Nadie merece nada: contra la meritocracia y otras teorías del merecimiento

Las 6.222 palabras de este artículo tienen como propósito eliminar para siempre de la faz de tu corteza cerebral la creencia errónea de que tú mereces algo o tienes mérito por algo y por tanto deberías recibir un trato especial o mejor que otros en la vida.

Dicho más directamente: pretendo que dejes de ser una llorona. Pretendo que no vuelvas a  derramar una sola lágrima por lo que se te debe o por lo que crees que vales o mereces.

Junto con la mentalidad de crecimiento[1] de Carol Dweck, esta anti-creencia y su reverso —la creencia en la libertad individual y la responsabilidad personal por tus actos y resultados en la vida— puede propulsar tu existencia, dotarte de una carácter más aerodinámico e inaugurar un nuevo capítulo vital.

El precio (no pain, no glory): leer, comprender e interiorizar las 6.222 palabras siguientes.

Este artículo contiene prescripciones muy generales para la organización social con el fin de  ilustrar  y motivar mis prescripciones para el cambio personal. El principio general se aplica en ambos contextos.

Al final del artículo, proporciono referencias y una lista de definiciones. Te recomiendo que juegues al juego de suspender la incredulidad antes de empezar a jugar el juego de la crítica. Me tienes a tu disposición en los comentarios para aclarar, debatir o ampliar cualquier punto.

En los últimos años, en España y otros países occidentales con dificultades económicas, muchos universitarios han acabado sus carreras, obtenido sus títulos  y se han encontrado con que no obtenían un puesto de trabajo acorde a su formación, muchos  ni siquiera trabajo.

Algunos  están reaccionando como el  niño consentido al que por primera vez se le niega un capricho:  primero el pasmo (“esto no me puede estar pasando a mí”), la sensación de haber sido engañados (“esto no es lo que me habían prometido”) , el enfado (“¡con todo lo que estudié o pagué por mi título!, cuatro o cinco años tirados a la basura…”),  y finalmente la ira moral  o indignación con el sistema, con la sociedad, ese ente abstracto que debería procurar su bien  y que ahora le traiciona (“la sociedad está podrida, hay que cambiarlo todo”).

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Escribe el autor de la foto: “Miles de jovenes se han manifestado en Madrid para denunciar el exilio forzoso que estan sufriendo por las politicas de austeridad. Una generación de jovenes que se esta viendo forzada a elegir entre paro, precariedad o exilio.” En flickr: https://flic.kr/p/e9BXbL

¿Cómo es posible que uno de los estratos más privilegiados de la sociedad y con más recursos, que es joven, tiene energía, salud,  que ha podido acceder a una educación universitaria, que durante varios años no ha tenido que preocuparse por obtener sus medios de subsistencia y cuyos títulos han sido subvencionados al menos en el 80% en el caso de España [2] por el resto de los ciudadanos del país (incluyendo jóvenes de su misma edad que a los dieciocho años se pusieron a trabajar como camareros, repartidores o albañiles y que pagan impuestos para que otros jóvenes estudien),  reaccione  de esta manera?

Los argumentos para su indignación o ira moral se reducen a tres, algunos los formulan explícitamente, otros hablan y actúan como si los creyeran :

  1. Yolovalguismo: yo me he esforzado mucho para obtener un título, me dijeron que si lo hacía tendría un trabajo, y ahora no lo tengo o es precario, no está a la altura de mi formación y conocimientos.
  2. Los políticos se han aprovechado de mí. Se han llevado todo. Yo no tengo nada. Ellos son los responsables.
  3. La sociedad debería darme lo que yo deseo, porque yo lo merezco o me lo he ganado.

Porque yo lo valgo. Al primer argumento subyace la idea de que  al esfuerzo personal, las largas de horas de estudio en el caso de los estudiantes, tiene valor por sí mismo. Veremos que lo que a uno le cueste algo NO es una medida del valor de ese algo: tu habilidad para pasar exámenes, adquirir conocimientos y desarrollar alguna destreza profesional,  te ha costado mucho trabajo; pensemos que es así, ¿por qué piensas que eso tiene valor para alguien más allá de ti mismo?

Llove, ¡porco goberno! El segundo argumento tiene que ver con el lado oscuro de la libertad individual: la responsabilidad. Parece que nadie tiene ninguna influencia en sus circunstancias desfavorables (por supuesto sí en sus favorables), siempre son los otros, los políticos, el sistema, la sociedad, los banqueros, los que generan los problemas y los que por tanto son los responsables.

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Un “indignado” poniendo morritos.

Yo lo merezco, me lo he ganado. Respecto al tercer argumento, hay en inglés hay una palabra que define muy bien la mentalidad que rodea al sentimiento de alguien que cree que merece tal o cual cosa: “entitlement” o “sense of entitlement”,  la  creencia de que uno tiene un privilegio o derecho  en relación a algo; por ejemplo, a un cierto nivel de vida o a ser tratado de una manera especial por ser quien es o por algún mérito adquirido.

Pasemos a desmontar uno por uno los tres argumentos.

1. El valor de un bien o un servicio o una habilidad  NO se mide por lo que cuesta obtenerlo

En el mundo de los profesionales independientes o trabajadores por cuenta propia, sobre todo en los novicios, se oye  muchas veces hablar mal de los clientes que quieren pagar lo menos posible, que buscan chollos, que te piden descuentos, que te hacen bajar los precios. Molestan los clientes que regatean o que son duros negociadores o que se “aprovechan de la crisis” [3] para  ofrecer precios más bajos. A veces se les califica de chantajistas.

Muchos hablan de que dedican mucho tiempo y esfuerzo o que se formaron durante largos años para poder ofrecer el servicio que ahora ofrecen y que solo piden un “precio justo”, y se sienten resentidos cuando los precios de mercado no satisfacen sus expectativas.

Es similar a lo que ocurre con los universitarios indignados sin trabajo. Creen que porque algo les costó mucho o les cuesta mucho, el valor para otro ser humano de sus habilidades o servicios también debe  ser alto.

Subyace a este razonamiento una teoría errónea de lo que es el valor económico: creen que es algo objetivo que depende del esfuerzo, recursos y tiempo que se puso en su obtención. Huelga decir que la teoría del valor objetivo, específicamente la  del valor-trabajo, está desbancada en economía desde hace mucho tiempo, también la del precio justo, que no es más que una moralización de las transacciones económicas de los tiempos de la escolástica medieval.

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Este hombre se esfuerza tremendamente, genera respeto, admiración y dolor verle esforzarse. ¿Deberíamos pagarle por ese esfuerzo? En flickr: https://flic.kr/p/9Kqcfx

La creencia que debería reemplazar a la anterior  es la siguiente:

El valor de un bien o un servicio es subjetivo, depende de la persona que lo va a disfrutar, de sus preferencias y de las alternativas de las que dispone. No hay por tanto ningún precio justo relativo a  ningún bien o servicio o habilidad. El valor es el que la persona o personas que vayan a comprar y usar el bien o servicio consideren. El precio será el de equilibrio entre las partes contratantes en un momento y lugar determinados.

Llevándolo al terreno de los universitarios indignados: es posible que lo que vosotros sabéis hacer, vuestras habilidades académicas o profesionales,  tengan poco o ningún valor para otros seres humanos, aunque espiritualmente o culturalmente tengan mucho valor para el que las ostenta . El valor de tu formación (o de cualquier cosa que ofrezcas)  no es el que tú crees que tiene, es el que otros seres humanos determinen. El precio o salario que podrás obtener dependerá en última instancia del valor subjetivo que para otros  seres humanos tenga lo que tú ofreces y la escasez relativa de tus servicios,  y se reflejará en un precio de mercado, que no siempre coincidirá con lo que quieres o esperes.

Señor biólogo molecular (o filósofo estructuralista o cualquier otro universitario con un título de baja demanda), puede que sea decepcionante que las habilidades que tanto te costó adquirir  no sean valoradas como te gustaría. Bienvenido al mundo real, estás a punto de salir de tu burbuja autista y empezar a considerar que hay otros seres humanos que valoran las cosas de forma distinta a ti. Es un gigantesco avance en tu proceso de maduración.

2.Tú eres el principal responsable

Martin Seligman, uno de los iniciadores del movimiento de la psicología positiva, el estudio de las condiciones que hacen más posible el bienestar subjetivo (=felicidad),  las fortalezas y las virtudes humanas, comenzó su carrera y se hizo famoso por el estudio de la indefensión aprendida [4], una extensión de su interés sobre la depresión.

En su famoso experimento con perros situaba a los animales en una parte de una  caja dividida en dos por una pequeña barrera que era fácilmente salvable cuando una descarga eléctrica les era administrada. Los perros aprendían rápidamente cómo evitar las descargas y saltaban de un lado a otro  de la caja.

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Con un grupo de perros, actuó de forma distinta: les administró descargas eléctricas completamente inevitables en intervalos aleatorios. Al día siguiente, les ponía en la caja anterior con la pequeña barrera. En las nuevas circunstancias, los perros podrían haber saltado y evitado la descarga simplemente saltando, pero sorpresivamente Seligman se encontró con que los animales se quedaban en su lugar, aullando lastimeramente y sin ni siquiera intentar saltar la valla.

Había sido capaz de inducir un estado de indefensión aprendida en los perros, el equivalente a la depresión humana y  la creencia asociada de que todo lo que uno haga no tiene efecto en el mundo y por tanto uno está a merced de las circunstancias y factores externos.

Da la sensación de que muchos de los indignados con el mundo son como perros de Seligman que creen que nada de lo que hagan tiene influencia sobre sus resultados individuales, que al final  necesitan de un político, burócrata y un decreto gubernamental que les proporcione lo que desean en la vida, sin que sus esfuerzos marquen gran diferencia.

Pero son unos perros de Seligman muy especiales: los resultados de su conducta que no les gustan o satisfacen son causados por los políticos, los banqueros o los malvados especuladores. Los que les gustan, como el aprobar exámenes o acumular conocimientos y habilidades, son exclusivo mérito suyo, nada tienen que ver el resto de los ciudadanos que vía impuestos les pagaron  sus estudios.

La libertad para hacer con tu vida lo que mejor consideres (estudiar lo que quieras, por ejemplo), las libertades individuales para que los demás no interfieran con tus decisiones o lo hagan lo menos posible, requiere de un acompañante necesario: la responsabilidad, la capacidad de asumir la autoría de los propios actos y sus consecuencias: las buenas y las malas.

