Cómo convertirte en el Stanley Kubrick de tu mente

El escenario de un teatro:  el telón se abre en la mañana y ahí están los actores interpretando una pieza. Durante todo el día, sigue la función hasta que llegada la noche  se baja el telón  y los actores se van a descansar o confraternizar entre ellos hasta el día siguiente.

No todo es controlable por el director. Intenta mantener un guión o propósito y coordinar a los intérpretes. No es trabajo fácil. De hecho, su control es limitado. Imagina una obra de teatro donde continuamente están entrando y saliendo personajes que  no siempre siguen el guión.

A veces se le cuelan actores detrás de las bambalinas, que no habían sido llamados, o  irrumpen espontáneos, personas del público que saltan al escenario sin haber sido citados, ante el pasmo del director; otras veces se escapan profesionales cuando más se les necesita, o actúan de forma errática porque han dormido poco o aparecen a trabajar borrachos, o improvisan sobre la marcha siguiendo su  inspiración y desafían las órdenes del director.

Muchas veces, la obra cuidadosamente planificada se convierte en una suerte de performance o teatro de improvisación, donde la acción se despliega en respuesta a las interacciones no previstas de  actores y  público,  y emergen pautas de comportamiento y giros de la historia que no podían haber sido previstos inicialmente.

La conciencia como escenario

La conciencia se puede comparar con un proyector de potencia variable que ilumina en cada momento una zona de la mente. Allá donde está iluminado está nuestra conciencia. En psicología cognitiva, el material que manejamos conscientemente  se llama memoria de trabajo (working memory): son los contenidos mentales de los que somos conscientes: los actores en el escenario más las operaciones de combinación y manipulación de esos contenidos.

El director  supervisa  los contenidos y las operaciones mentales, esto es, la escena  interpretándose en cada momento y los actores que intervienen en ella. José Antonio Marina [1], el filósofo español,  lo ha llamado Yo Ejecutivo o Yo negociador, porque tiene que poner de acuerdo a muchos recursos mentales para dotar de una cierta coherencia a las piezas interpretadas. A través de  guiones, metas o proyectos coordina la ejecución de la pieza que está representando.

La misión del director es observar lo que ocurre en el escenario, la escena actual, compararla con el guión de la obra que está intentando interpretar y hacer los cambios pertinentes en el momento adecuado; por ejemplo: este actor ha de salir ahora, y este otro ha de entrar , y justo después estos dos entran en una conversación mientras los otros se quedan a la escucha esperando su intervención.

A veces, es cierto, el Yo Ejecutivo está ausente, las inhibiciones se reducen, las intenciones se olvidan momentáneamente, y los lunáticos dirigen el hospital psiquiátrico.

En la vida mental, la conciencia es la excepción

Pero en la vida mental, como  en el teatro, la conciencia y los actores en el escenario son minoría;  la gran mayoría  está en los contenidos inconscientes, en el público que está en el patio de butacas y otros actores preparándose para intervenir detrás de las bambalinas.  El inconsciente y su dinamismo es influenciable pero no controlable por el director escénico:  tiene una cierta idea de lo que puede aportar, conoce lo que ha hecho en el pasado, puede darle instrucciones para ejecutar planes previos, pero tanto la entrada y salida de personajes (emociones, pensamientos, impulsos) como su comportamiento e interacciones es en ocasiones imprevisible.

A esa parte inconsciente, solo conocida en parte, no controlable directamente aunque sí influenciable, la he hemos llamado Mr. Hyde [2], por su carácter oscuro, indómito, salvaje.

Mr Hyde

José Antonio Marina asigna un nombre más descriptivo y aséptico a nuestro Mr. Hyde: Yo Ocurrente o Inteligencia Generadora, puesto que es la fuente de ideas y de conexiones  mentales que son la materia prima con las que opera el Yo Ejecutivo o director escénico de la mente.

