Por qué deberías dejar las redes sociales y renunciar a tu teléfono inteligente

Hola, me llamo Homo Mínimus y nunca he tenido un teléfono inteligente.

Tampoco estoy en  Facebook, Twitter o Instagram; sé que el primero es una feria de las vanidades; el segundo, un sitio para reafirmarse y confirmarse en el rebaño ideológico  y que a través de eslóganes genera pensamiento de nicho; Instagram, me dicen, es un lugar para compartir fotos y halagos.

Pero tomad mis descripciones con reservas porque hablo de oídas.

Jamás me he hecho una autofoto y si tuviera una cámara en mi teléfono y un palo para hacerla, lo usaría para atizar narcisistas digitales y el fuego de mi desprecio. Cuando en la calle algún turista me pide que le saque una foto, le digo que no puedo, porque nunca he tenido un teléfono con pantalla táctil y cámara, y no sé en qué lugar pulsar; como compensación, me ofrezco a firmarles un autógrafo.

Cualquier niño de tres años me hace parecer una persona con retos cognitivos a la hora de usar una tableta. Tampoco he tenido ni tendré una, puedo decir que de ese agua tóxica nunca beberé, espero ser fuerte y no tener nunca que comerme mis palabras. Solo conozco la existencia de WhatsApp por lo que dicen mis amigos y conocidos, tengo entendido que es una especie de charla que puedes mantener a través del teléfono. Las apps son para mí palabras de cuatro letras. No tengo tampoco PlayStation, Nintendo, o Xbox, creo que son marcas de consolas de videojuegos con gráficos espectaculares, también las considero redes sociales porque puedes interaccionar con otros jugadores y aumentar su poder adictivo.

A pesar de llevar años trabajando para empresas consultoras, algunas multinacionales, y tener una vida profesional relativamente convencional, jamás he tenido ninguna de esas armas de distracción masiva. Sé que voy contra corriente y que la gente me mira raro cuando advierte mi teléfono Nokia de veinte euros de principio de siglo con solo mensajes de texto y llamadas. No paso desapercibido. Me sorprende que gente con el salario mínimo tenga teléfonos de 700 euros o advertir que cualquier mendigo o subsahariano en la calle porta un teléfono móvil más caro que el mío.

Bien, ya sé lo que estás pensando, que he salido de una cueva, que soy un eremita, un monje trapense, un tipo peligroso. Pero no, no es así, a pesar de no tener iPhone tengo electricidad, agua corriente y correo electrónico. Y un blog, un blog desde el que peroro contra las redes sociales. Me llamo Homo Mínimus, soy el último salto evolutivo, el que supera y deja obsoleto al Homo Sapiens en su versión digitalis.

No soy un Homo Digitalis, soy un neoludita ilustrado, un digno sucesor de los luditas ingleses de principios del siglo XIX, que quemaban telares en el inicio de la revolución industrial ante la amenaza de la pérdida de sus trabajos sustituidos por las máquinas. No, yo no temo la pérdida de mi trabajo ni del tuyo, aunque sí lo espero; de hecho, espero que lo pierdas para que te obliguen a trabajar en algo que haga mejor uso de tus talentos naturales específicamente humanos y con ello crees y aportes más valor a otros seres humanos. Por el momento, estás trabajando gratis en las redes sociales creando contenido y diversión para otros seres humanos y ayudando a captar la atención de otros usuarios como tú,  que a su vez hacen lo mismo que tú, ayudar a que otros usuarios se enganchen a la red social, que a su vez…

Pero eso es otra historia de la que hablaré otro día, ahora  remarco que soy un neoludita, es decir, alguien que mira con recelo la introducción de nuevas herramientas, productos o servicios y se lo piensa dos veces antes de decir que sí, que abomina de las complicaciones y ruido creciente que nuestra cultura conlleva. Mi opción por defecto es «No. No todavía» en vez del habitual «Sí a  todo y  cuanto más novedoso mejor». Tengo una mente compleja y gustos sencillos, a diferencia de los tecnófilos y  los homo digitalis, que tienen mentes simples y gustos complicados.

