Quieres ser más feliz: minimaliza tus expectativas

Ecuación de la felicidad atribuida  a William James: Resultados – Expectativas = Felicidad.

Podemos deducir que hay dos maneras de aumentar la felicidad:

  1.  Mejorando los resultados por encima de las expectativas
  2. O bien reduciendo las expectativas tanto que los resultados superen holgadamente las expectativas.

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El problema de centrarse en mejorar los resultados

El problema con la primera opción es que existe una adaptación hedónica: según mejoramos los resultados, nuestras expectativas aumentan, y tenemos que aumentar los resultados para mantener el mismo nivel de felicidad. A esta adaptación hedónica se le ha llamado también  cinta de correr hedónica: por mucho que corras te mantienes en el mismo sitio.

Hay más dificultades: la dificultad de predecir cuáles serán nuestros estados emocionales ante distintos resultados. Si iniciamos un proyecto o perseguimos un objetivo, lo hacemos con la esperanza de que nos satisfaga. Psicólogos, como Daniel Gilbert en su libro Stumbling on Happiness (Tropezar con la felicidad), recogen muchas pruebas de que los seres humanos tendemos a predecir mal lo que nos van a satisfacer experiencias y resultados futuros, y la duración de esta satisfacción.

El caso paradigmático es la duración de la satisfacción de los ganadores de lotería un año después de haberla ganado. Aunque en principio la emoción positiva es muy grande, poco a poco va diluyéndose hasta retornar a un punto cercano al que se tenía antes del premio.

También es conocido el “efecto cima” [Término acuñado por mí para designar este concepto hedónico]: cuando llegas a la cima, estás solo y tras tanto esfuerzo puedes sentir que el éxito es vacío. Y bien, buscas una nueva cima, o te precipitas al abismo.

A esto añadimos que muchas de las acciones o proyectos que emprendemos son de carácter incierto. Además, si nos proponemos metas medianamente ambiciosas aumenta la  probabilidad de fracaso. Así que tenemos que la opción de mejorar los resultados no es tan evidente o provechosa como en un principio parece.

Por poner un ejemplo:  si trabajas mucho porque quieres comprarte un coche que aumente tu felicidad tienes dos tipos de incertidumbre:

  1. Que tus acciones te proporcionen el resultado monetario deseado.
  2. Que el resultado monetario y el coche que puedes comprar con el dinero no sea tan satisfactorio o duradero como habías previsto.

Bajar las expectativas

La idea es sencilla: si esperas muy poco, los resultados que obtengas siempre o casi siempre rebasarán tus expectativas y tu felicidad será mayor. Cuanto más bajes lo que esperes, más felicidad tendrás.

rajoy de niño

El truco consiste en esperar de tus esfuerzos algo tan pequeño, tan mínimo, tan… insignificante, que puedas rebasarlo con cierta facilidad.

Pongamos un ejemplo:  si quieres evitar sentirte defraudado por las personas, con la consiguiente perturbación emocional: la tristeza, el fastidio, la ira, la incomodidad, el desengaño, el sentimiento de sentirte traicionado, el rencor, etc., entonces has de procurar esperar lo mínimo de la gente.

Puedes seguir deseando forjar relaciones duraderas, recíprocas, beneficiosas, afectuosas, etc., y no hay nada malo en que apuntes alto, pero de cada relación particular mantienes bajas expectativas: decides que una relación o contacto social exitoso es uno en el que la otra parte no huye despavorida antes de  1 minuto de haber iniciado el contacto.

Si te acercas a alguien con intenciones amistosas, esperas que no te escupa o se dé la vuelta en 1 minuto. Pero si no te escupe o tarda más de 1 minuto en desaparecer, entonces has superado el mínimo y puedes estar contento.

[Evidentemente, para relaciones a largo plazo no sería adecuado poner el mínimo aceptable bajo.  Pero sí para otro tipo de relaciones más casuales]

De esta manera, todo lo que supere esta barrera mínima, será fuente de satisfacción; y si  ni siquiera consigues no ahuyentar a las personas con las que te relacionas, entonces “tienes derecho” a sentirte mal. Pero no te preocupes, la mayoría de las veces te vas a sentir aceptablemente. Y si algún día obtienes una respuesta muy por encima del estándar mínimo establecido –por ejemplo, la persona del sexo contrario te invita a cenar para “conocernos mejor”– te sentirás tremendamente afortunado.