Este acompañante necesario, la responsabilidad, es el que parece estar ausente de las marchas indignadas de mucha gente.

El universitario que estudió filosofía o sociología o biología molecular y se encuentra que no hay demanda para su trabajo, que la industria nacional no necesita tantos especialistas en Heidegger o estructuralistas o expertos en teoría evolutiva. ¿Le engañaron? Hizo aquello que le gustaba, algo por lo que quizá sentía vocación; por supuesto, no se preocupó demasiado en averiguar la probabilidad de rentabilizar esas habilidades. Una vez, más el autismo como actitud ante la vida: tengo libertad para hacer lo que quiera con mi vida, pero después no acepto sus consecuencias, que nadie me va a pagar por hacer lo que más me gusta o que no voy a conseguir un trabajo acorde a mi formación.

3. Para recibir  valor de otro ser humano tienes que hacer algo por otros seres   humanos

La clase universitaria son la parte cultural e intelectualmente favorecida de la sociedad. En un alto porcentaje en  Hispanoamérica y España,  y también en el resto de Europa Occidental pertenecen a la clase  media-alta y provienen de familias de más elevado nivel cultural.

Muchos universitarios muestran una actitud elitista. No solo parten de una situación en general ventajosa sino que se arrogan privilegios que están vedados para el resto de los ciudadanos. Por alguna razón, es el resto del mundo el que tiene que solucionarles la papeleta y  después de pagarles una carrera (sus padres o el Estado) han de proporcionarle un trabajo acorde a sus expectativas.

Si no lo hacen, se frustran, se sienten rebajados porque su nivel es superior al de los trabajos que les ofrecen e incluso muchos no obtienen trabajo (aunque la tasa de paro universitaria es sensiblemente inferior a la de los jóvenes con menor nivel educativo).

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“Porque yo lo valgo, que tengo un máster” En flickr: https://flic.kr/p/pb4i3k

A estos sentimientos y creencias subyace una actitud ensimismada,  casi solipsista: la única realidad del mundo es la que yo percibo, los únicos problemas son mis problemas. Se les  olvida que en una sociedad de libre mercado (yo diría “sociedad libre”, a secas)  para obtener valor (retribución, salario, beneficios) has de entregar valor (productos y servicios útiles para otras personas), que nadie debería tener el privilegio de recibir algo a cambio de nada, y que para obtener los recursos materiales que necesitas para vivir el tipo de vida que deseas tienes que esforzarte todos los días por satisfacer necesidades de otras personas.

Has de crear y entregar  valor para obtener valor. Y ese valor es juzgado por los que van a pagar y disfrutar del presunto valor, no por ti.

Tienes que comprender a otros seres humanos, tienes que saber lo que quieren, tienes que producir algún bien o servicio que alguien esté dispuesto a comprar y tienes que ofrecerlo a un precio que sea aceptable por el comprador o usuario.

Muchos universitarios, que   se creen especiales o con algún derecho a algo por el hecho de haber cursado estudios universitarios,  dicen que ya aportan valor a la sociedad.

El problema es que a diferencia de un tendero, un artesano, un electricista o un empresario, no creen necesitar pasar la prueba de creación de ese valor a través del mercado, a través de otros seres humanos que reconozcan que sus habilidades son valiosas y decidan pagar voluntariamente por ese presunto valor producido por el universitario.

Da la sensación de que por ser quienes son, universitarios jóvenes y sobradamente preparados, ya crean valor o han creado valor para el mundo, que el resto de la sociedad les debe estar agradecidos y automáticamente retribuirles sus maravillosas cualidades intelectuales y conocimientos especializados.

La ideología social subyacente: la teoría del merecimiento y la meritocracia

Todas las creencias anteriores  que he intentado rebatir  se engloban y hacen más tolerables a través de dos posiciones que mucha gente considera justas y que hacen que actitudes elitistas o de búsqueda de privilegios, o simplemente autistas y ensimismadas, parezcan más aceptables: la meritocracia y la teoría del merecimiento.

He ilustrado el concepto  con la clase de los estudiantes universitarios indignados. Con toda seguridad he sido injusto con una amplia mayoría de universitarios, que no corresponden al prototipo del universitario indignado, consentido, elitista y autista. Pero son tics que muchos compartimos en mayor o menor medida.

El ejemplo de los universitarios pagados de sí mismos es un síntoma de un fenómeno o ideología social más amplio.

La meritocracia se basa en la creencia de que debemos ser retribuidos con dinero, reconocimiento o cargos en las organizaciones empresariales o públicas según los méritos que hayamos hecho.

En la antigua Grecia,  se hubiera hablado de aristocracia o gobierno de los mejores [5]. Platón, por ejemplo, consideraba la república aristocrática como el mejor sistema de gobierno para el hombre.

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Platón defendió la aristocracia, el gobierno de los mejores. Presentó el modelo de Rey-filósofo, el gobierno de los sabios.

Más adelante, la aristocracia se ha visto como un gobierno de gente privilegiada, de la clase aristocrática; si bien al principio la aristocracia tenía que ver con méritos guerreros o servicios extraordinarios recompensados por el rey o monarca, al transmitirse los títulos nobiliarios por  herencia, el carácter de “gobierno de los mejores” perdió su naturaleza originaria.

Es por eso que hoy en día se prefiere hablar de meritocracia, en vez de aristocracia, y asociarla a las cualidades personales, el talento, la habilidad intelectual, la inteligencia, el esfuerzo o las pruebas superadas;  o se habla más en general de merecimiento y se hace depender además de  méritos morales definidos ampliamente  o la pertenencia a grupos desfavorecidos históricamente o con especiales dificultades (mujeres, homosexuales, gente con minusvalías, etnias presuntamente marginadas, etc.). De esta manera,  la teoría del merecimiento se convierte en  un cajón de sastre de muchos tipos de merecimiento que se usan para legitimar el tratamiento especial o diferenciado a determinadas personas o grupos sociales.

¿Qué problema encuentro con la meritocracia y el merecimiento?

A pesar de su buena prensa, creo que la meritocracia y la teoría del merecimiento son contraproducentes, tanto en el nivel personal como en el de organización social. ¿Quién decide quién tiene mérito o quién se lo merece? ¿Quién determina cómo hay que retribuir el mérito?

No digo que desde un punto de vista moral no exista mérito o merecimiento. Todos hacemos juicios de esta naturaleza con nosotros y los demás, pero estos juicios tienden a estar sesgados: hacia nuestra particular visión del mundo, los valores  que preferimos o la gente por la que sentimos más simpatía.

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Según mi particular teoría del merecimiento, esta chica tiene mucho mérito, un buen par de talentos y se merece un puesto muy bien remunerado junto a mi despacho. ¿Me lo sufragas tú y la contrato? Venga… si ella se lo merece… además, también es licenciada en biología molecular…y aquí  tienes a la pobre limpiando inodoros. https://flic.kr/p/yotk4

Por ejemplo, considero que un chico que viene de una familia de clase baja y con mucho esfuerzo y estudiando por las noches mientras trabaja por el día tiene más mérito que uno de clase acomodada que también estudia pero solo tiene que preocuparse por el lugar al que va a ir a esquiar en las vacaciones de Navidad.  También creo que se merece más ser un profesional de éxito aquel que  ha consagrado su vida al cultivo de su profesión que aquel que ha llegado a una cierta posición por frecuentar un elitista club de golf y conocer al consejero delegado  en la empresa que le contrata o por haber compartido pupitre en un elitista colegio privado.

¿Pero podríamos organizar una sociedad en función del mérito o el merecimiento? ¿Sería conveniente? La respuesta a ambas preguntas es NO.

Primero.  Cada persona tiene una idea de lo que es mérito y lo que es merecimiento; solo podría organizarse la sociedad si una particular visión del mérito o el merecimiento se impusiera a los demás.

Segundo:  tampoco sería conveniente. Cuando tú compras o haces uso de un bien o un servicio producido por una persona u organización o contratas a un empleado no te importa o no puedes saber si el productor o el empleado pasó largas horas produciéndolo o si tuvo una infancia difícil o si estudió mucho cuando era joven;  lo que te importa es que obtengas una satisfacción de ese bien y el empleado sea un trabajador productivo y fiable.

En caso de igualdad de valor recibido, elegirás probablemente el que menor coste tenga, el que produzca más eficientemente el bien o servicio que quieres disfrutar; también contratarás  el empleado que esté dispuesto a trabajar por lo mínimo proporcionando la misma calidad en su trabajo y el que sea más fiable (y es posible que consideres más fiable aquel que pertenece a tu círculo social y comparte tus valores).

¿Hemos de pagar por la utilidad real de lo que se produce u ofrece o por el mérito y el merecimiento?

Si lo hacemos por lo segundo, no creamos incentivos para que se produzca lo que más satisfaga a las personas . Además, nadie está dispuesto a pagar por cualidades morales o circunstancias personales, solo pagará en función de lo que obtiene. Una vez más, necesitaríamos imponer a las personas precios arbitrarios que jamás pagarían si no fuera por la obligación legal  establecida por el poder de turno.

Tercero.  Si tú crees que alguien merece algo o tiene algún mérito, y estás dispuesto a pagar a un determinado tipo de personas con exclusión de otras sin importar el coste o la calidad del servicio,  estás en tu derecho de dirigir tus recursos monetarios a las personas que desees comprándoles a ellos o contratándoles preferentemente o efectuando donaciones o favores personales que mejoren sus circunstancias.

En el caso anterior de la empresa que contrata directivos amigos del colegio o del club de golf, el consejero delegado en ejercicio de la libertad de empresa está legitimado para contratar como directivos solo a hombres de raza blanca, de ideología conservadora y de su círculo social de clase alta; si esa política es ruinosa para su empresa serán los accionistas los que se encargarán de pedirle cuentas, no el moralismo o el decreto de un gobierno o la presión de una asociación feminista.

De la misma manera, si tú tienes un cargo de responsabilidad en una empresa con propietarios preocupados por la “justicia social”, el “comercio justo” y los “pueblos oprimidos”, puedes dedicarte a contratar solo minúsvalidos, feministas con licenciaturas en estudios de género y másteres en patriarcado o gente de bajos recursos económicos.

