- No beberé Coca-Cola → 50€ recompensa a quien me vea bebiendo una.
- No leeré periódicos → Conllevan un sesgo de novedad, superficialidad, excepcionalidad y negatividad que distorsiona mi sentido de la realidad.
- No leeré el correo en horas de trabajo → Empiezo el día sacando y solo consulto el correo al final de la jornada (8 pm). No permito que los impactos informacionales controlen mi flujo de trabajo.
- No introduciré más metas en mi plan del 2018 → Una meta única en el 2018.
- No discutiré sin tener una buena razón -> Se acabó el ser discutidor. Aplico el principio del coste-beneficio. Siempre pregunto el porqué de la posición contraria o pido más detalles antes de rebatirla o exponer la mía.
- No trabajaré en lugares ruidosos -> Más calma es más concentración.
- No adquiriré indiscriminadamente libros físicos o en formato digital -> Estoy infoxicado. Cualquier propuesta de lectura va a la cola de libros y espera al menos siete días.
- No veré videos en YouTube de forma compulsiva -> Son una forma muy pasiva de adquirir información.
- No jugaré partidas rápidas de ajedrez (< 15 minutos) -> No mejoro mi ajedrez, fortalezco los malos hábitos.
- No encenderé la radio o la televisión para ver qué hay -> Primero decido que quiero ver, escuchar, luego busco el podcast o el programa grabado.
- No entraré en mi blog o cualquier otro blog fuera de las horas semanales marcadas (viernes y domingo a las 18:00 pm)
- No haré promesas que no pueda cumplir -> intentaré hacer más y decir menos.
Las cadenas me harán libre.
Muchas veces, uno gana más y más rápidamente omitiendo, eliminando lo erróneo de la vida, que buscando o construyendo lo correcto.
Son necesarios límites claros para evitar el síndrome de la rana hervida y la erosión de las metas.
«Para siempre» es demasiado tiempo, así que limito mis promesas-prohibiciones al 2018.