Aprende a elegir tus batallas

—Hola, me llamo Mínimus, Homo Mínimus. Esta es la primera vez que acudo a vuestro «círculo» —dijo levantando los brazos y mostrando dos dedos de cada mano en vertical y luego flexionándolos— y tengo un problema…

—Holaaaaa… Homo Míiiiinimus… Te queremooos.

—Como decía, tengo un grave problema… un problema de comunicación con las personas. No sé por dónde empezar…

—Empieza por el principio, y así paso a paso hasta el final —dijo el amable facilitador de voz suave y piernas increíblemente cruzadas en lo que parecía una posición de yoga.

—Ejem… sí, pues tengo un gran problema: siempre quiero tener la razón, siempre creo que tengo la razón, siempre tengo que mostrar que tengo la razón, y,lo peor de todo, creo que siempre tengo la razón y los demás están equivocados.

—Ajá, esto me recuerda a la historia del paciente que dice que tiene un complejo de inferioridad… y el psiquiatra le replica que no tiene ningún complejo de inferioridad, que simplemente es inferior.

—Pues esa versión es muy caritativa. Yo creo que el señor Homo Mínimus es más bien como el conductor suicida involuntario que cree que todos los conductores excepto él circulan en dirección contraria —espetó el hombre de poblados mostachos con camisa de leñador.

—Hummmm, bueno, decía que siempre quiero tener la razón y eso me crea dificultades de «adaptación social» —dijo volviendo a hacer el simpático gesto con los dedos—. Al menos eso es lo que me dijo la psicóloga. No sabéis lo difícil que es ir por la vida como un don Quijote enfrentándose con gigantes en cada recodo del camino. Veo errores de ortografía cada vez que la gente abre la boca y me siento impelido a corregirla. Por eso cuatro de cada cinco veces me encuentro impartiendo una pequeña lección de economía básica, de epistemología o de racionalidad para dummies. Es realmente agotador. No soy el tipo más popular de la reunión, vamos.

—Cuéntanos más, por favor.

—El hecho es que mi vida es un desastre. La gente no reacciona bien a mis esfuerzos de aclarar los términos de la conversación y aplicar la lógica. Se lo toman todo personalmente. Y yo, por contagio, termino tomándomelo personalmente, sobre todo cuando me dicen que soy un pedante, un tipo repelente o un sabelotodo.

—Es lógico. Lo raro es que te nombraran la reina de las fiestas.

—Esto me genera tanta «fricción existencial» —dijo acompañando las dos palabras con los deditos—  que tengo que alejarme de cuando en cuando de la vida en sociedad. El famoso sabbath o ritual de descanso y contemplación que tanto recomiendo en mi blog es en realidad un método para escapar al sinvivir de estar rodeado de lerdos, de gente que no entiende nada.

…¿Habéis sentido alguna vez esa sensación de estar hablando con gente que aparentemente parece humana pero que sientes como si no hubiera vida dentro, que tiene el sentido crítico y la apertura del sarcófago de Tutankamón? Pues eso me pasa a mí.

El yogui de la simpática posición pseudolotusiana se agitó en su cojín zen y cortó a Mínimus:

—Relajémonos un poco. Creo que es el momento de hacer tres respiraciones de mindfulness para recobrar el…

—Y un güevo. Ahora estoy hablando yo y vosotros vais a escucharme.

—Prosigue, por favor, solo quería que respiráramos conscientemente como pausa valorativa a tus palabras. ¿Qué crees que hay detrás de esa tendencia a la confrontación? ¿Echas la culpa a los demás o sería posible que tú tuvieras algo que ver?

Mínimus pareció no entender bien la pregunta  y levantó la mirada hacia arriba a la  izquierda, suspiro visiblemente y dijo:

—Vamos a ver, podría ser que tuviera algo que ver. Permíteme que considere tu pregunta…

Durante varios segundos se hizo el silencio y una sonrisa de esperanza se esbozó en los rostros de las tres personas que acompañaban a Mínimus en la calurosa tarde.

—…recuerdo una vez que atisbando que yo pudiera ser parte del problema iba andando meditabundo en dirección a mi tertulia de los jueves… un grupo de gente que trata temas sociales variados; desde las implicaciones del darwinismo  en la sociedad, pasando por temas actualidad política  hasta las relaciones entre los hombres y las mujeres. Iba andando por la calle sumido en mis pensamientos «contándome» —volvió a hacer el insufrible gesto de los dedos— las cuitas que os acabo de relatar. Entonces me percaté de que por la calzada rodaba un balón hinchable de esos que ves en las playas los veranos.

