Hacer honor a la intención

Cuando tienes un  fallo  en un hábito saludable que te has propuesto,  por ejemplo, la determinación de reducir o eliminar el azúcar de tu dieta (Reto tercera semana del curso de salud minimalista)  y comes  una chocolatina ;  o  cuando un día no te apetece hacer ejercicio y te dices que las cuarenta sentadillas o veinte flexiones de brazo diarias que prescribe Luis Andés son excesivas (Retos sexto y octavo del curso de salud minimalista),  es muy fácil que ocurra una especie de espiral descendente o pendiente resbaladiza.

El efecto “¡Qué diablos!” o “De perdidos al río”

Un pequeño fallo lleva al siguiente, que a su vez facilita el siguiente. En un momento dado, cuando te has comido medio paquete de chocolatinas (casi inconscientemente), te desesperas, te dices “no tengo remedio, ya he vuelto a fastidiarlo”, acabas devorando todo el paquete y descarrilas definitivamente. En el caso del ejercicio, pasan semanas sin hacer tu tabla de ejercicios y todas tus buenas intenciones se van al traste.

En el momento en que te descubres diciendo “¡Qué diablos!, ya me he comido medio paquete, ya no importa el resto” es la voz de Mr. Hyde (el diablillo de nuestra conciencia) que intenta justificar el exceso. Siempre suena muy persuasiva.

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‘Diablo Zages R.I.P’, por Zesak Militancia Gráfika en flickr: Zesak Militancia Gráfika

La segunda mitad del paquete de bombones o chocolates ni siquiera la disfrutas tanto, pero aun así te la comes. ¿Qué hay detrás de este comportamiento absolutista o extremo? ¿Es que no era suficiente comerse medio paquete?

El sentido de culpa resultado de haber traicionado tu compromiso es incómodo y es fácil refugiarse en la inconsciencia. Eso facilita el exceso y  la erosión del compromiso. Intentas olvidar cuanto antes que tenías ese compromiso y es fácil que pasen semanas o meses hasta que vuelvas a  retomarlo, si es que lo haces.

Todo o nada

Creo que lo que subyace a este comportamiento es la creencia de que los compromisos solo pueden tener dos estados: los cumples o no los cumples, sin términos medios. Si dejas de cumplirlo en una pequeña parte o durante un periodo corto de tiempo, por insignificante que sea, has transgredido tu compromiso y has fallado.

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Bombones_IMG_4365, por Jose Antonio Cotallo López, en flickr: https://flic.kr/p/9QtUi9

Fíjate que, según esta concepción, el cumplimiento implica la perfección: no fallar ni un solo día, hacer las cuarenta sentadillas y veinte fondos de brazo, salir todos los días a hacer ejercicio, etc. En cambio, para descarrilar es suficiente una pequeña desviación, un desliz: no sales a correr un día,  comes dos chocolatinas; porque ese error lleva en cadena en un proceso de pendiente resbaladiza  al incumplimiento total

Es obvio que uno está condenado al fracaso en sus promesas y buenas intenciones si mantiene este afán perfeccionista.

Errar es humano

Ya vimos  en el artículo Ranas hervidas, líneas rojas y pendientes resbaladizas,  la eficacia  de las líneas rojas (puntos innegociables y límites) para regular nuestra conducta. Una línea roja, que permite un cierto margen para el error y nos da opciones,  no es maximalista  ni excesivamente rigurosa, simplemente marca un punto más allá del cual alguna acción es inadmisible; por ejemplo, cuando salgo por la noche mi línea roja son tres copas. Mejor no beber alcohol, pero si lo hago, mi límite está en tres copas. O solo me permito postres azucarados los faturdays, una vez a la semana o una vez al mes, según considere.

Imagina que a pesar de todo, las líneas rojas no han funcionado, hasta estas las has vulnerado. El muro de contención contra la pereza, el exceso, la flojedad, ha fallado también. ¿Estás perdido? ¿No tienes remedio? ¿Es el momento de lacerarse, sentirse culpable, deprimirse, rendirse?

No.

Somos seres humanos, y por el hecho de ser seres humanos somos falibles:  nos proponemos metas, empezamos con ilusión, hacemos lo mejor que podemos, pero  perdemos energía por el camino, nos acometen las desganas, reconsideramos si tanta privación o esfuerzo merece la pena, sucumbimos a las tentaciones y abandonamos nuestras más preciadas intenciones y proyectos . Bienvenido a la especie humana.

Hacer honor a la intención

Cuando has pasado la línea roja ya es fácil seguir hasta el final y comerse toda la bolsa de galletas o el postre que en un momento de debilidad  acabas de pedir al camarero.

Si te pones a pensarlo, no es tan grave: una golondrina no hace verano, matar un gato no te convierte en un matagatos y hasta el mejor escribano echa un borrón. No importaría mucho si retomaras el curso al día siguiente, reafirmaras  tus buenos hábitos y reforzaras tu compromiso.

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‘Micelanea’ por Paulo Ito en flickr: https://flic.kr/p/6HkMwm

Pero muchas veces ocurre lo contrario: nos descorazonamos, perdemos la fe en nosotros mismos y pensamos que no tenemos remedio. Hemos vuelto a fastidiarla. Y opera la pendiente resbaladiza: a un día de transgresión sigue otro día, y otro, y otro… hasta que olvidamos la intención inicial.

