Debemos estar dispuestos a librarnos de la vida que hemos planeado para así tener la vida que nos está esperando.
—Joseph Campbell
Mi estrategia en breve
Se define por lo que dejo fuera, por las restricciones:
- Fijo una sola meta para todo el año.
- Adopto una personalidad antifrágil
- Practico la lentitud deliberada.
- Introduzco espacios en blanco libres de tareas e interrupciones.
Mi estrategia en extensión
Estamos a primeros de febrero. Si tenías un plan para este año, ¿cuáles son tus resultados de enero?: ¿has cumplido lo que te habías prometido?, ¿has avanzado en tus metas y has trabajado en ellas regularmente?, ¿has ido tres veces por semana al gimnasio?, ¿has dejado de trabajar a las siete de la tarde?, ¿comes más fruta y verduras?
Hazte la pregunta con tus buenos propósitos de inicio del año u objetivos favoritos y responde sinceramente. Para mí, el final del mes de enero suele ser la confrontación de mi lista de deseos de inicio de año con la realidad, que es mucha y a veces mala.
Los planes no sobreviven al primer contacto con el enemigo. Las fuentes de fricción son tantas y tan poderosas que un plan detallado suele estar condenado al fracaso. En el fondo, un plan no es más que un conjunto de hipótesis sobre el futuro. Estas son simples conjeturas, no sólidas certezas sobre las que deductivamente puedas construir un edificio organizativo que no se desmorone a las primeras de cambio.
Las hipótesis de planificación incluyen una lista deseos y una lista de recursos; ambas suelen cambiar en el horizonte temporal del plan.
En una semana o un mes puede que no se modifiquen, pero en un año es muy probable que las motivaciones y los recursos con los que contamos se alteren, y es casi seguro que los efectos que esperábamos obtener de las acciones no serán los esperados.
Es una ley de la naturaleza que lo que había determinado hacer no se hará ni como lo programé ni en el momento en que lo programé.

Mi yo del 1 de enero supone que el yo de mitad de enero o el de junio o el de septiembre será el mismo, querrá lo mismo y estará igual de motivado. Si coincide la lista de deseos y jerarquía de preferencias de uno y de otro será mera casualidad. Si los recursos no han cambiado es que tu entorno profesional y personal es particularmente estable o tu mente no es demasiado inquieta.
Las fuentes de fricción externa (las que afectan a los recursos financieros o relaciones y las oportunidades y amenazas) son las que más nos preocupan; pero las verdaderamente determinantes son las fuentes de fricción internas: la desmotivación, el cambio en la jerarquía de deseos, la lucha y conflicto por los recursos mentales entre varias metas y demandas, la frustración, las reacciones a lo inesperado que drenan energía.
La fricción externa enfanga el camino y lo hace más fatigoso, la fricción interna mueve nuestros pies en direcciones opuestas o nos hace abandonar el camino
Este año decidí que tenía que poner en práctica lo que predico y hacer uso de mi mentalidad experimental. En vez de definir una estrategia como plan (esto es, marcando metas claramente, proyectos, hitos, objetivos intermedios y considerando mis recursos y los riesgos), he decido hacer un importante cambio.
Mi estrategia como plan se ha convertido en una estrategia definida por un conjunto de restricciones: hago un esfuerzo deliberado por introducir límites, reducir el número de decisiones y a su vez mantener mis opciones abiertas a los inevitables cambios. Mi estrategia se define por lo que queda fuera. En lo que queda dentro, busco y exploro.
Esta estrategia basada en restricciones es análoga a la poda minimalista del minimalismo existencial: menos es mejor: reduciendo posesiones y posibilidades , enfocamos nuestros recursos de energía y atención las direcciones más provechosas; lo que no es más que la aplicación de la ley de Pareto o de los pocos esenciales y los muchos triviales.
Mi estrategia de restricciones en detalle
1. Fijo una sola meta para todo el año.
Una meta de mejora a la que consagro todo el tiempo que tenga disponible después de las actividades obligatorias de mantenimiento (sueño, comida, algo de ejercicio) , profesionales y de relación con familia y amigos.

