¿Qué haría Homo Mínimus?

Tras tantos años escribiendo en este blog, era previsible que tarde o temprano tropezara,  me acometiera la desazón, me atacaran las dudas y quisiera tirar todo por la borda.

A veces la vida te toma por sorpresa y te golpea sin piedad cuando menos lo esperas. Te creías inmune a ciertas debilidades, por encima de ciertas tentaciones, protegido de las tempestades…; pero desgraciadamente  todo esto acaba un aciago día  y quedas desnudo, inerme y derrotado por tu propia estupidez y tu soberbia, naufragando, una vez más, ante la sonora carcajada de los dioses.

Sin embargo,  ahora que me arrastro en el cieno, intentando levantar la cabeza y no ahogarme, me encuentro con que poseo recursos y dones, algunos inesperados,  acopiados lentamente a lo largo de años prescribiendo sabios y certeros consejos:

Cuando el camino se hace díficil, cuando la vida aprieta y amenaza ahogarme, cuando paseo mi triste estampa en la noche oscura del alma y no sé qué rumbo tomar,  siempre puedo hacerme esta pregunta:

¿Qué haría Homo Mínimus?

Sin ti no soy nada

Olvida mi última entrada en el blog.  No quería decir lo que dije. Al menos, no quise decirlo como lo dije y dar pie a malentendidos.

A decir verdad, me gusta escribir en este blog e interaccionar simbólicamente en los comentarios y en los podcasts con algunos de los amigos y lectores de este blog, ya sean casuales, que pasaban por aquí, o gente que acude al blog de forma periódica (semanal, mensual). NUNCA eres un lastre, una carga, una cortapisa, un obstáculo, una pejiguera, un fastidio, un peso muerto, un lector cansino, una piedrecilla en el zapato.

Este blog me ha convertido en mejor persona gracias a ti.

Pero por muy buena persona que sea o que parezca (que hablen de uno aunque sea bien), todavía tengo mucho recorrido; es más, me siento al principio del camino y con unas terribles ganas de aportar, agradar, instruir y ser instruido.

Siempre he dicho que este blog es un ejemplo de lo que deberían ser las redes sociales digitales: un mecanismo para generar conversaciones de calidad entre personas de calidad (sí, este público que tanto me quiere es superior a la media, muy superior a la media, al menos dos desviaciones estándar).  Estoy muy orgulloso de ti (fíjate en cómo hablo de ti, no de vosotros, no de los lectores, lo hago para que sientas que te hablo a ti, a la persona, no al nicho de mercado, al segmento, al “cluster”).

Soy un manipulador, ya lo sabes, te doy una de cal y otra de arena, me tienes calado (aunque también arenado), no quiero negarlo; de hecho, siempre he hecho gala de ello, mi comportamiento puede parecer cínico, pero a pesar de parecerlo, sí que lo es.  Lo que no reluce a veces es oro. La donna (y el divo)  è mobile.

Periódicamente, suelo animarte a darte de baja (por ejemplo: aquí, aquí y en otras entradas que no me digno a buscar),  ya sabes que mal se paga a un maestro permaneciendo siempre discípulo, por eso aprovecho la oportunidad para animarte –una vez más– a que pulses el enlace de “Cancelar la suscripción” (al final de este correo)  y solo entres en el blog cuando te acuerdes de Homo Mínimus o cuando te despiertes de una pesadilla temeroso y tembloroso buscando guía en una fría noche de invierno.

Si no lo haces, atente a las consecuencias: avalancha de correos promocionales, venta de libros de baja calidad escritos por el autor, autobombo, cursos de crecimiento espiritual en retiros de fin de semana en casas rurales donde solo crecerás tres o cuatro kilos,  riesgo de ser captado por una peligrosa secta neoludita y el escaso tiempo que te queda de vida buscando el vellocino de oro en el lugar equivocado.

Dicho esto, ya sabes: quien avisa no es Rajoy (aunque sí Mariano). ¡Vota a Vox! (con letra de El Genio).