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Mañana empiezo hoy
El hábito de productividad existencial más importante es la revisión y planificación semanal.
Si no tienes instalado un hábito de revisión y planificación al final de la semana o principio de la siguiente, te sobran todas las técnicas de productividad y organización personal que conoces.
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Amamanta tus días con una buena revisión y planificación semanal.
El asno de Buridán y el minimalismo existencial
Un asno hambriento y dos fardos de heno. Mismo color, mismo volumen, mismo olor, mismo potencial sabor, mismo brillo, a la exacta misma distancia.
El asno en cuestión es un asno racional: se guía por el principio de elegir siempre la opción que conduzca a obtener el mayor valor percibido.
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El asno, incapaz de elegir entre dos bienes igualmente valiosos, se debate en la indecisión, y, si las circunstancias no cambian, será incapaz de dirigir sus pasos hacia el fardo de heno preferible, precisamente porque ninguno es preferido, no encuentra uno más atractivo que el otro.
Estamos ante un caso de simetría decisional.
El asno mira a un lado y a otro interminablemente, y no encuentra razón suficiente para dirigirse en una u otra dirección.
Pasa el tiempo y muere de inanición.
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La paradoja del asno de Buridán toma su nombre de Jean Buridán, un escolástico francés del siglo XIV, discípulo de Guillermo de Ockham, el autor del principio de parsimonia o simplicidad en filosofía de la ciencia, y por tanto personaje ilustre en el panteón del minimalismo existencial.
La fábula del asno fue creada por los críticos de Buridán para ridiculizar su defensa simultánea del libre albedrío y el determinismo psicológico, fruto del ejercicio de la razón, que nos lleva siempre a elegir la mejor opción entre las posibles. El libre albedrío excluye el determinismo psicológico, pues si este fuera cierto, siempre elegiríamos la meta con mayor peso psicológico y no tendría sentido entonces hablar de libre albedrío.
Obviando las implicaciones metafísicas, podemos extraer otra lección de la fábula: el uso exclusivo de la razón puede llevar a la inacción y en casos extremos a la inanición. En casos menos dramáticos, por ejemplo si se trata de elegir entre dos citas posibles o dos trabajos igual de atractivos, podemos pasarnos el tiempo deshojando la margarita y perder la oportunidad de ambas citas o ambos trabajos.
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Algunos autores toman la fábula del asno para justificar la fe o la intuición como criterios de decisión.
Un contraargumento a la crítica del uso exclusivo de la razón dice que el asno podría lanzar una moneda al aire y jugársela a cara o cruz con lo que el empate se resolvería: no tomar una decisión o diferir la decisión es en sí una decisión que, en ocasiones, puede ser la peor de todas.
Lo racional, por tanto, no sería esperar interminablemente a que una opción fuera mejor que la otra, la opción del azar sería en este caso extremo de simetría decisional lo racional.
Psicológicamente, el pálpito o el sentimiento intuitivo hacen las veces de la proverbial moneda lanzada al aire y nos permite seguir avanzando sin encenagarnos en la parálisis por el análisis.
Existencia buridaniana
Las decisiones cotidianas tienen mucho de buridanianas. Hay muchas más opciones que tiempo para considerarlas y compararlas. Nos encontramos con fardos de heno al alcance de la pezuña, a unos pocos metros a la redonda, igual de apetitosos.
Muchas veces, ni siquiera elegimos, esperando que ocurra algo que dirima el empate. No nos damos cuenta que mantener el statu quo por miedo a equivocarnos es en sí una decisión. Percibimos cada paso fuera de la situación actual como una pérdida: la pérdida de la opción que descartamos, tenemos miedo a no elegir lo mejor. Este es el origen de la tendencia a permanecer en el mismo lugar, esto convierte a la inercia en la segunda fuerza más poderosa del mundo. Los psicólogos cognitivos han bautizado a esta tendencia como sesgo de statu quo.
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Hay otra posibilidad decisional muy común e incluso más grave: somos como asnos que en medio del camino hacia el fardo elegido (si es que vencimos la indecisión) seguimos mirando a los fardos descartados: cuanto más nos acercamos al elegido más apetitosos y brillantes nos parecen los demás y mayor es la tentación de volver sobre nuestros pasos y cambiar de meta.
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Tenemos miedo de perdernos algo. La condición moderna es el miedo a perderse algo, a perder la ocasión, a perder el tren, que siempre nos hacen creer que será el último (ahora o nunca, últimos días de rebajas, compra que me lo quitan de las manos). Nos hemos convertido en maximizadores existenciales.
Los maximizadores extremos, los perfeccionistas sin fin, están siempre explorando sin acabar de comprometerse con nada y con nadie, nunca explotan a fondo ninguna posibilidad, ninguna conversación, ningún proyecto, ninguna relación. Se quedan en el andén viendo pasar trenes porque ninguno es digno de ellos o, peor, se montan en algún tren, pero siempre están mirando a través de la ventana del tren (léase: pantalla del smartphone) esperando uno mejor o anhelando la siguiente parada en la que puedan cambiar de tren y destino.
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Nos hemos convertido en superficiales existenciales:
Los amigos pendientes del móvil en una cita o en una reunión. ¿Buscan una mejor opción que la persona o personas que tienen delante?
Los amigos que no quedan contigo hasta el último momento. ¿Están eternamente abiertos a una posibilidad mejor que reunirse contigo?
Los amigos que deliberan interminablemente sobre si quedar, dónde quedar y cómo quedar. ¿Buscan la mejor oferta?
Los amigos que cancelan la cita quince minutos antes de la hora con algún pretexto más o menos peregrino, más o menos convincente. ¿Una oferta de última hora en la puja de las relaciones personales que no pudieron rechazar?
Los amigos que no están cuando están. Presente en cuerpo pero ausentes en espíritu. Son como jugadores de videojuego que solo se manifiestan a través de un avatar que en cualquier momento puede vaporizarse. ¿Siempre puede surgir una mejor opción si tienes el teléfono abierto?
Los amigos (?)…
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La publicidad, la mercadotecnia, parten de la base de que somos asnos: nos ponen zanahorias motivacionales a un metro o menos, más cerca que los fardos de heno, y nos pide que demos un paso rápido y sencillo. Cuando damos el paso y hemos aligerado el bolsillo se nos ofrece una mejor zanahoria que vuelve insatisfactoria la recién adquirida. Los psicólogos llaman a esto adaptación hedónica; los budistas, duhkha; los que creen estar de vuelta de todo, tedio.
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Es una condición existencial, no generada por la sociedad de consumo, pero sí agravada por un determinado tipo de consumo.
Si caemos en la trampa consumista, que siempre privilegia lo más fácil y lo más rápido, viviremos a merced de los impactos publicitarios, de la influencia directa e intensa que las mentes más brillantes del mundo y nuestro grupo social de referencia ejerce sobre nosotros a través de los medios de comunicación y redes sociales.
Las zanahorias y fardos de heno de la publicidad y la imitación social son invariablemente los más fáciles y los más insatisfactorios. Hay una ley psicológica que siempre se cumple: cuanto más insatisfactorio es un estímulo, más hemos de aumentar su intensidad y variedad.
Los fardos distantes, aquellos que nadie se molesta en publicitar o de los que no se puede obtener resultado monetario inmediato, apenas aparecen en nuestra conciencia. El tráfago del día a día, de la publicidad y de la influencia de nuestro entorno social impiden que los percibamos.
Invariablemente los fardos más distantes son mejores y más satisfactorios que los fardos de las distancias cortas, pero también el camino es más largo y más esforzado; ya lo dijo el poeta: «lo excelso es tan difícil como raro».
Una posible estrategia existencial
Elijamos un fardo, si es necesario al azar, y dirijámonos hacia él, podando las posibilidades u opciones alternativas.
Seamos asnos con visión a largo plazo, con mirada lejana, porque los mejores fardos están lejos. Los mejores son remotos, quizá inalcanzables; se llaman ideales.
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Evitemos las zanahorias que nos ponen al alcance la boca pero que desaparecen sustituidas por otras o se alejan en cuanto damos un paso.
Seamos como un burro con anteojeras durante el camino hacia al siguiente fardo. No miremos a los lados ni atendamos a los cantos de sirena de las opciones descartadas.
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En teoría, la teoría y la práctica deberían ser lo mismo; pero en la práctica, no lo son: en teoría, lo perfecto es lo mejor; en la práctica, lo perfecto es enemigo de lo bueno.
Basta con que el fardo elegido parezca suficientemente bueno, aunque no estemos seguros de que sea el mejor.
Sigamos por tanto una estrategia satisfaciente (satisfactoria y suficiente) y renunciemos a la maximización o la optimización.
Si aspiramos a la perfección, debe ser la perfección del ideal, pero siempre consciente de que esa aspiración es un camino a largo plazo que se compone de pasos necesariamente imperfectos.
Comprometámonos con el fardo y tengamos en cuenta que muchas veces el camino es tan bueno o mejor que el destino (dicho de otro modo: encontraremos otros fardos en el camino hacia el fardo (=motivación intrínseca) que justificarán el camino con independencia de si alcanzamos la meta u objetivos concretos).
Una vez llegado al destino, disfrutemos del resultado, saboreemos el heno y aprendamos de la experiencia.
Completar el camino hacia un fardo de heno lejano, con el resultado deseado o no, nos pone en disposición de aspirar y acceder a nuevos y mejores fardos.
No decidirse ni comprometerse nunca del todo nos convierte en superficiales, dispersos y existencialmente fracasados.
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¿Puedes hacer varias cosas a la vez?
- Si eres mujer, la respuesta será seguramente que sí.
- Si eres alguien nacido en la era de internet, probablemente dirás que sí.
- Si eres alguien pagado de sí mismo, un ser superior, también dirás que sí.
Bien, os lanzo un reto, mujeres, milennials, seres pagados de vosotros mismos.
Necesitas un cronómetro y un minuto sin distracciones.
Lo tienes. Bien.
Este test tiene tres partes. Completa una detrás de otra (no intentes las tres a la vez, el test no es ese).
I.
Toma el cronómetro y mide lo rápido que puedes decir los números del uno al diez y las letras de la A a la J. Primero los números, luego las letras. Intenta decirlo lo más rápido posible y sin equivocarte. Si te equivocas, tienes que repetir la letra o número equivocado.
Apunta el resultado.
II.
Ahora vuelves a tomar el cronómetro y vas a repetir los mismos números y letras pero en este orden: un número-una letra-un número-una letra… hasta llegar a 10-J. Es decir: 1-A-2-B… -10-J
Apunta el resultado.
III.
Compara resultados de la primera y segunda medición. Si tardaste más en la segunda medición, NO ERES MULTITAREA.
¿Por qué?
A pesar de ser el mismo trabajo (recitar diez números y diez letras) en el segundo caso pasamos de una tarea a otra sucesivamente varias veces y eso genera costes de cambio de tarea: tienes que guardar en la memoria el punto donde suspendes la primera tarea y recuperar de la memoria el punto de la segunda tarea donde lo dejaste en el cambio anterior.
Podrías hacer lo mismo en la mitad de tiempo simplemente haciendo primero una cosa y luego otra. Yo, por ejemplo, tardo menos de 4 segundos en recitar números y letras por separado, y más de 8 segundos en recitar los números y las letras intercaladamente.
En nuestra vida cotidiana, más que multitarea lo que practicamos es la atención parcial discontinua: es discontinua porque pasamos muy rápidamente de una tarea a otra y experimentamos la ilusión de estar en modo multitarea. Es parcial porque una parte de nuestros recursos mentales están en la tarea que momentáneamente hemos dejado en suspenso; por ejemplo, está demostrado que el mero hecho de la presencia de un teléfono móvil encima de una mesa (¡aunque nunca suene!) reduce la calidad y profundidad de las conversaciones y la sensación subjetiva de significado e intimidad en las personas presentes.
Lo que habitualmente consideramos multitarea, como hablar y conducir, solo es posible cuando alguna de las actividades es casi automática. Pero piensa qué haces cuando estás al volante y no sabes qué bifurcación tomar. Normalmente, dejas de hablar y te centras en la carretera; tu acompañante es consciente de que necesitas todos tus recursos mentales y suele callarse hasta que has encontrado el camino.
Operacionaliza la atención completa
Cuando mantienes abierto el correo electrónico, dejas tu teléfono inteligente al alcance de la mano o de la oreja, o consultas facebook en medio del trabajo estás infligiéndote costes de cambio de tarea y reducción de la atención en la tarea en curso que reduce dramáticamente tu productividad, además de aumentar tus niveles de estrés.
Sin necesidad de dejar facebook, el correo electrónico o tu teléfono inteligente, es mejor que no los uses en medio de otras tareas. Simplemente, decide a qué hora consultarás esos medios y cuánto tiempo les dedicarás. No salpiques tus jornada con ellos. Si quieres, sigue dedicándoles el mismo tiempo que ahora.
Así operacionalizo yo este consejo:
- Correo electrónico solo al final de la jornada (8pm). Yo me lo puedo permitir, pero si tú no puedes dejar de consultarlo a lo largo del día, establece dos o tres o cuatro puntos de consulta y cíñete a ellos.
- No tengo teléfono inteligente (con esto evito muchas interrupciones y tentaciones tipo whatsapp), siempre me ha gustado ser más inteligente que mi teléfono y que los programadores de aplicaciones de esos teléfonos; aunque sí tengo un teléfono móvil vintage, para emitir y recibir llamadas y mensajes de texto, lo mantengo en modo silencio y fuera del alcance de la vista.
- No tengo facebook ni twitter ni instagram ni tumblr. Muertos los perros se acabaron la rabia y otras enfermedades de transmisión digital. Aquí tienes 3(33) razones para dejar facebook. Si no puedes renunciar a facebook, twitter u otras redes sociales, decide en qué momentos del día y cuánto tiempo les dedicarás. Cíñete a los limites que te impongas.
Este es nuestro mundo
–Encontré el video en el blog de mi amigo Entusiasmado. Después de verlo, puedes leer sus reflexiones.
Cómo acometer un proyecto
Tres requisitos.
Compromiso.
Asegúrate de que tienes un proyecto, no una línea más en la lista de la compra. Busca en tu interior, no en google:
¿De verdad lo quieres? ¿Cuánto lo quieres? ¿Más que cualquier otro objetivo alternativo? ¿Seguirás motivado cuando ya no estés motivado o cuando la hierba del vecino resulte más verde o cuando surja la siguiente cosa brillante?
Si no respondes con completa seguridad y afirmativamente a todas las preguntas anteriores, olvida el proyecto. No es más que un deseo.
Por escrito
Ponlo por escrito.
No es necesario que la meta o el propósito del proyecto esté perfectamente definido, puede ser borroso, pero ha de ser lo suficientemente claro para que si haces algo sepas si te acercas o alejas. No está tampoco mal que formules una estrategia (con tres líneas bastan) y te impongas una fecha límite para declararte triunfante o en bancarrota. Luego da el primer paso.
Ponlo por escrito.
Ponlo por escrito.
Rendición de cuentas
El tercer requisito es imprescindible. Si no tienes alguien ante el que responder personalmente de caminar todos los días hacia tu proyecto, tus posibilidades se reducen a la mínima expresión. No confíes en ti, la carne es débil, tu mente es incluso más débil que tu cuerpo. Si no tienes jefe que se enfade cuando no avanzas en el proyecto, cuéntale tu proyecto a alguien de confianza y pídele que lo revise contigo cada dos semanas. Cuando fracases, cuando no avances, cuando abandones, el dolor de reconocerselo a otro ser humano te volverá más precavido a la hora de iniciar proyectos.
Por qué el minimalismo existencial podría ser malo para ti
«Menos es mejor» es una idea demasiado simple y general como para que tenga contenido real o sirva de orientación vital. Hay mil excepciones que la hacen perder valor.
Hay una sístole y diástole de la creación. Primero la exuberancia y la explosión de acciones y posibilidades, después el filtro y la selección. ¿Por qué empezar con la selección y el destilado, si no has generado y testado las ideas suficientes, si no tienes experiencia directa y personal suficiente? Puede que el minimalismo esté al final del camino, no al principio.
El minimalismo existencial se une a la causa contra el consumismo y la publicidad, que a su vez se asocian al capitalismo y la libre empresa. Podrías contaminar tus ideas políticas con tus preferencias individuales (menos objetos y mayor control de tu atención), podrías querer empezar a prohibir las acciones de las empresas que intentan influenciar a los consumidores y restringir por tanto la libertad de los consumidores; peor todavía, podrías empezar a creerte superior al resto de los zafios humanos no minimalistas que te rodean.
El minimalismo existencial, al igual que el arquitectónico, puede resultar insulso, maquinal, descorazonadoramente funcionalista.
La naturaleza es derrochadora; si tú te puedes permitir el lujo de ser minimalista es porque otros son maximalistas y exploradores. La exploración implica derroche, el de los caminos equivocados, los callejones sin salida y los fracasos. Los minimalistas se benefician de generaciones de seres humanos maximalistas que fracasaron incontables veces antes de producir las ideas, objetos y filosofías vitales entre las que ahora podemos elegir.
Corres el peligro de pensar que la paz mental y el control de la atención son los bienes psíquicos últimos. Corres el peligro de sumergirte en tu propio ombligo y respirar el aire enrarecido de la satisfacción narcisista.
El minimalismo existencial parte de la idea de que tú puedes crear o diseñar tu propio estilo de vida, ser el forjador de tus propios valores. Quizá no tengas la capacidad ni el tiempo ni los medios para hacerlo. Quizá ese esfuerzo de construir tu vida desde los cimientos ahogue tus posibilidades de llegar lejos en ninguna otra dirección. Quizá se nos haya olvidado ser más humildes respecto al alcance de los ideales auto-generados.
Un sistema moral o ético de uso personal de nuevo cuño es la obra de un genio (un Confucio, un Sócrates, un Buda o un Jesucristo); pero incluso ese genio hubo de dedicar toda su vida a crearlo y comunicarlo. Es más, puede que ese genio no exista, sino que Jesucristo, Confucio, Buda, Sócrates encarnen o sean el nombre o la etiqueta que adjudicamos al proceso social y cultural que a través de innumerables siglos y vicisitudes condujo al profeta-maestro-reformador religioso o líder político que identificó, expresó o popularizo el sistema ético, la religión o la ideología política.
Por tanto, ¿no es estúpidamente nietzscheano creer que en el breve lapso de una vida vas a reformular los valores tradicionales y dotarte de un plan de vida que no esté ya disponible en el menú que corresponde a tu entorno cultural, a la religión en la que naciste, a la familia a la que perteneces?
En el afán por controlar la infoxicación, muchos minimalistas se vuelven anti-tecnología y destierran de sus vidas los teléfonos inteligentes, las redes sociales y otras mejoras. ¿De verdad quieres aislarte del resto de la sociedad en nombre de una idea tan poco popular y de apariencia neoludita como es el minimalismo como filosofía de vida? ¿Acaso no llamamos «tecnología» solamente a aquella tecnología que no existía cuando éramos niños?
El minimalismo existencial podría ser demasiado individualista (tú mismo y tus mecanismos (mecamismos)) el minimalismo existencial está falto de un proyecto social o político o moral en el que insertarse. Pone el foco en la felicidad y satisfacción personal. ¿Dónde queda un propósito más grande que el individuo, el significado de la vida o una moral que reconoce e incluye los proyectos de otros seres humanos?
La mayoría de los minimalistas ponen el acento en la reducción de posesiones, parece que el minimalismo existencial es una escuela de decoración de interiores.
La mayoría de los autodenominados minimalistas (existenciales o no) son una panda de frikis. ¿De verdad quieres seguir los pasos de un grupo tan poco atractivo?
Estás perdiendo el tiempo dedicando atención a un concepto y a un blog tan insulso, inane, carente de contenido, como este. Tu escaso tiempo estaría mejor dedicado a hacer algo de provecho, a salir al mundo y construir algo, a hacer algo por alguien. ¿Crees acaso que conocer la técnica pomodoro y la regla de las 0 alternativas de Raymond Chandler o la ley de las tres oes del minimalismo existencial es un sustituto de la acción y la creación? Venga, no me hagas reír.
Es posible que en el afán por organizarte y optimizarte estés perdiendo el norte, poniendo el énfasis demasiado en los medios y no en los fines, y proporcionándote una excusa más para no hacer lo que sabes que tienes que hacer. ¿Es posible que el minimalismo existencial no sea más que la búsqueda de la bala de plata, el Dorado o la panacea existencial que resuelva a priori, casi sin despeinarte, tus problemas?
En el mejor de los casos, el altisonante movimiento llamado «minimalismo existencial» podría no ser más que una colección de ideas de sentido común, un refrito de ideas sobre organización y productividad personal.
¿Y si el minimalismo existencial fuera tan solo una carátula rimbombante y pretenciosa para unas pocas ideas de sentido común que cualquier persona sana psíquicamente aprende e interioriza antes de los dieciocho años?
Solo por este año
- No beberé Coca-Cola → 50€ recompensa a quien me vea bebiendo una.
- No leeré periódicos → Conllevan un sesgo de novedad, superficialidad, excepcionalidad y negatividad que distorsiona mi sentido de la realidad.
- No leeré el correo en horas de trabajo → Empiezo el día sacando y solo consulto el correo al final de la jornada (8 pm). No permito que los impactos informacionales controlen mi flujo de trabajo.
- No introduciré más metas en mi plan del 2018 → Una meta única en el 2018.
- No discutiré sin tener una buena razón -> Se acabó el ser discutidor. Aplico el principio del coste-beneficio. Siempre pregunto el porqué de la posición contraria o pido más detalles antes de rebatirla o exponer la mía.
- No trabajaré en lugares ruidosos -> Más calma es más concentración.
- No adquiriré indiscriminadamente libros físicos o en formato digital -> Estoy infoxicado. Cualquier propuesta de lectura va a la cola de libros y espera al menos siete días.
- No veré videos en YouTube de forma compulsiva -> Son una forma muy pasiva de adquirir información.
- No jugaré partidas rápidas de ajedrez (< 15 minutos) -> No mejoro mi ajedrez, fortalezco los malos hábitos.
- No encenderé la radio o la televisión para ver qué hay -> Primero decido que quiero ver, escuchar, luego busco el podcast o el programa grabado.
- No entraré en mi blog o cualquier otro blog fuera de las horas semanales marcadas (viernes y domingo a las 18:00 pm)
- No haré promesas que no pueda cumplir -> intentaré hacer más y decir menos.
Las cadenas me harán libre.
Muchas veces, uno gana más y más rápidamente omitiendo, eliminando lo erróneo de la vida, que buscando o construyendo lo correcto.
Son necesarios límites claros para evitar el síndrome de la rana hervida y la erosión de las metas.
«Para siempre» es demasiado tiempo, así que limito mis promesas-prohibiciones al 2018.
Diez reglas y principios no convencionales para alcanzar el éxito en la vida
–1. La felicidad no es el único ni el más importante de los fines
La felicidad entendida como bienestar subjetivo o satisfacción personal es solo uno de los posibles valores a los que puedes consagrar tu vida.
Sin embargo, si preguntas a cualquiera sobre qué quiere lograr en la vida, es muy probable que te responda que «quiere ser feliz», a lo que tú puedes responder «¿Quién no quiere ser feliz?» dando a entender que la felicidad es el fin de los fines, el fin último, al que tiende el Hombre (aunque no llegue) en todos sus actos.
En otras palabras, no se puede no intentar buscar la felicidad.
Pero no es así: solo una sociedad consumista, vacua y banal como la actual puede persuadirnos de que la felicidad es el fin indiscutido y casi único que debemos procurar ver realizado en nuestra vida. La llamada psicología positiva en parte, el existencialismo implícitamente, la new age en su totalidad y los estúpidos blogs de desarrollo personal parten del axioma de que debemos aspirar a la felicidad. Históricamente, nunca ha sido así, excepto en los tiempos de decadencia de las civilizaciones. Siempre ha habido fines transcendentes. Cuando Roma abandonó el afán de conquista y sus valores tradicionales y los sustituyó por el pan y el circo firmó su sentencia de muerte.
Si los valores felicitarios son solo una categoría de valores entre otros, ¿cuáles son las otras categorías de fines y valores perseguibles? Los valores morales y los valores de significado.
Vivir la buena vida es sola una posibilidad a la que podemos aspirar: también podemos proyectar vivir una vida buena y una vida con propósito o sentido.
Nunca vuelvas a decir que solo quieres ser feliz, so pena de dejar fuera otros valores y fines vitales comparables o más importantes.
Repite conmigo: el cerdo tiene valores de cerdo y quiere la felicidad del cerdo.
2. Vive con una ventana mirando al cementerio
Piensa todos los días en la muerte, tenla presente. Puesto que tus días están contados, no puedes vivir todas las vidas posibles y cualquier error que cometas puede ser fatal. Tu foco se reducirá a lo esencial, aplicarás la ley de Pareto naturalmente y de la noche a la mañana serás un minimalista existencial.
La muerte aguzará tus sentidos, te proporcionará alas, te hará sonreír ante los pequeños temores. El foco o intensidad que otorga la conciencia de la muerte hará que tus días sean plenos y llenos de sentido. Cuando un hombre sabe que será ahorcado en diez días (diez meses, diez años, diez décadas) concentra su mente maravillosamente.
Si asumes tu finitud y tu irrevocable insignificancia estarás en el camino de tu liberación. Por fin, podrás mirar a la muerte a los ojos y ser el último en pestañear.
La punzante y continua conciencia de la dama negra te permitirá vivir con valor, porque sabrás que un día todo acabará y que lo que hayas hecho en la vida resonará en la eternidad.
3. Sé un animal de rutinas y costumbres
No hagas caso a las agencias de viaje y a las cadenas de televisión: a la rutina no se le termina cayendo la t. Somos rutina que no acaba en ruina y actuamos en piloto automático la mayor parte de nuestra vida consciente. No hacerlo así sería agotador. No podrías tener una vida plena si tuvieras que decidir con qué pie pisar primero al levantarte de la cama o tuvieras que decidir qué ruta seguir todos los días al trabajo.
Los originales y los que siempre están cambiando son la gente más estereotipada del mundo. Recuerda la frase de Fernando Savater: cuanto más insatisfactoria es una actividad más deseamos cambiar su intensidad y variedad; la gente de mentes simples tiene gustos complicados, la de mentes complejas tiene gustos sencillos.
Sé como Inmanuel Kant, al que los vecinos de Königsberg usaban para poner a punto sus relojes, porque siempre pasaba por la misma plaza a la misma hora del día.
Las cadenas de las rutinas son la herramienta de la liberación. Reduce las sorpresas de tu entorno para que puedas llevar una vida externamente aburrida y rutinaria. Has de vivir como un burgués para ser creador y salvaje en el campo en el que decidas centrarte.
La única condición es que cada vez seas más consciente de tus rutinas, hábitos y costumbres y las alinees con tus metas y valores.
4. Aplica la regla de las tres oes en todos los asuntos prácticos de tu vida
Omisión. Organización. Optimización.
Lo primero y más importante es omitir, eliminar, decir no, podar posibilidades, opciones y recursos. La palabra más importante es siempre el no.
Di no a ti y a los demás continuamente. Es la palabra y la acción más poderosa. El secreto del éxito es un no y una línea recta.
Corta el flujo de la información, personas en tu vida, proyectos e ideas que reclaman tu atención. La acción más productiva que casi nunca ejecutamos consiste en dejar de hacer lo innecesario. Nuncaniza con alegría y enfoca tu mente de mono en unas pocas cosas, personas y proyectos.
Solo después de decir no, negar, nuncanizar, has de empezar a pensar en organizar tus acciones y tu entorno. Solo después de haber eliminado la basura de tu vida y de tu conciencia (recuerda la ley de Sturgeon: «El 90% de todo es basura») puedes empezar a organizar.
Pero recuerda: nunca organices sin haber antes eliminado personas, proyectos, actividades, medios de comunicación, objetos, compromisos. Vive en una habitación minimalista de la conciencia.
Por último, y solo en unas pocas áreas vitales, quizá en tu profesión o tu pasión vital, allá donde quieras alcanzar el expertismo y la excelencia, se te está permitido optimizar, buscar los mejores métodos para obtener los mejores resultados posibles.
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5.Cambia de entorno, no pierdas el tiempo cambiando el mundo
La gente ordenada, disciplinada, industriosa, que trabaja todos los días por alcanzar metas a largo plazo no posee más voluntad que los vagos, los desnortados o los fracasados. La diferencia que marca la diferencia en la gente que logra sus metas es el entorno en el que transcurren sus vidas: su familia, sus amigos directos, el vecindario, el lugar de trabajo, los conocidos con los que se relacionan. Eres la media, para lo bueno y para lo malo, de las cinco personas con las que más te relacionas. Tus amigos gordos te hacen engordar. Tus amigos guapos aumentan tu belleza (interior).
Toda la fuerza de voluntad del mundo es inútil ante el poder del entorno. Pero esto no significa que estés condenado por el lugar donde has nacido, los amigos que hiciste en el colegio, la familia que te ha tocado o el vecindario que tus ingresos te permiten. Siempre puedes hacer algo; de hecho, puedes hacer mucho:
El movimiento estratégico clave para cambiar de vida es considerar cuál sería el ambiente más propicio para desarrollar la red social, habilidades y rasgos del carácter necesarios para conseguir tus fines; después, debes usar tu limitada fuerza de voluntad (siempre el recurso más escaso) para cambiar de entorno.
Los entornos más importantes son entorno social (familia, amigos y conocidos) con quien pasas la mayor parte del tiempo física y virtualmente, la infosfera (con la qué alimentas a tu cerebro: smartphones, twitter, libros, películas o charla inteligente o estúpida), el entorno profesional (la gente con la que trabajas) y en último lugar el entorno geográfico.
Dicho esto, un aviso importante: no intentes cambiar a la gente que te lastra o que no comparte tus valores y metas. No cambies a la gente, es mejor que cambies de gente.
No se trata, por tanto, de cambiar el mundo, sino de cambiar de mundo y, en el camino, cambiarte a ti mismo.
6. No pienses por ti mismo ni seas crítico
No puedes reinventar la rueda, descubrir otra vez el Mediterráneo o diseñar el lenguaje en el que hablas. Es imposible y contraproducente intentar ser original. Siempre partes de algo. La cultura donde vives, sus tradiciones, los usos, las costumbres, los perjuicios de tu entorno (casi siempre justificados y saludables), la moral, son creaciones evolutivas centenarias obra de tus antepasados que por ensayo y error y la validación del tiempo han llegado hasta hoy. Son un capital inmenso que facilita tu inserción en el mundo. Sin él retornarías a la edad de piedra, o peor, al subsuelo de la condición humana.
Hasta los artistas más innovadores y rebeldes reaccionan ante lo que conocen y con lo que ya conocen; los creadores literarios no inventaron el lenguaje en el que escriben sus obras; los emprendedores trabajan con la tecnología y estructuras organizativas que tienen a su disposición.
Sé crítico y piensa por ti mismo en una o dos áreas de tu vida, aquellas en las que has decidido sobresalir y explorar y expandir los límites. En el resto, sé saludablemente estereotipado, fiable y fiel a los lugares comunes.
Hay que suspender la incredulidad y el espíritu crítico, aprender por ósmosis y obedecer a la costumbre. Donde fueres haz lo que vieres (excepto si vas al país de los caníbales).
Esto requiere una gran dosis de humildad, lo que va contra la tendencia actual a exacerbar la autoestima, la arrogancia adolescente y la originalidad.
7. Premedita tus desdichas
No solo has de vivir siendo continua y dolorosamente consciente de que un día morirás, además has de vivir considerando todos los males y peligros y (pre-)meditando regularmente sobre ellos.
Has de abrazar el poder del pensamiento negativo, pues lo bueno se cuidará de sí mismo.
Has de considerar los riesgos más grandes e irreversibles, aquellos que no te permiten una segunda oportunidad o de los que es difícil recuperarse (como el despeñarte haciendo escalada sobre rocas resbaladizas o la ruina financiera) y crear planes de contingencia: no quieres pasar hambre (ahorra y ten un colchón de seguridad), no quieres salir herido (cuidado con los pasos de cebra y las motos), no quieres morir por daños autoinfligidos (cuida tu forma física y no te des a la bebida).
Ten siempre presente la ley de Murphy, aunque no siempre se cumpla: si algo puede salir mal, saldrá mal.
El pensamiento positivo sienta bien pero no alimenta el espíritu, es como la comida basura del alma, es el atajo que permite experimentar la recompensa antes de acometer el esfuerzo. El pensamiento negativo permite anticipar y vencer obstáculos; cultivar el pensamiento negativo es constatar la esencial incertidumbre del mundo y nuestra incapacidad para domesticarla.
Respecto a las desdichas inevitables o solo retrasables (enfermedad, vejez, decepciones, frustraciones, muerte), que todos tarde o temprano hemos de sufrir, familiarízate con ellas, los monstruos vistos a la luz del día resultan menos atemorizantes y cuando te cosan a dentelladas sufrirás menos.
8. Si quieres llegar lejos, camina dolorosamente despacio
No puedo insistir demasiado en esta regla. De hecho, si tuviera que dar un solo consejo para alcanzar el éxito a todos mis yoes pasados, esta regla sería la elegida: adora la lentitud, practica la lentitud deliberada en todas aquellas actividades que importan y en todos tus esfuerzos de aprendizaje.
La lentitud rayana en la pereza y la pachorra ha de ser tu marca personal.
La actitud paciente es difícil de lograr en las sociedades occidentales actuales donde la aceleración del tiempo y la contracción del espacio son una constante. La brillantez se equipara con rapidez; la sabiduría y el conocimiento con la expresión rápida y el verbo fácil; él éxito con la satisfacción instantánea; la profundidad con la inmediatez en los resultados y la exuberancia. El héroe contemporáneo siempre tiene un cerebro de conejo pero su mente es de tortuga.
Pero aunque los aficionados van más rápido, los maestros llegan más lejos. El árbol de la paciencia tiene raíces amargas, pero sus frutos son dulces. Zamora no se hizo en una hora. Todo llega para el que sabe esperar.
9. Piensa a lo pequeño
Soñar a lo grande es fácil. Hacer a lo pequeño en el aquí y en el ahora, sin obtener la satisfacción extática de la ensoñación narcisista, es tremendamente difícil.
Por eso te recomiendo que pongas limites a tus metas y a tus expectativas. No hay peor autoengaño que el de confundir los deseos con las expectativas. Puedes aspirar a algo mejor, incluso a algo mucho mejor, pero eso no debería disuadirte de fijarte metas diminutas que te acerquen infinitesimalmente a tus sueños. Los sueños están bien, pero si construyes castillos en el aire, has de dejarlos ahí, donde deben estar, en el aire, y enseguida ponerte a construir sus cimientos, a mojarte con el anodino fango de lo real.
Pensar a lo grande y hablar a lo grande y planear a lo grande es fácil, lo complicado es ejecutar pequeñas acciones consecuentes todos los días, meses y años acercándote al destino imperceptiblemente.
Es fácil querer cambiar el mundo —solo de pensarlo tu yo moral se hincha y el entusiasmo te desborda—, sobre todo si estás en compañía de otros guerreros sociales; pero ayudar a tu madre a fregar los platos después de la comida es gris, aburrido y no despierta la admiración de nadie.
Entre lo macro y lo micro has de elegir siempre la micro, lo pequeño, lo que tiene que ver con tu aquí y tu ahora, con lo local y lo personal.
El día es siempre el día de hoy, con la gente que te rodea y las tareas abnegadas con sentido pero que no te entusiasman ni te proporcionan satisfacción ni reconocimiento inmediato.
El lugar es siempre aquí y en las inmediaciones. Es fácil querer salvar al mundo, mucho más fácil decir que quieres salvar al mundo, mucho más difícil es contener tu ambición y tener un pequeño acto de amabilidad cuando has tenido un mal día y solo deseas sentarte a ver la televisión y comer patatas fritas.
Si vas a cambiar en algo el mundo será de manera inintencionada y colateral, a través del ejemplo que sientes para la gente que te rodea y tus honestos esfuerzos por perseguir tus fines.
10. Sé flexible en el pensamiento y fanático en la acción
Se nos dice que hemos tener convicciones firmes y ser flexibles en la acción. La regla es justo la contraria: sé fluido en tus creencias y rígido en la acción.
Cabalga tus contradicciones, di una cosa hoy y mañana la opuesta. En cualquier reunión en la que participes siempre debe haber al menos una opinión más que personas. No tengas miedo a llevarte la contraria, no pasa nada si te contradices, tú contienes multitudes. Considera catorce ideas y nunca llegues a ninguna conclusión. Cuando creas que estás seguro de algo busca refutarte, desconfía, sobre todo de ti mismo, no debes engañarte pensando que has dado con la solución, porque tú eres la persona más fácil de engañar.
Aplica la máxima de Marx (Groucho): estos son mis principios, señora, y si no le gustan, tengo otros.
Al mismo tiempo, y aunque parezca (y sea) contradictorio, conviértete en un fanático, actúa con la fe del converso a la hora de ejecutar tus planes. Una vez tomada una resolución, no permitas que nada se interponga en tu camino y derriba todo lo que te cierre el paso. No cambies de plan solo porque surjan nuevos obstáculos o estés desmotivado, concluye lo que has empezado: si las razones eran buenas al iniciar el proyecto, siguen siéndolas cuando estás a mitad de él.
Aplica las máximas de Marx (Carlos) y Lenin (Vladimir):
Los filósofos hasta ahora han interpretado el mundo, pero ha llegado el momento de transformarlo.
El criterio de verdad está en la práctica, en la acción fanática que corrobora o refuta las creencias.
Conversación con Raúl Hernández: aprendizaje y educación en el siglo XXI
Puedes escuchar esta conversación en el podcast de Homo Mínimus o pulsando abajo:
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El invitado de esta semana es Raúl Hernández, del blog del mismo nombre. autor del libro Skillopment, que es una buena introducción a su modelo de aprendizaje.
Es una conversación de 1:59:37 horas.
La conversación continuará en los comentarios.
Algunos enlaces relacionados con la conversación:
Mentalidad fija y de crecimiento (en blog Homo Mínimus)
Proyecto 52 comidas de Homo Mínimus (para encontrar espíritus afines)
El océano infinito del conocimiento (en blog Raúl)
Tres ingredientes del aprendizaje
Conversación con Marc Martí sobre la atención de láser en la era de la distracción
Puedes escuchar esta conversación en el Podcast de Homo Mínimus.
Es una charla con el autor minimalista Marc Martí del blog Repensando el ahora, sobre el libro ‘Deep work‘, de Cal Newport, y sobre productividad personal en la era de la distracción.
