mi zona de confort social.
En resumen
Lo mejor que he hecho en el último año. Un éxito rotundo. 52 comidas en 52 semanas con 52 frikis que me permitieron aplicar la regla de las cuatro efes, F.F.F.F , de Tom Peters.
Aumento del coeficiente de socialización.
Aumento del coeficiente de variación social.
Me he convertido en un celestino que pone en contacto personas con intereses similares. Las conexiones surgen espontáneamente en mi mente: “según lo que me cuentas, seguro que te gustaría conocer a ….”
Consciente emocionalmente, no solo intelectualmente, de la diversidad de la especie humana y de la cantidad de conocimientos, habilidades, gustos y circunstancias vitales.
Me he hecho amigo de muchos de los comensales.
Ahora dicen que parezco extrovertido en la primera impresión inicial.
El proyecto ha sido una gran oportunidad para tener a mis compañeros de comida cautivos durante al menos una hora sin necesidad de cautivarlos.
He creado mi particular Universidad Personal, tengo un montón de gente a la que puedo recurrir para que me iluminen sobre todo tipo de temas.
Un friki es la puerta a un salón lleno de frikis. Friki llama a friki.
Todos los frikis se parecen.
Todos los frikis son distintos.
Mi propuesta de comida fue rechazada en al menos una decena de ocasiones.
Como consecuencia del proyecto, he desarrollado un cierto descaro social y soy capaz de invitar a casi cualquiera a un café o una charla conmigo. El NO ya lo tengo sin hacer nada. A partir de ahí solo puedo mejorar. Esta es una habilidad muy valiosa en la vida.
Foto de familia de los 52 + 1 participantes del proyecto 52
Todos los comensales . Yo soy el cerdo a la izquierda con capa vestido de azul.
Conocí a un chico que dejó el instituto a los 16 años (tenía 19 cuando le conocí) sin conseguir el título. En menos de tres años, por sus propios medios, de forma «interdidacta«, gracias a internet y la comunidad de artesanos del software se convierte en un programador de primera línea. También se ha convertido en mi amigo. Tuvimos largas charlas después de la primera comida.
Una economista que trabajaba en un fondo de inversión, pero que amaba la música, en especial el saxofón, y que deja su trabajo, se consagra al instrumento, trabaja de administrativa y dedica 8 horas al día al estudio y la práctica. Consigue una beca para estudiar el saxo en Estados Unidos en la universidad de Berklee. Ahora se acerca a su primer año allí. Yo la conocí un mes antes de iniciar la aventura.
Mi última comida, hace dos semanas, con un analista de sistemas amante del deporte, entrenador personal y maratoniano. Nos asesorará en el curso de salud minimalista. Un tipo interesante que abomina del deporte tal y como nos lo venden. Se trajo a sus dos hijos a la comida. Al niño, al que le gusta la lectura y la ciencia ficción, le recomendé El juego de Ender. La niña me mostró cómo hacer algunos ejercicios básicos para mantenerme en forma.
En una ocasión, comí en el suelo, descalzo, en la sede de los Hare Krisna en Malasaña en Madrid con una chica periodista zurda como yo. Se sintió algo decepcionada cuando –para no asustarla– no aparecí con capa roja y el pecho desnudo
Un alemán friki pero gilipollas. Sin comentarios. Bueno, con comentarios: hay frikis gilipollas.
Comí con un bloguero que en uno de sus últimos tuits ha declarado lo siguiente: “Sueños raros esta noche. Regurgitaba tiritas en un autobús. Levitaba en una silla en una clase de física.” Paradójicamente me pareció uno de los tipos más normales y sensatos.
Una chica colombiana que deja su país y se traslada a España para empezar una nueva y buena vida.
El proyecto 52 me ha enseñado que si te interesas cualquier persona puede llegar a ser interesante.
Comida con un arquitecto que aprovechó para presentarme su tesis doctoral. Una tesis pluridisciplinaria que trataba sobre la relación entre la arquitectura y el concepto de tiempo.
Un primo mío que se fue a trabajar a Qatar. Minimalista existencial como yo.
Un poeta y novelista que resultó ser un genio. Accedió graciosamente a escribir un artículo para este blog. Abrazar.
Otra comida con otro escritor amigo del genio que me habló de la ruleta-chat sexual cibernética que aparecía en un libro de Alberto Olmos, Ejército enemigo. No desvelaré si he jugado.
Un curioso y entrañable gurú del crecimiento personal que conocí en un grupo de teatro que dirigía el diputado Toni Cantó.
Otro gran amigo friki. Tenemos un montón de charlas regularmente sobre la mente y el comportamiento humano. También conocido como “Alquimista oscuro”.
Comida con mi actual casero. Personaje despreocupado, firma contratos con la palabra, me cae muy bien. Forma peculiar de ver el mundo. Indiferente a la buena opinión ajena.
Un psiquiatra que conocí en un club de debate y que me expuso una curiosa teoría sobre la sexualidad contingente o dependiente del entorno.
Un antiguo consultor que acaba de sacar un libro con el mismo nombre que su antiguo trabajo. Le conocí en una reunión de blogueros. Me confesó que le caí mal desde el principio. Él escribe sobre tecnología y yo empecé hablando sobre su exceso y a veces inutilidad.
Un consejero delegado de una importante empresa multinacional española. Solía leer todos los años El señor de los anillos. Humilde, inteligente, terriblemente sensato y buena persona. Unos 200 euros de factura de comida en restaurante de lujo que pagó él.
Una chica a la que invité después de leer su blog. No salió exactamente despavorida pero me enteré más tarde que había estado muy incómoda conmigo. Tengo que aprender a leer mejor el lenguaje no verbal de la gente. Quizá un próximo proyecto esté dedicado a ello.
Una ingeniera que estaba buscando el propósito de su vida. A fecha de hoy no sé si lo ha encontrado. La conocí en una universidad de verano friki un año antes y pensé en ella para el proyecto.
Un vecino que quería ser entrenador personal.
Una compañera del grupo de teatro que habla tropocientos idiomas y está aprendiendo chino.
Un ingeniero informático que había leído a Ayn Rand y cree por lo tanto en la aristocracia intelectual y profesional. El primer lector del blog que se ofreció a comer conmigo. Una frase suya: “siempre he pensado que la gente que hace cosas así es la gente que merece la pena conocer. La que desafía lo establecido, la que se cuestiona todo. Aquellos cuya afición es su obsesión, puedes coleccionar 30 chapas y eres un friki, pero si tienes una habitación en tu casa con 7633 chapas, entonces eres alguien especial”.
Otro de mis amigos de toda la vida. Le hablé sobre la analogía entre la planificación y la danza de la lluvia.
Comida con uno de los escritores anteriores y su amigo psiquiatra. Tema: nuevo negocio que tenían entre manos. Parece que no salió bien. Pero bien por intentarlo.
Un periodista libertario de temperamento apasionado que me habló de Cuba y de la trampa que los servicios secretos cubanos intentaron tenderle.
Una editora que ama los caballos y que me ofreció escribir un libro. Yo me ofrecí a escribir un prólogo a uno de los libros que editaba. No lo hice, y me siento mal.
El hermano de un escritor del proyecto 52. De espíritu emprendedor, vital y con el que conecté mucho. Después fuimos juntos a la presentación del libro 32 formas de saber que estás muerto, de Guzmán López, de la ganadería de la editora a la que no le escribí el prólogo del libro, y con el que al final no pude coincidir en Madrid para una comida del proyecto. En el cóctel conocimos a Guillermo Summers y su mujer y estuvimos departiendo largo rato.
Una especialista en administración de sistemas que además gusta de la psicología social y bitcoin.
Un gran amigo friki de toda la vida. Vitalista, transhumanista, hedonista, amante del eterno femenino y los martinis, agitados, pero no revueltos.
Otro gran amigo friki de toda la vida. Hace unos años me invitó a dar una conferencia en un congreso de neurología en su sección friki. Cuando le conocí a los 14 años le apodaban “El Físico”, por su estilo de peinado à la Einstein. Mi amigo más antiguo, uno de los más queridos.
Una informática que quiere dedicarse al coaching y que se prepara eternamente para ello. Está en camino. Me propuso una idea genial sobre un negocio en el Camino de Santiago. Hasta aquí puedo leer.
Un amigo amante de las artes marciales que a veces cae en la parálisis por el análisis. Me alojó en una masía de nombre Cau d’amor (Nido del amor) y fue el perfecto anfitrión. Estuve acompañado en el nido: yo y mis fantasmas.
Un amigo libertario y excomunista con el que tengo charlas siempre animadas.
Una mujer que conocí en un curso de crecimiento personal impartido por el gurú del crecimiento personal. Trabaja para Almodóvar. No me dejó pagar porque eso era machista y porque “ella dirigía su propia vida” (tampoco se ofreció a invitarme ella y dirigir un poco mi vida). Que la den por saco.
El director general de una empresa de seguros. Una de las personas de mentalidad más abierta que conozco. Como con él todos los años desde hace al menos diez. Me recomendó varias personas para el proyecto.
Una presidenta de una asociación de homeschooling que propugna la “desescolarización interior”. Educa a su hijo en la clandestinidad. Se ha convertido en mi amiga. Más de cinco horas de comida, café y charla.
Un cinéfilo liberal tan culto como humilde que me invitó hace poco a un cine-fórum en su casa. Vimos Tempestad sobre Washington. Que se repita.
El amigo de la abogada, religioso, culto y lo suficientemente aventurero para aceptar una invitación inesperada a través de su amiga.
Comida con una amiga con la que hablé sobre ludificación de la existencia.
Comida con un amigo que conocí en un taller de redacción y estilo y con el que mantuve un mastermind group durante un año.
El asesor científico de un think tank liberal.
Un amigo que toca la guitarra y viajó a Nueva Orleans para saborear el Jazz.
Un amigo con el que voy a crear el próximo proyecto que anunciaré en el blog para desarrollar la perseverancia y la fuerza de voluntad: Proyecto 50×20.
Mi profesor de redacción y estilo, que usa un nick con un nombre polaco y que es un comentarista habitual “tremendamente” brillante de homominimus.com.
Una mujer de temperamento artistoide que escribe en su blog como si siempre estuviera de subidón. Exuberante, rápida, brillante, simpática. Ha emigrado hace unos meses. De camino al lugar de la cena me despisté en el coche y la llevé a la Casa de Campo. Tenemos pendiente un podcast para que nos hable de parafilias sexuales.
Una abogada de empresas insomne, gaditana. Ama la música clásica y tocar el piano.
Un conocido que en una conferencia me interrumpió a los dos minutos indignado por mis palabras.
Una chica que viajó desde Bilbao (norte de España) para conocerme. Me conoció en un blog ajeno por un comentario que hice referente al idioma de los klingom. Amante del manga y de acudir a congresos disfrazada de personajes de cómics. Me recomendó un montón de buenas series.
Un ingeniero de telecomunicaciones experto en PNL y que pertenece a la comunidad de los PUAs (pick up artists o artistas de la seducción).
Un comensal que se ha convertido también en amigo y que es un experto en inversión en value investing. Lector voraz , está escribiendo una biografía de Charlie Munger, el socio de Warren Buffet. Es tremendamente curioso y amante del aprendizaje permanente.
Una profesora sevillana que se sintió muy atraída por mi concepto de nuncanización.
Más allá del proyecto 52 comidas
Gracias a todos los frikis participantes que comieron conmigo o quisieron comer conmigo.
Los que por distintas razones geográficas o de agenda han querido y no han podido participar en el proyecto podrán hacerlo si lo desean en mi siguiente iniciativa social presencial: Proyecto 52 paseos.
Tengo la convicción de que estos tres hábitos tienen el poder para transformar tu vida. Inicialmente, pensaba dedicar la tercera reencarnación al ejercicio o el hábito del movimiento, pero he decidido que seamos mucho más ambiciosos y desarrollemos retos que cultiven la salud en todas sus vertientes.
Los cuatro pilares de la salud son:
Ejercicio físico.
Alimentación
Sueño
Conexión social.
Nos enfocaremos en los dos primeros, pero tendremos en cuenta los dos últimos, porque la salud es una forma de estar en el mundo que incluye el tiempo en que dormimos y la relación con nuestros semejantes.
Emplearemos, como es habitual en este blog, la perspectiva del minimalismo existencial. Intentaremos identificar los elementos claves y desarrollar prácticas o experimentos, que llamo «retos», que nos ayudarán a incorporar hábitos saludables permanentemente.
Hazlo social
El apoyo emocional y social es fundamental para tener éxito en la formación de nuevos hábitos, en especial cuando son tan ambiciosos como los del curso de salud minimalista.
Este blog es un primer apoyo. Te animo a participar con tus comentarios, opiniones, sugerencias, maldiciones, etc. Es probable que enriquezca las actividad social del blog con artistas invitados, especialistas o reuniones online con cursillistas motivados.
Pero si estás verdaderamente comprometido y quieres aumentar las posibilidades de éxito te recomiendo que aumentes el coeficiente de socialización.
Propuestas
1. Envía este artículo a tres amigos y proponles que se embarquen contigo en un programa de salud minimalista este verano durante doce semanas. Y quizá durante el resto del año, si os sentís animados.
2. Comenta con tus amigos y otros seguidores del curso tus avances todas las semanas.
Soy un aprendiz y no lo digo por humildad
Una salvedad: no soy un experto en nutrición y mucho menos un deportista o un especialista en salud física. Yo aprenderé al mismo ritmo que todos. Siempre he procurado ir al menos una lección por delante. En esta ocasión, muchos participantes en los retos irán muchos kilómetros experienciales por delante de mí.
Pero bueno, si supiera lo que estoy haciendo, no lo llamaríamos experimentación, ¿verdad?
Semana a semana, durante doce semanas primero, y después espaciadamente durante el resto del 2014, introduciremos desafíos que nos saquen de la zona cómoda y nos hagan experimentar e incorporar nuevos hábitos para promover la salud.
Los principios en los que baso el curso de salud minimalista
Estos son mis principios, y si no te gustan… tengo otros. ~Groucho Marx
1. Aplicaremos implacablemente el Principio de Pareto o regla del 80/20. Parto de la base de que todos tienes poco tiempo disponible y muchos asuntos en tu vida. La salud es importante, pero no es el tema principal de tu existencia. Por eso solo voy a ocuparme de lo esencial, lo que tenga más impacto, lo que requiera los mínimos recursos posibles.
Si necesitas sofisticación, gente que realmente entienda del tema y que sepa explicártelo busca en libros o en buenos blogs de verdaderos expertos (aunque humildes) como Robert Sánchez, de Escucha tu cuerpo, o el blog de Luis Andés, un maratoniano y entrenador personal, o el estupendo Esto no es Comida.
Luis Andés, uno de nuestros asesores en deporte y nutrición. Le conocí personalmente en la última comida del Proyecto 52.
Serán nuestros referentes y consultores personales. Me voy a apoyar en ellos y en algunos otros amigos para elegir las mejores prácticas y buscar justificación o consejo.
2. Usaré las ideas de la biología evolucionista para justificar parte de los retos que afrontaremos. Nuestros cuerpos son el resultado de incontables generaciones de supervivientes. Estemos o no satisfechos con nuestra salud actual, somos los herederos de una raza de triunfadores en el juego de la vida.
Los hábitos que incorporemos han de tener sentido biológico. Las ideas evolucionistas nos ayudarán a comprendernos y orientar nuestras acciones de mejora de salud.
Las ideas también son sexys…
También nos apoyaremos en todas las tradiciones religiosas, filosóficas o de cualquier otro carácter que hayan pasado la prueba del tiempo (varios siglos). Estas incluyen el shabbat, el ayuno, la meditación y los rituales de conexión con otros seres humanos.
La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Y lo que funciona, funciona, aunque no sepamos cómo o por qué.
3. Ecología personal. Todos los retos que prescriba o recomiende han de poderse integrar armoniosamente en nuestra vida cotidiana. Pretendo que sean sostenibles en el ecosistema de nuestros entornos familiares y profesionales.
Quiero que la mayoría de los retos lleguen para quedarse y se transmuten en hábitos después de experimentarlos durante algunas semanas. El problema no suele estar en el conocimiento, sino en la toma de conciencia y en la acción.
Este curso de salud minimalista proporcionará una conciencia ampliada y un acicate para la acción.
El macrohábito de la salud física se complementará y apoyará en los hábitos de la atención plena y la perseverancia. Entrenaremos los tres simultáneamente desde ahora hasta fin de año. Como iremos viendo, se apoyan mutuamente.
Esto es un menú a la carta, yo proporciono los platos y tú decides cuáles degustar y quizá terminar introduciendo en tu dieta vital. ¡Bon appétit!
Cuando te suscribas a este blog, recibirás cómodamente en tu e-mail los retos, prácticas y misiones semanales y los libros de Leo Babauta (focus y El pequeño libro de la satisfacción) junto con Los tres hábitos que cambiarán tu vida.
Nada ni nadie nos asegura que lograremos los más preciados de nuestros anhelos, ilusiones o metas. Pero podemos empezar a vivir según nuestros valores más queridos en el próximo segundo. El baile del pato.
Durante siete días vas a decir sí a todas las personas y a todo lo que te ocurra (siempre que no sea peligroso o dañino para ti, obviamente). Pero ten mucho cuidado de no confundir el peligro con la mera incomodidad o aversión.
Cuando sientas el impulso de mostrarte en desacuerdo o quejarte ante alguna incomodidad o suceso, tómate unos segundos para decidir si es realmente necesario. Este será un sí interior.
Cuando quieras decir no o rechazar una idea o una acción que alguien te proponga dí sí. Este será un sí exterior que irá unido a una acción.
¿Podrías callarte o asentir o estar de acuerdo o aceptar el comentario o la situación o la petición o propuesta?
Como recordatorio, podrías tatuarte la palabra “SÍ” en la palma de la mano, llevar tarjetas contigo con el “SÍ” escrito en grandes letras o colocar un póster con la palabra en tu puesto de trabajo o en el escritorio del ordenador.
Mantente atento a tu necesidad de contrariar, replicar o sacar del error a otras personas. También sé consciente de tu propensión a quejarte o lamentarte cuando tienes que soportar pequeñas incomodidades como esperar una cola, el semáforo que tarda en ponerse en verde o la torpeza o lentitud de la gente.
Aprovecha todas las oportunidades que se te presenten durante la semana para decir sí. Esto incluye propuestas, peticiones, sugerencias, consejos, etc.
Ejemplos de propuestas, experiencias o situaciones a las que tienes que decir sí
¿Quieres tomar un café conmigo? … ¡SÍ!
Un tipo extraño que te acaba de conocer o que no conoces te envía un correo y te dice: ¿Te apetecería comer conmigo? (proyecto 52) … ¡SÍ!
Un entrevistador te aborda en la calle y te pregunta si podría hacerte una encuesta que solo te va a llevar un minuto… ¡SÍ!
Una bloguera de éxito te propone traducir un libro de Leo Babauta al alimón. Estás fatal de tiempo, un montón de trabajo… te gustaría pero no puedes… dices: ¡SÍ!
Tu jefe te pregunta si te gustaría asumir un nuevo proyecto que no supone recompensa monetaria pero que será muy «interesante»… ¡SÍ!
Un vecino te pregunta si podrías quedarte un par de horas con sus niños porque tiene que ir al médico. Tienes una excusa buenísima. Pero dices… ¡SÍ!
Te encuentras a un tipo curioso que te llama la atención, es raro… pero interesante. Recuerdas la regla de las cuatro efes, F.F.F.F, de Homo Minimus y aceptas la propuesta: ¡SÍ! : te diriges con gesto amigable al personaje y entablas una conversación.
Esta semana puede ser divertida, muy divertida. Por favor, amigos psiconautas, aguerridos exploradores, comentad algunos de vuestros SÍ más peculiares en la sección de comentarios de este artículo.
Si quieres más inspiración, puedes ver el trailer de la película Di que sí, de Jim Carrey. Si sientes curiosidad, puedes ver la película entera una de las noches de esta semana. ¿Qué respondes a mi propuesta? :)))
No importa lo lento que vayas con tal de que no te detengas.
~ Confucio
Espero que a 31 de diciembre de 2014, gracias al curso de perseverancia y el entrenamientoque durante todo este año los psiconautas (o exploradores del ser) llevamos a cabo en el blog, estos sean mis comportamientos, pensamientos y emociones:
Comportamientos
Soy capaz de mantener planes a largo plazo de semanas, meses y años. Sostengo el compromiso y la motivación durante mucho tiempo, a pesar de los inevitables bajones anímicos y resultados frustrantes. Personifico lo que Carol Dweck llama «mentalidad de crecimiento«. Cuando las cosas se ponen complicadas redoblo mi esfuerzo y mi compromiso. Me rodeo de personas de las que puedo aprender y con las que puedo crecer. Pido ayuda resueltamente sin importarme la imagen de debilidad que puedo proyectar. Hago un montón de cosas incómodas todos los días con alegría. Aprovecho cualquier oportunidad diaria para tonificar mi capacidad de autorregulación. Me muestro mucho más audaz y explorador. Si para dominar una materia debo soportar mucha incomodidad, la soporto. Puedo estar durante semanas y meses intentando dominar los aspectos básicos de mi disciplina hasta que se convierten en segunda naturaleza. Busco las actividades de alto valor.
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Pensamientos
Cuando me esfuerzo por vencer un obstáculo y pongo toda mi atención, la incomodidad es la señal de que me estoy volviendo más capaz, más inteligente, imagino mi cerebro creando nuevas conexiones entre neuronas y mi inteligencia expandiéndose. La inspiración me encuentra trabajando. Cuanto más trabajo, más talento tengo. Interpreto la incomodidad como una señal de que estoy haciendo algo importante o valioso. Si algo no cuesta, no es difícil, no me genera una cierta incomodidad al principio, pienso que no estoy avanzando. Mi foco está en la actividad, no en lo que la actividad y sus resultados dicen de mí. No necesito estar preparado ni tienen que darse las condiciones perfectas para empezar o para seguir trabajando en algo. Si no hay incomodidad me pregunto si estaré haciendo algo mal o habré dejado de avanzar. Pienso que las actividades de alto valor conllevan, al menos durante un tiempo, un esfuerzo importante. Quien tiene algún éxito es porque ha tenido muchos fracasos y ha cometido muchos errores: no hay otra forma de aprender. Soy un ser que aprende y se entrena.
Emociones
Sensación de autoría, de autoeficacia, el centro de control está en mí, no en las circunstancias, las dificultades me vigorizan. Las dificultades me hacen sentir más vivo, más alegre. Conecto emocionalmente el esfuerzo en el presente con valores y resultados que solo podré ver realizados en un futuro lejano. Experimento la satisfacción de avanzar lentamente y el gozo del aprendizaje y los éxitos pacientemente alcanzados. Disfruto con el proceso.
«La velocidad puede darte un sentimiento de excitación, y hay lugar para ello en la vida y en la música», dice Kliemt. «Pero tienes que dibujar la línea y no siempre hacer uso de la velocidad. Es tonto beber un vaso de vino rápidamente. Y es estúpido interpretar una pieza de Mozart demasiado rápido.
–Carl Honoré, en Elogio de la lentitud: desafíando el culto a la rapidez
Durante siete días vas a ralentizar el ritmo al que haces las cosas. En esta práctica no establecemos disparadores concretos para acciones particulares, a diferencia de las anteriores. Se trata de que asumas una actitud general de lentitud, de parsimonia incluso.
Sé lento, sé bello.
Para recordártelo, lleva contigo todo el día una tarjeta con el nombre de la práctica o ponte un anillo o una pulsera que te recuerde ralentizar el ritmo al que haces las cosas.
Este reto te sacará de la zona cómoda
Esta práctica es especialmente difícil. Te la propongo para mostrar un ejemplo de un principio o intención general en el que tienes que buscar y detectar las ocasiones en tu vida cotidiana para aplicarlo. Podría convertir esta actitud en un conjunto de reglas o intenciones de implementación, pero en esta semana te dejo el trabajo a ti.
En la primera reencarnación, en el curso de atención plena, llevamos a cabo la práctica de conducción minimalista: con plena atención, con cierta parsimonia, sin querer adelantar a nadie, sin apresurarse por arañar unos metros o unos minutos a los otros conductores. Esa práctica te sirvió para conocer los placeres de la lentitud.
Date cuenta de que saborear los momentos puede ser tanto un ejercicio de de atención plena, como uno de voluntad y autorregulación. Según veremos más adelante, el control de la atención y la perseverancia y la voluntad están inextricablemente unidos. Los tres hábitos que cambiarán nuestras vidas son sinérgicos, se apoyan mutuamente y afectan a casi todas nuestras experiencias vitales.
Durante todo el año 2014 seguiremos entrenando la atención plena y la perseverancia mediante misiones, prácticas y desafíos semanales.
No quieren los gitanos buenos principios para sus hijos. –Refrán español
No conozco el origen del refrán ni si es verdad lo que expresa sobre las creencias de los gitanos; pero como muchos refranes apunta en una dirección que vale la pena explorar.
¿Por qué no querríamos empezar bien? ¿O por qué querríamos levantarnos o comenzar algo con el pie izquierdo?
La historia de César Rodríguez
Robert Greene en su libro ‘Mastery‘ cuenta la historia de un piloto de combate americano, César Rodríguez, que cuando comenzó el programa de instrucción de pilotos no estaba entre los mejores, los golden boys, los que tienen don o como dicen en inglés «los naturales«. Imáginate a Maverick (Tom Cruise) o Iceman (Val Kilmer) enTop Gun; a estos, el aprendizaje les resulta fácil, captan los procedimientos a la primera, sin esfuerzo, y desde el principio están en las primeras posiciones.
Para los chicos de oro todo es fácil… y esa es su maldición.–
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Para el resto, el aprendizaje es arduo, sometido a mesetas en las que no avanzan o parecen haber alcanzado sus límites. En el caso de nuestro piloto fue así; desde el comienzo del entrenamiento se encontró entre los últimos puestos, a punto de ser expulsado del entrenamiento.
Pero él había sido un buen deportista en el instituto y conocía las virtudes del esfuerzo y de la práctica regular; y por eso perseveró.
No hace falta que siga, ya os imagináis el fin de la historia; en el entrenamiento fue escalando posiciones hasta acabar en el puesto tercero, junto a los golden boys, no sin antes mucho sacrificio. En la guerra del golfo, en la operación Tormenta del desierto, y en posteriores acciones bélicas en Kosovo derribó más aparatos enemigos que ningún otro piloto en la aviación americana de las últimas décadas, lo que le valió el apelativo de «El último as americano». Sobrepasó en rendimiento a cualquiera de los golden boys.
Qué ventaja tienen los que empiezan mal o con dificultades
Rodríguez, según avanzaba en su carrera, notó una brecha respecto a los presuntos naturales: el esfuerzo adicional que tuvo que hacer le permitió desarrollar habilidades de concentración que ninguno de los otros pilotos tuvo necesidad de cultivar; simplemente no las necesitaron puesto que todo les venía fácil y los resultados eran excelentes. Cuando más adelante las cosas se pusieron difíciles, carecían de la excepcional capacidad de esforzarse y de centrar la atención que César Rodríguez había desarrollado a lo largo de los años.
Quizá las dificultades, especialmente las iniciales, sean una bendición disfrazada, y podamos reenmarcarlas como una forma especialmente útil de proporcionarnos un entrenamiento emocional y mental de calidad excepcional. Seguramente, también estas dificultades iniciales nos hagan más conscientes de nuestras limitaciones y sean un buen antídoto contra la grandiosidad o la soberbia que amenazan a cualquier persona que alcanza resultados extraordinarios.
Haber sufrido a lo largo del camino y haber sentido que has tenido que ganar cada pequeño éxito pagando un precio, nos permite desarrollar una mentalidad de crecimiento, nos hace estar mucho más en guardia y desarrollar un agudo sentido de la realidad: la de nuestras limitaciones actuales y la del esfuerzo necesario para superarlas.
Trabajamos siempre o casi siempre con una meta en mente: adquirir recursos para construir experiencias en las que nos visualizamos satisfechos y quizá felices. Después de todo, también queremos los objetos para que nos proporcionen experiencias. Puede que pasemos gran parte de nuestra vida trabajando para comprar los materiales de nuestro particular palacio de posesiones y/o experiencias
La publicidad nos ayuda a crear esas visiones de bienestar. Somos bombardeados día tras día por tierra, mar y aire. Para que echemos de menos objetos que han de formar parte de nuestro palacio personal.
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En ese constante medrar y esforzarse por conseguir recursos monetarios con los que comprar los ladrillos del palacio, perdemos de vista el día a día, que se convierte en un medio para un fin. Trabajamos y vivimos para algo mejor que es comprable y siempre está por llegar.
Cuando conviertes una actividad en un medio para un fin, la actividad pierde parte o todo su atractivo. Nuestra motivación intrínseca sufre si enfocamos nuestra meta en lo que podemos conseguir con la actividad más que en las experiencias que nos proporciona la actividad. No digo que no tenga que haber actividades instrumentales. Solo digo que no parece razonable convertir todo lo que hacemos en un instrumento para conseguir algo mejor.
