Revisión experimento ayuno 48 horas




[…] Escribo este comentario porque me llama la atención lo distinto que fue del ayuno de 24 horas. Quizás influya la actitud diferente que tuve ayer cuando pensaba que iba a ayunar dos días, como si mi mente pensara: esto no es nada, es sólo una parte. Y no pasé hambre. Tal vez también porque no estaba pendiente ya que eso ya lo había vivido. Sin embargo, cuando ayuné 24 horas, estaba demasiado centrada en ello desde la primera hora.

~Amparo, psiconauta, aventurera, gladiadora del Yo y habitóloga (entre otras cosas).

El experimento consistía en pasar 48 horas sin comer nada. Lo he completado con éxito.

Las 48 horas del experimento  se convirtieron en 53 horas y 33 minutos; terminé des-ayunando (nunca mejor dicho) a las 11:33 de la mañana del sábado, en vez de a las 6:00, en que se completaban las 48 horas.

Antes del experimento pesaba 82,1 kg. Cuando lo concluí, el sábado, a la misma hora del día en que me pesé la vez anterior, había bajado un kilo y medio: pesaba 80,6 kg. Al día siguiente, hoy domingo, pesaba –también a la misma hora de las mediciones anteriores– 81,5 kg. He bajado 600 gramos. Bajar de peso no era la meta, solo es un dato.

Hunger
‘Hunger’, por buridans Esel en flickr: https://flic.kr/p/8NH9Gh

Observaciones

No fue tan difícil como había anticipado. Me sucedió exactamente lo que cuenta Amparo: las 24 primeras horas  las di por hechas, como una parte del trayecto,  y puesto que esa parte ya era conocida con las misiones de medio día de ayuno y 24 horas de ayuno  del Curso de Perseverancia, no había incertidumbre y psicológicamente fue bastante fácil.

Las dudas surgieron en las siguientes 24 horas. Pero fueron moderadas: el hambre en la segunda noche fue más duradera, pero en ningún momento sentí tentaciones de abandonar el reto. Además, habiéndome comprometido públicamente, iba a ser difícil hacerlo. Rendirme y luego mentir no es aceptable, la integridad es una forma de economía del ser.

Importante: No he sentido necesidad de comer muchísimo para recuperar los dos días perdidos anteriores. El viernes estaba fantaseando con un opíparo des-ayuno en una cafetería que abre temprano los sábados. Me dije que iría allí y comería todo lo que quisiera. Al final, no fui, desayuné un par de yogures y almendras y un poco de jamón, pero no mucho más que otros días. La comida fue algo más abundante que otros días, pero no excepcional. La cena estuvo bien, pero tampoco fue extraordinaria.

Fui capaz de mantener el trabajo habitual sin dificultad especial. Lo que ya había experimentado en el ayuno de 24 horas, lo volví a experimentar en el de 48. Probablemente una restricción calórica en unos pocos días agudice la capacidad de centrar la atención. Yo antes de los experimentos había esperado justo lo contrario: estar tan perturbado por la sensación de hambre que no pudiera pensar o hacer  nada más.

La primera vez en mi vida que paso tanto tiempo sin comer. Tenía unas expectativas erradas sobre la experiencia. Si en el futuro tengo que pasar unas horas de más sin comer, sé que es perfectamente factible sin merma en el rendimiento  mental y sin apreciables consecuencias físicas negativas.

Había pensado en salir a correr (moderadamente) en ayunas, como hace Luis Andés, que es capaz de correr una hora y media en ayunas. Pero decidí dejarlo para una próxima ocasión o reto. Eso sí, durante los dos  días de ayuno anduve mis 7,5 km. diarios habituales.

Lecciones aprendidas o reaprendidas

El mejor tipo de dieta: tener en perspectiva algo más divertido que seguir comiendo.

–Alain de Botton

  • El contexto lo es todo: si enmarco la incomodidad dentro del ámbito de un reto, una práctica, una misión, un experimento, un test, un juego o un proyecto personal o comunitario, como Los tres hábitos que cambiarán tu vida, doto a “mis sufrimientos” de un áurea deportiva o lúdica o de mejora personal que elimina parte de la sensación de privación.
  • La gradualidad facilita los retos: medio día de ayuno -> 24 horas de ayuno -> 48 horas de ayuno->  ¿Nuevo reto? (eh, no os asustéis, no voy a hacer una huelga de hambre).
  • El dolor o la incomodidad depende muchas veces de las expectativas. Hay un reciente estudio con gente con fobia a las matemáticas a los que se les somete a unas pruebas y se estudia las reacciones en el cerebro a través de neuroimagen. El estudio  muestra que el dolor se produce antes de empezar los cálculos matemáticos, pero cuando esas mismas personas con fobia están inmersas en la solución de problemas matemáticos no experimentan ese dolor. Algo parecido me ha ocurrido con el ayuno.
  • Siento que la restricción calórica, a través de ayunos ocasionales como este, o a través de reglas sencillas como el Hara Hachi Bu de los habitantes de Okinawa, no es tan difícil de llevar a cabo. La restricción calórica es una de las pocas  intervenciones  sobre las que tenemos sólidas pruebas científicas de que  aumente la longevidad.