Daniel González y el estoicismo

Mal se paga al maestro si se permanece siempre discípulo.

Así habló Zaratustra


Hace cinco años, decidí crear una iniciativa de micromecenazgo para escribir un libro sobre minimalismo existencial. La anuncié a bombo y platillo en el artículo Putos no faltan, lo que faltan son financistas.

Daniel González, entonces un estudiante de instituto, se presentó voluntario para ser uno de los primeros lectores y  correctores del libro; me preguntó que qué debería hacer si quería ser elegido para tan magna función.  Le dije que  debería darme el coñazo en el correo electrónico durante más de un mes.

Siguiendo mi indicación, me bombardeó a preguntas durante varias semanas. La perseverancia rindió frutos y decidí escribir un artículo respondiendo a sus 23 preguntas: Diez consejos que considero que Homo Mínimus debería seguir.

En una de esas preguntas, me preguntó sobre la relación entre minimalismo y estoicismo, a lo que respondí, muy adecuadamente, que estaban muy relacionados, que eran «primos-hermanos». Después leyó en este blog una referencia al libro de Ryan Holiday El obstáculo es el camino. Esa fue  la chispa que le hizo virar hacia el estoicismo.

Ha llovido  desde entonces. Este muchacho fue una especie de hikikomori,ひきこもり o 引き篭り, existencialista; pasó parte de su adolescencia en su habitación hablando con una calavera.

Daniel González, estoicismo y minimalismo
Daniel y su confidente


Su futuro, por decirlo de una manera eufemística, podía haberse considerado francamente dudoso.

De la calavera a la feria en YouTube

Pero como lo que no mata fortalece, y puesto que hay que llevar un caos dentro de uno para alumbrar una estrella danzarina, Daniel fue evolucionando, comenzó estudios universitarios, y durante ese tiempo creó un canal en YouTube sobre estoicismo con toques minimalistas y con vocación sostenible.

Pero será mejor que os lo cuente él en este vídeo reciente con el título 7 lecciones que aprendí gracias al minimalismo y en el que referencia generosamente a este blog:


Su canal ha crecido hasta más de 3.000 suscriptores. Aloja vídeos de  mucha calidad y sentido común, principalmente sobre estoicismo, pero también sobre cuestiones existenciales, minimalismo y sostenibilidad en el consumo y el movimiento 0 Desperdicios.

Su voz es fresca y el tono con el que aborda los temas es jovial y enérgico, así que te recomiendo que lo visites.

Siguiente paso

Invitaré a Daniel a un podcast en el canal de Homo Mínimus para hablar sobre estoicismo. El estoicismo no es un tema que haya tocado explícitamente en este blog, pero sí que está en el telón de fondo de muchas de mis ideas minimalistas y existenciales.

También será una buena ocasión para conocer su trayectoria personal y sus motivaciones para emprender una línea de pensamiento y acción no muy común en los post-milenarios o generación Z.



5 ideas de cultura financiera imprescindibles para tus finanzas personales

Este es un excelente artículo invitado de mi proto-amigo Antoine Kerfant, que es el anfitrión en un blog sobre finanzas personales http://ideasyahorro.com/.

Las finanzas personales no son un tema que hayamos tocado mucho en este blog, así que puede resultarte interesante. Gracias, Antoine.

Antoine Kerfant, experto en finanzas personales y asesor de PYMES y emprendedores

Uno podría preguntarse si el programa educativo debería incluir una asignatura sobre principios básicos de la economía doméstica. No hace falta investigar mucho para darse cuenta que una gran parte de la población carece de una cultura financiera básica. Algunas ideas, que parecen de sentido común, no han calado en la mentalidad colectiva. Para intentar aportar mi granito de arena y cambiar mínimamente esa situación, he pensado en compartir las cinco ideas que me parece que todo el mundo debería saber sobre finanzas personales.

#1 Gasta menos de lo que ingresas y ahorra

Los españoles no ahorran

Es el pilar de la economía doméstica. Parece obvio, pero basta con echar un vistazo a las estadísticas de ahorro de las familias españolas para ver que no lo es tanto. En 2018, los hogares destinaron menos del 5% de sus ingresos al ahorro. Eso es menos de la mitad de la media nacional entre 2000 y 2018.

Tu objetivo: el 10%

Porque cuando hablo de gastar menos de lo que ingresas, me refiero a hacerlo en proporciones significativas. Por ejemplo, ahorrando al menos el 10% de tus ingresos mensuales.  Y cuanta mayor seas tu remuneración, más deberías ahorrar en porcentaje, porque te es más fácil hacerlo.

El peligro de no saber ahorrar

Sin embargo, una gran mayoría de personas vive al día. Gasta prácticamente todo lo que ingresa. Algunos no saben cómo ahorrar dinero, otros no lo ven como algo prioritario, y gastan hasta que se acabe el sueldo del mes.

Este tipo de comportamiento pone a la gente en una situación muy precaria al nivel financiero. No pueden enfrentarse a cualquier imprevisto, lo que los lleva a meterse en préstamos que complican aún más su situación.

¿Cómo se ahorra?

Si hubiera más cultura financiera, cada persona sería muy consciente de la necesidad de ahorrar, y apartaría religiosamente cada mes una proporción de su remuneración. Eso implicaría una mayor estabilidad económica, y más margen para superar crisis económicas.

Pero, ¿cómo lograrlo? No hace falta ser super minimalista. Basta con que hagas una lista real de todo lo que gastas habitualmente, y analices cada partida para ver donde puedes recortar. Y puedes, te lo aseguro.

#2 Evita el crédito: un gran principio de cultura financiera

Otro aspecto donde me parece que hay mucho desconocimiento es respecto al crédito.

Un ejemplo de crédito al consumo

Imaginemos el caso de Juan. Tiene un sueldo de 1.200€ y cada mes le cuesta no pasarse de gastos. Un día, ve un televisor ultra moderno en una tienda. Cuesta 600€ y a Juan se le sale del presupuesto. Pero le explican que puede financiarlo a 36 meses, y le saldrá una cuota mensual de 23€. A Juan le parece genial. 23€ al mes se lo puede permitir.

El tema es que a pesar de que se comunique el TAE (en este caso un 24% de intereses anuales), la mayoría de las personas como Juan solo se fijan en la cuota de 23 euros. Parece darles igual pagar finalmente 828€ por un televisor de 600€.

Otro elemento que Juan no sabe es que al principio del préstamo paga muchos más intereses que al final. Si, por algún motivo, dejase de pagar las cuotas después de 18 meses, le quedarían por pagar 350€ de principal, no 300€.

Los riesgos del desconocimiento de los créditos al consumo

Las personas como Juan suelen acabar contratando varios préstamos, y aplazando los pagos gracias a la tarjeta de crédito. Esa situación genera varios problemas:

  • Su renta real se ve fuertemente reducida por el pago de los intereses, por lo que les es cada vez más difícil ahorrar y cada vez más tentador pedir otro crédito.
  • Si pierden su fuente de ingresos, se encuentran inmediatamente en una situación crítica, debido a que no disponen de reservas y tienen muchas obligaciones de pago, especialmente los créditos.

Un ejemplo de hipoteca

María quiere comprarse un piso. Tiene un puesto fijo en una empresa y cobra 1.500€ al mes. Le han dicho que, con su nómina, lo mejor que puede conseguir a 20 años es una hipoteca de 110.000€ que implicaría unas cuotas mensuales de 500€, una tercera parte de sus ingresos.

¿Por qué 20 años? Porque más allá de 20 años, la bajada de cuota es menor y el sobrecoste de intereses es importante. A María le da igual. El piso que quiere solo se lo podrá comprar con una hipoteca de 180.000€, así que está dispuesta a firmar una hipoteca a 35 años.

Además, María quiere comprar ya, porque ha visto que los precios están subiendo mucho y quizás en el futuro no pueda comprar nada.

Los riesgos del desconocimiento de las hipotecas

Las personas como María no se dan cuenta, que, al tener una hipoteca a tipo variable sobre un periodo muy largo de tiempo, el importe de la letra puede incrementarse muchísimo con una pequeña variación del Euribor. En el ejemplo anterior, una subida de 1,3 puntos del Euribor encarecería la cuota 100€ al mes.

Además, el hecho de querer comprar a toda costa alimenta los fenómenos de burbuja. Lo razonable, si los precios suben mucho, es esperarse a que bajen. Si María compró su piso a un precio excesivo, se encontrará durante varios años con una deuda superior al valor de mercado del piso, en cuanto los precios se corrijan.

¿Qué dicen el sentido común y la cultura financiera sobre los créditos?

  • Es mejor no contratar nunca préstamos al consumo ni usar la función de crédito de las tarjetas bancarias. Si se quiere comprar algo, se ahorra para lograrlo.
  • ¿Un crédito para comprar un coche? Si el coche es imprescindible para poder trabajar o generar ingresos, tiene sentido. Pero en este caso, si no se dispone del dinero, es recomendable comprar un vehículo lo más económico posible (de segunda mano).
  • ¿Pedir una hipoteca? En general, las hipotecas pueden ser muy útiles, porque permiten comprar un bien que se va revalorizando con el tiempo y poder tener un uso inmediato. Sin embargo, hay que tener cuidado con el plazo, el tipo de interés y por supuesto, el precio de mercado del bien que se compra.

#3 Invierte tus ahorros

Ahorrar mensualmente está bien, pero…

Si vas ahorrando un porcentaje de tus ingresos cada mes, enhorabuena. Pero no es suficiente. Tienes que tener en cuenta dos factores:

  • La inflación se está comiendo tus ahorros. Cada año aumenta el coste de la vida, por lo que tu dinero vale menos.
  • Invertir a largo plazo puede aumentar mucho más tu patrimonio que las cantidades que ahorras con esfuerzo cada mes. Hay un efecto “bola de nieve” que puedes aprovechar.

Tienes muchas formas de sacar rentabilidad a tus ahorros

Da igual lo que escojas.

  • Puedes buscar la seguridad con inversiones de bajo riesgo tipo bonos del estado o depósitos a plazo.
  • Si te gusta el mercado inmobiliario, tienes la posibilidad de buscar “chollos” para comprar y ponerlos en alquiler.
  • Puedes operar en bolsa y en los mercados financieros en general.
  • Tienes la opción de prestar dinero a particulares, directamente o con plataformas especializadas.
  • Si te sientes un alma emprendedora, puedes invertir en un negocio.

Son solo unos ejemplos, y tienes que elegir con mucho cuidado donde vas a meter tu dinero, pero tienes que buscar una forma de sacar una rentabilidad.

