El patio de recreo del diablo

Los amish son una comunidad étnica-religiosa de origen alemán y de religión cristiana anabaptista que vive en territorios rurales de Estados Unidos. Se caracterizan por un estilo de vida simple, humilde y pacifista; sus ropas son las del siglo xvii y xviii, se desplazan en caballos y carretas;  son extremadamente minimalistas en su forma de vivir. Viven de manera muy sencilla, alejados de la corriente y dan mucha importancia a los lazos familiares y comunitarios. Los que vistéis a Harrison Ford en Único Testigo recordaréis a los vecinos de un pueblo amish colaborando en la construcción de la casa de una joven pareja que acababa de casarse.

Los amish llaman “El patio de recreo del diablo” al mundo fuera de la comunidad, al mundo de los “ingleses”; es decir, de los norteamericanos que no son amish.

Rumspringa: mito y realidad

Hay un periodo de la vida de los amishs que recibe el nombre de “rumspringa”, que significa “deambular o corretear”. Coincide aproximadamente con el periodo entre los 16 y 18 años, lo que podríamos llamar aquí adolescencia tardía. En esta etapa de la vida el joven ha de decidir sobre su vida, buscar una esposa o marido y decidir si asumirá la vida amish con todas sus consecuencias aceptando las reglas de su religión plenamente y bautizándose. El bautizo en esta comunidad es una decisión adulta, libre y responsable, no una imposición de nacimiento, como el baustimo en el catolicismo o la pertenencia a la comunidad de creyentes musulmana.

Algunos documentales, como el Devil’s Playground de National Geographic, han mitificado el rumspringa; lo han considerado como un rito de paso en que los padres amish animan a los jóvenes a que exploren el mundo, se separen de sus familias, y transgredan las normas. Al final, se espera que el joven tome la decisión de bautizarse y seguir en la comunidad, o bien la abandone.

En el documental mencionado se presenta al rumspringa como una etapa de la vida en que tienen permitido comportamientos inaceptables para los adultos: la experimentación con las drogas, el sexo fuera del matrimonio y las tentaciones de la sociedad de consumo americana, el patio de recreo del diablo. Se da a entender que el rumspringa es una especie de catarsis por la vía del pecado o una vacuna moral que puede servir para inmunizar al joven amish contra las tentaciones de los  “ingleses”  y ayudarle a sentar cabeza.

Parece que hay mucho de mito en esta visión del rumspringa y que no es cierto que haya un rito de paso institucionalizado en que los padres amish animen a sus hijos adolescentes a  salir de casa y violar las reglas morales. Los padres de esta religión no son distintos a otros padres; quieren que sus hijos adolescentes se responsabilicen, se hagan autónomos e inicien una vida adulta; no que sean desafiantes o rebeldes con las normas de su religión. 

El rumspringa tiene más que ver con el periodo de búsqueda de pareja y el tránsito a la vida adulta, que se consuma en el bautizo y la incorporación formal al mundo adulto de la comunidad amish.

Sea cierto del todo o no el rumspringa y su licencia para pecar y corretear en el patio de recreo del diablo, me parece una idea seductora, como todo lo que tiene que ver con el Maligno.

Moratoria psicosocial

Los ritos de paso son muy comunes en muchas sociedades tradicionales y primitivas, y están claramente delimitados con rituales para marcar la transición a la edad adulta.

El psicólogo Milton Ericsson acuñó el término  “moratoria psicosocial”  para designar a la costumbres más o menos institucionalizadas que en la sociedad permiten experimentar distintas opciones de vida, transgredir las convenciones, y probar con distintas  identidades.

[…] [El concepto de moratoria psicosocial] equivale a la idea de “tiempo muerto” en la búsqueda de la identidad, al constituir un momento de intensa interacción con el entorno, ya sean personas, objetos, sentimientos, etc. aplazando las posibles consecuencias, convirtiéndose así en una especie de “campo de pruebas”. Por ello, se trata de una especie de experimentación, que es comprendida y permitida externamente por quienes rodean al individuo. La moratoria facilitaría el desarrollo del yo y la percepción personal de lo que da sentido a la vida; en suma, se facilita el desarrollo de la identidad.

–Wikipedia

En sociedades más simples, los ritos de paso marcan la transición del joven a la vida adulta. En las sociedades modernas, estos ritos están más desdibujados pero subsisten en diversas formas:

  • El tiempo de la universidad,  que se considera un tiempo para la salida del ámbito paterno,  las relaciones sociales intensas fuera del círculo familiar, y la experimentación antes de la graduación, el trabajo y la formación de una familia.
  • Las fiestas y carnavales, en que se institucionaliza la transgresión y se permiten comportamientos variopintos.
  • La misma adolescencia, en que el joven todavía tiene permitido comportamientos más volátiles y experimentales y en que las transgresiones de la norma son más toleradas.

Para el minimalismo existencial y para el diseño de vida en general, es muy importante este concepto de moratoria psicosocial. Aunque en sociedades tan complejas y de evolución tan rápida como la actual, los ritos de paso hayan perdido aparentemente su razón de ser, hoy más que nunca necesitamos moratorias psicosociales en los que experimentar con la identidad y los valores.

¿Y si jugamos de nuevo en el patio de recreo del diablo?

La moratoria psicosocial y los espacios de experimentación  son indispensables  para el desarrollo de nuestra  identidad o personalidad. La diferencia con épocas pasadas es que ahora  somos nosotros mismos los que debemos proporcionarnoslos, no debemos ni podemos esperar a que las instituciones lo hagan por nosotros.