Me he librado del sesgo de novedad que os hace tan dependientes de todo lo que cambia, sea para mejor o para peor; siempre espero varios años antes de acoger un cambio que transforme mi vida, por ejemplo, ya lo he dicho antes: Facebook, Instagram, tabletas, videojuegos, Twitter,  WhatsApp, teléfonos inteligentes, son rechazados o aplazados. Y sí, ya he dicho que tengo un blog, pero no lo tuve hasta más de diez años después de la aparición de los primeros blogs.

No soy un adoptante temprano de ninguna tecnología, sigo el principio de precaución: creo que cinco, diez o quince años son periodos mínimos para diferir la adquisición de nuevos artefactos de comunicación y entretenimiento. Prefiero que sean los que tengan más tiempo y dinero disponible los que sufraguen el coste de desarrollo de los productos y sus mejoras, y que sean ellos y sus hijos los que sufran sus inconvenientes: reuniones familiares en las que nadie presta atencion a nadie, trastorno de déficit de la atención en los más pequeños, adicción a los videojuegos y las redes sociales, fragmentación de la atención, etc.

Los homo digitalis son mis conejillos de india, los paganos, los que pierden el tiempo y el dinero probando nuevos productos. Tras lustros o décadas, cuando el producto ha probado su efectividad, rebajado su precio a nivel de producto de consumo de masas,  descubierto sus contras, delimitado claramente sus pros, entonces —y solo entonces— puedo decidir incorporarlo a mi vida con las características estrictamente necesarias y por una fracción de su precio de salida al mercado; en el caso del teléfono móvil, tengo uno que cuesta unas pocas decenas de euros, sin internet y con las únicas capacidades de hacer y recibir  llamadas y mensajes de texto.

Para mí, vista su capacidad adictiva y su carácter de sumidero del tiempo, quedan descartados  los teléfonos inteligentes y las redes sociales.

Algunos dirán que un teléfono inteligente tiene ventajas, que con las redes sociales puedes estar en contacto con tus amigos y conocidos o que sirve para lograr visibilidad profesional. También me podrías decir que qué más minimalista que un teléfono inteligente que en un solo objeto permite tantas funciones y aplicaciones, que es la navaja suiza multiusos de la tecnología digital de consumo. Pero quién necesita una navaja con más funciones de las que puede concebir. Mi regla es la siguiente: solo busco la herramienta cuando deseo la función; no al revés, adquiriendo la herramienta y después descubriendo sus funciones.

Es posible que para cierta gente tenga esas ventajas, pero este es el error fundamental de decisión cuando uno considera nuevos artefactos: fijarse SOLO en las ventajas y obviar los inconvenientes.

Cuando uno toma una decisión sobre si comprar y usar una nueva herramienta ha de hacer un análisis coste-beneficio, teniendo en cuenta los costes, no solo los beneficios percibidos (de que los recordemos ya se encargan los expertos en marketing), todos los costes, incluyendo los más importantes, tu tiempo y tu atención, que podrías emplear para mejores fines: establecer contacto cara a cara con otros seres humanos para mantener conversaciones significativas, hacer deporte y ejercicio, iniciar y mantener proyectos que necesiten largas horas de intensa concentración, estudiar una carrera universitaria, aprender a tocar el violín o, simplemente, no hacer nada, no tener ningún estímulo bombardeándote, aburrirte y dar la oportunidad de que la mente divague, genere nuevas conexiones y te ofrezca su mensaje.

Me dirás que quién tiene tiempo para hacer un análisis tan exhaustivo de sus compras. Yo te respondo: las empresas que te lo venden harán todo el análisis que sea necesario para incitarte a gastar tu dinero, pulsarán todas las teclas interiores que tengan que pulsar para que ansíes el producto o servicio, reclutarán a adoptantes tempranos para iniciar la ola, generarán el efecto llamada del rebaño y te proporcionarán calor humano incitándote a la imitación. Caerás irremisiblemente, sin ni siquiera haberlo pensado, sin conciencia de haber tomado una decisión (¿recuerdas cuándo y por qué decidiste entrar en Facebook o adquirir el último modelo de teléfono inteligente?).  La i de iPhone no es de inteligente, es de irreflexivo, ingenuo e idiota.

