Burbuja lógica: la llave de la conversación inteligente

En las conversaciones, como en casi cualquier otra área de las relaciones humanas, nos encontramos habitualmente con comportamientos y opiniones incomprensibles e inexplicables.

Dicho de forma simple: muchas veces no tiene sentido lo que otros dicen o hacen.

Mi primera reacción, y seguramente también la tuya, es pensar que el otro o bien es idiota o bien es malvado, posiblemente ambas cosas al mismo tiempo.

Dicho de una manera más compasiva y menos extremista:  mi primera reacción es pensar que el otro tiene desafíos cognitivos relacionados con el procesamiento de información o bien no está actuando en buena fe.

Por tanto, hay dos casos (no excluyentes): el interlocutor está pensando incorrectamente o es malvado.


En el primer caso, entramos en modo profesoril e intentamos sacarle del error; en el segundo, confrontamos al sujeto y pasamos a alguna forma de argumentación ad hominem: atacamos a la persona más que a sus argumentos, porque sus intenciones son malvadas y por tanto explican que sus opiniones y acciones sean erróneas.

En resumen, pasamos a educar o aleccionar al ignorante, o a confrontar al malvado.

Sabemos por experiencia que ninguna de esas opciones suele llevarnos muy lejos. Como dice el proverbio ruso: «Si intentas enseñar a tocar el violín a un cerdo, perderás el tiempo e importunarás al cerdo».

El cerdo resulta que también es un burro que no atiende a razones y  probablemente reaccione con una coz o un gruñido.

¿Qué podemos hacer? ¿Cuál sería nuestra reacción inteligente ante situaciones de incomprensión (sus opiniones no son correctas) o conflicto (hacen lo que no deben hacer)?

Cuchilla de Hanlon

En una primera aproximación,  una buena regla práctica es no apresurarnos a tildar de malvados a los que no piensan o actúan como creemos adecuado; es  mejor tratar a todos los animales (bípedos implumes de uñas planas) que entablan conversación con nosotros como burros y no como cerdos:

Según la cuchilla o principio de Hanlon, «Nunca atribuyas a la malicia lo que es adecuadamente explicable por la estupidez»,

O bien, esta otra expresión del filósofo Denis Diderot: «Condenar a un hombre por malos razonamientos es olvidar que es un imbécil para tratarle como a un malvado».

Esta regla comunicativa, a pesar de su aparente crudeza, nos orienta en el buen camino. En vez de partir de la base de que el otro es un ser corrupto moralmente, es mejor pensar que algo falla en su capacidad de procesamiento de información, lo que le lleva a opinar o hacer erróneamente

Este es el enfoque que adoptan  muchos liberales políticos: atribuyen las ideas de los progresistas y socialistas más a la estupidez y la ignorancia que a la maldad:

«No son gente malvada, es solo que están equivocados»·.

Los progresistas y socialistas, suelen adoptar la otra perspectiva: atribuyen a la malicia el comportamiento y opiniones contrarias de sus opositores políticos:

«Están actuando siguiendo agendas egoístas e individualistas o intereses de clase,

no es que sean especialmente idiotas».

La corrupción que atribuyen a los no-socialistas  se refiere a sus valores, a su falta de corazón, a su aparato moral, no a su aparato cognitivo. Sus razonamientos están viciados de origen, porque solo tratan de engañar al otro y promover su agenda política de explotación o supremacía de clase.

La cuchilla de Halon es un heurístico (una regla útil que no siempre funciona) y por tanto  no significa que no haya gente que alguna vez  actúe de manera malvada o  con desconsideración por los demás.

Esta regla ayuda a evitar asumir automáticamente que el otro es malvado.

Sin embargo, la regla de Hanlon entraña una cierta soberbia intelectual y falta de caridad cristiana: damos por hecho que el otro es idiota, pero pasamos por alto  que nosotros probablemente también seamos idiotas en ciertos asuntos en algunos momentos. Después de todo, un idiota no tiene criterio para saber quién es idiota o no en un momento dado.