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Llevo más de una semana sentado cuatro horas al día sin hacer nada delante de una pantalla en blanco. Ayer terminé escribiendo quince veces «Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido»: es la frase que teclea una y otra vez Jack Nicholson en su máquina de escribir en la película El resplandor antes de perder definitivamente la cordura y derribar a hachazos la puerta del baño del hotel en las montañas en el que están aislados por la nieve él y su familia.
En un retiro de meditación en las montañas podría encontrar la iluminación. En un establecimiento de una gran cadena de cafeterías para bohemios con dinero, solo voy a encontrar café a doble de precio y el tedio de ver las mismas caras día tras día.
Un filósofo y matemático francés dijo —lo leí en algún lugar— que todas las miserias del hombre derivan de no ser capaz de sentarse solo en una habitación tranquila. Nada te pone frente al espejo como no hacer nada. Pero qué pocas ocasiones tenemos de no hacer nada. Las mismas vacaciones son espacios que llenamos de acción para no sentirnos vacíos, no hay nada vacante en las vacaciones, nos sentimos impelidos a divertirnos y embutir la máxima cantidad de felicidad en los días que nos conceden.
Llego a casa tras un día de trabajo y pongo la televisión o enciendo la radio o escucho música. Estoy en la parada de autobús y consulto el correo o juego a algún juego que liquide el tiempo de espera. Ya no hay tiempos muertos para la atención. Antes podía aburrirme en las rendijas del día, todavía había ranuras por los que se escurría el tedio. Ahora, la publicidad y el entretenimiento, mediados por entornos digitales ubicuos, se encargan de evitar que nos quede una pulgada de tiempo libre de interrupciones y flujos de entrada de información.
Recuerdo que hace unos pocos años lo vi venir: estaba en un restaurante y mataba el tiempo observando a mi alrededor. Captó mi atención una familia de cuatro miembros: padre, madre, niño y niña. En la más de una hora que estuvieron allí no les vi cruzar palabra. El padre aporreaba el portátil, la madre y la hija no levantaban la mirada de sus respectivos teléfonos inteligentes, el hijo jugaba a un videojuego en su consola. Solo intercambiaron algunas palabras al recibir los platos del camarero y cuando la madre preguntó a su hijo cómo usar una determinada función de su teléfono; entonces, el niño, visiblemente fastidiado, le mostró cómo hacerlo y volvió rápidamente a su pantalla.
Levanto la cabeza de la pantalla de mi portátil. Veo a una joven madre sentada en un sofá de un extremo de la sala amamantando a su bebé, podría ser una tierna escena si no fuera porque lo hace sin mirarle: está consultando la línea de mensajes de su teléfono inteligente mientras el bebé succiona; es un uso más eficiente de su tiempo o una forma de hacer más llevadera la maternidad. Antes, comíamos con los ojos los platos que nos presentaban; ahora, nos apresuramos a subir la imagen de la comida exótica a un lugar virtual en el que la gente comparte fotografías. ¿Llegará el día en que los bebés suban a una red social para infantes el pecho del que están a punto de beber?
En el pasado, la gente solía rescatar argumentos o datos de su memoria para dirimir dudas, ahora todos nos apresuramos a sacar el móvil para buscar el dato. El encorbatado de gesto dinámico de mi derecha mata su escaso tiempo de la comida jugando a Angry Birds mientras traga un sándwich. Bill Murray, el protagonista de El día de la marmota, escribió una vez: «Mi teléfono tiene dos millones de veces la memoria de la nave espacial Apolo 11 en 1969. Ellos fueron a la luna. Yo lanzo pájaros con tirachinas a casas de cerdos».
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Mi mente es el campo de batalla de cualquier persona u organización que puede beneficiarse de mi atención. Hay una lucha constante por cuota de mercado que se traduce en cuota de mente en cada una de las cabezas de los potenciales consumidores. Obtienen mi atención y aumenta la probabilidad de que obtengan mi dinero, mi voto o más tiempo de atención. Siempre ha sido así, los primates pugnan por la atención de los primates, es la moneda de la comunicación humana y la sustancia de nuestro éxito y autoestima. La novedad es que ahora la competencia se ha intensificado y cada vez hay menos espacios físicos y mentales que no estén colonizados por reclamos atencionales. Cada vez son mejores absorbiendo nuestra energía psíquica, primero nos dan lo que nos atrae —novedad, atención de otros primates,la promesa de quebrar el tedio— y después venden esa atención para que otros nos vendan algo.
Los ingenuos partidarios del libre mercado dicen que la gente es muy libre de no consumir o usar lo que no le produce satisfacción, que a pesar de las tentaciones somos seres libres con voluntad capaces de decir sí o decir no, y que cada individuo es el mejor juez de sus necesidades y deseos. Pero este argumento falla escandalosamente si imagino y constato que por cada instante de conciencia y por cada intento de dosificar mi exposición a las redes, hay decenas de miles de personas —algunas de las más inteligentes, ambiciosas y motivadas del planeta— en Silicon Valley y otros lugares trabajando catorce horas al día para subvertir mis fugaces intentos de autorregularme y perseguir mis mejores intereses.
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Hay gente que viaja a Vietnam o las faldas del Himalaya para encontrarse. Yo estoy internándome en junglas de recuerdos y observaciones cotidianas parándome cuatro horas al día y permitiéndome no hacer nada. Es quizá por eso que él me sugirió que pasara unos cuantos días, todos los que necesitara, sin hacer nada. Quizá haya que parar para avanzar, quizá no es cierto que haya que seguir corriendo para no quedarse atrás.
Si repaso mi biografía me doy cuenta de que nunca he estado sin hacer nada. Siempre me he lanzado en estampida detrás de aquello que brillara y llenara mis días . Siempre he creído que si quieres algo hay que ir a buscarlo. Nunca se me había ocurrido que las cosas llegaran sin ir a buscarlas. Somos criaturas obsesivas-compulsivas que transitan espasmódicamente por el tiempo. «Quien espera, desespera», era mi hiperproductivo grito de guerra, pero quizá solo puede crear algo el que se detiene, calla y adormece, quizá solo en esa mente sin estímulos se produzcan ideas como relámpagos capaces de encender algún nuevo fuego.
Es lo mismo que me ocurría en el colegio y la universidad, si no entendía algo hacía lo posible por entenderlo enseguida: fruncía el ceño y me volcaba en comprenderlo con el afán de pasar rápidamente al siguiente desafío. Si no lo conseguía casi inmediatamente, decidía que no era importante y no perdía el tiempo. Siempre he sabido que hay que ser paciente, aunque no fuera la mayor de mis virtudes, pero nunca se me había ocurrido que para conseguir algo me bastaría sentarme y esperar.
La felicidad, el éxito, la revelación, son como una manta demasiado pequeña que siempre deja alguna parte sin cubrir. Pasa como con el sueño en una noche de insomnio: cuanto más lo perseguimos, más nos elude.
Tecleo en la pantalla unas cuantas preguntas: ¿qué quiero? ¿A dónde voy? Si solo pudiera hacer una cosa en lo que me queda de vida, ¿qué sería? ¿qué no puede esperar?
Miro las respuestas y ninguna de ellas me parece digna de mí. Ni suficientemente grande, o bella, por no hablar de justa. Nada me parece verdadero. Quiero muchas cosas que quiere la gente a mi alrededor: un coche más grande, unas vacaciones en Praga, una mujer a mi lado y diez pidiendo turno, descansar y dejar de trabajar en un trabajo que odio, parar y bajarme de la noria, retozar en la hierba fresca una mañana de mayo, ser el tipo más ocurrente de la fiesta, el profesor Keating subido a una mesa arengando a mis alumnos del club de los poetas muertos, ser admirado por la gente, tener un millón o diez en la cuenta corriente, ser invisible y fisgar en los probadores de señora, un ladrón de guante blanco, tener el control absoluto de mis horas.
Espero que haya algo que haga clic. Por el momento, mis querencias son un enjambre de abejas.
Escribo de cuando en cuando alguna observación al azar en la pantalla.
Tengo ganas de levantarme y largarme.
De repente, todo me parece fútil.
Me canso.
Me vengo abajo.
Me calmo.
Ya me ha pasado varias veces los últimos días: siento ganas de dejar la exploración y volver a mis tareas de siempre. Esto es la anti-productividad. ¿Qué estoy sacando en claro de pasar las horas muertas en un recinto público sin hacer nada? Debí haber pedido más detalles. Tenía que haber cuestionado la imposición de no hacer nada durante tanto tiempo. No supuse que fuera tan difícil. El segundo día tuve que instalar un programa de bloqueo de internet y redes sociales; ahora, si quiero consultar el correo tengo que reiniciar el computador. Lo hice un par de veces: consultaba el correo o miraba mensajes personales, pero volvía a desconectar el sistema a los pocos minutos. Entonces, volvían a arremeter las ganas de entretenerme, pero el fastidio de tener que reiniciar me empezó a disuadir. Tras unos pocos días soy capaz de sumergirme en mis pensamientos durante horas sin ceder al ansia de estimulación. Esto es lo que he conseguido en los últimos días; esto y emborronar algunos folios en papel con palabras tomadas al azar y con flechas que las conectan. He hecho alguna caricatura para matar el tiempo. He estrellado mis pensamientos contra la nada.
Con todo, he dado un paso, estoy logrando vencer el deseo de salir en estampida hacia algo más inmersivo: una conversación con un ser de carne y hueso, un espectáculo, un libro, una pantalla. En la proverbial habitación propia, me estoy acostumbrando al desfile de ideas y emociones que surgen cuando estoy solo. Los fantasmas aparecen, sí, pero cuando los miro de frente no soy el primero en pestañear.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
Solo trabajo y nada de juego hacen de Jack un niño aburrido.
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Estoy sentado en una cafetería en el centro de una ciudad europea delante de mi portátil. Si ahora estuviera escribiendo una postal a un amigo, el mensaje sería el siguiente: «No pienso en ti». El tic tac del cursor marca los segundos, pero no siento urgencia.
Las reglas son simples: durante los n próximos días me voy a sentar durante cuatro horas en silencio, libre de interrupciones externas, libre del flujo de entrada de información, a solas conmigo. Voy a hacerlo según la técnica de las 0 alternativas.
Tengo una pantalla con una hoja en blanco delante, pero no tengo que escribir si no quiero: no hay metas. No hay fecha límite. No hay nada que hacer. Esto acabará cuando tenga que acabar.
Él me dijo que saber lo que uno quiere es sencillo. Basta con aislarse durante cuatro horas, desconectar internet, y escucharse. Y eso día tras día. Dijo que en el metafórico bosque no hay wifi, pero que siempre encontraré una mejor conexión. Y es lo que estoy haciendo ahora. Escucharme a mí mismo. No hay nada que hacer, simplemente me siento y siento.
He entrado en E1 y espero no salir de aquí en cuatro horas. No hay conexión inalámbrica, he cerrado todos los programas excepto mi bloc de notas.
Le pregunté si se podría acelerar el proceso y aislarme durante ocho o doce horas al día. Me dijo que sí, que podría acelerarlo, pero que entonces me llevaría el doble o el triple de tiempo y un múltiplo de sufrimiento.
He de pensar como un economista, no como un ciudadano normal. Los rendimientos decrecientes empiezan a operar muy rápido. Parece que hemos de caminar cada vez más rápido para cubrir la misma distancia, todos queremos ahorrar tiempo e ingresarlo en el banco para acumularlo y luego exprimirlo en mil y una actividades.
El portátil cumple dos funciones: me proporciona una coartada para pasar varias horas sin hacer nada en un recinto público —simulo que estoy trabajando— y me permite articular los pensamientos y fijarlos en mi memoria extendida; más que eso, me permite pensar más lentamente. El sistema de producción del Yo Ocurrente siempre está bullendo y necesita pausar el paso.
Dicho esto, no me siento obligado a escribir una sola palabra; voy a pensar como un economista, no como un contable o un capataz en una cadena de producción; voy a pensar en términos de valor generado y de costes de oportunidad, no de unidades producidas, de páginas escritas o de fases del proyecto completadas.
No hay hitos. No hay objetivos. No hay entregables. Solo hay una regla: cuatro horas diarias sentado sin hacer nada durante n días.
Él se sonrió cuando le planteé acudir a un retiro de meditación . Me dijo que por muy lejos que me fuera, siempre me llevaría conmigo, que no podía escapar a mí sombra por mucho que corriera o por muy lejos que fuera o por exótico que fuera el paraje. El verdadero viaje de descubrimiento no requiere que cambie de lugar; lo puede facilitar, pero no es imprescindible. Me dijo que la embriaguez que produce la novedad de nuevos paisajes, gentes y culturas la puedes alcanzar «cambiando de ojos». Supongo que quiso decir cambiando de mirada: como buen gurú, salpica su discurso de parábolas y juegos de palabras.
Me revuelvo en la silla y me late el corazón más rápido. Qué diablos hago sentado en una silla sin hacer nada. No soy capaz de permanecer sentado mientras el barro se endurece, sigo buscando la satisfacción inmediata, o al menos reducir la desazón. Quiero consultar el correo electrónico, quiero mirar alguna de las redes sociales donde estoy inscrito y llenar el espacio vacío.
Me resulta difícil hacer caso a las reglas que me marco a mí mismo. Las reglas están para romperse, me suelo decir; después de todo, soy un espíritu libre. Más difícil todavía es hacer caso a las reglas que provienen de otros, por mucho expertismo que acumulen, por muy gurús que sean, por muchas que sean las recomendaciones con las que vienen bendecidas.
Nadie me ha puesto una pistola en la sien y podría faltar a mi palabra ahora mismo, pero algo me dice que tengo que seguir. Cuatro horas al día sentado sin hacer nada esperando la revelación que rompa el nudo gordiano de mi indecisión y aplicando la técnica de las 0 alternativas de Raymond Chandler.
Tuve que buscarla en internet, jamás antes había oído hablar de ella. Raymond Chandler fue un famoso escritor de historias de detectives y creador del famoso personaje Philip Marlowe, entre otros. Como todo novelista, tuvo que desarrollar métodos de autocontrol para obligarse a escribir aunque no le apeteciera. Vivió la gran depresión y sobrevivió a base de escribir relatos de pulp fiction , relatos cortos en revistas de baja calidad. Puesto que a la fuerza ahorcan, dio con un método que le permitió disciplinarse todos los días a pesar de su tendencia a la postergación. La técnica consiste en reservar cuatro horas al día para escribir y seguir dos reglas:
- No puedes hacer otra cosa que no sea escribir
- No tienes que escribir.
Adivino que con esta técnica se evita la natural tendencia de dejar para mañana las tareas incómodas, pero al mismo tiempo, se proporciona una salida al bloqueo del escritor: si no se te ocurre nada, si no te apetece, si la mente no está clara para escribir, puedes no escribir y evitar el sentimiento de culpabilidad de no estar produciendo. Chandler decía que ocurría como a los niños en el colegio, que al estar obligados a permanecer en el aula, aprendían algo, aunque fuera para evitar el aburrimiento.
Para un escritor, especialmente para un novelista, un maratoniano de las letras, que a diferencia de un periodista o articulista no tiene jefe, fechas límite, ni artículos que entregar, es capital que sepa encadenarse a la silla. Víctor Hugo entregaba toda su ropa a su criado y escribía desnudo para no poder salir de la estancia y no hacer otra cosa que no fuera escribir. Chandler no llegaba a tanto, simplemente reservaba esas cuatro horas diarias y escribía o no hacía nada, de ahí el nombre de la técnica.
Me apetece hacer cualquier cosa menos hacer introspección. ¿Qué es lo que quiero? ¿Cuál es mi propósito? Dónde voy. Quiero un millón de cosas, a menudo contradictorias. Quiero mantener mis opciones abiertas.
Siento palpitaciones en las sienes, la mandíbula está tensa y aprieto los dientes, creo que tengo principios de bruxismo, veo a la gente entrar y salir al establecimiento
Voy a escucharme. No hay ningún cálculo que hacer ni tarea que completar. Algo va a emerger. Eso me dijo:
Algo emergerá, quieres lo que quieres, pero quieres muchas cosas, pero no todas pesan lo mismo, y seguramente escuchas a las que más gritan, a las voces que tiran de las mangas de tu chaqueta como niños caprichosos. Las voces que más gritan y que parecen más urgentes no son las más genuinas. Lo sutil no hace ruido, lo sutil es una corriente subterránea que corre silenciosa.
Cuando lo dijo, me sonó a fragmento del Tao Te Ching, a frase ya vista, dicha, sabida; sin embargo, seguí escuchándole. Qué puede hacer un náufrago más que agarrarse a un tronco ardiendo. «Algo emergerá». Pero qué, no puedo convocarlo, ni siquiera definirlo.
Si no hubiera bloqueado la conexión de internet y apagado el teléfono ahora estaría viendo un videoclip de dos minutos, respondiendo al correo o vagando por E3. He mandado a mis marineros que me aten con sogas al mástil para protegerme de mí mismo. Las sirenas de las ganas y las desganas aúllan ahí fuera. Suplico a los marineros que me liberen, la liberación a un clic de distancia, el mundo en las yemas de mis dedos. Las sirenas son de los bomberos, hay fuego en algún sitio, alguna vida se está quemando.
—
Los torturadores de todo lugar y tiempo siempre han sabido que el aislamiento es la mejor forma de quebrar al prisionero. Cuando se quiere castigar al recluso se le aísla en habitaciones insonorizadas, sin luz natural y sin acceso a lectura u otro entretenimiento. En prisiones de alta seguridad para criminales peligrosos, un interno que esté amenazado por otros reclusos y cuya vida peligra prefiere arriesgarse a perderla que vivir aislado del resto de los reclusos en alguna celda protegida.
Yo me estoy aislando socialmente durante cuatro horas al día. Soy mi torturador. No puedo charlar con nadie ni obtener ilusión de compañía a través de redes sociales o correo electrónico o conferencias en línea. Estoy en un recinto perteneciente a E2, pero he decidido deliberadamente recluirme en E1, es decir, en mi mente y sus productos. Todo contacto con el mundo exterior, ya sea en E2 o en E3, está vedado.
Cuando no soporto la procesión de imágenes mentales y frases azarosas que me bombardean, miro fuera y me siento como el niño mirando la pecera contemplando el trasiego: la gente entra y sale, piden un café o un pastel, intercambian palabras guionizadas y siguen con sus vidas.
No es que este aislamiento me resulte difícil. Cuando estaba en la universidad siempre me sentaba en la primera fila, no hablaba con nadie y mi interacción social se limitaba a no intentar colisionar con objetos en movimiento en los pasillos. A veces, les miraba a los ojos para adivinar sus intenciones, pero la mayor parte del tiempo seguía con mis asuntos y mis círculos sociales de siempre. Por supuesto, con el tiempo, y debido a las demandas reproductivas tuve que aprender a relacionarme con el otro sexo y trabajar en equipo, pero mi tendencia primaria se ha mantenido.
Para mí, lo verdaderamente difícil es el aislamiento informacional, no tanto el social. De repente, es como si las luces se apagaran y mi mente se rebelara ante la oscuridad. No hay nada ahí de lo que ocuparse, tampoco tengo que resolver ningún problema matemático o técnico. Tampoco tengo que ingeniármelas para conseguir la colaboración de otro ser humano o hacer esfuerzos por comprender algún documento complejo. No hay recados, no hay tareas en mi lista de cosas de hacer que tachar, no hay mensajes que espera, noticias que leer o escuchar. Es como si estuviera en una celda de 2×3 metros cuadrados con paredes de cemento y sin ventanas en el corredor de la muerte esperando el indulto del gobernador del estado.
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En los años 50, el doctor John Lily inventó la cámara de aislamiento sensorial para estudiar los efectos de la eliminación de los inputs sensoriales y comprobar la hipótesis sobre el origen de la energía mental: se suponía que sin estímulos externos el cerebro no tenía razón de ser y se sumiría en el sueño. La otra hipótesis era que el cerebro era su propia fuente de energía y que estaba generando continuamente simulaciones mentales, entre ellas el sentido del yo y la identidad; así fue: en vez de un estado mental amodorrado propiciado por la ausencia de estímulos, los sujetos se mantenían conscientes y comenzaban a generar su propia realidad, era el cerebro el que empezaba a crear los estímulos y el sujeto experimentaba alucinaciones. A esto quizá ayudaba que el doctor Lily estudiara simultáneamente los efectos de agentes psicodélicos, principalmente el LSD.
Me imagino sumergido dentro de una bañera cerrada insonorizada con agua salada a la temperatura del cuerpo. Gracias a una solución de sales de epsom, que aumenta la densidad del líquido, mi cuerpo flota sin hundirse. En esta cámara no entra ruido, llevo tapones para que no entré agua en los oídos. La sensación es placentera, como si estuviera en el útero materno flotando en líquido amniótico, no hay fricción y el fragor del mundo me llega como un sordo eco que se desvanece.
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Tú no necesitas este blog
Ni ningún otro blog.
El título de este artículo no es un ejercicio de pensamiento inverso, ni un reclamo publicitario, ni una forma barata de llamar la atención, ni quiero inducirte a que pienses que SÍ necesitas este blog (de la misma manera que si te digo que “No pienses en una elefanta rosa con un paraguas andando sobre la cuerda floja” no podrías evitar formarte la imagen de la elefanta rosa).
Es un título honesto que transmite una idea sencilla: no necesitas este blog.
Por supuesto, puede haber excepciones (un 1% de los lectores durante el 1% de su trayectoria vital), pero hablo para la mayoría de los que leen este blog con cierta frecuencia (una vez al mes): vosotros (la mayoría) no necesitáis malgastar vuestro valioso (y escaso) tiempo leyendo (de cuando en cuando) este blog.
Ni ningún otro.
¿Por qué?
Porque puedes morir de inspiración. Hay gente que de tanto inspirarse termina expirando. La inspiración es barata, cualquiera puede inspirar a otro ser humano con palabras, imágenes o sonidos; y si el aspirante a inspirador no tiene la habilidad artística, literaria o retórica, seguro que sabe enlazar un video de un tipo que recorre el mundo ejecutando bailes ridículos, referenciar una película de contenido existencial (por ejemplo, El día de la marmota, Up in the air o Lost in translation) , o comentar lo mucho que le cambió la vida el discurso de graduación de Homo Mínimus en la universidad de Wisconsin.
No, no necesitas inspiración, necesitas acción consecuente. La inspiración es como la comida basura del espíritu (excita pero no satisface). Si estás vivo ya estás inspirando e inspirado, ya tienes el fuel emocional para iniciar la acción; no busques más inspiración, busca convertir tus mejores deseos en proyectos y acción consecuente aquí, ahora, ya.
Porque puedes morir de infoxicación. Hay gente (yo) que se pasa la vida recopilando ideas, técnicas, métodos, sistemas infalibles que les (me) haga(n) sentir seguro(s) antes de dar el primer paso. Este blog es un monumento a ese afán recopilatorio.
Los llamados blogs de productividad, un género en sí mismo, responden a esta necesidad de dar con la fórmula, la bala de plata, las pepitas de oro informacionales, el bálsamo de Fierabrás, el Dorado, la panacea, la solución universal al problema de la eficacia y la eficiencia en la organización personal.
Pero el contenido valioso de un blog se resume en menos de tres páginas, el resto es relleno y repetición: a la gente le gusta volver una y otra vez sobre las mismas ideas para solazarse, reconfortarse, sentir que tienen la clave, el collar que nunca acaban de poner al gato.
Porque puedes morir de sturgeonitis. Porque todo lo que lees aquí es tiempo que quitas a las actividades de verdadero valor, al 20% de la ley del 80/20. Es mucho más fácil leer este blog (o cualquier otro blog) que hacer una pequeña acción consecuente en la dirección correcta o replantearte si has pensado alguna vez sobre la dirección correcta.
¿Qué es mejor que este artículo? Que pases cinco minutos contigo mismo reflexionando sobre el día. Que pases un fin de semana mirando hacia atrás y buscando significado en tu pasado. Que pases un mes inmerso en un proyecto personal desconectado del celular o de tu conexión wifi. Que des un paseo. Que medites durante un minuto. Que llames a un amigo y tomes una cerveza.
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En resumen, no pienses en una elefanta rosa.
Cien maneras de enganchar a los lectores de tu blog
1. Compras una caña de pescar y sales a la calle a ver qué pescas.
2. Sé radicalmente honesto. Por ejemplo, “Lector, eres un gilipollas” (seguro que aciertas con un 3% de tus lectores; no des nombres: no es elegante y, de todos modos, ellos ya saben quiénes son).
3. Sé honestamente radical. Por ejemplo, “Solo quiero tu atención para sacarte el dinero y vivir sin trabajar mientras viajo por el mundo, panolis, que eres un panolis”.
4. Promételes el oro y el moro. Yo prometí, a bombo y platillo, escribir un libro en un año. No lo hice.
5. Págales para que se suscriban al blog, después escribir artículos geniales y terminar haciendo que paguen por seguirte.
6. Traduce y regala un libro de un autor famoso: por ejemplo, focus, de Leo Babauta
7. Traduce y regala otro libro de un autor famoso: por ejemplo, El pequeño libro de la satisfacción, de Leo Babauta
8. Traduce y regala otro libro de un autor famoso: por ejemplo, La gran destreza, de Leo Babauta.
9. Crea un curso gratuito que dure un año. Por ejemplo, Los tres hábitos que cambiarán tu vida.
10. Crea una visión inspiradora y envuélvela en palabras anfetamínicas.
11. Vende la ilusión del cambio, como en Los tres hábitos que cambiarán tu vida.
12. Proporciona herramientas para convertir las ilusiones en acciones y quizá en resultados.
13. Proporciona recompensas variables. No seas sublime sin interrupción. Así reforzarás el circuito neurologico de recompensa y bañarás en dopamina a tus lectores: siempre vendrán a por más, esperando el gran artículo y solo obteniéndolo de tarde en tarde.
14. Haz uso y abuso del humor. Y de los retruécanos.
15. Crea variedad en tus artículos haciendo participar a los lectores. Por ejemplo: Bloguero a la carta, cien platos en el menú.
16. Artículos apocalípticos. Por ejemplo, Cómo perder el alma en tres cómodos pasos.
17. Artículos absurdos. Por ejemplo, Cómo empezar una conversación con una mujer.
18. Artículos experimentales.
19. Intenta “refutarte” como escritor todos los días.
20. Busca la variedad a través de la gente con la que te relacionas y después escribe sobre esa variedad personal que te vas encontrando. Esa es la esencia de mi Proyecto 52 paseos con al menos 52 frikis, todavía vigente. Llevo 28 paseos con 28 frikis.
21. Crea una comunidad en tu blog. Lo intenté en Somos 17 y estamos locos.
22. Crea una tribu y produce encantamientos que te conviertan en el chamán de la tribu.
23. Estudia a los encantadores de serpientes y princesas desencantadas.
24. Estudia psicología de la personalidad aplicada.
25. Busca a tres blogueros que te atraigan, a ser posible que te deslumbren, y roba implacablemente.
26. Estudia el estilo de James Altucher. Pídele permiso para traducir uno de sus artículos y publícalo en tu blog: James Altucher y su ridículum vitae.
27. Estudia el estilo de Tim Ferriss.
28. Estudia el estilo de Leo Babauta.
29. Busca a blogueros que escriban en tu lengua en un área parecida y prueba a imitar uno o varios elementos de su estilo.
30. Practica la práctica deliberada aplicada a la escritura.
31. Escribe pensando en un lector ideal.
32. Escribe sin pensar en nadie, usa la escritura como un medio de autoexpresión.
33. Cultiva campos de la ciencia, el arte o el mundo de las aficiones muy distintos a aquel sobre el que escribes y extrapola, transfiere o adapta ideas.
34. Baila el baile del pato.
35. Créate retos semanales.
36. Aprende el método de aprendizaje de Tim Ferriss, DiSSS, y aplícalo a la escritura de blogs o bestsellers. Lee el artículo de Iván Entusiasmado.
37. Escribe como Dios te dé a entender y reza por que te encuentren lectores que se enganchen a lo que escribes. Entre 7.000 millones de seres humanos quizá encuentres unos miles. Aplica un marketing minimalista para tu blog.
38. Toma unos cuantos dardos. Lánzalos sobre varias paredes distintas. Toma un cubo de pintura y dibuja varias dianas cuyos centros estén en la punta de los dardos anteriores.
39. Escribe todos los días. Lee este fragmento de Ray Bradbury de Zen en el arte de escribir.
40. Intenta enganchar a una persona particular a tu blog. Haz lo humano y lo sobrehumano. Díselo con flores.
41. Haz algo que te pueda hacer perder el interés o la paciencia de tus lectores. Verifica si perdiste el interés.
42. Crea una métrica para medir el interés de los lectores en cada uno de tus artículos. La mía es el número de comentarios, no las visitas, los enlaces o mierdas similares.
43. Parte de la base de que ser tú mismo a veces es un buen camino para enganchar a mucha gente.
44. Parte de la base de que lo último que te conviene para enganchar lectores es ser tú mismo.
45. Sé tú mismo, pero alguna versión mejorada de ti mismo.
46. Asume que eres un Don Nadie, así no tendrás nada que perder y podrás ponerte manos a la obra para dejar de ser invisible.
47. No olvides Siempre Estar Celebrando.
48. Si no te enganchas a ti mismo (motivas), difícilmente podrás enganchar a los demás.
49. Pregúntate: ¿por qué quiero enganchar a la gente a mi blog o libros?
50. Piensa en distintas formas de enganchar peces: anzuelos, redes, cartuchos de dinamita arrojados al río, bolsas de plástico, etc. Luego busca su equivalente para el blog o los libros.
51. Ponte en el lugar de un pez: ¿qué tipo de alimentos te gustan?
52. Ponte en el lugar de la caña: ¿qué tipo de anzuelos te van mejor?
53. Ponte en el lugar del pescador: ¿por qué y para qué pesco?
54. Cuando te sientas desesperado, descansa y vuelve al día siguiente.
55. Cuando te sientas eufórico, descansa y vuelve al día siguiente.
56. Invéntate un santo que patrocine tu blog: Diógenes de Sinope: el santo patrón del minimalismo existencial.
57. Pasa mucho tiempo solo.
58. Funde tu identidad con la chusma: pasa mucho tiempo sumergido en el colectivo, la tribu, el grupo, el rebaño, la piara, el banco de peces, la manada, la bandada, el grupo de meditación budista o algún partido de izquierdas.
59. Habla de religión y política en la primera cita. Si tienen que saber la verdad que sea cuanto antes.
60. Considera que cada artículo que escribes es una muesca en el universo.
61. Mantén una mentalidad de crecimiento (Carol Dweck).
62. Libérate de la mentalidad fija propia de la educación formal.
63. Ten un affaire con una escritora y bloguera de éxito. Yo lo tuve con esta.
64. Aburre a la gente. Y luego les inspiras. Una de cal y otra de arena. Intercala lo excelso con lo infame.
65. Escribe como si nadie te fuera a leer, como si fuera un diario personal. La mezcla de frescura y desinhibición puede enganchar a muchos.
66. Escribe cuatro artículos por cada uno que publiques.
67. Escribe todos los días y comprométete a sorprenderte todos los días. Como resultado, seguro que sorprendes a alguien más.
68. Si escribes en un blog, adornas tus artículos con fotografías absurdas, que no tengan nada que ver con el tema de la entrada. Así parecerá que hay un significado profundo en lo que escribes.
69. No olvides introducir de cuando en cuando una foto de una trabajadora de la limpieza.
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70. En las entradas del blog: viñetas satíricas.
71. Haz uso y abuso del efecto cliffhanger. Te lo recomiendo porque…
72. Reta a tus lectores a algo imposible, por ejemplo, El reto de la ducha fría.
73. Humilla a tus lectores (hay un público masoquista esperando a ser fustigado con tus dardos envenenados).
74. Invéntate afrentas de otros escritores o blogueros y usa la ira como combustible para tu imaginación.
75. Tira un dado por las mañanas y decide con quién te vas a meter.
76. Sé bueno.
77. Sé malo, muy malo.
78. Busca siempre los extremos. El extremo por el extremo.
79. Piensa en diez verdades de la sabiduría popular y crea diez artículos refutando esa verdad.
80. El arte por helarte.
81. Usa la escritura libre en un 7% de tus artículos.
82. Ten una vida interesante. Y si no la tienes, haz como si la tuvieras.
83. No salgas de tu casa, conviértete en un monje de las letras. Tu aburrimiento será una extraordinaria fuente de creatividad.
84. Haz una encuesta informal sobre el tipo de lectores que te leen actualmente. Usa esa información para hacerles un traje a la medida u obtener ideas.
85. No te preocupes por si molestas a tus lectores. Un día que no cabrees a un lector es un día perdido. Aquí perdí unos cuantos: La verdad es la verdad, la diga Agamenón o Adolfo Hiitler.
86. Si no se da de baja un lector cada vez que escribes un nuevo artículo, es que te estás aburguesando.
87. Lee sobre cinco temas diferentes todas las tardes.
88. Escribe muchas listas de cien. Por ejemplo: Cien maneras de hacerte miserable la vida,
89. Abre un documento de texto por cada semilla de idea que te parezca más o menos prometedora.
90. Abre un diccionario por una página al azar. Selecciona una palabra. Abre por otro lado. Selecciona otra palabra. Junta ambas palabras y crea un artículo.[Gracias por las ideas, Anca Balaj]
91. Lo mismo que antes pero con tres palabras.
92. Lo mismo que antes pero con cuatro palabras.
93. Muéstrate vulnerable.
94. Haz una confesión al menos una vez al mes.
95. Insulta la inteligencia de tus lectores.
96. Insulta a tus lectores con inteligencia.
97. Actúa como una estrella de rock.
98. Escribe artículos invitados en blogs para mujeres modernillas y frívolas que van de liberadas sobre temas que no te interesen pero que generen carnaza para el vulgo. Por ejemplo, ¿Qué quieren los hombres 2.0?, en el blog de Caro Chan.
99. Intenta llevar al extremo las situaciones cotidianas.
100. No vayas de nada, ni siquiera de ti mismo.
101. Da las gracias a tus lectores periódicamente, no eres nadie sin ellos.
102. Ni ellos sin ti.
Cómo empezar tu vida de cero en quince minutos
- Necesitas un cronómetro. Puedes usar uno en línea o el del teléfono.
- Necesitas un lápiz y una hoja en blanco. No sirve el computador.
- Has de dedicar cinco minutos previos a no hacer nada y diez minutos de pensamientos y emociones intensas y algo de escritura. Esa es tu inversión, si quieres empezar de cero en tu vida en solo quince minutos.
SIGUE ESTOS PASOS SIN PASAR AL SIGUIENTE HASTA HABER COMPLETADO LOS PREVIOS
1º Buscas el material: cronómetro, papel en blanco, lápiz.
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¿YA? Sigue leyendo.
2º Enciendes el cronómetro y no haces nada:
Ves el tiempo pasar y te preguntas cómo demonios puedes empezar de cero en tu vida en solo quince minutos.
¿PASARON LOS CINCO MINUTOS? Sigue leyendo.
3º Empiezas a leer las diez tareas de un minuto y cronometras un minuto para cada una de ellas:
Has de dedicar exactamente un minuto a cada tarea.
Si acabas antes, te quedas rumiando sobre lo escrito. Si no acabas en el minuto, dejas de escribir igualmente.
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Minuto 1.
Piensa en las tres personas vivas más importantes de tu vida ahora mismo.
Si solo hay una, solo hay una. Si solo dos, solo dos. Pero no más de tres ni menos de una.
Toma nota de quiénes son.
EMPIEZA EL MINUTO.
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Sigue leyendo.
Minuto 2
[Si estás en el minuto 2 sin haber empleado el primer minuto para pensar en esas tres personas, este artículo no te servirá de nada. Vuelve y piensa intensamente durante un minuto. ]
Piensa las tres cosas que querrías lograr en tu vida, si no tuvieras pasado y empezaras ahora mismo de cero.
No te limites por lo que crees que es posible. Escribe lo que realmente QUIERES, lo que quieres traer a la existencia en tu vida.
Si solo hay una, solo hay una. Si solo dos, solo dos. Pero no más de tres ni menos de una.
Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 3
Piensa en una persona con la que puedas hablar cara a cara esta semana sobre cualquiera de tus tres metas. Simplemente le comentarás cuál es esa meta y cuáles son tus planes.
Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 4
[Si estás en el minuto 4 sin haber completado alguna de las fases anteriores, estás perdiendo el tiempo]
Piensa 20 segundos en cada una de las metas que te propusiste en el minuto dos.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 5
Aférrate durante todo el año a las tres personas en las que pensaste en el minuto 1. Piensa qué vas a hacer esta semana por una de ellas. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 6
Piensa en una acción ridículamente fácil y sencilla que podrías hacer hoy y te acerque a la meta 1. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 7
Piensa en una acción ridículamente fácil y sencilla que podrías hacer hoy y te acerque a la meta 2. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
Minuto 8
Piensa en una acción ridículamente fácil y sencilla que podrías hacer hoy y te acerque a la meta 3. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
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Minuto 9
Escribe cuándo vas a hacer HOY las tres acciones anteriores. Toma nota.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
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Minuto 10
Da gracias a las tres personas del minuto 1 por estar en tu vida.
Pon ahora mismo por escrito esas gracias.
EMPIEZA EL MINUTO.
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YA.
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4º Resto de tu vida:
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Revisita tus tres metas todas las semanas. Algunas se conseguirán, otras se modificarán, otras desaparecerán.
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Escribe todos los días una acción que puedas completar en el día para acercarte a cada una de tus tres metas.
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Mantente cercano a las tres personas del minuto 1.
¿Qué es el minimalismo?
Un hombre de la calle preguntó a Homo Mínimus:
–¿Qué es el minimalismo?
–Mini-malismo– respondió HM, separando la palabra en dos.
–Sí, ¿qué es el minimalismo, buen hombre?
HM sacó una flauta de su mochila, tocó una única nota, hizo una reverencia y se marchó
El truco definitivo para concertar citas
Iván Entusiasmado en su Proyecto 0.Controla tu vida propone crear protocolos para todas su actividades cotidianas con el fin de hacerlas eficientes y lograr la automatización que le permita orientar sus preciosos recursos volitivos y atencionales hacia las direcciones más provechosas.
Un minimalista robótico como yo no puede menos que sentir simpatía por su megalomaniaco proyecto. Este artículo es mi humilde aportación.
El propósito de este artículo NO es crear un protocolo válido para toda la duración de una cita. La casuística sería interminable, tanto por la diversidad de objetivos de una cita como por las situaciones que se pueden presentar. La complejidad del protocolo sería inabarcable.
Mi intención es mucho más modesta: pretendo determinar cuál es la mejor hora para una cita. Este protocolo es especialmente relevante para una primera cita, pues no ha habido oportunidad de mostrar a la otra parte tus estándares y fijar las expectativas.
Costes de la negociación de citas
Una de las fuentes más importantes de fricción existencial son las citas. Toda cita requiere coordinación. El trabajo de negociación de una cita puede ser grande. La probabilidad de que la gente sea impuntual o que simplemente no acuda a la cita es cada día más alta.