Cuando trabajas para construir tu palacio de experiencias o posesiones materiales puedes perder de vista que ese trabajo no es gratuito. Tiene un coste de oportunidad. El tiempo que dedicas es valioso y lo sacrificas para obtener materiales para el palacio. Todo lo que hacemos, aunque no paguemos por ello, aunque nos proporcione beneficios monetarios, tiene un coste implícito, el coste de la renuncia a la mejor alternativa disponible.
De la misma manera que si compras un 4×4 para ponerte a la par con tus vecinos estás renunciando a comprar libros, viajes, o ampliar tu casa, cuando trabajas estás renunciando a lo que podrías hacer con ese tiempo: contemplación, pasar más tiempo con tu familia, bricolaje o lectura. Pero somos poco sensibles a lo invisible de las alternativas descartadas, así que seguimos trabajando por construir nuestros palacios en el futuro, que son muy visibles emocionalmente por obra de la publicidad.
Mi palacio es de tiempo
Esta es mi alternativa. Aunque una buena parte de mi día tiene que ver con actividades instrumentales, intento dedicar todo el tiempo que pueda a vivir en un palacio que ya existe: mi palacio del tiempo. No solo intento vivir más a menudo en ese tiempo presente que es un fin en sí mismo, también procuro que mi palacio temporal sea cada día más amplio, más habitable, más vivible.
Aunque parece que pierdo el tiempo, que no hago nada, que no consigo nada; estoy construyendo y viviendo todos los días en un hermoso palacio de tiempo. Solo yo puedo verlo y solo yo puedo habitarlo; aunque como ser generoso y buen anfitrión intento tener muchos invitados. Algunos incluso se quedan a dormir en mi palacio, otros están de pasada, y algunos llevan años viviendo; pero todos son bienvenidos y bien hallados.
Hay cosas que merece la pena tener aunque no puedan comprarse.
P.D. Me debato entre ser un aprendiz de gurú new age y una esforzada señorita que escribe redacciones sentimentales para la clase de lengua española.
Una persona de carácter se recupera de los fracasos; una personalidad frágil jamás se recupera de los éxitos.
La psicóloga Carol Dweck en su libro Mindset: How You Can Fulfil Your Potential y en sus artículos científicos habla sobre dos mentalidades o paradigmas que la gente usa para interpretar el aprendizaje personal y el cambio:
La mentalidad fija
La mentalidad de crecimiento
Mentalidad fija
La mentalidad fija defiende que el talento lo es todo y si no logras algo es porque no eres bueno en ello. O eres bueno, o no eres bueno; si no lo eres, no puedes hacer nada. Es una especie de predestinación calvinista en el ámbito del aprendizaje: Dios señala a las personas con talentos; el éxito es una prueba de que al creyente le ha sido concedida la gracia de Dios y es conducido por la mano divina hacia los resultados positivos.
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La mentalidad fija corresponde a una teoría de la inteligencia fija, donde uno poco puede hacer por mejorar su inteligencia. “Yo soy inteligente” o “Yo soy bueno en tal o cual área” y eso determina todo.
El fallo y el fracaso, los intentos infructuosos, la torpeza, son interpretados rápidamente como indicios de que la persona en cuestión no tiene talento. Muchos profesores y entrenadores piensan que pueden detectar el talento en niños pequeños y determinar con mucha seguridad los que valen y los que no valen solo con verlos empuñar una raqueta de tenis, escribir una redacción o un poema o tocar un instrumento un par de veces.
El resultado positivo rápido y sin esfuerzo es interpretado como prueba del talento. Obviamente las personas que viven en esta mentalidad fija van a esforzarse por resultar brillantes en todo momento, no cometer errores y evitar campos que no dominen desde un principio o que se les den mal.
Es posible que uno se sienta muy capaz porque en las primeras etapas de una disciplina, deporte o de la carrera académica le ha ido bien, pero casi inevitablemente llegarán los cursos o las divisiones superiores en que la facilidad inicial desaparezca. Es en estos momentos cuando las personas que viven en la mentalidad fija se encuentran en dificultades: no están preparadas para enfrentarse al fracaso y todo lo que les sale mal lo interpretan como un signo de que no son buenos, de que después de todo no eran tan talentosos como pensaban sus padres, sus entrenadores y ellos mismos, y que son por tanto un fraude.
Una persona que vive en la mentalidad fija abandonará con más facilidad el esfuerzo y el trabajo cuando lleguen los primeros signos de dificultad, porque cualquier fallo o fracaso no es solo un testimonio de que no son buenos en este momento haciendo algo, sino de que no son buenos en general, de que no tienen lo que hay que tener y que son casos perdidos.
El reflejo habitual es por tanto evitar todo aquello en lo que uno no resulte bueno inmediatamente o en poco tiempo, abandonar o evitar todo área de actividad en la que muestre dificultades. La persona que vive en el paradigma fijo sufre de cierta fragilidad del ego y estará constantemente comparándose con otros intentando atisbar síntomas de inferioridad o superioridad.
Mentalidad de crecimiento
Según estudies este libro y continúes con la programación, recuerda que cualquier cosa que merezca la pena hacerse es difícil al principio. Quizá tú eres del tipo de personas que tiene miedo del fracaso, así que abandonas al primer signo de dificultad. Quizá nunca aprendiste auto-disciplina y no puedes hacer nada que sea “aburrido”. Quizá te dijeron que tienes “talento” así que nunca intentas nada que te pueda hacer parecer tonto o que no eres un prodigio. Quizá eres competitivo y te comparas injustamente con alguien como yo que ha estado programando más de 20 años.
– —Zed A. Shaw en Learn Python The Hard Way.
La mentalidad de crecimiento es el paradigma contrario.
Una persona con mentalidad de crecimiento sostiene una teoría de la inteligencia dinámica, en vez del “Yo soy inteligente” se dice “Yo estoy siendo inteligente en esta tarea y en este momento dado”. La inteligencia es una habilidad que se puede desarrollar más o menos y la habilidad es el producto del esfuerzo y la concentración. Esta mañana puede estar siendo muy inteligente (porque me he esforzado en algo mucho y he obtenido un buen resultado), después de comer estar siendo un torpe aprendiz, y por la noche del montón.
El fallo y el fracaso se interpretan como sucesos normales en cualquier proceso de aprendizaje. Si en un momento dado detectan que están haciendo algo con facilidad y brillantez lo atribuyen no a su prodigioso talento, sino a todas las horas anteriores de práctica. La facilidad no es tanto un trofeo o un símbolo de distinción como una señal de que están en una zona familiar que dominan y en la que han dejado de aprender. Después de todo, si estuvieran aprendiendo algo, les resultaría desafiante, complicado y el camino no sería tan sencillo.
Una persona que vive en una mentalidad de crecimiento será siempre más esforzada, no estará pendiente en todo momento de lo que los resultados dicen de él, o de lo arriba o debajo que está en un ranking de comparación con otros. Al contrario, se centrará en el trabajo entre manos, pondrá su foco en la habilidad y en los resultados que quiere producir; cuando vengan las inevitables dificultades, se mostrará más resiliente y tendrá más propensión a continuar, será más perseverante.
Estilo parental para promover la mentalidad de crecimiento
Según Dweck, hay un estilo parental que promueve la mentalidad de crecimiento en los niños. La forma en la que damos nuestros mensajes de ánimo e interpretamos el éxito y el fracaso marcan toda la diferencia.
Si quieres desarrollar una mentalidad de crecimiento y la perseverancia en un niño es mejor que tus comentarios sean sobre resultados concretos, no que califiques toda la personalidad en su conjunto. Cuando el niño haga algo bien debes hacer referencia a la manera o el método empleado y el esfuerzo que puso en ello. Justo lo contrario de lo que haría un estilo parental de mentalidad fija: alabaría a la persona por el resultado positivo, lo atribuiría a sus dotes especiales (”eres un niño muy listo”) y no haría demasiada referencia al método o el esfuerzo. Un niño que viva en una mentalidad fija tendrá miedo a resultar un fraude y mostrará más ansiedad ante los malos resultados y más intolerancia al error o el fracaso.
Un niño educado con mensajes que trasladen el concepto de una inteligencia dinámica, que no ponga el énfasis en la personalidad talentosa, será más proclive a probar cosas nuevas, a tolerar las dificultades del aprendizaje y no estará preocupado constantemente por cuidar su imagen y aparentar infalibilidad o perfección.
La mentalidad experimental y el aprendizaje rápido chocan contra el escollo del perfeccionismo. Queremos hacer las cosas bien y queremos hacerlas bien desde el primer momento. Pero esto es contraproducente.
En este blog hemos hablado de fracasar más y con fracasar con gracia. Aunque a muchos les parece que la idea es de locos, exagerada o una salida de tono para llamar la atención, tengo que replicar que no hay otra manera de acelerar el aprendizaje y aumentar la productividad y producir cosas de valor que cometiendo muchos y nuevos errores.–
El modelo no fue maltratado o dañado en manera alguna durante la toma de esta foto
–La diferencia entre los que aprenden rápido y los que no es la aversión que los aprendices lentos tienen a empezar sin estar preparados, cuando no disponen de una idea perfecta; y la reticencia a mostrar el trabajo en los primeros estadios, cuando todo lo que uno hace hiede y da vergüenza mostrarlo.
El mejor momento para empezar fue el año pasado. El segundo mejor momento para empezar es ahora.
~Seth Godin
Metodologías de trabajo más o menos vanguardistas como Scrum resaltan la necesidad de crear un producto visible y funcional lo antes posible, aunque tenga unas pocas características, e iterar el proceso en sucesivas versiones beneficiándose de la realimentación que nos proporcionen los clientes o usuarios. No es nuevo, es lo que ha hecho todo artista o artesano que se precie desde hace siglos: toda obra de arte y no de arte necesita de versiones previas, lo que yo llamo «primeras versiones de mierda».
La paradoja
El letraherido de llanto fácil y orgullo frágil, el poeta putativo, el bailarín quieroynopuedo, el novicio en el convento, el rookie en la NBA, el becario el primer día de oficina, el emprendedor con gafas de pasta y barba de tres días, el aprendiz de seductor, el novato en el oficio –todos ellos– van a cometer muchos errores si quieren dejar de ser patéticos payasos, patosos, torpes y risibles seres humanos.
Es paradójico: para dejar de producir risa tienes que arriesgarte y soportar el resbalar y caerte muchas veces. Si quieres no parecer patético tienes que resultar patético un montón de veces. Los mejores artistas del patinaje artístico son los que más tiempo han pasado en el suelo intentando piruetas que estaban más allá de sus posibilidades.
Esta es la elección: o cometes errores dispersos y no buscados a lo largo del tiempo y poco a poco, lenta y trabajosamente aprendes; o bien, empiezas a cometer errores rápidamente, doblas, triplicas o quintuplicas tu tasa de fracasos, y soportas el ridículo, la vergüenza y la vindicta popular.
Dolor disperso en el tiempo o mucho dolor concentrado que echa por tierra tu confianza y te hace dudar de tu valor como ser humano.
Pero qué coño, ¡al diablo con la confianza!, lo que queremos es competencia, no engañarnos a nosotros mismos y diferir o postergar el dolor y el aprendizaje.
Los prototipos o primeras versiones de mierda
El primer borrador de cualquier cosa es siempre una mierda
~Ernest Hemingway
Vamos a usar un nombre que dé algo de dignidad a las meteduras de pata, a la actuación ridícula: el prototipo.
El prototipo es una primera versión de mierda que usamos como forma de exteriorizar y materializar nuestras ideas y hacer que choquen contra el duro muro de la realidad. En ellas conocemos el alcance de nuestras maravillosas concepciones y sus limitaciones. De repente, los castillos en el aire se desmoronan y hacen añicos nuestros sueños. Entonces, todavía envueltos en el llanto, recogemos los pedazos, aprendemos de los errores y corregimos lo que hay que corregir.
Las buenas primeras versiones de mierda son herramientas de comunicación con el mundo y con otros seres humanos: clientes, compañeros, lectores, compradores, usuarios, etc. Son el inicio de una conversación, son la forma de acceder a otra mirada humana para que nos diga qué es lo que piensa o cómo lo ve. Son la manera de acceder a la realidad física para que nos diga si la idea inicial, la visión con vocación de realidad, el bebé de nuestra imaginación, tiene visos de convertirse en un hombre sano y fuerte.
Un escritor tiene que escribir muchas primeras versiones de mierda, y segundas, y terceras, y cuartas, y exponerlas a la mirada ajena. Y un pintor, y un artista, y un programador, y cualquier ser humano que quiere aprender y hacer algo de valor para otro ser humano.
Mi petición
Este humilde artículo ha pasado por al menos tres versiones de mierda y ahora está a la vista de todos. Ahora tengo que conocer la reacción, lo más probable la no reacción, la indiferencia. Y tengo que vivir con el resultado, cualquiera que sea.
También he escrito una primera versión de mierda de un libro corto sobre mindfulness (atención plena) y otros temas que publicaré en este blog antes de que suenen las doce campanadas de fin de año. Este fin de semana completaré una segunda versión de mierda y en la siguiente semana tendré una tercera versión de mierda que seguramenta hieda y me dé vergüenza publicar.
Si quieres ayudarme a mejorar, solo has de decírmelo en los comentarios de abajo o vía e-mail y te enviaré la segunda versión de mierda este próximo fin de semana para que si tienes a bien me hagas críticas o sugerencias de mejora.
Una vez había dos máquinas de hacer salchichas, perfectamente construidas para transformar el cerdo en los más deliciosos embutidos. Una de ellas conservó su interés por el cerdo y produjo innumerables salchichas; la otra se dijo: “¿Qué me importa a mí el cerdo? Mi propio esfuerzo es más interesante que cerdo alguno.” Despreció al cerdo y se dedicó a analizar su estructura. Privada de su alimento natural, su interior cesó en sus funciones, y cuanto más se estudió, se encontró más estúpida y vacía. Toda la estructura perfecta con la cual se efectuaba anteriormente la deliciosa transformación, continuaba, y, sin embargo, llegó a olvidarse de lo que era capaz de hacer. Esta segunda máquina es como el hombre que ha perdido el entusiasmo, mientras que la primera semejaba al que lo ha conservado
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El cerebro es una extraña máquina que puede combinar los materiales que se le ofrecen de las más asombrosas maneras, pero sin materiales del mundo externo es impotente, y al revés de la máquina de salchichas, debe adaptar los materiales a sí misma, pues los acontecimientos se convierten en experiencias sólo cuando nos interesamos en ellos; si no nos interesan, no nos sirven de nada. Así, pues, el hombre cuya atención se vuelve hacia dentro no encuentra nada que le atraiga, mientras aquel cuya atención se proyecta hacia fuera puede encontrar dentro, en los raros momentos en que examine su alma, una cantidad de elementos variados e interesantes que se mezclan y resuelven en bellos e instructivos ejemplares.
Eres un ser humano y por lo tanto sensible a tu estatus. Parte de tu consumo es de bienes posicionales. Tenlo en cuenta en tus decisiones. Echa un vistazo a la parábola del 4×4.
No te conviertas en infobeso, evita la infoxicación, inicia una dieta informacional.
Los objetivos son herramientas para orientar la acción en el presente.
El proyecto es la mínima unidad de planificación con significado.
Intenta ser consciente de tus creencias y su origen.
Tu seguridad laboral o profesional depende de lo que seas capaz de aportar a otros seres humanos. Recuerda que «Nadie merece nada», tú tampoco.
Tu seguridad laboral está dejando de ser algo vertical y cada vez será más horizontal, dependerá de tu red de relaciones, de su amplitud y profundidad, y de tu capacidad de aprender.
La aplicación asesina intelectual más potente lleva 10.000 años con nosotros. Hazte con ella y te alegrarás de tener un cerebro.
La inteligencia es dinámica. No «eres inteligente». En el mejor de los casos, «estás siendo inteligente» en este momento, para esta tarea y en estas circunstancias.
La mirada en las nubes y los pies en el suelo.
Las personas antes que las cosas.
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El entorno determina en parte nuestro comportamiento. Diseña y modifica tu entorno físico, social, profesional.
Mantén el equilibrio en todas las áreas de tu vida: física, emocional, mental y espiritual.
Trabajo enfocado e intenso seguido de recuperación. La recuperación es tan importante como el trabajo. Recuerda el paradigma del velocista.
Decide qué coeficiente de variedad quieres en tu vida.
No hay atajos. Y si los hay, los tienes que encontrar por ti mismo.
Puedes acelerar el proceso aprendiendo de los demás.
Los pilares de la salud son el sueño reparador, la alimentación sana, la actividad física moderada y un entorno social nutricio.
Cultiva una mentalidad experimental. Aprenderás más rápido y te divertirás mejor. Haz el rídiculo con regularidad. Construye un buen Ridículum Vitae. Si quieres ver uno muy honesto y simpático, lee el RV de James Altucher.
El control de tu atención es el control de tu vida.
Tu prójimo tiene una mejor posición para valorar qué es lo mejor para él que tú. Tú tienes una mejor posición para valorar lo que es mejor para ti que tu prójimo.
Los valores en parte se descubren, en parte se inventan.
No puedes/debes tener todo. Al menos no todo a la vez.
Tres simplificaciones que te harán más flexible: no automóvil en propiedad, no casa en propiedad y jamás te endeudes.
No puedes ser excelente en todo. Elige un par de áreas donde quieres serlo y sé resuelta y descaradamente mediocre en el resto.
No necesitas autoestima ni confianza para llevar una vida buena o ser excelente. Sientan bien, pero no las obtendrás repitiendo afirmaciones positivas o mirándote el ombligo.
Los tres hábitos que cambiarán tu vida son: el ejercicio físico, la atención plena y la capacidad de hacer lo que debes hacer cuando debes hacerlo te apetezca o no.
El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja; el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos.
La atención es la moneda de la comunicación humana. Damos atención y obtenemos atención. A veces es tan simple como eso. La reciprocidad funciona bien en las distancias cortas.
No todos tenemos la atención que deseamos. Quizá sí de nuestro esposa, quizá no de nuestros hijos; quizá sí de nuestra novia, quizá no de la reina de las fiestas; quizá sí de nuestro jefe, pero quizá no del jefe de nuestro jefe, que decide quién asciende o no; quizá sí de unas cuantas decenas de lectores, pero seguro que no de los miles que tienen otros blogueros (con menos merecimientos). La lista de nuestras frustraciones atencionales puede seguir y seguir. Pero ya captas el mensaje: somos invisibles para la gran mayoría de la humanidad, e incluso, muy a nuestro pesar, en nuestros círculos más cercanos.–
Solo yo me veo
–Pero no todas las atenciones tienen el mismo valor. No es lo mismo la atención que te preste Obama o tu jefe en una fiesta de la oficina que la del bedel del ministerio o el vendedor de automóviles. Si te la presta un personaje famoso o importante, dices: “qué tipo tan cercano, tan natural”; si lo hace alguien que consideras de “rango inferior”, lo das por sentado y no te sorprende, quizá llegues a decir: “qué pesado”. No percibes tanto que estás recibiendo valor como que alguien lo reclama de ti.
Para que te miren, para que te elijan, para tener tus quince minutos de gloria, para que te asciendan, para que te consideren potencial pareja, para que te contraten, para que te quieran… tienes que resaltar de la multitud y de los millones de inputs. Cada día es más difícil, hasta tienes que luchar con las armas de distracción masiva: móviles, guasap, el iPad o el portátil. Cada día es más difícil conectar, cada día estamos más desconectados, cada día es más complicado tener la atención individida de nadie. La mente humana es una mente itinerante y oportunista, siempre escaneando el entorno en busca de mejores opciones.
La pregunta de fondo que hace cualquiera antes de prestar su atención es: ¿por qué tendría que fijarme en ti? ¿Por qué tendría que darte mi atención y mi precioso tiempo? ¿Por qué has de dejar de ser invisible?
La respuesta obvia: el mar rojo de la competencia
La respuesta inmediata y fácil es: porque hablo más alto, porque soy más espectacular, porque me esfuerzo más, porque quiero tu atención más y lo demuestro (con la esperanza de ser correspondido), porque tengo más músculos o gasto más dinero o porque soy más guapo.
Lo anterior no está al alcance de todos, y si lo está, no lo está siempre ni absolutamente; siempre puede aparecer otro más espectacular, más guapo, con más músculos, que hable más alto, que esté dispuesto a subir la puja.
La respuesta natural, obvia, inmediata supone por lo tanto entrar en un mar rojo competitivo, rojo por la sangre de los competidores. Solo puede quedar uno. O unos pocos.
Es una carrera de armas atencionales por captar cuota de atención en las mentes a las que nos dirigimos. Quien aporte más en la puja obtiene la atención, pero de manera pasajera e indiferenciada; es como una empresa que siempre ofrece los mejores precios en un mercado de empresas con el mismo producto. La lucha es constante, cansada y… aburrida.
No se trata meramente de tener una cualidad intrínseca o heredada que te garantice el éxito atencional, como la belleza, el dinero o la “creatividad”. Se trata de poner en marcha nuestra inteligencia creadora y crear cosas nuevas.
No usaré la palabra creatividad porque alude a un rasgo del carácter que se tiene o no se tiene. No todos somos “creativos”, pero todos tenemos una mente creadora.
Una inteligencia creadora es una inteligencia que crea sorpresas eficaces. Creamos algo que antes no existía y, por tanto, hay sorpresa y generamos atención; pero no es una mera ocurrencia o fogonazo que pone en alerta a los que nos rodean. Es una sorpresa eficaz. Es decir, es una sorpresa que logra algo para alguien, que crea valor o hace mejor la vida de otro ser humano.
Con la sorpresa conseguimos resaltar sobre el mar de fondo de los estímulos; con la eficacia en la creación de valor. logramos que la mirada de los otros se mantenga sobre nosotros.
Cuando el hombre invisible se pone el sombrero de la creación, deja de ser invisible.
No creo mucho en la educación: cada uno debe ser su propio modelo aunque éste sea desastroso.
~Albert Einstein
¿Qué hacen en 50 personas de edades diversas e historiales variopintos con gesto serio y aire de luchadores de sumo formando un círculo a las 9 de la mañana de un sábado que además coincide con el puente del día de todos los santos? ¿No tienen nada mejor que hacer?
Algunos se han levantado a las 7 de la mañana para poder acudir puntualmente a la cita en Impact HUB Madrid (gracias a sus responsables por cedernos el local); otros han venido de ciudades a varios cientos de kilómetros como Bilbao o Valencia; María Benavente, una chica pizpireta de 15 años, ha viajado en tren desde Galicia para poder estar en Openspace #HackYourEducation y encontrar los argumentos para convencer a su madre de que le permita dejar el instituto y dedicarse a la programación. Hay expectación y el evento está a punto de empezar.
Hummmm, después de todo puede ser que no esté solo. Aparte de mi mismo, hay vida inteligente en este planeta.
Es una conferencia openspace o anti-conferencia, como prefiero llamarla, que trata sobre cómo hackear la educación y aprender al margen del sistema educativo tradicional de instituto, universidad, másters y otros sistemas formales y formalizados de aprendizaje.
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El evento está organizado por Guillermo Pascual, un hacker (aunque él prefiere denominarse builder o artesano del software) de 19 años que dejó el instituto a los 16 años porque no era feliz en él y sentía que no respondía a sus verdaderas inquietudes. Tampoco sabía qué hacer con su vida, pero prefirió descubrirlo por sí mismo al margen del sistema. Casualmente lo conocí por su propia iniciativa, no la mía, a través de mi proyecto 52 comidas.
A fuerza de entusiasmo por el sofware y uniéndose a a comunidades de desarrolladores, Guillermo fue aprendiendo y labrándose un lugar en la profesión de los programadores. A los 17 años empezó a desarrollar software informático, y un par de años después es un consultor informático freelance que elige sus trabajos, no por el dinero que gana sino por el interés que le suscitan los proyectos y sobre todo por las personas con las que va a trabajar.
Como maestro de ceremonias, actúa Xavier Gost, un programador veterano con mucho gracejo. Le podéis ver en su salsa en una conferencia tradicional ante tus colegas programadores explicando cuál debería ser el papel del programador en la sociedad. Forma parte de la comunidad de artesanos del software; además, es amigo y mentor de Guillermo, el organizador. Xavi explica el concepto de openspace conference y las reglas básicas de funcionamiento: pocas y funcionales. Esto me va a gustar.
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Xavi Gost. El maestro de ceremonias de nuestra conferencia openspace #HackYourEducation
–El desarrollo de una anti-conferencia ilustra muy bien lo que significa hackear la educación. El carácter espontáneo, diverso, emergente (concepto que obsesiona a Xavi Gost), informal, flexible y fluido de este evento es análogo a muchos de los rasgos que son necesarios para ser un buen hacker de la educación. También requiere de una organización y formalidad mínima, que yo considero muy atractiva desde el punto de vista del minimalismo organizativo y de la eficacia en el aprendizaje.
Rápidamente se proponen varios temas y se forman grupos para charlar sobre ellos. La gente en función de sus intereses se une a unos y a otros, y cuando quiere cambia de grupo para tocar más temas siguiendo la regla de los dos pies. Nadie debería sentirse ninguneado si la gente se larga cuando está hablando o si el grupo que has formado poco a poco se vacía hasta quedarte solo. De hecho, yo propuse un tema al que nadie se unió. Pero previamente había propuesto otros cuatro que sí tuvieron audiencia y participación. Es lo que ocurre cuando hay libertad y se eliminan algunas formalidades: la gente hace lo que le place. Y está bien.
En un próximo artículo explicaré con más detalle la dinámica de un openspace, unconference o anti-conferencia y su valor como forma alternativa de generar conexiones, debates, proyectos conjuntos y despertar la conciencia sobre un problema o buscar maneras creativas de construir cosas nuevas.
¿Tienes que ser un genio para hackear tu educación?
Este es habitualmente el primer argumento que se presenta contra el hackear la educación. Eso está muy bien para Steve Jobs (el gurú del marketing de electrónica de consumo, que dejó el college a los 6 meses), Bill Gates (un semi-autista que no pasó del primer año en Harvard), o Richard Branson (un excéntrico millonario inglés con dislexia que dejó el instituto a los 16 años, creó Virgin Records y Virgin Airlines, y que pasados los 40 años se enteró de la diferencia entre bruto y neto en una cuenta de resultados). También está bien para gente con un talento especial: superdotados, músicos, deportistas.
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Richard Branson a bordo de uno de sus aviones de Virgin Airlines ejerciendo de azafato. TONY ASHBY/AFP/Getty Images)
O peor, esto está bien para los que tienen muchos recursos y tiempo, proceden de familias adineradas que se pueden permitir este tipo de lujos en el aprendizaje; pero la persona corriente tiene que seguir el camino habitual, ganar un título que le abra las puertas al mercado de trabajo y entrar en una empresa con organización tradicional.
Ciertamente, la gente que fue a la anti-conferencia era en un cierto sentido “especial”: gente inquieta, de inteligencia activa –algunos seguramente se salen de las gráficas en cociente intelectual–, curiosa y con muchas ganas de forjar su propio destino; pero en otro sentido eran gente normal, de aspecto normal, y con capacidades normales, que concentradas en algo que les apasiona les hace capaces de ser muy buenos profesionales o de aprender nuevas tecnologías. Iván Stepaniuk, de origen argentino, aprendió a programar en BASIC a los 8 años y con 14 años ya producía software comercial. Obviamente, este no es un caso habitual pero nos sirve para saber de lo que alguien que se interesa por un tema es capaz a base de motivación y perseverancia y un entorno propicio.
Cometeríamos un error si pensáramos que el hackear la educación es para una élite privilegiada genética o socialmente. En absoluto: es una opción o posibilidad que cada vez está más alcance de todos, gracias a internet y la ingente cantidad de recursos educativos disponibles de manera casi gratuita. Los MOOCS como EdX, Udacity, Udemy o Coursera, los foros de preguntas y respuestas como Quora, o como StackExchange.com o ehow.com y muchos otros que están surgiendo en los últimos años.
Cualquier persona motivada con las ideas claras (o con las ideas confusas y con ganas de explorar, como yo) y que quiera aprender algo nuevo puede hacerlo hoy en día si se lo propone.
Desescolarización
Nunca he dejado que la escuela interfiera con mi educación ~ Mark Twain
En un grupo en el que estaba presente Laura Mascaró, especialista española en educación en libertad y evangelista del homescholing y el unschooling en España, se habló sobre una educación alternativa al margen de la escuela. Predica con el ejemplo y educa a su hijo de 7 años en casa además de asesorar a familias de homeschoolers españoles e impartir conferencias en España y sudamérica sobre el tema.
El último libro de Laura es Sin escuela. Muy recomendable como texto divulgativo para reflexionar sobre la educación y su actual configuración.
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La educación en España, con una tasa del 30% de fracaso escolar, episodios habituales de acoso en las aulas, desmotivación de los profesores y exceso de burocracia e intromisión política no parece ya la mejor de las opciones; o, al menos, no es la única que deberíamos contemplar. Esto es extrapolable a casi cualquier país del mundo, incluidos los más desarrollados.
Es sorprendente que con estos datos y conciencia general del problema de la educación en España, la gente (¡incluso dentro de nuestro openspace #HackYourEducation!) se muestre tan conservadora y cauta respecto a la desescolarización en sus diversas formas, homeschooling, unschooling, etc.
