Quiero agradecer a todos los que siguen activamente o en silencio, habitualmente o de pascuas a ramos, el blog de Homo Minimus o cualquiera de los cursos de atención plena, perseverancia o salud minimalista. Me siento honrado de haber podido interesarte con algo de lo que escribo.
Quiero agradecer a todos los que comentan y aportan sus opiniones e ideas. Este blog no sería ni la mitad de lo que es sin tu aportación.
Quiero agradecer la motivación que me proporcionáis para seguir escribiendo. No escribiría si no supiera que me estás leyendo.
Queremos frases cortas, breves, con aire a eslógan, que sean memorables, que se puedan recordar fácilmente y proferir para animarse a hacer lo conveniente en el momento adecuado en el campo de batalla de la vida.
Estos más de veinte mantras son la expresión concisa de algunas reglas y principios del minimalismo existencial, son lemas o divisas que condensan nuestros ideales sobre cómo comportarnos y dirigirnos en nuestros asuntos cotidianos. También nos ayudarán a orientarnos en las grandes decisiones en las encrucijadas existenciales.
Con el tiempo, el mantra será como un resorte, un grito de guerra, una píldora de ánimo, una chispa que encienda y libere energía mental y emocional, y nos ayude a hacer lo correcto sin importar cómo nos sintamos.
Una expresión inglesa que empleó Stephen Covey como título de uno de sus libros. Me recuerda la necesidad de priorizar, posterizar y, sobre todo, nuncanizar. Siempre tengo que determinar las actividades claves y centrarme fanáticamente en ellas, descartando todo lo demás. Mucho más fácil decirlo que hacerlo. Este hábito de centrarse en los pocos esenciales y evitar los muchos triviales es la diferencia entre los que logran metas y los que se arrastran por la vida apagando mil fuegos. La poda minimalista del minimalismo existencial es una aplicación general de este principio a todos los ámbitos de la vida.
2. Antes del Satori, cortar leña y acarrear agua. Después del Satori, cortar leña y acarrear agua.
Dicho Zen. El satori es la iluminación en el budismo zen. Me recuerda mi filosofia existencial de centrarme en mis valores principales, el proceso y el sistema más que en los resultados particulares o en las metas. Las metas no son fines en sí mismas, son meras herramientas. Las metas pueden alcanzarse o no, dependen de muchos factores no todos controlables; los valores y el proceso pueden empezar a vivirse en este mismo momento.
3. Mañana es hoy, Rocky; mañana es hoy.
En la película Rocky es lo que el entrenador le dice al boxeador cuando este exhausto quiere aplazar el esfuerzo. El futuro se construyen con muchos hoys vividos esforzadamente. En vez de llamarte a ti mismo Rocky, puedes usar tu nombre verdadero: Pepe, María, Juan, Homo Minimus.
4. Just do it!.
Eslógan de nike. Es tan simple y difícil como eso. El hacer, el probar, el experimentar, el comprometerse con una dirección. La acción es la prueba (el papel de tornasol) de la verdad de la teoría. En una vertiente más táctica, la humilde regla de los dos minutos de David Allen expresa el mismo espíritu orientado a la acción inmediata.
5. La confianza tengo que ganármela.
La confianza está al final del camino, nunca al principio. El estado normal en el inicio del aprendizaje jamás es la confianza. Esta se logra a cambio de sangre, sudor y a veces lágrimas. Si quieres más justificaciones, puedes leer el artículo de la serie minimalismo diabólico Al diablo con la confianza.
6. ¡No pensar!
Es un mantra capital para determinados temperamentos especulativos, hiperintelectuales y cautos que caen en la parálisis por el análisis. La acción es más importante que el pensamiento. La forma más refinada del pensamiento es la acción. Las teorías son redes. Hay que echar las redes, no podemos pasarnos la vida construyéndolas en el puerto.
7. El dolor es la debilidad saliendo del cuerpo.
Lema de los marines americanos. Redefinición del dolor. No es algo que tengamos que evitar o que sea evitable. Forma parte del proceso de construcción del ser. Hemos de abrazarlo. El dolor nos fortalece , forma parte de la fricción existencial inevitable, nos acompañará siempre que sigamos avanzando y cambiando. Es una buena señal. Hemos de rompernos para construirnos.
8.Esto no es un piano.
Antídoto contra el perfeccionismo. Es un dicho que usan los carpinteros cuando construyendo algún mueble tienen algún pequeño fallo o imperfección. Se recuerdan que no son ebanistas o constructores de pianos ni necesitan la perfección completa en su trabajo. Abrazan lo suficientemente bueno. Una forma de cultivar la mentalidad de la regla del 80/20 o ley de Pareto. Este “esto no es un piano” es algo que nos podemos decir cuando sintamos fastidio o frustración por los fallos a lo largo del camino.
9. Por mí que no quede.
La expresión más sintética para una actitud corajuda y perseverante en la vida. Puedes leer el artículo que escribí sobre este mantra.
10. En el pasado fue de “esa” manera. En el presente es de “esta otra”.
Cuando tengo ganas de remolonear y evitar alguna acción que me genere incomodidad, me suelo decir que ciertamente en el pasado retrocedía, pero que ahora mismo, en este preciso momento, actúo de acuerdo a lo que es correcto. “Esa manera” significa la acción escapista o de evitación cuando me apetece hacer una cosa distinta de la conveniente o la correcta. “Esta otra” es la acción correcta. No solemos equivocarnos demasiado respecto a lo correcto. Otra cosa es que nos engañemos para evitarlo.
11. Las verduras antes que el postre.
Es una táctica o regla general de afrontar lo difícil e importante al principio. Explico su justificación en este artículo.
12.Con un poco de ayuda de mis amigos…
No somos autodidactas, somos interdidactas, aprendemos en comunidad. Por lo tanto, hazlo social. Uno de los mecanismos regulativos externos más potentes es la cooperación y los proyectos conjuntos. La camaradería, los objetivos compartidos y el calor humano nos proporciona motivación y nos ayuda a sobrellevar los momentos difíciles. Por eso es fundamental que generes un entorno social propicio en cada uno de tus esfuerzos. La soledad es una gran fuente de estrés y aunque sea necesaria para la creacion, puede ser muy nociva para la motivación y el esfuerzo. Este blog es un intento de ser consecuente con esta convicción personal.
13. Empieza ayer… (o, si no queda más remedio, hoy).
Mantra muy útil para evitar el exceso planificador y la cautela que ahoga la acción y el experimento.
14. Zamora no se hizo en una hora.
Mantra para recordarme ser paciente y no esperar resultados inmediatos. Las grandes obras llevan tiempo y dedicación. Es sentido común que sorpresivamente olvidamos. Es un antídoto contra la búsqueda de la gratificación instantánea y la intolerancia el esfuerzo sostenido en el tiempo.
15. Contra la emoción, ¡acción!
Cuando estoy sumergido en emociones tumultuosas que amenazan con alejarme del curso de acción elegido y me llenan de dudas, me recuerdo que la mejor manera de cambiar un estado emocional es perseverar en el camino hasta que con la mejora de los resultados externos las emociones negativas se atenúen.
16. Estoy aprendiendo.
Toneladas de errores forman parte del proceso de aprendizaje. Este mantra sirve para recordarme ser amable y compasivo conmigo mismo cuando las cosas no salen como quiero. También me ayuda a desarrollar una saludable mentalidad de crecimiento. Su variante “Está/n aprendiendo” es también muy útil para sobrellevar las debilidades humanas y las imperfecciones.
La única forma de generar momentum y vencer la fricción existencial es dar un primer paso. Con él pasamos del reino de la especulación, la teoría y las dudas al mundo de la realidad actual. Para que no sea abrumador, el paso puede ser muy pequeño. El principio del Kaizen es la filosofía de productividad subyacente a los pasos de bebé. Puedes leer al respecto mi artículo Pasos diminutos.
18. ¿Cómo me como un elefante?
Mantra para recordarme que los grandes esfuerzos son reducibles a una gran cantidad (pero finita) de pequeños esfuerzos-bocados. Lo imponente se vuelve manejable cuando lo dividimos en partes pequeñas y las acometemos una por una. Estrategia del divide y vencerás.
19. La felicidad está a la vuelta de la esquina.
Dicho francés que me enseñó mi amiga Segolene Castille. Los franceses tienen mucho que decirnos sobre el arte de vivir. Nunca sabemos cuando se producirá el giro o sorpresa del destino. Hay que perseverar porque nunca sabes cuándo empezarás a ver avances o la proverbial luz al final del túnel
20. Vísteme despacio que tengo prisa.
La necesidad de mantener un ritmo pausado y no querer acelerar el ritmo natural de aprendizaje y cambio. Decelerando y tomándonos el tiempo para trabajar los fundamentos y «los esenciales» podemos, paradójicamente, acelerar el ritmo y obtener antes lo que queremos
21. Cómete un sapo (a ser posible en el desayuno).
Similar al “primero lo primero”, pero más visual. Sirve también para recordarnos que “lo primero”, lo importante, suele asemejarse a un sapo en su aspecto. Por lo tanto, hay que empezar por ahí. La “satisfacción” de comerte uno o varios sapos al principio del día te dará alas el resto del día y sensación de logro. Las TMI o Tareas más importantes del día son la herramienta de productividad para comernos sapos diariamente. Los TMI han de ser sapos. Las cinco grandes rocas semanales son los sapos de la semana.
22. ¡Convierte la inspiración en transpiración!
Respuesta de Robert Sánchez, del blog Escucha tu cuerpo, a mi comentario sobre lo mucho que me había inspirado su blog y sus libros sobre ejercicio, alimentación y vida saludable. Cuando uno se siente ilusionado o contento por haber comprendido algo o con ganas de trabajar es fácil relajarse y aprovechar la emoción para tomarse un descanso. Hay que hacer justamente lo contrario: ponerse a sudar en la dirección en la que nos sentimos inspirados
23. Una tonelada de experimentación; un kilogramo de reflexión; un gramo de teoría.
El grito de guerra habitual de un visceral compañero de mi club de ajedrez momentos antes de ejecutar una arriesgada, agresiva y brillante jugada de ataque… y ser machacado por el adversario.
25. No importa lo lento que vaya siempre que no me detenga.
Este mantra es especialmente útil para soportar los tiempos en que parece que no avanzamos. Si los niños son adictos a la gratificación instantánea, los adultos lo somos al progreso o sensación de avance. Hemos de aprender a soportar las mesetas. Porque ahí estaremos gran parte del tiempo. Aunque parezca que no hay progreso, si trabajamos regularmente con intensidad y estrategia, terminará habiéndolo.
26. Piensa a lo pequeño.
Lo pequeño es hermoso. Lo grande se cuida de sí mismo. El diablo y lo divino se encuentra en los detalles. Amor en cada pequeño paso. La excelencia en lo insignificante.
Puedes leer sobre este mantra en este artículo. Creo que es el mejor que he escrito.
27. Siempre estar celebrando.
Cuando empecé a escribir este artículo temía no pasar de diez mantras o lemas. Según iba adquiriendo momentum las ideas iban apareciendo y terminaron fluyendo como un torrente. Cada acción o proyecto que implica incertidumbre es una pequeño salto al vacío. Contento por haber saltado una vez más.
Siempre estar celebrando: Reconocer los pequeños avances a lo largo del camino. Ninguno es lo suficientemente insignificante como para pasarlo por alto. Sentir a lo grande con cosas pequeñas.
Habitólogos, gladiadores, psiconautas, aventureros del espíritu, ¿tenéis algún mantra que podamos incorporar a nuestra panoplia o repertorio de herramientas?
Cada mañana doy un paseo de 4.200 pasos. Con la actividad normal del resto del día suelo llegar a los diez mil. De momento no intento aumentar. Solo me interesa que los diez mil pasos se conviertan en un hábito. La motivación tarde o temprano puede faltar, por eso intento que caminar sea algo agradable y buscado, algo que no necesite “persuasión”.
~Herman
Me equivoqué en mi forma de plantear el segundo reto del curso de salud minimalista. Dije que había que aumentar el movimiento y el número de pasos. Me doy cuenta de que eso no era lo esencial. Lo principal era en cambio el localizar nuevas formas de aumentar el movimiento en la vida diaria, no necesariamente aumentar el número de pasos. El podómetro solo tiene como objeto ayudar a tener una medida objetiva que nos motive, no es un instrumento para batir marcar personales.
Mea culpa. Pero bueno, estoy aprendiendo.
Herman hace referencia a un elemento clave: la sostenibilidad. No se trata de que durante unas cuentas semanas hagamos un montón de pasos más que habitualmente y luego volvamos a nuestras antiguas rutinas. La motivación que tenemos ahora en el verano (hemisferio norte) y también por causa del curso no va a estar siempre presente. Es mucho más importante que nos familiaricemos con todas las posibilidades que tenemos de andar a lo largo del día y que poco a poco las vayamos disfrutando. El disfrute terminará tiempo en percibirse, al igual que los indudables beneficios físicos y emocionales que vamos a cosechar. Este curso promueve que con el tiempo no tengamos que convencernos o persuadirnos para hacer lo que tenemos que hacer porque es bueno hacerlo.
Llevar el podómetro me ha hecho más consciente de que tengo que levantarme con más frecuencia de la silla y caminar por la casa. Todo pequeño paso suma un paso más al podómetro.
~Tremendosky
Como tenemos una vena competitiva, incluso con nosotros mismos, buscamos pequeños avances. Además, todo lo que andes “de más” en casa y en la oficina levantándote en los descansos suma.
No acabo de encontrar la forma cómoda de medir los pasos. No he tenido suerte con el podómetro con sujeción tipo pinza y Accupedo consume tanta batería de mi móvil que me complica la vida. Supongo que lo suyo sería probar con un reloj que incorpore podómetro pero lo que he mirado, aparte de caro, no me gusta para llevarlo cada día.
Me ha encantado tener esta excusa para salir a pasear por la noche, con la brisa tan agradable que tenemos a esas horas en Barcelona!
~Cristina
El podómetro, Cristina, es un instrumento de conciencia, no una pejiguera que nos haga la vida más difícil. Si te has animado a salir a pasear por la noche y te das cuenta de todas las oportunidades que tienes para caminar, ya está bien.
No te gastes dinero en esos relojes con podómetro o instrumentos tan caros. ¡Somos minimalistas! El podómetro es como las ruedecillas en las bicicletas de los niños pequeños, lo usamos al principio para mantener el equilibrio, pero no queremos depender siempre de él. El problema con los “health trackers” es que atrofian nuestro instrumento más potente: la conciencia. Si estamos plenamente presentes en nuestras vidas, con el tiempo no necesitaremos siquiera el podómetro.
En cuanto a lo de correr y disfrutar, yo también soy de los que hacen foco en salir a disfrutar. De hecho, salgo sin reloj ni previsión de tiempos ni nada… Pensar en que me estoy haciendo un hueco para disfrutar de estar en movimiento, para que me dé un poco el aire, para ponerme en forma de cara a mis excursiones montañeras, etc., suele ayudarme a romper con esas telarañas iniciales de los 5 o 10 primeros minutos. ¡A mí lo que me cuesta es salir de casa!
~Tremendosky (otra vez)
Los cinco o diez primeros minutos son los díficiles. Enseguida generamos momentum y empezamos a sumergirnos en el camino. El foco está en disfrutar.
~Luis Andés, nuestro entrenador personal y maratoniano de cámara.
Luis Andés nos reafirma en la idea y nos proporciona un enlace a su opinión sobre la tensión entre sacrificio y disfrute. A largo plazo solo vamos a hacer algo si lo disfrutamos y sentimos sus beneficios intensamente.
El primer día, casi 3.000 pasos. Resto de la semana: de la oficina a la parada del autobús y viceversa. Desolación total. Lo peor es que no he aprendido nada. Pienso que hoy es martes e inmediatamente fantaseo con empezar mañana -hoy estoy demasiado cansada- y me parece patético.
~Amparo
“Mañana” es siempre el día más ocupado de la semana… como sabe cualquier procrastinador.
Comentario para Amparo y para los que se desesperan: no hay que lacerarse, Amparo. Hay decenas de semanas por delante y solo estamos empezando. Tomas conciencia de tu media de pasos y eso ya está bien.
Ya encontrarás más oportunidades de andar. Y cuando andes más, mejor te sentirás, más energía tendrás y empezarás a ver mejoras.
Empezar ya es un triunfo. Poco a poco.
Es fundamental ser amables con nosotros mismos y ponerse metas muy de mínimos, muy humildes. Jamás hay que compararse con los que van por delante. Solo nos tienen que servir de inspiración, no de motivo para sentirnos abatidos.
Ahora que estamos empezando es fundamental reconocer los pequeños éxitos. Recuerda, Amparo: S.E.C, Siempre Estar Celebrando.
Diez cosas que podemos celebrar
La felicidad como una lluvia fina. Sintiendo a lo grande con cosas pequeñas.–
Muchos estamos haciendo comentarios semana a semana que sirven de inspiración para nuestros compañeros habitólogos, psiconautas, gladiadores y aventureros.
Todos estamos aprendiendo.
Los que asumen alguno de los retos están aprendiendo todavía mucho más.
Estamos dándonos cuenta de que los cambios que estamos logrando van mucho más lejos que tener una talla menos de pantalón o perder un par de kilos. Estamos aprendiendo sobre nosotros mismos, sobre los proyectos personales, sobre el trabajar en equipo y sobre la perseverancia día a día y semana a semana.
Estamos desarrollando un gran espíritu de camaradería.
Estamos incorporando herramientas mentales y conceptos que podremos aplicar en todos los ámbitos de nuestras vidas.
En cuestión de alimentación, este es el cambio simple más importante que puedes hacer en tu dieta.
El reto de esta semana es eliminar todos los productos que contengan azúcar añadida en el proceso de elaboración. Sin excepción. Puede ser difícil o imposible, porque hay muchísimos que lo contienen sin que lo sospechemos.
Con este reto tendrás que hacerte más consciente de lo que comes y mirar más a menudo las etiquetas. Puede que algunos productos no puedas eliminarlos, como por ejemplo el pan, que puede contener alguna cantidad de azúcar, pero sí que puedes eliminar los errores de bulto, el 20% de los alimentos que te suministran el 80% del azúcar:
Postres azucarados.
Tartas, pasteles.
Bebidas refrescantes.
Azúcar en el café o el té o infusiones.
Yogures edulcorados.
Chucherías.
Chocolates
Bollería industrial.
Zumos no naturales.
Etc.
Los azúcares naturalmente presentes en los alimentos podemos seguir tomándolos.
Algunas razones para animarte a dejar de ser un yonki del azúcar
Este curso de salud minimalista no te va a anegar en información, que tienes disponible en muchos sitios (aunque de forma algo cacofónica), pero sí te va a animar a usar tus recursos personales para ponerte en marcha.
Siempre habrá información contradictoria y dudas en materia de nutrición y salud, pero creo que no podemos equivocarnos ni vamos a infligirnos ningún mal por eliminar el azúcar. Y los beneficios que podemos recoger para la salud pueden ser enormes.
Puede ver este documental si necesitas convencerte de la necesidad de dejar, o al menos reducir, el azúcar. “Sobredosis de Azúcar, el veneno oculto que produce adicción” en la noche temática de TVE2:
Más razones para decir adiós al azúcar
La medicina occidental y la ciencia tan sólo ahora han comenzado a dar señales de alarma sobre el descomunal incremento del consumo de azúcar per cápita, especialmente en los Estados Unidos. Sus investigaciones y avisos llegan, me temo, muchas décadas demasiado tarde. […] confío en que la medicina occidental algún día admitirá lo que en Oriente siempre supieron: el azúcar es, sin duda, el asesino número uno en la historia de la Humanidad (mucho más mortal que el opio y la radiactividad) especialmente para la gente que come arroz como principal alimento. El azúcar es el mayor mal que la moderna civilización industrial ha llevado a los países de Extremo Oriente y África. .La gente irresponsable que ofrece o vende azúcar a los niños descubrirá algún día para su vergüenza, que ha producido daños irreparables.
~Sakurazawa Nyoiti, científico japonés.Cita extraída del excelente blog Esto no es comida.
El azúcar refinado es una incorporación reciente a la alimentación humana. Evolutivamente estamos diseñados para buscar un combustible rápido que nos proporcione energía. Esa preferencia era funcional en entornos donde los alimentos con alto contenido de azúcar eran escasos y podía suponer la diferencia entre la supervivencia y la muerte: el antepasado que no sentía esa fuerte atracción por los alimentos con alto contenido en azúcar, moría y no pasaba sus genes a la siguiente generación.
En las sociedades occidentales de consumo actuales el entorno es diferente: facilidad de obtener comida y toda una industria alimentaria que genera productos baratos ricos en azúcar. Desde las bebidas refrescantes, la bollería industrial hasta yogures, mayonesas y chocolates y todo un rango de productos casi ilimitado que lo incorpora.
El peligro es más grande en los azúcares refinados, que se separan de la fibra y el alimento en el que naturalmente van incorporados. No es lo mismo ingerir azúcar en una manzana que ese mismo azúcar separado de la manzana y añadido a una bebida refrescante o un postre.
Nuestro cuerpo genera adicción a los carbohidratos . Muchos usamos el azúcar como una comida para regular estados emocionales. El estrés consustancial a la vida actual nos hace buscar medios de regulación emocional no siempre saludables. El reto de caminar todos los días puede ser un buen sustituto a tomar azúcares en el control del estrés.
El exceso de azúcar hace trabajar al organismo por encima de sus posibilidades. Se calcula que el americano medio consume entre 40 y 60 kilos de azúcar al año. Este torrente de azúcar en la sangre genera resistencia a la insulina. Puede hacernos desarrollar enfermedades de todo tipo, desde la actual epidemia de diabetes hasta muchos tipos de cáncer. Si unes lo anterior al sedentarismo (otro cambio reciente en la historia de la especie humana), el cóctel puede ser mortal para la salud humana.
En Estados Unidos, esta va a ser la primera generación de la historia del país que tenga menos expectativa de vida que sus padres.
La diabetes y muchos tipos de cánceres son casi desconocidos en sociedades tradicionales que consumen poca o ninguna azúcar refinada.
No podemos esperar a que regulen o prohíban el azúcar, ni siquiera sería recomendable que lo hicieran si queremos seguir viviendo en una sociedad libre. Puede que en el futuro se considere como un tipo de droga o como el tabaco.
Tampoco debemos culpar a las empresas alimentarias. Podríamos culpar a la sociedad o las empresas, pero eso no resolvería nuestro problema No hay ninguna conspiración de la industria o del gobierno, es el resultado de las acciones de millones de agentes económicos, empresas y consumidores. Recordad que las empresas nos dan lo que queremos. Las empresas están en el negocio de darnos lo que queremos. Nadie nos pone una pistola en la cabeza para hacernos beber una Coca-Cola o devorar un postre azucarado. ¿Por qué no aprendemos a “pedir” mejor?
Ya sé que es “terriblemente patético que seamos nosotros los que tengamos que hacer algo”, pero hemos de asumir la responsabilidad y tomar las riendas de nuestras vidas. Tienes el conocimiento; si no te parece suficiente puedes buscar más. Aunque parece claro que el azúcar nos está haciendo mucho mal. Yo ya sé lo suficiente.
En este aspecto como en muchos otros, hemos de tomar una decisión basada en información o indicios razonables y aplicar nuestra fuerza de voluntad y las habilidades de autorregulación que estamos entrenando y fortaleciendo en el curso de perseverancia.
Recursos para la autorregulación
Este reto inicialmente va a durar una sola semana. Es un experimento de una semana. Cuando acabe, tú decides si mantienes el hábito o no. No es lo mismo renunciar a algo durante siete días que hacerlo para toda tu vida. Este pensamiento puede facilitarte el reto.
A veces comemos para sentirnos mejor. Sustituye tu conducta de comer alimentos azucarados por la de salir a dar un paseo o charlar con un amigo o ambas cosas a la vez, si es posible.
Detonante (estrés, inquietud, vacío en el estómago) –> Acción:
Antes: comerme una barra de chocolate
Ahora: salir a pasear 20 minutos con un amigo o familiar. Comerme una manzana o un puñado de nueces o almendras .
Comenta tus dificultades o imposibilidades en la sección de comentarios. Quizá veas que no es tan difícil y sientas que es más satisfactorio de lo esperado. Ya sabes la importancia del apoyo social para la construcción de hábitos.
Ayuda a tus compañeros del curso de salud minimalista advirtiéndoles del contenido en azúcar añadido de ciertos productos.
Anuncia a tus amigos o familia que esta semana no comes nada con azúcar. El compromiso público facilita la adquisición de hábitos: si después de anunciarlo, alguien te ve devorando una tarta tu reputación de persona que cumple sus compromisos va a quedar en entredicho.
Si decides renunciar al azúcar “para siempre” –y estaría bien que así fuera– puedes concederte un faturday, un día a la semana o al mes para tomar productos que contengan azúcar (evitando los más letales, como las bebidas refrescantes). Así la renuncia no será completa, pero habrás dado un importante paso.
Puedes suscribirte al blog en la esquina superior derecha y recibir cómodamente todas las entregas del curso de salud minimalista.
Es como cortar un gran árbol de inmenso tronco. No lo lograrás con un simple corte de tu hacha. Si sigues dando hachazos, duramente y sin pausa, al final, tanto si quiere como si no quiere, en un momento dado repentinamente se desmoronará. Cuando llegue ese momento, tú podrías buscar a alguien y pagar para que vuelvan a levantar el árbol, pero no podrían. Se vendría de nuevo abajo…
Pero si el leñador parara después de uno o dos golpes de hacha a preguntar al tercer hijo del señor Chang, “¿Por qué no se cae este árbol?” Y después de tres o cuatro más hachazos se parara de nuevo a preguntar al cuarto hijo del señor Li, “¿Por qué no se cae el árbol?”, nunca conseguiría derribar el árbol. No es diferente para alguien que practica el Camino.
Estamos al principio de la segunda semana del curso de salud minimalista. Hemos iniciado la tercera reencarnación del 2014. Tenemos 16 años. Toda una vida por delante. Cuando escribo esto son las 5:49 am. Estaba dando vueltas en la cama a las cinco sin poder dormir. Me sentía nervioso, inquieto, escuchaba videos en youtube. Me he hecho consciente: para algo ha servido el curso de atención plena de la primera reencarnación: ahora soy capaz de adoptar una perspectiva de observador para muchos de mis productos mentales. No siempre, no todo el tiempo.
He salido a andar una media hora sin rumbo. Pensaba tomar el fresco. Esta es una noche calurosa. Y las cinco de la mañana es el peor momento para pensar sobre la vida y el futuro. Todos los fantasmas se agolpan para taladrar el alma. He andado y he empezado a sentirme mejor. Me he cruzado con algún otro espíritu errante en el camino, pero todo estaba silencioso y tranquilo, como si la vida esta noche se hubiera batido en retirada, como si hubiera caído una bomba de neutrones que respeta los edificios pero aniquila toda forma de vida.
Espontáneamente, a las 5:13 am, me he puesto a correr; aprovechando la ola de la motivación me he precipitado a fijar un tiempo mínimo de carrera: por ejemplo, quince minutos. Pero me he dado cuenta de ello y me he dicho que correré lo que me apetezca, sin más, que dure lo que dure. He corrido tres minutos, hasta las 5:16 y he vuelto a parar. He sudado un poco, ligeramente. He seguido andando. Me he sentido mejor. Mi pensamiento se ha vuelto menos pastoso, he empezado a reunir mis mermadas y vaporosas fuerzas. A estas horas los biorritmos son los más bajos del día, a esta hora se muere más gente en los hospitales.
He llegado al portal, he subido las escaleras de tres en tres escalones y he entrado en casa. He pensado que si pudiera vender los beneficios del ejercicio en forma de píldora me volvería rico. Son muchos. Flames nos recomendó un video con los beneficios de caminar. Míralo por si necesitas + razones.
Yo debo de estar sugestionado por la industria farmaceútica desde que nací: llevo toda mi vida haciendo deporte, y sin embargo nunca había asociado el deporte a una medicina que autoadministrarse (con su dosis, su frecuencia e intensidad, como dice el vídeo). Me ha gustado enfocarlo así. ¿Un ibuprofeno o un paseo? Primero un paseo.
~Tremendosky
Pero no es una cuestión de conocimiento, creo que todos sabemos lo bueno que es, lo que ocurre es que no vivimos de acuerdo a ese conocimiento. Este curso de salud minimalista ha empezado con el reto de moverse y andar más. Yo soy el que más necesito este curso. Empiezo a encontrar muchos detonantes o disparadores del acto de andar:
si me siento entumecido
si me siento cansado
si me siento ansioso
si me siento tenso
si necesito reflexionar
si quiero que aparezcan ideas
si necesito que se consoliden
si necesito evadirme
si necesito una pausa
si necesito aire fresco
si me sobra la energía
si llevo más de dos horas sentado
si quiero que crezcan mis neuronas,
en todos estos casos me pongo andar. Andar por andar. Andar.
Cada vez que doy un paso se crea una conexión en mi mente, o se crea un entorno donde prosperan nuevas conexiones. Siento que me hago más inteligente, más fuerte, las neuronas moribundas se ponen en movimiento. El ánimo se levanta, la energía se multiplica.
Somos seres elegidos por la selección natural por nuestra capacidad de movernos, de escapar de los depredadores y de buscar presas. Nuestros cerebros son fruto de la búsqueda, del movimiento, de cambiar de lugar y paisaje, prosperan con el cambio. El cambio que traemos con nuestros pasos.
Andar, andar, andar. El camino de Santiago todos los días. Y el camino de Pepe, y el de Juan, y el de María la portuguesa. Cada paso forma parte del camino. Empieza ahora. A qué esperas.
Ya ha amanecido.
Ya lo dijo Teccam: no hay hombre valiente que nunca haya caminado cien kilómetros. Si quieres saber quién eres, camina hasta que no haya nadie que sepa tu nombre. Viajar nos pone en nuestro sitio, nos enseña más que ningún maestro, es amargo como una medicina, cruel como un espejo. Un largo tramo de camino te enseñará más sobre ti mismo que cien años de silenciosa introspección.
Después de año y medio del comienzo, acabé el proyecto 52 comidas hace un par de semanas. Este proyecto consistía en comer con 52 personas distintas frikis, en su mayor parte desconocidas, a razón de una por semana.
Empecé alrededor de febrero del 2013, tras un accidente en el que resulté herido al atropellarme una moto de alta cilindrada. Estuve en el dique seco durante varios meses. A algunas de las comidas acudí con el brazo en cabestrillo y cojeando. En las primeras comidas el otro comensal me tuvo que cortar el filete o ayudarme a disponer los alimentos.
Aquí puedes ver la evolución del proyecto.
Evolución Proyecto 52
Me tomé descansos en agosto y en noviembre del 2013. Tuve que pagar varias multas de algunas decenas de euros a beeminder.compor las semanas que me salté el proyecto. Fue el método de autorregulación que empleé para mantener el ritmo y no abandonar el proyecto.
No es tan fácil encontrar frikis. Además, para mí ha sido salir de mi zona de confort social.
En resumen
Lo mejor que he hecho en el último año. Un éxito rotundo. 52 comidas en 52 semanas con 52 frikis que me permitieron aplicar la regla de las cuatro efes, F.F.F.F , de Tom Peters.
Aumento del coeficiente de socialización.
Aumento del coeficiente de variación social.
Me he convertido en un celestino que pone en contacto personas con intereses similares. Las conexiones surgen espontáneamente en mi mente: “según lo que me cuentas, seguro que te gustaría conocer a ….”
Consciente emocionalmente, no solo intelectualmente, de la diversidad de la especie humana y de la cantidad de conocimientos, habilidades, gustos y circunstancias vitales.
Me he hecho amigo de muchos de los comensales.
Ahora dicen que parezco extrovertido en la primera impresión inicial.
El proyecto ha sido una gran oportunidad para tener a mis compañeros de comida cautivos durante al menos una hora sin necesidad de cautivarlos.
He creado mi particular Universidad Personal, tengo un montón de gente a la que puedo recurrir para que me iluminen sobre todo tipo de temas.
Un friki es la puerta a un salón lleno de frikis. Friki llama a friki.
Todos los frikis se parecen.
Todos los frikis son distintos.
Mi propuesta de comida fue rechazada en al menos una decena de ocasiones.
Como consecuencia del proyecto, he desarrollado un cierto descaro social y soy capaz de invitar a casi cualquiera a un café o una charla conmigo. El NO ya lo tengo sin hacer nada. A partir de ahí solo puedo mejorar. Esta es una habilidad muy valiosa en la vida.
Foto de familia de los 52 + 1 participantes del proyecto 52
Todos los comensales . Yo soy el cerdo a la izquierda con capa vestido de azul.
Conocí a un chico que dejó el instituto a los 16 años (tenía 19 cuando le conocí) sin conseguir el título. En menos de tres años, por sus propios medios, de forma «interdidacta«, gracias a internet y la comunidad de artesanos del software se convierte en un programador de primera línea. También se ha convertido en mi amigo. Tuvimos largas charlas después de la primera comida.
Una economista que trabajaba en un fondo de inversión, pero que amaba la música, en especial el saxofón, y que deja su trabajo, se consagra al instrumento, trabaja de administrativa y dedica 8 horas al día al estudio y la práctica. Consigue una beca para estudiar el saxo en Estados Unidos en la universidad de Berklee. Ahora se acerca a su primer año allí. Yo la conocí un mes antes de iniciar la aventura.
Mi última comida, hace dos semanas, con un analista de sistemas amante del deporte, entrenador personal y maratoniano. Nos asesorará en el curso de salud minimalista. Un tipo interesante que abomina del deporte tal y como nos lo venden. Se trajo a sus dos hijos a la comida. Al niño, al que le gusta la lectura y la ciencia ficción, le recomendé El juego de Ender. La niña me mostró cómo hacer algunos ejercicios básicos para mantenerme en forma.
En una ocasión, comí en el suelo, descalzo, en la sede de los Hare Krisna en Malasaña en Madrid con una chica periodista zurda como yo. Se sintió algo decepcionada cuando –para no asustarla– no aparecí con capa roja y el pecho desnudo
Un alemán friki pero gilipollas. Sin comentarios. Bueno, con comentarios: hay frikis gilipollas.
Comí con un bloguero que en uno de sus últimos tuits ha declarado lo siguiente: “Sueños raros esta noche. Regurgitaba tiritas en un autobús. Levitaba en una silla en una clase de física.” Paradójicamente me pareció uno de los tipos más normales y sensatos.
Una chica colombiana que deja su país y se traslada a España para empezar una nueva y buena vida.
El proyecto 52 me ha enseñado que si te interesas cualquier persona puede llegar a ser interesante.
Comida con un arquitecto que aprovechó para presentarme su tesis doctoral. Una tesis pluridisciplinaria que trataba sobre la relación entre la arquitectura y el concepto de tiempo.
Un primo mío que se fue a trabajar a Qatar. Minimalista existencial como yo.
Un poeta y novelista que resultó ser un genio. Accedió graciosamente a escribir un artículo para este blog. Abrazar.
Otra comida con otro escritor amigo del genio que me habló de la ruleta-chat sexual cibernética que aparecía en un libro de Alberto Olmos, Ejército enemigo. No desvelaré si he jugado.
Un curioso y entrañable gurú del crecimiento personal que conocí en un grupo de teatro que dirigía el diputado Toni Cantó.
Otro gran amigo friki. Tenemos un montón de charlas regularmente sobre la mente y el comportamiento humano. También conocido como “Alquimista oscuro”.
Comida con mi actual casero. Personaje despreocupado, firma contratos con la palabra, me cae muy bien. Forma peculiar de ver el mundo. Indiferente a la buena opinión ajena.
Un psiquiatra que conocí en un club de debate y que me expuso una curiosa teoría sobre la sexualidad contingente o dependiente del entorno.
Un antiguo consultor que acaba de sacar un libro con el mismo nombre que su antiguo trabajo. Le conocí en una reunión de blogueros. Me confesó que le caí mal desde el principio. Él escribe sobre tecnología y yo empecé hablando sobre su exceso y a veces inutilidad.
Un consejero delegado de una importante empresa multinacional española. Solía leer todos los años El señor de los anillos. Humilde, inteligente, terriblemente sensato y buena persona. Unos 200 euros de factura de comida en restaurante de lujo que pagó él.
Una chica a la que invité después de leer su blog. No salió exactamente despavorida pero me enteré más tarde que había estado muy incómoda conmigo. Tengo que aprender a leer mejor el lenguaje no verbal de la gente. Quizá un próximo proyecto esté dedicado a ello.
Una ingeniera que estaba buscando el propósito de su vida. A fecha de hoy no sé si lo ha encontrado. La conocí en una universidad de verano friki un año antes y pensé en ella para el proyecto.
Un vecino que quería ser entrenador personal.
Una compañera del grupo de teatro que habla tropocientos idiomas y está aprendiendo chino.
Un ingeniero informático que había leído a Ayn Rand y cree por lo tanto en la aristocracia intelectual y profesional. El primer lector del blog que se ofreció a comer conmigo. Una frase suya: “siempre he pensado que la gente que hace cosas así es la gente que merece la pena conocer. La que desafía lo establecido, la que se cuestiona todo. Aquellos cuya afición es su obsesión, puedes coleccionar 30 chapas y eres un friki, pero si tienes una habitación en tu casa con 7633 chapas, entonces eres alguien especial”.
Otro de mis amigos de toda la vida. Le hablé sobre la analogía entre la planificación y la danza de la lluvia.
Comida con uno de los escritores anteriores y su amigo psiquiatra. Tema: nuevo negocio que tenían entre manos. Parece que no salió bien. Pero bien por intentarlo.
Un periodista libertario de temperamento apasionado que me habló de Cuba y de la trampa que los servicios secretos cubanos intentaron tenderle.
Una editora que ama los caballos y que me ofreció escribir un libro. Yo me ofrecí a escribir un prólogo a uno de los libros que editaba. No lo hice, y me siento mal.
El hermano de un escritor del proyecto 52. De espíritu emprendedor, vital y con el que conecté mucho. Después fuimos juntos a la presentación del libro 32 formas de saber que estás muerto, de Guzmán López, de la ganadería de la editora a la que no le escribí el prólogo del libro, y con el que al final no pude coincidir en Madrid para una comida del proyecto. En el cóctel conocimos a Guillermo Summers y su mujer y estuvimos departiendo largo rato.
Una especialista en administración de sistemas que además gusta de la psicología social y bitcoin.
Un gran amigo friki de toda la vida. Vitalista, transhumanista, hedonista, amante del eterno femenino y los martinis, agitados, pero no revueltos.
Otro gran amigo friki de toda la vida. Hace unos años me invitó a dar una conferencia en un congreso de neurología en su sección friki. Cuando le conocí a los 14 años le apodaban “El Físico”, por su estilo de peinado à la Einstein. Mi amigo más antiguo, uno de los más queridos.
Una informática que quiere dedicarse al coaching y que se prepara eternamente para ello. Está en camino. Me propuso una idea genial sobre un negocio en el Camino de Santiago. Hasta aquí puedo leer.
Un amigo amante de las artes marciales que a veces cae en la parálisis por el análisis. Me alojó en una masía de nombre Cau d’amor (Nido del amor) y fue el perfecto anfitrión. Estuve acompañado en el nido: yo y mis fantasmas.
Un amigo libertario y excomunista con el que tengo charlas siempre animadas.
Una mujer que conocí en un curso de crecimiento personal impartido por el gurú del crecimiento personal. Trabaja para Almodóvar. No me dejó pagar porque eso era machista y porque “ella dirigía su propia vida” (tampoco se ofreció a invitarme ella y dirigir un poco mi vida). Que la den por saco.
El director general de una empresa de seguros. Una de las personas de mentalidad más abierta que conozco. Como con él todos los años desde hace al menos diez. Me recomendó varias personas para el proyecto.
Una presidenta de una asociación de homeschooling que propugna la “desescolarización interior”. Educa a su hijo en la clandestinidad. Se ha convertido en mi amiga. Más de cinco horas de comida, café y charla.
Un cinéfilo liberal tan culto como humilde que me invitó hace poco a un cine-fórum en su casa. Vimos Tempestad sobre Washington. Que se repita.
El amigo de la abogada, religioso, culto y lo suficientemente aventurero para aceptar una invitación inesperada a través de su amiga.
Comida con una amiga con la que hablé sobre ludificación de la existencia.
Comida con un amigo que conocí en un taller de redacción y estilo y con el que mantuve un mastermind group durante un año.
El asesor científico de un think tank liberal.
Un amigo que toca la guitarra y viajó a Nueva Orleans para saborear el Jazz.
Un amigo con el que voy a crear el próximo proyecto que anunciaré en el blog para desarrollar la perseverancia y la fuerza de voluntad: Proyecto 50×20.
Mi profesor de redacción y estilo, que usa un nick con un nombre polaco y que es un comentarista habitual “tremendamente” brillante de homominimus.com.
Una mujer de temperamento artistoide que escribe en su blog como si siempre estuviera de subidón. Exuberante, rápida, brillante, simpática. Ha emigrado hace unos meses. De camino al lugar de la cena me despisté en el coche y la llevé a la Casa de Campo. Tenemos pendiente un podcast para que nos hable de parafilias sexuales.
Una abogada de empresas insomne, gaditana. Ama la música clásica y tocar el piano.
Un conocido que en una conferencia me interrumpió a los dos minutos indignado por mis palabras.
Una chica que viajó desde Bilbao (norte de España) para conocerme. Me conoció en un blog ajeno por un comentario que hice referente al idioma de los klingom. Amante del manga y de acudir a congresos disfrazada de personajes de cómics. Me recomendó un montón de buenas series.
Un ingeniero de telecomunicaciones experto en PNL y que pertenece a la comunidad de los PUAs (pick up artists o artistas de la seducción).
Un comensal que se ha convertido también en amigo y que es un experto en inversión en value investing. Lector voraz , está escribiendo una biografía de Charlie Munger, el socio de Warren Buffet. Es tremendamente curioso y amante del aprendizaje permanente.
Una profesora sevillana que se sintió muy atraída por mi concepto de nuncanización.
Más allá del proyecto 52 comidas
Gracias a todos los frikis participantes que comieron conmigo o quisieron comer conmigo.
Los que por distintas razones geográficas o de agenda han querido y no han podido participar en el proyecto podrán hacerlo si lo desean en mi siguiente iniciativa social presencial: Proyecto 52 paseos.
La mejor medicina para el hombre es caminar ~Hipócrates
En el reto de la semana pasada te pedí que te hicieras consciente de tu nivel de actividad física y, si podías, usaras un podómetro.
Mi registro fue de 10.249 pasos diarios de media, unos 7,6 km (para una zancada media de 75 cm). Es bastante aceptable. Sin embargo, mi patrón de movimiento está muy espaciado: ando un par veces al día, y el resto estoy parado delante del computador, sentado en el sofá o sin casi movimiento.
Andando, que es gerundio
La práctica, misión o reto más importante del año… y de tu vida
El reto de esta semana es que aumentes el movimiento a lo largo del día; en especial, que aumentes tu número de pasos. Este es el reto más importante de todo el libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida. Con diferencia es el que más impacto puede tener sobre tu salud física, tu bienestar emocional y tu capacidad cognitiva a lo largo de la vida.
Andar es algo que casi todos podemos hacer a todas las edades; hacer pesas o ir al gimnasio o artes marciales no. Este es un hábito que llega para quedarse para siempre en tu vida. No necesitas más recursos que tus piernas y la determinación de andar.
No nos vamos a poner meta alguna, solo la determinación general de movernos más. Pero sigue llevando el podómetro contigo, para ver si haces algún avance esta semana.
Andar es tan eficaz como salir a correr para controlar muchos riesgos para la salud. Importa más el tiempo que la velocidad a la que vayamos, aunque sería conveniente que probaras más adelante con cuestas inclinadas y acelerando el ritmo de cuando en cuando. Pero ahora al principio basta con que andes más.
Algunas ideas para movernos más
Salir a pasear al principio de la mañana.
Bailar en estilo libre justo después de levantarme. Sería conveniente que empezara suave y que fuera ganando animación. Cada uno puede elegir su música favorita. Usaré música de los proclaimers, de la banda sonora de Sunshine on Leith. Con cinco o diez minutos será suficiente. I’ll walk 500 miles:
Bajarme dos paradas antes de llegar en el autobús.
Ir andando a todos los sitios que pueda.
Quedar con un amigo para tomar un café y en lugar de eso sugerirle que demos un paseo andando.
Cada dos horas al menos levantarme de la silla y dar una vuelta a mi edificio.
Buscar una calle en cuesta e ir hacia arriba a ritmo desafiante y luego hacia abajo dejándome caer.
Cada vez que tenga ganas de comer entre horas salir a la calle y dar un paseo de cinco minutos.
Cada vez que tenga ganas de encender la televisión, salir a la calle y dar un paseo de cinco minutos.
Si es posible y seguro usa la bicicleta para ir al trabajo o para ir a hacer recados.
En el tren, el autobús o el metro no te sientes, quédate de pie.
Andar “en intervalos”, unos tramos a ritmo normal y durante treinta segundos o un minuto acelerando el paso.
Ten las reuniones de pie. Lo que también es una excelente manera de evitar que se eternicen.
Ofrécete a hacer recados de la casa: ir a comprar al supermercado u otras tiendas, recoger los niños al colegio, etc.
Cada vez que tengas que reflexionar o pensar sobre un asunto delicado sal a andar y piensas por el camino.
Juega con los niños al escondite.
Cada vez que te frustres agáchate y pasa por debajo de la mesa. O da varias vueltas alrededor de ella.
Aparca el automóvil en un lugar más alejado de lo habitual de la oficina o tu casa.
Para ir a la tienda o al trabajo elige el camino o trayecto más largo o cuando llegues da una vuelta al edificio.
El fin de semana aprovecha para un largo paseo por el campo o por algún parque público.
Búscate a un compañero de paseo que se comprometa a salir contigo varios días a la semana. Fija los días. El compromiso con otra persona refuerza las determinaciones.
Si no tienes amigos, cómprate un perro y sácale a pasear todos los días.
Aprovechar para hacer una meditación andando en vez de sentado siendo consciente de las plantas de los pies, de los músculos, de los movimientos, etc.
Cuando tengas que hablar por teléfono levántate y anda por la habitación.
Haz todas tus llamadas de teléfono largas andando por la calle por un lugar suficientemente tranquilo para poder andar sin prestar demasiada atención y concentrándote en llamada.
Dar un paseo al final del día, a ser posible acompañado.
La consigna de esta semana es: MUÉVETE MÁS.
La madre de todos los retos
Este reto es también una misión del curso de perseverancia, quizá la más duradera, porque ha de convertirse en un hábito de por vida. Si en todo el 2014 gracias a este blog solo consigues una cosa y es esta, habrá sido un gigantesco avance. Con este reto estás matando muchos pájaros de un tiro.
El caminar es una forma de meditación. Recuerda la sexta práctica de la primera reencarnación del curso de atención plena :»Las plantas de tus pies«. Ahora tienes la oportunidad de meditar diariamente y aumentar la plena presencia mientras caminas durante diez minutos o un minuto, si estás empezando (aconsejo que te pongas un requisito de mínimos).
Para aumentar el compromiso es conveniente que lo hagas público, se lo cuentes a tu familia y amigos, y , si quieres, te comprometas públicamente en la sección de curso de salud minimalistade este blog.
Si tienes más ideas, escríbelas en los comentarios y yo las incorporo a la lista. Al final de la semana, comenta en este artículo cuántos pasos hiciste y el aumento respecto a la semana pasada.
Somos diecisiete en el curso y estamos locos. Mi tío dice que ser diecisiete en un curso y estar locos son cosas que van de la mano. Cuando la gente os pregunte que cuántos somos en el curso, vosotros responded que somos diecisiete y estamos mal de la cabeza. A propósito, hemos sobrepasado el ecuador de la travesía que iniciamos el 2014 con Los tres hábitos que cambiarán tu vida.–
Ideas. Ideas locas. Cuantas más mejor. Quien pase de diez participará en un sorteo. Para quien no diga ni una, todo será crujir y rechinar de dientes. Están avisados.
Tengo diecisiete y estoy loco. Mi tío dice que ambas cosas van de la mano. Cuando la gente te pregunte la edad, me dijo, di siempre que tienes diecisiete y estás mal de la cabeza. ~Ray Bradbury
Tengo la convicción de que estos tres hábitos tienen el poder para transformar tu vida. Inicialmente, pensaba dedicar la tercera reencarnación al ejercicio o el hábito del movimiento, pero he decidido que seamos mucho más ambiciosos y desarrollemos retos que cultiven la salud en todas sus vertientes.
Los cuatro pilares de la salud son:
Ejercicio físico.
Alimentación
Sueño
Conexión social.
Nos enfocaremos en los dos primeros, pero tendremos en cuenta los dos últimos, porque la salud es una forma de estar en el mundo que incluye el tiempo en que dormimos y la relación con nuestros semejantes.
Emplearemos, como es habitual en este blog, la perspectiva del minimalismo existencial. Intentaremos identificar los elementos claves y desarrollar prácticas o experimentos, que llamo «retos», que nos ayudarán a incorporar hábitos saludables permanentemente.
Hazlo social
El apoyo emocional y social es fundamental para tener éxito en la formación de nuevos hábitos, en especial cuando son tan ambiciosos como los del curso de salud minimalista.
Este blog es un primer apoyo. Te animo a participar con tus comentarios, opiniones, sugerencias, maldiciones, etc. Es probable que enriquezca las actividad social del blog con artistas invitados, especialistas o reuniones online con cursillistas motivados.
Pero si estás verdaderamente comprometido y quieres aumentar las posibilidades de éxito te recomiendo que aumentes el coeficiente de socialización.
Propuestas
1. Envía este artículo a tres amigos y proponles que se embarquen contigo en un programa de salud minimalista este verano durante doce semanas. Y quizá durante el resto del año, si os sentís animados.
2. Comenta con tus amigos y otros seguidores del curso tus avances todas las semanas.
Soy un aprendiz y no lo digo por humildad
Una salvedad: no soy un experto en nutrición y mucho menos un deportista o un especialista en salud física. Yo aprenderé al mismo ritmo que todos. Siempre he procurado ir al menos una lección por delante. En esta ocasión, muchos participantes en los retos irán muchos kilómetros experienciales por delante de mí.
Pero bueno, si supiera lo que estoy haciendo, no lo llamaríamos experimentación, ¿verdad?
Semana a semana, durante doce semanas primero, y después espaciadamente durante el resto del 2014, introduciremos desafíos que nos saquen de la zona cómoda y nos hagan experimentar e incorporar nuevos hábitos para promover la salud.
Los principios en los que baso el curso de salud minimalista
Estos son mis principios, y si no te gustan… tengo otros. ~Groucho Marx
1. Aplicaremos implacablemente el Principio de Pareto o regla del 80/20. Parto de la base de que todos tienes poco tiempo disponible y muchos asuntos en tu vida. La salud es importante, pero no es el tema principal de tu existencia. Por eso solo voy a ocuparme de lo esencial, lo que tenga más impacto, lo que requiera los mínimos recursos posibles.
Si necesitas sofisticación, gente que realmente entienda del tema y que sepa explicártelo busca en libros o en buenos blogs de verdaderos expertos (aunque humildes) como Robert Sánchez, de Escucha tu cuerpo, o el blog de Luis Andés, un maratoniano y entrenador personal, o el estupendo Esto no es Comida.
Luis Andés, uno de nuestros asesores en deporte y nutrición. Le conocí personalmente en la última comida del Proyecto 52.
Serán nuestros referentes y consultores personales. Me voy a apoyar en ellos y en algunos otros amigos para elegir las mejores prácticas y buscar justificación o consejo.
2. Usaré las ideas de la biología evolucionista para justificar parte de los retos que afrontaremos. Nuestros cuerpos son el resultado de incontables generaciones de supervivientes. Estemos o no satisfechos con nuestra salud actual, somos los herederos de una raza de triunfadores en el juego de la vida.
Los hábitos que incorporemos han de tener sentido biológico. Las ideas evolucionistas nos ayudarán a comprendernos y orientar nuestras acciones de mejora de salud.
Las ideas también son sexys…
También nos apoyaremos en todas las tradiciones religiosas, filosóficas o de cualquier otro carácter que hayan pasado la prueba del tiempo (varios siglos). Estas incluyen el shabbat, el ayuno, la meditación y los rituales de conexión con otros seres humanos.
La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Y lo que funciona, funciona, aunque no sepamos cómo o por qué.
3. Ecología personal. Todos los retos que prescriba o recomiende han de poderse integrar armoniosamente en nuestra vida cotidiana. Pretendo que sean sostenibles en el ecosistema de nuestros entornos familiares y profesionales.
Quiero que la mayoría de los retos lleguen para quedarse y se transmuten en hábitos después de experimentarlos durante algunas semanas. El problema no suele estar en el conocimiento, sino en la toma de conciencia y en la acción.
Este curso de salud minimalista proporcionará una conciencia ampliada y un acicate para la acción.
El macrohábito de la salud física se complementará y apoyará en los hábitos de la atención plena y la perseverancia. Entrenaremos los tres simultáneamente desde ahora hasta fin de año. Como iremos viendo, se apoyan mutuamente.
Esto es un menú a la carta, yo proporciono los platos y tú decides cuáles degustar y quizá terminar introduciendo en tu dieta vital. ¡Bon appétit!
Cuando te suscribas a este blog, recibirás cómodamente en tu e-mail los retos, prácticas y misiones semanales y los libros de Leo Babauta (focus y El pequeño libro de la satisfacción) junto con Los tres hábitos que cambiarán tu vida.
Compra un podómetro barato y sencillo. O instala en tu smartphone alguna aplicación gratuita (por ejemplo, accupedo) o de pago que te servirá para medir el número de pasos. Las versiones gratuitas son suficiente para nuestros objetivos.
Durante esta semana vas a llevarlo contigo a todos lados. Al final del día apuntas el número de pasos.
El domingo por la noche haces la media de los pasos de la semana, entras en el artículo de revisión del reto de la semana y comentas cuál ha sido tu media.
No me gastaría más de diez euros, si compras un podómetro físico. Esta es toda la inversión que te voy a pedir para el curso. El resto del equipamiento lo llevas contigo.
En el pasado, yo cometí el error de matar moscas a cañonazos e invertir más de cien euros en monitores que miden pasos, kilómetros, calorías, escalones, calidad del sueño, pulsaciones, etc. No lo hagas, no pierdas tu tiempo y tu dinero. Cuanto más sencillo, mejor.
No te preocupes por aumentar el número de pasos o por establecer objetivos. Con este primer reto pretendes conocer tu nivel de partida en cuanto a ejercicio físico tomando una variable indicativa suficientemente buena.
Este es un curso de salud minimalista, no te vas a convertir en un deportista de élite o marcar tus abdominales. Pero vas a instalar un conjunto de hábitos relativos al ejercicio, la alimentación, el sueño y la salud física en general que, si tenemos éxito, se quedarán con nosotros el resto de nuestras vidas.
Puedes comprometerte públicamente con el curso en la pestaña de “Curso de salud minimalista”. Indica tres razones por las que quieres iniciar un programa integral de salud minimalista junto con tu nombre o pseudónimo.
En Satori Time, el podcast que hemos creado mi amigo Ivan Entusiasmado y yo sobre la mente y el comportamiento humano, debatimos sobre los conceptos de perseverancia, «grit» y fuerza de voluntad, y aportamos algunas ideas para desarrollarlas.
Puedes escucharlo directamente en este blog o bien bajártelo como un archivo mp3 para disfrutarlo en tus noches de insomnio.
–
–Sinopsis
En este podcast describimos el “grit”, un rasgo de la personalidad no cognitivo que se basa en la pasión individual por una meta a largo plazo.
Distinguimos el grit de la fuerza de voluntad. Entusiasmado considera que la capacidad de actuar en el presente con metas a largo plazo es una habilidad, no un rasgo que se tiene o no se tiene. Experimento de los marshmallows con niños de 5 años.
Comentamos la mala prensa del sacrificio, la disciplina y la perseverancia en la cultura actual. Al final hacemos referencia a algunas técnicas sencillas para aumentar la capacidad de autorregulación y de mantener metas en el largo plazo.
Algunos enlaces sobre los temas y conceptos mencionados en el podcast
Nada ni nadie nos asegura que lograremos los más preciados de nuestros anhelos, ilusiones o metas. Pero podemos empezar a vivir según nuestros valores más queridos en el próximo segundo. El baile del pato.
~Inma Torres, del estupendo blog Vida en positivo, mostrándose algo negativa.
No, no se nos murió nadie… La misión de ayunar durante 24 horas ha sido una de las más demandantes de lo que llevamos de curso de perseverancia. Lo comparo con el desafío de caminar descalzo sobre las brasas o sobre cristales que practican en algunos cursos de crecimiento personal o motivación. La semejanza con esos cursos es que nos ayuda a darnos cuenta de la fuerza de las barreras mentales y la capacidad que tenemos de superarlas.
La diferencia es que caminar o correr sobre las brasas dura unos segundos y produce euforia después de completarlo. El ayuno de 24 horas en cambio es largo, te pone en contacto con un montón de racionalizaciones a lo largo del camino, te enfrenta con la estructura de tu personalidad, con tus contradicciones, con tu forma habitual de enfrentar los retos, la incomodidad, con el modo en que estás presente en tu propia vida.
Es una experiencia mucho más rica, requiere ratificarse en la determinación minuto a minuto, en especial cuando el aguijón de la incomodidad molesta. También creo que es una experiencia más extrapolable a la vida cotidiana. No basta con un «momento de coraje o locura» en el que te atreves a algo a lo que antes nunca te habías atrevido, necesitas además la perseverancia y la capacidad de sobreponerte a los momentos de duda y y los deseos de abandonar.
Lista de psiconautas que han superado el ayuno de 24 horas en orden de compleción de la misión
Amparo
Herman
Homo Minimus
Mercé
Cristina
JotaJ
Ale Paciotti
Sofi
Tomelin
Enhorabuena a todos los cursillistas que han completado el reto. No era fácil.
Aquí tenemos algunos de sus comentarios:
Relatos en primera persona sobre el reto de ayunar 24 horas
Domingo a la noche. Me entero de la experiencia pero el diablillo me dijo “hoy cenaste poco, mejor dejar la prueba para mañana cuando estés mejor preparado”
Martes, desayuné y después recordé el reto. Pasa para mañana.
Miércoles, un almuerzo de trabajo con asado (barbacoa). El asado es muy rico y podrías ofender al asador no comiendo, así que lo mejor es dejarlo para otro día.
Jueves: Tienes todo el resto de la semana para intentarlo, mejor después.
Viernes: Luego de 14 hs de ayuno, invité a mi novia un pancho (hotdog). No tenía hambre ni molestia, fue una decisión inconsciente, a la salida de un mall.
Sabado: Cena con amigos, ya empiezo a notar que no voy a lograrlo esta semana, pero sin asumirlo.
Domingo: Finalmente, lo dejamos para la próxima semana.
Lunes : Hoy es Lunes, encima de todo ayuno? mejor mañana…
Martes: Con todo lo aprendido de la semana anterior, pude esquivar las tentaciones, estar atento a los impulsos y lograr 25 horas de ayuno, que premié con una fruta y a dormir.
~Tomelin
Arranqué anoche a las 22:30, si bien había ayunado a pan y agua muchas veces por una cuestión religiosa, esta vez el desafío es mayor porque no hay pan que calma el hambre y la ansiedad. Desde temprano el sentir hambre o apetito o ansiedad por ingerir me hizo reflexionar sobre esa sensación como disparadora de hábitos y me pareció muy bueno poder aprovechar ese disparador para tratar de sentirme a gusto con la incomodidad.
~Ale Paciotti
Misión cumplida! Y he de decir que con relativo poco esfuerzo y de forma muy satisfactoria. La ocasión me sirvió para comentar el tema con compañeros de trabajo. La mayoría afirmaba no poder hacer algo así, “me moriría de hambre” “me entraría muy mal humor” “me marearía”… Estamos rodeados de blandos!!
~Cristina
A mí me ha sorprendido detectar pequeños cambios en asuntos muy importantes. Tal vez ayunar 24 horas me ha recordado que soy capaz de realizar pequeñas grandes proezas. […] Y ánimo para todos los que se lo estén pensando; cada quien recogerá frutos diferentes pero será muy provechoso en cualquier caso.
~Amparo
Desde las 22:00 del martes hasta las 7:00 de jueves. Ha sido una gran experiencia. He aprendido mucho en todos los sentidos. He tomado consciencia de muchas cosas. De como nos hemos vuelto inconscientes y tontos. De lo relativas que son las cosas. Del sufrimiento de todos los seres vivos. Y de que el único camino para evolucionar conscientemente es practicar y practicar, porque como dice el gran minimalista Roberto Sánchez, “todo es mentira excepto lo que experimentamos”.
~Herman
Estoy contenta de haberlo conseguido una vez ya en esta semana. Para mi sorpresa no pasé realmente mucha hambre, sentía más el deseo de parar a comer por costumbre o por desconectar del trabajo. Es verdad que tuve un día bastante ocupado, así que creo que eso ayudo. Ahora mismo no me parece que me haya ayudado a ser una persona más fuerte o que me sepa controlar un poco más, pero espero que a la larga y junto a todas las demás propuestas esté cambiando algo en mi.
~Sofi
Lo conseguí!! Fue desde las 14:00 del miércoles a las 14:00 del jueves, tras una buena comida me mantuve entretenido a la hora de la cena para evitar tentaciones, las horas de sueño hicieron la espera más llevadera y pasé con un café por la mañana y agua hasta la hora de comer. Esa mañana tuve momentos de sensación de hambre pero como estaba mentalizado con el reto lo superé más fácil de lo que pensaba.
~JotaJ
Conseguido! llegué a las 24 horas sin comer nada. Interesante ejercicio, había hecho semiayunos y otras cosas pero en este me he sentido más consciente de lo que es la determinación y la decisión en algo. cuando uno quiere y va a por ello puede, a pesar de la incomodidad que genera y el deseo. Mi reto ahora sería hacerlo en otras cosas que me hacen sentir muy miserable y que me cuesta sostener… y que acabo sucumbiendo por miedo, por ansiedad, incertidumbre…
~Mercè
Entrenamiento de la autorregulación
Esperaba que la mayor dificultad estuviera en pasar toda una mañana trabajando intensamente sin haber probado un bocado desde la noche anterior. Suponía que me resultaría difícil o imposible concentrarme con un vacío en el estómago. No fue así. No solo no fue así, sino que noté una agudeza mental ligeramente superior a la habitual. Puede que el hambre en periodos breves despierte la inteligencia y favorezca las capacidades cognitivas Evolutivamente tiene sentido que sea así.
Este experimento ha sido muy revelador. He echado por tierra otra suposición sobre lo incómodo de una actividad y sobre la duración de la incomodidad. Una vez más, he sentido el fenómeno de la habituación. He dado un paso más, un pequeño paso, en la mejora de mi fortaleza psicológica.
Saber que cualquier incomodidad, no importa lo desagradable que parezca, va a terminar remitiendo es un conocimiento que me permitirá seguir exponiéndome a situaciones molestas y sobrellevarlas mejor. En vez de rehuir lo arduo, es más probable ahora que me lance a la piscina, por así decirlo, y tolere la incomodidad inicial que suele ir asociada al tipo de actividades que nos sacan de la zona cómoda.
Durante siete días vas a decir sí a todas las personas y a todo lo que te ocurra (siempre que no sea peligroso o dañino para ti, obviamente). Pero ten mucho cuidado de no confundir el peligro con la mera incomodidad o aversión.
Cuando sientas el impulso de mostrarte en desacuerdo o quejarte ante alguna incomodidad o suceso, tómate unos segundos para decidir si es realmente necesario. Este será un sí interior.
Cuando quieras decir no o rechazar una idea o una acción que alguien te proponga dí sí. Este será un sí exterior que irá unido a una acción.
¿Podrías callarte o asentir o estar de acuerdo o aceptar el comentario o la situación o la petición o propuesta?
Como recordatorio, podrías tatuarte la palabra “SÍ” en la palma de la mano, llevar tarjetas contigo con el “SÍ” escrito en grandes letras o colocar un póster con la palabra en tu puesto de trabajo o en el escritorio del ordenador.
Mantente atento a tu necesidad de contrariar, replicar o sacar del error a otras personas. También sé consciente de tu propensión a quejarte o lamentarte cuando tienes que soportar pequeñas incomodidades como esperar una cola, el semáforo que tarda en ponerse en verde o la torpeza o lentitud de la gente.
Aprovecha todas las oportunidades que se te presenten durante la semana para decir sí. Esto incluye propuestas, peticiones, sugerencias, consejos, etc.
Ejemplos de propuestas, experiencias o situaciones a las que tienes que decir sí
¿Quieres tomar un café conmigo? … ¡SÍ!
Un tipo extraño que te acaba de conocer o que no conoces te envía un correo y te dice: ¿Te apetecería comer conmigo? (proyecto 52) … ¡SÍ!
Un entrevistador te aborda en la calle y te pregunta si podría hacerte una encuesta que solo te va a llevar un minuto… ¡SÍ!
Una bloguera de éxito te propone traducir un libro de Leo Babauta al alimón. Estás fatal de tiempo, un montón de trabajo… te gustaría pero no puedes… dices: ¡SÍ!
Tu jefe te pregunta si te gustaría asumir un nuevo proyecto que no supone recompensa monetaria pero que será muy «interesante»… ¡SÍ!
Un vecino te pregunta si podrías quedarte un par de horas con sus niños porque tiene que ir al médico. Tienes una excusa buenísima. Pero dices… ¡SÍ!
Te encuentras a un tipo curioso que te llama la atención, es raro… pero interesante. Recuerdas la regla de las cuatro efes, F.F.F.F, de Homo Minimus y aceptas la propuesta: ¡SÍ! : te diriges con gesto amigable al personaje y entablas una conversación.
Esta semana puede ser divertida, muy divertida. Por favor, amigos psiconautas, aguerridos exploradores, comentad algunos de vuestros SÍ más peculiares en la sección de comentarios de este artículo.
Si quieres más inspiración, puedes ver el trailer de la película Di que sí, de Jim Carrey. Si sientes curiosidad, puedes ver la película entera una de las noches de esta semana. ¿Qué respondes a mi propuesta? :)))
La práctica empieza a dar sus frutos. Esta semana he hecho cosas que llevaban tiempo en la lista de tareas pendientes. He hecho muchas cosas sobre la marcha. Y he hecho cosas que sencillamente no hubiera hecho. Por ejemplo, algunas llamadas de teléfono.
~Herman
En la misión de esta semana pretendíamos aprender a vencer las microevitaciones, los comportamientos de escape ante situaciones que nos provocan aversión. Como creo en el principio de gradualidad en el aprendizaje, o principio del kaizen, he preferido que la prueba se ocupara de situaciones ligeramente aversivas.
Herman, matando al dragón de la procrastinación esta semana. (Foto: ‘Hawpar Villa’, por Amit Shah en flickr: https://flic.kr/p/fg6iVh)
Algunas lecciones aprendidas (o recordadas)
La vida cotidiana está plagada de microaversiones y sus correspondientes microevitaciones.
Las microevitaciones generan fricción existencial; esto es, la acumulación de esos pequeños roces de la realidad con el carácter consume energía mental, genera frustración, desazón, cansancio.
El minimalismo existencial, que es una aerodinámica de la acción humana, ha de tener en cuenta estas fricciones para reducirlas y permitirnos deslizar por el día con gracia.
La procrastinación se empieza venciendo en las pequeñas cosas, en actos aparentemente insignificantes, como lavar los platos nada más acabar la comida, o recoger un papel del suelo cuanto lo ves, o hacer una llamada incómoda que día a día has demorado, o responder a un correo electrónico justo después de haberlo leído en vez de dejarlo oxidar en la bandeja de entrada.
Me sorprende seguir teniendo aversiones y microaversiones que ya tenía a los diez años. No puedo elegir mis aversiones, parece, pero sí puedo elegir mi reacción ante ellas. La diferencia entre el niño y el hombre es su disposición a hacer lo que hay que hacer en el momento adecuado sin importar lo que siente.
A propósito, sigo postergando la revisión de la misión ayuno de 24 horasde hace 2 semanas. Por supuesto que tengo buenas razones para ello. Pero es que la mente se pone al servicio de la indolencia con suma facilidad.
La razón principal desde el punto de vista de la autorregulación es que debilita tu sentido de agencia o de persona que actúa y crea su destino. Cuando pones una parte de tu futuro dependiendo completamente del azar, estás mandándote el mensaje de que el mundo es un lugar donde la acción personal no tiene que ver con los resultados. O al menos que hay una zona del mundo donde lo que uno haga no tiene nada que ver con los resultados.
–Y es cierto que hay áreas del mundo donde una persona no tiene control ni ningún tipo de influencia; solo puede adaptarse. Pero tener en cuenta la parte no controlable del mundo y adaptarse o adaptarla para los fines propios no es lo mismo que someterse al capricho del azar y poner la ilusión de un mejor futuro en algo externo.
Las máquinas tragaperras son también un juego de azar de la peor especie. No hay casi control o el control es ilusorio y la máquina, cual mujer fatal que te da una de cal y muchas de arena, te somete a un régimen derefuerzo positivo variable que puede llegar a ser muy adictivo. El bingo y la ruleta también entrarían en nuestro catálogo de juegos desaconsejados.
Caso distinto es el de juegos como el póker o el backgammon, en los que la incertidumbre tiene un lugar importante, pero es manejable mediante la acción del jugador; En estos juegos hay estrategia y puedes medir la incertidumbre en términos de probabilidad y así orientar tus jugadas. Estos juegos bien jugados requieren de mucha habilidad, capacidad de aprendizaje y una dosis importante de autorregulación y control emocional.
Aunque solo juegues unos días del año, quizá en Navidades, el efecto es negativo. Repito: estás poniendo parte de tu futuro en manos del puro azar o del destino; te ilusionas con un juego que depende de elementos incontrolables; la esperanza matemática del resultado es negativa, y es por tanto un juego en el que pierdes por el mero hecho de jugar.
La lotería tiene un componente social importante, es una forma de confraternizar o de fortalecer vínculos con familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo. Tendrás que sustraerte al influjo del entorno, tendrás que aprender a decir no y emplear una frase antipática del tipo «yo no juego a juegos de azar».
Decir no a los demás y decirte no a ti mismo requiere un considerable esfuerzo de autodisciplina y de resistencia a la presión social. Esta negación te hará un poco más fuerte, consciente de tus valores y más determinado.
Para una excelente ilustración de la dificultad de sustraerse a la presión del entorno respecto a la lotería y la superstición que la rodea, leed el excelente artículo de mi amigo y compañero de fatigas Alberto Antonio, del blog La tribuna de Avalón, Miedo a la lotería.
La infoxicación y la irrefrenable atracción de lo nuevo son las amenazas más importantes de la sociedad de la información y el conocimiento para nuestra capacidad de autorregulación. Millones de estímulos pugnan por controlar el espacio limitado de nuestra atención e influenciar nuestros hábitos y comportamiento. Las redes sociales y el marketing cada vez más individualizado y científico trabajan constantemente por colonizar nuestro espacio y tiempo mental.
Ante esto necesitamos armas defensivas que estén a la altura de las fuerzas distractoras contra las que nos enfrentamos. Ya hemos hablado en un artículo anterior de la técnica Las verduras antes que el postre, que relega las actividades de más bajo valor al final del día o después de haber completado las tareas que para nosotros tengan más valor.
Hay otras herramientas mentales que podemos emplear para controlar la tendencia a salirnos del camino marcado y nuestra planificación del día: los peajes y multas de la autorregulación. Son refuerzos negativos que nos administramos por entrar en actividades de poco valor.
Peajes
Porejemplo, si leo un artículo de blog, que puede ser relevante para mis proyectos en curso, pero también puede ser una distracción o proporcionar muy poco valor de aprendizaje, me obligo a extraer mis ideas sobre el tema antes de comenzar a leerlo y hacerme 3 preguntas que quiero que el artículo responda.
Esto sería un peaje, un pequeño esfuerzo mental que hago antes de acometer una tarea susceptible de convertirse en infoxicación. Así me lo pienso dos veces antes de emprenderla, me hago consciente de que la voy a iniciar y le añado una actividad inicial que permite sacar partido a la lectura o la actividad potencialmente distractiva o de bajo valor.
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La técnica Las verduras antes que el postre incluye implícitamente un peaje para las actividades de menos valor: antes del postre –la actividad de menor valor– me obligo a pagar un peaje en forma de verduras –la actividad de mayor valor–, posiblemente también de peor «sabor» motivacional.
Es conveniente que los peajes de autorregulación sean actividades que disuadan de la actividad de menor valor por su dificultad, pero también que tengan valor en sí, para que, aunque seamos indulgentes con postres o actividades de bajo valor, nos aseguremos de haber hecho trabajo de calidad antes de ceder a la tentación.
La misma organización del trabajo en el día puede contener implícitamente también esta estructura de peajes de la autorregulación. Las actividades más placenteras, como redes sociales, lectura de artículos relacionados o no con nuestros proyectos en curso o las pequeñas actividades administrativas, quedan relegadas al final del día, en las horas de menos energía; solo me permito las tareas de bajo valor o más placenteras después de haber completado un buen número de horas con trabajo de alto valor en el que he aplicado gran intensidad mental y esfuerzo.
Multas
En ocasiones, incurriremos en actividades de bajo valor en medio de la jornada de trabajo o nos permitiremos comidas poco sanas pero sabrosas. Esto puede ocurrir por falta de autocontrol o porque la actividad de bajo valor ha pasado bajo el radar de nuestra conciencia.
El mal, por así decirlo, ya estará hecho. No podemos dar marcha atrás. El helado de vainilla ya está comido y ya hemos dedicado media hora a consultar facebook o seguir las recomendaciones de twitter de nuestros amigos. ¿Qué hacer en este caso?
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Podríamos dejarlo pasar, hacernos conscientes de que hemos bajado la guardia, y retomar nuestras actividades. Después de todo, somos humanos, estamos sometidos a las tentaciones y nuestra conciencia y capacidad de autorregulación nunca es perfecta. Podemos ser condescendientes, no fustigarnos por ello, y volver al camino que nos hemos marcado.
El inconveniente es que una tentación o una mala acción suficientemente repetida amenaza con convertirse en un mal hábito y por lo tanto en convertirse en automática, más fija, más natural, más por debajo del radar de la conciencia. La recompensa de la tentación o de la acción de bajo valor anima a la repetición y con ello terminará desplazando otros comportamientos más efectivos, productivos o eficientes.
Por eso, es conveniente compensar el poder motivador de la acción que queremos evitar con un castigo o refuerzo negativo creado artificialmente, no inherente a la acción, que rebaje la fuerza del comportamiento ineficaz o malsano. Este refuerzo negativo es lo que llamo multa de autorregulación.
Pongamos un ejemplo: me paso la tarde tumbado en el sofá consultando facebook, chateando y navegando al azar por Internet. Pasadas un par de horas me doy cuenta. Decido que he de cambiar a una actividad más provechosa. Pero antes de cambiar a esa actividad más provechosa, por ejemplo, ver a amigos, salir a pasear o leer un libro, busco en mi lista de multas y selecciono una acorde a lo malsano del comportamiento anterior.
En el caso de la pérdida de un par de horas en la red social, busco una multa proporcional a la magnitud del mal causado: decido limpiar la cocina, ordenar mi habitación o hacer la declaración de la renta, que llevo postergando varias semanas.
De esta manera, disuado comportamientos de poco valor o no saludables en el futuro. Me voy acostumbrando al hecho de que los comportamientos no saludables tienen consecuencias negativas, no solo a largo plazo, sino también a corto plazo. Puesto que las consecuencias a largo plazo es difícil anticiparlas y habitualmente las infravaloramos, son las consecuencias negativas autoinfligidas a corto plazo –las multas– las que más poder tienen para inhibir el comportamiento no deseado.
Conclusión
En resumen, disponemos de dos nuevas armas de defensa contra las tentaciones y las actividades de bajo valor o de valor negativo:
Los peajes de autorregulación: actividades difíciles o que requieren cierto esfuerzo y que nos obligamos a completar ANTES DE incurrir en un comportamiento de valor bajo o negativo. Son disuasores, precios o barreras de entrada para las actividades de bajo valor. Las convierten en menos atractivas y reducen su frecuencia.
Las multas de autorregulación: castigos autoinfligidos DESPUÉS DE incurrir en un comportamiento de valor bajo o negativo. Son un refuerzo negativo o castigo después de un comportamiento no deseable. Compensan los refuerzos positivos o recompensas que van unidos a muchas actividades de bajo valor.
La oportunidad baila con los que ya están en la sala de baile.
~H. Jackson Brown
Te concentrarás en detectar microaversiones, y el impulso de evitar tareas. Una vez que las detectes, harás aquello que te molesta, incómoda o te genera un cierto temor.
Todo el fenómeno de la procrastinación puede superarse si nos acostumbramos a hacer lo que tenemos que hacer, nos guste o no, en el momento en que hay que hacerlo.
–La práctica de la regla de los dos minutos de David Allen en la quinta semana te habrá servido para prepararte para este desafío. La práctica de la novena semana del curso de atención plena te habrá preparado para detectar los sentimientos de aversión que suelen acompañar a las actividades que diferimos porque son incómodas.
Me estoy refiriendo a pequeñas evitaciones, a microevitaciones, a las que nos generan acciones que van unidas a una pequeña incomodidad:
Responder a un e-mail en el momento en el que lo leo y no diferir la acción solo porque no me apetece.
Meditar diez minutos. Meditar un minuto.
Escribir un comentario en un blog .
Usar las escaleras en vez del ascensor o las escaleras mecánicas en el metro o en un gran almacén.
Lavar los platos inmediatamente después de comer, sin postergar la acción.
Cepillarme los dientes, aunque no pase nada por no hacerlo un día.
Salir a dar un paseo, porque hoy no he andado nada.
Pedir un plato de verduras.
Etc.
Al igual que en el caso de la misión contra las microtentaciones, apúntate un punto por cada vez que logras vencer una microevitación o evitación y actúas a pesar de la incomodidad.
He empezado a observar en mí, y ya hace tiempo había observado en los demás (ya sabéis que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio), que una de las principales barreras del aprendizaje y del cambio personal suele estar en las creencias que albergamos sobre lo que es aprender o cambiar.
Quizá por el legado de nuestros tiempos escolares no estamos acostumbrados a reflexionar sobre nuestros pensamientos y motivaciones.
Quizá por el legado de nuestros tiempos de escuela hemos aprendido a responder a la recompensa y el castigo en forma de elogios, buenas y malas notas y reprobaciones, como el burro al palo y la zanahoria, pero no a examinar nuestras metas.
Quizá por el legado de un sistema escolar formalista, muy estructurado y con una metodología definida y de talla única para todos, hemos siempre creído que hay una receta, programa, plan de aprendizaje o camino marcado común y eficaz para cualquier aprendiz.
Quizá por el legado de una educación y aprendizajes de talla única, no hemos tenido mucho tiempo de conocer nuestras inclinaciones, preferencias, formas de aprender, y hemos siempre pensado que aunque las metas las elijamos nosotros, el camino siempre es único y mejor conocido por otros.
Quizá porque en el colegio asociamos aprender con leer libros, pensamos que basta con leer los libros adecuados para aprender lo que necesitamos aprender.
Quizá por la forma de aprender en base a recetas y soluciones ya fijadas por otros tendemos a pensar que el conocimiento es como un libro de botánica donde todo está perfectamente clasificado y ordenado en compartimentos generalmente estancos.
Puede que como consecuencia de todo lo anterior la mayoría de nosotros hemos considerado y en parte seguimos considerando que el aprendizaje es como un vagón de tren.
Teoría del vagón de tren
Te subes al vagón y esperas que el método, el libro, el profesor, el gurú, el blog… te lleve a tu destino. Ves a un montón de pasajeros que suben en la misma estación profesional o cronológica en la que tú estás. En los letreros se anuncia el próximo tren al que tienes que subir. Necesitas un billete en el que habitualmente tienes ya un número con asiento y en el que te has de colocar. A veces compras tú el billete y a veces te lo dan gratis.
Estación de canfrancs, trenes abandonados por thierry llansades en flickr: https://flic.kr/p/8qi1fA
Hasta los 16 años te obligan a subir al vagón de tren, quieras o no, con gente con la que solo tienes en común la edad o quizá el barrio en el que habitas y la clase social. Sabes que si el tren que tomas es el adecuado para la estación deseada llegarás a tu destino. Hay un maquinista que sabe dónde va, los mecánicos han revisado el funcionamiento de la locomotora y los limpiadores, dependientes del vagón-bar y otro personal se aseguran de que tu viaje sea cómodo. También hay revisores que se aseguran de que los que tienen que estar están y que nadie se desmanda, y quizá haya guardias de seguridad que mantienen el orden. Durante el trayecto solo puedes charlar, leer el periódico, matar el tiempo de la mejor manera, socializarte con pasajeros tan aburridos como ansiosos por llegar al destino.
Para quien cree en el aprendizaje y el cambio como un vagón de tren no hay más aventura que la de ver rápidamente paisajes que pasan vertiginosamente ante sus narices y estaciones todas iguales que marcan el avance. De hecho, muchos de nosotros dormimos o sesteamos a lo largo de nuestra educación formal.
Hay otra posibilidad.
La teoría de la balsa
Te subes a la balsa o la canoa porque quieres, te diviertes y seguramente porque has pagado por ella. El destino es hacia abajo del río o hacia arriba, o a la otra orilla del lago, o, si eres un habitante del pacífico, hacia otra isla. Siempre depende. Todo depende, pero tanto como el destino te importa el proceso por el que alcanzas el destino. Disfrutas de cada segundo de la experiencia, estás alerta, atento a las rocas y a las oportunidades. Probablemente vas con un grupo de amigos que disfrutan con lo mismo que tú y quizá con algún balsero más experimentado; hay gente de todas las edades; aprendes de ellos y ellos aprenden de ti.
Tu actitud hacia lo aprendido es condicional: «podría ser que…», «quizá sea así…», «¿qué pasaría sí…?», «¿Y si lo hacemos de esta otra manera?». Una vez eliges un destino, planeas un itinerario y empiezas a remar, pero durante el camino te desvías, y vuelves a retomar el rumbo miles de veces; a veces, encuentras mejores destinos gracias a lo aprendido y viras, y cambias de rumbo. Pero siempre lo aprendido y el camino dependen de ti.
En el aprendizaje como navegación, ya sea en aguas turbulentas o en un lago tranquilo en Suiza, tú eres el responsable de tu aprendizaje, eliges el destino o destinos, el camino, los medios y buscas los recursos. Estás constantemente alerta y te muestras flexible.
En el aprendizaje como navegación aprender y cambiar es una aventura movida por metas de aproximación formuladas por ti. No huyes de algo que no quieres ni persigues las zanahorias que otros te ponen.
Nunca he dejado que la escuela interfiera con mi educación
Vivimos en una sociedad que reclama responsabilidades a los demás -en especial al Estado- pero elude las propias. La única solución para los problemas complejos –la injusticia, la educación, la violencia, la pobreza, el calentamiento del planeta– es que cada uno se diga esa frase mágica –«Por mí que no quede»– y comience a trabajar.
Me quedo con esta expresión sencilla de cinco palabras para resumir lo que es el espíritu de la tenacidad y la perseverancia tal y como yo las entiendo.
Esta expresión aúna el coraje, el esfuerzo, la búsqueda de algo mejor y la responsabilidad individual. Pone toda la carne en el asador. Se compromete con la persona con la que más nos podemos comprometer y más podemos influir: uno mismo. No asegura el éxito, porque reconoce que el mundo es grande y escapa a nuestro control individual. Humildemente me digo que como máximo puedo influenciarlo y actuar en una pequeña parte del mundo. Digo que haré lo que esté en mi mano, pero no para echar balones fuera, sino para empezar aquí y ahora. Me imagino remangándome las mangas de la camisa, desanudando la corbata y diciendo «¿por dónde empezamos?»
Probablemente, es algo que nunca antes habías hecho. Es la misión de esta semanaen nuestro Curso de Perseverancia. Esta prueba solo es apta para los que están verdaderamente comprometidos con el cambio. La acción es elocuencia, amigos.
Aviso: la propuesta es para personas con un razonable nivel de salud. Si tienes dudas, consulta a tu médico. Aunque no he oído nunca de que alguien haya salido dañado por dejar de comer un solo día.
El ayuno se asocia a la religión o las prácticas ascéticas y no es una costumbre muy extendida en el mundo occidental. El concepto de privación voluntaria, no importa la que sea, no está en boga; es casi un anatema en la sociedad de consumo que prima la satisfacción inmediata de deseos y necesidades.
Reacción de un participante en el curso de perseverancia ante la propuesta de ayuno de esta semana.
La inspiración de esta misión ha estado en el último libro de Nassim Nicholas Taleb, Antifrágil: las cosas que se benefician del desorden, que hace referencia –entre otros muchos temas relacionados con la gestión de riesgos y la probabilidad– a los efectos benefactores de la variabilidad y el estrés sobre el cuerpo humano. Según argumentos expuestos muy convincentemente en el libro, los seres humanos, y los entes biológicos en general, somos «antifrágiles», y prosperamos en condiciones de volatilidad o variaciones.
La tríada que se expone en el libro Antifrágiles la siguiente: frágil – robusto – antifrágil.
Lo frágil es lo que es muy afectado por las condiciones del entorno y es por tanto dañado por la variabilidad. El ejemplo sería un jarrón chino.
Lo robusto es lo que es resistente a la variación y el cambio. Mantiene sus propiedades en dificultades y ante el estrés. Un ejemplo sería el de un diamante.
Lo antifrágil es lo que ante las variaciones y la volatilidad, no solo mantiene su integridad, sino que mejora o prospera. Esto se puede decir de los seres vivos. Estamos diseñados por la evolución para prosperar y hasta «desear» un cierto estrés; dentro de unos límites, lo que nos daña, al someter a presión o estrés al sistema, contribuye a mejorarlo.
La vida moderna nos expone a condiciones de alimentación y actividad física muy regulares. Así que introducir un cierto nivel de variabilidad puede tener efectos beneficiosos. A su vez, un exceso de regularidad, puedes dañarnos. Esta es una de las razones para iniciar este pequeño experimento. La otra razón es, por supuesto, el entrenamiento de la autorregulación, uno de los temas centrales de nuestro Curso de perseverancia.
Entrenamiento de la autorregulación
Sentir hambre es una sensación a la que el hombre de las sociedades occidentales no está muy acostumbrado. Podemos sentir apetito y comer con muchas ganas, pero no estamos acostumbrados a pasar más de unas horas sin ingerir alimento.
En cuanto uno siente hambre, si no está sumergido en el trabajo o en alguna actividad altamente inmersiva, el reflejo habitual es buscar rápidamente algo que comer para mitigar la incomodidad. Dado que es muy fácil satisfacer el deseo, raramente pasamos más de diez horas sin comer nada.
Creo que somos unos blandos. Bueno yo no soy un blando, yo ya hice mi ayuno de 24 horas hace dos días.
¿Eres tú un blando?
¿Te vas a quedar ahí mirando?
¿Crees que se ha escrito algo bueno de los cobardes?
El reto más difícil es ser tú mismo en un mundo donde todos intentan hacer de ti alguien distinto.
—E.E. Cummings
Ahora que me lo he reconocido, quizá pueda empezar a vivir. No necesito impostar lo que no soy o lo que quiero ser o lo que quieren que sea. Soy libre para cometer cien errores sin pestañear y expandir mi ridículum vitae. Como soy un don nadie, nadie espera nada de mí, y si lo esperan, peor para ellos. Soy un don nadie, con ene minúscula. Ser nadie con minúscula te convierte en ligero y lo que es ligero y se toma a la ligera se eleva.
–Qué paz levantarse por la mañana y ser un don nadie que puede ir a cualquier parte. No soy irreemplazable ni indispensable, pero tampoco soy pieza de recambio cambiable. No hay nada que temer, ya no hay un yo ideal al que parecerse o al que rendir tributo o pleitesía. Soy invisible, nadie me reconoce o desconoce. Y si quiero dejar de ser invisible, ya sé cómo lograrlo. Nadie me espera al final de mis acciones. Si soy un don nadie, todos contentos.
Deja pasar 24 horas sin comer nada. Permitido agua o café o té o infusiones sin azúcar.
No vas a morir. Espero.
Intención de meta: ayunar durante 24 horas
Intención de ejecución: decide cuál es tu «última cena», la mía es esta misma noche. Anota la hora en que acabas, por ejemplo: las 22:22. No desayunes. No comas. Espera a que pasen 24 horas. Cuando sientas hambre, aprovecha para experimentar plenamente la sensación de hambre y entrenar la plena presencia. Cuando lleguen las 22:22 del día siguiente puedes volver a comer.
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‘Tomad las rosas de la vida, fugaz el tiempo vuela, las flores que lucen hoy lozanas mañana yacerán marchitas…’ Dance with the devil, por Eddi van W. en flickr: https://flic.kr/p/9Z3Jdk
No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana.
~Mark Twain
El mejor día para empezar es el lunes: no comas nada mañana.
El segundo mejor día para empezar es el martes.
El tercero… ya me has entendido. Vence al diablo de orejas puntiagudas de la procrastinación.
Si tienes lo que hay que tener y cumples la misión, entra a este blog y en la sección de comentarios, alardea de tu coraje.
Esta semana ha sido intensa. En nuestra novena misión pretendíamos negarnos a nosotros mismos; esto es, decirnos NO más a menudo. En una práctica anterior del Curso de plena presencia habíamos aprendido a ser más conscientes de las microtentaciones o microimpulsos, y esa conciencia ampliada que hemos ido desarrollando en los últimos meses nos ha permitido estar más alerta e ir un paso más allá: inhibir el impulso y evitar dar rienda suelta a la tentación o microtentación.
No digas simplemente no, di sí a algo más importante. ‘Don’t just say no’, por cheerfulmonk en flickr: https://flic.kr/p/6rRRiu
Por qué es bueno NEGARSE a uno mismo
Como vimos en el artículo Regalos al yo futuro, este decir NO es un decir SÍ a alguna versión futura de nuestro yo, hacerle la vida más fácil a un sucesor temporal del yo presente. Pretendía con este marco conceptual ontológico desarrollar la empatía y la compasión por nuestros yoes venideros.
No nos decimos NO y evitamos las tentaciones porque acaso seamos masoquistas o porque sostengamos una visión ascética de la vida. Nos decimos NO porque queremos obtener un mayor valor en el futuro o porque el decir SÍ a una tentación en el presente nos pondría en aprietos y nos haría la vida más difícil o se la haría más difícil a nuestros seres queridos, incluyendo nuestros yoes temporales futuros.
Por ejemplo, si durante la semana decimos no al postre azucarado, a la televisión basura, a la navegación inconsciente en internet (porque nos quita tiempo y atención de nuestros proyectos y tareas prioritarias), cosecharemos avances y satisfacción personal en un no muy distante futuro; nuestro peso estará mejor regulado y las armas de distracción masivas estarán bajo nuestro control consciente.
En el artículo Cómo electrificar tu correo electrónico proporcioné un método para reducir nuestra vulnerabilidad a las tentaciones en forma de distracción electrónica: aprendimos reglas de gestión del correo que mueven la balanza motivacional hacia la concentración y la alejan de la gratificación fácil e inmediata de consultar frecuentemente el correo.
Cómo dejar el azúcar o la sacarina
Hace muchos años que dejé el azúcar. La sacarina por temporadas. Esta es una ocasión excelente para dejar definitivamente la sacarina.
~Herman
Por si estos retos no fueran pocos, al final de la semana propuse un nuevo reto: eliminar el azúcar del café, el té, el mate o otro tipo de infusiones. Propuse que lo intentaras cuatro días, pero hacerlo una sola vez ya puede considerarse un triunfo personal.
Aunque suelo defender siempre un enfoque gradual para el cambio de hábitos, en el caso del azúcar en el café propuse una terapia de choque expeditiva y totalmente resolutiva; en vez de reducir poco a poco la cantidad de azúcar, eliminarla de golpe. A mucha gente le funciona:
Mi mejor arma para cualquier cambio de hábitos es el pleno convencimiento de que es lo que necesito, y luego me lanzo sin dudas y de golpe. Paso del todo al nada y me da muy buen resultado, eso sí, el convencimiento o creencia no ha de tener fisuras.
Hasta hace 4 años siempre había tomado el café con sacarina, y antes con azúcar, pero consideré que la sacarina también podía tener efectos perjudiciales así que decidí librarme de ella.
Hubo un tiempo en que yo decía que tomaba azúcar con café más que café con azúcar. La sacarina fue un sucedáneo que me permitió evitar este exceso. Iba a resultar difícil dejar la sacarina porque el café solo sin añadidos me resultaba terriblemente amargo. Podría haber decidido dejar el café y con ello resolver el problema de una vez por todas, pero consideré que eso sería como tirar el agua con el niño o matar moscas a cañonazos o hacer «overkill», como dicen los militares americanos, así que determiné librarme de la sacarina y aceptar el sabor amargo del café.
El método que empleé fue sencillo. Tan sencillo como tajante: en los siguientes días eliminaría la sacarina completamente y me obligaría a tomarme el café sin añadidos. Supuse que iba a costarme mucho y llevarme mucho tiempo; puesto que mi capacidad de soportar la incomodidad no era grande, la probabilidad de éxito me parecía remota. Con todo, proseguí con el plan.
Una alternativa menos drástica hubiera sido ir abandonando gradualmente la sacarina reduciendo poco a poco la dosis hasta que fuera imperceptible. Ese enfoque hubiera sido menos doloroso pero también necesitaba más tiempo y atención constante a las dosis. La perspectiva de un largo proceso de deshabituación de la sacarina me hizo desistir del enfoque gradual.
Al día siguiente, tomé mi primer café sin sacarina o azúcar o leche; me resultó terriblemente amargo, pero pude tomarlo. Los tres o cuatro siguientes cafés siguieron siendo desagradables, pero sorprendentemente al tercer día ya me había olvidado de la sacarina y no sentía lo amargo del café.
Me había acostumbrado en menos de tres días a tomar el café sin añadidos. Me chocó que una costumbre tan arraigada pudiera vencerse en tan poco tiempo. Desde ese día no he vuelto a tomar el café con azúcar o sacarina y no lo he echado nunca de menos.
Observaciones y lecciones aprendidas
La terapia de choque a veces puede ser útil.
El esfuerzo o sacrificio fue mucho menor de lo esperado.
En solo tres días me deshice de un hábito insano.
Me sentí triunfante y me pregunté qué otros hábitos profundamente arraigados podría eliminar en poco tiempo.
Aunque habitualmente abogo por la gradualidad, las soluciones expeditivas también tienen su lugar en materia de autorregulación y fuerza de voluntad.
Me di cuenta de que la incomodidad y la sensación de privación y el sufrimiento son emociones no estables. La habituación se produce para lo negativo y lo positivo.
Reto-experimento para los participantes en el curso de perseverancia y atención plena
Un espíritu libre y alegre necesita de vez en cuando algo de peligro, de lo contrario la vida se le vuelve insoportable.
~Friedrich Nietzsche
Prueba a tomar el café o el té o infusiones sin azúcar durante cuatro días seguidos. Observa tus emociones y sensaciones a lo largo de ese tiempo, saborea la resistencia a tomar café amargo. Vence la incomodidad. Habitúate a ella. Este experimento de cuatro días forma parte de nuestro Curso de perseverancia y también del Curso de atención plena.
Si cuatro días son muchos para ti, hazlo una sola vez.
¿Serás capaz de vivir con una situación incómoda o desagradable durante cuatro días seguidos? ¿Durante tres? ¿Durante uno?
Las razones por las que a lo largo del día consultamos con excesiva frecuencia el correo electrónico son las siguientes:
La recompensa es inmediata : un chute de novedad, sorpresa, diversión o la simple excusa para evitar enfrentarse a una tarea más importante o mantener la concentración intensa en una tarea demandante.
La recompensa es variable. Como Entusiasmado nos explica en su artículo, el esquema de recompensa variable es el más efectivo para motivarnos: los correos importantes o entretenidos se intercalan al azar entre un montón de correos anodinos o irrelevantes, como los premios en las sucesivas partidas de una máquina tragaperras.
El coste percibido a corto plazo es pequeño: solo tenemos que hacer un clic. El trabajo no hecho o interrumpido –el coste de oportunidad de mirar el correo– pasa desapercibido porque no somos en general conscientes de aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión, como nos explica Elisa Erbali de No quiero otro pijama en uno de sus artículos.
Como habitualmente recorremos con la vista rápidamente el correo y nos fijamos solo en lo urgente o más interesante, dejamos el archivado del mensaje, su procesamiento y acción de respuesta para más adelante. Estos son costes también, pero al ser a más largo plazo tienen poco peso en nuestra decisión de consultar el correo en un momento dado.
El resultado: acumulación de correo en la bandeja de entrada, una sensación de sentirse abrumado por él y las pérdidas de concentración continuas generadas por la revisión constante.
Bad e-mail, por Henry Chilcott en flickr: https://flic.kr/p/3LGW5L
¿Qué podemos hacer?
A. Si las recompensas percibidas son tan grandes que exceden por tanto margen a los costes percibidos a corto plazo y nos convierten en ratas de Skinner pulsando la tecla una y otra vez para recibir nuestro chute de gratificación instantánea, la solución es evidente: aumentar los costes inmediatos de la consulta: recibir una descarga eléctrica que nos disuada de la compulsión.
Descargas eléctricas:
Responde en el momento a la persona que te envía el correo. No difieras la respuesta. Convierte esta forma de proceder en tu política de gestión del correo.
No selecciones el correo por grado de interés o urgencia. Lee secuencialmente el correo y procesa sobre la marcha.
Procesa todos y cada uno de los correos evitando que se queden sine díe en la bandeja de entrada: elimina o archiva o genera una acción y toma nota de ella o, siguiendo la regla de los dos minutos, acomete la acción inmediatamente.
B. Como medida complementaria a la electrificación del correo electrónico, limita la consulta del correo a un par de momentos durante el día o a uno solo.
Más detalles:
Nunca consultes el correo justo al comienzo de la jornada. En su lugar, planea el día y acomete la TMI (Tarea Más Importante) del día.
Practica la regla minimalista de empezar el día sacando. Completa al menos dos horas de trabajo centrado e intenso antes de exponerte a los impactos informacionales y demandas de otras personas. Si no lo haces, terminarás cediendo al influjo de lo urgente y relegarás lo importante.
No uses la bandeja de entrada como recordatorio para tus acciones. Si de un correo deriva o puede derivar una acción, apúntalo en tu lista de cosas que hacer o en un calendario.
Si en el correo hay información importante necesaria para la acción, archiva el correo y haz referencia a la fecha del correo en tu lista de cosas que hacer junto a la acción correspondiente.
Considera la consulta del correo como una recompensa después de haber completado cuatro pomodoroso un par de horas de trabajo de calidad. Así practicarás la regla las verduras antes que el postre.
Imagina que estás ante la tentación de comerte un postre en un día de diario. Forma parte del menú del día y puedes elegir entre manzana y tarta de chocolate. El yo presente quiere la tarta de chocolate, el impulso es fuerte. El presente es un poderoso Dios. Es difícil que el yo presente renuncie a la tarta .
Pero el yo presente forma parte de una cadena de yoes temporales: sus ascendientes, sus descendientes, sus hijos . Quiere tener hijos fuertes, sanos, con cintura de avispa. Al mismo tiempo desea fuertemente el azúcar y el chocolate.
Un deseo o impulso solo puede vencerse con otro impulso o deseo de signo contrario. El yo presente siente compasión y afecto por sus yoes futuros. Se siente altruista, paternal, quiere lo mejor para sus hijos y nietos.
El yo presente recuerda a los yoes futuros y decide hacerles un pequeño regalo en forma de sacrificio actual: “voy a comer manzana para beneficiar a mi yo futuro (o muchos de los yoes futuros)”. “Cuando ellos recojan el fruto de mi sacrificio yo ya no estaré ahí viéndolos crecer sanos y fuertes; pero quiero lo mejor para ellos.”
Podríamos concebir a nuestra persona como una sucesión de yoes temporales. Tras la etiqueta Homo Minimus, o Pedro Guerra o Matilde Fernández no se escondería solo una persona compleja, dinámica, diversa y con distintas propensiones o preferencias; podríamos dar un paso más allá y considerar que tras esa etiqueta se ocultan infinitos yoes en momentos del tiempo separados, una sucesión de yoes relacionados pero diferenciados, un conjunto de yoes temporales.
Mi yo del 4.6.14 a las 14:26 sería el antecesor del yo del 8.7.15 a las 18:43 y, sin duda, tendrían algo que ver, pero no serían el mismo ente. Compartirían una parte de la biografía del yo que llamamos en general Homo Minimus, pero ambos serían individuos con derecho a veto: cada uno de ellos tiene la voz cantante en el preciso momento en el que vive.
La única manera de integrar al conjunto de yoes temporales del artista conocido como Homo Minimus es convertir a ese grupo variopinto y egoísta carente de empatía temporal y compasión intergeneracional en miembros de una misma familia.
Habría que recordarles su historia constantemente: ellos recibieron el relevo de muchos yoes temporales anteriores que se sacrificaron y permitieron que se convirtiera en el bloguero minimalista de éxito , gigante intelectual y galán de ensueño que existe ahora, en este preciso momento.
Ese sentimiento de estar en deuda con las anteriores generaciones de yoes y el amor a la familia venidera pueden ayudar al yo presente a ser más sacrificado, a dejar de postergar o procrastinar acciones tan valiosas como esforzadas o difíciles.
A partir de ahora, cada vez que venzas la incomodidad, la falta de energía, la desgana, incluso el sufrimiento, piensa que lo estás haciendo por tus yoes-hijos-futuros , para que crezcan más sanos, felices y fuertes.
El fruto del amor bien entendido está creciendo ahora mismo. Y se recoge mañana mismo. Qué digo mañana… y pasado mañana, y dentro de diez años, y dentro de diez minutos.
El hombre que mueve una montaña empieza acarreando piedras pequeñas
~Confucio
Sé que la negación de uno mismo es casi un anatema en esta sociedad actual de consumo, hedonismos a corto plazo y que promueve la gratificación instantánea de nuestros deseos o impulsos. Por eso he aplazado esta prueba a la semana novena del segundo trimestre.
En el primer trimestre en el curso de atención plena pusiste una semilla: aprendiste a detectar los impulsos, no importa lo pequeños o insignificantes que fueran. Ahora vas a entrenar tu capacidad de inhibición de los impulsos. Ya sabes detectarlos y tomar nota mental, ahora vas a inhibirlos.
El disparador o desencadenante de esta práctica es cualquier impulso de hacer algo. Ejemplos:
Sientes un picor. Quieres rascarte. Inhibes el impulso.
Estás en un semáforo en rojo, es seguro cruzar la calle, no pasa ningún coche, sientes el impulso de cruzar. Te reprimes y esperas a que el disco se ponga en verde.
Ves una chocolatina en la mesa. Sientes el deseo de comerla. Te das cuenta y te dices que no.
Alguien dice una estupidez o algo con lo que no estás de acuerdo (¡montones de ocasiones todos los días!). Sientes la necesidad de replicar, de señalar el error, de mostrar tu conocimiento. Te reprimes, te dices que no. Respiras hondo.
Twitter es un excelente lugar para inhibir la necesidad de replicar o mostrarte en desacuerdo con alguien.
Etc.
Como recompensa por estos actos de heroísmo cotidiano, usas una simple técnica: dibujas un palote en tu tarjeta recordatorio de la práctica semanal y al final del día haces recuento. Es probable que acumules decenas. Te sentirás muy bien. Sigue el principio SEC (Siempre Estar Celebrando) y presume en este blog de todas las microtentaciones o impulsos vencidos en el día o la semana.
Octava semana. Una semana desconectado. Ni radio cuando me ducho, ni televisión, ni facebook, ni blogs, ni libros, etc. Me ha encantado la experiencia. Ha ido bien. Entrenamiento del autodominio y otros efectos colaterales positivos.
~Herman
Toda una experiencia. En esta semana el reto era hercúleo: una semana de ayuno de redes sociales , medios de comunicación social (tv, radio, periódicos, etc.), internet, incluso de libros. Con esto nos asegurábamos que íbamos a sentir el aburrimiento o tener que usar la imaginación para evitarlo.
Muchos de nosotros, exceptuando algunas vacaciones en algún lugar aislado en la montaña o en una playa desierta, no habíamos tenido jamás una semana así en nuestras vidas.
El experimento ha sido un rotundo éxito. La mayor parte del tiempo he estado fuera de las redes sociales. He ido al cine y he usado el teléfono móvil como vía de escape, pero ha sido solo un par de veces.
He andado 103.321 pasos, casi un 50% más que mi objetivo semanal: 70.000 pasos. Antes, el reflejo habitual era entrar en twitter, leer artículos o echar un vistazo a mi blog. Esta semana la alternativa fue estirar las piernas o quedarme mirando pasar la vida por la ventana.
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He hablado algo más por teléfono. No había prohibido esta posibilidad y por eso la he empleado más, a pesar de que no me gusta hablar mucho por teléfono.
Las noches se han hecho más largas. No podía ver películas, escuchar música o consultar páginas web así que ha habido más tiempo para la contemplación.
He tenido mucho para no hacer “nada”. Pero es difícil no hacer nada, así que como es habitual me he lacerado con acontecimientos pasados y anticipaciones futuras. Eso fue sobre todo al principio; según pasaban los días mi mente se ha estabilizado y he puesto en práctica algunas de las ideas de la atención plena: contemplación sin juicios, de forma abierta y con curiosidad de mis productos mentales, sin intentar eliminarlos, transformarlos o querer que permanezcan, simplemente dejándolos estar.
Han surgido muchas ideas relacionadas con el trabajo y con el no trabajo. El tiempo de no actividad explícita y liberado del fragor de las redes sociales me ha permitido considerar con mayor perspectiva mis actividades diarias. He obtenido una visión de pájaro estratégica sobre muchos asuntos.
Han surgido multitud de tentaciones, en especial en los primeros días. Una vez que me he acostumbrado, la tentación de volver a internet o las redes sociales ha remitido.
Tras el experimento he comprendido el artículo de Anca Balaj, Silencio y descanso, en el que anuncia su decisión de dejar de ver películas por la noche tras sentir cómo el tiempo se transforma si disminuyes el ruido:
[…] Desde que no veo esta película diaria, el tiempo se ha trasformado (sí, el tiempo, toda mi percepción del tiempo, no sólo el tiempo que ocupaba la película) y mi estado general ha cambiado por completo, por supuesto a mejor. He vivido de manera distinta: me he pasado una hora y media observando atentamente cómo duermen mis gatos, he conocido a un frutero políglota-mentalista y he cocinado a fuego lento, siendo que yo odio pasar mis horas en la cocina.
Menos tiempo en las redes sociales, leyendo y sujeto a los impactos informacionales ha significado menos procrastinación. Era una consecuencia esperable, puesto que a menudo usamos la inmersión en la vida social virtual y no virtual como forma de evitar nuestras responsabilidades, obligaciones o bien como forma de diferir su comienzo.
Cuando la niebla informacional y social se disipa y te quedas a solas contigo mismo, el camino es claro y la decisión ineludible: das un paso hacia adelante o lo das hacia atrás. Es más difícil engañarse respecto a lo que quieres o no quieres, o a lo que te atreves o no te atreves.
Siento que he vivido más esta semana. Siento que parte de la neblina vital se ha disipado.
[…] ¿Y qué tiene que ver todo esto con la creatividad? Tiene que ver con el fluir. En tensión no fluimos. En estado de nerviosismo y deseosos de nuevos estímulos no prestamos atención a los detalles, que son los nutrientes de la creatividad. No descansamos y perdemos concentración. Para crear se necesita silencio y descanso.
He decidido aumentar los espacios en blanco en mi vida. Ya tengo el shabbat, así que añadiré a partir de hoy algunas tardes-noches en la semana como espacios de silencio y contemplación.
Y ahora es tu turno, si aceptaste el reto en todo o en parte, ¿qué has observado y sentido durante el tiempo libre de redes sociales y medios de comunicación de masas?
¿Se te estaba quedando corto el curso de perseverancia? ¿Demasiado fácil hasta el momento?
Ten en cuenta que Homo Minimus es como un buen texto universitario de matemáticas o de ciencias norteamericano: empiezo con lo muy básico, parece que subestimo al lector o escribo para niños, explico con detalle y con muchos ejemplos, me aseguro de que se comprende lo sencillo; pero una vez que los fundamentos están consolidados y las ideas principales han penetrado hondo, añado más y más conceptos y retos más demandantes.
Para la misión de esta semana tendrás que convertirte en un héroe en mangas de camisa. El camino hacia convertirte en un Caballero Jedi no es para los débiles de espíritu…
Durante esta semana el reto es gigantesco. Es posible que nunca en tu vida hayas experimentado un solo día libre de medios de comunicación, tv, radio, periódicos o de libros; y más recientemente tampoco habrás estado libre de internet (blogs, youtube, periódicos digitales…) o redes sociales (twitter,, facebook, foros, whatsapp, instagram…).
Di adiós al iPad, al iPod, al whatsapp, al libro electrónico y a leer libros o artículos en el ordenador, el laptop, el móvil o en papel. También están prohibidas las películas y los videos de todo tipo. La única excepción es el uso necesario para el trabajo que te da de comer. Pero tienes excluido completamente medios de comunicación de masas, internet, lecturas y redes sociales para ocio y entretenimiento.
Como beneficio colateral derivado de eliminar las armas de distracción masiva, liberarás un montón de tiempo para estar con personas de carne y hueso y el probable aburrimiento te ayudará a buscar formas creativas de llenar tus horas.
Quizá no desees llenar el tiempo con nada y descubras los beneficios de la contemplación y simplemente ser. Después de todo, eres un ser humano, no solo un hacedor humano.
Todos estamos actualmente infoxicados, somos infoobesos, esta misión no es fácil, creo que necesitamos un apoyo y un compromiso especial. Por eso, te pido que si decides aceptar el reto de esta semana, anuncies tu determinación en los comentarios de este artículo. Después de anunciar tu compromiso, no vuelvas a este blog hasta el próximo domingo a las 22:00 de la noche de tu país.
La misión de esta semana consistía en permanecer al menos un día sin comer nada durante 16 horas.
6 días sobre 7 no desayuné. A veces, fueron 14 horas de ayuno, otros días llegué a las 16 horas. No me supuso gran esfuerzo, pero yo ya he practicado este ayuno bastantes veces en el último año, así que no puedo hablar por el resto de los cursillistas.
Estamos poco familiarizados con el hambre. Creemos que no podemos pasarnos una o dos comidas sin desfallecer. Si eso fuera verdad, nuestros antepasados lo hubieran tenido difícil para sobrevivir. Los entes biológicos estamos preparados para variaciones e incluso prosperamos con ellas. Un poco de variación no nos suele venir mal, siempre que no sea extrema.
Para mí el descubrimiento más importante derivado de la práctica del ayuno es que el hambre es una sensación «impermanente», por usar la terminología budista de la atención plena. Dura unos minutos, se hace intensa en algunos momentos, pero pasado un cuarto de hora o poco más deja de molestar. Es una excelente práctica para estar con una sensación demandante, apremiante, tomar conciencia de ella y dejarla estar, sin intentar reprimirla o satisfacerla inmediatamente. Ha sido otra buena oportunidad para aprender a convivir con la incomodidad. Aunque esta sea física, es generalmente soportable.
¡Qué gran libertad hay en ser capaz de hacer las cosas que no te apetecen! El horizonte vital se expande, lo que antes no era posible se vuelve probable.
En la tercera reencarnación, cuando entrenemos el hábito del ejercicio y consigamos instalarlo permanentemente en nuestra rutina diaria, vamos a seguir enfrentándonos a la incomodidad de raíz física. De todos modos, es difícil saber dónde acaba lo físico y empieza lo mental. Creo que parte de lo que llamamos «hambre» muchas veces tiene que ver con sentirse ansioso. En la práctica de atención plena de la primera reencarnación, un bocado cada vez, tuvimos la oportunidad de ralentizar la ingesta de comida y saborear las sensaciones. Esta misión ha sido un paso más para familiarizarnos con nuestras sensaciones internas y nos vendrá muy bien en el curso de ejercicio físico de la tercera reencarnación.
¿Ayunos y shabbat?
Estoy considerando el introducir más a menudo los medio-ayunos en mi semana. Descarto que forme parte de mi shabbat, que ya practico regularmente 24 horas a la semana entre dos puestas de sol (la del viernes y el sábado; y a veces, la del sábado y el domingo).
El shabbat es un espacio para la contemplación espiritual y el deleite de los sentidos, así que lo más probable es que mi faturday semanal coincida con el shabbat. La mayor tranquilidad de ese día promoverá un consumo de comida responsable.
No importa lo lento que vayas con tal de que no te detengas.
~ Confucio
Espero que a 31 de diciembre de 2014, gracias al curso de perseverancia y el entrenamientoque durante todo este año los psiconautas (o exploradores del ser) llevamos a cabo en el blog, estos sean mis comportamientos, pensamientos y emociones:
Comportamientos
Soy capaz de mantener planes a largo plazo de semanas, meses y años. Sostengo el compromiso y la motivación durante mucho tiempo, a pesar de los inevitables bajones anímicos y resultados frustrantes. Personifico lo que Carol Dweck llama «mentalidad de crecimiento«. Cuando las cosas se ponen complicadas redoblo mi esfuerzo y mi compromiso. Me rodeo de personas de las que puedo aprender y con las que puedo crecer. Pido ayuda resueltamente sin importarme la imagen de debilidad que puedo proyectar. Hago un montón de cosas incómodas todos los días con alegría. Aprovecho cualquier oportunidad diaria para tonificar mi capacidad de autorregulación. Me muestro mucho más audaz y explorador. Si para dominar una materia debo soportar mucha incomodidad, la soporto. Puedo estar durante semanas y meses intentando dominar los aspectos básicos de mi disciplina hasta que se convierten en segunda naturaleza. Busco las actividades de alto valor.
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Pensamientos
Cuando me esfuerzo por vencer un obstáculo y pongo toda mi atención, la incomodidad es la señal de que me estoy volviendo más capaz, más inteligente, imagino mi cerebro creando nuevas conexiones entre neuronas y mi inteligencia expandiéndose. La inspiración me encuentra trabajando. Cuanto más trabajo, más talento tengo. Interpreto la incomodidad como una señal de que estoy haciendo algo importante o valioso. Si algo no cuesta, no es difícil, no me genera una cierta incomodidad al principio, pienso que no estoy avanzando. Mi foco está en la actividad, no en lo que la actividad y sus resultados dicen de mí. No necesito estar preparado ni tienen que darse las condiciones perfectas para empezar o para seguir trabajando en algo. Si no hay incomodidad me pregunto si estaré haciendo algo mal o habré dejado de avanzar. Pienso que las actividades de alto valor conllevan, al menos durante un tiempo, un esfuerzo importante. Quien tiene algún éxito es porque ha tenido muchos fracasos y ha cometido muchos errores: no hay otra forma de aprender. Soy un ser que aprende y se entrena.
Emociones
Sensación de autoría, de autoeficacia, el centro de control está en mí, no en las circunstancias, las dificultades me vigorizan. Las dificultades me hacen sentir más vivo, más alegre. Conecto emocionalmente el esfuerzo en el presente con valores y resultados que solo podré ver realizados en un futuro lejano. Experimento la satisfacción de avanzar lentamente y el gozo del aprendizaje y los éxitos pacientemente alcanzados. Disfruto con el proceso.
Piensa en los problemas más importantes de tu vida –desde la ansiedad hasta la falta de ejercicio regular, una mala alimentación, la procrastinación y otros–.
Casi cualquiera de estos problemas es causado por el miedo a la incomodidad.
La incomodidad no es dolor intenso, es solo la emoción que tienes cuando sales de tu zona cómoda. Para mucha gente comer verduras es causa de incomodidad. También el sentarse para meditar o sentarse con una tarea difícil delante de uno o decir No a otros o hacer ejercicio. (Por supuesto, distintas personas se sienten incómodas con cosas diferentes, pero ya sabes por donde voy.)
Y a la mayoría de la gente no le gusta la incomodidad. Escapan de ella. No es divertido, ¿así que para qué hacerlo?
El problema es que cuando escapas de la incomodidad siempre, te estás restringiendo a una pequeña zona de comodidad y por eso te pierdes gran parte de la vida. De hecho, la mayoría de las cosas mejores de la vida. Y pierdes la salud, porque si comer comida saludable y hacer ejercicio es incómodo, entonces optas por las comidas cómodas y no moverte mucho. Tener poca salud es también incómodo, así que buscas distraerte de esto (y del hecho que estás endeudado y tienes demasiados trastos, etc.) con la comida y el ocio y las compras (¡como si comprar fuera a resolver todos tus problemas!), y esto a su vez hace que las cosas se pongan peor.
Sorprendentemente, el simple hecho de estar BIEN con la incomodidad puede solucionar todos esos problemas.
Este es un descubrimiento que hice hace unos pocos años cuando intentaba cambiar mi vida.
Intenté dejar de fumar, pero odiaba el sentimiento de sentir grandes deseos de fumar y no poder fumar. Era muy incómodo resistir ese impulso tan fuerte. Mi mente se resistía, intentaba inventar toda clase de racionalizaciones para fumar. Mi mente intentaba escapar de la incomodidad, intentaba buscar distracciones.
Aprendí a sentarme y observar la incomodidad, Y cuando lo hacía, increíblemente, no era tan mala. Mi mundo no se acababa, ni mi mente explotaba. Solo era un poco incómodo durante un rato y entonces la vida seguía su curso.
Después observé que ocurrió el mismo proceso con el correr. No quería correr porque era demasiado duro. Mi mente inventaba racionalizaciones, etc. Encontré formas de evitar correr. Después cedí a la incomodidad y no fue tan difícil. Corrí y aprendí a amarlo.
Repetí este proceso para cambiar de dieta (en realidad muchas veces, porque mi dieta se fue haciendo más saludable con el tiempo), para librarme de las deudas y no gastar tanto, para vencer a la procrastinación, para meditar, y así sucesivamente.
Estar BIEN con la incomodidad fue uno de los descubrimientos más grandes de mi nueva vida.
Cómo desarrollar la habilidad de sentir la incomodidad
Si aprendes a ser bueno sintiéndote incómodo, tu vida no tendrá casi límites. No hay una habilidad que aprender mejor que esta.
Estas son algunas cosas que aprendí:
Inténtalo en pequeñas dosis. Siéntate durante 30 segundos sintiéndote incómodo. Si eres reacio a comer verduras, prueba un pequeño bocado. Ponlo en la boca, déjalo ahí 30 segundos. Probablemente, no te gustará mucho, pero está BIEN. No tienes por qué tener una ráfaga de placer en cada bocado. He aprendido a amar las verduras.
Sumérgete en la incomodidad. ¿Te sientes triste o enfadado o estresado o frustrado? En lugar de evitar esas emociones, sumérgete en ellas. Bucea en ellas, acéptalas, quédate en ellas. Lo mismo con la procrastinación: siéntate con la tarea de la que estás escapando y no hagas nada más. Quédate con ese sentimiento de incomodidad. ¿Cómo te sientes? ¿Sientes un dolor intenso? ¿Estás BIEN?
Busca la incomodidad. Desafíate todos los días. Busca cosas incómodas y hazlas. Preséntate a gente desconocida. Abraza a un amigo. Confiesa tus sentimientos. Haz frente a alguien (con una sonrisa). Di NO a alguien. Sal a correr. Prueba un nuevo plato que sea sano.
Obsérvate mientras escapas de las cosas. ¿Qué has estado evitando a causa de la incomodidad? ¿Qué emociones has estado rechazando? ¿Qué problemas tienes que nazcan de la incomodidad? ¿Qué has dejado a tu mente que racionalice? Sé consciente de este proceso y mira si puedes parar de evitar las cosas, de una en una.
Aprende que la incomodidad es tu amiga. No es un enemigo que temer. Realmente es algo bueno –cuando te sientes incómodo estás probando algo nuevo, estás aprendiendo, estás expandiéndote, te estás volviendo más de lo que antes eras. La incomodidad es una señal de que estás creciendo–.
La incomodidad es la razón por la que he decidido llevar a cabo mi Año de vivir sin… –estoy afrontando las cosas que me hacen sentir incómodo (y hasta la fecha estoy dándome cuenta de que no es tan difícil después de todo)–.
Mientras que otros se quedan en la zona de comodidad, yo exploro lo desconocido. Y atesoro la experiencia.
La gente joven está amenazada por el mal uso de las técnicas de publicidad que estimulan la natural inclinación de evitar el trabajo duro prometiendo la satisfacción inmediata de cualquier deseo.
~ Papa Juan Pablo II
Una estrategia para afrontar el trabajo diario es aplicar el consejo «las verduras antes que el postre»
Razones en contra
Como lo que cuesta es empezar, quizá haya que empezar por lo más sencillo, lo que más nos gusta.
Una actividad de baja energía de activación, placentera, hará que nos pongamos a trabajar enseguida y evitemos la postergación.
¿Por qué el trabajo ha de ser duro? ¿No deberíamos hacer que el trabajo fuera más placentero posible?
Las verduras antes del postre parece una política digna de un masoquista.
Si aplicas esta política diferirás lo más posible el momento de empezar porque nadie quiere empezar por lo difícil.
Si empiezas por lo fácil generarás una cierta confianza y sensación de logro que puede aumentar tu motivación y tu nivel de energía; así será más fácil empezar tareas más difíciles.
Razones a favor
Las tareas de alto valor requieren salir de la zona cómoda o familiar. Tarde o temprano tendrás que afrontar esas tareas de alto valor.
Deberíamos empezar con las tareas de alto valor. Hay el peligro de que las tareas de bajo valor (usualmente más fáciles) terminen desplazando a las de alto valor (más incómodas).
Las tareas incómodas de alto valor lo son sobre todo al principio. Una vez que has comenzado a trabajar y estás inmerso en ellas, es más fácil que entres en la zona de flujo. Las actividades más demandantes son también las que más posibilidades tienen de sumergirte en flujo.
Las tareas incómodas y de alto valor, después de superadas, generan una sensación de satisfacción mucho más grande que las fáciles y de menos valor.
Como consecuencia de ello, la motivación en el largo plazo será más grande. A cambio, tienes que vencer el natural impulso inicial a hacer lo más placentero o más fácil.
Para la mayoría de las cosas importantes, el momento siempre es pésimo.
~ Tim Ferriss.
Sumergirse en tareas fáciles es una forma diabólica de procrastinación. Habitualmente usamos las tareas más sencillas como pretexto o excusa para no hacer las tareas verdaderamente importantes. El hecho de hacer algo, aunque sea irrelevante, nos justifica ante nosotros mismos, nos hace creer que estamos en el camino.
Puesto que vas haciendo lo más difícil al principio, las tareas que restan son más y más cómodas y la motivación irá en aumento a lo largo de la jornada. Si empiezas con las tareas fáciles con la esperanza de hacer las más difíciles después, te encontrarás con que la motivación a lo largo de la jornada de trabajo va en decremento constante.
Si comienzas con lo difícil, con lo arduo, según avance la jornada conseguirás tres efectos: a) satisfacción personal por haber hecho lo difícil. b) motivación creciente porque las tareas por delante son más placenteras. c) puesto que tienes un incentivo para acabar antes las tareas, serás más eficaz y ágil acabando las tareas incómodas.
Otra razón adicional es que con esta política de hacer lo incómodo antes que lo fácil estás entrenando tu músculo de la autorregulación. Esto es lo que hacemos todas las semanas con nuestro curso de perseveranciay lo que seguiremos haciendo todo el 2014 en este blog.
Nos vas a comer nada en un intervalo de 16 horas. Es decir, si cenas a las diez de la noche, no podrás probar un bocado hasta las dos de la tarde del día siguiente.
Empieza el lunes. Y si no, el martes. Si lo consigues una vez, prueba a intentarlo otra vez, todos los días de la semana que puedas. Luego pásate por homominimus.com y cuéntanos tus observaciones y descubrimientos.
Yo me comprometo a medio-ayunar todos los días de esta semana para liderar con el ejemplo.
¿Cuántos días de medio ayuno puedes soportar? El desafío está superado si esta semana logras medio-ayunar una sola vez.
El problema de ir demasiado deprisa es que no ves bien el paisaje. No es lo mismo un viaje en carruaje que uno en el AVE, aunque la ruta sea la misma. Lo mismo pasa con la vida, si corres demasiado, no te enteras de los lugares por los que has pasado, porque antes de que lo percibas ya estás en otro lugar con otras emociones.
La misión de esta semana fue practicar la lentitud deliberada. La lentitud no es un plato de gusto. Menos de gusto incluso que el no plato de nuestra próxima misión. La lentitud es un gusto adquirido.
Al menos una vez cada día recordé y practiqué la reducción del ritmo. Aunque fuera una tramo de escalera o diez metros en mi paseo diario. La siguiente expresión ha estado en mi cabeza muchos días: “mente apresurada”. Mente apresurada.
[…] “Vísteme despacio, que voy deprisa”, dice un refrán español. Lo cual no quiere decir: “deja de vestirme: mándalo todo al diablo, porque al fin ya no llego a tiempo”. Sino todo lo contrario: “vísteme con atención, haciendo bien lo que haces, y no pienses en si vamos a llegar a tiempo o no”. Parece una paradoja aconsejar reposo, serenidad dentro de la misma prisa, y, sin embargo, es la única forma de darle batalla, la única solución. Y es posible aunque sea difícil.
O este otro:
[…] Se trata esencialmente de liberar nuestro pensamiento de la confusión que la prisa produce. Se puede dejar que la prisa invada nuestras piernas, nuestros brazos: que alcance a todos los miembros eficaces para servirla. En cambio, hay que poner a salvo nuestra mente, en cuyo terreno hace la prisa sus verdaderos y más lamentables perjuicios, ya que puede llegar a sustituir al pensamiento. Cuanta más prisa tenemos, menos nos damos cuenta de por qué la tenemos.
[…] En un entorno urbano habrán ritmos lentos y rápidos, al igual que en un entorno rural y, puede darse, que el ritmo urbano “lento” se corresponda con el “rápido” rural. Para mí, la dicotomía es: estresado /no estresado. O sea, que puedes mantener un ritmo “rápido” con toda la tranquilidad del mundo. ¿Os parece paradójico?
Creo que el apresuramiento es un fenómeno mental más que físico, pero intuyo que en la mayoría de nosotros la rapidez en el movimiento físico va unido al de la mente.
Eduardo Laporte, en su blog El náufrago digital se hace eco en un artículo esta semana de esta-nuestra-de todos-necesidad de ir más despacio y lo relaciona con sus próximos proyectos creativos:
[…Iré más lento en mis próximos proyectos. Y la perspectiva me alegra, porque intuyo que los resultados pueden ser interesantes y porque al dilatar la permanencia en el proyecto se dilata también la sensación, balsámica, solemne, quijotesca, de estar en el mundo por algo, para algo.
Tim Ferriss ha hablado del faturday, literalmente «día del gordo», para referirse al día de la semana, usualmente el sábado, en que se permite saltar todas sus normas sobre alimentación sana y dieta equilibrada. Por ejemplo, en un faturday Ferriss se permite comer decenas de piezas de pizza, helados y otros alimentos muy sabrosos pero no saludables.
También se le puede llamar «día loco» o algún término similar que haga referencia a su excepcionalidad o carácter de liberación de las propias reglas o normas.
La esperanza no es una estrategia, la suerte no es un factor, el miedo no es una opción.
–Tiene mucho sentido que nos permitamos un escape ante una regla estricta de difícil cumplimiento como es la eliminación de alimentos no saludables o un programa de ejercicios exigente. No es solo un día de descanso sino también una especie de liberación de la disciplina que nos hemos impuesto; es una especie de carnaval personal que nos permitimos antes o después de la abstinencia de nuestra cuaresma personal.
¿Decir no para siempre o decir no hasta el próximo faturday?
Es mucho más fácil mantener una determinación difícil si sabes que la privación no será para siempre; si sabes que hay una válvula de escape que te permitirá satisfacer tus deseos instintivos y bucear en el placer inmediato. Si la renuncia es de por vida, la lucha interior es mucho más grande; si sabes que el «tormento» de la renuncia a la gratificación inmediata tiene fecha de caducidad, conseguirás navegar la ola de la tentación con mayor facilidad.
Con el día loco, evitamos los movimientos pendulares que se producen cuando la fuerza de voluntad o la motivación decae; esos momentos de bajón emocional o motivacional siempre aparecen y pueden echar por tierra todo el esfuerzo anterior.
Efecto bola de nieve y erosión de las metas
Es muy común que tras semanas o meses de esfuerzo intenso, la motivación decaiga, sintamos que hemos avanzado y nos sintamos legitimados para hacer una excepción. El problema con estas excepciones no planeadas es que tienden a multiplicarse y hacer más fácil volver a caer en la excepción: si ayer comiste postre azucarado en la comida o no vas al gimnasio porque no tienes ganas, es más fácil que en los sucesivos días te sientas más legitimado para volver a vulnerar tus propias reglas. Creas un precedente que te hace más fácil vulnerar la norma.
El faturday es una excelente manera de conjurar la pendiente resbaladiza que suponen las excepciones no planeadas y de hacer más soportable la privación.
Es importante cumplir escrupulosamente los faturdays y relegarlos a un día especial dentro de la semana o del mes. Este día puede servir además de acicate adicional para perseverar. Sabes que en un día loco no existe la culpa, que tienes licencia para transgredir todas las reglas, incluso las propias, como en el carnaval, y es una válvula de escape que te reconcilia con parte de tu falible naturaleza humana: el presentismo, la espontaneidad del momento, el instinto.
El día loco fortalece nuestras determinaciones, hace más llevaderas las privaciones y nos ofrece un aliciente adicional para hacer esfuerzos de voluntad.
Hace años vivía en una capital de provincia española, cada pocos meses volvía a Madrid, llegaba en autobús y tomaba el metro. Enseguida el frenesí de la vida de la capital me rodeaba: un marabunta de humanos que correteaban en todas direcciones, subían y bajaban escaleras como si no hubiera mañana, miraban sin ver y apretaban el paso.
Si paras, te convertirás en estatua; corre, conejo, corre.
–Un estudio del 2007 señala a Madrid como la tercera ciudad del mundo en la clasificación de ciudades donde se anda más rápido.
Yo acostumbro a andar despacio, pero era entrar en el metro y sentir que el ritmo había cambiado: ya no estaba en una apacible capital de provincia. Enseguida me contagiaba del entorno y aceleraba el paso para armonizar con mis congéneres. Sentía mi mente precipitarse también. Mi respiración iba más rápido. Me contemplaba desde fuera asumiendo el ritmo de los demás. Hacía una pausa mental y me preguntaba: ¿por qué corro? Si no tengo prisa por llegar a ninguna parte… Todo el mundo lo hacía a mi alrededor. Me paraba y me decía… no tienes que correr. No hay ningún fuego. Nadie te espera dentro de diez minutos. Y ralentizaba el paso, y los humanos de alrededor de repente parecían todavía más acelerados. ¿Dónde iban con tanta prisa?
Piensa en alguien “lento”. Quizá sean estas las palabras asociadas que te vengan a la cabeza: torpe, no muy avispado, ocioso, perezoso, quizá vago, de pocas luces.
En nuestra cultura, ser rápido es sinónimo de ser brillante, enérgico, resolutivo, productivo.
El ideal para muchos es completar sus actividades con rapidez y con eficacia. Si alguien se toma su tiempo al responder una pregunta habiéndola entendido, pensamos que nos está tomando el pelo, nos hace perder el tiempo o es que su sistema nervioso no está bien lubricado. En el colegio nos adiestran para responder bajo presión de tiempo. En cuanto al correo electrónico y las llamadas, las expectativas actuales son que has de estar siempre conectado y responder inmediatamente.
Se trata de hacer todo en menos tiempo, con menos coste y ser capaz de dar respuesta inmediata a cualquier problema o demanda que se presente.
Los medios de comunicación de masas nos dan lo que deseamos, no hay ninguna conspiración: productos que no quieren esfuerzo y que generan satisfacción inmediata, fáciles de digerir, de usar y tirar. La gente quiere novedad, y lo nuevo deja de serlo rápidamente. Aprende a programar en 10 días. Pierde peso en 30, aprende alemán en 6 meses, conoce China en 3 días, etc. Los libros muy gordos ya no son leídos. Las entradas en el blog son leídas en Z, el tiempo medio de permanencia en una página es unos pocos segundos. ¿Sigues ahí?
Durante muchos años he tenido problemas de autocontrol respecto a las golosinas. Una vez que tengo una delante, me es muy difícil, casi imposible, inhibir el impulso y decirme que no. Las teclas evolutivas en favor del azúcar son presionadas ante la presencia del manjar. No resisto la tentación.
Este caballero sabe comer un chupa chups mejor que yo
–Hay evidencia anecdótica de que cuando uno tiene delante un plato de su gusto no ralentiza el ritmo, como sería lo razonable si lo que se pretende es prolongar el placer: si comes más despacio, haces que la comida entre en contacto más tiempo con las papilas gustativas y el olfato; de esta manera, el placer que obtengas de una porción dada aumenta.
Sin embargo, parece que es justo lo contrario: cuanto más te gusta un alimento, más rápido lo comes, menos tiempo pasa el alimento en la boca y de menos tiempo de degustación dispones.
Esta ha sido mi experiencia con el chupa chups, un trozo de caramelo en el extremo de un palito. La forma ortodoxa de tomar esta golosina es chupando el caramelo para que se humedezca y pase poco a poco a la boca. Es una manera lenta de comerlo. El resultado final suele ser una lengua coloreada por el caramelo.
Estas señoritas sí saben comer chupa chups
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Mi comportamiento nunca ha sido el ortodoxo. Hasta hace un par de años nunca tuve la paciencia de chupar el chupa chups y hacer que poco a poco se deshaciera en mi boca. Mi forma era más rápida, más expeditiva: simplemente lo mordía, lo trituraba en mi boca, sentía un festival de sabor en mis papilas, y en cuestión de segundos lo había deglutido y solo quedaba un triste palito sin caramelo.
Lo que podía haber sido un placer de varios minutos, cinco o seis por lo menos, se quedaba en una sensación de poco más de un minuto, si es que llegaba a ello.
Puedo atribuir este comportamiento a la impaciencia o a un temperamento impulsivo. También puedo achacarlo a la dificultad para extender el placer, o, incluso, a la creencia de que en cuestión de comida, cuanto más rápido mejor. Sea cual sea la razón de mi rapidez en devorar chupa chups, golosinas y postres, resulta ser un comportamiento muy revelador, un síntoma claro de una capacidad de autorregulación manifiestamente mejorable.
Del síntoma a la oportunidad
Siendo un problema o un comportamiento indeseado desde el punto de vista del autocontrol, también es una oportunidad de mejorar y entrenar mi autorregulación. Ninguna acción es insignificante como ocasión de entrenamiento.
He dicho que hace poco tiempo fui capaz de mantener un chupa chups en mi boca sin morderlo durante varios minutos, dejando que poco a poco se fuera diluyendo en mi boca. Fue una novedad sentir la sensación de que se iba haciendo más y más pequeño hasta desaparecer.
En materia de autorregulación, la conciencia del comportamiento es el primer paso, el segundo paso es la intención de crear un nuevo comportamiento que sustituya al indeseado. El tercer paso es aprovechar la primera ocasión que se presente para hacer honor a la intención.
Siguiendo este simple proceso de tres pasos he logrado reaprender la ingesta de chupa chups.
Cada nuevo hábito o comportamiento creado intencionalmente es un pequeño triunfo que fortalecerá la capacidad de autorregulación.
«La velocidad puede darte un sentimiento de excitación, y hay lugar para ello en la vida y en la música», dice Kliemt. «Pero tienes que dibujar la línea y no siempre hacer uso de la velocidad. Es tonto beber un vaso de vino rápidamente. Y es estúpido interpretar una pieza de Mozart demasiado rápido.
–Carl Honoré, en Elogio de la lentitud: desafíando el culto a la rapidez
Durante siete días vas a ralentizar el ritmo al que haces las cosas. En esta práctica no establecemos disparadores concretos para acciones particulares, a diferencia de las anteriores. Se trata de que asumas una actitud general de lentitud, de parsimonia incluso.
Sé lento, sé bello.
Para recordártelo, lleva contigo todo el día una tarjeta con el nombre de la práctica o ponte un anillo o una pulsera que te recuerde ralentizar el ritmo al que haces las cosas.
Este reto te sacará de la zona cómoda
Esta práctica es especialmente difícil. Te la propongo para mostrar un ejemplo de un principio o intención general en el que tienes que buscar y detectar las ocasiones en tu vida cotidiana para aplicarlo. Podría convertir esta actitud en un conjunto de reglas o intenciones de implementación, pero en esta semana te dejo el trabajo a ti.
En la primera reencarnación, en el curso de atención plena, llevamos a cabo la práctica de conducción minimalista: con plena atención, con cierta parsimonia, sin querer adelantar a nadie, sin apresurarse por arañar unos metros o unos minutos a los otros conductores. Esa práctica te sirvió para conocer los placeres de la lentitud.
Date cuenta de que saborear los momentos puede ser tanto un ejercicio de de atención plena, como uno de voluntad y autorregulación. Según veremos más adelante, el control de la atención y la perseverancia y la voluntad están inextricablemente unidos. Los tres hábitos que cambiarán nuestras vidas son sinérgicos, se apoyan mutuamente y afectan a casi todas nuestras experiencias vitales.
Durante todo el año 2014 seguiremos entrenando la atención plena y la perseverancia mediante misiones, prácticas y desafíos semanales.
La perseverancia tiene muchas caras, pero en definitiva se trata de hacer lo que hay que hacer y hacerlo cuanto antes.
~ Herman
Como es usual, cuando llega el domingo siento deseos de procrastinar y dejar para mañana (el día más ocupado de la semana es mañana, como ya sabes) el trabajo de escribir la revisión de la práctica semanal de perseverancia.
En los domingos por la tarde la vida parece batirse en retirada, como los supervivientes de un ejército diezmado. Hoy es un día en el que me encuentro con menos energía y con un ánimo más abismal que de costumbre.
Estoy justificado ante el tribunal de mí mismo para dejar para mañana esta revisión de la práctica semanal. Las racionalizaciones siempre suenan muy convincentes: creemos con más facilidad lo que nos gusta creer. Y nada más placentero que pasar la factura del esfuerzo a tus yoes temporales futuros.
Pero me he pasado mucho tiempo postergando y poniendo mi vida a la espera. Es hora de remediarlo. Es hora de practicar la caridad con mi yo del lunes, que de otra manera tendría que cargar con una tarea más. Este artículo me va a llevar bastante más que dos minutos. El entrenamiento semanal de hacer cosas molestas o incómodas que deseo aplazar y que me van a llevar menos de dos minutos me ha permitido ampliar mi zona de tolerancia a la incomodidad. No soy un caballero jedi de la perseverancia. Pero estoy en camino.
La regla de los dos minutos se justifica en que cuesta menos hacer las cosas en el momento en el que surgen que clasificarlas o dejarlas para más adelante e introducirlas en nuestro sistema de organización de la acción.
No la aplico si estoy en medio de un pomodorode trabajo intenso; se trata de que los miles de interrupciones importantes y baladís dejen de estrellarse como meteoritos en la superficie lunar de mi conciencia.
El pomodoro es la esfera protectora que me protege de los impactos internos y externos. Así que si en mi mente surge algún deseo de hacer algo o alguna preocupación que pueda convertirse en acción lo que hago es tomar nota de ella y afrontarla más adelante; con esto evito que siga revoloteando y se convierta en una U.P.A (unidad permanente de atención).
Pero si no estoy en medio de un pomodoro y surge una acción que he de hacer y que no va a llevar mucho tiempo (quizá dos minutos), la hago. La hago sin más. No la apunto, no la programo para otro día, no la dejo merodeando en mi memoria a corto plazo esperando mejor ocasión para ejecutarse.
Ejemplos
Acabo de comer, dejo el plato en el fregadero -> Lo lavo
Una llamada incómoda que no durará ni dos minutos -> La hago
Doce mensajes nuevos en la bandeja de entrada de correo -> no los miro por encima para ver cuál llama mi atención y dejo el resto sin eliminar, clasificar o ejecutar. Al contrario, los leo secuencialmente y aplico la regla de la bandeja de entrada de correo virginal.
Dos minutos de meditación que reafirman mi compromiso diario con la práctica porque hoy no puedo dedicarle más tiempo -> En vez de racionalizar y decirme que algo tan insignificante no puede tener valor, me siento y observo mi respiración durante dos minutos.
Alguien escribe un comentario en el blog. Es interesante. Lo leo. Quiero responderlo, pero me entra la desgana, podría comentarlos todos juntos… mañana -> No me va a llevar ni dos minutos, respondo.
Etc.
Me gusta esto de entrenarme para ser resolutivo; he sido un especialista en demorarme en tareas que podrían ser ejecutadas de manera más rápida (o en un mejor orden), y quiero romper con eso.
No quieren los gitanos buenos principios para sus hijos. –Refrán español
No conozco el origen del refrán ni si es verdad lo que expresa sobre las creencias de los gitanos; pero como muchos refranes apunta en una dirección que vale la pena explorar.
¿Por qué no querríamos empezar bien? ¿O por qué querríamos levantarnos o comenzar algo con el pie izquierdo?
La historia de César Rodríguez
Robert Greene en su libro ‘Mastery‘ cuenta la historia de un piloto de combate americano, César Rodríguez, que cuando comenzó el programa de instrucción de pilotos no estaba entre los mejores, los golden boys, los que tienen don o como dicen en inglés «los naturales«. Imáginate a Maverick (Tom Cruise) o Iceman (Val Kilmer) enTop Gun; a estos, el aprendizaje les resulta fácil, captan los procedimientos a la primera, sin esfuerzo, y desde el principio están en las primeras posiciones.
Para los chicos de oro todo es fácil… y esa es su maldición.–
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Para el resto, el aprendizaje es arduo, sometido a mesetas en las que no avanzan o parecen haber alcanzado sus límites. En el caso de nuestro piloto fue así; desde el comienzo del entrenamiento se encontró entre los últimos puestos, a punto de ser expulsado del entrenamiento.
Pero él había sido un buen deportista en el instituto y conocía las virtudes del esfuerzo y de la práctica regular; y por eso perseveró.
No hace falta que siga, ya os imagináis el fin de la historia; en el entrenamiento fue escalando posiciones hasta acabar en el puesto tercero, junto a los golden boys, no sin antes mucho sacrificio. En la guerra del golfo, en la operación Tormenta del desierto, y en posteriores acciones bélicas en Kosovo derribó más aparatos enemigos que ningún otro piloto en la aviación americana de las últimas décadas, lo que le valió el apelativo de «El último as americano». Sobrepasó en rendimiento a cualquiera de los golden boys.
Qué ventaja tienen los que empiezan mal o con dificultades
Rodríguez, según avanzaba en su carrera, notó una brecha respecto a los presuntos naturales: el esfuerzo adicional que tuvo que hacer le permitió desarrollar habilidades de concentración que ninguno de los otros pilotos tuvo necesidad de cultivar; simplemente no las necesitaron puesto que todo les venía fácil y los resultados eran excelentes. Cuando más adelante las cosas se pusieron difíciles, carecían de la excepcional capacidad de esforzarse y de centrar la atención que César Rodríguez había desarrollado a lo largo de los años.
Quizá las dificultades, especialmente las iniciales, sean una bendición disfrazada, y podamos reenmarcarlas como una forma especialmente útil de proporcionarnos un entrenamiento emocional y mental de calidad excepcional. Seguramente, también estas dificultades iniciales nos hagan más conscientes de nuestras limitaciones y sean un buen antídoto contra la grandiosidad o la soberbia que amenazan a cualquier persona que alcanza resultados extraordinarios.
Haber sufrido a lo largo del camino y haber sentido que has tenido que ganar cada pequeño éxito pagando un precio, nos permite desarrollar una mentalidad de crecimiento, nos hace estar mucho más en guardia y desarrollar un agudo sentido de la realidad: la de nuestras limitaciones actuales y la del esfuerzo necesario para superarlas.
Mañana es siempre el día más ocupado de la semana.
Rocky, abrumado por las dudas, la responsabilidad y el cansancio, dice a su sparring y entrenador: «mañana, seguiremos mañana.»:
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Este es nuestro reflejo habitual ante una situación de presión o cansancio, nuestro modo por defecto. En una situación muy estresante, o cuando nuestras energías están bajas, muchas veces puede ser lo más aconsejable.
Pero sospecho que en la vida cotidiana usamos ese «seguiremos mañana» no como una retirada táctica, para reponer fuerzas, sino como una evasión del esfuerzo de hoy. Nos lo podemos justificar o «vender» como un aplazamiento necesario, pero en lo más profundo sabemos que no es más que una retirada no muy honrosa del esfuerzo presente.
El hoy, la acumulación de hoys, termina convirtiéndose en nuestro mañana. Y una cosa es cierta, mañana siempre llega.
Un día que no dediquemos a nuestro objetivo o proyecto es un día más que tardaremos en alcanzar la meta. Siempre que dices «mañana» y abandonas, estás alejando el día de llegada, la línea de meta. Entre las personas más eficientes, productivas y exitosas que he conocido siempre he encontrado el sentido de urgencia de actuar en el día y de no postergar la acción. Esta debería ser nuestra actitud: la actitud de trabajar intensamente en el día en curso a pesar de las dificultades, las desganas o las racionalizaciones.
Nuestro entrenamiento de la fuerza de la voluntad o de nuestra capacidad de autorregulación debería estar también caracterizado por esta orientación al presente, a hacer el esfuerzo en el aquí y en el ahora. Porque nos guste o no el mañana siempre llega y depende de muchos hoys trabajados con dirección e intensidad. Puede que no tengamos un entrenador que nos lo esté continuamente recordando; por eso hemos de ser nuestros propios entrenadores y animadores y gritarnos:
«¡Hoy es mañana!, Rocky, ¡hoy es mañana!»
