Curso de atención plena. Revisión cuarta semana

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La puerta como metáfora. ¿Cuántas veces no somos conscientes del momento en que entramos-salimos o iniciamos-finalizamos un ciclo, una pauta o determinada interacción?

–Cyn Aware, una de nuestras compañeras del curso de atención plena.

El comentario de Cyn Aware es muy pertinente para la práctica de la cuarta semana  Sé gentil con las puertas”: la puerta es una metáfora de cualquier inicio y salida de un proceso, no solo es la  entrada y salida física de una estancia o habitación. Cambiar de habitación es cambiar de atmósfera. Cambiar de tarea es cambiar de clima mental, quizá para eso también necesitemos “puertas”.

A menudo parece que vivimos en un continuo casi amorfo de actividades con una tonalidad mental semejante. Podemos hacer distintas cosas pero con un  fondo de ansiedad, de urgencia, de incomodidad; a veces puede ser  también de placer, comodidad o calma, pero es un tono indiferenciado que no está abierto a la actividad del momento o al entorno físico o social siempre cambiante: hay una inercia emocional o cognitiva que nos acompaña durante todo el día o toda la semana.

Casi todas las culturas y religiones tienen ritos de paso, como el de la adolescencia a la vida adulta, o  el cambio de estado civil en el paso de la soltería al matrimonio, o para el paso de esta vida a la otra vida. Demarcan claramente las transiciones personales  ante los demás y ante uno mismo,  diseñan ceremonias y liturgias que los celebren y los graben indeleblemente en la memoria, para así permitir asimilar los cambios –algunos traumáticos– y adaptarse con más rapidez.

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Ser gentil con las puertas como rito de paso

El ritual de ser gentil con las puertas es un rito de paso a una mucha menor escala, en el flujo cotidiano de nuestras actividades diarias.

Por ejemplo, al entrar por la tarde o noche en nuestra casa, todavía estamos pensando en los problemas del día en el trabajo, nos traemos los proyectos y las fechas límites. ¿Qué tal si el salir por la puerta de la oficina marcara la desconexión con el torrente laboral diario y nos permitiéramos cambiar de régimen mental? ¿Y si entrar por la noche en nuestro hogar fuera el clic o pistoletazo de salida para la calma, la comunicación profunda con nuestra familia o la contemplación pausada en la preparación de la comida, la lectura o cualquier otra actividad cotidiana?

Las puertas nos pueden ayudar a marcar esas pequeñas transiciones diarias, a conectar con nuestros sentidos y conectar un poco mejor con nosotros mismos.

Las puertas ni siquiera tienen que ser puertas. El sonido de un teléfono o una campana en el monasterio budista de nuestras jornada puede obrar la misma función de permitirnos parar, observar nuestra respiración o la tensión muscular,  reconectar cuerpo y mente  y permitir  el cambio de marcha o reanudar lo que suspendimos temporalmente para descansar.

Dificultad en ser gentil con las puertas

Muchos compañeros de viaje han expresado su dificultad para recordar la conexión entre el pomo de la puerta y el acto de consciencia.  O bien no lo recordaban o solo lo hacían después de pasar la puerta.  Algunos apuntan al cansancio o que la motivación inicial se ha reducido.

Esta es una de las prácticas más difíciles que hay en este curso (exceptuando el opcional desafío de la ducha fría en el segundo trimestre para el curso de perserverancia) . Lo habitual es que en un momento estés delante de la puerta y segundos después estés detrás de ella como si te hubieras teletransportado o viajado en el tiempo y perdido toda la conciencia del tránsito o del paso por la puerta.

Siempre que vamos a pasar a través de una puerta hay una especie de movimiento mental que nos proyecta al futuro, nuestra mente abandona el momento presente y se pregunta y anticipa lo que habrá al otro lado de la puerta y lo que hará después. Es un fenómeno sutil que requiere mucha sensibilidad  percibir. Quizá alguno lo  haya observado durante la semana, aunque no lo haya llegado a verbalizar.

Este es un ejemplo más de cómo podemos ir a lo largo de grandes porciones del día (¡y de nuestras vidas!), vivimos como  sonámbulos moviéndonos automáticamente como si estuviéramos en un sueño.

Paciencia. Este es el modo habitual que tenemos de hacer transiciones entre espacios y actividades. Pero podemos llegar a ser más conscientes. Tenemos muchas prácticas por delante.

Hábitos y motivación intrínseca

Se repite mucho la palabra “fallado”. Yo creo que hemos descubierto algo: que no todos los disparaderos son igual de potentes para todas las personas.

Para Entusiasmado o Tremendosky, por ejemplo, ha sido una práctica fácil y placentera:

Esta consigna ha sido la más sencilla de implementar: no me gustan los portazos, así que suelo tratar bien a las puertas (salvo cuando me golpeo con ellas por ir más rápido de lo que debería o por tratar de hacer dos cosas a la vez). Además, como me pareció más relajada, puede combinarla con las tres anteriores.

