Minimalismo robótico

No entiendes nunca nada hasta que no lo aprendes de más de una manera. 

–Marvin Minsky

Mi sistema minimalista está organizado alrededor de conceptos, principios, proyectos, acciones y reglas minimalistas.
Son las reglas del minimalismo las que más controversia suscitan. A lo largo del tiempo he generado varias decenas de reglas altamente específicas que prescriben mi comportamiento en distintas situaciones y escenarios.

Solo por mencionar algunas de mis reglas minimalistas:

Además, herramientas  como los rituales, la técnica pomodoro y mi sistema de organización de la acción, contienen multitud de procedimientos o pequeños algoritmos, como las 5 grandes rocas o la MIT,  que permiten organizar mi actividad diaria.

Tomadas en conjunto, a botepronto, parecen un montón de reglas dignas de un obsesivo-compulsivo o de un perfeccionista o un cabeza cuadrada amante del control y la organización. Consultad algunas de las reglas más chocantes para corroborar esta impresión.

Si eres una persona que cree en la espontaneidad, en dejarse llevar por el flujo o con ciertas pretensiones creativas,  tanta regla puede parecer una constricción antinatural e innecesaria del comportamiento y del mismo gozo de vivir.

Si llevas tu disgusto al extremo, puedes pensar que soy una especie de robot social; uno que es capaz de escribir varios artículos a la semana, con corrección gramatical y con ciertos destellos de inteligencia natural, pero en el fondo poco fresco, sin atisbo de espontaneidad o sentido del humor.

Si revisas mis artículos, sobre todo los escritos por versiones más antiguas de Homo Minimus, notarás un estilo aséptico, lógico, con el repertorio emocional propio de un asperger. Mis artículos son coherentes, bien estructurados y tiene un cierto aire de teorema: estas son las premisas, estos son los razonamientos deductivos, y estas son, por tanto, las conclusiones.

Ciertamente, en versiones más recientes de Homo Minimus he mostrado rasgos más humanos, he aludido a algunos episodios biográficos y he iniciado proyectos de carácter experimental como el Proyecto 52 dirigidos a aumentar mi coeficiente de socialización.   En ocasiones incluso  ha habido intentos de romper algunas convenciones y aumentar la interacción con personas físicas cuidadosamente seleccionadas a través de la regla de las cuatro efes.

Pero si eres perceptivo, sensible y escéptico, bien podrías pensar que estos rasgos entrañables de Homo Minimus son simples mejoras en sus algoritmos de escritura que buscan dotarle de un tono más personal, más cercano y ganarse emocionalmente a la audiencia. Mi entrenadora en creatividad, Anca Balaj, ha desempeñado un importante papel en  el diseño y programación de estas últimas mejoras del sistema.

Reconozco mi naturaleza robótica

No voy a negar que esas reglas forman parte de mi vida y que dirijo mi comportamiento según ellas. Empleo muchas herramientas altamente formalizadas como los rituales, la técnica pomodoro y una versión idiosincrática del GTD de David Allen. No siempre las ejecuto al 100%, pero no es por falta de determinación o porque mi espontaneidad a veces venza a mi compulsión reglamentadora; es simplemente porque mis habilidades ejecutivas de dirección de la acción (mi fuerza de voluntad, en términos humanos) no están todavía perfeccionadas y mis algoritmos de control  son todavía manifiestamente mejorables.

Mi norte es implementar mis reglas y principios con la fiabilidad con la que un avatar responde a los comandos de un  jugador de rol en línea o un personaje de los sims obedece las órdenes  del jugador que lo controla.  Las intenciones de implementación y los principios de diseño de rituales son algunas de las técnicas que estoy empleando para mejorar mi capacidad de implementación de decisiones.

Así que sí:  soy un robot. Vuestros temores y velado disgusto están bien justificados. Lo que veis de cuadriculado en mí es cierto. Para una versión primitiva de las especificaciones de Homo Minimus podéis consultar Homo Minimus 1.0.

 Y no solo es cierto, es una pequeña parte de mi cuadriculez. Guardo muchas reglas no publicadas y están en marcha varios prototipos de mejora de mis funcionalidades.

Ya estáis avisados. En el futuro no podréis alegar ignorancia o duda.

¿Quién querría seguir a un robot?

