Hoy tengo dificultad para escribir un artículo. Ninguna idea me parece buena. La frase «hoy tengo dificultad para escribir un artículo» me parece mala, francamente mejorable, fea. Pero he decidido aplicar una regla (-> no me gusta esta frase tampoco. Es una basura). He decidido aplicar una regla, la regla, el antídoto contra la postergación y contra la parálisis.
¿Cuál es la regla?
Simple: pon tu criterio de mínimos a la altura del betún.
NO pasa nada si el primer paso te hace llorar de vergüenza.
De hecho, este artículo me está humedeciendo los ojos. Vale que después lo puliré un poco, pero… esto es impresentable.–

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Este artículo «no está a la altura». Y si el artículo —o el primer paso que des en un proyecto o en una tarea— no es bueno, no te satisface… no deberías darlo. Deberías esperar a darlo, deberías esperar a que las condiciones de temperatura, presión atmosférica y humedad sean más favorables.
Pero no importa que no esté a la altura, no importa que este artículo —o el primer paso que des en un proyecto o en una tarea— hieda.
Todos tenemos estándares. Y nos dicen desde pequeños que tienen que ser altos, que «si algo merece hacerse, merece hacerse bien».
Pues no.
Te han engañado: «si algo merece la pena, merece la pena hacerse fatal».
Querer hacer las cosas bien desde el primer momento, sea escribir este artículo, iniciar un blog, hablar bien en público, escribir una novela, resolver ecuaciones diferenciales, pintar, esculpir, navegar, bailar (elige tu tema favorito –pero que no sea controlador aéreo, piloto de aviación civil o cirujano cardiosvascular–), etc., cualquier habilidad compleja NO puede, ¡ni debe!, hacerse bien ni siquiera razonablemente bien desde el principio.
Así que hoy, debido a mis limitaciones de tiempo (no podré pulir mucho esta primera versión de mierda, que además va a ser la última), tendréis que conformaros con este articulillo, este proto-artículo, este detrito en conserva que he parido a falta de algo mejor. Ya sé que hubiera sido mejor contratar un bloguero invitado, una madre de alquiler.
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Al menos me he puesto a escribir y he pasado por encima de la falta de buenas ideas, de la falta de estilo atractivo, de mi crítico interior, que está chillando y saltando en mi hombro diciendo que no puede ser, que tengo que hacer algo mejor, que he de empezar de nuevo…
¡Y un huevo!
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NO voy a empezar de nuevo: esta es mi primera y última versión, esto es lo mejor de lo que soy capaz ahora mismo. ¿Algún problema, don Perfecto?
Ahora re-recuerdo que tenía una idea más o menos nebulosa que no creía que diera para un artículo de blog:
Baja los estándares. Ponlos a la altura del betún. Que salga lo que salga. Es más: haz que tus estándares sean muy bajos, ¡subterráneos!, y da el primer paso, no importa lo ridículo o insatisfactorio que parezca, y expón el resultado para que todos lo vean, se rían, te ridiculicen y pasen un buen rato sintiéndose mejores que tú.
Eso es:
BAJA LOS ESTÁNDARES, da UN PASO y EXPÓN LOS RESULTADOS.
Este es el bálsamo del fierabrás contra la postergación, contra el perfeccionismo. Esta es la punta de lanza de la mentalidad experimental.
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Ufff. Acabé.
No estuve tan mal.
¿O sí?
Te juro que es la primera vez que me pasa.
Qué más da.
Mañana lo haré mejor.