Pequeño gran éxito

Tú sabes que yo soy partidario de los grandes fracasos. Que prefiero siempre un fracaso estrepitoso a cien  éxitos mediocres; creo que deberíamos medir lo fructífero de un día por el número de fracasos cometidos.

Laces!

En Fracasa más, fracasa con gracia inicié un proyecto para aumentar mis fracasos durante 35 días. Me hubiera gustado que mis fracasos hubieran sido espectaculares, pero fueron fracasos del montón y además se parecían mucho. El resultado del proyecto fue decepcionante, fue un fracaso en toda regla. Por lo que al fin y a la postre me sentí contento.

Esto podría llevaros a pensar que defiendo una posición megalomaniaca indigna de un minimalista existencial. Pero no es así. Creo que aunque los fracasos tengan que ser estrepitosos los éxitos pueden ser moderados.

Reunión para contar éxitos

Hace unos días, en un curso, se nos puso la tarea de contarnos un éxito reciente en un grupo de cinco personas. Fue desasosegante comprobar que por mucho que buscara en mi memoria no encontraba un triste éxito que llevarme a la boca. Nada de lo que sentirme especialmente orgulloso. Mis otros compañeros tenían éxitos considerables en sentido social o en sus propios términos, pero yo no encontraba nada digno de reseñar. Escuché los éxitos de cada uno, algunos grandes, otros significativos personalmente. Cuando me llegó el turno una chispa se encendió: sí, tenía un éxito.

Mi ridículo éxito

Habitualmente uso zapatillas deportivas, a menos que la etiqueta requiera zapatos. Llevo mucho tiempo usando zapatillas y día tras día me encuentro con que cuando voy por la calle la lazada se descompone y tengo que parar, quizá pedir a mis acompañantes que paren también, y agacharme para volverme a atar las zapatillas. Esto puede ocurrirme varias veces durante un día. ¿Por qué tolero esta pequeña pero pertinaz fricción?

Sería muy sencillo hacerme una doble lazada cada vez que me ato las zapatillas, pero mi impulsividad hace que me conforme con una. Sé que con una lazada simple podré tirar durante algún tiempo. Así que un poco más tarde, poco más de una hora,  se deshace el nudo y tengo que volver a hacerlo.

Me he comportado así durante años. Hasta hace unos pocos días en que observé mi perezoso comportamiento y decidí hacer el esfuerzo de hacer una doble lazada. Como resultado, no he vuelto a tener que parar y agacharme en la calle para atarme las zapatillas.

¿Un éxito Insignificante? Quizá. Pero fue significativo.

Actualización del éxito

Javier (ver los comentarios) me hace ver por qué se me desataban tanto las zapatillas: nunca he sabido atármelas. Después de todo no necesito una doble lazada.

“Te voy a pasar un video de TED de tres minutos que me cambió la vida en este aspecto, hay que ver cómo las soluciones más sencillas las tenemos al alcance de la mano…”

9 pensamientos en “Pequeño gran éxito

  1. Flames

    No hay nada más molesto que tener que agacharse a atarse las zapatillas o los zapatos.

    Mi pereza me lleva a preferir atarlos de tal forma que pueda ponérmelos sin desatarlos. En realidad lo que me gustaría es que no tuvieran cordones y sí un sistema elástico.

    Lo mismo para pantalones, camisas, etc.

    Me gustaría saber la cara que pusieron en el curso.

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  2. Javier

    Te voy a pasar un video de TED de tres minutos que me cambió la vida en este aspecto, hay que ver cómo las soluciones más sencillas las tenemos al alcance de la mano…

    Responder
  3. Alquimista oscuro

    Discrepo de Flames, hay cosas mucho más molestas que agacharte a atarte los cordones. A mí me pasa con unas zapatillas de diseño que me compré aun haciendo doble lazada. Así que debo ser especialmente torpe.
    Y en cuanto a los éxitos y los fracasos, ¿no sería mejor olvidarse para siempre de hablar de éxitos y fracasos, que implica un juicio y hablar solo de consecución o no consecución del resultado esperado? Así simplemente sería mirar el resultado de la acción para corregir el rumbo, mientras el resto del tiempo nos centramos en la acción en sí misma.
    Un saludo y buen fin de semana, a los que se saben atar los cordones y a los que no.

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    1. homominimus Autor de la entrada

      A nivel profundo coincido contigo.
      Mi énfasis actual está en los fracasos porque quiero familiarizarme con ellos, mirarlos a la cara y ser el último en pestañear. Quiero recalcar que son la fuente más rica de información y absolutamente necesarios para avanzar. Idealmente, me gustaría que perdieran su carga emocional negativa y considerarlos como resultados que me permiten corregir el rumbo.

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  4. rosana

    Hola Homonimus. He llegado hasta aquí recomendada por una amiga y he estado enganchada a tu blog un par de días leyendo los artículos que publicas, todos ellos interesantes y rompedores. Mi pequeño gran éxito de esta semana ha sido reducir los montones de papeles de mi mesa de trabajo de cuatro a tres, y lo he conseguido en tan solo quince minutos. La próxima semana, me queda el resto. Y seguiré ampliando a otros territorios. Muy bueno lo de los cordones.

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    1. homominimus Autor de la entrada

      Buen éxito. Pronto sentirás la calma de una mesa liberada de objetos. Todas las cosas grandes tienen inicios pequeños.

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  5. gatusa

    Tu verdadero éxito es que haya gente que esté leyendo tus tonterías. Esas “conquistas” a las que tú refieres, son las propias de un niño de cinco años. Claro que a esa edad, sí que es un verdadero descubrimiento, a la tuya (la que suponemos todos), es un retraso tardío en los aprendizajes de la vida, y como inteligencia práctica, poco éxito veo yo. Saludos cristóbal colón, no descubriste américa, pero descubriste a tiempo que dos lazadas son mejor que una. ¡Bravo!.

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