Quemar las naves

En 1517 Hernán Cortés llega con 600 hombres, 11 barcos  y 20 pequeños cañones  a lo que hoy es el puerto de Veracruz para iniciar la conquista del imperio azteca, en aquella época formado por más de cinco millones de indios.  Manda quemar las naves, o al menos inutilizarlas, para que sus hombres sepan que a partir de ese momento su única opción es luchar sin que la opción de la retirada sea ya viable.  El resto es historia.

Quemar Las Naves IV

En La paradoja de la elección veíamos que a veces tener más opciones puede ser contraproducente. Como corolario de ello  podríamos decir que el disminuir la opciones a veces puede ser lo más inteligente. Uno de los problemas de tener muchas opciones es que el compromiso es siempre menor pues cuando las decisiones son reversibles llegado el momento se puede dar marcha atrás y elegir un camino aparentemente más cómodo, como podrían haber hecho los hombres de Cortés en caso de tener una vía de retirada. Además de enviar un claro mensaje a sus hombres sobre sus opciones disponibles: luchar o morir, también estaba transmitiendo un mensaje a sus enemigos: estos son hombres que no tienen otra opción que luchar hasta la muerte.

Llegado el momento  también uno puede quemar sus propias naves eliminando o negándose otras opciones  para así enviarse un mensaje a sí mismo y  comprometerse con un camino, con un trabajo, con un proyecto, o con una persona  y olvidarse de las otras posibilidades. En ese momento es cuando se acaba la deliberación y se logra el compromiso.

El quemar las naves puede hacerse realmente o simbólicamente (como en la ceremonia del matrimonio) , pero una vez hecho, el camino está claro y el compromiso es el máximo. Quizá la madurez consista en eso, en saber quemar las naves reales y psicológicas y comprometerse definitivamente con algo o con alguien. Cuando uno sabe lo que va a hacer el resto de su vida se puede decir que ha madurado.

4 pensamientos en “Quemar las naves

  1. Pingback: Regla de los treinta días « Homo Minimus

  2. homominimus Autor de la entrada

    Realmente parece que Cortés no quemó literalmente las naves, sino que las “barrenó”. Las dejo inutilizadas y empleó parte de la madera de los barcos para realizar construcciones en tierra. Esto me parece incluso más inteligente por su parte, pues pudo crear el mismo efecto sin parecer manipulador, justificándolo por motivos prácticos y cortando la retirada a sus propios hombres igualmente.

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