Es aquí donde la idea de racionalidad limitada es muy útil.

Racionalidad limitada

La hipótesis de que los seres humanos  son «burros» —actúan irracionalmente o sin seguir las leyes de la lógica— se puede matizar más.

Sería mejor decir que los seres humanos somos agentes inteligentes con racionalidad limitada; no es que seamos burros, irracionales; resulta que es difícil ser racional en términos absolutos, en todas las ocasiones y dadas nuestras limitaciones cognitivas.

Por tanto, pocas veces podemos llegar a la solución óptima y la opinión correcta.

Somos todo lo racionales que podemos ser dados la escasez de tiempo para pensar y decidir, y lo finito de nuestros recursos cognitivos.

Es más realista suponer que  las personas están sometidas a limitaciones derivadas de  la escasez  de información y  lentitud de procesamiento mental de esa información

De hecho, los burros biológicos actúan dentro de ese marco de limitación cognitiva y han sobrevivido a lo largo de miles de años; es por esto que los burros no son «burros» en el sentido anterior de torpes o idiotas, simplemente hacen lo que pueden y sobreviven con su limitada inteligencia.

Sin necesidad de ser malvados o sostener valores inmorales, ni de ser «burros» o especialmente torpes, podemos mantener opiniones erróneas y comportarnos inadecuadamente.

Está hipótesis de la racionalidad limitada está  apoyada por muchos de los hallazgos de la psicología cognitiva y la relativamente nueva escuela de  economía llamada «Economía del comportamiento o conductual» (Behavioral Economics), que ha socavado muchas de las hipótesis de racionalidad en las que se basan los modelos matemáticos de la Economía estándar. 

Mejor solución: la burbuja lógica de De Bono (no el cantante)

En 1979, en su libro Futuro perfecto, el experto en enseñanza del pensamiento y creatividad  Edward De Bono, presentó por primera vez su el concepto-herramienta mental de la burbuja lógica.

La idea es sencilla: en una situación dada cada persona actúa en función de sus percepciones del momento (incluyendo a las emociones como una forma de percepción) y sus marcos de referencia y creencias,  lo que De Bono llama «burbuja lógica».

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Dicho de otro modo, las opiniones y el comportamiento de una persona, no importa lo absurdos que parezcan al observador externo, resultan  explicables cuando conoces su burbuja lógica, porque esta es la que permite llegar a esa opinión o comportamiento.

Dentro de cualquier burbuja, para quien está dentro de ella, los comportamientos propios resultan perfectamente lógicos.

El concepto-herramienta mental de burbuja lógica es también una regla de comportamiento falible: es posible, casi inevitable,  que la gente no aplique siempre las reglas de la lógica e incorpore  la evidencia disponible para llegar a conclusiones.

A pesar de ser una regla que no se cumple siempre, la idea de burbuja lógica es útil para poner el foco en las circunstancias de la persona (que se pueden alterar) en vez de su inmoral carácter  o  falta de racionalidad (difícilmente modificables).  

El terrorista suicida y su burbuja lógica

Pongamos un ejemplo extremo de aparente irracionalidad y sinsentido: los terroristas suicidas.

¿Hay alguna racionalidad o lógica en este comportamiento manifiestamente criminal y absurdo?

Nuestra primera reacción es la de encuadrar al joven terrorista en la categoría del mal en estado puro.

Si vencemos nuestra repugnancia al terrorista, podemos llegar como mucho a intentar quitarle parte de la responsabilidad atribuyendo su comportamiento a la manipulación religiosa o su entorno socioeconómico de pobreza y exclusión social.

Pero cuando uno investiga y conoce el dato de que muchos de los terroristas vienen de familias acomodadas con vidas confortables, la explicación del terrorista como un ser agitado por el ambiente donde le ha tocado vivir, simple víctima de las circunstancias, tiene menos verosimilitud.

