Al menos cien cosas que detesto de Homo Mínimus

Este es un artículo invitado de Homo Máximus. Le agradezco que haya accedido a la invitación. Homo Mínimus no se hace responsable  de las opiniones emitidas por Homo Máximus ni necesariamente está de acuerdo con ellas o las suscribe.

Nota adicional: me admiró  tanto la sinceridad  de Homo Máximus —aunque también me dolió— que le ayudé a mejorar el artículo con fotos relevantes, enlaces , estadísticas del blog y poniendo en negrita algunas frases memorables que corrían el riesgo de pasar desapercibidas entre tanta crítica (probablemente merecida, al menos en parte).

 

I. No me gusta que publique artículos ombliguistas, narcisistas, como este, porque sabe que soy un tipo que solo hablaré de él.

II. Que nos tome por idiotas: seguro que en este artículo digo algunas cosas malas de él que en el fondo son buenas.

III. Que sus artículos sean como la cuchara-avión con la que se alimenta al bebé. Me lo da todo mascado.

IV. Que use material de otros, por ejemplo, viñetas humorísticas en los que los  comentarios de Mínimus  no añaden nada a lo ya visto.

V. No me gusta que use palabras raras, es un pedante. ¿Dónde queda el lenguaje claro y sin pretensiones?

VI. Que use un lenguaje florido para disfrazar su falta de contenido.

VII. No me gusta dé vueltas una y otra vez a las mismas ideas. ¿Tiene algo nuevo que no sepa?

VIII. Que no cuide más los podcasts; no tiene entradilla musical y el sonido es manifiestamente mejorable.

IX. Que interrumpa a sus invitados en el podcast.

X. Que monopolice las conversaciones en los podcasts.

XI. Que diga «ehhhh» y «¿no?» al final de sus frases.

XII. Que camufle su falta de ideas traduciendo al español libros de Leo Babauta y los utilice como cebo para que la gente se suscriba al blog. Patético.

XIII. No me gusta el video presentación del Minimalismo existencial. Lo único que vale son los dibujos de John Flames, la historia, la voz y la grabación son de aficionado.

XIV. Que me hable desde el púlpito.

Tablas de la ley

 

XV. No me gusta tanta cita de Einstein y Nelson Mandela. Argumentos de autoridad.

XVI. Que azote con el látigo de su indiferencia a aquellos que no le dicen que sí a todo.

XVII. Que se meta con la gente.

XVIII. Que escriba en otros blogs para reírse de la gente. Como en el blog de la adorable Caro Chan y su artículo Qué quieren los hombres 2.0.

XIX. Que insulte a los comentaristas que no le bailan el agua. Sí, a veces hace eso.

XX. Que sea tan relamido. Cuando se pone poético es empalagoso. Por ejemplo, en el artículo Un ramo de rosas para la más loca.

XXI. Que confunda un artículo de blog con una lista inconexa de ideas.

XXII. Que use y abuse de las listas.

XXIII. Y de los retruécanos.

XXIV. No me gusta leer el título del artículo y ya saber lo que va a decir.

XXV. Que muestre ramalazos heteropatriarcales propios de otras épocas. Su artículo Cómo convertir a tu mujer en minimalista es cuando menos despreciativo  para la condición femenina.  Las mujeres no necesitan ser tuteladas. Punto.

XXVI. Que escriba Cien maneras de iniciar una conversación con una mujer. No es más que una colección de micromachismos , muchos de ellos rayan la calificación penal.

 

cien maneras iniciar conversación con una mujer

 

XXVII. Que el artículo sobre las Cien  maneras de iniciar una conversación con una mujer sea el más leído de la historia del blog (casi 30.000 visitas). Lo peor: desde el 2014 sus lectores no han dejado de crecer.

 

Estadísticas artículos

 

Por otro lado, me hace gracia los dos artículos más leídos de su blog no tengan nada que ver con el minimalismo y sean listas de cien. En el pecado lleva la penitencia. Es el problema de los blogs todo a cien.