2-pelotas nivea

…rodaba libre propulsado por el viento. Algo me dijo que era una señal, que era un hecho azaroso que  conectaba con mis problemas de interacción social.

La chica pelirroja de mirada soñadora y lazo morado en el pelo, que hasta el momento se había mantenido respetuosamente en silencio, intervino:

—Hummm, interesante. ¿Qué te llevó a conectar el balón de playa con tu carácter discutidor?

—¿Por qué me llamas «discutidor»?

dr_evil

Mínimus prosiguió:

— Bueno, un poco sí. De acuerdo…

… Esa misma semana había estado leyendo un libro de Gianni Rodari, La gramática de la fantasía, que me había recomendado mi amiga Anca Balaj, la escridibujante y experta en creatividad. En ese libro hablan de los binomios mágicos. Estos son grupos de dos objetos, pueden seleccionarse, por ejemplo, abriendo un diccionario por cualquier lado y señalando con el dedo  una palabra . Con ese binomio o trinomio o polinomio (pues nada  impide hacerlo con un número n de palabras) te esfuerzas en crear una historia o establecer asociaciones. Puesto que las palabras no tienen nada que ver, las asociaciones pueden ser sorpresivas, no convencionales y hasta absurdas. Esas conexiones pueden ser el inicio de un cuento o el comienzo de resolución de un problema.

El leñador hizo un gesto de incredulidad y dijo:

—No veo la relación con tu carácter discutidor, la verdad. ¿Qué tiene que ver un globo inflable en la calle con lo que nos estabas contando?

—Esa es la cuestión. En principio, nada. No tiene nada que ver. Pero yo vi la oportunidad de crear un binomio mágico de Rodari: pelota inflable de playa <—> mi problema con las discusiones. Así que corrí detrás de él y lo agarré. Vi que no se le había escapado a nadie, no vi niños por los alrededores ni nadie que lo reclamara y me quedé con él mientras seguía andando por la calle abrazado a la pelota en dirección a la tertulia. Cuando llegué a la sala de reuniones, ya había algunos tertulianos pululando pero sorprendentemente no comentaron el extraño hecho de que llevara una pelota tan grande entre mis brazos. Saludé, me saludaron, pero nadie mencionó la pelota.

—Y entonces llegaste a la sala con la pelota y empezó la tertulia —dijo el del hacha.

—Así es. Y me pasé la tertulia como siempre, discutiendo, interrumpiendo a la gente y con la pelota reposando morosamente en el suelo. Lo gracioso fue que nadie me preguntó por el hecho de que hubiera llegado con una pelota, lo que me confirma que la gente es inane y no siente curiosidad por nada.

El facilitador de voz suave tomó el testigo:

—Quizá necesiten un curso de atención plena. Parece que hemos perdido la capacidad de asombrarnos. Ya es difícil acoger con corazón abierto las pequeñas cosas de la vida, pero es que hasta la cosas inusuales, las anomalías, dejan de sorprendernos.

La chica pelirroja de rostro soñador volvió a intervenir:

—Qué bonita historia, Homo Mínimus, después de todo no eres tan arrogante e hiperracional como parecías. ¿Conectaste finalmente la pelota con la comunicación humana?

—No, no lo hice. Supongo que en algunos binomios mágicos no hay oro.

—Pues yo… creo que sí que… hay algo brillante cubierto de fango… en el fondo del lago —dijo… lentameeeeente… la chiquiiiilla.

16 pensamientos en “Aprende a elegir tus batallas

  1. atreverseacambiar

    Épica esta frase: “El famoso sabbath o ritual de descanso y contemplación que tanto recomiendo en mi blog es en realidad un método para escapar al sinvivir de estar rodeado de lerdos, de gente que no entiende nada”. Pensaba que era la única que necesitaba escapar…

    Mis preguntas: ¿quién carajo quiere ser un adaptado social? ¿Quién quiere ser feliz de ser un gilipollas más? No, mejor, ser un gilipollas combativo y resistirse a la resignación de serlo de todas formas. Por otro lado, cuáles serían las razones objetivas de querer estar integrado socialmente? ¿Alguien puede alguien decir qué está haciendo la sociedad, la especie, en conjunto para merecer tal honor?