—Tremendosky

Es importante que no olvidemos uno de los tres elementos clave  en la formación de hábitos:

Disparadero -> Acción -> Recompensa

La recompensa es lo que nos va a hacer desear volver a la acción. En las prácticas de atención plena la recompensa está en la propia acción; es una recompensa intrínseca, asociada a la misma actividad, Si ves la acción como un trámite, es más difícil que la vuelvas a repetir o lo harás menos frecuentemente. Por eso es importante esforzarse en encontrar y realzar  el incentivo, gracia o satisfacción en la acción que te has propuesto.

Cada uno encontrará la motivación intrínseca en distintos detalles o cualidades de la práctica. A mí me resulta especialmente placentero el clic de los interruptores, me genera una cierta voluptuosidad difícil de explicar que he aprovechado para ser más y más consciente de los interruptores y acumular a lo largo del día muchos instantes de conciencia auditiva y táctil.

Y para beber me pones un "sexo en la playa"

Consignas

Un pensamiento que me da vueltas desde que empecé el curso: me gustan estas consignas porque me ayudan a entrenarme en un hábito complicado como pocos…, el de construir hábitos. Marcha bien la cosa, digo.

–Tremendosky

Me gusta la palabra empleada por Tremendosky: “consigna”. Nuestras consignas hasta ahora han sido: “La campana de la atención plena“, “sé gentil con las puertas“, “¿Qué estás oyendo?”, “Hazte consciente de tu postura”;  la próxima semana será “observa el sufrimiento”.

Cada práctica semanal es una mezcla de consigna y acertijo que te entrego para que la apliques y extraigas su significado.

En la consigna hay un elemento de dirección, pero también hay un elemento de exploración que no te quiero hurtar con mi particular interpretación personal. Es muy enriquecedor leer los diversas experiencias e interpretaciones que los más de 120 participantes oficiales en el curso (“intrépidos exploradores”, como dice Herman) van dejando a lo largo de la semana en la sección de comentarios. Aprendo mucho y veo la práctica con una nueva perspectiva.

Según Tremendosky, con todos estos ejercicios estamos construyendo un hábito de mayor nivel: el hábito de construir habitos. Y tiene toda la razón. Mientras construimos el hábito de la atención plena, o el de perseverancia y autorregulación, en el segundo trimestre , o el de ejercicio físico en el tercero, estamos entrenándonos –quizá sin darnos cuenta– en la capacidad de crear hábitos en general, no solo los tres elegidos en este año. Este quizá sea el hábito con mayúsculas que cambiará nuestras vidas.

9 pensamientos en “Curso de atención plena. Revisión cuarta semana

  1. Manuel Valenzuela

    Coincido con algunos a los que la consigna de las puertas les ha sido difícil. En concreto esta semana me he alarmado al ver lo difícil que se me ha hecho el acordarme justo en el momento de abrir o cerrar una puerta. Cuento las veces al día en mi libreta en que he estado atento a los disparadores, pero viendo las estadísticas, esta semana he asistido al hundimiento de mi armada. Las puertas se me resisten, no sé por qué.

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  2. María del Carmen González. desde Uruguay

    Realmente me aporta estar atenta a las consignas. El de ser gentil con las puertas, me permitió primero darme cuenta que no prestaba atención al abrir la puerta, para luego, si tomar conciencia, ser gentil al abrir y cerrar puertas. Un abrazo

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  3. inclusa

    Interesante metáfora la de abrir puertas.

    Después de una semana muy estresante empiezo a ver ciertas ventajas en el hecho de seguir los pasos del curso.

    No me he acordado mucho de centrar mi antención en abrir puertas, puede ser porque siempre voy corriendo, aunque me esfuerzo por bajar la velocidad.

    Me aplico la máxima: «Antes del satori, cortar leña y acarrear agua; después del satori, cortar leña y acarrear agua». El proceso es lo importante así que rectifico y sigo.
    Fuente: homominimus.

    Intento no dejar los compromisos anteriores. Me he sorprendido enderezando mi postura, sobre todo ante el ordenador.

    La app Mindfulness va sonando y en casa vamos respirando todos. Creo que es muy buen disparador, el mejor, puesto que (dong… acaba de sonar, respiro, conciencia en el presente…) está fuera de la conciencia, genial.

    He experimentado cierto control del estrés cotidiano, me ha aliviado mucho, creo que vamos por buen camino.

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    1. Homo Minimus Autor de la entrada

      Lo celebro, Inclusa; yo creo que estoy mejorando también el control del estrés. A ello contribuye el estar desarrollando poco a poco un yo observador que aparece de cuando en cuando y me permite valorar las situaciones con una cierta distancia. Sigamos cortando leña y acarreando agua…

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  4. Cyn Aware

    He acariciado algunas veces las manijas en mi casa… ahí donde me permití que la velocidad descendiera y donde disfruté que la atención fuera plena. En el trabajo pocas veces sucedió… ¡Oh sorpresa, descubrí que tomarme ese tiempo con las puertas del trabajo me causaba stress!. ¿La razón?… necesito cambiar rápidamente de escenarios. ¡También descubrí que las manijas de las puertas del trabajo me dan asco! (es un lugar público). Fue revelador y paradójico.
    La dificultad también muestra su significado: La atención plena manifestada en forma de asco.

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  5. Pingback: ¿El hábito que cambiará tu vida? | Homo Mínimus

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