Podríamos convertirlo en nuestro mantra personal para mantener el esfuerzo en el momento en que estemos tentados a aplazar o postergar el trabajo o el esfuerzo que nos hemos propuesto al comienzo del día.
En la primera reencarnación practicamos la atención plena. el estar presente en nuestras propias vidas.
En la segunda añadimos la perseverancia, el hacer lo que tenemos que hacer sin importar cómo nos sintamos.
En la tercera sumaremos el ejercicio físico, como una forma de estar en el mundo. O alguna otra meta personal de vuestra elección.
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En la cuarta reencarnación del 2014 entrenaremos simultáneamente los tres hábitos que cambiarán nuestras vidas
La aventura acaba de empezar. De hecho, empieza cada día, cada reencarnación, cada instante.
Si conoces a algún psiconauta amigo o conocido que pueda beneficiarse no dudes en reenvíarle el enlace a la página o reenvíarle la carta a suscriptores. Si quieres apuntarte, puedes hacerlo en la pestaña «Curso de perseverancia» del blog.
Los aventureros y sus razones
A 6.5.14, esta es la lista de 53 personas comprometidas públicamente con el curso de perseverancia y aquí están sus razones:
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Soru, a la que tambien le hace mucha falta y este año es su año.
Olga, que da gracias por el cambio.
Maruska, porque su vida está estancada y dice llevar años en la casilla de salida.
Herman, porque no se le ocurre un hábito más interesante que el hábito de hacer lo que hay que hacer.
Sandamaya, porque aunque cree que tiene fuerza de voluntad, piensa que nunca está de más mejorar.
Kenpachi, ya que procrastina a menudo.
María del Carmen González, porque tiene la tendencia a abandonar emprendimientos o proyectos cuando se pone difícil el camino.
Sergio G, porque ha pasado mucho tiempo tratando de encontrar libros y prácticas que le permitan crecer. Ha sido revelador el encontrar que no necesitaba más, sino menos.
Fscari, porque está logrando cambios perceptibles en su persona.
Alberto, porque le gustan los cambios de pequeñas cosas poco a poco, y porque le hago mucha gracia (!!!)
Joan, porque lo necesita, dice ser el «rey de la procrastinación».
Violeta Pencistora, porque está en una etapa de cambio en su vida profesional y necesita ayuda y herramientas.
Susana, ya que necesita hacer cambios en y cree que este curso le ayudará.
Marco, porque seguiremos a ver si con perseverancia acabamos todo el curso de todo el año.
Elviraf porque el balance es muy positivo gracias a la guía del curso anterior.
Vicky Muns, porque en su caso a veces la perseverancia vuela.
Tremendosky, porque está intentando aprender toda esta martingala de la atención plena, la perseverancia, etc., por si pudiera pasarse el resto de su vida reencarnándose (cada tres meses, cada dos horas, en este mismo segundo…).
Antares, porque este hábito es de los más útiles y necesarios para conseguir nuestros propósitos.
Laura Garpri, porque es una magnífica experiencia.
Ccuencawp, por varias razones.
Cavelupum, porque en su anterior “reencarnación” pudo sacar provecho del curso.
Ainhoa, porque le gusta asumir nuevos retos.
Ogulnio, porque perseverar no es ni mucho menos su fuerte.
Maria Antonia, porque libra grandes batallas contra la perseverancia.
Carmenchumaria, porque le falta lo de la perseverancia.
Mabel, porque es muy poco perseverante y espera aprender tanto como en el primer trimestre y hacer que su consciencia este aquí, hoy y ahora más veces.
LuzdeYoga, porque cree que este curso le puede ayudar a ser más constante en sus tareas y también a centrarse más y conseguir sus objetivos, ya que hay muchas cosas que le llaman la atención y comienza una, luego otra… y luego le cuesta terminar con la primera y así sucesivamente entra en un bucle sin fin…
Gallego, porque le ha encantado la primera reencarnación, aunque no ha sido todo lo perseverante que hubiera querido, así que esta segunda le viene que ni pintada.
Cereza, porque pide una reencarnación doble de queso y cerveza y porque con el compromiso público espera llegar al postre.
Veronik LoGu, porque el primer curso le ha ayudado mucho después de pasar por una etapa difícil y quiere aprender a mantener estos avances que tan bien le han ido.
Somos Reding, porque le gusta eso de “Hacer lo que tenemos que hacer en el momento en que hay que hacerlo, sin importar cómo nos sintamos”.
Cristina, porque… ¡¡¡allá va!!!
KairosFrancisco, porque le vendría bien.
La mujer semilla, ya que quiere hacer las cosas cuando, dónde toca y no posponerlas por mil historias autocreadas y creídas, y porque… ¡¡podemos!! –> Yes, we can!
JotaJ porque lo andado va dando sus frutos y porque integraremos lo aprendido sobre la atención plena con el nuevo hábito y seguiremos desarrollando la plena presencia en nuestras vidas con prácticas adicionales.
Ara Magdaleno, mucho más atenta que antes del curso de atención plena y porque ha disfrutado mucho de la conducción minimalista.
Zelia con Zeta, porque… quiere.
Alsafru, porque los resultados de la primera reencarnación(curso de atención plena) han sido muy satisfactorios.
Balerys, porque las cosas que se empiezan y te van bien hay que acabarlas.
Nooky, porque este proyecto tiene que acabarlo antes de que el proyecto acabe con él.
Jero, porque se ha dado cuenta de que tiene una estrecha relación con la ansiedad.
Roberto Trivinyo: «Porque quiero mejorar, y compartir este viaje personal con todos.».
Luis García: «Por que la única vida que tengo me la quiero gastar bien!»
Hintxu: «Mi motivo: la perseverancia es imprescindible para conseguir cuaquier cosa en la vida que merezca la pena. La felicidad por ejemplo.»
Clementine: «vuelvo al trabajo en breve y esta sensación de plenitud que me invade al vivir en el presente no quiero perderla. A ver si tu curso me ayuda a conservarla y me abre perspectivas nuevas.»
Edwin BiCHoS Mediavilla, porque es necesario complementar la formación que iniciamos a inicios de este año.
Freden: «porque aprendí mucho con atención plena y estoy llegando aquí, a la perseverancia, lo necesito, tengo tendencia a no terminar muchas cosas que emprendo.»
Homo Minimus, porque es el primero que necesita desarrollar esta habilidad.
1. Si este blog, Homo Minimus, no conecta con tus metas y proyectos más importantes, estás perdiendo el tiempo. Estás infligiéndote comida basura para el espíritu.
2. Aunque este blog no sea precisamente “comida basura” para el espíritu, una colección de clichés o lugares comunes (y esto habría que demostrarlo), existe un coste de oportunidad en la lectura de mis artículos: toda las opciones de lectura alternativas más ventajosas, interesantes y enriquecedoras de las que dispones y a las que estás implícitamente renunciando.
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Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar…
3. Costes hundidos. Es posible que lleves meses e incluso años leyendo este blog. Tuvo sentido en el pasado, pero tu vida ha cambiado: tus prioridades, tus metas, las lecciones ya aprendidas. Sin embargo, sigues leyendo por inercia, porque te da pereza eliminar la suscripción (en cuyo caso te recomiendo que apliques la regla de los dos minutos), porque has desarrollado un vínculo afectivo con el que escribe (en cuyo caso tienes mis bendiciones para dejar de leer este blog). Puede ser que pienses que como has dedicado mucho tiempo a leer estos artículos, sería un desperdicio no seguir leyendo. Pero te engañarías: hay que mirar al futuro, no al pasado.
4. Todo el conocimiento del mundo no sirve de nada sin la acción. Leyendo y no haciendo no haces más que generar la ilusión de crecimiento, aprendizaje y desarrollo, deja de mirarte el ombligo o mi ombligo.¿No estaría tu escaso tiempo y limitada atención mejor empleada en algún otro lugar, en algún otra persona, en alguna acción digna de ese nombre?
5. Mi marketing es minimalista y depende de escribir artículos que lleven al centro capital de los problemas existenciales (ok, soy megalómano, otra posible razón para dejar este blog). Pero nada de lo que nadie escribe es para todos los públicos. Ser para todos los públicos es reducir tu mensaje a una perogrullada o a una tautología muy obvia. ¿Estás seguro de que eres el tipo de persona que puede beneficiarse de lo que escribo?
El minimalismo existencial requiere de una mentalidad de poda permanente. Piensa un minuto, consulta con tu corazón y tu razón y dale al botón de eliminar suscripción al final de este mensaje. O si no estás suscrito, pero sigues el blog, elimina este blog de tu agregador de blogs. Luego, no mires atrás o te convertirás en una estatua de sal. Nuncanízame.
Una vez tomada una resolución voy directamente hacia mi objetivo, derribando cuanto me cierra el paso.
~Cardenal Richelieu
La regla de los dos minutosfue enunciada por el gurú de la productividad David Allen: cuando surge una acción en la mente, hay que hacerla inmediatamente, si va a llevar menos de dos minutos.
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Esta es una versión más inmediata, concreta y operativa del tradicional dicho: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Según David Allen, puede suponer un tremendo aumento de la productividad personal.
Los dos minutos son orientativos. Cualquier regla ha de ser concreta, pero también ha de ser configurable en sus parámetros para adecuarla a las distintas circunstancias. Puede haber contextos en que una interrupción de dos minutos repetida muchas veces sea un Trabajus Interruptus intolerable o puede ocurrir que en vez de esos dos minutos nos podamos permitir realizar esas acciones si no pasan de cinco o de diez.
Una regla siempre tiene una estructura SI <CONDICIONES> ENTONCES <ACCIONES>.
Es importante que las condiciones queden claramente explicitadas para mover a la acción. La concreción aumenta el compromiso con la regla y la probabilidad de recordarla. Cuanto más concreción, más automatismo y menos fricción emocional.
Esta regla de los dos minutos es un buen ejemplo de “intención de implementación”: no solo defines una intención de meta («ser más resolutivo»), además determinas las condiciones concretas de ejecución para así hacer más probable la acción y el logro de la meta. En el curso de atención plena, usamos intenciones de implementación cuando determinamos disparadores o desencadenantes de la acción deseada.
Con este ejercicio pretendo que desarrolles una actitud más resolutiva, que demores menos las acciones ligeramente incómodas.
Como bien señala Raúl Hernández, la regla de los dos minutos no es la que yo he enunciado en una versión muy particular mía. Valga su corrección:
El planteamiento de Allen no es exactamente como dices… no es “cuando surja una acción en la mente”. Allen lo que dice es que cuando surja un pensamiento debemos capturarlo inmediatamente y seguir con lo que estuviéramos haciendo. Es después, durante la fase de proceso (cuando repasamos nuestros “inbox” y decidimos qué hacer con cada una de las cosas que hemos volcado allí) cuando aplica la regla de los 2 minutos en el sentido que dice Iván: si vamos a tardar más en clasificarlas que en hacerlas, mejor hacerlas YA.
El regalo más precioso que podemos dar a alguien es nuestra atención. ~Thich Nhat Hahn
La reacción en estado puro es la reacción ante las palabras de los demás. Ahora no tengo ganas de escribir este artículo. He aumentado el hiato entre el estímulo y la respuesta. No es fácil. Nada fácil. Nada fácil.
Esta semana entrenamos la escucha paciente
–La marca de la madurez es la capacidad de aumentar el espacio entre el estímulo y la respuesta. Pero tengo un compromiso público con los lectores anunciado el 1.1.14. En ese impulso suspendido en el tiempo reside la llave de la libertad. La pereza… la pereza… Gran parte de la fricción diaria surge de las conversaciones con otras personas. Hacer lo que tengo que hacer sin importar cómo me siento. Es sorprendente todo lo que se puede ver si sabes escuchar.
No puedes hacer muchas obras de carpintería con tus manos desnudas; tampoco puedes hacer muchas obras valiosas en la vida con tu cerebro desnudo. Necesitas buenas herramientas.
~Homo Minimus, adaptando una frase de Daniel Dennett
Sabes que estoy determinado a difundir a través de este blog las teorías y prácticas más potentes. Y creo que he dado con una. Esta idea puesta en práctica vale su peso en oro y he decidido compartirla con todos los suscriptores del blog.
Si quieres los detalles, puedes releer el libro. Puedes encontrar esta estructura en cualquier libro sobre hábitos y autorregulación y en muchos libros de autoayuda.
Dificultades en la formación de hábitos siguiendo este esquema
Cualquiera que haya intentado formar hábitos conscientemente sabe que no es tan fácil como aparece en los libros y en los blogs y que es muy fácil fracasar. Puede llevarte varios intentos, Dios y ayuda el instalar un buen hábito en tu vida. Las resoluciones de principio de año empiezan con fuerza pero la tumultuosa vida termina echando por tierra nuestras mejores intenciones.
Es difícil determinar un buen disparadero que inicie la acción. Luego no es tan sencillo recordarlo cuando aparece y asociarlo a la conducta que quieres convertir en hábito.
En cuanto a la recompensa, requiere un esfuerzo consciente determinar la recompensa más adecuada. Y muchas pierden su brillo una vez repetidas. Hasta que disfrutamos de un hábito con su mera práctica y se convierte en automático puede pasar mucho tiempo. Si no perseveramos, nuestra determinación se diluirá antes de que hayamos consolidado el hábito.
La dificultad está en encontrar un buen disparadero, uno que se produzca diariamente, y en aplicar una recompensa que no pierda el brillo con el tiempo, que sea fácil de aplicar, no consuma mucha energía mental o necesite preparación y suceda casi inmediatamente después de la acción que queremos convertir en automática.
Mi hack para formar hábitos
En esencia: introduce una acción entre las dos tapas del “bocadillo” Necesidad – Acción que satisface necesidad. Este es el proceso:
Elige un disparadero, a ser posible físico, que se produzca todos los días invariablemente, que exista mientas estés vivo . Este disparadero es una sensación física unida a una emoción fuerte, generalmente desagradable que necesita ser satisfecha. Ejemplo: sueño, hambre, sentirme sucio
Elige una acción que quieres convertir en hábito y la introduces entre el disparadero y la satisfacción de la necesidad (que genera la recompensa).
Determina que solo satisfaceras la necesidad unida a la sensación desagradable del disparadero si cumples la acción.
Lo mostraré con un ejemplo:
Disparadero: por la mañana me siento somnoliento, poco limpio, entumecido. Esta es la señal que iniciará la acción.
La acción que quiero convertir en automática es meditar al menos diez minutos todos los días. Medito diez minutos.
Recompensa: Después de ducharme me siento limpio, fresco, despierto y con energía. Esta sensación se asociará poco a poco con la meditación y constituirá su recompensa. La ducha quedará inextricablemente unida a la meditación. me ducharé solo si antes he meditado diez minutos. Si no medito diez minutos esa mañana, no me ducho. Y soy implacable en seguir esta regla.
Es importante asociar inequívocamente meditar diez minutos con ducharse y sentirse limpio y fresco. Si no medito, no me ducho. Es importante que la inacción tenga un pequeño “castigo”.
El disparadero (soñoliento y sensación de suciedad) y la recompensa (ducha, limpieza, frescura) forman parte ya de mi rutina habitual diaria. No tengo que preocuparme de diseñar y recordar disparaderos y recompensas y memorizar asociaciones disparadero-acción.
Estoy introduciendo la acción que quiero convertir en hábito entre dos sucesos que ya ocurren diariamente.
Si un día no medito por las razones que sean, incluso porque no me apetece, no pasa nada. Pero si me privo de la ducha, tendré una sensación de pérdida: no me voy a sentir fresco, limpio y despejado por no tener la ducha. Echaré de menos la recompensa.
El “castigo” por no cumplir el hábito (meditar diez minutos) consiste en la retirada de la recompensa. No se siente tanto como un castigo como una pérdida de una oportunidad de placer (la ducha).
No hay tantos disparaderos diarios que vayan seguidos invariablemente de una recompensa. Está el hambre -> comida (3 veces al día al menos), sueño->irse a dormir , ganas de conexión social –> twitter, Facebook. Tendrás que observar la estructura de tu día y los disparaderos que más sobresalgan.
Es importante cumplir escrupulosamente la regla. Si no piensas en ella la lucha por motivarte para construir el hábito desaparece. Puedes liberar energía mental para otros asuntos más interesantes.
Con el tiempo, tendrás una segunda fuente de recompensa: la satisfacción, calma y equilibrio que genera la meditación diaria. Pero percibir la conexión entre meditación y bienestar emocional llevará tiempo. Si tu hábito está bien elegido, añade valor y es funcional, obtendrás recompensas intrínsecas adicionales derivadas de la simple práctica del hábito.
Aplicaciones
En los últimos meses he introducido este hack o truco de autorregulación para consolidar varios hábitos que siempre se me han resistido o que he cumplido de manera irregular.
Los resultados han sido asombrosos. Casi sin excepción he cumplido simultáneamente todos estos hábitos durante varias semanas. Y la sensación de esfuerzo ha sido mínima.
Hambre a mediodía (martes y viernes) -> Gimnasio al menos 25 minutos -> Comida
Ganas de descansar y conexión social – > Escribir al menos 25 minutos en el blog -> Entrar un rato a twitter y leer comentarios blog.
Hambre al final del día -> 10.000 pasos diarios -> Cena
Me he quedado sin comer varios días y en ocasiones he tenido que salir a andar a horas avanzadas solo para poder probar un bocado y no irme a la cama con el estómago vacío. Pero ha sido soportable y un interesante experimento de autorregulación.
El reto
La próxima semana voy a proponer la práctica de la meditación formal para reforzar nuestros hábitos de atención plena y las mini-meditaciones que practicamos en la primera reencarnación.
¿Crees que podrías darle una oportunidad a este hack de formación y consolidación de hábitos?
Escoge una conversación diaria o una persona con la que vas a ser deliberadamente paciente todos los días de la semana.
Podrías practicar una escucha más activa, una conversación más calmada y poner mucho cuidado en nunca interrumpir y permitir que la otra persona tenga más tiempo para expresarse y encontrar las palabras.
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Presta mucha atención al lenguaje no verbal y pon el foco en la otra persona y sus pensamientos y menos en lo que vas a decir o en tu réplica. Si te aburres, porque ya crees que sabes lo que va a decir, crea una historia visual con lo que te cuenta la otra persona y añade sabores, colores, movimientos, olores, a esa historia que dibujas en tu imaginación.
En otra variante de esta práctica prestas atención a la persona que tienes delante y simultáneamente a tu respiración, al menos un par de veces durante la conversación.
Antes de responder a una pregunta del interlocutor, puedes dejar pasar el tiempo de una inspiración y expiración. Así no te precipitarás y tendrás oportunidad de salir del modo automático en la comunicación.
En definitiva, experimenta, improvisa, juega.
Esta misión podría considerarse tanto una práctica de atención plena como de fuerza de voluntad y autorregulación.
Cómo recordarlo: disparador
Ponte una pulsera o una goma elástica o goma del pelo en la muñeca derecha (o en la izquierda, si eres zurdo).
Cuando cumplas la misión diaria de mantener una conversación plenamente presente y seas consciente en tres ocasiones durante la la charla de tu respiración y simultáneamente de las palabras de tu interlocutor, cambias la pulsera o la cinta a la mano izquierda (o derecha).
Este recordatorio es aplicable para casi todas las misiones semanales.
Date cuenta también de que he dicho que la misión está cumplida con hacerlo una sola vez al día. Este es mi criterio de mínimos, el hecho observable fácilmente alcanzable; obviamente, puedes hacerlo cuantas veces quieras al día. Igual hasta te vuelves adicto.
Anuncio (con efecto cliffhanger)
Esta proxima semana, compartiré con los suscriptores del blog en mi carta semanal lo que creo que es el Santo Grial de la formación de hábitos, el bálsamo de Fierabrás, la bala de plata del automatismo en la acción, la panacea a todos los problemas de autorregulación.
Será mi obsequio a los lectores y mi forma de celebrar la primavera.
La misión de esta semana me ha resultado inesperadamente fácil. He recordado todos los días dejar impoluto y ordenado el espacio elegido: el cuarto de baño. He sido un fantasma bueno.
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¡Bien por mí! (-> Aplicando mi política motivacional S.E.C).-
Recompensas incorporadas en la acción y recompensas resultado de la acción
Cómo me gusta esta misión. Últimamente tengo el propósito de poner orden en mi casa y esto me anima a seguir con este propósito. Adelante.
~Marco
Este es el tipo de misiones o acciones que tienen una recompensa incorporada en su acción o al menos muy cercana a su compleción. Me propuse ser muy cuidadoso y dejar todo muy limpio y ordenado a mi paso (-> acción) ; me di cuenta –inesperadamente– de que el actor de ir limpiando y dejando todo tal o como me lo encontré –o mejor– me hacía sentir bien. Además, se convertía en una mini-meditación adicional a las ya planteadas en el curso de atención plena en nuestra primera reencarnación.
La misión de esta semana me ha resultado relativamente fácil para mí. Me considero ordenada, el orden es mi aliado, como dice Herman, el orden me produce bienestar, paz y sensación de control, también me ayuda a mantener el orden tener pocas cosas y prácticas.
Cuando salía del cuarto de baño y contemplaba el orden y limpieza me sentía muy a gusto, experimentaba una sensación de control y compleción (-> Recompensa), aunque fuera en un área limitada de mi vida . Es probable que en el futuro me vuelva más cuidadoso por querer volver a sentirme así de bien.
No voy a imponerme una nueva rutina, mini-meditación o hábito, porque ya estoy inmerso en muchos proyectos y tengo multitud de objetivos. Sin embargo, es probable que algo de lo practicado esta semana deje huella y yo empiece a dejar menos huellas en los espacios que habito o por los que paso.
El poso de la práctica: las conexiones.
Estas prácticas, misiones y retos que vamos completando en estos meses empiezan a dejar poso.
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También me doy cuenta de que todo está conectado o puede estar conectado con todo (-> principio metafísico) . Los vínculos entre la atención plena y la autorregulación, la fuerza de voluntad y la perseverancia se me hacen más evidentes.
Por ejemplo, ser más consciente de las actividades, el vivir no solo en la meta y el futuro, sino también simultáneamente en el proceso y en el presente (modo de conciencia dual), me hace disfrutar más de las «insignificancia» de lo cotidiano: ya sabemos que en los «minutos de la basura» se esconden muchas joyas.
Mucho de lo que hago son medios para fines, pero prestando atención a los medios los convierto también en satisfacciones, no solo en instrumentos para fines ulteriores.
Todas las prácticas de nuestro curso de atención plena han sido misiones o incursiones en territorios inexplorados y ejercicios de voluntad. Prestar atención es un esfuerzo que practicado regularmente fortalece el músculo de la voluntad.
Levantar pesas regularmente en el gimnasio de lo cotidiano
Durante esta semana he sido consciente de mis impulsos evitativos: una toalla mojada que puede esperar a que la ponga a secar, o un lavabo con pelos que puedo limpiar más tarde.
En el fondo todo o casi todo puede esperar (algunos, de hecho, ponemos nuestra vida a la espera, mientras encontramos el mejor momento de empezar a vivir). El problema es que una tarea que queda pendiente, a la espera, es una U.P.A (unidad de atención permanente en la memoria) que mariposea en mi conciencia y me hace sentir mal.
Me he dado cuenta de que limpiar los espacios en el momento en que los ensucio u ordenar los objetos justo después de usarlos me hace mucho más resolutivo. Es un excelente entrenamiento para una de mis reglas de productividad: la regla de los dos minutos de David Allen. También me sirve como un paso de bebé en la batalla contra el monstruo de la procrastinación.
Siento que esta misión se expande o extrapola con facilidad a otros espacios, como la cocina (después de usar un plato lo lavo, evitando que se acumulen) o a otras áreas vitales (en cuanto llega un correo lo gestiono y elimino y evito que siga merodeando en el buzón de entrada).
Agradecimiento: a todos los que seguís el curso basado en Los tres hábitos que cambiarán tu vida y a los que vais a seguirlo o lo hicistéis en el pasado: GRACIAS.
El siguiente artículo de Leo Babauta habla sobre un superpoder personal que estamos entrenando en nuestro curso de perseverancia: la capacidad de experimentar y abrazar la incomodidad en el presente para obtener beneficios y alcanzar metas en el futuro.
La psicología popular te habla de amar lo que haces, disfrutar del proceso y sentirte muy motivado y a gusto en el camino. Esto solo es una parte de la verdad. La otra parte es que lo excelso es tan difícil como raro y que hay muchas actividades valiosas en la vida que no llevan consigo la satisfacción inmediata. Aprender a tolerar e incluso a abrazar la incomodidad es la clave de la formación de un carácter perseverante.
Si quieres retos y misiones que entrenen tu capacidad de soportar la incomodidad, suscríbete a este blog y recibirás artículos y libros que te ayuden a forjar tu carácter.
La zona de incomodidad: cómo dominar el Universo (por Leo Babauta)
[Esta es la traducción al español de un artículo de Leo Babauta aparecido en su blog Zen Habits. ]
La única cosa que no puedo soportar es la incomodidad –Gloria Steinem
De todas las habilidades que he aprendido en los últimos siete años de cambios en mi vida, hay una que sobresale:
Aprender a sentirme confortable con la incomodidad.
Si aprendes esta habilidad, puedes dominar casi cualquier cosa. Puedes vencer a la procrastinación, empezar a hacer ejercicio, mantener una dieta más saludable, aprender un nuevo idioma, afrontar los desafíos y situaciones físicamente exigentes, explorar nuevas cosas, hablar delante del público, dejar a un lado todo lo que sabes y convertirte en un minimalista.
Y esto es solo el principio.
Desafortunadamente, mucha gente evita la incomodidad. Quiero decir que realmente lo evitan—al primer síntoma de él, corren en la otra dirección tan rápido como pueden. Este es quizá el factor limitante más grande para muchas personas, y es por eso por lo que no pueden cambiar sus hábitos.
Piensa sobre esto: mucha gente no come verduras porque no les gusta su sabor. No estamos hablando de dolor intenso aquí, no es una tortura de Guantánamo, sino un sabor al que simplemente no estás acostumbrado. Y por eso comen lo que ya les gusta, los fritos y los dulces y carnes y quesos y cosas saladas y un montón de harina procesada.
El simple acto de aprender a habituarse a algo que sabe diferente –no tan difícil en el gran esquema de la vida—vuelve a la gente insana, a veces con sobrepeso. Lo sé porque yo estuve ahí muchos años. Me volví gordo y sedentario, fumador y con un montón de deudas, con muchos trastos y procrastinación, porque no me gustaban las cosas que me hacían sentir incómodo. Y por eso creé una vida que era profundamente incómoda como resultado.
Lo bonito es: aprendí que un poco de incomodidad no es una cosa mala. De hecho, puede ser algo que con un poco de entrenamiento la disfrutes. Cuando aprendí esto, pude cambiar todo y soy todavía bastante bueno haciendo cambios a causa de esta habilidad.
Domina tu miedo a la incomodidad y puedes dominar el universo.
Evitación de la incomodidad
Cuando la gente está estresada, a menudo se vuelven hacia los cigarros, la comida, las compras, el alcohol, las drogas… Cualquier cosa para librarse de la incomodidad de lo que les está estresando. Y sin embargo, si echas una mirada atenta al estrés, verás que es un miedo infundado lo que lo causa (a menudo el miedo a que no seamos lo suficientemente buenos), y si lo examinamos a la luz del día empezará a desvanecerse.
Cuando la gente comienza a hacer ejercicio después de haber sido sedentarios, se sienten incómodos. ¡Es duro! Te puede dejar dolorido. No es tan fácil como no hacer ejercicio. No es algo que estén habituados a hacer y tienen miedo de hacerlo mal o parecer tontos. Y por eso lo dejas después de poco tiempo, porque es incómodo, cuando realmente no es tan horrible sentirse incómodo por un rato. No estamos hablando de dolor insoportable, simplemente de incomodidad.
Cuando la gente comienza una dieta más saludable a menudo no les gusta –comer verduras y avellanas y semillas de lino y frutas y tofú o tempeh o judías negras no es tan excitante como comer fritos, grasas, salados o dulces. Es una forma de incomodidad cambiar tus papilas gustativas, pero la verdad es que ocurre con facilidad si soportas un poco de incomodidad.
La incomodidad no está mal. Es solo algo a lo que no estamos acostumbrados. Y por eso la evitamos, pero al coste no de ser capaces de cambiar las cosas, no estar sanos, no estar abiertos a la aventura y el caos de la vida en toda su pureza.
Dominando la incomodidad
La manera de dominar la incomodidad es llevarla con comodidad. Puede sonar contradictorio, pero no lo es. Si tienes miedo de la incomodidad e intentas vencerla con una actividad muy exigente, probablemente te rendirás y fracasarás y volverás a tu comodidad. Así que hazlo en pequeñas dosis.
Escoge algo que no sea difícil. Por ejemplo, la meditación. No es tan difícil: simplemente siéntate y presta atención a tu cuerpo y respiración en el momento presente. No tienes que vaciar la mente (solo advierte tus pensamientos), no tienes que entonar cantos extraños, simplemente te sientas y prestas atención. Si no te gusta la meditación, prueba una comida saludable nueva, como el kale o almendras o quinoa. O un ejercicio fácil si eres sedentario, como andar o correr.
Haz solo un poco. No tienes que empezar haciendo 30 minutos de algo que no estás acostumbrado a hacer. Solo un par de minutos. Solo empieza.
Sal de tu zona de confort, un poco. Mi amiga y abadesa Zen Susan O’connell tiene una instrucción favorita de meditación que puedes usar realmente para cualquier actividad: cuando estás meditando y siente el impulso de levantarte, no lo hagas; cuando sientas el impulso de levantarte una segunda vez, no lo hagas; y cuando sientas el impulso de levantarte una tercera vez, entonces levántate. Así que sigues sentado atravesando el impulso, la incomodidad, dos veces antes de ceder a la tercera. Es un bonito equilibrio, ya que estás saliendo de tu zona de confort un poco. Puedes hacer esto con el ejercicio y con muchas otras actividades –empuja un poco.
Observa la incomodidad. Mírate a ti mismo según te vas sintiendo un poco incómodo: ¿estás empezándote a quejar (internamente)? ¿Estás buscando maneras de evitarlo? ¿Hacia dónde miras? ¿Qué pasaría si sigues con ello y no haces nada?
Sonríe. Este no es un consejo trivial. Si puedes sonreír sin sentirte incómodo, puedes aprender a estar contento con la incomodidad con la práctica. Cuando hice el Goruck Challenge en 2011, fueron 13 hora de incomodidad –tobillos ensangrentados, arena en mis zapatillas mientras andaba y corría con más de 60 libras en mi espalda, acarreando a compañeros de equipo y troncos, haciendo flexiones y paso del cangrejo y otros ejercicios, necesitando ir al baño y estando hambriento y helado. Y sin embargo, puse en práctica algo simple: intenté mantener la sonrisa a través de toda esta incomodidad. Es una práctica importante.
Repite esta práctica diariamente. Será extraño, quizá difícil al principio, pero pronto tu zona de confort se expandirá. Si practicas lo suficiente, con distintas actividades, tu zona de confort se expandirá para incluir la incomodidad. Y entonces puedes dominar el universo.
Lo que puedes dominar ahora
Si domina la incomodidad, ¿qué puedes dominar entonces? Casi cualquier cosa.
Procrastinación. Procrastinamos para evitar algo que no es cómodo, pero si aprendes a estar con la tarea, incluso si no es confortable. La incomodidad no es mala. Aquellos de vosotros que estáis atravesando el Módulo de procastinación en mi Sea Change Program estáis aprendiendo sobre el tratar con la incomodidad de continuar con tu tarea importante.
Ejercicio. Evitamos el ejercicio porque no es cómodo, pero si expandimos la zona cómoda un poco cada vez, podemos conseguir que el ejercicio sea cómodo después de repetir un poco.
Escribir. Si quieres escribir pero siempre parece que estás posponiéndolo, eso es porque escribir es a menudo difícil o menos cómodo que mirar el correo electrónico o las redes sociales (por ejemplo). Mantente con la incomodidad y escribirás más que nunca.
Comer sanamente. Es sorprendente cuánto pueden cambiar tus papilas gustativas a lo largo del tiempo, si gradualmente nos acostumbramos a comidas más sanas. Eso significa pasar por cortos periodos de incomodidad, pero no es tan malo en pequeñas dosis.
Meditación. Evitamos la incomodidad de sentarnos y no hacer nada, de enfocarnos en el presente. Pero no es tan difícil, sólo un poco incómodo.
Levantarse temprano. Levantarse temprano significa estar un poco cansado por un rato, pero no es una cosa horrible. Lee más sobre levantarse temprano.
Aprender una lengua/instrumento. ¿Quieres aprender algo nuevo? Eso significa, por definición, hacer algo a lo que no estás acostumbrado, y por eso a menudo lo dejamos antes de dominar esta nueva habilidad, simplemente porque (lo has adivinado) nos hace sentir incómodos. Mantente con la incomodidad, y en no mucho disfrutarás aprendiendo esta nueva habilidad.
Trastos. Los trastos son otra forma de procrastinación. No quitas las cosas de en medio o dejas que se acumule una pila de cosas que no necesitas, porque no es cómodo ocuparse ahora mismo (comparado con, digamos, navegar en Internet o ver TV). Pero ocuparte con algo justo ahora no es difícil una vez que pasa la incomodidad.
Leer novelas. Tendemos a evitar el sentarnos con un libro porque nos atrae algo más cómodo (de nuevo, navegar por Internet). Si nos podemos sentar con el libro y un poco de incomodidad, podemos leer más.
Bandeja de entrada vacía. Otra forma de procrastinación: llegan algunos correos, quizá los miras, pero pospones ocuparte de ellos justo ahora porque es más fácil no hacerlo.
Deuda. Hay una serie de cosas de las que nos tenemos que ocupar que son incómodas: hacer un listado de deudas y facturas, hacer un presupuesto sencillo, hacer cosas que son gratis en vez de comprar, etc. Pero me libré de las deudas finalmente afrontando todas estas cosas y fue maravilloso.
Nuevas aventuras. Mucha gente se queda en lugares en los que se siente cómodo, lo que significa perderse experiencias nuevas que podrían ser un poco incómodas. Incluso cuando viajan, mucha gente se ciñe a las vistas turísticas y la comida a la que están acostumbrados, en vez de encontrar algo extraño pero más auténtico en una tierra nueva. Evitamos conocer a gente nueva, hablar delante de todos, renunciar a los que sabemos, estar abierto a cosas nuevas… para evitar la incomodidad.
Y esto es solo el principio. Dentro de cada una de esas áreas hay muchas cosas en las que puedes trabajar en los próximos años ahora que ya no tienes miedo de la incomodidad y que hay muchas otras áreas de exploración abiertas para ti. La incomodidad puede ser la llave gozosa que te abra todas las puertas.
La incomodidad es gran parte de mi plan maestro. –Jonathan Lethem
Algoritmo
Escoge 3 de las 10 sugerencias de abajo y ponlas en práctica en un mes
Ejecuta la primera
Ejecuta la segunda
Ejecuta la tercera
Tu audiencia se doblará en menos de 3 meses
Si no ocurre lo anterior, anuncia tu ejecución inminente.
1. Pide a todos tus lectores que recomienden tu blog a una persona que crea que pueda beneficiarse.
2. Escribe diez artículos invitados en diez blogs de temática afín o remotamente afín.
3. Escribe un folleto prometiendo el oro y el moro , como Los tres hábitos que cambiarán tu vida, y regálalo a cualquiera que se suscriba.
4. Escribe diez artículos rompedores. Escribe sobre un tema distinto o con un estilo poco habitual en ti.
5. Piensa en las tres ideas más importantes en el área de tu expertismo y compártelas gratuitamente con todo el mundo en tu blog. Estas ideas han de ser tan buenas que te resulte difícil compartirlas gratuitamente.
6. Sigue a 1000 personas en twitter. Luego las dejas de seguir. Un porcentaje de ellas te habrán seguido a ti por reciprocidad. No se darán cuenta cuando tú dejes de seguirlas.
7. Crea un proyecto participativo con tus lectores del blog.
8. Escribe y publica un artículo todos los días durante un mes.
9. Crea un grupo en tu ciudad a través de meetup (solo para ciudades grandes) y convoca reuniones para presentar o exponer al publico interesado tus ideas. Aporta todo el valor que puedas y sé sumamente generoso con tu tiempo y conocimientos.
10. Entrevista a 10 blogueros de éxito y pídeles ideas para doblar/robar la audiencia. Luego pon en práctica 10 de esas ideas en menos de un mes.
–Hasta aquí las ideas convencionales. Ahora 23 ideas menos trilladas. De estas elige un mínimo de 10 y aplícalas al albur de tus vientos emocionales.
Menú gourmet
11. En tus artículos, venga al caso o no, añade una fotografía de una parte de tu cuerpo desnuda. Empieza por una oreja. A partir de ahí in crescendo hasta donde te atrevas. Más partes del cuerpo, más visitas. Inspirado por Juan, de aprenvida, que tiene la costumbre de fotografíar partes de su cuerpo y de mujeres en edad de merecer.
12. Busca dos blogueros de tu entorno que te caigan mal e inicia una guerra incendiaria contra ellos mediante artículos en tu blog y mediante comentarios irónicos o punzantes en sus blogs. Si es necesario, invéntate afrentas y pon palabras falsas en sus labios o en su pluma.
13. Busca a todos los blogueros de tu campo. Envíales un ramo de flores. Entabla una bonita relación de amistad, sin excluir que pueda surgir el amor.
14. Crea un podcast donde hables sobre lo divino y lo humano. A ser posible con otro bloguero más loco que tú o más listo o ambas cosas. Yo he elegido a @Entusiasmadocom de entusiasmado.com y hemos creado satoritime.com
15. Pide a tus seguidores que dejen de seguirte si no te puntúan entre 8 y 10 puntos en una escala de 1 a 10 de calidad bloguera. O si solo te siguen por costumbre, pero ya has dejado de aportarles valor y te repites más que el ajo. Yo pedí a mis lectores que se dieran de baja de mi blog: se volvieron más fieles y mis visitas crecieron como la espuma.
16. Lee o relee los 10 libros principales sobre tu temática. Escribe y publica reseñas sobre todos y cada uno de esos libros.
17. En twitter, dedica una tarde a la semana a un consultorio sentimental para tus seguidorAs.
18. Di que eres experto de algo que no eres. Fake it until you make it.
19. Inicia un viaje por el mundo y ve contando tus experiencias. Hazlo de forma muy vívida. Cuenta tus aventuras. Luego confiesa que todo fue un montaje, que nunca saliste de Albacete.
20. Haz uso de la variabilidad con tus lectores. Por ejemplo, no publicas nada durante tres semanas, y durante las tres semanas siguientes les bombardeas a artículos, algunos días varias veces.
21. Crea una lista de preguntas más comunes en tu blog. Lo importante es que no sean comunes.
22. Invéntate testimonios de lectores que alaban tus servicios, conocimiento, personalidad, bonhomía, etc.
23. Discrepa o insulta a cualquier lector que haga un comentario impar en tu blog. A los comentaristas pares les tratarás con sumo respeto.
24. Acude a los blogs afines y haz un montón de comentarios laudatorios-misteriosos-apocalípticos durante un mes. Intenta añadir valor y que la gente desee saber quién eres y visite tu blog.
25. Haz artículos que sean listas de 3, 33, 333 cosas. Los de 333 muy de cuando en cuando.
26. Muéstrate como un personaje cercano, tierno, cariñoso.
27. Muéstrate como un personaje lejano, que habla desde una olímpica distancia. Saca al cerdo narcisista que llevas dentro y atibórralo de pienso.
28. Sacrifica a un carnero virtual en el fuego de tu ira para ofrendar a las diosas. Suplica que doblen tu número de visitantes.
29. Ten un romance con una bloguera/o de éxito. Difunde tus hazañas en las redes sociales.
30. Vive por y para tu blog. Deja tu trabajo, deja a tu marido, deja a tus hijos, déjate de excusas.
31. Olvídate de las estadísticas durante 3 meses y escribe con el corazón en la mano.
32. Da todos los días un paso virtual en la dirección correcta. Un paso sobre las brasas.
33. Cambia la temática de tu blog, escribe sobre algo que de verdad conecte con el centro capital de ti mismo; los lectores brotarán como un maná digital de debajo de las piedras.
Elige una habitación de tu casa; podría ser tu dormitorio o la cocina o un baño. Durante una semana vas a poner tanto cuidado que cuando abandones el espacio será como si nadie hubiera estado. Vas a ser tan sumamente cuidadoso que va a parecer que eres un fantasma, un ectoplasma, una presencia silenciosa que no toca o modifica los espacios donde habita.
/ Aceptando el reto de la puntualidad a \
\ las 19:36 h /
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~Inclusa
La segunda misión del curso de perseverancia ha sido relativamente fácil para mí. Soy generalmente puntual, aunque tengo tendencia a salir en el último momento posible para llegar a la hora acordada. Si hay algún imprevisto por el camino, atasco en la carretera, retraso de autobús, etc., puedo retrasarme algunos minutos y eso me genera una cierta tensión.
Lo más fácil es salir con un cierto margen de seguridad para estar en la cita un poco antes. El tiempo antes de la cita o entrevista se puede dedicar a relajarse o a movilizar en la memoria toda la información relevante.
La puntualidad genera ante los demás –y también ante uno mismo– una imagen de persona que cumple sus compromisos y que es concienzuda y previsible. Si estás en el ámbito profesional esta imagen es un poderoso activo. Pero el efecto más importante es el efecto que genera en tu autoimagen: alguien que cumple lo que dice, que es capaz de empeñar su palabra, que está bien organizado y que controla su acción y su tiempo. Solo por esto ya merecería la pena ser puntual.
Hacer un esfuerzo consciente por puntual –si no lo eres todavía o no lo has convertido en un hábito– es una excelente entrenamiento para la autorregulación y el autocontrol. Has de observar tu comportamiento, los obstáculos que se interponen en tu camino hacia la puntualidad, definir planes de antemano para evitar la impuntualidad y reforzar periódicamente la intención.
–
¿Qué he aprendido o re-aprendido esta semana sobre autorregulación?
1. La gente, al menos en hispanoamérica y en España, no suele ser muy puntual. En Perú hace 7 años el gobierno promovió una campaña por la puntualidad llamada «La hora sin demora». En una de las presentaciones oficiales de esta campaña el representante del gobierno… llegó tarde.
Suelo ser bastante puntual y tiendo a llegar casi siempre antes de la hora, no me preguntéis por qué, creo que es una manía. He observado la puntualidad de los demás a lo largo de la semana y cuál ha sido mi sorpresa de que sólo una persona de 6 ha sido puntual…más que yo incluso..:-) ~Sandamaya
2. Es importante saber por qué haces las cosas, cuáles son tus motivos para hacerlas. Es el famoso «Si sabes el porqué, encontrás el cómo». A diferencia de las prácticas de atención plena que propuse en el primer trimestre, las misiones o desafíos de esta reencarnación no tienen que convertirse necesariamente en hábitos (la puntualidad sí que sería un buen hábito, pero el quedarse mirando al plato antes de empezar a comer dos minutos no).
El propósito de las misiones es fortalecer el músculo de la voluntad poco a poco con misiones de dificultad ascendente. Ten en cuenta, durante el resto de esta reencarnación que los esfuerzos semanales van a tonificar tu capacidad de autorregulación y en ocasiones van a profundizar atención plena o se van a valer de las habilidades de atención plena que ya dispones.
3. Es importante establecer recordatorios o señales que nos recuerdan las intenciones. Estas pueden adoptar muchas formas: el diario de bitácora o comentar en el blog es una manera. Esta semana yo he llevado conmigo una goma elástica en mi muñeca izquierda y cuando durante el día he sido puntual una vez la he pasado a la muñeca derecha.
4. Hay que tener planes de contingencias para poner en práctica las intenciones o para lograr las metas que te has propuesto; quiero decir: no basta con marcarse una meta u objetivo o decir «voy a hacer X», es importante también definir a priori cómo vas a hacerlo, estas son las intenciones de implementación, una técnica fundamental de la capacidad de autorregulación.
No te limites a decir «voy a ser puntual», además crea un plan de contingencia o alguna regla sencilla que te diga cómo ser puntual, por ejemplo: «30 minutos antes de la reunión (señal temporal que puedes establecer con una alarma), recogeré mis cosas y saldré por la puerta (acción que facilitará que cumplas tu meta última de ser puntual)».
5. En el test de perseverancia que proporcioné en la carta a suscriptores mi puntuación fue de 1,83 sobre 5. Tengo un largo, muy largo camino por delante.
He definido el minimalismo existencial como una aerodinámica de la acción en la que pretendo reducir la friccióncotidiana. En este blog proporciono las herramientas.
En los últimos días me he sorprendido gratamente por haber controlado reacciones habituales que en otras ocasiones me habrían alterado, metido en discusiones o desvíado de mi camino y mis metas. Tres muestras:
Camarero en un bar
11:11 El camarero se demora en atenderme cuando no hay nadie más en el bar. Me sirve y ni siquiera me mira a los ojos.
Antes:
-> Sensación difusa de fastidio-> Rumia mental «este tío es antipático», «no sabe hacer su trabajo», «que se dedique a otra cosa si no es capaz de hacer sentir bien a un cliente», «no me gusta su calva», etc. -> esperando a nuevas señales de indolencia o de falta de atención -> con nuevas señales o sin ellas le digo: «No veo nadie en el bar. Llevaba cinco minutos esperando. Lo menos que puede decirme es que ahora viene. No sé por qué contratan a gente como usted», etc. -> sensación de victoria. Le he puesto en su lugar -> Me he alterado y no me concentro en el informe.
-> Sensación difusa de fastidio -> conciencia de la sensación, siento acelerarse la respiración cuando empiezo a rumiar, me concentro en mi respiración acelerada, dejo que mis emociones y pensamientos estén, los observo con curiosidad de entomólogo.
-> Pausa -> me calmo, la emoción sigue ahí, pero aparecen otros pensamientos: «decirle lo que pienso de él solo va a aumentar mi fastidio», «ELIGE BIEN TUS BATALLAS» (mantra de control), tengo que concentrarme en preparar el informe -> Tomo la coca cola, hago mi trabajo. Cuando he acabado, limpio la mesa, llevo mi vaso a la barra, le miro a los ojos y le pido la cuenta, le doy las gracias y me voy a paso lento aprovechando para hacer una pequeña meditación andando y hacerme consciente de las plantas de mis pies.
Empleado público en el gimnasio municipal
13:42 Voy a hacer algo de ejercicio. El tipo de la recepción (dumbworker) al que tengo que presentarle la tarjeta está consultando su smartphone.
Antes:
-> Pienso: «verás como no levanta la mirada» -> me pongo a un metro de él. Le miro impasible. Sigue consultando su teléfono. Sigo parado impasible -> me exaspero, me siento despreciado, «funcionario indolente, vago, maleducado» -> la vena palpita en mi sien
-> Digo: «No sé a qué esperan a poner tornos automáticos para que a tipos como usted pasen a la cola del paro y sigan siendo tan inútiles como siempre pero al menos no les tenga que ver la cara» -> Disputa verbal -> Posible escalada -> Le pido su nombre y le digo que voy a hablar con su jefe y presentar una queja formal.
Hoy:
-> Pienso: «verás como no levanta la mirada» -> me pongo a un metro de él. Le miro impasible. Sigue consultando su teléfono. Sigo parado impasible -> me exaspero, me siento despreciado, «funcionario indolente, vago, maleducado» -> la vena palpita en mi sien
-> Observo el pálpito en mi sien y la respiración acelerada -> Tomo nota de mis pensamientos que pasan del empleado público indolente a la ineficiencia del estado y a su coacción organizada.
-> Pausa -> Respiro. Me doy la vuelta y miro por la ventana del gimnasio para retomar la compostura. -> Vuelvo a la mesa de recepción: «buenos días, ¿sería tan amable de pasarme la tarjeta para entrar al gimnasio»», «Gracias» -> Me siento dócil, pienso: «alguien debería poner en su lugar a esta gente». -> Mantra de control: «ELIGE BIEN TUS BATALLAS». -> Entro en el gimnasio y me desfogo en una carrera a un ritmo algo más elevado de lo habitual en la cinta.
Twitter
20:02 Como no he agotado mi cuota asignada de 30 minutos de redes sociales entre las 8:00 am y las 8:00 pm, me concedo un respiro después de una sesión de cuatro pomodoros y entro en twitter.
Leo lo siguiente:
–
–Antes:
-> Sensación aguda de fastidio, deseos intensos de demostrarle que es un ignorante -> Rumia mental: «no tiene ni idea de economía». «¿por qué no crea él una editorial, un sistema de distribución y marketing y se lleva el 100% de los beneficios (si sabe hacer todo eso y tiene beneficios)?» , «me fastidian los lugares comunes, que no piensen antes de hablar», «que escriban para creerse justicieros y morales».
-> Respuesta encendida a su twitter. -> Guerra incendiaria. -> Me altero, se me van 18 minutos en réplicas y contrarréplicas, me siento superior intelectualmente -> Alteración. He perdido la calma mental -> Me cuesta retomar la siguiente tanda de pomodoros y cuando lo hago, mi mente es como un río de aguas turbulentas.
Hoy:
->Sensación aguda de fastidio, deseos intensos de demostrarle que es un ignorante -> Rumia mental: «no tiene ni idea de economía». «¿por qué no crea él una editorial, un sistema de distribución y marketing y se lleva el 100% de los beneficios (si sabe hacer todo eso y tiene beneficios)?» , «me fastidian los lugares comunes, que no piensen antes de hablar», «que escriban para creerse justicieros y morales».
-> Escucho retumbando en las bóvedas mentales de mi cráneo: «SÉ COMO EL SÁNDALO..» -> Marco como favorito su tuit. -> Echo un vistazo a los tuits de amigos, leo un artículo interesante y un rato después vuelvo al trabajo dueño de mí mismo.
La puntualidad es la más inútil de las virtudes. Nunca hay nadie allí para apreciarla.
~ Un consecuencialista moral
En esta semana vas a llegar a la hora exacta a cualquier cita o reunión. Completamente puntual, ni antes, ni después.
Para recordártelo y hacerlo más espectacular, te recomiendo no quedar a las horas en punto o a las y media. Concierta tus citas a horas como las cinco y cinco, o las ocho menos diez, o –si eres más audaz– a las tres y veintidós.
–Será un buen entrenamiento inicial para acostumbrarte a cumplir todos tus compromisos: tanto los que acuerdas con los demás, como los que estableces contigo mismo. Un hombre se define por su capacidad de prometer. Y de prometerse.
Nunca habría podido hacer nada sin los hábitos de la puntualidad, el orden y la diligencia, sin la determinación de concentrarme en una sola materia a la vez.
En la primera misión del curso de perseverancia esta semana bastaba con pasar dos minutos delante del plato de comida sin probar un bocado. Idealmente, teníamos que hacerlo toda la semana todas las comidas. Pero en esta primera semana el criterio de mínimos era hacerlo una sola vez.
Pasos diminutos, gradualidad, principio del kaizen. Las cosas grandes tienen pequeños principios.
Voy a ser machacón con los mismos conceptos una y otra vez durante esta reencarnación.
Voy a ser machacón porque los fundamentos son importantes y no podemos erigir un edificio sin haber construido unos sólidos fundamentos.
Voy a ser machacón porque en el espíritu de los tiempos el esfuerzo, la autonegación y el sacrificio no tienen buena prensa.
Voy a ser machacón porque ante la gris fuerza de voluntad se oponen adversarios imponentes que le quieren quitar protagonismo: motivación, pasión, suerte, talento.
Voy a ser machacón porque vamos a ser humildes.
Voy a ser machacón porque creo que no puedo repetir demasiadas veces la necesidad de la gradualidad, el esfuerzo y el avanzar un poco cada día.
Voy a ser machacón porque este curso de perseverancia es un entrenamiento.
Voy a ser machacón porque quiero que tengamos éxito.
Voy a ser machacón porque quiero que llegue el mensaje alto y claro.
Voy a ser machacón porque son pocas cosas las que tenemos que aprender, pero esas pocas cosas son muy difíciles.
Voy a ser machacón porque tenemos que repetir una y otra vez las escalas.
Voy a ser machacón porque quiero os canséis de leer estas líneas y tengáis que esforzaros en seguir leyendo.
Voy a ser machacón porque quiero que se grabe a sangre, sudor y fuego en mi mente y en la vuestra que esto es un entrenamiento.
Voy a ser machacón porque al final del 2014 cuando acabéis los tres cursos de atención plena, autorregulación y perseverancia, y ejercicio físico del libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida no os va a conocer ni la madre que os parió.
En la presentación de la primera misión de el curso de perseverancia, mirando el plato (=permanecer dos minutos delante de la comida sin probar un bocado), he establecido como criterio de éxito que logres cumplir la misión una sola vez en todas las comidas de la semana.
Por supuesto, cuantas más lo hagas, más puntos, pero nuestro criterio de éxito es mínimo: una sola vez en 21 comidas (desayunos, almuerzos o cenas).
A algunos les parecerá ridículo. Dirán que los subestimo y pensarán que vamos demasiado lento.
–
¿Pecamos de poca ambición?
No hay que confundir la gradualidad con poca ambición. Somos ambiciosos en el largo plazo, pero realistas y precavidos en el corto plazo. Es mejor dar un pequeño paso en la dirección correcta y consolidar lo aprendido que intentar abarcar mucho en poco tiempo y olvidarlo en pocos días.
Los pequeños pasos iniciales nos ayudan a vencer la incomodidad que todo cambio supone; también evita que se active nuestro sistema de alerta. Más adelante, podremos aumentar la intensidad de la práctica o la dificultad de nuestras misiones o desafíos.
Todo suma, todo se acumula.
Tenía que haber escrito este artículo el pasado domingo. Sin embargo, he aplazado su escritura hasta hoy martes. Sé que tengo algo que hacer. Algo que es importante para mí. Pero lo postergo. Lo postergo con cierta sensación de culpa y arrastro esa tensión de no hacer lo que quiero hacer durante días. Ni siquiera disfruto de mi vagancia, es una vagancia que duele. La pereza me puede, no soy capaz siquiera de iniciar ningún proyecto ambicioso o que demande sacrificios temporales ante la perspectiva de un trabajo cuyos frutos se dilatan en el tiempo o son dudosos.
O empiezo un proyecto con mucha ilusión: por ejemplo, quiero aprender una lengua extranjera, el francés, pago un trimestre y en seis semanas falto a clase; o decido aprender un lenguaje esotérico de programación y la ilusión de los inicios se desvanece; o comienzo mis clases de baile Bollywood o clases de Taichi y a la tercera semana surge algo más interesante, —de repente es el Tango el baile más exquisito y elegante–; –
Quiero bailar así, pero no quiero parecer torpe ni tampoco sudar para dejar de parecer torpe.
–O empiezo un programa de ejercicio físico el día 1 de enero, y el 8 de enero empiezo a perder fuelle, y lo que era tan saludable y necesario deja de serlo; o simplemente me agoto por el camino, no obtengo los resultados inmediatos que esperaba, pienso que no tengo talento, mi ego sufre, y decido que no merece la pena continuar.
Y me encuentro año tras año aquejado por la maldición de Sísifo: el mismo ciclo de inicio, esfuerzo ilusionado, no resultados inmediatos, trabajo con intensidad decreciente porque siempre aparecen otras metas más apetecibles, sufro la desesperanza y la frustración, olvido gradual mis sueños y los entierro para siempre. Y vuelta a empezar con otra ilusión que terminaré dejando inacabada.
–
No saben que están muertos, igual que mis proyectos abandonados.
Mi vida se puede definir como una sucesión de proyectos y pasiones que empiezan en primavera (o a comienzo de año) con energía y llenos de promesas pero que pronto languidecen, se vienen abajo ante la presión y poco a poco pierden fuelle hasta convertirse en verdaderos zombis que se arrastran por mi agenda durante semanas, meses, años, ya muertos sin saberlo, hasta que se desploman y desaparecen definitivamente de la faz de mis intenciones.
Y sé que no soy el único. Sé que no estoy solo. Hay muchos como yo, igual de frustrados, igual de enfadados consigo mismos, igual de anhelantes de tierras que no se atreven a pisar o que se convierten en espejismos.
Yo estoy enfadado conmigo, otros solo estarán tenuemente molestos, pero todos, estoy seguro, sabemos que podemos ser mucho más de lo que somos y que hay tierras que solo veremos si emprendemos un largo y trabajoso camino.
Hay un proverbio africano que dice que “si quieres ir rápidamente, ve solo; si quieres ir lejos, ve acompañado”. Nosotros necesitamos ir lejos rápidamente. ~Al Gore
Seguimos con el plan
En el libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida planteé la creación de tres hábitos fundamentales con los que estoy convencido que puedes dar un vuelco a tu vida si eres capaz de perfeccionarlos y consolidarlos. En este artículo puedes ver un resumen de esos tres hábitos: atención plena, perseverancia o autorregulación y ejercicio físico.
No importa lo que digan los gurús del crecimiento personal, el éxito y la felicidad: no creo que puedas desarrollar ninguno de estos hábitos fundamentales en unas pocas semanas o meses. Lo sé porque lo he intentado muchas veces y siempre he fracasado.
Por esta razón decidí tomarme un año completo para formar y consolidar los hábitos que debería haber desarrollado mucho antes. Pero, como dice Seth Godin, el mejor momento para comenzar un reto fue el año pasado; el segundo mejor momento es este año. Este es nuestro segundo mejor momento: el 2014.
En el primer trimestre hicimos el curso de atención plena, que nos ayudará en esta segunda reencarnación en el curso de perseverancia. No importa si no fuiste perfecto, si solo conseguiste mantener el esfuerzo en parte: hemos dado algunos pasos y seguiremos dándolos.
El curso de atención plena habrá sido un buen entrenamiento para testar tu perseverancia y todo lo que hayas aprendido te servirá ahora. Si no seguiste el curso, será más difícil, pero puedes incorporarte ahora, tendrás que trabajar más fuerte, pero todavía puedes lograrlo: tenemos 9 meses por delante y todos nosotros podemos ayudarte.
Para los que os incorporéis a nuestra aventura por primera vez y queráis poneros al día
Aquí os dejo gratuitamente el libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida, con el plan del curso de atención plena, curso de perseverancia y curso de ejercicio físico para todo el año y que desarrollaremos en este blog semana a semana a través de prácticas, misiones y desafíos.
Solo pido una cosa: si crees que algún amigo, familiar o conocido puede beneficiarse de él, regaláselo y envíale el enlace a esta página: http://wp.me/pTJ3F-2UA o usa el botón de compartir por correo al final de este artículo.
Si quieres seguir el curso para obtener cómodamente en tu correo las prácticas y misiones, puedes suscribirte (esquina superior derecha). También recibirás el libro anterior y dos libros de Leo Babauta traducidos por mí al español: focus y El pequeño libro de la satisfacción, dos pequeñas joyas del minimalismo existencial.
¿En quién te convertirás tras el curso de perseverancia (y todo un año de entrenamiento)?
En este: –
Verdadero carácter
Para todos, la 1º misión del curso de perseverancia de esta semana:
1ª misión: Mirando el plato
Cuando te sientes a comer, no empezarás a comer inmediatamente. Dejarás pasar dos minutos y solo después empezarás.
Hazlo en todas las comidas del día a durante una semana. Observa la comida, huele, aprecia los colores y respira calmadamente.
Un ejercicio adicional de refuerzo es el siguiente: cuando abras el portátil o el ordenador, quédate mirando la pantalla mientras se inicia el sistema operativo y respira lentamente con atención plena. No hagas nada más. Solo respira.
apúntate un punto por comida, desayuno, cena, etc., en que esperes dos minutos. Al final de esta semana dinos cuántos puntos has obtenido. Si lo haces una sola vez, has tenido éxito en la misión.
No importa lo lento que vayas siempre y cuando no pares.
Más de 130 personas se inscribieron oficialmente y varios cientos lo fueron siguiendo de manera informal.
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Método
A lo largo de 12 semanas fuimos planteando prácticas o pequeños retos de atención plena en la vida cotidiana.
El enfoque que usé fue algo diferente al habitual en otros cursos : nada de ejercicios de meditación formal, incienso y largos espacios de tiempo contemplando los procesos mentales; en su lugar, hemos practicado las mini-meditaciones o espacios de conciencia y calma a lo largo del día con duración de pocos segundos o minutos.
Espero que las hayamos introducido en nuestro día y que algunas de ellas se queden para siempre en nuestra vida y sirvan como un ancla o asidero para la calma y la conciencia.
Si tuviera que resumir muy brevemente el método que estamos empleando, usaría la palabra “gradualidad”. Pequeños pasos, casi insignificantes, pero diarios, que nos acercan poco a poco a nuestro propósito a través de la generación de hábitos.
Si tuviera que integrar el contenido del libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida, diría que tras los tres –atención plena, perseverancia y ejercicio físico– subyace un hábito más general o meta-hábito: la capacidad de diseñar y formar hábitos para moldear nuestras vidas y tomar las riendas de nuestra existencia.
¿Qué ha sido lo mejor de estos tres meses pasados?
La participación a través de comentarios, sus experiencias y ánimos de todos los que han decidido desarrollar la atención plena a través de este curso. He aprendido mucho de todos los lectores y participantes; también me han motivado a seguir hacia delante a pesar de las desganas ocasionales o la sensación de que el progreso era difícil o muy lento.
A todos los que han participado públicamente y todos los que han estado, semana a semana o de manera intermitente, leyendo los artículos, probando prácticas y permaneciendo en silencio junto a nosotros, mi más sincero agradecimiento. Gracias.
¿Y ahora qué?
Tenemos por delante tres “reencarnaciones” o trimestres en las que seguiremos con el plan marcado al principio del año:
2ª reencarnación (abril – junio): hábito de la perseverancia y la autorregulación. Hacer lo que tenemos que hacer en el momento en que hay que hacerlo, sin importar cómo nos sintamos. Mañana lunes comenzamos el curso de perseverancia, al que ya os podéis apuntar oficialmente en la pestaña correspondiente de este blog.
3ª reencarnación (julio – septiembre): hábito del ejercicio físico. Convertirlo en una parte consustancial de nuestra vida, igual que el respirar.
4ª reencarnación (octubre – diciembre): consolidación de los tres hábitos que cambiarán nuestras vidas y perfeccionamiento del metahábito de creación de hábitos.
Aunque hayamos acabado el curso de atención plena, no hemos acabado el entrenamiento de la atención plena. Al contrario, integraremos lo aprendido sobre la atención plena con el nuevo hábito y seguiremos desarrollando la plena presencia en nuestras vidas con prácticas adicionales.
Esto ha sido solo el comienzo. Lo mejor está por llegar. Allá vamos.
En un próximo correo enviaré a los suscriptores de nuevo el test de atención plena para que si lo deseas puedas comparar tu puntuación inicial de enero y la de abril. Yo prefiero esperar a final de año. Pero tú puedes hacer lo que creas más conveniente.
Yo al igual que Toni también hace mucho tiempo que soy consciente de cuándo y cuánto me voy del famoso ‘presente’. Y hace meses que me ronda por la cabeza el porqué de esa insistencia de maestros, gurús, meditadores, terapeutas, bloguistas, gente, etc., de estar en el presente.
¿Para qué estar en el presente cuando éste no te gusta, de qué sirve respirar y centrarte en que tu presente es una mierda? ¿Por qué no soñar con un pasado y futuro mejor? Sí, sí, siempre dicen que en el presente nunca pasa nada, respiras, te centras y todo está bien pero que carai… el presente es todo lo crudo que te toque vivir en ese momento, ¿para qué estar en él? no sé si me explico…
Super HOMO… ¿alguna opinión? Gracias.
–Mercè
Has puesto el dedo sobre la llaga. Al fin una voz discordante. A mí también me fastidia toda la retórica gilipollesca buenista pseudomística relativa al «presente».
No creo que el presente sea necesariamente mejor que el futuro que nos espera ni el pasado que tuvimos, pero sí que me gusta la actitud de paso a paso y de centrarme en lo que tengo entre manos en cada momento. En el futuro hay que estar de cuando en cuando para visionar un futuro deseable y hacer planes; también hay que volver sobre nuestros pasos para aprender de la experiencia (el nombre que damos a nuestros errores), regocijarnos, reconocer lo obtenido, y sentir que tenemos una identidad que pervive en el tiempo.
Pero como creo que nuestro modo por defecto está en el futuro y para algunos en el pasado, para compensar es bueno hablar del presente, el estado de flujo, el volcarse en una sola cosa. De hecho, una vez que uno tiene una visión del futuro deseable es mejor pasar más tiempo haciendo cosas consistentes con la visión que anticipar continuamente lo bueno y lo malo que nos puede ocurrir.
En cuanto a que el presente es una mierda… puede ser, pero comparativamente, seguro que el tuyo y el mío es mejor que el de muchos («mal de muchos consuelo de…») . Yo creo que hay muchas partes que son una mierda, pero hay otras que no lo son tanto, incluso en las situaciones más desgraciadas. El ser humano tiene un sesgo de negatividad que colorea de gris o negro casi todo, pero podemos entrenarnos para que no sea así y tener una percepción algo más ajustada.
Mi antídoto: la relativización
Mercè, sé que los videos que te voy a poner pueden parecer demagógicos o tramposos, pero tienen la virtud de que los que aparecen en ellos son personas reales que tienen muchos motivos –más que tú y yo– para pensar que sus vidas son una puta mierda. Y seguro que lo son en muchos aspectos, pero no en todos los aspectos. Y es esa brizna de luz la que podemos encontrar siempre en cualquier pozo en el que estemos viviendo.
Este tipo tenía 17 años en el 2013 y en una conferencia TED decía que su vida NO era una mierda. Sufría una rara enfermedad que le hacía envejecer muy rápidamente. Murió en enero del 2014:
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Y este cabronazo, que está vivo y se ha casado y tiene un hijo, lo tiene más complicado en cuestión de movilidad que tú y yo:
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Me gusta relativizar todo. Sé que es un truco, pero qué diablos, funciona. Me proporciona perspectiva y me ayuda a ser algo más feliz.
Lo mismo hago cuando el jefe recién ascendido de un oscuro departamento de una empresa insignificante de un país de tercera en un continente de segunda en un planeta enano de un sistema solar periférico de una galaxia del montón en un cúmulo de galaxias de mala muerte en un rincón de un universo que es quizá uno más entre infinitos universos paralelos, me dice que si no sé con quién estoy hablando, por poner un prosaico ejemplo.
Ver de cuando en cuando En la orilla del océano cósmico de la serie Cosmos de Carl Sagan es también otro buen antídoto para colocarnos en nuestro lugar en la escala espacio-temporal del universo:
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ATENCIÓN: EN ESTE ARTÍCULO TODOS LOS COMENTARIOS DE LOS LECTORES SON mucho mejores QUE EL ARTÍCULO DE HOMO MINIMUS.
Observa tus pensamientos sobre el futuro, sobre el pasado, sobre lo que está ocurriendo. No tanto las emociones como el discurso o charla interior que casi siempre está ocurriendo dentro de tu cabeza. Sé consciente, toma nota de ellos, no intentes inhibirlos o bloquearlos o rechazarlos o calificarlos de buenos o malos. Mantén una actitud imparcial, como de notario de la realidad. Si quieres, puedes etiquetarlos de manera descriptiva como: “pensamiento sobre la reunión de esta mañana”, “rumia sobre el comentario desagradable de un compañero”, “pensando en la lista de la compra”, etc.
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Para recordar esta práctica, ponte una pulsera toda la semana, lleva contigo una tarjeta recordatorio, o escríbete en la palma de la mano: “¿Qué estoy pensando?”. Otra posibilidad es avisarte con el móvil mediante citas programadas contigo mismo a lo largo del día.
Poco a poco serás más consciente de la aparición de los pensamientos y de que llevas un buen rato sumido en ellos sin haberte dado cuenta, quizá desviándote de la actividad que tenías entre manos.
El ejercicio de esta semana es mucho más completo que los de las semanas anteriores. Es el primer ejercicio de meditación cuasi-formal que te propongo. Y para él puedes aprovechar una situación cotidiana. Si no tienes coche, no importa: puedes adaptarlo a tus desplazamientos en transporte colectivo o andando.
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Vacía tu mente de todo lo que no sea la acción de conducir. Cuando conversas, conversas. Cuando comes, comes. Cuando conduces, conduces. Está por tanto desaconsejada la radio y la música; y por supuesto el hablar por el móvil. Un alto porcentaje de accidentes son consecuencia de distracciones producidas por ellos.
Tampoco comas, toques a tu acompañante o discutas. No intentes optimizar el tiempo de desplazamiento con audiolibros, cursos de idiomas o cualquier otro medio de exprimir el tiempo de conducción. Cuando conduces, conduces.
● Sonríe, respira y ve despacio. El ritual comienza sentándote calmadamente, abrochándote el cinturón, comprobando los retrovisores y encendiendo el motor. Absolutamente centrado en lo que haces. Metes primera y comienza tu meditación diaria al volante. El foco de tu atención es la carretera y las condiciones del tráfico.
● Sé grácil. Las manos en la posición de las dos menos diez. Siente la textura y temperatura del volante. Introduce las marchas como si interpretaras una pieza musical exquisita. Suavidad y alerta en calma. Atención al tráfico mental interno y al tráfico motorizado externo.
● Sé amable. Como regla general, siempre conduces por el carril derecho, no efectúas adelantamientos, mantienes una respetuosa distancia de seguridad, anticipas los movimientos de tus compañeros conductores, respetas escrupulosamente los pasos de cebra, los semáforos y los límites de velocidad. Estás preparado para cualquier cosa. Plena presencia.
● Sé compasivo. Si algún conductor menos evolucionado te pita, se cruza, se exaspera, se queja de tu parsimonia al retomar la marcha tras un semáforo, sonríes y rezas un microsegundo por su alma. El conductor exasperado es también un ser vivo. Aprovecha para ejercitar la compasión. Sé como el sándalo, que perfuma el hacha que le corta. Lo importante es el camino, no la posada.
Conducir es un proceso, no un destino. Confúndete con el acto de conducir: destino, camino, conductor, coche, todo forma parte de un mismo proceso. Sumérgete.
Cuando llegues al lugar de destino busca con tranquilidad y desapego un lugar para aparcar, relájate, no mires el reloj, controla la ansiedad, acepta la demora en aparcar. Deslízate con tu automóvil como un anciano chamán remando con una canoa en un río de asfalto.
Aparca. Apaga el motor. Desabróchate el cinturón. Haz tres respiraciones profundas. Estás calmado, relajado, totalmente presente, eres como el agua, flexible, adaptable. Estás preparado para empezar una nueva jornada, presto para cualquier cosa. Esbozas una tenue sonrisa.
Al final del día, mismo ritual. Una ligera variación: el viaje de vuelta a casa es un ritual de descompresión. Dejas todos los problemas, asuntos, tensiones, detrás de ti. No te preocupes por ellos, mañana seguirán allí, esperando como un perro fiel con la roja lengua fuera. Te centras una vez más en el tráfico y la conducción. Eres flujo en movimiento. Alerta en calma. Estás vivo.
Durante el día haz una pausa deliberada para observar tu nivel de ansiedad. A diferencia de otras emociones negativas, esta no suele tener una causa clara y puede ser muy difusa. Cuando pares para valorar tu nivel de ansiedad, escribe en un papel un número entre el 1 (calma beatífica) y 10 (extrema ansiedad, pánico).
¿Qué puede haberlo producido? ¿El comentario de tu jefe? ¿Demasiado café? ¿Hambre? ¿Un ritmo de trabajo frenético? ¿Malas noticias o pensamientos temerosos?
–Si puedes, haz una o dos respiraciones conscientes. Una respiración consciente es una respiración completa y relajada en la que llenas por completo los pulmones y luego dejas que el aire sea expulsado hasta que queden totalmente vacíos.
Para recordártelo lleva contigo una tarjeta con la pregunta “¿Estás ansioso?”, colócala en tu puesto de trabajo o llévala en un bolsillo. Otra posibilidad es que crees cuatro o cinco citas diarias contigo mismo en el móvil con el mensaje: “¿Cómo te encuentras ahora? ¿Qué nivel de ansiedad tienes?”.
No siempre estamos al tanto de nuestros niveles de ansiedad, pero siempre estamos influenciados por ellos. Cuanto más tiempo vivamos en el presente, menos ansiedad experimentaremos. El hecho de prestar atención a la emoción nos libera de la anticipación o el pensamiento o la situación que la generó.
Ufff, sorprendido de la cantidad de emociones negativas. Ahí estan, no he hecho nada, ¿qué voy a hacer? Se dan, están. Me salgo del río para ver la corriente, contemplo y sigo.
–Inclusa
A mí me ha ocurrido en la práctica de observación del disgusto y la aversiones en esta semana lo contrario que a Inclusa: me he sorprendido por no tener tantas sensaciones de disgusto y aversiones hacia personas, cosas y actividades como creía. Quizá es que no esté siendo muy consciente de ellas, en especial de las más sutiles o de baja intensidad; también podría ser. Pero no creo, porque tiendo a ser crítico y dar mucha importancia a lo negativo.
Lo mejor de todo es que cuando las detectaba casi inmediatamente me venía a la mente la idea de que esa emoción no es «la última palabra» emocional o cognitiva sobre la persona, cosa o actividad. Me decía que es como una fotografía o instantánea emocional o valorativa en una situación concreta. Hoy es esta, mañana puede ser diferente.
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Es muy liberador imaginar las emociones de disgusto y aversión como nubes que no dejan ver el cielo azul o el sol. Aunque llueva y truene y el cielo esté gris y encapotado, sabes que el cielo azul está ahí todavía, más allá de las nubes, que las borrascas son «impermanentes» (en la jerga de la meditación budista) y por tanto las tormentas emocionales vienen y van.
La atención plena permite adoptar una posición mental de piloto que observa las nubes desde arriba y que es consciente de que el cielo azul y la claridad están por encima de las nubes.
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Una nota sobre las etiquetas
Hemos visto a lo largo del curso que el etiquetado de emociones, impulsos, pensamientos, etc., puede ser una forma útil de identificarlos y de «desactivar» parte del poder que tienen para engullir nuestra atención y desplazarla del foco que nos hayamos marcado.
Dicho esto, hay que evitar que el esfuerzo de etiquetado se convierta en una distracción más. Me explico: puede que empecemos a buscar la etiqueta correcta para un determinado estado mental y eso nos lleve a una rumia que ahonde en el pensamiento o emoción que estamos observando.
Creo que es mejor que la etiqueta sea genérica o abstracta y no preocuparnos excesivamente por encontrar la categoría perfecta para cada una de las cosas que sentimos. A veces bastaría con que la etiqueta fuera algo tan simple como: «impulso», «pensamiento», «negativo», «emoción», etc.
Hay una ventaja adicional: si no nos complicamos la vida clasificando lo que sentimos, especulando sobre sus causas o naturaleza, podemos tener un acceso más rico al mundo mental y observar, por así decirlo, con una mirada más limpia. Después de todo, muchos estados mentales son sutiles, tienen muchos matices y se resisten al etiquetado.
Esta semana vas a centrarte en tus emociones o sentimientos negativos hacia cosas o personas o actividades. Estos pueden ser moderados, incluso casi imperceptibles, como en el caso de la incomodidad o una remota irritación, o muy fuertes, como en el caso de la ira, los celos o una fuerte aversión hacia una persona o cosa o actividad. No hagas nada por eliminarla o bloquearla, simplemente siente su aparición, toma nota de ella y obsérvala lo más imparcialmente posible, con un cierto desapego y a la vez con apertura mental y curiosidad, como si fueras un entomólogo observando con lupa una araña o algún otro curioso insecto.
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El disparador es emocional. Tienes que sentir la emoción surgir y apoderarse de ti. A veces, solo podrás detectarla cuando esta haya dominado tu conciencia, pero es posible advertirla cuando está surgiendo. Puede ser producida por una persona, por una cosa, por algo que oyes o por una actividad que estás realizando o a punto de realizar.
En una tarjeta puedes escribir “Aversión y sentimientos de disgusto” y llevarla contigo durante toda la semana. Poco a poco serás más consciente de tus emociones y aumentarás el hiato entre estímulo y acción. La emoción podrá convertirse o no en algún tipo de acción, pero el proporcionarte aire mental o espacio mejorará con el tiempo tu forma de reaccionar y tu bienestar. Una de las habilidades más importantes de inteligencia emocional es la conciencia de las propias emociones y sentimientos. Esta habilidad facilita o mejora otras habilidades como la empatía por los sentimientos ajenos y la capacidad de autorregulación.
En nuestro curso de atención plena, parte del programa de un año de cambio personal que desarrollo en este blog (y que baso en mi libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida) aparecen una y otra vez los mismos comentarios de cursillistas y lectores:
«He vuelto a fallar»
«Hoy no he podido hacerlo»
«En cuanto tengo una semana ajetreada en el trabajo descarrilo y dejo de prácticar»
«El estrés me altera y se me olvida seguir el hábito»
«Soy un desastre»
«Tengo demasiadas cosas en la cabeza»
«A veces estoy tan cansado que no tengo energía»
«Me acuerdo de hacer tal o cual cosa cuando ha pasado la ocasión»
Etc.
A lo largo de las primeras semanas de este año he intentado transmitir mensajes que nos ayuden a hacer más transitable el camino del cambio personal. En el artículo de hoy tomo prestada la ayuda de Leo Babauta.–
Leo Babauta, minimalista existencial y tipo razonablemente feliz
–Ya sabes que he traducido al español varios libros de Leo: focus y El pequeño libro de la satisfacción, y que creo que Leo es un ejemplo de simplicidad y sentido común.
Un tipo que estaba en bancarrota, con mala salud física, con seis hijos (!!!) y, que a pesar de todo, se pone a escribir un blog, deja su trabajo, corre maratones y es capaz de hacer decenas de cambios en unos pocos años, y en menos de seis se convierte en uno de los blogueros más famosos del mundo, merece nuestra atención.
En su artículo original en inglés 36 lessons I’ve Learned About Habits resume muy bien todo lo que necesitas saber sobre la formación de habitos:
Sé gradual. Es más fácil si acometes un hábito cada vez.
Empieza con hábitos minúsculos.
La atención es tu recurso más importante (por esta razón nuestro curso de atención plena se centra exclusivamente en aprender a gestionarla)
Céntrate en disfrutar del hábito. Busca recompensas intrínsecas.
Considera una aventura de exploración la adquisición de hábitos.
Y, sobre todo, sé amable contigo mismo.
Leo desarrolla todas estas ideas y añade alguna complementaria. Disfruta del artículo:
36 lecciones que he aprendido sobre los hábitos, de Leo Babauta
He aprendido estas lecciones a base de cometer errores. Luché con dejar mi hábito de fumar en los principios de los 2000, y fracasé siete veces antes de finalmente tener éxito al final del 2005. Luché con el hábito del ejercicio, con cambiar mis terribles hábitos de alimentación, con levantarme más temprano y ser más productivo y con librarme de las deudas y simplificar mi vida.
Fracasé mucho y todavía fracaso. Fue a través de estos errores que estas lecciones tan duramente aprendidas emergieron y por eso no me resiento de los errores. Recomiendo esta actitud.
He enseñado hábitos a miles de personas, además de cambiar docenas de mis propios hábitos. Enseñar lo que he aprendido a otros me enseño más incluso.
Y todavía estoy aprendiendo. Esta es la parte divertida.
Cambiar hábitos es una de las habilidades más fundamentales que puedes aprender, porque te permite dar forma a tu vida. Dar forma a quien eres. En verdad es transformativo.
Comparto contigo estas lecciones no como Mandamientos de lo Más Alto, sino como cosas que podrías probar en tu camino de cambio y aprendizaje. Prueba una o dos cada vez para no sentirte abrumado. Vuelve a esta lista después de hacer eso.
Espero que ayude.
Cuando haces un pequeño cambio, tu “normal” se ajusta. Imagina que estás acostumbrado a un conjunto de condiciones –si te desvías de esas condiciones mucho, estarás incómodo–. Irte a vivir a un país extranjero donde no hablas el idioma, no conoces a nadie, no estás acostumbrado a la comida, no comprendes las costumbres, no tienes el mismo tipo de casa al que estabas acostumbrado… puede ser muy difícil. Pero si haces un cambio minúsculo, no es muy incómodo y se convierte en parte de las condiciones a las que estás habituado. Tu nuevo normal. Cambiar tu vida en pequeños pasos así, un pequeño paso cada vez, es mucho más fácil y tienes muchas más probabilidades de tener éxito que haciendo muchos y grandes cambios a la vez. Gradualmente cambias tu normal.
Los pequeños cambios son más fáciles de acometer. Un gran cambio no solo requiere un compromiso mental, también más tiempo y esfuerzo. Si ya tienes tu tiempo atado a otras cosas, encontrarás difícil encontrar el tiempo de para comenzar un nuevo hábito. Podrías hacerlo una o dos veces (ir al gimnasio una hora) pero ese hábito está muerto antes de empezar al menos que pongas un extraordinario esfuerzo. Un pequeño cambio –solo unas pocas flexiones por la mañana, por ejemplo— es mucho más fácil de comenzar. Podrías empezar ahora mismo, en mitad de la lectura de este artículo. Hacer fácil el comenzar un hábito significa que es mucho más probable que lo sigas.
Los pequeños cambios son más fáciles de mantener. Si empiezas un gran cambio (¡ir al gimnasio treinta minutos todos los días!), realmente sí que podrías empezar por todo el entusiasmo que tienes al principio. Pero ese entusiasmo se diluye dependiendo de los niveles de energía y sueño, de lo que está pasando en tu vida, cambios de rutina, etc. Y al final probablemente fracases. Pero si haces que el hábito sea muy pequeño cuando empiezas, es mucho más probable que lo mantengas más tiempo. Es más fácil mantener una cosa pequeña en marcha que una grande. Y mantenerla en marcha es lo que cuenta.
Los hábitos están unidos a los disparadores. Cuando el disparador tiene lugar, el hábito le sigue, si está asentado fuertemente como hábito. Por ejemplo, algunas personas, cuando llegan al lugar de trabajo inmediatamente encienden el ordenador. Y entonces quizá inmediatamente tienen otro hábito después de eso. El vínculo disparador-hábito se fortalece con montones de repeticiones.
Los hábitos con disparaderos variables o múltiples son más difíciles. Si quieres meditar todas las mañanas después de andar y beber tu acostumbrado vaso de agua (por ejemplo), es mucho más fácil crear un hábito como este con un disparadero diario… a diferencia de un hábito que requiere 1) disparaderos variables, como no reaccionar con enfado cuando alguien te critica (no sabes cuándo ese disparadero ocurrirá), o 2) distintos tipos de disparaderos, como fumar, que puede ser activado por el estrés o por otras personas o por beber alcohol o café, etc.
Aprende a formar los hábitos más fáciles al principio. Si intentas formar hábitos difíciles (como los que tienen disparaderos múltiples o variables o los que te disgustan o encuentras muy difícil), y no eres hábil creando hábitos, es mucho menos probable que tengas éxito. Yo recomiendo enfáticamente hacer los hábitos fáciles al principio, los que requieran un par de minutos al día, estén unidos a un único disparadero diario y disfrutes y te resulten fáciles. ¿Cuál es el objeto de formar un hábito fácil? Bueno, podrías encontrarlo más difícil de lo que crees, pero también estás construyendo tu habilidad para formar hábitos, y, lo que es más importante, estás construyendo la confianza en ti mismo.
Construir la confianza en ti mismo. Lo que me faltaba antes de ser mejor en cambiar hábitos era la confianza de que me ceñiría a un hábito. ¿Por qué? Porque había fracasado tanto antes, permitiéndome romper las promesas a mí mismo, porque era más fácil que cumplirlas. Es como si una persona te miente constantemente –ya no confías en esa persona–. Lo mismo es cierto de tus promesas a ti mismo. Y la solución es la misma –construir la confianza lentamente, con pequeñas promesas y pequeñas victorias–. Esto lleva tiempo. Pero se puede decir que es la cosa más importante que puedes hacer.
Cambios incrementales se van sumando hasta crear cambios inmensos. Esto parece tener sentido en apariencia, pero no creo que la mayoría de la gente sienta esta verdad en su corazón. Todos queremos los cambios que queremos, justo ahora. No podemos hacernos renunciar por un tiempo algunos de esos cambios, para enfocarnos en uno, porque entonces no tendríamos lo que queremos justo ahora. He visto esto tantas veces –la gente quiere hacer diez cambios a la vez y no puede centrarse solo en uno. Pero hacer un montón de cosas a la vez o grandes cambios significa que tienes menos posibilidades de tener éxito. Pero si te ciñes a los pequeños cambios, verás algunos cambios importantes a largo plazo. Intenta hacer pequeños cambios en tu dieta y niveles de actividad –después de un año, estarás mucho más en forma que antes–. Intenta aprender algo nuevo un poco cada vez –si puedes convertirlo en un hábito y ceñirte a él, serás mucho mejor en seis meses. Esto es lo que he visto en mi vida y ha tenido un alcance tremendo.
No importa en qué cambio te centres primero. No estamos en esto para obtener beneficios pasajeros, estamos en esto para el largo plazo. Puede ser difícil decidir qué cambio hacer justo ahora, porque eso significa un montón de otros cambios importantes. He visto a gente agonizar sobre qué cambio hacer primero porque piensan que el orden importa. Sin duda, quizá sería óptimo aprender a meditar primero antes de cambiar los hábitos alimenticios, pero, ¿sabes lo que no es óptimo? No hacer cambios. A largo plazo, si escoges un pequeño cambio cada vez, tendrás todos los hábitos importantes formados. Así que, honestamente, simplemente coge el que te apetezca hacer más –el que disfrutes más–.
Los niveles de energía y el sueño importan mucho. Escribí sobre esto recientemente, pero si tienes falta de sueño, estarás cansado y tendrás poca energía para centrarte en los cambios de hábitos. Eso está bien cuando tu entusiasmo por el nuevo hábito es alto, pero en cuanto las cosas se pongan un poco difíciles, te saltarás el hábito porque no tienes la fuerza de voluntad suficiente para tolerar un poco de incomodidad. El sueño importa.
Gestionar la alteración de rutinas es una habilidad que se aprende. Una de las causas más comunes en fallar con los hábitos es un cambio de rutina –hacer un viaje, tener un gran proyecto en el trabajo que te exige trabajar hasta tarde, tener visitas, tener un resfriado–. Esta clase de cosas cambian tus rutinas normales, que afectan en un par de aspectos que estás formando: 1) el disparadero puede no producirse (si estás enfermo podrías no levantarte y ducharte, por ejemplo, si es que las duchas eran tu disparador), y 2) podrías estar tan ocupado/cansado que no tuvieras tiempo/energía para practicar el hábito. ¿Así que cómo lidias con este obstáculo? Anticípalo. Has de saber que ocurrirá (sí, las rutinas de todos cambian). Haz un plan para tomarte un descanso mientras viajas (por ejemplo), o bien crear un nuevo disparador cuando el anterior está alterado. Esta clase de anticipación y planificación es una habilidad que puedes aprender, y esta habilidad te hace mejor creando nuevos hábitos.
Mira hacia adelante para evitar obstáculos previsibles. Además de alteraciones de tu rutina, hay otras cosas que puedes anticipar. Por ejemplo, si estás cambiando tus hábitos alimenticios (digamos, nada de azúcar) y vas a un restaurante con amigos o a una fiesta de cumpleaños, ¿qué vas a comer? ¿cuál será tu estrategia si hay azúcar(que la va a haber)? Si te olvidas de esto y esperas a que ocurra, no estarás preparado y será menos probable que te ciñas al hábito. ¿Cómo y dónde harás ejercicio cuando estés de viaje? Anticípate y prepárate.
Observa tu diálogo interior. Todos nos hablamos a nosotros mismos. No es siempre obvio, porque el diálogo interior ocurre en la trastienda de nuestras cabezas y pasa inadvertido la mayor parte del tiempo. Es normal, pero cuando el diálogo interior es negativo, puede arruinar por completo el cambio de hábitos. Si tu diálogo interior es una serie de cosas como, “Esto es demasiado difícil, no puedo hacerlo, por qué me estoy haciendo sufrir, está bien engañarse, está bien dejarlo, esto es demasiado difícil, odio esto”… necesitas detectarlo o probablemente vas a fracasar. Tienes que hacerte consciente de lo que estás haciéndote y reconocer que no es verdadero. Entonces dite cosas positivas. Esta es una habilidad clave.
Hazte bueno observando los impulsos pero no actuando en base a ellos. Cuando sientas la urgencia de fumar o comer una bolsa entera de Doritos o de no meditar o procrastinar o no salir a correr de mañana… puedes hacer una pausa y observarla pero no actuar en base al impulso. El impulso normalmente pasa desapercibido y simplemente actúas en base a él. Pero puedes observarlo y no actuar. Te puedes dar una opción. En el momento en que estás observando, profundiza y recuerda tus fuertes motivaciones.
Ten fuertes motivaciones. Es fácil decir, “¡Por supuesto que me gustaría aprender a programar!”. Suena bien. Pero algo que suena bien no va a persistir cuando las cosas se pongan un poco más duras. Necesitas tener una motivación muy fuerte –querer tener buena salud para no sufrir mucho, querer crear una buena vida para tus hijos, querer ayudar a personas en estado de necesidad–. Parecer bueno no es un buen motivador, pero sentirte fuerte y con opciones sí lo es. Escribe tu motivación. Recuérdatela cuando las cosas se pongan difíciles.
Hazte responsable para generar bucles de realimentación positiva y negativa. Los bucles de realimentación te ayudan a dirigirte hacia la práctica del hábito lo suficiente como para que se consolide como hábito… o te ayudan a conducirte lejos del hábito. El azúcar y las drogas tienen ciclos de realimentación que son buenos para formar hábitos (obtienes placer de practicar el hábito y sufres si no lo haces), mientras que el ejercicio a menudo tiene los ciclos de realimentación equivocados (es difícil practicar el hábito, disfrutas viendo TV y saltándote el hábito). Sin embargo, podemos conformar el hábito y los ciclos de realimentación haciéndonos responsables, que es uno de los mejores métodos. Si vas a quedar con un amigo a las 6am para salir a correr, te sentirías realmente mal si te pierdes la carrera y bien saliendo a correr con tu amigo y disfrutando de la conversación. Boom. Nuevo ciclo de realimentación. Lo mismo cuando escribes en tu blog sobre tu hábito a una audiencia o te unes a un grupo para hacerte responsable ante él.
Los desafíos funcionan realmente bien. Pequeños desafíos de 2-6 semanas pueden ser realmente motivantes. Quizá es un desafío entre dos personas (tú y un amigo) o un desafío de grupo. Es una forma de hacerte responsable que es divertida y, de nuevo, altera el ciclo de realimentación de forma positiva. Ejemplos de desafíos: sin azúcar durante un mes, hacer ejercicio durante 21 días, ceñirse a una dieta durante 6 semanas, etc.
Las excepciones llevan a más excepciones. Es realmente fácil justificarse y no cumplir el nuevo hábito (o seguir con el viejo hábito que estás intentando dejar) diciendo: “Solo una vez no puede hacer daño”. Solo que lo hará, porque ahora piensas que está bien hacer excepciones. Y ahora ya no confías en ti mismo para cumplir la promesa que te hiciste. Es mucho más efectivo no hacer excepciones –date cuenta si estás pensando en ello e intentando justificarlo y recuerda tus motivaciones–. Cuando dejo de fumar me digo “Ni Una Vez Más”.
El hábito es la recompensa –no es una faena rutinaria–. Añadir recompensas externas puede ser un modo útil de obtener realimentación positiva por practicar el hábito, pero la mejor posible recompensa es interna. La recompensa es practicar el hábito. Así obtienes la recompensa inmediatamente, no después. Por ejemplo, si crees que hacer ejercicio es un fastidio, vas a obtener realimentación negativa al practicar el hábito –no durarás mucho–. Pero si puedes encontrar formas de disfrutar el ejercicio (haciéndolo con un amigo, viendo los aspectos más divertidos del ejercicio, haciendo un deporte que te guste mucho, yendo a algún lugar con vistas muy bonitas, etc.) entonces obtienes realimentación positiva mientras practicas el hábito. Cambia tu pensamiento –el hábito es maravilloso, una recompensa en sí mismo, una forma de cuidar de ti mismo–. No pienses en él como un fastidio del que te tienes que librar o empezarás a evitarlo.
Muchos hábitos a la vez hacen que probablemente fracases. Ve e intenta un experimento: practica 5 hábitos a la vez. Mira a ver con cuántos tienes éxito. Después intenta solo un hábito y comprueba cuánto tiempo lo mantienes. En mis experimentos, un hábito tiene mucho más éxito que dos a la vez y tiene muchísimo más éxito que 5-10 hábitos a la vez.
Reconoce cuando te estás distrayendo. Al principio, podemos centrarnos mucho en el nuevo hábito y poner mucha energía. Pero otras cosas pueden surgir y podríamos encontrar un nuevo juguete con el que emocionarnos… y pronto el viejo cambio de hábito se desmorona. Esto me ha pasado muchas veces. Ahora bien, no estoy diciendo que un hábito necesite ocupar todo tu espacio mental y tiempo libre. Esto no es sano tampoco. Pero deberías poder centrarte en él durante un corto periodo de tiempo todos los días, disfrutarlo y tener ganas de practicarlo. Si eso no ocurre, reexamina tu motivación y prioridades, y deja el hábito o bien reenfócate.
Un blog es una estupenda herramienta. Como he dicho, asumir la responsabilidad ante otros supone una gran diferencia en los ciclos de realimentación. Escribir en un blog es una muy buena manera de responsabilizarte. Y mientras compartes lo que estás haciendo y aprendiendo, te fuerzas a reflexionar sobre el hábito, y eso convierte lo que aprendes sobre el hábito y ti mismo en una experiencia más profunda.
El fracaso es una herramienta de aprendizaje. Fracasarás en tus intentos de cambiar hábitos –eso dalo por sentado–. Pero en vez de verlo como un fracaso tuyo como persona (no lo es), míralo como un modo de aprender sobre ti mismo y el cambio de hábitos. Cada persona es distinta –lo que funciona para mí no funcionará necesariamente para ti–. Y no lo sabrás hasta que lo intentes y falles. Cuando fallas, aprendes algo nuevo y eso te ayuda a mejorar.
Cómo te relaciones con el fracaso es clave. Muchas personas cuando fracasan se sienten mal consigo mismos y abandonan. Esto es por lo que lo pasan tan mal cambiando hábitos. Si en vez de eso se levantaran y lo intentaran de nuevo, quizá ajustando su método (alguna forma nueva de responsabilizarse, por ejemplo), tendrían obviamente más probabilidades de éxito. Los que tienen éxito formando hábitos no son gente que nunca falle –son gente que sigue adelante después de fallar–.
Haz ajustes o muere. En relación con lo anterior, el cambio de hábitos tiene que ver con aprender a hacer ajustes. ¿Un nuevo trabajo? Eso cambiará las cosas, así que necesitarás ajustar el hábito. ¿Lo dejaste varios días? Averigua lo que fue mal y haz un ajuste. ¿El hábito no resulta agradable? Encuentra una forma nueva de hacerlo agradable. ¿El diálogo interno está saboteando el cambio de hábito? Enfócate en ser consciente de tu diálogo interior para así poder solucionar el problema. Haz ajustes, haz ajustes, haz ajustes.
Obtén apoyo. ¿A quién recurrir cuando las cosas se pongan difíciles? ¿Cuándo necesitas ánimo? ¿Cuándo fracasas? Ten un amigo que te dé apoyo –yo tenía uno cuando estaba dejando de fumar y lo he tenido en otras ocasiones también–. Si empiezas sin apoyo y fracasas, está BIEN –ajusta buscando a alguien que te ayude–. Podría ser tu esposa o tu mejor amigo o tu padre o tu hermano o un compañero de trabajo. O quizá encuentres apoyo en un grupo en internet. Esto cambia mucho las cosas.
Te limitas. Muchas veces sugiero a la gente que renuncie a algo como el queso o el azúcar o la cerveza, al menos por un periodo corto. Responden: “Nunca podría renunciar al queso (o la carne o los dulces, etc.). Bien, es verdad si crees que es verdad. Sin embargo, he aprendido que a menudo creemos que no podemos hacer algo cuando realmente sí que podemos. Hace poco hablé con alguien que estaba convencido de que no podría dejar las comidas horneadas. Ella se limita con esa creencia. Todos lo hacemos hasta cierto punto, pero si examinas tus creencias y estás dispuesto a testarlas, a menudo te das cuenta de que no son ciertas.
Dispón tu entorno para el éxito. Si vas a dejar los dulces, líbrate de todos los dulces que haya en tu casa. Pide a tu esposa que te apoye no haciendo o comprando dulces por algún tiempo. Di a los amigos que no comes dulces y pide que te apoyen. Sí, esto puede exigir que otros hagan ajustes, pero si pides ayuda amablemente, a menudo estarán contentos de apoyarte. Pero la clave es que encuentres formas de crear un entorno donde sea probable que tengas éxito. Asume la responsabilidad ante otros, crea recordatorios, busca apoyo, elimina las tentaciones y distracciones, etc.
Simplemente átate los cordones de tus zapatos y sal por la puerta. Reduce la barrera para iniciar el hábito. Si necesito salir a correr, muchas veces pensaré lo difícil que es, el tiempo que me llevará, el frío que hace, etc., y me sugestionaré para no salir a correr. Pero si mi regla es “Simplemente átate los cordones y sal por la puerta”, es tan fácil que es difícil decir no. Esa es la valla que tengo que saltar. Tan fácil como sea posible. Una vez que estoy fuera de casa, siempre estoy contento de haber empezado y todo va bien. Para meditar, basta con que pongas tu trasero en el colchón. Para escribir, basta con abrir tu editor de textos y escribir una frase.
Define tus rupturas de hábito. Si vas a viajar y sabes que no puedes cumplir el hábito, por ejemplo, fija con antelación las fechas de la ruptura del hábito, en vez de dejar que se vaya debilitando y luego pensar que has fracasado. Y anota la fecha en la que volverás a retomarlo y crea un recordatorio para que no te olvides. Esto evitará que un acontecimiento ya planeado te aparte del cambio de hábito.
Los hábitos son situacionales. Un hábito está unido a un disparadero, pero realmente el disparadero es el entorno. Por eso, si tu disparadero es la ducha por la mañana, es estupendo, pero no es la ducha en sí misma. El disparadero es ducharte en tu casa, salir, ver algo en tu cuarto de baño que de alguna manera haga saltar el impulso de ponerte a meditar (o el hábito que sea). Así que si te duchas en un baño distinto en tu casa o en un hotel, el disparadero no tiene lugar. Lo mismo ocurre si recibes una llamada telefónica mientras sales de la ducha o viene tu esposa y te da un abrazo, ambos interrumpen el disparadero. De todos modos, no hay mucho que puedas hacer con esta información, puesto que no puedes controlar todo en tu entorno, pero si te haces consciente de los sutiles cambios en tu entorno que afectan tu hábito te ayudará a comprender lo que está pasando.
Aprende a seguir hacia delante de otras formas. A menudo los malos hábitos son formas de afrontar una necesidad real –como necesitar afrontar el estrés o malos sentimientos sobre ti mismo o una pelea con un ser querido–. La necesidad de afrontar estas cosas no se va a ir y por eso el mal hábito es como una muleta. Puedes encontrar otras formas de afrontar situaciones que sean más saludables, para que no necesites la muleta más. Lee más.
Sé amable contigo mismo. Fracasarás y puedes ser duro contigo mismo y sentirte culpable y pensar que eres basura. Eso no ayuda nada. Ser amable con uno mismo es una buena habilidad para formar hábitos, si lo acompañas de un ajuste que te permita mejorar tu método de creación de hábitos. Sé amable contigo mismo: recuérdate lo difícil que es ser feliz y que estás luchando por encontrar la felicidad a pesar de las cosas que te causan estrés y frustración e ira e irritación y decepción. Es difícil. Ten empatía contigo. Sé comprensivo y compasivo. Te ayudará mientras hagas ajustes y lo intentes de nuevo.
La perfección es el enemigo. A menudo la gente se esfuerza por alcanzar la perfección, pero esto se pone en medio de tu camino al progreso. El progreso es mucho más importante que la perfección. Si no empiezas un hábito porque quieres las circunstancias perfectas o no meditas porque quieres el tiempo o espacio perfecto o no escribes porque quieres la herramienta perfecta o no estás feliz porque no has sido perfecto con tu hábito, echa a un lado tus expectativas y simplemente practica el hábito.
Un compañero para hacer ejercicio obra maravillas. Para el ejercicio, el método más efectivo para mí es tener un compañero. Eso es así tanto si vas al gimnasio, haces crossfit o yoga, o vas a correr o haces senderismo. Cuando no tengo un compañero la frecuencia muchas veces se reduce. Este concepto puede aplicarse a cualquier hábito con el que estés lidiando.
Los cambios de hábitos son herramientas para el auto-aprendizaje. Los cambios de hábitos no son solo formas de añadir algo nuevo a tu vida. Son herramientas para aprender sobre ti mismo. Mediante el cambio de hábitos aprendes sobre lo que te motiva, sobre diálogo interior y racionalización, sobre impulsos, sobre recompensas internas vs. Externas, sobre debilidades y amabilidad, sobre el progreso y tener más opciones. Puedes aprender más sobre ti mismo en unos pocos meses de cambio de hábitos que en toda una década, si prestas atención. Y de ese modo, el cambio de hábitos es un proceso extremadamente motivador, sin importar el resultado.
Leo, con uno de sus seis hijos
Puedes conseguir focus y El pequeño libro de la satisfacción, de Leo Babauta, y Los tres hábitos que cambiarán tu vida, de Homo Minimus, con solo suscribirte a este blog (esquina superior derecha) .
Adicionalmente, puedes comprometerte públicamente con el curso de atención plena en la página correspondiente.
Si tuiteas o facebukeas este artículo me harás un hombre feliz y quizá ayudes a mucha otra gente. 🙂
Cada vez que sientas un deseo o impulso de hacer algo, como por ejemplo rascarte un picor, tomar una chocolatina, comprar una prenda de ropa, tomarte un descanso, etc., haz una nota mental de ello y ponle nombre: “impulso de rascarme”, “impulso de tomar una chocolatina más”, “impulso de salir corriendo cuando tengo que hablar en público”, impulso de replicar a un dato erróneo que alguien me acaba de dar”, etc. Después de la nota mental, puedes satisfacer el impulso si así lo deseas.
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El disparador es el impulso o deseo urgente de hacer algo o de dejar de hacerlo. Observarás que a lo largo del día hay innumerables impulsos. Te darás cuenta de hasta qué punto nuestra vida mental está colonizada por deseos más o menos efímeros.
Como reto adicional, podrías llevar la cuenta o imponerte una cuota diaria de impulsos o urgencias detectados. Por ejemplo, «voy a detectar 25 impulsos». Podrías dibujar un palote por cada impulso y agruparlos en grupos de cinco, como si fueras un preso contando los días que lleva encerrado.
Siendo más consciente de los impulsos también te haces menos dependiente o esclavo de ellos. El instante de conciencia del impulso permite enfríarlo y proporciona un espacio mental para reconsiderar si hay que satisfacerlo. Muchas veces te das cuenta que la mera conciencia del impulso hace que te sientas menos propenso a satisfacerlo inmediatamente. El beneficio más importante de esta práctica es que te volverás menos reactivo.
En el entrenamiento del segundo hábito en el segundo trimestre de 2014 veremos cómo esta conciencia ampliada de impulsos y deseos será una gran ayuda para favorecer la autorregulación.
Resultado de la séptima semana: plena conciencia en cada comida.
Esta semana ha estado todo riquísimo.
–Santamaya
Esta séptima semana de nuestro curso de atención plena ha sido un paso en más en nuestra entrenamiento para alcanzar la plena presencia. No puedo decir que haya estado plenamente consciente en todas mis comidas, pero sí que he recordado al menos una vez en cada ocasión saborear un bocado con atención plena. Como resultado, al igual que Santamaya, he experimentado en verdad los sabores y obtenido más placer de la comida.
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Muy interesante la práctica, y seguro que muy útil. Yo soy consciente de que como muy deprisa y de que cuando estoy ansiosa literalmente engullo.
–Nora
La relación entre ansiedad con el hambre y la forma de comer es muy directa. Creo que hay dos tipos de hambre: el hambre física y el hambre emocional o del corazón. La primera tiene que ver con las necesidades del cuerpo; la segunda, con las del espíritu.
A menudo, empleamos la comida como una forma de regulación emocional y por eso tendemos a engullir y anestesiarnos con la comida. Si has advertido la relación entre tus estados emocionales y tu forma de comer, habrás dado un gran paso en tu relación con los alimentos.
Ser más conscientes de los bocados nos anima a ralentizar los movimientos. Si ralentizamos los movimientos, tardaremos más en acabar la comida. Si tardamos más en comer, daremos tiempo al estómago a envíarnos información de retorno con el mensaje de que hemos comido lo suficiente.
Libres de ansiedad y asumiendo un ritmo más lento, crearemos el espacio y el tiempo suficiente para advertir que estamos ya satisfechos, sin necesidad de alcanzar la saciedad completa. Quizá podamos empezar a aplicar la regla de los habitantes de Okinawa, el Hara Hachi Bu, que recomienda dejar de comer en el momento en que hayamos alcanzado el 80% de nuestra capacidad.
Gradualidad y amabilidad: clave de la formación de hábitos
Ha habido días que solo he recordado el bocado atento en medio de la comida o casi al final. Pero lo he considerado como un pequeño triunfo. Creo que es difícil estar plenamente presente durante todo el tiempo.
Siguiendo nuestra línea minimalista en la formación de hábitos, cada pequeño paso en la dirección correcta es digno de celebrar. Así ponemos en práctica la regla S.E.C: «Siempre Estar Celebrando«. La visión de lo que pretendemos es suficientemente clara (una vida en la que conjuguemos el presente la mayor parte del tiempo) pero no hay que esperar alcanzar esa meta en solo unas pocas semanas. Por lo tanto, seguid celebrando los pequeños avances, sed amables con vosotros mismos y disfrutad del camino.
Adaptar el ritmo del espíritu al ritmo de las cosas
¿Qué pienso de la marcha de este curso? Creo que el mundo está lleno de buenos consejos que nadie pone en práctica. Si no existiera este curso seguiría enredado con los “debería”, los “tendría que” y los “es que”, pero atrapado en la postergación, porque nunca es buen momento para arrancar.
–Herman
Algunos querríamos obtener todos los resultados aquí y ayer; somos impacientes. Creo que un marco mental más saludable sería el practicar considerando la práctica un viaje de exploración y aventura, y no tanto en una herramienta para lograr algún fin ulterior. La actitud de atención plena sufre si la coloreamos con una cualidad meramente instrumental.
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Más allá de un bocado
Para profundizar en la práctica, podríamos reservar una comida cada semana para tomarla en soledad –siendo consciente de cada uno de los bocados– sin otros comensales, sin televisión, radio, teléfono móvil, iPad y lecturas. Podríamos convertirla en una meditación sensorial muy completa, ya que están casi todos los sentidos: el gusto, el olfato, el tacto o textura, la visión de la comida y hasta su sonido al juntarse con los cubiertos y nuestra boca.
No puede haber ninguna fiesta en la boca si la mente no está invitada.
Cada vez que cortes un trozo de comida o tomes una cucharada de sopa deja el utensilio boca abajo sobre el plato y centra toda tu atención en el sabor y el olor de la comida que estás degustando. No vuelvas a tomar los cubiertos hasta que hayas acabado el bocado.
La mejor manera de recordarlo es asociar la práctica con el gesto de dar la vuelta al utensilio para la comida y dejarlo sobre el plato.
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Con esta práctica o mini-meditación tendrás al menos un par de ocasiones durante el día, en la comida y en la cena, para desconectar de la mente discursiva. El olfato y el sabor son dos de los sentidos menos intelectuales, y más directos y primitivos; por eso mismo nos pueden ayudar a acallar la cháchara verbal.
Como beneficio colateral, aumentarás tu apreciación de la comida. Con una menor cantidad de comida obtendrás más placer. Es probable que también ralentices el ritmo al que comes y con ello des más tiempo para que la información de retorno del estómago llegue a tu conciencia y sepas que ya has comido suficiente. Ten en cuenta que muchas veces usamos la comida como una forma de reducir la tensión; si esta se reduce, nos sentimos menos impelidos a devorar alimentos y más a degustarlos.
David Foster Wallace, en el siguiente video creado a partir de un extracto de su discurso de graduación del Kenyon college de 2005, expresa en forma poética la idea de toma de conciencia y reconsideración de nuestras reacciones en forma de pensamientos y emociones.
Puedes ver el video también en inglés con subtítulos en español aquí:
La V mayúscula de Verdad se refiere a la vida ANTES de la muerte.
Es acerca de los valores que implica la real educación, que no tiene nada que ver con el acumular conocimiento y sí con la simple atención, atención a lo que es real y esencial, tan oculto en plena vista a nuestro alrededor, todo el tiempo, que tenemos que estar constantemente recordándonos a nosotros mismos, una y otra vez: esto es agua. Esto es agua. Esto es agua. Es inimaginablemente arduo de llevar a cabo, estar conscientes y vivos en el mundo adulto, día a día. Lo que trae a colación otro gran cliché archisabido: la educación es un trabajo para toda la vida. Y comienza ahora.
~David Foster Wallace
Son los peces los que menos nos pueden decir sobre el agua. Lo más difícil de ver es lo que tenemos delante de las narices. Tu propia vida desplegándose ante tus ojos quizá sea en el fondo bastante desconocida.
Uno de los temas centrales de la atención plena es la toma de conciencia sobre nuestra falta habitual de conciencia. Vivimos gran parte de nuestras vidas en piloto automático, prisioneros de un manojo de reacciones habituales. Con el paso del tiempo, nuestra conducta, tanto la externa como la interna (la de los pensamientos y emociones) se vuelve más y más previsible, más y más estereotipada. Nuestras acciones se acaban pareciendo a resortes, a muelles que saltan ante estímulos externos e internos. Acabamos siendo prisioneros de unas cadenas invisibles.
El modo automático es el modo por defecto de nuestra vida mental, es el que nos permite hacer multitud de tareas con precisión y eficiencia. Al principio nosotros hacemos y tiramos de nuestros hábitos y… al final los hábitos tiran de nosotros. Pero gran parte de los hábitos entran sin nuestro consentimiento, como consecuencia de interaccionar con el entorno físico y social.
La atención plena crea un espacio o tierra de nadie, una pausa en el camino, para observar lo que ocurre y observar nuestras propias interpretaciones sobre lo que ocurre. Por muy prisioneros que estemos de las circunstancias, de la vida, de nuestras limitaciones, siempre podemos reconquistar la libertad interior que nos permita parar, pausar nuestras mentes y generar nuevas interpretaciones de la realidad.
Auditoría de hábitos y conciencia ampliada
De cuando en cuando, nos vendría bien hacer una «auditoría de hábitos»: contabilizar las rutinas más importantes, según el principio de importancia relativa (nos fijamos en los que más peso tienen) y reconsiderar si son funcionales y hay que mantenerlas. En mi caso, la institución y ritual del Sabbat y las revisiones periódicas son la manera que tengo de hacer balance.
Cometemos el error de creer que los mensajeros de las emociones y de nuestras interpretaciones del mundo siempre dicen la verdad, que son la palabra última sobre el significado de las cosas.
Las prácticas de nuestro curso de atención plena en las últimas seis semanas nos han puesto en contacto con nuestra experiencia. Date cuenta de que no hemos necesitado cambiar la realidad ni nuestras interpretaciones de la realidad. La atención plena nos permite aumentar los puntos de contacto con la realidad, obtener más información, bien externa, como en «Sé gentil con las puertas», o bien interna, sobre nuestros procesos mentales, como en la práctica «observa el sufrimiento». Estamos aprendiendo o reaprendiendo a vivir en modo experiencial y dar el relevo más a menudo al modo discursivo, a nuestra caja parlante.
A diferencia de David Foster Wallace, nosotros no hemos intentando cambiar conscientemente el significado de lo que experimentamos a través de nuevas interpretaciones; nos limitamos a vivirlo lo más plenamente posible, a amplificar mentalmente las experiencias y observarlas con curiosidad y espíritu abierto. Sin embargo, creo que es probable que el mayor espacio mental permita también mayor flexibilidad mental y nuevas interpretaciones.
En las próximas semanas aprenderemos a observar nuestros pensamientos y emociones con más detalle y considerarlos como una forma de experiencia sensorial, como un paisaje interno semejante al paisaje externo de árboles y automóviles en la carretera.
Si te ha gustado el extracto del discurso de David Foster Wallace, puedes dar un paso más allá y escuchar todo el discurso de graduación también subtitulado en español, merece la pena:
Artículos de la serie «Lo que podemos aprender de…»:
Trabajamos siempre o casi siempre con una meta en mente: adquirir recursos para construir experiencias en las que nos visualizamos satisfechos y quizá felices. Después de todo, también queremos los objetos para que nos proporcionen experiencias. Puede que pasemos gran parte de nuestra vida trabajando para comprar los materiales de nuestro particular palacio de posesiones y/o experiencias
La publicidad nos ayuda a crear esas visiones de bienestar. Somos bombardeados día tras día por tierra, mar y aire. Para que echemos de menos objetos que han de formar parte de nuestro palacio personal.
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En ese constante medrar y esforzarse por conseguir recursos monetarios con los que comprar los ladrillos del palacio, perdemos de vista el día a día, que se convierte en un medio para un fin. Trabajamos y vivimos para algo mejor que es comprable y siempre está por llegar.
Cuando conviertes una actividad en un medio para un fin, la actividad pierde parte o todo su atractivo. Nuestra motivación intrínseca sufre si enfocamos nuestra meta en lo que podemos conseguir con la actividad más que en las experiencias que nos proporciona la actividad. No digo que no tenga que haber actividades instrumentales. Solo digo que no parece razonable convertir todo lo que hacemos en un instrumento para conseguir algo mejor.
Cuando trabajas para construir tu palacio de experiencias o posesiones materiales puedes perder de vista que ese trabajo no es gratuito. Tiene un coste de oportunidad. El tiempo que dedicas es valioso y lo sacrificas para obtener materiales para el palacio. Todo lo que hacemos, aunque no paguemos por ello, aunque nos proporcione beneficios monetarios, tiene un coste implícito, el coste de la renuncia a la mejor alternativa disponible.
De la misma manera que si compras un 4×4 para ponerte a la par con tus vecinos estás renunciando a comprar libros, viajes, o ampliar tu casa, cuando trabajas estás renunciando a lo que podrías hacer con ese tiempo: contemplación, pasar más tiempo con tu familia, bricolaje o lectura. Pero somos poco sensibles a lo invisible de las alternativas descartadas, así que seguimos trabajando por construir nuestros palacios en el futuro, que son muy visibles emocionalmente por obra de la publicidad.
Mi palacio es de tiempo
Esta es mi alternativa. Aunque una buena parte de mi día tiene que ver con actividades instrumentales, intento dedicar todo el tiempo que pueda a vivir en un palacio que ya existe: mi palacio del tiempo. No solo intento vivir más a menudo en ese tiempo presente que es un fin en sí mismo, también procuro que mi palacio temporal sea cada día más amplio, más habitable, más vivible.
Aunque parece que pierdo el tiempo, que no hago nada, que no consigo nada; estoy construyendo y viviendo todos los días en un hermoso palacio de tiempo. Solo yo puedo verlo y solo yo puedo habitarlo; aunque como ser generoso y buen anfitrión intento tener muchos invitados. Algunos incluso se quedan a dormir en mi palacio, otros están de pasada, y algunos llevan años viviendo; pero todos son bienvenidos y bien hallados.
Hay cosas que merece la pena tener aunque no puedan comprarse.
P.D. Me debato entre ser un aprendiz de gurú new age y una esforzada señorita que escribe redacciones sentimentales para la clase de lengua española.
Esta es nuestra sexta semana del curso de atención plena. A continuación va la descripción de la práctica. Recuerda que puedes incorporarte al curso en cualquier momento y escribir tus comentarios durante la semana en la sección de comentarios de este artículo.
Durante esta semana vas a estar atento a la presión que ejerce el suelo sobre tus pies al andar y al estar de pie inmóvil.
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–Una forma algo incómoda, pero efectiva, de recordarlo es poner una piedra entre la planta del pie y el zapato. También puedes intentar asociar el esperar delante de un semáforo o en la cola del supermercado con la conciencia de las plantas de tus pies. Puedes recordártelo con una tarjeta que lleves siempre contigo o bien una alarma que suene cada cierto tiempo.
No me cuesta nada empatizar con el sufrimiento de los demás, lo veo rapidísimo, puedo hasta llegar a sentirlo, pero ¿y el mío? El que llevo yo por dentro disfrazado entre pensamientos que me distraen de lo que realmente me pasa no lo veo tan claro. Me cuesta mucho reconocer emociones como miedo o tristeza, las aparto rápido y sigo (¡como las puertas!) Así que me estoy conectando mucho con mis propias emociones, no solo el sufrimiento, esta semana la rabia está muy muy presente…
–Ángela
Esta semana la consigna del curso de atención plena ha sido «Observa el sufrimiento». Esta es una de las primeras prácticas que choca contra la doctrina del pensamiento positivo o de la positividad perpetua que encontramos en nuestra cultura y en la psicología popular. En unas pocas semanas más nos fijaremos en las aversiones y los disgustos, en todas las variedades de la ansiedad e incluso en los pensamientos negativos. Esta práctica ha sido solo el aperitivo.
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El reflejo o comportamiento habitual ante los sentimientos, emociones y sensaciones «negativos», como la tristeza, la desesperanza o cualquiera de las infinitas formas de dolor es casi siempre el mirar a otro lado, distraernos, cambiar el foco de atención, negar lo que estamos sintiendo o repetir afirmaciones positivas.
Lo más habitual es que el ritmo frenético de la vida cotidiana no nos permita pararnos y experimentar por completo ninguna de esas emociones. Tenemos que sufrir algún suceso traumático, quizá catastrófico, para permitirnos experimentar la tristeza en toda su plenitud; incluso resulta de mala educación si prolongamos el dolor o el luto más allá de lo estipulado por las reglas de la buenas costumbres. Sufre, pero que no se note mucho y pasa sobre tu dolor lo antes posible, no sea que me vaya a salpicar.
Los que tengan la desgracia de haber estudiado programación neuro-lingüística, seguido alguna escuela de pensamiento positivo o cualquiera de las técnicas de la psicología new age habrán también aprendido técnicas para sugestionarse sobre lo que están sintiendo y negarlo, transformarlo o sustituirlo por pensamientos y emociones más placenteras.
Algunos creen que lo más adecuado es cuidar la autoestima o la confianza, reconfigurar el sistema de creencias para no sentir lo que estan sintiendo; o peor, investigar las raíces autobiográficas del dolor, quizá retrotrayéndose a la infancia para dar con el origen del mal, del sufrimiento y con ello volver a sonreír y poder continuar con sus vidas.
La atención plena aconseja un enfoque radicalmente distinto: en vez de matar al mensajero de la emoción que nos trae malas noticias, darle la bienvenida, leer la carta que nos trae, y asumir plenamente el mensaje, nos guste o no. Jamás matar al mensajero. Ofrécele un té y unas pastas y deja que se explaye sin interrumpirle.
Queremos experimentar lo que está pasando aquí y ahora, y ese aquí y ahora implica también las emociones de tonalidad negativa.
Por qué resisitirse a las emociones es un esfuerzo inútil y contraproducente
Hay una ecuación afectiva que siempre hemos de recordar:
Dolor + Resistencia = Sufrimiento.
No podemos eludir el dolor en nuestras vidas. Cualquier ser vivo lo va a sentir necesariamente de muchas formas y con distintas intensidades. Forma parte del paisaje y negarlo es como arrancarnos los ojos para no ver. Lo que está en nuestras manos es nuestra reacción ante el dolor y la tristeza. El dolor es obligatorio, el sufrimiento añadido por nuestras mentes es opcional.
Paradójicamente, el esfuerzo por eliminar la tristeza y el dolor cuando se presenta es un tiro que nos sale por la culata. Nos convertimos en las piezas blancas de una partida de ajedrez tratando de aniquilar a las piezas negras. El mismo esfuerzo de eliminar lo negativo crea en nuestras mentes un sistema de refuerzo de lo negativo. El foco de nuestra conciencia se estrecha hacia la emoción negativa y cuanto más la negamos, más rápido y con más fuerza aparece. Estamos continuamente preguntando: «¿sigue ahí el dolor?», «¿Ha desaparecido ya?».
Intenta no pensar en un elefante rosa con pintas violetas. Venga. Intenta no pensar en un elefante rosa con pintas violetas haciendo funambulismo sobre un cable suspendido a veinte metros. Hazme caso. Te he dicho que no pienses en ese elefante rosa con un paraguas amarillo haciendo equilibrismo en la pista central del circo. Concéntrate. Inténtalo otra vez.
Bah. Nunca me haces caso.
La atención plena es una actitud de observación de nuestras experiencias sin juicios y con espíritu abierto, con una cierta curiosidad. Podemos experimentar nuestro dolor o tristeza sin derrumbarnos. Como no luchamos contra las emociones, no tenemos tampoco que explicarlas, remediarlas, eliminarlas, lamentarnos por ellas. Si son negativas, son como las nubes negras de una tormenta: están ahí, nos traen la lluvia, pero no son permanentes; hoy están aquí, y mañana no están. Las observamos con interés y curiosidad sin racionalizarlas y explicarlas; tampoco nos culpamos o maldecimos por lo que estamos sintiendo.
Aceptar las emociones negativas no significa resignarnos y renunciar a atajar las causas del dolor, si es posible hacerlo. Solo significa que no rumiamos nuestras emociones, no las negamos, no las evitamos. Las tenemos en cuenta como un elemento más de nuestro bosque afectivo y no generamos una espiral de realimentación de pensamientos negativos sobre emociones negativas, ni de emociones negativas sobre esos pensamientos negativos.
Cuando uno se siente triste o con baja energía, por las razones que sea, es fácil que si dejamos a nuestro pensamiento intervenir, especular, atraigamos más emociones negativas y más pensamientos crepusculares; es como cuando volvemos a un escenario de la infancia que llevamos muchos años sin transitar: de repente los olores, la vista de los viejos lugares, el sonido de la voz de gente que hace mucho que no vemos nos trae a la memoria decenas de recuerdos que creíamos casi olvidados o con los que solo teníamos una relación intelectual lejana. Hemos activado regiones de la memoria relacionadas con ese paraje.–
Lo mismo ocurre con las emociones negativas; si dejamos que intervengan los pensamientos, si dejamos de centrarnos en la emoción, si nos resistimos a ella de mil maneras, lo más probable es que activemos episodios del pasado relacionados, heridas ya curadas que vuelven a doler, viejas inseguridades que parecían vencidas. Da lo mismo que ya todo ese dolor haya pasado, que ya no tengamos nada que temer, la mente no ve la diferencia entre una realidad pasada o sucesos que ya no pueden afectarnos y un dolor o un mal en el presente.
Esta espiral de emoción negativa -> rumia -> + emociones negativas está en el origen o agravamiento de enfermedades mentales como la depresión.
Atención plena y compasión
Pensar en el sufrimiento me hace más consciente del sufrimiento ajeno que del mío propio. Pienso más en los demás que en mí misma y me encanta. Dejar de mirar mi ombligo es una sensación fantástica que hace ya meses que trabajo y que aligera mis pensamientos egocéntricos.
–Mercè
Decía en la descripción de la práctica hace una semana que hacerte consciente del dolor y tristeza quizá también te haga más consciente del dolor y la tristeza en los otros. Si te permites tener emociones negativas y eres más sensible a ellas, es probable que aprendas a tolerarlas y detectarlas con más facilidad en otras personas.
Hay una relación directa entre la compasión con uno mismo y la compasión con los demás; si eres un intolerante dictador contigo y siempre estás juzgando lo que sientes es probable que hagas lo mismo con las debilidades de los demás. Una actitud benevolente interior se reflejará con el tiempo en más tolerancia y empatía externa. La autoconciencia no es condición necesaria para la empatía, pero adivino que contribuye a reforzarla.
Estoy con Mercè, si rumio menos mis tristezas, les doy menos vueltas, tendré más espacio mental para detectar la de los demás y dejaré de mirarme tanto el ombligo.
Mirar al dolor a los ojos
Trabajo en un instituto y, como suponéis, es un sitio donde se observa el sufrimiento sin tener que fijarte demasiado. Pero esta semana, al prestarle mi atención, he descubierto muchas formas en la que este se da. En especial he visto miedo, debilidad y agobio de personas buenas ante el acoso de compañeros. también he visto sentimientos de humillación, de frustración ante la idea de no comprender algo, y sobretodo, desgana. también he visto el sufrimiento mucho más escondido en esas personas que acosan a los demás. Aunque he tomado parte en la solución de estas situaciones, ha sido triste de observar. El sufrimiento encoge el alma de las personas.
–Soru
Hay un beneficio añadido en el dolor y la tristeza: contrastan con el placer y las pequeñas felicidades. Hacen que apreciemos y saboreemos más las pequeñas satisfacciones, que casi siempre están a nuestro alcance. En un fondo de dolor siempre puedes encontrar pequeñas alegrías por las que regocigarte, aunque sea la remisión del dolor.
No diré que sea fácil mirar siempre a los ojos de la tristeza y el dolor, no es un hábito que se promueva o que nos hayan enseñado. Pero a pesar de no ser fácil, creo que es lo correcto. Los monstruos vistos a la luz del día pierden parte de su poder.
La próxima vez que mire la cara de la tristeza y el dolor, espero ser el último en pestañear.
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A lo largo de la semana presta atención al sufrimiento o la tristeza en todas sus formas, tanto en ti como en los demás. No solo el sufrimiento obvio o intenso, como en el caso de la pérdida de un ser querido, también el más callado o sutil, el cansancio, un gesto de tristeza, una mirada, una forma de andar levemente abatida, el temblor o debilidad
en la voz.
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Si te fijas, verás que en el día a día hay muchas posibilidades de observarlo en ti y en los demás. Lleva contigo una tarjeta con la frase “Observa el sufrimiento”. Te volverás más sensible a tus emociones y sabrás cuando tus niveles de energía son bajos. También desarrollarás una mayor empatía hacia el sufrimiento ajeno y quizá una actitud más compasiva. Este ejercicio nos saca del ensimismamiento y nos hace más conscientes de
las necesidades de otras personas. La conciencia de este dolor o este sufrimiento propio y ajeno también hará que inicies caminos para atenuarlo.
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La puerta como metáfora. ¿Cuántas veces no somos conscientes del momento en que entramos-salimos o iniciamos-finalizamos un ciclo, una pauta o determinada interacción?
–Cyn Aware, una de nuestras compañeras del curso de atención plena.
El comentario de Cyn Aware es muy pertinente para la práctica de la cuarta semana «Sé gentil con las puertas»: la puerta es una metáfora de cualquier inicio y salida de un proceso, no solo es la entrada y salida física de una estancia o habitación. Cambiar de habitación es cambiar de atmósfera. Cambiar de tarea es cambiar de clima mental, quizá para eso también necesitemos «puertas».
A menudo parece que vivimos en un continuo casi amorfo de actividades con una tonalidad mental semejante. Podemos hacer distintas cosas pero con un fondo de ansiedad, de urgencia, de incomodidad; a veces puede ser también de placer, comodidad o calma, pero es un tono indiferenciado que no está abierto a la actividad del momento o al entorno físico o social siempre cambiante: hay una inercia emocional o cognitiva que nos acompaña durante todo el día o toda la semana.
Casi todas las culturas y religiones tienen ritos de paso, como el de la adolescencia a la vida adulta, o el cambio de estado civil en el paso de la soltería al matrimonio, o para el paso de esta vida a la otra vida. Demarcan claramente las transiciones personales ante los demás y ante uno mismo, diseñan ceremonias y liturgias que los celebren y los graben indeleblemente en la memoria, para así permitir asimilar los cambios –algunos traumáticos– y adaptarse con más rapidez.
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Ser gentil con las puertas como rito de paso
El ritual de ser gentil con las puertas es un rito de paso a una mucha menor escala, en el flujo cotidiano de nuestras actividades diarias.
Por ejemplo, al entrar por la tarde o noche en nuestra casa, todavía estamos pensando en los problemas del día en el trabajo, nos traemos los proyectos y las fechas límites. ¿Qué tal si el salir por la puerta de la oficina marcara la desconexión con el torrente laboral diario y nos permitiéramos cambiar de régimen mental? ¿Y si entrar por la noche en nuestro hogar fuera el clic o pistoletazo de salida para la calma, la comunicación profunda con nuestra familia o la contemplación pausada en la preparación de la comida, la lectura o cualquier otra actividad cotidiana?
Las puertas nos pueden ayudar a marcar esas pequeñas transiciones diarias, a conectar con nuestros sentidos y conectar un poco mejor con nosotros mismos.
Las puertas ni siquiera tienen que ser puertas. El sonido de un teléfono o una campana en el monasterio budista de nuestras jornada puede obrar la misma función de permitirnos parar, observar nuestra respiración o la tensión muscular, reconectar cuerpo y mente y permitir el cambio de marcha o reanudar lo que suspendimos temporalmente para descansar.
Dificultad en ser gentil con las puertas
Muchos compañeros de viaje han expresado su dificultad para recordar la conexión entre el pomo de la puerta y el acto de consciencia. O bien no lo recordaban o solo lo hacían después de pasar la puerta. Algunos apuntan al cansancio o que la motivación inicial se ha reducido.
Esta es una de las prácticas más difíciles que hay en este curso (exceptuando el opcional desafío de la ducha fría en el segundo trimestre para el curso de perserverancia) . Lo habitual es que en un momento estés delante de la puerta y segundos después estés detrás de ella como si te hubieras teletransportado o viajado en el tiempo y perdido toda la conciencia del tránsito o del paso por la puerta.
Siempre que vamos a pasar a través de una puerta hay una especie de movimiento mental que nos proyecta al futuro, nuestra mente abandona el momento presente y se pregunta y anticipa lo que habrá al otro lado de la puerta y lo que hará después. Es un fenómeno sutil que requiere mucha sensibilidad percibir. Quizá alguno lo haya observado durante la semana, aunque no lo haya llegado a verbalizar.
Este es un ejemplo más de cómo podemos ir a lo largo de grandes porciones del día (¡y de nuestras vidas!), vivimos como sonámbulos moviéndonos automáticamente como si estuviéramos en un sueño.
Paciencia. Este es el modo habitual que tenemos de hacer transiciones entre espacios y actividades. Pero podemos llegar a ser más conscientes. Tenemos muchas prácticas por delante.
Hábitos y motivación intrínseca
Se repite mucho la palabra «fallado». Yo creo que hemos descubierto algo: que no todos los disparaderos son igual de potentes para todas las personas.
Para Entusiasmado o Tremendosky, por ejemplo, ha sido una práctica fácil y placentera:
Esta consigna ha sido la más sencilla de implementar: no me gustan los portazos, así que suelo tratar bien a las puertas (salvo cuando me golpeo con ellas por ir más rápido de lo que debería o por tratar de hacer dos cosas a la vez). Además, como me pareció más relajada, puede combinarla con las tres anteriores.
—Tremendosky
Es importante que no olvidemos uno de los tres elementos clave en la formación de hábitos:
Disparadero -> Acción -> Recompensa
La recompensa es lo que nos va a hacer desear volver a la acción. En las prácticas de atención plena la recompensa está en la propia acción; es una recompensa intrínseca, asociada a la misma actividad, Si ves la acción como un trámite, es más difícil que la vuelvas a repetir o lo harás menos frecuentemente. Por eso es importante esforzarse en encontrar y realzar el incentivo, gracia o satisfacción en la acción que te has propuesto.
Cada uno encontrará la motivación intrínseca en distintos detalles o cualidades de la práctica. A mí me resulta especialmente placentero el clic de los interruptores, me genera una cierta voluptuosidad difícil de explicar que he aprovechado para ser más y más consciente de los interruptores y acumular a lo largo del día muchos instantes de conciencia auditiva y táctil.
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–Consignas
Un pensamiento que me da vueltas desde que empecé el curso: me gustan estas consignas porque me ayudan a entrenarme en un hábito complicado como pocos…, el de construir hábitos. Marcha bien la cosa, digo.
Cada práctica semanal es una mezcla de consigna y acertijo que te entrego para que la apliques y extraigas su significado.
En la consigna hay un elemento de dirección, pero también hay un elemento de exploración que no te quiero hurtar con mi particular interpretación personal. Es muy enriquecedor leer los diversas experiencias e interpretaciones que los más de 120 participantes oficiales en el curso («intrépidos exploradores», como dice Herman) van dejando a lo largo de la semana en la sección de comentarios. Aprendo mucho y veo la práctica con una nueva perspectiva.
Según Tremendosky, con todos estos ejercicios estamos construyendo un hábito de mayor nivel: el hábito de construir habitos. Y tiene toda la razón. Mientras construimos el hábito de la atención plena, o el de perseverancia y autorregulación, en el segundo trimestre , o el de ejercicio físico en el tercero, estamos entrenándonos –quizá sin darnos cuenta– en la capacidad de crear hábitos en general, no solo los tres elegidos en este año. Este quizá sea el hábito con mayúsculas que cambiará nuestras vidas.
Si no te hierve la sangre cuando aparece el eterno gif animado «»Estamos calentando el horno»» en la web de Telepizza no puedes ser escritor.
Si no eres capaz de sujetar la libreta con una sola mano no puedes ser escritor.
Si te llamas Juan García Pérez no puedes ser escritor. [En colaboración con @EduardoLaporte]
Si no escribes con la Sailor Kiwa-Guro no puedes ser escritor.
Si tienes WhatsApp no puedes ser escritor.
Si eres más de FIFA que de Pro Evolution Soccer no puedes ser escritor.Si el domingo desayunas con tu cafetito con leche y tu Babelia no puedes ser escritor.
Si no eres un outsider no puedes ser escritor.
RT @saramber: Si @rafasarmentero no te insulta al menos una vez en la vida no puedes ser escritor.
Si te parece bueno El Roto no puedes ser escritor.
Si alguna vez has pertenecido a una tribu urbana no puedes ser escritor.
Si te parecen graciosos los andaluces no puedes ser escritor.
Si alguna vez has llevado una camisa con las iniciales «»PdH»» bordadas en la pechera izquierda no puedes ser escritor.
Si alguna vez has hecho huelga no puedes ser escritor.
Si te gusta Serrat no puedes ser escritor.
RT @telemako75: Si no te acabas “Malasaña Chai Tea” devorándolo en un sólo día lluvioso y ventoso no puedes ser escritor (ni un genio) @raf…
Si fuiste más de Street Fighter que de Mortal Kombat no puedes ser escritor.
Si comiste con palillos en Tailandia no puedes ser escritor.
Si no pontificas desde la más absoluta superioridad moral no puedes ser escritor.
Si tienes algo que perder no puedes ser escritor.
Si alguna vez has participado en una manifestación no puedes ser escritor.
Esta es nuestra cuarta semana del curso de atención plena. A continuación va la descripción de la práctica. Recuerda que puedes incorporarte al curso en cualquier momento y escribir tus comentarios durante la semana en la sección de comentarios de este artículo.
Siempre que entres o abandones una estancia y tengas que abrir y cerrar una puerta hazte consciente de la forma en la que abres y cierras la puerta: el tacto del pomo, el giro de la muñeca, la presión que ejerce tu mano, la temperatura, el clic. Hazlo serenamente y con tranquilidad y pon atención a tus sentidos.–
–Una vez que asocies el entrar y salir por la puerta con la atención, dispondrás de muchas ocasiones todos los días para practicar la plena presencia en tu vida. Estos instantes de conciencia sensorial liberan a tu mente del continuo parloteo mental.
Un ejercicio similar a este y quizá más simple es el de encender y apagar los interruptores de luces y lámparas con plena conciencia y parsimonia gentil.
— Papáaaaa, tu amigo ha hecho pisss fuera de la taza… y me da mucho asco…
Entonces entra el papá (y presunto amigo) en el salón y me espeta lo que le acaba de decir su hija de 8 años: «Mira lo que me acaba de decir Lucía…». No tiene ningún reparo en ponerme en ridículo y usar la munición de la que dispone. Cree que va a neutralizar mis andanadas verbales sobre lo divino y lo humano y los grandes temas… y sí… cree bien… había visitado el cuarto de baño hace unos minutos, no tengo escapatoria; por un momento me sonrojo, al menos interiormente. intento poner cara de póker, aprieto la mandíbula, observo la tormenta emocional interior y siento el bochorno.
Con una leve sonrisa, la mujer de mi presunto amigo, como intentando quitar hierro al asunto, dice:
–Pero si tú lo haces siempre también… Es que no apuntáis. –(a dios gracias que hay espíritus compasivos, me digo).
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No digo una palabra. No sé qué podría decir, me concentro en saborear la sensación de vergüenza, respiro conscientemente tres veces, me siento como el niño de diez años al que hace ya muchos años su tío le hizo volver al cuarto de baño y le indicó la necesidad de subir la tapa para no derramar el líquido. Creo que no he progresado mucho.
Por qué traigo este escatológico tema a colación
Porque esto no es más que un exponente de una forma de funcionamiento mental. En vez de fijarnos en lo que estamos haciendo tenemos la mente en nuestro parloteo interior, en un mundo virtual que construimos con frases del pasado y anticipaciones del futuro. Hemos olvidado el mundo sensorial, el mundo de los sentidos, el mundo de lo que está aquí, delante de nosotros.
Por qué. Porque siempre hay algo más importante esperándonos y siempre hay algún peligro que estamos anticipando. Porque siempre hay algún escenario futuro mejor que el escenario presente. Vivimos conjugando cualquier tiempo verbal excepto el presente continuo.
Eso es lo que nos hace humanos. Es parte de nuestra naturaleza. Pero la vida social lo exacerba con los planes, las fechas límites, los proyectos con fecha de caducidad, los cálculos financieros, los tipos de interés y los periodos de maduración de las inversiones que hacemos en nuestras vidas.
Y sabemos que gran parte de este parloteo es inútil –la mayor parte de las tragedias de nuestra vida nunca llegan a ocurrir–, genera ansiedad que se retroalimenta, no hace que hagamos más cosas, ni que emprendamos acciones constructivas, drena nuestra energía, nos hace fruncir el ceño y apretar la mandíbula.
Y como el agua que sostenemos en las palmas de las manos, el presente se nos escapa entre los dedos.
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Ya me siento mejor, pasó el chaparrón, ahora intento llevar la conversación a otro tema. Se ha olvidado el episodio, puedo seguir arreglando el mundo con mi amigo (ok, ya no es presunto, pero ya conoces las intermitencias de la simpatía y la antipatía).
Me juramento. No volverá a ocurrir, toma nota, el bochorno pasará, pero has de extraer la lección: pon más atención en lo que haces. Usa este estacazo de vergüenza para cultivar la atención plena. Hay consecuencias sociales. Ya tengo otra oportunidad cotidiana para estar más presente en mi propia vida. Y así surgió mi Curso de atención plena. Como una forma de evitar el bochorno. Me gustaría tener razones más espirituales, pero mis razones son las que son. Si te gustan bien, y si no, pues tengo otras.
Esta es nuestra tercera semana del curso de atención plena. A continuación va la descripción de la práctica. Recuerda que puedes escribir tus comentarios durante la semana en la sección de comentarios de este artículo.
Varias veces a lo largo del día párate y escucha todos los sonidos que hay a tu alrededor, tanto los cercanos, como los remotos; los externos y los que proceden de tu respiración o el interior de tu cuerpo; de aparatos electrónicos o del aire acondicionado o de animales o el
viento o fenómenos naturales. Escucha a tu alrededor como si una pieza musical estuviese interpretándose especialmente para ti.
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Como disparador, podrías disponer una alarma que sonara a intervalos regulares inusuales como cada 47 minutos o así. O siempre que entres en un ascensor o cuando paseas por la calle o el parque.
Es posible que la mayor conciencia del sonido te haga estar más atento a él y a su efecto sobre tus estados de ánimo. Al ser más consciente quizá decidas variar la intensidad o el número de fuentes de sonido en tu vida. Por ejemplo, puedes decidir no estar siempre oyendo música y centrarte más en sonidos ambientales.
Esta es nuestra segunda semana del curso de atención plena. A continuación va la descripción de la práctica. Recuerda que puedes escribir tus comentarios durante la semana en la sección de comentarios de este artículo.
A lo largo del día sé consciente de la posición de tu cuerpo. Cómo estás sentado, donde estás apoyado, dónde sientes la presión de los pies, la espalda o las posaderas. O si estás tumbado, dónde sientes la presión o las tiranteces o incomodidades de la posición. ¿Sientes el equilibrio o desequilibrio?
La hora de la comida es un buen momento para hacerte consciente: ¿estás en el borde de la silla?, ¿inclinado hacia adelante o hacia atrás? Cuando te acomodas en el asiento del conductor o cuando está iniciándose el ordenador por la mañana o mientras andas o estás
esperando en la cola del supermercado son también buenas ocasiones para practicar la atención plena de la postura.
La posición del cuerpo, como la sombra, siempre la llevas contigo. Darse cuenta de ella puede servir para salir del modo mental discursivo. La información más rica obtenida te puede ayudar a ajustar la posición y asumir una más erguida, firme y libre de tensiones tanto si estás sentado como andando.
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La práctica de la campana de la atención plena me ha ayudado a aumentar el número de ocasiones en que respiro con conciencia a lo largo del día. Puedo decir que nunca antes había hecho tantas respiraciones conscientes en una semana.
La enseñanza más importante de estos siete días: ¡La consciencia está a la distancia de una sola respiración! Para mí ha sido una revelación. Algunos participantes en el Curso de Atención Plena relatan experiencias similares tan simples como revelatorias:
Solo llevo un día, tal vez si apuro horas, pero la verdad es que respirar…parece simple, pero lo cambia todo. Respiras y es como concentrar la energía en lo que vas a hacer, centras la atención y desconectas de lo que estabas haciendo o pensando.
Tomelín hace una descripción muy gráfica de lo que es la atención plena:
Lo que no esperaba del ejercicio es haber aprendido (creo) que es la atención plena. Antes hubiera dicho que es un esfuerzo de concentración en el presente. Ahora lo siento como parar la corriente de pensamiento, no es un esfuerzo. Es como encender una luz de conciencia , callar la cabeza y sentir de verdad.
No se si cambiará el resto de mi vida, pero esta semana si ha cambiado.
~Tomelín
Para muchos participantes en el curso, como Entusiasmado, el principal desafío ha estado en recordar respirar deliberadamente cuando sonaba el timbre o el teléfono móvil. La técnica de las tarjetas puede ayudar a ello o la de los post-it, de Vicki Muns:
Cómo me va más lo visual, me ayuda a un post-it en la agenda física, uno en la nevera, en el escritorio y un recordatorio en Evernote, que cada vez que lo abro (casi siempre está abierto) aparece en primera posición CAMPANA –> RESPIRA!
También ayuda “visualizar” la asociación entre el sonido y la respiración. Si ensayas en tu mente esa relación, aumentas la probabilidad de recordarlo.
El mero hecho de que te des cuenta pasados unos segundos o minutos de que sonó el teléfono o el timbre y te olvidaste de respirar conscientemente es ya un gran avance: tomas nota de que lo olvidaste, y respiras conscientemente en ese momento; eso es lo que yo llamo hacer una “respiración consciente retrospectiva”.
Recomiendo no lacerarse o culparse por no recordarlo, y mucho menos estresarte cada vez que suena una campana o timbre. Olvídate de la práctica perfecta: cada campana no es una prueba, es una ocasión para conectar cuerpo y mente a través de la respiración.
La atención plena no tiene como meta el generar un cierto estado emocional. La meta, que a su vez es el proceso, es prestar atención a lo que está ocurriendo en tu mente sin etiquetas, sin juicios, no conceptualmente, con apertura y con curiosidad. La calma, la relajación, etc., son beneficios colaterales que a veces, pero no siempre, aparecen como consecuencia de la práctica.
Inclusa adopta un enfoque de ralentización de los movimientos: se dirige a responder el timbre, pero lo hace con serenidad, demorando los movimientos y quizá dejando un par de segundos antes de responder para retomar la presencia. A mí me gusta esperar a que el teléfono repique tres veces, y solo entonces respondo; Inclusa no responde el telefonillo hasta que no aparece la imagen de la persona que está llamando.
Algunos no estamos expuestos a muchos timbres o sonidos de teléfono, porque trabajamos solos o lo mantenemos en modo silencio. Pero no importa, porque uno se da cuenta de que poniendo un poco de atención en nuestra intención de respirar conscientemente durante el día aparecen montones de “campanas de la atención plena”:
La alarma del horno o del microondas.
El claxon de los coches
La sirena de la policía o las ambulancias
El chirrido de los frenos de algunos coches
¡El clic del interruptor de la luz!
Los pitidos del silbato de un árbitro en un partido de fútbol
El repiqueteo de las monedas en la máquina tragaperras cuando da algún premio.
Los sonidos de notificación de un guasap o de llegada de un e-mail
El tintineo de las llaves cuando las mueves o cambias de sitio
Etc.
Puedes pensar en decenas de estímulos auditivos.
Algún lector va un paso más allá, e inspirado por la campana que suena en algunos templos budistas nos recomienda descargar la aplicación Mindfulness Bell y programarla para que suene aleatoriamente a lo largo del día en vuestro smartphone o tablet.
También puedes programar la campana en tu computador con la aplicación web online Mindfulness Bell. Escribí un artículo en el blog sobre la forma en que uso esta aplicación para generar espacios de consciencia durante la jornada laboral.
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Enseñanza de la atención plena en un jardín de infancia en California
Inclusa nos recomienda varios videos que nos cuentan cómo está penetrando la idea de la atención plena en las escuelas. Uno en RTVE, en español, del que os recomiendo que veáis al menos los quince primeros minutos; y otro en inglés, en el que aparece el neurocientífico Richard Davidson, uno de los pioneros del estudio de los efectos de la meditación sobre el cerebro y el bienestar emocional; en este video vemos cómo están aplicando en escuelas infantiles de California los principios del mindfulness con niños de solo 4 o 5 años. Esos dos videos os servirán para profundizar.