El mercado, los compradores con su voto monetario, harán que  esa empresa sea rentable o no lo sea,  y sus accionistas decidirán si quieren seguir invirtiendo su dinero —incluso incurriendo en pérdidas—  para promover sus ideas de justicia social o protección de los desfavorecidos u otras gentes con especiales merecimientos.  El resto de la gente no  debería  interferir con esas decisiones libres de propietarios y consumidores.

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¡Contrata solo feministas si quieres! Seguro que son fabulosas… pero no me obligues a mí… Flickr: https://flic.kr/p/4954V8

Lo que discuto aquí no es tu juicio moral o el mío sobre lo que determinadas personas o grupos merecen —si el tuyo o el mío son los correctos—, sino si estamos legitimados para imponer a otras personas o empresas nuestros juicios, o si a través del Estado hemos de obligar a unos a que favorezcan a otros; por ejemplo: que los ciudadanos vía impuestos tengan que subvencionar trabajos bien renumerados para los universitarios que acaban la carrera en España.

Mi tesis principal en este artículo es que cada persona, como individuo o en asociaciones voluntarias, debería administrar sus particulares teorías de la meritocracia y el merecimiento y no imponerlas coactivamente, de forma legal o de otras maneras, a  aquellos que no las comparten.

¿Es útil que yo piense en mi vida, logros  y relaciones personales en términos de merecimiento o mérito?

Ahora pasamos a la dimensión meramente personal –de organización individual de la propia existencia– de la teoría del mérito y el merecimiento.

Iván Entusiasmado[6] lo explica muy bien en uno de sus artículos. Todo lo que he argumentado sobre la imposibilidad o ineficiencia de organizar una sociedad en función del mérito o el merecimiento, lo aplica a la esfera de la acción personal.

Es aquí donde se ve que ninguno de nosotros, incluso los supuestamente más indignados y defensores de los pobres, los marginados o los estudiantes sin trabajo,  actúamos en las relaciones con otros seres humanos en función del merecimiento o el mérito. Todos los seres humanos casi siempre, casi todo el tiempo, actuamos en función de nuestros intereses. No entro en si me parece bien o mal, solo digo que está es la realidad. Si no te gusta, cambia de planeta. Mejor, de universo.

[…]Tú no quieres quedar a cenar con la chica que más lo merece, quieres quedar con la chica que más te gusta. Tú no quieres irte de viaje con el hombre que más lo merece, sino con el que más te atrae. Tú no trabajas para la empresa que más merecería que trabajaras para ella, sino para la empresa que más te paga. Tú no vas a veranear al lugar que más lo merecería, sino al que más te atrae.

Ciertamente, hay ocasiones en que hasta el más pragmático de nosotros siente que está en su interés por emoción, por pena o  por otro mecanismo psicológico hacer las cosas por las personas porque lo merecen o tienen un mérito especial (por ejemplo, porque han sufrido o sufren mucho o han hecho un determinado esfuerzo), pero eso solo te incumbe a ti, no puedes obligar a los demás a que sientan o actúen como tú.

[…] Quizá a veces puedas actuar por pena. Quizá a veces vas a un restaurante que te da lástima porque están pasando dificultades, o a veces acompañas a un amigo que te da pena porque lo pasa mal, pero eso pasa muy pocas veces. La mayor parte de las veces, haces lo que más conveniente te resulta a ti.

Por último, Entusiasmado recalca la teoría subjetiva del valor que apunté arriba: el valor de cualquier cosa que entregas es lo que considera quien lo recibe, no lo que te ha costado ni siquiera lo que tú crees que vale:

[…] Como las personas te darán en función de lo que les interese, tú has de darle a los demás lo que necesiten.

Porque lo importante respecto a los demás, tanto da que sea amor, amistad o relaciones sociales, es lo que ofreces. Puedes ofrecer muchas cosas: diversión, satisfacción de necesidades sentimentales, apoyo, conocimiento. Pero sea lo que sea te has de centrar en ofrecer valor a los demás. El valor que ellos desean recibir.

Lo más razonable, por tanto, es que si quieres que te vaya bien en tus relaciones con otras personas es que no exijas lo que crees merecer o aquello para lo que tienes mérito, sino que te esfuerces por detectar las necesidades de otras personas, amigos, familia, amantes, jefes, y las satisfagas de la mejor manera para así a cambio obtener en reciprocidad también tú valor entregado por ellas en un intercambio libre y voluntario.

No vayas por ahí diciendo que el mundo te debe los medios de subsistencia. El mundo no te debe nada. Estaba aquí antes que tú.

—Mark Twain

¿Cómo te suenan estos argumentos en defensa de la autonomía y la responsabilidad personal? ¿Fuera de lugar? ¿Tienen o no sentido psicológico según tu experiencia? ¿No conoces a nadie cercano que actúe en la vida según sus intereses?

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¿Tú quieres a tu novia solo porque se lo merece, hace obras sociales y acumula muchos méritos? En flickr: https://flic.kr/p/ca6u7E

¿Tú quieres a tu novia porque se lo merece o tiene gran mérito o porque tiene las cualidades físicas y psicológicas que más gratas te resultan? Si te gusta una chica, ¿la intentas persuadir para que esté contigo y te conceda sus favores y amistad o bien la obligas a que te dé lo que mereces?

Si en la esfera de la acción personal, es obvio que nadie debe obligar a nadie a aceptar nuestras particulares  opiniones sobre quién merece qué y quién tiene tal o cual mérito, y ninguna persona civilizada usaría la fuerza para ello, ¿por qué nos cuesta tanto extrapolar este comportamiento tan razonablemente moral a la sociedad en general?

Con independencia de los argumentos morales, políticos, económicos, es conveniente que en la esfera personal nos conduzcamos COMO SI  tuviéramos libertad de acción, no absoluta, pero sí sustancial, COMO SI los resultados de nuestros actos fueran nuestra responsabilidad

De otro modo, nuestra probabilidad de tener una buena vida se reduce o se hace dependiente de la buena voluntad de otras personas: correríamos el peligro de convertirnos en animales  siempre temerosos de recibir la siguiente descarga eléctrica del capitalista, el banquero o el político de turno, aullando, quejándonos y  anegándonos en el resentimiento y con la única esperanza de que apareciera un dictador benevolente –democrático o no– que nos arreglara la vida.

Nuestra libertad de acción siempre estará limitada por los recursos personales y económicos de que disponemos, el efecto de nuestros actos dependerá del azar y de otros factores, pero si no creemos en la  libertad individual para elegir y en nuestra responsabilidad en las cosas que nos pasan en la vida, estamos perdidos, inermes,  como los perros de Seligman, incapaces de saltar la barrera que nos conduzca a una mejor vida.

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Los que no tienen éxito económico en la vida no carecen (necesariamente)  de mérito o de merecimiento

Volvamos  al tema inicial de los universitarios indignados porque la sociedad, el gobierno, los ciudadanos a través de sus impuestos, o las empresas NO les faciliten la vida y les proporcionen el tipo de trabajo e ingresos que ellos desean.

Hay que añadir un elemento que a veces se olvida cuando se argumenta a favor de la libertad individual  y la responsabilidad personal:

Los que tienen éxito en la vida, viven bien y ganan mucho dinero legalmente no siempre se lo “merecen” (según muchas teorías del merecimiento), no siempre se han esforzado para ello o no más que otra gente honrada con resultados más mediocres .

Al contrario, muchos de los que tienen éxito económico o consiguen trabajos que les satisfacen es porque proceden de buenas familias, han tenido padres que han intentado proporcionarles la mejor educación a su alcance, han gozado de salud y no siempre se han esforzado más o han sido mejores personas que otros a los que no les ha ido tan bien. Muchos han tenido simplemente suerte,  gente con igual o más talento no la tuvo  y quedó relegada. Y muchos disfrutan de un nivel de vida superior por el patrimonio recibido por herencia  y los contactos familiares.

El éxito económico y la felicidad dependen de muchísimos factores, muchos incontrolables. No podemos prever todo el futuro ni el resultado de nuestros actos, y luchando y trabajando mucho podemos fracasar económicamente. La mala suerte, la enfermedad, las circunstancias influirán en el resultado final.

Por eso, es un error pensar que si alguien toma malas decisiones en la vida o le va mal o no encuentra trabajo o no el trabajo que desea y le satisface más es porque no ha sido responsable, no se ha esforzado, no ha sudado sangre para vivir de otra manera. Puede que sea así y puede que no.

El mercado NO SIEMPRE RECOMPENSA el talento , el esfuerzo o el mérito, y mucho menos la bondad u otras cualidades morales deseables. Pero sí que obliga a todos los agentes a satisfacer necesidades de otros seres humanos, aunque sea buscando exclusivamente el provecho propio.

En síntesis, el mercado es estructuralmente altruista [7], aunque las personas que lo componen no lo sean: te obliga a aportar valor a otros seres humanos, lo desees o no, porque esa es la única forma de que tú obtengas a cambio valor en una transacción voluntaria. Si no entregas valor percibido así por otro ser humano, no recibirás tampoco valor.

Los defensores de la libertad individual y la responsabilidad personal como principios de la organización social se equivocan cuando enfatizan que el éxito  se obtiene por personas virtuosas, talentosas y esforzadas,  porque indirectamente están implicando que el fracaso personal y económico es el resultado de una personalidad blanda o de la falta de mérito, esfuerzo o talento.

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Este hombre se está esforzando mucho y es una excelente persona, pero probablemente no ganará el campeonato del mundo de halterofilia (ni el de su barrio) En flickr: https://flic.kr/p/9gCJxH

Si los defensores de la libertad individual suponen lo anterior, como se entiende implícitamente  en muchos discursos liberales y conservadores, al enfatizar que el rico  se lo merece y tiene todo el mérito, se corre el riesgo de convertir en resentidos a los perdedores en la carrera del estatus y el éxito social económico: pocos soportaríamos sin rebelarnos  el fracaso, el bajo nivel socioeconómico, la insatisfacción con nuestras vidas, si además se nos calificara de perezosos, de carentes de talento o de viciosos sin carácter, aunque fuera verdad: sería incompatible con la autoestima y la autoimagen.

