Revisión segunda semana experimento desconexión digital

Hemos llegado al ecuador de nuestro experimento de desconexión digital. 

Esta semana, como era de esperar, ha sido mucho más fácil.

Mis resultados han sido mejores que la semana anterior. Respecto al tiempo de trabajo durante de la semana he cumplido casi por completo mi objetivo: nada de navegación gratuita ni búsquedas innecesarias durante el horario de trabajo (8:00 am – 20:00 pm):

2019-06-16 20_12_07-RescueTime - Your Weekly dashboard

Mi mejor resultado ha estado en la observancia del Shabbat digital en el he que prescindido casi por completo del ordenador  y otros medios digitales:

2019-06-16 20_31_54-RescueTime - All Activities by hour

 

Solo abrí el ordenador  para consultar en goople maps la dirección de un evento al que acudía esa misma mañana. Un evento organizado por una conocida youtuber con más de dos millones de seguidores, pero por ser un encuentro en tres dimensiones no cuenta como consumo digital (espero).

Cristina ha seguido en su línea y ha cumplido su compromiso. Transcribo parte de sus comentarios en relación al Miedo de Perderse Algo:

[…]  No he extrañado Twitter y YouTube entre semana tampoco me está llamando. Solo tuve un breve momento de debilidad el martes por la tarde, cuando una amiga me envió por WhatsApp el enlace de un vídeo sobre Wim Hof. Como me asombra este holandés denominado Ice Man, estuve tentada de pulsar el enlace para ver el vídeo, pero finalmente me contuve sin tener que hacer demasiado esfuerzo. Lo aplacé hasta el fin de semana. Esta mañana fui al vídeo y lo quité a los pocos segundos porque ya lo había visto.

Esto me ha hecho darme cuenta de la sensación de urgencia que generan en nosotros las alertas y notificaciones de redes sociales y todo tipo de plataformas digitales en general. ¿De verdad es todo tan importante como parece? Casi nunca lo es. Pero ahora cobro conciencia de que he sido una presa fácil para el FOMO (fear of missing out, miedo a perdérselo). Mi calidad de vida ha mejorado desde que desactivé todas las notificaciones. Más atención, más paz.

Verónica ha mantenido su compromiso también esta semana y sorprendentemente no ha echado demasiado de menos los contenidos de Facebook o Instagram:

[…] ¡Hola a todos! Esta segunda semana se ha presentado más o menos como la anterior. No he echado realmente de menos los contenidos que me ofrecían Facebook o Instagram, y bueno, al no tener las cuentas, pues no he tenido tentaciones. Sí que he tenido algún momento de ansiedad y de bajón esta semana en el que he acabado echando mano del móvil o del ordenador, para calmarme en cierto modo, como si fueran mi chupete. Estaba pendiente además de que me llegara un correo y he estado entrando al correo con bastante frecuencia. Pero bueno, eran circunstancias especiales.

Así que me encuentro con el problema que se comentaba la semana pasada, de no tener claras otras opciones para no tirar por inercia hacia la pantalla brillante.

Me resulta interesante y sintomática la función de escape, de tranquilizador, de “chupete” que tienen los medios digitales; su ubicuidad e inmediatez son las que hacen tan tentadores y adictivos estos medios.

Son medios diseñados para succionar nuestra atención que apelan a nuestros temores, ansiedades y deseos de calor humano. A corto plazo, recibimos la ilusión de estar conectados  y distraemos nuestras mentes de nuestros problemas más acuciantes, pero su función es meramente lenitiva: calman nuestra soledad sin curarla y terminamos retornando a la realidad cotidiana con los mismos problemas, pero más atontados.

Como contrapunto a los en general buenos resultados de los tres anteriores, pongo esta semana a Marc, que parece haber descarrilado en sus buenas intenciones:

La estoy liando parda con el experimento este de desconexión social. No lo estoy llevando a cabo e incluso me olvido de él. Es como si ya no creyera que puedo hacer algo.

Sentirse sin control sobre una situación no es agradable, y como más tiempo pasas con esta sensación, peor, porque te sientes como el elefante encadenado, y muchos momentos durante el día son un recordatorio de lo inútil que eres porque no puedes llevar a cabo aquello que te habías propuesto.

Esta semana (si todos los resultados de los exámenes son positivos) es mi ultimo examen del año escolar (yuhu!) pero me esta costando la vida estudiar. Es palo y simple procrastinación, pero estando distraído, tener el teléfono por ahí pues no ayuda.

El sentimiento de “tendría que estar estudiando” pero “hoy he mirado 59 vídeos en Youtube” es horrible. ¿Debería ser más responsable?

Marc ha tomado una decisión cuasi-heroica para la  próxima semana:

Voy a usar el teléfono móvil (un flipphone) y usar sólo el smartphone media hora durante el día. Que uno tiene que ponerse serio y empezar a hacer cosas.