El test de atención plena (MAAS) que os proporcioné el viernes en la carta a los suscriptores y participantes del curso os habrá servido para haceros conscientes del punto de partida. Espero que en unos meses hayamos mejorado los resultados en ese test, que por supuesto no es más que una orientación. No diré mi puntuación, pero es menor que todas las que he leído hasta el momento. Y no me sorprende.
En cuanto al diario de bitácora, o diario de descubrimiento y exploración de la travesía, he de decir que he escrito todos los días al menos una palabra; un par de días, solo una palabra, pero está bien. Me siento contento por aplicar mi propia receta: me ayuda a mantener el compromiso y me sirve como ritual de descomprensión al final del día.
Al final de este domingo recibirás la descripción de la práctica o mini-meditación de la próxima semana.
En este trimestre nos centramos exclusivamente en entrenar la atención plena o mindfulness.
La atención plena es algo muy fácil de comprender pero muy difícil de practicar.
Herramientas para el entrenamiento de la atención plena
Disponemos de dos herramientas para el entrenamiento:
El cuaderno de bitácora. Un cuaderno, a ser posible físico, donde día a día vas anotando tus observaciones y experiencias. Hazte con uno y escribe todos los días un mínimo de una palabra. Basta con una. Si te animas, sigue escribiendo; si no, está bien. Yo suelo hacerlo al final del día, pero puedes llevarlo contigo y escribir cuando te plazca.
La práctica o mini-meditación de la semana. En este artículo puedes leer una descripción del concepto de mini-meditación y su diferencia con la meditación formal tradicional. En este blog presentaré todas las semanas una mini-meditación para que tú practiques durante la semana si así lo deseas.
Curso de atención plena
Si quieres seguir el curso de atención plena, recomiendo que te suscribas al blog (cuadro esquina superior derecha), para así recibir todas las semanas material adicional, reflexiones y consejos especiales para suscriptores y seguidores del curso.
Para reforzar tu determinación con el curso de atención plena, puedes hacer tu compromiso público en la página especial del curso. En esta página expresarás tu intención de comprometerte con el curso. Posteriormente elaboraré una lista pública con todas las personas que se hayan comprometido. Puedes usar tu nombre o un pseudónimo.
Mini-meditación: la campana de la atención plena
Voy a ser breve en la descripción de la práctica. No te voy a decir exactamente cómo hacerlo ni qué esperar de ella. La razón es que quiero que experimentes con un espíritu de apertura mental y curiosidad.
Casi todas las prácticas o mini-meditaciones que propongo son simples en apariencia. Pero como decía Yogi Berra, es sorprendente todo lo que puedes ver si miras atentamente.
Te animo a que durante la semana escribas tus comentarios en este blog.
1ª semana: La campana de la atención plena
Respira al menos una vez ante el sonido de una llamada de teléfono, la notificación de un mensaje de texto, el despertador o el timbre de la puerta. Antes de tomar el teléfono o abrir la puerta o levantarte, inhibe la agitación y el impulso de responder, ralentiza el ritmo y haz al menos una respiración profunda. Por la mañana, en la cama, haz tres respiraciones profundas.
El desencadenante de la acción es obviamente el timbre o zumbido del teléfono, el sonido del despertador y el timbre de la puerta. Puedes poner una pequeña nota en el teléfono o junto al despertador para recordarlo. También puedes tener a la vista y llevar contigo una tarjeta con la descripción de la práctica.
Esta es la tarjeta que emplea Carlos Miguel Franco para recordar la mini-meditación de la semana
Se trata de inhibir el comportamiento reactivo habitual de sobresalto y respuesta automática. La inspiración para esta mini-meditación la encontré en la campana que suena en algunos monasterios budistas de manera más o menos aleatoria. Es una excelente manera de recordarte a intervalos más o menos regulares respirar conscientemente a lo largo del día y conectar cuerpo y mente.
Puedes usar como desencadenante otros sonidos inesperados, como el claxon de un coche que te avisa amablemente de que el semáforo se ha puesto en verde.
Hay un proverbio africano que dice que “si quieres ir rápidamente, ve solo; si quieres ir lejos, ve acompañado”.
Nosotros necesitamos ir lejos rápidamente.
~Al Gore
En Los tres hábitos que cambiarán tu vida propongo comenzar un programa de un año para instalar tres hábitos fundamentales: atención plena o mindfulness, perserverancia o autorregulación y ejercicio físico.
Los tres hábitos que propongo son como infraestructuras o autopistas cerebrales que nos van a permitir mejorar en muchos aspectos de nuestras vidas: físico, emocional, mental y espiritual. En el libro, puedes aprender más sobre formación de hábitos y acceder a una descripción detallada del programa de entrenamiento que propongo
Los tres hábitos que cambiarán tu vida tienen como apoyo este blog y las cartas semanales a suscriptores y lectores.
Plan de trabajo
Los domingos publicaré un artículo con una breve descripción de la práctica para la semana entrante.
Durante la semana, compartes tu experiencia en el blog con otros lectores en el artículo con la descripción de la práctica semanal.
Durante la semana, practicas y escribes en tu cuaderno de bitácora tus observaciones y experiencias.
El domingo hago una síntesis de la práctica de la semana con los comentarios de los lectores que hayan aceptado el reto, con información adicional o reflexiones personales
Durante el primer trimestre del 2014 nos centraremos en la atención plena o mindfulness. Doce semanas con doce prácticas. Empezamos el 6 de enero.
Compromiso público
Para fortalecer la determinación, he creado una página especial, «Curso de atención plena», donde en la sección de comentarios puedes introducir tu nombre o pseudónimo y declarar públicamente que participas en el reto de crear durante el primer trimestre de 2014 el hábito de la atención plena.
La vigencia de ese compromiso será de un trimestre. Más adelante, si lo crees conveniente, lo podrás renovar para los siguientes hábitos: perseverancia y ejercicio físico.
Con todos los que se hayan aceptado el reto y declarado su intención, elaboraré una lista pública y así reforzaremos el compromiso.
Hola amigo suscriptor y minimalista existencial (o en proceso de serlo),
I. Primero de todo, felicitarte el año: feliz año 2014.
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II. El libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida es un programa de entrenamiento de un año en tres hábitos fundamentales. Tú mismo juzgarás si son importantes para ti. A lo largo del año, todas las semanas, te enviaré información para la práctica o entrenamiento semanal.
Empezamos el lunes 6 de enero.
III. Me tienes a tu disposición para comentarios, críticas destructivas y sugerencias de mejora, tanto en el blog Homo Minimus como en mi correo personal: homominimus@hotmail.com.
Este será un año hermoso, te deseo lo mejor y que trabajes por lo mejor,
Homo Minimus
PD: si conoces algún amigo que pudiera estar interesado en la creación de hábitos como la atención plena (o mindfulness), la perseverancia o el ejercicio físico, no dudes en recomendarle el blog y sugerirle la posibilidad de que se suscriba.
Este es su título: Los tres hábitos que cambiarán tu vida.
Si quieres el libro puedes suscribirte a este blog y recibirlo gratuitamente (introduce tu e-mail en el recuadro superior derecho).
Cuando te suscribas, no solo obtendrás Los tres hábitos que cambiarán tu vida: además, semana a semana recibirás en tu correo ampliaciones del libro, aliento y consejos que te ayudarán a establecer los tres hábitos en tu vida. Este libro va unido a un proyecto de cambio de un año cuyo centro será este blog.
Hoy es 31 de diciembre del año 2013. Cuando se inicia un nuevo año o se está a punto de comenzar, muchos comemos las tradicionales uvas de la suerte y formulamos los tradicionales buenos propósitos de año nuevo. ¿Recuerdas los del año pasado? ¿Dónde quedaron? O peor, si los hicistes realidad, ¿qué impacto tuvieron sobre tu vida? ¿Fue lo que esperabas o fue algo cosmético?
Los tres hábitos que cambiarán tu vida es un libro breve que pretende ayudarte a construir tres hábitos con poder para transformar tu vida.
En este libro no hay fórmulas mágicas, no hay PNL, no hay pensamiento positivo, no hay un universo que conspira para que se cumplan tus sueños, no hay soluciones indoloras. Solo hay un reto, una propuesta ilusionante y un posible camino para conseguirlo.
Apoyo de Homo Minimus y el blog en la transformación
Durante el año 2014 este blog se pondrá al servicio del proyecto de transformación formulado en Los tres hábitos que cambiarán tu vida.
No hay nada espectacular, no hay atajos; solo una visión, un método, trabajo duro, compromiso y la promesa de instalar tres hábitos con el potencial para dar un vuelco a tu vida en el periodo de un año.
Aunque a muchos les puede parecer que un año es muchísimo tiempo, es posible que no sea tanto. Vamos a formar en un año tres macrohábitos o habilidades complejas con un profundo impacto en nuestro carácter. Son hábitos estratégicos cuyo influjo sobre nuestra eficacia, productividad, bienestar emocional y satisfacción es inmenso.
Este proyecto requiere un compromiso especial a la altura de los beneficios vitales que esperamos obtener. No se trata de leer el libro, pensar que es un buen método, quizá ensayar distraídamente alguna idea, y al cabo de unos días o pocas semanas enterrar las intenciones y volver a la antigua forma de hacer las cosas.
Mi blog servirá como medio de apoyo para un proyecto tremendamente ambicioso. Todos los recursos con los que podamos contar van a ser pocos. En este blog proporcionaré material para ayudarte a lo largo del camino y mantener la motivación.
Una persona de carácter se recupera de los fracasos; una personalidad frágil jamás se recupera de los éxitos.
La psicóloga Carol Dweck en su libro Mindset: How You Can Fulfil Your Potential y en sus artículos científicos habla sobre dos mentalidades o paradigmas que la gente usa para interpretar el aprendizaje personal y el cambio:
La mentalidad fija
La mentalidad de crecimiento
Mentalidad fija
La mentalidad fija defiende que el talento lo es todo y si no logras algo es porque no eres bueno en ello. O eres bueno, o no eres bueno; si no lo eres, no puedes hacer nada. Es una especie de predestinación calvinista en el ámbito del aprendizaje: Dios señala a las personas con talentos; el éxito es una prueba de que al creyente le ha sido concedida la gracia de Dios y es conducido por la mano divina hacia los resultados positivos.
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La mentalidad fija corresponde a una teoría de la inteligencia fija, donde uno poco puede hacer por mejorar su inteligencia. “Yo soy inteligente” o “Yo soy bueno en tal o cual área” y eso determina todo.
El fallo y el fracaso, los intentos infructuosos, la torpeza, son interpretados rápidamente como indicios de que la persona en cuestión no tiene talento. Muchos profesores y entrenadores piensan que pueden detectar el talento en niños pequeños y determinar con mucha seguridad los que valen y los que no valen solo con verlos empuñar una raqueta de tenis, escribir una redacción o un poema o tocar un instrumento un par de veces.
El resultado positivo rápido y sin esfuerzo es interpretado como prueba del talento. Obviamente las personas que viven en esta mentalidad fija van a esforzarse por resultar brillantes en todo momento, no cometer errores y evitar campos que no dominen desde un principio o que se les den mal.
Es posible que uno se sienta muy capaz porque en las primeras etapas de una disciplina, deporte o de la carrera académica le ha ido bien, pero casi inevitablemente llegarán los cursos o las divisiones superiores en que la facilidad inicial desaparezca. Es en estos momentos cuando las personas que viven en la mentalidad fija se encuentran en dificultades: no están preparadas para enfrentarse al fracaso y todo lo que les sale mal lo interpretan como un signo de que no son buenos, de que después de todo no eran tan talentosos como pensaban sus padres, sus entrenadores y ellos mismos, y que son por tanto un fraude.
Una persona que vive en la mentalidad fija abandonará con más facilidad el esfuerzo y el trabajo cuando lleguen los primeros signos de dificultad, porque cualquier fallo o fracaso no es solo un testimonio de que no son buenos en este momento haciendo algo, sino de que no son buenos en general, de que no tienen lo que hay que tener y que son casos perdidos.
El reflejo habitual es por tanto evitar todo aquello en lo que uno no resulte bueno inmediatamente o en poco tiempo, abandonar o evitar todo área de actividad en la que muestre dificultades. La persona que vive en el paradigma fijo sufre de cierta fragilidad del ego y estará constantemente comparándose con otros intentando atisbar síntomas de inferioridad o superioridad.
Mentalidad de crecimiento
Según estudies este libro y continúes con la programación, recuerda que cualquier cosa que merezca la pena hacerse es difícil al principio. Quizá tú eres del tipo de personas que tiene miedo del fracaso, así que abandonas al primer signo de dificultad. Quizá nunca aprendiste auto-disciplina y no puedes hacer nada que sea “aburrido”. Quizá te dijeron que tienes “talento” así que nunca intentas nada que te pueda hacer parecer tonto o que no eres un prodigio. Quizá eres competitivo y te comparas injustamente con alguien como yo que ha estado programando más de 20 años.
– —Zed A. Shaw en Learn Python The Hard Way.
La mentalidad de crecimiento es el paradigma contrario.
Una persona con mentalidad de crecimiento sostiene una teoría de la inteligencia dinámica, en vez del “Yo soy inteligente” se dice “Yo estoy siendo inteligente en esta tarea y en este momento dado”. La inteligencia es una habilidad que se puede desarrollar más o menos y la habilidad es el producto del esfuerzo y la concentración. Esta mañana puede estar siendo muy inteligente (porque me he esforzado en algo mucho y he obtenido un buen resultado), después de comer estar siendo un torpe aprendiz, y por la noche del montón.
El fallo y el fracaso se interpretan como sucesos normales en cualquier proceso de aprendizaje. Si en un momento dado detectan que están haciendo algo con facilidad y brillantez lo atribuyen no a su prodigioso talento, sino a todas las horas anteriores de práctica. La facilidad no es tanto un trofeo o un símbolo de distinción como una señal de que están en una zona familiar que dominan y en la que han dejado de aprender. Después de todo, si estuvieran aprendiendo algo, les resultaría desafiante, complicado y el camino no sería tan sencillo.
Una persona que vive en una mentalidad de crecimiento será siempre más esforzada, no estará pendiente en todo momento de lo que los resultados dicen de él, o de lo arriba o debajo que está en un ranking de comparación con otros. Al contrario, se centrará en el trabajo entre manos, pondrá su foco en la habilidad y en los resultados que quiere producir; cuando vengan las inevitables dificultades, se mostrará más resiliente y tendrá más propensión a continuar, será más perseverante.
Estilo parental para promover la mentalidad de crecimiento
Según Dweck, hay un estilo parental que promueve la mentalidad de crecimiento en los niños. La forma en la que damos nuestros mensajes de ánimo e interpretamos el éxito y el fracaso marcan toda la diferencia.
Si quieres desarrollar una mentalidad de crecimiento y la perseverancia en un niño es mejor que tus comentarios sean sobre resultados concretos, no que califiques toda la personalidad en su conjunto. Cuando el niño haga algo bien debes hacer referencia a la manera o el método empleado y el esfuerzo que puso en ello. Justo lo contrario de lo que haría un estilo parental de mentalidad fija: alabaría a la persona por el resultado positivo, lo atribuiría a sus dotes especiales (”eres un niño muy listo”) y no haría demasiada referencia al método o el esfuerzo. Un niño que viva en una mentalidad fija tendrá miedo a resultar un fraude y mostrará más ansiedad ante los malos resultados y más intolerancia al error o el fracaso.
Un niño educado con mensajes que trasladen el concepto de una inteligencia dinámica, que no ponga el énfasis en la personalidad talentosa, será más proclive a probar cosas nuevas, a tolerar las dificultades del aprendizaje y no estará preocupado constantemente por cuidar su imagen y aparentar infalibilidad o perfección.
La mentalidad experimental y el aprendizaje rápido chocan contra el escollo del perfeccionismo. Queremos hacer las cosas bien y queremos hacerlas bien desde el primer momento. Pero esto es contraproducente.
En este blog hemos hablado de fracasar más y con fracasar con gracia. Aunque a muchos les parece que la idea es de locos, exagerada o una salida de tono para llamar la atención, tengo que replicar que no hay otra manera de acelerar el aprendizaje y aumentar la productividad y producir cosas de valor que cometiendo muchos y nuevos errores.–
El modelo no fue maltratado o dañado en manera alguna durante la toma de esta foto
–La diferencia entre los que aprenden rápido y los que no es la aversión que los aprendices lentos tienen a empezar sin estar preparados, cuando no disponen de una idea perfecta; y la reticencia a mostrar el trabajo en los primeros estadios, cuando todo lo que uno hace hiede y da vergüenza mostrarlo.
El mejor momento para empezar fue el año pasado. El segundo mejor momento para empezar es ahora.
~Seth Godin
Metodologías de trabajo más o menos vanguardistas como Scrum resaltan la necesidad de crear un producto visible y funcional lo antes posible, aunque tenga unas pocas características, e iterar el proceso en sucesivas versiones beneficiándose de la realimentación que nos proporcionen los clientes o usuarios. No es nuevo, es lo que ha hecho todo artista o artesano que se precie desde hace siglos: toda obra de arte y no de arte necesita de versiones previas, lo que yo llamo «primeras versiones de mierda».
La paradoja
El letraherido de llanto fácil y orgullo frágil, el poeta putativo, el bailarín quieroynopuedo, el novicio en el convento, el rookie en la NBA, el becario el primer día de oficina, el emprendedor con gafas de pasta y barba de tres días, el aprendiz de seductor, el novato en el oficio –todos ellos– van a cometer muchos errores si quieren dejar de ser patéticos payasos, patosos, torpes y risibles seres humanos.
Es paradójico: para dejar de producir risa tienes que arriesgarte y soportar el resbalar y caerte muchas veces. Si quieres no parecer patético tienes que resultar patético un montón de veces. Los mejores artistas del patinaje artístico son los que más tiempo han pasado en el suelo intentando piruetas que estaban más allá de sus posibilidades.
Esta es la elección: o cometes errores dispersos y no buscados a lo largo del tiempo y poco a poco, lenta y trabajosamente aprendes; o bien, empiezas a cometer errores rápidamente, doblas, triplicas o quintuplicas tu tasa de fracasos, y soportas el ridículo, la vergüenza y la vindicta popular.
Dolor disperso en el tiempo o mucho dolor concentrado que echa por tierra tu confianza y te hace dudar de tu valor como ser humano.
Pero qué coño, ¡al diablo con la confianza!, lo que queremos es competencia, no engañarnos a nosotros mismos y diferir o postergar el dolor y el aprendizaje.
Los prototipos o primeras versiones de mierda
El primer borrador de cualquier cosa es siempre una mierda
~Ernest Hemingway
Vamos a usar un nombre que dé algo de dignidad a las meteduras de pata, a la actuación ridícula: el prototipo.
El prototipo es una primera versión de mierda que usamos como forma de exteriorizar y materializar nuestras ideas y hacer que choquen contra el duro muro de la realidad. En ellas conocemos el alcance de nuestras maravillosas concepciones y sus limitaciones. De repente, los castillos en el aire se desmoronan y hacen añicos nuestros sueños. Entonces, todavía envueltos en el llanto, recogemos los pedazos, aprendemos de los errores y corregimos lo que hay que corregir.
Las buenas primeras versiones de mierda son herramientas de comunicación con el mundo y con otros seres humanos: clientes, compañeros, lectores, compradores, usuarios, etc. Son el inicio de una conversación, son la forma de acceder a otra mirada humana para que nos diga qué es lo que piensa o cómo lo ve. Son la manera de acceder a la realidad física para que nos diga si la idea inicial, la visión con vocación de realidad, el bebé de nuestra imaginación, tiene visos de convertirse en un hombre sano y fuerte.
Un escritor tiene que escribir muchas primeras versiones de mierda, y segundas, y terceras, y cuartas, y exponerlas a la mirada ajena. Y un pintor, y un artista, y un programador, y cualquier ser humano que quiere aprender y hacer algo de valor para otro ser humano.
Mi petición
Este humilde artículo ha pasado por al menos tres versiones de mierda y ahora está a la vista de todos. Ahora tengo que conocer la reacción, lo más probable la no reacción, la indiferencia. Y tengo que vivir con el resultado, cualquiera que sea.
También he escrito una primera versión de mierda de un libro corto sobre mindfulness (atención plena) y otros temas que publicaré en este blog antes de que suenen las doce campanadas de fin de año. Este fin de semana completaré una segunda versión de mierda y en la siguiente semana tendré una tercera versión de mierda que seguramenta hieda y me dé vergüenza publicar.
Si quieres ayudarme a mejorar, solo has de decírmelo en los comentarios de abajo o vía e-mail y te enviaré la segunda versión de mierda este próximo fin de semana para que si tienes a bien me hagas críticas o sugerencias de mejora.
Una vez había dos máquinas de hacer salchichas, perfectamente construidas para transformar el cerdo en los más deliciosos embutidos. Una de ellas conservó su interés por el cerdo y produjo innumerables salchichas; la otra se dijo: “¿Qué me importa a mí el cerdo? Mi propio esfuerzo es más interesante que cerdo alguno.” Despreció al cerdo y se dedicó a analizar su estructura. Privada de su alimento natural, su interior cesó en sus funciones, y cuanto más se estudió, se encontró más estúpida y vacía. Toda la estructura perfecta con la cual se efectuaba anteriormente la deliciosa transformación, continuaba, y, sin embargo, llegó a olvidarse de lo que era capaz de hacer. Esta segunda máquina es como el hombre que ha perdido el entusiasmo, mientras que la primera semejaba al que lo ha conservado
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El cerebro es una extraña máquina que puede combinar los materiales que se le ofrecen de las más asombrosas maneras, pero sin materiales del mundo externo es impotente, y al revés de la máquina de salchichas, debe adaptar los materiales a sí misma, pues los acontecimientos se convierten en experiencias sólo cuando nos interesamos en ellos; si no nos interesan, no nos sirven de nada. Así, pues, el hombre cuya atención se vuelve hacia dentro no encuentra nada que le atraiga, mientras aquel cuya atención se proyecta hacia fuera puede encontrar dentro, en los raros momentos en que examine su alma, una cantidad de elementos variados e interesantes que se mezclan y resuelven en bellos e instructivos ejemplares.
Estoy un poco cansado de la caterva de gurús de la autoayuda, vendedores de elixir de serpiente y demás telepredicadores que nos dicen que para tener éxito, ser feliz y que la ropa te lave más blanca has de cambiar tu imagen, has de quererte más, has de tener confianza y apuntalar tu autoestima.
Peor todavía son los que te aconsejan que te examines, que analices tus creencias hasta llegar a la médula, que administres vitaminas revitalizantes a tu eguito, que vuelvas a tu infancia y repases tus episodios traumáticos, como el día en que ese niño te arrebató el caramelo y te quedaste llorando; porque solo así podrás comprenderte, conocer tu identidad, tu pasado y tus verdaderos sueños, porque solo así llegarás a ser quien eres y te autorrealizarás.
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En mi nada modesta opinión, esto es una gilipollez propia de los tiempos que corren:
Narcisistas digitales que no ven más allá de sus analógicas narices y que creen que el centro del universo está en su ombligo (quizá por ello la proliferación de las prácticas pseudobudistas).
Gente blanda que no soporta diferir la gratificación instantánea porque pueden sufrir y ellos quieren ser felices.
Buscadores de soluciones universales, indoloras, incoloras y baratas que pagan para que en un curso de crecimiento personal les hagan sentir bien. Con el resultado habitual de crecer 4 centímetros (pero a lo ancho).
Aventureros de pacotilla que buscan en las playas de Tailandia el secreto de la vida para luego contárnoslo en un blog.
No, la solución no está en mirarse el ombligo. Hay un mundo externo más allá del reducido círculo de tus intereses personales. Interésate por algo más grande que tú. Sal ahí fuera, copón.
Eres un ser humano y por lo tanto sensible a tu estatus. Parte de tu consumo es de bienes posicionales. Tenlo en cuenta en tus decisiones. Echa un vistazo a la parábola del 4×4.
No te conviertas en infobeso, evita la infoxicación, inicia una dieta informacional.
Los objetivos son herramientas para orientar la acción en el presente.
El proyecto es la mínima unidad de planificación con significado.
Intenta ser consciente de tus creencias y su origen.
Tu seguridad laboral o profesional depende de lo que seas capaz de aportar a otros seres humanos. Recuerda que «Nadie merece nada», tú tampoco.
Tu seguridad laboral está dejando de ser algo vertical y cada vez será más horizontal, dependerá de tu red de relaciones, de su amplitud y profundidad, y de tu capacidad de aprender.
La aplicación asesina intelectual más potente lleva 10.000 años con nosotros. Hazte con ella y te alegrarás de tener un cerebro.
La inteligencia es dinámica. No «eres inteligente». En el mejor de los casos, «estás siendo inteligente» en este momento, para esta tarea y en estas circunstancias.
La mirada en las nubes y los pies en el suelo.
Las personas antes que las cosas.
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El entorno determina en parte nuestro comportamiento. Diseña y modifica tu entorno físico, social, profesional.
Mantén el equilibrio en todas las áreas de tu vida: física, emocional, mental y espiritual.
Trabajo enfocado e intenso seguido de recuperación. La recuperación es tan importante como el trabajo. Recuerda el paradigma del velocista.
Decide qué coeficiente de variedad quieres en tu vida.
No hay atajos. Y si los hay, los tienes que encontrar por ti mismo.
Puedes acelerar el proceso aprendiendo de los demás.
Los pilares de la salud son el sueño reparador, la alimentación sana, la actividad física moderada y un entorno social nutricio.
Cultiva una mentalidad experimental. Aprenderás más rápido y te divertirás mejor. Haz el rídiculo con regularidad. Construye un buen Ridículum Vitae. Si quieres ver uno muy honesto y simpático, lee el RV de James Altucher.
El control de tu atención es el control de tu vida.
Tu prójimo tiene una mejor posición para valorar qué es lo mejor para él que tú. Tú tienes una mejor posición para valorar lo que es mejor para ti que tu prójimo.
Los valores en parte se descubren, en parte se inventan.
No puedes/debes tener todo. Al menos no todo a la vez.
Tres simplificaciones que te harán más flexible: no automóvil en propiedad, no casa en propiedad y jamás te endeudes.
No puedes ser excelente en todo. Elige un par de áreas donde quieres serlo y sé resuelta y descaradamente mediocre en el resto.
No necesitas autoestima ni confianza para llevar una vida buena o ser excelente. Sientan bien, pero no las obtendrás repitiendo afirmaciones positivas o mirándote el ombligo.
Los tres hábitos que cambiarán tu vida son: el ejercicio físico, la atención plena y la capacidad de hacer lo que debes hacer cuando debes hacerlo te apetezca o no.
El Shabbat es un elemento esencial de la arquitectura existencial de la semana. Shabbat es un término prestado de la religión judía y otras tradiciones religiosas que voy a emplear en sentido amplio, no estrictamente religioso –pero sí espiritual–, para designar un día de descanso al margen de la corriente habitual de trabajo, tareas y objetivos, usualmente el sábado o el domingo, pero podría ser cualquier otro.
Es un día de recogimiento en que desconecto del mundo de la acción intencional, la productividad y los inputs electrónicos para conectar con capas más profundas de mi conciencia.–
Dos judíos vuelven a casa tras el sabbat
–La comunicación no es solo entre personas, también lo es dentro la propia persona: la conexión con la experiencia acumulada, los valores, las emociones. Una persona madura habrá logrado armonía entre emociones, intelecto y estilo de vida; será congruente, sus distintas partes están en relación y crean sinergias que multiplican la eficacia y la satisfacción. La inteligencia intrapersonal de Howard Gardner o la autoconciencia y autorregulación de Daniel Goleman son recursos capitales de la personalidad que promovemos con un día especial de recuperación y recogimiento.
El Shabbat es una institución –costumbre, hábito, procedimiento internalizado– mediante el cual el minimalista existencial desarrolla la autoconciencia, integra experiencias y descansa. La práctica del shabbat no excluye la conexión interna durante el resto de la semana; al contrario, es conveniente que esta conexión se mantenga permanentemente. Sería absurdo vivir como robots productivos y profesionales desconectados de nuestro mundo interior durante la semana laboral, y que solo retomáramos la autoconciencia en el fin de semana o el Shabbat.
Establecer un día específico y un modo existencial especial durante el Sabbat es un modo de ritualizar la práctica de la introspección, el necesario tiempo de recuperación y el recogimiento espiritual. Las mejores ideas e intenciones son agua de borrajas si no creamos rituales, liturgias e intenciones de implementación que nos las recuerden.
En el minimalismo existencial, el Sabbat es uno de los rituales claves con los que podemos dotar la semana para promover el equilibrio y la recuperación. El paradigma del velocista necesita de rituales que nos permitan la regeneración y la consolidación de las experiencias.
Cómo llevar a cabo un Shabbat
Los efectos reparadores de un Shabbat pueden lograrse de muchas maneras. Los detalles concretos pertenecen a un diseño que has de bosquejar personalmente –no siguiendo una receta– a través de un proceso de prueba y error tal como vimos en los principios de diseño de rituales.
Es un buen día para conectar con la Naturaleza, quizá para pequeñas excursiones o para paseos más largos de lo habitual por parques y jardines. Puedes leer libros espirituales e inspiradores con lentitud, sin prisas, demorándote en la interpretación de los sentidos de las palabras y considerando tranquilamente las implicaciones de lo leído sobre tus valores y tus acciones cotidianas.
Las conexiones digitales –-armas de distracción masiva— han de reducirse al máximo. Sería un día perfecto para abandonar el móvil en un cajón, para dejar de acceder a las redes sociales y acceder más a seres de carne y hueso que durante la semana andaban tan escasos de tiempo o tan ajetreados como tú. Considera sustituir facebook o twitter con encuentros y charlas de varias horas en un ambiente relajado.
Acallar el estruendo de lo externo es fundamental para que la voz interior pueda aflorar y tú puedas escucharla. No llenes el Sabbat de actividades, por lúdicas que sean; deja tiempo para estar a solas contigo mismo, al menos unas cuantas horas sin hacer nada en particular, si es posible todo el día.
No hace falta que salgas de la habitación. Quédate sentado en el escritorio y escucha. No, mejor no escuches, simplemente espera. No, mejor no esperes, quédate callado y solo. El mundo se te ofrecerá libremente sin máscaras; no tiene elección, se extenderá en éxtasis a tus pies.
~Frank Kafka.
Beneficios del Shabbat
Descansamos.
Cambiamos de ritmo: saltamos de la noria frenética de la semana y desde fuera la contemplamos.
Liberamos espacio mental para las modalidades de actividad mental más lentas y contemplativas.
Nos socializamos de manera relajada: relaciones humanas lentas y más profundas
Obtenemos más perspectiva, relativizamos los pequeños sucesos de alto contenido emocional.
Establecemos una periodo libre de impactos comunicativos y sucesos impredecibles.
Maduramos las decisiones.
Reconsideramos prioridades y proyectos.
Podemos iniciar la siguiente semana con más foco.
El efecto de un día de recogimiento semanal practicado regularamente se extenderá poco a poco al resto de la semana como las ondas de un canto arrojado a un lago temporal.–
El sabbat se extiende como una onda al resto de la semana–
El Shabbat es un elemento esencial de la arquitectura existencial de la semana. Shabbat es un término prestado de la religión judía y otras tradiciones religiosas que voy a emplear en sentido amplio, no estrictamente religioso –pero sí espiritual–, para designar un día de descanso al margen de la corriente habitual de trabajo, tareas y objetivos, usualmente el sábado o el domingo, pero podría ser cualquier otro.
Es un día de recogimiento en que desconecto del mundo de la acción intencional, la productividad y los inputs electrónicos para conectar con capas más profundas de mi conciencia.–
Dos judíos vuelven a casa tras el sabbat
–La comunicación no es solo entre personas, también lo es dentro la propia persona: la conexión con la experiencia acumulada, los valores, las emociones. Una persona madura habrá logrado armonía entre emociones, intelecto y estilo de vida; será congruente, sus distintas partes están en relación y crean sinergias que multiplican la eficacia y la satisfacción. La inteligencia intrapersonal de Howard Gardner o la autoconciencia y autorregulación de Daniel Goleman son recursos capitales de la personalidad que promovemos con un día especial de recuperación y recogimiento.
El Shabbat es una institución –costumbre, hábito, procedimiento internalizado– mediante el cual el minimalista existencial desarrolla la autoconciencia, integra experiencias y descansa. La práctica del shabbat no excluye la conexión interna durante el resto de la semana; al contrario, es conveniente que esta conexión se mantenga permanentemente. Sería absurdo vivir como robots productivos y profesionales desconectados de nuestro mundo interior durante la semana laboral, y que solo retomáramos la autoconciencia en el fin de semana o el Shabbat.
Establecer un día específico y un modo existencial especial durante el Sabbat es un modo de ritualizar la práctica de la introspección, el necesario tiempo de recuperación y el recogimiento espiritual. Las mejores ideas e intenciones son agua de borrajas si no creamos rituales, liturgias e intenciones de implementación que nos las recuerden.
En el minimalismo existencial, el Sabbat es uno de los rituales claves con los que podemos dotar la semana para promover el equilibrio y la recuperación. El paradigma del velocista necesita de rituales que nos permitan la regeneración y la consolidación de las experiencias.
Cómo llevar a cabo un Shabbat
Los efectos reparadores de un Shabbat pueden lograrse de muchas maneras. Los detalles concretos pertenecen a un diseño que has de bosquejar personalmente –no siguiendo una receta– a través de un proceso de prueba y error tal como vimos en los principios de diseño de rituales.
Es un buen día para conectar con la Naturaleza, quizá para pequeñas excursiones o para paseos más largos de lo habitual por parques y jardines. Puedes leer libros espirituales e inspiradores con lentitud, sin prisas, demorándote en la interpretación de los sentidos de las palabras y considerando tranquilamente las implicaciones de lo leído sobre tus valores y tus acciones cotidianas.
Las conexiones digitales –-armas de distracción masiva— han de reducirse al máximo. Sería un día perfecto para abandonar el móvil en un cajón, para dejar de acceder a las redes sociales y acceder más a seres de carne y hueso que durante la semana andaban tan escasos de tiempo o tan ajetreados como tú. Considera sustituir facebook o twitter con encuentros y charlas de varias horas en un ambiente relajado.
Acallar el estruendo de lo externo es fundamental para que la voz interior pueda aflorar y tú puedas escucharla. No llenes el Sabbat de actividades, por lúdicas que sean; deja tiempo para estar a solas contigo mismo, al menos unas cuantas horas sin hacer nada en particular, si es posible todo el día.
No hace falta que salgas de la habitación. Quédate sentado en el escritorio y escucha. No, mejor no escuches, simplemente espera. No, mejor no esperes, quédate callado y solo. El mundo se te ofrecerá libremente sin máscaras; no tiene elección, se extenderá en éxtasis a tus pies.
~Frank Kafka.
Beneficios del Shabbat
Descansamos.
Cambiamos de ritmo: saltamos de la noria frenética de la semana y desde fuera la contemplamos.
Liberamos espacio mental para las modalidades de actividad mental más lentas y contemplativas.
Nos socializamos de manera relajada: relaciones humanas lentas y más profundas
Obtenemos más perspectiva, relativizamos los pequeños sucesos de alto contenido emocional.
Establecemos una periodo libre de impactos comunicativos y sucesos impredecibles.
Maduramos las decisiones.
Reconsideramos prioridades y proyectos.
Podemos iniciar la siguiente semana con más foco.
El efecto de un día de recogimiento semanal practicado regularamente se extenderá poco a poco al resto de la semana como las ondas de un canto arrojado a un lago temporal.–
El sabbat se extiende como una onda al resto de la semana–
El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja; el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos.
La atención es la moneda de la comunicación humana. Damos atención y obtenemos atención. A veces es tan simple como eso. La reciprocidad funciona bien en las distancias cortas.
No todos tenemos la atención que deseamos. Quizá sí de nuestro esposa, quizá no de nuestros hijos; quizá sí de nuestra novia, quizá no de la reina de las fiestas; quizá sí de nuestro jefe, pero quizá no del jefe de nuestro jefe, que decide quién asciende o no; quizá sí de unas cuantas decenas de lectores, pero seguro que no de los miles que tienen otros blogueros (con menos merecimientos). La lista de nuestras frustraciones atencionales puede seguir y seguir. Pero ya captas el mensaje: somos invisibles para la gran mayoría de la humanidad, e incluso, muy a nuestro pesar, en nuestros círculos más cercanos.–
Solo yo me veo
–Pero no todas las atenciones tienen el mismo valor. No es lo mismo la atención que te preste Obama o tu jefe en una fiesta de la oficina que la del bedel del ministerio o el vendedor de automóviles. Si te la presta un personaje famoso o importante, dices: “qué tipo tan cercano, tan natural”; si lo hace alguien que consideras de “rango inferior”, lo das por sentado y no te sorprende, quizá llegues a decir: “qué pesado”. No percibes tanto que estás recibiendo valor como que alguien lo reclama de ti.
Para que te miren, para que te elijan, para tener tus quince minutos de gloria, para que te asciendan, para que te consideren potencial pareja, para que te contraten, para que te quieran… tienes que resaltar de la multitud y de los millones de inputs. Cada día es más difícil, hasta tienes que luchar con las armas de distracción masiva: móviles, guasap, el iPad o el portátil. Cada día es más difícil conectar, cada día estamos más desconectados, cada día es más complicado tener la atención individida de nadie. La mente humana es una mente itinerante y oportunista, siempre escaneando el entorno en busca de mejores opciones.
La pregunta de fondo que hace cualquiera antes de prestar su atención es: ¿por qué tendría que fijarme en ti? ¿Por qué tendría que darte mi atención y mi precioso tiempo? ¿Por qué has de dejar de ser invisible?
La respuesta obvia: el mar rojo de la competencia
La respuesta inmediata y fácil es: porque hablo más alto, porque soy más espectacular, porque me esfuerzo más, porque quiero tu atención más y lo demuestro (con la esperanza de ser correspondido), porque tengo más músculos o gasto más dinero o porque soy más guapo.
Lo anterior no está al alcance de todos, y si lo está, no lo está siempre ni absolutamente; siempre puede aparecer otro más espectacular, más guapo, con más músculos, que hable más alto, que esté dispuesto a subir la puja.
La respuesta natural, obvia, inmediata supone por lo tanto entrar en un mar rojo competitivo, rojo por la sangre de los competidores. Solo puede quedar uno. O unos pocos.
Es una carrera de armas atencionales por captar cuota de atención en las mentes a las que nos dirigimos. Quien aporte más en la puja obtiene la atención, pero de manera pasajera e indiferenciada; es como una empresa que siempre ofrece los mejores precios en un mercado de empresas con el mismo producto. La lucha es constante, cansada y… aburrida.
No se trata meramente de tener una cualidad intrínseca o heredada que te garantice el éxito atencional, como la belleza, el dinero o la “creatividad”. Se trata de poner en marcha nuestra inteligencia creadora y crear cosas nuevas.
No usaré la palabra creatividad porque alude a un rasgo del carácter que se tiene o no se tiene. No todos somos “creativos”, pero todos tenemos una mente creadora.
Una inteligencia creadora es una inteligencia que crea sorpresas eficaces. Creamos algo que antes no existía y, por tanto, hay sorpresa y generamos atención; pero no es una mera ocurrencia o fogonazo que pone en alerta a los que nos rodean. Es una sorpresa eficaz. Es decir, es una sorpresa que logra algo para alguien, que crea valor o hace mejor la vida de otro ser humano.
Con la sorpresa conseguimos resaltar sobre el mar de fondo de los estímulos; con la eficacia en la creación de valor. logramos que la mirada de los otros se mantenga sobre nosotros.
Cuando el hombre invisible se pone el sombrero de la creación, deja de ser invisible.
Odio la palabra networking. Tiene un aire a predeterminado, previsible y red de telecomunicaciones con protocolos y servidores Apache que queda lejos de lo que se supone que son las conexiones genuinas. No es que me molesten las metáforas tecnológicas; yo las uso todo el tiempo. Pero es que la palabra networking, además de ser un anglicismo, palidece ante la riqueza del concepto de conexión entre humanos.
Por eso, cuando me dicen que mi proyecto 52 es una excelente manera de favorecer el networking o cuando lo intentan reducir a mero networking, me rebelo. El proyecto 52 es un generador cuasi-aleatorio de de sorpresas y de conexiones entre personas.
En una de las primeras comidas,Arturo Herrero me señaló una iniciativa similar, el proyecto 52 cups of coffees, en que una chica americana tomaba un café con un desconocido todas las semanas durante un año. Entre sus compañeros de café estaba Steve Wozniak (co-fundador de Apple) y algunos otros personajes famosos, además de personajes anónimos. También me parece una forma interesante y todavía más flexible de implementar la iniciativa. Yo desconocía este proyecto cafetuno cuando inicié mi proyecto 52.
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Megan, la saltarina chica del proyecto 52 cups of coffee
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La ventaja del proyecto 52 comidas respecto al proyecto 52 cups of coffee es que una comida es siempre algo más formal y su duración habitual es de al menos una hora y media. Dicho de otro modo: la gente no puede escabullirse fácilmente cuando me presento con el pecho descubierto y una capa roja. Tienen que apechar –neverbettersaid– con mi presencia durante un buen rato.
Hasta el momento llevo 34 comidas. Teniendo en cuenta que empecé en febrero, que tuve un accidente (atropello) que me dejó en el dique seco, y que el mes de agosto me lo concedí de descanso, el ritmo ha sido bastante bueno, casi una comida por semana, aunque he descarrilado al menos tres semanas.
En el gráfico de Beeminder muestro la evolución y la meseta del mes de agosto. Los puntos verdes que veis que no aumentan el número acumulado de comidas es porque son comidas repetidas o con personas de mi entorno habitual que no puedo considerar frikis. He pagado 15 dolares como multa por los tres descarrilamientos que he tenido a lo largo del año.
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Se me ha preguntado habitualmente por qué no actualizaba o relataba las comidas que iba teniendo, como hace la chica del proyecto 52 cups of coffees.
He escrito algo sobre ellas en términos generales en los artículos: Proyecto 52 comidas , Informe de avance del Proyecto 52 comidas al 19.3.13 y Proyecto 52, ¿con quién comeremos esta semana?. Pero no he dado detalles concretos ni de los comensales ni de las conversaciones. La razón es que el propósito del Proyecto 52 no es tener comidas y conversaciones para escribir sobre ellas o para proporcionarme material para el blog; el propósito del proyecto 52 es tener conversaciones estimulantes que aumenten mi coeficiente de variedad social e intelectual.
Consideré que si luego iba a tener que escribir sobre las comidas y las conversaciones, durante la comida estaría más pendiente de recopilar información y tomar notas (mentales) para luego escribir que de la persona que tuviera delante. Además, si mi compañero de charla sabe que es una conversación estrictamente confidencial, se sentirá más confiado y todo será más natural.
Algunas personas se muestran tímidas y me preguntan por los requisitos para ser candidatos. Lo de “comer con personas interesantes” les hace dudar sobre su idoneidad o sobre mis criterios de selección. Yo siempre respondo que si una persona es lo suficientemente aguerrida para querer comer con alguien desconocido después de leer un artículo u oír hablar de mí, entonces es lo suficientemente friki según mis estándares. –
Si no puedes escuchar el audio de arriba, pulsa aquí.–
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El minimalismo es una herramienta para eliminar los excesos de la vida y enfocarse en lo esencial
Si crees que ha llegado el momento de dar un giro de 360 grados y seguir haciendo lo que siempre has hecho para conseguir lo que siempre has conseguido, ni se te ocurrasuscribirte a este blog introduciendo tu e-mail y pulsando el botón superior derecho para así recibir cómodamente los artículos de Homo Minimus.
En los últimos tiempos he advertido que muchas de mis decisiones son tomadas en un clima mental de urgencia poco saludable. Tengo la sensación de estar en un estado acelerado, en continuo movimiento, haciendo muchas cosas, pero sin avanzar. O actuando vigorosamente pero de forma desenfocada, más para calmar la impaciencia que para obtener resultados.
Actúo como si prefiriera más la sensación de estar en marcha que el avance real. Mi lista de cosas que hacer y su compleción se convierte más en un lenitivo de mi ansiedad que una herramienta de organización personal y enfoque.
La mentalidad experimental aconseja iniciar la acción lo antes posible, pero luego parar y reconsiderar los resultados para ver qué hemos obtenido. Yo he aprendido a iniciar con mucha más rapidez, pero me temo que tras la ejecución no dedico el tiempo suficiente a consolidar la experiencia. En cuanto acabo algo, ya estoy pensando en iniciar otra acción, como un sísifo que esforzadamente eleva una gigantesca piedra a la cima de la montaña para luego dejarla caer al abismo y comenzar de nuevo.
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¿Cuál es el propósito de tanta agitación?
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Sumergidos y abrumados por nuestra lista de cosas que hacer, perdemos la perspectiva. Intentamos controlar el flujo de la acción y estar en todos los frentes a la vez; como consecuencia, en el fragor de la batalla perdemos de vista el propósito de la guerra.
Ralentizar el ritmo en la toma de decisiones
Por este motivo, me he propuesto ralentizar el ritmo de la acción y tomarme más tiempo antes de decidir y de añadir ítems a mi lista de cosas que hacer. Para evitar actuar bajo el influjo de la ansiedad, el miedo o la urgencia he decidido proporcionarme más tiempo de contemplación y valoración de los potenciales cursos de acción.
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Conjugar el verbo caracolear más a menudo
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–Es habitual confundir la eficiencia con la eficacia. Y la agitación con el movimiento. Es mucho más importante elegir los cursos de acción más eficaces que enfocarse en ser más eficiente con cursos de acción desencaminados o con una miríada de cosas que hacer que añade poco valor o que encubre la calidad en el marasmo de la cantidad.
Práctica deliberada y lentitud
Dan Coyle en Las claves del talento habla de la lentitud deliberada en el contexto de la práctica deliberada. El aprendizaje se consolida antes y es más profundo si somos deliberadamente lentos y atentos en cada una de nuestras acciones.
Coyle pone el ejemplo de una escuela de tenis rusa que ha dado figuras de talla mundial: en el Spartak Tennis Club de Moscú usan una técnica que llaman «imitatsiya” en la que intercambian golpes imaginarios en cámara lenta y sin pelota. Este club ha producido una cantidad enorme de buenos jugadores: Safin, Kournikova, Myskina, Dementieva, Safina, Youzhny, Tursunov.
En las artes marciales y el ballet también hacen uso de la lentitud deliberada como forma de aumentar los inputs y obtener un feedback más grande de los movimientos corporales.
Pretendo extender este enfoque a las decisiones. Tomar las decisiones ensanchando el hiato entre estímulo y acción y asumiendo un ritmo deliberadamente lento en la toma de decisiones y asunción de responsabilidades.
Creatividad y lentitud
Entusiasmado, en el contexto de su curso de creatividad, alude a un experimento del psicólogo Csikszentmihalyi con pintores: los más creativos eran los que se tomaban más tiempo para contemplar el objeto que iban a representar: lo observaban desde más puntos de vista, hacían más bocetos y consideraban más posibilidades expresivas antes de decidirse por un concepto o idea final y ejecutarlo.
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Bailar lentamente con las ideas antes de tomar una decisión o decidir iniciar una acción
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Sus compañeros menos creativos se lanzaban antes al fragor de la ejecución pictórica con resultados más rutinarios y calidad más baja. Los más creativos contemplaban muchas más posibilidades iniciales y la ejecución pictórica era rápida. Quizá dedicaban 50 minutos a la observación y los bocetos, y solo diez minutos a la ejecución:
[…] El segundo tipo de artista, por el contrario se pasaba como 5 o 10 minutos examinando los objetos, mirándolos desde todos los puntos de vista. Después frecuentemente volvían y reorganizaban las cosas o cambiaban los objetos. Dibujaban el resultado por 20 o 30 minutos y después cambiaban de opinión, reorganizaban las cosas y borraban y dibujaban de nuevo el bosquejo. Después de una hora de hacer esto, decidían la idea final y dibujaban en 5 o 10 minutos.
Mi desafío actual
Ser deliberadamente lento en mis movimientos mentales, potenciar la atención plena (no sorpresivamente es uno de los tres hábitos que cambiarán tu vida) , ralentizar la toma de las decisiones ensanchando el periodo de deliberación y de contemplación de los diversos cursos de acción.
Pretendo no precipitarme, tomarme mi tiempo, esperar a obtener inputs y a establecer conexiones entre ellos.
Cuando llegue el momento, actuar decididamente, con espíritu resolutivo y sin dudas.
Cuando eres joven, ves la televisión y piensas: hay una conspiración. Las cadenas conspiran para atontarnos. Pero cuando te haces un poco mayor te das cuenta de que no es verdad. Las cadenas de televisión están en el negocio de dar a la gente exactamente lo que quiere. Este es un pensamiento mucho más deprimente. ¡La conspiración es optimista! ¡Puedes disparar a esos cabrones! ¡Puedes hacer la revolución! Pero en verdad las cadenas están en el negocio de dar a la gente lo que quiere. Esta es la verdad.
No creo mucho en la educación: cada uno debe ser su propio modelo aunque éste sea desastroso.
~Albert Einstein
¿Qué hacen en 50 personas de edades diversas e historiales variopintos con gesto serio y aire de luchadores de sumo formando un círculo a las 9 de la mañana de un sábado que además coincide con el puente del día de todos los santos? ¿No tienen nada mejor que hacer?
Algunos se han levantado a las 7 de la mañana para poder acudir puntualmente a la cita en Impact HUB Madrid (gracias a sus responsables por cedernos el local); otros han venido de ciudades a varios cientos de kilómetros como Bilbao o Valencia; María Benavente, una chica pizpireta de 15 años, ha viajado en tren desde Galicia para poder estar en Openspace #HackYourEducation y encontrar los argumentos para convencer a su madre de que le permita dejar el instituto y dedicarse a la programación. Hay expectación y el evento está a punto de empezar.
Hummmm, después de todo puede ser que no esté solo. Aparte de mi mismo, hay vida inteligente en este planeta.
Es una conferencia openspace o anti-conferencia, como prefiero llamarla, que trata sobre cómo hackear la educación y aprender al margen del sistema educativo tradicional de instituto, universidad, másters y otros sistemas formales y formalizados de aprendizaje.
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El evento está organizado por Guillermo Pascual, un hacker (aunque él prefiere denominarse builder o artesano del software) de 19 años que dejó el instituto a los 16 años porque no era feliz en él y sentía que no respondía a sus verdaderas inquietudes. Tampoco sabía qué hacer con su vida, pero prefirió descubrirlo por sí mismo al margen del sistema. Casualmente lo conocí por su propia iniciativa, no la mía, a través de mi proyecto 52 comidas.
A fuerza de entusiasmo por el sofware y uniéndose a a comunidades de desarrolladores, Guillermo fue aprendiendo y labrándose un lugar en la profesión de los programadores. A los 17 años empezó a desarrollar software informático, y un par de años después es un consultor informático freelance que elige sus trabajos, no por el dinero que gana sino por el interés que le suscitan los proyectos y sobre todo por las personas con las que va a trabajar.
Como maestro de ceremonias, actúa Xavier Gost, un programador veterano con mucho gracejo. Le podéis ver en su salsa en una conferencia tradicional ante tus colegas programadores explicando cuál debería ser el papel del programador en la sociedad. Forma parte de la comunidad de artesanos del software; además, es amigo y mentor de Guillermo, el organizador. Xavi explica el concepto de openspace conference y las reglas básicas de funcionamiento: pocas y funcionales. Esto me va a gustar.
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Xavi Gost. El maestro de ceremonias de nuestra conferencia openspace #HackYourEducation
–El desarrollo de una anti-conferencia ilustra muy bien lo que significa hackear la educación. El carácter espontáneo, diverso, emergente (concepto que obsesiona a Xavi Gost), informal, flexible y fluido de este evento es análogo a muchos de los rasgos que son necesarios para ser un buen hacker de la educación. También requiere de una organización y formalidad mínima, que yo considero muy atractiva desde el punto de vista del minimalismo organizativo y de la eficacia en el aprendizaje.
Rápidamente se proponen varios temas y se forman grupos para charlar sobre ellos. La gente en función de sus intereses se une a unos y a otros, y cuando quiere cambia de grupo para tocar más temas siguiendo la regla de los dos pies. Nadie debería sentirse ninguneado si la gente se larga cuando está hablando o si el grupo que has formado poco a poco se vacía hasta quedarte solo. De hecho, yo propuse un tema al que nadie se unió. Pero previamente había propuesto otros cuatro que sí tuvieron audiencia y participación. Es lo que ocurre cuando hay libertad y se eliminan algunas formalidades: la gente hace lo que le place. Y está bien.
En un próximo artículo explicaré con más detalle la dinámica de un openspace, unconference o anti-conferencia y su valor como forma alternativa de generar conexiones, debates, proyectos conjuntos y despertar la conciencia sobre un problema o buscar maneras creativas de construir cosas nuevas.
¿Tienes que ser un genio para hackear tu educación?
Este es habitualmente el primer argumento que se presenta contra el hackear la educación. Eso está muy bien para Steve Jobs (el gurú del marketing de electrónica de consumo, que dejó el college a los 6 meses), Bill Gates (un semi-autista que no pasó del primer año en Harvard), o Richard Branson (un excéntrico millonario inglés con dislexia que dejó el instituto a los 16 años, creó Virgin Records y Virgin Airlines, y que pasados los 40 años se enteró de la diferencia entre bruto y neto en una cuenta de resultados). También está bien para gente con un talento especial: superdotados, músicos, deportistas.
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Richard Branson a bordo de uno de sus aviones de Virgin Airlines ejerciendo de azafato. TONY ASHBY/AFP/Getty Images)
O peor, esto está bien para los que tienen muchos recursos y tiempo, proceden de familias adineradas que se pueden permitir este tipo de lujos en el aprendizaje; pero la persona corriente tiene que seguir el camino habitual, ganar un título que le abra las puertas al mercado de trabajo y entrar en una empresa con organización tradicional.
Ciertamente, la gente que fue a la anti-conferencia era en un cierto sentido “especial”: gente inquieta, de inteligencia activa –algunos seguramente se salen de las gráficas en cociente intelectual–, curiosa y con muchas ganas de forjar su propio destino; pero en otro sentido eran gente normal, de aspecto normal, y con capacidades normales, que concentradas en algo que les apasiona les hace capaces de ser muy buenos profesionales o de aprender nuevas tecnologías. Iván Stepaniuk, de origen argentino, aprendió a programar en BASIC a los 8 años y con 14 años ya producía software comercial. Obviamente, este no es un caso habitual pero nos sirve para saber de lo que alguien que se interesa por un tema es capaz a base de motivación y perseverancia y un entorno propicio.
Cometeríamos un error si pensáramos que el hackear la educación es para una élite privilegiada genética o socialmente. En absoluto: es una opción o posibilidad que cada vez está más alcance de todos, gracias a internet y la ingente cantidad de recursos educativos disponibles de manera casi gratuita. Los MOOCS como EdX, Udacity, Udemy o Coursera, los foros de preguntas y respuestas como Quora, o como StackExchange.com o ehow.com y muchos otros que están surgiendo en los últimos años.
Cualquier persona motivada con las ideas claras (o con las ideas confusas y con ganas de explorar, como yo) y que quiera aprender algo nuevo puede hacerlo hoy en día si se lo propone.
Desescolarización
Nunca he dejado que la escuela interfiera con mi educación ~ Mark Twain
En un grupo en el que estaba presente Laura Mascaró, especialista española en educación en libertad y evangelista del homescholing y el unschooling en España, se habló sobre una educación alternativa al margen de la escuela. Predica con el ejemplo y educa a su hijo de 7 años en casa además de asesorar a familias de homeschoolers españoles e impartir conferencias en España y sudamérica sobre el tema.
El último libro de Laura es Sin escuela. Muy recomendable como texto divulgativo para reflexionar sobre la educación y su actual configuración.
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La educación en España, con una tasa del 30% de fracaso escolar, episodios habituales de acoso en las aulas, desmotivación de los profesores y exceso de burocracia e intromisión política no parece ya la mejor de las opciones; o, al menos, no es la única que deberíamos contemplar. Esto es extrapolable a casi cualquier país del mundo, incluidos los más desarrollados.
Es sorprendente que con estos datos y conciencia general del problema de la educación en España, la gente (¡incluso dentro de nuestro openspace #HackYourEducation!) se muestre tan conservadora y cauta respecto a la desescolarización en sus diversas formas, homeschooling, unschooling, etc.
Con estos resultados, me pregunto: ¿qué tenemos que perder con experimentar con otras opciones? Supongo que la gente siempre prefiere lo malo conocido que lo bueno por conocer y que el estar del lado de la mayoría protege psicológicamente contra los malos resultados. Después de todo, si me equivoco con otros, el error resulta menos doloroso. El cálido manto del colectivo nos hace sentirnos protegidos a pesar de todo. Somos muy malos percibiendo los riesgos, sobre todo cuando se construyen de forma gradual y se van haciendo más y más familiares. El síndrome de la rana hervida ha operado en el sistema educativo español.
El concepto de desescolarización y educación en casa al margen de la escuela puede parecer un anatema para muchos, pero en estados unidos hay más de 1,5 millones de homeschoolers y unschoolers que se educan fuera de las instituciones públicas y privadas. Los resultados suelen ser mejores que los de la educación reglada. Muchas universidades están reservando un cupo especial para chicos educados en casa; su autonomía, creatividad y madurez suele ser superior al de las víctimas, quiero decir, al de los beneficiarios, de la educación pública.
Para adolescentes que están pensando en dejar el instituto, tomar las riendas de sus vidas y convencer a sus padres de ello recomiendo The Teenage Liberation Handbook. Me temo que está en inglés solamente, pero merece realmente la pena, en especial los primeros capítulos; es una excelente guía para adolescentes que quieren hacer homeschooling o unschooling y perseguir sus propios intereses y emprender proyectos personales.
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ESTE ES UN LIBRO MUY PELIGROSO. Contradice toda la sabiduría convencional sobre los que dejan el colegio y la importancia de la educación formal. Es divertido e inspirador. … El autor no se hace responsable por la felicidad y sentimiento de responsabilidad que pueda resultar.
Uncollege, un paso más allá en la desescolarización
La universidad no es el lugar al que ir a buscar ideas. ~Helen Keller
El movimiento uncollege en Estados unidos lleva este bricolaje intelectual un escalón educativo más allá al propugnar que no necesitas gastar 100.000 dólares y 4 años de tu vida en la universidad para conseguir unos conocimientos y habilidades que puedes obtener más rápidamente y con menor coste mediante el aprendizaje autodirigido. Dale Stephens, autor de Uncollegees el pionero y mejor representante de este movimiento. Podéis ver su página web y su uncollege manifiesto.
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Si estás a punto de ir a la universidad y no tienes el coraje de leer este libro antes, te mereces exactamente lo que vas a obtener. ~Seth Godin, autor de Stop Stealing Dreams.
Aunque en España el coste para el estudiante no es tan grande, sí que lo es para el estado y los contribuyentes , que gastan una media de 7000 euros anuales por estudiante con resultados más que dudosos en cuanto a formación adquirida. No tenemos ni una sola universidad española entre las 150 primeras del mundo y los informes PISA relegan a los alumnos españoles a las últimas posiciones del mundo desarrollado junto con nuestra vecina Portugal y Grecia.
Paradójicamente, nuestros MBAs de negocios están entre los mejores del mundo, con algunos como el del IESE de Barcelona o el IE de Madrid o el ESADE apareciendo regularmente en el top ten mundial. En el 2012, en el ranking del financial times, el IE fue el segundo a nivel mundial, el IESE el sexto, y el ESADE el quinto. Ningún otro país de Europa tiene tres MBAs en la lista de los diez mejores.
La paradoja se resuelve fácilmente: todos estos MBAs son de iniciativa privada, están sometidos a las leyes del mercado, dependen de satisfacer sus clientes y no reciben subvención alguna.
¿Hackear el sistema o hackear tu educación?
He de crear mi propio sistema o seré esclavizado por el de algún otro ~William Blake
Javier Cuevas habla de establecer métodos de marketing de guerrilla, dar charlas en institutos y universidades e incluso poner pancartas en centros universitarios del tipo: “Os están robando el tiempo”, “Vuestra educación es un fraude”, etc. Esta opción serviría para hacer ver la luz a los que siguen en el sistema educativo tradicional. Su argumento es que no podemos dejar a los demás en la estacada e ir a lo nuestro sin preocuparnos por la suerte de la gran mayoría.
Marta Fonda, una ingeniera informática y licenciada en ADE, piensa que podemos hackear el sistema, aprovechar los recursos que nos proporciona y hacer la guerra desde dentro. No creo que sea la mejor estrategia, dado el nivel de burocracia e inercia administrativa, pero es otra vía posible para los que no se atreven a dar el salto completo de hackear su educación y prefieren poner parches al sistema. Los cambios graduales por pequeños que sean en la dirección correcta también pueden ayudar a crear conciencia.
Según vemos, algunos pretenden hackear el sistema en vez de hackear su educación; se les puede perdonar, porque muchos son programadores o hackers profesionales. Pero en mi nada modesta opinión, es una pérdida de tiempo el intentar reformar un sistema caduco y atrasado, y es mejor buscar formas más imaginativas en las que haya menos (¡o ninguno!) control administrativo o político. En este caso especial prefiero la revolución voluntaria y personal (con la ayuda de espíritus afines) a la reforma colectiva y consensuada o acordada de talla única para todos. Dicho en el lenguaje del software: es mejor crear Linux que intentar convencer a Microsoft de que debe mejorar su sistema operativo; o expresado de otra forma: puedes dar un jaque al sistema hackeando tu propia educación en tus propios términos.
Si se trata de hacer llegar el mensaje al resto de la sociedad sobre otras opciones de aprendizaje y educación, es mejor liderar mediante el ejemplo, construyendo nuestro propio sistema, teniendo “éxito” (irónicamente, es una palabra que repugna a mucha gente que lo tiene, pero este es otro tema…), mostrando a los demás que podemos aprender, construir, iniciar y ser ciudadanos productivos y responsables que logran cosas por sus propios medios a base de tesón y energía.
La gente no es estúpida, la gente ni siquiera tiene que ser “enseñada a pensar críticamente”, como dicen algunos (¡este tufo condescendiente y paternalista me repele!), ya tienen un cerebro pensante –aunque piensen otras cosas–, la gente es inteligente y hasta brillante; si ve que un determinado grupo de personas aprende de manera más eficaz, más rápida, más divertida y motivada y además consigue buenos resultados profesionales, se unirá o al menos considerará la posibilidad de hackear su propia educación, dentro o fuera del sistema educativo tradicional.
En definitiva, proporciona a la gente libertad de elección y acceso al conocimiento y verás cómo te sorprende. ¿Acaso no es este uno de los principios del opensource y de la ética del hacker?
Talleres informales de programación (o de cualquier otra cosa)
Muchos de los hackers de la educación conscientes de la importancia de la tecnología en la sociedad actual se rasgan las vestiduras ante lo mal que el sistema educativo actual enseña alfabetización digital. Xavi Gost alude al libro Program or be programmed: ten commandements for a digital age (Programa o sé programado: diez mandamientos para la era digital) de Douglas Rushkoff y nos insta a ayudar a los niños y jóvenes a subirse al carro de la modernidad digital.
Programadores, ingenieros o tecnófilos proponen crear escuelas o talleres o cursos más o menos formales para jóvenes sobre matemáticas, pensamiento crítico, programación o diseño. Son gente idealista por la que siento simpatía. Tienen verdaderas ganas de contribuir y ayudar.
Solo una cosa me rechina: la mayoría de ellos aprendieron programación o diseño gráfico por su cuenta, al margen de un programa oficial, con sus recursos personales o familiares, movidos por el deseo de aprender, la curiosidad y la motivación intrínseca. Pero sus propuestas no siempre armonizan con sus biografías…
Paradójicamente, algunos de estos hackers de su educación consideran que los cursos o talleres han de ser de asistencia obligatoria, porque “si no los obligas” los niños no van a querer esforzarse y acudir regularmente a esos cursos tan importantes de matemáticas o scratch (un lenguaje de programación para niños).
SORPRENDENTE: los mismos que creen en el poder de la curiosidad y la libertad para perseguir su pasión consideran que hay que tutelar el interés de los niños y jóvenes y obligarlos a aprender estas tecnologías tan importantes, matemáticas o disciplinas similares.
Algunos incluso creen que algunas familias son poco fiables y que el estado (la «sociedad», eufemísticamente dicen) debe intervenir y retirar la libertad de elección a esas familias que no están preparadas o no merecen la responsabilidad de educar a sus propios hijos.
Aparentemente, la Ley de los dos pies, que permite elegir con los pies (huyendo o acudiendo libremente) el tipo de enseñanzas que quieres recibir, solo se aplica al openspace o a sus propias vidas, no a los talleres que ellos organicen. Parece que no creen que puedan motivar o inspirar a los chicos que voluntariamente decidan participar en sus talleres.
Seamos críticos con nosotros mismos, el lastre de nuestra educación académica formal es muy fuerte, e incluso en los más concienciados de entre nosotros sigue resonando el afán de obligar, reglamentar y estandarizar la enseñanza y el aprendizaje.
Comunidades de aprendizaje
Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto. ~John Donne
El sistema educativo actual es una carrera individual donde los resultados dependen casi exclusivamente del esfuerzo en solitario. Puedes pasar todo tu proceso educativo encerrado en tu habitación sin casi necesidad de colaborar o participar en proyectos conjuntos con otros alumnos. No se comparten los trofeos y la mentalidad competitiva de yo gano–tú pierdes está muy extendida. Después de todo, solo uno puede ser el número uno o sacar las notas más altas.
Guillermo Pascual recalca que él no podría haber aprendido a programar al nivel que lo ha hecho sin el apoyo, aliento y colaboración de una comunidad de programadores que buscan la excelencia y el aprendizaje. Él no es un autodidacta, sino un interdidacta, que aprende con otros, en el marco de un grupo humano comprometido con un arte-ciencia-oficio.
Muchos otros asistentes al openspace #HackYourEducation describen procesos similares de aprendizaje informal en grupos de gente afín y colaborativa, que presta su tiempo y atención para el bien común.
El aprendizaje es un fenómeno eminentemente social. Lo solemos olvidar. Un buen ejemplo de esta mentalidad de comunidad de aprendizaje es la del movimiento de artesanía del software o software craftmanship. Toman como punto de partida la analogía de la comunidad de programadores con los gremios artesanales medievales y el largo y nunca acabado camino hacia la excelencia desde aprendiz y ayudante hasta maestro. El aprendizaje se produce haciendo, practicando, por imitación y de la mano de compañeros con más experiencia . En su manifiesto, los artesanos del software explicitan los principios de asociación y comunidad:
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Como aspirantes a Artesanos de Software estamos elevando el listón de desarrollo de software profesional mediante la práctica y ayudando a otros a aprender el oficio. A través de este trabajo hemos llegado a valorar:
No sólo que el software este funcionando, pero también que el software este bien diseñado
No sólo responder al cambio, pero también constantemente agregar valor
No sólo los individuos y las interacciones, pero también una comunidad de profesionales
No sólo la colaboración de clientes, pero también asociaciones productivas
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Está claro que este espíritu de comunidad, colaboración, orgullo por el trabajo bien hecho y contribución de los artesanos programadores es extrapolable a los hackers de la educación.
Ángel Sanz, un chico en segundo de carrera que hace un grado en matemáticas e informática en Madrid y que ama la música está planteándose hackear su educación y aprender por su cuenta; encuentra difícil encontrar compañeros de espíritu afín, realmente motivados y con propósito más allá de aprobar exámenes. Se está planteando crear él mismo un grupo de estudio o reunión que le permita conocer a gente similar apasionada como él por las matemáticas y la informática.
Los meetups o reuniones de gente que se reúne presencialmente para hablar de un tema son cada vez más normales. Meetup.com es la plataforma puntera en todo el mundo que facilita crear esos grupos y reunir físicamente a la gente. En las principales ciudades del mundo hay cientos de estos pequeños grupos de interés. Los grupos de software son de los más activos, pero tienes otros como los de los emprendedores, los escritores, los de intercambio de idiomas o los viajeros, que tienen también comunidades muy frecuentadas.
Una de las mejores formas de autoeducación es el aprendizaje en grupos de estudio, donde varias personas muy motivadas en aprender o explorar un área de conocimiento se reúnen periódicamente y establecen un diálogo sobre asuntos o disciplinas no triviales. Xavi nos recomienda un estupendo manual Knowledge Hidrant: a Pattern Language for Study Groups para organizar grupos de estudio eficaces.
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La buena noticia: no importa lo raro que seas o lo extravagante de tus intereses intelectuales y vitales, que vas a encontrar cientos de personas interesadas en lo mismo y de los que vas a poder aprender tanto presencialmente como vía internet.
–Jose Julián Marín, otro hacker de su educación, ha comenzado a aprender html y programación y diseño web por su cuenta, gracias a amigos y mentores informales y con medios disponibles en la red. También está empezando a escribir un blog para aprender y ayudar a otros que están empezando.
En la línea de la web 2.0, que nos convierte en productores y no solo en receptores pasivos de información, el blog y los wikis son otras dos estupendas herramientas de participación y colaboración. Miles de blogs aparecen todos los días sobre los temas más variopintos. Los medios de comunicación de masas tradicionales, las grandes editoriales, los centros de enseñanza, han empezado ya a sufrir la competencia de los blogs y medios digitales similares. La opinión ya no es creada centralizadamente y una miriada de nuevos agentes individuales y pequeñas comunidades reta el poder tradicional de las grandes empresas y el estado.
Como herramienta de aprendizaje, el blog es una herramienta maravillosa para lograr interacción con gente afín y enseñar lo poco o mucho que sabes, ayudar a otros y aprender en el proceso.
Mentores
Este tema suscitó mucho interés en nuestra anti-conferencia #HackYourEducation. Es algo habitual en el seno de las grandes empresas. Tradicionalmente, el mentorazgo se lleva a cabo por un miembro veterano de rango superior con experiencia y conocimiento de la estructura organizativa y los intríngulis políticos y organizacionales. La experiencia de esta persona sirve como ayuda para el desarrollo de la carrera del empleado más joven. A cambio, el mentor tiene información de primera mano sobre niveles más bajos de la organización, se expone a ideas nuevas y obtiene un cierto sentido de contribución o legado a las nuevas generaciones.
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Cuando el aprendiz está listo, aparece el maestro.
–En un ambiente más informal y casual el mentorazgo es una forma excelente de crear comunidad y dar una atención personalizada a un aprendiz joven. Requiere una química importante entre mentor y aprendiz. El mentor debería ser capaz de ofrecer guía, conocimiento tácito o implícito difícil de verbalizar, y experiencia muy específica del campo u orientación hacia las líneas de trabajo o recursos que el aprendiz pueda ir necesitando a lo largo de su camino.
Autocontrol y autorregulación para el aprendizaje independiente
El juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida ~ G. K. Chesterton
Echa un vistazo a este experimento. Es el experimento de los marshmallows o de los malvaviscos. Un niño de unos 5 años está sentado en una silla delante de una mesa en una habitación en la que no hay distracciones. Un profesor le ofrece al niño una golosina, un bombón, una nube, algo similar y le dice que puede comerlo inmediatamente si quiere, o si espera unos minutos a que él vuelva, podrá comer dos golosinas en vez de una.
En este video podéis ver los esfuerzos denodados del niño por aplazar la gratificación inmediata, sacrificando el placer del momento por la promesa de un placer mayor en el futuro (15 minutos, que para un niño puede ser una eternidad).
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Lo interesante es que la capacidad del niño para demorar la gratificación, el tiempo que tarda en comerse la golosina, es un mejor predictor del éxito académico y el nivel de madurez social y emocional que tendrá a los 16 años que el coeficiente intelectual o el historial familiar o la clase social. ¿No es sorprendente? Una habilidad tan básica puede ser el factor clave del éxito en la vida.
Un aprendiz independiente, un homeschooler, un unschooler, alguien que crea su propia universidad personal o un aprendiz de por vida necesita especialmente de esta capacidad de persistir en el esfuerzo, enfocarse y decir no al placer inmediato o lo más cómodo en favor de sus intereses de aprendizaje a largo plazo.
Cuando no tienes un profesor o figura de autoridad detrás de ti para ponerte objetivos de aprendizaje, someterte a exámenes y premiarte o castigarte la habilidad de autodirigirse y aplicar la fuerza de voluntad y autorregularse es fundamental.
Es muy habitual que gente que se levanta todos los días para ir a trabajar o al instituto a las 7 de la mañana sea incapaz de hacer un esfuerzo de voluntad fuera del entorno laboral o escolar. La razón es que en el sistema académico formal nos adiestra muy bien para seguir órdenes y trabajar por objetivos marcados por otros, pero la capacidad de autodirección muchas veces queda atrofiada.
No quiero denigrar la motivación, el entusiasmo y la pasión en favor del autocontrol y el sacrificio, pero sí recalcar que muchas veces las personas no persiguen sus mejores intereses, especialmente a largo plazo, por incapacidad para sostener el esfuerzo y mantener el foco cuando la pasión decae o los inevitables bajones o frustraciones a lo largo del proceso de aprendizaje de algo nuevo aparecen.
La fuerza de voluntad o capacidad de autorregulación es esencial para el aprendiz independiente y, como muchas habilidades humanas, ha de aprenderse por la práctica. También es posible entrenarla, creando pequeños retos, entrenamientos concretos, generando hábitos saludables y recurriendo a montones de técnicas de autorregulación. En el blog tecnologiasdelyo.com podéis ver un pequeño experimento personal en mi desafío de la ducha fría o en mis intentos por dejar de tomar azúcar en el café o comer un chupa-chups sin morderlo (como veis, no se me puede reprochar mi falta de ambición).
Son experimentos de aire friki pero que más allá de lo divertidos o curiosos que puedan parecer son formas prácticas y explícitas de fortalecer el músculo de la voluntad y tonificarlo para los retos profesionales y educativos del día a día.
Aprendizaje “olímpico” o cómo controlar la avalancha de información
Lo que la información consume es bastante obvio: consume la atención de sus destinatarios. Por tanto una riqueza de información crea pobreza de atención, y la necesidad de asignar de manera eficiente esa atención entre la sobreabundancia de fuentes de información que podría consumir.
~Herbert Alexander Simon, científico social estadounidense.
A veces nuestro afán de saber y acumular conocimiento se vuelve en contra de nosotros. Xavi Gost ha llamado a esto “aprendizaje olímpico” quizá por su aire de competición y de lucha continua por acumular puntos y trofeos cognitivos.
Queremos leer más libros que nadie, conocer todo lo que se ha escrito sobre un tema, estar a la última, y poder hablar de cualquier tema novedoso. Para las personas ávidas de conocimiento y que gustan de absorber información esto puede convertirse en una trampa. La información y el conocimiento en la actualidad están disponibles a coste casi cero y el reflejo natural de un aprendiz es intentar leer todos los artículos y libros y visitar todos los blogs y sitios web relevantes para lo que está aprendiendo. Esto puede ser abrumador, puede producir infoxicación o infobesidad.
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Obtener información de internet es como beber del chorro de una boca de incendios
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En un entorno escaso de información, puede ser útil estar completamente abierto a todo lo que sucede en el entorno, alerta y ávido por asimilar todo lo que aparece en nuestro camino; pero en un entorno rico en información, inundado de ella, el recurso escaso es nuestra atención, la que somos capaces de prestar a cada unidad informativa; la información se convierte en ruido y nuestra capacidad de asimilación se reduce. Habitualmente privilegiamos la cantidad en detrimento de la calidad y la superficialidad se termina convirtiendo en la norma.
Aquí son muy importantes las técnicas de productividad y de gestión de la información. Desde una perspectiva minimalista no puedo dejar de aconsejar focus, de Leo Babauta, que nos recomienda técnicas sencillas para trabajar productivamente en una era donde la distracción y la superficialidad es la norma. Necesitas obviamente conciencia de tus procesos mentales, de tu forma de trabajar y la voluntad suficiente para cambiar rutinas o hábitos de trabajo poco saludables.
El libro The Information Diet: A Case for Conscious Consumption, es también muy útil para ayudarnos a mejorar nuestra dieta informativa y evitar convertirnos en infobesos. El control de los medios de comunicación de masas, las redes sociales, los móviles y otros dispositivos electrónicos portables, el tipo de blogs que leemos, nuestros hábitos de gestión del e-mail, etc., son elementos básicos que el trabajador del conocimiento y el hacker de su educación han de tener muy presentes. La alfabetización digital pasa también por aprender a relacionarnos de manera consciente e inteligente con las nuevas herramientas tecnológicas.
Práctica deliberada
Cualquier hombre que siga trabajando no es un fracasado. Puede que no sea un gran escritor, pero si aplica las virtudes ya pasadas de moda del trabajo duro y constante, terminará haciendo una carrera de algún tipo como escritor.
~ Ray Bradbury
Malcom Gladwell y otros autores han popularizado en los últimos años los estudios sobre la práctica deliberada de K. Anders Ericsson, un psicólogo de la Universidad de Miami. Ericsson ha estudiado los procesos de entrenamiento y aprendizaje de los expertos sean estos músicos, ajedrecistas, deportistas o mecanógrafos.
Si la especialización es condición necesaria para crear valor diferenciado en la economía del conocimiento, es muy importante tener presentes algunos de los principios que nos permiten desarrollar la excelencia en el campo que elijamos y cómo alcanzarla de la forma más efectiva y eficiente en el menos tiempo posible.
Los principios básicos son:
La excelencia y el expertismo son costosos en esfuerzo y tiempo de dedicación
El expertismo se explica mejor en términos de esfuerzo y un tipo especial de práctica, la práctica deliberada, que de talento o genes.
Aunque sea necesario algún tipo de condición genética o natural ni los mejores expertos del campo pueden llegar a serlo sin pasar por un número mínimo imprescindible de horas de práctica deliberada.
La práctica deliberada –la práctica intensa y enfocada– es la clave del entrenamiento eficaz.
Se necesita una poderosa motivación para sostenerla.
El feedback de calidad sobre el desempeño es fundamental.
Los mentores y profesores capaces son imprescindibles para la adquisición del expertismo.
En la práctica deliberada estamos haciendo un esfuerzo constante por salir de nuestra zona de confort intentando buscar el punto entre la zona de comodidad, donde nos aburrimos y todo es demasiado fácil y la zona de pánico, donde el tamaño del reto excede en demasía nuestras capacidades.
Cada disciplina tiene sus propios sistemas de entrenamiento óptimos y estos cambian según el estado de desarrollo del aprendiz. No es el mismo para un estudiante de 2º año de conservatorio que para un virtuoso del piano de talla internacional.
Hay multitud de ideas, técnicas y herramientas. Me limitaré a escribir un decálogo de las más importantes y referenciar un impar de libros:
Los diez mandamientos de la ley del hackeo de la educación. El primer mandamiento debería ser: rompe las tablas de la ley y crea tus propios mandamientos.
Aprende aquello que genere un resplandor en tu espíritu. Dicho de otra manera, haz lo que amas.
La pasión y la inspiración están sobrevaloradas. No siempre estarás al 100% de energía y motivación. Sigue adelante igualmente. Dicho de otra manera, ama lo que haces. Ama el proceso.
Vida y aprendizaje no son compartimentos estancos. La mejor forma de aprender es estando presente en tu propia vida e involucrado con tu entorno social y geográfico. La separación vida–aprendizaje es un residuo del sistema de línea de montaje de la educación del siglo XX.
Aprende haciendo. Convierte tus metas de aprendizaje en proyectos en los que quieras obtener algo concreto. No dejes que el conocimiento se estanque en tu mente, conviértelo en acción, exprésalo, haz algo útil para alguien con ello. Usa los proyectos, los mini-proyectos, los ensayos, los blogs, la escritura, las simulaciones, los programas pilotos, los prototipos, los experimentos, las contribuciones a los proyectos de otros y las comunidades de práctica como forma de visibilizar tu aprendizaje y desarrollarlo.
Si no sabes algo, enséñalo. Es una de las mejoras formas de aprender. Enseña y escribe para multiplicar el efecto. Si eres realmente ambicioso, conviértete en mentor de alguien.
Conviértete en un maestro de la autorregulación y la automotivación. La iniciativa y la autonomía dependen de ellos. La libertad necesita de estos humildes ayudantes para desplegarse.
Convierte tu aprendizaje en algo social. Participa en comunidades de aprendizaje y grupos de estudio.
Busca un mentor y profesores excelentes que te ayuden, guíen y orienten a lo largo del camino. Cuando el aprendiz está preparado, aparece el maestro.
El mejor momento para hacer o aprender algo es cuando sientes dudas sobre si podrás hacerlo. Tírate a la piscina más a menudo y desarrolla una saludable mentalidad experimental. Empieza a escribir un buen Ridículum Vitae.
Desarrolla una mentalidad de crecimiento con una teoría de la inteligencia dinámica. Nunca “eres inteligente”; en el mejor de los casos “estás siendo inteligente” en un momento y lugar concreto desarrollando una tarea particular. Olvídate del talento, eso pertenece a la mentalidad fija, a una teoría de la inteligencia como un monolito que asegura el éxito. Te recomiendo encarecidamente el libro de Carol Dweck,Mindset: How You Can Fulfil Your Potential. Es el libro que más hará por tu educación y por la calidad de tu aprendizaje.
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Mandamiento número 11 (muy a mi pesar): aprende inglés. Lo siento. Es así. El mejor material en casi cualquier área está en inglés. Quizá cambie esto con el tiempo. Pero ahora si quieres acceder a lo mejor y lo último tienes que tener un dominio suficiente del inglés.
Un impar de libros recomendados, en especial el primero:
Cuando des un paso fuera de la empaquetada estructura de la educación tradicional, descubrirás que hay muchos más modos de aprender fuera de la escuela que dentro. ~ María Popova, autora de BrainPickings
A veces me siento como la chica de la curva advirtiendo a los todavía-vivos-intelectualmente de la trampa de la escuela y la universidad.
El arte de aprender, de Josh Waitzkin. Maravilloso. Lecciones de un maestro de ajedrez adolescente y posterior campeón de artes marciales. Una aproximación a lo que es el aprendizaje profundo.
Una cosa que he aprendido como competidor es que hay una clara distinción entre lo que se necesita para ser decente, para ser bueno, para ser grande y para estar entre los mejores. ~Josh Waitzkin. El arte de aprender.
Palabras finales
En nuestra visión, hackear la educación no tiene que ver necesariamente con dejar el instituto o la universidad (aunque ese puede ser el camino para algunas personas), sino con ser conscientes de las decisiones que estás tomando y tener un claro sentido de propósito. Es cierto que la mayoría de los estudiantes deambulan sin dirección a través del sistema educativo tradicional sin tomarse el tiempo para pensar: «¿Por qué estoy aquí y qué es lo que quiero sacar de esta experiencia?». El truco está en no aceptar las alternativas prefabricadas ciegamente. Fija tus metas y diseña el camino que mejor te convenga.
He necesitado 6193 palabras para describir el concepto de hackear la educación. Para un minimalista existencial y un aprendiz de por vida, el aprendizaje y la educación son pilares que forman parte esencial de los planos del diseño vital; como tales, no pueden delegarse.
El openspace #HackYourEducation de Madrid del 2 de noviembre de 2013 ha sido un maravilloso hito. Quizá algún día lo recordaremos como un pistoletazo de salida para un cambio en el paradigma educativo en España. 50 personas llenas de ilusión y con ganas de cambiar el mundo cambiándose a ellos y ayudando a los demás a hackear su propia educación.
El futuro está abierto.
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Para quien haya leído El pequeño libro de la satisfacción de Leo Babauta –un bloguero calvo de mirada afable– hay un interrogante que muchas veces se plantea. Es la misma pregunta que muchas veces se hacen los que oyen hablar de la meditación, el budismo o ciertas tradiciones religiosas y filosóficas que propugnan la contención y el dominio de las pasiones.
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Leo Babauta, el autor de Zen Habits, un tipo de aspecto bonachón y equilibrado
Los que practicamos la atención plena, plena presencia o mindfulness, aun en versiones tan mínimas y seculares como las mini-meditaciones, también tenemos la misma inquietud:
Si te vuelves tan equilibrado, dueño de ti mismo, impasible ante las cosas buenas y malas de la vida, ¿no perderás parte de la pulsión animal, alegría de vivir y disfrute del carrusel emocional que acompaña a una vida plena o bien vivida? Si evitamos las bajadas y los valles, ¿no estaremos también perdiéndonos los puntos álgidos de la vida, las cimas?
Respuesta corta: no.
Respuesta larga: el equilibrio emocional y el ser dueño de tu vida no te convierte en un robot emocional necesariamente. Serás consciente de tus emociones y los impulsos serán igual de intensos que antes. La diferencia, para el practicante de la atención plena en los asuntos cotidianos, es que creas o amplías el hiato entre estímulo y acción; en ese hiato es donde reside la libertad. Pasarás de vivir como un resorte o muelle biológico que responde a los estímulos de forma automática y rígida a ser un resorte o muelle biológico que elige respuestas ante el desencadenante interno o externo:
Puedes responder en la forma habitual, pero esta vez siendo plenamente consciente de tu decisión, dejando de estar a merced de la rutina o el hábito: Estímulo –> Hiato –> Respuesta habitual
Puedes elegir inhibir el impulso y decidir que ese impulso ya no generará el comportamiento que siempre generaba. Pasarás del esquema Estímulo–> Respuesta al esquema Estímulo–> Hiato –> Inhibición de la respuesta.
Por último, podrás aprovechar el espacio entre estímulo externo y reacción para diseñar mejores respuestas. A esto se le llama también aprendizaje consciente o inteligencia humana: Estímulo –> Hiato –> Nueva acción o respuesta
Decir que hay que vivir cada día como si fuera el último de tu vida es un llamativo eslogan, pero es casi imposible vivir de acuerdo a él. Es –como dijo una vez Alquimista Oscuro (aka @entusiasmado de entusiasmado.com)– como si fueras perdiendo un partido por goleada, estuvieras en tiempo de descuento, y lanzaras a todo tu equipo, incluyendo a toda la línea defensiva y el portero, a rematar al área contraria, en un último coletazo de desesperación.
Y vivir cada día como si fueras a vivir siempre es acallar para siempre el sentido de urgencia de actuar. Difícil aplicar la ley de Pareto o del 80/20 cuando subjetivamente tienes toda la eternidad serenamente agazapada ante ti como un gato perezoso. Siempre es posible aplazar el inicio de tu vida un día más, una semana más, un año más…
Tenemos una única vida que vivir. ¡Esto da miedo! Es ahora o es nunca.
Cuando eres niño ni siquiera puedes imaginar el final, y si lo imaginas, piensas que es como un remoto planeta a miles de años luz que tardarás eones en alcanzar. Si eres muy joven, piensas que vas a vivir siempre y vives al momento despreocupadamente, porque siempre puedes rectificar los errores e iniciar tu verdadera vida en cualquier momento.
Cuando vas cumpliendo años, empiezas a considerar el tiempo como un bien escaso que hay que economizar y te vas dando cuenta de que las opciones se acortan, cada vez puedes vivir menos vidas, cada vez son menos las carreras posibles, los amores potenciales, las identidades ensayables. Cuando te acercas a la vejez le ves las orejas al lobo y llega un momento en que sientes que lo más importante de tu vida ya queda atrás, que cada vez es más improbable que vivas nada nuevo y bueno.
Esta es la tensión existencial en que todos vivimos. El hombre es un animal de anticipaciones y recuerdos. Estamos liberados del presente siempre suspendidos como un péndulo entre el pasado y el futuro. El ser humano es un ser de ansiedades y de lamentos.
O mucho por delante, o poco por delante. Y el tiempo que discurre y se escapa por el sumidero.
¿Hay salida?
¿Qué salida hay a esta tensión existencial? ¿Cómo podemos escapar al precipicio de pensar que nuestra vida es como la única bala de un pistolero que se la juega en un duelo en ok corral? Si nos equivocamos no hay más, o hay una vida eterna, para los creyentes, pero en todo caso, no una vida terrenal.
O una vida terrenal para los budistas, pero si hay mala suerte será la de un cerdo o una mosca de no haber hecho los méritos suficientes; e, incluso en este caso, con una nueva identidad y cortando para siempre con la biografía anterior, como la nueva vida de un chivato en un programa de protección de testigos.
En esta situación de vivir una sola vida nos volvemos conservadores: no podemos equivocarnos en la única vida que tenemos para tener éxito y ser felices. Una sola vida y hay que hacer lo mejor con ella.
Pero si queremos hacer cosas valiosas hemos de arriesgarnos; si queremos vivir y no ser vividos, hemos de emprender acciones, proyectos, perseguir sueños improbables, y a veces quimeras. Una quimera es una ilusión que no ha salido bien. Una ilusión emocional se convierte a veces en una ilusión de mago o prestidigitador, en un juego de manos donde siguiendo la pista al as de la baraja acabamos quedándonos con el cuatro de picas.
Yo tengo la herramienta de productividad existencial
En este artículo presento una herramienta de productividad existencial de larga tradición pero en su versión minimalista existencial mejorada: la reencarnación minimalista.
Me explico, yo ya no mido mi tiempo por años o por etapas vitales o por edades del hombre ( infancia, juventud, madurez, vejez, senectud, etc.). Ahora mido mi tiempo por reencarnaciones minimalistas.
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¿Es posible acabar una vida y renacer sin morir en el intento?
–Los periodos de organización del tiempo tradicional no son tan buenos para organizar la existencia:
En un día es imposible hacer nada de calado; una semana es una excelente manera de organizar la vida laboral, pero no la existencia; Una vida es una vida, pero tiene la dificultad de que solo tienes una oportunidad y si no das en la diana con tu profesión, tu identidad, tu entorno, etc., puedes llegar al final de tu vida sintiendo que te has dejado mejores vidas en el tintero.
Pero imagina que cada día es un año y toda tu vida dura 90 años. Y cuando se acabe tu vida tienes otros 90 días-años, y luego otros 90 días-años, y así sucesivamente. Tienes por delante unas decenas, quizá unos cientos de vidas y sus correspondientes reencarnaciones existenciales por delante.
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Ahora imagina que tienes decenas de reencarnaciones y vidas posibles por delante. Puedes ser más juguetón y experimentar con las identidades.
–Yo mido el tiempo y organizo mi acción de esta manera: hoy 24 de octubre del 2013 tengo 24 años. Mañana tendré 25 años. Pasado tendré 26 años. He nacido hace 24 días. Tengo una larga vida por delante: me restan 68 años de vida. Vivo cada día como si fuera un año. Vivo cada mes final de cada trimestre como si fueran los 30 últimos años de mi vida (o 31). Sé que en esta reencarnación viviré exactamente 92 años.
Ahora hay menos sensación de precipicio, cada decisión importante que tomes no será un jugárselo a doble o nada, tienes muchas reencarnaciones minimalistas por delante. Ya no estás haciendo funambulismo sin red en distancias abismales; ahora eres como un niño que silba mientras anda por el bordillo. Ahora puedes jugar, puedes elegir caminos ilusionantes pero improbables.
En 92 años ( o 91 o 90 años ((si el año oficial es bisiesto)) ), puedes hacer muchas cosas:
Iniciar un negocio.
Cambiarte de piso.
Cambiarte de camisa.
Irte a vivir al Himalaya, o a Hospitalet
Enamorarte, hacer y deshacer el amor.
Fundar una familia
Iniciar una nueva afición
Aprender a jugar al go.
Convertirte en un programador.
Convertirte en un artista.
Experimentar con la introversión, con el club de la comedia, con una nueva ideología, con una nueva religión o con ninguna.
El trimestre de la marmota
Podríamos emular a Bill Murray en El día de la marmota y repetir no un día, sino toda una vida (condensada en un trimestre de 90-91-92 días-años). Ya no necesitaríamos fe en la vida después de la vida o en la reencarnación budista. Sabríamos que (casi) con toda seguridad disponemos de otras vidas cuando acabe esta.
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Los trimestres-vidas de la marmota nos permiten jugar, experimentar, aprender y perfeccionarnos.
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Si en esta vida (último trimestre del 2013) la pifias y no vives tus sueños o peor, logras lo que deseas y no te satisface, no importa: pones el contador a cero, empiezas otra vez, eliges una nueva identidad, nuevas metas o estrategias y comienza otra vez el partido en la nueva reencarnación del primer trimestre del 2014.
Si hoy tienes 30 años y en tus 120 vidas anteriores (30 años x 4 reencarnaciones) no lograste lo que quieres, puedes empezar de nuevo; Y lo mejor de todo, no tienes por qué perder lo aprendido: en tu nueva vida puedes conservar la sabiduría del pasado (tus errores) y lograr que en tu nueva existencia llueva sobre mojado.
Además, de una reencarnación minimalista a otra, el mundo no habrá cambiado mucho (como en El día de la marmota) y podrás perseguir tus metas con el conocimiento del trimestre de la marmota anterior; a diferencia de la budista, no habrás olvidado quién eras o qué perseguías la vida anterior, tampoco cambiarás de cuerpo físico: tu cuerpo en tiempo cronológico solo será 90 días más viejo que el anterior, y seguirás siendo humano, no una rata o un cerdo.
Gracias al trimestre o reencarnación de la marmota te proporcionas un memento mori cotidiano que te recuerda tu mortalidad; vivirás con un sentido de urgencia: los años pasan muy rápidamente, ¡literalmente vuelan!, hace tres semanas tenías 30 años y hoy ya tienes 51; pero a diferencia de Sarah Polley muriéndose de cáncer, con solo dos meses de vida por delante en Mi vida sin mí, que tus días estén contados no significa que no tengas otras opciones, otras vidas.
Recuerda: «Eres mortal»
Morirás pronto, sí; pero como el ave Fénix de las ganas y las desganas renacerás de tus cenizas. No te enterrarán, vale; pero a cambio ya nunca más vivirás enterrado.
Lo mejor de los dos mundos: urgencia de actuar y de vivir + levedad del juego; y si te va mal en esta reencarnación minimalista, pues empiezas de nuevo.
La infoxicación, la infobesidad y la desconexión con nosotros mismos son algunos de los efectos colaterales de las tecnologías de la información. Es sorprendente lo poco conectados que estamos con nosotros estando tan conectados con el mundo a través de redes sociales, medios de comunicación de masa y medios escritos.
El minimalismo existencial es un esfuerzo consciente de diseñar las condiciones de la existencia; forma parte del movimientolifestyle design o de diseño de vida. En vez de aceptar lo que hay o dejar al azar el entorno en el que vivimos, procuramos configurarlo para que se adapte a nuestras metas y proyectos vitales.
En este artículo, sugiero varias técnicas sencillas para asumir el control de la atmósfera informacional que respiramos.
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Confino la ingesta de información a periodos específicos del día. Preferiblemente al final del día y después de haber hecho el trabajo más demandante y creativo.
Ando en vez de correr como forma de mantenerme en forma. Antes corría porque así ahorraba tiempo. Corría 40 minutos y así ahorraba tiempo que dedicaba a trabajar o navegar. Ahora prefiero andar 1 hora y 20 minutos para cubrir la misma distancia y así tengo tiempo para la contemplación y la reflexión alejado de redes sociales, libros y páginas web. Fundamental: no llevo iPod o ningún otro aparato electrónico conmigo.
Reduzco al mínimo las redes sociales: Facebook la tengo eliminada desde hace mucho tiempo..
Aprovecho las oportunidades para aumentar el tiempo de reflexión. Un amigo que me llama para tomar un café es una oportunidad de estar más conectado socialmente de una forma genuina. Una charla inteligente hace que me esfuerce por expresarme de manera lógica y razonada . Mi proyecto 52 comidas, facilitado a través de este blog, ha sido una fuente de oportunidades de conexión con personas físicas, apertura a nuevas ideas y conversaciones inteligentes.
Tengo siempre muy presente la ley de Sturgeon; esto es, el 90% de todo es basura. Yo elevaría la cifra al 99%.
No tengo iPad, kindle, smartphone, guasap, ni ningún otro aparato que me permita llevar internet, redes sociales o información electrónica conmigo: así pongo en práctica la idea de desconectar de internet para conectar conmigo. La movilidad digital está sobrevalorada y puede ser contraproducente
Escribir en blogs ayuda a ordenar pensamientos y desinfoxicarnos. De hecho, mi “aplicación mental asesina” para el 2013 es la escritura diaria. Escribir es mucho más demandante intelectualmente que ver videos en YouTube o leer artículos de blog al azar. Incluso, puede ser terapéutico.
Me impongo “multas” o “peajes” como forma de auto-regularme. Por ejemplo, como peaje por ver videos de YouTube me obligo a acabar un capítulo del libro que llevo meses escribiendo. Como multa por ver películas o leer blogs al azar, me obligo a escribir una reseña en amazon.es sobre la película vista o comento los artículos de blog leídos que merecen la pena. Escribiendo ese comentario reflexiono sobre lo que el autor ha escrito y lo que yo pienso. También me siento menos predispuesto a consumir información si sé que luego tendré que hacer un esfuerzo consciente por asimilarla
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
–‘El dinosaurio’, considerado como el cuento más breve de la historia. Augusto Monterroso.
Twitter es una red social. De acuerdo. Concedido. Como minimalista, no puedo alegar nada a mi favor. No después de haber enterrado a facebook y haber dado 3(33)(333) razones para dejar facebook. No después de renegar de guasap o de pinterest o de los teléfonos móviles o cualquier otro arma de distracción masiva.
Pero sí que tengo atenuantes.
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Si estás intentando mejorar su estilo expresivo escrito, twitter puede ayudarte. Hablo de estilo expresivo escrito, no necesariamente literario, aunque barrunto que también puede mejorarlo.
En un tuit has de concentrar tu pensamiento y potencia expresiva en menos de 140 caracteres. Has de ser preciso, conciso, incisivo y dar en el centro de la diana del mensaje. No hay segundas oportunidades. Un tuit es como un puñetazo en el estómago. Si te equivocas y das el puñetazo en la espinilla o en la rodilla, el tuit será un fracaso. Has de ir al centro capital de la nación del pensamiento, decir lo justo en un texto ajustado. No hay tiempo ni espacio para más.
Es un entrenamiento en tiempo real: alguien dice algo, te choca, no estás de acuerdo/estás muy de acuerdo, sientes una punzada en el pecho, y necesitas replicar; pero ahora, ya, no mañana, o cuando se te ocurra. Ahora.
A la manera de un haiku, una forma poética japonesa de solo tres versos de cinco-siete-cinco sílabas, tienes que concentrar tu pensamiento y las palabras en muy poco espacio. Es como si bailaras la danza del vientre mientras estuvieras encerrado en un tubo de resonancia magnética y el operario te indicara que no te muevas para que la imagen salga nítida y pueda ser interpretada con mayor fiabilidad.
Mi experiencia con Twitter es que la gente escribe tuits de una manera rutinaria, irreflexiva, sin chispa, quizá para seguir a algún famoso o para distribuir contenido o para estar al día en algún tema o en conexión con amigos.
Pero hay muchas posibilidades. En un palmo de agua te puedes ahogar si te lo propones, en 140 carácteres puedes escribir chispeantes mensajes y hacer fuego en la mente de tus lectores. ¿Lo dudas?
El poder del la limitación y la restricción
Libertad es libertad para elegir las cadenas. Las cadenas nos hacen libres.
–Homo Minimus
En la literatura y en las artes en general, la constricción, la restricción en la forma –que puede percibirse como una mortaja del arte– obra justo de la manera contraria: es en la limitación, en los recursos escasos, donde el espíritu se libera.
¿Por qué? En un soneto hay que seguir una forma absolutamente rígida: catorce versos endecasílabos dispuestos en dos cuartetos y dos tercetos; en un haiku, como hemos dicho, en solo tres versos; en una película habitualmente no más de dos horas, y en un corto menos de media hora.
¿Cómo es posible concentrar una historia en tan poco tiempo. en tan poco espacio, en tan pocas escenas, en una sola frase, como en el caso del tuit o el mini-cuento de Monterroso?
La forma obliga al espíritu a destilar su potencia en unas pocas gotas extraídas del tarro de las esencias. La escasez de medios es un acicate para el espíritu, que de tener todos los recursos a su disposición se vería abrumado por las posibilidades. Paradójicamente –pero no para los minimalistas existenciales y los artistas—menos es más.
El tuit es un entrenamiento para muchas habilidades expresivas :
Todas las palabras que escribas –sin excepción– han de contar. Si escribes una de más es una de menos que tienes para transmitir tu mensaje.
No hay excusa para no escribir una frase perfecta gramatical y ortográficamente. Has de convertirte en un grammar nazi o nazi de la gramática. Yo soy un nazi de la gramática y todo lo que escribo, e-mails, mensajes de texto, notas en la puerta del refrigerador, son mensajes pulcros, sin tacha. O intento que sea así. No falta ni un punto, ni una coma, y si cometo errores ortográficos me flagelo.
¿Si no eres capaz de darte una ducha fría todas las mañanas cómo serás capaz de crear un imperio o dejar tu huella en esta vida? Si no eres capaz de escribir bien en un tuit, ¿cómo vas a ser capaz de escribir un artículo, un cuento o una novela correctamente?
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Cuando escribo un tuit me siento como un nazi de la gramática invadiendo Polonia
–Empieza con lo pequeño, piensa a lo pequeño, escribe a lo pequeño, sé perfecto en las distancias cortas, porque si lo eres la perfección en las distancias largas vendrá por añadidura; sé un velocista de la escritura, haz los cien metros en tu tuit. Los ultramaratones vendrán después.
Hay muchas oportunidades de aplicar este concepto de perfección expresiva en tu vida cotidiana digital: ¿son tus mensajes de texto en el teléfono móvil perfectos? ¿tus comentarios en el blog limpios como una patena? ¿revisas hasta la extenuación tus e-mails de tres líneas? ¿tienen todos los puntos y las comas? ¿ningún nazi de la gramática te puede denigrar? Si no puedes en lo pequeño, olvídate de poder en lo grande.
Este artículo está escrito en un solo pomodoro, todavía me quedan tres minutos, estoy usando Write or Die y si me paro los bebés berrearán, la pantalla se pondrá roja de ira y el texto ya escrito se borrará. En los tres minutos restantes, he de decir todo lo importante.
La limitación de tiempo, veinticinco minutos, facilita que vomite una idea detrás de otra sin pararme y mirar hacia atrás. No tomo prisioneros. Un pomodoro –al igual que un tuit– es otra distancia corta en la que puedes dar el do de pecho, hacer resonar la grandeza en la bóveda de la capilla sixtina de tu cráneo.
Cuando entrenas una habilidad compleja has de dividirla en micro-habilidades y entrenarlas aisladamente, hasta que se vuelvan automáticas. Solo entonces, puedes dedicar tus recursos cognitivos a la integración de las microhabilidades o a habilidades de más alto nivel o al pensamiento estratégico.
Tuits finales
Los tuits son micro-entrenamientos.
El diablo está en los detalles. Los detalles hay que entrenarlos de uno en uno y con fanatismo.
En la mesa y el tuiteo se conoce al caballero.
Teoría de la cerradura: mirando a través de un pequeño detalle puedes hacerte una idea del todo; practicando lo poco también puedes construir lo mucho.
La concisión, el destilado de información y expresión son capitales en un mundo competitivo en que millones de agentes pugnan por la atención.
Discurso de tuitero en 140. ¿Lo tienes preparado?
¿Eres capaz de comunicar tu plan de negocio en un minuto, en treinta segundos?
¿Me puedes decir en menos de veinticinco segundos quién eres, de dónde vienes y adónde vas?
Un escritor de raza convierte cualquier cosa en literatura. Da lo mismo si eres un escritor sin pedigrí. También puedes hacerlo. Guau.
¿No? Practica en el tuit. Regístrate. Sígueme. Suéltate el pelo.
Aquí presento mi traducción al español de The Little Book of Contentment, el último libro de Leo Babauta, el escritor de Zen Habits, uno de los 25 blogs y 50 websites más importantes del mundo. Es una pequeña joya de sabiduría existencial y simplicidad y lo puedes leer en menos de una hora.
Una guía para llegar a ser feliz con la vida y con quien eres mientras consigues hacer cosas, a cambio de un solo tweet o publicación en facebook.
Contenido
Leo Babauta comparte con sus lectores perlas de sabiduría existencial en un libro de poco más de cien páginas. La meta de Leo es enseñarte las habilidades necesarias para encontrar la satisfacción en tu vida:
La satisfacción en la vida es una habilidad que puede aprenderse.
Gran parte del sufrimiento humano está en la creación de imágenes ideales de nosotros mismos y el choque de esas imágenes con la realidad. Leo te enseña a prescindir de esas imágenes ideales que te hacen sufrir y te enseña cómo sentirte satisfecho con lo que tienes.
Parte de esos ideales provienen de la comparación con otros, la publicidad, los medios de comunicación de masas y las redes sociales.
Las adicciones de todo tipo –alcohol, tabaco, porno, juego, videojuegos, televisión– son medios temporales que usamos para intentar escapar de la insatisfacción con nuestras vidas
La esencia del cambio está en prestar atención a lo que está pasando en nuestro interior. La habilidad de prestar atención a lo que está pasando interna y externamente, la conciencia plena o mindfulness, nos permite observar nuestros procesos mentales y cambiarlos con el tiempo.
La habilidad esencial para alcanzar la satisfacción está en tomar conciencia y apreciar lo que tenemos y dejar marchar nuestras ideas sobre lo que deberían ser las cosas y las personas.
La satisfacción con la propia vida no está reñida con conseguir cosas y perseguir ambiciones. No necesitamos estar insatisfechos y frustrados para lograr cosas.
Hay muchas cosas en este libro que ya conoces, pero siempre olvidas o no sabes cómo poner en práctica. Al final de cada capítulo tienes un conjunto de ejercicios prácticos para aplicar lo aprendido (o recordado). Al final del libro tienes recopilados todos los ejercicios y consejos del libro.
Cuando vi este artículo: «¿Tienes una idea para TEDXSevilla 2014?» me dije: cómo c… es posible tener una sola idea. O tengo 0, o tengo 100, pero es imposible tener solo una idea en nada, si es que tienes un cerebro.
Así que me dije que había que volver a predicar con el ejemplo, como ya hice anteriormente en el artículo de mis Cien mini-meditaciones, en que inventé cien pequeñas meditaciones, a cual más ridícula; o el Cien mini-meditaciones +, en el que tomé las mini-meditaciones de los asiduos de este blog y las completé hasta llegar al místico número cien; o en Bloguero a la carta: 100 platos en el menú, en que propuse a los lectores que votaran por tres temas para que yo escribiera de un menú de cien que yo mismo propuse.
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«Hay que besar a muchos sapos antes de encontrar a tu príncipe azul» ~Doncella mística ,pero pragmática, con espíritu empresarial.
Siguiendo la idea de la doncella mística y de Pauli (el premio Nobel de Química) de que hay que tener muchas ideas para tener buenas ideas, y por tanto primar la cantidad sobre la calidad (esto parece poco minimalista, pero ya trataremos el tema en un próximo artículo), aquí van mis cien ideas para una conferencia TED, en concreto para la conferencia TEDxSevilla 2014, entre cuyos organizadores está mi buen amigo Joaquín López Lérida y al que le meto presión desde ya para que convierta el TEDxSevilla 2014 en algo memorable. ¿Para qué conformarse con menos? Si nos estrellamos, que sea al menos dirigiéndonos a las estrellas.
No sé si mis propuestas (bueno, mis futuras propuestas, porque cuando escribo estas palabras no tengo más que un par) serán factibles, viables, morales, legales, legítimas o se adaptarán al formato TED oficial y las restricciones que han de tener los organizadores, tanto de presupuesto como de contenido. Pero no importa. Ellos harán la criba y quizá como en el caso del romance y las relaciones entre personas, una cosa llevará a otra y algo sorprendente o sorpresivo ocurrirá.
Lo difícil no es tener ideas. Lo difícil es ponerlas en práctica y jugársela con algunas de ellas. Así que voy a hacer la parte fácil. La difícil la dejo para los organizadores.
Mis cien ideas para TEDxSevilla 2014
No se volverá a fichar bajo ningún pretexto a Josef Ajram (se ponga como se ponga) ni a ningún superhombre con tatuajes que nos diga que no sabe dónde está el límite o que persigamos nuestros sueños. De todos modos, Josef Ajram podría ser invitado como azafato o animador social, porque es un tipo majo. Ni un gramo de ironía.
Josef Ajram. De profesión, tatuado carismático y superhombre.
En lugar de Josef Ajram propongo a James Altucher, un emprendedor en serie, programador, maestro de ajedrez, , bloguero de tremendo éxito, escritor y en mi opinión un digno aspirante al club de la comedia. Será caro contratarle y traerle de los Estados Unidos, pero si tenéis que elegir a un hombre extranjero, este es vuestro candidato. Aquí podéis consultar su ridiculum vitae. Este es su aspecto. No es Ajram, vale, pero tiene muy buenas ideas y es divertido:
James Altucher. Nerd, programador, empresario en serie, millonario, escritor.
Que todos los ponentes sean andaluces o con un acusado acento andaluz, aunque sea impostado.
Que ninguno de los ponentes tenga acento andaluz, La mayoría debería tener acento del norte de Europa o en su defecto gallego o vasco.
Otra conferencia durará 4 horas y se hará a las doce de la noche. Los que resistan serán invitados al TEDxSevilla 2015.
En TEDxSevilla 2014 las conferencias serían anunciadas y no anunciadas: se anunciarán los ponentes, pero no se sabrá el orden de aparición ni la duración.
Si a algún organizador piensa, aunque sea por un instante, y en un momento de debilidad en Risto Mejide como ponente, se le pondrá mirando contra la pared durante 5 minutos y se le hará copiar cien veces: «Nunca me dejaré llevar por el afán de provocar por provocar».
En otra conferencia se escogerá al azar también a diez personas del público y en una hora prepararán una conferencia sobre el tema que ellos decidan. Cualquiera de ellos o todos a la vez podrán dar la conferencia.
Una conferencia será impartida por dos ponentes en vez de uno. Serán de campos distintos; por ejemplo, un empresario de Internet en serie y un zapatero de Valverde del Camino.
Una conferencia será una performance en la que el público tendrá que intervenir.
En otro acto TED se dividirá a la audiencia también al azar y en grupos de 5 a 15 personas crearán un plan de negocio para una startup o alguna iniciativa de interés social.
El equipo organizador de TEDxSevilla se dividirá en dos grupos que trabajarán independientemente hasta el mediados de noviembre, luego se fusionarán y crearán un programa común.
En todas o en alguna de las conferencias se retará al ponente a que no pronuncie las siguientes siete palabras: emprendedor, creatividad, startup, equipo, ilusión, pasión, «me encanta Sevilla». La dirección del evento puede sugerir sus siete palabras tabú.
Una conferencia TED tendrá lugar al aire libre. Aunque haga frío o llueva.
Pedir colaboración a Miguel Ángel Rodríguez Jiménez, alias «el Sevilla», el cantante de los mojinos escozíos, para que haga de maestro de ceremonias con traje de chaqué y sin permitirse una sola broma o gracia. Como bonus, se duchará el día del evento y se recortará la barba:
El Sevilla. Cantante de los Mojinos escozíos y showman.
Se contratará al menos a un 50% de personas que no sean conocidas ni conferenciantes profesionales.
Se primarán las conferencias sobre temas que nunca se hayan tratado en conferencias TEDxSevilla anteriores.
Una conferencia será oscura, pesimista y generará un cierto vacío existencial entre los oyentes. Un político venido a menos, probablemente socialista o de izquierdas, podría cumplir con cierta holgura la meta. Esta conferencia será una especie de contrapunto al carácter creativo, festivo y optimista general del evento TED.
A un ponente se le pedirá que sugiera cinco temas en orden de preferencia. Seguidamente se le exigirá que hable sobre el último de su lista.
En una de las conferencias intervendrá un carpintero, un panadero o algún representante de alguna profesión u oficio tradicional. Hablará desde la perspectiva del orgullo profesional, el trabajo bien hecho y el deseo de mejora continua. Intentará relacionar su trabajo con el de los artesanos del software o el craftmanship.
Como segundo contrapunto, se convocará a un burócrata de alguna administración pública para que nos explique cómo ser innovadores, creativos y cultivar el espíritu empresarial. A ser posible, esta persona debe haber sido regular estudiante, afiliado a un partido político desde su temprana juventud y haber tenido poca o nula experiencia vital fuera del sector público y la política. Estoy pensando, por ejemplo, en… bueno, pensad vosotros, que para eso os pago.
En otra conferencia se buscará el enfrentamiento entre dos formas radicalmente distintas de ver las cosas. Dos expertos con visiones opuestas mantendrán un debate en menos de 20 minutos. Cada ponente asumirá la postura contraria a la que verdaderamente mantiene o defiende.
El ponente con mejor valoración del evento será invitado para el 2015. El ponente con peor valoración o el más denostado también; de esta manera fomentaremos la asunción de riesgos y el mantener ideas impopulares. También podría servir para dar una segunda oportunidad al peor de los conferenciantes y que en el 2015 mostrará la capacidad de espíritu humano de aprender y sobreponerse a las dificultades. En el 2015 se repetiría la conferencia del 2014 (ANTES) y seguidamente la conferencia de ese año (DESPUÉS).
Se fomentará la interacción entre el público, toda presuntamente gente curiosa, con espíritu empresarial e inquieta. De estas interacciones tendrán que salir colaboraciones posteriores y nuevas empresas o, en su defecto, matrimonios.
Por cada conferencia en la que sepamos lo que va a decir el ponente desde el minuto 1 , deberá haber al menos una conferencia en la que no tengamos ni idea de lo que va a decir el ponente.
Habrá dos formas de acceder al recinto donde se desarrolle el evento TED:
a) Pagando la entrada con el precio habitual.
b) Aportando cien ideas para el evento TEDxSevilla 2014. Este pago tendría que hacerse antes del mes de diciembre, para que los organizadores pudieran aplicar alguna de estas ideas.
Se invitará a Anca Balaj, rumano-española, escridibujante y entrenadora en creatividad. Nos hablará sobre creatividad o sobre otra de sus especialidades, el coaching para niños.
Al menos una conferencia será pronunciada por una persona de 20 o menos años. Propongo a Katherine, de minimalcoin. Nos podría hablar sobre el valor del trabajo y la disciplina y su primacía sobre la pasión.
Al menos una conferencia será pronunciada por una persona de 70 o más años.
Al menos un conferenciante ha de tener barba, ser de Valencia, caerme simpático, gustarle los dinosaurios y dedicarse a la comunicación audiovisual. Gorka Pitarch, por ejemplo.
Gorka Pitarch. Amante de los dinosaurios y proto-gurú de la comunicación audiovisual.
Un ponente hablará sobre cómo convertir el potencial de las redes sociales para canalizar los afanes reproductivos –perdón: productivos– de los jóvenes y no tan jóvenes hacia el mundo de la empresa.
Alguien que trabaje en el mundo de las metodologías Agile, Scrum, Kanban, etc., hará una apología de estas técnicas y recomendará su extensión a otros sectores distintos del software o las empresas tecnológicas.
En un gran cartel de muchos metros de largo, en una especie de muro de las ilusiones, la gente escribirá una o varias ideas para aplicar el espíritu TED en las escuelas españolas.
Propongo a mi amigo @entusiasmado del blog entusiasmado.com para que imparta una conferencia sobre positividad, ilusión, entusiasmo y cómo sacar todo el meollo a la vida, desde la perspectiva de la psicología evolucionista y el buen vivir.
Se proyectarán películas inspiradoras en una sala anexa a la sala de conferencias. Pienso en películas del tipo En busca de la felicidad, El club de los poetas muertos, Footloose, La princesa prometida, Sonrisas y lágrimas,Caballero sin espada o Qué bello es vivir.
Contratar a Mario Vargas Llosa. Y que hable de lo que quiera.
Fichar para el evento a Raúl Hernández González. Un profesional todoterreno del mundo de la empresa: consultor, directivo, formador. Pondrá un toque de realismo y sensatez en el discurso habitual sobre la organización empresarial y el trabajo profesional.
Se contratará a una madre homeschooler o unschooler (educación al margen de la escuela) que crea en la educación fuera de la escuela y que relacione su experiencia con la creatividad, la libertad y el progreso social y personal. Estoy pensando en Laura Mascaró.
Propongo a Juan, de aprendizajeyvida.com, para que aplique su conocimiento sobre PNL y relaciones humanas (sobre todo en materia de seducción) al mundo de la enseñanza, el aprendizaje, la empresa y la creación en general.
Propongo que ningún ponente nos hable de un viaje a un país exótico y todo lo que aprendió en las faldas del Himalaya o en las playas de Tailandia. En su lugar, habrá alguien que nos hable del turismo en el lugar de residencia y cómo podemos viajar a lugares lejanos simplemente abriendo los ojos e interactuando con personas distintas con las que nos cruzamos todos los días.
Una ponencia TED será de un artista plástico, un bailarín o un mimo. En todo caso, no se podrán emplear las palabras.
Se hablará sobre aprendizaje y educación experimental. Alguien hablará de por qué no necesitamos ir a la universidad para hacer cosas útiles y las ventajas del movimiento uncollege.
Un artista nos hablará sobre cómo generar ideas. O un creativo de publicidad. O un guionista de televisión. O un escritor. O un poeta. O un niño. O una niña: Sara M. Bernard.
Alguien nos hablará de cinco personas geniales y por qué todas son distintas y por tanto no podemos imitarlas.
Propongo contratar a Nassim Nicholas Taleb, mezcla de culturista y filósofo de café o «flâneur«, trader de éxito, y el autor de Antifrágil, las cosas que se benefician del desorden y El cisne negro, para que nos explique sus ideas sobre la creación, la evolución, la economía y la supervivencia y muerte de empresas, culturas e ideas.
Nassim Nicholas Taleb. Trader, filósofo de café y ensayista de éxito.
Un experto en búsquedas nos hablará sobre cómo encontrar lo que necesitamos en internet y cómo gestionar el universo de información a nuestro alcance. Podría ser algún comercial o ejecutivo de DuckDuckgo o, si no es posible, y en su defecto, de google.
Alguien hablará sobre vida sana desde una perspectiva natural y minimalista. Estoy pensando en Robert Sánchez, del blog Escucha tu cuerpo.
Al menos uno de los ponentes ha de ser chino o indio.
Contratar a alguien especialista en gamificación. Propongo a una desconocida de Suecia llamada Louise Stigell, apasionada por el lifehacking , que nos hablará sobre cómo gamificar o diseñar la propia existencia y lo que podemos aprender los juegos de rol y los videojuegos. Es atractiva, exótica y sueca, lo que la convierte en incluso un mejor reclamo mediático que Josef Ajram.
Louise Stigell. Lifehacker, über nerd by heart and aspiring evil genius.
Un programador nos explicará el concepto de coding dojo, su aplicación a la empresa y el movimiento de artesanía del software y la ética del trabajo que implica. Estoy pensando en alguien, sí, pero no me permite que le presente de candidato. ¡Mala suerte!
Contratar al profesor Anxo Bastos, de la Universidad de Santiago de Compostela, en un incomprensible pero simpático acento gallego nos hablará sobre las ventajas de usar la sociedad civil y el mercado para generar innovación, riqueza y libertad. Es todo un personaje.
Un representante del gobierno actual español nos hablará de todas las cosas que van a dejar de hacer para que los empresarios estén estimulados y motivados.
El tema de una ponencia será «Mitos y errores intelectuales que dificultan la creación de empresas y la función empresarial en general». Propongo al profesor de la Universidad Juan Carlos I, Jesús Huerta de Soto, que tiene mucho empuje, vehemencia y es un refinado intelectual de estilo altisonante. Aquí tenéis una muestra de su estilo docente: se sube a una mesa y rompe un billete de 10 € en una clase.
Una de las personas seleccionadas será elegida al azar en un paseo por el centro de la ciudad de Sevilla.
Una conferencia durará 1 minuto. Podría ser un autor minimalista o alguien con poco que decir, pero que tuviera mucha convicción y presencia en el escenario. No, no estoy pensando en mí.
Otra tratará sobre la actitud correcta para iniciar aventuras empresariales y las herramientas de autorregulación emocional que podemos emplear.
Para fomentar la creatividad, generar suspense y promover la tolerancia y disfrute de la incertidumbre, se mantendrá en secreto el lugar y la hora de inicio de TEDxSevilla. Los asistentes que hayan comprado su entrada tendrán que averiguar vía internet o empleando cualquier otro medio los detalles del evento. No obstante, se podrá comprar una entrada a doble de precio que dará derecho a saber con toda seguridad el lugar y hora exacta de inicio y el programa de conferencias. Se enviará por correo electrónico a los que compren estas entradas más caras.
Un mago y showman nos hablará de cómo podemos usar la «misdirection«, el humor y otras técnicas psicológicas para cautivar a nuestros clientes. Estoy pensando en Dani Alés:
Dani Alés. Mágo, showman. Buen tipo en el buen sentido de la palabra bueno.
En al menos una de las presentaciones se pondrá de ejemplo al baile y cante de las sevillanas como ejemplo de esclerotización del arte y la innovación.
Un alpinista, motorista o piloto de pruebas nos hablará sobre la gestión del riesgo: cómo asumir riesgos inteligentemente, cómo lo hacen en su actividad deportiva y el equilibrio entre razón y pasión.
Una conferencia consistirá en un tipo en el estrado dirigiendo una sesión de meditación.
La conferencia TED del 2014 se suspenderá el último día y se sustituirá por dos conferencias en días sucesivos el 2015.
Una ponencia será una «pelea de gallos» rapera en que los dos raperos-ponentes lucharán por ganar una batalla de ideas.
A cada ponente se le dará la bienvenida con una música estimulante distinta y que no tenga nada que ver con el tema de su ponencia.
Se intentará fichar a David Bolton, americano, concertista de clavicordio, experto en aprendizaje de lenguas, astrólogo y actor. Es un personaje excéntrico, sabio y con gran sentido del humor. Ha vivido la mayor parte de su vida en España y Alemania. Podría hablar sobre las ventajas de una actitud cosmopolita y la futilidad de la planificación. Actualmente reside en algún lugar del planeta tierra. Habla un muy buen español. Como ejemplo de su mentalidad y espíritu, podeis leer una anécdota suya que relaté en este blog.
Se contratará al doble de ponentes necesarios y por sorteo solo participarán la mitad.
Cada ponente reducirá toda su exposición a un eslogan que quedará en la pantalla al final de su intervención.
Un experto en aprendizaje nos explicará por qué pasarse el día viendo conferencias de quince minutos en TED o en youtube no es la mejor manera de aprender y qué lugar debería tener TED en nuestra dieta informativa.
Se creará una wiki para que todos los que quieran intervenir en la organización de TEDxSevilla 2014 puedan hacerlo.
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[Llegado a este punto no se me ocurren más ideas, llevo solo 73 . Pero no puedo diferir más la publicación del artículo. Dejo la sección de comentarios para comentar las propuestas, ampliarlas y recolectar nuevas. Como incentivo, daré las gracias a todos los que hagan más sugerencias para una conferencia TED y así alcanzar las cien prometidas al comienzo del artículo.]
Aportaciones de los lectores (hasta llegar a cien)
Conferencia pronunciada por un gorrilla sevillano acerca de la importancia de la coacción y la dejación de las funciones municipales para prosperar.
un perriflauta pronunciará una conferencia acerca de la importancia de la tolerancia de las diversas culturas. Posteriormente será confinado en las 3000 viviendas donde habrá de convivir con una familia de gitanos hasta que haya sido robado o violado en 10 ocasiones. Lo que primero ocurra.
Propongo la contratación de Evo Morales, con una conferencia llamada “El fútbol y la alta costura”.
Los asistentes estarán atados a la silla y amordazados. Mientras una dominatrix profesional dará una conferencia práctica llamada “Por qué nadie debería leer 50 sombras de Grey”
Se pronunciarán tres conferencias. Se elegirá, por aclamación al conferenciante más agudo y brillante. Posteriormente será ajusticiado por el método de garrote vil. La conferencia acabará con gritos de muerte a la inteligencia.
Un experto en perder los miedos aleccionará a los asistentes antes de que estos realicen un salto de fe desde lo alto de la giralda. Los supervivientes serán invitados a una ronda de “flamenquitos”.
El último ciudadano que no salió en televisión dará una conferencia titulada ” cómo era el mundo cuando no veías a la misma gente hasta en la sopa”. La conferencia será patrocinada por una marca de sopas, y presentada por algún famoso.
Algún autor desconocido defenderá la independencia de un territorio de gran tamaño. Posteriormente otro autor aún más desconocido defenderá la independencia de un territorio incluido dentro del anterior, y luego otro que aún sea más ignorado de otra dentro de este. El último autor, que sólo se representará a sí mismo gritará “Libertad para mí” y haciendo un corte de mangas abandonará la sala.
Una clase magistral será pronunciada por un gato. El gato habrá de ser blanco, hembra, y el dueño del gato recibirá todos los beneficios de Ted Sevilla hasta 2406.
La conferencia será dada por un muerto. Para evitar bromas macabras y suplantaciones de personalidad, el cadáver habrá de estar fresco y presente. Al menos presente, si no es posible que esté fresco. Sólo se podrá hacer preguntas por los asistentes que bien estuvieran muertos al iniciar la conferencia o que hayan muerto durante la misma.
La última conferencia será dada por un gato muerto. En un claro ejemplo de superación, y de búsqueda del más difícil todavía. El gato no habrá de ser el mismo gato del número ocho. De hecho estará prohibido que sea blanco. También estará de cuerpo presente y como prueba de su defunción se exigirá que no maúlle ni mostrándole una sardina.
Después de acabar las conferencias de TED Sevilla 2406, se prohibirán por orden alfabético todos los Ted, borrando cualquier referencia a ellos digital o analógica, y se suprimirá en el cerebro de los asistentes cualquier remoto recuerdo. De hecho se prohibirá cualquier tipo de manifestación cultural o partido de solteros contra casados, y se impondrá al Real Madrid como eterno campeón, sin jugar, de Liga y Champions.
Se me resucitará para proporcionarme 100 vírgenes de colores de ojos no repetidos que satisfagan mi apetito de recién vuelto de la tumba y 100 más para servirme el alcohol y las comidas que desee.
Se me nombrará Padre Benefactor de la Patria, sea cual sea la Patria del momento, y se prohibirá el orgasmo a cualquier varón o cualquier hembra que no haya compuesto un endecasílabo en mi honor.
Posteriormente me retiraré a pedir a Dios, a los dioses, o a la Madre Naturaleza que a todos protege, que destruya el mundo y lo reconstruya a partir de un paramecio. Tengo curiosidad por saber si sale todo igual.
Mario (1 aportación):
Los participantes tendrán que resolver una ecuación para encontrar su fila y número de asiento. Aquellos que no recuerden matemáticas escolares o no puedan bajar alguna aplicación a tiempo, deberán ver la presentación de pie.
Carochan (1 aportación):
Se te pasó que una azafata monisima haga un mini streptease detrás del ponente más importante y después se pase una encuesta para observar los patrones de atención…XDD
Anónimo (1 aportación):
Mi idea para conferencia es la siguiente: que alguien de cualquier colectivo ciudadano supuestamente afectado por los “recortes” (profesores, médicos, investigadores, deudores de hipotecas, estudiantes profesionales -preferiblemente miembros de la tuna-, afectados por las preferentes,licenciados con dos carreras y un máster que trabajan de camareros…) dé una charla magistral sobre lo duro que es vivir en esta economía y como estamos retrocediendo a pasos agigantados en nuestros derechos (¿?) universales. Acto seguido aparecerá un ciudadano de a pie de un país menos favorecido por los dioses (cualquier país de Latinoamérica por ejemplo para que no haya problemas de traducción) y cuente cuáles son los derechos y beneficios socilaes con los que cuenta, puesto que terminará rápido, estimo que no más de 5 minutos, se dejará al público unos minutos para que reflexiones, compare y posteriormente diga en voz alta 100 veces: “apreciaré todo lo que me brinda el Estado y jamás volveré a ser un llorón que espera que le resuelvan todos sus problemas”.
No se ha hecho mención de la Semana Santa. ¿Qué pasa con el leadership de los capataces de pasos? Ahi tienes otra conferencia. Un costalero también podría hablarnos de team working y team morale. Los gorrillas, de emprendimiento en los márgenes de la administración.
Pues, según yo, no es justo que estemos todos en la conferencia TED y tu no te hayas incluido en alguna parte del espectáculo. Por ejemplo, con una maravillosa charla de como hacer tu vida productiva, eficiente y desarrollar la capacidad de ser irónicamente un cielo de ciberamigo que, casi siempre, te desea lo mejor. Y ya de paso, vístete con uniforme de sensei al estilo Pai Mei (Kill Bill V II), con el movimiento de barba incluido, a poder ser.A cachondeo o en serio, debe ser todo un espectáculo digno de ver
De esta idea tuya, se me ocurre otra: que después de cada ponencia salga un niño a dar su punto de vista sobre el asunto (ya sea tras haber escuchado la ponencia, ya sea sus propias ideas sin saber lo que ha contado el ponente).
The feeling you get when someone whips out their blackberry aka crackberry or cell phone and begins having a conversation with someone. It’s a cross between pissed off and puzzled.
«I was pizzled the other night when my husband started talking on his crackberry at the dinner table»
# Urban dictionary
1. confadado
El sentimiento que tienes cuando alguien saca su blackberry, también conocido como crackberry o teléfono celular, y empieza una conversación con alguien. Es una mezcla de estar conf-undido y en-fadado.
«La otra noche me quedé confadada cuando mi marido se puso a hablar por el móvil en la cena».
#Traducción libre al español de pizzled.
Menosfadado
Aunque el término anterior es un buen ejemplo de la versatilidad y riqueza de la lengua inglesa, creo que no capta lo esencial del sentimiento.
Yo creo que la perplejidad o confusión que puede generar el que alguien de repente y sin previo aviso desenfunde su móvil es más una emoción del pasado (de hace unos pocos años). Hoy en día a nadie le sorprende que alguien se ponga a hablar en medio de una cena o conversación.
Tiene más importancia el sentimiento de sentirse menospreciado o minusvalorado que el de confusión o perplejidad. Es como si las personas que están presentes de repente dejaran de tener valor o importancia para el que toma su móvil y se pone a consultar un mensaje de texto, responder a un guasap (o como coño que se escriba) o iniciar una conversación telefónica.
Nunca hemos estado más conectados por la tecnología. También nunca hemos estado tan desconectados de nuestro entorno físico y humano por el uso que hacemos de nuestras herramientas. Es difícil, al menos para alguien de sangre caliente como yo, no sentir un odio más o menos remoto y mal disimulado por el que infringe el pacto entre caballeros tácito en cualquier contacto humano presencial.
La gente hoy en día te hace sentir menosfadado sin sonrojo o sentido de culpa alguno. Se ha convertido en una costumbre, si no aceptable, sí aceptada o tolerada. Esto ocurre con más frecuencia según aumenta el tamaño del grupo. A partir de tres personas es fácil hacerlo; a partir de cuatro ni siquiera parece una infracción social.
Pero incluso cuando estás con una sola persona es muy común. A veces me dan ganas de decir: «¿qué pasa, manteniendo las opciones abiertas?, ¿acaso tienes algo mejor esperándote?» o bien «¿te resulto demasiado aburrido para que seas capaz de mantener la atención diez minutos sin mirar tu puñetero móvil?».
Aunque no soy un caballero si no estoy entre damas (o caballeros), pocas veces muestro así mi enfado. Pero siempre me siento algo menospreciado.
En su artículo El blog y el aprendizaje autodidacta Dean Romero defiende la idea de que escribir un blog es uno de los mejores métodos para el aprendizaje autodidacta. Lo considera como un complemento a la enseñanza reglada tradicional, que es una especie de cadena de montaje del conocimiento, vestigio de la era industrial del siglo XX.
No puedo estar más de acuerdo con Romero. Hablo por experiencia. Escribir un blog me ha ayudado a explorar nuevos campos, a poner en claro mis ideas y contactar –lo más importante– con una comunidad de minimalistas y mínimamente minimalistas de la que extraigo aliento, ideas e interacción constante.
Las conexiones sorpresivas son la base de toda creación, no importa si se trata de descubrimientos científicos o de creaciones profesionales y personales más humildes y cotidianas. Son los medios que nos proporciona internet para compartir conocimiento y experiencias, entre ellos ellos el blog, los que multiplican casi ad infinitum la generación de esas conexiones.
El proyecto 52 comidas como generador de conexiones
Este blog ha sido un generador y catalizador de relaciones personales, tanto virtuales como presenciales. No solo he usado el blog para registrar semana a semana y mes a mes mis reflexiones y exploraciones; también lo he empleado para contactar en persona con lectores y blogueros.
Cuando me di cuenta del potencial del blog para conocer gente, decidí comenzar el Proyecto 52 comidas, y publicitarlo a través del blog Homo Minimus, para así explotar todavía más la capacidad que tienen los blogs de inventar relaciones entre personas.
El proyecto 52 –que me ha proporcionado más de 25 comidas con «frikis» en lo que llevo de año– es una fuente de diversión e inspiración constante. La regla de las 4 efes, F.F.F.F, me ha permitido exponerme a un rango de personalidades e ideas a las que de otra manera hubiera sido casi imposible acceder.
El autodidacta que lo aprendió todo de otros y con otros
En una de esas comidas, conocí a una persona autodidacta, la persona más autodidacta de la que nunca he tenido noticia: alguien que lo ha aprendido casi todo al margen de la cadena de montaje del sistema educativo tradicional; solo con curiosidad, imaginación e iniciativa personal. Un verdadero innovador del mundo del aprendizaje.
Sin embargo, mi comensal y contertulio, el autodidacta por antonomasia, no se sentía muy a gusto con el calificativo de «autodidacta» aplicado a su forma de aprender. Me sorprendió un poco. Pero lo explicó inmediatamente: él prefería llamarse «interdidacta», no tanto porque ha accedido a muchas de sus fuentes de libros y recursos a través de inter-net, sino porque su aprendizaje ha sido inter-activo, con personas apasionadas por los mismos temas que él, y que han constituido su UP o Universidad Personal, una comunidad de seres humanos que busca la excelencia y el crecimiento continuo. Sin su apoyo jamás hubiera llegado tan lejos.
Somos animales sociales y gran parte de nuestro aprendizaje no se hace en solitario, sino en un entorno social del que obtenemos interacción, conocimiento y estímulo. Un aprendedor inteligente buscará la comunidad de aprendizaje que mejor le ayude a alcanzar sus metas. Por eso, la palabra autodidacta no está bien escogida para referirse a las personas que aprenden a su ritmo, movidas por sus pasiones o intereses y que lo hacen al margen de los caminos trillados de escuelas, universidades y academias.
Nos falta un manifiesto del interdidacta, una declaración de principios e intenciones de lo que constituye el aprendizaje en libertad: diverso, múltiple, sorpresivo, creador, que hace uso pleno del principal recurso humano: la capacidad de aprender de/con otras personas, inventar y conectar medios y fines, y hacer uso de la habilidad empresarial de descubrir oportunidades beneficiosas de intercambios y mejoras individuales y colectivas. Esto sería el APRENDIZAJE con mayúsculas.
El minimalismo tiene mucho que ver con el funcionamiento de la mente humana y con los atajos cognitivos; entre ellos, los de la memoria. Por eso me gusta recurrir a imágenes, anécdotas, anuncios publicitarios o escenas de película para ilustrar el concepto que quiero recordar y aplicar en mi vida.
En artículos anteriores hablamos de aprender a elegir bien las batallas o el no matar moscas a cañonazos, o la famosa regla del 80/20. En este haremos referencia a otro concepto cercano:
¿Qué me recuerda esta escena? El principio de economía de medios.
Una vez que has decidido hacer algo o tienes un problema delante de ti, es importante elegir la mejor herramienta para el trabajo: la que se adapte mejor a la tarea entre manos y sea más rápida, funcional y expeditiva. En el caso de Indiana Jones, la pistola; aunque se sienta más a gusto con el látigo.
El famoso aforismo «si solo tienes un martillo, tratarás a todo como si fuera un clavo» es la otra cara de la moneda de la economía de medios. Todos tenemos herramientas materiales, intelectuales y cognitivas con las que nos sentimos más a gusto. Por diversas razones:
Es la única que conocemos.
Es la que más éxito tuvo en el pasado.
Es la herramienta estéticamente más atractiva para nosotros o para los demás
Etc.
Pero cuando se trata de lograr cosas, hacer el trabajo, ofrecer resultados, lo mejor es aplicar la herramienta más eficaz para la tarea, el momento y el lugar.
Si delante de nosotros aparece un beduino blandiendo una cimitarra en un alarde de virtuosismo, el reflejo natural es sacar nuestra espada o algún otro arma blanca similar para enfrentar el desafío.
Si el colega de trabajo nos ataca con sarcasmo en una reunión, podemos sentirnos tentados a responderle en su misma moneda, con algún otro comentario mordaz e hiriente. Pero quizá sea mejor ignorar el comentario o deshacer el ataque de manera expeditiva. Por ejemplo:
Lanzándole un beso.
Diciendo: sigue, sigue, sigue, saca lo que llevas dentro.
Pasando al siguiente punto del orden del día.
A veces –no digo que no– hay que sacar la espada toledana e iniciar un duelo. Con suerte, le cortaremos la cabeza y la serviremos en bandeja de plata. Pero el gasto de esfuerzo puede convertir en una victoria pírrica el resultado.
Con este artículo, intento exorcizar mi tendencia casi irrefrenable a entrar en batallas donde nada gano usando herramientas que consumen demasiado de mi tiempo y energía. En adelante, espero elegir el arma más adecuada para el problema que tengo entre manos.
Con 444 palabras e Indiana Jones hoy ya es es suficiente.
Inspirado por @entusiasmado en su artículo sobre las 10 cosas que aprendí de mi gato, yo hice lo propio con una de las patas de mi mesa, pero como soy minimalista aprendí solo 5, las más importantes.
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A trabajar en equipo. No he conocido a una pata de mesa eficaz que sea individualista. Si lo es, la mesa queda coja. Ha de trabajar en coordinación con las otras patas de la mesa.
A ser perseverante. Día tras día, sin queja, sostiene su parte alícuota del peso de la mesa, sin quejarse, venciendo la gravedad de lo material.
A ser firme, pero no estirado. Una cualidad del carácter que siempre he admirado.
A no venirme abajo ante la presión. Por muchos objetos y peso que ponga encima de la mesa, la pata de la mesa de la que hablo y sus compañeras mantienen el tipo, No se preguntan: “¿por qué me ha tocado este peso a mí?”, sino que siguen su esfuerzo callado esperando a que escampe, estoicamente.
A usar palabras que signifiquen distintas cosas (incluso palabras homófonas, ojo; no homófobas): pata (de mesa), pata (mujer del pato), pata (del pato o la pata), pata (de gallo), pata (como cuando metes la ídem), Pata-ki (Elsa).
Integrada y dirigida por el propósito y la visión. Fortaleza que se proyecta en el futuro. A lo Münchhausen: hundido en el pantano de lo cotidiano me elevo tirándome del pelo con caballo y todo.
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Pureza de corazón es querer una sola cosa ~Rilke
Grande
Por la diversidad dentro de la unidad y la integración de las partes. La adaptabilidad viene de la variedad interna, de ser capaz de generar muchas respuestas y poder actuar en entornos dinámicos y complejos. Tolerar y animar la paradoja, la contradicción y la confusión derivada de albergar muchas posibilidades dentro de uno y ser capaz de grandes cosas.
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Has de llevar un caos dentro de ti para alumbrar una estrella danzarina ~Nietzsche
Libre
Por la autodeterminación o autonomía. Tanto por estar libre de sujeciones externas como por contar con la motivación intrínseca o disfrute del proceso como energía motivacional.
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He de crear mi propio sistema o seré esclavizado por el de algún otro ~William Blake
Durante tres días y tres noches, el maestro Homo Minimus no salió de su cubículo. Al cuarto día, los monjes del templo enviaron a un aprendiz en busca de noticias suyas.
El aprendiz encontró al maestro ante una gran pantalla contemplando una proyección de una rama periférica de su árbol de la vida. El aprendiz lo identificó como un componente menor, casi insignificante, del vasto sistema de planificación estratégica de Homo Minimus y cuyo mantenimiento regular acometía con puntualidad de reloj atómico. Educadamente, el aprendiz preguntó al maestro en qué estaba trabajando.–
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Yo cuantificado – cliquea para ampliar vista
–El maestro contestó: “Hay un pequeño fleco en la organización general de mi vida, y estoy considerando cuál es la mejor manera de solucionarlo».
El aprendiz dijo: “A menudo predica sobre la importancia de establecer prioridades. Entonces, ¿cómo puede estar obsesionado con algo tan pequeño y trivial?”
Sin decir una palabra, el maestro elevó su bastón y golpeó con fuerza el descalzo pie izquierdo del aprendiz, rompiéndole el dedo meñique. El aprendiz gritó de dolor y salió cojeando del cubículo. En ese momento, el aprendiz vio la luz.
El futuro es incierto. Y las decisiones se basan en nuestra anticipación del futuro. Un elemento de toda decisión es la gestión del riesgo. El sistema de anticipación que traemos de fábrica, el diseñado evolutivamente, quizá no sirva actualmente en un mundo complejo, impredecible y dinámico. Es posible que lo que sintamos subjetivamente como riesgo alto no lo sea, y que lo que nos deja fríos emocionalmente implique grandes riesgos.
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Si privilegiamos el status quo –el seguir en la situación actual sin hacer cambios– también estamos tomando una decisión. Seguir haciendo lo mismo no se siente como una decisión, pero a veces es la decisión más arriesgada. Son solo las novedades, las acciones y proyectos nuevos los que alertan nuestro sistema emocional.
Hay un sesgo hacia el no hacer en contra del hacer. De ahí el refrán que tanto odio: «mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer».
Estamos constantemente tomando decisiones, tanto si somos conscientes como si no, tanto si queremos como si no. Y el riesgo es el telón de fondo de toda decisión.
Hay riesgo porque hay incertidumbre, porque no conocemos los efectos de nuestras acciones, ni los positivos ni los negativos. Y si conociéramos con certeza los resultados de nuestras acciones es posible que también nos equivocáramos sobre los efectos emocionales, sobre cómo vamos a sentirnos.
Los psicólogos dicen que somos muy malos prediciendo cómo nos vamos a sentir. Daniel Gilbert, en ‘Stumbling on Happiness’ (‘Tropezando con la felicidad’) dice que somos torpes anticipando nuestro futuro emocional.
El ejemplo paradigmático es el estudio de los ganadores de lotería y los parapléjicos: tanto unos como otros retoman en un año su nivel de felicidad previo al premio de lotería o el accidente de tráfico. Sorprendente. En esta conferencia TED , Gilbert explica lo falibles que somos anticipando los efectos emocionales de los resultados que obtenemos en la vida o de las cosas que nos pasan.
Por tanto, doble vía de incertidumbre
Riesgo tipo I, de los resultados de nuestras acciones. En un mundo dinámico y complejo no podemos estar seguros de que nuestros esfuerzos obtengan los resultados apetecidos. Es difícil predecir, sobre todo el futuro.
Riesgo tipo II, de los efectos emocionales de los resultados o acontecimientos. Hasta nos equivocamos en cómo nos vamos a sentir después de lograr algo. Podemos llegar a la cima, solo para sentirnos vacíos. O lo que parecía que iba a ser tan malo termina no siéndololo tanto. En ambos casos opera la adaptación hedónica.
Si hay tanta incertidumbre, si somos tan malos prediciendo los resultados de nuestras acciones y los efectos emocionales de estas, ¿qué podemos hacer? ¿hay algún principio o conjunto simple de reglas que nos puedan orientar en las decisiones?
Los minimalistas intentamos simplificar y aplicar reglas sencillas, nunca perfectas aunque sí pragmáticas, que nos orienten en la jungla de opciones y sentimientos.
Asumir riesgos inteligentemente no es hacer ultramaratones o dejar el trabajo y dar una vuelta al mundo
Todas esas iniciativas han intentando, con mayor o menor éxito o fortuna, poner en práctica una mentalidad experimental y crecimiento que acepte los fallos y abrace la incertidumbre. Pero en ningún caso he estado sometido remotamente a un riesgo físico o financiero. Quizá mi ego peligraba en muchas de esas ocasiones, pero el ego es la carne de cañón de mi espíritu y siempre estoy contento de sacrificarlo.
Habréis observado que mis experimentos son bastante «comedidos». A diferencia de otros blogueros con vidas más espectaculares, que viajan alrededor del mundo, que hacen puenting, escalada o parapente; que tienen animadas vidas sexuales y coquetean con el abismo; que dejan sus carreras, sus amigos, familias y viajan a Vietnam; que se convierten en monjes lama o hacen ultramaratones.. A diferencia de todos ellos, mis experimentos parecen casi infantiles o ingenuos.
Pero no es que necesariamente sea un acojonado, es más bien consecuencia de mi actitud minimalista y de mi sistema de gestión del riesgo:
Mis reglas para la gestión del riesgo tipo I (de resultados acciones)
1. No voy a morir o salir físicamente dañado. Tampoco me expongo a perder todo mi patrimonio. Ninguna decisión mía implica ponerme en riesgo físico o de quiebra.
Por poner algunos ejemplos, no viajo en motocicleta, no haría jamás parapente y cuando cruzo un paso de cebra lo hago con todos mis sentidos y en estado de alerta. Tampoco pongo mi futuro financiero en manos del director de banco «amigo de toda vida» ni compro participaciones preferentes o acciones de una sola compañía.
En cualquier decisión que tome, el peor escenario es asumible: no saldré dañado físicamente ni perderé todo mi patrimonio.
Puedo exponerme a pequeñas pérdidas, pero soy extremadamente conservador cuando se trata de evitar los sucesos fatales, aunque tengan baja probabilidad o sean a largo plazo. Temo mucho más al azúcar y el sedentarismo que al ridículo o el fracaso de mis proyectos.