Decir que el terrorista suicida es malvado o simplemente víctima de la irracionalidad o la  presión de su entorno —económica, social o religiosa— no nos lleva muy lejos.

Pero si vemos el comportamiento terrorista desde el punto de vista del yihadista e intentamos hacer un doloroso esfuerzo de empatía intelectual (no compasiva), podemos resolver que sus actos tienen perfecto sentido:

  • El mártir yihadista cree en un paraíso eterno donde será recompensado con 72 vírgenes y la felicidad eterna.
  • Cree que su causa es justa y es reforzado y adoctrinado por una comunidad de creyentes.
  • Su familia, cuando muera, será ayudada por la comunidad,  y sus amigos y familiares se sentirán orgullosos con su heroico acto y perdurara en la memoria de todos. 
  • La muerte en acto de combate proporciona un sentido heroico a su vida.

Si uno conoce su burbuja lógica —las creencias del terrorista, su comunidad de apoyo y un relato de resentimiento e indignación—, su comportamiento resulta más comprensible y se pueden empezar a pensar en acciones que cambien su burbuja lógica y eviten el crimen.

Por ejemplo, se podría debilitar a su comunidad de apoyo, contrarrestar mediáticamente el relato victimista o combatir policial y militarmente a las células de entrenamiento terrorista.

Conclusiones

La regla de la cuchilla de Hanlon es  muy eficaz  porque nos hace ir más allá de la reacción visceral inicial («Es malvado») y nos conduce más a la idea más probable («Es idiota»), condición que en ciertas ocasiones tiene remedio o es subsanable a través de la educación o la persuasión.

En cambio, la maldad  es una condición más difícil de manejar y requiere probablemente la intervención divina.

Es mejor pensar en términos de burros que de cerdos.

La idea de racionalidad limitada es más potente porque nos permite conceptualizar al ser humano como un ser imperfecto con inteligencia finita y siempre con información limitada.

No se trata de que el ser humano sea necesariamente un asno, más bien es un agente capaz de comportamientos inteligentes pero con capacidad de procesamiento finito y tiempo escaso.

De hecho, todos estamos en esa situación de fragilidad cognitiva, no es patrimonio de ningún grupo de seres humanos en concreto.

Es mejor ver a los demás y a uno mismo como seres humanos con limitaciones que como burros, y así promover la humildad intelectual, la conciencia de ser falibles y la autocrítica, que es la mejor forma de crítica.

Por último, el concepto de burbuja lógica de De Bono nos lleva todavía más lejos: podemos hacer un esfuerzo por comprender qué marco de referencia y percepciones hacen que sus opiniones y comportamiento tengan sentido.

En vez de etiquetar al contrincante como un idiota irracional o simplemente alguien al que le falta la información y el tiempo para procesarla, indagamos en las bases de su razonamiento y acciones, en sus supuestos de partida.

En el marco más restringido de una conversación racional , la exploración de la burbuja lógica de la otra persona nos permite comprender de manera emocional e intelectual las posiciones contrarias y nos proporciona varias palancas desde la que podemos llegar a un acuerdo o una mejor comprensión de la posición contraria.

También podemos llegar a ver y tomar conciencia de nuestra propia burbuja lógica y analizarla críticamente, quizá descubriendo maneras alternativas de ver las cosas.

Proyecto El perdido arte de la conversación

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Todos los artículos y podcasts del Proyecto El perdido Arte de la Conversación




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Sesgo de complejidad: enemigo de este blog

Cualquier tipo inteligente puede hacer las cosas más grandes, más complejas, más violentas. Se requiere un toque de genio y un montón de coraje para moverse en la dirección opuesta.

Ernst F. Schumacher


El sesgo de complejidad es la propensión a buscar soluciones complejas en vez de hacer lo que puedas con lo que tengas en este momento y optar por la simplicidad.