El poder de los intereses agregados

Imagina que nada más empezar a trabajar has conseguido ahorrar 10.000€ y los has metido en una inversión al 5% de intereses anuales. A los 10 años el saldo sería de 16.300€. A los 20 años sumaría 26.500€. A los 30 años llegaría a los 43.200€. 10 años más tarde, el saldo sería de 70.400€. Y imaginando que conserves la inversión 50 años, llegaría a tener un valor de 114.600€. Eso con un tipo de interés relativamente conservador.

Es cierto que los intereses agregados (es decir la bola de nieve de los intereses) generan una rentabilidad exponencial solamente en periodos muy largos. Pero como puedes ver en el ejemplo, en 20 años, que no es tanto, la inversión se ha multiplicado por 2,6. Sería una pena desaprovecharlo.

Cultura financiera es saber que una combinación de un esfuerzo para ahorrar mes a mes y de la inversión de ese ahorro tiene un claro efecto multiplicador sobre tu patrimonio.

#4 Ni loterías, ni apuestas, ni bingo…

El timo de la lotería de Navidad

Cuando hablas con la gente de la Lotería de Navidad te suelen decir que es la lotería que más reparte, y que hay más probabilidad de que toque que otros sorteos.

Pero, en realidad, si analizas bien las probabilidades, tienes un 85% de posibilidades de perder el dinero invertido. Otro 10% que te toque el reintegro, que seamos realista, la mayor parte de la gente vuelve a gastar en lotería, hasta que se pierda. Luego tienes un 5% de posibilidades de ganar un premio ridículo de 100€ por 20€ jugados. Y finalmente, 19 posibilidades entre 100.000 de ganar algo significativo.

No tiene ningún sentido jugar y si la gente tuviera cultura financiera no lo haría. Pero puede más la tradición, la ilusión y el miedo que le toque al compañero y a ti no.

No tires tu dinero

Los únicos que ganan dinero en loterías, apuestas, casinos y similares son los que los organizan. No tires tu dinero en eso. Si dedicas lo que te gastas en esos juegos al ahorro y la inversión te irá mucho mejor. Premio seguro.

#5 La relación entre riesgo y rentabilidad

El último aspecto importante referente a la cultura financiera es el poco conocimiento que suele tener la gente de la relación entre riesgo y rentabilidad.

Como norma general, la cultura financiera te dice que, si se ofrece una rentabilidad alta, es más probable que el riesgo sea muy alto. ¡Cuidado! Que una rentabilidad baja no implica un bajo riesgo. Sin embargo, un bajo riesgo, normalmente implicará una baja rentabilidad.

Sabiendo eso, es mucho más fácil detectar problemas.

Si alguien te propone una inversión que parece demasiado buena para ser cierta, es probablemente porque no es como te lo han contado. O hay mucho más riesgo que lo que te cuenta, o directamente es un timo.

El sentido común ayuda mucho en esos casos. Por ejemplo, si una inversión es tan buena, ¿por qué alguien dedicaría tanto dinero en publicidad para promocionar esa inversión? ¿No sería más interesante invertir el capital en esa inversión? Pues eso.

Otra idea fundamental es recordar que las rentabilidades pasadas no garantizan las futuras. De hecho, muchas veces, entrar en una inversión que ha generado grandes beneficios anteriores puede significar entrar demasiado tarde.

Las burbujas se creen porque la gente ve la rentabilidad alta y quiere participar. Al comprar propician una nueva subida que atrae a más inversores. Pero al final se llega a un techo y la burbuja revienta. Una burbuja es un caso extremo, pero ilustra bastante bien la idea.

Hay bastantes más principios dentro de la cultura financiera, pero con aprender a ahorrar parte de tus ingresos, saber manejar los créditos, invertir tus ahorros, conocer la relación entre riesgo y rentabilidad y dejar de tirar el dinero en juegos, ya mejoras mucho tu situación.

Me llamo Antoine Kerfant, soy francés, pero llevo muchos años viviendo en España y me encanta. Asesoro a emprendedores y me apasionan las finanzas personales. Por eso, desde 2011 publico consejos para ahorrar, invertir, ganar dinero y buscar un mejor trabajo en ideasyahorro.com.

Leer no es forma de aprender

Este es otro artículo invitado de Roger Schank. Apareció originalmente en el 2015 en su blog.

Con este artículo no quiero tanto añadir argumentos  (una vez más) contra la lectura sino en favor de la conversación directa cara a cara con personas de carne y hueso en tiempo real, sincrónicamente, sin posibilidad de editar lo que uno dice, con la posibilidad de ser retado por el interlocutor y sin posibilidad fácil de escapar o de distraer la atención.

Lo que quiero decir, más específicamente, es que leer artículos de este blog, porque te interesan los temas que  toco, es la segunda  o la tercera  mejor alternativa a hablar directamente conmigo o con una persona similar a mí. Pero una alternativa bastante deficiente en comparación.

Aunque argumentar sobre las deficiencias o inconvenientes de los libros no es algo común, es conveniente hacerlo. Un amigo de este blog, Jaír Amores, de EfectiVida,tiene un artículo reciente sumamente interesante en el que también argumenta contra la lectura de libros y fantasea con no leer más libros.

Las negritas en el artículo de Schank  son mías.  Aquí está:

Leer no es  forma de aprender

Esta es una columna que ataca la lectura. Nadie ataca la lectura. Supongamos  que estoy loco y sigamos adelante.

Leer es una idea bastante reciente en la historia de la humanidad. No ha salido bien. Nos ha dado algunas cosas bastante buenas, como la literatura, por ejemplo, o la posibilidad de comunicarme con mi audiencia ahora mismo. Pero estas cosas van a desaparecer bastante pronto y será una buena cosa.

Durante años fue el consejero al presidente de la junta de directores de la Enciclopedia británica. Mi trabajo era cenar con él cada varios meses. En cada cena me preguntaba si habría todavía libros en cinco años. Le decía que los habría pero no su libro. «Las enciclopedias desaparecerán» afirmé.

Estaba pensando sobre esto en una llamada de negocios el otro día. El hombre con el que estaba hablando estaba preocupado por cómo se estaba formando a la gente en su empresa de ingeniería. Estaba preocupado con razón sobre  «la muerte por Power Point». Usó el ejemplo de que quería entrenar gente que aprendiera a cambiar una rueda cambiando una rueda y continuó describiendo con bastante precisión cómo aprendemos en tales situaciones (practicando, cosa que no puedes hacer en Power Point). Pero empezó su explicación diciendo que el primer paso para cambiar las ruedas sería sacar el manual de instrucciones sobre cómo cambiar una rueda y leerlo.

Le dije  que yo nunca  he leído un manual de instrucciones y que  estos no habían estado mucho tiempo con nosotros en la historia de la humanidad. Cuando un joven quería aprender a cazar leones no leía un manual de instrucciones ni iba a una clase. A través de la historia hemos aprendido mirando a alguien más viejo que nosotros mismos, intentando emular a esa persona, intentando ser parte de un equipo y entonces intentando cosas por nosotros mismos y pidiendo ayuda cuando fallamos. No es tan complicado. Esto es lo que el aprendizaje ha parecido siempre. Y entonces alguien inventó el manual de instrucciones y todos olvidamos lo que sabíamos sobre el aprendizaje. Sustituimos mentores humanos por lecciones con Power Point y preguntar por leer.

Estupendo. Y ahora nos preguntamos por qué tenemos problemas enseñando a la gente habilidades complejas. No hay nada difícil en ello. Cuando necesitas lograr algo que quieres lograr, necesitas tener a alguien que sepa cómo hacer esas cosas que te supervise y necesitas tener a alguien cuyo trabajo puedas observar y copiar. Necesitas poder intentar cosas y fallar y necesitas poder practicar. La lectura no es necesaria.

Cuando digo cosas como estas, la gente se vuelve loca. El otro día tuve una conversación con una mujer en la que aseguré que ningún aprendizaje tiene lugar sin conversación. Me objetó diciendo que ella podría buscarlo en la Wikipedia en cualquier momento que quisiera y aprender algo así.

No, dije. No puedes. Ella se quedó estupefacta.

Primero, preguntémonos por qué existe Wikipedia. En parte existe porque la Enciclopedia Británica no pudo mantenerse a la altura. Pero también existe porque vivimos en un mundo donde no sabemos a quién preguntar. A mí se me pregunta casi todos los días  lo que significan ciertas palabras o sobre qué son ciertas ideas. Me preguntan porque la gente con la que interacciono sabe que lo podría saber y sabe que siempre estoy contento de enseñar. Pero sobre todo me preguntan porque la gente sabe que doy rápidas y cortas respuestas  a sus preguntas. Cuando tienes alguien a quien preguntar, preguntas. La lectura es una alternativa cuando no hay nadie a quien preguntar.

Supongamos que siempre tienes alguien a tu disposición un grupo de expertos a quienes les puedes hacer cualquier pregunta que necesites hacer. ¿Leerías alguna vez? (Este grupo de expertos va a llegar pronto). Esta mañana tenía una pregunta médica. No había nadie a quien preguntar. Así que empecé a leer. Pero esta es raramente la primera alternativa.

El segundo problema con el modelo «Siempre puedo leerlo en algún lugar» es simplemente esto: no recordarás lo que leíste. Bien es cierto que tenemos un montón de práctica intentando recordar lo que hemos leído. Esa práctica se llama colegio. Leemos. Estudiamos. Hacemos exámenes. Y de alguna manera todos nos convencemos de que hemos recordado lo que leímos.

Todos los años   pregunto el primer día de clase a mis estudiantes en Yale y Northwestern si podrían aprobar los exámenes que pasaron el año anterior en ese momento. Nunca nadie ha pensado que podría. Estudiaron. Escucharon. Memorizaron. Y entonces lo olvidaron. No aprendemos leyendo ni aprendemos escuchando.

Aprendemos de verdad hablando. Suponiendo que estamos hablando con alguien que es más o menos igual y tiene ideas que no son idénticas a las nuestras, aprendemos desafiándolos a ellos y a nosotros a pensar esforzadamente. Reflexionamos sobre las ideas. Probamos ideas. Incluso después de una buena conversación es difícil recordar sobre lo que estábamos hablando. Si las recordamos, significa que hemos sido cambiados por la conversación de alguna manera. Tenemos ahora una perspectiva diferente sobre algo que creíamos. Y hemos permitido la práctica. Practicar hablando es como practicar una habilidad física. No aprenderás a encestar una canasta al menos que practiques lanzamientos durante años. Lo mismo es cierto de las ideas o los hechos. Un estudiante puede memorizar temporalmente hechos pero si no los usa de nuevo los olvidará. Necesitamos practicar lo que sabemos hasta que apenas nos demos cuenta de que lo sabemos, hasta que lo sabemos sea segunda naturaleza. Por ejemplo, no sabemos el mecanismo por el que hablamos, pero podemos hablar, porque aprendimos a hablar y lo practicamos todos los días.