Las pérdidas de tiempo, reorganización de la agenda, tensión de la espera y costes de renegociación son exasperantes. Una cita frustrada puede ser una pequeña gota, pero la acumulación de estas pejigueras diarias pasa factura sobre la calma y la paz de espíritu, además de perjudicar nuestros vínculos personales y profesionales.
Si no sabemos gestionar estas fricciones cotidianas, perdemos energía y bienestar emocional. Es capital que creemos un protocolo para citas. En especial, un protocolo para concertar la hora de una cita.
¿A qué hora concertar una cita o entrevista?.
Para un vendedor, el manejo de la agenda y la fiabilidad en las citas con los clientes es un elemento clave de su productividad, no en vano el grueso de su trabajo consiste en entrevistas diarias con clientes.
Los vendedores veteranos tienen un truco que les permite optimizar el tiempo: Jamás conciertan una entrevista a las en punto o a las y media.

¿Razón?
Es una hora estándar que se suele reinterpretar como “hacia las en punto o hacia las y media”, nunca a las 12:00 o las 16:30. Por eso, siempre conciertan las entrevistas a horas inusuales; por ejemplo, a las 12:07 o a las 16:25, con precisión de minutos.
De esta manera, te aseguras de que las otras personas reciban el mensaje de que el tiempo es valioso y que esperas puntualidad.
Si una hora tan exacta te parece demasiado excéntrica, puedes probar a quedar a las y diez o las y cuarto. Puede servir como solución de compromiso para las personas más medrosas y conservadoras.
La hora de la cita es un observatorio
Te puede parecer una estupidez o un intento ridículo de hacerse notar o, peor, de dar la nota. En absoluto. Los vendedores veteranos explican por qué lo hacen: si quedas a una hora tan precisa trasladas al cliente varios mensajes importantes:
- Esta persona controla su agenda al minuto.
- Me ha proporcionado un hueco en su atiborrada agenda y no es conveniente hacerle esperar, so pena de que pierda la oportunidad de entrevistarme con él.
- Es una persona ocupada. Puede que yo sea importante para él, pero seguro que tiene otros clientes a los que atender, quizá más importantes que yo.
- Un vendedor que controla la agenda con esa precisión es una persona pragmática y eficaz que saca el máximo partido de sus interacciones con clientes. No me va a tener en una charla sin sentido. Cuando logremos los objetivos, que por supuesto tendrá claros, podré irme.

