5 ideas de cultura financiera imprescindibles para tus finanzas personales

Este es un excelente artículo invitado de mi proto-amigo Antoine Kerfant, que es el anfitrión en un blog sobre finanzas personales http://ideasyahorro.com/.

Las finanzas personales no son un tema que hayamos tocado mucho en este blog, así que puede resultarte interesante. Gracias, Antoine.

Antoine Kerfant, experto en finanzas personales y asesor de PYMES y emprendedores

Uno podría preguntarse si el programa educativo debería incluir una asignatura sobre principios básicos de la economía doméstica. No hace falta investigar mucho para darse cuenta que una gran parte de la población carece de una cultura financiera básica. Algunas ideas, que parecen de sentido común, no han calado en la mentalidad colectiva. Para intentar aportar mi granito de arena y cambiar mínimamente esa situación, he pensado en compartir las cinco ideas que me parece que todo el mundo debería saber sobre finanzas personales.

#1 Gasta menos de lo que ingresas y ahorra

Los españoles no ahorran

Es el pilar de la economía doméstica. Parece obvio, pero basta con echar un vistazo a las estadísticas de ahorro de las familias españolas para ver que no lo es tanto. En 2018, los hogares destinaron menos del 5% de sus ingresos al ahorro. Eso es menos de la mitad de la media nacional entre 2000 y 2018.

Tu objetivo: el 10%

Porque cuando hablo de gastar menos de lo que ingresas, me refiero a hacerlo en proporciones significativas. Por ejemplo, ahorrando al menos el 10% de tus ingresos mensuales.  Y cuanta mayor seas tu remuneración, más deberías ahorrar en porcentaje, porque te es más fácil hacerlo.

El peligro de no saber ahorrar

Sin embargo, una gran mayoría de personas vive al día. Gasta prácticamente todo lo que ingresa. Algunos no saben cómo ahorrar dinero, otros no lo ven como algo prioritario, y gastan hasta que se acabe el sueldo del mes.

Este tipo de comportamiento pone a la gente en una situación muy precaria al nivel financiero. No pueden enfrentarse a cualquier imprevisto, lo que los lleva a meterse en préstamos que complican aún más su situación.

¿Cómo se ahorra?

Si hubiera más cultura financiera, cada persona sería muy consciente de la necesidad de ahorrar, y apartaría religiosamente cada mes una proporción de su remuneración. Eso implicaría una mayor estabilidad económica, y más margen para superar crisis económicas.

Pero, ¿cómo lograrlo? No hace falta ser super minimalista. Basta con que hagas una lista real de todo lo que gastas habitualmente, y analices cada partida para ver donde puedes recortar. Y puedes, te lo aseguro.

#2 Evita el crédito: un gran principio de cultura financiera

Otro aspecto donde me parece que hay mucho desconocimiento es respecto al crédito.

Un ejemplo de crédito al consumo

Imaginemos el caso de Juan. Tiene un sueldo de 1.200€ y cada mes le cuesta no pasarse de gastos. Un día, ve un televisor ultra moderno en una tienda. Cuesta 600€ y a Juan se le sale del presupuesto. Pero le explican que puede financiarlo a 36 meses, y le saldrá una cuota mensual de 23€. A Juan le parece genial. 23€ al mes se lo puede permitir.

El tema es que a pesar de que se comunique el TAE (en este caso un 24% de intereses anuales), la mayoría de las personas como Juan solo se fijan en la cuota de 23 euros. Parece darles igual pagar finalmente 828€ por un televisor de 600€.

Otro elemento que Juan no sabe es que al principio del préstamo paga muchos más intereses que al final. Si, por algún motivo, dejase de pagar las cuotas después de 18 meses, le quedarían por pagar 350€ de principal, no 300€.

Los riesgos del desconocimiento de los créditos al consumo

Las personas como Juan suelen acabar contratando varios préstamos, y aplazando los pagos gracias a la tarjeta de crédito. Esa situación genera varios problemas:

  • Su renta real se ve fuertemente reducida por el pago de los intereses, por lo que les es cada vez más difícil ahorrar y cada vez más tentador pedir otro crédito.
  • Si pierden su fuente de ingresos, se encuentran inmediatamente en una situación crítica, debido a que no disponen de reservas y tienen muchas obligaciones de pago, especialmente los créditos.

