Mr. Hyde, el lado oscuro más brillante de la creación

El jueves pasado mantenía una tertulia pública con dos escritores, Eduardo Laporte y Rafael Sarmentero, el Genio. El tema era el proceso creador en la literatura y en la vida. Éramos unas veinte personas en la sala. Yo moderaba la charla y entrevistaba a ambos literatos.

En medio de la conversación, Eduardo habla sobre la necesidad de romper los dogmas y mirar el mundo con ojos nuevos. Me suena a cliché y abstracción. Le conmino a que me dé algún detalle. Duda antes de responderme. En esos segundos, pasa por mi pantalla mental una ocurrencia de Mr. Hyde: me imagino tomando un vaso y estampándolo contra el suelo de baldosas de la sala, el estruendo del cristal y la cara de pasmo de la gente.  Mi ejemplo de romper las reglas  expresado cristalinamente (nunca mejor dicho) sin palabras. Si alguien me hubiera pedido explicaciones, hubiera dado  la siguiente respuesta: «En literatura, es mejor mostrar que decir».

Miro a la mesa y solo veo vasos de tubo con líquido (no arrojables sin manchar demasiado y salpicar a la gente que tenemos al lado) y botellas de Coca-Cola y agua vacías.

Re-imagino la escena y me visualizo arrojando  una botella vacía de Coca-Cola cero. En mi nueva simulación mental, la botella no se rompe, ni siquiera hace mucho ruido, pero la gente me mira con cara de «Este tío es idiota« y yo me siento frustrado porque el número sale mal.

Mientras tanto, Eduardo ha encontrado ya una forma de salir del brete en que le he puesto al pedirle más detalles y responde con el caso del escritor Juan José Millás y su atención a detalles en principio irrelevantes; por ejemplo, «Ayer cené macarrones y agua del grifo». Tirando de ese hilo se puede llegar a un montón de asociaciones sobre el sistema de alcantarillado y la civilización occidental.

La ocurrencia de Mr. Hyde o mi Inteligencia Generadora ha sido sensatamente inhibida. O no. No sé. Quizá si hubiera roto el vaso con agua o Coca-Cola delante de todos ahora tendría una historia más espectacular que contar. Quizá habría despertado reacciones de histeria entre los presentes, y alguien habría dicho: «Por favor, ¿hay un psiquiatra en la sala?», y habría resultado que sí lo había, porque estaba un amigo mío del Proyecto 52, Manuel, que habría podido intervenir y transformar la tertulia en una terapia de grupo en el pabellón psiquiátrico de letraheridos.

El caso es que inhibí la ocurrencia de mi Yo más oscuro y roquero, y en vez de estampar la botella (símbolo fálico de la guitarra eléctrica) sobre el suelo, decidí seguir con la conversación.

Tener muchas ideas no significa materializar todas las ideas. Pero tener ideas, muchas, cuantas más mejor, es conveniente para poder elegir de un repertorio amplio. Para tener buenas ideas hay que tener muchas ideas. Necesitamos la inteligencia generadora de Mr. Hyde, la capacidad de simular mentalmente las implicaciones de nuestras ocurrencias, y también un sistema de filtro que nos permita seleccionar las mejores. En última instancia, el Yo Ejecutivo ha de decidir a cuáles dar luz verde y a cuáles dejar en el limbo.

Referencias

2 pensamientos en “Mr. Hyde, el lado oscuro más brillante de la creación

  1. Ivan Entusiasmado

    Te veo tirando el vaso. Me imagino el silencio. Zass. Y luego nada. Las miradas que se encuentran y se separan. Habría sido un éxito claro. Porque a la gente le fascina lo novedoso. Y porque era una metáfora perfecta.
    Una metáfora rompedora de ironías. La ironía de decir de una manera antigua que miremos la realidad de forma nueva.
    El vaso se habría roto con un “muuuuu” totalmente zen. Quizá en el auditorio, entre el público desconcertado, alguien hubiera alcanzado el satori como si mirara la rana de Basho. Y desde luego, como tú sabes bien, habrías roto algo más que el hielo. ( Al final toda creación viene de alguna parte)

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  2. minimodavinci

    Impulsos, ideas, creación! ya sabes que para la próxima tertulia debes dejar algunos vasos vacíos para producir ese punto de inflexión en la creatividad!

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