


Sé que este programa de siete semanas se inicia de forma algo abrupta.
Disculpadme la precipitación.
Este programa de siete semanas se inserta dentro de mi Proyecto Silentud, que se inició en el 2023 y que continúa pese a mi silencio y mi lentitud para hacerlo avanzar.
En esencia, consiste en realizar cada día de la semana una práctica relacionada con un tema relacionado con el silencio. Los resultados se pueden registrar en un cuaderno que dediques específicamente para este programa de siete semanas.
Durante esta semana daré más detalles.
Si el tema y el proyecto silentud y el programa de siete semanas resuena en ti, te puedes unir a él y escribir tus comentarios durante la semana en este artículo. O, si eres más audaz, puedes añadir un comentario silencioso en blanco.
Tema de la semana: Introducir el silencio como forma de presencia.
Símbolo: 🕊️ Paloma
«Toda mi vida he crecido junto a los sabios, y no he encontrado nada mejor para el cuerpo que el silencio» (Ética de nuestros padres 1:17).”
🧘♂️ Práctica: Una hora sin palabras ni distracciones.
🪞 Reflexión: ¿Qué voz interna empieza a sonar más alto cuando todo calla?
📓 Registro: ¿Lo lograste? ¿Cómo te sentiste? ¿Qué descubriste?
“Un tiempo para callar, y un tiempo para hablar.” — Eclesiastés 3:7
🧘♂️ Práctica: Contar hasta 3 antes de responder en cada conversación.
🪞 Reflexión: ¿Cuántas veces hablas para imponer o defender tu ego?
📓 Registro: ¿Qué cambió en tus interacciones hoy?
“Y fue el mundo creado en silencio.” — Midrash Tehilim
🧘♂️ Práctica: Escucha tu respiración durante 10 minutos.
🪞 Reflexión: ¿Cómo se siente el silencio dentro del cuerpo?
📓 Registro: Describe tu respiración en una palabra simbólica.
“Sal al campo… y habla con D-s como con un amigo.” — Rebe Najman
🧘♂️ Práctica: Caminar solo sin tecnología.
🪞 Reflexión: ¿Qué diálogo íntimo nace en el andar callado?
📓 Registro: ¿Hablaste o callaste? ¿Qué escuchaste en el camino?
“Una voz… de un silencio suave.” — 1 Reyes 19:12
🧘♂️ Práctica: Meditación de 15 minutos con una palabra repetida (Hineni, Shalom, paz, Jesús, , om, aquí estoy, etc.).
🪞 Reflexión: ¿Qué dice el silencio cuando le das forma?
📓 Registro: ¿Qué palabra elegiste y qué emociones emergieron?
“D-s se contrajo para dejar espacio.” — Isaac Luria, Tzimtzum
🧘♂️ Práctica: Cede el protagonismo. Escucha más, habla menos.
🪞 Reflexión: ¿A qué renuncias hoy para que el otro exista?
📓 Registro: ¿Cómo sentiste ese vacío?
“Cuando el sabio escucha… permanece callado.” — Avot deRabí Natán
🧘♂️ Práctica: Anota a quién juzgaste en silencio. Haz una reflexión interior.
🪞 Reflexión: ¿A quién le debes un perdón silencioso?
📓 Registro: ¿Qué tipo de silencio cultivaste: ético, estético, espiritual?
Del dicho al lecho, hay mucho trecho.
–Juan Bonilla, escritor español. El arte del yo-yo.
Como sabes, este es un blog sobre trucos minimalistas; esto es, pequeñas acciones, sencillas en su implementación y su concepto, pero que pueden tener un impacto desproporcionado en relación a su tamaño o complejidad aparente: esto es lo que buscamos siempre que aplicamos la ley de los pocos vitales y los muchos triviales.
Situación. Muchos de nosotros encontramos dificultad en establecer buenos hábitos. Las intenciones de cultivarlos y establecerlos en nuevas vidas acaban, desgraciadamente, rebosando por los bordes del día. No bastan buenas intenciones, con las que ya sabemos que se pavimenta el camino hacia el infierno; necesitamos intenciones de ejecución (cuando X, entonces Y).
Esta semana he descubierto, o quizá re-descubierto, una acción que me permite instaurar dos hábitos de un tiro: le lectura diaria y los paseos diarios.
¿Qué necesitas? Dos piernas. Un dispositivo de lectura electrónico tipo Kindle con luz incorporada. Quizá funcionaría con un teléfono inteligente, pero no lo he testado. En todo caso, no será tan cómodo como con un libro electrónico. Un libro físico también serviría si hay luz ambiental y si es de un tamaño que se pueda manejar cómodamente.
¿Cómo se ejecuta? Al final del día, o quizá durante del día, si tienes algún tiempo libre, puedes salir a una calle peatonal rectilínea y con pocos viandantes. Entonces, enciendes tu libro electrónico y te pones a leer. Puedes leer mientras caminas, sin peligro de coches o colisión con otros viandantes (si es de noche es más probable que haya poca gente).
He experimentado unos cuantos días con este nuevo sistema, quizá se convierta en un ritual en el futuro, y los resultados son prometedores.

Después de cenar, salgo a caminar durante una media hora y voy leyendo durante el camino en mi dispositivo de lectura. Me resulta extremadamente agradable y fácil. Con esta media hora diaria, puedo acabar un libro no muy denso de unas doscientas páginas cada diez días mientras forjo mi apolíneo físico.
Podrías probar y seguir desarrollando una saludable mentalidad experimental.
Hace unos años creé un club de escritura. Lo anuncié en internet y recluté a un puñado de letraheridos.
Para elegir el nombre del club, hice una tormenta de ideas conmigo mismo y generé cien posibles nombres para el club.
Abajo tienes la lista de los posibles nombres. Tengo cuatro preguntas para ti:
Quien acierte la respuesta correcta a las cuatro preguntas, recibirá mis felicitaciones y una sorpresa en forma de premio.
Deja tus respuestas en comentarios. Gracias.
Siguiendo el espíritu de apasionada experimentación con el que queremos impregnar este blog y dando un paso más en el proyecto El perdido arte de la conversación, he decidido implantar una nueva política de comentarios.
Mi intención es fomentar la participación, lograr que cada vez más este blog se parezca a una conversación. Ciertamente, una conversación en la que yo llevo la voz cantante, pero una conversación al fin y al cabo.
Me gustaría que los temas de los que escribo y que elijan los artistas invitados sean el resultado orgánico de una charla espontánea, natural, que fluye como un torrente zigzagueando por la ladera de una montaña: uno dice una cosa, en el otro resuena tal cosa, entonces dice algo que a su vez influye en el primero que dijo la cosa, lo que lleva a una variante del tema inicial, entonces otro se siente interesado por la variante y hace otro comentario que a su vez desata un pensamiento en otro y así sucesivamente.
Quiero que te sientas lo suficientemente a gusto como para decir lo que se te pase por la cabeza. Ya sabes que no censuro comentarios ni antes de publicarlos ni cuando están ya publicados, tampoco tienes que hacerlo tú. Yo maldigo a los blogueros que aprueban y reprueban comentarios, así que espero no tener que maldecirme.
No leo los comentarios y luego los autorizo. Tú escribes y yo leo lo que escribes, y ahí se queda, me guste o no (si escribes comentarios homófonos o racistas, por poner un caso, me aguanto: uno es dueño de sus palabras y sus silencios, y también el único responsable) .
Sabes que ni siquiera tienes que escribir tu nombre verdadero o correo electrónico, puedes ser completamente anónimo si así lo deseas.
Me comprometo a responder a las preguntas explícitas, no a los comentarios.
¿Por qué?
Porque en una conversación entre amigos los comentarios son como bengalas que se lanzan para señalar el interés sobre un tema. Son como ganchos atados a hilos de los que uno puede tirar o no. Un conversador deja caer un comentario y el amigo tiene la libertad de seguirlo o no, no necesita decir algo para llenar el silencio. Mis artículos son mis comentarios y tú puedes seguirlos o no. De la misma manera, yo puedo decidir seguir o no alguno de tus comentarios.
No es la única forma de participar en la conversación de este blog. Tienes varias más:
Supongo que la mayoría de los lectores querrán ser simples merodeadores, voyeurs de otras vidas y pensamientos, pero no es imprescindible que sea así. En cualquier momento puedes decidir dejar de mirar tras la cortina, salir a campo abierto y proferir un pensamiento.

Todos los artículos y podcasts del Proyecto El perdido Arte de la Conversación
Llegó el día que tanto temías: estás despedido.
No volverás a recibir mis artículos.
Creo que no tiene sentido para casi nadie recibir artículos diarios o semanales de un blog; por muy bueno que sea, no tienes la capacidad de procesamiento ni mucho menos la capacidad de ejecución para aplicar en tu vida lo leído. Además, te conviertes en una rata reactiva que sigue la agenda (y también los caprichos) del que envía los artículos, no la tuya propia. En la mayoría de los casos, estarías mejor leyendo un libro que encaje con tus intereses actuales, conversando con un amigo o simplemente cultivando el perdido arte de la contemplación.
Alguien dirá que le gusta recibir los artículos cómodamente en su bandeja de entrada y elegir libremente qué leer o no leer. Pero creo que es mejor que cuando sientas las ganas o te acuerdes, entres en el blog y busques los últimos artículos, en vez de recibirlos automáticamente. Además, me preocupa que los momentos de aburrimiento o de no saber qué hacer los llenes leyendo material que puede no encajar con tus intereses actuales.
Te he animado muchas veces a darte de baja de este blog. Lo he conseguido con unos cientos de personas pero no contigo. Hoy tomo las riendas de tu vida y dispongo que este sea el último artículo que recibas vía correo electrónico.
Sustituyo el envío de artículos por el envío de un boletín informativo de minimalismo existencial. La frecuencia será de un mínimo de una entrega por mes y un máximo de dos por mes.
En contadas y justificadas ocasiones, podré vulnerar la regla y no enviarte nada durante el mes o hacerte más entregas, pero serán excepciones que confirman la regla (aunque más bien la desmientan).
Después de recibir este último artículo, recibirás pocos segundos después en tu bandeja de entrada mi bienvenida al boletín informativo del Homo Mínimus. Seguramente, ese mensaje sea el siguiente en la linea de correos.
Ahí tendrás otra oportunidad de darte de baja del boletín. Creo que la mejor opción es esa: que te des de baja inmediatamente y que solo vuelvas al blog o te suscribas al boletín si lo echas de menos.
Seguiré escribiendo artículos en el blog, pero me sentiré más libre de escribir lo que quiera y al ritmo que quiera sin necesidad de inundar tu bandeja de entrada. En el boletín informativo, haré referencia a los mejores artículos que escriba y a otros asuntos. Quizá haga un resumen minimalista (aunque no mínimo) de lo ocurrido en el último mes en el blog y te indique las herramientas minimalistas que más eficaces me parezcan.
No habrá «contenido exclusivo» para suscriptores al boletín informativo, pues no pienso guardarme nada para incitarte a que sigas suscrito al boletín; como mucho, tendrás una versión más condensada y organizada de mi teoría del minimalismo existencial. Siempre he deseado seguir el principio de diseño de complejidad por capas y creo que el boletín te puede ayudar a encontrar mejor tu camino.
Y esto es todo.
Gracias a todos lo que durante estos años recibieron en su bandeja de correo los artículos de este blog. Me motivasteis a escribir y desenredar nudos vitales, y, con vuestros comentarios, a corregir y mejorar mis ideas.
Ahora empieza una nueva etapa.
Y ya sabemos que todos los inicios son hermosos.

En mantener 52 conversaciones vía skype o telefóno con 52 lectores del blog, amigos o conocidos sobre su relación con los hábitos.

En este blog somos interdidactas [1] (aprendemos autónomamente con otros) y presumimos de una mentalidad experimental [2] (hacemos cosas nuevas que pueden no salir bien), así que voy a aplicarme los consejos que doy a los demás («consejos vendo que para mí no tengo») e iniciar un nuevo SubProyecto dentro del Proyecto El Perdido arte de la conversación [3] que me pondrá en contacto con la gente del blog y me permitirá tratar un tema crítico para el crecimiento personal.
Para que la conversación tenga foco, elijo el tema de los hábitos porque es suficientemente amplio y complejo, y porque es un tema recurrente en el blog. No en vano, dediqué un año al Proyecto Los tres hábitos que cambiarán tu vida [4] y he escrito decenas de artículos relacionados.
Sin embargo, siento que mi conocimiento de los hábitos es deficiente: por un lado demasiado personal (hablo de lo que funciona para mí y de lo que he experimentado) y por otro lado muy general y teórico (hablo de lo que he leído en libros y artículos científicos).
Siento que para seguir aportando valor en este tema en el blog, necesito hablar con personas concretas, con individuos, sobre su relación específica e idiosincrática con sus comportamientos frecuentes.
No conozco mejores interlocutores que los lectores y comentaristas de este blog.
Duración. Entre 20 y 40 minutos.
Tema principal: tu relación personal con los hábitos.
Ojo, no tu opinión general sobre los hábitos, que, aunque interesante, me parece secundaria respecto a tu experiencia personal y tus dificultades y éxitos formando buenos hábitos, modificándolos y eliminando malos hábitos.
Canal comunicación: skype o vía telefónica si es que no tienes acceso a skype. Yo puedo llamarte.
Modo audio, porque me desconcentro si te tengo que ver además de hablar. Además, tomaré alguna nota sobre lo que me cuentes.
Foco de la conversación: estará en ti, no en mí. Yo ya tengo el blog para explicar en detalle mis experiencias y creencias. En esta conversación, aunque no es una encuesta ni una entrevista propiamente dicha, el foco serás tú,
Tono: conversacional con toques de entrevista; eso sí, aunque el foco está en ti, no es una encuesta, simplemente quiero conocer tu experiencia concreta, saber lo que piensas y sientes respecto al mundo de los hábitos.
Confidencialidad: es una conversación estrictamente privada, no escribiré sobre ti en el blog ni te nombraré a menos que me des permiso o lo solicites. Esto es importante si es que queremos que la conversación sea fresca, espontánea y personal.
Esta fue mi filosofía también en los proyectos 52 Comidas y 52 paseos con (al menos) 52 frikis anunciados también en este blog hace algunos años.
Escríbeme a homominimus@hotmail.com esta semana (o la próxima) diciéndome que quieres conversar conmigo y qué días y horas serían las mejores para ti. En función de tu disponibilidad, te propondré un día y una hora en las cuatro próximas semanas.
Referencias artículo: [1] Autodidactas e Interdidactas [2] Mentalidad experimental y sentido del ridículo [3] Proyecto El perdido arte de la conversación [4] Proyecto Los tres hábitos que cambiarán tu vida

Todos los artículos y podcasts del Proyecto El perdido Arte de la Conversación
Llegamos a la última semana del experimento de desconexión digital comenzado el 3 de junio de 2019.
De las quince personas que nos registramos en el experimento, por el momento solo tengo constancia de que ocho hayan llegado a esta cuarta semana.
Puede que alguno haya seguido por su cuenta, sin hacer comentarios en el blog, pero no tengo manera de saberlo; así que si alguno de los no mencionados sigue en el experimento, que me lo haga saber y le añado a la lista de resistentes a día de hoy:
Tres hurras por todos ellos:
Y una oración por los caídos en la lucha. Nadie dijo que el camino del minimalismo fuera un lecho de rosas.
Terminaremos el experimento el próximo domingo 30 de junio de 2019 con los comentarios de los participantes (en la sección de comentarios de este artículo) y con un artículo-resumen final.
Hemos completado la tercera semana de nuestro experimento de desconexión digital.
Paso a registrar mis resultados y luego los de Verónica, Melisa y Cristina (el burro delante para que no se espante).
Esta semana ha sido parecida a la anterior. He respetado las horas de trabajo (8am – 8pm):

El resultado parece algo peor porque el martes entré en YouTube, pero fue por motivos de aprendizaje, no de ocio, así que las estadísticas son todavía mejor de lo que parecen.
Tengo catalogado YouTube como entretenimiento y en la versión gratuita de Rescue Time no me permite distinguir entre videos de youtube de entretenimiento y videos de aprendizaje o de trabajo.
En cuanto al shabbat digital, he vuelto a cumplirlo, no encendí el ordenador durante 25 horas (desde las 9 pm del viernes a las 10 pm del sábado) :

Esta semana medí mi tiempo diario de uso del teléfono y no he superado la hora y media, ni siquiera durante los dos días feriados. Sigo intentando limitar la entrada a sitios web sobre noticias y similares. Esta semana estuve bastante autocontrolada, con excepción de una tarde en que usé mi tiempo de descanso para perderme en la web.
Me siento con fuerzas para afrontar la última semanita del desafío.
Creo que todos firmaríamos una hora y media de teléfono a la semana (bueno, yo no, porque no tengo smartphone y soy un ser de luz, pero me gusta empatizar con los mortales minimalistas que todavía no han alcanzado el satori).
¡Enhorabuena!
Nota: leí mal, entendí que era una hora y media semanal. Supongo que es muy difícil para la mayoría de la gente usar tan poco el teléfono.
Nota2: me pregunto cuánto será el uso diario del ciudadano medio.
Esta semana he estado fuera de mi ambiente así que no puedo valorarla de igual manera que las anteriores. Estoy en casa de mis padres y no hay wifi, lo cual ayuda cuando estoy con el ordenador. El móvil no lo he usado demasiado para mi propio entretenimiento, ha sido más bien para consultar lo que mis padres querían que les buscase. Así que en tema desconexión estoy contenta.
El ambiente distinto distorsiona los resultados, no es lo mismo estar en el entorno controlado y predecible de tu domicilio que de viaje, en otra casa o de vacaciones.
Verónica hace un comentario y una pregunta muy interesantes al final de su resumen de la semana:
Eso sí, me he dado cuenta de que al final, la “necesidad” de estar entretenida me puede acabar llevando por otros derroteros.
Entiendo que Internet y los smartphones tienen una potencia increíble para succionar nuestra atención, pero siempre han existido lo que se consideran entretenimientos que no aportan mucho, que tienen capacidad de enganchar y que no nos llevan a dedicarles más tiempo del que quizás planeamos. Estos días he estado leyendo un poco compulsivamente porque me he enganchado a una serie de libros y el hecho de querer saber lo que va a ocurrir en la historia me ha hecho pasar mucho tiempo del día inmersa en su lectura. (Eso y quizás también el estar en otro ambiente en el que la rutina cambia.) ¿Consideráis que pueda ser, al final, una actitud parecida a pasar el tiempo viendo vídeos en Youtube o saltando de Instagram a Facebook en bucle?
Respondo a tu pregunta (y los lectores podéis responder también a Verónica en los comentarios de este artículo):
Sí, creo que es parecido, pero la diferencia es que los libros generan menos adicción (quitando a Don Quijote y otros). Yo he eliminado gran parte de las adicciones digitales, pero me sorprendo de cuando en cuando acumulando libros, leyéndolos compulsivamente, pasando de unos a otros.
Estoy contigo que la “necesidad de estar entretenidos” y la poca tolerancia con el aburrimiento o con el “que no pase nada” o con “el aguijón de los propios pensamientos” nos lleva a buscar una salida escapista.
Dicho esto, todavía hay grados: engancharse a Harry Potter o a ‘En busca del tiempo perdido’ no es lo mismo que engancharse a la bebida, las máquinas tragaperras o los programas del corazón en televisión.
Reconozcamos que somos humanos y propensos a las adicciones. La conciencia, como bien sabemos, es el principio (pero no la garantía) de la liberación.
Cristina tiene controlado ya Twitter, supongo que ayuda que anunciara en Twitter que no se conectaba en un mes; pero todavía tiene dificultades con YouTube:
Sigo sin entrar en Twitter ni sentir necesidad de ello. Con YouTube, en cambio, es otra cosa. Es mi evasión favorita. Esta semana no aguanté hasta el viernes. El jueves por la noche, notablemente cansada, entré para distraerme durante 42 minutos.
Los fines de semana alterno el tiempo productivo ante el ordenador para estudiar y el uso plataformas altamente distractoras (durante menos tiempo) para descansos. Ahora la aplicación Rescue Time me ayuda a tener datos objetivos para tener un rastro fidedigno del tiempo que paso online.
Considero que RescueTime para ordenador de sobremesa o portátil y la aplicación para smartphone que nos recomendó Melisa, QualityTime, o Siempo, son herramientas fundamentales para desarrollar la conciencia y enfrentarnos a nuestros hábitos.
Hay una gran diferencia entre pensar que quizá estás demasiado en tu teléfono que saber con certeza que hoy consultaste 128 veces el móvil y que pasaste 15 horas y media en toda la semana pegado a él.
La parte final del resumen de Cristina es también muy reveladora sobre las razones por las que caemos en comportamientos compulsivos o impulsivos:
Pese a notar más cansancio por falta de ocio y descanso, dado que estudio y trabajo a la vez, no he tenido que llegar a aplicar ninguna medida radical como bloquear determinadas páginas webs ni nada similar. Creo que una vez pasados los exámenes descansaré más de la tecnología y podré hacer una desconexión digital más provechosa los fines de semana.
En periodos de estrés, solemos ser más vulnerables a las tentaciones. Unos se dan a la bebida y otros nos damos a YouTube, la procrastinación, Facebook o Twitter.
A Marc, según relataba en un artículo la semana pasada, le ocurrió exactamente lo mismo que a Cristina: la tensión de los exámenes le hizo caer en un pozo de postergación y consumo digital.
Muchos son los llamados y pocos los elegidos.
Hemos llegado al ecuador de nuestro experimento de desconexión digital.
Esta semana, como era de esperar, ha sido mucho más fácil.
Mis resultados han sido mejores que la semana anterior. Respecto al tiempo de trabajo durante de la semana he cumplido casi por completo mi objetivo: nada de navegación gratuita ni búsquedas innecesarias durante el horario de trabajo (8:00 am – 20:00 pm):
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Mi mejor resultado ha estado en la observancia del Shabbat digital en el he que prescindido casi por completo del ordenador y otros medios digitales:
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Solo abrí el ordenador para consultar en goople maps la dirección de un evento al que acudía esa misma mañana. Un evento organizado por una conocida youtuber con más de dos millones de seguidores, pero por ser un encuentro en tres dimensiones no cuenta como consumo digital (espero).
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Cristina ha seguido en su línea y ha cumplido su compromiso. Transcribo parte de sus comentarios en relación al Miedo de Perderse Algo:
[…] No he extrañado Twitter y YouTube entre semana tampoco me está llamando. Solo tuve un breve momento de debilidad el martes por la tarde, cuando una amiga me envió por WhatsApp el enlace de un vídeo sobre Wim Hof. Como me asombra este holandés denominado Ice Man, estuve tentada de pulsar el enlace para ver el vídeo, pero finalmente me contuve sin tener que hacer demasiado esfuerzo. Lo aplacé hasta el fin de semana. Esta mañana fui al vídeo y lo quité a los pocos segundos porque ya lo había visto.
Esto me ha hecho darme cuenta de la sensación de urgencia que generan en nosotros las alertas y notificaciones de redes sociales y todo tipo de plataformas digitales en general. ¿De verdad es todo tan importante como parece? Casi nunca lo es. Pero ahora cobro conciencia de que he sido una presa fácil para el FOMO (fear of missing out, miedo a perdérselo). Mi calidad de vida ha mejorado desde que desactivé todas las notificaciones. Más atención, más paz.
Verónica ha mantenido su compromiso también esta semana y sorprendentemente no ha echado demasiado de menos los contenidos de Facebook o Instagram:
[…] ¡Hola a todos! Esta segunda semana se ha presentado más o menos como la anterior. No he echado realmente de menos los contenidos que me ofrecían Facebook o Instagram, y bueno, al no tener las cuentas, pues no he tenido tentaciones. Sí que he tenido algún momento de ansiedad y de bajón esta semana en el que he acabado echando mano del móvil o del ordenador, para calmarme en cierto modo, como si fueran mi chupete. Estaba pendiente además de que me llegara un correo y he estado entrando al correo con bastante frecuencia. Pero bueno, eran circunstancias especiales.
…
Así que me encuentro con el problema que se comentaba la semana pasada, de no tener claras otras opciones para no tirar por inercia hacia la pantalla brillante.
Me resulta interesante y sintomática la función de escape, de tranquilizador, de «chupete» que tienen los medios digitales; su ubicuidad e inmediatez son las que hacen tan tentadores y adictivos estos medios.
Son medios diseñados para succionar nuestra atención que apelan a nuestros temores, ansiedades y deseos de calor humano. A corto plazo, recibimos la ilusión de estar conectados y distraemos nuestras mentes de nuestros problemas más acuciantes, pero su función es meramente lenitiva: calman nuestra soledad sin curarla y terminamos retornando a la realidad cotidiana con los mismos problemas, pero más atontados.
Como contrapunto a los en general buenos resultados de los tres anteriores, pongo esta semana a Marc, que parece haber descarrilado en sus buenas intenciones:
La estoy liando parda con el experimento este de desconexión social. No lo estoy llevando a cabo e incluso me olvido de él. Es como si ya no creyera que puedo hacer algo.
Sentirse sin control sobre una situación no es agradable, y como más tiempo pasas con esta sensación, peor, porque te sientes como el elefante encadenado, y muchos momentos durante el día son un recordatorio de lo inútil que eres porque no puedes llevar a cabo aquello que te habías propuesto.
Esta semana (si todos los resultados de los exámenes son positivos) es mi ultimo examen del año escolar (yuhu!) pero me esta costando la vida estudiar. Es palo y simple procrastinación, pero estando distraído, tener el teléfono por ahí pues no ayuda.
El sentimiento de “tendría que estar estudiando” pero “hoy he mirado 59 vídeos en Youtube” es horrible. ¿Debería ser más responsable?
Marc ha tomado una decisión cuasi-heroica para la próxima semana:
Voy a usar el teléfono móvil (un flipphone) y usar sólo el smartphone media hora durante el día. Que uno tiene que ponerse serio y empezar a hacer cosas.
Odio (pero no tanto) recalcar que yo ya había recomendado esta opción de eliminar el smarthpone como la mejor, pero está claro que nadie escarmienta en cabeza ajena. En todo caso, me gustará saber la próxima semana si Marc fue capaz de cumplir su decisión de consultar el smartphone solo media hora al día (mejor sería media hora a la semana o eliminar el smartphone completamente) .
Estoy contento en general por la evolución del experimento en estas dos primeras semanas, pero he de decir que me he sorprendido reaccionando con inusitado desprecio y extraña tristeza ante la forma en que la gente usa los medios digitales.
Ver, por ejemplo, mesas con cinco personas, presuntamente reunidas para conversar, donde tres de ellas consultan sus teléfonos y una sola escucha, me genera ahora un visible desprecio que tengo dificultades para ocultar.
La tristeza, y no el desprecio, me la generan otro tipo de escenas cotidianas donde los niños son los protagonistas.
Pablo Matilla comentaba esta semana:
[…] Otra curiosidad, esta mañana, en la radio, han dicho que el primer contacto que tienen los niños con la pornografía es a la edad de 8 años, y que con 14 ya la consumen con regularidad en sus teléfonos móviles. Me pregunto cuántos serán los niños así que ahora ya son adultos y consideran que tienen un problema. Las implicaciones son muchas.
Lo que tengo seguro es que los niños no van a salir indemnes de su contacto temprano con los teléfonos inteligentes y redes sociales. Teniendo en cuenta que en el mundo occidental más del 50% de los niños de 10 años ya tienen un teléfono, las perspectivas no son halagüeñas.
Hoy iniciamos la segunda semana del experimento de desconexión digital.
El registro de cualquier nuevo participante se puede hacer en la página de registro y compromiso público en este blog. Ahí tienes la forma de hacer de hacer el compromiso público y puedes inspirarte en los compromisos ya formulados. Como puedes ver, son todos muy diferentes y completamente personalizados (los define cada uno).
Por el momento, somos quince participantes. Los resultados en la primera semana son variables, a unos les ha ido mejor y a otros peor (mi caso, por ejemplo). De todos modos, el mero hecho de haberse atrevido a hacer un cambio importante en la vida ya es un éxito.
Es probable que muchos de los lectores de este blog no tengan problema alguno con las redes sociales y con el teléfono inteligente. La mayoría son gente concienciada y en comparación con el ciudadano medio estarán muy por encima en el uso saludable de dispositivos digitales.
Sin embargo, siempre hay espacio para la mejora. Y en este blog estamos continuamente empujando nuestros límites. Por eso, para los que no deseen participar en el experimento, tengo una propuesta de toma de conciencia: ¿tienes idea del tiempo que pasas actualmente en las distintas redes y aplicaciones de tu teléfono inteligente? Haz una estimación en horas y en número de interrupciones diarias para consultar tu teléfono. ¿Mucho? ¿Poco?
Lo mejor es siempre buscar una medida objetiva. Para ello propongo estas dos opciones:
1.Para el teléfono inteligente, Melisa, una de nuestras participantes en el experimento y una de las personas más veteranas del blog, nos recomienda Quality Time:
[…] Por último, recomiendo descargar la app Quality time. Mide el tiempo diario que usamos cada aplicación y la cantidad de veces que desbloqueamos el teléfono. También permite bloquear el acceso de cierta aplicaciones durante el tiempo que decidamos. Funciona!
Esta aplicación mide el número de veces que accedes a cada red social y aplicación y te da estadísticas por hora, día y semana. Creo que podría ayudarte a tomar conciencia de tu uso y quizá desatar alguna alarma.
En el mejor de los casos, confirmarás tu uso moderado y saludable de redes y aplicaciones. En el peor de los casos (también bueno), te preguntarás si tiene sentido interrumpir tus actividades cien o doscientas veces al día para consultar el teléfono.