XXVIII. No me gustan sus listas de cien. La única que tiene pase, yo diría que es simpática, es la de Cien  ideas para una conferencia TED. Este es el segundo artículo más leído del blog.  Pero no se engañen, esta lista no justifica el deficiente nivel del resto del blog ni exime a Homo Mínimus de responsabilidades penales y civiles .

XXIX. Me repatean los proyectos que empieza y no acaba. Por ejemplo, el Reto-práctica 100×100 ideas, más de cuatro años desde que lo empezó y sigue sin terminarlo. Un tipo que no acaba lo que empieza dándonos lecciones de tenacidad en su Curso de autorregulación y perseverancia. Consejos vende que para él no tiene.

XXX. Que anuncie un libro sobre el minimalismo existencial y defraude a sus lectores varios meses después diciendo que no lo escribirá .

XXXI. Que empiece proyectos como el Proyecto 52 paseos con (al menos) 52 frikis que anuncia a bombo y platillo pero del que nunca más se volvió  a saber.

XXXII. Que use el cliffhanger   y otros trucos baratos para generar anticipación. Generalmente, lo que viene después no tiene interés.

XXXIII. Que sea tan irregular. Se pasa meses sin escribir nada y de repente en un par de semanas escupe  ocho artículos.

XXXIV. Que me inunde el buzón de correo con su farfolla

XXXV. Que robe ideas y luego no cite a sus autores. Especialmente roba a Rober Sánchez, Esto no es comida, Luis Andés ,  Tribuna de Avalón y Entusiasmado, por citar autores en español.

XXXVI. Que divague sobre ideas suficientemente comprendidas. Filosofía de parvulario llamo yo a sus principios minimalistas.

XXXVII. Que en las distancias cortas no tenga ni una mala palabra ni una buena acción.

XXXVIII. Que no diga que no ni que sí a las propuestas de los lectores que le escriben. Es como la chica popular que gusta de tener pendientes de un hilo a sus muchos pretendientes; los deja en la reserva, como si fueran tampones emocionales para apuntalar su frágil ego en tiempos de hemorragia sentimental y baja autoestima.

XXXIX. Cuando Homo Mínimus se dirige a las mujeres lectoras del blog, lo hace con un tono condescendiente y sutilmente despreciativo. Es un caso de libro de machoexplicación.

 

Machoexplicación

 

XL. Que use su  blog para airear sus filias y fobias personales.

XLI. Que diga que «Sí, por supuesto» o que «más adelante» a los lectores que le escriben pero luego nunca más se sepa.

XLII. Que no haga una reseña del blog Historias Minimalistas de Pablo Matilla . Probablemente porque le fastidia que escriba mucho mejor que él.

XLIII. No me gusta de Homo Mínimus su ridículo nombre.

XLIV. Que haga trampas en las listas de cien.

XLV. Que prometa hacer una reseña de este libro y no lo haga:  «La mudanza. ¿Con qué me quedo?» De Javier Saura. https://amzn.to/2Oc65vh

XLVI. No me gusta su en ocasiones tono buenista new age.

XLVII. No me gusta el tono retador y sobrado del que después de todo no pasa de ser el típico subcampeón del mundo.

XLVIII. No me gusta que crea que por darle la vuelta a una idea generalmente aceptada tiene una idea válida. Eso es lo más fácil del mundo. Es un síntoma de pereza mental.

XLIX. No me gusta de Homo Mínimus su simplona forma de escribir. Seguro  que a muchos lectores les gusta por esa misma razón. Está claro que uno busca y atrae lo que es.

