
Los hombres somos seres diseñados por la evolución para las distancias cortas y los contactos cara a cara con unas pocas personas generalmente conocidas.
La irrupción en las últimas décadas de las comunicaciones telemáticas ha modificado dramáticamente el entorno de nuestras interacciones personales. Ahora podemos mantener comunicaciones sincrónicas bidireccionales a larga distancia con miles de personas, muchas de las cuales desconocemos y no conoceremos nunca en persona.
Los mecanismos habituales de realimentación en una conversación, el lenguaje no verbal (gestos, posturas, expresiones faciales de las emociones) y el lenguaje paraverbal (inflexiones de voz, ritmo, volumen, tono), desaparecen en las conversaciones en redes sociales, en el correo electrónico y los chats.
Por falta de estos mecanismos, perdemos la información que nos permitiría ponernos en el lugar de los otros, considerarlos como seres humanos y quizá suavizar nuestros mensajes.
La percibida falta de consecuencias, como la potencial reacción física violenta del interlocutor y las expresiones emocionales de tristeza, disgusto o humillación ante nuestras palabras, hace que demos rienda suelta a nuestro afán de imponernos, la desconsideración y a veces la violencia verbal.
Es mucho más fácil abandonar a tu pareja por whatsapp que tomando un café y mirándola a los ojos. Es mucho más fácil sentirse benefactor de la humanidad retuiteando una frase indignada que clama por la justicia social que ayudando a fregar los platos a tu madre. Es mucho más fácil denigrar y humillar a las víctimas del holocausto o del terrorismo escribiendo un comentario humorístico que informarse sobre la historia del nazismo y el comunismo.
Reaccionamos a las palabras cuando deberíamos reaccionar a las personas. Ten en cuenta todo esto este fin de semana cuando estés tentado a entrar en guerras incendiarias en la red.
¡Shabbat shalom!
Proyecto El perdido Arte de la Conversación:

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