Odio (pero no tanto) recalcar que yo ya había recomendado esta opción de eliminar el smarthpone como la mejor, pero está claro que nadie escarmienta en cabeza ajena.  En todo caso, me gustará saber la próxima semana si Marc fue capaz de cumplir su decisión de consultar el smartphone solo media hora al día (mejor sería media hora a la semana o eliminar el smartphone completamente) .


Estoy contento en general por la evolución del experimento en estas dos primeras semanas,  pero he de decir que me he sorprendido reaccionando con inusitado desprecio y extraña tristeza ante la forma en que la gente usa los medios digitales.

Ver, por ejemplo, mesas con cinco personas, presuntamente reunidas para conversar,  donde tres de ellas consultan sus teléfonos y una sola escucha, me genera ahora un visible desprecio que tengo dificultades para ocultar.

La tristeza, y no el desprecio, me la generan otro tipo de escenas cotidianas donde los niños son los protagonistas.

Pablo Matilla comentaba esta semana:

[…] Otra curiosidad, esta mañana, en la radio, han dicho que el primer contacto que tienen los niños con la pornografía es a la edad de 8 años, y que con 14 ya la consumen con regularidad en sus teléfonos móviles. Me pregunto cuántos serán los niños así que ahora ya son adultos y consideran que tienen un problema. Las implicaciones son muchas.

Lo que tengo seguro es que los niños no van a salir indemnes de su contacto temprano con los teléfonos inteligentes y redes sociales.  Teniendo en cuenta que en el mundo occidental más del 50% de los niños de 10 años ya tienen un teléfono,  las perspectivas no son halagüeñas.

 

Serie Experimento desconexión digital:

Segunda semana experimento desconexión digital

Hoy iniciamos la segunda semana del experimento de desconexión digital.

El registro de cualquier nuevo participante se puede hacer en la página de registro y compromiso público en este blog. Ahí tienes la forma de hacer de hacer el compromiso público y puedes inspirarte en los compromisos ya formulados. Como puedes ver, son todos muy diferentes y completamente personalizados (los define cada uno).

Por el momento, somos quince participantes. Los resultados en la primera semana son variables, a unos les ha ido mejor y a otros peor (mi caso, por ejemplo). De todos modos, el mero hecho de haberse atrevido a hacer un cambio importante en la vida ya es un éxito.

Es probable que muchos de los lectores de este blog no tengan problema alguno con las redes sociales y con el teléfono inteligente. La mayoría son gente concienciada y en comparación con el ciudadano medio estarán muy por encima en el uso saludable de dispositivos digitales.

Propuesta de experimento de concienciación digital

Sin embargo, siempre hay espacio para la mejora. Y en este blog estamos continuamente empujando nuestros límites.  Por eso, para los que no deseen participar en el experimento, tengo una propuesta de toma de conciencia: ¿tienes idea del tiempo que pasas actualmente en las distintas redes y aplicaciones de tu teléfono inteligente? Haz una estimación en horas y en número de interrupciones diarias para consultar tu teléfono. ¿Mucho? ¿Poco?

Lo mejor es siempre buscar una medida objetiva. Para ello propongo estas dos opciones:

1.Para el teléfono inteligente, Melisa, una de nuestras participantes en el experimento  y una de las personas más veteranas del blog, nos recomienda Quality Time:

[…] Por último, recomiendo descargar la app Quality time. Mide el tiempo diario que usamos cada aplicación y la cantidad de veces que desbloqueamos el teléfono. También permite bloquear el acceso de cierta aplicaciones durante el tiempo que decidamos. Funciona!

Esta aplicación mide el número de veces que accedes a cada red social y aplicación y te da estadísticas por hora, día y semana. Creo que podría ayudarte a tomar conciencia de tu uso y quizá desatar  alguna alarma.

En el mejor de los casos,  confirmarás tu uso moderado y saludable de redes y aplicaciones. En el peor de los casos (también bueno), te preguntarás si tiene sentido interrumpir tus actividades cien o doscientas veces al día  para consultar el teléfono.

2019-06-10 20_29_50-- QualityTime

2. Para controlar lo mismo que en la aplicación anterior pero en el computador, la aplicación gratuita de referencia es RescueTime

2019-06-10 20_40_10-RescueTime _ Time management software for staying productive and happy in the mo

Recomendación artículo de Marc Martí

Tengo que recomendar un excelente artículo de Marc con sus reflexiones sobre el experimento de desconexión y su intención de extenderlo a seis meses (!!!). Marc es tremendamente ambicioso además de ser minimalista y quiere reconfigurar completamente su relación con la tecnología digital.

Él, a diferencia de generaciones más viejas, ha vivido toda su vida inmerso en las redes y los teléfonos inteligentes y no sabe lo que era la vida antes de facebook, twitter y la conexión ubicua y constante.  Los más viejos conocemos la diferencia, sabemos lo que es el aburrimiento y sus frutos en creatividad y desarrollo de la personalidad.