Con estos resultados, me pregunto: ¿qué tenemos que perder con experimentar con otras opciones? Supongo que la gente siempre prefiere lo malo conocido que lo bueno por conocer y que el estar del lado de la mayoría protege psicológicamente contra los malos resultados. Después de todo, si me equivoco con otros, el error resulta menos doloroso. El cálido manto del colectivo nos hace sentirnos protegidos a pesar de todo. Somos muy malos percibiendo los riesgos, sobre todo cuando se construyen de forma gradual y se van haciendo más y más familiares. El síndrome de la rana hervida ha operado en el sistema educativo español.
El concepto de desescolarización y educación en casa al margen de la escuela puede parecer un anatema para muchos, pero en estados unidos hay más de 1,5 millones de homeschoolers y unschoolers que se educan fuera de las instituciones públicas y privadas. Los resultados suelen ser mejores que los de la educación reglada. Muchas universidades están reservando un cupo especial para chicos educados en casa; su autonomía, creatividad y madurez suele ser superior al de las víctimas, quiero decir, al de los beneficiarios, de la educación pública.
Para adolescentes que están pensando en dejar el instituto, tomar las riendas de sus vidas y convencer a sus padres de ello recomiendo The Teenage Liberation Handbook. Me temo que está en inglés solamente, pero merece realmente la pena, en especial los primeros capítulos; es una excelente guía para adolescentes que quieren hacer homeschooling o unschooling y perseguir sus propios intereses y emprender proyectos personales.
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ESTE ES UN LIBRO MUY PELIGROSO. Contradice toda la sabiduría convencional sobre los que dejan el colegio y la importancia de la educación formal. Es divertido e inspirador. … El autor no se hace responsable por la felicidad y sentimiento de responsabilidad que pueda resultar.
Uncollege, un paso más allá en la desescolarización
La universidad no es el lugar al que ir a buscar ideas. ~Helen Keller
El movimiento uncollege en Estados unidos lleva este bricolaje intelectual un escalón educativo más allá al propugnar que no necesitas gastar 100.000 dólares y 4 años de tu vida en la universidad para conseguir unos conocimientos y habilidades que puedes obtener más rápidamente y con menor coste mediante el aprendizaje autodirigido. Dale Stephens, autor de Uncollegees el pionero y mejor representante de este movimiento. Podéis ver su página web y su uncollege manifiesto.
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Si estás a punto de ir a la universidad y no tienes el coraje de leer este libro antes, te mereces exactamente lo que vas a obtener. ~Seth Godin, autor de Stop Stealing Dreams.
Aunque en España el coste para el estudiante no es tan grande, sí que lo es para el estado y los contribuyentes , que gastan una media de 7000 euros anuales por estudiante con resultados más que dudosos en cuanto a formación adquirida. No tenemos ni una sola universidad española entre las 150 primeras del mundo y los informes PISA relegan a los alumnos españoles a las últimas posiciones del mundo desarrollado junto con nuestra vecina Portugal y Grecia.
Paradójicamente, nuestros MBAs de negocios están entre los mejores del mundo, con algunos como el del IESE de Barcelona o el IE de Madrid o el ESADE apareciendo regularmente en el top ten mundial. En el 2012, en el ranking del financial times, el IE fue el segundo a nivel mundial, el IESE el sexto, y el ESADE el quinto. Ningún otro país de Europa tiene tres MBAs en la lista de los diez mejores.
La paradoja se resuelve fácilmente: todos estos MBAs son de iniciativa privada, están sometidos a las leyes del mercado, dependen de satisfacer sus clientes y no reciben subvención alguna.
¿Hackear el sistema o hackear tu educación?
He de crear mi propio sistema o seré esclavizado por el de algún otro ~William Blake
Javier Cuevas habla de establecer métodos de marketing de guerrilla, dar charlas en institutos y universidades e incluso poner pancartas en centros universitarios del tipo: “Os están robando el tiempo”, “Vuestra educación es un fraude”, etc. Esta opción serviría para hacer ver la luz a los que siguen en el sistema educativo tradicional. Su argumento es que no podemos dejar a los demás en la estacada e ir a lo nuestro sin preocuparnos por la suerte de la gran mayoría.
Marta Fonda, una ingeniera informática y licenciada en ADE, piensa que podemos hackear el sistema, aprovechar los recursos que nos proporciona y hacer la guerra desde dentro. No creo que sea la mejor estrategia, dado el nivel de burocracia e inercia administrativa, pero es otra vía posible para los que no se atreven a dar el salto completo de hackear su educación y prefieren poner parches al sistema. Los cambios graduales por pequeños que sean en la dirección correcta también pueden ayudar a crear conciencia.
Según vemos, algunos pretenden hackear el sistema en vez de hackear su educación; se les puede perdonar, porque muchos son programadores o hackers profesionales. Pero en mi nada modesta opinión, es una pérdida de tiempo el intentar reformar un sistema caduco y atrasado, y es mejor buscar formas más imaginativas en las que haya menos (¡o ninguno!) control administrativo o político. En este caso especial prefiero la revolución voluntaria y personal (con la ayuda de espíritus afines) a la reforma colectiva y consensuada o acordada de talla única para todos. Dicho en el lenguaje del software: es mejor crear Linux que intentar convencer a Microsoft de que debe mejorar su sistema operativo; o expresado de otra forma: puedes dar un jaque al sistema hackeando tu propia educación en tus propios términos.
Si se trata de hacer llegar el mensaje al resto de la sociedad sobre otras opciones de aprendizaje y educación, es mejor liderar mediante el ejemplo, construyendo nuestro propio sistema, teniendo “éxito” (irónicamente, es una palabra que repugna a mucha gente que lo tiene, pero este es otro tema…), mostrando a los demás que podemos aprender, construir, iniciar y ser ciudadanos productivos y responsables que logran cosas por sus propios medios a base de tesón y energía.
La gente no es estúpida, la gente ni siquiera tiene que ser “enseñada a pensar críticamente”, como dicen algunos (¡este tufo condescendiente y paternalista me repele!), ya tienen un cerebro pensante –aunque piensen otras cosas–, la gente es inteligente y hasta brillante; si ve que un determinado grupo de personas aprende de manera más eficaz, más rápida, más divertida y motivada y además consigue buenos resultados profesionales, se unirá o al menos considerará la posibilidad de hackear su propia educación, dentro o fuera del sistema educativo tradicional.
En definitiva, proporciona a la gente libertad de elección y acceso al conocimiento y verás cómo te sorprende. ¿Acaso no es este uno de los principios del opensource y de la ética del hacker?
Talleres informales de programación (o de cualquier otra cosa)
Muchos de los hackers de la educación conscientes de la importancia de la tecnología en la sociedad actual se rasgan las vestiduras ante lo mal que el sistema educativo actual enseña alfabetización digital. Xavi Gost alude al libro Program or be programmed: ten commandements for a digital age (Programa o sé programado: diez mandamientos para la era digital) de Douglas Rushkoff y nos insta a ayudar a los niños y jóvenes a subirse al carro de la modernidad digital.
Programadores, ingenieros o tecnófilos proponen crear escuelas o talleres o cursos más o menos formales para jóvenes sobre matemáticas, pensamiento crítico, programación o diseño. Son gente idealista por la que siento simpatía. Tienen verdaderas ganas de contribuir y ayudar.
Solo una cosa me rechina: la mayoría de ellos aprendieron programación o diseño gráfico por su cuenta, al margen de un programa oficial, con sus recursos personales o familiares, movidos por el deseo de aprender, la curiosidad y la motivación intrínseca. Pero sus propuestas no siempre armonizan con sus biografías…
Paradójicamente, algunos de estos hackers de su educación consideran que los cursos o talleres han de ser de asistencia obligatoria, porque “si no los obligas” los niños no van a querer esforzarse y acudir regularmente a esos cursos tan importantes de matemáticas o scratch (un lenguaje de programación para niños).
SORPRENDENTE: los mismos que creen en el poder de la curiosidad y la libertad para perseguir su pasión consideran que hay que tutelar el interés de los niños y jóvenes y obligarlos a aprender estas tecnologías tan importantes, matemáticas o disciplinas similares.
Algunos incluso creen que algunas familias son poco fiables y que el estado (la «sociedad», eufemísticamente dicen) debe intervenir y retirar la libertad de elección a esas familias que no están preparadas o no merecen la responsabilidad de educar a sus propios hijos.
Aparentemente, la Ley de los dos pies, que permite elegir con los pies (huyendo o acudiendo libremente) el tipo de enseñanzas que quieres recibir, solo se aplica al openspace o a sus propias vidas, no a los talleres que ellos organicen. Parece que no creen que puedan motivar o inspirar a los chicos que voluntariamente decidan participar en sus talleres.
Seamos críticos con nosotros mismos, el lastre de nuestra educación académica formal es muy fuerte, e incluso en los más concienciados de entre nosotros sigue resonando el afán de obligar, reglamentar y estandarizar la enseñanza y el aprendizaje.
Comunidades de aprendizaje
Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto. ~John Donne
El sistema educativo actual es una carrera individual donde los resultados dependen casi exclusivamente del esfuerzo en solitario. Puedes pasar todo tu proceso educativo encerrado en tu habitación sin casi necesidad de colaborar o participar en proyectos conjuntos con otros alumnos. No se comparten los trofeos y la mentalidad competitiva de yo gano–tú pierdes está muy extendida. Después de todo, solo uno puede ser el número uno o sacar las notas más altas.
Guillermo Pascual recalca que él no podría haber aprendido a programar al nivel que lo ha hecho sin el apoyo, aliento y colaboración de una comunidad de programadores que buscan la excelencia y el aprendizaje. Él no es un autodidacta, sino un interdidacta, que aprende con otros, en el marco de un grupo humano comprometido con un arte-ciencia-oficio.
Muchos otros asistentes al openspace #HackYourEducation describen procesos similares de aprendizaje informal en grupos de gente afín y colaborativa, que presta su tiempo y atención para el bien común.
El aprendizaje es un fenómeno eminentemente social. Lo solemos olvidar. Un buen ejemplo de esta mentalidad de comunidad de aprendizaje es la del movimiento de artesanía del software o software craftmanship. Toman como punto de partida la analogía de la comunidad de programadores con los gremios artesanales medievales y el largo y nunca acabado camino hacia la excelencia desde aprendiz y ayudante hasta maestro. El aprendizaje se produce haciendo, practicando, por imitación y de la mano de compañeros con más experiencia . En su manifiesto, los artesanos del software explicitan los principios de asociación y comunidad:
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Como aspirantes a Artesanos de Software estamos elevando el listón de desarrollo de software profesional mediante la práctica y ayudando a otros a aprender el oficio. A través de este trabajo hemos llegado a valorar:
No sólo que el software este funcionando, pero también que el software este bien diseñado
No sólo responder al cambio, pero también constantemente agregar valor
No sólo los individuos y las interacciones, pero también una comunidad de profesionales
No sólo la colaboración de clientes, pero también asociaciones productivas
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Está claro que este espíritu de comunidad, colaboración, orgullo por el trabajo bien hecho y contribución de los artesanos programadores es extrapolable a los hackers de la educación.
Ángel Sanz, un chico en segundo de carrera que hace un grado en matemáticas e informática en Madrid y que ama la música está planteándose hackear su educación y aprender por su cuenta; encuentra difícil encontrar compañeros de espíritu afín, realmente motivados y con propósito más allá de aprobar exámenes. Se está planteando crear él mismo un grupo de estudio o reunión que le permita conocer a gente similar apasionada como él por las matemáticas y la informática.
Los meetups o reuniones de gente que se reúne presencialmente para hablar de un tema son cada vez más normales. Meetup.com es la plataforma puntera en todo el mundo que facilita crear esos grupos y reunir físicamente a la gente. En las principales ciudades del mundo hay cientos de estos pequeños grupos de interés. Los grupos de software son de los más activos, pero tienes otros como los de los emprendedores, los escritores, los de intercambio de idiomas o los viajeros, que tienen también comunidades muy frecuentadas.
Una de las mejores formas de autoeducación es el aprendizaje en grupos de estudio, donde varias personas muy motivadas en aprender o explorar un área de conocimiento se reúnen periódicamente y establecen un diálogo sobre asuntos o disciplinas no triviales. Xavi nos recomienda un estupendo manual Knowledge Hidrant: a Pattern Language for Study Groups para organizar grupos de estudio eficaces.
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La buena noticia: no importa lo raro que seas o lo extravagante de tus intereses intelectuales y vitales, que vas a encontrar cientos de personas interesadas en lo mismo y de los que vas a poder aprender tanto presencialmente como vía internet.
–Jose Julián Marín, otro hacker de su educación, ha comenzado a aprender html y programación y diseño web por su cuenta, gracias a amigos y mentores informales y con medios disponibles en la red. También está empezando a escribir un blog para aprender y ayudar a otros que están empezando.
En la línea de la web 2.0, que nos convierte en productores y no solo en receptores pasivos de información, el blog y los wikis son otras dos estupendas herramientas de participación y colaboración. Miles de blogs aparecen todos los días sobre los temas más variopintos. Los medios de comunicación de masas tradicionales, las grandes editoriales, los centros de enseñanza, han empezado ya a sufrir la competencia de los blogs y medios digitales similares. La opinión ya no es creada centralizadamente y una miriada de nuevos agentes individuales y pequeñas comunidades reta el poder tradicional de las grandes empresas y el estado.
Como herramienta de aprendizaje, el blog es una herramienta maravillosa para lograr interacción con gente afín y enseñar lo poco o mucho que sabes, ayudar a otros y aprender en el proceso.
Mentores
Este tema suscitó mucho interés en nuestra anti-conferencia #HackYourEducation. Es algo habitual en el seno de las grandes empresas. Tradicionalmente, el mentorazgo se lleva a cabo por un miembro veterano de rango superior con experiencia y conocimiento de la estructura organizativa y los intríngulis políticos y organizacionales. La experiencia de esta persona sirve como ayuda para el desarrollo de la carrera del empleado más joven. A cambio, el mentor tiene información de primera mano sobre niveles más bajos de la organización, se expone a ideas nuevas y obtiene un cierto sentido de contribución o legado a las nuevas generaciones.
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Cuando el aprendiz está listo, aparece el maestro.
–En un ambiente más informal y casual el mentorazgo es una forma excelente de crear comunidad y dar una atención personalizada a un aprendiz joven. Requiere una química importante entre mentor y aprendiz. El mentor debería ser capaz de ofrecer guía, conocimiento tácito o implícito difícil de verbalizar, y experiencia muy específica del campo u orientación hacia las líneas de trabajo o recursos que el aprendiz pueda ir necesitando a lo largo de su camino.
Autocontrol y autorregulación para el aprendizaje independiente
El juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida ~ G. K. Chesterton
Echa un vistazo a este experimento. Es el experimento de los marshmallows o de los malvaviscos. Un niño de unos 5 años está sentado en una silla delante de una mesa en una habitación en la que no hay distracciones. Un profesor le ofrece al niño una golosina, un bombón, una nube, algo similar y le dice que puede comerlo inmediatamente si quiere, o si espera unos minutos a que él vuelva, podrá comer dos golosinas en vez de una.
En este video podéis ver los esfuerzos denodados del niño por aplazar la gratificación inmediata, sacrificando el placer del momento por la promesa de un placer mayor en el futuro (15 minutos, que para un niño puede ser una eternidad).
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Lo interesante es que la capacidad del niño para demorar la gratificación, el tiempo que tarda en comerse la golosina, es un mejor predictor del éxito académico y el nivel de madurez social y emocional que tendrá a los 16 años que el coeficiente intelectual o el historial familiar o la clase social. ¿No es sorprendente? Una habilidad tan básica puede ser el factor clave del éxito en la vida.
Un aprendiz independiente, un homeschooler, un unschooler, alguien que crea su propia universidad personal o un aprendiz de por vida necesita especialmente de esta capacidad de persistir en el esfuerzo, enfocarse y decir no al placer inmediato o lo más cómodo en favor de sus intereses de aprendizaje a largo plazo.
Cuando no tienes un profesor o figura de autoridad detrás de ti para ponerte objetivos de aprendizaje, someterte a exámenes y premiarte o castigarte la habilidad de autodirigirse y aplicar la fuerza de voluntad y autorregularse es fundamental.
Es muy habitual que gente que se levanta todos los días para ir a trabajar o al instituto a las 7 de la mañana sea incapaz de hacer un esfuerzo de voluntad fuera del entorno laboral o escolar. La razón es que en el sistema académico formal nos adiestra muy bien para seguir órdenes y trabajar por objetivos marcados por otros, pero la capacidad de autodirección muchas veces queda atrofiada.
No quiero denigrar la motivación, el entusiasmo y la pasión en favor del autocontrol y el sacrificio, pero sí recalcar que muchas veces las personas no persiguen sus mejores intereses, especialmente a largo plazo, por incapacidad para sostener el esfuerzo y mantener el foco cuando la pasión decae o los inevitables bajones o frustraciones a lo largo del proceso de aprendizaje de algo nuevo aparecen.
La fuerza de voluntad o capacidad de autorregulación es esencial para el aprendiz independiente y, como muchas habilidades humanas, ha de aprenderse por la práctica. También es posible entrenarla, creando pequeños retos, entrenamientos concretos, generando hábitos saludables y recurriendo a montones de técnicas de autorregulación. En el blog tecnologiasdelyo.com podéis ver un pequeño experimento personal en mi desafío de la ducha fría o en mis intentos por dejar de tomar azúcar en el café o comer un chupa-chups sin morderlo (como veis, no se me puede reprochar mi falta de ambición).
Son experimentos de aire friki pero que más allá de lo divertidos o curiosos que puedan parecer son formas prácticas y explícitas de fortalecer el músculo de la voluntad y tonificarlo para los retos profesionales y educativos del día a día.
Aprendizaje “olímpico” o cómo controlar la avalancha de información
Lo que la información consume es bastante obvio: consume la atención de sus destinatarios. Por tanto una riqueza de información crea pobreza de atención, y la necesidad de asignar de manera eficiente esa atención entre la sobreabundancia de fuentes de información que podría consumir.
~Herbert Alexander Simon, científico social estadounidense.
A veces nuestro afán de saber y acumular conocimiento se vuelve en contra de nosotros. Xavi Gost ha llamado a esto “aprendizaje olímpico” quizá por su aire de competición y de lucha continua por acumular puntos y trofeos cognitivos.
Queremos leer más libros que nadie, conocer todo lo que se ha escrito sobre un tema, estar a la última, y poder hablar de cualquier tema novedoso. Para las personas ávidas de conocimiento y que gustan de absorber información esto puede convertirse en una trampa. La información y el conocimiento en la actualidad están disponibles a coste casi cero y el reflejo natural de un aprendiz es intentar leer todos los artículos y libros y visitar todos los blogs y sitios web relevantes para lo que está aprendiendo. Esto puede ser abrumador, puede producir infoxicación o infobesidad.
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Obtener información de internet es como beber del chorro de una boca de incendios
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En un entorno escaso de información, puede ser útil estar completamente abierto a todo lo que sucede en el entorno, alerta y ávido por asimilar todo lo que aparece en nuestro camino; pero en un entorno rico en información, inundado de ella, el recurso escaso es nuestra atención, la que somos capaces de prestar a cada unidad informativa; la información se convierte en ruido y nuestra capacidad de asimilación se reduce. Habitualmente privilegiamos la cantidad en detrimento de la calidad y la superficialidad se termina convirtiendo en la norma.
Aquí son muy importantes las técnicas de productividad y de gestión de la información. Desde una perspectiva minimalista no puedo dejar de aconsejar focus, de Leo Babauta, que nos recomienda técnicas sencillas para trabajar productivamente en una era donde la distracción y la superficialidad es la norma. Necesitas obviamente conciencia de tus procesos mentales, de tu forma de trabajar y la voluntad suficiente para cambiar rutinas o hábitos de trabajo poco saludables.
El libro The Information Diet: A Case for Conscious Consumption, es también muy útil para ayudarnos a mejorar nuestra dieta informativa y evitar convertirnos en infobesos. El control de los medios de comunicación de masas, las redes sociales, los móviles y otros dispositivos electrónicos portables, el tipo de blogs que leemos, nuestros hábitos de gestión del e-mail, etc., son elementos básicos que el trabajador del conocimiento y el hacker de su educación han de tener muy presentes. La alfabetización digital pasa también por aprender a relacionarnos de manera consciente e inteligente con las nuevas herramientas tecnológicas.
Práctica deliberada
Cualquier hombre que siga trabajando no es un fracasado. Puede que no sea un gran escritor, pero si aplica las virtudes ya pasadas de moda del trabajo duro y constante, terminará haciendo una carrera de algún tipo como escritor.
~ Ray Bradbury
Malcom Gladwell y otros autores han popularizado en los últimos años los estudios sobre la práctica deliberada de K. Anders Ericsson, un psicólogo de la Universidad de Miami. Ericsson ha estudiado los procesos de entrenamiento y aprendizaje de los expertos sean estos músicos, ajedrecistas, deportistas o mecanógrafos.
Si la especialización es condición necesaria para crear valor diferenciado en la economía del conocimiento, es muy importante tener presentes algunos de los principios que nos permiten desarrollar la excelencia en el campo que elijamos y cómo alcanzarla de la forma más efectiva y eficiente en el menos tiempo posible.
Los principios básicos son:
La excelencia y el expertismo son costosos en esfuerzo y tiempo de dedicación
El expertismo se explica mejor en términos de esfuerzo y un tipo especial de práctica, la práctica deliberada, que de talento o genes.
Aunque sea necesario algún tipo de condición genética o natural ni los mejores expertos del campo pueden llegar a serlo sin pasar por un número mínimo imprescindible de horas de práctica deliberada.
La práctica deliberada –la práctica intensa y enfocada– es la clave del entrenamiento eficaz.
Se necesita una poderosa motivación para sostenerla.
El feedback de calidad sobre el desempeño es fundamental.
Los mentores y profesores capaces son imprescindibles para la adquisición del expertismo.
En la práctica deliberada estamos haciendo un esfuerzo constante por salir de nuestra zona de confort intentando buscar el punto entre la zona de comodidad, donde nos aburrimos y todo es demasiado fácil y la zona de pánico, donde el tamaño del reto excede en demasía nuestras capacidades.
Cada disciplina tiene sus propios sistemas de entrenamiento óptimos y estos cambian según el estado de desarrollo del aprendiz. No es el mismo para un estudiante de 2º año de conservatorio que para un virtuoso del piano de talla internacional.
Hay multitud de ideas, técnicas y herramientas. Me limitaré a escribir un decálogo de las más importantes y referenciar un impar de libros:
Los diez mandamientos de la ley del hackeo de la educación. El primer mandamiento debería ser: rompe las tablas de la ley y crea tus propios mandamientos.
Aprende aquello que genere un resplandor en tu espíritu. Dicho de otra manera, haz lo que amas.
La pasión y la inspiración están sobrevaloradas. No siempre estarás al 100% de energía y motivación. Sigue adelante igualmente. Dicho de otra manera, ama lo que haces. Ama el proceso.
Vida y aprendizaje no son compartimentos estancos. La mejor forma de aprender es estando presente en tu propia vida e involucrado con tu entorno social y geográfico. La separación vida–aprendizaje es un residuo del sistema de línea de montaje de la educación del siglo XX.
Aprende haciendo. Convierte tus metas de aprendizaje en proyectos en los que quieras obtener algo concreto. No dejes que el conocimiento se estanque en tu mente, conviértelo en acción, exprésalo, haz algo útil para alguien con ello. Usa los proyectos, los mini-proyectos, los ensayos, los blogs, la escritura, las simulaciones, los programas pilotos, los prototipos, los experimentos, las contribuciones a los proyectos de otros y las comunidades de práctica como forma de visibilizar tu aprendizaje y desarrollarlo.
Si no sabes algo, enséñalo. Es una de las mejoras formas de aprender. Enseña y escribe para multiplicar el efecto. Si eres realmente ambicioso, conviértete en mentor de alguien.
Conviértete en un maestro de la autorregulación y la automotivación. La iniciativa y la autonomía dependen de ellos. La libertad necesita de estos humildes ayudantes para desplegarse.
Convierte tu aprendizaje en algo social. Participa en comunidades de aprendizaje y grupos de estudio.
Busca un mentor y profesores excelentes que te ayuden, guíen y orienten a lo largo del camino. Cuando el aprendiz está preparado, aparece el maestro.
El mejor momento para hacer o aprender algo es cuando sientes dudas sobre si podrás hacerlo. Tírate a la piscina más a menudo y desarrolla una saludable mentalidad experimental. Empieza a escribir un buen Ridículum Vitae.
Desarrolla una mentalidad de crecimiento con una teoría de la inteligencia dinámica. Nunca “eres inteligente”; en el mejor de los casos “estás siendo inteligente” en un momento y lugar concreto desarrollando una tarea particular. Olvídate del talento, eso pertenece a la mentalidad fija, a una teoría de la inteligencia como un monolito que asegura el éxito. Te recomiendo encarecidamente el libro de Carol Dweck,Mindset: How You Can Fulfil Your Potential. Es el libro que más hará por tu educación y por la calidad de tu aprendizaje.
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Mandamiento número 11 (muy a mi pesar): aprende inglés. Lo siento. Es así. El mejor material en casi cualquier área está en inglés. Quizá cambie esto con el tiempo. Pero ahora si quieres acceder a lo mejor y lo último tienes que tener un dominio suficiente del inglés.
Un impar de libros recomendados, en especial el primero:
Cuando des un paso fuera de la empaquetada estructura de la educación tradicional, descubrirás que hay muchos más modos de aprender fuera de la escuela que dentro. ~ María Popova, autora de BrainPickings
A veces me siento como la chica de la curva advirtiendo a los todavía-vivos-intelectualmente de la trampa de la escuela y la universidad.
El arte de aprender, de Josh Waitzkin. Maravilloso. Lecciones de un maestro de ajedrez adolescente y posterior campeón de artes marciales. Una aproximación a lo que es el aprendizaje profundo.
Una cosa que he aprendido como competidor es que hay una clara distinción entre lo que se necesita para ser decente, para ser bueno, para ser grande y para estar entre los mejores. ~Josh Waitzkin. El arte de aprender.
Palabras finales
En nuestra visión, hackear la educación no tiene que ver necesariamente con dejar el instituto o la universidad (aunque ese puede ser el camino para algunas personas), sino con ser conscientes de las decisiones que estás tomando y tener un claro sentido de propósito. Es cierto que la mayoría de los estudiantes deambulan sin dirección a través del sistema educativo tradicional sin tomarse el tiempo para pensar: «¿Por qué estoy aquí y qué es lo que quiero sacar de esta experiencia?». El truco está en no aceptar las alternativas prefabricadas ciegamente. Fija tus metas y diseña el camino que mejor te convenga.
He necesitado 6193 palabras para describir el concepto de hackear la educación. Para un minimalista existencial y un aprendiz de por vida, el aprendizaje y la educación son pilares que forman parte esencial de los planos del diseño vital; como tales, no pueden delegarse.
El openspace #HackYourEducation de Madrid del 2 de noviembre de 2013 ha sido un maravilloso hito. Quizá algún día lo recordaremos como un pistoletazo de salida para un cambio en el paradigma educativo en España. 50 personas llenas de ilusión y con ganas de cambiar el mundo cambiándose a ellos y ayudando a los demás a hackear su propia educación.
El futuro está abierto.
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Homo Minimus también escribe artículos más cortos pero igual de buenos. Puedes suscribirte a este blog y recibirlos cómodamente en tu e-mail pulsando en el botón superior derecho de esta página.
Además, después de suscribirte, te enviaré gratuitamente focus, el libro sobre productividad minimalista de Leo Babauta traducido al español.
Integrada y dirigida por el propósito y la visión. Fortaleza que se proyecta en el futuro. A lo Münchhausen: hundido en el pantano de lo cotidiano me elevo tirándome del pelo con caballo y todo.
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Pureza de corazón es querer una sola cosa ~Rilke
Grande
Por la diversidad dentro de la unidad y la integración de las partes. La adaptabilidad viene de la variedad interna, de ser capaz de generar muchas respuestas y poder actuar en entornos dinámicos y complejos. Tolerar y animar la paradoja, la contradicción y la confusión derivada de albergar muchas posibilidades dentro de uno y ser capaz de grandes cosas.
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Has de llevar un caos dentro de ti para alumbrar una estrella danzarina ~Nietzsche
Libre
Por la autodeterminación o autonomía. Tanto por estar libre de sujeciones externas como por contar con la motivación intrínseca o disfrute del proceso como energía motivacional.
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He de crear mi propio sistema o seré esclavizado por el de algún otro ~William Blake
Durante tres días y tres noches, el maestro Homo Minimus no salió de su cubículo. Al cuarto día, los monjes del templo enviaron a un aprendiz en busca de noticias suyas.
El aprendiz encontró al maestro ante una gran pantalla contemplando una proyección de una rama periférica de su árbol de la vida. El aprendiz lo identificó como un componente menor, casi insignificante, del vasto sistema de planificación estratégica de Homo Minimus y cuyo mantenimiento regular acometía con puntualidad de reloj atómico. Educadamente, el aprendiz preguntó al maestro en qué estaba trabajando.–
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Yo cuantificado – cliquea para ampliar vista
–El maestro contestó: “Hay un pequeño fleco en la organización general de mi vida, y estoy considerando cuál es la mejor manera de solucionarlo».