Efectos colaterales de bajar las expectativas

Ya no tienes que ser el mejor, ya no es necesario que te compares con los demás, tú marcas un criterio muy básico, muy de mínimos, y te permites montones de resultados mediocres. Cuando comienzas proyectos, no esperas gran cosa, no pasas mucho tiempo mirando a las estrellas y saboreando el maravilloso futuro que te espera; De cada acción particular, aunque procuras que sea efectiva, no esperas que lo sea. La decepción disminuye.

En su lugar,  te puedes concentrar en el trabajo y olvidarte de estar constantemente monitoreando si lo estás haciendo más o menos bien en comparación con tus estándares o los estándares de otros.

El aplauso interno lo tienes casi asegurado la mayor parte del tiempo. Si no es así, es que estás fijando expectativas demasiado altas y has de bajarlas. Conviertes tu vida en una encarnación del lema “lo importante es participar” o lo importante es “estar donde se parte el bacalao” aunque casi nunca ganes, aunque pocas veces te quedes con el bacalao.

Esto te da más libertad, no tienes que ser perfecto nunca más, no tienes que ser el número 1, puesto que tus expectativas jamás pueden apuntar a tanto; tampoco tienes que preocuparte por los ranking, ni siquiera por los resultados: un mono listo podría obtener los mismos.

Cada proyecto, acción, aventura personal deja de ser una forma de probarte  que vales, que eres bueno, que eres mejor que los demás, que eres un experto. Con tan bajas expectativas es imposible fallar. Dejando el ego o identidad personal fuera de la ecuación es posible que te sientas más libre para intentar cosas nuevas, para cometer errores inteligentes y para fracasar con gracia.

Críticas a la minimalización de las expectativas

Ya, pero esto parece un poco tramposo. Al principio vas a ser torpe en cualquier actividad nueva que empieces, y está muy bien no inflar las expectativas para no frustrarte.

Pero con el tiempo, en función de los resultados medios, tendrás una expectativa más o menos razonable de lo que eres capaz en un momento dado, y esa expectativa no va a ser tan mínima a menos que seas catastróficamente  malo.

¿Es posible mantener una expectativa artificialmente baja como estrategia de la felicidad cuando tus resultados medios están muy por encima de esa expectativa tan patética?

Parece que por mucho que te repitas que no esperas gran cosa no vas a dejar de esperar un cierto nivel y es con respecto a ese nivel que te vas a sentir más o menos contento. Es una crítica muy justificada que solo podrá resolverse mediante observaciones personales después de aplicar la idea de las expectativas mínimas.

¿Es posibles seguir manteniendo bajas las expectativas a pesar de que los resultados van mejorando día a día con la experiencia?

Haciendo muchas cosas los resultados van a mejorar. Habría que hacer un esfuerzo por mantener expectativas mínimas en cada acción particular, aunque la media de los resultados no deje de crecer y tus expectativas subjetivas asociadas no dejen tampoco de crecer.

Como consecuencia, uno puede ser mucho más experimental, iniciar muchas más acciones dudosas, arriesgarse más y quizá ser más creativo al abrazar con menos complejos y restricciones la incertidumbre y los fracasos.  James Altucher, el bloguero y empresario americano es un extraordinario ejemplo de esta mentalidad tal y como muestra su “ridículum vitae“.

¿No afectarán unas expectativas tan bajas a tu motivación?

Paradójicamente puede que  ocurra lo contrario: aunque ciertamente la motivación del resultado sea más baja (el premio esperado es más bajo) es posible que la motivación intrínseca de la actividad aumente. Como consecuencia de quitar el foco del resultado al reducirlo a una expresión mínima, puedes centrarte más en el proceso y disfrutarlo más.

También, por estudios neurológicos y experiencia subjetiva anecdótica sabemos que no son las actividades de mayor certidumbre las que más nos motivan. Tampoco ciertamente las que son tan improbables que casi nunca ocurrirán.  Aunque perdamos subjetivamente la anticipación de un gran premio, estaremos ganando más motivación derivada de la incertidumbre al intentar acciones más arriesgadas. Quizá una cosa compense la otra.