Nuestro mundo se ha obsesionado con leer. Los exámenes de admisión son al menos la mitad sobre lecturas. Las personas se imponen unas sobre  las otras citando los libros que han leído. Si no has leído uno que creen que es importante te pueden mirar con desdén(pero es realmente improbable que recuerden mucho del libro). Podrían recordar lo que estaban pensando o hablando después de leer el libro.). Estos son los tiempos modernos. Las cosas han sido así desde la invención de los textos. Dar clases siguió a la invención de los textos (así el texto se te podría leer). Pero todo esto se va a acabar pronto. Sócrates advirtió esto cuando discutía la invención de la lectura y la escritura:

[…] Porque esta invención producirá olvido en las mentes de esos que aprendan a usarla, porque no practicarán su memoria. Su confianza en la escritura, producida por caracteres extraños que no son parte de ellos desanimarán el uso de su propia memoria dentro de ellos. Habéis inventado un elixir, no de memoria, sino para que os recuerden; y ofrecéis a vuestros alumnos la apariencia de sabiduría, no verdadera sabiduría, porque ellos leerán muchas cosas sin estar instruidos y por tanto parecerá que saben muchas cosas, cuando en la mayor parte son ignorantes y difíciles de tratar, porque no son sabios, solo parecen sabios.  (Fedro 272c-275c).

La lectura va a acabarse. Los libros  van a desaparecer. Ya hay mejores formas de diseminar el conocimiento. Pero las escuelas son difíciles de cambiar. El entrenamiento es difícil de cambiar. La gente que ahora usa internet no puede imaginar una vida sin las herramientas que hay ahora. Pero nuevas herramientas van a venir.

La principal ventaja de leer es que podemos hojear y pasar a lo que nos interesa. Hojeamos más que leemos. Es difícil hojear cuando alguien está hablando. Y un día puede que no lo sea.

 

Proyecto El perdido Arte de la Conversación:


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Todos los artículos de la serie El perdido arte de la Conversación

 

 

Por qué deberías dejar las redes sociales

Sigo mi cruzada contra las redes sociales y los teléfonos que son más inteligentes que vosotros. No pararé hasta que trece de los lectores de este blog me digan en los comentarios que han dejado las redes sociales gracias a Homo Mínimus.

Hoy traigo a un conferenciante invitado: Cal Newport, el autor de Deep Work. Esta es la  transcripción y mi traducción al español   de su conferencia TEDx  sobre las redes sociales.

P.D. Por favor, no olvidéis compartir este artículo en Twitter, Facebook, Linkedin o WhatsApp.

 

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Estamos exagerando los beneficios de las redes sociales y minusvalorando  las desventajas y sus costes

Probablemente no te estés dando cuenta de esto ahora, estás de hecho viendo algo raro. Porque soy un científico computacional, autor de libros y milenial, de pie en un escenario de TEDx, y, sin embargo, nunca he tenido una cuenta en las redes sociales.

El cómo ocurrió esto es hasta cierto punto producto del azar. Conocí las redes sociales cuando estaba en la universidad, en mi segundo año, en el tiempo en que Facebook llegó por primera vez a nuestro campus. En este tiempo, que fue justamente después de la explosión de la burbuja de internet, yo había tenido un negocio casero que había tenido que cerrar en la crisis, y entonces, de repente, este chico de Harvard llamado Mark saca un producto llamado Facebook y la gente se emociona con él. Así que yo, un poco por celos profesionales algo infantiles, me digo: «No voy a usar esta cosa. No voy a ayudar al negocio de ese chico sea lo que sea». Yo sigo con mi vida, no miro más, y veo como todos mis conocidos están enganchados a esa cosa. Y desde la claridad que tienes cuando tienes algo de objetividad, alguna perspectiva sobre ello, me doy cuenta de que parece un poco peligroso. Así que nunca abrí una cuenta. Desde entonces nunca he tenido una cuenta.

Así que estoy aquí por dos razones; quiero transmitir dos mensajes. El primer mensaje que quiero transmitir es que aunque nunca haya tenido una cuenta en redes sociales, estoy bien, no os tenéis que preocupar. Resulta que todavía tengo amigos, todavía sé que pasa en el mundo; como científico computacional sigo colaborando con gente de todo el mundo, todavía sigo expuesto accidentalmente a ideas interesantes y pocas veces me describiría como alguien al que le faltan opciones de entretenimiento. Así que estoy bien, pero iría más lejos y diría que no solo estoy bien sin redes sociales sino que de hecho estoy mejor sin ellas. Creo que soy más feliz, creo que encuentro más sostenibilidad en mi vida y creo que he sido más exitoso profesionalmente porque no usos las redes sociales.

Así que mi segundo objetivo aquí en el escenario es intentar convenceros de lo mismo. Veamos si puedo convenceros de que también estaríais mejor si dejarais las redes sociales. Así que siendo el tema de este TEDx el «Tiempo futuro», creo que esta sería mi visión del futuro, una en la que menos gente usa las redes sociales. Esta es una gran propuesta, creo que tengo que justificarla.

Así que creo que lo que voy a hacer es tomar las tres objeciones más importantes que oigo cuando sugiero a la gente que deje las redes sociales, y por cada una de estas objeciones intentaré quitar la exageración y ver si puedo poner más dosis de realidad.

Esta es la primera objeción más común que oigo. Esta no proviene de  un ermitaño, es realmente un desarrollador de páginas web modernillo de la calle octava; no estoy seguro, ¿modernillo o ermitaño? A veces es difícil de decir. La primera objeción es esta: «Cal, las redes sociales son una de las tecnologías fundamentales del siglo XXI. Rechazar las redes sociales sería un acto ludita extremo. Sería como cabalgar en el caballo hacia el trabajo o usar un teléfono con un disco con agujeros. No puedo tomar esa decisión en mi vida».

Mi reacción a esta objeción es que creo que es una tontería. Las redes sociales no  son una tecnología fundamental. Se aprovecha de algunas tecnologías fundamentales, pero es mejor comprenderlas como una fuente de entretenimiento, un producto de entretenimiento. El tecnólogo Jaron Lainer dice que estas compañías te ofrecen caprichos luminosos a cambio de minutos de tu atención y trozos de tus datos personales, que pueden ser empaquetados y vendidos. Así que no usar las redes sociales no debería ser una toma de posición social, solo es rechazar una forma de entretenimiento a favor de otras. No debería ser más controvertido que decir «No me gustan los periódicos, prefiero leer las noticias en las revistas» o « Prefiero ver series en la televisión por cable en lugar de ver series en las cadenas de televisión tradicionales». No es una toma de posición política o social decir que no usas este producto. Mi uso de la imagen de la  máquina tragaperras no es accidental porque si miras un poco más de cerca a estas tecnologías, no es para decir que son simplemente una forma de entretenimiento, sino que son hasta en cierta manera una fuente muy poco sabia de entretenimiento.

Sabemos que la mayoría de las empresas de redes sociales contratan a individuos llamados ingenieros de la atención que emplean los principios de, entre otros lugares,  los casinos de las Vegas para intentar hacer estos productos tan adictivos como sea posible. Este es el uso deseado de estos productos: que los uses de forma adictiva porque eso maximiza el beneficio que pueden sacar de tus datos y atención. Así que no es una tecnología fundamental, es solo una forma de entretenimiento, una entre otras muchas, y si miras un poco más de cerca es una forma poco sabia.

Aquí está la segunda objeción común que oigo cuando sugiero a la gente que deje las redes sociales. La objeción es esta: «Cal, no puedo dejar las redes sociales porque es vital para mi éxito en la economía del siglo XXI. Si no tengo una buena presencia en redes sociales y una marca la gente no sabrá quién soy, la gente no podrá encontrarme, no vendrán oportunidades y desapareceré de la economía».

Una vez más, mi reacción es pensar que también esta objeción es una tontería. Recientemente he publicado un libro que recoge distintas líneas de evidencia que explican que en una economía competitiva del siglo XXI, lo que el mercado valora es la habilidad de producir cosas que son raras y valiosas. Si produces algo que es raro y valioso, el mercado lo valorará. Lo que el mercado descarta en gran parte son las actividades que son fáciles de replicar y producen poco valor.

Bien, pues las redes sociales son el paradigma de una actividad fácil de replicar que no produce mucho valor; es algo que un niño de seis años con un teléfono inteligente puede hacer. Por definición, el mercado no va a dar mucho valor a esos comportamientos.

En cambio, va a recompensar el trabajo profundo y concentrado que se requiere para desarrollar habilidades reales y aplicar esas habilidades para producir cosas —como un artesano—  que son raras y valiosas. Por decirlo de otra forma: si puedes escribir un algoritmo elegante, si puedes escribir un informe legal que cambie un caso, si puedes escribir mil palabras de prosa que sean capaces de llevar al lector hasta el final; si puedes mirar a un mar de datos ambiguos y usar la inferencia estadística y extraer un conocimiento revelador que transforme la estrategia de un negocio, si puedes hacer este tipo de cosas que requieren un trabajo profundo, que produce resultados que son raros y valiosos, la gente te encontrará. Podrás escribir la cifra en el cheque y construir los fundamentos de una vida profesional exitosa y llena de sentido, sin importar el número seguidores que tengas en Instagram.

Esta es la tercera objeción que oigo cuando sugiero que dejen las redes sociales; de alguna manera, creo que podría ser una de las más importantes. Esta objeción dice «Cal, puedo estar de acuerdo, quizá tengas razón; no es una tecnología fundamental. Quizá usar las redes sociales no está en el núcleo de mi éxito profesional. Pero, ¿sabes?, son inofensivas, me lo paso bien , twitter es divertido, ni siquiera paso tanto tiempo en ello, soy un adoptante temprano, es una cosa interesante y podría perderme algo si no lo uso. ¿Qué hay de malo en ello?». De nuevo, miro hacia atrás y me digo: esta objeción es una tontería.

En este caso, lo que falla es lo que creo que es una realidad muy importante sobre la que necesitamos hablar más honestamente: que las redes sociales traen múltiples, bien documentados y significativos daños. Tenemos que afrontar de verdad estos daños a la hora de intentar tomar decisiones sobre si abrazar esta tecnología y dejar que entre en nuestras vidas.