- Es un profesional. Es una persona eficaz y digna de confianza.
- Esta persona es original. Me llama la atención (podría participar en el Proyecto 52 paseos). Quiero saber más. Qué más sorpresas me tendrá reservadas. Concertando una cita con una hora tan llamativa, estás pulsando la tecla de la curiosidad y enmarcas lo que era una cita rutinaria o anodina en una ocasión social con chispa.
- Cumple sus compromisos. Está claro que si me ha citado a las 11.23 am es porque me espera exactamente a esa hora y él en justa correspondencia estará también a la misma hora y no me hará esperar.
- Un último mensaje importante: si en la cita o reunión hay asimetría en las partes, que el vendedor tome la iniciativa y sugiera una hora tan específica equilibra subjetivamente el poder negociador.
Quizá estas disquisiciones te parezcan rizar el rizo, pero ya sabes que en el minimalismo no hay asuntos insignificantes. Hay todo un área de la psicología social y de la microsociología dedicada al manejo o gestión de las impresiones en las interacciones sociales cotidianas.
Considera que la hora a la que fijes el encuentro es como el pequeño hueco de la cerradura a través del cual la otra persona puede ver la habitación de tu personalidad y tu forma de comportarte. La hora a la que fijes la cita es una metáfora de tu identidad.
Cuándo llegar al punto de encuentro
Vamos a suponer que logras aumentar la probabilidad de que la otra persona llegue a la cita puntual. ¿A qué hora deberías estar tú en el lugar de la reunión?
- Llegar más tarde no es una opción. Has apostado por una hora estrambótica y si aparecieras tarde se perderían muchos de los beneficios sobre tu imagen personal apuntados arriba.
- Parecería que lo lógico es llegar en punto. El problema es que te arriesgas que al programar tu llegada a la hora en punto surjan imprevistos en el camino que demoren tu llegada: más tráfico del habitual, vías de acceso bloqueadas, retrasos en aviones, asuntos urgentes, etc.
- Lo más conveniente es llegar con un margen de seguridad que dependerá de la distancia al lugar de la cita y de la importancia de la cita y que te permita ser puntual la mayor parte del tiempo.