Un ejemplo de hipoteca

María quiere comprarse un piso. Tiene un puesto fijo en una empresa y cobra 1.500€ al mes. Le han dicho que, con su nómina, lo mejor que puede conseguir a 20 años es una hipoteca de 110.000€ que implicaría unas cuotas mensuales de 500€, una tercera parte de sus ingresos.

¿Por qué 20 años? Porque más allá de 20 años, la bajada de cuota es menor y el sobrecoste de intereses es importante. A María le da igual. El piso que quiere solo se lo podrá comprar con una hipoteca de 180.000€, así que está dispuesta a firmar una hipoteca a 35 años.

Además, María quiere comprar ya, porque ha visto que los precios están subiendo mucho y quizás en el futuro no pueda comprar nada.

Los riesgos del desconocimiento de las hipotecas

Las personas como María no se dan cuenta, que, al tener una hipoteca a tipo variable sobre un periodo muy largo de tiempo, el importe de la letra puede incrementarse muchísimo con una pequeña variación del Euribor. En el ejemplo anterior, una subida de 1,3 puntos del Euribor encarecería la cuota 100€ al mes.

Además, el hecho de querer comprar a toda costa alimenta los fenómenos de burbuja. Lo razonable, si los precios suben mucho, es esperarse a que bajen. Si María compró su piso a un precio excesivo, se encontrará durante varios años con una deuda superior al valor de mercado del piso, en cuanto los precios se corrijan.

¿Qué dicen el sentido común y la cultura financiera sobre los créditos?

  • Es mejor no contratar nunca préstamos al consumo ni usar la función de crédito de las tarjetas bancarias. Si se quiere comprar algo, se ahorra para lograrlo.
  • ¿Un crédito para comprar un coche? Si el coche es imprescindible para poder trabajar o generar ingresos, tiene sentido. Pero en este caso, si no se dispone del dinero, es recomendable comprar un vehículo lo más económico posible (de segunda mano).
  • ¿Pedir una hipoteca? En general, las hipotecas pueden ser muy útiles, porque permiten comprar un bien que se va revalorizando con el tiempo y poder tener un uso inmediato. Sin embargo, hay que tener cuidado con el plazo, el tipo de interés y por supuesto, el precio de mercado del bien que se compra.

#3 Invierte tus ahorros

Ahorrar mensualmente está bien, pero…

Si vas ahorrando un porcentaje de tus ingresos cada mes, enhorabuena. Pero no es suficiente. Tienes que tener en cuenta dos factores:

  • La inflación se está comiendo tus ahorros. Cada año aumenta el coste de la vida, por lo que tu dinero vale menos.
  • Invertir a largo plazo puede aumentar mucho más tu patrimonio que las cantidades que ahorras con esfuerzo cada mes. Hay un efecto “bola de nieve” que puedes aprovechar.

Tienes muchas formas de sacar rentabilidad a tus ahorros

Da igual lo que escojas.

  • Puedes buscar la seguridad con inversiones de bajo riesgo tipo bonos del estado o depósitos a plazo.
  • Si te gusta el mercado inmobiliario, tienes la posibilidad de buscar “chollos” para comprar y ponerlos en alquiler.
  • Puedes operar en bolsa y en los mercados financieros en general.
  • Tienes la opción de prestar dinero a particulares, directamente o con plataformas especializadas.
  • Si te sientes un alma emprendedora, puedes invertir en un negocio.

Son solo unos ejemplos, y tienes que elegir con mucho cuidado donde vas a meter tu dinero, pero tienes que buscar una forma de sacar una rentabilidad.