Uno de los daños que sabemos que esta tecnología trae tiene que ver con el éxito profesional.

Acabo de argumentar que la habilidad para enfocarse intensamente para producir cosas que son raras y valiosas, perfeccionar las habilidades que el mercado valora, es lo que importa en nuestra economía. Pero justo antes de eso argumenté que las herramientas de las redes sociales están diseñadas para ser adictivas. El uso deseado para el que fueron diseñadas es para fragmentar tu atención tanto como sea posible en tus horas despierto; así están diseñadas estas herramientas.

Tenemos una cantidad creciente de estudios que nos dicen que si pasas grandes partes del día en un estado de atención fragmentada —grandes partes del día, rompiendo tu atención, para echar un vistazo, para revisar tus mensajes «Déjame que vea que hay en Instagram»—, que esto puede reducir permanentemente tu capacidad para concentrarte. En otras palabras, podrías reducir permanentemente tu capacidad para hacer exactamente el tipo de esfuerzo profundo que es más y más necesario en una economía cada vez más competitiva. Así que las redes sociales no son inofensivas, pueden de hecho tener un impacto negativo significativo en tu habilidad para prosperar en la economía.

Me preocupa especialmente cuando miro a las generaciones más jóvenes, que son las más saturadas con esta tecnología. Si pierdes tu habilidad para mantener la concentración, vas a ser cada vez menos relevante para esta economía. También hay daños psicológicos que están bien documentados que traen las redes sociales y que necesitamos considerar. Sabemos de la literatura científica que cuanto más usas las redes sociales más solo o aislado te vas a sentir. Sabemos que la exposición constante a las presentaciones  cuidadosamente embellecidas de tus amigos y sus vidas te puede hacer sentir mal contigo y aumentar la tasa de depresión.

Y una cosa que creo que vamos a escuchar más en el futuro próximo es que hay un desajuste fundamental entre la manera en que nuestros cerebros están construidos y este comportamiento de exponerte a estímulos con recompensas intermitentes a lo largo de todas tus horas despierto. Una cosa es gastar un par de horas en una máquina tragaperras en Las Vegas, y otra llevarte  la máquina contigo y pasarte todo el día tirando de la palanca  desde que te despiertas hasta que te vas a la cama: no estamos hechos para esto. Esto produce un cortocircuito en el cerebro y estamos empezando a ver que tiene consecuencias cognitivas reales, una de las cuales es ese telón de fondo continuo de ansiedad.

El canario en la mina de carbón respecto a estos asuntos está en los campus universitarios. Si hablas con expertos en salud mental en los campus universitarios, te dicen que en paralelo con el uso ubicuo de los teléfonos inteligentes y las redes sociales entre los estudiantes ha venido una explosión de trastornos relacionados con la ansiedad en esos campus. Ese es el canario en la mina de carbón. Este tipo de comportamiento supone un desajuste para el cableado de nuestro cerebro y te puede hacer sentir miserable.

Así que hay un coste real en el uso de las redes sociales; lo que significa que cuando estás intentando decidir «¿Debo usar esto o no?», decir que es algo inocuo  no es suficiente. De hecho, tienes que identificar un beneficio positivo claro y significativo que pueda compensar esos daños potenciales no completamente triviales.

La gente a menudo pregunta «De acuerdo, pero ¿qué es la vida sin las redes sociales?». Puede dar un poco de miedo pensar sobre eso. Según dice la gente que fue a través de este proceso de desconexión, puede haber semanas difíciles. Es realmente como un proceso de desintoxicación. Las dos primeras semanas pueden ser incómodas: te sientes un poco ansioso, te sientes como si hubieras perdido una extremidad. Pero después de eso, las cosas se estabilizan y de hecho la vida después de las redes sociales puede ser bastante positiva.

Hay dos cosas de las que os puedo informar desde el mundo del no uso de redes sociales. La primera: puede ser bastante productivo. Soy un profesor en un instituto de investigación, he escrito cinco libros, raramente trabajo más allá de las cinco de la tarde en días de diario. Parte de las razones por las que puedo lograr esto es porque resulta que si tratas tu atención con respeto (no la fragmentas, la dejas intacta, preservas tu concentración) cuando se trata de cosas de trabajo puedes hacer una cosa detrás de la otra y hacerla con intensidad, y la intensidad se puede cambiar por tiempo. Es sorprendente lo mucho que se puede hacer en un día de ocho horas si eres capaz de dar a cada cosa concentración intensa.

Otra cosa de la que puedo informarlos de la vida sin redes sociales es que fuera del trabajo las cosas pueden ser bastante apacibles. A menudo bromeo sobre que estaría muy cómodo siendo un granjero de los años treinta, porque en mi tiempo de ocio yo leo el periódico al atardecer; escucho béisbol en la radio; me siento en una silla de cuero y leo libros por la noche después que mis niños se hayan ido a la cama. Suena pasado de moda pero algo sabía la gente de tiempos pasados. Es realmente reparador, un modo apacible de pasar la vida fuera del trabajo. No tienes el estímulo constante  del zumbido de fondo ni la ansiedad que conlleva ello.

Así que la vida sin redes sociales no está tan mal. Si atas todos estos cabos, ves mi argumento completo, que no todos, pero ciertamente mucha gente ahora mismo, mucha gente no debería estar usando las redes sociales.

Para resumir, podemos primero descartar las preocupaciones de que las redes sociales son una tecnología fundamental que tienes que usar. Tonterías: es una máquina tragaperras en tu teléfono. Podemos descartar la idea de que no puedes tener un trabajo sin ellas. Tonterías: cualquier cosa que un niño de seis años puede hacer no es lo que el mercado va a recompensar. Y luego he enfatizado que hay daños reales con todo ello. Así que no es inocuo. Tienes que tener un beneficio real de peso antes de que puedas decir que este cambio merece la pena. Finalmente, he mostrado la vida sin redes sociales: hay verdaderas ventajas asociadas con ella. Así que espero que cuando muchos de vosotros hagáis el mismo cálculo al menos consideréis la perspectiva desde la que hablo: mucha gente estaría mucho mejor si no usara  esta tecnología. Algunos de vosotros no estaréis de acuerdo. Doy la bienvenida a los comentarios en contra. Solo os pido que hagáis vuestros comentarios en twitter.

 


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Todos los artículos de la Serie Neoludismo

Al menos cien cosas que detesto de Homo Mínimus

Este es un artículo invitado de Homo Máximus. Le agradezco que haya accedido a la invitación. Homo Mínimus no se hace responsable  de las opiniones emitidas por Homo Máximus ni necesariamente está de acuerdo con ellas o las suscribe.

Nota adicional: me admiró  tanto la sinceridad  de Homo Máximus —aunque también me dolió— que le ayudé a mejorar el artículo con fotos relevantes, enlaces , estadísticas del blog y poniendo en negrita algunas frases memorables que corrían el riesgo de pasar desapercibidas entre tanta crítica (probablemente merecida, al menos en parte).

 

I. No me gusta que publique artículos ombliguistas, narcisistas, como este, porque sabe que soy un tipo que solo hablaré de él.

II. Que nos tome por idiotas: seguro que en este artículo digo algunas cosas malas de él que en el fondo son buenas.

III. Que sus artículos sean como la cuchara-avión con la que se alimenta al bebé. Me lo da todo mascado.

IV. Que use material de otros, por ejemplo, viñetas humorísticas en los que los  comentarios de Mínimus  no añaden nada a lo ya visto.

V. No me gusta que use palabras raras, es un pedante. ¿Dónde queda el lenguaje claro y sin pretensiones?

VI. Que use un lenguaje florido para disfrazar su falta de contenido.

VII. No me gusta dé vueltas una y otra vez a las mismas ideas. ¿Tiene algo nuevo que no sepa?

VIII. Que no cuide más los podcasts; no tiene entradilla musical y el sonido es manifiestamente mejorable.

IX. Que interrumpa a sus invitados en el podcast.

X. Que monopolice las conversaciones en los podcasts.

XI. Que diga «ehhhh» y «¿no?» al final de sus frases.

XII. Que camufle su falta de ideas traduciendo al español libros de Leo Babauta y los utilice como cebo para que la gente se suscriba al blog. Patético.

XIII. No me gusta el video presentación del Minimalismo existencial. Lo único que vale son los dibujos de John Flames, la historia, la voz y la grabación son de aficionado.

XIV. Que me hable desde el púlpito.

Tablas de la ley

 

XV. No me gusta tanta cita de Einstein y Nelson Mandela. Argumentos de autoridad.

XVI. Que azote con el látigo de su indiferencia a aquellos que no le dicen que sí a todo.

XVII. Que se meta con la gente.

XVIII. Que escriba en otros blogs para reírse de la gente. Como en el blog de la adorable Caro Chan y su artículo Qué quieren los hombres 2.0.

XIX. Que insulte a los comentaristas que no le bailan el agua. Sí, a veces hace eso.

XX. Que sea tan relamido. Cuando se pone poético es empalagoso. Por ejemplo, en el artículo Un ramo de rosas para la más loca.

XXI. Que confunda un artículo de blog con una lista inconexa de ideas.

XXII. Que use y abuse de las listas.

XXIII. Y de los retruécanos.

XXIV. No me gusta leer el título del artículo y ya saber lo que va a decir.

XXV. Que muestre ramalazos heteropatriarcales propios de otras épocas. Su artículo Cómo convertir a tu mujer en minimalista es cuando menos despreciativo  para la condición femenina.  Las mujeres no necesitan ser tuteladas. Punto.

XXVI. Que escriba Cien maneras de iniciar una conversación con una mujer. No es más que una colección de micromachismos , muchos de ellos rayan la calificación penal.

 

cien maneras iniciar conversación con una mujer

 

XXVII. Que el artículo sobre las Cien  maneras de iniciar una conversación con una mujer sea el más leído de la historia del blog (casi 30.000 visitas). Lo peor: desde el 2014 sus lectores no han dejado de crecer.

 

Estadísticas artículos

 

Por otro lado, me hace gracia los dos artículos más leídos de su blog no tengan nada que ver con el minimalismo y sean listas de cien. En el pecado lleva la penitencia. Es el problema de los blogs todo a cien.

XXVIII. No me gustan sus listas de cien. La única que tiene pase, yo diría que es simpática, es la de Cien  ideas para una conferencia TED. Este es el segundo artículo más leído del blog.  Pero no se engañen, esta lista no justifica el deficiente nivel del resto del blog ni exime a Homo Mínimus de responsabilidades penales y civiles .