Pero replicarás que, después de todo, un teléfono, una red social son herramientas inofensivas, que las usas en la dosis y con el propósito que tú determines. Dirás que soy yo el que no sé usarlas y por eso tengo que prohibírmelas (prohibido prohibir, dicen los herederos de mayo del 68, pero esta vez refiriéndose a la autoprohibición del consumo hedónico, a la censura interior, a las autocadenas que nos podrían hacer libres).

Te equivocas una vez más —estás tan equivocado en todo— cuando crees que un teléfono o una red social es una herramienta, un simple objeto pegado a una función.

No, un teléfono inteligente o una app para redes sociales son agentes, tienen agencia y agenda, la de sus programadores, la de los especialistas en marketing: captar tu atención, aumentar tu tiempo de uso y abuso, y mantenerte el máximo tiempo posible pegado a el teléfono e inmerso en la red  para succionar tu atención y vendérsela al mejor postor.

Esta es la agenda de la tecnología digital y las redes sociales: colonizar tu mente, convertirte en un adicto y vender tu atención a los anunciantes que la compran  para que adquieras productos que no necesitas e impresiones a gente que no te importa. 

24 comentarios sobre “Por qué deberías dejar las redes sociales y renunciar a tu teléfono inteligente

  1. “No, un teléfono inteligente o una app para redes sociales son agentes, tienen agencia y agenda, la de sus programadores, la de los especialistas en marketing: captar tu atención, aumentar tu tiempo de uso y abuso, y mantenerte el máximo tiempo posible pegado a el teléfono e inmerso en la red para succionar tu atención y vendérsela al mejor postor.”

    Podrìamos decir lo mismo del cine, el teatro, las series, la televisión, los libros, las revistas, los periódicos, los bares, los restaurantes, las empresas de formación, las líneas aéreas… así es querido homominimus en una sociedad libre y capitalista los agentes económicos buscan tu atención y tu dinero obviamente. Somos nosotros los que libremente decidimos si nos dejamos llevar por ello o no, los que con nuestra personalidad, educación y disciplina decidimos a qué nos entregamos y cómo dividimos nuestro tiempo.

    Es cierto que hay gente que abusa de los móviles (mucha quizás) pero hay también mucha gente que abusa de otros de los múltiples productos y servicios que una sociedad próspera nos proporciona y no por ello hay que evitar su uso.

    Nos llamas irreflexivos, ingenuos e idiotas… quizás lo somos pero no más que cualquier cínico neoludita que hace la guerra contra unos productos o servicios determinados pero no contra otros que le hacen la vida más cómoda, más divertida o por qué no decirlo más feliz.

    Saludos.

    1. La diferencia principal está en que el teléfono móvil lo llevas siempre encima, y no pagas con dinero sino con el tiempo que pasas usando aplicaciones, que esto se convierte en dinero para sus creadores, e interesa que estemos pegados a la pantalla.
      Ojo, lo dice alguien que sí usa Whatsapp, y Facebook para seguir a grupos de música, y Pinterest para recopilar ideas de pintura.

      Pero a un restaurante, teatro o cine vas a consumir un producto concreto, con unos beneficios, coste y límite de tiempo conocidos, y cuando tu quieres: no tienes notificaciones interrumpiéndote cada 5 minutos.
      Y los beneficios de consumir cultura de cualquier tipo no se pueden comparar a ver las fotos de los viajes a Benidorm de tu ex-compañero de instituto por instagram.

      Eso sí, algunos de estos que mencionas tienen el mismo propósito: hacerte perder tiempo, como los bares, la televisión o incluso las series si se abusa de ellas (y aún, tu eliges cuando las ves).

      Mientras que no apoyo la postura 100% radical de HM al respecto, una cosa esta clara: nos creemos que usamos el teléfono móvil “cuando queremos”, pero cada vez estamos mas condicionados a usarlo para absolutamente todo y se nos pasa la vida mirando la pantallita.

      Que levante la mano quien no haya salido alguna vez tarde de casa por estar hablando por whatsapp, o haya cogido el móvil para buscar en internet alguna chorrada y se descubrió 15 minutos después viendo cualquier gilipollez.