El aprendiz dijo: “A menudo predica sobre la importancia de establecer prioridades. Entonces, ¿cómo puede estar obsesionado con algo tan pequeño y trivial?”
Sin decir una palabra, el maestro elevó su bastón y golpeó con fuerza el descalzo pie izquierdo del aprendiz, rompiéndole el dedo meñique. El aprendiz gritó de dolor y salió cojeando del cubículo. En ese momento, el aprendiz vio la luz.
Este es uno de los secretos de la automotivación: siempre estar celebrando los pequeños logros y las pequeñas cosas: de la misma forma que hemos de pensar a lo pequeño para ser grandes, también hemos de sentir a lo grande con cosas pequeñas.
Imagina, por ejemplo, que X = gestionar el correo electrónico. Pero lo que sigue a continuación se aplica a cualquier otro tema en el que quieras mejorar.
Buscas en google, escribes las palabras «10 tips manage email» y obtienes 120 millones de resultados:
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Al menos las 8 primeras páginas de resultados te proporcionan enlaces de alta relevancia para lo que buscas. Tienes 200 o 300 enlaces donde podrías obtener consejos.
¿Y ahora qué?
Creo que te has equivocado. Los diez consejos nunca funcionan. No en la medida que tú crees.
Mis 10 razones contra los 10 consejos
Tu vida no es la vida del que da los consejos. Esos diez consejos son el destilado de la experiencia particular de una persona en tiempo y lugar. Son reglas generales que tienen mucho sentido para la persona que ha experimentado sobre un determinado tema. Las reglas están adaptadas a sus circunstancias, idiosincrasia y valores. Pongamos que el que da los consejos es un hacker de la productividad personal, escribe un blog, da cursos online sobre productividad, mantiene muchos proyectos en paralelo y está obligado a interaccionar con decenas de personas al cabo del día. La pregunta es: ¿tus circunstancias se parecen a las suyas?
Las consejos son a menudo demasiado rígidos. En este blog he dado el consejo de escribir emails de solo tres líneas. ¿Sería eso suficiente para el tipo de correos que estás acostumbrado a escribir?
Las excepciones son tan importantes como las reglas. Supongamos que algunos consejos son útiles. ¿Sabrías cómo adaptarlos a tus circunstancias particulares separando el grano de la paja y quedándote con lo que verdaderamente fuera eficaz y eficiente para ti? ¿Deberías aplicar la regla de los minutos con las acciones que se deriven de la revisión de tu correo?
A los consejos desnudos les falta el ropaje de la verificación empírica. Está claro que debes testar las reglas, excluir las no necesarias o excesivamente complicadas, y transformar los consejos hasta que des con algo que funcione para ti. Por ejemplo, has de procesar el correo como máximo 2 veces al día según un consejo habitual de los gurús del e-mail. ¿Te lo puedes permitir? ¿Hay algún jefe o colega o proyecto urgente que requiere un flujo ininterrumpido de comunicación? Eso solo lo puedes saber tú, no el consejero.
No tienes lo que hay que tener. Sobre todo te falta voluntad. Establecer e internalizar cualquier sistema lleva tiempo. Hasta que formas un hábito necesitas dedicar esfuerzo mental diario. Muchas de los consejos son contraintuitivos y seguir reglas es incómodo al principio. Un sistema de productividad completo como el GTD de David Allen parece lógico sobre el papel y es un ideal. Pero… ¿tienes la fuerza de voluntad, paciencia y determinación para establecerlo? Siguiendo nuestro tema de la gestión del email: ¿vencerás el impulso de seleccionar el correo e ir a por lo más llamativo en vez de procesarlo secuencialmente? ¿serás capaz de no revisar compulsivamente el email a lo largo del día?
Los consejos son ocurrencias muchas veces inconexas y contradictorias. Ningún conjunto de consejos capta los matices, riqueza y complejidad de tu flujo de trabajo. Muchos decálogos son lugares comunes mal digeridos que no están integrados entre sí. En vez de pensar en el sistema y las metas generales se ponen parches en forma de consejos. Cualquier pseudogurú puede escribir una lista de diez consejos.
Si las circunstancias cambian, las reglas deben cambiar. Si te aferras a un sistema puedes hacer más difícil el adaptarte a los cambios.
Los diez consejos de alguien, son SUS diez consejos. Pierdes la sensación de autoría. En vez de crear un diseño propio, fruto de la experiencia y el ajuste y refinamiento continuo, te contentas con un traje de talla única que solo por casualidad se adaptará a tus necesidades.
Realmente no alcanzas a entender el significado exacto de los consejos. Es posible que no comprendas lo que significan o cómo puedes aplicarlos hasta que hayas hecho un esfuerzo consciente por resolver tú mismo el problema. ¿Has pensado seriamente en cómo gestionar el correo electrónico o te has limitado a ir poniendo parches e imitar los sistemas con los que por casualidad te has ido topando a lo largo del tiempo?
Diez consejos son muchos consejos o demasiados pocos. Se escoge la cifra de diez porque es una cifra redonda que tiene connotaciones casi mágicas. Somos muy aficionados a los decálogos. A veces bastarían con solo tres consejos, otras veces necesitarás treinta. Por ejemplo, yo reduje las reglas de gestión de correo a solo tres en Bandeja de correo virginal. Pero tú podrías necesitar catorce.
Pensamientos finales
Estas diez razones tampoco sirven para descartar siempre los diez consejos sobre X.
Las razones por las que alguien da un consejo son más interesantes que los mismos consejos.
Siempre estamos buscando atajos para no pensar y el mercado de productos e ideas nos los proporciona.
Si no creas tu propio sistema, estás condenado a seguir el de algún otro o dejar tu comportamiento al azar.
El minimalismo existencial –o minimalismo como diseño de vida– está especialmente interesado en dosificar el esfuerzo y no dedicar más recursos que los necesarios para lograr las metas. La regla de Pareto del 80/20 nos recuerda que con el 20% de las acciones conseguiremos aproximadamente el 80% de los resultados. Cuando no necesitamos maximizar, las acciones posibles que resultan más eficaces son unas pocas y es en ellas en las que debemos centrarnos.
Siempre se puede mejorar, siempre se puede aspirar a más. El minimalismo no está contra el «más»: minimalizar no es lo mismo que minimizar, como elocuentemente argumenta Alan Furth.
Alguien podría decir que nos falta ambición si no intentamos siempre obtener lo mejor y lo más. Es justo lo contrario: como queremos obtener lo más de nuestros esfuerzos y de nuestra vida en general somos muy cuidadosos en las decisiones sobre nuestras acciones y en el cómo empleamos nuestros siempre limitados recursos: atención, esfuerzo, tiempo, etc. No intentamos llegar al «más» o lo máximo en unas pocas metas descuidando el resto. Queremos el «más» de los resultados en términos globables, no en un área pequeña de nuestra vida.
Overkill
Mucho menos queremos el «más» de las acciones.
Hay un término inglés de la ciencia militar, «overkill», que significa usar recursos ofensivos muy superiores a la resistencia del oponente. Se puede usar con fines propagandísticos o psicológicos y a veces se aplica en las acciones militares, pero supone una excepción al principio general de la economía de medios.
Podemos usar el concepto de overkill en la esfera de la acción personal: el overkill puede resultar un acto de afirmación y producir una gran sensación de poder o valía cuando usas tus recursos mucho más allá de lo necesario. Es, por así decirlo, un acto de propaganda dirigido a uno mismo y los demás.
Te puedes sentir poderoso y ver aumentar la confianza, como cuando en un proyecto profesional haces lo máximo para lucirte y no dejas ni un solo detalle al azar. O como cuando inicias un programa de mejora física, te apuntas a un gimnasio, compras el equipamiento más caro, contratas diez clases con un entrenador personal y adquieres un dispositivo sofisticado de registro de tu actividad física.
El contra del overkill es que entierras horas de trabajo y dinero más allá de lo razonable. El rendimiento de tu esfuerzo y dinero invertido es gradualmente más pequeño y genera menos valor.
Ten en cuenta que, aunque te sobre el tiempo y la energía para lograr un objetivo determinado –y te puedas permitir el ser perfeccionista–, esos recursos de más dejan de estar disponibles para usos alternativos en tu vida. Lo que gastas en una dirección deja de poder ser usado en otra dirección; esto es lo que los economistas llaman «coste de oportunidad«: la renuncia que haces al mejor uso alternativo de unos recursos dados. Normalmente no somos conscientes del coste de oportunidad porque no es visible, requiere un ejercicio de consciencia y de imaginación.
Un ejemplo personal: fitbit
En mi caso, el uso de fitbit –un medidor de actividad física, cantidad y calidad de sueño, calorías, registro de alimentos– ha sido un ejemplo de overkill. Medir está bien porque permite controlar y no engañarse sobre el resultado de las acciones, pero me pregunto si registrar lo que como, medir las calorías consumidas, obtener el balance calórico, saber el número de tramos de escalera que subo cada día y conocer el perfil de actividad física diaria aporta realmente valor.
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Mi experiencia con el uso de aparatos electrónicos, teléfonos móviles, ordenadores, etc. — los de fitness incluidos– es que de todas las características que compras solo unas pocas (20% o menos) aportan la mayor parte del valor (80% o más), y que el resto generan más ruido que información, amén de las complicaciones operativas de monitorizar muchas variables y hacer seguimiento. La mayoría de los productos adolecen de un exceso de posibilidades para los usos que terminamos dándoles.
Con fitbit no ha sido distinto: me encuentro con que de todas sus funciones he terminando aprovechando solo la de medición de pasos diarios. La medición del sueño, que empecé también registrándo, la abandoné porque muchas noches no recordaba inicializar el registro; y, aunque lo registrara adecuadamente y observara su evolución o pautas, no lograba traducir en acciones de mejora esa información. Por otra parte, mi cantidad y calidad de sueño eran y siguen siendo bastantes buenas. ¿Para qué monitorizar lo que está suficientemente bien?
En mi caso, un mejor uso alternativo del tiempo de monitorización podría haber sido el dedicar más tiempo a la meditación o a charlar con amigos. Este ha sido para mí el coste de oportunidad de usar el fitbit. Con la meditación, podría haber logrado más consciencia de mis actos y autocontrol; con el mayor tiempo de socialización, un montón de experiencias y bienestar emocional y estar más cerca de mis amigos.
Para este viaje no necesitaba tantas alforjas
Un podómetro sencillo, que se puede comprar por 5 euros (un 5% del coste del fitbit) en una farmacia, podría haber hecho sus función básica: medir pasos. No tendría página web donde consultar y sincronizar datos y estadísticas ni gráficos vistosos, pero podría saber igualmente si estoy haciendo mis 10.000 pasos diarios o alguna cifra razonable similar. Quizá un podómetro más barato no sea tan preciso; pero, ¡qué más da que sean 11.000 pasos o 9.500!
Es más importante el fijar una meta de actividad física razonable diaria y saber si la mantienes o te quedas por debajo; conocer el número exacto de pasos diarios o de calorías o de tramos de escaleras o de tiempo dormido es matar moscas a cañonazos, si no eres un deportista de élite que dedica su vida a maximizar su rendimiento físico en condiciones de competición.
Hoy en día, la expresión «es mediocre» es una de las peores que se pueden usar para definir a un producto, un proyecto o una persona. Todo lo gris y lo fallido, lo que no tiene brillo, se adscribe al calificativo de mediocre.
Muchas de nuestras acciones, tanto las que hacemos para ser brillantes como lo que hacemos para evitar ser tildados de pertenecientes al montón, están pensadas para alejarnos del campo de la mediocridad.
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En una película de los hermanos Marx, la actriz Margaret Dumont le dice a Groucho después de que le haga una perrería: «¡Usted es un hombre horrible!», a lo que él responde: «Un momento, señora. ¿Comparado con quién?»
Este es el quid de la cuestión
Mediocre, comparado con quién
La mediocridad exige siempre un término de comparación: y ese término suele estar en nuestro entorno. Dada la ubicuidad de las comunicaciones, en cualquier cosa que hagamos vamos a encontrar ejemplos de excelencia a nivel mundial.
Si te pones a programar, en un par de clics puedes encontrar ejemplos de programadores geniales que llevan programando desde que tienen uso de razón y a los que difícilmente te acercarás nunca en expertismo. Si empiezas a dibujar o pintar, tienes delante de ti toda la historia de la pintura mundial para ponerte en tu sitio; o puedes ir a una academia y compararte con otros compañeros; no de nivel mundial, pero sí expertos que te harán sentir inferior sin ni siquiera proponérselo. ¿Eres bueno jugando al ajedrez? Quizá con tus amigos y en tu barrio o en tu club, pero prueba a participar en un torneo a nivel nacional para sentir que eres un principiante al lado de los verdaderos maestros.
No importa el campo de actividad humana que elijas; cuando empieces y cuando lleves años de práctica, vas a poder sentirte mediocre con mucha frecuencia. Si quieres obviar el dato, solo lo podrás hacerlo aislándote en una burbuja donde no interacciones con gente que haga lo mismo que tú. Quizá en una disciplina muy concreta y en un entorno muy cerrado puedas sentirte, no digo ya el rey de la montaña, sino un jugador, programador, pintor, bailarín o trabajador competente.
La mediocridad es el modo inicial y por defecto del ser humano
Así que ahora que ya hemos descubierto y aceptado que seremos siempre comparativamente mediocres, y que nuestra presunta excelencia seguramente palidecerá ante muestras presentes y futuras de expertos más expertos que nosotros, veamos qué actitud podemos tomar ante este hecho incómodo de la existencia:
Cualquiera que empieza a hacer algo nuevo es mediocre. Aceptar la mediocridad al principio es la única forma de aprender algo. O cejaras en el empeño muy pronto.
Después de años de practicar algo, vas a encontrar ejemplos de personas que son mucho mejores que tú o que aprendieron lo mismo en mucho menos tiempo o con más facilidad. Los seres humanos somos tan diversos que hay siempre gente que aprende cosas más rápidamente y con menos esfuerzo. Siempre será así. Repite conmigo: «soy mediocre y siempre que esté vivo lo seré».
Los errores son síntomas de mediocridad, pero también prueba de que estás empujando tu frontera de posibilidades vitales. Estás embarcándote en un proyecto que te queda grande, eres un «quiero y no puedo». Bravo. Quizá estés aprendiendo algo.
La actitud experimental, base del cambio y el crecimiento, solo puede ir de la mano de una tolerancia instrumental de la mediocridad. Siempre serás mediocre en la mayoría de las cosas; solo en unas pocas podrás dejar de serlo, al menos un poco. Vive con ello.
Adopta una mentalidad de crecimiento y no una mentalidad fija
Quizá lo más importante para vencer el miedo a la mediocridad sea el sacar al ego de la ecuación: no estar pendiente constantemente de lo que tus resultados dicen de ti, de tu valía, de tu carácter, de tu valor como persona. Así que será mejor que te fijes en lo que quieres conseguir, y en lo que consigues, para acercarte más a lo primero. No uses tus acciones para apuntalar el ego.
La mentalidad fija es la mentalidad que va asociada a una concepción frágil del ego: lo que obtengo en un momento dado es un signo inequívoco de mi potencial y del concepto que tengo que tener de mí mismo. Digo que es frágil, porque depende de los términos de comparación. Y porque cualquier error o fracaso es una prueba de que no eres bueno o que si te creías bueno quizá no lo seas tanto.
Para el que vive en una mentalidad fija, la mayor prueba de mediocridad es que las cosas no le salgan fluidas o que tenga que esforzarse mucho para dominar algo. Cuanto más se esfuerza, mayores las pruebas de mediocridad. El mayor elogio para alguien que vive en una mentalidad fija es: «eres inteligente» o «eres brillante» o «esto se te da bien».
La mentalidad de crecimiento es la que considera los recursos personales, la inteligencia entre ellos, como una variable, no una cantidad fija. De esta manera no podemos decir «soy inteligente» sino «estoy siendo inteligente» (en un momento, lugar y para una actividad determinada). Los errores no son más que señales de que hay que cambiar el rumbo o intentar una meta de otra manera.
El mayor elogio para alguien que vive en una mentalidad de crecimiento es: «te has esforzado mucho», o «en esta ocasión has hecho esto y eso con éxito para conseguir aquello o lo otro». El esfuerzo, la frustración temporal, las dificultades, son un síntoma natural de que estás avanzando o aprendiendo algo. La facilidad no es más que repetición de lo que ya haces bien, no un signo de brillantez personal.
En resumen, ¿cuál es el poder de aceptar la mediocridad?
Te libera para equivocarte con gracia, te quita el lastre del cuidado continuo de la imagen personal de cara al exterior y ante ti mismo; pone el foco en lo que importa: lo que haces y su relación con los resultados que obtienes; y te ayuda a cultivar una sana y chispeante mentalidad experimental.
Hablar del ser y de economía puede parecer cuando menos una salida de tono. No lo es. ¿Te has parado a pensar cuánto simplificarías tu vida si un día decidieras ser honesto contigo mismo y los demás? Sería duro, seguro; pero imagina la energía y tiempo que ahorrarías.
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–La verdad duele
Honesto con los demás
Se acabaron las mentiras, las medias verdades, los encubrimientos y la gestión interesada de la información. Política de transparencia, glasnot del ser, apertura de ventanas hacia el interior. No necesitarías dedicar esfuerzo a la gestión de la imagen personal, no más allá de un mínimo.
Sé un hombre de una pieza
Tu comportamiento, tus palabras y tu pensamiento serían congruentes. Gran parte de los juegos con la verdad acabarían. Tendrías que seguir persuadiendo a la gente, porque eres un animal social que necesita intercambiar y obtener cosas de otros seres humanos, pero lo harías desde una posición de transparencia sobre tus intenciones y tus acciones. Tus promesas tendrían mucho más valor del que ahora tienen, la gente sabría que esperar de ti, te convertirías en un hombre o mujer de carácter.
La gente te percibiría como una persona íntegra. La integridad es una cualidad esencial e imprescindible para el liderazgo de calidad y los negocios, y para las relaciones humanas en general. No estarías impostando integridad, serías lo más cercano a la integridad que le es factible a un ser humano.
Quizá, en una primera fase de choque, romperías muchos esquemas, es posible que la primera víctima de tu recién estrenada honestidad 2.0 fueran las relaciones con muchas personas cercanas, quizá pondrías fin a amistades de años. Decir lo que piensas, destapar tus sentimientos verdaderos, ser consecuente con ellos, perturbaría a mucha gente. Se te vería como alguien extraño, sin duda distinto, quizá peligroso.
Pero después de esta primera terapia de choque, con los amigos y relaciones que quedaran empezarías a vivir unas relaciones más genuinas, más profundas y más reales. Una vez que el velo de la duda, las medias verdades, las medias mentiras, hubiera sido corrido, liberarías recursos mentales, unidades permanentes de atención en la memoria. Ya no tendrías que mantener en mente lo que has dicho y a quién se lo has dicho. Siempre dirías lo que crees que es verdad y no necesitarías diversas versiones de la misma verdad o de la misma mentira. Las relaciones serían más sencillas, y quizá con tu nuevo comportamiento estrenado animarías a que los demás fueran también más honestos contigo, más transparentes, más cercanos y menos cautos.
Honestos con nosotros mismos
Siendo difícil lo anterior, es todavía más difícil el ser transparente con uno mismo. Estamos llenos de puntos ciegos. Puesto que tenemos más información sobre nuestras emociones, acciones pasadas, intenciones, etc., somos capaces de crear teorías más ricas y rocambolescas sobre nuestras vidas.
Micro-señales de desprecio
La insinceridad transpira
Los demás siempre pueden inferir de tu conducta tus verdaderas intenciones, tus deseos, tus valores, lo que pueden esperar o no esperar de ti. Ellos tienen mecanismos de defensa contra la falta de honestidad y te perciben más desapasionadamente. Quienes no tienen acceso a tu interior tienen una visión menos distorsionada de tu conducta y tu personalidad que la que tú tienes de ti. Ya vimos en la ciencia de la fisgonología que con muy pocos datos se puede obtener mucha información sobre una persona. Y que muchas veces menos es más.
Pero tú estás en general inerme contra tus contradicciones. Tú racionalizas tus acciones inventando extrañas teorías que te justifican ante el tribunal de ti mismo. La gente explica lo que haces según motivaciones simples. Y muchas veces acierta.
Tú distorsionas la verdad de tus intenciones, emociones y acciones hasta crear una historia verosímil y confortante.
El fenómeno de la disonancia cognitiva hace que estemos continuamente intentando reducir la distancia entre acciones, emociones y creencias. Siempre creemos que somos más coherentes y congruentes de lo que realmente somos. Es seguro que tenemos una imagen distorsionada de nosotros. Es muy difícil acceder a los procesos mentales, no siempre es fácil comprobar si nuestras acciones son coherentes con nuestros valores. Nuestros valores en uso o valores en acción no coinciden plenamente con nuestros valores pensados.
La honestidad en acción
Dejemos de actuar para el público. Hay tantos públicos… pero solo hay un yo, aunque haya distintos roles que adoptemos para actuar en distintas situaciones. Podemos diversificar la identidad, y eso está bien, pero hemos de integrar nuestros roles, so pena de convertirnos en un manojo de adaptaciones al entorno.
No podemos cambiar el público, pero sí podemos cambiar de público.
Esa integración de los roles puede llamarse identidad; o, dicho de un modo menos abstracto, la forma de ser, de sentir y pensar con la que nos sentimos más a gusto. Dejemos de actuar, juntémonos con los que son como nosotros y con los que no son como nosotros, pero siempre con los que nos sintamos a gusto y no nos obliguen a pasar el día fingiendo.
En vez de cambiar nuestro ropaje psicológico en función del público, busquemos un público que se encuentre a gusto con nuestra desnudez o con nuestros vestidos psicológicos de confección casera. No podemos cambiar el público, pero sí podemos cambiar de público.
Al final de todo, la gente que nos rodea nos lo agradecerá y nosotros nos lo agradeceremos.
El sesgo de confirmación es un fenómeno cognitivo ampliamente documentado. Consiste en que las personas seleccionamos la información que confirma nuestras creencias y descartamos o no tenemos en cuenta la que es conflictiva con ellas. Cuanto mayor es la fuerza emocional asociada a la creencia, más probable es que seamos víctimas del sesgo de confirmación.
Este sesgo es un obstáculo para el aprendizaje. Cuando creemos saber algo, es mucho más fácil que encontremos ejemplos confirmatorios de lo que creemos saber a que busquemos activamente experiencias que pongan en entredicho o refuten la creencia. Si alguna vez encontramos ejemplos amenazantes, es muy probable que los ignoremos o los desacreditemos como irrelevantes o como carentes de fuerza probatoria.
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Yo me encuentro constantemente en mi comportamiento diario con el sesgo de confirmación. Y cuando pienso o escribo sobre minimalismo estoy siempre buscando la información o historias que me ratifican en mis creencias minimalistas.
El minimalismo existencial va de la mano de una serie de ideas de la que es fácil encontrar ejemplos atractivos o historias de éxito. El mismo Steve Jobs, su forma de vestir, su filosofía de diseño de productos y hasta su casa en 1982, como vemos en la foto de arriba, son un buen ejemplo de minimalismo.
Como yo asocio el minimalismo con el éxito, con la productividad y todo lo que me resulta estéticamente atractivo, no puedo dejar de pasar imágenes como la de arriba.
Steve Jobs es exitoso –> La casa de Steve Jobs es minimalista –> Confirmo que el minimalismo es una filosofía de la vida exitosa al estar avalada por gente como Jobs.
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Un día leía una revista y encontré una entrevista al diseñador Philippe Starck. Decía que el siglo xxi era la era de lo no material, de lo espiritual, del retorno al ser humano. Aseguraba que si la entrevistadora le pidiera que le diseñara un radiador, él se limitaría a abrazarla y preguntarle: «¿Tiene ahora más calor?», porque sería posible que no fuera cuestión de frío sino de amor. Me pareció una muestra de humor minimalista existencial de la mejor especie.
Siempre estoy buscando (y encontrando) muestras de lo bueno que es el minimalismo. Como si fuera una embarazada que de repente empieza a ver bebés y mujeres embarazadas en todos lados; o el comprador de un coche que de la noche a la mañana encuentra su ciudad poblada del mismo modelo que acaba de adquirir.
Si me intereso por la poesía, tiene que ser la poesía minimalista de los haikus; si me intereso por la programación, me centro en la legibilidad y la máxima simplicidad; si me intereso por la arquitectura, tiene que ser siempre de espacios abiertos, superficies diáfanas y colores blancos; y si se trata de literatura, no me olvido nunca de Ernesto Hemingway, su economía de expresión y sus frases cortas.
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Y un día me encuentro con esta foto. El escritorio de Einstein el día de su muerte. Todo menos minimalista. Nada de superficies diáfanas, espacios en blanco o simetrías. Y se me caen los pelos del sombrajo.
Lo mejor sería ignorarlo. Pero, ¿acaso no refuta esto mi obsesión por el escritorio libre de papeles, las habitaciones libres de trastos, el minimalismo zen? Einstein, que tiene tantas frases buenas y del que he contado anécdotas de sabor minimalista, no tenía un espacio de trabajo minimalista. Su mente estaba ordenada aunque su espacio no lo estuviera. ¿Qué hago con esto? ¿Cómo lo racionalizo?
Ecuación de la felicidad atribuida a William James: Resultados – Expectativas = Felicidad.
Podemos deducir que hay dos maneras de aumentar la felicidad:
Mejorando los resultados por encima de las expectativas
O bien reduciendo las expectativas tanto que los resultados superen holgadamente las expectativas.
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El problema de centrarse en mejorar los resultados
El problema con la primera opción es que existe una adaptación hedónica: según mejoramos los resultados, nuestras expectativas aumentan, y tenemos que aumentar los resultados para mantener el mismo nivel de felicidad. A esta adaptación hedónica se le ha llamado también cinta de correr hedónica: por mucho que corras te mantienes en el mismo sitio.
Hay más dificultades: la dificultad de predecir cuáles serán nuestros estados emocionales ante distintos resultados. Si iniciamos un proyecto o perseguimos un objetivo, lo hacemos con la esperanza de que nos satisfaga. Psicólogos, como Daniel Gilbert en su libro Stumbling on Happiness (Tropezar con la felicidad), recogen muchas pruebas de que los seres humanos tendemos a predecir mal lo que nos van a satisfacer experiencias y resultados futuros, y la duración de esta satisfacción.
El caso paradigmático es la duración de la satisfacción de los ganadores de lotería un año después de haberla ganado. Aunque en principio la emoción positiva es muy grande, poco a poco va diluyéndose hasta retornar a un punto cercano al que se tenía antes del premio.
También es conocido el «efecto cima» [Término acuñado por mí para designar este concepto hedónico]: cuando llegas a la cima, estás solo y tras tanto esfuerzo puedes sentir que el éxito es vacío. Y bien, buscas una nueva cima, o te precipitas al abismo.
A esto añadimos que muchas de las acciones o proyectos que emprendemos son de carácter incierto. Además, si nos proponemos metas medianamente ambiciosas aumenta la probabilidad de fracaso. Así que tenemos que la opción de mejorar los resultados no es tan evidente o provechosa como en un principio parece.
Por poner un ejemplo: si trabajas mucho porque quieres comprarte un coche que aumente tu felicidad tienes dos tipos de incertidumbre:
Que tus acciones te proporcionen el resultado monetario deseado.
Que el resultado monetario y el coche que puedes comprar con el dinero no sea tan satisfactorio o duradero como habías previsto.
Bajar las expectativas
La idea es sencilla: si esperas muy poco, los resultados que obtengas siempre o casi siempre rebasarán tus expectativas y tu felicidad será mayor. Cuanto más bajes lo que esperes, más felicidad tendrás.
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El truco consiste en esperar de tus esfuerzos algo tan pequeño, tan mínimo, tan… insignificante, que puedas rebasarlo con cierta facilidad.
Pongamos un ejemplo: si quieres evitar sentirte defraudado por las personas, con la consiguiente perturbación emocional: la tristeza, el fastidio, la ira, la incomodidad, el desengaño, el sentimiento de sentirte traicionado, el rencor, etc., entonces has de procurar esperar lo mínimo de la gente.
Puedes seguir deseando forjar relaciones duraderas, recíprocas, beneficiosas, afectuosas, etc., y no hay nada malo en que apuntes alto, pero de cada relación particular mantienes bajas expectativas: decides que una relación o contacto social exitoso es uno en el que la otra parte no huye despavorida antes de 1 minuto de haber iniciado el contacto.
Si te acercas a alguien con intenciones amistosas, esperas que no te escupa o se dé la vuelta en 1 minuto. Pero si no te escupe o tarda más de 1 minuto en desaparecer, entonces has superado el mínimo y puedes estar contento.
[Evidentemente, para relaciones a largo plazo no sería adecuado poner el mínimo aceptable bajo. Pero sí para otro tipo de relaciones más casuales]
De esta manera, todo lo que supere esta barrera mínima, será fuente de satisfacción; y si ni siquiera consigues no ahuyentar a las personas con las que te relacionas, entonces «tienes derecho» a sentirte mal. Pero no te preocupes, la mayoría de las veces te vas a sentir aceptablemente. Y si algún día obtienes una respuesta muy por encima del estándar mínimo establecido –por ejemplo, la persona del sexo contrario te invita a cenar para «conocernos mejor»– te sentirás tremendamente afortunado.
