Amor sin escalas

En España esta comedia dramática se tituló Up in The air
. El título en hispanoamérica es más azucarado: ‘Amor sin escalas’. Ryan Bingham, interpretado por George Clooney, es un consultor de una empresa que se especializa en comunicar las reducciones de plantilla a los empleados. Hace un trabajo que para la mayoría sería molesto: comunicar al despedido que “tienen que dejarle marchar” (“let it go”), como se dice eufemísticamente en inglés, y los términos del finiquito: el seguro y la indemnización.

La película es de 2009, poco después de la crisis financiera y el comienzo de la recesión económica mundial. Algunas empresas en  crisis han externalizado los despidos  y han contratado los servicios de la empresa de Ryan, convirtiendo la operación de despedir en un trámite, aunque no indoloro, sí rápido y  expeditivo.

Si no habéis visto la película, os recomiendo que la veáis antes. Después, si os ha entretenido y parecido interesante, podéis seguir leyendo mi artículo, una interpretación y reflexión sobre la película desde el minimalismo existencial.

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El trabajo de Ryan le lleva a viajar por todos los Estados Unidos. Se desplaza a  las empresas en crisis y despide  gente. Se reúne con las personas en cuestión, que generalmente se encuentran desconocedoras de su suerte, y nuestro consultor les comunica el despido sin rodeos, frontalmente, cara a cara. Las reacciones son de todo tipo: tristeza, ira, resignación, culpa, etc., pero él sabe manejarlas con  profesionalidad.

Viaja tanto que ha acumulado incontables puntos de pasajero frecuente y su gran ambición es alcanzar la marca de los 10 millones de millas, que le otorgarán un título especial y cientos de miles de millas gratuitas para volar por el mundo.

¿Qué hay en tu mochila?

Además de su trabajo como despedidor profesional, Ryan es también un conferenciante, una especie de gurú o apóstol del minimalismo como estilo de vida en una variante ciertamente extrema, como enseguida veremos. 

Podría ser una especie de exitoso Tim Ferris — otro experimentador con el diseño de vida, el autor de La semana laboral de 4 horas— en versión consultor, que convierte su forma de vida en una filosofía práctica y que seduce a un público con la promesa de una vida más ligera, emocionante y aventurera.

¿En qué consiste la teoría de la mochila? En sus conferencias ilustra el concepto con una mochila física. Pide al público de sus cursos que la llenen metafóricamente con todas las cargas materiales de la vida: automóvil, cajones, ropa, vivienda, electrodomésticos, colecciones, etc.  El peso resultante es grande, gigantesco. Eso es lo que ocurre en nuestra vida diaria: cargamos nuestra rutina de un peso que nos asfixia y difícilmente podemos soportar.

Y como “moverse es vivir”, la solución es eliminar toda esa carga.  Lo ilustra quemando delante del público la mochila metafórica  con todo el peso de sus vidas.

Las relaciones son la carga más importante de la vida

Pero hay un peso más importante todavía, no físico, pero igual de  real. Las relaciones personales son lastres que nos quitan movilidad. Las relaciones  generan expectativas de los demás sobre nuestro comportamiento  y nos ponen cadenas. De ellas también hemos de librarnos.

[…] Sientan el peso en su mochila. Puedo asegurarles que las relaciones son la carga más pesada en su vida”. […] ¿No sienten todo ese peso clavándose en sus hombros? Todas esas negociaciones, discusiones, secretos y compromisos. No necesitan cargar con eso. ¿Por qué no dejan la mochila?

Con una frase resume su modelo del mundo y de su propia existencia:

[…] Si nos movemos despacio, morimos rápido. Nosotros no somos cisnes, sino tiburones.

Predica con el ejemplo y usa una pequeña maleta en todos sus viajes, que son innumerables. Parece amar su trabajo, siempre en el aire, siempre tomando un avión o aterrizando en algún aeropuerto, pasando uno o dos días en una ciudad, despidiendo a un puñado de gente, y volando  hacia otro destino.

Se convierte en un acumulador profesional de puntos y lo lleva a gala. Su vida personal es un perfecto reflejo de la teoría de la mochila: no está casado ni tiene novia, y se conduce como un conquistador que tiene relaciones fáciles y rápidas. Tiene una hermana que está a punto de casarse, pero aparte de ella no tiene más vínculos emocionales

Vive en un pequeño apartamento que pisa solo los fines de semana y que tiene una estética tan minimalista y despojada de objetos como su propia vida: casi vacío, de color blanco, sin muebles. 