Pero tengo una objección a la puntualidad: ¿no es acaso cierto que si nunca pierdes un avión es que estás pasando demasiado tiempo en los aeropuertos?
En principio, es cierto que si no te arriesgas a llegar tarde nunca es porque por término medio estás llegando con mucho más tiempo del razonable. En este sentido, la puntualidad máxima (100% de las veces) es una mala política de asignación del tiempo. Pero si tienes en cuenta que puedes hacer un buen uso de las esperas y con ello mejorar la calidad de las entrevistas, llegar con antelación puede ser una buena idea.
Como sería una molestia computacional tener que calcular en cada caso el tiempo de antelación, sugiero protocolizar la antelación con la que alcanzar el lugar de la reunión:
- Para una cita habitual en distancia de desplazamiento e importancia, 15 minutos.
- De media hora para una cita con riesgo o importancia mayores.
- Para citas en que la distancia sea grande (por ejemplo, varias decenas de kilómetros) o/y que sea de gran importancia (por ejemplo, un examen, una entrevista de trabajo con los socios de la empresa o un contrato cuantioso), fijamos la antelación en una hora.
- Para reuniones en el mismo edificio y de poca importancia, el tiempo se puede reducir a 5 minutos.
¿Cómo sacar partido del tiempo de espera?
Los 5, 15,30 o 60 minutos de espera pueden emplearse en disponer el espíritu para el tipo de interacción social que tienes por delante.
Somos animales territoriales. Nuestras emociones dependen mucho de la familiaridad con el entorno físico. Si estás en territorio desconocido o enemigo, es crucial que explores el terreno: las salidas de emergencia y las vías de acceso, la sala donde se celebrará la reunión, la localización del cuarto de baño , la fotocopiadora, la máquina de café y cualquier otro punto relevante para la interacción prevista.
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El tiempo de inspección mitigará la ansiedad propia de las interacciones con otros seres humanos; en especial, cuando la jerarquía no está definida o tu estatus es inferior al de la otra parte.
Si estás en una cita romántica, donde la tensión es normal, tu conocimiento del terreno se transformará en seguridad personal y transmitirá una atractiva sensación de control.
Preparativos estratégicos. En una entrevista en la que se tenga que hacer uso de información y requiera actitud estratégica, sería conveniente recordar los objetivos y metas de la entrevista, los puntos a tratar y aquella información clave que habrá que recopilar durante la actuación social. Unos pocos minutos de relax y planificación pueden determinar el resultado.
Las fuerzas de élite antes de entrar en acción llevan a cabo rutinariamente un BAR (Before Action Review) o Revisión Antes de la Acción para incorporar a su memoria a corto plazo los objetivos de la misión y la información necesaria para la ejecución.
En esta revisión formal, fijas tus intenciones para la interacción en curso y determinas cuándo darás por acabada la conversación. Si se trata de un asunto complejo, puedes crear un pequeño plan de contingencias expresado en forma de regla SI—ENTONCES. Por ejemplo, “SI sube la voz, ENTONCES bajo la voz” o “SI solicita un precio mayor que X, ENTONCES pido un aplazamiento de la reunión”.
Referencias
No seas perro, ¡agita la campanilla!
En el pasado, no empezaba a escribir artículos de blog hasta que me venían las ganas. En el presente, me pongo a escribir el artículo al principio de la mañana, me apetezca o no.
Mantras y perros de Pavlov
Los perros salivan a la vista de la comida. La comida es el estímulo primario que produce el acto reflejo de la salivación.
Pavlov, el fisiólogo ruso, hacía sonar la campanilla cuando iba a alimentar a sus perros. Los perros asociaron el sonido de la campanilla con la visión de la comida.
Más adelante, Pavlov hacía sonar la campanilla pero sin mostrar la comida. Los perros salivaban igualmente.
Pavlov había creado un reflejo condicionado: un estímulo diferente del primario, el sonido de la campanilla, generaba la misma respuesta que la visión de la comida: el salivado.

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Cada vez que hago algo nuevo y bueno, me digo, por ejemplo: “En el pasado, no me cepillaba los dientes después de cenar; en el presente, me los cepillo me apetezca o no.”
Así de simple: “En el pasado… En el presente…”.
Este mantra es mi particular campanilla de Pavlov. Estoy asociando el mantra con el momento de acostarme y la acción de cepillarme los dientes.
Llega una noche en que llego tarde a casa, estoy muerto de sueño, voy a dejar el cepillado para mañana, por un día no pasa nada… Entonces, me doy cuenta y saco la campanilla mental en forma de mantra: “En el pasado hacía así… En el presente hago asá”. E inmediatamente me lanzo a hacer el asá.

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Campanilla mental de propósito general
Imagina que has resuelto lavar los platos al final de la cena, en vez de dejarlos en la pila hasta la mañana siguiente. Pero precisamente hoy estás muy cansado. Después de todo, son solo dos o tres platos. No se va a caer el mundo si lo dejas para mañana. Mañana empiezas. Qué más da empezar un día antes que un día después.
Es el momento de usar el mantra:
“En el pasado dejaba los platos sin fregar hasta la mañana siguiente; en el presente los friego justo después de cenar”.
Te levantas como un resorte y automáticamente te pones a fregar los platos.
El mantra «En el pasado… (lo que sea); en el presente… (lo que sea)» se ha convertido en una campanilla de propósito general que te impulsa a hacer lo que no te apetece. Antes te esforzabas y vencías la pereza, solo cuando te sentías motivado o con energía, ahora lo haces también cuando repites el mantra.
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Enlaces relacionados
Regalo en el Día del libro – Quinto cumpleaños de Homo Minimus
Hace exactamente cinco años, un 23 de abril del 2010, escribí el primer artículo en Homo Minimus sobre Minimalismo Existencial.
Desde entonces, he escrito casi 500 artículos… bla, bla, bla.
Voy al grano.
Te voy a proporcionar los enlaces a tres libros pequeños, sencillos y con el potencial de transformar tu vida. Los tres son de Leo Babauta y están traducidos por mí al español.
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Como lo que satisface más profundamente es lo que entregas, te pido que reenvíes por correo este artículo a tres amigos como regalo por el cumpleaños de Homo Minimus y la celebración del día del libro.
O bien, tuitea o publica el regalo en twitter y facebook. De todos modos, un correo para un amigo es siempre más cálido.
Por favor, envía el regalo a tres amigos o familiares (¡si quieres a más!, por supuesto) que puedan apreciar el regalo y a los que a su vez tú aprecies de verdad.
focus. Un manifiesto por la simplicidad en la era de la distracción.
El pequeño libro de la satisfacción. Una guía para ser feliz con la vida y con quien eres mientras logras hacer cosas.
La gran destreza. Cómo el arte del desapego transformará tu vida. (traducido en colaboración con Elisa Erbali).
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Espero que los lectores de estos libros aprendan y hagan un poco mejores sus vidas.
Gracias por acompañarme en el camino,
El libro es el camino. Cómo leer un libro con atención plena (2ª parte)
Rafael Tejado, del blog Hacking the obstacle, nos visita de nuevo con la segunda parte de un experimento intelectual especialmente interesante para los informívoros y demás trabajadores del conocimiento: la lectura con atención plena.
En el primero de los dos artículos, Cómo leer un libro con atención plena 1ª parte, nos presentó un método de lectura minimalista con atención plena.
En este segundo artículo, después de poner en práctica el método y leer el libro The Obstacle is the Way, nos informa de los resultados del experimento y sus conclusiones.
Además, puedes leer una interesante reseña de The Obstacle is the Way en su blog.
Hace aproximadamente un mes escribí un artículo proponiendo un experimento. En él pondría a prueba un método de lectura con el fin de sacarle el máximo partido a un libro en concreto: «The Obstacle is the Way». Con el libro terminado y todo el trabajo hecho, vuelvo aquí a contarte las conclusiones que he sacado.
Dentro del experimento propuse 3 preguntas sobre el proceso que debía contestar al finalizarlo. Así que voy a usarlos de esqueleto para este artículo.
Para no entremezclar lo que he extraído del libro con lo que es el experimento en si, he decidido escribir otro artículo en mi propio blog en el que resumo los puntos más importantes.
Antes de entrar en materia, te hago un pequeño resumen de las conclusiones que he extraído del experimento:
- La regla de las 3 preguntas es fundamental por su rendimiento (poco tiempo – grandes resultados).
- Las tareas que producen una mayor fricción, pasar contenido a tarjetas y escribir una artículo resumen, dan grandes beneficios por lo que demandan de ti.
- Lo que obtienes de un libro no depende tanto de la calidad de éste como de la forma en que lo lees. A mayor implicación y entrega, mayores beneficios.
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1ª pregunta: ¿Dónde se encuentra el 80% de los resultados obtenidos?
Responder a esta pregunta me ha costado bastante. Muchos de los lectores conoceréis de sobra la ley de Pareto o regla del 80/20. Por mi parte soy un firme creyente de ella.
Pero en este caso me he encontrado con que cada una de las piezas del proceso puesto en marcha cumple una función concreta e irremplazable.
Debo decir que me ha sorprendido mucho el potencial que poseen unas actividades que a priori son tan simples como hacerte 3 preguntas antes de leer y sacar 3 conclusiones nada más terminar. Comparadas con las otras actividades, la relación inversión de tiempo frente a resultados obtenidos es abrumadora. Por lo que si me obligaras a quedarme con una sola práctica, seguramente sería con esa.
¿Por qué es tan grande esa relación inversión/resultados? Porque esas preguntas mínimas te dan una orientación cuando te enfrentas al libro. Hacen que no pierdas de vista el propósito por el que estás leyendo. Es como si estuvieras de cacería, tratando de cobrarte la pieza que supone la respuesta a esas preguntas.
Sin embargo, las posibilidades de que todo el esfuerzo realizado leyendo el libro se pierdan en los recónditos rincones de la memoria son muy altos si no se aplican las otras dos fases posteriores, de las que hablo a continuación.
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2ª pregunta: ¿Qué ha causado una mayor fricción?
Precisamente, esas dos últimas partes del proceso que planteé han sido las que mayor fricción me han causado.
No voy a engañarte, es muy pesado el ir repasando todo lo que has leído en busca de anotaciones y cosas subrayadas que has ido dejando por el camino y pasándolo a mano a tarjetitas del demonio que al final ocupan casi lo mismo que el libro.
Y de ponerte a escribir mejor ni te hablo, ¿no? Que todos sabemos la pereza y el bloqueo mental que nos produce la simple idea de pensar en ello.
Venga, otro problema extra del método. Dialogar y sobar un libro es un tipo de lectura MUY lenta. Llega a desesperar. Me ha costado leer un libro de menos de 200 páginas 2 semanas. (Sin seguir este proceso lo hubiera devorado en 2-3 tardes como mucho).
¿Pero para qué sirve todo este trabajo lento y aburrido? Precisamente para poder establecer conexiones con lo que has leído, que las ideas se asienten en tu cerebro y se expandan a otros rincones de tu vida. ¿Quieres un ejemplo?
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Gracias a este libro me doy cuenta de que pasar por el tedioso proceso de las tarjetas, el leer lento y escribir artículos es un obstáculo en si mismo, y como tal, supone una oportunidad de crecer y mejorar.
Las cosas que duelen enseñan. —Benjamin Franklin
Los días leyendo a un ritmo deprimente dolían. Pero disfruté de cada página, extraje conclusiones sobre mi mismo y el mundo que me rodea, tuve un auténtico diálogo con el libro que me conectó con una filosofía que encaja perfectamente en mi forma de entender las cosas.
Las horas pasando citas a tarjetas dolían. Pero me sirvieron para recordar ideas, reflexionar sobre su contenido, conectarlas con otras ideas y parir las mías propias.
Los primeros instantes antes de ponerme a escribir, hace apenas una media hora, me han dolido. Pero ahora me tienes aquí compartiendo contigo aquello que he aprendido, invitándote a que pruebes una forma distinta de leer.
Nunca lo olvides, en cada obstáculo se encuentra la oportunidad de mejorar nuestra condición.
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3ª pregunta: ¿Añadir/Eliminar?
¿Añadir más cosas a un proceso tan largo? Habría que pensarlo seriamente.
Una cosa que caí leyendo un artículo que escribió Santacenero a modo de respuesta a mi entrada original era el uso de mapas mentales.
Son una herramienta muy útil para asentar los conocimientos a través del manipulado de los datos. Se podría decir que cumple una función parecida a la de las tarjetas, aunque con una perspectiva más estructural y visual.
Sin embargo la ventaja que aportan las tarjetas es su flexibilidad para poder utilizarlas a la hora de escribir artículos o plantear discursos. Al ser unidades independientes de conocimiento se pueden ubicar donde queramos desarrollando relaciones muy sorprendentes.
A fin de cuentas no creo que sean incompatibles. Y desde luego los mapas mentales me parecen una adición muy interesante al método. Así que probablemente los pruebe en futuras versiones del experimento.
En cuanto a eliminar… En principio diría que nada. O por lo menos me quedaría con esos 3 pilares fundamentales que serían:
- Regla de las 3 preguntas.
- Lectura dialogando con el libro.
- Traspaso a tarjetas + Artículo resumen
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Eso sí, hay un problema fundamental en la implementación de todas estas prácticas de golpe. Las probabilidades de abandono queriendo hacerlo todo de buenas a primeras seguramente son muy altas. Sobre todo si no estás acostumbrado a leer con asiduidad.
Por eso creo que empezaría priorizando la regla de las 3 preguntas y el diálogo con el libro para ir haciéndote el cuerpo al trabajo que realmente supone sacarle el mayor rendimiento posible a un libro.
Aunque no me cansaré de repetir una y otra vez que ese esfuerzo que a ratos parece mortal e insoportable a la larga supone la diferencia entre otro libro más en tu vida y una experiencia que puede revolucionarla y poner patas arriba tus creencias y planteamientos.
Es lo que me ha ocurrido con «The obstacle is the way». Debo confesarte que el libro en si mismo no me ha parecido el mejor del mundo. Es un buen libro, y ya está. Lo que realmente ha hecho de su lectura algo renovador en mi mundo ha sido la pelea constante y la reflexión con los conceptos que en él iba encontrando.
Después de todo esto, no puedo evitar el invitarte a que pruebes a leer de esta manera. Te aseguro que verás como el tiempo invertido en este proceso parezca una tontería comparado con todo aquello que obtendrás de cada libro que leas. Hazlo y cuéntame si de verdad es así o es solo cosa mía. Que lo mismo me estoy emocionando con una tontería… Aunque permíteme dudarlo.
Nada más. Muchas gracias por leerme y espero que en estos dos posts invitados hayas aprendido y la propuesta te haya parecido interesante.
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Referencias
- Cómo leer un libro con atención plena 1ª parte, primer artículo de la serie.
- En el obstáculo está el camino. Reseña de The Obstacle is the way, en blog de Rafael Tejado.
- Cómo leer libros minima-listamente
- Regla del 3+3+3 del aprovechamiento libros
- Aprovechamiento de la lectura, mapas mentales. En el blog Santacenero.
Proyecto 52 paseos con (al menos) 52 frikis
Con motivo de la llegada de la primavera en el hemisferio norte, he decidido iniciar el Proyecto 52 paseos. Espero sea un digno sucesor del Proyecto 52 comidas.
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Propósito
- Practicar la regla F.F.F.F
- Aumentar mi coeficiente de variación social.
- Divertirme.
- Unir socialización con movimiento.
- Mostrarme como un tipo humano, cercano.
Condiciones
- Un mínimo de 25 minutos, un pomodoro.
- La persona o personas han de ser friki-interesantes. Preferentemente desconocidas.
- No puedo pasear con más de 22 personas simultáneamente. No quiero convertirme en Forrest Gump.