Trazando un paralelo en el terreno de las relaciones personales:  si a pesar de todos tus esfuerzos por tener una matrimonio feliz con una mujer agradable, las cosas no resultan, no hemos de pensar que eres un tipo que no se ha esforzado o que no sirves para las relaciones humanas o que tienes la desgracia matrimonial que te mereces.

Consideraríamos  que es mejor que te sientas responsable de tu vida y tus decisiones personales porque eso te da más posibilidades de intentar con éxito una segundo matrimonio o relación sentimental,   nunca  deberíamos decirte  que has fracasado porque no te mereces nada mejor o no hiciste mérito alguno.

A modo de conclusión

En el caso con el que empezamos al principio del artículo, el universitario que eligió biología molecular como vocación sin tener en cuenta o prediciendo mal  las salidas laborales, estudió lo que quiso, fue feliz durante cuatro o más años, haciendo lo que quería.

Ahora se encuentra sin trabajo y tendrá que emigrar fuera de España  o  trabajar en trabajos que no le satisfagan el resto de su vida.

Él es el responsable, él lo eligió libremente entre las opciones que se le presentaron (no todas las que querría). Pero eso no le vuelve en una mala persona ni en un descerebrado: quizá la carrera tenía muchas salidas laborales cuando empezó y ahora con la crisis económica no tiene perspectiva alguna en España.

La libertad para hacer lo que quieras con tu vida dentro de tus posibilidades (sin interferir coactivamente en las vidas y planes de los demás) y la responsabilidad de asumir las consecuencias de los  actos  son elementos constituyentes de una filosofía política y moral  que no es una panacea: no garantiza la felicidad de todos y cada uno de los seres humanos, ni la igualdad de oportunidades para todos ni mucho menos de resultados, si es que eso fuera importante para ti, pero al menos permite organizar la vida en sociedad de  una forma digna,  pacífica y respetuosa con la propiedad privada y las  decisiones de los individuos.

Esta filosofía político-moral es también una buena opción personal, si quieres tomar las riendas de tu vida y hacer lo que esté en tus manos por mejorarla.

Es una buena opción porque te potencia, te orienta a la acción, mitiga las quejas y la actitud autocomplaciente a la que todos somos propensos, y dirige tus esfuerzos de forma empática para satisfacer las necesidades de otros seres humanos,  lo que es una de las pocas formas legítimas de animar a que alguien decida también satisfacer las tuyas.

Referencias

[1] Mentalidad de crecimiento. Concepto acuñado por la psicóloga Carol Dweck, especialista en teorías del yo. Se opone a la mentalidad fija.

[2] El Estado paga al menos el 80% del coste universitario. Artículo en libertad digital.

[3] Muchos profesionales independientes se quejan de lo duro que es negociar. Artículo en el blog ‘Siempre con algo en la cabeza‘. Se alude al “precio justo”. Algunos comentaristas recurren a su alto nivel de expertismo, su esfuerzo y su formación para demandar una retribución más alta que la ofrecida. También claman contra  las empresas que se aprovechan de la crisis negociando bajos precios.

[4] Artículo sobre el modelo de indefensión aprendida de Seligman.

[5] Entrada en wikipedia sobre la Aristocracia. En inglés. “Modern depictions of aristocracy tend to regard it not as a legitimate aristocracy (rule by the best), but rather as a plutocracy (rule by the rich).”

[6] Blog de Entusiasmado. Aplica la teoría del valor subjetivo y los intercambios voluntarios a las relaciones personales.

[7] “El capitalismo es estructuralmente altruista“: frase de Juan Ramón Rallo. Yo he usado una variante: “El mercado es estructuralmente altruista”. Extracto Video de 1m33ss de Juan Ramón Rallo en conferencia Egoismo, altruismo, capitalismo y bien común. Video  completo de 50m32ss.  

Algunas definiciones

Indignado en su puesto de trabajo: 

Mercado: conjunto de personas, empresas e instituciones que intercambian libremente, bienes, servicios, trabajo y capital. Es decir, la gente comerciando libremente, sin más imposiciones o coacciones que  el marco general establecido por  leyes generales de obligado cumplimiento.

MercadoS: mercado. La gente tomando decisiones libremente, sin coacción.

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Los famosos “mercados”… En flickr: https://flic.kr/p/3SxGf

Libertad individual: libertad de hacer lo que uno quiera con sus recursos personales y económicos sin interferencia de terceros y sin interferir a su vez en la libertad de los demás para hacer lo mismo.El sistema legal marca los límites de la propiedad, que son en gran parte los límites de la acción personal.

Este tipo de libertad NO es una libertad para hacer cualquier cosa que me gustaría hacer o satisfacer cualquier necesidad o deseo que pueda tener, por básico que me pueda parecer, tampoco  es una garantía de que lograré lo que quiero en la vida.

Es una libertad para hacer lo que pueda dentro del límite de mi autonomía personal y propiedad sin ser bloqueado coactivamente por otros seres humanos.

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54 pensamientos en “Nadie merece nada: contra la meritocracia y otras teorías del merecimiento

  1. Diana

    Anonadada estoy.
    Hacía mucho pero que mucho,mucho, mucho tiempo que no leía algo tan bueno y que no estaba tan de acuerdo con alguien. En todo, en absolutamente todo lo que dices.
    Impresionante artículo. Sublime, brutal, buenísimo, para enmarcar.
    Enhorabuena Homominimus. Enhorabuena ( te la mereces ;))
    Un abrazo

    Responder
  2. atreverseacambiar

    Ostras homominimus, desde ayer que me tienes en ascuas y para cada párrafo tengo un comentario que hacer. Ando por la mitad y ya ando por aquí comentando (no lo puedo remediar). Necesitaré días para aposentar lo que dices. Pero empezaré diciendo que estoy deacuerdo y en desacuerdo a partes iguales con la mayoría de lo que dices. Y que me siento identificada tanto postivamente como negativamente, y que no son excluyentes.

    Responder
  3. Diana

    Quizás, solo quizás, te has pasado con las extensión…

    Me gusta mucho tu blog, siempre aprendo algo nuevo, por ejemplo, vocabulario jajaja así que te doy mi enhorabuena, tienes un blog que enriquece el vocabulario de los lectores.

    La frase en la que dices “el mercado es estructuralmente altruista” se ha quedado dando vueltas en mi cabeza, espero darle forma en algún momento. Porque tiene gracia, es como que al final, nos vemos obligados a ser altruistas y ofrecer a los demás lo que desean, para poder nosotros conseguir nuestras metas (resumiendo mucho). Si por nosotros fuera, seríamos egoístas y veríamos solo por nosotros mismos, sin embargo, hay “algo” (Dios, Kharma, Universo…) que nos dice: NO, si quieres ser feliz (conseguir lo que quieres) debes aportar valor a los demás.

    En fin, un post muy extenso no solo físicamente sino también conceptualmente. Daría para mucho.

    Te leo mucho, participo poco, pero hoy quería darte las gracias por tus aportaciones te lo MERECES.

    Un saludo!

    Responder
    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      Gracias, Diana, La verdad es que si entendiéramos todos esa frase sobre el altruismo estructural del mercado (gente comerciando libremente con gente) nos iría mucho mejor como sociedad.
      ¡Otro saludo!

      Responder
  4. atreverseacambiar

    Y el mega post-comentario comentando una infíma parte de tan sólo la mitad de tu entrada, se fue a tomar por culo (te lo iba a mandar por correo, para no saturar esto con mis entradas rollo Quijote, que es que me emociono y no lo puedo remediar y luego caigo en la cuenta que igual soy la única a la que le interesa divagar con cada detalle :P). Pero te lo digo por aquí: tenías razón, el post me gusta, alimento para el cerebro, de esos que mantienen los engranajes rodando, y alguno por ahí oxidado empezando a rodar. Y eso que no lo he terminado. Ahora, para ponerle palabras a lo que me sale, necesitaré un blog entero. 🙂

    Responder
    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      No te preocupes por saturar entradas. Escribe todo lo que te dé la gana. Si quieres escribirme, también está bien: homominimus@hotmail.com.
      Seguro que tienes que aportar mucho, ya que te tienes que sentir identificada para bien y para mal con lo que digo de ciertos universitarios autistas, arrogantes y que se creen el centro del mundo.

      Responder
      1. atreverseacambiar

        La energía ni sea crea ni se destruye, tan sólo se transforma. Igual ocurre con la arrogancia. La arrogancia no pertenece a ningún ámbito artificial producido por el hombre (universidad o no universidad), sino que es algo propio del ser humano y que va con él donde quiera que se encuentre. Dependiendo de dónde te muevas, esa arrogancia tomará una u otra forma, pero la esencia de la arrogancia será la misma.

        Como persona que conoce bien el medio académico sé bien lo que cuentas. Pero como persona que proviene de un estrato medio (o medio-bajo según quién diga que es medio) y por ello siendo mi círculo familiar y social (al margen de amigos) básicamente gente sin estudios superiores (algunos ni siquiera secundarios, los menos y mayores), sé bien que lo que digo no es menos cierto. Lo peor de estar entre dos mundos es que te chupas lo malo de los dos. Lo positivo, es que también aprendes de los dos y tienes una mayor visión de lo que ocurre.

        El e-mail está mandado. Me he dejado conceptos y me he ido por peteneras, sin terminar de cerrar el círculo argumentativo (que se me antoja infinito). Pero ahí está. Sin duda, regresaré a esta entrada porque dada mi trayectoria y mi momento vital, el ordenar estas ideas convenientemente y meditar sobre ella, será la base por la que me rija a partir de ahora. Y cuanto más claro lo tenga, menos me dejaré influenciar por lo externo si no me sirve (la dialéctica tiene eso, que bien presentado puede convencer a cualquiera).

        Gracias de nuevo por la entrada. Ya me gustaría a mí tener la capacidad de análisis que tienes.

        Responder
  5. Anca Balaj

    Una cosa está clara: cualquier teoría expuesta en un monólogo puede ser convincente, por el arte de jugar con las palabras y los argumentos.
    Estoy de acuerdo contigo en algunas cosas, como el lloriqueo y pataleo cuando las cosas no han salido como se esperaban. Incluso me has hecho ver un punto de vista novedoso en algún aspecto que, efectivamente es razonable sin necesidad de jugar con las palabras y que, por lo tanto, adoptaré.

