Conducción minimalista

Para muchos, es una parte de la rutina diaria. Supongamos 2 horas al día 5 días a la semana. 10 horas a la semana 52 semanas al año. 520 horas al año. En una vida laboral de 40 años (para algunos más, para algunos menos), sin contar desplazamientos de fin de semana y asuntos propios, serían 40×520 = 20.800 horas en una vida. Pongamos que eres afortunado y que solo dedicas 1 hora al día a desplazamientos en automóvil, emplearías a lo largo de tu vida laboral 10.400 horas.

Para que pongamos en proporción esta cifra algo abstracta de entre 10.400 y 20.800 horas, lo vamos a comparar con la duración media de una vida en España: 80 años:

En 80 años tenemos 24 x 365 x 80 = 700.800 horas. La proporción de conducción en tu vida está entonces entre un  1,54%  (10.400/700.800) y un 3,08% (20.800/700.800). No está mal.

Zen

Cuantitativamente no es un tema baladí. Cualitativamente, tal y como veremos, tampoco: conduces todos los días y al ser una actividad tan común, tan extendida en el tiempo y de carácter casi diario, necesariamente va a afectar a tu bienestar emocional y mental.

Mostrado entonces que la conducción es un tema importante en la vida de una persona. Incluimos este asunto en el capítulo de los pocos esenciales y, algo sorprendentemente, lo alejamos de los muchos triviales. La ley de Pareto ahora nos obliga a centrar nuestra atención en la conducción.

Conducción estoica y estrés

Conducir, al menos en una gran ciudad, es una acción  estresante.

Por mi necesidad de tomar muchos taxis, había observado que los taxistas, contrariamente a la percepción común de ser gente hosca y propensa a la iracundia, son por lo general gente tranquila al volante. No se suelen alterar en exceso.

Hice esta observación a un taxista maduro y me respondió que tenía que ser así o de otro modo no durarías mucho en el oficio;  con jornadas maratonianas de entre 10 y 16 horas alguien propenso al estrés o a perder los nervios con facilidad no duraría mucho en el trabajo. La actitud desapegada y estoica de muchos taxistas maduros es una simple cuestión de supervivencia. Si has estado varios años al volante, terminas desarrollando esa actitud. O sales del negocio antes de alcanzar la madurez.

¿Qué tipo de conducción deberíamos llevar para mantener la calma, controlar el estrés y convertir una actividad instrumental en una con valor en sí mismo?

Si vives, no conduzcas

La primera recomendación es que evites la conducción siempre que puedas; en especial, la que haces para ir al  trabajo diario. Empezar el día con un estrés de baja intensidad no es el mejor modo de hacerlo. Si es posible, elige el transporte colectivo y delega la actividad de conducir al trabajo al maquinista del tren, el conductor de metro o el de autobús. Muerto el perro se acabó la rabia.

También, anda todo lo que puedas y si la distancia es moderada ve al trabajo andando y vuelve andando, al menos una parte del trayecto. Para lograr esto, basta con bajarse una o dos o tres paradas antes de llegar a tu destino. Además, contribuirás a cultivar uno de los tres hábitos que cambiarán tu vida: el ejercicio.

Supongamos que no puedes dejar de conducir. Bien. ¿Cómo hacerlo de la mejor forma?

Ritual de  conducción minimalista

Convierte la conducción en un ritual. Conducir es un ritual, un instrumento más para la práctica espiritual. Un monje zen alcanza el satori cortando leña y acarreando agua; un trabajador moderno, conduciendo un automóvil y programando hojas de cálculo.

Vacía tu mente de todo lo que no sea conducción. Cuando conversas, conversas. Cuando comes, comes. Cuando conduces, conduces. Está por tanto desaconsejada la radio y la música; y por supuesto el hablar por el móvil. Un alto porcentaje de accidentes son consecuencia de distracciones producidas por ellos. Tampoco comas, toques a tu acompañanta o discutas.

La conducción es una especie de gimnasio cotidiano para otro de los tres hábitos que cambiárán tu vida: la atención plena.

No intentes optimizar el tiempo de conducción con audiolibros, cursos de idiomas o cualquier otro medio de exprimir el tiempo de conducción. Cuando conduces, conduces.

Sonríe, respira y ve despacio. El ritual comienza sentándote calmadamente, abrochándote el cinturón, comprobando los retrovisores y encendiendo el motor. Absolutamente centrado en lo que haces. Metes primera y comienza tu meditación diaria al volante. El foco de atención es la conducción, la carretera y las condiciones del tráfico.

Sé gracil. Las manos en la posición de las dos menos diez. Siente la textura y temperatura del volante.  Introduce las marchas como si interpretaras una pieza musical exquisita. Suavidad y alerta en calma. Atención al tráfico mental interno y el tráfico motorizado externo.

Sé amable. Como regla general, siempre conduces por el carril  derecho, no efectúas adelantamientos, mantienes una respetuosa distancia de seguridad, anticipas los movimientos de tus compañeros conductores, respetas escrupulosamente los pasos de cebra, los semáforos y los límites de velocidad. Estás preparado para cualquier cosa. Plena presencia.

Sé compasivo. Si algún conductor menos evolucionado te pita, se cruza, se exaspera, se queja de tu parsimonia al retomar la marcha tras un semáforo, sonríes y rezas un microsegundo por su alma. El conductor exasperado es también un ser vivo. Aprovecha para ejercitar tu compasión. Sé como el sándalo, que perfuma el hacha que le corta.

Lo importante es el camino, no la posada. Conducir es un proceso, no un destino, no un fin en sí mismo. Confúndete con la conducción, destino, camino, conductor, coche, todo forma parte de un mismo proceso. Sumérgete.

Cuando llegues al lugar de destino busca con tranquilidad y desapego un lugar para aparcar, relájate, no mires el reloj, controla la ansiedad, acepta la demora en aparcar. Deslízate con tu coche como un anciano chamán remando con una canoa en un río de asfalto.

Aparca. Apaga el motor. Desabróchate el cinturón. Haz tres respiraciones profundas. Estás calmado, relajado, totalmente presente, eres como el agua, flexible, adaptable. Estás preparado para empezar una nueva jornada, presto para cualquier cosa. Esbozas una tenue sonrisa.

Al final del día, mismo ritual. Una ligera variación: la conducción de vuelta a casa es un ritual de descomprensión. Dejas todos los problemas, asuntos, tensiones, detrás de ti. No te preocupes por ellos, mañana seguirán allí, esperando como un perro fiel con la roja lengua fuera. Te centras una vez más en el tráfico y la conducción. Eres flujo en movimiento. Alerta en calma. Estás vivo.

3 pensamientos en “Conducción minimalista

  1. Ivan Entusiasmado

    Bonita descripción de cómo conducir. Si hay una actividad en la que sea extraordinariamente difícil mantener la plena presencia es la conducción. Especialmente si es por autopista y durante un tiempo prolongado.

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  2. Anca Balaj

    Yo soy de las de “si vives, no conduzcas”. Lo que cuentas en el primer párrafo siempre me ha resultado aterrador y el motivo por el que siempre me he negado a sacarme el carné (además del cálculo de horas que debería trabajar de más para pagar los gastos de mantenimiento de esta tortura). No es algo necesario y como defensora de lo simple, no compro esta complicación.

    Responder
  3. Pingback: Cien maneras de hacerte miserable la vida | Homo Mínimus

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