 

Me gusta porque es simple

 

L. No me gusta que no haga referencia a otros blogueros de su nicho, ignora a su competencia.

 

 

 

 

 

 

 

LI. Que no haga pausas a mitad de sus listas de cien.

LII. Que todo lo que hace sea esperado. Que no me sorprenda. Se le acabaron las ideas.

LIII. Me indigna que Homo Mínimus emplee fotos de trabajadoras de la limpieza en su blog.

 

366512269_071e81bcbd_b

 

LIV. Que no tenga organizados los artículos del blog.

LV. Que sea difícil encontrar el botón de suscripción.

LVI. Que no responda a la gente que amablemente comenta.

 

LVII. Que responda a los comentarios de unos lectores y no a los de otros, de manera aparentemente arbitraria.

LVIII.  Que sea tan difícil encontrar un medio de contacto.

LIX. Que se vaya por las ramas.

LX. Que no nos dé más ideas prácticas.

LXI. Que nos venda tanto humo.

LXII. Que intente colarnos sus ideas políticas de corte liberal. Si quieres «disfrutar» de su tufillo   de anarquista de mercado puedes leer (en diagonal y tapándote la nariz) Nadie merece nada: contra la meritocracia y otras teorías del merecimiento.

LXIII. Que no hable de asuntos de actualidad.

LXIV. Que se quede siempre en el terreno de lo abstracto.

LXV. No me gusta que se meta tanto con la gente que usa teléfonos inteligentes.

LXVI. Me saca de quicio su tecnofobia y su neofobia. Chochea. «En mi época la gente leía libros y prestaba atención…» dice Homo Mínimus carraspeando. A ver si evoluciona de una vez y se da cuenta de que vivimos en el siglo XXI.

 

unabomber_auction-(10)
Unabomber. Un minimalista existencial

 

LXVII. No me gusta su soberbia disfrazada de ironía y bonhomía.

LXVIII. No me gusta que no reseñe los libros de los que bebe. Me gustaría ir a las fuentes, no acceder a su agua dialéctica a través de sus tendenciosos sesgos y filtros.

LXIX. Que no me diga quienes son sus fuentes.

LXX. Que me aconseje una cosa y la contraria.

 

 

LXXI. Que se canse de un tema o proyecto o experimento y lo deje a medias.

LXXII. Que me haga trabajar para él como articulista invitado.

LXXIII. Que diga que suele responder en menos de tres semanas, «generalmente con amabilidad». ¿Qué hace cuando no es amable?

LXXIV. Que haya agotado el tema del blog, el minimalismo existencial, y siga perorando.

LXXV. Que se crea que le leo, habitualmente paso rápida y perezosamente la mirada por los artículos que me envía y los elimino.

LXXVI. No me gusta su pose de loco hablando desde lo alto de la colina.

LXXVII. No me gusta el aire enrarecido, a habitación de enfermo, que tiene este blog. Todo negatividad y cinismo.

LXXVIII. No me gustan los comentaristas habituales del blog: siempre aplaudiendo y  estando de acuerdo con lo que dice Homo Mínimus. Parecen miembros de una secta.

 

Three horses laughing

 

LXXIX. Me parece peligroso que denigre el sistema educativo con tanta ligereza. Me asquea su falta de sensibilidad social.

LXXX. No me gusta que me sermonee porque veo series en Netflix y consulto mi teléfono en los tiempos muertos.

LXXXI. Que me utilice para hacer una lista más de cien para su Reto-Práctica 100×100 ideas.

LXXXII. Que vaya de desapegado, libre y radical, como si no le importara su audiencia o el número de lectores. Se la he visto consultar compulsivamente las estadísticas del blog y salivar con los «likes».

LXXXIII. No me gusta que confunda la exuberancia mental con la verborrea.

LXXXIV. Que robe fotos.

LXXXV. Que no cumpla la normativa de cookies ni advierta que los datos personales pueden ser recogidos.

LXXXVI No me gustan sus artículos «Shabbat shalom» del viernes por la tarde. ¿Se cree que solo le siguen judíos sefardíes? Totalmente fuera de lugar.

LXXXVII. Peor, ¿no se estará mofando sibilinamente de los judíos practicantes?

LXXXVIII Que escriba un artículo sobre las bondades del pensamiento hitleriano en Mein Kampf. Repugnante.  https://homominimus.com/2015/02/26/la-verdad-es-la-verdad-la-diga-agamenon-o-adolfo-hitler/

 

old chaplin

 

LXXXIX. No me gusta que me haga mirar en una dirección para luego decirme que mire en la otra.

 

XC. No me gusta el diseño del blog. Realmente, no creo que tenga ningún diseño.

XCI. Que no vaya de frente, siempre con subterfugios.

XCII. Que vaya de listillo y graciosete.

XCIII.Que bajo el pretexto de la filosofía minimalista no se trabaje el diseño del blog y su navegabilidad. Este blog no es amistoso con la gente.