XXIX. Me repatean los proyectos que empieza y no acaba. Por ejemplo, el Reto-práctica 100×100 ideas, más de cuatro años desde que lo empezó y sigue sin terminarlo. Un tipo que no acaba lo que empieza dándonos lecciones de tenacidad en su Curso de autorregulación y perseverancia. Consejos vende que para él no tiene.

XXX. Que anuncie un libro sobre el minimalismo existencial y defraude a sus lectores varios meses después diciendo que no lo escribirá .

XXXI. Que empiece proyectos como el Proyecto 52 paseos con (al menos) 52 frikis que anuncia a bombo y platillo pero del que nunca más se volvió  a saber.

XXXII. Que use el cliffhanger   y otros trucos baratos para generar anticipación. Generalmente, lo que viene después no tiene interés.

XXXIII. Que sea tan irregular. Se pasa meses sin escribir nada y de repente en un par de semanas escupe  ocho artículos.

XXXIV. Que me inunde el buzón de correo con su farfolla

XXXV. Que robe ideas y luego no cite a sus autores. Especialmente roba a Rober Sánchez, Esto no es comida, Luis Andés ,  Tribuna de Avalón y Entusiasmado, por citar autores en español.

XXXVI. Que divague sobre ideas suficientemente comprendidas. Filosofía de parvulario llamo yo a sus principios minimalistas.

XXXVII. Que en las distancias cortas no tenga ni una mala palabra ni una buena acción.

XXXVIII. Que no diga que no ni que sí a las propuestas de los lectores que le escriben. Es como la chica popular que gusta de tener pendientes de un hilo a sus muchos pretendientes; los deja en la reserva, como si fueran tampones emocionales para apuntalar su frágil ego en tiempos de hemorragia sentimental y baja autoestima.

XXXIX. Cuando Homo Mínimus se dirige a las mujeres lectoras del blog, lo hace con un tono condescendiente y sutilmente despreciativo. Es un caso de libro de machoexplicación.

 

Machoexplicación

 

XL. Que use su  blog para airear sus filias y fobias personales.

XLI. Que diga que «Sí, por supuesto» o que «más adelante» a los lectores que le escriben pero luego nunca más se sepa.

XLII. Que no haga una reseña del blog Historias Minimalistas de Pablo Matilla . Probablemente porque le fastidia que escriba mucho mejor que él.

XLIII. No me gusta de Homo Mínimus su ridículo nombre.

XLIV. Que haga trampas en las listas de cien.

XLV. Que prometa hacer una reseña de este libro y no lo haga:  «La mudanza. ¿Con qué me quedo?» De Javier Saura. https://amzn.to/2Oc65vh

XLVI. No me gusta su en ocasiones tono buenista new age.

XLVII. No me gusta el tono retador y sobrado del que después de todo no pasa de ser el típico subcampeón del mundo.

XLVIII. No me gusta que crea que por darle la vuelta a una idea generalmente aceptada tiene una idea válida. Eso es lo más fácil del mundo. Es un síntoma de pereza mental.

XLIX. No me gusta de Homo Mínimus su simplona forma de escribir. Seguro  que a muchos lectores les gusta por esa misma razón. Está claro que uno busca y atrae lo que es.

 

Me gusta porque es simple

 

L. No me gusta que no haga referencia a otros blogueros de su nicho, ignora a su competencia.

 

 

 

 

 

 

 

LI. Que no haga pausas a mitad de sus listas de cien.

LII. Que todo lo que hace sea esperado. Que no me sorprenda. Se le acabaron las ideas.

LIII. Me indigna que Homo Mínimus emplee fotos de trabajadoras de la limpieza en su blog.

 

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LIV. Que no tenga organizados los artículos del blog.

LV. Que sea difícil encontrar el botón de suscripción.

LVI. Que no responda a la gente que amablemente comenta.

 

LVII. Que responda a los comentarios de unos lectores y no a los de otros, de manera aparentemente arbitraria.

LVIII.  Que sea tan difícil encontrar un medio de contacto.

LIX. Que se vaya por las ramas.

LX. Que no nos dé más ideas prácticas.

LXI. Que nos venda tanto humo.

LXII. Que intente colarnos sus ideas políticas de corte liberal. Si quieres «disfrutar» de su tufillo   de anarquista de mercado puedes leer (en diagonal y tapándote la nariz) Nadie merece nada: contra la meritocracia y otras teorías del merecimiento.

LXIII. Que no hable de asuntos de actualidad.

LXIV. Que se quede siempre en el terreno de lo abstracto.

LXV. No me gusta que se meta tanto con la gente que usa teléfonos inteligentes.

LXVI. Me saca de quicio su tecnofobia y su neofobia. Chochea. «En mi época la gente leía libros y prestaba atención…» dice Homo Mínimus carraspeando. A ver si evoluciona de una vez y se da cuenta de que vivimos en el siglo XXI.

 

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Unabomber. Un minimalista existencial

 

LXVII. No me gusta su soberbia disfrazada de ironía y bonhomía.

LXVIII. No me gusta que no reseñe los libros de los que bebe. Me gustaría ir a las fuentes, no acceder a su agua dialéctica a través de sus tendenciosos sesgos y filtros.

LXIX. Que no me diga quienes son sus fuentes.

LXX. Que me aconseje una cosa y la contraria.

 

 

LXXI. Que se canse de un tema o proyecto o experimento y lo deje a medias.

LXXII. Que me haga trabajar para él como articulista invitado.

LXXIII. Que diga que suele responder en menos de tres semanas, «generalmente con amabilidad». ¿Qué hace cuando no es amable?

LXXIV. Que haya agotado el tema del blog, el minimalismo existencial, y siga perorando.

LXXV. Que se crea que le leo, habitualmente paso rápida y perezosamente la mirada por los artículos que me envía y los elimino.

LXXVI. No me gusta su pose de loco hablando desde lo alto de la colina.

LXXVII. No me gusta el aire enrarecido, a habitación de enfermo, que tiene este blog. Todo negatividad y cinismo.

LXXVIII. No me gustan los comentaristas habituales del blog: siempre aplaudiendo y  estando de acuerdo con lo que dice Homo Mínimus. Parecen miembros de una secta.

 

Three horses laughing

 

LXXIX. Me parece peligroso que denigre el sistema educativo con tanta ligereza. Me asquea su falta de sensibilidad social.

LXXX. No me gusta que me sermonee porque veo series en Netflix y consulto mi teléfono en los tiempos muertos.

LXXXI. Que me utilice para hacer una lista más de cien para su Reto-Práctica 100×100 ideas.

LXXXII. Que vaya de desapegado, libre y radical, como si no le importara su audiencia o el número de lectores. Se la he visto consultar compulsivamente las estadísticas del blog y salivar con los «likes».

LXXXIII. No me gusta que confunda la exuberancia mental con la verborrea.

LXXXIV. Que robe fotos.

LXXXV. Que no cumpla la normativa de cookies ni advierta que los datos personales pueden ser recogidos.

LXXXVI No me gustan sus artículos «Shabbat shalom» del viernes por la tarde. ¿Se cree que solo le siguen judíos sefardíes? Totalmente fuera de lugar.

LXXXVII. Peor, ¿no se estará mofando sibilinamente de los judíos practicantes?

LXXXVIII Que escriba un artículo sobre las bondades del pensamiento hitleriano en Mein Kampf. Repugnante.  https://atomic-temporary-13281247.wpcomstaging.com/2015/02/26/la-verdad-es-la-verdad-la-diga-agamenon-o-adolfo-hitler/

 

old chaplin

 

LXXXIX. No me gusta que me haga mirar en una dirección para luego decirme que mire en la otra.

 

XC. No me gusta el diseño del blog. Realmente, no creo que tenga ningún diseño.

XCI. Que no vaya de frente, siempre con subterfugios.

XCII. Que vaya de listillo y graciosete.

XCIII.Que bajo el pretexto de la filosofía minimalista no se trabaje el diseño del blog y su navegabilidad. Este blog no es amistoso con la gente.

XCIV. De Homo Mínimus, no me gusta su hipocresía patológica. Cualquiera que lo conozca sabe que su aparente bonhomía y don de gentes no es tal, es un personaje inventado, una máscara ridícula, un producto de marketing.

XCV. Que me haya puesto la condición de escribir una lista de al menos cien elementos si quiero publicar en su blog. Me quedan todavía cinco.

XCVI. Que se haga llamar con el título de Doctor.

XCVII. Que vaya dando consejos terapéuticos a gente muy enferma mentalmente y moralmente sin estar cualificado ni certificado como psicólogo clínico, psicoanalista lacaniano o terapeuta ocupacional. Espero que un día le demanden por intrusismo profesional y/o negligencia médica. No tienes más que mirar a sus artículos en el Consultorio del Doctor Mínimus.

XCVIII. Que intente emular (patéticamente) a Rainer Maria Rilke en su sección «Cartas a un joven bloguero».

XCIX.

C. Que me haya obligado a escribir esta lista con numerales romanos en vez de con arábigos. Fascista romano. Islamófobo cabrón.

 

Diez errores en la educación

El artículo que transcribo fue escrito en 1994 por Roger Schank, investigador en Inteligencia Artificial y educador.

Obviamente, creo que el sistema educativo está cometiendo grandes errores. Aquí están mis diez favoritos, favoritos no porque me gusten sino porque si los erradicáramos ayudaríamos mucho a los niños a aprender.

Error #1: las escuelas actúan como si el aprendizaje pudiera ser disociado del hacer

Realmente no se puede aprender sin hacer. Hay apariencia de que aprenden sin hacer cuando pedimos a los niños que memoricen cosas. Pero los adultos sabemos que aprendemos mejor en el trabajo, de la experiencia, probando cosas. Los niños aprenden mejor de esa manera también. Si resulta que no hay nada que hacer en el área de la asignatura que queremos enseñar a los niños, entonces puede ser que realmente no haya nada que debamos aprender en ese área.

Error #2: las escuelas creen que el trabajo de evaluar es una parte de sus responsabilidades naturales

La evaluación no es el trabajo de las escuelas. Los productos han de ser evaluados por los compradores de esos productos, no el productor de esos productos. Dejemos que las escuelas hagan el mejor trabajo que puedan y dejemos que el comprador decida por sí mismo la calidad de los resultados. Las escuelas deben concentrarse en aprender y enseñar, no en poner exámenes y comparar.

