Lo que podemos aprender de Rafael Sarmentero

Pocas veces se tiene la oportunidad de conocer a un genio. Yo lo conocí en el contexto del Proyecto 52, la más fructífera iniciativa que tuve el año pasado y la que más me ha hecho crecer en los últimos tiempos. Nuestro Genio nos regaló un artículo en este blog: Si lees este artículo no puedes ser escritor.

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Pero no traigo hoy a Rafael Sarmentero para hablar de mi libro o mis proyectos o practicar el onanismo autobiográfico o el de la mejora personal: como decía Tyler Durden en El club de la lucha, “la automejora es masturbación”. Lo traigo a colación por la misma razón que traje al bueno de Ernest en Lo que podemos aprender de Hemingway o a Raymond Chandler en la  técnica de las cero alternativas o a Isabel Coixet  en Mi vida sin mí o a David Foster Wallace en Esto es agua, esto es agua.

Ernest y Raymond nos proporcionaron algunos consejos para gestionar la motivación en los proyectos largos, Coixet nos enseñó a centrarnos en lo prioritario cuando el tiempo se agota y Foster Wallace nos recordó que debemos elegir qué mirar y hacia dónde mirar, momento a momento, y  que esa es  nuestra máxima responsabilidad.

No puedes ser escritor

En su último libro, No puedes ser escritor (el tomo I de la  serie Cómo ser un genio), un libro inclasificable que enseguida paso a clasificar, Rafael Sarmentero saca de su  sombrero de prestidigitador frases ingeniosas haikuescas, epigramas, microensayos moralizantes y de carácter costumbrista, idiosincrasias de escritor y observaciones sobre técnica literaria y creación. Podrás aprender cómo dar limosna con elegancia, sus propensiones anarcocapitalistas, pergeñar el desayuno perfecto y una colección de filias y fobias de la más variada especie en algo  más de 140 páginas.

Pero lo que quiero explorar hoy no es el estilo del Genio o lo intrincado de su mente, que puedes apreciar por ti mismo en su página personal y sus libros de poesía y narrativa. Lo que me interesa hoy es extraer sus técnicas de autorregulación, la forma en que se disciplina para escribir un libro por año a pesar de tener un trabajo exigente a jornada completa y una novia artista (las novias artistas son estupendas, pero requieren mucha energía y una ilimitada capacidad para la sorpresa).

Los escritores, en especial los novelistas, los maratonianos de las letras, son junto con los corredores de fondo, la encarnación más llamativa del poder de la fuerza de la voluntad y la capacidad de autorregulación. A ellos, a diferencia de los poetas u otros trabajadores del instante y lo espontáneo, la inspiración les encuentra casi siempre trabajando. Y esto es lo que quiero aprender hoy del Genio. Al menos vislumbrarlo.

Todas las citas de ahora en adelante, serán citas de Sarmentero  extraídas de No puedes ser escritor.

En el principio fue la vocación

¿Cuál es el sentido de la vida? El que cada uno quiera darle. El mío es escribir. Las demás tareas que hago, salva raras excepciones, están orientadas a conseguir dicho objetivo.

Lo que más me llama la atención de Sarmentero es su compromiso con un solo propósito: Ser Escritor. Es una formulación algo vaga que para cada uno puede significar cosas distintas, pero para él es sin duda lo suficientemente nítida como para orientar el esfuerzo en cada uno de los minutos del día. El cuida de los minutos, y su Obra se cuida de sí misma.

Todo lo subordina a esa meta y todo lo que le ocurre alimenta  su propósito. Comer, trabajar diez horas como informático, salir a correr (que pocas veces disfruta), todo… está subordinado a su proyecto personal de ser escritor. Los seres que no somos genios tenemos multitud de deseos, querencias y racimos de propósitos, muchos de ellos no relacionados o contradictorios. La reducción de todos los propósitos a uno solo es como el paso de la mitología o el politeísmo a la afirmación de un solo Dios —abstracto pero poderoso—, sentido último  y creador de todos los actos de la vida del escritor.

La vocación es la fuerza que te impele a entregarte, a pelear sin descanso, a vivir por y para una causa.

Si, como sentenció Sören Kierkegaard, “La pureza de corazón es querer una sola cosa”, Rafael Sarmentero es indudablemente un ser puro.