Esta es su vida. Parece que puede continuar así indefinidamente. Hay una perfecta coherencia entre su filosofía de vida y su profesión, sus relaciones personales y su personalidad. Su vida es una serie de despidos, aventuras de una noche y aeropuertos y una ligereza alegre no exenta de cinismo  en la que aparentemente se siente como pez  en el agua.

El cambio es lo único permanente

Y un día el cambio llega también a su negocio. Han decidido asignarle el trabajo de enseñar el trabajo a una joven consultora, Natalie,  que se encargará de crear un grupo de despedidores a distancia. Ya no tendrá que viajar por todo Estados Unidos para despedir a la gente y la operación se hará virtualmente a través de Internet.

Pero para ello la consultora tiene que familiarizarse con el trabajo de Ryan. Le acompaña por todo Estados Unidos. En el primer viaje, le alecciona sobre su el exceso de equipaje y sobre cómo pasar los controles de equipaje lo más rápidamente. Por ejemplo, hay que evitar las colas con gente mayor y hay que buscar la cola donde estén los asiáticos, porque son rápidos y eficientes.

Natalie observa  la forma de trabajar de Ryan, que está muy satisfecho con su estilo de vida.  Encuentra desasosegantes algunas situaciones cuando en las entrevistas de despido los empleados se echan a llorar o reaccionan emotivamente y empieza a sentir las contradicciones de este trabajo y estilo de vida.  En una especie de ironía del destino su novio la abandona mediante un mensaje de texto en el móvil.

Ryan encuentra su alma gemela

Ryan, por su parte,  conoce a  otra pasajera frecuente, una ejecutiva, Alex,  con la que inicia una relación de encuentros casuales durante viajes de trabajo. En ella parece encontrar su compañera ideal, tan libre, independiente y desapegada como él mismo.

Amor sin escalas

Ryan empieza a sentirse más y más unido a Alex y la invita a pasar un fin de semana con motivo de la boda de su hermana, donde resuelve una situación complicada cuando el novio tiene dudas y él es capaz con sus dotes persuasivas de convencerle de las bondades de una relación a largo plazo.

Quizá motivado por este episodio y su propio discurso improvisado sobre la importancia de la vinculación íntima con otras personas, empieza a cambiar: en una de sus conferencias motivacionales, abandona la sala sin dar explicación: ha dejado de creer en su filosofía de vida.

Corre a buscar a Alex a su casa, toma un vuelo, ha visto la luz. Está  a punto de encontrarse con su amada en una típica escena de película romántica donde los dos enamorados terminarán  fundiéndose en un beso.

Llega a la casa, toca el timbre, y… chasco. Alex está casada, tiene niños, y no está interesada más que en una relación  esporádica con él. Se encuentra con una versión femenina de sí mismo.

Ryan vuelve a su vida anterior

En el viaje de vuelta en pleno vuelo, Ryan recibe al final el preciado premio por haber completado los 10 millones de millas,  El comandante del avión le entrega el galardón y la tarjeta certificadora de su hazaña,  pero la recibe ya con poca emoción. El comandante le pregunta que de dónde es, y él responde: “De aquí”.

Mientras tanto, una mujer a la que despidió hace tiempo se suicida. Ryan ni siquiera recuerda a la mujer que en su momento despidió. El programa de teledespidos se suspende y Natalie abrumada abandona el trabajo.

Ryan envía una encendida carta de recomendación para  Natalie para un puesto en otra empresa. Retoma su vida habitual y continúa con su trabajo anterior. La escena final es la de Ryan en el aeropuerto dejando su equipaje y tomando un nuevo avión.

No hay moraleja obvia

De esta película, entre otras cosas,  me gusta  que no hay moraleja evidente ni final necesariamente feliz. El final queda abierto, como en la vida. Las cosas no terminan resueltas para el protagonista,  convertido a las bondades de las relaciones personales íntimas y reformado como persona. Eso sí, como en muchas buenas historias, ha aprendido algo y evolucionado, aunque vuelva al punto de partida.

El minimalismo existencial en la versión del protagonista de  la película pone el énfasis en desapego por los objetos y  relaciones personales. Su mismo trabajo de despedidor es una metáfora de su desapego: sabe y puede cerrar direcciones vitales expeditivamente y nuncanizar  sin escrúpulos, especialmente con personas.

