La soga del compromiso público

Un compromiso público es como si tomaras una larga soga, te hicieras un nudo corredizo al cuello, el nudo del ahorcado, salieras  al escenario del teatro y dijeras:  “Hola, público”.

Luego lanzas un extremo de la soga al tipo con más cara de fastidio por estar en la función, el que querría estar viendo el partido de fútbol, pero que a regañadientes fue arrastrado por su novia a ver tu actuación. Entonces le gritas desde el estrado:

“Si no cuento algo  divertido en los próximos quince minutos, por favor, tira de la soga más y más fuerte hasta que me duela tanto y me ponga tan rojo  que si sigues tirando me tenga que callar y tú puedas irte con tus amigotes a ver la segunda parte del encuentro deportivo”

4805398757_d9d64c712c_z

Hanged, en flickr

Este blog es principalmente un mecanismo para hacer públicos mis compromisos y aumentar la probabilidad de ser fiel a ellos. No empezó como una máquina de comprometerme; ya sabes que una cosa es la estrategia existencial deliberada y otra la emergente, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que exponerme a un público (real o simplemente imaginado) aumentaba mi capacidad de autorregularme y lograr pequeños retos personales.

Por ejemplo, en un blog ya extinto, Tecnologías del Yo, me comprometí a ducharme con agua helada durante 28 días seguidos al menos durante 5 minutos. Una vez anunciado el reto, hubiera sido muy vergonzante reconocer que no tuve lo que hay que tener para mantenerme. Teniendo en cuenta que era un blog sobre disciplina y autorregulación personal, sería como haber reconocido que el experto era un fraude o que el rey estaba desnudo o que el chulo de la ducha fría no pudo aguantar la presión.

En este blog, en diciembre de 2013, escribí un libro de sesenta páginas, Los tres hábitos que cambiarán tu vida, solo para comprometerme con todos los lectores a llevar a cabo el programa que proponía en el durante el 2014: formar el hábito de la atención plena,  la autorregulación y perseverancia y  la salud minimalista.

tres1

Para  convertir las buenas intenciones en acciones coherentes, describí detalladamente decenas de prácticas, retos y misiones que pretendidamente iba a llevar a cabo durante todas y cada una de las semanas del 2014. En el 2014 escribí más de 150 artículos desarrollando las ideas del libro y animando a los lectores a que me acompañaran en la travesía.

Sin un compromiso público y el aliento de la gente que se unió al proyecto es casi seguro que hubiera abandonado a las pocas semanas.

Mi proyecto Escritura 80/20 es un proyecto para aprender a escribir en el menor tiempo posible que llevaré a cabo durante el 2015. Lo voy a llevar a buen término. ¿Por qué? Porque es un proyecto conjunto con el bloguero Entusiasmado. Me he comprometido personalmente con él (un público de uno) y ahora públicamente con los que estén leyendo este artículo.

Si cuando pasen los meses ves que el proyecto es un proyecto Zombi me dirás: “Oye, Mínimus, ¿qué fue del famoso proyecto Escritura 80/20?” Entonces,  rojo por la presión de la soga de la vergüenza, tendré que bajar la mirada y cambiar de tema.

1683107999_2c254579ec_z (1)

Zombie walk, en flickr: https://flic.kr/p/3yJnnr

Todos los especialistas en productividad hablan del poder del compromiso público por esas razones: aliento, recursos que te pueden aportar los que saben de tu proyecto, ánimos y alabanzas, más sensación de responsabilidad e ideas que surgen de la mera expresión pública de tus intenciones.

Cuando durante el 2015  tenga momentos bajos y deseos de abandonar o de bajar el ritmo,  seguro que Entusiasmado (haciendo honor a su sobrenombre)  me espolea a seguir hacia adelante;  y cuando necesite descanso, él tomará el relevo, y me permitirá recuperar fuerzas. Un proyecto en equipo  es como una carrera de relevos: la energía, las ideas, el mayor peso de la carrera  son aportados sucesivamente por cada uno de los corredores; cuando uno flojea, los compañeros toman temporalmente el relevo o le animan a perseverar.

El lado oscuro del compromiso público

Sin embargo, no todos son parabienes cuando se trata de comprometerse. Friedrich Nietzsche decía que las promesas más poderosas se hacen en silencio, que después de hacerlas deberíamos llevarnos la mano a la boca, pues la fuerza de la promesa decrece cuando se expresa. Es como si una promesa verdaderamente fuerte, verdaderamente sentida, verdaderamente sincera, tuviera el halo de lo sagrado y el solo hecho de nombrarla la debilitara, como si fuera sacrilegio.

callar

Aparte del argumento casi metafísico  de Nietzsche a favor del silencio en la promesa, hay argumentos más psicológicos: Derek Sivers, el músico, minimalista y empresario digital, nos recomienda no hacer nuestros compromisos públicos. Según él, el tiro nos puede salir por la culata; expresar públicamente el compromiso nos hace creer que ya hemos dado un importante paso en dirección a aquello que queremos conseguir,  es como si estuviéramos enviándonos  el mensaje de que estamos cerca de la línea de llegada  sin ni siquiera haber sonado el pistoletazo de salida. Y esa falsa señal de avance resulta confortante y hace menos probable que nos pongamos a  hacer el verdadero trabajo.

Moraleja: guárdate tus metas para ti. Vence la tentación de anunciar tu compromiso. Cierra la boca.

Muchos ejemplos tenemos todos los días de gente que dice que va a hacer tal o cual cosa. En ese “voy a hacer” obtienen un anticipo de las mieles del triunfo o del resultado apetecido. Es la euforia que se experimenta en los inicios de año cuando 365 días quedan por delante y todo parece posible.  Un buen propósito de inicio de año  es una especie de compra a crédito: obtén la satisfacción ahora y paga en 365 cómodos plazos.

