Compra de un teléfono móvil

Viviríamos mejor si bajáramos nuestras expectativas sobre el resultado de nuestras decisiones.

-Barry Schwartz

 He de comenzar diciendo en mi descargo que la compra fue obligada: perdí el teléfono Nokia anterior, un modelo muy básico que ya no existe  y que tenía al menos seis años de antigüedad, antediluviano en lo que se refiere a móviles y en el que los números estaban casi borrados por el uso.

Simplifiqué mi decisión decidiendo  comprar  otro Nokia, que es fácil de usar y cuyo diseño es ya conocido por mí. Decidí en principio elegir el modelo más sencillo del mercado, que es también el más barato; a decir verdad,  lo uso simplemente para hacer y realizar llamadas , y enviar y recibir sms’s. Mis necesidades son muy básicas (o eso creía). Para mí lo más importante es que la batería dure mucho y así no tener que preocuparme por recargarlo en más de una semana.

Pero cuando fui a la tienda me encontré con un abrumador catálogo de móviles, muchos de los cuales podría comprar con todos los puntos de que disponía o añadiendo una “módica cantidad”… ¿iba a “desperdiciar puntos”?  ¿iba a dejar de elegir el mejor modelo sólo por tener que pagar unas decenas de euros? El hecho de elegir Nokia simplificó la decisión, pero no pude evitar el echar un vistazo al resto de las marcas -seis marcas alternativas entre las que elegir-  y comparar.

Mi decisión de elegir Nokia seguía siendo inquebrantable, pero aun así había siete modelos Nokia distintos disponibles con puntos. En principio, la compra tenía que haber sido rápida: voy y elijo el Nokia más barato y simple que exista. Fin.

El más simple era el modelo 1616 de Nokia, el modelo más sencillo, tenía una batería de hasta 500 horas, el tamaño era mínimo y el peso  ligero.

Pero el echar la vista al catálogo provocó  el que me hiciera consciente de otras características del móvil en las que no había caído:

  • Radio. De repente caí en la cuenta de que me podría apetecer escuchar la radio mientras corro o mientras voy en el autobús. Además, los había con radio estéreo. [Nota: en mi actitud minimalista y en mi decisión de reducir el input informacional la radio está casi abolida]
  • Cámara de fotos. ¿Y si quisiera hacer una foto a algún documento…?¿ y si quisiera hacer una foto a alguna amiga en una fiesta…? Me vino a la cabeza la imagen de esa gente divertida y popular que se hace fotos con chicas guapas en los pubs y discotecas  y que parecen  pasarlo muy bien.  [Nota: no me gustan las fotos, no me hago fotos, nunca he tenido cámara, jamás hago fotos]
  • Video. ¿Y si quisiera hacer algún video gracioso…? [Nota: no tengo ningún interés por los videos caseros, en mi vida he hecho uno, odio los videos caseros, odio los amigos que me obligan a ver sus videos caseros]
  • Advertí que había modelos plegables  en que la pantalla no queda al descubierto y que incluso ocuparían menos espacio en el bolsillo.
  • Me di cuenta de que la memoria del 1616 era muy pequeña y que donde en mi agenda podían caber apenas 500 entradas en otros modelos eran miles. A veces me he encontrado con  que no había más espacio en mi agenda  o que no me cabían más sms’s.
  • Mp3. Ahora consideraba  que podría meter mi curso de inglés en mp3 en el móvil y escucharlo mientras paseara o corriera o estuviera lejos de mi ordenador o reproductor de mp3.
  • Había modelos que podían recibir y enviar e-mail. ¿Y si mis necesidades cambiaran? ¿no debía estar preparado para ello? También podría usar el messenger en el móvil y navegar por páginas web.
  • Bluetooth, para pasar fotografías  y videos al ordenador.
  • Pantallas táctiles, mucho más cómodas y estilosas, incluso con un aspecto más “minimalista”.

La decisión empezaba a complicarse. Ahora no tenía dos variables, como al principio: duración de la batería y facilidad de uso. Ahora tenía un par de decenas de variables con distinto peso, algunas no me importaban mucho, pero otras de repente se hicieron indispensables: cámara de fotos, radio, mp3, imágenes, aspecto estiloso.  Lo que iban a ser dos minutos de compra se habían convertido en casi media hora de deliberación.

