Experimento minimalista de desconexión digital

 

Experimento público

  • Durante cuatro semanas haremos un  experimento de renuncia a toda o parte de nuestra vida digital.
  • Registraremos nuestro compromiso y haremos seguimiento a través de este blog en una pestaña especialmente habilitada para el experimento (arriba a la derecha)
  • Inicio: lunes 3 junio 2019

 

¿Cómo comprometerse con el experimento?

He abierto una pestaña en el blog para unirse al experimento. En él debes escribir lo siguiente:

  1. Tu nombre o apodo.
  2. Cuándo inicias el experimento (idealmente, el lunes 3 de junio) de cuatro semanas (hasta el 30 de junio). Pero podrás incorporarte en cualquier momento durante las cuatro semanas.
  3. Qué elementos de tu vida digital o mediática has decidido eliminar. Por ejemplo:  el uso de WhatsApp, la opción nuclear (para los que gusten de emociones fuertes, la explico más abajo),  el consumo de películas o periódicos digitales o en papel, o todas las redes sociales o alguna en concreto que te genera menos valor e interfiere más con tu vida. Tú decides.
  4. Cuáles son las condiciones específicas de tu experimento: en qué franjas horarias o para qué actividades haces excepciones, si es que las haces; cómo vas a llenar el tiempo libre  casi oceánico del que vas a disponer en estas cuatro semanas, por ejemplo: qué harás cuando estés en el autobús aburrido sin nada qué hacer o qué harás por las noches si no ves la televisión o las series, etc.
  5. Por qué eliges esta renuncia
  • Después de la inscripción y el compromiso público en  los términos apuntados arriba, escribiré un artículo-resumen con los compromisos de todos los inscritos.
  • Durante la duración del experimento, podrás ir escribiendo tus impresiones, dificultades y descubrimientos en la página del experimento con el fin de motivarte y motivar a los demás a perseverar en el empeño.
  •  Al final del experimento, podrías incluir un pequeño informe. Yo recopilaré las experiencias y lecciones aprendidas y las resumiré en un artículo final.
  • A partir de ahí, en función de los resultados del experimento, podrás darlo por terminado o decidir incorporar algunas de las renuncias y cambios en tu consumo digital a tu vida.

 

Condiciones  del experimento

Comienzo: lunes 3 de junio de 2019.

Duración: cuatro semanas, hasta el domingo 30 de junio 2019.

Durante cuatro semanas haremos un  experimento de renuncia a toda o parte de nuestra vida digital.

Los candidatos para este ayuno digital con vocación de permanencia son  varios; la opción que recomiendo, aunque  casi nadie tendrá  los bemoles para seguirla, es la opción nuclear:  eliminación del  teléfono inteligente sustituido por un teléfono idiota con solo llamadas. Podrías hacerte con un teléfono tonto o simplemente capar todas las aplicaciones y redes sociales de tu teléfono móvil.

Dirás que esto es ilusorio, inviable, utópico, etc. No, no lo es, y yo soy la prueba viviente: jamás he tenido un teléfono inteligente y funciono desde hace décadas con un teléfono extremadamente torpe  que solo es capaz de enviar y recibir llamadas y mensajes de texto. Esta es la opción que recomiendo para el experimento porque es la que contribuirá de manera más dramática a cambiar tu concepción de lo posible y lo imposible.

Hay otras opciones más conservadoras que no necesitan tantos redaños pero que son francamente desafiantes para la mayoría de los bípedos implumes:  por ejemplo,  bloqueo y renuncia de redes sociales como  WhatsApp, twitter, Instagram, Facebook..  Incluso, el mismo correo electrónico consultado compulsivamente por mucha gente a lo largo del día podría ser un candidato para este ayuno y desconexión.

El experimento de renuncia digital también podría aplicarse a servicios de distribución de contenidos de alto poder adictivo como por ejemplo YouTube o Netflix o sitios de noticias o cualquier otra plataforma similar. Mucha gente que llena sus horas de ocio con la comida basura de la televisión tradicional a la manera de gallinas que reciben su pienso (contradicción en los términos) diario de lo que sea que echen haría bien en apuntar a la televisión como objeto del experimento.

