Al menos cien cosas que detesto de Homo Mínimus

Este es un artículo invitado de Homo Máximus. Le agradezco que haya accedido a la invitación. Homo Mínimus no se hace responsable  de las opiniones emitidas por Homo Máximus ni necesariamente está de acuerdo con ellas o las suscribe.

Nota adicional: me admiró  tanto la sinceridad  de Homo Máximus —aunque también me dolió— que le ayudé a mejorar el artículo con fotos relevantes, enlaces , estadísticas del blog y poniendo en negrita algunas frases memorables que corrían el riesgo de pasar desapercibidas entre tanta crítica (probablemente merecida, al menos en parte).

 

I. No me gusta que publique artículos ombliguistas, narcisistas, como este, porque sabe que soy un tipo que solo hablaré de él.

II. Que nos tome por idiotas: seguro que en este artículo digo algunas cosas malas de él que en el fondo son buenas.

III. Que sus artículos sean como la cuchara-avión con la que se alimenta al bebé. Me lo da todo mascado.

IV. Que use material de otros, por ejemplo, viñetas humorísticas en los que los  comentarios de Mínimus  no añaden nada a lo ya visto.

V. No me gusta que use palabras raras, es un pedante. ¿Dónde queda el lenguaje claro y sin pretensiones?

VI. Que use un lenguaje florido para disfrazar su falta de contenido.

VII. No me gusta dé vueltas una y otra vez a las mismas ideas. ¿Tiene algo nuevo que no sepa?

VIII. Que no cuide más los podcasts; no tiene entradilla musical y el sonido es manifiestamente mejorable.

IX. Que interrumpa a sus invitados en el podcast.

X. Que monopolice las conversaciones en los podcasts.

XI. Que diga «ehhhh» y «¿no?» al final de sus frases.

XII. Que camufle su falta de ideas traduciendo al español libros de Leo Babauta y los utilice como cebo para que la gente se suscriba al blog. Patético.

XIII. No me gusta el video presentación del Minimalismo existencial. Lo único que vale son los dibujos de John Flames, la historia, la voz y la grabación son de aficionado.

XIV. Que me hable desde el púlpito.

Tablas de la ley

 

XV. No me gusta tanta cita de Einstein y Nelson Mandela. Argumentos de autoridad.

XVI. Que azote con el látigo de su indiferencia a aquellos que no le dicen que sí a todo.

XVII. Que se meta con la gente.

XVIII. Que escriba en otros blogs para reírse de la gente. Como en el blog de la adorable Caro Chan y su artículo Qué quieren los hombres 2.0.

XIX. Que insulte a los comentaristas que no le bailan el agua. Sí, a veces hace eso.

XX. Que sea tan relamido. Cuando se pone poético es empalagoso. Por ejemplo, en el artículo Un ramo de rosas para la más loca.

XXI. Que confunda un artículo de blog con una lista inconexa de ideas.

XXII. Que use y abuse de las listas.

XXIII. Y de los retruécanos.

XXIV. No me gusta leer el título del artículo y ya saber lo que va a decir.

XXV. Que muestre ramalazos heteropatriarcales propios de otras épocas. Su artículo Cómo convertir a tu mujer en minimalista es cuando menos despreciativo  para la condición femenina.  Las mujeres no necesitan ser tuteladas. Punto.

XXVI. Que escriba Cien maneras de iniciar una conversación con una mujer. No es más que una colección de micromachismos , muchos de ellos rayan la calificación penal.

 

cien maneras iniciar conversación con una mujer

 

XXVII. Que el artículo sobre las Cien  maneras de iniciar una conversación con una mujer sea el más leído de la historia del blog (casi 30.000 visitas). Lo peor: desde el 2014 sus lectores no han dejado de crecer.

 

Estadísticas artículos

 

Por otro lado, me hace gracia los dos artículos más leídos de su blog no tengan nada que ver con el minimalismo y sean listas de cien. En el pecado lleva la penitencia. Es el problema de los blogs todo a cien.