Y lo peor de todo era que empezaba a sentir que me resultaba muy difícil prescindir de ellas, estaba anticipando la pérdida de no tener todas esas características vanguardistas.  Recordé a Barry Schwartz y su libro La paradoja de la elección y su mensaje de que más opciones puede ser peor, porque la indecisión aumenta,  la decisión empeora, y la satisfacción con la compra acaba siendo menor.

Pero ya era demasiado tarde.

Al final, decidí pagar todos mis puntos más casi 80 euros  por un modelo de compromiso de Nokia, el 2730, que era plateado, tenía cámara de fotos, video, 3G, mp3, navegación internet, memoria interna de 30 Mb y externa de 1GB, Bluetooth y cuatribanda (no sé qué diablos es eso). No era demasiado caro y tenía las principales características que ahora consideraba importantes. Media hora antes de comprarlo ni siquiera había pensado en ellas.

Dos meses después de la compra, no he hecho fotos, no he hecho videos, no he vuelto a pensar en el mp3, no se ha vuelto a plantear el asunto del bluetooth y mi vida sigue  siendo lo suficientemente simple para que no necesite  enviar y recibir correos electrónicos ni navegar por internet cuando estoy en el autobús. Eso sí, mi móvil pesa más que el anterior y consume mucha más energía, lo que hace que la batería no dure más allá de tres  o cuatro días en espera.

He decidido rectificar, lo que sé que no me hace sabio, pero sí más libre, y he comprado el modelo más sencillo de Nokia, el 1616, por 19 euros (me gasté todos los puntos en el anterior)  y he regalado el 2730 a mi hermano.

Esta experiencia ha sido una verdadera cura de humildad. Incluso un ser minimalista como yo, no consumista, vacunado contra las técnicas de la persuasión publicitaria (o eso pensaba),  cae en los fallos del consumidor inconsciente, y se deja desorientar por la profusión de opciones y las características de los distintos modelos,  que  se vuelven indispensables de  repente, aunque nunca antes había tenido necesidad de ellas.

11 pensamientos en “Compra de un teléfono móvil

  1. El Siciliano

    Ave HM, por fin te saludo después de tantos días esperando un rato tranquilo. En cuanto al blog seré breve: mi sincera enhorabuena por el blog. Primero, por la idea. Segundo, por mantenerla; como bien dices en algún artículo por ahí es lo más difícil, mantenerlo.

    Leo tu último artículo y estoy, básicamente, de acuerdo. Pero simplemente me gustaría matizar una cosa: una vez detectado el fallo de haberse ‘fallado uno a sí mismo'(caer en el consumismo, etc) , creo que es más ‘ligero’ y minimalista ser consciente y tenerlo FIRME la siguiente vez; seguir adelante con la decisión tomada hasta que el móvil ‘muera’ (que será pronto).Puedes tilizar el móvil complicado sólo en su versión simple, como si no tuviese más funcionalidades. Ok se puede caer en la tentación…pero acaso no es buena la firmeza en ocasiones?. Dar más pasos en torno a un paso ya dado me parece menos minimalista. O quizá sirve para reafirmarse en el no-consumismo…?

    Y este asunto del minimalismo y por asociación de ideas trae a mi mente una frase muy oída pero que encierra mucha filosofía vital: ‘caminar ligero de equipaje’. Visualizo una vida con ligereza mediterránea (en el mejor de los sentidos), pasear con sandalias por la vida y la camisa abierta por el pecho…. En la mano, nada. En la espalda, nada….

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    1. homominimus Autor de la entrada

      Sí, ciertamente es algo perfeccionista el cambiar de móvil sólo porque la batería no dura mucho. Pero a su vez es una manera de reafirmarse en el minimalismo cambiando a un modelo más ligero y con menos funcionalidades. También es una forma de entrenar el “mind like water” y la flexibilidad, y el recordarse que toda decisión es reversible. Lo veo como un gesto simbólico de compromiso con uno mismo en la línea minimalista. Es un poco autopropaganda y a su vez una forma de aumentar el momentum del proyecto con una acción consecuente en una dirección que fortalece el proyecto.