Las relaciones, no nos equivoquemos, son la fuente de  lo mejor y de lo peor. Como escribió Sartre: “El infierno son los otros”. Si reduces o eliminas esa variable en tu vida, puedes lograr un mejor control de tus decisiones –la negociación, puede ser agotadora, como dice nuestro protagonista–, pero también te cierras a una fuente de experiencia humana no obtenible en soledad.

Ryan sintió la llamada de una relación personal estrecha, íntima y exclusiva, transmutado por la atracción de un espíritu afín,  tan libre e independiente como él. Pero en este caso la decisión no era meramente individual,  tenía que ser cosa de dos, no tenía el control total de la situación, y sufrió una decepción.

Ryan intenta establecer una relación más profunda y comprometida. Su cinismo quedó aparcado momentáneamente  por el enamoramiento. Quizá ya  estaba un poco cansado por un estilo de vida de autonomía desvinculada. Quizá, como dice el cartel de la película, era “un hombre preparado para hacer una conexión”.

Pero que uno esté preparado para hacer una transición no implica que la transición esté preparada para uno. La incertidumbre, especialmente entre personas, siempre estará ahí. El protagonista quiso probar otra dirección vital. Y no tuvo éxito.

Se arriesgó y dejó a un lado su filosofía vital. Y eso está bien: las teorías sobre el mundo han de ser herramientas, no camisas de fuerza que impidan el cambio y la experimentación. Lo mismo podríamos decir de nuestro minimalismo existencial, que más que una prescripción sobre un estilo de vida, es una matriz de creación de modelos de vida posibles.

Al final, toda decisión es un abismo y solo nosotros podemos saltarlo, no nuestras teorías ni nuestras filosofías personales.

Y

Este artículo pertenece a la serie Minimalismo Existencial en el cine:

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Mi vida sin mí

El día de la marmota

Amor sin escalas

Lost in translation: todos son japoneses

14 pensamientos en “Amor sin escalas

  1. mortiziia

    Me encantó la película por esa falta de moraleja (generalmente moralina disfrazada) típica de otras películas cuyos protagonistas se nos presentan al principio de la cinta desde puntos de partida similares, y también me ha gustado mucho esta entrada. Aunque no coincido en una cosa: Amor sin escalas no me parece nada sugerente, todo lo contrario. Un En el aire me habría funcionado mejor: en el aire por el estilo de vida, por el trabajo, por convicción y por obligación, en el aire como los futuros inciertos de las personas a las que despide, en el aire como los castillos que uno construye cuando cree que ha encontrado a alguien suficientemente especial como para dejar de estar en el aire. Amor sin escalas me sugiere la imagen de Sandra Bullock comiendo un cubo de helado y protagonizando una comedia dramática de verdad, de las que traumatizan por haber gastado dinero y tiempo en verlas.

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  2. Luis José Sánchez

    A mí también me gustó la peli. Me alegra que actores o actrices consagrados como en este caso George Clooney se arriesguen un poquito interpretando papeles en películas que no son el sota-caballo-rey de siempre.

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  3. Juan Núñez

    Me apunto al carro de los que disfrutaron de esta película, de su planteamiento, de su discurso y de su final. También me sumo a lo que propone mortiziia, “en el aire” me parece un título muy acertado.

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  4. Ivan Entusiasmado (@Entusiasmadocom)

    Yo sin embargo opto por amor sin escalas. “Up in the air” no me dice gran cosa. Quizá “amor por los aires” sería una mezcla adecuada de ambos. Odio las películas moralizantes y las románticas. Esta es algo romántica pero al menos no termina cuadrando todo como un tetris trucado.
    En cuanto al fondo del asunto, estoy de acuerdo en que la filosofía personal no ha de ser rígida e inmutable. Todo puede cambiar siempre que cambie nuestra visión del mundo. Un saludo a todos.

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  11. lizzy

    Para mi ciertamente deja claro que nada es para siempre, por tal motivo no es bueno tener apegos y disfrutar cada dia de lo que tenemos y vivimos sin esperar a “mañana” que pase o tengamos algo especial.
    Los principios de todo son maravillosos, un trabajo, una amistad, un amor, un matrimonio, después todo cambia , se transforma, pasa, se termina y duele, duele y duele, hasta que él dolor es menos y volvemos a empezar. Otro trabajo, otras amistades, otro amor…

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