Experiencias ajá

–¿Te has inventado tú esa canción?

–Bueno, más o menos –dijo Pooh–. No es cerebro… sino que a veces me viene ella sola.

–¡Ah! –dijo Conejo, que nunca esperaba que las cosas llegaran por sí solas sino que siempre iba a buscarlas.

A. A. Milne, La casa del rincón de Pooh.

Una última oportunidad: leed de nuevo el acertijo que planteé el jueves de la semana pasada:  Juego sucio en la fontana. Dadle tres minutos más de contemplación o pensamiento. Luego podéis volver a este artículo y leer la solución. O, si sois más impacientes, id directamente a por la solución.

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En los últimos seis días he recibido muchas respuestas de lectores del blog planteando respuestas. Han sido imaginativas y algunas incluso alambicadas. Gracias a todos por participar.

Muchas de las respuestas eran plausibles, porque eran buenas historias que podían dar cuenta del extraño suceso de la chica en la fontana y el personaje de aspecto sospechoso que la seguía blandiendo un cuchillo.

El viernes pasado recibí  la primera respuesta  plenamente correcta  del acertijo:

Hola, Homo Minimus.

Está claro: la chica tenía hipo.  Y no lo digo yo, me lo sopló, casi sin pensarlo, mi hija Matilda de 10 años cuando en la cena les pedí que pensaran cada día un poco en el acertijo que les iba a contar. Su respuesta fue inmediata.  Mi mérito es que enseguida supe que era cierta.

Alberto

La segunda respuesta correcta  vino de Mario Tomelin  tres días después:

Hola,

Anoche di con la respuesta, o al menos una respuesta razonable.

La muchacha tenía hipo, se lo había comentado al cocinero del hotel, supongamos, ya que tomar agua no había funcionado para ella. El cocinero la asustó para curarla.

Realmente fue muy revelador. Había aceptado el desafío sin mucha fe en poder resolverlo, porque generalmente soy de encontrar respuestas rápidamente. Anoche fui desarmando el problema desde el punto de vista de cada protagonista, de cada objeto y cada causa-consecuencia, hasta que la respuesta emergió [las negritas son mías].

Enhorabuena a Matilda (y a su padre Alberto por plantear al problema a su familia y por reconocer la respuesta inmediatamente) y a Mario. Con Alberto y Matilda tengo  pendiente una comida del Proyecto 52 en Barcelona este año en la primera ocasión que se presente.

Ajá, inspiración

El acertijo lo encontré hace un par de años en  un libro de pensamiento matemático de  Martin Gardner llamado ‘Aha, insight’, que en español podríamos traducir por ‘Ajá, inspiración’. Insight no significa exactamente inspiración. En este contexto,  es una mezcla de intuición y de comprensión súbita.

Como dije al plantearlo, no es probable que des con la respuesta enseguida, no es en absoluto obvia. Matilda dio con ella casi inmediatamente, pero  esto es poco común. Podríamos debatir por qué una niña de 10 años es más capaz de dar con una respuesta rápida y sencilla que varias decenas de adultos, pero eso lo dejaremos para otro  artículo en este blog.

 Si que es posible dar con “una” respuesta casi al principio: varios de los lectores me escribieron con una respuesta, para algunos esa respuesta fue casi inmediata, no tuvieron que pensar mucho.

Hubo respuestas muy imaginativas, varios de los lectores de este blog son escritores, poetas, pintores  o simplemente  gente despierta e inquieta.  Por ejemplo, me enteré a través de Rafael Sarmentero, el autor de Qwerty Vintage,  de que en películas de bajo presupuesto se hacen tomas en que interviene gente que no es consciente de que está en la película:

[…] Están rodando un corto de bajo presupuesto. Juan está distraído leyendo el periódico y no se ha dado cuenta. En la primera toma, el tío del cuchillo no sale en el encuadre, por lo que no hace falta que actúe en esa toma. En la segunda, sí sale en el encuadre, por lo que es necesario que aparezca con el cuchillo. Juan cree que la cosa va en serio y grita. El actor del cuchillo baja el arma y la chica se ríe ante la metedura de pata de Juan.