    Pero de toda esta teoría que a veces es la cruda realidad, hay una cosa ausente: la humanidad. De acuerdo, los mercados quieren esto y aquello. Así habla la economía, es cierto. Pero como seres humanos ¿debemos obedecer sin rechistar la crueldad del frío mercado o podemos intentar convertir esto en algo mejor?

    Yo creo firmemente en que todas las personas deberían tener una oportunidad. Esto no ocurre así siempre. Después de esta oportunidad, estoy de acuerdo contigo, la responsabilidad es suya. Pero como tú bien dices en el artículo, hay mundos y mundos, hay quien se saca una carrera sin dormir y hay quien se la saca esquiando. Pero hay quien no se saca una carrera porque en su círculo jamás se ha planteado esta posibilidad y desde los 5 años se le ha metido a vender droga, sin saber lo que hacía y sin capacidad de elección. Una persona a la que se le ha llevado a determinado destino cuando no era responsable ni tenía capacidad de elegir no es responsable de ello y debería tener una oportunidad de elegir.

    Merecer. Merecer, al contrario de lo que dice el principio del artículo (y cambia a lo largo de éste) muchos merecen. Otra cosa es que tengan derecho. Yo más bien diría que merecer muchos merecen, pero a fin de cuentas nadie te debe nada. Igual que mereces ser querido y nadie te debe amor, pues en lo demás también. No significa que me parezca justo, pero es que la justicia es algo que casi nunca se da.

    Responder
    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      Anca dice: “Pero de toda esta teoría que a veces es la cruda realidad, hay una cosa ausente: la humanidad. De acuerdo, los mercados quieren esto y aquello. Así habla la economía, es cierto. Pero como seres humanos ¿debemos obedecer sin rechistar la crueldad del frío mercado o podemos intentar convertir esto en algo mejor?”

      Respuesta HM:
      No sé si has leído la lista de términos final.
      El mercado, los mercados son GENTE. La economía y los mercados no son más “fríos” que las personas que las forman, qué tú, que yo, que el vecino.

      Añado: el mercado, el intercambio libre de bienes y servicios, capital y trabajo entre gente dulcifica el carácter.
      El mercado es estructuralmente altruista, aunque las personas que lo forman no lo sean: te obliga a preocuparte por el bien de tu prójimo: creo que es una de las ideas que más repito en el artículo. Y te obliga porque crea el sistema de incentivos correcto: impide que intentes imponer tu voluntad a otro ser humano, sin importar lo buenas que pretendas sean las intenciones.
      Cada vez que haces un intercambio beneficias a dos personas: a ti y al que intercambia contigo.

      ¿Es eso frío? Pocas cosas más “humanas” puedo imaginar que dos personas beneficiándose mutuamente de una relación.

      Tú vienes de un régimen comunista y deberías saber mejor que yo lo que ocurre en una sociedad cuando alguien se erige en juez de lo justo y coacciona al prójimo escudándose en términos vagos como “igualdad” o “justicia social”.

      Anca dice: “Merecer. Merecer, al contrario de lo que dice el principio del artículo (y cambia a lo largo de éste) muchos merecen. Otra cosa es que tengan derecho. Yo más bien diría que merecer muchos merecen, pero a fin de cuentas nadie te debe nada”

      Respuesta HM:
      Exacto. eso es lo que digo: que el “merecimiento” o el presunto “mérito” jamás debería convertirse en un derecho (que obviamente es una obligación para un tercero).
      Evita Perón decía: “Toda necesidad es un derecho”. Para mí ninguna necesidad humana se convierte en derecho, en obligación para otro ser humano.

      Y entre otros argumentos, aludo a la imposibilidad de usar el merecimiento o el mérito como criterio de organización social; tú tienes unos valores, yo otros; tú tienes unas preferencias, yo otras; no veo por qué deberíamos imponer unas u otras.

      Creo que la mejor solución es que acordemos gestionar nuestras preferencias y teorías del merecimiento cada uno por su cuenta y que nuestras relaciones estén guiadas por el mutuo acuerdo y la ausencia de violencia. En el mundo ha corrido mucha sangre gracias a los justicieros que creen saber mejor que los demás lo que les conviene.

      Responder
  6. David López

    Iba yo predispuesto a que me llevasen la contraria y me hiciesen cambiar de opinión y (casi) acabo estando de acuerdo completamente con todo.

    Partamos de la base que soy pésimo organizando ideas, pero intentaré estructurarlo.
    Partamos de la base que mi pensamiento pulula entre en la línea libertaria (como se entiende en USA) y objetivista.

    – Creo que entendemos la meritocracia de maneras diferentes.
    – Estoy de acuerdo, nadie “merece nada porque se haya esforzado más”. Pero si se esfuerza más que el resto, la recompensa es algo probable y natural.
    – No hay mérito alguno en un universitario sacando una carrera fácil o difícil, costándole más o costándole menos (económicamente) cuando la generalidad (y el final) es que cualquiera puede ser universitario.
    – El mérito no es algo subjetivo, es algo objetivo. ¿Cómo se mide? Cuando te compra el mercado.
    – El mérito no lo decides tú, da igual lo que tú pienses. Tú sientas las bases para sobresalir del resto y, si has hecho lo correcto, el mercado te comprará.
    – Sí, el mercado lo decide todo.
    – Sí, el fracaso personal es una falta de mérito, esfuerzo o talento… a la hora de saber lo que el mercado demanda.
    – Cito: “al enfatizar que el rico se lo merece y tiene todo el mérito, se corre el riesgo de convertir en resentidos a los perdedores en la carrera del estatus y el éxito social económico”. <= La percepción de los demás no está en nuestras manos, por tanto sus sentimientos, tampoco.
    – Cito: "Trazando un paralelo en el terreno de las relaciones personales: si a pesar de todos tus esfuerzos por tener una matrimonio feliz con una mujer agradable, las cosas no resultan, no hemos de pensar que eres un tipo que no se ha esforzado o que no sirves para las relaciones humanas o que tienes la desgracia matrimonial que te mereces." <== Aquí hay una pequeña trampa, ya que no está sólo el esfuerzo personal de uno mismo, si no que hay que encajar el esfuerzo personal de otro, que no tiene por qué estar al mismo nivel. No tenemos control sobre el otro. El paralelismo no es del todo válido.
    – Cito: "Él es el responsable, él lo eligió libremente entre las opciones que se le presentaron (no todas las que querría). Pero eso no le vuelve en una mala persona ni en un descerebrado: quizá la carrera tenía muchas salidas laborales cuando empezó y ahora con la crisis económica no tiene perspectiva alguna en España." <== Si quiere "seguir en el mercado" tendrá que tener la visión de saber adaptarse al mercado. La falta de adaptación o el tiempo transcurrido no son excusa. En la naturaleza el débil muere, el fuerte gana. Lamento que hace 6 años hicieran falta arquitectos, pero ahora no. Reconduce tu carrera o estarás 20 años en paro. El mérito lo tendrá el que sepa leer las señales del mercado y adaptarse a ello. Por tanto…
    – … El mérito no es sólo esfuerzo, si no saber adaptarse a la situación actual, al momento.
    – Cito: "El mercado NO SIEMPRE RECOMPENSA el talento , el esfuerzo o el mérito, y mucho menos la bondad u otras cualidades morales deseables" <== Sólo hay que echar un vistazo a los nuevos 290 billonarios de la última lista Forbes. La gran mayoría de ellos son gente de menos de 40 años "self-made". Probablemente el mercado NO SIEMPRE recompense, pero en conjunto TIENDE a hacerlo.

    Creo que peco un poco de radical y sé que es imposible aplicar eso a una sociedad, pero… si echamos un ojo a los países, allí dónde se aplican criterios liberales y meritocráticos suelen estar mejor en términos generales que dónde se aplican otros criterios.

    Quizá sea un comentario demasiado caótico y no le haga justicia a la altura del artículo. Mis disculpas por ello.

    P.D.: Me lo paso pipa leyendo estos artículos largos y argumentados. 🙂

    Responder
    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      Hola David, gracias por tu extenso comentario.
      Intentaré responder como Jack el destripador. Por partes.

      Tus primeros comentarios están relacionados con la palabra “mérito” y “meritocracia”. Yo entiendo una cosa y tú otra. Esto es irrelevante. Ahí no creo que están nuestras diferencias.

      Yo entiendo como “mérito” lo que la mayoría de la gente tiene en mente y lo que está implícito en el término “meritocracia”: Una cualidad que justifica algún derecho o privilegio en algún aspecto de la vida social. Es un “a priori”. Lo tienes y te aprovechas de él, más o menos legítimamente (en mi opinión ningún mérito o merecimiento justifica ningún derecho o privilegio).

      Si no he entendido mal, tú llamas mérito a un “a posteriori”, al resultado de un intercambio provechoso. Si te sale bien, dices que “tienes mérito”. Yo digo que es un intercambio del que te has beneficiado y punto. Y como el mercado es estructuralmente altruista probablemente has beneficiado a la otra parte (de otra manera no tendrá ganas de volver a intercambiar contigo).

      No creo que el que uses la palabra de una manera u otra nos haga pensar muy distinto. No tiene mucho sentido entrar en logomaquias.

      Creo que tú compartes la idea de que el valor económico es subjetivo, varía según las personas y que gracias a que las personas valoramos las cosas de forma distinta es posible el intercambio (si no, ¿por qué iban a intercambiar el comprador y el vendedor un bien por otro si no pensaran que tienen distintos valores?) .

      Te diré dónde creo que está nuestra diferencia, más filosófica que práctica.
      Yo soy lo que los filósofos morales llaman un “consecuencialista” (http://en.wikipedia.org/wiki/Consequentialism) .
      Para mí no hay valores absolutos independientes de los resultados o consecuencias . Te doy un ejemplo algo grosero para que se entienda por dónde voy: Para mí robar no es malo en sí. Puedo imaginar muchos contextos en los que justificaría el robo.
      Para los objetivistas y muchos “libertarios” tipo Ayn Rand o Rothbard hay acciones íntrínsicamente malas, independientes de las consecuencias: robar o matar (cuando no es en defensa propia) es malo, no importa las consecuencias que haya,es algo ESENCIALMENTE malo. Esta es una ética de tipo deontológico: el carácter del acto en sí es malo o bueno con independencia de las circunstancias.(http://en.wikipedia.org/wiki/Deontological_ethics).

