Mañana empiezo hoy

El hábito de productividad existencial más importante es la revisión y planificación semanal.

Si no tienes instalado un hábito de revisión y planificación al final de la semana o principio de la siguiente, te sobran todas las técnicas de productividad y organización personal que conoces.

Picasso - maternidad

Amamanta tus días con una buena revisión y planificación semanal.

El asno de Buridán y el minimalismo existencial

Un asno hambriento y dos fardos de heno. Mismo color, mismo volumen, mismo olor, mismo potencial sabor, mismo brillo, a la exacta misma distancia.

El asno en cuestión es un asno racional: se guía por el principio de elegir siempre la opción que conduzca a obtener el mayor valor percibido.

maxresdefault

El asno, incapaz de elegir entre dos bienes igualmente valiosos, se debate en la indecisión, y, si las circunstancias no cambian, será incapaz de dirigir sus pasos hacia el fardo de heno preferible, precisamente porque ninguno es preferido, no encuentra uno más atractivo  que el otro.

Estamos ante un caso de simetría decisional.

El asno mira a un lado y a otro interminablemente, y no encuentra razón suficiente para dirigirse en una u otra dirección.

Pasa el tiempo y muere de inanición.

La paradoja del asno de Buridán toma su nombre de Jean Buridán, un escolástico francés del siglo XIV, discípulo de Guillermo de Ockham, el autor del principio de parsimonia o simplicidad en filosofía de la ciencia, y por tanto personaje ilustre en el panteón del minimalismo existencial.

La fábula del asno fue  creada por los  críticos de Buridán para ridiculizar su defensa simultánea del libre albedrío y el determinismo psicológico, fruto del ejercicio de la razón, que nos lleva siempre a elegir la mejor opción entre las posibles. El libre albedrío excluye el determinismo psicológico, pues si este fuera cierto, siempre elegiríamos la meta  con mayor peso psicológico y no tendría sentido entonces hablar de libre albedrío.

Obviando las implicaciones metafísicas, podemos extraer otra lección de la fábula: el uso exclusivo  de la razón puede llevar a la inacción y en casos extremos a la inanición. En casos menos dramáticos, por ejemplo si se trata de elegir entre dos citas posibles o dos trabajos igual de atractivos, podemos pasarnos  el tiempo deshojando la margarita y perder la oportunidad de ambas citas o ambos trabajos.

Algunos autores toman la fábula del asno para justificar la fe o la intuición como criterios de decisión.

Un contraargumento a la crítica del uso exclusivo de la razón dice que el asno podría lanzar una moneda al aire y jugársela a cara o cruz con lo que el empate se resolvería: no tomar una decisión o diferir la decisión es en sí una decisión que, en ocasiones, puede ser la peor de todas.

Lo racional, por tanto, no sería esperar interminablemente a que una opción fuera mejor que la otra, la opción del azar sería en este caso extremo de simetría decisional lo racional.

Psicológicamente, el pálpito o el sentimiento intuitivo hacen las veces de la proverbial moneda lanzada al aire y nos permite seguir avanzando sin encenagarnos en la parálisis por el análisis.

Existencia buridaniana

Las decisiones cotidianas tienen mucho de buridanianas. Hay muchas más opciones que tiempo para considerarlas y compararlas. Nos encontramos  con fardos de heno al alcance de la pezuña, a unos pocos metros a la redonda, igual de apetitosos.

Muchas veces, ni siquiera elegimos, esperando que ocurra algo que dirima el empate. No nos damos cuenta que mantener el statu quo por miedo a equivocarnos es en sí una decisión. Percibimos cada paso fuera de la situación actual como una pérdida: la pérdida de la opción que descartamos, tenemos miedo a no elegir lo mejor. Este es el origen de la tendencia a permanecer en el mismo lugar, esto convierte a la inercia en la segunda fuerza más poderosa del mundo. Los psicólogos cognitivos han bautizado a esta tendencia como sesgo de statu quo.

BuridanDonkey

Hay otra posibilidad decisional muy común e incluso más grave: somos como asnos que en medio del camino hacia el fardo elegido (si es que vencimos la indecisión) seguimos mirando a los fardos descartados: cuanto más nos acercamos al elegido más apetitosos y brillantes nos parecen los demás y mayor es la tentación de volver sobre nuestros pasos y cambiar de meta.

Tenemos miedo de perdernos algo. La condición moderna es el miedo a perderse algo, a perder la ocasión, a perder el tren, que siempre nos hacen creer que será el último (ahora o nunca, últimos días de rebajas, compra que me lo quitan de las manos). Nos hemos convertido en maximizadores existenciales.