El poder de los intereses agregados

Imagina que nada más empezar a trabajar has conseguido ahorrar 10.000€ y los has metido en una inversión al 5% de intereses anuales. A los 10 años el saldo sería de 16.300€. A los 20 años sumaría 26.500€. A los 30 años llegaría a los 43.200€. 10 años más tarde, el saldo sería de 70.400€. Y imaginando que conserves la inversión 50 años, llegaría a tener un valor de 114.600€. Eso con un tipo de interés relativamente conservador.

Es cierto que los intereses agregados (es decir la bola de nieve de los intereses) generan una rentabilidad exponencial solamente en periodos muy largos. Pero como puedes ver en el ejemplo, en 20 años, que no es tanto, la inversión se ha multiplicado por 2,6. Sería una pena desaprovecharlo.

Cultura financiera es saber que una combinación de un esfuerzo para ahorrar mes a mes y de la inversión de ese ahorro tiene un claro efecto multiplicador sobre tu patrimonio.

#4 Ni loterías, ni apuestas, ni bingo…

El timo de la lotería de Navidad

Cuando hablas con la gente de la Lotería de Navidad te suelen decir que es la lotería que más reparte, y que hay más probabilidad de que toque que otros sorteos.

Pero, en realidad, si analizas bien las probabilidades, tienes un 85% de posibilidades de perder el dinero invertido. Otro 10% que te toque el reintegro, que seamos realista, la mayor parte de la gente vuelve a gastar en lotería, hasta que se pierda. Luego tienes un 5% de posibilidades de ganar un premio ridículo de 100€ por 20€ jugados. Y finalmente, 19 posibilidades entre 100.000 de ganar algo significativo.

No tiene ningún sentido jugar y si la gente tuviera cultura financiera no lo haría. Pero puede más la tradición, la ilusión y el miedo que le toque al compañero y a ti no.

No tires tu dinero

Los únicos que ganan dinero en loterías, apuestas, casinos y similares son los que los organizan. No tires tu dinero en eso. Si dedicas lo que te gastas en esos juegos al ahorro y la inversión te irá mucho mejor. Premio seguro.

#5 La relación entre riesgo y rentabilidad

El último aspecto importante referente a la cultura financiera es el poco conocimiento que suele tener la gente de la relación entre riesgo y rentabilidad.

Como norma general, la cultura financiera te dice que, si se ofrece una rentabilidad alta, es más probable que el riesgo sea muy alto. ¡Cuidado! Que una rentabilidad baja no implica un bajo riesgo. Sin embargo, un bajo riesgo, normalmente implicará una baja rentabilidad.

Sabiendo eso, es mucho más fácil detectar problemas.

Si alguien te propone una inversión que parece demasiado buena para ser cierta, es probablemente porque no es como te lo han contado. O hay mucho más riesgo que lo que te cuenta, o directamente es un timo.

El sentido común ayuda mucho en esos casos. Por ejemplo, si una inversión es tan buena, ¿por qué alguien dedicaría tanto dinero en publicidad para promocionar esa inversión? ¿No sería más interesante invertir el capital en esa inversión? Pues eso.

Otra idea fundamental es recordar que las rentabilidades pasadas no garantizan las futuras. De hecho, muchas veces, entrar en una inversión que ha generado grandes beneficios anteriores puede significar entrar demasiado tarde.

Las burbujas se creen porque la gente ve la rentabilidad alta y quiere participar. Al comprar propician una nueva subida que atrae a más inversores. Pero al final se llega a un techo y la burbuja revienta. Una burbuja es un caso extremo, pero ilustra bastante bien la idea.

Hay bastantes más principios dentro de la cultura financiera, pero con aprender a ahorrar parte de tus ingresos, saber manejar los créditos, invertir tus ahorros, conocer la relación entre riesgo y rentabilidad y dejar de tirar el dinero en juegos, ya mejoras mucho tu situación.

Me llamo Antoine Kerfant, soy francés, pero llevo muchos años viviendo en España y me encanta. Asesoro a emprendedores y me apasionan las finanzas personales. Por eso, desde 2011 publico consejos para ahorrar, invertir, ganar dinero y buscar un mejor trabajo en ideasyahorro.com.