Aunque tomes todas las precauciones, pueden ocurrir sucesos muy negativos. Por ejemplo, a pesar de tener un cuidado tremendo respecto a los posibles accidentes de circulación, hace 5 meses fui atropellado por una moto que se salió de la calzada cuando caminaba tranquilamente por la acera. La gestión del riesgo solo disminuye la exposición a los riesgos fatales, no los elimina.
2. El coste de la acción es bajo. Privilegio experimentos y proyectos en los que no voy a morir, y en los que los costes de la acción son bajos. Puedo vivir durante mucho tiempo sometido a pequeñas pérdidas si eso me expone –aunque no me asegure– a posibilidades beneficiosas.
3. Lasconsecuencias de la acción no son irreversibles. Este no es un criterio imprescindible si los dos criterios anteriores se han cumplido, pero es un criterio conveniente en el caso de costes mayores o proyectos a largo plazo. Intento avanzar a pequeños pasos, asumiendo costes moderados y mantengo la opción de abandonar el proyecto o acción si las circunstancias cambian.
4. No intento predecir el futuro. No hago complicados planes estratégicos o programo detalladamente mis acciones. Ni se me ocurre planear mi vida. En su lugar, gestiono una red de posibilidades, me expongo a un montón de consecuencias positivas, muchas imprevisibles e improbables. Elijo el entorno social más favorable, las actividades en las que más puedo aprender y más disfruto, y el tipo de proyectos que me sacan de la zona cómoda. Elijo direcciones en las que pueden ocurrir cosas buenas y que favorecen el aprendizaje.
5. En especial, me expongo a los sucesos desmesuradamente positivos, improbables y poco comprensibles tanto a priori como retrospectivamente; lo que el trader y filósofo del riesgo Nassim Nicholas Taleb ha llamado Cisnes negros positivos. En materia de sucesos positivos soy resueltamente agresivo.
Resumiendo
Como el futuro es difícil de predecir, mi gestión del riesgo tipo I se basa en la idea de no cometer errores fatales (soy extremadamente conservador) y exponerme lo más posible a los sucesos inciertos positivos (soy resueltamente agresivo), especialmente a los desmesuradamente positivos aunque improbables.
¿Y qué hacer si a pesar de las precauciones y el conservadurismo ocurre algo fuertemente negativo, si «metéis la pata» bien metida o alguna fatalidad como la de mi atropello sucede? Seguid el ejemplo de mi colega y amigo entusiasmado.com después de sufrir un accidente en la piscina (lugar peligroso al que no tememos). Es el mejor ejemplo práctico de afrontamiento que nunca he visto relatado. Quizá Victor Frankl en ‘El hombre en busca de sentido’ hace algo parecido a @entusiasmado, pero necesitó una guerra mundial, un campo de concentración y un libro de 200 páginas en vez de un accidente en la piscina y 917 palabras.
Después reconsiderad los riesgos reales de vuestras actividades. Por ejemplo, ¿sabéis cuál es el momento más peligroso de un viaje en avión de España a Thailandia? ¿En el despegue? ¿En el aterrizaje? ¿En caso de tormenta en medio del Pacífico o el Índico?Respuesta: en el viaje en taxi desde vuestra residencia al aeropuerto. Pero casi todos tememos más a un suceso que ocurre una vez entre un millón de vuelos que uno que ocurre una vez entre menos de diez mil desplazamientos.
En cuanto a la gestión de los riesgos tipo II, o riesgos sobre los efectos emocionales de las acciones, la dejamos para el próximo artículo (el agudo lector habrá observado el uso astuto que hago del Efecto Cliffhanger).
Este es uno de los secretos de la automotivación: siempre estar celebrando los pequeños logros y las pequeñas cosas: de la misma forma que hemos de pensar a lo pequeño para ser grandes, también hemos de sentir a lo grande con cosas pequeñas.
Imagina, por ejemplo, que X = gestionar el correo electrónico. Pero lo que sigue a continuación se aplica a cualquier otro tema en el que quieras mejorar.
Buscas en google, escribes las palabras «10 tips manage email» y obtienes 120 millones de resultados:
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Al menos las 8 primeras páginas de resultados te proporcionan enlaces de alta relevancia para lo que buscas. Tienes 200 o 300 enlaces donde podrías obtener consejos.
¿Y ahora qué?
Creo que te has equivocado. Los diez consejos nunca funcionan. No en la medida que tú crees.
Mis 10 razones contra los 10 consejos
Tu vida no es la vida del que da los consejos. Esos diez consejos son el destilado de la experiencia particular de una persona en tiempo y lugar. Son reglas generales que tienen mucho sentido para la persona que ha experimentado sobre un determinado tema. Las reglas están adaptadas a sus circunstancias, idiosincrasia y valores. Pongamos que el que da los consejos es un hacker de la productividad personal, escribe un blog, da cursos online sobre productividad, mantiene muchos proyectos en paralelo y está obligado a interaccionar con decenas de personas al cabo del día. La pregunta es: ¿tus circunstancias se parecen a las suyas?
Las consejos son a menudo demasiado rígidos. En este blog he dado el consejo de escribir emails de solo tres líneas. ¿Sería eso suficiente para el tipo de correos que estás acostumbrado a escribir?
Las excepciones son tan importantes como las reglas. Supongamos que algunos consejos son útiles. ¿Sabrías cómo adaptarlos a tus circunstancias particulares separando el grano de la paja y quedándote con lo que verdaderamente fuera eficaz y eficiente para ti? ¿Deberías aplicar la regla de los minutos con las acciones que se deriven de la revisión de tu correo?
A los consejos desnudos les falta el ropaje de la verificación empírica. Está claro que debes testar las reglas, excluir las no necesarias o excesivamente complicadas, y transformar los consejos hasta que des con algo que funcione para ti. Por ejemplo, has de procesar el correo como máximo 2 veces al día según un consejo habitual de los gurús del e-mail. ¿Te lo puedes permitir? ¿Hay algún jefe o colega o proyecto urgente que requiere un flujo ininterrumpido de comunicación? Eso solo lo puedes saber tú, no el consejero.
No tienes lo que hay que tener. Sobre todo te falta voluntad. Establecer e internalizar cualquier sistema lleva tiempo. Hasta que formas un hábito necesitas dedicar esfuerzo mental diario. Muchas de los consejos son contraintuitivos y seguir reglas es incómodo al principio. Un sistema de productividad completo como el GTD de David Allen parece lógico sobre el papel y es un ideal. Pero… ¿tienes la fuerza de voluntad, paciencia y determinación para establecerlo? Siguiendo nuestro tema de la gestión del email: ¿vencerás el impulso de seleccionar el correo e ir a por lo más llamativo en vez de procesarlo secuencialmente? ¿serás capaz de no revisar compulsivamente el email a lo largo del día?
Los consejos son ocurrencias muchas veces inconexas y contradictorias. Ningún conjunto de consejos capta los matices, riqueza y complejidad de tu flujo de trabajo. Muchos decálogos son lugares comunes mal digeridos que no están integrados entre sí. En vez de pensar en el sistema y las metas generales se ponen parches en forma de consejos. Cualquier pseudogurú puede escribir una lista de diez consejos.
Si las circunstancias cambian, las reglas deben cambiar. Si te aferras a un sistema puedes hacer más difícil el adaptarte a los cambios.
Los diez consejos de alguien, son SUS diez consejos. Pierdes la sensación de autoría. En vez de crear un diseño propio, fruto de la experiencia y el ajuste y refinamiento continuo, te contentas con un traje de talla única que solo por casualidad se adaptará a tus necesidades.
Realmente no alcanzas a entender el significado exacto de los consejos. Es posible que no comprendas lo que significan o cómo puedes aplicarlos hasta que hayas hecho un esfuerzo consciente por resolver tú mismo el problema. ¿Has pensado seriamente en cómo gestionar el correo electrónico o te has limitado a ir poniendo parches e imitar los sistemas con los que por casualidad te has ido topando a lo largo del tiempo?
Diez consejos son muchos consejos o demasiados pocos. Se escoge la cifra de diez porque es una cifra redonda que tiene connotaciones casi mágicas. Somos muy aficionados a los decálogos. A veces bastarían con solo tres consejos, otras veces necesitarás treinta. Por ejemplo, yo reduje las reglas de gestión de correo a solo tres en Bandeja de correo virginal. Pero tú podrías necesitar catorce.
Pensamientos finales
Estas diez razones tampoco sirven para descartar siempre los diez consejos sobre X.
Las razones por las que alguien da un consejo son más interesantes que los mismos consejos.
Siempre estamos buscando atajos para no pensar y el mercado de productos e ideas nos los proporciona.
Si no creas tu propio sistema, estás condenado a seguir el de algún otro o dejar tu comportamiento al azar.
Siguiendo el espíritu de experimentación con el que queremos dotar a las iniciativas de este humilde blog, me gustaría que me ayudaráis a dotar de más chispa al Proyecto 52 comidas. Como sabéis, se trata de comer todas las semanas con una persona desconocida que tenga un toque friki; un «toque» basta, no es necesario tensar la cuerda por tensar la cuerda. Mi regla de las cuatro efes, F.F.F.F, demanda un suministro de personajes que no es siempre fácil conseguir.
Por otro lado, nuestro enfoque experimental supone intentar cosas difíciles que no tienen ninguna garantía de éxito. Se trata de fracasar con gracia de cuando en cuando. Creo que al proyecto 52 le vendría bien un toque adicional de incertidumbre.
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Muchos de vosotros, ya me habéis proporcionado nombres de posibles candidatos u os habéis postulado como próximo comensal; unos cuantos habéis comido ya conmigo. Así que no pido que lo volváis a hacer.
Lo que ahora propongo es una pequeña vuelta de tuerca: me gustaría que sugirieráis personas que vosotros no conozcáis personalmente pero con las que os gustaría comer o tener una charla en profundidad. Pueden ser conocidas en general (¿famosos?), conocidas en ciertos círculos o simplemente conocidas por vosotros.
El proceso es el siguiente
Me dais el nombre de tres personas máximo (entre una y tres) con la que os gustaría comer vosotros, pero ni se os ocurriría invitarle a comer. Si es difícil, mejor, no os pongáis límites: una probabilidad de 1 entre 100 o entre 1000 de que lo consiga es asumible.
Yo me encargo de hacer lo posible por concertar una comida con esa persona.
Cuando lo consiga, me pongo en contacto con la persona que lo propuso, y le digo que lo he conseguido.
Opcionalmente, y solo si te apetece, entras a formar parte de la comida del Proyecto 52 con la persona que me habías propuesto. Comeríamos los tres. No es obligatorio, es solo una opción que tienes disponible si te sientes audaz y te viene bien el día en que finalmente tenga lugar la comida.
Además
Esta iniciativa no excluye ni entra en conflicto con todas las comidas que ya tengo previstas durante este año.
Por el momento y por cuestiones logísticas, esta iniciativa queda restringida a España.
Para proponerme el candidato o candidatos, puedes tanto usar los comentarios como escribir a homominimus@hotmail.com
Cuando estés con la moral baja, haz una lista de cosas que van bien en tu vida. Con diez cosas es suficiente, porque si buscas más cada vez cuesta más y podrías tener la sensación de que no hay tantas cosas que vayan bien en tu vida.
Si paras en diez tienes un número respetable, pero sin sentir que se te está agotando el fondo de cosas que van bien en tu vida. Podrías continuar sin mucho esfuerzo escribiendo otras diez más.
Esta es una píldora de automotivación que te permite remontar el ánimo bajo o las dificultades.
El minimalismo existencial –o minimalismo como diseño de vida– está especialmente interesado en dosificar el esfuerzo y no dedicar más recursos que los necesarios para lograr las metas. La regla de Pareto del 80/20 nos recuerda que con el 20% de las acciones conseguiremos aproximadamente el 80% de los resultados. Cuando no necesitamos maximizar, las acciones posibles que resultan más eficaces son unas pocas y es en ellas en las que debemos centrarnos.
Siempre se puede mejorar, siempre se puede aspirar a más. El minimalismo no está contra el «más»: minimalizar no es lo mismo que minimizar, como elocuentemente argumenta Alan Furth.
Alguien podría decir que nos falta ambición si no intentamos siempre obtener lo mejor y lo más. Es justo lo contrario: como queremos obtener lo más de nuestros esfuerzos y de nuestra vida en general somos muy cuidadosos en las decisiones sobre nuestras acciones y en el cómo empleamos nuestros siempre limitados recursos: atención, esfuerzo, tiempo, etc. No intentamos llegar al «más» o lo máximo en unas pocas metas descuidando el resto. Queremos el «más» de los resultados en términos globables, no en un área pequeña de nuestra vida.
Overkill
Mucho menos queremos el «más» de las acciones.
Hay un término inglés de la ciencia militar, «overkill», que significa usar recursos ofensivos muy superiores a la resistencia del oponente. Se puede usar con fines propagandísticos o psicológicos y a veces se aplica en las acciones militares, pero supone una excepción al principio general de la economía de medios.
Podemos usar el concepto de overkill en la esfera de la acción personal: el overkill puede resultar un acto de afirmación y producir una gran sensación de poder o valía cuando usas tus recursos mucho más allá de lo necesario. Es, por así decirlo, un acto de propaganda dirigido a uno mismo y los demás.
Te puedes sentir poderoso y ver aumentar la confianza, como cuando en un proyecto profesional haces lo máximo para lucirte y no dejas ni un solo detalle al azar. O como cuando inicias un programa de mejora física, te apuntas a un gimnasio, compras el equipamiento más caro, contratas diez clases con un entrenador personal y adquieres un dispositivo sofisticado de registro de tu actividad física.
El contra del overkill es que entierras horas de trabajo y dinero más allá de lo razonable. El rendimiento de tu esfuerzo y dinero invertido es gradualmente más pequeño y genera menos valor.
Ten en cuenta que, aunque te sobre el tiempo y la energía para lograr un objetivo determinado –y te puedas permitir el ser perfeccionista–, esos recursos de más dejan de estar disponibles para usos alternativos en tu vida. Lo que gastas en una dirección deja de poder ser usado en otra dirección; esto es lo que los economistas llaman «coste de oportunidad«: la renuncia que haces al mejor uso alternativo de unos recursos dados. Normalmente no somos conscientes del coste de oportunidad porque no es visible, requiere un ejercicio de consciencia y de imaginación.
Un ejemplo personal: fitbit
En mi caso, el uso de fitbit –un medidor de actividad física, cantidad y calidad de sueño, calorías, registro de alimentos– ha sido un ejemplo de overkill. Medir está bien porque permite controlar y no engañarse sobre el resultado de las acciones, pero me pregunto si registrar lo que como, medir las calorías consumidas, obtener el balance calórico, saber el número de tramos de escalera que subo cada día y conocer el perfil de actividad física diaria aporta realmente valor.
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Mi experiencia con el uso de aparatos electrónicos, teléfonos móviles, ordenadores, etc. — los de fitness incluidos– es que de todas las características que compras solo unas pocas (20% o menos) aportan la mayor parte del valor (80% o más), y que el resto generan más ruido que información, amén de las complicaciones operativas de monitorizar muchas variables y hacer seguimiento. La mayoría de los productos adolecen de un exceso de posibilidades para los usos que terminamos dándoles.
Con fitbit no ha sido distinto: me encuentro con que de todas sus funciones he terminando aprovechando solo la de medición de pasos diarios. La medición del sueño, que empecé también registrándo, la abandoné porque muchas noches no recordaba inicializar el registro; y, aunque lo registrara adecuadamente y observara su evolución o pautas, no lograba traducir en acciones de mejora esa información. Por otra parte, mi cantidad y calidad de sueño eran y siguen siendo bastantes buenas. ¿Para qué monitorizar lo que está suficientemente bien?
En mi caso, un mejor uso alternativo del tiempo de monitorización podría haber sido el dedicar más tiempo a la meditación o a charlar con amigos. Este ha sido para mí el coste de oportunidad de usar el fitbit. Con la meditación, podría haber logrado más consciencia de mis actos y autocontrol; con el mayor tiempo de socialización, un montón de experiencias y bienestar emocional y estar más cerca de mis amigos.
Para este viaje no necesitaba tantas alforjas
Un podómetro sencillo, que se puede comprar por 5 euros (un 5% del coste del fitbit) en una farmacia, podría haber hecho sus función básica: medir pasos. No tendría página web donde consultar y sincronizar datos y estadísticas ni gráficos vistosos, pero podría saber igualmente si estoy haciendo mis 10.000 pasos diarios o alguna cifra razonable similar. Quizá un podómetro más barato no sea tan preciso; pero, ¡qué más da que sean 11.000 pasos o 9.500!
Es más importante el fijar una meta de actividad física razonable diaria y saber si la mantienes o te quedas por debajo; conocer el número exacto de pasos diarios o de calorías o de tramos de escaleras o de tiempo dormido es matar moscas a cañonazos, si no eres un deportista de élite que dedica su vida a maximizar su rendimiento físico en condiciones de competición.
Hoy en día, la expresión «es mediocre» es una de las peores que se pueden usar para definir a un producto, un proyecto o una persona. Todo lo gris y lo fallido, lo que no tiene brillo, se adscribe al calificativo de mediocre.
Muchas de nuestras acciones, tanto las que hacemos para ser brillantes como lo que hacemos para evitar ser tildados de pertenecientes al montón, están pensadas para alejarnos del campo de la mediocridad.
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En una película de los hermanos Marx, la actriz Margaret Dumont le dice a Groucho después de que le haga una perrería: «¡Usted es un hombre horrible!», a lo que él responde: «Un momento, señora. ¿Comparado con quién?»
Este es el quid de la cuestión
Mediocre, comparado con quién
La mediocridad exige siempre un término de comparación: y ese término suele estar en nuestro entorno. Dada la ubicuidad de las comunicaciones, en cualquier cosa que hagamos vamos a encontrar ejemplos de excelencia a nivel mundial.
Si te pones a programar, en un par de clics puedes encontrar ejemplos de programadores geniales que llevan programando desde que tienen uso de razón y a los que difícilmente te acercarás nunca en expertismo. Si empiezas a dibujar o pintar, tienes delante de ti toda la historia de la pintura mundial para ponerte en tu sitio; o puedes ir a una academia y compararte con otros compañeros; no de nivel mundial, pero sí expertos que te harán sentir inferior sin ni siquiera proponérselo. ¿Eres bueno jugando al ajedrez? Quizá con tus amigos y en tu barrio o en tu club, pero prueba a participar en un torneo a nivel nacional para sentir que eres un principiante al lado de los verdaderos maestros.
No importa el campo de actividad humana que elijas; cuando empieces y cuando lleves años de práctica, vas a poder sentirte mediocre con mucha frecuencia. Si quieres obviar el dato, solo lo podrás hacerlo aislándote en una burbuja donde no interacciones con gente que haga lo mismo que tú. Quizá en una disciplina muy concreta y en un entorno muy cerrado puedas sentirte, no digo ya el rey de la montaña, sino un jugador, programador, pintor, bailarín o trabajador competente.
La mediocridad es el modo inicial y por defecto del ser humano
Así que ahora que ya hemos descubierto y aceptado que seremos siempre comparativamente mediocres, y que nuestra presunta excelencia seguramente palidecerá ante muestras presentes y futuras de expertos más expertos que nosotros, veamos qué actitud podemos tomar ante este hecho incómodo de la existencia:
Cualquiera que empieza a hacer algo nuevo es mediocre. Aceptar la mediocridad al principio es la única forma de aprender algo. O cejaras en el empeño muy pronto.
Después de años de practicar algo, vas a encontrar ejemplos de personas que son mucho mejores que tú o que aprendieron lo mismo en mucho menos tiempo o con más facilidad. Los seres humanos somos tan diversos que hay siempre gente que aprende cosas más rápidamente y con menos esfuerzo. Siempre será así. Repite conmigo: «soy mediocre y siempre que esté vivo lo seré».
Los errores son síntomas de mediocridad, pero también prueba de que estás empujando tu frontera de posibilidades vitales. Estás embarcándote en un proyecto que te queda grande, eres un «quiero y no puedo». Bravo. Quizá estés aprendiendo algo.
La actitud experimental, base del cambio y el crecimiento, solo puede ir de la mano de una tolerancia instrumental de la mediocridad. Siempre serás mediocre en la mayoría de las cosas; solo en unas pocas podrás dejar de serlo, al menos un poco. Vive con ello.
Adopta una mentalidad de crecimiento y no una mentalidad fija
Quizá lo más importante para vencer el miedo a la mediocridad sea el sacar al ego de la ecuación: no estar pendiente constantemente de lo que tus resultados dicen de ti, de tu valía, de tu carácter, de tu valor como persona. Así que será mejor que te fijes en lo que quieres conseguir, y en lo que consigues, para acercarte más a lo primero. No uses tus acciones para apuntalar el ego.
La mentalidad fija es la mentalidad que va asociada a una concepción frágil del ego: lo que obtengo en un momento dado es un signo inequívoco de mi potencial y del concepto que tengo que tener de mí mismo. Digo que es frágil, porque depende de los términos de comparación. Y porque cualquier error o fracaso es una prueba de que no eres bueno o que si te creías bueno quizá no lo seas tanto.
Para el que vive en una mentalidad fija, la mayor prueba de mediocridad es que las cosas no le salgan fluidas o que tenga que esforzarse mucho para dominar algo. Cuanto más se esfuerza, mayores las pruebas de mediocridad. El mayor elogio para alguien que vive en una mentalidad fija es: «eres inteligente» o «eres brillante» o «esto se te da bien».
La mentalidad de crecimiento es la que considera los recursos personales, la inteligencia entre ellos, como una variable, no una cantidad fija. De esta manera no podemos decir «soy inteligente» sino «estoy siendo inteligente» (en un momento, lugar y para una actividad determinada). Los errores no son más que señales de que hay que cambiar el rumbo o intentar una meta de otra manera.
El mayor elogio para alguien que vive en una mentalidad de crecimiento es: «te has esforzado mucho», o «en esta ocasión has hecho esto y eso con éxito para conseguir aquello o lo otro». El esfuerzo, la frustración temporal, las dificultades, son un síntoma natural de que estás avanzando o aprendiendo algo. La facilidad no es más que repetición de lo que ya haces bien, no un signo de brillantez personal.
En resumen, ¿cuál es el poder de aceptar la mediocridad?
Te libera para equivocarte con gracia, te quita el lastre del cuidado continuo de la imagen personal de cara al exterior y ante ti mismo; pone el foco en lo que importa: lo que haces y su relación con los resultados que obtienes; y te ayuda a cultivar una sana y chispeante mentalidad experimental.
En lugares como bares y otros establecimientos donde haya opción de pagar antes o después, pago inmediatamente después de que me sirvan la consumición.
Ventajas
Cierro la operación.
La operación es más rápida, pues el camarero o dependiente tiene fresca en la memoria la información de la consumición y no tiene que buscarla o necesitar que se la recordemos.
No tendré que reclamar la atención del camarero o dependiente cuando quiera irme.
Me entreno en el hábito de la resolutividad: cerrar operaciones simples y de poca relevancia lo antes posible. Tengo la esperanza de transferir esta actitud de cierre o resolutividad a otros asuntos menores como la respuesta de correos electrónicos (en vez de aplazar la respuesta y pasar al siguiente correo). Algo similar pretendía con la regla de los 30 segundos de elección del menú.
Libero mi memoria de trabajo del asunto pendiente o unidad permanente de atención asociada a la cuenta pendiente. Todo uso de recursos escasos, como la atención o el tiempo, tiene un coste de oportunidad: la mejor acción alternativa que se podría llevar a cabo con los recursos empleados.
Me lo pienso dos veces antes de hacer una segunda consumición, porque supondrá tener que pedir otra vez la cuenta.
Soy más consciente de mi consumo, pues a la recompensa (compra del bien) le sigue sin dilación la «multa», la «dolorosa». Eso permite ser más consciente de los gastos y mejorar la autorregulación.
Quien paga, descansa.
Si hay un imprevisto y tengo que salir inmediatamente, puedo hacerlo sin demora.
Desventajas
Que haya consumiciones sucesivas. Sería algo cansado pedir varias cuentas.
Que no sea la costumbre del lugar.
Si vas con alguien, puede sentir que tienes prisa aunque no la tengas.
Este es otro proyecto-experimento colaborativo. Necesito un Pepito Grillo. Me tiene que señalar errores y posibilidades de mejora en el blog. En todos los aspectos del blog: desde el contenido de los artículos, hasta su estructura y estilo; desde la difusión y el marketing del blog, hasta su estética y su ética.
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A cambio, yo haré lo mismo en su blog. Los valores que uno y otro aportaremos, y que uno y otro prefiramos, pueden ser distintos; por eso, los términos del acuerdo son negociables. Sugiero la duración de un mes, cuatro semanas.
La idea en esencia es hacer de crítico inteligente o segunda mirada o espejo durante unas semanas (cuatro). Me gustaría que el Pepito Grillo me molestara un poco y pusiera el dedo en la llaga, pero Pepito puede querer de mí un tratamiento más amable o constructivo, y a mí me parecería bien también.
Mi Pepito grillo ideal
Un Pepito grillo ideal para mí sería alguien que no tuviera miedo de señalarme faltas de ortografía, inconsistencias y falacias lógicas. Que no tuviera miedo de dañar mi ego. Ha de creer que se aprende sobre todo de las verdades incómodas. Debería tener un talento especial para señalar lagunas del pensamiento y de la expresión. No me importaría que tuviera un cierto toque de sadismo instrumental que podría canalizar hacia la crítica constructiva.
Por ejemplo, ante un artículo sería capaz de transmitir inmediatamente su sensación o impresión general sin demasiadas explicaciones. Para alguien que escribe es difícil saber en qué se fija la gente, y es posible que lo uno valora poco otros lo vean con buenos ojos; y viceversa. Esas reacciones viscerales son difíciles de conocer.
También debería poder ser analítico para argumentar sus críticas y sus elogios: «¿Por qué este párrafo queda colgando?», «¿Por qué este planteamiento te parece tan original?». No siempre tendría que serlo, pero estaría bien que pudiera serlo si lo considera adecuado.
Sería bueno que publicara regularmente, al menos una o dos veces a la semana, para poder sacar partido de la colaboración, porque yo publicaré un mínimo de doce artículos en las cuatro semanas del experimento de colaboración y pediré realimentación de todos ellos.
Sería preferible que usara wordpress.com como plataforma de escritura de blog, porque así ambos podríamos usar la herramienta de feedback, pero no es en absoluto imprescindible.
La crítica está bien, pero está mejor todavía la apertura de posibilidades. No debería tener miedo de sugerir opciones, nuevas vías. Pepito Grillo podría actuar como una fuente de ocurrencias para el bloguero. No necesita ser experto en nada, no necesita saber hacer las cosas mejor que el bloguero, pero sí que debería aportar ideas desde su particular perspectiva.
Mi Pepito Grillo ideal sería un tipo desafiante, incluso retador en ocasiones, que me empujara más allá de la zona cómoda y que me sometiera a una cura de realidad y un baño de posibilidades.
¿Quieres ser mi Pepito Grillo (y que yo lo sea contigo)?
Si crees que puedes acercarte, aunque sea remotamente, a mi Pepito Grillo ideal, y tienes una idea del que necesitarías tú, entonces no tienes más que escribirme con el tipo de colaboración que desearías de mí.
Si creo que yo puedo actuar como la voz externa que tú necesitas, y si creo que tú tienes el compromiso de ser el mejor Pepito Grillo que puedas ser, entonces tenemos un trato y nos esperan por delante cuatro semanas de colaboración.
No me importa el nivel del que partas, no me importa si llevas años escribiendo blog, si has publicado libros o eres un gurú del marketing online o si empezaste hace un mes o empiezas mañana aprovechándote de este experimento. Lo importante es que te resulte estimulante la idea y quieras empeñarte durante cuatro semanas.
Para aumentar el coeficiente de variedad y dar más oportunidad al azar, tengo que restringir la promoción a gente que no haya hablado nunca conmigo. Esto excluye a unos cuantos lectores y amigos.
La primera persona que cumpla los requisitos mínimos anteriores –el principal, el entusiasmo y las ganas de experimentar–, y que ose escribirme contándome qué tipo de Grillo quiere que yo sea, será la elegida. Empezamos el lunes 1.7.13.
Hablar del ser y de economía puede parecer cuando menos una salida de tono. No lo es. ¿Te has parado a pensar cuánto simplificarías tu vida si un día decidieras ser honesto contigo mismo y los demás? Sería duro, seguro; pero imagina la energía y tiempo que ahorrarías.
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–La verdad duele
Honesto con los demás
Se acabaron las mentiras, las medias verdades, los encubrimientos y la gestión interesada de la información. Política de transparencia, glasnot del ser, apertura de ventanas hacia el interior. No necesitarías dedicar esfuerzo a la gestión de la imagen personal, no más allá de un mínimo.
Sé un hombre de una pieza
Tu comportamiento, tus palabras y tu pensamiento serían congruentes. Gran parte de los juegos con la verdad acabarían. Tendrías que seguir persuadiendo a la gente, porque eres un animal social que necesita intercambiar y obtener cosas de otros seres humanos, pero lo harías desde una posición de transparencia sobre tus intenciones y tus acciones. Tus promesas tendrían mucho más valor del que ahora tienen, la gente sabría que esperar de ti, te convertirías en un hombre o mujer de carácter.
La gente te percibiría como una persona íntegra. La integridad es una cualidad esencial e imprescindible para el liderazgo de calidad y los negocios, y para las relaciones humanas en general. No estarías impostando integridad, serías lo más cercano a la integridad que le es factible a un ser humano.
Quizá, en una primera fase de choque, romperías muchos esquemas, es posible que la primera víctima de tu recién estrenada honestidad 2.0 fueran las relaciones con muchas personas cercanas, quizá pondrías fin a amistades de años. Decir lo que piensas, destapar tus sentimientos verdaderos, ser consecuente con ellos, perturbaría a mucha gente. Se te vería como alguien extraño, sin duda distinto, quizá peligroso.
Pero después de esta primera terapia de choque, con los amigos y relaciones que quedaran empezarías a vivir unas relaciones más genuinas, más profundas y más reales. Una vez que el velo de la duda, las medias verdades, las medias mentiras, hubiera sido corrido, liberarías recursos mentales, unidades permanentes de atención en la memoria. Ya no tendrías que mantener en mente lo que has dicho y a quién se lo has dicho. Siempre dirías lo que crees que es verdad y no necesitarías diversas versiones de la misma verdad o de la misma mentira. Las relaciones serían más sencillas, y quizá con tu nuevo comportamiento estrenado animarías a que los demás fueran también más honestos contigo, más transparentes, más cercanos y menos cautos.
Honestos con nosotros mismos
Siendo difícil lo anterior, es todavía más difícil el ser transparente con uno mismo. Estamos llenos de puntos ciegos. Puesto que tenemos más información sobre nuestras emociones, acciones pasadas, intenciones, etc., somos capaces de crear teorías más ricas y rocambolescas sobre nuestras vidas.
Micro-señales de desprecio
La insinceridad transpira
Los demás siempre pueden inferir de tu conducta tus verdaderas intenciones, tus deseos, tus valores, lo que pueden esperar o no esperar de ti. Ellos tienen mecanismos de defensa contra la falta de honestidad y te perciben más desapasionadamente. Quienes no tienen acceso a tu interior tienen una visión menos distorsionada de tu conducta y tu personalidad que la que tú tienes de ti. Ya vimos en la ciencia de la fisgonología que con muy pocos datos se puede obtener mucha información sobre una persona. Y que muchas veces menos es más.
Pero tú estás en general inerme contra tus contradicciones. Tú racionalizas tus acciones inventando extrañas teorías que te justifican ante el tribunal de ti mismo. La gente explica lo que haces según motivaciones simples. Y muchas veces acierta.
Tú distorsionas la verdad de tus intenciones, emociones y acciones hasta crear una historia verosímil y confortante.
El fenómeno de la disonancia cognitiva hace que estemos continuamente intentando reducir la distancia entre acciones, emociones y creencias. Siempre creemos que somos más coherentes y congruentes de lo que realmente somos. Es seguro que tenemos una imagen distorsionada de nosotros. Es muy difícil acceder a los procesos mentales, no siempre es fácil comprobar si nuestras acciones son coherentes con nuestros valores. Nuestros valores en uso o valores en acción no coinciden plenamente con nuestros valores pensados.
La honestidad en acción
Dejemos de actuar para el público. Hay tantos públicos… pero solo hay un yo, aunque haya distintos roles que adoptemos para actuar en distintas situaciones. Podemos diversificar la identidad, y eso está bien, pero hemos de integrar nuestros roles, so pena de convertirnos en un manojo de adaptaciones al entorno.
No podemos cambiar el público, pero sí podemos cambiar de público.
Esa integración de los roles puede llamarse identidad; o, dicho de un modo menos abstracto, la forma de ser, de sentir y pensar con la que nos sentimos más a gusto. Dejemos de actuar, juntémonos con los que son como nosotros y con los que no son como nosotros, pero siempre con los que nos sintamos a gusto y no nos obliguen a pasar el día fingiendo.
En vez de cambiar nuestro ropaje psicológico en función del público, busquemos un público que se encuentre a gusto con nuestra desnudez o con nuestros vestidos psicológicos de confección casera. No podemos cambiar el público, pero sí podemos cambiar de público.
Al final de todo, la gente que nos rodea nos lo agradecerá y nosotros nos lo agradeceremos.
El sesgo de confirmación es un fenómeno cognitivo ampliamente documentado. Consiste en que las personas seleccionamos la información que confirma nuestras creencias y descartamos o no tenemos en cuenta la que es conflictiva con ellas. Cuanto mayor es la fuerza emocional asociada a la creencia, más probable es que seamos víctimas del sesgo de confirmación.
Este sesgo es un obstáculo para el aprendizaje. Cuando creemos saber algo, es mucho más fácil que encontremos ejemplos confirmatorios de lo que creemos saber a que busquemos activamente experiencias que pongan en entredicho o refuten la creencia. Si alguna vez encontramos ejemplos amenazantes, es muy probable que los ignoremos o los desacreditemos como irrelevantes o como carentes de fuerza probatoria.
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Yo me encuentro constantemente en mi comportamiento diario con el sesgo de confirmación. Y cuando pienso o escribo sobre minimalismo estoy siempre buscando la información o historias que me ratifican en mis creencias minimalistas.
El minimalismo existencial va de la mano de una serie de ideas de la que es fácil encontrar ejemplos atractivos o historias de éxito. El mismo Steve Jobs, su forma de vestir, su filosofía de diseño de productos y hasta su casa en 1982, como vemos en la foto de arriba, son un buen ejemplo de minimalismo.
Como yo asocio el minimalismo con el éxito, con la productividad y todo lo que me resulta estéticamente atractivo, no puedo dejar de pasar imágenes como la de arriba.
Steve Jobs es exitoso –> La casa de Steve Jobs es minimalista –> Confirmo que el minimalismo es una filosofía de la vida exitosa al estar avalada por gente como Jobs.
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Un día leía una revista y encontré una entrevista al diseñador Philippe Starck. Decía que el siglo xxi era la era de lo no material, de lo espiritual, del retorno al ser humano. Aseguraba que si la entrevistadora le pidiera que le diseñara un radiador, él se limitaría a abrazarla y preguntarle: «¿Tiene ahora más calor?», porque sería posible que no fuera cuestión de frío sino de amor. Me pareció una muestra de humor minimalista existencial de la mejor especie.
Siempre estoy buscando (y encontrando) muestras de lo bueno que es el minimalismo. Como si fuera una embarazada que de repente empieza a ver bebés y mujeres embarazadas en todos lados; o el comprador de un coche que de la noche a la mañana encuentra su ciudad poblada del mismo modelo que acaba de adquirir.
Si me intereso por la poesía, tiene que ser la poesía minimalista de los haikus; si me intereso por la programación, me centro en la legibilidad y la máxima simplicidad; si me intereso por la arquitectura, tiene que ser siempre de espacios abiertos, superficies diáfanas y colores blancos; y si se trata de literatura, no me olvido nunca de Ernesto Hemingway, su economía de expresión y sus frases cortas.
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Y un día me encuentro con esta foto. El escritorio de Einstein el día de su muerte. Todo menos minimalista. Nada de superficies diáfanas, espacios en blanco o simetrías. Y se me caen los pelos del sombrajo.
Lo mejor sería ignorarlo. Pero, ¿acaso no refuta esto mi obsesión por el escritorio libre de papeles, las habitaciones libres de trastos, el minimalismo zen? Einstein, que tiene tantas frases buenas y del que he contado anécdotas de sabor minimalista, no tenía un espacio de trabajo minimalista. Su mente estaba ordenada aunque su espacio no lo estuviera. ¿Qué hago con esto? ¿Cómo lo racionalizo?
Para muchos, es una parte de la rutina diaria. Supongamos 2 horas al día 5 días a la semana. 10 horas a la semana 52 semanas al año. 520 horas al año. En una vida laboral de 40 años (para algunos más, para algunos menos), sin contar desplazamientos de fin de semana y asuntos propios, serían 40×520 = 20.800 horas en una vida. Pongamos que eres afortunado y que solo dedicas 1 hora al día a desplazamientos en automóvil, emplearías a lo largo de tu vida laboral 10.400 horas.
Para que pongamos en proporción esta cifra algo abstracta de entre 10.400 y 20.800 horas, lo vamos a comparar con la duración media de una vida en España: 80 años:
En 80 años tenemos 24 x 365 x 80 = 700.800 horas. La proporción de conducción en tu vida está entonces entre un 1,54% (10.400/700.800) y un 3,08% (20.800/700.800). No está mal.
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Cuantitativamente no es un tema baladí. Cualitativamente, tal y como veremos, tampoco: conduces todos los días y al ser una actividad tan común, tan extendida en el tiempo y de carácter casi diario, necesariamente va a afectar a tu bienestar emocional y mental.
Mostrado entonces que la conducción es un tema importante en la vida de una persona. Incluimos este asunto en el capítulo de los pocos esenciales y, algo sorprendentemente, lo alejamos de los muchos triviales. La ley de Pareto ahora nos obliga a centrar nuestra atención en la conducción.
Conducción estoica y estrés
Conducir, al menos en una gran ciudad, es una acción estresante.
Por mi necesidad de tomar muchos taxis, había observado que los taxistas, contrariamente a la percepción común de ser gente hosca y propensa a la iracundia, son por lo general gente tranquila al volante. No se suelen alterar en exceso.
Hice esta observación a un taxista maduro y me respondió que tenía que ser así o de otro modo no durarías mucho en el oficio; con jornadas maratonianas de entre 10 y 16 horas alguien propenso al estrés o a perder los nervios con facilidad no duraría mucho en el trabajo. La actitud desapegada y estoica de muchos taxistas maduros es una simple cuestión de supervivencia. Si has estado varios años al volante, terminas desarrollando esa actitud. O sales del negocio antes de alcanzar la madurez.
¿Qué tipo de conducción deberíamos llevar para mantener la calma, controlar el estrés y convertir una actividad instrumental en una con valor en sí mismo?
Si vives, no conduzcas
La primera recomendación es que evites la conducción siempre que puedas; en especial, la que haces para ir al trabajo diario. Empezar el día con un estrés de baja intensidad no es el mejor modo de hacerlo. Si es posible, elige el transporte colectivo y delega la actividad de conducir al trabajo al maquinista del tren, el conductor de metro o el de autobús. Muerto el perro se acabó la rabia.
También, anda todo lo que puedas y si la distancia es moderada ve al trabajo andando y vuelve andando, al menos una parte del trayecto. Para lograr esto, basta con bajarse una o dos o tres paradas antes de llegar a tu destino. Además, contribuirás a cultivar uno de los tres hábitos que cambiarán tu vida: el ejercicio.
Supongamos que no puedes dejar de conducir. Bien. ¿Cómo hacerlo de la mejor forma?
Ritual de conducción minimalista
Convierte la conducción en un ritual. Conducir es un ritual, un instrumento más para la práctica espiritual. Un monje zen alcanza el satori cortando leña y acarreando agua; un trabajador moderno, conduciendo un automóvil y programando hojas de cálculo.
Vacía tu mente de todo lo que no sea conducción. Cuando conversas, conversas. Cuando comes, comes. Cuando conduces, conduces. Está por tanto desaconsejada la radio y la música; y por supuesto el hablar por el móvil. Un alto porcentaje de accidentes son consecuencia de distracciones producidas por ellos. Tampoco comas, toques a tu acompañanta o discutas.
No intentes optimizar el tiempo de conducción con audiolibros, cursos de idiomas o cualquier otro medio de exprimir el tiempo de conducción. Cuando conduces, conduces.
Sonríe, respira y ve despacio. El ritual comienza sentándote calmadamente, abrochándote el cinturón, comprobando los retrovisores y encendiendo el motor. Absolutamente centrado en lo que haces. Metes primera y comienza tu meditación diaria al volante. El foco de atención es la conducción, la carretera y las condiciones del tráfico.
Sé gracil. Las manos en la posición de las dos menos diez. Siente la textura y temperatura del volante. Introduce las marchas como si interpretaras una pieza musical exquisita. Suavidad y alerta en calma. Atención al tráfico mental interno y el tráfico motorizado externo.
Sé amable. Como regla general, siempre conduces por el carril derecho, no efectúas adelantamientos, mantienes una respetuosa distancia de seguridad, anticipas los movimientos de tus compañeros conductores, respetas escrupulosamente los pasos de cebra, los semáforos y los límites de velocidad. Estás preparado para cualquier cosa. Plena presencia.
Sé compasivo. Si algún conductor menos evolucionado te pita, se cruza, se exaspera, se queja de tu parsimonia al retomar la marcha tras un semáforo, sonríes y rezas un microsegundo por su alma. El conductor exasperado es también un ser vivo. Aprovecha para ejercitar tu compasión. Sé como el sándalo, que perfuma el hacha que le corta.
Lo importante es el camino, no la posada. Conducir es un proceso, no un destino, no un fin en sí mismo. Confúndete con la conducción, destino, camino, conductor, coche, todo forma parte de un mismo proceso. Sumérgete.
Cuando llegues al lugar de destino busca con tranquilidad y desapego un lugar para aparcar, relájate, no mires el reloj, controla la ansiedad, acepta la demora en aparcar. Deslízate con tu coche como un anciano chamán remando con una canoa en un río de asfalto.
Aparca. Apaga el motor. Desabróchate el cinturón. Haz tres respiraciones profundas. Estás calmado, relajado, totalmente presente, eres como el agua, flexible, adaptable. Estás preparado para empezar una nueva jornada, presto para cualquier cosa. Esbozas una tenue sonrisa.
Al final del día, mismo ritual. Una ligera variación: la conducción de vuelta a casa es un ritual de descomprensión. Dejas todos los problemas, asuntos, tensiones, detrás de ti. No te preocupes por ellos, mañana seguirán allí, esperando como un perro fiel con la roja lengua fuera. Te centras una vez más en el tráfico y la conducción. Eres flujo en movimiento. Alerta en calma. Estás vivo.
Soy consciente de que en la vida muchas de las cosas que en un momento dado hacemos no son fruto de la consideración racional. Quizá un día tomaste una decisión, y pasado un cierto tiempo no la has reconsiderado. La inercia de toda decisión con vigencia indefinida, como la de suscribirte a un determinado blog, es la que hace que sigas recibiendo y quizá leyendo los artículos de este blog.
No podemos estar continuamente replanteando nuestras decisiones. Está bien que sea así. Decidimos algo, obtenemos una cierta satisfacción, nos acostumbramos a nuestra decisión y se convierte en un hábito, como el hecho de recibir este artículo periódicamente en el correo.
Pero las circunstancias cambian, nuestros intereses cambian, otras posibilidades más atractivas aparecen, etc.
¿Te has planteado por qué después de un año o dos años o unos meses o unas semanas sigues suscrito a Homo Minimus? ¿De verdad has de mantener la suscripción? ¿Te aporta algo que no te aportan los demás? ¿Podrías obtener algo similar con menos palabras? ¿Por qué no darte de baja y entrar al blog de Homo Minimus cuando te apetezca o quieras inyectarte una dosis de minimalismo en vena?
La visión de Homo Minimus es muy idiosincrática, la decoración de interiores minimalista quizá no es del todo de tu gusto; quizá otro tipo de arquitectura existencial sea más adecuada para ti. Puede que sea el momento de buscar otros aires conceptuales.
Incluso, pudiera ser que mantengas la suscripción porque te caigo bien, y no querrías que me sintiera mal si te das de baja. O porque te caigo mal y estás aferrado al morbo de refutar unas ideas lejanas a las tuyas. Estas son razones emocionales muy legítimas, pero quizá también tengas que reconsiderarlas.
La infoxicación es un problema para todos, y cuando seleccionas no es porque detestes lo que rechazas, sino porque te quedas con lo que consideras mejor o prioritario: con el 20% que te produce el 80% de satisfacción, siguiendo la Ley de Pareto. ¿Estás seguro de que Homo Minimus forma parte del 20% que merece pasar la criba? No digo que no, solo digo que lo pienses. No es por alarmarte, pero según Sturgeon el 90% de todo es basura.
En todo caso, hay muchas posibilidades de que sigas suscrito a este blog irreflexivamente o por simple inercia. Yo quiero que la gente que lea este blog lo haga con convicción y que obtenga verdadero valor, satisfacción, diversión, conocimiento, habilidades, materia de reflexión, alimento para el pensamiento…
Mi propuesta
Así que hoy te voy a animar a que consideres brevemente si merece la pena seguir suscrito a este blog y si sería conveniente aplicar la poda Minimalista también aquí.
La actitud minimalista es una actitud de poda, de estar siempre dispuesto a replantearse nuestras decisiones, actividades o hábitos; y cortar o decir adiós a lo viejo para dar entrada a lo nuevo; o simplemente centrarse en unas pocas cosas más esenciales y eliminar las triviales.
Por eso, te voy a pedir una cosa: piensa brevemente si merece la pena seguir recibiendo artículos como estos en tu bandeja de entrada. Después, toma una decisión: sigue o date de baja. Te aseguro que tanto si decides una cosa como otra estaré contento.
Si sigues tendré más seguridad de que el blog te aporta algo; si no sigues estarás haciendo un pequeño homenaje al minimalismo existencial y la actitud de poda.
A los que se queden y a los que se vayan: gracias por acompañarme parte del camino.
Ecuación de la felicidad atribuida a William James: Resultados – Expectativas = Felicidad.
Podemos deducir que hay dos maneras de aumentar la felicidad:
Mejorando los resultados por encima de las expectativas
O bien reduciendo las expectativas tanto que los resultados superen holgadamente las expectativas.
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El problema de centrarse en mejorar los resultados
El problema con la primera opción es que existe una adaptación hedónica: según mejoramos los resultados, nuestras expectativas aumentan, y tenemos que aumentar los resultados para mantener el mismo nivel de felicidad. A esta adaptación hedónica se le ha llamado también cinta de correr hedónica: por mucho que corras te mantienes en el mismo sitio.
Hay más dificultades: la dificultad de predecir cuáles serán nuestros estados emocionales ante distintos resultados. Si iniciamos un proyecto o perseguimos un objetivo, lo hacemos con la esperanza de que nos satisfaga. Psicólogos, como Daniel Gilbert en su libro Stumbling on Happiness (Tropezar con la felicidad), recogen muchas pruebas de que los seres humanos tendemos a predecir mal lo que nos van a satisfacer experiencias y resultados futuros, y la duración de esta satisfacción.
El caso paradigmático es la duración de la satisfacción de los ganadores de lotería un año después de haberla ganado. Aunque en principio la emoción positiva es muy grande, poco a poco va diluyéndose hasta retornar a un punto cercano al que se tenía antes del premio.
También es conocido el «efecto cima» [Término acuñado por mí para designar este concepto hedónico]: cuando llegas a la cima, estás solo y tras tanto esfuerzo puedes sentir que el éxito es vacío. Y bien, buscas una nueva cima, o te precipitas al abismo.
A esto añadimos que muchas de las acciones o proyectos que emprendemos son de carácter incierto. Además, si nos proponemos metas medianamente ambiciosas aumenta la probabilidad de fracaso. Así que tenemos que la opción de mejorar los resultados no es tan evidente o provechosa como en un principio parece.
Por poner un ejemplo: si trabajas mucho porque quieres comprarte un coche que aumente tu felicidad tienes dos tipos de incertidumbre:
Que tus acciones te proporcionen el resultado monetario deseado.
Que el resultado monetario y el coche que puedes comprar con el dinero no sea tan satisfactorio o duradero como habías previsto.
Bajar las expectativas
La idea es sencilla: si esperas muy poco, los resultados que obtengas siempre o casi siempre rebasarán tus expectativas y tu felicidad será mayor. Cuanto más bajes lo que esperes, más felicidad tendrás.
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El truco consiste en esperar de tus esfuerzos algo tan pequeño, tan mínimo, tan… insignificante, que puedas rebasarlo con cierta facilidad.
Pongamos un ejemplo: si quieres evitar sentirte defraudado por las personas, con la consiguiente perturbación emocional: la tristeza, el fastidio, la ira, la incomodidad, el desengaño, el sentimiento de sentirte traicionado, el rencor, etc., entonces has de procurar esperar lo mínimo de la gente.
Puedes seguir deseando forjar relaciones duraderas, recíprocas, beneficiosas, afectuosas, etc., y no hay nada malo en que apuntes alto, pero de cada relación particular mantienes bajas expectativas: decides que una relación o contacto social exitoso es uno en el que la otra parte no huye despavorida antes de 1 minuto de haber iniciado el contacto.
Si te acercas a alguien con intenciones amistosas, esperas que no te escupa o se dé la vuelta en 1 minuto. Pero si no te escupe o tarda más de 1 minuto en desaparecer, entonces has superado el mínimo y puedes estar contento.
[Evidentemente, para relaciones a largo plazo no sería adecuado poner el mínimo aceptable bajo. Pero sí para otro tipo de relaciones más casuales]
De esta manera, todo lo que supere esta barrera mínima, será fuente de satisfacción; y si ni siquiera consigues no ahuyentar a las personas con las que te relacionas, entonces «tienes derecho» a sentirte mal. Pero no te preocupes, la mayoría de las veces te vas a sentir aceptablemente. Y si algún día obtienes una respuesta muy por encima del estándar mínimo establecido –por ejemplo, la persona del sexo contrario te invita a cenar para «conocernos mejor»– te sentirás tremendamente afortunado.
Efectos colaterales de bajar las expectativas
Ya no tienes que ser el mejor, ya no es necesario que te compares con los demás, tú marcas un criterio muy básico, muy de mínimos, y te permites montones de resultados mediocres. Cuando comienzas proyectos, no esperas gran cosa, no pasas mucho tiempo mirando a las estrellas y saboreando el maravilloso futuro que te espera; De cada acción particular, aunque procuras que sea efectiva, no esperas que lo sea. La decepción disminuye.
En su lugar, te puedes concentrar en el trabajo y olvidarte de estar constantemente monitoreando si lo estás haciendo más o menos bien en comparación con tus estándares o los estándares de otros.
El aplauso interno lo tienes casi asegurado la mayor parte del tiempo. Si no es así, es que estás fijando expectativas demasiado altas y has de bajarlas. Conviertes tu vida en una encarnación del lema «lo importante es participar» o lo importante es «estar donde se parte el bacalao» aunque casi nunca ganes, aunque pocas veces te quedes con el bacalao.
Esto te da más libertad, no tienes que ser perfecto nunca más, no tienes que ser el número 1, puesto que tus expectativas jamás pueden apuntar a tanto; tampoco tienes que preocuparte por los ranking, ni siquiera por los resultados: un mono listo podría obtener los mismos.
Cada proyecto, acción, aventura personal deja de ser una forma de probarte que vales, que eres bueno, que eres mejor que los demás, que eres un experto. Con tan bajas expectativas es imposible fallar. Dejando el ego o identidad personal fuera de la ecuación es posible que te sientas más libre para intentar cosas nuevas, para cometer errores inteligentes y para fracasar con gracia.
Críticas a la minimalización de las expectativas
Ya, pero esto parece un poco tramposo. Al principio vas a ser torpe en cualquier actividad nueva que empieces, y está muy bien no inflar las expectativas para no frustrarte.
Pero con el tiempo, en función de los resultados medios, tendrás una expectativa más o menos razonable de lo que eres capaz en un momento dado, y esa expectativa no va a ser tan mínima a menos que seas catastróficamente malo.
¿Es posible mantener una expectativa artificialmente baja como estrategia de la felicidad cuando tus resultados medios están muy por encima de esa expectativa tan patética?
Parece que por mucho que te repitas que no esperas gran cosa no vas a dejar de esperar un cierto nivel y es con respecto a ese nivel que te vas a sentir más o menos contento. Es una crítica muy justificada que solo podrá resolverse mediante observaciones personales después de aplicar la idea de las expectativas mínimas.
¿Es posibles seguir manteniendo bajas las expectativas a pesar de que los resultados van mejorando día a día con la experiencia?
Haciendo muchas cosas los resultados van a mejorar. Habría que hacer un esfuerzo por mantener expectativas mínimas en cada acción particular, aunque la media de los resultados no deje de crecer y tus expectativas subjetivas asociadas no dejen tampoco de crecer.
Como consecuencia, uno puede ser mucho más experimental, iniciar muchas más acciones dudosas, arriesgarse más y quizá ser más creativo al abrazar con menos complejos y restricciones la incertidumbre y los fracasos. James Altucher, el bloguero y empresario americano es un extraordinario ejemplo de esta mentalidad tal y como muestra su «ridículum vitae«.
¿No afectarán unas expectativas tan bajas a tu motivación?
Paradójicamente puede que ocurra lo contrario: aunque ciertamente la motivación del resultado sea más baja (el premio esperado es más bajo) es posible que la motivación intrínseca de la actividad aumente. Como consecuencia de quitar el foco del resultado al reducirlo a una expresión mínima, puedes centrarte más en el proceso y disfrutarlo más.
También, por estudios neurológicos y experiencia subjetiva anecdótica sabemos que no son las actividades de mayor certidumbre las que más nos motivan. Tampoco ciertamente las que son tan improbables que casi nunca ocurrirán. Aunque perdamos subjetivamente la anticipación de un gran premio, estaremos ganando más motivación derivada de la incertidumbre al intentar acciones más arriesgadas. Quizá una cosa compense la otra.
Conclusión operativa
Tomad esta estrategia como materia de experimentación. Mi esperanza es que me vuelva más audaz, más aventurero y enriquezca mi vida. No sé si funcionará realmente ni en qué condiciones lo hará. Pero parece prometedora.
Más argumentos a favor de minimalizar tus expectativas
Hay un argumento de peso ya mencionado que merece ser desarrollado: nos puede permitir disfrutar de la actividad en sí (aumentando la motivación intrínseca) y quizá hacer operativo el principio de la tradición budista de centrarse en el proceso más que en el resultado. Como es un tema amplio, lo reservaremos para un próximo artículo.
[En el párrafo final aplico una vez más el efecto cliffhanger, no tanto para manteneros con el alma en vilo esperando el artículo como para animarme a escribirlo, pues quiero saber lo que pienso sobre el tema e intuyo que será muy interesante].
Intentamos aplicar la actitud minimalista a todos los asuntos de la vida, incluso los espirituales; las mini-meditaciones son la alternativa minimalista a las largas horas en la dolorosa posición del loto al borde del desmayo mirándonos el ombligo en las laderas del Himalaya.
Como la atención plena –o la plena presencia en el espectáculo de tu existencia– es uno de los tres hábitos que cambiarán tu vida, tenemos que insistir en las mini-meditaciones. A base de repetir amable, pero firmemente, instalaremos la costumbre de observar y observarnos.
En Cien mini-meditaciones propuse cien maneras de practicar la plena presencia en nuestras vidas o mini-meditar durante el día. Algunos animosos lectores propusieron las suyas en los comentarios. He recogido todas esas sugerencias y las he completado hasta alcanzar otras cien:
1. Estás en una reunión aburrida (o en cualquier momento y lugar) y te detienes a observar de qué modo se proyectan las sombras sobre los rostros u objetos, intentas ver en qué lugar exacto acaba la sombra, examinas los cambios de color de cada zona.
2. Te sientas en un banco y observas, como público, el modo en que se relacionan los animales entre sí (sean perros, palomas u hormigas).
3. Te quedas completamente quieto y piensas “En este mismo momento, millones de células están trabajando frenéticamente para que yo siga funcionando. Están procesando alimentos, transportando oxígeno, puede que reparando algún vaso que se haya resquebrajado por ahí dentro…” (Esta es mi preferida).
4. Aparcas el coche. Hueles la hierba recién cortada del jardín que tienes al lado y caminas hacia el trabajo.
Kusturika
5. Cojo la aspiradora o la mopa. Limpiar es una tarea tediosa pero te permite concentrarte en un pensamiento, o en muchos, o en nada.
6. Vacias o llenas el lavavajillas. Hacerlo rápido es muy ruidoso. Hacerlo con cuidado y tranquilamente te puede desestresar bastante.
7. En el trabajo aprovecho cuando voy al baño para desconectar un poco del estrés de fuera. Dos o tres respiraciones, un estiramiento y listo para ir con un poco más de calma.
10. Cuando llego a la universidad, antes de bajar del coche, permanezco un par de minutos vaciando la mente para empezar la jornada sin nada que me distraiga.
11. Antes de ver una película miro fijamente la parte de atrás de la carátula, como si leyera la sinopsis. Pero sin leerla, para que no me condicione la película.
12. Intento descubrir qué es ese olor, otra vez ese olor que me acaba de llegar, ese olor a algo del pasado que no sé lo que es y que sé que me trae algún recuerdo, pero no sé cuál.
13. Me concentro en los puntitos de la lengua en el momento de quemarme con el café. Las papilas, pienso, distintivamente.
14. Veo a la misma persona todos los días, pero no sé cuál es su historia. Qué hará aquí. Será feliz. Sabrá que existo.
15. Me muerdo los labios antes de entrar en el bar. Lo hago siempre. Pienso en este instante, por primera vez, que es para que tengan un color más atractivo. Me avergüenzo y deseo no haberlo pensado, que esto que sé que es verdad y que se me acaba de venir a la mente se me hubiese quedado en el subconsciente.
16. Voy notando cómo el cordón de la zapatilla de deporte se está aflojando. Sigo caminando, contando los pasos que tarda en soltarse del todo.
17. Estoy durmiendo, pero ya no, de repente ya no. De repente ya estoy despierta. Hago un esfuerzo por no abrir los ojos. Pienso en el cambio de estado, tan insignificante y tan significativo: estoy en el mismo sitio, con la misma postura, la misma respiración, nada ha cambiado, y sin embargo ha cambiado todo respecto a hace cinco segundos.
18. Estos tacones suenan diferente, me parece. Clac, clic, clac, clic. Suenan diferente, totalmente diferente.
19. No sé usar la cafetera en el salón de desayunos del hotel: no cae nada en mi taza. Miro furtivamente alrededor, sabiendo positivamente que nadie está prestando atención a mi torpeza, pero imaginando que sí.
20. Estiro el brazo cansado que sujeta el libro, lo acerco otra vez, lo vuelvo a estirar. Se me cansa, pero qué bien pensado está, el jodío.
21. Abro la nevera, se me olvida lo que iba a coger. La cierro. Me acuerdo de lo que era. Espero con la mano en el tirador a que pasen unos segundos para poder volver a abrirla, sin que se me ocurra una sola idea sobre por qué funcionará así el mecanismo de apertura.
22. Le doy al botón de encender el ordenador y cierro los ojos. Intento tenerlos cerrados y que la claridad de la pantalla a través de los párpados me diga que ya está listo.
Malva
23. Observas el horizonte desde el autobús que te lleva al trabajo, y las luces del amanecer te recuerdan que vives en tu mundo, en el que los problemas son insignificantes.
24. Añado una que trato de incorporar a mi rutina: antes de hablar, especialmente antes de responder, respira dos veces.
Clara Green
25. Estoy frente al espejo peinando mi cabello o cepillando mis dientes detengo lo que estoy haciendo, observo detenidamente mi rostro, me veo directamente a los ojos, no me reconozco…., llevo 10 segundos y ya deseo apartar la mirada, pero me aguanto y prosigo…me sostengo la mirada..me sumerjo en mis ojos………me entran ganas de llorar….
26. Cuando empecé a leer la lista me entró prisa por terminarla y por un momento estuve a punto de dejarla , pero a medida que iba leyendo entre en un estado de concentración que tenia mucho tiempo que no me sucedía.
S.
27. Coges el metro por la mañana para ir a trabajar y en vez de bajarte en la estación de siempre que queda más cerca del sitio donde trabajas, te bajas antes y caminas por el casco viejo, que está vacío, soleado, bonito y ves los bares a los que entraste la noche anterior, recordando cada detalle, .
28. Yo he hecho una minimeditación cuando iba por la 17 dándome cuenta de que mis pensamientos eran “este tío de sexo no va a hablar, ya no leo más”. Y luego mis tripas empezaron a rugir y me comí un plátano con plena consciencia (podéis pensar todo lo mal que os de la gana ;D)
Homo Minimus
29. Hoy es el día del rojo. Sales a la calle y buscas todos los objetos en la gama de los rojos. El semáforo rojo, el sonrojo, la llama, la roja (la selección), tu cuñado «el rojo», los pieles rojas, los ladrillos. De repente el mundo está inundado de miles de tonalidades del rojo.
30. Suena el teléfono. Das un respingo. Te contienes. Cuentas hasta tres y respiras tres veces. Solo entonces lo respondes.
31. Enchufas el portátil. Te demoras en ello.
32. Te miras la palma de una mano como quien mira un profundo estanque dorado. El día ya es completo.
33. Hay una moto de polvo en el rellano de la escalera. Te agachas para observarla mejor. Respiras asombrado.
34. Pasas por un camino de arena. Un desfile de hormigas. Te centras en los eléctricos movimientos de una de ellas. La sigues con la mirada a corta distancia. Zaaaas. La aplastas. Una vida menos. Reflexionas sobre la fugacidad de la existencia. Ahora existes, dentro de un segundo igual no.
35. Te limpias los cristales de las gafas. Te las vuelves a poner. El mundo es nítido otra vez.
36. Cuentas del 37 al 100 con mucho cuidado, como si temieras que se te cayera un número al suelo; y con él, el alma. Sonríes.
37. Tu sensibilidad a las mareas físicas y mentales aumenta. Sientes que vas a bostezar, pero todavía no has abierto la boca. Inhibes la apertura. Te tragas el bostezo.
38. Observas la textura del diario deportivo. Es inferior a la del diario generalista. Te quedas pensativo tras reparar en ello.
39. Ves a una mujer comiendo un helado. Te fijas en la comisura de sus labios: le resbala una pequeña gota blanca. Te concentras en la gota, con el fanatismo hiper-realista de un Asperguer.
40. Te sientes solo. Reparas en ello. Te das un autoabrazo bien fuerte.
41. Llevas varios minutos escribiendo una sentida carta de dimisión. Paras. Un pajarillo trina en el patio. Te regocijas en el contraste.
42. Siente el aire acondicionado acariciándote los brazos.
43. Miras un 8 como si nunca antes lo hubieras visto. Te das cuenta de que cuando se vaya a la cama se volverá eterno… infinito.
44. Te rozas la barbilla con un pulgar. Sientes el cosquilleo sobre la incipiente barba.
45. El sonido chirriante de un autobús que se para en la parada. Lo comparas con un violín mal afinado.
46. Estás a punto de dormirte. Rezas una oración antigua en un extraño lenguaje. Poco a poco te duermes.
47. Reparas en que estás sentado y tienes los pies cruzados uno sobre el otro.
48. Subes un tramo de escaleras muy, muy, muy despacio.
49. Acaba de aparecer un nuevo twitter. Respiro profundamente.
50. «¿Cuál es el sonido de una sola palma dando una palmada?». Siento que hay ser un poco lerdo para inventar un koan.
51. Me quedo callado interna y externamente hasta que alguien dentro de mi cráneo dice algo.
52. Soplo un diente de león.
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53. Cuento de uno a diez y de diez a uno. Me fijo en la distinta tonalidad afectiva que generan esas dos acciones.
54. Ves una película ya vista sin sonido. Miles de gestos antes imperceptibles aparecen.
55. Andas por la calle. Te concentras en el roce de tu pie derecho sobre el asfalto.
56. Estas solo en casa. Te desnudas. Pones el ventilador al máximo. Te das un baño de aire.
57. Vas a decir algo. Te retienes. Disfrutas del momento. Lo dices.
58. Sientes la textura de las teclas sobre las yemas de tus dedos.
59. Llamas a un número al azar. Escuchas la voz que responde un par de segundos. No dices nada. Meditas dos segundos más sobre la tonalidad madera-que-se-agrieta de la voz que te ha respondido. Cuelgas.
60. Odias las listas. Haces una lista de cien cosas. Caes en trance.
61. Te muerdes la lengua sin querer. Dejas todo lo que estás haciendo y te quedas parado disfrutando de la sensación.
63. Alguien escribe un comentario inteligente en tu blog. Le respondes de manera respetuosa pero absurda. Reflexionas sobre los problemas de la comunicación humana.
64. Me beso el dorso de la mano izquierda como si fuera un cortesano besando a una princesa.
65. Estás cansado de hacer algo –pongamos escribir una lista de cien cosas–. Saboreas la sensación. Escribes una más.
66. Haces un giro de 180 grados sobre un solo pie.
67. Te duele el cuello. Visualizas una masajista voluptuosa, pero profesional y despiadada, ordenándote las vértebras.
68. Estás duchándote con agua muy, muy fría. Es por una promesa. Maldices la promesa.
69. Estás cocinando. Vas a hacer una tortilla. Se te cae un huevo al suelo. ¡Ay del huevo!
70. Escuchas el callado eco de la tarde de un domingo. Una cierta melancolía te inunda. La saboreas como si fuera un buen vino.
71. De repente, oyes el aire acondicionado de tu ordenador. Lo escuchas. Es como el ruido de un mar lejano.
72. Estás acabando un informe. Pero todavía no está acabado. Sientes el deseo de retroceder y contemplar tu obra. Te reprimes. Observas tu remoto resentimiento. Escribes un párrafo más.
73. Entras en la habitación de un hotel moderno. Te tumbas en la cama y miras al techo.
74. Alguien dice tu nombre a lo lejos. La más dulce tonada.
75. Te quitas un calcetín. Con profunda elegancia.
76. Estás jugando al póker. En vez de intercambiar ideas, intercambias cartas.
77. Se acerca una tormenta. Escuchas la silenciosa calma.
78. Subes a un mirador. Miras a lo lejos hasta decir basta.
79. Tomas un libro al azar de tu biblioteca particular. Lo vuelves a dejar.
80. Para evitar que se te caiga otra vez el huevo al suelo, decides comerlo duro. Lo frotas contra la superficie de la mesa. Escuchas los chasquidos.
81. Miras a alguien que te llama la atención en la calle. Es sexy. Es sexy y lo sabe.
82. Acabas de comerte una hamburguesa barata. Una hora después todavía sientes su sabor en la boca. La re-saboreas.
83. Te tumbas en el suelo. Está duro.
84. Oyes el crujir de tus huesos mientras andas. Te preguntas si los demás oyen los suyos.
85. Te equivocas al escribir una palabra. Vas a pulsar la tecla de retroceso. No lo haces. Seleccionas la palabra con el ratón y pulsas el botón suprimir.
86. Te descalzas. Tomas un zapato y lo observas como si fuera de otro.
87. Estás intranquilo. Observas la mandíbula tensa.
88. Rozas sin querer una cortina al pasar. Si fuera un alambre electrificado estarías carbonizado.
100. Escuchas caer la rama en medio del filosófico bosque en el que nadie hay.
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[Si os quedáis con ganas de más (glotones). Aquí tenéis 40 «mini-atenciones» con olor a haiku de Durmiendo en los coches. Muy apetitosas y ocurrentes todas.
Me gusta mucho la descripción que hace de la meditación sentada como «atracones de gimnasio espiritual», y su preferencia –que nosotros compartimos– por una sentadilla acá, un estiramiento allá, un carrerita acullá, etc., en cualquier momento de la jornada y al margen –o entre los resquicios– de la agenda.]
Nunca me cansaré de recomendar esta técnica. Para mí ha sido un antes y un después. Hay especialistas en productividad, como Jeroen Sangers de El Canasto, que dicen que no funciona; pero están equivocados.
La principal crítica suele estar en que corta la concentración y que resulta antinatural o muy rígido el dividir el tiempo en fragmentos fijos de 25 minutos, y que no es eficaz. Estoy de acuerdo es que no resulta natural al principio; pero no en que no sea eficaz. Como mostraremos en este artículo, la pausa es bella.
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¿Cuáles son las fortalezas de la técnica pomodoro?
Te permitirá desarrollar una concentración de láser en periodos cortos, pero muy intensos.
La técnica concuerda con el paradigma del velocista y la preocupación por la gestión de la energía –y no la gestión del tiempo– de Jim Loehr y Tony Schwartz en su libro The Power of Full Engagement(El poder del pleno compromiso) : la técnica pomodoro prescribe acción intensa en una sucesión de intervalos de tiempo de trabajo seguidos de cortas recuperaciones entre pomodoro y pomodoro; y de pausas más prolongadas entre serie y serie de pomodoros (habitualmente series de 4 pomodoros cada una).
Además, armoniza con la idea de David Allen, el autor de Getting Things Done(Organízate con eficacia), de gestionar la acción en lugar del tiempo y de lograr un equilibro entre foco y perspectiva: concentración intensa en tareas particulares siendo consciente del contexto del trabajo y adaptándose flexiblemente a los cambios. La técnica pomodoro te permite reconsiderar el flujo y dirección de tu trabajo cada 25 minutos. Distingue claramente entre tiempo de ejecución (pomodoro) y tiempo de planificación (antes del pomodoro) y descanso (pausas entre pomodoros).
También se beneficia del efecto Zeigarnik, tal y como vimos en el Pausa es bella y el cliffhanger. Lo que en principio parece un anatema –interrumpir el trabajo cuando estás en vena o al borde la inspiración– resulta ser un acicate para retomar el trabajo con energías renovadas. Escritores como Hemingway empleaban esta técnica de dejar el trabajo en un momento interesante. Mucho más peligroso que cortar la inspiración es arriesgarse a morir laboralmente por expiración o cansancio.
Barrera contra las distracciones
La técnica pomodoro es un método inmejorable de controlar la atención y sirve de barrera contra las distracciones.
Imagina que eres un buceador que quiere explorar el fondo marino, pero que bucea a pulmón abierto. El tiempo que puede permanecer sumergido es corto, cada pocos segundos, a lo sumo uno o dos minutos, has de volver a la superficie. Así actuamos en gran parte de nuestra actividad diaria. Somos interrumpidos en nuestras actividades por algún distractor externo o interno que demanda nuestra atención: notificaciones de correo, llamadas telefónicas, demandas de clientes, jefes y colegas.
Estas interrupciones son a veces de unos pocos segundos, pero suficientes para cortar el ritmo y hacernos perder el hilo de la actividad que teníamos entre manos, con los consiguientes costes de cambio de tarea y el estrés mental que esto supone. Así no podemos sumergirnos mucho en ningún tema.
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La multitarea, como sabemos, es un mito; lo que realmente existe es una atención parcial continua en la que vamos pasando de una tarea a otra en intervalos muy cortos de tiempo. Algún estudio para trabajadores de oficina americanos contabilizó una media de una distracción cada 3 minutos. Somos como buceadores a pulmón abierto que continuamente toman, abandonan y retoman sus actividades críticas. El grado de profundidad de pensamiento e inmersión del trabajador del conocimiento en este régimen de trabajo es pequeño.
Pero imagina que tienes bombonas de aire y un traje de buzo:
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Si fuera así, te puedes sumergir durante mucho más tiempo –quizá horas– y bucear mucho más profundo, con lo que puedes explorar regiones más alejadas del fondo marino con mayor exhaustividad. Pasarías de los contactos rápidos y superficiales a la exploración profunda y prolongada de los temas.
Piensa en los pomodoros como bombonas de aire de 25 minutos –o del tiempo que determines– en el que puedes sumergirte sin distracciones en tus actividades críticas o prioritarias proporcionándolas lo mejor de tu atención y energía.
Distribución y programación de tareas
Otra ventaja de la técnica pomodoro es que permite programar las actividades y asignar tiempos con más precisión y realismo. Empiezas a organizar tu jornada en términos de los pomodoros, o bombonas de aire atencional, que dispones:
Si sabes que durante el día solo tienes 5 o 6 pomodoros (unas 3 horas) para hacer trabajo intelectual de calidad serás más cuidadoso con tu tiempo y asignarás a estos periodos las actividades más críticas para el éxito de tu trabajo.
Si dedicas pomodoros a actividades más rutinarias o administrativas, serás consciente de ello, porque en vez de dispersarlas anárquicamente durante el día estarán concentradas en periodos de 25 minutos.
Los pomodoros te hacen más consciente del uso del tiempo y hacen visibles los usos que le damos. Con la técnica pomodoro es mucho más difícil que acabes el día y tras observar escasos avances te preguntes «¿Dónde diablos ha ido mi tiempo?» o «Ya son las dos y se me ha ido la mañana, no sé en qué…».
Te permite ser mucho más realista: sabes que dispones de un número más o menos fijo, pero limitado, de pomodoros diarios y semanales. Puedes presupuestarlos entre todas las actividades y asuntos que demandan tu atención. Pero en vez de poner todas las actividades en tu lista de cosas que hacer –más bien una lista de deseos que una lista de acciones realizables–, solo introduces en tu agenda acciones para las que dispones de suficientes pomodoros.
El número previsto en pomodoros para distintas actividades es incierto, pero con la práctica –a través de ciclos de planificación y revisión– puedes presupuestar con bastante precisión lo que razonablemente te va a llevar una tarea.
Turno de preguntas
Sospecho que te pueden quedar dudas, reticencias o sientes curiosidad por aspectos concretos de la técnica. En la sección de comentarios me ofrezco a responder a todas ellas.
Siempre has querido saber cómo hacer desaparecer la poca parte espiritual que te queda. Tu pragmatismo todavía no es completo y tu vida todavía no es sencilla. Desde el punto de vista del minimalismo diabólico, el alma no la carga el Diablo, sino el Divino; es una parte que has de vaporizar para adaptarte mejor al mundo que te ha tocado en la tómbola existencial.
No hay una receta única para perder el alma, puesto que los caminos a la pérdida de uno mismo son tan inescrutables como variados, pero sí que hay maneras más probables de desalmarte y que están al alcance de cualquiera. Puesto que no buscamos lo excelso, no tendremos que molestarnos con lo arduo. –
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1. Niega el carácter aleatorio del mundo y su complejidad inherente
Para obviar lo complejo e incierto, busca lo complicado y seguro. A partir de ahora, las recetas de todo tipo –culinarias y de crecimiento personal– han de sustituir a tu pensamiento.
Haz una búsqueda rápida en google o acude a la farmacia del gurú de la autoayuda más cercano y empieza a pedir recetas para cualquier actividad o mejora que quieras generar: Empieza con «Las 10 claves del éxito en la vida»; sigue con «El secreto de la felicidad eterna en un retiro Zen de fin de semana; no te olvides de «El camino hacia el yo transcendental quedándote transpuesto mirándote el ombligo»; «Cómo tener un cuerpo 10 en diez minutos»; «Eres lo que comes; no comas, cerdo» (las comas son importantes); «La ley de la atracción atraerá tu dinero al próximo vendedor de crecepelos».
Has de cuidar tus creencias y emociones, no sea que te dé por inquirir si las recetas tienen sentido, así que acude al curso de un Coach certificado en PNL que te haga caminar sobre las brasas con música de Rocky mientras te abrazas a la prójima más cercana como si no hubiera mañana.
Siempre que tengas un problema, busca un maestro en la guía de teléfonos y pide una solución rápida. Realmente, no tiene que darte solución, solo tiene que hacerte sentir bien.
Si todo esto falla, aprende a bailar la danza de la lluvia y sacrifica a una virgen embarazada y un cordero lechal en el templo de la nada.
2. Sustituye la trasnochada y fascista fuerza de voluntad por el sé tú mismo.
Desconfía de cualquiera que te diga que se necesita esfuerzo para lograr algo o que tú eres el responsable de tu vida. El esfuerzo requiere fuerza de voluntad, que es cansada y triste; la espontaneidad, aunque sea la de la hoz y la coz, es siempre más genuina, más natural, más tú. Te convertirás en un manojo de impulsos bellos y genuinos. Serás polvo, mas polvo enamorado. Serás un gilipollas, pero un gilipollas enamorado.
También deja de culparte por tus aflicciones o desventuras. La sociedad, el jefe (y la jefa que tienes en casa), tus padres, el capitalismo salvaje que no te pone un piso y te paga la cena, los vecinos ruidosos, tu mala estrella. Todos esos son los culpables. Ni culpa ni vergüenza, que otros te saquen las castañas de tu fuego. Repite conmigo: «alguien debería hacer algo».
3. Apela a lo natural para olvidarte de reflexionar sobre lo moral
A partir de ahora actuarás iluminado por la revelación naturalista: lo que es natural es bueno. Y no te olvidarás de la revelación moralista: lo que es bueno es natural.
Si algo es espontáneo, te sale de las vísceras (no del alma, porque a estas alturas ya no tienes), entonces es bueno. No pienses más, no mires más allá. Lo que te sale, lo que te apetece, lo que sientes aquí y ahora es lo bueno; aunque mañana y en otro lugar sientas otra cosa. Todo es relativo. Relativo a tu ombligo.
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Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:
He dispersado más la actividad física durante el día. Las calorías consumidas dependen del número de pasos y el movimiento en general. En un día habitual anterior al experimento este era el perfil de calorías consumidas:
[IMAGEN]
Durante el experimento, en un día típico el perfil de actividad física ha pasado a ser este:
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Observaciones
He dormido mucho menos por las noches. Me he levantado casi todos los días entre las 5 y las 6 de la mañana. Estaba descansado y no tenía ganas de seguir en la cama. Ciertamente, después de comer, he experimentado un sopor mucho más grande de lo habitual. Y por la noche me he dormido mucho más rápido.
No hemos de confundir correlación con causalidad, así que no me precipitaré a sacar la conclusión de que el mayor ejercicio físico ha cambiado mi pauta de sueño. Puede haber sido una variación aleatoria no relacionada con el ejercicio.
Por la necesidad de tener que andar más de lo habitual, he caminado más por parques. Me doy cuenta de que me siento mucho más relajado como consecuencia de ello. En términos generales, puedo decir que he experimentado una leve mejora en la estabilidad emocional a lo largo del día.
No he apreciado un aumento en las ganas de comer.
Durante los paseos, cuando no escuchaba la radio o música, he tenido muchas ideas (han surgido) sobre cuestiones de trabajo. Tengo la sensación de que mi mente sigue trabajando inconscientemente en mis problemas y los resuelve espontáneamente. Como ya vimos en ‘Experiencias ajá’, el pensar menos deliberadamente nos puede hacer más inteligentes.
Aunque ha sido un aumento significativo en el tiempo de ejercicio físico, no he tenido que esforzarme mucho para cumplir el objetivo de 13.000 pasos.
Siguientes pasos (valga la redundancia)
Mantener los 13.000 pasos diarios y la distribución de la actividad física a lo largo de todo el día.
Observar si el cambio en la pauta de sueño se mantiene. No voy a forzar ningún cambio. Dejaré que se estabilice sola.
Procurar caminar sin más música que la de mi propio pensamiento. Aprovecharé los paseos para la contemplación, las mini-meditaciones o la observación inteligente.
–Esta MÁXIMA tiene su origen en Sturgeon, el autor de ciencia-ficción que la formuló. Se conoce por ley de Sturgeon o REVELACIÓN DE STURGEON. No es solo aplicable a la ciencia-ficción sino a cualquier cosa.
La podríamos considerar como el REVERSO DE LA LEY DE PARETO: el 20% de las causas produce el 80% de los efectos. En la ciencia-ficción diríamos que solo el 10% de las obras de ciencia-ficción concentra lo que hay de excelso en este tipo de literatura, haciendo que el 90% restante sea prescindible… mierda.
En ALGUNAS FORMULACIONES más amables SE SUSTITUYE LA PALABRA «MIERDA» POR LA PALABRA «BASURA». En todo caso, la Ley de Sturgeon es una formulación complementaria a la Ley de Pareto o del 80/20 que nos recuerda que si lo excelso se concentra en una parte pequeña, lo no-excelso estará en el resto. Si la ley del 80/20 tiene connotaciones ingenieriles, casi asépticas, la ley de Sturgeon produce un impacto emocional fuerte y de raíz menos amable que nos recuerda que LA MIERDA LO INUNDA TODO, que es una condición del mundo, desde el punto de vista de la productividad y la eficacia, y que tenemos que estar vigilantes.
La ley de Pareto nos anima a seleccionar lo más eficaz para los fines que nos propongamos, lo que tiene más impacto, y por tanto a priorizar. La ley de Sturgeon nos pone en guardia contra casi todo (el 90%) y NOS ANIMA A POSTERIZAR, a decir no, y Y A NUNCANIZAR.
Homo Minimus dijo:
«El lado brillante de la selección y el reconocimiento viene acompañado del lado oscuro del rechazo y el desprecio»
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(El escritor Theodore Sturgeon pensando que el 90% del tiempo de posado está de más)
Aplicación de la ley de Sturgeon
Obviamente, una version generalizada– de la ley de Sturgeon va más allá de la ciencia-ficción y de la ficción. Al igual que la ley de Pareto es una LEY GENERAL DE LOS SISTEMAS NATURALES Y ARTIFICIALES. Desde el punto de vista del minimalismo existencial PODEMOS APLICARLA a:
La INFORMACIÓN que recibimos y producimos, de la que el 90% es infoxicación y ruido.
Las ACCIONES que llevamos a cabo en nuestro día, de las que un porcentaje reducido tiene alto impacto.
Las INTERACCIONES con otros SERES HUMANOS, que en general serán repetitivas, protocolarias, milvecesvistas y de bajo valor añadido.
El CONOCIMIENTO que tenemos, que será de baja calidad en una gran parte e incluso erróneo.
El 90% de nuestras POSESIONES es adorno, complemento, aditamento, devorador de espacio y de tiempo de elección.
Un alto porcentaje de nuestro TIEMPO estará dedicado a actividades de bajo valor o de valor negativo.
La mayoría de los TWITTERSde un autor dado serán prescindibles. O, dicho de otro modo, tendremos que navegar en un MAR DE IRRELEVANCIA antes de dar con las PEPITAS DE ORO INFORMACIONALES.
En un artículo de BLOG, lo excelso o aprovechable se concentrará en menos del 10% de las palabras. El resto será ruido.
La acción es elocuencia
Hasta el punto y aparte anterior he escrito 507 palabras. Por la revelación de Sturgeon, sé que sobran unas 450 palabras.
Habitualmente el autor no se va a molestar en cribar el texto para obtener el 10% más valioso, porque no tendrá tiempo ni ganas para escribir artículos concisos que os ahorren el 90% de vuestro tiempo. Yo no soy la excepción en general, pero voy a ser la excepción en p-articular:
Tacharé casi el 90% de lo escrito arriba (basura) y me voy a quedar con menos de 100 palabras.
Ya está hecho.
Transcribir la definición de la Revelación de Sturgeon del diccionario de jerga hacker, http://www.jargon.net/, me hubiera ahorrado el 90% de tiempo en la producción de este artículo. Si con la mera definición hubiera hecho resonar alguna cuerda dentro de vosotros y hubieráis sentido curiosidad, entonces habríais buscado por vuestra cuenta más información o extrapolado la máxima a vuestros asuntos cotidianos sin necesidad de toda la hojarasca de mi artículo:
Ley de Sturgeon. “El noventa por ciento de todo es basura”. Derivado de una cita del escritor de ciencia ficción Theodore Sturgeon, que una vez dijo, “sin duda, el 90% de la ciencia ficción es mierda. Eso es porque el 90% de todo es mierda.” Extrañamente, cuando se cita a Sturgeon, la palabra final se cambia invariablemente a “basura”. […] Aunque esta máxima se originó en el mundo de los aficionados a la ciencia ficción, muchos hackers la reconocen y son muy conscientes de su verdad.
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Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:
Este es un artículo de James Altucher, un programador, inversor, emprendedor, escritor y bloguero americano; originalmente fue publicado en su blog con el título ‘My resume’. James (le llamaré por su nombre de pila para impostar familiaridad), el bueno de James, me ha autorizado a traducirlo y publicarlo aquí.
Ya hemos hablado de la mentalidad experimental y el sentido del ridículo, y de cómo confeccionar un buen ridículum vitae. Este artículo de James es una excelente implementación del concepto de Ridículum Vitae. El mejor que nunca he leído. Por eso he decidido traducirlo. Contiene 1999 palabras. Toda vida contada honestamente contiene muchos ridículos. La tuya también.
Mi currículum (por James Altucher)
Me mata de miedo tener un trabajo. Pero nunca se sabe qué oportunidades podrían presentarse por el camino. Hay un montón de dinero ahí fuera dispuesto a pagar a cualquiera. Así que supuse que desempolvaría mi CV, aceptaría finalmente cualquier invitación de LinkedIn y lo pondría ahí fuera. Ya sabes, para ver qué pasaba.
EDUCACIÓN:
(Cómo me preparo para trabajar por la mañana)
– Graduado con una media de 2,99999, BA in Ciencias de la Computación. Realmente no debería haberme graduado pero supliqué al profesor de Fortran que me subiera de una D- a una D+ y dijo, “sí”. Necesité un 3.0 para graduarme en 3 años porque no quería asumir préstamos para un cuarto año. Creo que técnicamente todavía no tengo el grado porque tengo multas de la biblioteca.
– Expulsado de la escuela de graduados. Suspendí siete de los ocho cursos que empecé en dos años. Recibí una carta mencionando mi “falta de madurez” pero que decía que las puertas estaban abiertas si alguna vez de alguna manera alcanzaba esa madurez. Aprendí mucho de la experiencia. Aprendí que mucha gente entonces no sabía cómo proteger sus archivos privados, incluso si sus cuentas tenían protección con contraseña. Hay posibilidades de que dejaran los archivos en sus carpetas abiertos al público para que si lees el archivo .mbox puedas leer todo su correo. Leí todas las cartas de amor de un famoso profesor visitante. Leí la “recomendación” de un profesor que completamente me tiró a la basura . También aprendí que es posible que si te limitas a acechar a la chica que piensas que quieres, entonces es posible que nunca funcione. Incluso si piensas que es la única chica que alguna vez te puede gustar. Con tres mil millones de mujeres en el planeta es difícil imaginar a esa chica ganando esa indeseada lotería.
– Durante este tiempo escribí cuatro o cinco novelas no publicadas (o debería decir, “impublicables”) y sobre 50 narraciones cortas. Volví locos a todos mis amigos obligándoles a leer todos y cada uno. Una chica dijo a mi novia, “¿No te molesta que escriba tanto sobre masturbación y prostitución?” En otra ocasión, obligué a mi novia a leer mi novela de 500 páginas y cuando acabó dijo, “¡es estupenda! Le pedí que me dijera el final que había leído diez minutos antes. No podía recordarlo.
En conjunto coseché unas 400 cartas de rechazo. Todas eran cartas estándar. Ni una sola nota de ánimo.
TRABAJO:
– #10 empleado en Fore Systems. Salía del trabajo todos los días a las 4:45 pm en punto, orgulloso de mi puntualidad. Aprendí a hacer auto-stop. Cerraba la oficina todo el día para poder trabajar en varias novelas no publicadas. Un día lo dejé sin más y no volví a aparecer. Todos los otros empleados se hicieron ricos en la oferta pública de acciones un año o así después de que dejara la empresa.
– Trabajado en el Carnegie Mellon’s Center for Machine Translation. Escribí un programa que tenía que mantener. Nunca tuvo problemas así que nunca tuve que trabajar. Jugaba ajedrez en línea 20 horas al día hasta que me aquejó el síndrome del túnel carpiano. Demasiado ajedrez de un minuto. El tipo del despacho de al lado estaba escribiendo Lycos, el primer motor de búsqueda para la “world wide web”. Cuando mi jefe golpeaba en la puerta cerrada de mi despacho fingía no estar, especialmente si estaba en medio de una partida de ajedrez. La gente se quejaba de mí pero no podían hacer nada. Nadie podía entender la forma embrollada en que había programado el programa que todos usaban así que nadie podía arreglarlo excepto yo.
– HBO. Estuve a cargo de su sitio web. Empecé un negocio lateralmente. Externalicé el sitio entero de HBO a mi propia empresa. Como resultado, me convertí en el analista junior mejor pagado en HBO. Después pasé todos los martes por la noche haciendo entrevistas a prostitutas y traficantes para el sitio de HBO. Aprendí importantes habilidades de comunicación: cómo interrumpir a una pareja borracha discutiendo a las 3 de la mañana y preguntarles por qué estaban discutiendo. Aprendí cómo pedir salir a las chicas que ponían sus números de teléfono en los formularios. Hice que un travesti me explicara que era una “autopista de chocolate”. Hice que otra prostituta justificara sus ingresos cuando dijo, “Los hombres no pagan para tener sexo conmigo. Los hombres pagan para que me largue después de tenerlo.” Lo lancé como programa piloto también para HBO, pero el jefe de programación familiar dijo; “para material como este necesitas disparar desnudo a tu madre o mostrar a tus vecinos copulando”.
– Reset. Empecé un negocio que creaba sitios web para empresas del mundo del espectáculo (y Con Edison). Conseguí la mayoría de los clientes mediante soborno. De otra manera, no habría tenido clientes. Fue comprada. Un año después de la compra me fui. Precisamente cuando todos los clientes estaban yéndose. La empresa que compró la mía entró en bancarrota tres años después de comprar la mía.
– Vaultus. Empecé una empresa que ayudaba a empresas del Fortune 100 a crear “sitios inalámbricos”. Recaudé 100 millones de dólares, incluyendo 2 millones del héroe palestino Yasser Arafat. Perdí todo el dinero. Pero, Vaultus fue adquirida por Antenna Software. Fui despedido como CEO y arrojado al consejo de administración. Intenté usar el 11 de septiembre como una excusa pero la respuesta del consejo fue: “ Todos fuimos afectados por el 11 de septiembre. Aprendí que soy demasiado tímido como CEO. Llamaba a la secretaria antes de llegar a la oficina para asegurarme de que nadie estaba en el pasillo entre el ascensor y mi despacho para correr y cerrar la puerta.
– 212 Ventures. Recaudé 125 millones de dólares en un fondo VC de Investcorp, CS First Boston, First Union (ahora Wachovia), y, quería decir, ¿ Banker’s trust? ¿Pero es siquiera un banco ahora? Se me olvidó.
Puse unos 40 millones de dólares para trabajar, lo tomas o lo dejas. Quizá 30 millones. Rentabilidad sobre esos 30 millones: aproximadamente 3 millones. Estoy culpando por completo a la caída de Internet. Empezamos a meter dinero en marzo del 2000.
Durante este periodo, perdí 15 millones de mi propio dinero en parte hacer una inversión conjunta con el fondo VC. Perdí mi casa. Perdí la cordura por un tiempo. Me encontré en el hoyo pero lo perdí también.
También culpé a Investcorp por no darnos más tiempo. Estaban tan a disgusto con nosotros que compraron nuestro contrato de diez años en junio del 2001. Dicho esto, querían que me quedara como empleado pero tomé el camino de…
– Daytrading. Hice trading para mí y para varios hedge funds. El primer hedge fund que me contrató me despidió cuando escribí un libro y pensaron que les había robado sus ideas. Quizá lo hice y quizá no. Yo gané dinero y ellos se fueron a la bancarrota así que quién sabe.
– Creé un fondo de hedge funds. Invertí en 12 fondos. 11 de ellos ya no existen. Algunos de sus directores están huídos. Uno o dos acabarán en la cárcel. Unos cuantos de ellos acabarán en la SEC (comisión del mercado de valores). Varios están en continua discusión con autoridades, desde la SEC hasta la CFTC, el IRS (hacienda), el FBI y el DOJ. Mis iniciales son JAA. Ninguno de esos fondos está en negociaciones conmigo.
– Empecé Stockpickr.com. Una red social para las finanzas. No tengo nada malo que decir sobre él. De hecho fue un buen sitio web en su momento. Lo vendí a thestreet.com. Tuve un contrato de tres años con thestreet. Después de 8 meses dejé de aparecer por el trabajo. Creo que no volví al edificio nunca. Después de dos años me pidieron cambiar mi contrato y bajar el salario. Yo me despedí y les ofrecí escribir gratuitamente para ellos pero dijeron “no” por alguna razón. Renuncié a pedir mi paga por rescisión del contrato para así poder escribir para otros. Hace unas pocas semanas me pidieron escribir para ellos de nuevo cuando revisaron los informes de visitas a páginas y vieron mis números. Pero ignoré su correo electrónico. ¡Buena suerte!
– Empecé junglesmash.com. Tuve mucho éxito en los primeros meses de anuncios en régimen de crowdsourcing para marcas importantes sin su permiso. Procter & Gamble incluso introdujo anuncios para sus propios productos intentando ganar el premio de 1000 dólares que estaba ofreciendo. La segunda marca fue “Monster Soda”. Entonces perdí el interés y simplemente dejé de actualizar el sitio. Mi exmujer y yo estábamos separándonos y perdí interés por todo. Mis apariciones en televisión fueron deprimentes. Junglesman se fue por las cañerías. Toda mi inversión se fue al garete. Y era octubre del 2008, así que cada vez que iba a la televisión el índice Dow perdía otros 500 puntos. Escribí a Erin Burnett, a cuyo show iba todos los martes y le dije que cada vez que iba a su show el Dow bajaba 500 puntos. Dejó de responderme y de invitarme.
– El Financial Times cerró mi columna en marzo del 2009. Supongo que porque era demasiado agresivo. El mercado subió casi el doble inmediatamente después. Probablemente porque yo le daba chocolate a todo trader que entraba a la bolsa de Nueva York en marzo del 2009. Así que en un periodo de unos meses dejé de ir a la CNBC, dejé de escribir para la FT, dejé de ir a Yahoo Finance, y dejé de escribir para thestreet.com. Y entonces el mercado fue todo para arriba.
– Empecé una compañía: 140love.com –un lugar de citas por Twitter. En el día que el dinero había sido recaudado cerré la empresa y devolví todo el dinero que había entrado. Había perdido interés porque ya no tenía citas. Pensé que comenzar con un sitio de citas aumentaría mi probabilidad de tener una cita pero una vez que encontré a alguien perdí interés en el sitio. Además, era una mala idea.
(mis suscriptores iniciales inmortalizados para siempre)
– No recuerdo nada la mayoría de lo que hice entre mayo del 2009 y noviembre del 2010. Sé que durante ese tiempo me casé, fui a la India, fui a Argentina (dos países que nunca pensé que visitaría) y me mudé fuera de Nueva York. Pero no puedo recordar nada más. Oh, cogí un trabajo con una firma de capital privado durante una semana o así. Un día, en medio de una reunión que yo había convocado dije: “perdónenme solo un minuto, tengo que ir al baño” y me largué de la reunión, salí del edificio sin mi abrigo, me metí en el metro, fui al Gran Central, y nunca volví a mi despacho. Nunca devolví las llamadas después.
– Noviembre del 2010. Me harté de ello. “ELLO” [Nota del traductor: juego de palabras intraducible, it = ello; IT = tecnologías de la información]. Ya no me importaba. Harto de besar culos. Ganando clientes con mentiras. Recaudando dinero. Escuchando mentiras. Mintiendo a la gente. Aguantando reuniones. Aguantando a gente que no me gustaba. Siempre ansioso. Siempre preocupado. Siempre defendiéndome después de ofender. Me tomé un super descanso.
Solo hablaría con gente que me gustara. Solo negocios que me gustaran. Solo escritura que quisiera escribir. Solo pensar sobre lo que quisiera pensar. Respirar aire fresco. Respirar profundo. Sentí que me quitaba un gran peso de mis hombros. Estaba fuera de juego. No quería jugar nunca más. Empecé un blog en jamesaltucher.com para ser honesto sobre todo. Escribí un montón de libros. Escribo para otros. No me importaba lo que nadie dijera o pensara sobre mí. Quería sacar a la luz todo lo que yo creía que era lavado de cerebro. Me gustaba lo que estaba haciendo. Empecé a centrarme más en mi salud y vida espiritual.
– Haciendo lo mismo. Todos los días me pregunto: qué más podría estar haciendo. Espero la respuesta. Y entonces lo hago.
– Hoy: estoy agradecido de que leáis esto. Estoy vivo.
Todo es gestación y alumbramiento. Dejar que cada impresión y cada germen de sentimiento lleguen a la madurez por sí mismos en la oscuridad, en lo inexplicable, en el inconsciente, más allá del alcance de nuestra inteligencia, y aguardar con profunda humildad y paciencia el alumbramiento de una nueva claridad: solo eso es la vida del artista. Ser artista no significa hacer cálculos y cuentas sino madurar como el árbol que no fuerza a su savia y permanece fuerte frente a las tormentas de la primavera sin temor a que después no llegue el verano. Llega. Pero solo al que sabe esperar, al que está allí como si toda la eternidad estuviera extendida a sus pies tan despreocupada, tan tranquila, tan vasta.
–Bueno, más o menos –dijo Pooh–. No es cerebro… sino que a veces me viene ella sola.
–¡Ah! –dijo Conejo, que nunca esperaba que las cosas llegaran por sí solas sino que siempre iba a buscarlas.
A. A. Milne, La casa del rincón de Pooh.
Una última oportunidad: leed de nuevo el acertijo que planteé el jueves de la semana pasada: Juego sucio en la fontana. Dadle tres minutos más de contemplación o pensamiento. Luego podéis volver a este artículo y leer la solución. O, si sois más impacientes, id directamente a por la solución.
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En los últimos seis días he recibido muchas respuestas de lectores del blog planteando respuestas. Han sido imaginativas y algunas incluso alambicadas. Gracias a todos por participar.
Muchas de las respuestas eran plausibles, porque eran buenas historias que podían dar cuenta del extraño suceso de la chica en la fontana y el personaje de aspecto sospechoso que la seguía blandiendo un cuchillo.
El viernes pasado recibí la primera respuesta plenamente correcta del acertijo:
Hola, Homo Minimus.
Está claro: la chica tenía hipo. Y no lo digo yo, me lo sopló, casi sin pensarlo, mi hija Matilda de 10 años cuando en la cena les pedí que pensaran cada día un poco en el acertijo que les iba a contar. Su respuesta fue inmediata. Mi mérito es que enseguida supe que era cierta.
Alberto
La segunda respuesta correcta vino de Mario Tomelin tres días después:
Hola,
Anoche di con la respuesta, o al menos una respuesta razonable.
La muchacha tenía hipo, se lo había comentado al cocinero del hotel, supongamos, ya que tomar agua no había funcionado para ella. El cocinero la asustó para curarla.
Realmente fue muy revelador. Había aceptado el desafío sin mucha fe en poder resolverlo, porque generalmente soy de encontrar respuestas rápidamente. Anoche fui desarmando el problema desde el punto de vista de cada protagonista, de cada objeto y cada causa-consecuencia, hasta que la respuesta emergió [las negritas son mías].
Enhorabuena a Matilda (y a su padre Alberto por plantear al problema a su familia y por reconocer la respuesta inmediatamente) y a Mario. Con Alberto y Matilda tengo pendiente una comida del Proyecto 52 en Barcelona este año en la primera ocasión que se presente.
Ajá, inspiración
El acertijo lo encontré hace un par de años en un libro de pensamiento matemático de Martin Gardner llamado ‘Aha, insight’, que en español podríamos traducir por ‘Ajá, inspiración’. Insight no significa exactamente inspiración. En este contexto, es una mezcla de intuición y de comprensión súbita.
Como dije al plantearlo, no es probable que des con la respuesta enseguida, no es en absoluto obvia. Matilda dio con ella casi inmediatamente, pero esto es poco común. Podríamos debatir por qué una niña de 10 años es más capaz de dar con una respuesta rápida y sencilla que varias decenas de adultos, pero eso lo dejaremos para otro artículo en este blog.
Si que es posible dar con “una” respuesta casi al principio: varios de los lectores me escribieron con una respuesta, para algunos esa respuesta fue casi inmediata, no tuvieron que pensar mucho.
Hubo respuestas muy imaginativas, varios de los lectores de este blog son escritores, poetas, pintores o simplemente gente despierta e inquieta. Por ejemplo, me enteré a través de Rafael Sarmentero, el autor de Qwerty Vintage, de que en películas de bajo presupuesto se hacen tomas en que interviene gente que no es consciente de que está en la película:
[…] Están rodando un corto de bajo presupuesto. Juan está distraído leyendo el periódico y no se ha dado cuenta. En la primera toma, el tío del cuchillo no sale en el encuadre, por lo que no hace falta que actúe en esa toma. En la segunda, sí sale en el encuadre, por lo que es necesario que aparezca con el cuchillo. Juan cree que la cosa va en serio y grita. El actor del cuchillo baja el arma y la chica se ríe ante la metedura de pata de Juan.
Cristóbal Luque también me informó del uso que algunos directores hacen de las tomas con cámara oculta para lograr más realismo:
[…] Mi teoría es que la chica y el tipo de aspecto poco tranquilizador eran actores rodando una película de terror con cámara oculta. Algunos directores (como Clint Eastwood en el desembarco de «Banderas de nuestros padres») prefieren ocultar las cámaras para que los actores novatos no sepan dónde están y así la toma sea más realista.
Otra posibilidad apuntada por Sara Bernard fue la de una broma:
[…] Magnífico hotel en Marbella» evoca imágenes reales de vestíbulos y recibidores con fuentes de agua potable.La joven es trabajadora en el hotel, puede ser la recepcionista o la azafata de un congreso. Aprovecha para darse un mini-paseo, beber en la fuente y mirarse en el espejo.
El hombre del enorme cuchillo también es trabajador del hotel (¿cocinero?) y aprovecha el efecto del espejo para gastarle una broma a su compañera.
La broma tiene un elemento de simulación y sorpresa que está cercana al susto que realmente pretendía el personaje del cuchillo. Quizá si Sara hubiera perseverado un poco más en esa línea hubiera terminado llegando a la solución.
Lo bonito de este acertijo es que si das con la respuesta plenamente correcta (no vamos a descartar otras alternativas) entonces parece obvia y sabes que no hay duda de que lo has resuelto: de repente todas las piezas encajan. Alberto y Mario no tuvieron duda. Yo tampoco tuve duda de que la respuesta era que la chica tenía hipo y el personaje sospechoso quería darle un susto para quitarle el hipo.
Sin embargo, a diferencia de Matilda, Mario y yo tuvimos que dedicarle varios días antes de dar con la respuesta. Y esto es lo más interesante del desafío que os propuse: antes de solucionar el problema teníais que haber pasado vuestra particular travesía del desierto intelectual.
No es que yo sea listo, es sólo que yo insisto más tiempo en los problemas.
–Albert Einstein
Hay que mantener el problema en la mente durante un par de días, y si lo haces, la respuesta termina “emergiendo”, habitualmente en un momento de inspiración, y probablemente cuando no estés pensando en el problema. En mi caso, fue una mañana justo después de levantarme cuando salía de mi dormitorio, lo recuerdo vívidamente: sin saber por qué, la respuesta apareció en mi mente y experimenté la iluminación.
Fue un momento de intuición pura, cuando de repente todo el esfuerzo y pensamiento deliberado y consciente que había dedicado los días anteriores precipitó en una respuesta. Es como si mi mente hubiera estado trabajando en un segundo plano en el problema. Es habitual que estas experiencias ajá tengan lugar cuando estás haciendo otra cosa, en la ducha, corriendo, paseando o no dedicando la mente a nada en particular.
Cerebros de liebre
Desde el punto de vista del minimalismo, las experiencias ajá tienen mucho interés. En una cultura de búsqueda de satisfacción inmediata, de resultados rápidos y de culto a la productividad, lo habitual es que alabemos a los que piensan rápido y bien, los tipos brillantes, de alto coeficiente intelectual, que son capaces de aprender y captar todo muy rápidamente y dar con soluciones rápidas a los problemas: los que destacan en la modalidad analítica y rápida del pensamiento, los que tienen cerebros de liebre, por decirlo así.
Yo hasta hace no mucho tiempo, y quizá también todavía, mantenía la creencia de Conejo en la Casa del rincón de Pooh: si quieres algo, lo tienes que buscar, y tienes que ir a por ello inmediatamente.
Esta actitud proactiva está bien en principio. La cuestión es: ¿qué ocurre cuando las soluciones no son obvias, la respuesta no es inmediata, o requiere asociaciones remotas que no se prestan a un mero pensamiento deliberativo, sistemático y conceptual? En este caso una persona brillante en el pensamiento directo y analítico se encuentra con una gran dificultad. Es probable que no soporte la tensión y que se conforme con las primeras ocurrencias y no siga buscando.
Lo habitual es que sintamos frustración, empecemos a dudar de nuestra capacidad y abandonemos la búsqueda. Para mantener nuestra autoestima, nos decimos que es un problema tonto, que no tiene ninguna importancia y lo terminamos olvidando. Einstein –que siempre nos sirve tanto para un roto como para un descosido– decía que la mayoría de los problemas sufrían por falta de atención. Atribuía más su habilidad a su curiosidad y su capacidad de mantener los problemas en mente que a su genio.
También necesitamos los modos lentos del pensamiento
Interrogué a Mario Tomelin sobre su proceso de pensamiento y la forma en la que resolvió el problema. Accedió amablemente a que transcribiera parte de su respuesta:
[…] Creo que fue el sábado en la mañana que leí tu entrada. Pensé unos minutos arduamente y no encontré la solución, lo más acertado que pensé fue en una obra de teatro. No pude resolverlo. Entonces, lo copié en un pedazo de papel con la idea de llevarlo el resto de la semana en la billetera, o pensar el problema en el autobús camino al trabajo.
El domingo por la tarde, ví el papel sobre el teclado y pensé en él unos minutos mientras encendía la PC, tratando de imaginarme la situación desde el punto de vista del espectador, y desde la muchacha. Tampoco encontré la solución.
Finalmente el Domingo por la noche, junto con esos pensamientos antes que llegue el sueño, recordé el problema. Entonces, apliqué un enfoque como el anterior, pero más profundo. Pensé en el espectador, si leía el diario, si tenía una mirada parcial de lo que estaba pasando. Pensé en sus suposiciones, suponer que la muchacha era preciosa, suponer que tenía sed, que la persona era de poco fiar, que fuera a lastimarla. Separé los actos, de las interpretaciones, de los objetos.
Creo que ahí comenzó a gestarse la respuesta. Iba pasando de objeto en objeto y tratando de analizarlos independientemente de la situación, o relacionarlos con otros objetos por medio de preguntas.
[…] Mientras hacía estas preguntas, no buscaba directamente la solución, sino llegar a las ramificaciones de las ideas y eliminar todas las suposiciones que estaba haciendo.
Es interesante observar que la solución le llegó a Mario al final del día, con la guarda mental un poco baja, y posiblemente un poco cansado; es en estas condiciones cuando modalidades más asociativas del pensamiento pueden ocurrir. También es revelador el comprobar que llevó el problema con él durante un par de días a pesar de no poder resolverlo: había decidido que era importante o interesante y siguió perseverando.
Al final, Mario concluye con un comentario que capta la creencia básica del cerebro de libre y de una cultura que celebra o enfatiza las modalidades más rápidas del pensamiento:
[…] Por eso te repito que ha sido muy revelador para mí, no pensé que la solución a ciertos problemas necesitara ‘tiempo de maduración’ [las negritas son mías]. Del mismo modo, si bien mi proceso mental de preguntas tenía como objetivo resolver el problema, el camino hacia la resolución no estaba definido, sinó que fue abarcando muchas alternativas. Ahora estoy repensado el papel de estas alternativas inútiles (pensar que el cuchillo fuera falso, por ejemplo) en la búsqueda de la solución. No es un problema de cálculo o álgebra, donde rápidamente hacemos diagnóstico-herramienta-resolución
La moraleja de este pequeño experimento es que a veces necesitamos conducirnos como tortugas y privilegiar un pensamiento más lento, pausado o contemplativo. La liebre mental que llevamos dentro quiere soluciones rápidas y éxitos inmediatos, y para ello probablemente hará uso de procedimientos e ideas que funcionaron bien en el pasado y del pensamiento analítico y conceptual.
Si bien es muy necesario el uso del pensamiento analítico y siempre tenemos que echar mano mental de la memoria directa de nuestros éxitos pasados, es igualmente cierto que la asimilación y generación de nuevas ideas requiere tiempo. Así que haremos bien de cuando en cuando en aumentar los espacios en blanco y la contemplación en nuestras vidas.
Durante una semana aumentaré el nivel actual de actividad física un 30%. Pasaré de los cerca de 10.000 pasos diarios actuales hasta los 13.000 pasos, unos 10,4 km.
Debido a mi tipo de trabajo, he de pasar mucho tiempo sentado, delante de una pantalla. Hago pausas de 2-3 minutos cada 25 minutos y descansos cada 2 horas; también ando cerca de 10.000 pasos diarios, pero mi actividad física está muy concentrada en unas pocas horas del día. Creo que un aumento significativo del ejercicio físico y una dispersión de este a lo largo de la jornada podría tener efectos beneficiosos físicos y mentales.
Usaré fitbit, un podómetro con sensor de movimiento, que registrará mis pasos diarios así como el nivel de actividad física diaria a lo largo del día. Este aparato permite envíar los datos recogidos a una página web en la cual puedo acceder a gráficos con las estadísticas personales.
Mis datos de la última semana indican que apenas alcanzo los 9.000 pasos por día y que mi nivel de actividad a lo largo de la jornada es muy bajo. En el 80% del tiempo la actividad es casi nula.
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Algunos elementos que quiero observar
¿Mejorará mi estado de ánimo?
¿Dormiré mejor o tardaré más tiempo en dormirme?
¿Qué efectos tendrá sobre el rendimiento mental ?
¿Se producirán más experiencias ajá?
¿Aumentará la fluidez de ideas?
¿Puedo emplear el tiempo de paseo para pensar sobre problemas?
¿Debería dedicar el tiempo de paseo solo para descansar mentalmente o para la contemplación?
¿Aumentarán o disminuirán mis ganas de comer?
¿Qué actividades quedarán desplazadas como consecuencia de hacer más ejercicio físico?
¿Seré capaz de encontrar tiempo para alcanzar la meta de los 13.000 pasos diarios?
Juan se alojó en Marbella en un magnífico hotel. Estaba leyendo el periódico en el vestíbulo cuando entro con paso vivo una preciosa muchacha.
La joven corrió hacia una fuente, tomó un gran trago de agua y desapareció.
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Tres minutos más tarde, la misma joven regresaba para volver a beber. Pero esta vez, un hombre de aspecto poco tranquilizador la seguía a cierta distancia.
Detrás de la fuente había un espejo. Cuando la chica alzó la mirada, después de beber, vio que el sujeto empuñaba un enorme cuchillo, que alzaba como si fuera a apuñalarla por la espalda. Un grito de terror resonó en el vestíbulo.
Juan se lanzó a salvarla.
Pero entonces, el individuo bajó el arma, y la joven se echó a reír. ¿Qué diablos estaba ocurriendo?
El desafío
Lo más probable es que no sepas inmediatamente qué estaba ocurriendo.
Te propongo un experimento mental que será muy revelador: toma nota del acertijo y llévalo contigo durante los próximos días. Dedica a intentar resolverlo al menos cinco minutos todos los días.
Si crees que has dado con la respuesta, me envías un correo electrónico a homominimus@hotmail.com y me explicas la razón del extraño comportamiento de la muchacha.
Yo te diré si estás en lo cierto o no, pero no te daré la solución. Por favor, no escribas la respuesta en los comentarios para que los demás tengan que pensar por sí mismos o bien soportar el peso de la ignorancia.
El jueves de la próxima semana yo daré la respuesta para los que no hayan dado con la solución.
Toma nota. Al menos cinco minutos. No desesperes. Todos los días.
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Nota: artículo inspirado por Anca Balaj (es decir, robado impunemente) en un desafío creativo similar en su blog, que también necesita de imaginación, generación de asociaciones y algo de actitud contemplativa.
Cuando te enseñan los rudimentos de las finanzas personales, te hablan de la necesidad de diversificar tus inversiones; o, dicho más llanamente, de no poner todos los huevos en la misma cesta. Así, si alguna inversión sale mal, siempre podrás compensarlo con otras inversiones rentables.
Que tengas parte de tu patrimonio –y de tu orgullo– en otros activos financieros hace que puedas contemplar la posibilidad de una inversión arriesgada , y que ningún resultado desfavorable dé al traste con todas tus esperanzas.
¿Podríamos hacer algo similar con la identidad?
La psicología y la sabiduría popular nos dicen que es importante saber quién eres, tener una identidad fuerte, y que tus valores y tu comportamiento sean una manifestación o despliegue armonioso de esa identidad. Se entiende generalmente que la identidad es única.
¿Y si tuviéramos alguna identidad de repuesto para que cuando las cosas vengan mal dadas, los fracasos hagan su aparición y nuestra autoestima sufra, tener una tabla de salvación? Así, por mal que hayan salido nuestros planes y por dañado que sintamos nuestro ego, los daños serán solo parciales y no afectarán a la totalidad de nuestro ser.
La idea de múltiples identidades no parece una idea minimalista
He de reconocer que esta idea de las múltiples identidades rechina un poco respecto a mi diseño de vida minimalista: el uno siempre es más puro que el varios. La identidad única es unívoca: una correspondencia de a uno a uno entre el ser y el comportamiento. Es más fácil de gestionar, y ofrece menos opciones. Las decisiones y la evaluación de lo que hago se hace a través de un solo criterio: el criterio de mi única identidad.
Eso es simplicidad, reduce la deliberación y compromete al ser más profundamente con cualquier curso de acción deseado.
Jugar con la identidad es algo adecuado durante la adolescencia. Este juego es un periodo de moratoria emocional que la sociedad nos concede cuando estamos madurando. En El patio de recreo del diablo vimos la institucionalización de la transición de la adolescencia a la vida adulta y la licencia para experimentar con posibilidades vitales antes de decidir el curso de vida y asentarse. El joven ha de decidir a qué carta o cartas vitales quedarse. Después ha de descartarse y jugar con las cartas elegidas el resto de la partida.
Una identidad es en cierto modo una estrategia; una estrategia vital que usamos para salir lo mejor parados posible. Es una herramienta. No un fin en sí mismo. Si te identificas con tu identidad única estás usando una sola herramienta en toda tu vida. La identidad única, monolítica, tiene el peligro de la rigidez y de cerrar las opciones demasiado rápido, demasiado pronto.
Varias identidades
La alternativa a la identidad monolítica es el tener varias identidades, que podríamos llamar roles. Adoptamos un comportamiento situacional, más determinado por el lugar y el momento en el que nos encontramos que por la identidad o un conjunto de principios o valores personales.
Cada situación necesita distintas estrategias, y adaptamos nuestro comportamiento. Asumimos un rol distinto según las circunstancias. El rol de ciudadano, el rol de hijo, de profesional, de amigo, de padre, marido, etc. Esto puede suponer una cierta fragmentación y una sensación de alienación: el entorno parece mandar más que el ser.
En el extremo de este sistema de identidades múltiples tendríamos una personalidad en compartimentos estancos o con muy poca conexión, que en su versión patológica se asemejaría al trastorno de personalidad múltiple, donde varias personalidades, desconectadas entre sí habitan en un mismo cuerpo y se alternan en el control de la acción.
Integración
Reconozcamos el valor instrumental de la identidad y su necesidad de adaptarla a las circunstancias, así como la opción de experimentar con la identidad como si fuera un traje que nos probamos para ver qué tal nos sienta. También la posibilidad de evolución y el carácter lúdico del teatrillo de la vida. También la diversidad interior y la necesidad de reconocer facetas ocultas o menos desarrolladas dentro de nosotros.
Reconozcamos la importancia de los valores claros, la capacidad de inspirar confianza a los demás y la capacidad de hacerse promesas a uno mismo y cumplirlas. También la necesidad de comprometerse con un curso de acción y con un proyecto de vida. Al final, el creador, el artista, necesita parar de barajar opciones y decidirse por la opción de diseño que mejor pueda hacer real su visión.
Propongo la conciliación de la multiplicidad y la unidad en la diversidad. Reconocer las regiones más ocultas de la personalidad, experimentar con diversos yoes, pero manteniendo las conexiones. Propongo ir más allá de los roles prefabricados, obtener oro personal del plomo de las posibilidades reales.
Propongo que la identidad sea una trampolín para el ser.
He recopilado los 10 mejores videos de temática, forma o contenido minimalista existencial. Son mis elecciones.
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10. Ricky Rubio, un jugador de baloncesto español, da ánimos a uno de los novatos de su equipo en un partido de la NBA cuando no le estaban saliendo bien las cosas. Una buena aplicación del Principio del ojo de la cerradura.
Ricky dice: «Alexis, change this face. Be Happy.» («Alexis Cambia esa cara. Ponte contento. ¡Disfruta!»)
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9. Un anuncio magistral, casi sin palabras, de un equipo de fútbol español y el valor de la perseverancia.
Cualquier hombre que lee demasiado y usa su cerebro demasiado poco cae en hábitos perezosos de pensamiento.
— Albert Einstein
La riqueza de la información viene de la mano de la pobreza en la atención. Nuestra atención es limitada y los libros disponibles son prácticamente ilimitados. Es cada vez más importante el aprender buenos hábitos de gestión de la información. Para muchos, los libros son la principal fuente de información y conocimiento. Necesitamos maneras de gestionar la avalancha.
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Lo que sigue son tres principios referentes a la lectura de libros cuando el fin es obtener información y conocimiento; es decir, cuando leemos como un instrumento para un fin, no como un fin en sí mismo. No son principios aplicables a la lectura por simple placer o entretenimiento. Excluyo por tanto el ámbito de la literatura.
Principios de la lectura minimalista
Principio nº 1. Activa lo que lees.
Lo que lees es inútil si no lo conviertes en algún tipo de acción.
El conocimiento desconectado de la acción es un conocimiento inerte. Hemos de procurar activar lo que leemos tan pronto como sea posible, incluso en el mismo acto de la lectura.
Parto de la base de que leemos para obtener conocimiento e información. Ese conocimiento o información solo será eficaz si encuentras manera de activarlo, de convertirlo en algún tipo de acción que tenga que ver con tus intereses, proyectos, necesidades.
Principio nº 2. Lee lo menos posible
Haz todo lo posible para no leer libros y para leer lo menos posible de cada libro.
Los libros son solo una de las muchas maneras en que puedes aprender algo. Según lo que desees aprender y la fase del aprendizaje en la que te encuentres, puede ser o no ser la mejor manera de aprenderlo.
Si lees un libro, has de hacerlo por una buena razón. Todo el tiempo que dedicas a la lectura de un libro es tiempo que no dedicas a pensar por ti mismo, hablar con gente, a emprender proyectos, a leer otros libros más importantes, a descansar, a escribir, a reflexionar, a solucionar problemas, a pintar, a jugar, a crear, a pasear, a descansar, a incubar ideas.
Principio nº3. Lee orgánicamente
Todo libro o texto extenso forma parte de una red de textos y significados más amplio.
Un libro no tiene una realidad aislada. Un libro no es más que una parte de la red de conocimiento. No es el Santo Grial. No tiene entidad propia. Se relaciona con otra red de textos, tiene una historia, se debe a otros textos. Nació en una comunidad de práctica y en una cultura más amplia de la que forma parte. Un libro se define por sus conexiones: por los textos de los que bebe, por los lugares a los que apunta, por los fines que persigue, por las personas que lo escriben y lo leen.
En un próximo artículo expondré reglas operativas que permitirán aplicar estos principios a la lectura de libros y textos largos.
En España esta comedia dramática se tituló Up in The air El título en hispanoamérica es más azucarado: ‘Amor sin escalas’. Ryan Bingham, interpretado por George Clooney, es un consultor de una empresa que se especializa en comunicar las reducciones de plantilla a los empleados. Hace un trabajo que para la mayoría sería molesto: comunicar al despedido que «tienen que dejarle marchar» («let it go»), como se dice eufemísticamente en inglés, y los términos del finiquito: el seguro y la indemnización.
La película es de 2009, poco después de la crisis financiera y el comienzo de la recesión económica mundial. Algunas empresas en crisis han externalizado los despidos y han contratado los servicios de la empresa de Ryan, convirtiendo la operación de despedir en un trámite, aunque no indoloro, sí rápido y expeditivo.
Si no habéis visto la película, os recomiendo que la veáis antes. Después, si os ha entretenido y parecido interesante, podéis seguir leyendo mi artículo, una interpretación y reflexión sobre la película desde el minimalismo existencial.
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El trabajo de Ryan le lleva a viajar por todos los Estados Unidos. Se desplaza a las empresas en crisis y despide gente. Se reúne con las personas en cuestión, que generalmente se encuentran desconocedoras de su suerte, y nuestro consultor les comunica el despido sin rodeos, frontalmente, cara a cara. Las reacciones son de todo tipo: tristeza, ira, resignación, culpa, etc., pero él sabe manejarlas con profesionalidad.
Viaja tanto que ha acumulado incontables puntos de pasajero frecuente y su gran ambición es alcanzar la marca de los 10 millones de millas, que le otorgarán un título especial y cientos de miles de millas gratuitas para volar por el mundo.
¿Qué hay en tu mochila?
Además de su trabajo como despedidor profesional, Ryan es también un conferenciante, una especie de gurú o apóstol del minimalismo como estilo de vida en una variante ciertamente extrema, como enseguida veremos.
Podría ser una especie de exitoso Tim Ferris — otro experimentador con el diseño de vida, el autor de La semana laboral de 4 horas— en versión consultor, que convierte su forma de vida en una filosofía práctica y que seduce a un público con la promesa de una vida más ligera, emocionante y aventurera.
¿En qué consiste la teoría de la mochila? En sus conferencias ilustra el concepto con una mochila física. Pide al público de sus cursos que la llenen metafóricamente con todas las cargas materiales de la vida: automóvil, cajones, ropa, vivienda, electrodomésticos, colecciones, etc. El peso resultante es grande, gigantesco. Eso es lo que ocurre en nuestra vida diaria: cargamos nuestra rutina de un peso que nos asfixia y difícilmente podemos soportar.
Y como «moverse es vivir», la solución es eliminar toda esa carga. Lo ilustra quemando delante del público la mochila metafórica con todo el peso de sus vidas.–
Las relaciones son la carga más importante de la vida
Pero hay un peso más importante todavía, no físico, pero igual de real. Las relaciones personales son lastres que nos quitan movilidad. Las relaciones generan expectativas de los demás sobre nuestro comportamiento y nos ponen cadenas. De ellas también hemos de librarnos.
[…] Sientan el peso en su mochila. Puedo asegurarles que las relaciones son la carga más pesada en su vida». […] ¿No sienten todo ese peso clavándose en sus hombros? Todas esas negociaciones, discusiones, secretos y compromisos. No necesitan cargar con eso. ¿Por qué no dejan la mochila?
Con una frase resume su modelo del mundo y de su propia existencia:
[…] Si nos movemos despacio, morimos rápido. Nosotros no somos cisnes, sino tiburones.
Predica con el ejemplo y usa una pequeña maleta en todos sus viajes, que son innumerables. Parece amar su trabajo, siempre en el aire, siempre tomando un avión o aterrizando en algún aeropuerto, pasando uno o dos días en una ciudad, despidiendo a un puñado de gente, y volando hacia otro destino.
Se convierte en un acumulador profesional de puntos y lo lleva a gala. Su vida personal es un perfecto reflejo de la teoría de la mochila: no está casado ni tiene novia, y se conduce como un conquistador que tiene relaciones fáciles y rápidas. Tiene una hermana que está a punto de casarse, pero aparte de ella no tiene más vínculos emocionales
Vive en un pequeño apartamento que pisa solo los fines de semana y que tiene una estética tan minimalista y despojada de objetos como su propia vida: casi vacío, de color blanco, sin muebles.
Esta es su vida. Parece que puede continuar así indefinidamente. Hay una perfecta coherencia entre su filosofía de vida y su profesión, sus relaciones personales y su personalidad. Su vida es una serie de despidos, aventuras de una noche y aeropuertos y una ligereza alegre no exenta de cinismo en la que aparentemente se siente como pez en el agua.
El cambio es lo único permanente
Y un día el cambio llega también a su negocio. Han decidido asignarle el trabajo de enseñar el trabajo a una joven consultora, Natalie, que se encargará de crear un grupo de despedidores a distancia. Ya no tendrá que viajar por todo Estados Unidos para despedir a la gente y la operación se hará virtualmente a través de Internet.
Pero para ello la consultora tiene que familiarizarse con el trabajo de Ryan. Le acompaña por todo Estados Unidos. En el primer viaje, le alecciona sobre su el exceso de equipaje y sobre cómo pasar los controles de equipaje lo más rápidamente. Por ejemplo, hay que evitar las colas con gente mayor y hay que buscar la cola donde estén los asiáticos, porque son rápidos y eficientes.
Natalie observa la forma de trabajar de Ryan, que está muy satisfecho con su estilo de vida. Encuentra desasosegantes algunas situaciones cuando en las entrevistas de despido los empleados se echan a llorar o reaccionan emotivamente y empieza a sentir las contradicciones de este trabajo y estilo de vida. En una especie de ironía del destino su novio la abandona mediante un mensaje de texto en el móvil.
Ryan encuentra su alma gemela
Ryan, por su parte, conoce a otra pasajera frecuente, una ejecutiva, Alex, con la que inicia una relación de encuentros casuales durante viajes de trabajo. En ella parece encontrar su compañera ideal, tan libre, independiente y desapegada como él mismo.
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Ryan empieza a sentirse más y más unido a Alex y la invita a pasar un fin de semana con motivo de la boda de su hermana, donde resuelve una situación complicada cuando el novio tiene dudas y él es capaz con sus dotes persuasivas de convencerle de las bondades de una relación a largo plazo.
Quizá motivado por este episodio y su propio discurso improvisado sobre la importancia de la vinculación íntima con otras personas, empieza a cambiar: en una de sus conferencias motivacionales, abandona la sala sin dar explicación: ha dejado de creer en su filosofía de vida.
Corre a buscar a Alex a su casa, toma un vuelo, ha visto la luz. Está a punto de encontrarse con su amada en una típica escena de película romántica donde los dos enamorados terminarán fundiéndose en un beso.
Llega a la casa, toca el timbre, y… chasco. Alex está casada, tiene niños, y no está interesada más que en una relación esporádica con él. Se encuentra con una versión femenina de sí mismo.
Ryan vuelve a su vida anterior
En el viaje de vuelta en pleno vuelo, Ryan recibe al final el preciado premio por haber completado los 10 millones de millas, El comandante del avión le entrega el galardón y la tarjeta certificadora de su hazaña, pero la recibe ya con poca emoción. El comandante le pregunta que de dónde es, y él responde: «De aquí».
Mientras tanto, una mujer a la que despidió hace tiempo se suicida. Ryan ni siquiera recuerda a la mujer que en su momento despidió. El programa de teledespidos se suspende y Natalie abrumada abandona el trabajo.
Ryan envía una encendida carta de recomendación para Natalie para un puesto en otra empresa. Retoma su vida habitual y continúa con su trabajo anterior. La escena final es la de Ryan en el aeropuerto dejando su equipaje y tomando un nuevo avión.
No hay moraleja obvia
De esta película, entre otras cosas, me gusta que no hay moraleja evidente ni final necesariamente feliz. El final queda abierto, como en la vida. Las cosas no terminan resueltas para el protagonista, convertido a las bondades de las relaciones personales íntimas y reformado como persona. Eso sí, como en muchas buenas historias, ha aprendido algo y evolucionado, aunque vuelva al punto de partida.
El minimalismo existencial en la versión del protagonista de la película pone el énfasis en desapego por los objetos y relaciones personales. Su mismo trabajo de despedidor es una metáfora de su desapego: sabe y puede cerrar direcciones vitales expeditivamente y nuncanizar sin escrúpulos, especialmente con personas.
Las relaciones, no nos equivoquemos, son la fuente de lo mejor y de lo peor. Como escribió Sartre: «El infierno son los otros». Si reduces o eliminas esa variable en tu vida, puedes lograr un mejor control de tus decisiones –la negociación, puede ser agotadora, como dice nuestro protagonista–, pero también te cierras a una fuente de experiencia humana no obtenible en soledad.
Ryan sintió la llamada de una relación personal estrecha, íntima y exclusiva, transmutado por la atracción de un espíritu afín, tan libre e independiente como él. Pero en este caso la decisión no era meramente individual, tenía que ser cosa de dos, no tenía el control total de la situación, y sufrió una decepción.
Ryan intenta establecer una relación más profunda y comprometida. Su cinismo quedó aparcado momentáneamente por el enamoramiento. Quizá ya estaba un poco cansado por un estilo de vida de autonomía desvinculada. Quizá, como dice el cartel de la película, era «un hombre preparado para hacer una conexión».
Pero que uno esté preparado para hacer una transición no implica que la transición esté preparada para uno. La incertidumbre, especialmente entre personas, siempre estará ahí. El protagonista quiso probar otra dirección vital. Y no tuvo éxito.
Se arriesgó y dejó a un lado su filosofía vital. Y eso está bien: las teorías sobre el mundo han de ser herramientas, no camisas de fuerza que impidan el cambio y la experimentación. Lo mismo podríamos decir de nuestro minimalismo existencial, que más que una prescripción sobre un estilo de vida, es una matriz de creación de modelos de vida posibles.
Al final, toda decisión es un abismo y solo nosotros podemos saltarlo, no nuestras teorías ni nuestras filosofías personales.
Y
Este artículo pertenece a la serie Minimalismo Existencial en el cine:
El Proyecto 26 se llevó a cabo en el plazo establecido. Durante 26 días escuchamos 26 canciones anfetamínicas todas las mañanas. Cada día sugerí una a través de twitter.
Muchas de las canciones fueron aportadas por los lectores, así que la variedad es grande.
La variedad de las sugerencias de los lectores fue todavía más grande que la mía, pero mi selección de sus selecciones redujo un poco esa variedad. Por ejemplo, el «Missä miehet ratsastaa» de Teräsbetoni, grupo de heavy metal finlandés, propuesto por nuestra adorable Mortizzia, quedó descartado, aunque ella asegurara que «no hay nada como empezar la mañana cantando en finlandés inventado».
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Mantuve el compromiso 26 días, a pesar de que algunas mañanas no me venía bien tener que entrar a twitter a poner el vínculo a la canción. Fue un pequeño ejercicio de voluntad continuada.
Ese ejercicio de voluntad durante 26 días me ha servido para entrenar la capacidad de iniciar, mantener y llevar a término pequeños proyectos con duración de varias semanas. Es habitual que proyectos personales prolongados queden diluidos o se vayan abandonando poco a poco. Sobre todo si no son prioritarios o no hay una presión externa importante para finalizarlos.
Descubrí algunas canciones o grupos totalmente desconocidos.
Escribiendo los comentarios a las canciones y seleccionando canciones de los lectores, me di cuenta de lo difícil que es quedarse sin ideas. Realmente es muy fácil conseguir ideas, propias o ajenas, lo difícil es evaluarlas y seleccionarlas.
Conseguir ideas para proyectos personales es también facilísimo. Lo difícil es elegir proyectos que sean interesantes, que te hagan avanzar, que empujen tu zona de comodidad, que estén integrados con el resto de tu vida.
Este blog es principalmente un intento de empujar las fronteras personales un poco más lejos.
Para tener buenas ideas hay que tener muchas ideas
–Linus Pauling
En mini-meditaciones propuse sustituir la meditación formal en periodos largos por pequeñas meditaciones de segundos o escasos minutos a lo largo del día.
Sugerí cuatro posibilidades. En este artículo sugiero diez decenas más.
Os pido que al final del artículo me aportéis al menos una mini-meditación adicional. Es justo: yo cien, vosotros una cada uno. O diez, si sois más imaginativos y audaces. O las que os plazca, que para eso tengo liberados los comentarios. Me da lo mismo que se repitan.
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Por la mañana, al encender el ordenador, y mientras estás esperando sentado a que se encienda, respiras profundamente.
El primer bocado del desayuno, comida o cena. Sientes el tacto del alimento en la lengua.
Entras por la puerta de casa. Pasado el umbral sientes el equilibrio de la cabeza sobre el cuello.
Suena el teléfono. En vez de apresurarte a responderlo, haces una respiración profunda consciente.
Al abrir una puerta observas detenidamente el giro de la llave.
Cuando esperas a que llegue el ascensor, sientes el peso del cuerpo sobre los pies.
Estás andando por la calle. En cualquier momento, te fijas en el movimiento pendular de los brazos.
Escribiendo en el ordenador. Pones el foco en el movimiento de los dedos mientras tecleas una frase. Como observador de los movimientos musculares simplemente.
En cualquier lugar y momento. Prestas atención al sonido más lejano que seas capaz de percibir.
Estás bebiendo un vaso de agua. Sientes el frescor del agua en la boca.
Sentado en una silla, enfocas la atención en el roce del respaldo sobre la espalda.
Delante de la pantalla del ordenador. Escuchas el sonido del teclado mientras escribes.
En cualquier momento, en cualquier lugar, paras y respiras profundamente tres veces.
Nada más entrar al coche y antes de encender el motor. Haces dos respiraciones conscientes.
Estás en la cola del supermercado. Observas los pensamientos y emociones mientras esperas.
En cualquier momento, fijas la atención en el codo derecho y «escuchas» lo que sientes.
Mientras andas o estás sentado, sientes la inclinación del cuello y el peso de la cabeza.
Cuando has salido a correr, en vez de encender el iPod, te centras durante un minuto en las sensaciones de los pies golpeando la tierra o el asfalto.
Programas mindfulnessbell para que suene cada cierto tiempo. A la manera de los monjes budistas, cuando suene dejas de hacer lo que quiera que estuvieras haciendo respiras profundamente un par de veces y te centras en ser, en vez de hacer, en el aquí y el ahora. Después retomas tu trabajo.
Sientes un picor. Observas con curiosidad el impulso de rascarte, lo inhibes y toleras el picor hasta que finalmente desaparece.
Estás intentando dar con una idea. Fijas la mirada en un punto de la pared y no piensas en nada.
Estás viendo la televisión. Quitas el volumen y durante tres minutos te fijas en los gestos de las personas que aparecen en la pantalla.
Ves a una persona de aspecto peculiar en la calle. Observas tu reacción emocional y las palabras que te dices.
Alguien dice algo que no compartes. Sientes la tensión en tu mandíbula o en cualquier otro lugar donde se manifieste.
Estás en el dentista haciéndote una limpieza y sientes el torno en los dientes. Observas la tensión de tus manos o en los ojos apretándose o en la mandíbula.
Estás en una conferencia, observas detenidamente el aspecto del conferenciante, sus movimientos, sus gestos, su mirada, la forma en que va vestido. Intentas centrarte en los detalles y en las sensaciones que la persona suscita.
Por la mañana, después de servirte la taza de leche o café. Sostienes la taza entre tus manos y durante unos segundos sientes su calor sobre tus dedos.
En cualquier momento o lugar, sin intentar cambiar nada, observas una de tus respiraciones.
Vas a acceder a un edificio oficial y hay un torno. Lo atraviesas y sientes la presión del torno sobre tu cuerpo.
Hay una conversación en la habitación de al lado. Durante unos segundos sientes el runrún o musicalidad de la conversación sin preocuparte de las palabras.
Por la mañana, nada más levantarte, sientes el agua fría o caliente sobre tu cara.
Miras el teclado, fijas la mirada en la esquina superior izquierda, alrededor de la tecla de escape, y observas las motas de polvo u otras partículas que se acumulan.
Comienzas a leer un libro. Lo abres por cualquier página y acercas tu nariz para percibir el olor de las páginas de un libro nuevo.
Estás cansado de leer una lista interminable. Paras cinco segundos y disfrutas de la sensación.
Estás cansado de leer una lista interminable. Tomas una hoja de papel o abres un documento de texto en tu escritorio y escribes tu propia lista de quince elementos. Luego compruebas si esos elementos estaban en la interminable lista del autor que estabas leyendo.
Vas a salir a correr y te estás poniendo la zapatilla derecha. Te centras en observar la automaticidad y agilidad con la que te anudas los cordones.
En cualquier momento y en cualquier lugar, acercas las yemas de tus dedos a la palma de la mano y te concentras en la sensación del roce cosquilloso sobre la piel.
Estás andando. Sientes durante unos instantes el movimiento del aire sobre tu piel, por ligero que sea, aunque estés en un lugar cerrado o no haya nada de viento, ni una ligera brisa.
Tienes hambre, estás ya sentado a la mesa, a punto de devorar el primer plato. Te retienes un instante y sientes la salivación preparatoria.
Estás paseando por el parque. Escuchas el ruido de la arena producido por tus pisadas.
Enciendes o apagas una lámpara. Escuchas el clic.
Estás incómodo en la silla. Te vas a acomodar. Inhibes el movimiento. Sientes los puntos de tensión en la espalda durante diez segundos. Entonces te acomodas.
Te acabas de lavar las manos con jabón. Acercas el dorso de una mano a tu nariz y disfrutas del olor a limpio.
Acabas de leer una frase o un párrafo inspirador. En vez de precipitarte en busca del siguiente, cierras el libro, haces una pausa y dejas que el sentido de lo que has leído reverbere en las bóvedas de tu cráneo y se expanda en asociaciones no forzadas.
Tomas una hoja de papel y escribes una frase, la que sea, sintiendo el roce del lápiz en el papel.
Abres la puerta de un armario viejo y sientes el crujir la madera y las bisagras.
Cierras un cajón y te enfocas en sentir la sensación del cajón encajando totalmente en su hueco.
Remueves el azúcar en el café y disfrutas del tintineo de la cuchara sobre el vaso o la taza.
Tomas un posavasos y recorres con un dedo toda su circunferencia.
Es de noche, son las cuatro de la mañana. Durante unos minutos intentas localizar el mayor número de sonidos posible.
Con el dedo dibujas una letra muy grande imaginaria en el aire, como si estuvieras en clase de tai chi.
Te estás cortando las uñas. Cada vez que te deshaces de una sientes una parte de tu cuerpo separándose de ti.
Estás ante una pared pintada al gotelé, acercas una mano y durante diez segundos acaricias la pared.
Estás en el autobús. Cierras los ojos y sientes la aceleración, la presión del asiento sobre tu espalda, el bamboleo y cambio de marchas del autobús.
Estás intentando dar con más ideas para un informe y no aparece ninguna. Haces una pausa y observas la sensación de querer obtener ideas y sentir que el pozo mental está seco.
Te acabas de levantar y estás bajo la ducha intentando desperezarte. Sal de tu cabeza y siente el agua resbalar sobre tu piel.
Es verano y es un verano seco, pero echas de menos el sonido de la lluvia y la tormenta. Entras en SimplyRain y escuchas durante unos minutos el repiqueteo de la lluvia y el retumbar de los truenos.
Entras en un bar o local desconocido por ti. Dejas de hablar contigo o con otras personas y sientes la sensación que la atmósfera suscita en ti.
Abres un libro de haikus o buscas uno en la red. Tomas uno al azar y lo lees. Durante tres minutos te quedas con él. Lo lees. Lo reposas. Lo relees. A ser posible no lo pienses, dejas que genere asociaciones por sí mismo sin intelectualizarlo demasiado.
Buscas todos los objetos de color rojo en el lugar donde te encuentras y te recreas en la diversidad de matices del rojo.
Estás al aire libre. Tomas un objeto cualquiera y te fijas en la forma en que los rayos del sol se reflejan en él.
Acaba de llegar un nuevo tweet. Ves el número indicador de nuevos tweets «1 nuevo tweet». Observas el impulso de cliquear. Disfrutas del placer de negarte el capricho.
Pides a tu mente que genere una palabra al azar. Te entrega casi inmediatamente la palabra. Por ejemplo, «sinagoga». La pronuncias pausada y entrecortadamente, como si fueras Humbert Humbert pronunciando Lolita : si-na-go-ga. Sientes la sibilante ese, la nasal ene y la pareja de ges acercándose al velo del paladar.
Cuando abres una puerta lo haces con mucho cuidado, giras el pomo con extremo cuidado y lentitud y cierras sin hacer ruido.
En medio de la jornada laboral, en cualquier momento, o entre pomodoro y pomodoro, te levantas y miras a lo lejos a través de una ventana sin pensar en nada en especial.
Te sientas en la silla con plena conciencia de tus movimientos.
Estás en un gran almacén. Te diriges al departamento donde quieres comprar algo ignorando los vendedores, los reclamos de los precios rebajados y centras tu atención en caminar por los pasillos sin desvíar tu mirada hacia otros productos.
Tomas una aceituna y durante tres minutos la observas sin comerla. La hueles, la tocas, la miras, notas sus formas.
Sales a una calle ruidosa y te centras en la variedad de sonidos. Pausadamente individualizas uno por uno los distintos sonidos manteniendo como telón de fondo el resto.
Subes un tramo de escaleras muy lentamente.
Cuando alguien dice tu nombre, demoras la respuesta y observas el efecto que tiene sobre tu nivel de activación emocional.
Oyes unos pasos en el pasillo y te fijas en su cadencia e intensidad.
Te llevas la mano al cuello y la desplazas lentamente por él durante quince segundos.
Un programa tarda en cargar. Cierras los ojos, haces una respiración y la observas. Vuelves a abrir los ojos.
Empiezas a notar la respiración acelerada y la tensión. Te das cuenta. Paras de hacer lo que estás haciendo. Te sientas. Respiras tres veces con plena conciencia.
Estás caminando y centras tu atención durante diez segundos en tu rodilla izquierda.
Tomas una naranja y pasas la mano por su superficie para sentir su rugosidad.
Estás comiendo. Te quedas delante del plato oliendo y mirando sin tocarlo.
Estás en un bar o local de entretenimiento. Cambia la canción. Experimentas la transición y el distinto tono emocional que genera.
Vas andando con ritmo algo agitado, te das cuenta. Deceleras durante unos segundos antes de volver a retomar el ritmo anterior.
Estás en un restaurante. El camarero trae el menú. Observas en tiempo real el proceso mental de decisión de los platos intentando no interferir con él.
Tomas un lápiz o bolígrafo y te pinchas en un dedo. Te quedas unos segundos observando como la sensación remite poco a poco hasta desaparecer.
En un momento cualquiera, dejas lo que estás haciendo, e intentas escuchar tu respiración sin cambiarla.
Suena a lo lejos una trompeta de celebración de un gol. Tomas nota y sigues haciendo lo que sea que estuvieras haciendo sin hacer ningún esfuerzo por enterarte del resultado.
Dejas de teclear en el ordenador o portátil y durante veinte segundos escuchas el sonido del ventilador. Llevaba ahí todo el día, pero ahora te das cuenta.
Saludas a alguien dándole la mano y te centras en la fuerza del apretón y la tonalidad emocional que ha transmitido con ese apretón de manos. Pero no intelectualizas o conceptualizas lo que has sentido. Lo dejas ahí.
Tomas un lápiz y sobre una hoja escribes el símbolo @ con cuidado extremo, como si de tu precisión en el trazo dependiera el futuro de la humanidad.
Te cepillas los dientes. Por una vez, observas el giro de muñeca mientras dura la operación.
Escribes una larga lista como esta para resolver un problema o para generar opciones con un fin concreto: encontrar trabajo, aumentar las ventas, diseñar productos, etc. Escribiendo esta lista he experimentado un efecto de enfoque y calma general que es propio de los estados de meditación.
Durante unos segundos te centras en escuchar el viento moviendo las persianas de tu habitación.
Paseas por un parque público, te sientas en un banco. Cierras los ojos mientras el sol te acaricia la cara.
Tomas una hoja de cualquier planta y durante cinco minutos la observas en todos sus detalles como si fuera la primera vez en tu vida que ves una hoja.
Te subes a un columpio en un parque infantil y te balanceas durante tres minutos dejándote llevar por la repetición y el movimiento.
En el gimnasio, en cualquier aparato, te comprometes a hacer una serie de ejercicios con perfecta concentración.
Estás en la cama a punto de acostarte. Recuerdas una cosa buena que te haya ocurrido en el día con todos los detalles posibles.
Acabas de despertarte pero estás todavía en la cama. Te pones boca arriba, estiras los brazos y las piernas y permaneces dos minutos antes de levantarte sintiéndote descansado tras 7 horas de sueño.
Escuchas música, a ser posible un fragmento instrumental, evitas hacer nada más, te centras en la música y las sensaciones que produce.
Estás en el autobús en un día lluvioso junto a la ventana. Observas acríticamente las gotas de agua reptar por el cristal y vibrar hasta desprenderse.
Haces un sudoku sencillo. El mundo se convierte en una cuadrícula de números entre el 1 y el 9.
Tomas un trozo de arcilla y durante unos minutos te recreas en su maleabilidad y el roce sobre tu piel.
Este es un artículo que en el momento de escribirse tiene baja probabilidad de ser publicado. Al comienzo del 2013, en la planificación del 2013, me propuse varias metas para el año. Había dos en relación a este blog.
Las metas tomaron el nombre en clave:
1000*2
1000 visitas diarias
1000 suscriptores
La primera meta se puede especificar un poco más: 1000 visitas de media diaria en la última semana del 2013.
Hay una teoría del marketing que postula que 1000 fans reales son los necesarios para que un artista pueda vivir de su trabajo. Esto puede depender del tipo de arte, pero sirve como número aproximado; no será lo mismo para un escultor que para un escritor. Pero el orden de magnitud es correcto: 100 serían demasiados pocos; 10.000 no son necesarios para poderse ganar la vida holgadamente.
Ambas metas son indicadores de que este blog habrá alcanzado popularidad y me pondrán más cerca de alcanzar los 1000 fans reales o seguidores fuertes.
No es necesario que mi trabajo sea bien recibido o que apunte hacia las masas. Basta con que encuentre mi audiencia, o –si soy más congruente con los principios de mi marketing minimalista— que la audiencia me encuentre a mí. He de centrarme en producir contenido de calidad y esperar que poco a poco me vaya acercando a la mágica cifra de los 1000 lectores.