Los maximizadores extremos, los perfeccionistas sin fin,  están siempre explorando sin acabar de comprometerse con nada y con nadie, nunca explotan a fondo ninguna posibilidad, ninguna conversación, ningún proyecto, ninguna relación. Se  quedan en el andén viendo pasar trenes porque ninguno es digno de ellos o, peor, se montan en algún tren, pero siempre están mirando a través de la ventana del tren (léase: pantalla del smartphone) esperando uno mejor o anhelando la siguiente parada en la que puedan cambiar de tren y destino.

Missing-Out

Nos hemos convertido en superficiales existenciales:

Los amigos pendientes del móvil en una cita o en una reunión. ¿Buscan una mejor opción que la persona o personas que tienen delante?

Los amigos que no quedan contigo hasta el último momento. ¿Están eternamente abiertos a una posibilidad mejor que reunirse contigo?

Los amigos que deliberan interminablemente sobre si quedar, dónde quedar y cómo quedar. ¿Buscan la mejor oferta?

Los amigos  que cancelan la cita quince minutos antes de la hora con algún pretexto más o menos peregrino, más o menos convincente. ¿Una oferta de última hora en la puja de las relaciones personales  que no pudieron rechazar?

Los amigos que no están cuando están. Presente en cuerpo pero ausentes en espíritu. Son como jugadores de videojuego que solo se manifiestan  a través de un avatar que en cualquier momento puede vaporizarse. ¿Siempre puede surgir una mejor opción si tienes el teléfono abierto?

Los amigos (?)…

Three horses laughing

La publicidad, la mercadotecnia, parten de la base de que somos asnos: nos ponen zanahorias motivacionales a un metro o menos,  más cerca que los fardos de heno, y nos pide que demos un paso rápido y sencillo. Cuando damos el paso y hemos aligerado el bolsillo se nos ofrece una mejor zanahoria que vuelve insatisfactoria la recién adquirida. Los psicólogos llaman a esto adaptación hedónica; los budistas, duhkha;  los que creen estar de vuelta de todo, tedio.

donkey-and-carrot

Es una condición existencial, no generada por la sociedad de consumo, pero sí agravada por un determinado tipo de consumo.

Si caemos en la trampa consumista, que siempre privilegia lo más fácil y lo más rápido, viviremos a merced de los impactos publicitarios, de la influencia directa e intensa que las mentes más brillantes del mundo y nuestro grupo social de referencia ejerce sobre nosotros a través de los medios de comunicación y redes sociales.

Las zanahorias y fardos de heno de la publicidad y la imitación social son invariablemente los más fáciles y los más insatisfactorios. Hay una ley psicológica que siempre se cumple: cuanto más insatisfactorio es un estímulo, más hemos de aumentar su intensidad y variedad.

Los fardos distantes, aquellos que nadie se molesta en publicitar o de los que no se puede obtener resultado monetario inmediato, apenas aparecen en nuestra conciencia. El tráfago del día a día, de la publicidad y de la influencia de nuestro entorno social impiden que los percibamos.

Invariablemente los fardos más distantes son mejores y más satisfactorios que los fardos de las distancias cortas, pero también el camino es más largo y más esforzado; ya lo dijo el poeta: «lo excelso es tan difícil como raro».

Una posible estrategia  existencial

Elijamos un fardo, si es necesario al azar, y dirijámonos hacia él, podando las posibilidades u opciones alternativas.

Seamos asnos con visión a largo plazo, con mirada lejana, porque los mejores fardos están lejos. Los mejores son remotos, quizá inalcanzables; se llaman ideales.

unnamed (1)

Evitemos las zanahorias que nos ponen al alcance la boca pero que desaparecen sustituidas por otras o se alejan en cuanto damos un paso.

Seamos como un burro con anteojeras durante el camino hacia al siguiente fardo. No miremos a los lados ni atendamos a los cantos de sirena de las opciones descartadas.

person-with-blinkers1-236x300

En teoría, la teoría y la práctica deberían ser lo mismo; pero en la práctica, no lo son: en teoría, lo perfecto es lo mejor; en la práctica, lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Basta con que el fardo elegido parezca suficientemente bueno, aunque no estemos seguros de que sea el mejor.

Sigamos  por tanto una estrategia satisfaciente (satisfactoria y suficiente) y renunciemos a la maximización o la optimización.

Si aspiramos a la perfección, debe ser la perfección del ideal, pero siempre consciente de que esa aspiración es un camino a largo plazo que se compone de pasos necesariamente imperfectos.

Comprometámonos con el fardo y tengamos  en cuenta que muchas veces el camino es tan bueno o mejor que el destino (dicho de otro modo: encontraremos otros fardos en el camino hacia el fardo (=motivación intrínseca) que justificarán el camino con independencia de si alcanzamos  la meta  u objetivos concretos).

Una vez llegado al destino, disfrutemos del resultado, saboreemos el heno y aprendamos de la experiencia.