XXVIII. No me gustan sus listas de cien. La única que tiene pase, yo diría que es simpática, es la de Cien  ideas para una conferencia TED. Este es el segundo artículo más leído del blog.  Pero no se engañen, esta lista no justifica el deficiente nivel del resto del blog ni exime a Homo Mínimus de responsabilidades penales y civiles .

XXIX. Me repatean los proyectos que empieza y no acaba. Por ejemplo, el Reto-práctica 100×100 ideas, más de cuatro años desde que lo empezó y sigue sin terminarlo. Un tipo que no acaba lo que empieza dándonos lecciones de tenacidad en su Curso de autorregulación y perseverancia. Consejos vende que para él no tiene.

XXX. Que anuncie un libro sobre el minimalismo existencial y defraude a sus lectores varios meses después diciendo que no lo escribirá .

XXXI. Que empiece proyectos como el Proyecto 52 paseos con (al menos) 52 frikis que anuncia a bombo y platillo pero del que nunca más se volvió  a saber.

XXXII. Que use el cliffhanger   y otros trucos baratos para generar anticipación. Generalmente, lo que viene después no tiene interés.

XXXIII. Que sea tan irregular. Se pasa meses sin escribir nada y de repente en un par de semanas escupe  ocho artículos.

XXXIV. Que me inunde el buzón de correo con su farfolla

XXXV. Que robe ideas y luego no cite a sus autores. Especialmente roba a Rober Sánchez, Esto no es comida, Luis Andés ,  Tribuna de Avalón y Entusiasmado, por citar autores en español.

XXXVI. Que divague sobre ideas suficientemente comprendidas. Filosofía de parvulario llamo yo a sus principios minimalistas.

XXXVII. Que en las distancias cortas no tenga ni una mala palabra ni una buena acción.

XXXVIII. Que no diga que no ni que sí a las propuestas de los lectores que le escriben. Es como la chica popular que gusta de tener pendientes de un hilo a sus muchos pretendientes; los deja en la reserva, como si fueran tampones emocionales para apuntalar su frágil ego en tiempos de hemorragia sentimental y baja autoestima.

XXXIX. Cuando Homo Mínimus se dirige a las mujeres lectoras del blog, lo hace con un tono condescendiente y sutilmente despreciativo. Es un caso de libro de machoexplicación.

 

Machoexplicación

 

XL. Que use su  blog para airear sus filias y fobias personales.

XLI. Que diga que «Sí, por supuesto» o que «más adelante» a los lectores que le escriben pero luego nunca más se sepa.

XLII. Que no haga una reseña del blog Historias Minimalistas de Pablo Matilla . Probablemente porque le fastidia que escriba mucho mejor que él.

XLIII. No me gusta de Homo Mínimus su ridículo nombre.

XLIV. Que haga trampas en las listas de cien.

XLV. Que prometa hacer una reseña de este libro y no lo haga:  «La mudanza. ¿Con qué me quedo?» De Javier Saura. https://amzn.to/2Oc65vh

XLVI. No me gusta su en ocasiones tono buenista new age.

XLVII. No me gusta el tono retador y sobrado del que después de todo no pasa de ser el típico subcampeón del mundo.

XLVIII. No me gusta que crea que por darle la vuelta a una idea generalmente aceptada tiene una idea válida. Eso es lo más fácil del mundo. Es un síntoma de pereza mental.

XLIX. No me gusta de Homo Mínimus su simplona forma de escribir. Seguro  que a muchos lectores les gusta por esa misma razón. Está claro que uno busca y atrae lo que es.

 

Me gusta porque es simple

 

L. No me gusta que no haga referencia a otros blogueros de su nicho, ignora a su competencia.

 

 

 

 

 

 

 

LI. Que no haga pausas a mitad de sus listas de cien.

LII. Que todo lo que hace sea esperado. Que no me sorprenda. Se le acabaron las ideas.

LIII. Me indigna que Homo Mínimus emplee fotos de trabajadoras de la limpieza en su blog.

 

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LIV. Que no tenga organizados los artículos del blog.