XCIV. De Homo Mínimus, no me gusta su hipocresía patológica. Cualquiera que lo conozca sabe que su aparente bonhomía y don de gentes no es tal, es un personaje inventado, una máscara ridícula, un producto de marketing.

XCV. Que me haya puesto la condición de escribir una lista de al menos cien elementos si quiero publicar en su blog. Me quedan todavía cinco.

XCVI. Que se haga llamar con el título de Doctor.

XCVII. Que vaya dando consejos terapéuticos a gente muy enferma mentalmente y moralmente sin estar cualificado ni certificado como psicólogo clínico, psicoanalista lacaniano o terapeuta ocupacional. Espero que un día le demanden por intrusismo profesional y/o negligencia médica. No tienes más que mirar a sus artículos en el Consultorio del Doctor Mínimus.

XCVIII. Que intente emular (patéticamente) a Rainer Maria Rilke en su sección «Cartas a un joven bloguero».

XCIX.

C. Que me haya obligado a escribir esta lista con numerales romanos en vez de con arábigos. Fascista romano. Islamófobo cabrón.

 

Diez errores en la educación

El artículo que transcribo fue escrito en 1994 por Roger Schank, investigador en Inteligencia Artificial y educador.

Obviamente, creo que el sistema educativo está cometiendo grandes errores. Aquí están mis diez favoritos, favoritos no porque me gusten sino porque si los erradicáramos ayudaríamos mucho a los niños a aprender.

Error #1: las escuelas actúan como si el aprendizaje pudiera ser disociado del hacer

Realmente no se puede aprender sin hacer. Hay apariencia de que aprenden sin hacer cuando pedimos a los niños que memoricen cosas. Pero los adultos sabemos que aprendemos mejor en el trabajo, de la experiencia, probando cosas. Los niños aprenden mejor de esa manera también. Si resulta que no hay nada que hacer en el área de la asignatura que queremos enseñar a los niños, entonces puede ser que realmente no haya nada que debamos aprender en ese área.

Error #2: las escuelas creen que el trabajo de evaluar es una parte de sus responsabilidades naturales

La evaluación no es el trabajo de las escuelas. Los productos han de ser evaluados por los compradores de esos productos, no el productor de esos productos. Dejemos que las escuelas hagan el mejor trabajo que puedan y dejemos que el comprador decida por sí mismo la calidad de los resultados. Las escuelas deben concentrarse en aprender y enseñar, no en poner exámenes y comparar.

Error #3: las escuelas piensan que tienen la obligación de crear un currículum estándar

¿Por qué deberían todos saber lo mismo? Vaya mundo tan aburrido sería este si todos supieran lo mismo. Dejemos que los niños elijan dónde quieren ir, y con guía adecuada escojan bien y creen una sociedad viva y diversa.

Error #4: los profesores creen que deben decir a los estudiantes lo que creen que es importante saber

No hay tantas cosas importantes que saber. Sin embargo, hay mucho que es importante saber cómo hacer. Los profesores deberían ayudar a los alumnos a que averiguaran cómo hacer las cosas que los alumnos quieren hacer.

Error #5: Las escuelas creen que la instrucción puede ser independiente de la motivación para usar lo aprendido.

Tenemos que superar la idea de que algunas cosas merecen la pena saberse incluso si nunca haces nada con ellas. Las memorias humanas felizmente borran las cosas que no tienen propósito, así que… ¿por qué intentar atiborrar las cabezas de los niños con tal contenido? Concéntrate en averiguar por qué alguien querría saber algo antes de que se lo enseñes, y enséñale la razón de un modo creíble al mismo tiempo.