La inteligencia creadora, la inteligencia humana, es la inteligencia generadora de ocurrencias dirigida por proyectos. Los proyectos , que se terminan traduciendo en guiones mentales, son la intersección entre la posibilidad imaginada y la materia prima de la realidad.

En el artículo Entrenando a Mr. Hyde iniciamos a una aproximación a la autorregulación de la vida mental a través de la formación de hábitos, las intenciones de ejecución [3] y las pautas para domar al inconsciente con el fin de que nuestros automatismos jueguen a nuestro favor y no en contra de nuestras intenciones y planes conscientes.

La multitarea es realmente cambio rápido de tareas

En el escenario no caben muchos actores, casi todas las personas están en el patio de butacas o esperando su turno entre  bambalinas. En el caso de una ópera puede haber decenas, pero en la mente humana son muchos menos, alrededor de cuatro. En psicología cognitiva, reciben el nombre de “chunks” o unidades de contenido manejado conscientemente.

Si permitimos la entrada de más actores en el escenario, se genera sobrecarga cognitiva, unos actores empujan a otros, quitan la palabra a otros, algunos caen del escenario al patio de butacas y la acción se vuelve errática: imagina una situación de tu vida en que navegas en una tempestad emocional en que tienes montones de emociones y pensamientos contradictorios y turbadores invadiendo el espacio de tu conciencia. Por ejemplo, estás a punto de divorciarte o dejarlo con tu novio.

O —no imagines— piensa en un día de trabajo: estás hablando por teléfono con un cliente, mientras echas un vistazo a la bandeja de entrada del correo, en tu campo visual tienes a un colega que está hablando voz en cuello y no te deja oír del todo al cliente, buscas una factura en tu escritorio porque  necesitas un número de identificación fiscal, y por el rabillo del ojo ves que tu jefe se acerca a tu puesto con cara de pocos amigos…

El escenario es la memoria a corto plazo, es la información que podemos manipular conscientemente en cada momento, es una pizarra mental donde podemos escribir nuestras operaciones mentales; pero la pizarra es muy pequeña, enseguida se llena de actores compitiendo unos con otros por el escaso espacio disponible, lo que se traduce en estrés, caos mental y frustración.

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El escenario de la conciecia es pequeño y enseguida se satura. En flickr: https://flic.kr/p/di7gua

Cuando hacemos multitarea, realmente no estamos ejecutando varias actividades a la vez, más bien  cambiamos rápidamente de actores y papeles, que entran y salen rápidamente del escenario con sus escenas sin concluir.

Solo es posible hacer verdadera multitarea cuando alguna de las actividades es automática y no requiere actividad cognitiva ejecutiva, como respirar o conducir mientras hablas con el copiloto;  en este último caso, si de repente entras en una calle o carretera no familiar, dejas de hablar para aumentar el foco en la conducción y liberar espacio mental para la percepción del entorno físico.

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Los actores que están en una escena (escribiendo un informe, por ejemplo) son rápidamente desalojados por otro grupo de actores con papeles distintos (para consultar la notificación en el smartphone o el último mensaje de whatsapp o una nueva publicación en el muro de facebook); cuando el director escénico se da cuenta de la interrupción, rápidamente manda volver a la escena originaria y cambiar nuevamente de actores, y así continuamente durante toda la jornada de trabajo.

En el mundo de la acción, la rutina es la regla

Para ejecutar una buena actuación, necesitamos muchos personajes y papeles. Hay conciencias donde siempre están los mismos actores repitiendo el mismo papel. Un director de cine compulsivo tipo Stanley Kubrick  trae una y otra vez a los mismos actores con el mismo guión y les obliga a interpretar una y otra vez la misma escena hasta alcanzar la perfección.

Kubrick

[…] Decir que Kubrick es un perfeccionista es un eufemismo: su intención fue rodar las escenas tantas veces que agotara a sus actores y se olvidaran que las cámaras estaban ahí. Durante el rodaje de “Eyes Wide Shut”, el director rodó 95 tomas de Tom Cruise pasando a través de una puerta.