 Un veleta vital como yo no puede dejar de conmoverse y envidiar esa unicidad de propósito y pureza de intención. En este mundo acelerado, fragmentado, posmoderno, de  culto a la inmediatez del deseo, lo accidental del momento y el culto al carpe diem castizo “que me quiten lo bailao”, conocer a personajes como nuestro Genio es inspirador.

En la cultura de las islas de Okinawa, el término ikigai hace referencia a “una razón para levantarte por la mañana”.

Todos necesitamos una. De lo contrario, la vida se torna un sinsentido sin ningún aliciente.

Cuantas más razones para vivir mejor. Pero es fundamental que tengamos siempre alguna. La que está más presente es la que más te define. Coincide con tu vocación. La mía es escribir.

Obligatoriedad y opcionalidad

Cuando una tarea es opcional, existe una alta probabilidad de que no se realice. En cambio, cuando se toma como obligación, la alternativa del escaqueo desaparece. Hacer ejercicio tiene que convertirse en una rutina ineludible. Como lavarnos los dientes. Para conseguirlo debemos esforzarnos con especial ahínco los primeros días. Una vez se haya tornado hábito, será nuestro propio cuerpo el que nos demande la actividad. “Tira del hábito hasta que el hábito tire de ti”, aseguran los gurús de la productividad.

Una de las críticas más habituales al minimalismo existencial cuasi-robótico que yo propugno y creo representar es la crítica a la ubicuidad de las reglas de comportamiento. Las reglas, las normas, los principios que encarnan todas esas normas, están en todos mis actos;  y se perciben por muchos como limitaciones o constricciones innecesarias al libre flujo de las ideas y los acontecimientos.

Abominar de la restricción o los límites solo puede hacerse por quien desconoce la naturaleza del Arte o de la Ética. Son precisamente los límites los que propulsan la obra, como es el rozamiento de las alas de la paloma el que permite el  vuelo;  en este caso, el vuelo de la inteligencia.

Una regla personal es un compromiso con uno mismo a priori, no negociable e independiente de las condiciones particulares que se den en el momento y lugar en que haya que aplicarse. Si esa regla se convierte en hábito, el trabajo se hace más aerodinámico, reducimos el rozamiento existencial que surge de  tener que decidir momento a momento qué vamos a hacer y la  consiguiente lucha contra la pereza y las racionalizaciones de Mr. Hyde (el yo ocurrente o diablillo de nuestra conciencia).

El genio es consciente de su vocación, propósito, y proyectos —del gran orden intencional— pero también sabe que la visión solo se materializa momento a momento, frase a frase, con rutinas automáticas sobre las que no tiene que pensar y que abren el camino a  las grandes consecuciones.

El genio y el talento

Talento = vocación más método

De un genio, podríamos esperar que sostuviera haber sido ungido por la mano de los Dioses, y que se situara en un pedestal al que  el resto de los pobres mortales solo pudieran elevar su mirada y adorar. No faltan los genios que dicen nacer  genializados y que se muestran remisos a mostrarnos la maquinaria de su arte, lo que se cuece en las bambalinas de su entrenamiento y trabajo diario. Este tipo de genios solo pueden ser admirados desde la distancia, en sus consecuciones… y poco más.

Pero Sarmentero es un genio consciente del origen de su genialidad. Para él, el talento es vocación (es decir, perseverancia unida una causa) y método (técnica, mañas de escritor). Dicho de otro modo, la esencia de la genialidad está en lo que llamamos “tenacidad” en español y llaman  en inglés “Grit” (perseverancia durante años en una dirección elegida). A esto añade  la filosofía Jeet Kune Do, el arte marcial invención de Bruce Lee, y su conocida máxima “Sé agua amigo mío”. Por lo tanto Genio  = Técnica + Propósito + Flexibilidad.

No cree mucho en la inspiración y declara:

La inspiración roza su techo pocas veces en la vida de un artista. Con frecuencia, ninguna. Cuando ocurre, éste tiene que darse cuenta de que ha conseguido dar con el preciado mineral y seguir perforando en la misma dirección.

Woody Allen tiene una frase que dice: “El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”. Yo proclamo: “El trabajo y la técnica no dan el talento, peo procuran un resultado tan parecido, que ni un especialista avanzado podría encontrar la diferencia.”