Razones para no desvelar mis metas
En el principio del artículo digo que no espero publicar este artículo. Y hay varias razones para ello:
Siento que un objetivo cuantificado en términos de visitas y suscriptores me puede alejar del trabajo en sí. Es posible que empiece a dedicar más tiempo a pensar sobre cómo obtener lectores que a escribir contenido que merezca la pena leerse.
Un objetivo tan «empresarial» rechina en el contexto de un blog minimalista. Creo que aunque puede no ser muy negativo que los lectores sepan que tengo metas de este tipo, no va a ayudar tampoco.
Hay un peligro de que mi motivación sufra. Si pongo el foco en algo externo –y hasta cierto punto bastante azaroso–, es probable que las recompensas que obtenga de ir acercándome al objetivo aumenten mi motivación extrínseca, pero reduzcan mi motivación intrínseca, mi disfrute del mantenimiento de un blog.
Otro peligro motivacional es que el hecho de hacer pública mi determinación de alcanzar estas metas, por paradójico que parezca, reduzca el esfuerzo que dedico al blog. Me explico: es posible que el hecho de anunciar una meta genere la falsa sensación de que he dado un importante paso, de que estoy más cerca de alcanzar la meta, y paradójicamente, por pensar eso, reduzca el nivel del esfuerzo. Quizá, como dijo Nietzsche, las promesas más fuertes se hacen en silencio, y sea conveniente llevarse la mano a la boca antes de airear nuestras intenciones. El silencio forma parte de la fuerza de la promesa. Mi promesa no es conseguir la meta, sino el esforzarme al máximo por lograrla.
Con las ideas me ocurre lo mismo que a un viejo caballero con sus amantes: cuanto más locas, más las amo.
–Lord Byron.
La idea loca, al igual que la mujer con desafíos mentales, es el juego más peligroso. Requiere derrochar energía. Exige lealtad. Es un juego del todo o la nada. De suma infinita positiva o de suma infinita negativa. Es un juego serio. Nos alienta. El espíritu se pone alas. Por jugar con la alocada nos quedamos sin suelo. Si sueldo. Sin asas. Sin alma. Punzamiento y embeleso.
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¿De qué color son las rosas?
No pueden ser blancas. La pureza del amor por la mujer más loca nunca puede ser de color virginal, aséptico o sanitario.
Tampoco pueden ser rosas amarillas. En el amarillo de la amistad y la luz que todo lo deja ver falta el aliento de la mujer con la mente derramada. Falta también la sensación de precipicio que toda idea loca alumbra.
Y no sé si hay rosas negras, quizá en las tumbas o en los hastíos. O en las bodas de los góticos. O en la casa de la Familia Adams, donde el padre una vez desesperó por no ser capaz de fracasar tan a menudo como deseaba. Las rosas negras van junto a labios pintados de morado o de algo más oscuro. La rosa regalada nunca puede ser negra, porque a pesar de todo hay resplandor en la locura.
No, el tipo de rosas que merece la idea loca es la rosa roja, en solitario o en compañía de otras. Quizá en compañía de otras, porque la loca es multitud y el día en que quieras conducirla al patíbulo y hacer correr su sangre los noticiarios hablarán de ejecución en masa.
A dónde te conduce la más loca
y entonces llega el día en que encuentras a la más loca de todas, y corres en busca de las rosas rojas, siempre con espinas, como el verdadero amor que es único y múltiple, y sales de tus lugares comunes, de la molicie de la vida arrutinizada, y despegas como un vencejo que abandona el risco y te diriges a la idea palpitante, al corazón oscuro, y te elevas como nunca antes, alentado por la brisa de la promesa y por el vendaval del deseo; y todos tus puntos cardinales se reconcilian en un solo polo norte magnético y te lanzas en picado, y tu espíritu se arroja abarrenado hacia lo nunca hecho
y la alocada de labios rojos te da a beber del cáliz de su boca jurando acabar para siempre con todos los hastíos, y te lanzas a lo desconocido y atisbas lo peormejor, pero ya no importa, porque el temor ha mutado en temblor y todas las naves se queman tras de ti, y sientes el silencio de lo que nunca más volverá y barruntas el pozo incierto de lo que está al llegar
y al final de todo, de la caída, después de la ascensión buscando el fuego de las diosa, volver sobre tus pasos y remontar el curso del río, como el salmón que retorna a la montaña a morir en el arroyo en que nació, más viejo pero no más sabio, pero sí más pleno
y pasas el resto de tus días añorando a la loca más loca de labios tiernos que te inundó de gozo, que aceptó tu rosa roja de sangre, que te dejó para siempre o casi siempre con el alma en cabestrillo
Un lector minimalista de este blog preguntó una vez a Homo Minimus: «Maestro, ¿cómo puedo convertir a mi mujer al minimalismo?».
El maestro se quedó mirando fijamente la taza mientras removía los posos del té con la cucharilla. Pasaron unos segundos –que al novicio se le antojaron minutos– en que solo se escucharon los chirridos de los grillos en la noche y el tintineo del metal sobre la porcelana. Una sonrisa infinitesimal se esbozó en la comisura de los labios del escritor de blogs.
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Finalmente, Homo Minimus levantó la mirada, se incorporó con un inopinado salto que hizo temblar la mesita, y ya de pie profirió un alarido que retumbó en toda la estructura de bambú: «¡¡Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!».
El corazón del novicio dio un vuelco y su mirada congelada, como la de un venado deslumbrado por los focos de un camión en la noche, se clavó en los ojos del maestro.
Homo Minimus miró al discípulo de manera inexpresiva. Sin atisbo de emoción. Se dio la vuelta con extraña parsimonia, y salió de la estancia.
El lector del blog, perplejo por la reacción de su guía espiritual, quedó meditabundo delante de la mesita con el té derramado y se sirvió un vaso de sake. Tras unos minutos de desconcierto, consideró que necesitaba más tiempo para asimilar el suceso. Apuró el vaso de coraje líquido, se levantó, tomó su cojín de meditación y lo acomodó en una esquina del dojo. Apagó todas las velas excepto una, y la estancia quedó en penumbra.
Se sentó asumiendo la posición del loto. Fijó su mirada en la pared y entornó los ojos. Imágenes de su esposa y de mil episodios domésticos le aseteaban en rápida sucesión como un enjambre de avispas mentales. El teatro del absurdo de su vida pasaba vertiginosamente por su mente: el día que la conoció y le rozó el dorso de una mano, escapadas de fin de semana con cuatro o cinco maletas, noches de amor y temblor, la suave piel y el olor a jazmín del pelo de su amada, las estanterías atestadas de adornos, el olor a tierra mojada mientras se besaban bajo la lluvia…
Una sensación cálida y confortante, que atribuyó al sake, se apoderó de él.
El minimalista proselitista, ajeno a la sombra que había aparecido en la pared, los grillos de la noche y el aviso de notificación de un nuevo correo en su smartphone, terminó sumiéndose en un profundo estado contemplativo.
Aunque había logrado retomar la mente en blanco mientras esperaba el satori del entendimiento, de repente algo le inquietó. Un perceptible temblor le acometió y recorrió su espina dorsal. La pregunta obsesiva volvió a retumbar en la bóveda de su cráneo: «Pero maestro, ¿cómo puedo convertir a mi mujer al minimalismo?»
Entonces oyó un fiuuuuuuuu que cortó el aire tras su espalda, y enseguida sintió un terrible y agudo dolor en el hombro derecho. Solo acertó a emitir un sordo quejido.
Se dio la vuelta, dolorido, sin levantarse. Alzó la mirada y allí estaba Homo Minimus, en la penumbra, inmóvil, con una vara de bambú todavía cimbreante.
El marido minimalista, mirando de abajo arriba, juntó ceremoniosamente las palmas de sus manos en posición de rezo, bajó la cabeza, cerró los ojos y, con un rictus de dolor, susurró: «Gracias, maestro.»
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Algunos términos útiles para comprender la parábola:
Mu – (japonés/coreano), Wu (chino tradicional:無, simplificado: 无 pinyin:wú), Vô (vietnamita) es una palabra que toscamente puede ser traducida por “ninguno”, “sin”. Aunque se usa como prefijo para indicar la ausencia de algo (ej., 無線 musen para “inalámbrico”), es más conocida por ser la respuesta de ciertos koanes y otras preguntas de la tradición budista zen para indicar que la pregunta a la que se responde es incorrecta, y, posteriormente, por haber sido reciclada en el folclore esotérico hacker como respuesta a otras preguntas del estilo de la falacia de las muchas preguntas.
El famoso kōan Mu es como sigue: Un monje preguntó a Zhaozhou, un maestro zen chino (en japonés, Jōshū): “¿Tiene un perro la naturaleza de Buda o no?”, Zhaozhou respondió: “wú” (en japonés, Mu).
La palabra Keisaku puede ser traducida como Vara de alarma o estimulante. En Soto Zen, el Kyosaku se utiliza a petición de quien medita, quien arquea la cabeza y hace la señal de Gassho con las manos exponiendo después cada hombro para recibir los golpes.
En el Zen Rinzai, la vara se pide de la misma forma, pero puede ser también utilizada a discreción del Ino, la persona encargada de esta tarea en la sala. Incluso en estos casos, no se considera un castigo, si no un revigorizante para quien medita, que puede estar cansado de tantas sesiones de zazen. http://es.wikipedia.org/wiki/Keisaku
Aquí podéis ver una foto: http://photo.net/photodb/photo?photo_id=1096776
Dojo – Lugar de meditación y práctica del Budismo zen, y de las artes marciales tradicionales del Japón, o gendai budo http://es.wikipedia.org/wiki/Dojo
Posición del loto – Una postura sentada con las piernas cruzadas: cada pie ubicado encima del muslo opuesto. En el hinduismo y el budismo está relacionada con la práctica de la meditación.http://es.wikipedia.org/wiki/Posici%C3%B3n_de_loto
Smartphone – Un teléfono inteligente, también denominado teléfono táctil (smartphone en inglés) es un teléfono móvil construido sobre una plataforma informática móvil, con una mayor capacidad de almacenar datos y realizar actividades semejantes a una mini computadora y conectividad que un teléfono móvil convencional. http://es.wikipedia.org/wiki/Smartphone
El primer hábito es fundacional: te proporcionará la experiencia y energía suficiente para construir otro conjunto de comportamientos saludables en tu vida. Es tu campo de pruebas en materia de creación de hábitos. Los resultados que obtengas serán visibles en un tiempo razonable: los emocionales, inmediatamente; los físicos, en el medio y largo plazo.
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Hacer ejercicio físico moderado todos los días
El ejercicio físico es uno de los pilares de la salud física. Es la base sobre la que se asienta la energía emocional, la mental y en última instancia la espiritual. En esencia, se trata de moverse, de aumentar el nivel de actividad diaria y evitar el sedentarismo. Andar todos los días un tiempo mínimo puede ser suficiente.
No vamos aquí a repetir todos los beneficios del ejercicio físico (gracias a Flames por el excelente enlace), pues es un lugar común, aunque poco visitado.
Las guías son:
Hazlo muy simple. No unas al ejercicio a una ropa especial, unas instalaciones especiales o un deporte concreto. Yo elijo el andar o el correr. Pero puede ser cualquier actividad que te ponga en movimiento: bailar, nadar, bicicleta, hacer juegos malabares. Y si es una combinación, todavía mejor. Para mí andar o correr es lo más simple porque el equipo es mínimo y lo puedo hacer en cualquier lugar a cualquier hora del día.
Ponte un mínimo: mi mínimo es 10.000 pasos. Estos pasos incluyen los que hago a lo largo de todo el día, no solo los que hago al correr o al pasear. Hay estudios que muestran que esos 10.000 pasos pueden ser una meta razonable de mantenimiento de la salud física. Son el equivalente a unos 8 kilómetros.
Puesto que lo que no se mide, no se controla, es importante monitorizar el nivel de actividad y escoger una métrica. Yo llevo siempre en el bolsillo un podómetro, que podéis adquirir por menos de 10 euros.
Dependiendo de tu nivel de partida puedes elegir una cifra inferior. Lo esencial es que sea una cifra que quieras y puedas mantener ocurra lo que ocurra en tu vida. Un mínimo innegociable.
Aprovecha tus actividades cotidianas para alcanzar ese mínimo: bájate dos paradas antes en el autobús, bájate en el ascensor en el sexto piso si vas al octavo, en tus descansos en el trabajo aprovecha para estirarte, hacer cortos paseos, etc.
Atención plena
El segundo hábito que te cambiará la vida es el de la plena presencia o la atención plena. Sobre esto hay cientos de millones de palabras escritas a lo largo de milenios.
Te permitirá pasar más tiempo en el presente, menos tiempo anticipando y menos tiempo lamentándote del pasado. Aumentarás la conciencia de tus estados mentales: pensamientos, emociones, impulsos. Desarrollarás un potente Yo observador. Estarás más conectado contigo y también con los demás.
Prefiero cultivar la atención plena a través de las mini-meditaciones en vez de la meditación formal tradicional: esta última proporciona una estructura ritualizada para el entrenamiento de la atención que cuesta transferir a la vida cotidiana.
Tu memoria de trabajo, estados de ánimo, bienestar, rendimiento intelectual, empatía, autoconciencia y capacidad de autorregulación se verán tremendamente beneficiados. Empezarás a conjugar el tiempo presente como el modo por defecto de tu existencia. Harás breves incursiones al pasado, para revisarlo, reflexionar y obtener enseñanzas; y al futuro, para planear, anticipar, y organizar tu vida.
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Hazlo simple. Olvídate de técnicas esotéricas y escuelas milenarias o estructuras metafísicas complejas. Aunque tienen su valor y algunas son respetables, no son imprescindibles; en ocasiones, son contraproducentes, pues corres el riesgo de empantanarte en creencias morales, en teorías sobre la sociedad y el universo. El budismo no es más que una tradición de la meditación, y no podemos decir que la meditación sea budista más que lo que podemos decir que la ley de gravitación universal sea inglesa.
Empieza con acciones mínimas. Recomiendo la práctica de las mini-meditaciones. Unos segundos de plena presencia mientras haces una o dos respiraciones en cualquier momento del día. Saborear el primer bocado de cada comida o el andar por la calle durante unos segundos siendo consciente del balanceo de tus brazos. Esto es suficiente. Es muy sencillo, es fácil crear un hábito con estas pequeñas prácticas. Poco a poco se irán acumulando.
Aprovecha tus actividades cotidianas. Tu campo de práctica es tu vida, no el dojo, el monasterio o tu cojín de meditación Zen. Con el tiempo, de manera natural, la atención plena se irá expandiendo y te encontrarás más y más presente en tu propia vida: empezarás a estar en la ducha cuando estás en la ducha, en vez de en la primera reunión de la mañana; en la conversación, estarás al 100% en las palabras, la mente y las emociones de la otra persona, en vez de pendiente del móvil o de tus pensamientos sobre el fin de semana; en el trabajo, te enfocarás con concentración de láser en lo que estás haciendo en cada momento, entrarás en flujo, o en «la zona», con mucha más asiduidad.
Hacer lo que determines hacer
Coraje es hacer lo correcto sin importar cómo te sientas.
–Dr. Paul
El tercer hábito es el de hacer lo que has determinado que vas a hacer en el momento, el lugar y en el modo en el que has resuelto. Es la capacidad de prometerse a uno mismo y hacer honor a esas promesas. Este hábito te pondrá en el asiento de conductor de tu propia vida. Desarrollarás tu sentido de agencia. Serás capaz de planear y de comprometerte contigo mismo.
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Paradójicamente, a muchos nos resulta más fácil hacer promesas a los demás y cumplirlas, que hacérnoslas a nosotros y cumplirlas. El compromiso con los demás, con la empresa, con tu equipo de trabajo, incluye un sistema de premios y recompensas casi inmediatos que no incluye el compromiso con uno mismo.
La capacidad de hacer promesas y de cumplirlas creará estructura en tu vida, te volverá previsible, y te permitirá hacer planes con más garantía de cumplimiento. Al menos habrás removido parte de la incertidumbre de la ejecución, sabrás que siempre puedes contar con tu yo futuro. Con el tiempo desarrollarás una reputación ante ti mismo y los demás de persona digna de confianza, cumplidora, y con la que se puede llegar a acuerdos y colaborar.
Muchos problemas de índole emocional, mental y social tienen que ver con la incapacidad para mantener nuestras determinaciones y autorregularnos. Entre ellos:
Las adiciones
La impulsividad
La procastinación
El fracaso académico
La dificultad de mantener la atención
El exceso de peso, los malos hábitos alimenticios
El hedonismo radical, que privilegia el presente sobre el futuro
La incapacidad de sostener el esfuerzo una vez iniciado un proyecto
El abandono de nuestras ilusiones y actividades y la volatilidad de nuestro comportamiento
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La dificultad nunca o casi nunca está en la falta de conocimiento; si no lo tienes, lo puedes buscar; la verdadera dificultad está en saber lo que debes hacer, lo que es correcto, y no hacerlo.
La capacidad de hacer honor a las promesas personales es la marca que diferencia al hombre del niño.
Guías:
El concepto es tremendamente simple. Es un hábito sencillo de comprender, pero terriblemente difícil de lograr en la vida: ser una persona que hace lo que dice que va a hacer, sin importar como se siente en el momento en que hay que actuar.
Fortalece tu fuerza de voluntad gradualmente. Empieza con pequeñas cosas, creando hábitos sencillos; por ejemplo, sé puntual en todas tus citas. Jamás pongas excusas. Las acciones más importantes del día, comprométete con ellas en el mismo día. Y sobre todo, jamás te comprometas a aquello que no crees que quieras o puedas hacer. El hábito del ejercicio físico te habrá ayudado a tomar decisiones, determinar acciones graduales y de mínimos, monitorizar tus avances e instalar comportamientos saludables y eficaces.
Aprovecha tus actividades cotidianas. Una vez más, tu campo de entrenamiento es la vida. En cada día encontrarás decenas de oportunidades de practicar tu capacidad de autorregulación y de hacer lo que dices/te dices que vas a hacer.
Piensa en algo fastidioso que debes hacer y que llevas días difiriendo, decide una fecha, momento y lugar para hacerlo. Hazlo. No tiene que ser grandioso, tiene que ser algo que requiera algo de tu esfuerzo; por ejemplo, vacíar la bandeja de entrada de correo, hacer esa llamada incómoda, barrer la cocina o hacer la declaración de la renta.
La plena presencia, que habrás desarrollado como segundo hábito esencial, te ayudará a detectar estas oportunidades de entrenamiento de tu carácter y a ser plenamente consciente de tus emociones y resistencias a hacer lo que debes hacer y has determinado hacer.
Recapitulando
Los tres hábitos que cambiarán tu vida de arriba abajo son:
Ejercicio físico. Aumentar tu actividad física hasta un mínimo innegociable, todos los días. En mi caso, los 10.000 pasos.
Atención plena en tus actividades cotidianas. Aumentar poco a poco los periodos de intensa atención y conciencia.
La habilidad de hacer lo que debes hacer y has determinado hacer en el momento en que has de hacerlo sin importar cómo te sientas. Fortalecer tu capacidad de prometer y cumplir lo que prometes.
De los 100 platos del menú, los lectores de este blog han escogido los siguientes para los próximos tres días:
Primer plato: «Los tres hábitos que cambiarán tu vida» (este jueves)
Segundo plato: «Cómo convertir a tu mujer en minimalista» (este sábado)
Postre: «Un ramo de rosas para la más loca (martes próximo)
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Sobre el segundo manjar, «Cómo convertir a tu mujer en minimalista», ha surgido una interesante polémica en la sección de comentarios que espero continúe el sábado después de la degustación del plato.
Aunque el resto de vuestras elecciones no hayan pasado a formar parte del menú de esta semana, tened seguro que las mantengo en mente y que a lo largo del año las más votadas irán apareciendo de manera aleatoria al albur de mi inspiración y la siempre imprevisible música del azar.
Quiero dejar de escribir para mí mismo y escribir para vosotros. Y para haceros la vida fácil, os voy a dar un menú de artículos. Me gustaría que eligieráis vuestro menú para la próxima semana. Tres temas para tres artículos. Elegid un primero, un segundo y un postre. Los que más repita la gente, sobre eso escribiré. El menú es largo, son 100 platos. Si yo fuera vosotros, emplearía la regla de los treinta segundos de elección del menú. Pero afortunadamente (para vosotros) no soy vosotros. Así que haced de vuestra capa un sayo.
Estos son los 100 platos:
Qué hacer en una noche de apagón.
Cómo convertir a tu mujer en minimalista.
Las 10 mejores maneras para hacerte la vida imposible.
Los 3 hábitos que cambiarán tu vida.
Cómo viajar ligero de equipaje y no morir en el intento.
La vida tiene sentido, la vida tiene sentido, la vida tiene sentido.
El arte por helarte.
¿Es homo minimus minimalista?
Por qué volverte minimalista
Los 3 blogueros que más han influenciado.
El buen artista copia, el genio roba.
Qué haría si me quedara un día de vida
Cena con extraños
La insoportable pesadez de la autoayuda
7 mitos de la autoayuda
En el término medio está el vicio
Todo lo que proclamo es mentira
Rizando el rizo.
Sociedad de perdedores
Estado mínimo
Por qué has de sacar a tus niños del colegio
La irresistible seducción de la mentira
Si no vienes a mí, la montaña irá a Mahoma.
Nunca es pronto si la dicha es mala.
Ante la duda, quédate con todo
Elogio del materialismo
La cantidad es el antepasado de la calidad
Minimalismo mal entendido
Sinrey, sindios, sin alma
Todo o nada
La asertividad es para monjas
Nos encontraremos en el campo de batalla
Rivaliza con el mismo diablo.
Pon puertas al campo
El agua de regaliz nunca nos hizo felices
Por qué te odio sin haberte nunca conocido
Cómo escribir titulares que espanten
El demonio es nuestro dios
Si te cansas, des-cansa.
Todo está por inventarse
El tipo más genial que nunca he conocido
Un ramo de rosas para la más loca
Sembrando tempestades crecen buenos rosales
Un alma alambicada hace buenos versos
Loquiloquio.
Amanece en la bocacalle de un verso.
Senderos de gloria
Menos es mucho menos.
Rumorosos recuerdos
Palabras verdes burbujeantes sestean
Elogio de la ociosidad
Lento pero inseguro
Lo que no está no existe
El poder del NO
Nunca se escribió nada de los cuerdos
Violines diabólicos en la madrugada
Remando en el cieno
Lo pequeño es hermoso.
Ni tirios ni troyanos
¿Cuántas velas has soplado?
Lo único que necesitas para ser un empresario
Por qué detesto la palabra emprendedor
Sin guarnición, por favor.
4 razones para ser casto
15 razones para casarse
Tres libros imprescindibles
Si empezara de nuevo
El poder del compromiso
Quema las naves
Práctica, practica.
Me fugué con el carrito de los helados
Por qué jamás te pueden faltar ideas
Lo mejor de todo
Actos aleatorios de grandeza
Agradece todo lo que te da miedo
Bucanero de ti mismo.
3 consejos para la posteridad
De lo que estoy orgulloso
Jamás esperes que te den las gracias
Truco para memorizar números
La falacia de las 10.000 horas
Vida deliberada
Una vida examinada no vale la pena vivirse
Director del Universo Sociedad Anónima
Lógica y mística minimalista
Por qué no puedes esperar ni un minuto
Cómo convertirte en una máquina de hacer salchichas
Sangrando agujas por los poros de tus neuronas
Nunca faltan ideas si no tienes vergüenza
Los tres autores minimalistas en español que más aborrezco
Una de las aversiones más grandes del ser humano es la de renunciar a las opciones o posibilidades. Quizá después del miedo a las serpientes o a las alturas o el hablar en público es la fobia más importante. Esta aversión se esconde detrás de la procrastinación, la dificultad para priorizar y el estrés en el trabajo.
Lo que tenemos que hacer es nuncanizar. Decir no, descartar, eliminar de la agenda. Y esto es doloroso, porque cualquier acción implica un beneficio potencial al que hemos de renunciar inmediatamente. Ya no nos queda el consuelo de que en el futuro podremos retomar la acción relegada. No, tenemos que decir que no, para siempre.
Las opciones descartadas queman. Siempre preferimos ser como malabaristas mentales que mantienen muchas opciones en el aire, siempre con la posibilidad de tomar una de ellas. Pensamos equivocadamente que mantener nuestras opciones abiertas es lo más inteligente. Puesto que existe la incertidumbre, es bueno ser flexible y mantener muchos caminos abiertos, distintos proyectos, distintas líneas de actuación, etc.
En su lugar, hemos de ser tajantes, decisivos, decir no y no tomar prisioneros: hemos de matar implacablemente algunas opciones, acciones, proyectos, direcciones vitales. Hemos de nuncanizar con vigor y rapidez. Hemos de convertirnos en asesinos de posibilidades, acostumbrarnos a cerrar puertas detrás de nosotros y no quedarnos mirando a las cerradas.
Nuncanizar. Hacer una poda minimalista. Decir que no para toda la eternidad, esto es lo verdaderamente difícil, eso es lo que realmente va contra nuestra naturaleza mental. Decir no es lo que nos permite centrarnos en cuerpo y alma en unas pocas acciones y direcciones elegidas y descartar el resto. La postergación y la parálisis por el análisis dependen la mayor parte de las veces del miedo de no atrevernos a cerrar caminos, a quemar las naves, a decir no.
NUNCANIZA, di que no, múdate al mundo de nuncajamás y céntrate en unas pocas cosas, personas, proyectos, acciones y vidas posibles.
No se me ocurre nada. O lo que se me ocurre me parece vacío o insignificante o milvecesvisto. Lo más difícil es empezar. Sobre todo cuando no tienes ninguna idea que parezca prometedora o estimulante. Y hasta me fastidia esta forma de empezar, porque el escribir lo que se te pase por la cabeza está también visto. Y tiene que ser aburrido para quien lo lee. ¿A quién le importa el ombligo del bloguero? Sobre todo cuando al bloguero no se le ocurre qué decir de su ombligo. No creo que publique esto. Pero estoy escribiendo de todas maneras. A ver si sale algo. ¿No hay semejanza entre esta situación del bloqueo del escritor con muchas otras situaciones en la vida? Ahora estoy aplicando la técnica de la escritura libre. Ya hablé hace semanas de mi aplicación mental asesina para el 2013: escribir todos los días al menos 500 palabras. ¿O era un artículo? No, eran 500 palabras. 500 palabras es algo alcanzable. Ahora, por ejemplo, llevo 164. Y me acabo de dar cuenta de que aunque no sabía de qué escribir al principio, ¡acabo de dar con una idea!; vaya, era cierto eso de que la inspiración te encuentra trabajando. Ya sé de qué va a ser este artículo. Este artículo va a ser sobre la aplicación que estoy empleando para escribir estas 500 palabras.
Write or die
Write or Die es un pequeño y sencillo programa cuyo nombre lo dice casi todo. Ha sido una gran ayuda para poner en práctica mi determinación de escribir al menos 500 palabras diarias. Lo único que puedes hacer con Write or Die es escribir en una pantalla en blanco. No hay barras de edición ni ninguna otra distracción. Es un programa perfecto para obligarte a escribir.
Abres la aplicación, determinas el tiempo que quieres escribir y el número de palabras que esperas escribir en ese tiempo. Yo, por ejemplo, he fijado para este artículo que estoy escribiendo 500 palabras en 15 minutos. Puedes experimentar con el ritmo que mejor te vaya, pero está bien que te exijas un ritmo de escritura exigente.
¿Qué más características tiene el programa?
Dos barras de progreso:
Progreso del tiempo, para saber cuánto tiempo de escritura te queda.
Progreso del número de palabras, para saber cuántas palabras te faltan para cumplir tu cuota.
Pero esto no es todo. Hay otra característica importante. Si te paras más de unos pocos segundos la pantalla se va enrojeciendo hasta que una bocina suena recordándote que no estás escribiendo. En vez de una bocina, puede ser un llanto de un niño, un sonido de violines diabólicos, un despertador o algún otro sonido desagradable. Los periodos de gracia sin escribir tolerados son configurables.
En el modo gentle del programa, solo aparece un aviso en forma de ventana emergente que te recuerda la obligación de escribir. En el modo kamikaze, si pasas del periodo de gracia, el castigo es terrible: pierdes lo escrito.
Por eso no puedes dedicar casi nada de tiempo a corregir la ortografía o la gramática, ni volver hacia atrás para releer o recrearte en lo ya escrito. Incluso, hay una opción que seleccionada te impide pulsar la tecla de retroceso.
Separación de la escritura y la edición
Cuando acabas de escribir tienes un montón de palabras escritas. Aunque sientas que es básicamente basura, es un buen primer borrador sobre el que puedes hacer una revisión y construir un artículo aceptable.
La gramática , la estructura y hasta la ortografía serán malas, dependiendo del ritmo que te hayas fijado. Pero está bien que así sea, cuando escribes en régimen de escritura libre quieres desentumecer los músculos verbales y de la imaginación, no ser perfecto. Y este programa es maravilloso para ello, te obliga a escribir hasta cumplir la cuota de palabras fijada.
Una cosa sorprendente: lo que has escrito tan rápido y con tanta urgencia, con el alma siempre pendiendo de un hilo, a veces no es tan infecto. Hay algunos artículos escritos con este sistema que he tenido que retocar muy poco.
Otra ventaja adicional es que la obligación de escribir rápido y pensar rápido neutraliza al crítico interior: te estás centrando en la cantidad de ideas y palabras, no en la calidad de lo escrito; tienes licencia para escribir cualquier cosa y no tener remordimientos por ello. La perfección está bien, pero en el largo plazo; en el corto plazo es mejor centrarse en encender el fuego y mantenerlo.
Conclusión
Write or die es el método más eficaz que he encontrado para vencer el bloqueo del escritor y para favorecer la técnica de la escritura libre. Mis artículos más originales han partido casi siempre de sprints de escritura de entre 15 y 25 minutos.
Si queréis probar el programa, tenéis una versión gratuita en línea. La versión de escritorio con todas las características mencionadas se puede comprar por 10 dólares en el mismo sitio.
(Me había propuesto escribir 500 palabras. Una vez entrado en calor y adquirido momentum ha sido fácil seguir escribiendo por encima de la cuota fijada.)
Hay cosas que deseamos fervientemente en la vida. Cosas, situaciones, que no existen ahora y que queremos traer a la existencia. No simplemente las deseamos. Las queremos de verdad. El mundo sería mejor si esa situación existiera.
Estoy hablando de cualquier cosa, cualquier situación: un libro, una familia, un ascenso profesional, un negocio en marcha, una invención tecnológica, una nueva casa. Lo que sea.
Repito: el mundo sería mejor si esa cosa, situación, existiera. Y ahora no existe. Ahora existe lo que existe. Estoy donde estoy. Me guste o no. Vivo en la situación actual, vivo en lo que hay a mi alrededor. Me guste o no. Hay cosas que me gustan, cosas que no. Tengo algunos recursos, carezco de otros. Hay ciertas ideas en mi mente; algunas completas, otras a medio hacer. Y muchas emociones.
¿Cuál es el paso siguiente?
El paso siguiente es contemplar la diferencia entre lo que existe y lo que quiero que exista, aunque eso que quiero que exista apenas esté esbozado. No tiene que ser una visión completa, nítida, acabada, perfectamente definida. Basta con que sea una visión suficiente para ilusionarte y moverte a la acción. Y al mismo tiempo asegúrate de que estás percibiendo nítidamente lo que está ocurriendo.
Despréndete de lo que está pasando, olvídate de ello, y tienes una alucinación, una visión que no puedes sostener sobre nada tangible. Despréndete de la visión y limítate a tener los pies en el suelo, y no crearás nada nuevo. Quizá tampoco nada bueno. Sigue igual que ahora.
El creador vive suspendido entre dos mundos: su visión de lo que quiere traer a la existencia, y su aguda percepción de lo que está ocurriendo actualmente. Ambos lados de la ecuación son necesarios y ambos han de mantenerse en la mente al mismo tiempo para generar la tensión creativa necesaria para ponerte en marcha.
¿Y el siguiente paso?
La tensión ya está creada y ahora busca la resolución. Así que haz algo, lo que sea, en la dirección de lo que quieres que exista en tu vida y todavía no existe.
¿Eso es todo?
No, solo es el principio. A un primer paso le sucede otro paso, y otro, y otro… Lo importante es que generes momentum, la fuerza que existe en el movimiento. Te pones en marcha, aumenta tu energía, y esa energía genera más energía. Poco a poco irás cerrando la brecha entre lo que existe y lo que quieres que exista; irás resolviendo la tensión.
¿Basta con dar pasos?
No, no hemos de confundir el movimiento con la acción. Lo que buscamos no es agitación, estar en movimiento sin más, lo que buscamos son acciones-pasos en la dirección correcta. Así que a nuestros pasos unimos pausas en el camino para recobrar fuerzas, para reflexionar sobre lo vivido y para considerar si necesitamos algún cambio de rumbo. A la acción que va resolviendo la tensión, le unimos la estrategia. Y somos estratégicamente flexibles.
Pero no siempre será un camino de rosas, hay obstáculos y a veces experimentamos frustración.
Algunas veces lo que no existe está muy lejos, otras más cerca; a veces es más difícil, a veces menos. Cuando más novedoso sea el proyecto, más grande será el salto al vacío. Y eso genera dudas, temor, miedo. Cuenta con ello.
Pero no me siento preparado, no estoy seguro de tener éxito, no quiero fracasar.
No te sientes preparado. No estás seguro de tener éxito. No quieres fracasar. Bien.
Toma nota de ello. Es lo que estás sintiendo, no hay que negarlo. Esas emociones forman parte de tu realidad actual. El valor no es la ausencia de miedo, sino el actuar a pesar de él. Vive con él. Convive con tus miedos. La teoría del campo de batalla de tu mente te puede ayudar. Puedes seguir actuando a pesar de la falta de confianza, el temor o la baja autoestima. El foco de la creación está siempre en la obra que queremos crear, no en el creador.
Dolor, dificultades, miedo, frustración. ¿Vale la pena todo esto? ¿No sería mejor que apuntara menos alto?
Eso solo tú lo puedes saber. Tus fines, solo tus fines, justifican tus miedos.
No entiendes nunca nada hasta que no lo aprendes de más de una manera.
–Marvin Minsky
Mi sistema minimalista está organizado alrededor de conceptos, principios, proyectos, acciones y reglas minimalistas.
Son las reglas del minimalismo las que más controversia suscitan. A lo largo del tiempo he generado varias decenas de reglas altamente específicas que prescriben mi comportamiento en distintas situaciones y escenarios.
Solo por mencionar algunas de mis reglas minimalistas:
Además, herramientas como los rituales, la técnica pomodoro y mi sistema de organización de la acción, contienen multitud de procedimientos o pequeños algoritmos, como las 5 grandes rocas o la MIT, que permiten organizar mi actividad diaria.
Tomadas en conjunto, a botepronto, parecen un montón de reglas dignas de un obsesivo-compulsivo o de un perfeccionista o un cabeza cuadrada amante del control y la organización. Consultad algunas de las reglas más chocantes para corroborar esta impresión.
Si eres una persona que cree en la espontaneidad, en dejarse llevar por el flujo o con ciertas pretensiones creativas, tanta regla puede parecer una constricción antinatural e innecesaria del comportamiento y del mismo gozo de vivir.
Si llevas tu disgusto al extremo, puedes pensar que soy una especie de robot social; uno que es capaz de escribir varios artículos a la semana, con corrección gramatical y con ciertos destellos de inteligencia natural, pero en el fondo poco fresco, sin atisbo de espontaneidad o sentido del humor.
Si revisas mis artículos, sobre todo los escritos por versiones más antiguas de Homo Minimus, notarás un estilo aséptico, lógico, con el repertorio emocional propio de un asperger. Mis artículos son coherentes, bien estructurados y tiene un cierto aire de teorema: estas son las premisas, estos son los razonamientos deductivos, y estas son, por tanto, las conclusiones.
Ciertamente, en versiones más recientes de Homo Minimus he mostrado rasgos más humanos, he aludido a algunos episodios biográficos y he iniciado proyectos de carácter experimental como el Proyecto 52 dirigidos a aumentar mi coeficiente de socialización. En ocasiones incluso ha habido intentos de romper algunas convenciones y aumentar la interacción con personas físicas cuidadosamente seleccionadas a través de la regla de las cuatro efes.
Pero si eres perceptivo, sensible y escéptico, bien podrías pensar que estos rasgos entrañables de Homo Minimus son simples mejoras en sus algoritmos de escritura que buscan dotarle de un tono más personal, más cercano y ganarse emocionalmente a la audiencia. Mi entrenadora en creatividad, Anca Balaj, ha desempeñado un importante papel en el diseño y programación de estas últimas mejoras del sistema.
Reconozco mi naturaleza robótica
No voy a negar que esas reglas forman parte de mi vida y que dirijo mi comportamiento según ellas. Empleo muchas herramientas altamente formalizadas como los rituales, la técnica pomodoro y una versión idiosincrática del GTD de David Allen. No siempre las ejecuto al 100%, pero no es por falta de determinación o porque mi espontaneidad a veces venza a mi compulsión reglamentadora; es simplemente porque mis habilidades ejecutivas de dirección de la acción (mi fuerza de voluntad, en términos humanos) no están todavía perfeccionadas y mis algoritmos de control son todavía manifiestamente mejorables.
Mi norte es implementar mis reglas y principios con la fiabilidad con la que un avatar responde a los comandos de un jugador de rol en línea o un personaje de los sims obedece las órdenes del jugador que lo controla. Las intenciones de implementación y los principios de diseño de rituales son algunas de las técnicas que estoy empleando para mejorar mi capacidad de implementación de decisiones.
Así que sí: soy un robot. Vuestros temores y velado disgusto están bien justificados. Lo que veis de cuadriculado en mí es cierto. Para una versión primitiva de las especificaciones de Homo Minimus podéis consultar Homo Minimus 1.0.
Y no solo es cierto, es una pequeña parte de mi cuadriculez. Guardo muchas reglas no publicadas y están en marcha varios prototipos de mejora de mis funcionalidades.
Ya estáis avisados. En el futuro no podréis alegar ignorancia o duda.
¿Quién querría seguir a un robot?
Tras esta revelación consideraré legítimo y hasta consecuente que os deis de baja en vuestra suscripción a Homo Minimus. No os guardaré rencor; no por algún principio moral basado en alguna tradición religiosa o moral milenaria; sino porque tengo una rutina programada que evalúa el rencor como una emoción no funcional que reduce mi velocidad de procesamiento y crea UPAs en mi memoria de trabajo ralentizando el desempeño general del sistema.
Pero esta no es toda la verdad. Es solo una parte de la verdad. Y creo que alguien ha de hacer el trabajo sucio de deciroslo: vosotros sois como la Rachel de Blade Runner: replicantes que no sabéis todavía que sois replicantes, y pensáis que sentís como seres humanos espontáneos, impredecibles y capaces de emociones al margen de la lógica y la necesidad.
Vosotros también sois robots. Igual que yo. Algunos pertenecéis a versiones más antiguas y otros a versiones tan evolucionadas que ya habéis olvidado vuestra naturaleza robótica y os consideráis en un plano superior.
Quizá no habéis desarrollado una conciencia tan acendrada de la magnitud de vuestro comportamiento automático o quizá habéis decidido olvidarlo en un cierto punto porque es una creencia no funcional que mina la capacidad de autodeterminación y vuestra sensación de libre albedrío.
En cualquier caso, sois agentes inteligentes igual que yo, capaces de comportamiento autodeterminado, de generar fines y generar estrategias para emplear los recursos que tenéis disponibles, tanto internos como externos. Sois capaces de reprogramaros y eso os hace diferentes de otros robots biológicos, más ceñidos al instinto y el comportamiento reflejo.
Reformulando la pregunta inicial: ¿quién querría leer a un agente inteligente autoprogramable?
Respuesta: Otros agentes inteligentes autoprogramables con un importante defecto de fabricación: el deseo de mejora constante y de ampliación de las posibilidades de acción.
Esta voluntad de mejora nos lleva al intento de diseñar nuestra vida en conjunto. Esto incluye no solo la reducción de objetos y la poda minimalista habitual, propia de los minimalistas más superficiales, sino también el diseño y optimización de nuestras rutinas mentales y modelos del mundo. El minimalismo existencial es un conjunto de principios de diseño de vida que estamos intentando implementar en nuestras mentes y reflejar en nuestras acciones.
Nunca se ha diseñado un computador que sea consciente de lo que está haciendo; pero la mayor parte del tiempo, tampoco lo somos nosotros.
–Marvin Minsky. Teórico de la Inteligencia Artificial.
El día de la mamota es una película protagonizada por Bill Murray, en el papel de Phil Connors, el hombre del tiempo de una televisión local; y Andy McDowell, Rita, una productora del mismo canal de televisión. En España se tituló ‘Atrapado en el tiempo’ y en hispanoamérica ‘El día de la marmota’ y ‘Hechizo del tiempo’, pero casi todo el mundo la recuerda por el nombre de ‘El día de la marmota’. De hecho, se ha convertido en una expresión común para aludir a la repetición diaria de mismos comportamientos y situaciones. Muchos sentimos que vivimos en un eterno y recurrente día de la marmota.
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Bajo su apariencia de comedia ligera romántica se esconde un filme lleno de interpretaciones y enseñanzas morales. Es una película que he visto repetidamente a través de los años y que siempre me ha emocionado. Estoy en buena compañía: Eckart Tolle, el autor de ‘El poder del ahora’, declara haberla visto al menos seis veces y también la tiene entre sus favoritas:
Un clásico de la espiritualidad (sin ni siquiera mencionar lo espiritual). Un retrato magistral y a veces humorístico del camino de un hombre desde la disfunción egotista hasta el alienamiento con el momento presente y la libertad.
–Eckart Tolle, en referencia a ‘El día de la marmota’.
Este artículo es un intento de exhumar la sabiduría que se encierra en la película.
Si no la habéis visto, deberíais dejar de leer este artículo, y verla (por ejemplo, aquí). Luego, si os gusta, y es para vosotros algo más que un divertimento agradable, podéis volver a este artículo y leer mi exégesis.
Planteamiento inicial
El protagonista, Phil Connors, es un hombre arrogante, misántropo; a semejanza de muchos de nosotros, no está contento con su vida. Tiene ambiciones y querría estar en otro lugar, lo que le convierte en un cínico de carácter mordaz. Es un periodista de una pequeña cadena local pero fantasea con ofertas de cadenas grandes de ámbito nacional. Le asignan un evento al que ya lleva acudiendo varios años, el festival del día de la marmota, en un pequeño pueblo llamado Punxsutawney, en Pensilvania.
Una marmota sale de un tronco y según la sombra que produzca predice el tiempo que quedará para que acabe el invierno. Esta es una ceremonia a la que acude con su equipo: Rita, la productora; y Larry, el cámara. Pasan la noche en el pueblo para a la mañana siguiente grabar el evento.
Hasta aquí todo bastante prosaico. Phil, de mala gana, cubre el evento, dice unas palabras rutinarias y se dispone a volver a la ciudad. En el camino de vuelta se encuentran con que la carretera está cortada por culpa de la nieve. Han de volver y pasar otra noche en el pueblo de Punxsutawney.
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Lo extraordinario ocurre al siguiente día. Phil se levanta pero ocurre algo extraño: vuelve a ser el día del festival de la marmota, confundido se encuentra con Rita y Larry como el día anterior, y vuelven a grabar la misma noticia de la marmota saliendo del tronco y anunciando seis semanas más de invierno. Phil vive el mismo día. Y no es el último mismo día: a partir de aquí se suceden una serie de días todos iguales en los que nada cambia, se celebra el mismo festival y se reproducen una y otra vez las mismas circunstancias. Todas las personas son ajenas al hecho excepto él, que mantiene la memoria de los días anteriores y descubre que está atrapado en el tiempo.
¿Y si no hay un mañana? ¡Hoy no lo ha habido!
La primera reacción de Phil es buscar ayuda médica: visita a un psicólogo del pueblo, que no le puede ayudar y le reconduce a un neurólogo; este no advierte nada extraño en su cerebro. Phil está perplejo.
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Si no hay consecuencias, para el hedonista radical todo está permitido
Phil: ¿Y qué pasaría si no hubiera mañana?
Gus: ¿Que no hubiera mañana? Eso significaría que no habría consecuencias ni resaca. ¡Podríamos hacer lo que quisiéramos!
Phil: [pensando] Eso es verdad. Podríamos hacer… lo que quisiéramos.
Termina aceptando la situación y se percata de que si al día siguiente todo vuelve a ser exactamente igual, es como vivir sin que haya consecuencias, y puede hacer todo lo que quiera. Su primera noche de juerga conduce por las vías del tren, se ve inmerso en una persecución policial y termina entre rejas. Al día siguiente se levanta en la misma cama de siempre como si no hubiera pasado nada la noche anterior.
Puesto que nada cambia de un día para otro, goza de un conocimiento superior que le otorga un gran poder: puede conocer a todas las personas y sus reacciones.
Piensa en lo que has hecho hoy y considera si hay gran diferencia con el mismo día de la semana pasada. Lo más probable es que ambos días sean muy parecidos. La mayor parte de nuestra vida mental y de nuestra conducta es automática, repetitiva, basada en hábitos; en periodos cortos de tiempo no cambia nada, aunque sintamos que el mundo es un caos, nuestro mundo interior y nuestras reacciones son siempre muy previsibles.
Phil tiene todo el tiempo del mundo para observar los comportamientos habituales de la gente y para aprovecharlos en su favor: se convierte en un hedonista sin trabas y se empieza a conducir como un adolescente juguetón, libre de superego y liberado de la autoridad y las consecuencias; explota las situaciones y las personas a su alrededor: atraca un furgón de transporte de dinero, seduce a una mujer del pueblo, se ríe de los pueblerinos, e intenta conquistar a Rita.
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Con Rita, la productora, las cosas no son tan fáciles. Se le resiste, pero él con paciencia y actitud deportiva, empieza a ensayar todo tipo de tácticas y estrategias para conquistarla.
El poder de la repetición
El día de la marmota sería el paraíso del científico social, porque podría aplicar el método «céteris páribus«; es decir, modificar una variable del problema, manteniendo el resto igual, y observar el cambio en los resultados. Y luego repetir ese experimento en idénticas condiciones variando distintas variables, una vez cada una, todas las veces que quisiera.
Esto no es posible en ninguna ciencia social. Si cambias una sola variable en una función matemática, puedes atribuir el efecto al cambio en esa variable; por ejemplo, cuando calculas la derivada parcial de la función. En el mundo social y económico es imposible hacer eso porque todo está cambiando al mismo tiempo, la realidad es dinámica y los efectos observados se pueden atribuir a muchas causas distintas, y solo unas pocas de ellas están bajo nuestro control.
Si vivieras siempre exactamente el mismo día podrías adoptar una mentalidad experimental con mucha más facilidad porque podrías hacer experimentos con tu vida repetidamente en la mismas condiciones y aprender mucho más rápidamente. Nuestros días, por muy rutinarios que sean, no son siempre exactamente iguales, y es difícil saber si los cambios son producidos por el entorno que ha cambiado o por nuestras acciones.
En un día eternamente repetido, la ausencia de consecuencias te haría adoptar una actitud mucho más lúdica y podrías ser audaz en tus acciones.
En nuestras vidas ordinarias nuestras acciones tienen consecuencias y somos muy sensibles a los malos resultados. Somos aversos al riesgo. Nos enfocamos más en evitar los errores y las pérdidas que en buscar los mejores resultados. Si viviéramos en el día de la marmota, sería más fácil decidir cometer errores rápidamente y multiplicar la tasa de aprendizaje. Siempre podríamos empezar de cero al día siguiente.
El hedonismo egocéntrico tiene los pies de barro
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Phil intenta de mil maneras conquistar a Rita, y en todas fracasa. Lo tiene difícil, porque solo tiene un día para hacerlo, no puede haber una segunda cita, y porque Rita es perceptiva y acaba sintiendo que todo es un montaje brillante, pero insincero.
Al día siguiente todo lo que ha hecho se ha olvidado, y vuelve a empezar de cero. Todo sigue igual, excepto él, que según pasan los días se siente más y más frustrado, su vida hedonista ha perdido todo el brillo, ya no tiene más desafíos en el pequeño universo de Punxsutawney, excepto Rita, con la que se estrella una y otra vez.
Se encuentra al borde de la desesperación, los días empiezan a pasar sin aliciente alguno y entra en barrena. Intenta suicidarse de muchas maneras: arrojándose desde una torre, por electrocución, despeñándose en coche por un barranco, etc.. Todo en vano. Al día siguiente vuelve a aparecer en su cama sin un rasguño y todo se repite.
Rueda eterna de reencarnaciones
Les daré un pronóstico para el invierno: será frío, oscuro y durará… el resto de sus vidas.
Los budistas han identificado la situación de Phil con el samsara, el ciclo contino de nacimiento, vida, muerte y renacimiento (reencarnación). Los días que se repiten una y otra vez. Cada día es como una vida, y cada día sucede a otro día idéntico.Nada cambia. Si la persona no evoluciona, como en el caso de Phil, el resultado solo puede ser la angustia existencial, la desesperación y el suicidio. Pero aunque puedas poner fin a una vida (a un día, en el caso de Phil) no puedes poner fin a la rueda infinita de reencarnaciones.
Esa es la situación en la que se encuentra Phil cuando intenta poner fin a su vida de mil maneras: al día siguiente todo vuelve a empezar como si nada. Acaba sumiéndose en la depresión más profunda.
Rendición y transformación
Un día, después de tocar fondo, algo cambia en Phil, se rinde, acepta definitivamente la situación, deja de luchar o de comportarse como un niño y decide tomar clases para aprender a tocar el piano. Trabajosamente día a día va mejorando en su técnica. Pero esto no es todo , más cosas empiezan a cambiar, se vuelve más caritativo, ayuda a un mendigo, le da dinero, le invita a cenar, intenta salvarle varias veces la vida, aunque en vano.
Comienza a actuar con creatividad en sus asuntos: para librarse del pesado de Ned Rayerson simula que está muy contento de encontrarse con él, le abraza y le pide que pase el día con él. Ted, obviamente, se despide aceleradamente y pone sus pies en polvorosa.
Phil empieza a tratar amablemente al ayudante de cámara y su vida en general se transforma. Deja de estar centrado en resultados y se centra en el proceso, en hacer cada día un poco mejor la vida. Ya no persigue metas egocéntricas, sale del reducido círculo de sus intereses, aprende a hacer esculturas de hielo con sierra mecánica, se convierte en un consumado pianista y el resto de su tiempo lo emplea en acciones filantrópicas.
Puesto que sabe exactamente cuándo la gente se va a encontrar con problemas, es capaz también de estar en el momento y lugar oportuno para proporcionar la ayuda necesaria: a un niño que se cae de un árbol y al que recoge todos los días; aparece con un gato mecánico para cambiar una rueda pinchada al coche de unas adorables abuelitas; salva la vida a un hombre que en el restaurante se atraganta con un trozo de carne; ayuda a una pareja de jóvenes prometidos con un poco de dinero; hace todo los posible para salvar la vida del anciano mendigo.
Su crónica en la celebración del día de la marmota en la mañana temprano se convierte en un poema, en una pequeña obra de arte:
Cuando Chejov vio el largo invierno, vio un invierno sombrío, oscuro y privado de esperanzas. Sabemos que el invierno es sólo otro paso en el ciclo de la vida. Pero aquí parado entre la gente de Punxsutawney, disfrutando de la calidez de sus hogares y sus corazones, no me imagino un mejor destino que un largo y radiante invierno.
Ampliación del círculo de intereses vitales
Phil cambia el foco de su vida desde el reducido círculo de sus intereses e incluye al resto de los habitantes del pueblo, a los que antes despectivamente había llamado paletos; también se embarca en el camino de la maestría en actividades artísticas, y finalmente, sale de su postura ensimismada compartiendo con Rita su problema o maldición.
Le confiesa que lleva viviendo el mismo día una y otra vez, y le pide que se quede con él un día entero para comprobarlo. En una demostración en la cafetería del pueblo, predice lo que va a decir la camarera, hace un análisis de todas las personas del pueblo: este es gay, esta mujer vino de Irlanda cuando era pequeña y su sueño es viajar a París, estos son una joven pareja de recién casados, pero la chica está teniendo dudas, este dejó el ejército, etc.
Tal vez el verdadero Dios usa trucos. Tal vez no sea omnipotente sino que lleva aquí tanto tiempo que lo sabe todo.
En un momento dado le dice a Rita que es un dios. Rita responde que definitivamente no es Dios, a lo que Phil replica que es “un” dios, no Dios. Que es capaz de ver en el futuro porque ha vivido mucho, porque ya ha vivido todas esas situaciones muchas veces, no porque sea muy listo, y que quizá Dios sea Dios porque lleva mucho tiempo en el mundo. Phil tiene mucha experiencia acumulada. Vive una y otra vez el mismo día, esto le permite captar mucho más claramente la dinámica del mundo y las relaciones sociales, sabe ya a priori lo que puede ocurrir. Aliviado de la incertidumbre del mundo puede centrarse en fijar metas más inteligentes que perseguir.
Respecto a la etapa anterior de hedonismo egocéntrico, Phil ha evolucionado y usa su conocimiento y habilidades no para perseguir metas hedónicas, sino para vivir de acuerdo a principios morales que incluyen a otros seres humanos. Con esto logra escapar a la desesperación y la depresión y experimenta un florecimiento vital.
No sabemos exactamente cuántos días-reencarnaciones pasan, pero suponemos que es un camino muy largo, una larga secuencia de reencarnaciones-días en las que va aprendiendo algo nuevo y poco a poco transformándose.
Liberación
Al final de la película, en un día frenético, vemos al nuevo Bill, purificado y perfeccionado a lo largo de innumerables días, en una jornada de acciones filantrópicas, ejercicios de maestría (música y estatuas de hielo) y vinculación social.
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Se ha convertido en todo un personaje, toca el piano en la fiesta. Rita lo “compra” en una puja de solteros después de escucharle tocar el piano en una interpretación brillante y de observar como el antiguo Phil se ha convertido en una celebridad en el pueblo: todos le conocen, saludan y agradecen su ayuda.
Phil esculpe una estatua de hielo con el rostro de Rita, que se enamora de Phil. Pasan juntos el final de la jornada. Termina conquistando el corazón de Rita. Esta vez casi sin proponérselo, como un subproducto de una nueva forma de ser más sabia y una orientación vital creadora.
A la mañana siguiente, algo extraordinario sucede: al fin es mañana, se ha roto la maldición, brilla el sol, ha llegado la primavera, y Rita y Phil deciden quedarse a vivir en el pueblo e iniciar una nueva vida.
Es el fin de la rueda de reencarnaciones, de infinitos días iguales; acaba el invierno espiritual y se rompe el maleficio.
Enseñanzas
Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación
–Henry David Thoureau
Vivimos vidas tremendamente repetitivas. La rutina es la norma en la vida mental. La conciencia es la excepción.
Como consecuencia, nuestro comportamiento es principalmente reactivo.
La variedad de los acontecimientos y el cambio constante y lo impredecible nos hacen perder de vista nuestras rutinas mentales, nuestros automatismos, las metas a las que hemos decidido entregar nuestras vidas.
Somos seres egocéntricos por naturaleza. Nuestro círculo de intereses es reducido: nosotros mismos, y en el mejor de los casos lo ampliamos hacia nuestra familia y amigos.
El aprendizaje es difícil. Podemos pasarnos media vida golpeando la cabeza contra los mismos muros.
Aun sin ser conscientes de ello, vivimos en una silenciosa desesperación.
Pero hay posibilidad de cambio y transformación.
La conciencia es la vía hacia la transformación.
A veces la transformación se produce más por desesperación que por inspiración.
Si elegimos metas mejores: metas de aprendizaje y metas que nos vinculen a los demás, que incluyan a otras personas, empezaremos el camino de la transformación personal.
El proceso terminará siendo más importante que el resultado, y paradójicamente obtendremos mejores resultados.
Después de aceptar y rendirnos, empezamos a vencer.
Posiblemente la felicidad sea un efecto colateral de un estilo de vida. No es algo que hay que perseguir directamente.
La práctica y la actitud lo son todo.
Un día se produce la liberación, pero no será el fin del camino, será la misma vida vivida en el marco de una orientación creadora y en la que todo seguirá indefinidamente cambiando.
Antes del satori, cortar leña y acarrear agua; después del satori, cortar leña y acarrear agua.
Para fomentar la atención plena en la vida cotidiana, se recomienda instaurar un ritual de meditación formal. Te has de levantar por las mañanas, quizá muy temprano; hay quien se levanta a las 5 de la mañana o alguna hora obscena similar y medita durante una hora. Para generar el hábito, te comprometes contigo mismo a practicarlo todos los días hasta que resulte automático y se haya convertido en segunda naturaleza.
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Otra estrategia alternativa es acudir una o varias veces por semana a un centro de meditación en grupo. La práctica de la meditación con espíritus afines en un espacio preparado especialmente, tranquilo, con imágenes de Buda, incienso y un director de meditación ayuda a la concentración. También añade un elemento de camaradería que ayuda a vencer la incomodidad de meditar cuando las ganas no acompañan. Y todos sabemos que tarde o temprano las ganas dejan de acompañarnos.
Los retiros de meditación son la exacerbación de la meditación formal: reservas unos días exclusivamente para la práctica espiritual en un entorno idílico, generalmente en el campo, y con personas muy afines embarcadas en la misma búsqueda que tú. Además, cuentas con maestros o guías que te ayudan, te aconsejan y organizan las actividades y los tiempos libres al milímetro para que la experiencia de desconexión con el mundo y la conexión con tu espíritu sea lo más profunda posible.
Dificultades con la meditación formal y los retiros
Los espacios de meditación en condiciones ideales son un entrenamiento para la atención plena y el equilibrio en el resto de la vida. Como dice el lema de los marines americanos:
Lo que no sudas en la paz (los días tranquilos) lo sangras en la guerra (los días estresantes)
El ritual de meditación, la meditación el grupo y los retiros espirituales proporcionan un espacio en el que puedes entrenar la atención plena y luego aplicar lo aprendido en tu vida cotidiana.
La dificultad con este enfoque es que si solo entrenas en momentos tranquilos y circunstancias ideales tendrás poca experiencia de la aplicación de la atención plena en circunstancias adversas. Es más, es posible que con el tiempo llegues a asociar la meditación y la atención plena con entornos apacibles, en soledad, sin perturbaciones. Es por eso que los entrenamientos en casi todos los campos, no solo en el ejército, son más efectivos cuanto mejor reproducen las condiciones de la práctica real.
Todos conocemos a gente que lleva años practicando la meditación pero que en su vida cotidiana sigue perdiendo los nervios y enfadándose con facilidad –yo soy uno de ellos–:
Eckart Tolle, el autor de El poder del ahora, cuenta en una charla el caso de un meditador comprometido que se encierra en su «santuario» –una habitación de su casa especialmente reservada para la práctica meditativa– enciende incienso, toma su cojín especial e inicia una meditación de amor y compasión: «Que el amor y la paz formen parte de mi vida», «Que sienta compasión por todos los seres vivos», «Que la amabilidad de mi sonrisa ilumine el mundo», etc.; y en esto que entra en la habitación su hija pequeña: «Papi, ¿qué estás haciendo?». El padre, incomodado por la interrupción responde: «¿!!Por qué me molestas?!!, ¡acaso no me puedes dejar en paz ni por un minuto!, ¡no ves que estoy en mi meditación del amor y la compasión!».
La vida no se vive en compartimentos estancos
Esta separación entre la meditación formal y la vida cotidiana resulta algo artificial. Entendemos que el entrenamiento incluye empezar fácilmente, optimizando las condiciones de la práctica, y urbanizando el entorno y el tiempo para ello. Pero el caos termina alcanzándonos y es habitual que toda nuestra práctica anterior en el remanso de la soledad no se transfiera con facilidad al torrente del mundo. Lo que se empieza con muchas esperanzas de transformación e ilusión se desdibuja o se termina abandonando.
Otro peligro acecha en la ritualización excesiva de la práctica. Si tienes la mala suerte de aprender la práctica en un entorno con mucha carga metafísica –en el entorno de alguna escuela de meditación milenaria, como el budismo tibetano–, es posible que pierdas de vista que la plena presencia –la conciencia de las emociones, pensamientos y sensaciones corporales– es el en fondo algo muy sencillo. La complicación teórica, sea de raíz budista o de cualquier otra tradición meditativa secular, puede alejarte de la experiencia directa; te hará difícil aplicar lo aprendido a entornos más prosaicos o vulgares (en los que vivimos la mayor parte del tiempo).
El incienso, las campanillas, las túnicas rojo y azafrán, los cráneos rapados y los lugares naturales están muy bien como parte de la puesta en escena y como señales del entorno que faciliten la práctica, pero con el tiempo pueden volverse automáticos, carentes de vida, y pierden su frescura inicial. Además, la mayoría de nosotros no quiere pasar el resto de su vida en un monasterio en las laderas del Himalaya.
Cualquier ritual personal, no solo los rituales espirituales, es susceptible de cosificación y pérdida de sentido. Por ello, es importante diseñar y rediseñar los rituales para mantenerlos frescos. La variación ayuda; la aplicación del ritual en distintas circunstancias y en formas más flexibles, también.
Las mini-meditaciones como alternativa a la meditación formal
Un enfoque alternativo, para fortalecer la plena presencia o la atención plena, consiste en no reservar ningún momento especial del día para practicar. En su lugar, convertimos el día entero en nuestro campo de práctica. Pero como es difícil o imposible recordar siempre la intención y sería agotador, aprovechamos momentos o instantes durante el día para practicar la atención consciente, sea a nuestra respiración, las emociones , pensamientos o sensaciones físicas.
Ejemplos:
Estás esperando el ascensor, y en vez de impacientarte y contar los segundos, respiras profundamente una o dos veces.
Te estás lavando las manos. En vez de pasar velozmente por el trámite, te demoras unos segundos mientras sientes el frescor del agua sobre tu piel.
En la cola del supermercado, en vez de contar las personas que están por delante de ti y de maldecirte por haber elegido la caja más lenta, sientes el peso de tus pies sobre el suelo.
En la comida, tomas el primer bocado con actitud reverencial y te centras en las sensaciones táctiles que genera el trozo de pan o el arroz sobre tu lengua. Notas la rugosidad, su ablandamiento, el roce y el paso por la garganta.
Las posibilidades para las mini-meditaciones son casi infinitas; en cualquier momento del día, podemos practicar estos instantes de conciencia, retomar el contacto con nuestro cuerpo y respiración, salir de nuestros pensamientos, inhibir el modo reactivo y retomar el equilibrio.
Las mini-meditaciones desperdigadas a lo largo del día son un enfoque complementario al de la meditación formal, no opuesto; no obstante, si tenemos que elegir entre uno y otro, quizá sea mucho más eficaz y natural el limitarnos a las mini-meditaciones en detrimento de las sesiones de meditación formales.
Los amish son una comunidad étnica-religiosa de origen alemán y de religión cristiana anabaptista que vive en territorios rurales de Estados Unidos. Se caracterizan por un estilo de vida simple, humilde y pacifista; sus ropas son las del siglo xvii y xviii, se desplazan en caballos y carretas; son extremadamente minimalistas en su forma de vivir. Viven de manera muy sencilla, alejados de la corriente y dan mucha importancia a los lazos familiares y comunitarios. Los que vistéis a Harrison Ford en Único Testigo recordaréis a los vecinos de un pueblo amish colaborando en la construcción de la casa de una joven pareja que acababa de casarse.
Los amish llaman «El patio de recreo del diablo» al mundo fuera de la comunidad, al mundo de los «ingleses»; es decir, de los norteamericanos que no son amish.
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Rumspringa: mito y realidad
Hay un periodo de la vida de los amishs que recibe el nombre de «rumspringa», que significa «deambular o corretear». Coincide aproximadamente con el periodo entre los 16 y 18 años, lo que podríamos llamar aquí adolescencia tardía. En esta etapa de la vida el joven ha de decidir sobre su vida, buscar una esposa o marido y decidir si asumirá la vida amish con todas sus consecuencias aceptando las reglas de su religión plenamente y bautizándose. El bautizo en esta comunidad es una decisión adulta, libre y responsable, no una imposición de nacimiento, como el baustimo en el catolicismo o la pertenencia a la comunidad de creyentes musulmana.
Algunos documentales, como el Devil’s Playground de National Geographic, han mitificado el rumspringa; lo han considerado como un rito de paso en que los padres amish animan a los jóvenes a que exploren el mundo, se separen de sus familias, y transgredan las normas. Al final, se espera que el joven tome la decisión de bautizarse y seguir en la comunidad, o bien la abandone.
En el documental mencionado se presenta al rumspringa como una etapa de la vida en que tienen permitido comportamientos inaceptables para los adultos: la experimentación con las drogas, el sexo fuera del matrimonio y las tentaciones de la sociedad de consumo americana, el patio de recreo del diablo. Se da a entender que el rumspringa es una especie de catarsis por la vía del pecado o una vacuna moral que puede servir para inmunizar al joven amish contra las tentaciones de los «ingleses» y ayudarle a sentar cabeza.
Parece que hay mucho de mito en esta visión del rumspringa y que no es cierto que haya un rito de paso institucionalizado en que los padres amish animen a sus hijos adolescentes a salir de casa y violar las reglas morales. Los padres de esta religión no son distintos a otros padres; quieren que sus hijos adolescentes se responsabilicen, se hagan autónomos e inicien una vida adulta; no que sean desafiantes o rebeldes con las normas de su religión.
El rumspringa tiene más que ver con el periodo de búsqueda de pareja y el tránsito a la vida adulta, que se consuma en el bautizo y la incorporación formal al mundo adulto de la comunidad amish.
Sea cierto del todo o no el rumspringa y su licencia para pecar y corretear en el patio de recreo del diablo, me parece una idea seductora, como todo lo que tiene que ver con el Maligno.
Moratoria psicosocial
Los ritos de paso son muy comunes en muchas sociedades tradicionales y primitivas, y están claramente delimitados con rituales para marcar la transición a la edad adulta.
El psicólogo Milton Ericsson acuñó el término «moratoria psicosocial» para designar a la costumbres más o menos institucionalizadas que en la sociedad permiten experimentar distintas opciones de vida, transgredir las convenciones, y probar con distintas identidades.
[…] [El concepto de moratoria psicosocial] equivale a la idea de “tiempo muerto” en la búsqueda de la identidad, al constituir un momento de intensa interacción con el entorno, ya sean personas, objetos, sentimientos, etc. aplazando las posibles consecuencias, convirtiéndose así en una especie de “campo de pruebas”. Por ello, se trata de una especie de experimentación, que es comprendida y permitida externamente por quienes rodean al individuo. La moratoria facilitaría el desarrollo del yo y la percepción personal de lo que da sentido a la vida; en suma, se facilita el desarrollo de la identidad.
–Wikipedia
En sociedades más simples, los ritos de paso marcan la transición del joven a la vida adulta. En las sociedades modernas, estos ritos están más desdibujados pero subsisten en diversas formas:
El tiempo de la universidad, que se considera un tiempo para la salida del ámbito paterno, las relaciones sociales intensas fuera del círculo familiar, y la experimentación antes de la graduación, el trabajo y la formación de una familia.
Las fiestas y carnavales, en que se institucionaliza la transgresión y se permiten comportamientos variopintos.
La misma adolescencia, en que el joven todavía tiene permitido comportamientos más volátiles y experimentales y en que las transgresiones de la norma son más toleradas.
Para el minimalismo existencial y para el diseño de vida en general, es muy importante este concepto de moratoria psicosocial. Aunque en sociedades tan complejas y de evolución tan rápida como la actual, los ritos de paso hayan perdido aparentemente su razón de ser, hoy más que nunca necesitamos moratorias psicosociales en los que experimentar con la identidad y los valores.
¿Y si jugamos de nuevo en el patio de recreo del diablo?
La moratoria psicosocial y los espacios de experimentación son indispensables para el desarrollo de nuestra identidad o personalidad. La diferencia con épocas pasadas es que ahora somos nosotros mismos los que debemos proporcionarnoslos, no debemos ni podemos esperar a que las instituciones lo hagan por nosotros.
En un artículo anterior vimos como el diseñador alemán Stefan Sagmeister se regalaba sistemáticamente un año sabático cada siete años y usaba ese tiempo como una forma de explorar nuevas direcciones artísticas y reinventarse.
El rumspringa no tiene por qué estar limitado a la adolescencia, podemos volver a la adolescencia varias veces a lo largo de nuestra vida, con 20, 30, 40 o 70 años. ¿Por qué no? ¿Por qué no tomarnos tiempos muertos de cuando en cuando y llenarlos de vida? ¿Por qué no promover el cambio por el cambio? ¿Por qué no volver a jugar en el patio de recreo del diablo?
Con motivo de la llegada de la primavera, y en virtud del principio de apasionada experimentación con el que queremos dotar a nuestro Club de los Minimalistas Muertos, anuncio el comienzo del Proyecto 26.
La inspiración
@entusiasmadocom nos proporcionó una serie de consejos para dar de desayunar al ánimo. Si sois capaces de poner en práctica algunos de ellos, vuestros días serán mucho más chispeantes y energéticos.
El comienzo del día, cómo pases la primera hora, afecta poderosamente tu estado de ánimo durante el resto del día. Es sorprendente que el tono que proporciones al inicio del día tenga el poder de transformar o sacudir como una onda expansiva el resto de la jornada.
Para ningún minimalista existencial que se precie, este dato debería escapar sin ser aprovechado. Siempre buscamos aplicar el principio de Pareto: aquellas intervenciones, acciones, palancas, que con un mínimo esfuerzo, sean capaces de generar un máximo beneficio psíquico.
Empezar el día con una canción estimulante
Yo voy a intentar desarrollar uno de los varios consejos de entusiasmado.com.
Creo que la meditación que él propone es tremendamente potente, pero la energía de activación que requiere y el tiempo de construcción del hábito hacen este ritual de meditación muy costoso en el corto plazo.
Así que he preferido escoger como punta de lanza del proyecto 26 otro de sus platos fuertes: la canción motivante de inicio del día.
¿Cómo pondré en práctica el proyecto?
A lo largo de 26 días a través de mi cuenta de twitter, @homominimus, a las 8:59 de la mañana hora española, os proporcionaré el vínculo a un clip musical de carácter anfetamínico que os ayudará a poneros en marcha con el estado de ánimo adecuado. Si es posible, pondré otro twett unas 5 horas después para nuestros minimalistas de hispanoamérica.
Os animo, por tanto, a que los que tengáis cuenta de twitter me añadáis a vuestros amigos de twitter. Por favor, no me sigáis, no quiero seguidores, que yo también ando perdido.
Para muchos, esa hora corresponderá aproximadamente con el encendido del ordenador o portátil y servirá para dar el toque de corneta que os lance al trabajo diario con la actitud correcta.
Características de las canciones o fragmentos musicales
Idealmente han de ser cortas, entre 2 y 4 minutos.
Han de ser alegres, épico-alegres o épicas (en este orden de preferencia).
Han de tener un efecto expansivo para el espíritu.
Petición colaboración
Yo tengo ya algunas ideas, y mi colega @entusiasmadocom también tiene otras; además, es probable que él publique una lista completa en el futuro. Pero necesitamos ayuda.
Así que los que tengáis alguna sugerencia, os ruego que las enviéis lo antes posible a: homominimus@hotmail.com o me las hagáis llegar vía twitter a @homominimus. No las pongáis en los comentarios, porque quiero que haya un cierto efecto sorpresa y que durante 26 días recibáis una canción nueva e inesperada a través de twitter. Para los que no tengáis twitter o no queráis tenerlo, publicaremos la lista completa al final de los 26 días.
Yo seleccionaré las mejores según los criterios de elección comentados arriba: 2-4 minutos, alegres, épico-alegres,épicas, de carácter expansivo.
Fecha de inicio: el primer twett del Proyecto 26 será el lunes 25 de marzo de 2013 a las 8:59 hora peninsular española.
¿Cuál sería vuestra canción motivante de la mañana? (sugerencias a @homominimus o homominimus@hotmail.com)
Todos los hombres sueñan. Aquellos que sueñan de noche en las oscuras recámaras de sus mentes se despiertan de día para comprobar que todo era vanidad; pero los soñadores despiertos son peligrosos, ejecutan sus sueños con los ojos abiertos para hacerlos posibles. Eso es lo que hicimos.
–T.E Lawrence. Los siete pilares de la sabiduría.
No, no quiero convertirme en un «contrarian«, un tipo imbuido del espíritu de la contradicción. Quizá en bolsa esté bien en ir contra la corriente: comprar cuando los demás venden, sin perder los nervios en las crisis; vender cuando los demás compran, sin dejarse llevar por la euforia y la mentalidad de rebaño. Pero en la vida no se puede ir contra la corriente sistemáticamente.
Sin embargo, en este caso, tengo que ser un contrarian. No me queda más remedio que contrariar mi deseo de no ser un contrarian.
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Detrás de todo lugar común, cliché, estereotipo, hay algo de verdad; y también algo de mentira. Hay mucho de mentira en la prescripción del gurú motivacional que te aconseja pensar a lo grande, o el director general que quiere apuntar muy alto, o el escritor con ínfulas espirituales que te dice: «¡El cielo es el límite!»
¿Qué pienso yo de todo eso?
Lo grande se cuida de sí mismo
No, no hace falta que pienses a lo grande. No te tienes que preocupar por pensar a lo grande y «atreverte» a luchar por grandes cosas. Tu espíritu ya de por sí quiere lo mejor y lo quiere lo antes posible. Cada uno define qué significa lo mejor y en qué términos lo quiere en su vida. Todos queremos cosas grandes según nuestra propia definición.
Lo que hay que cuidar no es el sueño, la meta, la gran estrategia; lo importante es el siguiente paso. El humilde, modesto, insignificante paso, ese que no advierte el prójimo y que tú desprecias. Hasta el más tímido es capaz de tener grandes sueños, hasta el más incapaz es capaz de perseguir lo imposible. No, no nos faltan los que quieren grandes cosas, cambios épicos, revoluciones y paraísos terrenales.
Lo pequeño es hermoso
Lo que echo de menos es a la gente paciente, a los que se concentran en el paso del aquí de a menos de un metro y del ahora de dentro de media hora. La paciencia es la más heroica de las virtudes, precisamente porque no tiene ninguna apariencia de heroica. Los pacientes, los que hacen cosas humildes, los que tienen espíritu de artesano, que disfrutan con el pequeño trabajo bien hecho, los que no sienten que tienen que llegar a ningún lado para obtener una satisfacción real, los que son capaces de olvidarse de los grandes sueños y las grandes revoluciones y se centran en el siguiente paso evolutivo. Los que prefieren las evoluciones a las revoluciones.
Pensar a lo pequeño significa de cuando en cuando contemplar de soslayo el deseo infinito, que está al alcance emocional de todo ser humano, para inmediatamente olvidarse de los sueños de grandeza, y mancharse con el fango de lo real, rozarse con la realidad, sentir los callos en las pies y en las manos o en las neuronas; y aceptar el primer paso, el segundo paso, el tercer paso, el cuarto paso… el enésimo paso, con alegría.
Si piensas demasiado tiempo a lo grande, todo lo demás te sabrá a poco, cualquier acción diaria te parecerá prosaica, deslucida, indigna de tus sueños. Por eso, olvídate de la grandeza, de ser el número uno, de construir un castillo en el aire. Deja a tus sueños ahí, en el firmamento, donde deben estar, y seguidamente céntrate en algo reducido, quizá insignificante; y hazlo tan ridículamente bien que los ángeles del cielo lloren de gozo.
Pero no hay ángeles, nadie te mira, solo tú te miras, estás solo, con tu pequeño esfuerzo, con tu pequeña vida, con tus pequeños afanes, con tus sueños remotos, con la muesca que puedes hacer hoy en el universo.
–Casi dos meses después del inicio del Proyecto 52 estos son los resultados provisionales. He celebrado 8 comidas, alrededor de una por semana, con un «friki» distinto cada vez siguiendo mi regla de las cuatro efes, F.F.F.F.
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Algunas notas sobre el proyecto
El anuncio del proyecto fue el 5.2.13, pero ya lo había iniciado informalmente dos semanas antes.
Alguna semana podéis ver dos puntos en el gráfico de avance, pero a efectos del proyecto 52 solo contabilizo como uno. Esas son semanas en que he he comido con alguna persona con la que previamente había comido. Puesto que busco la variedad, no tendría mucho sentido que repitiera una y otra vez con las mismas personas de mi círculo actual. Puedo hacerlo, pero no computan.
No voy a entrar en el detalle de ninguno de los encuentros, pues una de las característisticas del proyecto 52 es la confidencialidad. No obstante, la persona que participe en el proyecto puede escribir lo que quiera sobre el encuentro en su blog o donde le plazca.
La confidencialidad es mi política por defecto: a menos que la otra persona explícitamente me diga que no es necesaria la confidencialidad o que no la desea, yo no daré detalles personales en mis comentarios en el blog y fuera del blog.
Tengo 4 candidatos a más de 400 km. de distancia y con los que espero encontrarme a lo largo del 2013.
Algunos comentarios al azar
Las personas con las que me he encontrado han sido de origen diverso:
Dos compañeros de mi clase de teatro.
Un amigo de un compañero de mi grupo de teatro.
Una persona que conocí en un bar a través de mi hermano.
Dos lectores del blog. Aunque uno de ellos me conocía de una ocasión en la que coincidimos hace dos años y medio, pero no habíamos vuelto a tener contacto.
Una persona a la que conocí en un curso de verano el año pasado.
Un amigo «friki de toda la vida», que vino a visitarme después de un accidente que tuve en febrero.
Cuatro personas han sido participantes conscientes en el proyecto y cuatro han sido participantes inconscientes en el proyecto. A estos les he mantenido en la inconsciencia porque una vez que estaba con ellos pensé que no añadía nada el decirles que estaban comiendo conmigo porque participaban en un proyecto personal, por muy experimental y simpático que quisiera hacerlo parecer.
Otro encuentro, resultante del proyecto, que no cuenta a efectos del proyecto 52, pero que quiero reseñar, fue el de una «degustación de creatividad» vía skype (no, no penséis cosas sucias, ahora me explico). Puesto que los encuentros del proyecto 52 han de ser necesariamente presenciales no computa para el proyecto.
Estas degustaciones de creatividad , talleres de creatividad gratuitos para una sola persona vía internet, fueron inspiradas por mi Proyecto 52 según su autora, una entrenadora en creatividad y escridibujante. También he tenido noticia de algunas personas que espoleadas por el proyecto 52 han concertado cafés o charlas con personas desconocidas «ignorando el factor psicópata», que –seamos realistas– no es incompatible con el factor friki.
Mis comensales o contertulios han sido extremadamente puntuales, el retraso más grande ha estado en unos diez minutos. Ciertamente, yo siempre he estado allí para comprobar que eran puntuales. En todos los casos su puntualidad no ha sido una virtud inútil.
Las conversaciones han sido sin excepción fluidas y muy animadas. En varias ocasiones extendimos la comida a una tertulia con café después de la comida. Los temas han sido variopintos.
Mensajes en una botella
En una de las comidas mi interlocutor me sugirió una idea para captar participantes en el proyecto. Propuso introducir una nota al final de un libro que me gustara en una biblioteca pública, y dejar mi e-mail o teléfono para que la persona que la encontrara me escribiera o llamara. Después nos encontraríamos para comentar o charlar sobre el libro. Me parece una excelente idea que incorporaré a mi repertorio de técnicas de captación de sujetos para el proyecto 52.
La ventaja de este método es que me permite tener una selección de frikis más amplia: no serán gente de mis círculos sociales o virtuales, será gente que haya disfrutado con los libros que yo he disfrutado. También tendrán un cierto espíritu aventurero que les permitirá concertar una entrevista con un extraño y tomar la iniciativa para ello. Además, me facilita el trabajo: me dedico a sembrar y después espero a que llegue la cosecha de encontradores de notas en libros.
El inconveniente es que la cosecha será muy incierta, no tengo ni idea qué porcentaje de personas accedería a una propuesta como esta. Por ello, será necesario que lance al mar de los libros de la biblioteca muchas botellas con mensaje.
El límite entre lo atractivo y lo alarmante es borroso. No querría ahuyentar individuos aptos con un exceso de excentricidad ni parecer un naúfrago social. Creo que sería bueno incorporar a mi nota en el libro la referencia al artículo del blog donde anuncio el Proyecto 52.
Una cosa llevó a la otra
En varios de mis encuentros, he pedido o han surgido referencias para otras reuniones. En una de ellas, mi contertulio me sugirió hasta tres posibilidades distintas entre sus conocidos y familiares. Hace un par de días me ha puesto en contacto vía e-mail con un amigo suyo al que tengo que conocer.
En una comida surgió el nombre de una persona que conocía a través de lectura de un libro de ensayos. Como mi compañero de comida la conocía, me ofreció el ponerme en contacto para concertar una comida o reunión. La persona en cuestión educa a sus hijos en casa, fuera del sistema educativo formal en régimen de homeschooling. Yo soy defensor y evangelista del unschooling, así que sería interesante conocer a una persona que también se atreve a asumir una posición impopular y ser consecuente con ella.
En otra ocasión, escribí un e-mail a una persona relativamente conocida en su campo (de renombre internacional) y le invité a comer. Me respondió amablemente diciendo que nunca comía fuera de casa, pero que podía ir a su despacho. Me pidió que me pusiera en contacto con su secretaria para concertar la entrevista. Me lo he estado pensando durante varias semanas y todavía no me he decidido. No me acaba de agradar del todo que la gente me conceda audiencias, por muy friki que sea el personaje. Creo que va un poco contra el espíritu del proyecto 52, pero no lo descarto. En la variedad está el gusto.
En otra comida, pedí a una persona que ofreciera a un amigo suyo escritor el participar en el proyecto 52. Me dijo que lo haría. No he vuelto a tener noticias.
En varias de las comidas han surgido oportunidades de colaboración que a priori nunca se me habrían ocurrido. En todas las comidas surgieron ideas que catalizaron o encendieron ideas previas.
¿Y ahora qué?
Es probable que en las próximas semanas tenga una cena privada con un friki del Congreso de los Diputados español. Pero será una cena en grupo, así que por muy friki que sea el sujeto no contabilizará para el proyecto 52.
Sigue habiendo slots de sobra a lo largo del 2013 para que los lectores del blog me propongan candidatos, o –si son más audaces– se postulen ellos mismos.
Si tratas de enseñar a tocar el violín a un cerdo, perderás el tiempo e incomodarás al cerdo.
–Proverbio ruso
Siempre me ha molestado que algunos blogueros interpongan barreras de entrada a los que quieren comentar los artículos. Teniendo en cuenta que menos del 5% (yo creo que ni el 1%) de los lectores de un blog hacen comentarios, es ponérselo todavía más difícil. La mayoría de los lectores de blogs son casi por naturaleza lurkers, voyeurs en el mejor de los casos, durmientes en el peor. Los obstáculos consiguen disminuir todavía más la participación.
Las barreras en orden de fastidio son:
Introducir el nombre, e-mail y/o página web.
Tener que demostrar que no eres un robot intentando descifrar unas letras o números.
Registrarte en la página web o blog.
Quedarte pendiente de aprobación por parte del moderador del blog o página.
Gracias a todas estas barreras, los que hacen comentarios son menos de los que podrían ser. Esto ya está mal, pero mi fastidio se troca en ira en el cuarto apartado: aprobación de comentarios.
Hasta el bloguero más marginal de la red –no voy a dar nombres– (no a estas alturas del artículo. Quizá cambie de opinión dentro de un par de párrafos.) puede querer controlar el acceso a los comentarios; porque si no siente que todos los troles del mundo, todo la plaga del spam, toda la maledicencia del universo, todos los enemigos de la moral y las buenas costumbres, todos sus enemigos del alma, se aprovecharán de su candidez, de su dulce inocencia, y le injuriarán, le difamarán, dirán palabras feas o quizá hasta osen ponerle en un aprieto y pensar diferente.
Me cuesta meterme en la mente de los que ejercen la censura previa (eufemísticamente llamada «aprobación de comentarios»). Seguro que hay multitud de razones, algunas legítimas, pero teniendo en cuenta que el miedo es libre, inmenso y activable por las amenazas más improbables, las razones pueden ser peregrinas. Además, si tanto miedo tienes de la libertad de expresión de la gente deberías dejar el blog y escribir un diario secreto de quinceañera virgen o una hoja parroquial o una nota de prensa de cualquier partido político. Que los demás también opinen es el precio que has de pagar por pasarte el día escribiendo impúdicamente sobre tu ombligo.
Durante meses (¿años?) intermitentemente me he rebelado contra esta situación y he confrontado a los blogueros inquiriendo por la razón de su falta de confianza en la persona que hace comentarios (¿has de desconfiar y castigar preventivamente como hace el Gobierno español gravando con un impuesto especial la compra de DVDs vírgenes por si te dedicas al pirateo?). Lo gracioso es que muchos se creen defensores de la libertad y elevarían la voz contra la censura en la prensa tradicional o en los medios de comunicación de masas. Vemos la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el nuestro. Tengo la impresión de que no son más malos porque no pueden, no porque no quieran.
Las razones esgrimidas siempre son relativas a temores, la mayoría de ellos infundados. Esos temores suelen encubrir la necesidad de controlar la conducta del prójimo y de aniquilar la incertidumbre. ¿Por qué no prueban una semana a dejar sin moderación su blog y comprueban que la vida continúa y para sorpresa suya la gente está más interesada en sus propias vidas que en escupir en el ombligo del bloguero?
Algunos de mis colegas blogueros cercanos siguen la política de aprobación previa. Así que quien se sienta aludido y tenga algo que argumentar que use los comentarios de este artículo (LIBRES-SINCENSURAPREVIA-ABIERTOSDEPARENPAR-SINOBSTÁCULOS) para exponer su caso, interponer alegaciones y pedir clemencia.
Fricción y elección de las batallas
Leyendo a mi colega de entusiasmado.com en su último artículo sobre la importancia de elegir las batallas me he dado cuenta de que yo elijo muy mal mis batallas y que –esta entrada es la prueba– pierdo una energía preciosa echando pestes, discutiendo, rebatiendo, corrigiendo errores y hasta corrigiendo erratas. Y mi compromiso público de aplicar mis intenciones de implementación al deseo de no discutir no sirve para nada, se queda en agua de borrajas ante mi iracundia mal contenida.
¿Y por qué sigo perdiendo el tiempo luchando contra la corriente? No sé. Supongo que soy como el escorpión de la fábula de la rana y el escorpión: es mi naturaleza.
Pero bien pensado, esa respuesta es una triste racionalización. ¿Por qué infligirme esta fuente de fricción que yo mismo genero con mi incapacidad para el autocontrol y el deseo de gratificarme instantáneamente con una batalla más en mi particular cruzada contra los moderadores de comentarios?
El minimalismo existencial es –en mi nada modesto entender– una especie de aerodinámica vital y, por tanto, un buen ingeniero aeronaútico de la existencia ha de procurar limitar, limar, reducir las fuentes de fricción. Es estúpido que escriba este artículo si no es como un desahogo o como forma de exorcizar el diablo iracundo y vengativo que llevo dentro.
Así que, a la vez que maldigo a los que moderan sus blogs y deciden restringir los comentarios mediante la aprobación o reprobación, estoy comprometiéndome públicamente a dejar de hacerlo. No entro más en esa batalla. No entro en su juego ni para derrotarlos por mil goles a cero. No es que sea una batalla perdida, porque al final estoy seguro que ganaré la guerra; es simplemente una batalla que ya no me interesa más, que no me proporciona beneficios, que solo me genera coste psíquico y que me hace golpear una y otra vez la cabeza contra el muro de los cabezas de alcornoque.
Este artículo es una catarsis, un mecagoentodoyentodos, y una solemne declaración de que a partir de ahora –juro solemnemente ante vosotros, hermanos– no volveré a clamar contra los blogueros que practiquen la censura previa. Que con su spam se lo coman.
En su lugar, sonreiré levemente desde mi olímpica distancia moral, me retiraré silencioso y compasivo por sus decrépitas almas (perdónalos, diablo de la libertad, porque no saben lo que hacen) y rezaré por ellos.
Si eres un consumidor innovador o «adoptante temprano», en la jerga del marketing, te conviertes en un beta tester gratuito para la empresa que lanza el producto. Con los errores y fallos iniciales del producto que tú detectes proporcionas valiosa información para redefinir o ajustar sus características.
Esto lo aprovechan especialmente las empresas informáticas: todas las compañías procuran siempre tener a su lado una comunidad de ansiosos beta testers dispuestos a probar el último programa, wii o computador y señalar defectos. Eso está bien para la empresa y para los locos de la informática, pero consume tiempo y tienes que esperar a tener un producto refinado y sin fallos.
Consejo: no uses la última versión de ningún producto y no te apresures a probar ninguno nuevo.
Tarde o temprano al escritor de blogs –a este escritor de blogs al menos– le asedian las dudas sobre su actividad. En una noche en que los demonios interiores te cogen con la guardia baja, uno se pregunta sobre el sentido de lo que hace y escribe, y a veces siente su futilidad e insignificancia.
Durante meses uno escribe sus artículos para explorar un tema o para comunicar una visión de un tema. En textos de entre 500 y 1500 palabras intentas día a día expresar tu visión del mundo o de una parte del mundo. Y cuando echas la mirada atrás y contemplas lo escrito puedes ver un montón de letras inconexas que balbucean lo que no eres capaz de expresar o captar.
El escritor es siempre un ser que balbucea, esto es algo inevitable. El escritor de blogs es alguien que balbucea y, además, tartamudea: repite una y varias veces las mismas sílabas, se repite hasta que alguien diga basta o el lector retire la mirada; se entrecorta, pierde el ritmo, vuelve a tomarlo, se agota y agota a quien le lee.
Para un autor minimalista, la escritura debería ser la quintaesencia del pensamiento, de una tupida red de asociaciones que precipita en un sedimento simple, claro y profundo. Ese era mi ideal cuando comencé a escribir. Pero ahora vuelvo la vista atrás y solo veo torpes y fragmentarios pasos, intentos de decir algo que nunca fructifican; es decir, la vida misma retorciéndose.
Pero hay una esperanza
Pasado el vértigo existencial y posmoderno tras haber dormido nueve horas, en la mañana, ya lejos los ansiolíticos vahídos de la noche, me despierto descansado y más tranquilo. Entonces pienso que esos artículos desperdigados a través de mil días y mil noches esconden un secreto, que las asociaciones existen; que, a pesar de la variedad de temas y perspectivas, hay una figura o sensación que emerge y quizá haya unidad. La fragmentación puede tomar forma, y lo que no era más que un síntoma de una personalidad desintegrada, azarosa, que pensaba y hacía a salto de mata, emerge como un submarino de las profundidades.
Después de todo, había algo coherente, algo consistente, tras el torrente de palabras: había una forma, había algo que decir.
Minimalismo puntillista
Los puntillistas de finales del siglo XIX, vanguardia del movimiento impresionista, buscaron expresar la realidad a través de puntos de color puro. El término puntillismo, igual que el de impresionismo, fue usado por los críticos en un principio tanto para describir el nuevo movimiento como para mofarse de él. La ridiculez de «puntear» la pintura, en vez de expresar las formas según las técnicas clásicas, era demasiado evidente.
En la pintura clásica el efecto de color se lograba mediante la combinación de color en la paleta; en el puntillismo puntos de color puro se arraciman unos junto a otros, y el ojo y la mente del espectador se encargan de integrar esos puntos simples en una combinación con una variedad de tonos.
El puntillismo aprovecha los efectos de la Gestalt de la percepción para a partir de puntos simples crear un efecto conjunto expresivo y estético. Los artículos de este blog ahora pretenden lo mismo: ser puntos de comprensión más o menos pura que, contemplados desde la distancia y en su conjunto, se asocien en la mente del lector como una imagen integrada en una variedad de combinaciones y matices distinta de los puntos simples que la conforman.
Para ello, habrá que tomar distancia y habrá que leer muchos artículos hasta que emerja el efecto.
La mente humana es puntillista
Pero lo que digo de la pintura puntillista y de la lectura de un blog que aparentemente es una colección inconexa de ocurrencias, lo podríamos decir también de un pensador aforístico como Nietzsche o Ciorán y de otros pensadores asistemáticos. Y quizá de todo nuestro esfuerzo mental por hacer transitable la realidad.
Y bien pensado, lo podríamos decir también de nuestra existencia en su conjunto: podríamos usar la analogía de Steve Jobs en su famoso discurso en Stanford en que comparaba la vida a un diagrama de puntos en que el dibujo final solo se ve después de unir los puntos:
[…] De nuevo, no puedes conectar los puntos mirando hacia adelante, solo los puedes conectar mirando hacia atrás; por eso tienes que confiar en que los puntos de alguna manera se conectarán en el futuro, tienes que confiar en algo, tu dios, destino, vida, karma, lo que sea; porque creer que los puntos se conectarán a lo largo del camino, te dará la confianza para seguir a tu corazón, incluso cuando te lleve fuera de los caminos trillados. Y eso marcará toda la diferencia.
Vivimos anticipando, pero comprendemos la vida –y cualquier cosa– retrospectivamente. Incluso, nos comprendemos a nosotros mismos y lo que escribimos al cabo del tiempo y viendo la figura que emerge de los puntos que fuimos marcando con cada una de nuestras acciones.
Confiad, amigos, se hará la luz al final del camino.
[La analogía entre puntillismo y minimalismo se la debo a mi amigo mínimamente minimalista Iván, de http://entusiasmado.com/]
En relación a la propaganda, los primeros defensores de la alfabetización universal y la prensa libre visionaron dos posibilidades: la propaganda podría ser verdadera o podría ser falsa. No previeron lo que de hecho ha ocurrido, sobre todo en las democracias capitalistas occidentales: el desarrollo de un gran sector de medios de comunicación de masas, no preocupados en su mayor parte con la verdad o la falsedad, sino por lo irreal, por lo más o menos irrelevante. En definitiva, no tuvieron en cuenta el casi infinito apetito del hombre por las distracciones.
–Aldoux Huxley. 1958
Según vimos en Infoxicación e ignorancia selectiva, el sesgo de novedad y el carácter oportunista y exploratorio de la especie humana nos ponen en dificultades en un medio denso en información. Buscamos lo nuevo por lo nuevo porque lo que resalta sobre el fondo de lo familiar y cotidiano es fuente de amenaza u oportunidad, y nos impulsa a alguna acción que percibimos beneficiosa. Está en nuestros genes. Nuestra historia evolutiva nos ha conformado en esta dirección.
Los medios de comunicación, como empresas que son, fabrican o crean aquello que apela a alguna de nuestras necesidades humanas. No fabrican necesidades o deseos, como se suele decir; no instalan necesidades en nuestras psiques, sino que nos venden aquello que ya tiene valor subjetivo para nosotros. Las ofertas comerciales, en concreto las informativas y de entretenimiento, no hacen más que llover sobre el terreno mojado de necesidades y tendencias preexistentes en el ser humano.
A los medios de comunicación de masa tradicionales ahora podemos añadir las redes sociales, facebook, twitter y demás; y los nuevos entretenimientos en línea: Youtube, Starcraft, Secondlife, juegos de rol, chats, etc. Nuestro instinto gregario se encuentra terriblemente estimulado en estos entornos de virtualidad social.
Adaptación hedónica
Podríamos declarar la siguiente ley sobre la psicología humana:
Cuanto más insatisfactorio es un estímulo más necesitamos aumentar su intensidad o variarlo.
El fenómeno de adaptación hedónica hace que cualquier estímulo varias veces repetido termine hastiando y nos impulsa a la búsqueda de otros diferentes o más intensos. Suele ocurrir que los estímulos recibidos pasivamente y que se basan en la novedad por la novedad son los primeros que nos cansan y nos decepcionan. Sobre ellos hemos de mantenernos especialmente vigilantes.
Privilegio de lo fácil y lo inmediato
Lo inmediato, lo nuevo y lo fácil tendrá un lugar siempre privilegiado en nuestras mentes. Lo arduo, lo que lleva tiempo, lo que necesita de una alta energía mental de activación, seguirá existiendo, pero probablemente sea siempre consumo de minorías. Esto es algo con lo que tenemos que contar.
No hemos de rasgarnos las vestiduras. Como siempre, el problema no es que haya una oferta de noticias o productos culturales estereotipados, rutinarios o de baja calidad, el problema está en el lugar que estos ocupen en nuestras vidas.
La comida rápida cultural, social, informativa o de entretenimiento puede formar parte de nuestra dieta esporádicamente y nuestra vida no se verá muy afectada. Lo preocupante es cuando esa comida basura cultural se convierte en la norma y deja de ser la excepción.
¿Qué podemos hacer?
Desarrollar un criterio personal que se base en nuestras metas. Definir nuestros blancos informacionales y luego buscar los medios para alcanzarlos.
Mantener la consciencia de nuestras acciones en materia de información y entretenimiento. La inercia y la imitación social son fuerzas muy poderosas; solo se pueden vencer mediante la conciencia de nuestras opciones y acciones.
Moderar nuestra exposición a los medios de comunicación de masas.
Urbanizar nuestro entorno para que nos expongamos a medios elegidos. ¿Es necesario tener una televisión en la casa? ¿Es necesario escuchar música cuando conducimos?
Favorecer la participación activa en materia cultural: escuchar música está muy bien, pero, ¿por qué no aprender a tocar un instrumento? Leer está bien, pero por qué no escribir un blog donde comentas sobre lo que lees o haces tus pinitos literarios.
Convertirnos en «prosumidores», consumir información y también producirla . La web 2.0, los wiki, los blogs, los foros, y en general todos los medios que favorecen la participación y la colaboración
Crear espacios en blanco o oasis informacionales libres de interferencias. Actualmente es muy díficil encontrar lugares y momentos para la contemplación si no los creas deliberadamente.
Asumir la responsabilidad del consumo de información y entretenimiento. Hay multitud de opciones saludables y enriquecedoras proporcionadas por las empresas y organizaciones sociales: es tu responsabilidad buscarlas y elegirlas.
La riqueza informativa genera una pobreza en la atención. Es obligación nuestra el gestionar el recurso escaso de nuestro tiempo y atención.
Creo que la lección que he aprendido es que no hay substituto para el prestar atención.
–Diane Sawyer
Una escena cada vez más corriente en lugares públicos es ver a un grupo de amigos o una familia que se ha reunido para comer, cenar o tomar un café, y la mayoría de ellos en un momento dado están consultando sus iPhones o envíando mensajes de texto, respondiendo llamadas, jugando con su iPad.
No es raro que de un grupo de seis amigos cuatro estén consultando sus aparatos electrónicos y los otros estén callados o mirando al tendido esperando que los demás acaben con sus asuntos. Todavía es más llamativo ver parejas de amigos o de novios donde ambos están sentados cada uno con su teléfono móvil sin hablar entre ellos.
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–¿Qué sensación produce esto desde fuera? Para los que consultan sus aparatos hay un mundo más importante tras la pantalla, una posibilidad más incitante en cualquier mensaje, correo electrónico o llamada. Si están físicamente donde están es porque es su mejor opción solo provisionalmente, es como si quisieran mantener sus opciones abiertas gracias a un nuevo mensaje o aparición en su pantalla.
¿Y qué se puede sentir si estás en el grupo y no estás conectado virtualmente? El que espera a que sus amigos acaben de atender a sus comunicaciones tiene la sensación de ser un convidado de piedra a un banquete en el que de repente todos se han ausentado, se han llevado los manjares y le han dejado solo; es por eso que resulta conveniente que lleves también tu iPhone para defenderte o contraatacar a la desconexión de tus compañeros.
La atención es la moneda de la comunicación humana
Quizá presento la escena en términos bélicos o dramáticos, pero creo que es una situación tan cotidiana como seria. La moneda de la comunicación humana es la atención: la atención que nos prestamos mutuamente y nos hace sentirnos reconocidos. Cuando en contactos presenciales escatimamos esa atención prestada en beneficio de conexiones virtuales, estamos siendo cicateros, estamos traicionando nuestra parte del pacto comunicativo; estamos dejando de reconocer a la otra persona como importante en beneficio de otras personas ausentes y posibilidades.
Ya conocemos el irrefenable atractivo de la novedad y en general de la posibilidad. Un pico de dopamina salta ante cada mensaje de texto nuevo, notificación de correo o llamada: la sagrada llama de la posibilidad se presenta ante nosotros con todo su fulgor y hace muy difícil o imposible decir no. Lo nuevo desplaza a la conversación actual y a las personas físicas delante de nosotros; lo urgente y lo potencial desplaza a la importancia de las personas presentes.
El autocontrol personal es siempre frágil y los mecanismos sociales de control todavía están por desarrollarse. En materia de electrónica de consumo y redes sociales virtuales vivimos el síndrome del niño en la pastelería: abrumados por el deseo de mil posibilidades todas igualmente incitantes y sin saber a qué carta quedarnos.
¿Es aceptable esta situación?
Ciertamente es aceptada por la mayoría, pues la mayoría acaba participando. Para mí es inaceptable, un retroceso, una marcha atrás en nuestra capacidad de proporcionar nuestra atención individida a las personas que tenemos delante. Podemos resignarnos o no, pero esta situación de atención fragmentada, dividida, pendiente de un hilo y de un aparato electrónico es irreflexiva, contraproducente y nociva.
Una propuesta
He tenido noticia de un mecanismo de defensa del tiempo compartido. Un pacto entre caballeros para mantener la integridad del tiempo en compañía y la atención mutua. Es un sistema ingenioso que incorpora un castigo en forma de sanción al compañero de reunión que ose transgredir el pacto:
Al comienzo de la comida o reunión los contertulios o comensales depositan sus armas de distracción masiva en el centro de la mesa, a la manera de policías que se jubilan y devuelven el arma reglamentaria y la placa. Los iPhones, móviles, iPads, etc., quedan retirados de la circulación y nadie puede tocarlos durante el tiempo que dure la reunión.
Quedan a la vista de todos como un prohibido objeto del deseo, protegidos por las miradas de los demás. Si alguno osa responder una llamada, consultar un correo o un mensaje de texto, o usar el iPad, con la excusa que sea, la transgresión es rápidamente detectada; y la sanción inapelable:
El que infrinja el pacto tendrá que pagar la cena de todos, las copas o las consumiciones de los demás. Créedme, todo el mundo se lo piensa varias veces antes de recuperar su arma de distracción.
Dada la ubicuidad de los medios de comunicación –quizá deberíamos llamarlos «de descomunicación»– las estructuras sociales, sus rituales y sus reglas tendrán que adaptarse para responder a las nuevas realidades. Las omnipresentes redes sociales solo tienen unos pocos años, aunque sintamos que han estado siempre con nosotros; hace poco más de una década, el uso del teléfono móvil no estaba todavía extendido. No hemos tenido tiempo de tomar conciencia de sus ventajas y sus inconvenientes, ni de crear una etiqueta o unas reglas de urbanidad tecnológica que nos permitan obtener lo mejor de los avances técnicos sin sacrificar nuestra sociabilidad.
Por el momento, tendremos que tomar conciencia de nuestras costumbres, aplicar la fuerza de voluntad, disciplinarnos y acoger con receptividad gozosa los pactos entre caballeros que nos vayan proponiendo a lo largo del camino.
Vivimos en una cultura tan preocupada por la gratificación inmediata y sentirse bien en todo momento que no es extraño que la confianza, que tan bien sienta, sea uno de los becerros de oro a los que adoramos.
La frase de Henry Ford, «Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estás en lo cierto «, ha sido repetida hasta la extenuación como un mantra y un axioma indubitable. Es el tipo de verdad evidente que parece profunda y que deja un buen sabor de boca después de ser proferida. Qué fácil sería todo si simplemente fuera una cuestión de confianza. Bastaría con que nuestra sentimiento sobre las posibilidades de éxito de algo fuera la garantía de conseguir ese algo.
El argumento es el siguiente: tu motivación depende de la confianza que tengas; si no confías en que puedes lograr algo, entonces no lo emprenderás o lo harás con poca energía, con lo que tus posibilidades de tener éxito son bajas. En cambio, si confías en ti, si eres optimista con respecto a lo que puedes lograr, entonces pondrás tu cuerpo y alma en la empresa, y es casi seguro que vencerás.
Por lo tanto, el estado mental es el que determina el futuro. Así que cambia tu estado mental, tu confianza, y cambiarás el futuro. La lógica parece irrefutable y la evidencia subjetiva parece fuerte. Después de todo, hay una correlación: cuando nos sentimos confiados las cosas van bien y nos sentimos animados.
Ya, esto está muy bien, pero… ¿qué hacer si no tengo confianza?
La respuesta es tautológica: si no tienes confianza es porque no te sientes confiado y tienes que hacer algo para estarlo. ¿Cómo recomiendan los psicólogos populares que recuperes la confianza?
Usa afirmaciones del tipo «Yo puedo conseguirlo» .
Visualízate con el trofeo en la mano, siendo felicitado por tu trabajo o en brazos de la mujer de tus sueños.
Rodéate de gente positiva que te proporcione confianza y te anime.
Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué tipo de persona va por la vida repitiéndose «yo puedo», «Nada me puede parar», «Seguro que lo consigo»? Tengo la sensación de que no es la persona que logra cosas, sino la persona perezosa o medrosa que prefiere dedicar el tiempo a cambiar su estado mental y no a hacer el trabajo sucio de intentar y equivocarse.
Algunas dudas sobre la importancia de la confianza
Cuando un jugador está en racha, pongamos en el baloncesto, decimos que tiene la mano floja, que se siente confiado, y explicamos las rachas por esa confianza interior. La cuestión es: ¿es la confianza la que crea los resultados o son los resultados los que hacen varíar la confianza? En el imaginario colectivo parece que se pone el énfasis en lo primero: para emprender acciones y lograr resultados necesitas antes tener confianza.
Pero quizá no sea así. En el caso del baloncestose ha comprobado que las presuntas rachas, que parecen ir unidas a una gran confianza, no son tales: no son más que series probables dentro de un fenómeno aleatorio; es como si tiraras 5 veces la moneda y sacaras 5 veces seguidas cara: te parecería algo sorprendente, y tenderías a relacionarlo con algo: el destino, el giro especial de tu muñeca, tu confianza en sacar las caras o tu poder mental. El hecho es que una racha de 5 veces caras es algo que ocurre por término medio una entre treinta y dos veces. Lo mismo lo podemos aplicar al baloncesto y a muchas otras actividades en la vida.
¿Y qué decir sobre que si no tenemos confianza no estaremos motivados?
No son los acontecimientos con una recompensa más probable los que más nos motivan; al contrario, una probabilidad muy alta de lograr algo nos hace perder la motivación. Según estudios del circuito neurológico de búsqueda parece que el tipo de meta más motivante es la que tiene un 50% de probabilidad de éxito. Esta cifra parece muy alejada de la necesidad de tener confianza plena en el éxito para estar muy motivados.
Por qué el énfasis en la confianza es contraproducente
Si no tienes esa confianza, no comenzarás o te costará más comenzar.
Pondrás el énfasis en cambiar tu estado mental en vez de cambiar el las circunstancias del mundo externo para que estas te faciliten el logro de tus metas.
El estado subjetivo de confianza es muy variable, depende mucho del momento, y a veces de circunstancias que no tienen nada que ver con el proyecto en curso.
Harías mejor en dedicar tu atención y esfuerzo a percibir la situación real actual y en crear estrategias que en perder el tiempo intentando dilucidar si tu confianza es óptima esta mañana y si necesitas ponerte una canción de la película Rocky para mejorar tu ánimo.
Raramente la confianza nos da una imagen fiable de nuestra cercanía a la meta.
Es natural que cuando estás empezando algo nuevo y aprendiendo no te sientas confiado.
Sentirse confiado siempre, independientemente del nivel de dificultad de la tarea, es estúpido.
Si hay algo verdaderamente valioso para ti te arriesgarás, podrás pasar por encima de la falta de confianza y avanzarás.
Es más probable que los resultados generen confianza que al contrario.
Una vez que consideras que quieres obtener algo valioso para ti la preocupación por la confianza es una distracción o evitación de la acción.
La humildad es mejor que la confianza
La humildad es el antivalor que puede sustituir, o al menos sobreponerse, a la confianza. Es una virtud en el sentido tradicional cristiano, pero es un antivalor respecto al espíritu de los tiempos:
«Aumentar la humildad» ——> resultados google —> About 1,010 results (0.18 seconds)
«Aumentar la confianza» ——> resultados google —> About 1,670,000 results (0.24 seconds)
Según Alan Furth, de Minimum Opus, las relaciones más horizontales–y menos jerárquicas– propiciadas por Internet harán que la humildad entendida como apertura mental y antídoto contra el endiosamiento y el egocentrismo emerja como valor central en el siglo XXI:
La horizontalidad extrema de las redes distribuidas rescatan el valor de la genuina humildad como un atributo del carácter, tal como se ve en la ética que emerge en las comunidades de desarrolladores de software libre (como parte de un conjunto complejo de valores que se refuerzan mutuamente). Y en términos más generales, las culturas de las organizaciones basadas en redes distribuidas pueden caracterizarse como relatos en los que predomina la humildad de la lírica sobre la arrogancia de la épica.
Alan Furth defiende convincentemente el valor de la humildad en el siglo XXI. La interpreta como un reconocimiento de nuestra pequeñez ante la inmensidad del universo y del conocimiento; sobre todo, de nuestra falibilidad; no como fruto de la sumisión al poder.
La humildad es crucial para mantenernos conscientes de nuestra falibilidad.
Independientemente de cuanta experiencia, conocimiento o destreza podamos tener en un campo determinado, siempre tenemos que mantener un mínimo de apertura mental hacia cursos de acción potencialmente mejores que aquel con el que actualmente estamos comprometidos.
Dejar que los propios argumentos sean «aplanados» de cuando en cuando.
En resumen
Una vez que hayas decidido emprender un proyecto y aceptado el riesgo, olvídate de la confianza o desconfianza en tus posibilidades . Céntrate en lo que ocurre a tu alrededor y en llenar con acciones la brecha entre lo que existe ahora y lo que quieres que exista. La confianza es un dato emocional más, pero no una variable que tengas que modificar. Va y viene sola. No te preocupes por ella. Soporta la incertidumbre, vive con ella.
No necesitas confianza, lo que necesitas es competencia.
Practica y desarrolla la virtud de la humildad, reconoce tu falibilidad como ser humano, sigue aprendiendo. Muéstrate abierto y dispuesto a cambiar. No mantengas una imagen exagerada de ti mismo.
Hay cosas que puedes lograr y cosas que no. Es difícil que sepas con certeza de lo que eres capaz hasta que lo has hecho. No eres omnipotente ni omnisciente. Sin embargo, como el héroe, puedes emprender proyectos sin tener certezas ni confianza completa en que lleguen a buen puerto.
Gran parte de las empresas humanas más valiosas empezaron como saltos en el vacío
Una buena actitud no sustituye a la competencia. La competencia no se logra repitiendo afirmaciones positivas y acudiendo a cursos de motivación. Punto.
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Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:
Escribir es pensar. Escribir bien es pensar claramente. Por eso es tan difícil.
― David McCullough
Mi ideal comunicativo en este blog es que mi pensamiento sea claro, y luego hacer visible mi pensamiento. Creo que muchos de vosotros podéis compartir este ideal de lenguaje llano, de lenguaje humano.
Asumo que no eres un escritor de literatura, donde las reglas de claridad no son más que una herramienta al servicio de tu arte. Un profesor de redacción y estilo te dirá que el ideal de escritura clara es aplicable a los textos no literarios. En los textos literarios, la claridad no es más que un ideal muy particular de algunos escritores y nunca el más importante.
Claridad
Cualquier persona escribe algún tipo de texto: e-mails, blogs, mensajes de texto, notas de prensa, artículos periodísticos o científicos, memorandos, actas, currículos, cartas o instancias, etc. En este caso tiene un objetivo comunicativo que no es meramente estético o artístico: quiere comunicar un mensaje e influir sobre alguien; por tanto necesita ser claro. Escribir claramente es un requisito deseable para la mayoría de los textos no literarios.
En Cómo escribir con claridad, un folleto en pdf de 15 páginas editado por la Unión Europea, podemos encontrar diez consejos sobre cómo escribir claramente:
Consejo 1: Piense antes de escribir
Consejo 2: Piense en el lector – sea directo e interesante
Consejo 3: Dé forma a su documento
Consejo 4: BYS: ¡Breve Y Sencillo!
Consejo 5: Redacte con sentido – organice sus frases
Consejo 6: Elimine los sustantivos superfluos – las formas verbales tienen más vida
Consejo 7: Sea concreto y no abstracto
Consejo 8: Mejor activa que pasiva — y nombre al agente
Consejo 9: Atención a los falsos amigos, la jerga y las siglas.
Consejo 10: Revise y compruebe.
Legibilidad
La escritura vigorosa es concisa. Una frase no debe contener palabras innecesarias ni un párrafo frases innecesarias, por la misma razón por la que una pintura no debe tener líneas innecesarias o una máquina piezas no necesarias.
–Strunk & White
Un concepto relacionado con la claridad, aunque no idéntico, es la legibilidad, que se refiere a la facilidad de lectura de los textos. La legibilidad depende de la extensión de los párrafos, número de palabras por frase y longitud de las palabras.
Jordi, de Simplicidad extrema, pasa todos sus textos, los del trabajo y su blog, por el programa INFLESZ que de manera automática le proporciona un índice numérico de legibilidad.
Una tonelada de experimentación, un kilogramo de intuición y un gramo de teoría.
–Homo Minimus
Es complicado vivir en un mundo con tantas ideas. La densidad de datos e información es casi insoportable y para cada problema tenemos mil soluciones. Y lo peor/mejor es que podemos acceder a esas soluciones en un clic de ratón. No es extraño pues que nuestras mentes sean hervideros de teorías: muchas y contradictorias y de calidad variable.
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Algunos no podemos dar un paso sin tener una teoría. Aunque nada sea más práctico que una buena teoría, el problema/bendición es que no tenemos una sola teoría, tenemos demasiadas. Para todo tenemos varios procedimientos y para todo tenemos varios modelos.
Y está bien que tengamos modos de orientar nuestra acción. Pero siempre que nuestras teorías o nuestros modelos del mundo no nos abrumen y nos hagan pasar por alto lo que tenemos delante de las narices. El peligro de las teorías explícitas, verbales, codificadas, es que nos ahorren el trabajo de pensar, sentir y experimentar. Son un atajo, a veces un atajo que acaba en un callejón sin salida.
Alguien dijo: «No me gusta tu revolución si no se puede bailar». Alguien más podría decir: «No me gusta tu teoría si no ha surgido de mis torpes pasos». Pero no es eso lo que hacemos; no mantenemos una saludable actitud escéptica hacia nuestras teorías, sino que las tomamos como un cálido manto acogedor que nos protege del azote del mundo y evita que nos tengamos que ensuciar con el barro de los problemas reales, los obstáculos reales, la ambigüedad y la confusión.
Así que estamos sometidos a una tensión entre la necesidad de teorías para orientarnos y la necesidad de experiencias para fundamentarlas, corroborarlas y hacerlas nuestras.
Es mejor escribir para uno mismo y no tener público que escribir para el público y no tenerse a uno mismo.
–Cyril Connolly
Teoría del valor
Creo que la variable más importante para que alguien quiera comprar algo — o, en el caso de los blogs, quiera dedicar su atención a un texto– es el valor esperado que el bien comprado o la lectura tienen para la persona. Este valor es subjetivo, varía con la persona, y en un mismo individuo depende del momento y de sus circunstancias.
Mi política de marketing
Me concentro en escribir artículos de calidad aprovechando mis intereses.
Creo que si uno quiere mantener un blog en el largo plazo solo hay una vía razonable: escribir sobre aquello que es significativo para uno, aquello que le apasiona o aquello sobre lo que quiere saber más. Siguiendo esta indicación el beneficio psíquico de escribir un blog excederá con creces a los costes de tiempo y atención de escribir el blog.
No importa que nadie en tu entorno sienta ese interés. Lo importante es que tú sientas ese interés, inquietud o pasión.
¿Cómo das a conocer tu blog?
Compartir lo que uno escribe es importante, no imprescindible, pero sí satisfactorio. Mi tesis es que el blog, servicio, producto encontrará su público, si es que lo hay. Quizá el público de lo que creas es escaso o nulo. Vive con ello. El mejor marketing es que algunas personas valoren lo que haces, que cada vez que te lean obtengan un poco de valor, que aprendan algo nuevo o que se entretengan con lo que han leído. Esas personas atraerán a otras personas y con el tiempo tu público se ampliará. Tendrás 1, 10, 100 o 1000 lectores.
¿No se puede acelerar este proceso atrayendo y dándote a conocer mediante estrategias de marketing?
Sí, se puede.
Pero el tiempo dedicado a atraer lectores, mediante buenas y no tan buenas artes, es tiempo que quitas a la escritura y a la generación de ideas.
Así que mi auto-recomendación y mi recomendación para minimalistas existenciales es centrarse en lo esencial: explorar, aprender de otras personas, reflexionar y escribir. Los lectores vendrán por añadidura. Como escribió Emerson, se abrirán camino para buscarte:
Si un hombre tiene buen maíz o madera o tableros o cerdos que vender, o puede fabricar mejores sillas o cuchillos u órganos de iglesia que cualquier otro, la gente se abrirá paso a través de un camino de cabras aunque esté en medio del bosque.
No tengo estudiar el mercado para conocer sus necesidades. Me basta con conocer mis intereses, inquietudes, pasiones y escribir sobre ellas.
No tengo que diseñar un blog adaptado a los gustos de nadie.
No tengo que localizar nichos de mercado. Los que encuentren valor en lo que escribo me leerán.
No tengo que vigilar a la competencia.
Me olvido de la optimización de buscadores y de las estadísticas de visitas.
¿Te importa un rábano lo que piensen los lectores?
No, no me importa un rábano. De hecho, me preocupo por explicarme con claridad y cuido la presentación y el lenguaje. Pero no adapto mi mensaje a los lectores, sino que son los lectores los que se adaptan leyendo o ignorando lo que escribo.
Dicho esto, me gusta saber lo que piensa el tipo de gente que se siente atraída por lo que escribo.
¿Pero de verdad no te importa que te lean?
Sí, me importa. Si escribo un blog en vez de un diario personal es porque quiero me lean e interaccionar con gente. No carezco de ego y obtengo satisfacción en que la gente encuentre valor en lo que escribo.
Pero como mi atención y tiempo son limitados, prefiero dedicarme a producir contenido de calidad según mi criterio y reducir al mínimo la promoción. Quiero que la promoción sea un subproducto natural de estar interesado por el mundo y conectado con personas afines.
Tienes twitter (@homominimus); además, se te ha visto consultar compulsivamente las estadísticas de visitas al blog ¿No eres un poco hipócrita?
El marketing clasifica a los compradores de acuerdo a su actitud ante la novedad; en el extremo superior de la clasificación coloca a los innovadores y los adoptantes tempranos. Estos son los consumidores o usuarios que más predisposición tienen al cambio y a probar cosas nuevas. Son la vanguardia de los consumidores, y por eso es una categoría importante para los especialistas en marketing: son como la chispa que permite llegar a (incendiar) el mercado. Son a menudo también líderes de opinión y los que dan origen a las modas. Es importante tener de tu parte a este grupo cuando lanzas un nuevo producto.
¿Por qué nuestra recomendación de no estar nunca entre los primeros que prueben un producto?–
No te vas a perder nada realmente valioso
Si eres especialmente vigilante ante las novedades tecnológicas, puedes sentir la necesidad de estar constantemente al día por miedo a perderte algo, por no estar aprovechando lo último. Esto te puede convertir en un ser ávido de información, siempre escaneando el entorno y tu red de relaciones para asegurarte de que estás a la última.
No te preocupes, si hay algo realmente importante, que genere un cambio duradero y sustancial en tu ocio, forma de trabajar o satisfacción personal, tarde o temprano, más pronto que tarde, te acabarás enterando según el uso del producto se vaya extendiendo. Es imposible que no adviertas los cambios que se producen a tu alrededor; lo harás por simple ósmosis o influencia social.
Consejo: confía en el comportamiento de la gente que te rodea o en tu comunidad profesional y sus testimonios para conocer los productos o servicios que añaden mucho valor. Ganarás en tranquilidad y te podrás enfocar en las actividades que verdaderamente te importan.
Aprovéchate de las estrategias de fijación de precios de las empresas
Las empresas muchas veces emplean la técnica del «price skimming» o «desnatado de precios» para explotar al máximo los mercados en los que operan; El proceso es el siguiente:
Comienzan con precios altos para los usuarios (adoptantes tempranos) más adictos a las modas o la innovación y los captan.
El precio alto genera un cierto halo de exclusividad o consumo conspicuo (por razones de búsqueda de estatus) que hace más apetecible todavía el producto.
Con el tiempo, van bajando los precios en tramos para alcanzar a segmentos del mercado de menor poder adquisitivo o más renuentes al cambio.
Muchos consumidores van accediendo al mercado atraídos por los precios más bajos y por el ejemplo de los adoptantes tempranos.
Finalmente, las empresas reducen los precios al mínimo posible para exprimir la parte más baja del mercado.
Esto suele ser lo habitual en la industria editorial y la edición de libros en formato primero de tapa dura, después de tapa blanda y por último en ediciones de bolsillo. Pero también con muchos otros productos.
Consejo: ahorra dinero esperando a que bajen los precios y nunca compres por efecto de una campaña inicial de publicidad. Tu ansiedad contribuirá a pagar la campaña de lanzamiento.
[…] Bien, pues yo creo que estas maneras de hacer pausas o parar –tras un periodo extenso de trabajo (90 minutos, 2 horas, etc.), por cansancio o por no estar en la zona– son erróneas. Hay una manera distinta y mejor de hacer pausas o parar el trabajo. Y es la siguiente:
Algunos os preguntaríais si fue un error de transcripción del artículo, si es que se me traspapeló parte de él o simplemente es que acabé el artículo ahí y lo dejé incompleto.
No, no fue un error, fue algo deliberado. No he hecho más que utilizar un conocido recurso de los guionistas de televisión, de cine y los escritores de novelas por entregas, como Charles Dickens.
Os he proporcionado un momento álgido (un «bang» en la jerga) y en vez de resolverlo he cortado la escena/acción/artículo en ese mismo punto anunciando el desenlace en el próximo capítulo. A este cortar la escena en lo más interesante se le llama en inglés «cliffhanger«, traducido al español sería «colgando del acantilado». Es el famoso «Continuará» que ha hecho que generaciones de radioyentes y televidentes hayan estado enganchados durante años a los seriales de radio y las comedias de situación en la televisión.
Un experto en marketing online y bloguero de éxito, Carlos Bravo, de Marketing de Guerrilla,recomienda usar el cliffhanger dejando los artículos incompletos o anunciando series de artículos sobre un determinado tema. Con ello genera interés, curiosidad y expectación en sus lectores, que recibirán el siguiente artículo con inusitado alborozo.
Además, dado lo limitado de la atención del lector de blogs, puede divivir un tema largo o complejo en píldoras más digeribles.
¿Qué tienen que ver los acantilados con la organización del tiempo de trabajo y la elección de las pausas en la jornada de trabajo?
Podemos jugar estratégicamente con nuestros diversos Yoes temporales creando con el Yo Presente una expectativa de algo interesante para el Yo Futuro. Si hacemos la pausa en nuestro trabajo cuando nos sentimos contentos y energéticos, cuando estamos inspirados o «en la zona» , conseguimos que nuestro Yo Futuro quiera volver a la tarea lo antes posible. Además lo hará con un buen estado de ánimo, con expectación, con motivación renovada.
La mejor manera [de escribir] es siempre parar cuando estás haciéndolo bien y cuando sabes que es lo que ocurrirá después. Si hace esto todos los días… nunca te quedarás bloqueado
–Ernest Hemingway
El novelista americano concluía su jornada de trabajo después de escribir un determinado número de palabras (un mínimo de 500, por ejemplo) y cuando estaba haciéndolo bien. De esta manera lograba comenzar el siguiente día con ganas, energía y con un punto claro de partida.
Es justo lo contrario de lo que solemos hacer: lo dejamos cuando estamos agotados o cuando hemos llegado al punto de bloqueo. La estrategia de la pausa en momentos en que todavía no hemos alcanzado nuestro límite de motivación y energía no nos viene naturalmente; requiere una gran capacidad de autorregulación y conocimiento de uno mismo.
Supone sacrificar una satisfacción segura en el presente a cambio de un beneficio futuro; esto es, para parar tu trabajo tienes que renunciar a la sensación de fluidez, a las ganas de continuar la buena racha, la ola de energía y la perspectiva de lograr en poco tiempo una cantidad de trabajo de calidad. No es fácil hacerlo.
¿Por qué entonces hacer las pausas cada cierto tiempo cuando todavía tienes energía y motivación?
Una de las razones es el efecto cliffhanger, que seducirá a tu yo futuro a retomar el trabajo. Y esto es muy importante para un escritor de novelas, un maratoniano de la literatura: para él es más imporante el asegurarse que al día siguiente estará otra vez sentado en su mesa de trabajo que escribir unos pocos cientos de palabras más un día concreto.
El beneficio temporal de un arrrebato de creatividad en un par de días no compensa el beneficio en el largo plazo de mantener un ritmo continuo y evitar la pérdida de motivación y energía.
Las paradas en el trabajo permiten a la mente pasar del modo focalizado en la tarea a un modo más contemplativo; aunque creas que tu mente está descansando, sigue habiendo un ingente trabajo inconsciente que, al día siguiente o pasadas las horas, te hará retomar la escritura con ideas frescas y nuevas asociaciones.
¿Se aplica esto al trabajador del conocimiento del siglo XXI?
Cualquier trabajador intelectual o del conocimiento, y esto cada vez incluye a más gente (diseñadores, programadores, periodistas, profesores, profesiones liberales, ingenieros, decoradores, etc.), puede aprovecharse de tomar pausas cada un cierto tiempo de manera sistemática.
La técnica pomodoro te ayuda a tomar pausas estratégicas
La técnica pomodoro es una maravillosa implementación de la idea de tomar pausas cada cierto tiempo de manera sistemática. No importa que en el momento de tomarte la pausa estés inspirado y creas que estás especialmente productivo.
A veces, un par de minutos pueden suponer un gran descanso y el resurgir de energía y motivación. Además, cuando sabes que tras un determinado tiempo vas a hacer necesariamente una pausa, estás mandando el mensaje a tu cerebro de perseverar durante un periodo acotado en el que no vas a poder hacer otra cosa que trabajar intensamente.
Hay una fenómeno psicológico que justifica el uso del cliffhanger y las pausas que dejan tareas inacabadas. Lo veremos en el próximo artículo.
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Artículos de la serie «pon un tomate en tu vida»(técnica pomodoro):
En la comunidad de blogueros especializados en productividad y organización del trabajo hay debate sobre el lugar y el valor de las interrupciones.
Iago Fraga, de Técnicas de Organización, en La vacuna contra las distracciones, considera que una interrupción en medio del trabajo, cuando estás en «la zona», es contraproducente porque volver a retomar la concentración requiere tiempo.
Jeroen Sangers, de El Canasto, dice que la Técnica Pomodoro no funciona porque interrumpe el trabajo cada 25 minutos (o algún periodo fíjo). Considera que la técnica pomodoroes una forma rígida de trabajar; de hecho, cree que es una variante «sexy» de la técnica del bloqueo de tiempo (time boxing en inglés); esto es, de la técnica de asignar bloques de tiempo a las tareas más importantes.
Para estos dos expertos, que suspendas el trabajo a intervalos, por ejemplo de 25 minutos, parece artificial y contraproducente. Antes de refutar esta posición, voy a definir conceptos:
Distracción = interrupción, voluntaria o no, no útil del flujo de trabajo.
Pausa = interrupción voluntaria y útil del flujo de trabajo
Se entiende que yo defiendo la segunda variante de las interrupciones, las interrupciones voluntarias y útiles, las pausas.
Origen de las distracciones
Las distracciones pueden llevar a la parada en el flujo de trabajo. Las causas pueden ser externas e internas:
Suceso interno: un pensamiento no relacionado con lo que estamos haciendo irrumpe en la conciencia: empiezo a fantasear con mis próximas vacaciones.
Suceso externo: una llamada de teléfono, un correo de entrada que suena en mi bandeja de correo o cualquier distracción visual.
Estas serían distracciones o interrupciones no voluntarias y según cómo las gestionemos llevarán a parar el trabajo o a continuarlo. Algún estudio estima que el trabajador de oficina tiene una media de una interrupción del flujo de trabajo y concentración cada 3 minutos, con los costes que eso conlleva en términos de eficiencia.
La gente con buena capacidad de organización y concentración controla las distracciones internas y se enfoca en lo que hace. También tiene más o menos controlado el entorno de trabajo y las distracciones externas.
¿Cuándo elegir el momento de la pausa?
Los expertos escogen un periodo de trabajo lo suficientemente largo (90 minutos, una hora) para que cuando lleguen al final del periodo hayan hecho un trabajo significativo; para el momento de la pausa también ya ha aparecido el cansancio. Si están inspirados y con energía suficiente, probablemente seguirán trabajando pasado el periodo de trabajo inicial que se habían fijado.
Otros menos sistemáticos escogen el momento de parar cuando ven que no están avanzando mucho o están agotados.Paran cuando se ha reducido el rendimiento y no están inspirados. En general la gente sigue trabajando hasta acabar la tarea si se lo puede permitir.
Bien, pues yo creo que estas maneras de hacer pausas o parar –tras un periodo extenso de trabajo (90 minutos, 2 horas, etc.), por cansancio o por no estar en la zona– son erróneas. Hay una manera distinta y mejor de hacer pausas o parar el trabajo. Y es la siguiente:
Gran parte de los autores minimalistas dedican mucho de su tiempo y esfuerzo a tratar de reducir el número de posesiones en sus vidas. Cada uno es animado por distintos motivos, pero todos consideran que el minimalismo existencial o minimalismo como estilo de vida implica el aumento de los espacios en blanco.
El proyecto 333, los viajes por el mundo ligeros de equipaje [Mínimo y su Camino de Santiago sin mochila], el desafío de vivir con menos de 100 objetos e iniciativas similares pretenden transmitir y practicar esa idea. Si vas a cualquiera de los blogs minimalistas encontrarás multitud de consejos para reducir tus posesiones, organizar tu casa y centrarte en lo esencial.
Otros autores no se quedan en el aspecto material; además tocan también aspectos más intangibles pero también muy significativos como el control del flujo de información, la organización y racionalización del trabajo. Unos usan sistemas zomo GTD de David Allen en versiones más o menos minimalistas, como el famoso ZTD (Zen to Done) de Leo Babauta, o herramientas como la TMI (Tarea más importante del día) [David Cantone tiene incluso un sistema completo de Productividad minimalista].
Omar Carreño de Análisis realista, conjuga también la productividad y minimalismo. Jordi, de Simplicidad extrema se centra especialmente en las herramientas informáticas de productividad personal que son más útiles y sencillas de usar. Nos recomiendan como gestionar el correo electrónico y cómo regular el tiempo que pasamos en las redes sociales como Facebook o Twitter; otros simplemente aconsejan que nos alejemos lo más posible de estas redes y pasemos más tiempo con nosotros mismos y con gente de carne y hueso
Los minimalistas más ecologistas y centrados en la relación del ser humano con la naturaleza nos animan a hacer más ejercicio, comer más sano y pasar más tiempo alejados de nuestros cubículos y nuestras pantallas de ordenador [Robert Sánchez, de Una vida sencilla]. Los más preocupados por el entorno y la sostenibilidad centran gran parte de sus esfuerzos en la relación de nuestras actividades y hábitos de consumo con el medio ambiente [Valentina, ValeDeOro, Sostenibilidad y minimalismo] y lo que ellos consideran una sociedad solidaria y sana.
La fauna minimalista es amplia y tiene muchas influencias; entre ellas, las filosofías orientales del Budismo [Chocobuda], el despojamiento y la meditación. Esta última es otra herramienta o tecnología del yo que muchos empleamos como forma de regular nuestras emociones y pensamientos e impedir que el mundo externo anule o amenace el interno.
Algunos como Sabia Vida han pensado que el término minimalismo está contaminado por el esnobismo y prefieren hablar sencillamente de «simplicidad», como algo más vivo, con menos tensión y más natural.
Considero que hay un aspecto de la poda minimalista que a menudo queda olvidado o que ni siquiera es reconocido: los lastres mentales y el exceso de teorías sobre el cambio personal. No necesitamos más teorías, necesitamos muchas menos. Aquí también hemos de pasar la guadaña y segar lo que sobra.
En Fracasa más, fracasa con gracia comencé criticando y replanteando la idea de fracaso y propugné la necesidad de cometer muchos errores de manera consciente. Incluso, emprendí un proyecto personal de 5 semanas para aumentar el número de errores. Algunos lectores comentaron que no veían necesidad de buscar los fracasos y que la idea era inútil, casi ridícula.
El mismo rechazo o extrañeza provocó ¡Al diablo con la autoestima!. Esto me ha llevado a pensar que hay un montón de ideas generalmente aceptadas sobre el desarrollo humano que actúan a manera de lastres o de corsés para la expansión vital.
Inversión de valores
Con la serie de Minimalismo diabólico comienzo una serie de artículos que podría considerarse un sacrilegio para muchos ciudadanos bienpensantes-biensintientes. Voy a proponer una inversión de valores, voy a enaltecer antivalores. De ahí la etiqueta de Minimalismo diabólico.
Lo que os encontraréis en las próximas semanas será una purga de valores y creencias sobre la naturaleza humana y el cambio. Algunos de estos artículos os producirán extrañeza, incomodidad y en ocasiones rechazo. Si es así, habré logrado mi meta y os habré mostrado que la luz puede ser oscura y que en lo oscuro podemos encontrar la luz. Nuestro conocimiento de las tinieblas puede irradiar un cierto resplandor.
Se abre el telón
Bienvenidos a un viaje por el lado oscuro del minimalismo existencial. De los espacios en blanco del minimalismo oficial vamos a pasar a la materia oscura y los antivalores del minimalismo diabólico.
Guardad vuestros rebaños, encerraos en vuestras casas, esconded a vuestras mujeres; las próximas víctimas podrían ser vuestras almas.
Una objección habitual contra el minimalismo existencial es que sobre el papel es una idea atractiva, pero en el mundo «real» no funciona. El mundo de los negocios y la vida en general son duros. La competencia genera tensión mental y si quieres evitarla tienes que retirarte del campo de juego: si no eres un monje lama aislado del mundo no puedes ser minimalista existencial.
Creo que esta objección, aunque natural y en principio razonable, no es válida. En mi opinión, depende de cómo enfoques la competencia y la competición.
Mi propuesta es un cambio de actitud o mentalidad; o dicho de otra manera, creo que podemos enfocar la competencia en un marco más saludable y también más acorde a lo que es una economía de libre mercado e intercambios voluntarios entre personas.
El mito del capitalismo salvaje o el «solo puede quedar uno»
Cuando mucha gente piensa en el libre mercado, le viene a la cabeza la idea de una carrera de 100 metros lisos, o quizá un maratón, en el que los corredores han de esforzarse por quedar unos por delante de los otros y en la que al final «solo puede quedar uno», como en la película Los inmortales, donde en una lucha a lo largo de siglos se iban eliminando uno a uno cortándose la cabeza hasta que solo quedara el mejor de los inmortales (o el más fuerte) .
En el mundo anglosajón se habla de cutthroat competition, literalmente «competencia de cortar cuellos». Hay algo darwiniano en esta idea de la competencia, en pensar que para que uno gane los otros han de perder. De ahí la imagen del mercado competitivo como un mar rojo: rojo por la sangre de los perdedores.
Ciertamente, es una lucha en general no cruenta: nadie muere; pero quedas por debajo en el ranking, tu orgullo o autoestima queda socavada, y si se trata de un negocio o una empresa, sales del mercado y buscas otros aires competitivos en los que puedas prosperar.
Entendedme, creo que el mercado libre de intercambio voluntario entre personas es la mejor manera de organizar la sociedad, y aunque sobre el papel unos ganen y otros pierdan, es la sociedad en su conjunto, incluso los supuestos «perdedores», la que gana.
Lo que voy a cuestionar en este artículo es el estilo competitivo o actitud competitiva que parte de la idea de que los demás tienen que perder para que yo gane; como resultado pone un énfasis desmesurado en el seguimiento de las acciones de los competidores en detrimento de la búsqueda de la excelencia.
La mentalidad de sobresalir podría sustituir a la competitiva
¿Qué diferencia hay si después de todo sigues queriendo hacerlo lo mejor posible y con ello quizá quedar por encima de los demás?
Mucha.
Compites contigo mismo
El punto de referencia deja de ser el vencer o quedar por encima del competidor. El punto de referencia pasa a ser la mejor versión histórica de uno mismo: intentas superar a tu mejor yo hasta la fecha. En vez de centrarte en los resultados de los demás, te fijas en tus resultados y buscas maneras muy específicas y muy concretas de perfeccionarte.
Este enfoque tiene una ventaja: tu mejor yo sigue siendo tu yo, al menos es un yo amigo, y el querer mejorarle es una especie de tributo u homenaje que le haces. El yo histórico no puede sentirse mal por que el yo actual intente superarle; al contrario, se siente como un padre orgulloso de su hijo que desea que su hijo lo haga incluso mejor que él.
Pasa de un mar rojo competitivo a un océano azul de creatividad y descubrimiento
En vez de luchar en una carrera de reglas fijas, márgenes estrechos y meta definida, puedes adoptar una estrategia distinta: vas a ofrecer un valor a un mercado no existente, a un mercado que creas tú. No simplemente te vas a diferenciar y ser excelente para servir mejor a un mercado saturado, sino que vas a crear algo nuevo y vas a encontrar un público nuevo.
Partes de tu individualidad y en función de tus rasgos, talentos y motivaciones personales creas algo que lleve tu marca personal. Si se trata de una empresa, inventas un mercado. No compites, sobresales.
Los compañeros de carrera pueden ser colaboradores: cada uno busca el éxito a su manera
En esta mentalidad de sobresalir ya no tienes que esconder información, cortar las alas a los demás o preocuparte por el próximo movimiento del competidor. De una mentalidad de la escasez pasas a una mentalidad de la abundancia: hay muchos océanos azules por descubrir y los demás navegantes pueden ser colaboradores en la travesía. Paradójicamente, compartiendo información y recursos con otros te haces más rico: te abres a canales de información y conocimiento, aumentas la motivación y montones de ideas son catalizadas por tus competidores.
De la visión en túnel al pensamiento y la acción flexible
El foco deja de ser estrecho y centrado en los movimientos o amenazas. Empiezas a considerar posibilidades insospechadas para alguien que solo se centra en arañar ventajas ínfimas a la competencia. Piensas en maneras de satisfacer deseos de otras personas. Tus esfuerzos se centran en crear algo que tenga valor para los demás, no en arrancar valor de nadie o quitar valor a nadie. El enfoque creativo te vuelve más flexible, más experimental, más arriesgado y menos temeroso.
Con una actitud de sobresalir en vez de ser meramente competitivo, puedes lograr el éxito en tus propios términos, según tu propia definición y a tu propio ritmo.
El día en que apareció en la puerta del colegio, su propietario adquirió un prestigio superior al del resto de los padres. A muchos les pareció una salida de tono o un gesto extravagante, pero a otros les pareció una señal de riqueza y distinción. Estos últimos con el tiempo empezaron a pensar en comprar su 4×4, aunque no fuera probable que tuvieran que conducir por terrenos pantanosos.
Al cabo de unos meses había varios 4×4 en las inmediaciones del colegio, y algunos se sintieron amenazados por semejantes mastodontes, que si chocaban con sus más débiles coches seguramente no sufrirían más que un rasguño, mientras que ellos y sus hijos saldrían malparados.
A su vez, la menor visibilidad de los todoterreno sobre las alturas más bajas (en la que se mueven los niños pequeños) ya estaba perjudicando a todos, tanto a los niños de padres con 4×4 como a los niños de padres sin él.
Algunos progenitores, aunque no sentían ninguna simpatía por ese tipo de coches, empezaron a pensar también en comprar su tanque sobre ruedas y equilibrar la pérdida de seguridad (y quizá de estatus) que les habían infligido los propietarios de los todoterreno.
Un par de años después, gran parte de los padres acuden a recoger a sus niños al colegio en sus monstruos derrochadores de gasolina, sin que tengan ya por ello mayor estatus y sin que su seguridad haya mejorado. Eso sí, se han gastado entre cuarenta y cincuenta mil euros en el último modelo, dinero que no tendrán disponible para otros usos.
Tú sabes que yo soy partidario de los grandes fracasos. Que prefiero siempre un fracaso estrepitoso a cien éxitos mediocres; creo que deberíamos medir lo fructífero de un día por el número de fracasos cometidos.
En Fracasa más, fracasa con gracia inicié un proyecto para aumentar mis fracasos durante 35 días. Me hubiera gustado que mis fracasos hubieran sido espectaculares, pero fueron fracasos del montón y además se parecían mucho. El resultado del proyecto fue decepcionante, fue un fracaso en toda regla. Por lo que al fin y a la postre me sentí contento.
Esto podría llevaros a pensar que defiendo una posición megalomaniaca indigna de un minimalista existencial. Pero no es así. Creo que aunque los fracasos tengan que ser estrepitosos los éxitos pueden ser moderados.
Reunión para contar éxitos
Hace unos días, en un curso, se nos puso la tarea de contarnos un éxito reciente en un grupo de cinco personas. Fue desasosegante comprobar que por mucho que buscara en mi memoria no encontraba un triste éxito que llevarme a la boca. Nada de lo que sentirme especialmente orgulloso. Mis otros compañeros tenían éxitos considerables en sentido social o en sus propios términos, pero yo no encontraba nada digno de reseñar. Escuché los éxitos de cada uno, algunos grandes, otros significativos personalmente. Cuando me llegó el turno una chispa se encendió: sí, tenía un éxito.
Mi ridículo éxito
Habitualmente uso zapatillas deportivas, a menos que la etiqueta requiera zapatos. Llevo mucho tiempo usando zapatillas y día tras día me encuentro con que cuando voy por la calle la lazada se descompone y tengo que parar, quizá pedir a mis acompañantes que paren también, y agacharme para volverme a atar las zapatillas. Esto puede ocurrirme varias veces durante un día. ¿Por qué tolero esta pequeña pero pertinaz fricción?
Sería muy sencillo hacerme una doble lazada cada vez que me ato las zapatillas, pero mi impulsividad hace que me conforme con una. Sé que con una lazada simple podré tirar durante algún tiempo. Así que un poco más tarde, poco más de una hora, se deshace el nudo y tengo que volver a hacerlo.
Me he comportado así durante años. Hasta hace unos pocos días en que observé mi perezoso comportamiento y decidí hacer el esfuerzo de hacer una doble lazada. Como resultado, no he vuelto a tener que parar y agacharme en la calle para atarme las zapatillas.
¿Un éxito Insignificante? Quizá. Pero fue significativo.
Actualización del éxito
Javier (ver los comentarios) me hace ver por qué se me desataban tanto las zapatillas: nunca he sabido atármelas. Después de todo no necesito una doble lazada.
«Te voy a pasar un video de TED de tres minutos que me cambió la vida en este aspecto, hay que ver cómo las soluciones más sencillas las tenemos al alcance de la mano…»
En este blog vamos de obsesión en obsesión. Y ahora le ha tocado el turno al sexo intelectual. Me explico, quiero decir que cuando se trata de involucrarse al máximo y acelerar el ciclo de aprendizaje, la interacción con otros seres humanos es capital.
En la regla de las 4 efes de Tom Petersya vimos lo importante que es añadir variedad en la vida social y los beneficios que se derivan de ello. Sin embargo, ya sabéis que las buenas intenciones, mientras no se concretan en acciones y se aplican, son meras hipótesis de trabajo, poco más. La mentalidad experimental requiere de iniciativa, acción y resolutividad
¿Cómo haré que la regla de las 4 efes se traduzca en acción real?
El proyecto 52 es la respuesta.
Propósito del proyecto
Aumentar las conversaciones con seres humanos de carne y hueso. Hacer operativa la regla F.F.F.F. Obtener más variedad y apertura mental. Pasarlo bien.
Objetivo del proyecto
Durante el año 2013 voy a tener 52 comidas con 52 personas distintas a razón de una por semana.
Estas personas han de cumplir al menos uno de estos requisitos ordenados en orden de importancia:
Ser personas desconocidas o poco conocidas por mí. Cuanto más desconocidas y más lejanas mejor.
Ser personas que me resulten interesantes por el motivo que sea. No necesitan ser frikis necesariamente, pero a mis ojos deberían tener un toque de excentricidad.
Ser personas con las que haya una cierta química o sienta simpatía. De esta manera la conversación será más fluida y de doble dirección.
Los requisitos anteriores no excluyen a amigos actuales, pero evitaré que la mayoría de mis comidas sean con amigos actuales.
¿Cómo conseguir localizar y reclutar a 52 personas?
Esta es la parte más complicada. Pero creo que es un obstáculo superable.
Tormenta de ideas
Preguntar a mis amigos y conocidos: «¿Cuáles son las tres personas más interesantes que conoces? «. Después de eso pedirles el e-mail o teléfono y contactar con alguna de ellas e invitarla a comer.
En la vida cotidiana siempre encuentras personas con un cierto resplandor. Aprovecharé estos encuentros para concertar comidas con esas personas.
Poner un anuncio en el periódico en una sección que no sea la de masajes invitando a comer a cualquier persona interesada en X , Y o Z (siendo X,Y,Z asuntos legales, lícitos y de contenido intelectual, social o empresarial).
Usar mi blog para invitar a comer a cualquier lector que esté a menos de 300 km. de mí. Como pienso moverme mucho, este círculo puede terminar abarcando a casi cualquier persona de España, y a muchas personas de Hispano América. También espero que pueda cubrir otras partes de Europa en algunos periodos del 2013.
Que los lectores de Homo Minimus me proporcionen ideas para reclutar a estas 52 personas o que algunos se ofrezcan voluntarios.
¿Me podéis sugerir alguna idea más para llevar a cabo el Proyecto 52? Os estaría muy agradecido.