2. Para controlar lo mismo que en la aplicación anterior pero en el computador, la aplicación gratuita de referencia es RescueTime.

Tengo que recomendar un excelente artículo de Marc con sus reflexiones sobre el experimento de desconexión y su intención de extenderlo a seis meses (!!!). Marc es tremendamente ambicioso además de ser minimalista y quiere reconfigurar completamente su relación con la tecnología digital.
Él, a diferencia de generaciones más viejas, ha vivido toda su vida inmerso en las redes y los teléfonos inteligentes y no sabe lo que era la vida antes de facebook, twitter y la conexión ubicua y constante. Los más viejos conocemos la diferencia, sabemos lo que es el aburrimiento y sus frutos en creatividad y desarrollo de la personalidad.
Él no ha tenido esa experiencia, pero se la puede proporcionar. Aquí uno de sus jugosos comentarios:
[…] Sé que esto puede requerir algunos cambios importantes (no solo logísticos) en mi día a día, pero considero que es importante. Como Cal comenta, yo estoy en el grupo de los iGen, la primera generación que ha crecido con esto, con la distracción constante, con los móviles pegados en las manos y realmente no hemos calculado bien el beneficio-coste. Quizás porque no podíamos. Hasta ahora.
Cada uno de nosotros, debe evaluar su relación con todo. Si alguien ya esta bien y no le quiere dar más vueltas me parece estupendo. Pero yo le he dado vueltas, pero quiero darle algunas más ahora. Quizás otra oportunidad, pero esta vez con más razón.
Marc ha escrito un gran artículo que demuestra que ha adquirido un grado de conciencia y determinación no solo infrecuente (extraño, diría yo) para su edad sino para cualquier edad en la sociedad digital actual.
Otra perla:
Creo que está en lo correcto. Y sé que es lo mismo que (me) está pasando con las redes sociales. No hemos evaluado ni podemos ser conscientes del cambio brusco que esto ha supuesto y ni nadie casi, hasta ahora, nos había dado herramientas para que, desde el autoconocimiento cada persona hiciera sus propias decisiones, creyendo que todo se podía resumir en un “simplemente, esfuérzate para usar tu teléfono un poco menos”.
Y esta es la razón por la que voy a dedicar seis meses a este experimento. No al experimento en sí, pero si al encontrar mi propia respuesta o método general, hasta al punto que otra discusión sobre lo bueno o lo malo de las redes sociales me parezca irrelevante, porque ya sé mi propia respuesta.
Marc es conocido de este blog, pero os voy a enlazar a un podcast que hicimos ya hace algún tiempo sobre la búsqueda de la atención de láser en la era de la distracción.
Por último, deseo a todos los participantes que perseveren en el empeño esta segunda semana del experimento y que aprovechen los comentarios de este artículo para comunicar sus impresiones y solicitar consejo y ofrecerlo durante la semana.
Esta es la primera semana de nuestro experimento de desconexión digital.
Paso a resumir brevemente los resultados reportados por cuatro participantes del experimento público: Verónica, Marc Martí, Cristina y yo mismo.
Animo a los otros once participantes Artak, Abvy, Elena, Dweeko, Melisa, Tania, Gavroche, Ruth, Alberto, Marian y Alf a que dejen sus comentarios en el artículo Primera semana experimento público desconexión digital o en este mismo artículo.
[…] Enga va, vamos a comentar, companieros. Esta semana empecé muy bien… hasta que después de una semana, entré en Twitter, por varias razones. Luego, ayer continué horas mirando vídeos de Youtube hasta irme a dormir. Hoy más de lo mismo (y quizás peor aún).
Puedo explicar las razones por las que pasó (que constituyen parte de la razón), pero esto es el pasado. He aprendido que los compromisos no son decir “voy a hacer algo sin fallar” sino que “voy a hacer algo, y si fallo, lo volveré a intentar”.
Aquí un interesante comentario final de Marc que nos hace concebir esperanzas:
[…] . Escribiendo este último comentario me ha hecho recordar algo muy simple: que somos humanos. Y con esto quiero decir que todos aquellos que estamos haciendo el proceso deberíamos ser conscientes que el cambio a veces no es rápido, que no somos robots y que simplemente debemos ser conscientes de aquello que nos aporta valor y continuar actuando hacia esa dirección. Debemos hacer el máximo esfuerzo pero si a veces fallamos, no es necesario extra-criticarnos, y simplemente, volver a empezar.
La parte final de su comentario me recuerda la analogía con la meditación: si uno se distrae, simplemente toma nota, gentilmente, amablemente, y retoma el objeto de su meditación. En nuestro caso, el objeto de nuestra prolongada meditación de cuatro semanas es estar mucho más conscientes del uso que hacemos de las redes sociales y demás distracciones digitales.
Tenía dos objetivos: cumplir a rajatabla el shabbat digital y evitar entrar en internet para hacer búsquedas y ver libros durante el horario de trabajo (hasta las 8pm).
Mi sensación durante esta semana ha sido mala.
La noche del viernes entré a montón de videos en youtube sobre temas políticos. Gran error. El shabbat arruinado por mi estupidez. Además, durante el sábado estuve una hora en internet:

El resto de los días, aunque mantuve a raya en general en horas de trabajo la navegación web, cometí el error de mirar el blog y los comentarios, incluso un día al principio de la mañana. Craso error que va contra mi regla general de empezar el día sacando, no recibiendo inputs que me vuelvan reaccionante, por usar una metáfora tenística.
La aplicación RescueTime me ha ayudado a no engañarme. Los resultados globales en horas de trabajo han sido estos:

Sus resultados han sido muy esperanzadores:
[…] Me había propuesto dejar mis redes sociales, Facebook e Instagram, y limitar el uso del móvil en general, y no utilizar ni móvil ni ordenador directamente a partir de las 19:30. Puedo decir que he conseguido mis objetivos. Si bien no ha sido una desconexión total porque he seguido usando internet en algún momento desde el ordenador, ha sido poco, dirigido por mí, es decir, no tragándome lo que el algoritmo me pusiera en el plato, y sin sentirme fuera de control.
Para ella, la mayor diferencia ha sido generada por eliminar sus cuentas en redes sociales, no simplemente limitando e intentando controlar su uso. Creo que hay que reconocer que somos humanos, que la carne y la mente es débil, y que la mejor opción, las más inteligente e humilde, es la de reconocer que nuestro autocontrol es muy limitado y matar el perro para evitar contagiarse de la rabia:
[…] Creo que la mayor diferencia con respecto a otros intentos ha sido que me haya atrevido a eliminar mis cuentas y no solo a intentar controlar mi uso de ellas, porque sé que en algún momento podría haber dicho: “voy a entrar, cinco minutitos nada más…” y de ahí a la perdición… Realmente no las echo mucho de menos como tales, por su contenido, digamos, sino más como una acción refleja a la que ya no tenía acceso
Sus resultados han sido también muy positivos:
[…] Mi valoración de estos primeros días del reto es bastante positiva.
De Twitter ni me he acordado.
Además, improvisadamente, he subido la apuesta de mi compromiso empezando también a prescindir o reducir noticias de medios de comunicación. He suprimido mi suscripción a un podcast de actualidad política que escuchaba a diario y también he dejado de entrar en periódicos digitales.
Al final de su comentario, Cristina hace un comentario interesante sobre la necesidad de decidir previamente cómo llenar el tiempo liberado por la desconexión digital para así evitar caer en la pendiente resbaladiza.
[…] Respecto a Youtube, entre semana también lo he llevado bien. Mis obligaciones del día a día hacían que tuviera cosas que hacer prácticamente en cada momento. Por la noche no he sentido la tentación de ver algún vídeo para entretenerme.
Pero el viernes por la tarde y el sábado, sí. Es cierto que he hecho un uso bastante más moderado, pero reconozco que está siendo el terreno más resbaladizo. Esto me hace reflexionar sobre la importancia que puede tener en el éxito de un reto que consista en eliminar algo decidir si vas a sustituirlo por otra cosa o no. El vacío siempre tiende a llenarse. Supongo que por eso había que pensar en el reto qué íbamos a hacer con tanto tiempo libre. Si no, es más fácil acabar por llenarlo con lo anterior, ya que tienes esa inercia.
Esta ha sido la primera semana del experimento.
Por el momento quince personas se han comprometido públicamente en la página correspondiente de este blog.
Quedan todavía tres semanas de experimento. Animo a quienes hayan podido sentirse inspirados por los testimonios de los experimentadores a que se registren y se comprometan públicamente e inicien esta nueva semana el experimento.
¿Qué puedes perder por una semana de experimento? ¡Solo tus cadenas!
¿Qué puedes ganar? Tu conciencia individida en las partes de la vida más importantes para ti y más de acuerdo a tus valores.
Hoy lunes 3 de junio de 2019 comenzamos el experimento público de desconexión digital. Serán cuatro semanas hasta el domingo 30 de junio 2019.
Las condiciones y justificación del experimento las tienes aquí.
La página para registrarse en el experimento es esta.
Estos son algunos ejemplos de compromisos de desconexión digital que pueden servirte de inspiración para diseñar el tuyo:
Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
1. Cristina.
2. 4 semanas, del 3 de junio al 30 de junio.
3. Los elementos de mi vida digital que van a estar en tela de juicio estas 4 semanas son 2, Twitter y YouTube.
4. a) Twitter: con esta red quiero hacer un ayuno digital completo. No accederé a mi cuenta de Twitter hasta el 30 de junio.
b) YouTube: idealmente, no accederé a YouTube en los 30 días. Pero esto me parece más complicado que Twitter, ya que muchas veces uso YouTube para oír música (esto tiene fácil solución con muchas otras opciones) o charlas y entrevistas, especialmente por las mañanas a primera hora mientras me preparo para salir de casa. Así que este es el tiempo máximo que me permitiré, si no puedo evitarlo. Suele ser una media hora y el hecho de tener que salir de casa me sirve de límite seguro, un cortafuegos. Estará absolutamente prohibido por la noche que es cuando tengo riesgo de perder la noción del tiempo.
El tiempo que libere de estas plataformas lo dedicaré a estudiar e intentar estar más presente.
5. El motivo de las renuncias son:
a) Twitter: muchísimo ruido mediático. Creo que se aplaude más alto al que da el mejor “zasca”. Está muy lejos de ser una plataforma para intercambiar opiniones de manera respetuosa. Cada vez veo menos utilidad en ella y me planteo dejarla tras el experimento. Además, me doy cuenta de que muchas veces entro ahí sin un motivo definido, sino a vagar más tiempo del que inicialmente planeaba por el timeline para ver qué dice la gente.
b)YouTube: la descontrolada pérdida de tiempo que me supone. Esta plataforma de vídeos es la que tiene un mayor poder adictivo para mí. Suelo usarla para tomarme algún descanso del trabajo/estudios con algún vídeo breve. Pero el problema es que un vídeo acaba llevando a otro vídeo… Admito avergonzada que soy una presa fácil de los algoritmos y vídeos recomendados. Seguramente me dolería saber cuántas horas de mi vida he pasado en YouTube.

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Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
1-2 Hola, me llamo Gavroche y me propongo asumir el reto durante el mes de junio (aunque en el fondo espero que el cambio de hábitos sea definitivo).
3-4-5. No tengo Facebook, Twitter ni Instagram (phew!), pero soy adicta a los periódicos digitales. Paso mucho más tiempo del que desearía navegando de noticia en noticia, y ni siquiera estoy bien informada, pues las leo por encima, sin profundizar en los contenidos. El tiempo que malgasto “poniéndome al día” con la actualidad se lo robo a la lectura de ensayos que realmente me apetece leer.
Así que ese es mi objetivo: dejar de deambular sin rumbo por los sitios de noticias y terminar al menos tres de los libros que tengo en cola antes de que termine el mes. También me gustaría dejar de llevarme el móvil al cuarto de baño y a la cama, aunque esto último va a ser más complicado porque escuchar audios monótonos y aburridos me ayuda bastante a conciliar el sueño. En fin, poco a poco. ¡Buena suerte a todos mis compañeros!

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Las condiciones del experimento público de desconexion digital las tienes en el anterior artículo.
Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo el guión que ahí propongo.
1. Hola, soy Homo Mínimus.
2. Mi experimento durará del lunes 3 de junio al domingo 30 de junio, cuatro semanas.
3. Practicaré el Shabbat digital (política estricta de cero pantallas en el Shabbat).
El resto de los días (todos menos en el shabbat) mi política de navegación web es restringir la entrada en páginas web hasta las 8 pm. Esta es mi línea roja. Esta prohibición incluye: correo electrónico web, blog Homo Mínimus, otros blogs, YouTube, bajada de libros electrónicos, amazon.es, amazon.com, periódicos digitales, podcasts.
4. Como excepción al Shabbat digital, permito usar el libro electrónico en Shabbat, pero estrictamente para leer libros de literatura o de temática religiosa, espiritual o existencial, nada relacionado con el trabajo o los estudios. No me permito tampoco entrar en la Wikipedia ni en la tienda Kindle para consultar más libros.
Me permito ver el viernes por la noche alguna película previamente elegida en compañía. También me permito entrar en la página sefaria.com para leer un fragmento del Talmud o en cursos online sobre temas permitidos en el Shabbat y que no sean profesionales ni de trabajo ni pertenezcan a ningún proyecto intelectual que desarrolle durante la semana.
En cuanto a la política de navegación web, solo me permitiré entrar fuera del horario señalado para seguir con los cursos online que tengo en marcha. Como es seguro que necesitaré entrar para buscar libros, artículos, referencias, etc., pero al mismo tiempo no quiero perder una cantidad absurda de tiempo en búsquedas y disperso (estrategia que uso para evitar el trabajo duro, el más eficaz también), tomo nota en un papel de cada búsqueda necesaria según vaya surgiendo y solo al final del día, a partir de las 8 pm, me permito hacerlas. Tendré el incentivo de la cena y volver a casa para que estas búsquedas y lecturas online se acaben lo antes posible.
Para reforzar esta política, dejo la consulta del correo electrónico vía web también para las 8 pm y así evitar tentaciones de saltar del correo a algún vínculo o referencia interesante o lanzarme a responder un correo electrónico que puede esperar o que aunque no sea respondido interfiera con mi foco generando interrupciones internas.
Como algunos días acabo antes de las 8 pm, dedicaré el tiempo sobrante a la contemplación, los paseos o las conversaciones tranquilas. Una vez más, solo a las 8 pm me estará permitido entrar en la web.
Las pausas tácticas y los descansos estratégicos durante el día no podrán en ningún caso dedicarse a entrar en páginas webs.
Para monitorizar mi grado de cumplimiento usaré el programa RescueTime en su versión gratuita; es más que suficiente para saber cómo empleo mi tiempo en web y aplicaciones en el portátil.
Para bloquear webs usaré el complemento de google Chrome Block Site. Es fácilmente desactivable pero es una barrera más que pongo a las distracciones.
Usaré un folio de papel para anotar las búsquedas y entradas a web pendientes. Los artículos que quiera leer van a una carpeta especial de pendientes de leer. Si quiero leer artículos necesarios para el trabajo, asignaré un bloque de tiempo exclusivo el día anterior.
Semana a semana iré informando de la evolución del experimento y las lecciones aprendidas. También intentaré ayudar a las personas que se han inscrito en este experimento público y compartir experiencias con ellos en la página habilitada Experimento público desconexión digital.
5. Elijo este experimento por varios motivos:
A) Quiero reforzar mi ritual más importante, el Shabbat. Existe el peligro de contaminarlo con la navegación web, aunque sea por motivos legítimos.
B) Habiendo ya eliminado redes sociales, teléfono inteligente y navegación al azar en páginas web, mi próximo desafío está en aprovechar mejor mi jornada de trabajo desarrollando una concentración de láser en una pocas actividades de alto valor. La búsqueda en internet y las lecturas de artículos al azar son por término medio actividades de bajo valor, requieren poca energía y amenazan mi concentración, por lo tanto las relego al final del día para desactivar sus efectos negativos y el peligro real de que actividades profesionales e intelectuales de bajo valor desplacen o expulsen a actividades de mayor valor (ley de Gresham de la productividad) .

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1-2. Hola, soy Verónica y me propongo desconectar desde mañana, 3 de junio, hasta final del mes.
3. He decido desactivar mis cuentas de Facebook y de Instagram. También limitar el tiempo de uso del ordenador y del móvil.
4. Cada día usaré el móvil un máximo de 40 minutos. Tengo un programa que hace un seguimiento del tiempo de uso que hago. Intentaré que sea menos tiempo pero no quiero limitarme tantísimo porque el móvil lo puedo usar para otras cosas aparte de navegar… Trabajo en casa, con el ordenador, pero usaré un bloqueador de aquellos sitios webs que son mis agujeros negros para no caer en ellos mientras trabajo. No podré usar el móvil ni en el baño ni en el dormitorio. E intentaré que no sea necesario usar ni ordenador ni móvil a partir de las 19:30.
El tiempo que gane espero ser capaz de aprovecharlo en hobbies que tengo abandonados además de en leer y cocinar. Esos ratos de espera en los que recurro al móvil, intentaré sobrellevarlos sin tener que hacer nada o leyendo.
5. He intentado varias veces reducir mi consumo diario de contenido digital pero acabo cayendo siempre en la misma dinámica, así que tengo que reconocer que si quiero hacerlo y no puedo es porque tengo una adicción. Quiero ese tiempo de vuelta y quiero evitar las emociones y estado de desconcentración que me provoca este exceso de exposición pero a la vez me da miedo no estar al día, no enterarme de nada, etc… Siendo realistas, tampoco es que lo que me vaya a perder sea vital así que voy a probar algo más drástico que de costumbre y espero que tener la posibilidad de rendir cuentas me pueda ayudar…
Gracias por la iniciativa.

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1. Soy Tania y soy adicta a internet.
2-5. Primero los blog, luego Facebook, luego YouTube, ahora Instagram… Esto me ha llevado a tener muchos problemas en el trabajo, pq en vez de trabajar me pongo a ver cosas por internet, muchas veces cosas que tienen que ver con la productividad en el trabajo, absurdo, he ignorado a mis hijos y a mi pareja para ir a YouTube canales de otras familias y sus hijos; absurdo y así podría continuar pero me da hasta vergüenza. Estoy haciendo terapia pq por supuesto detrás de algo así hay un problema detrás. Me ha parecido un buen momento para hacer este experimento.
Yo voy a intentar nada de YouTube, nada de redes sociales e incluso limitar cualquier búsqueda en Internet a no ser que no haya forma de encontrar respuestas por formas tradicionales o sea algo importante (que lo dudo)
Mantendré WhatsApp ya que los grupos y la gente que tengo interactúa de una forma muy aceptable.
Al día me meteré por aquí y pondré mis impresiones.

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5. Por qué eliges esta renuncia: porque aunque logré eliminar gran parte de este tipo de distracciones de mi vida sigo notando el gran impacto que tienen sobre mi mente los chequeos periódicos (y de forma inconsciente) a sitios web.
Un poco sobre mi situación actual:
Pienso que gracias a este experimento tal vez pueda continuar así hasta fin de junio. Aunque confieso que se me está haciendo dura la vida sin spotify.
Por último, recomiendo descargar la app Quality time. Mide el tiempo diario que usamos cada aplicación y la cantidad de veces que desbloqueamos el teléfono. También permite bloquear el acceso de cierta aplicaciones durante el tiempo que decidamos. Funciona!

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Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo este guión:

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Para participar en el experimento de desconexión digital debes registrarte en la página del experimento siguiendo este guión:
1.- Hola, soy Abvy.
2.- Inicio el Lunes 3 de Junio al 30 de Junio 2019.
3.- Quiero iniciar el experimento porque el uso Facebook y Youtube desde hace años noto de interfieren con mis actividades, he intentado reducir el tiempo de uso siempre fallando el mismo día o solo olvidando que lo haría. Cuando me pongo limite de uso no lo respeto llegando a extenderme hasta 4 hrs más de lo acordado; sin ningún beneficio he visto imagenes o videos de personas que ni siquiera veo personalmente en años o que ni conozco, dando y esperando Likes…para que ?…
Estoy iniciando cambios a habitos más saludables y este puede ser uno de ellos, me motiva saber que hay más personas que tambien lo intentarán casi al mismo tiempo.
4.- Mis condiciones son: sólo usar Facebook media hr por la noche y Youtube en cualquier momento del día, pero solo una vez, 1 hr máximo.
5.- Yo quiero esta renuncia para volver a retomar actividades que he relagado a pesar de ser más importantes o que aportan mayor beneficio a mi persona. Quiero tiempo suficiente para descansar, dormir bien, ya no llegar al trabajo desvelada por estar usando redes en madrugada, también así tendre tiempo para mantenerme en movimiento, hacer más ejercicio y tener menos sedentarismo y a su vez, menos riesgo de enfermedades.