Se traduce en la preferencia irracional por la complejidad cuando enfoques más simples serían más rápidos, más baratos y más efectivos.

Un ejemplo andante de este sesgo es este blog: lleva meses paralizado por la  búsqueda de la fórmula perfecta de escritura. Me siento como el ciempiés que un día intenta responder a la pregunta de cómo anda y en el proceso de buscar la respuesta se queda paralizado, incapaz de dar un paso:

  • ¿Cuáles son los temas más adecuados ahora mismo? ¿Necesito un calendario de publicaciones?
  • ¿Cuáles son mis metas u objetivos para este blog? ¿Debería tener metas?
  • ¿Cuál es el orden óptimo de presentación de los temas? ¿Me vendría bien un libro de estilo para este blog y así proporcionar una experiencia de lectura más estable y previsible, más fácil de leer?
  • ¿Cuál es el formato adecuado del artículo? ¿500 palabras o 1.500? ¿Escribo en corriente de conciencia o soy sumamente estructurado y sistemático?
  • ¿Uso Word, la herramienta de WordPress o el sofisticado software para escritores Scrivener?
  • ¿Cuál es el ritual perfecto para escribir? ¿Escribo a las cinco de la mañana o antes de cenar? ¿Tomo un té antes de empezar?
  • Etc.

Lo que digo sobre escribir en este blog se aplica a casi cualquier proyecto o asunto donde hay varias opciones, hay varias herramientas o mucha información disponible. Como siempre es posible optimizar el proceso, uno puede pasarse la vida buscando las condiciones más adecuadas de presión, humedad y temperatura antes de empezar. El sesgo de complejidad está muy relacionado con el fenómeno de parálisis por el análisis.

¿Por qué tenemos esta tendencia a preferir lo complejo sobre lo simple? Hay varias razones plausibles que probablemente te resultarán familiares:

Lo complejo vende más

La simplicidad es una gran virtud, pero lograrla requiere trabajo duro y educación para apreciarla. Y para hacer las cosas peor: la complejidad vende mejor. 

Edsger W. Dijkstra


Preferimos lo complejo porque lo que no entendemos resulta más atractivo, pensamos que lo complejo no comprendido es mejor, que en la complicación hay profundidad, que es mejor que nuestro sistema tenga cien piezas en movimiento que solo diez.

Si tomas el sesgo de complejidad y lo unes al sesgo de novedad, tienes el terreno abonado perfecto para que los especialistas en marketing y ventas exploten tus vulnerabilidades y te intenten convencer de que tu sistema es demasiado simple, subóptimo y desfasado. Entonces aparecen ellos con la  solución perfecta que resolverá tus problemas (eso sí, hasta que den con otro sistema mejorado que tampoco querrás perderte).

Después de todo, por poner un ejemplo, nadie podría hacer mucho dinero vendiendo salud y bienestar físico si te dijera que te dejes de dietas de última generación, métodos sofisticados de entrenamiento en gimnasios ultratecnológicos y dispositivos de monitorización de calorías y movimiento, y te recomendaran que simplemente salgas a pasear todos los días, evites el azúcar, procures dormir siete u ocho horas diarias, y te rodees de gente sana y con buenos hábitos.

El negocio se habría acabado.

Y resulta que para el 95% de la población esos consejos convenientemente seguidos  son todo lo que necesitarían  para mejorar su forma y bienestar físicos.

Pero es difícil ganar dinero aconsejando lo simple y lo obvio.

El gran beneficio de la complejidad: la postergación

Otra razón importante para preferir lo complejo está en que mientras estamos buscando el sistema o solución perfectos no estamos haciendo lo que deberíamos estar haciendo. Usamos la búsqueda de información como salida o escape al trabajo de hacer lo que en nuestro interior sabemos que tendríamos que estar haciendo.