Error #6: las escuelas creen que el estudio es una parte importante del aprendizaje

La práctica es una parte importante del aprendizaje, no estudiar. Estudiar es un completo desperdicio de tiempo. Nadie nunca recuerda las cosas que se metió en la cabeza la noche antes del examen, así que ¿por qué hacerlo? La práctica, por otra parte, lleva a la perfección. Pero tienes que practicar una habilidad que realmente quieras saber cómo ejecutar.

Error #7: las escuelas creen que clasificar de acuerdo al grupo de edad es una parte intrínseca de la organización de la escuela

Esto es solo un accidente histórico y una idea terrible. Los niveles escolares de acuerdo a la edad son una de las principales fuentes de miedo a la escuela en los niños, porque siempre están sintiendo que no son tan buenos como algún otro o mejores que algún otro, y cosas así. Tales comparaciones y otros problemas sociales causados por divisiones por edad similares provocan que muchos niños tengan terribles problemas de confianza. Por otro lado, dejar que los alumnos ayuden a los que son más pequeños es beneficioso para ambas partes.

Error #8: las escuelas creen que los niños lograrán cosas solo si hay calificaciones por las que esforzarse.

Las calificaciones sirven como motivación para algunos niños, pero no para todos. Algunos niños se frustran mucho por el uso arbitrario del poder que representan las calificaciones y terminan renunciando.

Error #9: las escuelas creen que la disciplina es una parte inherente del aprendizaje

La gente mayor, sobre todo, piensa esto, probablemente porque las escuelas eran rígidas y exigentes en sus días. La amenaza de una regla golpeando la cabeza vuelve a los niños ansiosos y callados. No les hace aprender, les hace temerosos de cometer errores, que es algo muy distinto.

Error #10: las escuelas creen que los alumnos tienen un interés primario en aprender cualquier cosa que las escuelas decidan enseñarles

¿Qué niño elegiría aprender matemáticas en vez de aprender sobre animales, camiones, deportes u otra cosa? ¿Hay alguno? Bien. Entonces enséñale matemáticas. Deja a los otros niños en paz.

Esta lista no detalla lo que funciona mal en la escuela, ni las arquitecturas de la enseñanza que proponemos para reparar todo lo que no funciona. Sin embargo nos da una idea sobre dónde empezar. Y yo creo que software de alta calidad podría ayudarnos a hacer algunos de estos cambios.

 

Roger Schank. 1994. Originalmente publicado  aquí.

 


¿Ha cambiado algo esto en los últimos 20 años?

20 años después de escribir el artículo,  Roger Schank ha hecho una revisión de estos 10 errores. El panorama es desolador. Las cosas han ido a peor:

“No soy el único que está clamando en el desierto. Hay mucha gente que está de acuerdo conmigo y dice cosas similares.

¿Escucha alguien?

Sin duda. Los padres están dándose cuenta de lo estúpidos que son los tests y qué estúpido es el currículum. Los chicos se están dando cuenta, hoy más que nunca. Los profesores están decepcionados.

¿Alguien los escucha? No. Hay muchísimo dinero en juego para que cambien las cosas.

Bien, este fue el informe de los últimos 20 años en las trincheras. No nos rendiremos, pero la victoria parece estar muy lejos.”

 


 

Roger Schank dice de sí mismo en su blog personal: “Renuncié a formar parte del sistema educativo para así poder cambiarlo”.  Creo que hemos de hacer lo mismo. Pero no tanto para cambiar el sistema educativo como para crear millones de sistemas educativos distintos que no necesariamente impliquen la institución tradicional de la escuela ni por supuesto la planificación y control de Estado y las autoridades académicas.

¿Hay esperanza? Sí. Convertirnos en interdidactas, aprender por nuestra cuenta y en compañía (voluntaria) de otros. Allá vamos.

En este blog he publicado varios artículos en esta línea.
Puedes leer  Los diez mandamientos del aprendizaje, Jaque al sistema, hackea tu educacion 33 daños colaterales resultantes de escolarizar a tu hijo.