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1. Marc Martí.
2. Voy a iniciar este experimento hoy, 29 de mayo, desde el momento de publicación de este post (https://marcnmore.com/2019/05/29/experimento-publico-de-desconexion-digital/) hasta el 1 de julio. Algo más de un mes.
3-4. Las limitaciones en mi experimento van a ser las siguientes:
5. Hago esta renuncia por la simple razón que no me siento en control de las redes sociales que uso, y estoy seguro que beneficiaré de la cantidad de tiempo que tendré para dedicar a otras actividades o simplemente a dormir y descansar más. Y lo más importante, dejaré de ser como aquella nariz pegada a un hombre pegada; en este caso, aquél smartphone pegado a un hombre. Necesito volver a escuchar el silencio.

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He abierto una pestaña en el blog para unirse al experimento. En él debes escribir lo siguiente:
Comienzo: lunes 3 de junio de 2019.
Duración: cuatro semanas, hasta el domingo 30 de junio 2019.
Durante cuatro semanas haremos un experimento de renuncia a toda o parte de nuestra vida digital.
Los candidatos para este ayuno digital con vocación de permanencia son varios; la opción que recomiendo, aunque casi nadie tendrá los bemoles para seguirla, es la opción nuclear: eliminación del teléfono inteligente sustituido por un teléfono idiota con solo llamadas. Podrías hacerte con un teléfono tonto o simplemente capar todas las aplicaciones y redes sociales de tu teléfono móvil.
Dirás que esto es ilusorio, inviable, utópico, etc. No, no lo es, y yo soy la prueba viviente: jamás he tenido un teléfono inteligente y funciono desde hace décadas con un teléfono extremadamente torpe que solo es capaz de enviar y recibir llamadas y mensajes de texto. Esta es la opción que recomiendo para el experimento porque es la que contribuirá de manera más dramática a cambiar tu concepción de lo posible y lo imposible.
Hay otras opciones más conservadoras que no necesitan tantos redaños pero que son francamente desafiantes para la mayoría de los bípedos implumes: por ejemplo, bloqueo y renuncia de redes sociales como WhatsApp, twitter, Instagram, Facebook.. Incluso, el mismo correo electrónico consultado compulsivamente por mucha gente a lo largo del día podría ser un candidato para este ayuno y desconexión.
El experimento de renuncia digital también podría aplicarse a servicios de distribución de contenidos de alto poder adictivo como por ejemplo YouTube o Netflix o sitios de noticias o cualquier otra plataforma similar. Mucha gente que llena sus horas de ocio con la comida basura de la televisión tradicional a la manera de gallinas que reciben su pienso (contradicción en los términos) diario de lo que sea que echen haría bien en apuntar a la televisión como objeto del experimento.
Los más modernos, que tienen plataformas digitales de pago, podrían considerar si los centenares de horas que dedican a lo largo del año viendo series en modo adictivo-compulsivo son el legado que quieren dejar para la posteridad. Muchos solo podrán escribir en su tumba: “Dediqué 73 noches de mi vida a lo largo de 7 años a seguir la serie Juego de Tronos; las noches de esos años que no vi Juego de Tronos vi Breaking bad, Perdidos, True Detective… y un largo etcétera”. Triste epitafio.
Si quieres conocer la experiencia de alguien que ya no ve cine ni series por las noches y motivarte a emularle, puedes leer el artículo de Anca Balaj sobre su renuncia a la televisión y las películas. Su experimento convertido en una forma de vida ocurrió de manera casual cuando un buen día se le estropeó la televisión y decidió no repararla ni comprar otra. Transcribo un extracto, el resto del artículo puedes leerlo en su blog.
¿Cómo es posible que, sin utilizar nunca la televisión por las mañanas o por las tardes éstas también sean diferentes? La respuesta es simple: silencio y descanso. La televisión, la radio o incluso las películas o series vistas en Internet producen nerviosismo. Aquí hay algunas explicaciones científicas, pero yo voy a hablar de mis percepciones en esta semana.
En mi casa ya no hay voces estridentes, mujeres llorando, gritos de personas asustadas, bombas o coches que explotan, sirenas de la policía, etc. En mi casa nadie mata a nadie. Nadie sufre. Y no hay conflictos que atender. Las películas (y toda historia que se precie) tienen como motor el conflicto, es decir, el deseo de alguien que entra en conflicto con el deseo de otro alguien y que queremos saber cómo acabará resolviéndose. Esto mantiene nuestra atención pero también nos provoca tensión. Así pues, cuando estamos viendo una película o una serie, estamos viviendo (creando en nosotros) esta tensión. La próxima vez que veas una película, despégate del argumento por un momento y revisa tu cuerpo, observa si estás relajado/a o tenso/a.
Dejando aparte las estridencias sonoras y las emociones dramáticas que se recrean, hay otro factor muy importante, tal como explica el artículo que he enlazado más arriba: el ritmo con el que se suceden las cosas en una película es vertiginoso, en una hora y media ocurren acontecimientos que en la vida real tardarían semanas, meses o años en producirse, con el estrés mental que esto nos supone. También la técnica usada es importante, pues hay gran interés por parte de los autores de atraer nuestra atención y mantenerla hasta el final.
Todo este nerviosismo provoca ansiedad. La rapidez de los estímulos nos crea dependencia de nuevos estímulos y así es cómo acabamos aumentando nuestra dependencia de otros aparatos que puedan proporcionarnos estos estímulos cuando ha acabado la película o incluso de maneara simultanea. Y cuanto más estimulo, más necesitamos y más se sube el ritmo en las películas de reciente creación (compara el ritmo de una película de los años 40 con el ritmo de una actual; ¿ha tenido tiempo nuestro cerebro de evolucionar de la misma manera?).
Tú sabes o al menos intuyes qué parte de tu vida digital es contraproducente para tu salud mental o para tu eficacia profesional o para la calidad de tus relaciones personales. ¿Hay alguna red, algún artilugio digital, alguna plataforma tecnológica de distribución de contenidos de alto poder adictivo cuya renuncia podría contribuir a mejor tu bienestar vital y liberar tiempo y atención para destapar y desarrollar potencialidades?
Tú conoces tu fuerza de voluntad, tu afán de exploración y las facturas que los medios digitales están pasando a tu vida, por eso este experimento es flexible, no es el mismo para todos, la filosofía y motivación es la misma pero las condiciones de aplicación son elegidas por ti.
Recomiendo la opción nuclear (=teléfono estúpido con solo llamadas y mensajes tradicionales de texto, no vale WhatsApp) , y si no puedes o no quieres aplicar la opción nuclear, decide qué elementos eliminas, por ejemplo: Facebook o WhatsApp o YouTube o una combinación de ellos.
Recomiendo que tu eliminación abarque las cuatro semanas las 24 horas del día; pero una vez más, puedes decidir abrir una ventana al día para consulta de medios digitales, una hora o media hora o simplemente decir que no usarás esos medios más que por las noches o usarlas para un determinado fin en exclusiva, por ejemplo , por motivos de trabajo.
Lo más fácil de gestionar es eliminar todo y durante todo el tiempo, pero tú solo conoces tus circunstancias y limitaciones.
Soy consciente de que tienes la sensación de que el uso o no uso de medios digitales, WhatsApp, Facebook, correo electrónico o las series no es una opción; después de todo “esto es lo que hay, no puedo luchar contra la corriente” o bien “en mi trabajo es imposible decir que no a las redes sociales y usamos WhatsApp para comunicarnos” o bien “sin Facebook no puedo hablar con mis familiares de Perú o Argentina” o bien “sin un móvil no puedo calmar a mi niño de dos años mientras come o cuando salimos de casa” o bien “me siento vacío si no me relajo por la noche con un episodio de sexo y violencia de Juego de Tronos”, etc.
Pero la buena nueva que vengo a traerte y que te incito a seguir es que hay opción , que eres libre para decidir tu uso, abuso y desuso de los medios digitales. Este experimento te ayudará a descubrir qué es posible, y sobre todo a saber qué se siente cuando uno deja de ser una miserable rata de Skinner sometida a los refuerzos intermitentes de los likes y las últimas frases graciosas y gilipolleces de la línea de Twitter o el muro de Facebook.
En el minimalismo existencial lo crítico es aquello a lo que renuncias. De la ley de las tres Oes del minimalismo existencial la más importante es la O de Omisión.
Recomiendo leer al azar algunos de los artículos de la serie Neoludismo en este blog. Te pueden ayudar a decidirte. Por ejemplo…
He dedicado toda una serie de artículos en este blog a los peligros de las tecnologías digitales. La he llamado serie Neoludismo. Los luditas fueron obreros de telares en Inglaterra que en los comienzos de la revolución industrial quemaban telares y aterrorizaban a sus propietarios como amenaza y represalia ante la pérdida de sus trabajos sustituidos por máquinas.
El filósofo cínico Diógenes de Sinope fue nombrado el Santo patrón del minimalismo existencial hace ya varios años por sus simpatías neoluditas. Este personaje se burlaba de los atenienses con sus actuaciones públicas; por ejemplo, caminaba en la dirección contraria de la multitud a la salida del teatro como ilustración de su iconoclastia e inconformismo. Todas sus posesiones eran un manto, una escudilla para beber agua y un bastón, pero un día observó a un niño beber agua de una corriente con el cuenco de sus manos y renunció desde entonces a la escudilla. Cuando Platón definió al hombre como un “bípedo implume”, Diógenes desplumó a un pollo y gritó “ahí va un hombre”. Desde entonces, la definición tuvo que ser cambiada a “bípedo implume de uñas planas”.
Yo soy una suerte de Neoludita filosófico militante, me parezco más a Diógenes que a los quemadores de telares anticapitalistas o a los ecologistas tipo Unabomber, mi reacción es menos violenta pero también potencialmente más efectiva: tolero que los filisteos sigan usando y abusando de sus teléfonos inteligentes y redes sociales; cuando observo al ciberzombi arrastrar su dedo por la línea de Twitter o WhatsApp mi represalia física no va más allá de un furtivo gesto de desprecio y una sensación de superioridad moral ; mi venganza son mis invectivas y peroratas en un oscuro blog en un callejón perdido de internet.
Sin embargo, mi secreto desprecio y mis sonoras exhortaciones escritas hacia una vida liberada de la tiranía autoinfligida de los medios digitales no es suficiente.
Hemos de dar un paso más. Hemos de predicar con el ejemplo en nuestras vidas. Todos podemos ser todavía más minimalistas y andar el camino del que hablamos. Si nuestro ejemplo cunde, habremos transmitido nuestro mensaje y vivido nuestras creencias.
Homo Mínimus responderá a las preguntas, dudas y consultas sobre este experimento en los comentarios de este artículo.
y que seguirás sin saber.
Nunca te pido favores, pero esta vez voy a hacerlo, porque lo necesito y sé que puedo confiar en ti.
¿Podrías recomendar el blog Homo Mínimus a tres amigos tuyos que creas que pueden apreciar el minimalismo existencial y deseen conocerlo?
Reenvía, por favor, este correo a tres personas.
Para que tus amigos puedan hacerse una idea del contenido del blog, marco dos artículos representativos del blog:
Phillipe Stark y el diseño minimalista:
https://homominimus.wordpress.com/2011/06/21/phillipe-stark-y-el-diseno-minimalista/
Una, grande y libre:
https://homominimus.wordpress.com/2013/07/28/una-grande-y-libre/
Gracias por anticipado, amigo lector
Homo Mínimus
P.D. Si no lo reenvías a al menos a tres personas en el plazo de tres minutos, tres años de pesares caerán sobre ti.
P.D.2 En caso de enviarlo, mi agradecimiento más profundo descenderá sobre ti y te bombardearé con tres artículos en los tres próximos días.
Olvida mi última entrada en el blog. No quería decir lo que dije. Al menos, no quise decirlo como lo dije y dar pie a malentendidos.
A decir verdad, me gusta escribir en este blog e interaccionar simbólicamente en los comentarios y en los podcasts con algunos de los amigos y lectores de este blog, ya sean casuales, que pasaban por aquí, o gente que acude al blog de forma periódica (semanal, mensual). NUNCA eres un lastre, una carga, una cortapisa, un obstáculo, una pejiguera, un fastidio, un peso muerto, un lector cansino, una piedrecilla en el zapato.
Este blog me ha convertido en mejor persona gracias a ti.
Pero por muy buena persona que sea o que parezca (que hablen de uno aunque sea bien), todavía tengo mucho recorrido; es más, me siento al principio del camino y con unas terribles ganas de aportar, agradar, instruir y ser instruido.
Siempre he dicho que este blog es un ejemplo de lo que deberían ser las redes sociales digitales: un mecanismo para generar conversaciones de calidad entre personas de calidad (sí, este público que tanto me quiere es superior a la media, muy superior a la media, al menos dos desviaciones estándar). Estoy muy orgulloso de ti (fíjate en cómo hablo de ti, no de vosotros, no de los lectores, lo hago para que sientas que te hablo a ti, a la persona, no al nicho de mercado, al segmento, al «cluster»).
Soy un manipulador, ya lo sabes, te doy una de cal y otra de arena, me tienes calado (aunque también arenado), no quiero negarlo; de hecho, siempre he hecho gala de ello, mi comportamiento puede parecer cínico, pero a pesar de parecerlo, sí que lo es. Lo que no reluce a veces es oro. La donna (y el divo) è mobile.
Periódicamente, suelo animarte a darte de baja (por ejemplo: aquí, aquí y en otras entradas que no me digno a buscar), ya sabes que mal se paga a un maestro permaneciendo siempre discípulo, por eso aprovecho la oportunidad para animarte –una vez más– a que pulses el enlace de «Cancelar la suscripción» (al final de este correo) y solo entres en el blog cuando te acuerdes de Homo Mínimus o cuando te despiertes de una pesadilla temeroso y tembloroso buscando guía en una fría noche de invierno.
Si no lo haces, atente a las consecuencias: avalancha de correos promocionales, venta de libros de baja calidad escritos por el autor, autobombo, cursos de crecimiento espiritual en retiros de fin de semana en casas rurales donde solo crecerás tres o cuatro kilos, riesgo de ser captado por una peligrosa secta neoludita y el escaso tiempo que te queda de vida buscando el vellocino de oro en el lugar equivocado.
Dicho esto, ya sabes: quien avisa no es Rajoy (aunque sí Mariano). ¡Vota a Vox! (con letra de El Genio).
Este es un artículo invitado de Homo Máximus. Le agradezco que haya accedido a la invitación. Homo Mínimus no se hace responsable de las opiniones emitidas por Homo Máximus ni necesariamente está de acuerdo con ellas o las suscribe.
Nota adicional: me admiró tanto la sinceridad de Homo Máximus —aunque también me dolió— que le ayudé a mejorar el artículo con fotos relevantes, enlaces , estadísticas del blog y poniendo en negrita algunas frases memorables que corrían el riesgo de pasar desapercibidas entre tanta crítica (probablemente merecida, al menos en parte).
I. No me gusta que publique artículos ombliguistas, narcisistas, como este, porque sabe que soy un tipo que solo hablaré de él.
II. Que nos tome por idiotas: seguro que en este artículo digo algunas cosas malas de él que en el fondo son buenas.
III. Que sus artículos sean como la cuchara-avión con la que se alimenta al bebé. Me lo da todo mascado.
IV. Que use material de otros, por ejemplo, viñetas humorísticas en los que los comentarios de Mínimus no añaden nada a lo ya visto.
V. No me gusta que use palabras raras, es un pedante. ¿Dónde queda el lenguaje claro y sin pretensiones?
VI. Que use un lenguaje florido para disfrazar su falta de contenido.
VII. No me gusta dé vueltas una y otra vez a las mismas ideas. ¿Tiene algo nuevo que no sepa?
VIII. Que no cuide más los podcasts; no tiene entradilla musical y el sonido es manifiestamente mejorable.
IX. Que interrumpa a sus invitados en el podcast.
X. Que monopolice las conversaciones en los podcasts.
XI. Que diga «ehhhh» y «¿no?» al final de sus frases.
XII. Que camufle su falta de ideas traduciendo al español libros de Leo Babauta y los utilice como cebo para que la gente se suscriba al blog. Patético.
XIII. No me gusta el video presentación del Minimalismo existencial. Lo único que vale son los dibujos de John Flames, la historia, la voz y la grabación son de aficionado.
XIV. Que me hable desde el púlpito.

XV. No me gusta tanta cita de Einstein y Nelson Mandela. Argumentos de autoridad.
XVI. Que azote con el látigo de su indiferencia a aquellos que no le dicen que sí a todo.
XVII. Que se meta con la gente.
XVIII. Que escriba en otros blogs para reírse de la gente. Como en el blog de la adorable Caro Chan y su artículo Qué quieren los hombres 2.0.
XIX. Que insulte a los comentaristas que no le bailan el agua. Sí, a veces hace eso.
XX. Que sea tan relamido. Cuando se pone poético es empalagoso. Por ejemplo, en el artículo Un ramo de rosas para la más loca.
XXI. Que confunda un artículo de blog con una lista inconexa de ideas.
XXII. Que use y abuse de las listas.
XXIII. Y de los retruécanos.
XXIV. No me gusta leer el título del artículo y ya saber lo que va a decir.
XXV. Que muestre ramalazos heteropatriarcales propios de otras épocas. Su artículo Cómo convertir a tu mujer en minimalista es cuando menos despreciativo para la condición femenina. Las mujeres no necesitan ser tuteladas. Punto.
XXVI. Que escriba Cien maneras de iniciar una conversación con una mujer. No es más que una colección de micromachismos , muchos de ellos rayan la calificación penal.

XXVII. Que el artículo sobre las Cien maneras de iniciar una conversación con una mujer sea el más leído de la historia del blog (casi 30.000 visitas). Lo peor: desde el 2014 sus lectores no han dejado de crecer.

Por otro lado, me hace gracia los dos artículos más leídos de su blog no tengan nada que ver con el minimalismo y sean listas de cien. En el pecado lleva la penitencia. Es el problema de los blogs todo a cien.
XXVIII. No me gustan sus listas de cien. La única que tiene pase, yo diría que es simpática, es la de Cien ideas para una conferencia TED. Este es el segundo artículo más leído del blog. Pero no se engañen, esta lista no justifica el deficiente nivel del resto del blog ni exime a Homo Mínimus de responsabilidades penales y civiles .
XXIX. Me repatean los proyectos que empieza y no acaba. Por ejemplo, el Reto-práctica 100×100 ideas, más de cuatro años desde que lo empezó y sigue sin terminarlo. Un tipo que no acaba lo que empieza dándonos lecciones de tenacidad en su Curso de autorregulación y perseverancia. Consejos vende que para él no tiene.
XXX. Que anuncie un libro sobre el minimalismo existencial y defraude a sus lectores varios meses después diciendo que no lo escribirá .
XXXI. Que empiece proyectos como el Proyecto 52 paseos con (al menos) 52 frikis que anuncia a bombo y platillo pero del que nunca más se volvió a saber.
XXXII. Que use el cliffhanger y otros trucos baratos para generar anticipación. Generalmente, lo que viene después no tiene interés.
XXXIII. Que sea tan irregular. Se pasa meses sin escribir nada y de repente en un par de semanas escupe ocho artículos.
XXXIV. Que me inunde el buzón de correo con su farfolla
XXXV. Que robe ideas y luego no cite a sus autores. Especialmente roba a Rober Sánchez, Esto no es comida, Luis Andés , Tribuna de Avalón y Entusiasmado, por citar autores en español.
XXXVI. Que divague sobre ideas suficientemente comprendidas. Filosofía de parvulario llamo yo a sus principios minimalistas.
XXXVII. Que en las distancias cortas no tenga ni una mala palabra ni una buena acción.
XXXVIII. Que no diga que no ni que sí a las propuestas de los lectores que le escriben. Es como la chica popular que gusta de tener pendientes de un hilo a sus muchos pretendientes; los deja en la reserva, como si fueran tampones emocionales para apuntalar su frágil ego en tiempos de hemorragia sentimental y baja autoestima.
XXXIX. Cuando Homo Mínimus se dirige a las mujeres lectoras del blog, lo hace con un tono condescendiente y sutilmente despreciativo. Es un caso de libro de machoexplicación.

XL. Que use su blog para airear sus filias y fobias personales.
XLI. Que diga que «Sí, por supuesto» o que «más adelante» a los lectores que le escriben pero luego nunca más se sepa.
XLII. Que no haga una reseña del blog Historias Minimalistas de Pablo Matilla . Probablemente porque le fastidia que escriba mucho mejor que él.
XLIII. No me gusta de Homo Mínimus su ridículo nombre.
XLIV. Que haga trampas en las listas de cien.
XLV. Que prometa hacer una reseña de este libro y no lo haga: «La mudanza. ¿Con qué me quedo?» De Javier Saura. https://amzn.to/2Oc65vh
XLVI. No me gusta su en ocasiones tono buenista new age.
XLVII. No me gusta el tono retador y sobrado del que después de todo no pasa de ser el típico subcampeón del mundo.
XLVIII. No me gusta que crea que por darle la vuelta a una idea generalmente aceptada tiene una idea válida. Eso es lo más fácil del mundo. Es un síntoma de pereza mental.
XLIX. No me gusta de Homo Mínimus su simplona forma de escribir. Seguro que a muchos lectores les gusta por esa misma razón. Está claro que uno busca y atrae lo que es.

L. No me gusta que no haga referencia a otros blogueros de su nicho, ignora a su competencia.
LI. Que no haga pausas a mitad de sus listas de cien.
LII. Que todo lo que hace sea esperado. Que no me sorprenda. Se le acabaron las ideas.
LIII. Me indigna que Homo Mínimus emplee fotos de trabajadoras de la limpieza en su blog.

LIV. Que no tenga organizados los artículos del blog.
LV. Que sea difícil encontrar el botón de suscripción.
LVI. Que no responda a la gente que amablemente comenta.
LVII. Que responda a los comentarios de unos lectores y no a los de otros, de manera aparentemente arbitraria.
LVIII. Que sea tan difícil encontrar un medio de contacto.
LIX. Que se vaya por las ramas.
LX. Que no nos dé más ideas prácticas.
LXI. Que nos venda tanto humo.
LXII. Que intente colarnos sus ideas políticas de corte liberal. Si quieres «disfrutar» de su tufillo de anarquista de mercado puedes leer (en diagonal y tapándote la nariz) Nadie merece nada: contra la meritocracia y otras teorías del merecimiento.
LXIII. Que no hable de asuntos de actualidad.
LXIV. Que se quede siempre en el terreno de lo abstracto.
LXV. No me gusta que se meta tanto con la gente que usa teléfonos inteligentes.
LXVI. Me saca de quicio su tecnofobia y su neofobia. Chochea. «En mi época la gente leía libros y prestaba atención…» dice Homo Mínimus carraspeando. A ver si evoluciona de una vez y se da cuenta de que vivimos en el siglo XXI.

LXVII. No me gusta su soberbia disfrazada de ironía y bonhomía.
LXVIII. No me gusta que no reseñe los libros de los que bebe. Me gustaría ir a las fuentes, no acceder a su agua dialéctica a través de sus tendenciosos sesgos y filtros.
LXIX. Que no me diga quienes son sus fuentes.
LXX. Que me aconseje una cosa y la contraria.
LXXI. Que se canse de un tema o proyecto o experimento y lo deje a medias.
LXXII. Que me haga trabajar para él como articulista invitado.
LXXIII. Que diga que suele responder en menos de tres semanas, «generalmente con amabilidad». ¿Qué hace cuando no es amable?
LXXIV. Que haya agotado el tema del blog, el minimalismo existencial, y siga perorando.
LXXV. Que se crea que le leo, habitualmente paso rápida y perezosamente la mirada por los artículos que me envía y los elimino.
LXXVI. No me gusta su pose de loco hablando desde lo alto de la colina.
LXXVII. No me gusta el aire enrarecido, a habitación de enfermo, que tiene este blog. Todo negatividad y cinismo.
LXXVIII. No me gustan los comentaristas habituales del blog: siempre aplaudiendo y estando de acuerdo con lo que dice Homo Mínimus. Parecen miembros de una secta.