Esta meta es un verbo, no un sustantivo; es una acción, no un resultado. Por ejemplo: no fijo la meta diciendo “Voy a ser un buen jugador de ajedrez y ganaré el torneo de mi club”; en su lugar, formulo la meta así: “Voy a jugar al ajedrez durante todo este año cada vez mejor”. El énfasis está en el proceso, no en el resultado.
La meta se inserta ecológicamente en el esquema general de mi vida y no interfiere con ningún aspecto esencial físico, emocional, mental o espiritual.
2. Adopto una personalidad antifrágil.
- Algo frágil es dañado por la variación y la incertidumbre.
- Algo resiliente es flexible, se adapta y resiste los embates y lo aleatorio manteniendo sus propiedades a pesar de las dificultades.
- Algo antifrágil es algo que mejora ante los cambios y lo imprevisible: no solo resiste, sino que se hace más fuerte, prospera en la incertidumbre.

En finanzas, una personalidad antifrágil equivaldría a adoptar una estrategia de haltera:
A. Un núcleo de inversiones muy seguras sin apenas volatilidad y que me asegura un colchón financiero por muy mal que vaya todo. Por ejemplo, invierto el 80% de mis recursos en letras del tesoro del estado alemán o americano.
B. Un presupuesto para inversiones de altísimo riesgo que puede generar pérdidas y solo excepcionalmente beneficios desmesurados. Por ejemplo, un 20% de mis inversiones estaría colocado en productos financieros de alto riesgo, en mercados emergentes o materias primas con alta volatilidad en precios.
Para adoptar una personalidad o actitud existencial antifrágil, favorezco una saludable mentalidad experimental: me someto voluntaria y deliberadamente a un montón de pequeños experimentos de bajo coste que proporcionan la mayorías de las veces rendimientos negativos, con la esperanza de que algunos de esos experimentos tengan unos beneficios desproporcionados.
Por ejemplo, dedico el 10% de mi tiempo diario a un proyecto empresarial sumamente arriesgado que me motiva, apasiona, pero cuya probabilidad de supervivencia y éxito financiero es despreciable. En esta aventura empresarial soy arriesgado y sigo el principio de probar muchas cosas y fracasar rápido obteniendo algo de aprendizaje en cada ensayo.
En el resto de mi vida, mantengo la estabilidad y no asumo riesgos; por ejemplo, una profesión estable en la que hay una relación muy estrecha entre esfuerzo y rendimiento; o una relación sentimental satisfactoria con un fuerte compromiso a largo plazo o una familia feliz con hijos.
3. Practico la lentitud deliberada
Esta es una restricción en la velocidad. Este año voy a hacer mucho menos de lo que puedo y a imprimir a mis actividades un ritmo parsimonioso.
Mi mantra es” lento, pero seguro; eficaz, pero sin estrés”.

Voy a aplicar disciplinadamente el poder de la contención. Voy a evitar caer pasto de las euforias cuando me sienta rebosar de energía o pasión, y en su lugar voy a presionar el freno y obligarme a bajar el nivel de revoluciones.
Voy a jugar el juego a largo plazo, no el juego cortoplacista de los fuegos artificiales, la gratificación instantánea y los beneficios a corto plazo.Como aspiro a la excelencia, practico la lentitud deliberada para lograr el aprendizaje profundo.
Ve más despacio y recuerda esto: la mayoría de las cosas no son importantes. Mantenerse siempre ocupado es una forma de pereza: pensamiento perezoso y acción indiscriminada.
—Tim Ferriss
4. Introduzco más espacios en blanco libres de trabajo e interrupciones.
Esta es una restricción de las entradas de información y del número de tareas diarias. Reduzco la sobrecarga cognitiva, las redes sociales, los libros leídos, las reuniones no deseadas, los medios de comunicación de masas y todos los impactos externos autoinfligidos o sobre los que tengo elección.

El Sabbath y la estructura sabática del año me permitirán asumir una actitud despreocupada y ligera en mi tiempo de desconexión y descanso. Pasaré más tiempo conmigo mismo en actitud contemplativa y en la naturaleza, con personas elegidas y en actividades significativas que no tengan que ver con el trabajo.
No solo promoveré el pensamiento difuso o sin intenciones, también favoreceré la empatía y la compasión, que son modalidades emocionales lentas.
Las operaciones mentales son como las cargas de caballería en una batalla: deben estar estrictamente limitadas en su número, precisan de caballos descansados y sólo deben realizarse en momentos decisivos.
—Alfred North Whitehead