Infobesidad y clase social

Hace menos de un siglo y durante casi toda la historia de la humanidad, un signo o indicio de riqueza era la gordura: más gordo, más riqueza. La grasa y el exceso de calorías solo se lo podían permitir las personas de clase acomodada.

Las tres gracias. Rubbens.

Pero ahora, sal a la calle y mira a la gente a tu alrededor.

¿Dónde encuentras a la gente más gorda? ¿Entre las gente  de clase acomodada o entre la gente trabajadora o de clase más baja?

Cochecitos para obesos en Walmart


Más de la mitad de los americanos tienen sobrepeso o sufren de obesidad con cifras similares en el resto de Europa.

Existe  una correlación negativa entre nivel socioeconómico y nivel educativo y obesidad: menor  nivel socioeconómico, mayores tasas de obesidad, especialmente entre las mujeres. En Estados Unidos también afecta más a ciertos grupos raciales, especialmente negros e hispanos.

De la misma manera que en Inglaterra puedes saber si una persona tiene estudios universitarios  escuchando durante diez segundos su forma de hablar (sí, existe el acento universitario), en Estados Unidos, pero también en otros países occidentales, puedes estimar  el nivel socioeconómico de una persona por su aspecto más o menos esbelto.

La gente de menor nivel económico tiende a hacer menos ejercicio y esta sometida a más estrés que las personas de mayor nivel socioeconómico, también es probable que estar en forma física no sea la primera de sus preocupaciones y que su presupuesto para alimentación sea pequeño.

Sin embargo, el porcentaje de renta que gastamos en comida se reduce con el crecimiento económico y la disminución de precios relativos de la comida es una constante en los últimos 50 años alcanzado el gasto en alimentación en países occidentales menos del 15% de la renta anual.

Es posible comer bastante saludablemente con una renta baja, pero cuando uno visita un supermercado de un barrio popular en España y observa los carritos de comida se puede llevar las manos a la cabeza con su contenido: familias que cargan botellas y botellas de refrescos azucarados, patatas, productos hiperprocesados ricos en grasa y azúcar, helados, repostería industrial; para encontrar algo verde y fresco usualmente hay que aguzar la vista y rebuscarlo bajo la montaña de comida basura; muchas veces no hallarás comida saludable.

Paradójicamente, la comida basura no suele ser barata, pero sí es las que más excita las papilas gustativas y la más fácil de preparar, más bien la más fácil de no-preparar.

Los hábitos y estilo de vida tampoco ayudan: una nevera repleta de productos que sacian rápido con mínima preparación; la televisión como el centro del hogar (es como el altar ante el que rendimos pleitesía); las familias que ya no se reúnen para compartir comidas, es cada vez más habitual que cada miembro familiar coma solo y delante del televisor; la disparidad y extensión de  horarios laborales; y la falta de tiempo para cocinar y para que la familia coma junta, aunque esta pretendida falta de tiempo parece desmentida por el tiempo que pasamos ante las pantallas (entre seis y diez horas diarias).

Como en muchos otros aspectos de la vida, la clase social y el nivel educativo influyen en los hábitos de comida y el cuidado de la salud física, con un resultado negativo para la gente de menor nivel educativo y socioeconómico (ambos factores están correlacionados).

Menor nivel socioeconómico, más infobesidad

Algo similar ha ocurrido con nuestro consumo de información y dispositivos electrónicos: hace poco más  de 20 años tener un teléfono móvil, televisión de pago, un ordenador o conexión a internet era símbolo de estatus socioeconómico  y/o  de nivel educativo.

Recuerdo todavía los tiempos en que alguien que entraba en una sala o en un ascensor hablando con su teléfono móvil era considerado un ridículo esnob.

En España, durante unos pocos años se apodó jocosamente «m’ncuentro» al aparato transportable que te permite hablar en cualquier lugar. No duró mucho la chanza porque en poco tiempo todos nos encontrábamos con el celular en mano relatando voz en cuello nuestros más nimios detalles a gente con la que seguramente no habíamos conversado  cara a cara en semanas o meses y flagelando por el camino a los de nuestro alrededor.