Él no ha tenido esa experiencia, pero se la puede proporcionar. Aquí uno de sus jugosos comentarios:

[…] Sé que esto puede requerir algunos cambios importantes (no solo logísticos) en mi día a día, pero considero que es importante. Como Cal comenta, yo estoy en el grupo de los iGen, la primera generación que ha crecido con esto, con la distracción constante, con los móviles pegados en las manos y realmente no hemos calculado bien el beneficio-coste. Quizás porque no podíamos. Hasta ahora.

Cada uno de nosotros, debe evaluar su relación con todo. Si alguien ya esta bien y no le quiere dar más vueltas me parece estupendo. Pero yo le he dado vueltas, pero quiero darle algunas más ahora. Quizás otra oportunidad, pero esta vez con más razón.

Marc ha escrito un gran artículo que demuestra que ha adquirido un grado de conciencia y determinación no solo infrecuente (extraño, diría yo) para su edad sino para cualquier edad en la sociedad digital actual.

Otra perla:

Creo que está en lo correcto. Y sé que es lo mismo que (me) está pasando con las redes sociales. No hemos evaluado ni podemos ser conscientes del cambio brusco que esto ha supuesto y ni nadie casi, hasta ahora, nos había dado herramientas para que, desde el autoconocimiento cada persona hiciera sus propias decisiones, creyendo que todo se podía resumir en un “simplemente, esfuérzate para usar tu teléfono un poco menos”.

Y esta es la razón por la que voy a dedicar seis meses a este experimento. No al experimento en sí, pero si al encontrar mi propia respuesta o método general, hasta al punto que otra discusión sobre lo bueno o lo malo de las redes sociales me parezca irrelevante, porque ya sé mi propia respuesta.

Marc es conocido de este blog, pero os voy a enlazar a un podcast que hicimos ya hace algún tiempo sobre la búsqueda de la atención de láser en la era de la distracción.

Palabras finales

Por último, deseo a todos los participantes que perseveren en el empeño esta segunda semana del experimento y que aprovechen los comentarios de este artículo para comunicar sus impresiones y solicitar consejo y ofrecerlo durante la semana.

 

Serie Experimento desconexión digital:

 

Desconexión digital de trabajadores: las victimitas pidiendo ayuda a papá Estado

He tenido noticia recientemente de varias iniciativas de desconexión digital del trabajo en España y otros países europeos. Curiosamente, no en países asiáticos o en Estados Unidos, pero esa es otra historia.

La propuesta es que uno no debería estar sujeto a comunicaciones de trabajo fuera del tiempo oficial de trabajo, principalmente en fines de semana y noches, pero la iniciativa se extiende a cualquier momento en el que uno no esté presencialmente en la oficina. Quieren imponer por ley bajo sanciones y penas que un asalariado no pueda ser alcanzado digitalmente fuera del trabajo.

Me resulta curioso y sintomático de una sociedad de llorones, de perros de Paulov con indefensión aprendida y deseosos de amo,  que se tenga que recabar el auxilio de la ley y el Estado para hacer una cosa que cualquiera puede hacer por sí mismo: apagar el móvil o el computador.

Si no quieres recibir mensajes, apaga tus trastos digitales.  O al menos no los respondas. O comunica a tus compañeros y jefes que ellos pueden escribirte pero que no responderás en horas fuera de trabajo.

Se me dirá que el pobrecito trabajador no tiene opción y tendrá que hacer lo que le diga su jefe. Yo digo que sí tiene opción: irse del trabajo si su jefe o empresa no aceptan que no esté  localizable o no responda hasta el día siguiente de trabajo. Al menos, puede negociarlo. Si no lo hace es porque para él no tiene tanto valor el ocio sin interrupciones y no disponible para las demandas laborales.  Quiere ahorrarse la negociación y que sean otros los que impongan la ley a sus empleadores.

Lo mismo ocurre con la gente que dice no poder prescindir de su teléfono inteligente y su conexión wifi 24/7. Pueden hacerlo, es fácil desconectarse, terriblemente fácil: basta con no llevarse el teléfono cuando sales de casa o desactivar correo, redes sociales y demás. Los que no lo hacen es porque no valoran lo suficiente su tiempo sin estímulos digitales.

Vivimos en una sociedad de victimitas que no son capaces de tomar las riendas de sus vidas, que siempre esperan y exigen que sea el Estado y su coacción organizada los que le saquen sus castañas mentales del fuego digital.

De todos modos, aunque la iniciativa legal prosperara y consiguieran prohibir que un compañero o jefe se comunique con un trabajador, no creas que ese tiempo libre se va a dedicar a algo productivo vital o existencialmente, lo más probable es que lo dediquen  a subir más fotos de comidas y a ver más videos de gatos, mientras sus hijos inatendidos e inatentos yacen delante de una pantalla viendo dibujos de Pepa Pig.