LXXIX. Me parece peligroso que denigre el sistema educativo con tanta ligereza. Me asquea su falta de sensibilidad social.
LXXX. No me gusta que me sermonee porque veo series en Netflix y consulto mi teléfono en los tiempos muertos.
LXXXI. Que me utilice para hacer una lista más de cien para su Reto-Práctica 100×100 ideas.
LXXXII. Que vaya de desapegado, libre y radical, como si no le importara su audiencia o el número de lectores. Se la he visto consultar compulsivamente las estadísticas del blog y salivar con los «likes».
LXXXIII. No me gusta que confunda la exuberancia mental con la verborrea.
LXXXIV. Que robe fotos.
LXXXV. Que no cumpla la normativa de cookies ni advierta que los datos personales pueden ser recogidos.
LXXXVI No me gustan sus artículos «Shabbat shalom» del viernes por la tarde. ¿Se cree que solo le siguen judíos sefardíes? Totalmente fuera de lugar.
LXXXVII. Peor, ¿no se estará mofando sibilinamente de los judíos practicantes?
LXXXVIII Que escriba un artículo sobre las bondades del pensamiento hitleriano en Mein Kampf. Repugnante. https://atomic-temporary-13281247.wpcomstaging.com/2015/02/26/la-verdad-es-la-verdad-la-diga-agamenon-o-adolfo-hitler/

LXXXIX. No me gusta que me haga mirar en una dirección para luego decirme que mire en la otra.
XC. No me gusta el diseño del blog. Realmente, no creo que tenga ningún diseño.
XCI. Que no vaya de frente, siempre con subterfugios.
XCII. Que vaya de listillo y graciosete.
XCIII.Que bajo el pretexto de la filosofía minimalista no se trabaje el diseño del blog y su navegabilidad. Este blog no es amistoso con la gente.
XCIV. De Homo Mínimus, no me gusta su hipocresía patológica. Cualquiera que lo conozca sabe que su aparente bonhomía y don de gentes no es tal, es un personaje inventado, una máscara ridícula, un producto de marketing.
XCV. Que me haya puesto la condición de escribir una lista de al menos cien elementos si quiero publicar en su blog. Me quedan todavía cinco.
XCVI. Que se haga llamar con el título de Doctor.
XCVII. Que vaya dando consejos terapéuticos a gente muy enferma mentalmente y moralmente sin estar cualificado ni certificado como psicólogo clínico, psicoanalista lacaniano o terapeuta ocupacional. Espero que un día le demanden por intrusismo profesional y/o negligencia médica. No tienes más que mirar a sus artículos en el Consultorio del Doctor Mínimus.
XCVIII. Que intente emular (patéticamente) a Rainer Maria Rilke en su sección «Cartas a un joven bloguero».
XCIX.
C. Que me haya obligado a escribir esta lista con numerales romanos en vez de con arábigos. Fascista romano. Islamófobo cabrón.
FILÓSOFO. —Nada más. Y todo lo que no está en prosa está en verso; y todo lo que no está en verso, está en prosa.
JOURDAIN. —Y cuando uno habla, ¿en qué habla?
FILÓSOFO. —En prosa.
JOURDAIN. —¡Cómo! Cuando yo le digo a Nicolasa: «Tráeme las zapatillas» o «dame el gorro de dormir», ¿hablo en prosa?
FILÓSOFO. —Sí, señor.
JOURDAIN. —¡Por vida de Dios! ¡Más de cuarenta años que hablo en prosa sin saberlo! No sé cómo pagaros esta lección…
Resulta cuando menos extraño que tenga que crear un proyecto para fomentar-aprender-entrenar algo tan natural y sencillo como la conversación entre seres humanos. Después de todo, casi todos podemos y sabemos hablar, y lo hacemos desde los dos, tres o cuatro años.

Nos pasamos el día hablando y escuchando, entrando y saliendo de decenas o centenares de conversaciones orales, escritas, divagaciones mentales entre las distintas personas en nuestra mente, diálogos propiamente dichos entre personas de carne y hueso, discusiones, tertulias, intercambios verbales corteses, saludos con añadido, chistes, charlas improvisadas, comentarios a pie de evento, conversaciones de ascensor (sobre el tiempo y la salud de la familia principalmente).
Nada más cotidiano que el intercambio verbal y paraverbal entre seres humanos. Sin embargo, pocas veces nos ponemos a reflexionar sobre esa actividad tan ubicua en nuestras vidas. Somos como el burgués gentilhombre de Molière [1], que un día advirtió que, sin saberlo, llevaba toda la vida hablando en prosa
Llevamos toda la vida inmersos en conversaciones, podríamos decir que la mente es una conversación continua, que las relaciones humanas son conversaciones, que la cultura es un determinado tipo de conversación y que la sociedad en conjunto es una amalgama de millones de conversaciones. ¿Por qué entonces no pensamos en la conversación? ¿Por qué no la fomentamos? ¿Por qué no la perfeccionamos? ¿Acaso ya sabemos todo lo que hay que saber sobre la herramienta de la conversación?
El ser humano transmuta lo meramente computacional, funcional y rutinario en estética; el algoritmo, en guía general llena de excepciones; la pragmática en Ética; la información en conocimiento; el contacto físico en espiritual.
Tengo un alto concepto o ideal de lo que debería ser, de lo que puede ser la conversación, y por ello me refiero a ella como un Arte, un arte perdido o en desuso, pero Arte al fin y al cabo. A este tipo de Conversación con vocación —o ínfulas— de Arte me refiero y consagro este nuevo proyecto. Pero es un arte especial, no el fruto del genio solitario, es un arte que es co-arte, co-creación de varios seres humanos reunidos que dan a luz a algo distinto de aquello con lo que empezaron. Allá donde hay dos o más dos personas existe la posibilidad —solo la posibilidad— de que salte la chispa y se encienda el fuego de la conversación.

La conversación es una habilidad que está cayendo en desuso y en mal uso, es una herramienta oxidada.
Un tema recurrente en este blog es cómo las tecnologías digitales, en especial las redes sociales digitales, están pasando factura a la calidad y cantidad de nuestras conversaciones personales. El ritmo acelerado de nuestras vidas, el impacto de los medios de comunicación de masa y las redes sociales digitales fragmentan nuestras conversaciones, las acortan, las empequeñecen, las banalizan.
Si nos alimentamos de excrementos de pensamiento y de sucedáneos de conversaciones es razonable deducir que nuestra excrecencias verbales y paraverbales no serán mucho mejores.
Quizá estoy exagerando, quizá mi visión es muy sesgada, quizá cada día hay más y mejores conversaciones, pero todo apunta a que no es así.
Cuando hablo de arte de la conversación, voy más allá de la presunta pobreza de nuestro vocabulario (dos o tres mil palabras son las que empleamos habitualmente) o lo tosco o degenerado de nuestra sintaxis o la superficialidad conceptual o la ausencia de argumentos racionales.
Cuando hablo de conversación, me estoy refiriendo a un resultado y a un proceso de comunicación genuino, lento, centrado y concentrado, multidireccional, entre unos pocos seres humanos; a un proceso cuidadoso, al que se le dedica tiempo, atención, esfuerzo y al que se le da importancia. Estoy proponiendo que cada conversación puede ser una pequeña obra de arte que con poco logra mucho, que crea un significado, un sentido, una novedad —por minúscula que parezca— emocional, afectiva, intelectual o espiritual, que no estaba en ninguno de los conversadores antes de entrar en la conversación y que se crea, se desarrolla y emerge durante el acto de la conversación.

Aprender- entrenar- fomentar el Perdido Arte de la Conversación.
Conversaciones con mayúscula, dignas de tal palabra. Tendré que delimitar el concepto de conversación.
Si es cierto, a la manera de Diógenes de Sinope [2], que «el movimiento se demuestra andando», también será cierto que la conversación se demuestra conversando; por lo tanto, este proyecto incluye la conversación como medio y como fin del proyecto.
Algunas de estas conversaciones serán metaconversaciones, dirigidas a discernir la naturaleza y rasgos de una conversación ideal. Las metaconversaciones servirán para orientar el proyecto.
Del 11 de septiembre de 2018 al 31 de diciembre de 2018 2019 [ampliacion oficial a 6.4.19] 2020 [ampliación oficial a 8.12.19]. [ampliación sine die a 24.7.25]
Visionaria y emergente [3]
Tener una conversación sobre la idea de Conversación —es decir, una metaconversación—. La grabaré y la colgaré en el podcast de Homo Mínimus [4]. El invitado será Escépticus Máximus.
[1] El búrgues gentilhombre, comedia-ballet de Moliere
[2] Diógenes de Sinope, el Santo patrón del Minimalismo Existencial. Artículo hagiográfico en este blog.
[3] Estrategia existencial: cuatro enfoques, artículo en este blog sobre cuatro tipos de estrategias existenciales.
[4] Podcast Homo Mínimus
Imagina que hoy es tu último día sobre la faz de la tierra.
¿No es cierto que vivirías con tal intensidad y plena conciencia que todas las cosas y todos los momentos, no importa lo cotidianos, proyectarían un brillo extraño?
Este es un artículo que apareció originalmente en uno de los blogs de Laura Mascaró con HM como artista invitado.
Me permito republicarlo aquí porque recoge la quintaesencia de mi visión del minimalismo existencial aplicado a la educación. El problema no está tanto en mejorar el sistema educativo y su organización como en eliminar la educación en la mayoría de sus formas actuales.
No se trata de encontrar y consensuar «el» mejor modelo educativo sino de inventar y experimentar con miles de modelos personales y colectivos entre los que cada uno pueda elegir.
No obstante, para los perezosos y los conservadores, seguirá siempre existiendo una educación pública «gratuita» y de calidad en la que estabular a sus hijos y delegar la responsabilidad personal. Puede que para los más torpes de entre vuestros hijos siga siendo la mejor opción.
No quiero, por tanto, acabar con la educación pública y privada tradicional, lo que quiero es que se permita que las familias y los individuos elijan el tipo de aprendizaje que deseen, en la escuela o al margen de ella.
–
Estos 33 daños caracterizan a la mayoría de la educación formal pública y privada en España, en Hispano-América y el mundo.
No todos estos daños tienen que producirse. Algunos pueden ser mitigados por metodologías más abiertas, como la Montessori o las escuelas Waldorf, por profesores excepcionales o por los cuidados paliativos que proporciones a tu hijo cuando esté fuera de la escuela.
Solo quiero advertirte de los riesgos a los que te expones. A los que expones a tus hijos.
Media hora que dediques un día a las necesidades de aprendizaje de tu hijo es más que lo que un maestro puede dedicar a tu hijo en dos o tres semanas. Y lo que dedique el maestro será un tiempo fragmentado en pequeñas intervenciones: simplemente no puede dedicar media hora seguida a nadie. Tampoco conoce a tu hijo mejor que tú.
—
Me permito recomendarte, además de mis maravillosos artículos, el documental de la Plataforma de la libertad Educativa Educación a la carta. Te servirá para eliminar algunos de los mitos sobre el homeschooling y el unschooling y poner en duda tus más preciadas creencias sobre el aprendizaje y las bondades del sistema educativo público y privado tradicional.
La entrevista inicial del documental es la de mi amigo Guillermo Pascual, que ya apareció en el artículo Jaque al sistema: hackea tu educación y que fue uno de los 52 adorables frikis de mi proyecto 52 comidas. La directora y guionista es Laura Mascaró, a la que también conocí en ese mismo proyecto e igualmente se convirtió en mi amiga.
–

Para: Homo Minimus <homominimus@hotmail.com>



La V mayúscula de Verdad se refiere a la vida ANTES de la muerte.
Es acerca de los valores que implica la real educación, que no tiene nada que ver con el acumular conocimiento y sí con la simple atención, atención a lo que es real y esencial, tan oculto en plena vista a nuestro alrededor, todo el tiempo, que tenemos que estar constantemente recordándonos a nosotros mismos, una y otra vez: esto es agua. Esto es agua. Esto es agua. Es inimaginablemente arduo de llevar a cabo, estar conscientes y vivos en el mundo adulto, día a día. Lo que trae a colación otro gran cliché archisabido: la educación es un trabajo para toda la vida. Y comienza ahora.
~David Foster Wallace
Es miércoles y estoy presentando las prácticas casi a mitad de semana.
¿Por qué?
A. Quiero promover tu autonomía. Ya deberías seguir las prácticas por tu cuenta, sin necesidad de mis avisos. Todas están en ¿El hábito que cambiará tu vida? Además, tienes el libro disponible con todas las prácticas y la filosofía de los cursos disponibles para descargar aquí.
B. Soy perezoso y voy atrasado esta semana en el blog.
C. Quiero que me eches de menos y quebrar tus expectativas.
D. Todas las anteriores.
Tengo el placer de comunicarte que hemos alcanzado la cifra de 1.164 preguntas para el crowdfunding del libro Minimalismo existencial. 67 generosos contribuyentes han participado. Todos ellos aparecerán en los créditos del libro.
Acabaré de escribir el libro antes de las 23:59 del 31.12.15.
Siempre he admirado y envidiado la larga lista de agradecimientos y créditos que los autores anglosajones muestran en sus libros. En contraste, los autores en lengua española a veces reconocen tímidamente alguna aportación y se lo dedican a su mujer o sus padres.
Una de las reglas para la creación de este libro es la regla de cooperación 33: al menos 33 personas han de colaborar conmigo en este libro. Pero nada impide que sean 333. Querría agradecer en el libro la cooperación no de decenas, sino de cientos de colaboradores, así este libro será lo mejor que puede ser.
Yo solo no lo puedo conseguir. Necesito tu ayuda.
Basta una simple pregunta para que pongas tu grano de arena. Puede parecerte una contribución minúscula, casi insignificante, pero es un grano que faltaría en el castillo de arena del libro.
Tienes hasta el 31.8.15, tres días, para hacer tu contribución.
Puesto que las preguntas más esenciales ya están hechas hace tiempo, te animo a que hagas preguntas absurdas o endiabladamente lógicas y conceptuales, abstractas o ridículamente específicas, cómicas o graves, obvias o inesperadas, sobre el minimalismo existencial. Pero también me sirven preguntas normales.
A estas alturas no importa tampoco que estén repetidas ( hay 14.679 palabras en 1.164 preguntas en 51 páginas en un documento pdf) y no es necesario que las leas.
Solo deja volar tu imaginación y escribe al menos una pregunta.
—
Una vez más: GRACIAS A TODA LA GENTE QUE ME ESTÁ AYUDANDO. Espero estar a la altura escribiendo el libro. Haré todo lo que esté en mis manos.

(Si me he olvidado por error de tu nombre o tus preguntas, por favor, dímelo en los comentarios y corrijo la lista)
(Actualizada a 30.8.14: 75 financistas y 1.306 preguntas)
Financistas |
Número preguntas |
|
| Sofía | 1 | |
| Virgilio Bravo | 1 | |
| AM | 1 | |
| Esther | 1 | |
| Isaac Peramos | 1 | |
| … | 1 | |
| M33 | 1 | |
| Someone | 1 | |
| Inma Torres, de Vida en positivo | 1 | |
| Santiroman | 1 | |
| Vanessa Chavarría | 1 | |
| ManMinimo | 1 | |
| Landes | 2 | |
| Edd | 2 | |
| CB. | 2 | |
| Marisa M. | 2 | |
| Brújula | 2 | |
| Alejandro Paccioti | 3 | |
| Javi | 3 | |
| Lilian | 3 | |
| OM | 3 | |
| Filias-Izaskun | 3 | |
| Mauricio | 3 | |
| Anónimo | 3 | |
| ! | 3 | |
| ME | 4 | |
| Fernando Alonso | 5 | |
| María | 5 | |
| Alberto Antonio, de Tribuna de Avalón | 6 | |
| Inspiracción femenina | 6 | |
| Jos | 6 | |
| Andrés | 6 | |
| Amarillo | 7 | |
| ??? | 7 | |
| O_O | 7 | |
| Reyes Altozano | 7 | |
| XXX | 8 | |
| Vianey Moyano | 8 | |
| Herman | 9 | |
| Moona | 9 | |
| A. | 9 | |
| Clara Verge | 10 | |
| Luisito | 10 | |
| Patricia Millán, de Relatos en construcción | 10 | |
| Marta | 10 | |
| N. | 10 | |
| Toche http://desobedeciendo.wordpress.com | 11 | |
| Jose Manuel Ciges | 11 | |
| A.M | 11 | |
| Li | 11 | |
| Rosana | 12 | |
| Esther, de Viaje al minimalismo | 12 | |
| Iván, del blog Entusiasmado.com | 13 | |
| Stone Vanissir | 13 | |
| Petro | 13 | |
| Melisa | 15 | |
| Roseypunto | 17 | |
| .O | 19 | |
| Islanet | 19 | |
| Yuri | 22 | |
| Jesús Manuel Millán | 23 | |
| Leo Carrero | 29 | |
| Judit | 30 | |
| Mario Casaretto, del blog del mismo nombre | 32 | |
| Mercé | 32 | |
| Flames | 55 |
| Alicia Guerra | 60 |
| Diana | 60 |
| Edwin Mediavilla | 60 |
| Raúl Carrère | 90 |
| Joy C. | 100 |
| Doctora X | 102 |
| Señorita M | 103 |
| Tomelín | 121 |
–
Hemos recorrido 2/3 del camino. Estas son las prácticas de la octava semana de nuestros cursos «¿El hábito que cambiará tu vida?»
Cualquiera de las prácticas es un excelente experimento vital, no importa que no hayas iniciado los cursos y empieces esta misma semana. Daría mi brazo izquierdo (soy zurdo) y el cuerpo calloso (aunque no soy epiléptico) por ser consciente de mis impulsos en tiempo real, por dormir saludablemente o por controlar deliberadamente mi exposición a las redes sociales.
Recuerda: no tienes que hacer las cosas en un orden determinado.
Recuerda: casi nunca, es todo o nada.
Recuerda: las cosas grandes tienen inicios pequeños.
Recuerda: experimenta y prueba cosas solo por el placer de saborear la variación y ver qué resulta.
Re-recuerda: puedo estar equivocado: quizá haya un orden óptimo para hacer las cosas, quizá haya que pensar en términos de absolutos, quizá las cosas grandes requieren acciones espectaculares (y a partir de ahí ir mejorando) y quizá es mejor comprar un modelo ya acabado que haya funcionado con otros y evitarnos el tiempo y el esfuerzo de la experimentación.
Nota: el crowfunding de preguntas para el libro Minimalismo existencial va a muy buen ritmo (80% aproximadamente) y es probable que en 5 días más lleguemos a las 1000 preguntas. Puedes consultar las que llevamos hasta la fecha aquí.
Muchas gracias a todos.
Como ves, cada vez te llevo menos de la mano.
No quiero darte instrucciones ni animarte en cada paso del camino. Con el tiempo, tú te darás tus propias instrucciones, o las buscarás, y te animarás solo.
Tu generosidad en forma de ideas-preguntas hará que escriba el libro Minimalismo Existencial. Hemos de llegar a 1000. Llevamos algo menos de 600. Tienes solo hasta el 31.8.15.
¿A qué coño esperas para hacer alguna pregunta?
Más detalles: Crowdfunding de ideas para el libro Minimalismo Existencial.
–
–
El mejor momento para iniciar algo es cuando no te sientes preparado.

Entre los miles de voluntarios, elegiré un mínimo de una persona y a un máximo de tres para el entrenamiento existencial.
Los míos, personales, subjetivos, irrefutables. Mis criterios, al igual que mi mala leche, son innegociables. Si no aparecen personas adecuadas en los próximos tres días, el proyecto se cancela.
Esta pregunta te descalifica para el proyecto. Decidir es descartar.
Si conoces a alguien que pudiera beneficiarse de esta iniciativa, aunque no sea lector del blog, no dudes en comunicárselo. También es una buena idea que tuitees o facebookees este artículo.
Fecha de inicio: 10.8.15
Fecha finalización: 10.11.15
Ahora vais a empezar a pagar.
Si el gran Leo Babauta de Zen Habits hace crowdfunding para su último libro y obtiene 224.255 dólares con 8211 contribuidores, ¿por qué no lo iba a hacer yo?
No encuentro motivo alguno para no haceros pasar por caja y financiar mi próximo proyecto. Después de todo, ¿no esperaríais que fuera a dedicar miles de horas a escribir un libro sin tener la garantía, la seguridad de que alguien fuera a pagar?
–

–
Ok, ya sé que siempre hablo de lanzarme a la piscina, de la mentalidad experimental, de «si no está roto, rómpelo», de que el mejor momento para hacer algo es cuando no estás preparado, etc. Ya te conoces la cantinela. Para mí es un soniquete, un zumbido en los oídos que ahora va a obstaculizar la petición que os voy a hacer.
Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, pero confío en que tengas poca memoria o que no seas sensible a las anomalías e inconsistencias de mi discurso.
De hecho, estás tan sumergido en el bombardeo de información: twitter, Facebook, Instagram, correo electrónico, WhatsApp, el teléfono, etc., que espero que no tengas mucho tiempo de reflexión y que leas este artículo en diagonal y que no conectes A con B y con C en tu mente, y reacciones como una rata de Skinner a mi petición sin pensar que soy un cobarde por no ponerme a escribir el libro sin garantías de nada, sin red de seguridad.
¡Pues de mi libro! De mi último libro, yo he venido aquí a hablar de mi libro, pero… no para que me lo compres… ya que no está escrito todavía, sino para que me lo financies, para que me lo empieces a pagar por adelantado.
Eso. Para que me asegures que puedo escribirlo. Y si no me lo financias, pues te van a joder. Te van a joder bien jodido.
Ok, disculpa, me estoy encendiendo.
Lo que quiero decir es que necesito que alguien financie mi nuevo libro sobre minimalismo existencial. Os necesito. Mejor dicho: TE NECESITO A TI. Sí, a ti, el que está leyendo esto.
El tío Mínimus te necesita. ¡Alístate!
–

–
–¿Has visto la película Nueve reinas, mi película argentina favorita? En una escena en unos baños públicos, Marcos (Ricardo Darín), un timador profesional descaradamente amoral, demuestra a Juan (Gastón Pauls) una verdad terrible: «Putos no faltan, lo que faltan son financistas». Pues yo digo lo mismo: tampoco faltan escritores, lo que faltan son lectores que compren libros y contribuyentes a campañas de crowdfunding.
–

–
Das una patada a una piedra y tienes mil escritores dispuestos a escribir, escribiendo, habiendo acabado de escribir y anhelando escribir. Así que no, no faltan escritores ni libros. Lo que faltan son financistas.
Y ahora vas a empezar a pagar.
Tú eres mi financista. Sí, tú, no mires a otro lado.
Si el gran Leo Babauta es financiado por las multitudes en su último libro , ¿por qué voy a ser yo menos?
Yo también quiero escribir un libro.
¿Me lo financias? ¿Quieres ser mi financista? Yo seré tu escritor.
Voy a pedirte una financiación especial. No digo que levantar 224.250 dólares, euros, bolívares pesos, shekels, lempiras, soles, colones, guaranís, reales, francos suizos, libras, quetzales, balboas, coronas suecas , o loquequieraquesea, como Leo en pocas semanas, no esté bien.
Pero no me sirve el ejemplo de Leo. 224.250 dólares americanos son calderilla para un minimalista como yo.
Voy a pedirte algo más valioso todavía, mucho más valioso, extremadamente valioso.
–

¿Sabes cuál es el miedo profesional más grande de un profesor universitario?
NO, cambio la pregunta: ¿cuál crees que es el miedo más grande de un investigador existencial como yo?
Supongo que dirás: «No saber responder a un discípulo», «ser ridiculizado por un estudiante o colega que sepa más o que te ponga en un brete haciéndote una pregunta que no sepas responder…» .
Pues no.
Un verdadero investigador, alguien que está inmerso en la búsqueda del conocimiento, en este caso del conocimiento existencial, tiene un gran miedo. No es no saber responder preguntas en su campo. No es ser ridiculizado. No.
–

