He completado mi reto de los treinta días.
Sin tener en cuenta mi grado de cumplimiento, esto ya es un éxito: he mantenido en mente durante treinta días una decisión de cambio en una pequeña parcela de la vida (comer con atención plena sin televisión, radio u ordenador), y, día a día, he avanzado, más o menos torpemente, hacia mi determinación.

El grado de cumplimiento ha sido de un 83%. La cifra solo es una aproximación útil para valorar los resultados del experimento, daría lo mismo que fuera 89% que 82%, no busco la precisión, sino la orientación:
- Menos de un 60% o 70%, por ejemplo, me obligaría a replantearme las condiciones del hábito o su viabilidad y ajustar en consecuencia.
- Menos de un 40% hubiera indicado un flojo compromiso inicial o una sobreestimación de las capacidades actuales.
- Un 98% o un 100% indicaría que puse la barra a un nivel muy bajo o que el reto se refería a una actividad que domino o un hábito plenamente instalado en mi rutina diaria.
Los primeros días me costó mucho, incluso empezaba a comer con la pantalla de ordenador delante y ponía algún podcast mientras dejaba abierta la ventana del twitter. Me daba cuenta ya pasados varios minutos de haber empezado a comer. En alguna cena o comida fui más lejos y decidí hacer alguna excepción. Es tan fácil convencerse de que las excepciones son excepciones y que no son parte de una pendiente resbaladiza que te conduce al abandono de la determinación inicial.
He constatado que me cuesta mucho reducir el flujo de información: siempre tengo que estar leyendo un libro, escuchando un podcast, consultando la línea de twitter, respondiendo comentarios en el blog; en pocas palabras, optimizando el tiempo, evitando los espacios vacíos o los “minutos de la basura” (tiempos muertos).
Según pasaban los días fue haciéndose más fácil y empecé a disfrutar de la experiencia. Como consecuencia, he apreciado durante este mes una mayor calma y menos reactividad o irritabilidad. Puede ser temporal y fruto del efecto placebo, pero la he sentido.
Descubrí durante estos treinta días que en comidas con amigos y familiares mi nivel de tensión interna aumenta y tiendo a comer más de la cuenta.
He decidido mantener el hábito de comer conscientemente sin interferencias digitales. En las comidas en compañía haré un esfuerzo deliberado por saborear la comida.
Cómo evaluar el reto de los treinta días
De los retos, como de los experimentos existenciales, aprendemos más cuando no transcurren según lo esperado. Si consideras que has “fracasado” en el reto de los treinta días, te pido que pongas en suspenso esa evaluación blanco-negro y antes respondas a las siguientes preguntas.

1º ¿Has mantenido la determinación durante treinta días o has abandonado antes, a los cinco, diez o quince días?
¡Ojo! No te pregunto si has cumplido el reto al 100% todos los días o solo el 80% o el 40%. Lo que te pregunto es si has mantenido el compromiso con el reto durante treinta días, incluso aunque fueras incapaz de cumplirlo varios días seguidos .
- Si has mantenido la determinación treinta días, para mí es ya un gran éxito. Has hecho honor a tu intención original.
- Si no, pregúntate por qué decidiste abandonarlo antes de acabar. ¿No merecía la pena, simplemente perdiste fuelle o quizá circunstancias imprevisibles familiares o laborales se interpusieron?
2º ¿En términos generales, cuál ha sido tu grado de cumplimiento en una escala de 1 a 5 (5 el máximo)?
Basta con que hagas un repaso mental o quizá consultes tus estadísticas o notas, si es que llevabas un sistema de registro (muy recomendable).
3º Lecciones aprendidas:
¿Qué has aprendido sobre el reto y sobre ti mismo? ¿Qué has aprendido sobre el funcionamiento del mundo externo gracias a tu experimento? ¿Subestimaste la dificultad del reto? ¿Sobrevaloraste tu capacidad?¿Qué ha sido lo más valioso del reto? ¿Qué harías distinto si volvieras a empezar?
Solo por extraer lecciones de tu experiencia con el reto, con independencia de los resultados, ya conviertes el reto de los treinta días en un éxito.
4º Más allá de este reto:
- Si el reto se refería a un hábito, ¿vas a mantenerlo en los meses siguientes? ¿Es sostenible y conveniente? ¿Vas a hacer alguna modificación?
- Si el reto no se refería a un hábito, ¿qué consecuencias tiene el experimento? ¿Vas a hacer alguno parecido en el futuro? ¿Cómo modificarás tus comportamiento a la luz de lo aprendido? ¿Qué nuevos proyectos o cambios sugieren los resultados del reto?
Algunas ideas generales sobre retos, experimentos personales y hábitos
¡Aaah, pero qué facil, me apunto! —dijo saramber, justo antes de palmarla—.
—Saramber

- Sobrevaloramos nuestra capacidad de autorregulación cuando se trata de tareas nuevas. En los comentarios tendréis que revisar vuestros particulares retos e informarnos sobre si lo habéis completado o no y vuestro grado de cumplimiento. Empezamos más de 66 gladiadores del cambio, ¿cuántos habremos acabado?
- Sufrimos un sesgo de optimismo y la falacia de la planificación al subestimar los riesgos, dificultades y costes futuros y sobrevalorar los beneficios. Eso conspira contra la constancia y favorece el rápido abandono.
- Sobre el papel, todo es más fácil. No nos faltan capacidades de planificación, pero sí de ejecución.
- Creemos que todo es “cuestión de voluntad” y que la técnica o las habilidades autorregulatorias son redundantes si uno “quiere realmente algo”.
- El concepto de voluntad como facultad monolítica que se tiene o no se tiene en un determinado momento para una determinada tarea no es operativo: es como la X que resuelve todas las ecuaciones del comportamiento y explica por qué hago o no hago las cosas.
- Es más razonable concebir la voluntad como un conjunto de habilidades de autorregulación que se pueden aprender y entrenar. La voluntad es la gestión inteligente de los motivos: la habilidad para promover o inhibir los motivos estratégicamente y orientar nuestra conducta en función de lo que creamos más importante en cada momento.
- Este reto de los treinta días ha sido un entrenamiento en habitología y autorregulación.
Los mejores planes de ratones y hombres
a menudo se frustran
y no nos dejan más que sufrimiento y dolor
por el gozo prometido.—Robert Burns. Poeta escocés.
- Siempre hay condiciones externas que conspiran contra las mejores intenciones de ratones y hombres. Es imposible prever si vas a tener una urgencia familiar, una demanda laboral extraordinaria e incluso si tu salud va estar más delicada durante el reto.
- Además, los estados de ánimo son muy cambiantes. Por eso, es conveniente pecar de conservador, empezar con objetivos moderados, mejorar incrementalmente siguiendo el principio del Kaizen y construir sólidos cimientos.
Tu turno
En los comentarios, te animo a que hagas una revisión final de tu reto y me digas qué has aprendido.
Para los que perseveraron durante treinta días, aunque el grado de cumplimiento sea bajo ( ¡hay que premiar el esfuerzo!) hay una sesión de revisión voluntaria con Homo Minimus en grupos de dos-tres personas a través de Skype o talky (plataforma anónima alternativa a Skype). Si te apetece una revisión conmigo y algunos compañeros de reto, no tienes más que escribirme a homominimus@hotmail.com o decirlo en los comentarios. Si eres del otro lado del charco, estoy dispuesto a madrugar para adaptarme a tus horarios.
Artículos serie Reto de los treinta días:
Reto de los treinta días: la punta de lanza del cambio
66 aguerridos habitólogos en el reto de los treinta días