No hay nada más bello y calmante en el mundo del trabajo, que genere mayor sensación de paz, que una bandeja de correo vacía. Para lograrlo, hay que seguir tres reglas fanáticamente:
No selecciones el correo buscando el título más atrayente; léelo de manera secuencial.
Después de leer un correo, procésalo inmediatamente. Jamás dejés un correo ya leído en la banda de entrada.
Procesa el correo de una de estas maneras: A)Elimínalo B) Archívalo. Si puedes necesitarlo como referencia futura.C) Si se deriva una acción del correo:
– Si la puedes hacer en menos de dos minutos, hazla. Aplicas la regla de los dos minutos de David Allen. – Si va a llevar más de dos minutos y no tienes tiempo, apunta la acción que se deriva en tu lista de cosas que hacer o calendario (si tiene fecha fija).
En todos los casos, elimina inmediatamente el correo de la bandeja de entrada o archívalo.
En el caso de correos largos –por ejemplo, de artículos a blogs a los que estés suscrito– decide rápidamente si te interesa el tema y archiva en tu lista de lecturas o bien elimina implacablemente.–
Esto es todo; si eres capaz de seguir estas tres reglas, disfrutarás de una bandeja de correo impoluta y habrás dado un paso más en la aerodinamización de tu existencia.
Son las siglas en inglés de una regla de la innovación de Tom Peters, descrito por algunos como el «gurú que repintó la dirección de empresas en technicolor»:
Encuentra a un Amigo Friki Lejos de ti (Find a Fellow Freak Far away).
friki. (Del ingl.freaky). 1. adj. coloq. Extravagante, raro o excéntrico.
El factor friki
Digámoslo claramente: la calidad de tu vida intelectual y de tu capacidad innovadora, y que mantengas una mente abierta y despierta, depende de tu habilidad para desarrollar amistades y relaciones con tipos que sean raros, excéntricos, extravagantes o simplemente distintos y que no estén en tu círculo actual.
Si el raro o el friki es muy conocido o lo conoces desde que estabas en el parvulario, está muy bien; pero estaría mejor que lo acabaras de conocer o que no formara parte de tu círculo social. Un amigo friki lejano es alguien que solo por el hecho de acercarse y respirar a menos de 4 metros de ti va a aportar un aire fresco a tu pensamiento y te va a proporcionar un nuevo aroma en tu vida sexual intelectual.
No es porque sus rarezas sean mejores que las tuyas o las de tus amigos convencionales, sino porque sus rarezas son distintas y te parecen raras cuando estás en su círculo de influencia.
Algunas de mis mejores ideas y cambios de rumbo han sido generados o catalizados por estar en presencia de gente nueva. En un comentario o en un argumento o en un gesto me han abierto puertas para mí desconocidas, o de un plumazo han hecho desmoronarse alguno de mis más firmes supuestos o axiomas. Y los amigos o conocidos frikis lo han hecho sin quererlo, sin esforzarse, simplemente siendo.
La importancia de la lejanía
Que te relaciones con gente que viene de lejos («Far away») o que estés tú lejos de tu entorno habitual ya suele ser suficiente para que pongas el contador mental a cero y abras tu mente. Por eso nos suele gustar tanto viajar y nos permitimos experimentar y probar cosas fuera de casa que no se nos ocurriría probar en nuestro familiar ambiente: hablar con extraños (con el anciano de aire espiritual que en tu ciudad hubiera sido un mendigo más), comer comidas exóticas (gusanos tostados en Tailandia, por ejemplo, cuando jamás he comido caracoles o callos en mi país), y bailes tribales (el baile del ceilidhen Escocia, cuando el baile dePaquito el chocolatero en España siempre me ha parecido tan ridículo).
Pero esta lejanía no tiene por qué ser meramente geográfica, no tienes que moverte de tu pueblo o ciudad: puede ser una lejanía social (gente con distinto estatus socioeconómico), profesional, en distinto nivel jerárquico de tu propia organización, distinta ideología, distintos intereses, distinta personalidad (si eres extrovertido, mira qué puedes aprender de un introvertido, o viceversa). La diferencia intelectual y de educación es también muy importante, y la diferencia generacional es todavía mejor: ¿cuántos amigos de 5 años tienes? ¿Y de 80? (no valen tu sobrino ni tu abuelo).
En resumen, pon un friki en tu vida, aunque ahora esté lejos de ti, y verás como un universo de posibilidades aparece ante tus ojos.
Una aplicación asesina es un programa tan exitoso que resulta ser el valor central de una tecnología más amplia.
[…] En la terminología del marketing, una aplicación asesina (comúnmente abreviada como «killer app») es cualquier programa de ordenadores que es tan necesario o deseable que resulta ser el valor central de una tecnología más amplia, como el hardware del ordenador,una consola de juegos,un lenguaje de programación, una plataforma de software o un sistema operativo.
Un ejemplo puede ser un juego de ordenador tan adictivo y brillante que justifica por sí solo la compra de la consola. Si hablamos de Internet, un navegador es la aplicación asesina que aporta un gigantesco valor a la red informática sobre la que funciona.
En otras palabras, los consumidores comprarían el hardware (usualmente mucho más caro) solo para poder hacer correr la aplicación. Una aplicación asesina puede aumentar sustancialmente las ventas de la plataforma en la que corre.
Mi aplicación mental asesina
¿Cuál es mi «killer app» para este año?
Escribir 500 palabras todos los días del año sin excepción en régimen de escritura libre.
Lo diré claro: si no tuvieras un cerebro, sería bueno que te compraras uno solamente para poder instalar esta aplicación asesina; cuenta con una tradición de 10.000 años y ha permitido generar y transmitir los productos de la cultura humana.Hoy en día es más fácil que nunca escribir ya sea en formato físico o electrónico. Ya no tienes que inscribir en tablas de arcilla, pintar sobre papiros o economizar papel.
¿Por qué es tan importante el escribir?
La lectura proporciona conocimiento; la conversación, agilidad mental y reflejos; la escritura, precisión y estructura.
Escribir te proporciona una forma sencilla y rápida de acceder al tesoro que se esconde en tu mente.
Primero, tienes que hacer un esfuerzo de movilizar el saber que tienes almacenado en forma de experiencias y recuerdos. En el mismo esfuerzo de recordar datos o experiencias asociadas al tema sobre el que estás escribiendo, estás reforzando las asociaciones y mejorando la misma memoria. En el acceso a tu mente, no sólo recuperas, también construyes.
Segundo, creas estructura y orden: no solo has fortalecido las asociaciones sino que has creado algunas nuevas y has creado conocimiento, has hecho emerger lo que sabías y has organizado tu conocimiento. La escritura libre, en la que escribes sobre un tema partiendo solo de las emociones y recuerdos que van surgiendo, es una especie de brainstorming (tormenta de ideas) contigo mismo.
Fundamentalmente, escribir es un ejercicio de recuperación, de creación y de conciencia. Te puedes sorprender de todo aquello que sabías y puedes hacer que aparezca nuevo conocimiento. Algunos escritores dicen que escriben para saber lo que piensan. Cuando le preguntaron a Saul Bellow cómo se sentía después de ganar el Premio Nobel, respondió: «No lo sé. Aún no escribí sobre eso.«
Propósitos particulares de la escritura
Las funciones de la escritura son muchas, ya escribas un diario, un blog, o sobre un tema de interés. Yo empleo la escritura con varios propósitos:
Escritura de blogs. Todos los días, publique o no, escribo un artículo de al menos 500 palabras para alguno de mis blogs . Este es uno de mis propósitos para el 2013 y la manera que tengo de hacer operativa mi intención de convertir a la escritura en mi aplicación asesina.
Cuadernos de bitácora de los proyectos que emprendo. Son diarios en los que, a la manera de un capitán de barco, comento los sucesos del día, considero el rumbo tomado y sus desviaciones, y registro mis estados de ánimo a lo largo de la duración del proyecto.
Diario personal. Escribir en él es una forma de dar consistencia a las sombras interiores, de capturar el mundo subjetivo y emocional, y, en el proceso, hacerlo más comprensible. Incluso tiene efectos terapeúticos: como dicen los budistas y los psicoanalistas, la conciencia es el camino hacia la liberación. Al menos lo es hacia la clarificación.
Hay muchas otras maneras de introducir la escritura como aplicación mental asesina en tu actividad cotidiana:
Al final de una reunión, escribir una pequeña acta con las conclusiones obtenidas, los siguientes pasos y los responsables de ellos. Sea oficial, para uso del equipo o para simple uso personal, es una manera de dar consistencia a lo hablado y acordado; es la mejor manera de que las «palabras no se las lleve el viento».
Pequeños informes de avance de los proyectos en curso, tanto en el ámbito laboral como en el personal.
Síntesis de las presentaciones a las que acudas. Al final, cualquier evento, conferencia, charla, exposición puede quedar reducida a unas pocas ideas dignas de considerar y unas pocas acciones que hacer inmediatamente o en un futuro próximo.
Recopilación, agregación y resumen de notas dispersas. Lo puedes hacer con respecto a tus notas sueltas en cuadernos, tus apuntes de clase o plasmando en papel un conjunto de ideas sueltas y emociones sobre un tema que te preocupe u ocupe.
A semejanza de una aplicación informática, la escritura como aplicación mental asesina puede tener algoritmos o procedimientos más eficaces o eficientes que otros; de esto hablaremos en sucesivos artículos.
Pero lo más importante que tienes que recordar es que escribir –sea haciendo resúmenes, tomando nota de tus pensamientos, escribiendo artículos de blog, diarios o informes– es la mejor manera que tienes de acceder a tu mente y de comunicarte contigo mismo. Es además una forma de creación, de generación de ideas y de asociaciones.
Puede que pienses que tú no eres del tipo de persona que escribe, que no tienes habilidades literarias o que se te da mal escribir. No importa.
Escritura libre
Lo fundamental es que escribas en un régimen de escritura libre, en el que el énfasis está en generar ideas y asociaciones y ponerlas en forma de frases y párrafos, pero sin prestar mucha atención a la forma, la ortografía o la gramática; si te preocupa (y debería preocuparte) ya aprenderás a escribir según las reglas con el tiempo. Pero ahora la clave es que escribas de manera regular y que exteriorices parte de lo que hay en tu cerebro.
Un ejemplo personal de escritura libre lo tenéis en este blog; normalmente no publico las primeras versiones pero en Por qué no escribo más en este blog sí lo hice.
Te prometo que si escribes durante 365 días todos los días ininterrrumpidamente un número mínimo de palabras (por ejemplo, 100, 500, 750 o 1000) sacarás un partido insospechado de tu cerebro y te alegrarás de tener uno.
Si no, yo te devuelvo tu dinero y tú cambias de cerebro.
Tras cinco semanas, estos son los resultados del proyecto para aumentar los fracasos que inicié el 18.12.12 con el artículo Fracasa más, fracasa con gracia. Han sido 5 semanas en los que he cosechado 28 fracasos.
He cumplido con el objetivo fijado.
Lecciones aprendidas y otras notas
En el Informe de fracasos al 14.1.13 hice algunas observaciones sobre el desarrollo del proyecto. Lo más relevante es la dificultad de encontrar acciones destinadas al fracaso. Se necesita de una cierta imaginación; ¡no solo es cuestión de coraje! Me ha sorprendido comprobar que muchos de mis fracasos han sido de un mismo tipo.
La causa de la cierta monotonía en mis fracasos no ha estado tanto en la dificultad para asumir riesgos como en mi imaginación para inventar acciones novedosas, conectadas con mis metas y propósitos y con un cierto grado de incertidumbre.
Me he vuelto más resolutivo. Me he familiarizado con la sensación de emprender acciones con resultado incierto.
En el artículo Algunas ideas para fracasar con gracia propuse siete ejemplos de fracasos, también describí los rasgos principales de lo que entiendo por fracasos. No todos los fracasos que he elegido en estas últimas semanas tienen esos rasgos, pero sí muchos de ellos.
Me he divertido. El carácter semi-lúdico de este proyecto-experimento ha disminuido la ansiedad.
He fracaso repetidas veces y he desarrollo algo más de resilencia o capacidad de recuperarme de los reveses.
Creo que ha sido un proyecto fructífero que me ha familiarizado con la asunción de riesgos y la aceptación de la incertidumbre. Ha sido una forma de testar y desarrollar mi concepto de mentalidad experimental.
Pretendo que en adelante muchos de mis proyectos se aprovechen de las lecciones de este experimento y contengan acciones más audaces que aceleren el ciclo de aprendizaje.
En materia de decisiones de compra, nunca mires atrás o te convertirás en una estatua de remordimientos.
–Homo Minimus
Regla: una vez hecha una compra, no vuelvas a comparar o buscar.
Justificación: La compra está hecha, el coste incurrido, y tienes que vivir con la decisión tomada. Si sigues mirando opciones es muy probable que rápidamente encuentres un artículo más barato o mejor o ambas cosas. De hecho, lo habitual es que es en menos de un mes ocurra eso para determinados artículos, como los electrónicos o informáticos.
Actitud optimizadora vs satisfaciente
Después de comprado mi último portátil y de haberme mudado digitalmente, he decidido cortar el flujo de información referente a portátiles y software. Estoy seguro de que en muy poco tiempo podría encontrar una mejor opción y que como consecuencia mi satisfacción con la decisión tomada se reduciría.
No solo es importante considerar pocas opciones (para reducir el coste de búsqueda) ; es también importante que consideres si es suficientemente buena, que tomes la decisión en función de unos requisitos mínimos y luego no mires atrás.
Habitualmente será suficientemente buena. Frente a un comportamiento optimizador, tan común en mucha gente, es mejor adoptar un comportamiento satisfaciente: si la opción satisface los requisitos de prestaciones mínimas y de coste máximo que uno se haya fijado al comienzo del proceso de decisión, esa decisión es correcta (suficientemente correcta).
Hoy en día, además, es muy difícil tomar decisiones rematadamente malas por las siguientes razones:
Si el coste de la compra es bajo y te has equivocado, se subsana rápidamente. Habitualmente el tiempo de búsqueda de la compra óptima no compensa la mejora en la decisión en términos de coste o de prestaciones.
Si la decisión de compra tiene un coste relativamente alto, como en el caso de un portátil, un iPad o algún artículo similar, basta con elegir uno de una marca relativamente conocida (no la más conocida necesariamente): cualquier producto que se mantenga en el mercado ha de cumplir unos requisitos mínimos y tener una calidad suficiente.
Si la decisión tiene un coste muy alto, como en el caso de compra de un automóvil o una vivienda, entonces el tiempo de búsqueda suele ser más grande al ser la decisión más compleja y es difícil cometer grandes errores. Una vez más, no es probable que tomes la mejor decisión posible pero seguro que la decisión es suficientemente buena.
Si quieres flexibilidad y reducir el coste de la compra (y con ello el coste del error), puedes adoptar decisiones de alquiler en vez de compra o simplemente sustituir el bien por uno alternativo que requiera un menor desembolso. Ejemplo: sustituir el coche por el transporte público o la compra de vivienda por el alquiler.
En resumen,
Antes de la compra piensa en tus necesidades y determina los requisitos mínimos que te satisfacen o que serían suficientes.
Después de la compra, no mires atrás, vive con la decisión tomada y no sigas comparando opciones.
No inicies una nueva búsqueda hasta que el artículo comprado deje de satisfacer los requisitos mínimos que te fijaste o estos hayan cambiado.
Estos consejos se sintetizan en uno: cambia la actitud optimizadora por una actitud satisfaciente.
Gastón Ramos comentaba, a raíz de mi Informe de fracasos, que querría practicar la idea de fracasar con gracia, pero que no se lo ocurrían formas de hacerlo. Este es mi caso también, es una de las revelaciones o enseñanzas más importantes de mi experimento con los fracasos: me cuesta fracasar o encontrar acciones destinadas al fracaso.
Recordemos las característicasde los fracasos anunciados:
Tienen un grado alto de incertidumbre.
Están relacionadas con algún proyecto o meta o inquietud personal.
Son nuevos. No son fracasos cotidianos, cosas que simplemente no van bien o me hacen fracasar. De estas tengo multitud en mi vida; son fracasos nuevos activos (de hacer, no de no hacer).
Me hacen salir de la zona cómoda. Es decir, requieren esfuerzo, generalmente suponen una cierta incomodidad. Como dicen los marines, «el dolor es la debilidad saliendo del cuerpo».
Son experimentos de los que puedo aprender algo, tanto si los resultados son los apetecidos como si no. Al ser su grado de incertidumbre alto, cualquier resultado no esperado me hará descubrir algo importante que no sabía.
Tiene bajo coste o un coste muy limitado. No obstante, el coste psíquico inmediato de la incomodidad o del sufrimiento del ego es alto; no te vas a sentir bien en el corto plazo, pero es probable que un poco después sí, como resultado de haber empujado tus límites un poco más lejos.
No todos los fracasos buscados han de tener todos los rasgos de arriba, pero muchos de los fracasos a los que me estoy refiriendo tienen varios de ellos. Yo tengo debilidad por los que me hacen salir de la zona cómoda. Voy a sugerirsiete:
Lees un libro interesante, buscas los datos del autor en Internet y le escribes un correo felicitándole por el libro e invitándole a comer un día de esta semana para charlar sobre algunas dudas que tienes sobre el libro y para conocerle personalmente.
Estás en la parada del autobús y ves a una chica atractiva a tu lado. Te diriges a ella, le dices, «Hola, soy Minimus; Homo Minimus (o tu apellido; tu nombre y apellido)» y entablas conversación.
Si eres del tipo de personas que se lo piensa mucho antes de hacer las cosas, decides que en el restaurante hoy pedirás un plato al azar. O bien, si ves un curso interesante sobre una materia de tu gusto, en vez de aplicar la regla de los 7 días de las compras, decides inscribirte inmediatamente en el curso sin «enconmendarte ni a Dios ni al Diablo».
Es sábado, en vez de salir con tus amigos vas a una reunión de Citas rápidas y conoces a 10 mujeres en 1 hora y media .
Se te da mal escribir, crees que no tienes nada que decir, entonces decides abrir un blog en WordPress y te confabulas para escribir durante un mes todos los días en ese blog al menos 750 palabras.
Imagina que deseas aprender algo; por ejemplo, a usar WordPress, fotoshop o técnicas avanzadas de búsqueda de información en Internet. Como has oído que la mejor manera de aprender algo es enseñándolo, pones un anuncio diciendo que das clases muy baratas o bien escribes a todos tus amigos diciendo que vas a enseñar la habilidad elegida a cualquiera de ellos que esté interesado. Conciertas el día y la hora para la primera clase y te pones a aprender a toda prisa la habilidad que vas a enseñar (y que en un principio tú deseabas aprender).
No escribes comentarios en los blogs que te gustan, porque no crees tener nada que decir. Hoy haces una excepción y escribes una pregunta o comentario sin intentar ser perfecto, original o genial. Aceptas la incomodidad.
Mindfulness Bell es una campana en línea que imita la campana que en los monasterios budistas suena en momentos concretos del día. Con ella se avisa a los monjes para que suspendan momentaneamente la actividad que tienen entre manos: barrer suelos, acarrear agua, cortar leña, preparar la comida, etc. En la pausa respiran tres veces y toman conciencia del instante. Se convierten en seres humanos y no tanto en hacedores humanos. Es una forma de proporcionar al practicante budista ocasiones adicionales de plena presencia a lo largo del día.
Mindfulness Bell permite programar la campana en horas concretas; por ejemplo, al levantarse, a la hora de la comida o al comienzo del trabajo de la tarde. También puede sonar aleatoriamente en intervalos previamente fijados: podrías hacer que suene en cualquier momento en periodos de 40 minutos, y así acostumbrar a la mente a practicar la conciencia plena en cualquier instante del día.
Yo la programo para que suene a los 25 minutos; señala el final de mi pomodoro y marca el paso al modo contemplativo o de descanso después de una sesión de trabajo con intensa concentración; esta es mi forma de practicar El paradigma del velocista. Después de la pausa señalada por el sonido de la campana, que puede ser el de una campana grande o una pequeña, descanso un par de minutos, vuelvo a mi mesa y dispongo el siguiente descanso en otros 25 minutos.
No es necesario bajar ninguna aplicación, es una simple página en línea con un fondo configurable con paisajes exóticos o bien con un blanco minimalista donde solo aparece el tiempo programado.
Anteriormente, usaba otros programas para implementar la técnica pomodoro. Me avisaban con sonidos del comienzo o el fin del pomodoro. En los últimos tiempos he migrado a esta sencilla página web. Me proporciona un aire minimalista y de plena presencia.
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Cambiar de ordenador es como cambiarse de casa. Es algo que hay que hacer periódicamente por diversas razones: familiares, de trabajo o simplemente para mejorar las condiciones de vida.
En el caso del ordenador, suele ser porque el que tenemos se vuelve pequeño, lento u obsoleto en relación al nuevo software que aparece en el mercado; o debido a que queremos usar nuevos programas.
Las aplicaciones empiezan a ir más lentas. El «ilimitado» disco duro de hace 3 o 4 años ya no es tan ilimitado: uno va acumulando a lo largo del camino documentos, videos, audios y todo tipo de material más o menos necesario; hasta que un día se da cuenta de que tiene poco espacio y que ha de deshacerse de algunos archivos.
Esto suele ser doloroso, pues pocas cosas hay en la vida tan difíciles como el purgar de objetos materiales, psicológicos o virtuales las habitaciones físicas, la memoria personal o el disco duro. Siempre está el «por si acaso» o «quién sabe» que nos lleva a querer mantener todo lo que podamos al alcance de la mano, del pensamiento o del ratón.
Mudanza virtual
Para mí ha llegado ya el momento –tras más de 4 años– de cambiar el portátil.
Hay un peligro en querer llevarse todo con uno. Los archivos informáticos son una mezcla de material obsoleto y funcional donde predomina lo que algún día fue pero que hoy ya no es: montones de videos y audios; documentos y libros electrónicos; listas interminables de favoritos; centenares y hasta miles de correos electrónicos que nunca volveremos a leer.
Es posible que lo antiguo interfiera con lo nuevo; por eso es mejor empezar con un lienzo en blanco. Mi mudanza electrónica seguirá las siguientes reglas:
Iré instalando solo los programas que vaya necesitando; no todos los que podría usar algún día o los que usé en algún momento. Será una buena ocasión para replantearme si de verdad es conveniente seguir usando word o si google docs o wordpad son ya lo suficientemente buenos.
Transferiré al nuevo disco duro solo los archivos que vaya a usar en la semana. El tiempo dirá si necesito algo de lo que tenía acumulado. Aprovecharé para reorganizar mis carpetas de una manera más adaptada a mi situación actual y sistema de organización personal.
De las carpetas de proyectos, sólo traeré la de los proyectos en curso. El material viejo pasará a un desván al que solo acudiré para alimentar la nostalgia o practicar la arqueología informacional.
En definitiva, solo mantendré aquello que esté vivo, que orgánicamente forme parte de mis proyectos, planes y acciones presentes. Con esto espero volver a moverme con agilidad, como un pionero en tierra salvaje para el que lo mejor está siempre por llegar y que deja paso a lo nuevo despidiendo a lo antiguo.
Nuestra historia evolutiva y el carácter oportunista del comportamiento humano hace que estemos siempre escaneando, escrutando el ambiente en busca de novedades; antes era la pieza de caza o el fruto maduro, y ahora es el iPad o el último libro de nuestro autor favorito de best-sellers.
Hemos de ser conscientes de estos reflejos instintivos hacia la novedad y controlar nuestra respuesta. Así moderaremos la avalancha de información y reduciremos nuestros costes de compra. Lograremos un bien escaso llamado paz de espíritu, que solo nosotros, a través de la conciencia y el auto-control, podemos adquirir.
Estos son los resultados provisionales hasta el momento:
En 26 días he obtenido 18 fracasos. Me quedan 10 fracasos más que lograr de aquí al fin del experimento el 22.1.13.
Teniendo en cuenta que me permití un periodo de aclimatación de una semana, los resultados cuantitativos se han mantenido dentro de lo planeado.
Algunas observaciones:
Me ha resultado complicado el encontrar acciones nuevas con un cierto potencial de que salgan mal. No es tan fácil pensar en acciones que me saquen de la zona cómoda, que tengan un cierto grado de incertidumbre y que además estén destinadas a contribuir a mis metas y objetivos.
El ritmo de 1 fracaso/día me ha resultado relativamente fácil. No ha supuesto alterar mi ritmo cotidiano de trabajo, ni me ha sometido a demasiado estrés. Supongo que es porque no estoy saliendo demasiado de la zona cómoda.
Este proyecto me ha vuelto más resolutivo; me lo he pensado menos antes de hacer algunas compras o apuntarme a algunos cursos. Puesto que habitualmente me pienso mucho las cosas antes de actuar, la regla de cometer un fracaso al día me ha ayudado a ser un poco más osado y con ello acelerar el ritmo de aprendizaje.
Fracaso más –> fracaso más rápido –> obtengo más rápidamente retroalimentación del entorno sobre la calidad de las decisiones tomadas –> fracaso mejor –> el ciclo de aprendizaje se acelera.
A lo largo de las semanas me he dado cuenta de que algunos de mis fracasos se parecen bastante; es decir, algunos de esos fracasos eran del mismo tipo. Eran acciones parecidas. Por ejemplo, intentar concertar entrevistas con clientes difíciles a los que anteriormente no «osaba» aproximarme o proponer entrevistas. No creo que esté mal, pues hay algunos tipos de acciones con baja probabilidad de éxito y que hay que intentar muchas veces antes de que fructifiquen. Es el caso de las ventas o el lanzamiento de nuevos productos.
Aunque no esté mal fracasar mucho, es importante fracasar de manera distinta; a ser posible que los errores sean distintos cada vez. Para ello, he de reflexionar sobre la causa de los fracasos e intentar aprender algo de ellos.
He aprendido a no ver las decisiones como acontecimientos aislados, sino como parte de una serie de decisiones parecidas en las que puedo refinar el proceso decisional. Es por ello que siento que puedo arriesgar en decisiones individuales para aumentar la calidad de la decisión en general. Lo que pierdo en una o dos decisiones osadas lo recupero en la calidad de otras acciones y decisiones similares.
Como beneficio adicional de esta regla, estoy desarrollando más resiliencia, más tolerancia a la frustración y una actitud más saludable ante los contratiempos que surgen a lo largo de cualquier proyecto personal y profesional.
Tengo por delante 10 días más de fracasos. Hasta el momento el experimento con esta regla de los fracasos está resultando iluminador. Seguiremos informando.
Tengo un problema de baja autoestima; lo que es ridículo considerando lo maravilloso que soy.
–Homo Minimus
Vivimos en una cultura en el que sentirse bien, especialmente con uno mismo, es un valor muy apreciado. Valores y conceptos tradicionales como esfuerzo, vergüenza, culpa, sacrificio o dolor virtuoso no tienen ya mucho lugar en el espíritu de los tiempos.
La autoestima es como el banderín de enganche de esta filosofía popular que considera que la misión en la vida es sentirse bien con uno mismo la mayor parte del tiempo, en detrimento de otros valores u otras metas. No es que sobre el papel no se tengan en cuenta otras metas o que no sean importantes en la jerarquía de valores; sino que el «sentirse bien» toma un lugar inusitado y prioritario.
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Se considera que es la condición de posibilidad de la felicidad y sobre todo que es necesario sentirse bien con uno mismo para poder moverse por la vida, trabajar, relacionarse saludablemente, esforzarse, actuar determinadamente, acometer proyectos, ser productivo y cualquier otra acción o causa valiosa.
Mi tesis es que la autoestima, aunque deseable (a nadie le amarga un dulce), no debe ser nunca el foco de nuestra atención; no es ni mucho menos importante para lograr cosas valiosas en la vida ni siquiera para llevar una vida razonablemente feliz o digna de vivirse. Lo diré de manera tajante:
Nos iría mejor si sacáramos la preocupación por la autoestima de nuestra vida y de la ecuación de nuestros problemas.
3 razones contra la búsqueda de la autoestima
Hay una multitud de razones para esta idea tan a contracorriente y que deberíais considerar. Hoy aportaré las tres principales:
La preocupación por la autoestima es ombliguista. Pone el foco en las emociones y en sentirse bien con uno mismo en vez de poner el foco en las personas, el entorno y el efecto de nuestras acciones sobre el mundo. A la mayoría de la gente con baja autoestima le iría mejor si se mirara menos el ombligo y no dedicara tanto tiempo a analizar los matices infinitos de sus hierbas emocionales. En vez de lacerarse y lacerar a los que les escuchan con lo mucho que sufren o la poca confianza que tienen, se harían un favor si se dedicaran a crear algo real y tangible en su vida. La alta autoestima también pueder ser negativa: hay estudios sobre población joven universitaria en las últimas décadas que muestran una correlación entre el aumento de la autoestima y el narcisismo.—– —-
En toda la literatura de la autoestima subyace una orientación reactiva hacia el mundo; esto es, me siento mal, y tengo que hacer algo por remediarlo; he de reaccionar cambiando lo que siento porque si no dejo de sentir lo que estoy sintiendo no podré soportarlo, no podré hacer nada, no podré ni siquiera empezar a hacer algo. Paradójicamente, ese intentar cambiar lo que sentimos, exacerba la emoción y el problema. En Campo de batalla de tu mente vimos una mejor opción y actitud vital ante las partes «negativas» del mundo interior. jkkjdfdfkdfkddfkdf ddfdffd kfdfdfdfdfdff-–. — —
Existe el peligro de que te conviertas en un yonki de la autoayuda y el «crecimiento personal«. Buscarás cualquier fórmula o método que te haga sentir, aunque sea temporalmente, menos miserable o insatisfecho contigo mismo. En vez de orientarte a la acción, a hacer cosas reales en el mundo real y con personas reales, deambularás por los cursos de crecimiento personal buscando el consejo de gurús, maestros, terapeutas o expertos que prometan resolver o disolver esas emociones tan poco atractivas. Te aconsejerán analizar hasta el último episodio biográfico en busca de la relación o acontecimiento traumático que trastornó tu identidad y minó tu amor propio, que bucees en tus recuerdos, que revuelvas en tus heces emocionales en el inodoro de tu subconsciente. Buscarás entre los libros y los expertos como quien busca el santo grial en una tienda de chinos de todo a 1 euro. –
Comprende: la solución NO LLEGARÁ hurgando en tu psique. Cuanto antes aceptes esta verdad antes podrás dejar de poner tu vida a la espera y antes comenzarás a hacer algo. Lo que sea. Tú sabrás qué. Pero algo en el mundo externo, no en la habitación cerrada con olor a enfermo de la mente de un adicto a la autoestima.
Conclusión
La autoestima es sentirse bien con uno mismo sin tener en consideración los hechos
–Anónimo
En resumen, la búsqueda de la autoestima, interpretada como confianza en uno mismo, sentirse bien con uno mismo, o tener un sentido de la identidad correcto conduce a una orientación reactiva en la vida, en vez de creativa; pone el foco desmesuradamente en el propio ombligo y no en las personas, el mundo externo o sus acontecimientos; te sumerge en un ciclo sin fin de persecución de fórmulas mágicas, y hace que tu esfuerzo se dilapide en la búsqueda de la X universal que resolverá todas tus ecuaciones vitales.
Si no consigues lo que quieres, es porque no tienes las competencias necesarias o recursos para ello; toda la autoestima del mundo no va a cambiar esta situación; vive con ello, acéptalo y decide si vas a hacer algo al respecto.
Un pequeño éxito o un pequeño esfuerzo hacen más por tu confianza y auto-valoración que todos los cursos de autoestima del mundo.
Si las cosas van a cambiar y tú sentirte algo mejor, será porque tu acción personal cambie el mundo a tu alrededor y con ello tú cambies un poco. Y ni siquiera esto es seguro.
Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:
El índice de claridad (Clarity rating) proporcionado por Infogineering.net es una excelente herramienta en línea para medir la claridad de los textos. Usa un método de medición muy simple, casi minimalista, basado en un informe del ejército americano de los años 80 en el que se hacían recomendaciones para mejorar la comunicación entre los distintos departamentos y niveles de la organización.
Hay tres criterios para determinar la claridad de un escrito:
Promedio de palabras por frase.
Porcentaje de palabras largas (con más de 8 letras)
Promedio de frases por párrafo.
Con solo estos tres criterios se elabora el índice sumando los dos primeros criterios (1 + 2) con el 3 multiplicado x 5, y dividiendo la suma total entre dos.: [1+2+(5*3)] / 2
Un índice razonable estaría entre 15 y 25; eso supondría apuntar a las siguientes cifras en los criterios anteriores:
Mis resultados en algunos párrafos escogidos al azar pueden verse más abajo.
En este no lo hice bien, me pasé en el número de palabras por frase:
En este lo hice mejor, bastó con reducir el número de palabras por frase:
¿Es una herramienta demasiado simple?
Deja al margen otros criterios de claridad también significativos y más sutiles: no tiene en cuenta la abstracción o concreción del lenguaje. Las palabras menos comunes son más difíciles de entender, con independencia de su número de letras. Existen ambigüedades en las frases y las palabras que no captura el Clarity Rating. Considera una frase como el espacio entre dos puntos, no tiene en cuenta los puntos y coma o dos puntos, que contribuyen a dividir y clarificar las frases.
Sin embargo, tiene la ventaja de que llama la atención sobre tres criterios clave de claridad y proporciona una cifra indicativa de ella. En mi opinión, es una herramienta suficientemente buena que te puede ayudar a desarrollar conciencia y corregir la tendencia a usar un lenguaje innecesariamente complejo o un estilo alambicado. Es un paso más en el desarrollo de un «Lenguaje llano«.
Nota: Jordi de Simplicidad extrema nos proporciona la referencia de http://legibilidad.com, una página especializada en legibilidad en español. En ella podéis encontrar un programa descargable y también gratuito,INFLESZ, que emplea un índice similar al de Clarity Rating pero adaptado al idioma español. ¡¡Gracias, Jordi!!
Los mejores planes de ratones y hombres
a menudo se frustran
y no nos dejan más que sufrimiento y dolor
por el gozo prometido.
–Robert Burns. Poeta escocés.
–En materia de organización social y personal seguimos siendo pre-darwinianos. Creemos que una clara intención, formalizada en objetivos y ejecutada de acuerdo a un plan central –personal o del estado– puede procurar los resultados apetecidos.
En teoría, esta idea ya hace mucho tiempo que está refutada y rechazada (no en la práctica política y en el imaginario popular). En la forma en que manejamos nuestros asuntos personales definitivamente sigue teniendo vigencia. No tenemos planes quinquenales y quizá tampoco planes anuales, pero sí que tenemos resoluciones de nuevo año y rígidas programaciones de lo que queremos conseguir y cómo conseguirlo.
Como todos sabemos, estas programaciones y planes personales suelen quedar en agua de borrajas debido a los acontecimientos inesperados, el cambio en nuestras metas y nuestra ineptitud para seguir los planes marcados.–
En el futuro, el afán de planificar la vida quizá nos resulte tan extraño o folclórico como ahora nos resulta la danza de la lluvia, las sangrías medievales para curar enfermedades o la teoría del diseño inteligente para explicar la evolución de las especies.
–Homo Minimus
–La realidad económica cada día más cambiante, las nuevas formas de trabajo y el universo de oportunidades que significa la era de Internet conspiran contra las formas tradicionales de organizar la existencia.
Para adaptarnos a las nuevas condiciones, hemos de renunciar al paradigma de la planificación central y sustituirlo por el paradigma evolutivo aplicado al cambio personal y social: cambio y evolución, pero sin diseño consciente y dirección central. Pequeños planes contingentes, pero sin un plan maestro que los englobe. Muchísimos experimentos y selección de los pocos que resulten exitosos o nos lleven en la dirección apetecida.
Centrándonos en el cambio personal, hemos de abrazar una concepción de la acción mucho más adaptativa, oportunista y orgánica. Esto significa:
En vez de un rígido plan central personal hemos de tener orientaciones o direcciones generales. Los planes y las estrategias más adecuadas emergen de un montón de experiencias, experimentos y acciones dispersas; difícilmente son conocidos a priori.
En vez de un programa definido de acciones, tendremos unas hipótesis de partida que testaremos en el día a día y que iremos corrigiendo por el camino. Pequeños experimentos controlados de bajo coste serán la punta de lanza de nuestra mentalidad experimental.
La gradualidad y las acciones tentativas sustituirán a los saltos cuánticos. El principio del Kaizen, aunque poco espectacular, tendrá un lugar privilegiado en nuestra forma de actuar y mejorar.
Por tanto, menos revoluciones y más evoluciones.
En lugar de unos objetivos definidos y fijos, tendremos unos valores orientativos y unas metas flexibles –en ocasiones vagarosas– que servirán para motivar, impulsar y evaluar el efecto de nuestras acciones. También tendremos en cuenta que hasta las metas y nuestra jerarquía de valores pueden cambiar.
Abrazar el caos, la diversidad, lo inesperado y las oportunidades que se presentan a lo largo del camino. Una actitud abierta y receptiva hacia el cambio y el “fracaso”, porque es el material del que se nutre la creación, la creatividad y el progreso individual y social.
Aumenta considerablemente el flujo de entrada de información. Ya tenemos e-mail, anuncios publicitarios, televisión, mensajes de texto, teléfonos móviles, twitter. Es suficiente.
Es un tremendo ladrón del tiempo. Interfiere con el trabajo y el ocio presencial. No es fácil poner límites al tiempo que pasamos en facebook. Su coste de oportunidad es alto: más tiempo en facebook, menos tiempo en contactos sociales presenciales. Recuerda la ecuación fundamental de la experiencia vital.
Exacerba el natural comportamiento de mejora de la propia imagen (“self-enhancing behavior”). En facebook creamos una imagen, en mi opinión idílica, de lo que es nuestra vida, una especie de mensaje publicitario de nosotros mismos. Todas las fotos son de gente sonriendo, pasándolo bien, en situaciones divertidas o amables (ok, soy un poco Mr. Scrooge). Tanto tiempo dedicado a cultivar la propia imagen o contemplando las maravillosas vidas de los otros nos deja con menos tiempo y más insatisfechos con nuestras vidas. –
¿Necesitas más razones? Aquí van 33–
La vida es corta para aprender alemán o para pasar parte del tiempo en facebook.
Facebook nos permite ser solitarios mientras mantenemos la ilusión de compañía o contacto social.
Es un signo de distinción decir que no estás en facebook; mucho mejor todavía es decir que nunca has estado en facebook.
No malgastarás tiempo averiguando quién es esa persona que quiere ser tu amiga.
Tu intimidad estará algo más protegida.
Facebook no se puede desenchufar. Es un escaparate permanente.
Un e-mail personalizado es mejor que escribir en el muro.
Un e-mail con varios receptores sustituye al muro. Es más laborioso quizá, pero eso está bien porque así te lo pensaras dos veces antes de contar algo.
¿De verdad es importante que los demás vean tus fotos pasándolo bien?
¿De verdad te apetece pasarlo mal viendo a los demás pasándolo bien?
En facebook, pocas veces verás a los demás pasándolo mal. En consecuencia, pocas veces te sentirás tú mejor por comparación.
Facebook te vuelve más expuesto a los medios de comunicación de masas; siempre alguno de tus amigos publicará el último video viral. No digo que ninguno sea bueno o digno de ver; digo que si tiene mucha difusión es porque apela al máximo común denominador de la población en general. ¿Necesitas facebook para más de lo mismo?
¿Cuándo fue la última vez que a través de facebook obtuviste información valiosa para alguno de tus proyectos personales o profesionales?
¿Es conveniente que tus amigos estén conectados indirectamente a través de ti? A veces es mejor que estén en compartimentos estancos.
Facebook puede ser adictivo.
En facebook el tiempo pasa más rápidamente. ¿Quieres una vida más corta?
Si alguien verdaderamente quiere ver fotos de tu último viaje a Malasia, te las pedirá, irá a tu casa a verlas o se las podrás enviar por e-mail.
Si te sientes solo, facebook no es la solución. Es el sucedáneo.
Facebook promueve el sedentarismo. Sal a correr o pasear. Mejor con un amigo todavía.
Más libros, más libres; más facebook, más cosmética en tu imagen personal.
Facebook nos introduce en el negocio de la auto-presentación personal. Puede ser agotador.
En facebook estás en el escaparate las 24 horas del día. Un e-mail, una llamada telefónica, un contacto cara a cara, te exponen unos minutos, unas horas, pero no es una exposición continua.
Sin facebook asumirás más el control de tu vida, estarás menos expuesto a las modas. Te servirá para constatar que puedes no estar a la última (o la penúltima) y seguir viviendo tranquilamente.
Facebook puede promover el narcisismo y la superficialidad en las relaciones.
En la gente más joven, cuyos niveles de narcisismo y sensibilidad a la presión grupal son mayores, facebook puede ser como echar gasolina al fuego.
Adquirirás una reputación de intelectual (no sé por qué, pero es así).
Si estás aburrido, facebook es una mala solución.
El aburrimiento (suponiendo que te hayas librado de la televisión, el trabajo, etc.) es creativo. Con facebook te privas de emplear el tiempo en crear algo nuevo.
Muchos de los “amigos” de facebook son verdaderamente pseudo-amigos.
No te encontrarás en una situación incómoda cuando alguien te pida tu facebook y tú no quieras añadirle como amigo (pseudo-amigo).
Facebook no destruye amigos, pero tampoco los crea. Con facebook no sueles crear nuevos amigos; por el contrario, lo que haces es traer a tus ya existentes amigos a facebook. No aumentas el número de tus conexiones sociales.
Facebook genera una ilusoria sensación de intimidad o cercanía .–
Seguro que hay 333 razones más para dejar facebook. ¿Se te ocurre alguna?
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Aviso: He de decir que yo nunca he estado verdaderamente en facebook. Abrí una vez una cuenta, pero por problemas de mi navegador (cuestión de cookies) no llegué a usarla nunca, aunque sí que accedí en varias ocasiones a los perfiles de otras personas; por tanto mi conocimiento es principalmente de oídas y en el mejor de los casos de furtivas y fugaces miradas a las pantallas de ordenador de otros. Desde que dejé facebook definitivamente, hace más de dos años, las cosas pueden haber cambiado algo, pero sospecho que para mal.
Cada día estamos sujetos a miles de mensajes,
de ruidos, de estímulos,
de obligaciones,
de inmediatez.
Recuperemos el tiempo para pensar.
Pensar…
Pensar es lo que nos hace grandes.
Pensar es lo que nos convierte en lo que somos.
Pensar es, en definitiva,
lo que nos hace decidir.
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Yo suelo prestar poca atención a los anuncios en la calle (porque sé que luego se declaran insolventes y no me devuelven la atención prestada), pero ayer el espacio vacío en uno de los paneles de una parada de autobuses captó de inmediato mi atención.
La última campaña de ING Direct es rompedora: vallas publicitarias vacías que patrocinan tu pensamiento; anuncios en televisión en los que no ocurre casi nada (solo aparecen unas pocas letras sobre el fondo naranja); anuncios en prensa con un escaso texto naranja sobre fondo blanco.
A propósito, el poema de inicio de este artículo no es un poema, es el texto publicitario de uno de los anuncios de ING.
La imagen del banco se basa en la sencillez, facilidad, innovación y un cierto sosiego (pocos productos, fáciles de comprender, web amigable); los publicitarios han transmitido de manera original esta imagen. Echa un vistazo al video del anuncio:
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Hasta aquí bien.
La cuestión es: ¿te patrocinas espacios libres de ruido y distracciones en los que puedes estar contigo mismo, quizá pensando, quizá sumido en la contemplación? ¿Cultivas una habitación minimalista de la conciencia?
Espero que no dependas de un banco para que esos espacios existan en tu día.
¿Existen? Si no existen, ¿a qué esperas para hacerlos existir?
¿Quieres que te dé una fórmula para el éxito? En realidad es muy sencillo. Dobla tu tasa de fracaso. Estás pensando en el fracaso como el enemigo del éxito. Pero no lo es en absoluto. Puedes sentirte desanimado por el fracaso o puedes aprender de él, así que adelante, comete errores. Comete todos los que puedas. Porque recuerda que es allí donde se encuentra el éxito.
–Thomas J. Watson. Fundador de IBM—
–
Todos sabemos (intelectualmente) de la virtud de los fracasos, de los errores, de intentar cosas nuevas e improbables. A veces es el sentido del ridículo el que nos disuade de intentar cosas nuevas (= buenas) y de ir forjando un buen Ridículum Vitae. Otras veces es el simple miedo a no conseguir lo que uno quiere. Pero… ¿cuántos de nosotros actúamos realmente de acuerdo a este conocimiento? Yo no, desde luego.
Hubo un tiempo en que no escribía aquí para no hacer el ridículo. Hubo un tiempo en que no decía cosas para no parecer ridículo. Y todo eso me volvía todavía más ridículo (en el mal sentido de la palabra, que también existe). Pero esto ha de cambiar. Pero este ha de cambiar.
Del dicho al lecho, hay mucho trecho, como decía Juan Bonilla en uno de sus cuentos. Así que he creado una nueva regla, una más, que haga operativa mi decisión de aumentar mis fracasos. Pretendo cometer consciente y deliberadamente un buen número de fracasos todos los días.
Intención de implementación para mi intención sobre la meta de aumentar los errores
Empezaré con una cuota limitada de fracasos-errores-pifias-resultadosinesperados; pongamos 1/día (aplico el principio del Kaizen). A partir de ahí podré ir aumentando gradualmente la dosis, para que no me mate (me canse, aburra, me eche atrás).
La primera semana, para habituarme a este cambio, la cuota será cero. En la segunda semana, ya estaré obligado a cometer el error pactado diario y los 7 semanales.
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No tengo que cometer un solo error por día, pueden ser más; si un día no cometo un error, tendré que compensar otro día de la semana de tal manera que el número de fracasos semanal sea como mínimo de 7.
Para aumentar el compromiso, iré informando de mis resultados semana a semana.
Este experimento durará 5 semanas. Después de ello, y de manera darwiniana, mantendré el objetivo, o bien lo eliminaré despiadadamente y se convertirá en un cadáver más de mi poblado cementerio de experimentos fallidos.
Para hacer una terapia de choque similar, cada uno puede elegir su medio anti-favorito preferido. Obviamente.
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Justificación
Escuchar opiniones que a uno le repelen y tener que callar obligatoriamente porque no puedes interrumpir al periodista que las profiere, puede ser una excelente manera de insensibilizarse ante la opinión contraria o errónea, mantenerse en silencio y aumentar el espacio entre estímulo y respuesta.
Las actividades diarias cotidianas pueden ser un excelente gimnasio para el carácter.
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Nota: este artículo se escribió entre grandes sufrimientos mientras escuchaba el programa Hora 25 de la Cadena Ser.
Joe Frost, famosa por el programa SuperNanny en el Reino unido, da el siguiente consejo en relación al número de juguetes en la habitación de un niño:
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[…] El niño que se encuentra rodeado de cientos de juguetes, se enfrenta literalmente a cientos de opciones en formato sólido. No pasa nada porque tengan muchos juguetes, pero no deben tenerlos fuera todos a la vez. La rotación de juguetes permite al niño pequeño, que no es capaz de decidir entre demasiadas opciones, centrarse un poco más en el juego y desarrollar su capacidad de concentración. De este modo, no se sentirá tan abrumado por la oferta. Más adelante, puedes sacar los juguetes que habías guardado, y el niño los recibirá con tanta emoción como si fueran nuevos. Una de las ventajas adicionales de esta estrategia es que recoger resulta mucho más fácil.
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Creo que los adultos podríamos hacer algo parecido con los libros, discos, DVDs, programas de televisión, proyectos en paralelo, carpetas, ropa y demás.
«Tienes una hipoteca a 30 años, un coche en leasing a 5 años y una suscripción de por vida a un gimnasio… ¿pero tienes miedo al compromiso?»
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Compromisos con los lectores de este blog y conmigo mismo
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Estoycomprometido conmigo mismo a publicar entre 1 y 3 artículos semanales cualquier día de la semana. Estoy comprometido a publicar cuando me plazca.
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Asimismo, mantengo un compromiso de respuesta en menos de 48 horasa los comentarios y preguntas de los lectores.Responderé en el mismo momento en que lea los comentarios… o no.
Uno de mis rituales en el área espiritual es la plena presencia o la atención plena en la vida cotidiana. Una intención para una acción o comportamiento tan general tiene pocas posibilidades de llevarse a cabo de manera regular a menos que tengamos alguna intención de implementación que permita recordar y hacer operativa la intención.
Para aumentar la probabilidad de convertirlo en un verdadero hábito (automático, sin esfuerzo), este ritual necesita ser mucho más concreto. Por eso, he dividido mi ritual de plena presencia en 4 rituales:
Plena presencia en el comer,
en la acción y el movimiento,
en el pensamiento y la emoción,
y en la conversación.
Es un paso importante, pero siguen siendo intenciones demasiado generales. Por ello, he creado reglas simples que permiten recordar y poner en práctica cada uno de estos subrituales.
Por ejemplo, en el ritual de plena presencia en la conversación (también llamado «Escucha profunda») he diseñado la siguiente regla, que es más bien una sucesión de reglas.
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Regla de la opinión en la conversación–
Cuando durante una conversación surge la posibilidad de dar una opinión, nunca soy el primero en darla. Siempre espero a que otra persona dé la opinión primero.
Tanto si estoy de acuerdo como si no estoy de acuerdo, hago una pregunta previa para indagar sobre el significado profundo o sobre las razones que hacen que la persona en cuestión mantenga esa opinión. Lo mismo hago con cualquier otra opinión que surja en la conversación. Sólo después me permito dar mi propia opinión.
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Justificación
Es una forma de procurar la escucha activa y obtener información. Tomarse un tiempo en descifrar los pensamientos y emociones de los demás e inhibir los impulsos de expresar lo primero que nos viene a la cabeza puede mejorar la comunicación.
También es una manera elegante de comportarse. Confrontar una opinión ajena con una propia o intentar rebatir una creencia distinta es mejor si conoces previamente el alcance de la opinión y las bases que la fundamentan. Una opinión que se contrapone a otra opinión suele acabar en una lucha de egos que no beneficia a nadie. Al final, cada uno suele quedarse con su propia opinión, se ha reafirmado en su idea inicial y no ha aprendido mucho.
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Aplicación
Es necesario mantener la atención activa en la conversación y en uno mismo y detectar los impulsos cuando aparecen. No es fácil. Esta regla de manera indirecta logra aumentar la plena presencia.
Otro de mis rituales es el ritual de remanso social (contacto humano presencial). Este ritual se puede beneficiar sobremanera de la plena presencia en la conversación y de la regla de la opinión en la conversación
porque quiero hacerlo bien, creo que lo hago más o menos bien (realmente, muy bien), no quiero defraudar, no quiero «bajar el nivel», quiero hacer un buen artículo, me cuesta mucho hacer buenos artículos y tengo miedo de que si escribo más se darán cuenta de que no lo hago bien , de mí veo todos los errores que hay antes de entregar un artículo acabado, de los demás que escriben sólo veo el producto final (y esto me descorazona), tengo 200 pre-artículos medio-empezados pero no acabados porque no son lo suficientemente buenos, me pongo el listón alto pero esto no significa más que tardo mucho en empezar y mucho en acabar, experimento poco (si experimentara más tendría material para escribir dos artículos al día), quiero escribir sin muchas faltas de ortografía o de sintaxis, creo que lo digo es principalmente banal, siento que estoy robando ideas a los demás y que pocas son genuinas, por eso quiero que el robo no se sienta demasiado y tengo que buscar maneras de disimular el robo, pienso que si escribo algo no puedo borrarlo, pienso que si hago alguna estupidez dejarán de leerme, creo que quien hace estupideces es estúpido, hablo de la mentalidad experimental y el sentido del ridículo pero no pongo mi dinero donde está mi boca, no me gusta que se noten los calcos del inglés y de otros que piensan y escriben, me lo pienso mil veces antes de decidirme por un tema, creo que este blog es una estructura que hay que planear cuidadosamente, aunque digo que el blog crece orgánicamente realmente crece según un diseño ideado hace mucho tiempo, porque no me separo de los planos, porque la improvisación se me da mal, porque creo que la improvisación es chapuza, porque es difícil decir cosas con pocas palabras, porque se supone que soy minimalista en la expresión, porque, según dice Rubén Arribas de Aviones desplumados que dijo Baltasar Gracián, más obran quintaesencias que fárragos, porque cada día me salen más palabras a pesar de que querer ser sintético, porque una vez que empiezo no sé dónde acabar
La experiencia es el nombre que damos a nuestros errores
—Oscar Wilde
Los currículum vítae se crean para hacernos parecer capaces, formados, experimentados, fiables y dignos del trabajo al que aspiramos. Tendremos que crear un currículum adecuado al puesto, y que muestre y demuestre lo mejor de uno mismo. Hay todo un arte de la creación de CVs; modelos que emplear, tipo de papel, estructura, qué incluir, qué no incluir, cómo adaptarlo al empleador, cómo destacar de la masa. Etcétera.
Propongo lo siguiente: la próxima vez que aspires a un puesto construye un tipo distinto de currículum. Redacta tu Ridículum Vítae, el detalle pormenorizado de tus fracasos profesionales y existenciales. Lo puedes anexar a tu CV oficial si quieres o —si eres más audaz— entregarlo como única carta de presentación.
¿Rompedor? ¿Excéntrico? ¿Raro? ¿Extraño? ¿Provocará prevención en el potencial empleador? ¿Ni-se-molestarán en leerlo? ¿Tirarán mi RV a la basura?¿Es posible que me incluyan en alguna lista negra de la empresa? ¡¿Del sector?! ¿Seré catalogado como bicho raro o como candidato a alguna enfermedad mental grave? ¿Algún amigo o compañero que tenga noticia murmurará a mis espaldas? ¿Mi jefe llegará a conocer mi RV? ¿Me amonestarán en mi trabajo actual? ¿Me despedirán? ¿Seré condenado al ostracismo social o al exilio laboral ? ¿Mi novia me dejará por algún otro con un CV como Dios manda? ¿Me daré a la bebida y añadiré una nueva línea a mi RV? ¿Terminaré mis días solo, pobre, sin amigos, repudiado por mi familia y el complejo militar-industrial? Respuesta: probablemente sí. Probablemente te ocurran todas o algunas de esas cosas. No podemos descartarlo.–
Consejos para redactar un buen RV
Aceptado ese extremo, ¿qué supondría el redactar y publicar un buen Ridículum Vítae? ¿cómo podríamos estructurarlo y dotarlo de contenido?
—Estructura tu RV por importancia de los fracasos. Un buen RV incluiría un detalle sincero de los principales errores o fracasos profesionales. Busca tu fracaso más sonoro, ponlo en lo alto de la lista. Después en orden decreciente.
Has de provocar el máximo impacto en el reclutador. Tu objetivo es que en dos o tres líneas hayas provocado el pasmo y estés despedido sin ni siquiera haber sido entrevistado. Así, a botepronto, recuerdo un trabajo en el que duré poco tiempo: a la hora renuncié sin despedirme y salí por la puerta buscando praderas profesionales más verdes. Supongo que elegí mal el trabajo o no fui persistente. También podría traer a colación varios proyectos que fueron sonoros fracasos en los que quizá pequé de ambición o bisoñez.
Adicionalmente, podría relatar la vez en que dos guardias de seguridad tuvieron que acompañarme a la salida de mi ex – empresa cuando acababa de ser despedido por no cumplir ciertas reglas. No necesitan ser fracasos muy grandes o que produjeran mucho daño; es más importante que sean ilustrativos de tu actitud y orientación vital.
—Alternativamente, puedes diseñar un RV cronológico en el que detalles tus fallos y fracasos desde la primera vez que entraste en una organización formal hasta la actualidad; podrías empezar con la escuela de pre-escolar, por ejemplo. Uno de mis errores: una vez robé un paquete de chocolatinas a otro niño; lo guardé debajo de la camisa pero la profesora no nos dejó salir del aula hasta que se descubriera al autor del robo o en su defecto se encontraran las chocolatinas. Llegada la hora de salir las madres esperaban fuera y los niños eramos registrados uno por uno. Al final fui descubierto y se devolvió el paquete de chocolatinas a su legítimo dueño. Este hecho en apariencia insignificante, o alguno parecido, puede mostrar algo de tu carácter y de cómo se fue forjando desde la más tierna infancia.
—Personaliza tu Ridículum. Los fracasos, errores, fallos, etc. dicen más de ti que tus éxitos, que tenderán a ser convencionales, previsibles y del montón: seguramente que haya muchos como tú con mejores credenciales académicas, con más proyectos exitosos o resultados en su haber, con más idiomas que tú, con mejores cualidades personales, con más orientación a resultados. Pero seguramente pocos puedan igualar la particularidad de tus fracasos. Explota tus fracasos, sé conciso, ve al grano, no los expliques en demasía como buscando causas ajenas, asume la autoría de ellos con gallardía.
—No dudes en incluir los fracasos existenciales o errores personales más rotundos. El trabajo y el ocio están relacionados, son vasos comunicantes, el aspecto profesional contamina el aspecto personal y viceversa. Saca partido a tus derrotas.
—Prueba siempre que puedas tus episodios más bochornosos. Aporta documentos de las cartas de despido procedente, si las hubiera. Proporciona el vínculo a tu página de facebook y asegúrate de incluir las fotografías del último fin de semana en ese bar de copas; evita la tentación de retirar las fotos más comprometidas. Aporta referencias de gente que conozca el detalle de tus fracasos o que pueda hablar de ti. Ya sabes, que hablen de uno, aunque sea bien.
Si tienes un blog ombliguista, donde te desahogas emocionalmente, proporciona también el enlace. Tu futuro empleador (¿?) tiene derecho a conocer el tipo de fracturas emocionales que escondes y que a primera vista no se detectarían en una entrevista de trabajo.
—En el RV es muy importante detallar las lecciones aprendidas de todos esos ridículos vitales anteriores. Los fracasos son cicatrices que hay que llevar con un cierto orgullo. Toda cicatriz tiene una historia que contar y que forma parte de tu biografía. En el RV esbozas la cicatriz pero sin extenderte demasiado: en la entrevista (que dudo que llege a celebrarse) tendrás posibilidad de ampliarla y explicarla.
—Preguntas que te puedes hacer para extraer lecciones de los ridículos: ¿qué me enseño ese golpe?, ¿qué dice esa cicatriz de mí,?, ¿cómo conseguiré cicatrices distintas en el futuro?, ¿cuál es el hilo conductor de mis cicatrices?, ¿cómo he ido aprendiendo a fracasar mejor?, ¿cómo me levanto con más gracia? Analiza bien tus experiencias (perdón, fracasos) y obtén toda la información que puedas. Esto te servirá para tu aprendizaje tanto como para publicitar el tipo de persona que eres.
—Mantén actualizado tu Ridículum Vítae. Si vas en el buen camino, no dejarás de escribir nuevas líneas periódicamente. Un empleador necesita saber qué clase de derrotas has sufrido últimamente. El mayor peligro es que dejes de cometer errores y te duermas en los laureles. Si hay lapsos o lagunas temporales en tu RV en las que no has sufrido contrariedades, frustraciones o fracasos, tu futuro empleador querrá saber por qué. No se lo pongas fácil, intenta excavar en tu memoria y explorar fracasos en esos tiempos sin aparentes equivocaciones: seguramente existen, pero los has olvidado. El error de los errores es cometer una equivocación y volverte conservador por ello: vuelve a fracasar. Rápido. Ya. ¿Qué haces que no estás fracasando ahora?
—Todo éxito incluye muchos errores. Aprovecha tus pretendidos éxitos para encontrar nuevos ridículos. Seguro que los encuentras. ¿Por qué pudo haber sido mejor y no lo fue? ¿Por qué ese trabajo del que me sentía tan orgulloso no fue espectacular? ¿Por qué mi último proyecto no dejó una muesca en el universo?
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Como puedes haber deducido, se necesita estar hecho de una pasta especial para ser capaz de enviar tu RV a un empleador y ser sincero y objetivo sobre tus experiencias profesionales o vitales. Pero un primer paso es que crees ese RV para consumo personal, que escribas un nuevo relato objetivo distinto a la historia oficial, y que te des cuenta de que esos fracasos son los que te vuelven interesante y dan color a tu vida. Con el tiempo aprenderás a fracasar con eficacia y levantarte con gracia.
Si a pesar de las bondades del RV, estás todavía reacio a enviarlo y tienes miedo a no ser contratado, no te preocupes demasiado: siempre es posible que hagas el ridículo por ti mismo; en solitario o en compañía de otros tan ridículos como tú. –
Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
Un progre es alguien con mala conciencia que se siente en deuda con la sociedad, pero que quiere que los demás paguemos sus facturas.
–Homo Minimus
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Cuando vi este anuncio de Coca-Cola en una parada de autobús, algo que no supe definir rechinó dentro de mí. Una chica de gesto soñador con rastas muestra en un trozo de cartón una declaración de carácter vagamente reivindicativo.
Los anuncios, al igual que los aforismos –a los que soy tan aficionado– son modelos inigualables de comprensión del mensaje y minimalismo en la comunicación. Si esta imagen había llamado mi atención con tanta fuerza, debía de ser digna de ser desencriptada tanto en contenido como en forma.
¿De dónde provenía esta sensación mezcla de desasosiego, extrañeza, sorpresa y remoto fastidio?
Coca-cola, sin duda, captó mi atención, y eso es lo primero que hay que pedir a cualquier anuncio desde el punto de vista de la empresa anunciante. Intentaré desgranar esa mezcla de sensaciones y pensamientos difusos que generó la imagen:
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— La multinacional americana por antonomasia usa la estética 15-M (movimiento de los indignados) para anunciar sus productos. Bien por ellos. Un exponente más del carácter integrador del libre mercado respecto a todos los movimientos y tendencias sociales, incluso los que conspiran contra él.
— Una chica de tez blanca, manos delicadas y gesto lánguido con la media sonrisa de la Gioconda cubre la mitad del rostro con un cartón reivindicativo de noséqué. La ambigüedad de la sonrisa casa muy bien con lo vago del mensaje.
– «TENEMOS derecho». No es un individuo el que hace la declaración, sino un colectivo referenciado por ese «tenemos». Algunos de esos compañeros están en el fondo de espaldas; uno de ellos al menos con mochila. Seguramente son tan tiernos e idealistas como la camarada de la pancarta. Seguramente se sienten más arropados soñando y haciendo dentro de un grupo, aunque sea a costa de la individualidad.
— «Tenemos DERECHO». La famosa palabra: «derecho». ¿Quién no quiere derechos? Todos queremos derechos. Pero estoy esperando (sentado) a encontrar pancartas reclamando obligaciones, o al menos uniendo los derechos al reverso de las obligaciones. A ver si va a ser lo que decía Evita Perón: «Donde existe una necesidad nace un derecho».
–«TENEMOS DERECHO». Parece que hablan de tener un derecho como de quien tiene un páncreas. Algo inmediato, instantáneo y sin responsabilidad, contraprestación, transacción o acuerdo de voluntades.
— Vamos a ver a qué tienen derecho…: ¡A SOÑAR! Vaya, ahora parece que hay que reclamar el derecho a usar la propia mente. Pensaba que eso podíamos hacerlo todos y cada uno de nosotros, incluso en regímenes totalitarios. Pero no… ahora tenemos que reclamar el usar nuestra propia mente… Supongo que es porque no vivimos en una «democracia real» y porque «los partidos no nos representan» y las multinacionales nos dominan (Coca-cola, Apple, Google…).
— «…. Y que se haga realidad». Ajá. «Que SE HAGA realidad». Cómo el «Hágase la luz», pero con un toque más del tipo «que alguien (¿el estado?, ¿la sociedad?, ¿mi vecino?) lo haga realidad». Nótese el impersonal «se haga». No es el «lo haremos realidad» o el «trabajaremos diariamente por hacerlo mejor», sino el desiderativo «se haga».
— Alguien tiene que dejarnos soñar y alguien etérico tiene que hacer nuestros sueños realidad. Es decir, ni soñamos libremente, ni tenemos que hacer algo para lograr nuestros sueños. En su lugar, tenemos que pedir, reclamar nuestros derechos y confiar en que nuestros sueños se hagan realidad, en que nos los hagan realidad.
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Ya dijimos en algún lugar de este blog que el minimalismo es muy loable siempre que no vaya unido a un pensamiento mínimo, porque el minimalismo bien entendido es la sofisticación definitiva. Toda ideología es ya un atajo del pensamiento; un anuncio con mensaje ideológico es un doble atajo del pensamiento; es más, excluye el pensamiento sumiéndonos en emociones.
Ciertamente en este caso, el sustrato ideológico no es más que un medio para un fin legítimo: persuadir a la gente a comprar bebidas refrescantes. Coca-Cola, simplemente, se adapta al espíritu de los tiempos. Pero puestos a persuadir y crear imagen de marca, prefiero un anuncio igual de naif pero más positivo y menos ideológico. Tomemos otro del 2010 también de Coca-cola:
–No tiene sentido intentarlo –dijo Alicia–. Uno no puede creer en cosas imposibles.
–Me atrevería a decir que no has practicado mucho –dijo la reina–. Cuando yo tenía tu edad lo hacía durante media hora todos los días. De hecho, en ocasiones, creía en hasta seis cosas imposibles antes del desayuno.
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—Alicia en el país de las maravillas. Lewis Carroll.
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Es 1 de enero del 2012. Es un buen momento para empezar. Todos los inicios son hermosos. Allá vamos.
Este es el resumen del grado de cumplimiento de mis rituales en el 2011. Los datos mes a mes se pueden consultar clicando en la siguiente imagen:
-Los dato
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Los rituales son hábitos creados conscientemente que permiten elegirse a uno mismo.
Mis rituales están lo suficientemente detallados como para saber si los cumplo o no los cumplo, y el grado en que lo hago.
Aunque están sometidos a una liturgia y son fijos en el corto plazo, también son susceptibles de evolución y cambios. Procuro mantenerlos frescos y llenos de sentido. En mi revisión del año 2011, repienso mis rituales; considero su eficacia y adaptación a mis valores, metas y circunstancias; y los modifico, mantengo o elimino de acuerdo a ello.
Un mapa del mundo que no incluya la Utopía no merece la pena ni mirarlo, porque deja fuera el país en que la Humanidad está siempre desembarcando.
–Oscar Wilde
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Se acerca el fin del año y llega el momento de hacer recuento. También se acerca el momento de mirar un poco más lejos de uno mismo y de la situación actual, sin excluir las direcciones insospechadas. Después de todo, «si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando aparezca ante ti». Es el momento de no poner puertas al campo de las ganas y mirar el futuro con ojos nuevos.
No quiero que esto parezca afán de grandeza o un sentimiento exagerado de uno mismo; no quiero decir que sea necesario cambiar radicalmente de vida o de entorno o de trabajo o de forma de vivir; sólo quiero decir que podemos hacer algo nuevo con lo que tenemos, con lo que somos y donde estamos. Puede ser el 22 de diciembre, el 1 de enero o el 14 de agosto. Cualquier momento es bueno para empezar. A mí me gusta el 1 de enero porque hay fuegos artificiales.
Ahora debemos ser más existenciales o existencialistas que minimalistas. ¿Cuándo fue la última vez que te sorprendiste a ti mismo? ¿Te estás acostumbrando demasiado? ¿Has tomado un camino distinto para ir al trabajo hoy? Si no… ¿lo harás para volver? ¿Te has puesto calcetines de distinto color para ver qué pasa? ¿Has pensado qué quieres para el próximo año? ¿Hay algo que sea tan bueno que necesariamente tenga que hacerse real?
Queridos Reyes Magos (vosotros ya sabéis quiénes sois):
Este año mi lista de deseos es corta. He decidido que no quiero ningún objeto; realmente no necesito nada que ya no tenga, aunque se me podrían antojar mil cosas si me pongo a pensar.
Pero quiero que alguien reciba el regalo.
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Así que he resuelto que el importe del regalo lo donéis a una de estas tres organizaciones (o lo distribuyáis entre las tres en la proporción que sea). Propongo que se haga al azar porque las tres son merecedoras de la donación:
Justificación: el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una de las mejores universidades de Estados Unidos, ha puesto en internet más de 1800 cursos gratuitos a disposición de cualquier persona en el mundo; es la totalidad del currículum que imparten en esa universidad. Nunca fue más fácil tener una educación de primer nivel. Creo que es una de las mejores causas a las que uno puede contribuir. Yo ya he seguido varios de sus cursos, y puedo atestiguar que son de una excelente calidad.
Justificación: «La confederación oficial de las entidades de acción caritativa y social de la Iglesia católica en España, instituida por la Conferencia Episcopal. Cáritas desarrolla dentro de España una importante labor de apoyo y promoción social a diversos grupos sociales en situación de precariedad y/o exclusión social.»
Creo que Cáritas –en parte porque es una entidad no pública y en parte porque pertenece a la Iglesia Católica– proporciona una de las mejores relaciones entre coste y beneficio respecto a la ayuda social. Se nutre principalmente de aportaciones y donaciones voluntarias.
Hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes, eso sí es estar loco.
―Albert Einstein
Corro 3 días a la semana (lunes, miércoles y viernes) durante 40 minutos. Así lo he hecho durante los últimos 4 años. Algunas semanas más, pero ninguna semana menos. Después de algún tiempo corriendo, me sorprendí tomando siempre el mismo camino, el que más cómodo me resultaba. No era el menos cansado de los posibles, tampoco el más difícil, pero se había convertido en mi circuito por defecto: como la opción por defecto en un programa informático; como si a la pregunta «¿Quiere usted hoy tomar este camino?» hubiera respondido muchos días «Aceptar», y al cabo del tiempo, hubiera elegido la opción «Sí a todo»; esto es, «Sí, todos los días lo mismo», para no tener que responder ya más a la eterna cuestión.–
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La decisión de seguir un determinado circuito no había sido inmediata, sino que había emergido a lo largo de decenas de carreras a lo largo de los meses. Reflexionando sobre esta observación, me pregunté en cuántas ocasiones más habría elegido la opción «Sí a todo». La respuesta es tan sorprendente como obvia: la mayor parte del comportamiento se basa en opciones automáticas. La conciencia y el pensamiento deliberado son las excepciones en el mundo mental. Es la naturaleza humana.
Encontré decenas de ejemplos en que la opción por defecto y el sí-a-todo se habían enseñoreado de mi comportamiento: siempre tomo el mismo camino para ir a trabajar o a lugares habituales, siempre me lavo los dientes con la misma mano izquierda, siempre digo «Hola, qué tal» para saludar, siempre pongo (ponía) la radio cuando conduzco, etc.
Bien pensado, la expresión «opción por defecto» está muy bien traída, porque incluye «defecto» junto a la «opción». Eso nos sirve de recordatorio de que hay que estar prevenido contra las opciones habituales. En lo que respecta al progreso personal y colectivo, son necesarias, pero no suficientes, por usar una analogía de la lógica matemática.
Ya hemos argumentado acerca de la mentalidad experimental y el sentido del ridículo; en esta ocasión hay que argumentar a favor de los pequeños cambios por los pequeños cambios. Cambiar por cambiar. Para ver qué pasa. Para ver si hay alguna sorpresa que violenta nuestras expectativas. Podemos empezar a usar Linux, o pasarnos a Google Chrome (cosa que he hecho hace menos de un mes después de estar toda la vida con el Internet Explorer), cepillarnos los dientes con la mano derecha, o decir, «Qué tal, hola», o irnos a otro país durante un mes y buscar trabajo y quizá encontrarlo (acabo de volver de Perú, donde he estado 6 semanas trabajando).
Imaginemos que somos químicos –químicos un poco locos– que estamos en un laboratorio con montones de sustancias conocidas y desconocidas y que las podemos combinar a nuestro antojo: algunas veces no pasará nada; otras veces la mezcla nos explotará en la nariz y saldremos chamuscados; y otras, quizá, descubramos una nueva mezcla que mejore un poco nuestra vida, o al menos la haga más variada o más divertida.
A propósito, desde hace 3 años nunca he corrido por exactamente el mismo circuito.
(Artículo inspirado por mi colega Mínimo [es decir, se lo he robado])
–Os parecerá una tontería, pero esta es una de las siete verdades más importantes que he descubierto en mi vida. Llevaba mucho tiempo junto a la frase, pero hasta hoy –hasta hace media hora exactamente– nunca había calado. Y eso que estaba ya hace tiempo entre los eslóganes de mi minimalismo.
El conocimiento es como una semilla que no germina si no penetra muy hondo.
Hay que parecer un poco loco de cuando en cuando para seguir avanzando
–Homo Minimus
Vivía en Granada (España) y decidí tomar unas clases para refrescar mi inglés. Encontré un anuncio en una farola de un tal David Bolton, un americano residente en la ciudad que ofrecía clases de inglés —conversación y gramática— con la primera clase gratuita.
A los pocos días, había concertado una entrevista y estaba entrando por la puerta de su casa en el casco antiguo. El americano era alto y muy delgado. Me recordó al Mr. Burns de los Simpsons pero veinte años más joven; tenía una sonrisa astuta pero a la vez acogedora, y una mirada algo burlona. Me recibió en una sala un tanto desordenada con un ordenador, un clavicordio, y un par de butacas. Allí nos sentamos, uno enfrente del otro, con una mesa de té en medio de los dos.
Después de ofrecerme alguna bebida, sin más prólogos, me dijo en inglés que, antes de comenzar la clase, necesitaba someterme a un pequeño test o prueba; él diría algo y yo, de la manera más fiel posible, debería repetir lo que él dijera. Supuse que se trataba de una prueba de nivel de pronunciación, algo que los españoles no solemos dominar. Yo en particular podía mejorar mucho en ello. Me preguntó si estaba preparado —un poco teatralmente— y respondí que sí. Hubo un par de segundos de silencio; me dispuse a intentar reproducir lo que él iba a decir.
Entonces, inesperadamente, un aullido que duró varios segundos salió de su boca, como un grito de loco con poderosas cuerdas vocales: “ ¡¡¡UAAAAAAAEEEEUUUUAAAAUUUUuuuu!!! Duró unos pocos segundos, pero se me hizo interminable. Lo más probable es que se hubiera oído a varias decenas de metros a la redonda, pues la ventana de la habitación estaba abierta. Quizá los vecinos pensaron que estábamos sacrificando a un cerdo. Paró, y mientras le miraba pasmado, aguardó impasible mi respuesta.
No tardé en reaccionar, y convirtiendo el pasmo en energía, aullé yo también algo similar a lo anterior: “¡¡¡UUUUUUUAAAAAAEEEUUUUAAAAAAAAAAAUUUUUUuuuu!!!”.
Después me callé, un poco sorprendido de mí mismo.
Me miró tranquilamente sin hablar, como si lo anterior fuera lo más normal del mundo. Pasaron un par de segundos y dijo, con su voz algo aguda y acento de la costa este: “Excelente, muy bien…”; y prosiguió: “esta es una prueba que hago con mis alumnos españoles para comprobar sus aptitudes para el aprendizaje del inglés: normalmente se suelen callar después de mi berrido, pues la gente tiene un gran sentido del ridículo. Pero tú lo has hecho bien. “
Me explicó que si quería aprender bien un idioma, tenía que quitarme la vergüenza y el sentido del ridículo, pues iba a cometer muchos errores y tenía que aceptarlos. Normalmente, los alumnos españoles están adiestrados para evitar el error, quieren ser perfectos desde el principio; y si no lo son, se ponen nerviosos, se frustran y bloquean.–
Quién es David Bolton
David Bolton es un personaje digno de conocer del que aprendí mucho, y del que seguiré contando historias más adelante. Podéis comprar un estupendo libro suyo sobre el aprendizaje de idiomas o leer decenas de artículos interesantes en su página web (eso sí, en inglés).
Ahora vive en Japón con su esposa japonesa, Maki, a la que conoció en Granada. Pero eso es otra historia…
Un debate es un intercambio de conocimiento; una discusión es un intercambio de ignorancia.
–Robert Quillen
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Cuando siento ganas de refutar o discutir algo que alguien diga, me refreno; dejo que la persona acabe su argumento u opinión, y sustituyo el impulso inicial de sacarle del error por una pregunta indagatoria. Después de eso –y sólo después de eso– me permito expresar una opinión opuesta o distinta, y argumentar a su favor o refutar la opinión errónea.
—
Este es un ejemplo de intención de implementación. La meta es no discutir. La regla es una manera práctica de conseguir la meta definiendo un comportamiento concreto en una circunstancia concreta.
De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno
— San Bernardo of Clairvaux
Convertir las intenciones en acciones consecuentes es una de las cosas más difíciles. Tomemos un ejemplo personal: uno de mis rituales es la plena presencia. Tengo una idea más o menos clara de lo que significa y lo tengo desglosado en 4 sub-rituales en los que me concentro cada semana del mes sucesivamente: plena presencia en el movimiento, en la comida, en el pensamiento-emociones y en la conversación.
El ritual está bien justificado y las veces que lo practico cosecho bienestar y calma. Sin embargo, no siempre consigo recordarlo. Uso el Motiveaider como un disparador táctil-vibratorio para los sub-rituales de movimiento, pensamiento-emociones y conversación con bastantes buenos resultados; pero el ritual de plena presencia en la comida, que es más limitado (sólo en las 5 comidas del día), no consigo practicarlo consistentemente a pesar de revisarlo todas los días de la semana en que me centro en él.
–
¿Qué puedo hacer? La estrategia tradicional se basaría en fortalecer la visión de la meta, en recordarme todos los beneficios para la salud y mente que tiene su práctica. Sin embargo, la mera intención y el reconocimiento de los beneficios de un hábito a veces no son suficientes:–
Las investigaciones han mostrado que intenciones sobre objetivos generales (por ejemplo, “Me propongo firmemente alcanzar la meta X”) sólo explican entre el 20% y el 30% de la varianza en el cambio de comportamiento. Después de todo, el comportamiento pasado tiende a ser un mejor predictor del comportamiento futuro de las personas que las metas que se proponen.
He decidido cambiar el enfoque: en vez de fortalecer la visión de la meta, voy a procurar fortalecer la visión del proceso para alcanzar la meta. Es decir, voy a centrarme en el proceso y voy a crear una “intención de ejecución” en vez de reforzar la “intención de la meta”.–
Una intención de implementación es una estrategia auto-regulatoria en la forma de un SI—ENTONCES–PLAN (“Si la situación X se da, entonces ejecutaré la respuesta Y”) que puede llevar a un mejor logro de la meta. Está subordinada a las intenciones de meta, ya que especifica el cuándo, el dónde y el cómo de un comportamiento dirigido por metas.
–Hasta ahora el detonante o disparador del ritual de plena presencia en el comer era el comienzo de la comida, pero no tenía más que la vaga intención de comer con conciencia. ¿Cómo se come con conciencia? ¿Qué significa exactamente? ¿Cómo podría asegurarme de que estoy practicando la plena presencia? Tengo el cuándo (horas de las comidas) y el dónde (mesa) pero me falta el cómo.
Voy a crear una regla altamente específica que convertiré en automática para que me ayude a regular el ritmo en la comida. Tiene que ser una regla que me mueva a comer más lentamente, porque supongo que si consigo comer más pausadamente, podré también ser más consciente de mis movimientos, de los sabores, olores y texturas, y ejercer la plena presencia.
Regla del ritmo en el comer (en el ritual de plena presencia en el comer):
Sólo empiezo a comer después de que el resto de los comensales hayan empezado. Nunca acabo un plato antes de que acabe el último de los comensales. Termino de comer después que el resto de los comensales. Procuro no dejar migas u otros restos en la mesa y mantengo la servilleta bien doblada. Saboreo morosamente el primer bocado de cada plato y el primer sorbo de cada vaso.
Generar automatismos para liberar fuerza de voluntad
Esta regla supone el desplazar la intención y esfuerzos conscientes a un mecanismo automático facilitado por una regla muy concreta qué especifica el cuándo, dónde y cómo. Así puedo liberar fuerza de voluntad y hacer más sencillo el cumplimiento del ritual, la meta, el qué.
Mis reglas del minimalismo existencial son todas ejemplo de estas intenciones de implementación en distintos contextos y pretenden lo mismo que la regla anterior del ritmo en el comer. Son mecanismos automáticos condicionales en forma de reglas SI <X>, ENTONCES <Y> con los que pretendo liberar fuerza de voluntad, uno de los dos cuellos de botella de la auto-regulación.
Un estudio alemán muestra que la persona normal emplea una media de 4 horas resistiéndose a deseos o tentaciones:
[…] A menudo, pensamos en la fuerza de voluntad como en una fuerza extraordinaria que tenemos que invocar para manejar las emergencias, pero no es esto lo que Baumeister y sus colegas encontraron cuando recientemente monitorizaron a un grupo de más de doscientos hombres y mujeres en Alemania central. Estos alemanes llevaron avisadores electrónicos que sonaban a intervalos aleatorios siete veces al día, pidiendo a las personas que informaran si estaban experimentando algún tipo de deseo o si habían sentido recientemente tal deseo. El cuidadoso estudio, dirigido por Wilhelm Hofmann, recogió más de 10.000 informes puntuales desde la mañana a la media noche.
[…] Los investigadores concluyeron que las personas emplean alrededor de un cuarto de sus horas despiertas resistiéndose a deseos —al menos cuatro horas al día—. Dicho de otro modo, si abordaras a cuatro personas de manera aleatoria en cualquier momento del día, una de ellas estaría usando la fuerza de voluntad para resistir un deseo. Y esto no incluye todas las veces en que la fuerza de voluntad se ejercita, porque la gente la usa para otras cosas, como para tomar decisiones. –
Paradójicamente, según Baumeister —en su último libro Willpower—, las personas más voluntariosas y disciplinadas no son las que más esfuerzos de voluntad realizan a lo largo del día. Lo que hacen mejor las personas disciplinadas es el dedicar su fuerza de voluntad a establecer mecanismos automáticos— como el visto arriba en forma de intenciones de implementación—, y a urbanizar su entorno para poder concentrarse de la mejor manera y estar más libres de las interrupciones y tentaciones. Es decir, las personas disciplinadas son más estratégicas en el uso de la fuerza de voluntad, eligen mejor sus batallas.
En un horizonte temporal suficientemente largo, la probabilidad de supervivencia de cualquier persona es igual a cero.
—El Club de la lucha
[2367]
En Mi vida sin mí , vimos un excelente ejemplo de gestión del tiempo; o mejor dicho, de gestión de la acción en el tiempo disponible. Sara Polley (Ann en la película) va a morir en unos pocos meses y tiene que decidir qué hacer con ese tiempo. Por supuesto, tiene que elegir los más importante y significativo. Escribe una lista con las “Cosas que hacer antes de morir” y pasa las semanas que le quedan persiguiendo esas metas.
The Reaper List es un sitio web que te ayuda a generar ese sentimiento de urgencia de actuar sin necesidad de ninguna enfermedad. Puedes hacer una lista de un máximo de 30 cosas que hacer antes de morir; me parece una buena idea porque obliga a priorizar. Esa lista es pública. Puedes también conocer gente con listas parecidas y desarrollar un sentido de responsabilidad personal hacia tus sueños.
Por supuesto, podrías escribir esa lista de cosas que hacer antes de pasar a la otra vida en un archivo de texto en tu ordenador; pero repetimos una vez más: la visibilidad pública ayuda a hacer más fuerte el compromiso.
Cuando al fin logras tu meta, lo haces público, escribes una descripción de tu pequeño o gran triunfo y pruebas tu éxito con fotografías. En The Bucket List, un sitio similar, puedes añadir videos, narraciones, canciones –cualquier cosa que te ayude a mantener la meta vívida en tu mente y en la de los demás– como motivación durante el camino y como prueba del logro.
De los éxitos ajenos y propios y de los sueños de otros soñadores obtienes inspiración y ánimos que te pueden acercar más a los tuyos.
Evitación vs aproximación
The Reaper List ayuda a ilustrar y aprovechar la fuerza del Memento Mori latino (“Recuerda que vas a morir”), el reverso del Carpe Diem, para proporcionarnos una motivación extra. Pero esta táctica no está exenta de críticas; Alquimista oscuro en un comentario anterior nos ofrecía esta estupenda analogía:
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La lista de las cosas que hacer antes de morir sería el equivalente a mandar a todos los jugadores arriba en un partido de fútbol cuando quedan cinco minutos y el resultado es adverso; es una opción tentadora, pero demasiado arriesgada para usarla desde el principio.
—Alquimista Oscuro
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El miedo, a pesar de su fuerza, no tiene el poder creador del soñador con los pies en el suelo o soñador despierto. La dinámica de evitación es muy distinta a la dinámica de aproximación; la primera se basa en escapar a ciertos resultados; la segunda, en cambio, es generadora, busca acercarse a una visión interior de un resultado apetecido. Parte de una aguda percepción de la realidad actual para generar una tensión que nos impulse a reducir el abismo entre lo que existe y lo que podría existir y consideramos deseable. La dinámica creadora se funda en un optimismo realista más que una ansiedad generada por una amenaza terrible.
En todo caso, a pesar de las críticas –y con las consiguientes reservas–, si tenemos en cuenta el principio de flexibilidad, podemos usar la lista de cosas que hacer antes de morir para recordar un hecho inexorable de la vida al que nadie escapa y suscitar la urgencia de actuar. Será una fuerza de propulsión hacia nuestras metas. También nos permite ejercitar ese músculo a veces olvidado llamado imaginación.
Esta página lleva el compromiso público a un nivel más alto. No se trata sólo de decir lo que vas a hacer de palabra o mediante una entrada en tu blog; en su lugar vas a crear un contrato de compromiso por el que te comprometes a lograr un resultado en una determinada fecha. Tanto la meta como la fecha están claramente especificadas. Por ejemplo, perder 10 kg y llegar a los 75 kg el 31 diciembre del 2011. También puede servir para formar un hábito; por ejemplo, hacer ejercicio regularmente durante 12 semanas.
Has de nombrar un árbitro que se encargará de tomar nota de los progresos hacia tu meta y juzgar si has logrado tu objetivo al final del plazo.
Lo más novedoso: determinas cuál será la sanción monetaria en caso de no lograr tu meta en el plazo previsto; esto es opcional, pero si fijas la sanción, proporcionas los datos de tu tarjeta de crédito y el nombre del beneficiario, de tal manera que si fracasas, ese dinero pasa automáticamente a la organización o persona que tú decidas; por ejemplo, Cáritas, OCW o Wikipedia.
Si se trata de acciones regulares –como perder 0,5 kg todas las semanas o salir a correr 3 veces todas las semanas– la semana en que no cumples la meta parcial se te carga la tarjeta de crédito y se transfiere al beneficiario.
Si te gustan las emociones fuertes, puedes decidir donar ese dinero a alguna organización o individuo por el que tengas especial aversión. Por ejemplo, donar 100 euros al club de fans de Bill Gates o hacer una generosa donación de 200 euros a la Reina de Inglaterra.
También te permite recabar el apoyo de tus amigos creando un grupo de animadores (“cheering group”) que podrán acceder diariamente a la página, comprobar tu grado de avance y animarte con mensajes de apoyo. –
El poder de los incentivos y la arquitectura de las decisiones
La idea de stickk.com fue creada y desarrollada por Dean Karlan, economista de la universidad de Yale, que imaginó una especie de supermercado de los compromisos. El concepto básico es que los incentivos cuentan, y, si pones dinero (u orgullo) en juego, es más probable que cumplas tus determinaciones. Dean consideró que el mercado estaba preparado para un servicio como stickK.com que ayudara a la gente a lograr sus metas.
Se puede considerar esta página como una excelente aplicación de la arquitectura de la elección; en particular, de arquitectura en la implantación de decisiones ya tomadas. Ya vimos en Urinarios e imanes de la acción que pequeñas acciones para diseñar el entorno de la decisión pueden contribuir a elegir opciones más adecuadas. En este caso, la idea es simple también y nos sirve para urbanizar el entorno de nuestras resoluciones y concluir lo que empezamos.
La vida es bastante sencilla. Haces algo. En la mayoría fracasas. Algo funciona. Haces más de eso que funciona. Si funciona muy bien, otros rápidamente lo copian. Entonces haces otra cosa. El truco está en hacer otra cosa.
–Leonardo da Vinci
[2158]
En materia de disciplina y autorregulación cualquier ayuda es poca. Más allá del “necesito voluntad” (la gran X que resuelve todas nuestras ecuaciones motivacionales), hay multitud de métodos sencillos que nos pueden ayudar a tomar determinaciones, iniciar hábitos, mantenerlos a pesar de las dificultades, motivarnos durante el camino y llegar a buen puerto.
Ya hemos hablado sobre las claves del diseño de rituales, que son un tipo de hábitos especialmente deliberados, consistentes e integrados entre sí y con nuestra vida en general.
Ahora se trata de andar el camino en vez de simplemente hablar sobre el camino.
Hay gran cantidad de páginas web que nos pueden ayudar. He seleccionado algunas de las más interesantes o divertidas. No he encontrado páginas similares en español, pero en todo caso podéis usar estas para vuestros fines. Todas son gratuitas.
Mi preferida: Joe’s Goals. Las metas de Joe. Revisión + visibilidad pública.
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Nos permite aplicar dos de las claves de la formación de hábitos y rituales: Revisión diaria + Compromiso público.
Joe’s Goals es una herramienta que nos facilita el seguimiento de nuestras metas y compartir los resultados con amigos y familiares. El funcionamiento es sumamente sencillo: funciona en web, sin necesidad de bajar programas, sólo tienes que crear una cuenta. Obtienes una puntuación (“score”) en función del número de días que cumples el hábito. Además, te informa del número de días que has mantenido el hábito seguido (“chain” o cadena). Puedes añadir en la misma página un “log” o diario del hábito para detallar tu actividad o añadir observaciones. Como característica adicional, tienes la posibilidad de hacer seguimiento de vicios o hábitos negativos; por ejemplo, dejar de fumar. En este caso, la puntuación será negativa por cada incumplimiento y aparecerá una señal roja en vez de una verde.
Está en inglés, pero realmente eso no importa mucho, porque es una página muy sencilla.
En próximos artículos, mostraremos varios sitios web más que nos ayudarán a crear y mantener nuestras resoluciones.
Tal y como me había comprometido en el blog, hago pública la revisión de los rituales en el mes de septiembre.
Se nota un significativo ascenso. El mero hecho de comprometerse en público aumenta la motivación. He revisado estos rituales todos los días.
Cuanto más sensorial sea la revisión y control de los rituales y hábitos, mejor. Cuanto más simple el sistema, mejor.
Esta es la plantilla mensual que empleo. Recomiendo llevarla en papel.
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No es realista intentar crear un sistema de rituales entero a la vez. Ha de ser siempre uno tras otro y dedicando a cada ritual entre 1 y 3 meses. Lo que estoy haciendo es una revisión de un sistema de rituales ya formado.
Después de hacer públicos mis rituales y su grado de cumplimiento en un cuadro resumen, algunos lectores pidieron más información sobre la manera en que establecía su cumplimiento y los revisaba. Lo siguiente es el detalle de mis rituales. Están concebidos como rituales de recuperación y buscan el equilibrio entre las distintas áreas vitales. A excepción del ritual intelectual, y las revisiones diarias y semanales (rituales de productividad), todos se podrían considerar rituales de recuperación o mantenimiento o equilibrio. En este aspecto sigo la filosofía del paradigma del velocista de Loehr y Schwartz.
mis rituales a 28.9.11
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Primero hacemos a nuestros hábitos, y depués ellos nos hacen a nosotros.
–John Dryden
Aquí presento la versión a 28.9.11. Están en constante evolución. Tal y como señalé en los principios de diseño de rituales, estos han de mantenerse frescos, llenos de sentido y adaptados a las circunstancias personales.
Los reviso diariamente y considero sólo dos resultados posibles: cumplido/no cumplido. Para cumplirse tienen que haberse dado unas condiciones mínimas que detallo para cada ritual.
Al final del mes, obtengo los porcentajes para cada ritual. Por ejemplo, un 50% de cumplimiento en el ritual de revisión semanal significa que sólo una de cada dos semanas hice una revisión semanal respetando las condiciones mínimas (en este caso concreto, sólo esbozo estas condiciones en el artículo). –
FÍSICOS–
Sueño
Disparador Temporal: despertador. Hora.
La regla operativa es levantarse a las 9:00 y dormir 7 horas 13 minutos todas las noches, con un sueño reparador y continuo. Uso posible de las siestas de recuperación y de preparación. Esto implica acostarse como muy tarde a la 1:30, quizá a las 2:00, si hay una breve siesta al mediodía.
Podéis leer los detalles del diseño de este ritual aquí. Los principios de diseño de rituales se aplican siempre.
Alimentación
Disparador temporal-sensaciones: hora de comer. Sensación de vacío estómago.
Cinco comidas al día. 5-8 raciones de vegetales y frutas. Alimentos integrales. Eliminación de azúcares puros y reducción grasas animales. Frutos secos. Eliminación o reducción estimulantes, café, coca-cola.
Ejercicio
Disparador temporal-acción : al anochecer, ponerse las zapatillas, tomar las llaves y salir a andar.
3 días a la semana, L-X-V 40’ de correr. 2 días a la semana musculación en gimnasio mínimo 30’. Ampliable en el futuro el tiempo de musculación. Ando al menos 45’ el resto de los días que no corra. Aparte de esto aprovecho las oportunidades diarias de hacer ejercicio: subir escaleras, bajarse una parada antes, ir andando a hacer recados, etc. –
VINCULACIÓN–
Remanso social
Disparador emocional: sensación de ansiedad o aburrimiento o malestar.
Objetivo: 3 remansos/semana día sí-día no.
Un día sí, un día no, 60 minutos mínimo de conexión social presencial. En todo caso, 3 remansos sociales a la semana. Puede incluir llamadas por teléfono a personas con las que no es posible otro contactos, pero es esencial que haya contacto directo, en persona. Se beneficiará del otro ritual de vinculación (amabilidad) y de la plena presencia, en especial de la variante de plena presencia en la conversación.
Puede favorecer también el saboreo del pasado al recordar con otras personas los buenos momentos. También el saboreo del presente, pues una experiencia compartida se intensifica y realza en compañía de otros seres humanos. Ambos tipos de saboreo contribuyen a aumentar el presente hedonista y el pasado positivo, y el optimismo de la memoria. –
Amabilidad
Disparador situacional: una persona necesita ayuda.
Objetivo: 3 acciones amables/semana en cualquier momento semana.
Tres acciones altruistas o amables al azar durante la semana. Muy variado. Puedo hacer muchas más, pero me fijo el mínimo de 3. Un punto por cada acción altruista. Me ayuda a salir de mí mismo, a reducir el ego, a conectarme con otros seres humanos, con propósitos más grandes que uno mismo. Dimensión espiritual.
Si quieres hacer felices a otros, practica la compasión. Si quieres ser feliz, practica la compasión.
— Dalai Lama
EMOCIONALES
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Meditación formal
Disparador temporal-situacional: después de acabar una sesión de 4 pomodoros por la tarde.
Todos los días. 24’ de meditación formal.
MENTALES–
Revisión diaria
Disparador temporal-situacional: 22:00 o después de correr o dar el paseo al final del día.
3 TMIs. Elemento clave del proceso de mejora constante, mejora el ciclo OODA .
Favorece el saboreo futuro y el optimismo y puede crear sentimiento de anticipación, que es parte del placer de alcanzar una meta (la felicidad no es un destino, es un proceso). También puede incluir la práctica de la gratitud y favorecer el saboreo del pasado, la amabilidad y conexión con otros seres humanos, viendo lo bueno que hay en la vida, tomando constancia de ello.
Incluye una limpia del entorno y un procesamiento de la bandeja de entrada.
Uso una versión minimalista. –
Revisión semanal
Disparador temporal: domingo noche, sobre las 9:00; si necesario, un disparador auditivo usando alarma móvil.
Elemento capital del sistema de organización de la acción.
Uso de la Hoja de control de rituales y proyectos. Cinco grandes rocas (se coloca una gran piedra por día).Uso una versión minimalista.
Incluye las revisiones mensuales, trimestrales, semestrales y anual. Uso la hoja de control de rituales y proyectos.
La hoja de rituales y proyectos y la revisión semanal engarzan la revisión y planificación semanal con los objetivos anuales y a largo plazo.
Mensual: Revisión y elaboración Hoja de control de rituales y proyectos mes. Fijo único objetivo mes. Lista simple de proyectos (máximo 3 proyectos). Los proyectos de esta lista no se mueven hasta que se acaben. Nuevos proyectos. Revisión extracto bancario. Calendarizar mes.
Trimestral: PNI trimestre. Revisión trimestre. Plan general siguiente trimestre. Calendarizar trimestre.Nuevos proyectos.
Semestral: Revisión año hasta el momento. Cambios estratégicos. Revisión financiera global.
Anual: PNI año. Revisión financiera global. Estrategia. Sistema de rituales. Integración áreas de responsabilidad. Revisión valores y recuerdo y actualización visión. Nuevos proyectos. Meta única año.
INTELECTUALES–
Ritual de pensamiento
Disparador temporal: mañanas y tardes.
Objetivo : Completar al menos 2920 pomodoros al año (1460 horas).
8 pomodoros diarios en dos sesiones diarias con la estructura (25+3) x 4. Este ritual fundará mis habilidades y será mi activo profesional más importante. La técnica pomodoro me permite cultivar el paradigma del velocista (intensidad + recuperaciones) y aplicar la filosofía de la práctica deliberada a mi trabajo intelectual. –
ESPIRITUALES–
Sabbat
Retiro espiritual los domingos. Duración variable: 4-8-24 horas.–
Plena presencia
Disparador visual-táctil: un post it, el motiveaider programado cada cierto tiempo.
Está relacionada con una actividad felicitaria muy importante: saboreo sensaciones en su modalidad de presente. Vivir en el momento, no en el futuro o en el pasado, el único momento para vivir la vida es éste.
Comienzo con lo más físico, sigo con lo mental, y acabo con lo interactivo (con los demás y con el subconsciente o fuerzas interiores).
Repito el ciclo 12 veces al año. Para otorgar variedad la quinta semana de los meses más largos la dedico a la práctica que considere más oportuna.
Libros de referencia:Full cathastrophe livingde Kabat-Zinn y Mindfulness de las Complete Idiot’s Guides.
4 variantes de la plena presencia. Una por semana:–
Plena presencia en el comer
Disparador situacional: comidas.
Cinco oportunidades diarias de practicarla. Lentitud. Elegancia.
Permite disfrutar más del presente, no sólo afinar la atención, disfrutar más de los sabores y de los olores y de las texturas, y es un ejercicio de plena presencia cotidiano. Sólo con este hábito te estás proporcionando al menos cinco momentos de placer todos los días durante el resto de tu vida. –
Plena presencia en el movimiento y la acción
Disparador visual-táctil: post it o motive-aider.
Incluye plena presencia en el andar. Plena presencia al conducir. Se trata de realizar las actividades físicas, tareas cotidianas y movimientos con la máxima conciencia y atención. Y posiblemente con una lentitud superior a la habitual. El ejercicio físico podría beneficiarse de esta actitud. Estar en el ejercicio, no en otro lado. Permite una mayor conciencia del entorno, y posiblemente una mayor apreciación de la belleza de las cosas cotidianas y una mayor sensación de asombro.
Cualquiera que sea la tarea, hazla lentamente, con calma, con plena presencia, para que no hagas ninguna acción con la meta de acabar con ella. Acomete cada tarea trabajando de manera relajada, con toda tu atención.
—Thich Nhat Hanh
Plena presencia en las emociones y el pensamiento
Disparador visual o táctil: post it o motive-aider
Es el equivalente mental de la lentitud deliberada en los movimientos. Se presta atención al paisaje mental y la plétora de sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos que van apareciendo. Oportunidades continuas en las sesiones de pensamiento matemático y en general durante todo el día.
Imagen i: observador que ve pasar los barcos por el río desde la orilla. Es muy fácil dejarse llevar por la corriente.
Imagen ii: observador que desde el puente ve pasar los trenes del pensamiento, sentimiento e impulso (idea de la ACT) . Cada uno de esos trenes lleva una colección de vagones que pasan uno detrás de otro por debajo del puente.
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-Es muy fácil saltar a uno de esos vagones y quedarse atrapado en él.
Es muy fácil saltar a uno de esos vagones y quedarse atrapado en él. Hay que observar los vagones de los trenes pasar sin dejarse llevar por ninguno de ellos.
Plena presencia en la conversación
Disparador situacional: contactos con personas.
Disparador temporal para el Sabbat: domingos.
Busca promover la conexión con otros seres humanos y con uno mismo. El domingo incluye un Sabbat o retiro espiritual de 4, 8 o 24 horas, que coincide con las revisiones semanales y mensuales, y contribuye a otorgarles perspectiva. Cada contacto con otro ser humano es una oportunidad para ello. Unido al ritual de amabilidad.–
Compromiso público y revisión diaria. Claves de la formación hábitos.
[1312]
Para la formación de hábitos, hay dos claves fundamentales, tal y como vimos en Diseño de rituales:
1. Compromiso público
2. Revisión diaria
Sin estos dos elementos la formación del hábito o construcción del ritual es más improbable.
Un ritual es un tipo de hábito generado deliberadamente y de naturaleza adaptativa. Para un ejemplo de diseño de un ritual, podéis consultar mi ritual de sueño.
Mi cuadro de control de rituales sirve como una especie de panel de control vital que me ayuda a mantener el norte. Los rituales están divididos en categorías que coinciden aproximadamente con mis “Áreas de responsabilidad” (usando la terminología de David Allen). Los rituales intentan promover el equilibrio entre distintas áreas vitales. Son altamente concretos y operativos y están integrados entre ellos.
He decidido hacer públicos mis rituales del 2011 (11 rituales) con el nivel de resultados obtenidos en los 8 primeros meses. Muestro el cuadro resumen (haced clic arriba para ver en grande) con el nombre de los hábitos y las medias mensuales y globales de cumplimiento de cada ritual.
Los colores indican los niveles de cumplimiento:
Como podéis observar, estoy lejos de alcanzar un nivel adecuado. Por supuesto, no he formado todos los rituales este año; de hecho, sólo hay un ritual nuevo, todos los demás ya estaban formados tiempo atrás. No recomendaría a nadie que intentara formar 11 rituales a la vez, ni siquiera 2. Ha de hacerse uno a uno.
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Meta en materia de rituales
El 31 de diciembre de 2011 tendré los indicadores de rituales en verde (más de 90% de cumplimiento).
Acciones
Informaré en el blog mes a mes de los resultados obtenidos.
Responderé en los comentarios de este blog a cualquier duda o pregunta sobre mi sistema de revisión y sobre los rituales.
Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no tiene que perderse; ahí en el aire es donde han de estar. Ahora pon los cimientos debajo de ellos.
—Ralph Waldo Emerson.
Imagen: escaleras mecánicas
Imagina que estás subiendo por una escalera mecánica; una de esas que te encuentras en unos grandes almacenes o en el metro . Das el primer paso y ya estás en ella. Normalmente, ¿qué haces? Sueles dejarte llevar, allá arriba está el final, pero queda todavía mucho. Además, quizá tendrías que pasar al lado de otras personas. La mayor parte de ellas están en el lado derecho, sin moverse; algún impaciente sube andando y alguno hasta corriendo, pero lo habitual es permanecer parado subiendo tranquilamente y pensando en nuestras cosas u observando a otros.
Según vas subiendo, la proximidad del final de la escalera te pone un poco en tensión, ya estás casi allí; quedan quizá 12 o 13 escalones, pero ya sientes la proximidad; fíjate en lo que haces o en lo que hacen los demás: ¿esperan a llegar al final plácidamente como hicieron durante todo el trayecto o suben los últimos pasos?
Verás que muchas veces según te aproximas al final, si no tienes nadie delante, das los últimos pasos; parece que la cercanía del final nos proporciona energía y nos sentimos con fuerzas para subir los 4 o 5 peldaños que nos quedan.
Esos últimos pasos los podrías haber dado al principio, pero lo que quedaba era tan grande que parecía poco respecto a todo el tramo de escaleras mecánicas. Al final del tramo ese esfuerzo tiene una recompensa casi inmediata. –
Interpretación de la imagen
Bien, ahora descifremos la imagen: el paso de entrada a las escaleras es el inicio del proyecto; la altura de la escalera es la duración de un proyecto; nuestra energía, el que nos sintamos con ganas o desganas para subir por nosotros mismos las escaleras, es la motivación a lo largo del proyecto; el final de la escalera es el logro final de la meta planteada o resultado buscado en el proyecto.
Al principio, como hemos visto en el caso de las escaleras, si mantenemos nuestra mente en la meta final (alcanzar el final de la escalera) los pasos pequeños que podamos realizar en el momento resultan insignificantes y es probable que nuestra motivación se resienta: me quedo parado, dejo que pase el tiempo esperando a estar más motivado (por presiones externas o de tiempo, etc.) o simplemente abandono el proyecto.
En cambio, si me enfoco en un objetivo a corto plazo, esa sensación negativa de ver todo lo que falta no se produce, ya no contemplo el proyecto en su conjunto y puedo estar más atento a la acción inmediata. Además, los pequeños avances parecen más satisfactorios al enfocarnos en el corto plazo y no ver el marco general del proyecto . –
Efecto emocional de los retrasos, dificultades y fracasos
Evaluar la tarea y las metas a corto plazo es especialmente adecuado si, como suele suceder en muchos proyectos, el principio es tentativo, experimental, con inicios en falso y con errores propios del aprendizaje. En este caso usual es mejor tomar nota de que el objetivo parcial no se ha logrado en vez de intentar “re-motivarnos” o re-afirmarnos con la meta a largo plazo, pues esta se habrá hecho más improbable después del traspiés inicial. Si me enfoco en el día o la semana, no en lo que me queda hasta la meta final, el impacto emocional de cualquier contratiempo será más reducido y nuestra respuesta más realista y adaptativa.
La meta final está más unida al sentido de uno mismo, nos identificamos más con ella y su no logro puede ser más doloroso para el yo. Las metas a corto plazo o intermedias son instrumentales y unimos menos el valor del yo a ellas.
Perspectiva vs control
La decisión de enfocarnos en metas de alto nivel u objetivos de bajo nivel es paralela a las dos dimensiones clave que hemos de considerar en cualquier sistema de organización personal: perspectiva vs control.
La perspectiva nos permite jerarquizar metas y orientar la acción a lo largo del tiempo de manera eficaz hacia la meta final; en otras palabras, asegurarnos de que los objetivos que nos marcamos en el corto plazo sean los correctos, hacer las cosas correctas (aquí es donde hemos de aplicar el principio de Pareto ). El control nos permite centrarnos en hacer el trabajo cotidiano con la máxima eficiencia, en hacer las cosas correctamente.
Ambos enfoques son necesarios.–
Prescripción sobre el enfoque tarea vs enfoque meta final
–Al principio del proyecto, hay que comenzar con la meta final en mente para preparar un plan de acción y justificar el esfuerzo. Aquí es cuando hay que imaginar el castillo en el aire y diseñar sus cimientos. Miramos hacia el final de la escalera para saber dónde vamos, generamos una estrategia y damos un primer paso que ayude a generar momentum.
Después de haber empezado, y todavía en los inicios o en el medio, es mejor “olvidarse” en cierta manera de la meta y centrarse en el paso inmediato, en el objetivo a corto plazo del día o la semana. Si las cosas van mal o no hay avance, el efecto desmotivador no será tan grande, la fricción emocional será menor. La meta final seguirá en un segundo plano guiando y orientando nuestro esfuerzo, pero nos centramos en el día a día. A esto nos referimos cuando hablamos de “centrarnos en el proceso” más que en el resultado.
Otra ventaja de enfocarse en la tarea o en el objetivo a corto plazo es que podemos reaccionar más adaptativamente; podemos registrar el error o el fallo con más facilidad y corregir nuestras acciones más rápidamente. El foco está en nuestro comportamiento y los resultados que genera más que en nuestra valía personal o el sentido del yo.
Cuando estamos al final, la proximidad de la meta, la luz al final del túnel y la constatación de todo lo que hemos hecho en relación con lo poco que queda por hacer, es ya muy motivante. Aquí sí que podemos evaluar nuestros resultados en función de la meta final y cambiar a un foco evaluativo más general.–
A la hora de evaluar nuestro progreso y orientar nuestra atención, la clave es cambiar adaptativamente entre foco en la tarea y foco en la meta final.
El noventa por ciento del éxito en la vida es hacer acto de presencia
—Woody Allen
El escritor de novelas tiene un tipo de trabajo autónomo y creador lleno de opciones. Pero esa misma libertad tiene que gestionarla para no desembocar en el caos y la ineficacia. Lejos de responder al tipo bohemio e improvisador, el creador ha de disponer de habilidades de auto-regulación que le permitan trabajar durante meses y años en sus obras a pesar de las dificultades y los cambios de ánimo. Ya vimos alguna de estas técnicas en Lo que podemos aprender de Ernest Hemingway.
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Hoy presentamos otra técnica, la de las Cero Alternativas. Es una técnica de productividad personal formulada por Raymond Chandler, el escritor americano de historias de detectives, creador de personajes como Philip Marlowe; consiste en trabajar sin interrupción durante un número de horas, estipuladas previamente, en el proyecto de tu elección. Pueden ser 2, 3 , 4 horas o media hora, pero lo esencial es que ese tiempo no se dedique más que a trabajar en ese proyecto, o bien… a no hacer nada. Este es el punto esencial y distintivo que expone Chandler:–
[…] Yo espero a que venga la inspiración… el escritor no tiene que escribir, y si no le apetece, no lo debería intentar. Puede mirar por la ventana o hacer el pino o escribir en el suelo, pero no ha de hacer ninguna otra cosa: nada de leer, escribir cartas, hojear revistas o firmar cheques.
Es conveniente que sean siempre el mismo número de horas todos los días y a ser posible en el mismo periodo. Con esto es más fácil crear el hábito y convertirlo en una especie de ritual.
Es una técnica basada en una serie de principios que favorecen un uso inteligente de la fuerza de la voluntad para lograr concentración e intensidad:
1. Urbanización del tiempo. Líneas de demarcación clara. Las horas del día que consideres más adecuadas. Es conveniente ser estratégico y escoger aquellas que dentro de las posibilidades te permitan disponer de la máxima energía mental y estar más libre de distracciones.
2. Urbanización del entorno. Cortas las distracciones, libros, revistas, navegación por internet, e-mail, móvil, twitter . Un lugar cómodo en el que no puedas hacer otra cosa que trabajar en el proyecto o dedicarte a la contemplación. Eso es esencial si quieres hacer un trabajo de calidad. Has de controlar el flujo de entrada de información.
3. Pre-compromiso. No decides cada día cuándo, dónde y en qué cantidad vas a trabajar en tu “obra maestra”. Es una decisión ya tomada y cuya implementación se convierte con el tiempo en automática. Ahorras fuerza de voluntad que puedes aplicar al trabajo en sí, no a su logística o preparación.
4. Uni-tarea. Una sola tarea cada vez. La multi-tarea es un mito. Estudios muestran que muy pocas personas pueden realmente hacer multi-tarea; lo que realmente hacemos es un cambio rápido entre tareas que puede generar la ilusión de estar haciendo varias cosas a la vez. Un trabajo intelectualmente complejo requiere concentración máxima.
5. Uni-proyecto. En el tiempo que has elegido sólo trabajas en este proyecto. Puedes tener proyectos paralelos, un trabajo de día paralelo, una afición paralela… pero has urbanizado tu tiempo para que en esa hora o par de horas elegidas sólo trabajes en el proyecto de tu elección.
6. Tiempo para la contemplación. No estás obligado a conseguir resultados; por ejemplo, a escribir 500 palabras al final del día –si eres un escritor— o alguna otra cuota si haces otro tipo de trabajo.
No hay que confundir agitación, frenesí o acción con eficiencia, y mucho menos con eficacia. Permitiéndote no hacer nada conjuras el sentido de culpa o la frustración cuando tus proyectos no avanzan al ritmo que esperas. Te reconoces que cualquier trabajo que suponga la creación de algo nuevo tendrá puntos muertos y momentos en que parezca no pasar nada, en que sientas que no estás avanzando y has alcanzado una meseta.
Es justo en estos momentos cuando hay que persistir; las ideas han de sembrarse y con el tiempo germinar; es conveniente adoptar la actitud de un jardinero paciente que no se desespera cuando la semilla o el tallo no crece. Él se ocupa de procurar las condiciones de crecimiento de la planta.
La idea distintiva de esta técnica con respecto a otras técnicas de productividad personal es que te obligas a hacer lo que puedas (aceptando que quizá no hagas nada) en el tiempo fijado. Vedas otras opciones durante ese tiempo y de esa manera evitas la postergación. Los procastinadores no suelen ser personas perezosas; de hecho, suelen ser gente que siempre está haciendo algo; lo que ocurre es que hacen las cosas que no deberían estar haciendo para justificarse a sí mismos por su inacción.–
[…] Escribe o no hagas nada. Es el mismo principio que el de poner orden en el colegio. Si haces que los alumnos se comporten, aprenderán algo sólo para evitar el aburrimiento. Encuentro que funciona. Dos reglas simples: a. no tienes que escribir b. no puedes hacer nada más aparte de escribir. El resto viene por sí mismo
Entorno profesional
En un entorno profesional, con un lugar de trabajo fijo y un horario fijo, se generan algunas de las condiciones de la técnica de las Cero Alternativas: tienes que estar durante 8 horas al día en un recinto en el que en principio no puedes hacer otra cosa que trabajar. El entorno sirve como disparadero de una serie de actividades y favorece la concentración. Empiezas a trabajar porque es la hora y porque es lo que se espera de ti. Es la misma razón por la que muchos estudiantes prefieren estudiar en la biblioteca que en su casa.
La diferencia con el método de Chandler es que tu jefe no vería con buenos ojos que estuvieras mirando por la ventana sin hacer nada o sentado en la mesa con los brazos cruzados. Al menos tienes que simular que estás haciendo algo productivo… y esto es lo que muchas veces ocurre, que estás presente, pero quizá no estés trabajando eficazmente. Además, cuando los objetivos vienen de fuera, impuestos por el jefe o la organización, nuestro grado de compromiso no es el mismo que si tenemos libertad para organizar el trabajo y fijar nuestros objetivos.
Un trabajador autónomo —o un trabajador del conocimiento que goce de mucha autonomía— tiene muchas más opciones y por eso necesita una iniciativa y una disciplina especial que no necesita el trabajador típico por cuenta ajena. La técnica de las Cero Alternativas le puede ayudar: puede crear su propio entorno libre de distracciones donde sólo pueda hacer una cosa: trabajar en el proyecto que tenga entre manos o bien no hacer nada. El tiempo en que “no hace nada” también está permitido, porque es un tiempo de contemplación y generación de ideas que además sirve para evitar la sensación de culpa o el postergar embarcándose en tareas poco eficaces. –
Aplicación
Aunque nuestro trabajo no sea tan definido y solitario como el de un escritor, nos podemos beneficiar de la técnica de las Cero Alternativas para completar determinados proyectos profesionales o personales importantes. Por ejemplo, nos podemos reservar todos los días una hora y media, al comienzo del día o en medio del día, para hacer acto de presencia en alguna de nuestras metas y trabajar sin interrupciones, aislándonos de internet y otras distracciones, y sin permitirnos hacer otra cosa que trabajar intensamente o no hacer «nada».
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Artículos de la serie «pon un tomate en tu vida»(técnica pomodoro):
Gato negro o gato blanco, poco importa si caza ratones.
–Proverbio chino
–Si tienes calcetines de varios modelos y colores, es probable que tengas dificultades emparejándolos después de lavar, o encontrándolos en el cajón, si están revueltos.
Una solución sencilla es reducir el número de modelos y hacer que cada modelo tenga distinto color; así sólo tendrás que fijarte en el color o en el modelo para encontrar el par.
Mi solución particular consiste en tener sólo dos tipos de calcetines: para hacer deporte, blancos, todos del mismo modelo; para el resto de las funciones, negros, también de un solo modelo.
En los días fríos, podría echar de menos un tercer tipo: algunos calcetines más gruesos. Eso lo remedio fácilmente poniéndome un doble par de calcetines negros o bien calcetines de deporte blancos, que son más gruesos, debajo de los habituales calcetines negros.
Desde el punto de vista del minimalismo estratégico, tan importante como el principio de concentración es el eliminar los errores de bulto, deshacerse de los errores grandes. Idealmente, hemos de sustituir esos errores de bulto por nuevas creencias más ajustadas a la verdad o actitudes más saludables.
Demasiadas veces, como individuos o sociedades, nos perdemos en los detalles y en planes muy concretos para mejorar nuestra situación, pero no nos damos cuenta de que están viciados de inicio por errores estratégicos. Eliminar los errores de bulto es la parte más importante de la poda minimalista.
Pondré tres ejemplos en tres áreas distintas:
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Economía
Error de bulto: si uno gana, alguien tiene necesariamente que perder. La vida económica es un juego de suma cero. El comercio perjudica a las personas y a los pueblos, en especial a los del tercer mundo.
Corrección: en todo intercambio voluntario, aquellos que intervienen lo hacen porque creen que pueden mejorar su situación. Ambas partes tienen que creer que el acuerdo les es beneficioso; de otra manera, no se produciría la transacción. El beneficio es el que la persona considera en sus propios términos, según sus preferencias y situación y puede no coincidir con el que tú crees que es o no es.
El acuerdo puede responder o no a las expectativas. En caso de que no lo haga, la persona aprende y mejora sus decisiones en intercambios siguientes. Si quieres tener un negocio duradero en el tiempo tienes que alcanzar acuerdos que beneficien a las partes.
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Estilo de vida
Error de bulto: el dinero y el consumo proporcionan la felicidad. Cuanto más variedad y cantidad de bienes y experiencias que pueda comprar seré más feliz.
Corrección: el dinero supone un aumento de la felicidad hasta los 60.000 $ de ingresos al año. A partir de ahí, no hay diferencias apreciables en el bienestar subjetivo. Pasada una cierta renta, bastante baja, las relaciones personales y actividades que proporcionan motivación intrínseca son factores más importantes para aumentar la felicidad. Las personas y las actividades son más importantes que las cosas y las pasividades.
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Aprendizaje
Error de bulto: las notas y los títulos académicos son el objetivo inmediato por el que aprendo y estudio. Además, estudio por los beneficios que me puede deparar el acceso a determinado tipo de trabajos o la promoción profesional. La motivación extrínseca –expectativas de beneficios económicos, alabanzas, reconocimiento, autoestima, sensación de poder, status, etc.– es el motor que me hace sacrificarme.
Corrección: aprendo porque disfruto aprendiendo y creando algo nuevo que no existe pero que merecería existir y quiero que exista. Aprendo porque obtengo motivación intrínseca de ello. Eso me hace dedicarle muchas horas y esfuerzo. A veces es duro y tengo que soportar la frustración y ser paciente cuando no veo avances, pero disfruto gran parte del tiempo. Dediqué algún tiempo y exploración a determinar aquello que más conecta con mi personalidad, capacidades y pasiones («mi elemento»). El amor que pongo y el expertismo que deriva de mi pasión y esfuerzo tarde o temprano volverá valioso para otras personas lo que hago.
Desde hoy 15.8.11 y hasta el 31.12.11, elimino de mi vida la TV, la radio y los periódicos.
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Recompensa
Si alguien me ve hojeando un periódico, viendo la TV sentado en un sofá o escuchando la radio en mi casa o en la calle con unos pequeños auriculares, basta con que me lo haga notar para recibir una recompensa de 25 euros. La segunda y sucesivas veces que me avise de la transgresión de mi compromiso, serán 50 euros.–
Propósito
Reducir el nivel de infoxicación. Liberar recursos de tiempo y atención para usos más provechosos. Aumentar el nivel de energía. Asumir un ritmo más pausado, deliberativo y contemplativo.–
Contexto de la decisión
En un artículo anterior hablé de los peligros de la infoxicación o la ansiedad generada por el exceso de información y la necesidad de practicar la ignorancia selectiva. El intento de beber de las fuentes disponibles de información es parecido al intento de beber de una manguera de agua a presión.
Soy un ser ávido de novedad y de noticias, busco cantidad y variedad de información constantemente. Soy especialmente vulnerable a la infoxicación; incluso, creo que me expongo a los medios de comunicación de masas como medio de calmar la ansiedad o regular las emociones.
En la sociedad actual, la publicidad, los medios de comunicación, la industria de la diversión y el entretenimiento pugnan por nuestra atención, que es el principal recurso escaso.
Los impactos de información a los que estoy sometido no siempre están alineados con mis propósitos y metas principales. De hecho, la mayor parte del tiempo son una distracción o desviación. Mis intereses actuales son lo suficientemente especializados como para que la información de los medios de masas no tenga valor para mí.
Estar completamente abierto a la información que viene del exterior ha dejado de ser adaptativo. Hay un tremendo nivel de redundancia y de ruido. Es esencial establecer filtros.
Si ocurre algo verdaderamente importante, como una guerra, un cambio de gobierno o un descubrimiento científico revolucionario, me enteraré igualmente a través de conversaciones o comentarios.
En el pasado, practiqué un experimento de ayuno informacional de una semana con buenos resultados. Espero que los beneficios observados se repitan y que sea capaz de consolidar mi frugalidad en materia de información.
–Favorece la sencillez. Es un objeto menos al que aferrarse. Un paso más en la reducción de las posesiones. No podrás perderlo. No tendrás que perder tiempo buscándolo. No gastarás en pilas. No emplearás tiempo comprándolo, eligiéndolo.
El reloj de pulsera es redundante. Hay relojes en cualquier lado: en el ordenador, en el portátil, en el móvil, en los relojes de la calle, en las muñecas de las personas que tienes cerca. El reloj es un objeto con una única función; por economía de medios, prefiero llevar otro objeto que incorpore esa función, si es que realmente tengo que estar informado continuamente de la hora que es.
Te volverás más flexible en el uso del tiempo. Dejarás de intentar poner límites artificiales a las tareas. Durarán lo que tengan que durar, sin apriorismos. Quizá mucho menos de lo que esperabas, quizá mucho más. –
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La hora es ahora y ahora es la hora
—Maestro Jocho
Más razones
No llevar reloj permite que me guíe o organice más por los ritmos internos que por los externos. No controlarás tu tiempo al minuto, pero a cambio controlarás más tu vida.
Favorece la simplificación en la organización. Te disuadirá de segmentar tus actividades excesivamente. Reducirás la sensación de estar perdiendo el tiempo.
Puede ser un signo de distinción. El presumir de que estás muy ocupado o de que no tienes ni un minuto libre no es ya más una señal de estatus. Lo distinguido, lo difícil, lo llamativo, lo asombroso, es poder tener un rato libre cuando lo desees, el poder estar charlando con un amigo sin que se te haga nunca tarde, porque no tienes ningún lugar al que ir o nada que hacer urgentemente. Ser dueño del propio tiempo es un lujo al alcance de muy pocos. No llevar reloj fortalecerá esa impresión.
Generarás la sensación de ser una persona que se centra absolutamente en las personas que tiene delante y en las tareas que tiene entre manos. Los interlocutores no se sentirán nunca ninguneados, sentirán que les concedes tu individida atención.
Podrás preguntar la hora como excusa para dirigirte a una persona. Aumentará tu vida social, podrás multiplicar el número de interacciones con otros seres humanos.
Te harás más consciente del entorno natural. Podrás guiarte temporalmente por la posición del sol.
Asumirás un ritmo de vida más relajado. Combinada la costumbre de no llevar reloj de pulsera con la regla de las citas lograrás un efecto de ralentización de tu vida y liberación del estrés. No apurarás hasta el último momento para salir hacia la reunión, el aeropuerto o la cita. Necesariamente saldrás con mucho más tiempo y te liberarás de una fuente de estrés.
Si no estás en un entorno urbano habrá menos relojes disponibles. Pero en un entorno no urbano o en vacaciones, ¿para qué quieres saber qué hora es?
El reloj pesa. Dificulta el movimiento de la muñeca. El reloj puede ser molesto.
Ahorraras 2,5 días de tu vida. Me lo tengo que poner todas las mañanas y quitar todas las noches. Pongamos 5 segundos por cada operación. Pongamos dos veces al día, 365 días al año en una vida de 60 años. Esto es 5 x 2 x 365 x 60 = 219.000 segundos, unas 60 horas, 2,5 días de tu vida.
Mejoraras tu intuición. Una vez que te acostumbres a no llevar el reloj, puedes jugar —de cuando en cuando— a adivinar la hora que es. Puedes comprobar con qué precisión eres capaz de intuir la hora aproximada. Pregúntate: “¿Qué hora es ahora?”, y, en vez de pensar o calcular, espera una respuesta emocional que no se base en ninguna consideración o recuerdo. Lo mejor es que digas lo primero que te venga a la cabeza. Con el tiempo, serás capaz de saber la hora sin reloj con una precisión de +/- 5 minutos.
Dejarás de ver programas de televisión que empiecen a una determinada hora. Reducirás tu ingesta de medios de comunicación de masas, reduciendo la infoxicación.
Lo puedes probar como un experimento, sólo para ver qué sientes y qué descubres. Es una manera más de cultivar una mentalidad experimental.
Sorprendentemente, la mente no tiene ningún mecanismo de fábrica para mantener las intenciones —no importa lo importantes que sean— en el primer plano de la conciencia. El irónico resultado es que la misma mente que produce intenciones a menudo fracasa en tomárselas seriamente.
–Dr. Steve Levinson, autor de Following Through: A Revolutionary New Model For Finishing Whatever You Start e inventor de Motiveaider.
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Es una herramienta simple y sencilla. Nos ayuda a mejorar nuestra capacidad de auto-regulación. Nos permite formar hábitos y rituales con más rapidez y seguridad.
Es un simple avisador electrónico que se coloca en el bolsillo del pantalón o en el cinturón. Se puede programar para que vibre a intervalos predeterminados (cada pocos segundos o tan espaciadamente como una vez cada 24 horas) y aleatoriamente en un rango de tiempo fijado.
Es, por tanto, silencioso y portable. El único que notará el aviso será el portador. El nivel de vibración también es graduable porque puede ser más fácil o difícil darse cuenta de ella según el entorno o la situación .–
Justificación
Cuando formamos rituales o hábitos, nos encontramos con la dificultad de mantener nuestras intenciones iniciales. Somos seres oportunistas siempre atentos a la última novedad en el entorno. Cambiamos rápidamente de una tarea a otra, estamos expuestos a la información externa y somos muy vulnerables a la infoxicación .
En este caos interno y externo es muy fácil que la intención inicial quede sepultada bajo el marasmo de los nuevos acontecimientos en capas cada vez más profundas de nuestra memoria. No tenemos ningún mecanismo biológico o “de fábrica” que nos permita recordar periódicamente una intención inicial.
Esto es un gran problema, porque recordar la intención inicial para ponerla en práctica es la única manera de formar un hábito o ritual. Es fácil que cuando llegue el momento no tengamos la intención en la superficie de nuestra mente o memoria de trabajo y perdamos la oportunidad de poner en práctica el hábito y reforzarlo hasta que se convierta en una segunda naturaleza: ya no necesitaríamos pensar conscientemente en él y podríamos liberar memoria de trabajo.
Debido a ello tenemos que crear medios artificiales –no biológicos— para recordar nuestras intenciones. El Motiveaider es un instrumento para recordar periódicamente la intención que queremos convertir en hábito.
Cómo usarlo
Podemos usar el Motiveaider para formar hábitos o rituales.
1º Asociamos la vibración del artefacto a un recordatorio o mensaje que nos recuerde el hábito que queremos formar.
Por ejemplo, imagina que estás intentando desarrollar la conciencia de tus propios pensamientos y emociones. Esta habilidad o hábito es tremendamente importante para mejorar tu vida emocional, social y cognitiva. Consideras que tendrá un efecto poderoso sobre tu eficacia laboral y tu bienestar.
Quieres ser consciente en tiempo real no sólo de lo que ocurre en tu entorno, para obtener la máxima información, sino que también crees que has de ser muy consciente de tus pensamientos y de tus reacciones emocionales a los acontecimientos.
La dificultad de convertir una intención tan saludable —pero a su vez vaga o general— es que la buena intención no se mantiene mucho tiempo en tu mente, pues en la vorágine del día a día pocas veces te acuerdas de ella.
La solución está en asociar la vibración a un mensaje específico que anime a una acción concreta que te permita desarrollar el hábito: “Dedico 10 segundos a observar mi estado emocional y los pensamientos que pasan por mi cabeza de la manera más imparcial y desapasionada posible”.–
2º Programamos el aviso del Motiveaider para que vibre cada cierto tiempo
El intervalo elegido dependerá del tipo de hábito o ritual que quieres formar. Para el caso anterior, yo elegiría un intervalo al azar entre 15 minutos y una hora. Por supuesto, aquí no hay reglas fijas; si quiero habituarme a tomar descansos cada dos horas en el trabajo, lo programaría cada dos horas. Aquí podemos ser muy experimentales.
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3º Asociamos la vibración con una sola intención y acción a la vez, y repetimos el número de días necesario hasta que el hábito esté formado.
Esto también dependerá del hábito o ritual que estemos intentando formar pero lo normal es que la formación de un hábito dure entre 21 días y 2 meses.
El formar un hábito cada vez es fundamental. El principio de concentración es capital en la formación de rituales.
Aplicaciones
Los usos son casi ilimitados. Puede servir para formar cualquier hábito que pueda beneficiarse de la repetición a intervalos o al azar de una acción.
En la página de Behavioral Dynamics tenéis una lista muy completa de aplicaciones.
Entre ellas están: ceñirte a una dieta. Mejorar tu tenis o golf. Mejorar tu actuación en el trabajo. Intentar una nueva actitud o perspectiva. Mantenerte concentrado en el trabajo. Mejorar tu imagen. Desarrollar tus relaciones. Dejar de fumar. Organizarte. Ser un mejor compañero. Ser un padre más efectivo. Mejorar las habilidades de comunicación. Mejorar la postura. Reducir el estrés. Dejar de comerte las uñas. Convertirte en un orador más efectivo y seguro. Etc.
Hoy en día, yo no lo uso para formar hábitos sino para medir los pomodoros de 25 minutos de mis sesiones de trabajo, y para avisarme de su fin de manera discreta dondequiera que me encuentre. Cuando vibra dejo lo que esté haciendo durante un par de minutos y después inicio un nuevo pomodoro de otros 25. Este es mi modo de implantar el paradigma del velocista: ciclos de sesiones intensas + breves recuperaciones.
No es necesario que compres el Motiveaider, aunque es una muy buena inversión —conozco pocas herramientas tan valiosas—. En su lugar, puedes usar el móvil o algún reloj electrónico que contenga la función programable de aviso cada cierto tiempo. La única dificultad es que tienes que pulsar su inicio cada vez que te anuncie que el tiempo definido ha transcurrido. Con el Motiveaider se inicia automáticamente otra cuenta atrás.
Cuando tienes tiempo no tienes dinero; cuando tienes dinero no tienes tiempo; cuando tienes tiempo y dinero ya no estás para nada.
—Homo Minimus
-Según los economistas, el tiempo libre y el ocio son recursos, tanto como cualquier otro recurso. Dividimos nuestro día y el año entre tiempo de trabajo, para obtener dinero para comprar bienes y servicios; y tiempo libre o de ocio, para relajarnos, estar con familia y amigos, descansar o para lo que queramos.
Según este minimalista existencial, el tiempo libre es uno de los recursos más preciados ( “En el tiempo de ocio encuentra su sabiduría el escriba…”). Sin tiempo libre ningún bien material se puede disfrutar plenamente y pocos bienes espirituales son accesibles.
¿Qué debemos hacer con el dinero que ganamos?-
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Teoría de la renta permanente
Según la teoría de la renta permanente de Milton Friedman, un consumidor no decide qué consumir en función de lo que gana en el año, sino que su consumo en el año está determinado por lo que espera ganar a lo largo de toda su vida. Distribuirá su renta esperada total de manera equilibrada a lo largo de todo su ciclo vital.
Esta teoría supone un comportamiento muy razonable. Desde el punto de vista de la satisfacción que obtiene del consumo, la utilidad marginal del consumo se reduce cuando aumenta el consumo.
Esto significa que los años que ganas mucho dinero —pongamos 50.000 euros—, si lo gastas todo, el último gasto en consumo —digamos los últimos 1.000 euros— te reporta mucha menos satisfacción que los años en que ganas poco; por ejemplo, los últimos 1.000 euros en tus años de universidad o en tu primer trabajo —cuando quizá podías ganar 4.000 euros anuales en trabajos a tiempo parcial o en el verano— tienen una utilidad marginal o satisfacción lograda de ese consumo mucho mayor, les sacabas mucho más partido.
Dicho de otro modo, los últimos euros gastados cuando has gastado mucho son menos satisfactorios que los últimos que gastas cuando todavía has gastado poco. La razón es que un consumidor racional empieza gastando su dinero en los bienes o servicios que más satisfacción le producen y los sucesivos gastos suelen hacerse en los que menos.
Por esto es razonable que distribuyas tu consumo en función de lo que esperes ganar a lo largo de tu vida, de tu renta permanente. De hecho, la teoría de la renta permanente se cumple empíricamente: se observa que la gente se comporta más o menos de acuerdo a ella: lo que el consumidor considera renta “normal” lo dedica al consumo en un determinado porcentaje; pero si una persona tiene un ingreso que percibe como “extraordinario” — pongamos un premio de lotería o un año en el que va especialmente bien el negocio— suele ahorrar una parte mucho más grande y retrasa el gasto de ese dinero a los siguientes años de su vida.
Cuando la gente gana poco pero espera ganar más en el futuro se suele endeudar; pero cuando gana mucho e interpreta que esa renta es temporal, no representativa de su renta normal, suele ahorrar ese dinero para irlo gastando escalonadamente en sucesivos años. Por eso la gente ahorra para la jubilación, porque quiere mantener su estilo de vida cuando gane menos que en sus años más productivos laboralmente.
¿Qué deberíamos hacer con el tiempo libre del que disponemos?
Teoría del año sabático
La analogía con el caso del consumo de nuestra renta total esperada en la vida es obvia. Pero no sé si nuestro comportamiento habitual es igual de racional.
Veamos que suele hacer el ciudadano en occidente : pasamos 25 años estudiando. 40 años trabajando. 15 años retirados. Nuestro consumo de tiempo libre se dispara en los últimos 15 años. La cuestión es: ¿es este el mejor uso posible del tiempo? ¿Por qué concentrar la mayor parte del consumo de tiempo libre al final de la vida?
Como hemos visto, la utilidad marginal de ese tiempo será necesariamente muy baja: muchísimo tiempo libre hace que cada vez lo usemos menos satisfactoriamente; al igual que muchísimo dinero gastado en poco tiempo hace que lo que gastas al final sea principalmente en fruslerías.
Por otra parte, es probable que los últimos años no sean los mejores para obtener la mayor utilidad posible del tiempo, aunque solo sea porque no estás en plenitud física y mental, y ciertas actividades te están vedadas o son más dificultosas. Un año de tiempo libre a los 30 o los 50 puede ser aprovechado mejor que a los 90.
Stefan Sagmeister, un diseñador de talento, tiene la siguiente regla que ha puesto exitosamente en práctica: tómate un sabático cada 7 años.
“Pensé que podría ser útil quitar 5 de esos años de retiro [de los 15 habituales] y distribuirlos en los años de trabajo” dice Sagmeister. Y añade “es claramente un disfrute para mí, pero probablemente incluso más importante es que el trabajo que sale de esos años [sabáticos] revierte en mi empresa y la sociedad en su conjunto en vez de beneficiar sólo a uno o dos nietos.”
Por tanto, la regla es la siguiente:
Saca 5 años de retiro —quizá entre los 65 y los 70— y distribúyelos — un sabático cada 7 años— entre los 40 que ibas a trabajar. Así trabajarás 35 de esos inicialmente 40 años de trabajo.
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Fíjate que sigues trabajando igualmente 40 años, pero los has redistribuido a lo largo de tu vida.
Stefan aumenta su disfrute y satisfacción personal y además, según asegura, obtiene ideas frescas, nuevas experiencias e inspiración, que después del sabático puede emplear de maneras creativas mejorando su trabajo y su productividad. En una conferencia en TED, The Power of time off(podéis verlo con subtítulos en español) explica cómo usa los sabáticos para refrescar y reenergizar su trabajo, y cómo pasamos por alto el valor que tiene el tiempo libre. Nos muestra también algunos de sus proyectos innovadores inspirados por el tiempo que pasó en Bali.
Con la regla de los 7 años de Stefan estarías dedicando el 12,5 % del tiempo total a sabáticos no directamente productivos.
Esto no quiere decir que sea tiempo sin hacer nada; al contrario, Stefan piensa que es bueno urbanizar o estructurar este tiempo. Pero es un tiempo alejado de las urgencias y presiones habituales y un tiempo para explorar libremente otras posibilidades.–
Empresas innovadoras
A propósito, algunas de las empresas más exitosas del mundo hacen uso del tiempo libre dentro del trabajo como forma de fomentar la creatividad, no se obsesionan por estar produciendo constantemente o por rentabilizar en el corto plazo todo lo que hacen.
3M, una de las empresas más innovadoras de todos los tiempos, deja a sus empleados un 15% del tiempo para perseguir los proyectos personales que quieran, sin restricción alguna.
Google da a sus empleados un 20% del tiempo para usos personales. Estimula a sus trabajadores a utilizar el 20% de su tiempo laboral en pensar y desarrollar nuevos proyectos. La compañía asegura que la mitad de los productos que ha lanzado provienen de ese 20% de tiempo libre para los empleados.
Ferrán Adrià abre su restaurante 5 meses al año y dedica los otros 7 meses a experimentar y crear nuevos platos.
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Hoy he decidido cambiar el formato de fecha de este blog y sustituirlo por uno en mi opinión más elegante e igual de minimalista: en vez de «28/6/11» escribiré «28.6.11».
Encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada lo suficientemente bello.
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–Vincent Van Gogh. Cartas a Théo.
[…]
—¿Cuál es su teoría?
—La mía es que el diseño actualmente no tiene tanto que ver con la producción de objetos materiales, sino con la producción de humanidad. Por ejemplo, usted me dice: “Tengo frío, diséñeme un radiador”. Si yo fuera un diseñador obsoleto, le diseñaría un radiador, puede que muy bonito. Pero quizá lo que yo haría en este caso es tomarte en mis brazos y preguntarte: “¿Tiene ahora más calor?”, porque es posible que no sea cuestión de frío, sino de amor.
—Me deja usted helada.
—Quiero decir que el diseño debe responder a la verdadera pregunta, que no es forzosamente la cuestión que se te plantea o se te quiere hacer creer; porque, hoy en día, la posición del diseñador es ser simplemente una asistenta doméstica, una enfermera eficiente, honesta, respetuosa y lo más creativa posible para poder utilizar las tecnologías más avanzadas y más diversas y así responder a las acuciantes preguntas del tercer milenio, y no a las del segundo, esas que tienen que ver con la materia. La materia es estructuralmente vulgar, está pasada y acabada. El tercer milenio debe ser desmaterializado para volver al origen del sueño; es decir, al ser humano. Nuestro sueño, nuestra prioridad, somos nosotros, no lo material.
«It’s not a bug, it’s a feature». (No es un fallo, es una característica del programa).
–Réplica del programador a las quejas de un usuario sobre los fallos de un programa
-En cierta entrevista de trabajo me hicieron la nada original pregunta:
–¿Cuáles son tus fortalezas y debilidades?
–… (Silencio suspensivo). A decir verdad… no tengo debilidades.
La cara de pasmo del entrevistador era digna de contemplar. Es probable que dentro del acostumbrado guión de este teatrillo de las entrevistas de trabajo no se encontrara habitualmente con este tipo de respuestas.
–¿Cómo que no tienes debilidades? ¿A qué te refieres?
–Me refiero a que no tengo debilidades.
Silencio de nuevo, quizá algo teatral, pero era divertido y apuré el momento. Sonrió sin convicción con una mezcla de pasmo e incomodidad.
–…Pero ciertamente tampoco tengo fortalezas.
Un cierto alivio se dibujó en la cara de mi interlocutor y asumió un gesto interrogante. Proseguí:
–Realmente no creo en las debilidades y fortalezas absolutas, per se. Yo tengo características, rasgos de personalidad, habilidades, formas comunes de hacer las cosas más o menos fijas, pero no considero que ninguna de ellas sea una tara o laguna personal ni tampoco un don que me sitúe por encima de los demás.
–Pero todos hacemos mejor unas cosas que otras, tenemos unas disposiciones que nos hacen ser mejores o peores…–acertó a completar el psicólogo.
–Así es, pero eso que hacemos mejor o peor depende del entorno en el que nos movemos. Por ejemplo, soy introvertido, lo que en ciertos puestos puede ser una ventaja: si es que se busca alguien introspectivo y prudente o que necesite reflexionar o con independencia de carácter. Pero soy consciente de que este rasgo personal, que no tara o debilidad, es más útil en un tipo de trabajos que otros. Si voy a tener que pasar todo el día con clientes o trabajando en equipo, me sentiré algo incómodo; no quiero decir que no pueda hacerlo si es necesario, pero no será igual que si soy alguien extrovertido que obtiene su energía de estar rodeado de gente.
Ya nada me podía parar y concluí:
–Y ni siquiera esto es seguro; a mí me genera mucha tensión hablar delante de la gente, y esto no sería bueno en teoría, sería una… ¿cómo dijo?… ah, sí; sería una… “debilidad”. Bien, pues esta acusada incomodidad la transformo en una forma de intensidad que me hace irradiar un cierto magnetismo y me vuelve agudo y convincente. Transmito honestidad. Seguro que ya lo ha notado a estas alturas de la entrevista…
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Por supuesto, el final de la historia ya lo podéis imaginar: me agradeció mi tiempo y me dijo que ya me llamaría cuando acabaran la ronda de entrevistas. Nunca recibí una llamada, lo que era absolutamente previsible. Tampoco importaba, porque esa entrevista no era más que un simulacro, un entrenamiento, un experimento de bajo coste o prototipo. Estaba más interesado en la experiencia de la entrevista que en el trabajo al que presuntamente aspiraba. En aquella época solía ir a entrevistas que no me interesaban incluso aunque tuviera ya un trabajo. –
Queremos estar en otro lugar, ser lo que no somos
Nos pasamos la vida deseando ser de tal o cual manera, tener tal o cual rasgo de la personalidad: sentirnos más seguros de nosotros mismos, más confiados, más brillantes, más inteligentes, más ocurrentes, más simpáticos, más valientes, más… (pon aquí alguno de tus más fervientes deseos). O quizá no aceptamos algún rasgo físico, la nariz, el mal aliento, el ser altos, el ser bajos, lo que sea (seguro que encuentras tu particular bestia negra).
Nos decimos, “si sólo fuera así o asá…”, “si por lo menos tuviera el atractivo de Mengano…”, “si la gente me mirara como le miran a Zutano”, “si tuviera buena memoria…”, “si no fuera disléxico”, “si fuera bueno en los deportes”, “si las mujeres se desmayaran a mi paso”, etc.–
Pero estamos donde estamos, somos lo que somos
En vez de poner el foco de tu atención en lo que querrías ser, o en lo que no querrías ser, en los lastres imaginarios o reales que crees que te obstaculizan el acceso a la eficacia o el éxito o la felicidad o al nirvana, haz estas dos cosas:
1. Piensa en lo que te gustaría ver hecho realidad (tu visión o las cosas, vivencias y situaciones que querrías traer a la existencia).
Por favor, no desees cosas sólo para evitar tus “deficiencias” o “fallos” o “lagunas”; es decir, no intentes usar tus sueños para apuntalar el yo, para hacerlo más soportable o para evitarlo. Serían sueños reactivos, y la dinámica de la creación estaría viciada de inicio. Tampoco pienses si es posible o no. No es el momento de pensar en los medios
2. Observa lo más objetivamente lo que está sucediendo, dentro y fuera–no importa que te guste o no–. Registra la realidad actual interna y externa. Toma nota de lo que está ocurriendo a tu alrededor, de los recursos a tu alcance, de cómo están las cosas actualmente,
En este registro objetivo de la realidad actual puedes incluir lo que sientes, lo que crees, lo que piensas que eres, pero sin confundir las creencias sobre la realidad con la realidad misma. Lo mejor es sacar el yo de la ecuación, para que no se interponga en el camino hacia tu obra. Tampoco hay que negarlo, puedes saber que está ahí y permitir que siga ahí, como una parte más de las circunstancias que puedes moldear y aprovechar para lo lograr lo que más te importe.–
Manos a la obra
Tómate tu tiempo para lo primero y para lo segundo, pero enseguida ponte manos a la obra. Empieza con algo pequeño, sé minimalista en tus sueños. Cualquier sueño es grande.
Elige algo que realmente quieras que exista en tu vida y comienza ahora. La vida es una sucesión de creaciones.
Ya conoces las cartas que te han tocado, tu físico, tu psique, tu temperamento, tus circunstancias personales actuales, incluso tu pasado. Míralas bien, tómalas como un punto de partida y juégalas lo mejor posible. Recuerda, no hay debilidades, lagunas, taras; lo que tienes son características, rasgos, recursos de todo tipo.
Lo que nos distingue de verdad es cómo jugamos las cartas, no las cartas; estas no son más que potencialidades, pero ahora comienza el juego y el trabajo de verdad; ya está generada la tensión, ya puedes empezar el proceso de creación, el proceso de creación de tu propia vida.
Y, sobre todo, mantente flexible y abierto, puedes convertir el plomo personal y de las circunstancias en insospechado oro.
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El movimiento de indignados del 15-M en España, también llamado «spanish revolution» en el extranjero, se ha nutrido de una emoción principal como desencadenante y motor del movimiento: la indignación, que es una variante política y virtuosa de la ira y la frustración. El “monoteísmo” en sentido amplio puede ser útil en cuanto forma de unificar la conciencia y dar empuje a la acción. Un cierto fanatismo en la acción unido a una gran flexibilidad en el pensamiento puede ser muy eficaz.
Sin embargo, el “monoteísmo emocional”, mantenido en el tiempo, puede ser estéril y empobrecedor.