–
El miedo más grande es que se le agoten las buenas preguntas. Las preguntas son el bien intelectual más preciado. No el presupuesto, no las respuestas convincentes, no la reputación. NO.
El miedo más grande está en quedarse sin buenas preguntas. Y las mías son escasas. Tengo miedo a quedarme sin preguntas interesantes, sin preguntas que me obliguen a empujar mis límites.
Estoy necesitado de preguntas. El mundo está falto de buenas preguntas.
El minimalismo existencial no es una excepción en el océano del conocimiento humano: cada día me cuesta más escribir artículos novedosos, empujar las fronteras de lo posible, descubrir recovecos en mis certezas, encontrar la proverbial aguja en el abultado pajar, localizar la pepita de oro que se esconde en mis arenas interiores cuando uso el cedazo del minimalismo existencial.
Esto es duro. Esto es muy duro.
Así que puestos a pedir, te voy a pedir algo realmente difícil, algo que es muy difícil tener y todavía más difícil dar.
Llevamos al final del artículo y al corazón de la petición que hago.
Necesito que financies mi libro sobre Minimalismo Existencial.
Y necesito que lo financies con lo más balioso que tienes: con buena ortografía.
No, bromeo. Necesito que lo financies con lo más valioso que tienes: con tus ideas.
Pero no cualquier tipo de ideas,.No me sirve, por ejemplo: entrevista a X, haz dibujos bonitos, utiliza técnicas de marketing online, danos la receta de la felicidad en 10 cómodos pasos, imita el estilo de James Altucher, cuenta cuentos como Pablo Coelho, muéstranos tu sistema de productividad ,etc.
No me valen ese tipo de ideas.
Te voy a exprimir como a una lima antes de prepararme un mojito cubano y voy a extraer hasta la última gota.
Quiero que te conviertas en coautor de este libro.
Tus ideas han de ser las preguntas que tengo que responder. Quiero que seas la chispa que encienda mi motor. Start me up, baby!
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Cosas que no sabes y quieres saber. Cosas que son anómalas o contradictorias y quieres desentrañar.
Preguntas para reducir el rozamiento existencial.
Preguntas para aerodinamizar tu vida.
Preguntas que debería responder mi libro Minimalismo Existencial.
Preguntas muy generales tipo «¿Cuál es el sistema de productividad de un minimalista existencial? hasta preguntas muy concretas como «¿Cuál es tu ritual de desayuno?», «¿Dónde debería veranear un minimalista», «¿Cómo convenzo a mi pareja para que se haga minimalista?».
Desde preguntas teóricas como «¿Qué relación hay entre la aerodinámica y el minimalismo existencial», «¿Qué son las UPAs o Unidades Permanentes de Atención en la memoria?, hasta preguntas muy prácticas del tipo «¿Recomiendas una libreta o un computador para gestionar minimalistamente tu vida?» o «¿Cómo saco tiempo para cultivar mis intereses y pasiones?»
Pasando por todo tipo de preguntas, lógicas, filosóficas, psicológicas, absurdas, de detalle, de ampliación, sobre productividad, política, felicidad, estilo de vida… LO QUE SEA, cualquier pregunta que esté remotamente relacionada con el diseño de vida que propugna el Minimalismo existencial, que te resulte interesante o que sea útil para ti.
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Tengo muy poca imaginación, soy un indigente, un sintecho de las preguntas, no se me ocurre nada mejor. Te NeCeSiTo.
El libro estará listo el 31.12.15. En ese libro responderé todo lo que sea capaz. En cuanto tenga las preguntas, me pondré a buscar las respuestas y escribir el libro. Lo juro.
Quiero que me financies con lo más valioso que potencialmente tienes.
Con tus ideas en forma de preguntas.
Me vale cualquier tipo de preguntas.
No hay pregunta mala.
Pero hay preguntas mejores, así que esfuérzate, ¡huevón!
El minimalismo existencial es un diseño de vida animado por principios minimalistas que busca cultivar los pocos vitales y reducir los muchos triviales. Es un diseño de inspiración existencialista porque te pone de frente ante tu vida y tus fantasmas y te otorga TODA la responsabilidad. TODA. Sin excusas, sin lamentos.
Cuantas más preguntas, mejor.
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Si solo tienes una pregunta en tu cabecita,
la acogeré como un precioso don
Si tienes cinco me harás el más feliz de los hombres
Si me regalas treinta preguntas… el cielo se abre ante mí
Si me envías una lista de cien preguntas…
Ohhhhh, ¡qué diera yo por un beso de cien preguntas!
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El objetivo de la campaña es 1000 preguntas. Si hay 1000 preguntas, escribo el libro.
Las puedes escribir en los comentarios o enviármelas a homominimus@hotmail.com con un ramo de rosas y una botella de champán.
Te estaré infinitamente agradecido.
Obras son amores y no buenas razones.
Te necesito.
Firmado:
Homo Mínimus (31.7.15)

CaMpaÑa de fiNanciAcIón de mUltituDes paRa el libro MiniMALISMO existencial.
Duración de campaña: recogeré y acogeré preguntas en mi regazo hasta el 30.8.15
Objetivo campaña: 1000 preguntas. Si hacéis entre todos 1000 preguntas, publico el libro.
Fecha de publicación: enero del 2016.
Seguimos con los tres cursos en paralelo que os propuse en ¿El hábito que cambiará tu vida?. Ahí puedes encontrar todas las prácticas.
Estas son las prácticas, misiones y retos de esta cuarta semana:
Curso de atención plena: Sé gentil con las puertas. Un ejercicio aparentemente insignificante de atención centrado en un pequeño gesto. Dios y el Diablo están en los detalles, así que hazte consciente de ellos.
Curso de perseverancia y autorregulación: Sé paciente en las conversaciones. He de decir que para mí esto es casi imposible, por eso lo necesito más que nadie, por eso esta será mi misión de esta semana.
Curso de salud minimalista. ¡El reto de meditación 10×10!. Este reto es muy completo e incluye habilidades de los cursos anteriores de atención plena y perseverancia: tienes que practicar la plena consciencia o atención plena durante 10 minutos diarios y tienes que esforzarte durante 10 días por seguir la práctica.
En otro artículo te sugiero un posible método para recordar el hábito de meditación, lo he llamado El santo grial de la formación de hábitos: Anuncio cuarto reto de meditación 10×10. Es aplicable a cualquier otro hábito que quieras formar.
Durante 10 días practicaremos 10 minutos de meditación guíada. Te proporciono los audios con la descripción de las prácticas y algunos consejos e ideas. Si nunca has practicado la meditación, podría ser una buena ocasión para darle una oportunidad. Luego ya decidirás si la meditación es para ti y quieres continuar. Como dura diez días, ocuparemos esta y la siguiente semana.
No importa que no sepas nada de meditación, en los audios te digo cómo hacerlo de manera sencilla mientras te guío con mi aterciopelada voz.
Estos son las prácticas en cada uno de los cursos para esta segunda semana:
Próximamente elaboraré una lista con los participantes que se han comprometido públicamente.
Puedes apuntarte en la pestaña correspondiente del blog.
Que la fuerza te acompañe.
Este es un artículo recopilatorio de un experimento personal que desarrollé en el 2013 en el extinto blog Tecnologías del Yo. Lo transcribo con la intención de mostrar el uso del cuaderno de bitácora en los experimentos personales.
Idealmente, siempre que inicies un proyecto personal o un simple experimento, como en este caso, deberías abrir una documento de texto digital o en papel para escribir día a día, o en breves intervalos, tus sensaciones, pensamientos, descubrimientos y lecciones aprendidas.
Me dije a mí mismo, “Si no estás dispuesto o eres capaz de ser el tipo de persona que está dispuesta a sentirse incómoda durante cinco minutos en la ducha, donde el único resultado es que estarás helado durante cinco minutos y serás la única persona afectada por la decisión, entonces, ¿cómó vas a tener alguna vez la fortaleza necesaria o el coraje para sentirte incómodo en una situación donde los resultados son mucho mayores y la gente afectada por tu decisión sobrepasa con creces a la de un solo individuo?”
—Resumen que hace Joel Runyon en una conferencia TED sobre el desafío de la ducha fría.
Me he levantado, he hecho mi cama, he encendido el ordenador. Pero hoy era un día especial. Es un lunes, y los lunes suelen ser buenos días para acometer nuevos retos. Ayer, en mi revisión semanal inspirado por el blog de Joel Runyon, Impossible, decidí que me vendría bien un revulsivo.
He salido del dormitorio llevando conmigo mi reloj-alarma y lo he programado para que vibrara en 5 minutos. He abierto el grifo del agua fría al máximo, he esperado unos segundos y me he sumergido. Mucho más fría de lo que esperaba. No la he probado antes ni me lo he pensado, porque sabía que sería peor y que una terapia de choque en vez de un enfoque gradualista sería mucho más eficaz; también reduciría la probabilidad de que me acobardara y dejara el reto… para mañana.
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Sumergí la cabeza debajo del chorro de agua helado y lo he mantenido ahí todo lo que he podido. Según pasaban los segundos, quizá alrededor de unos veinte, he sentido un frío terrible, se me ha puesto la carne de gallina, y durante unos instantes me ha resultado insoportable. La cabeza se ha estremecido y me he puesto a dar pequeños saltos en la ducha para intentar vencer el dolor. Durante unos cuantos segundos he estado al borde de abandonar, pero la sensación era tan intensa que ni siquiera creo haber sido capaz de armar alguna racionalización que me legitimara para dejarlo.
Pasados unos pocos segundos más, quizá otros treinta más, el momento crítico ha parecido remitir y he sentido el agua menos hiriente. Me sentía terriblemente frío y he ido dejando que el agua cayera sobre todo mi cuerpo. En vez de sobre la cabeza, he dejado que golpeara sobre el pecho y resbalara sobre el resto del cuerpo. Entonces he pensado que podría soportarlo pero el agua seguía tan fría que consideré que sería mejor hacer algo en vez de centrarme en las sensaciones.
He tomado el bote del champú y he vertido un buen chorro en la mano; luego me he frotado vigorosamente la cabeza. Como no estoy acostumbrado al agua fría, ni siquiera al agua tibia (siempre me ha gustado ducharme con agua muy caliente) me he preguntado si el champú en agua fría sería efectivo; he pensado que no, que quizá tendría que lavarme la cabeza después con agua caliente. Pero no importaba, porque por lo menos me mantenía entretenido en el suplicio.
He seguido enjabonándome y pasados unos minutos, no sé cuántos, he empezado a pensar que quizá el tiempo ya había concluido o que había programado mal la alarma o que bajo el agua no la había oído o que se había estropeado… Subjetivamente, sentía que llevaba quizá 7 u 8 minutos. Me he dado cuenta de que esto sí que era una racionalización para intentar salir de la ducha unos segundos y comprobar el tiempo transcurrido. He inhibido el impulso y me he mantenido debajo de la lluvia helada.
Finalmente, he oído el sonido de la alarma y con un gesto de tremendo alivio me he precipitado fuera de la ducha. Eso sí, pasó por mi cabeza fugazmente el seguir un poco más, pero como la línea de meta estaba marcada en los 5 minutos me ha parecido que el objetivo del día estaba cumplido.
Tomé una toalla y empecé a secarme. Enseguida me he sentido muy cálido y reconfortado, mi cuerpo ha generado calor y en pocos segundos me he sentido casi eufórico, con una mezcla de orgullo y alivio físico.
Hay literatura abundante sobre los beneficios físicos de las duchas o baños en agua fría o helada; entre ellos, las mejoras del sistema inmunitario, la mejora de la calidad del sueño o la subida en los niveles de testosterona.
En Suecia, es costumbre el sacar a los bebés fuera de casa para que echen la siesta al aire libre. No solo logran más resistencia a los catarros o resfríados sino que también mejoran la calidad de su sueño.

En Siberia, van un paso más allá y en un ritual llamado Rodnichok vierten un cubo de agua helada sobre la cabeza de los niños entre los 2 y los 6 años de edad. Algún estudio muestra que sobre el 95% de esos niños se mantienen sanos durante la estación de la gripe en contraste con solo el 75% para los niños que no participan en el ritual.
Pero no son los beneficios físicos los que estoy buscando; lo que pretendo es fortalecer mi capacidad de autorregulación haciendo algo relativamente difícil pero simple. Me expondré durante 28 días a un cierto estrés en un entorno controlado, que espero que sirva para entrenar mi capacidad de inhibir la respuesta automática –la evitación o huída– y mantener mi determinación.
Un hombre sano y alegre necesita de vez en cuando algo de peligro, de lo contrario la vida se lle vuelve insoportable.
–Friedrich Nietzsche
Ya estoy en el tercer día. Y estoy en el tercer día quizá de milagro. Ayer en el primer minuto estuve a punto de dejarlo. Sentí el deseo de recular y huir del desafío en cuanto el agua se puso helada. Pude sentir claramente la sensación. Hice incluso el ademán de salir de la ducha. Pero me contuve, afortunadamente me contuve.
Hoy no he hecho ademán de salir de la ducha fría una vez entrado. Ha sido peor. Hoy ha operado una racionalización que casi evita que entrara en la ducha. Ha sido la siguiente: me he levantado un poco antes, he desayunado algo porque tenía hambre y no me he duchado porque me parecía demasiado pronto. Me he vuelto un rato a la cama. Después de sonar el despertador he comenzado a recular mentalmente:
“He comido. No he hecho la digestión. El agua está terriblemente helada. Me puede dar un corte de digestión. Mejor aplazar la ducha para la tarde.”
He estado a punto de ceder, me he convencido a mí mismo, y me he ido al baño dispuesto a darme una ducha caliente. He pensado incluso que me lo merecía tras los traumas térmicos de los dos días anteriores. Pero no sé ni por qué ni cómo, un sexto sentido, una parte mía que no se cree las mentiras que me digo, ha salido en mi socorro. Ni siquiera he tenido que refutar la racionalización argumentando que no existen los cortes de digestión o que si existieran no iban a tener lugar habiendo comido tan poco.
El hecho es que mi parte más noble, corajuda e imparcial ha decidido que iba a tomar una ducha fría después de todo. Sin excusas, sin dramas, adiós racionalizaciones.
He puesto la alarma de los 5 minutos, he girado el grifo al máximo y me he metido en el agua . Una vez girado el grifo, me dije que mejor entrar lo antes posible y disfrutar de unos segundos de agua no helada, los suficientes para que empiece a salir realmente fría.
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Este argumento también lo empleé ayer. Me parece muy efectivo. Me pongo una pequeña zanahoria motivacional delante (unos pocos segundos de agua tibia) antes de soportar el agua helada. Como la mente es tan cortoplacista, me ha servido para precipitarme dentro de la ducha por miedo a perder esos segundos preciosos de agua todavía no hiriente. Es una reacción algo estúpida, porque esos segundos preciosos los iba a tener igual fuera de la ducha. Pero funciona. Se acaban las dudas.
Hoy, por primera vez, he sentido deseos de seguir más allá de los cinco minutos obligatorios. He estado unos segundos más solamente porque tenía algo de prisa. El otro día leí en una estación de tren “El tiempo no existe. No tengas prisa.” Pero hoy tenía un poco de prisa y por eso no seguí hasta los diez minutos.
Aquí está la gráfica donde monitoreo el avance del desafío de la ducha fría. Solo me quedan 18 días para alcanzar la meta de 28 duchas frías en 28 días.
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Esta mañana, por error, puse el agua caliente, la rocé con la piel y enseguida salí de la ducha para cambiar el agua a fría y volver a entrar. Sentí el agua caliente como extraña. Solo diez días y ya siento el agua caliente como extraña.
El agua sigue estando igual de fría que hace diez días, pero siento que me acostumbro mucho antes a ella. Ya casi no tengo que dar pequeños saltos para mantenerme dentro de la ducha. Hoy, creo que por primera vez, he sido capaz de olvidarme del frío y he pensado en tareas que tengo que resolver en el día. No sé si esto es bueno del todo.
En los nueve días anteriores vivía el desafío en tiempo intensa y gélidamente presente. Hoy, en cambio, mi mente ha vagado por el futuro. Esto significa que me estoy acostumbrando. Nada malo en acostumbrarse a las cosas, pero hay que tomar nota. Supongo que es un mecanismo mental general de habituación. Lo sorprendente es que uno sea capaz de habituarse tan rápidamente a algo que siempre había pensado que era terriblemente difícil o incómodo. Ya experimenté algo parecido cuando me acostumbré en solo dos días a tomar café solo, sin azúcar o sacarina.
Hoy, por primera vez en el tiempo que llevo de desafío, he sido capaz de estar 10 minutos bajo la ducha.
Sabía que terminaría llegando este momento. Lo más sorprendente es que no me ha costado gran cosa. No solo me adapto al frío en menos tiempo (menos de un minuto) sino que además ahora soy capaz de estar más tiempo debajo de la lluvia helada sin gran sufrimiento.
He notado otro efecto emocional importante: en los días en que me levanto más bajo de ánimo, la ducha está teniendo un efecto emocional muy positivo. Parece que después de someterme a un estrés físico la ansiedad, las preocupaciones, los pensamientos negativos, quedan neutralizados.
La razón puede estar en que el estrés físico (no el emocional o psicológico) se vive en tiempo presente: uno no se siente propenso a las divagaciones existenciales cuando está desnudo tiritando y dando saltos debajo del agua. Me centro en el agua fría y en nada más. Esto desplaza el foco mental del pasado o el futuro al momento presente. Además, cuando se acaba el “suplicio” siento sensación de logro.
No esperaba que el acostumbrarme al agua helada fuera tan rápido. Han bastado 15 días. Ahora solo quedan por delante 13 días más y el desafío se habrá superado. Siento que es muy poco probable que no logre completar con éxito total el desafío. Bien.
El 3.6.13 inicié el desafío de la ducha fría. Desde entonces, he completado 28 duchas frías todas las mañanas. Solo el día 27.6.13 no me duché (ni con agua caliente ni fría ) y por eso he acabado el desafío hoy 1.7.13 y no el 30.6.13.
De los 28 días, en tres de ellos estuve diez minutos en vez de los cinco habituales. Fueron el 17.6.13, el 30.6.13 y hoy 1.7.13. Lo hice para divertirme y demostrar dominio en el desafío.
El gráfico de seguimiento es este:
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Considero que el desafío ha sido un rotundo éxito.
En inglés existe el término “flinch”, que es el movimiento de retroceso o evitación que se hace ante un miedo o la perspectiva de dolor.
En el mundo del boxeo, es un término de la jerga. Un boxeador antes de recibir un golpe puede echarse para atrás, girarse, puede perder perspectiva o visión y cerrar los ojos. Esa reacción instintiva puede ponerle en un aprieto mayor ya que le vuelve más vulnerable y permite que el contrincante explote las vías de ataque abiertas.

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Los entrenadores son conscientes del flinch del novato y emplean métodos de entrenamiento para controlar el reflejo. El flinch coloca al boxeador en una actitud defensiva, más de evitar el dolor o el golpe que de buscar atacar al contrario. Esto es lo que nos ocurre en la vida cuando ante una situación de miedo, temor o incertidumbre nos enfocamos en evitar el dolor y en correr fuera del peligro percibido. Normalmente el temor nos hace perder perspectiva, focaliza la atención en el dolor y no nos permite actuar inteligentemente.
En mi desafío de la ducha fría he tenido ocasión de experimentar el flinch varios días. Más en los primeros días, menos al final.
Para vencer el flinch o reflejo de retroceso he usado dos técnicas:
Si no puedes hacer algo incómodo y difícil durante 5 minutos en la ducha, ¿cómo diablos vas a hacer algo incómodo y difícil en la vida real?
Este artículo es un artículo invitado de mi amigo David López.
Lo conocí por casualidad en twitter. Hemos tenido encendidos debates. A diferencia de lo que a menudo sucede, hemos terminado congeniando. Supongo que porque ambos estamos poseídos por el espíritu de la contradicción y el gusto por debate racional. Los dos estamos dispuestos a modificar nuestras posiciones si encontramos argumentos de peso y, por qué no decirlo, ambos disfrutamos con la lucha dialéctica.
Hace una semana tuvimos otra discrepancia: la cuestión era si es legítimo o no el boicot: recomendar a otras personas que dejen de comprar Coca-Cola si consideran que la empresa con su publicidad (siempre destinada a ganar dinero, por supuesto) está transmitiendo una imagen de la familia diferente a la de mis principios, creencias morales o simples preferencias.
Este es el anuncio «Familias» origen del boicot:
El mensaje de boicot a través de la página de Hazte Oír es este:
Pide al presidente de Coca-Cola, Jorge Garduño, que retire su campaña de televisión anti familia y plantéate elegir otras marcas de refrescos.
Yo considero que el boicot no violento es un acto que entra dentro del ámbito de acción legítima de las personas y es irrelevante que cause daño económico o moral al boicoteado o a otras personas, bien sea a los accionistas de la empresa, a grupos sociales o directamente a personas físicas.
De hecho, el boicot tiene sentido porque genera presión, algún tipo de daño en reputación o beneficios y pretende influir en una cierta dirección; si no, no se haría.
—
Como bien explica David, nuestro debate es sobre la legitimidad, no sobre la legalidad, pues en la mayoría de los países democráticos los ciudadanos somos libres de recomendar comprar o no determinados productos y expresar nuestro rechazo con medios no violentos. Con la palabra “legitimidad” nos referimos a si el boicot es coherente o no con algunos criterios de justicia o valores que consideremos superiores.
David plantea cuestiones para dilucidar el problema y se posiciona al respecto, aunque no está del todo de acuerdo consigo mismo.
Hay dos maneras de leer este artículo.
Boicotear
• Excluir a una persona o a una entidad de alguna relación social o comercial para perjudicarla y obligarla a ceder en lo que de ella se exige.
• Impedir o entorpecer la realización de un acto o de un proceso como medio de presión para
conseguir algo
Perjudicar
• Ocasionar daño o menoscabo material o moral.
Impedir
• Estorbar, imposibilitar la ejecución de algo.
Ceder
• Rendirse, someterse.
Someter
• Subordinar el juicio, decisión o afecto propios a los de otra persona.
–Una vez expuestos esos términos, creo que casi ninguno positivo, vamos a fijarnos en qué es la Libertad de Expresión:
Wikipedia: Según la Convención Americana sobre Derechos Humanos” o “Pacto de San José de
Costa Rica” de 1969, en el Artículo 13:
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho
comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin
consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto
2. El ejercicio del derecho previsto en el inciso precedente no puede estar sujeto a previa censura, sino a responsabilidades ulteriores, las que deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para asegurar:
a) El respeto a los derechos o la reputación de los demás.
Entonces deduzco que el boicot entraría en la categoría de Libertad de Expresión, ya que estoy
legitimado a decir que la Coca-Cola, con su anuncio con una pareja gay, atenta contra mi moral.
Puedo gritarlo a los cuatro vientos o al que me quiera escuchar.
Respecto al caso específico que nos atañe, “Boicot a Coca-Cola”:
• ¿Estoy legitimado a decir que una pareja gay no es “la familia natural”? ¿Atenta eso contra el derecho de esa pareja gay a definirse como familia? ¿No atento contra su condición dado que
hago discriminación por orientación sexual?
• ¿Acaso no atento contra Coca-Cola, contra su reputación, dado que digo que intentan fomentar “familias no naturales”?
• ¿Que alguien diga de mi familia que no es natural o atenta contra la moralidad no me ocasiona ningún perjuicio?
• Lo planteo de otro modo. Si junto 1 millón de personas en Gran Vía y todos ejercen su libertad de expresión diciendo que los negros les causan daños morales… ¿No están ellos mismos
causándole un daño moral a otro?
Con respecto a los boicots en general:
• Desde un punto de vista de Libertad: ¿Tengo derecho a causarle una (posible) pérdida
comercial a una empresa porque “me ampara la libertad de expresión”? Si es así, esto sería el
Oeste. Yo me pido un 44 Magnum.
• ¿Es correcto juntar varios miles de personas para ejercer fuerza y amedrentar a un tercero e
imponerle nuestra visión?
• Recuerdo el boicot a La Noria: El que lo hizo dijo “Lo hice por contribuir a una sociedad mejor”. ¿Es lícito que SU visión de la sociedad sea impuesta por el uso de la fuerza y la presión a terceros aunque sea de palabra? ¿Por qué es su visión “la buena”?
• Aunque la Justicia diga que ha pasado los límites de la Libertad de Expresión, ¿Quién resarce el daño? Curiosamente en este último caso, el juez admitió a trámite la querella de Mediaset (luego retirada).
—
Al punto al que quiero llegar con toda esta exposición es que aunque sea legal el boicot (con
matices) no creo que siempre tenga que estar amparado por la Libertad de expresión, sobre todo cuando se intenta coaccionar (no siempre de manera explícita) la libertad de otros.
Por otra parte, también creo que el boicot sí debe estar amparado por la Libertad de expresión, dado que no se puede limitar previamente.
Si tuviera que elegir posicionarme, elegiría la segunda (amparado) pero sin estar completamente de acuerdo conmigo mismo.
Hagan juego en los comentarios, por favor.
Para añadir más elementos de juicio, proporciono el artículo origen del boicot y dos artículos en contra y a favor de él:
El jueves pasado mantenía una tertulia pública con dos escritores, Eduardo Laporte y Rafael Sarmentero, el Genio. El tema era el proceso creador en la literatura y en la vida. Éramos unas veinte personas en la sala. Yo moderaba la charla y entrevistaba a ambos literatos.
En medio de la conversación, Eduardo habla sobre la necesidad de romper los dogmas y mirar el mundo con ojos nuevos. Me suena a cliché y abstracción. Le conmino a que me dé algún detalle. Duda antes de responderme. En esos segundos, pasa por mi pantalla mental una ocurrencia de Mr. Hyde: me imagino tomando un vaso y estampándolo contra el suelo de baldosas de la sala, el estruendo del cristal y la cara de pasmo de la gente. Mi ejemplo de romper las reglas expresado cristalinamente (nunca mejor dicho) sin palabras. Si alguien me hubiera pedido explicaciones, hubiera dado la siguiente respuesta: «En literatura, es mejor mostrar que decir».
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Miro a la mesa y solo veo vasos de tubo con líquido (no arrojables sin manchar demasiado y salpicar a la gente que tenemos al lado) y botellas de Coca-Cola y agua vacías.
Re-imagino la escena y me visualizo arrojando una botella vacía de Coca-Cola cero. En mi nueva simulación mental, la botella no se rompe, ni siquiera hace mucho ruido, pero la gente me mira con cara de «Este tío es idiota« y yo me siento frustrado porque el número sale mal.
Mientras tanto, Eduardo ha encontrado ya una forma de salir del brete en que le he puesto al pedirle más detalles y responde con el caso del escritor Juan José Millás y su atención a detalles en principio irrelevantes; por ejemplo, «Ayer cené macarrones y agua del grifo». Tirando de ese hilo se puede llegar a un montón de asociaciones sobre el sistema de alcantarillado y la civilización occidental.
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La ocurrencia de Mr. Hyde o mi Inteligencia Generadora ha sido sensatamente inhibida. O no. No sé. Quizá si hubiera roto el vaso con agua o Coca-Cola delante de todos ahora tendría una historia más espectacular que contar. Quizá habría despertado reacciones de histeria entre los presentes, y alguien habría dicho: «Por favor, ¿hay un psiquiatra en la sala?», y habría resultado que sí lo había, porque estaba un amigo mío del Proyecto 52, Manuel, que habría podido intervenir y transformar la tertulia en una terapia de grupo en el pabellón psiquiátrico de letraheridos.
El caso es que inhibí la ocurrencia de mi Yo más oscuro y roquero, y en vez de estampar la botella (símbolo fálico de la guitarra eléctrica) sobre el suelo, decidí seguir con la conversación.
Tener muchas ideas no significa materializar todas las ideas. Pero tener ideas, muchas, cuantas más mejor, es conveniente para poder elegir de un repertorio amplio. Para tener buenas ideas hay que tener muchas ideas. Necesitamos la inteligencia generadora de Mr. Hyde, la capacidad de simular mentalmente las implicaciones de nuestras ocurrencias, y también un sistema de filtro que nos permita seleccionar las mejores. En última instancia, el Yo Ejecutivo ha de decidir a cuáles dar luz verde y a cuáles dejar en el limbo.
Hay una anécdota sobre Picasso, probablemente apócrifa, en la que se cuenta que estaba en un compartimento de tren en un viaje por el sur de Francia; un hombre lo reconoció y entabló conversación con él. El viajero le dijo que su pintura no le acababa de convencer porque “no era realista”. A lo que Picasso respondió “¿Qué quiere decir con que ‘no es realista’? “. El hombre, confrontado respondió: “Pues que no es realista, que no es real, está claro, que le falta vida, usa unas pocas líneas y figuras geométricas”.