Error #3: las escuelas piensan que tienen la obligación de crear un currículum estándar

¿Por qué deberían todos saber lo mismo? Vaya mundo tan aburrido sería este si todos supieran lo mismo. Dejemos que los niños elijan dónde quieren ir, y con guía adecuada escojan bien y creen una sociedad viva y diversa.

Error #4: los profesores creen que deben decir a los estudiantes lo que creen que es importante saber

No hay tantas cosas importantes que saber. Sin embargo, hay mucho que es importante saber cómo hacer. Los profesores deberían ayudar a los alumnos a que averiguaran cómo hacer las cosas que los alumnos quieren hacer.

Error #5: Las escuelas creen que la instrucción puede ser independiente de la motivación para usar lo aprendido.

Tenemos que superar la idea de que algunas cosas merecen la pena saberse incluso si nunca haces nada con ellas. Las memorias humanas felizmente borran las cosas que no tienen propósito, así que… ¿por qué intentar atiborrar las cabezas de los niños con tal contenido? Concéntrate en averiguar por qué alguien querría saber algo antes de que se lo enseñes, y enséñale la razón de un modo creíble al mismo tiempo.

Error #6: las escuelas creen que el estudio es una parte importante del aprendizaje

La práctica es una parte importante del aprendizaje, no estudiar. Estudiar es un completo desperdicio de tiempo. Nadie nunca recuerda las cosas que se metió en la cabeza la noche antes del examen, así que ¿por qué hacerlo? La práctica, por otra parte, lleva a la perfección. Pero tienes que practicar una habilidad que realmente quieras saber cómo ejecutar.

Error #7: las escuelas creen que clasificar de acuerdo al grupo de edad es una parte intrínseca de la organización de la escuela

Esto es solo un accidente histórico y una idea terrible. Los niveles escolares de acuerdo a la edad son una de las principales fuentes de miedo a la escuela en los niños, porque siempre están sintiendo que no son tan buenos como algún otro o mejores que algún otro, y cosas así. Tales comparaciones y otros problemas sociales causados por divisiones por edad similares provocan que muchos niños tengan terribles problemas de confianza. Por otro lado, dejar que los alumnos ayuden a los que son más pequeños es beneficioso para ambas partes.

Error #8: las escuelas creen que los niños lograrán cosas solo si hay calificaciones por las que esforzarse.

Las calificaciones sirven como motivación para algunos niños, pero no para todos. Algunos niños se frustran mucho por el uso arbitrario del poder que representan las calificaciones y terminan renunciando.

Error #9: las escuelas creen que la disciplina es una parte inherente del aprendizaje

La gente mayor, sobre todo, piensa esto, probablemente porque las escuelas eran rígidas y exigentes en sus días. La amenaza de una regla golpeando la cabeza vuelve a los niños ansiosos y callados. No les hace aprender, les hace temerosos de cometer errores, que es algo muy distinto.

Error #10: las escuelas creen que los alumnos tienen un interés primario en aprender cualquier cosa que las escuelas decidan enseñarles

¿Qué niño elegiría aprender matemáticas en vez de aprender sobre animales, camiones, deportes u otra cosa? ¿Hay alguno? Bien. Entonces enséñale matemáticas. Deja a los otros niños en paz.

Esta lista no detalla lo que funciona mal en la escuela, ni las arquitecturas de la enseñanza que proponemos para reparar todo lo que no funciona. Sin embargo nos da una idea sobre dónde empezar. Y yo creo que software de alta calidad podría ayudarnos a hacer algunos de estos cambios.

 

Roger Schank. 1994. Originalmente publicado  aquí.

 


¿Ha cambiado algo esto en los últimos 20 años?

20 años después de escribir el artículo,  Roger Schank ha hecho una revisión de estos 10 errores. El panorama es desolador. Las cosas han ido a peor:

«No soy el único que está clamando en el desierto. Hay mucha gente que está de acuerdo conmigo y dice cosas similares.

¿Escucha alguien?

Sin duda. Los padres están dándose cuenta de lo estúpidos que son los tests y qué estúpido es el currículum. Los chicos se están dando cuenta, hoy más que nunca. Los profesores están decepcionados.

¿Alguien los escucha? No. Hay muchísimo dinero en juego para que cambien las cosas.

Bien, este fue el informe de los últimos 20 años en las trincheras. No nos rendiremos, pero la victoria parece estar muy lejos.»

 


 

Roger Schank dice de sí mismo en su blog personal: “Renuncié a formar parte del sistema educativo para así poder cambiarlo”.  Creo que hemos de hacer lo mismo. Pero no tanto para cambiar el sistema educativo como para crear millones de sistemas educativos distintos que no necesariamente impliquen la institución tradicional de la escuela ni por supuesto la planificación y control de Estado y las autoridades académicas.

¿Hay esperanza? Sí. Convertirnos en interdidactas, aprender por nuestra cuenta y en compañía (voluntaria) de otros. Allá vamos.

En este blog he publicado varios artículos en esta línea.
Puedes leer  Los diez mandamientos del aprendizaje, Jaque al sistema, hackea tu educacion 33 daños colaterales resultantes de escolarizar a tu hijo.

 

 

 

Aprender finanzas personales te ayuda a ser minimalista

Este es un artículo invitado sobre finanzas personales y minimalismo de mi proto-amiga y colega bloguera Diana, del blog Potencial Disruptivo. Todavía tenemos pendiente un paseo del Proyecto 52 paseos, a ver si se alinean los astros este año.

Si alguna vez has pensado que el minimalismo existencial es tan puro y evanescente que no tiene que ver con el dinero y las inversiones, este artículo te ayudará a eliminar el error.

Presentación Diana:

«Mi nombre es Diana Rebollar y el alto rendimiento integral para el día a día me ayuda a dedicar más tiempo productivo a aquello que quiero, sentirme mejor a todos los niveles y, como consecuencia inevitable, desatar mi potencial.»

Puedes saber más sobre mí y sobre lo que hago en potencialdisruptivo.com
También estoy en Instagram y Youtube

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¡Hola! Soy Diana,

Homo Mínimus me ha concedido el placer de escribir en su blog, lo cual es todo un honor para mí, ya que éste es uno de los primeros blogs que empecé a leer, y ha resultado ser, en numerosas ocasiones, un torrente de inspiración para mí.

Me encanta el minimalismo, y me apasionan las finanzas personales. Además, ambos conceptos se retroalimentan, son completamente sinérgicos. Ser minimalista, te ayuda a mejorar tus finanzas personales y mejorar tus finanzas personales te hace ser más minimalista.

Es posible que no te esté diciendo nada nuevo, y es que doy por hecho que eres un minimalista de corazón, de necesidad existencial y no de moda pasajera. Un minimalista de los que conocen el poder de centrarse en lo que realmente importa y de los que saben que las distracciones banales son el enemigo.

Pero pese a que ya hayas reflexionado con anterioridad sobre el binomio minimalismo-existencial/finanzas-personales, te invito a profundizar más en el tema.

Empecemos a hacernos preguntas…

¿Cuántas actividades, pasatiempos o aficiones te llenan, y además, son gratis? Seguro que muchas. Apuesto a que Homo Mínimus sería capaz de hacer una lista de 100 cosas gratuitas que le hacen feliz. Y también sé que a ti y a mí nos gustaría leerla.

Sin embargo, creo firmemente que le resultaría más sencillo hacer una lista de 100 cosas que le hacen feliz, pero para las que necesita dinero. Por ejemplo, comprarse una manzana para comer, o tener un blog sobre minimalismo existencial.

El dinero no es malo, tan solo es la moneda de cambio estandarizada. Podríamos ir a comprar huevos y cambiarlos por pan, pero… ¿Cuántos huevos por cuánto pan? ¿Y si en vez de pan, es leche lo que tengo para ofrecer? ¿Cuántos huevos, por cuánta leche?

Sería un caos. Cada transacción nos llevaría mucho tiempo, así que podemos decir que la forma más sencilla de hacerlo, o más minimalista, es la de usar el dinero.

Por qué merece la pena controlar tus finanzas

Seguro que te has planteado más de una vez, qué es lo que realmente quieres, y sobre todo qué es lo que sobra en tu vida.

En el caótico ritmo vital en que nos encontramos inmersos en la actualidad, controlar tus finanzas personales, trae orden y tranquilidad a tu vida. Dos aspectos altamente apreciados por los minimalistas. Es por ello, que he elegido este tema para el post.

Pero no pretendo convencerte de ello, lo que voy a hacer va a ser darte, tan solo, dos razones, o mejor dicho, dos opiniones personales, por las que considero que aprender a controlar tus finanzas, te acercará a aquello que deseas.

Un sitio adecuado para cada cosa y cada cosa en su adecuado sitio

O lo que es lo mismo, saber lo que tienes, saber dónde lo tienes y saber lo que implica tener lo que tienes, donde lo tienes.

Vayamos por partes.

Saber lo que tienes

¿Cómo puedes llamarte minimalista si ni siquiera sabes lo que tienes?

Puede parecer que estoy exagerando y que tan solo los millonarios no saben lo que tienen, pero esta no es la realidad.

La realidad es que mucha gente normal, y por normal me refiero a la media, no saben lo que tienen. Y no solo me refiero a que no saben cuántos pares de calcetines tienen, sino  a que no saben qué cifra marca su cuenta corriente. Creo que este sería un argumento más que suficiente para que un minimalista comenzara a interesarse por sus finanzas. Sin embargo, tengo más.

Es necesario saber perfectamente lo que tienes para tomar buenas decisiones y para poder aprovechar oportunidades. Cuando sabes lo que tienes, eres plenamente consciente de lo que puedes permitirte y de lo que no puedes permitirte.

¿Cuánto tiempo te ahorra el poder decir “no” instantáneamente, cuando te proponen algo que no te conviene en ese momento?

Imagina ahora, que te proponen eso mismo, pero no sabes si te conviene o no, de manera que empiezas a dudar. No puedes dar una respuesta certera puesto que no conoces tu propia situación.

Esto puede hacer que tomes decisiones que no te convienen en absoluto, o dejar pasar oportunidades que merecen la pena.

Saber dónde lo tienes

¿Dónde está la riqueza material de un minimalista? Quizás alguno considere que no todas las opciones son dignas para él, sin embargo, la gran incoherencia sería que no supiese dónde la tiene.

¿Tienes depósitos a plazo fijo? ¿Tienes fondos de inversión? ¿Has comprado acciones alguna vez?

