¡Hoy es mañana!, Rocky, ¡Hoy es mañana!

Mañana es siempre el día más ocupado de la semana.

Rocky, abrumado por las dudas, la responsabilidad y el cansancio, dice a  su sparring y entrenador: «mañana, seguiremos mañana.»:

Este es nuestro reflejo habitual ante una situación de presión o cansancio, nuestro modo por defecto. En una situación muy estresante, o cuando nuestras energías están bajas, muchas veces puede ser lo más aconsejable.

Pero sospecho que en la vida cotidiana usamos ese «seguiremos mañana» no como una retirada táctica, para reponer fuerzas, sino como una evasión del esfuerzo de hoy. Nos lo podemos justificar o «vender» como un aplazamiento necesario, pero en lo más profundo sabemos que no es más que una retirada no muy honrosa  del esfuerzo presente.

El hoy, la acumulación de hoys, termina convirtiéndose en nuestro mañana. Y una cosa es cierta, mañana siempre llega.

Un día que no dediquemos a nuestro objetivo o proyecto es un día más que tardaremos en alcanzar la meta. Siempre que dices «mañana» y abandonas, estás alejando el día de llegada, la línea de meta. Entre las personas más eficientes, productivas y exitosas que he conocido siempre he encontrado el sentido de urgencia de actuar en el día y  de no postergar la acción. Esta debería ser nuestra actitud: la actitud de trabajar intensamente en el día en curso a pesar de las dificultades, las desganas o las racionalizaciones.

Nuestro entrenamiento de la fuerza de la voluntad o de nuestra capacidad de autorregulación debería estar también caracterizado por esta orientación al presente, a hacer el esfuerzo en el aquí y en el ahora. Porque nos guste o no el mañana siempre llega y depende de muchos hoys trabajados con dirección e intensidad. Puede que no tengamos un entrenador que nos lo esté continuamente recordando; por eso hemos de ser nuestros propios entrenadores y animadores y gritarnos:

«¡Hoy es mañana!, Rocky, ¡hoy es mañana!»

Podríamos convertirlo en nuestro mantra personal para mantener el esfuerzo en el momento en que estemos tentados a aplazar o postergar el trabajo o el esfuerzo que nos hemos propuesto al comienzo del día.