Conversación con el Tío Gilito: cómo alcanzar la libertad financiera

Este es una conversación con el Tío Gilito sobre la libertad financiera y cómo alcanzarla.

Puedes escucharla en el blog o escucharla y bajarla aquí.

En ella, hablamos sobre el significado de la libertad financiera y una herramienta conceptual que nos ayudará a alcanzarla: el triángulo de la libertad financiera.

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Durante el transcurso de la conversación queda patente el tipo de mentalidad necesaria para disfrutar de una buena salud financiera y se proporcionan ideas de sencilla aplicación que pueden ponerse en práctica inmediatamente.

Al final de la conversación, recomendamos  varios libros que nos ayudarán a profundizar en los temas tratados.

Referencias a libros citados:


Padre rico, padre pobre

Padre rico padre pobre

 Vender es humano: la sorprendente verdad sobre cómo convencer a los demás

Vender es humano

El millonario de la puerta de al lado

El millonario de la puerta de al lado

El pequeño libro para invertir con sentido común.

Pequeño libro para invertir con sentido común

Un paso por delante de Wall Street

Un paso por delante de wall street

I will teach you to be rich

I will teach to be rich

 

 

La pistola de Chéjov

Una pistola de Chéjov es un artificio dramático. Su formulación se atribuye al escritor ruso Antón Pávlovich Chéjov:

«Si el tío Vania esconde una pistola en la mesilla de noche en el primer acto, esta ha de ser disparada en el segundo o en el tercero».

¿Por qué ha de ser disparada?

Porque si no la pistola se convierte en un elemento superfluo, que no añade nada a la trama ni a su resolución, distrae al espectador o lector, ralentiza la narración y conspira contra el disfrute de la obra.

Pistola de Chéjov generalizada:

«Si un objeto no mental aparece en tu vida, ha de ser empleado en algún momento del futuro próximo».

Esta regla es muy útil como antídoto contra la tendencia a acumular objetos físicos. Te mueve a preguntarte por la función de cualquier nueva posesión y su contribución a tus objetivos y metas.

Si el objeto no se va a usar en el futuro próximo para contribuir a alguna meta previsible es mejor catalogarla como innecesaria, como «no disparable».

La regla de la pistola de Chéjov se opone a los «por si acaso», poseer y guardar por si en el futuro pudieras necesitar el objeto.

¿Por qué hablo de «objetos no mentales» y  excluyo implícitamente los objetos mentales de la regla de la pistola de Chéjov?

Porque la imaginación y la creación se promueven acumulando un gran número de ideas  y asociaciones. La imaginación es  manipulación de la memoria, y la creación es combinación de elementos de la memoria para alumbrar nuevas posibilidades en el mundo físico o en el mundo de las ideas.

Cuantas más ideas tengas, más puedes acumular, ya que  podrás asociar de muchas más maneras las nuevas con las viejas: tienes más ganchos mentales para colgar los nuevos conceptos.

El saber, a efectos prácticos, no ocupa lugar, aunque su adquisición requiera mucho tiempo.

Además, nunca puedes prever si en el futuro (próximo o lejano) una idea u objeto mental podrá combinarse de manera creativa al servicio de alguno de tus proyectos, por eso no es conveniente ser tacaño en la adquisición de ideas. La creación no estereotipada no se puede anticipar y es conveniente tener muchos recursos disponibles por si pudieran servirte. Es por eso que en el mundo mental generalmente opera el principio maximalista de «Más es  mejor».

Los lastres del exceso de posesiones en el mundo físico contrastan con las ventajas de la exuberancia en el mundo mental. En el mundo físico, las posesiones generan rigidez, costes crecientes de mantenimiento y de recuperación; en el mental, mayor cantidad de ideas significa más facilidad para asociar y recuperar lo acumulado, más combinaciones posibles y modelos mentales más flexibles.

Por tanto, el minimalismo en el mundo mental es un a posteriori, algo deseable solo  después de haber acumulado muchas ideas y probado un gran número de combinaciones que luego puedas condensar en principios, reglas o síntesis conceptuales.

Si escribo artículos de tres mil o seis mil palabras en este blog e inicio proyectos y experimentos públicos, es para mostrar que mis otros artículos de trescientas o seiscientas, y mis aforismos son la versión destilada de mucho pensamiento y experiencia anterior, no las revelaciones o intuiciones infundadas de un pensador que tiende a pensar lo mínimo y se apresura a prescribir recetas con las que tú vivas al máximo.

Cómo cambiar el mundo (2 de 4)

Cuando eres joven (y además estúpido) todo lo ves a través de un prisma moral maniqueo: las víctimas, los malos, tú en el lado de los buenos o los iluminados, y la solución en que todos seamos buenos.

Si eres progresista o de simpatías socialistas dirás que todo es cuestión de educación (liberación de los  relatos opresores, dirían unos; adoctrinamiento, dirían los del otro lado), cambiar el sistema y erradicar a los malos; si eres conservador o tradicionalista dirás que todo es cuestión de respetar las buenas costumbres y la moral,  escuchar la voz de la conciencia y castigar o eliminar  a los malos (justicia  dirían algunos, venganza dirían los otros); si eres de un centro mediopensionista más o menos ciudadano querrás reprimir a los pillos y educar a partes iguales —porque en el aséptico medio está la virtud—  y así eliminar el mal del mundo.

Pero si se trata de cambiar el mundo, ¿no sería posible que  el campo de batalla más apropiado la mayor parte del tiempo no esté allí fuera y a lo lejos  sino aquí  dentro o en las inmediaciones?

Cuando siento ganas de culpar al sistema o a los mercados sin alma o a la falta de libertad individual, me gusta recordar  la frase de  Patricio Jake O’rourke: «Todos quieren salvar  el mundo, pero nadie quiere ayudar a su madre a fregar los platos”.