LV. Que sea difícil encontrar el botón de suscripción.

LVI. Que no responda a la gente que amablemente comenta.

 

LVII. Que responda a los comentarios de unos lectores y no a los de otros, de manera aparentemente arbitraria.

LVIII.  Que sea tan difícil encontrar un medio de contacto.

LIX. Que se vaya por las ramas.

LX. Que no nos dé más ideas prácticas.

LXI. Que nos venda tanto humo.

LXII. Que intente colarnos sus ideas políticas de corte liberal. Si quieres «disfrutar» de su tufillo   de anarquista de mercado puedes leer (en diagonal y tapándote la nariz) Nadie merece nada: contra la meritocracia y otras teorías del merecimiento.

LXIII. Que no hable de asuntos de actualidad.

LXIV. Que se quede siempre en el terreno de lo abstracto.

LXV. No me gusta que se meta tanto con la gente que usa teléfonos inteligentes.

LXVI. Me saca de quicio su tecnofobia y su neofobia. Chochea. «En mi época la gente leía libros y prestaba atención…» dice Homo Mínimus carraspeando. A ver si evoluciona de una vez y se da cuenta de que vivimos en el siglo XXI.

 

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Unabomber. Un minimalista existencial

 

LXVII. No me gusta su soberbia disfrazada de ironía y bonhomía.

LXVIII. No me gusta que no reseñe los libros de los que bebe. Me gustaría ir a las fuentes, no acceder a su agua dialéctica a través de sus tendenciosos sesgos y filtros.

LXIX. Que no me diga quienes son sus fuentes.

LXX. Que me aconseje una cosa y la contraria.

 

 

LXXI. Que se canse de un tema o proyecto o experimento y lo deje a medias.

LXXII. Que me haga trabajar para él como articulista invitado.

LXXIII. Que diga que suele responder en menos de tres semanas, «generalmente con amabilidad». ¿Qué hace cuando no es amable?

LXXIV. Que haya agotado el tema del blog, el minimalismo existencial, y siga perorando.

LXXV. Que se crea que le leo, habitualmente paso rápida y perezosamente la mirada por los artículos que me envía y los elimino.

LXXVI. No me gusta su pose de loco hablando desde lo alto de la colina.

LXXVII. No me gusta el aire enrarecido, a habitación de enfermo, que tiene este blog. Todo negatividad y cinismo.

LXXVIII. No me gustan los comentaristas habituales del blog: siempre aplaudiendo y  estando de acuerdo con lo que dice Homo Mínimus. Parecen miembros de una secta.

 

Three horses laughing

 

LXXIX. Me parece peligroso que denigre el sistema educativo con tanta ligereza. Me asquea su falta de sensibilidad social.

LXXX. No me gusta que me sermonee porque veo series en Netflix y consulto mi teléfono en los tiempos muertos.

LXXXI. Que me utilice para hacer una lista más de cien para su Reto-Práctica 100×100 ideas.

LXXXII. Que vaya de desapegado, libre y radical, como si no le importara su audiencia o el número de lectores. Se la he visto consultar compulsivamente las estadísticas del blog y salivar con los «likes».

LXXXIII. No me gusta que confunda la exuberancia mental con la verborrea.

LXXXIV. Que robe fotos.

LXXXV. Que no cumpla la normativa de cookies ni advierta que los datos personales pueden ser recogidos.

LXXXVI No me gustan sus artículos «Shabbat shalom» del viernes por la tarde. ¿Se cree que solo le siguen judíos sefardíes? Totalmente fuera de lugar.

LXXXVII. Peor, ¿no se estará mofando sibilinamente de los judíos practicantes?

LXXXVIII Que escriba un artículo sobre las bondades del pensamiento hitleriano en Mein Kampf. Repugnante.  https://homominimus.com/2015/02/26/la-verdad-es-la-verdad-la-diga-agamenon-o-adolfo-hitler/

 

old chaplin

 

LXXXIX. No me gusta que me haga mirar en una dirección para luego decirme que mire en la otra.

 

XC. No me gusta el diseño del blog. Realmente, no creo que tenga ningún diseño.

XCI. Que no vaya de frente, siempre con subterfugios.

XCII. Que vaya de listillo y graciosete.

XCIII.Que bajo el pretexto de la filosofía minimalista no se trabaje el diseño del blog y su navegabilidad. Este blog no es amistoso con la gente.