      Yo diría que el acto siempre hay que calificarlo moralmente en función de sus consecuencias. Dicho de otro modo, no creo en esencias morales independientes de valoraciones sobre sus consecuencias.
      Ayn Rand y su objetivismo tienden a considerar que hay actos malos o buenos en sí (Ayn Rand es esencialista en este sentido, siguiendo a Aristóteles).

      Yo no creo que haya ninguna objetividad en un sistema de valores, en el sentido que no puede haber un sistema de valores “cierto” o “verdadero” que se pueda deducir de la naturaleza del mundo o de la naturaleza humana.

      Si no he interpretado mal a Ayn Rand (he leído varios de sus libros, entre ellos “La virtud del egoismo”), ella cree que puedes dar con un sistema de valores “verdadero”, deducido lógicamente de cómo son las cosas.
      Yo creo que LO QUE DEBE SER (la moral o valores ) NO se deduce DE LO QUE ES (la naturaleza del mundo). Por eso no puedo ser objetivista.

      Creo que esta es nuestra diferencia profunda de fondo. Aunque no creo que en la práctica marque gran diferencia en nuestras conductas.

      En cuanto al resto de tus objecciones (tus “CITO”) responderé una por una:
      Escribe David: “Cito: “al enfatizar que el rico se lo merece y tiene todo el mérito, se corre el riesgo de convertir en resentidos a los perdedores en la carrera del estatus y el éxito social económico”. <= La percepción de los demás no está en nuestras manos, por tanto sus sentimientos, tampoco."

      HM responde:
      Mi comentario es para desaconsejar introducir cuestiones de merecimiento cuando se habla del éxito económico.
      He apuntado que el azar y muchas otras circunstancias influyen en él. Creo igual que tú que puedes hacerlo más probable (mucho más probable incluso) con un buen carácter, con esfuerzo, con estrategias inteligentes y demás. Pero ni el éxito económico ni su magnitud son totalmente controlables. Además, existen diferencias de nacimiento en talento, oportunidades educativas y demás, que van a provocar diferencias de resultados.
      Desde el punto del "marketing de la libertad individual" no me parece apropiado convertir en automáticamente virtuosos a los millonarios ni en viciosos a los que menos éxito tienen. Tampoco es correcto.
      Además, hay muchas virtudes morales con las que tú estarías de acuerdo probablemente que no tienen repercusión en tu éxito en el mercado.
      Por eso mi sugerencia de eliminar del discurso la moralización del merecimiento y el mérito.

      David escribe:
      "– Cito: "Trazando un paralelo en el terreno de las relaciones personales: si a pesar de todos tus esfuerzos por tener una matrimonio feliz con una mujer agradable, las cosas no resultan, no hemos de pensar que eres un tipo que no se ha esforzado o que no sirves para las relaciones humanas o que tienes la desgracia matrimonial que te mereces." <== Aquí hay una pequeña trampa, ya que no está sólo el esfuerzo personal de uno mismo, si no que hay que encajar el esfuerzo personal de otro, que no tiene por qué estar al mismo nivel. No tenemos control sobre el otro. El paralelismo no es del todo válido."

      HM responde: ninguna analogía o paralelismo es totalmente válido, eso seguro.

      Sin embargo, este me parece especialmente válido: El esfuerzo personal hay que "encajarlo" con el de otra persona en el matrimonio y con una multitud de personas en el mercado. El paralelo es totalmente apropiado. En ambas circunstancias te tienes que esforzar. En ambas circunstancias las cosas te pueden ir mal: no tienes el favor de tu mujer que cree que se puede buscar uno mejor o no tienes el favor de los clientes que prescinden de tus servicios.
      En ambas circunstancias, no ganas nada calificando moralmente al "perdedor". De hecho, en este tipo de juegos amorosos y económicos, la incertidumbre es la regla, los fracasos son comunes y hay que intentarlo varias veces antes de empezar a aprender como se juega el juego.
      Me parece que no añade nada añadir una calificación moral al hecho de que las cosas te vayan mal.
      Esta moralización excesiva es muy propia de Ayn Rand.

      David escribe: "– Cito: "Él es el responsable, él lo eligió libremente entre las opciones que se le presentaron (no todas las que querría). Pero eso no le vuelve en una mala persona ni en un descerebrado: quizá la carrera tenía muchas salidas laborales cuando empezó y ahora con la crisis económica no tiene perspectiva alguna en España."
      <== Si quiere "seguir en el mercado" tendrá que tener la visión de saber adaptarse al mercado. La falta de adaptación o el tiempo transcurrido no son excusa. En la naturaleza el débil muere, el fuerte gana. Lamento que hace 6 años hicieran falta arquitectos, pero ahora no. Reconduce tu carrera o estarás 20 años en paro. El mérito lo tendrá el que sepa leer las señales del mercado y adaptarse a ello. Por tanto…"

      HM dice: En la vida económica afortunadamente nadie muere, simplemente cambia de negocio u ocupación, se adapta. De acuerdo. ESo es lo que hay que hacer.
      Pero una vez más, ¿qué ganas diciendo que el perdedor no tiene mérito o lo tiene o diciendo que es malo o bueno? Yo creo que nada. En tu sentido particular de "mérito" dices lo que digo yo: no previste bien las circunstancias futuras y por eso te ha ido mal. Cambia de ocupación y estrategia y quizá te vaya mejor.
      Tampoco creo que aquí discrepemos en el fondo, excepto por mi preferencia de evitar los términos morales para calificar a la gente con menos éxito.

      David dice:
      "– Cito: "El mercado NO SIEMPRE RECOMPENSA el talento , el esfuerzo o el mérito, y mucho menos la bondad u otras cualidades morales deseables" <== Sólo hay que echar un vistazo a los nuevos 290 billonarios de la última lista Forbes. La gran mayoría de ellos son gente de menos de 40 años "self-made". Probablemente el mercado NO SIEMPRE recompense, pero en conjunto TIENDE a hacerlo.·

      HM dice: Creo que TIENDE a recompensar el esfuerzo, sin duda, pero de una forma que dependen de mucho del azar, sobre todo en el nivel de los millonarios. ¿Sabes cuántos de los 20 primeros millonarios de la lista Forbes de hace 30 años están hoy en día entre los 20 primeros? Ninguno.
      ¿Son menos virtuosos o esforzados o talentosos los que están en los puestos 10 primeros que los que están entre el 200 y el 300?

      Desconocer el factor aleatorio en la vida económica es desconocer la textura de la realidad. Te recomiendo los libros de Nassim Nicolas Taleb (Fooled by randomness, The Black Swamn o Antifragility) para hacerte más sensible a ese factor.

      Que exista el azar no es un argumento contra el mercado, solo un reconocimiento de nuestra posición epistemológica en el mundo, nuestra capacidad de predecir las consecuencias de nuestros actos.
      La última parte de mi artículo está escrita justamente para evitar los excesos moralizantes que identifican éxito económico con virtud. Eso está bien para los calvinistas, pero a) no es cierto que virtud (lo que quiera que signifique esto) y éxito económico tengan una relación directa y b) no contribuyes a la causa de la libertad señalando a los que peor les va como gente fracasada moralmente. Es muy de Ayn Rand, pero no sirve para nada.

      Te olvidas también de la posición inicial, de que no hay igualdad de oportunidades (cosa que a mí no me crea ningún trauma y que acepto. Incluso pido que si a alguien no le gusta, intente hacer algo él pero sin obligarme a mí o a otro ser humano a pagar las facturas de su mala conciencia).
      La posición inicial en el juego económico influye mucho. Ya sé que las familias de Steve Jobs, Gates y Amancio Ortega no eran millonarias, pero también sé que hay ventajas iniciales muy fuertes. Con negarlas tampoco logras nada. Yo creo que hay que reconocerlas y aceptarlas como normales y hasta deseables.

      Espero haber respondido, al menos en parte a lo que dices.
      Creo que será mejor que vayamos buscando una ocasión para charlar largamente sobre el tema y aclarar nuestras respectivas posiciones.

      Muchas gracias por este debate. Yo también me lo paso muy bien.

      Responder
  7. Sara M. Bernard (@saramber)

    ¡Por todos los dioses de todos los panteones, desde que apareció el homo sapiens sapiens hasta ahora! 100% de acuerdo, hasta la última coma, con este megapost de… ¿cuánto? ¿10 páginas?

    [Y nadie me está amenazando con un cuchillo]

    Responder
    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      Dos posibilidades:
      A) Te están amenazando con rebanarte el cuello con un cuchillo jamonero.
      B) Un exorcista católico preconciliar ha tenido éxito extrayendo de tu alma el espíritu de la contradicción.

      No puedo creerme que estés de acuerdo al 100%.

      Responder
  8. Raúl Hernández González

    Joder, te habrás quedado a gusto…

    Pues sí, muy de acuerdo.

    Yo la meritocracia la entiendo más como una “aptocracia” (que situemos a los más capacitados para una tarea haciendo esa tarea; algo que creo que es bueno a nivel general). Como decía en twitter, se tiende a confundir eso con “haber hecho méritos”; muchas veces los méritos (incluso asumiendo que eso fuese algo objetivo, que no lo es) hechos en un rol previo no garantizan la aptitud en el rol siguiente. Un buen médico no tiene por qué ser un buen gestor de hospital. Principio de Peter, como bien decías.

    Pero incluso esa “aptocracia” se da de bruces con la realidad que expones: que no todos valoramos los mismos criterios de “aptitud”. Se intenta objetivar (con descripciones de puestos, perfiles de competencias, etc.), pero al final hay un valor subjetivo imposible de reducir a variables controlables.

    Quizás lo que más me chirríe es la parte final. Si llegamos a la conclusión de que “no hay méritos”, de que la recompensa “no está en nuestra mano”… ¿no nos convertimos en el perrito de las descargas, el de la indefensión aprendida? “Para qué voy a hacer nada, si al final tener éxito o no no depende de mí”.

    Responder
    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      Hola Raúl,
      No digo que no haya méritos, digo lo siguiente:

      “No digo que desde un punto de vista moral no exista mérito o merecimiento. Todos hacemos juicios de esta naturaleza con nosotros y los demás, pero estos juicios tienden a estar sesgados: hacia nuestra particular visión del mundo, los valores que preferimos o la gente por la que sentimos más simpatía.”