Una definición de «coraje» es «Hacer lo que debes hacer sin importar cómo te sientes». El problema es que hacer lo que uno debe hacer suele ser lo menos cómodo y más difícil. Por ejemplo, para mí es mucho más fácil y satisfactorio ponerme a buscar consejos sobre escritura de blogs  o talleres de escritura o libros sobre escritura creativa que ponerme a escribir.


Entonces, el diablillo me dice al oído que «Antes de hacer algo, debes saber lo que tienes que hacer, y es mejor que explores y planifiques un poco más antes de remangarte y ponerte manos a la obra».

Incluso, ese diablillo, citará a Homo Mínimus o Peter Drucker si es necesario, y me recordará que es mejor hacer las cosas correctas que hacer las cosas correctamente, y que sin ese conocimiento sobre lo mejor es estúpido ponerse a trabajar.

La eficiencia, que es el hacer las cosas bien, es irrelevante hasta que estés trabajando en las cosas correctas.

Peter Drucker.

Y esto nos  lleva a otra causa generadora del sesgo de complejidad:

El mito de las  pepitas de oro informacionales

A menudo sentimos como que nos falta algo (ya se encarga la publicidad de hacernos sentir así), siempre parecen faltar piezas pendientes de descubrir sin las cuales no podemos ni debemos empezar el rompecabezas.

Por ejemplo, conozco a gente que le gustaría bailar, pero que considera que no puede empezar a hacerlo hasta que haya ido a un curso de baile o hasta que haya aprendido los pasos. Muchos me dicen que les gustaría tener unas huellas en el suelo para memorizar los movimientos antes de ponerse a bailar y así sentirse seguros.

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El gran error que cometemos muchos es el de siempre estar consumiendo más información, el estar buscando el método o solución perfecta para todo lo que hacemos, sea escribir, bailar, estudiar o relacionarnos con otros seres humanos.

Quizá estás leyendo este artículo porque buscando alguna solución a alguno de tus variados problemas y navegando por internet como pollo descabezado has acabado recabando en esta orilla del ciberespacio (¿me equivoco?).

La solución: AAA + Consejos vendo que para mí no tengo

Como hemos comprobado, el sesgo de complejidad es ubicuo en esta sociedad, quizá en cualquier sociedad, siempre buscando lo más complejo porque creemos que va unido a lo mejor, lo más rápido, lo más eficiente.

Tenemos las palabras «Finalizado es mejor que perfecto» pintadas en nuestros muros para recordarnos siempre estar haciendo entregas.

Mark Zuckerberg


Yo, al igual que Zucky, Tengo un antídoto en forma de mantra. Ya hablamos de la regla de las tres aes hace tiempo:

(h)Az Algo Ahora.

Así de simple.

Hoy me he levantado y la he aplicado.

Pero antes de empezar, me he preguntado (aplicando la idea de Consejos vendo que para mí no tengo):

«Si tuvieras que dar un consejo a alguien como Homo Mínimus, pero que  no fuera Homo Mínimus, ¿qué le aconsejarías hacer ahora mismo? , ¿cuál sería la mejor acción correcta siguiente?»

La respuesta que me ha venido a la cabeza primero, y que resulta ser la correcta, es esta:

Ponte a escribir.

Sí, la actividad crítica para alguien que quiere escribir un blog, sea Homo Mínimus o cualquier otro postergador similar, es escribir. 

Escribir sin más. Nada sorprendente. El resto son detalles colaterales que ayudan a la escritura pero que no son la escritura.

Así que esto es lo que estoy haciendo ahora y espero seguir haciendo mañana.

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5 ideas de cultura financiera imprescindibles para tus finanzas personales

Este es un excelente artículo invitado de mi proto-amigo Antoine Kerfant, que es el anfitrión en un blog sobre finanzas personales http://ideasyahorro.com/.

Las finanzas personales no son un tema que hayamos tocado mucho en este blog, así que puede resultarte interesante. Gracias, Antoine.

