Cómo comer un chupa chups

Durante muchos años he tenido problemas de autocontrol respecto a las golosinas. Una vez que tengo una delante, me es muy difícil, casi imposible, inhibir el impulso y decirme que no. Las teclas evolutivas en favor del azúcar son presionadas ante la presencia del manjar. No resisto la tentación.

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Este caballero sabe comer un chupa chups mejor que yo

Hay evidencia anecdótica de que cuando uno tiene delante un plato de su gusto no ralentiza el ritmo, como sería lo razonable si lo que se pretende es prolongar el placer: si comes más despacio, haces que la comida entre en contacto más tiempo con las papilas gustativas y el olfato; de esta manera, el placer que obtengas de una porción dada aumenta.

Sin embargo, parece que es justo lo contrario: cuanto más te gusta un alimento, más rápido lo comes, menos tiempo pasa el alimento en la boca y de menos tiempo de degustación dispones.

Esta ha sido mi experiencia con el chupa chups, un trozo de caramelo en el extremo de un palito. La forma ortodoxa de tomar esta golosina es chupando el caramelo para que se humedezca y pase poco a poco a la boca. Es una manera lenta de comerlo. El resultado final suele ser una lengua coloreada por el caramelo.

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Estas señoritas sí saben comer chupa chups

Mi comportamiento nunca ha sido el ortodoxo. Hasta hace un par de años nunca tuve la paciencia de chupar el chupa chups y hacer que poco a poco se deshaciera en mi boca. Mi forma era más rápida, más expeditiva: simplemente lo mordía, lo trituraba en mi boca, sentía un festival de sabor en mis papilas, y en cuestión de segundos lo había deglutido y solo quedaba un triste palito sin caramelo.

Lo que podía haber sido un placer de varios minutos, cinco o seis por lo menos, se quedaba en una sensación de poco más de un minuto, si es que llegaba a ello.

Puedo atribuir este comportamiento a la impaciencia o a un temperamento impulsivo. También puedo achacarlo a la dificultad para extender el placer, o, incluso, a la creencia de que en cuestión de comida, cuanto más rápido mejor. Sea cual sea la razón de mi rapidez en devorar chupa chups, golosinas y postres, resulta ser un comportamiento muy revelador, un síntoma claro de una capacidad de autorregulación manifiestamente mejorable.

Del síntoma a la oportunidad

Siendo un problema o un comportamiento indeseado desde el punto de vista del autocontrol, también es una oportunidad de mejorar y entrenar mi autorregulación. Ninguna acción es insignificante como ocasión de entrenamiento.

He dicho que hace poco tiempo fui capaz de mantener un chupa chups en mi boca sin morderlo durante varios minutos, dejando que poco a poco se fuera diluyendo en mi boca. Fue una novedad sentir la  sensación de que se iba haciendo más y más pequeño hasta desaparecer.

En materia de autorregulación, la conciencia del comportamiento es el primer paso, el segundo paso es la intención de crear un nuevo comportamiento que sustituya al indeseado. El tercer paso es aprovechar la primera ocasión que se presente para hacer honor a la intención.

Siguiendo este simple proceso de tres pasos he logrado reaprender la ingesta de chupa chups.

Cada nuevo hábito o comportamiento creado intencionalmente es un pequeño triunfo que fortalecerá la capacidad de autorregulación.

6 pensamientos en “Cómo comer un chupa chups

  1. Tremendosky

    Yo procuro no comprar patatas fritas o mantener cerradas las bolsas… Como a casi todos los niños pequeños, una vez abiertas y frente a mí, me fallan todos los mecanismos de autorregulación y nunca veo el momento de parar (es que están buenísimas…). En fin, que asumo el reto: la próxima vez que me pongan unas patatas fritas delante trataré de comerlas de-li-be-ra-da-men-te despacio. Será duro, pero todo sea por la autorregulación.

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  2. Ávalon

    Una ventaja que tengo sobre una persona más joven (si es que esto es una ventaja) es que he asistido en directo al alunizaje en la Luna…
    De este modo multitud de acontecimientos de 1ª magnitud los viví “casi” en directo, pero lo mejor es que cuando era niño y emigré con mis padres, en el barrio donde estaba, pusieron un pequeño obrador de chupa chus.
    Como niño les daba la “brasa” con los caramelos, que generosamente nos donaban a los niños del barrio los ejemplares rotos durante el proceso de mecanización (entonces muy rudimentario), por lo que puedo afirmar que fuimos unos “pioneros” en el chupado de caramelo con palito.
    Ventaja de “veterano” consumidor.
    🙂

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  3. Anónimo

    Hmmm 😛 Un consejo excelente!! Aunque… estoy a dieta últimamente… solo una vez a la semana me permito, un que otro pecadito… Eso si… siempre saboreando el bocado…
    Lentitud deliberadamente forzada 🙂

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  4. makokikoki

    Me acabo de percatar de que hago lo mismo con todo lo que me gusta mucho e ironicamente lo que no me gusta lo hago despacio, me has dejado cavilando

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  5. Sandamaya

    Desde “Un bocado cada vez” mis comidas son más lentas.Soy consciente en todas las comidas.Puede que haya creado el hábito…;-)
    Un saludo

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  6. Pingback: ¿El hábito que cambiará tu vida? | Homo Mínimus

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