XCIV. De Homo Mínimus, no me gusta su hipocresía patológica. Cualquiera que lo conozca sabe que su aparente bonhomía y don de gentes no es tal, es un personaje inventado, una máscara ridícula, un producto de marketing.

XCV. Que me haya puesto la condición de escribir una lista de al menos cien elementos si quiero publicar en su blog. Me quedan todavía cinco.

XCVI. Que se haga llamar con el título de Doctor.

XCVII. Que vaya dando consejos terapéuticos a gente muy enferma mentalmente y moralmente sin estar cualificado ni certificado como psicólogo clínico, psicoanalista lacaniano o terapeuta ocupacional. Espero que un día le demanden por intrusismo profesional y/o negligencia médica. No tienes más que mirar a sus artículos en el Consultorio del Doctor Mínimus.

XCVIII. Que intente emular (patéticamente) a Rainer Maria Rilke en su sección «Cartas a un joven bloguero».

XCIX.

C. Que me haya obligado a escribir esta lista con numerales romanos en vez de con arábigos. Fascista romano. Islamófobo cabrón.

 

Anuncio Proyecto El perdido Arte de la Conversación

FILÓSOFO. —Nada más. Y todo lo que no está en prosa está en verso; y todo lo que no está en verso, está en prosa.

JOURDAIN. —Y cuando uno habla, ¿en qué habla?

FILÓSOFO. —En prosa.

JOURDAIN. —¡Cómo! Cuando yo le digo a Nicolasa: «Tráeme las zapatillas» o «dame el gorro de dormir», ¿hablo en prosa?

FILÓSOFO. —Sí, señor.

JOURDAIN. —¡Por vida de Dios! ¡Más de cuarenta años que hablo en prosa sin saberlo! No sé cómo pagaros esta lección…

 

Resulta cuando menos extraño que tenga que crear un proyecto para fomentar-aprender-entrenar algo tan natural y sencillo como la conversación entre seres humanos. Después de todo, casi todos podemos y sabemos hablar, y lo hacemos desde los dos, tres o cuatro años.

 

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Rachel demsick – These #kids are having one SERIOUS #conversation! #babytalk

 

Nos pasamos el día hablando y escuchando, entrando y saliendo de decenas o centenares de conversaciones orales, escritas, divagaciones mentales entre las distintas personas en nuestra mente, diálogos propiamente dichos entre personas de carne y hueso, discusiones, tertulias, intercambios verbales corteses, saludos con añadido, chistes, charlas improvisadas, comentarios a pie de evento, conversaciones de ascensor (sobre el tiempo y la salud de la familia principalmente).

Nada más cotidiano que el intercambio verbal y paraverbal entre seres humanos. Sin embargo, pocas veces nos ponemos a reflexionar sobre esa actividad tan ubicua en nuestras vidas. Somos como el burgués gentilhombre de Molière [1], que un día advirtió que, sin saberlo, llevaba toda la vida hablando en prosa

Llevamos toda la vida inmersos en conversaciones, podríamos decir que la mente es una conversación continua, que las relaciones humanas son conversaciones, que la cultura es un determinado tipo de conversación y  que la sociedad en conjunto es una amalgama de  millones de  conversaciones. ¿Por qué entonces no pensamos en la conversación? ¿Por qué no la fomentamos? ¿Por qué no la perfeccionamos? ¿Acaso ya sabemos todo lo que hay que saber sobre la herramienta de la conversación?

Arte

El ser humano transmuta lo meramente computacional, funcional  y rutinario en estética;  el algoritmo, en guía general llena de excepciones; la pragmática en Ética; la información en conocimiento; el contacto físico en espiritual.