No te sugiero que inviertas, ni que dejes de hacerlo, tan solo te invito a reflexionar sobre tus propias finanzas ¿Sabes dónde tienes tus “cosas”? ¿Es coherente que solo tengas 10 pares de calcetines bien ordenados en tu armario y que no sepas cuánto dinero tienes en tu cuenta corriente, cuánto en tu plan de ahorro y cuánto debajo del colchón?

Saber lo que implica tener lo que tienes, donde lo tienes

Me parece correcto que te quejes del comercial del banco si éste lleva a cabo alguna práctica de dudosa moralidad. Pero seamos sinceros, NUNCA NADIE VA A PREOCUPARSE MÁS DE LO QUE TE PREOCUPAS TÚ DE TU DINERO. Nunca. Nadie.

Este tercer punto es clave. No es suficiente saber cuánto dinero tienes. No es suficiente saber dónde lo tienes. También tienes que saber las consecuencias de tener tu dinero donde lo tienes. Si no conoces las implicaciones que conlleva tener el dinero en un determinado “sitio”, en realidad estás reconociendo que no sabes dónde lo tienes.

Y en este aspecto cada persona es un mundo. En función de tus necesidades y de tu tolerancia al riesgo, deberás decantarte por unas opciones u otras.

Conseguir lo que realmente quieres

Con este segundo punto pretendo mostrarte cómo el controlar tus finanzas personales te ayuda a conseguir lo que quieres.

En este post que escribí sobre cómo ahorrar, explico cómo las distracciones nos apartan de lo que realmente queremos. Esto es algo que todo minimalista tiene muy presente, sin embargo, por alguna extraña razón, en ocasiones descuidan este aspecto en sus finanzas, sin darse cuenta de hasta qué punto esto les aleja de sus propósitos.

Soy consciente de que existen distintos tipos de minimalistas, los hay que viven en la más absoluta austeridad, y los hay quienes simplemente quieren simplificar su vida para centrarse en lo importante.

Y en este aspecto, las finanzas personales juegan, desde mi punto de vista, un papel fundamental. Ya que enfocarlas en conseguir lo que deseas es vital para, finalmente, conseguirlo. Mientras que si las descuidas, acabarás por no saber qué haces con el dinero, y te resignarás diciendo que no puedes permitirte aquello que deseas, cuando la realidad es que no deberías permitirte el no tenerlo, independientemente de que lo que deseas sea un ordenador, un viaje o un lingote de oro.

Esa es una cuestión demasiado personal.

Como ves, aprender sobre finanzas personales te ayuda a gestionar mejor tu dinero, saber dónde lo tienes y conseguir aquello que realmente quieres, sin que las distracciones te alejen de lo importante. O lo que es lo mismo, te ayuda a ser más minimalista.

 

Sin extenderme más, me despido, no sin antes proponerte volver a ver el vídeo en el que Homo Mínimus relata cómo es la vida de Máximo antes y después del minimalismo. Y tan solo reflexiona, ¿Estás llevando una vida coherente con tus valores?

 


 

Puedes encontrar a Diana en  Potencial Disruptivo,  su canal en  Youtube e Instagram

El aburrimiento espolea la creatividad

Esta es una traducción y publicación autorizada del artículo original en inglés de Roger Schank, uno de los   teóricos más influyentes de la Inteligencia Artificial, psicólogo cognitivo, científico del aprendizaje y emprendedor. Es uno de mis más queridos ídolos intelectuales.

Gracias, Roger.

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Roger Schank, uno de los pioneros más influyentes en Inteligencia Artificial

El aburrimiento es importante. Lo necesitamos. Pero hay dos conjuntos de entes supuestamente pensantes que nunca se aburren: ordenadores (aprendizaje profundo) «inteligentes» y la gente que está pegada a sus teléfonos (lo que viene a ser casi todo el mundo).

El hijo adolescente de un amigo (que vino a verme buscando consejo) llamó a mi puerta el otro día. En menos del tiempo que me llevó abrir la puerta, ya estaba mirando a su teléfono. Cuando estoy subiendo en el ascensor de mi apartamento en Nueva York me doy cuenta de que literalmente todo el mundo ha consultado su teléfono durante el trayecto. Sherry Turkle ha dicho que esta conducta está matando la conversación, y tiene razón. Pero está matando algo quizá más importante: la creatividad.

La creatividad depende de muchas cosas, pero una clave es el aburrimiento. Cuando estás aburrido la mente divaga. Haces esa cosa tan rara llamada «pensar».

He empezado a pensar más sobre la Inteligencia Artificial en los últimos meses debido a la continuas estupideces que se están escribiendo sobre lo que los ordenadores pueden o no pueden hacer. Así que déjame que haga una simple pregunta. ¿Se aburre alguna vez Watson? [Watson es un sistema informático de Inteligencia Artificial que es capaz de responder a preguntas formuladas en lenguaje natural y ha sido desarrollado por IBM]. ¿Estas máquinas de «aprendizaje profundo» se aburren? Es obvio que no. ¿Por qué no? Porque para que uno se aburra tiene que tener algo que le guste hacer, una meta que perseguir, un problema interesante o sobre el que se hace preguntas, y que sea difícil de resolver.

Wittgenstein dijo que todo el pensamiento creativo tiene lugar en las «tres Bes»: bed, bath y bus [la cama, el baño y el autobús]. Lo que quería decir es que esos eran los únicos momentos en que no había nadie hablando o distrayéndole, y que, con nada que hacer, su mente divagaba y se le ocurrían ideas interesantes.

¿Cuándo puede esto ocurrir en la vida de jóvenes que son incapaces de dejar de mirar sus teléfonos? ¿Qué cosas hay para aburrirse o sobre las que aburrirse? Si te aburres con un post de facebook simplemente vas al siguiente. Si te aburres con lo que hay en televisión simplemente cambias de canal. Si no tienes nada que hacer navegas por internet. Ya nadie se sienta tranquilamente y piensa.

Encuentro que esto da mucho miedo, por dos razones. Nuestro sistema educacional está en taln malas condiciones en parte porque no dejamos espacio para el aburrimiento, lo que significa que no promovemos la creatividad. Hay respuestas que memorizar, libros que leer y exámenes que hacer. En el instituto, nunca se espera que tengamos pensamientos originales (a menos que el chaval tenga por casualidad un profesor verdaderamente bueno y más libertad de la que típicamente se le concede).

Ahora los ordenadores. La idea de que la inteligencia artificial está progresando es evidentemente absurda. ¿Qué significaría tener un ordenador inteligente que no tuviera de cuando en cuando una idea original sobre algo? ¿Cómo podría un ordenador ser inteligente si no se preocupa por las cosas de cuando en cuando? Los estadounidenses están ocupados preocupándose sobre las elecciones Trump-Clinton. Hablamos sobre ello. Nos preguntamos sobre ello. Ese preocuparse se parece a estar pensando. ¿Qué ordenador se preocuparía sobre eso? ¿Cómo podría un ordenador preocuparse sobre eso? ¿Se preocupa Watson?

Ahora bien, por supuesto que esa es la verdadera pregunta en Inteligencia Artificial y en la que yo trabajé cuando la Inteligencia Artificial se financiaba por gente que pensaba que la Inteligencia Artificial era algo más que «aprendizaje profundo». Yo preguntaba a mis estudiantes y a mí mismo cómo podríamos lograr que un ordenador tuviera pensamientos creativos. Una respuesta es que un ordenador tendría que estar intentando averiguar las cosas de alguna manera, considerando hipótesis sobre lo que fuera que estuviera intentando explicar, y entonces imaginando explicaciones alternativas e intentando inventarlas por sí mismo. Esto es a lo que se parece la creatividad.

¿Podría un ordenador hacer eso? Por supuesto que en principio podría, pero no van a hacerlo las así llamadas máquinas de Inteligencia Artificial que tenemos ahora, que son muy buenas contando, emparejando y buscando. La clase de Inteligencia Artificial de la que yo hablo depende de estar molesto por un estado de cosas y pensar que se debe hacer algo para dar con una mejor respuesta, y luego ponerte en el equivalente de una bañera o cama o cualquier otro lugar tranquilo y en el que no haya distracciones, para que así puedas dejar la mente divagar.

Los ordenadores no llegarán a ser creativos (o sentirse aburridos) en ningún futuro previsible a menos que esos que financian la Inteligencia Artificial cambien de perspectiva.

Lo que realmente me fastidia es que las personas no serán creativas tampoco. El primer pensamiento de los jóvenes hoy día es publicar una fotografía de ellos mismos o de lo que están mirando, en lugar de  pensar sobre el mundo a su alrededor.

Minimalismo aparente

Este es un artículo invitado de Iván entusiasmado, el autor del exuberante blog entusiasmado.com  y mi compañero de fatigas en el podcast Satori Time.

No soy minimalista.

( se escucha un murmullo de desaprobación, un movimiento incómodo de piernas en el suelo, alguien carraspea en el público).

Tampoco soy antiminimalista. Apenas sería capaz de pronunciarlo.

En realidad estoy más bien en empate, en neutralidad, en ni minimalista ni no. X en la quiniela. Hay una cosa en la que estoy de acuerdo con los minimalistas. Y  una cosa en la que no (que te diré después).

¿En qué estoy de acuerdo con los minimalistas?

Hay demasiadas alternativas, demasiadas obligaciones, demasiadas cosas. 

A mí me agobia. A ti también te agobia. Si no, no sé qué harías leyendo un blog sobre minimalismo. Salvo que estés enamorada platónicamente de homo minimus, claro. Y estés maldiciéndome a mí por estar escribiendo en su lugar.

Abres el email y ves decenas de correos. Si eres Justin Bieber igual son cartas de amor de admiradoras. Si no lo eres, probablemente sean correos prometiendo el alargamiento de tu (¿miserable?) pene o el secreto para tener 10.000 visitas en tu blog.

Estás apuntado a chino mandarín, a un curso de cocina tailandesa y además quieres no perderte tu clase de spinning.

¿Cuál es la solución?

El minimalismo del rompe y rasga

Algunos dicen que debes reducirlo todo. Cortar. Zas. Siga la línea de puntos, croc, croc, croc, fuera chino mandarín, a la mierda con la cocina tailandesa, no hagas ni caso al email.

Quédate con tres pantalones y tres camisetas del mismo color discreto, cocina arroz para toda la semana y olvídate de entrar en las redes sociales. Puedes hasta raparte el pelo.

No me convence.

Si haces todo eso un día podrás mirar a un rincón, y verás una bolsa pequeña. “Ahí —dirás ufano— están todas mis pertenencias”. Y te sentirás mejor que los demás. Porque los demás están atrapados por el monstruo del consumismo y de la complejidad y tú, eres un/a humanoide superior. Alguien que sobrevuela el mundo sin rozarlo. Un ser moralmente excelso.