…Cruise estaba tan ansioso de dar lo que quería al legendario director que desarrolló una úlcera. Nunca se lo dijo a Kubrick.

…Cruise no es el único actor que rodó docenas de tomas. Vinessa Sha, que hizo el papel de prostituta, recuerda haber rodado unas 90 veces la misma escena.

…Si Kubrick no hubiera muerto antes de que la película se acabase, estaría todavía haciendo ajustes hoy, como hizo con The Shinning después de aparecer en pantallas. “Creo que Stanley hubiera seguido  retocando la película veinte años más”, dijo Kidman. “Estaba todavía retocando y dando vueltas a películas que había rodado hace décadas. Nunca estaban acabadas. Nunca eran lo suficientemente perfectas.”

—Fuente: Huffingtonpost.com [4]

Nos puede sorprender conocer estos datos de un director como Stanley Kubrick al borde del trastorno obsesivo-compulsivo; bueno, no “al borde”, sino chapoteando en el trastorno. Pero yo te preguntaría lo siguiente:

“Del día que has vivido hoy, ¿qué parte es diferente, sorpresiva, novedosa, creativa? ¿Realmente has sorprendido a ti mismo o a otra persona con algún comportamiento “out-of-character”(que sale de tu interpretación habitual)? Si tuvieras que apostar por cómo va a ser tu vida en la próxima semana, ¿apostarías a que va a diferir mucho de lo que te ha ocurrido esta semana?”

La diferencia entre el Yo Ejecutivo en tu conciencia, y Stanley Kubrick dirigiendo películas no está tanto en la variedad de las “tomas” de tu conciencia (escasas y repetitivas), las escenas que representas cotidianamente, sino en que Stanley busca la perfección y acercarse a un ideal mientras que tú repites una y otra vez la misma escena y supervisas las escenas con ojos vidriosos o duermes la siesta.

Quizá la culpa no es tanto del director como de los  actores, que han entrado en la rutina de acaparar el escenario impidiendo la entrada de otros nuevos,  que no tienen muchos registros y se han acomodado en un papel que les resulta cómodo y por eso repiten día tras día. Mitad por costumbre, mitad por incapacidad, los otros actores no se atreven a intervenir y el director, que no quiere alborotos y costosas negociaciones ni tiene tiempo para experimentos,  se aferra a las mismas escenas, como si con ellas bastara para interpretar toda la obra.

El Yo Ejecutivo o director escénico de la conciencia actúa habitualmente siguiendo el principio de dirección por excepción: mientras no ocurra nada que se salga de lo habitual, no interviene, deja hacer. La intervención del Yo ejecutivo es un proceso mental costoso, requiere energía, y sigue el principio de economía cognitiva: “cuanto menos intervenga mejor”, “si no está roto no lo arregles”.

En resumen, el fin del pensamiento consciente es crear  soluciones o guiones suficientemente buenos como para poder evitar el pensamiento consciente y la necesidad de creación de nuevos guiones.

Meiozation

A la izquierda: búsqueda de soluciones o nuevos guiones ante un nuevo problema.                                                             A la derecha: camino mental o guión mental ante situación familiar

Casting del reparto

Pero no  siempre hay un guión adecuado: surgen problemas o nuevas situaciones, cambian los gustos del público, o los antiguos guiones dejan de funcionar. Es aquí donde el director ha de remangarse, y, de acuerdo al principio de dirección por excepción,  poner todos sus sentidos en juego y tomar el control.

La inteligencia creadora  se puede definir  como lo que hacemos  cuando no sabemos qué hacer. Si sabes qué hacer, no hay necesidad de pensamiento consciente y acción deliberada.

El director puede proporcionar  algo de estructura a la improvisación, para que el alboroto de la conciencia no degenere en caos, pero ha de ser flexible porque necesita probar muchas posibilidades con nuevos actores y con nuevos papeles y escenas.