Antoine Kerfant, experto en finanzas personales y asesor de PYMES y emprendedores

Uno podría preguntarse si el programa educativo debería incluir una asignatura sobre principios básicos de la economía doméstica. No hace falta investigar mucho para darse cuenta que una gran parte de la población carece de una cultura financiera básica. Algunas ideas, que parecen de sentido común, no han calado en la mentalidad colectiva. Para intentar aportar mi granito de arena y cambiar mínimamente esa situación, he pensado en compartir las cinco ideas que me parece que todo el mundo debería saber sobre finanzas personales.

#1 Gasta menos de lo que ingresas y ahorra

Los españoles no ahorran

Es el pilar de la economía doméstica. Parece obvio, pero basta con echar un vistazo a las estadísticas de ahorro de las familias españolas para ver que no lo es tanto. En 2018, los hogares destinaron menos del 5% de sus ingresos al ahorro. Eso es menos de la mitad de la media nacional entre 2000 y 2018.

Tu objetivo: el 10%

Porque cuando hablo de gastar menos de lo que ingresas, me refiero a hacerlo en proporciones significativas. Por ejemplo, ahorrando al menos el 10% de tus ingresos mensuales.  Y cuanta mayor seas tu remuneración, más deberías ahorrar en porcentaje, porque te es más fácil hacerlo.

El peligro de no saber ahorrar

Sin embargo, una gran mayoría de personas vive al día. Gasta prácticamente todo lo que ingresa. Algunos no saben cómo ahorrar dinero, otros no lo ven como algo prioritario, y gastan hasta que se acabe el sueldo del mes.

Este tipo de comportamiento pone a la gente en una situación muy precaria al nivel financiero. No pueden enfrentarse a cualquier imprevisto, lo que los lleva a meterse en préstamos que complican aún más su situación.

¿Cómo se ahorra?

Si hubiera más cultura financiera, cada persona sería muy consciente de la necesidad de ahorrar, y apartaría religiosamente cada mes una proporción de su remuneración. Eso implicaría una mayor estabilidad económica, y más margen para superar crisis económicas.

Pero, ¿cómo lograrlo? No hace falta ser super minimalista. Basta con que hagas una lista real de todo lo que gastas habitualmente, y analices cada partida para ver donde puedes recortar. Y puedes, te lo aseguro.

#2 Evita el crédito: un gran principio de cultura financiera

Otro aspecto donde me parece que hay mucho desconocimiento es respecto al crédito.

Un ejemplo de crédito al consumo

Imaginemos el caso de Juan. Tiene un sueldo de 1.200€ y cada mes le cuesta no pasarse de gastos. Un día, ve un televisor ultra moderno en una tienda. Cuesta 600€ y a Juan se le sale del presupuesto. Pero le explican que puede financiarlo a 36 meses, y le saldrá una cuota mensual de 23€. A Juan le parece genial. 23€ al mes se lo puede permitir.

El tema es que a pesar de que se comunique el TAE (en este caso un 24% de intereses anuales), la mayoría de las personas como Juan solo se fijan en la cuota de 23 euros. Parece darles igual pagar finalmente 828€ por un televisor de 600€.

Otro elemento que Juan no sabe es que al principio del préstamo paga muchos más intereses que al final. Si, por algún motivo, dejase de pagar las cuotas después de 18 meses, le quedarían por pagar 350€ de principal, no 300€.

Los riesgos del desconocimiento de los créditos al consumo

Las personas como Juan suelen acabar contratando varios préstamos, y aplazando los pagos gracias a la tarjeta de crédito. Esa situación genera varios problemas:

  • Su renta real se ve fuertemente reducida por el pago de los intereses, por lo que les es cada vez más difícil ahorrar y cada vez más tentador pedir otro crédito.
  • Si pierden su fuente de ingresos, se encuentran inmediatamente en una situación crítica, debido a que no disponen de reservas y tienen muchas obligaciones de pago, especialmente los créditos.