Los más modernos, que tienen plataformas digitales de pago, podrían considerar si los centenares de horas que dedican a lo largo del año viendo series en modo adictivo-compulsivo son el legado que quieren dejar para la posteridad. Muchos solo podrán escribir en su tumba: “Dediqué 73 noches de mi vida a lo largo de 7  años a seguir la serie Juego de Tronos; las noches  de esos años que no vi Juego de Tronos vi Breaking bad, Perdidos, True Detective… y un largo etcétera”. Triste epitafio.

Si quieres  conocer la experiencia de alguien que ya no ve cine ni series por las noches y motivarte a emularle, puedes leer el artículo de Anca Balaj sobre su renuncia a la televisión y las películas. Su experimento convertido en una forma de vida ocurrió  de manera casual cuando un buen día se le estropeó la televisión y decidió no repararla ni comprar otra. Transcribo un extracto, el resto del artículo puedes leerlo en su blog.

¿Cómo es posible que, sin utilizar nunca la televisión por las mañanas o por las tardes éstas también sean diferentes? La respuesta es simple: silencio y descanso. La televisión, la radio o incluso las películas o series vistas en Internet producen nerviosismo. Aquí hay algunas explicaciones científicas, pero yo voy a hablar de mis percepciones en esta semana.

En mi casa ya no hay voces estridentes, mujeres llorando, gritos de personas asustadas, bombas o coches que explotan, sirenas de la policía, etc. En mi casa nadie mata a nadie. Nadie sufre. Y no hay conflictos que atender. Las películas (y toda historia que se precie) tienen como motor el conflicto, es decir, el deseo de alguien que entra en conflicto con el deseo de otro alguien y que queremos saber cómo acabará resolviéndose. Esto mantiene nuestra atención pero también nos provoca tensión. Así pues, cuando estamos viendo una película o una serie, estamos viviendo (creando en nosotros) esta tensión. La próxima vez que veas una película, despégate del argumento por un momento y revisa tu cuerpo, observa si estás relajado/a o tenso/a.

Dejando aparte las estridencias sonoras y las emociones dramáticas que se recrean, hay otro factor muy importante, tal como explica el artículo que he enlazado más arriba: el ritmo con el que se suceden las cosas en una película es vertiginoso, en una hora y media ocurren acontecimientos que en la vida real tardarían semanas, meses o años en producirse, con el estrés mental que esto nos supone. También la técnica usada es importante, pues hay gran interés por parte de los autores de atraer nuestra atención y mantenerla hasta el final.

Todo este nerviosismo provoca ansiedad. La rapidez de los estímulos nos crea dependencia de nuevos estímulos y así es cómo acabamos aumentando nuestra dependencia de otros aparatos que puedan proporcionarnos estos estímulos cuando ha acabado la película o incluso de maneara simultanea. Y cuanto más estimulo, más necesitamos y más se sube el ritmo en las películas de reciente creación (compara el ritmo de una película de los años 40 con el ritmo de una actual; ¿ha tenido tiempo nuestro cerebro de evolucionar de la misma manera?).

¿Cómo elegir el tipo de desconexión digital?

Tú sabes o al menos intuyes qué parte de tu vida digital es contraproducente para tu salud mental o para tu eficacia profesional o para la calidad de tus relaciones personales. ¿Hay alguna red, algún artilugio digital, alguna plataforma tecnológica de distribución de contenidos de alto poder adictivo cuya renuncia podría contribuir a mejor tu bienestar vital y liberar tiempo y atención para destapar y desarrollar potencialidades?

Tú conoces tu fuerza de voluntad, tu afán de exploración y las facturas que los medios digitales están pasando a tu vida, por eso este experimento es flexible, no es el mismo para todos, la filosofía y motivación es la misma pero las condiciones de aplicación son elegidas por ti.

Recomiendo la opción nuclear (=teléfono estúpido con solo llamadas y mensajes tradicionales de texto, no vale WhatsApp) , y si no puedes o no quieres aplicar la opción nuclear, decide qué elementos eliminas, por ejemplo: Facebook o WhatsApp o YouTube o una combinación de ellos.