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  2. blumm

    Nítido como mínimo. Enhorabuena.
    Yo, he rescatado un viejo Nokia 6103 de mi mujer. Lo he liberado para que me sirviese y he elegido la tarifa mínima de consumo. Y ya veré si cuando llegue octubre, que tenía pensado hacerme con el iPhone no sigo con él y me olvido del iPhone.
    Lo contaré en octubre, en un nuevo blog que estoy configurando, Cómplice de lo simple…
    Un saludo.

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  3. Gemma

    Mi móvil también es un Nokia del Jurásico, no sé ni qué modelo es. Mi idea es mantenerlo hasta que decida dejarme…
    Pero es curiosa la presión que recibo desde diferentes lados: de amigos o conocidos que no entienden que no lo cambie con los millones de puntos que debo tener, y de la compañía telefónica que me recuerda que me caducarán esos puntos y me envía catálogos tentadores.

    Por otra parte, cuando entras en una tienda es muy fácil que te líen con la de opciones que existen, y los que saben vender lo hacen muy bien.

    (me gusta tu blog)
    Un saludo
    Gemma

    Responder
    1. homominimus Autor de la entrada

      Graciar por tu comentario, Gemma.

      En cuanto a lo que dices, sobre los amigos que no entienden tu postura o las tiendas que intentar “líarte” para que compres, creo que no podemos hacer nada. Los vendedores están para vender, el marketing está para crearnos necesidades y la publicidad para tentarnos. Tus amigos y conocidos están influenciados por todo ello y ven raro que no uses todos tus puntos o no te compres un móvil mejor si puedes permitírtelo.

      Ante todas estas presiones externas sólo podemos reafirmarnos en nuestras decisiones y buscar gente con ideas parecidas para que nos refuercen en nuestra moderación en el consumo. Siempre he creído que hasta cierto tiempo podemos diseñar nuestro propio entorno social, el más propicio al tipo de vida que queremos llevar.

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  4. Mª Ascensión

    Estaba harta de estas situaciones y mi móvil actual sólo sirve para llamadas y mensajes, me costó 12 euros, es de tarjeta, sin compromisos, pesa casi nada y ¡seguro que nadie me lo quiere robar!.

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  5. Pingback: Toque de queda digital | Homo Minimus

  6. atreverseacambiar

    Es que la presión es muy grande, no me extraña. Yo ya hago como con esas cosas de comida poco saludables…no tenerlas cerca. Es decir, no ir de compras (igual no lo soporto, pero tarde o temprano hay que ir) e ir con una lista hecha de casa y con un presupuesto. No es infalible, los jodíos son buenos psicólogos, pero ayuda bastante.

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  7. Raúl Carrère

    Hola. Me parece una buena compra. Yo tengo un C2 pequeño y básico. No veo nada mal sacar una que otra foto… ¿No te dá placer estético fotografiar cosas bellas? ¿Una antigüedad por ejemplo? Aunque… ¿Para qué? Se puede prescindir… ¿Verdad? Que tenga autonomía me parece genial, pues en la vida moderna tenemos tantos objetos que nos pasamos el día atendiéndolos. Cargarlo una vez por semana estaría bueno: una autonomía de unas 200 hs. Tengo 60 años y estoy harto de hacer docenas de cosas todos los días. Por ejemplo: me libré de pagar facturas de servicios pues las cargué todas en la tarjeta de crédito (Sólo la uso para eso). No guardo el dinero en el banco para no tener que ir al ‘cajero automático’, hacer colas, usar la máquina, etc. El dinero para el mes lo tengo en casa. Para gastos diarios uso 10 dólares por día así que todos los viernes tomo 70 dólares y con eso voy tirando hasta la semana próxima. Nunca repongo la billetera. También me permite saber de antemano cuál es mi presupuesto mensual. Todos mis gastos son fijos. Todos los meses gasto la misma cantidad. No tengo que tomar decisiones. Mi novia y yo, en temas de dinero, somos minimalistas. Espero poder extender mi minimalismo a otras áreas. El tema de los 100 objetos me parece genial. Siempre me digo que si cuando tenía 18 años (1973) no tenía nada y era feliz por qué ahora para ser feliz necesito cientos de cosas. La idea es librarse de las tareas rutinarias -o no- que a uno le fastidian excepto cepillarse los dientes, cocinarse y bañarse. Pero… ¿Qué haré con tanto tiempo libre? ¿Los minimalistas lo tienen previsto? Saludos desde Buenos Aires.

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