Ahora los dispositivos electrónicos de comunicación y procesamiento de datos han alcanzado a todas las capas de la población. Sin embargo, al igual que en el caso de la obesidad física, el uso más o menos adecuado y saludable tanto en cantidad como en calidad también depende de la clase social y nivel educativo.

Mi tesis es que los gordos informacionales o infobesos son y serán cada vez más la gente de nivel educativo y socioeconómico bajo. El uso del teléfono móvil, que empezó siendo un símbolo de estatus, será cada vez más un signo de bajo nivel educativo y social, en especial el uso abusivo e indiscriminado.

El control, autorregulación y selección de medios y contenidos, tanto en cantidad como en calidad, va a estar en capas de la población con mayor nivel educativo y social

Algunos argumentos y observaciones anecdóticas

Mi evidencia es por el momento anecdótica, no tengo datos estadísticos al respecto, pero unas cuentas observaciones y razonamientos servirán para argumentar mi tesis:

  • Entre la gente de clase baja y media baja existe la búsqueda del estatus, al igual que en cualquier otra clase social. La diferencia es que la gente más humilde no puede competir con automóviles de alta gama o residencias lujosas, por ello la ropa y los teléfonos móviles son mejores opciones para el pavoneo del estatus, en especial para los adolescentes. Si tienes duda sobre este último extremo, no tienes más que visitar un instituto de enseñanza secundaria.
  • La tasa de hogares monoparentales y/o desestructurados es mayor entre la clase baja y media baja. Esto acarrea dificultades de disciplina e imposición de normas respecto al uso de medios digitales. Las familias estructuradas, con disciplina y con figuras de autoridad presentes, pueden preocuparse más por la educación de sus hijos y aplicar normas claras. Con padre o madre ausentes o inexistentes, o con progenitores divorciados, la disciplina suele reducirse  y se sustituye por intentos de agasajar y contentar a los hijos. No es infrecuente ver a padres separados o divorciados compitiendo mediante regalos y caprichos por el favor de los hijos. En los primeros puestos de la lista sobornos están siempre los aparatos electrónicos.
  • Las familias más educadas y de rentas más altas tienen muchas más opciones de entretenimiento y desarrollo personal a su alcance, algunas más saludables que las digitales y audiovisuales. En cada hora de consumo digital hay un coste de oportunidad de otras opciones más variadas y satisfactorias. Los padres cultos saben que los libros compiten desfavorablemente con los medios digitales, y por eso son conscientes de que la única manera de aumentar la lectura de libros y opciones edificantes es limitar o impedir el uso de medios digitales.
  • He observado que en las clases menos educadas en muchas familias  existe la creencia de que son mejores  padres si compran regalos caros a sus hijos, quizá como recuerdo de infancias en que no se podían permitir ciertos bienes de consumo. Al subir el nivel económico absoluto y reducirse los precios de las tecnologías digitales, muchos padres eligen videoconsolas, teléfonos móviles de gama alta, televisores de pantalla plana gigantes y tabletas como forma de resarcirse y contentar a sus familias. Los padres acaudalados también hacen regalos, pero para que sean apreciados tienen que ver más con viajes de estudios, equipamientos deportivos o aficiones caras.
  • Paradójicamente, muchas veces en clases más pudientes encuentras un nivel mayor de austeridad y menos propensión a satisfacer los caprichos de sus vástagos, es quizá por eso que son más ricos: la austeridad, la disciplina y el ahorro favorecen la riqueza.
  • Los padres de familias más educadas desarrollan trabajos intelectuales más complejos y conocen por experiencia educativa y profesional lo imprescindible que resulta la disciplina, el control de la atención y la perseverancia para desarrollar un proyecto educativo a largo plazo. Estos trabajos están obviamente mejor renumerados. Los padres con trabajos más rutinarios o manuales no están tan sensibilizados sobre la necesidad del control y regulación de la atención: están acostumbrados a obedecer órdenes, tienen menos espíritu crítico, y la disciplina en sus vidas proviene de fuentes externas (jefes, amenazas y premios económicos) más que de fuentes internas y autogestionadas como la motivación intrínseca y el deseso de aprender y la curiosidad intelectual.
  • Incluso en padres humildes pero preocupados de verdad por la educación de sus hijos, encuentras la creencia (errónea) de que hay que subirse al carro de la modernidad digital y por eso los encuentras en los colegios e institutos  exigiendo tabletas, pizarras electrónicas, portátiles, móviles y otras herramientas digitales. Muchos no se dan cuenta de que gran parte de estos aparatos se usan como entretenimiento y ocio más que como herramienta educativa. Wikipedia y la Khan Academy no son los objetivos que tienen en mente  los niños y adolescentes cuando exigen un teléfono móvil.
  • Padres distraídos, con poca disciplina y sin convicciones morales, más frecuentes en las clases bajas, trasladan su carácter a sus hijos y los convierten en carne de cañón para las empresas digitales favoreciendo el consumo digital indiscriminado y nocivo (redes sociales, pornografía, juegos en línea, etc.)
  • El perfil cognitivo desarrollado por la exposición temprana e indiscriminada a medios digitales no puede dejar de pasar factura en el aprendizaje y el intelecto de niños y jóvenes. Menos habilidades sociales, reducción en los niveles de empatía, dispersión atencional, incapacidad de centrarse durante cinco minutos en una sola tarea y falta de capacidad para elegir y filtrar el torrente de datos e información no pueden ser nunca ventajas competitivas en ningún mercado de trabajo, no importa lo digital que sea.