Unitarea y multitontería

Roger Wolf adapta la ínclita frase del no menos conocido Allen Ginsberg a la vesánica hiperquinesia de los tiempos modernos: “He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la multitarea”

En nuestro primer encuentro en una comida del Proyecto 52, no recuerdo que el Genio ni por un momento mirara su móvil o atendiera a algún mensaje. Su atención estaba plenamente centrada en la conversación. Es un placer cada día más extraño poder charlar con alguien que te presta su atención individida y que te hace sentir como si en ese momento no hubiera nada más importante.

Los que estudian el carisma en el liderazgo y las relaciones sociales en general suelen señalar esa calidad de la atención del líder; del presidente norteamericano Bill Clinton, un genio de las relaciones públicas, se dice que si te saludaba o te dedicaba unas palabras en una recepción o cóctel te hacía sentir como la persona más importante del mundo en esos cinco o diez segundos escasos de atención, luego pasaba fluidamente a otra conversación u otra persona, con la misma sonrisa y capacidad de inmersión.

La capacidad de enfocar la atención a voluntad haciendo caso omiso de distracciones no es solo necesaria para hacer sentir importantes o queridas a las personas, también lo es —sobre todo lo es— para sostener un trabajo intenso y continuo en la dirección elegida. Para el Genio, que tiene responsabilidades diarias en un trabajo demandante de diez horas, es capital  ser capaz de sacar el máximo rendimiento a la hora o dos horas diarias que a lo sumo puede dedicar a su Arte.

El genio repudiará esta actitud, apagará su teléfono móvil, cerrará el gestor de correo electrónico así como el navegador de Internet y concentrará todos sus esfuerzos en una única tarea que solo abandonará para pasar a la siguiente cuando haya completado los objetivos que previamente se marcó.

El Genio y el perfeccionismo

Nadie encuentra la perfección porque la perfección no existe. Solo existen grados de aproximación a ella. El genio —obligado por su condición— vive en perpetua búsqueda de lo perfecto. Pero tal virtud se torna yugo cuando no sabe detenerse a tiempo.

La ambición forma parte del DNA del genio; como decía Flaubert, “un alma se mide por sus deseos, lo mismo que las catedrales se juzgan por la altura de sus campanarios”; como dice Sarmentero: “No valoro a las personas por lo que consiguen, sino por lo que pretenden”.

Pero el  Genio es consciente, dolorosamente consciente, de la distancia entre su visión y lo limitado de sus recursos y de sus más o menos torpes aproximaciones. Todo lo que tiene de ambicioso lo tiene de realista.

“El perfeccionista se suicida en lo cotidiano”, declara el Genio.

Como la perfección no es alcanzable y “la realidad acota. Impone límite insalvables”, hay que saber cuándo parar, cuándo dejar de intentar mejorar la obra. Se cuenta que Picasso puso como condición a su marchante que sería el quien diría cuándo un cuadro estaría acabado. Era consciente de que las obras nunca se culminan, y que es el artista quien ha de dar la orden de parada para no quedar varado en una revisión sin fin.

La otra opción es cobrar un anticipo y comprometerse a acabar la  obra  en una fecha fija, así la restricción temporal externa será la que decida —más o menos arbitrariamente— cuando hay que parar.

Sarmentero sintetiza así su relación con el perfeccionismo:

Para no caer en el bucle de la insatisfacción, el genio ha de ser capaz de tolerar la imperfección y orientar sus aspiraciones hacia la máxima expresión de sus capacidades adecuadas a los medios de los que dispone. Y es que ya lo dejó claro Freud (genio): “Lo mejor es enemigo de lo bueno”.

 Motivación y automotivación

Una de las habilidades  de los expertos que han alcanzado la maestría en cualquier campo es su capacidad para retarse a sí mismos y motivarse en el día a día para avanzar en su trabajo. Hay tantos métodos como artistas y cada uno recurre a su propia colección de trucos autorregulativos.

En su último libro, Sarmentero escribió el borrador a lo largo de cincuenta y cinco semanas (de viaje tres de ellas) a un ritmo variable. Todos los días registraba el número de palabras que escribía y al final de la semana las sumaba, se sacaba una foto en la webcam y subía el informe a su blog.

Esta fue la foto de la semana #3, en la que más palabras escribió:

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Semana #3: 2135 palabras. El genio avanza a velocidad de crucero. El delantal y la  humeante cocina de la mente del Genio.