 

 

 

Aprender finanzas personales te ayuda a ser minimalista

Este es un artículo invitado sobre finanzas personales y minimalismo de mi proto-amiga y colega bloguera Diana, del blog Emprender y Vivir. Todavía tenemos pendiente un paseo del Proyecto 52 paseos, a ver si se alinean los astros este año.

Si alguna vez has pensado que el minimalismo existencial es tan puro y evanescente que no tiene que ver con el dinero y las inversiones, este artículo te ayudará a eliminar el error.

post-hm

¡Hola! Soy Diana,

Homo Mínimus me ha concedido el placer de escribir en su blog, lo cual es todo un honor para mí, ya que éste es uno de los primeros blogs que empecé a leer, y ha resultado ser, en numerosas ocasiones, un torrente de inspiración para mí.

Me encanta el minimalismo, y me apasionan las finanzas personales. Además, ambos conceptos se retroalimentan, son completamente sinérgicos. Ser minimalista, te ayuda a mejorar tus finanzas personales y mejorar tus finanzas personales te hace ser más minimalista.

Es posible que no te esté diciendo nada nuevo, y es que doy por hecho que eres un minimalista de corazón, de necesidad existencial y no de moda pasajera. Un minimalista de los que conocen el poder de centrarse en lo que realmente importa y de los que saben que las distracciones banales son el enemigo.

Pero pese a que ya hayas reflexionado con anterioridad sobre el binomio minimalismo-existencial/finanzas-personales, te invito a profundizar más en el tema.

Empecemos a hacernos preguntas…

¿Cuántas actividades, pasatiempos o aficiones te llenan, y además, son gratis? Seguro que muchas. Apuesto a que Homo Mínimus sería capaz de hacer una lista de 100 cosas gratuitas que le hacen feliz. Y también sé que a ti y a mí nos gustaría leerla.

Sin embargo, creo firmemente que le resultaría más sencillo hacer una lista de 100 cosas que le hacen feliz, pero para las que necesita dinero. Por ejemplo, comprarse una manzana para comer, o tener un blog sobre minimalismo existencial.

El dinero no es malo, tan solo es la moneda de cambio estandarizada. Podríamos ir a comprar huevos y cambiarlos por pan, pero… ¿Cuántos huevos por cuánto pan? ¿Y si en vez de pan, es leche lo que tengo para ofrecer? ¿Cuántos huevos, por cuánta leche?

Sería un caos. Cada transacción nos llevaría mucho tiempo, así que podemos decir que la forma más sencilla de hacerlo, o más minimalista, es la de usar el dinero.

Por qué merece la pena controlar tus finanzas

Seguro que te has planteado más de una vez, qué es lo que realmente quieres, y sobre todo qué es lo que sobra en tu vida.

En el caótico ritmo vital en que nos encontramos inmersos en la actualidad, controlar tus finanzas personales, trae orden y tranquilidad a tu vida. Dos aspectos altamente apreciados por los minimalistas. Es por ello, que he elegido este tema para el post.

Pero no pretendo convencerte de ello, lo que voy a hacer va a ser darte, tan solo, dos razones, o mejor dicho, dos opiniones personales, por las que considero que aprender a controlar tus finanzas, te acercará a aquello que deseas.

Un sitio adecuado para cada cosa y cada cosa en su adecuado sitio

O lo que es lo mismo, saber lo que tienes, saber dónde lo tienes y saber lo que implica tener lo que tienes, donde lo tienes.

Vayamos por partes.

Saber lo que tienes

¿Cómo puedes llamarte minimalista si ni siquiera sabes lo que tienes?

Puede parecer que estoy exagerando y que tan solo los millonarios no saben lo que tienen, pero esta no es la realidad.

La realidad es que mucha gente normal, y por normal me refiero a la media, no saben lo que tienen. Y no solo me refiero a que no saben cuántos pares de calcetines tienen, sino  a que no saben qué cifra marca su cuenta corriente. Creo que este sería un argumento más que suficiente para que un minimalista comenzara a interesarse por sus finanzas. Sin embargo, tengo más.