Los niños criados en la dispersión digital y falta de control atencional pagarán la factura a la hora de aspirar a los mejores trabajos con lo que las desventajas en su capacidad de aprendizaje y nivel educativo retroalimentarán el nivel de ingresos y la posición en la escala social.

El teléfono móvil es el nuevo azúcar y nos convertirá en más gordos y más pobres física e intelectualmente.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

Todos los artículos de la Serie Neoludismo

amish

Podcast: Ludificación existencial

En este nuevo episodio de Satori Time, Entusiasmado y yo hablamos  sobre la ludificación existencial. Exploramos la idea del juego aplicado a la organización existencial.

Puedes escucharlo aquí o bajártelo:

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4:32 ¿Qué es el juego? Conceptualización del juego.

8:30 Distinción: Game – play. Play es una exploración libre de posibilidades. Game es cuando se introducen reglas y objetivos.

13:00 Ludotopía. Círculo mágico del juego. El juego no tiene consecuencias.

18:00 Juego como entrenamiento para la vida. ¿Se desdibuja la diferencia entre el mundo del juego y el mundo real (=mundo serio)? El estatus y el juego.

22:00 Gradaciones del juego. Teatro de improvisación. La función de las reglas. Reglas emergentes. ¿Un juego sin límites sería divertido? ¿Sería juego? ¿Cuándo se pasa del «play» al «game»?

29:35 Actitud juguetona. Actuar como si… dentro del mundo creado por el juego. Dos personas distintas en un mismo juego pueden considerarlo como un juego

32:35 ¿Por qué acercar la esfera de los juegos a la vida real? Una vida bien vivida ha de tener un elemento de diversión, de juego. El juego fomenta la creatividad y te ayuda a ser más efectivo en la vida real. Lubricante social. Deseo de autonomía, deseo de conectar.

36:20 Formas en las que el juego se puede acercar a la vida real. La idea de gamificación.

41:50 Mentalidad lúdica. ¿Qué pasaría si enfocaras la vida en general como un juego? Reencarnaciones: cada vida es una pantalla. ¿Cómo afectaría a tu vida vivir como si estuvieras en un juego? Extremo: youtuber al borde del precipicio. Límites morales.

51:25 Referencia al artículo Las mujeres, el amor y la vida en Homo Mínimus y la falta de espíritu ludico.

53:45 La ludificación existencial te permite verte con mayor objetividad. Distancia mental.

56:00 Entusiasmado relaciona el juego y el humor con la libertad. Implicaciones sociales y políticas.