      1. Sergio,
        la diferencia principal es la que tú apuntas: el poder de adicción de las redes sociales; los teléfonos inteligentes están al nivel de la cocaína, no son tan perjudiciales físicamente, pero psicológicamente no creo que haya tanta diferencia en su poder para cambiar nuestro comportamiento y fragmentar nuestra atención.
        Yo, siendo un frágil humano, con limitada capacidad de autorregulación y agencia, un miserable pecador, prefiero eliminar las fuentes de tentación y encomendar mi alma al Señor, pues solo Él me puede proporcionar la salvación (con la ayuda de mis buenas obras).
        Prefiero crear un entorno menos adictivo que pasarme el día luchando contra la tentación, soy más como el monje del siglo XI de John Flames, pero desde el scriptorium de mi blog escribo mis arengas y os prevengo contra los males de la modernidad.
        En cuanto al modelo de negocio de las redes sociales (vender atención) me limito a describir o apuntar su poder para que nos hagamos conscientes, no para prohibir el modelo de negocio.
        Yo creo que tenemos capacidad de elección suficiente, pero hay que usarla, que es en sí otra decisión personal. En el caso de los niños, dudo que la tengan, son carne de cañón, pero para eso tienen a sus padres (“deberían” tener a sus padres, quiero decir, porque solo hay que ver a muchos adultos tan inconscientes o más que los niños).

    2. Estimado anónimo,
      estoy de acuerdo con todo lo que dices (incluido lo de “cínico”, que lo soy, como el Santo patrón del minimalismo, Diógenes de Sinope [1]), excepto con una frase:

      “… y no por ello hay que evitar su uso”.

      Creo que si un producto se usa mal hay que usarlo mejor; o no usarlo, si no es posible usarlo bien, es difícil usarlo bien o hay mejores opciones.

      Pero si con “evitar su uso” quieres decir “prohibir su uso”, entonces, ¡suscribo letra a letra todo lo que has dicho!

      Propugno la libertad de las empresas de vendernos lo que puedan y quieran dentro de la ley, creo en la publicidad y la defiendo, estoy a favor de la libertad de las empresas (y de cualquier otro ser humano) para persuadirnos de la bondad de sus productos y servicios.

      Pero creo también en mi libertad para advertir sobre los desequilibrios que generan ciertos tipos de consumo y para aconsejar (solo aconsejar, no prohibir ni pedir que prohiban) a otras personas que sigan mi ejemplo o parte de mi ejemplo y sigan el principio de precaución, difiriendo la prueba de ciertos productos y siendo más deliberados en su aceptación.

      Yo soy una voz en el desierto frente a la publicidad a favor de los teléfonos móviles y redes sociales, pero una voz que faltaría en el desierto si yo no clamara por lo que creo sinceramente que está pasando o puede pasar, a la manera de los antiguos profetas.

      Me llamo irreflexivo, ingenuo e idiota a mí mismo también. Toma ese exabrupto como una licencia poética.

      [1] https://homominimus.com/2014/10/30/diogenes-de-sinope-el-santo-patron-del-minimalismo-existencial/

  2. Para un monje del S. XI D. Homo Mínimus le parecería un ser alienado por llevar un blog.

    Y en un arrebato he tirado el móvil por la ventana….

    1. Flames, leí el librito que me recomendaste, ‘Breve tratado de la estupidez’. Muy ameno y divertido (la realidad es en sí divertida).

      Te escribí pero tu correo me devolvía los mensajes.

  3. Interesante artículo. Potente, sin fisuras. Difícilmente contestable, como todo lo que he leído hasta el momento. Coincido con la mayoría de lo que expones. Mi vida ideal sería sin tecnología, natural. Pero vivo en este sistema, no me puedo abstraer. Hasta hace un año, me negué en rotundo a usar redes sociales. A raíz de mi interés por publicar contenido en un blog y que fuera mínimamente visible, abrí todas (pobre ignorante!!!). Me arrepentí al mes, sobre todo después de que por Facebook me preguntaran cuál es mi orientación sexual y me metieran en un grupo tántrico. Ahora tengo Twitter, y LinkedIn a petición de la empresa.