En un artículo anterior vimos como el diseñador alemán Stefan Sagmeister se regalaba sistemáticamente un año sabático cada siete años y usaba ese tiempo como una forma de explorar nuevas direcciones artísticas y reinventarse.

El rumspringa no tiene por qué estar limitado a la adolescencia, podemos volver a la adolescencia varias veces a lo largo de nuestra vida, con 20, 30, 40 o 70 años. ¿Por qué no? ¿Por qué no tomarnos tiempos muertos de cuando en cuando y llenarlos de vida? ¿Por qué no promover el cambio por el cambio? ¿Por qué no volver a jugar en el patio de recreo del diablo?

¿Por qué no adoptar una mentalidad experimental, dibujarnos la ese de Supermán en el pecho, ponernos una capa y abrazar a la prójima para darle calor?  ¿Por qué no aullar, espantar a los vecinos  y quitarnos el sentido del ridículo

¿Por qué no dejar nuestro cómodo vecindario y  conocer a más gente-frontera? ¿Por qué no fracasar más a menudo y cada vez con más gracia?

¿Por qué no recuperar la capacidad de sorprender a propios y extraños y recordar de cuando en cuando que una vez fuimos salvajes?

Otros artículos de la serie minimalismo diabólico:

Ángel Caído en El Retiro

Anuncio de la serie minimalismo diabólico

¡Al diablo con la autoestima!

¡Al diablo con aumentar la confianza!

Maldigo a los blogueros que aprueban y reprueban comentarios

12 pensamientos en “El patio de recreo del diablo

  1. Entusiasmado.com (@Entusiasmadocom)

    Es curioso homominimus, porque tengo una opinión un poco mezclada respecto a eso.
    Por un lado me gusta la idea de la experimentación, de probar, de descubrir nuevas cosas, de salirse de los caminos marcados. Todo eso es importante y cumple una función.
    Y sin embargo, por otro lado tengo la sensación de que en la actualidad hay ya demasiadas llamadas a la locura, al experimento, a mantenerse “foolish”, y a la adolescencia no hace falta volver porque entramos en una edad madura y seguimos en cierto modo siendo adolescentes.

    Responder
    1. homominimus Autor de la entrada

      La experimentación no tiene que ser “foolish” y desvinculada. No es eso lo que quiero enfatizar. Recalco más bien la idea de exploración, búsqueda y desarrollo de la identidad. Hasta para experimentar hay que ser creativo. Seguir los medios convencionales de experimentación basados en seguir al rebaño: excesos, exhibicionismo, drogas, etc., no es nada creativo.

      Un adulto puede tomar del adolescente la búsqueda y la exploración, y mejorar esa exploración. Un adulto puede ser un adolescente mucho más eficaz porque puede mantener el control de su búsqueda, en vez de ser un mero ente reactivo ante la presión grupal o su propio malestar o su deseo de liberarse de la autoridad paterna.

      Las “llamadas a la locura” a las que aludes están muy de moda en la publicidad y en el sector del entretenimiento. Hay que tener en cuenta que ganan dinero cuanto menos pienses y más logren venderte la idea de una diversión rápida y fácil.

      Ellos te venden la idea de la autoafirmación mediante la desvinculación de la convención.
      Yo quiero vender la idea del cambio mediante la generación de nuevas posibilidades y asociaciones. Y a eso ayuda mantener una actitud abierta y experimental.

      También creo, como dice @aprenvida, citando a Tony Robins, que hay dos maneras de cambiar: por inspiración y por desesperación. Mi vía es la primera, no la segunda, que es más propia del adolescente.

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  2. Flames

    Hace poco salieron unos amish en la televisión en CALLEJEROS VIAJEROS y me parecieron muy simpáticos y abiertos. Se prestaron a que les realizaran a todo tipo de preguntas y repondían sin tapujos. también recuerdo un capítulo de EXPEDIENTE X con los amish como protagonistas.

    Respecto a lo del rumspringa…. yo siento que estoy permanentemente inmerso en él. 😉

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      1. Rudy

        I love to read Amish fiction and mtieersys both! I had always thought that ‘rumspringa might not be as safe as thought before. This book makes perfect sense! I would love to read it.CarolNWong(at)aol(dot)com

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  3. Alan Furth

    Yo me tomé un año sabático entre el 2008 y 2009 al que bauticé El año de la nada y definitivamente fue una de las experiencias más enriquecedoras y radicalmente transformadoras de mi vida. Recuerdo haber visto una conferencia TED de Sagmeister y haber jurado que iba a implementar su recomendación del año sabático recurrente… pero bueno, de momento no he llegado tan lejos…

    Responder
    1. homominimus Autor de la entrada

      Realmente interesante tu año de la nada. Parece que le sacaste mucho partido. Escribiste 5 artículos muy largos sobre él. Los leeré con mucho interés.

      [¿Los tienes traducidos al español? Lo digo para el público hispano que quizá quiera leerlos.]

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  4. Luis José Sánchez

    Las sensaciones de seguir el rebaño y de ser un borrego más intensas que he tenido, las he experimentado en la adolescencia (tanto temprana como tardía): travesuras, actos de indisciplina, borracheras, salidas de tono… Se supone que debían ser una transgresión pero me sentía un actor en una película con un guión muy bien pensado y con unos límites muy delimitados.
    Coincido en que se puede jugar en el patio del diablo de una forma mucho más creativa pasada esa época.
    Saludos

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