Estructura sabática del alma

Este artículo iba a llamarse “Estructura sabática del año”. Pero terminé cambiando el título debido a un error:

Me acababa de levantar de una sesión de yoga hispánico (=siesta), quizá algo soñoliento pero energizado y de buen humor. La siesta me obsequia con un segundo día dentro del día y me pone en compañía de otros genios como Leonardo Da Vinci, Winston Churchill o Edison.

Con las pilas recargadas, es uno de los mejores momentos del día para escribir y quise dedicarle al menos un pomodoro. El título estaba ya en mi mente, lo había programado esta mañana: “Estructura sabática del año”. Pero cuando lo escribí confundí el “alma” con el “año”.

Mi primera reacción fue corregir el error, pero me di cuenta de que el error tenía cierto sentido: El shabbat es un espacio de tiempo con el que regularmente me obsequio. Este año mi estrategia 2015 contempla disminuir la sobrecarga cognitiva y aumentar los espacios en blanco; también aumentar la lentitud deliberada en mi forma de conducirme en los asuntos cotidianos. En un artículo a principio de año mencioné la intención de dotar de una estructura sabática al año entero, no solo a la semana.

El año pasado introduje sistemáticamente y con éxito la costumbre judía del shabbat. He adquirido una isla temporal en la semana donde cesa la acción intencional. Esto me permite, como escribió el teólogo y filósofo Joshua Jeschel, “echar un vistazo a la eternidad, construir un palacio en el tiempo”. Para este autor, el judaísmo es una religión del tiempo, no del espacio, y el shabbat simboliza la santificación del tiempo.

El minimalismo no es una religión, pero sí una filosofía existencial, si es que miras más allá de lo epidérmico. Aunque pasemos mucho tiempo ponderando el lugar de los objetos en nuestras vidas y convirtamos en una causa la reducción de las posesiones y trastos, nuestra preocupación principal está en liberar nuestro tiempo de lo accesorio para así sacar el meollo a la vida y dirigir nuestra dirección a lo verdaderamente importante.

No basta con decidir más o menos perezosamente que voy a vivir más despacio y dedicar más tiempo a las relaciones lentas, la contemplación espiritual y el deleite de los sentidos. Es fundamental, en mi marca de minimalismo existencial, crear las estructuras, en este caso las estructuras sabáticas del alma, que me permitan alcanzar mis fines.

Históricamente, el shabbat fue un acuerdo social elevado a ley religiosa de obligado cumplimiento que permitió descansar a toda una comunidad y celebrar sus tradiciones sin el miedo de que unos sobrepasaran a otros u obtuvieran ventajas por seguir trabajando o persiguiendo asuntos prácticos. Hoy en día es un mecanismo de defensa contra el poder omnímodo de los medios digitales, el bombardeo informativo y la tendencia a que el trabajo termine por inundar todos los minutos de nuestras vidas

No hay dos horas iguales. Cada hora es única y la única que se nos da en cada momento, en exclusiva e infinitamente preciosa. El judaísmo nos enseña a vincularnos a la santidad en el tiempo, a aprender cómo consagrar santuarios que emergen de la magnífica corriente del año. —Abraham Joshua Jeschel

La estructura sabática de mi año, de mi alma, es la siguiente:

  • Shabbat tradicional judío, una vez a la semana. Detallé en este artículo su razón de ser y funcionamiento. Empieza los viernes al anochecer y concluye el sábado cuando aparecen las tres primeras estrellas en el firmamento. Podría hacerse cualquier otro día de la semana, por supuesto.
  • Un shabbat de siete días, una semana completa cada reencarnación; esto es, cada tres meses. Aunque no pueda dejar de trabajar por completo en esta semana, sí que reduzco el tiempo de trabajo y el esfuerzo al mínimo posible, y lo dedico, si es posible, a actividades creativas y contemplativas; habitualmente, de lunes a jueves trabajo a media jornada. Si quieres conocer qué entiendo por reencarnación y su filosofía subyacente y utilidad como unidad de planificación existencial, pues consultar este artículo. Esta variante del shabbat es de cosecha propia.
  • Un shabbat de tres días, al final del mes, los meses que no sean final de reencarnación (todos menos marzo, junio, septiembre y diciembre). Es el equivalente a un fin de semana en el que tomo el viernes como día adicional.

Por lo tanto, el número total de días sabáticos en cada reencarnación es de 23 días: 1+(1+1+1+3)+ (1+1+1+3)+(1+1+1+7), no un número muy distinto de los aproximadamente 26 días de fin de semana del calendario laboral por trimestre.

A ti te puede venir bien el calendario laboral y descansar dos días por semana en vez de mis 1,3 y 7 respectivamente. O tu sabbaht puede ser el día del Señor, el domingo, si eres cristiano o simplemente te viene mejor. Lo importante es que, sea cual sea tu estructura sabática, la ritualices.

Otras estructuras sabatizantes

En la tradición bíblica tenemos un año sabático en cada periodo de siete años en el que ciertas labores del campo estaban prohibidas. En la actualidad, cuando hablamos de año sabático lo hacemos más en referencia a un año de licencia que el académico puede dedicar a visitar otras universidades, investigar o escribir un libro. Pero no hay nada que nos impida sistematizar un año sabático cada cinco, seis o algún otro número de años.

En este artículo puedes ver las ventajas de tomarte un año libre o de descanso cada cierto número de años y  así distribuir mejor el tiempo libre a lo largo de tu vida laboral en vez de concentrarlo todo al final de tu existencia tras la jubilación.

En un plazo más corto, establezco micro-estructuras sabáticas o sabatizantes:

Referencias:

6 pensamientos en “Estructura sabática del alma

  1. Flames

    Creía que iba a proponer el sabbath todos los días….. y resulta que hay que trabajar algún día.

    Ya voy a intentar lo del sabbath hasta que me canse.

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  2. roseypunto

    Me gusta la idea del sabbath aunque preveo que su evolución natural será la de un estado mental que intentaras mantener el mayor tiempo posible, independientemente de si estas trabajando, escribiendo un tweet o con tus amigos tomando un cafe… por otro lado no es sino la consecuencia inevitable de la via negativa de la que hablabas en tu entrada de inicio de año.
    Me había pasado el post de las microreencarnaciones y me parece una gran forma de aplicar el concepto de antifragil de Taleb, la frecuencia también me parece acertada ya que estamos hablando por ejemplo de implementar un nuevo hábito que de no conseguirse no ocurriria practicamente nada pero de tener exito puede marcar la diferencia librandote de la presion de conseguirlo como objetivo si o si y sentirte un fracasado cada vez que te acuerdes de ello a acotar un tiempo prudencial en el que puedes pensar en ello, para seguidamente dejarlo aparcado para siempre ( o para otra reencarnación) en el cajon.

    Responder
    1. roseypunto

      Ahora que lo releo, veo que me he saltado todos los signos ortográficos habidos y por haber… en fin

      Responder
  3. Pingback: Shabbat shalom | Homo Mínimus

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