Picasso siguió inquiriendo: “Pues no sé a qué se refiere con eso de que mi pintura no es realista, ¿puede ponerme un ejemplo de algo que sea realista? No lo acabo de entender. ”. El hombre ya un poco molesto sacó una fotografía de su mujer de la cartera y dijo triunfante: “¿Ve a mi mujer? , ¡Esto es realista!». A lo que el pintor espetó “pues qué pequeñita y plana es su mujer…”
Cualquier representación humana es una simplificación, incluso la aparentemente más completa y compleja. Si no lo fuera, nuestros cerebros serían incapaces manejar computacionalmente esas representaciones. Un mapa del mundo que fuera tan grande como el mundo que representa no sería de ninguna ayuda.

Una buena simplificación, un buen modelo mental, capta lo que hay de esencial o lo más importante para un propósito determinado y permite mantener y manipular la información correspondiente. La misma percepción sensorial, en toda su riqueza, es un pálido reflejo de la realidad subyacente, un modelo también simple de lo que hay ahí fuera. No nos queda más remedio que simplificar si queremos obtener guía para la acción.
El cerebro cuando predice o anticipa el resultado de una acción es como un ordenador que simula la realidad a través de un modelo matemático desplegándose en el tiempo: parte de unas condiciones iniciales y unas leyes o reglas de transformación y obtiene una predicción que usamos en nuestro proceso de decisión.
Por eso, cuando el hombre práctico o el hombre de mundo se burla de los hombres de ciencia y de sus teorías, y declara que le dejen de teorías, que él es un hombre de acción, no sabe de lo que está hablando. Un hombre práctico que busca seleccionar un curso de acción depende tanto de las teorías como un profesor universitario de ciencias (de los profesores de humanidades, hablamos otro día), solo que sus teorías son más simples, poco o nada argumentadas y menos sometidas a la crítica racional.
Habitualmente, como dijo Keynes, detrás del hombre de acción, del hombre de Estado, hay varios economistas muertos hace décadas cuyas teorías quedaron obsoletas mucho tiempo atrás, pero que el hombre autodenominado práctico sigue empleando porque no conoce otras mejores.

En el minimalismo existencial pretendemos hacer algo parecido a lo que hace un científico: creamos teorías del mundo y de nosotros mismos que son útiles para nuestros propósitos y que cuentan con diversos grados de abstracción. También consideramos que cuanto más verdaderas sean, mejores serán nuestras predicciones y decisiones.
Cuando se nos crítica por teóricos o porque no tenemos en cuenta la rica textura de la vida y sus complicaciones, podemos aducir lo mismo que Picasso: que todos simplificamos y que nuestras simplificaciones intentan resolver problemas; en nuestro caso, problemas existenciales.
Mira este dibujo de una madre amamantando a su bebé:

Ahora echa un vistazo a este otro más realista de una escena similar de una madre con su bebé:

Quitando tu gusto por la representación más naturalista o la más abstracta, ¿cuál crees que capta mejor la esencia de la maternidad y la relación entre la madre y su hijo?
Mi respuesta es que la economía de líneas del primer dibujo , que resulta ser de Picasso, capta mucho mejor en unas pocas líneas y en toda su simplicidad la maternidad. En esos trazos, pocos pero bien puestos, se recoge un aspecto de la realidad difícil de poner en palabras. Esta es la función cognitiva del arte: usar sonidos, trazos o materia para transmitir un sentido profundo, difícil de condensar y captar de otra manera.
Esta sería una analogía pictórica para lo que pretendo lograr con mi filosofía del minimalismo existencial: captar lo esencial de la realidad , reducirlo a su síntesis más profunda, practicar la economía de medios y sacar el meollo a la vida.
La discusión anterior nos podría llevar a pensar, erróneamente, que menos es siempre más o mejor. Los minimalistas, según esta concepción, serían un tipo de ascetas del siglo XXI, casi quietistas, que siempre hacen lo menos o lo hacen siempre con los medios más reducidos.
No digo que no me gustaría que así fuera, pero mi creencia es que no es posible, que no es posible hacer lo mínimo si aspiras a lo más.
En realidad, creo que en muchas cuestiones existenciales, entre ellas la invención y el descubrimiento propias de la actitud existencial creadora, es justamente lo contrario: hay que privilegiar la cantidad a la calidad: miles de pasos tentativos inciertos, torpes, provisionales, para quizá alcanzar una idea que valga la pena.

Los procesos evolutivos suelen ser derrochadores, precisamente porque sin derroche no se pueden testar nuevas direcciones y combinar miles de elementos con la esperanza de dar con uno un poco mejor.
Puede que el producto minimalista sea en ocasiones terso, sencillo, elegante como una ecuación matemática o como un dibujo de Picasso, pero no creo que el proceso minimalista deba o pueda ser así. Sería irracional pensar que podemos alcanzar lo más con lo menos, por muy bien que administremos los recursos. Cuantos más recursos de tiempo y atención tengamos, más margen para obtener mejores resultados tenemos.
En el artículo El minimalismo existencial en cien frases una lectora me decía que estaba bien, pero que esa lista no era minimalista, que eran demasiadas frases. Le repliqué fastidiado: “¿Demasiadas frases en la lista comparado con qué?”, a lo que replicó: “comparada con un lista más corta”.
Finalmente contraataqué con una declaración de principios:
Las cosas han de hacerse todo lo simples y cortas que se pueda, pero no más, so pena de no decir nada o de eliminar algún esencial.
Podía haber escrito “Menos es mejor” o “Menos es más” y olvidarme del resto de las frases, pero tengo la sensación de que no sería lo mismo.
No hay que confundir el minimalismo con hacer siempre lo mínimo.
Si quiero transmitir la esencia del minimalismo necesito al menos cien frases; las síntesis del tipo «Menos es mejor», al igual que las definiciones, solo suelen ser útiles al final del proceso, como recordatorio, cuando ya has hecho todos los experimentos y trabajado para comprender en profundidad.
El otro día me llamó la atención en twitter esta viñeta tan sencilla y llena de significado, es como un aforismo de esos que dan que pensar y explotan en un montón de significados:

Pero me gustó más todavía la respuesta de Amarillo Indio a la alabanza de uno de sus seguidores:
@amarilloindio Amigo, está es maravillosa.
@Kartoffelmensch Gracias, hago tantos dibujitos que algo ha de funcionar 🙂
Hago tantos dibujos que algo ha de funcionar.
¡Esta sí que es una frase de artista!
Esta última anécdota me permite conciliar mi obsesión con la concisión y la simplicidad con algunas otras ideas que repito una y otra vez en este blog:
Rafael Tejado, del blog Máster en independencia, nos visita para obsequiarnos con un experimento intelectual especialmente interesante para los informívoros y demás trabajadores del conocimiento.
En el primero de los dos artículos, nos presenta un método de lectura minimalista con atención plena tremendamente potente. Pretende aplicar el método a The Obstacle is the Way
, un libro sobre estoicismo y el arte de transformar la adversidad en oportunidad.
En el segundo artículo, después de poner en práctica su método y leer el libro, nos lo reseñará e informará de los resultados del experimento.
Este es uno de los artículos más útiles que os encontraréis en el blog. Disfrutad.
Esta es una entrada para todos aquellos que pasan horas y horas leyendo. A los que los libros les abrasen las yemas de los dedos circulen, por favor. Aquí no hay nada que ver.
Sobre todo, esta es una entrada para los que leemos por algo más que mero entretenimiento. Ya sea por necesidades estudiantiles o laborales, o por el simple gusto de aprender cosas nuevas. La cuestión es que pasas mucho tiempo delante de libros y probablemente tengas la sensación de que podría ser menos, que no sacas el provecho debido por el tiempo que inviertes o que tienes una tonelada de libros pendientes de lectura y te entran las prisas. O por lo menos a mi me pasaba eso.

Muchas veces la solución que se plantea es la lectura rápida. Muchos libros hay escritos sobre la materia y más son los cursos que pueblan internet asegurándote que podrás leer 1000 palabras por minuto (guau).
Sea verdad o no, después de intentarlo un par de veces llegué a la conclusión de que para mi no es la solución idónea al problema. Seguramente sea puro autoconvencimiento, pero creo que coger un libro no es simplemente una cuestión de extraer información. Es algo más.
“Leer es el momento tranquilo en el que reflexionas y aprendes, no es una carrera. Es el momento que pasas con algunas de las personas más inteligentes que han vivido. No es algo por lo que hay que pasar como una tromba. Hay que saborearlo, disfrutarlo y hacerlo deliberadamente.”
Esta cita es del autor del libro que me ha llevado a escribir como invitado en este blog. Su nombre es Ryan Holiday, y el libro se titula The obstacle is the way. Es un libro que busca la aplicación práctica de la filosofía estoica, ya de por si una disciplina con una orientación bastante práctica. Interesado por el tema, Homo Minimus me pidió que escribiera una doble entrada sobre el libro. Una previa a su lectura y otra posterior.

Así que decidí tomarme esta oportunidad para hacer un pequeño experimento sobre cómo sacar el mayor rendimiento a la lectura de un libro desde la perspectiva de la atención plena y el compromiso total con lo que estás haciendo.
Para ello utilizaré esta primera entrada para marcar las actividades claves de ese experimento junto con su justificación más o menos teórica. Y ya la segunda parte tratará más sobre el estoicismo y todas las lecciones importantes que haya extraído del libro, junto con los resultados del experimento.
Dar con un método de lectura basado en la atención plena.
Entre las condiciones que debe cumplir el método se incluyen:
Al acabar el experimento, responderé a las siguientes preguntas para analizar los resultados y ver puntos donde podré mejorar el sistema.
Si tuviéramos que resumir los problemas a los que nos enfrentamos, serían los siguientes:
Poniéndonos un poco filosóficos, quizás la pregunta clave aquí sería: ¿Por qué leemos?
Yo diría que más allá del entretenimiento ya descartado al principio de la entrada, lo hacemos por la necesidad de aprender y crecer. Los libros son una de las principales y más baratas fuentes de conocimiento que tenemos a nuestra disposición.

Sin embargo, sabemos que solo con leer no basta. Si no, piensa en los últimos libros que has leído e intenta recordar de qué iban, aunque sea solo por encima. Difícil, ¿verdad? Y encima le dedicaste unas cuantas horas para acabarlo, para luego no acordarte de nada.
Las orientaciones que he seguido tanto de Homo Minimus como de Ryan Holiday van precisamente encaminadas a mejorar ese retorno de la inversión de tiempo que hacemos cada vez que cogemos un libro. Homo Minimus desde una perspectiva más simple, con su regla del 3+3+3, pero en general primando la calidad sobre la cantidad.
La primera fase del proceso resulta fundamental para vencer la primera problemática a la que nos enfrentamos: entre todo el material que tenemos disponible para leer… ¿Qué debo elegir? O dicho de otro modo “Tú, libro que estás ahora mismo entre mis manos, ¿por qué debería leerte?. Dime, ¿qué voy a encontrar en tu interior?”.
Traducido a las actividades del experimento, sería revisar el libro por encima, ojear el índice y ese tipo de cosas que te permiten hacerte una idea de qué va.
Pero si quieres ya bordarlo, nuestro amigo Ryan tiene una recomendación especial para ti: Reviéntate el final. ¿A quién le importa cómo acaba el libro? Esto no es una novela de misterio. Lo importante es entender el por qué de las cosas que se tratan en el libro, no el qué. Si con anterioridad sabes las afirmaciones básicas, los contenidos fundamentales, te liberará la mente para poder profundizar en los significados de lo propuesto. Entender los porqués y plantearte si estás de acuerdo o no.

Debes gastar tu energía en descubrir si el autor está en lo cierto y cómo puedes beneficiarte tú de ello.
Por eso, antes de leer haz una pequeña investigación. Busca reseñas sobre el libro, resúmenes de las ideas clave y opiniones de lectores previos. Las opiniones de tres estrellas de Amazon son una buena fuente de información, ya que no son ni fans acérrimos ni haters descarados. Valoran los puntos fuertes pero también exponen las debilidades y carencias del libro, abriéndote a todas las posibilidades. Goodreads también es una buena fuente de información.
Con todo el bagaje adquirido, es el momento de seguir a Homo Minimus y plantearte las 3 preguntas que te gustaría poder responder tras la lectura. Como bien dice:
“Con las preguntas, estás motivando la lectura y determinando blancos de información. Relacionas tus intereses, objetivos, proyectos con lo que estás a punto de leer. Con ello procuras una lectura más activa.”
Bastante claro. ¿No crees?
Ya con las manos en la masa… Bueno, cambiemos la masa por un lápiz. Y haz el libro tuyo. Es la hora de dialogar con él. Y lo digo en serio. Leer página tras página sin pararte ni un segundo es casi como si no leyeras. Implícate un poco en la lectura.

Subraya los pasajes que:
Escribe en los márgenes las cosas que se te ocurran. Hazle preguntas al libro. Insúltale cuando no estés de acuerdo si lo sientes necesario. Lo peor que puedes tener mientras estás leyendo es indiferencia. ¡Implícate!
Hay a quien le llama a este tipo de prácticas marginalia, y son muchas las grandes figuras de la historia que la han empleado.
Una recomendación: marca todas las páginas donde hagas anotaciones o subrayes. Será importante para la fase posterior a la lectura. Puedes hacerlo con banderillas de esas de post-its o doblando las esquinas de los libros.

Si tienes objeciones con la idea de “mancillar” un libro de esta manera, te propongo una metáfora un poco pasa de rosca. Lo que tienes con un libro debería ser como una relación de pareja. ¿Para qué tienes maromo o maroma? ¿Para tenerlo en un pedestal impoluto? No. Pues con los libros igual. ¡Hay que meterles mano y disfrutar del rato con ellos!
¡Ah! Y mientras leas no te olvides de leerlo TODO. Introducción, prólogo, notas, prefacio, epílogo… Que al final son pistas que te llevarán a una mayor comprensión.
Aunque aquí me permito la licencia de aconsejarte que si ves que no te aporta nada alguna de esas partes… Simplemente pasa. Igual que si después de cincuenta páginas leídas no has obtenido nada útil no seas cabezota. Salta un poco hacia adelante en busca de cosas más fructíferas y si aún así no hay nada no pierdas más el tiempo.
Recuerda: porque hayas dedicado unas horas a algo no estás obligado a terminarlo si es una basura o no encuentras nada valioso en ello. Hay miles de libros ahí fuera esperando que te calientes un poco la cabeza con ellos.
Eso si, no confundas el aburrimiento producido por la densidad y la dificultad de lo que estás leyendo con la falta de algo interesante y/o útil que aprender. Lo primero te hará crecer, lo segundo te hará perder el tiempo.
Nada más terminar la lectura, antes de que se te vaya la cabeza a otra cosa, completa las otras dos partes de la regla del 3+3+3: conclusiones y aplicaciones que le podrías dar:
“Con las conclusiones, estás haciendo un esfuerzo de síntesis sobre el contenido del libro.
Con las aplicaciones, estás relacionando lo que has leído con tus metas y te aseguras de que tenga un valor que puedas poner en práctica.”
Por mi parte intento siempre buscar algún tipo acción respecto a lo que leo. Como mínimo escribir sobre el tema para jugar con los conceptos. Aunque no lo publiques en ningún lado, escribir es una forma fantástica de reflexionar sobre lo leído e integrarlo en ti mismo. Incluso dedicarte a contarle a todo el que pilles las conclusiones que has sacado del libro es una buena forma de convertir en algo útil el esfuerzo y tiempo dedicados.
Deja el libro reposar durante una o dos semanas. Pasado ese tiempo llegará el momento de revisar todo lo que anotaste desenfrenadamente y reactivarlo pasando las cosas que veas realmente relevantes al repositorio de ideas que tengas (y si no tienes ya estás tardando en hacerte uno). Es lo que en inglés llaman commonplace book y que en español no tiene una traducción clara.

En mi caso, yo sigo la versión del mentor de Ryan, Robert Greene, que usa tarjetas 15×10 donde va desgranando todo lo que lee para poder utilizarlo de forma independiente en futuros escritos, discursos, etc.
Si prefieres los formatos digitales, aplicaciones como Evernote son muy apañadas para estos menesteres. De todas formas, es muy recomendable hacer este proceso a mano porque te implica mucho más en cada idea que trasvasas.
Todo este proceso de primeras parece bastante largo y tedioso. Pero yo creo que será mucho más enriquecedor y profundo que el lanzarte a los libros al estilo kamikaze. ¿Qué espero conseguir con todo esto? Leer menos y multiplicar exponencialmente los beneficios que sacaré de cada momento delante de un libro.
Es lectura minimalista en estado puro. Inversión menor de tiempo, concentración al máximo y el placer de expandirte a ti mismo, tu conocimiento y tu realidad.
¿Funcionará? Cuando termine The Obstacle is the Way, encontrarás la respuesta en la segunda parte de este artículo, junto con las lecciones y conocimientos sobre la filosofía estoica que haya extraído de su lectura.
Mientras tanto, te invito a que compartas tus hábitos de lectura en los comentarios. Seguro que encontramos más formas con las que mejorar el experimento en futuras versiones.
Rafael Tejado se encuentra actualmente embarcado en un Máster en Independencia. Puedes seguirlo también en twitter @Teddyviking
Puedes leer la segunda parte de este artículo y conocer los resultados del experimento aquí: Cómo leer un libro con atención plena (2ªparte)
HM. Mi tesis, amigo mío, es que todo lo que es valioso requiere esfuerzo y determinación. La determinación se mide según la calidad del esfuerzo que pones. Y los resultados terminan llegando después de mucho esfuerzo, de mucho ir contra los movimientos mentales naturales. No pain, no gain.
G. No es mi experiencia esa. Yo hago siempre lo que quiero, lo que me motiva, no tengo que obligarme a nada.
HM. Esto es algo que no deja de sorprenderme. ¿Cómo consigues querer lo que es correcto? La mayoría de los mortales sabemos lo que es lo correcto, pero no siempre sentimos lo que nos empujaría a hacer lo correcto. ¿De verdad nunca tienes que empujarte a hacer algo que no te apetece?
G. No, no me tengo que obligar a nada.
HM. Quizá es que paras cuando la actividad deja de ser fácil.
G. No es así, hago cosas difíciles, pero obtengo jugo de ellas, no dejo que me drenen, que agoten mis energías.
HM. Me recuerdas a la zarza bíblica, que ardía pero no se consumía. Yo cuando ardo siento consumirme.
G. Quizá esté ahí tu problema, que te consumes en algo que no disfrutas verdaderamente. Quizá estás haciendo cosas en tu vida que crees que son buenas porque te dan ciertos beneficios posteriores, dinero, estatus, autoestima, etc., pero que no alimentan espiritualmente…
HM. Serías un buen psicoanalista… Quizá sea eso: que no estoy en contacto con el centro capital de mí mismo, o que las opciones que encuentro a mi alrededor nunca me han satisfecho plenamente.
G. Quizá es que piensas demasiado y no has permitido descubrir qué es lo que te hace disfrutar plenamente.
HM. O quizá es que tengo unos estándares irreales sobre lo que sería una actividad que me realice. Igual es que espero demasiado. Igual espero fuegos artificiales, el nirvana, la solución a todos mis males, la resolución de todas mis contradicciónes, la suspensión de la lucha. ¿Tú eres realmente feliz?
G. … Tengo momentos más felices que otros. Pero sí, soy feliz. Estoy donde quiero estar.
HM. Yo siempre estoy yendo de ganas a desganas, de frustraciones a victorias, que pronto me parecen pírricas y habitualmente vacías. Me siento desconectado de la gente, y me siento desconectado de mí mismo.
G. ¿No estarás deprimido?
HM. Si estoy ahora deprimido es que he estado toda mi vida en algo cercano a la depresión. Recuerdo esta sensación de melancolía a lo largo de toda mi vida. Siento que he vivido mi vida en una mezcla de temor y de inconsciencia. Entre el terror y el tedio vital.
G. Yo te veo como una persona animosa, que se ilusiona.
HM. No sé, no sé. A veces me veo desde fuera emocionándome con las cosas y me siento extraño, como si fuera un poco una alegría o entusiasmo postizo, como una prótesis emocional-social que me pongo para hacerme más tolerable a mis ojos y a los de los demás.
Pero volvamos a ti… ¿cómo haces para no tener que obligarte a nada, para no tener esa lucha interior entre lo que te apetece y lo que es correcto hacer?
G. Te digo una vez más que no distingo entre lo que es correcto y lo que me apetece. Siempre hago lo que me apetece y suele ser correcto. Hoy es la programación,ser un builder, mañana puede ser otra cosa.
HM. Lo que sí veo en ti es una gran flexibilidad mental y emocional. No te aferras a nada ni creo que a nadie. Diría que me pareces algo frío. Muy racional. Y no es una opinión que tenga solo yo. Hay más gente que la tiene.
G. ¿Sí? Tú tampoco pareces la alegría de la huerta, la gente te considera frío, sin emociones, sin humanidad.
HM. Me falta el human touch, supongo. Esto ya me lo han dicho un par de veces, y seguro que lo han pensado muchas veces más…
G. ¿Por qué estás tan obsesionado con el control, con la “autorregulación”?
HM. Es el tema de mi vida… Creo que tiene que ver con el miedo, con la intolerancia a la incertidumbre, con la búsqueda de recetas vitales que me allanen el camino. Me falta lo que Yeats llamaba “capacidad negativa”, la habilidad de vivir en la incertidumbre, en lo desconocido.
Es fácil ser valiente hablando o escribiendo o en el anonimato de un blog. Más complicado me parece emprender cosas de las que no tienes ninguna seguridad: relaciones, abordajes a mujeres extrañas o negocios inciertos.
G. Bueno, amigo, ahora he de irme, tengo masaje tailandés y luego un baño en una playa paradisiaca. Otro día seguimos hablando.
HM. Yo de mayor quiero ser como tú.
Debemos estar dispuestos a librarnos de la vida que hemos planeado para así tener la vida que nos está esperando.
—Joseph Campbell

Se define por lo que dejo fuera, por las restricciones:
Estamos a primeros de febrero. Si tenías un plan para este año, ¿cuáles son tus resultados de enero?: ¿has cumplido lo que te habías prometido?, ¿has avanzado en tus metas y has trabajado en ellas regularmente?, ¿has ido tres veces por semana al gimnasio?, ¿has dejado de trabajar a las siete de la tarde?, ¿comes más fruta y verduras?
Hazte la pregunta con tus buenos propósitos de inicio del año u objetivos favoritos y responde sinceramente. Para mí, el final del mes de enero suele ser la confrontación de mi lista de deseos de inicio de año con la realidad, que es mucha y a veces mala.
Los planes no sobreviven al primer contacto con el enemigo. Las fuentes de fricción son tantas y tan poderosas que un plan detallado suele estar condenado al fracaso. En el fondo, un plan no es más que un conjunto de hipótesis sobre el futuro. Estas son simples conjeturas, no sólidas certezas sobre las que deductivamente puedas construir un edificio organizativo que no se desmorone a las primeras de cambio.
Las hipótesis de planificación incluyen una lista deseos y una lista de recursos; ambas suelen cambiar en el horizonte temporal del plan.
En una semana o un mes puede que no se modifiquen, pero en un año es muy probable que las motivaciones y los recursos con los que contamos se alteren, y es casi seguro que los efectos que esperábamos obtener de las acciones no serán los esperados.
Es una ley de la naturaleza que lo que había determinado hacer no se hará ni como lo programé ni en el momento en que lo programé.