- Agenda de la charla-paseo: no hay agenda, como si quieres caminar en silencio.
- Cualquier lugar de España. Tú dime en los comentarios o en mi correo homominimus@hotmail.com que quieres participar y te pongo en la lista. Cuando vaya a tu ciudad, te avisaré. Lo prometo.
- Más adelante, si puedo moverme por Europa y, por motivos de trabajo, por Sudamérica o Centroamérica, anunciaré en el blog que he cambiado de ubicación y daré la oportunidad a otros frikis internacionales.
- A diferencia del proyecto 52 comidas, no me pongo un límite temporal, pero procuraré que haya al menos un paseo por semana.
Preguntas más frecuentes
¿Cómo sé si soy lo suficientemente interesante o friki como para participar en tu proyecto?
Si estás dispuesto a quedar a pasear con un tipo al que has conocido a través de un blog y del que no sabes casi nada, ERES, sin duda alguna, un friki-interesante. Por lo tanto, si te lo estás planteando, es que tienes alguna tara. Vive con ello y escríbeme.
Las personas que no pudieron participar en el Proyecto 52 comidas a pesar de haberse ofrecido están automáticamente en la lista del Proyecto 52 paseos. Cuando pase por sus ciudades serán invitadas a un paseo.
Me gusta el jogging. ¿Podemos quedar para correr?
Sí; también para remar, hacer esquí de fondo o patinar.-

¿Qué tipo de calzado necesito llevar para el paseo?
Zuecos, patines, raquetas para la nieve, tacones, botas de montar, zancos, deportivas y las plantas de los pies, si vamos a pasear por la playa.
¿Qué pasa si no se me ocurre nada de lo que hablar?
Haremos una lista de cien temas posibles de conversación usando técnicas de brainstorming de última generación y, al azar, iremos eligiendo.
Soy una antigua amante, ¿puedo pasear contigo?
No.
Participé en tu proyecto 52 comidas. ¿Puedo ahora caminar contigo?
No. Bueno, sí. Pero solo por ser tú.
¿Puedes resultar peligroso?
Sí. Por eso es conveniente que quedes conmigo en un lugar público a plena luz del día.
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Artículos de la serie Proyecto 52
Revisión proyecto 52 comidas Proyecto 52 comidas F.F.F.F-Regla de las 4 efes Informe de avance del proyecto 52 comidas al 19.3.13 Proyecto 52: ¿con quién comeremos la próxima semana? Autodidactas e interdidactas
El minimalismo es antieducativo
Homo Minimus me invitó a escribir en este blog y me sugirió un tema: el principio de intervención mínima en la crianza. Es, sin duda, un tema apasionante que me interesa muchísimo y que practico, así que creo que tengo algo que decir al respecto. Pero será en otra ocasión.
Hoy quiero hablar de otra relación entre la crianza y el minimalismo que estoy segura traerá debate y, quién sabe, tal vez también un poco de polémica. Y eso, ya lo saben, le encanta a mi anfitrión.
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Antes de entrar en vereda tengo que contarles una cosa: mi hijo no va a la escuela. Se educa en casa y en el mundo entero (literalmente, que para eso viajamos cuanto podemos) así que cualquier lugar y cualquier situación son “educativas” desde nuestra perspectiva. El tipo de educación que practicamos se denomina “unschooling” en referencia más bien a lo que no es y a lo que no hacemos: no hacemos escuela. No imitamos la escuela dentro de casa (algunas familias sí lo hacen). Lo que hacemos es aprovechar la curiosidad natural del niño y sus intereses. Para eso, necesita estar en un entorno rico en experiencias y posibilidades. Cuando más rico, mejor.
En la pedagogía Montessori se habla siempre de “ambiente preparado” en referencia a los espacios físicos donde la educación se desarrolla. Un ambiente preparado, según la perspectiva de Montessori es un lugar cálido y acogedor, con materiales adecuados para los niños y que les permitan acceder a diferentes tipos de conocimiento, teniéndolo todo a su alcance y a su disposición.
En el unschooling un ambiente preparado sería algo parecido pero con menos premeditación. Es decir, en unschooling el niño debe tener cosas a su alcance pero no necesariamente puestas ahí para que él las utilice. Por tanto, una casa minimalista es justo lo contrario a lo que nosotros necesitamos para que el unschooling sea posible.
Recuerdo, como paraíso del unschooling anti-minimalista, el desván de la casa de mi abuela. Allí subíamos mis primos y yo siempre que nos dejaban y, por más que pasaban los años, siempre seguíamos encontrando cosas nuevas. Nuevas para nosotras, claro, porque algunas tenían un siglo. Había allí todo tipo de tesoros:
- Libros cubiertos de polvo, escritos en castellano antiguo (¿cómo diablos hemos pasado de ése idioma al de hoy en día?
- Las libretas donde la bisabuela escribía sus recetas (podríamos hacerlas, a lo mejor están deliciosas).
- Fotos en blanco y negro (¡fotos! pero ¿cuándo se inventaron las cámaras de fotos?).
- Ropa de épocas varias (¡cómo cambian la moda y el diseño!)
- Cartas (esto es personal. ¿Estará mal que las leamos?)
- Enciclopedias (Si mi hijo las viera, él que ha nacido en el año IV después de Wikipedia…)
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Y cuando la tele se estropeó, nos la dieron para que pudiéramos abrirla e investigar en sus entrañas. Creíamos, inocentes como éramos, que podríamos arreglarla o, al menos, entender por qué ya no funcionaba y volver a montarla. No sucedió nada de eso, claro.
Pero no todos los niños tienen la surte de tener un desván como ése, lleno de tesoros y secretos de la historia, así que los padres unschoolers recurrimos a una técnica denominada «strewing» (literalmente, “esparcimiento”). Consiste en ir dejando cosas por la casa, a la vista y alcance de los niños, por si les llama la atención y quieren verlo, usarlo, investigarlo, preguntar… O por si quieren ignorarlo por completo y eso nos va dando pistas de qué cosas les interesan y cuáles no. O aún no.
¿Qué tipo de cosas esparcimos por la casa?
- Libros
- Piezas de construcción
- Cosas que encontramos por el campo (hojas, piñas, piedras, palos, plumas, etc)
- Juegos de ingenio
- Fotografías
- Alimentos de otros lugares poco o nada habituales en nuestra zona
- Documentos antiguos (esos enormes permisos de conducir de color rosa o esos dnis que ya no caben en ninguna cartera)
- Objetos antiguos (un teléfono de rueda, un disco de vinilo, una gameboy…)
- Flyers de eventos variados
- Revistas
- Objetos con texturas y olores diversos
- Mapas
- Imanes
- Instrumentos musicales
- Una brújula
- Y un larguísimo etcétera
No hace falta gastar dinero en estas cosas, pueden ser objetos que ya tengamos, o que nos presten o regalen, o que encontremos en la calle. Podemos dejarlos sobre los muebles, en el baño, en las paredes o incluso dejar abierta una página de internet en el ordenador.

Una casa no minimalista da muchas más oportunidades para que el aprendizaje suceda, especialmente si creemos que el aprendizaje debe partir de la curiosidad natural que todos tenemos (o que teníamos cuando éramos niños y que el “strewing” puede ayudados a recuperar).
¿Por qué?
- Porque permite tener acceso a objetos que no son cotidianos, investigar cómo y para qué funcionan o cómo están hechos.
- Porque permite al niño conocer la historia familiar.
- Porque permite al niño saber cómo era la vida en otra época e investigar los cambios que se han dado.
- Porque permite al niño explorar libremente, más allá de lo que sería un “ambiente educativo” expresamente diseñado para el aprendizaje.
- Porque pone al niño en contacto con disciplinas muy variadas, mucho más allá de cualquier currículum oficial o de cualquier libro de texto restringido a una sola materia.
- Porque nos ayuda a conocer los gustos e intereses de cada niño y así conocerle mejor.
Por todo esto considero que el minimalismo es anti educativo. Por todo eso, en mi casa no se tira nada.
Este es un artículo invitado de mi amiga Laura Mascaró. Es jurista, escritora y unschooler.
Puedes conocer más sobre Laura aquí:
- Página personal de Laura Mascaró, con muchos artículos y preguntas y respuestas sobre unschooling. Puedes suscribirte a un boletín gratuito que envía semanalmente
- Entrevista-podcast en Satori Time a Laura Mascaró sobre la educación en libertad. Por Entusiasmado y Homo Minimus.
- Canal de Youtube de Laura Mascaró. Un montón de videos producidos por Laura o de interés para familias de niños sin escuela muy ilustrativos y esclarecedores sobre la verdad del unschooling.
- Cuenta en twitter.
Entrenando a Mr. Hyde
Coraje es hacer lo correcto sin importar cómo te sientes.
~Doctor Paul
Podríamos reducir el elemento esencial de los procesos de cambio personal a un simple problema: cómo hacemos lo que (creemos que) sabemos que hay que hacer en el momento oportuno nos sintamos con ganas o sin ellas.
Este es también el hilo conductor de nuestro Curso de Perseverancia y las misiones que nos hemos propuesto hasta el momento.
No es tan prioritario encontrar la estrategia o técnica perfecta para la tarea o proyecto entre manos como el impulsarnos a hacer algo que intelectualmente sabemos o creemos saber que es lo correcto.
Podemos equivocarnos en qué es lo correcto, pero mi experiencia y la de muchos es que es mucho más difícil ejecutar que planear o buscar la información necesaria, en especial cuando lo correcto y lo importante o lo que más efecto tiene es difícil o requiere esfuerzo. Esta suele ser la norma. El que nuestra estrategia o técnica esté equivocada, no es gran problema, pues a través de un proceso de ensayo y error podemos ajustarla hasta obtener un resultado suficientemente bueno.
Un ejemplo: todos sabemos que tenemos que hacer para mantener la salud física, al menos los elementos clave. El problema de alguien con sobrepeso no se resuelve comprando más libros, ensayando con nuevas dietas, buscando al entrenador personal perfecto o acudiendo a un curso de crecimiento personal donde el resultado suele ser crecer…sí… pero cinco centímetros… a lo ancho.
Lo esencial es actuar de acuerdo al conocimiento que disponemos. Este es el verdadero cuello de botella del cambio, la capacidad de autorregulación (o voluntad), no el conocimiento, que generalmente está disponible de forma rápida y barata. De hecho, si quieres profundizar y encontrar la solución perfecta la cacofonía de técnicas y opiniones contradictorias puede sumirte en una suerte de parálisis por el análisis.
Un caso personal
La semana pasada me sorprendí haciendo algo bueno, aunque inintencionado y ciertamente inesperado:
Sé que para conciliar mejor el sueño es importante evitar la televisión o los podcasts o las pantallas brillantes, sin embargo suelo llevarme el portátil al dormitorio y eso hace que me duerma más tarde. Esa noche, no sé por qué, no me llevé el portátil. El resultado fue que me dormí en menos de cinco minutos y me desperté a la hora habitual pero mucho más descansado y relajado.
A la mañana siguiente, me di cuenta del hecho y establecí la relación:
No aparatos electrónicos en la habitación —> Me duermo antes.
Me pregunté por qué no podría hacer esto todos los días. Puede ser que estuviera más cansado de lo habitual y que el no haberme llevado el portátil no tuviera nada que ver, pero en todo caso, seguro que las distracciones en forma de pantalla en el dormitorio no son buenas.
Esta es la secuencia:
- Sé que algún comportamiento es bueno.
- Sé que debería hacerlo.
- Sé que no lo hago.
- Lo hago, quizá accidentalmente, una vez.
- Pero no vuelvo a repetir el comportamiento bueno o lo hago de higos a brevas.
¿Cómo conseguiría hacerlo habitualmente, no por mero accidente?
Me di cuenta de que si respondiera a esa pregunta habría dado un gran paso en el desarrollo de mi capacidad de autorregulación.
Como voy siendo día a día más consciente de la necesidad de tomarme el tiempo necesario para los problemas complejos, me limité a escribír en una hoja en blanco la pregunta y la dejé en barbecho esperando la respuesta:
“¿Cómo consigo que un comportamiento deseable que hago por accidente o a veces deliberadamente se quede conmigo?”
El comienzo de la respuesta: la chica y el muñeco
Ese mismo día, surfeando en un descanso de mi sesión de pomodoros me encontré con un artículo de Entusiasmado que me llamó mucho la atención y se quedó en mi cabeza: Cada acción que realizas es un paso al futuro.
En este artículo cuenta el caso de una chica, Veronica Chaos, que en internet se ha hecho famosa teniendo sexo con un muñeco.

La chica explica cómo llegó a hacer una cosa tan extraña:
“Bueno, es una carrera que ocurre paso a paso, es como si el personaje de Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street, que gradualmente se convierte en un artista del engaño, en vez de acabar cometiendo fraudes ilegales acabara con un muñeco eyaculando sobre él con su pene mecánico.”
La conclusión de Entusiasmado es la siguiente:
«Cada acción que realizas es un paso hacia tu futuro … Esa chica no comenzó practicando el sexo con un muñeco después de conversar con él. A algo tan extraño solo se llega poco a poco. A cualquier cosa que esté lo suficientemente distante de lo normal solo se llega poco a poco.»
«Nadie empieza robando un banco. Nadie empieza siendo un gran maestro del ajedrez. Nadie empieza quedándose con el dinero de miles de personas. Nadie empieza siendo premio Nobel de literatura. Cada acción que realizas es un paso hacia tu futuro.«
Veronica Chaos llegó a la situación poco a poco, paulatinamente, fruto de las circunstancias y de ocurrencias por el camino que le animaban a seguir en esa senda; es decir, llegó profundizando en una dirección que no pudo prever y en la que cada paso le fue conduciendo poco a poco a un resultado sorprendente y muy alejado de lo común.
Hay una famosa anécdota de un torero Juan Belmonte que ilustra este mismo concepto en forma jocosa:
«Una tarde en que Juan Belmonte no toreaba, subió al palco de la presidencia, acompañado de su amigo, para presenciar la corrida desde allí. Al entrar en el palco el presidente, a la postre Gobernador Civil, le saludó con cariño y les dio los mejores asientos. Cada vez que el presidente se dirigía a él lo hacía con el tratamiento de “don Juan”. El amigo de Belmonte no comprendía bien todo aquel comportamiento del presidente. Cuando acabó la corrida le preguntó a Juan la razón, y Belmonte respondió:
— Es que fue un antiguo picador mío.
— ¿y cómo ha llegado de simple picador a presidente y gobernador?
Belmonte, con su típica ironía, contestó:
— Pues ya ves, degenerando».
El artículo sobre la chica que tenía relaciones con un muñeco en internet y la anécdota del picador que llegó a gobernador civil quedaron rondando en mi mente durante varios días y me pusieron en la pista del enigma que me había propuesto resolver. Si a muchas cosas raras (la chica del muñeco) e inmorales (gobernador civil, político) se llega poco a poco, degenerando, quizá también se pueda llegar a cosas más saludables y morales de igual manera, y quizá deliberadamente.
De palos, zanahorias, liderazgo y el fuego de Plutarco
Pasaron varios días y seguía con la incógnita. Una tarde de un día de trabajo, en la que había pasado el día siguiendo mi rutina itinerante, me vino a la mente una idea mientras paseaba,:
En el artículo de la semana anterior había escrito sobre la estructura del Yo, sobre los distintos personajes que “nos habitan” y que tenemos que coordinar para dotar de una cierta coherencia a nuestros actos y llevar a término nuestros proyectos.
En especial, hablé sobre los distintos nombres, que en las tradiciones religiosas, la filosofía, la psicología y la literatura se han dado a la parte intuitiva, inconsciente, espontánea de nuestra psique, lo que Daniel Kahneman ha llamado Sistema 1 o Jose Antonio Marina llama “Yo ocurrente”.
La historia del desarrollo individual y casi podríamos decir que de la civilización es un intento de domar a esa parte no racional de la naturaleza humana: el caballo negro desbocado de Platón que tiende hacia lo material y lo sensual, el Ello de Freud gobernado por el principio del placer, el elefante ingobernable que toma el camino que más le apetece en cada momento, el diablillo que siempre aconseja hacer lo más fácil y placentero y que se caracteriza por su miopía temporal, o el Mr. Hyde de Robert Louis Stephenson, el oscuro y violento alter ego del Dr. Jeckyl.
Todas estas son imágenes para la parte irracional de la mente humana, la parte indómita de nuestra naturaleza, el animal que llevamos dentro, «el burro que podemos acercar a la fuente pero al que no podemos obligar a beber si no tiene sed»… y esa expresión me recordó a una frase de Plutarco: «La mente no es una vasija que haya que llenar (de órdenes, de contenido, de ideas) sino un fuego que hay que encender.»
¿Cómo podría generar ese fuego y luego dirigirlo en la dirección que conviniera al Dr. Jeckyl? ¿Cómo conseguir que el burro tenga ganas de beber.