Efectos colaterales de bajar las expectativas
Ya no tienes que ser el mejor, ya no es necesario que te compares con los demás, tú marcas un criterio muy básico, muy de mínimos, y te permites montones de resultados mediocres. Cuando comienzas proyectos, no esperas gran cosa, no pasas mucho tiempo mirando a las estrellas y saboreando el maravilloso futuro que te espera; De cada acción particular, aunque procuras que sea efectiva, no esperas que lo sea. La decepción disminuye.
En su lugar, te puedes concentrar en el trabajo y olvidarte de estar constantemente monitoreando si lo estás haciendo más o menos bien en comparación con tus estándares o los estándares de otros.
El aplauso interno lo tienes casi asegurado la mayor parte del tiempo. Si no es así, es que estás fijando expectativas demasiado altas y has de bajarlas. Conviertes tu vida en una encarnación del lema «lo importante es participar» o lo importante es «estar donde se parte el bacalao» aunque casi nunca ganes, aunque pocas veces te quedes con el bacalao.
Esto te da más libertad, no tienes que ser perfecto nunca más, no tienes que ser el número 1, puesto que tus expectativas jamás pueden apuntar a tanto; tampoco tienes que preocuparte por los ranking, ni siquiera por los resultados: un mono listo podría obtener los mismos.
Cada proyecto, acción, aventura personal deja de ser una forma de probarte que vales, que eres bueno, que eres mejor que los demás, que eres un experto. Con tan bajas expectativas es imposible fallar. Dejando el ego o identidad personal fuera de la ecuación es posible que te sientas más libre para intentar cosas nuevas, para cometer errores inteligentes y para fracasar con gracia.
Críticas a la minimalización de las expectativas
Ya, pero esto parece un poco tramposo. Al principio vas a ser torpe en cualquier actividad nueva que empieces, y está muy bien no inflar las expectativas para no frustrarte.
Pero con el tiempo, en función de los resultados medios, tendrás una expectativa más o menos razonable de lo que eres capaz en un momento dado, y esa expectativa no va a ser tan mínima a menos que seas catastróficamente malo.
¿Es posible mantener una expectativa artificialmente baja como estrategia de la felicidad cuando tus resultados medios están muy por encima de esa expectativa tan patética?
Parece que por mucho que te repitas que no esperas gran cosa no vas a dejar de esperar un cierto nivel y es con respecto a ese nivel que te vas a sentir más o menos contento. Es una crítica muy justificada que solo podrá resolverse mediante observaciones personales después de aplicar la idea de las expectativas mínimas.
¿Es posibles seguir manteniendo bajas las expectativas a pesar de que los resultados van mejorando día a día con la experiencia?
Haciendo muchas cosas los resultados van a mejorar. Habría que hacer un esfuerzo por mantener expectativas mínimas en cada acción particular, aunque la media de los resultados no deje de crecer y tus expectativas subjetivas asociadas no dejen tampoco de crecer.
Como consecuencia, uno puede ser mucho más experimental, iniciar muchas más acciones dudosas, arriesgarse más y quizá ser más creativo al abrazar con menos complejos y restricciones la incertidumbre y los fracasos. James Altucher, el bloguero y empresario americano es un extraordinario ejemplo de esta mentalidad tal y como muestra su «ridículum vitae«.
¿No afectarán unas expectativas tan bajas a tu motivación?
Paradójicamente puede que ocurra lo contrario: aunque ciertamente la motivación del resultado sea más baja (el premio esperado es más bajo) es posible que la motivación intrínseca de la actividad aumente. Como consecuencia de quitar el foco del resultado al reducirlo a una expresión mínima, puedes centrarte más en el proceso y disfrutarlo más.
También, por estudios neurológicos y experiencia subjetiva anecdótica sabemos que no son las actividades de mayor certidumbre las que más nos motivan. Tampoco ciertamente las que son tan improbables que casi nunca ocurrirán. Aunque perdamos subjetivamente la anticipación de un gran premio, estaremos ganando más motivación derivada de la incertidumbre al intentar acciones más arriesgadas. Quizá una cosa compense la otra.
Conclusión operativa
Tomad esta estrategia como materia de experimentación. Mi esperanza es que me vuelva más audaz, más aventurero y enriquezca mi vida. No sé si funcionará realmente ni en qué condiciones lo hará. Pero parece prometedora.
Más argumentos a favor de minimalizar tus expectativas
Hay un argumento de peso ya mencionado que merece ser desarrollado: nos puede permitir disfrutar de la actividad en sí (aumentando la motivación intrínseca) y quizá hacer operativo el principio de la tradición budista de centrarse en el proceso más que en el resultado. Como es un tema amplio, lo reservaremos para un próximo artículo.
[En el párrafo final aplico una vez más el efecto cliffhanger, no tanto para manteneros con el alma en vilo esperando el artículo como para animarme a escribirlo, pues quiero saber lo que pienso sobre el tema e intuyo que será muy interesante].
–Esta MÁXIMA tiene su origen en Sturgeon, el autor de ciencia-ficción que la formuló. Se conoce por ley de Sturgeon o REVELACIÓN DE STURGEON. No es solo aplicable a la ciencia-ficción sino a cualquier cosa.
La podríamos considerar como el REVERSO DE LA LEY DE PARETO: el 20% de las causas produce el 80% de los efectos. En la ciencia-ficción diríamos que solo el 10% de las obras de ciencia-ficción concentra lo que hay de excelso en este tipo de literatura, haciendo que el 90% restante sea prescindible… mierda.
En ALGUNAS FORMULACIONES más amables SE SUSTITUYE LA PALABRA «MIERDA» POR LA PALABRA «BASURA». En todo caso, la Ley de Sturgeon es una formulación complementaria a la Ley de Pareto o del 80/20 que nos recuerda que si lo excelso se concentra en una parte pequeña, lo no-excelso estará en el resto. Si la ley del 80/20 tiene connotaciones ingenieriles, casi asépticas, la ley de Sturgeon produce un impacto emocional fuerte y de raíz menos amable que nos recuerda que LA MIERDA LO INUNDA TODO, que es una condición del mundo, desde el punto de vista de la productividad y la eficacia, y que tenemos que estar vigilantes.
La ley de Pareto nos anima a seleccionar lo más eficaz para los fines que nos propongamos, lo que tiene más impacto, y por tanto a priorizar. La ley de Sturgeon nos pone en guardia contra casi todo (el 90%) y NOS ANIMA A POSTERIZAR, a decir no, y Y A NUNCANIZAR.
Homo Minimus dijo:
«El lado brillante de la selección y el reconocimiento viene acompañado del lado oscuro del rechazo y el desprecio»
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(El escritor Theodore Sturgeon pensando que el 90% del tiempo de posado está de más)
Aplicación de la ley de Sturgeon
Obviamente, una version generalizada– de la ley de Sturgeon va más allá de la ciencia-ficción y de la ficción. Al igual que la ley de Pareto es una LEY GENERAL DE LOS SISTEMAS NATURALES Y ARTIFICIALES. Desde el punto de vista del minimalismo existencial PODEMOS APLICARLA a:
La INFORMACIÓN que recibimos y producimos, de la que el 90% es infoxicación y ruido.
Las ACCIONES que llevamos a cabo en nuestro día, de las que un porcentaje reducido tiene alto impacto.
Las INTERACCIONES con otros SERES HUMANOS, que en general serán repetitivas, protocolarias, milvecesvistas y de bajo valor añadido.
El CONOCIMIENTO que tenemos, que será de baja calidad en una gran parte e incluso erróneo.
El 90% de nuestras POSESIONES es adorno, complemento, aditamento, devorador de espacio y de tiempo de elección.
Un alto porcentaje de nuestro TIEMPO estará dedicado a actividades de bajo valor o de valor negativo.
La mayoría de los TWITTERSde un autor dado serán prescindibles. O, dicho de otro modo, tendremos que navegar en un MAR DE IRRELEVANCIA antes de dar con las PEPITAS DE ORO INFORMACIONALES.
En un artículo de BLOG, lo excelso o aprovechable se concentrará en menos del 10% de las palabras. El resto será ruido.
La acción es elocuencia
Hasta el punto y aparte anterior he escrito 507 palabras. Por la revelación de Sturgeon, sé que sobran unas 450 palabras.
Habitualmente el autor no se va a molestar en cribar el texto para obtener el 10% más valioso, porque no tendrá tiempo ni ganas para escribir artículos concisos que os ahorren el 90% de vuestro tiempo. Yo no soy la excepción en general, pero voy a ser la excepción en p-articular:
Tacharé casi el 90% de lo escrito arriba (basura) y me voy a quedar con menos de 100 palabras.
Ya está hecho.
Transcribir la definición de la Revelación de Sturgeon del diccionario de jerga hacker, http://www.jargon.net/, me hubiera ahorrado el 90% de tiempo en la producción de este artículo. Si con la mera definición hubiera hecho resonar alguna cuerda dentro de vosotros y hubieráis sentido curiosidad, entonces habríais buscado por vuestra cuenta más información o extrapolado la máxima a vuestros asuntos cotidianos sin necesidad de toda la hojarasca de mi artículo:
Ley de Sturgeon. “El noventa por ciento de todo es basura”. Derivado de una cita del escritor de ciencia ficción Theodore Sturgeon, que una vez dijo, “sin duda, el 90% de la ciencia ficción es mierda. Eso es porque el 90% de todo es mierda.” Extrañamente, cuando se cita a Sturgeon, la palabra final se cambia invariablemente a “basura”. […] Aunque esta máxima se originó en el mundo de los aficionados a la ciencia ficción, muchos hackers la reconocen y son muy conscientes de su verdad.
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Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:
Todo es gestación y alumbramiento. Dejar que cada impresión y cada germen de sentimiento lleguen a la madurez por sí mismos en la oscuridad, en lo inexplicable, en el inconsciente, más allá del alcance de nuestra inteligencia, y aguardar con profunda humildad y paciencia el alumbramiento de una nueva claridad: solo eso es la vida del artista. Ser artista no significa hacer cálculos y cuentas sino madurar como el árbol que no fuerza a su savia y permanece fuerte frente a las tormentas de la primavera sin temor a que después no llegue el verano. Llega. Pero solo al que sabe esperar, al que está allí como si toda la eternidad estuviera extendida a sus pies tan despreocupada, tan tranquila, tan vasta.
Cuando te enseñan los rudimentos de las finanzas personales, te hablan de la necesidad de diversificar tus inversiones; o, dicho más llanamente, de no poner todos los huevos en la misma cesta. Así, si alguna inversión sale mal, siempre podrás compensarlo con otras inversiones rentables.
Que tengas parte de tu patrimonio –y de tu orgullo– en otros activos financieros hace que puedas contemplar la posibilidad de una inversión arriesgada , y que ningún resultado desfavorable dé al traste con todas tus esperanzas.
¿Podríamos hacer algo similar con la identidad?
La psicología y la sabiduría popular nos dicen que es importante saber quién eres, tener una identidad fuerte, y que tus valores y tu comportamiento sean una manifestación o despliegue armonioso de esa identidad. Se entiende generalmente que la identidad es única.
¿Y si tuviéramos alguna identidad de repuesto para que cuando las cosas vengan mal dadas, los fracasos hagan su aparición y nuestra autoestima sufra, tener una tabla de salvación? Así, por mal que hayan salido nuestros planes y por dañado que sintamos nuestro ego, los daños serán solo parciales y no afectarán a la totalidad de nuestro ser.
La idea de múltiples identidades no parece una idea minimalista
He de reconocer que esta idea de las múltiples identidades rechina un poco respecto a mi diseño de vida minimalista: el uno siempre es más puro que el varios. La identidad única es unívoca: una correspondencia de a uno a uno entre el ser y el comportamiento. Es más fácil de gestionar, y ofrece menos opciones. Las decisiones y la evaluación de lo que hago se hace a través de un solo criterio: el criterio de mi única identidad.
Eso es simplicidad, reduce la deliberación y compromete al ser más profundamente con cualquier curso de acción deseado.
Jugar con la identidad es algo adecuado durante la adolescencia. Este juego es un periodo de moratoria emocional que la sociedad nos concede cuando estamos madurando. En El patio de recreo del diablo vimos la institucionalización de la transición de la adolescencia a la vida adulta y la licencia para experimentar con posibilidades vitales antes de decidir el curso de vida y asentarse. El joven ha de decidir a qué carta o cartas vitales quedarse. Después ha de descartarse y jugar con las cartas elegidas el resto de la partida.
Una identidad es en cierto modo una estrategia; una estrategia vital que usamos para salir lo mejor parados posible. Es una herramienta. No un fin en sí mismo. Si te identificas con tu identidad única estás usando una sola herramienta en toda tu vida. La identidad única, monolítica, tiene el peligro de la rigidez y de cerrar las opciones demasiado rápido, demasiado pronto.
Varias identidades
La alternativa a la identidad monolítica es el tener varias identidades, que podríamos llamar roles. Adoptamos un comportamiento situacional, más determinado por el lugar y el momento en el que nos encontramos que por la identidad o un conjunto de principios o valores personales.
Cada situación necesita distintas estrategias, y adaptamos nuestro comportamiento. Asumimos un rol distinto según las circunstancias. El rol de ciudadano, el rol de hijo, de profesional, de amigo, de padre, marido, etc. Esto puede suponer una cierta fragmentación y una sensación de alienación: el entorno parece mandar más que el ser.
En el extremo de este sistema de identidades múltiples tendríamos una personalidad en compartimentos estancos o con muy poca conexión, que en su versión patológica se asemejaría al trastorno de personalidad múltiple, donde varias personalidades, desconectadas entre sí habitan en un mismo cuerpo y se alternan en el control de la acción.
Integración
Reconozcamos el valor instrumental de la identidad y su necesidad de adaptarla a las circunstancias, así como la opción de experimentar con la identidad como si fuera un traje que nos probamos para ver qué tal nos sienta. También la posibilidad de evolución y el carácter lúdico del teatrillo de la vida. También la diversidad interior y la necesidad de reconocer facetas ocultas o menos desarrolladas dentro de nosotros.
Reconozcamos la importancia de los valores claros, la capacidad de inspirar confianza a los demás y la capacidad de hacerse promesas a uno mismo y cumplirlas. También la necesidad de comprometerse con un curso de acción y con un proyecto de vida. Al final, el creador, el artista, necesita parar de barajar opciones y decidirse por la opción de diseño que mejor pueda hacer real su visión.
Propongo la conciliación de la multiplicidad y la unidad en la diversidad. Reconocer las regiones más ocultas de la personalidad, experimentar con diversos yoes, pero manteniendo las conexiones. Propongo ir más allá de los roles prefabricados, obtener oro personal del plomo de las posibilidades reales.
Propongo que la identidad sea una trampolín para el ser.
Cualquier hombre que lee demasiado y usa su cerebro demasiado poco cae en hábitos perezosos de pensamiento.
— Albert Einstein
La riqueza de la información viene de la mano de la pobreza en la atención. Nuestra atención es limitada y los libros disponibles son prácticamente ilimitados. Es cada vez más importante el aprender buenos hábitos de gestión de la información. Para muchos, los libros son la principal fuente de información y conocimiento. Necesitamos maneras de gestionar la avalancha.
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Lo que sigue son tres principios referentes a la lectura de libros cuando el fin es obtener información y conocimiento; es decir, cuando leemos como un instrumento para un fin, no como un fin en sí mismo. No son principios aplicables a la lectura por simple placer o entretenimiento. Excluyo por tanto el ámbito de la literatura.
Principios de la lectura minimalista
Principio nº 1. Activa lo que lees.
Lo que lees es inútil si no lo conviertes en algún tipo de acción.
El conocimiento desconectado de la acción es un conocimiento inerte. Hemos de procurar activar lo que leemos tan pronto como sea posible, incluso en el mismo acto de la lectura.
Parto de la base de que leemos para obtener conocimiento e información. Ese conocimiento o información solo será eficaz si encuentras manera de activarlo, de convertirlo en algún tipo de acción que tenga que ver con tus intereses, proyectos, necesidades.
Principio nº 2. Lee lo menos posible
Haz todo lo posible para no leer libros y para leer lo menos posible de cada libro.
Los libros son solo una de las muchas maneras en que puedes aprender algo. Según lo que desees aprender y la fase del aprendizaje en la que te encuentres, puede ser o no ser la mejor manera de aprenderlo.
Si lees un libro, has de hacerlo por una buena razón. Todo el tiempo que dedicas a la lectura de un libro es tiempo que no dedicas a pensar por ti mismo, hablar con gente, a emprender proyectos, a leer otros libros más importantes, a descansar, a escribir, a reflexionar, a solucionar problemas, a pintar, a jugar, a crear, a pasear, a descansar, a incubar ideas.
Principio nº3. Lee orgánicamente
Todo libro o texto extenso forma parte de una red de textos y significados más amplio.
Un libro no tiene una realidad aislada. Un libro no es más que una parte de la red de conocimiento. No es el Santo Grial. No tiene entidad propia. Se relaciona con otra red de textos, tiene una historia, se debe a otros textos. Nació en una comunidad de práctica y en una cultura más amplia de la que forma parte. Un libro se define por sus conexiones: por los textos de los que bebe, por los lugares a los que apunta, por los fines que persigue, por las personas que lo escriben y lo leen.
En un próximo artículo expondré reglas operativas que permitirán aplicar estos principios a la lectura de libros y textos largos.
Un lector minimalista de este blog preguntó una vez a Homo Minimus: «Maestro, ¿cómo puedo convertir a mi mujer al minimalismo?».
El maestro se quedó mirando fijamente la taza mientras removía los posos del té con la cucharilla. Pasaron unos segundos –que al novicio se le antojaron minutos– en que solo se escucharon los chirridos de los grillos en la noche y el tintineo del metal sobre la porcelana. Una sonrisa infinitesimal se esbozó en la comisura de los labios del escritor de blogs.
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Finalmente, Homo Minimus levantó la mirada, se incorporó con un inopinado salto que hizo temblar la mesita, y ya de pie profirió un alarido que retumbó en toda la estructura de bambú: «¡¡Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!».
El corazón del novicio dio un vuelco y su mirada congelada, como la de un venado deslumbrado por los focos de un camión en la noche, se clavó en los ojos del maestro.
Homo Minimus miró al discípulo de manera inexpresiva. Sin atisbo de emoción. Se dio la vuelta con extraña parsimonia, y salió de la estancia.
El lector del blog, perplejo por la reacción de su guía espiritual, quedó meditabundo delante de la mesita con el té derramado y se sirvió un vaso de sake. Tras unos minutos de desconcierto, consideró que necesitaba más tiempo para asimilar el suceso. Apuró el vaso de coraje líquido, se levantó, tomó su cojín de meditación y lo acomodó en una esquina del dojo. Apagó todas las velas excepto una, y la estancia quedó en penumbra.
Se sentó asumiendo la posición del loto. Fijó su mirada en la pared y entornó los ojos. Imágenes de su esposa y de mil episodios domésticos le aseteaban en rápida sucesión como un enjambre de avispas mentales. El teatro del absurdo de su vida pasaba vertiginosamente por su mente: el día que la conoció y le rozó el dorso de una mano, escapadas de fin de semana con cuatro o cinco maletas, noches de amor y temblor, la suave piel y el olor a jazmín del pelo de su amada, las estanterías atestadas de adornos, el olor a tierra mojada mientras se besaban bajo la lluvia…
Una sensación cálida y confortante, que atribuyó al sake, se apoderó de él.
El minimalista proselitista, ajeno a la sombra que había aparecido en la pared, los grillos de la noche y el aviso de notificación de un nuevo correo en su smartphone, terminó sumiéndose en un profundo estado contemplativo.
Aunque había logrado retomar la mente en blanco mientras esperaba el satori del entendimiento, de repente algo le inquietó. Un perceptible temblor le acometió y recorrió su espina dorsal. La pregunta obsesiva volvió a retumbar en la bóveda de su cráneo: «Pero maestro, ¿cómo puedo convertir a mi mujer al minimalismo?»
Entonces oyó un fiuuuuuuuu que cortó el aire tras su espalda, y enseguida sintió un terrible y agudo dolor en el hombro derecho. Solo acertó a emitir un sordo quejido.
Se dio la vuelta, dolorido, sin levantarse. Alzó la mirada y allí estaba Homo Minimus, en la penumbra, inmóvil, con una vara de bambú todavía cimbreante.
El marido minimalista, mirando de abajo arriba, juntó ceremoniosamente las palmas de sus manos en posición de rezo, bajó la cabeza, cerró los ojos y, con un rictus de dolor, susurró: «Gracias, maestro.»
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Algunos términos útiles para comprender la parábola:
Mu – (japonés/coreano), Wu (chino tradicional:無, simplificado: 无 pinyin:wú), Vô (vietnamita) es una palabra que toscamente puede ser traducida por “ninguno”, “sin”. Aunque se usa como prefijo para indicar la ausencia de algo (ej., 無線 musen para “inalámbrico”), es más conocida por ser la respuesta de ciertos koanes y otras preguntas de la tradición budista zen para indicar que la pregunta a la que se responde es incorrecta, y, posteriormente, por haber sido reciclada en el folclore esotérico hacker como respuesta a otras preguntas del estilo de la falacia de las muchas preguntas.
El famoso kōan Mu es como sigue: Un monje preguntó a Zhaozhou, un maestro zen chino (en japonés, Jōshū): “¿Tiene un perro la naturaleza de Buda o no?”, Zhaozhou respondió: “wú” (en japonés, Mu).
La palabra Keisaku puede ser traducida como Vara de alarma o estimulante. En Soto Zen, el Kyosaku se utiliza a petición de quien medita, quien arquea la cabeza y hace la señal de Gassho con las manos exponiendo después cada hombro para recibir los golpes.
En el Zen Rinzai, la vara se pide de la misma forma, pero puede ser también utilizada a discreción del Ino, la persona encargada de esta tarea en la sala. Incluso en estos casos, no se considera un castigo, si no un revigorizante para quien medita, que puede estar cansado de tantas sesiones de zazen. http://es.wikipedia.org/wiki/Keisaku
Aquí podéis ver una foto: http://photo.net/photodb/photo?photo_id=1096776
Dojo – Lugar de meditación y práctica del Budismo zen, y de las artes marciales tradicionales del Japón, o gendai budo http://es.wikipedia.org/wiki/Dojo
Posición del loto – Una postura sentada con las piernas cruzadas: cada pie ubicado encima del muslo opuesto. En el hinduismo y el budismo está relacionada con la práctica de la meditación.http://es.wikipedia.org/wiki/Posici%C3%B3n_de_loto
Smartphone – Un teléfono inteligente, también denominado teléfono táctil (smartphone en inglés) es un teléfono móvil construido sobre una plataforma informática móvil, con una mayor capacidad de almacenar datos y realizar actividades semejantes a una mini computadora y conectividad que un teléfono móvil convencional. http://es.wikipedia.org/wiki/Smartphone
Todos los hombres sueñan. Aquellos que sueñan de noche en las oscuras recámaras de sus mentes se despiertan de día para comprobar que todo era vanidad; pero los soñadores despiertos son peligrosos, ejecutan sus sueños con los ojos abiertos para hacerlos posibles. Eso es lo que hicimos.
–T.E Lawrence. Los siete pilares de la sabiduría.
No, no quiero convertirme en un «contrarian«, un tipo imbuido del espíritu de la contradicción. Quizá en bolsa esté bien en ir contra la corriente: comprar cuando los demás venden, sin perder los nervios en las crisis; vender cuando los demás compran, sin dejarse llevar por la euforia y la mentalidad de rebaño. Pero en la vida no se puede ir contra la corriente sistemáticamente.
Sin embargo, en este caso, tengo que ser un contrarian. No me queda más remedio que contrariar mi deseo de no ser un contrarian.
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Detrás de todo lugar común, cliché, estereotipo, hay algo de verdad; y también algo de mentira. Hay mucho de mentira en la prescripción del gurú motivacional que te aconseja pensar a lo grande, o el director general que quiere apuntar muy alto, o el escritor con ínfulas espirituales que te dice: «¡El cielo es el límite!»
¿Qué pienso yo de todo eso?
Lo grande se cuida de sí mismo
No, no hace falta que pienses a lo grande. No te tienes que preocupar por pensar a lo grande y «atreverte» a luchar por grandes cosas. Tu espíritu ya de por sí quiere lo mejor y lo quiere lo antes posible. Cada uno define qué significa lo mejor y en qué términos lo quiere en su vida. Todos queremos cosas grandes según nuestra propia definición.
Lo que hay que cuidar no es el sueño, la meta, la gran estrategia; lo importante es el siguiente paso. El humilde, modesto, insignificante paso, ese que no advierte el prójimo y que tú desprecias. Hasta el más tímido es capaz de tener grandes sueños, hasta el más incapaz es capaz de perseguir lo imposible. No, no nos faltan los que quieren grandes cosas, cambios épicos, revoluciones y paraísos terrenales.
Lo pequeño es hermoso
Lo que echo de menos es a la gente paciente, a los que se concentran en el paso del aquí de a menos de un metro y del ahora de dentro de media hora. La paciencia es la más heroica de las virtudes, precisamente porque no tiene ninguna apariencia de heroica. Los pacientes, los que hacen cosas humildes, los que tienen espíritu de artesano, que disfrutan con el pequeño trabajo bien hecho, los que no sienten que tienen que llegar a ningún lado para obtener una satisfacción real, los que son capaces de olvidarse de los grandes sueños y las grandes revoluciones y se centran en el siguiente paso evolutivo. Los que prefieren las evoluciones a las revoluciones.
Pensar a lo pequeño significa de cuando en cuando contemplar de soslayo el deseo infinito, que está al alcance emocional de todo ser humano, para inmediatamente olvidarse de los sueños de grandeza, y mancharse con el fango de lo real, rozarse con la realidad, sentir los callos en las pies y en las manos o en las neuronas; y aceptar el primer paso, el segundo paso, el tercer paso, el cuarto paso… el enésimo paso, con alegría.
Si piensas demasiado tiempo a lo grande, todo lo demás te sabrá a poco, cualquier acción diaria te parecerá prosaica, deslucida, indigna de tus sueños. Por eso, olvídate de la grandeza, de ser el número uno, de construir un castillo en el aire. Deja a tus sueños ahí, en el firmamento, donde deben estar, y seguidamente céntrate en algo reducido, quizá insignificante; y hazlo tan ridículamente bien que los ángeles del cielo lloren de gozo.
Pero no hay ángeles, nadie te mira, solo tú te miras, estás solo, con tu pequeño esfuerzo, con tu pequeña vida, con tus pequeños afanes, con tus sueños remotos, con la muesca que puedes hacer hoy en el universo.
Tarde o temprano al escritor de blogs –a este escritor de blogs al menos– le asedian las dudas sobre su actividad. En una noche en que los demonios interiores te cogen con la guardia baja, uno se pregunta sobre el sentido de lo que hace y escribe, y a veces siente su futilidad e insignificancia.
Durante meses uno escribe sus artículos para explorar un tema o para comunicar una visión de un tema. En textos de entre 500 y 1500 palabras intentas día a día expresar tu visión del mundo o de una parte del mundo. Y cuando echas la mirada atrás y contemplas lo escrito puedes ver un montón de letras inconexas que balbucean lo que no eres capaz de expresar o captar.
El escritor es siempre un ser que balbucea, esto es algo inevitable. El escritor de blogs es alguien que balbucea y, además, tartamudea: repite una y varias veces las mismas sílabas, se repite hasta que alguien diga basta o el lector retire la mirada; se entrecorta, pierde el ritmo, vuelve a tomarlo, se agota y agota a quien le lee.
Para un autor minimalista, la escritura debería ser la quintaesencia del pensamiento, de una tupida red de asociaciones que precipita en un sedimento simple, claro y profundo. Ese era mi ideal cuando comencé a escribir. Pero ahora vuelvo la vista atrás y solo veo torpes y fragmentarios pasos, intentos de decir algo que nunca fructifican; es decir, la vida misma retorciéndose.
Pero hay una esperanza
Pasado el vértigo existencial y posmoderno tras haber dormido nueve horas, en la mañana, ya lejos los ansiolíticos vahídos de la noche, me despierto descansado y más tranquilo. Entonces pienso que esos artículos desperdigados a través de mil días y mil noches esconden un secreto, que las asociaciones existen; que, a pesar de la variedad de temas y perspectivas, hay una figura o sensación que emerge y quizá haya unidad. La fragmentación puede tomar forma, y lo que no era más que un síntoma de una personalidad desintegrada, azarosa, que pensaba y hacía a salto de mata, emerge como un submarino de las profundidades.
Después de todo, había algo coherente, algo consistente, tras el torrente de palabras: había una forma, había algo que decir.
Minimalismo puntillista
Los puntillistas de finales del siglo XIX, vanguardia del movimiento impresionista, buscaron expresar la realidad a través de puntos de color puro. El término puntillismo, igual que el de impresionismo, fue usado por los críticos en un principio tanto para describir el nuevo movimiento como para mofarse de él. La ridiculez de «puntear» la pintura, en vez de expresar las formas según las técnicas clásicas, era demasiado evidente.