Pero estarás equivocado (esto lo pongo solo en masculino, como cualquier hombre con pareja sabe las mujeres nunca se equivocan) Es solo el ego reapareciendo. Huir del mundo es ser tan esclavo como vivir en el mundo. Es una reacción. Si huyes de las cosas eres tan esclavo de ellas como si te poseen.

Podrás en ese momento ser una de dos cosas. Un ser lleno de ego que simula haber superado todo. O en el mejor de los casos, serás un santón o una monja, un ser beatífico pero absolutamente coñazo, sin pretensiones, sin ambiciones y sobre todo sin ningún interés para ti ni para nadie.

A la mierda con ese tipo de minimalismo. Subrayo el “con ese tipo”, no me quiten aún el micrófono, no me echen.

Hay una manera “cool” de ser minimalista. Y ya la conocía Henry Ford.

Simplicidad superficial

Henry Ford podría haber hecho un coche con solo cuatro ruedas y un volante. Eso queda muy bien al hacer un dibujo sencillo. Pero un coche así, no sería capaz de llevarte ni a la esquina.

Un coche tiene que tener un motor complicado para poder caminar.

Pero sí el conductor tuviera que conocer los mecanismos interiores del coche, poca gente sería capaz de conducir.

Por suerte para muchos de nosotros, la mecánica no importa. Por eso está bajo el capó. Porque no lo tienes que mirar. Porque funciona independientemente de ti.

Pero quizá lo de Henry Ford te parezca un ejemplo muy antiguo. Así que te voy a poner un ejemplo más moderno. Alguien que siempre queda bien citar, sobre todo desde que murió: Steve Jobs.

El Iphone.

Steve Jobs hizo el teléfono más sencillo del mundo.

Espera…

¿De verdad te has creído eso?

Porque es una mentira absoluta. Steve Jobs no hizo el teléfono más sencillo del mundo. Steve Jobs hizo el teléfono más complicado del mundo. Ningún teléfono del momento era ni remotamente tan complicado como un Iphone.

Lo que sí era el Iphone era el teléfono de apariencia más sencilla del mundo.

Realidad, apariencia.

Apariencia, realidad.

Parece que no hay diferencia, pero en realidad sí la hay.

Minimalismo de superficie.

Que sea complicado en el funcionamiento pero sencillo para ti. Ese es mi minimalismo. El minimalismo de funcionamiento. El minimalismo de apariencia. El minimalismo del día a día.

No reducir las cosas que quiero hacer, sino hacer tantas como pueda pero de la manera más simple posible.

¿Cómo conseguir eso?

Te estás acostumbrando demasiado a preguntarme cosas. ¿No creerás que lo sé todo? (vaya, no eres el único que pregunta, yo también lo hago)

La manera de conseguir cosas complicadas con la mayor simplicidad posible es mediante el uso de sistemas.

¿Qué es un sistema?

Un sistema es un procedimiento para conseguir un resultado de una manera repetida. La clave es esa, que se repite. Que lo puedes hacer una vez, dos, tres y siempre tienes un resultado parecido.

Imagina que tienes que regar un jardín.

Quizá lo más puramente minimalista sería coger una regadera y regar las flores. Es un buen sistema si solo tienes que regar el jardín un día. Pero no es así. Lo tienes que regar todos los días.

Y sí, claro puedes salir todos los días a regar el jardín. Pero eso no deja de ser un coñazo. Sé que los monjes decían lo de cortar leña y acarrear agua. Pero yo prefiero encender la caldera y abrir el grifo. Además no me sientan bien las túnicas. Y paso de ducharme con un cubo de agua cogido del río.

La mejor solución para regar un jardín es montar un sistema de riego automático. El primer día trabajarás mucho más que regando, pero el resto de los días estarás tumbado a la bartola leyendo un libro mientras tu vecino el monje zen sale a darse una vuelta con su regadera.

Crea un sistema y échate a dormir.

Sé minimalista en la superficie, pero maximalista en lo que trabaja por debajo sin que tú tengas que atenderlo.

Sé un minimalista aparente. Crea un sistema y escóndelo bajo el capó. Que trabaje solo, que para eso tú eres minimalista.

Aprende a necesitar menos: efecto Diderot y adaptación hedónica

Este es un artículo invitado de Pablo Matilla, el autor del nuevo blog minimalista Historias minimalistas. Te aconsejo que te pases por su blog. Tiene calidad literaria y es un soplo de aire fresco.

pablom

Pablo, gracias por el artículo y bienvenido a la blogosfera minimalista existencial.

Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar.

H. D Thoreau (1817-1862)

O en el original inglés: «A man is rich in proportion to the number of things he can afford to let alone», para mí la traducción de deshechar no acaba de captar todo lo que dice let alone. Más bien, y como dice Mr. Moustacheun hombre es rico según cuántas cosas puede no querer.

Todo esto está muy bien, pero a mí siempre me ha pasado lo mismo: ¿cómo lo aplico a mi vida? Porque el deseo de comprar cosas, de acumular y de querer siempre algo nuevo es muy real.

Cuando era pequeño, recuerdo que me encantaba estrenar tubos nuevos de pasta de dientes. El primer uso era siempre especial, emocionante: unas veces el envase tenía un dibujo de un cocodrilo, otras veces el sabor era de fresa, que aún no había probado nunca, o simplemente tenía la oportunidad de estrenar la pasta de dientes de mi padre que, por cierto, picaba como un demonio. Aquello era pura felicidad e ilusión.

Menuda chorrada, pensarás. Pero el segundo día no era lo mismo. Aquel cocodrilo ya no era tan genial. El sabor a fresa era aburrido. La pasta de dientes de mi padre ya casi no picaba. Era cuestión de días que lavarse los dientes volviera a convertirse en una tarea normal y corriente: quería una pasta nueva.

Siempre me ha sorprendido esa reacción. De hecho, pensaba que era un problema mío. Pablo, siempre quieres más.

Hasta que hace poco me crucé con un par de conceptos que ayudan a entender muchas cosas: el Efecto Diderot y la Adaptación Hedónica, que tienen unos nombres un poco rimbombantes pero que son muy sencillos de entender y pueden ayudarte mucho.

Efecto Diderot

Puedes encontrar una definición muy elaborada del Efecto Diderot en la Wikipedia (en inglés), pero lo que a mí me interesa destacar es algo muy concreto: «la introducción de una nueva posesión en la existencia de un consumidor resultará a menudo en una espiral de consumo.» Dicho de otra manera, comprar te da ganas de seguir comprando. 

Vas a comprar unas zapatillas para correr. Y ya que estoy en la tienda, pillo también unos calcetines y otros pantalones cortos, que nunca se sabe.

Hay algo muy satisfactorio en el hecho de comprar. No sé si es un chute de dopamina en el cerebro o de qué se trata, pero hay algo muy real en la sensación de placer que da comprar algo.

Lo que me lleva al siguiente punto.

Adaptación Hedónica

La Adaptación Hedónica es muy sencilla de explicar, el chute de dopamina está muy bien, pero dura muy poco, o como diría mi abuelo, a todo te acostumbras, ya sea bueno o malo.

En un estudio de 1978 titulado «Lottery Winners and Accident Victims: Is Happiness Relative?» (puedes ver el pdf aquí) se expone que, tras un evento positivo o negativo, como puede ser ganar la lotería o sufrir una lesión incapacitante, tras el impacto inicial de felicidad o desgracia los niveles generales de satisfacción volvían al nivel medio tras un tiempo.

No parece una conclusión muy intuitiva, pero si lo consideras un poco más, verás que es cierto. La excitación por el objeto que acabas de comprar se esfuma muy rápidamente, y tu nivel general de satisfacción vuelve a como estaba antes de la compra.

Tus genes quieren que sobrevivas, no que seas feliz

Desde un punto de vista evolutivo, ambos fenómenos tienen sentido. Aquellos que podían acumular más recursos tenían más posibilidades de sobrevivir y, de hecho, lo hicieron. El afán por obtener cosas y acumularlas es común a todos los hombres. No es un mal propio del hombre Occidental, sino que está codificado en lo que somos, y seguramente hemos llegado a donde estamos ahora gracias a ello.

Así que, lo primero, no te sientas mal por ello. Somos así, relájate. Tus genes tienen un solo objetivo: que sobrevivas lo suficiente como para que puedas reproducirte. No hace falta ser feliz para eso.

El primer paso para modificar algo es conocerlo bien, y creo que conocer el Efecto Diderot y la Adaptación Hedónica pueden ayudarte a necesitar menos.

Comprar y acumular cosas te dará un subidón transitorio que no durará mucho. Pequeñas recompensas en forma de dopamina, que te introducirán en una espiral de novedad que no tiene fin y que solo entiende una palabra: más.

No sé tú, pero yo busco otra cosa.

Aprende a necesitar menos

Si somos conscientes de todo lo anterior, podemos tratar de controlarlo. Contarnos otra historia, otra película sobre lo que necesitamos, sobre lo que queremos. Habremos liberado espacio mental y material para determinar de verdad qué queremos en nuestra vida, cuáles son nuestros objetivos y cómo queremos obtenerlos.

No se trata de negar estos hechos, sino de conocerlos para intentar aprovecharlos a nuestro favor. Te hago algunas sugerencias:

  1. En el aprendizaje el proceso nunca acaba, estarás siempre aprendiendo a necesitar menos.
  2. Sé consciente de cuando tengas el deseo de comprar algo que no necesitas: sabes que es genial, pero que durará poco. Así que, esta vez, decide dejarlo pasar. Todo pasa. Esto también.
  3. Cuanto menos necesites, más libre y rico serás. Recuérdalo como motivación, recuerda la frase de Thoreau.
  4. Los hábitos funcionan como los músculos. Da pequeños pasos hacia tu objetivo. Hazte más fuerte poco a poco en el hábito de necesitar menos.
  5. No abandones. Solo importa la decisión que tomas ahora. Ni el pasado ni el futuro deben influir en tu decisión. Ayer compraste una chorrada que no necesitabas, así que hoy vas a seguir comprando cosas, total, el mal ya está hecho. Falso. La decisión en este momento es independiente a todas las demás que hayas tomado antes. Toma la decisión correcta ahora, como si fuera la única que vas a tomar en tu vida.

Este artículo está inspirado en el libro Mean Genes: From Sex To Money To Food: Taming Our Primal Instincts