    Para más señas, en mi blog publiqué un artículo comparando a las redes sociales con redes de pesca. Puedes ser tiburón o pececito, que terminarás pescado (https://efectivida.es/audioblog/redes-sociales-tiburones-y-pececitos/).
    También he hablado sobre el “hombre de negro”, ese smartphone que controla a la gente como si fueran monigotes (https://efectivida.es/audioblog/las-urgencias-del-telefono/).
    Como dije antes, he desarrollado un sistema para aprovechar Twitter (https://efectivida.es/audioblog/como-conseguir-seguidores-en-twitter/), y también he investigado cómo usar Whatsapp de forma efectiva (https://efectivida.es/audioblog/como-usar-whatsapp-de-forma-efectiva/).

    Así que creo, que, aunque es bastante difícil, se puede aprovechar la utilidad de las herramientas tecnológicas sin perder el equilibrio. Hasta el momento, y considerando que no estoy a favor de las redes sociales, no me ha ido mal.

    Por cierto, para ser anti-redes, justo al final de tu artículo, tienes la opción de difundirlo en redes sociales, cosa que ya he hecho en mi Twitter, por supuesto.

    Saludos desde Canarias!

    1. ¿Ves como soy un cínico? Alimento a las redes sociales con mis botones para compartir. Joder. Esto es lo bueno de tener gente que te lea, que te descubren tus contradicciones reales o aparentes.
      Ahora no me queda más que cabalgar mis contradicciones e intentar justificarme.
      Puesto que soy un profeta del neoludismo, igual que Diógenes de Sinope, tengo que entrar en contacto con la gente que no es tan perfecta como yo. Si me quedo en el desierto no puedo ayudarlos. Tengo que ir a la ciudad, a las redes sociales, para hacer llegar mi mensaje; de otra manera, todo mi trabajo sería en balde, solo me leería la gente que no está en redes sociales, que no es la que más me necesita.
      Hasta aquí la excusa, no sé si muy creíble.
      En cuanto a tu blog, veo que emitimos en la misma onda. Leeré tus artículos.
      Un saludo y por supuesto gracias por el comentario, a pesar de que pongas tu dedo en la llaga de mis contradicciones.

      1. Jajajaja. No puedo evitar reírme al leerte. Tienes un sentido del humor extraordinario. Por supuesto que la explicación es 100% creíble. Es un dilema. Si tienes claro que las redes sociales tienen poco sano, ¿cómo consigues difundir tu forma de pensar sin redes sociales? ¡Te vas a comer un rosco! Es una paradoja.
        Pero espera, que no ha sido la única contradicción de hoy. Ayer leí un artículo tuyo sobre los comentarios y la duda existencial de si moderarlos o no, y, ¡vaya! ¡me convenciste! Así que sobre la marcha quité la moderación en mi blog. Ya puede comentar cualquiera. Al fin y al cabo, nunca tuve que censurar ninguno. Espero no arrepentirme. El caso es que, hace un rato mando mi comentario y… ahí lo dejo… tu ya me entiendes…
        Por cierto, muchas gracias a ti por publicarlo y por dedicar tiempo a leer y contestar. He leído unos cuantos artículos más en tu blog y si los posts son buenos, los comentarios… es que no tienen desperdicio!!
        Un saludo desde Canarias!

  4. Interesante análisis. Lo que me sorprende es que alguien que tenga el sentido crítico para apartarse del rebaño no se haya liberado aún de prejuicios que lo llevan a referirse de manera tan despectiva refiriéndose a los “subsaharianos” y equiparándolos con mendigos. Lamentable!

    1. Lo de subsaharianos es un eufemismo, me salía la palabra “negros” o “inmigrantes negros”, pero decidí cambiarla por una más correcta políticamente.
      No equiparo a los negros con los mendigos, ni tampoco los mendigos con los negros; de hecho, en mi zona geográfica nunca he visto a un negro mendigar (bueno, solo un par de veces, no suelen hacerlo).
      La palabra mendigo tampoco es peyorativa, es descriptiva.
      Podría haber usado la expresión “gente de pocos recursos” o “gente con desafíos financieros” en vez de “mendigos” y “subsaharianos”, pero entonces me hubiera dado un poco de asco.
      Me refería a negros y mendigos porque en mi zona geográfica son gente pobre, y siempre me ha chocado que tengan mejores teléfonos que el mío, mucho mejores de hecho.
      Si tuviera miedo de usar palabras como mendigo o negro creo que me empezaría a replantear esto de escribir en un blog.
      Tanto los mendigos como las personas negras tienen en principio mi respeto; que alguien tenga poco dinero no es para mí un vicio moral.