Este es el juego creador combinatorio de la inteligencia. Lo que vamos a encontrar en la mente es una mezcla de comportamiento automático y previsible, de obras enlatadas y mil veces vistas,  y de teatro de improvisación, donde hay que reaccionar a las circunstancias en tiempo real.

 El director puede querer nuevos actores y no bastarle los que están ya en la escena ni siquiera detrás de las bambalinas, en el preconsciente  esperando su turno; ha de buscar nuevas caras, reemplazar a algún actor, probar otras posibilidades, dejar que otros contenidos  interaccionen y probar nuevas mezclas, quizá cambiando el guión sobre la marcha, introduciendo frases o descartando diálogos.

¿Dónde encuentra las nuevas caras para una escena o una obra que nunca antes ha interpretado?

¡En la oscuridad del patio de butacas! Allí hay centenares de posibles actores (en el inconsciente o Inteligencia Generadora realmente hay miles, millones) . El director tiene una idea de quién puede necesitar y lo busca en la memoria a largo plazo, en el contenido mental no activado pero que puede ser útil en la escena siguiente.

Echa un vistazo a las primeras filas y allí encuentra un rostro interesante o alguna persona ansiosa de actuar que puede aportar un nuevo registro o que resulta ser el intérprete perfecto para este preciso momento.

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El espectador se levanta de su butaca y salta al escenario, el director expulsa a un viejo actor pidiéndole que ceda su puesto y  a regañadientes este sale de la escena. El director da unas pocas órdenes , transmite su intención, marca pautas  y el nuevo grupo de actores empieza a trabajar.

Creación y descanso deliberado

El proceso de sustituir unos actores  por otros no es siempre tan rápido, a veces no se encuentra de inmediato al adecuado para la escena. El director puede tener en la punta de la lengua el actor  que tendría que intervenir en un momento preciso, pero sin dar con él. No lo encuentra en las primeras filas (preconsciente). Pero el patio de butacas y los palcos son inmensos (la memoria a largo plazo) y si persevera terminara encontrando la persona o personas que desarrollen la siguiente escena.

A veces, el director se cansa, desespera y renuncia temporalmente; es como hacer un descanso en la obra y dejar que público y actores tomen un refrigerio y se relajen. En estos descansos en los que no hay un foco deliberado de la conciencia, el público en el patio de butacas puede confraternizar, cambiar de lugar, formar nuevos grupos, contarse chistes, conversar entre ellos.

Es probable que cuando se retome la obra, tras adoptar una actitud contemplativa y el descanso deliberado, el director se encuentre con un grupo de actores nuevos en las primeras filas dispuestos a ejecutar la escena que antes se resistía y que después de unos cuantos ensayos resuelva la necesidad o problema dramático planteado.

Platón sugirió una metáfora para las ideas:  son como pájaros revoloteando en el aviario de nuestras mentes. Para que las aves se posen en el suelo,  necesitamos periodos  de calma libre de intenciones y propósitos.

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Si quieres experimentar directamente el efecto del pensamiento concentrado y el efecto del descanso o distracción para dar con soluciones creativas, intenta resolver el acertijo que planteé en este blog Juego Sucio en la fontana [5]. Date una semana para resolverlo. Solo después, consulta la respuesta. Pista: cuando des con la solución, sabrás que es LA respuesta, no tendrás dudas.

Nota: La solución está en el artículo Experiencias ajá [6]. Pero no la mires hasta pasada una semana.

Metacognición, atención plena y orden de parada

Hay un concepto en psicología cognitiva que recoge muchos de los procesos que he mostrado con la analogía del escenario de la conciencia y su director escénico: metacognición [7]. Literalmente significa “conocimiento sobre el conocimiento”, o “pensamiento sobre el pensamiento”. Tiene varios componentes, como en nuestra metáfora escénica:

  1. Observar lo que está ocurriendo en la escena, y tomar conciencia de los procesos mentales
  2. Ordenar qué actores deben entrar en escena en cada momento y orquestar sus interacciones.