      Digo que las ideas de mérito y merecimiento son tan variadas, sesgadas y tan subjetivas que no sirven como criterio de organización social; para mí son conceptos de los que a efectos prácticos casi nos vendría bien prescindir.
      Y también digo que cada uno debería gestionar sus particulares teorías del mérito y el merecimiento. Doy varias razones para ello.

      Tampoco digo que “la recompensa no esté en nuestra mano”, digo que el “mercado NO SIEMPRE RECOMPENSA cosas como el talento, el esfuerzo, etc”. Esto es así, te guste o no. Los factores son muchos, y no todos controlables.
      Lo que no quiero es caer en el extremo libertario de decir que el éxito en la vida está asegurado si tienes buen carácter. No es así, y además, las condiciones de partida, familiares, de renta, socioeconómicas, de talento inicial, etc. influyen mucho y no son elección de nadie.

      Tú naces con memoria fotográfica y yo con dislexia. Cada uno juega las cartas que le tocan: una cosa es decir que hay que intentar jugarlas lo mejor posible sin llorar o intentar aprovecharse de otros (lo que digo yo) y otra aparentar que todas las cartas son buenas o que las cartas que te tocan no influyen en el resultado, lo que es wishful thinking.

      En cuanto a lo de que si lo que digo es cierto nos vamos a convertir en perritos esperando la descarga eléctrica, creo que me he explicado fatal si he dado a entender eso.

      Creo que gran parte de mi argumentación es sobre la idea de que aunque nuestra libertad de acción, nuestros recursos personales y económicos sean limitados, siempre debemos actuar COMO SI tuviéramos libertad sustancial y COMO SÍ fueramos responsables de lo que nos ocurre.
      ¿Por qué? Porque con independencia del grado de control sobre los resultados de nuestras vidas nos irá mejor si sustentamos la creencia en capacidad de acción individual y nos hacemos responsables de lo que ocurra en nuestra vida. Y eso aunque el azar, las condiciones de partida, y otras circunstancias incontrolables sigan teniendo peso.

      Muchos críticos del liberalismo dicen que los ricos, las personas con éxito económico, creen en la libertad y la responsabilidad personal porque les ha ido bien o como retórica del explotador. Yo creo que es más bien lo contrario: que por creer en la libertad de acción personal y ser responsable, aumentas significativamente (aunque no determinas) tus posibilidades de éxito en la vida.
      Espero haberme explicado un poco mejor esta vez.

      Saludos y gracias por el comentario.

      Responder
    2. Homo Minimus Autor de la entrada

      Pues me he quedado muy a gusto, sí. He dicho bastante de lo que quería decir (no todo, claro).
      ¿Para qué tienes un blog si no es para quedarte a gusto diciendo lo que crees o te apetece?
      🙂

      Responder
  9. Pingback: Nadie merece nada: el mejor artículo que he leído en años

  10. Ivan Entusiasmado

    Grandísima entrada, sobre un tema que sé que conoces y es importante para ti. Querría aún así añadir algunas aclaraciones, pero sería injusto que ante el gran trabajo que has hecho en esta entrada, lo hiciera a vuelapluma, así que intentaré reunir las ideas y ordenarlas.

    Responder
    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      ¡Gracias!
      Creo que como en el caso de David tus reticencias van a ir en relación al tema del mérito y la meritocracia.
      Pero ya veremos… te espero afilando el hacha.

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    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      No creo que merezca nada en el sentido de que alguien me deba algo o que yo pueda exigir algo por haberlo escrito, ni siquiera una palmadita en la espalda.
      Creo que me he esforzado escribiendo y poniendo en orden muchas ideas. Pero si eso tiene valor para alguien, es algo que me tienen que decir los demás.
      Yo intuyo que sí que tiene valor para otros seres humanos.

      ¿A ti te ha gustado? Sinceramente, ¿tú que piensas?

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  11. Pingback: Nadie merece nada: contra la meritocracia y otras teorías del merecimiento

  12. Pedro

    Mis dudas vienen en lo referente al modelo de organizacion social: ¿Que principios lo regirian? ¿Cabe alguntipo de filosofia moral que no sea la del puro utlilitarismo?¿Que papel jugaria el Estado? ¿No es acaso lo que planteas unaversion del modelo liberal sin culpables?

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  13. Jose Perez

    Los merecedores no merecen que el autor les compare con perros condicionados mediante el abuso, y luego los trate de seguir condicionando diciendoles que “adquieran responsabilidad”. Como siempre, ignorando las causas últimas de las conductas políticas y morales (la familia) no se puede llegar a un marco conceptual claro y coherente. ¿Cómo haría el autor con los niños que igualmente lloran y rabian y se sienten merecedores, les da el castigo que se “merecen”, o los pone al menos a la altura de un perro de Seligman — bajo hipótesis de condicionamiento paterno?

    No es cierto tampoco que la ley del mercado anule sentimientos de injusticia acerca de la posición que uno se merece en la vida porque el mercado *no es libre* — está regulado y distorsionado por una cosa que se llama el Estado.

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  14. Simbad

    HM, 2 dudas así rápidas:
    — Que opinión te merecen la prestación por desempleo, las pensiones o el pago de impuestos?
    — La delincuencia y la economia sumergida. ¿Son actividades económicas?

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  15. tomelin5

    Muy buen artículo HM, creo que me agradas más como villano que como super héroe.
    Respecto al contenido, recuerdo las semillas en tu comentario en el blog de Javier y el tweet con la frase de Evita, “De toda necesidad nace un derecho”.
    Desde la misma tierra de Evita, he vivido la transición del neoliberalismo a un estado de bienestar trastornado y siento que ha hecho un daño sociológico terrible. La gente que pierde sus empleos por las políticas económicas del gobierno que votó, corta autopistas, importunando al resto de la sociedad en reclamo del ‘derecho a trabajar que nos han robado’.

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  16. Juanjo Pina

    Me adhiero a casi todo, tanto que los pequeños matices ni procede comentarlos. No trato de derivar hacia una conversa sobre economía, pero en este artículo, Jouvenel toca aspectos muy parecidos: https://tartufocracia.wordpress.com/2011/02/24/de-jouvenel-%C2%BFpor-que-los-intelectual-odian-al-capitalismo/ y me ha venido a la cabeza irremediablemente.

    Sí, sé que hay mucho anormal que usa este artículo como argumento, pero me distanciaré de ellos dejando claro que lo que hoy se llama “capitalismo” (o sea, “lo que tenemos”, sea lo que sea) no es ni mucho menos a lo que se refiere Jouvenel, y que a los banqueros de hoy él les cortaría la cabeza a la altura de la cintura pa que no les volviese a crecer. Él habla, estimo, de los mismos mecanismos que tratas tú aquí.

    ¡Y bravo!

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  17. Miguel

    Excelente: sólo le encuentro una pega: es demasiado largo, las 200 líneas se podían haber dicho en 20. Pero estoy de acuerdo, yo suelo decir, no somos “juguetes” del sistema socioeconómico, somos actores

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  18. Gladys Guevara

    Hay aspectos muy importantes de este material, en la medida que obliga a las personas a reflexionar sobre sí mismo y en consecuencia, sobre sus esquemas de representación; sin embargo, hay otros aspectos que me hacen mucho ruido y que tienen que ver con la “adaptabilidad” a un sistema francamente injusto. La afirmación de que es el sistema el que no sirve, no es un invento subjetivo del individuo, que actúa todos nosotros de manera paralizante. Al contrario, debería ser un impulso a tomar acciones de carácter transformador en el plano social. También me afectó muchísimo los argumentos fundamentados en experimentos con animales, los cuales me resultan aborrecibles. Jamás fundamentaría un escrito empleando estudios en los cuales se experimente con el sufrimiento animal. Quien hizo ese experimento con perros (el tal Seligman) y llegó a la flamante conclusión de que existía indefensión aprendida, es un imbécil. No necesita experimentar con indefensos animales para llegar a esa conclusión. Bastaba mirar nuestra propia especie para darse cuenta de la pasividad que exhibimos frente a ciertas realidades que deberían convocarnos a todos en su superación. Creo que hay que leer el escrito con pinzas porque promueve una ideología también sesgada, que no termina de enfocar la problemática que plantea desde una dimensión más integral. Pero me encantó leerlo, porque está identificando una situación que observo muy frecuentemente hasta en mi propio núcleo familiar. Yo le respondería al autor o autora de este escrito, intitulando una contrargumentación: Nadie merece nada y todos merecemos todo. Necesitamos construir un sistema de asociaciones libres y voluntarias en el cual nuestro propio desarrollo vaya aparejado con el de las personas que acompañen nuestras labores productivas y de crecimiento personal. El reto de la humanidad, y en especial de nuestros jóvenes, es ese.

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  19. Landes

    Me gusta mucho la idea de que somos plenamente responsables de lo que nos ocurre pues siempre hay elección. Tal vez no todas las alternativas que nos gustaría, pero elección siempre tenemos. Hasta estando delante del pelotón de fusilamiento (ficticio) tienes elección puedes esperar el disparo o salir corriendo a ver que pasa…

    Un gran artículo, gracias Homominimus.

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  20. minimodavinci

    Casi 2 horas leyendo, entre artículo y comentarios. Como siga así, mi empresa va a decidir que no me “merezco” mi puesto de trabajo, jajaja.
    Hablando particularmente del caso de los universitarios indignados, en efecto son personas que no se dan cuenta que estudair es un placer (con algunos sacrificios) que tu has decidido disfrutar, se que es duro entenderlo, pero tal como dice HM la sociedad no nos debe nada. Somos un individuo más, incluso con ventajas respecto a otros.
    El termino “responsabilidad” es algo de lo que muchos rehuyen.

    Gracias Homominimus, es para enmarcar tu post.

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  21. korsakoff

    Interesante artículo, el tema del “merecimiento” es algo que está bastante en alza hoy en día, al menos por lo que veo en mi generación, nacimos teniéndolo (casi) todo y creemos que vamos a seguir teniéndolo todo con tan sólo esforzarnos lo “necesario” porque lo merecemos, luego nos estampamos con la realidad y lloramos, a pesar de venir de una generación que las pasó “prostitutas” para salir adelante (padres y abuelos), creemos que una carrera nos da un poder y que la responsabilidad no es nuestra, es de otros. Si bien opino que gestión política está destrozando un sistema público en vez de hacerlo eficiente, lo cual considero necesario, no hablo sólo de educación, que es importante, sino de la sanidad, investigación, comunicaciones, etc. pero ese es otro tema, ya que no podría hablar de la clase política actual sin hacer especial mención al acomodo de la clase trabajadora antes de “la crisis”, cuando todo “iba bien”.