En la pintura clásica el efecto de color se lograba mediante la combinación de color en la paleta; en el puntillismo puntos de color puro se arraciman unos junto a otros, y el ojo y la mente del espectador se encargan de integrar esos puntos simples en una combinación con una variedad de tonos.
El puntillismo aprovecha los efectos de la Gestalt de la percepción para a partir de puntos simples crear un efecto conjunto expresivo y estético. Los artículos de este blog ahora pretenden lo mismo: ser puntos de comprensión más o menos pura que, contemplados desde la distancia y en su conjunto, se asocien en la mente del lector como una imagen integrada en una variedad de combinaciones y matices distinta de los puntos simples que la conforman.
Para ello, habrá que tomar distancia y habrá que leer muchos artículos hasta que emerja el efecto.
La mente humana es puntillista
Pero lo que digo de la pintura puntillista y de la lectura de un blog que aparentemente es una colección inconexa de ocurrencias, lo podríamos decir también de un pensador aforístico como Nietzsche o Ciorán y de otros pensadores asistemáticos. Y quizá de todo nuestro esfuerzo mental por hacer transitable la realidad.
Y bien pensado, lo podríamos decir también de nuestra existencia en su conjunto: podríamos usar la analogía de Steve Jobs en su famoso discurso en Stanford en que comparaba la vida a un diagrama de puntos en que el dibujo final solo se ve después de unir los puntos:
[…] De nuevo, no puedes conectar los puntos mirando hacia adelante, solo los puedes conectar mirando hacia atrás; por eso tienes que confiar en que los puntos de alguna manera se conectarán en el futuro, tienes que confiar en algo, tu dios, destino, vida, karma, lo que sea; porque creer que los puntos se conectarán a lo largo del camino, te dará la confianza para seguir a tu corazón, incluso cuando te lleve fuera de los caminos trillados. Y eso marcará toda la diferencia.
Vivimos anticipando, pero comprendemos la vida –y cualquier cosa– retrospectivamente. Incluso, nos comprendemos a nosotros mismos y lo que escribimos al cabo del tiempo y viendo la figura que emerge de los puntos que fuimos marcando con cada una de nuestras acciones.
Confiad, amigos, se hará la luz al final del camino.
[La analogía entre puntillismo y minimalismo se la debo a mi amigo mínimamente minimalista Iván, de http://entusiasmado.com/]
Una tonelada de experimentación, un kilogramo de intuición y un gramo de teoría.
–Homo Minimus
Es complicado vivir en un mundo con tantas ideas. La densidad de datos e información es casi insoportable y para cada problema tenemos mil soluciones. Y lo peor/mejor es que podemos acceder a esas soluciones en un clic de ratón. No es extraño pues que nuestras mentes sean hervideros de teorías: muchas y contradictorias y de calidad variable.
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Algunos no podemos dar un paso sin tener una teoría. Aunque nada sea más práctico que una buena teoría, el problema/bendición es que no tenemos una sola teoría, tenemos demasiadas. Para todo tenemos varios procedimientos y para todo tenemos varios modelos.
Y está bien que tengamos modos de orientar nuestra acción. Pero siempre que nuestras teorías o nuestros modelos del mundo no nos abrumen y nos hagan pasar por alto lo que tenemos delante de las narices. El peligro de las teorías explícitas, verbales, codificadas, es que nos ahorren el trabajo de pensar, sentir y experimentar. Son un atajo, a veces un atajo que acaba en un callejón sin salida.
Alguien dijo: «No me gusta tu revolución si no se puede bailar». Alguien más podría decir: «No me gusta tu teoría si no ha surgido de mis torpes pasos». Pero no es eso lo que hacemos; no mantenemos una saludable actitud escéptica hacia nuestras teorías, sino que las tomamos como un cálido manto acogedor que nos protege del azote del mundo y evita que nos tengamos que ensuciar con el barro de los problemas reales, los obstáculos reales, la ambigüedad y la confusión.
Así que estamos sometidos a una tensión entre la necesidad de teorías para orientarnos y la necesidad de experiencias para fundamentarlas, corroborarlas y hacerlas nuestras.
Una objección habitual contra el minimalismo existencial es que sobre el papel es una idea atractiva, pero en el mundo «real» no funciona. El mundo de los negocios y la vida en general son duros. La competencia genera tensión mental y si quieres evitarla tienes que retirarte del campo de juego: si no eres un monje lama aislado del mundo no puedes ser minimalista existencial.
Creo que esta objección, aunque natural y en principio razonable, no es válida. En mi opinión, depende de cómo enfoques la competencia y la competición.
Mi propuesta es un cambio de actitud o mentalidad; o dicho de otra manera, creo que podemos enfocar la competencia en un marco más saludable y también más acorde a lo que es una economía de libre mercado e intercambios voluntarios entre personas.
El mito del capitalismo salvaje o el «solo puede quedar uno»
Cuando mucha gente piensa en el libre mercado, le viene a la cabeza la idea de una carrera de 100 metros lisos, o quizá un maratón, en el que los corredores han de esforzarse por quedar unos por delante de los otros y en la que al final «solo puede quedar uno», como en la película Los inmortales, donde en una lucha a lo largo de siglos se iban eliminando uno a uno cortándose la cabeza hasta que solo quedara el mejor de los inmortales (o el más fuerte) .
En el mundo anglosajón se habla de cutthroat competition, literalmente «competencia de cortar cuellos». Hay algo darwiniano en esta idea de la competencia, en pensar que para que uno gane los otros han de perder. De ahí la imagen del mercado competitivo como un mar rojo: rojo por la sangre de los perdedores.
Ciertamente, es una lucha en general no cruenta: nadie muere; pero quedas por debajo en el ranking, tu orgullo o autoestima queda socavada, y si se trata de un negocio o una empresa, sales del mercado y buscas otros aires competitivos en los que puedas prosperar.
Entendedme, creo que el mercado libre de intercambio voluntario entre personas es la mejor manera de organizar la sociedad, y aunque sobre el papel unos ganen y otros pierdan, es la sociedad en su conjunto, incluso los supuestos «perdedores», la que gana.
Lo que voy a cuestionar en este artículo es el estilo competitivo o actitud competitiva que parte de la idea de que los demás tienen que perder para que yo gane; como resultado pone un énfasis desmesurado en el seguimiento de las acciones de los competidores en detrimento de la búsqueda de la excelencia.
La mentalidad de sobresalir podría sustituir a la competitiva
¿Qué diferencia hay si después de todo sigues queriendo hacerlo lo mejor posible y con ello quizá quedar por encima de los demás?
Mucha.
Compites contigo mismo
El punto de referencia deja de ser el vencer o quedar por encima del competidor. El punto de referencia pasa a ser la mejor versión histórica de uno mismo: intentas superar a tu mejor yo hasta la fecha. En vez de centrarte en los resultados de los demás, te fijas en tus resultados y buscas maneras muy específicas y muy concretas de perfeccionarte.
Este enfoque tiene una ventaja: tu mejor yo sigue siendo tu yo, al menos es un yo amigo, y el querer mejorarle es una especie de tributo u homenaje que le haces. El yo histórico no puede sentirse mal por que el yo actual intente superarle; al contrario, se siente como un padre orgulloso de su hijo que desea que su hijo lo haga incluso mejor que él.
Pasa de un mar rojo competitivo a un océano azul de creatividad y descubrimiento
En vez de luchar en una carrera de reglas fijas, márgenes estrechos y meta definida, puedes adoptar una estrategia distinta: vas a ofrecer un valor a un mercado no existente, a un mercado que creas tú. No simplemente te vas a diferenciar y ser excelente para servir mejor a un mercado saturado, sino que vas a crear algo nuevo y vas a encontrar un público nuevo.
Partes de tu individualidad y en función de tus rasgos, talentos y motivaciones personales creas algo que lleve tu marca personal. Si se trata de una empresa, inventas un mercado. No compites, sobresales.
Los compañeros de carrera pueden ser colaboradores: cada uno busca el éxito a su manera
En esta mentalidad de sobresalir ya no tienes que esconder información, cortar las alas a los demás o preocuparte por el próximo movimiento del competidor. De una mentalidad de la escasez pasas a una mentalidad de la abundancia: hay muchos océanos azules por descubrir y los demás navegantes pueden ser colaboradores en la travesía. Paradójicamente, compartiendo información y recursos con otros te haces más rico: te abres a canales de información y conocimiento, aumentas la motivación y montones de ideas son catalizadas por tus competidores.
De la visión en túnel al pensamiento y la acción flexible
El foco deja de ser estrecho y centrado en los movimientos o amenazas. Empiezas a considerar posibilidades insospechadas para alguien que solo se centra en arañar ventajas ínfimas a la competencia. Piensas en maneras de satisfacer deseos de otras personas. Tus esfuerzos se centran en crear algo que tenga valor para los demás, no en arrancar valor de nadie o quitar valor a nadie. El enfoque creativo te vuelve más flexible, más experimental, más arriesgado y menos temeroso.
Con una actitud de sobresalir en vez de ser meramente competitivo, puedes lograr el éxito en tus propios términos, según tu propia definición y a tu propio ritmo.
Gastón Ramos comentaba, a raíz de mi Informe de fracasos, que querría practicar la idea de fracasar con gracia, pero que no se lo ocurrían formas de hacerlo. Este es mi caso también, es una de las revelaciones o enseñanzas más importantes de mi experimento con los fracasos: me cuesta fracasar o encontrar acciones destinadas al fracaso.
Recordemos las característicasde los fracasos anunciados:
Tienen un grado alto de incertidumbre.
Están relacionadas con algún proyecto o meta o inquietud personal.
Son nuevos. No son fracasos cotidianos, cosas que simplemente no van bien o me hacen fracasar. De estas tengo multitud en mi vida; son fracasos nuevos activos (de hacer, no de no hacer).
Me hacen salir de la zona cómoda. Es decir, requieren esfuerzo, generalmente suponen una cierta incomodidad. Como dicen los marines, «el dolor es la debilidad saliendo del cuerpo».
Son experimentos de los que puedo aprender algo, tanto si los resultados son los apetecidos como si no. Al ser su grado de incertidumbre alto, cualquier resultado no esperado me hará descubrir algo importante que no sabía.
Tiene bajo coste o un coste muy limitado. No obstante, el coste psíquico inmediato de la incomodidad o del sufrimiento del ego es alto; no te vas a sentir bien en el corto plazo, pero es probable que un poco después sí, como resultado de haber empujado tus límites un poco más lejos.
No todos los fracasos buscados han de tener todos los rasgos de arriba, pero muchos de los fracasos a los que me estoy refiriendo tienen varios de ellos. Yo tengo debilidad por los que me hacen salir de la zona cómoda. Voy a sugerirsiete:
Lees un libro interesante, buscas los datos del autor en Internet y le escribes un correo felicitándole por el libro e invitándole a comer un día de esta semana para charlar sobre algunas dudas que tienes sobre el libro y para conocerle personalmente.
Estás en la parada del autobús y ves a una chica atractiva a tu lado. Te diriges a ella, le dices, «Hola, soy Minimus; Homo Minimus (o tu apellido; tu nombre y apellido)» y entablas conversación.
Si eres del tipo de personas que se lo piensa mucho antes de hacer las cosas, decides que en el restaurante hoy pedirás un plato al azar. O bien, si ves un curso interesante sobre una materia de tu gusto, en vez de aplicar la regla de los 7 días de las compras, decides inscribirte inmediatamente en el curso sin «enconmendarte ni a Dios ni al Diablo».
Es sábado, en vez de salir con tus amigos vas a una reunión de Citas rápidas y conoces a 10 mujeres en 1 hora y media .
Se te da mal escribir, crees que no tienes nada que decir, entonces decides abrir un blog en WordPress y te confabulas para escribir durante un mes todos los días en ese blog al menos 750 palabras.
Imagina que deseas aprender algo; por ejemplo, a usar WordPress, fotoshop o técnicas avanzadas de búsqueda de información en Internet. Como has oído que la mejor manera de aprender algo es enseñándolo, pones un anuncio diciendo que das clases muy baratas o bien escribes a todos tus amigos diciendo que vas a enseñar la habilidad elegida a cualquiera de ellos que esté interesado. Conciertas el día y la hora para la primera clase y te pones a aprender a toda prisa la habilidad que vas a enseñar (y que en un principio tú deseabas aprender).
No escribes comentarios en los blogs que te gustan, porque no crees tener nada que decir. Hoy haces una excepción y escribes una pregunta o comentario sin intentar ser perfecto, original o genial. Aceptas la incomodidad.
Tengo un problema de baja autoestima; lo que es ridículo considerando lo maravilloso que soy.
–Homo Minimus
Vivimos en una cultura en el que sentirse bien, especialmente con uno mismo, es un valor muy apreciado. Valores y conceptos tradicionales como esfuerzo, vergüenza, culpa, sacrificio o dolor virtuoso no tienen ya mucho lugar en el espíritu de los tiempos.
La autoestima es como el banderín de enganche de esta filosofía popular que considera que la misión en la vida es sentirse bien con uno mismo la mayor parte del tiempo, en detrimento de otros valores u otras metas. No es que sobre el papel no se tengan en cuenta otras metas o que no sean importantes en la jerarquía de valores; sino que el «sentirse bien» toma un lugar inusitado y prioritario.
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Se considera que es la condición de posibilidad de la felicidad y sobre todo que es necesario sentirse bien con uno mismo para poder moverse por la vida, trabajar, relacionarse saludablemente, esforzarse, actuar determinadamente, acometer proyectos, ser productivo y cualquier otra acción o causa valiosa.
Mi tesis es que la autoestima, aunque deseable (a nadie le amarga un dulce), no debe ser nunca el foco de nuestra atención; no es ni mucho menos importante para lograr cosas valiosas en la vida ni siquiera para llevar una vida razonablemente feliz o digna de vivirse. Lo diré de manera tajante:
Nos iría mejor si sacáramos la preocupación por la autoestima de nuestra vida y de la ecuación de nuestros problemas.
3 razones contra la búsqueda de la autoestima
Hay una multitud de razones para esta idea tan a contracorriente y que deberíais considerar. Hoy aportaré las tres principales:
La preocupación por la autoestima es ombliguista. Pone el foco en las emociones y en sentirse bien con uno mismo en vez de poner el foco en las personas, el entorno y el efecto de nuestras acciones sobre el mundo. A la mayoría de la gente con baja autoestima le iría mejor si se mirara menos el ombligo y no dedicara tanto tiempo a analizar los matices infinitos de sus hierbas emocionales. En vez de lacerarse y lacerar a los que les escuchan con lo mucho que sufren o la poca confianza que tienen, se harían un favor si se dedicaran a crear algo real y tangible en su vida. La alta autoestima también pueder ser negativa: hay estudios sobre población joven universitaria en las últimas décadas que muestran una correlación entre el aumento de la autoestima y el narcisismo.—– —-
En toda la literatura de la autoestima subyace una orientación reactiva hacia el mundo; esto es, me siento mal, y tengo que hacer algo por remediarlo; he de reaccionar cambiando lo que siento porque si no dejo de sentir lo que estoy sintiendo no podré soportarlo, no podré hacer nada, no podré ni siquiera empezar a hacer algo. Paradójicamente, ese intentar cambiar lo que sentimos, exacerba la emoción y el problema. En Campo de batalla de tu mente vimos una mejor opción y actitud vital ante las partes «negativas» del mundo interior. jkkjdfdfkdfkddfkdf ddfdffd kfdfdfdfdfdff-–. — —
Existe el peligro de que te conviertas en un yonki de la autoayuda y el «crecimiento personal«. Buscarás cualquier fórmula o método que te haga sentir, aunque sea temporalmente, menos miserable o insatisfecho contigo mismo. En vez de orientarte a la acción, a hacer cosas reales en el mundo real y con personas reales, deambularás por los cursos de crecimiento personal buscando el consejo de gurús, maestros, terapeutas o expertos que prometan resolver o disolver esas emociones tan poco atractivas. Te aconsejerán analizar hasta el último episodio biográfico en busca de la relación o acontecimiento traumático que trastornó tu identidad y minó tu amor propio, que bucees en tus recuerdos, que revuelvas en tus heces emocionales en el inodoro de tu subconsciente. Buscarás entre los libros y los expertos como quien busca el santo grial en una tienda de chinos de todo a 1 euro. –
Comprende: la solución NO LLEGARÁ hurgando en tu psique. Cuanto antes aceptes esta verdad antes podrás dejar de poner tu vida a la espera y antes comenzarás a hacer algo. Lo que sea. Tú sabrás qué. Pero algo en el mundo externo, no en la habitación cerrada con olor a enfermo de la mente de un adicto a la autoestima.
Conclusión
La autoestima es sentirse bien con uno mismo sin tener en consideración los hechos
–Anónimo
En resumen, la búsqueda de la autoestima, interpretada como confianza en uno mismo, sentirse bien con uno mismo, o tener un sentido de la identidad correcto conduce a una orientación reactiva en la vida, en vez de creativa; pone el foco desmesuradamente en el propio ombligo y no en las personas, el mundo externo o sus acontecimientos; te sumerge en un ciclo sin fin de persecución de fórmulas mágicas, y hace que tu esfuerzo se dilapide en la búsqueda de la X universal que resolverá todas tus ecuaciones vitales.
Si no consigues lo que quieres, es porque no tienes las competencias necesarias o recursos para ello; toda la autoestima del mundo no va a cambiar esta situación; vive con ello, acéptalo y decide si vas a hacer algo al respecto.
Un pequeño éxito o un pequeño esfuerzo hacen más por tu confianza y auto-valoración que todos los cursos de autoestima del mundo.
Si las cosas van a cambiar y tú sentirte algo mejor, será porque tu acción personal cambie el mundo a tu alrededor y con ello tú cambies un poco. Y ni siquiera esto es seguro.
Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:
Los mejores planes de ratones y hombres
a menudo se frustran
y no nos dejan más que sufrimiento y dolor
por el gozo prometido.
–Robert Burns. Poeta escocés.
–En materia de organización social y personal seguimos siendo pre-darwinianos. Creemos que una clara intención, formalizada en objetivos y ejecutada de acuerdo a un plan central –personal o del estado– puede procurar los resultados apetecidos.
En teoría, esta idea ya hace mucho tiempo que está refutada y rechazada (no en la práctica política y en el imaginario popular). En la forma en que manejamos nuestros asuntos personales definitivamente sigue teniendo vigencia. No tenemos planes quinquenales y quizá tampoco planes anuales, pero sí que tenemos resoluciones de nuevo año y rígidas programaciones de lo que queremos conseguir y cómo conseguirlo.
Como todos sabemos, estas programaciones y planes personales suelen quedar en agua de borrajas debido a los acontecimientos inesperados, el cambio en nuestras metas y nuestra ineptitud para seguir los planes marcados.–
En el futuro, el afán de planificar la vida quizá nos resulte tan extraño o folclórico como ahora nos resulta la danza de la lluvia, las sangrías medievales para curar enfermedades o la teoría del diseño inteligente para explicar la evolución de las especies.
–Homo Minimus
–La realidad económica cada día más cambiante, las nuevas formas de trabajo y el universo de oportunidades que significa la era de Internet conspiran contra las formas tradicionales de organizar la existencia.
Para adaptarnos a las nuevas condiciones, hemos de renunciar al paradigma de la planificación central y sustituirlo por el paradigma evolutivo aplicado al cambio personal y social: cambio y evolución, pero sin diseño consciente y dirección central. Pequeños planes contingentes, pero sin un plan maestro que los englobe. Muchísimos experimentos y selección de los pocos que resulten exitosos o nos lleven en la dirección apetecida.
Centrándonos en el cambio personal, hemos de abrazar una concepción de la acción mucho más adaptativa, oportunista y orgánica. Esto significa:
En vez de un rígido plan central personal hemos de tener orientaciones o direcciones generales. Los planes y las estrategias más adecuadas emergen de un montón de experiencias, experimentos y acciones dispersas; difícilmente son conocidos a priori.
En vez de un programa definido de acciones, tendremos unas hipótesis de partida que testaremos en el día a día y que iremos corrigiendo por el camino. Pequeños experimentos controlados de bajo coste serán la punta de lanza de nuestra mentalidad experimental.
La gradualidad y las acciones tentativas sustituirán a los saltos cuánticos. El principio del Kaizen, aunque poco espectacular, tendrá un lugar privilegiado en nuestra forma de actuar y mejorar.
Por tanto, menos revoluciones y más evoluciones.
En lugar de unos objetivos definidos y fijos, tendremos unos valores orientativos y unas metas flexibles –en ocasiones vagarosas– que servirán para motivar, impulsar y evaluar el efecto de nuestras acciones. También tendremos en cuenta que hasta las metas y nuestra jerarquía de valores pueden cambiar.
Abrazar el caos, la diversidad, lo inesperado y las oportunidades que se presentan a lo largo del camino. Una actitud abierta y receptiva hacia el cambio y el “fracaso”, porque es el material del que se nutre la creación, la creatividad y el progreso individual y social.
¿Quieres que te dé una fórmula para el éxito? En realidad es muy sencillo. Dobla tu tasa de fracaso. Estás pensando en el fracaso como el enemigo del éxito. Pero no lo es en absoluto. Puedes sentirte desanimado por el fracaso o puedes aprender de él, así que adelante, comete errores. Comete todos los que puedas. Porque recuerda que es allí donde se encuentra el éxito.
–Thomas J. Watson. Fundador de IBM—
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Todos sabemos (intelectualmente) de la virtud de los fracasos, de los errores, de intentar cosas nuevas e improbables. A veces es el sentido del ridículo el que nos disuade de intentar cosas nuevas (= buenas) y de ir forjando un buen Ridículum Vitae. Otras veces es el simple miedo a no conseguir lo que uno quiere. Pero… ¿cuántos de nosotros actúamos realmente de acuerdo a este conocimiento? Yo no, desde luego.
Hubo un tiempo en que no escribía aquí para no hacer el ridículo. Hubo un tiempo en que no decía cosas para no parecer ridículo. Y todo eso me volvía todavía más ridículo (en el mal sentido de la palabra, que también existe). Pero esto ha de cambiar. Pero este ha de cambiar.
Del dicho al lecho, hay mucho trecho, como decía Juan Bonilla en uno de sus cuentos. Así que he creado una nueva regla, una más, que haga operativa mi decisión de aumentar mis fracasos. Pretendo cometer consciente y deliberadamente un buen número de fracasos todos los días.
Intención de implementación para mi intención sobre la meta de aumentar los errores
Empezaré con una cuota limitada de fracasos-errores-pifias-resultadosinesperados; pongamos 1/día (aplico el principio del Kaizen). A partir de ahí podré ir aumentando gradualmente la dosis, para que no me mate (me canse, aburra, me eche atrás).
La primera semana, para habituarme a este cambio, la cuota será cero. En la segunda semana, ya estaré obligado a cometer el error pactado diario y los 7 semanales.
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No tengo que cometer un solo error por día, pueden ser más; si un día no cometo un error, tendré que compensar otro día de la semana de tal manera que el número de fracasos semanal sea como mínimo de 7.
Para aumentar el compromiso, iré informando de mis resultados semana a semana.
Este experimento durará 5 semanas. Después de ello, y de manera darwiniana, mantendré el objetivo, o bien lo eliminaré despiadadamente y se convertirá en un cadáver más de mi poblado cementerio de experimentos fallidos.
porque quiero hacerlo bien, creo que lo hago más o menos bien (realmente, muy bien), no quiero defraudar, no quiero «bajar el nivel», quiero hacer un buen artículo, me cuesta mucho hacer buenos artículos y tengo miedo de que si escribo más se darán cuenta de que no lo hago bien , de mí veo todos los errores que hay antes de entregar un artículo acabado, de los demás que escriben sólo veo el producto final (y esto me descorazona), tengo 200 pre-artículos medio-empezados pero no acabados porque no son lo suficientemente buenos, me pongo el listón alto pero esto no significa más que tardo mucho en empezar y mucho en acabar, experimento poco (si experimentara más tendría material para escribir dos artículos al día), quiero escribir sin muchas faltas de ortografía o de sintaxis, creo que lo digo es principalmente banal, siento que estoy robando ideas a los demás y que pocas son genuinas, por eso quiero que el robo no se sienta demasiado y tengo que buscar maneras de disimular el robo, pienso que si escribo algo no puedo borrarlo, pienso que si hago alguna estupidez dejarán de leerme, creo que quien hace estupideces es estúpido, hablo de la mentalidad experimental y el sentido del ridículo pero no pongo mi dinero donde está mi boca, no me gusta que se noten los calcos del inglés y de otros que piensan y escriben, me lo pienso mil veces antes de decidirme por un tema, creo que este blog es una estructura que hay que planear cuidadosamente, aunque digo que el blog crece orgánicamente realmente crece según un diseño ideado hace mucho tiempo, porque no me separo de los planos, porque la improvisación se me da mal, porque creo que la improvisación es chapuza, porque es difícil decir cosas con pocas palabras, porque se supone que soy minimalista en la expresión, porque, según dice Rubén Arribas de Aviones desplumados que dijo Baltasar Gracián, más obran quintaesencias que fárragos, porque cada día me salen más palabras a pesar de que querer ser sintético, porque una vez que empiezo no sé dónde acabar
Hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes, eso sí es estar loco.
―Albert Einstein
Corro 3 días a la semana (lunes, miércoles y viernes) durante 40 minutos. Así lo he hecho durante los últimos 4 años. Algunas semanas más, pero ninguna semana menos. Después de algún tiempo corriendo, me sorprendí tomando siempre el mismo camino, el que más cómodo me resultaba. No era el menos cansado de los posibles, tampoco el más difícil, pero se había convertido en mi circuito por defecto: como la opción por defecto en un programa informático; como si a la pregunta «¿Quiere usted hoy tomar este camino?» hubiera respondido muchos días «Aceptar», y al cabo del tiempo, hubiera elegido la opción «Sí a todo»; esto es, «Sí, todos los días lo mismo», para no tener que responder ya más a la eterna cuestión.–
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La decisión de seguir un determinado circuito no había sido inmediata, sino que había emergido a lo largo de decenas de carreras a lo largo de los meses. Reflexionando sobre esta observación, me pregunté en cuántas ocasiones más habría elegido la opción «Sí a todo». La respuesta es tan sorprendente como obvia: la mayor parte del comportamiento se basa en opciones automáticas. La conciencia y el pensamiento deliberado son las excepciones en el mundo mental. Es la naturaleza humana.
Encontré decenas de ejemplos en que la opción por defecto y el sí-a-todo se habían enseñoreado de mi comportamiento: siempre tomo el mismo camino para ir a trabajar o a lugares habituales, siempre me lavo los dientes con la misma mano izquierda, siempre digo «Hola, qué tal» para saludar, siempre pongo (ponía) la radio cuando conduzco, etc.
Bien pensado, la expresión «opción por defecto» está muy bien traída, porque incluye «defecto» junto a la «opción». Eso nos sirve de recordatorio de que hay que estar prevenido contra las opciones habituales. En lo que respecta al progreso personal y colectivo, son necesarias, pero no suficientes, por usar una analogía de la lógica matemática.
Ya hemos argumentado acerca de la mentalidad experimental y el sentido del ridículo; en esta ocasión hay que argumentar a favor de los pequeños cambios por los pequeños cambios. Cambiar por cambiar. Para ver qué pasa. Para ver si hay alguna sorpresa que violenta nuestras expectativas. Podemos empezar a usar Linux, o pasarnos a Google Chrome (cosa que he hecho hace menos de un mes después de estar toda la vida con el Internet Explorer), cepillarnos los dientes con la mano derecha, o decir, «Qué tal, hola», o irnos a otro país durante un mes y buscar trabajo y quizá encontrarlo (acabo de volver de Perú, donde he estado 6 semanas trabajando).
Imaginemos que somos químicos –químicos un poco locos– que estamos en un laboratorio con montones de sustancias conocidas y desconocidas y que las podemos combinar a nuestro antojo: algunas veces no pasará nada; otras veces la mezcla nos explotará en la nariz y saldremos chamuscados; y otras, quizá, descubramos una nueva mezcla que mejore un poco nuestra vida, o al menos la haga más variada o más divertida.
A propósito, desde hace 3 años nunca he corrido por exactamente el mismo circuito.
(Artículo inspirado por mi colega Mínimo [es decir, se lo he robado])
–Os parecerá una tontería, pero esta es una de las siete verdades más importantes que he descubierto en mi vida. Llevaba mucho tiempo junto a la frase, pero hasta hoy –hasta hace media hora exactamente– nunca había calado. Y eso que estaba ya hace tiempo entre los eslóganes de mi minimalismo.
El conocimiento es como una semilla que no germina si no penetra muy hondo.
Hay que parecer un poco loco de cuando en cuando para seguir avanzando
–Homo Minimus
Vivía en Granada (España) y decidí tomar unas clases para refrescar mi inglés. Encontré un anuncio en una farola de un tal David Bolton, un americano residente en la ciudad que ofrecía clases de inglés —conversación y gramática— con la primera clase gratuita.