–Esta imagen del burro que tiene sus propias apetencias me condujo a otra pregunta sobre la doma de animales. ¿Cómo es posible que se pueda enseñar a una foca a hacer malabarismos o a un león a pasar por un aro o a un caballo a ejecutar movimientos casi de ballet?
¿Cómo es posible si el domador o entrenador humano ni siquiera tiene la herramienta de la comunicación verbal, si el animal no atiende a razones –ni siquiera puede comprenderlas– y tiene generalmente su propia agenda, muchas veces desconocida ?
Con el burro está claro el método: palo y zanahoria. Castigo y recompensa. Estos son las formas de comunicarnos con un burro.
Los sociólogos o psicólogos industriales o especialistas en liderazgo dirían algo parecido en lenguaje técnico respecto a la gestión de personas en las organizaciones: “hay que generar una estructura de incentivos que motive a los trabajadores a alcanzar las metas de la organización”.
Si extrapolamos estas ideas al caso de la autorregulación el equivalente sería crear un sistema de castigo y recompensa para uno mismo, para que el Yo ejecutivo o planificador se comunicara con el Yo Ocurrente o Mr. Hyde y le llevara por el camino correcto. En el artículo multas y peajes de la autorregulación: sé el guardia de tráfico de tu mente ya hice algún intento de implantar el palo para regular mi conducta.
Nunca castigues a un aprendiz
Aunque el castigo o su amenaza sea la receta tácita no confesada para el liderazgo en la escuela y organizaciones empresariales, sabemos por experiencia que el castigo es muchas veces contraproducente, que genera resentimiento en los subordinados y en el aprendiz.
Si la queremos aplicar el enfoque del palo y la zanahoria a nuestro Mr. Hyde, puede ser incluso peor, va a encontrar resistencia. Es muy fácil que nuestro anarquista interior se sienta amenazado y se muestre reacio a seguir las órdenes del Yo Ejecutivo o Yo Planificador.
Aunque parezca ceder a las órdenes, a las reglas autoimpuestas o mandatos, es seguro que será temporalmente y que cuando ceda la presión o el Yo Ejecutivo esté distraído minará los esfuerzos, tergiversará las órdenes o empezará a hacer «merecidas» excepciones.
En mi Santo Grial de la formación de hábitos (técnica fundamental de la creación de hábitos) hablé de introducir la conducta deseada entre la aparición de una necesidad (el detonante) y su satisfacción (la recompensa), de tal manera que si no cumplo la acción que quiero convertir en hábito me retiro la recompensa.
Detonante (necesidad) —> Acción (que quiero convertir en hábito) —> Recompensa (satisfacción de la necesidad)
Por ejemplo, para instalar el hábito de meditación matutina, introduzco la meditación de diez minutos entre la necesidad de sentirme limpio y fresco por la mañana y la ducha, de tal manera que siempre medito diez minutos antes de ducharme. Y si no medito un día, no me ducho. Otro ejemplo: si no he andado diez mil pasos al final del día me quedo sin cenar.
Pero esta retirada de la recompensa se puede interpretar como un castigo; una lectora del blog, Amparo, exponía el siguiente reparo a motivarse a través de castigos:
“Mis experiencias de meditación nunca han durado más de tres días. Y tengo una duda: ¿es imprescindible el castigo por inacción? No creo en los castigos, no creo que sirvan para nada, como medio de aprendizaje. Pero lo cierto es que, a pesar de mi convicción de las bondades de la meditación, no he conseguido el hábito de meditar. ¿O acaso es un prejuicio personal?”
La reticencia es acertada y creo que impone una importante limitación a la aplicación del palo en el ámbito de la autorregulación.
En el contexto social de las organizaciones modernas se considera –al menos de cara a la galería– que el castigo o el miedo son malos motivadores de las personas, que no sacan lo mejor de ellas y que no crea una cultura de colaboración, además de minar la motivación intrínseca en el trabajo.
Así que a pesar de haber avanzado en la solución de mi problema: —“¿Cómo consigo que un comportamiento deseable que hago por accidente o a veces deliberadamente se quede conmigo?”— me encontraba en un punto muerto.
El Yo Ocurrente ataca de nuevo
El Yo Ocurrente tiene su propia dinámica y si algo le interesa te va a proporcionar ideas o impulsos que puedes aprovechar. Tiene mala prensa pero es parte fundamental de la psique y es un generador de asociaciones, a veces sorprendentes, que se pueden usar como palancas en la solución de problemas .
El caso es que no mucho más tarde el elefante, mi Yo ocurrente, me proporcionó la clave que me puso en la pista definitiva:
Burros, caballos, focas, niños, mascotas, maridos, etc., terminan aprendiendo a comportarse como el domador o domadora desean. Me resultaba un poco chocante comparar a Mr. Hyde con una mascota o con un burro o una novia con carácter, así que pensé que sería mejor compararlo con un animal con mejor prensa… con un delfín.
El delfín me es más afín
Quien haya presenciado un espectáculo de delfines en un acuario no puede dejar de maravillarse sobre las monerías (ok, delfinadas) que es capaz de ejecutar el animal. Una espectáculo en el delfinario es un festival de pasadas por el aro, piruetas, giros sobre sí mismo, y hasta bromas entre entrenador y delfín.
¿Cómo han conseguido compenetrarse tan bien? Vale que el delfín es uno de los animales más inteligentes de la creación, con un cociente de encefalización (relación peso cerebro – peso cuerpo ) solo por debajo del del hombre y con sofisticados sistemas de comunicación dentro de la especie. Pero, ¿cómo logra comunicarse y coordinarse tan bien con su compañero humano en sus actuaciones?
El método de entrenamiento es revelador
Supongamos que el domador quiere que el delfín salte varios metros por encima del agua o haga algún tipo especial de pirueta. El animal normalmente está en la piscina nadando al azar de un lado a otro. No va a encontrar ningún delfín que espontáneamente a la vista de un aro en el momento que el domador lo diga, salte el aro o ejecute la pirueta. En los océanos no hay aros y Mr. Hyde, quiero decir, el Señor Delfín, no va a tener motivación especial inscrita en sus genes para saltar a través de aros; sus genes no encuentran la relación entre saltar a través de aros y la supervivencia o reproduccion.
Para ejecutar un comportamiento complejo, el domador empieza con una aproximación muy simple al número que quiere ver ejecutando al delfín. Mete un aro bajo el agua de un color brillante que llame la atención del delfín. Después se sienta a esperar.
Cuando el delfín se acerca a menos de un metro, el domador le regala casi inmediatamente una sardina o alguna otra chuchería para delfines. Esto hace que el delfín tenga ahora una razón para volver a por más. El domador saca el aro y lo lleva a otro lugar de la piscina.
Espera.
El delfín es probable que esta vez tarde menos en acercarse al aro. Cuando el delfín se acerca, el entrenador le obsequia de nuevo. Y lleva el aro a otra zona.
La siguiente vez, el delfín se acerca buscando la sardina pero esta vez el domador no le refuerza.
Espera.
El delfín sigue por las inmediaciones del aro dando vueltas, a ver si suena la flauta, hasta que por casualidad en alguna ocasión pasa a través de él.
El astuto amaestrador se precipita a recompensar al delfín. ¡Bien!
Una vez que el delfín aprende a acercarse a los aros y pasar a través de ellos, el entrenador eleva el aro fuera de la superficie. Si el delfín pasa por él, otra sardina. Más adelante, sigue subiendo el aro y añade nuevos elementos si es necesario, de acuerdo a la pirueta o comportamiento que ha visionado para el espectáculo.
Al comienzo de cada número hay una clave visual que le indica al delfín lo que se espera de él (el aro, por ejemplo, pero podría ser un movimiento especial de brazos o alguna otra señal diferenciada), cada paso es recompensado, pero una vez que un paso intermedio se ha dominado se deja de recompensar.
Si el delfín no ejecuta bien lo que se espera de él, o si comete algún error, ¿qué ocurre? ¿Una descarga eléctrica? ¿Un golpe con una vara? No.
Simplemente silencio.
Recuerda, nunca castigues a un aprendiz. Los errores no se penalizan y una vez dominado un paso intermedio solo se recompensa un paso más avanzado del proceso.
Pero hay un elemento que se nos olvida y que es fundamental antes de empezar. En este video en inglés se explica. Yo te traduzco lo más importante abajo:
Reportera: Lo creas o no, puedes usar las mismas técnicas que usas con tu perro en casa para entrenar a un delfín de 250 kilos en Seaworld. Todo consiste en recompensar los buenos comportamientos y forjar una muy buena relación.
Reportera: Cuando se entrena a un animal el paso más importante es construir una relación especial entre el entrenador y el animal.
Entrenador: para interaccionar con estos animales tenemos que construir una relación de confianza fuerte.
Con refuerzos positivos puedes animar, motivar y crear animales llenos de energía que quieran estar contigo.
Reportera: La clave de esta técnica de entrenamiento es simple: recompensa al animal con cosas que le guste, como frotarle en la espalda o una ducha de gotas. Cada animal disfruta de cosas diferentes.
Entrenador: para seleccionar los mejores refuerzos y motivarlos pasamos un montón de tiempo observándolos y también mucho tiempo interactuando codo con codo viendo lo que les gusta y lo que no.
Reportera: El castigo no es parte del programa, tampoco la palabra “no”.
Entrenador: “No,no,no” no motiva más que “Sí, sí, sí”. Si soy capaz de decir más “sí, sí, sí” voy a tener más suerte construyendo una relación fuerte con el animal.
Reportera: El entrenamiento con refuerzo positivo es simple y funciona. Al final el entrenamiento es tan satisfactorio para el delfín como para el entrenador.
Entrenador: no hay nada tan motivador como ver al animal mirándote a la cara cuando le vas a pedir que haga un comportamiento específico y lo hace exactamente tal y como tú lo habías visionado. Todo funciona a la perfección.
Reportera: sea un delfín o un perro un buen entrenamiento requiere tiempo y paciencia para advertir y recompensar el buen comportamiento. Cuanto más trabajes en ello, más satisfactorios serán los resultados.
La razón por la que el delfín aprende del entrenador
El elemento previo al comienzo del entrenamiento es la construcción de una relación fuerte de confianza entre el entrenador y el delfín. Por eso ambos tienen que pasar mucho tiempo interaccionando para que el entrenador vaya conociendo las preferencias del delfín, que, como en los seres humanos, varían mucho.
Es interesante también el comentario del entrenador en el video cuando habla de lo satisfactorio o motivante que es para él conseguir que el delfín ejecute un comportamiento a la perfección. Lo mismo podríamos decir para educar a nuestro Mr Hyde o Yo Espontáneo: nos sentiremos más motivados para entrenar a Mr. Hyde cuando desarrollemos una relación de confianza con él y poco a poco empiece a responder a nuestro entrenamiento.
A veces se observa que durante el día el entrenador le da una sardina al delfín sin que haya hecho nada en especial, sin que forme parte del entrenamiento. Si le preguntas que por qué lo ha hecho, te podría responder: «porque somos colegas, quiero que sepa que tenemos una buena relación».
Hay que notar que en la práctica de la meditación formal e informal en nuestro Curso de Atención Plena siempre enfatizamos la necesidad de ser amables con nosotros mismos, no desesperarnos cuando nos distraemos o nuestra mente vaga lejos del punto de atención elegida. Esta actitud paciente y benevolente es la misma que queremos aplicar con nuestra mente de mono o Mr. Hyde, en especial cuando está aprendiendo una nueva pirueta (= hábito).
Las señales y la importancia de variar las condiciones de ejecución
Poner la señal justo al comienzo del entrenamiento tiene unos cuantos beneficios. Permite al animal asociar la señal a todos los pasos que conoce de un comportamiento. Permite al animal mostrar al entrenador lo que ya sabe y así el entrenador puede añadir el nuevo paso.
La señal permite al delfín trabajar en distintos comportamientos con diferentes entrenadores en lugar de aprender un solo comportamiento cada vez. Cuando el entrenador llega al último paso del entrenamiento, el animal podrá hacer todo el número con esa sola señal.
Números completos pueden llevar unas pocas sesiones o varios meses. Una vez que el comportamiento esté aprendido, el entrenador original volverá a ejecutar la señal correcta con sus criterios correspondientes con otros entrenadores, o entrenadores secundarios.
Esto se hace para asegurarse la comprensión del comportamiento por parte del animal, pero también para eliminar otros criterios irrelevantes o muy específicos que el animal haya aprendido, pero que no pertenezcan a la señal o las condiciones de ejecución.
Por ejemplo, el delfín puede haber asociado el número con un aro de un determinado color o diámetro, o con su entrenador originario; hay que asegurarse de que lo hace con aros de cualquier color y diámetro y con todos los entrenadores del delfinario.
Se trata de entrenar el comportamiento en una variedad de condiciones. Es muy habitual que perdamos los buenos hábitos simplemente cambiando de entorno fisico, cuando cambiamos de casa o de trabajo; esto es porque asociamos inconscientemente el comportamiento a una serie de señales, claves o detonantes de la acción que dependen de un entorno muy concreto y específico, y por tanto cuando se pierden, hacen desaparecer el comportamiento o hábito que deseábamos mantener.
Por ejemplo, en un viaje en vacaciones es muy fácil perder algunos de los buenos hábitos, como cepillarnos los dientes después de la comida; no solo porque a veces no llevemos un cepillo con nosotros, sino también porque comemos a distintas horas, en distintos lugares y con distinta gente. Las claves ambientales habituales han desaparecido.
Es por esta razón que recomiendo que una vez que hayas establecido un hábito como el de la meditación formal, que propuse hace unas semanas, lo sigas entrenando en una diversidad de condiciones. No queremos ser capaces de meditar solo si estamos en nuestra casa a las ocho de la mañana, tranquilos y descansados, con nuestro cojín de meditación o silla favorita y oliendo incienso.
Podrías meditar de pie o tumbado, cambiar de habitación, por la mañana o por la noche, con mucha luz o a oscuras, con los ojos abiertos o entreabiertos, meditar en el tren o en el metro, solo unos segundos cuando esperas que el disco del semáforo cambie a verde o que algunos días extiendas el periodo habitual. De esta manera, reducirás las condiciones de meditación o señales a la mínima expresión: por ejemplo, te bastará sentir el impulso de aclarar la mente y haces tres respiraciones profundas para entrar en estado de meditación.
En el Curso de atención plena comencé con las mini-meditaciones o meditaciones informales en vez de con la meditación formal. Aquellas permitían insertar momentos de conciencia plena armoniosamente dentro de nuestra actividad diaria, no como un elemento ajeno o alienígena desconectado de las condiciones normales de nuestra existencia.
En resumen, ¿cómo lograr que los avances se queden con nosotros y convertirlos en hábito?
- Hay que tener una visión del comportamiento final o hábito que queremos construir y después, con aproximaciones sucesivas, siguiendo el principio del Kaizen, ir acercándonos mediante pasos de bebé y mejoras incrementales.
- Los avances pueden ser deliberados, pero también pueden ser accidentales o imprevistos. Cuando hagamos un pequeño avance en la dirección del hábito o comportamiento que queramos crear, hemos de darnos cuenta y celebrarlos, con una «sardina» motivacional.
- No dar por sentado un comportamiento bueno. Hay que premiarlo. NO sirve el «es su obligación», puede ser su obligación (o la mía), pero eso no significa que el comportamiento se vuelva permanente. Puede haber ocurrido por accidente o por presión externa fuerte (la amenaza de un palo). Lo que queremos es que se mantenga en ocasiones no excepcionales o accidentales, como cuando el delfín pasa por el aro por casualidad.
La inspiración es para amateurs
- Necesitamos agudeza y atención continua para reconocer los avances. Hemos de fijarnos sobre todo en lo positivo, lo que nos acerca, más que en lo negativo; y sobre todo, recompensar los avances, S.E.C (Siempre Estar Celebrando), porque el progreso personal, al igual que la felicidad, se parece más una lluvia fina que a golpes de iluminación e inspiraciones que todo lo resuelven.
- Ejemplos de sardinas motivacionales: un descanso después de un intenso pomodoro, un desayuno opíparo porque hoy has madrugado por primera vez en mucho tiempo, un autoaplauso después de dar con la solución de un problema, un paseo para despejarte después de una mañana en la que te has atrevido a llamar a clientes con los que antes procrastinabas el contacto, etc.
- Nunca castigues a un aprendiz. Y somos siempre aprendices. Hemos de establecer una relación de confianza con nuestro Mr. Hyde y ser amables con sus «debilidades».
- Mantener contento a Mr. Hyde, aunque no haga nada especial hay que estar a bien con él y darle alegría, es nuestro colega. Aunque mantengas una alimentación saludable, los faturdays o días locos están permitidos; las fiestas, el carnaval, las excepciones de cuando en cuando también; el modo de pensamiento no intencional o no guíado por objetivos debería tener un espacio privilegiado en tu vida, disfruta de su espontaneidad.
It’s not a bug, it’s a feature. (No es un error del sistema, es una característica)
- Lo que llamamos debilidad en Mr. Hyde –miopía temporal, impulsividad, inconstancia, volatilidad, falta de cálculo– es más una característica que un error o algo que tengamos que subsanar. Necesitamos desarrollar una relación de amistad con nuestra parte más subsconsciente o automática y aprovechar su poder: intuición, fuente de ocurrencias, creatividad, asociaciones sorpresivas, energía, vitalidad.
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Enlaces documentación artículo:
El artículo de Entusiasmado Cada acción que realizas es un paso al futuro que me sirvió de inspiración. Advertencia: por su contenido de sexo explícito solo es apto para mayores de 18 años.
La historia de Veronica Chaos.
Cómo se entrena a un delfín: http://wonderopolis.org/home/wonder/how-do-you-train-a-dolphin/ y http://www.dolphinencounters.com/education-how.php
El Santo grial de la formación de hábitos
Revisión del segundo reto del curso de salud minimalista: moverse y andar más
Cada mañana doy un paseo de 4.200 pasos. Con la actividad normal del resto del día suelo llegar a los diez mil. De momento no intento aumentar. Solo me interesa que los diez mil pasos se conviertan en un hábito. La motivación tarde o temprano puede faltar, por eso intento que caminar sea algo agradable y buscado, algo que no necesite “persuasión”.
~Herman
Me equivoqué en mi forma de plantear el segundo reto del curso de salud minimalista. Dije que había que aumentar el movimiento y el número de pasos. Me doy cuenta de que eso no era lo esencial. Lo principal era en cambio el localizar nuevas formas de aumentar el movimiento en la vida diaria, no necesariamente aumentar el número de pasos. El podómetro solo tiene como objeto ayudar a tener una medida objetiva que nos motive, no es un instrumento para batir marcar personales.
Mea culpa. Pero bueno, estoy aprendiendo.
Herman hace referencia a un elemento clave: la sostenibilidad. No se trata de que durante unas cuentas semanas hagamos un montón de pasos más que habitualmente y luego volvamos a nuestras antiguas rutinas. La motivación que tenemos ahora en el verano (hemisferio norte) y también por causa del curso no va a estar siempre presente. Es mucho más importante que nos familiaricemos con todas las posibilidades que tenemos de andar a lo largo del día y que poco a poco las vayamos disfrutando. El disfrute terminará tiempo en percibirse, al igual que los indudables beneficios físicos y emocionales que vamos a cosechar. Este curso promueve que con el tiempo no tengamos que convencernos o persuadirnos para hacer lo que tenemos que hacer porque es bueno hacerlo.

Llevar el podómetro me ha hecho más consciente de que tengo que levantarme con más frecuencia de la silla y caminar por la casa. Todo pequeño paso suma un paso más al podómetro.
~Tremendosky
Como tenemos una vena competitiva, incluso con nosotros mismos, buscamos pequeños avances. Además, todo lo que andes “de más” en casa y en la oficina levantándote en los descansos suma.
No acabo de encontrar la forma cómoda de medir los pasos. No he tenido suerte con el podómetro con sujeción tipo pinza y Accupedo consume tanta batería de mi móvil que me complica la vida. Supongo que lo suyo sería probar con un reloj que incorpore podómetro pero lo que he mirado, aparte de caro, no me gusta para llevarlo cada día.
Me ha encantado tener esta excusa para salir a pasear por la noche, con la brisa tan agradable que tenemos a esas horas en Barcelona!~Cristina
El podómetro, Cristina, es un instrumento de conciencia, no una pejiguera que nos haga la vida más difícil. Si te has animado a salir a pasear por la noche y te das cuenta de todas las oportunidades que tienes para caminar, ya está bien.
No te gastes dinero en esos relojes con podómetro o instrumentos tan caros. ¡Somos minimalistas! El podómetro es como las ruedecillas en las bicicletas de los niños pequeños, lo usamos al principio para mantener el equilibrio, pero no queremos depender siempre de él. El problema con los “health trackers” es que atrofian nuestro instrumento más potente: la conciencia. Si estamos plenamente presentes en nuestras vidas, con el tiempo no necesitaremos siquiera el podómetro.

En cuanto a lo de correr y disfrutar, yo también soy de los que hacen foco en salir a disfrutar. De hecho, salgo sin reloj ni previsión de tiempos ni nada… Pensar en que me estoy haciendo un hueco para disfrutar de estar en movimiento, para que me dé un poco el aire, para ponerme en forma de cara a mis excursiones montañeras, etc., suele ayudarme a romper con esas telarañas iniciales de los 5 o 10 primeros minutos. ¡A mí lo que me cuesta es salir de casa!
~Tremendosky (otra vez)
Los cinco o diez primeros minutos son los díficiles. Enseguida generamos momentum y empezamos a sumergirnos en el camino. El foco está en disfrutar.
Muchas veces tengo que obligarme a correr sin ganas y muchas veces me cuesta empezar pero, como dicen por ahí, la recompensa merece esos momentos menos buenos. En cuanto a poner énfasis en el disfrute, este es mi punto de vista: http://luisandes.blogspot.com.es/2014/06/que-no-sea-un-sacrificio-disfrutar-con.html
~Luis Andés, nuestro entrenador personal y maratoniano de cámara.
Luis Andés nos reafirma en la idea y nos proporciona un enlace a su opinión sobre la tensión entre sacrificio y disfrute. A largo plazo solo vamos a hacer algo si lo disfrutamos y sentimos sus beneficios intensamente.
El primer día, casi 3.000 pasos. Resto de la semana: de la oficina a la parada del autobús y viceversa. Desolación total. Lo peor es que no he aprendido nada. Pienso que hoy es martes e inmediatamente fantaseo con empezar mañana -hoy estoy demasiado cansada- y me parece patético.
~Amparo
“Mañana” es siempre el día más ocupado de la semana… como sabe cualquier procrastinador.
Comentario para Amparo y para los que se desesperan: no hay que lacerarse, Amparo. Hay decenas de semanas por delante y solo estamos empezando. Tomas conciencia de tu media de pasos y eso ya está bien.
Ya encontrarás más oportunidades de andar. Y cuando andes más, mejor te sentirás, más energía tendrás y empezarás a ver mejoras.
Empezar ya es un triunfo. Poco a poco.
Es fundamental ser amables con nosotros mismos y ponerse metas muy de mínimos, muy humildes. Jamás hay que compararse con los que van por delante. Solo nos tienen que servir de inspiración, no de motivo para sentirnos abatidos.
Ahora que estamos empezando es fundamental reconocer los pequeños éxitos. Recuerda, Amparo: S.E.C, Siempre Estar Celebrando.
Diez cosas que podemos celebrar

- Hemos empezado un curso de salud minimalista que amenaza con cambiar nuestra vida para siempre.
- Algunos nos hemos comprometido públicamente con el curso en la pestaña correspondiente.
- Muchos estamos haciendo comentarios semana a semana que sirven de inspiración para nuestros compañeros habitólogos, psiconautas, gladiadores y aventureros.
- Todos estamos aprendiendo.
- Los que asumen alguno de los retos están aprendiendo todavía mucho más.
- Estamos dándonos cuenta de que los cambios que estamos logrando van mucho más lejos que tener una talla menos de pantalón o perder un par de kilos. Estamos aprendiendo sobre nosotros mismos, sobre los proyectos personales, sobre el trabajar en equipo y sobre la perseverancia día a día y semana a semana.
- Estamos desarrollando un gran espíritu de camaradería.
- Estamos incorporando herramientas mentales y conceptos que podremos aplicar en todos los ámbitos de nuestras vidas.
- Nos lo estamos pasando bien.
- Todos estamos aprendiendo de todos.
Soy un don nadie
El reto más difícil es ser tú mismo en un mundo donde todos intentan hacer de ti alguien distinto.
—E.E. Cummings
Ahora que me lo he reconocido, quizá pueda empezar a vivir. No necesito impostar lo que no soy o lo que quiero ser o lo que quieren que sea. Soy libre para cometer cien errores sin pestañear y expandir mi ridículum vitae. Como soy un don nadie, nadie espera nada de mí, y si lo esperan, peor para ellos. Soy un don nadie, con ene minúscula. Ser nadie con minúscula te convierte en ligero y lo que es ligero y se toma a la ligera se eleva.

–Qué paz levantarse por la mañana y ser un don nadie que puede ir a cualquier parte. No soy irreemplazable ni indispensable, pero tampoco soy pieza de recambio cambiable. No hay nada que temer, ya no hay un yo ideal al que parecerse o al que rendir tributo o pleitesía. Soy invisible, nadie me reconoce o desconoce. Y si quiero dejar de ser invisible, ya sé cómo lograrlo. Nadie me espera al final de mis acciones. Si soy un don nadie, todos contentos.
nadie soy perfecto.
Revisión novena semana curso de perseverancia
Esta semana ha sido intensa. En nuestra novena misión pretendíamos negarnos a nosotros mismos; esto es, decirnos NO más a menudo. En una práctica anterior del Curso de plena presencia habíamos aprendido a ser más conscientes de las microtentaciones o microimpulsos, y esa conciencia ampliada que hemos ido desarrollando en los últimos meses nos ha permitido estar más alerta e ir un paso más allá: inhibir el impulso y evitar dar rienda suelta a la tentación o microtentación.

