El tiempo no es causa de nada

Te montas en un curso, en un año académico, en un seminario universitario, un taller de dibujo, una inscripción en el gimnasio, una relación de pareja  y esperas que el curso, el año, el seminario, el taller, la inscripción, tu pareja, te transporten automáticamente, sin esfuerzo, en volandas, hacia el resultado esperado: un título universitario, un conocimiento especializado, dibujar bien, un cuerpo esbelto y saludable o una vida feliz.

Ya hemos hablado en su momento de la teoría del tren y la teoría de la balsa en el aprendizaje. Parece que basta con comprar el billete para el viaje en tren y después solo se trata de dejar pasar el tiempo. Aunque nadie suscribiría la teoría del tren en el aprendizaje y la idea de que el tiempo es causa de nada, tengo la sensación de que en lo más profundo muchos vivimos según esa creencia.

Si no fuera así, ¿cómo interpretar  la actitud de los padres que buscan simplemente un “buen colegio” y se desentienden de la educación de sus hijos? ¿O de los estudiantes o profesionales que, sabiendo de la necesidad de dominar el inglés, se apuntan a la escuela de idiomas y trabajosamente, sin mucha emoción, pero  año tras año acuden a un recinto entre cuatro paredes para aprender poco más que a balbucear en el idioma extranjero? ¿O de los que sienten que tienen una relación que no necesita renovación y  esfuerzo?

Un trabajador que solo obedece órdenes y no ha decidido transformar su trabajo e impregnarlo de sentido, deja pasar el tiempo esperando que transcurran los días, como el preso que espera el permiso carcelario de fin de semana.  Para él, quizá es razonable poner su mente y su espíritu en piloto automático esperando al fin de mes y cobrar el sueldo, o esperando el verano y gozar de varias semanas de libertad condicional. Todos esos son resultados con cierto grado de seguridad.

Pero es distinto  cuando los resultados que persigues no son automáticos, previsibles o rutinarios  y  no quieres que parte sustancial  de tu vida sea solo un expediente gravoso, un medio para un fin; es muy distinto cuando quieres ejercer el poder de tu inteligencia creadora, cuando quieres que todos los segundos cuenten, que no haya ni minutos ni semanas ni años de la basura, y quieres encontrar  sentido en cada uno de tus esfuerzos y afanes, sin importar su insignificancia.

Entonces ya no puedes  considerar que el mero transcurso del tiempo sea causa de algo; quizá de canas o arrugas pero de nada más. Incluso esas arrugas pueden ser vacías, mero testimonio del paso del tiempo   –el tiempo pasa por ti pero tú no has pasado por el tiempo–. Las arrugas que queremos son como las cicatrices, que cada uno de sus  pliegues cuenten un suceso, una historia, que puedas llevarlas con orgullo y sean un testimonio de los esfuerzos, logros,  decepciones y victorias de las que vinieron acompañadas.

La visión perseguida y el esfuerzo diario  consistente  con la intención que se despliega en un tiempo lleno de sentido sí son causas de algo.

9 pensamientos en “El tiempo no es causa de nada

  1. Anca Balaj

    ¿Y qué me dices de cuando resulta que “no es el momento adecuado” después de haber comprado el billete de tren? La mayoría de la gente espera que las circunstancias o la vida les dé permiso para hacer lo que se han propuesto, mediante toda clase de facilidades y caminos de rosas. Y cuando ven a alguien que no espera que le den permiso y simplemente lo hace (o hace al menos la parte que puede hacer) alegan que su situacion es distinta y otras excusas del estilo. Pero no es más que comodidad.

    ¿Sabes lo que sí es cuestion de tiempo? Aburrirse de uno mismo y de la vida cómodamente rutinaria. Y arrepentirse de no haber usado el billete, también es cuestión de tiempo.

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  2. Herman

    Entre el comportamiento ignorante que conduce al sufrimiento y la creación de hábitos que te cambian la vida, solo existe el entrenamiento y esta semana toca subir escaleras, pero con estilo.

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  3. Flames

    Pienso que es un bello homenaje a Robin Williams y su CARPE DIEM.

    Muchas veces se entiende el CARPE DIEM (aprovecha el momento) como una oportunidad para hacer lo que te venga en gana sin importarte las consecuencias ni pensar en el que dirán. Y tiene un significado más profundo: vive cada momento en plenitud y profundamente. Y eso es a lo que nos animas hoy. En el mismo sentido nos animas hoy con tu post. Aquí tengo una frase que a mí me anima algunas veces:

    “Un hombre que se atreve a desperdiciar una hora de su tiempo no ha descubierto el valor de la vida.” ____CHARLES DARWIN _____

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    1. Herman

      Tienes razón Flames. El carpe diem no significa aprovechar el momento para divertirse, sino aprovechar la oportunidad para avanzar.

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  4. Luis José Sánchez

    Todos los años se nos matriculan alumnos en el Ciclo Formativo que después no vienen a clase o vienen de higos a brevas pensando que por el simple hecho de estar matriculados van a convertirse en desarrolladores y van a sacarse el título por arte de magia. Parece increíble pero así es.

    Los institutos, academias, universidades, escuelas de idiomas y conservatorios son templos del conocimiento donde se puede aprender muchísimo pero… ¡HAY QUE CURRÁRSELO!

    PD: Soy un salmón

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  5. Amparo

    Yo no creo ser estúpidamente cómoda pero no siempre basta con querer llenar de sentido nuestras vidas, con querer que cuente ni con currárselo a tope. Ni tampoco me parece una excusa el sufrimiento que sabemos que forma parte de la vida pero que no por ello resulta más liviano: relaciones difíciles, violencia, enfermedad, muerte, depresión, trabajos muy tóxicos (todo un lujo hoy, lo sé) y por qué no, incluso aburrimiento de uno mismo.
    Me siento orgullosa de haberme apuntado a este blog y es para mí un estímulo tremendo y diario; sé dónde quiero llegar y sé de dónde vengo y dónde estoy todavía en muchas ocasiones, A MI PESAR. Y ya poco me importa si es por estupidez, comodidad, ignorancia, cobardía … ¿O también en esto de los cambios jugará un papel la habilidad personal? Yo sólo sé que llevo toda mi vida encima del pupitre, blandiendo la espada mientras recito el “oh capitán, mi capitán” ante la crítica y la mofa de muchos. Y sigo … ¿Aburrida de la vida? JAMÁS. ¿Rendirme? Nunca. Pero hoy rompo una lanza en favor de todos aquellos seres humanos que, como yo, comprueban muchas, muchísimas veces que toda su pasión y su empeño no bastan para llenar de luz y de ilusión y de logros esos negros rincones del alma que, en ocasiones, nos atenazan e incluso nos paralizan.

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  6. Tremendosky

    Ah, esa extraña visión de la meritocracia laboral que tienen muchos —sean jefes o empleados—: la capacidad de permanecer agarrados a una silla ante viento y marea, a pesar de la mediocridad, convencidos todos de que lo único que se necesita es permanecer en el sitio. Es más: cuanto menos te muevas, mejor. Hay un tópico que recoge muy bien esa filosofía vital, laboral o lo que sea: «Ya me toca a mí» o «Ya es hora de que me toque a mí, ¿no?».

    En general, esas personas no se preguntan si contrajeron méritos o no, si se esforzaron, si acertaron o se equivocaron en algo…; tan solo miran el reloj, calculan y reclaman su turno, como cuando eres niño y pides tu parte de la piruleta o de un juguete. Si los agricultores solo esperaran, poco fruto obtendrían del campo, ¿no?

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