Valores vs objetivos

Los objetivos no son fines en sí mismos

—Homo Minimus

Problemas con los objetivos

 Los objetivos son peligrosos. Si elegimos objetivos erróneos y los conseguimos, dejamos de hacer lo que realmente sería más importante. Los objetivos son imanes de la acción , herramientas, instrumentos de dirección y organización, pero mal elegidos nos pueden poner en aprietos.

Cuando hablábamos del Principio de Pareto o Regla 80/20  —uno de los pilares del minimalismo existencial— advertíamos que era más importante hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente, y que “Si algo merece la pena, merece la pena hacerlo imperfectamente”.

Es mucho mejor hacer las cosas correctas mal que las cosas incorrectas bien; porque en el primer caso, si uno aprende terminará haciéndolas bien y estará mejor; pero en el segundo caso, si uno hace cada vez mejor lo incorrecto y aprende a hacerlo mejor, estará peor que al principio.

La inteligencia es lo que nos permite hacer las tareas  más eficientemente y lograr nuestros objetivos ; la sabiduría es la que nos permite elegir mejor las actividades y las metas que perseguir.

Nuestra elección de objetivos está muy influenciada socialmente.  Los objetivos suelen ser cuantitativos. Todo manual de organización personal te habla de la necesidad de concretarlos y cuantificarlos. Los objetivos   SMART (eSpecíficos, Medibles, Ambiciosos, Realistas, Temporizados) pueden ser muy TONTOS.  El dinero, la posición social, el tamaño del coche, o las ganancias personales son muy medibles, muy realistas, muy ambiciosos, etc. La gente se suele centrar en ellos porque son más visibles.

Además, la sociedad nos suele proponer objetivos que tienen valor de mercado, que son susceptibles de producir beneficios a quien los vende, y desarrolla toda una inmensa maquinaria publicitaria y cultural para promover que los elijamos y persigamos. Hemos de evitar confundir el precio con el valor de las cosas.

Mentalidad ganar-perder. Si los consigues eres un ganador y has triunfado; si no los consigues, eres un perdedor.  Estás haciendo depender tu felicidad y satisfacción personal de algo externo. Sustentar el sentido de uno mismo en los objetivos desplaza el centro de gravedad hacia fuera de nosotros y nos vuelve vulnerables.

Otra opción: los valores como organizadores e imanes de la acción

Normalmente, elegimos objetivos con la remota esperanza de que nos satisfagan —no solemos reflexionar mucho sobre ellos— , parecen evidentes;  pero el hecho de que cuando llegas a la cima del objetivo,  la satisfacción dure poco o  te sepa a poco o no te sepa, indica que esa esperanza no se cumple demasiadas veces.

Hay otra manera de seguir haciendo cosas, de seguir ilusionados y al mismo tiempo de no depender de los objetivos: los valores.

Elegimos los objetivos porque esperamos que nos aporten algún valor o  nos encaminen hacia otros objetivos que nos proporcionen los valores esperados. Por tanto, sería más sabio el comenzar intentando reflexionar sobre  el tipo de valores que buscamos en nuestras vidas , y la relación que tienen  entre ellos.

El camino es mejor  que la posada

–Miguel de Cervantes

 Es más, los valores no sólo nos ayudan a elegir  los objetivos, sino que esos valores pueden también ayudarnos a elegir los medios que seleccionamos para lograr los objetivos; es decir, el camino.

Después de todo, la mayor parte del tiempo nos vamos a encontrar en el camino, no en la posada; así que parece razonable el que disfrutes del camino y del proceso, y no sólo de la cima o la victoria. Convertir cada paso del camino en una realización de valores personales sería una manera más inteligente de enfocar nuestra actividad. Se trata de encontrar más  motivación intrínseca y depender menos de la motivación extrínseca.

De esta manera, la elección de objetivos es menos dramática: cualquier objetivo que genere un cierto resplandor en nuestro espíritu —por sentir que es una realización de nuestros valores personales más profundos— es una meta legítima que perseguir. Y si  no los logramos, no pasa nada: podemos encontrar mil metas alternativas que nos permitan cultivar los valores que más nos importan.

El apego o la obsesión por los objetivos —que nosotros hemos creado  y a los que hemos unido nuestro sentido de identidad— desaparece: las metas no son nosotros; de la misma manera que una llave no es nosotros, aunque nos abra la puerta de una casa acogedora. Nuestra identidad deja de estar unida a la consecución o no de los objetivos; esto permite mayor ligereza existencial y menos sentido del precipicio o miedo a la derrota. También mucha más audacia y experimentación.

 Los ángeles no vuelan porque tengan alas; vuelan porque se toman a la ligera.

–G.K. Chesterton

7 pensamientos en “Valores vs objetivos

  1. Ander

    Sí, ¡chapó! Yo también creo que los objetivos nos han de ayudar a mejorar el presente, a establecer los hitos en nuestro camino.

    Responder
  2. Luis José

    Creo que los objetivos sirven más como herramientas que como fines en sí mismos.
    Por ejemplo, si te planteas el objetivo “no tener deudas en un año”, eso te puede ayudar a investigar y luego planificar cómo irás reduciendo tu deuda y, con ello, vas a adquirir hábitos financieros “saludables”.

    Responder
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