Un teléfono móvil no es una herramienta

Un teléfono móvil no es un destornillador, no es un secador, no es una batidora.

Esos objetos no reclaman tu atención. No los añoras, no te despiertas pensando en ellos. No se crearon para distraerte y lograr que pases horas apretando tornillos, secándote el pelo o preparando batidos.

No te alejas del teléfono porque no puedes, porque eres un monigote sin voluntad en manos de los ingenieros de la atención de Whatsapp, Facebook y Twitter.

Son más listos que tú, maquinan día y noche para traspasar tus defensas y explotar tu inconsciencia.

Ignoras la amenaza y dejas escurrir el tiempo por el sumidero  mientras te ofendes con el último comentario en Twitter  que daña tu frágil ego.

Eres carne de cañón, eres la víctima exangüe de un negocio que comercia con tu atención porque no tienes el coraje suficiente para restañar la hemorragia.

Eres la rata de skinner que golpea la palanca de la línea de mensajes para recibir su nueva dosis de cocaína.