El Yo que profirió la promesa podía sentirse muy energizado y virtuoso y hasta admirado haciéndola, pero el Yo que tiene que soportar la presión social y la carga de mantenerla puede resentirse de la imprudencia de su antepasado.

Puede que ese compromiso verbal termine experimentándose como un lastre, como una fuerza externa que nos obliga a hacer algo que no queremos: basta que algo externo nos obligue para que lo rechacemos.

3750480602_b645d085c3_z

Masked, en flickr: https://flic.kr/p/6HqcdE

En definitiva, el compromiso público es irónico, tiene una fuerza ambigua:  puede impulsarnos a ser fieles a nuestra identidad o yo ideal y promover una actuación estelar, pero también puede resultar una corbata que apriete demasiado el cuello, que entorpezca nuestros movimientos y nos vuelva demasiado temerosos de defraudar al público real o imaginario para el que siempre estamos actuando.

Enlaces del artículo:

10 pensamientos en “La soga del compromiso público

  1. Anca Balaj

    Creo que también depende del momento en que haces este compromiso público. Si lo haces desde una postura debil, sólo para tener un compromiso “con alguien” y cumplir tus objetivos, es probable que te ahorque. Pero si el compromiso es un reto para ti mismo, como hiciste con los tres hábitos el año pasado (y no sabes cuánto admiro tu capacidad de mantenerlo durante un año), entonces el compromiso público te refuerza.
    Yo este mes he asumido un compromiso público. El día antes temblaba: ¿y si nadie participa en el taller? Pero tenía claro que pasara lo que pasara, iba a publicar un tweet de minicreatividad cada día. La parte del compromiso silencioso, la que nadie sabe, es que el tweet tiene que ser publicado antes de las 7.30h de lunes a domingo, pase lo que pase. Hay días que me levanto sólo para twittear y me vuelvo a acostar.
    Y desde hoy tengo un nuevo compromiso público y vuelvo a temblar, pero es una manera de forzarme a no postergar la parte más difícil, que para mí es la ilustración.

    Así que vivan los compromisos públicos, pero si son con uno mismo.

    Responder
  2. rosana

    Creo que en la destreza en hacer público o callar, según, está la virtud. Gracias por la reflexión.

    Responder
  3. Bosco Soler

    Genial expresado algo que ya me planteaba desde hace años. Compromisos públicos o privados? Al final he observado que lo mejor es tener un confidente, una persona cercana a ti (en mi caso mi pareja) que te apoye y te alerte cuando te sales del camino. Creo que es un equilibrio entre ambas opciones porque obtienes apoyo pero sin esa “falsa recompensa” inicial que tendrías si lo hicieras totalmente público.

    Un saludo!

    Responder
  4. Diana

    Y lo de mentir cuando ves que estás rompiendo el compromiso ¿no vale? ¿nadie lo utiliza?
    Supongo que es una salida fácil que a todos se nos pasa por la cabeza ¿no?
    ¿O tan fuerte es la fuerza ( valga la redundancia) del compromiso público?

    Responder
    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      El compromiso público se puede reforzar haciendo visible los resultados del compromiso o las mismas acciones a las que te comprometes, o contratando a un árbitro que decida si lo estamos cumpliendo o no.

      Responder
      1. Diana

        En tu proyecto Escritura 80/20, los mejores árbitros seréis vosotros dos. Seguro.
        Yo no escribo. Y tampoco quiero aprender a escribir. Por tanto no seré yo una de las que intente apretarte la soga.
        A mí tus post me gustan porque de todos, de absolutamente todos, saco algo positivo para mí. Y por eso te sigo. Seguí los retos del año 2014 con atención pero no me animé a participar. Ahí sí que percibí lo eficaz del compromiso público. O eso me parecía ver “desde la barrera”.
        Creo que, los seguidores del blog interesados en ese proyecto en concreto de Escritura, serán los que más puedan reforzar tu público compromiso.
        Aunque si quieres me puedes contratar de árbitro. Seré implacable. 😉
        Suerte con este y todos los proyectos que vengan!

        Responder
  5. minimodavinci

    Pero al final de cuentas te comprometes o no en público para escribir el libro? te podemos fustigar durante el 2015 hasta que cumplas con los objetivos?
    Yo soy más de comprometerme en privado, en casa siempre me han inculcado que no debemos hablar de nuestras metas, la excusan que me explicaban era que teníamos que evitar la “envidia”

    Responder
  6. Flames

    Yo soy más de los de callar que comprometerse en público. Por eso me gusta la fórmula de Bosco Soler, un término medio muy razonable.

    También está el caramelo que supone hacer algo que tendrá resultado y será visible, aunque no lo revelemos hasta el día del “triunfo”: un libro que queremos escribir o un dibujo y que queremos regalar a alguien en su cumpleaños, el día que nos ponemos el bañador después de la dieta de adelgazamiento, etc.

    Responder
  7. Pingback: Equilibrium: El comienzo | Filosofía Nómada

  8. Ivan Entusiasmado

    No había leído este post. Lo he visto ahora. Y he de decir que aparte del compromiso público el hecho de llevar una página entre dos hace que sea difícil abandonar. Cuando uno no rema, rema el otro. Así que aparte de la fuerza para que cumplas tus compromisos, está la viabilidad que se le da a un proyecto, que es muy grande. Un abrazo.

    Responder

Si comentas recibirás treinta latigazos; si no comentas recibirás treinta latigazos.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s