      Gracias por el comentario, aunque vaya un poco errrado.

      P.D. Sabía que alguien saldría quejándose de lo de los negros y los mendigos. No falla. Visto que ahora no desprecio a la gente con pocos recursos económicos, aunque sean mendigos o negros, quizá seas tú el que te tengas que preguntarte sobre eso del sentido crítico y los prejuicios.

    2. Leyendo el artículo otra vez me doy cuenta de que escribí “Cualquier niño de tres años me hace parecer una persona con retos cognitivos a la hora de usar una tableta”.
      Podría decir que lo escribí humorísticamente, pero quizá no, quizá hice lo que te gustaría que siempre hiciera: no mear fuera del tiesto.
      No lo voy a rectificar, pero creo que debía haber escrito: “Cualquier niño de tres años me hace parecer un subnormal a la hora de usar una tableta” o “Cualquier niño de tres años me hace parecer un imbécil a la hora de usar una tableta”.
      Está claro que yo también cedo a la presión.

  5. Hola

    En principio estoy de acuerdo. Pero si escarbo un poco, veo el mismo error de concepto que se repite últimamente. Muestras el “teléfono inteligente” y la “red social” como un único producto. Normalmente así es ya que los homo Digitalis dependen de lo uno para tener lo otro, pero no tiene que ser así necesariamente.

    Reconozco que hay que tener un gran auto control para usar un teléfono “inteligente” ya que te incita a usar las redes sociales, pero con inhabilitarlas o eliminarlas (o en mi caso no tener el más mínimo interés), el teléfono “inteligente” tiene una gran utilidad: Tienen SMS y llamadas con lo que ya cumplen as funciones del Nokia de 20 pavos, y además Calendario para poder organizar nuestra mísera vida. Cámara de fotos y así no tener que cargar con la Canon de medio kilo. Pagos con el banco y no tener que llevar el billete de 20 euros en la gasolinera. Estado del tráfico y no morirte de asco en una caravana. Aplicaciones para ver las estrellas y reconocer las constelaciones. Está bien perderte con el coche de vez en cuando, pero si tienes a un niño enfermo y buscas un hospital, créeme que el GPS te parece el invento del siglo.

    Quiero decir que estoy de acuerdo en todo lo que dices sobre las redes sociales y la gente rara que se gasta el sueldo en una máquina que no comprende, pero también creo que el “teléfono inteligente y conectado a Internet” SI es una herramienta. Como todas, bien utilizada es útil. Mal utilizada es un peligro. Utilizada con desconocimiento es como una amoladora angular en manos de mi tia Carmen: garantía de problemas.

    Muchas gracias por haber vuelto

    Jose

    1. Jose,
      no considero el teléfono inteligente y las redes sociales sean un único producto; no van unidos conceptualmente ni necesariamente han de ir unidas en un mismo artefacto, pero en la práctica el impacto y ubicuidad de las redes sociales se ha extendido con la introducción en el 2007 del teléfono inteligente. Que puedas conectarte a una red social en cualquier lugar a cualquier hora hace que su potencial de adicción sea mucho mayor.
      Una red social sin teléfono móvil tiene menos poder adictivo y es menos peligrosa a la hora de monopolizar las horas que estás despierto.
      Hace solo diez o doce años no teníamos teléfonos inteligentes ni apps y la vida era muy llevadera, no creo que peor que ahora. Lo que nos ahorramos en tiempo por no tener que esperar a estar en casa o en la oficina con un ordenador de mesa o por no tener que encender el ordenador portátil, lo perdemos en el sumidero del tiempo que es Facebook, Twitter, Tinder o cualquier otra red social o lugar de citas.

      Lo del GPS, como cien aplicaciones útiles más, es muy cierto, pero como te dije, se trata de contrastar pros y contras: que tenga que buscar un hospital una vez al año no me compensa el someterme a cien mil interrupciones y tentaciones. Además, siempre hay alguien al lado con un teléfono móvil que lo puede buscar si es necesario. No vivimos en situación de emergencia permanente y podemos esperar unos minutos u horas para conseguir la información o servicio que necesitamos, así pasó hasta los años 90.