Cristóbal Luque también me informó del uso que algunos directores hacen de las tomas con cámara oculta para lograr más realismo:

[…] Mi teoría es que la chica y el tipo de aspecto poco tranquilizador eran actores rodando una película de terror con cámara oculta. Algunos directores (como Clint Eastwood en el desembarco de «Banderas de nuestros padres») prefieren ocultar las cámaras para que los actores novatos no sepan dónde están y así la toma sea más realista.

Otra posibilidad apuntada por Sara Bernard fue la de una broma:

[…] Magnífico hotel en Marbella» evoca imágenes reales de vestíbulos y recibidores con fuentes de agua potable.La joven es trabajadora en el hotel, puede ser la recepcionista o la azafata de un congreso. Aprovecha para darse un mini-paseo, beber en la fuente y mirarse en el espejo.
El hombre del enorme cuchillo también es trabajador del hotel (¿cocinero?) y aprovecha el efecto del espejo para gastarle una broma a su compañera.

La broma tiene un elemento de simulación y sorpresa que está cercana al susto que realmente pretendía el personaje del cuchillo. Quizá si Sara hubiera perseverado un poco más en esa línea hubiera terminado llegando a la solución.

Lo bonito de este acertijo es que si das con la respuesta plenamente correcta (no vamos a descartar otras alternativas)  entonces parece obvia y sabes que no hay duda de que lo has resuelto: de repente todas las piezas encajan. Alberto y Mario no tuvieron duda. Yo tampoco tuve duda de que la respuesta era que la chica tenía hipo y el personaje sospechoso quería darle un susto para quitarle el hipo.

Sin embargo, a diferencia de Matilda, Mario y yo tuvimos que dedicarle varios días antes de dar con la respuesta. Y esto es lo más interesante del desafío que os propuse: antes de solucionar el problema teníais que haber pasado vuestra particular travesía del desierto intelectual.

No es que yo sea listo, es sólo que yo insisto más tiempo en los problemas.

–Albert Einstein

Hay que mantener el problema en la mente durante un par de días, y si lo haces, la respuesta  termina “emergiendo”, habitualmente en un momento de inspiración, y probablemente cuando no estés pensando en el problema. En mi caso, fue una mañana justo después de levantarme cuando salía de mi dormitorio, lo recuerdo vívidamente: sin saber por qué, la respuesta apareció en mi mente y experimenté la iluminación.

Fue un momento de intuición pura, cuando de repente todo el esfuerzo y pensamiento deliberado y consciente que había dedicado los días anteriores precipitó  en una respuesta.  Es como si mi mente hubiera estado trabajando en un segundo plano en el problema. Es habitual que estas experiencias ajá tengan lugar cuando estás haciendo otra cosa, en la ducha, corriendo, paseando o no dedicando la mente a nada en particular.

Cerebros de liebre

Desde el punto de vista del minimalismo, las experiencias ajá tienen mucho interés.  En una cultura de búsqueda de satisfacción inmediata, de resultados rápidos y de culto a la productividad, lo habitual es que alabemos a los que piensan rápido y bien, los tipos brillantes, de alto coeficiente intelectual, que son capaces de aprender y captar todo muy rápidamente y dar con soluciones rápidas a los problemas: los que destacan en la modalidad analítica y rápida del pensamiento, los que tienen cerebros de liebre, por decirlo así.

Yo hasta hace no mucho tiempo, y quizá también todavía, mantenía la creencia de Conejo en la Casa del rincón de Pooh: si quieres algo, lo tienes que buscar, y tienes que ir a por ello inmediatamente.

 Esta actitud proactiva está bien en principio. La cuestión es: ¿qué ocurre cuando las soluciones no son obvias, la respuesta no es inmediata, o requiere asociaciones remotas que no se prestan a un mero pensamiento deliberativo, sistemático y conceptual? En este caso una persona brillante en el pensamiento directo y analítico se encuentra con una gran dificultad. Es probable que no soporte la tensión y que se conforme con las primeras ocurrencias y no siga buscando.