Un ejemplo de hipoteca

María quiere comprarse un piso. Tiene un puesto fijo en una empresa y cobra 1.500€ al mes. Le han dicho que, con su nómina, lo mejor que puede conseguir a 20 años es una hipoteca de 110.000€ que implicaría unas cuotas mensuales de 500€, una tercera parte de sus ingresos.

¿Por qué 20 años? Porque más allá de 20 años, la bajada de cuota es menor y el sobrecoste de intereses es importante. A María le da igual. El piso que quiere solo se lo podrá comprar con una hipoteca de 180.000€, así que está dispuesta a firmar una hipoteca a 35 años.

Además, María quiere comprar ya, porque ha visto que los precios están subiendo mucho y quizás en el futuro no pueda comprar nada.

Los riesgos del desconocimiento de las hipotecas

Las personas como María no se dan cuenta, que, al tener una hipoteca a tipo variable sobre un periodo muy largo de tiempo, el importe de la letra puede incrementarse muchísimo con una pequeña variación del Euribor. En el ejemplo anterior, una subida de 1,3 puntos del Euribor encarecería la cuota 100€ al mes.

Además, el hecho de querer comprar a toda costa alimenta los fenómenos de burbuja. Lo razonable, si los precios suben mucho, es esperarse a que bajen. Si María compró su piso a un precio excesivo, se encontrará durante varios años con una deuda superior al valor de mercado del piso, en cuanto los precios se corrijan.

¿Qué dicen el sentido común y la cultura financiera sobre los créditos?

  • Es mejor no contratar nunca préstamos al consumo ni usar la función de crédito de las tarjetas bancarias. Si se quiere comprar algo, se ahorra para lograrlo.
  • ¿Un crédito para comprar un coche? Si el coche es imprescindible para poder trabajar o generar ingresos, tiene sentido. Pero en este caso, si no se dispone del dinero, es recomendable comprar un vehículo lo más económico posible (de segunda mano).
  • ¿Pedir una hipoteca? En general, las hipotecas pueden ser muy útiles, porque permiten comprar un bien que se va revalorizando con el tiempo y poder tener un uso inmediato. Sin embargo, hay que tener cuidado con el plazo, el tipo de interés y por supuesto, el precio de mercado del bien que se compra.

#3 Invierte tus ahorros

Ahorrar mensualmente está bien, pero…

Si vas ahorrando un porcentaje de tus ingresos cada mes, enhorabuena. Pero no es suficiente. Tienes que tener en cuenta dos factores:

  • La inflación se está comiendo tus ahorros. Cada año aumenta el coste de la vida, por lo que tu dinero vale menos.
  • Invertir a largo plazo puede aumentar mucho más tu patrimonio que las cantidades que ahorras con esfuerzo cada mes. Hay un efecto “bola de nieve” que puedes aprovechar.

Tienes muchas formas de sacar rentabilidad a tus ahorros

Da igual lo que escojas.

  • Puedes buscar la seguridad con inversiones de bajo riesgo tipo bonos del estado o depósitos a plazo.
  • Si te gusta el mercado inmobiliario, tienes la posibilidad de buscar “chollos” para comprar y ponerlos en alquiler.
  • Puedes operar en bolsa y en los mercados financieros en general.
  • Tienes la opción de prestar dinero a particulares, directamente o con plataformas especializadas.
  • Si te sientes un alma emprendedora, puedes invertir en un negocio.

Son solo unos ejemplos, y tienes que elegir con mucho cuidado donde vas a meter tu dinero, pero tienes que buscar una forma de sacar una rentabilidad.

El poder de los intereses agregados

Imagina que nada más empezar a trabajar has conseguido ahorrar 10.000€ y los has metido en una inversión al 5% de intereses anuales. A los 10 años el saldo sería de 16.300€. A los 20 años sumaría 26.500€. A los 30 años llegaría a los 43.200€. 10 años más tarde, el saldo sería de 70.400€. Y imaginando que conserves la inversión 50 años, llegaría a tener un valor de 114.600€. Eso con un tipo de interés relativamente conservador.