Mi yo del 1 de enero supone que el yo de mitad de enero o el de junio o el de septiembre será el mismo, querrá lo mismo y estará igual de motivado. Si coincide la lista de deseos y jerarquía de preferencias de uno y de otro será mera casualidad. Si los recursos no han cambiado es que tu entorno profesional y personal es particularmente estable o tu mente no es demasiado inquieta.
Las fuentes de fricción externa (las que afectan a los recursos financieros o relaciones y las oportunidades y amenazas) son las que más nos preocupan; pero las verdaderamente determinantes son las fuentes de fricción internas: la desmotivación, el cambio en la jerarquía de deseos, la lucha y conflicto por los recursos mentales entre varias metas y demandas, la frustración, las reacciones a lo inesperado que drenan energía.
La fricción externa enfanga el camino y lo hace más fatigoso, la fricción interna mueve nuestros pies en direcciones opuestas o nos hace abandonar el camino
Este año decidí que tenía que poner en práctica lo que predico y hacer uso de mi mentalidad experimental. En vez de definir una estrategia como plan (esto es, marcando metas claramente, proyectos, hitos, objetivos intermedios y considerando mis recursos y los riesgos), he decido hacer un importante cambio.
Mi estrategia como plan se ha convertido en una estrategia definida por un conjunto de restricciones: hago un esfuerzo deliberado por introducir límites, reducir el número de decisiones y a su vez mantener mis opciones abiertas a los inevitables cambios. Mi estrategia se define por lo que queda fuera. En lo que queda dentro, busco y exploro.
Esta estrategia basada en restricciones es análoga a la poda minimalista del minimalismo existencial: menos es mejor: reduciendo posesiones y posibilidades , enfocamos nuestros recursos de energía y atención las direcciones más provechosas; lo que no es más que la aplicación de la ley de Pareto o de los pocos esenciales y los muchos triviales.
Una meta de mejora a la que consagro todo el tiempo que tenga disponible después de las actividades obligatorias de mantenimiento (sueño, comida, algo de ejercicio) , profesionales y de relación con familia y amigos.

Esta meta es un verbo, no un sustantivo; es una acción, no un resultado. Por ejemplo: no fijo la meta diciendo “Voy a ser un buen jugador de ajedrez y ganaré el torneo de mi club”; en su lugar, formulo la meta así: “Voy a jugar al ajedrez durante todo este año cada vez mejor”. El énfasis está en el proceso, no en el resultado.
La meta se inserta ecológicamente en el esquema general de mi vida y no interfiere con ningún aspecto esencial físico, emocional, mental o espiritual.

En finanzas, una personalidad antifrágil equivaldría a adoptar una estrategia de haltera:
A. Un núcleo de inversiones muy seguras sin apenas volatilidad y que me asegura un colchón financiero por muy mal que vaya todo. Por ejemplo, invierto el 80% de mis recursos en letras del tesoro del estado alemán o americano.
B. Un presupuesto para inversiones de altísimo riesgo que puede generar pérdidas y solo excepcionalmente beneficios desmesurados. Por ejemplo, un 20% de mis inversiones estaría colocado en productos financieros de alto riesgo, en mercados emergentes o materias primas con alta volatilidad en precios.
Para adoptar una personalidad o actitud existencial antifrágil, favorezco una saludable mentalidad experimental: me someto voluntaria y deliberadamente a un montón de pequeños experimentos de bajo coste que proporcionan la mayorías de las veces rendimientos negativos, con la esperanza de que algunos de esos experimentos tengan unos beneficios desproporcionados.
Por ejemplo, dedico el 10% de mi tiempo diario a un proyecto empresarial sumamente arriesgado que me motiva, apasiona, pero cuya probabilidad de supervivencia y éxito financiero es despreciable. En esta aventura empresarial soy arriesgado y sigo el principio de probar muchas cosas y fracasar rápido obteniendo algo de aprendizaje en cada ensayo.
En el resto de mi vida, mantengo la estabilidad y no asumo riesgos; por ejemplo, una profesión estable en la que hay una relación muy estrecha entre esfuerzo y rendimiento; o una relación sentimental satisfactoria con un fuerte compromiso a largo plazo o una familia feliz con hijos.
Esta es una restricción en la velocidad. Este año voy a hacer mucho menos de lo que puedo y a imprimir a mis actividades un ritmo parsimonioso.
Mi mantra es” lento, pero seguro; eficaz, pero sin estrés”.

Voy a aplicar disciplinadamente el poder de la contención. Voy a evitar caer pasto de las euforias cuando me sienta rebosar de energía o pasión, y en su lugar voy a presionar el freno y obligarme a bajar el nivel de revoluciones.
Voy a jugar el juego a largo plazo, no el juego cortoplacista de los fuegos artificiales, la gratificación instantánea y los beneficios a corto plazo.Como aspiro a la excelencia, practico la lentitud deliberada para lograr el aprendizaje profundo.
Ve más despacio y recuerda esto: la mayoría de las cosas no son importantes. Mantenerse siempre ocupado es una forma de pereza: pensamiento perezoso y acción indiscriminada.
—Tim Ferriss
Esta es una restricción de las entradas de información y del número de tareas diarias. Reduzco la sobrecarga cognitiva, las redes sociales, los libros leídos, las reuniones no deseadas, los medios de comunicación de masas y todos los impactos externos autoinfligidos o sobre los que tengo elección.

El Sabbath y la estructura sabática del año me permitirán asumir una actitud despreocupada y ligera en mi tiempo de desconexión y descanso. Pasaré más tiempo conmigo mismo en actitud contemplativa y en la naturaleza, con personas elegidas y en actividades significativas que no tengan que ver con el trabajo.
No solo promoveré el pensamiento difuso o sin intenciones, también favoreceré la empatía y la compasión, que son modalidades emocionales lentas.
Las operaciones mentales son como las cargas de caballería en una batalla: deben estar estrictamente limitadas en su número, precisan de caballos descansados y sólo deben realizarse en momentos decisivos.
—Alfred North Whitehead
En el 2014 decidí instalar tres hábitos en mi vida:
En el libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida, que puedes descargarte aquí (o recibir al suscribirte al blog), motivé, justifiqué y definí las líneas generales del plan que íbamos a seguir en el blog:
Las herramientas del cambio han sido sencillas: prácticas o minimeditaciones para la atención plena, misiones para fortalecer la perseverancia y la autorregulación, y retos para promover la salud en sentido amplio en nuestras vidas: la física, la emocional y la mental.
Los domingos proponía una práctica, misión o reto; hacíamos el trabajo durante la semana, e íbamos comentando en el blog nuestras dudas, impresiones y progresos; al final de la semana, revisábamos la práctica, destilando las lecciones aprendidas y sugiriendo mejoras. Así durante decenas de semanas todo el año.
Los comentarios que los habitólogos, gladiadores del cambio, jíbaros de sí mismos y demás cursillistas nos animaban a proseguir semana a semana y proporcionaban nuevos puntos de vista y técnicas para la mejora.
Desde un principio, quise convertir este proyecto personal en un proyecto abierto y colaborativo. Este ha sido el éxito mayor del blog en este año: enrolar en un proyecto ilusionante a cientos de personas que semana a semana, continua o espaciadamente, practicaban, comentaban y leían los avances de los compañeros de travesía.
Muchos decidieron comprometerse públicamente en todos o alguno de los cursos:
En la parte final del año, en el mes de noviembre, convoqué un nuevo reto, el reto de los treinta días. 68 personas se apuntaron al reto y volvieron a comprometerse ante el resto de los habitolocos.
Este fue nuestro proyecto final de graduación del curso: cada uno de nosotros elegimos un hábito o experimento personal al que deberíamos dedicarnos durante treinta días: hacer flexiones para conseguir unas abdominales de lujo, lanzar un piropo diario, hablar con personas extrañas, eliminar o reducir el azúcar, comer con plena conciencia, evitar entrar a facebook, dedicar una hora diaria a aprender inglés, controlar la ira, y decenas de retos más que puedes leer en los enlaces al final del artículo.
La diversidad de desafíos, vivencias y comentarios fue también sorprendente; aunque solo unos pocos consideraron haber triunfado plenamente, todos los que participaron y mantuvieron encendida la llama de la intención los treinta días recogieron frutos en forma de nuevos hábitos y autoconocimiento.

Traduje con mi protoamiga Elisa Erbali, de No quiero otro pijama, el último libro de Leo Babauta: La gran destreza (The One Skill). Puedes conseguirlo gratuitamente aquí.

Con un poco de ayuda de mis amigos. Los procesos de cambio personal son más rápidos y tienen más probabilidad de éxito si se hacen en comunidad, en compañía.
Personas cercanas. La mejor compañía para el cambio es la de personas cercanas a las que conozcas en la vida en tres dimensiones. Si puedes encontrar amigos que quieren cambiar y aprender contigo tendrás el 50% de la motivación y los recursos para el cambio.

Amigos frikis lejos de ti. Si no tienes ese tipo de personas cercanas plenamente comprometidas o disponibles, o si quieres reforzar el compromiso, la mejor compañía es la de personas afines que resuenen en tu misma onda y que deseen caminar en la misma dirección. Este blog pretende convertirse en un nexo de unión. F.F.F.F.
En la variedad estoy más agusto. Mis amigos frikis este año han estado principalmente en Argentina, Chile, Uruguay, España, México, Colombia, Venezuela, Estados Unidos, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Bolivia, Francia, Bélgica, Reino Unido, Perú, Ecuador, Paraguay, Israel, Brasil, El Salvador, Cuba, República Dominicana, Panamá, Alemania, Italia, Suecia… Con este proyecto y este blog he encontrado decenas de personas con las que sintonizo de todas las edades y orígenes sociales. He tenido suerte de haber llegado a conoceros.
No hay atajos. La atención plena, la perseverancia y la salud son macrohábitos, conductas complejas formadas por un montón de pequeños hábitos que se generan a través de miles de acciones. Solo podemos construir un macrohábito con una visión clara de lo que pretendemos y con atención sostenida a lo largo de semanas y meses.
Obtienes lo que pones. El grado de éxito en un año de cursos es proporcional al tiempo, esfuerzo y atención que dedicas. No tanto en cantidad de horas diarias como en atención sostenida a lo largo de muchas semanas: unos pocos minutos todos los días durante meses son suficientes para generar cambios significativos.

Lo esencial está conectado: el hábito de estar plenamente presente apoyó el de autorregular las emociones y dirigir el comportamiento, y los dos anteriores permitieron asumir muchos de los retos del curso de salud minimalista. Todo lo anterior nos permitirá emprender proyectos futuros con mucha más fuerza y posibilidades de éxito.
Ninguna acción pequeña es espectacular en el corto plazo. En el largo plazo, la acumulación de pequeñas acciones en la dirección correcta modifica significativamente tu vida.
Lo importante es habitualmente conocido por todos. Es tan sencillo de enunciar (y a continuación olvidar) como difícil de poner en práctica. Mi amigo Antonio nos proporcionó una lista de quince consejos para llevar una buena vida en la revisión del Curso de salud minimalista.
En el amor y la guerra a y contra los buenos y malos hábitos todo está permitido: cuando no quiero comer la guarnición de patatas fritas, pero temo por mi capacidad de control, quemo las naves cubriéndolas de azúcar o pimienta negra.
El cambio verdadero es dolorosamente lento. Si quieres percibirlo plenamente has de pasar la película del año a cámara rápida en tu mente y entonces sorprenderte por lo que has avanzado.
Herman me recordó que cuando el aprendiz está preparado aparece el maestro. Usó este curso como un trampolín para un deseo de cambio profundo y un proceso que ya había empezado por su cuenta. Semana a semana, sin pausa y sin prisa se aplicaba a la misión, reto o práctica, y comentaba sistemáticamente en este blog y animaba a los demás con sus palabras y ejemplo: “Esta semana toca…”.
Mi amigo Tremendosky redefinió el sentido del libro Los tres hábitos que cambiarán tu vida y me hizo ver que mediante los tres cursos lo que realmente estábamos formando era el hábito de construir hábitos.
Mientras entrenábamos el hábito de la atención plena, o el de perseverancia y autorregulación en el segundo trimestre , o el de ejercicio físico en el tercero, nos entrenamos en la capacidad de crear hábitos en general, no solo los tres elegidos en este año. Este es el hábito con mayúsculas que cambiará nuestras vidas.
Sobrestimamos lo que podemos hacer en una semana o un mes. Subestimamos lo que podemos hacer en un año.
Este año ha sido para mí verdaderamente el año que ha cambiado mi vida. Todos los años te cambian, pero este mucho más que cualquier otro, y en una dirección netamente positiva. En Los tres hábitos que cambiarán tu vida conjeturé que estos tres hábitos (atención plena, perseverancia y salud) tenían el potencial para dar un giro a mi existencia. Lo que era una suposición al comienzo del año se ha convertido en una evidencia.
Muchos compañeros de travesía y participantes en los cursos han comentado en el blog y también en mi correo personal los avances que han experimentado durante estos meses y se han mostrado muy satisfechos y sorprendidos por el poder de los aparentemente pequeños cambios.
Los comentarios en el blog convirtieron el curso y el entrenamiento en algo vivo y sorpresivo. Aunque no voy a mencionar a las varias decenas de comentaristas, sí que lo haré con los más activos: Flames, Amparo, Luis Andés, Alejandro Paciotti, Jorge Korzan, Jordi, Herman, Gorka, Saramber, Anca Balaj, Tomelín, Frieden, Alberto Antonio de Tribuna Avalon, Entusiasmado, Mínimo Da Vinci, Tremendosky, Luis Vicente, Omar Carreño, Inma de Vidaenpositivo, Luis José Sánchez (alias Mínimo), Diana, Robert Sánchez, Mercè, nurnpm, Nuria, Carlos Miguel, Susana, Val, Inclusa, Cyn Aware, MariJota, Ana Liz, Santacenero, Eduardo Laporte, Marta, Rafael Sarmentero, Lucecita, Ángela, Carmenchumaría, Yolanda Merchante, Ara Magdaleno, Cereza, César, Roberto Trivinyo, Rafael Tejado, Vanessa, Ramón, makokikoki, Kate, José Antonio, Isabel, Gallego, Veronik LoGu, María, María de Suecia, Arte, Ester, Luca, Mabel, Melisa, Astrid B., Recuerdarespirar, Patricia, Lucía, María del Carmen González de Uruguay y …Anónimo (siempre muy activo leyendo y comentando).
Os agradezco a todos vuestra participación (activamente o en silencio), ánimos, comentarios y generosidad al compartir vuestras experiencias e ideas para la mejora personal.
Gracias por haber unido tu camino al mío este año. Nos encontraremos en la casilla de salida del 2015. Lo mejor está por llegar.
He completado mi reto de los treinta días.
Sin tener en cuenta mi grado de cumplimiento, esto ya es un éxito: he mantenido en mente durante treinta días una decisión de cambio en una pequeña parcela de la vida (comer con atención plena sin televisión, radio u ordenador), y, día a día, he avanzado, más o menos torpemente, hacia mi determinación.

El grado de cumplimiento ha sido de un 83%. La cifra solo es una aproximación útil para valorar los resultados del experimento, daría lo mismo que fuera 89% que 82%, no busco la precisión, sino la orientación:
Los primeros días me costó mucho, incluso empezaba a comer con la pantalla de ordenador delante y ponía algún podcast mientras dejaba abierta la ventana del twitter. Me daba cuenta ya pasados varios minutos de haber empezado a comer. En alguna cena o comida fui más lejos y decidí hacer alguna excepción. Es tan fácil convencerse de que las excepciones son excepciones y que no son parte de una pendiente resbaladiza que te conduce al abandono de la determinación inicial.
He constatado que me cuesta mucho reducir el flujo de información: siempre tengo que estar leyendo un libro, escuchando un podcast, consultando la línea de twitter, respondiendo comentarios en el blog; en pocas palabras, optimizando el tiempo, evitando los espacios vacíos o los “minutos de la basura” (tiempos muertos).
Según pasaban los días fue haciéndose más fácil y empecé a disfrutar de la experiencia. Como consecuencia, he apreciado durante este mes una mayor calma y menos reactividad o irritabilidad. Puede ser temporal y fruto del efecto placebo, pero la he sentido.
Descubrí durante estos treinta días que en comidas con amigos y familiares mi nivel de tensión interna aumenta y tiendo a comer más de la cuenta.
He decidido mantener el hábito de comer conscientemente sin interferencias digitales. En las comidas en compañía haré un esfuerzo deliberado por saborear la comida.
De los retos, como de los experimentos existenciales, aprendemos más cuando no transcurren según lo esperado. Si consideras que has “fracasado” en el reto de los treinta días, te pido que pongas en suspenso esa evaluación blanco-negro y antes respondas a las siguientes preguntas.

¡Ojo! No te pregunto si has cumplido el reto al 100% todos los días o solo el 80% o el 40%. Lo que te pregunto es si has mantenido el compromiso con el reto durante treinta días, incluso aunque fueras incapaz de cumplirlo varios días seguidos .
Basta con que hagas un repaso mental o quizá consultes tus estadísticas o notas, si es que llevabas un sistema de registro (muy recomendable).
¿Qué has aprendido sobre el reto y sobre ti mismo? ¿Qué has aprendido sobre el funcionamiento del mundo externo gracias a tu experimento? ¿Subestimaste la dificultad del reto? ¿Sobrevaloraste tu capacidad?¿Qué ha sido lo más valioso del reto? ¿Qué harías distinto si volvieras a empezar?
Solo por extraer lecciones de tu experiencia con el reto, con independencia de los resultados, ya conviertes el reto de los treinta días en un éxito.
¡Aaah, pero qué facil, me apunto! —dijo saramber, justo antes de palmarla—.
—Saramber

Los mejores planes de ratones y hombres
a menudo se frustran
y no nos dejan más que sufrimiento y dolor
por el gozo prometido.—Robert Burns. Poeta escocés.
En los comentarios, te animo a que hagas una revisión final de tu reto y me digas qué has aprendido.
Para los que perseveraron durante treinta días, aunque el grado de cumplimiento sea bajo ( ¡hay que premiar el esfuerzo!) hay una sesión de revisión voluntaria con Homo Minimus en grupos de dos-tres personas a través de Skype o talky (plataforma anónima alternativa a Skype). Si te apetece una revisión conmigo y algunos compañeros de reto, no tienes más que escribirme a homominimus@hotmail.com o decirlo en los comentarios. Si eres del otro lado del charco, estoy dispuesto a madrugar para adaptarme a tus horarios.
Reto de los treinta días: la punta de lanza del cambio
66 aguerridos habitólogos en el reto de los treinta días
26.10.14. Autor: Homo Minimus en su Reto-Práctica 100×100 ideas. Sugerido por Iván Entusiasmado y Arturo Herrero.
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1. Hola, me llamo Minimus, Homo Minimus.
2. Hola, soy X. Hoy es tu noche de suerte.
3. Buenas noches, señorita, estaba sentado en esa silla y cuando le he visto entrar me he fijado inmediatamente en usted.
4. ¿Te conozco de algo?
5. Tomas los cubitos de hielo de tu bebida, te acercas a la chica, tiras los cubitos al suelo y los aplastas con tu zapato. La chica se queda sorprendida. Dices: “solo quería romper el hielo”.

6. Pasas a su lado en dirección a la salida del bar, giras la cabeza, y dices: “No puedo quedarme, porque me esperan mis amigos, pero me gustaría hacerte una pregunta rápida.”
7. Hola, tu cara me suena.
8. Hola.
9. Tu cara me suena, ¿eres la hermana de Y?
10. —Hola, una pregunta rápida: ¿tú sabes cuánto pesa un oso polar?…—¿600 kg.? —¡No!, menos, pesa lo suficiente para romper el hielo.
11. Buenas noches, estamos haciendo una encuesta sobre gente que acude a bares a emborracharse y he considerado que tú eres uno de ellos.
12. ¿Mucha gente por aquí, eh?
13. Hola, qué tal. ¿Vienes mucho por aquí?
14. Bonitas uñas, ¿son tuyas?

15. —¿Has visto a Pepe? …—¿Quién es Pepe? –Pepe es un amigo mío muy divertido…tengo una historia muy simpática sobre él… (etc.)
16. Hola, estoy haciendo una encuesta: ¿quiénes mienten más, los hombres o las mujeres?
17. Hola, vaya, qué ojos tan bonitos tienes… ¿puedo tocarlos?
18. He estado haciendo un dibujo de ti y me gustaría enseñártelo.
19. ¿Estás esperando a alguien?
20. ¿Me estabas esperando?
21. Creo que te conocí en la otra vida, pero lo nuestro no funcionó.
22. ¿Bailamos?
23. ¿Bailas?
24. ¡¡Bailemos!!
25. Hola, ¿crees en el amor a primera vista? … ¿Y a segunda? … Ok, no te preocupes, yo soy como la tónica, necesitas probarme muchas veces.
26. Soy nuevo en la ciudad, ¿qué sitios están bien para tomar una cerveza?
27. Se sienta alguien a tu lado en el tren o el autobús y dices “Hola”.
28. Estás en la parada de autobús: ¿llevas mucho tiempo esperando?

29. Estás en el ascensor: ¡vaya día de calor!
30. Me gusta tu camiseta, es muy original.
31. La miras con ojos intensos. La señalas con el dedo, como diciendo (pero sin decir), “Tú…Tú…”; te mira con cara rara. Improvisas.
32. Lleva una camiseta de un equipo de fútbol y dices: “Este año ganamos la liga”.
33. “A veces me ocurre….”
34. Te acercas y le hablas como si la conocieras de toda la vida.
35. Te acercas y haces un comentario sobre algún elemento de la decoración.
36. Te acercas y sonríes.
37. Observas a tu alrededor y buscas una chica que no esté hablando. Te acercas y…
38. Vas a un grupo de chicas y anuncias con un tono serio y ridículamente formal: “Buenas noches, señoritas. Pausa. Una de vosotras ha ganado un premio para participar en una rifa cuyo resultado es una opción para hacer un viaje al Caribe.” Improvisas.
39. Ves a un grupo de chicas por la calle, te echas a correr, pasas a su altura, las
sobrepasas dos o tres metros, reduces el ritmo y sigues haciendo el gesto de correr pero manteniendo la distancia, miras hacia atrás, y dices: “El ejercicio es el espejo del alma…” Sonríes y aceleras perdiéndote en el horizonte. [Variación de anécdota de Juan Nuñez, del blog Aprendizaje y vida]

40. Romper el hielo con una camarera con la que quieres flirtear al final de la comida: “Todos los postres parecen muy sabrosos. Siempre lo paso mal decidiendo… Estoy dudando entre el mousse de mango y la tarta de tres chocolates. ¿Cuál te pedirías tú?”. La camarera duda… y dice: “A mí me encanta el mousse de mango”. Tú respondes con una sonrisa: “Excelente…gracias por la recomendación… pues ponme la tarta de tres chocolates”. [Aquí suelen ocurrir dos cosas: 5% de las veces la camarera se lo toma a mal, siente que te estás riendo de ella. 95% de las veces se echa a reír. ]
41. Te acercas a una chica con aire modernillo y gafas de pasta en una fiesta. Te pones a su lado de costado y dices en tono hipster-intelectual: “La gente siempre intenta ser quien no es, hay tanto rapto emocional… pero tú eres distinta, creo que tras tu hermosa fachada hay un fondo de autenticidad que me gustaría llegar a conocer…”
42. Hola, ¿tú eres de la opinión de que hay que besar a muchos sapos antes de encontrar a tu príncipe azul?

