Regla de los treinta segundos de elección del menú

Sé estable y bien ordenado en tu vida para que así puedas ser salvaje  y original en tu trabajo.

–Gustave Flaubert

Cuando elijo el menú en un restaurante echo un vistazo al menú y elijo  en menos de treinta segundos. En simplificaciones mencionaba esta regla y otras que me permiten simplificar la vida cotidiana.

Menu

Todos tenemos amigos o conocidos que parecen necesitar una eternidad para decidir qué menú elegir. Estudian atentamente la carta, preguntan al camarero sobre la calidad y cantidad de los platos, y en ocasiones hacen que el camarero tenga que volver una o varias veces hasta que han tomado la decisión.  Cuando indago sobre el mecanismo de decisión de estas personas casi siempre me encuentro con que tienen miedo a no elegir la mejor opción disponible. Parecen mantener una actitud perfeccionista o maximizadora en vez de satisfaciente.

Su mecanismo de decisión es más lento porque examinan todas las opciones disponibles o un gran número de ellas, quieren saber todo lo que hay antes de decidir y comparan esas opciones entre sí. Y lo hacen porque “no  quieren equivocarse”, de ahí esa tensión que les lleva a analizar más.

Mi idea es que con esta regla no sólo ahorrarás tiempo, que puedes dedicar a empresas más creativas, sino que además estarás tan o más satisfecho que analizando todas las opciones.

Toda regla inteligente, y subrayo lo de “inteligente”,  ha de tener una justificación, porque ello permite comprometerse con ella y a la vez saber por qué  funciona y  también cuáles son sus limitaciones. Además, se necesita un medio para  ponerla en práctica,  y quizá un periodo de experimentación, prueba y adaptación en la que configuras los parámetros de la regla y aprendes cómo aplicarla y cuándo aplicarla.

Justificación

  • Reduces el tiempo de decisión.
  • Puedes dedicar el tiempo ahorrado a charlar o a la observación inteligente o al simple descanso mental.
  • Reduces el estrés de las pequeñas decisiones y dedicas tu tiempo computacional a empresas de más calado. Hay que organizar muy bien las pequeñas cosas para dejar espacio para las grandes; de otra manera, corremos el peligro de pasar nuestros días tratando minucias.
  • Ahorras tiempo de espera a tus compañeros de mesa y al camarero.
  • Proyectas una imagen de persona resolutiva y que toma decisiones rápidas. Pero más importante que la proyección de una cualidad deseable: te entrenas  a ti mismo en la adopción ágil de decisiones en un entorno seguro en que los costes del error son muy pequeños (en el peor de los casos no elegirás el mejor de los menús posibles en términos de atractivo gastronómico  y de precio)
  • Según lo anterior, puedes extrapolar las enseñanzas extraídas de este entrenamiento a otras esferas de la vida. Si tienes una actitud generalmente analítica y perfeccionista en tu vida, puedes aprender a usar esa actitud sólo en los lugares donde tiene sentido y es funcional, y abandonar ese enfoque donde deja de ser útil.
  • Desarrollas la intuición. Te das cuenta de que la calidad de tus decisiones en tan buena e incluso más buena que cuando te tomabas más tiempo.
  • Como vimos en La paradoja de la elección,  a veces tener más opciones puede ser peor, y la calidad de la decisión y la satisfacción con la decisión tomada puede ser incluso inferior que en el  caso de tener menos opciones. Los treinta segundos impiden que examines todas las opciones disponibles.
  • Entrenas un enfoque más relajado  y satisfaciente de la vida, menos perfeccionista. 

 Aplicación

  • Propuesta de implementación: en el próximo mes aplica la regla mirando rápidamente el menú y eligiendo en treinta segundos o menos. Después de elegir, analiza tranquilamente el menú y mira si la opción ha sido adecuada o no. Algunas veces lo será y otras no.  Toma nota de qué puedes hacer para mejorar la decisión la próxima vez y sigue aplicando la regla durante el mes. Con el tiempo verás que diriges tu mirada rápidamente hacia el lugar de la carta adecuado y que decides  en menos de treinta segundos, generalmente con mucho éxito.
  • Tener una cierta idea o visión  del tipo de alimentación que quieres tener te puede hacer más proactivo en tus elecciones y menos dependiente de las opciones particulares que se te presenten en un momento dado. En vez de analizar y valorar morosamente las opciones disponibles, empieza pensando (brevemente) qué tipo de comida quieres comer hoy y luego busca una opción suficientemente buena.

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