La media de escritura semanal a lo largo de las cincuenta y cinco semanas fue de 808,272 palabras, con un máximo de 2.135 palabras en la tercera semana y un mínimo de 67 palabras en la cuarenta y una.

Las variaciones en la producción son habituales, incluso para escritores que planean sistemáticamente su escritura, como es el caso del autor de No puedes ser escritor.

Esta  es la foto de la semana #41, en la que solo escribió 67 palabras:

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Semana #41: 67 palabras. Las palabras escasean. El genio no se descorazona. Se mantiene al pie del cañón.

Esa fue su manera de proporcionarse continuidad a lo largo de todo el año. Como veis, es una mezcla de autorregulacióninterregulación; esto es, usaba el informe público de la evolución de su borrador  como caramelo motivacional que le permitía alcanzar los siguientes hitos del camino y celebrar o flagelarse según los resultados:

El experimento no solo sirvió para informar a mis lectores del nivel de progreso de mi obra. Sirvió también para ser consciente en todo momento de cuánto camino llevaba recorrido y cuánto me quedaba por recorrer. Además, me dio argumentos irrefutables para flagelarme o palmearme el hombro en función del desempeño demostrado.

En las semanas 14, 21 y 22 y 23 escribió 0 palabras , pero a pesar de ello, como muestra de su integridad y compromiso personal y con sus seguidores, siguió sacándose la foto y subiendo el informe. Aquí podéis ver la foto de la semana 22, por ejemplo. Se entiende que esa semana no escribiera nada…

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Semana #22: 0 palabras.

Un poco lo es todo

La manera más efectiva de perderlo todo es quererlo todo

Si algo se trasluce especialmente de la lectura de No puedes ser escritor respecto a la autorregulación y la disciplina, es la virtud de la paciencia y la capacidad de sostener el esfuerzo lento y trabajoso a lo largo del tiempo.

Pero no se trata del simple esfuerzo rutinario del que acude todos los días al mismo lugar por cubrir el expediente. Hay dos elementos que proporcionan la chispa y marcan la diferencia:

1. El Genio se esfuerza día a día por empujar sus límites; a pesar de su énfasis en las rutinas y los buenos hábitos, sabe que el Arte requiere del coraje cotidiano de tolerar la incomodidad:

“Empero, uno de los principios  por los que me rijo es el de obligarme a hacer lo contrario de lo que me resulta cómodo…”

2. Gradualidad. El principio del Kaizen de las aproximaciones sucesivas,  pensar a lo grande pero hacer a lo pequeño, no desdeñar ninguno de los pequeños pasos, centrarse en hacer lo mejor en cada momento momento sin descorazonarse por el largo camino por recorrer. Esta es una de las marcas del genio. Veámoslo en sus propias palabras:

La diferencia entre nada y todo es un poco.

No es un juego de palabras.

Tienes un proyecto. No le dedicas tiempo. Pasan los días y tienes y no tienes nada.

Sin embargo, si le dedicas un poco cada día, al final tienes un proyecto terminado.

Entre nada y todo hay una diferencia muy grande.

Pero entre nada y un poco, la diferencia es un poco.

No supone un gran esfuerzo y representa un gran cambio.

Un poco lo es todo.

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Rafael Sarmentero, escritor y caballero.

Su último libro: No puedes ser escritor (Cómo ser un genio nº 1)

Artículos de la serie “Lo que podemos aprender de…”:

imagesLo que podemos aprender de Hemingway

Técnica de las 0 alternativas de Raymond Chandler

Mi vida sin mí, de Isabel Coixet

Esto es agua, esto es agua, de David Foster Wallace

Lo que podemos aprender de Rafael Sarmentero

14 pensamientos en “Lo que podemos aprender de Rafael Sarmentero

  1. Amparo

    Para mí, la diferencia entre 0 palabras con o sin foto (y una foto como ésa) de la semana 22, eso lo es todo. Eso es genialidas.

    Responder
  2. Pingback: Lo que podemos aprender de Rafael Sarmentero « Rafael Sarmentero

  3. Melina

    Como todo lo que usted escribe, mucha INSPIRACCION. Agradezco haber encontrado su blog, por favor, siga. Yo tenia una tonelada de teoria y un gramo de accion. Estoy cambiando.

    Responder
  4. b...

    Le miro a los ojos, y veo una bolita de ternura, que ríe a carcajadas de pequeño.
    Es un genio ocultándose detrás de lo que puede.

    Responder
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