    Sí, yo también sufro ese mal…lobotomía por la seguridad social, YA! Por la dignidad de los inadaptados.

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  2. Ivan Entusiasmado

    1.¿La chica pelirroja alabando a homominimus es una proyección de alguna fantasía sexual del autor ?
    2. Llevar una pelota de playa es inconveniente, pero esta es sin duda la mejor época.
    3. Homominimus es el espacio que hay entre la bonhomía y la misantropía.

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  3. Alita de pollo

    Conozco, o mejor dicho, conocía, esa sensación de creer que todos los demás son idiotas, que no tienen nada en el cerebro y nada que aportar. Y si, se puede contar por millones esa clase de gente. Y también se puede contar, en menos cantidad, pero si una cantidad suficiente, toda aquella gente que puede darte siempre una lección, o varias. Incluso lecciones de lo que no hay que hacer o decir.

    Precisamente en los entornos blogueros, hay millones de personas que pueden aportar algo valioso, si te tomas la molestia de escucharlas y reconocer que enfrente tienes otros seres humanos con una mente tan o más compleja que la tuya y que sólo pueden mostrarte esa parte comunicándose. Si no les das esa oportunidad, o prefieres que sean tus prejuicios los que hablen, entonces efectivamente, solo verás idiotas.

    Todo pasa por reconocer el problema, como dices.

    Humildad. Hay muchos seres humanos ahi fuera como para pensar que todos ellos son idiotas y no pueden aportar valor. Y no es una opinión, es una certeza matemática.

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  4. Yuri

    Cuando estaba en la universidad, creía que cualquiera que no fuera bueno en matemáticas era idiota. Y veía de menos a las personas que tenían algún vicio. Sí, yo creía que era mejor que ellos porque no tenía sus “problemas” (gesto de los deditos).

    Descubrí que ellos eran mejores personas que yo en otros aspectos más importantes. Tal vez no todos son inteligentes, pero cada uno tiene bellos sentimientos y/o realiza nobles acciones. Eso es suficiente para ganar mi atención.

    Por último, agradezco no ser un GENIO, no podría manejar esa situación. Y cada vez que se me ocurre algo decentemente bueno me sorprendo a mí misma.

    PD: Me reí como loca (literalmente) con este post.

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  5. Jos

    Pues si tu “algo” (gestito) está cubierto de barro en el fondo del lago, el mio debe estar tan enterrado que estará cerca del núcleo de la Tierra… Eso sí, también brillando. O no. No sé, el brillo depende de los ojos del que mira. Para mi tú brillas mucho.

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  6. Anca Balaj

    Pues yo te voy a dejar un cuento.

    Había una vez un sabio maestro que se había entrenado muy duramente para dominar su mente. Y había llegado al punto en el que sabía que nada le haría salir de sus casillas, porque tenía pleno control de ésta.
    Un día llegó al pueblo un guerrero que no se creía nada del dominio que el el sabio tenía sobre su mente, así que le retó a que le demostrara: se verían en la calle y ahí el guerrero le provocaría para luchar hasta que el maestro sucumbiera.
    Así lo hicieron. El día acordado, el guerrero estuvo provocando al maestro con palabras ofensivas primero, después escupiéndole y después hasta llegó a tirarle piedras y golpearle. Pero el maestro seguía dueño de su calma y no sucumbió, demostrando así al guerrero el dominio que tenía sobre sí mismo.

    Hasta aquí el cuento, ahora va mi interpretación del mismo.
    Aunque este cuento lo vendan como algo digno de admirar (la contención del maestro) en mi opinión el maestro era un estúpido. Y no dominaba su mente en absoluto, puesto que se dejó retar y se sometió a si mismo a estas vejaciones y torturas solo para demostrar algo a un guerrero que estaba por ahí de paso y al que se le había antojado saber si aquello era cierto. El estúpido sabio no supo ver que esa no era su batalla y entró en ella en vez de dedicarse a cosas más importantes para él mismo. Su mente fue dominada por su ego y su necesidad de demostrar lo que había logrado. Si uno sabe que puede hacer una cosa ¿qué necesidad hay de demostrarlo a cualquiera que pase por ahí? Si uno tiene razón ¿qué necesidad se tiene de entrar en batallas para que otros se la den? Ya la tiene, no hay necesidad de que nadie se la vaya a dar.
    Si sucumbes a todas las provocaciones y batallas, estás a merced de los provocadores y vas a donde ellos quieren que vayas. Igual que la pelota de playa, a base de trote y patadas vas perdiendo el aire y desinflándote, hasta que llegas fofo a las batallas importantes. Pero insisto, lo peor es que estás a merced de lo que otros deciden que debes batallar.