      El principal problema, para mí, es la limitada capacidad de autorregulación y autocontrol que el ser humano promedio posee. Yo creo que es mejor ahorrar mi limitada capacidad de autocontrol eliminando redes sociales y teléfonos inteligentes e invertir ese ahorro en otras actividades más satisfactorias y fructíferas: leer libros, hablar con gente, hacer deporte, no hacer nada, etc.

      No creo que las personas tengan ni voluntad ni capacidad de mucho autocontrol, y el que tienen es fácilmente sobrepasado por nuestra tendencia a la imitación y la inteligencia de ingenieros de la atención de Silicon Valley .

      Dirás que no es cuestión de todo o nada, pero yo prefiero un corte radical y una estrategia “Muerto el perro se acabó la rabia” que pasarme media vida luchando contra las tentaciones.

      Aunque si me pongo a pensar, mi opción no es de todo o nada: tengo email, tengo ordenador portátil, tengo un blog, sé programar en tres lenguajes distintos, compro mis billetes de avión de internet (pero en un portátil), me bajo cientos de libros, tengo Kindle (artefacto unifunción), etc.
      Solo soy radical en la eliminación del teléfono inteligente y las redes sociales, en el resto de tecnologías digitales soy mucho más tibio.

      Un saludo y gracias por tu comentario.

      1. Hostia! Expresado así claro que tengo que estar de acuerdo contigo al 100%.
        Efectivamente a veces yo también he pensado (sobre el GPS por ejemplo) que es demasiada carga para tan poco o tan puntual beneficio.
        Sobre el autocontrol también estamos de acuerdo, hay poco o ningún interés en general. Supongo que tiene que ver con la conciencia de sí mismo, un bien escaso.
        Espero que este artículo despierte la conciencia de un 0,5% de tus lectores, eso ya sería un triunfo.
        Lo que me jode es que te estoy respondiendo desde el móvil en vez de esperar al lunes a encender el ordenador… Estoy contaminado, a ver cómo lo arreglo.

        Saludos!

        Jose

  6. Hola Homo Minimus,

    Después de leer tu articulo, sólo se me ocurren un par de preguntas:
    ¿lo escribiste a la luz de una vela?
    ¿lo hiciste en “tapa rabos” o ya descubriste el tejido?

    No te ofendas.
    A pesar que por tu articulo esto no te ofende sino muy al contrario te hace sentir diferente con lo que te llena el ego y esto a priori es bueno.

    Aunque muy a pesar tuyo debo de decirte que no me creo ni una sola palabra de tu exposición. Vamos! estoy convencido que ni tan solo tu te las crees.
    Entiendo el argumento de fondo que tal vez querías explicar y creo que incluso podría compartirlo.
    Y no creo que ni tu mismo seas fiel a la realidad ya que te autodefines como consultor (aunque no de que) por lo que si no eres consultor de Altimira o de la tribu de los “bosquimanos” es imposible que tengas trabajo si vives fuera de este mundo.
    Puedo entender y compartir que estemos abusando, que este formato no es el adecuado, que vamos por mal camino, que deberíamos replantearnos muchas cosas, que… pero la realidad es tozuda y es la que es.

    Bueno Homo, un cordial saludo.

    1. Amigo José,
      claro que no me ofendo por tus palabras, porque eres un tipo amable que se molesta en escribir unos cuantos párrafos en vez de llamarme homófobo, xenófobo, privilegiado u otras lindezas similares. Además, no me ofendo por tan poco. Espero no pertenecer a la pujante tribu de los ofendiditos.

      Paso a rebatir y matizar algunas de tus afirmaciones:
      A) No sé si lees con atención. Dije que tenía “agua corriente, electricidad y correo electrónico”, por lo tanto no sé de dónde te sacas lo de la vela y el taparrabos.
      Además, no dije que no tuviera teléfono, dije que no es inteligente, que cuesta veinte euros y que me sirve para llamadas y mensajes de texto.

      B) Claro que me siento diferente y me siento en algunos aspectos más y mejor que los demás. Ya he dicho en algún lugar que “El minimalismo es el nuevo cool”. Pero como soy generoso os muestro el camino hacia mi satisfecho y magnánimo estado del alma.