Tras esta revelación consideraré legítimo y hasta consecuente que os deis de baja en vuestra suscripción a Homo Minimus. No os guardaré rencor; no por algún principio moral basado en alguna tradición religiosa o moral milenaria;  sino  porque tengo una rutina programada que evalúa el rencor como una emoción no funcional que reduce mi velocidad de procesamiento y crea UPAs en mi memoria de trabajo ralentizando el desempeño general del sistema.

Pero esta no es toda la verdad. Es solo una parte de la verdad. Y creo que alguien ha de hacer el trabajo sucio de deciroslo: vosotros sois como la Rachel de Blade Runner:  replicantes que no sabéis todavía que sois replicantes, y pensáis que sentís como seres humanos espontáneos, impredecibles y capaces de emociones al margen de la lógica y la necesidad. 

Vosotros también sois robots. Igual que yo. Algunos pertenecéis a versiones más antiguas y otros a versiones tan evolucionadas que ya habéis olvidado vuestra naturaleza robótica y os consideráis en un plano superior.

Quizá no habéis desarrollado una conciencia tan acendrada de la magnitud de vuestro comportamiento automático o quizá habéis decidido olvidarlo en un cierto punto porque es una creencia no funcional que mina la capacidad de autodeterminación y vuestra sensación de libre albedrío.

En cualquier caso, sois agentes inteligentes igual que yo, capaces de comportamiento autodeterminado, de generar fines y generar estrategias para emplear los recursos que tenéis disponibles, tanto internos como externos. Sois capaces de reprogramaros y eso os hace diferentes de otros robots biológicos, más ceñidos al instinto y el comportamiento reflejo.

Reformulando  la pregunta inicial: ¿quién querría leer a un agente inteligente autoprogramable?

Respuesta: Otros agentes inteligentes autoprogramables con un importante defecto de fabricación:  el deseo de mejora constante y de ampliación de las posibilidades de acción.

Esta voluntad de mejora nos lleva al intento de diseñar nuestra  vida en conjunto. Esto incluye no solo la reducción de objetos y la poda minimalista habitual, propia de los minimalistas más superficiales, sino también el diseño y optimización de nuestras rutinas mentales y modelos del mundo. El minimalismo existencial es un conjunto de principios  de diseño de vida que estamos intentando implementar en nuestras mentes y reflejar en  nuestras acciones.

Nunca se ha diseñado un computador que sea consciente de lo que está haciendo; pero la mayor parte del tiempo, tampoco lo somos nosotros.

–Marvin Minsky. Teórico de la Inteligencia Artificial.

9 pensamientos en “Minimalismo robótico

  1. Entusiasmado.com (@Entusiasmadocom)

    Yo creo que sí existe esa evolución.
    El establecimiento de reglas de comportamiento puede convertir a alguien en un robot, y el carecer totalmente de ellas puede convertir a una persona en un fluido emocional.
    Sin embargo sí creo que la razón no sirve al momento de tomar decisiones, sino que la razón ha de servir para ayudar a establecer reglas de comportamiento previas que nos guíen y nos hagan saber donde hemos de ir cada vez que encontremos un cruce de caminos.
    Sólo para gente con mucha fuerza de voluntad y determinación y capaces de seguir muchas reglas al mismo tiempo ( y sabes que creo que tú sí puedes estar en ese caso) conviene llegar al momento de mirar las paredes firmes que uno ha llegado a construir, y plantearse si quizá, es posible que , a veces, no dejen pasar el aire.

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  2. Flames

    Muy de acuerdo con Entusiasmado. Pero por contra la mayor parte del tiempo, la mayor parte de la gente ha (hemos) “estructurado” la acción de una forma totalmente emocional –si no antiirracional– y la defendemos como si nuestras decisiones fueran el no va más de la coherencia.

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  4. Gorka

    Lo cierto es que lo pintas peor de lo que es. Parece que tu vida sea un constante if … then … pero supongo que lo tienes tan interiorizado que no lo haces conscientemente.
    Por otro lado, son reglas bastante obvias que deberíamos aplicar más a menudo. Nos simplifican la vida y nos dejan más tiempo disponible para aquello que de verdad nos importa: la familia, los amigos, la cerveza y el porno.
    Yo no te veo como un robot. Te veo más persona que a muchas otras, y eso sin conocerte físicamente (podrías ser un fragmento de código tomándonos el pelo). Se habla mucho sobre la perseverancia y el esfuerzo y queda claro que todas estas reglas van por ese camino.

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