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    1. yoguivictor

      Muy interesante tu interpretación, Anca. Si me dejas, por diversión, voy a hacer de abogado del maestro. Si realmente no necesitaba probarse, o demostrar, o vanagloriarse de su autocontrol ¿por qué aceptó el reto del guerrero?

      No creo posible mantener el pleno control de la mente sin someterla a pruebas que la desafíen. En todo caso, nunca sabrías si has perdido esa capacidad. Es como si el campeón de los pesos pesados de Boxeo se negara a combatir (y poner el título en juego) argumentando que no tiene nada que demostrar porque es el mejor.

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      1. Anca Balaj

        Me encantan los debates 😉
        Justo ahí está la cuestión: cuando uno desarrolla una capacidad ¿es por puro ego (demostrala) o para usarla en algo? Siguiendo con tu ejemplo del boxeador, siendo que es su profesión, debería seguir combatiendo, ha desarrollado su habilidad para esto, para ser campeón. Lo que sería estúpido es que boxeara con cualquiera que le retara en un bar o en la calle solo para demostrar que sabe hacerlo. No, sería mejor reservar su habilidad (y sus dientes) para aquellas batallas que él elige librar y que están relacionadas con sus propósitos.

        Cuando el único resultado que puedes obtener de una batalla es demostrar algo, estás siendo dominado por tu ego. Es lo que le pasó al sabio del cuento. Es mejor librar solo las batallas en las que hay algo que ganar; esto no significa librar solo las batallas que puedes ganar, sino aquellas cuyo resultado, en caso de ser positivo, te haga avanzar en tus objetivos.

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  7. roseypunto

    Es curioso que el problema sea siempre el mismo ¿nadie que se sienta “inferior” por aqui?? No.. pues bueno..

    Responder
  8. Laura

    Un cuento precioso,Anca.
    El cuento hace un retrato perfecto de dos individuos( sabio y guerrero) desde su propia grandilocuencia y vanidad. Ambos, individuos altamente competitivos con un exceso de ambición basado en la necedad( el que es sabio no se torna jamás soberbio) y en la falta de honestidad( el guerrero: un auténtico guerrero piensa desde el corazón y no desde la rabia y la impotencia), pluscuamperfectos y dionisiácos en necedad,creyéndose ser lo que no son.
    Un mercenario nunca podrá aspirar a ser un guerrero y un ” guru” nunca podrá aspirar a ser sabio.

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  9. Laura

    El relato ” Aprende a elegir tus batallas” tiene mucho del efecto llamado la falacia del hombre de paja. Ésta( llamada del espantapájaros también), consiste en caricaturizar los argumentos o la posición del oponente(tal como se muestra en diferentes retazos del relato),tergiversando,exagerando o cambiando el significado de sus palabras para facilitar un ataque linguístico o dialéctico. Su nombre hace alusión a que no se combaten los argumentos contrarios, sino una imitación falsa y vulnerable de los mismos a fin de dar la ilusión de vencerlos con facilidad. Desde esta perspectiva es muy fácil la mofa hacia el personaje del relato.
    Lo cierto es que sólo un auténtico genio podría descubrir el binomio mágico existente entre una pelota y las relaciones sociales. Sólo éste podría ver donde otros permanecen ciegos. Quizás la chica de lazo morado nos podría revelar muchas pistas pero siempre lejos de la presencia de los espantapájaros tan presentes en toda la historia relatada.

    Una historia que sin ninguna duda se acerca mucho al día a día, de la misma forma que el del sabio y el guerrero.

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  10. Javi

    Hola Homominimus, estoy rompiéndome los sesos con “El juego sucio de la Fontana” y quería preguntarte a qué correo te puedo enviar mis teorías. He buscado pero no encuentro…el eterno dilema. Gracias

    Responder

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