A los pocos días, había concertado una entrevista y estaba entrando por la puerta de su casa en el casco antiguo. El americano era alto y muy delgado. Me recordó al Mr. Burns de los Simpsons pero veinte años más joven; tenía una sonrisa astuta pero a la vez acogedora, y una mirada algo burlona. Me recibió en una sala un tanto desordenada con un ordenador, un clavicordio, y un par de butacas. Allí nos sentamos, uno enfrente del otro, con una mesa de té en medio de los dos.
Después de ofrecerme alguna bebida, sin más prólogos, me dijo en inglés que, antes de comenzar la clase, necesitaba someterme a un pequeño test o prueba; él diría algo y yo, de la manera más fiel posible, debería repetir lo que él dijera. Supuse que se trataba de una prueba de nivel de pronunciación, algo que los españoles no solemos dominar. Yo en particular podía mejorar mucho en ello. Me preguntó si estaba preparado —un poco teatralmente— y respondí que sí. Hubo un par de segundos de silencio; me dispuse a intentar reproducir lo que él iba a decir.
Entonces, inesperadamente, un aullido que duró varios segundos salió de su boca, como un grito de loco con poderosas cuerdas vocales: “ ¡¡¡UAAAAAAAEEEEUUUUAAAAUUUUuuuu!!! Duró unos pocos segundos, pero se me hizo interminable. Lo más probable es que se hubiera oído a varias decenas de metros a la redonda, pues la ventana de la habitación estaba abierta. Quizá los vecinos pensaron que estábamos sacrificando a un cerdo. Paró, y mientras le miraba pasmado, aguardó impasible mi respuesta.
No tardé en reaccionar, y convirtiendo el pasmo en energía, aullé yo también algo similar a lo anterior: “¡¡¡UUUUUUUAAAAAAEEEUUUUAAAAAAAAAAAUUUUUUuuuu!!!”.
Después me callé, un poco sorprendido de mí mismo.
Me miró tranquilamente sin hablar, como si lo anterior fuera lo más normal del mundo. Pasaron un par de segundos y dijo, con su voz algo aguda y acento de la costa este: “Excelente, muy bien…”; y prosiguió: “esta es una prueba que hago con mis alumnos españoles para comprobar sus aptitudes para el aprendizaje del inglés: normalmente se suelen callar después de mi berrido, pues la gente tiene un gran sentido del ridículo. Pero tú lo has hecho bien. “
Me explicó que si quería aprender bien un idioma, tenía que quitarme la vergüenza y el sentido del ridículo, pues iba a cometer muchos errores y tenía que aceptarlos. Normalmente, los alumnos españoles están adiestrados para evitar el error, quieren ser perfectos desde el principio; y si no lo son, se ponen nerviosos, se frustran y bloquean.–
Quién es David Bolton
David Bolton es un personaje digno de conocer del que aprendí mucho, y del que seguiré contando historias más adelante. Podéis comprar un estupendo libro suyo sobre el aprendizaje de idiomas o leer decenas de artículos interesantes en su página web (eso sí, en inglés).
Ahora vive en Japón con su esposa japonesa, Maki, a la que conoció en Granada. Pero eso es otra historia…
Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no tiene que perderse; ahí en el aire es donde han de estar. Ahora pon los cimientos debajo de ellos.
—Ralph Waldo Emerson.
Imagen: escaleras mecánicas
Imagina que estás subiendo por una escalera mecánica; una de esas que te encuentras en unos grandes almacenes o en el metro . Das el primer paso y ya estás en ella. Normalmente, ¿qué haces? Sueles dejarte llevar, allá arriba está el final, pero queda todavía mucho. Además, quizá tendrías que pasar al lado de otras personas. La mayor parte de ellas están en el lado derecho, sin moverse; algún impaciente sube andando y alguno hasta corriendo, pero lo habitual es permanecer parado subiendo tranquilamente y pensando en nuestras cosas u observando a otros.
Según vas subiendo, la proximidad del final de la escalera te pone un poco en tensión, ya estás casi allí; quedan quizá 12 o 13 escalones, pero ya sientes la proximidad; fíjate en lo que haces o en lo que hacen los demás: ¿esperan a llegar al final plácidamente como hicieron durante todo el trayecto o suben los últimos pasos?
Verás que muchas veces según te aproximas al final, si no tienes nadie delante, das los últimos pasos; parece que la cercanía del final nos proporciona energía y nos sentimos con fuerzas para subir los 4 o 5 peldaños que nos quedan.
Esos últimos pasos los podrías haber dado al principio, pero lo que quedaba era tan grande que parecía poco respecto a todo el tramo de escaleras mecánicas. Al final del tramo ese esfuerzo tiene una recompensa casi inmediata. –
Interpretación de la imagen
Bien, ahora descifremos la imagen: el paso de entrada a las escaleras es el inicio del proyecto; la altura de la escalera es la duración de un proyecto; nuestra energía, el que nos sintamos con ganas o desganas para subir por nosotros mismos las escaleras, es la motivación a lo largo del proyecto; el final de la escalera es el logro final de la meta planteada o resultado buscado en el proyecto.
Al principio, como hemos visto en el caso de las escaleras, si mantenemos nuestra mente en la meta final (alcanzar el final de la escalera) los pasos pequeños que podamos realizar en el momento resultan insignificantes y es probable que nuestra motivación se resienta: me quedo parado, dejo que pase el tiempo esperando a estar más motivado (por presiones externas o de tiempo, etc.) o simplemente abandono el proyecto.
En cambio, si me enfoco en un objetivo a corto plazo, esa sensación negativa de ver todo lo que falta no se produce, ya no contemplo el proyecto en su conjunto y puedo estar más atento a la acción inmediata. Además, los pequeños avances parecen más satisfactorios al enfocarnos en el corto plazo y no ver el marco general del proyecto . –
Efecto emocional de los retrasos, dificultades y fracasos
Evaluar la tarea y las metas a corto plazo es especialmente adecuado si, como suele suceder en muchos proyectos, el principio es tentativo, experimental, con inicios en falso y con errores propios del aprendizaje. En este caso usual es mejor tomar nota de que el objetivo parcial no se ha logrado en vez de intentar “re-motivarnos” o re-afirmarnos con la meta a largo plazo, pues esta se habrá hecho más improbable después del traspiés inicial. Si me enfoco en el día o la semana, no en lo que me queda hasta la meta final, el impacto emocional de cualquier contratiempo será más reducido y nuestra respuesta más realista y adaptativa.
La meta final está más unida al sentido de uno mismo, nos identificamos más con ella y su no logro puede ser más doloroso para el yo. Las metas a corto plazo o intermedias son instrumentales y unimos menos el valor del yo a ellas.
Perspectiva vs control
La decisión de enfocarnos en metas de alto nivel u objetivos de bajo nivel es paralela a las dos dimensiones clave que hemos de considerar en cualquier sistema de organización personal: perspectiva vs control.
La perspectiva nos permite jerarquizar metas y orientar la acción a lo largo del tiempo de manera eficaz hacia la meta final; en otras palabras, asegurarnos de que los objetivos que nos marcamos en el corto plazo sean los correctos, hacer las cosas correctas (aquí es donde hemos de aplicar el principio de Pareto ). El control nos permite centrarnos en hacer el trabajo cotidiano con la máxima eficiencia, en hacer las cosas correctamente.
Ambos enfoques son necesarios.–
Prescripción sobre el enfoque tarea vs enfoque meta final
–Al principio del proyecto, hay que comenzar con la meta final en mente para preparar un plan de acción y justificar el esfuerzo. Aquí es cuando hay que imaginar el castillo en el aire y diseñar sus cimientos. Miramos hacia el final de la escalera para saber dónde vamos, generamos una estrategia y damos un primer paso que ayude a generar momentum.
Después de haber empezado, y todavía en los inicios o en el medio, es mejor “olvidarse” en cierta manera de la meta y centrarse en el paso inmediato, en el objetivo a corto plazo del día o la semana. Si las cosas van mal o no hay avance, el efecto desmotivador no será tan grande, la fricción emocional será menor. La meta final seguirá en un segundo plano guiando y orientando nuestro esfuerzo, pero nos centramos en el día a día. A esto nos referimos cuando hablamos de “centrarnos en el proceso” más que en el resultado.
Otra ventaja de enfocarse en la tarea o en el objetivo a corto plazo es que podemos reaccionar más adaptativamente; podemos registrar el error o el fallo con más facilidad y corregir nuestras acciones más rápidamente. El foco está en nuestro comportamiento y los resultados que genera más que en nuestra valía personal o el sentido del yo.
Cuando estamos al final, la proximidad de la meta, la luz al final del túnel y la constatación de todo lo que hemos hecho en relación con lo poco que queda por hacer, es ya muy motivante. Aquí sí que podemos evaluar nuestros resultados en función de la meta final y cambiar a un foco evaluativo más general.–
A la hora de evaluar nuestro progreso y orientar nuestra atención, la clave es cambiar adaptativamente entre foco en la tarea y foco en la meta final.
Desde el punto de vista del minimalismo estratégico, tan importante como el principio de concentración es el eliminar los errores de bulto, deshacerse de los errores grandes. Idealmente, hemos de sustituir esos errores de bulto por nuevas creencias más ajustadas a la verdad o actitudes más saludables.
Demasiadas veces, como individuos o sociedades, nos perdemos en los detalles y en planes muy concretos para mejorar nuestra situación, pero no nos damos cuenta de que están viciados de inicio por errores estratégicos. Eliminar los errores de bulto es la parte más importante de la poda minimalista.
Pondré tres ejemplos en tres áreas distintas:
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Economía
Error de bulto: si uno gana, alguien tiene necesariamente que perder. La vida económica es un juego de suma cero. El comercio perjudica a las personas y a los pueblos, en especial a los del tercer mundo.
Corrección: en todo intercambio voluntario, aquellos que intervienen lo hacen porque creen que pueden mejorar su situación. Ambas partes tienen que creer que el acuerdo les es beneficioso; de otra manera, no se produciría la transacción. El beneficio es el que la persona considera en sus propios términos, según sus preferencias y situación y puede no coincidir con el que tú crees que es o no es.
El acuerdo puede responder o no a las expectativas. En caso de que no lo haga, la persona aprende y mejora sus decisiones en intercambios siguientes. Si quieres tener un negocio duradero en el tiempo tienes que alcanzar acuerdos que beneficien a las partes.
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Estilo de vida
Error de bulto: el dinero y el consumo proporcionan la felicidad. Cuanto más variedad y cantidad de bienes y experiencias que pueda comprar seré más feliz.
Corrección: el dinero supone un aumento de la felicidad hasta los 60.000 $ de ingresos al año. A partir de ahí, no hay diferencias apreciables en el bienestar subjetivo. Pasada una cierta renta, bastante baja, las relaciones personales y actividades que proporcionan motivación intrínseca son factores más importantes para aumentar la felicidad. Las personas y las actividades son más importantes que las cosas y las pasividades.
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Aprendizaje
Error de bulto: las notas y los títulos académicos son el objetivo inmediato por el que aprendo y estudio. Además, estudio por los beneficios que me puede deparar el acceso a determinado tipo de trabajos o la promoción profesional. La motivación extrínseca –expectativas de beneficios económicos, alabanzas, reconocimiento, autoestima, sensación de poder, status, etc.– es el motor que me hace sacrificarme.
Corrección: aprendo porque disfruto aprendiendo y creando algo nuevo que no existe pero que merecería existir y quiero que exista. Aprendo porque obtengo motivación intrínseca de ello. Eso me hace dedicarle muchas horas y esfuerzo. A veces es duro y tengo que soportar la frustración y ser paciente cuando no veo avances, pero disfruto gran parte del tiempo. Dediqué algún tiempo y exploración a determinar aquello que más conecta con mi personalidad, capacidades y pasiones («mi elemento»). El amor que pongo y el expertismo que deriva de mi pasión y esfuerzo tarde o temprano volverá valioso para otras personas lo que hago.
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Principio de concentración
La primera estrategia es ser siempre muy fuerte; primero en general y después en el momento decisivo. No hay ley estratégica superior ni más simple que mantener las fuerzas concentradas. Resumiendo: el primer principio es actuar con la máxima concentración.
—Klausewitz. De la guerra.
La concentración es la convergencia de nuestras fuerzas físicas, emocionales, mentales y espirituales en el tiempo y en el espacio; es decir, en el momento decisivo y en el lugar apropiado.–
El principio de concentración es un principio prescriptivo: recomienda concentrar las fuerzas en unas pocas direcciones para aumentar el efecto. El principio de Pareto —al que complementa— es un principio descriptivo sobre el funcionamiento del mundo y la relación entre causas y efectos: el 20% de las causas produce el 80% de los efectos. Ambos están relacionados.
La concentración está relacionada con la economía de medios. Debemos evitar el derroche de energía en lugares innecesarios, pero también el aplicar excesivos esfuerzos en lugar necesarios, pero secundarios. Si eliminas lo que sobra, liberas recursos que puede emplear en las direcciones más provechosas. La poda minimalista, que supone una eliminación consciente de lo innecesario o superfluo, fortalece el principio de concentración.
Ejemplo de aplicación : dedicamos las mejores horas del día al servicio de nuestros propósitos o metas principales. El principio Primero págate a ti mismo intenta enfatizar esta idea. La TMI al principio de la jornada es una de las muchas herramientas y reglas operativas del minimalismo existencial que desarrollan estos principios.–
Alcance de la aplicación del principio
Si hacemos una analogía con el arte de la guerra, podríamos hablar de la concentración en los niveles estratégico, operacional y táctico.
El nivel estratégico supone la determinación y priorización de nuestros valores y metas a largo plazo. En el fondo, significa responder a la pregunta “¿Por qué ‘luchamos’?” . Este nivel de concentración requiere introspección, búsqueda interior, experiencia, experimentación y mucha reflexión. Es el nivel más espiritual y quizá el que más descuidamos.
El nivel táctico tiene que ver con las actividades cotidianas y manejo de los asuntos diarios. Son las pequeñas y grandes “batallas” que tenemos que librar todos los días. En este nivel llevamos a cabo las acciones de la manera más intensa y concentrada posible procurando la máxima eficacia y eficiencia. El nivel táctico está subordinado siempre al estratégico.
El nivel operacional del principio de concentración es el que decide en qué batallas tenemos que participar y en cuáles no para lograr nuestras metas a largo plazo y obtener el tipo de valores que queremos ver en nuestras vidas. Además, en este nivel hay que procurar que nuestros recursos personales sean los adecuados en el momento oportuno. Para ello hay que administrar sabiamente nuestro nivel de energía y estructurar con inteligencia nuestras actividades durante el día y en el largo plazo. En mi opinión, el nivel operacional es el más difícil de discernir y el más sutil, pues implica conectar el día a día con la visión o metas a largo plazo.–
Coste de la concentración
La concentración supone un cierto fanatismo en la acción que hay que equilibrar con una flexibilidad en el pensamiento para que sea eficaz. Tenemos que enfatizar la función de ejecución de acciones frente a la función de acopio de información y búsqueda y evaluación de opciones, aunque siempre sea difícil equilibrar la flexibilidad mental con la intensidad de la acción.
También es difícil sostener mucho tiempo. Nuestra energía y capacidad de mantener la atención es limitada. Es por eso que la concentración ha de ir necesariamente seguida de la relajación y el descanso. El paradigma del velocista contempla explícitamente el equilibrio necesario entre trabajo intenso y recuperaciones. En la serie de artículos sobre el expertismo, vimos también que el trabajo intenso de alta calidad sólo se puede mantener durante periodos relativamente cortos en los que empujamos las fronteras de nuestras capacidades.
En trabajos que requieren cierta creatividad –cualquiera que desempeñe un trabajador del conocimiento en sentido amplio– necesitamos una cierta dispersión propia de las modalidades más contemplativas o no deliberativas de la conciencia. La creatividad y la creación se nutren de periodos en los que no parece pasar nada y en el que se establecen conexiones más ricas entre el material aprendido y se asimila más profundamente.
El tempo adecuado de la actividades y los descansos es algo muy sutil que depende de la naturaleza de la actividad desarrollada y la constitución psicológica de la persona.
Obstáculos en la aplicación del principio de concentración
Cuidado con dispersar tus fuerzas, lucha constantemente por concentrarlas. El Genio se cree que puede hacer cualquier cosa que ve hacer a otros, pero seguro que se arrepiente de cada gasto mal calculado.
—Goethe
De todos los principios del minimalismo existencial es quizá el más difícil de aplicar. Es tremendamente difícil aplazar el beneficio presente en favor de beneficios futuros más grandes pero alejados en el tiempo. Requiere una tremenda capacidad de autorregulación, que a su vez está limitada por los cuellos de botella de la memoria de trabajo y la fuerza del ego o fuerza de voluntad. Nuestra reserva de voluntad diaria es un recurso escaso que hay que emplear sabiamente. Los psicólogos han hablado del fenómeno del “Agotamiento del yo”.
Confusión en los valores y en las metas. Si no hay claridad en valores y metas el principio de concentración difícilmente podrá aplicarse con consistencia. Es fundamental completar la excelencia en la gestión del flujo de actividades(usando el sistema GTD de David Allen, por ejemplo) con la perspectiva suficiente que nos permita aclarar nuestros valores personales y metas.
Stephen Covey –el autor de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva— nos aconseja hacer un esfuerzo previo de aclaración de los valores y los roles o papeles que desempeñamos en distintas áreas de nuestras vidas. La matriz urgente-importante puede ayudarnos a clarificar las acciones a un nivel más táctico.
Perfeccionismo. Este rasgo del carácter puede ser tremendamente contraproducente. Podemos pasarnos el tiempo optimizando aspectos secundarios del trabajo y concentrando nuestros esfuerzos en lugares no apropiados.
Podríamos concentrarnos en callejones sin salida. Siempre es difícil decidir cuándo hay que perseverar y cuándo es el momento de cambiar de actividad o meta.
Infoxicación. El bombardeo informacional conspira contra la calma interior y nos empuja en todas direcciones.Fenómenos como el sesgo de novedad, que privilegia lo nuevo, conspiran contra la concentración.–
Excelencia y principio de concentración
Se debe apreciar la intensidad más que la extensión: la perfección reside en la calidad no en la cantidad. La extensión de por sí sola nunca se eleva por encima de la mediocridad, y es la desgracia de los hombres con amplios intereses generales que mientras que les gustaría tener un dedo en todas las tartas no la tienen en ninguna. La intensidad proporciona eminencia y eleva a lo heroico en material sublime.
—Baltasar Gracián. El arte de la prudencia.
Todos la serie de artículos de Atilox sobre el expertismo y la práctica deliberada ponen de manifiesto la necesidad absoluta de concentración sostenida en el tiempo –a nivel táctico, operacional y estratégico– para lograr la excelencia. La Ley de las 10.000 horas de práctica antes de alcanzar un nivel máximo de desempeño parece ser una ley universal aplicable en un amplio rango de actividades humanas; desde el ajedrez y el tenis, hasta la música y las matemáticas.
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Esta regla está inspirada en una de las reglas de Robert Kiyosaki de las finanzas personales: “Primero, págate a ti mismo”. Consiste en hacer algo contraintuitivo: primero te pagas a ti mismo y guardas ese dinero como inversión o activo que genera una corriente de liquidez futura; y, después, pagas a tus empleados, a los proveedores, a hacienda y financias tu consumo personal.
Lo habitual es hacer lo contrario: primero pagas tus facturas, al fisco, etc.; y si te queda algo, lo ahorras. Normalmente suele quedar poco porque el consumo y los gastos se suelen expandir hasta el límite del presupuesto, incluso hasta exceder nuestros ingresos y generar deuda.
Kiyosaki la emplea para obtener la libertad financiera. En el contexto del minimalismo existencial este “Primero, págate a ti mismo” se aplica a las actividades que realizamos todos los días y consiste en empezar haciendo lo que más te importa y lo que más contribuye a lo que más te importa. Así de sencillo.–
Primero, dedica el tiempo a tus proyectos personales fundamentales, a la gente que más quieres y valoras, al tipo de actividades que más disfrutas y mayor sentido vital te proporcionan y las que más favorecen el tipo de resultados que quieres ver en tu vida.
Segundo, el resto del tiempo es para lo demás.
–Esta regla sirve como un recordatorio o concreción del principio general de la Ley de Pareto o Regla del 80/20, que nos aconseja el centrarnos en los pocos esenciales y dejar a un lado o aparcar los muchos triviales. Nos ayuda a ser imaginativos y reducir nuestro gasto en actividades de poco valor. El flujo de minucias es inagotable; la única manera de reducir las minucias es dejarlas para el final, si es que hay tiempo, o renunciar a ellas.
A su vez, “Primero, ‘págate’ a ti mismo”, se puede complementar o apoyar en otras herramientas importantes de la organización personal:
Los rituales , que diseñamos personalmente y practicamos asiduamente, son hábitos que nos obligan a dedicar un cierto tiempo del día a aquellas actividades con más sentido para nosotros. Los rituales encarnan nuestros valores.
Las cinco grandes rocas de la semana, de Stephen Covey, que señalan las metas para la próxima semana y nos ayudan a mantenernos centrados en el torbellino de la semana.
La TMI, tarea más importante del día, de Leo Babauta, que nos ayuda a empezar siempre con lo esencial y dedicar nuestras mejores horas del día y esfuerzos a ello.–
Postergación. Síndrome de lo nuevo y lo urgente.
La postergación de lo importante en favor de lo urgente es un comportamiento cotidiano que tenemos inscrito en nuestros genes. Llevamos incorporados una preferencia casi invencible por la novedad . El problema es que la mayor parte de lo nuevo no es tan nuevo ni es normalmente importante.
Esto explica por qué preferimos escuchar las noticias a leer a los clásicos. Los clásicos siempre estarán ahí, y siempre han estado ahí. Puede que su mensaje sea importante e imperecedero y contribuya a forjar o favorecer una personalidad culta, sabia e integrada; pero pueden esperar. Siempre pueden esperar un poco. Lo nuevo siempre tiene un halo tentador, tanto por lo negativo como por lo positivo.
Al final, nuestra capacidad de enfocarnos en lo importante depende de que hayamos hecho un trabajo previo calmado y contemplativo de búsqueda interior y nos hayamos comprometido con lo que hemos encontrado dentro; es decir, con nosotros mismos.
Para ver el mundo en un grano de arena/ y el cielo en una flor silvestre/abarca el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora.
–William Blake. Pintor, grabador y poeta inglés (1757-1827).
Samuel Gosling, en Snoop. What Your Stuff Says About You (traducido como Fisgoneando. Lo que tus cosas dicen sobre ti ) desarrolla la nueva ciencia de la “Fisgonología”, una rama científica del vouyerismo.
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Su tesis es la siguiente: husmeando durante 5 minutos en la habitación de un extraño, un ojo entrenado puede determinar rasgos de la personalidad del inquilino de la habitación con más precisión que un familiar o amigo íntimo que lo ha conocido durante años. Le basta con echar un vistazo a su ropa, escritorio, cama y otros objetos personales para obtener un diagnóstico psicológico de la persona. A propósito, el «fisgón» nunca ha visto ni verá a la persona a la que analiza para obtener su diagnóstico.
La sorprendente conclusión se resuelve en parte teniendo en cuenta algunos componentes del expertismo y la práctica deliberada –de los que ya hemos hablado anteriormente–, las limitaciones de la memoria de trabajo (Working Memory), y una de las ideas centrales del minimalismo: más no es siempre mejor, y, por lo tanto, a veces menos es mejor.
En cuestión de información es a veces así. Unos pocos detalles o briznas de información sobre una persona o situación pueden ser suficientes para formarnos una imagen fiable de la persona o situación. Al menos en la mayoría de las ocasiones y con la precisión suficiente para nuestros fines prácticos.
Pero no es sólo que unos pocos detalles bien elegidos e interpretados nos permitan ver la imagen mayor, más completa y precisa —del mismo modo que el ojo de una cerradura en una puerta cerrada nos permite ver a través de un pequeño espacio gran parte de la habitación—; además, es posible que el tener más información sea contraproducente: las personas más allegadas conocen cientos de hechos y situaciones sobre la persona y tienen muchas teorías contradictorias sobre ella que tienen que intentar conciliar.
Toda personalidad es compleja. Un trabajo analítico-verbal de intentar clasificar psicológicamente a una persona que conoces es un esfuerzo propicio a los errores, prejuicios e imprecisiones. Con la recogida y acopio de información los rendimientos decrecientes empiezan a operar muy rápidamente.
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Expertismo
Malcom Gladwell alude a este mismo principio en Blink cuando habla de un psicólogo que es capaz de predecir cuánto durará un matrimonio tras un par de minutos de observar al marido y la mujer hablando; o un entrenador de tenis que sabe si un jugador hará doble falta antes de que la raqueta golpee la bola; o un experto en antigüedades que con un simple vistazo detecta una falsificación.
Si lo piensas, advertirás que la mayor parte del tiempo lo pasamos sacando conclusiones rápidas sobre los sucesos del mundo con muy poca información. Y la mayor parte del tiempo lo hacemos razonablemente bien.
Parece que el expertismo en cualquier campo se basa en aprender a filtrar el torrente de información y detectar esos indicios o claves que se encuentran en las situaciones y que nos descubren un modelo de la realidad con la precisión suficiente para nuestros fines. Lo que comunmente se llama intuición es probablemente la detección de pautas y modelos del mundo que se descubren a través de unos pocos detalles bien escogidos.
Los expertos disponen de modelos muy ricos del mundo en un campo especializado. Además, saben detectar qué pequeños detalles, más o menos sutiles, son indicios de qué situaciones. El expertismo consiste en prestar atención a los detalles. Pero a los detalles relevantes en cada momento. Es justo esta selección del estímulo correcto la que permite circunvalar las limitaciones de memoria y velocidad de procesamiento humanas, y adaptarnos razonablemente bien a un entorno cambiante.
Las aplicaciones de este principio son innumerables. Habremos de tenerlo en cuenta cuando diseñemos nuestros sistemas de información, el entrenamiento y la educación, y el desarrollo de competencias.
El trabajo de la mente es resolver problemas, y si la pones delante de una situación —cualquier situación—, la verá como un problema que necesita solución; y hará lo que mejor que sabe hacer: pensar, anticipar, reflexionar, pre-ocuparse, buscar soluciones.
El talón de Aquiles de la mente es que trata todo como problemas, lo sean o no lo sean. No sabe hacer otra cosa.
Por ejemplo, trata las emociones negativas como si fueran problemas que hay que resolver. En este caso, el intento de resolución del aparente problema se convierte en un problema.
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Pero hay otra opción: contemplar, observar sin querer resolver, dejar ir, dejar pasar, no querer que las cosas sean de otro modo, y dejar que las cosas se desplieguen según sus propios ritmos sin forzar a que sean de otra manera.
En vez de resolver la situación, la disuelves como un azucarillo en el vasto océano de la conciencia.
Algunos lectores podrían preguntarse por qué no tengo un botón de susbcripción al blog.
La respuesta es sencilla. Está relacionada con el principio de complejidad por capas y sus dos reglas fundamentales de diseño de la información:
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He de crear mi propio sistema o seré esclavizado por el de algún otro.
–William Blake
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El mejor sistema no está en ningún libro, y a su vez puede beneficiarse y alimentarse de todos los libros.
Mi sistema es minimalista; es decir, está basado en la reducción de compromisos y tareas, y en un esfuerzo constante y consciente por podar las metas y las actividades reduciéndolas a su mínima expresión según el principio de Pareto o regla del 80/20.
Mi norte está en la aerodinámica o aerodinamismo vital; la vitaldinámica reside en la flexibilidad y adecuación a los fines que me he propuesto, y en la concordancia con mis valores y el entorno.
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No creo mucho en la educación: cada uno debe ser su propio modelo aunque éste sea desastroso.
–Albert Einstein
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Mi sistema tiene, por tanto, dos patas: una subjetiva y otra objetiva.
La primera viene dada por mis valores y mi idiosincrasia: mis recursos físicos, emocionales y cognitivos; la segunda, por las condiciones particulares del entorno en que me estoy moviendo, y por la naturaleza de las distintas metas y proyectos que me propongo y sus condiciones de logro.
Esas dos patas varían en cada persona y por ello cada uno ha de encontrar su propio modelo. La educación es en general una “talla igual para todos”: nivela por arriba, por abajo y por los lados; es como un lecho de Procusto para la inteligencia y la emoción.
Un sistema estándar sólo será el mejor por una feliz casualidad para unas pocas personas.
Uno es tan bueno como lo es el último de sus proyectos.
–Tom Peters. Gurú del Management.
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No estoy de acuerdo con Tom. Ni con todos los otros Toms del mundo.
Leyendo a Eckart Tolle, el autor de El poder del ahora (pdf), reconozco una idea inmensamente valiosa: el poder de no identificarse con uno mismo.
¿Qué creo que quiero decir con esto?
Creo que quiero decir que… no somos nuestro aspecto físico; no somos nuestros éxitos, por dura y meritoriamente que los hayamos conseguido; no somos nuestras derrotas, por mucho que sangremos a través de ellas; no somos nuestro estatus, nuestra posición en la escala jerárquica, nuestro cargo; no somos tampoco nuestro oficio, por muy orgullosos que nos sintamos de él; no somos nuestras satisfacciones personales, ni nuestras insatisfacciones; no somos nuestros orígenes, ni nuestras raíces (los seres humanos no son plantas), ni nuestro país, nuestra tierra o nuestra familia; no somos la situación en la que nos encontramos: beneficiosa o perjudicial; no somos siquiera nuestra historia, nuestro historial, el conjunto de hitos vitales; no somos las cosas que nos gustan de nosotros, ni nuestro ideal de yo, ni tampoco lo que odiamos o nos incomoda en nuestra persona; no somos nuestras emociones, nuestros placeres o displaceres, nuestros amores, nuestros odios, nuestros rencores, nuestras filias, nuestras fobias, nuestras pasiones.
