Décima semana: ¿cómo estoy de ansioso?

Durante el día haz una pausa deliberada para observar tu nivel de ansiedad. A diferencia de otras emociones negativas, esta no suele tener una causa clara y puede ser muy difusa.  Cuando pares para valorar tu nivel de ansiedad, escribe en un papel un número entre el 1 (calma beatífica) y 10 (extrema ansiedad, pánico).

¿Qué puede haberlo producido? ¿El comentario de tu jefe? ¿Demasiado café? ¿Hambre? ¿Un ritmo de trabajo frenético? ¿Malas noticias o pensamientos temerosos?

 


Si puedes, haz una o dos respiraciones conscientes. Una respiración consciente es una respiración completa y relajada en la que llenas por completo los pulmones y luego dejas que el aire sea expulsado hasta que queden totalmente vacíos.

Para recordártelo lleva contigo una tarjeta con la pregunta “¿Estás ansioso?”, colócala en tu puesto de trabajo o llévala en un bolsillo. Otra posibilidad es que crees cuatro o cinco citas diarias contigo mismo en el móvil con el mensaje: “¿Cómo te encuentras ahora? ¿Qué nivel de ansiedad tienes?”.

No siempre estamos al tanto de nuestros niveles de ansiedad, pero siempre estamos influenciados por ellos. Cuanto más tiempo vivamos en el presente, menos ansiedad experimentaremos. El hecho de prestar atención a la emoción nos libera de la anticipación o el pensamiento o la situación que la generó.