El sentido de  culpa no ayuda mucho, nos hace perder energía y hace más probable la erosión de las intenciones y las metas.

El antídoto que propongo es el siguiente: haz honor a la intención.

  • Si estás a punto de acabar la bolsa de chocolatinas, deja una.
  • Si has pedido un postre fuera de tu faturday,  retira una pequeña porción de él y no la comas.
  • Si hoy te fue imposible hacer las cuarenta sentadillas y veinte fondos de brazos,  es tardísimo, estás muy cansado y sientes la tentación de hacer mañana lo que no has hecho hoy, haz una sentadilla y un fondo de brazos.
  • Si habías decidido dedicar todos los días dos pomodoros a tu proyecto personal más querido, pero hoy te fue imposible por razones familiares o laborales, siéntate delante del computador y trabaja cinco minutos.
  • Si te habías propuesto publicar un artículo en el blog todas las semanas, es domingo por la noche, y ya va a ser imposible cumplir el compromiso,  escribe un párrafo.
  • Si son las dos de la mañana, estás viendo videos de gatos o consultando twitter o navegando en internet y te olvidaste del toque de queda digital, sepárate de la pantalla por dos minutos y respira hondo.

De esta manera, aceptas tu desviación, el desliz o momento de inconsciencia o las simples circunstancias,  y simultáneamente  ratificas tu determinación. Has tenido un fallo, pero te dices que tu compromiso sigue vigente y por eso haces un mínimo esfuerzo aquí y ahora. No es lo que habías planeado, pero te disculpas ante ti mismo y prosigues. Mañana será otro día y lo harás mejor.

16 pensamientos en “Hacer honor a la intención

  1. Landes

    Muy bueno, gracias, esto lo aprendí yo en el aspecto físico preparando maratones. Siempre es mejor hacer la mitad, o un cuarto del entrenamiento que no hacer nada.

    “Menos es nada” es mi mantra para esas ocasiones.

    Responder
  2. María Jesús Martínez

    muchas gracias

    me encanta tu blog. lo descubrí hace poco así que voy un poco atrasada de lectura.

    estoy muy interesada también en los libros que pensé me enviarías a vuelta de correo pero no he recibido. tengo que hacer algo mas?

    un saludito

    María Jesús

    Responder
  3. Eugenia BC

    Hola! lo mismo de María Jesús! Sigo esperando lo prometido por ingresar correo electrónico, gracias!

    Responder
      1. Eugenia BC

        Jaja! mmmm! Como decimos por acá: “quedás bien y barato” ;). Te doy el beneficio de la duda porque no te conozco mucho, jejeje! Gracias!!

        Responder
          1. atreverseacambiar

            Hola, yo también espero los libros por subscribirme al blog 🙂 ¡Espero que te acuerdes!

            Yo creo que el éxito de una misión que implica cierta fuerza de voluntad es estar totalmente comprometido. Aún así y como bien dices, somos humanos, y a veces caemos. A mí también me ha pasado lo que dices de proponerme comer menos dulce y de repente salir de casa como una yonki a “ver dónde hay mi droga a estas horas”, para ir a cualquier chino y comprarme la guarrada más grande. Cuando ahora lo analizo creo que el fallo más grande es no darse cuenta de que a veces el objetivo marcado es demasiado rígido para nosotros en el momento en el que lo queremos realizar y que deberíamos ser más flexibles. Por ejemplo cuando queremos incorporar varios hábitos saludables a la vez. ¡Eso estresa a cualquiera! ¡No se puede pretender tener una vida saludable si nos hemos pasado +5, +10, +20 años “maltratando” nuestro cuerpo! Siempre he sido súper exigente y por ahí fallo el 100% de las veces, así que ahora, ¡Cambio de táctica! Igual me lleva más tiempo, pero al menos no siento que me viene grande…

  4. Joaquín

    Me viene que ni pintada la entrada; cuando uno se encuentra “bajo” y duelen los músculos y hay bombones por casa… en fin, que hay veces que dan ganas ciertamente de mandarlo todo al traste, pero como bien dices errar es humano. Mil gracias.

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  5. Herman

    Atención plena. “Atención a la intención”. Conocer, elegir y tener presente. Esta semana toca hacer honor a la intención. El trabajo puede ir bien, mal o regular, pero mientras no se abandona la práctica, mantenemos la esperanza y a la larga el trabajo da sus frutos.

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  6. MinimoDavinci

    Perseverancia y atención a la “intención”. Ese pequeño esfuerzo que podemos hacer cuando nos sentimos derrotados puede traer grandes beneficios mentales para retomar el reto o hábito lo más pronto posible.

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  7. Pingback: Prepárate para superar el reto del NaNoWriMo 2014 | PALABRITIS AGUDA

  8. Esther

    Me voy a guardar este post como “de cabecera” porque a menudo me ocurre lo que dices, que dejo la dieta sana un día porque he tomado bollería, al día siguiente es una espiral de despropósticos, que no voy a pilates una semana por el motivo x, ya me digo, bueno ya mejor voy el mes siguiente, o mejor a la vuelta de navidades…y ahora leyéndote me pregunto, ¿por qué tirar por tierra todo un mes, trimestre, curso, año…o lo que sea de buenos propósitos por un pequeño (o gran) fallo. A ver si aprendo la lección. Gracias por el artículo.

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