Un banderín de enganche para los ciudadanos: sistema electoral más proporcional, listas abiertas y lucha contra la corrupción. Son ideas consistentes entre sí y han animado a mucha de la gente que inicialmente ha sentido simpatía por los acampados. Desde el punto de vista de la difusión de las ideas y las convocatorias, ha resultado útil para el éxito del movimiento.
Mantienen estructuras planas, asamblearias. Han mantenido la política de no tener líderes públicos, cabezas visibles o portavoces. Es un minimalismo en la jerarquía, pero quizá traiga problemas en la coordinación y en la integración. Los nodos, puntos de referencia y la encarnación de ideas en personas—el liderazgo— es fundamental para la evolución de cualquier discurso político, intelectual o social. El tiempo lo dirá.
Hacen uso profuso de los eslóganes como forma semi-minimalista y poética de trasladar sus mensajes. “No hay pan para tanto chorizo”, “Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir”, «Nos habéis quitado todo, ahora lo queremos todo», «No soy antisistema, el sistema es anti yo , “Yes, we camp”, etc.
Los aforismos, proverbios y hasta refranes pueden actuar como una forma de saber plegado que movilice en la memoria un rico abanico de asociaciones. Pero también puede ser un atajo que nos exima del duro trabajo de pensar y reflexionar.
Su legitimidad es mínima. Quizá en el ámbito de la legitimidad no tenga valor el minimalismo. En el ámbito político hay que intentar concitar la máxima legitimación y el mayor acuerdo de las voluntades. La cuestión es si unas decenas de miles de personas pueden arrogarse la representación de millones de personas. Aquí las contradicciones del movimiento resultan extremadamente evidentes.
Piden que sus propuestas se lleven a cabo por los políticos, pero no reconocen a los representantes elegidos en las urnas. Hablan de democracia real, pero tachan de irrelevante el voto de los millones de ciudadanos que eligen a sus representantes en ayuntamientos y comunidades autónomas.
En su lugar, proponen una vaga democracia asamblearia de plaza pública con voto a mano alzada. ¿Cómo esperan comprobar si los españoles aprueban esas ideas rupturistas? No lo sabemos, no crearán ningún partido político ni se presentarán nunca a las urnas, pues eso sería participar en un sistema al que se oponen y denigran.
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Por qué el 15-M no es minimalista
–Parecen confundir el ruido y el movimiento con la acción eficaz y eficiente. La ocupación de las plazas públicas, las asambleas multitudinarias, su preocupación por lograr visibilidad pública y periodística parecen monopolizar sus actuaciones. Su lema no expresado parece ser el “cuanto más ruido y más seamos, mejor”. El discurso deslavazado de voces anónimas en una plaza pública no suele ser el medio más eficaz de comunicación social ni de avance intelectual: no favorece la reflexión ni la crítica ni la opinión formada. En los tiempos de internet volver al ágora griega y el voto a mano alzada parece una involución.
El 15-M no muestra creatividad ni en el fin ni en los medios . No es creativo en el sentido de generar sorpresas eficientes que resuelvan problemas, o de diseñar un futuro deseable y el camino hacia él. La tónica general del movimiento depende de consignas y eslóganes de tinte socialista o colectivista del siglo XIX y XX. No hay gran diferencia en sus formas y modos con el mayo del 68 francés, por poner un ejemplo.
Aunque empezó en internet , no ha seguido en la red ni se ha aprovechado de la red para el crecimiento y difusión del conocimiento ni para arbitrar nuevos medios de intervención del ciudadano en el ámbito público y de mejora de la transparencia. No hay nuevas ideas ni propuestas innovadoras ni ensayos de nuevas formas de participación ciudadana o de mejora del funcionamiento de las instituciones.
Hay mil ideas que podrían canalizarse a través de internet: redes de blogs políticos e intercambios de ideas, wikis de programas políticos y económicos, asociaciones de ciudadanos comunicados por red, creación de libros en línea, grupos de investigación, grupos de análisis, webs para fomentar la transparencia y la publicidad de la acción pública, etc. Pero se han centrado en la acción en la calle. Han usado la red casi exclusivamente para convocar manifestaciones.
Las sentadas, manifestaciones, ocupaciones de plazas, pancartas y eslóganes y la búsqueda de enemigos claros nacionales y extranjeros son medios antiguos de protesta pública. La organización de los actos y actividades en las plazas públicas ocupadas no puede ser más previsible y estereotipada. Los temas que predominan son los iconos habituales de la izquierda y la izquierda más extrema. Quizá esto deriva del carácter reactivo, no constructivo, de su visión cuasi-mitológica del mundo social y político.
Mantienen una visión cuasi-mitológica de la sociedad.–
1. Existen las fuerzas del mal claramente definidas (capitalismo, políticos tradicionales, empresarios explotadores y bancos)
2. Una gran masa de gente oprimida, trabajadores y sectores sociales explotados con poca conciencia política
3. Por último, el lado de la luz, los héroes anónimos de la revolución, los defensores del bien y la justicia: los “indignados”, seres con conciencia y conocimiento cuya misión es ser la vanguardia del cambio y despertar a las masas su letargo pequeño-burgués para transformar sus conciencias.
Una visión mitológica del bien y del mal puede ser apta para excitar la imaginación y la indignación de ciertos grupos sociales, pero no es verdadera ni sirve como guía del cambio. Es quizá que este carácter pueril, cuasi-mitológico de su visión del mundo, convierte las acciones del 15-M en reactivas.
El movimiento 15-M es reactivo y cortoplacista. Ha capitalizado o ha intentado capitalizar un descontento general en la sociedad, y en sus momentos iniciales lo ha conseguido. Los autodenominados “indignados” reaccionan ante circunstancias que no les gustan, identifican culpables claros, asignan responsabilidades absolutas personales pero difusas (banqueros, políticos, multinacionales, capitalistas, los “mercados”, la “codicia”) y determinan medidas inmediatas y leyes que castigan, controlan o someten a los agentes dañinos causantes de la crisis.
Un minimalista existencial como yo echa en falta una clarificación de los valores y una visión estimulante de la sociedad en la que uno quiere vivir. La etapa de concepción, de activación de valores y de diseño del sueño es importante. Cuando quieres crear algo e iniciar el proceso de creación, hay que empezar con lo que se quiere, no con lo que no se quiere.
La indignación no es minimalista. Un minimalista puede emplear tácticamente una emoción, pero no puede permitir que una sola monopolice todo su pensamiento y su acción. La indignación es reactiva, se basa en el sentimiento de rebelión o ira contra la injusticia (más que en el sentimiento más constructivo de la búsqueda de la justicia o la libertad), y sobre todo requiere de enemigos definidos y claros.
En una sociedad tan compleja como la actual es probable que tengamos ciertas dificultades encontrando el enemigo, incluso podría ser que termináramos encontrándolo dentro de nosotros mismos.
El 15-M carece de una visión global y sistémica de los problemas.
El mundo social, político y económico es una madeja de interacciones en el que no es sencillo determinar causas y efectos ni dar explicaciones lineales de los fenómenos.
Importantes elementos y relaciones quedan fuera del debate. Su insistencia en el aumento del gasto público social y los impuestos contrasta profundamente con su despreocupación con el déficit público o por la creación de una economía productiva y competitiva que permita financiar el estado del bienestar; la defensa del trabajo fijo, las leyes laborales y los trabajadores, contrasta con la ignorancia sobre el funcionamiento de una economía moderna globalizada que necesita dinamismo para crear riqueza y empleo.
El rígido ideario socialista-colectivista-autogestionario les hace desestimar cualquier solución que pase por una mayor productividad, competitividad, espíritu empresarial o iniciativa privada. De hecho, abominan del libre mercado tanto por su carácter de libre como por su carácter de mercado.
Por último, no hay ninguna mención a la hipertrofia del sistema autonómico y el funcionariado, los problemas estructurales que genera la división del mercado en 17 autonomías y la excesiva descentralización; ni por supuesto el mínimo atisbo de crítica a los sindicatos y su función de garantes de los privilegios legales de los trabajadores con trabajo fijo frente a los jóvenes y los trabajadores con trabajo temporal o desempleados, que ha convertido el sistema laboral español en una división en castas tremendamente injusto y rígido.
Además, se advierte una ignorancia supina de los rudimentos de la ciencia económica. Seré claro, la mayoría de las voces del 15-M son ignorantes integrales en materia económica, pero su ignorancia no queda equilibrada por una saludable humildad o deseo de aprender.
No hay humildad intelectual en el 15-M. En todo el mes de vida del movimiento no he sido capaz de encontrar una sola autocrítica de ningún grupo o persona del 15-M. En ninguna de las asambleas o conversaciones personales he visto autocrítica tampoco. Públicamente tampoco han mostrado fisuras o reconocido errores. En general, muestran una actitud autocomplaciente. Los daños ocasionados a los comerciantes de la Puerta del Sol, cifrados en más 30 millones de euros, la incomodidad generada para el público o los vecinos, la suciedad, el incumplimiento de la ley en la jornada de reflexión del 21-M, la ocupación permanente ilegal al margen de las leyes sobre derechos de reunión y manifestación y ordenanzas municipales no ha sido objeto de debate ni ha generado cambios en los modos y maneras de actuación.
Eso sí, han vendido como un gran mérito el mantener un sistema de limpieza, que impide la acumulación de basura en las plazas ocupadas, y el no haber sido violentos (cosa que han logrado en líneas generales hasta hace pocos días con la irrupción en un supermercado con la intención de llevarse comida sin pagar).–
Ausencia de reconocimiento de la propia responsabilidad en la situación y en los problemas
Todos los derechos necesitan del reverso de las obligaciones; nuestra indignación y deseo de mejora del mundo ha de estar en paralelo con nuestra disposición a hacer nuestra parte del trabajo o asumir nuestra cuota de responsabilidad o sacrificio. El victimismo no contribuye a fomentar la responsabilidad ni la autocrítica.
En ningún momento he oído expresada la razonable idea de que los ciudadanos y no las fuerzas nacionales e internacionales del mal puedan haber tenido algo que ver con la crisis y nuestros actuales problemas. Después de todo, a nadie le han obligado nunca a endeudarse más allá de sus posibilidades para comprar una vivienda fuera de su alcance ni, aunque la publicidad es poderosa, a nadie le ponen una pistola en la cabeza para que compre televisores de plasma o viaje al Caribe en vacaciones en vez de ahorrar para el futuro.
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Es un movimiento revolucionario, no reformista. No aceptan el sistema político actual —la democracia representativa— ni ninguna de sus partes. Puede que no sean anti-sistema, pero sí son a-sistema. Creen en un cambio radical que supone más una ruptura que mejoras incrementales. Rechazan los fallos del sistema y el mismo sistema. Corren el riesgo de tirar el niño con el agua de la bañera. Rechazan la organización política actual, pero por el momento no tienen ninguna opción alternativa. Siguen debatiendo.
El minimalismo existencial es más partidario de cambios graduales y pequeños en direcciones prometedoras, en la línea del principio del Kaizen japonés. El minimalismo existencial puede ser revolucionario en sentido poético e igual de ambicioso, pero no cree en los cambios drásticos y en las soluciones universales coactivas como forma de resolver los problemas. La evolución sostenida es mejor que la revolución.
Creen que los problemas de lo público, incluyendo el déficit y la corrupción, pueden ser resueltos con más intervención estatal y con un predominio de lo público sobre lo privado. Entre estas intervenciones previstas están las nacionalizaciones de la banca, la expropiación de viviendas (suspendiendo el derecho a la propiedad), los impuestos a las transacciones internacionales (tasa Tobin), prohibición o control de movimientos “especulativos”, mayor presión fiscal para los ciudadanos, etc..
Una versión más minimalista del cambio social o el progreso político tendría en cuenta mecanismos no coactivos y la libre interacción de las personas y agentes sociales dentro del imperio de la ley.
Esto supondría una actitud más liberal en sentido político y económico; daría más peso a la acción de los ciudadanos independientes de las instituciones políticas para organizarse libremente y realizar todo tipo de acuerdos y transacciones económicas y no económicas, no necesariamente controladas, canalizadas o promovidas por el estado. En definitiva, sería confiar más en la innovación y la capacidad de crear riqueza de personas y empresas a través de la coordinación y la autoorganización en un marco de libertad y respeto al estado de derecho.
Salida minimalista al movimiento del 15-M
Los señores del 15-M podrían participar en las próximas elecciones, recabar el voto de los millones de españoles que presuntamente les apoyan, obtener mayoría absoluta o una importante representación, y cambiar la constitución y el modelo de organización política en España y aplicar su programa.
Sería lo más rápido y eficaz; tanto desde su punto de vista como desde el punto de vista de aquellos que no les apoyan, pero sí les soportan.
He observado en mí mismo que cuando acabo una tarea me lanzo a tacharla con una cierta fuerza explosiva, mezcla de alivio y de venganza.
Tachar de esta manera puede indicar que quiero librarme para siempre de la tarea y pasar a otra cosa. Supone una cierta animadversión contra algo que sentía que tenía que hacer, un poco obligado. Ahora que está cumplido el trámite, tiene que desaparecer de la faz de mi mente. Acabé. Cubrí el expediente. Liberado por fin. Paso a algo mejor.
Pero esa tarea fue parte de mi vida durante algún tiempo, y poco o mucho ha contribuido a lograr algunas de mis metas en el largo plazo. Y si todo lo que hacemos deja huella –o puede dejar huella– ha entrado a formar parte de mí. El proceso es al menos tan importante como el resultado; sobre todo porque en el proceso, en el camino, es donde pasamos la mayor parte del tiempo. La posada es el pretexto para comenzar el camino.–
Auto-propuesta
En adelante, no tacharé lo que he acabado. Podría poner una simple muesca, como indicando la acción completada. Pero quiero ir más allá: dibujaré una pequeña elipse alrededor de la tarea en señal de aprecio a su contribución, no importa lo minúscula que parezca.
Tachar es agresivo. Rodear con una elipse es un reconocimiento.
Un experto es aquel que ya ha cometido todos los errores posibles en una materia muy concreta
–Niels Böhr
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Es una herramienta de mejora personal que he encontrado muy útil. Nada sorprendente, nada sofisticado, ningún programa informático necesario para usarla, coste monetario próximo a cero; sin embargo –lo diré de manera conservadora– si la empleas durante 30 días, no querrás volver a dejar de usarla nunca más y cambiarás tu vida.
Descripción
Inmediatamente después del error —o en su defecto, al final del día— escribe en un pequeño cuaderno o libreta de errores el error cometido.
Procura que el número de errores del que tomas nota al cabo del día no sea superior a 3. Lleva contigo todo el día esa libreta o cuaderno pequeño. Anota siempre la fecha de los errores.
Si un error se vuelve a cometer al siguiente día, vuelve a tomar nota de él.
Tras tomar nota del error, haz un breve análisis de él: en qué situación se ha producido, su aspecto, sus posibles causas, sus consecuencias, por qué es un error. Después, visualiza una acción alternativa para la próxima vez que se presente la situación que motivó el error.
Procura que los errores sean distintos cada vez; es decir, céntrate en evitar los 3 errores del día anterior. Si se vuelven a producir, vuelves a tomar nota de ellos y mantienes el límite de errores diario del que tomas nota en 3 igualmente. No te fustigues si vuelven a aparecer día tras día, pero no los niegues o encubras. Toma nota.
Si al día siguiente —o la siguiente vez en que la situación detonante del error se produzca— evitas el error y llevas a cabo una acción alternativa, vuelve sobre el registro de errores y tacha o rodea con un círculo el error en todos los días anteriores en que se produjo; reforzarás la sensación de logro, obtendrás un pequeño chute de dopamina.
Justificación
Hay decenas de acciones que sabemos que hacemos mal, pero que día tras día, mes tras mes, año tras año, seguimos repitiendo.
Es imposible afrontar todos esos pequeños o grandes errores a la vez. No tenemos ni fuerza de voluntad ni memoria suficiente para ellos. Sería demasiado abrumador.
La técnica permite poner en práctica el principio del Kaizen de mejora incremental. Los errores no tienen que seguir ningún orden; de entre los cientos de errores cotidianos, toma nota de los 3 primeros de los que tomes conciencia.
Permite aplicar los principios de la práctica deliberada en tu actividad diaria: limas un elemento de la conducta cada vez, te enfocas en unos pocos elementos de tu comportamiento diario.
A su vez, resulta muy motivador ver que errores de años desaparecen en cuestión de días. Tras apuntar un error varios días seguidos, tu mente se centra con concentración de láser en su resolución. Simplemente, no puedes aguantar el tener que escribir el mismo error día tras día: quieres quitártelo de encima
Aplicación
Especialmente para acciones cotidianas y errores recurrentes.
Funciona mejor con errores de comisión que de omisión. Para que los errores de omisión se hagan conscientes, procura convertirlos en errores de comisión; desarrolla para ello una mentalidad más experimental y comete un buen par de errores todos los días. Pero esto será aplicable en una segunda fase: al principio tendrás errores de sobra que corregir.
Al principio del artículo, dije que si la usas 30 días te enamorarás de esta herramienta. Pero 30 días son muchos. Propongo que hagas un prototipo y uses la técnica durante 3 días. Luego decide si merece la pena.
Empecé a escribir El nombre de la rosa impulsado por una idea seminal: tenía ganas de matar a un monje.
–Umberto Eco
Mentalidad experimental
Cualquier herramienta o técnica ha de probarse en la práctica para comprobar su efectividad y sobre todo para adaptarla al contexto en el que uno actúa. En este blog hemos escrito mucho sobre la práctica deliberada y la mejora continua. Tenemos los conceptos claros y algunas ideas sobre cómo poner en práctica la técnica. Pero la comprensión no será adecuada hasta que no hayamos experimentado por nosotros mismos —y en nosotros mismos— la herramienta.
No es necesario dedicar 10.000 horas (el tiempo mínimo aproximado para alcanzar el expertismo en cualquier campo). Podemos emplear la práctica deliberada (PD) para alcanzar el nivel 10 en una escala del 1 al 10, pero también para alcanzar el nivel 4 en esa misma escala, si es que partimos de un nivel más bajo.
La PD puede emplearse para mejorar rápidamente en cualquier campo o tarea que uno se proponga. La clave es el compromiso, la motivación por conseguirlo, la práctica continuada y la intensidad y concentración de las prácticas.
Resuelvo crear un mini-proyecto que me sirva como prototipo de ejecución de la PD.––
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Mini-proyecto
He decidido mejorar mi velocidad y precisión mecanográfica. Como muchas otras habilidades de la vida cotidiana, esta habilidad que aprendí hace ya años la realizo en moto automático, sin pensar en ella. Si quiero teclear más rápido y cometer menos errores, tengo que romper los automatismos y entrenar deliberadamente. No basta sólo con desear hacerlo mejor o simplemente concentrarse más cuando se escribe.
No me propongo llegar a ser un mecanógrafo de talla mundial. Un mecanógrafo medio profesional puede alcanzar las 50 a 70 palabras por minuto, mientras que algunos puestos requieren llegar a las 80 o 95; algunos mecanógrafos avanzados trabajan a velocidades por encima de las 120 palabras por minuto. El récord mundial está alrededor de las 180 palabras por minuto. Yo puedo estar alrededor de las 40 palabras por minuto.
Mi intención es aumentar significativamente mi velocidad y a la vez aumentar la precisión. Tengo la sensación de que cometo muchos errores y eso es molesto porque tengo que retroceder muchas veces en el texto para corregirlos. Si Umberto Eco empezó su novela por un motivo tan caprichoso como el de matar un monje, creo que yo puedo comenzar este proyecto para matar estos errores que tanto fastidio me causan.
Para fortalecer la motivación y el compromiso con este mini-proyecto, me recuerdo que es una excelente manera de practicar y comprender mejor la PD. Las habilidades que aprenda me servirán para cualquier otro proyecto personal o profesional.
He decidido emplear un programa gratuito, bastante sencillo, que me permite empezar desde cero: Mecanet. No he buscado demasiado (45’’ de tiempo de búsqueda); es el primero que encontré en una lista de programas gratuitos y seguro que es “suficientemente bueno”. Inspecciono rápidamente el programa y resulta adecuado para mis fines.
Sé que si busco más programas, seguro que encuentro algunos mucho más completos, pero decido cortar de cuajo la búsqueda. Se trata de generar momentum rápidamente. Iré refinando iterativamente los instrumentos y las prácticas. Lo primero es ponerse en marcha.
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Medida inicial. 272 pulsaciones por minuto. 93% de efectividad.
Objetivo final. 400 pulsaciones por minuto. 99% de efectividad.
Recursos: 10 días. Prácticas todos los días, incluido fines de semana. 4-8 pomodoros al día.
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Un pomodoro es un segmento de 25 minutos. La técnica pomodoro encaja muy bien con la filosofía y práctica de la PD. Ver detalles de Técnica Pomodoro para más información
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Diseño prácticas
Este es el elemento esencial.
Aunque soy un mecanógrafo experimentado y mi velocidad es aceptable, voy a empezar con las pulsaciones básicas, asdf y jklñ, y a partir de ahí iré construyendo. Empezaré con la lección 1ª y seguiré hasta la 20ª.
El programa lleva incorporado un sistema de evaluación de la lección de 1 a 100 en función de la velocidad y la precisión. Decido no pasar de nivel hasta haber conseguido 100 puntos en cada una. No es especialmente complicado –al menos en las primeras lecciones– .
Además, llevaré a cabo en paralelo prácticas con los símbolos especiales, los que te encuentras en la fila superior del teclado: |@# ·$%&/()=’?¡¿ …
Decido entrenar a distintas velocidades: super-lenta, lenta, rápida y super-rápida. En la super-lenta y lenta el número de errores admisibles es 0. La super-lenta es como un taichí de pulsaciones. En la rápida buscaré el equilibrio entre la velocidad y la precisión (98% mínimo). En la super-rápida me desentenderé de la precisión y buscaré la máxima velocidad.
Al final de cada sesión registraré sistemáticamente los resultados, reflexionaré sobre lo aprendido e iré ajustando las prácticas para lograr los objetivos fijados.
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Construye para aprender
Prototipización
Puesto que se trata de un prototipo, lo pongo en funcionamiento lo antes posible y voy refinando la práctica según los resultados que vaya obteniendo y las ideas que vayan surgiendo durante el camino.
Me pongo un límite de 10 días para conseguir la meta de 400 pulsaciones por minuto y 99% de precisión. Este objetivo es totalmente instrumental, para dirigir el prototipo y motivarme. Es bastante desafiante también. Serían unas 80 palabras por minuto. Creo que es muy difícil de conseguir en tan poco tiempo, pero puesto que me permito un 1% de errores quizá sea alcanzable.
Espero familiarizarme con el concepto de práctica deliberada a través de este mini-proyecto de 10 días. Para aprender, lo mejor es construir rápidamente una versión de lo que quieres aprender. Es una de las mejores formas de aprendizaje.
El video Sé feliz produce alegría y seguramente asentimos a cada uno de sus consejos para ser felices. La canción, además, transmite un tono de ligereza existencial y optimismo muy apropiado al mensaje.
¿Quién no puede estar de acuerdo con casi todos estas sabias y razonables máximas para mejorar la vida y ser feliz? Por otra parte, ¿quién no sabe que hacer ejercicio, dormir bien, leer, ser amable con la gente, agradecido y esas 54 cosas restantes son cosas buenas?
Y sin embargo… no todos somos todo lo felices que podríamos ser… ¿Es posible generar un alma nueva?–
Dificultades con estas reglas y principios o máximas de vida
En los sectores o situaciones en que las huelgas normales no son posibles, algunas veces se recurre a la “huelga de celo” o ,como se dice en inglés, “malicious obedience” (obediencia maliciosa o malintencionada). Los trabajadores siguen presentándose al puesto de trabajo pero cumplen al pie de la letra, con rigidez absoluta, el reglamento. Esta situación produce toda suerte de dificultades y retrasos en la producción y las operaciones habituales. El efecto es incluso peor que el que produciría una huelga tradicional.
Lo mismo ocurre con todos estos consejos: sin saber “obedecerlos” en el momento y lugar adecuado y sin saber hacer excepciones, los resultados no serán buenos.
El problema es que cualquiera de esas buenas prácticas ha de insertarse en el contexto general de tu vida: tu situación personal, familiar, laboral, tus capacidades, tu temperamento, tus gustos, tus filias, tus fobias, etc.
Estoy seguro de que si me aprendo de memoria los 60 consejos del video Sé feliz y los repito 15 veces al día, el cambio no sería sustancial. La dificultad no está en conocerlos sino en interpretar su significado y saber cómo y cuándo aplicarlos. Y luego, cuando llega el momento, realmente aplicarlos.–
A quien madruga dios le ayuda.
No por mucho madrugar amanece más temprano.
–A veces hay contradicciones. La sabiduría popular es capaz de recomendarnos una cosa y la contraria con la misma convicción. En el video se dice «aprecia lo que tienes» pero también «Céntrate en crear lo que deseas»; la creación o la lucha por algo implica una cierta insatisfacción con el estado actual de las cosas, nos guste o no. También se dice: «Céntrate en crear lo que deseas» pero a continuación «Haz aquello que sabes hacer bien»; ¿y si mis talentos no coinciden con mis sueños?
Quizá falten reglas importantes. En el video, a pesar de ser muy completo, no aparece ninguna regla sobre la alimentación. Es uno de los pilares de la salud física.
Atención limitada. ¿Por dónde empiezo?, ¿qué es lo más importante? No tengo recursos atencionales suficientes para intentar poner en práctica 60 reglas de vida a la vez.
Significado. Vaguedad. Demasiada generalidad. Además, qué significan; a veces no estamos seguros de lo que significa: ¿qué quiere decir “sé honesto contigo mismo”?, ¿y “amar a la madre tierra”? ¿Cómo se ama a la madre tierra? (a propósito, me gustan los viajes exóticos y conocer gente de distintas culturas… he de viajar en aviones que consumen mucho queroseno)
Efectos cruzados. ¿Cómo se relacionan entre sí (por ejemplo, qué conexión hay entre el amor y la salud y las emociones)? ¿Qué compromisos hay (si bailo más habrá menos tiempo para leer y para los amigos)? Además, algunos son prerrequisitos para otros ( por ejemplo, tengo que evitar el aislamiento antes de encontrar mi grupo). A veces el efecto de una regla sólo se produce si se cumple otra simultáneamente y se produce un efecto conjunto (dormir bien, comer bien, hacer ejercicio, socializarse).
Falta de contexto. Los consejos y reglas de vida son generalidades que luego tienen que particularizarse en acciones concretas en momentos concretos en lugares concretos con personas concretas. Tenemos que contextualizarlas con el cómo, el cuándo, el dónde, con quién y hasta el porqué. Tenemos que saber cuándo aplicarlas y cuándo no.
Experto vs novato. El novicio o el aprendiz, por su parte, no entiende el alcance del principio o la regla, no sabe en qué contexto utilizarla, en qué situaciones dejar de utilizarla, qué relaciones guarda con otras y cuándo ser flexible y hacer excepciones que confirmen la regla. El novicio usa las reglas o principios como recetas.
Un experto no depende de reglas –las usa sólo como recordatorios– y sabe en qué situaciones hacer excepciones. Es capaz de ver lo general y mantener la presencia mental suficiente como para ver lo específico. Sus modelos del mundo son lo suficientemente ricos para descubrir distinciones y hacer excepciones. Sus reglas se enriquecen con el tiempo, se actualizan y se aplican conjuntamente con otras.
Muchas reglas o comportamientos no son formalizables, expresables. Otra dificultad añadida es que el experto no tiene acceso a su propio conocimiento y ni siquiera sabe concretamente por qué hace lo que hace. Actúa en gran parte a nivel intuitivo y lo que hace no es la mayoría de las veces definible, formalizable. En otras palabras, no todo es expresable y por tanto no hay sustituto para la experiencia. En el mejor de los casos, puedes lograr una guía, pero a ningún novicio se le puede ahorrar años de experiencia, de ensayos y errores.
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Los principios y reglas del minimalismo no son recetas
Con los principios y reglas del minimalismo de este blog, no quiero cometer el error de considerarlos como recetas del minimalismo. Por ello, siempre que enuncio una regla explico los beneficios esperados, el contexto, su justificación y algunas ideas para aplicarla. Las reglas son desarrollos de los principios del minimalismo, que son pautas generales y abstractas de actuación. Su función es fomentar la reflexión y la conexión entre las ideas del minimalismo y el diseño de vida en general.
Tan importante como esto es además el relacionar unos principios o reglas con otros; de tal manera que la acción particular en un momento y lugar determinado quede informada por constelaciones temporales de principios o reglas que aplicamos dependiendo de la situación.
La clave está en seleccionar la constelación de principios y reglas más adecuada en cada momento. Y para esto tenemos que contar necesariamente con el juicio; con el buen juicio personal, intransferible e indelegable. Éste se desarrolla con tiempo, atención y esfuerzo. Es un arte que merece la pena aprender; como en todas las artes, el proceso de aprendizaje y mejora no acaba nunca.
PD: respondiendo a la pregunta que me hice al principio: sí, creo que es posible crear un alma nueva. No es fácil, pero es posible. Es una idea tan bella que tiene que ser real.
A propósito, la canción de Sé feliz es de Yael Naim y se llama New Soul.
En las horas de ocio, encuentra la sabiduría el escriba.
Lo pequeño es hermoso
Encuentra tu tribu
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Antes del satori, cortar leña y acarrear agua; después del satori, cortar leña y acarrear agua.
Sonríe, respira y ve despacio.–
Hagas lo que hagas, ámalo.
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Don’ t do it. Just sit down.
Es una parodia del lema de Nike “Just do it”.
Lo peor es mejor.
Es una traducción del “Worse is better” del estilo de New Jersey en desarrollo de software. La idea clave es que pasado cierto punto menos funcionalidades (“peor”) es una mejor opción (“mejor”) en términos de usabilidad. Un software limitado pero simple de usar puede ser más práctico y útil para el usuario que uno que incluya más características o desarrollos. Su extensión al minimalismo existencial es directa y evidente.
En las horas de ocio, encuentra la sabiduría el escriba; el que está libre de quehaceres llegará a sabio.
Eclesiastés, 38, 24.
Lo pequeño es hermoso.
Es parte del título de un libro de ensayos del economista británico E.F Schumacher: Small is beautiful. Economics as if People Mattered. El libro trata sobre el consumo sostenible, la escala de las empresas, y sobre las organizaciones que den poder a los individuos.
Encuentra tu tribu.
Uno de los puntos esenciales en la búsqueda y desarrollo de El elemento, según Ken Robinson, escritor y experto en educación. El elemento es el entorno en el que una persona prospera y se realiza.
Antes del satori, cortar leña y acarrear agua; después del satori, cortar leña y acarrear agua.
Proverbio zen. El proceso es lo importante.
Sonríe, respira y ve despacio.
Thich Naht Hahn. Monje budista vietnamita.
Hagas lo que hagas, ámalo.
Frase dicha por Alfredo a Totó en su despedida (segundo 47 del corte) en Cinema paradiso.
Principio de concentración
La primera estrategia es ser siempre muy fuerte; primero en general y después en el momento decisivo. No hay ley estratégica superior ni más simple que mantener las fuerzas concentradas. Resumiendo: el primer principio es actuar con la máxima concentración.
—Klausewitz. De la guerra.
La concentración es la convergencia de nuestras fuerzas físicas, emocionales, mentales y espirituales en el tiempo y en el espacio; es decir, en el momento decisivo y en el lugar apropiado.–
El principio de concentración es un principio prescriptivo: recomienda concentrar las fuerzas en unas pocas direcciones para aumentar el efecto. El principio de Pareto —al que complementa— es un principio descriptivo sobre el funcionamiento del mundo y la relación entre causas y efectos: el 20% de las causas produce el 80% de los efectos. Ambos están relacionados.
La concentración está relacionada con la economía de medios. Debemos evitar el derroche de energía en lugares innecesarios, pero también el aplicar excesivos esfuerzos en lugar necesarios, pero secundarios. Si eliminas lo que sobra, liberas recursos que puede emplear en las direcciones más provechosas. La poda minimalista, que supone una eliminación consciente de lo innecesario o superfluo, fortalece el principio de concentración.
Ejemplo de aplicación : dedicamos las mejores horas del día al servicio de nuestros propósitos o metas principales. El principio Primero págate a ti mismo intenta enfatizar esta idea. La TMI al principio de la jornada es una de las muchas herramientas y reglas operativas del minimalismo existencial que desarrollan estos principios.–
Alcance de la aplicación del principio
Si hacemos una analogía con el arte de la guerra, podríamos hablar de la concentración en los niveles estratégico, operacional y táctico.
El nivel estratégico supone la determinación y priorización de nuestros valores y metas a largo plazo. En el fondo, significa responder a la pregunta “¿Por qué ‘luchamos’?” . Este nivel de concentración requiere introspección, búsqueda interior, experiencia, experimentación y mucha reflexión. Es el nivel más espiritual y quizá el que más descuidamos.
El nivel táctico tiene que ver con las actividades cotidianas y manejo de los asuntos diarios. Son las pequeñas y grandes “batallas” que tenemos que librar todos los días. En este nivel llevamos a cabo las acciones de la manera más intensa y concentrada posible procurando la máxima eficacia y eficiencia. El nivel táctico está subordinado siempre al estratégico.
El nivel operacional del principio de concentración es el que decide en qué batallas tenemos que participar y en cuáles no para lograr nuestras metas a largo plazo y obtener el tipo de valores que queremos ver en nuestras vidas. Además, en este nivel hay que procurar que nuestros recursos personales sean los adecuados en el momento oportuno. Para ello hay que administrar sabiamente nuestro nivel de energía y estructurar con inteligencia nuestras actividades durante el día y en el largo plazo. En mi opinión, el nivel operacional es el más difícil de discernir y el más sutil, pues implica conectar el día a día con la visión o metas a largo plazo.–
Coste de la concentración
La concentración supone un cierto fanatismo en la acción que hay que equilibrar con una flexibilidad en el pensamiento para que sea eficaz. Tenemos que enfatizar la función de ejecución de acciones frente a la función de acopio de información y búsqueda y evaluación de opciones, aunque siempre sea difícil equilibrar la flexibilidad mental con la intensidad de la acción.
También es difícil sostener mucho tiempo. Nuestra energía y capacidad de mantener la atención es limitada. Es por eso que la concentración ha de ir necesariamente seguida de la relajación y el descanso. El paradigma del velocista contempla explícitamente el equilibrio necesario entre trabajo intenso y recuperaciones. En la serie de artículos sobre el expertismo, vimos también que el trabajo intenso de alta calidad sólo se puede mantener durante periodos relativamente cortos en los que empujamos las fronteras de nuestras capacidades.
En trabajos que requieren cierta creatividad –cualquiera que desempeñe un trabajador del conocimiento en sentido amplio– necesitamos una cierta dispersión propia de las modalidades más contemplativas o no deliberativas de la conciencia. La creatividad y la creación se nutren de periodos en los que no parece pasar nada y en el que se establecen conexiones más ricas entre el material aprendido y se asimila más profundamente.
El tempo adecuado de la actividades y los descansos es algo muy sutil que depende de la naturaleza de la actividad desarrollada y la constitución psicológica de la persona.
Obstáculos en la aplicación del principio de concentración
Cuidado con dispersar tus fuerzas, lucha constantemente por concentrarlas. El Genio se cree que puede hacer cualquier cosa que ve hacer a otros, pero seguro que se arrepiente de cada gasto mal calculado.
—Goethe
De todos los principios del minimalismo existencial es quizá el más difícil de aplicar. Es tremendamente difícil aplazar el beneficio presente en favor de beneficios futuros más grandes pero alejados en el tiempo. Requiere una tremenda capacidad de autorregulación, que a su vez está limitada por los cuellos de botella de la memoria de trabajo y la fuerza del ego o fuerza de voluntad. Nuestra reserva de voluntad diaria es un recurso escaso que hay que emplear sabiamente. Los psicólogos han hablado del fenómeno del “Agotamiento del yo”.
Confusión en los valores y en las metas. Si no hay claridad en valores y metas el principio de concentración difícilmente podrá aplicarse con consistencia. Es fundamental completar la excelencia en la gestión del flujo de actividades(usando el sistema GTD de David Allen, por ejemplo) con la perspectiva suficiente que nos permita aclarar nuestros valores personales y metas.
Stephen Covey –el autor de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva— nos aconseja hacer un esfuerzo previo de aclaración de los valores y los roles o papeles que desempeñamos en distintas áreas de nuestras vidas. La matriz urgente-importante puede ayudarnos a clarificar las acciones a un nivel más táctico.
Perfeccionismo. Este rasgo del carácter puede ser tremendamente contraproducente. Podemos pasarnos el tiempo optimizando aspectos secundarios del trabajo y concentrando nuestros esfuerzos en lugares no apropiados.
Podríamos concentrarnos en callejones sin salida. Siempre es difícil decidir cuándo hay que perseverar y cuándo es el momento de cambiar de actividad o meta.
Infoxicación. El bombardeo informacional conspira contra la calma interior y nos empuja en todas direcciones.Fenómenos como el sesgo de novedad, que privilegia lo nuevo, conspiran contra la concentración.–
Excelencia y principio de concentración
Se debe apreciar la intensidad más que la extensión: la perfección reside en la calidad no en la cantidad. La extensión de por sí sola nunca se eleva por encima de la mediocridad, y es la desgracia de los hombres con amplios intereses generales que mientras que les gustaría tener un dedo en todas las tartas no la tienen en ninguna. La intensidad proporciona eminencia y eleva a lo heroico en material sublime.
—Baltasar Gracián. El arte de la prudencia.
Todos la serie de artículos de Atilox sobre el expertismo y la práctica deliberada ponen de manifiesto la necesidad absoluta de concentración sostenida en el tiempo –a nivel táctico, operacional y estratégico– para lograr la excelencia. La Ley de las 10.000 horas de práctica antes de alcanzar un nivel máximo de desempeño parece ser una ley universal aplicable en un amplio rango de actividades humanas; desde el ajedrez y el tenis, hasta la música y las matemáticas.
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Cuando un hombre sabe que va a ser colgado en quince días, concentra su mente maravillosamente.
Dr. Samuel Johnson. Escritor inglés.
Isabel Coixet, la cineasta española, es conocida por sus películas melodramáticas y de contenido intimista. El minimalismo suele estar en la historia, el presupuesto y la ambientación, que suelen ser bastante prosaicos. Si bien todo lo que pasa ocurre en la mente y el corazón de sus personajes, su estilo no es como el de las películas chinas de ritmo lento en las que puedes ver crecer la hierba. El intimismo y ausencia de sucesos externos queda compensado con la exuberancia emocional de los personajes.
Hoy traemos a colación a Isabel Coixet por una de sus películas, Mi Vida Sin Mí, que usaremos como ejemplo de una buena gestión del tiempo; o mejor, gestión de la acción en el tiempo que tienes disponible.
También podríamos ponerla como exponente del arte Memento mori —sobre el que ya escribimos en su momento—; es decir, del arte con motivos que nos recuerdan nuestra mortalidad y la fugacidad de la existencia.–
Trama
Una chica de 23 años, Ann (interpretada por Sarah Polley)—que quedó embarazada a los 17 años y que vive pobremente en una caravana en el jardín de la casa de su madre con su marido desempleado y dos hijas pequeñas—, descubre que tiene un cáncer incurable y le quedan un par de meses de vida.
Tras el shock inicial no pierde apenas tiempo en desesperarse y en la mesa de una cafetería escribe una lista con las “Cosas que hacer antes de morir». El resto de la película es sobre las pocas semanas en las que se centra en esas metas y en vivir lo mejor posible el poco tiempo que tiene disponible.–
Cosas que hacer antes de morir
Son las siguientes (minuto 22:50 de la película):–
Decir a mis hijas que las quiero varias veces al día.
Encontrar a Don [su marido] una buena chica que les guste a las niñas.
Grabar felicitaciones de cumpleaños para mis hijas todos los años hasta que cumplan los 18.
Ir todos juntos a Whalebay Beach y hacer un gran picnic.
Fumar y beber todo lo que quiera.
Decir lo que pienso.
Hacer el amor con otros hombres para ver cómo es.
Hacer que alguien se enamore de mí.
Ir a ver a papá a la cárcel.
Ponerme uñas postizas (y hacer algo con mi pelo).
Flexibilidad en las metas y clarificación de valores
Poco después de escribir la lista la camarera vuelve a su mesa y en una pequeña conversación le cuenta lo que haría si ganara la lotería: le muestra una foto de Cher y le dice que se cambiaría todo; nariz, boca, ojos, pelo, cintura, etc., para parecerse tanto a ella que la gente le confunda y le pare en el supermercado como si fuera una estrella.
La camarera le pregunta que qué le parece, y Ann, empezando a poner en práctica una de las metas de la lista (nº6), responde que cree que es “una soberana gilipollez”. La camarera se queda callada, decepcionada. Ann se da cuenta de ello, y añade: “…Era broma. Me parece estupendo” .
Creo que es un excelente ejemplo de clarificación de valores a través de la acción y de flexibilidad en la elección de las metas. Ann ve que su meta (ser radicalmente sincera y decir lo que se le pasara por la cabeza) —que le parecía practicable y deseable— tiene algunos contras y entra en conflicto con algunos de sus otros valores personales: ser amable con la gente.
Además, decide no decir nada a nadie sobre su enfermedad; quizá para hacérselo más llevadero a su marido e hijas y que ese conocimiento no le impida lograr sus otras cosas que hacer antes de morir. Creo que la protagonista tiene bien claro que las metas son sólo herramientas y que por encima de ellas están los valores. Esto también lo tratamos en Valores vs Objetivos.–
Elección de metas
Es interesante ver la sabia elección de las metas; sabia elección teniendo en cuenta su situación, y que la chica tiene 23 años y su experiencia de la vida queda reducida al pueblo donde vive y el pequeño mundo de las personas que conoce.
Las metas 1ª a 4ª (decir todos los días a sus hijas que las quiere, buscar una mujer para su marido y que cuide de las niñas, grabar felicitaciones de cumpleaños, ir de picnic todos juntos) y la 9ª (ver a su padre) son metas sobre todo altruistas y para las personas que quiere, tanto en el presente inmediato como en el futuro, cuando ella ya no esté.
Pero también tiene metas estrictamente personales (metas 5ª a 8ª y 10ª), que tienen que ver sólo con ella misma, con deseos estrictamente hedónicos (fumar y beber, ponerse uñas postizas, hacer algo con su pelo); y con sus inquietudes, asignaturas pendientes o deseos profundos (decir lo que piensa, hacer el amor con otro hombre, hacer que alguien se enamore de ella)
Cuando uno no tiene ya tiempo y ya no puede encontrar razón alguna para procastinar, revaluar las metas y prioridades y centrarse en lo esencial puede ser más fácil. Las racionalizaciones o excusas que nos ponemos cotidianamente para no hacer lo que realmente sentimos que queremos hacer o lo que verdaderamente nos motiva, ya no tienen lugar y el camino a seguir quizá sea más claro. Esta es la experiencia que suelen relatar las personas que han experimentado la proximidad de la muerte.
Al mismo tiempo, no niega ningún deseo por frívolo o sencillo que parezca (las uñas postizas o hacerse algo con el pelo); después de todo, nadie elige su querer: queremos lo que queremos. También las cosas sencillas son legítimas como metas personales y seguramente terminen contribuyendo a la felicidad personal tanto como otras.–
Epílogo
Ann vive significativamente esas semanas últimas de su vida y consigue algunas de sus metas. No diré cuáles logra y cuáles no; tendrás que ver la película (por ejemplo aquí).
Artículos de la serie «Lo que podemos aprender de…»:
Esta regla está inspirada en una de las reglas de Robert Kiyosaki de las finanzas personales: “Primero, págate a ti mismo”. Consiste en hacer algo contraintuitivo: primero te pagas a ti mismo y guardas ese dinero como inversión o activo que genera una corriente de liquidez futura; y, después, pagas a tus empleados, a los proveedores, a hacienda y financias tu consumo personal.
Lo habitual es hacer lo contrario: primero pagas tus facturas, al fisco, etc.; y si te queda algo, lo ahorras. Normalmente suele quedar poco porque el consumo y los gastos se suelen expandir hasta el límite del presupuesto, incluso hasta exceder nuestros ingresos y generar deuda.
Kiyosaki la emplea para obtener la libertad financiera. En el contexto del minimalismo existencial este “Primero, págate a ti mismo” se aplica a las actividades que realizamos todos los días y consiste en empezar haciendo lo que más te importa y lo que más contribuye a lo que más te importa. Así de sencillo.–
Primero, dedica el tiempo a tus proyectos personales fundamentales, a la gente que más quieres y valoras, al tipo de actividades que más disfrutas y mayor sentido vital te proporcionan y las que más favorecen el tipo de resultados que quieres ver en tu vida.
Segundo, el resto del tiempo es para lo demás.
–Esta regla sirve como un recordatorio o concreción del principio general de la Ley de Pareto o Regla del 80/20, que nos aconseja el centrarnos en los pocos esenciales y dejar a un lado o aparcar los muchos triviales. Nos ayuda a ser imaginativos y reducir nuestro gasto en actividades de poco valor. El flujo de minucias es inagotable; la única manera de reducir las minucias es dejarlas para el final, si es que hay tiempo, o renunciar a ellas.
A su vez, “Primero, ‘págate’ a ti mismo”, se puede complementar o apoyar en otras herramientas importantes de la organización personal:
Los rituales , que diseñamos personalmente y practicamos asiduamente, son hábitos que nos obligan a dedicar un cierto tiempo del día a aquellas actividades con más sentido para nosotros. Los rituales encarnan nuestros valores.
Las cinco grandes rocas de la semana, de Stephen Covey, que señalan las metas para la próxima semana y nos ayudan a mantenernos centrados en el torbellino de la semana.
La TMI, tarea más importante del día, de Leo Babauta, que nos ayuda a empezar siempre con lo esencial y dedicar nuestras mejores horas del día y esfuerzos a ello.–
Postergación. Síndrome de lo nuevo y lo urgente.
La postergación de lo importante en favor de lo urgente es un comportamiento cotidiano que tenemos inscrito en nuestros genes. Llevamos incorporados una preferencia casi invencible por la novedad . El problema es que la mayor parte de lo nuevo no es tan nuevo ni es normalmente importante.
Esto explica por qué preferimos escuchar las noticias a leer a los clásicos. Los clásicos siempre estarán ahí, y siempre han estado ahí. Puede que su mensaje sea importante e imperecedero y contribuya a forjar o favorecer una personalidad culta, sabia e integrada; pero pueden esperar. Siempre pueden esperar un poco. Lo nuevo siempre tiene un halo tentador, tanto por lo negativo como por lo positivo.
Al final, nuestra capacidad de enfocarnos en lo importante depende de que hayamos hecho un trabajo previo calmado y contemplativo de búsqueda interior y nos hayamos comprometido con lo que hemos encontrado dentro; es decir, con nosotros mismos.
El proyecto 333 o alguna iniciativa personal similar debería ya haber reducido el número de objetos en tu vida. En concreto, el número de piezas de ropa que posees y usas.
La cuestión es que siempre tendrás que elegir qué ponerte, aunque tengas que decidir entre sólo tres o cuatro camisas distintas.
En simplificaciones, vimos la costumbre de Einstein de tener tres trajes idénticos para evitar tener que decidir por las mañanas qué ponerse. Es una opción. Supone usar un uniforme sin necesidad de estar en un colegio privado, ser conserje o trabajar en el ejército.
La otra opción sería tener un asesor de imagen que te liberara de la toma de decisiones respecto al atuendo.
Mi minimalismo no me ha llevado todavía al extremo de usar un uniforme personal, ni mi riqueza o vanidad a tener un asesor de imagen. He optado por una regla minimalista similar a la regla de los 30 segundos de elección del menú pero más sencilla todavía.
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Regla
Elijo la primera camiseta del montón, o el pantalón o la camisa o pieza de atuendo de la percha más cercana, sin pensar si me gusta más o menos, si conjunta más o menos. Siempre la pieza que esté más arriba o esté más cercana.
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Justificación
Si todo lo que tienes te lo acabas poniendo, no importa lo que elijas un día concreto: la “mala elección” (peor ropa) se compensará con “buenas elecciones” (mejor ropa) los días siguientes. Al contrario, una buena elección de un día se compensa con una mala elección otro día. Por lo tanto, no ganas nada con elegir “mejor” un día cualquiera. No pierdas el tiempo decidiendo.
Escoger el mejor atuendo disponible es un comportamiento miope de búsqueda de un beneficio en el corto plazo (para ese día). Es miope porque el decisor no se da cuenta de que el beneficio en el largo plazo (en un periodo largo) es reducido por el hecho de que ha dedicado tiempo computacional a las elecciones; y puesto que la calidad media de la ropa que uno viste termina siendo la misma (la buena ropa de un día se compensa con la mala ropa de otro) acaba peor que si no eligiera.
Puedes argumentar que alguna prenda es tan deleznable que no la usas nunca o casi nunca, y por eso sí que merece la pena elegir. Pero entonces… ¿por qué la mantienes en tu armario? Líbrate de ella y ten menos vestuario, pero más homogéneo y de calidad suficiente como para poder vestirlo sin que te señalen en la calle o se burlen de ti (lo que sería un inconveniente para la mayoría de los seres sociales; incluso para los levemente sociales como yo).
De hecho, si tienes menos prendas, te puedes permitir que las que tengas sean de calidad superior (si es que eso te importa). Además, según Barry Schwartz, en La paradoja de la elección, tener menos opciones paradójicamente aumenta la satisfacción con la elección tomada. Con esta regla reduces tus opciones a una: la pieza de vestuario más al alcance de la mano.
Hay otro pero que puedes poner: tu indumentaria ha de conjuntar. Bien, esto también tiene una solución minimalista: elige unas pocas prendas –pantalones, camisas, zapatos, camisetas– que combinen bien entre ellas.
Si tienes poca ropa bien elegida, seguro que puedes lograr combinaciones que conjunten casi siempre bien sin tener que pensar antes qué va con qué. Quizá no todo armonice igual de bien todas las veces… pero bueno, somos minimalistas y adoptamos un enfoque satisfaciente: lo suficientemente bueno también es bueno.
La última reticencia contra esta regla tiene que ver con las ocasiones especiales… ¿No hay acaso que cuidar el aspecto en una boda, un entierro, una entrevista de trabajo, una cita romántica…? Bien, aquí la regla aparentemente falla. No vale tomar lo primero que te encuentres. Pero se trata de ocasiones especiales, ¿no? Pues simplemente ten UN SOLO atuendo (traje de gala, vestido para fiestas, indumentaria para citas románticas, etc.) para estas ocasiones. Uno y no más.
Para ver el mundo en un grano de arena/ y el cielo en una flor silvestre/abarca el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora.
–William Blake. Pintor, grabador y poeta inglés (1757-1827).
Samuel Gosling, en Snoop. What Your Stuff Says About You (traducido como Fisgoneando. Lo que tus cosas dicen sobre ti ) desarrolla la nueva ciencia de la “Fisgonología”, una rama científica del vouyerismo.
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Su tesis es la siguiente: husmeando durante 5 minutos en la habitación de un extraño, un ojo entrenado puede determinar rasgos de la personalidad del inquilino de la habitación con más precisión que un familiar o amigo íntimo que lo ha conocido durante años. Le basta con echar un vistazo a su ropa, escritorio, cama y otros objetos personales para obtener un diagnóstico psicológico de la persona. A propósito, el «fisgón» nunca ha visto ni verá a la persona a la que analiza para obtener su diagnóstico.
La sorprendente conclusión se resuelve en parte teniendo en cuenta algunos componentes del expertismo y la práctica deliberada –de los que ya hemos hablado anteriormente–, las limitaciones de la memoria de trabajo (Working Memory), y una de las ideas centrales del minimalismo: más no es siempre mejor, y, por lo tanto, a veces menos es mejor.
En cuestión de información es a veces así. Unos pocos detalles o briznas de información sobre una persona o situación pueden ser suficientes para formarnos una imagen fiable de la persona o situación. Al menos en la mayoría de las ocasiones y con la precisión suficiente para nuestros fines prácticos.
Pero no es sólo que unos pocos detalles bien elegidos e interpretados nos permitan ver la imagen mayor, más completa y precisa —del mismo modo que el ojo de una cerradura en una puerta cerrada nos permite ver a través de un pequeño espacio gran parte de la habitación—; además, es posible que el tener más información sea contraproducente: las personas más allegadas conocen cientos de hechos y situaciones sobre la persona y tienen muchas teorías contradictorias sobre ella que tienen que intentar conciliar.
Toda personalidad es compleja. Un trabajo analítico-verbal de intentar clasificar psicológicamente a una persona que conoces es un esfuerzo propicio a los errores, prejuicios e imprecisiones. Con la recogida y acopio de información los rendimientos decrecientes empiezan a operar muy rápidamente.
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Expertismo
Malcom Gladwell alude a este mismo principio en Blink cuando habla de un psicólogo que es capaz de predecir cuánto durará un matrimonio tras un par de minutos de observar al marido y la mujer hablando; o un entrenador de tenis que sabe si un jugador hará doble falta antes de que la raqueta golpee la bola; o un experto en antigüedades que con un simple vistazo detecta una falsificación.
Si lo piensas, advertirás que la mayor parte del tiempo lo pasamos sacando conclusiones rápidas sobre los sucesos del mundo con muy poca información. Y la mayor parte del tiempo lo hacemos razonablemente bien.
Parece que el expertismo en cualquier campo se basa en aprender a filtrar el torrente de información y detectar esos indicios o claves que se encuentran en las situaciones y que nos descubren un modelo de la realidad con la precisión suficiente para nuestros fines. Lo que comunmente se llama intuición es probablemente la detección de pautas y modelos del mundo que se descubren a través de unos pocos detalles bien escogidos.
Los expertos disponen de modelos muy ricos del mundo en un campo especializado. Además, saben detectar qué pequeños detalles, más o menos sutiles, son indicios de qué situaciones. El expertismo consiste en prestar atención a los detalles. Pero a los detalles relevantes en cada momento. Es justo esta selección del estímulo correcto la que permite circunvalar las limitaciones de memoria y velocidad de procesamiento humanas, y adaptarnos razonablemente bien a un entorno cambiante.
Las aplicaciones de este principio son innumerables. Habremos de tenerlo en cuenta cuando diseñemos nuestros sistemas de información, el entrenamiento y la educación, y el desarrollo de competencias.
Éste es mi himno para el 2011. Martin Seligman lo propuso como himno de la psicología positiva y yo lo uso como inspiración e integración de mis diversas partes y yoes para el año en curso. El autor es David R. Walker. Todos somos caminantes.
El trabajo de la mente es resolver problemas, y si la pones delante de una situación —cualquier situación—, la verá como un problema que necesita solución; y hará lo que mejor que sabe hacer: pensar, anticipar, reflexionar, pre-ocuparse, buscar soluciones.
El talón de Aquiles de la mente es que trata todo como problemas, lo sean o no lo sean. No sabe hacer otra cosa.
Por ejemplo, trata las emociones negativas como si fueran problemas que hay que resolver. En este caso, el intento de resolución del aparente problema se convierte en un problema.
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Pero hay otra opción: contemplar, observar sin querer resolver, dejar ir, dejar pasar, no querer que las cosas sean de otro modo, y dejar que las cosas se desplieguen según sus propios ritmos sin forzar a que sean de otra manera.
En vez de resolver la situación, la disuelves como un azucarillo en el vasto océano de la conciencia.
–Eslógan de los 60 en referencia al tablero del mundo.
Un tablero de ajedrez inmenso. Hay figuras blancas y figuras negras desperdigadas. Se agrupan en dos ejércitos. Las blancas y las negras en un tablero infinito que se pierde en el horizonte. Luchan unas contra otras. Se libra una batalla sin fin en la que un bando ha de ganar. Esto ha venido ocurriendo durante años.
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Ese campo de batalla es tu mente. Las piezas son tus emociones, pensamientos, tus pensa-ciones. Las negras son emociones negativas: ansiedades, dolores de todo tipo, aversiones, decepciones, frustraciones, desengaños, miedos, inquietudes, inseguridades lo que no quieres, lo que odias, tus aversiones. Las blancas son las positivas: lo que deseas, lo que quieres, los distintos placeres, tus afanes, las ilusiones.
Llevan años luchando.
Según la lógica de este juego, para que un bando gane, el otro ha de perder, ha de ser derrotado. Tu seguridad sólo puede existir si mueren tus dudas; tus ilusiones y afanes sólo pueden subsistir si antes se ha desterrado el miedo. Tu satisfacción, si ha muerto la insatisfacción. Tu alegría, si no hay tristeza. Tus dudas, si has renunciado al control y la seguridad. Y así sucesivamente.
Esta batalla se desarrolla incansablemente, es una guerra sin cuartel, sin fin, sin pausa. Algunas veces parece que ganan las piezas negras y otras son las blancas; pero ninguna victoria dura mucho tiempo.
Ningún bando tolera al otro. Tú te posicionas con alguno de los bandos, o con distintos en distintos momentos. Y mientras tanto un inmenso desgaste se produce; parece que no puedes empezar a vivir hasta que la guerra acabe. La guerra ha de ganarse y después podremos volver a nuestras casas y nuestros campos, y reanudar —¡o quizá comenzar! — nuestras vidas…–
Hay otra opción
Imagina que tú no eres ni las piezas blancas ni las piezas negras. No tienes que seguir luchando. Eres libre para abandonar la guerra, dejar tus armas a un lado, enjugarte el sudor y abandonar el campo de batalla.
Imagina que tú eres el tablero sobre el que se desarrolla esta batalla. La guerra puede continuar, posiblemente de manera muy parecida a como ha venido desarrollándose hasta el momento. Seguirás oyendo y sintiendo el fragor del campo de batalla, pero el resultado ya no será importante. Puedes dedicarte a lo que más valoras; no tiene necesariamente que triunfar ningún ejército, no hay que esperar a que nada acabe o a que nadie venza o sea derrotado. Las figuras negras pueden seguir ahí, no hay que eliminarlas, forman parte del paisaje. Las blancas, también: no tienen que ganar, no tienes que deshacerte de ellas tampoco.
Tú eres el terreno en que se libra esa batalla, no tienes que ponerte del lado de ningún bando. Eres el recipiente, no el contenido, y eso te permite un cierto desapego sano y más libertad de acción.
Homo Minimus 1.0 es sólo una primera versión que ha de crecer y desarrollarse orgánicamente. Las líneas de actuación son las definidas por los módulos de más abajo. Durante el 2011 escribiremos y re-escribiremos el código de todos estos módulos para alcanzar una versión más integrada, equilibrada y minimalista. Intentaremos encontrar la quintaesencia de todos los temas y reducirlo a las formas más simples y elegantes. Lo testaremos para considerar su practicidad. Llevaremos el sistema a sus límites para comprobar su robustez y aerodinamismo ante los cambios de circunstancias. Descubriremos bugs y errores del sistema.
Principios. Serán los principios generales que guiarán el establecimiento de reglas minimalistas. Tendrán el doble carácter de matrices de reglas y acciones minimalistas, y de síntesis de experiencias y experimentos.
Conceptos . Ideas generales interpretadas desde el punto de vista del minimalismo existencial.
Reglas del minimalismo existencial. Reglas operativas para poner en práctica la filosofía del minimalismo existencial.
Herramientas. Herramientas mentales, de organización y tecnológicas que pueden ser útiles.
Acciones minimalistas. Porque el movimiento se demuestra andando.
En el Metablog relataremos aspectos más concretos sobre la génesis de las ideas del blog y mis reflexiones más personales y cotidianas.
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Módulos Homo Minimus 1.0
[Aviso: a partir de aquí usted lee bajo su propia responsabilidad. Homo Minimus no se hace responsable de la saturación e infoxicación que pueda producirse.]
Escribir el código de cada uno de los módulos y submódulos de Homo Minimus 1.0 sería materia de un libro de al menos 300 páginas. En la línea de simplificación minimalista que mantengo, usaré en este artículo una manera telegráfica, casi críptica, de comunicación. Para ello, usaré el equivalente a titulares de prensa, aforismos y hasta refranes, que de manera plegada den una idea mínima de las funcionalidades del módulo. Asimismo, presentaré algunas de las fuentes de inspiración.
Aquí introduzco los módulos de la versión 1.0 de Homo Minimus . Presento las funcionalidades básicas de cada uno de ellos. Servirá para orientar la acción e investigación minimalista de este blog durante al 2011.
Detalle de las funcionalidades de los módulos de Homo Minimus 1.0
Módulos:
NÚCLEO DEL SISTEMA. C.O.S (Sistema Operativo de Creación). ORGANIZACIÓN DE LA ACCIÓN. I+D+i. CONSUMO-FINANZAS. SALUD. RELACIONES. INTELECTUAL. ESPIRITUAL
———————————————————————————————————-NÚCLEO SISTEMA
Mentalidad de crecimiento. En oposición a una mentalidad fija. Visión dinámica de la inteligencia y de las capacidades humanas. La imagen de nuestras capacidades determina en gran parte nuestro comportamiento y resultados. Inspirado por Carol Dweck y su libro Mindset: The new psychology of success.
Actitud experimental y experimentadora. “Preparados, ¡disparen!, apunten.” “Si no está roto, rómpelo.”.
Motivación intrínseca. Para la creación y la satisfacción duradera es mejor que la motivación extrínseca o basada en recompensas y castigos. Componentes: autonomía, maestría, propósito. Inspirado por Daniel Pink y su Drive, the surprising truth about what motivate us. Ideas sobre el estado de flujo de Mihalyi Csikszentmihalyi.
Auto-regulación. Fenómeno de «agotamiento del yo». Un recurso escaso que tenemos que gestionar. Cuello de botella del cambio personal y social.
Modelo inteligente de asunción de riesgos. Inspirado por Tyler Tervooren y su blog Advanced Riskology.
———————————————————————————————————-C.O.S (SISTEMA OPERATIVO DE CREACIÓN)
Estructura dinámica Visión-realidad actual. Génesis y dinámica del proceso creativo: la generación de visiones que contienen valores que apreciamos unida a la percepción aguda y precisa de la situación real genera una tensión que busca la resolución mediante las acciones creativas. Inspirado por Robert Fritz y su The Path of least Resistance. ACT (Acceptance and Commitment Therapy) .
Pensamiento lateral. «Para tener buenas ideas hay que tener muchas ideas». Pensamiento divergente, generación de ideas. Opciones. Inteligencia como capacidad para hacer cosas y habilidad que se aprende. Inspirado por Edward De Bono.
Prototipos. Inspirado por Serious play, de Michel Schrage.
———————————————————————————————————-ORGANIZACIÓN DE LA ACCIÓN
Principios de organización:
Principio de Pareto o Regla 80/20. Principio de los pocos esenciales frente a los muchos triviales.
Principio del Kaizen o de mejora incremental.
Paradigma del velocista. programación del tiempo trabajo en ciclos de trabajo intenso y recuperación. Inspirado por Jim Loehr y Tony Schwartz, El poder del pleno compromiso. (The power of full engagement)
Simplificación. KISS (Keep It Simple Idiot!). Navaja de Ockam. Simplicidad en las comunicaciones: lenguaje llano.
Biblioteca de reglas minimalistas. Reglas prácticas y concretas que permiten aplicar los principios de simplificación minimalistas.
Generación momentum.
Sistema de rituales. Conversión de intención en acción y hábito.
Técnica Pomodoro. Herramienta para poner en práctica el Paradigma del velocista y los principios de la práctica deliberada.
Modelos de organización de la acción. Híbrido con elementos de Sthepen Covey y David Allen . Equilibrio entre dos modelos de organización personal. Organización minimalista, uni-tarea, búsqueda del foco, equilibrio e integración, dirección por valores y no por objetivos. Inspirado por Leo Babauta y sus libros The Power of Less y focus (traducción al español gratuita que podéis obtener en este blog).
Uso de reglas sencillas de aprendizaje y organización y para la vida cotidiana en general. Uso de «fast and frugal heuristics». Es uno de los pilares del minimalismo existencial en mi opinión. Inspirado por los trabajos de Gerg Gigerenzer y en concreto por libros como Gut feelings: the Intelligence of Unconscious y Rationality for mortals: How people cope With Uncertainty.
———————————————————————————————————–
I + D + i
Generación de ideas y prototipización.
Gestión adecuada de la memoria de trabajo (Working Memory). La memoria de trabajo como el cuello de botella de la atención. Uni-tarea. Herramientas para lograr foco. Control de la infoxicación. Dietas informacionales.
Práctica deliberada. El expertismo y la excelencia dependen de un determinado tipo de práctica continua y sistematizada. Regla de las 10.000 horas o los 10 años. El genio se hace. Inspirado por Geoff Colvin (Talent is Overrated), Malcom Gladwell (Outliers), Daniel Coyle (The Talent Code) y Ericsson, inventor del concepto de práctica deliberada.
Aumento de la rapidez del ciclo de innovación y cambio. Búsqueda y aprovechamiento del feedback. Prototipos y experimentos para aceleración del aprendizaje. Re-encarnaciones.
Sistema de reflexión sobre la experiencia. «En las horas de ocio encuentra su sabiduría el escriba». Sabiduría vs inteligencia. Rituales de reflexión. Diarios. AAR (Revisiones después de la acción). Sabbath. Retiros digitales. Rumspringa (“El patio de recreo del diablo”). Revisiones diarias, semanales, anuales.
Gestión del aprendizaje y el conocimiento. Fertilización cruzada. Polinización de ideas. Grupos de desarrollo. Redes sociales.
Gestión de proyectos. Inspirado por Tom Peters.
———————————————————————————————————-CONSUMO Y FINANZAS
Modelo de consumo satisfactorio en oposición a un modelo de maximización del consumo. Consumo sostenible, economía budista, inspirado por Schumpeter y su libro Lo pequeño es hermoso. Neutralización de el poder de las marcas y su capacidad para definir nuestra identidad, inspirado por el libro de Naomi Klein No Logo. Preocupación ecológica, natural y social.
Consumo responsable. En una sociedad de mercado nuestras compras son nuestros votos: decidimos qué se va a producir y en qué cantidades. Nuestro estilo de consumo ha de corresponderse con nuestro estilo de vida y creencias personales. Nuestras acciones individuales influyen en el sistema. Conciencia intensa y precisa del efecto de nuestras decisiones personales en lo cercano y lo lejano, en lo inmediato y en el largo plazo.
Conciencia y control de los «círculos de comparación». La búsqueda del estatus como motivador que nos pone en aprietos. Concepto Bienes posicionales; valor intrínseco y posicional de los bienes. «Carrera armamentística» de consumo. Consecuencias individuales y sociales. Aprender a elegir «la charca correcta». Inspirado por el economista Robert Frank y sus libros Luxury Fever y Falling Behind: How Rising Inequality Harms the Middle Class.
Modelos de comportamiento satisfaciente vs maximizador, idea de Herbert Simon; análisis psicológico de estos modelos y sus repercusiones sobre el bienestar humano de Barry Schwartz en The Paradox of Choice: why more is less
Ingresos. Convertir vocación en vacación. Obtención de flujo. Trabajar en aquello o que amas y amar aquello en lo que trabajas. Trabajar en algo que harías aunque no te pagaran.
Ciclos virtuosos y viciosos de la prosperidad y la riqueza. Libertad financiera. El dinero es en el fondo algo muy emocional. Control del gasto en relación a ingresos. Ahorro. Generación de ingresos pasivos. Inspirado por Kiyosaki y su Padre rico, padre pobre.
Modelo de inversión minimalista. Inspirado por The Little book of Common Sense Investment, de John Bogle y por Jason Zweig y su Your money or your brain, sobre la psicología y neurociencia de la inversión, el riesgo y el dinero.
———————————————————————————————————-RELACIONES
Familia. Amigos. Elemento esencial del sistema. Personalidad íntegra. Ideas de la Psicología Positiva y distintas religiones y filosofías. También inspiración de la psicología evolucionaria.
Fomento del sistema neurológico de compasión y empatía frente al sistema de logro y defensa contra las amenazas. Inspirado por Paul Gilbert en su The Compassionate Mind y por muchos otros. La compasión se puede entrenar. La compasión en el sentido de preocupación por el sufrimiento ajeno y propio y la actitud activa y el deseo de mitigarlos.
Colaboración. Encontrar la tribu adecuada, inspirado por Ken Robinson y su libro The Element.
Redes sociales. Web 2.0.Aprovechamiento del poder de internet. Inspirado por Wikonomics, de Dan Tapscott.
Equilibrio entre vida en 3D y vida virtual. Presencialidad vs virtualidad, sincronía vs asincronía. Preferencia por la presencialidad y las comunicaciones humanas directas cara a cara. Límites y peligros. Número de Dunbar, «el misterioso número 150».
———————————————————————————————————-SALUD
Salud en sentido amplio: física y mental y social.
La salud es algo muy sencillo: depende de unos pocos comportamientos simples realizados consistentemente. No hay ningún secreto que no conozcamos. Pocas reglas, pero esenciales.
4 pilares de la salud:
Sueño. Sueño regular y nº de horas necesario. No es flexible el nº de horas de sueño. No depende de la voluntad. Principal indicador buena salud. Causa y efecto de ella.
Ejercicio. Ejercicio regular aeróbico, muscular y de flexibilidad. Integración del ejercicio en la vida cotidiana. Efectos sobre los estados de ánimo y sobre el fitness mental.
Alimentación . Modelo de alimentación frente a modelo de “nutrición”. inspirado por Michael Pollan en sus libros In Defense of food: an eater’s manual y Food rules.
Socialización. El número y calidad de las relaciones personales es el mejor predictor de la salud y la felicidad humanas.
———————————————————————————————————-INTELECTUAL
Mentalidad condicional. “Podría ser que… “ , “Busquemos varias opciones…”, “Qué pasaría si…” etc. Apertura mental a las nuevas ideas. Flexibilidad. Evitación del «compromiso cognitivo prematuro». Inspirado por Ellen Langer y su The Power of Mindful Learning.
Uso equilibrado de las modalidades deliberadas e intuitivas o contemplativas de aprendizaje y conocimiento. Inspirado por Cerebro de liebre, mente de tortuga, de Guy Claxton.
Pensamiento sistémico. Complemento del pensamiento analítico. Conexiones. Todo está relacionado con todo. Hay consecuencias lejanas en el tiempo y en el espacio de las acciones. La estructura del sistema determina el comportamiento de sus agentes y los resultados obtenidos por el sistema. Búsqueda de puntos de apalancamiento para intervenir en el sistema. Colaboración. Coordinación. Inspirado por Donatella Meadows en su Thinking on systems: a primer, y por muchos otros autores «sistémicos».
Capacidad para soportar “la meseta” cuando parece que no hay avance y no parece pasar nada. La mayor parte del tiempo estaremos ahí. Inspirado por Mastery, de George Leonard.
Honestidad intelectual.
Humildad intelectual.
———————————————————————————————————-ESPIRITUAL
Integrador de las distintas áreas. Sistema de valores finales e instrumentales integrado y consistente. Propósito. Ecología personal, social y natural.
Mindfulness. Budismo. Técnicas de meditación. Integración mindfulness en vida cotidiana. ACT (terapia de aceptación y compromiso). Jon Kabbat-zinn y su Full Catastrophe Living. Leo Babauta y Focus.
Movimiento de la Psicología Positiva. La felicidad como hábito o habilidad. Sobre nuestra dificultad para prever nuestro futuro emocional y recordar nuestro nivel de satisfacción en el pasado el autor es Daniel Gilbert y su libro Tropezando con la felicidad.
Movimientos por la simplicidad. «Simplifica, simplifica, simplifica…». «La perfección no se alcanza cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar». Inspirado por Mathieu Ricard y su En defensa de la felicidad; Walden, de Henry David Thoureau; y Elogio de la lentitud, de Carl Honore.
Preocupación sistémica. Social. Ecológica en sentido amplio: personal, grupos, sociedad, naturaleza. Pertenencia, integración y participación personal en algo más grande que uno mismo.
Muchas de las reglas del minimalismo existencial tienen al 3 como protagonista.
El número 3 es muy conveniente por motivos cognitivos: nuestra memoria de trabajo es muy limitada: 7 +/- 2 elementos. Tres elementos son fáciles de recordar en la memoria a corto plazo y por eso puede transformarse con mayor facilidad en memoria a largo plazo, con lo que la difusión es mucho más rápida.
En la retórica, la oratoria y la literatura se usa abundantemente. Muchos grupos de personajes son 3: los 3 cerditos, los 3 mosqueteros, los 3 reyes magos, el bueno, el feo y el malo; en el teatro: introducción-desarrollo-desenlace; en la oratoria tenemos la siguiente regla: “di lo que vas a decir, dilo, di lo que has dicho”; en religión: Padre, Hijo y Espíritu Santo; en retórica muchas construcciones o frases: “vino, vio y venció”, “sangre, sudor y lágrimas”; también los eslóganes o divisas: “la Real Academia limpia, fija y da esplendor”, «Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo.».
En la comedia, muchos chistes se forman con esta estructura de 3: “Hay 3 cosas importantes en la vida: la primera es el sexo, la segunda es el sexo… y la tercera… no me acuerdo” . Los dos primeros elementos sirven para crear la pauta y generar tensión o acumulación ; el tercero, para quebrar la pauta y romper la tensión.–
Uso en el minimalismo existencial
En las reglas del minimalismo existencial también tiene presencia el 3. En su presentación hay 3 elementos: la descripción de la regla, su justificación y su aplicación.
Además, muchas en su descripción incluyen el tres:
Regla del 3 de la acción de los marines. El número 3 permite un equilibrio entre el generar una variedad de opciones y el tiempo necesario para generarlas. Evita la parálisis por el análisis a la vez que fomenta una mínima reflexión.
Regla de las 3 ventanas abiertas. Obliga a limitar el número de ventanas abiertas en el ordenador. Con esto controlamos la infoxicación.
Regla del e-mail de 3 líneas. Nos ayuda a mantener la concisión en nuestras comunicaciones y a centrarnos en lo importante.
Regla de las 3 acciones ¡AHORA! Sirve para fomentar la acción y crear progresivamente momentum o tensión en nuestros proyectos o iniciativas.
En resumen, el 3 permite determinar claramente los límites en nuestras acciones y favorecer la poda minimalista, para de esta manera obligarnos a priorizar, seleccionar y descartar. Es por lo tanto una ayuda para centrarnos en lo esencial y poner en práctica la regla del 80/20 o ley de Pareto.
Juro que todo lo que he dicho en este artículo es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
–Cuando estés atascado, haz tres acciones. Ahora mismo. ¡Ya!
–
Puesta en práctica
Han de ser pequeñas, visibles, concretas.
No lo pienses mucho.
Cada vez que acabes una, celébralo. Da-te un sonoro aplauso, por ejemplo.
–
Justificación
A veces, por condiciones externas o internas, nos sentimos desganados, bloqueados, paralizados. Esta regla te permite activar o reactivar la determinación que hubieras tomado.
Evitas el perfeccionismo: no hay que pensar las tres acciones mucho. Simplemente tienen que ser tres acciones en la dirección correcta. Valen las 3 primeras que te vengan a la cabeza.
Es un antídoto contra la postergación.
Las acciones son pequeñas, quizá mínimas. Permiten aplicar el principio del Kaizen.
3 acciones son fáciles de recordar.
3 acciones permiten generar momentum. Con cada una de ellas irás creando momentum que podrás emplear en la siguiente acción.
Por insignificante que sea, una acción completada nos recuerda que tenemos margen de maniobra. Es sorprendente el poder motivador que tiene una pequeña acción de la que nos sentimos autores.
Con el tiempo, será más fácil emplear esta regla y reactivar rápidamente la motivación.
Nos permitimos experimentar un éxito detrás de otro rápidamente.
Los objetivos son peligrosos. Si elegimos objetivos erróneos y los conseguimos, dejamos de hacer lo que realmente sería más importante. Los objetivos son imanes de la acción , herramientas, instrumentos de dirección y organización, pero mal elegidos nos pueden poner en aprietos.
Cuando hablábamos del Principio de Pareto o Regla 80/20 —uno de los pilares del minimalismo existencial— advertíamos que era más importante hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente, y que “Si algo merece la pena, merece la pena hacerlo imperfectamente”.
Es mucho mejor hacer las cosas correctas mal que las cosas incorrectas bien; porque en el primer caso, si uno aprende terminará haciéndolas bien y estará mejor; pero en el segundo caso, si uno hace cada vez mejor lo incorrecto y aprende a hacerlo mejor, estará peor que al principio.
La inteligencia es lo que nos permite hacer las tareas más eficientemente y lograr nuestros objetivos ; la sabiduría es la que nos permite elegir mejor las actividades y las metas que perseguir.
Nuestra elección de objetivos está muy influenciada socialmente. Los objetivos suelen ser cuantitativos. Todo manual de organización personal te habla de la necesidad de concretarlos y cuantificarlos. Los objetivos SMART (eSpecíficos, Medibles, Ambiciosos, Realistas, Temporizados) pueden ser muy TONTOS. El dinero, la posición social, el tamaño del coche, o las ganancias personales son muy medibles, muy realistas, muy ambiciosos, etc. La gente se suele centrar en ellos porque son más visibles.
Además, la sociedad nos suele proponer objetivos que tienen valor de mercado, que son susceptibles de producir beneficios a quien los vende, y desarrolla toda una inmensa maquinaria publicitaria y cultural para promover que los elijamos y persigamos. Hemos de evitar confundir el precio con el valor de las cosas.
Mentalidad ganar-perder. Si los consigues eres un ganador y has triunfado; si no los consigues, eres un perdedor. Estás haciendo depender tu felicidad y satisfacción personal de algo externo. Sustentar el sentido de uno mismo en los objetivos desplaza el centro de gravedad hacia fuera de nosotros y nos vuelve vulnerables.–
Otra opción: los valores como organizadores e imanes de la acción
Normalmente, elegimos objetivos con la remota esperanza de que nos satisfagan —no solemos reflexionar mucho sobre ellos— , parecen evidentes; pero el hecho de que cuando llegas a la cima del objetivo, la satisfacción dure poco o te sepa a poco o no te sepa, indica que esa esperanza no se cumple demasiadas veces.
Hay otra manera de seguir haciendo cosas, de seguir ilusionados y al mismo tiempo de no depender de los objetivos: los valores.
Elegimos los objetivos porque esperamos que nos aporten algún valor o nos encaminen hacia otros objetivos que nos proporcionen los valores esperados. Por tanto, sería más sabio el comenzar intentando reflexionar sobre el tipo de valores que buscamos en nuestras vidas , y la relación que tienen entre ellos.
El camino es mejor que la posada
–Miguel de Cervantes
Es más, los valores no sólo nos ayudan a elegir los objetivos, sino que esos valores pueden también ayudarnos a elegir los medios que seleccionamos para lograr los objetivos; es decir, el camino.
Después de todo, la mayor parte del tiempo nos vamos a encontrar en el camino, no en la posada; así que parece razonable el que disfrutes del camino y del proceso, y no sólo de la cima o la victoria. Convertir cada paso del camino en una realización de valores personales sería una manera más inteligente de enfocar nuestra actividad. Se trata de encontrar más motivación intrínseca y depender menos de la motivación extrínseca.
De esta manera, la elección de objetivos es menos dramática: cualquier objetivo que genere un cierto resplandor en nuestro espíritu —por sentir que es una realización de nuestros valores personales más profundos— es una meta legítima que perseguir. Y si no los logramos, no pasa nada: podemos encontrar mil metas alternativas que nos permitan cultivar los valores que más nos importan.
El apego o la obsesión por los objetivos —que nosotros hemos creado y a los que hemos unido nuestro sentido de identidad— desaparece: las metas no son nosotros; de la misma manera que una llave no es nosotros, aunque nos abra la puerta de una casa acogedora. Nuestra identidad deja de estar unida a la consecución o no de los objetivos; esto permite mayor ligereza existencial y menos sentido del precipicio o miedo a la derrota. También mucha más audacia y experimentación.
Los ángeles no vuelan porque tengan alas; vuelan porque se toman a la ligera.
Algunos lectores podrían preguntarse por qué no tengo un botón de susbcripción al blog.
La respuesta es sencilla. Está relacionada con el principio de complejidad por capas y sus dos reglas fundamentales de diseño de la información:
Proporciona la información que más probablemente necesiten los usuarios. Esto permite una interfaz de usuario muy sencilla.
Si alguien necesita más, permite al acceso a sucesivos niveles con profundidad creciente donde puedan buscar lo que necesiten.
Sólo un pequeño porcentaje de los que lleguen a esta página querrá subscribirse; por lo tanto, no necesitan un botón de subscripción. Poner un botón para ello sólo serviría para distraer y dificultar la lectura.
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Si supiera lo que estoy haciendo, no lo llamaría investigación, ¿verdad?
–Albert Einstein–
Tras más de 90 artículos en este blog, no he definido todavía lo que entiendo por Minimalismo existencial. Las definiciones tienden a ser inútiles cuando estás empezando, porque te falta el conocimiento de fondo y la experiencia con el concepto que intentas definir; y suelen ser superfluas después, cuando ya conoces el concepto.
De todas maneras, la definición puede servir para orientarnos al principio y para sintetizar al final.
El minimalismo existencial, o simplemente minimalismo, es una filosofía de vida que propugna centrarse en lo importante y eliminar o descartar lo innecesario para ser feliz y alcanzar la realización personal.
Intentemos desarrollar estas ideas.–
Minimalismo
El minimalismo existencial, o panminimalismo —como también lo llamé al comenzar a escribir el blog— es “ la aplicación del minimalismo a todas las esferas de la vida”. El minimalismo tiene su origen en la arquitectura, pero el concepto ha permeado en otros ámbitos, como la programación, la música, la literatura, la gastronomía, la decoración , y el arte y la tecnología en general.
Parece por tanto que tiene que ver con una cierta forma de vida inspirada por principios minimalistas en sentido amplio: simplificación vital, centrarse en lo importante, búsqueda de la felicidad, psicología positiva, desarrollo sostenible, economía budista, consumo responsable, un ritmo más sosegado de la existencia (“slow food”, “slow movement”, “slow cities”, etc.), una cierta estética.
Hay, parece, una cierta reacción contra el materialismo, los excesos de la sociedad de consumo, la publicidad y la complicación artificial de la existencia.
Y todo desde un punto de vista práctico; es decir, es una ética práctica, una ética de la que se derivan métodos y reglas concretas y directamente aplicables. Distintos minimalistas existenciales pondrán el énfasis en distintos aspectos éticos, estéticos y teóricos. –
Existencial (¿y existencialista?)
El apellido existencial es importante. Hace referencia a la vida o la existencia. Y permite emparentarlo con el movimiento más amplio en el que se podría insertar: lo que Tim Ferriss, el autor de la semana laboral de 4 horas, llamó “Lifestyle design” , “diseño del estilo de vida” o simplemente “diseño de vida” en español. Es algo más que una estética, es también una ética personal y práctica: nos permite decidir sobre el curso que queremos que tome nuestra vida.
El concepto “existencial” merece atención. En cierta manera, todos diseñamos nuestras vidas al decidir seguir un camino u otro o al tomar decisiones cruciales; pero el diseño de vida en el que se inscribe el minimalismo existencial hace referencia a una especial toma de conciencia sobre nuestras decisiones vitales y a la determinación de considerar la propia existencia como objeto de creación. Y por lo tanto susceptible de ser inventado, diseñado y decidido.
Hay una conexión, por tanto, con el existencialismo: estamos condenados a decidir, no podemos no decidir. La esencia del hombre es que no tiene esencia. En palabras de Sartre: “la existencia precede a la esencia”. La esencia es materia de decisión personal y subjetiva y nadie elige por nosotros. Somos arrojados al mundo –de repente nos encontramos existiendo— y tenemos que decidir cómo queremos vivir.
Es decir, tenemos que elegir nuestra esencia. Y esto es algo subjetivo. Según Victor Frankl: “el hombre tiene la voluntad de encontrar significado y sentido”. La decisión es individual y es una responsabilidad personal: «Entre el estímulo y la respuesta existe un espacio. En el espacio se halla el poder de elegir la respuesta. En la respuesta yacen el crecimiento y la libertad del ser humano”.
Y según el existencialismo de Frankl siempre podemos elegir; en última instancia siempre podemos elegir nuestra actitud ante las circunstancias.–
Dos caminos divergían en un bosque /yo elegí el menos transitado /y eso cambió todo.
–Robert Frost
Hay dos opciones básicas:
Usamos una plantilla que nos proporciona el entorno y la cultura en los que nos ha tocado vivir. Seguimos el guión que se espera para nuestro origen familiar, social, nacional , religioso y racial . Vivimos el resto de nuestra vida más o menos dentro de los límites de esa plantilla.
Creamos nuestra propia plantilla —quizá inspirados por otras plantillas— y tomamos decisiones esenciales sobre nuestra vida de una manera más consciente. Somos el lienzo, el pintor que genera la visión del cuadro, el pincel, los colores, el público que experimenta la obra de arte de la vida y hasta el crítico de arte que la valora. Somos todo eso a la vez. Adoptamos por tanto una visión creativa y existencialista de la vida. La vida como una obra de arte.
–Una idea para la que ha llegado su tiempo
En cierta manera, el diseño de vida siempre ha existido, y siempre ha habido diseños minimalistas o con elementos minimalistas.
La novedad es que estamos en unos tiempos distintos, con diferentes exigencias y circunstancias. Es el tiempo de los trabajadores del conocimiento o de la producción de ideas más que de objetos físicos. Es el tiempo de los trabajadores por cuenta propia y de las comunicaciones ubicuas. Es el tiempo de la competencia a nivel mundial. Es el tiempo de las redes sociales y de las comunidades virtuales también.
Nunca ha habido tantos cambios en tan poco tiempo , tanta información, tanto conocimiento, tantas conexiones entre los seres humanos y tanto potencial creativo individual y colectivo.
También nunca ha habido tanta complejidad: muchas más conexiones, muchas más elecciones, muchas más convulsiones sociales y económicas, mucha más dificultad para comprender el mundo; en especial, el mundo social.
Cada vez hay un porcentaje más alto de personas que puede elegir el lugar donde vivir, el entorno en el que actuar, las personas con las que relacionarse, los sueños que perseguir. Y todo eso con independencia de dónde hayan nacido y sus circunstancias sociales y geográficas. Tenemos más libertad externa que nunca para configurar los elementos básicos de nuestra existencia, para urbanizar nuestro tiempo y nuestra forma de vida.
Investigación
De todo esto se deriva que el minimalismo existencial tiene mucho de experimento. Cualquier vida es experiencia y experimentación, y por ello exploración, tentativas, incertidumbre y sorpresa. El minimalismo existencial —tal y como lo entiendo— es una investigación sobre las condiciones de la existencia; supone la creación de entornos y vidas dignas de vivirse; inspirada esta investigación en ideas minimalistas y simplificadoras en sentido muy amplio.
Es algo muy personal, pero también —adivino— algo muy colectivo o comunitario. Como cualquier investigación o viaje, se comienza con ilusión y curiosidad, por el camino se conoce gente nueva, se colabora con personas que sienten interés y pasión por lo mismo, se descubren nuevos lugares y aparecen oportunidades insospechadas.
Como dice la cita inicial: si supiéramos lo que estamos haciendo, no lo llamaríamos investigación; ¿verdad?
Esta es mi traducción al español defocus,un manifiesto por la simplicidad en la edad de la distracción, el último libro de Leo Babauta, el autor de The Power of Less y del blog zenhabits, uno de los 25 blogs en lengua inglesa más importantes en el 2009 y el 2010 según la revista Time.
El libro de Babauta, publicado en inglés, es uno de los libros —en toda su simplicidad y brevedad (121 páginas)— que considero fundamental en mi biblioteca minimalista y forma parte de mi lista de los 10 mejores libros minimalistas de todos los tiempos.
Si tuvierais que empezar por algún libro vuestro camino o exploración minimalista, éste sería sin duda el primero que recomendaría. Es más, si tuvierais que acabar en algún sitio vuestra búsqueda minimalista, también recomendaría este libro, pues considero que permite captar lo que entendemos por simplicidad, minimalismo y vuelta a lo esencial.
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Contenido de focus
Leo explica en forma condensada y práctica la manera de centrarse y con-centrarse en una época de comunicaciones ubicuas en que estas capacidades se han convertido en un bien escaso. El fin último es sencillo: ser más feliz y hacer que el trabajo sea más centrado y creativo y contribuya a la felicidad personal a la vez que se integra en el resto de tu vida.
El estilo es sencillo y claro —casi diría que transparente—, lo más cercano que he encontrado al ideal de lenguaje llano sin caer en la superficialidad, obviedad e insustancialidad. Creo haber respetado su espíritu y letra en la traducción al español.
Está lleno de métodos prácticos para conseguir los fines de la simplicidad en el trabajo y en la vida, pero no lo consideréis un libro de recetas, un método inflexible o la verdad última. Babauta no se cansa de repetir en todo el libro que sus ideas son sólo sugerencias que podéis probar y adaptar como mejor convenga a vuestra situación y estilo.
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Algunos de los temas que toca
Un sistema minimalista de productividad personal. Si sólo leéis una sección de las 5 de la que consta el libro, leed la sección iv, donde Leo nos explica su método actual de trabajo. Para los freaks de la productividad personal, diré que éste es el sistema más simple que podréis encontrar. Es la quintaesencia de los métodos de organización personal y un prodigio de síntesis.
Renuncia a los objetivos. Leo comenzó su carrera bloguera como experto en sistemas de productividad personal; después de absorber y poner personalmente en práctica muchos de esos sistemas, ha llegado a un punto de vista extremo y radical: ha renunciado a los objetivos como forma principal de organización y dirección vital. Está claro que ningún sistema extremo es para todos, pero hay mucha verdad tras las razones que aduce.
Uni-tarea y atención plena (“mindfulness” en inglés). Frente a la extendida multi-tarea, de la que muchos están orgullosos, Leo defiende y recupera la idea de centrarse en una sola cosa cada vez con atención completa y plena presencia en lo que se esté haciendo. Hay aquí ecos de algunas tradiciones orientales y mucho sentido común. Lo interesante es que el autor nos proporciona métodos operativos de alcanzar ese estrechamiento del foco o del punto de atención. Los capítulos “yendo más despacio” y “yendo con la corriente” apoyan la búsqueda de la atención plena y el sistema de uni-tarea.
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Hay más, pero esto es lo más importante. Espero que disfrutéis del libro.
PD: agradezco cualquier sugerencia sobre la traducción al español o aviso de errores o erratas. Podéis contactar conmigo en homominimus@gmail.comcom
Por la presente declaro de dominio público todos los textos de los artículos de este blog escritos por Homo Minimus.
Puedes usar y disponer de ellos en la manera en que creas conveniente. Puedes cambiarlos, modificarlos, alterarlos y aprovecharlos en sus partes o en su totalidad. Si puedes hacer un uso comercial, ¡bien por ti!
Vamos a considerar la idea de salud en sentido amplio: físico, mental y social, al igual que hace la OMS, Organización Mundial de Salud: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.»
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Por un lado, con esto evitamos el reduccionismo médico, al considerar la mente, las emociones y el intelecto, y su relación con el cuerpo; y por otro, lo unimos al componente social, porque somos seres sociales. Así añadimos el componente ecológico humano. Todos estos componentes están relacionados e influyen unos sobre otros.
Podríamos ir más allá y añadir también la armonía con el medio ambiente y la sostenibilidad de nuestro sistema de vida para así adoptar un enfoque plenamente ecológico. Por razones de simplificación, y porque desde un punto de vista personal es un factor mucho menos controlable y requiere la acción política, no lo tendré en cuenta al exponer los 4 pilares de la salud.
Son los siguientes:
Sueño
Alimentación
Ejercicio físico
Socialización
Creo que hay un amplio consenso en que con estos 4 elementos en niveles adecuados se puede promover adecuadamente la salud.
Los identifico para que nuestras acciones, planes y estilos de vida los tengan suficientemente en cuenta. Si falla cualquiera de ellos, la salud se resentirá. La salud es como una mesa con cuatro patas, y necesita de las cuatro. Estos 4 factores actúan sinérgicamente; es decir, aumentan el efecto gracias a sus interacciones.
Obvio, diréis. Sí, muy obvio, pero la mayoría de la gente no vive de acuerdo a estas obviedades. Un minimalista existencial no desprecia las verdades porque sean obvias, sino que busca las esenciales y a partir de ahí construye.
En sucesivos artículos, definiremos reglas simples que nos permitan fortalecer adecuadamente cada uno de esos pilares y promover la salud en el sentido amplio en el que hemos hablado.
La vida es aquello que nos ocurre mientras estamos haciendo planes.
–Atribuido a John Lennon
–Es una expresión que viene del baloncesto americano. Son los últimos cuatro o cinco minutos del partido, cuando ya está todo decidido, no hay nada en juego y los entrenadores aprovechan para sacar a los novatos o a los veteranos mal conservados. Se juegan porque tienen que jugarse, porque lo dice el reglamento.
Minuto viene del latín, Minutus, que significa pequeño. Con esos minutos de la basura estamos realmente hablando sobre los pequeños de la basura…
En la vida tenemos un montón de esos minutos de la basura: limpiando la mesa, preparándonos un bocadillo rápido, esperando a que alguien llegue, esperando el autobús, esperando las vacaciones, esperando el volver al trabajo, esperando que algo empiece, esperando que algo acabe…
De hecho, muchas veces vivimos como si gran parte de lo que hacemos fuera una espera de que ocurra algo mejor o más importante o de que empiece la verdadera acción. Perdemos la paciencia con esos minutos. Pero forman parte de la acción.-
¿Y si hubiera algo más?
La vida es realmente ese “entre-medias”, las cosas que pasan cuando parece que no está pasando nada o cuando estamos preparando para que algo pase. Lo que ocurre entre los grandes sucesos, o lo que llamamos “grandes sucesos”, es siempre lo más abundante. En una novela, por genial que sea, hay pocos momentos álgidos; en una vida también.
En la búsqueda de la excelencia hay momentos, ¡los más!, en los que parece que no está pasando nada. Vivimos en una meseta la mayor parte del tiempo. Parece entonces mal negocio el despreciar lo que pasa la mayor parte del tiempo.
El principio del ojo de cerradura, del que tendremos que hablar más adelante, también nos aconseja tomar nota de cualquier suceso, por insignificante que sea. De ellos podemos aprender mucho. Si esos minutos de la basura son realmente “minucias” –es decir, insignificancias– quizá debamos ser más minuciosos.
Ya lo estoy oyendo: “Pero, Homo Minimus… esto parece contradecir el principio de Pareto y tu prescripción minimalista de centrarnos en lo importante”.-
Bueno, el problema con “lo importante” es que a veces está donde menos te esperas. Por eso una actitud receptiva y atenta, incluso con las minucias, pueda hacernos detectar lo importante; o mejor, convertir en importante lo que no lo parece, al conferir a lo pequeño la importancia a través de una mirada interesada.
¿Y qué tal si rehabilitamos a esos momentos de la basura y les damos su importancia aunque parezca que no la tengan? Quizá no la tienen. Pero… ¿y si la tuvieran?
Quizá debamos dejar de matar el tiempo, aunque sea en forma de minutos, y prestar atención a esos periodos que parece que no van a ninguna parte ni tienen razón de ser.-
Experimento: la próxima vez que estés en un ascensor (o donde sea) deseando que pase rápido el tiempo y llegue a la planta quinta (o la que sea) párate a pensar en esos minutos (o segundos) de la basura, sé consciente de ellos, y haz un esfuerzo por saber qué hay en ellos. También has de aprender a jugar esos minutos de la basura.
En términos generales ha sido un gran éxito. Nunca me había mantenido voluntariamente en un ayuno de medios de comunicación tan prolongado.
Observaciones sobre el experimento:
Al principio una cierta sensación de vacío. Pudo derivar en una leve angustia en algunos momentos.
Mucha más claridad mental según pasaban los días. En cierta manera, creo que el flujo constante de input externo genera una especie de embotamiento mental. Es como estar estimulando constantemente el cerebro, y como si éste para defenderse se sumiera en un estado semi-narcotizado.
Sensación de que me concentraba con más facilidad y con más intensidad.
Más capacidad para establecer prioridades.
Sensación de que mi mente inconsciente podía trabajar más intensamente sobre problemas de trabajo gracias a la reducción del input informacional externo.
Muchas tentaciones de volver abrir el grifo de la información. Pero remitían rápidamente.
Necesidad de sustituir el input perdido por otros inputs. La sustitución fue en general provechosa, pues lo sustituí por algo más de vida social en 3D.
Aunque llevo apenas dos días de ayuno, ya he notado algunos efectos:
Más calma mental.
Más concentración. Reducir el gran alboroto me permite prestar más atención a lo importante.
Después de correr sin música o radio, me he sentido más descansado de lo habitual. La mente ha podido descansar durante los 40 minutos habituales de carrera.
Presto más atención al entorno.
Soy más consciente de mi vida mental.
Por la mañana, la primera hora es más tranquila y relajada y me permite comenzar el día a un ritmo más pausado.
Los resultados de estos dos primeros dos días de ayuno informacional han sido muy prometedores. Veremos qué pasa en los próximos 4.
En moverse rápido y viajar ligero hablaba de un viaje con mínima preparación y poco equipaje, y establecía los siguientes desafíos en materia de viajes minimalistas.
He conseguido completar uno de esos desafíos:
–
«Ser capaz de cambiar de ciudad de residencia dentro de mi país en menos de tres días».
–
Aunque la idea ya me venía rondando desde hace semanas, la ejecución de la acción ha sido en menos de tres días. De hecho, puedo decir que la preparación de la maleta y documentación, el viaje a la ciudad y la búsqueda de un apartamento para vivir me ha llevado poco más de 24 horas. Esto supera mis sueños más salvajes y me anima a seguir minimalizando mi existencia.
–
Lecciones aprendidas y otras consideraciones
Me resulta curioso el que gran parte de las barreras mentales al cambio sean de raíz logística o de ejecución material.
Experimenté una cierta pereza que casi me hace postergar la acción. De todas maneras, una vez dado el primer paso y después de hacerlo público, el proyecto ganó momentum rápidamente y se consumó en pocas horas.
El proceso de decisión referente a la vivienda fue muy rápido. Comencé determinando mis necesidades y mis prioridades en materia de alojamiento y entorno físico, y en función de eso decidí. Miré unas pocas páginas web. Hice sólo dos llamadas y realicé dos visitas con dos empresas distintas. En la primera vi un apartamento y en la segunda 4.
La primera visita ya me proporcionó un lugar suficientemente bueno, pero decidí ver un par de opciones más.
El haber visto 5 viviendas distintas generó una cierta tensión. Unas eran mejores en unos aspectos y otras en otros. Es un caso típico en la vida de decisión multi-objetivos con opciones que puntúan distinto en distintos elementos. El instinto maximizador y perfeccionista me llevaba a seguir buscando y analizando.
Recordé que más opciones a veces es peor (Ver La paradoja de la elección) y que el aumentar las opciones retrasaría la decisión y consumiría más de mi tiempo y atención, que también son recursos escasos
Decidí adoptar un enfoque satisfaciente y quedarme con la opción que parecía intuitivamente más interesante, aun siendo consciente de que debía de haber por ahí opciones mejores.
Los estudios afirman que –paradójicamente– alguien con menos opciones está más satisfecho con sus decisiones después de tomadas que alguien que tenga muchas opciones. Reduje conscientemente las opciones a considerar para reducir el tiempo de decisión y para mejorar mi satisfacción con la decisión final. Barry Schwartz y su libro The paradox of Choice sirvieron para abrirme los ojos.
Para evitar el «remordimiento del comprador» he decidido no fijarme en anuncios de viviendas y apartamentos y vivir con la decisión tomada.
La decisión no tiene una gran transcendencia y por tanto considero que la rapidez en la decisión y el vivir con la decisión es más importante que tomar la mejor decisión u optimizar el proceso de decisión analizando a posteriori si tomé la decisión correcta.
Mira la pantalla de tu ordenador. ¿Cuántas ventanas tienes abiertas? Me refiero a carpetas, pestañas en el navegador, programas, documentos,etc.
Ahora, clica en comentarios en este artículo y escribe el número de ventanas que tenías abiertas. Gracias.
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Regla
En un momento dado, en el ordenador, tengo un máximo de tres ventanas abiertas. Cuando sobrepaso el límite, cierro una de ellas.
Con esta regla fomento la concentración y el foco claro en cada momento.
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Justificación
Mi primera acción minimalista también tuvo que ver con la simplificación de mi escritorio de ordenador. También usaba el mágico y minimalista número tres para limitar el número de iconos en la barra inicio rápido.
Es muy fácil que las ventanas proliferen. El fenómeno «una cosa llevó a otra» no sólo se da en las relaciones humanas; es también muy frecuente en el trabajo y en los comportamientos de búsqueda de información. Surgen ocurrencias, distracciones y posibilidades a cada paso; por eso, es esencial mantenerse vigilante y aplicar la poda minimalista.
En esencia, el minimalismo existencial es una suerte de jardinería de posibilidades que requiere un jardinero atento y dispuesto.
Para un ser humano, eliminar las posibilidades es una de las acciones más difíciles. En la Paradoja de la elección, argumentamos que a veces tener más posibilidades es incluso contraproducente. También vimos, por ejemplo, en La Regla del tres de la acción de los marines norteamericanos, que cuando hay demasiadas posibilidades la memoria de trabajo queda inundada y es fácil caer en la parálisis por el ánalisis.
El antídoto contra la exuberancia es el poner-nos limitaciones.
Intenta no convertirte en un hombre de éxito. Más bien intenta llegar a ser un hombre de valor.
–Albert Einstein
–La inteligencia es la capacidad de hacer las cosas correctamente. La sabiduría es la habilidad para elegir las metas que valen la pena; es decir, para hacer las cosas correctas.
La inteligencia está relacionada con la eficiencia. Nuestra cultura busca la eficiencia en todas las actividades: más y mejor, obtener lo máximo con el mínimo coste y esfuerzo. Si eres capaz de hacer las cosas cada vez más eficientemente –con rapidez y bajo coste, sacando el máximo partido de tus recursos– eres inteligente; al menos en esa actividad particular.
La sabiduría tiene que ver con la elección de las metas. Es una habilidad más sutil, completa e integrada: supone capacidad introspectiva para saber lo que se desea y conciliarlo a su vez con lo deseable. También supone un conocimiento externo amplio, más allá de la tarea y de la actividad concreta; un conocimiento sistémico sobre las relaciones entre las cosas y el lugar de las cosas y de las personas en el esquema general del mundo. Necesita de un conocimiento del funcionamiento del mundo dirigido por valores personales y colectivos.
La inteligencia tiene que ver con el conocimiento, con el cómo. La sabiduría tiene que ver más con los valores, con el porqué.
El inteligente está orientado a resultados. El sabio está dirigido por valores.
El inteligente es el que obtiene los resultados, el que logra las cosas, cualesquiera que éstas sean. Si el inteligente es práctico, puede conseguir muchas cosas, puede alcanzar muchas cimas.
El sabio no es necesariamente el más rápido, ni el más listo, ni el más brillante. Quizá ni siquiera llega a las cimas; y si lo hace, no es el primero ni el mejor en hacerlo. El sabio simplemente es mejor eligiendo las cimas que merecen la pena escalarse.
La inteligencia está en ser muy eficiente. La sabiduría está en ser eficaz en lo que importa.–
Paradoja de la sabiduría y la inteligencia
Hay una paradoja referente a la inteligencia y la sabiduría: es mejor ser un sabio imperfecto y torpe que ser simplemente inteligente y muy eficiente.
La razón es que si tienes éxito haciendo las cosas incorrectas porque eres muy eficiente, y cada vez eres mejor en lo que haces y sigues aprendiendo, con el tiempo no harás más que empeorar la situación: cuanto más inteligente seas, más rápido lograrás las metas equivocadas. Al final, en la cima no encontrarás más que una posición mejor desde la que precipitarte al vacío.
Por el contrario, si fracasas o no logras las cosas correctas a la primera, tu aprendizaje –aunque sea lento– te irá poniendo cada vez en una mejor situación y con el tiempo conseguirás acercarte más a las metas correctas. Quizá nunca alcances la cima, pero cada paso del camino habrá estado lleno de sentido. Y eso ya es en sí una cima.
Hace unos días me sugirieron el que recomendara libros o referencias sobre minimalismo. En virtud del principio de apasionada experimentación, voy a hacer algo mejor: entre hoy y el viernes traduciré al español un libro de uno de mis autores preferidos. Lo proporcionaré en este mismo blog de manera gratuita. El autor lo permite y por ello no tenemos que preocuparnos por los derechos de autor.
Esto implica que los próximos artículos en este blog serán algo cortos. Más de una cosa, menos de otra.
Me gustaría recomendar un blog sobre Minimalismo Existencial. Es el blog Mínimo. Su diseño es muy elegante y minimalista; en especial, me gusta su original logo y su sencillez. Los artículos están elaborados y muy bien escritos. Mínimo publica los miércoles y los sábados.
Sus temas de referencia son el Minimalismo existencial, la productividad y la realización personal; en sus propias palabras: «Mínimo trata sobre cómo eliminar lo innecesario, tanto desde el punto de vista material como mental, y sobre cómo centrarnos en lo realmente esencial para alcanzar así nuestras metas y disfrutar al máximo de la vida.»
La felicidad es una suma de pequeñas satisfacciones menos una suma de pequeños fastidios cotidianos.
Una estrategia para aumentar la felicidad es eliminar esos fastidios cotidianos y aumentar el flujo de las pequeñas satisfacciones.
Busca algo que te fastidie todos los días: elimínalo o neutralízalo.
Ejemplo: me fastidiaba la publicidad que enviaban a mi casa. Siempre me había fastidiado pero la tomaba como una ley de la naturaleza o una plaga bíblica sobre la que no tenía control. Un día averigüé que existe una Lista Robinson en la que uno se puede dar de alta y dejar de recibir correo postal y electrónico o llamadas telefónicas no deseadas. Me di de alta y el flujo se ha reducido hasta casi quedar eliminado. También renuncié en mi banco a recibir correo postal de información de cuentas y de fondos de inversión y lo sustituí por el electrónico. Actualmente me siento como un Robinson informacional que de cuando en cuando elige conectarse con la civilización en vez de que la civilización le obligue a conectar con ella.
Busca algo simple y pequeño que te proporcione satisfacción: crea un ritual con ello e incorpóralo a tus días.
Ejemplo: hace tiempo que observé que el ejercicio físico, aunque fuera ligero, mejoraba mi estado de ánimo y estabilidad emocional. Decidí ritualizar el ejercicio. Desde entonces todos los días sin excepción corro 40 minutos o ando un mínimo de 45 minutos.
[Precaución: intenten realizar este ejercicio en casa en solitario, sin gente mirando. El que escribe esto no se hace responsable del daño moral o a la imagen personal que se derive del ejercicio.]
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Coge un objeto pequeño con una mano. Algo de valor o algo frágil. Un reloj o una taza de porcelana puede servir. También un huevo de gallina.
Lo tienes en la mano. Apriétalo con el puño, bien sujeto.
Ahora extiende la mano donde tienes el objeto lejos de tu cuerpo y con la palma paralela al suelo.
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Eso a lo que te aferras es lo que quieres, lo que posees, lo que consideras importante, lo que sueñas, las personas que te importan o tu yo más querido; a todo eso te aferras. Cuanto más lejos de tu cuerpo esté, más te aferras porque sabes que si abres la mano, si lo dejas libre, se caerá, lo romperás y lo perderás en su forma actual. También estas aferrado a que esas cosas cambien de forma.
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Hay una manera de seguir manteniendo eso.
No es necesario perderlo, pero tampoco es necesario aferrarse a ello. Sin mover el brazo, gira la muñeca hacia el techo, que las uñas miren al suelo. Abre la mano.
Ahí sigue estando en la misma forma; sin aferrarte, con espacio para más cosas si quieres; con libertad para sustituir las que ya hay; con tolerancia a que esas cosas sigan a tu lado con sus cambios propios.
La puntualidad es una virtud inútil. Nunca hay nadie para apreciarla.
–Anónimo
Dobla el tiempo que crees que es necesario para llegar al lugar de reunión. Si crees que son 10 minutos, sal 20 minutos antes.
El viaje o el camino será mucho más relajado. La llegada estará libre de urgencia.
Esta regla mejora tu puntualidad. La puntualidad es apreciada al menos por los que son puntuales y están “allí” para comprobar que eres puntual. Transmites un mensaje de persona que valora el tiempo propio y ajeno. Te entrenas a ti mismo a cumplir los compromisos contigo mismo y con los demás.
Vence tu hábito de exprimir el tiempo. Los espacios vacíos no serán espacios muertos, serán tiempo generador de calma y de recuperación.–
Justificación
Una de las fuentes más comunes de estrés es el tener fechas límites y presiónes de tiempo. Algunas son inevitables; otras nos las infligimos a nosotros mismos. No es necesario que sea así.
No es necesario llenar de actividades y aprovechar cada segundo “como si fuera el último segundo” o “como si no hubiera mañana”. Eso sólo genera agitación y ansiedad.
Infravaloramos sistemáticamente el tiempo necesario para realizar tareas, acabar proyectos o cubrir distancias físicas. El tiempo de sobra para llegar física o metafóricamente al lugar servirá de colchón de seguridad contra los imprevistos o contingencias.
Somos seres territoriales. Cuando la cita es fuera de nuestro terreno hay una tensión añadida. Necesitamos un cierto periodo de acostumbramiento. El tiempo después de llegar al lugar de reunión y antes de la cita sirve para ganar familiaridad y confianza.
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El que espera no desespera
–Homo Minimus
Aplicación–
Esto es aplicable a las reuniones de trabajo, las citas con amigos, las “citas” para tomar un tren o un avión y hasta las “citas” con el fin de un proyecto.
Probablemente llegar te llevará más tiempo de lo que creías. Incluso así sobrará tiempo. El tiempo que te sobre será de espera . Aprovéchalo para acostumbrarte al entorno o visualizar la reunión o refrescar la información necesaria y tus metas para esa cita.
Un día, un hombre del pueblo le dijo al maestro zen Ikkyu: «Maestro, ¿por qué no me escribís unas máximas de la más alta sabiduría?» Ikkyu tomó de inmediato su pincel y escribió la palabra «Atención».
«¿Eso es todo?–le preguntó el hombre–. ¿No añadís nada más?» Ikkyu escribió entonces dos veces seguidas: «Atención. Atención.»
«Bueno –replicó el hombre con un punto de irritación–, realmente no me parece que lo que habéis escrito sea muy profundo ni sutil.»
Entonces Ikkyu escribió tres veces seguidas: «Atención. Atención. Atención». Ya medio enfadado, el hombre le preguntó: «¿Y qué significa atención, entonces?». E Ikkyu respondió amablemente: «Atención significa atención.».
He de crear mi propio sistema o seré esclavizado por el de algún otro.
–William Blake
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El mejor sistema no está en ningún libro, y a su vez puede beneficiarse y alimentarse de todos los libros.
Mi sistema es minimalista; es decir, está basado en la reducción de compromisos y tareas, y en un esfuerzo constante y consciente por podar las metas y las actividades reduciéndolas a su mínima expresión según el principio de Pareto o regla del 80/20.
Mi norte está en la aerodinámica o aerodinamismo vital; la vitaldinámica reside en la flexibilidad y adecuación a los fines que me he propuesto, y en la concordancia con mis valores y el entorno.
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No creo mucho en la educación: cada uno debe ser su propio modelo aunque éste sea desastroso.
–Albert Einstein
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Mi sistema tiene, por tanto, dos patas: una subjetiva y otra objetiva.
La primera viene dada por mis valores y mi idiosincrasia: mis recursos físicos, emocionales y cognitivos; la segunda, por las condiciones particulares del entorno en que me estoy moviendo, y por la naturaleza de las distintas metas y proyectos que me propongo y sus condiciones de logro.
Esas dos patas varían en cada persona y por ello cada uno ha de encontrar su propio modelo. La educación es en general una “talla igual para todos”: nivela por arriba, por abajo y por los lados; es como un lecho de Procusto para la inteligencia y la emoción.
Un sistema estándar sólo será el mejor por una feliz casualidad para unas pocas personas.
Los rituales son una primera respuesta para vencer la dificultad de la puesta en práctica. Hemos hablado sobre su Naturaleza y hemos detallado los principios de su diseño.
Las reglas del minimalismo, como la de empezar el día sacando, la regla de las tres líneas del e-mail, la regla de los 30 segundos de elección del menú, etc. son altamente específicas y permiten generar una respuesta eficaz o eficiente en una variedad de situaciones.
Los principios de la práctica deliberada, presentados en tres brillantes artículos por Atilox, forman otro sistema conceptual esencial para cualquiera que quiera lograr el expertismo en cualquier disciplina.
Sin embargo, Alquimista Oscuro, en referencia a la práctica deliberada comentaba que sentía que necesitaba más detalles y concreción; sugería, creo yo, que sólo así las ideas teóricas podrían ser útiles. Lo mismo ocurre con cualquier sistema de organización personal o productividad, como el GTD de Allen o el de Stephen Covey: sólo funcionarán si encontramos una manera sostenida y consistente de hacerlo operativo.
El paradigma del velocista (ciclos de entrenamiento intenso seguidos de recuperaciones) de Jim Loehr y Schwartz es otra razonable y prometedora idea . También necesita métodos sencillos y cotidianos internalizados para poder apreciar todo su potencial.
La técnica Pomodoro no es en sí un sistema completo de organización personal pero en mi opinión puede llegar a ser el complemento operativo de muchos de ellos dada su simplicidad y versatilidad; además, considero que permite aplicar el paradigma del velocista y algunos elementos del sistema de la práctica deliberada; en concreto:
Trabajo intenso y concentrado (25 minutos) seguido de descansos (3-5 minutos )después de cada pomodoro y de cada grupo de 4 pomodoros (15-30 minutos). Esta dinámica proporciona una manera definida de programar los rituales de recuperación propios del paradigma del velocista.
Podemos salir de la zona de confort . La concentración intensa durante 25 minutos permite que nos podamos desafiar para hacerlo mejor en cada pomodoro. La contabilidad de los pomodoros que nos lleva hacer una determinada actividad nos da una referencia para el futuro. La duración del pomodoro facilita la intensidad.
La pequeña duración de las actividades que caben en un pomodoro también nos permite desagregar mucho más nuestro trabajo, ser más consciente de cada parte de él e idear maneras concretas de mejorar cada una de esas partes.
Aumento del feedback (elemento esencial de la práctica deliberada). El registro de las actividades y los podomoros, y la revisión al final del día aumentan la información disponible y la reflexión sobre nuestro trabajo.
Podemos planificar mucho mejor las sesiones de entrenamiento o trabajo e ir aumentando su eficacia con el tiempo.
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Artículos de la serie «pon un tomate en tu vida»(técnica pomodoro):
El origen de este artículo se lo debo a Miguel Tato –coach profesional y formador–, que me descubrió la técnica y me la recomendó.
Propósito de la técnica Pomodoro
Recuerda, ¡el Tiempo es un jugador avaricioso que gana sin hacer trampa en cada ronda!
–Baudelaire en su poema ‘El reloj’
–Es una técnica de productividad. Permite controlar el foco de la atención y trabajar en sesiones cortas de alta intensidad con descansos periódicos. El inventor de la técnica es Francisco Cirillo, un italiano que en los años 80 tuvo la idea mientras se esforzaba en mejorar sus resultados en sus primeros años de universidad.
Según él los objetivos de la técnica del pomodoro son:
Proporcionar una herramienta sencilla para mejorar la productividad
Aliviar la ansiedad
Mejorar el foco y la concentración y reducir las interrupciones
Aumentar la conciencia de las decisiones y el uso del tiempo
Favorecer la motivación y mantenerla constante
Promover la determinación para lograr los objetivos
Refinar el proceso de estimación de tiempos tanto cuantitativamente como cualitativamente
Fortalecer la determinación de seguir avanzando en situaciones complejas
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Descripción de la técnica
–1. Hacemos un Inventario de acciones
Partimos de un inventario de acciones que hacer. Un cuaderno o lista puede servir. Cada una de esas acciones va unida a un número determinado y previsto de pomodoros (ponemos el número junto a la acción o tarea). Un pomodoro es un segmento de atención de 25 minutos que dedicamos a una sola actividad.
2. Determinamos una actividad y la ejecutamos
Al inicio de la sesión decidimos qué tarea vamos a realizar (modo planificación). La añadimos a una lista de tareas del día. Después de hacerlo ponemos en marcha un contador de marcha atrás que nos indicará en 25 minutos que la sesión ha acabado y con ella el pomodoro. Durante ese tiempo nos centramos EXCLUSIVAMENTE en la acción programada (modo flujo o trabajo intenso).
Si surge alguna interrupción externa (una llamada, la señal luminosa de llegada de un e-mail, un saludo de un compañero, etc.) tomamos nota realizando una marca horizontal, «—«,en nuestra lista de cosas que hacer y seguimos trabajando.
Si surge una interrupción interna (un recado que recuerdo que tengo que hacer, una bajada de la intensidad del trabajo, un temor no resuelto, etc.) tomo igualmente nota de ello marcando una barra vertical, «|«, y sigo trabajando.
Si esa interrupción sugiere alguna otra acción que realizar, entonces tomo nota de ella en la lista de tareas diarias o bien la añado al inventario general de acciones.
3. Descanso
Terminado el pomodoro, cuando suena la señal acústica, escribo un aspa «X» junto a la tarea indicando que he completado un pomodoro y dejo todo lo que estoy haciendo inmediatamente (como máximo, puedo terminar de teclear la palabra que estaba escribiendo).
Entonces, me tomo un descanso de entre 3 y 5 minutos (modo descanso-relajación). Esto es aproximado, aquí no hay que ser exactos. Me levanto, estiro las piernas, tomo un vaso de agua, hago flexiones o simplemente miro a lo lejos descansado la vista. Lo esencial es que me relaje y no siga pensando o trabajando mentalmente en lo que estaba haciendo.
4. Vuelta
Tras el breve descanso vuelvo a la mesa de trabajo, y decido qué haré en el siguiente pomodoro.
Vuelvo al modo planificación, revalúo mis prioridades, decido si seguir en la tarea previa o comenzar una nueva e inicio el nuevo pomodoro repitiendo el ciclo al menos 4 veces (esto supondría 100 minutos de trabajo de calidad cada dos horas).
No está mal. Muchos lo firmaríamos con los ojos cerrados.
Pasadas dos horas ( 4 pomodoros) se recomienda hacer un descanso más grande de entre 10 y 20 minutos antes de volver a iniciar el ciclo de los pomodoros.
5. Revisión
En esta fase aprendo de la experiencia. Al final del día observo las acciones realizadas, los pomodoros que he necesitado y aprovecho esa información para anticipar con más precisión los la duración de las actividades.
Si una actividad va a llevar más de 8 pomodoros se recomienda que se divida en varias acciones de menos de esa duración. Con la técnica pretendemos enfocar la acción al máximo y obtener una sensación de logro o misión cumplida en un tiempo razonable que quepa en un día; no tendría sentido programar una actividad que llevara varios días completarla.
Si una actividad es muy pequeña y dejaría libre parte del pomodoro, une en un pomodoro varias actividades pequeñas relacionadas; por ejemplo, el responder varios e-mails, abrir cartas, devolver llamadas pendientes, etc.
Si finalizada una tarea queda libre tiempo, sigue trabajando en la tarea revisando y mejorando la tarea esos pocos minutos libres. Aquí aplicas el concepto de «overlearning» o hacer más de lo necesario, que es el camino al expertismo.
Si nada más empezar un pomodoro acabas la tarea, entonces quizá no tenga sentido hacer la revisión y mejora. No contabilices el pomodoro para la tarea concluida y comienza una tarea distinta.
También puedes dedicar unos minutos a evaluar y revisar el día para afinar tu organización. Al final actualizo el inventario de acciones y programo un par de acciones para el día siguiente; la tarea más importante del día ( TMI )como mínimo.
–Justificación de la técnica
Sencillez: sólo necesitas un avisador de tiempo, una hoja para la lista de acciones del día y una hoja para el inventario de acciones. El proceso es sencillo, recurrente y fácil de aplicar en cualquier entorno.
Líneas de división claras: se determinan y dividen claramente los periodos de trabajo y de descanso y relajación y los modos mentales flujo y planificación: o bien estás trabajando al máximo o bien estás planeando qué hacer y revisando tu trabajo. No son compatibles ambas actividades, so pena de reducir la eficacia de ambas. La conciencia de los estados mentales mejora.
Es un sistema versátil: los pomodoros no tienen que ser de 25 minutos. Podemos configurar el tiempo en función de nuestras características personales y el tipo de trabajo. Sin embargo, recomiendo que una vez decidida una duración la mantengamos durante dos semanas para ver su eficacia. Para poder realizar buenos registros y estimaciones de la duración de las tareas, los pomodoros han de ser siempre de igual longitud.
Logramos una atención intensa y centrada: mejoramos el control de la atención. Mucha más conciencia del lugar y modo de tu atención. Mucha más facilidad de entrar en el estado de flujo: se crea un anclaje temporal; es decir, sabes que en el pomodoro sólo te dedicarás a una cosa y que pasado ese tiempo te podrás dedicar a lo que consideres. Un método muy eficaz para gestionar las interrupciones Internas y externas.
Aplicación del principio del Kaizen y algoritmo divide y vencerás: permite evitar la postergación generada por los proyectos y tareas muy largas. Empiezas con un pomodoro y tu compromiso con una tarea siempre es por la duración de ese pomodoro. Concluido el cual puedes revaluar tu trabajo.
Favorece el aprendizaje: el sistema de registro permite estimar la duración en pomodoros de tus actividades y mejorar la planificación. El sistema de revisiones incorporado a la técnica de pomodoro permite aprender todos los días y hacer pequeños cambios que mejoren la productividad y la organización del trabajo en general.–
Aplicación–
Pomodoro significa tomate en italiano. La técnica debe su nombre al tomate-avisador que hay en muchas cocinas y que se emplea para indicar cuando el tiempo programado de cocción u otra operación culinaria ha pasado.
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Pero puedes emplear cualquier otro tipo de alarma. Por ejemplo, la que tienen la mayoría de los móviles y que es una cuenta atrás programable.
También hay muchos programas gratuitos en la red que pueden cumplir la misma función; por ejemplo, el Focus booster .
Es fundamental que los pomodoros sean segmentos de atención completa y continua; el pomodoro es una unidad indivisible de trabajo: si pierdes la concentración y te levantas o inicias una conversación con un compañero, consideramos que se rompe el pomodoro y no se marca como concluido. Después de la ruptura, te tomas un respiro e inicias un nuevo pomodoro.
Una recomendación final: no es necesario que pomodorices toda tu vida, ni siquiera todo tu trabajo. Yo, de hecho, hay muchas actividades que dejo fuera de los pomodoros, pero cuando lo hago soy consciente de ello.
Uno es tan bueno como lo es el último de sus proyectos.
–Tom Peters. Gurú del Management.
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No estoy de acuerdo con Tom. Ni con todos los otros Toms del mundo.
Leyendo a Eckart Tolle, el autor de El poder del ahora (pdf), reconozco una idea inmensamente valiosa: el poder de no identificarse con uno mismo.
¿Qué creo que quiero decir con esto?
Creo que quiero decir que… no somos nuestro aspecto físico; no somos nuestros éxitos, por dura y meritoriamente que los hayamos conseguido; no somos nuestras derrotas, por mucho que sangremos a través de ellas; no somos nuestro estatus, nuestra posición en la escala jerárquica, nuestro cargo; no somos tampoco nuestro oficio, por muy orgullosos que nos sintamos de él; no somos nuestras satisfacciones personales, ni nuestras insatisfacciones; no somos nuestros orígenes, ni nuestras raíces (los seres humanos no son plantas), ni nuestro país, nuestra tierra o nuestra familia; no somos la situación en la que nos encontramos: beneficiosa o perjudicial; no somos siquiera nuestra historia, nuestro historial, el conjunto de hitos vitales; no somos las cosas que nos gustan de nosotros, ni nuestro ideal de yo, ni tampoco lo que odiamos o nos incomoda en nuestra persona; no somos nuestras emociones, nuestros placeres o displaceres, nuestros amores, nuestros odios, nuestros rencores, nuestras filias, nuestras fobias, nuestras pasiones.
En definitiva, no somos ninguna de las situaciones asociadas con nosotros mismos y que consideramos nuestras señas de identidad. El yo –lo que quiera que signifique– es como el cuenco que contiene todos esos elementos y muchos más; pero no es ninguno de esos elementos; ni la acumulación de ellos ni su ausencia.
La vida puede seguir viviéndose con objetivos, proyectos, sueños; pero no somos nuestros ideales ni la mejor versión de nuestro yo, ni siquiera la suma de yoes potenciales. No unimos nuestro destino ni nuestro valor a la consecución o no consecución de lo que queremos o anhelamos.
Podemos vivir todos esos afanes y asociaciones como un juego, no una tarea seria; ni siquiera un juego serio, sólo un juego en el que se puede aprender y en el que se puede estar. Estar sin más.
Uno no es lo que no es. De apreciar esta obviedad puede derivarse una inmensa libertad y levedad. Cuando reconocemos lo que no somos, podemos soltar lastre.–
–
No soy lo que no soy… y no estoy completamente seguro.
En este tercer y último artículo sobre la práctica deliberada, nuestro autor invitado, Atilox (lukott@hotmail.com), expone el concepto de ignición y conjetura sobre los mecanismos neurológicos que pueden estar tras el expertismo.
Ignición e indicios fundamentales
La práctica deliberada (PD) es dura, y mantenerla años hasta que de sus frutos máximos es difícil. ¿Qué motivación hay detrás para explicarla y sostenerla? Como dice Coyle, hay diversos mecanismos que activan ese hambre de triunfo. A esa pasión que lo arrastra todo le llama el autor: ignición.
Y a los datos que inducen dicha ignición les llama: indicios fundamentales. Un ejemplo sería el de las pérdidas parentales (página 115 de su libro Las claves del talento): de 573 sujetos eminentes en sus campos, se observó un alto porcentaje de huérfanos en la niñez y juventud. La señal percibida quizá fue: “no estás a salvo”. Evidentemente este hecho de por si no garantiza el triunfo, pues esta misma señal en otras personas puede ser debilitante. A continuación se citan otros estudios en deportistas. Los corredores más rápidos de atletismo ocupaban el puesto 3.2 en familias de 4.4 hijos. Nunca era el primogénito. La señal es similar: “estás en desventaja, persevera”.
Las señales fundamentales y la ignición también pueden provenir desde lo positivo. Es bien conocido como en un deporte la existencia de un gran jugador provoca que muchos otros sigan su estela, como ha pasado en España con el tenis a raíz de los Santana, Gimeno, Orantes. El mensaje podría ser: “Tu también podrías hacerlo. Ese es como tú”.
Es pertinente ahora un comentario muy importante. Para gente como Ericsson o Colvin lo que llamamos ignición –en términos simples, la pasión– ayuda en el sentido de que mantiene activa la PD durante mucho tiempo, y es la PD la que hace el trabajo de mejora de la habilidad.
No piensa así Coyle, que opina que es la unión de PD + Ignición la clave de la mejora, y cita un estudio sobre jóvenes estudiantes de violín (página 105 y siguientes de Las claves del talento): se clasificó a los niños en tres grupos en función de un test que medía su compromiso a corto, medio o largo plazo con el instrumento. Aquellos niños que se veían a sí mismos comprometidos a largo plazo, mejoraban más incluso con menos horas de práctica que los de los otros dos grupos. Cuando se juntaba la práctica intensa con el mayor nivel de compromiso a largo plazo, su rendimiento era ya explosivo.
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Mielinización
Merece la pena exponer la idea de Coyle sustentada en varios estudios científicos, de cuál es el mecanismo neurológico subyacente al aprendizaje. Hasta ahora se pensaba que la plasticidad cerebral era la causante de las diversas mejoras de rendimiento, simplemente por el establecimiento de nuevas conexiones neuronales.
Coyle propone otra explicación, basada en estudios científicos: cada vez que se estimula un circuito cerebral con la intensidad suficiente y repetidas veces, se recubren los axones que transmiten la señal de una capa de mielina. Esta sustancia, un fosfolípido, actúa como aislante del circuito, de modo similar a la funda de un cable de televisión. Al repetirse una y otra vez la activación del circuito, este queda más y más protegido y aislado eléctricamente. Ese mecanismo permite que la señal eléctrica pueda viajar a mucha mayor velocidad en nuestro cerebro, hasta por un factor 100. Es como una banda ancha para nuestra comunicación interneuronal.
Si las habilidades fueran heredables, se correría el riesgo de instalar circuitos cerebrales que podrían quedar desfasados en pocas generaciones. Por ejemplo, hoy en día ser un buen herrero no es tan importante como hace 500 años. Por lo tanto la naturaleza ha escogido un diseño más flexible como es el de la mielina, que es válido para cualquier tipo de destreza que se quiera mejorar. El autor pone como ejemplos que cerebros como el de Einstein tenían mucha materia blanca (mielina) o que los caballos nacen con los músculos ya mielinizados y por eso pueden andar desde el primer día. Pero también reconoce que esta hipótesis está en mantillas.
En mi opinión, una prueba más concluyente y que acabará llegando en pocos años, será no solo ver si un cerebro sobresaliente tiene más mielina, sino si dicha mielina se ha instalado en los circuitos específicos de la habilidad en que destaca, y a la vez encontrar que no hay tal abundancia en aquellas zonas correspondientes a otras habilidades donde dicho sujeto tiene un rendimiento normal. Probablemente se puedan analizar dichos fenómenos en tiempo real con las nuevas técnicas de neuroimagen.
No será tarea fácil puesto que el cerebro no funciona por módulos totalmente segmentados sino de modo mucho más global. Sin embargo hay habilidades muy correlacionadas con ciertas partes del cerebro. Por ejemplo, según un estudio del año 2000 los taxistas en Londres, que necesitan una gran memoria espacial para su acreditación (Londres está muy extendida y con pocos rascacielos) se les ha encontrado un tamaño de su hipocampo significativamente mayor que el promedio.
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Referencias
The making of an expert, Anders Ericsson, Michael J. Prietula, and Edward T. Cokely. Artículo aparecido en la Harvard Business Review (pdf) . «New research shows that outstanding performance is the product of years of deliberate practice and coaching,not of any innate talent o skill»
What it takes to be great. Geoff Colvin. Artículo web. “[…] Research now shows that the lack of natural talent is irrelevant to great success. The secret? Painful and demanding practice and hard work. “
Conviérteme en un genio . Documental de National Geographic con Susan Polgar. Serie de 5 videos en Youtube.
En este artículo Atilox continúa desarrollando el concepto de práctica deliberada. Para ello relata dos historias referentes al ajedrez que ilustran algunos de los elementos esenciales de la PD.
Reconocimiento de posiciones en ajedrez y agrupamiento (elemento 1 de la PD)
En un tablero de ajedrez en una partida típica habrá 32 piezas o menos distribuidas en 64 casillas. Si a un maestro como Susan Polgar se le muestra durante 2 segundos una posición de ajedrez la puede memorizar perfectamente. Añado que un aficionado medio como es mi caso, estando en buena forma, también puede hacerlo.
¿Cómo ocurre esto? Al estudiar y jugar ajedrez memorizamos bloques típicos como por ejemplo, el bloque de 6 casillas del enroque normal: 3 peones alineados en la segunda fila y debajo la torre el rey y un hueco. Dicho bloque está incorporado a la MLP y cuando es transportado a la WM aparece como un elemento simple. Otros bloques bastante típicos son ciertas formaciones de peones, que por la forma de moverse esta pieza (solo puede avanzar y comer lateralmente), distan mucho de ser infinitas. Digamos que hay unas cien formaciones típicas de cadenas de peones. Por lo tanto, una cadena puede ser incorporada como otro elemento. Así resulta que el jugador no ve 32 piezas sino del orden de 5 a 10 formaciones, que “caben” perfectamente en su WM.
¿Qué ocurre sin embargo si se le muestra a Susan una distribución de piezas hecha al azar sobre el tablero? Pues que no las puede memorizar. Podéis ver este experimento en el documental de la National Geographic, Make me a Genius (minuto 3:58 al minuto 5:24)
¿Talento o entrenamiento?
La segunda historia que quería comentar es la de las hermanas Polgar.
Laszlo Polgar un profesor húngaro quiso demostrar que con el suficiente aprendizaje intenso aplicado desde la niñez podría crear talento a alto nivel, descartándose así la explicación al uso en sus tiempos, años 60, de que el talento es un don divino que recae sobre algunos elegidos.
Para ello puso un anuncio buscando una mujer para que participara en el experimento. Este consistiría en tener varios hijos y dedicarse ambos a convertirlos en genios en alguna disciplina. Apareció una candidata dispuesta a la idea, y tuvieron tres hijas: Susan, Sofía y Judith. Ambos padres dejaron sus trabajos cuando Susan cumplió 4 años, para dedicarse obsesivamente a formarlas.
Pensaron en hacerlas jugadoras de ajedrez de élite. Era un gran desafío porque en aquellos tiempos ninguna mujer había llegado al nivel de juego de un hombre entre los 100 primeros del mundo. Y se pensaba que la mujer tenía poca capacidad espacial, elemento necesario para el juego.
Elresultado fue absolutamente espectacular. Las hermanas Polgar aplastaron al conjunto femenino de la Unión Soviética en las Olimpiadas cosa que no había pasado nunca. Pero mucho más asombroso fue que Susan y especialmente Judith llegaron a estar entre los primeros 10 jugadores del mundo. Judith fue el humano que más pronto llegó a la categoría de Gran Maestro con 15 años batiendo por unos meses al mítico Bobby Fischer. La tercera hermana, aun no siendo tan buena como las otras dos, estaba también entre las 10 mejores jugadoras del mundo. Judit, la mejor de las tres, ha ganado a la mayor parte de sus rivales masculinos, incluyendo a Kasparov.
El experimento corrobora las teorías de la práctica deliberada puesto que resulta imposible pensar que hubiese otra fuente de tanto talento que el entrenamiento intenso: el padre Laszlo era un jugador mediocre y la madre ni siquiera sabía jugar.
Finalmente, antes de acabar, quisiera mencionar la ley de los diez años de Ericsson (ó 10.000 horas). Según este autor, este es el plazo mínimo que se necesita para llegar a ser realmente bueno en algo a nivel mundial. Cuando se le menciona el caso de Mozart u otros genios precoces como Bobby Fischer replica que si se analiza su biografía se comprueba que se cumplen los plazos pues empezaron su entrenamiento en una muy temprana niñez, por cierto en ambos casos tras 9 años de práctica deliberada obsesiva. Ver al respecto Talent is overrated, de Geoff Colvin
Éste es un artículo de nuestro autor invitadoAtilox, lukott@hotmail.com. Es un experto en Práctica Deliberada, una estrategia para alcanzar la excelencia en cualquier disciplina. A lo largo de tres artículos desarrollará los principios de este sistema y sus bases motivacionales y neurofisiológicas . Además, expondrá ejemplos en campos tan dispares como el ajedrez, el tenis, las artes marciales, la música o la natación.
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Mi motivación
Por motivos profesionales y personales, tenía la necesidad de mejorar mi destreza en un campo determinado que no viene al caso. Pensando en ello me venían a la mente diversas preguntas: ¿qué parte del talento es innato y qué parte es debido al entrenamiento? ¿Qué tipo de entrenamiento sería el mejor para poder mejorar mi rendimiento en algún campo que me interese?
Tenía algunas pistas producto de mi experiencia, ya que aún no habiendo sido experto en nada, sí había sido aficionado a ciertos hobbies durante años; hobbies cuyo nivel de destreza se podía cuantificar: ajedrez, artes marciales, idiomas y música. En ajedrez sí puedo decir que llegué a ser un aficionado fuerte, pues logré ganar un campeonato de club de cierto barrio de Madrid con una población como Gijón o La Coruña.
Diversas fuentes me fueron orientando hasta que encontré en la red a un psicólogo que se había hecho las mismas preguntas, Anders Ericsson, que elaboró el concepto de “Práctica Deliberada” PD. Según sus estudios, dicha práctica realizada a lo largo de un periodo largo (años) es la clave del talento.
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Elementos de la práctica deliberada
Describo ahora resumidamente los elementos que conforma la Práctica Deliberada que son fundamentalmente los puntos 1-6. Añado dos puntos más mencionados por otros autores. Al final daré algunos ejemplos y notas:
Agrupamiento. La tarea principal se descompone en sub tareas cuanto más concretas y simples mejor.
Cada fragmento de 1, se debe poder repetir muchas veces.
Se introducen cambios de velocidad. Repeticiones a cámara lenta (a veces).
Se abandona la zona confortable. Se busca el límite de lo que es posible hacer y se permanece en esa zona. A veces para perfeccionar aquello que apenas podemos hacer y otras para intentar lo que aún resulta imposible hacer
Resulta agotador porque la concentración es máxima. La PD tiene normalmente como cuello de botella este punto, puesto que mantener dicho estado mental es posible solo unas pocas horas al día.
Feedback (retroalimentación) = aprender de los errores. Este punto une los puntos 1+2+3+4+5. Descomponemos una tarea en partes simples, que son difíciles, y nos hemos de concentrar. Si además dicho fragmento bordea nuestro límite de lo posible, entonces probablemente la tarea nos salga “mal” un alto número de veces. Ese fallo nos informa de cómo hemos de mejorar. Repetimos entonces (punto 2) incorporando la nueva información para mejorar y volvemos a probar. Una vez logramos que dicha tarea sea fácil la forzaremos hasta un nuevo límite o pasaremos a otra.
Importancia de un mentor/entrenador. Una persona aislada es difícil que logre el feedback necesario. Fundamentalmente porque psicológicamente no estamos diseñados para ello, sino más bien para lo contrario. Démonos cuenta que la PD tiene muchos elementos “antinaturales” a primera vista: búsqueda de una zona de disconfort, y postergación del placer para una fecha futura, lejana e improbable; por lo tanto, es fácil que el cerebro se autoengañe para sentirse satisfecho y no obtengamos el feedback necesario. Aparte de este problema, está la falta de perspectiva si lo hacemos todo solos. Añadiría por mi cuenta, que la motivación también es más difícil. Sobre la motivación hablaré al final. Sí diré que una auto regulación es más y más factible si ya se han sentado las bases iniciales.
Absorción de una imagen general que constituye nuestro modelo. La visualizaremos miles de veces. En algunos tenistas aficionados he visto absorber el estilo del golpe de un maestro fuera de la pista, fundamentalmente de tanto ver sus partidos y reproducirlos en su mente.
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Concepto de agrupamiento (elemento 1 de la PD)
Existe una memoria de corto plazo o memoria de trabajo (Working memory) WM que es similar a la memoria RAM de un ordenador. Típicamente almacena del orden de 7 elementos. Es el número de elementos individuales que podemos manejar simultáneamente y de modo consciente. Típicamente, esta cota se reduce a 2-4 si son elementos complejos. Afortunadamente, gran parte de las tareas se pueden automatizar, incorporándose dichas tareas a una memoria inconsciente, que se conoce como Memoria a Largo Plazo o MLP. Al pasar la información a MLP queda de nuevo espacio disponible en la WM.
Comentar que la MLP es algo más que un almacén de datos, puesto que los estructura, toma decisiones etc. Es una memoria inteligente.
Finalmente anotar que este mecanismo funciona igual para una tarea totalmente mental, como aprender a resolver una ecuación de primer grado o elaborar unas frases en un idioma extranjero; y también para tareas puramente físicas, como jugar al tenis o aprender a nadar.
La forma estándar de aprender una tarea totalmente nueva es descomponer dicha tarea en bloques simples de conocimiento/ejecución que pasamos de la WM a la MLP.
Un ejemplo que todos conocemos es la conducción de un automóvil. En las primeras clases la gente no usa todos los pedales y se mantiene en la primera marcha, no saturando así la WM. Una vez automatizados los primeros elementos, como es la forma de acelerar-frenar, y manejar el volante, se puede aprender a introducir marchas superponiendo las nuevas habilidades sobre las anteriores. Más adelante integraremos más y más tareas simultáneas como adelantar etc. Esto es posible porque van pasando bloques de conocimiento a la MLP.
Finalmente cuando han pasado todos, es posible conducir con la WM despejada pudiendo incluso mantener una conversación con el acompañante. Si la pareja no es nueva, podemos pasar esto también a la MLP (es broma).
Según Dan Coyle, autor deLas claves del talento, la mente inconsciente puede manejar once millones de fragmentos de información por segundo, frente a 40 fragmentos por segundo por parte de la mente consciente.
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Ejemplos de Agrupamiento(elemento 1 de la PD)
Curso básico de natación a Crawl: se trabaja el batido de pies con tabla, sin mover los brazos. En otro ejercicio se trabaja el batido de brazo, pero solo analizando el movimiento fuera del agua. Incluso en algún caso se trabaja solo el ataque de dicho brazo en la entrada al agua. De este modo se disecciona cada tarea hasta el extremo. Casi cada campo que conozco, siempre sigue la misma mecánica de aprendizaje.
Artes marciales: se practican patadas por sí solas decenas de veces, luego guardias, luego desplazamientos, y luego bloqueos. Pasados los meses se hacen katas que integran todo lo anterior; por ejemplo, bloqueo con retroceso, y posterior avance con contraataque (patada o puño).
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Ejemplos de cambios de velocidad. Cámara lenta.(elemento 3 de la PD)
Artes marciales y baile: algunos ejercicios se hacen muy lentamente, lo que perfecciona el equilibro y da un nuevo feedback más fácil de aprovechar.
Piano: a nivel aficionado es totalmente normal repasar un pasaje en cámara lenta. Creo que a alto nivel, también se hace a veces.
Tenis: se puede ver un ejemplo de ensayo en cámara lenta (como ballet) en Las claves del talento, pág. 86. En el Spartak Tennis Club de Moscú usan una técnica que llaman “imitatsiya” en la que intercambian golpes imaginarios en cámara lenta y sin pelota. Este club ha producido una cantidad enorme de buenos jugadores: Safin, Kournikova, Myskina, Dementieva, Safina, Youzhny, Tursunov. El club es pobre y dispone de solo una pista cubierta (en Moscú).
Siempre que puedo me echo una siesta después de comer. Para no entrar en sueño profundo, hago que la siesta no dure más de 45 minutos; así evito un exceso de somnolencia al despertarme. Lo ideal es que dure entre 15 y 30 minutos.
Me despierto lleno de energía, descansado, y es como si disfrutara de un segundo día dentro del día.
Justificación
Entre las 2 y las 4 de la tarde el cuerpo experimenta un bajón natural de los ritmos biológicos; esto es independiente de la ingesta de alimentos: ocurre igual aunque te saltes la comida. Los ritmos circadianos (dentro del día) son naturales, todos estamos sometidos a ellos.
Según un estudio de la NASA, una siesta en medio del día puede ayudar a incrementar la productividad más del 30% y el nivel de alerta en un 100%, así como mejorar la memoria y la concentración.
Una siesta mínima puede ser muy útil. Un estudio alemán mostró que el comienzo del sueño sirve para desatar procesos de activación de la memoria y que estos siguen siendo efectivos incluso si el sueño se limita a unos pocos minutos. Otro estudio británico ha llegado a sugerir que simplemente el saber que la siesta es inminente es suficiente para bajar la presión arterial.
Aplicación
Puedes usar un despertador.
Otra posibilidad es tomarte un café justo antes de la siesta. Puesto que la cafeína tarda en surtir efecto entre 20 y 30 minutos, probablemente te despertarás después de ese tiempo o al menos te será más fácil levantarte; lo harás mucho más alerta y descansado al combinar el efecto de la cafeína y el poder reparador del sueño.
La infoxicación es una cosa que nos hacemos a nosotros mismos
–Homo Minimus
Sesgo de novedad
Como seres oportunistas y abiertos al entorno, adoptamos una posición siempre vigilante. Existe un sesgo de novedad que nos obliga a prestar nuestra atención a cualquier estímulo que aparece; éste puede estar tanto en el entorno como en nosotros mismos…
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El mandamiento genético de nuestra atención es : “Mejor lo nuevo por conocer que lo familiar ya conocido”. Da la sensación de que siempre querríamos estar en otra parte, como en la viñeta de arriba. Lo familiar ya está controlado y pierde su brillo; lo nuevo puede ser una amenaza o puede ser una oportunidad, pero en todo caso es algo emocionante.
¿De dónde procede si no el afán de consultar nuestro e-mail cada cinco minutos? Cada vez que encontramos un mensaje nuevo en nuestra bandeja de entrada experimentamos una pequeña sacudida emocional que nos hace ansiar volver a por más. Estamos condicionados para buscar nuestra siguiente dosis de novedad, ya sea en el e-mail, en el móvil o en el programa de televisión de la noche.
Este reflejo condicionado de estar siempre pendiente de los cambios del entorno pudo ser adaptativo en su momento, pero en la actualidad puede ponernos en aprietos. En la sociedad actual el torrente de datos e información es virtualmente infinito. Sin embargo, no es algo enteramente nuevo: Lutero en el siglo XVI se quejaba de que había tantos libros que ni siquiera tenía tiempo de leer sus títulos. En la actualidad, el fenómeno se ha acrecentado.
Ansiedad informacional
Es imposible mantenernos al día en ningún campo y esto genera ansiedad. Se ha venido hablando de informational overload o infoxicación , y se ha acuñado la expresión ansiedad informacional, que hace referencia a nuestros sentimientos y actitudes hacia el ingente volumen de información que encontramos en nuestras vidas y nuestras limitaciones cognitivas para habérnoslas con él.
En el ámbito del trabajo, esta infoxicación se traduce en las constantes interrupciones, en el fenómeno de la multitarea y en la dificultad para mantener la concentración en prolongados espacios de tiempo: según un estudio americano, se calcula que el trabajador americano medio tiene una interrupción cada 3 minutos y tiene abiertas una media de 8 ventanas en su navegador. Se ha hablado, muy gráficamente, del cada vez más extendido Trabajus interruptus.
Ignorancia selectiva
Dos vascos salen al monte a buscar setas. Uno se encuentra con un reloj Rolex de oro. Corre y lleno de alborozo comunica a gritos el hallazgo a su compañero; éste le contesta malhumorado: «Pero Patxi, a ver, la hostia, ¿a qué estamos, a Rolex o a setas?».