Para la primera función, es conveniente desarrollar un potente Yo Observador, lo que hicimos en nuestro curso de Atención plena [8] el año pasado cuando entrenábamos la capacidad de detectar emociones, impulsos y pensamientos.

El Yo observador experto es el equivalente a un director muy atento a los detalles de la acción en escena.

La segunda función  tiene varios elementos; hay dos especialmente importantes:

A) La “Orden de parada”: cortar la ejecución de un comportamiento o escena en el momento en que deje de ser útil o sea contraproducente o se quiera mejorar.

B) La  “Orden de inicio” de un nuevo comportamiento.

Después de parar la ejecución de una escena, el director escénico o cinematográfico puede  iniciar una nueva toma con variaciones con los mismos actores interpretando la misma escena, como Kubrick ordenando a Tom Cruise que pase 95 veces por una puerta hasta que se acerque a su ideal de perfección. También puede decidir ejecutar una escena distinta que contribuya mejor a la trama o el efecto dramático buscado.

En el Curso de perseverancia [9], también el año pasado, dedicamos otras doce semanas a fortalecer nuestras órdenes de inicio y de parada para decir no a impulsos y sustituir acciones por otras más eficaces.

Ambos cursos, el de atención plena y el de autorregulación y perseverancia, siguen disponibles en el blog para que entrenes estas habilidades metacognitivas.

Mi amigo bloguero Iván Entusiasmado acaba de iniciar un proyecto dedicado a cambiar sus guiones o protocolos habituales y diseñarlos conscientemente para una máxima eficacia: El Proyecto 0 [10].

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Proyecto 0. Flickr: :flickr.com/photos/pinksherbet/12041421074/

Es un proyecto ambicioso, yo diría que megalomaniaco, pero deliciosamente artístico: pretende ejecutar la obra de sus días con gracia y eficacia. Su primer protocolo, el Protocolo de despertar #P0 [11], diseña una coreografía de movimientos desde que abre los ojos en la cama por la mañana hasta el momento del desayuno. Tiene en cuenta si ha sonado la alarma o si simplemente ha abierto los ojos porque le apetecía, si es día de trabajo, si lleva puesta la férula dental, etc.

Si alguna vez pensaste que mi marca de minimalismo era demasiado reglamentista o robótica,  esto te va a parecer ciencia-ficción.

Android with Depression

Homo Minimus intentando asimilar las implicaciones del Proyecto 0 de Entusiasmado

Resumen sobre el escenario de la conciencia

En cada momento, solo pueden estar unos pocos actores en el escenario porque el espacio disponible es siempre pequeño. El director ha de elegir juiciosamente quién ha de continuar y quién ha de abandonar la escena para que la obra siga funcionando.

El director escénico de la mente, lo que hemos llamado Yo ejecutivo o Yo negociador, no puede controlar los procesos inconscientes que se dan entre el público en la butaca o en los actores tras bambalinas, pero sí puede hacer que algunos grupos de pensamientos o actores estén más cerca del escenario, y procurar las recombinaciones a través de pausas y descansos estratégicos cuando los ensayos en el escenario de la conciencia parecen no estar llevando a ninguna parte.

El juego de combinación y recombinación del material en el inconsciente mientras no se persigue ningún objetivo deliberadamente está en la base de los  procesos de creación que tan misteriosos nos parecen. Los problemas que aparecían insolubles de repente se vuelven cristalinos y una solución, aparentemente venida de la nada, aparece.

Cuando los actores adecuados están en escena y la escena es la adecuada para el propósito o intención, el director se limita a observar lo que ocurre para considerar si algún cambio mejoraría la escena. En cualquier momento, puede dar la orden de parada “¡corteeeen!” y dar instrucciones para quese cambien los actores, se repita o se cambie la escena.

La capacidad de observación y monitorización del escenario de la conciencia y la habilidad para cambiar de actores, papeles o estrategias interpretativas son los componentes esenciales de la metacognición, de una buena dirección escénica del espectáculo de tu mente.

De esta dirección depende en última instancia el aplauso del público.

Referencias

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