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  24. pablo

    Si el “mercado ideal” existiera, este articulo tendría un pase. Pero oye, un “liberal” siendo utópico, siempre es divertido.

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  25. miguel

    Totalmente en desacuerdo. El valor no lo da el estudio sino el servicio que se da al cliente. Eso es lo q tu dices. Totalmente de acuerdo. Imaginemos gimnasio. El servicio q da un licenciado en inef es superior a un monitor de un curso de 8 horas. Ahora bien. Alguien (el gobierno) establece q por ley se contrate a un licenciado? No. Por tanto aunq el servicio sea infinitamente mejor el gobierno te ningunea y el empresario paga lo minimo. Ahora bien. Un cirujano se le exige una titulacion y acorde a unas leyes se le paga como tal? Si. Porq tiene unos estudios q le acreditan y por tanto tuene un valor en si mismo. Te dejarias operar por un hombre que sus estudios fueran un curso del c.c.c. o un titulo online de 8 horas. No. Porq el tecnico q va a casa a arreglarte la lavadora al final cobra la hora a 30 euros y te clava un paston?? Te ha dado un servicio especial y muy especifico?No. Hay un monton de tecnicos q te arreglenla lavadora y la formacion es la q es. No os dice siempre el fontanero o el del calentador cuandi va a casa: ” menuda chapuza le hicieron antes….. esa pieza no la voy a encontrar a ver si la encuentro”. Pero hombre… si usted fue el q me lo arreglo la ultima vez!!!!!. Te ha dado un servicio excepcional? No. Son las leyes
    Los sindicatos los q establecen los preciis de un arreglo. Por lo tanto NO TE ENGAÑES. la formacion universitaria tiene un valor real. En cada uno de sus campos. Pero el gobierno, leyes y demas desprotege a ciertas profesiones. Pq un abogado te cobra un paston? Pues pieq hay un colegio de abogados fuerte q defiende su campo laboral. Si el gobierno leyes no exigieran q el abogado fuera licencuado en derecho. Pues aparecerian abogados con un curso de 8 horas defendiendo al cliente y cobrando cada vez menos. Ese es el problema real. Q no se valora realmente las profesiones. Qieres un camarero? Ok. Un chico sin ecperiencia tanto debes pagar. Un camarero profesional de f.p. pues mas debes pagar. Y eso lo debe regular el estado. Si no tienes monitores de gymde un cursillo cobrando igual q un universitario de deporte dando una mierda de servicio al cliente. Qien obliga al dueño a contratar uno u otro? El estado debe regular los trabajos. O para ser funcionario de clase A te piden solo saber leer y

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  27. Carlos Rodríguez

    Me acabo de dar de alta y me encuentro con esta delicia de entrada que comparto en su totalidad. ¡¡¡Cuando grande quiero ser como tú. 😛 !!! Felicitaciones. La volveré a leer, me tomo mi tiempo y comento algo mas serio.

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      1. FaKeD13

        Muy buen articulo 😀

        El problema que le encuentro es que no pones que la raíz de esto es que la gente per sé tiende a pensar que tiene derecho a todo ya que sus necesidades son constantes y su satisfacción no suele serlo.

        Incluso yo he pensado a veces que me merezco algo, quizás porque me he esforzado en cosas que no solo no he obtenido resultado sino que ha sido negativo.
        Es ahí donde lo ves, no puede ser que ocurra eso si iusnaturalmente te merecerías cosas por lo que te cuestan otras.
        Son los demás tus admiradores o verdugos y hay que aceptarlo.

        De todas formas los ejemplos que has puesto de ‘merecimiento’ son muy típicos y a su vez contradictorios ya que si hemos quedado que no es el ‘coste’ lo que te hace merecer algo, no tiene porque el chaval que estudia y trabaja merecer la vida del otro y no precisamente la suya. Quizás lo podríamos ver desde el punto de vista de que alguien merece ser un ‘enchufado’ gracias a que tiene contactos y otros no.

        En mi opinión o nade se merece nada o todos se merecen algo pero eso sí, no tiene nada que ver con ‘costes’ per sé.

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  28. Verónica

    Muy de acuerdo con la idea general del artículo, sin embargo me gustaría hacer un apunte:

    Aunque entiendo que no es más que una cuestión semántica, me gustaría destacar que no todos los universitarios indignados pertenecen al estereotipo que describes. Hay muchos universitarios que están indignados no porque ahora se les niegue lo que creen merecer; sino porque ven precarizadas sus condiciones de trabajo. Por ejemplo, empresas que buscan empleados altamente especializados (lo que requiere una gran inversión en formación) y que luego pretende pagarles cuatro perras. Creo que si alguien ha dedicado 10 años de su vida para especializarse en una tarea muy concreta, eso se paga; porque lo que ofreces es un bien muy escaso.

    Es una chorrada y seguramente una obviedad; pero me parece importante aclararlo, porque de lo contrario caemos en el tópico de que “los indignados” no son más que unos burgueses.

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  29. atticusley87

    Homominimus: gran forma de escribir. Te doy la razón en varias partes. Sin embargo, creo que has utilizado el estándar conveniente en este caso: medir el valor por su utilidad o lo que desea el mercado. Es una forma correcta pero no es la única. Hay ciertas cuestiones que tienen un valor intrínseco y no deberían ser evaluadas según lo que el mercado dicta. Personalmente, creo en valores absolutos que van más allá de la opinión y/o utilidad. Creo que si no fuese así se podría decir que “Twilight” es mejor libro que “El Quijote” sólo porque fue más vendido. Eso último sería tonto. Algunos dirán que en realidad todo será relativo y que sí podría ser mejor libro por tener más ventas. Pero si todo es relativo y depende de la opinión, tu post no tendría más sentido que el de emitir una serie de enunciados que jamás podrán ser corroborados en la realidad. Finalmente, creo que la definición de libertad proporcionada es algo reduccionista: no sé que tan libres seamos en el mercado. Hay ciertos factores relevantes que nos condicionan. En todo caso: ha sido una sana discrepancia. Un abrazo.

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  32. Anónimo

    El inicio estuvao grosero y no le veo cvhiste al aser referencia ala teoria del merrecimiento pues es una manera de vuscar erramientas de autosuperacion . y estuvo mui laga la chachara y burda pero merecio leerla aunque fuera para descalificarla e dichio

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  33. Abby Ferrari

    Me gustó mucho el artículo pero lamentablemente a cada rato se repite una palabrita que me pone los pelos de punta y hasta me dio ganas de dejar de leer: la palabra “autista”. Me parece que está mal usada y justamente este mal uso te hace ver como una persona ignorante, poco leída, prejuiciosa. Teniendo taaaantos adjetivos para elegir vas y elegis uno que toca un tema delicado, justamente ahora, cuando se incluye al Asperger dentro del “espectro autista” cuando hay cientos de miles de charlas TED y libros escritos por gente autista que le grita al mundo: NO CARECEMOS DE EMPATÍA, NO SOMOS ASOCIALES, NO VIVIMOS EN UNA BURBUJA, NO NOS COMPAREN CON POLÍTICOS PSICÓPATAS POR FAVOR!! es verdad que nos cuestan las relaciones sociales y tenemos hipersensibilidad y necesitamos mantener nuestras rutinas o hacer ciertos movimientos o recluirnos para sentirnos bien, pero también tenemos muchísimas virtudes y ventajas con respecto a los “neurotipicos” no estamos rotos, solo somos diferentes, no necesitamos “la cura” necesitamos comprensión, tolerancia, educación amplia que nos integre. No es una enfermedad, sino un síndrome que afecta de manera diferente a cada persona.

    Te dejo unos links en inglés y español que ahondan en este tema:
    http://ideas.ted.com/autistic-people-are-not-failed-versions-of-normal-theyre-different-not-less/
    http://blogs.20minutos.es/madrereciente/2014/04/02/no-usar-la-palabra-autismo-en-vano/
    http://elsonidodelahierbaelcrecer.blogspot.com.ar/2011/06/uso-y-abuso-del-termino-autismo.html

    No te pido que modifiques el texto, pero si te pido que leas y trates de comprender porqué me vi “obligada” a escribir este comentario. Como liberal entiendo a los que están hartos del “political correctness” y la “oversensitive left” y sus “safe zones” y sus “trigger warning”, yo también lo estoy, pero en este caso me parece que es diferente, aunque sea difícil explicar porqué.
    En uno de los links una señora que usó ese termino dice que es como si los no videntes se enojaran por el uso de la palabra “ciego” como cuando decimos “estás ciego? no me viste cruzar la calle?” o la famosa “no hay peor ciego que el que no quiere ver”… justamente creo todos tenemos presente que el ciego es el que NO puede ver, no el que NO quiere ver… bueno entonces porque usamos la palabra autista para denotar al que NO quiere comunicarse o al que no tiene sentimientos???

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    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      Uso la palabra autista en el sentido de ensimismado, encerrado en una realidad propia, la acepción 3 del DRAE:

      3. adj. Dicho de una persona: Encerrada en su mundo, conscientemente alejada de la realidad. U. t. c. s.

      Como bien sabes, las personas dentro del espectro autista se caracterizan por tener dificultades para interpretar expresiones faciales de otros seres humanos, se llega a decir que tienen problemas en su “teoría de la mente”, esto es, la capacidad de ponerse en el lugar de otros e inferir emociones, pensamientos y acciones.
      Es una palabra usada ampliamente y comprensible y por lo tanto la uso en sentido analógico y popular, sin entrar en disquisiciones sobre la estructura mental de los autistas.
      No me importa mucho si te sientes ofendida, porque no tengo tiempo para perder el tiempo con tonterías.
      Mi consejo: crece, asume que la gente usa las palabras como les da la gana, vive con ello.
      Aquí hay un artículo interesante que abunda en este tema: http://elpaissemanal.elpais.com/columna/narcisismo-enfermedad/
      Agradezco tu comentario, bienintencionado pero errado.
      Un saludo.

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