Es necesario saber perfectamente lo que tienes para tomar buenas decisiones y para poder aprovechar oportunidades. Cuando sabes lo que tienes, eres plenamente consciente de lo que puedes permitirte y de lo que no puedes permitirte.

¿Cuánto tiempo te ahorra el poder decir “no” instantáneamente, cuando te proponen algo que no te conviene en ese momento?

Imagina ahora, que te proponen eso mismo, pero no sabes si te conviene o no, de manera que empiezas a dudar. No puedes dar una respuesta certera puesto que no conoces tu propia situación.

Esto puede hacer que tomes decisiones que no te convienen en absoluto, o dejar pasar oportunidades que merecen la pena.

Saber dónde lo tienes

¿Dónde está la riqueza material de un minimalista? Quizás alguno considere que no todas las opciones son dignas para él, sin embargo, la gran incoherencia sería que no supiese dónde la tiene.

¿Tienes depósitos a plazo fijo? ¿Tienes fondos de inversión? ¿Has comprado acciones alguna vez?

No te sugiero que inviertas, ni que dejes de hacerlo, tan solo te invito a reflexionar sobre tus propias finanzas ¿Sabes dónde tienes tus “cosas”? ¿Es coherente que solo tengas 10 pares de calcetines bien ordenados en tu armario y que no sepas cuánto dinero tienes en tu cuenta corriente, cuánto en tu plan de ahorro y cuánto debajo del colchón?

Saber lo que implica tener lo que tienes, donde lo tienes

Me parece correcto que te quejes del comercial del banco si éste lleva a cabo alguna práctica de dudosa moralidad. Pero seamos sinceros, NUNCA NADIE VA A PREOCUPARSE MÁS DE LO QUE TE PREOCUPAS TÚ DE TU DINERO. Nunca. Nadie.

Este tercer punto es clave. No es suficiente saber cuánto dinero tienes. No es suficiente saber dónde lo tienes. También tienes que saber las consecuencias de tener tu dinero donde lo tienes. Si no conoces las implicaciones que conlleva tener el dinero en un determinado “sitio”, en realidad estás reconociendo que no sabes dónde lo tienes.

Y en este aspecto cada persona es un mundo. En función de tus necesidades y de tu tolerancia al riesgo, deberás decantarte por unas opciones u otras.

Conseguir lo que realmente quieres

Con este segundo punto pretendo mostrarte cómo el controlar tus finanzas personales te ayuda a conseguir lo que quieres.

En este post que escribí sobre cómo ahorrar, explico cómo las distracciones nos apartan de lo que realmente queremos. Esto es algo que todo minimalista tiene muy presente, sin embargo, por alguna extraña razón, en ocasiones descuidan este aspecto en sus finanzas, sin darse cuenta de hasta qué punto esto les aleja de sus propósitos.

Soy consciente de que existen distintos tipos de minimalistas, los hay que viven en la más absoluta austeridad, y los hay quienes simplemente quieren simplificar su vida para centrarse en lo importante.

Y en este aspecto, las finanzas personales juegan, desde mi punto de vista, un papel fundamental. Ya que enfocarlas en conseguir lo que deseas es vital para, finalmente, conseguirlo. Mientras que si las descuidas, acabarás por no saber qué haces con el dinero, y te resignarás diciendo que no puedes permitirte aquello que deseas, cuando la realidad es que no deberías permitirte el no tenerlo, independientemente de que lo que deseas sea un ordenador, un viaje o un lingote de oro.

Esa es una cuestión demasiado personal.

Como ves, aprender sobre finanzas personales te ayuda a gestionar mejor tu dinero, saber dónde lo tienes y conseguir aquello que realmente quieres, sin que las distracciones te alejen de lo importante. O lo que es lo mismo, te ayuda a ser más minimalista.

 

Sin extenderme más, me despido, no sin antes proponerte volver a ver el vídeo en el que Homo Mínimus relata cómo es la vida de Máximo antes y después del minimalismo. Y tan solo reflexiona, ¿Estás llevando una vida coherente con tus valores?