Conclusión operativa

Tomad esta estrategia como materia de experimentación. Mi esperanza es que me vuelva más audaz, más aventurero y enriquezca mi vida. No sé si funcionará realmente ni en qué condiciones lo hará. Pero parece prometedora.

Más argumentos a favor de minimalizar tus expectativas

Hay un argumento de peso ya mencionado que merece ser desarrollado: nos puede permitir disfrutar de la actividad en sí  (aumentando la motivación intrínseca) y quizá hacer operativo el principio de la tradición budista de centrarse en el proceso más que en el resultado. Como es un tema amplio,  lo reservaremos para un próximo artículo.

[En el párrafo final aplico una vez más el efecto cliffhanger, no tanto para manteneros con el alma en vilo esperando el artículo como para animarme a escribirlo, pues quiero saber lo que pienso sobre el tema e intuyo que será muy interesante].

10 pensamientos en “Quieres ser más feliz: minimaliza tus expectativas

  1. Homo Minimus Autor de la entrada

    Para este artículo en concreto mi expectativa sobre el número de comentarios de los lectores, que siempre deseo-quiero-intentoaumentar, es de 1 COMENTARIO.
    Yo soy lector de mí mismo.
    Yo estoy comentando.
    Barrera superada.
    Me siento feliz.
    Mínimamente feliz, pero feliz.

    Responder
  2. Ivan Entusiasmado

    El tuyo no cuenta, tramposo. Pero el mío así así que expectativa superada.
    En realidad como experimento me parece interesante, aunque creo que como en el caso de buscar fracasar, es extremadamente complicado que no pase de un supuesto deseo epidérmico y que por debajo esté el monstruo que nos lleva a querer siempre más.
    Dada tu afición a hacer de conejo de Indias, sería interesante que hicieras la prueba a ver que pasa.
    Yo no lo veo del todo, pero me gustaría hacer un par de pruebas, quizá me sorprenda.
    Mi expectativa para este comentario será muy baja. Que no de lugar a una amenaza de muerte por tu parte, ni Hacienda mi haga pagar impuestos por el.

    Responder
  3. Anca

    Acabas de doblar los resultados sobre tus expectativas (es cierto, el tuyo no cuenta).

    Yo creo que las expectativas están estrechamente ligadas al autoconcepto y, por lo tanto, a la autoestima. Unas expectativas bajas denotan falta de fe en uno mismo o en lo que se está realizando. Fíjate en lo que revela sobre su autoconcepto una persona cuyas expectativas de éxito sean que al acercarse a otra persona no le escupa en menos de un minuto. Espero no llegar a considerar nunca esto como un éxito.
    Por otro lado, miedito me dan las expectativas bajas por si se convierten en profecía autocumplida.

    Por lo tanto, propongo una tercera opción (creo que es la que realmente promueven los budistas) que es sin expectativas en absoluto. Sólo proceso. Estar abierto a cualquier resultado posible sin juzgarlo como bueno o malo. Claro, que en este caso, el reto para su aplicación es aún mayor que el de mantener las expectativas baja, por lo que intentar aplicarlo es aumentar tus expectativas.

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  6. cosials

    El otro día leía que había que hacer dieta no para no engordar sino para no morir de adelgazamiento…

    El 11 de junio de 2013 18:02, Homo Minimus

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  9. serinai

    Como ves esto? Acababa de leer tu artículo ya que me preguntaba ¿Qué sucede cuando ponemos las expectativas en un premio donde para ganar es uno en cien mil y aún así persisten participando? Luego de leer tu post caminaba por la playa y perdi un arete diminuto, mis amigos decían que estaba loca si creia encontrarlo, pense (bajando expectativas) recorreré nuevamente el camino buscando mi arete, lo malo no encontrarlo mientras disfruto de la platica de una amiga. Resultado encontre el arete y creeme fui muy feliz!

    Ahora pregunto, ¿Por qué estan fácil para cosas pequeñas como el arete y para cosas que implican mayor valor, la mente pone más trabas?

    Saludos

    Responder

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