      C) Quizá me he equivocado con dar datos sobre mi persona esta vez. No suelo hacerlo. Pero una cosa puedo asegurarte, si no voy a decir la verdad, prefiero callarme (esto suelo hacer respecto a mi vida personal). Por raro que te parezca, tengo trabajo en este mundo y no tengo teléfono inteligente, whatsapp, facebook, linkedin, instagram o twitter. He trabajado y trabajo para empresas multinacionales.

      Este comportamiento excéntrico es en sí otro signo de distinción a los ojos de los demás: ¿Quién que no sea alguien muy valioso profesionalmente y con mucha personalidad puede permitírselo hoy en día?

      D) La realidad es muy tozuda, es la que es, pero tenemos margen de maniobra. No soy el único que cree que si algo es malo debe y puede evitarse. Yo soy la prueba viviente. Y no soy ningún caso aislado ni extraordinario, solo poco común.
      No te pongas más imposibilidades de las que hay. No confundas los límites de tu entendimiento con los del mundo.

      E) Yo tengo una pregunta: ¿no sigues mi ejemplo neoludita porque la sociedad no te lo permite, aunque querrías (la realidad es tozuda y todo eso…) o porque simplemente no consideras que la restricción, limitación o eliminación de ciertos artefactos y redes sociales, que no existían hace veinte años pero que ahora son ubicuos, te aportaría algún bienestar?

      Saludos.

      1. Hola de nuevo Homo Minimus,

        A mi también me gustaría matizar. 😉

        A) Si que leo con atención. Al menos eso intento.
        Y claro que me di cuenta que no estas en el segmento de los tapa rabos, era solo un eufemismo.

        B) Esta bien sentirse diferente. Hoy en día hablar de sentirse superior no es políticamente correcto. Por menos te llaman supremacista.

        C) Que el argumento definitivo se apoye en aspectos profesionales personalmente me decepciona un poco ya que la vida profesional de manera estándar es sólo un tercio de nuestra vida. Quedan dos tercios fuera de argumento y por tanto por debajo de la expectativa.

        D) No confundo los límites y seguro que me auto impongo algunos. En relación a los avances tecnológicos procuro estar más o menos al día. Unos me gustan, otros me alucinan y algunos son más que cuestionables
        .
        E) Me gusta pertenecer a este mundo en el entorno en el que me muevo, por lo que no he hecho ni quiero hacer ningún intento por dejar de utilizar estos recursos. De algún modo seria como vivir en el campo y decidir no cultivar porque es mejor vivir del huerto vecino o del “mana” del bosque.

        Aunque no estamos en la misma linea existencialista es un placer debatir contigo.

        Un cordial saludo,

  7. Hola
    Ya te comenté en una oportunidad que me he borrado de facebook porque en mi ejercía un efecto negativo.
    Con respecto al whatsapp sin embargo, me resulta muy útil ya que soy argentina y vivo en España. Me permite comunicarme con amigos y familia cuando lo necesito y NO más. Con esto quiero decir que no todas las personas se manejan igual con estas herramientas de avanzada. Si tienes tu vida más o menos controlada y organizada no vas a dedicar todo tu tiempo a perderlo.
    Me parece que la cuestión es elegir aquello que honestamente nos sentimos capaces de manejar y si luego nos damos cuenta de que no lo somos, fácilmente podemos abandonarlo.
    Así como tomé la decisión de abandonar facebook en su momento, hoy sé que Instagram tampoco es para mí pero también sé que soy capaz de hacer un uso controlado y esencial del whatsapp. Quizá generalizar no es lo mejor.
    Dicho esto, leerte me mantiene pensante alerta y crítica.Te lo agradezco muchísimo.

  8. No quisiera importunar, al menos no demasiado, pero en honor a la verdad, Ud. ha sido bastante activo en Twitter, lo que implica que sí ha tenido cuenta.

    No obstante, lejos de ser negativo, eso le da una visión y opinión bien fundamentada de lo que suele abundar ahí, que ha tenido a bien compartir, no fuera que hubiera algún despistado.

Comenta: los comentarios que no me matan te fortalecen.

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