Por qué es bueno NEGARSE a uno mismo
Como vimos en el artículo Regalos al yo futuro, este decir NO es un decir SÍ a alguna versión futura de nuestro yo, hacerle la vida más fácil a un sucesor temporal del yo presente. Pretendía con este marco conceptual ontológico desarrollar la empatía y la compasión por nuestros yoes venideros.
No nos decimos NO y evitamos las tentaciones porque acaso seamos masoquistas o porque sostengamos una visión ascética de la vida. Nos decimos NO porque queremos obtener un mayor valor en el futuro o porque el decir SÍ a una tentación en el presente nos pondría en aprietos y nos haría la vida más difícil o se la haría más difícil a nuestros seres queridos, incluyendo nuestros yoes temporales futuros.
Por ejemplo, si durante la semana decimos no al postre azucarado, a la televisión basura, a la navegación inconsciente en internet (porque nos quita tiempo y atención de nuestros proyectos y tareas prioritarias), cosecharemos avances y satisfacción personal en un no muy distante futuro; nuestro peso estará mejor regulado y las armas de distracción masivas estarán bajo nuestro control consciente.
En el artículo Cómo electrificar tu correo electrónico proporcioné un método para reducir nuestra vulnerabilidad a las tentaciones en forma de distracción electrónica: aprendimos reglas de gestión del correo que mueven la balanza motivacional hacia la concentración y la alejan de la gratificación fácil e inmediata de consultar frecuentemente el correo.
Cómo dejar el azúcar o la sacarina
Hace muchos años que dejé el azúcar. La sacarina por temporadas. Esta es una ocasión excelente para dejar definitivamente la sacarina.
~Herman
Por si estos retos no fueran pocos, al final de la semana propuse un nuevo reto: eliminar el azúcar del café, el té, el mate o otro tipo de infusiones. Propuse que lo intentaras cuatro días, pero hacerlo una sola vez ya puede considerarse un triunfo personal.
Aunque suelo defender siempre un enfoque gradual para el cambio de hábitos, en el caso del azúcar en el café propuse una terapia de choque expeditiva y totalmente resolutiva; en vez de reducir poco a poco la cantidad de azúcar, eliminarla de golpe. A mucha gente le funciona:
Mi mejor arma para cualquier cambio de hábitos es el pleno convencimiento de que es lo que necesito, y luego me lanzo sin dudas y de golpe. Paso del todo al nada y me da muy buen resultado, eso sí, el convencimiento o creencia no ha de tener fisuras.
~Juan Nuñez, del blog Aprendizaje y vida
Por qué el miedo a la incomodidad podría estar arruinando tu vida
por Leo Babauta
[Este es un artículo de Leo Babauta. Es mi traducción del original Why Fear of Discomfort Might Be Ruining Your Life]
Piensa en los problemas más importantes de tu vida –desde la ansiedad hasta la falta de ejercicio regular, una mala alimentación, la procrastinación y otros–.
Casi cualquiera de estos problemas es causado por el miedo a la incomodidad.
La incomodidad no es dolor intenso, es solo la emoción que tienes cuando sales de tu zona cómoda. Para mucha gente comer verduras es causa de incomodidad. También el sentarse para meditar o sentarse con una tarea difícil delante de uno o decir No a otros o hacer ejercicio. (Por supuesto, distintas personas se sienten incómodas con cosas diferentes, pero ya sabes por donde voy.)
Y a la mayoría de la gente no le gusta la incomodidad. Escapan de ella. No es divertido, ¿así que para qué hacerlo?
El problema es que cuando escapas de la incomodidad siempre, te estás restringiendo a una pequeña zona de comodidad y por eso te pierdes gran parte de la vida. De hecho, la mayoría de las cosas mejores de la vida. Y pierdes la salud, porque si comer comida saludable y hacer ejercicio es incómodo, entonces optas por las comidas cómodas y no moverte mucho. Tener poca salud es también incómodo, así que buscas distraerte de esto (y del hecho que estás endeudado y tienes demasiados trastos, etc.) con la comida y el ocio y las compras (¡como si comprar fuera a resolver todos tus problemas!), y esto a su vez hace que las cosas se pongan peor.
Sorprendentemente, el simple hecho de estar BIEN con la incomodidad puede solucionar todos esos problemas.
Este es un descubrimiento que hice hace unos pocos años cuando intentaba cambiar mi vida.
Intenté dejar de fumar, pero odiaba el sentimiento de sentir grandes deseos de fumar y no poder fumar. Era muy incómodo resistir ese impulso tan fuerte. Mi mente se resistía, intentaba inventar toda clase de racionalizaciones para fumar. Mi mente intentaba escapar de la incomodidad, intentaba buscar distracciones.
Aprendí a sentarme y observar la incomodidad, Y cuando lo hacía, increíblemente, no era tan mala. Mi mundo no se acababa, ni mi mente explotaba. Solo era un poco incómodo durante un rato y entonces la vida seguía su curso.
Después observé que ocurrió el mismo proceso con el correr. No quería correr porque era demasiado duro. Mi mente inventaba racionalizaciones, etc. Encontré formas de evitar correr. Después cedí a la incomodidad y no fue tan difícil. Corrí y aprendí a amarlo.
Repetí este proceso para cambiar de dieta (en realidad muchas veces, porque mi dieta se fue haciendo más saludable con el tiempo), para librarme de las deudas y no gastar tanto, para vencer a la procrastinación, para meditar, y así sucesivamente.
Estar BIEN con la incomodidad fue uno de los descubrimientos más grandes de mi nueva vida.
Cómo desarrollar la habilidad de sentir la incomodidad
Si aprendes a ser bueno sintiéndote incómodo, tu vida no tendrá casi límites. No hay una habilidad que aprender mejor que esta.
Estas son algunas cosas que aprendí:
- Inténtalo en pequeñas dosis. Siéntate durante 30 segundos sintiéndote incómodo. Si eres reacio a comer verduras, prueba un pequeño bocado. Ponlo en la boca, déjalo ahí 30 segundos. Probablemente, no te gustará mucho, pero está BIEN. No tienes por qué tener una ráfaga de placer en cada bocado. He aprendido a amar las verduras.
- Sumérgete en la incomodidad. ¿Te sientes triste o enfadado o estresado o frustrado? En lugar de evitar esas emociones, sumérgete en ellas. Bucea en ellas, acéptalas, quédate en ellas. Lo mismo con la procrastinación: siéntate con la tarea de la que estás escapando y no hagas nada más. Quédate con ese sentimiento de incomodidad. ¿Cómo te sientes? ¿Sientes un dolor intenso? ¿Estás BIEN?
- Busca la incomodidad. Desafíate todos los días. Busca cosas incómodas y hazlas. Preséntate a gente desconocida. Abraza a un amigo. Confiesa tus sentimientos. Haz frente a alguien (con una sonrisa). Di NO a alguien. Sal a correr. Prueba un nuevo plato que sea sano.
- Obsérvate mientras escapas de las cosas. ¿Qué has estado evitando a causa de la incomodidad? ¿Qué emociones has estado rechazando? ¿Qué problemas tienes que nazcan de la incomodidad? ¿Qué has dejado a tu mente que racionalice? Sé consciente de este proceso y mira si puedes parar de evitar las cosas, de una en una.
- Aprende que la incomodidad es tu amiga. No es un enemigo que temer. Realmente es algo bueno –cuando te sientes incómodo estás probando algo nuevo, estás aprendiendo, estás expandiéndote, te estás volviendo más de lo que antes eras. La incomodidad es una señal de que estás creciendo–.
La incomodidad es la razón por la que he decidido llevar a cabo mi Año de vivir sin… –estoy afrontando las cosas que me hacen sentir incómodo (y hasta la fecha estoy dándome cuenta de que no es tan difícil después de todo)–.
Mientras que otros se quedan en la zona de comodidad, yo exploro lo desconocido. Y atesoro la experiencia.
Protegido: Esto es una prueba-puedes ignorar mensaje
Segunda semana: Hazte consciente de tu postura
Esta es nuestra segunda semana del curso de atención plena. A continuación va la descripción de la práctica. Recuerda que puedes escribir tus comentarios durante la semana en la sección de comentarios de este artículo.
A lo largo del día sé consciente de la posición de tu cuerpo. Cómo estás sentado, donde estás apoyado, dónde sientes la presión de los pies, la espalda o las posaderas. O si estás tumbado, dónde sientes la presión o las tiranteces o incomodidades de la posición. ¿Sientes el equilibrio o desequilibrio?
La hora de la comida es un buen momento para hacerte consciente: ¿estás en el borde de la silla?, ¿inclinado hacia adelante o hacia atrás? Cuando te acomodas en el asiento del conductor o cuando está iniciándose el ordenador por la mañana o mientras andas o estás
esperando en la cola del supermercado son también buenas ocasiones para practicar la atención plena de la postura.
La posición del cuerpo, como la sombra, siempre la llevas contigo. Darse cuenta de ella puede servir para salir del modo mental discursivo. La información más rica obtenida te puede ayudar a ajustar la posición y asumir una más erguida, firme y libre de tensiones tanto si estás sentado como andando.
Haiku del suelo
No te mires el ombligo
Estoy un poco cansado de la caterva de gurús de la autoayuda, vendedores de elixir de serpiente y demás telepredicadores que nos dicen que para tener éxito, ser feliz y que la ropa te lave más blanca has de cambiar tu imagen, has de quererte más, has de tener confianza y apuntalar tu autoestima.
Peor todavía son los que te aconsejan que te examines, que analices tus creencias hasta llegar a la médula, que administres vitaminas revitalizantes a tu eguito, que vuelvas a tu infancia y repases tus episodios traumáticos, como el día en que ese niño te arrebató el caramelo y te quedaste llorando; porque solo así podrás comprenderte, conocer tu identidad, tu pasado y tus verdaderos sueños, porque solo así llegarás a ser quien eres y te autorrealizarás.
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En mi nada modesta opinión, esto es una gilipollez propia de los tiempos que corren:
- Narcisistas digitales que no ven más allá de sus analógicas narices y que creen que el centro del universo está en su ombligo (quizá por ello la proliferación de las prácticas pseudobudistas).
- Gente blanda que no soporta diferir la gratificación instantánea porque pueden sufrir y ellos quieren ser felices.
- Buscadores de soluciones universales, indoloras, incoloras y baratas que pagan para que en un curso de crecimiento personal les hagan sentir bien. Con el resultado habitual de crecer 4 centímetros (pero a lo ancho).
- Aventureros de pacotilla que buscan en las playas de Tailandia el secreto de la vida para luego contárnoslo en un blog.
No, la solución no está en mirarse el ombligo. Hay un mundo externo más allá del reducido círculo de tus intereses personales. Interésate por algo más grande que tú. Sal ahí fuera, copón.
Lo que he aprendido de una de las patas de mi mesa
Inspirado por @entusiasmado en su artículo sobre las 10 cosas que aprendí de mi gato, yo hice lo propio con una de las patas de mi mesa, pero como soy minimalista aprendí solo 5, las más importantes.
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- A trabajar en equipo. No he conocido a una pata de mesa eficaz que sea individualista. Si lo es, la mesa queda coja. Ha de trabajar en coordinación con las otras patas de la mesa.
- A ser perseverante. Día tras día, sin queja, sostiene su parte alícuota del peso de la mesa, sin quejarse, venciendo la gravedad de lo material.
- A ser firme, pero no estirado. Una cualidad del carácter que siempre he admirado.
- A no venirme abajo ante la presión. Por muchos objetos y peso que ponga encima de la mesa, la pata de la mesa de la que hablo y sus compañeras mantienen el tipo, No se preguntan: “¿por qué me ha tocado este peso a mí?”, sino que siguen su esfuerzo callado esperando a que escampe, estoicamente.
- A usar palabras que signifiquen distintas cosas (incluso palabras homófonas, ojo; no homófobas): pata (de mesa), pata (mujer del pato), pata (del pato o la pata), pata (de gallo), pata (como cuando metes la ídem), Pata-ki (Elsa).
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Sesgo de confirmación: Steve Jobs vs Einstein
Sesgo de confirmación: Steve Jobs vs Einstein
El sesgo de confirmación es un fenómeno cognitivo ampliamente documentado. Consiste en que las personas seleccionamos la información que confirma nuestras creencias y descartamos o no tenemos en cuenta la que es conflictiva con ellas. Cuanto mayor es la fuerza emocional asociada a la creencia, más probable es que seamos víctimas del sesgo de confirmación.
Este sesgo es un obstáculo para el aprendizaje. Cuando creemos saber algo, es mucho más fácil que encontremos ejemplos confirmatorios de lo que creemos saber a que busquemos activamente experiencias que pongan en entredicho o refuten la creencia. Si alguna vez encontramos ejemplos amenazantes, es muy probable que los ignoremos o los desacreditemos como irrelevantes o como carentes de fuerza probatoria.
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Yo me encuentro constantemente en mi comportamiento diario con el sesgo de confirmación. Y cuando pienso o escribo sobre minimalismo estoy siempre buscando la información o historias que me ratifican en mis creencias minimalistas.
El minimalismo existencial va de la mano de una serie de ideas de la que es fácil encontrar ejemplos atractivos o historias de éxito. El mismo Steve Jobs, su forma de vestir, su filosofía de diseño de productos y hasta su casa en 1982, como vemos en la foto de arriba, son un buen ejemplo de minimalismo.
Como yo asocio el minimalismo con el éxito, con la productividad y todo lo que me resulta estéticamente atractivo, no puedo dejar de pasar imágenes como la de arriba.
Steve Jobs es exitoso –> La casa de Steve Jobs es minimalista –> Confirmo que el minimalismo es una filosofía de la vida exitosa al estar avalada por gente como Jobs.
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Un día leía una revista y encontré una entrevista al diseñador Philippe Starck. Decía que el siglo xxi era la era de lo no material, de lo espiritual, del retorno al ser humano. Aseguraba que si la entrevistadora le pidiera que le diseñara un radiador, él se limitaría a abrazarla y preguntarle: «¿Tiene ahora más calor?», porque sería posible que no fuera cuestión de frío sino de amor. Me pareció una muestra de humor minimalista existencial de la mejor especie.
Siempre estoy buscando (y encontrando) muestras de lo bueno que es el minimalismo. Como si fuera una embarazada que de repente empieza a ver bebés y mujeres embarazadas en todos lados; o el comprador de un coche que de la noche a la mañana encuentra su ciudad poblada del mismo modelo que acaba de adquirir.
Si me intereso por la poesía, tiene que ser la poesía minimalista de los haikus; si me intereso por la programación, me centro en la legibilidad y la máxima simplicidad; si me intereso por la arquitectura, tiene que ser siempre de espacios abiertos, superficies diáfanas y colores blancos; y si se trata de literatura, no me olvido nunca de Ernesto Hemingway, su economía de expresión y sus frases cortas.
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Y un día me encuentro con esta foto. El escritorio de Einstein el día de su muerte. Todo menos minimalista. Nada de superficies diáfanas, espacios en blanco o simetrías. Y se me caen los pelos del sombrajo.
Lo mejor sería ignorarlo. Pero, ¿acaso no refuta esto mi obsesión por el escritorio libre de papeles, las habitaciones libres de trastos, el minimalismo zen? Einstein, que tiene tantas frases buenas y del que he contado anécdotas de sabor minimalista, no tenía un espacio de trabajo minimalista. Su mente estaba ordenada aunque su espacio no lo estuviera. ¿Qué hago con esto? ¿Cómo lo racionalizo?
No sé.
Fauna minimalista
Fauna minimalista
Gran parte de los autores minimalistas dedican mucho de su tiempo y esfuerzo a tratar de reducir el número de posesiones en sus vidas. Cada uno es animado por distintos motivos, pero todos consideran que el minimalismo existencial o minimalismo como estilo de vida implica el aumento de los espacios en blanco.
El proyecto 333, los viajes por el mundo ligeros de equipaje [Mínimo y su Camino de Santiago sin mochila], el desafío de vivir con menos de 100 objetos e iniciativas similares pretenden transmitir y practicar esa idea. Si vas a cualquiera de los blogs minimalistas encontrarás multitud de consejos para reducir tus posesiones, organizar tu casa y centrarte en lo esencial.
Otros autores no se quedan en el aspecto material; además tocan también aspectos más intangibles pero también muy significativos como el control del flujo de información, la organización y racionalización del trabajo. Unos usan sistemas zomo GTD de David Allen en versiones más o menos minimalistas, como el famoso ZTD (Zen to Done) de Leo Babauta, o herramientas como la TMI (Tarea más importante del día) [David Cantone tiene incluso un sistema completo de Productividad minimalista].
Omar Carreño de Análisis realista, conjuga también la productividad y minimalismo. Jordi, de Simplicidad extrema se centra especialmente en las herramientas informáticas de productividad personal que son más útiles y sencillas de usar. Nos recomiendan como gestionar el correo electrónico y cómo regular el tiempo que pasamos en las redes sociales como Facebook o Twitter; otros simplemente aconsejan que nos alejemos lo más posible de estas redes y pasemos más tiempo con nosotros mismos y con gente de carne y hueso
Los minimalistas más ecologistas y centrados en la relación del ser humano con la naturaleza nos animan a hacer más ejercicio, comer más sano y pasar más tiempo alejados de nuestros cubículos y nuestras pantallas de ordenador [Robert Sánchez, de Una vida sencilla]. Los más preocupados por el entorno y la sostenibilidad centran gran parte de sus esfuerzos en la relación de nuestras actividades y hábitos de consumo con el medio ambiente [Valentina, ValeDeOro, Sostenibilidad y minimalismo] y lo que ellos consideran una sociedad solidaria y sana.
La fauna minimalista es amplia y tiene muchas influencias; entre ellas, las filosofías orientales del Budismo [Chocobuda], el despojamiento y la meditación. Esta última es otra herramienta o tecnología del yo que muchos empleamos como forma de regular nuestras emociones y pensamientos e impedir que el mundo externo anule o amenace el interno.
Algunos como Sabia Vida han pensado que el término minimalismo está contaminado por el esnobismo y prefieren hablar sencillamente de «simplicidad», como algo más vivo, con menos tensión y más natural.
¿Por qué no escribo más en este blog?
porque quiero hacerlo bien, creo que lo hago más o menos bien (realmente, muy bien), no quiero defraudar, no quiero «bajar el nivel», quiero hacer un buen artículo, me cuesta mucho hacer buenos artículos y tengo miedo de que si escribo más se darán cuenta de que no lo hago bien , de mí veo todos los errores que hay antes de entregar un artículo acabado, de los demás que escriben sólo veo el producto final (y esto me descorazona), tengo 200 pre-artículos medio-empezados pero no acabados porque no son lo suficientemente buenos, me pongo el listón alto pero esto no significa más que tardo mucho en empezar y mucho en acabar, experimento poco (si experimentara más tendría material para escribir dos artículos al día), quiero escribir sin muchas faltas de ortografía o de sintaxis, creo que lo digo es principalmente banal, siento que estoy robando ideas a los demás y que pocas son genuinas, por eso quiero que el robo no se sienta demasiado y tengo que buscar maneras de disimular el robo, pienso que si escribo algo no puedo borrarlo, pienso que si hago alguna estupidez dejarán de leerme, creo que quien hace estupideces es estúpido, hablo de la mentalidad experimental y el sentido del ridículo pero no pongo mi dinero donde está mi boca, no me gusta que se noten los calcos del inglés y de otros que piensan y escriben, me lo pienso mil veces antes de decidirme por un tema, creo que este blog es una estructura que hay que planear cuidadosamente, aunque digo que el blog crece orgánicamente realmente crece según un diseño ideado hace mucho tiempo, porque no me separo de los planos, porque la improvisación se me da mal, porque creo que la improvisación es chapuza, porque es difícil decir cosas con pocas palabras, porque se supone que soy minimalista en la expresión, porque, según dice Rubén Arribas de Aviones desplumados que dijo Baltasar Gracián, más obran quintaesencias que fárragos, porque cada día me salen más palabras a pesar de que querer ser sintético, porque una vez que empiezo no sé dónde acabar


Revisión proyecto 52 comidas