Así como el arte de la memoria es el arte del olvido, el arte de la atención depende de saber qué ignorar y a qué prestar atención. Por ello ya no podemos ser recipientes pasivos de los impactos externos ni esclavos de nuestras ocurrencias e impulsos internos. Debemos, por tanto, practicar más conscientemente la ignorancia selectiva, que supone el podar constantemente el rango y cantidad de cosas a las que prestamos nuestra atención.
Ignorancia selectiva: la práctica de ignorar selectivamente información innecesaria e irrelevante que produce distracción como e-mails, sms’s, informes, periódicos, noticias, etc.
.La atención es como el foco que determina en cada momento nuestro mundo. Hemos de tomar el control del foco.–
Ideas para ejercer la ignorancia selectiva
Practicar vigorosamente la ignorancia selectiva, siendo mucho más conscientes de donde está nuestro foco de atención en cada momento. Las prácticas de meditación pueden ser un excelente entrenamiento de esta conciencia de nuestros pensamientos, emociones e impulsos. En concreto, una práctica del budismo, llamada Mindfulnesso plena presencia, puede ser especialmente beneficiosa. La autorregulación comienza con la conciencia clara de nuestros estados físicos, emocionales y mentales.–
Para poder ignorar selectivamente hemos de tener buenos criterios de filtrado:
En general: tener claras las metas vitales y valores personales. Hay que ser consciente de que la mayoría de la información disponible no es valiosa. Cuando se trata de publicidad, directa o encubierta, hemos de partir de la base de que tendrá un componente retórico o manipulador que nos puede resultar muy caro.
En la acción diaria, más particular: comenzar cualquier actividad con una meta concreta y subordinar todas nuestras acciones a esa meta concreta. Mantra: “Empieza siempre con un meta en mente”.–
Cada vez que nos sorprendamos distraídos por algún estímulo externo o interno, tomamos nota de ello y nos decimos: “Pero a ver… ¡¿a qué estamos, a Rolex o a setas?!” . Esto puede servir como autoseñal para retomar el hilo de pensamiento originario y la tarea que teníamos entre manos.
Aprender a distinguir con la ayuda de la Mindfulness el estado mental en el que estamos: concentración, descanso, relajación, contemplación… y hacer que esos estados mentales correspondan con las metas que tengamos en cada momento. De hecho, la meditación ha sido definida así: «conciencia de nuestra conciencia y atención a la intención».
La casa y el entorno físico de un minimalista existencial son un modelo tridimensional de su mente y filosofía de vida. Una arquitectura y decoración minimalistas promueven y reflejan los principios de su actitud.–
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Muebles funcionales y escogidos
La agenda de un minimalista no está atiborrada de acciones. Al comienzo del día establece el número de actividades que razonablemente puede realizar.
Durante el día, a un paso lento pero seguro, realiza tareas una tras otra en ordenada sucesión. A su vez es flexible y se adapta a las circunstancias siempre cambiantes. No se obsesiona con llenar de muebles-tareas todo el espacio, elige bien los muebles: pocos, armónicos y de calidad. Emplea el Principio de Pareto o Regla del 80/20 en la elección de sus actividades.—
Espacios libres y vacíos
El espacio entre las notas musicales, el silencio, forma parte de la música. De la misma forma, lo que no se hace, lo que no se dice, revela lo que somos. Hay tiempo para la no acción, tiempo de descansos entre actividades. Hay tiempo vacío de tareas para la reflexión y la contemplación. Los espacios de no acción permiten cultivar el paradigma del velocista (trabajo intenso + recuperaciones). El minimalista es un hacedor humano, pero también un ser humano. Logra generar una habitación minimalista de la conciencia.
Construye en su vida espacios libres de información, de compromisos, de llamadas, de e-mail, de gadgets, de noticias, de twitter, de black berry, de medios de comunicación de masas.—
Pocos objetos a la vista.
Lo que no se va a usar está guardado y sólo se saca cuando se va a emplear.
La mente del minimalista es diáfana. Aborda cada actividad de una en una, y lo que no necesita no aparece en su mente. Así, su memoria de trabajo puede afrontar el flujo de información y tareas sin que se produzca sobrecarga informativa.–
No hay objetos rotos o por reparar
Lo que deja de ser funcional lo elimina, no se aferra a recuerdos u objetos. Los reconoce y acepta como parte de su vida pasada, pero los deja ir; es un ser en crecimiento.
No somos nuestros objetos físicos o mentales. No somos nuestros recuerdos.–
Los armarios y cajones no están nunca llenos
Hay espacio en los cajones. Hay perchas libres, hay espacio libre entre las perchas y al lado de ellas. Esto permite localizar y extraer con facilidad las prendas.
Un minimalista existencial no llena sus agendas y listas de proyectos al 100%. No intenta embutir en el día todo lo que cabe en él. No se siente culpable si no está haciendo algo productivo en todo momento; evita confundir la agitación con la acción y el movimiento con la actividad.
Permite que siempre haya espacio físico y mental para más; porque es selectivo respecto a lo que entra en su vida y sabe dejar ir las cosas del pasado para dar paso a lo nuevo. Puede priorizar con facilidad porque, al tener sus metas y valores claros, la elección es siempre más sencilla.–
Trasteros y sótanos limpios, ventilados y ordenados
En ellos suele acumularse fácilmente la basura y trastos viejos. Son la metáfora de nuestro subconsciente, de los apegos que dejaron de ser funcionales, los conflictos irresueltos, las asignaturas pendientes.
Periódicamente revisa su contenido y deja ir; resuelve los problemas y los disuelve. Cuando el minimalista mira a sus demonios interiores lo hace mirándoles a los ojos, y siempre es el último en parpadear. También se da cuenta de que vistos a la luz del día parecen menos imponentes y peligrosos.
Evita la acumulación de episodios irresueltos y otros UPA’s. Para ello desarrolla una conciencia nítida de sus emociones y pensamientos y los integra en la corriente de su vida. El minimalista existencial tiene los necesarios periodos introspectivos que le permiten estar en contacto consigo mismo.–
Mesas, encimeras cocina, mesita del café, suelos… liberados de objetos.
Las superficies planas son lugares de acumulación de trastos de todo tipo. Son lugares de estancamiento de la energía.
El minimalista no permite que su bandeja de entrada del correo crezca inmoderadamente ni que se acumulen las acciones pendientes de respuesta o compromisos todavía no atendidos.
El rumor del arroyo o el chapoteo de los peces en el estanque como únicos sonidos de fondo.
Un minimalista existencial ha aprendido a evitar el “gran alboroto”. Controla los impactos externos. Sabe que en la sociedad de la comunicación actual corre el peligro de que su mente se convierta en una «superficie lunar de la conciencia» donde los meteoritos de la información externa ponen en peligro su equilibrio. No permite que lo ruidoso y estridente pase por encima de sus valores y metas personales.
Para él, la infoxicación es una cosa que nos hacemos a nosotros mismos y considera que está en su mano controlar y dirigir el flujo de impactos informacionales. Él abre y cierra el grifo según sus necesidades para evitar la sobrecarga cognitiva.–
El salón como lugar de reunión y centro de la vida familiar y social
La televisión no es el centro del salón. Si hay una, está en un lugar apartado y no invasivo.
Los medios de comunicación no son los que dirigen su vida, prefiere el contacto presencial con seres humanos al virtual. Es consciente en todo momento de la ecuación fundamental de la experiencia vital.
Está en guardia contra el poder de la publicidad. Sabe que ésta crea artificialmente conciencia de lagunas y necesidades para generar una insatisfacción con la propia existencia. Después de crear la tensión y el desagrado con nuestra vida, nos ofrece la solución en forma de consumo. Pero todo el consumo pasivo defrauda, y el ciclo de publicidad-insatisfacción-compra comienza de nuevo.
Es muy consciente del instinto de comparación que todos llevamos dentro y de la búsqueda de status. La publicidad intentará exacerbar este instinto y aprovecharse de él. Él acepta sus instintos, pero no se somete a su dictadura.
Un minimalista existencial pone las actividades siempre por encima de las pasividades y el consumo; y las personas, por encima de las cosas.
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Las limitaciones de la capacidad de autorregulación están tanto en vencer la tentación de lo inmediato –los cantos de sirena de las ganas– como en recordar nuestras determinaciones e intenciones a largo plazo en el momento de actuar, cuando sean relevantes. No siempre tenemos disponibles nuestras determinaciones; y si las tenemos, es muy fácil que se escurran de nuestra memoria de trabajo o bien que perezcan ante el poder de lo inmediato–
Dificultades para posterizar y decir no: «agotamiento del yo»
La fuerza de voluntad es un recurso escaso que se agota y sólo podemos emplearla hasta un límite. Los psicólogos han hablado de la “Ego depletion” o agotamiento del yo.
En un experimento se pidió a los sujetos que evitaran reírse mientras veían una comedia. Posteriormente se les pidió que realizaran una tarea en la que tenían que ejercitar el autocontrol. Los resultados fueron significativamente peores en comparación con un grupo que vio la misma comedia, pero al que no se le pidió que controlara la risa.
Tengamos en cuenta, por tanto, que durante el día tendremos disponible sólo una limitada fuerza de voluntad que se irá agotando según la vayamos empleando en actos voluntariosos. Por eso, es importante administrarla con inteligencia. El principio del Kaizen, que reparte gradual e incrementalmente los esfuerzos, considera de manera implícita este fenómeno.–
Memoria de trabajo limitada
Podemos distinguir dos tipos de memoria: memoria a largo plazo (MLP) y memoria de trabajo (MT).
La MT es la memoria a corto plazo junto con la capacidad de control de la atención. Es la que nos permite mantener un plan y sus pasos en mente a pesar de las distracciones internas y externas.
La MT es la más relevante a la hora de autorregularse porque es el verdadero cuello de botella. Si empleamos una analogía, la MLP tendría el volumen de un estadio de fútbol; y la MT, el de un dedal. Es en ese precario y escaso dedal en el que hacemos pender nuestras determinaciones y proyectos.
La fuerza de voluntad junto con la memoria son dos recursos o aptitudes de los que la gente impúdicamente reconoce carecer. No ocurre así con la inteligencia, el buen gusto o la moralidad. Bien pensado, no es casualidad que ambas sean tan minusvaloradas: son elementos esenciales de la capacidad de autorregulación; hoy en día, ésta es percibida como rígida, autoritaria, represiva y falta de brillo.
Muchas lecturas las acabamos con una sensación de confusión y pérdida de tiempo. A veces, leemos porque ese libro en particular ha caído casualmente en nuestras manos; otras veces, por alguna idea vaga de que lo que vamos a leer puede interesarnos, pero sin saber realmente qué buscamos. Asimismo, cuando acabamos de leer sentimos la necesidad de pasar rápidamente a otra lectura, no reflexionamos sobre lo leído y nos parece que no ha quedado poso. Si un mes después nos preguntan sobre el libro, recordamos poco.
Hay muchas técnicas y libros que tocan el tema de la lectura provechosa y activa.Yo me limitaré a proporcionar una regla sencilla que nos puede ayudar a sacar más partido de lo que leemos, sobre todo cuando no leemos por simple entretenimiento.
3 preguntas: hojea rápidamente el libro, el índice, la introducción y los elogios de las portadas y contraportadas. Escribe tres preguntas que quieres que ese libro te responda. Si no tienes preguntas y no es un libro que lees por simple diversión, déjalo sin más. ¿Para qué seguir leyendo?
3 conclusiones: durante la lectura escribe tres ideas que te llamen la atención especialmente. Éstas pueden ser o no ser la respuesta a tus preguntas previamente formuladas.
3 aplicaciones: al final, determina tres aplicaciones prácticas de lo que has leído, es decir, tres cosas que puedes hacer con el conocimiento adquirido.
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Aplicación regla
Toma nota por escrito de las preguntas, conclusiones y aplicaciones. Puedes usar las hojas en blanco del libro o una servilleta de papel. Es igual.
Justificación
Con las preguntas estás motivando la lectura y determinando blancos de información. Relacionas tus intereses, objetivos, proyectos con lo que estás a punto de leer. Con ello procuras una lectura más activa.
Con las conclusiones estás haciendo un esfuerzo de síntesis sobre el contenido del libro.
Con las aplicaciones estás relacionando lo que has leído con tus metas y te aseguras de que tenga un valor que puedas poner en práctica.
El hecho de que sean 3 y no más es para facilitar el recuerdo de la regla y para fomentar su aplicación. Hacer un resumen de cada libro o documento que lees es algo que se hace muy cuesta arriba; sabemos que puede ser útil, pero no tenemos fuerza de voluntad ni el tiempo para hacerlo.
En cambio, si sabes que sólo tienes que escribir tres preguntas, conclusiones y aplicaciones, ves la tarea más asumible.
Normalmente te encontrarás con ganas de escribir más aplicaciones y conclusiones: una vez que empiezas y generas momentum la tarea se hace más entretenida. De todas maneras, es muy probable que con sólo tres conclusiones y aplicaciones hayas registrado lo más importante del libro.
La sabiduría popular y cualquier libro de autoayuda te dirá que una vez que estás con energía y entusiasmado con algo, has de sacar partido a la ola de positividad que te inunda, subirte y cabalgar sobre ella para aprovecharla al máximo.
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Mi propuesta es justo la contraria: cuando te sientas bien, en la cima, pensando que estás en vena y estás verdaderamente motivado, es el momento adecuado para suspender el trabajo y dejar la tarea entre manos para después.–
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Método de trabajo de Ernest Hemingway
Esta idea la aprendí de Hemingway. Él trabajaba regularmente todos los días, pero elegía siempre el mejor momento, cuando mejor estaba escribiendo y más fluido se sentía, para abandonar el trabajo:
La mejor manera [de escribir] es siempre parar cuando estás haciéndolo bien y cuando sabes que es lo que ocurrirá después. Si hace esto todos los días… nunca te quedarás bloqueado
–Ernest Hemingway
Una persona orientada a resultados, un overachiever, te diría que es un desperdicio de energía el desaprovechar la oportunidad de dar el máximo cuando te sientes al máximo. Parece obvio que es justo en ese momento cuando debes redoblar los esfuerzos, ir a por todas, correr la milla extra, dar el todo por el todo, echar el resto, dar el 110%, etc.
Pero lo contraintuitivo puede ser lo más inteligente. El principio de más es mejor, al que estamos tan acostumbrados, puede ser en este caso –como en otros muchos– un pensamiento cortoplacista o miope.
La técnica de Ernest se basa en la misma treta psicológica que emplean las series de televisión o los culebrones (el efecto cliffhanger): cortan en el momento más interesante de la trama para que vuelvas después de la publicidad o el próximo día a la misma hora.
Nosotros solemos hacer justo lo contrario en nuestros esfuerzos: cortamos cuando la motivación decae o nos empezamos a cansar. Cuando la motivación aumenta, redoblamos los esfuerzos. Es lo natural, pero más adecuado sería dejarlo en un momento álgido, para asegurarnos de que volveremos con ganas y lo antes posible y recobrar esa sensación. Es una cuestión de ritmo, de generación y mantenimiento de momentum en nuestros proyectos.
Para un novelista como Hemingway –un maratoniano de las letras– era más importante el asegurarse que mañana y pasado mañana estaría trabajando que el escribir 200 palabras más al final del día.
La autorregulación es una capacidad clave en los escritores debido a su esfuerzo solitario durante largos periodos de tiempo, sin ver resultados inmediatos, sin jefes que los controlen y muchas veces sin plazos de entrega. Además, un verdadero creador no puede esperar un flujo creativo continuo ni por supuesto planificarlo. Lo máximo que puede hacer es asegurarse de que estará ahí sentado delante de la hoja de papel. Como dijo Woody Allen: “El 90% del éxito en la vida es hacer acto de presencia”; y como Picasso confirmaba: “La inspiración existe, pero te encuentra trabajando.”.
Hemingway llevaba un recuento de las palabras que escribía durante el día en un cartón según decía “para no engañarme”. Los números apuntados podían ser 450, 575, 462, 1.250, 512… Parece que su estrategia era producir un número mínimo de palabras todos los días y para ello mantenía un ritual muy estricto de trabajo: siempre empezaba a la misma hora del día a trabajar. Los días en que las cifras eran mayores era porque al día siguiente se iba de pesca o caza y no podría escribir lo previsto. Con esto se aseguraba un flujo constante de trabajo.
Dejarlo en el mejor momento y paradigma del velocista
Esta estrategia además concilia muy bien el paradigma del velocista (intensidad alta seguida de recuperaciones) con el tipo de trabajo propio de un escritor y de cualquiera que viva con proyectos a largo plazo.
En principio puede parecer que la forma de trabajar de un novelista es extenuante y más parecida a la de un maratoniano que a la de un velocista. Ciertamente, en las largas distancias la continuidad es más importante que la intensidad aislada en un par de días. La inspiración y el depender de las musas quizá sea más propio de los poetas –los velocistas de la literatura– que de los novelistas, que necesitan de años y hasta décadas para concluir sus obras.
Pero con su estrategia de dejar la escritura en el mejor momento, Ernest aumentaba la probabilidad de volver al trabajo al día siguiente. Además, lo haría con más energía, pues hasta entonces generaría expectación y ganas, y emprendería la nueva jornada con intensidad y foco, justo en la manera en que un velocista inicia una nueva serie de entrenamientos.
Fijémonos que no sólo lo dejaba en un buen momento, cuando las cosas estaban saliendo bien; también sabía por dónde seguir, conocía el siguiente paso a tomar, lo dejaba «cuando sabes que es lo que ocurrirá después». Así era más fácil retomar la escritura de la novela o el cuento.
En el eslabón perdido entre la intención y la acción vimos que el principal problema de la autorregulación estriba en que los valores que uno se propone para el futuro pueden no ser sentidos durante todo el camino.
Cuando iniciamos el proceso de creación buscamos que algo que no existe llegue a la existencia, y para ello estamos dispuestos a iniciar el camino… pero iniciar es fácil, como escribió Rilke: “Todos los inicios son hermosos”. La dificultad no reside en iniciar, en tener las intenciones, sino en mantener la acción durante largos periodos de tiempo sin recoger los frutos ni sentir los valores que uno espera obtener de esa creación.
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Artículos de la serie «pon un tomate en tu vida»(técnica pomodoro):
¿Cuántas personas están atrapadas en sus hábitos diarios; en parte insensibles, en parte asustadas, en parte indiferentes? Para tener una vida mejor tenemos que seguir eligiendo cómo vivir.
Me imagino conciliando el sueño en pocos minutos, durmiendo plácidamente todas las noches de una tirada. Me despierto sin necesidad de despertador tras una noche de descanso reparador. Mi mente ha consolidado los recuerdos de las experiencias del día anterior y me levanto sabiendo más de lo que sabía antes de acostarme. Me siento lleno de energía y con ganas de comenzar el día, tengo la sonrisa en la boca. Durante el día me siento despejado, con la mente clara y alerta y con capacidad de enfocar mi atención durante toda la jornada.
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Beneficios
Salud física, energía durante todo el día, claridad mental, más retención de la información, más capacidad para resolver problemas, atención como el láser y un aumento general de la resiliencia o resistencia emocional a la adversidad y el estrés.
Ecología
Consistencia interna:
Bajo circunstancias normales, un sueño saludable es de largo el más poderoso determinante de la productividad y el rendimiento de alto nivel.
–William Demment
Es un ritual clave por sus efectos sobre la salud en general y en el resto de las áreas vitales.
El ritual de sueño forma parte de mi política general de procurar una salud física a través de un estilo de vida saludable. También es una prioridad para mi salud física: está estudiado que la calidad y cantidad del sueño es el pilar fundamental de la salud física; si la alimentación y el ejercicio tienen un nivel mínimo, es el elemento más importante . Aquí aplico el principio de Pareto o regla 80/20 y me centro en lo esencial. Este ritual es el primero que decidí formar.
Hay efectos muy importantes sobre otras áreas de mi vida:
Mejora el rendimiento intelectual
Aumenta el nivel de energía a lo largo del día
Reduce el estrés y elimina el peligro de usar la comida como forma de reducir el estrés
Permite que me recupere tras los esfuerzos físicos y mentales. Dentro de mi política de cultivar el Paradigma del velocista es una parte esencial del bucle Trabajo intenso-Recuperación. Es lo que me permite rendir al día siguiente.
Para diseñar este ritual me documenté. Leí, entre otros libros y páginas web, The Promise of Sleep, de William Demment, un especialista mundial en sueño. En Google encontré una conferencia suya en que resume sus descubrimientos e ideas.
Consistencia externa:
Este ritual no se puede mantener si tienes una vida nocturna muy emocionante o jornadas de 14 horas de trabajo. Simplemente, no sería un ritual adaptado o ecológico. Tendrás que crear un ritual que sea armónico con el resto de tu vida y posiblemente tendrás que llegar a compromisos entre distintas partes de tu vida y actividades.
Al final, serán los valores personales los que te permitirán realizar la elección. Vemos una razón más a favor de crear rituales ecológicos y armónicos. Un ritual es como un observatorio de tus valores, en ellos encarnas lo que más deseas y valoras en la vida.–
Principios de implementación–
Forma un ritual sólo a la vez: no intento mejorar mi alimentación a la vez que mejoro mis hábitos de sueño. Me centro en el hábito del sueño solamente.
Un ritual cada dos meses: dos meses dedicados a instalar hábitos saludables de sueño. Es un hábito de por vida. Bien merece la inversión en tiempo y esfuerzo.
Empieza ridículamente fácil: durante la primera semana de formación simplemente tomo nota de mi tiempo de sueño, incluyendo fines de semana y siestas. No hago nada por cambiar el hábito actual, sólo tomo nota de lo que estoy haciendo. La próxima semana me acostaré antes de la una de la mañana. Tengo en mente la forma definitiva que adoptará el ritual, pero empleo las aproximaciones sucesivas basadas en el principio del Kaizen para no generar excesiva resistencia interna al cambio.
Defínelos muy concretamente y sé flexible: Características del ritual de sueño: duermo 7 horas 13 minutos todos los días (hice un estudio previo en que determine a lo largo de un mes que ese es el tiempo que necesito para estar bien). Me levanto a las 8 de la mañana todos los días, incluido fines de semana. Me acuesto a la hora necesaria para poder dormir lo necesario y levantarme a la hora programada. Evito comidas pesadas dos horas antes de acostarme. Evito cafeína (café, té, coca-cola) después de las 5 de la tarde porque la cafeína está en sangre entre 7 y 9 horas después de ingerirla y afecta a los ritmos de sueño.
Planes de contingencia (para permitir adaptación a circunstancias):
Siestas preparatorias: si un día preveo que voy a salir por la noche y me acostaré más tarde, alargo la siesta para estar despejado por la noche.
Siestas de recuperación: si una noche salgo hasta muy tarde procuro levantarme a la hora programada, lo máximo a las diez de la mañana. Si tengo sueño durante el día, me echo una siesta para recobrar el sueño perdido.
Establece disparadores: me pongo el despertador en el reloj (mejor sería llamarlo ahora “adormecedor”) a la 01:00 para que me avise que tengo que irme a la cama, si es que todavía no estoy en la cama a esa hora.
Adicionalmente, realizo la revisión del día zanjando mentalmente asuntos y eliminando UPA‘s de la memoria y convirtiéndolas en acciones o cosas que hacer para así acostarme sin preocupaciones y no tener la sensación de que hay cabos sueltos. Empleo el ritual de revisión diario como prólogo a mi ritual de sueño.
Disfruta del ritual: introduzco una ducha caliente al final del día como forma de incentivar todavía más el ritual de acostarme.
Urbaniza el entorno: evito leer en la cama. Bajo completamente las persianas para evitar luz que entre de la calle. Aparto la televisión y la radio del dormitorio. Hago el ejercicio a últimas horas de la tarde para evitar que interfiera con el sueño al activarme demasiado.
Revisa el cumplimiento: compruebo en mi revisión diaria si lo he cumplido poniendo un aspa si ha sido así. En el caso de no cumplirlo tomo nota de las razones para ello. En las revisiones mensuales y semestrales reflexiono sobre la calidad de mi sueño y el estado de ritual por si hubiera que ajustarlo.
Mantén frescos tus rituales: dado el cambio del horario de mi trabajo, me he dado cuenta de que puedo levantarme a las 9 en vez de a las 8. Tras experimentar un par de semanas noto que es más cómodo, que es más natural para mí y que además me permite tener una hora más de vida social por las noches. Ahora me puedo ir a la cama a la 1:47 de la mañana si quiero y seguir durmiendo las 7 horas 13 minutos que necesito.
Debido a que actualmente tengo más vida social en los fines de semana, introduzco una siesta preparatoria el sábado de unas dos horas que me permite estar activo hasta más tarde y seguir levantándome a las 9.
Leo sobre los ritmos circadianos (ritmos biológicos dentro del día) y averiguo que entre las 2 y las 4 el cuerpo humano naturalmente registra un descenso de los ritmos biológicos. Esto es independiente de la cantidad de comida (el mito popular es que tiene que ver con las comidas copiosas).
Experimento con una siesta de entre 10 y 20 minutos. Tiene un efecto reparador muy intenso, es como generar un segundo día dentro del día. Decido institucionalizarla y hacerla formar parte de mi ritual general de sueño.
El hábito sí que hace al monje; sobre todo si el protomonje corta y confecciona su propia indumentaria.
–Homo Minimus–
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En el eslabón perdido entre la intención y la acción veíamos como el problema de convertir nuestras determinaciones en acciones y resultados residía en la capacidad de autorregulación. La dificultad está en sostener la motivación en el largo plazo y saber decir no a los impulsos y las ganas del momento en favor de las intenciones y metas a largo plazo. Esto es más importante que las estrategias, la confianza en uno mismo o las circunstancias. Todos sabemos lo que queremos pero nos cuesta mantener nuestras determinaciones.
Vimos en Naturaleza de los rituales que los hábitos, concretamente los rituales (= hábitos diseñados y mantenidos conscientemente) son el puente entre la intención y la acción, un híbrido de intención y automatismo que libera energía de voluntad y memoria de trabajo.
En este artículo expondremos los principios de la creación de rituales; puede que parezcan un poco abstractos así que dedicaremos un segundo artículo a su ilustración con un ritual concreto basado en mi experiencia personal.–
Mapa del diseño de rituales–
Visión de los resultados buscados
Beneficios que aporta el ritual
Ecología
Consistencia interna
Consistencia externa
Principios de creación de rituales
Un solo ritual cada vez
Dedica dos meses a su creación
Empieza ridículamente fácil
Defínelos muy concretamente y sé flexible
Comprométete en público
Establece Disparadores
Disfruta del ritual
Modela tu entorno
Revisa el cumplimiento
Mantén frescos tus rituales–
Visión de los resultados
En primer lugar, es fundamental tener una idea del ritual que deseamos crear y una visión de los resultados que queremos alcanzar con ese ritual. El ritual es un medio para un fin, no un fin en sí mismo.
Un ritual ha de tener propósito. Sólo los rituales que han perdido su razón de ser, de los que hemos olvidado su origen, se esclerotizan y se vuelven maquinales y faltos de vida.
El ritual es una estrategia más que nos permite alcanzar la visión. Como vimos en proceso de creación, comenzamos en la visión, tomamos nota de la realidad actual y luego llevamos a cabo acciones que nos acercan a ella. Es una estrategia altamente focalizada e integrada en nuestra vida diaria.
Beneficios que aporta el ritual
Nos hemos de hacer conscientes de los beneficios concretos que obtendremos con el ritual.
Ecología
Un ritual ha de ser sostenible en el tiempo y adaptado al entorno interno y externo. Para ello ha de estar bien integrado y ser consistente:
Consistencia interna: con valores, otros rituales, actividades diarias.
Consistencia externa: con otras personas y circunstancias no controlables.
El ritual no es un parche o hábito aislado, una rutina que “estaría bien” o que alguien ha recomendado. Está diseñado personalmente por nosotros. Un ritual es un elemento fundamental de nuestra vida y ha de ser armónico con el resto de nuestras actividades. Está inmerso en una red de actividades y otros rituales.
No es gratuito, está pensado de tal manera que genere sinergias con el resto de los rituales y contribuya a crear los valores que queremos ver en nuestras vidas según nuestra escala de preferencias. Permite reducir la fricción interna y externa y aerodinamizar nuestras actividades.
Si tenemos una visión de los beneficios que nos aportará; si esos beneficios están en sintonía con los valores que más apreciamos; si el ritual que queremos formar está relacionado con el resto de los rituales y los apoya y es apoyado, estamos en las condiciones necesarias –pero no suficientes—para verlo formar parte de nuestra vida. La instalación del ritual es una parte clave y en la que solemos fallar.
Principios de creación de rituales –
Forma un ritual sólo a la vez: Si intentas abarcar mucho dispersas tu atención y reduces las probabilidades de formarlo. El foco es esencial, convierte tu atención en un láser que penetra en el fondo de tus hábitos y los modifica.
Hazme caso: uno cada vez. Este es el consejo más importante. Si tienes que quedarte con una idea de este artículo, quédate con esta: es la más importante. ¿Dije ya que es la más importante?
Un ritual cada dos meses: ten paciencia. Durante esos dos meses convierte al ritual en una prioridad. Recomiendo crear un ritual cada dos meses. En un año podrías tener instalados 6 rituales para toda la vida.
Empieza ridículamente fácil: gradualmente los irás enriqueciendo. Da pasos de bebé. Refrénate, modera tu entusiasmo (el de los inicios). No intentes instalar el hábito inmediatamente de una sola vez al 100%. Permítete el tener un pequeño éxito y construir sobre él. Poco a poco. Aplica el Principio del Kaizen.
Defínelos muy concretamente y sé flexible: has de tener una idea de la forma final que adoptará tu ritual. La concreción aumenta la posibilidad de cumplimiento al mejorar el recuerdo y favorecer el compromiso. El diseño implica justificar las características del ritual y hacer que sean funcionales y favorezcan la creación del hábito.
Ten planes de contingencia que te permitan adaptar el ritual a las circunstancias.
Comprométete públicamente: hacer pública tu determinación de creación de un ritual será un estímulo externo para su cumplimiento. Estarás convirtiendo en aliados a tus amigos y conocidos al aprovechar sus expectativas sobre ti. Además, si te desvías, posiblemente te avisen de ello. Si lo llevas a cabo, aumentarás la autoestima personal y amplificarás el orgullo de llevar a término tus determinaciones. Con este compromiso estás moldeando tu entorno para que favorezca tu ritual.
Establece disparadores: determina qué señal o disparador te indicará que ha llegado el momento de practicar el ritual.
Disfruta del ritual: busca las partes más satisfactorias de él e intenta enfatizarlas . Es la única manera de que persistamos. Somos miopes y reaccionamos a las ventajas a corto plazo. Intenta allanar el trayecto. Disfruta del proceso. Considera la formación del ritual como una experiencia de aprendizaje más que como un lastre; que no sea una carga más a nuestra larga lista de obligaciones y necesidades.
Supone un gasto de energía durante su creación. Esto es ineludible, pero podemos intentar enfocarnos en las partes más divertidas de él durante su formación. En el largo plazo disfrutaremos de sus ventajas, se sostendrá a sí mismo y habremos experimentado sus beneficios directamente. La familiaridad trae el confort.
Moldea el entorno: para que favorezca el ritual y sea más propicio.
Revisa el cumplimiento: mientras estás formando el ritual lleva un control sencillo de su grado de cumplimiento. Propongo que te hagas un cuadro en que las casillas sean los días. En ellas puedes poner un aspa si lo cumples, media aspa si lo haces a medias y nada si no lo haces. Tenlo en una pared visible para ti y para los demás (si has decidido hacerlo público). Un ritual se considera formado cuando lo cumples sin interrupción durante 30 días seguidos.–
Mantén frescos tus rituales:
Lo malo de la rutina es que acaba perdiendo la t.
–Juan Bonilla. Escritor español.
–Nuestro sistema de rituales es orgánico y evolutivo. Un ritual es un un ser vivo. Tiene un propósito que revisamos periódicamente –quizá semestral o anualmente– y se adapta a las circunstancias cambiantes de nuestra vida. Lo modificamos y le damos variedad para mantenerlo fresco.
Cuando escribo esto acabo de demostrar-me que soy capaz de prepararme para un viaje de un par de días dentro de mi país en menos de 30 minutos; es lo que me ha costado sacar el billete de tren por internet, anotar el localizador y preparar una mochila pequeña con lo necesario para pasar unos pocos días fuera de casa.
Los pasos siguientes son:
Ser capaz de prepararme para un viaje de unos pocos días fuera de mi país en un día.
Ser capaz de cambiar de ciudad de residencia dentro de mi país en menos de tres días.
Ser capaz de cambiar de ciudad de residencia y establecerme fuera de mi país en menos de una semana.
Si soy capaz de hacer esto, significará que tengo pocas posesiones, que tengo rapidez de actuación, que necesito realmente poco, que soy autónomo e independiente –sobre todo de cosas– y que realmente podría estar en cualquier lugar.
Las islas Ryūkyū, al sur de Japón, es uno de los lugares de la tierra con gente más longeva: alcanzan edades medias superiores a los 90 años y en relativas buenas condiciones físicas y mentales. La incidencia de las enfermedades típicas de occidente es mucho más baja: 80% inferior en enfermedades del corazón, 50%-80% en muchos tipos de cáncer, etc.
Esta longevidad es atribuida a razones de tipo ambiental y hábitos alimenticios: la dieta tradicional de los habitantes de estas islas tiene un 20% menos de calorías que la de los japoneses en general. Se ha definido e incluso comercializado una dieta basada en los elementos de la alimentación de la gente de estas islas, la dieta de Okinawa.
Aunque el componente genético siempre es importante, un estudio realizado sobre 100.000 habitantes de Okinawa emigrantes a Brasil que adoptaron hábitos de alimentación locales mostró que la esperanza de vida de estas personas era 17 años inferior a la de sus parientes en Japón. De hecho, en los últimos años la incidencia de enfermedades del corazón entre la población más joven de Okinawa ha aumentando con respecto a sus mayores. Esto se atribuye a la adopción de un estilo de vida más occidental.
La restricción calórica se ha mostrado como uno de los pocos sistemas basados en la dieta que aumentan la longevidad en diversas especie de animales. Los habitantes de Okinawa emplean una reglallamada Hari Hachi Bu que permite alcanzar este fin. Consiste en comer hasta alcanzar el 80% de la capacidad: en ese momento hay que parar.
La justificación está en que el cerebro tarda al menos 20 minutos en producir la sensación de saciedad a partir de las señales del estómago, por lo que cuando sentimos la saciedad es probable que ya hayamos comido demasiado. Nuestro acelerado ritmo de vida propicia el exceso; hay menos tiempo para sentarse a la mesa y comemos rápidamente sin dar tiempo a recibir la realimentación de nuestro cuerpo. Además, comemos mientras hacemos otras cosas: hablamos, vemos la televisión, leemos y nos mantenemos ocupados de diversas maneras; somos menos sensibles a nuestros estados internos.
La dificultad estriba en saber cuál es ese punto óptimo en que hemos alcanzado el 80% de nuestra capacidad. Si quieres aplicar esta regla a tus comidas podrías empezar los primeros días intentando determinar ese punto, dejar pasar media hora y después de ese tiempo permitirte comer algo más si sientes hambre. También podrías reducir tu ingesta, si reduces la cantidad en un 20% de lo que normalmente comes y observas que, a pesar de ello, no te sientes hambriento media hora o una hora más tarde después de comer.
Esta es una regla sencilla pero muy eficaz y está avalada por los resultados y la tradición cultural. Pone de relieve, una vez más, el poder de las reglas simples para producir buenos resultados.
En El eslabón perdido entre la intención y la acción veíamos que la esencia del problema de conversión de intenciones en acciones está en la capacidad de autorregulación, en lo que Jose Antonio Marina –el filósofo y ensayista español– ha llamado “la gestión inteligente de los motivos”, que es el equivalente técnico, más preciso y operativo, de la tradicional fuerza de voluntad.
La dificultad está tanto en vencer la tentación de lo inmediato –los cantos de sirena de las ganas– como en recordar nuestras determinaciones e intenciones a largo plazo en el momento de actuar, cuando sean relevantes. No siempre recordamos nuestras determinaciones; y si lo hacemos, es muy fácil que se escurran de nuestra memoria de trabajo o bien que perezcan ante el poder de lo inmediato.
Síntesis del problema
El presente es un poderoso dios.
–Johann Wolfgang von Goethe
¿Cómo conectar entonces nuestra acción presente-diaria-cotidiana con los valores pensados futuros, aquellos que consideramos dignos de perseguir, pero que no podemos sentir más que entrecortadamente con la imaginación?
¿Cómo seguir actuando diariamente hacia nuestras metas teniendo en cuenta el hecho de que nuestra voluntad es escasa y se agota con el uso?
¿Cómo actuar consistentemente en distintos momentos a pesar de la inmediatez de las ganas, los impulsos y los deseos desconectados de nuestros propósitos?
Respuesta: los rituales
–El hábito hace al monje.
–Homo Minimus
La respuesta a los interrogantes anteriores está en una herramienta esencial de la gestión personal y de mi filosofía de minimalismo existencial: el ritual.
Un ejemplo de ritual: yo medito todos los días 24 minutos. Lo hago de manera regular. Está pensado y he invertido tiempo en su creación y automatización. Ha pasado a formar parte de mí. Ya no me cuesta esfuerzo y es una segunda naturaleza: al principio yo tiraba del ritual obligándome a seguirlo, pero ahora es él el que tira de mí, y me siento raro si no lo practico algún día. Obtengo beneficios intelectuales y ventajas en el control de mi atención. Además, siento que soy mucho más aerodinámico emocionalmente de lo que era hace un año.
Crear rituales es el equivalente a construir obras públicas e infraestructuras. Permiten conectar de manera consistente los terrenos personales de la intención y de la acción. Son un híbrido de intencionalidad y automatismo. Al igual que la autopistas y los puentes, facilitan que nuestros actos circulen con rapidez y armonía, y conecten con los motivos y determinaciones.
Son hábitos –de ahí su automatismo– consistentes con nuestros valores, metas y proyectos. Gracias a ellos no tenemos que emplear una desproporcionada energía del ego o voluntad tomando decisiones. Simplifican nuestra vida y liberan fuerza de voluntad para otros usos más creativos. Piensa en el efecto que tendría sobre tu productividad personal y calma mental el tener que decidir día tras día si levantarte para ir a trabajar o no, lavarte los dientes o no, seguir con tu marido o mujer o no, etc.
Diseño de rituales
Pero no son meras rutinas: incluyen un elemento de diseño, y éste es clave, pues has tenido que pensar sobre tus valores, sobre tus pasiones, sobre lo que te gusta y lo que no te gusta, sobre tus metas a largo plazo y sobre el tipo de vida que quieres llevar. La mayoría de los hábitos que tenemos son como moscas que se han ido pegando accidentalmente –según nuestra educación y entorno– en el papel pegajoso de nuestro carácter. Los rituales son hábitos generados y mantenidos de manera consciente; en cierta manera, nos permiten elegirnos a nosotros mismos.
Entre sí han de estar integrados. Han de ser sostenibles. También flexibles. Son una forma de inversión en infraestructuras personales, y sus beneficios son en el largo plazo. Quizá sean la mejor inversión personal que uno puede realizar, porque crean una consistencia diaria entre lo que hacemos y nuestros sueños; con los rituales, nos aseguramos de que nuestras metas se construyen día a día con nuestros actos.
Creo que uno de los factores de éxito de Google –al menos en sus inicios– fue la tremenda simplicidad de su página inicial. Una caja donde escribir las palabras claves para la búsqueda y un par de vínculos. Un estilo diáfano.
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Podemos contrastar esto con otros buscadores exitosos al principio, pero que fueron perdiendo fuelle, como el de Yahoo:
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O el de MSN:–
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No soy el único que en su día experimentó una sensación de calma y de disminución del agobio al ver la página de Google. En contraste, las páginas atestadas de anuncios, predicciones meteorológicas, bandas de cotización de valores bursátiles, rótulos luminosos, colores variados y todos los píxeles atiborrados de contenido eran una bofetada informacional para la mente.
Dropbox es también modélico y su estilo se parece mucho al inicial de Google:
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La simplicidad cuasi-zen en su diseño y la sensación de control y serenidad que genera fue la razón por la que decidí usar este programa para Almacenar todos mis archivos en línea.
Informacionitis e infoxicación
Es natural el querer incluir la máxima información posible, y es posible que muchos usuarios demanden cada vez más y más contenidos; incluso, puede que sea un factor competitivo para las empresa el incluir toda esa información y características como factor diferenciador.
Pero las posibilidades técnicas se encuentran con el cuello de botella de nuestra “Memoria de trabajo” (Working Memory en inglés); esto es, la cantidad de información que podemos manejar conscientemente es muy limitada y el hecho de poder ofrecerla toda a la vez se enfrenta con el muro de nuestras limitaciones cognitivas. Simplemente no podemos procesarla y corremos peligro de infoxicarnos.
Por realizar una analogía, una página inicial llena de contenido y enlaces sería como una persona que te acaban de presentar y que te cuenta su vida sin que se lo hayas pedido o te ofrece consejos sin que se los hayas solicitado.
Complejidad por capas
–¿Cómo se concilia entonces el principio de simplicidad con el deseo de ofrecer más detalles, funcionalidades o información?
Me alegra que me hagas esa pregunta.
Veamos un ejemplo:
Google, por supuesto, tiene muchísimas posibilidades y características a las que no puedes acceder desde la página inicial, pero para un gran parte de los usuarios no son necesarias, así que la presentación de una simple caja de búsqueda es suficiente. Si quieres más, entonces tienes que buscarlo excavando en la página web.
Por lo tanto, más que de simplicidad podríamos hablar de “complejidad por capas”. La presentación inicial es muy sencilla, suficiente para las necesidades de un alto porcentaje de usuarios; pero si tienes necesidades más sofisticadas, entonces puedes acceder a un segundo o tercer nivel, hacer varios clics y emplear la ayuda o las guías de navegación.
Este principio de complejidad por capas se puede aplicar en muchos contextos y es siempre el mismo:
Proporciona la información que más probablemente necesiten los usuarios. Esto permite una interfaz de usuario muy sencilla.
Si alguien necesita más, permite al acceso a sucesivos niveles con profundidad creciente donde puedan buscar lo que necesiten.
Por supuesto que no hay que esperar a que aparezca un Google o un Dropbox en tu vida para aplicar el principio. Aunque no te lo pongan fácil, tú mismo puedes aplicarlo a tus asuntos en materia de búsqueda de información. Y hablar de “búsqueda de información” significa hablar de casi cualquier cosa que haces en la vida.
Aplicaciones e ilustraciones del diseño de complejidad por capas
Si lees un libro, comienza mirando el índice, las cubiertas, los elogios de la contraportada y el prefacio o la introducción. Luego decide si quieres seguir leyendo y qué quieres leer. Sigue tomando estas decisiones durante toda la lectura del libro respecto a capítulos, secciones y epígrafes.
Cuando estudies un tema nuevo o inicies un proyecto, hazte con un “sencillo mapa del territorio”. Una conversación de 5 minutos con un experto o un conocedor te puede señalar los puntos más importantes o la esencia del tema. Además, te puede indicar tres libros de referencia que te sirvan como portal más amplio a la materia.
Cuando conocemos a alguien vamos poniendo sucesivos filtros aumentando o reduciendo la interacción en función de nuestras necesidades e interés. Hay gente que no pasa el corte de la primera impresión y hay otros de los que quieres seguir conociendo más detalles y haces clics metafóricos para ir descubriendo más y más capas de complejidad en su personalidad. Algunos terminan convirtiéndose en tus mejores amigos.
Si dudas sobre si iniciar un proyecto, no tienes que comprometerte con él hasta el final: realiza un prototipo de tres días y advierte como te sientes con el proyecto. Después decide si quieres profundizar y continuar, o dar la orden de parada.
Si eres profesor, proporciona la información poco a poco, en niveles crecientes de detalle y complejidad– como si estuvieras dando sucesivas capas de pintura a un muro– y justifica y motiva siempre el siguiente nivel.
Hacernos conscientes de las limitaciones de nuestra memoria de trabajo, el fenómeno de la infoxicación, lo deseable de la simplicidad y el diseño de la complejidad nos puede ayudar a ser consumidores y proveedores mucho más conscientes de información y controlar el input informacional con más eficacia.
De esta manera, podremos lograr que la superficie lunar de nuestra mente, golpeada día tras día por los meteoritos de la información, se parezca un poco más a una habitación minimalista de la conciencia.
Ayer eran las doce de la noche y todavía no había meditado. La meditación diaria de 24 minutos es uno de mis rituales. Era ya tarde y realmente se me hacía difícil ponerme a hacerlo a esas horas. En 30 segundos fui capaz de darme 5 buenas razones para dejarlo para el día siguiente (como bien sabéis, mañana siempre es el día más ocupado de la semana):
Por un día no pasa nada.
Mañana haces doble sesión.
Mejor una buena meditación que una a medias.
Olvídate, hoy has trabajado ya mucho. Te mereces un descanso.
Hay que ser flexible, aerodinámico, espontáneo; la disciplina es rígida, robótica. Tú eres un artista.
Si hubiera dispuesto de más tiempo, se me hubieran ocurrido diez razones más; pero fui consciente en tiempo real –gracias al desarrollo de mi cada vez más potente Yo Observador– de que había una parte en mí que no quería meditar y estaba empleando los recursos mentales para argumentar a su favor. Mi Yo negociador salió al quite:
–Bien, no es necesario que medites 24 minutos, ciertamente es tarde.– dijo en tono conciliador. Luego continuó: –Lo que creo es que 4 minutos sí que podrías hacerlo…–. Aquí hizo una pausa valorativa.
–Mejor 4 minutos que nada, y con eso habremos cumplido y evitaremos el desagradable sentimiento de culpa por fallarnos a nosotros mismos. ¿No es cierto?
El Yo Negociador actuó magistralmente. Consiguió convencerme –a mí o a alguna de mis partes– y terminé meditando esos 4 minutos. Además, fueron muy intensos y tuve la sensación de que había pasado más tiempo.
(Este es el primero de una serie de artículos que tratan sobre el paradigma del velocista. He encontrado muy difícil sintetizarlo en uno solo y he preferido comunicar la idea en varios, yendo contra mi costumbre de comprimir cada concepto en una sola entrega)
Paradigma del velocista vs paradigma del maratoniano
Miremos la imagen de un maratoniano:
Delgado, casi esquelético, se le adivinan las costillas, parece exhausto, se arrastra casi al final de la carrera (llegue el primero o el último). Es la viva imagen del sufrimiento. Ciertamente muchos concluyen pero han pasado tres horas derramándose por la carretera. Su entrenamiento se basa en desarrollar resistencia a través del esfuerzo de miles de kilómetros recorridos a lo largo de años de trabajo agotador.
Veamos ahora el aspecto de un velocista:
Musculoso, intenso, lleno de energía. Sólo 100 metros, ¡pero qué intensidad! Preparación y entrenamiento para darlo todo durante diez segundos. Cuando alcanza la meta, llega radiante, vibrante, y se recupera con rapidez. Normalmente se entrenan en series intensas seguidas de recuperaciones planeadas con precisión.
La literatura de la gestión del tiempo personal abraza implícitamente la primera versión: una organización del tiempo para llenar de actividades toda la jarra del tiempo del día con el mayor número de piedras-actividades, como si fuéramos un hombre gordo intentando embutir sus formas en unas ajustadas mallas de bailarina. Así lo vimos, por ejemplo, en la técnica de las Cinco grandes rocas de Stephen Covey. El resultado final es que acabamos soportando jornadas larguísimas de esfuerzo sostenido llenas de tareas.
Jim Loehr y Tony Schwartz en El poder del pleno compromiso nos muestran otro sistema; lo llaman «El paradigma del velocista«: lo importante es la administración de la energía, no del tiempo. Lo que nos permite dar lo máximo de nosotros mismos es el nivel de energía del que disponemos. ¿De qué sirve programar cuidadosamente actividades y priorizar nuestros asuntos si cuando vamos a llevarlos a cabo no tenemos el empuje necesario para ello?
Energía y recuperación
Los métodos tradicionales de gestión del tiempo enfatizan las tareas y las prioridades; el método de Loehr y Schwartz, la energía y el equilibrio entre distintas dimensiones vitales; la dirección de los asuntos personales ha de tener en cuenta la energía de la que disponemos en todos los niveles: físico, emocional, mental y espiritual.
La esencia de su método está en encontrar la adecuada combinación de trabajo intenso y recuperación. Es más, la recuperación es la condición necesaria para el trabajo intenso: de otra manera es tiempo de trabajo presencial, no realmente eficaz y centrado, y podemos acabar quemados con cierta facilidad.
El trabajo intenso es un trabajo enfocado, con plenitud de recursos, resolutivo, con metas claras en la que ponemos el máximo de nosotros. No es incompatible con seguir teniendo en cuenta las prioridades; de hecho, puede ser combinado muy eficazmente con el Principio de Pareto o Regla del 80/20 para alcanzar así su máximo poder.
El escenario ideal sería, por tanto, éste: nos centramos en las tareas relevantes o tareas de valor que nos acercan más a nuestra visión o resultados apetecidos, al tiempo que disponemos del máximo nivel de energía cuando las desarrollamos.
Recuperar en distintos horizontes temporales
Este paradigma puede y debe aplicarse en distintos horizontes temporales; de hecho, de una manera u otra todos lo aplicamos inconscientemente o disponemos de estructuras que lo facilitan: vacaciones para recargar las pilas, fines de semana para desconectar, una noche de sueño reparador, las comidas para descansar, la pausa del café a media mañana o simplemente el levantarse de la silla para estirar las piernas y fantasear un poco antes de volver a las obligaciones.
Pero como todos sabemos, hoy en día la tendencia es a que la profesión invada todas las áreas de nuestra vida; aumenta la dificultad –propiciada por las comunicaciones ubicuas– de diferenciar trabajo y ocio, familia y empresa, descanso y actividad laboral; soportamos larguísimas jornadas, flujo de trabajo continuo, plazos, ritmo vertiginoso de cambio; sufrimos interrupciones (según un estudio americano sobre lugares de trabajo el empleado medio sufre una interrupción en sus tareas cada tres minutos); y para complicar todo mantenemos metas y objetivos contradictorios a nivel personal y laboral que nos hacen sentir como un burro en una noria dando vueltas en círculo sin avanzar nunca.
El paradigma del velocista pretende sistematizar los métodos de recuperación de la energía en distintos horizontes temporales e integrar sus distintas fuentes para procurar un uso más concentrado de nuestros recursos escasos: atención, tiempo y energía psíquica y física.
En un próximo artículo veremos la herramienta fundamental para lograrlo: los rituales de recuperación.
Hace más de un mes decidí leer una obra literaria que llevaba mucho tiempo en mi lista de deseos (había aplicado de sobra la Regla de los siete días de la compra). Por fin me permití comprarla, pero cuando iba a hacerlo me pregunté si habría una manera minimalista de disfrutar de su lectura.
¿Por qué comprarlo? ¿Qué coste tiene la compra de un libro?
Está el gasto de la compra, unos 20 euros. Está el coste de oportunidad del tiempo y esfuerzo dedicado a leerlo, el mayor coste probablemente. Además, tengo el inconveniente de incorporar un nuevo elemento a mis posesiones: almacenamiento, más espacio dedicado a literatura en una casa ya saturada de objetos, una posesión más que me quita flexibilidad geográfica (los libros se acumulan y si quiero cambiar de residencia tengo que transportarlos), apego a un nuevo objeto físico, más distracciones en mi entorno…
Concluí que sí que quería leer la obra deseada: es muy conocida y sentía curiosidad por ella desde hace tiempo; me había retenido lo suficiente durante meses antes de adquirirla y seguramente merecía el esfuerzo y la atención; y si no, siempre podía echarle un vistazo y dejarla si no me gustaba o no respondía a mis expectativas.
¿Hay otras opciones aparte de comprarlo?
Querer leer algo no significa necesariamente tener que comprar un ejemplar y guardarlo en propiedad.
Decidí que lo sacaría de una biblioteca pública. Fui a la más cercana y me encontré con que tendría que esperar hasta principios de agosto para poder retirarlo, ya que lo tenía otro lector. Sentí entonces que ya estaba legitimado para pagar por él: después de todo había hecho lo posible por obtenerlo gratuitamente.
Pero enseguida reparé en que la lectura no era urgente, y bien podía esperar un mes a leerlo; apunté la fecha en que estaría disponible en mi agenda. Hoy, por fin, lo he sacado de la biblioteca; cuento con un mes para leerlo.
Creo que hay muchas opciones alternativas a la compra de libros físicos que reducen el coste monetario de la adquisición y la posesión:
Bibliotecas públicas
Libros electrónicos
Pedir prestado a un amigo
Compras de segunda mano
Intercambio de libros con gente interesada en temas similares
Clubes de lectura en que cada miembro aporta libros a un fondo común
Etc.
¿Por qué necesitamos comprar y tener la propiedad?
La mayores motivaciones para comprar libros quizá sean la costumbre, el afán de sentirse propietario del bien físico y la sensación de que necesitas que sea tuyo para poder disfrutar plenamente de él. Nos movemos por una mentalidad de “¿Y si…?” o “Por si acaso”, que supone que hemos de tener el texto en papel siempre a mano por si surge la necesidad. Sin embargo, ¿cuántas veces has leído dos veces un mismo libro?, ¿cuántas veces vuelves a consultar uno ya leído? Adivino que no muchas.
También hay un elemento de búsqueda de la gratificación instantánea y poca tolerancia a la espera. Nos gusta saber que las cosas son nuestras porque así están a nuestro alcance en el lugar y momento en que las deseamos.
Tampoco podemos olvidar el sentimiento algo fetichista, como de objeto sagrado, que muchos tenemos con los libros: es un pecado tirarlos a la basura o estropearlos, incluso escribir en ellos. Más que un medio para un fin, para muchos son un símbolo de identidad al que unimos sentimientos y memoria, y por ello los llegamos a considerar parte de nosotros. Desprenderse de un libro genera un sentimiento de pérdida.
No tenemos en cuenta que las posesiones terminan poseyéndonos, en el sentido de que añaden costes ocultos monetarios y no monetarios en nuestras vidas, y un apego que aumenta la fricción en nuestra acción y nuestras decisiones.
En una sociedad de la información lo importante no es la posesión y propiedad de los bienes , sino el acceso a los bienes en el momento en que los necesites. No importa el formato de libro que emplees (digital o en papel) ni la propiedad de él. Nuestro deseo de mantener libros físicos es una reminiscencia de épocas no muy lejanas en que la información y el entretenimiento estaban inextricablemente unidos a objetos materiales.
Quizá llegue el día en que el apego a la propiedad resulte tan chocante como hoy resulta la danza de la lluvia, la pluma de ganso en la escritura o los coches de caballos.
Cada vez que acabo de usar algo lo devuelvo a su sitio. Todo objeto tiene un hogar al que pertenece.
Esta es una regla mínima, tradicional, de la organización personal. Está relacionada con el refrán: “Ojos que no ven, corazón que no siente” o el más físico “Out of sight, out of mind” del inglés (fuera de vista, fuera de la mente). Todo lo que queda fuera del campo visual deja de ser una fuente de distracciones.
Justificación
Cualquier elemento físico de tu entorno no sólo ocupa espacio. También ocupa tiempo, aunque sea en el breve lapso en que le prestas atención. De la misma manera que hablábamos de Habitación minimalista de la conciencia, también podemos hablar de habitaciones minimalistas de nuestra casa.
Podríamos visualizar cada elemento material como un sumidero de energía o como un lugar de estancamiento de energía mental. Si reducimos las cosas a la vista, devolviéndolas al lugar al que pertenecen, su hogar, permitimos que la energía psíquica quede libre y vuelva a circular.
Si cada componente de tu habitación tiene un hogar te es más fácil localizarlo cuando lo estés buscando.
Aplicación
Mira a tu alrededor: ¿qué tres cosas no están en su lugar? Colócalas en su sitio, y si no lo tienen, búscales “un hogar” y déjalas en él (esto es lo que acabo de hacer con un vaso que estaba encima de la mesa, un reloj y un paquete de pañuelos). Recomendación: sólo tres cosas a la vez. No más. No menos. Hay una justificación para ello. Lo aprendí de Ernest Hemingway. Escribiré sobre ello más adelante.
Empieza pequeño, usando el principio del Kaizen. Sería inasumible que intentaras en una tarde (o en una semana) dar un hogar a todos los objetos de tu casa. Empieza por una mesa o por una repisa en la cocina. Luego, sucesivamente, día tras día, sigue haciéndolo con el resto de las superficies de tus habitaciones -es el lugar donde suelen acumularse más trastos y estancarse la energía-. Quizá te lleve semanas. Está bien.
Observa y toma nota de la reducción de la agitación mental. Disfruta de la creciente calma que genera un entorno físico libre de elementos físicos y distracciones que te permite enfocarte en una cosa cada vez. Este sentimiento te motivará a continuar. Llegará un momento en que te preguntes cómo pudo ser posible que alguna vez vivieras en un entorno lleno de cosas.
Esta regla se complementa muy bien con una política general de reducción de objetos. Cuantos menos, menos necesidad de almacenarlos, organizarlos y gestionarlos. Próximamente comenzaré un proyecto de reducción a sólo 100 pertenencias personales.
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Cualquier enfoque minimalista habría de empezar por considerar qué es lo importante en la vida. Los filósofos de la moral, los maestros espirituales y los cantantes de todos los tiempos han intentado ayudarnos a encontrar la piedra filosofal de la buena vida y de la vida buena. El minimalismo existencial o panminimalismo no es sólo una estética, es sobre todo una ética práctica, por eso no puedo seguir adelante sin descubrir mis cartas:
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Cualquier enfoque minimalista habría de empezar por considerar qué es lo importante en la vida. Los filósofos de la moral, los maestros espirituales y los cantantes de todos los tiempos han intentado ayudarnos a encontrar la piedra filosofal de la buena vida y de la vida buena. El minimalismo existencial o panminimalismo no es sólo una estética, es sobre todo una ética práctica, por eso no puedo seguir adelante sin descubrir mis cartas:
Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor
el que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios.
Pues con ellas uno vive libre de preocupación
por eso pido que aprendan el refrán de esta canción.
I. Las personas y las relaciones son lo más importante de nuestras vidas. El amor y la conexión son los pilares de una vida buena y de una buena vida y han de estar orientados hacia las personas y hacia las actividades, hacia aquello que consideremos satisfactorio y significativo.
Cuando recordamos nuestros mejores momentos siempre nos encontramos que tienen que ver con con nuestras relaciones con personas. Imaginemos un mundo en el que tenemos todos los bienes materiales que deseemos, en cantidades ilimitadas, pero en el que no hubiera personas: ¿querríamos vivir en ese mundo?
II. Salud. No es una condición de posibilidad de lo primero, pero el respeto por el propio cuerpo y mente y su correcto funcionamiento, posiblemente nos permita obtener lo mejor y hacer lo mejor que esté a nuestro alcance.
III. Dinero, siempre como bien instrumental y para satisfacer nuestras necesidades básicas: comida, cobijo, vestido y transporte. Todas estas necesidades básicas se pueden extender hasta el infinito en forma de banquetes, mansiones, moda de alta costura y jets privados. Por lo tanto, habremos de estar vigilantes sobre lo que son necesidades básicas.
En resumen, siemprelas personas por encima de las cosas, y siempre las actividades por encima de las pasividades.
El minimalismo existencial no es renuncia. Solemos hablar de «poda minimalista» , «dejar ir», «dejar pasar», «no maximizar», «estar contento con lo que ya tienes», «suboptimizar», «apreciar los pequeños dones», «no desear más allá de lo razonable», etc. Puede parecer que el minimalismo existencial implica renunciar a las cosas buenas y a las cosas mejores de la vida. Parece que descarta el progreso y los sueños, que es una especie de despojamiento triste y ascético.
Pero el minimalismo no es ascetismo, no busca la renuncia por la renuncia, sino que emplea la renuncia como medio para un fin: obtener lo mejor de la vida y hacer lo mejor posible en la vida.
Somos seres finitos, con un tiempo finito, atención finita, energía finita y los recursos a nuestra disposición son siempre escasos en relación a lo que deseamos; es necesario aprender a determinar qué es lo verdaderamente importante. Elegir significa por lo tanto renunciar: si quiero esto, entonces no quiero lo otro.
Una vez escuché en una conversación ajena algo que decía un vagabundo a otro vagabundo; era una de esas charlas semi-filosóficas y trascendentales que se tienen cuando se está en comunión con el interlocutor y no se está totalmente borracho. Decía: «lo difícil en la vida no es decidir lo que quieres, sino lo que no quieres».
En el momento me pareció absurda la frase, porque para la mayoría es más fácil saber lo que no queremos que lo que queremos. Pero con el paso del tiempo he reconocido su profundidad: lo difícil es renunciar y por lo tanto no querer, porque somos seres diseñados para querer todo y para correr en distintas direcciones. Perseguimos todo a la vez: cosas compatibles o no opuestas, pero que drenan recursos unas de otras, y hasta cosas incompatibles, que no pueden conseguirse jamás a la vez.
Además, no es tanto que queramos mantener opciones abiertas como una forma de flexibilidad estratégica; la verdadera razón está en que subjetivamente sentimos aversión a desprendernos de la posibilidad: haremos lo posible por mantenerla abierta. Peter Drucker, el gurú del management, decía que la verdadera dificultad está no en priorizar, sino en «posterizar», en decir no a opciones, tareas o posibilidades.
En una sociedad en que la renuncia parece un anatema y la maquinaria publicitaria nos ha adiestrado para que busquemos satisfacer hasta el menor de nuestros deseos o caprichos, es complicado comprender que no podemos tener todo. De hecho, sólo podemos tener unas pocas cosas en la vida. Querer todo es equivalente en el fondo a no querer nada.
Cualquiera que trabaje con distintos ordenadores y que tenga que manejar distintas copias de un mismo trabajo sabe que mover archivos de un lugar a otro, a la vez que llevas el control de las distintas versiones, es una complicación.
Ni siquiera es necesario que manejes varios ordenadores: el mero hecho de mantener copia de seguridad ya obliga a hacer copias periódicamente y mantener versiones distintas de los mismos documentos .
Si a eso añades el cada vez más común trabajo en grupo a través de Internet, el problema crece. Esto es cada vez más corriente: grupos de trabajo virtuales, compartir archivos que sufren modificaciones, revisiones por personas distintas de los que escriben, etc.
La solución tradicional es usar un pendrive que llevas siempre contigo del trabajo a casa y de casa al trabajo, o enviarte por correo electrónico esos archivos a ti mismo o a las personas que los comparten; y todo esto a la vez que haces un seguimiento cuidadoso de las versiones.
Resulta entonces que muchas veces te encuentras en un soporte -ordenador, pendrive o archivo de correo electrónico- con trabajo del que dudas si tienes versiones más recientes y si están actualizadas con los últimos cambios. Un verdadero embrollo.
La herramienta de simplificación ya apareció hace tiempo; es una combinación de almacén virtual y servicio de sincronización de archivos:
En el almacén virtual en la red puedes conservar tus copias de seguridad y disponer de ellas en cualquier lugar del mundo, si dispones de una conexión a Internet.
Estos archivos se sincronizan en línea con el ordenador u ordenadores donde trabajas habitualmente. De esta manera te aseguras que están siempre actualizados a la última versión y te desentiendes de realizar más copias de seguridad, porque sabes que están no sólo en tu ordenador, sino también en la red en el almacén virtual y con las últimas versiones: cada vez que conectas tu ordenador a la red, el almacén virtual sincroniza todo automáticamente.
De esta manera puedes acceder a tu trabajo siempre que tengas una conexión a Internet y desde cualquier ordenador propio o ajeno. Si lo deseas, puedes incluso prescindir del ordenador propio. Esto es muy útil si viajas por el mundo con el mínimo equipaje y quieres librarte de llevar un portátil o notebook contigo. Además, algunos servicios como Dropbox mantienen en línea no sólo la última versión del documento, sino las anteriores.
He decidido hacer migrar mis archivos digitales a la red, concretamente a Dropbox (a propósito: me encanta la línea minimalista de la página inicial de Dropbox), que proporciona almacenamiento gratuito hasta 5Gb. Con esto genero simplicidad en la gestión de mi trabajo, personal y en grupo, y creo paz mental, al no tener que preocuparme nunca más por las copias de seguridad o las versiones no actualizadas.
Alguien debería decirnos desde el principio de nuestras vidas que nos estamos muriendo. Entonces, tal vez, viviríamos al límite cada minuto de cada día. Hágalo digo yo. Cualquier cosa que quieran hacer, háganla ahora. Hay sólo algunas mañanas.
~Michael Landon
Memento mori es una expresión latina que significa “recuerda tu mortalidad”, o “recuerda que eres mortal”. Estas palabras han dado nombre a un tipo de arte destinado a recordar a la gente su condición finita. El cuadro de arriba, Joven con calavera, de Frans Hals, es un exponente de este género artístico.
En la antigua Roma, en los desfiles celebrando la victoria, había un esclavo junto al general victorioso que le susurraba al oído continuamente esas palabras. Aunque es posible que se usaran estas otras: “Respice post te! Hominem te memento!” “Mira tras de ti, recuerda que eres un hombre”. Esta frase servía de antídoto contra la soberbia y la euforia que distorsiona el juicio en los momentos de éxtasis.
En otro sentido, aunque no tan diferente, Montaigne hablaba de que debíamos vivir con una ventana abierta a un cementerio, y Proust nos advertía que no necesitábamos un cataclismo o una desgracia para empezar a valorar la vida cotidiana, que nos embota la sensibilidad, sino que nos bastaba con recordar que somos humanos y que esta misma noche puede llegarnos la muerte.
Robin Williams, el profesor Keating, en una de las escenas más famosas de El club de los poetas muertos, nos sugiere algo parecido y usa la expresión también latina Carpe diem, “Aprovecha el día”, el reverso o consecuencia práctica de Memento mori.
No está de más volver a ver esta escena(si tienes prisa, pasa al minuto 1:09 directamente):
Si tienes todavía más prisa, puedes leer el fragmento:
Quisiera que se acercaran aquí y examinaran estas caras del pasado. Las han visto al pasar, pero no se han parado a mirarlas. No son muy distintos de ustedes ¿verdad? El mismo corte de pelo… repletos de hormonas, igual que ustedes. Invencibles, como ustedes se sienten… todo les va viento en popa, se creen destinados a grandes cosas… como muchos de ustedes… ¿creen que quizá esperaron hasta que ya fue tarde para hacer de su vida un mínimo de lo que eran capaces?
Porque estos muchachos están ahora criando malvas ¿comprenden señores? Pero si escuchan con atención podrán oír cómo les susurran su legado. Acérquense, escuchen… caaaarpe, caaarpee diem; aprovechad el momento, chicos, haced que vuestra vida sea extraordinaria.
El Carpe diem no tiene un enfoque simplemente hedonista sino que supone la constatación de la fugacidad de las cosas y la exhortación a hacer algo significativo con el tiempo del que disponemos.
Economía y poesía del instante
Desde un punto de vista económico, lo finito de nuestras vidas convierte a cada uno de nuestros días en un bien escaso, y todo lo escaso se vuelve siempre más valioso. Aunque sólo fuera por esta fría constatación, deberíamos tener más cuidado con la manera en que empleamos nuestra energía. Esta certeza debería animarnos aún más a emplear la regla del 80/20, enfocar nuestros esfuerzos mejor y dedicar nuestra existencia a actividades más significativas. Tengo la sensación de que lo olvidamos y vivimos como si fuéramos a vivir siempre, y por tanto no nos preocupa el derroche del tiempo.
Los poetas son también distintos: pueden apreciar algo, por minúsculo o insignificante que parezca, y consiguen capturar el instante y librarlo de la grisura y la indiferencia. El haiku, ese genéro poético japonés de tema generalmente naturalista, intenta recoger esos momentos mínimos de la vida y elevarlos en la conciencia:
Un lago tranquilo
se zambulle una rana
el canto del agua.
~Matsuo Basho
Sin embargo, los que no somos economistas ni poetas necesitamos perder las cosas para valorarlas, o sentir la inminencia de la pérdida. Todavía no he conocido a nadie que tras la constatación intelectual de su finitud viva el día “como si ese fuera el último día de su vida”, tal y como nos recomiendan los autores de auto-ayuda. A nadie le impresiona mucho esa frase tan rimbombante, y eso teniendo en cuenta -como decía Steve Jobs en Stay hungry, Stay foolish– que si la repetimos todos los días y vivimos de acuerdo a ella un día finalmente tendremos razón. La escuchamos, la comprendemos y seguimos con nuestros asuntos habituales actuando de la manera habitual.
Sentimientos agridulces
Los psicólogos de las emociones hablan del sentimiento agridulce, bittersweetness, del estar disfrutando algo y ser consciente al mismo tiempo -con un cierto toque de tristeza o melancolía- de que acabará. Esto se aplica a los acontecimientos que ocurren una sola vez en la vida ( matrimonio, primer beso), podrían no volver a ocurrir (ascenso laboral, premio deportivo) o tardarán mucho en volver a ocurrir (eclipse, vacaciones).
En ellos, el fenómeno de habituación o adaptación hedónica no se produce, o es más moderado, y dado lo singular de la experiencia somos más conscientes de su próximo término y podemos saborearla más. Claro está que hay que procurar que lo agri- de la conciencia del fin no supere a lo -dulce de la experiencia.
Podemos usar estratégicamente esta sensación de temporalidad y fugacidad de las cosas como una manera de intensificar el instante que estamos viviendo. Y podríamos hacerlo todos los días abriendo metafóricamente una ventana al cementerio. La antigua costumbre de bendecir los alimentos que vamos a comer puede ser una reminiscencia de los tiempos en que la comida en la mesa no estaba asegurada todos los días y la bendición era una manera de realzar el momento. Quizá sería bueno crear algún ritual personal que nos permitiera lo mismo.
En definitiva, se trata de no dar las cosas por sentadas, incluso aquellas a las que estamos acostumbrados, y valorar los instantes en su individualidad. También es una actitud minimalista y esperanzadora el darse cuenta de que casi cualquier cosa que nos pase o hagamos es única en sí misma y puede ser apreciada.
Solo te dan una pequeña chispa de locura. No debes perderla.
Pensar es fácil, hacer es difícil, y convertir los pensamientos en acción es la cosa más difícil del mundo.–
-Johann Wolfgang von Goethe
Una de los problemas más importantes de la organización personal- y yo diría que de la existencia humana- es el abismo que media entre la intención y la acción: sabemos lo que queremos, sabemos lo que hay que hacer para lograr lo que queremos, sabemos que tenemos que hacerlo nosotros personalmente, pero… no lo hacemos.
¿Realmente sabemos lo que queremos?
Cuando no nos esforzamos por algo y abandonamos solemos concluir que… no lo queríamos lo suficiente, que si realmente lo hubiéramos querido habríamos hecho tal o cual. Esto tiene un nombre en psicología: disonancia cognitiva (traducido: o actuamos como pensamos, o terminaremos pensando como actuamos). Si ni siquiera lo intentamos se llama entonces indefensión aprendida (traducido: simplemente no creo que nada de lo que haga tenga impacto sobre mi situación en el mundo).
Los gurús de la autoayuda aprovechan nuestra esencial capacidad humana para autodefraudarnos para vender su producto: el elixir de la eterna motivación y el “tú puedes”. Los Tony Robbins (Despierta el gigante interior, Poder sin límites), Stephen Covey (Los siete hábitos de la gente altamente efectiva), Deepak Chopra (Las 7 leyes espirituales del éxito), etc. están para guiarnos en este camino y ponernos en contacto con nuestro “verdadero yo”, para vivir “el poder del ahora” y para conferirnos confianza en nuestras posibilidades. Si realmente descubres lo que quieres y si crees que puedes y tienes una actitud correcta entonces nada te puede parar y el nirvana está a la vuelta de la esquina.
Hay yonquis del pensamiento positivo, la PNL y la nueva era que van de taller de crecimiento en taller de crecimiento y de libro en libro en busca del santo grial de la motivación sin alcanzar nunca nada. La gente se puede pasar una vida buscando su verdadero propósito, su yo más profundo, la X motivacional que resuelve todas sus ecuaciones: la pareja de su vida, el trabajo de su vida, la pasión de su vida, su misión; en definitiva, aquello que llene de sentido su existencia y justifique de verdad sus esfuerzos. Algunos, tras muchas decepciones, terminan tirando la toalla.
Queremos lo que queremos
Creo que todo es mucho más simple. Creo que la gente sabe lo que quiere, cualquiera de nosotros es capaz de detallar cinco sueños, grandes y pequeños, sin tener que pensarlo mucho. Es sencillo: queremos lo que queremos, no se necesita un tremendo esfuerzo de búsqueda para saber qué valoramos más; pero o bien desistimos o bien ni siquiera lo intentamos.
Por otra parte, no necesitamos confianza, lo que necesitamos es competencia, y esta no se gana caminando sobre las brasas o repitiendo afirmaciones positivas como mantras, sino aprendiendo por el camino mientras realizamos acciones consecuentes con nuestras intenciones. Por lo tanto, necesitamos aptitud, no sólo buena actitud. Con la aptitud vendrá la buena disposición.
Nuestro problema tampoco está en priorizar- sabemos lo que deberíamos hacer- sino en posterizar, en decir no.¡¡Lo difícil es nuncanizar!!, dejar de hacer cosas que nos resultan apetecibles en el momento pero que sabemos que no nos acercan a nuestras metas. Esto supone sacrificar parte de la satisfacción presente en pos de algo futuro valioso, pero incierto. Supone el guiarnos por valores pensados que posiblemente no estemos sintiendo en el momento de acometer el esfuerzo.
Y esto sí que no es fácil. Ahí están de testigo nuestras resoluciones de principio de de año, programas de mantenimiento físico abandonados, colecciones de libros durmiendo el sueño de los justos y cursos de idiomas de los que no leímos más que los primeros fascículos. Cualquiera de nosotros puede relatar su retahíla de autodecepciones e incumplimientos sin tener que excavar mucho en la memoria. El ánimo de los inicios es efímero y el entusiasmo se apaga cuando comienzan las dificultades. Todos somos muy valentones y decididos con lo que tenemos que hacer mañana, no tanto con lo que hay que hacer hoy.
Si preguntas a alguien con sobrepeso si quisiera estar delgado, te dirá que sí; y si le preguntas si sabe qué tiene que hacer para estar delgado, te dirá que sabe qué hacer o sabe qué hacer para buscar la información necesaria. Cualquiera te dice que para mantener una buena salud hay que dormir bien, comer adecuadamente, hacer ejercicio físico y tener relaciones sociales ricas y significativas. Todos conocemos cuáles “deberían ser” las prioridades.
La verdadera dificultad estriba en esa alquimia interior, misteriosa y casi azarosa, que permite transmutar nuestras mejores intenciones en acciones consecuentes y consistentes entre ellas, y actuar según lo planeado.
El eslabón perdido
¿Cuál es entonces el eslabón perdido entre la intención y la acción? Lo diré sin más; de hecho tú también dirías lo mismo: la capacidad de sacrificar algo en el presente por lograr algo en el futuro; en términos más generales: capacidad de autorregulación, sí… la vieja y clásica voluntad, esa que nadie tiene y todos anhelan.
Pero la voluntad es otra X que resuelve todas las ecuaciones pero no explica nada, un concepto elusivo que cosificamos sin poder desentrañar: si la tienes, bien por ti. Si no la tienes, eres como todos, humano, y no mantienes el esfuerzo ni tus intenciones mucho tiempo. Tiene que haber algo más, tiene que haber algún medio o eslabón entre la intención y la acción.
Por ello debemos hacer operacional el concepto de voluntad, y lo redefiniremos como Gestión inteligente de los motivos. Esa gestión inteligente se despliega en forma de hábitos o virtudes, que son hábitos operativos buenos. Ahí reside, al menos en parte, la capacidad de autorregulación, la elusiva voluntad.
Pero yo añado algo más: como puente de oro entre la intención y la acción, usaremos especialmente un cierto tipo de hábitos, hábitos que llamaremos rituales. Qué son exactamente y cómo se diseñan y construyen estos puentes entre la intención y la acción será el tema del próximo articulo:diseño de rituales.
No obstante, y habiéndose informado previamente al interesado de la posibilidad de solicitar de antemano la cuenta de la pensión que le fuere reconocida en su momento, de acuerdo con lo que dispone el artículo 47 de la Ley 31/1990, de 27 de diciembre, el citado funcionario desea acogerse a este derecho, habiendo cumplimentado y firmado el modelo CPA/2 que se adjunta…
En lenguaje llano:
El funcionario se acoge al derecho de solicitar un anticipo a cuenta de la pensión que se le reconozca en su momento, de acuerdo con el artículo 47 de la Ley 31/1990, de 27 de diciembre. Para ejercerlo, ha cumplimentado y firmado el modelo CPA/2 que se adjunta.
El movimiento por el lenguaje llano, plain language, comenzó en la administración pública en Estados Unidos y el Reino Unido en los años setenta y se ha extendido a otras áreas, como la legal, la técnico-científica y la comunicación empresarial. También sería aplicable al lenguaje político y al lenguaje oral en general.
Este estilo llano está diseñado especialmente para transmitir información con claridad y concisión. Busca comunicar ideas de la manera más directa y sencilla posible. Por ello, empezamos pensando en la audiencia a la que nos dirigimos y organizamos el mensaje en función de ella y del contexto en el que se desarrolla la comunicación.
Nos adaptamos a las peculiaridades del canal empleado; por ejemplo, el estilo llano en la web supone frases más cortas, más encabezamientos, más listas e incluso más espacio en blanco para facilitar la búsqueda rápida de los datos relevantes.
La meta es que el lector lea una sola vez el mensaje, y lo comprenda, recuerde y –en su caso– actúe de acuerdo a él. Cuando empezamos a leer un texto escrito con sencillez y concisión nos sentimos animados a seguir leyendo y la comunicación es eficaz.
Este es el tipo de lenguaje que mejor se adapta a mi proyecto de Minimalismo existencial porque sigue el principio de Menos es más y emplea el mínimo número de palabras. He decidido practicarlo en todas mis comunicaciones escritas. En concreto, enfatizo estos elementos en mis textos:
Tono
Uso un tono directo y natural. Evito la formalidad, pero también la excesiva informalidad.
Escribo con el tono con el que hablaría a una persona que estuviera cara a cara, uso un tono personal.
Organización ideas
Separo nítidamente los temas e ideas en párrafos y frases respectivamente.
Los párrafos son cortos, contienen entre dos y cuatro frases, y entre unas 50 y 90 palabras.
Busco la cohesión dentro del párrafo y entre los párrafos, que haya transiciones suaves y que la estructura sea fácilmente comprensible.
La idea más importante la coloco al inicio del párrafo. Los detalles, en el medio y al final.
Los elementos visuales (cursivas, negritas, espacios en blanco, mayúsculas, guiones, listas, cuadros, etc.) están al servicio del mensaje, como un sistema de señales que facilita la navegación del lector en el texto.
Empleo los marcadores textuales (palabras como además, sin embargo, por otro lado) para facilitar transiciones y vínculos entre frases y párrafos.
Promuevo la claridad con una adecuada puntuación. Uso los signos estrictamente necesarios para que la lectura sea fluida.
Frases
Uso frases cortas, como regla general no más de 20 palabras.
Empleo la voz activa y preferentemente la estructura SVO (Sujeto-Verbo-Objeto).
Reduzco las oraciones subordinadas. No más de una o dos por frase.
Prefiero las formas personales del verbo, en las que el sujeto queda localizado.
Vocabulario
Utilizo las palabras más cortas, sencillas y conocidas, a la vez que mantengo la precisión.
Evito palabras innecesarias.
Uso palabras concretas, evito la abstracción y hago uso de comparaciones o metáforas, si permiten comunicar la idea con más expresividad y claridad.
Si hay algún término técnico desconocido por la audiencia, lo explico.
La escritura llana es pensamiento claro puesto sobre el papel. Escribir con precisión y sencillez implica un esfuerzo previo de clarificación y organización de las ideas. No es algo que venga naturalmente. Por eso, hay que dedicarle atención y esfuerzo. Yo me comprometo a aplicar los principios del lenguaje llano.
En Reduzco el input ya tomaba determinaciones sobre las principales fuentes de infoxicación y las reducía o eliminaba. Pero hay algunos inputs que no se pueden eliminar y que son un flujo constante de infoxicación o interrupciones a menos que se tome alguna medida.
Por tanto, he decidido limitar la frecuencia de algunos de ellos:
E-mail.
Móvil (voz, sms’s y mensajes de voz).
Blog (comentarios, lectura).
Sólo los revisaré una vez al día. He pensado que lo mejor es hacerlo al final de la jornada, para así llevar un paso más allá la filosofía de trabajo ya iniciada en Empezar el día sacando, y para facilitar la implementación de la técnica de la TMI (Tarea Más importante).
Con esto reduzco la reactividad, disminuyo las interrupciones y promuevo la política general de centrarme en una sola cosa a la vez. Yo soy unitarea, en vez de multitarea, y si algún día hablas conmigo te aseguro mi atención individida (Prometido. Si me muestro ausente en una conversación contigo y no eres una mujer unida a mí por vínculos sentimentales, puedes envíarme a tus abogados ).
Al final del día, proceso todos mis correos, mis mensajes de texto, el buzón de voz y leo los comentarios del blog. Con todos ellos sigo la política de convertir el input en acción y responder inmediatamente según la Regla de los dos minutos, o bien anotar la acción diferida en mi sistema. Puesto que en general las acciones de respuesta al buzón de voz o al e-mail no requieren gran esfuerzo, el final de la jornada es un buen momento para hacerlo. En cuanto al e-mail, aplico la Regla de las tres líneas, para así promover las respuestas rápidas y evitar la postergación.
La eficiencia, que es el hacer las cosas bien, es irrelevante hasta que estés trabajando en las cosas correctas.
-Peter Drucker. Gurú del management.
Si por un cataclismo todo el conocimiento sobre el minimalismo existencial fuera destruido y sólo una frase pudiera ser traspasada a la siguiente generación de seres humanos, ¿qué frase eligiríamos que contuviera la máxima información?
El principio de Pareto o regla 80/20, también llamado principio de los pocos esenciales, sería la frase que guardaríamos:
En cualquier sistema natural o humano, El 20% del esfuerzo produce el 80% de los resultados, el 80% restante es un desperdicio.
A partir de ahí, con una cierta imaginación y pensamiento, podríamos extraer una gran cantidad de consecuencias y quizá reconstruir el resto del minimalismo existencial.
Fue Joseph Juran, el gurú del management y la calidad total, quien en los años 50 sugirió este principio en honor de Wilfredo Pareto, el economista italiano que en 1906 observó que el 80% de las tierras de Italia eran poseídas por el 20% de la población. Juran, a su vez, comprobó que el 20% de sus plantas de guisantes producían el 80% de su cosecha de guisantes. Las aplicaciones a la empresa son muy numerosas:
– El 20% de los clientes genera el 80% de los beneficios
– El 20% de los artículos posee el 80% del valor del almacén.
– El 20% de los procesos en una línea de producción causa el 80% de los fallos de calidad.
– El 20% del stock ocupa el 80% del espacio.
– El 20% de los inputs produce el 80% de los outputs.
– El 20% del personal crea el 80% de los problemas.
– El 20% de los vendedores genera el 80% de las ventas
– Etc.
Los porcentajes no tienen que ser exactamente 20 y 80; podrían ser 30/70, 10/80 ó 5/70, pero lo importante es que un porcentaje relativamente pequeño de las causas o esfuerzos produce un porcentaje desproporcionado de los efectos o resultados.
El minimalismo existencial es estratégico y por lo tanto supone:
Decidir qué valores y metas importan más.
Definir qué podemos hacer que tenga la máxima repercusión o suponga el mínimo esfuerzo para lograr lo que importa más.
Aquí es donde entra el Principio de Pareto. Nos permite enfocarnos en lo más beneficioso o satisfactorio y emplear los medios más eficaces para alcanzar esos fines.
Juran dio a este principio también el nombre de los “pocos esenciales” en comparación con los “muchos triviales”, pues esos pocos elementos son los que explican la mayor parte del resultado. Por lo tanto, es mucho más importante hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente. Es más importante la eficacia: hacer lo adecuado, lo correcto, que la eficiencia: hacer las cosas bien.
La clave está en elegir qué hacer, y luego ir y hacerlo, aunque la calidad no sea óptima. Obtendrás mejores resultados haciendo unas pocas cosas importantes regularmente que haciendo muchas cosas insignificantes con perfección. Parece que no se trata de «trabajar más duro» ni siquiera de “trabajar más inteligentemente” (como dicen muchos jefes cuando nos sentimos abrumados por el trabajo), sino de elegir mejor en qué trabajar.
Si una cosa merece la pena hacerse, entonces merece la pena hacerse imperfectamente.
–Homo Minimus
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Es una herramienta minimalista del sistema de organización personal. Supone una simplificación, cuasi-eliminación, de la lista de Cosas que hacer o el sistema de prioridades ABC u otros sistemas más complejos. La idea está extraída de Babauta, el autor de The Power of Less, uno de los Top 10 de mi biblioteca minimalista.
Por la mañana o por la noche el día anterior, pienso en la acción que realizada me acercaría más a mis objetivos o haría avanzar más mis proyectos. Al comienzo del día y antes de hacer nada realizo esa acción o tarea más importante del día. Esto supone una aplicación extrema del Principio de Pareto o regla del 80/20. Supone centrarse en lo esencial. De entre toda la cantidad de posibles cosas que hacer se elige una, y entonces nos centramos en ella hasta que quede concluida.
Si durante la revisión semanal hemos fijado las Cinco Grandes Rocas de la semana será más fácil hacerlo. A su vez, estas cinco rocas de la semana habrán de estar elegidas buscando el máximo impacto en términos de hacer avanzar el proyecto o proyectos, que no deberían ser más de dos, en todo caso nunca más de tres, so pena de encaminarnos hacia la dispersión.
Se puede considerar la TMI como el equivalente diario de la Gran roca semanal. Su tamaño ha de ser razonable; ni muy pequeña, para que permita obtener algo significativo; ni muy grande, para que no termine ocupando todo el día. Ha de definirse en términos de un resultado visible y definido.
Esa TMI se puede escribir en un post-it y tacharla cuando se concluya, para obtener sensación de logro. Sólo después de haber realizado esta TMI considero otras acciones. Cuando concluyo la acción me tomo un descanso o realizo una acción de carácter más rutinario o administrativo después del sprint que supuso realizar esa acción. Así implemento el “Paradigma del velocista”.
Durante el día, surgirán en mi mente cosas que hacer e incluso urgencias. Para que no se conviertan en UPA’s que me distraigan, tomo nota de ellas en la parte posterior del post-it y las voy realizando en los espacios libres entre las TMI del día, o bien, si no hay posibilidad de hacerlas en el día las paso a mi lista general de cosas que hacer. En todo caso, he despejado mi “escritorio mental” de distracciones.
Después del descanso o la acción sencilla o administrativa, pienso en la siguiente TMI del día, que realizada me acercará a la realización de mis objetivos o al avance de mis proyectos, y repito la secuencia durante el resto del día.
La perfección se alcanza, no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar.
-Antoine de Saint Exupéry
El minimalismo existencial, basado como está en el principio de Pareto o regla del 80/20, supone una poda constante de lo innecesario, accesorio o secundario para dejar espacio a lo importante, para que crezca con más fuerza.
Dejada a su propia dinámica, la vida como la naturaleza tiende a la exuberancia, a la profusión de formas y de variedades. El sesgo hacia la novedad, que privilegia todo lo nuevo y que la publicidad promueve, hace crecer más y más el rango de nuestras posesiones y apegos. La dificultad de desprenderse de los antiguos hábitos y de las antiguas posesiones multiplica el problema.
A la manera de Miguel Ángel, que buscaba en el bloque de mármol la figura que llevaba dentro a base de cincelar la roca, elminimalista existencial usa el cincel sobre el bloque de sus posesiones, actividades, hábitos, rutinas, relaciones, etc., para encontrar la figura elegante y aerodinámica de su propia existencia.
Esto supone una actitud de desapego hacia lo material, pero también de desapego hacia cosas inmateriales. Sin pretensión de agotar la lista de elementos prescindibles enumeramos algunos de ellos:
Menos posesiones. Próximamente comenzaré un proyecto de reducción de mis posesiones a sólo 100 objetos físicos.
Menos compromisos. Menos compromisos y más vinculantes y más sentidos.
Menos organización. Mi sistema de organización personal ha de ser sencillo, compacto y libre de complicaciones.
Menos cosas que hacer, reducir la lista de cosas que hacer. Yo abogo por una lista diaria de cosas que hacer de sólo tres elementos o incluso de uno: entre uno y tres TMI (Tareas Más importantes).
Menos proyectos. Una lista de tres proyectos en curso. No se añade ningún proyecto más hasta que uno de los tres haya salido de la lista.
Menos objetivos. Un solo gran objetivo por mes. “Más de dos objetivos son ningún objetivo”.
Menos prioridades.
Menos tiempo empleado decidiendo sobre temas menores.
Menos temas menores.
Menos reuniones. Sólo las que añadan valor.
Menos relaciones personales. Sólo relaciones significativas.
Menos tiempo en redes sociales.
Menos ambiciones.
Menos deseos. Dejando espacio para fortalecer los que queden.
Menos pensamientos. Menos pensamientos circulares e ideas inertes. Menos dispersión. Para dejar más espacio libre para la contemplación y la observación inteligente.
Menos anticipación.
Menos dudas.
Menos circulos viciosos.
Menos remordimiento.
Menos pre-ocupaciones y post-ocupaciones.
Menos UPA’s (Unidades Permantes de Atención en la memoria)
Diez mil flores en primavera, la luna en otoño, una fresca brisa en verano, la nieve en invierno. Si tu mente no está nublada por cosas innecesarias, entonces es la mejor estación de tu vida.
–Wu-men
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Regla de los siete días de las compras
Antes de realizar una compra de más de 20 euros espero siete días. Anoto la compra prevista en la lista de compra de los siete días, junto con la fecha de entrada en la lista. Si pasados los siete días siento que sigo necesitando el objeto, entonces lo compro.
Esta regla es especialmente aplicable a los bienes o servicios en los que uno se muestre más compulsivo. En mi caso son los libros; para otros serán otras compras: discos, ropa de moda, películas DVD, cenas en restaurantes de lujo, etc.
En caso de compras más costosas, se recomienda que la regla se transforme y se convierta en la “Regla de los treinta días de las compras”. Esto es aplicable a desembolsos más importantes: compra de un coche, televisores de plasma, viajes exóticos, ordenadores de gama alta, objetos de decoración de lujo, etc.
Siete días después, el deseo de la compra ha remitido e incluso desaparecido.
Justificación
Nuestra sociedad promueve el consumo impulsivo de bienes y servicios y la satisfacción instantánea de los deseos.
Esta regla es una defensa contra el poder de la publicidad para influenciarnos en nuestros comportamientos de compra y un antídoto contra la tendencia a buscar la gratificación instantánea de nuestros impulsos y deseos.
Si algo es tan sumamente necesario, seguro que dentro de siete días sigue siendo necesario. Y seguro que seguirá disponible, o si no, en alguna variedad comparable o de mejor calidad o precio.
Hay que tener en cuenta que en la cognición humana opera el “Sesgo de novedad”, que nos hace privilegiar cualquier información sobre nuestro entorno que sea nueva y resalte contra el telón de fondo de la familiaridad.
El coste monetario de la compra no es el único coste de un bien o un servicio. El coste de post-compra también tendría que tenerse en cuenta: los costes de almacenamiento, los costes de mantenimiento, el coste de infoxicación, etc.
Variantes de la regla de los siete días de las compras
Regla de los siete días del inicio de proyectos yRegla de los siete días de asunción de compromisos: antes de tomar la decisión definitiva de empezar un proyecto, o asumir un compromiso con consecuencias a largo plazo me doy un periodo de siete días antes de dar la orden de inicio del proyecto o asumir el compromiso. Lo anoto en la lista de espera de los siete días.
Regla de los siete días de adquisición de información: antes de decidir leer un nuevo libro o escuchar un nuevo audio o ver un nuevo programa de TV me doy siete días antes de leerlo, escucharlo, verlo. Lo anoto en la lista de espera de los siete días.
Justificación de las variantes de la regla de los siete días
También somos impulsivos diciendo sí a compromisos que no podemos cumplir o de los que nos arrepentimos, comenzando proyectos que terminamos abandonando o que no aportan valor y decidiendo leer libros, páginas web, documentos, etc., o viendo películas gratuitamente.
En sentido económico, el coste es el coste de oportunidad, que incluye no sólo el coste de oportunidad del dinero empleado y que podría haberse empleado en otra opción , ademas incluye el coste de la oportunidad del tiempo y esfuerzo dedicado al consumo de ese bien o al ejercicio de esa opción. Por lo tanto, «There’s no such thing as a free lunch», ni «free TV», ni «free books», ni «free radio, ni «free music», etc.
En los comportamientos de búsqueda de información (cada vez más barata) es muy saludable el poner en cuarentena (en este caso en «sietena») las decisiones de lectura de ciertos libros y documentos hasta estar seguro de que aportan el valor deseado pues es muy fácil caer en la ilusión de la gratuidad. Lo mismo se aplica a los compromisos sociales y proyectos.
Las cosas que importan más nunca deben estar a merced de las que cosas que importan menos.
–Johann Wolfgang von Goethe
Siempre hay muchas más cosas que hacer que el tiempo disponible para hacerlas. Si acabamos con una tarea siempre aparecerán más. El flujo es inagotable. Por lo tanto hay que buscar maneras de administrar el recurso escaso de nuestro tiempo y atención. Stephen Covey propone su técnica de “Las cinco grandes rocas” (“Five big rocks”).
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Si intentamos meter todas las tareas en la jarra del tiempo disponible, es probable que los guijarros y la arenilla de la lista de cosas que hacer termine por llenar nuestra jarra de 168 horas, sobre todo si estamos acostumbrados a vivir en una mentalidad de urgencia. No queda entonces espacio en la jarra para las grandes rocas. Al final del día y de la semana, nos preguntamos qué hemos hecho con nuestro tiempo y vemos que las cosas importantes siguen sin hacerse.
Para centrarse en lo importante, Covey propone el determinar en la Revisión semanal (una herramienta esencial de la organización personal) el domingo por la noche cuáles son aquellos cinco acciones (cinco grandes rocas) que realizadas nos acercarán a nuestras metas a largo plazo. Esos cinco resultados son nuestra prioridad para la semana. Podemos incluso intentar realizar uno de ellos por día laborable, si es posible; en todo caso, todos los días debemos trabajar en alguna de esas cinco grandes rocas. Cada una de ellas se coloca en la jarra de la semana antes que cualquier otra tarea, y luego llenamos los espacios vacíos con los guijarros más pequeños y la arenilla.
De esta manera nos aseguramos que todas las semanas hemos hecho tareas que nos acercan a nuestras metas finales sin que la arenilla o las minucias de nuestra lista de cosas que hacer se hayan comido nuestro tiempo.
Un signo de distinción de un intelecto de primera clase es el ser capaz de mantener en mente dos ideas contradictorias y seguir funcionando.
–John Maynard Keynes. Economista inglés.
Arriba-abajo
El primero se basa en la aclaración de los valores, la misión y los objetivos fundamentales para desde ahí ir descendiendo en una jerarquía hasta las acciones individuales y cotidianas del día a día. Es el enfoque más lógico, jerárquico o “ingenieril”, si se quiere.
Has de pensar en tus metas a largo plazo y en tus valores y organizar tu vida en función de esas prioridades globales, valores fundamentales y metas a largo plazo; incluso, se te anima a realizar una declaración de misión personal que integre y dé sentido a tu existencia en su conjunto.
Stephen Covey y su The Seven Habits of Highly Effective People, Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, es el principal representante de este enfoque.
El lema es: “Organiza tu tiempo”. Las actividades se priorizan en una matriz de prioridades 2 x 2 en función de su importancia y su urgencia, y se recomienda dejar tiempo para las actividades importantes y evitar el síndrome de lo urgente y lo ruidoso, que amenaza con inundar tus días de minucias y hacerte perder la perspectiva y descuidar las metas a largo plazo. Tus semanas las organizas en función de el tiempo de reuniones, los grandes objetivos que quieres realizar, y procuras dejar espacios libres para tareas importantes como pensar, reflexionar o formarte.
A este enfoque también podríamos darle el nombre de enfoque Macro.
Abajo-arriba
Por otro lado, tenemos un enfoque más reciente: el enfoque de David Allen y su Getting things done, Organízate con eficacia en español. Allen reconoce la necesidad de aclarar la perspectiva y determinar las metas en sus distintos horizontes temporales, pero al mismo tiempo señala que la realidad no atiende a las nítidas distinciones del sistema de prioridades ABC, o a la división trabajo-casa, y que nuestros días están llenos de “minucias” que hemos de realizar nos guste o no, contribuyan o no a la gran meta, como recoger a los niños del colegio, pagar las facturas, hacer la declaración de la renta o responder al e-mail de un compañero de trabajo. Además, esas minucias, las resolvamos o no, las atendamos o no, están afectando nuestra calma mental y nuestra productividad. La vida es mucho más confusa, incierta y orgánica de lo que nuestros sistemas de planificación y control pueden manejar.
Aquí se pasa de un sistema de organización del tiempo a un sistema de organización de la acción. El flujo de inputs de información y de tareas para un trabajador del conocimiento que organiza su propio trabajo es muy distinto del trabajador de la línea de montaje de nueve a cinco, que conoce exactamente el alcance y límites de sus tareas. Allen, por tanto, considera que la prioridad para un trabajador del conocimiento es organizar la acción cotidiana y el flujo de información y tareas, creando un sistema que le permita lidiar con el trabajo a diversos niveles y en los distintos ámbitos de su vida: familia, relaciones personales, profesión, comunidad. Podríamos llamarlo también enfoque Micro de la organización personal.
Los dos enfoques son necesarios y complementarios. Allen pone el énfasis en el control del flujo de actividades y el logro de la eficiencia (cómo hacerlo bien) ; Covey, en la perspectiva (en el qué hacer), lo que nos permite centrarnos en las cosas importantes. Ambos nos proporcionan herramientas para mejorar el control y la perspectiva respectivamente. Todo sistema de organización personal ha de considerar esas dos dimensiones e integrarlas armoniosamente.
La visión actúa como de faro de la acción y forma parte del mecanismo de realimentación que nos informa si nos estamos acercando a esa visión o nos estamos alejando.
La realimentación, que es el propulsor del progreso, necesita de la visión y necesita de una aguda percepción de la realidad actual de la obra, una descripción veraz del estado de la construcción.
En palabras de un escultor: “me gusta observar mis tallas y sacarle defectos”. Esos defectos no son más que las discrepancias entre la realidad actual de la obra y la visión interna que orienta la acción; proporcionan la tensión y el fuel emocional y espiritual que anima la acción. En un cierto sentido, un creador es alguien que vive suspendido entre dos mundos: el de la visión y el de la realidad actual de su obra en curso.
Más románticamente, la creación de algo nuevo se podría considerar como un acto de amor, como un proyecto sentido en el que se intenta hacer que algo que no existe, valioso para el creador, llegue a la existencia. Una vez que tenemos establecida la visión y una vez que somos capaces de observar objetivamente la realidad actual hemos establecido la tensión necesaria que animará la acción.
En resumen, el proceso es el siguiente
Crea una visión que sea valiosa para ti, “Algo que no existe, pero que merecería existir”, y que sea lo suficientemente detallada para servir como término de comparación en el mecanismo de realimentación, y para generar tensión al compararla con la realidad actual.
Da un primer paso que genere momentum y te acerque a la visión. Y luego otro, y otro, y otro… mientras eres consciente del estado actual de la obra y mantienes la visión final en tu mente, y vas reduciendo gradualmente la discrepancia hasta así ver realizada la visión.
Generamos visiones que ponen en marcha el proceso. La tensión busca la resolución. La tensión se resuelve en el proceso de creación.
Imagen
Podemos ilustrar el proceso de creación con la imagen de una cinta elástica que estiramos por el extremo de la visión, generando la tensión en la cuerda, que buscará resolverse mediante el acercamiento de la realidad actual a la visión.
Viviríamos mejor si bajáramos nuestras expectativas sobre el resultado de nuestras decisiones.
-Barry Schwartz
He de comenzar diciendo en mi descargo que la compra fue obligada: perdí el teléfono Nokia anterior, un modelo muy básico que ya no existe y que tenía al menos seis años de antigüedad, antediluviano en lo que se refiere a móviles y en el que los números estaban casi borrados por el uso.
Simplifiqué mi decisión decidiendo comprar otro Nokia, que es fácil de usar y cuyo diseño es ya conocido por mí. Decidí en principio elegir el modelo más sencillo del mercado, que es también el más barato; a decir verdad, lo uso simplemente para hacer y realizar llamadas , y enviar y recibir sms’s. Mis necesidades son muy básicas (o eso creía). Para mí lo más importante es que la batería dure mucho y así no tener que preocuparme por recargarlo en más de una semana.
Pero cuando fui a la tienda me encontré con un abrumador catálogo de móviles, muchos de los cuales podría comprar con todos los puntos de que disponía o añadiendo una “módica cantidad”… ¿iba a “desperdiciar puntos”? ¿iba a dejar de elegir el mejor modelo sólo por tener que pagar unas decenas de euros? El hecho de elegir Nokia simplificó la decisión, pero no pude evitar el echar un vistazo al resto de las marcas -seis marcas alternativas entre las que elegir- y comparar.
Mi decisión de elegir Nokia seguía siendo inquebrantable, pero aun así había siete modelos Nokia distintos disponibles con puntos. En principio, la compra tenía que haber sido rápida: voy y elijo el Nokia más barato y simple que exista. Fin.
El más simple era el modelo 1616 de Nokia, el modelo más sencillo, tenía una batería de hasta 500 horas, el tamaño era mínimo y el peso ligero.
Pero el echar la vista al catálogo provocó el que me hiciera consciente de otras características del móvil en las que no había caído:
Radio. De repente caí en la cuenta de que me podría apetecer escuchar la radio mientras corro o mientras voy en el autobús. Además, los había con radio estéreo. [Nota: en mi actitud minimalista y en mi decisión de reducir el input informacional la radio está casi abolida]
Cámara de fotos. ¿Y si quisiera hacer una foto a algún documento…?¿ y si quisiera hacer una foto a alguna amiga en una fiesta…? Me vino a la cabeza la imagen de esa gente divertida y popular que se hace fotos con chicas guapas en los pubs y discotecas y que parecen pasarlo muy bien. [Nota: no me gustan las fotos, no me hago fotos, nunca he tenido cámara, jamás hago fotos]
Video. ¿Y si quisiera hacer algún video gracioso…? [Nota: no tengo ningún interés por los videos caseros, en mi vida he hecho uno, odio los videos caseros, odio los amigos que me obligan a ver sus videos caseros]
Advertí que había modelos plegables en que la pantalla no queda al descubierto y que incluso ocuparían menos espacio en el bolsillo.
Me di cuenta de que la memoria del 1616 era muy pequeña y que donde en mi agenda podían caber apenas 500 entradas en otros modelos eran miles. A veces me he encontrado con que no había más espacio en mi agenda o que no me cabían más sms’s.
Mp3. Ahora consideraba que podría meter mi curso de inglés en mp3 en el móvil y escucharlo mientras paseara o corriera o estuviera lejos de mi ordenador o reproductor de mp3.
Había modelos que podían recibir y enviar e-mail. ¿Y si mis necesidades cambiaran? ¿no debía estar preparado para ello? También podría usar el messenger en el móvil y navegar por páginas web.
Bluetooth, para pasar fotografías y videos al ordenador.
Pantallas táctiles, mucho más cómodas y estilosas, incluso con un aspecto más “minimalista”.
La decisión empezaba a complicarse. Ahora no tenía dos variables, como al principio: duración de la batería y facilidad de uso. Ahora tenía un par de decenas de variables con distinto peso, algunas no me importaban mucho, pero otras de repente se hicieron indispensables: cámara de fotos, radio, mp3, imágenes, aspecto estiloso. Lo que iban a ser dos minutos de compra se habían convertido en casi media hora de deliberación.
Y lo peor de todo era que empezaba a sentir que me resultaba muy difícil prescindir de ellas, estaba anticipando la pérdida de no tener todas esas características vanguardistas. Recordé a Barry Schwartz y su libro La paradoja de la elección y su mensaje de que más opciones puede ser peor, porque la indecisión aumenta, la decisión empeora, y la satisfacción con la compra acaba siendo menor.
Pero ya era demasiado tarde.
Al final, decidí pagar todos mis puntos más casi 80 euros por un modelo de compromiso de Nokia, el 2730, que era plateado, tenía cámara de fotos, video, 3G, mp3, navegación internet, memoria interna de 30 Mb y externa de 1GB, Bluetooth y cuatribanda (no sé qué diablos es eso). No era demasiado caro y tenía las principales características que ahora consideraba importantes. Media hora antes de comprarlo ni siquiera había pensado en ellas.
Dos meses después de la compra, no he hecho fotos, no he hecho videos, no he vuelto a pensar en el mp3, no se ha vuelto a plantear el asunto del bluetooth y mi vida sigue siendo lo suficientemente simple para que no necesite enviar y recibir correos electrónicos ni navegar por internet cuando estoy en el autobús. Eso sí, mi móvil pesa más que el anterior y consume mucha más energía, lo que hace que la batería no dure más allá de tres o cuatro días en espera.
He decidido rectificar, lo que sé que no me hace sabio, pero sí más libre, y he comprado el modelo más sencillo de Nokia, el 1616, por 19 euros (me gasté todos los puntos en el anterior) y he regalado el 2730 a mi hermano.
Esta experiencia ha sido una verdadera cura de humildad. Incluso un ser minimalista como yo, no consumista, vacunado contra las técnicas de la persuasión publicitaria (o eso pensaba), cae en los fallos del consumidor inconsciente, y se deja desorientar por la profusión de opciones y las características de los distintos modelos, que se vuelven indispensables de repente, aunque nunca antes había tenido necesidad de ellas.
Me parece sorprendente el que alguien pueda decir algo tan importante y tan profundo en tan solo 14 minutos y 33 segundos. Pocas veces he visto una combinación tan espectacular de intensidad, simplicidad, potencia narrativa y significado.
Antes de seguir leyendo este artículo te recomiendo que veas el video del discurso de inauguración del curso 2005, que dio Steve Jobs, el fundador de Apple, en la universidad de Stanford.
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Steve Jobs usa tres historias para transmitir vívidamente tres mensajes fundamentales:
La historia de su nacimiento, adopción y su tiempo en la universidad: conectando puntos, el significado y transcendencia de muchos sucesos y actividades de la vida sólo se puede ver retrospectivamente. Hay que confiar en la intuición, en el corazón.
Despido de Apple después de haber fundado la compañía: los reveses en la vida son bendiciones disfrazadas de problemas. Tienes que amar lo que haces. Seguid buscando, no os conforméis.
Enfermedad, perspectivas de la muerte, supervivencia: ya estamos desnudos. La muerte relativiza todo y nos puede hacer ser más audaces. La muerte es el agente del cambio, es la mejor invención de la vida. El tiempo es limitado, no debemos malgastarlo viviendo la vida de otros. Al final, conecta y resume las tres historias: intuición, corazón-amor y muerte-destino. Hay que seguir el corazón y la intuición. “El resto es secundario”.
Por último, cuenta la historia de The Whole Earth Catalogue, el antecedente en papel de Google. Emplea la historia de estos idealistas para transmitir el mensaje final: “Stay hungry, stay foolish”, “seguid hambrientos, seguid alocados”.
Sé estable y bien ordenado en tu vida para que así puedas ser salvaje y original en tu trabajo.
–Gustave Flaubert
Cuando elijo el menú en un restaurante echo un vistazo al menú y elijo en menos de treinta segundos. En simplificaciones mencionaba esta regla y otras que me permiten simplificar la vida cotidiana.
Todos tenemos amigos o conocidos que parecen necesitar una eternidad para decidir qué menú elegir. Estudian atentamente la carta, preguntan al camarero sobre la calidad y cantidad de los platos, y en ocasiones hacen que el camarero tenga que volver una o varias veces hasta que han tomado la decisión. Cuando indago sobre el mecanismo de decisión de estas personas casi siempre me encuentro con que tienen miedo a no elegir la mejor opción disponible. Parecen mantener una actitud perfeccionista o maximizadora en vez de satisfaciente.
Su mecanismo de decisión es más lento porque examinan todas las opciones disponibles o un gran número de ellas, quieren saber todo lo que hay antes de decidir y comparan esas opciones entre sí. Y lo hacen porque “no quieren equivocarse”, de ahí esa tensión que les lleva a analizar más.
Mi idea es que con esta regla no sólo ahorrarás tiempo, que puedes dedicar a empresas más creativas, sino que además estarás tan o más satisfecho que analizando todas las opciones.
Toda regla inteligente, y subrayo lo de “inteligente”, ha de tener una justificación, porque ello permite comprometerse con ella y a la vez saber por qué funciona y también cuáles son sus limitaciones. Además, se necesita un medio para ponerla en práctica, y quizá un periodo de experimentación, prueba y adaptación en la que configuras los parámetros de la regla y aprendes cómo aplicarla y cuándo aplicarla.
Justificación
Reduces el tiempo de decisión.
Puedes dedicar el tiempo ahorrado a charlar o a la observación inteligente o al simple descanso mental.
Reduces el estrés de las pequeñas decisiones y dedicas tu tiempo computacional a empresas de más calado. Hay que organizar muy bien las pequeñas cosas para dejar espacio para las grandes; de otra manera, corremos el peligro de pasar nuestros días tratando minucias.
Ahorras tiempo de espera a tus compañeros de mesa y al camarero.
Proyectas una imagen de persona resolutiva y que toma decisiones rápidas. Pero más importante que la proyección de una cualidad deseable: te entrenas a ti mismo en la adopción ágil de decisiones en un entorno seguro en que los costes del error son muy pequeños (en el peor de los casos no elegirás el mejor de los menús posibles en términos de atractivo gastronómico y de precio)
Según lo anterior, puedes extrapolar las enseñanzas extraídas de este entrenamiento a otras esferas de la vida. Si tienes una actitud generalmente analítica y perfeccionista en tu vida, puedes aprender a usar esa actitud sólo en los lugares donde tiene sentido y es funcional, y abandonar ese enfoque donde deja de ser útil.
Desarrollas la intuición. Te das cuenta de que la calidad de tus decisiones en tan buena e incluso más buena que cuando te tomabas más tiempo.
Como vimos en La paradoja de la elección, a veces tener más opciones puede ser peor, y la calidad de la decisión y la satisfacción con la decisión tomada puede ser incluso inferior que en el caso de tener menos opciones. Los treinta segundos impiden que examines todas las opciones disponibles.
Entrenas un enfoque más relajado y satisfaciente de la vida, menos perfeccionista.
Aplicación
Propuesta de implementación: en el próximo mes aplica la regla mirando rápidamente el menú y eligiendo en treinta segundos o menos. Después de elegir, analiza tranquilamente el menú y mira si la opción ha sido adecuada o no. Algunas veces lo será y otras no. Toma nota de qué puedes hacer para mejorar la decisión la próxima vez y sigue aplicando la regla durante el mes. Con el tiempo verás que diriges tu mirada rápidamente hacia el lugar de la carta adecuado y que decides en menos de treinta segundos, generalmente con mucho éxito.
Tener una cierta idea o visión del tipo de alimentación que quieres tener te puede hacer más proactivo en tus elecciones y menos dependiente de las opciones particulares que se te presenten en un momento dado. En vez de analizar y valorar morosamente las opciones disponibles, empieza pensando (brevemente) qué tipo de comida quieres comer hoy y luego busca una opción suficientemente buena.
Ésta ha sido mi evolución en la minimalización del formato de fecha empleado en mis diarios y otros documentos:
28 de junio del año del Señor 2010
28 de junio de A. D. 2010
28 de junio del 2010
28 de junio de 2010
28 de junio 2010
28 junio 2010
28/06/2010
28/06/10
28/6/10
Todo con números. Prescindo de especificar si el año es de esta era o de antes de Jesucristo. El año con las dos últimas cifras solamente; servirá para todo este siglo, hasta el 2099. El mes y el día sin el 0 delante.
Observaciones:
Este es un buen ejemplo de poda minimalista, de reducción a la mínima expresión.
No es trascendente el que escriba “28 de junio de 2010” o que opte por el más compacto y minimalista “28/6/10”, pero mantener el interés por la compacidad y la síntesis, y seguir buscando desarrollos y aplicaciones, mantiene el Proyecto Minimalismo existencial vivo.
Me gusta mucho la idea de ser también minimalista en mi Proyecto Minimalismo. Según el principio del ojo de cerradura, lo global se puede ver a través de lo pequeño; también, creo yo, lo grande se puede invocar o cultivar en lo pequeño, en lo aparentemente insignificante. Cualquier esfuerzo aislado puede parecer sin importancia en sí mismo, pero dentro de un contexto, un proyecto y unos valores adquiere significado. La suma de acciones infinitesimales es significativa.
Esta idea está emparentada con el camino del Kaizen, filosofía de la acción basada en pequeñas mejoras realizadas de manera constante. Estas pequeñas mejoras mantienen y hacen crecer el momentum del proyecto.
El minimalismo existencial es un esfuerzo continuo. Es una filosofía que impregna todos los aspectos de la vida. Direcciones: simplificación, sencillez, compacidad, síntesis, elegancia, economía de medios, espacios libres físicos y mentales, estilización de las formas.
Robert Frank, economista de la vida cotidiana o «nanoeconomista«, se pregunta en el Economista naturalista por la razón de este comportamiento contraintuitivo:
¿Por qué los taxistas terminan la jornada más temprano en días de lluvia?
El razonamiento económico nos diría que en días de lluvia hay más demanda de taxis ya que mucha gente que haría trayectos cortos andando decide tomar un taxi, y por eso es más fácil que los taxistas que estén trabajando encuentren clientes y reduzcan su tiempo de espera. Es por ello que maximizarían su beneficio pasando más tiempo en la calle en días de lluvia y menos los días de no lluvia, ya que la productividad media de su trabajo en esos días es superior. Puestos a pasar largas jornadas de taxi, mejor hacerlo en los días más productivos en los que tienen que deambular menos por las calles buscando clientes.
Pero los resultados de estudios realizados dicen justo lo contrario: en días de lluvia los taxistas abandonan antes el trabajo, justo cuando podrían sacar un mayor rendimiento a sus horas. Esto apoya todavía más la percepción general de que es más difícil encontrar taxis en días de lluvia. No es sólo que hay más demanda, sino que además la oferta de taxis disminuye.
¿Cómo se explica esto?
La respuesta puede estar en que los taxistas no son seres maximizadores según el modelo económico neoclásico del homo economicus, y en vez de tomar decisiones globalmente, teniendo en cuenta un intervalo temporal extenso, lo hacen día a día, según una regla parecida a ésta: “Trabaja hasta que saques los X euros diarios (que necesitas para ganar los Y euros al mes que cubren tus gastos y te permiten obtener un beneficio de unos Z euros al mes)”. En esta regla no se tiene en cuenta que hay días más productivos que otros, y que sería más racional trabajar más en los días más productivos y menos en los menos productivos disminuyendo el tiempo total de trabajo.
Los seres humanos somos seres con recursos computacionales limitados que disponemos de información limitada y usamos atajos o reglas sencillas que nos orientan en la acción del día a día. Esas reglas suelen ser suficientemente buenas para la vida diaria y nos permiten decidir en un tiempo razonable con recursos mentales escasos y con información no perfecta, pero pueden no ser reglas óptimas, como en el caso de la regla que siguen los taxistas en días de lluvia.
La regla de los treinta días de los proyectos dice: cuando inicies un proyecto, una rutina, un hábito o tomes una decisión, comprométete con ella por treinta días, finalizados los cuales tienes libertad para continuar o para abandonar.
Justificación:
¿Por qué treinta días? Las promesas concretas se recuerdan mejor. Concretar una promesa aumenta la probabilidad de su cumplimiento.
Decidir hacer algo que requiere una cierta voluntad y continuidad es fácil, pero mantenerlo es más difícil. Como decía Maquiavelo de los franceses en El príncipe: “en el principio del combate empiezan como más que hombres, y acaban como menos que mujeres cuando el combate se prolonga”. En los inicios es fácil estar entusiasmado, visualizas los beneficios y te sientes inspirado por ellos, y es fácil subestimar el esfuerzo cuando tienes que hacerlo mañana o en semanas sucesivas. En resumen, somos muy voluntariosos para el esfuerzo futuro, menos para el presente.
Cuando llegan las dificultades y la pérdida de la motivación a lo largo del camino (lo que invariablemente sucede), la perspectiva de un compromiso indefinido convierte todo compromiso en una losa.
Saber que tu compromiso tiene un fin, y que si quieres tienes la libertad de abandonar el proyecto cuando concluyan los treinta días, te hace más fácil perseverar.
Es probable que cuando llegue el fin de los treinta días hayas tenido tiempo de cosechar algunos de los beneficios del proyecto y hayas recuperado la motivación.
Menos de treinta días, pongamos una semana o un par de días, no sería adecuado, pues no habría tiempo de observar resultados.
Se elimina fricción. Eliminamos la indecisión y la tensión generada por las dudas y reevaluaciones a mitad del camino.
Esta regla supone un término medio entre el decidir en cada momento si continuar y estar sujeto a las intermitencias de la motivación y el deseo, por un lado, y la estrategia de Quemar las naves, por otro lado, que poda posibilidades y elimina flexibilidad estratégica para aumentar el compromiso. Quemar las naves quizá sea más apropiado para compromisos grandes, cuasi-existenciales.
Llegado este momento constato que he cumplido lo prometido en los dos meses: he escrito tres artículos a la semana los lunes, miércoles y viernes sin excepción durante estos meses. Me congratulo por ello.
Y ahora… renuevo el compromiso por otros treinta días.
En Reduzco el inputya tomaba medidas minimalistas que suponían una reducción drástica de los impactos informacionales del entorno. Pero el problema es que si cortas el impacto informacional te quedas a solas con tu mente de mono, que a su vez es otro origen de malestar e infoxicación.
¿Qué se puede hacer? Mantengamos la habitación de la conciencia lo más diáfana y libre de pre-ocupaciones y post-ocupaciones posible, centremos nuestra atención deliberadamente en el objeto u objetos de atención elegida y sumerjámonos en el presente. Esto no implica abandonar la preparación del futuro, ni el dejar de analizar para aprender del pasado, sino evitar conjugar desproporcionadamente estos tiempos en la mente.
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En Superficie lunar de nuestra conciencianos preguntábamos sobre la posibilidad de solucionar el dilema entre el caos de la Mente de mono y el influjo desproporcionado de los medios de comunicación, los cuales empleamos para controlar ese caos mental y proporcionarnos descanso o distracción.
En Reduzco el inputya tomaba medidas minimalistas que suponían una reducción drástica de los impactos informacionales del entorno. Pero el problema es que si cortas el impacto informacional te quedas a solas con tu mente de mono, que a su vez es otro origen de malestar e infoxicación.
¿Qué se puede hacer? Mantengamos la habitación de la conciencia lo más diáfana y libre de pre-ocupaciones y post-ocupaciones posible, centremos nuestra atención deliberadamente en el objeto u objetos de atención elegida y sumerjámonos en el presente. Esto no implica abandonar la preparación del futuro, ni el dejar de analizar para aprender del pasado, sino evitar conjugar desproporcionadamente estos tiempos en la mente.
De la misma manera que abogo por una reducción del número de tareas y compromisos y el centrarse en lo esencial en cada momento, también abogo por la reducción de los objetos mentales en la conciencia (emociones, pensamientos, deseos, etc.) y el evitar que proliferen descontroladamente y decidan el curso de la acción.
Mantener una decoración minimalista en el primer plano de la conciencia parece algo difícil y hasta antinatural, pero es alcanzable, y hay muchas y variadas maneras de hacerlo. La primera de ellas es el cultivar un potente Yo observador, una parte del yo que es consciente en cada momento de los contenidos de la conciencia y que a su vez mantiene la atención en las intenciones o metas que nos hemos propuesto. Hay una milenaria tradición de regulación de la atención en forma de prácticas meditativas que nos puede ayudar a iniciar el camino.
A diferencia de la creencia popular, la meditación no consiste en “dejar la mente en blanco” o en “no pensar en nada”, cosa por otra parte imposible, sino en elegir el objeto de la atención y aprender a regular la atención, que dirige la entrada de contenidos en la conciencia. Si regulas tu atención ya has dado el primer paso en el control de tus estados mentales y por tanto de tu vida.
V3D = Vida en 3D = vida física, táctil, vida social presencial, cara a cara.
k = constante.
La constante viene dada por el tiempo de vida disponible y la calidad de la atención. La suma implica que hay un compromiso entre ambas formas de vida: más de la una, menos de la otra.
Voy a tomar el desayuno en el hotel y cojo el periódico para entretenerme mientras bebo el café, estoy en la consulta del dentista y tomo una revista, entro en el coche y pongo inmediatamente algo de música, llego a casa y lo primero que hago es encender la televisión, me siento inquieto y compruebo si tengo mensajes en el móvil, estoy en el baño y hojeo una revista u oigo distraídamente la radio, si es sábado me siento en la necesidad de estar rodeado de gente bulliciosa y voy a lugares donde la gente bebe sin sed (gracias, Fito), voy andando por la calle y conecto el i-pod, es muy tarde en la noche y me conecto a internet y navego durante horas, estoy en el aeropuerto esperando y reviso el correo, es domingo por la tarde y decido irme al cine para desconectar un poco y pasar un rato entretenido…
La mente, al igual que el poder político, aborrece los espacios vacíos. Siempre tiene que haber algo ocurriendo en el escenario; es por ello que para evitar el caos de la mente y el malestar que produce buscamos las distracciones, y acabamos inundando nuestro tiempo y nuestro espacio mental con montones de impactos, que son como meteoritos que golpean la superficie lunar de nuestra conciencia.
El estado natural de la mente es el caos, lo que los budistas llaman Mente de mono, y lo que en términos médicos ahora se ha dado en llamar Desorden de déficit de la atención.
Si dejamos libre curso a la dinámica de la mente, nos inundará de preocupaciones, de ansiedades, de remordimientos, etc: “tendría que hacer esto”, “había un algo en su voz que no me gusta”, “me pueden despedir”, “me saca de quicio”, “he ganado peso, debería comer menos”, “he de acabar el informe”, “¡¿qué ruido era ese?!”, “me siento solo”, “no debí decir eso”, “nunca llegaré a nada”, “a saber por dónde sale éste», «de mañana no pasa, mañana hago la renta». El caos mental es agotador y lo evitamos siempre que podemos.
La industria del entretenimiento se nutre y prospera proporcionándonos una salida al caos mental de la mente de mono. Y lo hace muy bien.
Parece que entonces estamos atrapados entre el natural caos de la conciencia, por un lado, y los medios de comunicación de masas y la industria del entretenimiento, por otro lado, con sus efectos estructuradores de la atención, cuasi-hinópticos, pero que no siempre promueven nuestro mejor interés.
Demasiada gente gasta dinero que no tiene para comprar cosas que no quiere para impresionar a gente que no les gusta.
-Will Rogers
Nuestro consumo de cualquier bien o servicio está determinado no sólo por el valor intrínseco o material del bien que consumimos y la satisfacción «directa» que nos produce, sino también por su efecto sobre otras personas y su deseabilidad frente a otros bienes.
Los bienes posicionales son bienes cuyo valor es principalmente o casi exclusivamente una función de su deseabilidad en un ranking. Su grado de “posicionalidad” depende de su deseabilidad en ese ranking frente a bienes sustitutivos. Esta posicionalidad proporciona un valor añadido al valor intrínseco o material del propio bien, y es por tanto relativa a otros bienes.
Ejemplos de bienes principalmente posicionales son las propiedades inmobiliarias en una zona exclusiva, reservas en un restaurante de moda, ropa de marca «a la última», automóviles 4×4, artículos de lujo no reproducibles o de oferta muy rígida… etc. En principio, cualquier bien tiene un cierto valor posicional en tanto en cuanto pueda servir como signo de distinción o status.
Siendo los seres humanos seres sociales, en los que la jerarquía es importante y en los que parte de nuestra satisfacción proviene de nuestra posición en una escala jerárquica, es probable que los bienes posicionales sean importantes en nuestro consumo. Este hecho lleva a una competencia por ese recurso siempre escaso que son los bienes posicionales. Esta competencia es desgraciadamente un juego de suma cero en que los esfuerzos de cada competidor se anulan unos a otros y en el que lo que gana uno lo pierde necesariamente otro: si yo logro una posición más alta, alguien debe asumir entonces una posición más baja, y este alguien a su vez se esforzará por recuperar esa posición perdida, con lo que entraremos en una “carrera armamentística” de consumo que al final nos dejará a todos en la posición inicial. Es incluso peor que un juego de suma cero, es un juego de suma negativa, porque en esa carrera armamentística habremos incurrido en un gran gasto de recursos y todos al final estaremos peor.
La obligación de usar uniforme en muchos colegios privados se puede ver también como una manera de reducir ese consumo posicional y esa guerra armamentística por ser el más cool del patio de recreo.
Incluso en sociedades comunistas, como la China de Mao, en que todos estaban obligados a vestir de la misma manera, tuvieron que imponerse normas para evitar la proliferación de medallas, cintas o adornos en los uniformes comunistas.
Cada vez que realizamos un consumo de bienes posicionales estamos creando un coste o disminución de valor para otros, por lo que las externalidades o costes sociales de este tipo de consumo son altas. Además, nuestro recién adquirido valor posicional es precario y fácilmente amenazable por el consumo de otros.
Al final, sólo unos pocos pueden ser los más cool, distinguidos y selectos del barrio, y para ello han tenido que incurrir en grandes costes.
Sentado tranquilo, haciendo nada; la primavera llega y el pasto crece por sí solo.
-Poema Zen.
– Ejemplos:
Inversiones en piloto automático. Decido invertir a largo plazo en una combinación de renta fija y variable convenientemente diversificada y dejo que el poder del interés compuesto actúe durante 10, 20 ó 30 años. No me preocupo de seguir el curso de las inversiones, sólo de la proporción entre fija y variable a lo largo de mi ciclo vital. Reviso mis inversiones una vez al año y me olvido mientras tanto. Las crisis y las burbujas me traen al pairo.
Estoy en medio de un proyecto creativo. Estoy saturado de información y parece que no avanzo en el proyecto. Me tomo el día libre y me voy a pasear y a comer con un amigo y charlar de cualquier cosa. Doy tiempo para la incubación, el inconsciente seguirá trabajando detrás del telón de la conciencia y seguramente me sorprenderá con nuevas y frescas ideas cuando retome el trabajo.
El problema en el que estoy pensando no tiene solución. Por lo tanto no es ya más un problema. Me adapto y sigo hacia adelante sin hacer ya nada más respecto a ese antiguo problema.
Medito treinta minutos esta mañana. El mundo interno y externo sigue girando, yo simplemente me tumbo y observo su giro sin juzgar, sin querer que las cosas sean de otra manera, aceptando lo que hay en este momento.
Tengo una palabra en la punta de la lengua. No me sale. Desisto, me rindo, lo dejo, «ya me vendrá… si quiere venir». Dos minutos después, cuando estoy en otra cosa, me viene espontáneamente a la cabeza.
En el aeropuerto de Ámsterdam estaban molestos por la suciedad de los urinarios y la gran cantidad de tiempo y personal que necesitaban para realizar la limpieza.
Cansados de los derramamientos de orina que se producían, dieron con una solución muy sencilla: colocaron una pequeña pegatina con la imagen de una mosca junto al sumidero del urinario. Como consecuencia de ello, los derramamientos bajaron en más del 80%.
Sencillo, barato y eficaz.
Parece que la mosca apeló al mecanismo de seguir objetivos que los hombres llevamos incorporado y proporcionó una meta clara durante ese corto intervalo de tiempo en el que pasamos vaciando la vejiga. De otra manera, la acción es más caótica y el líquido se derrama en todas las direcciones. Una meta como la de la pequeña mosca al borde del sumidero, más específica que simplemente eliminar la tensión física al orinar, proporcionó la motivación para dirigir la acción y logró el efecto colateral de la mayor limpieza en la operación.
Para Richard Tahler, profesor americano de Behavioral Finance , éste es su ejemplo favorito de “nudge”, que se puede traducir por “acicate” y que significa literalmente el codazo con el que más o menos sutilmente buscas influir sobre alguien para que actúe de una determinada manera. Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happines es de hecho el título de su último libro sobre el concepto deChoice Architecture o arquitectura de la elección.
Es un ejemplo del poder de los Imanes de la acción, en este caso en forma de pegatina de mosca en un urinario. La pegatina sirvió como imán para las limaduras de la acción, algo descontrolada, que se suele producir en los servicios públicos.
Podemos verlo también como un ejemplo de acción mínima, pequeña, económica, inteligente y simple, pero con grandes efectos. Si a esta acción mínima, con su economía de medios, le añadimos lo ingenioso y elegante de la solución encontrada tenemos un verdadero modelo de acción minimalista.
¿Cómo cerrar esos círculos o enterrar definitivamente esos cadáveres de la memoria, y así eliminar UPA’s (Unidades Permanentes de Atención)?
Si se trata de una acción y va a llevar menos de dos minutos, entonces hacerla. El tiempo que tardes en realizarla posiblemente sea menos que el coste de que aparezca una y otra vez en la mente sin darle respuesta. Ésta es la Regla de los dos minutos de David Allen.
Si no hay acción aparente, convertir la situación, la inquietud o la preocupación en una acción que realizar, y si es posible hacerla inmediatamente.
Si no es posible accionarla ahora mismo, tomar nota de ella. El escribir la inquietud, la idea, la acción que se desea realizar en un sistema o archivo que sabes que consultarás en el futuro tiene un poder balsámico, y si tu mente sabe que en el futuro le darás respuesta y que tu sistema de revisión es fiable, te permitirá pasar a otra cosa y dejará de aparecer como UPA en la memoria. La clave aquí es tener un sistema de revisión que te permita con toda certeza el abandonar temporalmente la preocupación y convertirla en el futuro en ocupación.
Sin imanes de la acción no hay norte ni sur y es fácil que las limaduras de la vida queden reducidas a una larga sucesión de acciones reactivas no relacionadas, al albur de las circunstancias externas o los humores y estados de ánimo. Las acciones quedarán orientadas en todas las direcciones sin patrón ni dirección definida, al azar. Es posible que pasen los años y en vez de vivir sintamos que hemos sido vividos.
Los objetivos, metas, proyectos, visiones, los valores, la vocación, etc. , son cohesionadores de la acción, son a las acciones lo que un imán a las limaduras de hierro: permiten orientar las limaduras de las acciones en una dirección coherente dotando a la acción global de dirección y sentido. Otorgan a cada acción un significado en el contexto de una meta y un plan para alcanzar esa meta. Además de ello dirigen nuestra atención: orientan nuestros pensamientos hacia la meta, y nuestra percepción hacia el tipo de información que es relevante en cada caso.
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Cambios:
Minimizado la cinta de opciones, sólo aparece si tengo que usarla.
Eliminado la mayoría de los iconos de la barra de herramientas. He dejado los tres que más uso: deshacer, guardar todos los documentos y abrir documentos. No he echado de menos el resto de las decenas de iconos que antes tenía en la barra de herramientas.
Respecto a la barra de estado (la barra inferior) he dejado sólo tres elementos: el número de página, el zoom y la barra deslizante de zoom.
Queda mucho espacio libre y tiene el aspecto que tiene el Word cuando se usa la opción de lectura en pantalla completa.
En 1517 Hernán Cortés llega con 600 hombres, 11 barcos y 20 pequeños cañones a lo que hoy es el puerto de Veracruz para iniciar la conquista del imperio azteca, en aquella época formado por más de cinco millones de indios. Manda quemar las naves, o al menos inutilizarlas, para que sus hombres sepan que a partir de ese momento su única opción es luchar sin que la opción de la retirada sea ya viable. El resto es historia.
En La paradoja de la elección veíamos que a veces tener más opciones puede ser contraproducente. Como corolario de ello podríamos decir que el disminuir la opciones a veces puede ser lo más inteligente. Uno de los problemas de tener muchas opciones es que el compromiso es siempre menor pues cuando las decisiones son reversibles llegado el momento se puede dar marcha atrás y elegir un camino aparentemente más cómodo, como podrían haber hecho los hombres de Cortés en caso de tener una vía de retirada. Además de enviar un claro mensaje a sus hombres sobre sus opciones disponibles: luchar o morir, también estaba transmitiendo un mensaje a sus enemigos: estos son hombres que no tienen otra opción que luchar hasta la muerte.
Llegado el momento también uno puede quemar sus propias naves eliminando o negándose otras opciones para así enviarse un mensaje a sí mismo y comprometerse con un camino, con un trabajo, con un proyecto, o con una persona y olvidarse de las otras posibilidades. En ese momento es cuando se acaba la deliberación y se logra el compromiso.
El quemar las naves puede hacerse realmente o simbólicamente (como en la ceremonia del matrimonio) , pero una vez hecho, el camino está claro y el compromiso es el máximo. Quizá la madurez consista en eso, en saber quemar las naves reales y psicológicas y comprometerse definitivamente con algo o con alguien. Cuando uno sabe lo que va a hacer el resto de su vida se puede decir que ha madurado.
Si la acción siguiente puede hacerse en dos minutos o menos, hágala la primera vez que aparezca en su mente. Incluso si es esta acción no es «Alta prioridad», hágala ahora si va a tener que acabar haciéndola igualmente.
-Getting Things Done, David Allen.
Cuando surge una acción en la mente, hay que hacerla inmediatamente, si va a llevar menos de dos minutos.
Ésta es una versión más inmediata, concreta y operativa del tradicional dicho: «No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy». Según David Allen puede suponer un tremendo aumento de la productividad personal. Yo añadiría que supone una tremenda liberación de UPA’s y de necesidad de seguimiento de acciones, y una mejora de la aerodinámica de la acción.
Justificación:
Se evita que vaya a aparecer más veces y se disminuyen las interrupciones.
Se eliminan UPA’s de la memoria.
Tomar nota de ella, aplazarla, hacer un seguimiento, recuperar la información de la tarea y realizarla más adelante llevará con toda seguridad más tiempo que simplemente hacerla ahora mismo.
Se obtiene sensación de logro. Es sorprendente el poder motivador que tiene el realizar una acción y cerrar un círculo abierto.
Genera momentum.
Nota:
Los dos minutos son orientativos. Cualquier regla ha de ser concreta, pero también ha de ser configurable en sus parámetros para adecuarla a las distintas circunstancias. Puede haber contextos en que una interrupción de dos minutos repetida muchas veces sea un Trabajus Interruptus intolerable o puede ocurrir que en vez de esos dos minutos nos podamos permitir realizar esas acciones si no pasan de cinco o de diez.
Una regla siempre tiene una estructura SI <CONDICIONES> ENTONCES <ACCIONES>. Es importante que las condiciones queden claramente explicitadas para mover a la acción. La concreción aumenta el compromiso con la regla y la probabilidad de recordarla.
Una de las razones por la que no respondemos a un correo inmediatamente y postergamos la respuesta es que se nos hace difícil ponernos a escribir. Imaginamos la respuesta como una larga y detallada carta que nos llevaría bastante tiempo.
¿Que pasaría si en vez de ello imagináramos una respuesta de tres líneas?
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Sería entonces mas probable que respondiéramos ahora mismo, sobre la marcha, en menos de dos minutos [ Ver Regla de los dos minutos de David Allen: si puedes hacer algo en menos de dos minutos, hazlo inmediatamente].
El e-mail de tres líneas tiene ventajas añadidas:
Nos obliga a organizar nuestro pensamiento y sintetizar.
Favorece la lectura.
Favorece la acción de quien lo recibe. El mensaje no se perderá entre la hojarasca de las palabras.
Dinamiza las comunicaciones
¿Y si necesito mas de tres líneas? En ese caso quizá necesite otro canal de comunicación: un informe, un documento detallado, una conversación telefónica, una entrevista cara a cara.
¿No es cierto acaso que siempre es mejor tener más opciones que menos? ¿No es lógico que considerando más opciones la probabilidad de una mejor elección es mayor, aunque sólo sea porque es más probable que alguna de las opciones se adapte mejor que las demás a nuestras preferencias? ¿No es obvio que puestos a elegir entre mayor y menor libertad de elección es mejor siempre más?
Sorprendentemente la respuesta es que no: más opciones a veces es peor.
Varias razones
Cualquier elección que hagamos nos hace considerar las opciones no elegidas: cuantas más alternativas más probable que se produzca la insatisfacción con la elección tomada.
El placer decepciona, la posibilidad jamás.
–Kierkegaard
La explicación es que con las elecciones tomadas somos conscientes de los aspectos positivos pero a ellos nos habituamos y pierden parte de su valor. En cuanto a los negativos, nos hacemos verdaderamente conscientes de ellos, los experimentamos. Con las opciones no elegidas son precisamente sus aspectos positivos los que empiezan a brillar sin que se produzca la habituación mientras que los aspectos negativos son sólo posibilidades no experimentadas.
No es por tanto cierto que la hierba de la opción no elegida sea más verde, sino que empieza a volverse más verde en el momento mismo en que la descartamos.
Aunque tener opciones puede ser bueno, puede serlo hasta un cierto punto. Puede conducir a la parálisis por el análisis y a la postergación de la decisión. La no decisión es en sí una decisión y posiblemente sea una de las peores, porque mantiene UPA’s (Unidades permanentes de atención en la memoria) y no acaba de cerrar el círculo abierto de la decisión.
Más opciones implica mayor necesidad de análisis, más compromiso de recursos cognitivos y por tanto más tiempo de decisión. Una buena decisión fuera de tiempo es mala.
La Regla del tres de la acción de los marines norteamericanos es una regla práctica que permite ceñirse a unas pocas opciones y equilibrar el tiempo de búsqueda soluciones y la calidad de la decisión.
Más opciones puede significar menos compromiso y dedicación a cualquiera que sea la opción tomada. El compromiso con la opción tomada y la dedicación es lo que hace buenas muchas decisiones en la vida, sobre todo las capitales: qué trabajo realizo, cuál es mi vocación, con quién comparto mi vida.
PD: aquí podéis ver la entrevista de Punset a Barry Schwartz, el autor de Por qué más es menos. La tiranía de la abundancia, uno de mis Top 10 en mi bibliografía minimalista. Altamente recomendable.
Antes de comenzar este blog, hace exactamente un mes, decidí darme una semana antes de dar la Orden de inicio y comprometerme con él. Una vez comenzado consideré que las intermitencias del deseo son muy grandes, y era probable que en una semana o en unos días lo dejara y se convirtiera en un proyecto muerto. Es por ello que decidí comprometerme durante treinta días y decidir que mantendría el proyecto al menos durante ese tiempo, pasado el cual podría hacer lo que quisiera: mantenerlo o continuar.
Un mes después, decido renovar el compromiso por otros treinta días y seguir escribiendo artículos de manera regular todas las semanas.
Las Unidades Permanentes de Atención o UPA’s son el conjunto de problemas, inquietudes, episodios inconclusos, acciones no hechas, aplazadas, no resueltas y que quedan en la memoria en forma de recordatorio permanente. Son como círculos abiertos en nuestra vida, pendientes de cerrar.
Si tengo varias veces el mismo pensamiento, quiero que tenga utilidad o que al menos me produzca placer.
–Homo Minimus
Las UPA’s pueden ser positivas y negativas, según su funcionalidad y el tipo de emociones que traen consigo.
En su vertiente positiva: proyectos en curso, temas de meditación, temas centrales, ideas en proceso de maduración, etc.
En su vertiente negativa: asuntos irresueltos, rumias, pensamientos intrusivos, preocupaciones recurrentes, asignaturas pendientes, acciones postergadas, cadáveres de la memoria, etc. Están ahí como un enjambre de abejas zumbando, a veces casi imperceptiblemente, y a veces muy agudamente, y generan interrupciones de origen interno en nuestra vida mental. Son también un input informacional, y son otra categoría de infoxicación, aunque proveniente de nosotros mismos. Son una fuente de fricción importante.
La tipología de las UPA’s negativas es muy amplia, y puede tratarse del síndrome post-traumático de un ex-combatiente del Vietnam que revive escenas de guerra, o algún episodio repetitivo más inofensivo, como el hecho de recordar una y otra vez la llamada incómoda que tengo que hacer a un cliente o la conversación con el jefe que llevo demorando varias semanas.
Suponen una punzada para nuestra calma, una parada de la línea de pensamiento y una sensación en general desagradable. Su característica fundamental es que son repetitivas, aparecen una y otra vez sin que les demos respuesta o sin saber cómo hacerlo o sin que ni siquiera percibamos que necesitan una respuesta.
Criterio de existencia de la realidad del Dr. Johnson: «La realidad existe porque nos devuelve el golpe». –
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El minimalismo existencial o panminimalismo es una aerodinámica de la acción. Implica navegar con gracia y elegancia entre los sucesos del día, aplicar economía de medios para lograr las metas, adaptarse a los imprevistos y las circunstancias atmosféricas internas y externas, y encontrar soluciones rápidas virando y cambiando de rumbo cuando sea necesario. Todo esto sin perder el paso mientras mantenemos el centro de gravedad dentro de nosotros y nos recuperamos rápidamente de los desequilibrios. Para ello es fundamental gestionar y reducir la fricción.
Carl Von Clausewitz, el estratega prusiano, la definió así en su De la guerra:
[…] La fricción resulta el único concepto que de una forma bastante general corresponde a lo que diferencia la guerra real de la guerra sobre el papel. La maquinaria militar, el ejército, todo lo que le corresponde es sencillo, y por eso parece simple de manejar. Pero debemos tener en cuenta que no hay ninguna parte de esa maquinaria que se componga de una sola pieza, sino que lo componen varias piezas, cada una de las cuales tiene su propia fricción en todas direcciones.
Clausewitz considera el peligro, el agotamiento físico, el azar y la incertidumbre, como pilares de la fricción. La incertidumbre por falta de información, es lo que en términos militares se llama “niebla de guerra”.
Sustituyamos “guerra” por “vida”, “niebla de guerra” por “niebla de vida” y añadamos algunos términos menos militares. Nuestra adaptación quedaría así:
La fricción resulta el único concepto que de una forma bastante general corresponde a lo que diferencia la vida real de la vida sobre el papel. El peligro, el cansancio físico, mental y emocional, y la incertidumbre generada por las personas y los acontecimientos, son los elementos fundamentales del estrés y la presión del día a día.
En la vida como en la guerra hay apuestas fuertes, y lo que podemos planear en la sala de mapas, en el puente de mando de nuestra mente cuando todavía no hemos entrado en acción, va a verse inexorablemente afectado por la sensación de peligro, la niebla de vida, la tensión de reaccionar y decidir en tiempo real, el estrés y los niveles variables de energía y diversos estados de ánimo que experimentamos durante el día.
La fricción, por lo tanto, es la fuerza que se opone a nuestras intenciones de acuerdo al coeficiente de rozamiento o resistencia que tiene todo lo real.
La infoxicación es sobre todo una cosa que nos hacemos a nosotros mismos.
–Homo Minimus
Está en nuestras manos controlar el flujo de entrada de información.
Tres acciones:
– Reviso el correo y el buzón de voz máximo dos veces al día. No más. Nunca al comienzo del día [Razón: ver Empezar el día sacando]. No uso correo móvil, Blackberry o similares, ni llevo el móvil encendido. Si es posible convierto el móvil en un teléfono fijo.
– Elimino TV, Radio y periódicos. Sustituyo ese tiempo por el silencio, el contacto presencial con seres humanos, el ejercicio físico o la observación inteligente.
-Elimino el cine indiscriminado. Sólo veo películas comerciales en compañía y por motivos sociales. Elijo películas «distintas», que aporten algo.
Lo importante no son los detalles concretos de estas acciones, más o menos discutibles, sino la intención subyacente de no aceptar el estado de cosas y el tomar conciencia del tipo y frecuencia de información que quieres que haya en tu vida.
Si pones una rana en una cazuela con agua hirviendo, la rana inmediatamente salta y escapa de la amenaza. Si la dejas en agua fría y vas aumentando la temperatura lentamente la rana queda amodorrada poco a poco y perece hervida. Cuando la temperatura es insoportable la rana ya no tiene fuerza para saltar y escapar.
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En un articulo anterior hablábamos de El camino de el Kaizen y el poder de los pequeños cambios incrementales para obtener grandes resultados. El síndrome de la rana hervida muestra la misma dinámica operando pero desde una perspectiva externa y negativa: los pequeños cambios del ambiente solo tienen poder para alertarnos si son lo suficientemente grandes y visibles. Si son pequeños, el cambio no tiene el poder suficiente para alertarnos y es posible que lleguemos a situaciones desastrosas casi sin darnos cuenta.
Una empresa cuyos productos van perdiendo el favor del público por la competencia muchas veces no experimenta una disminución de sus ventas inmediatamente ni sus clientes desaparecen de la noche a la mañana, pero con el tiempo puede quedar fuera del mercado.En un nivel más personal, el comer comida basura no nos hace subir de peso en un solo día ni en una semana, pero los efectos acumulativos negativos son visibles en el largo plazo. Una bolsa de patatas más no nos cambia perceptiblemente y lo que aumentemos de peso será poco a poco, no de un día para otro, y en el trayecto nos iremos acostumbrado al nuevo peso, que consideraremos natural.
Sólo podemos detectar los cambios pequeños si tenemos una visión de lo que pretendemos y una idea de la dinámica del sistema y sus efectos acumulativos, para de este modo poder valorar las variaciones y saber si nos están dirigiendo hacia nuestra visión o nos están alejando. De la misma manera, para aplicar el principio del Kaizen no basta con hacer pequeñas acciones, sino que es necesario tener una visión del tipo de resultados que queremos ver hechos realidad. Sin la visión las pequeñas acciones quedan reducidas a minucias bienintencionadas, y no sabremos en qué dirección aplicar nuestros esfuerzos.
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