43. En un centro comercial. Hola, estoy intentando comprar un regalo para mi hermana y necesito una opinión femenina. ¿Crees que este pañuelo (o bolso, blusa, etc.) es apropiado para ella? Ella tiene X años, tiene gustos Y y se viste de forma Z.
44. Hola, soy un grafólogo en prácticas. Me pregunto si querrías conocer algunos rasgos de tu personalidad a través de la escritura.
45. “Hola, estoy haciendo un trabajo de campo para mi tesis sobre agudeza en percepción de situaciones sociales. ¿Querrías participar?” No esperas respuesta e
inmediatamente añades: “¿Ves a esa pareja? Qué tipo de relación crees que hay entre ellos… los observamos treinta segundos, primero te digo yo mi opinión y luego me das la tuya para ver si coinciden”

46. “Hola, me pareces una mujer atractiva y quiero tener la oportunidad de llegarte a conocer mejor”.
47. “Sabes, esto no va a funcionar…”. Improvisas.
48. Estás en el metro. ¿Cuál es la próxima parada?
49. Estás en el metro. “Necesito ir a Z. ¿Qué líneas debería tomar?”
50. En la cola de un cine. “¿Qué película vas a ver?”
51. “Mucho calor para esta época del año…”
52. Tren. “Creo que el tren va con retraso”.
53. “¿Me das fuego?”
54. “¿Me das un cigarro?”
55. “¿Has visto alguna vez a un bombero rescatar a un gato?”
56. “¿Se te ha caído este papel?”
57. Ves que está despistada, como buscando una calle. “Hola, ¿puedo ayudarte?”
58. Camino de Santiago. “¡Buen camino!”
59. Camino de Santiago. Cualquier cosa que digas está bien.
60. Escuchas un acento distinto al del lugar. “¿De dónde eres? Déjame adivinarlo… ¿De H?”
61. ¿Siempre vistes de rojo?
62. ¿Siempre vistes de negro?
63. ¿Siempre vistes de fucsia?
64. Me encantan tus zapatos.
65. Me encantan tus uñas.
66. En un Starbucks. ¿Cuál es la clave para el baño?
67. En un Starbucks. ¿Cómo te conectas al wifi?
68. En un Starbucks. ¿Qué bebes?

69. En un pub. No sé mucho de cervezas ¿Qué tipo de cerveza me recomendarías?
70. A una dependienta. “Debes estar deseando salir del trabajo… muchas horas supongo”.
71. Disculpa, ¿tienes hora?
72. ¿Me puedes decir la hora?
73. ¿Algún buen restaurante para comer por aquí?
74. En un centro comercial. Hola, ¿Sabes si hay cines de versión original en esta ciudad?
75. Unos tacones superelegantes… ¿No sientes vértigo?… Yo ya lo estoy sintiendo al verte.
76. Una mujer en la otra mesa sola. Te acercas. “Hola, te he visto ahí y me he dado cuenta
de que eres mejor que en las fotos que mi imaginación sacaba de ti.”
77. En un karaoke. Buscas una canción romántica y mientras cantas la miras
especialmente a ella. Te acercas mientras sigues cantando. Le acercas el micrófono para que cante contigo.

78. En un bar con música. Tarareas la canción que está sonando mientras sostienes un micrófono invisible. Te vas acercando a la chica y le ofreces que cante contigo acercando el micrófono. Luego te arrimas y cantáis los dos.
79. En la barra de un bar. “Te he visto ya dos veces acercarte a la barra. Creo que deberías decirme tu secreto…”
80. Hola, deberías contarme tu secreto.
81. Hola, te voy a contar un secreto.
82. Hola, ¿qué crees que es lo mejor que puedes hacer para entablar conversación con una persona «bastante» [para que no se lo crea demasiado] atractiva a la que quieres conocer?
83. Hola, tengo un amigo que no sabe cómo acercarse a misteriosas desconocidas. ¿Qué consejo le darías para entablar una conversación?

84. “Hay dos cosas que me gustan de ti…”. Improvisas.
85. “Hay una cosa al menos que me gusta de ti…”. Improvisas. [Técnica de tirarte a la piscina para ver qué pasa]
86. “Hay tres cosas que me gustan de ti…” [Para desarrollar el pensamiento rápido]
87. “Hola, qué pena que tengas novio… porque me encantaría hablar contigo un rato…”
“Pero si no tengo novio…” “Estupendo”
88. “Hola, si me invitas a una cerveza te invito a un viaje al Caribe”
89. Me encanta la música de este local.
90. Me gustan las chicas ocurrentes como tú.
91. Me gustan las chicas reservadas como tú.
92. “Dime, ¿qué es lo que más que te gusta de mí?”, “No sé, no te conozco de nada”. Ignoras el comentario y prosigues: “Lo que más me gusta de ti es H… por la razón I y porque me haces sentir como J…”
93. En un tren o en el metro, donde la presa no puede escapar: ¿Qué lees?
94. Cualquier comentario del entorno: “Qué muebles tan antiguos…”
95. En una boda: “Señorita, me convertiría en el hombre más afortunado del mundo si me concediera el próximo baile”. Lo dices de forma ridículamente formal con una ampliasonrisa.
96. En una boda: “¿Quieres que te recoja el ramo cuando lo lance la novia?”

97. En la playa: “¿Quieres que te administre el bronceador? “
98. A una controladora aérea: “María de las Virtudes, ¡contrólame!”
99. A una azafata de feria: “Me pasaría el día entrando y saliendo de tu stand si supiera que te ibas a tomar un café conmigo cuando todo esto acabe”.
100. Hola, por curiosidad, ¿cómo ha acabado el índice Euro Stoxx 50 esta mañana?
Si sientes curiosidad por la eficacia con el bello sexo de las cien maniobras de aproximación, Diana describe en los comentarios cuáles serían las reacciones probables de una fémina ante cada una de ellas.
Han pasado ya diez días desde el comienzo del reto el 1 de noviembre. Más de 66 personas participan en el reto. Digo “más de”, porque hubo un par de incorporaciones posteriores.

Ha llegado el momento de hacer una primera revisión del reto.
“Mi reto va a ser no ver TV, escuchar radio o estar con el ordenador cuando como. Espero conseguir lo mismo que Luca: masticar más, comer más despacio y hacerme consciente de mi nivel real de hambre para así alcanzar antes la sensación de saciedad. Así quizá consiga consolidar la práctica del Hara Hachi Bu del curso de salud minimalista.”
Puedo decir que en todas las comidas, excepto en una, que no recordé en absoluto el reto, he eliminado el ordenador, la TV y demás. Los primeros días me sorprendía habiendo empezado a comer con la pantalla del computador delante o escuchando algún audio, pero en los primeros minutos me daba cuenta y rectifiqué. En algunas ocasiones he mirado fugazmente la pantalla del ordenador, pero sin caer bajo su influjo.
El grado de cumplimiento del reto, en cantidad y calidad, ha sido durante los diez primeros días de un 85%.
Cuando he comido solo, el resultado ha sido más tranquilidad mental y menos compulsión. He intentado ser más consciente de lo que como y masticar un poco más. Sin embargo, me ha resultado difícil dejar de pensar en mis asuntos del día o el trabajo y centrarme en la comida. He tenido que volver una y otra vez a la textura, sabor y olor de la comida. Ha sido como en las sesiones de meditación formal en las que te sientes especialmente disperso y tienes que volver una y otra vez al foco de atención.
También, como esperaba, me ha sido más fácil aplicar la técnica del Hara Hachi Bu y dejar de comer antes de llegar al punto de saciedad. Si en algún momento, sentía ganas de comer más, aunque ya estuviera cercano a la saciedad, he aplicado la técnica del contrato de cinco minutos, pero con veinte minutos: “Si cuando pasen veinte minutos, sientes la necesidad de seguir comiendo, lo puedes hacer”. La mayoría de las veces no he vuelto a comer nada.
He tenido algunas comidas familiares y con amigos. Me he dado cuenta de que en ellas tiendo a comer más de la cuenta. Aunque no haya televisión u otro medio de comunicación, sí que hay montones de distracciones en forma de animadas conversaciones. Siendo la interacción social sana, sin duda alguna, también promueve una cierta desconexión con las sensaciones y un menor saboreo de la comida.
Los primeros diez días, por tanto, han sido muy satisfactorios.
Mi tendencia a comer de más se da sobre todo por las noches. Es aquí donde debería ser deliberadamente más lento y consciente al comer.
En las comidas con amigos y familiares, intentaré no dejarme llevar por el frenesí de las conversaciones, ralentizar el ritmo mental y ser consciente de cuando en cuando de mi estado de saciedad y de que estoy comiendo. Puedo decirme: “Ahora estoy masticando”, “Ahora estoy saboreando un trozo de carne”. “Ahora siento el sabor del café en mi boca”, etc.
Si me ofrecen una porción más de carne, un plato más de pasta o una ración más de pollo, haré una breve pausa para considerar mi grado de saciedad, lo cuantificaré entre cero y cien, y si es mayor de ochenta declinaré amablemente la oferta: “No, muchas gracias, me he quedado bien”.
Adoptar un ritmo deliberadamente más lento en las comidas con otras personas me puede ayudar a escuchar más y monopolizar menos las conversaciones.
Creo que ha sido todo un acierto elegir este reto y POR SUPUESTO que sigo comprometido con él, al menos durante diez días más, con la esperanza de cumplir los treinta días.

En la sección de comentarios, de forma resumida, puedes anotar tus impresiones hasta la fecha. Si lo deseas, puedes seguir un guión parecido a este:
Reto de los treinta días: la punta de lanza del cambio
66 aguerridos habitólogos en el reto de los treinta días
En el minimalismo existencial, también necesitamos modelos en los que inspirarnos, personas que ejemplifiquen los principios, valores e ideales que intentamos plasmar en nuestras vidas. No para seguirlos acríticamente, pero sí para abrir los ojos ante la magnitud de lo posible y hacernos conscientes de forma vívida de muchos rasgos dignos de imitación.
En el catolicismo, tenemos los hechos de la vida de los santos, una colección de estampas que ejemplifican formas de vivir virtuosa para los cristianos en sus más excelsas formas. En el minimalismo existencial, tenemos a Henry David Thoreau, Leo Babauta, y… a Diógenes de Sinope.
Diógenes de Sinope es el personaje que he elegido como santo patrón de MI minimalismo, un filósofo griego del siglo V antes de cristo, del que no nos quedan obras escritas pero sí referencias a sus ideas y hechos de su vida a través de otros autores.
Al igual que Sócrates, que no escribió nada y cuyo magisterio nos ha llegado a través de Platón, Diógenes es un personaje que hablaba principalmente a través de sus actos, de su forma de vida y sus gestos. Tenemos una colección de anécdotas, algunas probablemente apócrifas o, cuando menos, no exactas, pero que nos proporcionan un retrato coherente de una personalidad y una actitud existencial. Es en esta actitud ante la vida más que en sus ideas filosóficas en las que quiero centrarme.
El síndrome de Diógenes, del que quizá hayáis oído hablar, no tiene nada que ver con el personaje del que estamos hablando. Nada más lejos del minimalismo la patología mental de acumulación de objetos que va unida generalmente a la senilidad, el aislamiento social y la suciedad.
Este “Sócrates delirante”, como le llamaba Platón, caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, dormía en los pórticos de los templos envuelto únicamente en su capa y tenía por vivienda una tinaja.

Diógenes, por el contrario, era un filósofo cínico que vivía como un vagabundo en las calles de Atenas y dormía en una tinaja . Sus únicas pertenencias (ríete tú del proyecto 333) eran un bastón, una capa, un zurrón y una escudilla para beber. Y llegó a prescindir de este último objeto por innecesario:
Un día vio como un niño bebía agua con las manos en una fuente: “Este muchacho, dijo, me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas”, y tiró su escudilla.
Diógenes, nació en la colonia griega de Sinope (actual Turquía), su padre acuñaba monedas. Se vio envuelto en un escándalo por adulteración de moneda, fue exiliado y perdió su ciudadanía. Fue a vivir a Atenas y allí convirtió en su meta vital desafiar los valores y costumbres establecidas; cambió la adulteración de la moneda metálica por la depreciación de la moneda política. Creía que la gente no se molestaba en descubrir la verdadera naturaleza del mal y se conformaba con seguir acríticamente los usos y costumbres del momento.
Uno de los rasgos más admirables de este personaje es su falta de respeto por la autoridad y su coraje no exento de arrogancia y provocación para expresar sus opiniones incluso ante los más poderosos. La anécdota con Alejandro Magno es un gran ejemplo de esta actitud independiente y desdeñosa con el poder:
Durante los Juegos Ístmicos, expuso su filosofía ante un público numeroso. Pudo haber sido allí donde conoció a Alejandro Magno. Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes le respondió: “Sí, tan sólo que te apartes porque me tapas el sol.”
Los cortesanos y acompañantes se burlaron del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Alejandro cortó sus risas diciendo: “De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes.”
Es obvio que para Diógenes la pompa y el boato del poder político y económico eran irrelevantes:
En otra ocasión, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Diógenes dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre, pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”.
La muerte nos iguala a todos y en lo esencial, no importa las diferencias entre seres humanos, estamos expuestos a los mismos dilemas existenciales.
Nuestro patrón del minimalismo existencial lleva a la máxima expresión la desconfianza por las costumbres de la época y las somete a crítica con su acción diaria, a veces de forma muy provocadora: se cuenta que Diógenes acudía a la salida del teatro y caminaba en dirección contraria al curso de la multitud abandonando el espectáculo. Cuando le preguntaban que por qué hacía eso, decía que era lo que llevaba toda su vida haciendo: ir contra la corriente.
Lo que puede interpretarse como rebeldía o espíritu de contradicción es mejor interpretarlo como afirmación del valor de la individualidad y desprecio por el consenso o aceptación general como criterio de verdad. Muchas de las anécdotas de Diógenes son el equivalente a las modernas performance artísticas, una mezcla de provocación, espectáculo y enseñanza moral.
Por ejemplo, una de sus performances filosóficas consistió en caminar en pleno día con una lámpara diciendo que estaba buscando un hombre honesto.

En su crítica de lo establecido, Diógenes llegaba al extremo de rechazar incluso las ideas normales sobre la decencia. Se dice que comía en el mercado, orinaba sobre la gente que le insultaba, defecaba en el teatro y se masturbaba en público. Cuando se le preguntó por esta última indecencia decía: “si solo fuera tan fácil calmar el hambre rascándose la barriga…”.
Su comportamiento era su forma de enseñar. Intentaba demostrar que la sabiduría y la felicidad pertenecen al hombre que es independiente de la sociedad y que la civilización es regresiva. Para él la moralidad implicaba el retorno a la simplicidad de la naturaleza: “Los seres humanos han complicado todos y cada uno de los simples regalos de los dioses”.
Podemos ver a Diógenes como un precursor de los luditas y neoluditas del siglo XIX y XX y más recientemente de los críticos culturales como Nicholas Carr (Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?) o Alex Soojung-Kim Pang (en su libro Enamorados de la distracción
y su manifiesto por el descanso deliberado), que nos alertan de los peligros que el progreso material y tecnológico puede tener para la moral y la felicidad humanas.
Mi minimalismo existencial no es anti-nuevas_tecnologías (después de todo, tengo móvil y escribo en un blog), pero sí que comparto la necesidad de acoger críticamente cualquier innovación tecnológica, no sin antes al menos haber evaluado sus pros y sus contras, so pena de convertirnos en meras ratas de Skinner que actuamos bajo el influjo de lo último y lo más brillante y quedamos inermes antes las armas de la publicidad.
Aunque Sócrates se había identificado previamente como perteneciente al mundo más que a una ciudad en particular, a Diógenes se le atribuye el primer uso conocido de la palabra “cosmopolita”. Cuando le preguntaba que de dónde era, él respondía: “Soy un ciudadano del mundo” (cosmopolites). Esta era una afirmación radical en un mundo donde la identidad de un hombre estaba íntimamente ligada a su ciudadanía en una particular ciudad-estado. Siendo un exiliado y desarraigado, un hombre sin identidad social, Diógenes dejó marca en sus contemporáneos.
El minimalismo es un diseño de vida, y esto, nos guste o no, significa tomar una actitud desapegada y objetiva ante las plantillas vitales que nos proporciona nuestra cultura y entorno social. Sin esta distancia, es difícil reconsiderar la dirección que queremos dar a nuestra vida y ser creativo en los medios que empleemos para iniciar nuestro camino.
Algunos autores afirman que Diógenes escribió más de diez obras, muchas cartas y algunas tragedias, pero nada nos ha llegado. Es lo mismo que ha ocurrido con otros filósofos cínicos. Afortunadamente, lo esencial de la escuela cínica está unido a la práctica. Por eso, la colección de anécdotas a las que estoy haciendo referencia contienen el sustrato de la filosofía vital de nuestro santo patrón del minimalismo existencial.
Los seguidores de este blog ya conocen mi casi obsesión con la mentalidad experimental y con la acción como la vía regia hacia el conocimiento. Huyo de las ideas precocinadas y definitivas sobre las cosas o los trajes de talla única. Creo que cualquier idea, por muy coherente que sea lógicamente, por mucho valor aparente a priori que tenga o por mucho que sea bendecida y sea partícipe de la sabiduría popular, debe pasar la prueba de fuego empírica, el test de la realidad, la corroboración de la práctica.
Asistiendo a una lección de Zenón de Elea, que negaba el movimiento, Diógenes se levantó y se puso a caminar.
Si estamos hablando de diseño de vida minimalista o de aerodinámica existencial no queda más remedio que someter nuestros diseños al túnel de viento de la experimentación personal, como hacemos en las prácticas, misiones y retos propuestos en el blog.
Y hemos de tomar los resultados siempre como aproximados y provisionales, pues es en el contexto más amplio de nuestras vidas y personales circunstancias donde han de probar su eficacia o conveniencia. En algún momento, hemos de salir del simulador y probar nuestros prototipos en el torrente de la existencia, en las tormentas y encrucijadas a las que todos estamos irremisiblemente sometidos.

Diógenes, un hombre cuya vida era la encarnación de su filosofía, ridiculizaba la abstracción platónica y la excesiva confianza en las categorías lógicas y los sistemas:
Cuando Platón le dio la definición de Sócrates del hombre como “bípedo implume”, por lo cual había sido bastante elogiado, Diógenes desplumó un pollo y lo soltó en la Academia de Platón diciendo “¡Te he traído un hombre!”. Después de este incidente, se añadió a la definición de Platón: “con uñas planas”.
Tenemos que crear clasificaciones, porque nuestra mente funciona así y porque nos permite organizar el mundo y simplificarlo, pero no hemos de pensar que nuestros modelos mentales son el mundo; son solo herramientas conceptuales que nos hacen comprensibles los fenómenos y proporcionan guía para la acción.
La figura excéntrica y a veces extrema de Diógenes de Sinope me inspira y me anima a traspasar los límites mentales de lo que creo posible y me recuerda el valor del individualismo y la desconfianza de la autoridad, sea en la forma personal de un cargo político, un jefe de departamento o un experto, o de la más sutil y abstracta presión social de la costumbre o la sabiduría popular.
En varios artículos de este blog he usado la técnica de los cien: generar cien ideas sobre cualquier tema que quiera explorar o sobre el que desee aumentar las posibilidades u opciones.
Por ejemplo:
La creatividad y la innovación consisten en algo más que meramente decir lo primero que se te pasa por la cabeza. Es solo el primer paso. Pero este primer paso de extracción de ideas y asociaciones de ideas en la memoria a largo plazo es fundamental.
Hay tests de creatividad, como el test de usos alternativos de Guildorf, que miden la habilidad de generar opciones; te piden que de un objeto, pongamos un ladrillo o un clip, obtengas en menos de noventa segundos todos los usos que se te ocurran. Con ello se pretende medir el pensamiento divergente, la capacidad de generar muchas ideas en poco tiempo.
Más adelante, mediante combinaciones de esas ideas, extracción de patrones y nuevas asociaciones se van refinando las soluciones iniciales hasta dar con una idea nueva y eficaz. Esta segunda fase echa mano del pensamiento convergente, que también es importante en la creatividad.
Si el minimalismo busca la esencia, la concisión y el mínimo número de elementos, parece un poco contradictorio seguir el principio de “Cuanto más mejor”. Sin embargo, ese es el comienzo, no el final del camino o el producto acabado.
En el campo de la ingeniería y el marketing, y en la innovación en general, para llegar a una buena idea que funcione se necesitan una gran cantidad de ideas previas y muchos prototipos o pruebas de mercado para testarlas y refinarlas.
El diseño de vida del minimalismo existencial no es una excepción a este proceso de ensayo y error: necesitamos de nuestra capacidad de generar opciones y combinarlas de modo eficaz para crear el tipo de resultados que queremos ver en nuestra vida.
Ser creadores forma parte de nuestra naturaleza, y generar ideas —a veces sorpresivas y eficaces— sobre cualquier cosa es algo que hacemos prácticamente todos los días. Nuestro Yo Ocurrente es muy bueno en eso; basta que dejes de esforzarte en una tarea y que tu mente vuele unos segundos sin rumbo fijo para que enseguida surjan montones de ocurrencias sobre los más diversos temas y las asociaciones se multipliquen de tal manera que puedes empezar pensando sobre el sombrero de Mr. White en Breaking Bad y terminar preguntándote sobre el sentido de la existencia.

Con la técnica de los cien, lo que pretendo es entrenar la habilidad de generar muchas ideas. Lo habitual es que cuando te pones a buscar soluciones a un problema o a crear cursos de acción alternativos generes dos o tres o cuatro posibilidades y cese rápidamente el proceso de exploración. Entre las dos o las tres que parecen más prometedoras (las primeras que se te han ocurrido más bien) empiezas a valorar y te quedas con una.
Eso está bien cuando tienes restricciones de tiempo, como solemos tenerlas habitualmente, o cuando las decisiones no son muy importantes. En la regla de los tres de los marines americanos vimos como en condiciones de urgencia y situaciones de vida o muerte generar unas pocas opciones (tres) y decidir entre ellas o una combinación de ellas es una manera de tomar decisiones rápidas que contengan algo de creatividad y que no nos lleven a la parálisis por el análisis.
Pero la mayoría de nuestras decisiones o de las soluciones a nuestros problemas, grandes y pequeños, pecan de automatismo y de previsibilidad, tienden a ser estereotipadas. A veces, ni siquiera pensamos dos opciones, nos quedamos con la primera que viene a la mente y actuamos; muchas veces ni siquiera generamos opciones, adoptamos una solución trillada que tomamos de nuestro comportamiento pasado o bien recurrimos a la imitación.

Puedes sugerirme temas para las listas de cien en los comentarios.
Si eres más audaz, puedes aplicar la técnica de los cien al próximo problema o decisión que tengas entre manos.
Este es un reto personal (para mi), no pido que escribas 100 ideas todos los días, solo digo que podrías probarla alguna vez para ver qué tal funciona.
El reto-experimento 20×25 iniciado el 8.8.14 y acabado el 29.8.14 consistía en leer un libro de 500 páginas en 25 días a razón de 20 páginas/día: Los fundamentos de la libertad (The Constitution of Liberty), de Friedrich A. Hayek.

Unos días tenía ganas de seguir leyendo, pero al no poder ir mucho más allá de las 20 páginas, tenía que cortar, con lo que estaba siguiendo algo parecido a la técnica de Hemingway de dejarlo en un momento interesante para así volver con más ganas al siguiente día.
Pero también ha ocurrido lo contrario: que no tuviera ganas de continuar y me obligara a leer unas cuantas páginas más hasta acercarme a las 20 de cuota diaria.
No todos los días cumplí la cuota exacta y solo un día estuve sin leer. Los días que leía un poco de más, se han compensado con los días que leía de menos, con lo que puedo decir que he cumplido el espíritu del experimento de espaciar la lectura en un periodo de tiempo prolongado.

Al demorarse la lectura sobre casi cuatro semanas, ha habido más oportunidades para relacionar lo que iba leyendo con acontecimientos del día a día, otras lecturas y otros temas sobre los que espontáneamente surgían asociaciones.
Por ejemplo, los temas de derecho constitucional en los que abunda el libro se conectaron sorpresivamente en mi mente con el Curso de Perseverancia y algunos de los temas sobre la autorregulación y la voluntad que vienen ocupándome en los últimos meses.
Analogía que surgió en mi mente entre temas aparentemente no relacionados:
En términos generales, me he sentido más relajado a pesar de tener que restringirme un poco. El ritmo de lectura más pausado ha sido también más satisfactorio.
Es probable que si hubiera leído de una forma más concentrada, en unos pocos días, no hubiera emergido la analogía entre la Constitución en una democracia liberal y una constitución o código moral personal.
Leer este libro me ha proporcionado una comprensión del derecho y parte de la historia jurídica de Europa Occidental y Norte América que no hubiera obtenido en años de ver programas de televisión, debates o tertulias políticas.
Empecé leyendo todas las notas de página, pero hacia la mitad del libro fui más laxo y solo las leía detenidamente si intuía que podían ser aclaratorias y no simples referencias o aclaraciones eruditas.
Después de completar el experimento, creo que he interiorizado un poco más la necesidad de los pequeños avances graduales y el sentido de uno de mis mantras preferidos para la tenacidad y la perseverancia: “No importa lo lento que vaya siempre que no me detenga”.
Un peligro de este método es que durante el extenso periodo de lectura (varias semanas) aparezcan otros intereses que resulten más brillantes que el libro entre manos y como consecuencia aumente la tasa de libros abandonados/libros empezados.

Perseverancia y autorregulación, lo entrené en la segunda reencarnación. En mi caso particular me pasó al revés… el hecho de fijarme (durante muchos años) las páginas por día era justamente lo que me tenía atascada de establecer el hábito de leer los libros que deseaba.
Después de los ejercicios de la segunda reencarnación decidí fijarme tiempos en vez de páginas, y ajustar la velocidad según mi interés y voilá… ¡el hábito es un hecho! He leído al menos unos 5 libros desde entonces, cosa que no hubiera hecho si siguiera insistiendo en las páginas 🙂
~Cyn Aware