Lo habitual es que sintamos frustración, empecemos a dudar de nuestra capacidad y abandonemos la búsqueda. Para mantener nuestra autoestima, nos decimos que es un problema tonto, que no tiene ninguna importancia  y lo terminamos olvidando. Einstein –que siempre  nos sirve tanto para un roto como para un descosido– decía que la mayoría de los problemas sufrían por falta de atención. Atribuía más su habilidad a su curiosidad y su capacidad de mantener los problemas en mente que a su genio.

También necesitamos los modos lentos del pensamiento

Interrogué a Mario Tomelin sobre su proceso de pensamiento y la forma en la que resolvió el problema. Accedió amablemente a que transcribiera parte de su respuesta:

[…] Creo que fue el sábado en la mañana que leí tu entrada. Pensé unos minutos arduamente y no encontré la solución, lo más acertado que pensé fue en una obra de teatro. No pude resolverlo. Entonces, lo copié en un pedazo de papel con la idea de llevarlo el resto de la semana en la billetera, o pensar el problema en el autobús camino al trabajo.

El domingo por la tarde, ví el papel sobre el teclado y pensé en él unos minutos mientras encendía la PC, tratando de imaginarme la situación desde el punto de vista del espectador, y desde la muchacha. Tampoco encontré la solución.

Finalmente el Domingo por la noche, junto con esos pensamientos antes que llegue el sueño, recordé el problema. Entonces, apliqué un enfoque como el anterior, pero más profundo. Pensé en el espectador, si leía el diario, si tenía una mirada parcial de lo que estaba pasando. Pensé en sus suposiciones, suponer que la muchacha era preciosa, suponer que tenía sed, que la persona era de poco fiar, que fuera a lastimarla. Separé los actos, de las interpretaciones, de los objetos.
Creo que ahí comenzó a gestarse la respuesta. Iba pasando de objeto en objeto y tratando de analizarlos independientemente de la situación, o relacionarlos con otros objetos por medio de preguntas.

[…] Mientras hacía estas preguntas, no buscaba directamente la solución, sino llegar a las ramificaciones de las ideas y eliminar todas las suposiciones que estaba haciendo.

Es interesante observar que la solución le llegó a Mario al final del día, con la guarda mental un poco baja, y posiblemente un poco cansado; es en estas condiciones cuando modalidades más asociativas del pensamiento pueden ocurrir. También es revelador el comprobar que llevó el problema con él durante un par de días a pesar de no poder resolverlo: había decidido que era importante o interesante y siguió perseverando.

Al final,  Mario concluye con un comentario que capta la creencia básica del cerebro de libre y de una cultura que celebra o enfatiza las modalidades más rápidas del pensamiento:

[…] Por eso te repito que ha sido muy revelador para mí, no pensé que la solución a ciertos problemas necesitara ‘tiempo de maduración’ [las negritas son mías]. Del mismo modo, si bien mi proceso mental de preguntas tenía como objetivo resolver el problema, el camino hacia la resolución no estaba definido, sinó que fue abarcando muchas alternativas. Ahora estoy repensado el papel de estas alternativas inútiles (pensar que el cuchillo fuera falso, por ejemplo) en la búsqueda de la solución. No es un problema de cálculo o álgebra, donde rápidamente hacemos diagnóstico-herramienta-resolución

La moraleja de este pequeño experimento es que a veces necesitamos conducirnos como tortugas y privilegiar un pensamiento más lento, pausado o contemplativo. La liebre mental que llevamos dentro quiere soluciones rápidas y éxitos inmediatos, y para ello probablemente hará uso de procedimientos e ideas que funcionaron bien en el pasado y del pensamiento analítico y conceptual.

Si bien es muy necesario el uso del pensamiento analítico y siempre tenemos que echar mano mental de la memoria directa de nuestros éxitos pasados, es igualmente cierto que la asimilación y generación de nuevas ideas requiere tiempo. Así que haremos bien de cuando en cuando en aumentar los espacios en blanco y la contemplación en nuestras vidas.