En definitiva, no somos ninguna de las situaciones asociadas con nosotros mismos y que consideramos nuestras señas de identidad. El yo –lo que quiera que signifique– es como el cuenco que contiene todos esos elementos y muchos más; pero no es ninguno de esos elementos; ni la acumulación de ellos ni su ausencia.
La vida puede seguir viviéndose con objetivos, proyectos, sueños; pero no somos nuestros ideales ni la mejor versión de nuestro yo, ni siquiera la suma de yoes potenciales. No unimos nuestro destino ni nuestro valor a la consecución o no consecución de lo que queremos o anhelamos.
Podemos vivir todos esos afanes y asociaciones como un juego, no una tarea seria; ni siquiera un juego serio, sólo un juego en el que se puede aprender y en el que se puede estar. Estar sin más.
Uno no es lo que no es. De apreciar esta obviedad puede derivarse una inmensa libertad y levedad. Cuando reconocemos lo que no somos, podemos soltar lastre.–
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No soy lo que no soy… y no estoy completamente seguro.
Creo que uno de los factores de éxito de Google –al menos en sus inicios– fue la tremenda simplicidad de su página inicial. Una caja donde escribir las palabras claves para la búsqueda y un par de vínculos. Un estilo diáfano.
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Podemos contrastar esto con otros buscadores exitosos al principio, pero que fueron perdiendo fuelle, como el de Yahoo:
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O el de MSN:–
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No soy el único que en su día experimentó una sensación de calma y de disminución del agobio al ver la página de Google. En contraste, las páginas atestadas de anuncios, predicciones meteorológicas, bandas de cotización de valores bursátiles, rótulos luminosos, colores variados y todos los píxeles atiborrados de contenido eran una bofetada informacional para la mente.
Dropbox es también modélico y su estilo se parece mucho al inicial de Google:
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La simplicidad cuasi-zen en su diseño y la sensación de control y serenidad que genera fue la razón por la que decidí usar este programa para Almacenar todos mis archivos en línea.
Informacionitis e infoxicación
Es natural el querer incluir la máxima información posible, y es posible que muchos usuarios demanden cada vez más y más contenidos; incluso, puede que sea un factor competitivo para las empresa el incluir toda esa información y características como factor diferenciador.
Pero las posibilidades técnicas se encuentran con el cuello de botella de nuestra “Memoria de trabajo” (Working Memory en inglés); esto es, la cantidad de información que podemos manejar conscientemente es muy limitada y el hecho de poder ofrecerla toda a la vez se enfrenta con el muro de nuestras limitaciones cognitivas. Simplemente no podemos procesarla y corremos peligro de infoxicarnos.
Por realizar una analogía, una página inicial llena de contenido y enlaces sería como una persona que te acaban de presentar y que te cuenta su vida sin que se lo hayas pedido o te ofrece consejos sin que se los hayas solicitado.
Complejidad por capas
–¿Cómo se concilia entonces el principio de simplicidad con el deseo de ofrecer más detalles, funcionalidades o información?
Me alegra que me hagas esa pregunta.
Veamos un ejemplo:
Google, por supuesto, tiene muchísimas posibilidades y características a las que no puedes acceder desde la página inicial, pero para un gran parte de los usuarios no son necesarias, así que la presentación de una simple caja de búsqueda es suficiente. Si quieres más, entonces tienes que buscarlo excavando en la página web.
Por lo tanto, más que de simplicidad podríamos hablar de “complejidad por capas”. La presentación inicial es muy sencilla, suficiente para las necesidades de un alto porcentaje de usuarios; pero si tienes necesidades más sofisticadas, entonces puedes acceder a un segundo o tercer nivel, hacer varios clics y emplear la ayuda o las guías de navegación.
Este principio de complejidad por capas se puede aplicar en muchos contextos y es siempre el mismo:
Proporciona la información que más probablemente necesiten los usuarios. Esto permite una interfaz de usuario muy sencilla.
Si alguien necesita más, permite al acceso a sucesivos niveles con profundidad creciente donde puedan buscar lo que necesiten.
Por supuesto que no hay que esperar a que aparezca un Google o un Dropbox en tu vida para aplicar el principio. Aunque no te lo pongan fácil, tú mismo puedes aplicarlo a tus asuntos en materia de búsqueda de información. Y hablar de “búsqueda de información” significa hablar de casi cualquier cosa que haces en la vida.
Aplicaciones e ilustraciones del diseño de complejidad por capas
Si lees un libro, comienza mirando el índice, las cubiertas, los elogios de la contraportada y el prefacio o la introducción. Luego decide si quieres seguir leyendo y qué quieres leer. Sigue tomando estas decisiones durante toda la lectura del libro respecto a capítulos, secciones y epígrafes.
Cuando estudies un tema nuevo o inicies un proyecto, hazte con un “sencillo mapa del territorio”. Una conversación de 5 minutos con un experto o un conocedor te puede señalar los puntos más importantes o la esencia del tema. Además, te puede indicar tres libros de referencia que te sirvan como portal más amplio a la materia.
Cuando conocemos a alguien vamos poniendo sucesivos filtros aumentando o reduciendo la interacción en función de nuestras necesidades e interés. Hay gente que no pasa el corte de la primera impresión y hay otros de los que quieres seguir conociendo más detalles y haces clics metafóricos para ir descubriendo más y más capas de complejidad en su personalidad. Algunos terminan convirtiéndose en tus mejores amigos.
Si dudas sobre si iniciar un proyecto, no tienes que comprometerte con él hasta el final: realiza un prototipo de tres días y advierte como te sientes con el proyecto. Después decide si quieres profundizar y continuar, o dar la orden de parada.
Si eres profesor, proporciona la información poco a poco, en niveles crecientes de detalle y complejidad– como si estuvieras dando sucesivas capas de pintura a un muro– y justifica y motiva siempre el siguiente nivel.
Hacernos conscientes de las limitaciones de nuestra memoria de trabajo, el fenómeno de la infoxicación, lo deseable de la simplicidad y el diseño de la complejidad nos puede ayudar a ser consumidores y proveedores mucho más conscientes de información y controlar el input informacional con más eficacia.
De esta manera, podremos lograr que la superficie lunar de nuestra mente, golpeada día tras día por los meteoritos de la información, se parezca un poco más a una habitación minimalista de la conciencia.
Cualquier enfoque minimalista habría de empezar por considerar qué es lo importante en la vida. Los filósofos de la moral, los maestros espirituales y los cantantes de todos los tiempos han intentado ayudarnos a encontrar la piedra filosofal de la buena vida y de la vida buena. El minimalismo existencial o panminimalismo no es sólo una estética, es sobre todo una ética práctica, por eso no puedo seguir adelante sin descubrir mis cartas:
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Cualquier enfoque minimalista habría de empezar por considerar qué es lo importante en la vida. Los filósofos de la moral, los maestros espirituales y los cantantes de todos los tiempos han intentado ayudarnos a encontrar la piedra filosofal de la buena vida y de la vida buena. El minimalismo existencial o panminimalismo no es sólo una estética, es sobre todo una ética práctica, por eso no puedo seguir adelante sin descubrir mis cartas:
Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor
el que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios.
Pues con ellas uno vive libre de preocupación
por eso pido que aprendan el refrán de esta canción.
I. Las personas y las relaciones son lo más importante de nuestras vidas. El amor y la conexión son los pilares de una vida buena y de una buena vida y han de estar orientados hacia las personas y hacia las actividades, hacia aquello que consideremos satisfactorio y significativo.
Cuando recordamos nuestros mejores momentos siempre nos encontramos que tienen que ver con con nuestras relaciones con personas. Imaginemos un mundo en el que tenemos todos los bienes materiales que deseemos, en cantidades ilimitadas, pero en el que no hubiera personas: ¿querríamos vivir en ese mundo?
II. Salud. No es una condición de posibilidad de lo primero, pero el respeto por el propio cuerpo y mente y su correcto funcionamiento, posiblemente nos permita obtener lo mejor y hacer lo mejor que esté a nuestro alcance.
III. Dinero, siempre como bien instrumental y para satisfacer nuestras necesidades básicas: comida, cobijo, vestido y transporte. Todas estas necesidades básicas se pueden extender hasta el infinito en forma de banquetes, mansiones, moda de alta costura y jets privados. Por lo tanto, habremos de estar vigilantes sobre lo que son necesidades básicas.
En resumen, siemprelas personas por encima de las cosas, y siempre las actividades por encima de las pasividades.
La eficiencia, que es el hacer las cosas bien, es irrelevante hasta que estés trabajando en las cosas correctas.
-Peter Drucker. Gurú del management.
Si por un cataclismo todo el conocimiento sobre el minimalismo existencial fuera destruido y sólo una frase pudiera ser traspasada a la siguiente generación de seres humanos, ¿qué frase eligiríamos que contuviera la máxima información?
El principio de Pareto o regla 80/20, también llamado principio de los pocos esenciales, sería la frase que guardaríamos:
En cualquier sistema natural o humano, El 20% del esfuerzo produce el 80% de los resultados, el 80% restante es un desperdicio.
A partir de ahí, con una cierta imaginación y pensamiento, podríamos extraer una gran cantidad de consecuencias y quizá reconstruir el resto del minimalismo existencial.
Fue Joseph Juran, el gurú del management y la calidad total, quien en los años 50 sugirió este principio en honor de Wilfredo Pareto, el economista italiano que en 1906 observó que el 80% de las tierras de Italia eran poseídas por el 20% de la población. Juran, a su vez, comprobó que el 20% de sus plantas de guisantes producían el 80% de su cosecha de guisantes. Las aplicaciones a la empresa son muy numerosas:
– El 20% de los clientes genera el 80% de los beneficios
– El 20% de los artículos posee el 80% del valor del almacén.
– El 20% de los procesos en una línea de producción causa el 80% de los fallos de calidad.
– El 20% del stock ocupa el 80% del espacio.
– El 20% de los inputs produce el 80% de los outputs.
– El 20% del personal crea el 80% de los problemas.
– El 20% de los vendedores genera el 80% de las ventas
– Etc.
Los porcentajes no tienen que ser exactamente 20 y 80; podrían ser 30/70, 10/80 ó 5/70, pero lo importante es que un porcentaje relativamente pequeño de las causas o esfuerzos produce un porcentaje desproporcionado de los efectos o resultados.
El minimalismo existencial es estratégico y por lo tanto supone:
Decidir qué valores y metas importan más.
Definir qué podemos hacer que tenga la máxima repercusión o suponga el mínimo esfuerzo para lograr lo que importa más.
Aquí es donde entra el Principio de Pareto. Nos permite enfocarnos en lo más beneficioso o satisfactorio y emplear los medios más eficaces para alcanzar esos fines.
Juran dio a este principio también el nombre de los “pocos esenciales” en comparación con los “muchos triviales”, pues esos pocos elementos son los que explican la mayor parte del resultado. Por lo tanto, es mucho más importante hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente. Es más importante la eficacia: hacer lo adecuado, lo correcto, que la eficiencia: hacer las cosas bien.
La clave está en elegir qué hacer, y luego ir y hacerlo, aunque la calidad no sea óptima. Obtendrás mejores resultados haciendo unas pocas cosas importantes regularmente que haciendo muchas cosas insignificantes con perfección. Parece que no se trata de «trabajar más duro» ni siquiera de “trabajar más inteligentemente” (como dicen muchos jefes cuando nos sentimos abrumados por el trabajo), sino de elegir mejor en qué trabajar.
Si una cosa merece la pena hacerse, entonces merece la pena hacerse imperfectamente.
–Homo Minimus
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La perfección se alcanza, no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar.
-Antoine de Saint Exupéry
El minimalismo existencial, basado como está en el principio de Pareto o regla del 80/20, supone una poda constante de lo innecesario, accesorio o secundario para dejar espacio a lo importante, para que crezca con más fuerza.
Dejada a su propia dinámica, la vida como la naturaleza tiende a la exuberancia, a la profusión de formas y de variedades. El sesgo hacia la novedad, que privilegia todo lo nuevo y que la publicidad promueve, hace crecer más y más el rango de nuestras posesiones y apegos. La dificultad de desprenderse de los antiguos hábitos y de las antiguas posesiones multiplica el problema.
A la manera de Miguel Ángel, que buscaba en el bloque de mármol la figura que llevaba dentro a base de cincelar la roca, elminimalista existencial usa el cincel sobre el bloque de sus posesiones, actividades, hábitos, rutinas, relaciones, etc., para encontrar la figura elegante y aerodinámica de su propia existencia.
Esto supone una actitud de desapego hacia lo material, pero también de desapego hacia cosas inmateriales. Sin pretensión de agotar la lista de elementos prescindibles enumeramos algunos de ellos:
Menos posesiones. Próximamente comenzaré un proyecto de reducción de mis posesiones a sólo 100 objetos físicos.
Menos compromisos. Menos compromisos y más vinculantes y más sentidos.
Menos organización. Mi sistema de organización personal ha de ser sencillo, compacto y libre de complicaciones.
Menos cosas que hacer, reducir la lista de cosas que hacer. Yo abogo por una lista diaria de cosas que hacer de sólo tres elementos o incluso de uno: entre uno y tres TMI (Tareas Más importantes).
Menos proyectos. Una lista de tres proyectos en curso. No se añade ningún proyecto más hasta que uno de los tres haya salido de la lista.
Menos objetivos. Un solo gran objetivo por mes. “Más de dos objetivos son ningún objetivo”.
Menos prioridades.
Menos tiempo empleado decidiendo sobre temas menores.
Menos temas menores.
Menos reuniones. Sólo las que añadan valor.
Menos relaciones personales. Sólo relaciones significativas.
Menos tiempo en redes sociales.
Menos ambiciones.
Menos deseos. Dejando espacio para fortalecer los que queden.
Menos pensamientos. Menos pensamientos circulares e ideas inertes. Menos dispersión. Para dejar más espacio libre para la contemplación y la observación inteligente.
Menos anticipación.
Menos dudas.
Menos circulos viciosos.
Menos remordimiento.
Menos pre-ocupaciones y post-ocupaciones.
Menos UPA’s (Unidades Permantes de Atención en la memoria)
La visión actúa como de faro de la acción y forma parte del mecanismo de realimentación que nos informa si nos estamos acercando a esa visión o nos estamos alejando.
La realimentación, que es el propulsor del progreso, necesita de la visión y necesita de una aguda percepción de la realidad actual de la obra, una descripción veraz del estado de la construcción.
En palabras de un escultor: “me gusta observar mis tallas y sacarle defectos”. Esos defectos no son más que las discrepancias entre la realidad actual de la obra y la visión interna que orienta la acción; proporcionan la tensión y el fuel emocional y espiritual que anima la acción. En un cierto sentido, un creador es alguien que vive suspendido entre dos mundos: el de la visión y el de la realidad actual de su obra en curso.
Más románticamente, la creación de algo nuevo se podría considerar como un acto de amor, como un proyecto sentido en el que se intenta hacer que algo que no existe, valioso para el creador, llegue a la existencia. Una vez que tenemos establecida la visión y una vez que somos capaces de observar objetivamente la realidad actual hemos establecido la tensión necesaria que animará la acción.
En resumen, el proceso es el siguiente
Crea una visión que sea valiosa para ti, “Algo que no existe, pero que merecería existir”, y que sea lo suficientemente detallada para servir como término de comparación en el mecanismo de realimentación, y para generar tensión al compararla con la realidad actual.
Da un primer paso que genere momentum y te acerque a la visión. Y luego otro, y otro, y otro… mientras eres consciente del estado actual de la obra y mantienes la visión final en tu mente, y vas reduciendo gradualmente la discrepancia hasta así ver realizada la visión.
Generamos visiones que ponen en marcha el proceso. La tensión busca la resolución. La tensión se resuelve en el proceso de creación.
Imagen
Podemos ilustrar el proceso de creación con la imagen de una cinta elástica que estiramos por el extremo de la visión, generando la tensión en la cuerda, que buscará resolverse mediante el acercamiento de la realidad actual a la visión.
En Reduzco el inputya tomaba medidas minimalistas que suponían una reducción drástica de los impactos informacionales del entorno. Pero el problema es que si cortas el impacto informacional te quedas a solas con tu mente de mono, que a su vez es otro origen de malestar e infoxicación.
¿Qué se puede hacer? Mantengamos la habitación de la conciencia lo más diáfana y libre de pre-ocupaciones y post-ocupaciones posible, centremos nuestra atención deliberadamente en el objeto u objetos de atención elegida y sumerjámonos en el presente. Esto no implica abandonar la preparación del futuro, ni el dejar de analizar para aprender del pasado, sino evitar conjugar desproporcionadamente estos tiempos en la mente.
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En Superficie lunar de nuestra conciencianos preguntábamos sobre la posibilidad de solucionar el dilema entre el caos de la Mente de mono y el influjo desproporcionado de los medios de comunicación, los cuales empleamos para controlar ese caos mental y proporcionarnos descanso o distracción.
En Reduzco el inputya tomaba medidas minimalistas que suponían una reducción drástica de los impactos informacionales del entorno. Pero el problema es que si cortas el impacto informacional te quedas a solas con tu mente de mono, que a su vez es otro origen de malestar e infoxicación.
¿Qué se puede hacer? Mantengamos la habitación de la conciencia lo más diáfana y libre de pre-ocupaciones y post-ocupaciones posible, centremos nuestra atención deliberadamente en el objeto u objetos de atención elegida y sumerjámonos en el presente. Esto no implica abandonar la preparación del futuro, ni el dejar de analizar para aprender del pasado, sino evitar conjugar desproporcionadamente estos tiempos en la mente.
De la misma manera que abogo por una reducción del número de tareas y compromisos y el centrarse en lo esencial en cada momento, también abogo por la reducción de los objetos mentales en la conciencia (emociones, pensamientos, deseos, etc.) y el evitar que proliferen descontroladamente y decidan el curso de la acción.
Mantener una decoración minimalista en el primer plano de la conciencia parece algo difícil y hasta antinatural, pero es alcanzable, y hay muchas y variadas maneras de hacerlo. La primera de ellas es el cultivar un potente Yo observador, una parte del yo que es consciente en cada momento de los contenidos de la conciencia y que a su vez mantiene la atención en las intenciones o metas que nos hemos propuesto. Hay una milenaria tradición de regulación de la atención en forma de prácticas meditativas que nos puede ayudar a iniciar el camino.
A diferencia de la creencia popular, la meditación no consiste en “dejar la mente en blanco” o en “no pensar en nada”, cosa por otra parte imposible, sino en elegir el objeto de la atención y aprender a regular la atención, que dirige la entrada de contenidos en la conciencia. Si regulas tu atención ya has dado el primer paso en el control de tus estados mentales y por tanto de tu vida.
V3D = Vida en 3D = vida física, táctil, vida social presencial, cara a cara.
k = constante.
La constante viene dada por el tiempo de vida disponible y la calidad de la atención. La suma implica que hay un compromiso entre ambas formas de vida: más de la una, menos de la otra.
Sentado tranquilo, haciendo nada; la primavera llega y el pasto crece por sí solo.
-Poema Zen.
– Ejemplos:
Inversiones en piloto automático. Decido invertir a largo plazo en una combinación de renta fija y variable convenientemente diversificada y dejo que el poder del interés compuesto actúe durante 10, 20 ó 30 años. No me preocupo de seguir el curso de las inversiones, sólo de la proporción entre fija y variable a lo largo de mi ciclo vital. Reviso mis inversiones una vez al año y me olvido mientras tanto. Las crisis y las burbujas me traen al pairo.
Estoy en medio de un proyecto creativo. Estoy saturado de información y parece que no avanzo en el proyecto. Me tomo el día libre y me voy a pasear y a comer con un amigo y charlar de cualquier cosa. Doy tiempo para la incubación, el inconsciente seguirá trabajando detrás del telón de la conciencia y seguramente me sorprenderá con nuevas y frescas ideas cuando retome el trabajo.
El problema en el que estoy pensando no tiene solución. Por lo tanto no es ya más un problema. Me adapto y sigo hacia adelante sin hacer ya nada más respecto a ese antiguo problema.
Medito treinta minutos esta mañana. El mundo interno y externo sigue girando, yo simplemente me tumbo y observo su giro sin juzgar, sin querer que las cosas sean de otra manera, aceptando lo que hay en este momento.
Tengo una palabra en la punta de la lengua. No me sale. Desisto, me rindo, lo dejo, «ya me vendrá… si quiere venir». Dos minutos después, cuando estoy en otra cosa, me viene espontáneamente a la cabeza.
En 1517 Hernán Cortés llega con 600 hombres, 11 barcos y 20 pequeños cañones a lo que hoy es el puerto de Veracruz para iniciar la conquista del imperio azteca, en aquella época formado por más de cinco millones de indios. Manda quemar las naves, o al menos inutilizarlas, para que sus hombres sepan que a partir de ese momento su única opción es luchar sin que la opción de la retirada sea ya viable. El resto es historia.
En La paradoja de la elección veíamos que a veces tener más opciones puede ser contraproducente. Como corolario de ello podríamos decir que el disminuir la opciones a veces puede ser lo más inteligente. Uno de los problemas de tener muchas opciones es que el compromiso es siempre menor pues cuando las decisiones son reversibles llegado el momento se puede dar marcha atrás y elegir un camino aparentemente más cómodo, como podrían haber hecho los hombres de Cortés en caso de tener una vía de retirada. Además de enviar un claro mensaje a sus hombres sobre sus opciones disponibles: luchar o morir, también estaba transmitiendo un mensaje a sus enemigos: estos son hombres que no tienen otra opción que luchar hasta la muerte.
Llegado el momento también uno puede quemar sus propias naves eliminando o negándose otras opciones para así enviarse un mensaje a sí mismo y comprometerse con un camino, con un trabajo, con un proyecto, o con una persona y olvidarse de las otras posibilidades. En ese momento es cuando se acaba la deliberación y se logra el compromiso.
El quemar las naves puede hacerse realmente o simbólicamente (como en la ceremonia del matrimonio) , pero una vez hecho, el camino está claro y el compromiso es el máximo. Quizá la madurez consista en eso, en saber quemar las naves reales y psicológicas y comprometerse definitivamente con algo o con alguien. Cuando uno sabe lo que va a hacer el resto de su vida se puede decir que ha madurado.
¿No es cierto acaso que siempre es mejor tener más opciones que menos? ¿No es lógico que considerando más opciones la probabilidad de una mejor elección es mayor, aunque sólo sea porque es más probable que alguna de las opciones se adapte mejor que las demás a nuestras preferencias? ¿No es obvio que puestos a elegir entre mayor y menor libertad de elección es mejor siempre más?
Sorprendentemente la respuesta es que no: más opciones a veces es peor.
Varias razones
Cualquier elección que hagamos nos hace considerar las opciones no elegidas: cuantas más alternativas más probable que se produzca la insatisfacción con la elección tomada.
El placer decepciona, la posibilidad jamás.
–Kierkegaard
La explicación es que con las elecciones tomadas somos conscientes de los aspectos positivos pero a ellos nos habituamos y pierden parte de su valor. En cuanto a los negativos, nos hacemos verdaderamente conscientes de ellos, los experimentamos. Con las opciones no elegidas son precisamente sus aspectos positivos los que empiezan a brillar sin que se produzca la habituación mientras que los aspectos negativos son sólo posibilidades no experimentadas.
No es por tanto cierto que la hierba de la opción no elegida sea más verde, sino que empieza a volverse más verde en el momento mismo en que la descartamos.
Aunque tener opciones puede ser bueno, puede serlo hasta un cierto punto. Puede conducir a la parálisis por el análisis y a la postergación de la decisión. La no decisión es en sí una decisión y posiblemente sea una de las peores, porque mantiene UPA’s (Unidades permanentes de atención en la memoria) y no acaba de cerrar el círculo abierto de la decisión.
Más opciones implica mayor necesidad de análisis, más compromiso de recursos cognitivos y por tanto más tiempo de decisión. Una buena decisión fuera de tiempo es mala.
La Regla del tres de la acción de los marines norteamericanos es una regla práctica que permite ceñirse a unas pocas opciones y equilibrar el tiempo de búsqueda soluciones y la calidad de la decisión.
Más opciones puede significar menos compromiso y dedicación a cualquiera que sea la opción tomada. El compromiso con la opción tomada y la dedicación es lo que hace buenas muchas decisiones en la vida, sobre todo las capitales: qué trabajo realizo, cuál es mi vocación, con quién comparto mi vida.
PD: aquí podéis ver la entrevista de Punset a Barry Schwartz, el autor de Por qué más es menos. La tiranía de la abundancia, uno de mis Top 10 en mi bibliografía minimalista. Altamente recomendable.
Si pones una rana en una cazuela con agua hirviendo, la rana inmediatamente salta y escapa de la amenaza. Si la dejas en agua fría y vas aumentando la temperatura lentamente la rana queda amodorrada poco a poco y perece hervida. Cuando la temperatura es insoportable la rana ya no tiene fuerza para saltar y escapar.
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En un articulo anterior hablábamos de El camino de el Kaizen y el poder de los pequeños cambios incrementales para obtener grandes resultados. El síndrome de la rana hervida muestra la misma dinámica operando pero desde una perspectiva externa y negativa: los pequeños cambios del ambiente solo tienen poder para alertarnos si son lo suficientemente grandes y visibles. Si son pequeños, el cambio no tiene el poder suficiente para alertarnos y es posible que lleguemos a situaciones desastrosas casi sin darnos cuenta.
Una empresa cuyos productos van perdiendo el favor del público por la competencia muchas veces no experimenta una disminución de sus ventas inmediatamente ni sus clientes desaparecen de la noche a la mañana, pero con el tiempo puede quedar fuera del mercado.En un nivel más personal, el comer comida basura no nos hace subir de peso en un solo día ni en una semana, pero los efectos acumulativos negativos son visibles en el largo plazo. Una bolsa de patatas más no nos cambia perceptiblemente y lo que aumentemos de peso será poco a poco, no de un día para otro, y en el trayecto nos iremos acostumbrado al nuevo peso, que consideraremos natural.
Sólo podemos detectar los cambios pequeños si tenemos una visión de lo que pretendemos y una idea de la dinámica del sistema y sus efectos acumulativos, para de este modo poder valorar las variaciones y saber si nos están dirigiendo hacia nuestra visión o nos están alejando. De la misma manera, para aplicar el principio del Kaizen no basta con hacer pequeñas acciones, sino que es necesario tener una visión del tipo de resultados que queremos ver hechos realidad. Sin la visión las pequeñas acciones quedan reducidas a minucias bienintencionadas, y no sabremos en qué dirección aplicar nuestros esfuerzos.
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Cuando intentamos dar un golpe de timón en nuestra vida nos solemos encontrar con la inercia, la tendencia de todos los sistemas a mantenerse en su posición de equilibrio. Esto ocurre en las organizaciones y en los individuos. Todos conocemos personalmente la duración y eficacia de los buenos propósitos de comienzo de año, por poner un caso, o de los proyectos faraónicos de cambios de sistema en las empresas, y su tendencia a convertirse en zombis o proyectos muertos que se arrastran moribundos durante meses y años hasta desaparecer.
En el mundo occidental el enfoque es «Más es más»: cuanto más esfuerzo realicemos más conseguiremos, y se considera de pobres de espíritu o poco ambicioso el orientarnos hacia modestos avances. Cuando queremos progresar buscamos las grandes innovaciones y los cambios de paradigma. Tendemos hacia los cambios cuánticos.
La filosofía de Kaizen es igual de ambiciosa en sus metas finales, pero elige un enfoque centrado en el proceso y en el poder de los pequeños ajustes para progresar. Se trata de realizar un cambioincremental. «Menos es más» ( al menos en el largo plazo).
El Kaizen, traducido del japonés como «mejora», supone un proceso de mejora constante e incremental desarrollado con pequeños pasos acumulativos, que pueden parecer insignificantes en un principio, pero que sostenidos de manera constante en el tiempo pueden alcanzar resultados extraordinarios. El sistema de productividad japonesa está organizado alrededor de este principio.
La eficacia de este modo de pensamiento y acción reside en su capacidad para pasar por debajo del radar del sistema de protección del organismo. Cuando nos enfrentamos a algo nuevo las alarmas se disparan y el miedo aparece. Cualquier modificación que queramos realizar en nuestra vida es potencialmente un peligro. Para unos pocos, este miedo es transformado en energía y entusiasmo, pero para muchos de nosotros el miedo es paralizante, nos hace entrar en visión de túnel y termina por conspirar contra nuestras intenciones iniciales. Si en vez de orientarnos hacia un salto cuántico decidimos variar un solo elemento del sistema, el temor es más manejable.
Esta filosofía de la acción tiene por tanto un trasfondo minimalista: si queremos lograr algo mantenemos la meta a largo plazo, pero nos centramos en el siguiente paso: pequeño, gradual y en apariencia modesto.