Los sacrificios necesarios
Ved, a partir de esto, la obligación que tiene cada persona de decidir, llegado el momento, hacer los sacrificios necesarios. Es muy doloroso decirse a uno mismo: al tomar este camino, abandono otros mil. Todo es interesante; todo podría ser útil; todo atrae y seduce al espíritu generoso; pero existe la muerte, existen las exigencias del espíritu y de las cosas: hay que someterse y conformarse, respecto de aquello que el tiempo y la sabiduría nos arrebatan, con una mirada de simpatía que será también un homenaje a la verdad.
No os avergoncéis de ignorar aquello que solo podríais llegar a conocer pagando el precio de la dispersión. Reconocedlo con humildad, pues es señal de nuestros límites; pero nuestros límites, una vez aceptados, pasan a formar parte de nuestra virtud; de ello nace una gran dignidad: la del hombre que vive conforme a su propia ley y cumple su función. Somos pequeños, pero formamos parte de un todo, y ahí reside nuestro honor. Aquello que nosotros no hacemos, también lo hacemos: Dios lo hace, nuestros hermanos lo hacen, y nosotros estamos con ellos en la unidad del amor.
No penséis, por tanto, que todo es posible. Medíos a vosotros mismos, medid vuestra tarea; después de algunos intentos inevitables, aprended a limitaros sin rigidez; conservad, mediante las lecturas y las pequeñas tareas necesarias, el beneficio de una formación inicial amplia, el contacto con la vastedad; pero, en lo que respecta a lo esencial de vuestro tiempo y de vuestras fuerzas, concentraos.
El científico a medias no es quien solo conoce la mitad de las cosas, sino quien las conoce solo a medias. Conoced bien aquello que habéis decidido conocer; al resto, dirigidle únicamente una mirada. Lo que no pertenece a vuestra propia vocación, dejádselo a Dios: Él se ocupará de ello. No desertéis de vosotros mismos por querer sustituir a todos los demás.
La vida intelectual: Su espíritu, sus condiciones, sus métodos. A.D Sertillanges
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