Es cierto que los intereses agregados (es decir la bola de nieve de los intereses) generan una rentabilidad exponencial solamente en periodos muy largos. Pero como puedes ver en el ejemplo, en 20 años, que no es tanto, la inversión se ha multiplicado por 2,6. Sería una pena desaprovecharlo.

Cultura financiera es saber que una combinación de un esfuerzo para ahorrar mes a mes y de la inversión de ese ahorro tiene un claro efecto multiplicador sobre tu patrimonio.

#4 Ni loterías, ni apuestas, ni bingo…

El timo de la lotería de Navidad

Cuando hablas con la gente de la Lotería de Navidad te suelen decir que es la lotería que más reparte, y que hay más probabilidad de que toque que otros sorteos.

Pero, en realidad, si analizas bien las probabilidades, tienes un 85% de posibilidades de perder el dinero invertido. Otro 10% que te toque el reintegro, que seamos realista, la mayor parte de la gente vuelve a gastar en lotería, hasta que se pierda. Luego tienes un 5% de posibilidades de ganar un premio ridículo de 100€ por 20€ jugados. Y finalmente, 19 posibilidades entre 100.000 de ganar algo significativo.

No tiene ningún sentido jugar y si la gente tuviera cultura financiera no lo haría. Pero puede más la tradición, la ilusión y el miedo que le toque al compañero y a ti no.

No tires tu dinero

Los únicos que ganan dinero en loterías, apuestas, casinos y similares son los que los organizan. No tires tu dinero en eso. Si dedicas lo que te gastas en esos juegos al ahorro y la inversión te irá mucho mejor. Premio seguro.

#5 La relación entre riesgo y rentabilidad

El último aspecto importante referente a la cultura financiera es el poco conocimiento que suele tener la gente de la relación entre riesgo y rentabilidad.

Como norma general, la cultura financiera te dice que, si se ofrece una rentabilidad alta, es más probable que el riesgo sea muy alto. ¡Cuidado! Que una rentabilidad baja no implica un bajo riesgo. Sin embargo, un bajo riesgo, normalmente implicará una baja rentabilidad.

Sabiendo eso, es mucho más fácil detectar problemas.

Si alguien te propone una inversión que parece demasiado buena para ser cierta, es probablemente porque no es como te lo han contado. O hay mucho más riesgo que lo que te cuenta, o directamente es un timo.

El sentido común ayuda mucho en esos casos. Por ejemplo, si una inversión es tan buena, ¿por qué alguien dedicaría tanto dinero en publicidad para promocionar esa inversión? ¿No sería más interesante invertir el capital en esa inversión? Pues eso.

Otra idea fundamental es recordar que las rentabilidades pasadas no garantizan las futuras. De hecho, muchas veces, entrar en una inversión que ha generado grandes beneficios anteriores puede significar entrar demasiado tarde.

Las burbujas se creen porque la gente ve la rentabilidad alta y quiere participar. Al comprar propician una nueva subida que atrae a más inversores. Pero al final se llega a un techo y la burbuja revienta. Una burbuja es un caso extremo, pero ilustra bastante bien la idea.

Hay bastantes más principios dentro de la cultura financiera, pero con aprender a ahorrar parte de tus ingresos, saber manejar los créditos, invertir tus ahorros, conocer la relación entre riesgo y rentabilidad y dejar de tirar el dinero en juegos, ya mejoras mucho tu situación.

Me llamo Antoine Kerfant, soy francés, pero llevo muchos años viviendo en España y me encanta. Asesoro a emprendedores y me apasionan las finanzas personales. Por eso, desde 2011 publico consejos para ahorrar, invertir, ganar dinero y buscar un mejor trabajo en ideasyahorro.com.