Tengo un alto concepto o ideal de lo que debería ser, de lo que puede ser la conversación, y por ello me refiero a ella como un Arte, un arte perdido o en desuso, pero Arte al fin y al cabo. A este tipo de Conversación con vocación —o ínfulas—  de Arte me refiero y consagro este nuevo proyecto. Pero es un arte  especial, no el fruto del genio solitario, es un arte que es co-arte,  co-creación de varios seres humanos reunidos que dan a luz a algo distinto de aquello con lo que empezaron. Allá donde hay dos o más dos personas  existe la posibilidad —solo la posibilidad—  de que salte la chispa y se encienda el fuego de la conversación.

 

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ReflectedSerendipity – Conversation

 

Perdido Arte

La conversación es una habilidad que  está cayendo en desuso y en mal uso, es una herramienta oxidada.

Un tema recurrente en este blog es cómo las tecnologías digitales, en especial las redes sociales digitales, están pasando factura a la calidad y cantidad de nuestras conversaciones personales. El ritmo acelerado de nuestras vidas, el impacto de los medios de comunicación de masa y las redes sociales digitales fragmentan nuestras conversaciones, las acortan, las empequeñecen, las banalizan.

Si nos alimentamos de excrementos de pensamiento y de sucedáneos de conversaciones  es razonable deducir que nuestra excrecencias verbales y paraverbales no serán mucho mejores.

Quizá estoy exagerando, quizá mi visión es muy sesgada, quizá cada día hay más y mejores conversaciones, pero todo apunta a que no es así.

Cuando hablo de arte de la conversación, voy más allá de la presunta pobreza de nuestro vocabulario (dos o tres mil palabras son las que empleamos habitualmente) o lo tosco o degenerado de nuestra sintaxis o la superficialidad conceptual o la ausencia de argumentos racionales.

Cuando hablo de conversación, me estoy refiriendo a un resultado y a un proceso de comunicación genuino, lento, centrado y concentrado, multidireccional, entre unos pocos seres humanos; a un proceso cuidadoso, al que se le dedica tiempo, atención, esfuerzo y al que se le da importancia. Estoy proponiendo que cada conversación puede ser una pequeña obra de arte que con poco logra mucho, que crea un significado, un sentido, una novedad —por minúscula que parezca— emocional, afectiva, intelectual o espiritual, que no estaba en ninguno de los conversadores antes de entrar en la conversación y que se crea, se desarrolla y emerge durante el acto de la conversación.

 

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The Conversation – Kurfurstendamm, Berlin, 2012

Meta del proyecto

Aprender- entrenar- fomentar el Perdido Arte de la Conversación.

Alcance

Conversaciones con mayúscula, dignas de tal palabra. Tendré que delimitar el concepto de conversación.

Si es cierto, a la manera de Diógenes de Sinope [2], que «el movimiento se demuestra andando», también será cierto que la conversación se demuestra conversando; por lo tanto, este proyecto incluye la conversación como medio y como fin del proyecto.

Algunas de estas conversaciones serán metaconversaciones, dirigidas a discernir la naturaleza y rasgos de una conversación ideal. Las metaconversaciones servirán para orientar el proyecto.

Duración

Del 11 de septiembre de 2018 al 31 de diciembre de 2018

Estrategia

Visionaria y emergente [3]

Siguiente paso

Tener una conversación  sobre la idea de Conversación —es decir, una metaconversación—. La grabaré y la colgaré en el podcast de Homo Mínimus [4]. El invitado será Escépticus Máximus.

Referencias

[1] El búrgues gentilhombre, comedia-ballet  de Moliere
[2] Diógenes de Sinope, el Santo patrón del Minimalismo Existencial. Artículo hagiográfico en este blog.
[3] Estrategia existencial: cuatro enfoques, artículo en este blog sobre cuatro tipos de estrategias existenciales.
[4] Podcast Homo Mínimus

Un simple pensamiento lo cambia todo

Imagina que hoy es tu último día sobre la faz de la tierra.

¿No es cierto que vivirías con tal intensidad y plena conciencia que todas las cosas y todos los momentos, no importa lo cotidianos,  proyectarían un brillo extraño?