Recomiendo que tu eliminación abarque las cuatro semanas las 24 horas del día; pero una vez más, puedes decidir abrir una ventana al día para consulta de medios digitales, una hora o media hora o simplemente decir que no usarás esos medios más que por las noches  o usarlas para un determinado fin en exclusiva, por ejemplo , por motivos de trabajo.

Lo más fácil de gestionar es eliminar todo y durante todo el tiempo, pero tú solo conoces tus circunstancias y limitaciones.

 

Eres libre de elegir tus cadenas o de cambiarlas por otras

Soy consciente de que tienes la sensación de que el uso o no uso de medios digitales, WhatsApp, Facebook, correo electrónico o las series no es una opción;  después de todo “esto es lo que hay, no puedo luchar contra la corriente” o bien “en mi trabajo es imposible decir que no a las redes sociales y usamos WhatsApp para comunicarnos” o bien “sin Facebook no puedo hablar con mis familiares de Perú o Argentina” o bien “sin un móvil no puedo calmar a mi niño de dos años mientras come o cuando salimos de casa” o bien “me siento vacío si no me relajo por la noche con un episodio de sexo y violencia de Juego de Tronos”, etc.

Pero la buena nueva que vengo a traerte y que te incito a seguir es que hay opción , que eres libre para decidir tu uso, abuso y desuso de los medios digitales. Este experimento te ayudará a descubrir qué es posible, y sobre todo a saber qué se siente cuando uno deja de ser una miserable rata de Skinner sometida a los refuerzos intermitentes de los likes y las últimas frases graciosas y gilipolleces de la línea de Twitter o el muro de Facebook.

En el minimalismo existencial lo crítico es aquello a lo que renuncias. De la ley de las tres Oes del minimalismo existencial la más importante es la O de Omisión.

Recomiendo leer al azar algunos de los artículos de la serie Neoludismo en este blog. Te pueden ayudar a decidirte. Por ejemplo…

Justificación última del experimento

He dedicado toda una serie de artículos  en este blog a los peligros de las tecnologías digitales. La he llamado serie Neoludismo. Los luditas fueron obreros de telares en Inglaterra  que en los comienzos de la revolución industrial quemaban telares y aterrorizaban a sus propietarios como amenaza y represalia ante la pérdida de sus trabajos sustituidos por máquinas.

El filósofo cínico Diógenes de Sinope fue nombrado el  Santo patrón del minimalismo existencial hace ya varios años por sus simpatías neoluditas. Este personaje se burlaba de los atenienses  con sus actuaciones públicas;  por ejemplo, caminaba en la dirección contraria de la multitud a la salida del teatro como ilustración de su iconoclastia e inconformismo. Todas sus posesiones eran un manto, una escudilla para beber agua y un bastón, pero un día observó a un niño beber agua de una corriente con el  cuenco de sus manos y renunció desde entonces a la escudilla. Cuando Platón definió al hombre como un “bípedo implume”, Diógenes desplumó a un pollo y gritó “ahí va un hombre”. Desde entonces, la definición tuvo que ser cambiada a “bípedo implume de uñas planas”.

Yo soy una suerte  de Neoludita filosófico  militante, me parezco más a Diógenes que a los quemadores de telares anticapitalistas o a los ecologistas tipo Unabomber, mi reacción es menos violenta pero también potencialmente más efectiva: tolero que los filisteos sigan usando y abusando de sus teléfonos inteligentes y redes sociales;  cuando observo al ciberzombi  arrastrar su dedo por la línea de Twitter o WhatsApp mi represalia física  no va más allá de un furtivo gesto de desprecio y una sensación de superioridad moral ; mi venganza son mis invectivas y peroratas en un oscuro blog en un callejón perdido de internet.

Sin embargo, mi secreto desprecio y mis sonoras exhortaciones escritas  hacia una vida liberada de la tiranía autoinfligida de los medios digitales no es suficiente.

Hemos de dar un paso más. Hemos de predicar con el ejemplo en nuestras vidas. Todos podemos ser todavía más minimalistas y andar el camino del que hablamos. Si nuestro ejemplo cunde, habremos transmitido nuestro mensaje y vivido nuestras creencias.

 

Homo Mínimus responderá a las preguntas, dudas y consultas sobre este experimento en los comentarios de este artículo.

18 comentarios sobre “Experimento minimalista de desconexión digital

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