Completar el camino hacia un fardo de heno lejano, con el resultado deseado o no, nos pone en disposición de aspirar y acceder a nuevos y mejores fardos.

No decidirse ni comprometerse nunca del todo nos convierte en superficiales, dispersos y existencialmente fracasados.

fomo-

 

¿Puedes hacer varias cosas a la vez?

  • Si eres mujer, la respuesta será seguramente que sí.
  • Si eres alguien nacido en la era de internet, probablemente dirás que sí.
  • Si eres alguien pagado de sí mismo, un ser superior, también dirás que sí.

Bien, os lanzo un reto, mujeres, milennials, seres pagados de vosotros mismos.

Necesitas un cronómetro y un minuto sin distracciones.

Lo tienes. Bien.

Este test tiene tres partes. Completa una detrás de otra (no intentes las tres a la vez, el test no es ese).

I.

Toma el cronómetro y mide lo rápido que puedes decir los números del uno al diez y las letras de la A a la J.  Primero los números, luego las letras. Intenta decirlo lo más rápido posible y sin equivocarte. Si te equivocas, tienes que repetir la letra o número equivocado.

Apunta el resultado.

II.

Ahora vuelves  a tomar el cronómetro y vas a repetir los mismos números y letras pero en este orden: un número-una letra-un número-una letra… hasta llegar a 10-J. Es decir: 1-A-2-B… -10-J

Apunta el resultado.

III.

Compara resultados de la primera y segunda medición. Si tardaste más en la segunda medición, NO ERES MULTITAREA.

 

¿Por qué?

A pesar de ser el mismo trabajo (recitar diez números y diez letras) en el segundo caso pasamos de una tarea a otra sucesivamente varias veces y eso genera costes de cambio de tarea: tienes que guardar en la memoria el punto donde suspendes la primera tarea y recuperar de la memoria el punto de la segunda tarea donde lo dejaste en el cambio anterior.

Podrías hacer lo mismo en la mitad de tiempo simplemente haciendo primero una cosa y luego otra. Yo, por ejemplo, tardo menos de 4 segundos en recitar números y letras por separado, y más de 8 segundos en recitar los números y las letras intercaladamente.

En nuestra vida cotidiana, más que multitarea lo que practicamos es la atención parcial discontinua: es discontinua porque pasamos muy rápidamente de una tarea a otra y experimentamos la ilusión de estar en modo multitarea. Es parcial porque una parte de nuestros recursos mentales están en la tarea que momentáneamente hemos dejado en suspenso; por ejemplo, está demostrado que el mero hecho de la presencia de un teléfono móvil encima de una mesa (¡aunque nunca suene!) reduce la calidad y profundidad de las conversaciones y  la sensación subjetiva de significado e intimidad en las personas presentes.

Lo que habitualmente consideramos multitarea, como hablar y conducir,  solo es posible cuando alguna de las actividades es casi automática. Pero piensa qué haces cuando estás al volante y no sabes qué bifurcación tomar. Normalmente, dejas de hablar y te centras en la carretera;  tu acompañante es consciente de que necesitas todos tus recursos mentales y suele callarse hasta que has encontrado el camino.

Operacionaliza la atención completa

Cuando mantienes abierto el correo electrónico, dejas tu teléfono inteligente al alcance de la mano o de la oreja, o consultas facebook en medio del trabajo estás infligiéndote costes de cambio de tarea y reducción de la atención en la tarea en curso que  reduce dramáticamente tu productividad, además de aumentar tus niveles de estrés.

Sin necesidad de dejar facebook, el correo electrónico o tu teléfono inteligente, es mejor que no los uses en medio de otras tareas. Simplemente, decide a qué hora consultarás esos medios y cuánto tiempo les dedicarás. No salpiques tus jornada con ellos. Si quieres, sigue dedicándoles el mismo tiempo que ahora.

Así operacionalizo yo este consejo:

  1. Correo electrónico solo al final de la jornada (8pm).  Yo me lo puedo permitir, pero si tú no puedes dejar de consultarlo a lo largo del día, establece dos o tres o cuatro puntos de consulta y cíñete a ellos.
  2. No tengo teléfono inteligente (con esto evito muchas interrupciones y tentaciones tipo whatsapp), siempre me ha gustado ser más inteligente que mi teléfono y que los programadores de aplicaciones de esos teléfonos; aunque sí tengo un teléfono móvil vintage, para emitir y recibir llamadas y mensajes de texto,  lo mantengo en modo silencio y fuera del alcance de la vista.
  3. No tengo facebook ni twitter ni instagram ni tumblr. Muertos los perros se acabaron la rabia y otras enfermedades de transmisión digital. Aquí tienes 3(33) razones para dejar facebook Si no puedes renunciar a facebook, twitter u otras redes sociales,  decide en qué momentos del día y cuánto tiempo les dedicarás. Cíñete a los limites que te impongas.